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                  <text>EL MUNDO.

Domlngc 6 .Agosto de 1899

IV

•

CP/ .

~agtnaJ
A.ño VI

Tomo I l

México, Domingo 13 de Agosto de 1899.

Número 7

UN HERMOSO CRUPO DE TOILETTES.

LOS CABALLEROS FUMADORES.
Dice una Revist,a para Damas:
«En el número de Febrero del Good Health replicamos á las razones de un caballero que juzgaba no teníamos razón en expresar nuestra duda de si un fumador podía ser considerado como un caballero. No
hemos abriltado dudas sobre este particular, hace
muchos anos, y nos alegramos de ver que otros mil
se están libertando tanto de la esclavitud de la costumbre, que no vacilan en romper su silencio acerca
de esta cuestión.
«Todo hombre tiene derecho de fumar, si así lo
quiere; mas nadie tiene derecho de hacer que los
otros pa.rtlcipen de esta sucia práctica, quieran ó no
quieran. No pocas veces cae al que esto escribe la
suerte de verse obligado á ocupar un ~oche de alquiler que tres ó cuatro fum~dores han ocupido antes, y
que ban logrado saturar tan completamente de nicotina, condensada en las portezuelas, vidrieras, cojines y en todo el interior del vehículo, que era imposible permanecer en él, aun con las ventanas abiertas,
sin ser atacado de náuseas.
«En los carros urbanos, cuando van llenos de gente,
no es raro encontrarse uno encajado entre dos devotos del tabaco, cuyo aliento, cuerpo y vestido exhalan el olor no de violetas y rosas, sino de un articulo
de vegetación de índole enteramente diversa. En tales circunstancias no puede uno hacer otra cosa que
contener su aliento, respirar poco, desviando la cara,
á la inspiración, tan lejos como es posible de la fuente de infección, reprimir su enojo lo mejor que uno
pueda y escaparse en busca del aire libre tan pronto
como las circunstancias lo permitan.
«Ningún fumador puede ser tan ignorante que olvide que no puede viajar en un vehículo público sin
correr el riesgo de sujetar á alguno á la triste ordalla

de respirar su hálito impuro y venenoso, y de recibir
la atmósfera de tabaco que proviene de sus vestidos

saturados del humo de aquella droga.
«Pero el mundo se mueve un poco. Hombres y mujeres están levantando su voz en todas partes para
protestar contra la dañosa costumbre; y nuestros !ec•
tores pueden estar seguros de que el Good Health,
después de estar empei'iado en la campai'ia contra el
tabaco, el alcohol y todos los otros venenos que tienen esclavizada á la humanidad, por más de un tercio de siglo, continuará haciéndose oír en defensa del
derecho inali~nable de los hombres, las mujeres y los
niños, de respirar el aire puro del cido, no viciado
por el aliento de los devotos del sucio yerbajo.GooD GEALTH.&gt;

NUESTRO GRABADO.
UN HERMOSO GRUPO DE TOILETTE$.

El figurfn que aparece á la derecha del grabado, es
de calle. Está hecho de sarga de seda, con gnndes
aplicaciones de guipure en el cuerpo y en la falda.
La seda es mal va. El cuerpo muy ceñido, con la blusa abierta triangularmente sobre un peto.
El figurín del centro es de pongé muy fino, formando una túnica cerrada graciosamente á la derecha,
por un;:. banda de blonda antigua. El cuerpo, muy
caprichoso y elegante lleva plissés amplios, cortados
por una banda diagon.i.l. Gran aplicación bordada en
el peto, que está hecho en fajas circulares concéntricas.
La tercera figura muestra un elegantísimo sombrero, estilo Directurio, de paja de Francia y aplicación
de rosas. Un gran penacho blanco lo corona, cayendo
graciosamente sobre la falda levantada.

Un pago de 140,000 pesos d.e "LA MUTUA-"
El distinguido y bh::n conocido banquero de estaCapital Sr. D. Martín de Castillo y Cos (de 1a razón
social l. R. Cardei'ia y Compaiiía) estaba aseguradoen LA MUTUA, Compai'iía de Seguros sobre 1a VIda (The Mutual Life Insurance Compacy of New·
York) bajo las siguientes pólizas:
2 pólizas de 25,000 pesos oro ameri•
cano, equivalentesá ............... $100,000
2 pólizas de 20, ooo pesos plata mexicana ............................... 40, 000Total, $140,000según, los certificados de los Sefiores Notarios Fran•
cisco Merino Ortiz, Francisco Diez de Bonilla y .Agustín Pérez de Lara.
LA MUTUA pagó los días 15 y 22 de Junio á loabeneficiarios, á la sei'iora Soledad de Castillo de Lerdo de Tejada, Sei'iores Samuel Hermanos, el Bancode «Londres y México&gt; las sumas arriba expresadas.
EL SR. D. EUGENIO A.BBA.DIE.
«E.itoy sumamente sati~fecho con la «Dentadura
.Automática,&gt; que ustedes me .hicieron, pues ademáttde ser excelente la materia de que está form3da, es
muy hermcsa y se adapta perfectamente, hasta el
punto de que puedo usarla luego, sin molestia deningún géntlro.
Yo creo que si alguno aspira dominar el noble arteque ustedes ejercen, sólo podrá llegar á la altura deustedes, pero elevarse más será imposible. Para ali·
vio de la humanidad doliente, Dios suscita de vez eo
cuando algunos génios. De estos "!eres extraordin&amp;•
ríos son us~des, algunos de los más distinguidos eo
su ramo. - Eugenio A.bbadie.- Porta.I Guerrero núm4,
- Guadalajara.
.A. los Sres. Dres. Spyer. Calle de la Palma núm 3,
lléxico. Inventores de ~a «Dentadura .Automática.&gt;

CRISANTEMAS.
CUADRO DE CúNR\DO KIESEL.

�Domingo 13 de .Agosto _d_e 18!1\,.

EL MUNDO.

88

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

-------------------------------------------

LA SEMANA

Mes de Agosto... Un gran hálito de vida estremece y resquebraja la tierra. Bajo la corjeza afelpada de los campos, se oyen bullir y cantar los misteriosos manantiales de la savia. Poi las maffanas,
las frondas desperezan sus ramajes y los estienden en
el vacío luminoso y azul, como brazos que buscan en
el aire algo invisible de que asirse. Llegan los céli:os
cargados de polen y-manirrotos cétirosl-por todas
partes Jo avientan y derraman. La ~aturaleza que
se siente hermosa, sonríe con una placidez de matrona fecunda. Todo está ,alegre y satisfecho, el amor
labo!'a, labora en su infatigable y divina tarea. Los
pájaro!. dicen ternezas, Si:: buscan los insectos y se
persiguen las mariposas.
Hasta la ciudad llega este soplo vivificante queparece un gran suspiro de cariño.
-Mira cómo soy ';iuena- nos dice la sublime. madre-mira t.ómo hay toda vía en el Oni verso, fuerzas
para crear las cosas bellas.
¿Qué empeño tienes, espíritu adolorido y escéptico,
en entristecerte y en renegar de mi qu~ no te desconozco y que te amo? Me ves triste como tú y como
tú fatigada y doliente, porque me ves á través de tus
lágrimas. Seca tus ojos para contemplarme; soy la
misma. Búsc'lme en cualquier pd,rte y me bailarás, y
llenaré tu pensamiento de ideas nobles. Flores abajo
y arriba estrellas, claridades y perfume;;, despertarán
en tí esperanzas dormidas y harán germinar nuevos
ensueños. Eres torpe y serás infeliz si cruzas por la
vida sin amarme. ¿Qué harían tus anhelos sin mis horizontes? ¿Qué harían tus placeres· sin mis rosas?
¿Qué harían tus ideales sin mis ast10s? Eres el autor
de tu desdicha.
Si como antes lloraras en mi seno, encontrarías la
misericordia infinita de mi seienidad, y hallarías
la firmeza y el aliento que has perdido por querer
existir fuera de mi. Inútiles son tus complicaciones,
vanas y estériles tus ansias. Sólo mi sencillez es eterna y es fuerte y es todopoderosa. Arrepiéntete y ven,
que aún tengo bálsamo para curar tus heridas, soplo
para orear tu llanto, alas q~e prender á tus ideas y
ternuras con que arrullar tus sentimientos.
y mientras tanto, al caer la tarde sobre la vulgar
melancolía de la ciudad fangosa, los hálitos de las
ce!'canas campiñas, murmuran misteriosamen:.e esas
palabras consoladoras, el alma, como una enferma
que ya no espera alivio, piensa en que, mejor que todo eso, es descansar en el fondo de la sombra sin fin
y sm estremecimientos.

***
Un viejo rey, risueño y santo, coronado con la diadema de hierro y oro de la Sabiduría, que sólo testas
como la suya soportan sin cansancios n i abatimientos, cubierto por la púrpura imperial del Arte, y empuñando el cetro de la elocuencia en la diestra robusta, acaba de ver desfilar ante él, la entusiasta procesión de la juventud admirada y agradecida.
Este último triunfo no ha sido como los otros est repitoso y público; ba pasado en la tranquilidad de
su bogar, en silencio, sin rumor de multitudes, ni
ecos de vítores, ni músicas de bossanas. Pero, á pesar de todo, ninguno quizá más bello que éste, por
lo que tiene de alto y noble ver premiada una existencia que por entero se consagró al Bien y á la
Virtud.
Justo Sierra. celebró sus bodas de plat.a, es decir,
veinticinco años de amor sagrado y puro, cinco lustros de apacible y cándido deliquio con la enamura.
da del corazón.
¡Ob, gran poeta, poeta amable y bueno, bajo cuyos
laureles sombreo mis esperanzas, tú que hiciste de la
poesía una religión, de la f:1milia un culto, de la vida
un elevado ejemplo, permite que boy acalle mis alabanzas y enfrene mis rebeldes eutl\siasrnosl
Quiero respetar el delicado pudor con que me hablas de tus ingenuas y sencillas intimidades. El velo que cubre tus sagrados afectos, es para mf, como
un manto de Tanit. No lo tocaré; no he de cometer
esa tentadora profanación. Ya eé lo que oculta; á
través de su fina malla, se ven brillar r.arii'ios inmaculados, modestas y silenciosas virtudes, luceros avergonzados de esplender, flores ruborizadas de perru.
mar, escenas y episodios de gineceo llenos de amorosa ternura, y aquí y allá gotas de lágrimas sobre las
serenas sonrisas, como rocío sobre las flores.
Pero mi mano no es sacrílega, no levantaré el velo
de tus intimidades.
De lejos, entre la juvenil muchedumbre, confunaido entre las admiraciones, me contentaré con ver
cuál se inunda tu cabeza apostólica en una ráfaga de
gratitud y de amor ... .. .

** *

No hace muchos díasret.oriqueabayo en torno de ias
óperas viejas. En estos instantes te juro-¡oh mi lectora imaginaria y lindal-que no recuerdo cómo di-

vagué de la mano de mi fantasía, á través de los
camp~s dtl ensueño. Co,nservo, sin embargo, unaóva:
ga reminiscencia. ¿.Dec1a que no me gu~tan la;; pe
ras viejasl Si? Pues cuenta que es mentira, me desdigo. Claro que no me agrada ya salir dec~sa,_ buscar
un coche de punto ó ir bajo el capelo de v1dn? opa•
coy sutil que forma la lluvia al rededor de m1 paraguas basta el lejano Circo Orrin, sentarme en la butaca 'incómoda que abre sus brazos desenfadadamen·
te, como mujer cansada y soñolienta, y d~sde allí escuchar y ver esas antig-uallas, hundido en una
penumbra que invita al primer sueño. iOb, eso es
fastidioso!
Gústame quedar, como suelo, en mi cuarto
tra·
bajo·, rodeado de mis amigos, y! á cbarla desb1lvanada y saltante, recordar, entre risa y risa, _burla burlando, mitad á ironía y mitad á adm1rac1ón, ~rase~,
moti vos y melodías de Donizzetti y d~ Verd1, _mu•
sie.1 que cantó en nuestro ~orazón_ los himnos pnmavera.les de las ilusiones recién nacidas.
Bellini está más remoto. Es como un vano de ne•
blina que dulce y vagamente se tiende _en las mo~t~ñas semiborradas del pasado. ¡Oh, arias de Belhn1,
nítidas y suaves, temas exquisitos, desar_rollados, con
el sublime candor del genio, como una mnta de sed~,
aires pastoriles empapados de fragancia~, como ra~~lletes acabados de atar· oh, inocentes arias de Belhm,
habéis sido las precurs~ras de nuestra veneración por
los modernos, por los polifónicos, por los c?mpllcados y. casi pudiera decir, decadentes compositores de
esta época!
_
.
Ahora no vamos á un teatro á sonar con las arcaicas inspiraciones de los maestros pagan?s; pero, n_o
obstante nuestros aplausos y nuestra dec1d1da adm1•
ración, á los flamantes maestros italianos, no podemos menos de vol ver, de ve~. en cuando, como se vuelve á un parque abandonado que años atrás conocíamos florecido, á vuestra expresión y encantadora
sencillez. Al oíros, se recuerda aquel candoroso pasaje del Wertber: «Qué contento estoy de tener un corazón capaz de gozar de la inocente y sensible al~gría
del bombre que sirve á su mesa la col que él mismo
ha cultivado, y que no solamente goza del place~ de
comer su col sino también de acordarse en aquel rnstante de los hermosos días que ha pasado en culUvarla, de la bella mañanita en que la plantó, de las
suaves tardes en que la regó, y en que tuvo la sar,isfacción de observar cómo medraba, haciéndose cada
vez mayor ...... &gt;

?e

~

Y mi amigo me contestó:
-Es verdad; Rosa Fuertts es una artista. Fíjate.
No sólo por su voz y po:- su declamación y por su
tlxperiencia y seguridad en la escena, sino también
por algo de su vida de muJer, inquieta y febril, que
va y viene, como el ftJxp1ess de Campoamor, con uu
trajín de fiera encadenada.
Rosa está enferma de la divina neurosis. Como los
gigantes de los cuentos, duerme y sueña c~n los ojos
abiertos. Hoy vuelve á presentarse al público porque
no puede ya vivir sin las arti liciales, pero dPliciosas
agitaciones del teatro. Dentro de esa exi!.tencia fin gida desbórdaose los dolores reales y cantan las alegrías verdaderas. Rosa está hecha para apurar, sorbo
á sorbt&gt;, la copa de deleite de la ficción dentro de la
cual cabe una alma. Fíjate bien; es una artista ...
Y mi amigo tenia razón.

*

**
Dejo de pensar en los teatros y para elevar mi espíritu recorro las páginas de dos libros últimos, que
sobre mi mesa están esperand:, un fallo mío. Uno viene de lejos, de Nueva York, y es de -Cesar Zumeta,
el brioso polemista, y otro es la obra de un maravilloso poeta: José Juan 'fablada,
-Pierde cuidado, lectora imaginaria, te prometo
que muy pronto voy á contarte mis impresiones.
LUIS G. URBINA,

EL EXTERIOR.
Revistas Politicas y Literarias.
] -EL TRASTRUEQ,U il: DE LAS ALIANZAS,
2-ALSACIA-LGNENA,

3-LAS FILIPINAS; COBA.
Nosotros los diplomáticos de la prensa, (cualquiera
es diplomático en la prensa, eso dep~nde de los periódicos de que se dispone, de un barnicil!o de historia contemporánea, de medio barniclllo de historia
romana ó más bien de algunas citas (hay diccic-,narios
ad lwc) y de algunas frases medioevales tomadas de
Castelar si es espaf'iol, de :Michelet si es francés y de
Green ó :Macaulay si es inglés,-ó mejorque todo eso
de una Enciclopedia brit,ánica que es excelente, ó de
un Larrousse que es malo por regla general, y si á
esto se agrega . . .... ),Con que decía yo que los di plo-

máticos de la prensa nos est\\mos dando el gran rega.
lo con la descomposición del mapa. internacional, no.
ya de Europa, sino del mundo.
Del tratado de Francfort esc~ito . con la humUJa.
ción, la mutilac~ón y la desorgamzac1ón de 1!'ranc1a,
fluyó una situamón que aseguraba la hegemoma contt.
nental de .Alemania. Un momento se vió sola la ven.
cedora pero con las frentes dobladas de las nacion~
europe~s en derredor suyo. Francia la doblaba, con
la muerte en el alma, Rusia la doblaba con la sonrisa
en los labios, Austria con la mano en el puño de la.
espada rota, saludo militar, Italia con efushín, nohay favor comparable con el que nos libra de la pesa.
da carga de la gratitud ¿E Inglaterra? ¡oh! Ioglate.
rra no doblaba nada; se descubría galantemente ante,
la Francia vencida como lo hace uno con una seíiora
anciana y marchita y pobre, con quien se han tenido
relaciones íntimas en el período de hermosura y de
riqueza, y al joven imperio alemán le dedicaba todOlsus shake hanás y los grandes y sonoros besos en laa
mejillas, con que las damas i\e por allá suelen salu.
dar á los consuegros y á los yernos; vamos, era el
amigo de casa, algo así como el novio oficial. Huboun momento en que el supremo viejo verde que se
llama el pueblo inglés, frunció el ceíio, y no fué cuan.
do Bismark insultó p;ácidamente desde la tribuna
del Reichstag á Gladstone en particular y al gablnételiberal en general, sino cuando se adivinó primero y se
supo luego que hab!a una alianz3: entre los t res imperios: Rusia, Austr1a y Alemama; ¡ob! con Rusia,.
¡que horror! ¿cw el elefante? Tembló de ira la ~
llena.
Alianza de razón, impuesta al Austria maniatada,.
por el afecto del Tsar hacia su tío el gran viejo Guillermo. Cuando las cosas empezaron á enfriarse porla i nterposición de Rusia entre el tremendo sable ale,.
mán y la cabeza todavía magullada y desnuda y febril
de Francia que había vuelto á ponerse en pie y trataba de recoger el fusil tirado en Metz y Sedan á lQI.
piés del vencedor, el Canciller de fierro frunció á 81)
vez el ceño; con el ceño fruncido asistió á la guerra
ruso-turca y con el ceño fruncido arrancó á losrusoa.
la presa de San Estéfano en el Congreso de Berlín y
rompió con el viejo Gortscbakoff una amistad anti•
gua y firme como una complicidad; la primera
Dreµbund imperial no fué renovada. Bu~có;;e entonces á un amigo pequel'ío, pero capaz de distraer y estorbar á la Francia del desquite, y que por pequello,
fuese forzosamente fiel, y naturalmente se encontró á Italia: la nueva Tríplice fué concertada en
83, si no recuerdo mal, y fueron los notarios Bismarck,
Crispí y Andrassy ó Taafe.
Alemania triunfaba indefinidamentP., su prosperidad económica comenzaba á ascender, á ascender, y
el mundo recibía los productos de su industria y de
su fecuodidiid; se inundaba de alemanes y artefactos.
alemanes. La Alemania económica es una inmens,.
figura de bronce que se destaca en el crepúsculo vespertino de nuestro siglo; con ella, prendido á sus bom•
bros, ba subido su manto negro: el socialismo. Francia entretanto se volvía sabiamente una potencia colonial asiática y africana y Alemania aplaudía y la vieja Inglaterra se le adelantaba en todas partes y la.
idea de la revancha entraba resueltamente en el período puramente verbal y por fin (no haré la historia de
esta transformación conocidisima) frente á la Dre?1•
bund smgió la alianza franco-rusa. 1Cosa singular! De
entonces data el decrecimiento completo del sentl•
miento del desquite en Francia: «de eso, decía Gam•
bettl\, no debemos hablar jamás: en eso debemos pen•
sar siempre.&gt; Al día siguiente de la visita de M,
Faure á Petersburgo parecía que el desquite ~ había logrado ya; un sentimiento de seguridad 1_nvadió los ánimos, hubo su enardecimiento, los nacwnalistas de Derouléde mostraron el puño á la cara de
fierro de la Germanía imperial y no hubo más, ni
podía haber más: Rusia decía: si Alemania ataca Y"'
te defiendo, si tú atacas yo no te acompaño. Alemania se encogía de hombros y ante el pul'ío cerrado de
Derouléde decía bajo las dos puntas del bigote alzada&amp;
en áno-ulo
recto sobre el labio imperial: yo no ataco,
0
¿para qué be de atacar? «Efectivamente, pensaba el
burgués de Francia, que es todavía el que ma_ndaallf
(para eso hizo la bevolución)efectivamente, srnoatacamos nosotros, ellos no nos han de atacar; y como
no hemos de atacar sin los rusos, contentémonos COD
llevar coronas á la estatua de Estrasburgo, plaza de
la Concordia, y veamos si estas empresa&lt;; coloniales
en que nos metió ese maldito Julio Ferry resultan
buenos negocios. Y por lo demás hay que seguir dejando á los estudiantes, á los papeleros y á esos m~
chachos de cincuenta años que se apellidan los n~cwnalistos que se desgañiten y libren batallas ép1C81
contra los agentes de policía, nosotros vamos al negocio, á l' americain.e dónc. &gt;
M. Paul Leroy Beau1ieu, un pontífice de la Economía política para el uso de las personas sensatas, 9ue
ha demostrado que toda la civilización ba converJldO
en un solo fin: el mejora.miento de la clase obrera.
sin pensar que ha soliviantado al mismo tiempo sus in•
quietudes, sus aspiraciones y sus apetitos un mi~ll
de veces más allá de los medios que ha encontr 0
para satisfacer sus necesid11,des, M. Leroy Beaullell
ha sido el apóstol de la política colonial, y el primero.
el supremo éxito ha sido Tunez-el gran economlstai:

Domingo 13 de Agosto de 1899.

loba probado por A+B. Y como tiene razón, resulta que se ha despertado una especie de remordimiento en los corazones (hablo de la masa capaz de refle:rtonar) bacía el gran ultrajado, y ante la oph:ión el
inicuo fallo moral pronunciado contra Ferry ba sido
revl113do y nulificado, y el acusado resulta lo qne todos cuantos ne-, estábamos cegados por pasiones absurdas veíamos dentro y fuera de Francia: un insig-oe
servidor de su patria. Esto se ba comprendido bien
al día siguiente de Fasboda, después que Francia,
ante el veto altanero de Inglaterra, sintió que la reina del oceáno podía obstruirle de golpe todos los itinerarios coloniales. Entonces ya pudo hablarse sin
ser lapidado de una entente posible con Alemania y
aun de una posible acción común contra Inglaterra. Eso era precisamente lo que á Ferry se había
reprochado, por ello se le había declarado un traidor
hoy se le considera un clarividente.
1'

***

Una revista francesa de primer orden publicó ha-

ce poco un articulo que plaote¡¡,.:,a el problema de 1.s
aliam.as. En suma, dice, Francia debe mantener su
alianza con Rusia, pero la unión cada vez más estrecha entre Inglaterra y los Estados Unidos obligan á
buscar un tercer auxiliar; hay que escoger uno de
dos, ó Inglaterra ó Alemania. Francia está en tal
posición hoy que ambas admitirían una propuesta de
alianza.
En mi parecer de diplomático de la prensa y con
la vaga esperanza de que M. Delcassé lea estas crónicas de EL MUNDO ILUSTRADO que le han de interesar por todo extremo, la alianza con Inglaterra equivaldría al abandono de Rusia y á la guerra con Alemania; antes de un año de hecho el 1,rato, Francia
se batiría en la brecha de los Vosgos y las riberas
del Vfstula y del Niemen permanecerían silenciosa~.
Pero la alianza con Alemania es imposible ..... ¡Alsacla- Lorena! He aquí lo que va á simplificar la
cuestión. Los franceses más exajeradamente patriotas, más chautin.•, convienen en que hay que dejará los
habitantes del Reichland dueños de su suerte; que
ellos decidan si quieren volver á ser franceses ó i,Jemanes; son en su mayoría alemanes de raza, pero de
espíritu son franceses y un plebiscito devolvería á
Franela las poblaciones perdidas; esto es lo que dicen y afirman.
Pues bien, es.to que era cierto hace diez al'!os, apenas lo es hoy y dentro de veinte no lo será en absoluto. La semejanza de lengua y de costumbres ha acercado forzosamente á conquistados y conquistadores,
la dificultad de vivir bien en Francia para los alsacianos emigrados ha crecido eu proporción que
han Ido mejorando las condiciones de la vida en Al,
sacia, por consiguiente el sacrificio que el emigrante
hace, ba subido de punto todos los días y sin compensación, porque en Francia comienza á ser visto de
reojo abara que han dado los nacionalistas en la flor de
11embrar el odio contra los judíos y los protestantes
¡absurda é inverosímil rpaccióol .Ahora bien, los alsacianos en su mayoría son ó protestantes ó judíos.
De_más de esto la prosperidad de las provincias conquistadas, del país de imperio que los alemanes di&lt;ien, es inmensa: la anexión las h:i. enriquecido. Estrasburgo, Mulbouse, son ya poblaciones industriales
de primer orden en Europa y van bada arriba ince&amp;.1ntemente. Este es el becl ,o brutd,J; en suma, el interés de los alsacianos es evidente ya, permanecer
unidos á Alemania; se comprende que el deseo de volverá la antigua patria es ya casi platónico. Y como
coincide con el amortiguamiento del espíritu de revancha en la antigua patria, resulta que en veinte
allos el problema alsaciano se habrá resuelto solo.

***

Las tentativas del Emperador Guillermo para
acercarse á Francia ban puesto á Inglaterra con la
barba sobre el hombro y de unno disimulado mal humor á los rusos; porqu¿ efectivamente en .I!'rancia no
han sido mal acogidas y si muy cortésmente comentadas. Y como el día que se familiarice el pueblo
francés, menos el grupo Déroulede y de los caballeros

del clavel blanco, -:on la necesidad de acoplará Francia con Alemania, lc1. alianza,rusa, hecha sólo para dar
garrote al wagóa aleman el día que quiera pasar la
frontera del Oeste, casi no tendría objeto. ....
De aquí ha venido la necesidad del viaJe de M. Delcassé á Petersburgo; era preciso dar un poco de miel
al oso blanco. Concertar una acción contra Inglaterra, haciendo á un lado al imperio Austro-búng-aro
que está a punto de descomponerse ; obligando á Italia, á pesar de sus simpatías hacia Inglaterra; con:dando á Turquía, tutoreada hoy de A1emanla y gornada por un hombre si11 sangre y de sangre, pero
rrecedor de los ingleses, sería un plan grandioso;
1glca estaría baJo la mano de Francia, Holanda bai1ª de Alemania, Dinamarca bajo las del Kaiser y
e Tsar, y Suecia y Noruega serían movidas por esteba. Inglaterra segura de sus costas entablaría la luc en las colonias y el principio del siglo XX vería
renovarse el bloqueo continental que fué el gigantes~1~sueno de Napoleón, el que Jo subió al trono de
lo ente Y lo precipitó á la roca que le ató al ple
g1aterra en medio del Oceano.

~1:&gt;
1º

89

EL MUNDO.
Mientras esta situación llega, (que difícilmente llegará_, mas que en las conjeturas de nosotros los diplo~át1cos de la prensa que arrimamos y traemos las naClones y las retiram 'JS al margen del mapa con la
punta de la pluma.) !oque es claro es que ha llegado
una descomposición de las alianzas, c•e~t le ren.versemen.t des. Allia'llces como dijeron los di;,lomáticos del
pasado siglo en vísperas de la guerra de Siete años que
t~nto influjo tuvo sobre la suerte de Europa y América, como que de ella vino la independencia de los Estados Unidos, la final desorganización del régimen absolutista en Francia, de donde la Revolución y todo
lo que á estos dos grandes bechos siguió.
Bueno es esto, dirán mis pacíficos lectores, este
cronista afirma que el Siglo XX se abrirá con una
guerra magna que abrasará el Mar del Norte y .el
Mar Amarillo á la vez! No, yo ne creo en la guerra;
resulta anti-económica, por más que M. Brunetiére
afirma que es moral; supongo además que ebe será el
caso e1;1 que la C01tede Arbitramento creada por la conferencia de la Haya, podrá y deberá funcionar. ¿Cuándo si nó?

BELLAS Y FEAS.
lQuiénes son más virtuosas y felices?

Si el Destino se encarara con la mujer y le pregun.
tara como Mefistófeles á Fausto ¿qué apetecesl' ¿quieres los privilegios, los derechos y prerrogativas políticas del hombre? ;,quieres su potencia iotelec..ual y
su energía moral? ¿el poder que lo hace árbitro de
pueblos y conductor de razas? ¿sus millones de financiero? ¿su genio y su gloria de artista ó de capitán?
la mujer como el escéptico doctor alemán, despreciaría el oro, el poder, el genio, la gloria y pediría,
ni siquiera la juventud, sino tan sólo la belleza.
La belleza, diría al Destino, es cetro y es,aureola,
es poderío y es gloria, e,, riqueza y ventura. Quien es
bella, es reina; quien es bella, es rica; quien es bella
subyuga como lo~ poderosos, conquista como los capitanei;, embelesa y deleita como los artistas y son
tales su poder y su grandeza, que la hermosura eleva á la mujer sobre la humanidad y la transforma casi en diosa.
***
Error y error prufundo. La belleza es gloria, pero
Y entonces se repartirán los europeos el Asia, el
A frica y la Oceanía .... al mundo convertido en un efímera; es poderío, pero transit,orio; es grandeza,
pastel por Alláb, como los escogidos del Paraíso de pero aparente; y bien aquilatada, pesada y medida,
M_a~~ma. Pero los americanos tendrán su parte: la&amp; más hace á la mujer desgraciada que feliz, débil que
F1hp1m1s y las 8andwich. Las Filipinas¿ quién sabel' fuerte, olvidada que adorada.
La misión suprema de la mujer s0bre la tierra, es
dicen los pesimistas en los Estados Unidos. Para probar que no somos egoístas, á pesar de que la guerra la familia Ser 1nadre, ser esposa, es su destino. Haen F ilipinas e:stá enriqueciendo á Yucatán porque cer brotar de su ser, como el rosal, tieruos y sonrosaha suprimido en los mercados la única fibra capaz de dos botones que después serán flores opulentas y más
competir con el henequén, á pesar de eso, desearía- tarde granos ftlcundos, tal es su misión, y sin que
mos que concluyese. Sti re¡Jrocha á Mr. McKinley una ella Jo bien ta ni lo confiese, 1,i quiere ser bella, es que
gran falta de previsión y de información suficiente quiere darse la segurirtad de llegar á ser esposa y
al decidir que los Estados Nnidos se quedarían con madre.
Y bien, en este caso, como en tantos otros, el meel Archipiélago; no veo qué otra cosa podía bacer
después de la turna de Manila. Pero dPjemos esto á dio á que la mujer aspira para realizar mejor su desun lado. Lo h ecbo, becllo está. Y es inútil disi mular tino, suele rfSUltarle contraproducente, y hay mujeque la situación actual fué inesperada para los impe- res que en fuerza de belleza, no llegan á ser ni marialista,;· americanos y que habrían meditado mucho dres ni esposas.
Consignemos desde luego los hechos y i;entemos
embarcarse en· ella, á baber podido conocerla. El corto distrito conquistaqo babta ahora, charco á char- que el oúmew de las feas que se casan, excede incomco y pantano á pantano, se les ba metido dentro á los parablemente, en proporción, al núme10 de las hermosoldados de Lawton y McArtbur en forma de mias- 1,as que logr?.n encontrar marido. Claro es que no hamas, de fiebres y de desesperación. Todos creíamos blamos en cifras a.bsolutas; es evidente que siendo
que á fuerza de dinero y aprovechando los odios con- considerablemente mayor que el número de mujeres
tra los tagalos de un buen grupo de los habitantes desprovistas de belleza, el número de ellas que llega
mismos de Luzon, se armarían milicias indígenas al tálamo tiene que ser superior al de las hermosas.
para combatirá los de Aguinaldo; uada se ha hecho; No; hablamo:s de_proporción, de tanto por ciento, y
sr,stenemos que si de cada cien feas se casan ochenta
no ba sido posible, sin duda.
Lo malo es que el honor está comprometido y que de cada cien hermosas apenas se casan veinte. Nos~
una retirada acabaría con el prestigio militar ad- necesita un cómputo estadístico á este respecto. Toquirido en la guerra con Espal'!a. Si el partido demó- dos hemos becno la misma observación y á todos nos
crata subiese al poder con una plataforma anti-im- consta, si bien no en números definldos, que la,¡ reas
perialista, tampoco podría abandonar la soberanía en son más casables que las bellas.
Filipinas, Lo que se haría entonces ¿ por qué no lo
Un refrán y una poética exclamaci5n Jo corrobointentan los republicanos ahora? sería esto: el go- ran. El vulgo dice:
bierno civil y administrativo á los tagalos, el dola fortuna de la fea
minio militar á los yankees. ¿Por que no hacen de
la bonita la desea,
Filipinas un Canadá insular los que aconsejaban oonminatoriamente esa misma política á 11:spaña? Por- y un poeta bien conocido hizo exclamar á una bella:
que no es lo mismo torear r¡ue ver los toros dtisde la
¡ay, infeliz de la que nace hermosa!
barrera, dice un proloquio hispano-mejicano. En fin,
si para hacer eso se aguarda la paciticación comple~Por qué esta anomalía? ¿Cómo es que la belleza
ta, veremos, esperaremos el invierno; lo mismo de- triunfante siempre en el mundo, diríc1lmente asalt~
cíamos de España en las Antillas hace dos ó tres y conquista un hogar1 ¿Cómo es que las Juno, las
af'ios.
Diana, las Venus, á cuyos pies arrastramos nuestros
Lo malo, según nuestro modo de ver las cosas, en homenajes, en cuyos ojos aspiramosá mirarnos. cuyo
esta inminente bancarrota militar de los Kstados aliento anhelamos beber, no ent,an de nue1,t ro brazo,
Unidos en .B'ilipinas, es que allí está, á nuestro en- uoronadas de azahares y envueltas en el blanco velo
tender, la clave de la futura situación de Cuba. Y basta la cámara nupcial?
esto sí nos preocupa hondamente y nos atail.e inneNada hay de anómalo ni de extravagante en este
gablemente. Fracaso en Filipinas, anexión segura hecbo. La belleza embriaga á la mujer, la impregna
de Cuba; tuen éxito definitivo allá, independencia de altivez y de orgullo, la transforma de sumisa en
posible acá. Y este si es nuestro desideratum ar- dominadora, de humilde en altiva, de ebclava en emdiente y reflexivo; que siga siendo solitaria la estrelia. peratriz. La mujer hermosa se -:ree con derel ho á
¡Ay! lo dudamos; tememos, lo hemcs dicho mucho exigir todé&gt;s los homenajes, á imponer todas las huantes de la guerra con España, haciéoc!onos eco de la millaciones, á reclamar todas las abdi r·acionPs. El
opinión de muchos, tememos que no sea. Sería una marido de ia mujer hermosa sabe que no podrá Rer
barra negra fija en nuestro canal de salida al mundo amo en casa, jefe en su hogar, guía y conduc tor de
europeo, con el cual necesitamos y deseamos estar en su familia. Que la paz doméstica b:.1bráde ccstarle el
fnt,imo contacto, una Cuba negro·-sajona. Esperamos sacrific:o de todos i;us derechos y la enagenación de
con desaliento que á la av:dez norte- americana se todas sus prerrogativas.
sobreponga cierto apego religioso á la justicia, que
La mujer hermosa es cara y exigente. Casarse ccn
es propio de la raza entroncada con los "padres pere- una belfa es un acto de lujo; só:o pueden pagárselo
grinos." No nos atrevemos á hablar del interés .... los millonarios. No es posible, decía Victor Hugu, neporque nuestro&amp; argumentos serían débiles. ¿Pero no gar el atavío á quien nos da Ja belleza. La mujer herhay más que el interés? Mejor dicbo, ¿no bay más mosa p:de sedas, joyas, flores, tapices, mobiliaiio y
intereses que los que pueden reducirse á finanzai' En- decorado en que encuadrar su belleza. Difícilmente
tonces ¿por qué al otro día de haber derogado el go- se resigna al modesto percal familiar y á la florecilla
bierno inglés los impuestos contra que se habían coa- entreabierta prendida de los cabellos. Quiere en su
ligado las colonias, y con la conciencia de su debili- calidad de reina, diademas, trono, cortei;anos.
dad-comparada con el. formidable poder militar de
De aquí un seguudo inconveniente. La mujer herInglaterra, se insurgieron los Estiados Unidos? Los mosa nu sólo es cara sino que es también peligiosa.
Franklin, los Washington, los Jefferson, los Richard Nos casamos ;,ara tener una mujer cuyo único penH. Lee, tuvieron delante de los ojos al declarar la samiento seamos nosotros, que nos ame exclusivaindependencia un dallar ó un ideal de libertad y de mente, que sólo de nosotros re(liba agasajos, á cuyo
derecho?
oído sólo hablen nuestros labios, y Ja mujer hermosa
vivti rodeada de la admiración de todos, envuelta en
el deseo de muchos, mareada por el amor de algunos.
De ahí para el marido una perpetua desazón, un estado de vaga inquietud y de indefinida angustia, que
no por no ser siempre justificado, deja de ser dolora-

�Domingo 13 de Agosto de 1899
EL MUNDO.

Domingo 13 de Agosto de 1899.

90

EL TSARVITCR JOUGE1 MUERTO RECIENTEMENTE.
EL NUEVO TSARVJTCR MIGUEL ALEXANDROWITCR.

so. De ahí que, admiradas, galanteadas y lisonjeadas,
las mujeres hermosas ac.Jaben por casa1se sólo con su
propia belleza.
.
No asilas feas. Lejos de exigir culto y veneración
prodigan dulzura y afabilidad.. Sienten que les es necesarla una dosis inmensa de virtud, de mansedumbre de docilidad y de benevolencia, para hacerse
am~r y preferir, y en general, derraman por donde
quiera bondad y ternura.
Sabedoras de que no les basta llegai- y ver para
vencer se proveen de todos los atr'lcti vos morales Y
se prócuran todas las seducciones intelectuales para
suplir la falta de encantos físicos. La hP,rmosa s~ cree
con derecho á ser ignorante y tonta, ~a fea se siente
obligada á ser inteligente é instruida; la hermosa
acepta nuestros homenajes como un deb~r nuestro,
la fea los recibe como un favor. Aquella, siempre dengosa y altanera, acaba por hacérsenos insoportabl_e;
ésta siempre afable y benévola, acaba por conqmstars~ toda nuestra simpatía.
y luego, la fea se conforma fácilmente co_n la posición mode2ta, con el aislamiento d~l munao, Cl'n la
reclusión en el hogar. No vienen á distraerla de sus
altos deberes de esposa y de madre, ni el inci~nso de
la adulación ni el aplauso de los extrai'los, y v1 ve contenta, resignada y feliz, al lado del esposo y cerca
de la cuna ce sus hijos.
.
La naturaleza, que parece inexorable _Y ~esp1~dada con las feas, ha sido en el fondo muencord1osa
con ellas no les ha dado el talle esbelto, el contorno
delicioso: la carne marmórea, la pupila de fuego, el
perfil griego, ni los labios de púrpura; pero en cam·
bio, les ha otorgado, á falta de 1~ del ?uerpo, la belleza del alma, la virtud, la intellgenc1a, la ternura
y la consagración irrevocable á su esposo y á sus
hijos.
DR. MANUEL FLORES.

EL EXPLORADOR

Snrn:s EN

El G:an t uque Jorge y el nuevo heredero
de la. o~rona. de Rusia..
La muerte del Gran Duque Jorge, acaecida en
Abas-Touman el 10 de Julio último, hace ascender
á la categoría de príncipe her~dero al _Gran Duque
Miguel Alexandrovitch, herman~ de Nicolás II_y el
cuarto de los cinco hijos de A.leJandro lIL Miguel
Alexandrovitch fué proclamado mayor de edad en
Mayo último y promovido al grado de ayudante de
campo del Tsar.
El nuevo tsarvitch terminó el afio pasado sus estudios en la Escuela de Artillería de Peter~burgo, Y CO·
mo Re diQe de ~odos los príncipes, dió pruebas de su
aptitud científica. ·
Al salir de la escuela se le nombró comandante de
la 2 ~ Brigada de Artillería é inspector de los trabajos de fortificación en las provincias del Noroeste.
Es de carácter raflexivo y de espíritu observado~;
ha viajado mucho por Rusia, aplicándose al estud10
de las condiciones económicas y de las costumbres del
vasto imperio, cuya corona está destinado á llevar.
ElMensaje:ro Oficial de San Petersburgo publi_có el
ukase imperial, proclamando al Gran D~_que M1gu~l
heredero del soberano, si no nace un hJJO del matrimonio del Emperador Nicolás II.

En Ja parte anterior y superior hay un ligero cafl6n
Maxim, dispuesto de tal manera que puede disparar.
se en cualquiera dirección y sea cual fuere la velool•
dad con que camine el vehículo, sobre el cual caben
mil proyectiles.
Mr. t:,imms ha inventado también otro motor con
dos caiiones montados en sendas torres giratorias 7
con una poderosa lámpara eléctrica de proyección.
El 1:explorador&gt; exhibido en Richmond dió adml.
rables resultados en las diversas pruebas á que se le
sometió, operando el mismo inventor en terrenos lla.
nos y quebrados.
Según los periódicos ingleses, se cree que el inven•
to de Mr. Simms será muy especialmente aplicable ,
la exploración en las campañas e,oloniales.

LA DANZA DEL OSO.

La más re:ióndita entre las raíces de mi corazón ea
una profunda raíz de simpatfa. por Maese Bru-no, el
buen catador de colmenas.
Siempre sentí vivir en mi esta raicilla, en la parte
inferior del corazón, más bien a la izquierda que á la
derecha., mucho antes de comprender cómo de ella
arrancaban ::.:iis sentimienentos poéticos y mis ideal
evolucionistas.
EL EXPLORA.DOR SlMMS.
::;e comprende que habiéndome dejado llevar tan•
tos años de esta inclinación, me sea imposible olr t,o.
.En la exposición de Rich~oad, luglate~ra, se pre- davla que danza un oso por la ciudad sin correr al
sentó recientemente un veh1culo automóvil ametra. punto á mezclarme en medio de la calle con los ma•
chos lilósofosy poetas que no estiman tal espectáculo
llador inventad..) por Mr. Frederick Simms.
Este vehículo, llamado carro-el! p_lorador, tiene una indio-no de abandonar por él casa, familia .... en aa•
fuerza motriz de un caballo y medio, con la que pue- ma, Jas aten .:iones todas de la vida.
Esto es natural; no lo es tanto que mi destino, pade moverse en caso necesario á razón de diez y ocho
ra alimentar mi simpatía y llevarme-por ella á una
millas por hora.
iluminación interior de que hablaré en seguida, haya
puesto en mis manos de cuando en cuando alguna
libros de poetas en los que la bondadoso y potent,
figura del gran plantígrado se mostraba á mis oJ«a
con su mag;:iética y triste mirada.
l\iostróseme primero en la amplitud épica y serena
de Goethe, el oso verdadero, el simplicísimoBlaunbarlado cruelmente por Reineke el Zorro, cuando destrozadas las orejas, el hocico y las uñas de sus garras 81
la henctid•tra de un tronco de árbol, acosado por vl•
llanos con pa1os, ciego por el dolor, corre alocado,
arroja al río y todos se arrojan á pescarle.
Más tarde, enrra!\cado coa delicia en la selva m6gic1 de los cantos de Reine, hallé entre los abetol
Atta Troll, el oso romántico, y á F,·ariz Mulme, su
nerable esposa. Atta Troll me fascinó y me pertur
juntamente. En nada se parece á Blaun; es una
tia sobrenatural, una idea de poeta hecha oso; b
en él algo de humano. Atta 1'roll habla en verso,
que prueba que no es del todo un ser racional, ao
que pudiera llegar á serlo; en suma, este animal
ti ~o inspiróme una vaga sospecha de relación post
entre el hombre y el oso.
En los días mejores de mi juventud hice ~mi
con uno de los más exquisitos y delicados art1staS
Francia, con Meri mée, y él me presentó el oso mis
co (Lochis), el oso de pasiones supraosunas, que a
blciona confundirse con la especie humana.
sorprende en la espe11ura de su sel va á una cond
cazadora, á escape la arrebata, y, menos bestia 4
Atta Troll, se guarda de hablarla en verso; la herm
señora torna después á su castillo: no lleva un
aral'i.azo, pero ha per,óido la razón, y da á lul
ser ambiguo, hermoso é inteligente, de lnstlD

.EL MOMENTO DE LANZAR UN PROYECTIL.

,sanguinarios, pero de la sangre
más juvenil, más pura, más dulce. Se casa, y la noche de bodas, en un ac~so de furor, destroza á mordiscos la carne de su
fresca esposa.
La emperatriz Eugenia y sus
damas no entendieron este relato enigmátir.o cuando l\ierimée
se lo leía; por mi parte me pareció siempre injusto con los osos;
pero la idea de afinidad entre las
dos especie!'. labraba ocultamente en mi ánimo. Pocos años hace
que me dí á estudiar los orígenes
-0e las especies animales inferiores, y me convencí de que todas
proceden poco á poco de un común origen y q uc el hombre mismo, el último en aparecer, es carne de su carne; persuadfme de
nuestro parentesco con todas
~!las, y ballé en el corazón humano vestigio:s de toda la bestialidad existente en la tierra,
~n las aguas y en el aire. A un
no babia pensado en estudiar las
afinidades morales del oso con el
l1ombre, cuando conocí las obras
i!e Ibsen. l bsen, en sus originales dramas, es autor que me
agrada, aunque no lo admiro;
pero la obra suya preferida por
mi es una novela en que revela
~l arte pedagógico de los domadores de osos, el métodasorprendente de enseñar la danza á Mae.
..se B,-uno. Se coge (dice Ibsen en
-su inspirada poesía) una caldera
grande, se coloca boca abajo cubriendo un granfuego; en seguido se bacf- subir al oso sobre ella
y se Je encadena tan corto que
de ningún modo pueda bajar: al
mlEmo tiempo se toca en •P.l or.ganillo una pieza cualquiera;
-cuando la pieza se concluye se
repi te una y oLra vez, mientras
la caldera se calienta; el c,so, in-quieto, levanta una pata, la baj a, levanta otra, después la ter-

91

EL MUNDO.

MEXICO

MODERNO.

ÜAS.-\ DEL Stt. IGNACIO ÜAPETILLO.-ÜALLE DE ROSALES.

f

ÜAÚ DEL

Sn.

GENEJL\L DON PEDRO R1:--co:- ÜALLAHDO. - CALLE DE LA P.ENITENCIAR~.A.

cera y al fin la cuarta; la caldera quema, el oso brin•
ca y baila, y el organillo sigue tocando; cuando se
hace bajar al oso de la caldera, su educación ha terminado y el organillo calla; durante toda su vida no
oirá tocar una sola vez aquella pieza sin ponerse á
bailar inmediatamente; seria inútil explicarle que
tiene las patas sobre las piedras de la calleó sobre la
hierba, ó acaso sobre la nieve; mientras oiga aquella
música el oso bailará siempre.
Esta poesía iluminó mi alma con maravillosa luz·
vi la prueba inefable de una afinidad oculta entre ei
oso y el hombre, y descubrí el secreto de la conducta
de otro modo incomprensible, de muchas personas(
sucede, en efecto, á mucha gente y de la más distinguida, que se turba y se agita al so11ido de ciertas
palabras indiferentes, sin que pueda comprender la
razón. Si admitimos que existe en la humanidad una
m·ezcla de oso, nos explicaremos que el recuerdo de
algún disgusto, de ;::.lgún odio, de algún dolor relacionado C8D esa palabra, el recuerdo, en fin, de alguna cald~ra candente, !PS obliga á bailar.
En una ocasión daba yo una conferencia en NápoJes sobre el origen del hombre, y sólo al oír nombrar
á Darwin y al mono, algunos osos á quienes seguramente había atemorizado el nombre del darwinismo
materiotlista, comenzaron á bailar en la sala. Repetí
en Milán la misma conferencia, y sólo al oírme hablar de la Biblia y la Iglesia, otros osos, que tenían
la memoria llena de tiranías antig-uas. de autos de
fe y excomuniones, bailaron también furiosamente.
Los o~os que bailan al nombre de la ciencia como los
osos que bailan al nombre de la religión, son los más
comunes y se hallan á cada paso; es locura pretender
aq aietarlos y peo irles que escuchen y razonen: se
acuerdan de su caldera, y bailan.
Exh;te otra gran cantidad de osos que no pueden
oír ciertos nombres sin ponerse á bailar, por el recuerdo de alguna antigua quemadura; conocí á un
literato que habiéndose asustado en su juventud de
no sé cual metáfora estrambótica de Victor IIugo
no quiso volverá leer ni una línea más del gran poe~
ta, y si oía su nol1'.lbre, bailaba. Otros muchos padecieron en los bancos del colegio con Horacio y Ovidio, y basta hablarles de estudios clásicos para que empieCPD á bailar. Pa:a terminar: á cuantos observen
el espíritu humano les aconsejo que enciendan su luz
en este fueg-o ofrecido por Ibsen, y con ella recorran
el mundo. No va:iilo en afirmar que la mayor parte
de las opiniones y de los sentimientos humanos tienen más fundamento en la caldera que en la razón·
injusto será el que culpe al hombre: la culpa es de J~
bestia.
ÁNTONIO FOGAZZARO.

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Domingo 1 :l de. Agosto de 1899.·

EL MUNDO.

Dommgo 13 de Agosto de 1899.

NOVEDADES CIENTIFICAS.
Los cuerpos opacos! He aquí una gran mentira de
la ciencia. Aunque bien mirado, el culpable de la
mentira 'lO es la. ciencia augusta, sino el hombre su
sacerdote, el cual, como todos los sacer iotes de todos
los dioses, atribuye·á éstos sus propios errores y sus
incurables debilidades.
En efecW, la ciencia. es la obra colectiva del hombre á través de los tiempos y de las generaciones. (Jn
principio científü.:o es el resumen de muchas observaciones y de repetidos experimentos.
El oriaen de mucb.os de los artículos de fé de la
ciencia, fué una observación absolutamente casual y
por ende empirica; la observación se 1epitió por otros
muchos hombres, se hicieron experimentos, se provocó el fenómeno para cumpronar bien las causas. y por
fin, como fruto de todo ese trabajo, se dedujo y estableció una ley que pasa á la posteridad con el cará'.:ter de verdad absoluta é indiscutible.
Pér0 en el origen de la. mayor parte de los teoremas aceptado,¡ como axiomas cientíticos, hay un vicio innato que los hombres debia.mos tener siempre
prei-ente; algo que viene á ser como el famoso peca.do nriginal de las leyes del saber.
VeaU1os por qué. Si los medios de percepción de
que dispone el hombre fuesen perrectos. es claro que
las observaciones y juicios becb.os con aquéllos serían

DisJ)Osltlvo para ver sin lotoirrafiar!os, objetos al través de cuerpos
opacos mediante la luz ,iegra. La placa eu que se proyecta la llave,
es de sulfuro de zinc.

indiscutibles. 8i el hombre pudiese ver, oír y tocar,
todo lo que es visible, sonoro y palpable y tal como
es en sí, sus apreciaciones serian verdaderas; pero
nuestros órganos de -percepción tienen lamentables
debilidades: la mengua.da fuerza de que están rlotados, apenas les permite darse cuenta de una serie de
hechos muy reducida en la inconmensurable escala
de los fenómenos naturales.
Por eso una de las más hermosas conquistas del
saber humano, es la parodia en acción de la enorme
frase del filósofo heleno: «Sólo sé que no sé nada.&gt;
Ahora ya sabe el hombre que no sabia nada y que
sus :1entidos aplicados á la observación de la Natura. leza tan sólo le servian para engañarlo miserable•
me~te. Y porque sabe esta verdad tan interesante,
refuerza su ojo con el telescopio, y con el microscopio,
y con el espectrof-copio para suplir sus deficiencias
ópt,icas; con la ~otografía y _la electrh:id~d para remediar las incapacidades químicas de la retma.
Esto por lo que toca únicamente al capítulo de la
vista la cual siempre se nos había impuesto como el
órgano que más complet,a noción nos daba de las cosas. De los demás órganos perceptivos, ya nadie tiene fe en ellos; hace tiempo están convictos de mendacidad Incorregible.
y de aquí las innumerables sorpresas de la nueva
ciencia, permítaseme la frase, porque, en efec~o, nueva es la ciencia desde sus fundamentos á medida que
van siendo rectificados los errores de percepción que
hasta ba,~,poco tiempo la informaban, sucediéndoles
los descubrimientc.s más cercanos á la verdad que los
nuevos elementos de observación realizan.
Por ejemplo, apenas hay muchacho de escuela que
ignore la clásica di visión de los cuerpos en opacos,
translúcidos y transparentes; cualquier catedrático
de física puede hacer una brillante demostración
de este canon científico basta ayer inviolado. Pues
bien, ese catediático ensella un error y demuestra
una mentira, sencillamente porque no bay cuerpos opacos ni translúcidos; todos son transparentes,
así, cnmosuena.
El Profesor Roetgen dió el grito de alarma y despertó las sospechas del mundo científico desde que
evidenció la transparencia de varios cuerpos tenid,JR
por modelos de op:1cidad y que sin embargo se dejan
atravesar buena y fácilmente por los rayos X.
y el fenómeno fué muy humano: cualquiera cree
en la honorabilidad de una persona, y le prodiga
consideraciones y le presta su fe; pero brota ~-a sospecha y adiós honorabilidad.

95

EL MUNDO

ORBALEJA.
-NOVEL.A.-

I

ntspositivo empleado para hacer fotograUas con la luo negra al través de cuerpos opacos. La lámpara de petroleo estl't_ encerrada en
una caja je cartón negro; el objeto que se va li foto:raf•ar, estl't contenido.dentro de una caj_a de mad_era, piedra 6 ebomta; la Mmara
fotográfica es como todas, teniendo únicamente una placa de sulfuro de zmc en vez de vidrio despuhdo. Para fiJar la Imagen obien!da
se pone esta placa en contacto con otra común de bromuro de plata, la que se trata por 103 procedimientos usua les.
- -""

Por eso es malo vivir de prestado, y esto le pasó al
principio susodicho de la opacidad de los cuerpos; vivía eng-añáudonos y usurpando un n speto que no se
merecía, basta que hu·bo quien le alzara la careta.
Ahora, según pueden ver nuestros lectores en los
grabados adjuntos, una humilde lámpara de petróleo
es capaz de atravesar cuerpos tan aparentementL opacos como una 1lave de acero.
El Dr. Le Bon. sabio físico francés, púsose á estudiar Ju que de pronto llamó la luz rtegra, pero que en
realidad no es sino el mismo y único fenómeno conocido con el nombre de luz; mucb.osexperimentos posteriores lo han demostrado así.
Mediante la fotografía y oper~nc'lo con placas de
especial sensibilidad, el Dr. Le Bon ba po'iido comprobar 110!1 hechos, á saber: que Jo~ cuerpos ti~nen la
propiedad de absorber y conservar una cantidad de
la luz que reflejaron, á la que llamó luz residual. De
aquí parece deducirse otra interesante conclm,ión y
es, que la luz constiLUye un cuerpo distinto y determinado, y no es solamente un fenómeno t,ransitorio
que se produce en los cuerpos, ó un estado de ésto-,
como se ha creído. Esto no es1 á demostrado tofavía.
El segundo hecho es que todos los cuerp(!S _son
transnarentes y se dejan atravesar por cualquiera
fuent~ luminosa, necesltándrn;e tan sólo de la reunión
de ciertas circunstancias ó de la sensibilidad superior
de la placa fotográfica para ad vertido.

*

*
Decididamente el sabiv* &lt;:vunomista
Mal1 hus vló Vi•
siones cuando lanzó su terronfica predicción anunciando que iban á sobrar hombres sobre la tierra.
Nada de eso sucede basta ahora, por el contrario,
faltan bomhrrs, y si no, que Jo digan esos sutiles é
ingeniosos inventores de apara.tus como los que representan nuestros grabarlos.
El principio funda.mental de esos aparatos, es la
substitución del mecanismo animado que se llama
hombre, por un mecanismo merte que desempefle
ciertas funciones del borobr~.
Teniendo en cuenta que los anglo-sajones, primeros inventore" de estos mecanismo~, nada hacen por
simple diversión, sino que todos sus a,·tos tienen pvr

primer causa el utilitarismo, lo (miro que se puede
creer es que para suplir la falta de hombres han discurrido los mecanismos que con más honradez que un
hombre, se encargan de vender desde cigarros y periód icos basta alimentos y timbres postales.
Existen cocinero,;, cantineros, papeleros, limpiabotas, floristas y músicos, tocios automátiros, pero no
ambulantes por desgracia.. ()uando alguien quiere
comprar un periódico, ad ornarse el ojal con una flor,
belwrse un bock de cerveza. oír un desdichado trozo
de música ó enviar un recado por el correo urbano,
s&lt;&gt; va adonde está uno de estos sup~-e-hombres y le
echa por la boca, ó su equivalente, una moneda, y
queda servido.
Pero ¿es siempre moneda lo qué recibe el hombre
automático? He aquí el busilis. Según dicen los Industriosos europeos dueños de estos aparatos, aun los
de la rígida y exacta Inglaterra, al hacer la colecta ó
sea al t omarles las cuentas á estos vendedores de metal y madera, resulta que se dejaron engaliar como
unos chinos por los compradores poco escrupulosos.
Como el pobre aparato no tiene nociones sobre las
monedas de curso lega.l vigente, ni sobre las falsilica•
cinnes, resulta que ~ólo se atiene al peso de lo que recibe para entregar la mercancía.
Y por una moneda de buen peso y calidad, acepta
nueve botones, discos de plomo, troz·&gt;s de metal y
basta municiones pequeñas, y mil basuras pesadas
que constituyen una pesada broma para el negociante.
Cierto que para el comprador serio, honrado y que
va de prisa, es una gran ventaja tratar con un dependiente que no habla, ni se demora en servir; pero por
un parroquiano de estos, ¡cuántos ha.y que se acerca n
al a.narato con la deliberada iotención de pegarle uo
timol
1&lt;..n México por ejemplo, figurémonos un aparato
automático expendedor de .... café, puesto á lamadrugada en cualquiera esquina y abandonado á ~u
propia vigilancia. Es seg-uro que cuando el dUt•iio
fuera á recoger el produ,;to de la venta, no solo no lo
bailaría, sino que encontraría el aparato destruido.
R~sueltamente, faltan hombres.

Nota Importante.

Era una llanura gris y escueta, sin árboles, sin
!inf11s, barrida siempre por vientos furiosos pero
que en el estío se cubría con un manto de oro,
,cuándo el sol de Junio maduraba los trigales.
Unas cuantas casas, pobres caballas, se alza.
ban en aquel desierto. Este humilde caserío se
llamaba Orbaleja, y eran llanura y casas propie•
dad del seilor Vulfrán, un caballero muy rico á
,quien allí nadie conocía, y que sólo se acordaba
del pobre sembrado una vez al ailo, después de
la siega, cuan.lo Pascual el viejo mayordomo,
-rendía cuentas de la cosecha en extensa carta y
pedía órdenes para la venta del gra.no.
Dominando los rú ,ticos techos y algo aoartado
de la plebeya chusma como un gran seilor, er•
.gnfase un antiguo caserón de dos pisüs; era la casa principal. Sobre su fachada se veía labrado un
escudo de armas y en su cú,pide, como una ensena, una cruz de piedra abría sus brazos al cie•
lo y al desierto; los muros ennegrecidos, las puertas herrumbrosas y los patios cubiertos de yerba,
.atestiguaban un largo abandon0.
Una fría tarde de invierno un coche pequefio
tirado p.:r un caballo se detuvo frente A la soli·taria casa, y los maravillados vecinos de Orbaleja vieron descender del vehículo A un caballero
y A una joven.

Te!éfono automfltlco. Funciona dutame cl•rto ti•mpo Introduciendo una
m , 11Lda en la llberturacorrespondlell!e.

en esclavo del niiio voluntarioso y mimado. A
fuerza de ver á su padre erigido en soil.ar absoluto de cuanto le rodeaba, llegó á persul\dirse de
que llanura.,casas y labriegos le pertenecían; y
como para él la tierra no se extendía más allá de
la lejana cadena de montanas que cerraba el va•
lle, ni reconocía bajo el cielo otra autoridad que
la complaciente y suavísima de su padre, convir•
tióse en tirano de aquel pequello feudo. Habíase
criado en la holganza; de nilio echado á la sombra del úoico arbol que crecía frente á la casa
paterna, de joven requebrando á las moz11s, dil?'•
Dándose de vez en cuando empuilar el arado tras
la perezosa yunta que abría el surco ó bien regresando de la siega en las tibias noches de Ju·
lío á la luz de las primeras estrellas, tendido so-

bre el carro rebosante de espigas que se balance.aba al compá~ de los tristes cantos de los se•
gadores. Jamlis Pascual le exigió el menor trabajo; aprendió á leer y algo á éscribir por flU propio impulso, y pasábase A veces los días como un
fakir sentado sobre el suelo, absorto y mudo.
Cuando Julilin vió llegará aquel joven de barba negra, alto, esbelto, alegre, vestido como un
príncipe y Aaquella dama de 0jos azules, blanca,
gallarda, triunral, sintió un aplanamiento, unl\
conmoción inexplicables. ¿C,mque él no era el
amo? ¿El seilor, el duefl.o, era aque! caballero á
quien su padre, Pascual, llamaba respetuosamente don Jorge? ;,Conque la llanura, los trigales,
todo era del intruso, del usurpador que no contento aún, poseía aquella hermosa mujer blanca
como la leche, rubia como las espigas maduras,

de ojos azules y profllndos como el cielo y labios

Pascual, sombrero en mano, recibió á los via- pa, más despejada y mfls limpia de Orbaleja pa•
jeros y, sonriendo amablemente, abrió de golpe ra compai'\ía de esta sefl.ora.
la puerta de entrada.
II
La pareja penetró á la casa enlazada del brazo, ri~ndo con esa risa argentina y ruid.o sa de
Pascual era un viejo de sesenta ailos, de bigote
los vemte ailos, y precedidos de Pascual subieron cano y espeso, recortado militarmente, alto, fuerla espaciosa escalera ,·omo colegiales escapados. te y seco. Hacía treinta anos que vivía en aquel
-No me n egarás, decía el caballero dirigién- retiro encargado por el seilor Vulfrán de l,1 ad•
dose A su compailera y seilalando la silenciosa ministración de la finca que producía poco en
m?rada y el campo mustio y escueto que se do- verdad, pero lo bastante para que el mayordomo
minaba desde el alto corredor, que esto es un ver• viera de afio en ailo alzarse y crecer una relu•
~ader? retiro, un nido de invierno, Fin bosques, ciente montafia de duros, allá en el fondo místeBJD páJaros, sin fuentes, pero á miles de millares
rioso de un arcón antiguo. Habü sido soldado y
de leguas, del mundo habitado. Estamos en Mar- ostentaba una honrosa cicatriz en el carrillo iz•
te, en el supuesto de~e Marte sea un pobre pá· quierdo, -acuerdo del sable de un dragón fran"l'amo.
cés. Era viudo y tenía un hijo, un mozo de veinLa joven alborozada recorría la casa en pos de tiseis anos, raquítico y pálido.
Pascual. ~esistianse y gemían puertas y venta·
Julián se llamaba el mozo; pobre muchacho ennas a~ abrirse, y el solinundaba los aposentos des- fermo á quien Pa.cual adoraba. Era Julián alto,
coloridos y húmedos y los antiguos muebles des- moreno, delgado como una cafl.a, ojos negros, la•
lustrados Y cubiertos de polvo.
bios gruesos sin asomo de barba, el cabello cresLa casa era extensa, severa y fría como un po y abundante y 1a nariz 11bultada y sensual.
·convento, sucedíanse las habitaciones en seriein- Había nacido en aquel desierto que era su impe•
te rmmable;
·
decoraban sus paredes retratos de an- rio; allí mandaba despóticamente, y hasta la vu•
talio Y lienzos borrosos representando escenas luntad de hierro d~l seilor Pascual, cejaba y
·campestres y martirios de santos, las alfombras doblábase ante la suya, convirtiéndose el vie;o
0

Concluida la edidón de
Los TRES itosQUETERos, preparamos la publicación d~
varias obras, superiores, s1
cabe, á la publicada.
En el próximo número dareinos á conocer 'todas las
reforrnas que desde luego
Yamos á introducir en este
~emanario.

estaban destruidas, y sólo resistían en aquel combate con el tiempo y el abandono los enormes
armarios de roble_y los sitiales de brazos tallados.
-No esper aba, decía el viejo Pascual, ld. veni•
da del seiior. y como el amo hace mil anos aue
no nos visita, no es extrano que la casa esté
abandonada.
. -Mi padre, contestó el caballero, h11ciendo un
signo _de inteligencia á su compsilera que sonrió
r?bo~izándose, ignora mi venida, y es ir.útil que
tu, m1 buen Pd.scual. le des 11 viso. Venimos de incógnito á vivir con ustedes, á labrar la tierra, á
cazar, A pescar; Martll, esta dama, ordefl.ará. las
vacas y cultivará el huerto, yo ..... .
-Me permito decir, interrumpió Pascual. que
aquí no tenemos caza, ni ríos, ni huer~o, ni vacas ....
- ¡No importa! exclamó el caballero riendo, nos
pasaremos los días contemplando la llanura que
también tiene sus encantos; veremos ponerse el
sol allatras de aquellas lejanisimas cumbres, y por
las noches nos dará música el viento. En suma,
seremos poco exigentes. Por ahora sólo nece~ita•
mos aquí mucha luz y mucho aire para que estas viejas paredes pierdan ese color de tumbl.
Haré venir un buen cocinero, tenemos por fortuna una estación de ferrocarril pr óxima, y tú Pascual, te encorgarás de traernos la moza más gua•

rojos eomola sangre de las vifl.as? ¿Por qué aquella h~mbra no era suya? ¿Por qué él ¡miserable!
no podía hundir sus labios en aquellas carnes albean tes? Y Julián i;,intió impulsos de rebelarse,
de insu:tar al poseedor feliz de aquel tesoro. Vió•
se humillado como el caballo salvaje que siente
por vez primera el látigo del domador.
Con la frente inclinada y el ceilo contraído
escuchó A su padre que refería, no muy satisfe:
cho, A los mozos de labranza, que aquel joven
era el amo, el verdadero amo, el hijo del seil.or
Vulfrán; que el tal joven habfa llegado como llovido del cielo, aeompallado de la hermosa dama
que parecía ser su .. •. amiga; que le había prohi•
bido dar aviso de su lleg11da al padre, y que él,
Pascual, barruntab'.l en todo aquello cierto em•
brollo de fuga, de misterios ydt&gt; enredo an¡oroso.
J .iliAn bien sabía esto; había viste, un brazo
desnudo, blanco y pulido correr discretamente
las cortinas de la alcoba .... y había sorprendido
miradas y besos furtivos, como sólo se mira, como sólo se besa el fruto prohibido!

III
La primera noche que Jorge y Marta paJaron
en el viejo caserón de Orbaleja, sintieron una alegría loca, casi infantil. Por fin estaban solos libres como marido y mujer! Allí vivirían siem~re
juntos y felices olvidados de todos .... ¡Qué hermosa era la vida! ¡qué pintoresco el valle! ¡qué
alegre la casa, y qué buenos el mayordomo y su
hijo!
Y Jorge oprimía sobre su pecho A Marta y la
cubría de besos. No era su esposa pero ¡qué importaba! la conoció inocente, la amó y la unió á &amp;U
desti.oo. El era rico, brillante, instruido; había tenido amores, aventuras y duelos; ella era una pobre
muchacha hermosa y casta, conoció á Jorge y se
entregó sin vacilaciones, le amó desde el primer
mom~nto, sintióse faecin,ada, vencida por aquella mirada noble, amorosa y leal; no le pidió que
1~ hiciera su esposa, sino que la amase mucho y
siempre.
Sólo hacía cua·ro meses que se conocían. Al

�Domingo 13 de Agosto de 1899

EL MUNDO.

tl6

principio viéronle sólo de noche, después Jorge
olvidó un poco los nPgocios de su casa, el club,
los caballos y los amig-cs, y pasábase _1 as horas
al l11do de s'.! amada. Por fin fuéronle rnsopo.. t,.bles los momentos sin verla; entonees se acordó de
que el st:llor Vulfrán po11eía allá, en apartadísima
comarca unas; fanegas de tierra de labor, Y en
ellas un¡ casa vetusta herencia de su abuelo. Allí
se irían como una pareja de
palomas en busca de la soledad; estarían siempre j~ntos,
-pasearían del brazo b~Jo los
r.tyos del sol y no temerían miradas extra:llas.
Marta 11c.:gió el proyecto /
con entu.siasmo; le parecía una
rehabilitación. Ella, que en 1
medio de su dicha no podía )
olvidar que aquel hombre no
era su marido, que la vi,-itaba
furtivame..:.te, que en público
aparentaba no conocerla, vivir
á su lado, merecer el respeto
delas sencillasg-entesdel campo .... ¡qué felicidad!
Jorge improvisó un viaje.
El se:llor Vulfrán • sonrió con
indulgencia, y sólo dijo á su
hijo al despedirle frente á la gran mesa de su
despacho: Lleva, hijo mío, fondos sobr1tdos. dame no1ici1ts tuyas, diviértete mucho y fastídiate
pronto; tienes ya treinta a:llos, aprovecha el
tiempo.
Y así Iué como Jorge y Marta llegaron de improviso, causando el asombro de los orbalejanos.

Desde el b11.lcón Marta le siguió con los ojos empanados por laa
.
h t perderse el eoche entre el blanco polvo de la carre.
ll'IKnmS~s, .óas ªtonces que los sollozos la ahogaban; parecióle que
t ern mtl en
d
.
. . "bl
e ent:m1gos mv1si ea;
¡¡J.¡• ·quf' d a b a sola , abandonaba • á merced
quiso gritar, llamarle y exclamó:
-¡Jorge!
,d
-SP:llmita Marta, pronunció una voz A su espa. a.
_ Marta se vol,ió sorprendida.
.
Julián, de pie, inclinado con la humildad de un can, estaba allL

VI

\

IV
La antigua casa de Orbaleja habíase remozado
al cabo de ocho días. Jaulas con canarios y tiestos con flores a legraban los rostros marchitos de
damas, caballeros y mártires allí colgados en
marcos enn6gr ecidos; los muebles relucientes y
limpios ostentaban al sol sus mustios tapices; la
cama monumental albeaba bajo sus vaporosas
colgaduras, y en los corrales, desembarazados de
yerba, mugía una hermosa vaca y alborotaba una
tropa de gallinas precedida triunfalmente por un
soberbio gallo de encendida cresta,

Jl,
;
•
,,

L. .,-

7:r-:,,,.,..,.,.

__,. . -

----

- ~ - · -~

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'.h.

¡Y el autor de tales maravillas era, én partf', el
hura:llo Julil\n! Lo&lt;J deseos de Marta eran adivinados por él, y eabalgando en el caballf'jo de su
padre, sacudiendo su pereza ingénita, sacó, no
sabíase de dónde, jaulas y t:estos floridos. Había
llegado á ser el inseparable de Jorge y Marta.
Adusto y frío para el primero, soportaba en cam·
bio las exigencias y caprichos de la joven.
Sólo que Marta recibía siempre con frialdad
los servicios y atenciones de J ulián; inspirábale
aversión su figura desmafl.ada y torpe, parecíale
necio y cobarde; ridiculizaba su gesto doloroso
de enfermo y burlábase de su completa ignorancia.
Jorge intentó suavizar aquellas asperezas, compadecido del pobre mozo por quien sentía esa
simpatía bondadosa de las almas felices; pero
Julián, que aceptaba las impertinencias agre~iv11.s de la hembra, rechazaba en silencio, herido
vivamente, la piedad del hombre.

V
Habían transcurrido dos meses desde la llegada de Jorge y el joven comenzaba á notar con
inquietud, que Marta, m 'Dos alegre que los primeros días, tenía momentos de pasajero mal humor. Una noche resolvióse á interrogarla.
-Vamos, querida, confiesa que comienza á
fastidi11.rte un poco nuestra Orbalfja.
:uarta sob~esaltóse.
-Te enga:llas, replicó con viveza, mi único temor es que tú no soportes este género de vida,
que nuestra felicidad tenga fin ....
-No, tontica, contigo viviría yo en el último

rincón del mundo. No te ocultRré que algo m~
inquieta el natur al cuidado de mi padre por m1
ausencia; pero, si tú lo apruebas, todo se puede
conciliar. Te pido sólo ocho días y volv ... ré para
no separarme de tí. Mira, tengo grandes proyectos sob•e Orbaleja, que neceüto consul_tar co~ el
senor Vnlfrán. Deseo convertir esta finca miserable,improductiva casi, en una gran explotación
agrícola. He estudiado el caso. Entonc~s ya t~ndrá un ohjeto aceptable mi permanencia aqu1 A
tu lado. Traeré ingenieros, un administrador inteligente en lugar de ese solapado de Pascual,
haré construir una hermosa casa moderna, un
verdadero chalet, y la vida, el movimiento, la lucha sucederán á esta inaeción estúpida. Verás
có~o al contacto de una varilla mágica, tramformo este desierto árido y triste, rdugio de las divinidades campesin1ts, en cultivada campifi.a cubierta de árboles frutales, cruzada por rieles.
Verás cómo empano ese azul sereno del cielo con
el h•1mo de las fábricas y cómo despierto el eco
dormido lle estas soled~des con el silbido de las
locomoto:-as, No; ¡no te rías! fl gran m11go que
efectuará este milagro, ayudado se eotiende por
el dinero del se:llor Vulfrán, será un río que corre no lejos de aquí, á unos cincuenta kilómetros,
y que yo haré venir, obediente como un esclavo,
á desposarse con las tierras vírgenes de Orbalej11.
Marta escuchó con interé1 los nroyectos de
Jorge.
-El único punto negro para mí, replicó, es esa
ausencia de ocho días. ¿Qué quieres que haJra
yo aquí" sola cor_, ese estúpido de Julián? Por lo
demás, ~omprendo que es necesaria tu partida
para ese. proyecto. Me resigno, pues; pero, ¡por
Dios! sólo ocho días te concedo.
Al día siguiente Jorge hacía enganchar el p(quP:ilo coche, y después de besar ardientemente
á Marta, que se abraz1.1ba llorondo á su cuello,
partió rumbo á la estación próxima del ferrocarril.

Sólo Pascual detestaba á Marta; llamAbala con malicia la seflo1·a. Y ernqueásuper&amp;picacia de palurdo no se ocnltabll. que J11lián, su hijo, eft:1ba enamorado de la joveo,
y que ésta sólo ter.fa pl\ra ~l p~br~ mozl),
desprecio y burlas. Al prmc1p10 mtentó,
contrariar á Julián cuitndo é,te recorrfa i
caballo los lugares veci11011 en busca de un.
pájaro y de un raw.o de f:ores. per o bieit
prÚnto comprE-ndió que su empe:llo era lr,(l.
til· el nilio mimado se rev, Jaba con toda
la 'energía de su voluntad jamás contraria•
da. Pc.cü le importaba que su i.:010 le pagafil en desdenes, bastábale que aceptase la
üfrenda, que ac1niciase con sus dedos puli•
dos como tl mar fil la cabecita de oro del
canario ó acercase á sus labios el man0jo de ela•
veles llevados por él amorosamente sobre su CO·
razón.
Julián se levant1tba en la~ noches calenturiento, y llegaba recatándose, sintiendo que el corazón Je goloea ba el pecbo frente al b1.Jcón de l&amp;
alcoba de Marta. Allí. con los 0jos fijos, con lat
manos cruzad11s como ante un altar, indiferente
á todo, abstrllído, pasa ha las horas nocturnas en
éxtasis, inmóvil, sonando con aquel cielo lejano,
con aqufllla aparición que surgill en las tinieblat
de su vida de enfermo como una aurora . .Recor,
daba entonces aquellos suefios sobre el carro hl'D•
chido de espigas en los tibios creoúsculvs de J u•
lio, y pare"-íale que desde entonces conocía á aquella mujPr; la ha_l&gt;ía vi!,to flotar blanca, indecisA,
vRporosa, coronada de estrellas, desnuda y t.ú•
l:.il .... le sonreía y tendíale los brazos. . . . Sentíase transformado. Ya Iio era el pobre JuliAn
desma:llado y torpe, sino el príncipe azul rubio y
hermoso, lleno de ingenio, valiente y amado . ..•
y la diosa bajaba de la nube y besaba sus la bios,
mientrlls él, á la luz de las constelaciones, entreclaridades arcRnas, le dirigía los m~drigales méatiernos como plegarias blancas. Otras veces sen•
tíase invadido por un miedo loco, inaudito, como
si r1,fllgas dP. hielo cruzaran su espalda, se im11•
ginaba que Jorge, el amo, sospethuía su amor,
su deseo, que iba A sorprenderle allí midiendocon los ojos la altura de las rejas como un ladrón. Y no, él no se sentía capaz de arrostrar la
mirada :racunda de Jorge, h11bí1 011cido sierro
y caería inerme bajo el gol pe implacable del ca•
ballero. Era cobarde; sentí11 las punzadas ardieo•
tes del deseo, de un deseo salvaje, imperioso,
mortal, pero á la vez tem'-.llaban sus carnes bajola mano ruda y fuerte alzada para el castigo.
Raquítico y débil, tímido como una mujer re•
chazaba en su mente con indignación los mimo,
de su padre; casi inspirábale odio el viejo sol~a•
do de manos encallecidas y testa plebeya. Decia•
be que él, Pascual, tenía la culpa de su pequeft_ez,
de su fealdad y de su cobardía; había nac1~0oruga, sólo que antes de la llegada de Jorge, slll
pumo de comparación, vivió enganado piadosa•
mente por las lisonjas paternas.
.
Y aquel temperamento sensusl y enfermizo,
vibraba conmovido al choque formidable de loaanhelos incipientes y voraces, martillando en sa.
debilidad v en su miseria.
Cuando ·Julián regresaba á su cuarto en la obS·
curidad, procurando no despertar á su padre, Y
se echaba sobre el lecho, febril y extenuado, sen•
tía la sensacion voluptuosa de quien esc11 pll d&amp;
un gran riesgo, le parecía qull había acudido ~
uoa peligrosa cita de amor y que Marta qued11b&amp;llorando en poder de su tirato, llorando pGr él,
Y esperaba con ansia tl nuev,) día para verla,
para oír su voz, para sufrir sus burlas, no tan
amargas, no tan dolorosas para el iufeliz mCJZ?,
como el gesto compasivo de Jorge, el soberbIOmacho atlético y hermoso.

VII
Una tarde Marta hallábase sola , sentada A la.
vera del camino, esperando descubrir el coch•
de J orge. La alta cerca q ue bordeaba la carre-

Domt_ngo 13 de Agosto de 1899.
tera la ocultaba de un grupo de trabajadores, en
cuyo centro el c11pataz, Pascual, refería algo que,
al parecer, divertía grandemente á sus oyentes,
v Mllrta escuchó . .Alusiones picantes y ag-udezas
torpes sal picaban su nombre entre risas brutales
de palurdos.
De improviso apareció Julián . Estaba trémulo,
tPmblábanle los labios y.le fulgur11 ban los negros
ojos.
-¡Padre! gritó, cállese por su vida, que si no
fuera usted quien es .. . .
Y aquel raquítico erguíase colérico, casi hermoso, chispean.te la miradá y crispados los pu11.os.

P11scual se alarmó, crey6 por un momento que
A lanzársele,
- ¡Bien ! será como tú dices. Pero serénate; puede hacer te mal esto. En verdad, la sefl.ora . ...
digo, Mar ta, es muy buena. Era una broma
tot.lo .. .
Marta se levantó y alejóse, temiendo ser descubierta. Sentía impulsos de llorar, de marcharse
muy lejos. Debpué, de todo, aq11ella gente tenía
r11zón . . . . ¡Quién era ellal ¡la querida del amo!
¡una mujer sin nombre, una .. . se:llora de esas ...
'=omo decía Pascual! ¿Por qué había abandonado
su humilde lecho de virgen. blanco y burdo? ¡Ya
no volverían las alegres mailanas en que se lanzaba por la angosta escalera d ~1 tercer piso entre
las aclamaciones de los habitantes de aquella casa de vecindad que la adoraban, pRra lleg11r sl
taller ruidoso siempre! ¡Con qué afán era esperado el d oming), la fiesta, con su sol radioso! ¡Pobres vestidos de percal, ahora desdenados por la
sed-t crujiente! Nadie la llamRba entonces la seflora; era Marta, la virgen, la hermosa, la mimad11 ....
Y la infeliz estalló en sollozos amargos .... D3
pronto se acgrdó de Julián y sintióse invadida
por gratitud pro!und_a , tierna casi . . ..
Y después de todo, ¿no habría sido mrjor. más
honrado, más noble, ser la esposa de aquel muchacho pobre y humíld~ que la idolatraba, y no
la querida de un libertino rico y apuesto? J ulián,
aquel resignado que e'.la flajelaba sin misericordia con sus burlas, la adoraría, la respetaría, sentiríase orgulloso de llevarla sobre sus hombros
como un esclavo y ella no bajaría la frente enrojecida.

rn hijo i ba

VIII
Al d ía siguiente regresó Jorge.
Cuando Marta corría á su encuentro, dispuesta
A estrecharle en su3 brazos, Jorge, que bajaba
del CLche, la detuvo con una mirada.
No venía solo, acompañábale un joven rubio,
simpático, de pequena t1statura, de ojos claros y
vivos y fino bigote retorcido. Vestía polainas
de cuero inglé3, sombrero de paJa de anchas alas,
pantalón obscuro ce:llido á la piurna y camis11 floja de seda.

r•

- T-i_presento, dijo Jorge dirigiéndose á M1trt11, ;\ m1 11n1iguo amigo y condiscípulo el ingeniero León Ricoy.
M1.1 rta se inclinó turbada sin acertar á. responder casi. Sintió la mirada de Ricoy clavarse en

EL MUNDO.

97

ella con impertinente fijeza, examinarla, abarcar- veas el prodigio. Un dique en el río y un caníll
la, medí.la, adivinarla con ese golpe de vista rá- que provea de riego estos campos es todo lo que
pido y seguro de los inteligentes. Creyó por un necesito.
momento, que la iba á. palpar como se acaricia el
-Hablando en serio-dijo el ingeniero - te dicuello fino y nervioso de un CAballo de r1tza, y ré que apruebo tus proyectos, pero desde distinto
una oleada de sangre le invadió el rostro. Sintió- punto de vista. Construye diques en buena hora,
se enrojecer, temblar; buscó en su auxilio los emprende en cultivos nuevos y emplea útiles
OJOS de Jorge . . .. y vió á éste sonriendo, satis- modernos, maa no pienses por tu vida en redifecho, aprobando, orgulloso de la admiración mir cautivos, sino sólo en tu provech0; en repletorpe que provocaba su querida .... Pero detrás, tar tu c11j-t sin cuidarte de la regeneración del laapartado del grupo, otro hombre, pálido de furor briego. ¡El labriPgo! ¡valiente animal! Para tal
impotente, azotaba co, la mirada al impertinente; empresa se necesitarían santos y conquist11dores;
temblábanle los descoloridos labios y oprimíase un milagro ó el exterminio. ¿I..o dudas? Pues melas manos prontas á alzarse. Era JuliAn.
parece que el muy honorable mayordomo y su
¡Oh! d él estuviera en lu~ar de Jorge, ¡cómo sa- hijo. siendo dos ejemplitres preciosos. Pascu11l,
bría c1tstigar 11y_uel ultraje! Ahora comprendía un viejo rapaz, que ha hecho su agosto abusan con toda cla, idad su: odioso puesto de amiga del do de la confianza del selior Vulfrán y que sería
se:llor. Era la cosa que mostraba su duelio á la feliz, te lo juro, si ma:llana pudiera asistir á tu
curiosidad pública. que se examina y analiza en- entierro. ¡Te digo que me inspiran más descontre picantes comentarios al aire libre, entre risas fianza los ojillos grises de ese hombre, agazapay equívocos.
dos b11jo el matorral hirsuto de las Ct'j'ls, que un
Marta huyó casi, Eintiendo que algo se desplo- f.isil asei:t&gt;1 do en una encrucijada... . .. . . 1 ¿Y
maba en ruinas allá en el fondo de su pecho .... su hijo? ¡V11ya una alhaja! perezoso, hirócrita y
¡Y lll imagen de Julián embellecida volvió á cobarde, no tiene siquiera las cualidades de su
surgir noble y triunfante!. ...
raza: el v11lor, I,1 fuerza y la sobriedad. He ob-¡Hol11! -exclamó el ingeniero cuando Marta servado que cuando tú le dirijes la pidabra, se
desapareció.-¿En qué mares se pescan estas encrje y amilana como un p~rro á quien se amaperlas?
ga con un látigc; mAs que un ed.:rm.:&gt; es un loco
algo extra:llo, un despecbado, ¡qué sé yo! áquien
receta, ía ducbas de agua fria y siete horas diaIX
rias de trabajo rudo b11jo el sol. En es11 cabeza
Pasaron varios días, Jorge seguía entusfasma- mal codormaña no pueden 11lbergarse pensado con su idea de empresa agrícola. Había en- ruientoa sanos. Estoy s ...guro.
- Eres implacable-co11testó Jorge.-En un
contrado en Ricoy un auxiliar inteligente y acti•
vo; antiguo camarada de co!Pgio, aprovechado pobre vie.io que se ha batido en sus mccedades
ingeniero y buen amigo, no vaciló en aceptar las valientemente por su patria, y que por su ignoproposiciones de Jorge.
rancia y falta de morid abusa después un poco
de su empleo, y en un pobre muchacho et f&lt;lrm::-,
León Ricoy era un espíritu cultivado, observa
dor y profundo; pero demasiado vehemente. Ha- te empeñas en descubrir un par de monstruos
bíanle bast1:1d0 tres eemanas de permauencia en abominables. ¡Querido León; eres el de siemprt!
Orbaleja, para medir y aquilatar con su rudeza Recuerdo tus odios de escuela. Pero basta: hablemos de trazos y niveles.
in¡z énita, á sus principales moradores.
Jorge era el de siempre, leal, confiado, g-eneroso, un pocJ pagado de sí mismo á fuerza de
X
oír el coro de lisonjas en su torno alzado (su paLa verdad, era que Jorge que al principio sólo
dre era millonario y él hijo único). Marta, una
hermosísima much cha, algo avergorzada de su buscó un pretexto en su idea para vivir al lado
posición, con rafagas de arr epentimiento, impre- de Marta, había acabado por apasionarse de tosiona ble y dul ..1e. En cuanto á Pascual y su. hijo, das veras de la empresa, á lo que contribu) ó no
eran para Ricoy dos seres completamente antipá- poco el se:llor Vulfrán, qúe dP. esta manera contrarrestaba, abriendo un nuevo ~ampo á la actiticos.
Un día, durante ll\ comida, Jorge habló de su vidad de su hijo, aquella pasión que comenzaba
á inquietArle. Le daba en Orbaleja ur,a riv11l á
empresa con bastante calor.
-Es un crimen, decía, permitir que las men- Marta, rivlil que vencería. Además, el seilor Vulguadlls corrientes de nuestros ríos se pierdan, frán conocía bien á Jorge; sabía que en medio de
mientras la tierra improductiva abrásese .,.or fal- su frivoliaad era inteligente, calculador y tenaz
y que el dinero en sus manos no correría it.f1 uc'.
ta de riego. ¡Y así nos lamentamos del atraso, de tuosamente.
la pobreza y de la debilidad füica de nuestro
En quhn encontró el proyecto un enemigo depueblo rural, que se conforma con espiar desde
cidido,
ciego y tenaz fué en Pascual. Comprenla puerta de ca:ilRs de su 11lbergue f1 paso de
dió
el
viPjo
mayordomo que los tiempos felices
lit nube que refresca el mustio sembr1tdol Pues
en
que
la
veuta
del trigo pagaba al arcón de robien: y o traeré el agua
ble com,iderable tributo, habían pasado, y agopor canales, eea agua
que hoy se desperdicia taba todo su ingenio en probar que los arados de
y que es un tesoro que acero montados sobre ruedas, los mot ores de vanadie aprovecha. Des- por, las balas de algodón y otras patrailas que
pués haré venir má- traía en la cabeza el seilor Jorge, no valían Jo que
quinas y herramientas un s1:1co de trigo sembrado por un par de buPyes.
Svbre el ing.,t.iero muy especialmer. t e fu lminamodernas de agrlcul ban
10s rayos de su cólt,ra, 11quel ca bailen te que
tura y nuestros labriela pretensión de resol ver todo por númc1 os
gos sentados cómoda- tenía
y signos.
mente bajo quitasoles,
Un suceso vino á dar al traste con h escaea
guiando la pareja de
cordura
de Pliscu1:1l y á acrecentar sus odios.
caballos, no volverán
Cierta
m1.1nana en que el vifjo capataz prediá hollar la tierra calcaba
en
grupo
de trab, jadores contra las teorías
cin11da empuliando la
maLcera del tomo ara- descabelladas del amo, que acab11rian por 11rruido primitivo. Enton- nar á todos, presentós.e de improviso el i11!{euieces tendremos c11mpe- ro y dirigiéndu~e á P¿¡scual:
-Usted obrama1,senor mío, dijo, provocando
sinos fuertes, bien nuel
descontento y la desconfianza entre esta g ente.
tridos, inteligentes y
Yo
bien Eé que usted trabaja por su propia cuenlimpios, y el periódico
ta,
pue~to
que le será más d,ficil tr11g11r sacos de
y el cepillo de dientes
harán su aparición mi- algodón que de trigo; pero, amigo mío, h11 y que
lagrosa en la caba:lla! tener paciencia, al fin se agota la ub1 e. 01 eo que
ahora mf'jor ha1 fa usted explicando en 6U cAtedra
- ¡Bravo!-exclamó q?-e el nuevo prayecto significa prJsp ridad y
Ricoy-Ya me figuro bienestar para todos: trabajo moderado y bien
tu campo modelo sur- retribuido, casas higiénicas, venti11.1das y 11legres
cado por discos de ace- en vez de esos cubiles de paja que más parecen
ro y veo tus colonos, refugio de fieras que moradas de hombres civilipulcros y pe1 fumados, con las manos blancas y zadoe; escuelas para los bijos, y médico y botica
tersas, d iscutiendo en cultas y bi'3n parladas ra- Y hasta un capellán para que en la hora rnpr ema
zones sobre malvaceas y gramíneas.
suban libres de c ..dpa las almas de Orbaleja. En-Búrlate si quieres, repuso Jorge jovial, mas sene usted que la fuerza ciega, inconsciente, anino descodio áe CO'ltemplar tu pa~mo cuando mal, no alcanza nur.ca lo que logra el esfuerzo
0

)

�EL MUNDO.

98
racional y metódico; que no basta escarbar el seno de la madre tierra como los topos, y que esas
máquinas, ruedas y palancas hijas de esos números y signos de que usted abomina, ahorran fati gas y sudores sin cuenta y multiplican la producción del suelo.
El in¡reniero alej.5se dej,rndo APascual humillado v colérico. En su cerebro rudo de antiguo
soldado, bullían confui;as i deas de venganza. El
mayordomo, acostumbrado A ser oído allí como
un oráculo, sentíase herido en su amor propio, y
veía descubierta su rapacidad. Todo lo perdía,
fortuna y respetabilidad.
XI
Jorge dedicaba menos tiP.mpo á Marta, absorto en cálculos y trazos. Salía con frecuencia á
caballo acompafiando á Ri,:o y, y hasta hizo nuevos viajes A la ciuctad para conferenciar con su
padre.
Sin embargo Marta no parecía contrariada por
aquel desvío. Escuchaba con indiferencia las discusiones subre malvaceas, arenas y arcillas y
aceptabaellugar secundario á que había descendido.
Ya no tenía para Ju\iAn palabras duras ni burlas sangritntas; tratAbale, al parecer, con cierta
deferencia amistosa que no pasó inadvertida
para Jorge.
-Veo, le dijo éste un día, que el pobre JnliAn
h11. alcanzado misericordia. ¡Eree muy buena!
También Joliánhabía sufrido una metamorfosis.
Su pasión por Marta parecía extinguida; veíala A
todas horas, mas los arre batos, las tristezas, los
duelos de los primerod días había"l desaparE&gt;cido.
El mozo enfermo y neurótico entraba en una
nueva faz de existencia: la alegría .irradiaba en
sus ojos; sentíase ágil y fuerte, sediento de vida:
estaba curado. Ya no sufría aquelios arrebatos
contra Jorge, aceptaba :.u papel de servidor y
abdicaba su soberanía en manos del sefior legf.
timo. Sólo que ahora parecü esquivar la presencia de J orge, y cuando é.ste pronunciaba su nombre palid~cía y temblaba.
Pascual no acertaba A explicarse aquel cambio
inesperado, mas su pasmo subiódepunto, cuando
un día, al regresar del campo con su hijo, vió no
lejos, á Marta y áRicoy que del brazo se paseabau
solos engúlfados al parecer en sabrosisíma plática, á juzgar por la animación de los dos y las risas
alegres de la joven.
El viejo mostró á su hijo con un ademán la pareja, mas JuliAn ¡caso inaudito! conrormóse con
murmurar entre dientes:
-¡Bah!
Esto fué un rayo para Pascual; todo lo adivinaba: Jul:An despechado, herido al fin por las
burlas y desdenes de la joven, cedía el campo,
y el ingeniero, mAs hábil que su hijo, saltaba el
ageno cercado y á furto del duefio hincaba el
diente en aquella dulce y sabrosa poma. Estoera
bien claro. ¡Ah! ¡no podían fallar sus previsiones!
Mas ahora ya tenía su vengan za: su hijo humillado y vencido por aquella sefiora y veucido por
un mufl.eco de manos blancas y bigote rubio, tendría su desquite. Sobre los culpables velarían dos
0jos fijos y tenaces, y A su tiempo, en el instante
critico, é,, el mayordomo, el criado, el último, se
encargaría de alzar el telón para el drama.
XII
Los nuevos trabajos proseguían con acti vi•
dad, abríanse brechas y se limpiaba el terreno.
Jorge multiplicaba sus viajes, ya en busca de
obreros y herramientas, ya para informar á su
padre de los progresos de la empresa.
Durante estas ausencias Marta no parecía impaciente ni contrariada. Pascual ohservaba A la
j.:iven con una perseveranciq de gato; pesaba sus
sonrisas, acechaba sus pasos y espiaba sus miradas. Iba á la casa, en donde Ric0y residía también, con el objeto aparente de recibir órdenes
del ingeniero, mas en verdad A caza de algún indicio que confirmara sus sospechas.
Una tarde, vecina ya la noche, Pascual fué,
como siempre, en busca de Ricoy, mas halló cerrado el despacho del ingeniero. Jorge estaba
ausente y al mayordomo asaltóle la idea de pre•
sentarse de súbito en las ha hitaciones de Marta.
H allábanse en tinieblas; y a. próximo á la puerta
que daba entrada A la alcoba oyó risas y voc~s
contenidas; iba Pascual A penetrar en la estancia
resueltamente, cuando Marta, que sin du da ha•
bía oído sus pasos, sali0 presurosa á su encuen-

tro. El mayordomo, á pesar de la obscuridad que
reinaba, notó la turbación d e Marta.
- Sen.ora, dijo sin deseen cartarse, he venido
en busca del seilor Ricoy, mas no esté. en su des•
pacho y. . . . se me ocurrió .. . .
-.Aun no habré. regresado, repusu Marta, casi
trémula.
-En ese caso me retiro.
Y Pascual se marchó.
¡Ah! por fín tenía la certidumbre de aquella
intrigal Aun sin haber sorprendido aquel cuchicheo en la obscuridad del dormitorio, bastt ba el
azoramiento de la joven para delatarla. Tenía la
plena seguridad de que Ricoy se hallaba allí,
oculto tal vez tras las colgaduras del lecho, cuando él llegó ..... ¡Olll si el seflor Jorge apareciera de improviso una noche, sin que Badie se advirtiera de su llegada cr(yéndole en la ciudad,
es seguro que se verían cosas muy buenas!
Y el viejo reia á solas figurándose la sorpresa
de su amo y el espanto de los culpahles, mientras se dirigía á su casa satisfecho de ~u descubrimiento.
Entre tanto R icoy, ageno á las sospechas de
Pascual, regresaba tranquilamente del campo,
en donde aquel día un reconocimiento de nivel
habi8le detenido mAs tiempo del ordinario.
Marchaba á pie, solo, con la cabeza descubierta,
asp:ran do el perfume con que los campos saludan la noche, viendo surgir las estrellas como
chispas de oro, sobre el azul profundo y oyendo
el canto pausado de los grillos que callaban al
sentir el ruido de sus pasos.
XIII
Pasaron varios días.
Una mafiana en que Jorge, ya. de regreso, se
encontraba sentado en su deepacbo revisando
plan0s y apuntes, vió aparecer al mayordomo
que con cierto aire confuso le dijo:
-Seflor, deseo hablará solas con usted, ahora . .. ... si es posible, de un asunto tan reserva•
do, que he dudado mucho antes de resolverme á
este paso.
Jorge con mAs curiosidad que alarma, miró á
Pascual que permanecía de pie, indeciso y como
pesaroso.
-¿Qué pasa, pues? dijo. Suelta ese grave fardo
que te abroma .
- Es el caflo que estoy cierto de incurrir en el
enojo de mi am0 .... ,. Pero sien~c que mi seflor, el hijo de VultrAn, siga siendo el juguete de
sus amigos .. . .. .
-Habla claro, interrumpió Jorge con rudeza,
que entrevió de súbito la revelación que iba á
oír.
-¡Pues biPnl dijo Pascual, la seflorita Marta y
el cabdlero Ricoy se entienden .. . .
Jorge se puso densam:&gt;nte pAlido, mas, contra
lo que esperaba Pascual, mantúvose sereno.
-Es conveniente que sepas, dijo, que tus pa•
labras pueden traer serias consecuencias. Marta
no es mi esposa pero vive A mi lado, bajo mi techo, la amo, y por ella me he resignado á sepultar•
me en este destierro. En cuanto á León le conozco desde niño: pertenece á familia honorable, es
un completo caballero incapaz de faltar A la hospitalidad, al honor; incapaz, repito, de traicionarme. Recuerdo varios rasgos suyos que env:dio. Es un carácter. Si has juzgado de ligero,
guiado por apariencias ó por ex ceso de celo, reconoce tu error y te absolveré, mas si persistes ... . .. y te engallas, sabré castigarte.
-¡Tengo pruebas! ex clamó Pascual, y el seilor puede convencerse también fácilmente de
que sus . . . ... amigos saben aprovechar sus ausencias.
-Eso, en buen romance, quiere decir que
mientras yo me encuentro en la ciudad con mi
padre, Marta recibe á León .... ¿Eso dices?
-Casi estoy seguro, reapondió Pascual.
Jorge vaciló un momento, sintió que una ola
de fuego le cegaba, mas en breve se repuso y
prosiguió tranquilo casi.
-Pues no basta esa semiseguridad. Voy á
anunciar mi partida para esta tarde, y, por más
que me repugne el medio, vol veré A media noche y penetraré de improviso en esta casa. Quiero darte esta satisfacción .. .. .. á tí, que yo no
la necesito.
Pascual se inmutó.
,
- Deseo equivocarme, dijo, aun cuando sufra
el castigo.
- Tú me a compailarás. Recomiéndote el se•
creto.

Domingo 13 de Agost_o d~ 1899.
El mayordomo salió.
Entonces Jorge levantóse, echó llave A la puerta y se dejó caer sobre el sillón. JamAs ha bia
sospechado d~ Marta; la creía fiel y amant~. .Mas
ahora venían á su memoria multitud de peque•
tlos detalles á los que antes no dió importancia.
En ef¿cto. Marta no se apenaba ya por sus ausencias, le besaba friameote, con el pensamiento
muy distante, con la mirada vaga, vuelta hacia
adentr o, desligada de la suya .... . . ¡Ah! ¡no le
amaba ya!
Jorge que mieotras estuvo seguro de la posesión absoluta, exclusiva de su amada, llegó c11si
á olvidarla, ahora que se 1'~ iba, que sospechaba
de ella, sentía que su amor resucitaba, triunfan.
te, avasallador, incontrastable. ¡Sí, la amaba, la
adoraba, era suya, sólo suya, la disputaría con
su sangre! Recordaba sus noches ardientes de pasión, febriles, embriagadoras. La imagen de Marta aparecfasele núbil, desnuda, los labios sensuales y amorosos, los cabellos "áureos triunfill meote llevados sobre la gallarda cabeza, las carnes
blancas, tibias ..... .
¡Y otro hombre había bebido en a1uella á••fo.
ral otros ojos habían contemplado aquellas alburas! ¡otros labios habían desflorado aquellas gr11nael. . . .
¡No! ¡mentira! Si eso era imposible, mon truoso .. . . .. ¡Calumnia! ¡Calumnia!
Y Jorge arrojando al suelo, colérico, planos y
trazos de la futura Orbaleja, acariciados dur,.nte
tantos días, salió del aposento procurando reco•
brar la calma y se dirigió en busca de Mqrta.
La joven sentada en una chaisse-long~, contemplaba desde su balcón un punto fij" ,
Jorge cojióle la cabeza y la besó como en )os
primeros di1ts de su amor.
-Sabe, la dijo, que esta tarde me marcho; voy
á ver A mi padre.
Si en aquel momento Marta hubiera hecho el
menor esfuerzo para detenerle, Jorge habría renunciado A aquel.l a emboscada que repugnaba
á sucarActer leal; pero Marta se limitó á preguntar:
-¡.Volverás pronto?
Y Jorge creyó sorprender en la joven un estremecimiento de deseo, mientras sus ojos volvíanse á clavar en el árbol que sombreaba la
puert9, de Pascual.
Jorge siguió la línea de squel1a mirada. Bajo
el árbol, de pie, estaba un hombre.
Era Julián.
XIV
Cuando Pascual salió del despacho de J )rg•,
sintióse contrariado. Tal vez acabab'\ de cometer una torpe.:a; tenía mil indicios para sospechar de Marta y Ricoy, más ninguna prueba cla•
ra y precisa. Conjeturaba que viviendo los dos
amantes bajo el mismo techo, era natural que
aprovecharan las ausencias de Jorge para verse.
¿Mas si esto no sucedh aquella noche? ¿Si su
odio, su obsesión le habían hecho ver lo que en
realidad no existía? ¿Si todo al fío no pasaba
de un coqueteo inocente?
Pascual acabó por arrepentirse de veras de su
imprudente paso. No tenia más remedio que ape•
lar A la generosidad de Jorge que vería acaso en
su denuncia, como él mismo lo había dicbv, un
exceso de celo bien disculpable en un antig110 servidor.
Er ganchó el coéhe á la hora indicada y aguar•
dó A su amo.
Pocos momento11 después bajó Jorge acompa•
!lado de Leon.
- Con que te marchas, le dijo éste.
-Es preciso, pero regresaré muy pronto.
Jorge subió al coche y ordenó:
-¡Vamos!
.Al partir alzó los ojos al balcón. Esperaba aún
encontrar aquella cabeza ru"bia de otros días, in•
clinada, buscando su adiós.
Marta no estaba.
Entonces J orge, con el corazón o~·rimido re•
cordó la tarde en que por vez primera hablan
llegado A Orbaleja. ¡Con qué infantil alborozo
descubrieron en la llanura gris y escueta el blanco caserío!
¡Allí iban A vivir solos y felices ! ¡Qué frllail
es la dicha! Gozaba imaginando, mientras el co·
che rodab a por la polvosa carretera, que 1\farta
había muer to. Veíala muy blanca, muy pálida l.
la triste luz de los cirios e-e tarde brumosa, so·
bre alto l.:cho, con los ojos blandamente cerra·

uomtngo 13 de Agosto de 1899.

,dos, Ju manos en cruz y esparcidos los oros de
1 aa rubios cabellos ..... .
El sol iba ocultándose. En la llanura desierta
.apareció una manch11. con fosa de árboles queparecían suspendidos_ en Pl aire A 111. luz del crepús-eulo. Era la estación del ferrocarril; una simple parada de trenes.
Cuando los viajero11 lleg11.ron era de noche.
Las luces de sefia'les proyectaban sus rayos de
colores sobre las cintas de acero de la vía
-que ae prolongaban internándose en las tinieblas. El edificio de la estación alzaba su o bscura mole iluminada á trechos por la luz que se es-capaba por sus ventanas abiertas.
En las negruraP. del horizonte apareció un ojo
de fnego que crecia con asombrosa rapidez: era
un tren que se a cercaba.. Prolongado silbido que
devolvió el eco, turbó el silencio, y el monstruo
Jadeante surgió con su denso penacho de humo
como revueltas crines de dragón, salpicando de
brillante lluvfa de chispas el negro manto de la
noche,
Jorge descendió del vehículo. En aquel mo•
mento el tren llegaba, moderando su marcha. E!
Joven sintió impulsos de arrojarse bajo sus ruedas.
Jor~e penetró en la sala de espera y sentóse.
Había calculado que necesitaba. dejar trascurri:una hora antes de emprender el regreso A OrbaleJa.
¡Que larga ib'l á ser aquella espera! En pocas
horas; qué profnndu trastorno en su vida! Sufría
ia sensación de una caída inesperada, de un cho-que próximo y formidable, como si desprendido
de!ª barquilla de un globo y lanzado al vacío,
-divuara allá, en lo hondo de profunda cima la
roca erizada de aristas en que iría f .italmen~e A
-estrellarse.
Jor~e intentó sobreponerse A su dolor.
¡Cómo! él, educado en una grao capital, cono1'e~or de la inconstancia femenina, él que había
recibo y prodigado desengafl.os amorosos con esa
lige~eza fácil y de buen tono, amable y frívola, de
ilos Jóvenes calaveras y ricos, desesperábase como
un estudiante por la traición prevista de una muchacha vulgar! ¡Esto era ridículo! De tales aventuras, bien lo sabía él, era la infidelidad el desenJace obligado siempre. Se ha,bía dejado engafiar
por el candor de paloma de Marta. Era como todas: el recién llegado sería siempre el juguete
nu~v.o, p~eferido, de cascabeles de oro y colores
-de ma; mientras el antiguo, deslustrado sin brillo
tin misterios, como un Pierrot caduco,' se echa'.
ba al desván de los suetios, al olvido gastado y
~M~
,
Quíso entonces persuadirse á que lo que así le
atormentaba era el despecho por el ultraje recibido, no de la mujer, sino del camarada, del ami•

.go ..... .

Pero si esto era imposible! Cono~ía á León desde nifio; su r_ectitud, su honradez, su hidalguía
eran proverbiales; para un Ricoy la hospitalidad
era sagrado, como entre los antiguos patriarcas,
Y la amistad un culto ..... .
¡Pero entonces las afirmaciones terminantes de
Pucual, el desvío manifiesto de Marta su des-amor, ¿qué significaban?
'

EL MUNDO.

99

¿Qué tenebrosa verdad se revolvía en aquel
fondo negro, que en vano sondeaban sus ojos?

taciones del piso alto, Pascual se detuvo. Para
él sería mejor esperar el resultado á distancia, y
fué á sentarse en un ángulo del extenso patio so. .Éi -t~~~
bre un banco ele piedra.
cobrar su calma_. La noche tornábase pavorosa;
Jorge á medida que subía la escal~ra. recobranubes_ enor~es iban cubriendo el cielo y el relám- ba su aplomo; sereoóse casi. Después de todo se
pago 10term1tente incendiab11. el espacio.
había alarmado sin motivo. 11rras1rado por los re. Jorge trémulo, como si la tormenta próxima celos de un viejo idiota. ¡Qué locura!
vibrara en sus nervios, no esperó más. Volvió al
Cuando llegó al corredor; calJado y tranquilr,
coche y dijo á Pascual:
le pareció que ~odo babia sido un sue:llo. Estaba.
-¡Regresemos!
en su casa: Marta dormiría y su amigo, según su
XV
costumbre de velar largas horas, corregiría sus
cálculos sobre el plano de Orbaleja.
Habían llegado, La obscu-idAd era completa.
La noche ~eguía negra y tormentosa.
Jorge notó que su acom¡,11tian te, al abandoEl
olor de la tierra. humedecida prr las primena~ el coche, se echaba sobre el hombro su antiguo
ras gotas de lluvia llegaba en emanaciones penefn~ll de soldado que bttbfa traído oculto bajo el
trantes en 1tts ráfagas del viento. A la luz de los
asiento del pescante.
relAmp11gos surgian en la sombra los perfiles re-Será inutil, dijo.
motos de las montalias, mientras el trueno sordo
- ¡Quién lo sabe) repuso Pascual.
y constante retumbaba á lo lejos.
Cuaudo estuvieron frente á la. puerta principal
De súoito, por una de esas reaccio!les inexplide la casa, el mayordomo detuvo con u 11 i-.demAn
cables,
Jorge sintióse de nuevo acometido por
A Jorge que iba á llllmar.
la duda, y corriendo casi llegó á las habit11ciones de Marta.
.Ahora tenía la seguridad de su infortunio. Empujó una ouerta con violencia, cruzó la pieza,
Que servia de tocador Ala joven y penetró en el
dormitorio ..... .
Un grito de espanto resonó en la estancia.
-¡Es Jorge!
Jorge quedó inmóvil: era tras el vértigo de la
caída el anonadamiento del choque.
. Tuvo 1&gt;1. visión coofusr. y rl\pida en la obscurid11d de la alcoba, de un hombre que se lanzaba
d~l lecho, que se erguía, vacilaba y por fin derribAndole C!l.qi a l apartarle, ganaba la salid11..
Lll sorpresa del desastre paralizó por un mom&lt; nto sus energías.
Después precipitóse al alcance de aquel hombre; llegó al corredor, mas era tarde, el fugitivo
hab[&gt;1. desaparecido.
En aquel momento fulminó una detonación de
arma de fuego.
Jorge bajó la escalera á saltos y alcanzó en el
patio á Pascual que empufiaba aún su fusil.
-¡En dónde está! gritó.
-¡No lo sél exclamó Pascual agitado. Entreví
apenas al hombre que corría tratando de alcanzar la salida del postigo y disparé al bulto en la
obscuridad ... . .. ¡Creo que no acerté!
--¡Qué pasal-exclamó una voz, mientras la
luz de una lámpara suspendida en alto alcmbraba de improviso el negro fondo del patio.
Los dos hombres alzaron la cabeza sor- rendi~~
'
En lo alto de la escalera el ingeniero León Ricoy, de pie, con el asombro pintado en la fttz,
-Se alarmarían con nuestra llegada, dijo.-Las acabAba de aparecer.
Pascual como herido por una revelación súbitapias del corral son baj11s, puedo salvarlas y
ta, espantosa, abrió los ojos desmesurados, se
abrir el postigo pequefio que cierra por dentro.
Doblaron entonces el Angulo del edificio y avan- llevó las manos A la cabeza y tambaleándose como un loco, lanzóse en la dirección que había.
zaron un largo trecho palpando el maro.
De pr onto se detuvieron soq.. rendidos. El pos- llevado el fugitivo.
. Despué_s un grito formidable, sollozo, rugido,
tigo estaba abierto.
-Ha sido un descuido, dijo Pascual, una casua- imprecación, que salía de las sombras resonó en
la noche trágica.
'
lidad que nos ayuda.
-¡He matado á mi hijo!
-Entremos, repaso Jorge impaciente.
Al pié de la escalera que conducía á las babiURELA.

-h~bí¡ p~¿~d~; ·.;. ¡~ ·¡s~~~ió~ ~~¡;ió A-r~:
0

�Domingo 13 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

100

Dom1ngc 13 Agosto de 1899

portal de la casa Hermelingue, dela11te de una man-

LOS DIAi DE .ADVERSIDAD.

Todas las mal'ianas del afio, á las ocho en punto, en
una casa nueva y casi deshabitada de cierto barrio
de Paris, se ofan gritos, llamadas y estrepitosas risas
en el hueco de la escalera.
-Papá, no olvides la música que te he encargado.
-Papá, el estambre para bordar.....
-Papá, traenos rosquillas ....
Y la voz del padre llamando desde abajo:
- Zazá, bájame la cartera ..... .

- V aya, bueno; siempre
la estás olvidando...... .
Y era de ver el estrépito
con que subían y bajaban,
con las sel'iales del suel'io
en la cara y los cabellos en
desorden, unas cuantas nii'ias cuya algazara no cesaba hasta el momento en
que, inclinadassobre la barandilla, despedían ruidosamente á un anciano, limpio y bitm cuidado, cuya
silueta veían dE"saparecer
al final de la escalera.
E l Sr. Joyeusesemarchaba á su oficina. Entonces
todas aquellasml'ias subían
rápidamente basta el cuarto piso, y después de cerrar de golpe la puerta de
la habitación, se asomaban á 'Jna ventana para mirar
otra vez á su padre. El buen hombre se volvía de
cuando en cuando para verlas de nuevo, les enviaba
besos con la mano y las nlflas hacían lo mismo, hasta
que por fin la ventanasecerraba, y todo en aquella vivienda recuperaba su estado normal, con excepción de
los carteles y anuncios de las tiendas vecinas, á los
que el viento hacía dan~ar de un lado para otro, co~o
si ellos quisieran también tomar parte en la alegria
y la algazara de aquella casa.
Un momento después el Sr. Maianne, fotógrafo,
que ocupaba el quinto piso, bajaba para colocar en el
portal su muestrario, compuesto, como siempre, d~l
retrato del vecino del cuarto piso, rodeado de sus hijas, forD1ando diversos grupos; y después de estas escenas que se repiten diariamente, la calma se restablecí~ de repente hasta la noche, pareciendo que todo
aquel movimiento y aquella vida habían quedado encerrados bajo los cristales del muestrario, que contenía, sonrientes é im:~óviles, los retratos del padre
y de las hijas.
Desde la calle de San Fernando, hasta la casa de
banca He1•11.elinque é hijo, en donde estaba empleado,
el Sr. Joyeuse tenía por lo menos que andar durante
tres cuartos de h'.lra. Marchaba con la cabeza muy
erguida, como si temiera arrugar el hermoso lazo de
la corbata, hecho por sus hijas; y como la mayor de
ellas, siempre previsora y prudente, le_ levantab~ en
el momento de salir el cuello de la levita para evitar
que se constipara, aun con una temperatura de estufa, el Sr. Joyeuse no lo bajaba hasta llegar á su oficina.
Viudo hacía unos cuantos ai'ios, este buen hombre
no vivía más que para sus hijas, que eran su único
pensamiento, y se sentía feliz vién_dose r~deado por
aquellas cabecitas rubias que se agitaban s10 cesar en
su derredor como los ángeles en un cuadro de la
Asunción. Todos sus deseos; todos sus proyectos, se
relacionaban siempre con las hermosas nil'ias.
Como sucede siempre en las familias que han gozado de cierto bienestar pecuniario, Aliua, que era la
mayor, había sido educada en uno de los colegios de
París. Elisa estuvo también dos al'ios con su hermana, pero las dos má!I pequelias, nacidas demasiado
tarde y cuando los apuros entraron en la.casa, fueron
enviadas á uno de los colegios del barrio, en el
que poco aprendieron, teniendo, por lo tanto, que
completar á domicilio su educación. Y no era
cosa fácil en verdad, pues la más joven se reía de to-

do, rebosando salud y alegría; parPcía una alondra,
siempre en moviuiiento y huyendo á todas h?ias del
pupitre y de los libros, mientras que 1~ se:ñonta Enriqueta imbuida no se sabe cómo en ideas de grandeza, n~ gustaba mucho de estudiar. Est~ nili_a
de quince aflos, dotada de grandes facultades imaginativas, arreglaba su vida de antemano y declaraba
formalmente que se casaría con un joven aristócrat.a,
y que tendría tres hijos, un varon para conservar el
título, y dos amas pata vestir siempre ig~ales ... • • •
Si 1 eso es, decía la mamila, las vestirás iguales; pero mientras tanto, veamos si sabes lo que son participios:
La mamita era Aa11a.
-La !Jamábamos as1 cuando era pequeñita, decía
el Sr.Joyeuse, porque con su gorrita enca:ñonada y su
autoridad de hermana mayor, era tan razonable Y se
parecía tanto á su abuela, que se quedó con aquel
nomtre.
El buen viejo daba esta explicación con un tono
tal, que parecía la cosa más natural del ~undo que
ese nombre se diese á tan encantadora Juventud.
Y todos en la casa discurrían de igual modo que el
Sr. Joyeuse, pues hast.a la anciana criada llamaba
mamita á la joven, sin que ésta jamás se sintiese
molestada por ello, toda vez que la influencia de nombre tan venerable, añ-¡día á la ternura que la prodigaban, una deferencia alhagadora, dar:do al mismo
tiempo á su autoridad ideal cierto seductor realce.
Y de seguro que no se aburría. Su vida era una
continua ocup&lt;tción, que com~nzaba con el alba y
concluía hasta la noche; tenia qne alentar y sostener
á su padre, instruirá sus hermanas, ocuparse en todos los cuidados materiales de aquella casa, en la
que faltaba la madre, siendo infatigable siempre,
pero sin aparentar cansancio, cosa muy en armonía,
por cierto, con el egoísmo humano, que de este modo
se libra de todo reconocimiento y que, come contrario á todo sacrificio, apenas se deja vencer por la abnegación y el heroísmo.
.
No era la hija valerosa que trabaja para ahmentar
á sus padres, y que, corriendo desde por la mañana
hasta la noche dando lecciones, olvida en la a~itación
de su vida todos los sinsabores del hogar doméstico,
no; Alina comprendió que debía obrar de diferente
modo; cual abeja sedentaria, se aplicó á cuidar únicamente de su colmena, sin ocuparse para nada del
aire y de las flores. Llenaba mil funciones á un tiempo; modista, costurera, maestra de música, ~stltutriz y tenedora de libros, pues el sefior J oyeuse, rncapaz
de dirigir su casa, la dejaba la libre disposición de
los recursos.

'

Entre sus discípulas, la que más ocLipación le daba
era su hermana Elisa, que habiendo sido reprobada
tres veces en los exámenes de historia, se preparaba
de nuevo, •Y llena de desconfianza y de miedo, no
abandonaba el libro ni aun para comer. Pero no siendo ya una pequeñuela, sino antes bien, una joven muy
linda en verdad, no poseía la memoria mecánica de
la niñez, en la que las fechas y los acontecimientos se
graban para toda la vida. Entre mil preocupaciones,
la lección aprendida se olvidaba en un minuto, á pesar de la aparente aplicación de la alumna, que con

do ~einte veces por delante de una puerta sin entrar.
~ _s1 entraba era aguijoneado por el recuerdo de sus
-Siempre me sucede lo mismo, se dijo sonriendo h1¡as. Eeto sólo era suficiente para darle ánimo, hapasándose la mano por la frente, cubierta de su- ciéndole correr de un extremo á otro de Paris y lle1
der.
gar hasta Aubervilliers, á una gran fábrica donde le
Sentíase de buen humor por tan gratísimos pensa- hicieron ir tres días seguidos para no conseguir
mientos y por el suave ca~or que se advertía en las nada.
diversas piezas de las oficmas entarimadas, enreja¡Oh! Las largas carreras con las lluvias y las heladas y en las que se podían contar las monedas de das, las puertas que se cierran, el principal que ha
oro'sin que molestasen la vista, gracias á la escasa salido ó que está ocupado, las esperanzas perdidas, el
luz que babia en ellas por estar en piso bajo. El se- fastidio que se sufre aguardando en una antesala,
flor Joyeuse saludó alegremente á los demás emplea- les humillaciones reservadas para todo aquel que busdos se puso su saco de trabajo y su gorro de ter- ca tra.:,ajo, como si fuera una vergüenza carecer de
ciopelo negro. De repente SP. dejó oír un silbido, y el él, son cosas, en verdad, desesperantes, y el Sr. Jocajero, aplicando su oí?~ al tubo ~cústico oyó la voz yeuse experimentó todos estos sufrimientos, así cogruesa y pastosa del v1eJo Hermehngue, del mismísi- · mo el fenómeno de ver como las buenas voluntades
mo, del verdadero Hermelingue (el hijo estaba siem- se cansan y descorazonan ante la persistencia de la
pre ausente), que preguntaba por el sel'ior Joyeuse. mala suerte. Y estas an~ustias del hombre que bus¡Cómo! ¿Continuaba so:ñando? El buen h0mbre, en ca ocupación, se duplicaron para aquel pobre padre,
extremo conmovido, subió la escalerilla interior que cuya imaginación no tenía un instante de reposo.
comunicaba con el despacho del banquero, pieza esDurante todo un mes se pareció á una de esas figutrecha, muy alta de techo y amueblada cun enormes ras de movimiento que causan la alegría de los niños;
amones de cuero proporcionados á la espantosa gor- hablaba solo y gesticulaba andando por las calles,
dura &lt;!el jefe de la casa.
tropeziindo con -los transeuntes sin verlos siquiera;
Estaba allí, sentado delante de su pupitre, al que algunos se reían, pero otrGs se sentían llenos de piesu enorme vientre le impedía aproximarse; obeso, dad hacia aquel pobre anciano, poseído, sin duda, de
respirando con trabajo y tan amarillo que su faz re- una idea fija que le cegaba hasta el punto de no sadonda, con narlr. de ave de rapiña, parecía la de un ber- por dónde se andaba. Lo peor del caso era, que
buho gordo y enfermo á un tiempo, ó la de un mer- después de esas largas y crueles horas de fatiga,
cader moro, enmohecido por la humedad del patio en cuando el desdichado h ombre volvía á su casa, era
que tiene su hedionda mercancía. Debajo de sus pár- preciso que representara el papel de un empleado que
pados, que levantó con trabajo, su mirada brilló un regresa de su trabajo, que contara los acontecimienInstante cuando el cajero entró: le hizo señas para tos del día, las cosas que había oído á sus compañeque se acercase, y lenta y fríamente, con palabras ros de oficina; en fin, esas mil nimiedades que entreentrecortadas por la falta de aliento, en vez de «Sr. tenían la velada.
Joyeuse, ¿cuántas hijas tenéis?&gt; dijo:
En todas las casas y familias sencillas hay siem-Joyeuse, os habéis permitido censurar nuestras pre un nombre que se pronucia más á menudo que
1Utlmas operaciones en Túnez. Es !nútil que os los demás, que se invoca en los momentos aciagos,
disculpéis. Vuestras palabras han sido repetidas tex- que se me2.cla con todos los deseos, que alimenta totualmente, y como no me place ser censurado por mis das las esperanzas y hasta va unido á los juegos de
empleados, os advie1 to que desde fines de este mes los niños, quienes también se penetran de su impordejáis de formar parte de mi casa.
tancia; un nombre que representa el papel de segunUna oleada de sangre subió á la cara del desgra- da providencia, ó más bien dP. un Dios las que diridado cajero, que se fué, volvió y revolvió sin saber lo ge todo en la casa. Ese nombre es el del principal,
que hacía, pues su cerebro se llenaba de tumultuo- del director de una fábrica, del propietario, del mi808 pensamientos.
nistro, del hombre cualquiera que sea que úiene en
¡Sus hijas!
su mano poderosa la existencia y la felicidad del
¿Qué iba á ser de ellas?
hogar.
En la familia Joyeuse era Hermelingue, siempre
¡Las colocaciones son ta11 raras en esta época del
Hermelingue, el nombre que se pronunciaba veinte
afio!
La miseria se le representó en seguida, y se veces al día en la conversación de las nii'ias, quienes
veía ya desgraciado, cayendo á los piés de Her- le asociaban el! todos sus proyectos y hasta á los más
mellngue, suplicándole, amenazándole y hasta co- minuciosos detalles de sui, femeninas ambiciones. 1:Si
giéndole por la garganta en un acceso de dese1,pe- Hermelingue quisiera ...... Todo depende de Herración y de ira. Todas estas impresiones ;.asaron por melingue. &gt;
Nada era más encantador que la familiaridad que
su cara como el viento que riza las aguas de un lago,
dejando en él muchos abismos movibles, pero el po- usaban nuestras muchachas hablando de aquel ricabre viejo se quedó mudo, de pie en el mismo sitio, y chón á quien jamás habían vi1&gt;to.
PregunLaban por él ...... Si su padre l~ había hacuando oyó que su principal le decía que podía retiblado, si tenía buén humor. . . . . . ¡Y pensar que torarse, bajó tambaleándose á trabajar en su caja.
Por la noche, al volverá su casa, el sefior Joyeuse dos, por humildes y agobiados que nos veamos por
nada dijo á sus hijas. No se atrevió. La idea de el destino, tenemos en inferior esfP.ra á otros pobres
entristecer la radiante alegría que reinaba en su ho- seres más humildes y más agobiados aún, para los
gar, ver llenarse de lágrimas los lindos ojos de sus cuales somos grandes, somos dioses, y para quienes
queridas niñas le p:i.reció insufrible, y además su ca- aparecemos indiferentes, desdefio~os y crueles! ..... .
Pueden figurarse nuestros lectores el suplicio que
rácter tímido y débil le empujaba ádecirse: «Esperemos hasta maliana.&gt; Esperó, pues, para hablar, pri- sufría el buen señor Joyeuse, obligado á inventar
mero á que acabase el mes de Noviembre, halagán- episodios y anécdotas sob,e el miserable que le había
dose con la vana esperanza de que Hermelingue mu- despedido con tanta ferocidad después de diez afias
daría de parecer, como si no con0ciera la voluntad de leales servicios; sin embargo, representaba su
firme y tenaz de aquel ser, especie de molusco; y lue- pequeña comedia con tanta naturalidad, que engago, cuando cobró su sueldo y vió que otro cajero se ñaba á todos. Sus hijas no notaron más que una cosa,
sentó delante del alto pupitre que babfa ocupado tan- y es que, cuando vol vía á S'G casa por la noche, coto tiempo, palpó la realidad y se resignó, esperando mía siempre con gran apetito. ¡Era natural; desde
encontrar pronto otro empleo que le permitiera no que perdió su colocación el pobre hombre no almorzaba por la mañana!
tener que confesar su desgracia.
Los dfas pasaban, y el selior Joyeuse no encontraTodas laJ! mafianas fingía irse á la oficina, se dejaba arreglar como siemp1e, partía. llevando su gran ba nada, como no fuera una colocación en la Ca-ia Tecartera de piel debaj(l del brazo, conteniendo lo:, nu- rritorial, que rehusó porque, estando muy al corrienmerosos encargos ,que le hac:ían sus hijas, pero que . te de las operaciones de banca en general, y en partiolvidaba á propósito en su mayor parte, no porque cular de la mencionada Caja, prefería morirse de
le fal~se tiempo, pues pasábase todas las horas de hambre á entrar en una casa falaz, de la que tal vez
traba¡o recorriendo Paris, sino á causa del problemá- tuviera que examinar como perito los libros ante los
tico fin_ de mes. No dejaba de andar en busca de una Tribunales.
colocac1ón, y si bien le daban excelentes recomendaContinuó, pues, corr!endo; pero lleno de desalienciones, ese terrible mes de Diciembre tan frío, de to, no buscaba ya nada. Como para que sus hijas no
días tan cortos, lleno de preo1.mpaciones y de gastos, se enterasen de su desgracia t enía precisión de pai.ar
es el peor para colocarse, porque los empleados, y el día fuera de su casa, se paraba delante de los escatambién los jefes de oficinas, procuran concluir el parates ó se apoyaba en el pre~il de los puentes miano con t~anquilidad, dejando para Enero los cam- rando correr e l agua ó descargar las barcas en los
~08 Y meJoras que piensan introducir. Por todas par- muelles. Estaba ya clasificado en el número de desoe~ donde el señor Joyeuse se presentaba, adver- cupados que se encuentran en primera fila cuando sutfa cierta f rialdad desde el momento en que roanífes- cede algún percance en la calle, que se resguardan
taba el objeto de su visita.
.
de los chubascos debajo de los portales, que se acer-¡Hombrel ¿No estáis ya en casa de Hermelingue? can para calentarse á cualquier lumbre que ven huCó
¿ mo es eso?
mear en la vía pública ó se dejan caer en uno de los
El pobre anciano expl:caba la cosa lo mejor que boulevares al sentirse fatigados. 1Qué pesada se le
podía. Un capricho de su principal, de ese feroz ban- iba haciendo ya la vida! ....
ludelrto á quien todo París conocía; pero notaba mucha
Algunos días, no muchos, cuando el Sr. Joyeuse
n erencla y hasta cierta desconfianza en esta res- estaba por demás cansado ó el tiempo era demasiado
Puesta uniforme:
malo, esperaba en la es:¡uina á que sus niñas cerra..,T -Volved por aquí después de las fiestas de Afio sen la ventana, y volviendo á su casa arrimado á la
.1.,uevo.
pared, subía la escalera muy aprisa, pasaba, deteu!totímido por carácter, hubiera llegado hasta el niendo el aliento, por delante de la puerta de su
P
de no presentarse ya en ninguna parte, pasan- cuarto y se refugiaba en casa del fotógrafo Andrés

para, en la que se leía «Caja&gt; en letrus doradas.

Lf\ Ff\MILlf\ JOYBUSB.
los ojos fijos en el texto, Jc,s. rubios ri~os rozando laa.
páginas y su linda boca moviéndose srn cesar, repetía: «Luis, llamado el Testarudo, 1314- 1316.-Fellpe v, el Largo, 1316- 1:!21 .... 1322.. . . ¡Ah! mamita, estoy perdida. J~más lo sabré.&gt;
,
Entonces la mamita se acercaba, la ayudaba á fiJarsu espíritu y á conservar en su memoria algunas de
estas fechas de la Edad Media, dándole al mismo.
tiempo alientos y valor.
, .
.
y en los intervalos de aquellos mult1ples trabaJos.
y de una vigilancia general y constante, hallabasiempre tiempo para ejecutar muy lindas labores, sacando
de alguna canastilla un bonito encaje de crochet, ó
aJc-ún bordado en cafiamazo, pues aunque estuviese
hablando, nun;a se veían ociosas sus infatigables manos.
Mientras tanto, el padre de nuestras niilas iba i .
su oficina constantemente; pero influido por el cariño de sus preciosas hijitas, más que en las ocup~lo•
nes de caja, pensaba en ellas y formaba de contmuo.
miles de proyectos, relacionados todos con la futura.
prosperidad de sus adorados ángeles.
Su imaginación, siempre activa, le hacía divagar muchas veces, ddndo á su fisonomía una expresión calenturienta que hacía contraste con su correcta apariencia de empleado.
¡Y cómo caminaba su fantasía y crecían sus ilusiones!
Una mafiana, Labiendo dejado su casa á la hora y
en las circunstancias de costumbre, empezó, después.
de volver la esquina de la calle de San Fernando, á.
forjar una de sus frecuentes novelas íntimas. Seacercaba el fin del afio, y tal vez la vista de algún
puesto de esos que se improvisan en la vía pública,
le hizo pensar en el afio nuevo y en los aguinaldOll..
En seguida la palabra gratificaci6n se presentó á sa
espíritu, dando pá?ulo á sus quiméricas ilusiones.
En el mes de Diciembre, los empleados del ban•
quera Hermelingue recibían doble sueldo, y es cosa
sabida que en casa de los empleados, esto sirve debase para mil pre'lcupaciones másó menos ag,adables,
tales como regalos que hay que hacer, muebles qu&amp;
renovar, ó bien guardar alguna cantidad en el fondo.
del cajón para casos imprevistos. ,
El sefior Joyeuse, habiendo perdido una pequelia.
fortuna, no estaba sobrado de dinero, y aun cuando.
la mamita llevaba el timón de la casa con mucha cordura, no habían podido hacer ninguna economía. El
buen nombre se figuró que en el afio presente la gratificación había de ser mayo,·, á causa del aumentode trabajo que ocasionaba un empréstito tunecino,
que constituía un magnífico negocio para sus principales, y tan bueno, que nuestro cajero habíase permitido decir en la oficina que la casa Hermelingue 6híjo, habío. trasquilado demasiado á los turcos .. ..
- Sí; seguramente la gratificación será doble, pensaba el pobre hombre prosiguiendo su c.i.mino.
Y se figuraba ya estar, no obstante faltar todavía
un mes, subiendo con sus compalieros para la visita..
de año nuevo, la escalerilla que conducía al despacho
del banquerq; que éste les anunciaba la buena nueva,
y que luego le detenía á él para hablarle en particular, y no obstante ser habitualmente tan frío, se volvía a!ectuoso, paternal, hasta comunicativo, y l&amp;
preguntaba cuántas hijas tenía.
-Tengo tres .... no, me equivoco; cuatro, sefior
barón. Siempre me confundo. La mayor es tan razonable ....
-Querría también saber su edad.
-Alina tiene veinte años, señor barón. Es la ma•
yor . ... luego viene Elisa, que se prepara para s1J
examen, de dieciocho afias. . . Enriqv.eta cuenta ya
catorce, y Zazá doce.
Ese nombre de Zazá divertía mucho al señor barón, que quería conocer todos los recursos de aquella
interesante familia.
-No tenemos más que mi sueldo, sei'ior barón; no
contamos con otra cos:1.. Tenía algún dinero ahorra•
do; pero la enfermedad de mi muJer y los estudiosd&amp;
las nli'ias . ...
-Lo que ganáis no basta, mi buen Joyeuse ...
Aumento vuestro sueldo en mil pesetas mensuales.
-¡Oh, sefior barón! es demasiado.
Nuestro buen hombre, dijo estas últimas palabras.
en alta voz casi al oído de un guardia, que miró con
desconfianza á aquel hombrecillo que gesticulaba Y
hablaba solo; pero el pobre sofiador ne volvió á la
realidad, sino que continuó edificando sus casiiillo:1 eD
el aire, considerando cómo llegaba á su casa y anun•
ciaba á sus hijitas la feliz nueva, llevándolas después.
al teatro para festejar aquel dichoso día. ¡DloiJ mío,
y qué hermosas eran las selioritas Joyeuse, qué ra·
millete tan lozano formaban en la delantera de su,
pal0ol Luego, al día siguiente, le pedían las dos ma•
yores para casarse con.. . . Imposible le fué averl·
guar con quién, pues en aquel instante se halló en

e•

EL MUNDO.

101

•

Maranne que, estando al corriente de su infortunio,
le acogía con la compasión que todo desdichado siente para sus iguales El l::ir. Joyeuse permanecía muchas horas en el taller de su vecino, hablando en voz
baja, leyendo, ó mirando caer la lluvia encima de los
tejad:,s. Debajo de él oía á veces la risa de sus nifias,
la lección de música que daba la mamita, el tic-tac
del metrónomo, en una palabra, todos aquellos ruidos que le alegraban el corazón.
El cándido Maranne le distraía hablando de sus
esperanzas, pues trabajaba para el teatro y nadie en
la casa nueva dudaba del futuro éxito. La fotografía
prometía escasos beneficios, pues los clientes eran
muy pocos, y los que pasaban por la calle no iban
dispuestos á retratarse; pero el joven Audrés con los
inagotables recursos de su imaginación, explicaba sin
amargura la indiferencia del público, unas veces diciendo que la estación no era favorable, otras que todo el mundo se quejaba del mal estado de los negocios, y concluía siempre con estas consoladoras palabras:
- ¡Ah! Cuando consiga que pongan en escena mi
Revuelta!
Re1JUelta era. el título de una comedia suya, en 'l_Ue
trabajaba hacía seis meses de día y de noche, y que
le había hecho sufrir con paciencia los fríos del invierno, bien rudos por cierto. Allí, en su estrecho
taller, 1,e le aparecían tudas los personajes de su obra
y se creía transportado á la sala de un teatro lleno
de luz y con todo el lujo de las decoraciones; oía el
tum_ulto glorioso de su p_rimera representación, y la
lluvia que azotaba los cnstales, el viento que silbaba, las maderas de las ventanas pegando contra la
pared, se le figuraban los aplausos de los espectadores. Y no era sólo gloria y dinero lo que esperaba de
esa bienaventurada comedia, sino otra cosa rrlás preciosa aún, una coisa de la que no se atrevía á hablar
toda.vía al padre de familia, pero que mamita sabía
y la seliorita Elisa no Ignoraba.
'
Cierto día, durante la ausencia de Andrés, el sefior Joyeuse, estando solo en el taller, O.)'Ó dos golpecit?s dados en el techo del piso cuarto, dos golpes con
un mterval~ muy i!istl_ntos. La intimidad del fotógrafo
con ous vecrnos autorizaba aquellas comunicaciones·
ma~ ¿qué significaba? ¿Cómo responderá aquella es:
pec1e de llamada? Pero el cesante ~epitió los go,pes
al azar, y todo quedó después en silencio.
C_uando el fotógrafo volvió á su casa explicó á su
vec100 aquel hecho de la manera más 1,encilla, diciéndole que algunas v~ces, durante el día, las nii'ias, que
no veían nunca al Joven hasta la noche, se informaban de si tenía trabajo, y aquellos golpes querían decir: «:¿Cómo andan los negocios hoy?&gt; A lo que el
señor Joyeuse había contestado sin saberlo: «No del
todo mal.&gt;
Aun cuando Maranne se puso muy encarnado al
dar semejante explicación, el buen anciano lo -:.reyó
sin la menor duda; pero la idea de esas comunicaciones frecuentes entre las dos casas le diü miedo
en cuanto al secreto de Ru situación, y desde enton.
ces se abstuvo de lo que él llamaba «sus días artísticos.&gt;
De día en día sus angustias crecían pareciendo
ahogarle, porque el momento crítico se acercaba en
que no podría disimular más, pues el fin de mes llegaba juntamente con el fin de año.
Paris iba tomando ya su fisonomía característica
de las últimas semanas de Diciembre única fiesta
nacional que ha conservado hasta aho~a el respeto á
la conmemoración del Año N uevo.
Desde los primeros días de este mes una infinidad
de nii'ios se desbanda por toda la ciudad viéndose por
doquier carros llenos de tambores dor~dos, caballos
de madera y Juguetes de todas clases. En los barrios
industriosos, en todos los pisos de las casas de aquellos antiguos palacios del Marais, tan altos de techo

�_ Domingo l 3_Agosto de 1899

EL MUNDO.

DomlnJ¡'O 13 de Agosto de 1899.
EL MUNDO.
102
y con magestuosas puertas de dos hojas, es mucha. la
gente que se pasa las noches manejando gasas, flores
y lentejuelas; poniendo rótulos sobre bojas de papel

satinado y e@.COgiendo, marcando, embalando aquella
variedad de juguetes á los que París da el sello de su
eleJlancia.

Luego los ef;caparates se adornan; detrl\s de los
grandes cristales se admiran los doraCos adornos de
los libros de aguinaldos amontonados y brillando á
1a. luz del gas, las telas de colores variados y tentadores arregladas con arte por la!-'i llndi-1S jóvenes dependientes de los almacenes, mientras que otras, artísticamente peinadas y coquetamente ataviadas,
llenan saquitos con bombones, que caen dentro como
una lluvia de perlas.
Pero, enfrente de ese comercio burgués, resguardado detrrui de aquellos ricod e8caparates, se instala
la industria im¡,rovisada de esas barracas de tablas,
cuya doble fila da al boulevard el &amp;€pecto de un vasto campo de feria, y allí es donde se desarrolla el
verdadero Interés y la poesía de los ag-ulnaldos.
Por lo regular, el seilor Joyeuse formaba parte de
ese tropel de gente que circula por entre dichos puestos con dinero en los bolstllos y paquetes en las manos. Corría de un lado á otro en companfa de la mamita, buscando los regalos para las demás, y se detenta
delante de aquellos comerciantes de ocasión que se
conmueven en presencia de un comprador y que, no
teniendo costumbre de vender, creP.n realiz~r en unos
cuantos días ganancias extraordinarias. ¡ Y sun de
oír los coloquios y reflexio;.3es que se entablan entre
unos y otros!
Aquelailo ¡ay! nadasucederfa. El pobres~f'lor vagaba melancólicamente por la ciudad llena de regc.cijo,
más triste y descorazonado viendo la actividad que
le rodeaba, tropezando como todos los que impiden
la circulación de las gentes activas, y cun el corazón
lleno de una continua angustil.1., pues bacía algunos
días que en la mesa, mamita bacía alusionP:s significativas á propósito de los aguinaldos. Así es que el
anciano huía cuanto podía de encontrarse á solas con
ella, y la prohibió terminantemente que fuera á buscarle á la oficina. Pero, á pesar de todos sus esfuerzos se acercaba la hora fatal en que el mister~o se
haría Imposible y en que su pesado secreto stría descubierto.
Una noche la familia Joyeuse se hallaba reunida
en la salita, en que babia dos magníficos sillones, muchas labores de crochet, un plano, dos lámparas cár•
cel con sus pantallas verdes y un estante de figuritas
y caprichos de porcelana.
La verdadera famllla se balla entre los humildes.
Por economía no se encendía más que un ruego en
toda la casa y una sola luz, alrededor de la cual todos se agrupaban detrás de su antigua pantalla, que
representaba escenas nocturnas sembradas de puntos
luminosos que fueron otros anos la admiración y la
alegría de todas aquellas muchacbas en su niíiez.
Destacándose dulcemente entre las sombras de la
habitación cuatro cabezas jóvenes, rubias unas y morenas otras, que se tnc11naban sonrientes ó aplicadas
á su labor debajo de la luz, que parecía alimentar
la llama de sus miradas y acrecentar la brillantez
de su juventud debajo de sus tersas trentes; abrigándolas, preservándolas del frío que bacía fuera de
aquel santuario, de los fantasmas, de los engai.los,
de las miserias y de los terrores, de todo lo que hay
de siniestro, en fin, en una noche de invierno part.
siense en el fondo ,de un barrio desierto, ó poco menos.
Así reunida en una plececita en los altos de la casa deshabitada, en una atmósfera templada, én un
interior bien cuidado y confortable, la familia Jo-

...

algo cortado. El recién llegado explicó, sin embargo,
con mucho.claridad, el motivo de su visita. Iba recomendado por el anciano Passajon, amigo del senur
J oye use, para que éste le pusiera al corriente de hl
contabilidad, pues un conocido suyo estaba compro.
metido en un negocio en comandita, que no acertaba
á examinar. El jovenqueril\ servir ásu amigo enterl\11..
dose del empleo de los capitales y de la rectitud d•
las operaciones; pero era abogado, y por lo tanto se
hallaba poco al corriente de las operaciones financie..
ras, y, en consecuenc1a, deseaba preguntar al sellar
Joyem,e ¡;;f no podría, durante algunos meses, dirl~
tres ó cuatro lecciones á la i,emana
-Si, senor, si ...... murmmaba el infeliz, atur..
dido por tan inesperada suerte. Me encargo de pone.
ros perr.ectamente apto en pocos meses para quepodáis llevar dichas cuentas. ¡Adónde tengo que Ir ,
dar la lecclón1
-Aquí, si lo tenéis á bien, respondió el joven,
pues me conviene que nadie se entere de que meoou..
po en este trabajo. Solamente seotirfa mucbo que
cada vez que venga sucediera lo que esta noche, ea
decir, que todo el mundo huya cuando llegue yo.
En efecto, á las primeras frases pronunciadas por
el joven, las cuatrc mucbacbas habfan desaparecido,
charlando en voz baja, dejando vacía y triste la salita,
tan alegre antes.
Siempre muy desconfist.do cuando se trataba de 808
bijas, el buen padre contestó que sus nli'ias ten(an
por costumbre recogerse temprano, y esto rué dicho
con un tono tal, q ne signi flcaba claramente: cOs ruego que hablemos de nuestras lecciones.&gt; Y se trató
entonces de los días y de las horas útiles de la DO•
yeusE. parecía vivir en un nido en la cima de un árbol cbe.
En cuantoá.lascondiciones, el anciano las dejaba,
muy elevado. Se cosfa, se lt'fa y se conversaba. Los la decisión del alumno.
únicos ruidos que se oian eran el chisporroteo de la
El joven fijó una cantidad.
Jei'ia en la chimenea, ó alguna exclamación del paEl senor Juyeuse se puso muy encarnado; aquella
dre, algo retirado del círculo y como perdido en la suma era lo que ganaba en casa del senor Hermesombra ocultando su ansiedad. Se figuraba que, hallándose ya ea la nec~idad absoluta de confesará sus llngue.
-¡Oh! no, exclamó; es demasiado.
bijas su apurada situación, aqueJla noche, ó á más
Pero el joven no le oía ya; buscaba un medio, abría
tardar al día siguiente, la Provldenc!a le enviaría un la boca para hablar y se detenía como si tu viera que
socorro inesperado. Es fácil, se decia, que Herme- decir algo muy ditfcil de pronunciar, y, por fin, de
língue, a.rrepeotido, me mande, como á todos los que pronto, alargándole la mano:
han trabajado en el empréstito tunecino, su gratifi-He aquí, dijo, el primer mes de vuestros hono•
cación de Diciembre. 8erá un elegante lacayo quien
rarios.
la traiga y diga: e De parte del señor barón.&gt; Como
-Pero, caballero ..... .
el Infeliz soflador dijo estas palabras en alta voz, las
Mas el discípulo insistió diciendo que no tenl a el
lindas caras de sus otila,, se volvieron riendo hacia honor de ser conocido, y que, por consiguiente, er,
él, y el desgraciado vol vló de pronto á la realidad.
justo que pagase adelantado. El señor Joyeuse co w1Ohl 1Cu1n pesaroso estaba de no baberlo conlesado prendtó que Passajon había enterado al joven de
antes, pues tenía ahora que destruir de repente la su precaria situación, y dijo á media voz y muy contranquilidad que reinaba á su alredepor, encontrán..
dose sin fuerzas para conservar y para defender la fe- movido:
-¡Gracias, oh, mil gracias!
licidad de su lamillal Y delante del lindo grupo tan
Ya tenía para vi vlr algunos meses, y con tiempo
alegre y seductor, se veía acosado por remordimien- para buscar un nuevo empleo, sus hijitas no carecetos tan punzantes para su alma débil, que su secreto rían de nada y podría comprarles los tandeseadosagul·
. iba á escapársele, cuando un campaniJlazo, nada qui¡Ob Providencial
mérico, hizo estremecer á todos y detuvo el secreto, caldos.
-Pues bien; hasta el miércoles, sei'ior Joyeuse.
pronto á ser divulgado.
-l rasta el miércoles, señor ... •. . .
¿Quién podía llegará tales horas? Vivían tan ais-De Géry. Pablo de Géry.
lados desde la muerte de la madre, que no visitaban
Y ambos se separaron, encantados, deslumbrados,
á nadie. Cuando Andrés Marenne venía á pasar un
uno por la Inesperada aparición de aquel sal'\"f:Ldor,
rato en su compafiia, llamaba familiarmente con la el
el
e~ro
el admira.ble cuadro, que apenas había tnmano, como aquellos para quienes la pu~rtaestái;;iem- t~ensto,porformado
por toda aquella juventud te mepre abierta. On profundo silencio reinó en la salita moa agrupa.da alrededor
mesa cubierta de llmientras que en la puerta del cuarW se oia una ani- bros1 cuadernos, madejas,dey la
que tenía tal aire de pu•
mada convesaclón, y por fin la anch,na criarla hizo
entrar á un joven completamente desconocido, que reza y de honradez 1 que bacfa. desear \'ivlr en aqutl
se detuvo admirado en la puerta, delante del lindo tranquilo hogar.
ALFONSO DA UDET.
cuadro que formaban las uiñas alredE':dor de la mesa,
lo que fué causa de que se presentara con timidez y

;~,"
- -=-.....:...

-.-

-.-·::::~½::'

--·

EN EL PARQUE.

�Domingo 13 de Agosto de 1899.

=

EL MUNDO.

104

Domingo 13 de Agosto de 1899.

Las ejecuciones recientes me traen á. la memo•
ria !a siguiente hii.toria:
.
Aquella noche, 5 de Junio de 1864. á las siete,
el Doctor Edmond Desiré Couty de La Pomm?·
rais, recientement~ trasladado de l_a C.:.nsergen~
á la Roquette, estaba sentado, meudo en la cam1•
sa de fuerza en la celda de los condenados á
muerte.
.
..
ªl
Taciturno, con los OJOS fiJos, se acodaba e~l ~
reFpaldo de su ~illa; una bujía sobre la mesa i U·
ml·oaba la pali'dez de su rostro frío. A dos pasos

.

un guardián, de pie, pegado al muro, lo observa•
ba con los brazos cruzados.
.
Ordinariamente los prisionerose_on obhgados á
un trabajo cotidiano, de cuvo salar10_descuent~ el
administrador desde luego, el precio del ataud,
que no le _sumini~tra: Sólo l?s condenados á.
muerte no tienen mrgun trab··JO.
.
El prisionero esta b ~ i~pasible, no se leia en
su mirada ni esperenza m temvr,
.
Treinta y cuatro ailos, moren~, de med_iana
estatura, las sienes canosas, la mirada ne~v1osa,
semivelada, frente de razonador, 1~ voz f~rme Y
breve, las manos sa.turnianas, la f1sonomia nor1 d e las gentes estrechamente correctas, las
ma
maneras de una distinción estud'iad a¡ asi. era co•
mv aparecía.
(Se recuerda que en las sesiones e.el Sena, no
habiendo podido borrar el d~fensor.-~. _Lacbaud-de la concienci:l de los Jurados, e, ~nple
t fecto producido por los del:&gt;at~s! la~ conclusiones
del Doctor Mardieu y la reqms~toria de ~ - Osallée M. de La Pommerais, co11venc1do de
car de •V
'
f.
'd
haber administrado, con un m _to_rci. o Y con
premeditación, dosis mortales dedlgitalma á u~a
seilora amiga suya-la seilora d~ P~mo, babia
oído pronunciar contra él, en aplicación de los
arts. 301 y 302 dt,l Código Penal, la pena de
muerte).
. •
b
·
Aquella noche, como de Jum_o, ign~ra a aun
la negación del recurso de casación,. as1 c~~o la
repulsa de toda audiencia ~e gracia solicitada
or sus parientes. Apenas si su dtfensor, má.s fe·
iiz había sido escuchado distraídamente por el
E~perador. El venerable abate Cr~ze~, que an•
tes de cada ejecución, agotaba sus suplicas en las
Tullerías había vuelto sin respuesta. Conmutar
la pena de muerte en semejantes casos, ¿n_o era
aomo abolirla? ¿El easo era eje~plar? Habien_d?
sido rechazado e! recurso y debiendo se~ not1fi.
cadodeun momento á otro, el Sr, Hendre1ch acabRba de ser requerido para q11e entregara al condenado el 9 á. las cinco de la mailana.
.
Súbitamente un ruido de culatas de fusil sonó
sobre las baldosas del corredor; la ~erra.dura re•
chinó pesadamente, la puerta se abnó, las bayo-

~-ªº ,

*
**
Velpeau aquel año entraba en
los sesenta. En el apogeo de su renombre, heredero del sillón de Larrey en el Instituto, primer Profe•
sor de clínica de París, y por ous
obras todas de un rigor de de•
ducción tan preciso, una de ~as
lumbreras de la ciencia patológica
alltual, el ameritado práctico s~ im•
ponía ya como una de las emmen•
cias del siglo.
Dspués de un frio. momento de
silencie-.
- Sefl.or, dijo, entre médicos. se
debe evitar inútiles condolencias.
Por otra parte, una afección de la
próstata (dela qu e seguramente debo morir dentro de dos ailos ó dos
y medio) me coloca también con a_l.
gunos meses de plazo entre el DU·
mero de los condenados á muerte.
A los hechos pues, y sin preámbul~s..
. .
-Entonces, según vos, doctor, m1 situaciónJU·
dicial es .... desesperante?
-Eso se cree, respondió sencillamente Velpeau.
-¿Se ha fijado mi hora?
-Lo ignoro, pero como na_da se ha convenido
Púo á vuestro respecto, podéis seguramente contar con algunos días.
La Pommerais pasó sobre su frente fría la
manga de su camisa de fuerza.
_ Sea estaré dispuesto. Lo estaba ya, y lo
' será lo meJor.
.
má.s pronto
-NO habiendo sido rechazado vuestro recura~,
por ahora al menos, repuso Velpeau, la pro~o.sición que os voy á hacer no es má.s q~e co~d1c10 ·
nal. Si tenéis buena suerte, tanto meJor. Si no ....
El gran cirujano se detuvo.
-¿Si no? pregu ntó la Pommerais.
Velpeau, sin responc.er,
sacó de su bolsa un pequefto estuche, lo abrió, sacó
la lanceta, y rasgando la
camisola en el puilo izquierdo apoyó el corte en
el pulso del condenado,
-Seftor de La Pomme•
rais &lt;lijo, vuestro pulso me
rev;la una sangre fría , una
firmeza rara. La diligencia
que cumplo cerca de vos (y
que debe man~enerse secre•
ta ) tiene por º?j~to una especie de ofrecimiento qu~,
aunque dirigido á. un médico de vuestra energía, á un
espíritu templado en las
convicciones positivas de
nuestra ciencia, y desprovisto de todo temor fantá.stico de
muerte, p~dría parecer de una extravagancia y una _decisión criminales. P&amp;o creo que sabemos quiénes
somos y espero que lo toméis e? consi~eración
por extrall.o que os parezca á. primera vista.

!ª

hoque como la simple lesión de las vértebras
c 8 pr~du~e la insensibilidad atéxicq¡ y luego,
separ11ción misma de la cabeza, la cisión de
espina dorsal, la interrupción de las relaciones
orgénicas entre el corazón Y_ el_ eerebro, no bastaría A paraJizqr en lo más mtlmo del ser huml\no toda sensación, aun vaga, ~e dolor? Impoi¡ible, inadmisible, y vos lo sabéis tanto como yo.
-Lo espero al menos más que vos, seftor, respondió La Pommerl\i~. ~ero, n_o es en realidad un
gr11nde y rápido sufrimiento fJSico (apen.1s concebible en el desarrollo sensorial y velozmente
abogado por la invt1sora ascendencia de la muer•
te) no es eso, digo, lo que temo, sino otra cosa.
-Tratad de formularlo, dijo Velpeau.
-Escuchad, murmuró La Pommerais, después
de un silencio; en di-finitiva los óreanos de la
memoria y de la voluntad (si están circunseritos
en el hombre en los mismcs lóbulos que hemos
comprobado en ...... el perro, por ejemplo,) esto!' órganos, digo, son respetados por el paso del
cuebillo.
Hemos rechazado ya demasiado equívocos
precedentes, tan inquietantes como incompren&amp;ibles para que me deje persuadir tan fácilmente
de Ja inconsciencia de un decapitado. Según las
leyendas, ¿cuántas cabezas, in terpelad11s, han
vnello su mirada hacia quien las interpelaba?
¡,memoria de los nervios? ¿movimientos reflejbs?
Vanas pnla bras.
¿Ot acordáis de la c11 beza de aquel marinero
qu6 en la clítica de Brest, nna hora y cuarto
de,pués de la degollación, cortaba en dos. con
un movimiento de mandíbulas-tal vez voluntario-un lápiz colocado entre ellas? Para no escoger més que este ejemplo, entre mil, la cuestión
&amp;Prfa aquí saber si es ó no el yo de este hombre
el que después de la cesl\ción dfl la hematosis
impresionó los músculos de su c11bflz11. exangüe.
-El yo está en el conjunto, dijo Velpeau.
-La médula espinal es la prolongación del cerebelo, respondió La Pommer11is, y siendo 11sí,
¿dónde está el conjunto sensitivo? ¿Quién podrá
revelarlo? Antes de ocho días, ciertamente yo lo
h•bré aprendido . . . . y olvidado.
-De vos d epende tal vez que la humanidad
sepa la verliad sobre el caso, respondió lenta•
mente Velpeau. los ojos sobre los ojos de su in•
terlocutor .... Y hablemos francamente, á. esto
,18 1\ lo qu11 he venido.
• He sido enviado ante vos, por una comisión de
nuestros més eminentes colegas de la Facultad de
P11rís, y mirad mi pase del Emperador. Contiene
podtrts suficientementó extens-:&gt;s para prorrogar
en caso ni:cesario la orden misma de vuestra ejee11eión.
-Explicaos, porque no os comprendo, respondió La Pommerais turbado.
-Sellor de Li Pommerais, en nombre de la
Cieneill 4ue nos es tan cara y que no cuenta ya
entr11 nosotros con mértires magnénimos, vengo,
(en l!i hipó:esis, p1ir1t mí más que dudosa, de que
f11er!l praetic¡¡ ble alguna experiencia convenida
entre nosotroP) á recl,1m11r de todo vuestro ser
la mayor suma de energía y de intrepidez que
Be pneda esperar de la especie humana. Si vuest~o recurso de gracia es rechazado, encontr1uéis,
siendo médico, un asunto interesante en esta su•
prema operación. Vuestro concurso, sería pues
1neatimable en una tentativa de comunicación,
aquí. Ciertamente, por grande que sea nuestra
buena vol.untad, todo parece afirmar de antemano el resultado negativo; pero en f in, con vos,
(siempre en la hipótesis de que esta experiencia
Do sea absurda en principio) ofrece und probabilidad sobre diez mil de derramar una luz milagrosa, por decirlo así, en la Fisiología moderna, La ocasión, pues, debe aprovech, rse desde
l11ego,_ y en el caso de un signo de inteligencia
Victoriosamente cambiado des pué¡ de la ejecución, dejaríais un nombre cuya gloria científica
borraría para siempre el recuerdo de vuestra fal-

q:fa

E,L, SEORETO DEL Of\Df\L,80.
net11s brillaban en la penumbra y el Dire~ter de
la Roquette, el sefl.or Beauques~e_, apareció sobre
el umbral acompailado de un visitante
El sellor de La Pommerais, levantando la ca?~·
za, reconoció á. la primer ojeada, en aquel visi·
tante al cirujano Armand Velpeau. .
.
A una seilal desapareció el guardiá.n Y retirado
á su vez el seil,r Beauquesne. después de una
da resent11ción, los dos colegas queda.ro~ de
mu t p los de pie en frente uno de otro y vién·
pron
nose f1Jamente.
.
·1
.
eña·
La Pommerais, en s1 encio, s
·
ló al Doctor su propia silla Y en se•
guida fué á sentarse en ese cam~s\
tro donde los que llegan á. dormir•
se sondespertados á la vida en ID?·
dio de un sobresalto. Como se._v?1 ª
apenas se aproximo el gran cll_mco
al enfermo para observarlo meJory
poder piaticar en voz baja.

EL MUNDO.

73

- Contad con toda mi atención, seilor, respondió La Pommerais. .
.
l
,
.
. de Jgnorar, repui.o Ve peau, que
-Estéis 1eJOS
•
d la r
de las más interesantes cuesu_ones ~
I•
u_na .
d rna es saber si persiste algun dess10logia mo e .
de r eflexión de sensibilidad
tello de ml emorbirao, del hombre después de la sec,
real en e cere
ción de la cabeza.
d
A esta salida inesperada el condena o se estremeció, pero luego, repor1ándose:
.
-Cuando entrasteis, doctor, respondió, estaba.
·ustamente muy preocupado
este problema,
~oblemente interesante para mi por _otra Pª:te~
-¿Está.is al corriente de los trabaJos escr~tos
sobre estB cuestión, desde los de Soenumermg,
Sire, Sedillot y Bechat, hasta loll modernos?
-Y hasta he asistido á una de vues~ras_ ~átedras de disección de los restos dfl ur: ~Justlc~ado.
-Ah! A los hechos entonce~. ¿Te~é~s ~ociones
exactas, desde el punto de vista qmrurg1co, sobre la guillotina?
La Porumerais, viendo fijamente á Velpet u►
respondió fria.mente:
-No, seftor.
-Yo he estudiado hoy escrupulosamentP. el
aparato, continuó sin inmutarse el ~octor VelpeAu y doy testimcnio de que es un mstrumento
perfecto.
Obrando á la vez el puilal-cuchillo como r.u.fta,
como hoz y como masa, corta en bisel el c uP-11~
del paciente en un tercio de segundo. E l decapi•
tado bajo el choque de este ¡?olpe fulgurante no
puede pues sentir ningún dolor, como no lo ex•
perimenta el soldado cuando en el campo de batalla le arranca un l'razo .la bala de caftón. La
sensación por falta de tiempo es nula y obscura.
Quizá baya dolor: quedan dos llagas v iva~.
¿No es Julia• Fontenelle la que. dando sus moll•
vos, pregunta si esta misma velocida_d n~ tiene
consecuenciBs más dolorosas que la eJecución con
sable ó con hacha?
- Berard bastó para desprestigiar esta ilusión,
respondió Velpeau.
Para mí ten go la convicción basada en cien
experiencias y en mis observaciones particula,
res que la seceión instantán_ea . d~ la cabeza pro•
duce inmediatamente en el mdividuo el desvane•
cimiento anestésico más absoluto.
El solo síncope provocado por la pérdida d&amp;
los cuatro ó ciuco litros de sangre que salen de
los vasos (Y frecuentemente con una proyección
circular de un metro de diámetro) bastaría para.
serenará l os más tímidos á. este respecto.
En cuanto á los sobresaltos inconscientes
de la máquina carnal, súbitamente detenid a en
su procesus no constituyen un indicio de sufri•
miento, como la agitación de una pierna cortada, por ejemplo, cuyos músculos y nervios Eecontraen pero por la que no se sufre. Digo que
aquí la fiebre nervio,;a de la incertidumbre, la
solemnidad de los preparativos fatales y el sobresalto del despertar matinal son lo más efecti•

Pº:

"---- ...

)

vo del pretendido sufrimiento. No pudiendo serla amputación m!ls que imperceptible, el dolorreal no puede ser má.s que imaginario. ¡Bah! un
golpe así sobre la cabeza no solamente no se sier•
te sino que no deja ninguna conciencia de 1 u.

,.

105

cuchillo yo estaré allí, yo, de pie, frente á vos,
contra la máquina. Tan velozmente como sea
posible vuestra cabeza pasará de manos del verdugo A las mías. Y entonces, no pudiendo ser seria y concluyente la experiencia sino en razón de
su misma sencillez, úS gritaré muy distintamen•
te al oído: Seilor Conty de La Pommerais, en recuerdo de nuestro pacto durante la vida, podéis
en este momento bajar tres veces consecutivas el
párpado de vuestro ojo derecho, manteniendo
abierto el izquierdo. Si en este momento, cualesquiera que sean las demás contracciones fdcia- ·
les, podéis por estos tres parpadeos indi~arme que
me habéis oído y con;prendido y probérmelo im_p resionando así por un acto de memoria y de voluntad permanente vuestro músculo parpebral,
vuestro nervio gomático y ,uestra conjuntiva,
domina.ando así todo el horror, todo el impulso
de las otras impresiones de vuestro ser, este he cho será. bastante á iluminará la ciencia y revolucionar nuestras convicciones. Y yo sabré, no lo
dudéis, notificulo de tal modo, que en el por•
venir vuestra memoria no sea la de un criminal
sino la de un héroe.
A estas insólitas palabras, el seftor de La Pommerais pareció presa de una. emoción tan profunda, que, con las pupilas dilatadas y fijas dobre el
cirujano, permaneció durante un minuto silencioso y como petrificado. Despué3, sin decir pala•
bra, se levantó, dió algunos pasos, pensativo, y
luego sacudiendo tristemente la cabeza:
-La horrible violencia del golpe ·me quitará.
teda conciencia. Realizar esto, me parece un hecho fuera de todo querer, de todo esfuerzo humano. dijo. Se sabe, por otra parte, que las pro•
babilidade11 de vitalidad:no son iguales para to•los
los guillotinados. Sin embargo, volved, !'efior,
la mafl.lrna de la ejecución. Os responderé si me
presto ó no á. esta tentativa, á la vez espantosa,
· rebelde é ilusoria, si no cuento con vuestra discreción, no es cierto que dejaréis sangrar mi cabeza tranquilamente en la. bandija da estailo que
la recibirá?
-Hastl\ la vista, pues, seilor de La Pommerais, dijo Velpeaulevantándose también. Rdlexiont1d,
Los dos se saludaron.
Un instante despué.,, el doctor Velpeau abandonaba la celda¡ el guardián entraba y el condenado se tendía, resignado, en su lecho de campo
para dormir ó sollar.

Cuatro días des¡més, á las cinc,., y media de la
mafl.aoa, el seilor Beauquerne, el abate Crozes, el
seilor Claudio y el seilor Potier, escribano de la
corte imperial, entraban en la celda. Despertado
el seftor de La Pommerais con la nuevB de la hora
fatal, se levantó muy pálido, y se vistió rii pida.mente. Despuéil conversó diez minutos con el
ab11te Crozes, cuyas visitas habfa acogido muy
bien (se sabe que el santo sacerdotti estaba dotado de esa unción de vidente que hace dulce la
última hora) y mego, viendo llegar al doctor Vel-

Allá, detrásdelos árboles, se oían los vagos rumores de la multitud, enervada por la vlg11ia Sobre los techos de las tabernas y en las ventana¡¡
se asomaban en compaflía de tristes vestidos negros, algunas cortesanas lívidas, ajadas, cubiertas por sedería&amp; vistosas, teriendo aún en la mano
una botella de champ11gne. En el aire matinb l V.J·
laban las golondrinas.
Sola, llenando el espacio y limitando el cielo,
la guíllotina parecía prolorgar sobre el horizonte la sombra de sus dos brazos levantados, en tre
los que allá, muy !ejes, en el 1;1znl del a!ba, se veía
cintilar la última estrella.
A este aspecto funerario el condenadc se ex•
tremeció, pero luego avaPzó resueltamente. Subió los escalones. Ya el cuchillo triangular brillaba sobre el negro bastidor, velando la estrellB.
Ante la plancha fatal. después dt l crucifijo be-ó
un bucle de sus propios cabellos levantado durante la toilette por el abat~ Crozes que le tocó
con él los labios: Por ella, dijo.
Las siluetas de los cinco personajes se des ta ban
sobre el cadalso: el silencio. en este instante se
hizo tan profundo que el ruido de una rama quebrada á. lo l&lt;jos bajo el peso de un curioso, llt'gó
con el grito y algunas vagas y pérfidas ris!ls, hasta el grupo trá.g-ico. Entonces como sona rn la
hora cuyo úl1imo toque no debía cír el seflor de
La Pommerais vió frente á. él á un extr11ilo experimentadcr que con una mano sobre la p lata·
forma lo veía. Se recogió un segundo y cerró los
ojos.
Bruscamente foneionó la. báscula, se abatió la
argolla, cedió el botón y pa, ó el relámpago del
cuchillo. Un cheque terrible sacudió la pli,t8fJrma; los cabellcs se enea britaron al olur m ·~ gnético de la sangre y el eco del ruido vibraba 11ún
cuando la cabeza ensangrentada de la v ictima
palpitaba ya en las manos impabibles dt1l cirujano
de París, enroj~ciendole los dedos, las mangas
y los vestidos.
Era una cabeza sombría, horriblemente b!aoca,
de ojos abiertos y como distraídos, de cejas torcidas y rictus cri ipad0¡ los dientes castailetea bao ¡
la barba había üdo iuteresada en la extrem i dad
del maxilar inferior.
·
Velpeau se inclinó rápidamente sobre aquella
cabeza, y artieuló en la oreja izquierda la pregunta convenida. Por sereno que fuera este hombre el resultado le hizo temblar con una especie
de terror frío: el pá1-pado del ojo clerecho se ce1·ró;
el ojo izquiei·do abierto, lo miraba.
-En nombre de Dios mismo y de nuestro ¡e~,
dos veces más ese aigno, gritó algo extraviado.
Las pestaftas se separaron como por un e,fuerzo interno, pero el párpado no se levantó ya. El
· rostro de !!egundo en segundo se hacía rígido,
frío, inmóvil. Todo había terminado.

pea111

-He trabajado, dijo. Ved.
Y durante la lectura de la sentencia, mantuvo
cerrado su párpado derecho, mirando fijamente
al cirujano con el ojo izquierdo.
Velpeau se inclinó profundamente, y luego
volviéudose hacia el seftor Hendreich, q1:1e entraba con sus auxiliares, cambió violentamente con
el verdugo un signo de inteligencia.
La toilette fué rápida: se observó que el fenómeno de los eabellos que se emblanqueeen bajo
las tijeras, no se produjo. Una carta de despedida de su mujer leída en voz baja por el sacerdo.
te mt•jó sus ojos con lágrimas, que el abate
enjugó piadosamente con el pedazo levantado del
escote de la camisa. Una vez de pie, y echada la
levita scbre sus espaldas, se aflojaron las cadeta social.
nas en sus pollos. Despué3 rehusó el vaso de
-¡Ahl murmuró La Pommerais lív ifo, pe- 1Jguardiente y la escolta se puso en marcha en el
ro C&gt;n una sonrisa resuelta, 1ahl comienzo á corredor. Al llegar al portal, y encontrando á
eomprend11r. De hecho, los suplicios han revela - su colega:
-Hasta la vista, le dijo muy bajo, y adiós.
do Ya el fenómeno de la digestión, nos dice Mi;helot. Pero .... ¿de qué naturaleza sería vuesLas pesadas hojas de fierro se abrieron y ro~• experiencia? ¿sacudidas galvánicas? ¿incita- daron a nte él.
e~onea del ciliar? ¿inyecciones de sangre arte•
El viento de la maftana entró en la prisión,
riali' Tod~ poco concluyente.
ama necía; la gran plaza se extendía á lo lejos,
-Creo inútil decir que inmediatamente des- franjeada p or un doble cordón de caballería, enPlléa de la ejecución, vuestros restos irá.o á re- frente, á diez pasos, en un semicírculo de genJiosar en paz y que ninguno de nuestros escal• darmes á. caballo, cuyos sables resonaron á su
Pelos os tocará, dijo Velpeau. No. Pero al caer el aparición, surgía el cadalso.

B1 Doctor Velpeau entregó la cabeza muerta á
Hendreich, que abriendo el cesto, la colocó según
costumbre entre las piernas del tronco ya inerte.
El gran cirujano se lavó las manos en uno de
los cubos destinados al lavado, ya comenzado de
la máquina. En torno suyo pasaba la multitud
.
. reconocerlo. Se secó después en'
pensauva,
sm
silencio.
Y luego, con pasos lentos, con la frente meditabunda y grave se dirigió á su carruaje que lo esperaba en el An~ulo de la ¡:,risiór. Al subir vió
e l furgóa judici11.l que se alejaba al tro te hacia Montparnasse.
CONDE VILLIE RS DE L ' ISLE A D&gt;. M.

�momingo 13 de Agosto de 1899.
EL MUNDO.

106

A
Miedo me da el pensar lo que en mí siento,
y por eso en sus males, importuno,
sólo sabe ir á tí mi pensamiento.
Por tus renglones, que besé nno á uno,
ya sé que están en nuestra llumilde casa,
todos muy bien, aunque fJliz ninguno.
Que arrastren, como yo, su dicha escasa
con católica fe, con pecho f.ierte;
que la vida es cruel, mas pronto pasa.
Y sufriendo por Dios, tendrán 1~ suerte
de vivir esa v!da de alegría,
que no muere en el día de la muerte.
¿Quieres saber mi hi,toria, madre mía?
¡Ay! ü el saberla yo me da tormento,
el contártela á tí, ¿qué me darfa?
De un pesar que no espera es mi lamento,
por eso hoy busca tu materno lado,
maniático de tí, mi pensamiento.
Del hijo más que r.ddos desdichado,
abre tu corazón á sus gemidos,
por la vida tan triste que le has dado.

MI

::s

MADRE.

Al fijar tus pupilas en las mías,
como es la voz del alma tu mirada,
¡qué de cosas, callando, me decías!
Ya mi mente en tu e,píritu filtrada,
dejaré deslizarse mi existencia
en tu augusta belleza vinculada.

De tanto ser cc,mo encontré perjuro,
ya dejo hasta el recuerdo, que maldigo,
por tu amor siempre grande y siempre puro.

Año VI-Tomo IC

Desde este día á tu mejor amigo
ya no le importa oscuridad ó gloria,
gusto ó pesar, sufriéndolo contigo.

México, Domingo .zo de Agosto
· de 1899.

Tú sola en mi dolor me das paciencia,
pues siempre con tu imagen me acompaiias,
confidente leal de mi conciencia.
Tú de luz pura el pensamiento baiias,
la infernal lobreguez trocando en cielo,
del hijo, antes feliz, de tus entralias.
Pueda hoy contigo desahogar mi duelo,
pues sabe bien tu natural tristeza
que el placer de llorar es gran consuelo.
Turbios mis ojos, blanca mi cabeza,
perdí con la esperanza la energía,
y ya basta tengo de vivir pereza.
Fué tan larga y terrible mi agonía,
que por tu hermosa senectud te juro
que, á no vivirme tú, me momoriría.

Pensando en goces, para siempre huidos,
mi mano sofocando la agonía,
dtil corazón retiene los latidos.
¡Cuánto recuerdo ahora, m'\dre mía,
aquel dulce mirar con que afrentabas
al sol de otolio al acabar;ie el día!
¡Cuántas dichas entonces me augurabas,
mientras viendo nacer mis sentimientos,
con el alma en los ojoa me mirabas!
L

Y aunque las dichas se volvieron cuentos,
¡cómo, en recuerdo de tan bello3 días,
hoy te besan los piés mis pensamientos!
Del alma, que consagro á tu mem~ria,
presto lo3 males curará la muerte,
desenlace final de toda historia.
Y nntes la edad, más que las penas, fuerte,
me dará poco á poco ese desvío,
que la t•üteza en hábito convierte.

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Buitre de l11s pasiones, el hastío
con sordo bfán mi corazón devora,
y el pecho se me queja A pesar mío.
Mas así iré viviendo hora tras hora
basta que ponga fin á mi existencia
aquel Dios que es más Dios del ser que llora.
_Y querrá, en su hondad, la Providencia,
mientras llega ese fin, dar á mi mente
la angustia que se abisma en la paciencia.
;,Recuerdas la tersura de mi frente?
¡Oh, qué ¡ay! darías sus arrugas viendo,
de esos que dais las madres solamente!
Mas concluyo esta carta, porque entiend o
que lo mismo que á mí cuando te escribo,
te se caerán l11s lágrimas leyendo.

\

· No llores, madre mía, pues concibo
que es pagar con un ¡ay! con mucho exceso
1a ruin parte de vida que ahora vivo.

~---.~
\

¡Cuánto lloras mi mal! A cuenta de eso,
para estampar en tu anchurosa frente,
además de otros mil, te guardo un beso.

·.

~

Dame tu bendición, que ye impaciente
a darte voy cuanto tu amor desea,
que es la ansia eterna de tenerme enfrente.
Y si Dios no permite que te vea
de mi vida los últimos alientos '
besos serán que te daré en idea.
Desde que hallé insufribles mis tormentes,
cuantas horas los días han tenido,
tuve yo para tí de pensami,mtos.
Adiós, mi santo amor; tú ~iempre has sido
el ángel para mí de las mujeres·
recuer?a sin cesar que no te ol;ido,
Y escnbeme á menudo que me quieres.
R AMÓN DE CAMPOAM0R,

EL

CA:NTO..

Número 8

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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