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                  <text>., .

~

..,

[)omtngo 23 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

12
antes, y que estaba oculto entre el tango de la playa,
con los cabellos grises pegados al rostro y cubiertos
de arena y de conchas.
Sintió un estremecimiento en el corazón; pero ya
los lacayos se babia.o llevado los platos haciendo des•
aparecer los restos del enorme pez, y en tanto que
senían otra cnsa, los elegaotei- y trholos invitados
seguían su conversación. Ya el hambre se babia aplacado y esto lo., animaba; bablabancon másabandono, sonreían y sus rrnses eran deliciosas.
El huésped silencioso sintió una tristeza infinita
porque en su Imaginación de sonador surgía la 1epresentación viva y dolorosa de todos 10.-, trabajos y penalidades que son necesarios para crear el bienestar
de los escogidos.
Para que éstos pudiesen llevar un frac delgado en
pleno Diciembre y para que RUS mujeres Luvlesen los
brazos y el cuello dest1Udos, el col,irítero saturaba lahabitacióncon el calor de una mailanade primavera. Pero
de dónde procede el calor:' El condenado del pafs ne•
gro, el obrero subterráneo que vive en el Jnflerno de
las mtnas extrajo el combustible. Qué blanca, qué
fresca es la piel de esa joven que o:,tenta victoriosamente su cuello que emerge del corpiílo de seda.
Quién ba tegtdo esa seda? La araña humana de Lyon,
el obrero siempre inclinado aobre su eterna labor.
Luce la dama elegante dos perlas admirables de opalina transparencia, y casi esféricas. La perla que tragó Cleopatra después de hacerla disol ,er en vinagre,
y que no vaHa menos de diez mil ,;extercios, no era
más pura. ;. Y sabe ladl\ma elegante que allá en Cey•
lán, en los bancos perlíferos de Arlppo los Indios de
la Compailía penetran á doce brazas de profundidad
heroicamente, con un ple en el peAAdo estribo que
los arrastra al fondo, y un cncbillo en la mano lz•
quierda para defenderse de los tiburone:.?
¿Qué relación puede haber entre todas estas elegancias y todos estos retinam ientos y el obrero tenebro•
so que escarva á cincuenta p1és bajo tierra, y el Li?je•
do~ deformado que trabaja ante la máquina, y el sal•
va3e que se arroJa al mar y á veces lo enrojece con su
sangre? ¿Por qué pensará uno en cosas tan tristes y
tan feas? Sin embargo, el soilador está perseguido

por su idea fija. Desmenuza sobre el mantel en pe•
dazo de pan dorado, alimento de capricho, inslgnltl·
cante en una mesa tan lujosa, pero que hace pensar
en la frase candorosa de la gran dama que hablaba
de los miserables hambrientos: csi no tienen pan que
coman pasteles.&gt; Y este pan que procede como el pan
del campesino, como el zoquete del soldado, de la sementera de los campos, ~xlge la labor paciente de
muchos pob~e.'i.
El campesino ara, siemhra y cosecha. Llevó su ara•
do á las tierras bllmedas, recibiendo en la espalda las
frías agujas de la. lluvia otoilal: en la noche, cuando
amagaba la tempei,tad, despertaba temiendo por su
sementera.; temblaba al ver pasiir las pesadas nubes
violetas cargadas de granlzo,'.y salió, seco y negro, del
enorme trabajo 'J de los sudores de la siega.
Y cuando el viejo molinero, deformado por los reumatismos que le trajeron las brnmas del rfo, envió la
harina á Parfs, los ruocetones del mercado, cubiertos
con sus grandes sombreros blancos llevaban los sacos
en sus espaldas auchfsi mas, y la noche anterior los
panaderos trabajaron basta el alba.
Todos estos esfuerzos y todas estas penas se acu•
mulaban en el pedazo de pan que desmenuzan las ma•
nos blancas y paLrlcias. L:i. obsesión se apodera del
incorregible sonador. Del banquete wagnifico sólo ve
los sufrimientos humanos que ha costado, y cuando
el escanciador le i,irve un Vd"º de Chambertln, recuer•
da que ciertos ubreras de las fábricas de vidrio:i se
hacen tísicos soplando las botellas.
Vamos, esto es ridículo. A"( es el mundo. Un economista se reiría de sus escrúpulos; siempre hibr,,
ricos y pobres del mismo IDL)do que habrá siempre
hombres erguidos y jorobados. ¿A.caso va á pc1.rar en
socialista?
Los arortunajos qu~ se slent&lt;1n á la mesa, no tlenen privilegios iojus~os; no son favoritos vulgares
del becerro de oro, ad venedlzos, egoísta&lt;; y groseros.
El gran señor que preside llevc1. b ,m orílicamente uu
nombre unido á todas lai glorias de Franela; el Ge•
neral de bigote gris e.-, un oéroe que dió una ca•ga
con la Intrepidez de )iurat en Rizo o vllle; ese pintor
y ese poeta trabajan con fiielid.1d en pro del arte y

A LulsG. UrblDa.

La sombra da la fé. Su lmágen muda
A nuetitras a•was en su seou embosca,
Cuando el dolor, al engendrar la. duda,
Como una sierpe al corazón se enrosca.
Bajo el dosel de sus flotantes velos
Se evaporan las trágicas angubttas,
Y á ella van á refugiar sus duelos
Las alma~ tristes y las trentes mustias.
Desde que el hombre á la existencia asoma
Siente doquiera palpitar su huella;
La vida en ella sus potencias toma,
Radia un momento y se disipa en ella.
¡Oh, no digáis que de su vientre obscuro
Surge la. envidia y se levanta el odio;
Ni ella da al vicio su vagido impuro
Ni empuja al crimen el puilal de Ilarmodio.
Amad la sombra. l-iu exprei.ión augusta

La saila cruel del sufrimiento aleja;
Ante ella toda tempestad &lt;;e asusta,
Toda inquietud á su contacto ceja.
Ante el poder de su pupila In mema
Arden y alumbran con fulgor de aurora,
Ya la razón cuando Investiga y plensc1.,
O bien el alma cuando impreca y llora.
¡Oh amada sombra, tu sitial bendigo
Hoy que en tus na,•es con mis ansias bullo
Para que des á wl Ideal tu abrigo
Y á mi convulsa inspiración tu arrullo.
Ya que las fuerzas de mi ser cautivas,
Paso el umbral de tus gluriosas puertas
Para encender mis esperanzas vivas
Y sepultar mis ilusioueb mi;ertas.
BENITO F.ENTANES,

Julio de 1899.

rA la manera deJobau de

de la belleza; ese quf1nlco, hijo de sus obras, que em.
pezó de mozo de farmacia y que ahora es una auto.
r!dad del mundo cientltlco, todo lo debe á. su genio,
y por último, esas nobles damas son generosas y buenas y con valor discreto llegan á veces basta el fon.
do de los mayores Infortunios para aliviarlos. ¿Por,.
qué esos seres excepcionales no bao de tener gooea
excepcionales también?
El soñador se dice que ha i,ldn injusto y que lo que
ha pensado no es sine Hofii,ma. bueno á lo sumo para
un club de barrio; pero el banquete llega á su fin 7
mientras que los lacayos llenan por última vez Iaa
cupas de Cl.iampagne, reina el silencio, los convidados sienten la ratiga de lf' digestión. El soflador loa
mira todos estos ro.'&gt;tros que tienen una expresión ele
fatig-a y de hartazgo que lo inquieta. Sin embargo, wt
sentimiento puro, Inexpresable, pero lleno de amargura, protesta en el fondo de su corazón contra eaoa
saciados, y cuando dejan al lin la mesa, repite en VOi
baja obstinadamente:
-Sí, están en su derecho . ... ¡,Pero sahen acaso que
su lujo está amasado ele miserias? .... ¿Piensan algu,.
na vez en esto? .... ¿ Piensan en esto tanto como d&amp;,
ben pensar? ..... .

F.

A ño VI-Tomo 11

México, Domingc- 6 de Ago""'to
=de 1899.

CoPEE.

i

Umbría.

DK ZlR,

FRAGMENTO.
Si odiáis la sombra porque en ella duermen
Los que en la vida la impotencia abate,
Sabed que en ella se elabora el germen
De luz que en todo movimiento late.

1

Dueuyas.J

Reina Venus, soberana

capitana
de deseos y pasiones,
en la tempestad humana
por ti mana
sangre de los corazones.
Una copa me dló el sino
y en ella bebf tu vino
y me embriagué de dolor,
pues me hlw experi mentar
que en el vino del amor
hay la amargura del mar.

Di al olvldoel turbulento
sentimiento,
y bailé un sátiro ladino
que dió á mi labio sediento
n::evo aliento,
nueva copa y nuevo vino.
Y al llegar la primavera,
en mi ruJa sangre fiera
triple llama fué encendida:
yo al flamante amor entrego
la. vendimia de mi vida
bajo pámpanos de fuego.
En la fruta. misteriosa,
ámbar, rosa,
su deseo sacia el labio,
y en viva rosa se posa,
mariposa,
beso ardiente ó \Jeso sabio.
1Bien haya el sátiro griego
que me euseiló el dulce juego!
Ea el reino de mi aurora
no bay ayer, hoy ni mailana ·
uanzo las danzas de ahora '
con la mfü,ica pagana.

(De Florell de humo.)

Con su manto escarlata de emperatr!z gloriosa
se va la tarde, el cielo, toda vía desierto,
muestre. pálidas lilas en un fundo de rosa,
un vago color rosa, un triste rosa muerto.
Es la hora solemne, callacfa, misteriosa,
en que dan su perfume las flores de mi huerto,
cuando cae la sombra como ala pavorosa
melancólicamente sobre el paisaje yerto.
Porque mi alma vibra con la moda carleta
de las t&lt;,rvas tiniebla~; E.'S la hora propicia
de empollar el Ensueilo que entusiasma y alegra,
de abrir á las quimeras el mlrflico broche
para que el Verso tienda las alati en la negra
desolación augusta de la pávida noche!
RAFAEL LOPEZ,

EN UN LlBRO.
Tienes 1fellzl inspiración divina.
Ave que ama los boscajes nuevo:,·
En tu arpa de oro, i,unorosa encl~a
Colgó su nido y empolló i.us huevos'.
Marcha serena; aquel p·eilasco hirsuto
Que t'Stá circuído por duq uier de abrojus;
Aquel manzano de olorusu rroto
Y flores que huyen como insectos rojos;
El rubio sol de claridad bermeja
Que d~ las nub~s entre el bumo vago
Al baJar á su tumulo semeja
Un luminoso y transparentE lago,
Tu retorno verán; ya se derrumba

l'FlNlDA.

Bella á quien la suerte avara
ordenara
martirizarme á ternu1 as,
dló una negra perla rara
Luzbel para
tu diadema de locuras.
RUBEN DARIO,

~I altar de mis suei'ios: triste herido ....
No vayas á. buscarme hasta mi .umba

LA. PRIMERA V ANIDAD.

Tras tanto insomnio . . . . m &gt;! hal:arás dc,r.nidc.
Ay! amar ya no puectv; mi alma enferma
Que fué campl"a embalsamada, luego
Trocóse en soledad ardiente y yerma
Del sol de mis dolores por el ru..go. '
ABEL

C.

SAL.\ZAR,

Cu~DRO DE Ts. CRusT.

Número 6

�76

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

LA SEMANA
Desde hace algún tiempo teníamos ?lvi~ad~ el ~oblo y no obstante nuestras etnológicas rnclmac10~!s d~ pereza, parece que desdeñábamos seguir el
ideal que fué medio siglo atrás, el encanto _de nuestros oetas. Hoy vuelve, de manera repentma, evocado ppor quién sabe cuáles viejos r~cnerdos,.,la dul_ce
palabra que, como ttdo lo desvanecido y leJano, ~1~ne un encanto singular de perfume mu_erto, de _mus1ca remota, d~ ensueño resucit~do. Qm~ro decir que
torna á hablarse de la bohemia .. . • ¡~10!._ mfol Pretender en nuestros tiempos reproducir, s1qmera sea
en cuaresma, el milagro d_e Lázaro! No, no ha de resucitar Ja amada muertec1ta.
.
Colocad si queréis, jóvenes poetas, un ramo de lilas, las primeras_ de la reciente Pr!m~vera, en el sepulcn, imaginar10 de la buena amiga, pero no la llaméis . .Acordaos del compañero ausente:
,Qué madre puede revivir al niíJo
que duerme bajo el musgo de la tierra?
Henry Mi.irger escribió una del~ciosa narr_ación i_~re nada de suave poesía: «La vida bohemia.&gt; Mur:erg cuenta en estilo c:mmovedor las aventuras_ Je
tres muchachos que se lanzaron á la buena de _Dios,
en la agitada vida de París, en busca de glona, de
posición y de dinero.
.
El tipo de e'&lt;tos bohemios, en la época en que el
libro fué escrito, era muy común.
Todos los que en nuestras mocedades hemos _devorado las obras que produjo el ardor romántico en
]'rancia, conservamos estereotipad_a entre los rec.uerdos más frescos, la imagen de un Joven de rostro pálido ojos de prc,funda ternura, alborot~da y abundante melena y largo y ajustado levitón: en una
mano sostiene de la falda un sombrero de copa de
forma extravagante y en la otra lleva u.,n rollo de papeles á manera de cetro. No hay más que evocar memorias de cosas idas, para que aparezca en_ nuestros
sueños ese tipo del bohemio. Es el novehsta, es el
dramaturgo, es el poeta que nos ha le~ado 1~ revolucionaria generación de 1830. Es el mismo Joven de
las confidencias de Lamartine, es el desesperado de
eLa Confesión de un hijo del siglo,&gt; de Musset, es el
Marius de Víctor Hugo.
.
y no cabe duda en que este romántico personaJe quellora en la sublime noche d,e Diciembre y rie en «La.
Vida Bohemia&gt; nos encanta aún y subyug_a nuestra
imagfoación, porque dentro de su fantástica envoltura~ hay mucho de verdadero y humano.
Pero lo cierto es, que en el estado actual de nuestra sociedad, en medio de esta constante mare~ de
progreso y orden, dentro de este circulo en_ real!d~d
que se ensancha cada vez con mayor empuJe, el 10,11.ántico de 1830 es un ente ridículo. Y sin embargo
la manía de la palidez demacrada, de la melena, del
largo levitón, parece que quiere volver aquí, y que
empieza á enamorar á algunos incau~os. Cuántanme
que existen-no he logrado verlos-1óvenes que toman ajenjos tan sólo por imitar al autor de «Rolla,&gt;
que se intoxican con malos alcoholes á falta de buen
hachis y que evocan la sombra de su musa, puestos
en la hierática actitud de los bro.hamanes.
Sin embargo, lo perjudicial, lo nocivo, no está ~n
esas manifestaciones románticas, sino en la creenma
que aún tienen algunos de nuestros jóvtines p~etas,
de que el arte es algo divino que i~funde el cielo á
los seres privilegiados, los cuales brnu pued~n esperará que flote sobre sus cabezas esa llama! ~10 nece~
sidad de estudiar nada, ni de conocer el 1d1oma, m
tan siquiera de haber leído obras que desarrollen sus
facultades.
Urge que nu~tra juventud se convenza dP. que el
artista no es un profeta analfabético, que obedece á
una revelación; es necesario asimismo que se pers•1ada de que tampoco debe ser ui_i holgazán, que entre holgorios y disipaciones, escr1be obras maestras
6 pinta cuadros inmortales. La época actual no se
presta ya á estas comedias vividas.
Emilio Zola, que en uno de su_s iracundos ~r~ebaws acaba de di\orciarse de la Juventud parisiense,
de ~sa juventud simpática, irrev~rente y den:iole~ora, pero ilena de estudi-l y pletór1ca de en_e~g1as m.
telectuales, combate enérgicamente ese. v1c10 de la
bohemiada, que todavía tiene 1:,us adeptos entre nuestros flamantes literatos.
·
El inmortal autor de «La Comedia Ilumana,&gt; escribía acerca del artista, en 18:31:
.
«Obra bajo el imperio de ciertas circunstancias, cuya reunión es un mi&lt;;terio. No se pertenece. Es un
juguete de una fuerza eminentemen_te caprichosa.
Tal día, sin que él Jo sepa, sopla un_vrnnto y todo ~e
relaja. Ni por millones _t~caria 5U pmcel, modelana
un trozo de cen, 6 escnb1ríauna línea ...... Onanoche en medio rie la calle, una mañana al levantarse,
6 e¿ el seno ile una alegre orgía, acierta un carbón
encendido á tocar ese cráneo, esas manos, esa lengua;
de pronto una palabra despierta la11 ideas, que nacen,
crecen fer metan .... tal es el ~rtista; humilde instrumento' de una voluntad despótica, obedece á su amo.

EL MUNDO.
Cuando se le cree libre es esclavo; cuando ~e le ve
agitarse abandonarse á los a~rebatos de !.US ocuras
ó de sus 'placeres carece de voluntad, está muerto.
Perpetua antítesis que se encuentra, así en_lamajestad de su poder, como en la nada de su vida, es
siempre un dios ó siempre un cadáver.&gt;
y Zola responde á esta lucubración brillante con
estos acentos de verdad y de ironía:
«Hoy nos hacen sonreír esas cosa~. Tod~ una época está ahí: la alegre orgía, el carbón encen4ido, la an.
títesis del dios 6 del cadáver, delatan claramente _la
fecha de ese trozo. Se creía entonces que los artistas pintores poetas, novelistas, abrían la ventana á
la \nspiración, la esperaban co_mo una a~ante que
viene ó no viene, según su capricho d~ muJer: El g,:nio no se concebía sin el desorden. ~e trabaJaba al
fragor del trueno, en medio de las ;1amas de ~engala
de un apoteosis, con el ca!Jello erizad? P?r .a. ~ensión cerebral cediendo á un furor de p1ton1sa v1s1tada por un di~s. Estas actitudes líricas no están Y&lt;\ _de
moda, y boy apenas creemos más que en el tr_abaJo;
el porvenir de las personas laboriosas que_ S3 sientan
todas Jas mañanas delante de su mesa, sm otra cosa
que Ja fe en el estudio y su voluntad ~otad ~ue nada había más desastroso para los escntores Jóvenes
que esta teoría de la inspiración que ha?ía_ de un _autor un tabernáculo inconsciente, donde:e. d10s ba_b1taba por accidente de tarde en tarde, y_sm regularid~d.
Entonces ¿á qué el trabajo, la energrn, la contrariedad del esfuerzo1 ¡Cuánto mejor vivi• en la a_legre orgía., e~perando la abrasadora_ del carb~n divmo l Yo
he conocido jovenes del corteJo ~ománt1co llenos de
menosprecio por nuestro trabaJO regular, por ese
arrastre de la inteligencia, por esta faena en que se
doblegan el cuerpo y el pensamiento, y que ll~T?ªn
desdeñosamente faena de albañiles. S_omos epiciers,
es verdad, pero eso precisamente constituye nuestra
fuerza y nuestra gloria.&gt;
Estas últimas p:Llabras del gran nove~ista francés,
son consoladoras, e,timulantes, y const1~uyen el credo de los que en la presente época trabaJan y estudian par11. conseauir lo que en los tiempos de Henr.v
Miirguer se bm~caba en las orgías alegres y con las
ventanas abierras.
·
y ..... . creo, amigos míos, jóvenes bohemios, que
basta y sobra para tardío sermón de temporada.

Domingo 6 de de .Agos~o 18!19. ==

·

El autor de la música. inspiránd_ose también en
compuso una.
f rase de Puccinl en la Bohemia,
una
·
partitura
rica de .instrumentam"6 n Y :¡ue t·iene 108•
piradlsimos pasaJeS.
El buen gusto está de plácemes.

EL SECRETO DEL RATERO.

Paseaba un día en compañía de un amigo; de pronto un movimiento brusco, un empellón, y el alfiler
d¡ su corbata ea manos de un ratero. ~o a~rapamos y
lo \levábamos al gendarme, cuando m1 ~migo se detuto y le dijo: -Te dejo libre si me expllcas _como te
las arreglas para sacar pañuelos, extraer reloJes, birlar
ortamonedas, alfileres y carteras.--¿Palabra de ho~or?-Palabra de honor. _El muchac_h? comenzó en,
torrees uua larga e:xplicac16n q~e qms1~ra reproducir
textualmente, con sus locumone~ prn_toresc~s, sus.
metáforas leperunas, su caló enérgico ~ rnt~nc10nado,
ue me limito á parafrasear para ed1ficac1ón y enY
q
· Ject ores•
señanza
de mis
.
«~o crea usted, señor, que para ratear se neces1tagra~ habilidad, destreza 6 agilidad. Por ahí dicen.
que aprendemos con un muñeco colgado de un mecate y lleno de campanitas y que le ~emos de sacar el
reloj 6 el pañnelo sin menearlo y s10 que suenen las.
campa:ias y qu€. si uó nos dan de palos los maestros.
N O e,; verdad, señor, nosotros no aprendemos con muñec:,s ni con campanas, sino en la calle y con la gente misma.
«Lo importante, lo que es indispensable e~ saber casm· su partidito. Va usted por la calle y empieza á verá los que van pasando y á poco rato ya sabe uno COll
r uien puede rifarse y darse gusto. Unos son mal encaiados, con muchos bigotes y ojos turbios; no s~ meta usted con ellos, porque lo parten . Otros no deJande
manosea,· la cadena del reloj, de tentalear el prendedor, de sacar de cuando en cuando de la bolsa ~e ~*
cho la punta de la mascada, de verse en los vidrios
* *
de los aparadores y acomodarse al disimulo la corbaNos ha llegado el espectáculo noble.
Tal parece que despertamos de un sueño largo Y ta. A estos hay que dejarlos porque _están, muy penalegre, durante el cual hubiésemos estail? escuchan- diente.; de todos sus dijes ...... y ni modo.
«Las señoras arande&amp; se acalambran apretando el
do ruido de ca¡¡cabeles, serenata de mandolinas y pasaportamoneda y ios paquetes que sacan del come~clo;.
calles de bandurrias.
.
La zarzuela del género chico, como se estila ahora se prenden fuerte los :fistoles y esconden el reloJ en
decir, ha dominado el teatro, loba invadido, y se ha el seno. No se puede con ellas. Las ?e~tas no llevan.
más que el libro ce misa y un rosarJG. 10serv1ble; los
adueñado, como una conquistadora, del gusto_. .
Sin embargo, de cuando en cuando nos v1s1ta la cobradores cargan mucho, pero lo cmdan como á_ las.
ópera y reenciende nuestros entusiasmos por el dra- niñas de sus ojos y sólo cuando están contando dmema de alto coLurno y la música de vuelos gigantes- ro se les puede tantear. Pero hay otros, señor, que
deveras dan gusto. Van bobeando, atontados, no se
cos.
b
La compañía que acaba de visitarnos y que a re lijan más que en las niñas que pasan, espían para tola temporada es de las que llaman populares y que, dos los balcones, se paran y se eterniza? en los apa•
desde el punto de vista del arte, prestau un gran ser- radores y se quedan lelos en las fotogra~1as. Ta! pare•
vicio á la cultura hum&lt;\na, en cuanto que democrati- ce que tienen el cuerpo dormido, no srnntei_i tuunes,
zan l&lt;ts obras exquisitas y arrojan en las masas el ni empellones, ni pisotones. Para probar s1 están de
germen fecundísimo del amor á la Belleza.
punto pasa usted Junto á ellos y les Jala los faldones,
Entre los artistas de la nueva ópera, se ha hecho ó los testerea; si se quedan como si tal cos~, entonces esnotable la seííorita Chalia, una soprano dramática pera usted que pase una muchacha bonita, 6 que tra,
que posee, agregadas á sus,raras facJ?-lta~es natura- ben conversación con un amigo, y cuando l_os ve usles, mucho estudio y una gran ,experiencia del palco ted lelos se les atraviesa y les quita usted s10 que loescénico.
sientan, basta la muela del juicio.
La Cllalía se ba presentado, du:ante la seman~,
«Por ahí por San Francisco, con ojos de huevo ti·
tres veces en .dida y la última vez cssecbó más nutn- bio, hay un catrín que está todo el _día haciendo el
dos y espontáneos aplausos.
oso, y á quien le he quitado el reloJ, dos mascadas,
Dentro de muy poco tiempo será entre nosotros un prendedor, un limpia dientes, y un d_ía que le ha•
la preferida en tratáudose del noble espectáculo de blaban por señas, por nadita le seico el amllo del dedo.
la ópera ..... .
Los coyotes dan muy buen resultado; á la hora e~ que
se están tantiando unos á otros con lo de las acciones,
*
* *
ni ven, ni oyen, ni entienden, y los limpiamos que da.
Porque en tratándose de Zarzuela, Esperanza Di- gusto.
marías se llevó, como dice el Padre Isla, de calle
«Los que van por la calle hablando solos, son mulos estrados. Conquistó con el lema de César: llegó y cho muy buenos y los puede su merced desollar vlvo&amp;venció. Su juventud y su talento triunfan desde_ el sin que chisten palabra.
primer instante. No se había dado caso en México
«Cuando vea discutir á dos y gritarse y manotearse,
de un debut más violento y de una victoria más ines- láncese á la desg1·acia, que al .tia no le ban de hacer
perada. La señorita Dimarí_as ha pisado ~a escena caso. Si quiere hacer chuza, improvise con dos ami·
por prime1a vez con la segundad de una art11,ta enve- gos pleito en la calle, y mientras todos están peo•
jecida entre bastido,.es. No riñó batalla con el púb_li- dientes de las trompadas, puede usted hacer s~ ag0&amp;to:
co para arrancarle un aplauso, sino que entró, lo v16,
«A las mujeres hay que trastearlas en el caJón, cuan
le habló, le cantó y el público se rindió, obedien~e y do les están enseñando géneros y listones; s~ les va.
mansamente sin necesidad de hacer esfuerzos m de el santo al cielo, dejan caída la sombrilla, olv1da1!f
recurrir á subterfugios. La Di marías, como la prin- portamoneda en el mostrador, y mientras, se pu 8
cesa de los Cuentes de Hadas, está llena de dones. usted habilitar. También es bueno cuando pasa otrt.
Hay en ella una gran alma de artista.
mujer, y más si es bonita y está bien vestida; por esIrá muy lejos.
tarla barriendo con los ojos y recoJ"tándola, no sabeD
ni con la que pierdP,n y puede usted armclrse. P~
**
*
Los periódicos han hablado lar¡;amente, desha- las beatas lo mejor es la iglesia á la hora de alzar,
.
ciéndose en alabanzas, de la obra de Paso, Dicen- también uno se alza con lo que puede.
«Las tl'ompetos no tienen precio y por eso dicen luete y úbapí, estrenada noche¡¡ ha en el Teatro Argo: «Es como quien desnuda á una torracba. &gt;Las gatf;
beu.
El Curro Varyas, es, en etecto, una zarzuelita de tas son buenas porque siempre están pensando en
tecolote y los payos, como se engentan y se les cae la ~
merito y de carácter netamente español.
Los autores de la letra se inspiraron en una nove- con cualquier cosa, también tienen rnuchct cuenta. P~el
la de Alarcón sobre cuyo argumento bordaron finos por lo que es á un fraiie, á un gachupín, á uno
depósito ó á uno que_preste con logro, no los tcmtell
arabe~os poéticos.

Dommgo 6 de Agosto de 1899
ni con padres descalzos ni los limpia ni con jab&lt;Jn de
Cast illa.&gt;
Mi amigo y yo escuchábamos absortos, sin pestañear, aquellas ingenuas revelaciones.
Sí, á no dudarlo, el secreto del ratero estriba en
conocerá fondo el corazón y el -:arácter humanos; en
diagrwsticar por la fisonomía, por el porte, por el andar, al ser concentrado, abstraído, di vagado, extraño
á cuanto Je rodea; en aprovechar aquellas ocasiones
en que nos olvidamos de nosotros mismos, para hacer
tabla rasa de nue~tros fondos. .Aquel muchacho tenía razón; hay rateros porque hay distraído&lt;; y absor•
tos· porque no falta quien caig-a al pozo por cuntempla~ el astro; porque la atención no puede ser múltiple y porque no tS posible á la vez ocuparse de la mujer que pasa .Y de la cartera., de la conversaciún que
se escucha y del portam,medas.
En cumplimiento del pacto le dimos suelta. c ..ando
el muchacho desap.1reció, babia desaparecido también
mi relox. Quod erat demostrandum.

EL INGENlOSO HIDALGO

. DON QUIJOTE DE LA IIANCHA
POR

Miirrel de Cervantes saavedra.
Ed•ción Seix, ilustraja ricamente con oleogralias
de J. Moreno Carbonero y L. Barran y con un prólogo ,1el Excmo.
Sr. JJ. José ll~ Asensio. Dos tomos. Barce1ona, 1899. (lJ

Una nueva edición del Quijote es siempre un acont ecimiento en el wundo de las letras, por más que
sean ya innumerables las ediciones que van publicadas de la inmortal ol,ra de Cervantes. Con mayor razón lo es, cuando se publica con las excelentes condiciones que enriquecen la que tenemos á la vista y
motiva estas líneas, pues dudamos que jamás la obra
española por excelencia haya sido presentada con maJOr gusto y distinción, á la parque con tal sobriedad
y riqueza, acompañándola tan valiosos documentos
referentes á la obra y á la vida del autor, como los
que la acompañan esta vt:Z.
Semejantes cualidades exigen que no se pase en silencio la aparición de tan hermosa publicacióll, pues
hay q¡ucho que admirar en ella v no poco que apren.
der. Jamás, por mucho que se diga del Quijote, se
habrá dicho lo bastante en consideración á lo que se
merece ese libro sin par, joya de la literatura castellana y admiración de todas las demás literaturas que
se han bourado prestando la vestidura gráfica de su
leng uaje á las descomunales aventuras del ingenioso
hidalgo manchego.
P ero, con el Quijote abierto ante nuestros admirados ojos, ¿de qué hablar que no se haya desmenuzado ya por eminentes críticos y peregrinos ingenios
cer vantistas que han descubierto en él hasta la quinta esencia de un profundo significado? El filólogo
t iene en cada una de sus páginas ancho campo donde
extender sus investigaciones, pues no existe otra obra
que igualarse pueda á ésta en punto á la riqueza y
variectad del lenguaje, constituyendo por sólo este
mérito un verdadero tesoro de la lengua castellana,
un gran monumento de esa lengua que hoy por hoy
babia la mayor parte del continente americano. El
historiador encuentra en ella datos inapreciables para el estudio de la raza entonces dominadora y predominante en Europa y América; el moralista baila
en ella también un verdadero caudal de máximas y
sentencias que no por revestir un carácter sencillo y
popular, dejan de interesarle por lo sensatas y lo profundas. En fin, dad á leer el Quijote á infinidad de
personas ilustradas, 6 sencillamente curiosas, sean de
la condición que fueren, y todas sacarán un determinado provecho de su le.-.:tura, todas encontrarán en
sus páginas un manantial de su ciencia, de su arte 6
de sus aficiones. ¿Qué más necesita una obra literaria
para labrarse la inmortalidad y una fama universalmente pregonada? Tal es lo que consigue el Quijote.
Dejemos aparte este sinnúmero de bellezas, y fijémonos solamente en una, tal vez la que constituye
el alma de la obra, la que inconscientemente tal vez,
impulsó á su autor á escribirla, y á su vez la que
creemos menos estudiada basta ahora, pues siempre
se había tenido en poco el valor sociológico de la obra
de Cer vantes. Nos referimos como ya habrá comprendido el lector, al genio de raza encarnado en el
carácter simbólicamente humano del Caballero de la
triste figura.
Es lo cierto, que por más que por algunos espíritus
(1) Esta edición es elZl!vir!ar,a pura. con inic lale• y frisos policromados al estilo d.e los au,lguos codlces, y la acompañ~n un gran
nt\merode do~umentoslnédito, y de autógrafos MJ propio Cervantes.

EL MUNDO

ligeros se baya negado tal significación al béroe manchego, Don Quijote es la más vi va encarnación del
pueblo castellano; no español como pretf&gt;nden algunos; porque dent,ro de la península, hay pueblos antitéticos al de Castilla, como es el catalán, frío, trabajador y comercial, y el gallego económico, pacífico
y humilde como el que más. Don Quijote e:. esencialmente castellano, quizá tal vez con mezcla de andaluz; en qu,ien puede que haya algo de los demás pi;eblos peninsulares es en Sancho Panza, especialmen·.e
delos del Ebropara arriba;perocomo eso no entra en
nuestro propósito, vamos directamente á Don Quijote
y dej::&gt;mos para otra ocasión al panzudo escudero, antítesis de su amo y señor.
¿Quién no le ha segu·do por las yermas y despobladas llanuras de la Mancha, por las escabrosidades
de Sierra Morena y por las agrestes regiones de Aragón y Cataluña, buscando tuertos que enderezar, viudas
que consolar, justicia que furer y huérfanos que amparar
debajo su jamás desmentida y leal caballerosidad?
Pero !oque él quería realizar, cosa muy digna al fin, lo
quería también conseguir como él, al pueblo castellano, por medio de la fuena, confiándolo todo á un
brazo armado, exponiendo mil veces en designal 'Contienda su noble existencia, dejando abandonados sus
bogares, su hacienda é intereses, pues que nada le importaba que se perdiera lo suyo con ta1 de que se salvara lo ageno, siempre que fuera por obra y gracia
de sus admirables leyes, usos y costumbres que á la
fuerza imponía al mundo. Para él, la sociedad vivía.
sumida en la peor de las esclavitudes, gemía víctima
del error de los que no conocían al Cristo ni á su iglesia, 6 les desconocían habiéndolos conocido, y se figuraba que á su brazo estaba encomendada la tarea de
volverá las gentes al estado de justicia, de esa justicia que el delo había infundido en su cerebro, erigiéndose por propio impulso en batallador apóstol de
su fé. ¿ Quién no ba visto en el Qu;jote al soldado aventurero que alentado por un mal entendido espíritu de
conquista y de religión, muchas veces creyéndose impulsado por el mismo Dios, se anexiona una parte de
Europa, atraviesa el Oceano cuando aún nadie había
osado, se apodera de las regiones de América y Oceanía, las explota más tarde á cambio de lo que él llama beneficios de su civilización, sin que al hacer todo esto le alentara otro espíritu que el que guiara al
famoso hidalgo manchego al proponerse llevar á cabo
sus estupendas aventuras? En Flandes para imponer
la Fé exterminaba á las gentes; en Italia atropellaba
pueblos, y á América y Oceanía las civilizaba. Dominando, explotando, fanatizando 6 destruyendo á sus
raza.~, pacíficas las más de ellas por no decir todas.
J)las como aquellos conquistadores partían de principios equivocados, obraban sin conocimiento de causa y asentaban el edificio de sus obras sobre falsos
cimientos, tantas y tan maravillosas proezas no pudieron menos que re~ultar transitorias, ligeros caetillos de naipes que el aire de la fantasía levanta y
derrumba. Su ideal miraba hacia atrás y no hacia
adelante; y sólo dura lo que progresa.
No es propio de personas de sano criterio creerse
autorizadas para imponer sus particulares leyes á los
demás; máxime cuando se trata de razas diferentes
y con diversos estados de cultura. Hay que partir de
un principio evolutivo, clásico, humano y saber distinguir claramente entre las necesidades de unos y
otros. ¿Qué logró Don Quijote al proponerse arreglar
el mundo tratando de meter á todos en un mismo
molde, acuñándolo todo con un mismo troquel, midiendo todas las tallas con un mismo rasero? Desarreglarlo todo, producir mil disturbios, y estrellarse
en cuantas empresas acometiera.
¿Qué hizo España al tratar de nivelar v colocar
bajo un mismo cetro á tantos Estados europeos como Ueaó á dominar y á los de allende los mares? Encender°en ellos la guerra y provocar la discordia por
todas partes, verter ríos de sangre y de lágrimas y
desangrarse á sí misma, para concluir perdiéndolos ·
con la misma facilidad con que los había adquirido.
Exaaerandc&gt; el cuadro, Cervantes hizo patente el
por qué no se realiza la justicia sobre la tierra á pesar de las buenas intenciones. Si el Quijote no la producía, no era por falta de voluntad, sino por falta de
conocimiento. Su voluntad era grande, grande como
sus empresas y grande como los disturbios que producía por doquiera que se proponía intervenir. Pero su ignorancia era mayor. La buena voluntad de
Castilla fue grande, grande como sus conquistas,
grande como los estragos de que fue causa por donde
quiera que llegaba á ejercer dominio. Mas su falta
de saber la superaba: si como el beroe manchego no
ha realizado la salvación de cuanto se propuso, no
fué por escasez de voluntad sino por ausencia de conocimiento. ¿Quién duda jamás de la sinceridad de
sus buenas intenciones? Escuchad á todos los polítir.os desde las tribunas, absolutamente á todos, desde
~ más rojo al más moderado, y no oiréis más que el
eco de intenciones inmejorables; pero á todos por
igual les falta lo que le faltaba al héroe manchego,
y que fue la causa de su!&gt; inmensos fracasos. Hoy
por boy un sólo pedazo de patria les queda, próxima á desmoronarse el mejor día y aun aspiran á re.generarla y á robustecerla con la misma .:.uena voluntad, de la misma manera que aspirando á reg&amp;wirarlo todo, todo lo perdieron. Nápoles, Sicilia, Cer-

77
deña, el Milanesado, el Rosellón, los Pafses Bajos, el
Perú, Chile, México, el Paraguay, el Plata, !as Antillas, las Fll1pinas, etc., etc, en otro tiempo fueron
suyos; mas hoy nada les queda ya ni en los conti nentes, ni en los mares, lo ban perdido todo lucbando
como el paladio manchego por una justicia imaginaria y por una fe ignorante, al grito sacrosanto de
¡Patria!
¡Cómo se parecen ]os últimos momentos de E!&gt;pai!a y los de Don Quijott! .Ambos tuvieron su dfa de
gloria, su apogeo glorioso en sus empresas, España
viéndose sentada en el trono del imperio del mundo,
y Don Quijote glorificado en los salones ducales,
cuando
princesas cuiclaban dél,
doncellas de su rocino.
Pero toda medalla tiene un reverso. Hay en la Yida de cada hombre,-dice Alfonso D,rndet en su Naiab,-una ci.na luminosa, en la cual espera y recibe
todo cuanto le e&amp; dable esperar en punto á prosperidades, á goces, á triunfos. La cima es más 6 ru¡-,nos
elevada, más 6 menos accesible; pero existe de igual
manera para todos, así para los grandes como µara
los pequefio~. No hay sino que á maneradeaquel día
más !argo del aíio, en que el sol parece agotar tcdos
sus resplandores, y cuyo día siguiente parece ya un
primer paso hacia el invierno, ese summum de las
existencias humanas no dur&lt;1. más que un momento,
después del cual no cabe más que descender. Bien
podemos aplicar á la vida de los estados lo que el
gran novelista francés aplica á los hombres. Para tí,
¡ob España castellana! la del universal Imperio, ese
momento de oro fué el siglo XVI, el siglo que pre·cediera al en que vivió el inmortal autor del Qu~j,,te;
señora del mundo cómo te vistes, apenas hoy tu dominio se circunscribe á tí misma. Si dominas, es falsificando caracteres, disolviendo conciencias, proclamando estados de sitio. ¡Sí! ·Te encuentras en la
agonía; mas acuérdate que el héroe aquél, la personificación de tu genio, en sus últimos instantes supo
conocer que había vivido y obrado como un Joco todo
el tiempo en que quiso imponerse por la fllerza;
acuérdate que su vida es tu vida y su historia tu
historia, y que si al mor1r vuelto en su cabal juicio
confesó su er~or, otro tanto te queda que hacer á tí,
si es que no quieres d~smentir la sublime intuición
que guiaba al príncipe de los ingenios al escribir su
inmortal sátira.
POMPEYO GENElt.
París, 1899.

Un ideal místico en el teatro.
Si de Grecia hemos heredado el germen de una cu ltura amplísima, sus0eptible de alcanzar mayor desenvolvimiento, en cuanto se haga aprecio de Ja harmonía que supieron dar los hijos de Palas á lo real y á lo
ideal, el fondo y la forma; del Norte llegan al Mediodía de Europa las manifesliaciones, un poco sombrías,
del espíritu moderno, que as;:iira á reconstruir la metafísica creando la filosofía científica. Esta filosofía
desea fundar un concierto inmutable entre lo eterno
y lo perecedero, concierto que los materialistas han
roto al confundir sus análisis químicos con la grandeza de lo infinito. Creyeron que del fondo de las retortas salen las fuentes de la vida, y la vida es una
guerra misteriosa que se niega á dejarse conocer de
los hombres ..... .
El Renacimiento del siglo XVI, que fué doble, helénico y hebreo, ha tenido una inOuencia decisiva en
Europa, la cual ha de afirmarse más toJavfa según
pasemos del positivismo crítico á las aseveraciones
metafísicas.
El ingenio de Grecia y el de Judea, cuando tom"n
caracteres abstractos, llegan al más allá, que es la
verdadera meta de toda poesía y de todo arte, como
dice Mateo Arnold. El alma helénica con su belleza
plástica, y el espíritu hebreo con su pensamiento subjetivo, se compenetran fumando un ideal único en
el mundc, ideal que aún no ha dado sus frutos.
Reine, griego por el encanto de sus versos, y hebr¿o por la profundidad y «el anhelo, que no puede
expresarse,&gt; de su pensamiento, simboliza en el poema Fehucláben Jfakwy el deseo que existe de unir el
clasicismo y el cristianismo con el 1azo del arte, la
ciencia y la fé.
.Antes de que el tierno trovador cayera en t ierra
herido de muerte, cantó las excelencias de su amor
di vino y al cerrar la naturaleza, clemente, sus OJOS,
su último suspiro moribundo fué el nombre de Jerusalén, pobre querida agostada por eloinfortunio, triste 0uadro de desolación.&gt; Si Grecia es el arte y la libertad, Jerusalén es el resplandor que al.luncia un
nuevo día.
La venida de ese día podrá retardarse, perc, llegará
sin filisteismos y si con el lttcido cortejo de la verdad y
la compasión, que prefiere los vencidos á los vencedores. El amor, en su acepción más desinteresada, se
apodera ya de muchos corazones, y la ley del amor
acabará con el _egoísmo y la hipocresía; las murallas

�Domingo 6 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

7R

mosmulti,1licadotanto los puntos de vista, ~efin~co con t.al_ habilidad
las interpretaciones, investigado con tal pacie~c1a _el Génesis, y, por
consiguiente, la legitimidad de todaslas doctrmas, q?e he1;lJOS llegado
á creer que un espfritu de verdad se esconde en las b1pót_es1s más contradictorias acerca de la naturaleza del hombre y del umverso. Y corno
por otra parte no Lay ninguna hipótesis suprema qu? concierte todas
las demás v se imponga íntegra al entendJm1cnto, rema una anarqufa
de un carácter excepcional enLre los que r~flexi_onan. D~ abí se deriva un escepticismo sin otro análogo en la historia de las ideas, escepticismo del cual es Renan el más extraordinario representante.&gt;
Educados en la aridez del escepticismo y en la tolerancia que nos ha
traído la civilización moderna, nos maravilla el espectáculo de un
creyente que, á pesar de combatir su fe el indiferentis~o reinante,
i;igue admitiendo la acción de lo sobronatural en los negocios d~l mundo, y que á cada audacia de la crítica responde con una afirmac1ó~ ~eológica, las cuales aún tienen el don de fortalecer al caído y de m1t1gar
el dolor del triste.
La oposición que encuentra su entusiasmo religios? le fuerza á 1ecurrir á los procedimientos reaccionarios, y, como es cons1guie;11te, los acentúa con la experiencia que ad'luiere de que es problemático el triunfo
de su ideología. Si le dejaran al creyente sinceso imponer su dogmatismo lo haría como Torquemada, no como Lammenais. Prefiere el hierro á la persuasión; la- fuerza al derecho, y es que la intoleranc~a manda i.in admitir niugún mandato. Colocado frente á esa esfinJe que á
nadie cuenta el secreto de lo porvenir, él lo define en leyes de amor y
castigo, y si con ello no satisface al sabio, puede, en cambio, mostrar
á los afligidos, á los desheredados, á lo~ oprimido~ que constitu) en
las legiones del pauperismo moral, el cammo de la dicha, el P,uacleto
de Abelardo ....
Ya que contra su voluntad ba venido Bjmrnsren al mundo en este siglo, que con la sal de su crítica evita que se corrompan las ideas madres, se translada in mente al pasado, complaciéndose en evocar una sociedad muerta, la cual sólo podemos verla á través de la poes(a melancólica que alienta en cuanto fué y ya no será.
La tradición es su musa, y el culto que la profesa le hizo exclama r
en 1880: e Nunca saldré de Noruega; aquf quiero llorar, cantar y morir.
No me seducen los portentos de la civilización, esos adornos con que
engalanan las cortesanas del saber su miserable esqueleto, y prefiero
meditar en las iglesias á tener que asombrarme viendo los adelantos
contenidos en una Exposición universal.&gt;
Examinada atentamente la fisonomía interior de Bjmrnsmn, y leídas
que son sus obras, se comprende quE' le aten lazos de verdadero afecto
á Noruega. Domina allí á los campesinos con su talento, y una parte
considerable de la clase media piensa como él por haberse adaptado á
s~ medio y estar en comunicación intelectual con ese pueblo tan demó ;rata y tan moralista.
La influencia del medio es innegable en la colectividad y en el individuo, reflejándose además en la obra estética de modo concluyente.
Los fenómenos de simpatía y contagio mentales se manifiestan de
hecho, dando origen al parentesco espiritual que media entre la li teratura y los movimientos sociales, y aparecen desbordados en el teatro, ó bien al agotarse rápidamente las ediciones numerosas de un 11-

DAMAS lllEXICANAS.
'

'

_...

Domingc 6 Agosto de 18.99

EL MUNDO.

bro. La obra artística nunca es a~ena á lds costumbres y los sentimientos del país d:inde se establece.
Habiéndolo reconocido así la crítica, pasa, del estudio psicológko del autor que pone á contribución,
al de toda su raza, porque de no hacerlo de e.:.ta
suerte, fragmentarios y sin método, serían sus trabajos.
La historia de un pueblo, da, en parte, la medida
de los cambios porqu? ba pasado. Su literatura pone
de manifiesto las pas10nes y las ideas que en él tienen
representación, sus _cualidades, sus sentimientos, el
complicado engranaJe de su naturaleza. Y es que, el
escritor, aun desdeñando la realidad, el mundo que
le rodea, acaba copiándola por imponérsele á la voluntad. Su alma siente .:on las almas de sus contemporáneos,. y cuando imap;ina, es ig?al en el fondo á lo
que imaginó la generación de su tiempo. El sabe recoger las ideas 110 contenidas en un Sihtema filosófico
que están dispersas en la colectividad, las viste con
el ropaje brilla.ate del arte, y con su intuición, y su
experiencia penetra E'n los adentros de cuanto con él
vinieron. Hay una solidaridad en las razas, como
hay condiciones climatvlógicas opuestas en las distintas partes de la tierra, y la me1ancolía, la duda y
las sensaciones experimentadas por el hombre culto,
siguiendo una corriente psíquica desconocida, reper.
cuten en millones de ánimos que conservan la identidad de origen. El escritor que sigue la marcha de su
sociedail, lega al historiador, con sus obras, uu cua.
dro vi1&gt;iente que le permite recomponerla sin falsearla.
El rey y el vasallo de una época, el prócer yel lacayo,
la dama y la obrera, son ramas de un mismo tronco
que florecen y enferman en periodos invariables.
AHnidades ó disposiciones ó venidas de lo alto, podrán ser est:is aspiraciones sintético-sociales; pero la
crítica, poco amiga de admitir las causas desconocidas, en algunos de nuestros actos, procura conocerh s, y para. ello se auxilia de la ciencia que acabará
estableciendo las leyes denominadas del medio ambiente.
E. ALONSO Y ORERA,

EL MINISTRO DE COLOMBIA
EN .MEXICO.

ExMo.

Sa.

D. LORENZO MARitOQurn,

ll!ln!stro Plenipotenciario de Colombia en México.

El jueves 12 fué recibido solemnemente por el Sr.
President e de la República, el enviado extraordiuarlo y Ministro Plenipotenciario de Colombia, Exmo.
Sr. D. Lorenz&lt;• Marroquín. Selecta y numeroi,o fué
la concurrencia que presenció la ceremonia, distinguiéndose en ella muchas damas de la alta sociedad
de México.
Desdequeel Sr. Marroquín penetró en el S Ión de Embajadores, despertó espontán('a ,;im patía a laque eran

parte su fisonomía interesante, su bizar:a postura y
la. naturalidad de quien sabe a.traer sin turbarse la
atención pública. El discurso que pronunció c1.l poner
en manos del Sr. Presidente las cartas que lo acreditan como representante de C,1lombia, es fiel testimonio de la culjura y alta inteligencia del Sr. Ministro, así e omo de la simpatía que tiene por nuestro
país, en cuyos triunfos ve «un ej~mplo vivo que no

ha de ser estéril y un esplendor de gloria para la gran
patria americana.&gt;
Al terminar los primeros periodos de la alocusión,
el numeroso auditorio mostró su entusiasmo tributándole al Sr. Marroquln aplusos que se repitieron
más nutrí dos al terminar el discurso.
El Sr. Marroquín tlent una vuz amplia y sonora,
por lo que todos los concurrentes al Salón de Embajadores, oyeron sus frases sin perder una sola palabra. Su entonación y la galanura de sus frases, revelan al urador experto y al tribuno elocuente que es,
cuando la. peroración requiere amplitud y .vuelo.
Fué muy notable en e::I diiscuri.o del l:ir. Prei,idente,
RU marcadlsima. simpatía por la República del ::iur,
hoy con tar,to brillo representada ante nosotros·y con
1a cual siempre ba mantenido Méxieo relaciones cordialfsimas y que se estrecharán más, así lo esperamos,
con la acertada elección que ha becbo el gobierno de
Colombm, env1ánrlonos un Plenipotenciario tan hábil y bien dispuc sto á llenar ampliamente los empeííos de su co11Jetido.
El l:ir. Marroquín pertenece á una de las familias
más il•1stres de Colombia, que desde antes de la independencia figura brillantemente en la sociedad y
en la dirección de los negocios públicos de aquella nación. Uno de sus antepasados es el ramoso fiscal D.
Francisco Antonio Moreno y .Escandón, el culombiaño más ilustre de su época, que murió de Regen~e
de Chile; Don Andrés Marroquín, Diputado al Primer Congreso. y quien el libertador llamó admirable;
Nariííc, el primer apostó! y mártir de la Independencia americana; B,icaurte, el héroe de ::ian Mateo;
Alejandro usorio, Presidente del Congreso de Cúcuta
y Secretario de E~r,r.do de Bolívar y de otros presijentes.
Don L,,ren10 Marroquín es hijo de D. José Manuel
Marroquín, uno de los colombianos á quienes más debe el adelanto intelectual de su patria.. Es director
de la Academia Colombiana de. la. lengua, puesto que
ocupa desde hace mucbos affos; como litólogo y hablista, es uno de los primeros en la América Latín~
y sus obras didácticas han prestado grandes servicios y son harto conocidas en toda ella. Es poeta y
escritor humorístico, que ba deleitado á cuantos conocen sus escritos; d:itado de una fecundidad admi•
rable ha enriq11ecido las letras americana¡, en los últimos años con varias novelas, obras maestras corno
estudios de costumbres y caracteres, y por su rico y
atildado estilo. Hombre profundamente moaesto,
ageno á la ambición, vi vía lejos de: la polftica, pero
su inmensa popularidad, su ri::ctitud, su talento y sus
virtudes, lo arrebataron de la. apartada labor literaria y científica, par'J. llevarlo á la Vicepresidencia de
la Repúbli~a, que aceptó bien á pesar suyo y que desempeffó, ejerciendo el poder ejecutivo durante tres
meses con aplauso y reconocimiento de todos los CO;
lombianos sin distinción de partido. La edad muy

1

SRITA. ESPERANZA DIMARIAS,
Soprano dram1\1Jca del Teatro Principal.

/

Vease "La Semana."

que contienen el advenimiento de los modernos ideales. Quizás estén en 10 cierto los
que anuncian que la fiera de la Edad Media se ba convertido, en nuestros días, en un
hombre sensible y razonable, hasta cierto punto.
Dos direcciones, al parecer antitéticas, toman en el Norte las especulaciones señaladas, desarrollándose ambas con calor en la literatura dramática.
Mientras Ibsen cifra su anhelo subjetivo en investigar las cosas por el pensamiento,
en la libertad individual, en el cumplimiento del deber colectivo y en conseguir la
desaparición del mandato ciego y brutal de las mayorías; Bjrernsceen ama al modo de
los mis~icos con su poco de lujuria hábilmente disimulada, y supone que dentro del
cristianismo habrán de resol verse cuantos problemas preocupan al sociólogo, entristecen al moralista, é irritaná las muchedumbres, condenadas á la pobreza física y á la
atrotia .intelectual basta que la riqueza y el saber estén menos centralizados.
La afirmación de Spencer, según la cual vivimos de ideas muertas, conviene en
l!l.n todo con el modo de ser del dramaturgo noruego.
De nacPf Bjrernsren en el siglo XVII, hubiera llevado su baz de leña á la hoguera
donde se quemaban las carnes de los herejes que, al convertirse en cenizas, abonaron
con ellas los inquisidores el árbol del progreso, el único que se riega con lágrimas y
sangre, dando la paz á los hombres en un porvenir lejano, muy lejano.
Estos casos de atavismo moral abundan más de lo conveniente, y es que á miles
de años de distancia resucitan los caracteres y el medio, haciéndonos creer que existen los avatares de la India. A modo de fuerzas puestas contra la corriente de la nega-::íón sistemática las coloca la naturaleza, y debido á la resistencia que ofrecen encarna el pasado, su contenido es siempre joven en la filosofía moderna, que muchas veces
es ciega y sorda para las cosas del alma. La religión, ba dicho Hegel, puede más bien
existir sin la filosofía que ésta sin la religión.
Vivimos en una época de disolución religiosa. Y lo prueba así el becbo de que todas las doctrinas han sido escarnecidas. Carecemos de un credo que sujete las creencias; y como la inteligencia del hombre no se dirige á ese centro de atracción, nos
perdemos en la incertidumbre y el de¡,aliento, sin crear nada duradero. Demolemos,
poseídos delfurm· de analizar los problemas éticos y teológicoi. que se nos ba entrado
desde el afio 50, y en punto á la edificación abstracta que persei{uimo¡¡, teóricamente
suponemos que habrá de fundarse en la psicología y la cosmología, y pare usted de
contar. ¿Calmará semrjante conjunción el desequilibrio que existe entre la religión y
la ciencia? La pregunta no ha tenido aún contestación y cuenta que l-0s pensadores de
todos los siglos, al igual del loco del Intermezzo, la han demandado inútilmente del
cielo y de la tierra.
Bourget ha sintetizado con verdadero acierto nuestro malestar moral, al decir: e He-

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SRITAS. ANOELA G t'TlEl'.REZ CORTINA y RAFAELA OBREOOX P RIETO.
(De Tamplco.)
Fot. Méndez.-San Luis !'o&amp;os1.

EL EM'rERA.DOR GUILLERMO VISITA EL CRUCERO-ESCUELA FRANCES clFIGENL\ 1&gt; EN EL PUERTO DE BEBGEN,

�EL MTTNDO.

80

...

avanzada del Sr. Presidente que en la actualidad ejerce dignamente el Poder Ejecutivo, hará que dentro
de plazo más ó menos largo vuelva el Sr. Marroquín
á la Primera Magistratura de esa República.
El Sr. :Ministro de C0lombia se colocó desde muy
joven en primera línea entre los literatos colombianos, obteniendo el premio en el concurso abierto por
la Academia Colombiana para celebrar el centenario
de Don Andrés Bello, obteniendo por este y otros muchos méritos, el sillón de miembro correspondiente
de la Real Academia Española. Ha cultivado la poesía, y son de citarse sus composiciones, &lt;el T iple,&gt; &lt;el
Lenguaje&gt; y da Cosecha&gt; y un poema religioso, &lt;En
la gruta de Lourdes,&gt; obra de alto aliento aplaudida en los países espaiíoles.
Ha escrito en prosa sobre viajes, crítica literaria
y artística, y multitud de artículos políticos que
contribuyeron en gran parte á fijar el rumbo de l,,s

destinos de su país. Su estilo, del que tenemos una
gallarda muestra en su discurso, es abundante, delicado y atildadísimo.
Ultimamente ha sido Director de la &lt;Revista :Nacional,&gt; periódico q·1e ha tenido gran aceptación en
Colombia y en el extranjero.
Llevado por sus convicciones polfticas y en defenRa de ellas, empuñó la Pspada, ganando el grado de
Coronel del Ejército de Coloro bia.
El afio pasado fué elegido Senador por el Departamento d.; Cundinilmarca, y ocupó el pues~o de Presi&lt;lente del Senado en la Legis:atura del período actual.
En la car1 era di plcmática ha desempPñado los cargos de Cónsul en Soutbamtpon, primer Secretario de
la Legación de Colombia ante la Santa Sede, puesto

EL

sin embargo todas las características de aquellas hermosas montañas, con su exbuberante vegetación de
pinos, con sus enormes despeiíaderos, sus cascadas
y picos nevados.
Una gtan parte de est,a región, era intransit,able
hasta hace t odav1a pocos aílos, debido á las escabroi-idades y ondulaciones del terreno que no permitían
llegará los más atracl i ,·os puntos de vista si no es á
alpinistas muy expe1imentados. Pero no han falta-

EMPERADOR

DE

AL EMAN IA

ABORDODEL CRUCERO ESCUELA FRANGES "IFIGENIA"

En los momentos en que los periódicos europeos escribían grandes editoriales sobre los trabajus de la
Conferencia de la Haya, vino un hecho inesperado á
abrir nuevos horizontes en el dominio de la diplomacia.
El 8 de Julio, Guillermo II
tuvo á bien visitar el cruceroescuela francés lfigenia, en el
puerto de Bergen. La recep-ción que le hicieron los oficiales de ese buque determinó un cambio de telegramas
entre Guillermo II y M. Loubet, acusándose en ellos una
'Cordialidad afable y amlstoi-a.
Un órgano respetable de
la prensa de Paríli dice: «La
aproximación de los gabinetes de París y de Berlín es deseable en el terreno colonial,
y todo lo que pueda favorecerla debe ser acogido de buena voluntad por lob franceses.
Los telegramas de ayer son
una nueva prueba de las intenciones de Guillermo II.
«En todo caso, no habíamos
uído desde hace treinta anos
·que un emperador alemán se
dirigiese á un grupo de marineros franceses, diciendo de
F rancia: &lt;Yuestra noble Pa•
tria.&gt; Y estas palabras no se
han dicho en secreto: el telégrafo las recibió para hacerlas públicas. No se perderá
una sílaba de ellas en Londres.
Y por su parte no ha faltado en Alemania la expresión
de sentimientos pacíficos. El
Berliner Tageblatt dijo&lt;¿ Quién
habría creído posible esa escena hace algunos años? ¡El
Emperador de Alemania en
un buque francés! ¡Aspirantes de la marina francesa maniobrando ante el rey de Prusia!
«Desde hace veinticinco
aiios no ha babi do un día más
notable, m;ís feliz ni más propicio á la recom,iliación de alemanes y franceses.&gt;

en el que fué parte para la conclusión de un concordato, y encargado de negocios en Berlín.
El Sr. Marroquín ha viajado mucho y ha estudiado
con profunda atención los países que ha recorrido
visitó todas l11s naciones de Europa y estuvo en Asi~
Menor y en Egipto. La narración de sus viajes, y
principalmente del que hizo áGrecia, fueron publicados en el &lt;Repertorio Colombiano,&gt; revista mensual
que tiene desde hace muchos anos justa fama en el
mundo de las letras.
Este es el hombre llamado á representar ante nues.
t ro Gobierllo y en nuestra sociedad, á la República
de Colomba, bPrmana de la mexicana por ei habla, pur
la raza y por las aspiraciones, y protectora en la época de las luchas de la Independencia, d&gt;i uno de
nuestros grandes patriotas, del sabio Dr. Mie!, quien
dedicó en Londres su obra sobre la revolución de
Nueva España, al Congreso de Colombia.

do empresas que, ávidas de obtener beneficios de
ls enorme tropa de paseantes, que se arroja aílo por
aiío sobre aquella r&lt;'gión privilegiada en busca de bellezas naturales, hayan ideado hacer accesibles loa
caminos por medio de instalaciones ani.liciales.
Una de estas es la que muestra nuestro grabado
y consiste en una escalera que se prende en las ro~
vertical~s del Valle de Kaprun y que permite
el ascenso de los viajeros de una manera cómoda y
segura. Además, la misma
empresa hizo allí una rica
· ·~
instalación eléctricaquesubs.'
tituye el claro de la luna en
las noches obscuras.
·
Desde que esasobrasse inauguraron, el número de vlsi•
tautes del Valle de Kaprun
ha aumentado considerablemente y es de aplaudirse que
la iniciativa y el ingenio de
los hombres, puedan arrancar
al celo de la naturaleza la contemplación de bellezas antes
augustamente defendidas.
L. a.. C RITI CA.
[Fragmentos de una carta.)

Rinc,nes pintorescos.
Aun cuando Europa estií.
muy lejos de poseer las bellezas naturales del Continente
Americano, tiene en cambio
lo ventaja de que las que po•
see son constantemente visitadás y admiradas debido á
las numerosas vías de comu•
nicación con que cuenta.
Hoy presentamos á los lectores de este semanario una
vista del Valle Raprun, en los
Alpes austriacos, que es u11
r incón encantador y muy preferido por los touristas para
sus excursiones estivales.
Los Alpes aus1riacos, aunque menos gradiosos que los
suizos y los italianos, poseen

Domingo 6 de Agosto de 1899

EL VALLE ,DE KAPRUN.-ALPES AUS'{RIACOS.

No se deje usted inficionar
de la peste que informa y ca.
racteriza á eso que se llama
c,itica madrileiía: esa costum.
bre de mirar de alta á abajo
los libros criticados, sean &lt;le
quienes fueren, olvidándose
lus seííores críticos imberbes
de que las obras de arte no
se hacen á compás y t iralf•
neas, y sobre todo, de que la
autoridad para fallar ex cothedra y sentar jurisprudencia,
hay que ganarla con los anos
y á fuerza de merecimientos
bien acreditados.
· Dar por bueno ó por malo
un pasaje ó un libro ent ero
perque guste ó no guste á un
crítico de esos, es el colmo de
la petulancia y del absurdo.
O probar lo que se afirma, ó
no aJirmarlo,
Además, á una obra de arte
fresca, y de estilo, no debe
juzgársela con la química del
análises frío y matemático:
por este tamiz de los tiquis
miquis, de los puntos y CO·
mas y de las genealidades del
autor, el Quijote mismo deja•
ría las tres cuartas partes entre las mallas.
No hay que confundir la
sana críLica con la ped~gogía
antipática y pedantesca, que
es la dominante en la «j u veo•
tud ilustrada&gt; que hoy nos
dispensa el honor, á los viejos que escribimos libros, de
111encionarlos desdeñosa.mente y r·on cierto airecillo de superioridad protectora.
De esto¡,¡ pel !gros quisiera
verle á usted alejado, y por
eso me permito señalárselos.
Hay en usted madera de crí•
tico; y sería una compasión
que la peste le invadiera á 108
comienzos del oticto; con lo
cual le declaro que no le ten•
go á la presrnte por apestado,
aunque le vea un tantico arrimado á la pendiente.
JosE M. DE PEr.EDA.

u omtngo 6 de Agosto de 1899.

EL .MUNDO.

81

INVENTOS EXTRAV!GANTES.

1.
1

.Aplicaci6n de la e.'caEl coche baño dt
la á 'USOS múltiples.
duc'ia de la figura
Un invento'. decepcionado pone al frente del opúsMúltiples efectiva7 es otro ejem.
1:ulo que pu?hc,a para dar á conocer un aparato v _
piar curioso. Las
mente, pues el inventilado1, el s1gu1ente epígrafe:
en
i;acudidas qne retor se si rve de la esEn los slglns de lgnorarcla la g~nte solla rtecl
cibe el aparato
cala como mango de
ventore•, y tras de sacarles los ojos 6 marcarlos ~~~• ~•u¿;s á lo• lo-dente, se les encerraba en un calabozo.
ll
erro can,
pala, culata de fusil,
provocan la agitaHoy, cual!do i\ cost.. de grandes trabajos logra el p b 1
ción del agua y su
remos de canoa, apanua eutrev1,ta del banquero, é!ttl aprovech 1
°
re . nventor
rato de durh1, euc..
ascencióa por los
médico ,J11ra decirle al oldn: "Doctor, vea us~l /~e~nhcia
de su
8
"Jllllaelo; creo que esta loco."
= umbre y
Cree
uno
soiíar
cuant11bos.
Como se ve,
SI Ir s tiempos progres,m, el inventor será maniatad 0 1 ñ
Flg.'4.-llañera de báscula.
traute.
e a o endo lee los pormenoel coche está dires de este invento,
vidido en varios
compartimientos.
Lo que este inventor dice melancólicamente en de- expues1'.&lt;&gt;s con toda SPTied id y que parecen una burla.
El mismo Doctor Bois es el autor del Si.~tema amEt inventor se refensa del grem10, puede afirmarse en general
Flr. 9,-Baño de esponja.
se1 va hacerlo roironía de los mil y mil chiflados que se present~ sin bulan~e Y dialitico, aplicado á la hidroterapia, á la aero.
dar en terrenos
las oficinas de ,registro de
n en terapia, al lavado, etr,.
desmveladosal capricho, y además las ruedas del co.
privilegios de invención en
Aunque el mécbe de baños dialíticos y arnbuluntes pueden ser ovatodos los países de la tierra.
todo se aplica inl~dos ó de una forma que di liera de la circular; por
¡Cuánto papel inútil en
distintamente á
eJemplo, una de ellas será más grande que la otra ó
esos expedientes! pero tamlos cuerpos vege.
tendrá ángulos salientes y toda clase de irregularidabién, cuántos elllmentos
des II bien estudiadas! 1
tales y animales
para estudiar las aberravivos ó muertos'.
La figura 8 representa el interior de una pista de
ciones mentales de los Bounos limitaremos á
Flg. 5.-Banerasglratorlas
ducha.• Cada uno de lo~. que se bañen moverá un sisvard y Pecucb'3t chiflados
la aplicación que
'
tema ue pedales y el moviento se utilizará (Dios sapor las quimeras de una
be cómo) para elevar el agua por
se h~ce de él á los seres vi vos.
ciencia mal digerida!
una columna central de dond~
Dice el Doctor Bois que el gran inconveniente de
Un periódico francés hacaerá 11obre los ciclistas.
los baiíos ordinarios consiste en Ja inbla de alg unos in vel.ltos ex.
sensibilidad á que está sujeta la persoPara terminar daremos los di•
travagantes entre los cuana que se baña. Según su sistema la
,
bujos de di versos sistemas de dules no podemos omitir la
C?ndición esencial de un bailo higié?ba amparados con patentes de
hélice sal va- -vidas para
mco es la agitación del agua que pror
lllvenc1ón en l!'rancia.
náufragos cuyo diseiío se
du~e un duch~zo continuo, y esta agive en el grabado número l.
Flg. 10.- SombreroLa figura 9 muestra á una
tamón se gradua en los aparatos que
E l in veutor anuncia que
ducha. .
persona que se baña con cuatro
vamos
á
describir.
ya no habría abogados en
g randes esp'JnJas lleuas de agua y esprimidas simulUna manera muy sencilla de recibir táneamente por mediu de un n~:,orte.
los siniestros marítimos,
una
corriente
continua
de
agua,
sería
siempre que los ;:asajeros
colocarse en un buque con cuartos de
y tripulantes lleven su apabaño. A la hora que se quiera puede
rato y no lo olviden á la hopenetrar el agua por las veritanillas. El
ra del peligro. Pueden sosmovimiento de translación del buque
tenerse en la superficie del
su hélice, etc., producirán eu el cuar~
agua varios días y varias
to de baiío ol:is y remolínoches si se proveen de los
nos.
;;paratas neeesarios para
La figura núm. 2 mues·
Flg. 12 -Ducha &amp;fplrante•
una navegación, como brúFig. 11. - Sombreros-ducha.
impelente,
tra la manera de evitar pe·
jula, cartas marinas, linterligros, atando á la persona
nas, trc,mpeta de alarma,
que se baiía áunglobocan .
velas y .... un kilo de choEn el sombrero, ducha, (figura 10) el agua se almacetivo.
colate y dos ó tres litros
na., en una esponJa oculta dentro del sombrero; al cuEsta
seguridad
es
útil
de agua y cognac. Según el
bnrse con _ést~ la cabeza el líquido la inunda. La fisobre todo en el establee!,
prospecto el aparato puegura
11 md1ca las formas que pueden tener los
miento de bañOl'l imaofoa.
de tener una h élice de fonso.1mbreros duchas, según los gusws de cada indi vid
do
por
el
Doctor.
Lo
co
nstiY la moda del día.
uo
do para descender ó subir
tuye un inmenso buque
voluntariamente á la suNo podemos omiti~ un modo de dar •auchas t
de vapor sumergido á me- Fig. 6. -Ducha de resorte
perficie del agua. Por últipoco ~legan te, ideado pur nuestro dor.tor: el i~di
dias, de manera de que pe·
mo basta los obesos pueden Flg, L-Héllce salva-vidas.
du.o ttene en la. boca dos tubos de hule (figura 12 . el
netre
el
agua
libremente
y
que
lvs
baños
estén
en
lueprovech ar el aparato, ocu .
pnme10 comumca con un recipiente lleno de a),
p~ando un. cogín especial ideado por el inventor para gar cerrado como en los establecimientos de baños la cual se. aspira por él y se laaza luego por el
1~ comodidad de esos seres demasiado exigentes. El de río, CCln la diferencia de que se mueve dentro del á una espiral hueca con muchos orificios que la d
enáufrago se sostiene á horcajadas en el flotador y agua. La Golondrina, tiene ajemás todas las comodi- rraman sobre la cabeza.
hace mo~er una hélice de eje horizontal que dirige
Como se ve, una de las características
-el movimiento de progresión. La hélice inferior sira.e estos l?cos es una preocupación por la
~e para sumergir el aparato ...... si tiece tan feliz
c1enc1a oficial y por Ja pedaatería cientíueseo el náufrago.
fica, absorbente de tal modo, que sustraOtro inventor pidió privilegio &lt;para la aplicación
y_éndolos á las sugestiones del buen sende la fuerza de los
tid? les d!L de la realidad una visión se.
peces de agua dulce
mPJa~te_ á la que rn obtiene con unananteoJo rnvertido. Así, por ejemph, para
y salada y delos otros
animales acuáticos
hec.er .un cañón en vez de adoptar ~¡ procomo fuerza motriz
cedimiento empírico á que se refiere la
f6rmula: &lt;Se toma un agujero y se le rode las barcas destidadas al salvamento de
d~a de b~once;&gt; ellos quisieran hacer una
Fig. 7 -Coche-baño "dialítico y ambulante."
pteza sólida perforándola después.
los náufragos, así como de las canoas y a.ades y distracciones de una estación balnt:aria en
.
.
En vez de buscar los medios llanos
fáciles, rnven~an dificultades, acumulan coro lica~iJ.
esquifes útiles ó de tierra fir~e, restaurante, salón de conciertos, etc.
nes, crean obstáculos para darse h satisfacció¿d
Ff
recreo.&gt; Ese pri vileEn la f1gur~ 4 el baílo es de báscula y el Ue se bag.•9 ,-Globo de rngurldad.
gio otorgado por la
iía la hace osc~lar tirando de una cadena qde está en darse á 1.a mitad del camino, aventurando reso1:i~
nes teón?as pa.ra un problema innecesario.
ec
oficina francesa res- la parte supenor.
pd tlva, es de Junio de 1869. Hay otro más rnclente
.Demasiad~ ilustrativos y típicos son los casos aduEl dibujo de la figura 5
Cldos para que insistamos en ridiculizar~!~ de Marzo de 1894) y que tiene este título: Apli• muestra
dos
baños
instalade la fuerza de las aves al tmnspm te de personas
los. P!'ueban ?ºn evidencia que fuera de
de
dos
en
ambos
extremos
Y mei·cancías.
la i:eahdad el rngenio se extravía y lejos
una báscula giratoria.
na~ntre los i~ventos extravagantes, son de menciode ilustrar el PRpíritu los datos ciPntífiEl
que
busque
una
agitase los de cierto Dr. Bois. Uno de ellos es el de la
cos, por insuficiencia de compraba 'ión lo
ción menos vioofuscan.
. lenta que la
La verda~era, la única fuerza creadora
• del modelo ande grandes rnventos, es el genio aguijoterior, preferin_eado por 1,a necesidad de resolver dificulrá el de la figut.ades pr~n_w,sas y graves. Ejemplo de ello
ra 6 asentada
la prod1g1osa fecundidad inventiva del
sobre dos resorpueble americano, puesta á prueba por la
tes que muefalta de ~razos Y el jornal á alto precio
ven el agua con
que lo obliga á suplir la fuerza humana
sólo el balane m el maquinismo.
ceo del cuerpo.
E:; ~n bec~o comprobado que el inventor
El aparato tiepo.r diletta11ti~r1&lt;0 acaba, si no lo es ya por
ne además una
chiflar,e Y et mejor dia, hay que supli~arle
ducha formada
al Doctor que le tome el pulso y lerecete
Fi¡r. 8.-Pibta para duchas.
por dos tubos
duchas frías (y no en aparatos de su inlaterales en.
venclón) ó nos resignamos á sufrir sus
cor!ados y que terminan Pn la parte su- impertinencias, pues en punto á obst'nación no le ce
penor por una regadera. El movimiento de el lugar á nadie cuando se trata de imponer las ex.
del agua la hace subir (?) por los tubos celenclas de sus inventos.
Fl. 3.-Buqne balnear:o.
•
cayendo después en lluvia finísima.
0

:¡~
~~:¿

'

V

'

�82

EL MUNDO.

Domingo 6 de .Agosto de 1899.

Oomlngo 6 de .Agosto de 1899.

=

EL MUNDO.

sa

llas palabras dichas en latín con sonsonete y lentitud
desesperantes?
Le hicieron ocupar su puesto en la carroza para que
fuesf. delante de nosotros, como correspondía.
Y subimos al coche encortinado.

¡Cuán larga es una noche pasada en compa!Iía de
un cadáver!
Las horas se arrastraron muy lentamente, rodeadas del negro silencio.
.
Sólo cortaba el silencio del luto uno que otro sus-Pues bien, oye; sacia tu tenaz r.uriosidad aún piro periódico de dolor, de simple desahogu, ó .... de
•cuando sea á costa de mi reputación de hombre rastidio, y el cuchicheo de los que fumando charla•cuetdo. )
ban de política, de ruedicina, de comercio.. . para
L Veremos si sabes guardar el secreto.
no rodar al abismo del suefio.
De cuando en cuando, alguien se acercaba al infeliz Juan, y nuevo rucio desinfectante que hacía salCuando Juan murió, no esta vez, la otra, recibí la tar, en la sábana blanca, manchas obscuras, y nueva
•noticia inesperadamente, bruscamente. Me hallaba despabilaJura á los gruesos· cirios que crepitaban
·en una cantina, y me produjo el espasmo que me hu- acompasadamente, como si murmurasen una oración.
Andaban Jautelosamente, sin producir ruido.
biera causado una agresión violenta, á mano armada.
Lo de siempre: rM parecía rMntira. Me entró la trisEra el temor de que se fuera á despertar de su esLas conversaciones eran obligadas á tema triste.
peso sueño.
teza de la muerte.
El aire del campo, ese aire puro, me hizo mucho
Debe ser espantosísimo el que un muerto resucite.
Cie1tamente, era de muerto aquella inmovilidad.
Estaba rígido, sobre las verdes tablas de su pobre ca- Hasta los que habían tomado parte más activa, en el mal.
Me pareció que aspiraba una cantidad enorme de
•ma desnudada. Tenía cruzados los brazos sobre el coro de lamentaciones, de llanto y de sollozos, con
pecho, y un tanto inclinada hacia adelante la cabeza; que acompañaron el estertor de su agonía, hubieran gas ácido carbónico.
¡Cómo me repugnaron aquellos árboles que corrían
-así, con los brazos cruzados y la cabeza inclin~da so- emprendido la fuga aterrorizados, si lo hubieran visto
en sentido contrario, como si vinieran huyendo del
bre el pecho, durante los crepúsculo se paseaba me- moverse.
·dltando por los sombrosos correJores de la escuela.
Al fin llegó la luz del día, levantando ruidos por panteón, y al pasar rápidamente, nos hacían las más
¡Oh, qué hermoso cuadro, si se hubiera incorpora- todas partei;: abrir y cerrar de puertas; toses de ma- estrafalarias genuflexiones; contorsionaban sus trondrugadores, mugidos de ganado;, gritos de vendedo- cos, como lo hacen con sus cuerpos, los cirqueros.
do, para recorrer meditando las ;:,iezas de su casal
¡Qué extrafio!
Con una solución desinfectante le baíiaron el ros- res, rodar de carruajes, llantos de chiquillos.
Sentía la angustiosa sofocación que debe sentir la
·tro,-rostro de pergamino viejo-y el cuerpo esquele¡Cuánta cabellera en desorden, cuántos semblantes
·tudo, que tenía por mortaja, como él 1o pidió, una empalidecidos y manchados por las huellas de un río nube cargada de electricidad, antes de unirse á otra
blanquísima sábana. Ni un signo de protesta; nin- seco ya, de lágrimas amargas, porque amargo es el para que estalle la chispa. Mi cuerpo se convulsionaba,-inleriormente,-con los estremecimientos que he
sabor de toda secreción.
.gún mú&amp;culo de la cara se le contrajo.
El anciano, eterno acompañante de los que por la visto en los hipnotlzac!os.
¡Debía de estar bien muerto!
Los latidos de mi corazón, que parecía a!&gt;ustado,
Siguió espiando por sus párpados entrecerrados y última noche están visibles para los de este mundo,
·dejó, indiferente, que le rodaran las gotas venenosas aquél que hizo rezar tantas oraciones, tenía enrojeci- repercutían dentro di: µii cabeza, como si fuera mi
cráneo la l;&gt;óveda de una gigante catedral en dond6
por los ojos, por las mejillas, por la boca entrMbin- da hasta el escarlata, la esclerótica.
Comenzaron á vaciar la recámara; precisaba•la des- una multitud de herreros golpease fuertemente y li
ta. Era una lluvia de lágrimas que rodaba hasta el
infección, y urgía que la familia no encontrase el compás sobre un yunque descomunal.
·cuello.
Experimentti la impresión de que mi pobre cabeza.
Sus cabellos y su bigote desordenados, parecían mismo aspecto para que nosurrier-1. con los recuerdos.
·entonces más negros que nunca, sobre el amarillo ma- ¡Qué grande empeiío tienen los vi vos en ul vidar pron- era una bomba pletórica de dinamita, á la que len~mente se iba acercando el fuego de una mecha encente del cutis de tísico. Todos Je tenían miedo, asco, y to á los muertos!
¡Ah, si él pudiera haber asistido á las escenas que dida para hacerla estallar. Me faltaba oxígeno para
por precaucióu lo velaban desde la pieza inmediata,
la res¡&gt;i ración.
'
enfrente de su cadáver¡ y todos llevaban esenelas eu se desarrollaban ante su cadáver!
Salí
á la plataforma.
.
Siempre
lo
había
dicho:
«sería
curioso
presenciar
•sus pa!Iuelos.
Me causé lástima, y me inspiré temores por mi &amp;atodo lo que hacen los deudos y conocidos cuando uno
¡Es tan horrible la tisis!
lud. Intenté tranquilizarme ..... .
acaba de morir.&gt;
De pronto subió al cochP. un hombre.
Llegaron los enlutados enterradores, y procedieron
""· ,.....
Vestía
de negro y cubría s~1 cara una gran bucomo muy amaestrados á su tarea de recojedores de
¡\
fanda.
cuerpos
inútiles,
perjudicialc::s,
en
vísperas
de
putre,, ... '.
.A.penas se le veían los ojos, unos ojos negros, muy
facción.
negros, de extraíio y poderoso brillo.
Los deudos se entregaron á los más desesperados y
Me tendió la mano y estrechó la mía, de maner&amp;
ruidosos desbordamientos de óolor.
significativa.
Hubo
gritos
agudísimo&amp;,
llantos
escandalosos
y
1
¡Su voz! No podía dudarlo; la conocía bastante.
frases impresionantes.
-¡Qué curiosas son estas escenas! me diJo.
Ona joven enamorada. de Juan, se abrazó al cadáNo había duda; era Juan.
ver y pretendía no separarse de él, besándole por toLlamé todas mis 1inergias, y creo que estuve sedos lados el rostro duro y frío.
reno.
¡Qué repugnante!
-He presenciado todo lo ocurrido anoche, y deseoso
~
,, ;
Algunas
frases
me
parecieron
demasiado
dolorosas.
de ver las últimas pantomimas de esta gente, con un
'
~
.
¡Por qué te vas, y no me llevas contigo?
esfuerzo supremo de voluntad, be logrado venir has¡Hermosas escenas para un drama espeluznante!
ta aquí. Y con voz de ultratumba, me refirió tod~s
Una sonrisa de Incredulidades y de despre&lt;'io, se las conversaciones que tuvieron frente~ su cadáver.
asomó por los entreabiertos labios del muerto.
S11 voz resonaba como si saliera del fondo del
Muchos lloraban, aun sin ser parientes del que se ataúd.
llevaban los enterradores.
-¡Lástima que no pueda yo pres¿nciar la escena
,¡
Por egoismo unos; por contagio otros.
final de mis funerales. Tendré que regresará tiempo
Al pensar en el padre, en el hermano muertos, ó para que me sepulten.
valetudinarios, enfermos desahuciados.
Y rió, rió con risa macabra.
Por contagio, como se ríe con lus que ríen, y se
¡Oh desdicha! La bufanda se le cayó por el movibosteza, y se come con apetito, con los que bostezan, miento de las mandíbulas
ó comen con apetito frente· á nosotros.
Y-¡est~mos en el origen de la desgracial- un joRecordé á los que alquilaban !,orones para sus muer- ven anémico le vló y lanzó un grito horrible: &lt;¡el
to:;.
muerto!&gt;
Sacaron el ataúd.
Y cayó desmayado.
El pobre Juan se estropeaba el cuerpo contra las
Todos lo atendieron compadeciéndolo por haber siparedes de .,;u última casa tan fría, tan obscura. tan do víctima de una alucinac.ión. ·
lóbrega coi'no ninguna de fas frías, obscuras y lóbreJuan aprovechó la confusión, y descendió violengas que antes había habitado.
tamente.
Después, la misa de requiem.
Le ví, le oí, con gran terror, alejarse de prisa, en
La voz artificiosamente triste, lúgunre del sacerdo- sentido coot1ario del que llevábamos.
Se perdió entre los árboles de la calzada. Pero ¿á
te, resonó en la iglesia espaciosa. fatídicamente.
L¿Le bastarían para la salvación de su alma aque- dónde iba? ¿á quién íbamos á sepultar entonces?

r-

•

PRIMA.VER.AL.

�Domingo 6 de Agosto de 189~

EL MUNDO.

84

¡Qué angustia!
Llegamos; alguien quedó al cuidado
del infeliz joven que tenía fiebre.
¿Ilusión? Eramos entonces dos los ilusi&lt;,nados.
Yo llevé en hombres el féretro.
¡¡Estaba vacfo!I
Un sepulturero confirmó mi sospecha.
Al bajar á la fosa nueva la caja m1..rt1:oria, lo dijo: ¡Qué poco pesa este muertol
La tierra resonaba sobre la tapa del
ntaúd como cuando se golpea una caja
hueca.
Colocaron una cruz rnbre la tumba y
partió el severo c1.rtej J.
E) pobre Juan estaba candenado á
quedar insepulto.
Esperaba hallarlo muerto, tendido en
el ramino.
¡Oh! y si Jo encontraban ¡cuántos iban
á morirse de miedo; horrible muerte!
Nada; Juan no pareció.
Los dolientes se habían salvado de una
impresión superior á las energías de sus
vulgares espíritus, pero Juan ¡el infortunado Juanl ¿qué sería de su cadáver amlmlante?
Cuando ya entrada la noche, la luna
fingió fantasmas por todas partes cou los árboles de
la calzada, resol vi volverá mi casa. Traté de convencerme de que era yo juguete de una pesadilla..
Y seguí muchos días con la duda siniestra, clavada en mi cerebro como un claro monstruoso.
Y varias veces he visto pasará ese hombre rápidalDf&gt;nte, velozmente, junto á mí, en la calle.
El mismc traje neg,o ya deteriorado, la misma
enorme buf'lnda cubriéndole el rostro.
Una noche, lo entreví en el fondo de una cantina
de barrio.
¡Naturalmente no tomaba alcohol!
Tenía 'la vista perdida en el espacio. Ya no brillaban extrafia y poderosamente sus negros ojos. ¡Mirada
idiota! Cuando llegaba á mi casa, ha pasado no muy
Jejos de mí, como siempre, corriendo, como si le urgiese llegará tiempo á alguna parte.

Estoy seguro de haber sentido olor de cuerpo putrefacto.
Y Riempre el temor al ridículo me impidió hablar
á ese hombre, llamar á ese cadáver.
. Agotadas sus energías, seguía caminando p0r
ine'rc;a, como un autómata, sin saber á dónde iba,
ni qué podía hacer? Si hubiera resucitado, si estuviera vi rn, lo más fácil le hubiera sido vol ver á una
vida de trabajo; pero ¡estaba ruuertol ¿ Y qué necesita un mue1to?
Lo único que le hacía falta era una fosa. Pero
acaso él mismo ya no lo sabía, porque ya no pensaba.
¡Y si era un trasunto de éll
Si mi imaginación ccbarde, a,mstadiza, le había
hallado parecido con aquel hombre que era acaso un
limosnero vergonzante!¿ Y por qué corría?

Los mendigos no corren; siempre van,
despacio, abrumados bajo el peso de.su
miseria.
En todo caso yo no podía presentarmeá dennnciarlo ante una auMridad, ni detenerlo para darle sepultura.
Pero ayer, ayer han cesado todas mis.
dudas.
Ese hombre que has visto en la plancha del anfiteatro, que fué destrozado
por un tren, ese cuerpo putrefacto, cuya1:, vísceras no hemos podido ya examinar, cuyos mtestinos estaban vacíos dealimentos, ese ¡e.ra Juan!
Ustedes han creído que es un infeliz
que murió de hambre, y á quien ya muerto, trituró la locomotora. Bien, esa hipótesis robustece mi creencia ó bien, ya
falto en lo absoluto de energías, de facultades mentales, lo ha eorprendido el tren,
ó acaso con el último resto de inteligencia, comprendió su desesperante sltua-.
ción, y se arrojó á la vía, para que lo re.
cogiera muerto y le diesen sepultura.
Debe de haberle repugnado mucho Irá
compartir su lecho con toda clase de gente: á la fosa común.
¿Comprendes ahora mi empeño por hacer la autopsia de e~ nauseabundo c;adáver?
¿Comprendes mi obstinación por que se me entregara?
y yo solo lo he velado, y yo solo he asistido á
sus funerales, pero ahora sí no me cabe duda; está~pul ta do. Esta vez no se escapó.
Ya ese cadáver no se paseará más por las calles.
Ya estoy tranquilo.
¡Y la ridícul~. romántica enamorada de Juan, si al·
gún día quiere hacer ostentación de su dulor de oropel, depositará flores sobre una tumba si11 muerto, sobre una t"osa vacía!
FRANCISCO

ZARATE RUIZ,

Dommgo 6 de Agosto de 1899

EL MUNDO

-~

(La quinta de los Cyclamens, cerca de Ouchy, en
el Leman. Frente á la terraza florida que desciende
hacia las aguas azules del lago, se extiende el delicioso panorama de los Al pes, cuyas al tas cimas están
11ún incrustadas de placas de nteve. Junto á un macizo de verdura, en un punto desde donde se domina
todo el paisaje, se levant.. un pabellón cubierto ~asi
por los rosales. Concluida. la. comida. todos los convidados de la quinta se han reunido allí para tomar el
café. Después van, poco á poco, dispersándose todos,
y sólo quedan en el pabellón Roberto Favrette y Gabriela d 'Azel.)
Favrette, despué.s de un largo silencio.-¡ Qué hermoso es estol
Gabriela.-¿ "El paisaje?
Favrette.-Sí, este paisaje delicioso que caia vez
que vuelvo de mis largas ausencias, encuentro más
twllo y más hermoso.
G&lt;lbritla.-¿Sí? Con esta van quince veces que viene usted. Sé contar mu.v bien.
Favrette.-Ciertamente, ¡quince ar'íosl Y la primera vez, cuando tus padres we invitaron á venir a:¡uí,
eras así, pequefiita ....
Gabriela.-Ya lo creo, como que basta nodriza
J;'avrette.-Y no era yo, por cierto, un Matusalem,
puesto que acaba~a de salir del colegio; pero para tí
era ya lo que nunca querré dejar de ser,-el hermano mayor, casi un papá ...... un segundo papá. Te he
visto ir creciendo poco á poco, be asistido á todas
tus etapas, y te he traido tudas las muffecas que tienes! ...... A propósito ¿i;abes lo que traigo en mi ma-

letaf

Jorge lllanr.ique
Nave de mi fantasía,
tu casco por cristalino
mar resbala,
y al soplo de la poesía,
despliegas tu blanco lino,
como un ala.
¡Nave azul, boga ligera
y condúceme al verjel
de la Historia:
á la mágica ribera
donde florece el laurel
de la gloria!
Allí, de torres feudales
al pie de los ~incelados
miradores,
cintan hazafias triunfales
•y el amor los afamados
trovadores.

Entre todos, allí brilla
el vate Jorge Manrique,
gran guerrero,
luz y espada de Castilla,
que venciera al cuarto Enrique,
con su acero.

que villas y corazones
conquistó,

Manrique, mozo gallardo,
arrogaot,e defensor
de Isabel (1);
paladín como Bayardo,
á su reina y á su honor
siempre fiel,

y Jc;rge, al ver apagado
sol tan hermoso y luciente
de virtud,
besa á su muerto adorado,
v baila con lloro ardiente
·
su ataúd.

espejo es de la bravura,
del asalto en los furores
y en torneos,
y consagra á una hermosura
sus endechas, sus amores
y trofeos.

Y ante el palacio deshecho
de su iusión, su alegría
y esperanza,
el bardo siente en su pecho
la afilada punta tría
de una lanza.

El lauro de Jorge ufana
la ancianidad de su noble
padre amado,
como la yedra engalana
el tronco de un viejo roble
deshojado.

Después, RU estro volador
de tinieblas y congojas
al través,
gime como un ruisefior
que se queja entre las Lojas
de un ciprés.

11) La Reina de castilla.

Muere el héroe don Rodrigo (2),
el que á insignes campeones
humilló;
aquel de buenos abrigo,

Y canta en bella elegía
la inconstancia y los rigores
de la suerte;
¡profunda, excelsa poesía
que ornan las pálidas tro:res
de la muerte!

... . .. ............ . . .............
¡Nave azul, boga ligera
y condúceme al ..-erje:
de la Historia:
á la mágica ribera
donde fulgura el laural
de la gloria!
Allí, en la noche estival,
de la luna al argentado
resplandor,
vibra en arpa de cristal
el canto más inspirado
del dolor.
MANUEL REINA.

Enero 9~.

(2) El padre de Jorge M&amp;nrlque.

.

Sí, de conversar como toda una persona grande, según lo parece ya.
Gabriela.-Y á la que no tomará u., te I en serio,
¿eh?
Fravrette, con incredulidad.-bí, sf; ya me acostumbré. ¿ En qué pasa usterl ahora su tiempo?
Gabriela.-En París trabajaba; ya ~abe usted, las
seíioritas trabajan mucbo en Pa.rf~. No sé si será tanto como en las escuelas de provincia ..... .
Favrette.-Y aquí, ;,qué bace usted?
Gabriela.- ¿Aquí~ 01:11 leo mucho ...... Precisamente en ese pabellón, frente á este paisaje que no
me canso de admirar ...... por más que usted me acusa de no comprender su hermosura ...... Dibujo, lntento copiar los colores de la luz ...... y ...... pienso
en la vida.
}i'avrette.-¡, Piensa mted en la vida? ¡Dios mío!
Pero si nada más los desdichados piensan en esto.
Gn.briela.-0 los que reflexionan. Reflexionando se
comprende que las sat,isfacciones d~l dinero, del orgullo, del placer, de toda esa multitud de cosas que
me rodean, no son la verdadera existencia ... _Yo soy
así .... pero ¡á qué viene esto! pienso en tantas cosas
que no pueden interesará usted., ..
Favrette.-Por el contrario; todo eso me interesa
en gran manera ...... ¿Qué cosas son1 (Insinuante.)
Gabriela. -Suenos.
Favrette.-r.ImposiblPs?
Gabriela.-No lo sé. (De.• pué~ de una pausa.) Me
permite ·usted que á mi vez Je haga una pregunta?...
¡,Cómo entiende nsted el amor?
Favrete, asombrado.-¿El amor? ...... 1Vaya un .

tema!

Gabriela.-¿Qué· puede ser!
.
Gabriela.-Es el tema del matrimonio; un buen
Favrette.-Pues..... ¡la muñeca de este afíu! Ayer, _ tema. . . . . . ¡ Y y o deseo tanto saber lo que usted
tarde no tuve tiempv de sacarla. Pero hoy mismo ,piesal
Favrette.-¿ Yo?
te la daré...... Es encantadora, ¡y muy inteligente!
(Mirando que ella permanece silenciosa). ¿Qué tiem,s,
Gabriela. - ¡Hola! A los treinta y cinco anos se deGabi, no estás contenta?
be ya comprender bien ese problema. ¿Cree usted
Gabriela, fríamente. - 8í, Rf; muchas gracias.
que debe ser eso una asociación, un negocio, ó la
Favrette, levantándose.-Oh! mira, mira, ese rayo unión de dos caracteres. de dos corazones? ..... .
de sol cómo dora la montailal Qué luz tari bella coloFa.vrette.-¡ Diablo! E➔ que ....
ra el horizonte..... Pero, ¡ vamos! qué puede imporGabriela- Se dice que es usted un feroz fSCéptico.
tarte á tí todo esto 1
Escil;.tico, ¿no es esto lo quf quiere decir ser un poGabriela.--¿Por qué le -:ree usted así?
co ligero, divertirse mucb.o y no creer eJJ nada?
Favrette.-¡Oh! porque yo supongo que los t rajes
Favrette. -No creer en algunas cosas. Además, yo
de las famosas mnr\ecas deben de absorbe1te por com- no soy Pscéptico, y despaé11, esta palabra quiere depleto.
cir: hombre que se burla de las quimeras sentimenGabriela, mirá'lldole--Vamos. creo que papá tiene talPs.
razón cuando á todas horas le dice á mamá que es usGabriela.-¿Qué es eso?
ted un muchacho encantador que no conoce la psicoFa.vrette.-Los juguetes de las mujeres y los lalogía.
zos para los hombres! .... Pero á usted la creo uua
Favrette, riendo. ¿Psicología?... ¡Esto es divino! ..... filósofa! ..... .
Me divierte oírte empleando esas palabras....... Pero
Gabríela. - Cree usted que yo no...... Pero en fin,
¿sabes acaso lo que es la Psicología?
vov á Cvntarle una historia.
G:ibriela.-Naturalmente, puesto que la he est,u.
Fa.brette.-;, Una historia verdadera?
diado en la clase de literatura.
Gabrlela.-Tan cierta como que ha. sucedido á una
Favrette, admfrado. Pero ..... .
de mis amigas...... íntimas.
Gabrieia,-Ahl sf; es que á pesar de haberme visEsta amiga se llama Syb1l, y tiene casi mi edad.
to crecer, no sabe usted mi edad ...... ¡ Diez y seis Es moren¡¡ como yo, y muy bonita...... en esto si que
anos, eeflor 1
no nos parecemos.
.ll'avrette. -¿ Es que ha hP,cho usted también un
Favrete.-¡Señorl ¡Oh! conque me tratas con ceremonia! ..... .
curso de coquetería?
Gabriela.-Sí, desde el momento en que mis vestiGabrirla, sin responder.-Sybll, desde que era muy
dos se han alargado, la pequeila Gabi no tiene el de- niña, vió siempre en las vacac1ooes, venir á su carecho de llaa,ar á usted Roberto.
sa á un joven á quien llamaré yo el j&lt;&gt;ren, rubio y
Favrette-cambiando de tono, y muy sorprendido. que á ella le gustaba mucho. Cdda año ju~aba
-Pero, veamos, veamos ...... es c!erto, el vei,tido grandemente con el amigo, hasta que un día se
larvol ...... ¿ Queréis acercaros un poco, Gab ..... . encontró, de pronto, con que ya no podía jugar
má~ con el joven rubio porque...... lo amaba.
Beilorita ...... para qne os vea mejor: ..... .
Gabriela.-¿Pues qué no me había usted visto anFavrette, estupPjacto.-¿Ella lo amaba?
teR? ..... .
Gabriela. -:8f.
Favrette.-;, Y entonces? ......
Favrette.-A fé mía no; crpfa que estaba usted corno _otras veces. ¿Querrá usted hacerme el honor, no
Gabriela.-Entonces ella 1,e puso muy triste pende Jugar, sino de conversar conmigo un poco? ..... . sando que nadie la tomaría. en Strio y mutho menos

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f\UR0RA DE AMOR.

tenía.

DEL "JARDlNDELOSPOE'l'AS."

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el joven rubio que era diez y seis años mayor que ella,
y que todo esto era una. locura que no osaría confe-

sar. No hace mucho tiempo que ella me cont,ó su......
estado de ánimo... esta es la palabra, , no? Decíameque
esto hibía durado más de dos ruese~, y que se sentía
ya sin fuerzas. La frase de usted es la. que me ha hecho recordar la historia de Sybil.
Y asf es como la pobrecita está condenada á no
confesar jamás su amor porque se le diría que es una
quimera sentimeutal.. .... Vamos sefior, lo tomo á
usted por juez.
Favrette, alterado,-Peto, franr.amente, me pone
usted tales cuestiones. . . . . La oigo hablar de cosas
tan extraordinarias..... Es cierto que á la edad de
su.... amiga no se ven las cosas claras.... Pero ¿en
qué conoce que eso es amor?
Gabriela. -Puei;.... porque al llegar una hermosa
maíiana no jugó ya, oioo que se puso á reflexinar,
pensafido siempre en la misma persona, sonando con
no sé qué conquista.... en tin, que ella sentía una
transformacióu, una metamorfosis, como una luz que
penetraba en su alma. Yo... . no soy bastante grande para saber lo que es eso.... (rnaticiosamente) pero
Sybil me lo ha repetido tantas veces que, ya lo ve
usted, á mi vez puedo decirlo con todas sus expresiones.
.li'avrette. -Lo sabe usted de memoria. Pero su
amiga, que me parece una razonadora de primera
fuerza, ¿no ha dicho á usted cómo arreglaría aquello
de la gran diferencia de edades?.... Porque, en fin,
el señor cen esoR diez y siete ai'íos que le lleva.
. Gabriela.- ¡Oh! Dios míol Eso lo arregla ella perfectamente. Al prmcipio no es difícil. ...
Favrette.-¡Ahl
Gabrlela.-Sf, al principw del matrimonio.....
porque ya he dicho a usted que los dos son igualmente gentiles.
Favrette.-Pero ¿después? ...
Gabriela.-Después.... ella cree que este después
vendrá tan tarde.... y, además, depende de la habilidad de la mujer el saber manejar su dicha. Sobre
todo, cree que cuando el amor se atenúa para transf?r~arse en afección, la diferenciad~ edade_s nada
s1gmfica, pues que el del:.ter de la mlljtr es vigilar por
su marido y cuidar de los niños.
Favrette.-¡ Diablul Arregla usted las cosas como
en las novelas que acitban bien.
Gabriela.-¿Encuentra usted que no debe ser como
lo digo!
Favrette.-Lo que encuentro es que habla usted
como una verdadera mujer, y que ;me sorprende extraordinariamente!
Gabriela.-Es cierto; me mira usted con unos
ojos....
FavrettP.-Sí, como el jardinero que habiendo dejado una flor eri botón, la encuentra de pronto completamente abierta ....
Gabriela.-Sí, que le sorprende · á usted; pero que
no le complace....
Favrette, visiblemente impresionado. -Sí. ... sí me
complace.... ¡muchí-Jimol....
Gabriela. -A ~usa de su florescencia espontánea?....
Favrette.-¿A causa de la histo:ia de Sybll?.. ,.
Gabriela, un poco_pálida.-¡Bab!.... ¡una quimeJal .... ¡un juguete:.... (At,já11.dose algunos pasos.)
Vamos á ver el mio.... ¡la muñeca lnt,eligente que
ha traído usted!.... ¿t::labe esa pequeñuela decir
mamá?
F¡ivrette.-No! ... No es ese el juguete que he
traidr.... Es un joi:en ruliio, de cabeza un pooo dura, que comienza á decir.... Gabrielal
MICHJ!:L

PROVINS.

�Domingo 6 de Agosto de 1891.
EL MUNDO.

86

Domrngo O de Agosto de 1899

EL MUNDO

I

LOS ADELANTOS DE NUESTRO PAIS.

DEZIRES, LAYES YCANCIONES.

BALADA CASTELLANA.
Cefilda al cinto la espada,

DEZIR
(á la manera de Joban de Duenyas.)

Ponte el traje azul que má•
conviene á tu rubio encanto.
Luego, :Mía, te pondrás
otro, color de amaranto,

y el que rima con tus ojos
y aquel de reflelos rolo•
que á tu blancor sienta tanto.
En el obscuro cabello
pon las perlas que conquistas¡
en el c:&gt;lumbinu cuello
pon el collar de amatistas,

y ajorcas en los toblllos
de wpacios amarillos
y esmeraldas nunca vistas.
Un camarín te decoro

La capa al vien to , e ¡ sombrero

Con la ancha ala desplegada,
Va por la verde hondonada,

Galopando el caballero.
.
Ya al corcel allento falta,
Ya cruza un ribazo ó salta

En tantástico galope
Por los l!scarpes de un tope,
Que la negra noche es~al ta.
Por el rudo casco herida
La pieC.ra relampaguea;

Suelta el ginete la brida
y se hunde y pierde en seguida
En la extensión, que negrea.

-¡Ah del ginetel ¿quién va?
grita de pronto una voz.

-Quién es?

donde sabrás la lección
que dló á Angélica, Medoro
y á Belklss dló Salomón;
arderá mi sangre loca,
y en el vaso de tu boca
re sorbe1 é el corazón.
Luz de sueno, flor de mito,
tu admirable cuerpo canta.

la gracia de Hermafrodito

BOCETO.

con lo aéreo de Atalanta;

y de tu beldad ambigua
Allí estaba la E'Statua blanca Y pura,
Inmaculada flor de mármol, vi va,

Que radiosa brotó de la locura
De yo no ee qué artista, y que cautiva.
Admirable portento de escultura,
Prodigio del cincel, la diosa altiva
Simboliza la clásica hermosura,
Una Juno de !rente pensativa.
Me puse á contemplar en mi embeloso
Aquella creación que enloquecía,

Aquella boca en que dormí, el beso,
Aquellos ojos de mirada !ría:
Recogido el cabello en grupo espeso,
·Qué pureza de lfneas! ¡qué armonía
be contornos! ¡qué porte! ¡qué aire impreso
De majestad en aquel rostro había!

la evocada musa antigua
su himno de carne levanta.

Del án!ora en que está el viejo
vino anaCfeóntico, bebe;

Febe arruga el entrecejo
y Juno ar~ugarlo debe,
mas la joven Venus ríe

y Eros su filtro desl!e,
en los cálices de Hebe,

LAY
{li. la manera de Joban de Torres.]

¿ Qué pude yo hacer
para merecer
la ofrenda de ardor
de aquella mujer
á quten, como á Ester

maceró el Amo~
Intenso licor,
perfume y colc.r
me hiciera sentir
su boca de flor;
dile el alma ::-or

La carteta del mármol esplendente

Que en mis dedos el hielo di!undía.
A mí llegaba el soplo tibio y blando,
El aliento de amor de las violetas;
y de aquel ~itlo me aparté, pensando,
A merced de encontradas y de inquietas
Impresiones, poder que reconozco
Que en mí se ejerce, ideal que me consume,
¡Ay! en muchas .estatuas que conozco,
Bellas flores de carne sin perfume.

-El mismo, Don Menda, soy.

Por la palabra que un dla.
Empelló vuestra hidalguía,
Cual cum,le á un noble vengo hoy.
y ecbando ple á tierra, alzadas
Sierpes de acero enroscadas

A los bravos combatientes.

CANCION

Sobre la diosa Inmóvil; senti !ría

-¡lra de Dios! 1Don García!

y eran al chocar hirientes

(li. ta manera de Valtterra.)

Ya es un mandoble, ya un quite,
Ya una estocada, ya un sesgo,

Que el ardor loco repite;
y entre estocada y desquite,

Amor tu ventana enflora
y tu amante esta mañana
preludia por tl una diana
en la lira de la Aurora.
Desnuda sale la bella,

La rabia crece, y el rlebgo.
La aurora vió al otro dla
.Al despuntar por la slerrd
Junto á un cadáver en tierra,

y del cabello el te•oro

Rota una espada de guerra.
Mientras sus trinrn; lanzaban

pone una nube de oro
en la desnudez de estrella;
y en la matutina hora
de la clara fuente mana
la salutación pagana

de las náyades á Flora.
En el bailo al beso incita
sobre el cristal de la oada
la sonrisa de Gioconda
en el rostro de Afrodita;
y el cuerpo que la luz dora,
adolescente, se hermana
con las formas de Diana
la celesce cazadora.
y mientras la hermosa juega.
con el sonoro diamante,
más encendido que amante,

el fogoso amante llega
á su divina sefl.ora.
FFIN

Pan, de su flauta desgrana
un canto que, en la manana;

perla á perla, rle y llora.
RlTBEN DARIO,

V. Acosu.

•

UNf\ ORf\N IN D U S T R lf\ .

Don Mendo, uno de lofi dos.

Relucieron las espadas,

tan dulce ellxlr.

Era la hora serena y per!umada
En que el sol tras la sierra apenas arde
y en que flotante, ideal y enamorada,
Náufraga en mar de luzi muere la ~arde.
Aquel rostro Jn..mdó un r~yo muriente,
De claridades trémulas; di ria
Que el mármol se animaba derrepente,
Que lba á hablarme y los brazos me tendía.
Mi mano fue á posarse irreverente

-Pues buena la habr4,
Que en el campo quedará,

Símbolo de la bldalgufa,
Los pájaros en la lronda,
Las H.ores se despertaban,
Rodaba cantando la onda
Y las hojas murmuraban.

La industria nacional, como hija .predilecta de
la paz, toma poderosos vuelos en nuestro país

augurando una época de crecidas riquezas para
loa luchadoras en la contienda hermosa del trabajo.
Todo linaje de publicaciones en México, actualmen te, experimenta ]a necesidad de comunicar
au~ impresiones gratas, de moltiplicarJae en el
cerebro de sus lectores, de afirmarlas en la vo•
Jun ta~ colectiva para determinar la consecuencia
de este movimiento de energías, despertado en el
país, que maravilla, reclutando hombres, redimi,cdo brazos, cosechando productos, levantan•
do f&lt;\bricae y entonando por lin, con voz sonora,
dei,poés de va rios siglos de mutismo, el himno

Estado de Na evo León, refiriéndonos A su cnlta
y progresista capital, para exhibirlo con las ven-

tajas logradas por el trabajo. No sería posible encerrar en el brevísimo espacio rte estas lineas los

adelantos todos de aquella región, y de aqul el
haber elegido una A nna las importantes instalaciones fabriles que posée. Vamos A deecribir, siquiera sea A grandes rasgos, uno de los más nota-

bles de aquellos e,tablecimientos lronterizod: LA
CERVECERÍA CDADHTEKOO.

incomparable de la redención por el trabajo.
El país en general, siente los estrem"'cimientos

de l• lecundación benéfica y activa. Pero por sell, l•da manera, el enérgico impulso se manifiesta
vigoroeo y feliz en algunos Estados de nueetras
costas y aJgunos !rooter}zos. Veracruz con su

V. AcosT.lo

es el estímulo. mnltiplicador de los fecundos esfuerzos iadividuales.
Volvemo11 á ocuparnos en estas columnas del

magnífico valle de Orizaba. constituye nna lisonjera prome•a de preciados frutos para la industria
del porvenir, y Nuevo León con portentosos adelantos, es el heraldo de nuestro progreso, A las
puertas mismas de la República.
En la tarea de resellar Jas instalaciones, como
la mejor razón que &amp;3iste A. nuestro entusiasmo
Por loe avances conquistados, hemos de fijarnos

en •~uellas qne por sn capital, revelador de la
conf1anza que inspira la tranquilidad del país; por
au éxito que acusa Ja inteligencia directora, po-

■eedora de la previsión y duella delos resultados,

por sus productos envidiables que denuncian un
aumento de cousumo emulador de la explotación,

constituyen un hecho que es el progreso realizacon la riqueza creada, y una esperanza que

do

La Cervecería faé fundada el allo de 1892, con
capital netamente nacional enbscripto por las lftlsmas personas que forman hoy la Compallía, y
que son casi todas miembros de una misma familia é hijos de aquella población.

La Mesa Directiva estA formada por loe Sellores Isaac Garza, Presidente; José A lluguerza,

Secretario, y Francisco G. Sada, Gerente Gene,
ral.
El objeto de los Directoree de la Compallía faé
desde UTJ principio competir en calidad con las
cervezt1s extranjeras, y el éxito obtenido ha sido
admirable¡ no solamente reciben á diario testimo-

nio de todos loe inteligentes consumidores de la
República, que reconocen en los productos elaborados por la Cervecería Cuauhtemnc, una calidad mny superior á todas las marcas importadas
de Alemania y Estados Unjdoe, sino que amparados por la bondad de sus productos, que se recomiendan por el solos, han logrado extender el

campo de exportación de una minera prodigiosa,
Un gran número de Agentes Viajeros recorren
toda la República y la mRyor parte de las principales poblaciones de América; recibiéndose cons-

tantemente pedidos importantes de las República, Centro Americanas y aún de Canadá y Estados Unido,.
El crédito de ms productos, impulsado hábilmente por una administración inteligente y em-

prendedora, ha hecho en eortos altos dela «Cuauh,
témoc • uno de los primeros establecimientos de

su género en el Pals. Allo por allo se ha ensanchado la planta y perfeccionado los aparatos y
sistemas de fabricación; pero principalmente de
tres allos A esta parte, ee cuando ha tenido la
Cervecería un desarrollo asombroso.

•••
Tres ferrocarriles han tendido sus rieles dentro

del edilicio mismo de la IAbrica, el del Golfo que
carga los abundantes productos de las regiones
exhúberas de la costa, el Nacional que atraviesa
las grandes extonsiones centrale• del pals, llevando productos de toda snerte y el Internacional que une á Monterrey con la gran arteria del
Ferrocarril Central y lleva directamente los productos de aqnella ciudad privilegiada hasta Guay
mas, desde donde se hace la distribución para
todos nuestros puertos del Pacifico.
El edilicio de la fabrica es suntuoso. El electo
para la vista ee bello, acabado y corresponde
ciertamente á la riqueza que la previsión inteli¡¡ente ha acumulado en el interior para las labores. Un jardín, estilo parque lo¡¡lés, le presta el
bonito aspecto de su cuidada vegetación y agran-

�EL MUNDO.

II

la evaporación del amoniaco, al que ha~en circular los comprensores ó máquinas d? hielo á _tra•
vés de un sistema especial de tuber1a, que tiene
varios kilómetros de extensión.
Después de convertirse por los ~ás modernos
procedimientos de la industria el lup_ulo Y la malta en un líquido aromático y ambarmo, se efec•
túa lo que se llama el cocimiento de la cerveza,
en grandes calderas de me~al _pulimentado que
deslumbran por su brillo y hmp1eza .. De allí pasa
la cerveza, hirviente todavía. al Enfr1adorB~ndeCuenta la fábrica con tres inmeTisos patios, uti- lot, cuyas espir ales de tubería recorre, ?aJando
lizados todos en Ju labor diaria. En el primero, rápidamente su temperatura. E_n segmda, po r
A la entrada, se puede apreciar el _cap~tal nada medio de bombas finísimas especiales se e1e~a el
despreciable invertido en la fabr1cae1ón d_e la Jiquido basta el tercer pbo en que se erectu~ la
cerveza. En ét se bailan colocadas tres máqurnas fermentación. Del depar tamento de fermentación
refrigeradoras de pot?ncia nota ble, ~estinadas á cae la Cerveza al segundo piso, llamado de rela fabricación del h,elo y producción de frío, puso. donde permanece ta~b!én ~argo tiempo,
indispensable, como se s~be, para la e~aboración para volver finalmente al pnmer piso, en que_ se
de Ja cerveza: las máqumas son americanas, de ef•ctúa l• cl,rificación. Esta mar~b_a del liqmdo
construcción inmejorable, griln precio y resisten• tiene un sin fin de detalles y reqms1tos, pues no
eia comprobada y con capacidad en junto de 225 hay cosa más delicada y dificil que la preparatoneladas, aunque no tod~s trabajilu _sie~prr, pues ción de una cerveza perfecta. La fabric,ción de
en invierno sea provecha el extraord10ar10 descen- la cer veza requiere de Sf'is á ocho meses de laso de la temperatura ugional,. sí lo h .-ceo la !Dayur bor diaria, constante, A todas horas del _día Y de
parte del afto, produciendo rnmensas cantidades la noche, y basta el descuido de un mrnuto, de
un segundo, para echar á. perder enormes depó•
de hielo.
No todas se utilizan necesariamente en la ela- sitos, cuyo costo podría hacer la fortuna de vaboración. El lujo de !a lábrica del hielo es un rios hombres.
Antes del envase, pasa la cerveza, ya hech.11.,
derivado de la grandeza de los industriules. ~•
producción de hielo pasa de 40 toneladas al d1a, por filt: os finísimos y que completan las dos opeJlenando en invierno y en verano el consumo de raciones precedentes: el reposo y la clu1f1caMonterrey y el importantísimo de una gran co- ción. Algunos de estos filtros h•n ~ostado $8.000,
marca tributari1'. A las poblaciones peque.ft.as ó su calidad no sólo tiene el crédito de 1" casa
cerc mas se hacen Jos envíos por Express, y A cunstructora, sino la confirmación de los meJo mercados lejanos lo~ embarques se tfectúan en res resultados en la fábrica de Cuauhtémoc, que
carros refrigeradores especiales, constr_o~dos ex - ]os utiliza. sin descanso y sin Que algo.na vez baclusivamente para ] H. Cervecería .. Sd uul•za tam• ilan presentado deficienci•s. Como todas los útibién el hielo en el empaque y conservación de la les y máquinas de la instalación, los filtros resul cerveza en cuft.etes 1 que debe tenerse siempre he- taron de gran cvsto por su excelencia, pero tamlada, y de la cual se hacen grandes remesas A to- bién por ella altamente remuneradores del desem•
das las poblaciones de Nuevo León, y á los Es - bolso de adquisición; puesto que u na de las con
tados de Coahuila, T.11maulipas, D. rango, Zaca - diciones que ha logrado la aceptación inmensa en
el mer cado de la cerveza Cuauhtémoc, es su clatecas Chihuahua 1 San Luis Potosi, etc.
Pe;o la t~rea más importante de laP máquinas rificación irreprochable, quizá s uperior á la de
de hielo es la refriger•ción de la Cerve.. pro- lllB cervezas extranjeras.
Los filtros realizan la clarificación del llqnido
pia ment~ dicha Está ésta constituida por un gran
editicio de tres pisos, cuyas bodegas se guardan con la rapidez posible en este trabajo, lento de
Eiiempre á una temperatura glacial, obtenida por suyo, para acumular en barriles enormes el llquida á través de sus arbustos y sobre el musgo verde
de su suelo lAB proporciones de la construcción
magnífica. Con mucha justicia, los regiomontanos se hallan orgullosos de esta instnlación modelo y jamás permiten al tourista abandone aquellos
Jugares, sin haber coseehado los aplausos de admiración calurosos y repetidos que rec!ama la
contemplación de tantos e,luerzos hábilmente
acumulados.

•••

1'
1

1

1

Domingo 6 de Agosto de 1899.
do depurado de toda impureza que pudiera ba,.
cerle dall.oso á la economía ó desagradable Ala
vista.
E n esta ala del edilicio se encuentra también 1111&amp;
maquinaria. import,ante: los poderosos dioamoe
que inundan los departamentos todos de la UbJ1.
bric11. de lucecitas ineandecentes, ora fij as, o.._
movibles y distribuidas con discreción notorl¡
en los a ngulos, en los patios, prc!odidas al Dllll'O
ó pendientes del techo. El alumbrado es una de
las mejores obras del establecimiento y en las qae
por manera especial se revela el arte y la rique.
za que han presidido á las labores tod&amp;s de la
construcción.

• •*
Merece cuidado especial de los fabrica ntes, el
lúpulo que e, la substancia fermentesci ble y q111
da á la cerveza el sabor amargo tan agradable
como estimulante. Se mantiene en aquella fábrica
en bodegas perfectamente acondicionadas, en lu
que se le preserva, por procedimientos ad hoc, de
las extremosas condiciones climatéricas del lagar. El lúpulo se, limpia, se seca, se aparta en gna.
pos; es, en fLn, obj1to de cuidadosos detall es por
parte de los grandes cerveceros, que pudiéramoa
llamar los cerveceros artistas, ya que perslguea
con afán el ideal de un proyeoto que alcance !odas las posibles perfecciones.
Ni el molino donde se macbac, la Malta ea oor riente y comúu , ni éste dej~ de distinguirse dt
los ordi~ariamente empleados¡ pues p&gt;1.rece que
en esta instalación todo se concibió y r i.:alizó coa
el prurito de notoriedaa que fuera satistactoria i
los ideales de los fabricantes y provechosa á la
calid•d del producto. De mejor material, de mavor potencia, de capacidad notable, cuenta lalll•
biéa la particularidad de llevar, á poca distancia
de la m0lienda y en la esfera de acció n de 1111
dientes, unos electru imanfs peque:fios, pero edr•
gicos, que s nbstraen inllex bl ,mente, ellragmeoto
de clavo, la partícula de fierro, y en general la
i mpureza metálica que tienda á pasar junto COD
el grano y que baria poco llmpido el liquido 6
pertur barla su fermentación regular.
Dicho se está que la materia prima qu e ha da
alimentar á organismo tan a ~abado y v igoroso,
debe la previsió~ haberla a 1m1cenado e a canll-

,

Domingo 6 de Agosto de 1899.
- dad es proporcionadas al enorme gasto de es-1e INbor atorio gigantPsco de la iPdustria. Y sorpren de á la par que la cantidad de grano alm acenada, la limpieza sin mácula de llis bodegas en donde •e orea, dejando lucir limpia y brillante su cl1scara dorada sin oue la aféen mater ias extratl11.s ó cuerpos sucios que harían en seg uid a dificil las operaciones que han de practicarse con el mosto.

•••
Preciso es seflalar rugo saliente de las prodigalidades de la fortuna ó de los aciertos de 111
inquisieión diligente, que en f l terreno elegido
para elevar la fAbrica modelo se encontró como
bRllazgo riquísimo el venero más abundoso de
la localidad, del que se extraen má, de 600 000
galones de agua di1uiamente. Es éste un II bunJ oso río subterráneo, cuyo H.:¡uido se considera
el tesoro mAs preciHdo dP. la Negociación, poes
al mandar se pra.ebao de él para analizarse en los
mb reputados lab JrRtonos de Alemania y Eita
dos Unid os, fué declarado superior pttra la hbricación de cerveza Alos mAsaf lmados veneros
del mundo.
No se necesita tenrr el conocimiento técnico en
la fil bricaeión de cerveza, para darse cuenta del
util íii mo y casi por~entoso contingente que trae á
la ei&lt;boración esta clase y cantidad de agua tan
fi\cilmente accesible A las riecesidades de la confección. Se sabe que la cerveza es el mosto del
grano fermentado en agua con syuda de lúpulo,
y por lo tanto se comprE'lnde sin esfuerzo que el
aga.d, elemento principal de todas las industrias, es
capitll l indispensablemente precioso para la industria ce'"vecera. En la actualidad sólo existen cua•
tro bombas que extraen el agua en la proporción
que antes seftalamos; pero ésta, no obstante ser
notoriamente grande, no basta. á las necesidRdee
de aquella industria próspera. y pronto se instalará n otr as dos bomb•• que ayuden con las primer as á obtener la ltbulosa cantidad de agua
que ofrece el abundante venero.
Los méritos de la construcc•ón, el hallszgo del
manantid, la introducción benéfica de tres de los
pri ucipalrs ft&gt;rrocarriles frcnterizos; se debe á la
feliz conjunción de los elementos primarios de
111 industria: capital respetable, concepción vasta, ingenio de detalle y sostenido esfuerzo. El
Capit•l lo aportó la Sociedad con admirable fé y
es¡;íri tu de empresa, cuando se tenía todavía poca confiiinza en nuestras industrias y muy pocos
aug uraban fdiz éxito al colosal negocio; y la
ejeoución de los planos y pro y ectus la tuvo á su
ctt. rgo el ar quitecto especialista de San Louis Misoo ri, O. J. Wilhelmi, que llamado por los accio nistas fu ndadores á Monterrey, logró con una
o bra mas extender su f 1ma á riuestro país como
constructor de flbricas de cervez!l, dotando á
la frontera con un establecimiento acabado y
digno de su renombre y de nuestro adelanto.

•••
U no de los departamentos que más ostensiblemente muestran el colosal movimiento de la inst.lación, es el de empaque y embotellado. U,anfie par a la demanda del mercado dos clases de
env•se: el de barril y el de botella, y ambos se
verifican con extraordinaria precisión y rapi•
-dez. T uberías de no escaso volúmen comunican
&lt;&gt;on las bodegas que hemos descripto y en las que
la cerveza repoaada, clarificada y filtrada, sólo
11guarda el instante de ser lanzada al Comercio.
L as tuberías se hayan perforadas lateralmente
-en doce sitios equidistantes y A diversos tramos,
en cada uno de los cuales se coloca una boteila,
Y que se bailan provistos de un gobernador auto m ático, por tal manera que colocado el cuello de
la botella en alguno de los pequenos tubos que
penden de las perforaciones, se llena pcr sí sola
•in necesidad de llave, y retirado el casco basta
• Ole hecho para que el gobernador automático
inierior , cierre rApidaruente las válbulas sin que

EL SEfWR GERENTE GENERAL DE LA ÜEHVECERIA, U.ODEADO DR SUS PRJNCIPALES EMPLEADOS.

EL MUNDO.
se escape una sola gota más del líquido que ha
llenado 111. botella. En un orden enteramente semejante pasa lo mismo con el envase de l JS barriles, y es una operación aunque más sencilla
también más vistosa de las que pueden presenci,rse en 11 f~brica y que sorprende agradablemente A los visitantes.
El envase consume diariamente más de ochenta
mil botellas queabsorveel mercado tan luego como
le llegan, destinAndose algo de este producto res petable á la exportación c11da día creciente. Hasta hoy se ha consc.mido de preferencii y en ciertas ocasiones, exclusivamente botella alemana de
la m,·jur acondicionada para el objeto; pero el
impulso de los f•bricantes entregado ya á la expeculación progreEi va, ha proyectado establecer
como anexa á la ntgociación principal, una fábrica de botellas que le proporéione ú liles econó •
micos, A la vez que pueda Mislir con la rapidez
deseada á las exigtneias del consumo. Y oo obstante, como hemos dicho, el embotellado actual
hace un gasto de ochenta mil cascos por día.
Tiene labores preparatorias eata operttción del
embotellado; con tanta rapidez como cuando se
llenan, se someten préviamente á la acción dA
cuatro mAqoiaas lavadoras que af1ctan la forma
apropiada y se cargan con muoiC'iones de díterentes tamafl.os en order:. descendente, pasando
en seguida A recibir el frotamiento de los cepillos que a rman otras cuatro maquinas; y por úl·
timo, á la acción del agua que á torreo tes penetra
y SRle de )os cascos para entregarlos extraordi•
nar iamente .'impíos. La operación se completa.
por el tapado, erc,sqoillado y pestall.a de e1iquetas que también se vt:rifica automáticamente por
medio de aparatos tao sencilJ03 como ingenh,sos
y que con rapidez que asombra, reciben la bote•
lla llena de liquido fermentado, y la entregan á
los almacenes vestida con la etiqueta, adornada
con el casquillo metálico, sujete pcr el alambrado, es decir, con todas las condicionp,s de seguridad para el tráfico y de buen gusto para el mercado.

•••

El articulo destinado á la exportación sufre
antes de la salida de la IAbrica y de ser envaoado, una última operación, úaiea en su objeto.
Consiste en someter el líquido A la temperatura
deun bailo de agua birvi~nte. Por este tratamiento cuidadosamente verificado se logra la muerte
de los mi.Jroorganiimos que pudieran ser perja.diciales á la fermentación y con esto noscivos á la
••lud. Se ve que no hay un de,alle que escape á
la penetración de los intP.ligentes industria 1es, y
que por el contrario los inquieren, 101 l igran, los
adh·ioan y los resuelven por manera que favorecen á su honradez de comerci1nte y al beneficio
del consumidor.
En el departamento opuesto de la fábrica que
recibe los productos abundantes cuy a elaboración hemos pálidamente descripto, esper•n los carros la llamada de los almacenes oara entregarse
al vértiA"o de a'-!uel movimiento febril. Las Cttjas
de empaque llegan del Norte, y no porque nuestros industriales no pudieran lograr artefactos de
sencillez semejante, síoo porque nuestras maderas
no rebi iten, se deshacen, no sirven. Y aq ni una
oportuna rec'&gt;rdación á nuestros agricultores, la
de mejorar las condiciones de sus maderas por
medios tan conocidos como aconqeja los, y prevenir así la competencia victoriosa de las maderas
extranjeras. El número de cajas empleadas para
las seguridades de las exportRciones, no es despreciable, puesto que han de contener capacidad
bastante para que puedan sumar anualmente buen
número de millones de botellas.
Instalación tan vasta como ésta, cuenta con talleres accesorios, pequeft..os necesariamente, si se
miden por las grandes dimensiones de la lábric,
principal; pero eiempre dignos de atención y
aplauso, porque también en ellos el esplrilu previsor ha acumulado los elementos precisos á la
labor fácil y rápida, y allí también, como en las
ricas maquinarias o en las inmensas cubas de fer-

III
mentación, se advierten el orden sin tropiezos, el
aseo que e•plende, la diligencia que admira.
Los principales de estos talleres son los de talabartería, carpintería, herrería, carrocería y pintura, que cuentan un número nada escaso de
obreros habiles, y se ocupan constantemente en
reparaciones de útiles, refacción de piezas, construcción de otras nui.,vas 1 factura de carros y c11jas de empaque y decorado, siempre atendido, de
todos los departamento• del edificio.

T•I es la fábrica de que con justicia se enorgullece la capital regiomontana. Como en épocas
anteriores se ensef\ab~ al toarista el bosque salvaje ó la iglesia e:-- ruinas, hoy se le muestran ltls
fundiciones 1 lo~ telares, las fAbrieas; pero ningu•
na hl\ alcaoz¡¡do el renombre de la Cervecería
Cuauhtémoc. que parece simbolizar, para orgullo
del fronterizo, el triunfo del e,fuerzo hábil y dilig~mte.
Cierto es que los directores de esta próspera
compafl.ía, no se ban dado un minuto de tregua.
Ni el éxito ha sido porte á obligarles al reposo.
Afto por all.o, de,de el de su fundación, &lt;\ sea hace
ocho, se ha ensanchado la planta del edificio para
inaugurar nuevos departnmentos ó ampliar lo-.
anteriores, para insta lar talleres y activar el despacho, para per f,mcionar los aparHtos y sistemas
de fabricación. Hoy tiene uno de los edificios
mAs v.1stos 1 de los mejor apropiados de los
más preciosos en su género; la prod ucción más
abundante, y por ende el consumo ma~ vigo•
.:vso, constituyendo, tal vez eJ primer establecimiento de la República. Pero de tres all.os a.
esta parte es cuando principalmente la Cer vecería ha logrado un desarrollo prodigioso. Para
formarse una idea de la importancia q 1e ha alcanzado, daremos un dato seguro, uno s ulo, pero
elocueante. El nuevo departamento de embotellc1r,
que se inaugurará dentro de un mes, serA el más
grande del Continente Americano; y en todo el
mundo, sólo habrá otro, en Inglaterra, que podra.
igualársele en el número de botellas que lance
diariameote al mercado.
Con respecto a. li f•ma y crédito de sus productos, diremos qua es la q ne exporta mAs cer•
veza embotellada en Amé rica, y que muchas fá bricas de los Estados Unidos han tratado de f•lsificar sus marcas p1:1ra. acr editar sus productos,
tanto allí mismo como en este país, y los de Centro y Sud Amédca.
'

*••
Para la vida Rana de estos organismos se necesita una legislación higiéoica que destierre las
enfermedades viciosas de los obreros y est!mule
sus virtudes, aquellll...!_por las penas y é3tas por
el premio. Y la Cervecería tiene sus leyes. Se imponen multa.a A los obreros faltistas, perezosos ó
descuidades, y con ellas se f ,rma un fond ,, que
sirve para premiar á los atentos, activos y exttctos. En el ano último, y sobre un promedio de
400 obreros de todas clitses, recibieron los premiados una gratilic•ción de $52 por individuo.
Si no se logra extirpar el mal por completo, por
lo menos se miLora, y se estimula al virtuoso
para que luche y venza, redimiéndose al obrero
de un nombre anónimo y de una. calificación colectiva.
Perdónensenos las apreeiacíones entusiastas, si
fueren inmoderadas, y las frase3 cttlurosas, si
trauslueieran apasionamiento; pero el cronista no
puede dispensarse al resellar adelantos tan positivos como los que representa laFábricaCuauh1émocque h~mos descrito, de pag11r su tributo de
entusiasmo en voces clamorosKs, frente al cuadro
del trabajo que hoy presenta el país, cuadro h•r•
moso y admirable en el que ostenta las esperanzas en flor como anuncio de los fruto 3 de oro de
la prosperidad de la Pe.tria.
ALFREDO N. AcosTA.

�EL MUNDO.

Domlngc 6 .Agosto de 1899

IV

•

CP/ .

~agtnaJ
A.ño VI

Tomo I l

México, Domingo 13 de Agosto de 1899.

Número 7

UN HERMOSO CRUPO DE TOILETTES.

LOS CABALLEROS FUMADORES.
Dice una Revist,a para Damas:
«En el número de Febrero del Good Health replicamos á las razones de un caballero que juzgaba no teníamos razón en expresar nuestra duda de si un fumador podía ser considerado como un caballero. No
hemos abriltado dudas sobre este particular, hace
muchos anos, y nos alegramos de ver que otros mil
se están libertando tanto de la esclavitud de la costumbre, que no vacilan en romper su silencio acerca
de esta cuestión.
«Todo hombre tiene derecho de fumar, si así lo
quiere; mas nadie tiene derecho de hacer que los
otros pa.rtlcipen de esta sucia práctica, quieran ó no
quieran. No pocas veces cae al que esto escribe la
suerte de verse obligado á ocupar un ~oche de alquiler que tres ó cuatro fum~dores han ocupido antes, y
que ban logrado saturar tan completamente de nicotina, condensada en las portezuelas, vidrieras, cojines y en todo el interior del vehículo, que era imposible permanecer en él, aun con las ventanas abiertas,
sin ser atacado de náuseas.
«En los carros urbanos, cuando van llenos de gente,
no es raro encontrarse uno encajado entre dos devotos del tabaco, cuyo aliento, cuerpo y vestido exhalan el olor no de violetas y rosas, sino de un articulo
de vegetación de índole enteramente diversa. En tales circunstancias no puede uno hacer otra cosa que
contener su aliento, respirar poco, desviando la cara,
á la inspiración, tan lejos como es posible de la fuente de infección, reprimir su enojo lo mejor que uno
pueda y escaparse en busca del aire libre tan pronto
como las circunstancias lo permitan.
«Ningún fumador puede ser tan ignorante que olvide que no puede viajar en un vehículo público sin
correr el riesgo de sujetar á alguno á la triste ordalla

de respirar su hálito impuro y venenoso, y de recibir
la atmósfera de tabaco que proviene de sus vestidos

saturados del humo de aquella droga.
«Pero el mundo se mueve un poco. Hombres y mujeres están levantando su voz en todas partes para
protestar contra la dañosa costumbre; y nuestros !ec•
tores pueden estar seguros de que el Good Health,
después de estar empei'iado en la campai'ia contra el
tabaco, el alcohol y todos los otros venenos que tienen esclavizada á la humanidad, por más de un tercio de siglo, continuará haciéndose oír en defensa del
derecho inali~nable de los hombres, las mujeres y los
niños, de respirar el aire puro del cido, no viciado
por el aliento de los devotos del sucio yerbajo.GooD GEALTH.&gt;

NUESTRO GRABADO.
UN HERMOSO GRUPO DE TOILETTE$.

El figurfn que aparece á la derecha del grabado, es
de calle. Está hecho de sarga de seda, con gnndes
aplicaciones de guipure en el cuerpo y en la falda.
La seda es mal va. El cuerpo muy ceñido, con la blusa abierta triangularmente sobre un peto.
El figurín del centro es de pongé muy fino, formando una túnica cerrada graciosamente á la derecha,
por un;:. banda de blonda antigua. El cuerpo, muy
caprichoso y elegante lleva plissés amplios, cortados
por una banda diagon.i.l. Gran aplicación bordada en
el peto, que está hecho en fajas circulares concéntricas.
La tercera figura muestra un elegantísimo sombrero, estilo Directurio, de paja de Francia y aplicación
de rosas. Un gran penacho blanco lo corona, cayendo
graciosamente sobre la falda levantada.

Un pago de 140,000 pesos d.e "LA MUTUA-"
El distinguido y bh::n conocido banquero de estaCapital Sr. D. Martín de Castillo y Cos (de 1a razón
social l. R. Cardei'ia y Compaiiía) estaba aseguradoen LA MUTUA, Compai'iía de Seguros sobre 1a VIda (The Mutual Life Insurance Compacy of New·
York) bajo las siguientes pólizas:
2 pólizas de 25,000 pesos oro ameri•
cano, equivalentesá ............... $100,000
2 pólizas de 20, ooo pesos plata mexicana ............................... 40, 000Total, $140,000según, los certificados de los Sefiores Notarios Fran•
cisco Merino Ortiz, Francisco Diez de Bonilla y .Agustín Pérez de Lara.
LA MUTUA pagó los días 15 y 22 de Junio á loabeneficiarios, á la sei'iora Soledad de Castillo de Lerdo de Tejada, Sei'iores Samuel Hermanos, el Bancode «Londres y México&gt; las sumas arriba expresadas.
EL SR. D. EUGENIO A.BBA.DIE.
«E.itoy sumamente sati~fecho con la «Dentadura
.Automática,&gt; que ustedes me .hicieron, pues ademáttde ser excelente la materia de que está form3da, es
muy hermcsa y se adapta perfectamente, hasta el
punto de que puedo usarla luego, sin molestia deningún géntlro.
Yo creo que si alguno aspira dominar el noble arteque ustedes ejercen, sólo podrá llegar á la altura deustedes, pero elevarse más será imposible. Para ali·
vio de la humanidad doliente, Dios suscita de vez eo
cuando algunos génios. De estos "!eres extraordin&amp;•
ríos son us~des, algunos de los más distinguidos eo
su ramo. - Eugenio A.bbadie.- Porta.I Guerrero núm4,
- Guadalajara.
.A. los Sres. Dres. Spyer. Calle de la Palma núm 3,
lléxico. Inventores de ~a «Dentadura .Automática.&gt;

CRISANTEMAS.
CUADRO DE CúNR\DO KIESEL.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 6, Agosto 6</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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