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EL MUNDO.

Domingo 27 de Agosto de 1899.

==

.A.í'io VI-Tomo Il

rflLLmo. @r. 2),-.

México, Domingo 3 de ~eptiembre de 1899.

:IJ. !Jacinto

Número

10

Jl,/yJe5, 84izobi.Jpo electo Je {juadalaja-cCkJ.
FOT. DE MORA.

�Domingo 3 de _Septiembre de 1~1111.

l)O!lllngo 3 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

155

EL MUNDO.

154

DirBctor: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

---------------------------------------

LA ~EMANA
Me desdigo: no es Septiembre mes de verbenas
nada más. :Ks mes de fiesr,as y de pompas, este SeptiembrP. voluble y falso que muestra por las mafianas
un ...ol limpio, primaveral y fast,uoso, y p0r las noches
una luna fría con su balo joyante y húmedo, y sus rosas
y oriente de perla que traen á la memor'.a los ciel_os
de Enero y los paisajes invernales. Las tardes. lluv10sas y grises, están entrii.tecidas por una luz opaca Y
soñulienta qne parece cansada de haber alumbrado
tan to por el día.
La Naturaleza se pone romántica en Septiembre,
como las mujeres que al terminar el baile, á la luz
indiscreta del alba, se ven en el espejo de su alcoba,
y o.:.servan las primeras canas entre las flor_es de su
tocado y las primeras arrugas tras de los afeites de su
rost.ro.
Todavía son hermosas; pero ya no con la frescurc:1.
de la juventud: la alegría irreflexiva y loca ha buído
de ellas para siempre, y apenas si de cuando en cuando entreabre su boca la ingenua y dulce sonrisa que
era el encanto de los primeros adoradores.
Mas el gozo humano no se preocupa por eso: celebra
sus festivales en los campos melancólicos del Otoño,
bajo los árboles que empiezan á cubrirse de_ hojas _secas y frente á los horizon1 es, cuyas nubes mmóv1les
y brumosas, fingen en las obscuras lejanías fantásticos y caprichosos mausoleos.

***
La fiesta de Covadong1. es en la América latina,
una de las más afamadas y brillantes. Suen,i, á castaíiuelas y bandurrias, sabe á manzana, huele á cidra.
Recuerda aquella agria montalia española que tanto
hemos subido y bajado de la mano de Dvn Antomo
de Trueb¡¡,, mientras el buen viejo para entretenernos, nos narraba uno de sus cuentecitos sencillos Y
tiernos, ó nos -::antaba coplas populares, quejumbrosas y suaves.
En este año el proverbial entusiasmo asturiano estará quizá como en los anteriores, mezclado con un
poco de tristeza. Todavía duele la herida. Las almas
1,e buscarán entre el ruido para hablarse de la madre
desconsolada. U n soplo de pena pasará á veces, por
entre el cordaje de las guitarras, y el cristal de las
risas se quebrará por instante!? sin motivo aparente.
En la profundidad de la mirada, es posible que asome
una lágrima. De seguro no sonará un sollozo ni se
escapará un suspiro; la indomable energía de una raza vigorosa encarcelará á t,iempo en todos los corazones á esos hijos imprudentes del dolor. Se aturdirá
en el ruido la tristeza.
El contento dirá como el poeta:
Parad el vuelo, tacitumas horas

***
La fiesta de Covadonga abre la puerta á las nuestras. En primer lugar viene una, callada y envuelta
en at9,víos de luto: año po, año se acerca á nosotros
para recordarnos la divina muerte de unos cuantos
niños. El viejo avaro ha bebidu ":tvaramente sangre
virgen y mártir. El verso que canta la gloria de estos muchacho;; heroicos, sacude alegremente las
alas bajo las blancas cabelleras de los ahuehuetes
pensativos. 1Canta, canta, estrofa de hierro y oro de
la moderna epopeya, la audacia infantil de estos chicos que entraron en la inmortalidad por una sublime
travesura! Canta la eterna lucha de Goliat y David,
del titán y el niño, de la Fuerza torpe y la Gracia heroica, canta, abre las alas bajo la blanca melena de
los ahuehuetes pensativos .... . .

En pos del 8 de Septiembre, entra el diez y seis, el
estrepitoso, el venerado. En él esta hermosa prolongación de ego!smo que llamamos Patria, palpita en
nuestro esplritu con mayor .:xaltación, como vigorizada: por la luz de esa aurora, y bruscamente sacudida por las primeras dianas de las músicas militares.
Nos sentimos poseídos de un triunfal entusiasmo
y recorremos con la violencia de la imaginación desencaneda, los episodios de lo pasado, las guerras de
nueRt~¡i, vida social.
Es qello el espectáculo.
Vemos, al principio, ese movimiento imperceptible, débil, inctefin!do que imprime en un pueblo la
fecunda savia de la lil,ertad, y que es como la pugna
misteriosa de la planta que rompe el terrulio para
beber la luz.
Del postrer aliento del último héroe muerto en el
campo de bitalla ó ejecutado dentro de un cuadro de
fusiles, brotaba un héroe nuevo: 1Quéverdad tan profunda encierra la fábula de Graco!

saba to lo, interpretaba todo, suplía todas lM deficiencias salvaba todt,s los obstáculos y hacia vibrar
honda, profund~, vivamente todas las cuerdas de la
lira y todas las libras d_e la pasión._ .
. .
No tenia como Adelrna el prest1g10 ad1c10nal de la
belleza y de la suprema e_legancia, de los modales aristocráticos, de la pducacrón cortesana; era una artista un poco bohemia, pero que amaba y conocía su arte; que se prodigaba y se ostentaba; que no regateaba ni ponía á subasta sus notas; r¡ue cantaba porque
el canto era en ella la natural y genuina expresión de
sus pasiones, como en el ruisei'ior, y que derrochó ,·oz,
alma, vida y fortuna por puro y desmteresado amor
al arte.
y Juego· académ:ca, correcta, impecable, modelo
de escuela~ y de métodos clásicos, griega por la corrección del estilo, italian&amp; por el desbordamiento de
la pasióti, francesa por su gusto exquisito, alemana
por la nobleza de su ideal, mexicana por la siucer\.
dad la franqueza y la prodigalidad. Artista, eu Ruma.' como lo son todos los grandes, sintetizando en
su alma t,odas las almas y en sus creaciones toda la
vida humana.
Detrás de la artista había todavía una mujer; tier.
na duh.:e compasiva, generosa; y coronada de W·
da~ estoi; ~imbus y aclamada, lisonjeada, arrastrada
su carroza por la plé_yade de sus admiradüres, ungida
reina cada noche é incensada como una divinidad,
todavía tenía tiempo de ser modesta, humilde, exenta de vanidad y orgullo, hospitalaria y complaciente
y nada más me queda que decir, muchacha curio- como una burguesa.
Pesa sobre el artista cantante una fatalidad de la
sa v burlona.
qud recientes descubrimientos hab1án de redimirlo:
Én esta semana han pasado los días en blanco.
no puede aún, como el poeta, legar ,á la más remota
Se parecen al verso del Lied:
posteridad sus estrofas, como el escultor, sus estaUn cielo gris, un hurizonte eterno.
tuas, como el pintor, sus cuadros. La mar.ivlilosa arY andar ...... andar ..... .
¿Qué quieres? ,.:Lees mi crónica, para di~t• a~r tu tista no ba podido legar más que el recuerdo de Rll
fastiidio,? Pues haz de cuenta que leü;te la historia de gloria y el culto que sus admiradores profesan aún
á su memoria; pero sus amigos la aman todavía pürlo que no ha sucedido . .... .
que fué buei;ia y muchos desgraciados la bendicen
porque fué caritativa y generosa.

Es preciso romper la tutela para no perecer, como
es fuerza que la crisálida rompa el capullo para que
vuele la maripos'I.
. d l Re
Al reflejo de las JlamaradaR ele incendie P- a . ·
volución Francesa que alumbró nuestras obscun da•
deR nos vimos fuertes y nos ser,tim0s apt,os.
Üna ~áfoua épica sopló en las tinieblas de nuPstras
almas y no:lanzamos seguros y resueltos á la conquista del ideal.
vencíNo caímos en el abismo. desesperanzados Y
.
dos como los caballeros ele! Apocalipsis .. _A_nte!. b~en,
á través de las penalidades y de los sacr1fk10s ai,.,anzamos la Tierra Santa.
Pero no adelantemos los sucesos. ¿Acaso soy
·· ··
el cronista
de lo que va á suceder ? ;.•11e b·ª n nomú
brado acaso para declamar una arenga en la plaza P •
b~a?
.
Ya veremos-no vamosá esperar, por cierto,-:lo que
nos prepara el día de la patria. La noche del qiimce va
á ser, se&lt;&gt;ún dicen los '1eri6dicos, una maravilla.
Tocar~, como en otros aiios, la campana del curato
de Dolores.
.
,
No seamos impacientes. Faltan muy pocos dlas para la fiesta.
H·1blaremos de ella cuando pase.
Los recuerdos suelen ser ,oás elocuentes que las esperanzas.

ANGELA PERALTA.
Angela Peralta ha sido la artista lírica más admirable que ha producido México y una de las más grandes de que se ufana la humanidad. Sus dotes. naturales, su educación musical, su inspiración y su amor
exclusivo al arte hicieron de ella un admirable conjunto que rara vez la naturaleza y el medio logran
combinar.
Desde luego, estaba dotada de la voz más admirable que pueda jamás soñarse, voz á la vez de hada, de
ángel y de ruiseñor; voz de sirena. Era la voz de Angela un resumen de toda la naturaleza; en ella había
susurros como en la brisa; murmullos como en la sel
va, gorgeos como en los nidos; ecos sonoros como en
las cavernas. Revoloteaha como la mariposa y planaba magestuosa como el águila.
Escalaba las más altas cimas de la gama y descendía á sus más hondas profundidades, siernpre pura,
siempre igual, sin adultera~iones de timbre ni desfallecimientos de sonoridad.
La agilidad de su garganta era prodigiosa; cascada
de perlas, tal era su gorgeo; para ella la vocalización
no tenía secretos, ni misterios ni escabrosidades; en la
escala más vertiginosa, en el grupeto más complicado,
en la más inestricable maraña de notas, cada una de
las suyas se destacaba pura. independiente, distinta
é individualmenr,e perceptible, y además, matizada,
acentuada, intencionada.
En el canto amplio, lento, modulado, recorría órbitas inmensas; el balance de su canto era majestuoso, como giración de astro, y su voz, que podía retozar, juguetear, rizarse y ondular como un arroyo,
sabía también correr ma;estuosa, imponente, inmensamente serena, como un Nilo ó como un Ganges.
Por su timbre y su modulación, por su a¡;ilidad y
su amplitud, en aquella voz maravillosa se encerraba
la expresión de todas las pasiones humanas; lloraba
y rela, gemía y &lt;Jamaba, sollozaba y atronaba. Amor
y odio, ternura y entusiasmo, caricia ó herida todo
en1;ontraba 'su nota adecuada, su timbre propio, su
expresión estética. Aquella voz era á la vez arpa eólica y lira sagrada, flauta de Pan y trompa épica, y ni
Adelina Patti, la semidiosa; ni la Miolhan Carvalho
h emperatriz; ni menos aún la Melfa ni la Nevad~
ni la Van- Zaut, las marquesas del arte lírico, poseyeron esa garganta divina ni esa voz celeste de Angela Peralta.
Detrás de aquella voz había un alma de fuego
apasionada, sedienta de ideal, torturada y dolient~
como toda alma de artista. Angela era artista· no
una artista escénica; su ceguera casi completa vedaba
á su juego, la a.mplitud, la rapidez y la oportunidad de
1~ acci?n. Cantaba _en las tinieblas, y no pod!a servirse sino de la actitud y del adem.ln para completar
la expresión del sentimiento; pero la voz sola expre-

----EL ILMO. SR. DON JACINTO LOPEZ,
ARZOBISPO ELECTO OE GUADALAJARA,
Honramos la portada de nue&amp;tro semanario con el
retrato de este disting•1ido y virtuoso prelado que
sucederá en la sede de Guadalajara al difunto Sr.
Loza.
·
El Sr. López rigió por muchos años la diócesis de
Linares. elevada más tarde á la categoría de arquidiócesis, y su tacto le grangeó aprecio universal en
los Estados del Norte y la veneración de sus fieles
diocesanos.
Es originario del Est1J.do de Jalisco, circunst ancl&amp;
que unida á las cualidades de espíritu y carácter que
tiene el Sr. López, lo hacen idóneo para ocu par la
nueva sede para la que ha sido electo.

La primera audiencia del Consejo de Guerra de Rennes.
La sala de a~tos del Liceo de Rennes, local elegido
para el Consejo de Guerra de Dreyfus, es una nave
rectangular, espaciosa, de 22 por 15 metros y 8 dealtura; las paredes están pintadas de ocre y las later~les tienen seis ventanas; en el friso que corre aba¡o
de los tragaluces, hay inscritos varios nombres de
bretones ilustres.
En el fondo hay un foro de un metro de altura, Y
en el ex~remo opuesto un busto de la República. En
tres días se hicieron todos los muebles necesar!Jll,
mesas, bancas y barandillas. El tribunal se instaló
en el foro, y á él se llevaron los muebles ordinarios
del Consejo: la mesa cubierta de paño azul, los sillones de telas desteñidas y la silla del presidente con
su respaldo monumental. Detrás de los asientos de
los jueces hay otros destinados á las autoridades, Y
en la pared del fondo, sobre la silla presidencial, el
indispensable crncifijo, la imagen del Cristo, obliga•
da á presenciar, del año de 189-l á la fecha, escenaJ
tan poco cristianas. .
El toro fué ensanchado á uno y otro lado para dar
lugar en el de la derecha del presidente al banco del
Miuisterlo público y á la izquierda al de la defeO:
En el centro están los testigos y á la derecha de •
tos el acusado, dando Ja espalda á SUb defensores.
La sala e~tá dividida en tres departamentos por
medio de barandales: el primero es el de los testlgUS.
con sillones de terciopelo rojo para ios generalaut
ministros y demás personajes de alto fuste Y 8 a&amp;

DIST.RAIDA
comunes ele paja par i la gente menuda; el último dep~rtarnento que es el más pequefio, está de~tinado al
Lb~ico, Yel del centro ocupado por k,s representan-·
ctn e la prensa del mundo eotero, tiene por un lado
co filas de mesas paralelas al gran eje dP- la sala, y
~~::_1 otro, diez y nueve mesas perpendiculares á esa

ba~ primera audiencia, que reproduce nuestro gra-

reA º¡. 00 fué lo que han 1:1idu las aurliencias posteriola detd~el dfa en qut&gt; el público hostilizó á Mercier,
rt la d en que se cometió el atentado contra Labolt¡clde et careo eotre Perier y Mercier, tan lleno de
A. D PS drarnáticos.
dad v1~ seis Y. media de la maüana, la pacífica ciu1 de ª el desfile de los testigos, de los periodistas
os curiosos que venían de París y del extran-

f

1

jero á presenciar _l~s audiencias d~l proceso. Ne. hay,
sin embargo, ind1c10s de esa febnl ag11,ac1ón del proceso Znla; los espectadores y testigus que se dirigen al Liceo, van Lan tra~quilos en apariencia, dice
un periódico, como l~s _m1emb_ros de un Congreso de
economistas-que se dmgen á rnaugurar sus tareas.
E: público y los periodistas se instalan en los lug::.res que tienen designados; bay pocas damas, casi todas ellas de la prensa: en el foro, detrás del tribunal,
una vestida de blanco, la misteriosa «dama blanca&gt;
de quien tanto ha hablado la prensa.
.
Ya están instaladüs el Comandante Comére, Comisario del Gobierno, su adjunto el Comandante Mayence y el Secretario Coupois; á la derecha, Demange y Labori, ocupan los ~xtremos del banco con sus
secretarios Collenot y H1ld entre ellos. Llegan los

testigos: Casimir P erier, Mercier. de Boisdeffre, Zurliadeu, Cbanoine, Picquarr,, Lebrun-Renault,, la viuda de fTenry ....
Suenan las siete: se anuncia al ConsPjo, la guardia
present,a sus armab; el bilencio se h'ace prot'undo y
lus jueces vestidos de riguroso uniforme, penetran al
salóo y ocupan sus asientüS.
Todo el interés se concentra en la figura de Dreyfus: el aparecido de la isla rlel Diablo se presenta, su
pabO es lirme, su busto erguido, lleva guantes blancos; sube las gradas de la plataforma, se detiene an te sus jueces, se para con los talones juntos. militarmente, saluda, ,;e descubre y se sienta. Todos dicen
que ba cambiado poco; está más delgado, más nervioso, su pelo ha encanecido, pero el rostro es enérgico y no acusa depresión ....

�Domingo 3 de _?ept.iembre de 1111111.

154

J)ODliogo 3 de Septiembre de 1899.

155

EL MUNDO.

EL MUNDO.

saba 1o lo, interpretaba todo, suplía todas las defiEs preciso romper la tutela para no perecer, como ciencias salvaba todt,s tos obstáculos y hacía vibrar
es fuerza que la crisálida rompa el capullo para que honda, profund3:, vi va mente todas las cuerdas de la
---------------------------------------------· vuele la maripos&lt;1.
lira y todas las libras ~e la pasión: _
__
d" d ¡ Re
Al reflejo de las llamaradas &lt;'le incen IC e ª . ·
No tenia como Adeltna el prest1g10 ad1c10naldela
volución Francesa que alumbró nuestras obscur1da· belleza y de la suprema elegancia, de los modales arisdes nos vimos fuertes y nos ser, tim'ls apt,os.
tocráticos, de la educación cortesana; era una an isÜna ráfaga. épica sopló en las tinieblas de nuPstras ta un poco bohemi;i., pero que amaba y conocía su arMe desdigo: no es Septiembre mes de verbenas almas y nos lanzamos seguros Y resueltos á la. con- te; que se.prodigaba y se osten~aba; que no regateanada más. Es mes de tiestas y de pompas, este Sep- quista del ideal.
d
venci- ba ni poma á subasta sus notas, c¡ue cantaba porque
tiembrP. voluble y falso que muestra por las mañanas
No caímos en el abismo. desesperanza os Y .
el canto era en ella la natural y genuina expresión de
un ...01 limpio, primaveral y fastuoso, y por las noches do~ como los caballeros &lt;'lel Apocalipsis.. _A_nte1,_ b~en, sus pasiones, como en el ruise!ior, Y que derrocbó \'OZ,
una luna rríacon su balo joyante y húmedo, y sus rosas á través de las penalidades y de los sacr1fü:10s ai...an- alma, vida y fortuua por puro y desinteresado amor
y oriente de perla que traen á la memor;a los ciel_os zamos la Tierra Santa.
al arte.
de Enero y los paisajes invernales. Las tardes. lluv10.... Pero no adelantemos los sucesos. . ¿~caso s:z_
y Juego· académ:ca, correcta, impecable, modelo
sas y grises, están entri ...tecidas por una luz opaca Y el croni!;ta de lo que va á suceder? ¿)le ban no ,
de escuela~ y de métodos clásicos, griega por la C/J•
soñulienta que parece cansada de haber alumbrado brado acaso para declamar una arenga en la plaza pu- rrección del estilo, italiana por el desbordamiento de
tanto por el día.
l ue Ja pasiór.,, francesa por su gusto exquisito, alemana
La Naturaleza se pone romántica en Septiembre, bica?
Ya veremos-no vamos á esperar, por cierto,-: 0 q
por la nobleza de su ideal, ~e~icaaa por_ la sincericomo las mujeres que al terminar el baile, á la luz nos prepara el día de la patria. La noche clel qu,mce va dad la franqueza y la prodigalidad. Artista, e11 suindiscreta del alba, se ven en el espejo de su alcoba, á ser, según dicen los ...eriódicos, una maravilla.
ma.' como lo son to::los los grandes, sintetizando en
y o.:.servan las primeras canas entre las flor_es de su
Tocará, como en otros aiios, la campana del curato su alma t,odas las almas y en sus creaciones toda la
tocado y las primeras arrugas tras de los afeites de su de Dolores.
.
,
vida humana.
rost.ro.
No seamos impacientes. Faltan muy pocos dias paDetrás de la artista había todavía una mujer ; tler.
Todavía son hermosas; pero ya no con la frescur" ra la fiesta.
na duh;e compasiva, generosa; y coronada de ~ode la juventud: la alegría irreflexiva y loca ha buído
H:iblaremos de ella cuando µase.
da; estos ~imbus y aclamada, lisonjeada, arrastrada
de ellas para siempre, y apenas si de cuando en cuanLos recuerdos suelen ser 1aás elocuentes 'lue las es- su carroza por la pié.vade de sus admiradures, ungida
do entreabre su boca la ingenua y dulce sonrisa que peranzas.
reina cada noche é incensada como una divinidad,
era el encanto de los primeros adoradores.
todavía tenía tiempo de ser modesta, humilde, exenMas el gozo bu mano no se preocupa por eso: cele~ra
ta de vanidad y orgullo, hospitalaria y complaciente
sus festivales en los campos melancólicos del Otono,
una burguesa.
como
y
nada
más
me
queda
que
decir,
muchacha
curiobajo los árboles que empiezan á cubrirse de_bojas_sePesa sobre el artista cantante una fatalidad de la
cas y frente á los horizon1 es, cuyas nubes mmóviles sa v burlona.
qu~ recientes descubrimientos hab1án de redimi rlo:
Én esta semana han pasado los días en blanco.
y brumosas, fingen en las obscuras lejanías fantástino puede aún, como el poeta, legar _á la más remot&amp;
al
verso
del
Lied:_
Se
parecen
cos y caprichosos mausoleos.
posteridad sus estrofas, como el escultor, sus estaUn cielo gris, un hur1zonte eterno.
tuas, como el pintor, sus cuadros. La mardvillosa arY andar ...... andar ..... .
¿Qué quieres? ;,Lees mi crónica, paradi~t,a~rtu tista no ba podido legar más que el recuerdo de su
***
fastidio,? Pues haz de (menta que leiste la historia de gloria y el culto que sus admiradores profesan aún
á su memoria; pero sus amigos la aman todavía p11rLa fiesta de Covadongi. es en la América latina, lo que no ha sucedido . . . .. .
que fué buena y muchos desgraciados la bendicen
una de las más afamadas y brillantes. Suen&amp; á castaporque fué caritativa y generosa.
iiuelas y bandurrias, sabe á manzana, huele á cidra.
Recuerda aquella agria montaña española que tan~o
hemos subido y bajado de la mano de Dvn Antomo
de Truebci, mientras el buen viejo para entretenernos, nos narraba uno de sus cuentecitos sencillos Y
tiernos, ó nos ,:iantaba coplas populares, quejumbrosas y suaves.
En este año el proverbial entusiasmo asturiano estará quizá como en los anteriores, mezclado con un
poco de tristeza. Todavía duele la herida. Las almas
se buscarán entre el ruido para hablarse de la ma.dre
desconsolada. Un soplo de pena pasará á veces, por
Angela Peralta ha sido la artista lírica más admientre el cordaje de las guitarras, y el cristal de las
EL ILMO. SR. DON JACINTO L0PEZ,
risas se quebrará por instante~ sin motivo aparente. rable que ha producido México y una de las más granARZOBISPO ELECTO DE GUADALAJARA,
En la profundidad de la mirada, es posible que aso_me des de que se ufana la humanidad. Sus dotes. natura.
una lágrima. De seguro no sonará un sollozo DI se les su educación musical, su inspiración y su amor
escapará un suspiro; la indomable energía de una ra- ex~lusivo al art,e hicieron de ella un admirable conHonramos la portada de nue&amp;tro semanario con et
za vigorosa encarcelará á t,iempo en todos los cora~o- junto que rara vez la naturaleza y el medio logran
retrato de este disting1iido y virtuoso prelado que
nes á esos hijos imprudentes del dolor. Se aturdirá combinar.
Desde luego, estaba dotada de la voz más admira- sucederá en la sede de Guadalajara al difunto Sr.
en el ruido la tristeza.
ble que pueda jamás soñarse, voz á la vez de hada, de Loza.
·
El contento dirá como el poeta:
ángel y de ruiseñor; voz de sirena. Era la voz de AnEl Sr. López rigió por muchos afios la diócesis de
gela un resumen de toda la naturaleza; en ella había Linares. elevada más tarde á hl. categoría de arquiParad el vuelo, taciturnas horas
susurros como en la brisa; murmullos como en la sel diócesis, y su tacto le grangeó aprecio universal eo
va, gorgeos como en los nidos; ecos sonoros como en los Estados del Norte y la veneración de sus fieles
las cavernas. Revoloteaha como la mariposa y plana- diocesanos.
ba magestuosa como el águila.
Es originario del Est&lt;1do de Jalisco, circunstancia.
Escalaba las más altas cimas de la gama y deseen. que unida. á las cualidades de espíritu y carácter que
La fiesta de Covadonga abre la puerta á las nuestras. En primer Jugar viene una, callada y envuelta día á sus más hondas profundidades, sierupre pura, tiene el Sr. López, lo hacen idóneo para ocu par la
en atg,vfos de luto: año po,· afio se acerca á nosotros siempre igual, sin adultera:iiones de ~imbre ni desfa- nueva sede para la que ha sido electo.
para recordarnos la di".ina muerte de unos cuantos llecimientos de sonoridad.
La agilidad de su garganta era prodigiosa; cascada
nilios. El viejo avaro ha bebidv g,varamente sangre
virgen y mártir. El verso que canta la gloria de es- de perlas, tal era su gorgeo; para ella la vocalización
tos muchacho;. heroicos, sacude alegremente las no tenía secretos, ni misterios ni escabrosidades; en la
alas bajo las blancas cabelleras de los ahuehuetes escala más vertiginosa, en el grupeto más complicado,
pensativos. ¡Canta, canta, estrofa de hierro y oro de en la más inestricable maraña de notas, cada una de
la moderna epopeya, la audacia infantil de estos chi- las suyas se destacaba pura. independiente, distinta
La sala de a~tos del Liceo de Rennes, local elegido
cos que entraron en la inmortalidad por una sublime é indi vidualmeme perceptible, y además, matizada,
para
el Consejo de Guerra de Dreyfus, es una nave
acentuada,
intencionada.
travesura! Canta la eterna lucha de Goliat y David,
En el canto amplio, lento, modulado, recorría ór- rectangular, espaciosa, de 22 por 15 metros y 8 de al•
del titán y el niíio, de la Fuerza torpe y la Gracia heroica, canta, abre las alas bajo la blanca melena de bitas inmensas; el balance de su canto era majestuo- tura; las paredes están pintadas de ocre y las later~so, como giración de astro, y su voz, que podía reto- les tienen seis ventanas; en el friso que corre aba¡o
los ahuehuetes pensativos .... . .
zar, juguetear, rizarse y ondular como un arroyo, de los tragaluces, hay inscritos varios nombres de
sabía también correr majestuosa, imponente, inmen- bretones ilustres.
samente serena, como un Nilo ó como un Ganges.
En el fondo hay un foro de un metro de a)tura, Y
Por su timbre y su modulación, por su ag"ilidad y en el extremo opuesto un busto de la Repúblwa. _Ea
En pos del 8 de Septiembre, entra el diez y seis, el su amplitud, en aquella voz maravillosa se encerraba tres días se hicieron todos los muebles necesariJII,
estrepitoso, el venerado. En él esta hermosa prolon- la expresión de todas las pasiones humanas; lloraba mesa&amp;, bancas y barandillas. El tribunal se instale&gt;
gación de egoísmo que llamamos ~atria, palpi~a e_n y r~fa, gemía. y damaba, sollozaba y atronaba. Amor en el foro, y á él se llevaron los muebles ordinarios
nuestro espíritu con mayor ;:xaltac1ón, como v1gon- y odio, ternura y entusiasmo, caricia ó herida, todo del Consejo: la mesa cubierta de paño azul, los sillozada por la luz de esa aurora, y bruscamente sacudi- enc.;ontraba 'su nota adecuada, su timbre propio su nes de telas desteñidas y la silla del presidente con
da por las primeras dianas de las músicas militares. expresión estética. Aquella voz era á la vez arpa ~óli- su respaldo monumental. Detrás de los asiento&amp; de
Nos sentimos poseídos de un triunfal entusiasmo ca y lira sagrada, flauta de Pan y trompa épica, y ni los jueces hay otros destinados á las aut oridades, Y
y recorremos con la violencia de la imaginación des- Adelina Patti, la semidiosa; ni la Mlolhan Carvalho, en la pared del fondo, sobre la silla presidencial, el
encaneda, los episodios de lo pasado, las guerras de lq emperatriz; ni menos aún la Melfa ni la Nevada indispensable crncifijo, la imagen del Cristo, obliga•
ni la Van-Zaut, las marquesas del arte lírico, pose- da á presenciar, del año de 189-! á la fecha, escenll&amp;
nuest~¡i, vida social.
yeron esa garganta divina ni esa voz celeste de An- tan poco cristianas. .
Es qello el espect~culo.
. _
.
.
Vemos, al principio, ese movimiento impercepti- gela Peralta.
El toro fué ensanchado á uno y otro lado para dar
Detrás de aquella voz había un alma de fuego
ble, débil, imlefinido que imprime en un pueblo la
lugar en el de la derecha del presidente al banco del
fecunda savia. de la liliertad, y que es como la pugna apasionada, sedienta de ideal, torturada y dolient~ Ministerio público y á la izquierda al de la deren:.
misteriosa de la planta que rompe el terrufio para cerno toda alma de artista. Angela era artista· no En el centro están los testigos y á la derecha de
una. artista escénica; su ceguera casi completa vedaba tos el acusado, dando la espalda á sm, defensores.
beber la luz.
Del post,rer aliento del último héroe muerto en el á su jw;go, la amplitud, la rapidez y la oportunidad de
La sala ei;tá dividida en tres departamentos por
campo de b 1talla ó ejecutado dentro de un cuadro de la acción. Cantaba en las tinieblas, y no podía ser- medi? de barandales: el primero es el de los testlgoB,
fusiles, brotaba un héroe nuevo: ¡Qué verdad tan pro- virse sLno de la actitud y del adem,in para completar con sillones de terciopelo rojo para los generalall:
la expresión del sentimiento; pero la voz sola e:xpre- ministros y demás personajes de alto fuste Y 8
funda encierra la fábula de Gracol

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
LA SEMANA

A'NGELA PERALTA.

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EDAD MEDIA

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SIGLOS XV

-----

LA . IND'l.ISTRIA TEXTIL EN LA EDAD MEDIA •

Aquí tenemos un grupo de
hilanderas que nos da idea de
lo que la industria de los te,.,
jidos es en la época medie,.,
val. Están trab~jandó, con el
huso y la rueca, en la prepa,.,
ración de las lanas que más
tarde han de ser tejidas. Se
trata de un ¿¿gran" taller y, no
obstante, su labor nos pro,.,
duce una triste impresión de
lentitud,. sobre todo si recor,.,
damos los métodos mecáni,.,
cos y rapidísimos que en el si,.,

-------~--------

La primera audiencia del Consejo de Guerra de Rennes.

glo XX se empleaban. Las. te...
las preparadas en talleresÍe~
j
pecialmente dedicados a Uo
e·s casean tanto que,. en r
dad,. son un verdadero artfcu..
lo de lujo,siendo muy frectren.. ·
te heredar trajes que usaron
los padres y hasta los abuelos. En los campos las famf,.,
l\as tejen unas telas bastas~
la. lana. de sus propias oveja(
o el ¿¿lino'' de sus tierras, !el•
que dedican a. la. confección
de los toscos vestidos.

6'1
( Muestra de una página del libro LECTURAS HISTÓRICAS)

comunes
p, rtame
público
tes '
el de la n:osa ae1 mundo entero, tiene por un lado
filas de _mesas paralelai; al gran eje de la sala, y
rinea.l otro, diez y nueve mesas perpendlculares á esa

!~

badLa primera audiencia, que reproduce nuestro gra-

fe.i º¡. ~ fué lo que han sidu las aurliencias posteriola detdlel día en qut&gt; el público hostilizó á Mercier,
rl la d f ea que se Cúmetió el atenta.do contra Labocareo entre Perier y Mercier, tan lleno de
tu'ctd
en.,..s dramáticos.
~ ~~ seis y. media de la mailana, la pacífica ciu1
ª el d_estile de los testigos, de loi; periodistas
os curiosos que venían de París y del extran~A

de!

erier, Mercier. de Boisdeffre, ZurPicquart, Lebrun-Renault, la viugen al ·Liceo, van Lan tranquilos en apariencia, dice
un periódico, como l~s_miemb_ros de un Congreso de
economistas-que se dirigen á maugurar sus tareas.
E: público y los _periodistas se instalan en los l?g::.res que tienen designados; hay pocas damas, casi todas ellas de la prensa: en el foro, detrás del tribunal,
una vestida de blanco, la misteriosa cdama blanca&gt;
de quien tanto ha hablado la prensa.
Ya están instalados el Comandante Corriére, Comisario del Gobierno, su adjunto el Comandante Mayence y el Secretario Coupois; á la derecha, Demange y Labori, ocupan los ~xtre mos del banco con sus
secretarios Collenot y H1ld entre ellos. Llegan los

Suenan las siete: se anuncia al Consejo, la guardia
present,a i,;us armas; el :,ilencio se hace profundo y
los jueces vestidos de riguroso uniforme, penetran al
salón y ocupan sus asientos.
Todo el interés se concentra en la figura ae Dreyfus: el aparecido de la isla del Diablo se presenta, su
pa:,o es tirme, su busto erguido, lleva guantes blancos; sube las gradas de la plataforma, se detiene ante sus jueces, se para con los talones juutos, militarmente, saluda, se descubre y se sienta. Todos dicen
que ha cambiado poco; está 'más delgado, más nervioso, su pelo ha encanecido, pero el rostro es enérgico y no acusa depresión .. . .

�Domingo 3 de _Septiembre de 1~1111.

Doinlngo 3 de Septiembre de 1899.

155

EL MUNDO.

EL MUNDO.

154

DirBctor: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

---------------------------------------------·

LA SEMANA
Me desdigo: no es Septiembre mes de verbenas
nada más. Es mes de fiestas y de pompas, este SeptiembrP. voluble y falso que muestra por las mañanas
un ...ol limpio, primaveral y fastuoso, y p0r las noches
una luna fría con su halo joyante y húmedo, y sus rosas
y oriente de perla que traen á la memor;a los ciel_os
de Enero y los paisajes invernales. Las tardes. lluv10sas y grises, están entrh,tecidas por una luz opaca y
soñolienta que parece cansada de haber alumbrado
tanto por el día.
La Naturaleza se pone romántica en Septiembre,
como las mujeres que al terminar el baile, á la luz
indiscreta del alba, se ven en el espejo de su alcoba,
y o.:.servan las primeras canas entre las f\or_es de su
tocado y las primeras arrugas tras de los afeites de su
rost.ro.
Todavía son hermosas; pero ya no con la frescurd.
de la juventud: la alegría irreflexiva y loca ha huído
de ellas para siempre, y apenas si de cuando en cuando entreabre sn boca la ingenua y dulce sonrisa que
era el encanto de los primeros adoradores.
Mas el gozo humano no se preocup~ por eso: cele~ra
oUS festivales en los campos melancóhcos del Otouo,
bajo los árboles que empiezan á cubrirse de_ hojas_secas y frente á los horizon1 es, cuyas nubes mmóv1les
y brumosas, fingen en las obscuras lejanías fantásticos y caprichosos mausoleos.

***
La fiesta de Covadong, es en la América latina,
una de las más afamadas y brillantes. Suena, á castaíiuelas y bandurrias, sabe á manzana, huele á cidra.
Recuerda aquella agria montaña española que tan~o
hemos subido y bajado de la mano de Dvn Antomo
de Truebli, mientras el buen viejo para entretenernos, nos narraba uno de sus cuentecitos sencillos y
tiernos, ó nos -;antaba coplas populares, quejumbrosas y suaves.
En este año el proverbial entusiasmo asturiano estará quizá como en los anteriores, mezclado con un
poco de tristeza. Todavía duele la herida. Las almas
se buscarán entre el ruido para hablarse de la madre
desconsolada. Un soplo de pena pasará á veces, por
entre el cordaje de las guitarras, y el cristal de las
risas se quebrará por instante!! sin motivo aparente.
En la profundidad de la mirada, es posible que asome
una lágrima. De seguro no sonará un sollozo ni se

escapará un suspiro; la indomable energia de una raza vigorosa encarcelará á t,iempo en todos los corazones á esos hijos imprudentes del dolor. Se aturdirá
en el ruido la tristeza.
El contento dirá como el poeta:
Parad el viielo, tacitumas horas

La :fiesta de Covadonga abre la puerta á las nues•
tras. En primer lugar viene una, callada y envuelta
en atavíos de luto: año po, año se acerca á nosotros
para recordarnos la di".ina muerte de unos cuantos
niños. El viejo avaro ha bebidu ":tvaramente sangre
virgen y mártir. El verso que canta la gloria de estos muchachos heroicos, sacude alegremente las
alas bajo las blancas cabelleras de los ahuehuetes
pensativos. ¡Canta, canta, estrofa de hierro y oro de
la moderna epopeya, la. audacia infantil de estos chicos que entraron en la inmortalidad por una sublime
travesura! Canta la eterna lucha de Goliat y David,
del titán y el niño, de la Fuerza torpe y la Gracia heroica, canta, abre las alas bajo la blanca melena de
los ahuehuetes pensativos ..... .

En pos del 8 de Septiembre, entra el diez y seis, el
estrepitoso, el venerado. En él esta hermosa prolongación de egoismo que llamamos Patria, palpita en
nuestro esp!ritu con mayor c:xaltación, como vigorizada por la luz de esa aurora, y bruscamente sacudida por las primeras dianas de las músicas militares.
Nos sentimos poseídos de un triunfal entusiasmo
y recorremos con la violencia de la imaginación desencaneda, los episodios de lo pasado, las guerras de
nuest:/l vida social.
Es qello el espectáculo.
Vemos, al principio, ese movimiento impercepti•
ble, débil, im1efinido que imprime en un pueblo la
fecunda savia. de la lil,ertad, y que es como la pugna
misteriosa de la planta que rompe el terruño para
beber la luz.
Del post,rer aliento del último héroe muerto en el
campo de bitalla ó ejecutado dentro de un cuadro de
fusiles, brotaba un héroe nuevo: ¡Qué verdad tan profunda encierra la f1bula de Gracol

saba to lo, interpretaba todo, suplía todas las deficiencias sal vaha todt,s los obstáculos y hacía. vibrar
honda profunda, vivamente todas las cuerdas de la
lira y todas las tibras ~e la pasión._ .
.
No tenia como Adeltna el prest1g10 adicional de la
belleza y de lasuprema e_legancia, de los modales aristocrár,icos, de la Pducac1ón cortesana; era una artista un poco bohemia, pero que amaba Y conocía su arte; que se prodigaba y se ostentaba; que no regateaba ni ponía á subasta sus notas; &lt;¡ue cantaba porque
el canto era en ella la natural y genuina expresión de
sus pasiones, como en el ruiseñor, Y que derrochó \'OZ,
alma, vida y fortuoa por puro y desmteresado amor
al arte.
y Juego· académ:ca, correcta, impecable, modelo
de escuela~ y de métodos clásicos, griega por la corrección del estilo, italiana por el desbordamiento de
la pasión, francesa por su gusto exquisito, alemana
por la nobleza de su ideal, mexicana por la siacert.
dad la franqueza y la prodigalidad. Artista, e1t RU•
ma.' como lo son to:l.os los grandes, sintetizando ensu álma t,odas las almas y en sus creaciones toda la.
vida humana.
Detrás de la ;utista había todavía una mujer; tier.
na dulce compasiva, generosa; y coronada de wda~ estos ~imbus y aclamada, lisonjeada, arrastrada
su carroza por la pléyade de sus admiradores, ungida
reina cada noche é incensada como una divinidad,
todavía tenía tiempo de ser modesta, humilde, exenta de vanidad y orgullo, hospitalaria y complaciente
y nada miis me queda que decir, muchacha curio- como una burguesa.
Pesa sobre el artista rantante una fatalidad de la
sa v burlona.
qud recientes descubrimientos hab1án de redimirlo:
En esta semana han pasado los días en blanco.
no puede aún, como el poeta, legar ,á la más remota
Se parecen al verso del Lied:
posteridad sus estrofas, como el escultor, sus estaUn cielo gris, un horizonte eterno.
tuas, como el pintor, sus cuadros. La mar.ivlilosa arY andar ...... andar ..... .
¿Qué quieres? ;_Lees mi crónica, yara di~t1 a~r tu tista no ha podido legar más que el recuerdo de su
fastidio,? Pues haz de cuenta que leiste la historia de gloria y el culto que sus admiradores profesan aún
á su memoria; pero sus amigos la aman todavía. pi,rlo que no ha sucedido ..... .
que fué buena y muchos desgraciados la bendicen
porque fué caritativa y generosa.

Es preciso romper la tutela para nQ perecer, como
es fuerza que la crisálida rompa el capullo para que
. d I B
vuele la m¡i,ripos1.
Al reflejo de las llamaradas de incendie P. a . "evolución Francesa que alumbró nuestras obscurida•
des nos vimos fuertes y nos ser,tim&lt;is apt,os.
Una ráfoga épica sopló en las tinieblas de nuPstras
almas y nos lanzamos seguros y resueltos á la con._
quista del ideal.
No caímos en el abismo. desesperanzados Y ve~ci
dos como los caballeros clel Apocalipsis.. _A_nte!._ bien,
á través de las penalidades y de los sacnfü:ius alcanzamos la Tierra Santa.
Pero no adelantemos los sucesos. ¿Acaso soy
el ~~¿~ista de Jo que ,a á suceder? ¿)le han no~brado acaso para declamar una arenga en la plaza puhlra?
.
Ya veremos-no vamosá esperar, por c1erto,--:lo que
nos prepara el día de la p~tr!ª· La noche del r¡timce va
á ser, sea(m dicen los "'er16d1cos, una maravilla.
Tocará, como en otros anos, la campana del curato
de Dolores.
.
No seamos impacientes. Faltan muy pocos días para la fiesta.
Hablaremos de ella cuando pase.
Los recuerdos suelen ser 111ás elocuentes IJUe las es•
peranzas.

&lt;

HISTORICAS

FCTURAS
D. JOAQUIN

IZQUIERDO

CROSELLES

lbooo

PARA LA FORMACIÓN EN EL NIÑO DE
ÚN CONCEPTO CLARO DEL TIEMPO HISTÓRICO

El ensayo qne presentamos a los señores profesores quizá pudiera parecer a algunos un atrevimiento pedagógico, pues invierte el orden de la
cronología, conduciendo al lector desde la época actual hasta los tiempos
p~ados, en lugar de partir de la antigüedad para llegar a nuestros días.
Nos parece que este método presenta ciertas novedades ventajosas para
la ,enseñanza y, por otra parte, su aceptación entusiasta en ciertos países
~xtranjeros y la adhesión sin reservas de algunos ilustres profesores es-·
pa,ñoles nos ha decidido a publicarlo, esperando sea recibido con agrado
por los amantes de la renovación de la enseñanza.
Se pretende con este método pedagógico, ya adoptado, como decimos,
por algunos señores profesores, y al que damos un aspeeto elemental, que
el niño adquiera desde sus primeros estudios el sentido de la Historia, es
dtoir, una noción intuitiva de que han existjdo, antes de la vida actual,
otras vidas y otros tiempos diferentes.
No sólo es desarrollable en los niños este sentido de la cuarta dimens' , del TIEMPO, sino que lo adquieren rápidamente, como cualquier
f~sor qui emplee este sistema podrá observar desde los primlros días.
Nadie dudará de lo importantísimo que es, en los albores del conocimiento, adquirir unas nociones dar~ de la existencia de un pasado, así
como la evidencia de la duración de ese pasado y de los cambios fundamentales que en él han tenido lugar ; de este modo el niño se sitúa en 'una
posición más segura de su vida, logra comprender el significado de la
hora presente y, por contrapartida, adquiere uná lúcida visión del porvenir, calculando las consecuencias de sus actos.
Si el alma del niño se ensancha en el espacio tridimensional de la
Geografía y los viajes, mucho más se enriquece su.espíritu cuando consigue una noción indeleble del Tiempo, verdadero hilo de la Vida y sustento _.de todo pensamiento racional.

ANGELA PERALTA.

L

Angela Peralta ha sido la artista lírica más admirable que ha producido México y una de las más gran•
des de que se ufana la humanidad. Sus dotes natura,
les, su educación musical, su inspiración y su amor
exclusivo al arte hicieron de ella un admirable conjunto que rara vez la naturaleza y el medio logran
combinar.
Desde luego, estaba dotada de la voz más admirable que pueda jamás soñarse, voz á la vez de hada, de
ángel y de ruiseñor; voz de sireaa. Era la voz de Angela un resumen de toda la naturaleza; en ella había
susurros como en la brisa; murmullos como en la sel
va, gorgeos como en los oídos; ecos soaoros como en
las cavernas. Revoloteaha como la mariposa y plana.ba magestuosa como el águila.
Esralaba las más altas cimas de la gama y descendía á sus más hondas profundidades, sierupre pura,
siempre igual, sin adultera\)iones de ~imbre ni desfallecimientos de sonoridad.
La agilidad de su garganta era prodigiosa; cascada
de perlas, tal era su gorgeo; ¡&gt;ara ella la vocalización
no tenia secretos, ni misterios ni escabrosidades; en la
escala más vertiginosa, en el grupeto más complicado,
en la más inestricable maraña de notas, cada una de
las suyas se destacaba pura. independiente, distinta
é individualmenr,e perceptible, y además, matizada,
acentuada, intencionada.
En el ranto amplio, lento, modulado, recorría órbitas inmensas; el balance de su canto era majestuoso, como giración de astro, y su voz, que podía retozar, juguetear, rizarse y ondular como un arroyo,
sabía también correr majestuosa, imponente, inmensa1Dente serena, como un Nilo ó como un Ganges.
Por su timbre y su modulación, por su agilidad y
su amplitud, en aquella voz maravillosa se encerraba
la expresión de todas las pasiones humanas; lloraba
y refa, gemfa y tlamaba, sollozaba y atronaba. Amor
y odio, ternura y entusiasmo, caricia ó herida, todo
en~ontraba 'su nota adecuada, su timbre propio, su
expresión estética. Aquella voz era á la vez arpa eólica y lira sagrada, flauta de Pan y trompa épica, y ni
Adelina Patti, la semidiosa; ni la Miolhan Carvalho,
h emperatriz; ni menos aún la Melfa ni la Nevada
ni la Van- Zaut, las marquesas del arte lírico, poseyeron esa garganta divina ni esa voz celeste de Angela Peralta.
Detrás de aquella voz había un alma de fuego
apasionada, sedienta de ideal, torturada y dolient~
como toda alma de artista. Angela era artista· no
una artista escénica; su ceguera casi completa vedaba
á su juego, la a.mplitud, la rapidez y la oportunidad de
la acción. Cantaba en las tinieblas, y no ¡&gt;odia servirse slno de la actitud y del adem,1n para. completar
la expresión del sentimiento; pero la voz sola expre-

EL ILMO. SR. DON JACINTO LOPEZ,
ARZOBISPO ELECTO OE GUAOALAJARA,
Honramos la portada de nue1,tro semanario con et
retrato de este disting11ido y virtuoso prelado que
sucederá en la sede de Guadalajara al difunto Sr.
Loza.
·
El Sr. López rigió por muchos años la diócesis de
Linares. elevada más tarde á la categoría de arquidiócesis, y su tacto le grangeó aprecio universal en
los Estados del Norte y la veneración de sus fieles
diocesanos.
Es originario del Est'l.do de Jalisco, ci rcunstancl&amp;
que unida á las cualidades de espíritu y carácter que
tiene el Sr. López, lo hacen idóneo para ocupar la
nueva sede para la que ha sido electo.

PRECIO :

-------·-------

La urinrnra audiencia del Consejo de Guerra de Rennes.
La sala de a~tos del Liceo de Reunes, local elegido
para el Consejo de Guerra de Dreyfus, es una nave
recungular, espaciosa, de 22 por 15 metros y 8 de altura; las paredes están pintadas de ocre y las later~les tienen seis ventanas; en el friso que corre aba¡o
de los tragaluces, hay inscritos varios nombres de
bretones ilustres.
En el fondo hay un foro de un metro de altura, Y
en el extremo opuesto un busto de la República, Ea
tres días se hicieron todos los muebles necesarlJR,
mesas, bancas y barandillas. El tribunal se instaló
en el foro, y á él se llevaron los muebles ordinarios
del Consejo: la mesa cubierta de paño azul, los sillones de telas desteñidas y la silla del presidente coa
su respaldo monumental. Detrás de los aslentoS de
los jueces hay otros destinados á las autoridades, Y
en la pared del fondo, sobre la silla presidencial, el
indispensable crncifijo, la imagen del Cristo, obliga•
da á presenciar, del año de 1894 á la fecha, escenll8,
tan poco cristianas. .
El foro fué ensanchado á uno y otro lado para dar
lugar en el de la derecha del presidente al b¡¡.nco del
MiDisterio público y á la izquierda al de la defeO:
En el centro están los t estigos y á la derecha de •
tos el acusado, dando la espalda á sui, defensores.
La sala e1&gt;tá dividida en tres departamentos par
medio de barandales: el primero es el de los testlguSt
con sillones de terciopelo rojo para los generaJazOA,
ministros y demás personajes de alto fuste Y silla&amp;

Para pedidos:
. Manuel

4

PES ETAS

EDITORIAL.

Paso,

2.

URANIA

GRANADA

DIST.RAIDA
comunes ele paja par i la gente menuda; el último de~~t~ento que es el más pequeño, está destinado al
tea d00, Y el del centro ocupa.do por ic,s representan-·
cin e la prensa. del mundo entero, tiene por un ladíJ
co lilas de mesas paralelas al gran eje dP. la sala, y
ri~~l otro, diez y nueve mesas perpendiculares á esa

badLa primera audiencia, que reproduce nuestro gra-

~º¡~rué lo que hao sidu las auiiiencias posterioladefdtl d!a en que el público hostilizó á :Mercier,
rl la d t en que se cometió el atentado contra Labol;clde et careo entre Perier y Mercier, tan lleno de
n PS dramáticos.
~ seis y. media. de la mai1ana, la pacífica ciu1 de ~ía el destile de los testi gos, de los periodistas
os curiosos que venían de París y del extran-

;as

jero á presenciar las audiencias del proceso. N&lt;, bay,
sin embargo, indicios de esa febril agit,ación del proceso Zola; los espectadores y testigos que se dirigen al Liceo, van Lan tranquilos en apariencia, dice
un periódico, como los_miemb_ros de un Congreso de
economistas-que se dmgen á rnaugurar sus tareas.
E: público y los periodistas se instalan en los lug:1res que tienen designados; hay pocas damas, casi todas ellas de la prensa: en el foro, detrás del tribunal,
una vestida de blanco, la misteriosa «dama blanca&gt;
de quien tanto ha hablado la prensa.
.
Ya están instalados el Comandante Comére, Comisario del Gobierno, su adjunto el Comandante Mayence y el Secretario Coupois; á la derecha, Demange y Labori, ocupan los ~xtremos del banco con sus
secretarios Collenot y Hild entre ellos. Llegan los

testigos: Casimir Perier, Mercier. de Boisdeffre, Zurlindeu, CIJanoine, Picquart, Lebrun-Renault, la viuda de flenry ....
l:;uenan las siete: se anuncia al ConsPjo, la guardia
present,a sus armas; el :,ilencio se hace profundo y
los jueces vestidos de riguroso uniforme, penetran al
salón y ocupan sus asientos.
Todo el interés se concentra en la figura de Dreyfus: el aparecido de la isla del Diablo se presenta, su
pa:,o es tirme, su busto erguido, lleva guantes blancos; sube las gradas de la plataforma, se detiene ante sus jueces, se para con los talones juntos, militarmente, saluda, se descubre y se sienta. Todos dicen
que ha cambiado poco; está ·más delgado, más nervioi¡o, su pelo ha encanecido, pero el rostro es enérgico y no acusa depresión ....

�EL MUNDO.

Domingo

a de Septiembre

0om1ngo 3 de ?epti!l!D_!&gt;re de 1899.

de 1R99.

15

EL MUNOO.

sara.h B;rnardt en el papel de lbmlet.
Se ha discu tido y aun_ ocasiunó un duelo entre, dns
¡t,eratos,
interpretación del Harulet, hecha ult111Dameote la
por l::iarab al represent,ars !. una nueva t.ra•ducelóo francesa del drama dP Shakespeare. .
MorenPt- 8ully .... qué gran precedente! Sm embargo, dh:en por ahí que laSarah es admirable en bU
pel de prln-:ipe dinamarqués.
paNue~tro g rabado, que es adrni rabie J:Or la preri:&amp;ión, da á nuestr~s lec tOrPS un E'.lemento suficient~ rle
juicio para que digan ellos. 1&gt;Pgun i-usgu1,1osy su ir11presión propia, si es ó no. Saral.J, fiel mtérprtte del
;gran poeta.

PERFILES FEMENINOS.
La italiana es la mujer quP. prPsenta casi toda la beileza de la edad moderna. Plfoida y de curvas exagerad11-~ y senimales en Lombardfa, con su color rubio
,á to T1claoo en Venecia, de formas escult,urales en
Boloola, marmórea en Roma y de belleza clásica grie,ga en Nápoles..
. .
.
Artista apas10nada por rnstmto, ;gnorante en general, modesta, menos fiel que mucnas otras muje·res, se ca.o;a siempre sin amor y por tener á mano el
•recunio del di 1•orci o.
Gato y serpiente, palma y violeta es la francesa;
frágil 1:11 apariencia é impávida en las luchas del
amor, llena de gracia aunque no hermosa; es tres ve-ces mujer y tres veces adorable.
En su parte moral es amable; cequeta incorregible,
no allla casi nunca por temperamento, siempre es infiel razonadamente.
Ejercita nn_a influencia sobre el hombre mayor que
las dem.\s mujeres, por su cultura y sobre todo por
:su esp,-it y por su travesura.
En su mismo tipo está el temperamento de la fran-

cesa.

Rubia, con ese rubio pálido; fría, tranquila; lo!!
-ojfJII azulPS, la nariz aristocrática, los dientes correctislmamente formados, y joven siempre, pnsee el
temperamellto frío y razonador.
Su belleza física es demasiado correcta para ser art~1ca, pues le falta el sentimiento. La explicación
de su carácter es asimismo demasiado entero y ené r¡ico, demasiado frío y demasiado serio para recordaroOB á la mujer.
Reservada, casi hipócrit-a, exag-eradamente casta,
-esclava de los respetos bu manos, ama fríamente y por
convencimiento, sin estar nunca dominada por los
tJDpulsos ~el corazón.

M.

Y

M.ME.

LABOlU SE .:)lttlGE:.

AL

CONSEJO DE

GUERRA.

de tantos desean por sobre todas las
cosas, un empleo que les asegure vida
tranquila, y no sueí'ían sino con gangas sin responsabilidl\des, no se repetirá demasiado que nadie tiene derecho para abstraerse lejos del mundo,
que el hombre crece lanzándose á la
lucha, no despr,·ciando nada de lo que
es honesto, y que se eleva por la acción.
l::iin embargo, cuidémonos de no dejarnos engallar por una nueva ilusión.
Para ser legitima y aun necesaria, no
bast,a la predicación, y además, el carácter esencial de la acción verdadera,
f'S que sea determinada y precisa.
Ahora bien: pululan por abí jóvenes
que anuncian con énfasis su intenc!ón
de «obrar.&gt; de «luchar.&gt; No lPs pre•
guntéis cómo; no lo saben todavía;
tal vez no lo sepan nunca; pero tened
por cierto que estarán convencidos de
:ser bom bret; de acción. Y estad per_suadidos también de que entre todos
los lite~atos que quieren seguir el ejemplo dado por sus maestros, se observa
el mi~mo fenómeno. Predicando la
acción, creen obrar.
Es ni más ni menos como lo que
sucede en los coros de ópera, que cantan: «Marchemos! Marchemos!&gt; dando
en el entablado. Tratemos de no caer
en semejante ridículo. Bastante campo se presenta á nuestros esfuerzos;

cura.mente en el derrumbamiento de lo viejo, reclama obreros. Hermanos, solo la acción es bendita:
hermanos, es necesario obrllr.&gt;
Y, ciertamente, el espectáculo es bello, el celo de
los apóstoles admirable, y su doctrina excelente en
todo sentido. Para poder pensar es necesario vivir, y
1i vida práctica tiene derecho á todos los miramientos de los pensadores. La metafísica ó la poesia no
son, seguramente, ocupaciones despreciables ó va'las;
pero tampoco son, necesariamente, superiores á la
construcción de caminos ó á la fabricación de conservas. La grandezlJ. de una depende en gran parte
del modo con que se la ejecuta! Tal comerciante posée más elevada inteligencia que muchos escritores,
y por lo mismo que se ocupa 'con celo en los progre.
sos materiales, trabaja quizás e ticazmente en la me•
jor moral del muudo. Eu uu país como Francia, don-

La alemana es poco graciosa en los mov..imlentos y
en las líneas, pero sólidamente construida, resistt:nt.e á todas las injurias del tiempo y del amor.
Rubia, cerúlea y blanca, parece formada para efectos dJraderos, y es en su modo de ser mejor esposa
,que apasionad~ amante.
No 11e deja dominar nunca por los entusia&amp;mos del
'COrazón y solo ama de un modo espiritualista, con in.genuldad Idealista y fantástica.
EL TENIEN'.lE CORONEL PICQUART,

La espa!'iola soberbiamente hermosa por los espre'llvus rasgos de su cua, los pies y lds manoi peq Ué ñÍ·
Rilllos, dos grandes ojazos como ventanas abienas en
~o palacio de mármol las curvas de su cuerpo p:1.lpitantes de vida y voluptuosidad y el cabello sublimemente negro y lustroso.
Ama como no aman las demás mujeres, con amnr
salvaje, dominada por la sangre caliente que recorre
'8U8 venas y se entrega en un momento de delirio, sin
'Cálculos, sin amor á los respetos humanos, febril de
pasión.

, bastantes obras reclaman nuestra buena voluntañ.
Nosotros, pues, que creemos en la necesidad de la
acción práctica, y que nv tenemos una ardiente
palabra que arrastre las turbas, escojamos en silen-. cio una empresa que nos convenga, y sea cual fuere,
'. démosla concienzudamente nuestro tiempo y nur!i,, t ros esfuerzos. El mundo no sabrá nada, y por tan1o, no nos colocará entre los hombre de acción, pe1 o nosotros merecemos quizás ese titulo.

PEoao PvLON3K[.

CHKI~TIAN SCHEFER.

Las mejoras ofrecidas.

NUEVOS IO~ALES.
PENSAMIENTO Y AOCION.

La acción esta de moda. Por mucho tlempc, el do•
~lnio del pensamiento puro y el de la realidad prác11lll permauecierou voluntariamente separados. Con
:88;:e~clones, los tilósofos ó literatos que se con- ,,
p g~
a, primero, creían deber ignorar y aún des- ✓&gt;, ..,
ttree ar el segundo, ju1.gando que la grandeza de las _:"
... peeulaclones ó de los sueíios provenía sobre todo &gt; uesQ
' ,,
1 ad. Pero las luchas del 'mundo, cada;,
dla IIIt t·tld
De
ásperas, van desvaneciendo los espejismos en •'
ibo aquellos ut opistas se complacían: y estos sienten -'-·
pro:confusamente que todo cambia, y los tenibles ·
11len~mas de la existencia se les t_m~onen brutal meo- tts:,.
'IIDo á · Turbados así en su q u1et1smo, los ;,oetas,
ffk." . ..

t,"l

f.~tC::g~ ;~ ~~~=:tºa1t::,use~ ~~!!s~ep~:i~~\[a;ª;
0

'iteen,
un nuevo evangelio: «Han llegado los tlemen que la grande obra que se elabora os-

-c=:;.\ti:&gt;&lt;-,···

ll08,

SARAH Be:KN.~RDT EN EL PAPKL DE IlA.MLET.

Como toda maquinaria nueva, la nuestra,
al armarla, edtá f;!;astándonos mucho tiempo
y trabajo, más del tiempo que habíamos supuesto; por eso no hemos podido comenzar
las mejoras ofrecidas de que ya tienen cabal
concepto nuestros abonados.
En esta semana quedará listo el departamento especial que estamos instalando, y ase. guramos que el retraso involuntario que se
· ha sufrido, quedará ampliamente comFensa.do.

�Domt?go 3 de Sei:tiembre de 181111

Domlngc 3 de Septiembre de 1899

EL MU~DO.

EL MUNDO
158

ramaje exuberante y lujurioso que, como una cabe•
llera de Furia, se desparrama en su carga de higos
maduros y verdes por el balcón del pibO alto; por úl·
timo, en el otro ángulo del fondo una pequen.a p_uer•
ta da acceso á la extrafl.a bab:taclón, que á un vempo es cocina, sala, centro de tertulia y comedor de
los poco favorecidos por la suerte, pues que nos~tros los dos únicos huéFpedes que merecen cum,1•
der~ción en el albergo, hemos de l'Omer siempre en
íntimo aparte, arriba, en el balcón, asombrado P!'r
la higuera. En el centro de la habitación á tao u,ultiplti, uf.OS destinada, l,ay una larga mef\a er,tre
dos bancos de igual longitud; á un lado, una gr~ll·
de y tl ..nada chimenea, en cuyo hueco se ma11t1e•
ne sobre un montón de etniza, y sujeto de una cuer•
da ahumada y gorda, el caldero donde se cuece y
ablauda la amarillosa polenta; cerca de la chimenea
arranca una escalera que suoe como la del patio al
pisu alto, y en el miswo punto comienza la verd~de•
ra cocina, es decir, el Jugar com,agrado á los hornillos
humeantes y á la espetera limpia como un sol y llena
de cacerolas y sartenes en ad111irable ordenco!ocados.
E11 la atmósfera de humo y olores de cocina true•
na la seilora, dueña y cocinera de la casa, vieja re•
gordeta y rechoncha, pero que guarda en las lineas
lle la cara, arrugada como una pasa, seilales evideo•
tes de haber sido codiciada y bonita en sus ya leja•
nas mocedades. Cuando llegamos, nos viene al en•
cuentro con una sutén en la mano Izquierda y uno
como hurgón en la derecha, nos regala ~u más ama•
ble sonrisa, y para darnos la bienvenida nos espeta

un discurso, del que apenas comprendemos dos ó tres.
palabras, cosa que achacamos á nuestros pobres alcances en el habla divina de Petra.rea; pero, al cabo.
de algunos días y para consuelo nuestro, sabemos-porexperiencia propia y por lo que lenguas maldicientes murmuran, que la seora Rosa, coLDO la llaman.
en el pueblo, ou ba podido nunca fo rmar siqµiera.
una frase de puro tosca.no, y por más esfuerzos que
hace cuando na.blacoo personas de calidad, no logr&amp;.
sino hablar, y eso no correctamente, el áspero y mal•
sonante dialtcto de Lombardía.
No es necesario ser caballero andante, movido de
generosa locura: cualquiera que llegue desprevenido
al hotel de las dos espadas deslucidas por la herrumbre, puede, en los pri1oeros días, padecer i lusiones.
quijotescas. No son para menos ciertos ruidos noctu,nos insólitos, unos atribuiblesá jugarretas de hechicerof, otros á pesadas bromas de malandrines y
follones; sin contar con que la hija y úntca heredera
de la seora Rosa bien se miraría, sin hacerse violencia á si propio, como princesa convertida á media&amp;
en fregona por arte de los oiablos. He dicho fregona
á medias, porque se ocupa á veces en las más recias.
labores, y no porque ande jamás desaseada y pringosa, que antes por por el contrario brilla de pulcra y.
va, por donde pasa, derramando frescura y perfumecomo una flor serrana. Más alta que la madre, Clotilde cuenta dieciocho años y es morena, lo que quiere decir que la sangre no se le está quleLa en el cuer~
p0. sino que hierve, rebulle y comienza á decirlti y
coutarle, en la" sienes, cerca del uído, cosas tentado-

ALDEA LOfdBARDA
En la tarde calurosa de Julio, todo pare•

ce hundido en profundo letargo. El lago se
extiende, hasta perderse de vista, hacia el
norte, entre colinas y aldeas, quieto, brillan•
te, y copiando como una lámina de acero
bruilido los últimos arreboles del crepúscub
E&gt;n tanto que hacia el sur se estrecha, se
a ielgaza basta cambiarse en río, después de
rormar un remanso y de rodear, no lejos de
la orilla, una pequeila isla, bosque de rosa•
les y manida de patos silvestres.
A la derecha de un promontorio eoronado
por un castillo feudal, detrás de una ala me•
da de castailoR, alineados en cuatro hile•
rab á la orilla del lago, se dPscubre la al•
dt·a silenciosa. á donde venimos buscando
rt&gt;poso para nuestros cuerpos, serenidad para. nuestras almas, un soplo de aire puro que
harra de nuestros pulmones el Infecto polvo
de la gran capital, un puco de sol que nos
recuercle el sol de la patria; soplo de brisa
y rayo de sol que, trayéndonos la salud coro•
pleta, vigoricen nuestros nervios reseoti•
,tus y desvanezcan en nuestros cerebros los
fantasmas de la neurosis.
El absoluto recogimiento de este rinconc!llo de Italia satisface cumplidamente nues•
tr•,s deseos dP. calma, pero nos vuelve mudos y tristes. Sin proferir una palabra, desembarcamos, después que el bote, guiado
por un viejo remero, penetra en un espa•
cio circuido de muros, especie de puerto in•
vadido por altas yerbas que Sd asoman á la
superficie del agua, y ceden, doblegándose y
gimiendo, al paso de la pequeña embarcación. El mismo barquero se encarga de
nuestras balijas y noi, endereza hacia el
ho~el.
Digo hotel como diría ventorrio, figón,
posada ó fonda, pues de to'.lo esto hay, aunque, en realidad, la casa en donde hemos de
posar es más que hotel. ventadecaminoc0n
aires grotescamente seiloriles, que nos despejan el ceño, haciéndonos pensar en a ven tu•
ras quij0tescas. Nada t,an á propósito, en
efecto, para dar al traste con el meollo poco
firme de algún andante caballero, cvmo este
caserón, que bien podría ser tomado por castillo ó vivienda solariega, con su holgada
puerta cochera, sobre la. que se cierne, destacándose de la pared, una.corona, probable•
me~te de hojalata, injuriada por la iotem•
pene, tomada de orín y sostenida por dos espadas en cruz, del mismo metal que la co•
rona, y limpias de todc, crimen si no de herrumbre y moho.
El patio, á donde el portal nos conduce
no deja duda sobre el género de casa en qu~
noshallamos. En un ángulo del patio, una
chica extrae por medio de gruesos cordones
de las profundidades de una cisterna, u~
cántaro rebosante de agua fresca; á la de•
recha de la entrada, se está quedo, con sus
timones en el aire, un coche polvoriento que
espera, quizá, las órdenes de los huéspedes;
en el fondo, en el án¡1;ulo izquierdo, se le•
vanta una escalera de piedr~, tan angosta,
que no puede una persona bajar mientras
que otra sube, y, al pie de la escalera, crece
una higuera centenaria de tronco espeso y

ras, de esas que hac.:n :-uborizar á las ni•
nas. sus cabellos son ébano luciente; sus
c,jos, vivos carbunclos, sus mejillas, dos
rusas que el sol no se cansa de besar; su
alma es toda fuego cuando se asoma á
Jos ojos, y toda sal y donaire cuando vie•
ne á los labios, hendidura de una granada entreabierta, á decir palabras bellas
de un italiano algo embastecido por el
acento rudo de los campesinos lombardos;
su cuerpo robusto, ágil, no acostumbrado á estrecheces y apreturas, es, cuando
i;e mueve, gracia y zandunga; y sobre todo esto, dos puños más fuertes, capaces
de poner á raya á los más atrevidos mocetones de la aldea, clientes revoltosos de
la media noche.
Al principio fatigados por el viaje, y
luego molidos por largas excursiones en
los alrededores, dormímos en los primeros
días con el sueilo de los justos, plácido y
sereno. Al fin, una noche nos levantamos
sobresaltado~, oyendo voces violentas, ai.
radas, que gritan un número y se acompanan de terribles puñetazos, recibidos
aparentemente por una mesa. Creemos
en una rifla trabada en la cocina. Las voces callan un momento, pno á poco rei;uenan de nuern, repitiendo los mismos
ndmeros. y continúa el alboroto de gri•
t.0sy puiietazos. Son unos jugadores de
morra. No hay una venta de vino, ni
hostería de villorrio lombardo, donde no
estalle por la noche el E&gt;strflpito de la morra. Es el juego del país. Dos jugadores,
de ple, se muestran el puño cerrado: simultáneamente extienden uno ó más de•
dos, y simultáneamente gritan un míme•
ro, que debe ser el que resulta de la suma.
de los dedos extendidos por ambos contentlores. El que acierta, gana. Un chiquillo de mi tierra desdeilarfa tal vez jugar, por demasiado pueril, este juego por
el que en Italia se desviven hombres her•
cdleos de barba hirsuta.
Los que j!1egan á la morra en el alber•
go de la seora Rosa s9n los pndidos, le s
libertinos.. del pueblo, los que se van de
taberna en taberna, gastando en fran.
cachelas y vino el dinero y la vergüenza
de sus honradas familias. Llegan casi
siempre á la ce cioa cuando ya ha ter .
minado la tertulia de las personas de pro;
traen el sombrero ecbado hacia atrás ó
llObre una orej:i, y miran á tod~s partes
con aire de valentones y perdonavidas.
Dos de ellos nos llaman especialmente la
atención: uno. cariancho, de mandíbula
saltente y poderosa; otro, delgaducho,

México Moderno

sobrino del alcalde, la boca inmensa, y los
dientes tirados en desorden hacia adelante, como si se atropellaran por salir,
lo más rápidamente posible, de aquel
abismo de inmundicia. Beben, Juegan á
la morra, y gritan basta desgailitarse,sin
que se les importe un bledo el sueño de
lús vecinos. Mientras la mesa inocente
sufre el mal t.rato de los puilcs callosos
y la vajilla tiembla en el viejo arma1i~
de madera, Clotilde, con los ojos medio
soilolientos, observa á l0s j ugad0res y es•
pei:a una oportunidad para empujarlos,
quieran que no, basta la puerta de la calle. Y entonces, pasan bajo nuestras
venta_nas, y se van cantando á veces, lc¡s
~uy irrespet~osos, con la voz enronqueoda por el vrno, alguna rle esas canelo•
nes que vuelan por el cielo de Italia
tortas ternezas y amor, endechas de rul:
seílores caídas una á una como lágrimas
en el silencio de la noche, desde la cop~
de un ciprés ....
Más agradablemente que la desapaci•
ble serenata de los jugadores de morra
nos sorprende un murmullo misterioso
que oímos algunas noches desde el balcón.
Es un cuchicheo, sostenido abajo, en la
sombra del patio, al ple de la higuera v
entrecortado po.:- algo así como cbasq:1i.
dos, que no son otra cosa que besuqueos
d~ enamorados. Srn pecar mucho de in•
discretos, reconocemos por fin en los causantes del misterioso murmullo al mejor
mozo del p~eblo, pastelero de profesión,
y á una pnma de Cleotilde, recién llegada del Piamonte, y que, según parece, no se duerme en las pajas, cuando
lleva ya prendido á aquel pobre diablo de
muchacho en su red de seductoras artimailas. Nuevas parejas vemos1 en el cur•
so del tiempo, sucederse en el mismo si•
tlo, c~mo si todas buscasen de propósito
á la b1guera centenaria para muda confidente y protectora de sus enredos amorosos. Es lo cierto que siempre las hi•
gueras han andado mezcladas en . tales
bistoria~, ! no sé de dónde les venga el
ser prop1crns á corazones amantes, si no
es de algún viejo resabio contraído en
el Paraí~o, donde, segtín la bíblica. leyenda, cubrieron con sus hojas la desnudez
pecadora de nuestros primeros padres.
[:Cel libro «Sensaciones de Viaje&gt;
de Díaz Rodríguez. J

CASA DEL SR. LIC. JESUS

F. URIR:'E. -CALLE DE TARASQUILLO,

•1

rJ

,I

N.,.

r,~
- -..::...·

LAS VIRGENES D"i!: LAS Jt;)CAS,

.

CASA DEL SR. GENERAL LAURO CARRILLO.-GLORl ETA. DE CCLON, P.A&lt;"EO DE LA REFORMA.

�l60

NOVEDADES CIENTIFJCASLA. FE y LAS MATEMAT,CAS,-LAS CASAS AN~~~•.
-ARTE E IND!JSTRIA.-LA MECANICA VENC
RA,-TESTWUS AUTOJIUTICOS.--LA VERDAD y LAS
MAQUINAS,
La fe t, aosporta las mootailas,&gt; decían se~tencio~eote nuet1Lros abuelos, aludiendo á la rnme~s!I'
~~erza que desarrolla toda creencia hondamente arraI •
gada en el espíritu.
• , ·
d la
y por si álguien duilara del p,,der dinamico Y 1iaplicación exacta Y material de la fuerza desar¡~
da por la fe al transporte de mon_tañas,. ª.hí _es\ 'ión
vas Y erectas las pirámides de Egipto para con us
de excéptkos.

!:

-. - .

'

¡ . ....
1
1

. C Ión sin haberlo he- color Y la forma, han sido invadidos y conquistados
el movimiento propueSlo, u~ p~día darle la vuelorla Industria, basta el punto de que h~y. pesimi....
p poco reflexivos que concluyen pred1c1endo que
cho, sabia de antemano \ verdad matemática; del tas
ta al Mundo, Lndado en un .
ó miaió un as- el ane está c,JOdenado á muerte.
mismo mo::io Leverrier descf!rI~j6sesclfri videt!tes del
Pero importa tijar las ideas sobre lo que.es el Arte
Y sobre lo que la Industria le roba, supomendo qu.,
T rigooometría..
.
rfg!~ªrav,e[!ºG:~~ei~:
rtan las montañas, meJor algu pudiera robarle.
Por eso ahora se traospo
· ·1t 1·¡ pero sí las
A te todo hav que tener en cuenta que en toda
ñas
porque
es
1 número!
dicho 110 las UlOn t ª 1 '
ohraºde arte hay dos partes bien distiutati y que su.
' .
antaño con la fe·· · · en e
d s géoeros diferentes de aptitud en el aruitar una casa y ponerla
casas, como
• .
On iuo-ciniero necesita q
.
,·dad de unas P.º_tt~ la~oocepcióo y ]a ejecución. La P.rimera co.011 º
í
Ja pesa s10 oeces1
más allá 6 más ac ;_ pues
d sde su gabinete, y con ~:~uªv·:i las personalidades artfi,ti~as, rac11ca esencial.
1a 1·otelio-eocia y es siempre un don de la
balanzas inverm,ím1tes, s!r:iºdce a el Y un l~piz, y no mente
en
°
I d
·ó • 1 se
uo simple rne~ro, una h~!!°0
ués de pesada, lo naturaleza, nunca uo pro?ucto de a e ául~acf1 n, ª16 .
e
unda
or
el
e0otrar10,
es
ageoa
a
ormac
n
se equivoca 01 en un.:r~de.termigar
la excursión que
demas es Juego de 01 os.
le sus nuevos cimien- ~eguna glbria del arte, 6 cootribu~e muy poco á ella,
ba de hac~r la wole, preparar meterle debajo una es del todo mecánica y procede directamente de la
tos. ~epararla de losdant1góuopi,,la{arorma rodante, Y la educación.
.
arma ura
Poned
cualquiera
de
los
mar~vm.osos
rnveotos
.con
casa cambia de sitio.
.
ue la Industria, trabajando rnsp1rada por la CienPur supuesto que sin la fe en laCienomc&gt; en esta operación no caben ~. h dotado al hombre para resolver ias d1ficulta~~pe~imeotos, nadie arrost~~r~a el pe- ~1a, !cánicas de la producción dt&gt; una obra de arte;
es mdl
dio-o en las manos de un imbécil, y sólo
ligro de perecer bajo el ed1tic10 ªttes pone
os, .mamarracho.s;
o ,
y crea•
oducirá
dadias á un ar t·st
J "ª• .
desplomado que movido; ~ero n~ ay
porque
la
creación.
artfatica
es
prerrogat1
va satt&gt;•·,or alguno, porq•1e media la e,
1 . ieneo ustedes un arco de tnuo o grada de la inteligencia huma~a.
J• v
aque
En consecuencia, ia Iudustna no am,eoaza_ io~adlr
actualmente ao d a de. paseo escoh
giendo su nueva residencia en Roe e- los saarados dominios del Arte, ni eo e. sentido ideolóo-icoº ni en el cJnvencion~l.de la palab.ra; antes bien
fort, Francia.
Lo notable de este caso, es que no l ~ u'da Je sirve fiel y sol1c1ta, removiendo los obsse trata de una de estas colmenas ~O· t~:%l JS y'quitando las espinas del gl~rioso camino del
t·1 t e O el concurso de la mecamca vencedo~a de
dernas, todas de una pieza y re~a;t~ vameo Le ligeras, lo que bace fac1hs1mo
1: ~u~tades puramente mate~iales. Por la misma
su desplazamiento: no, este arco es razón ni la obra de arte ni el ~rt1sta pueden co~si~e~na estimada obra del .arte a~ti~uo, con rarse anulados ó si•.¡11iera rebaJados porque en la eir
tres siglos de existencia encima, y que, cución de una obu de arte inter~engan los proce •
sin desmoronarse, anda echando 1:1ºª mientos industriales modernos, siendo así que, s!n la
.. a al aire por esas calles de Dios, personal1.da d del artitftia , la obra de arte nu existe,
can
gradas si~mpre á 1a fe·· · · Todavía
les falta á h,s pirámides, =======~
que ya han de creers.e las
muy vanidosas á cub1~rt.o
de tuda sorpresa, recibir
la estupenda de.que, como
su paisano y qmen sabe s1
amigo, el obelisco de Luksor, el capricho de un monarca europeo les ordena
cambiar de clima Y fija.r su
residencia en cualqmera
plaza de Vmdres.
.
y entonces sí que se reirán las pobres viejas de los nombres_, P;ro no de
los modernos á quienes od1anan ~n tal
caso por haberlas expatrhdo, srno de
los antinuos que las hicieron tan grandes precisamente para im,iedirles m?•
verse .... sin presentir el poderdel nu.
mero!

ti~

in, ·

bef

f:s 1

·

Por mi parte cr.:o firmemente q.ue, si esa~dtrdágáicals
. tau enérgica tenac1 a
a
an~iaoas se ar~;!ºe~º~nico objeto de atestiguaroos
ex1steoc1a,
es 1
ida de ultra.tumba y en el poder
6 0 la fe en a v
bo divino de los faraones, pudo hacer que
e m
por/':[e~s montañas de rocas fueRen arrancadas del
ueleto de la madre Tierra, transportaver ~ er
~~s°~1:~~~~:ssqd istaocias y con vertidas en figuras geoét · amente dispuestas.
.
m yr~c esto último debemos felicita:nos, porque sm
e
ular de las pirámides, ev1dentemeote gela fo~map~;~I saber humano, los hijos del siglo de la
nera a
m larlas después, de las cuarenta ceo.
dud_a, al conte p e uivocadameote les atribuyó ne
t11~1as q~e
Jeroqy áltimo de los Napoleones, reex1steoc1a e p ,
ndríamos formadas por una de
sueltam.~~~eul:fo~~~~eológicas y las confu~dirfamos
tan~as e
con la más vulgar y pat1mondad.a
last1m~sªfaen;:scooocieodo así la demostracióu eVJ:o~ta~:tio'me~so poder dinámico de la fe, digno aneo e del invento ce los Papio, los Fulton Y los
tecesor

Pt~f

Sterhe~s:á.s cuanto que la fe andaba de capa caída
d 'I:nque el ~acionalismo contemporáneo. le arran:ó
es e
simbólica venda. Hay -iuten se atr ~·
~~u¡~:Cf~~:~ªnada le dió á cambio de la venda rota;
na calumnia insostenible.
esto. est0u es ue el racionalismo desvendó á la re, la
Cier 1 r~er momento debe de haberse sentido un
que en e ps d slumbrada por la falta de custumbre de
si es no 1ida
e "en luengos siglos
.
de cegued a d vo¡ unta.
ve~, per• lueao advirtió-que su libertador ha blale puesria~~e~~s m~no,;; preciosos juguetes de gran novedad,
~~ales son el telescopio, el microscoplo Y sobre JºdJ,
y de to o a
uno que todo l o ve, todo lo comprende
,
b lé impecable noción: el numero.
de este modo la fe ciega se transformó en la fe
e observa analiza y sabe.
quDicen los 'metafísicos que esta ouev~ fuerzan~ es
la fe sino una falsificación, más todavia., una ant1tesis d~ la idea origmal de la. fe.
Puede ser no discuto porque me asustan las controver8iast ~etaffsicas que en lo general se áme anto. hermosos torneos de palabras y nada m ~.
lªto cierto es que la fe, con el sentido metafísico de
1 alabra en la infalibilidad del número, ha llegado
áaiealizar 'prodigios muy superior~s en c~nt1dad Y
alidad á los realizados por la fe ciega é ignora~te
~el número; la imaginación creadora (no es para~o~a)
de las matemáticas, ha engendrado cuantos prod1g10s
constituyen el glorioso monumento del progr~o co~tempo1áneo, si~ verlos materi~lmente, pero sm equ1unca en sus alirCD6c10nes.
vocarse necáoico no necesita construir una máquina
p!º s~er con evidencia absoluta que obtendrá

EL MUNDO.

161

Lf\ HBRENOlf\ DEL TI0 FL0ROT.

0

l rI,

Arco triuof11Í trdnsport.do en Roohefort, Fr4acla.

Domtngc 3 de Septiembre de 1899

Domingo 3 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

*

**

El Arte Y la Industria: «ésto matará á aquello!&gt; No sé si álguien añadió
ya esta parodia á las much~s que, como todo lo grande, ha sufndo la enorme frase del Maestro.
.
La Industria bate en rncansable
1 . ta registro.
ataque al Arte hasta ea sus últimas Reloj registrador de entradas Y salidas de los trabaJadore~ H muestr~ acin .
defensas; armada de todas armas p~r
la augusta Palas, cada día nos anuncia . d á ida puesto que la mecánica es capaz de ejecutar' pero
haber akaozado un nuevo triun.fo, hacie.n ~ Pt. . nunca de concebir.
oda
fácilmente h, que el Arte por rntermedlo e ar is
Actualmente la escultura recibe .u na gran:: ria bacía en luengos años de paciencia y .estudl~. .
de la fotoo-rafía mediante un procedimiento q f
Ora es el piano automático que substituye~
mite hace~ alto~ relieves .hermosí~imos, aprobvi~:o!~:
nista; ora la fotograrfa que primero d~i;~aoc a l· do las propiedades químicas dP. la gelatina
cada
bujaote más tarde al colorista, y por ultimo, al es- tada. El procedimiento se llama FuTOSTERIA., .~ d11
cultor
aldominios
escultor también.
':rod'os~¡1'os
del Arte, el sonido, la línea, el día se extiende más. Nuestro grabado da una I ea
sus magoíiicos efectos.

f

t~~-

** *

C!J.;

Alto reueve en b:o:ice oblentdo por m}dto de la foto :r1fla.

Parece que los hombres van convenciéndose de que
ld. Verdad
,.
" .........Es flor del cielo que se marchita en la tierra.
Permítaseme la paráfrasis.
uestra
En efecto, el aparato ingeniosísimo .que 'fn error
nuestro tercer grabado, sirve para intctr, : sus la•
posible, la Lora de llegada de los emp ea º \ave nu•
bores: el emp,eado, al llegar, introduce ~ut de papel
mer11da en el aparato, y marca en una c O .ª acióo al
su número de urden y la hora con aproxim ·
minuto.
d
len nr. de•
Esto quiere decir que los emplea os ~ue
da el
cir con verdad la hora de llegart.a;. ta~bi!~ ~~abajacaso de que los eocar!;"ados de v1g1lar á 1 t stlgo au•
dores los calumnien; entre ambos eSt e e
tomático, insobornable é incapaz de cUal~:nlr~ ton6Por la misma razón, en Estados 01 06
grafos sirven de tei,tigos Y hacen prue~a. las máqui·
¡Pobre Verdad! Solo en la buena fe e
nas puedes confiar:
M. R. I.

L dicha no necesita grandes espacios, á veces

:~.t

: caber en el compartimiento acolchonado
expresa. Si no queréis llamarle dicha, conId en que es algo que se le parece, el placer
"den
de veinte
e ce ntemplar á una bella desconocida
á
.
.
aloa, seria, rubia, dulce y a1tiva un tiempo,
aeompaftada por una mamá bonachona y res~eiable-. El corazón se alegra, y, no h~y remedio,
108 sentimos tentados de trabar amistad con la
Jfiida joven.
Tal era el caso en que se veía Mauricio Girard
81 el trayecto de París al delicioso lugarejo de
las Ardeoas, término de su viaje, contra el cual
habfa prote,tado en su interior, porque i~ter~~mpfa BU farniente de solter~ y porque no JUst1!1caban tanta molestia co~o .1 ba á tomarJe, los. mt J·
reses aleatorios que sol1c1tabm su presencia en
aquel pneblo. Iba tlll vez á recibir una herencia
Ó, •.. . A volverse como fué. . . ,
.
-,Para qué diablos me escrib1na ese notario?
Yo n~da tengo que esperar de la sucesión del tío
FJorot ... ,. •
La carta de 1.0aese Boubert, notario de Sancy,
era evasiva como lo exigía la decencia y tan po•
oo p·ecisa como tentadora. Decía así:
cSeftor: T engo el honor de comunicar á usted,
que habiendo f,dlecido su pariente el sefl.or l!'lo•
rot. el martes 15 del corriente, se romperán los
1eilos puestos en los muebles.
cComo pariente del difunto, se invita á usted
para que asista á dicha diligencia. que se efec•
'1lará en presencia del juez de paz y de los otro1:1
parientes y en interés de los derechos personales
de U8ted y bajo la reserva dtl testamento que podrfa encontrarse entre los papeles del difunto
hasta hoy intestado.

Mauricio una admiración íntima, callada. Y la mirada azul, luminosa y altiva de la joven, que sorprendió furtivamente el observador, lo pPI'turbó
de tal modo,que ya no pudo reconocerse. V1toid030 y sPguro de sí mismo hasta aquel momento, se
sin tió de pronto humilde como un nifl.o, de eseu•
cia grosera é inferior, avergonzado, tímido a1.te la belleza de expresión y de alma que adi•
vinaba.
Los poetas orit&gt;ntales comparan los ojos de la
amada con el sol, y nosotros sooreímo:1 lll leer
esa hipérbole. Pero Mauricio se pregunt11 ba si no
había realmente una verdad en la metáfora declamatoria. La pura luz de vida y de pensamiento que alborea en nuestra alma, bajo unos párpa-

cSoy de usted, etc.»
El tío Florot era un sclitario, un misántropo,
eaprichoso y desconfiado, que vivía en su propie•

dad de Sancy, apartado de la sociedad y de los
pocos parientes que le quedaban. Tan completo
era BU aislamiento. que se le había olvida.o o y
llin la carta del notario no habría tenido Mauricio
noticia de su muerte.
-El pobre viejo ro habrá querido que asistiera yo A sus funerales y con mayor razón debo
creer que no pensó en mí al hacn su testamento.
Sólo en caso de intestido puedo esperar algo, la
mitad de la herencia, pues la otra mitad les toca
t DO se qu é parientes de otra rama, á los cuales
les ha de haber dejado todo si es que testó.
Estas preocupaciones de her~dero no er an tan
~andes que le robasen su tranquilidad á Mauricio, demasiado rico para pensar más de lo debí
do en una herencia que nunca había esperado.
Hás bien por deber de conciencia y para llenar
una fórmula iba á la cita del notario. Deseaba
ante todo conocer aquella región montuosa en la
que se había aislado el tío Florot, y encontrar
las huellas de la existencia del buen hombre, sin
dejar por esto de renegar contra las molestias del
viaje.
Su mal humor se disipó bien pronto por la sorpresa agradable que sintió al penetrar en el compartimiento. Al princi pio sólo fué agradable su sorpresa, pero al cabo de tres horM que duró el vi11je
Ydespués de ruúltiples observaciones, se convirtió en un verdadero descubrimiento, un descubrimieuo psicológico de otro mundo más seduc~~ q~e el conocido y antiguo; un descubrimiento
lllltórico en los anales juveniles de la existencia
de Mauricio y que prometía hacer época; un descubrimiento r evolucionario, pero que no se reve
laba como tal al principio y que no era sino
~-'!11~ª.de pequeiios descubrimientos sucesivos,
11111go1f1cantP.s en apariencia.
Al entrar en el vagón, dijo:
-¡Qué linda joven!
Primera observación, completada luego por
e•ta otra más analítica:
-Cuánta seriedad y cuánta resolución en esa
cabeza rubia!
Pero «seriedad» y · «re3olución» le parecieA Mauricio términos insignificantes, infs:i,.~rea en realidad á las cualicfa.dcs evidentes de

:n

.. ,oven.

En efecto, había en aquella mujer no sé qué
nobleza, un hermoso heroísmo que inspiraron á

dos aterciopelados, tiene á veces el poder de ilumin11r súbitamente la obscuridad de un corazón,
y tifl.e con un color maravilloso de aurora la existencia crepuscular y gris; se ve el mundo más
grande, más claro y mas alegre. como si en efecto el sol hubiese aumentado su fulgor.
Asi avanzaban las ideas de Mauricio, con velocidad de tren expreso, cuando la voz de la joven
que habló un minuto á su madre en una parada,
acabó de conmover deliciosa~ente al viajero.
-¡Eolia! exclamó el joven An su lirismo. Esa
es la palabra y no ha.y otra. 1Eolfa ! Cada sílaba
es una música, una cuerda vibrante de harpa; llega al oído, palabra á palabra, como una piedra
preciosa.
Pero se rehizo, y mientras partía de nuevo el
tren murmuró:
-¡Vamos! ¿Dónde tengo la c&gt;1leza? ¿E,t11ré
11caso en vías de enamorarme? V!lya una estupi •
dez ..... .
Pero ¿qué estupidez era aquella?
- Dios mío, se respondió maquinalmente Mauricio; vivir como yo vivo. ¿Es vivir vegerar 11sí, solo.
ó en compaitía de amigos que se ríen de uno, irá
derecha é izquierda sin objeto; llevar esta vida
de soltero, vida de oso, de inútil, de guardacantón. de araiia y de rata, como el monomaniaco
tío Florot, pudiendo ser feliz completamente?
El hecho es que sin buscar el por qué, desde
que vió la aurora que asomaba en los ojos azules,
Ja vida que había 1:evado le pareció la ocupación
m!is trivial y menos interesante.
Un espejismo que Jo atraía, apartaba su vista
de todo lo demás. Nunca había sentido nada
igual ó comparable á la impresión que conmovió
todo su ser cuando puso los pies en el coche.
Inconsciente del tiempo q ae transcurría, se
dijo:
-Iría ·hasta el fin del mundo ..... .
El tren se detuvo y un empleado gritó:
- Sirncy.
M,rnricio sintió como si despertara á la realidad.
,
- iCómol ·¿ra IJegamos?
Era necesario bajar, dejar para siempre á aquella mujer, su ensuefl.o de un instante, el espPjismo
efímero que se desvanecía . . ... .

-¡~o! se -dijo: que rompan los sellos. Yo continúo el camino.
.Pero ias sefl.or11.s hajaron del tren.
-1Cómol ¿también ellasi'
Entonces notó quP. estaban de luto como él. Ya
ha bfa salido del cuch ,, y recordando de pronto,
avanzó hacia ellas.
-Perdóneme usted, sefl.0ra, dijo, saludando á
la madre; si me permito dirigirle la palabra, es
pcrQue nuestra llt'gt1da bimultánea á este lugar
me h ~ce auponer que 110s rt une la misma circunst11ncia ...... ¿Tengo el honor de hablar con Ma'.i.
Delize?
-Madame Delize. siiior, pqra servir á usted.
-P,.,rmic11mP u,ted qutl A mi vez me presente:
l\Iauricio Girard.
- Sobrino nieto del seflor Florot, de
quien soy prima hermana. Casi somos
parientes, sefl.or, dijo amablemente la
1:1nciana.
En eso se acercó un mozo:
-El notario ·b izo prep11rar aloji•
miento en la casa del sefl.or FJorot.
Aquí está U!l coche.
Madame Ddize subió a él con su
h ij {.
-r.No viene usted á la cas11, sellor?
-Dispénseme ueted, dijo Mauricio,
prefiero ir á la fonda. Hasta maiiana se
practicará la diligencia; pero recibiré
·uo gran honor si me permiten ustedes
que vaya es1a noche á presentarles
mis res petos.
-Con gusto, sefl.or.
El co. he caminaba ya y Mauricio ~e
quedó en la carretera, con la maleta
en la m11no, sin volver en Eí de su asombro todavía.
-¡V1:1mob! se dijo; acaso la Providercia anda en el asunto.
Ya comenzaba á interesarle la herencia del tío Florct, y viendo en derredor el
c11mpo y los bosoues iluminados por la luz cruda
del med10 día, le pareció aquel lugar el más bello del mundo.
*
* *
Si para Mauricio fué el viaje de Sancy una obligació n penosa 1t! principio, y luego una de las
más deliciosas expediciones de descubrimiento
en los mágicos países del ensuefl.o, aunque de
importancia muy secundaria desda el punto de
vista de la perspectiva aleatoria ele la herencia
no era lo mismo para sus dos compafl.eras de cu:
che.
Mildame Delize y su bija tenían, por el contrario, u11 ioteré3 muy- vivo en la sucesión y esperaban con ansia, valerosamen te disimulada la
diligencia de ruptura de los sellos qúe iba á decidir de su suerte.
Viuda de un antiguo oficial de marina, la madre de la j oven ac-t baba de perder su fortuna en
una serie de operaciones desgraciadas. Las dos
mu¡eMs, Y. sobre todo. la madre, tenían graves
prciocupac1ones. Perdida en el desastre financiero la dote de Georgina, Mad. Delize veía á su hija nifl.a encantadora, de carácter noble y con todlls las t-legancb.s d3 una educación distinguida
expuesta á las mil penalidades de nn porveni~
mediocre y sin recunos. T ,d era la situación de
ltts dos mujeres que G ~orgina con la energía de
su alma valerosa, había resuelto expatriarse y
estab.t ya en arreglos para contratarse como instill~triz .de .una rica f , 1:llilia. americana. Más que
la 10fer,onp.ad de su s1tuac1ón precaria las atormentaba la amargura de la separación. Estaban
don.inadas por esa angustia de las resoluciot1es
desesperadas, cuando recibieron la carta del notario con la noticia de la muerte del tío FJorot y
la esperanza de una herencia que vendría á rehacer su eituación en el momento supremo.
Como Florot siempre había mantenido re1aciones amisto3as con ellas y aun llegó á manifestar
seotim;en~os patern~les h~cia Georgina, hasta
qu.e la vrJ•z 1? volvió definitivamente hipocondr.aco y retra1do, las dos sefl.oras creían tener
ciertos derechos á la herencia. Si el tío no ¡:ensó
en mejorará Georgina, por lo menos era de supo •
nerse que no hizo testamento Dd ese modo h e-

�162

redaba" la mitad de Joq bienes. lo que las i:alvaría, según la frase de Mad. Delize, sin perjuicio
para nadie.
Desheredadas, volvería á presentarse la cruel
necesidad de la separación de Georgin11 .... De
ahí la emoción que las angustiaba, no obstante
la resignación que se h 1bían impuesto de antemano para el caso de un desengailo.
Al día sigui ~nte se reunieron con Mauricio y el notario en presencia del juez de paz pllraabrir los ca·
jones de los mnebles del tío Florot, de los que iba
á salir para ellas como de un ánfora de lote1 ía,
la felicidad ó la dese-racia, escrita en un pedazo
de papel por la mano caprichosa de un anciano.
A pesar do sus preocupacic,nes, no pudieron
contener una sonrisa cuando se acercó á ellas
Mauricio cada vez más contento de ver á la joven
y con una vivacidad templada por el respeto
que Jo hacía tímido en preseucia de ella.
La víspera habló algunos minutos con la ma•
dril y la hija en el jardín del tío Florot, ante el
magníftco horizonte de colinas boscosas que ro•
dean la propiedad y en las que el sol ponient,
tendía largas sombras maje~tuosa!'; en la intimi•
dad breve y deliciosa de su presencia, de su voz
y (le su mirada, el entusiasmo jo"en y viril de
Mauricio iba en aumento hRsta el punto de t0mar
el partido deliberado de reconocerse defü;itivaIDf'nte enamorado.
Cuando se encontró de nuevo jnnto á Georgi·
na su vemura era. tan grande que ya no sabía á
lo qne iba ni qué era lo que htcia el notario, chiquitín, gordinflón y jovial, ni el juez de paz, alto,
seco, taciturno y solemnemente envuelto en una
levita negra. Bien poco significaba la herencia
del tío Florot para Mauricio, nada mejor dicho,
pues todos loe bienes de la tierra eran polvo dP.s•
preciable, comparados con los tesoros de belleza
y juventud de Georgina.
En nada ni en nadie paró mientes y se absorbió ei:. la contemplación asidus. de la joven sen•
tada con su madre cerca de una mesa en la que
se iban amontonando los papeles A medida que
el juez y el notario los sacaban de los muebles.
Ya se había prolongado mucho aquella operación, seguida con el ansia que es de suponerse
y que ocultaban bajo apariencias de tranquili !ad
las dos mujeres. Todos los papeles habían sido
examinados y en ninguno de ellos se encontró el
testamento.
-Ya lo suponía, dijo maese Boubert. En mi
concepto no hay testamento.
-Bueno, agregó Mauricio, sin saber lo que
decía.

Madame Delize y su hi:ja se sentían más tranquilas ya, cuando al vaciar un cajón cayó un
pliego muy grueso sobre la mesa.

EL MUNDO.

-¡Vl\yal ¡Vaya! dijo Maes~
BoubPrt. calándose las gafas; s1
habré hablado antes de tiempv .. ,.
Con grave lentitud abrió el sobre. Era, en efecto, un testamento muy corto, p1:ro decisivo.
Sancy, .... de Junio de 18~...
.. sano de cuerpu y de e~píntu
escribo aquí mi testllmPnto.
«Instituyo al senor M mricio
Girard, sobrino nieto mio, legatario universal de todos mi&amp; bie1aes .... &gt;
Maese Boubert se volvió áMauricio:
-Usted es el heredero, seflor.
-¿Cómo? exclamó Mauricio
que apenas había oído; supongo
que yo no soy el único hereder?·
-No, señor; usted es legatario
universal.
-¿No hay otros legados, algunas cláusulas?
-Nada.
-Es imposible.
Avergonzado des~ vent~j~ involuntaria, aunque s10 ad1vmar
toda la crueldad del golpe secreto que recibían las dos desgraciadas mujeres, dirigió una
mirada de excusa á Mad. DeJiz.,
y á su hija.Aquella estaba pálida,
próxima á desfallecer, pero al
pronto se repuso. Georgina no
hizo un so!J movimi1mto que alterara el tinte purísimo de su
cara,
-Ei incomprensible, re¡,itió Mauricio, verdader11mente contrariado. Mi tío me conocía. muy
poco y ya me había olvidado. Acaso ustedes se
engafl.an; debe haber otra cosa.
-Puede haber otro testamento, pero no hay
naiia escrito sobre este.
Bus1.:aron, pero los otr os papele'! eran insignificantes.
-Es claro, concluyó el juez de paz. Todo lo
hemos examinado, y hasta h'lV no se ha depositado otro testamento en la oficina de ningún no,
tario; usted e~ el único heredero.

Ya ee habían levantado Madame Delize y su
hij-1,
-¿Se van utitedes? preguntó Mauricio desolado.
Madame Delize pudo l!Onreír.
-Tenemos prisa y volveremos por el primer
tren. T,o dejamos A usted en su casa.
-¡En mi casa! exclamó Mauricio. Pero si yo
no quiero esta herencia, renuncio al testamento,
n0 11cepto sino mi parte legítima.
M11dame De!ize se volvió:
- E~ usted muy bueno. seilor; pero no podemos aceptar en esas condiciones. Los bienes pasarán al Eitado.
Mauricio estaba cada vez más abatido; se representaba A sí mismo ·como un monstruo de
egoísmo, como un acitparador. Si el notario
no lo hubiese impedido, habría roto el maldito
testamento.
- Vaya una tontería del tío Florot, dijo, una
vez que las dos damas hubieron salido. Darme todo8 sus bienes, cuando tenía una sobrinita tan
linda, tan adorable, tan ..... .
Al v~r el entusiasmo del joven, m'lese Boubert
se sonrió malieiosamente.
-Vamos, dijo con su vocecilla clara; todo puede arreglarse todavía. ¿Quién sabe? Y vale la pena porque mucho me temo que esta decepción
sea un verdadero desastre para esas sen.oras.
-¿Cómo es eso? preguntó con inquietud Mauricio.
Dadas las buenas disposiciones de Mauricio,
maese Boubert no creyó conveniente ocultar la
verdad y en dos palabras Jo puso al corriente de
todo.
Mauricio ya no pudo contenerse mh y dejan•
do al notario y a.l juez con el testamento se lanZ? en busca de Madame Delize. ¡No, no aceptana! Cnando creyó que sólo era una vejación de
heredeu se apenó; pero era algo mh, ¡era la ruina de aquella pobre anciana y de su hijlll y se
juzgaba á sí mismo como un ladrón, como un bandido digno de execración s1 aceptaba una herencia que para él, rico y enamorado no era nada
y para Georgina era la fortuna, el'porvenir, una

oomlJlgO 3 de Septiembre de 1899,

Domingo 3 de Septiembre de 1891
vida feliz, al lado de su madre. No conaenttrfa
en esa monstruosidad Y obligaría A Madame DeJize A aceptar su parte legítima.
Ya iban A subir al coche cuando llegó Manrloto
como un loco.
-¡Sefl.oral ¡señora! gritó.
.Madr.me Detze lo miraba sorprendida,
-¿Qué desea usted, sefl.or?
G,mrgina bacfa los mismos preparativos, aUq.
ciosa y tranquila.
-¿Qué desea usted, seilor, repitió Mad, Dellae
ya molesta.
Mauricio se cortó, avergonzado de sí mismo de
su impulso, de su actitud; se creyó indiscr~to
importuno, y no sabía qué hacer ni qné decir:
Comprendió todo lo que había de humillante 8ll
su insistencia. No teuia el derecho de tocar Ja
desgracia oculta de Mad. Delize por dolieada.
mente que lo hiciese. Ante la 1&lt;ltivez sombrfa 1
cerrada de las dos mujeres se sintió lleno de 1'6mordimientos. Se sonrojó y se inclinó.
-Seil.ora, perdóneme usted: sólo deseaba 11•
ludar á ustedes por última vez y presentarles 11111
respetos antes de su partida.
.
- Es usted muy am!lble y le agradecemos q
atención.
Georgina inclinó ligeramente la cabeza y Ha•
ricio saludó con una profunda inclinación,
Cuando el coche se alejó, perdido entre una
nube de polvo, Mauricio se quedó, triste primero; pero animado por una idea corrió en buoa
de maese Boubert. ¡A.diós! sí, pero no para eiempre. Maese Boubert sabía las seil.as de la cua
de Mad. Dclize y Mauricio concibió un plan que
no sólo le sirvió de consuelo sino qne exaltó•
espíritu á un grado de entusiasmo que ditfoll•
mente pedía contener. Como dijo maese Boubel1
todo podía arreglarse. Había en efecto un medio
deque heredaran al mismo tiempoGeorgina y 61.
¿Cómo no pensó en eso desde antesi' Porque Maa•
ricio lo que pretendía era no heredar sólo, como
avaro, como egoísta y soltero.

EL MUNDO

'llll fórmula de cortesía; la sdiorita De-

lile DO me quiere, es evidente
_Serfa muy tonta, objetó Mad, Carlier No tiene dote.
·
_:No todo lo hace el dinero, dijo Mau-

ri~~
.
En efecto, en la segunda entrevista,
)(ad, Delize manifestó categóricamente
,que no se aceptaban las proposiciones
-de J(auricio. La fortuna que é,te poseía
DO era uno de los menores obstáculos
que ae oponían A la unión deseada, En su
orgullo de sensitiva la seilorita Delize
nbmaba un matrimonio desproporciona1lo y al que daban las circunstancias cier.
to aepecto de compensación que estaba
muy lejos de la intención real de Mauri-cio pero que no por eso dejllba de ser
ad, La seliorita Delize tenía su plan determinado, ir A América.
Cuando volvió la tía de Mauricio y le
dló cuenta de su misión, llegó un tele•
,grama del notario. Decfa así:
«Segundo testamento depositado en estudio de notario en París• .A.nula el anterior éinstituye legataria seilorita Delize. »
Era en efecto un teStlimento hecho por
-volubilidad de anciano en la primera no1aria que encontró al paso durante un
viaje AParís.
Poco le importaba á Mauricio el cómo
y el por qué de aquello. Lleno de conlfianza en su suerte, ni aun permitió A su
1fa que tomase aliento.

163

-Tienes puesto el sombrero. Vete en una
Mrrera, y sí sólo tenían un escrúpulo de
dignidad, diles que ya todo cambió; dirA.
quP si ... .
Mad. Carli~r partió de nuevo para volver á la media hora.
¿Q11é sucedió? preguntó con ansia
Mauricio.
-Mad. Delize recibió un telegrama
igual.
-Ya lo supongo; pero ... .
- Va A e0nsultar de nuevo con su hija.
-1,Y no podía hacerlo desde luego?
-Qué prisa, hijo mío. Esas cosas no
se hacen á la carrera.
-1,Nada podré saber entonces?
-Nada preciso, pero la afab ilidad de
Mad. D~Iiz:i y su benevolencia dan á entender que no está mal dispuesta.
Mauricio se arrojó A los brazos de su
tía,
••••

1

••••

•

••••••••••••••

•

••

•

••••••••

Algunos días de3pUé3 Mauricio fué autorizado A presentarse como novio oficial
en la casa de Georgína,-una Georgiaa
nueva, cuya belleza se dulcificaba y se
hacía mt\s seductora, A medida que la felicidad de su situación pre~ente dejaban
libre curso á la ternura de su alma virginal.
HENRY FEVRE,

LA BOHEMIA DE MURGER.

***
En su impaciencia y temeroso de que Mad.
Delize y Georgina tomlisen resoluciones extra•
mas, á los pocos días de su regreso á Paría, eovt6
A su tia Mad. Carlier para que pidiese en su DOlll•
bre la mano de Geo:-gina.
-Hazle comprender á Mad. Delize que amo A
su hija, que estoy loco por ella desde que la 'ff,
cuán grande sería mi orgnllo si ella consintic,ra 1
mi pena si. ..... Porque ¿quién sabe si no me
quiere? Mauricio se quedó lleno de inquietud, liR
poder comprender cómo la bella, la noble, la a;
quisita Georgina podía aceptar A un bárbaro ele
su especie ....
· l\fad. Carlier trajo una respuesta evasiva¡ Jhd.
Delize había e&amp;tado muy fría, pero nada dijo 1
ofreció comunicar el asunto A su bija.
- Se acabó, dijo Mauricio desesperado. Eso•

Tendrfa yo diez y ocho aftos cuando conocí A ustedes IQ noche juntos; está en la prevención y
ptraonaje bastante singular, que shora, á dis- reclama á usted como fiador,
tancia, se me aparece cumo la viviente encarna- El sefl.or Des roches .... ¡ah, sí! ... . perfecta'Clón de un mundv aparte, de lenguaje especial, mente. Bueno, pnes si me reclama como fiador ...
-de costumbres extrailas, mundo que hoy ha des- ¡que lo suelten!
- Usted perdone, pero hay que
p11gar un franco y cincuenta céntimos.
-¿Por qué?
-Es la costumbre.
Di el dinero El del frac ne. • gro se marchó y yo me quf'dé
sentado en la cama, medio dormido
y me daba bien cuenta de las aventuras extrailas A consecuencia de
las cuales me encontraba yo obligado - nuevo hermano de la Merced
- á rescatar, mediante un franco
cincuenta céntimos, á un redact0r del P lgaro, no de las garrns de
los turcos, sino de la~ de la policía,
-aparecido Y casi está. o! vida l\1is reflexiones no dutaron mudo, pero que tuvo grande imcho. Cinco minutos después, Desportancia durante algún ti"mroches, libertado de sus cadenas, se
'PO en .el París del Imperio.
presPntaba, sonriendo, en mi cuarto:
lle refiero á esa partida g:ta.
- Mil perdones, querido colegP,
na, soldados irregulares del
de todo ello tienen la culpa Las
sublevados de la filosouvas ·moscateles . . . . . . sí, Las uvas
fa Yde las letras, fantaseado..
moscateles. mi primer artículo pur~ie todas las fantasías, que acampa b,q, trente blicado ayer por el Fígaro.
~ ouvre Y al Instituto, y á la cual partida En• ¡Malditas uvas moscateles!
IUqueMurger, embelleciendo y poetizando=un poco Ya comprenderá usted que
reeiuerdo, ha celebrado con el nombre 1de «Bo- al cobrar. . . . como era el
bem
a.»
•
primer dinero que cobraD Designaremos al personaje con el nombre de ba .. .. se me subió A la ca- ,
~oches.. Le había yo conocido en un biile del beza . ... .. Cuando nos se• ;
. 'ter O Latino, con unos amigos, cierta noche de paramos de u ,ted corretea
la
¡olví muy tarde A casa,-mi cuutlto de mos todo el b,q,rrio ... . al
1lía 1 8 e Tornon-y dormía como un lirón al fin. . . . se turb.rn mis re
, 1~ g~ente P~r la maliana, cuando se presentó cuerdod . . .. pero teago la
1raee!t;s te mi camaun caballero,defrac negro, sensación vagn de un pun- \
procur ec O Y de ese negro raro que sólo solían tapié recibido en cierta par
-V:rse los pofü:ontes y los enterradores.
te ... . Luego me eucontré {
_ E¡"go de Parte·del seilor Desroches.
sin saber cómo .. .. en J .
•dije O fsefl.or Desroclres? ¿Qué seft.or Desroches? prevención. . . . unli noclrc: \
dos
rotándome los ojos, porque mis recuer- deliciosa: Primero me me'IIIUeh&amp;quella mafiana se obstinaban en despertar tieron en un sótano... . . un
~'8 tarde que mi persona.
aguj&lt;.' ro n.-gro que huele
1
ebr Desroches, del Ftgaro¡ han pasado rulil ... . ; pero hice reirá L.&gt;
'11D

.;ne,

:..~r
t

_¡

seilores agentes .... y tuvieron la bondad de llevarme con ellos al cuerpo de guardia ..... charla•
mos ..... jugamos A las cartas..... me hicieron
que les leyera Las uvas m oscateles . . . .... ¡qué
éxito! .. .. ¡Qué buen gusto tienen los guardias

municipales!. . ..

¡Juzgad de mi asombro y del efecto producido
en mi cándida y provinciana juventud por la revelación de esas extravagantes costumbres lite•
rariasl Y el colega que de tal suerte me contaba
sus aventuras, era un hombrecillo rechoncho. cepillado, afeitado, que demcstraba modales muy
corteses y cuyos botines blancos y levita de corte burgués hacían el más perfecto contraste con
los endiablados gestos y las muecas de su cara
de borrachín, Me asombraba y me asustaba· y
como evidentemente lo conocía él, se complacía en exagerar. en obsequio mío, el cinismo de
sus paradojas.
-Me es usted simpático, me dijo al despP.dirse;
vaya usted A verme el domingo que viene por la
tarde .. .. Vivo en un rinconcillo delicioso, cerca
del castillo de las niebli.s, en los terreros, por la
parte que mira á Saint-Ouen .... ya sabrá usted
la viila de G11rardo de Nerval.. .. Lo presentaré A
usted á mi mujer, que vQle la pena .. .. Precisamente acabo de recibir un barril de vino bueno¡
beberemos en tazas, como hacen los comerciantPs ricos en Bf'r&lt;•y, y dormirPmos en la cueva....

�Domingo 3 de Septiembre de 1899.
164

Además, un amigo mío, un dominico exclaustra•
do irA á leerme un drama en cioco actos. Lo oirá
usted· asunto magnifico; al1i se viola A todo el
mundo. Está convenido. La vifta de Gerardo de
Ntirval· no olvide usted las senas.
Tod¿ lo que me había prometido Desroches se
cumplió. Bebimos vino de lo lindo y por la no~h~
el supuesto dominico nos leyó el drama. Don,101•
co 6 no l era un bretón alto, buen mozo, sober·

b:o, de 1rnchos hombros, cortados p1Ha vestir PI
hábito, con algo de predicador en la redondfZ
de la voz en el ademán y en el gesto. Luego ha
sabido h¡cerse un nombre en la literatura.
Su drama no me asombró. Pero hay que ?rl
vertir que después de pasar una tarde en la v1fh
de Gerardo de Nerval, en lo que Desroches lla ·
mab&lt;1. su casa, no es fácil asombr~rse por nad&gt;&lt;.
Antes de subirá 1 0s terreros ..¡mse yo vclver
á leer Jao: p:lginas exquisitas que Gerardo, el aman·
te de Silvia. consagra. en sus Paseos y recuer~os
á la descripción de aquella pendiente septentno ·
nal de Montmartre, pedazo de campo e1 cerrarlo
en París, y por lo mismo más precioso y querido.
«Quédannos unos cnantos ribazos cerra.dos po_r
espesos vallados verdes, decorado_s por los esp1 ·
nos, con sus florecillas color de v10let11 .. .. _Hay
en ellos molinos, ventorrillos y tabernas, ehseos
campestres y calJPjuelas silenciosas .... . . Hay
hasta una vifta., la última del céli-bre puro Montmartre, que competía en tiempo de los romanos

Domingo 3 de Septiembre de 1899. _

EL MUNDO.

rra con rayas encarna~as
echada á la oreja, y el lát1~0
metido en la correa de la ern•
tura.
-El sefior A1 fonso Dau•
det .. . . . . La seftora Ddsroche• ... .
Porque aquel monstruo ~r~
realmente su mujer, su legi· 1 ·
maesposa, siempre vestida con
aqueltraje quele agradaba
y que en verdad sentaba á las mil mar11villas á su cara Y á
su voz. Fum&lt;i ba, escupía, jura•
ba tenía todos los vicios del
ho:nbre, dirigía su casa á latigazos, empezando por su I,Da·
rido que estabacompletamente domado. y siguiendo por
dos chiMs f[&gt;1cuchas .... ¡sus
hijas! de 11specto extrafto. Y
hvmbruno, cuyos trece y qu~nce anos, maduros prematuramente, y ya en sazón, prometían que se parecnían ~ su
seflora madre cuando tuviesen
los cuarenta. que ésta contaba.
Verdaderamente valía la pena de cc:,nocer aquella

enrojecidoci, la barba rala, indicios de la medillna san"'re p11.risiense.
Viví; en Marlotte, P.erca del bosque de Fontaf.
nebleau; siempre con la escopeta al hom?re, haciendo como que iba de caza. pero en rigor corriendo en busca de la salud, más que en buaea
de perdicPs y conejos.
.
Su residencia en el pueblo hab1a llevado allí
toda una colonia parisiense, hombres y mujeres,
flores de betún y c!e café que produc_ían un efecto singular deb11jo de las vetmtasencmas de Fontainebleau. Marlotte se resiente todavía de aque111111 visitas.
Diez años después de la muerte de Murger,que murió como es sabido, en el hospital Duboat
'
-estuve allí con
'
unos amigos en casa de la tía Anto•
ny, una taberna célebre. U n hombre
del campo, viejo,
bebía allí á nuestr&amp;
lado; ur. campesino
J como los de Balzac,
negro y curtido.
Una vieja harapienta. fué á buscarlo,
con la cabeza cubierta con un pa•
ftuelo encarnado. Le llamó tragón, borracho; él
quiso hacer que se la llevaran presa.
-Su mujer de usted no tiene el genio suave,
dijo uno cuatdo la vieja se hubo marchado.
. -No es mi mujer es mi querida, contestó el
campeBino.
¡Pero había que oír el tono con que lo dijot

c11i;e·s·r~~b~F, era, sin embargo. hijo de un _rico
comerciante de París. fabricante de joyas si _no
me equivoco. Su oadre Je había echad? varias
veces su maldición y le pasaba un reducido suel•
do. No escasean tn Frimcia ejemp~os de esos lo
cos de atar especie de azotes de Dios que se presentan de pronto en las familias para turbar la
tranquilidad del hogar y para hacer circular más
que de prisa las monedas de oro ahorradas ~~­
rante mucho tiempo; en una palabra, para castigar á la burguesía en su propio egoísmo.
He conocido más de un pato de esos, encubado por gallinas, que apenas h,¡, podido comer
solo se ha marchado á la laguna. La laguna, el
pan{ano mejor dicho, es la literatura, son l~s l~tras, la profesión abierta á todo el mundo srn tl·
tul0a y diplomlls.
,
.
.
.
Desroches, al salir del colegio, se ~ab1a metido
en el arte en todas las artes. Hab1a empezado
por la pin{ura, y el paso por los estudios de aquel
cínico muchacho, frío, regular, abrochado, que
conservaba aún, en medio de las m!\s dese_afre•
nadas francachelas y calaveradas, el sell? mdeleble Ja marca de fábrica del burgués, fue desde
anto~ces ]pgendario. La pintur_a lo rech~zó Y
entt nces Desroches la emprendió con la literatura. Acab&gt;1ba de escribir Las ·uvas moscatelestal vPZ inspirado por su vifla-¡un artícu.o de
cien líneas! En vano procuró después hacer otro;
jamás volvió á estar de veua, y llegó á los c~arenta aflos, y sus obras completas se compusieron de Las itvas moscateles.
.
con el vino de Argenteuil y de Suresnes. Tod"s
La conversación, las salidas de tono del amigo
los anos ese humilde ribazo pierde una línea de Desroches rue diver'.ían; pero su casa no me ~us•
sus cepas. que van á parar á Jo hondo de una taba. No volveré nunca á Montmartre, pero si pacantera. Hace diez :-iños lo hubiera podido ad- saba el rio algunas noches para irá verlo al café
quirir al precio de diez mil frnncos . . .. . •Y hu• de la calle de los Mártires.
biera hecho en la vifta un edificio muy llgero;
El cafetín de los Mártires, tan tranquilo ahora,
un bonito hotelito imitando los Pdificios de Pom• en el cual juegan á las damas los tendero_s de l~
peya, con una cisterna y una cella ... . . •"
calli&gt; representaba entonces una potencia en 11En el Jugar de aquel ensueftogriego de un p~e- tera(ura. El CRfetín daba diplomas; se era céleta era donde vivía mi amigo Desroches. Alhbre por el cafetín y en medio del gran _silencio
¡oh espantosa antítesis!-á la luz de la luna, b11jo del Imperio, París volvía la cabeza al ruido que
un cenador cubierto de saucos en flor, en donde metían todas las noches ochenta ó cien mucha•
se oía el ruido producido por el vuelo de las abe· chos, mientras fumaban sus pipas Y tebí_,m
jas, me presentó á un monstruo andrógino en trai sus jarros de cerveza. Se les llamaba Bohemios
je de carretero: blusa azul, calzones de pana, go· v no se enfadablll. El Fígaro, el de entonces, pe·
riódico no político que se publicaba una_vez po_r
semana, era casi siempre el 'lUe les servia de tribuna.
.
Había que ver el cafetín-y decimos el caf~tm
á secas como los romanos decían la ciudad cuando habÍaban de Rom11; - había qae ver el cafetín
á eso de las once de la noche, ensordecido por la
bat11hola de todas aquellas voces y envuelto enel
humo de todas aquellas pipas.
¡Murger peroraba en la mesa del cent~o! Murger, el Hómero d ... aquel mundo des_cub1erto por
él, y que ha sido sonrosado y poetizado por la
fantasía.
Condecorado y Y"' célebre, cuando publicaba
sus novelas en la Revista de Ambos Mundos, no
dejaba de asistir al cafetín para refrescarse como
é l decí.J. y para recibir los homen11jes de aquellos
buenos muchachos que él había des,:rito. Me lo
ensei:laron:: una cabeza aplastada y triste, los ojos

Evidentemente aquel viejo conocía

á

marcial que envidiaría un capitán, estaba A su
lado, imitandv su voz, copiando sus gestos, Fernando Desnoyers, un original que escribió B1·azo
Negro, pafüomima en verso. Al otro lado de la
mesa discutía uno con Dnpont; era Reyer, nervioso, rabioso, que tomaba nota de los aires improvisados por el poeta; Reyer, el futuro autor de
La Estatita, de Sigit1·d y de otras obras bellísimas,
¡Cuántos recuerdos evoca en mí el nombre sólo del catetínl ¡Cuántas fisonomías ví allí por primera vez envueltas por el humo y al reflejo de
Jos vasos de cerveza!
Citemos algunos al azar, entre los mnctísimos
que han desaparecido y entre los pocos que sobreviven. Ahí tenéis á Monselet, prosista delicado, buen poeta; sor.riente, gordinflón, co:.:. pelo risado, el seiior de Cupidon parece un galanteador
abate del antiguo régimen; sin querer se busca
sobre sus hombros la esclavinilla corta, flotando
al aire como un par de alas.
Champfleury, por entonces jefe de escuela, pa•
dre del realismo, el cual confundía en el mismo
farioso amor la música de W agner, las porcelanas antiguas y la pantomima.
Al tin las porcelanas pudieron más: Champ•
fleury ha visto colmados sus dPseos, porque es
hoy consE1rvador del Museo cerámico de Sevres.
Alli estaba Castagnary, con chaleco de grandes solapas, á Jo Robespierre, cortado del terciopelo de un sillón viejo. Primer pasante en casa
de un procurador, se había escapado del bufete
para venir á recitar los Castigos, de Víctor Rugo,
con todo el sabor de fruta prohibida. Lo rodean,
Jo aclaman, pero se va en busca de Courbet; necesita A Courbet; necesita hablllr con Conrbet so•
bre su Filosofia del ai·te en el salón de 1867. Sin re•
nunciar al arte y sin dej11.r de escribir cou elegante estilo páginas notables sobre nuestros sa·lonea anuales, aquel muchacho simpático, siem•
pre con su burlona sonrisa en los labios, medio
ocultos por sus bigotes caídos, se ha ido metien•

Murger y i

sus amigos, y hacía la vida de bohemio á sumanera.
Pero volvamos al cafdtín. A medida que ü
ojos iban acostumbrándose al picorcillo dtl humo, veía yo ir saliendo por la derecha y por la
izquierda, en la densa niebla que nos rodeaba,
una porción de cabezas famosas.
·
Cada hombre tenía su mesa, que venía á sere)
núcleo, el centro de toda una legión de admira,
dores.
Pedro Dupont, vit·jo de cuarenta y cinco all.011
grueso y encorvado, con sus hermosos ojos d&amp;
buey de labor, apenas visibles bajo sus pesadoa
párpados, trataba, con los codos apoyados en l&amp;
mesa, de cantar alguna de aqu ellas canciones políticas ó rústicas de hermoso ritmo y palpitan•
tes de los bellísimos ensueftos del 48, en l11s cu•
les resonaban los mil ruidos de los oficios de la
Cruz Roja, embalsamados por los mil perfam•
de los valle&amp; lioneses. Ya no tenía voz, destruida
por el alcohol, parecía un ronquido.
- ¡Necesitas el campo, pobre Pedro! le decfa
Gustavo Mathieu, el autor de L os Buenos Vil&amp;Oli
de El Gallv Gafo y de Las Golond1·inas.
De buena cepa de burgués auverné3, éstehabfa
navegado en su juventud y conservaba de BU
viaj es una gran afición á los aires puros y A }08,
vastos horizontes. Los encontrnba al rededor de
su casita de Bois-Je Roi, y no asistía al café Jml
que para pasar por él, encorvado, sonriente, coa
aspecto de Enrique IV, y en todo tiempo con D
ramito de flores del campo en el ojal.
Dupont ha muerto en Lyon, en aquella negra
ciudad industrial, pobremente.
Sano y seco como un sarmiento, le ha sobre,
vivido mucho tiempo Mathieu. Hace muy P~
aftos que, después de una corta enfermedad, •
amigos le condujeron al cementerio de BoiJ.leRoi, cementerio separado por una simple barU
de los campos, verdadero cementerio de poe&amp;lt
donde se descansa sobre las rosas y A la sombnii
de las encinas.
El primer dfa que vi á. Gustavo
muchachote alto, colorado, flaco,

EL MUNDO.

biando licores ingleses en compaiiía de Constantino Guys, el dibujante, ó del editor Malassis.
Aquel era un editor como no los hav hombre
de talento y literato, gastaba á Jo prí~cipe una
bonita fortuna, editando obrac; de gentes que Je
agradaban. También ha muerto; murió sonriendo, casi sin dinero, pero sin quejarse. Y me &amp;iento emocionado siempre que me acuerdo de aquella cabeza trapa'cera y pálida, alargada por las
dos puntas &lt;le una barba roja que le daba aspecto de M:tfistófeles del tiempo de los Valois.
Alfonso Duchesne y Delvau se me aparecen
también en un rincón del cafotín. ¡Otros dos!
¡Destrno extraiio en esa generación agostada en
flor, en la cual nadie pasa de los cuarenta aftos!
Delvau, parisiense, enamorado de París, lo admiraba por sus flores, amaba hasta sua defectos
sus libritos, muy cuidados y llenos de hechos
pequeños y de observaciones pintorescas, han
llegado á. ser el regalo de las gentes de buen gusto y la alegría de los bibliófilos. Alfonso Duchesne, famoso entonces por su gran disputa con
Francisco Sarcey, el cual, enarbolando el pabe•
llón de los arreglados enfrente de la bandera de
los Bohemios, acababa de hacer sus primeras armas en literatura, publicando un artículo de ba•
t_a lla: L os melancólicos de café.
En el cafetín era donde Alfonso Duchesne y
Delvau escribían sus Oa1·tas de Jitnius, las cua-

les eran ll~vadas Ala redacción del Figa1•0 toau

.v '

do poco á. poco en la política. Concejal, luego direc!or del Siecle, hoy consejero. de Estado, ya no
recita versos ni lleva chalecos de terciopelo
grana.
Allí estaba Carlos Baudelaire, un gran poeta
~tormentado en el arte por la necesidad de lo
Inexp~orado, y en filosofía por el terror de lo des•
conocido. Víctor Rugo ha dicho de él que ha in~entado un estremecimiento nuevo. Y, en ef~cto,
d~ hecho habl11r como él al alma de las cosas; nar le ha traí~o de más lejos esas flores del mal.
esplandec1entes y extrafias como flores tropica1es_que CNcen hinchadas de veneno en las mís:1osa11 pr?fundidades del alma humana. Pacien•
f do Y delicado artista, muy preocupado de la
Y del vocablo, Baudelaire, porunacruelirosuª· e la suerte, 111 muerto afásico, oonservando
t ttelig~ncia, como lo espresaban dolorosamen•
t; as queJas de sus negros ojos, pero sin enconlD~ Ya para traducir sus pensamientos, sino el
18 0
Juramento confuso, repetido mecánica•
01811~
c e. Correcto y frío, de ingenio que cortaba
e1rac~o inglés, de una cortesía paradógica.,
ca etrn asombraba á sus compafteros be•

n~ª•:

e:~r

las semanas por un emisario misterioso, y que
traían vuelto fl juicio á todo París. Villemessant
ya no jnraba más que por aquel Junius misterioso. Evidentemen!e era un personaje. Todo lo indicaba así: el corte de las cartas, el tono burlón
y caballeresco, cierto perfume de nobleza y de
barrio aristocrático. Así es que hubo verdadero
furor cuando cayó la m!\scara y cuando se supo
que aquellas páginas aristocráticas estaban escritas á vuela p'.uma por dos bohemios llenos de
necesidad en la mesa de una taberna. 1Pobre
Delvau! 1Pobre Duchesnei Villemessant no les
perdonó nunca.
Prescindo de muchos, porque se necesitaría todo un lihro para ir describiendo et cafetín mesa
por mesa.
·
Allí había también la mesa de los pensadores:
esos no dicen nada, no escriben; piens•n. Se les
admira, se dice de ellos que son profundos como
pozos, y el hecho es que bien podía creerse que
lo eran, al verlos tragar jarro tras jarro de cer•
veza.
Cráneos desnudos, bar•
bas en cascada, olor á
tabaco fuerte, á sopa de
coles y á filosofía.
Más al!á blusas, boinas,
gritos de animales, cargas, palabras de doble
sentido: son artistas, escultores, pintores. En medio de ellos una cabeza
fina y suave, Alejandro
Leclerc, algunos de cuyos admirables frescos,
que cubrían las paredes
del ventorrillo del Moli·
no de Piedra, en Chati•
llon, destruyeron los pru•
sianos.
A ese se le encontró un
día ahorcado, se había

165

ahorcado él mismo en medio de las
tumbas, en el patio alto del cementerio del Pére-Lachaise, en el sitio mismo desde el cual Balzac ensena á Rastignac la inmensidad de París. En mis
recuerdos del cafetín de los Bohemios,
Alejandro LeclPrc aparece siPmpre
risueiio y cantando canciones de Picardía; y aquellos aires de su país natal,
aquellas coplas rú~ticas esparcían en
torno de la mesa donde él se sentaba,
en aquella atmósfera saturada de tll•
baco, no sé qué penetrante pcesía de
los trigos de los llanos.
Se me olvidaba hablar de las mujeres, porque también había allí muj ires; antiguas modelos de pintor, ht:rmosas hembras, un poco ajadas.
Cabezas singulares y nombres extraftos, 'apodos que huelen á malos sitios, partículas presuntuosas. Titina de
Barancy y Luisa Nabajazo. Tipos irregulares, extraiiamente afinados, que habían pasado de mano en mano, y que de cada uno de sus
amantes habían conservado cierto tinte de erudicion artístic,1 ,
Ellas tenían opinioLes sobre todas las cosas,
y se declaraban según el amante del día, realhs .
tas ó románticas, católicas ó ateas. Aquello era
conmovedor y ridículo 111 mismo tiempo.
Muy pocas nuevas, jovencillas á quienes h11bía
admitido en su seno el terrible areópagc; ]ll mayor parte de ellas envejecidas en aquella vida,
habían conquistado por rigurosa antigüedad cierta autoridad indiscutible. Luego había las viudas,
las antiguas queridas de autores 6 de artistas conocidos, dispuestas á educará cu.alquier prin'.!í•
piante recién llegado de su pueblo. Un conjunto
revuelto donde se fumaban cigarrillos que arrojaban pequeftas espirales azuladas de humo en
medio de la densa niebla producida por las pipas y por los alientos.
Los jarros de cerveza ruedan, los mozos corren, las discusiones se agrían; hay gritos, bra•
zos que se levantan, melenas que se sacuden, y
en el centro, gritando nor dos, gesticulando por
cuatro, de pie encima de una mesa, moviéndose
como si nadara en un mar de cabezas, Desro•
ches, que guía y domina, con su voz de Paltimbanqui, la batahola de aquella feria. Estaba muy
bien de aquel modo, con aspecto inspirado, con
la camisa abierta, la corbata. suelta, flotante, hecho un verdadero bastardo del sobrino de Rameau.
Todas las noches iba á aturdirse, A emborracharse de palabras y de cerveza, á buscar colaboradores, á h11 blar de proyectos sobre libros, á
engaftarse á sí mismo y á olvidar que su casa le
era odiosa, que era imposible trabajar sentado. y
que ya no sería capaz de volver á escribir Las
itvas moscateles. Cierto que había alJí, en aquel
cafetín, espíritus no bles y serias preocupaciones.
Y á veces, un hermoso verso, una paradoja elocuente refrescaba la atmósfera como coniente de
aire puro que disipase el humo de las pipas. Pero
si había algunos hombres u.e talento, en cambio,
¡cnántos Desroches! Si había algunos instantes de
viveza, en cambie;, ¡cuántas horas tristes y perdidas!
L1..1ego, ¡qué tristeza al día siguiente; qué despertar más amargo en el descorazonamiento de
la náusea; qué dis~usto de aquella vida que, sin
embargo, no tenía uno faerza para dejar! ¡Ahí
tenéis á Desroches; ya no ríe, queda en suspenso

�EL MUNDO,

Domingo

a de Septiembre

de 1899.

Domingo 3 de Septieo:ibre c'e 189!i.

166

desde por la mal'iana estuvo tomando en la ta•
berna.
la mueca qua estaba haciendo, acaba de _pensa:
Pe"O alguien camina por el corredor: es el heen sus hijos que van creciendo, en su muJer qu
rrero
que vuelve.
1
envejece, y que cada vez se encanalla m_ás; en e
- Cristián, ahí está ya tu padre, pronto, escónlAtigo t-D la gorra, en la blusa, en el _traJe de cadete mientras tengo tiempo de hablarle, de ex,
rreter'o, que parecía original en otro u~mpo-una
plicarle . . . .
.
noche de baile de mbcaras fué 111. primera que
y Jo empuja tras del gran hormllo; después
se lo puso,-pero que le p~rece nauseabundo
quédase de pie, con las manos tembloroeas. Por
ahora!
·d
D ~s
desdicha el fez del zuavo se ha quedado sobre la
Cuando Je acometían esas negras l eas,
mes!\, y es lo primero que Lory. ve al entrar. La
roches desapRrecia, se iba á un pueblo y se llevapalidez de la madre, su confusión ...... lo comba A. su extraiia familia.
prende todo.
.
Vendedor de relojes, cómico en Odessa, algua-Cristian está aquí!. ... grita con una voz tecil en Bruselas, compadre de un esc~moteador,
rrible, y, descolgando_ su sabl~,.. con loca preci·cuántos cxtral'ios of:c1os no ha tenido? ~uPgo
pitación, se lanza hacia el bornul -~ donde el zuatolvía cansado, disgustado basta _de es? mismo.
vo está. escondido, lleno de ve, guenza, apoyAn,
Un día, en e l bosque de Boloma, q~1so Rhordose en el muro para no caer.
carse pero lo de icolgaron unos guardias. En el
La madre se arroja entre ellos.
cafetí'n le dieron broma, Y él mismo bab!ib~ de
-Lory, Lory, no le mates ... . . -~ºY !º quien
su aventur a con una sonrisilla f,ilsa. Alg~n. nemle ha hecho venir, diciéndole que tu temas necepo después, deciJido á concluir, se pr_ee1p1tó ~~
sidad
de su ayu ia en la fragua . • .. •..
una de esas espantosas canterai!, ab111mos f! y
se
arroja á los brazos de su mando, henchises y calcáreos que hay en las cercatias de las
da
de
sollozos.
fortiticaciones de París. Alli pasó ll\ noche, reEn la sombra de su recAmara los nillos lloran
ventado V con los br11zos y las pi~rnas rotos.
al
escuchar esas voces llenas de cólera y de li•
Aún vivía cuando lo sacaron de la cantPra.
grimas, tan cambiadas que apenas las recono«Vaya, ahora van A decir que soy el hm,bre
cen ..... .
que marra siempre.»
El berrero se detiene, y mirando á su mujer:
Esas fueron sus últimas palabras. Tuvo s~sen-¡Ahl
¿eres tú c¡uien le ha hecho venir? . .. . en•
ta días de agouia, y luego murió. No le olvidaré
tonces . ... está. bien, qua vaya á acostarse. Majamás.
nana veremos lo que hay que hacer.
A la siguiente manana, al despertar Cristian
de un pesado sueno lleno de pesadillas y terro•
res, se encontró en su recámara de nil'io. Al través de los vidrios encuadrad~s en plomo y don•
de se extienden grandes ramos en colores, se ve
el s , 1 bien alto ya en el cielo. Abajo los mart.iEl grueso her~ero Lory, de Saint-)iaric-1uxllos golpean sobre el yunque .... La madre estA
Mines no e3tab&lt;1. contento aquella tarde,1
allí, á su cabecera; no le ha abandonado en toda •
Un~ vez apagada la fragua y luego que el_ sol
la noche temiendo la cólera del padre. El viejo
acababa de o:!ultarse, tenía por costumbre ir A
sentarse en un banco, delant~ de la puerta, para m s al ver este honr11do rostro de alsaciano, en- tampoco' ha dormido. Toda la noche ha recorri11
do la casa, llorando. suspirando, abriendo y cesaborear esa laxitud que dPJa el mucho traba- negrecido
y quemado por el sol, con esas bla~JO después de un caluroso día; y antes de despe- curas y esas sombras que toml\n los colores vi- rrando armarios. Y de pronto, entra en la recAdir á los aprendices, bebía, con ellos, algn:nas co- vos en plena luz, el viejo), súbitamente se calmó, mara de su hijo, severamente vestido como para
un viaje, con altas botas, el gran sombrero y el
pas de cervezR fresca, mientras los trabajadores
prorrumpieLdo en risas.
bastón de montana, sólido y de punta ferrada.
abandonaban la fAbrica.
-De nada se me calienta la cabeza, como si Avanza, recto, hacia el lecho.
Pero aquella tarde el buen hombre se qu~nó
-¡Vamos! pronto, levAntate.
en la berreria basta que llegó el momento de 1r ~ nuestro Cristián f.1era capaz de eso .... •.
y reanimado, volvióle su belio humor, y el
El muchacho, un tanto confuso, va A tomar 111
111. mesa, y aun allí, todavía estaba como ensibuen hombre acabó de comer alegremente, y sa- uniforme de zuavo.
mismad().
-No, no, ese no .... dice el padre gravemente.
La viPja Lory peLsaba mirando á su hom~r~: lió de la casa df!spués de haberse tomado un par
Y la madre. apenada, responde:
-¿Qué será lo qne tiene? ... . ¿H?~rá r~cibi- de copas d11 « Yille de Strasbourg.»
La vieja Lory quedó sola. U ua vez que _aco~tó
- Pero, amigo mío, si no tiene otro traj?·
do del regimiento alguna mala noticia qt.e no
- Dale los mios .... yo ya no los necesito.
quiere darme? . ..... ¿Estará enfermo nuestro á sus tres pequenuelos cuy a pausada respiración
se oía en el cu11rto de al lado, chiquilín como un
Mientras que el muchacho se viste, Lory dobla
hijo? .. · · · ·
d
l
Pero no osaba preguntar nada, ocup'l a st a- nido, tomó su costura y se puso á zurci_r junto á cuidadosamente el uniforme, el chaquetón, los
mente en hacer callar á tret1 pequPl'iuelos ru. ios la puerta que daba al jardincillo. De tiempo en grandes calzones viejos, y hecho ~l paquete, 18
color de espiga, que reían en derredor de la me• tiempo sus¡iiraba pensando ....
cuelga del cuello el estuche de ho¡a de lata don•
-Sí, lo sé bien .. . . Son cobardes, son rene- de guarda su pasa~orte. .
.
sa, ml·entras saboreaban una buena ensalada de
gados .... Pero 1es Jo mismo! Sus madres estarAn
-Ahora bajemos de pnsa, dice.
.
.
rabanillos con crema.
Al fin el herrero, poseído de cólera, empujó su tan contentas de volver á verlos ..... .
y los tres caminaron hacia la fragua sm ha•
Y, con el pensamiento, se remont~ al tiempo blar. . . . El fuelle lanza resoplidos; todos estio
asiento.
-¡Ah! holgazanes, canallas!
en que su hijo, que entonces estaba adí, ~eoia que en el trabajo. Al vol ver á ver la gran galera
--¿A quié'.l te rdieres, Lory?
partir para el ejército. Mira el pozo arteaiano don• abierta, en la que tanto pensab~ cuando e~taba
de acababa de llenar sus regaderas, en blusa, los lejos, el zuavo recordó su infancia, cuando ~uga•
y él por fin estalló.
.
.
-Me refiero, dijo, A cinco ó seis perillanes que cabellos largos, sus hermo~os cabellos que le ba en aquel calor, mirando entre lae bnllan•
desde esta manana he visto andar vagando por fueron cortados para ingresar á los zuavos.
tes chispas de la fragua subir y bAjar el polvo
la ciudad, vestidos con uniforme desoldado franSúbitamente la vieja se estremece. La puerte negro. Vínole un gran acceso de ternura, un de:
cés del brazo de los Mvaros ...... Son de esos cilla del fondo que da al campo, se abre. Los pe- seo inmenso de obtener de su padre el perdón,
qu~ ... , ¿cómo se dice? .... han o~tado por la rros no han ladrado .... El que acaba de entrar mRs al levantar sus ojos encontrAronse con una
nacionalidad de Prusia...... ¡Y decir que _todos camina á lo largo del muro como . un ladró~, se mirada inexorable.
.
los días vemos volver á esos falsos alsac1&lt;1nos. desliza entre !as colmenas . ...
Al fin el herrero decidióse A hablar.
¿Qué es lo que han bebido? ..... .
-Muchacbo, dijo, aquí está el yunqu~, los úd·
-Mamá, mamá!. .....
La vieja trató de defenderlos.
Su Cristián está allí, con el uniforme desabro• les .... todo esto es tuyo . ... Y eso tam b1én, all.a·
-¡Qué quieres, hombre! después de todo no es
cbado, ruboroso, casi tero blando, la boca seca .. dió mostrAndole el jardiocillo que se miraba en
tan grave la folta de esos muchachos. . . . está
El
ir.feliz ha llegado al lugar con los otros, y ha- el fondo lleno de sol y de abejas, por entre el
tan lejos ese Argel de Africa A donde loa mance
una hora que ronda al derredor de la casa en marco recortado de la puerta ..... .
dan
Allí sienten el mal del país, y la tenta•
-Las colmenas, el viftedo, la casa, todo leper·
espera de la salida de su padre para entrar. Ella
ció~ d~·volver es tan grande, la obligación de
querría refl.irle pero no tiene el valor de hacerlo. tenece ...... Puesto que has sacrificado tu hoser .. oldados. • • •
nor á estas cosas, bien está que las guardes••··
1Hace tanto tiempo que no lo ve, que no lo abraza!
Lory dió un pul'ietazo en la mesa.
.
E res tú aquí el amo ya ... y() .... yo. parto.···
y
Juego
da
él
tan
buenas
razones
...
.
..
Se
fasti·
-¡Cállate, cállate! .... ustedes las mu¡~res lo
diaba del país, de vivir siempre lejos de los su- Debes cinco anos A la Francia, voy á pagarlOI
ignoran todo. A fuerza d_e vivir con los mii?s y yos; además, la disciplina babia llegadv á ser por tí.
sólo para ellos, todo lo discurren como 1~ discu-Lory, Lory, ¿á dónde vaa? gritó la pobre
muy dura y aquella manía de los companeros de
rriría un chiquillo . . .... ¡Vam0sl te digo que
llamarle
con
el
sobrenombre
de
'll
prusiano
A vieja.
esos hombres son unos holgazanes, unos renega•
- ¡Padre mio!. ..... suplicó el mu&lt;!bacho,
caul!a de su acent•&gt; de Ahacia ...... Ella le credos, unos cobardes, y si, por una negra _desgr~Pero el herrero babia partido ya, y se alejaba
yó
todo;
no
tenia
sino
mirarlo
para
creerlo.
.
cia nuestro CristiAn fuera capaz de una mfamia
Siempre conversando, llegaron á la sala ba¡a. á grandes pasos, sin volver el rostro .. • • • ·
semejante, tan cierto COJ?O que me llamo Jorge
E n Sidi-del -Abbes en el cuartel del tercero
Lory y que he servido siete _anos en l?s cazado- Los pequenos, despertados por el ruido, vinieron de zuavos, hay un e~ganchado voluntario de ein·
con los pies desnudos y en camisillas de dormir
res de Francia, le atravesana con mi sable de
para besar al hermano mayor. Ofreciéronle algo cnent11 y cinco anos .. . . .
parte á parte.
A LFONSO DAUDET,
y terrible, erguido, mostraba su gran lanza de de comer, pero no tenía hambre, sólo sentía sed,
colgada al muro, debajo del retrato de mucha sed, y bebía grandes tragos de agua pa•
dor
&lt;1aZ11
h
Af . . ra refrescarse un poco del vinCI y la cerveza que
su hijo, un retrato de zuavo, hec o en
nea,

creadora, el punto de unión con los abuelos, era
l..&gt; que no tendrían ya. Quedaban solitarios, aislados, no podían ya mirar detrás de ellos.
La religiosa dijo á su hermano: ¿Recuerdas
que mamá leía siempre sus c11rtas? todas están
allí, en su escritorio. Si las leyéramos, si vivié•
ramos esta noche toda su vida junto á ella. Sería
nuestro camino de la cruz, y conoceríamos á
nuestros abuelos, A todos nuestros antepasados
desconocidos cuyas cartas están allí, y de quienes ella nos habl11ba tan á menudo ¿te acuerdas?

- --,

V

EL MAL ZUAVO

167

EL MUNDO.

-

Había ronerto sin agonía, tranquilamente, como una mujer cuya vida fué irreprochablP; repo.
taba en su lecho, sobre la e1,1pald11., con los ojos
eerrados, las facciones serenas, con sus largos
cabellos blancos, cuidadosamente peinados como
1i ae hubiese hecho el tocado diez minutos antes
de morir, con su fisonomía pálida de difunta tan
.apacible, t11n reposada, tan resignada, que luego
110 adivinaba qué alma dulce habí1 habitado aquel
-cuerpo, qué existencia incontaminada había llevado aquella anciana tranquila, qué muerte sin
acudidas y sin remordimientos había tenido
.aquella sauta.
De rodillas junto al lecho, su hijo, un magis•
&amp;rado de principios inflexibles, y su hija Margarica, en religión Sor Eulalia, lloraban sin consue
lo. De..de su infancia los había armado de una
moral inquebrantable, ensefl.ándoles la religión
aio debilidades y el deber sin gazmonerías. El
bombre era magistrado. y blandiendo la ley heria sio piedad á- los débiles y á los desfallecido,,
la hija, penetrada de la virtud que la había ba1lado en aquella familia austera, se había despo•
udo con Dios, por di~gusio de los hombres.
No habían conocido á su padre; sólo sabían
-que babia hecho desgraciada á eu madre, sin co•
noeer mas detalles.
La religiosa besaba locamente una mano de la
muerta, mano de marfil semejante al gran Cristo
yacente sobre el lecho. Al lado opuesto del cuerpo ieodido la otra mano pareda estrujar aún las
aibaoas con ese ademán errante que se llami;, plie•
,gue de los agonizantes, y el lino lo había conser•
vado como un oleaje de la tela, eomo un recuer-do de los ú ltimos momentos que precede~ A la
eterna inmovilidad.
Unoit golpes ligeros dados en la puerta hicie•
ron levantar las dos cabozas sollozantes, y el sacerdote que acababa de comer, entró. Estaba rojo, sofocado por el trabajo de la digestión, y había mezclado su café con fuertes dosis de conac
para lnchar con la fatiga de las últimas noches
pasadas y de la noche de velada que comenzaba.
Estaba triste, con esa falsa tristeza de eclesiás•
tico para quien la muerte es un oficio Hizo
la aell11l de la cruz y dijo acercándose consu ges•
&amp;o profe~ional: vengo á ayudaros A pasar estas
\rii;iea horas, hijos míos; pero Sor Eulalia conteslólevantándose: gracias, padre mío; deseamos mi
hllrmano y yo permanecer solos con ella, son los
1\l&amp;imos momentos que tenemos para verla y queremoaeatar solos, como antes, cuando.... cuando éramos pequelios y nuestra. . . . . . nuestra pobre
madre .. .. No pudo terminar, tan ..bundantes
eran sus lágrimas y tanto la ahogaba el dolor.
Tranquilizado el sacerdote, se inclinó pensan-d? en su lecllo: Como queráis hijos míos. Se arroililló, se santiguó, oró, se levantó y salió suave•
mente murmurando: era una sa!.ta.
Se quedaron solos la muerta y sus hijos. Un
péndulo oculto lanzaba en la sombra su ruido
regular, Y por la ventana abierta penetrabll el
:~~. olor de los pastos y de los bosques con la
--swdeacente claridad de la luna. Ningún sonido en el campo, sino las notas rfrpidas de las ranae Y A veces un zumbido de insecto nocturno
1}Ue entraba como una loba rozando los muros.
0

Una paz infinita, una divina melancolía, una si·
lenciosll serenidad rodeaban á la muerta; parecían emanar de ella, exhalarse al exterior y spa•
ciguar á la na!;uraleza misma.
Entonces el magistrado, siempre de rodillas,
con la cabeza hundida en el lecho, con una voz
lej,rna, desgarradora, lanz11da &lt;.!entro de las sá.banas y l11s ropas, gritó: Madrer madre, madre,
y la hermana, abatiéndose sobre la tarima. pe
gando en la madera con su frente de fanática,
convulsa, torcida, vibrante. como en una crisis
de epilepsia, gimió: Jesús, Jesús, madre míll.
Y sacudidos los dos por un huracán de dolor,
jadeaban. aullaban.
Después la crisis lentamente se calmó y lloraron de una manera más suave, como l, s calmas
momentaneas siguen A las borrascas en el mar
agitado.
Después, mucho t!empo después, se levantaron
y se pusieron A contemplar el cadáver. Y los recuerdos, esos recuerdos lejanos, ayer tan gratos,
hoy tan torturantes caían en su espíritu con to•
dos los detalles olvidados, esos detalles íntimos
y familiares que resucitan al ser desaparecido.
Recordaban circunstancias, palabras, sonrisas,

entonaciones de voz de aquella que no les hablaria más. La veían feliz y tranquila. encontraban frases que ella les decía, y un ligero movi•
miento de su mano derecha, cuando pronunciaba
un di:1curso importante.
La amaban como no habían amado nunca. Y
notaban, midiendo su desesperación, cuánto la
habían querido, y -tué abandonados iban á quedar...... .
Su sostén, su guía, su juventud toda, toda la
parte alegre de su existencia era lo que desa,:&gt;a•
recia; su lazo con la vida, su madre, la carna

***
Tomaron del escritorio varios paquetes de papeles amarillentos, atado~ cuidadosamente y colocados uno contra otro. Pusieron sobre el lecho
aquellas reliquias y escogiendo una de el111s en
la que estaba escrita la palabra «Padre&gt; la ab:ieron y leyeron.
Eran de esas cartas viPjas que se encuentran
en los secret.-:.fres de familia, cartas que huelen al
siglo pasado. Lll primera decía: mi adorada;
otra: mi hermosa hija; Juego otras: querida bija
rnfo; otras aún: hija idolatrada; y luego la religicsa leyó en voz alta, leyó á la mu11rta su historia
y todos sus tiernos recuerdos. El magistrado,
con un codo sobre el lecho, escuchaba, con los
ojos sobre la muerta. El cadáver inmóvil parec1a feliz.
Interrumpiéndose Sor Eulalia, dijo: las pondremo~ en su tumba, le haremos un sudario con
todo esto y lo sepulraremos con ella, y tomó otro
paque~e en el cual no estaba escrito ningún nombre revelador. Y comenzó en voz alta: «Mi adorada, te amo locamente. Desde ayer sufro como
un condenado, quemado por tu recuerdo. Siento
tus labios sobre los míos, tus ojos sobre mis ojos,
tu carne sobre mi carne. Te amo. Te amo. Me
has t:nloquecido. Mis brazos se abren; me estremezco sacudido por un deseo inmenso de abrazarte aún. Todo mi cuerpo te llama, te quiere.
Guardo en mi boca el sabor de los besos,&gt;
La religiosa se interrumpió. el magistrado le
arrancó la cartli y ouscó la forma. Solo habfa
estas palabra~: E l que
te adora, y este nombre:
Enrique. Su padre se llamaba René. No era pues,
él. Entonces el hijo, con
mano rápida, buscó en
el paquete de cartaR y
tomando otra leyó: «No
puedo vivir sin tus e , ri •
cias." Y de pie, severo co.
mo en B:! tribunal, miró
á la .muerta impasible.
La religiosa, rígida como
una estatua, con las lágrimas en los ojos, vie::do á su hermano, esperaba. Entonces él atravesó
el cuarto con pasos lentos, llegó hasta 111. venta•
na y con la mirada perdida en la noche, pensó.
Cuando volvió lacabeza, Sor Eulalia, con los
ojos secos, estaba aún
en pie, cerca del lecho,
con la cabeza inclinad1.
Se acercó, juntó apresuradamente las cartas
que arrojaba desordrnadamente en el cajón, y luego cerró las cortinas
del lecho.
Y cuando el día hizo palidecer las bujías que
ardían sobre la mesa, el hijo abandonó lentamt!nte su sillon, y sin ver una vez más á la madre
que había condenado, dijo: Ahora, vámonos,her~
mana mía.
Guv DE MAUPASSANT.

�Domingo 3 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

168

-Siete clavos, como.garfios, se bao hundido en mis entra!'ías,
Oh Injusticia, cómo triunfas! Oh Tiniebla, cómo creces! ...

La Fosa:
_ Yo soy la tela insi~ible que tejen negras araíias ... .
y con lágrimas y sangre se alimentan los cipreses! ... .
Primer sepulturero:
-Uno! Dos! Tres! ... Un esfuerzo! Empujad bacía la fosal
El muerto: (Sin desplegar los labios amoratados, ycon
sonrisa resignada)
-Oh! Martirio! También tienes tus profundas embriagueces!
Tere,e1· sepulturero:
•
-Se alza la Luna siniestra con una mueca espantosa!
El muerto: (con voz opaca)
-Oh! Injusticia, cómo triunfas! Oh Tiniebla, cómo creces!
P1imer sepulturero:
-Cae una lluvia de sangre de una nube pavorosa! ....

El Arrecife mudo, bajo la bruma helada,
Es una Esfiinge ciega que el horizonte mira ..... .
El mar gime y solloza cual una inmensa lira,
Y cae la noche fúnebre ::omo ala ensangrentada
De un negro cisne trágico, que en el silencio expira.
El mar gime y solloza cual una inmensa lira
Y c11nta el Viento astuto su pérfida balada.
E l Arrecife mudo se iergue en el MiE.terio.
Pasa una Sombra, y dice:
-«Oh! mi siniestra huella
Donde la ortiga brota! Oh mi fatal imperio
Donde brilla una sola y agonizante estrellal:1&gt;
Pasa otra 8omlira y dice:
-«Yo vivo en lo más hondo
De la Desesperanza y del Remordimiento:
No hay abismo más negro que mi abismo sin fondo;
NQ hay filo lascinante como mi Pensamiento?&gt;
Pasa otra Sombra y dice:
-« Yo soy como el gusano
Que se arrastra en las tumbas y en el horror camina:
Espanto, eres mi guía! Dolor, eres mi hermano!
Cómo acaricias, látigo! Qué blanda eres, espina!&gt;
Pasa otra Sombra, y dice:
-«Yo soy cual una inmensa,
Cual una taciturna floresta deshojada;
Mis hojas van rodando por la planicie extensa
Al soplo de los Vientos febriles de la Nada!&gt;
Todas las Sombras cantan:
-«La muerte nos conduce
Por sobre adelfas mustias y amargos asfodelos:
El Miedo es nuestra lámpara funesta que reluce
Debajo de la enorme tristeza de los cielos!&gt; ..... .
Cuatro sepultureros fornidos, en sus hom!"Jros
Conducen un gran féretro con una marcha extra!'ía;
Cuatro sepultureros conducen entre escombros
U n atahud más grande que un trozo de monta!'ía.
Llegan al borde obscuro de una profunda fosa
Y clavan siete clavos sobre la tapa negra;
Retumban siete golpes en la extensión brumosa
Y el gran martillo lívido parece que se alegra.
Luego, los cuatro empujan la c'\ja lentamente,
Pero la caja, inmóvil, clavada sobre el suelo
Parece el negro monstruo.de sueño febriciente,
Una Quimera horrible, que ha replegado el Vuelo ...
Sobre el cielo sombrío, donde no luce un astro,
Detrás de nubes grises, como alas de vampiros,
La Luna, inmensa y roja, deja un sangriento rastro
y como una intangible diadema de Suspiros ..... .
Se inclinan los adustos cipreses macilentos
Cambiándose un saludo con aire sigiloso,
O cabecean tristes, con vagos movimientos,
Como siguiendo el ritmo de un baile silencioso.
Y las nubes parecen empapadas en llanto,
En el llanto diabólico de invisibles Satanes:
y el silencio se rompe, á veces, con el canto
De infinitos Dolores y estériles afanes.

La Fosa:
-Y con Hgrimas y sangre se alimentan los cipreses!
(Se hunde la Luna roja en el mar, y todo
queda en silencio.)
Como pulpo en acecho, proyecta el Arrecife
Entre la bruma pálida su amenazante orilla,y van las Siete Sombras, en un extral'io esquife,
Sobre la Noche fosc.i cual una pesadilla ....
Y van las Siete Sombras .... Y el Mar gime un lamento,
.El Mar gime y solloza, cual una inmensa llra,Y, como negro cisne quP. en la ribera expira,
8us elt,gías hondas canta al Azur el Viento!
LEOPOLDO

Ginebra.-1899.

Primer sepulturero:
-CuánM pesas! Cómo abrumas! Cuánto pesas, negra caja!
Segundo sepultul'ero:
-Se diría que es un mundo de tristezas y dolores.
1'ercer sepultiirero:
-O que el mue1to es un gigante, y es de ptomo la mortaja ...
Cuarto sepulturero:
-O el cadáver de tres siglos de venganzas y t errores ....
El muerte: (mentalmente, y dejando correr de sus ojos
hinchados gruesas lágrimas)

por la lluvia, se ven puntos
de tan di versos matices,
-vivos, opacos, obscurosque en la rica policromía
de ton'JS suaves y crudob,
la pared arlequinesca
que, á trechos, ornan los musgos,
parece beno manchado
traviesamente con grumos
de color. Una parásita
en los ladrillos desnudos,
hinca su ramaje como
los tentáculos de un pulpo,
y entre la mara!'ía verde
un juguetón rayo súbito
en cada gota de lluvia
prende un rubí diminuto.
Y en la fantasmagoría
de la luz, que hc1.ce del muro
moi,aicos de pedrería
y deslumbrantes y estucos,
h,s dos muchachos semejan
en medio de tanto lujo,
dos príncipes del oriente
en espera de sus súbditos.
¡Qué tocado de diamantes
en el ceniciento rubio
del ca.:.ello de la niña!
qué reluciente y qué fúlgido
el toisón que ostenta el p€Cbo
del rapaz! ... y qué conjunto
de áureas telas y tisués
sobre los harapos sucios!

Ai'io VI-Tomo ll

México, Uomingo

10

de ~.-ptiembre de 1899.

Andrajosa reinecita
que vistió la. 1uz y cuyo
corpiño de re..plandores,
cubre el talle y eme el busto!
Duquecito del arroyo,
Buckingham que el cielo tuvo
á bien ataviar con sedas
y brocados del crepúsculo!
Tú ~qué cuentas? Tú ¿qué oyes?
Tú la grave, tú el adusto? ...
Yo me acerco poco á poco
y sonrío y lus escucho.

Duz.
Bien, muchacho! Fuiste al bosque
corriste mucho, mucho,
y flores y mariposas
la traes .... ¡Lindo tributo!
'.ru gorra de saltimbancohecha una criba--es refugio
de caléndulas doradas
y de rosae, donde ocultos,
se agitan entre los pétalos
los cuerpecitos convulsos
de las pobres mariposas
heridas. Hundes los puíios,
y narrando tus proezas
sacas con pueril orgullo
tu presente de perfumes
y de alas ... ... y el tributo
va cayendo, va cayendo,
del aire sereno y puro
á la falda de la niíia
que oye con asombro mudo
la historia de la aventura,
mientras fijos en un punto
miran cosas invisibles
sus ojllS meditabundos.
y

VERSOS INOCENTES.
PUESTA DE SOL.

Por la calle ~olitaria
cuyo t érmino confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo,
silencioso y pi,nsati vo
como siempre, voy sin rumbo
enhebrando fantasías
en el aire azul y puro.
Tranquila está la barriada,
los talleres están mudos,
no se ven las chimeneas
empenachadas de humo,
y á lo lejos, de las fábricas,
salen alegres, los últimos
obreros, que se atropellan
en caprichoso tumulto,
y cuyas blusas azules
borda el sol de hilos purpúreos.
Yo callado y pensativo
como siempre, voy sin rumbo ..... .
Mas de ;:ironto me detengo,
mis quimeras interrumpo,
y las vanas fantasías
del pensamiento sacudo
par¡¡. ver curiosamente
á dos chicuelos- im grupo
adorable-que cabría
en una canción de Hugo.
El la. llama y ella acude,
se hablan bajo, y así, juntos,
siéntanse en los escalones
del portón, ~l pie del muro,
y en una senedad cómica,
ella grave, y él adusto,
principia la conferencia
más inefable del mundo.
¡Oh! viejo pintor de ni!'íos
que andas en busca de asuntos,
mira: la luz pone toques
divinos á este conjunto!
En el fondo de sillares
con lepra, rojos y húmedos,
frescos y recién la vados,

Cuando mi presencia notan
ella inquieta y él ceñudo,
parecen decirme: Vamos,
no nos turbes; vete, intruso.
Y yo me alejo sin pena
p:irque dejar soio es justo
á Buckingham de siete años
con An:i. de .Austria de un lustro.
Y pienso: yo también tuve
aventuras, y di muchos
re¡.,;alos de alas y flores,
y fui amado y tuve orgullo.
Dí esperanzas, ilusiones,
fe, ternuras, con el único
placer de posar los l,abios
en unos cabellos rubios.
Un coloquio de chiquillos
fué mi amor .. ..
Y taciturno,
solitario y pensati ,o
como siempre, voy sin rumbo
por la calle silenciosa
cuyo término confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo.
LUIS e-. UUBINA,

Composición artística y cliché fotográfico de Don Octaviano de la Mora,

Número u

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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