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                  <text>Domingo 20 de Agosto de 189G,
EL MUNDO.

128

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México, Domingo 27 de Agosto de 1899.

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legero

LA

INSPIRADA.
CUADRO DE ÜONRADO KI..ESilL

�Domingo 27 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

132

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

---------------------------------------------·

LA ~EM.A.N.A.

Mes de verbenas populares es Agosto y sirve como
de amplio vestfbulo á las demás fiestas callejeras
ue de a uf en adelante abren semana á semana un
iaréntet1Ís de dicha entre los grises Y monótonos dhts
de trabajo. La verbena de lo.:, AogeleR ! la de Santa
María son de lo más famoso del afio. V1euen en seguida todas lai, otra~, menos pompo_sas y cele~rada!l:,
basta ue }a más grande, la más rica, la me~ lean a,
por exielencla, la de Guadalupe, cierra con nomenguado esplendor la temporada de las verbPnas.
A esta clase de regocijos solemos ir por mera curiosidad Jos que gustamos de hacer obsuvactones Y
stcolo ias al aire libre. Desde luego nos sentimos
¡traído~ por el movimiento ruidoso de lasmucbedumbres. Hay una emoción nir\'anesca, momentánea , pero
profunda 1 en dejarse }levar de Ja ola humana, en diluirse en Ja masa com1\n, en embeber el yo, como una
partícula, en la m·.:!ltitud lmperwnal, en ru_ndir las
impresiones propias en el vago anhelo colectivo, que
termina por apodei-arse al fin de todas nuestras ~ensaciones y por hacer suyas todas nuest!as energ_as,
con el fluido mágico de una invencible b1pnotizac1ón.
La fábula medioe\'al de ja sierpe a1ada, luchando
con el armado caballero y venciéndole ~on sólo el venenoso vaho se veriflc'i en cada uno de nosotros cuan•
do pretende~os conservnr nuestra. T01untad_ en el J.e·
no inquieto y caótico de las multitudes 1mpre,ionadac,;.
t
Son enormes almas locas que penetran en nues 10
organismo y se sirven de él para manifestarse en la.
vida exterior. Alll está nuestra boca pronta á lan7.ar el a1arldo; allí están nuestras manes dispuestas; á
sacudirse en las frenéticas palmadas; allf nuestros
músculos para agitarse en las convulsiones bi.-Jtértcas;
allí nuestro rostro para cambiar el gesto á cada ráfaga del aire Entrá. nuestro espíritu en una abrumadora incon~clencia. Y no obstante, gozamos con 1 m
placer extraílo al sentirnos brutalmente poseídos.
Complácenos vernos vencidos á las primeras Invencibles zarpadas del monstruo excitado.
y be aquí que la curiosidad va tomando en medio
del tumulto una forma de entusiasmo morboso que
concluye por embriagar.
Asistir á una verbena es sentirse i11vadido de la
alegría del pueblo, disuelta en átomos por los cuatro
vlentos·.entrar en un templo con las oleadas de creventes, 1recorre!' las calles entre los grupos abigarrados de la plebe; detenerse en las barracas de la plaza
hormigueante, escuchar cantares obf)cenos, risas beoJas y refranes picarescos.
,tEn qué se piensa, es decir, en qué piensan los demás los granos de aréna dé ese compacto bloque popul¡r? Se piensa en vivir, sacudido por impresiones
mundanag, por ardientes deseos de beber hasta saciar una sed Intempestiva y devoradora; de abrazará
mujeres Lermosas y de apostar ]a vida en un naipe.
No son nuestros estos anhelos; andan vagando en
la atmósfera como a1mas en pena. T~dos lo~ sienten.
Es una contagiosa epidemia de apetitos desenfrenado~ales 1:1íntomas indican, de seguro, un grave mal.
Repugna sin embargo, punzar con el escalpelo la
eptdermi; social. Tiene manchas purulentas que indican un repugnante linfatismo.
.
Esta es la primera pregunta que cualqmer observador se hace cuando asiste á una verbena popular:
¿Nuestro pueblo es creyente?
Ah! no seilor; posee, como todo pueblo Inculto, una
superstición. versátil y tornadiza, que sale de la cueva demoniaca de Ja adivinadora de cartas para poner
una ofrenda en el retablo de la Vfrgen; ere~, á la napolitana en los estupendos milagros de Ja patrona
que ayuda en su tenebrosa labor al bandido y protege bajo su manto nimbado, al homicida. Se encomi'enda á ella en sus inmorales tribulaciones, y sólo
la recuerda bajo el toldo de una camllla ó en el fondo
bl
de un calabozo.
Pero á pesar de todo, su veneración es adora e
porque es sfntoma de un patriotb,mo rudimentario
que toma la sugestiva terma del misticismo para
compenetrarse más en la conciencia de 110 pueblo _débil, que, como el nuestro, suele hundirse en éxtasis Y
sufrir alacinaciones.
En este caso, la Religión es un delicado pretexto
para amar el terruíio.

***

Música &lt;U cámara.-Andante.-.Minuetto .... cuando
se leen estas palabras, resurge en el espíritu una de
aquellas galantes miniaturas de finos lineamientos,
de aristocráticos matices, donde un poeta del clavecin rodeado de damas de amplios trajes1 rocal1a de
sed~ en la que la luz Re quiebra en aristas, damas
ensativll8 de ojos dulces, galanes de actitud pala~iega. escuchan embebidos la melodía ingenua y amo•
rosa ciue recita el violín para que le responda, trémulo y sollozante, el ruego de los etilos ó la breve exclamación de la viola.

de Cámma: una velada de invierno; una lla. t
tes dormidos en el
maradagenerosa de chimenea, ID¡ :n
isa blasonada
nte
_regazo de la madre, un perro ti.e e cam
husmeando los tizones en actitud de esfiage,du~~s so·
thr germano, mur;ho bienes~ar, y la musa .e ocen~
natas, en su Infancia, iniciando una !rase rn
como las frases de los nin os.
. .
lá tea.
Habla á los corazones ampHos esa mm,1ca e s d~
nada hay PD ella pequei'io; parece ser como el ;;o sui
la. naturaleza que la ba inspirado al cerebro os boshljos; en e11a se encuentra el rumor grave de 1 . téti·
ques, ¡:&gt;rima veras solemnes, noches augustas, pa.
cos dolores, elrgías á grandes héroes.
á1
idos
y se llama Br.ethoven, Beethovensord? fs ru es
de la vida común, para no escucbar smo ~s voc
CHóticas, fmpremas, tempestuosas ~e lo infimt_o~c!r-0
ella bay silencios que parecen de vieJa e3:tedra1, 1 ciedes que suenan al espfritu como llamamiento e
•o· lentitudes graves y acompasadas que evocan pro~e~iones de levitas y venerables patriarcas; dulzuf¡as
que ~on blancas plegarlas de seráficas voces, Y se
man· Sehastián Bacb, ese dialogador de los éx:r
i.u remos ese místico colosal que tiene la nota m ci/de las '"írgenes Y la cólera rte los espíritus airados
que cortejan con espada de llamas; y ese Mozart
·ba\leTesco ese Mozart delicado, ese Mozart de os
mim.iettos ~artesanos y los andantes poéticos. y M~mrle]hsonn encerrando tristezas en sus rimas brevesd Y
Hn.ydn remontándose¡\ las alturas de la tempesta y
Weber bordando con sedll8 pálidas sus personajes de
leyenda ... • • •
esta
Música de cámara . .. . y me entristece que en
época en que la humanidad llora por carencia de suenos no hava sino unos cuantos devotos que acuden
á J~ sala Wagoer para tener un punto de recogimiento y mirar sugestionados por esas melodías de otros
tleJT1pos, las divinas visiones que acuden, como al má•
leo erecto de un coujuro, llamados por la. voz caotante
~e los violines y la gravesúpllca de los v10loncellos.. ••
Duraote Jasemana, se han verificado dos hermo~as
audiciones que hicieron Ja deltcia de nuestros dile·
ta•tti. Luisa Rltter, la amada y aplaudida pianista Y
Matilde Bruglére, alta soprano dramática, cuya ta •
ma había llegado ya á nosotros antes que su hermosura rtejaron un,. luminoso recuerdo, como una blanca e~tela, en la corriente fangosa y negra del género chico.
u• .

.tU.USlca

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***

y á propósito. Se ba discutido en estos dfas el
mérlt,o de una joven y bella ~!ple recién llegada al
palco escénico, la cual, después de haber sido estrepitosamente aplaudida en la célebre obradeMascagnf, ha intentado interpretar La Reuolwsa. P•ra
mí, aht está el error y la. in~xpenencia dela seí1orlta Dimarias.
Sus facultades vigorosas y nuevas 1 no se prestan
para el género chioo. La flamante artista tiene talen to y no deberá encanallar!o. Que no cambie los relucientes luises de oro que pródigamente derrocha
en la zarzuela, en menudas y gastadas monedas de
cobre.
· o E
¿Habrá algún buen amigo que 1a aconse¡e. s
una lástima ver que aptitudes como 1a suya se
pierdan en la efímera y tonta Jabor de la tanda diaria!

EL EXTERIOR.
Revistas Políticas y Literarias,
COSAS DE FRANCIA.-!. DE COMO PUEDE UN
NEOTHAL CONVERTIRSE EN DREYFUSJSTA.
2.-¿EL PRIMER El&gt;JSODJO DE UNA OUERRA :&gt;E RELJOION?

3.-LA REPULICA PLEBISCITARIA MARBETE DE LA
DICTADURA. MILITAR.

Tengo un excelente amigo,,francés pur más senas y
escritc,r elegantísimo por añadidura, que, natural
mente está veinticinco veces más al tanto que yo de
los as~ntos de su patria, y que suPle, entre brom~ y
veras, formularme estas preguntas: ¿por qué no siendo usted francés es usted calurosamente dreyfuslsta?
¿Por qué cree usted á los periódicos americanos de
la prensa asociada, comprados por el Sindicato ju.
dio y no á los periódicos franceses que, e~osdel sentl•
miento público, sostienen, como siete ú ocho de los
primeros nombres del ejército y de lu; civiles que mejor conocen al ejército, Cavaignac, Freyclnet, que el
prisionero de la Isla del Diablo es culpable?
He aquf lo que contesté á mi amigo:
-No tengo la culpa, no tenemos la culpa Jos extran•
jerosde interesarnos casi apasionadamente ea losasun-

tos de Francia; dep_ende eso de] genio comunicativo ..
i O simpático de que los franceses se vanae~gr~~~'v d!pende de nuestra educación, depende de·
g ue todos Jos latinos tenemos dos patrias y la segu nq
siempre Francia, depende de que dan los trance.
~:s ~ sus asuntos particulares tan extraordinaria
resonancia y tenéis tal arte en vuestra lengua y vues.
tro talento para transformarlos en asuntos humanos,
ue obllg~is á todos á volver la cabeza hacia ellos, 4
!trarlos atentamente, i\ estudtarl.os y á. tomar un
puesto en pro ó t'n contra como s1 tueran nuestros.
asuntos propios. y esto es Irremediable.
Ahora bien, voy á dar una idea de la evolución que
muchos como yo, hemos sufrido en el asunto
b°;e;!us. Lo creí culpable, con prorunda ~mpaslón
1 conocer los detalles de la e1ecuclón inmediata del&amp;
!entencia y su ejecución normal en 1a Guayana. Su
es osa, sns hijos .. . . .. ¡Horror! ¡lnfellz.!-Cuando un
hlmbre comot'.,cbeurer-Kaestuer, super10: á toda sospecbade-venalidad, manifestó las prolundll8 dudas que
le turbaban, he aquí lo que todos peni:;amos : ¿sería.
posible que baya cometido el tribunal militar tamaílo errorf Entonces este hombre ha sufrido uno de
los martirios morales más tremendos que puedan
registrarse en los anales de la justicia humana. Cuando publicó Zola su tremenda requls'.torla, lohallamos enteramente exajerado¡ su hábito de ~ove..
lador de dar un relieve abultadís~mo á cuanto flJa su
atención lo mismo un beso de amor que la boca de
una cloa~, su teudencla genial á lo épico, al grado
de que allí donde los oCl"os gastan un rasgo de pluma
un poco cargada de tinta, el emplea un frasco decolor con un pincel que parece agitado por Jas tumé nides, teda esto nos hizo sospechar que ,aquel hombre se babfd forjado un cuento trágico y se habfa empellado en hacer en él un papel de prota gonista. Maa
cuando se le llamó á gritos traid,or, vendid,o á !os ju.
dios ultrojador de la reltgi.6n, cuando se desconoció so
mér'tto de escritor, su sinceridad de hombre, su valo ry su probidad, hoy proclamada por cuantos no _tengan
en los OJOS la cata1·ata (inoperable por desgracia, por•
que la tienen muchos bomlJres de talento) del anti semitismo· cuando pasó todo esto, cuando las multl•
tudes tren°éticas se pusieron á gritar ante él basta
hacerlo salir de Francia, nos sentimos de su lado;
aquello nos pareció innoble, horriblemente despr&lt;!cla•
ble, DOS hizo el erecto de uno de esos actos imbéciles
y crueles de 1118 muchedumbres que causan algo.as[
como basca en la conciencia
Entonces todos dudamos, todos creímos que h abía un misterio en el asunto Dreyfu!,, que la explicación d•da á la circunstancia estupenda de la absoluta similitud entre la letra de Esterbazy y la del
documento condenatorio le bordereau, era lmposi.
ble y los antecedentes del oficial aventurero que
entraba en escena tan desvergonzada, tan cinicamente, y la valiente rectitud de su acusado r
Plcquart, llevaron hondo recelo á todos los ilolmos ...... Pero un hombre honrado entra en la t:&gt;ecretarfa de la Guerra en un cambio ministerial y ese
hombre, be nombrado á M. Cavaignac, dice enrátlcamente ante la Cámara de Diputados: he aquf la prneba concluyente de la culpabilidad de Dreyfus y lee
un documento en que se mencionaba á Dreyfus y ....
todo el mundo quedó sorprendido, estupefacto. Muchos, yo entre ellos, se sintieron satisfechos, como si
una montaña se les hubiera quitado de encima; si 111.
justicia humana habfa tenido razón, babia herido al
verdadero culpable; las violaciones ;ie la ley, las irre•
guiarldades flagrantes del proceso, todo quedaba cu•
blerto con seis pa1abras: peligro de guerra, secreto
de estado .... Pocos meses. después un rayo cafa so•
bre toda esta seguridad, ·el documento de Cavalgnae
babia sido falsificado, el falsario estaba convicto y
confeso, era el principal manipulador del proceso de
Dreytus, era un jefe importante en el Estado Md.yor,
era Henry .... Al día siguiente Henry se suicidaba.
¿Estábamos todos, en todas partes, aquí en México, cc,n la misma fact1ltad con que los escritores fran.
ceses suelen juzgar a Santa Anna, a. Maxlmillano, á.
Juárez ó al General Dlaz, estábamos ó no estábamos
en nuestro derecho de decir: el honor de Francia y la
justicia y la civlllzaclón exl¡¡en que ese proceso sea
revisado? Asi lo pensó la Francia política y legal,
y por P.ncima de la violenta oposición con que algunos, absurda ó malévolamente, pretendían en vol \'er
en este asunto el honor del ejército francés y hacerlo
solidario de un tremendo error probable, de un espantoso crimen posible, el caso fué sometido al primero,
al más alto tribunal de Francia, á uno de los primeros del mundo por su ciencia y por su intachable ho norabilidad. Todo se procuró, bll8ta por medio de
una ley acl hoc, todo se allegó para facilitar y dar fundamento incontrovertible al tallo de la Corte Suprema; un magistrado, el tipo precisamente del politicien
judicial ingenuamente presuntuoso, de esos que Jla.
mJ.n los espalloles: un tonto ron campanillas, de quien
decía Julio Lemaitre: «tiene un ojo que de·scomponP,
pero que no resume1&gt; el poquisimamente leído M.
Glouvet ósea M. Quesnay de Beaurepaire, fué el au tor de la idea de encargará la C01te entera del asu o•
to de revisión, porque los magistrados de la Sala crl·
minal eran parciales en favor de Dreyfus. Y no era
esto verdad; la verdad era que los principales magls•
trados de la Sala civil bab!ao manifestado á su cole•

Domingo 21 de ~gos_to de 189S.
111 opinión contraria á la revisión. En fin, la Cor-

«' entera 6e reunió, los amigos de M. de Beaurepaire

EL MUNDO.

rna

brazos detener el pueblo francés y empujarlo hacia
atrás, á los tiempos cuaternarios ... . . .
Y he aquí como sin necesidad de la intervención
de los judíos puede uo quidcim como ( l que esto escrl•
be, pero que no está casarto ni con los delirios de M,
Jaurés, ni con Jos odios de M. Drumont, haber _;asa·
do de neutral á dreJfusista ....

Y sucedió; el populacho solicitado en sus más bajas
pasiones por energúmenos de encrucljada1 se mostró
' \odiaron el asunto y decidieron por unanimidad
es 18 re visase el fallo y alH están los cooslderandos
sin camisa .. .. (la camisa es, por reglc1. general, Ja
4
distancia que separa á un civilizado de un salvaje.)
18 in Here de ello•? Esto: es seguro que el docuIbamos á decir sans culouis. Y la escena de caníba~\oto capital no es obra de Dreytus, es probable que
les que esperábamos ver en la rue Chabrol se verificó
sea de Esterbazy. Y fuera de ese documento nada
en la Iglesia de Ot. Joseph, saqu~ada, medio destrut~ podido serv ir de !uodamento al hllo del primer
Y medio incendiada .. ..
consejo· Ja conresión del reo (al Capitán L. Renaud)
Todc. reap8rece en Ja hlstorla¡ Ja historia es una
supu~ta: el dossier secretes un cúmulo de talsifica*
**
noveJa que tiene ediciones en número in::Jeflnido:una
: ooes, capaz, en algún caso, de infundir sospechas,
Todo
es
obra
del
sindicato
judío.
Los
judíos
tiepor geueracióu ¡ sólo las Hustraclones varían: el graincapaz de ::,inistrar pruebas.
nen en Eure,pa el diocro, ]a m;tglstratura, la prensa; bado antano, la litografía después, el fotograbado
y si yo tuera militar diria á mi amigo en lenguaje ¿quieren invadir el ejército, No lo hemos de permi- hoy; estas escenas salvajes se vieron en la Edad Med• cuartel ;y po r qué diablos quiere usted, quieren tir. -El sindicato judío es un cabello en la sopa del dia, en la bohemia de los hussitas, en la Alemania de
1111,edes, los coDl'encidosdela culpabilidad de Dreyfus pueblo francés, sujeto á graves alucinaciones cróoila guerra de los campesinos en la NeerJandia de los
en virtud de una gracia especial del Espfrltu Santo; cas, seglln parece.-¿Qué cosa es un judio?-Sabéis, Gueux, en las guerras de k•s1 hugonotes, en la Revolur qué diablos queréis que prefiramos el dicbo de senores diputados, dccfa M. Thlers á quien reprocha- ción .... ¿qué sé yo? En la comuna; ayer en París,
o0ciales superiores y ministros de la guerra, ba la izquierda de Ja Asamblea nacional sus prefe- maflana en Barcelona, y pasado, en New York.
- de un par de falsarios: Henry y Paty du Claro, rencias por los empleados conservadores á quienes
¿No se deberá esto á la debilidad que su composique por boca de ellos han babladoduranteclnco a!los, llamaban carlistM; sabéis qué cosa es un carlista? Es ción profundamente heterogénea produce en el minisrqué los bemos de prererlr á la convicción de los un hombre cuyo empleo se desea.-Uo jndfo es un terio trancés? VeremOS; DO sería la primera vez que
riocuenta pri meros magistrados de Franela, cien ve- hombr~ qne ha hecho uoa fortuna cun liUUChas O'Jzas un revolucionario result:.l.ra un puilo férreo para rer.ea m'8 Imparciales en el caso, cien veces más peri. y sin ningún escrúpulo y cuya subida repentina en- primir una vez convertirio en gobierno; no sería ex.
1ilBi mú profesionales, dlrfamos, en el arte de analividian todos, Jos ri cuR viejos y los pobres de todas traflo que los socialistas de Gabinete ayudar~n con
ur pru~bas?
edades; en suma, eljtullo E'S un hombre de negocios brío al presidente del consejo en su tarea de guardar
LJegamDB al Consejo de Rennes¡ y declaramos: que turbios y lucros clarüs. ¡Con razón se los encueutnn el orden; si no, no queda otro recurso que echarlos á,
no creemos en la mitad de las interpretaciones de la en la sopa los franceses!
la calle y ... . frente á !rente estarfan mejor los dos
Es innegable, el mundo está lleno de judfos.-¿Pe- grupos, en honor de la verdad; hasta con una barripreosa americana, vendida al si7ldicatojudlo, según dicen los antisemitas presididos por los senores Dru- ro el sindicato? ¡Atl! si ya cooocecnos eso; eso er. la t•da de por medio.
mont y Roche!ort que lo saben muy l&gt;i&lt;TI; que nos im- época de] sitio de Parí..; Re Jlamaba el espia. prusiano;
port,ao un bledo sus apreciaciones; que nos dejan el afio de 48 se llamaba los jesuiUts y en tiempo óe
• **
!rfoo las ovaciones que tributan sin cesará los amigos Robesplerre se nombró Piit y Coburgo; es Ja necesideJ reo y aun á é-ite; ¡oh! ,ion, nous ne croyons pas á dad que tienen ]as masas cte atrlbulr los males sociaEl
gran
culpable
de
esta
situación es el régimen
wutu cea bourdes-lá. Bien; retenemLs las declaracio• Jes á una conspiración que envenE&gt;na las fuentes pú - parJamentarJo, es el parlamentarismo; est,o se dice
blicas en tiempo de Cólera-morbo y compra á los diDM d8'ta,orables; y encontramos: 1 ° que los testien casi toda la prensa francesa y se aplaude ea casi
gos ó acusadores, todo es uno, de Dreyfus han repe• putados y á lo~ jueces en estos momentos. «Sí, bur. toda Ja prensa europea. E;¡ cierto, dice el gobierno
laos,
exclama
mi
interlocutor,
es
que
desde
aquf
no
licio las decla raciones que dieron ante la Corte de
italiano, recordando los últimos dü,gusto.s que le
Casación y que en ese '.rribunal causar,,n la impre• podéis verJos ni sentirlos.&gt;
causara
el obstruccionismo: es cierto, dice el rey de
Está bien; pero entonces no neguéis á los clientes
llón contraria á Jaque deseaban causar sus acusadolos belgas, recordando Jas recientes y temiendo las
de
los
judíos,
á
los
periodistas,
clubistas,
socialistas
res. ¡\ EA ó no clertoi" 2 ° Que en el dossier todo se
próximas batallas de Bruxelas; es evidente, allade el
encamlnaá este fln1 según ]as interpretaciones singu- y anarquistas pagados ó subordinados poco más ó emperador alemán, de eso aquí no se babia: el parlamenos
inconscientemente
al
sindicato,
no
les
neguéis
lares de lOR acusadores: Dreyfus era curioso, debió comeotarJsmo es un artefacto inglés, una cotonada de
nocer tal ó cual punto, Ueva ba ta] ó cual vida, en fin, el derecho de explicar también lo extremadamente Manchester que no puede usarse en el con"jinente,
complexo,
por
Jo
extremadamente
simple,
y,,e.trlbutr
pudo ser el autor de la tralcióri. Pero prueba, pero
no viste bien . . . .
una prueba, pero una décima parte de prueba, pero todo lo que les desagrada á una conjura negrísima
E1 parlamentarismo no ha hecho, sin duda, m::1rat.na de esas luces repentinas en las tinieblas, que re- del ejército y del clero contra la república y as! en- villas en Francia, ni en ninguna parte; ningún régi•
tre
estos
dos
elementos
primordiales
de
los
flamanteS
velan el cáncer de una conciencia y que hacen excla•
men político hace maravillas; pero vamos á ver ¿,con
mar, un Juez: he aqui, ¿dónde está? ¿cuál es? 3 ° Que fenómenos históricos d conflicto es seguro y confir- qué va á ser reemplazado? Con la república plebisci&amp;t:terhazy reitera su confesión de ser el autor del ma Jo que os decía, Ject-Jres, en uno de mis primeros taria. Esta es una invención bonapartista que desde
bonlmau, la repite á gritos por 1118 plazas y encrucl- boletines: en el rondo de todo eso hay un conflicto los tiemp::..s de Boulanger, diez anos ba, auda trasjadu¡ mas los generales no lo creen,-¡ohl Jamás rel1gioso; se trata de una lucha implacable entre tornando los cerebros de los descontentos, de los fnIL creertn ;.Por qué nó?-¡Oh! porque este gar- quienes creen poder realizar por la violencia y para clastficados de todos los partidos, que forman la imellos su ideal de felloidad en la tierra y los que lo
S'OR ntraordinnaire, como dice benévolamente el
para verlo realizado en el cielo; es eJ comba- pedimenta de la república en marcha, ó más bien,
general Roget , el general de Paul Dérouléde, es apbt.zan
son los gépidos, como se djjo en tiempos de las invate
entre
la esperanza y el apetito.
. , de cualquier co:,3 1 pero no es un traidor.-¡Oh!
siones
bárbaras en el imperio, los rezagados. ¿ Pero
Lucha feroz: apunta siniestramente. En la superporque no podía conocer los documentos de que haqué quieren? Todos quisiéramos saberlo; los bonaficie
del
océano
social
(en
esto
comprendo
á
Europa
bla el bordereau. ;.Pero no dice él que oo,,fe,.cirmó (con
partistas desean que se consulte al pueblo por medio
perdón de PenJta) que rorjó el documento con ayuda y los Esiactos Unidos) que se biocba y enoegreee y de un plebiscito, si es su voluntad que continúe la
de un o0cial del Estado Mayor, como Henry rorjó el espumajea, como en los momentos precursores de la~ República ó prefiere el Imperio; suponen que Jos fran1u10? ¡ Pero su letra no es ldént,ca á la del oorde,,aur grandes tormentas, se notan síotomas de descompo- ceses olvidarán que la ramosa fórmula &lt;el Imperio es
- 61, Bf1 pero no, no es Esterhaz y, dice con teatral siciones y convulstone:'.I desesperadas. No salgamos h paz, quedó definlti vamente reemplazada por esta
adem6n Roget- . . .... ¿Y á esto se l1ama prubar? de b'rancla, ya que todo el mundo está en Francia otra «el imperio es Sedán.&gt; Pero los neo- plebiscitadY 4 los que alzan los bombros ante todo esto se les en estos dfas, de cerca ó de lejos.
rios protestan contra todo est,o, y juran y cantan su
El atentado contra Labor! ¡esto es de la edad del amor por la república, la república no puede f.JOnerse
llama •endldos á los judfos? No bay up solo gendarme en ldéjico, de esos que dirimen los pleitos de los chimpancé, precursor fnmediato de los jueces con á discusión, según ellos. es intan.gibile, como dijo de
lranaeuntes apoyados. en un poste del telégraro, que que sueOa Deroulédel El asesino no ba sido bailado: Roma ita\lana el rey Humberto. ¿Cómo entra, pues,
aea capaz de tener una cosa de estas como una prue- un mal punto al sellar ministro del interior, á quien el plebiscito en un régimen normal de gobierno? La
ba: vagas presunciones, indicios contradictorios, sos- venero mucho; pero no tiene remedio, un mal pun- demCtCracia representativa se ha imaginado precisapechas obscuras, eso es todo, nada, absolutamente to .... . . La casa y el caso de M. Guerin.-E,te es un mente porque el pueblo no puede gobernarse directaDada se ha presentado capaz de determinar una con- episodio heroico-cómico de los preliminares del commente á sf mismo. En una democracia de veinte ó
cleoeia despierta de hombre libre. Hasta la terrible bate-¿Con que había una conspiración orleanista, treinta mil electores, como Atenas, se comprende;
coincidencia contraria á Dreyrus ba desaparecido: el bonapartista. y antisemttlsta? 81 es cierto, sellar pero en donde se trata de millones ¿cómo puede ma&amp;eneral de Bolsdeffre declara: que c11ando Dreyfus ministro, no se ande usarced con pailas caUentes: ter!almente llegarse á ningún resultado:' ¿Cc;n qué
~ ba en el Estado Mayor, babfa desapariciones duro en ella ...... Y efectivamente: cateos, secues- mecanismo?
v...,) de documentos.-¿ Y después? prei,-unta un tro de papeles, de armas. prisiones, de todo ba habiParece, según las afirmaciones del cm iteo de los
do; ademá.1t la policía de ParJs ha pue:,to sitio á una plebiscitarios, que de lo que se trata, en realidad, es
COo&amp;eJero: han seguido, responde el general!!
Hu ta dónde bao penetrado 1118 nociones de justi- casa en dónde un substraído al orden normal, el mos- de hacer nombrar al Presidente de la República por
da crist iana, no diremos absoluta, en el alma d'! los tachudo y exaspP.rado Sr. Guerín, se ha declarado el voto de la nación entera, y esto es un pleblscil:,(I,
~•POI educados en el culto del deber que componen con veinte amigos en una Francia suya, apa.rte, au- según elloE;'y se trata de elegirlo así para que no se
~d: relto de un pueblo Inteligente y de grandes tonómica¡ por dessz-racla para el jefe antisemita, sin deje dominar por la representación nacional; se trata,
víveres. En esa Jerusatem van á llegará devorar Ja pues. nv de un sistema de equlllbrio, sino de com ba•
el al concluJ, el siglo XIX, es lo que vamos á
zuela
de sus zapatos y tal vez á sí mismos, como vul- te. Ya los francese~ conocen el régimen ese; es el
dentro de unos dfas. ¿Podrán sobreponerse los
es del Consejo de Rennes al espfritu de cuer- gares canacos; es el radeau. de Ja Méduse en eJ mar de del príncipe-presidente que luego fué Napoleón III.
po, una grave tiranía, al temor de la ira de sus jetes, París! QuMo sabe si e: terrible Ministro del jnterior Lo que con ello se quiere, es un lwmbre; es una dicta: 1\~•:f• taroblén, á la inmensa sugestión de las espera ese acontecimiento, para triunfar ...... Está dura militar.
Pues bien, á pesar de lo descabellado, de lo incohe,. di • es que se dicen patriotas y de la prensa que expuesto el mundo á ver en París quizás lo que últibab1 de vota incondicional del ejército? Si lo hacen, mamente sólo Se ha visto en •&lt;L'Js Sobrinos del Capi- rente, de lo balbucean te de esta doctrina de tlranla,
tán
Grant&gt;
una
escena
de
canibalismo
obligatorio,
y
no nos hagamos ilusiones, está llamada á triunrar en
n merecido el respeto de los que hoy mismo
~~: en CObl bi rlos y forzarlos moralmente y ba- de M. Guerln podrá decir alguna vez quizás un Dan- Francia, si se mantiene más tiempo fuera de la vía
creo vado á }'rancia de una guerra civil . ..... Yo te del porvenlr:!u, oocca sollevódaljieropasto ... ."Ha- normal. Los seis meses siguientes al desenlace del
bal'II que lo bartin, que la mayorfa de esos jueces lo blando en serio, comprendo perfectamente la actitud proceso Dreyfus, nos dirán qué hay que esperar ó
de M. Waldeck Rousseau, es un tanto ridícula, pero qué temer. En estos momentos la situación puede
llar 1~~-é,; · Es verdad que aquí hemos visto !unciosensata; ba tenido un miedo profundoá hacer már- definirse :Mf: una anarquía atenuada por Jos geoda.ry
rtea Marciales ...... es verdad que, ... . . es
tires. Tiene mucha razón; los mosquetP.r·os del antitn!o~eo que 1~ harán; yo creo que podrán ver llbre- semitfsmó parecen resueltos á fusflar á la policía, la mes. E:,e estado de tte .... re no puede continuar; no
ottctal ? ue se Intenta colocará ese judío, que es un policfa está en el Indeclinable deber de fusilarlos á puede seguir; ,1 siguiera la dictadura serfa lnrallqoe en raneés, Y que es un hombre, en una posición ellos ...... Y esto, la verdad, esto es muy trabajoso, ble ....
Sentimos haber dicho algunas palabns un poco se•
que lle ~ueive el contra-sentido Ju rídico más brutal esto DO se hace .. ... .
veras tratando de lus oosas de Francia; pero no hemos
( Proba •ya •i•to jamás: el de obligar á un acusado
Pero se corrfa un riesgo no pequeno: que la espan- hablado nosotros, sino los hechos, á el1os hemos de1Q cul~b~~~noceneia, cuando toca. á los otros probar
tosa excitación de los grupos adversos, con motivo de
noeat,An
ad .·•••. Creo que opmarán con cuantos esta aventura de cadets de GU8CO[Jne, acarrease una co- jado la palabra . .. . Además, no fué, ¡ohi mi caro
anrmó(d:egos, que el dfa que Don Pablo Dérouléde lisión en la callo, y un tumulto considerable y la ne- Balbino, no fué Tácito quien dijo pesimum inimico-ra ,., aba ~:' de Mende) que Drey!us necesitaba pa- cesidad de reprimirlo derramando más sangre que la rum genus laudantes? En romance: no bay peor eneJDOCencla ue • probar, no una, sino mil veces, su que hubiese costado el asa! to de la casa de M. Gue- migo que el que alaba siempre.
• ese dfa preteodió c&lt;1n sus largos y flacos rln ... .

ª!é

!:te

oo:

¡"

JUSTOSJJ!:RBA.

�Domingo 27 de Agosto de 1899
Domingo 27 de Agosto de 1899.

134

EL MUNDO.

EL VICIOYELESCANDALO.
PUDOR E HIPOCRESIA.

.a

135

do entero y se apoderan de la clientela que antes

tigado, ser amable con sere1:1 antipáticos y respetuoso con personas desprect11 •
bles.
Sin esta esclavitud, roto
el treno de las coovenien.
cias socialts, el bombre se.
ría uoa fiera salida de 1,
jaula y un solo hombre sin
educación hace en la 11,,ciedad el papel riel lol.,o en
u1ed10 del ret&gt;ai'iu.
La verdad y la ficci6n 1
por cons1guiente la fran.
queza y PI disimulo. titmen
su lugar bien definido eo la
vida humana. Por urbant.
dad un cajero no debe hacer
a parecer favorables los 11al.
dos adversos; en una aca.
demia científica no se de.
be acatar el error ageno
por i;lmple cortesía; h•
partidos en una c.lmara
no deben votar por slm?le
deferencia con sus adver.
i;arios; con el médico se está exento de las prescrlp.
ciones del pudor.
Pero tratándose de v1.
cios, ya que no pueden ex•
tirparse, que haya siqute.
ra el pudor de ocultarloa.
Autorizar, disculpar siquiera su ostentación w
pretexto de franqueza, de
sinceridad y de horror t la
hipocresía, es favoreLer su
propagación con el ejem.
plo y decretar el desenfreno.
La desnudez antigua produjo la estatuaria griega;
pero infiltró y generallz6
los másrepugnantes vicloe.
La desnudez moral proa
ti tui ría más aún á los hom
bres, y no es seguro que
llegara á. producir, en compensación, una ei.tétlaa
noble y duradera.

Los latinos tenemos una
marcada propensión á ostentar nuestros v I c i os,
nuestros crímenes y nuestróls defectos morales. Con
el nombre de franqueza y
de sinceridad tributamos
culto á una forma del cinisma que consiste, no en disinmlar, atenuar, ocultar
todo lo que rie repugnante,
ocjjoso 6 incorrecto tienen nuestros sentimientos
ó nuestra conducta, sino
precisamente en hacerlo
público y noto,io, en ostentarlo, basta en vanagloriarDO!I y hacer ga.la de ello.
Y vamos más allá; no nos
conformamos con aprobar
y aplaudir la ostentación
del mal sino que vituperamos y denigramos á quien
teniendo un vicio lo oculta, á quien se disimula y
disfraza para proceder mal,
á quien se afana y esfuerza
por mantener misterioso é
ignorado ese rinconcito negro del alma y ese vericueto sombrío de la conducta
que casi ninguna alma ni
ninguna conducta dejan de
tener.
Lo ,p1imero que se nos
ocurre cuando estamos beodos es echarnos á la calle á
lucir la mona; tener una
aventura amorosa y callarla es para nosotros tormento indecible; nada nos preocupa tanto como qne se,
¡,epa que jugamos ó trasnochamos y rara vez dejamos
de babi tar la casa de vidrio
DR. MANUEL FLORB8.
á través de cuyos muros
todo puede verse y juzgarse
desde la calle.
Como natural consecuencia de este modo de pensar
Pocas veces se ha juzgay de ser odiamos y denigrado
en Méxi~o con tanta
mos á los discretos, á. los
justicia y con menos apareservados, á los solitarios
sionamiento á una. cantandel vicio que se encierritn
te de ópera; hemos olvidapara beber, que corren cordo
todo snobisnw al apreciar
tinas y celosías para jugar
SRA. ROSA.LIA CHALIA, SorRA.NO DRHlA.TICA ABSOLUTA.
los grandes méritos de la
ó se envuelven para amar
Señora Chalia.
.en las nubes de Júpiter.
La Empresa y lo, a1miradores ae la artista la preDe hipócritas no les bajadad. La mujer cubre sus formas animales, las envuelmos un punto y cuando establecemos parangón entre ve eri gasas que qui!,iera fueran nubes, y cuaja sus sentaron como una estrella dei,prennida de las conasus vicios y los nuestros invocamos en nuestro favor vestidos de listones que aspiran á SP,r flores y :ie joyas telaciones del .llfetropotitan Opera Hou~e de Nueva
lo atenuante de la franqueza, de la lealtad, de la pu- q ...e aspiran á ser astros. El vestido vela, oculta, York, y con eso creyeron decirlo todo. El público,
blicidad de nuestro proceder; nosotros no engai'iamos desfigura, hace olvidar la forma material y animal; sin embargo, antes de aplaudir quiso juzgar por al
á nadie, no damos gato por liebre; todo el mundo sabe
es una muestra que disfraza una verdad y en el ve!.ti. mismo.
á qué atenerse tocante á nuestra conducta y si somos do hay pudor y no hipocresía; los partidartos de la
La Señora Challa no llevaba peligro ninguno Y 8111
perversos en cambio á nadie tendemos el cebo de franqueza y de la sinceridad no se desnudarían como reserva de los que hoy son sus admiradores la ~
nuestra fingida vi~tud.
Sócrates ante sus discípulos, ni harían desnudará más al to en el concepto de los aficionados, porque el
Esta polémica se ha entablado seriamente y en tér- sus
mujeres como Friné ante el areópago. Ocultarse talento y sólo el taiento de la artista ha determinado
minos precisos entre franceses é ingleses. Aqu~l~os como
Sus·ina para tomar un bafio, es pudor y no hi- su triunfo.
dicen siempre á éstos: nosotros parecemos más v1c10La Sei'iora Cbalia dejará en México un gran repocresía.
sos porque somos más sinceros; vosotros parecéis
cuerdo con el que lucharán to:las las que bagan el
Los animales ejercen á la luz del día, sin remordi- papel de la protagonista en «Cavallerfa Rustican&amp;.&gt;
más virtuosos porque sois más hipócritas; París vale tanto como Londres, hay en la una como en la miento y sin vergüenza, todas sus funciones y satisfaotra capital igual prostitución é iguales desórde- cen en público todas sus necesidades, si el hombre
nes, nada mas que Pa.rls se exhibe y Londres se procediera así por espíritu de s:nceridad y de franencierra y que Pc1.rís se desnud,:i. mientras Londres se queza, 1a sociedad sería nna cloaca y la vida soL\ ENSEÑANZA COMERCIAL EN EUROP!
cial se haría insoportable. Lo que pasa con la vida
vela.
¿ Qué pensar de este criterio y de este modo de con- flslr,a pasa igualmente con la vida. moral; los vicios
siderar las cuestiones elevadas de la moral privada y son expansiones y explosio.nes de la vida animal; la
La cifra de exportacione:1 anuales de una_grao
pública? ¿Qué preferir entre la ostentación cinica y ira, la intemperancia, la lujuria, no pueden osten- clón es la imagen más fiel de sus fuerzas v~vas Y
la hipocresía. repug-nante? ¿Quién tiene mayor valor tarse sin hacer repugnante y odioso á quien los ex- mejor signo aparente de pro,peridad, v sus uat08 8(18
hibe y sin contaminar por el ejemplo y la imltaciJn preferibles á los que presentan el poder militar Y:
moral, D. Juan ó Tartufo?
A nuestro juicio la solución estriba en la diteren- á quienes nos contemplan. Moderar un arrebato de extensión de los dominios coloniales para conocer
cia radical que media entre la bipocresíay el pudor Y ira, refrenar ante el público las expansiones á que adelanto.
en el avalúo de las ventajas y de los inconvenientes el amor incita; dejar rumplimiento en el plato para
Hay eu Europa dos naciones, Francia é Ioglaterrlt
disimular la gula; tocar apenas con los labios la copa que á mediados del siglo figuraban en primer tér~
que resultan de ocultar y de ostentar un v:cio.
La civilización propende á engendrar y acrecentar que se quisiera apurar hasta las heces, son deberes 110 como exportadoras; pero de treinta años á ta ff&gt;
en el hombre el sentimiento del pudor; el hombre as- sociales, convensionalí~mos sal vado res del pudor públi- cha, las condiciones de lo.3 mercados internaclJ
pira sin lograrlo á. dejar de ser un animal, una sim- co, prescripciones ineludible1,; tte ese código del disi- se han modificado en perjuicio de los intereses de 11'
ple variedad zoológica. El desenvolvimiento de su in- mulo, del freno, del vafladar pasional que se llama la dos naciones. Algunos de sus grandes comprado
teligencia, de su poder sobre la naturaleza, el pre~o- urbanidad y que coopera á mantener al hombre en como los Estados Unidos, producen ya los objet08~
minio de su espíritu sobre su cuerp•&gt;, sus ae1pirac10- relaciones grl!.tas, útiles y nobles con los demás hom- consumen y exportan lo que les sobra, compltle u,
nes á lo noble, á lo puro, á lo ideal, hacen que lleve bres.
audazmente con el comercio europeo en algunos 1
como un fardo la inexorable fatalidad de .sus necesino basta reprimir y disimular lo que se siente y gares del mundo.
dades animales, de su organización fisi.m, de sus ins- lo Y
Por t&gt;tra parte, algunos pueblos agricultores
que se desea, sino que es fuerza también fingir y
tintos y propensiones bestiales. El hombre civllizado y mimar lo que no :Se experimenta, aparecer jovial desarrollado su industria de una manera prodlgl
es materia que quiere ser espíritu, un cuerpo que estando triste, mostrarse benévolo cuando se desea- Alemania, Austria-Hungr1a, Rusta, Bélgica YS
quiere ser una alma, un-bruto que quiere ser un Dios. ría causar mal, comer sin apetito, ballar estando b- luchan contra los franceses y los ingleses en el 11
El pudor no es más que la vergüenza de la anima.U-

\

EL MUNDO.

LA SEÑORA CHALIA

n:¡

En Francia hay dos
tenían.
Sin entrar en pormenores minuciosos sobre las
establecimientos de
transformaciones á que nos referimos, baste decir
alta ensefianza coque de 1872 á la fecha! los Est~dos Unidos han aumercial: la escuela
mentado sus exportacwnes casi en la misma suma
de estudios comerque represent~baen aquel afio la exportación francesa.
ciales de París y la
En Alemama ba aumentado en una tercia parte
escuela. superior de
el número de los obre_ros empleados en la industria:
comercio; las dos tieel a.lío :le 1882, los dt versos establecimíentos indusnen un total de cuatriales ocupaban cerca de seis millones de hombres y
trocientm, á quinienmás de uu millón y medio de mujeres; en 1885 había
tos alumnos. La enocho millones de hombres y dos millones y medio de
señan za comerci&lt;1l
mujeres ocupados en los mismos establecimientt s.
t:ene nueve estableEl problema tiene su solgción, según los que mejor
cimientos y menos
lo ban estudiado, en la inferioridad de la enseñanza
de mil doscientos
comercial francesa, ó si se quiere en la generalinción
alumnos. Si se agrede la enseñanza técnica y comerclal de las naciones
ga esta et fra á otra
rivales de Francia. A lo menos esa es una de tantas
igual dei.lumnos que
concurren á los estacausas y de las ~ás serias, p~es claro esta que también bao concurndo á producir el fenómeno diversos
blecimientos de en·
se ñ a n za eomercial
factores s~1ficiente~ente estu'.llados ya.
.M. Yan¡oul, sab10 ruso que ha publicado un estuprimaria, comprendio notable sobre los TOedios empleados por ¡08 Estaderemos por qué el
dos ~uropeos para desarrollar su comercio exterior
pueblo francés no ha
decía: se ha repetido que el maestro de escuela a.lepodido luchar ventajosamente con sus
mán ha desarrollado 1a fuerza brutal de Alemania·
le ha hecho á su patria un servicio mejor, el de favo~
adversarios en el coELNUEVO -lNSTITUTO ,DE COMERCIO DE LEIPZIG (ALEMANIA.)
recer con to~as sus fuerzas el _aumento de su capacim e r c i o internacional.
dad productiva en el orden rndustrial y comercial.
Meditad este pasaje del informe de un cónsul ameri- nómico del mundo, que lo estudie en todos sus porq_ue
sobre
todo
caracteriza
las escuelas eomer.
Lo
cano dirigido últimamente al gobierno de Wasbino-- men~r~s para que pueda saber á donde ba de lle- males fra_ncesas, es la falta de interés
de
ton: «Los progresos realizados en Alemania de veinte var u_tllmente sus esfuerzos y para que medite los los e:,tu_dws, lo poco que se les inculca á utilitario
los
alumnos
años á la fecha-período brevís1m&lt;) si se tiene en traba¡os y la marcha de bUS competidores extran- el esp;n~u de iniciativa y la escasa comprensión de
Jeros.
los !11ult1ples problemas que tiene que resolver el ne_Es lo que bao hecho en Europa alemanes y aus- gomd.nte, cuando emprende operaciones lejanas d
tria_cos, belgas .y suizos; millares de jóvenes de esas compra ó vent&lt;l_Y más que todo la energía de lavo~
naciones, bao adquirido uoa excelente educación Juntad. No recibe ei,os estímulos que Ja hacen tan
comerc_ial. Habl_a~ y escriben muchas lenguas vi- sorprendentemente creadores de maravillas en los
vas, tienen opmwnes preeisas sobre los negocios
países del Norte.
en ~rna palabra, están mejor armados para la lucb~
sabia del negocio moderno. Natural es que proEL OCULTISMO EN FRANCIA
gresen.
En 1850 los Estados que después han formado el
~on mot! vo de haber causado eu Francia grande enl mperio Alemán, tenían apenas diecisiete escuelas
tusiasmo
y,sensación el horóscopo hecho acerca del Code comercio que daban una ensei'ianza prima ria superior, ó secundaria. Actualmente, bay en Alema- manda~te Marcband por una charlatana adivinadora
nia setenta y tres e~cuelas de ensei'ianza comercial que reside en París, llamada Mme. Thébes y que gos~gundarfa y dieciseis escuelas su pniores de comer- za ~e ~!to crédito entre la gente supersticiosa, lo.;
c10, cuyos alumnos tienen el privilegio cuando pa- periódicos de Parí~ emprendieron una campaña for.
san los exámenes, de no mal para desautorizar Ja predicción. Para conseguiríi
hacer sino un afio el ser- lo, recuerdan que en los momentos en que llegó á su
vicio militar. Las dleci- apogeo el general Boulanger de célebre recordación
seis escuelas superiores e1;1 Francia por las engañosas esperanz,;s políticas que
d!ó Y. que fraca~aron ridículamente; pues bien, en
Se reparten en todo el e~as
c1rcunstanmas no faltaron adivinadores que biterritorio del Imperio;
me~o~
para el dichoso general un brillante horóscopo
á saber: seis en Prusia,
cuatro en Baviera, tres pol1t1co á )ª medida del deseo de sus partidarios, el
en Sajonia, una en Wur- cual contnbuyó no poco á producir los trastornos que
ocurrieron. Del tal horóscopo nada se reaHtem berg, una enHessey entonces
una en el principado de zó, como era natural.
Ahora los periódicos nacionalistas y antisemitas
Reuss. Hay ademásocho
establecimientos, gim- le han hecho gran ?&lt;Jmbo al de Marchand, propagánnasios, escuelas reales dolo como cosa s~na hasta los periódicos católicos
credo proscnbe las isupersticiones. 1•Misterios d'
superiores y escuelas cuyo
las pasiones políticas!
e
técnicas, que con los
Po'.
eso
es
laudable
la
tarea
de
poner
en
caricatura
mismos programas for- semeJantes farsas, y es en verdad hábil Ja táct·
man industriales y comerciantes. El número de los que toman como ejemplo el chasco ocurrI~~
de alumnos de todas las con el horóscopo de Boulanger puesto que de M
escuelas de esta clase, chand predice !ª adivinadora que será un héroe c~rdn
llega á doce mil tres- todas las :mahdades reunidas de Napoleón I
·Pyo
e
Boulanger,
pero
sin
ninguno
de
sus
defectos
cientos. En algunas ciu- cosa!
· 1 ca
dades la escuela comercial recibe subvención
LA ESCUELA SUPERIOB DE COMERCIO DE PARIS.
del municipio.
fuenta la antigüedad de la cultura alemana-sus ade. En Austria Hungría hay un total de cincuenta y
tntos e~ todo orden son verdaderamente increíbles. siete escuelas, con ocho mil seiscientos alumnos y
a activ1da~ de sus_Export Vei·eine, la energía de sus doscientas cuarenta y seis escuelas de perfeccio~a~entes, la ms~rucc1ón que se adquiere en sus escue- mlento á que concurren generalmente más de treinta
as, la puntuahdad ~n la ejeución de las 5rdenes co- y ocho mil empleados, agentes y meritorios de co;rerclales, la habilidad con la cual se anticipan á los mercio.
eseos de las otras naciones en materia comercial taEn Suiza el nivel de la enseñanza primaria es muy
1es son los factores de sus rápidos y seguros progreelevado, y en la segunda parte, destinada á los niños
sos ...... &gt;
De estas _cualidades, sólo una falta á los industria- de nueve á diecisiete aflos, además de las lecciones de
1es Y !1egoc1antes franceees, la instrucción técnica co- cálculo rápido y ,de teneduría ne libros, se les enseel francés, el alemán ó el italiano, es decir, una
~Cial. En Francia y en Inglaterra se ha desarro- fla
de 1as lenguas no habladas en el cantón en que está
O
clal menos que en Alemania la enseí'ianza comer- la escuela, y frecuentemente el inglés.
o ac~sá.ndose en igual proporción el descenso de sus
En Bélgica la ensei'iania comercial secundaria se
pe~amon~s come~c!ales con el extranjero.
Ju~ ;ntiguo. m1mstro de comercio de Francia, M. recibe en los a¡,eneos en el Institu Lo de San Ignacio de
los
o~he, dice: &lt;Ya no estamos en el tiempo en que Amber~s, que es una escuela de e?señanza especial
per~:gociant~s Y los industriales franceses podían es- comercial, y la enseñanza comercial superior en el
en s ~ranqmla Yseguramente en su cl\Sa que viniese Instituto de Comercio de Amberes.
En los Estados Unidos bay doscientos setenta y
mu!~! usca la fortuna. Tenían el monopolio de una
de}.,' tu~ de objetos y el mundo entero era tributario cinco E&gt;stableclmientos de ensei'ianza comercial algues u~tnc ª· Todo seha transformado·: la competencia nos de ellos de primer orden, á los que concurr~n más
es n ver9'."l Y se m~nifiesta hasta dentro del país; de cincuenta mil j,~venes, de los cuales el quince por
lo alecesano p~rsegu1r al comprador y jugar á quién ciento cuando menos reciben enseí'ianza comercial
dicioC:nzará primero y más lejos en las mejorescon- ve.?"daderamente su_perior. La ensei'ianza es práctica
apuca:S de enta que sea posible. Necesario es pues, hasta donde es posible, y los alumnos dirigen oficih,, dla en e º:den comercial, el método científico, nas, dau órdenes de compras y de ventas ejecutadas
co!erci de umv_ersal aplicación; necesario es 'J.Ue el por otras oficinas, hacen contratos, negocios de banante francés conozca á fondo el tablero eco- ca, etc.
ÜFICINA S'UPERIOR DE COMERCIO EXTERIOR, p ARIS.

1

�Domtniro 27 de Agosto de 1899.

Domingo 27 de Agosto de 1899.

EL MUNDO

EL MUNDO.

136

La parte española, que es la central
y oriental, formó la República Domt·
nicana, y afortunadamente no ha conocido los horrores de la guerra de
razas entre el elemento europeo y el
africano, importado en tiempo de la
dominación española. La población
blanca ó mestiza se ha unido con el
elemento negro muy numeroso en las
costas, y domina todavía en los valles
del centro y en la parte alta del país.
Esta es la República Dominicana, cuya
capital es la ciuñad de Santo Domingo.
El General Ulises Ileureaux cuya
muerte nos transmitió el cable, fué
asesinado por un ciudadano de la República llamado Ramón Cáceres. Heureaux ocupó el puesto de Presidente
de la República Domiuicana diecisels
aílos y estaba reelectv para el período
que debía terminar en 1901, pero se
creía en una nueva reelección.
Era extraordinariamente activo,
enérgico y de una firmeza tiránica á
veces. Pertenecía á la raza negra, y
descendía de un antiguo esclavo de la
parte francesa de la Isla.

EL GENERlL DE NEGRIER,

Una de las medidas más enérgica¡., y
dolorosas que ba tomado el actual Mi·
nisterio francés para conserYar la disciplina en el ejército, rué la remoción
del general de Negrier, prestigiado
militar de aquella nación y miembro
del Supremo Consejo de guerra. .
Muy discutida fue la determinación
del General Marqués de Gallifet, Ministro de la guerra al separar á uno de
los Jefes más estimados y más populares; pero para quienes sin pasión
pueden juzgar los acontecimientos, es
evidente que nada se impone tanto en
las actuales circunstancias como la
consevación del orcen y el acatamiento incondicional por parte del Ejército, de los acuerdos que dicte el Ministerio llamado á restablecer el equilibrio moral en la nación francesa.
El General Negrier, hoy una de las
figuras centrales y de las más simpáticas para los que erróneamente quieren sostener los priYilegios del Ejército contra las exigencias de la justicia

GUZ:MAN BLANCO,

EL GENERAL F. 0. DE NEGRIER.

UL1$ES HEUREAUX,

México

Moderno

CASA DEL SR. ToR;:;Es ÁDALID. -AVENIDA Ju~REZ.

Presidente do San_to Domingo asesinado ú.lt.lm11mente.

E.x-Presldente de Venezuela. ten Paris.

y los intereses-dei pueblo, es antiguo alumno deSaintCyr, establecimiento al que ingresó cuando apenas
contaba diecisiete años, por lo' que hubo de solicitar
dispensa de edad.
Pasó por los grados de Sub-Teniente, Teniente y
Capitán de Cazadores de Infantería, y el afio de 1870
su conducta excepcional y heroica en Saint-Pri vat,
en donde fué gravemente herido, lo hizo acreedor á
una mención y á la cruz.
Restablecido de su herida, siguió la campaiia á las
órdenes de Faidber vc con el grado de Comandante
del 24 batallón.
En 1879 recibió el grado de Coronel y se distinguió por sus brillantes campaii&amp;s en Africa y en el
Tonkin.
En 1882 fué ascendido á General de Brigada, y en
1885 llegó á divisionario poniéndose bajo su mando
poco después el 7 ° Cuerpo de Ejército.
Sus méritus le han valido ser gran cruz de la Legión de Honor, y fütimamcnte ocupaba un puesto
en el Consejo Supremo·de Guerra del que fué removido por sus violentas críticas contra el Ministerio
Waldek Rousseau-Gallifet, en perjuicio deladisciplina y del principio de autoridad.

ella dominan los negros y los mulatos desde la terrible
insurrección de hace un siglo durante la cual destruyeron, expulsaron y absorbieron la población blanca.
Al hacerse independiente le dieron al país el nombre
de Haití, con el que designaban los indios toda la isla antes de su descubrimiento por Cristóbal Colón.

L!.

Era hombre instruido, pues además de estudiar
muclio, tenía el don de la asimilación y una gran
fuerza en el trabajo. Bajo su gobierno la República
Dominicana vivía en paz, aumentaba su población 7
progresaba en todos sentidos.

CARICATURA EN EL EXTRANJERO.

EL GENER.1.L G1JZ1'1A.N BLA.NCO.

Este antigo Presidente de la República de ·, enezuela, expatriado desde hace varios años, murió últimamente en París en el palacio de su propiedad de
la calle de la Perouse.
'.renía setenta años, y desde el año de l 888 se retiró definitivamente de la vida pública fijando su 1esidencia en París, en donde contrajo vínculos de parentesco con la nobleza de !'rancia, pues una de sus
hijas se casó con el duque de Morny y otra con el
Marqués de Noé.
Como~soldado tomó parte en las agitaciones políticas de"\ eneznela, y en 1870 se apoderó de la primera
Magistratúra de aquella República.
Su nombae es uno de los má&amp; conocidos en la América Latina, y deja en ella el recuerdo de una larga
carrera de soldado y político que ilustrará la his•
toria de las revoluciones latino-americanas·

El Presidente lJlises H .e ureaux.
La gran Isla de Santo Domingo es en parte espai'iola y en parte francesa. La parte francesa que está
al Oeste y es la más pequeiia, pues ocupa próximamente un tercio del territorio, es la más poblada y en

¿De qué lado se inclinará la balanza?

ÜASA DE LOS SRES. EsCANDON -MIRADOR DE LA ALAll.EDA.
(New York Jierali.. )

137

�Domingo 27 de Agosto de 1899
EL MUNDO.
138

NOVEDADES CIENTIFICAS.
,._

Viajes lnterplanetarios.-La geografía y la vida del planeta )!arte.
-El progreso ideahzado.-Tr1unt~s de la Pe..t11gogla: uu perro
que sabe matemática~.

El ilustre astrónomo M . Camilo Flammarion hizo
su viaje de bodas en globo para obsequiar los imperiosos deseos de la desposada, quien impuso este fantástico paseo como condición esencial para dar t:! clásico sí. El primer beso de ·amor fué cambiado entre
estos novios ultra-idealistas, teniendo por alcoba
nupcia.l el infinito espacio azul , magníficamente engalanada con cortinajes de nubes prendidos con estrellas é iluminada por la «misteriosa lámpara de plata,&gt; por la infeliz luna tan habituada á tomar parte
de grado ó por fuerza en e¡;tas escenas, merced á la
arbitraria voluntad de los poeta!:..
Las más desenfrenadas fantasías de los románticos
quedaron muy por debajo de la espléndida y original
realidad de este viaje nupcial; imposilile parecía imaginar una fiesta de amor celebrada con tan absoluto
desprendimiento de la Tierra y sus miserias, puesto
que los de1,posados estaban á varios millares de metrot. lejos de ellas.
Pues bien, á pesar de la extraordinaria novedad de
esa excursión, el progreso científico pronto va á darnos algo mucho más interesante y grandioso. Cualquier novio del siglo futuro, es decir, de maflana,
estará en posibilidad de preguntarle á la novia, la
víspera de la boda, si prefiere ir á pasar la luna de
miel á París ó á Marte, á Niza ó á Venus. Así, como
suena.
Y este viaje podrá hacerse sin peligro alguno, sin
la menor molestia, sin t,emor á que un naufragio ó
un descarrilamiento corten en flor el idilio apenas comenzado.
Esto que parece inútil charla, es, por el contrario,
hermosa verdad cientilica.
Uno de los más curiosos fenómenos que ofrece á
los espíritus observadores el progreso de la ciencia,
consiste en su marcada tendencia á usar de la materia y de todo lo creado sin consumirlo, sin cambiarlo
de forma ni de lugar, de una. manera virtual, ideológica por decirlo asi. Por una parte, de día en día la
ciencia se bace más positivista y se funda exclusivamente en be.:bos materiales, pero al mismo tiempo
sus conquistas se inmaterializan á fuerza de perfec•
ciunamient:os, y esto que parece una paradoja, es sencillamente una consecuencia lógica del predominio
que la inteligencia humana va adquiriendo soore la
materia.
La luz artificial es un concluyente ejemplo de este
hecho.
El primer hombre que consiguió encender luz frotando uno contra otro dos trozos de madera resinosa,
consumió, además de la madera, gran cantidad de
fuerza animal, todo oara obtener una llamarada de
, coita duración, rojiza y fuliginosa. Pues bien, después de luengos siglos em pleados en variadíslmos ensayos á cual más deficientes para obtener una luz
artificial perfecta, abon casi ha llegado el bombre á
conseguirla puesto que con una caída de aglrn, unos

,

.

..... -

Ar Al'

Domingo 27 de Agosto de 1899.

animal pasó ya y terminó con el enfrla.
miento del planeta. Mart,e sólo recib,
cuatro novenos del calor solar que la
Tierra recibe, y añadiendo este dato al
aspecto de desolación y á la ausencia de
agua que se observan en su superficie
puede pensarse que nuestro vecino es u~
gran agonizante, próximo á convertirse
en un trágico cadáver condenado á flotaren el espacio basta que un fenómeno de
la evolución sideral lo convierta de nue.
vo en nebulosa, luego en cometa, má&amp;
tarde en wl ó en parte de otro sol, después comience otro período de enfrla.
roientr, lo embellezca la vida ani mal 1
vuelva al fin á conve1tirse en cadáver y
esto infinitamente y en períodos dette:U.
po ante cuyo cálculo retrocede la intell.
gencia humana, espantada más que porla grandeza de ellos, por la miseria de la
vida del hombre comparada con la de loa
astros.
Con que ya vemos que se puede viajar
por los espacios ideológicamente, como
pronto se viajará por laTierra, cuando el
telégrafo sin hilos, el fonógrafo y el cine.
matógrafo, formen un sólo aparato, máa
notable que las i,iete maravillas del mun.
do antiguo reunidas. Y esto no es una
esperanza, ni una probabilidad siquiera:
es un hecbo. Existe la telegrafla sin
hilos; la fonofr¡,ffa ya fué aplicada al telégrafo; también es un hecho la transmisión de las imágenes luminosas por medio del telégrafo, sieodü indiferente transmitir una sola fotogra•
fía ó muchas romo en el cinematógrafo.
Falta únicamente reunir en uno todos esos prodigios y entonc~s, para viajar, las cosas y las personas
vendrán por esenci", presencia y potencia bacia nosotros, y ya no será preciso que nosotros vayamos hacia
ellas.

carta hablada. Vino después la carta escrita en la.arillos, en tablillas de madera, primero desnudas y
luego recubiertas de cera, más tarde aparecieron sucesivamente el papir0, el pergamino y el papel, basta
que la electric!dad dióles el golpe mortal á tan groi,eros medios de transportar las ideas. El único veliículo digno de la palaora, verbo encarnado de la
idea, es la electricidad omnipotente y rápida cumo
***
ella.
Vaya otro hecho maravilloso
para confundirá los
Y dominada la luz con las conquistas de la ópt:ca detractores de los sistemas modernos de educación.
y de la química; domiaada la electricidad con los
DejanJo á un lado por inútil la discusión de si loe
avances de la física, é invadido el espacio y vencida animales tienen alma, discusión ingrata entre otraa
la materia basta en sus más tenaces resistencias, coi,as, porque ni sobre la naturaleza del alma humapor la marcha triunfal é incesante de las aplicacione,¡ na, ni sobre su existencia bay dos metafísicos en comde la fuerza eléctrica, dentro de poco desaparecerá la pleto acuerdo-, pasemos á los becbos.
necesidad de exponerse á los peligros de un viaje lo
En París anda el mundo científico alborotado por
mismo para conocer nuestro mísero planeta, quepa- un caso al parecer vulgar, y que por el contrario, eg
ra hacer una excursión par Marte, Venus y, más
gran trascendencia.
tarde, por los demás sistemas planetarios y basta deSe
trata de un perro que sabe aritmética. Por IU•
por las remotas consLelaciones ahora más bien adi- puesto que no es uno de aquellos perros sabios que
vinadas que vistas.
Cuando bace algunos años se habló de conocer la pasan por tales á semejanza de mucbos hombre.a,
composición química de los demás planetas y bas- sólo porque señalan casualmente un número con la.
No.
ta de las estrellas, hubo .:na sonrisa de incredulidad pata.
Es un perro que por la educación racional y metódespreciativa para semejante idea, entonces calificada de absurd). Ahora, mediante el análisis espectral dica de los sentidos, hecha mediante los más estrlose sabe, átomo por átomo, la naturaleza de los cue1- tos procedimientos de la pedagogía moderna, llegó f.
pos de qne se componen los milenarios babit,antes adquirir la noción del número y, lo que es verdad&amp;
del espacio, su anatomía y su fisiología, digámoslo ramente admirable, la de sus combinaciones.
El sabio animal suma, multiplica y divide, expre•
asf, nos son famlliares, y sabemos de ellos tanto cosando con ladridos los números que combina. Par&amp;
mo de nuestro propio planeta ó muy poco menos.
Un soñador, mejor dicho, el profeta de la Ciencia, comprobar la educación de sus sentidos, se le vendan
imaginó un maravilloso cuanto inverosímil relato de los ojos, se le dicen los números y él responde acertaun viaje á la luna. Entonces los sabios rieron de la damente; con los ojos vendados y sin decirle nada.
idea y basta hubo quien la discutió demostrando su
imposibilidad. Pero ahora nos dice la Ciencia: ciertamente, es imposible que el mísero animal humano,
todo debilidades, se salga de su medio y viaje por el
espacio; pero ¿es nec.;esario que su cuerpo viaje1 no
puede bacer que su inteligencia sea la que se lance al
espacio y viaje so:a, puesto que para ella no existe la
pesantez, ili necesita del aire oxigenado para vivir y
ningún peligro sabría alcanza1la ni hacerle daño
alguno?
Y 0omo decir y hacer casi es lo mismo para la Ciencia, be aquí las pruebas.
Para hacer e1 mapa de nuestro planeta fué preciso
que muchas generc:1,ciones de hombres de excepcional
energía, emplearan siglos en viajar, arrostrando dific1,ltades sin cuento y desafiando la muerte cien veces
cada día, y aun asi, no conocemos del todo bien la
geografía terrestre; todavía hay regiones inexplora- '
das y rincones misteriosos por estudiar.
En cambio, unos cuantos astrónomos, cómodamente
~endidos en l~ cha~se longue de sus telescopios, con
alambres, una ampolleta de vidrio y una chispa de pae1encia
pero sm nesgo, pudieron ya levantar el
su genio, produce una luz bellísima, la incandescen- mapa fidelísimo de todo un llemisferio de nuestro ve- •
te, y que no consume un solo átomo de materia aun- ci~o Marte, á pesar de los catorce millones de leguas
que brille durante siglos. Y todavía los hombres de que nos separan de él. Y nos enseñan con la certeza
ciencia estiman que esta luz es defectuosa, puesto de ~u becbo científico, que!º qu~ antes pareció vegeque produce calor, y lo estiman con tanta más razón, tación y agua en Marte, &lt;DI es cielo, ni es ami &gt; ni
cuanta que Nicolás Tesla, el glorioso sucesor de es
vegetación, ni es agua, sino ilusiones ópticas, puesEdison, anunció haber resuelto ya el problema de tas en claro por el espectroscopio. Agua la hay en
producir la luz fría, es deci:-, la última palabra que
pero en escasfsima proporción y según parece cuenta con una pata las bolas de un ábaco y baCt el
al parecer puede pronunciarse en la cuestién del alum- Marte,
toda en estado de vapor en su atmósfera.. Los llama- cálculo, siempre sin equivocarse.
brad0, desde que el primer hombre lo produjo casual dos
mares son grandes cuencas vacías por ahora. ¿ EsEl hecho es concluyente: la Pedagogía puede hacer::
6 deliberadamente frotando do,; trozos de madera.
Pues lo mismo que aconteció con la luz, tiende á tu vieron llenas, lo estarán más tarde? La vida ani- de 1,n bruto un sabio.
existe en Marte?
hacer la ciencia moderna con los demás problemas mal
Casi puede afirmarse que no y basta basándose en
M. Ro:llERO lBAfl.!l,
sometidos á su omnipotente fuerza.
las observaciones hechas, se hace la hipótesis de que
El primer hombre que quiso comunicarse con otro el estado ~ctual de Marte en punto á vitalidad, es
á distancia, tuvo que transladarse á donde estaba su muy semeJante al de la Luna, es decir, que la vida
semejante ó que enviarle un mensajero, esto es, la

EL MUNDO

139

1,

QJ

:if~. francos que en las pomposas fiestas del cas«En_esto, aparece una carroza dorada tirada
por seis caballos en 1
.
sus hijas tiernos, d r a ~ua 1 ib.t la castellana con
pollos· u~a ro ' e rna os y encantadores pimto. L_a· madre ::d~~~eª~~c~~l~e~auny pcá~~~~r{:c~

~;;~~~:º! ª~::~':

1
ia~r:cíta un soberbio _tulipán:
0
1egre reunión mte•
rrumpió sus ·
·
sus seflores; ~~tf~~• %a:~!clinóóco1;1 respeto ante
co~ la más ligera inclina ció:~: c11s~:z:.aludar ni
Al ver á las tres graciosas niftas
té: ¿¡Quiénes zlerán los jóvenes destin!:orr:g~~-

~~; ~;:r~~ ;~ri::;:sf'Serán

ª

poderosos caballe:

«¡Ilu u hud! ¡Escapo! ¡Vuelo!
«Los campesinos hicieron lo
molinaron danzand
que yo, se arreo er: torno de la hoguera· y
en tanto el carruaje escapó al g I
'
«A media n h
¡
ª ope.
nud
.
oc e, a levantarme dispuesto A reapar:~::u crrera, la altiva castellana se acostó
pentina
~evantarse. Una enfermedad reyo emplear pud:r:.on tanta presteza como la que

~º1:~r/

Da:!net:t~~~ ~~;::rsª~fa:º;~;:iiempo, V:aldemar

II
«A orillas del Gr

:e~

.
d~cf ~ viento, se leroa de asperón y
oria , e gruesos mupiedras, des&lt;le . u o c?n~zco una á una sus rojas
eutillo de Mar-~
s1r;1eron para construir el
lido, Y las tran:
ig, asta que éste fué demoeon ellas el cast8i';~ar;n más lejos para fabricar
y que aún se mantie!e orre?y, á que me refiero,
«Yo h
en pie.
á t d 1
barones ey conocido
á tudas
o os os altos y poderosos
han habitado· ero ~s. bellas castellanas que lo
hablar más q~~ de V e~imoslas. Hoy no quiero
QUd un tiem o lo
a emar Daae y de sus hijas
en 1111 cróni:as. poseyeron. ¿Cuándo? Buses.di~
vanta un viejo cast~~o

B I

Jr

«;Qué altiva era 1 f
«re real corría en a rente del seftor Daael Sanhacer algo más q sus v~nas, y era hombre para
ciervo. Tenía en ~e ~aciar la copa ó dar caza al
y cuando halla bas1 ;::,1smo una absoluta confianza,
•¡~odo se andará!» 3tá_culos ~ sus e_mpresas,q111lamente Y .
solla decir sonriendo tran•~u espo sm ~dar nunca del éxito.
pareeía una sa _vestia trajes recamados de oro Y
arroianeia por
r e1na ' cuando pasa ba con solemne
~ruatado de m de1 gran_salón, cavo pavimento in.
a er as fmas b ·¡¡ b
peJo.
Magníficos t .
ri a a como un estea y los mueble ap1ce~ colgaban por todas parde ébano y marf~I argst1camente cincelados eran
grandes iique 1. uando se casó traj0 en dote
lujoso era el c:: :i~n doro y plata labrada. ¡Qué
ta~a llena de los º. e Bo:rebyl Su bodega esrehnchaban f
meJores vmos y en las cuadras
PU.as y estim~~osos caballos de las castas más
«Tr
as.
ea graciosas nifias jugaban en el _parque,

d

das de su !aud y cantar, y no los antiguos cantos
da~eses,_ smo endecba_s y baladas extranjeras.
La vida y el movimiento eran incesantes en
el castillo; de cerca y de lejos iban á él l0s huéspedes.renovándose de continuo. Los festines se
suced1an, Y e~a tan ruidoso el choque de las copas, que se o1a desde afuera aun en los días en
que yo bramab~ con todas mis fuerzas.
«Albo~ozo, luJo y soberbia, de todo había ali'1
menos virtudes.
,
«Una vez, érase la noche del primero de l\IaY?• Y fº llegaba del Oeste. A mi paso me había
divertido a_rrojando los buques contra las costas
dde Jutland1a,
JI
1 en donde
.
. se estrellaban , hu n dºé
1 nos? e os Y as tripulaciones: luego desfilé por
encima de las vastas llanuras cubiertas de mato•
rrales, atravesé como un r ayo la isla de Fionia,
y llegué al Gra~ Belt, fatigado, jadeante, tosiendo. Estaba sediento de descanso y me acurruqué
en las playas ne Sel1rnda,cerca deBorreby áf vor del_s_ombrío encinar que había entondes e:
aquel Sltlv.
. «Los mozos del país andaban atareados recogiendo haces de leña seca, y los transladaban á
la pl~za de la aldea, lo, amontonaban y los encend1an; y ellos Y las muchachas cantaban y bailaban en torno de la hoguera.
«Yo soplé suavente sobre el haz que había traído el más ~puest_-- joven, sobresalió de la boguera una gav1ll~ de llamas, fulgurando como u
rayo; ¡Qué gritos de alegría dieron las mucha~
chas. El mancebo ganó el premio Y fué durant
todo el afio el gallito del pueblo, pudiendo esco:
ger entre todas l RS mozas la que más le pi
que no era por cierto la que lo esperaba. I ,asug~,
risas y e l a l borozo fueron entonces mayores y

;~:~ ~~b~~:::frobusto lleg~ áefobfeº;::~;º~Ff~~
raron las much:f;~/~ee~:e~~za _en seguida. Llollos y escudero
.
a ea, pero los vasaIágrimas. ¡Rabí:~~;:~~e;~:;or qué.llenjugar sus
hitd! y yo huí con .:)l]a.
a su se oral ¡Hu u« Volvía volv' á
á. descans~r cer:: d mJnudo á las costas del Belt
bosque de enci
~ orreby á favor del espeso
zas reales
nas. n este encinar anidaban garEra la pri~palom~s torcaces, cuervos Y cigüeiias.
ban s s
avera, algunas de esas aves incubala pol1fa.d!u6;~8; á las otras ya les había nacido
trepitosa· tüda i6pente se _oyó una baraunda es1 1
·desatinada, exh!ia!~! ªg~i~~s ~ol~ti
I se dispersó
ra Resonab I h
e O1or Y de cóleel ·bosque ibªa ~ a!cha sobre los robustos troncoe:
saparecer. Valdemar Daae
h bí
ta a propuesto construir un soberbio navío ;e
e~e:e;use:~~s~~ma~~v~o: : guerra, seg~ro de qu!
decretó la des!parición d!l buen precio. P0r eso
espeso bosque que

�EL MUNDO.

140

era á. la vez abrigo de las aves, seftal preciosa reunirse grandes handadas de cuervos y grajos á
para los navegantes que andaban por aquellas cual ml\s negros, que se refugiaron en el na~o
abandonado sobre la playa: la muerte pareci_a
costas sembradas de escollos y peligros.
reinar
en. él. Empezaron á lanzar roncos gra~t"l•
«Los buhos huyeron los primeros; sus nidos
fueron destruidos. Luego las garzas, los cuervos dos: hablaban del hermoso bosque destruido
y el resto de aves y pájaros se decidieron A aban- inútilmente, de todas las aves que ~o alegraba~
donar un sitio en el cual centenares de genera- y que se habían dispersado, de los nidos destruiciones de PU raza por espacio de siglos enteros dos y del gran número de pequef!.~elos que ha•
habían tenido un domicilio inv~olable. Antes de bían muerto en tan terrible catachsmo, todo por
partir revolotearon á. bandadas, formando gran- una masa inerte, por el famoso navío que no ha.
des círculos y exhalando agudos gritos de furor. bía navegado nunca.
"Yo arremoliné la nieve que se extendió como
Yo les entendía perfectamente. Las cornejas gri•
taban: «Crah, c1•ah! . ..... nuestra casa cruje. un vasto sudario en torno del navío, Y se pos_ó
sobre los mástiles. LuE&gt;go soplé con todas mis
C1·ah, ci·ahf.,.
«Entre los •roncos derribados, Valdemar Daae fuerzas, y si bien nunca se balanceó en las olas,
y sus tres hijas contemplaban la obrad~ destru~- bien p"onto supo lo que son las tempestades.
ción, riendo á carcajadas de los salvaJes queJl· ¡ Ifü-it hud! ¡ [Th uh ith!
«y pasó el invierno y luego el verano; los
dos de tantos animales. Sólo Ana Dorotea, la más
pasaban volando, como vuelo yo,_ c~mo vuedías
joven, tuvo un rasgo de piedad, al ver que f ban
A cortar un árbol medio seco, en el cual tema su la la nieve, y f-.n seguida las flores y ult~mamen•
nido una negra cigüefi!l, Vió la niila A los peque. te las hojas de los árboles. Todo desfila, todo
fl.uelos asomando sus cabezas amedrentadas, Y vuela, todo pasa, ¡ Uhuh! y desfilan y vuelan Y
.
con los ojos humedecidos suolicó por ellos, y pasan los hijos de los hombres.
«Pero las hijas de Valdemar Daae aun no esel árbol salió ileso. Por lo dem!l.s, era muy poco
tab1rn prontas á. tomar el vuelo.
lo que valía.
«Ida resplandecia, joven y lozana, cual una
rosa recién abierta; así el pobre constructor d?l
navío la imaginó un día, así la adoraba. Yo sol~a
sorprenderla absorta y pensativa sentada baJo
los manzanos del huerto. Á mi aliento ondulaba
su obscura cabellera; se la cubría con las hojas
blancas y sonrosadas de los Arboles; y no se cu•
raba de ello, permaneciendo inm6vil Y_ contc.m---.¡
plando al través del follaje el sol pomente Y el
horizonte encendido como una fragua.
_}
'&gt;"" 1
«Su hermana Juana era alta y esbelta cual una
v· /,?
anémona y radiante de belleza; pero por su tie/J
sura recordaba á. su madre. Gustábale pasearse
"7-,
por la gran sala de honor, cuyas paredes cubrían
los retratos de sus nobles antepasados. Llevaban
las damas ricos trajes de terciopelo y seda Y un
sombrerito cuajado de perias sobre sus extraiios
tocados y resplandecía en ellas la más arrogante
«Arrasado el bosque, sucediéronse algunos me- belleza. Los caballeros llevaban cor11zas de aceses de incesante trabajo; era menester aserrarta• ro con embutidos, ó soberbias capas de pieles,
blones, pulirlos, ajustarlos y clavarlos para cons• una espléndida condecoración pendiente del cuetruir el navío de tres puentes. El arquitecto era un llo y la e•pada al muslo v no á la cintura, según
pechero; pero no estaba de ello menos orgulloso,
moda antigua.
y con razón, pues en su frente y en sus ojos bri- la «1,Qué
sitio oeuparía con el tiempo el retrato
llaba la inteligencia. Valdemar Dnae le escucha• de Juana, y qué traje llevaría el noble caballero
ba siempre con agrado, y su hija Ida, la mayor destinado á ser su esposo? Esto pensaba, y yo la
(tenia quince a:llos), sonreía al oírle.
oí hablar consigo misma, un día que encontrando
y en tanto que fabricaba el navío, el joven ar- una ventana abierta, me colé en la sala de los re•
quitecto hacía castillos en el aire, deseoso de entrar en ellos en compafiía de Ida. Fácil le hubie- tratos.
ra sido, teniendo esos castillos robustos muros
de piedra, grandiosas salas bien decoradas, extensos dominios A su alrededor, granjas y bosques.
«Pero no estaba en este caso, y á pesar d.e su
gallardía y de su inteligencia, el joven arquitecto no encontró mejor acogida entre la noble familia, que un gorrión que pretendiera alternar
con pavos reales. llu u-hud! El se fué y yo también.
«Acabado su empeiio, al salir de Borreby, la
hermosa Ida le lloró por espacio de 1ma semana;
mas luego se resignó con los golpes de la suerte.

'í

=

III
Relinchaban en la cuadra los a1rogantes corceles de pelo negro y reluciente. Eran unos soberbios animales. Cuando yo no tomaba mi andar
mAs rApido, luchaban conmigo en celeridad. Des•
de lejos venían las gentes A admirarlos. El almirante enviado ¡.'Or e-1 rey con objeto de examinar
el navío y adquirirlo si lo encontraba conforme,
hizo de ellos los más cumplidos elogios. Yo lo oía
todo: él y Daae se paseaban por la playa hablando del navío, y yo amontonaba en torno del sefl.or de Borreby las dispersas pajaJ de color de
oro, pero no es oro todo lo que reluce, y el oro
verdadero que él codiciaba, le escapó. El almirante deieaba poseer los arrogantes corceles, por
eso los encomiaba tanto; pero no fué comprendido y el navúo quedó por comprar, y como sólo
era propio para el rey, permaneció en la arena,
rual cubierto de tablas, cual nueva arca de Noé,
sin que jamás flotara 11obre las ondas.
«¡Hu-n-hud! ¡Escapo!¡ Vuelo! lfü•it por el frondoso bosque, arrasado inútilmente!
«Llegó el invierno, aiiadió el viento, y cuando
los campos se cubrieron de nieve y el mar de
témpanos y yo rugía A lo largo de ~a costa, ví

«Ana Dorotea, el pálido jacinto, era una nif!.a
de catorce aiios escasos y permanecía siempre silenciosa. Sus grandes OJOS azules y profundos
como el mar lanzaban miradas p,.msativas, y en
sus hermosos labios brillaba la dulce sonriaa de
la primera juventud. Por nada del mundo hubiera querido yo marchitarla.
«Sin cesar la en contra~a en el jardín, en el parque y hasta en los campos, cogiendo flores y yer•
bas de las que su padre hacía gran uso para des•

Domingo 27 de Agosto de 189_9.

Domingo 27 de Agosto de 1899.
tilar remedios y breb~jes. Si estaba Val demar·
Daae saturado de orgullo, no estaba menos lleno
de ciencia, conociendo los secretos de l~s plantas
y las piedras y de toda la naturaleza, circunstan.
cil. harto rara en aquellos tiempos, por ~o que se
contaban misteriosamente cosas muy s10gulare1
de su vasto saber.
«Ni en los días
mAs insoportables.
de verano se apagaban las hornillas
de su laboratorio,
en el cual permanecía encerrado día y
noche, de bruces
sobre sus retortas
y crisoles. No hablaba nunca A na•
die del objeto de
sus investigaciones,
pues ha.,.to sabia
que para hacerse
duell.o de las fuer,
zas de la naturale•
za, es preciso guardar el silencio mb
absoluto. Sin embargo aspiraba á poseer el arte
supremo, y creia tocar á su ~érmino, que no era.
otro que ooder hacer oro roJo.
.
«Por eso 111. r.himenea humeaba de contmuo.
¡Qué fuego! ¡Qué llamaradas! Yo solia mezclarme
en el asunto, y soplando por el tubo de aquella,
cantaba: «¡Escapa, huye! Todo se irá. en humo y
cenizas. Que te abrasas, que te abrasas .... . .
Hu u hud! ¡Escapa, vuela!&gt; Pero Valdemar se
sostenía con tesón y no quería soltar su presa.
«Y los ricos corceles ¿qué se han he:!ho? ¿Yqu6
las copas de oro y las vajillas de plata sobredo•
rada, y los ganados, y las granjas 7f las alqu~rias?
Todo se ha derretido, todo se ha 1do vendiendo
para alimentar el insaciable crisol, empeiiado
en no restituir una sola partícula del oro que de•
vora.
.
cGranjas, bodegas, graneros y armarios v~n
Jimplándose sucesivamente, desaparecen los criados, y aeuden los ratonet1 en su lugar. Se rompe
t.n cristal salta otro, y yo ando á mis anchas
por la antigua morada; ya sin necesidad de espe•
rar que abran una puerta, ni de deslizarme por
la chimenea, entro y salgo á mi gusto. Sop_lo al
través de la puerta de honor, re..onando m1 vo&amp;
como la bocina del guardián, pero y a no hay guardián: hago volte..ir la veleta de la torre, con_un
rumor estridente y bronco, como los ronqwdo•
del vigía, pero ha tiempo que ést~ ~artió, y loa.
buhos y las comadrejas son los umcos moradores de la altiva torre. Se desgoznan las puertas~
se hienden, se resquebrajan, se destrozan. Y aaí
entraba y salía, aiiadió el viento, y por eso pude
enter/lrme de todo.
«Sin separarse de t:ntre el humo y las ceniza•,
la espectacióL, la fiebre y las vigilias corroían el
cuerpo y el alma de Valdemar Daae: su cabeza y
su barba se le llenaban de canas, pero al igual
que en la hornilla de su laboratorio, no se apaga·
ba nunca la llama de aus ojos, brillando con loa
salvajes destellos de la codicia y de la insaciable
sed de oro.
«Y en el crisol nada, siempre nada: ya nada
quedaba por vender, las deudas se acumulaban;
y yo cantaba alegremente al través de los crista•
les rotos y de h1s grietas de las murallas y me re•
volvía por los cofres de las seiioritas en donde
yacían revueltos y ajados los ricos vestidos de
otros tiempos, los únicos que tenían y que ya ne&gt;
podían reemplazar con otros.
«No habían oído cantar nunca esas orgullosas.
niiias la antigua balada- «Vivieron en Jauja Y
murieron de hambre,» --y no obstante esto es loque les sucedía.
« Y yo andaba cada vez más suelto por el CU-tillo, soplando melodiosamente por los largos CO·
rrer!ores. ¡Qué extranos sonidos! Pero harto •
nían que hacer para escucharme. El invierno era.
glacial y yo arremolinaba la nieve en torno del
castillo, pues según dicen esto resguarda del frío;.
todo inútil: las tres seftoritas, sin lef!.a con qué ha·
cer fuego desde que desapareció el bosque, pasa·
ban todo el día en la cama.
«Valdemar Daae también tiritabl:I; pero ni el
hambre ni el frío bastaban á dominar su orgullo.
«En vano yo le decía» ¡lfa-u-hitd! Escapa! Huye!,,,.
él permanecía impávido.
-«Tras el Invierno viene la primavera, exela«maba; después de las penas las alegrías. ¡PacieD·

«cfal ¡Paciencia siempre! El ca11tillo y sus domi.
«nio• eatAn empef!.ados á los usureros, se agotan
clo• recursos ... ¿qué importa? La hora del triun«fo , e acerca: el oro va á aparecer en el crisol,
,me consta, serA por la próxima Pascua, así lo he
«leido en las estrellas del firmamento,.,.
, Viendo un día á una aralia hilando su tela, le
dijo:
. f a t·1gabl e t eJe
. d orll l T u· me ense- «Tenaz é m
«llal 11 tener firmeza. Si la telaraiia se desgarra,
, en seguida la recompones; la arrancan y vuel«ves A empezarla y la terminas. Yo haré lo mismo,
•Y no ha de faltarme la recompensa. »

EL MUNDO.

141

en el castillo durante su vida• pero rehusó esta nueva humillación. Y ento~ces ví al señor
Da~~• un día tan opulento y después sin abrigo,
cruJir su cabeza como nunca altiva y abandonar
con firme paso la morada de sus :nayores. ¡So-

l. if)~1'.

"~~

IV

«Erase 11' mafiana de Pascua, y la11 campanas de
la vecina iglesia sonaban alegremente echadas á
vuelo; hacía un sol espléndido, y todo respiraba
~
fiesta, Sólo Valdemar Daar. se consumía en la
fiebre y la congoja. Había pasado la noche en
vela, fundiendo y dejando enfriar, mezclando y
de1tllando, y mezclando nuevamente. Yo oía sus
suspiros de desesperación, intercalados de blasfemias y oraciones; luego permanecía inmóvil y
retenía el aliento, contemplando la fusión que se
operaba en las retortas.
«Se apagó l&lt;t lámpara,
y no lo notó siquiera.
Se sopl11 ba el fuego de
---.;_
\ " -~' .,,
la hornilla, y un rojo res f
r(:_;- , ... . ,..
plandor iluminaba su rostro
como la cera.
- fl , -,~ - Susblanco
ojos hundidos esta- berbio espectáculo que me impresionó tanto que
ban fijos; pero de súbito me hice atrá.s para franquearle paso, hasta 'des): 'e,~&gt;f
se abrieron, se dilataron gajar una robusta rama de uno de los viejos tilos
A .
{::
/
y parecía qne iban á es- del patio!
A
tallar.
«Terrible era aquel instante y se necesitaba un
7
- «¡Hé aquí por fin g~an !emplc de alma para sobrellevarlo con digel vidrio alquímico! ex- mdad, pero Valdemar Daae tenía el corazón de
clamó. ¡Cómo brilla en roca.
la retorta! ¡Qué puro es
«Ni él ni sus hijas poseían más que los vestí•
y qué macizo!» Y con sus dos que llevaban. Pero no, poseílln aún una nue/
trémulas manos levan• va retorta comprada á fuerza de privaciones, en
tó el recipiente, vaciló la cual conservaban los últimos restos del prevencido por la emoción, y ciosc producto alquímico, ,lUt: hr.bían logrado
balbuceó: «¡Oro... ,. oro!.,. recoger del suelo.
«Estaba tan poseído del vértigo, dijo el viento,
«Valdemar Daae la estrechó contra su seno con
que yu habría podido derribarle al mAs leve so- el mayor cuidado, y el seilor un tiempo tan rico
plo. Cuando hubo vuelto en sí, seguí sus pasos. y tan temido, salió del castillo de Borreby con
Se dirigió A la sala en que se hallaban sus hijas sus tres hijas. Sus mejillas ardían de cólera reeatrechl!mente agrupadas para resguardarse del primida; pero yo se las refrescaba con mi suave
frío. V11ldemar llevaba los vestidos cubiertos de aliento, jugueteaba con su luenga cabellera cana
ceniza y en desorden su cabellera y su luenga y le consolaba cantando~ IIu u hud! Escapv, Vitebarba. Se irguió con aire triunfante y levantó en lo! Pero quizás con ello no hice más que recorlo alto la retorta, y con ella el tesoro que tantos darle su opulencia que había volado también, coafanes y sufrimientos le costara.
mo arrastrada por una ráfaga lluh-u-hud! IIu-ih!
- «¡Albricias! gritó. ¡Es oro!. .... . Vedlo! Es
«Ida marchaba al lado de su anciano padre,
oro!» Y sostenía sobre su cabeza la retorta que Dorotea en pos de él y Juana detrás de todos.
herida por la luz del sol brillaba como un as- Esta al pasar los dir.teles de la puerta, se volvió
tro. Pero, ¡ay! ésta se desprendió de sus trémulas para lanzar una última mirada al lugar en que
~•nos, Y se quebró en mil fragmentos. Su pre- había vivido en el lujo y la opulencia, y aunque
cioso contenf~o se derramó por el suelo, y filtró sus ojos no se humedecieron, este rasgo de altipor las rend1Jas del pavimento. El júbilo de Val- vez no ablandó á la suerte.
demar Daae du;ó lo que una pompa de jabón, se
«Recorrieron el camioo que tantas veces ha•
evaporó en un mstante.
bían seguido ·en carruaje; mas á la sazón se les
•Hu-ii-hucl! Escwpu! Vuelo!
· hubiera tomado por una familia de mendigos.
•Y salí volando de Borreby.
Atravesando campos y breiias, llegaron A una
choza de fango, que habían alquilado por un escudo y medio anuales, y allí se instalaron, ein
V
muebles, sin ml\s que las paredes desnudas, co•A fines de Otoiio volví por aquellos parajes, y
como estaba de buen humor arremoliné las nube,, despejé el cielo y desgajé y arrastré las ra~8 Becas de los árboles, tarea poco ditícil es
fierto, pero que constituye mi trabajo de todos
os allos. Y debía cumplirlo.
•También la desventura había cumplido el su~n Borreby. Owe Ramel, el sell.or de Basnaes,
P &amp;cable Y m~rtal enemigo de ValdemarDaae
~cab~ba de presentarse provisto del título hipo~
0 , por el cual se le transfería la propiedad
e •~fiorío, del castillo y de todo cuanto este ena. Yo -~e deslicé por entre los cristale3 rorrtlrnbce crnJir _las viejas puertas de goznes hedij /~osos Y silbé al través delas grietas y rendía~ u ht hl! Qué baraundal Trataba con mis
del duraa de ~acer desistir al noble Owe Ramel
llo f eéseo d? mstalarse en Borreby. Inútil empea el mio.
yA D
lo •Ida
Jua
na- orotealloraban amargamente. Só- mo las del castillo que acababan de abandonar.
Paeata ª!ron_ta_ba con altivez esta desgracia, Cuervos y grajos revoloteaban á bandadas, grazel PUlg n pie, h vida de de&lt;Jpecho y mordiéndose nando con voz agria: C1·ah, c1·ah, crah, c1·ah, co•O ar hasta hacerle brotar sangre.
mo cuando arraaaron el frondoso bosque.
we Ramel ofreció A Valdemar dejarle vivir
«El sell.or Daae y sus hijas oían esas voces bur-

-.,B'~C-:5,
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lonas, ¿mas qué les importaba después de lo que
habían sufrido?
«Allí les dejé, en esa choza miserable, para
conLinuar mi tarea, arrebatar las hojas secas de
los árboles, barrer las nubes, amontonarlas, derretirlas en lluvia, agitar las olas del mar y sumergir los buques.
«Jlu -u-hup E.scapo! Vuelo!»
VI
Qué fué de Valdemar Da11e y de sus hijas?
. ~Medio siglo había trascurrido cuando vf por
ultima vez á Ana Dorotea, el pálido jaeinto de
otros tiempos, envejecida y encorvada. Había
sobrevivido A sus hermanas y se acordaba de
todo.
«Asomada al balcón del hermoso castillo del
preboste de Viborg, se hallaba la noble dama de
la casa en compailía de sus hijas, contemplando
la vasta y árida campifla. Sus miradas se fijaron
en un árbol aislado en .medio del yermo, del ~ual
pendía an nido de cigüeilas y que tenía adosada
al tronco una cabafia destartalada cubierta de ramaje y mmgo y peor conservada que el nido.
«Cuando pasaba por allí, reprimfa el aliento
para no disp&lt;1rsar los restos del miserable albergue. Era el único obJeto que se destacaba en el
pai_saje! y á n~ ser por e_l n~do, pues el ave de Egipto 1_nsp1raba cierta curios1dad, habrían desaparecido el árbol y la cabaiia. Gracias al nido de
la cigiieila, la pobre viej~ tenía un abrigo. ¿Era
esto en recompensa del mterés que siendo niila
había demostrado por el nido de la cigüeila? Así
lo creia ella, pues se acordaba de todo
«¡Ay de mí! oí que suspiraba. No tañeron llls
«campanas por tu entierro, infortunado Valde«mar Daae, ni acudieron los niiios de la aldea á
centonar los salmos cuando fué enterrado el úl«timo vástago de los nobles y poderosos señores
«de Borreby.
. «¡Ya ~abía él que nohabían de honrar su cadá«ver! _No obstante víó la muerte con alegría. To«do tie:°e fin, ha_sta la miseria. Nada logró abatir
«su altivo espíritu, hasta que mi hermana Ida
«v_encida por los sufrimientos y privaciones, con:
«smti_ó en casarse con un labriego. Esto fué de«masiad~ para V~ldemar Daae. ¡Su hija, mujer
«de un siervo, SUJeto al impuesto y adscrito al
«terruño, á quien podía su sefior clavar en la pi«cota, á la menor falta! ¡Cómo no había de esta«llar el !loble corazón de Valdemarl Ida, se libró
«del hambre, pero murió de pesar y de ver1?uen«za. tOh, en_vidiable suerte la tuya! ¡Yo sola no
«puedo morir! ¡Seiior, Seiior misericordioso, li«bradme de esta larga tortura!»
«La otra hermana, ailadió el viento, la altiva
Juan8., dotada de un ánimo varonil y un corazón. ente~o. se vistió de hombre. Como las penas
h~b1an aJado su belleza, con este traje nadie podia tomarla por una hembra. Se alistó en un buqu~ en calidad ~e mari~ero. Siempre sombría y
taciturna, trabaJaba de firme y no mereció nunca reprensión alguna. Se limitaba á recibir el salario Y á multiplicarse en la maniobra. Una no,
che de tempestad, la barrí de á bordo. Yo creo
que obré bien y que le presté un favor.
VII

«En una maiiana de Pascua, tan risuefl.a como
aqu~lla en que Valdemar Daae creía haber descubierto el secreto de hacer oro, oí un canto en
la cabaf!.a que había al pié del nido de la ciguüeña. ¡Dulce y conmovedora era la voz que lo entonaba, como el rumor de las cafias cuando yo
las acaricio. 1Era el último canto de Ana Dorotea, que estaba mirando la campiña por la única
abertura Je su albergue; el sol brillaba como
una esfera de oro, y á este espectácuto se amontonaron_ en su alma todos sus recuerdos. Exhaló
un su_spiro: fué el último; su corazón se partió,
sus OJOS se cerraron para siempre.
«Yo solo canté en su entierro, aiiadió el viento. Yo solo conozco donde está su sepultura y h
de su padre. Nadie mAB lo sabe.
«En el día pasa una línea férrea por el sitio en
q~e descansan: ~n largo tren de wagones se aprox_ima con estrépito, pasa, y se alej~. Aún se percibe el rumor: ¡IIit-ii-hucl ¡Escapo, vuelo!
«Y yo hago lo propio.
«Se acabó la historia.»
.ANDERSEN.

�Domingo 27 de Agosto de 181111

EL MUNDO.

142

[J1] fj_J
-era el nombre de la muertecita, y de la vie,ja casa de provincia que
babitAbamos entonces, ella en el tercer piso y yo en el segundo, y el
jardín de la casa y el circo de montaft&gt;ts volcánicas
que se ve en el horizonte de todas las calles. Recuerdo el color casi negro de la lava de que está
hecha la ciudad, las cailejuelas sobre cuyo empedrado suena el sordo repiqueteo de los suecos de
los campesinos que vienen al mercado, la Catedral que dominaba la ciudad sombría, y otros detalles: en el piso bajo de nuestra casa un pana•
dero que cocía tortas de pan en forma de trébol,
un herrador en cuyo esta ble cimiento los brazos
·d esnudos de los operarios descargaban martillazos sobre el hierro enrojecido entre un torbellino
de chispas; delante de las ventanab la eotatua de
un general de la primera república atacando sa-

Aunque apenas he llegado á esa edad de que
habla melancólieamenre el poeta:
Nel mezzo del cammin di nost1·a vita . ...
teugoigual númerode amigossobre la tierrayba•
jo de tierra, y en ciertas épocas del afio, cuando
irnuncian fiestas las calles y loa calendarios, los
hogares y los ojos de los nil'us, me acuerdo con
singlar ternura-y á veces también con tristeza,
de aquellos para quienes no habrá ya días de
fiesta. ¿Cómo pensar en los muertos, sin sentir
el remordimiento de no haberlos amado suficientE&gt;mente cuando vivían? ¡Cuántos rostros fami·
liares evoco en esos momentos! Unos, fatigados,
envejecidos. hollados por el tiem,-10; otros, jóvenes, con la frescura de la gracia adolescente: iªYl
son iguales la juventud y la vejez en la sombra
eterna que los envuelve.
Despué,, como el que visita un museo, acaba
por detenerse á contemplar una tela de tantas
. ,,
que ha recorrido, yo elijo entre esas sombras una
r '.: ,
fisonomía ó un recuerdo. La fisonomía se ha•
,%'...ce palpable y el recuerdo se precisa basta acele
+ l,
rar las palpitaciones de mi corazón. La púrpura de la sangre tiil.e de nuevo las megillas
para siempre descompuestas; se llenan de luz
y miran las pupilas apagadas, los labios tiemblan
y tal parece que ya van á sonreir, A hablar ....
He aquí las manos, f&gt;l cuello, una silueta, una respiracióu, un alma. Es una semi alucinación tan
poderosa: que les tengo miedo á esas crisis de la
memoria, á causa de las inevitables visiones que
pueblan el sueño de la noche siguiente. ¿P!lro
quién no ha sentido después de un entierro, esas
pesadillas obscuras, tan extraftamente mezcladas
de delicias y de terror, en las que se ve á los
muertos con la doble sensación de su presencia ble en mano al enemigo, y mi amiga Alina vestireal y-de q'ué esUn muertos? Hablamos con da de luto-su madt'e acababa de morir cuando
ellos, los abrazamos, vivimos con ello~ la exis- su padre viuo á habitar la casa-y en derredor
tencia cuotidiana y recordimos al propio tiempo de elli,, el jardín que filé el asilo de nuestros más
el fúnebre cortejo que seguimos ó que presidí• hermosos juegos.
mos · acaso, sin comprender como están con nosotros sabiendo que están allá.
El jardín pertenecía á la propietaria, anciana
Ignoro si todos
son víctimas has- muy piadosa y enferma que nunca bajaba á pata ese grado del searse por él. Veíamos su perfil ennoblecido por
doloroso reflujo dos largas inglesas blancas y tocada con un bonedel pasado sobre te de cintas claras. Se asomaba á la ventana del
el presente. Es primer piso, uno de ct.yos crütales era de color
de creerse que glauco, diferencia de matiz que daba un aspecto
no, puesto que
tantos ancianos
sobreviven alegremente A sus
compañeros. Mi
destino quiso que
siendo nifto viese
partir á algunos
seres queridos,
y aun entonc,s
seguía amán•
dolos. Y desde
aquella época, en
la que cada día parece una nueva existencia, tuve
en mi memoria numerosos aniversarios, Para no
hablar sino de uno entre tantos, diré que desde
que tenía diez y seis anos, el día de Navidad,
tan lleno de alegría para los otros niftos, me trae
el recuerdo má.s mehneólico, el de una nifta de
mi edad que murió dos días antes de la fiesta, y
que habfa sido mi primera amiga. Aun hoy, que
han transcurrido más de veinticinco alios, y que
tengo otras cruces para las cuales llevo c:&gt;ronas de vejez á su rostro siempre inclinado sobre un
al cementerio de los afectos muertos, cuando lle- libro de oraciones ó sobre una labor de gancho
ga esa época del afio, evoco el recuerdo de Alina, destinada á los pobres. Más allá del jardín, que
'

0

.,

m
~

lindaba con otros, las montaftas levantaban sus
conos truncados y sus cimas esféricas, y se vPian
á lo lejos, en las cumbres, las siluetas de caati•
llos fortificados. Podría yo dibujar el jardín con
sus hileras de boj, sus groselleros cubiertos de paja
en el otofto y sus perales abiertos como manos A
lo largo de las tapias. Sólo con pensar en ello
siento el aroma del arbolillo del fondo , A cuy~
sombra se sentó Alina una de las últimas tardes
en que pudo salir, tosiendo fehrilmente y pAlida
como las flores del arbusto. Recuerdo también
las filas de rosales sostenidos sobre delgadiaimQS
troncos, y cuajados en la estación prcpicia de
magníficas rosas de corazón purpúreo y otras en
botón, cuyos pétalos abría yo con mano curiosa.
«Ah, Claudio, eres muy malo! me decía Alina, la&amp;
mataste!» Creo que no he visto después mariposas como las que revoloteaban en derredor de
aquellas flores, aunq.u e no eran de las más raras.
Las perseguía con er.carnizamiento de cazador,
aunque Alina no me permitía clavarlas con alfl.
leres como yo quería, y cuando le llevaba alguno
de esos insectillos, cogíalo para admirar la dell•
cadeza de los matices y luego abría la mano y lo
veía escaparse con au vuelo desigual y giratorio,
Estos eran los placeres del estío; pero nos encantaba tambíé..:. bajar al jardín en invierno, cuando
la nieve borraba las formas de las avenidas, cuando la escarcha nocturna hacía puñales de hitlo
en las ramas y cm los muros, cuando ponfam('B
en obra nuestro proyecto, siempre irrealizable,
do construir con nieve una verdadera casa en
que pudiéramos abrigarnos Alina, yo y, ¿lo diré?
•una grim mufteca que ~enía, y á la que llamaba
alternativamente «María&gt; y «nuestra hija,» una
maravillosa mnfteea de ojos azules con pestatlaa.
verdaderas, de megillas sonrosadas, de c1tbellos
de seda blonda, de piernas y brazos articulados,
en fin, un precioso juguete que me habría cubierto
de eterna vergüenza si mis compañeros de liceo
hubiesen podido sospechar su existencia. Pero
cuando estaba con Alina ¿qué cosas no hubiera
techo yo por complacer á aquella hermana que
el azar de la vecindad me deparaba?
El encanto de Alina se cifraba en una especie
de dulzura seria que hacía de ella una niiia muy
diferente de todas las que he conocido desde entonces. E ra pequeftuela delic·1 da, frágil y lo
he dicho ya, muy plllida, con una palidez que
oprimía el corazón 111 pensar que su m11dre habfa
muerto de una enf-rmedad del pecho. Desde
aquella época tenía la gravedad precoz d" las
criaturas destinadas á morir prematuramente, y
ese aspecto de e-olución cumplida que las dis·.
tingue. La mesara que aquella pequeftuela de
nueve aftos ponía en sus acciones mas inslgnifi•
cantes, la modestia de su ademAn, el orden meticuloso conque colocaba los objetos en su derredor, una antipatía involuntaria para los juegos ruidosos, la prudencia irreprochable de su
conducta, la sensibilidad visible de su ser íntimo;
eran cUe lidades que á primera vista la des tic: aban i
hacer la odiosa para un muchacho como yo, to•
goso y desbaratado, desobediente y brutal. Sin
embargo, el efecto fué contrario y desde el dfa
en que comencé á ser su amigo, tuvo sobre mf
una influencia tanto más irresistible cuan to que ee•
día á ella instintivamente. Hoy que quiero recons•
truir mi alma denino al tr"-vés de los aftos. reeo•
no~co qu~ aquella nifia inocente cuyos pies ligerOI
~aJaban srn ruido la escalera de piedra de la antigua casa, fué la primera que despertó en mf el
culto del dulce espíritu femenino que no desa·
rraigan nunca por completo del corazón las m
u
crueles experiencias. No había travesura de la
que no fuese capaz con mis camaradas y hube
de ser castigado severamente por haber burlado
en diversas ocasiones la vigilancia de mi cria,da

Domlngc 27 de Agosto de 1899

con el fin de llevar A cabo ciertas empresas re.ervadas A los peores v~gabuodos de la ciudad:
S11birme al brocal de la fuente que decora la plaza de Ja Poterne y beber en la boca misma del
león de cobre; sentarme á horcajadas en la rampa de hierro de la escalera que une el boulevard
del Ho5pital con una callE&gt;juela construida en pendiente, y deslizarme hasta a bajo. Naturalmente,
caí en la fuente y me golpeé en la escalera; quedé mojado, de~garrado, despellejado y después,
eastigado BÍJ~tunadam~nte . . . . . . Sin embargo,
apenas me veia con Alma la¡, tardes de los jueves
y los domingos en que se nos permitía jugar jnotos, se desper taba una nueva alma en el muchticbo semi-salvaje, dejaba de gritar, de s&gt;1ltar, de
gesticular por temor de cau~ar disgustos á esa
hada en miniatura cuyos dedos delicados no tenían ni una mancha y cuyos vestidos no tenían
una sola desgarradura. llfe la. presentaban como.
modelo y yo no objetaba ni me exaspernba: la
obedecfa IJaturBlmen te y con la misma facilidad
conque desobedecía á los demás. Aceptaba. sus
j11egos en vez de proponerle los mfns, y tn&lt;io lo
q·1e vrnía de ella lo a !miraba, d E&gt;s&lt;le la sua, id d de
aas cal:lellos r ubio::i y la dulzura de ::iu voz, n,,sta los indicios mAs insignificantes de su razón:
por ejemplo, el cuidado conque guarda b et sin tocarlo el Arbol de boj cuajado de p steles que nos
daban el domingo de Ramos. El mío estaba despedazado la misma noche y el suyo dur1tba hasta 111ny entrado el otofto. Es cierto que habiendo
querido un día jugar á la comida con uno de
esos pastelillos que ella conservaba, tuvimos que
romperlo con una piedra, tan duro así SL había
puesto, Nunca los lllÍOd me dieron esa satisfaceión.

EL MUNDO.

guito. Las cortinas descorrida;; atenuaban la luz
Y el fuego ~r~ía en la chimenea crepitando débilmen te. El umco reloj que h1toía en ese c~arto
eran los _rayos del sol que penetr'abao por la ventana ha~1endo bailar un pc,lvo de !\tomos y que
se movian con el transcurso del día. En la chi•
~enea una_ casita barométrica hacía entrar y sa~tr alterna~1va_mente á un capuchino y á una monJ~, Y ha bna sido yo perf.ictamen te feliz si no hubiera _sorprendido lágrimas f&gt;n los ojos del padre
de ~hna cuan~o por caaualidad venía á vernos
los Jueves y mi compaiiera lanzaba su tos desgarrador_a que me bahía inquietado ya vagamente
por primera vez bajo el arbolillo.
Al mostrarme el museo
de su~ antiguos juguetes, Alina tenía una especie de gracia piadosa
dando vuelta á las hoj·•s
de los libros con las deli.·
cadezas de un soplo, poLiendo el papel de seda
sc1bre los grabados sin
dejarle un pliegue, y más
que nunca hada, comparada conmigo que era un
patán brusco y que lo
era m 4s cuando veía cada uno de sus ademanesdelicados.
Pero no habríamos sido nilins si no sehubie~emez.
ciado fa p~erelidad ála poesía denuestros jueg-os y
esa puenl1dad estaba representada p or la mufteca
de que hablé. Tenía un lugar tan preferente en
los e_nsueftos de Alina, que yo mismo aes bé por
considerar á «María» como , na persona de carre
Y hueso, prestándome de buena fé á la comedia
que ~odos l~s nil'los de todos los tiempos han improvisado, improvisan é improvisarán para gusto de su fantasía. Cuando Alina comenz11ba A
Cuando no jugAbamos en el jardín-y el últi- hablarme de «Marfa » diciéndome: «Ma1fa » ha hemo alio ya no pudimos baj lr juntos por que mi cho esto ...... diaria » hará aquello .... á «María»
amiguita estaba muy débil-nuestro lugar predi- le gusta este vestido y no quiere ese otro ..... ,.
lecto era su cuarto, una pieza estrecha con una estas frases me parecían naturales y yo me avenía
sola ventana que daba á la plaza y de la quepo- á ayudarla para dar de comer á la mnl'leca mila:
díamos ver distintamente la pluma del sombrero grosa; preparaba !a mern en un rincón cerca de
del general de bronce p,i.rado en su zócalo de la chimenea, lugar que habíamos elegido ,·orno
cationes y metrallas. ¿He dicho ya que Alina vi- c~arto para la m_ufieca. Ese cuarto imaginario tevía sola con su padre y con una criada paisana ma muebles microscópicos desproporcionados
de la mía y que se llamaba Miette? El pa dre de para el tamaño de la mufieca. Eran los muebles
Alioa desempel'laba uu emplee, modesto e'l la pre- que le habían dado en otro tiempo á lt1. madre de
fectura, pero la familia tuvo sus días de f irtuna Alina con una mufteca
Y la habitación estaba llena de muebles antiguos pequefia sin duda, y la
q~e de~o_taban elegancias antiguas también y ta- nuestra parec-i a entre
pices VleJOS que 8hogaba~ el ruido de los pasos. ellos un gigante. «MaPara que fuese más completa la impresión de épo- ría » tenía sólo un sillón
á su medida, el cual ha4188 remotas, sucedía que Alina y yo colocábamos sobre ese tapiz de bía comprado yo para
matices antiguos los ju- ella y en la que la seota•
guetes que habían sido ba Alina como de visita,
de su madre. Sin duda, sinquenos extraftase que
aquella mujer desgracia- el sillón por sí sólo ocuda. había sido una nifia nara un lugar dos veces
tan cuidadosa como su mayor que el de la cahija, pues se conservaban ma. La estupidez de una
los juguetes que exami• sonrisa eterna estaba fija en la boca de porcelana
nábamos, casi todos te- de la mufteca y permanecía siempre inmóvil en
- oían una fisonomía de su sillón con las manos en el manguillo y una toca
de terciopelc en los cabellos. Alina me decía
cosasan1igoa~,un 1tspecto
siempre:
del:cioso que les venía de
-¿No es verdad que está bonita? Se creería
-,.::;-¡ ~
su fragilidad y de sus tinque
va á habl11r ...
;-'))
tes desvanecidos. Nos
Otras
veces sus labios pronunciaban frases de
. . '-"·
gustaba principalmente
esas
que
no se admite que digan los niftos, s:n
una colección de personajes de cartón de coloduda ¡,orque es demasiado fuerte el contraste en~88, que se sostenían de pie merced á un pedazo
e madera sobre el que se apoyaban y que re tre la necedad habitual de sus diversiones y la
:resentaban en un medio adecuado los habitantes tristeza de una nflexión. Así, á propósito de un
.e nn pueblo, pero un pueblo en q~e los campe- ave perdida, recuerdo que un día en el mismo
aioos llevaban trajes de pastores del antiguo ré&lt;&gt;'i- cuarto, y entre los mismvs objetos, hablamo8 de
tnen. Los c11mparábamos con un interés nun~a la IDUl'rte, y ella me preguntó:
-¡,Tú no tienes miedo de morir?
:gotado A los vendedores de patatas y de pollos,
-No sé, le contesté.
tae P
; ras Y uvas, según la estación. Nos gustab"n
-Ah, dijo ella, es tan fastidiosa la vida ....
m 1én los libros, almanaques de aiios remotos
::pastados Y puestos en bolsas de seda descoio• Siempre lo mismo, levantarse, vestirse, comer,
te 11 • Y otros libros de estampas en las que con- jugar, acostarse y luego vuelta á lo mismo. Pero
cuando se ha muerto uno ....
8 : piábamos extasiados niftos con sombreros de
-Cuando se muere uno se hace esqueleto, dije
ee· a ~ casacas de cuello morumental, v niñas de
1
yo
acabando la frase que la ponía pensativa.
n.~ con pe!nados á la Prud'hon. Había tam•
-No, dijo ella, va uno á verá su mamá y á
el ti ª J1llas ~ntiguas de porcelana destefüda por
&lt;lis/Dlpo Y linternas mágicas en cuyos vidrios los ángeles.
l"Dl ingufamos los uniformes de los soldados del
perador,
*
**
unLa difunta madre de mi amiguita aparecía en
Entrego estas palabras con el candor y la laxiba cuadro colgado al muro y que la representaea en una escena de familia á la moda de la épo- tud prematura que entrafta á los filósofos de la psi' pequetia Y acariciando la cabeza de un borre- cología de la infancia. El único mérito que tienen

b~:º;

143

es ser auténticas, y en cuanto a mí he renunciado, hace mucho tiempo, á comprender ese misterio entre los misterios, el alborear de una inteli•
gencia y de un corazón, ;,En qué momento comienza en nosotros el sufrimiento de pensar, y
en qué segundo el mal de am~r? El alma de la
mujer y la del hombre ¿no aparecen ya en la inf&gt;Xplicable sorpresa que produce la separación de
la madre muerta en la pequefta huérfana, y no se
ve en la ternura apasionada que inspira á un niilo de ciiez 8lios la delicadeza enfermiza de su
compafiera de juegos? Delicada y enformiza lo
era mi pobre Alinu, y lo era más de lo que adi~inaba mi sir:np,,tía obscura de amigo, y llegó un
tiempo, el principio del invierno de mis diez años,
en que y11. no se me permitió j ugar con ella para
no fatig11rla- una semana er.. que no dejó el lecho -y un día, la víspera de Nttvidad, oue entré
llorando á ese c11arto tan dulce para mí, y en el
que ví á Alina por última vez. Estaba muerta,
tendida en su lecho al amparo
de un Cristo, tan
inmóvil como la
mufieca SPotada
jun~o á ella por
un postrer capricho de enferma,
y que la miraba
desde su sillón
puesto al pie de
la cama. Mas los
ojos aznlPS de
«Marfa,» ojos de
cristal tan ale
gres entre sus negras pestañas, segufa n 11biertos
y brillaban, mientr11e qu:i los ojos
azules de azul
amoroso, estaban cerrados para siempre; las megillas de porcelana, teftidas con el más claro bermellón, su boca de rosa conservaba el brillo juvenil, mientras que la palidez de cera de las megillas hendidas de Alina y la lividez violeta de Sil
boca, causaban una impresión do1orosa. ¿Cómo
conservé ese contraste en aquel momento en que
derr11mé lAgrimas sinceras? Parece que los niftos
tienen una actividad tan viva en los sentidos, que
éstos funcionan casi solos, ann cuando el alma
esté ocupada por el pesar más hond0. Sí, recuerdo haber visto esto al mismo tiempo: mi amiga
muerta, la mufteca junto á ella y mAs ~ejos, hundido en un sillon, el padre de Alina oprimiéndose la mano izquierda con la dert cha, en cuyo
puño se veía la línea obscura de una malla. Flotata en el cuarto un olor dulce de lilas blancas:
la anciana del piso bajo, cuyo perfil nos fascinaba A Alina y A mí, envió esas f lores tan raras en
nuestra ciudad. y que jamás había aspirado yo.
Des pué I de algunos minutos de inmovilidad, de
estupebcción, ante ese espect!lculo, Miette, que
me había introducido, me tomó por la mano y
medW:
-Ve á decirle adios.
Avancé hasta el pequefto lecho y me aleé sobre
las puntas de los piés, y entre el perfume de las
lilas sentí á la vez en mis labios el frío de la megillas de la muertecita y en mi megilla la caricia
suave, viva, de los bucles de sus cabellos, que toqué al inclinarme, y en mi corazón una inexplicable tristeza.

***
Pasaron los meses y mis padres seguían viviendo en la vieja C!lsa de la antigua ciudad. A mí
me pusieron de in terno en el Liceo, sin duda,
porque desde la desaparición de Alina y de su
dulce influencia me había convertido en un animal indomable. Salía cada mes siempre que no
había sido muy indisc1plinado; pero dos veces
porsemana, jueves y domingo, íbamos de paseo
y dos A dos atravezábamos la ciuda1 sin hablar,
tales eran los reglamentos de los colegios de entonces, Sucedíame á veces cuando desfilábamos
por el boulevard donde estaba la prefectura, que
encontraba al padre de Alina que iba ó volvía de
su oficina. Vestía de negro y caminaba algo encorvado aunque no tenía aun cuarenta !liios, apoyándose en un baat.5n, un junco con pufto demar•
fil que conocía yo muy bien. Jamás dejaba de
buscarme en la fila de colegiales de túnica sombría y me saludaba con una sonrisa muy tristey

�144

l)OJJllDgO 27 de Agosto de ;s9S.

Domingo 27 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

de colegial, el salto súbito del_salvaje que se lanza sobre su enemigo ó del ammal que arremete
muy dulea. Yo, por mi parte, todos los días de
contra su presa. Cometí este robo tao sú bitamensalida subía A su casa. Miette salía A abrirme y
te concebido, con la sencillez de astucia de loa
me hacía entrar después de dirigirme cumplisalvajes y de los animales, Apr oyeché un segunmientos. Entraba A una especie de sala despacho
do en que mi camarada me volvia la espalda y
en la que estaba el viudo y que comunicaba con
daba con las phmta s de los pies en un árbol, Afin.
el cuarto de mi amiguita. Un día que la puerta
de hacer caer la nieve amontonada entre el tacón y
estaba abierta no pude contenerme y dirigí A la
la zuela de madera. Tomé á «Mar ía» en el lugar
pieza vecina una mirada furtiva; el padre que me
en que estaba, y corriendo para llegar hasta lo
observaba me dijo simplemente:
alto de la pendiente donde nos deslizábamos, I&amp;
-¿Quiéres ver su cuarto?
Entramos, Era un día de estío. El padre abrió
arrojé á un cober tizo abier to que había allí, con
las ventanas y el sol inundó con su luz el cuarto
peligro de que se r ompiese su hermoso rostro d&amp;
. /1
de la muerta, la luz alegre cub1ió el tapiz gastaporeelaca al chocar con la lefia amontonada, y la.
do, en el que habíamos jugado tantas veces y el
ví rodar basta caer junto A un carretón que estalecho cubierto de sarga verde en el que la vi tan
ba cerea de la lef!.a. Al lanzarla dí un grito tan
')
pá lida, tan tristemente inmóvil, y la caja de los
penetrante, que abogó el ruido del objeto de tal
'~
juguetes en que dormían los campesinos y «Mamodo, que mi camarada no a divinó la acción
ría,» la mufi.eea, ~entada en su sillón sobre la eó•
culpable que a cababa de cometer. Hénos aquí de
moda con los ojos azules siempre abiertos, la bo• nifl.a y se le oprime el cor azón ; su mirada se cru- nuevo persiguiéndonos, deslizAndonos y jugueea sonriente y el traje de visita.
za con la mirada de la mujer que busca en su ros- t eando a más no poder, cuando la criada de Emi-¿Te acuerdas có;no quería Alina A esta mu- tro la huella de su emoción ccn el celo que las lia apareció bajo la bóveda de la puerta. Mira i
ñeca? me dijo el padre tomándola en la mano pa- s~g uodas .esposae tienen siempre de las primer11s derecb" y A izquierda; se sorprende y mira á b.ra mostrármela.
y él no se atreve A decir una palabra. Una vez quierda, á derecha, arriba y a l jardín.
¿Creerás que me pidió que la pusiese en sus mh los muertos nada pueden contra los vivos.
-¿No han vi~to ustedes la mulieca de la seftoribrazos después de muerta para llevarla al cielo Pero y o que no había olvidado á mi amiga muer- ta Emilia? preguntó.
y ensefiársela A su mamá? Miettequería enterrar- ta, sentí desde aquel momento el odio más instinPor fortuna mía se dirigió A mi camarada, e)
le con ella . ... pero y o no pude separarme de tivo contra Emilitt..
cual le contestó con esa buena fé de inocencia.
uno solo de los objetos que ella quería.
Habíamos tenido un gato muy ura:f!.o que vi- que simulan tan difícilmente ciertos niftos.
- ¿Una mu:f!.ecajl No.
vía casi siempre en los tejados y en el jardín f
-Me dijo que la dejó a quí cuando quiso ir i
lo ví un día al entrar á la ca sa A la hora de la
*
**
comida frente A frente de un perro que le traje- jugar, objetó la cria da.
- No es posible, contestó el otro: nosotros no
Pasaron muchos meses después. Era la tercera ron A mi padre el mismo día. El gato se detuvo
en
el
alféfaar
de
la
ventana
mirando
al
huésped
nos
hemos sepa rado de aquí. ¿no es cierto? insisNavidad que venía en seguida de aquella en que
murió Alina, y habían ocurrido muchos cambios. desconocido y ~in atreverse á afrontar la proxi- tió dirigiéndose á mí.
-Ni un minuto, r epliqué acercándome. Yo debí•
Yo era un muchacho de trece af!.os y había fuma- midad de esa bola de pelos negros ruidosa y turdo mi primer cigarro un jueves de salida en bulenta. Durante cuatro días pudimos verlo así de estar muy colorado; pero el aire era tan fuer•
aquel jardín tan amado en otro tiempo por Ali- inmóvil y con un estupor anoioso en las pupi- te y habíamos P.Orrido tanto .. . . .
- Es muy extraordinar io, insistió la criada.
na, y no lejos de la fila de rosales en donde ea- las. Después desapareció para no volver mas.
za ba aquellos hermosos insectos verdes con re- Rencor igual y tan animal como el del gato sen- ¿Dónde puede haberla dejado? . ... Ah, le van A.
flejos negros y los coleópteros dorados que dormían tía y o, y sólo ese sentimiento podría justificar la da r una tunda . . . .
entre los pétalos de las rosas. La anciana de mala jugada que le hice A la muchacha gord11,
Yo no era malo, sin embargo, pero la idea de,
largas crenchas blancas estaba todavía detrás de tan torpe, pesada y rústica cuanto era graci()sa que Emilia, además del disgusto de haber perdido
la ventana del primer piso; pero habiendo roto ·y bonita Alina. Pero no, més que la malicia, me su mufteca iría á sufrir una buena reprimenda, lela caída de una escala la vidriera de la v entana, impulsó áobrar de ese modo una piedad casi r i- jos de causarme el menor r emordimiento me llenóel cristal más verde que los otros había desapa- dícula en su forma , que me conmueve cuando del placer más delicioso. Mi placer hubiera sido
recido. Miette también había desaparecido. Una pienso en ella y que no puedo deplorar.
Ha cía pues tres aiios que Alioa había muerto, eompletosialvolverá la casa no me hubiera visto
tarde A la hora del recreo, llegó al vestíbulo del
aunque era el aniversario de su muerte, no lo obligado á preguntarme lo que haría para impe•
y
colegio, hizo que me llamaran al locutorio, y la
dir que encontrasen á «María.» Mi preocu~ación.
buena mujer de tinte plomizo -del color de las recordaba aquella tarde. Un manto de nieve cu- duró todil. la noche. Ni el plato con castai'las, planueces secas que sacó de su delantal azul-me bría el jardin y uno de mis camaradas había ve- tillo tradicional, que se ser vía aquella noche, niél
trajo una noticia para mí monstruosa. E l padre nido á visitarme para organizar en la avenida árbol de Navidad prepar ado en la casa de•
de Alina se volvía A casar con una viuda que te- . principal un juego depatines.Eranuestra distrac- camarada que vino á jugar conmigo aquella tarnía una nifta de ocho af!.os y esta nifta ocuparía ción favorita y la rude za de los inviernos en ese de, ni el regalo que recibí, ni la vuelta tardía porel cuarto de Alina. Miette me contó cómo se des- país le era tan propicio, que habíamos aventaja- las calles de la ciuda d, blancas á fa luz dela luna,.
pidió del amo cuando el matrimonio fué asunto do mucho en este juego_. Henos a quí pues bajo de una mágica blancura de nieve, ni el proyecto
un cielo purísimo lanzándonos el ui::o tras el otro ya
arreglado:
arregla do para ir al dfo. siguiente á jugar A un
-El Seftor es .el amo, le dije; per o quise mu- rígidos y con los pies juntos, ya en cuclillas y so- es tanque congelado en el que esperábamos pati•
bre
un
solo
pie,
con
una
pierna
horizontal
y
ca
cho á la sefi.ora y á la senorita para ver A otros
nar , nada en una palabra pudo distraerme de esteen su lugar. Yo ~reo que causarles disgustos A yendo y rodando, gritando y riendo. Sucedió pensamiento fijo.
de
nuestro
juego
v
olvió
Emilia
que
á
lo
mejor
los muertos trae desgracias.
«Con t al que la mul'leca no haya sidoeneontra•
Y Miette me narró la historia de un viudo que del paseo. Nuestros gritos la atrajeron y la vimos
da
esta noche y que no lo sea mafiana» • .. . Acosun
minuto
bajo
la
b
óveda
que
daba
al
detenerse
la víspera de casarse en segundas nupcias, despertó la noche anterior á la ceremonia y sintió jar~ío, aeompa:f!.ada de su cria da. Llevaba en bra- tado en mi cama, 1:1se cuidado se hizo punzante
zos la mufleca causa de mi profund11. cólera con- b llsta el dolor. Las violentas sensaeione::1 de rela mano oprimida por una mano fría.
-Era la de la difunta , af!.adió Miette, y se mu- tra ella. No habría sido yo el r apc1.z insoportable pugnancia que me había dado el segundo matri•
que era entonces, si no hubitise renovado los gri- monio del pa dre de Alina, renacieron mezcladas
rió ese a:f!.o.
Miette se fué para su pueblo y el matrimonio tos, las risas y las locura s que, hacía entregán- con los sentimientos tiernos que tenía por ella.
se hizo. Yo púr mi par te no necesité que mi que- dome á sus ojos á u nos juegos que no podía com- El cuarto profanado por la presencia de la intru•
rida Alina volviese en la noche y me apretase la p artir. Sin embargo, sus deseos se avivaron y ea surgió a nte mis ojos tal como lo había conoci•
ma no piua cobrarle horror A la que la reem- sin que su cria da pudiera impedírselo, dejó la do, y la especie de alucinación de que hablaba
plazaba de e9e modo en nuestra casa y en el co- mu:f!.eca en una de las hojas de la puerta y se al principio de eeta nar ración se r eproducía con
ra zón de su padre. Natural era que el desventu- lanzó. Resbaló en la nieve y cayó. La criada vi- fuerza ex traordinaria .... Rea pareció mi amigui•
rado quisiese rehacer su vida; pero era natural no por ella y E milia, a vergonzada de su caída y ta con sus sonrisas, su palidez, sus ademanes de
también que un muchacho de trece afios no lo con el manguillo mojado se puso á sollozar. I.a cria- delicada y con todos los viejos objetos de los que
comprendiese. Interrumpí, pues, casi absoluta- da la reprendió y tomándola por la mano se la era la vigilante y dulce depositar ia.
En el mismo relámpago de impresión vi A l&amp;
mente mis visitas a l piso superior y al llegar la llevó ;ara cambiarle ves tidos. Desaparecen deN avidad que debía de ser el tercer aniversario jando olvidada A la mufteca que sigue sonrien- otra apoderándose del lecho eu que Alina habít.
de la muerte de Alina, creo que no le habría ha - do con su boca r oja y sus ojos azules en la puer- entregado su alma, la ví cogiendo con sus deblado diez veces á Emilia-así se llamaba la re- ta cochera como cua ndo Alina la llevaba par a dos feos y descuidados las pastas de seda desva•
cién llegada. - L a pobre, inocente del odio que yo hacerla tomar aire y como aquel día en que la ví necida, la ví ensuciando con sus zapatos de ta•
eones gastados-babfa nvtado también esto en
le tenía, era una muchacha regordeta y simple al pie del lecho de la pobre muerta.
ella, el tapiz en el q ....e disponíamos los antojos d&amp;
que hubiera querido jugar conmigo en el jardín.
nuestras comidillas; - la ví r o bando á Alina, por·
Pero esta sola idea hacía nacer en mí una es*
**
que para mi corazon d e nif!.o era un r obo esa po•
pecie de cólera contra ella, cólera que aumentó
¿Por qué me a!!altó sú bitamente la idea de ro- sesión que toma ba de los juguetes de mi mueriecuando á los dos meses de su llega da á la casa
vi en sus brazos la misma mui'leea de mi antigua b ar esa muiieea que Alina había amado tanto, cita. ¡Muerta! Me repetía esta palabra maquinal·
amiga , la «María» que fué su hija-nuestra hija. por qué pensé en eso yo, cuando cinco minutos mente y veía la tumb a que visité el primero de
-Recuerdo aún el a cceso de rabia que me domi- más tarde no tenía en la cabeza sino la locura de Noviembre, en otro tiempo adornada de fresca&amp;
nó cuando ví ese espectá culo sacrílego, un jue- mis juegos de pat ines? H e aquí una cuestión más flores y ahora a penas cuidada y con su Angel
ves de paseo en que encontré al padre, á la nue- que entrego A los psicólogos de la infancia. Lo de alabastro ya sin manos y siempre Heno de
v a esposa y A la nifia. Ahora me doy cuenta de cierto es que entre el momento en que se me ocu- polvo. Era demasiado creyente en a quella ép~·
la escena que debió de haber habido en la ca- rrió la idea y el de la e jecución , no transcurrie- ca para no estar cierto de que la des-aparecida Vl·
sa .. . .. . La mamá encuentra la mulieca y la po• ron más de cinco minutos. F aé una de esas ten- vía en el cielo como ella lo había dieho, con 811
ne por algunos minutos en las manos de su hija, taciones, á la vez rápidas é irresistibles eomJ ma dre y otros á ngeles, ángeles verdaderos eon
vuelve el padre, vé el jaguete en poder dela otra ,)tras que recuer d o haber te.nido durante ~i vida lirios entre sus dedos hechos de pura luz Y quit

~r

odian romperse. Sin embargo, mi imagina0
~ói
figuraba al po bre cuer pecillo tendido en
la i1erra y tal como le dije adios en el cuarto per-

'

145

EL MUNDO.

montón para que la remoción fuese menos v1s1ble.
Miraba á veces al cielo amenazador buscan88
do en él la promesa de una nueva nevada que
faJDado de lilas blancas. Una horrible impresión borrase mejor todas las huellas. Cerca del muele soledad me punzaba el alma. Recordé el de- chacho una forma de niiio más pequeiio estaba
eo que babia formulado la ni:f!.a de llevarse á tendida; per o á primera vista se hubiera comhija A la tumba. ¡A?! eómo ha br!a qu erido ir al prendido que esa forma er a la de una m uiieea
eementerio con la muueca que ha b1a recuperado, cubier ta con una toca y con las manos metidas
dar dinero al sepulturer o y que «María» desean- en un manguillo microscópico pendiente del cuello. La mul'leca parecía hllber sido elegante en
use cerea de Alina- y para ,;iempre.
una época y muy descuidada después, al ver las
desgarraduras de su traje, la desiiudez de uno
*
de sus pies sin z11pato, y su rostro de porcelana
**
descascarado, Flotaba sin embargo una sonrisa
Al día siguiente en la ma:f!.a na, á eso de las inmóvil en su boca roja aún y en sus ojos de crisdiel si alguien hubiese venido al j ndín desierto tal. Y he aquí que lenta, 1mavemente, comenzaJ' al rineón más apar tado, habría visto al pie del r on á caer d1:1 la bóveda fúnebre del cielo, esarbolillo delfondo, seco y desnudo ya, á un mo- trellas de nieve.
ulvete vestido de colegial que abría la tierra
El muchacho miró de nuevo el cielo con singuapresuradamente con una azada. Caía sobre la lar placer; ya el hüyo era demasiado grande y caoludad una bóveda baja de neblina, una neblina si ta11 profundo como su brazo. Tomó la mu:f!.eca
negra entre la cual vaeiiaba el sol r ojo como una y con a demán infantil imprimió un beso en la
bola de fuego roída por las tinieblas. L11 nieve fría megilla de porcelana y otro en la seda blon011brfa A lo lejos les tejados. En la casa todos se da y suave•de los cabellos. De11pués acostó cuiocupaban sin duda en los preparativos de la co- dadosamente el cuer po en l&lt;t tier ra como si fuese
mida y algunos habían ido á la misa mayor . Con el despojo de un ser que hu biese tenido un a lma.
pie torpe el cbicuelo apoyaba todo el peso del Llenó la fosa con la prisa de un culpable; una
011erpo sobre el hierro de la piqueta y luego co • ventana del segando piso se babia abierto en la
locaba cuidadosamente la tierra negra en un casa; allá en el fondo del jardín. Una voz gritó el

:U

1

nombre de Claudio y aftadió: «Entra.» «Ya voy.D
gritó el joven colocando la piqueta junto al muro y con el vestido blanco de nieve corrió alegremente al lugar de donde salía la voz que le llamaba.
- ¿Qué has hecho? Le dijo la misma voz desde
lo alto de la ventana.
-He preparado un precioso deslizader o para
maf!.aoa, contestó, y era una mentira después de
un robo.
Y sin embargo, cuando se confesó algunos días
despué:!' con los esc1úpulos de u n fervor precoz,
el joven no pudo arrepentirse nunca, nunca, de haber robado para enterrarla así, aquella ma:f!.aoa
de Navidad, bajo la nieve, á la nifta de ojos azules, de mejillas sonrosadas y cabellos 'r ubios, ju·
guete de su primera amiga.
POUL BOURGET.

LA INUT1L VIRTUD.
En la casa de mi abuela, aquella donde pasaba mis
tae11Ciones, casa de altos techos, estilo Luis XIII, de
lumbreras siempre cerrada&amp;, se extendía en toda la
loogitud de la morada, un inmenso granero; todas
Ju antiguallas de los siglos pasados estaban allí
amontonadas bajo el pulvo; allí dormía, bañado de
claro-obscuro, apenas rosada por la. luz que se esca•
rrla por entre las tejas, una pila de cosas extraordinarias y que nos hacían soñar; á mí sobre todo, muchacho ya curioso é inquieto, con la imaginacion
Blempre viva y despierta y de una nerviosidad preOOli toda oportunidad era buena para escaparme del

coarto donde Norina eosfa, vigilando nuestros juegos; subía los escalones de cuatro en cuatro, y 00n el
corazón oprimido por una emoción deliciosa, me detenía falto de aliento, á la puerta. de aquel ccdiciado
grapero, temiendo encontrarlo cerrado y no temiendo menos encooLrarlo abier~o; vacilaba siempre para
entrar á él; era para mí un lugar de misterio, una especie de retiro exLrafiamente poblado. Había grandee armarios llenos de libros, y en estos libros, estampas; había también un viejo escritorio con cajones y
IIDI tablilla para escribir forrada de marrcquín verde, manchado de tinta; un gran péndulo con figuras
que debían aparecer. pero el péndulo no andaba; haliía además un mapa-mundi pint a do de cont inentes
uulea, una vieja caja de colores y otras cosas del
llllamo género que contemplaba largo t iempo en éxtaais, osando apenas tocarlas, y me deleitaba en per~ ecer allí horas y horas, porque allí me sentía lejos
uv todo, en und at mósfera sobrenatural y extrafia,
en 1º no sé qué lu1. aparte, t ransparente y verde, co•
en el fondo del mar. Sí, en aquel silencio, en mete de todas aquellas viejas cosas abandonadas, paladas de moda, olvidadas, se respiraba l.t atmósfera
:ulante y turbia de los abism"Js del agua; además,
la táotos libros, la mayor parte en alemán y que
no comprendía pero cuyas estampas miraba, y ¡qué
cantidad de estampas! E ntre todos, un volumen me
atrafa: un viejo libro de cuentos. El título lG be oll'ldado; en la primera página tenia una lámina horri:e que representaba la muerte con un arenario y una
ll neeUa, y después, otras con iglesias, palacios, .cal ea 1 grandes buques deslizándose sobre el mar; y
: ~as las historias de aquel libro pero no meacuerbl e ninguna; las recordaría si alguno me las bull era contado, porque es de cera el cerebro de los nifl8 Yno recibe más que el sello de las seo.iaciones
~~as. Pero cuando pienso en este granero, tengo
'POm tata.mente como una visión glauca, atravesada
aa: aIgas movedizas, reflejos .de muaré y muchas col desplomadas, velas, mástiles, naves q.e catedraespectros de despojos de otros tiempos, fantasno de antiguos naufragios, y de toda esta confusión
to
Yerdaderamente más que un cuento, un cuenton go de un simbolismo fugitivo y triste que en•
rn4acea no comprendía. ¿He leído así e'!te cuento ó es
den ten mezcl~ de varios, recordados al azar, s:n oreomo mal digeridos por mi joven imaginación? Tal
lbaneea, vago, tembloroso y difuso, me agrada aún á la
ra de un reflejo sepult ado en un espejo verdioso:

lo intitularé pues, CUENTO DE MI GRANERO, porque
tal es su verdadero nombre, y no ~sta paráfrasis de
su texto simbólico: LA INUTIL VIRTUD,
Hacía tres largos días que cabalgaba á lo largo de
las dunas florecidas de cardones pálidos; ninguna vela emblanquecía el horizonte; del alba á la noche reinaba la monótona inmensidad de uu mar quieto, de
un mar sin arrugas, color de pizarra, bajo el implacable brillo de un cielo blanco; á veces su caballo se
detenía bruscamente, .:;on las pezuñas hacia adelante y relinchaba hacia el mar; y en un sedoso azoramiento de alas, las gaviotas, saliendo de algún agujero del despeñadero, volaban muy alto en el a:re, se
desvanecían luego y la arena roja se cubría con su
sombra.

:o

i:a
:00

El joven no volvía siquiera la cabeza; con la fren.
te grave bajo el vuelo desplegado de su casco, cami~
naba pensat ivo al pie del despladero: una alta muralla que caminaba hacia muchas leguas á lo largo del
mar t riste; algunas malvas secas pendían como cabelleras al flanco de la roca, y solamente algunos pájaros de mar habitaban aquellas muert as cabelleras.
Por la tarde, los despeñaderos se teñían de rosa;
las dunas mismas se inflamaban en el incendio del
poniente, y el joven, echando pie á tierra, dejaba á
su caballo pasear por los cordones azules de los arenales, engañando su propia sed y su hambre y mordiendo la carne salada de algunos caracoles. Y luego, bajo la luna que ascendía, continuaba su camino.
En el claust ro donde había sido _educado por orden
de la reina su madre, había hecho el juramento de
encontrar muerto ó vivo al caballero de pelo claro á

quien debía la vida: Bertrán era fruto de una falta.
Adulterio de la reina de Aquitania había sido nutrí•
do y madurado como la idea de la venganza misma
por la princesa adúltera: había jurado hacer encontrar por el hijo de su lujuria al infiel errante que la
había abandonado. Un convento de Barnalitas había
visto crecer al joven príncipe: la reina había presidí·
do á su educación, invisible, oculta, desconocida de
aquel hijo que destinaba á un trágico desenlace. Los
monjes habían educado pacientemente al niño en el
odio del amor de la mujer y de t odo lo que ríe y florece bajo el cielo; el ayuno y la oración habían forjado
un alma ru~a á este hijo de reina que llevaba un cilicio bajo su armadura damasquinada y una triple
cuerda de cái'iamo apretada en torno de su cintura
Y luego, en una hermosa mañana, embriagado por
un flltro, frotadas con sangre de loba la palma de las
manos y la planta de los pies se había dejado partir
al joven vengador á t ravéi. de los campos. «Reconocerás al hombre que hizt tu existencia obscura y
dolorosa por la triple esmeralda que brilla engarzada
en la cimera de su casco. Que su pelo sea de nieve ó
de oro, hiere y mata, y habrás vengado tu vida humillada, á tu madre, á tu raza y á tu Dios.&gt;
Estas fatídieas palabras las pronunció una voz de
sueño en la misma capilla del convento donde había
pronunciado &amp;u velada de armas; una forma disimulada en la sombra dictó el mandato, y. al otro día, al
bajar el altar Bertrán se aventuró en el campo, enguantado, acorazado, cubierto de plata melada desde
la cimera de su casco hasta la est rella de sus espuelas, con el doble relámpago de oro mate de un águila
enorme l:Jat iendo alas, sobre su morrión.
Desde lo alto del campanario del convento una
mujer lo siguió iargamente con los ojos, á los rayos
del sol naciente; cuando la silueta del joven aventurero desapareció á lo lejos, en la niebla, la reina f ué
á prosternarse ante el altar mavor donde la sorprendió lc1. noche, ameoazandJ y orañdo.
Y cabalgando bajo el claro de luna que argentaba
el mar tranquilo, oprimía al joven guerrero al recuerdo de extraños encuentros.
Primero fué, al tercer día de su partida del claus1!ro, la aparición de tres doncellas en el lindero de un
bosque, las tres bijas del vieJo selior, como habían
dicho llamarse saludándole familiarmente por su
nombre. Sentadas á la entrada de la selva, se habían
levantado á su vista y habían querido engalanar con
flores la brida de su palafrén; eran obsequiosas; tenían caperuzas de anémonas en sus cabezas de trenzas flotantes y parecían desnudas bajo sus ricas túni•
cas de seda floreada. De pie sobre el césped humede.
cido, lo habían rodeado con su grupo como una ronda ligera, y con su actitud, la caricia de sus miradas, con su voz y sus brazos flexibles y frescos habían
querido retenerlo; pero él pasó dando de espuelas á
su caballo, con riesgo de atropellarlas; las hadas de
las praderas tienen la costumbre de aparecerse a.sí
por la noche á los viajeros, y él pasó, feroz, voluntariamente sordo á su llamamiento.
Cabalgó dos noches y dos días en el bosque de en-

�Domingo 27'de Agosto de 1899.
Domingo 27 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

146

cinas, y después vastas llanuras sucedieron á lo~ alto~ árboles, y tristc:s valles, atravesados por c~rtrnas
de álamos, á las llanuras; los estanques espeJeaban
allí entre las grandes yerbas, y día y nocbe flotaba.o
vapores, tejiendo en torno de equ1 vocos troncos de
sauces, apariencias de sudarios; Juego entró en un
país de hornaguaas y pálidos pantanos, donde el ~ue-

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vieja que huía al galope sobre un ~sno. «Otra ~mboscada del Maldito,&gt; pensó y pros1gu1ó su cammo
un poco triste, un poco cansado ya.
Llegó al fin á una especie de albergue, una rama
de beno sombreaba la ,JUerta y tres hermosas_ muchachas estaban en el umbral. Con los senos hbres ~n
el tosco jubón, con la cabtza descubierta y los p1és
descalzos reían robustas en el cálido crepúsculo; la
una hilaba en ~u rueca; la otra inclinada sobre una
artesa de piedra embalsaba '.láñamo, y la tercera, á
la vista del caballero, entró precipitadamente ~n el
albergue para S'llir con una vasija de vino; ofreció de
beber á Bertrán y las otras dos le rogaban que se
apeara.
Olían á sudor, á pan y á alhucema, pero Be~trán
las recbazó se retiraron ente,nces riendo á carcaJadas,
cerraron 1a' puerta del albergue y el joven permaneció sólo en el camino.
8u cabalgadura se acercó á la artesa para beber, Y
al abrevarse en ella el palafrén, Bertrá!.l que se había inclinado hacia delante lanzó un grito.
.
El real aventurero acababa de aparecerse á si mismo; el fondo de la artesa había suvirlo de espejo Y
en él un rostro de viejo le sonreía; el rostro de un
viejo guerrero de larga barba blanca, de mirada cansada y triste, de compasiva sonrisa; un semblante li-

vido rematado por un casco de oro donde relue!a11
tres esmeraldai-, y Bertran recono~ió al Lombre que
debía berir. Se iba á matar á si mismo hinendo á su
imagen, en el corazón lleno de tristez~ _intinlta,
Bertrán comprendió que se había vuelto vieJo; aque-

Jlos cabellos blancos eran los suyo; aquellos ojos opacos ob! eran sus ojos, y comprendió muy ·sarde que
había corrido en pos de una imposible aven~ura.
Es menester vi v!r su vida sin desdeñar el a mor, la
voluptuosidad, el placer y aun la ocasión que pasa, y
él se había dejado seducir por una ilusión engañadora como el polvo del silencioso navío. Y no babia
q~e pensar en volver atrás, porque el tiempo huye,
irreparable.
JEAN LORRAIN.

.-

EL 5JEMPLO
¡0 negrusco se hundía bajo sus paso~; y u-na n_ocbe sin
luna tn que costeaba una de estasc1éne!:{aslngubres,
su palafrén se encabritó &amp;úbitamente baJO él y levantando los ojos, Bertrán '!percibió :le ~i~ sobre el agua
Lomiza, una belleza. sobrenatural y llv1da.
.
.
p Era un -:uerpo dP. muJer, de palidez .:_xtraord1rian~,
ero un extraño éxtasis abogaba sus OJOS y su sonnfa: babia surgido como un fuego fátuo _sobre una espesura de nenúfares y sonreía embriagada. como
torcida por un espasmo, los senos erectos, la boca
abiP.rta y un pequeño espej? de pl~ta en _la mano.
Una lunairuprevista surgió al mismo tiempo ~etrás
de Jos mimbrerales, y 1,oda nacarada de refleJOS, la
muerte dichosa obstruía el paso al caball&lt;!ro, tendiéndole á la vez su boc'l azulada. y 13: l)lata del
espe'o· un viejo sauce sin ramas babia. sub1tamellte
reflejado en el estanque la silueta de un fauno, y bablendo el joven guerrero rechazado con horror el cadáver impúdico, una enorme rana saltó brusc~mente
de entre las yerbas, y se hundió en el agua páhda con
un ruido seco.
y Bertrán marchando á lo largo de los arenales,
pensaba en tÓdos aquellos sor~ile~ios, en todo&amp; aquellos lazos y en todas aquellas 1lus10nes. ¿Qué l~ querían aquellas máscaras de la sombra, aquellas tiguras
· errantes en la noche y cuál era el símbolo de todas
aquellas tentaciones?
y observó que una galera silenciosa que no babi~
apercibido ni por el estremecimiento de las vela~, 01
por el ruido de los remos, b?rdeaba._ la p_laya al mismo
tiempo que él; los altos mást1les. las¡~r?1as y los cabos
se destacaban transparentes en las tm1cblas, y s~ hubiera creido un navío de sueño, porque se deslizaba
sobre el agua sin hender las olas, y tod~ parecía_ dormir en profundo sueño á su rededor, m un marmero
sobre el puente. ¿Seria un barco abandona~o ó_ un
buque fantasma? La onda no i;e encrespaba s1q~1era
en torno de s ..s flancos, 1:enicienta, avanzaba misteriosamente á un lado, y se bubiera creído Be~tr~n
juo-uete de alguna otra visión si no hubiera d1stmgu1do de codos sobre la proa á un viejo inmóvil! el
¡,Hoto sin duda, cuyos dedos at'.lrmentaban una lira,
pero una lira encantada porque las cuerdas heridas
no producían ningún sonido.
cuando apareció el día, Bertram se encontró eu
un país de pequeños valles y collados sembrados de
setos vivos y cercados de manzanos; el buque-fantasma la playa de rosada arena y el a.lto despeñadero
se habían desvanecido, y el joven aventurero que comenzaba á no asombrarse de nada, espoleó á su caballa y caminó por los pastos ~ los setos de oyaca?to de
aquel campo de jardines. Remaba la soledad mas profunda el mar tenía el tinte del cielo barrido por las
nubes' y de los manzanos torcidos por el viento, f cabalgaba bacía ya ci neo largas horas .,n una especie de
camino hueco, cuando se le apareció una hermrn,a ~ama. Tenía un vestido de brocado sembrado de boJaS
de álamo, y esbelta y recta como _un lirio, montaba
un unicornio, bello y fabuloso ammal de sueño, ~e
pelo lustroso como el metal. La dama del umcormo
llevaba sobre sus cabellos negros, un casco de oro rematado por una pequeña corona, y como los caballeros tenia en ristre su lanza.
Interceptó el paso al joven señor, y mientras lo
amenazaba con su lanza, desmentía su mala intención
con una sonrisa y con el dedo designaba á Bertr án
una enorme rosa ensangrentada P.n i;u cintura; pero
él no tenia en su mente otra idea que la del asesinato; separó con el lomo de su espada la lanza de fino
acero de la bermo,;a guerrera y pasó.
La hermosa dama al pasar le azotó el rostro con la
rosa de su gola, una rosa seca que s_e deshojó,_ y como
volviera el rostro el joven sorprendido, solo nó á una

La boda quedó fijada para el 1? de E?ero de_1893.
En tal fecha Ernestina V illalar, pnmogémta de
los condes de Medina, pasaría á ser la espos~ de Don
Eduardo Santurce, joven, huérfano, muy neo, Y de
profesión .... sportman, una de las más atareadas Y
difíciles de nuestra vida moderna.
Cuando se decidió la fecha del enlace babia comenzado el mes dP. Diciembre de 1893, y faltaba, por consiguiente, un mes escaso.
Ernestina y Eduardo eran tal para cual. Una pa1ejita deliciosa, como decían los amigos; buena pre-

conseguirlo necesitaba escribir con buena letra, ó
bacer con exactitud una suma; pero pensaba con
singular lilosofia, que para algo se han becbo lo, secretarios y los administradores. Ella, se habría muerto de hambre, si para aplacarla tuviera que acercarse al fogón, ó concluir correct~mente !JO dobladillr;
pero á semejanza de su prometido, deCiase q ue para
eso están las cocineras y las costureras.
Se vieron una noche en bríllantisima soirée; se gustaron más que nada por sus res peeti vas irrepro~nables maneras de vestir; al día. siguiente le pareció á
ella maravillosa la yegua inglesa sobre la que cabalgaba él por el Retiro, y á él le resultó un colmo de
elegancia y riq uaza el tren en que ella paseaba acompañada de unas amigas: se trataron á la l_igera, superficialmente, unas cuantas semanas, siem pre de
prisa, entre las vueltas precipitadas del vals ó al trote largo de los paseos, y. . . . cosa resuelta. El supo
por su administrador que Ernest,ina vendría á reunir
unos 40,000 duros de renta; 1i1la averiguó, pur medio
rle su instit utriz, que la de Eduardo no bajaría de
20 1000, y hecho «el balance,&gt;en el aire, casi al unísono y sin consultar ni tener en cuenta ninguna consideración ni sentimiento, Eduardo fué prosentado en
la casa, donde reinaba la más desconsoladora independencia, consecuencia de la exageración del modernismo irreflexivo; habló al padre de Erne11tina, y éste,
viudo de una sefiora á la moda también, que sólo fué
madre de Ernestina en los itlstantes de darle vida,
porque en seguida la nodriza asturiana, la bonne francesa y la institutriz inglesa-casi una «triple allanza&gt;-ocuparon su puesto, dió el consentimiento para
la boda que le dejarla en absoluta libertad, y sin cuidados-aunque pocos se Lomaba-y como queda dicho,
la ceremonia se señaló para el día 1 º deEoero de 1893.
-Va á ser verdad aquello de «Año nuevo vida nueva,&gt; pensó F.rnestina, y acto continuo, dió órdenes
urgentes para. los trabajos de su trousiseau. ·

*

sencia los dos; los dos millonarios; quizás más afeminado él que ella (coruo suele ocurrir con reiterada
frecuencia en estos tiempos), pero iguales en educación, en gustos, aficiones, «indiferencias&gt; y frivolidade1:,. Dos jóvenes, en fin, «á la violeta&gt; como se decía Antaño, dos «impresionistas~ como se dice hoy;
dos seres perfecta y absolutamente inútiles para todo
lo que no fuera gozar y divertirse, ajenos á toda amargura, de cumplido ante todo dolor; dos primorosas
«figuritas de cotillón,&gt; dos maniquíes de modista y
sastre respectivamente, que en el gran cosmorama de
la vida habían tomado turno fijo, para no asomarse
más que á lo:, cristales de color de rosa.
A primera vista resultaba él más simpático que
ella. Estudiándolos un poco parecía ella más buena
que él. El, no bubiera podido ganarse la vida, si para

* * niüa mimada y volun8obraba tiempo, pero ella,
tariosa, no lo creía así, y en pocos días &lt;volvió loca~&gt;
con sus impaciencias, á cuatro ó seis modistas de Ma•
drid.
Con una rle ellas, sobre todo, y ya avanzado el mes
de Diciembre, los apuros fueron tales, que exigió le
dijesen el domicilio de la oficiala ocupada en la confección del vestido de boda, (que por concesión especial no trabajaba en el obrador) para ir personalwen•
te á averiguar la causa del retraso, y á. darla prisa.
Madam.e•** no pudo excusarse de satisfacer ese capricbo formulado de manera impetuosa y casi destemplada, y en una tarjeta que entregó á Ernesttna,
escribió:
DOLORES GUTIERREZ
Pasi6n, 57, piso 4°
Al siguiente día, sin más espera, se fué allá la con·
desita en ciernes, acompañada de la Miss, y con un
«coraje&gt;-como decía ella-que daba miedo escuchar
lo que iba á decirle á aquella estúpida y perezOSll
obrera.
·
La calle de la Pasión, ¡qué lejos! La subida basta
el cuarto piso .... ¡qué Cal vario le resultó á Ern&amp;1·
tina!
La ascensión e:-a penosa. ¡Qué olores en aquella
escalera pendiente como vereda de los Alpes y ubscU•
ra como interior de túnel! Las paredes enyesadas eiitaban tan próximas á :a barand1lla, es decir, res•.tlta·
batan angosta la escalera, que el abrigo y la !ald&amp;
de Esnertina se mancharon de blanco varias vecest

tantas á lo menos como se teñirían de rojo en lo interior 4 causa de la anhelo.sa y sofocante respiración,

EL MUNDO.

Jol pulmones cde estufa&gt; de la elegante joven, en abpoto lnacostumbrados á semejantes subidas.
For fin, llegaron.
Mientras la Jlliss, hecha un puro remilgo de precauciones para t ocar lo menos posible el agarrador
negruzco de la campanilla, que colgaba medio roto
en marco de metal, la bacía sonar con estrépito. Erneetlna, agitado el pecho y de LO!or púrpura las mejillas, exclamaba con extraño tono:
- Se necesita gusto para vivir en estas alturas y
en semejante casucha. ¡Qué atrocidad! ¡Ni un mal
llaneo en que sentarse!
Abrieron. Apareció en la puerta un hombre joven,
pobremente vestid0, de porte fino, y con aspecto
ae Insomnio ó de enfermo.
-La oficiala de Madame***, la Dolores, ¿vive
-¡qof?
-Aquí vive.
-Necesito hablar con ella, en 'leguida.
-Tenga usted la bondad de pasar, señorita.
Ernestina entró en la habitación con profunda repu,rnancla, recogiéndose la falda, mirando al techo
como temerosa de t ropezar en él con la cabeza, pa. Al bajar por la pendiente escalera, Ernestina, sin
1111do y repasando el pañuelo perfumado por la n!lriz,
fiJarse ya en los olores ni etJ la obscuridad, iba penporque le olia aquello á cocina y á hospital.
La hicieron entrar en una sala bastante espaciosa, sando:
-Yo_no conocía este sabor amargo de la vida. ¡Qué
amueblada con decencia, pero muy humilde.
Era el cuarto que servía de taller á Dolores. Rei- compas1óo me da est a gente! Y qué hermosas son
naba en la habit ación algún desórden. Ropas t ira - esas niñas!
dla; sobre una silla recetas y frascos; en una mesa un
ffllllrlo, un pulverizador y más botellas con etiquetas
** *
de botica. Junto al balcón, dos niñas de t res á cinco
-Ernestina
encontró
su
casa llena de gente. Estaallos, á lo sumo, jugaban sin hacer ruido con una muban
allí
su
tía
Amalia,
su
prima
Car mela, varias amileca desnuda, despeinada, manca, ciega. . . . becba
pedazos. En una banca destacaba de aquel conjunto gas íntimas y Eduardo Santurce, á quien rodeaban
gris de opacidades, una falda de raso blanco, bil va. aquellas.
-Señ01es-dijo Ernestina siguiendo la costumbre
nada, y junto á ella azabaches y sedas, blancas taminverosímil y novísima en cie1tas elegantes de diribWo, para bordar. E ra el vestido de Ernestina.
-MI mujer saldrá er. seguida; voy á. llamarla. Te- girse á una reunión, aunque, como la indicada, se
nemos muy malito al niño, y me permito por esacau- forme casi en absoluto de mujeres;-¿qué sucede?
• rogará ustedes que haplen óajo-=-dijo el joven á ¿he tardado mucho, verdad?
-Nada de eso, querida; estamos extasiadas viendo
ltoestioa y á la Miss.
-Bien; y despache usted pronto, que tengo prisa la «primera remesa&gt; de los regalos que te decica
Eduardo, y ehgiando su buen gusto. AcérJate y pre,
-contestó Ernestina.
párate, porque te vas á deslumbrar.
Afladiendo apenas el hombre hubo salido:
Ernestina se acercó á su prometido, y realmente
-¡Qué Impertinente!
Dejó vagar breves momentos la mirada por la ha- quedó deslumbrada por el resplandor de los magnífibitación, pero la excursión de indagatorio era tan cos brillantes, que formaban una hermosa diadema.
Había además, otros dos estuches: el primero, con
corta y tan árida, que en el acto la volvió al balcón,
1 al hacerlo encontró clavados en ella cuatro ojazos una pulsera literalmente cubierta de chispas de brinegros, hermosísimos, con lindos toldos de pestañas: llantes que le daban originalisimo aspecto; 61 segunbde las hermanitas que la miraban con asombro y do con dos solitarios de incalculable valor. E rnelltlna
la escudrifiaban con curiosidad. Ernestina, no obs- elogió y agradeció mucho los regalos; pero dijérase
illlte la violenta situación y la extremada excitación que no experimenta.ta á s.µ vista la alegría que fuera
nervlOBa en que se encontraba, se fijó en la belleza de suponer.
-Fíjate en la pulsera-la dijo su prima-parece
llognlar de aquellas niñas, y dijo á la Miss:
una
lluvia de lágrimas.
-Son monísimas, ¿verdad?
- ·¿De lágrimas? No me resulta la comparaclon,
-Yes:-le contestó la inglesa, sin mirarla, apenas,
con .la frialdad, la impasibilidad y la «cronometría&gt; Carmeb. No br!llan así las lágrimas, nl son frias; sólo pueden seme¡arse en una cosa, en ...... 10 «que
que caracterizan á la raza.
En este momento entró Dolores. Venia secándose cuestan&gt; contestó Erne,.tina.
Y volvió á callarse. su pensamiento no estaba '\llf,
1- ojos, turbios de llorar, y arreglándose el traje.
Ira una joven y linda mucbacba, de aspecto suma- estaba en casa de Dolores, tiJO en las niñas de la ofimente simpático. Se enteró de quién era la señora ciala, insistente én la enfermedad del niño de la poque tenía delante, _le explicó la causa del retraso su- bre obrera. Y no ciertamente esto último porque tefrido en la confección del vestido y no perdió el tiem- miese no recibirá tiempo el vestido, sino porque alpo-dicho sea en honor de Ernesti na-con sus expli- go extrai'io muy nuevo y muy dulce palpi~aba con
Clciones. Doce noches de no acostarse; catorce días fuerza allá. dentro, muy en lo profundo de su ser.
Y asi, cerrando pronto los estuches, sin que nade Intranquilidad y sobresalto incompatibles con toda
die,
y menos que nadie Eduardo, se fijasen en su emoclaae de trabajos; allí a l lado, con separación de un
llgero tabique, su hijo casi muerto. . . . las razones sión, cogió á los niños de su prima -Carmela, abrazó
~ tan atendibles, que Ernestina las tomó en con- á. la pequeñita de una de las señoras allf presentes, y
los colmó de besos con apasionamiento.
-v~lón, y concretando, dijo:
Uno de los niños de Carmela se puso entonces á ju-COmprendo cuanto me dice y la compadezco, pero, en fin . .. . usted comprenderá á su vez .... ; para gar con Eduardo, y quiso montará caballo en sus rode que la enfermedad se prolong11e voy á. de- dillas. El atildado joven lo rechazó en el acto, &lt;m.si
lo dáé Madame*** que le recoja á usted el vestido y se con brusquedad.
Ernestina no perdió un detalle del gesto y actitud
á otra oficiala.
-8eliorita, eso no. Yo haré un esfuerzo, se lo pro- de su prometid'J en ese momento.
Al poco rato la comida y el teatro reclama.ron á
meto á usted; pero dejar este trabajo que es de los
que nos pagan mejor, ahora que mi marido no va al los contertulios, y Re quedaron solos, esperando al pa.
porque no se atreve á separar&amp;e del niño, ni ten- dre de Ernestina, ésta, Eduardo y la tía Amalia.
-Eduardo, dijo la anciana al joven, parece que no
_,::erzas para ::ioverse con el tiempo que lleva.sin
sar; ahora que casi todos los ahorros se los ha te gustan los niños, ¿verdad?
-¿Por qué?
tragado la botica, equi valdría á quedarnos nosotros
-Porque hace un instante be visto la poquísima,
~tas dos pobrecitas sin pan, y el niño sin medició mejor dicho, ninguna paciencia que bas tenido con
. · •• no baga usted eso.
Luislto.
-Sf, pero yo ... .
--En realidad ignoro si me gustan ó no; jamas me
-Créame usted lo que le digo; baré un esfuerzo, y be ocupado de ellos, y en definitiva estoy por decirle
ho, ganar tiempo ...... vuelva usted. Hoy estamos á. usted que más me aburren que otra cosa. ¡Son tan
O,st mi Juanito se alivia, así lo espero de la Vir- pesados, tan tontos! De gustarme, son únicamente
5:8cl&amp;otisim&lt;1, sobrará tiempo; vuelva usted dentro los que son muy guapos, pero entonces como ..... .
neo dfas; dfgale usted á .ihadam,e*** la verdad de
111181tuaclón; dígale usted lo que ofrezco y verá cómo objetos de arte; parecen propiamente, algunos mui'Iecos de los mejor hechos y más caros.
llO laengai'io.
Ernestina arreglaba durante esta conversación
-~ranqullfcese, Dolores, volveré, y aquí probare- unos papeles de música.
.
un v Vestido. Después de oir á usted, no quiero que
--Y creame usted; con los niños, lo que se bace
6l~~~ de novia, tenga que bacersP. poniendo en ahora: á distancia, á distancia. ¡Obl Si en nuestro
te
"'fi• 1mas que puntadas. Mientras tanto, acep•
matrimc.nio los tenemos-y le aseguro que lo sentiré,
te~ este recuerde (y dejó en el velador un bille- -ya verá usted cómo los alejo cuanto yo pueda de
el ntnoº en pesetas,) para que atienda mejor á. lo que nosotros. De lo contrario es imposible es imposible la
necesite.
vida.
~¡Dtoa la bendiga á uste~, sei'Iorital
Ernestlna envol vió, al escuchar esto, á Eduardo--

:rcaso

:f:

147
que estaba de espaldas á ella -en una fulgurante mirada, mezcla de dolorosa sorpresa y de repentino desprecio.

***

Al cumplirse el quinto día de los seííalados por
Dolores, Ernestina, que ya haLla enterado á la modista Mudame*** de la i,ituación en que se encontraba la oficiala y de la determinación tomada de hacer
la primera prueba en la casa de ésta, se apresuró á
encaminarse á la calle de la Pasión.
Fué la misma Dolorei:; quien salió á abrirle la puer~a. El ligero desorden que el primer día notó Emestina en la habitación, babia cesado: todo en su sitio,
todo limpio, bien oliente y alegre, daba á la casa aspecto de fiesta.
- Mejor--exclamó Dolores al ver á Ernestina;Juanito está mucho mejor: casi curado. El dia que
us_ted estuvo aquí, hizo crisis la enfermedad. Aquella
misma nocbe pudo ya descansar algún rato mi warido. Hace dos días que ha vuelto al taller. Yo también me he repuesto, y e: vestido de usted, mírelo·
si no está en disposición de que lo probemos hoy, e;
porque, casi segura de no equivocarme y de aceptar
~l gusto de la señorita, lo he adelantado y mañana
iré yo á su casa, y allf baremos en vez de la pr:ruera,
la segnnda prueba. tMe dispensa usted?
Ernes_tina no necesitó decir que sí, por'lue su cara
y sus OJOS se hablan anticipado á hacerlo.
-Ya que estoy aquí, la veré á usted coser un rato,-dijo.
Y quitándose el abrigo, afiadió:
-1, Y las niñas? ¿ Dónde las tiene usted?
-Están jugando en el cuarto de su hermanito
Ahora vendrán.
·
'
- ¡Pilar! .... ¡Emilia! .... gritó Dolores.
Y las dos hermanas entraron en la sala con sus delanta_les blancos, contorneando el cuerpo, y sus grandes rizos sombreando el rostro.
-¡Qué hermosas sonl-dij,, Ernestina besándolas.
Pero us~ed debe sufrir _mucho con las estrecheces que
por lo visto pasa y temendo que cuidar en absoluto
de tres criaturas.
-¿Sufrir? No, sei'Iora; no lo crea usted. Todo se
lleva con paciencia cuando, como á nosotros nos sucede, n,l marido y la mujer se quieren de veras. Las
alegrías de un instante compensan las amarguras de
~ucbos meses. La carga de las penas se reparte po~
igual; la m1tad la lleva la mujer, la otra mitad el
marido. Mi Antonio ne mi alma es t an bueno tan
carlño,o ... . .. y dispense usted que le bable co~ esta
franqueza. No crea usted tan poco que lo pasamo~
de todo mal. El t rabajo de ambos nos da para tener
relativa holgura. Estos días últimoc; si hubo apuros·
la enfermedad de mi bijo lo agotó todo· mi marid¿
ha en~anecido á los pies de una cuna ; abrazado á.
su muJer, y la verdad, seiiofita, casi llegó á faltar el
dinero. En cambio, cuando bay salud, todo es júbilQ
en esta casa· Con nuestra libreta de la caja de Ahorros, lo que ganamos y lo que ecor10mizamos, basta
tenemos á veces lujo, que lujo es para nosotros ir á
merendar con los pequei'Ios al campo, algún domingo
de sol.
,
--De todos modos, Dolores, el matrimonio con esa
esclavitud rlel trabajo y de los h ijos.. . . . .
1
-Eso no es esclavitud, s:ii'Iorita; eso es gloria
¿Qué _mayor alegría que trab1.jar para ellos, y, al
~rabaJar, acostumbrarse á la virtud? ...... ¿Qué meJOr recompensa ni satisfacción más grande que poderlos crear como yo hago. y tenerlos siempre al lado, siempre al alcaµce d!l .la1;1 manos que los proteje;
y de los labios que no se cansan de besarles?
-Tiene_~sted razón; desgraciadamente en la esfera que yo vivo, hay muchas exigencias ....
-Eso la que quiere someterse á ellas que i:;¡ no
¿dónde bay nada más libre que la voludtad? Mire
usted yo de soltera estuve de doncella en casa de la
duquesa de Córdoba, quizá la conLzca usted.
-De nombre, pero no la t rato.
-Pues bien, esa señora llena de millones y de bellez~, _n? se dej í n~nca arrebatar por el mundo en
perJUJCJO ~e sus ~IJOs. Y como á su marido (que estuvo por cierto cmco años en relaciones con ella) Je
g_ustaban l?s niños cou delirio, dieron á la vida soCial lo estrictamente indispensable para cumplir cun
ella, reservados para la íntima, para adentro de t!U
c~sa, para sus choras de dichosa soledad&gt; (como dec!a la duques_a _aludiendo á las mfinitas en que no recibían) la fehc1dad más envidiable: la de estar siempre contentos, siempre con sus hijos y sin testigos
importunos.
- Pero tendrían, como es lógico, ayas, inst:tutrices......
·
--No, señ:,ra. La duquesa á las nii'Ias y el duque
á los niños, eran los únicos que les ense!Iaban á todo
Ni ayas, ni misses, ni nada, y repito que me perdon~
usted este lenguaje_. E llos solitos, repartiendo bien
las horas del día y JUnt&lt;1ndo con gran previsión en la
~ducación de sus hijos los Idiomas, el plano, el dibuJ0 y la costura, con la cocina, el plumero, la aguja y
la escoba.
-Pues yo insisto, Dolores. Para resignarse, para
~ufrir penas, para no preocuparse más que de los hlJOS, y sobre todo. para luchar con apuros de dinero·
debe baberalguna razón que....
'

�Domingo 27 de Agosto de 1899.

Domingo 27 de Agosto de 1899

149

EL MUNDO

EL MUNDO.

VIII

148

Acusando á la misma Providencia
De ser tibia en su celo

-Si, seiíora; ya be dicho á usted una: la resignación. Pero hay otras dos: la fé en Dios y el carillo
del marido. Faltando cualquiera de ellas, la segunda
sobre todo en ciertos casos, seria terrible. Poseyéndolas, todo se sufre, en todo se encuentra encanto 6
consuelo, para todos ~e tienen y aún sobran fuerzas.
Lo que importa es no cai;arse sin tener la S€guridad completa de que está uno enamorada de un buen
marid,i. Y .... no dirá nsted que no ha avanzado el
trabajo, á pesar de la conversación, ni que hoy, con
alegría de ver bueno á J uanito, contento á mi esposo y á usted en esta casa, no estoy hasta casi literata .... Pero lo que aprendí de la marquesa, y ahora
con las seiíoras á quienes visito por .il[adanie***, oigo
tantas cosas, que siempre se pega algo.
-Tiene ust,ed ideas muy sanas, Dolores. Me voy
antes de que sea más tarde. Como tengo á la institutriz en cama, y he venido sola, no quiero que se
me baga de noche en la calle. La espero maflana.
-Sin falta iré.
Ernestina besó otra vez á las niñas, dió la mano á
Dolores, y al salir, entró un momento de puntillas
en el cuarto del enfermito, que se nutría á la sazón
con un sueño tranquilo.

,,~"'-~

. · ii~~~·s· ú~g~d~·~i ár~ ·1· i&gt;. a~· :iD'n·e·r~· a~ ºislii.' .... . .
La boda de Ernestina se ha deshecho. ¿Por qué?
nadie sabe la verdad, y menos que nadie el novio, á
quien la joven dicen que no retirió la entrevista de
aquella tarde con la oficiala de Madarne.***
.
Ello es que cartas y joyas se ban devuelto; que los
vestidos, á los que todavía alcaD1,aba la orden cte suspensión, no se empezaron; que todr, está como se encontraba antes de que Ernestina y Eduardo se conocieran.
Es decir, todo no ha quedado lo mismo.
Ernestina, al acostarse esa noche el 1 º de El'l.ero,
pensó:
-A.hora si que es verdad. ¡Año nuevo, vida nueva! ¿Habré hecho bien 6 mal? Bien, seguramente;
yo no conocía la vida, Eduardo no me quería como se
necesita ser querida, Sí, ¡vida nueva! El día que me
case tendré las condiciones q~e hoy me faltan, iré al
matrimonio preparada para todo, para la adversidad
más que para la fortuna, y cuando me decida será
porque habré encontrado, rir.o &amp; pobre, el hombre á
quien ame y roe quiera lo suficiente para confiar en
que habrá de servirme de amparo, de báculo y de
consuelo en las vicisitudes de la existencia. Rico ó
pobre, es igual. La felicidad que he adivinado en el
ejemplo de ese hogar, debe de ser tan hermosa con
1
,marco dorado&gt; como con &lt;marco de madera.&gt;
¡Vida nueva! Si me hubiera casado, hoy hubiera
continuado siendo la mfa la misma del año pasado, la
misma de Sidmpre. A.hora va á ser «nueva del todo:&gt;
sigo soltera; pienso de manera muy distinta á como
pensaba hace un mes; y sobre todo, he llegado á saber
clarísimaroente . . .. en qué lado tenemos el corazón.
ENRIQUE SEPULVEDA.

.

,./ ,

. . ,_&lt;
.

IX
\._
i)
l.

*

* trote largo del hermoso
Dentro de su berlina, *y al
pur-sa11g que la arrastraba, Ernestina cerró los ojos
y meditó.
El dulce sentimiento de la maternidad, despertado
en ella de manera tan brusca como inesperada, la
absorbía por entero, entrelazándose con el de la modestia y la humildad. Después de tantos aiíos de vida insustancial, de fiestas y alegrías sin cuento complacíase ahora en purificarse, pensando que la vida
no es sólo dicha y goces; de las que juzgaba faltas localmente cometidas.
Las palabras de Dolores le sonaban sin ces!l.r en los
&lt;&gt;idos.
'
Era un caos aquella cabecita rubia de Ernestina.
¿ Quería ella lo suficiente á Eduardoi ¡,~e conformaría éste con el género de vida que Ernestina le iba
á proporcionar totalmente distinto del que los reglamentos de la vida moderna imponen? ¿No sabia ya y
de manera tan cruda como ingenua, que á Eduardo
le fastidiaban los niños, y que si Dios se los concedía
en su matrimonio, los tendría muy separados. ¿Ella
misma, si por cualquier azar de la fortuna tan fáciles y tan repetidos, tuviera que vivir madestamente,
estaba en condiciones morales y físicas de poderlo y
saberlo hacer? ¿Pcdría llegará ser, sino la verdadera
madre del Evangelio, la compañera cariñosa y económica que supiera realizar, llegado el caso, el milagro
de los peces y los panes? ¿Sería Eduardo capaz de
pasar una &lt;noche en vela&gt; en cosa, para compartir la
carga de las penas,&gt; á pesar de su hábito de pasarlas
así á, diario, fuera de ella, divirtiéndose?
Las oleadas luminosas de los faroles del alumbrado
público que comenzaban á encender, se precipitll.ban
can resplandor y rapidez de relámpagos, en el interior de la berlina, iluminando el rostro pálido de Ernestina, que conservaba los ojos cerrados.
En la tempestad de aquella alma, después de lQS
relámpagos de los faroles, reson.S una especie de trueno largo y opaco.
Lo produjo el piafar del caballo, y el rodar del carruaje sobre las baldosas del portal del Hotel Palacio
de Ernestina. Saltó presurosa á tierra, subió con rapidez las escaleras, y se encerró en su cuarto
Pocos instantes después, un criado salía de la ca~a
llevando en la mano una carta cou sobre pequeflito de
ancho timbre, dirigido á DON EDUARDO SANTURCE,

'

.

Por no esperar F idel en su impaciencia
Que ninguno al ~orir piense en el cielu,
Al ver á una muJer quo acabó en santa
y á muchas que olvidaron sus deberes,'
Fué su cólera tanta,
Que Je. dijo al Señor:-«A esas mujeres
No es posible absolverlas,»Mas Dios Omnipotente,
Con frases, que caían dulcemente
Como en un vaso de cristal las perlas,
Resnonde con palabras amorosas:
- «Fidel, ten más clemencia
Con todo el que ha probado en la existenc:a
La amargura del dejo de las cosas·
Y perdona á la pobre Magdalena '
Q11e, sino es pura, es más que pura: es buena.»

~
----&lt; ._'

-

~,,,...- ,

V,

\

'

~

\

.

-

IV
Así quedó con providente celo
La mano de Fidel del rayo armada,
Cuando Dios sacó el mundo de la nada,
Y lo metió bajo el fanal del cielo.
V

CANTO

PRIMERO.

EL ANGEL FIDEL.

I

La bondad de los cielos es tan clara,
que, con verdad os digo,
Que Dios, cun su clemencia, es quien separa
Los actos de la culpa, del castigo.

II
Hay una cierta hhtoria
Que, uniendo lo divino con io humano,
Va viviendo del mundo en )1\ memoria,
Como flota en el aire lo lejano;
Historia apocalíptica que empieza
En el día infeliz en que nacieron
Y en que á Dios le pidieron
Talento el hombre y la mujer Belleza.

III
El rey de la justicia soberana,
Es de tollos los padres el más tierno,
.
Aunque hay necios que piensan que el Eterno
Es un Dios bebedor de sangre humana.
Por eso, aminorando los horrores
De cuanto hay de más negro en el destino
El Dios de las estrellas y las flores,
'
Con su labio divino
Dijo al ángel Fidel: - «Que tu pericia
Castigue con razón á los humanos» Y con sus santas manos,
El rayo le entregó de la justicia
Así fué al brazo de Fi1el atada '
La justicia divina,
Lo mismo que la cólera camina
Enroscada en el puño de la espada.
Nombrado ya Fidel, Cid de la altura
Ministro de la muerte y de la guerra',
Por ser tan ambicioso, que en !a tierra
Llt1garía hasta Abad si fuese cura
Al verse tan honrado
'
Con armas defensivas y ofensivaa .
Se quedó contagiado
'
Del mal de las virtudes excesivas;
Y como ya tenía
Un genio con tendencias á lo horrible
Y además no sabía

.

'\

•,. - .... \
'..
'"'--_;éJ ✓-~~~~~

Que todo sér cruel siempre es peque:lio,
Haciéndose el terrible,
Volvió frunciendo y desfrunciendo el ce:liJ¡
Y aunque no de bondad, de or~ullo rico,
l\Us que justo inclemente,
Pensó pasar Vi. vida alegremente
Como el gran Federico
Que jamás se aburrió matando gente.

(ULTIMO POEMA OE CAMPOAMOR.)

"
"

Aquel rayo forjado el primer día,
Con que nunca extermina, aunque amenaza,
Lo ostentaba Fidel con gallardía.
Paseando su importante medianía
Con la altivez de un espa:f!.ol de raza;
Y, para honrar la celestial milicia,
Pensando en p.oner cara de asesino,
Nunca observó su militat· pericia
Que la bondad, más bien que la justicia,
~s lo humano, que toca en lo divino.
VI
Y pasó un siglo y dos sin pasar nada,
Mas juzgando á la tierra consternada
Con la muerte de Abel, en el instante
Fidel de rabia ciego,
Sintiendo no tener en el semblante
Para que al cielo y á la tierra espante
Alguna cicatriz de arma de fuego,
Pregunta á. Dios: «¿Mato á ese vil hermanoh
Mas Dios, amigo del dolor humano
Con celestial ternura
•
Le responde á Fidel:-«Espera, espera;
Hay horas en la vida de locura,
Mas la hora de Dios es la postrera,&gt;
Y asi el Seflor, mAs justo que terrible1
Dejó á Caín de turbaciones lleno,
Condenando al malvado á la insufrible
Inquietud natural del que no es bueno.
VII
Y así fueron pasando
Los siglos como sue:lios de una hora
Fidel amenazando,
'
Y el Señor perdonando
A todo sér que vive, gime y llora.
Y queriendo ejercer constantemente
El rígido deber que se hace odioso,
E l ángel, cada vez más inclemente
Creyendo,. cual si fuese un juez cei'oso,
Que no existe en el munG.o un inocente
Viendo su alma foroz aunque crütian¡1
En cierto siglo una m'oral mal sana,
Le ~reguntó á Dios: Seil.or, ¿Qué hacemoaP
Y Dios con su clemencia sobrehumana
Miró A la tierra y dijo:- «Ya veremos&gt;-

\

\

Ya odiando la '6ondad de un Dios augusto
Q11e, solo perdonando, cree que es justo,
Murmuraba F1del frecuentemen!e:
- «El mundo está perdido»
Por no tener presente
Que, más que á un inocente
Dios prefiere á un culpable ~rrepentido·
Y el gran Rey d e la altura
'
Con voz que es una fuente de ternura
Le dice de esta suerte:
'
- «Deja siempre el castigo para luego
Que el_ hombre, á veces ciego,
Ve meJor A la hora de la muerte. »-

X
Sigue Fidel por sa excesivo celo
Estudiando dulzura en las pantera's
Como un inquisidor que cree de veras
Qaaa~ndo gaDa..- almas. para...el cielo:
Y cual siempre, olvidado
De que Dios odia al mal y no al malvado
Exclama A fuerza de rigor ia:pío:
'
-¡Cuánto crimen, Dios mío!
c~No e~ ho~a ya! Seftor, de que matemos?»
D10s m1sencord1oso
sepu.tando
'
lo justo 'en lo ¡.,iidoso·
Vue_lve ~ decirle ,eomo un rey- «Veremos"
Y Fidel iracundo
'
Queriendo exterminar á medio mundo
Haciendo también guerra
'
.
~ los que cree ~icbosos en la tierra,
o~tra todo feliz, á cualquier hora
Qwer~ lanzar el rayo, porque ignora
~lle s1 el homb:e ~s dichoso algún memento,
yUJ días de aflicción !JO tienen cuento,
L q~e del globo en el helado infierne
a dicha es la excepción de un mal et~rnol

CAXTO SEGUNDO
ATALIA

I
Y despué , de pasados
Algunos siglos máE, un hombre un día
Acusaba á Atalía
Del :11ayor y menor de los pecados.
Atalia es variable de tal modo
Q_ue del amor sólo ama los placeres,
Siendo de esas mujeres
que c~entan con el diablo para todo.
Uon OJOS del matiz de la avellana .
y el bronceado color de una gita¿a
Más que uno á ~no, en aquel rostro 'bello
Pueden contarse á pares,
Como besos del diablo, los lunares
Qu~ esmaltan sus mejillas Y su cuello.
MuJer de gran talento
Que, como todas ellas
Cree que son clavos d'e oro las estrellas
Con que D10s asegura el firmamento.

II
Invocando á los cielos ·
Con la cólera amarga de los celos
El a:nante exclamó: - «Dios sober~no
Castiga por traidora
'
A esta falsa mujer que sólo adora
La f~ci~ musa del amor pRgano.
Por mfiel, por ingrata y descreid!l..
Mata á este ser maldito
Cuyo nombre está escrito
En ~ª. cr_ónica negra de mi vida.
Esta mf1el por quien peno,
Tan mala como bella
Con el aliento de ella'
Se pue~e envenenar hasta el veno.
Que la ira de Dios se una á la mía
'
Y sL a l cielo algún día
Se atreviese á llamar, cerrad la puerta·
Porque sé que Atalía
'
Ha de ser mala hasta después de muerta...

III
Al ~scuchar Fidel tan gran lamento,
C_on aire de un,actor de melodrama,
Sm dudar un momento
Ni encomendarse á Dios «Eipera&gt; exclama
Y con su diestra mano
'
Y su instinto de llena..
Lo m_ismo que un valiente cirujano
A quien nunca espantó la sangre ajena
Vengando tal falsía
'
Se inclina, el rayo toml\
Y mirando á la pérfida A.talía
Como mira el halcón á la palomR.
A un sol que de la tarde á la caíd/\
Ya alumbraba á la Europa de soslayo
Apunt~, lo despide, y parte el rayo '
Cual s1 fuese una espadA. retorcida·
Y como ésta .?l brillar, alumbra y ~irga,

Miéntras al fin de su destino llega,
La atmósfera parece un calabozo
El cielo un tragaluz, la tierra un pozo,
Y perturbado el suelo,
Qutdó todo lo mismo
Que si se hunde sobre el mundo el cielo,
Y el mundo se cayese en un abismo.

IV
En tan breves momentos
El Dios que ve nacer los pensamientos
Echó desde su espléndid•a morada,
Por delante del rayo una mirada
Y como de este modo
'
Llenó de efluvios de piedad del todo
Por Dios purificado el rayo luego, '
Em_pezó á verter luz, en vez de fuego.
Y siendo un mensajero de venganza
Se convirtió en un rayo de esperan~a.
V

Cuando el rayo de muerte
Brilló con nitidez fascinadora
Como, al tocar las aguas se convierte
La luz del sol en claridad de aurora
Deslumbrada al fulgor de brillo tant~
Con el ro3tro de un niño que despier(a
Atalfa de espanto
'
Pidiendo á Dios perdón se quedó muerta:
Y mostrando una cara
Más lí~ida que un mármol de Carrara
Cual s1 fuese Ulla lápida mortuoria
Su espíritu que ve al fin para ella'
El rayo en una estrella
Que le ensefta el camino de la gloria··
Y de este modo la mujer amada
'
A quien llamó su amante un sér' maldito
Por el r ayo del fuego iluminada
Fué á tomar posesión de lo infinito,

VI
Y cuenta el cronicón de una abadía
Que por su mucho celo
'
En juzgar á Atalia
Perdió ~l áng~l Fidel desde aquel día
Su propia ~st1m11eión y la del cielo·
Y que más adelante
'
Angel á veces, y demonio á rato"
Se hizo hipócrita, frío é intoleranfe,
y acabó en fracmasón de los beatos.
VII

Y cuando ya A Atalia
Un borbotón de llamas la rodea
Y la vida futura la atraía
'
Como atrae el abismo que marea
El pobre amante de tristeza llen~
Apren_dió á perdonar en el Dios b~eno;
Y subiendo á los cielos Ata1ia.
«¡Qué bueno es Dios! que bueno es Dios!" decf
Y fué A gozar las dichas del Eterno
a
En vez de ir, por infiel, como debí~
A enseñar nuevos vicios al iQfierno.'

�150

EL MUNDO.

Domingo 27 de Agosto de 1899.

==

.A.í'io VI-Tomo Il

rflLLmo. @r. 2),-.

México, Domingo 3 de ~eptiembre de 1899.

:IJ. !Jacinto

Número

10

Jl,/yJe5, 84izobi.Jpo electo Je {juadalaja-cCkJ.
FOT. DE MORA.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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