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                  <text>EL MUNDO.

204

A esta hora faé 00.ando roñó en pedazos
La piedra que sellaba aquel sepulcro
Donde estuviste como Cristo, muerta
Para resucitar al tercer dfa;
A esa hora faé cuando se abrió la puerta
De su hogar, que en rn seno te veía
Con un supremo miedo en su alegría
De que tu aparición no faera cierta;
Y desde ese momento, y desde esa hora,
Tranquila y sin temores en tu pecho,
Tu sue:llo Fe cobija bajo un techo
Donde el placer es lo único que llora ....
T us hijos ya no gimen
Como antes al recuerdo de tu ausencia
Ni cadenas hay ya que los lastimen ..... .
En sus feraces campos ya no corre
La sangre de la lucha y la matanza.
Y de la paz entre los goces suaves
Bajo un cielo sin sombras ni vapores,
Ni se avergüenzar. de nacer tus flores,
Ni se avergüenzan de cantar tus aves.

Grande eres y á tu paso
Tienes abierto un porvenir de gloria
Con la dulce promesa de la hi11toria
De que para tu sol nunca habrá acaso ....
Por él camina y sigue
De tu lección de ayer con la experiencia;
Trabaja y lucha hasta acabar e ➔a obra
Que empezaste al volver á la existencia,
Que aun hay algo en tus cárceles que sobra,
Y aun hay algo de Eipafia en tu conciencia.
Yo te vengo á decir que es necesario
Matar ya á ese recuerdo de los reyes
Que escondido tras de un confesonario,
Quiere darte otras leye.; que tus leyes ....
Que Dios no vive ahí donde tus hijos
Reniegan de tu amor y de tus besos,
Que no es el que perdona en el cadalso,
Que no e@ el del idtar y el de los rezos,
Que Dios es el que vive en tus cabafl.as,
Que Dios es el que vive en tus talleres
Y el que se alza presente y encarnado

Domingo 17 de Septiembre de 1899
Allí donde Bin odio á los deberes
Se come por la noche un pan honrado.
Yo te vengo á decir que no es preciso
Que muera á hierro el que con hierro mate,
Que no es con sangre como el siglo quiere
Que el pueblo aprenda las lecciones tuyas·
Que el siglo quiere que en lugar de templ¿s
Le des escuel&gt;ls y le des f'jemplos,
Le des un techo y bajo dél lo instruyas.
Así es como en tu frente
Podrás al fin cefl.irte la corona
Que el p.Jrvenir te tiene destinad/\;
El, que conoce tu alma, que adivina
En tí, i\ la santa madre del progrei;o,
Y que hoy ante el recuerdo de aquella hora
En que uno de sus besos fué la aurora
Que surgió de tu noche entre lo espeso,
Mientras el pueblo se entusiasma y llora,
Te viene á acarici1tr con otro beso,

A.ño VI-Tomo ll

México, Domingo 24 de ~ept1embre
.
de 1s99 .

Efieótaó ceLelnadaó en !1onoz JeL c:!!Jz.
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«:&gt;Zeótuente

MANUEL ÁCUÑA.

DIEZ Y 8 El.8 D E S EP TIEMBRE,.
«Cual al romper las Pléyades lluviosas
El seno de las nubes encendidas,
Del mar las olas antes adormidas
Súbito el austro altera tempestuosas,
De la cater,a osada
Así 'los restos nuestra voz espanta,
Que resuena indi~nada,
Y recuerda, si alti 1a SI': levanta,
El respeto profundo
Que inspiró de Vespucio al rico mundo.
«Ay, del que hoy más los sediciosos labios,
De libertad al nombre lisonjero
Abriese pretextando novelero,
Mentidos males, fútiles agravios,
Del cadalso oprobioso
Veloz descenderá i\ la tumba fría
Y ejemplar provechoso
Al rebel1e será, que en su porfía
Desconociese el yugo
Que al invicto espafl.ol echarrn plugo.,.
Renueva, ¡oh Mu~a! el victorioso aliento
Con que fiel de la Patria al amor santo,
El fin glorioso de su acerbo llanto
Audaz predije en inspirado acento:
Cuando más orgulloso
Y con mentidos triunfos más ufano
E I ibero sanoso
Tanto ¡ay! en la opresión cargó la mano
Que al Anáhuac vencido.
Cantó por siempre á su coyunda unido.

Así los hijos de Vand l\lia ruda,
Fieros clamaron cuando el héroe augusto
Cedió de la fortuna al golpe injusto,
Y el brazo fuerte que la empres11 escuda
J!'altando á sus campeones,
Del temor y la muerte precedidos
Feroces escuadrones,
Tales impunes campos florecidos
Y al de&amp;ierto sombrío
Consagran de la paz el nombre pío.

«Al misera ble esclavo (cruel dP.cía)
Que independ,mcia ciego apellidando
De rebelión el palellón nefando
Alzó una vez en algazara impía,
De nuevo en las cadenas
Con más ri~or á su cerviz atadas
Aumentemos las penas
Que ! su última progenie prolongadas
En digno cautiverio
'
Por siglos aseguren nuestro imperio.

No será, empero que el benigno cielo
Cómplice fácil de opresión sangrienta,
Niegue i\ la Patria en tan cruel tormenta
Una tierna mirada de consuelo
Ante el trono clemente.
Sin ce;ar sub" el encendido ruego,
El quejido doliente
De aq,uel prelado que inflamado en fuego
De caridad divina
La América indefensa patrocina.

«¿Qué sirvió en los dolores vil cortejo
Que el aleve pastor el grito diera
De Libertad que dócil repitiera
La insana chusma, con afán prolijo?
Su valor inexperto
De sacrílega audacia estimulado
A nuestra vista yerto
En el campo quedó y escarmentado
Su criminal caudillo
Rindió ya el cuello al vengador cuchillo.

Padre amoroso, dice, que á tu hechura
Como el don más sublime concedi,te,
La noble libertad con que quisiste
De tu gloria ensalzarlo hasta la altura.
¿No ves que á un orbe enteco
Genio privado de excelencia tanta
Bajo !ll dominio fiero
Del excecrable pueolo que decanta
A3esinando al hombre
D.1r honor á tu excelso y dulce nombre?

Cuánto, ¡ay! en su maldad ya se gozara
Cuando por permisión inexcrutable
De tu justo decreto y adorable
De sangre en la conquista se bafl.ara?
Sacr ílego arbolando
La ense:lla de tu.cruz en burla impía
Cuando mi\s prof mando
Su religión con negra hipocresía
Para gloria del cielo
Cubrió de excesos el indiano suelo.
De entonces su poder ¡cómo ha pesado
Sobre el inerme pueblo! ¡Qué de horrores
Creciendo siempre en crímenes mayores
El primero á tu vista han aumentado!
La astucia seductora
E l auxilio han unido á. su violencia,
Moral corrompedora
Predican con su bárbara insolencia
Y por divinas leyes
Proclaman los caprichos de sus reyes.
Allí se ve con asombroso espante
Cual traición castigado el patriotismo,
En delito erigido el heroísmo
Que al hombre eleva y engrandece tanto,
,!Qué más? En duda horrenda
Se cvnsulta el oráculo sagrado
Por saber si lll prenda
De la razón al indio se ha otorgado
Y mientras R'.lma calla,
Entre las bestias confundido se halla.
;,Y qué, cuando llegado se creía
De redención el suspirado instante
Permites, justo Dios, que ufana cante
Nuevos triunfos de odiosa tiranfa?
El adalid primero,
El generoso Hidalgo ha perecido:
El término po~trero
Ver no le fué de la obra, concedido;
Mas otros campeones
Su.Jcita que redimen las naciones!
Dijo, y Morelos siente enardecido
El noble pecho en belicoso aliento;
La victori&gt;l en su ense:lla toma asiento
Y su f'jemplo de mil se ve seguido.
La sangre difundida
De los héroes su númen recrece
Como tal vez herida
De la segur, la encina reverdece,
Y más vigor recibe,
Y con más pompa y más verdor revive,
ANDRÉS QUINTANA

Róo.

PL.1Z.A. DE LA CO:.'i'STITUCIO:N Y A VENID..i. DE PLATEROS.

Número 13

�EL MUNDO.

208

Es el aire del campo; aquella brisa de Becquer que
la sangre orea.

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

-----------------------------------------

~

LA SEMANA
En esta semana musical anotamos la aparición de
la Fedora de Giordano y la repetición de «Cavallería&gt;
y «Payasos.&gt; Estas tres óperas un~das á la «Bohemia&gt; de Pucini forman los cuatro· clavos de oro de
una Orión recientemente aparecida en el cielo del
Arte. El realismo ba entrado bravamente en la zona.
lírica. La inspiración nueva deja el rumbo ide~l de
la leyenda, y no se rinde ya, como esclava sumisa, á
los impalpables dominios de la fan~asía.
.
Wagner es un soñador teuton. 8u~ personaJes, están hecbos de niebla y misterio. Vienen de las profundidades de las bosques sagrados, tum~n cuerpo en
una ráfaga de luna y se desbacen en el aire com~ nubes. Nunca llegan hasta nosotros. Se qued~n srnmpre en la línea azul del horizonte. No camrnan, se
deslizan. Se diría que vuelan. ¿Aman? ¿Sufren?
¿Lloran? ¿Se desesperan?
.
.
Sí, pero de un modo singular, con una existencia
~xtraña y fantástica que nos seduce.
.
Cuando estéis uo poco tristes, sentaos á la orilla
de un río, en una tarde serena. Contemplad el agua
que pasa clara, ond~lante y rumorosa .. Absorbeos.
Allí, bajo la placa de cristal que os salpica el rostro
d.: rocío, se agita otro mundo, esta otra naturaleza;
un cielo que centelleá más luminoso, una!; frondas
que se mueven más lejanas, un ambiente más puro
por donde cruzan los pájaros con las alas rnmóviles y
tendidas. Hay mucho que se esfuma, que
se desvanece, que no se alcanza. Aquel es
el mismo cielo que tenemos sobre nosotros, aquellos son los mismos juncos que
crecen en la ribera; el sauce meditabundo que se inclina para llorar sobre la corriente, las aves que atraviesan el aire
que respiramos; pero todo está purificado, vago, remoto. No es la naturaleza vivida, es :a soñada. Y entretanto que el
agua corre por aquel cauce de zafiro, pensad en vuestras tristezas, en vuestros
amores, en vuestros desengaños, arrullados por el eterno canto, por el misterioso
monólogo de la linfa, cuyos sonidos tra.
ducís con la maravillosa intuición del
sentimiento.
Esta impresión es semejante á la que
experimento con una obra de Wagner.
El cisne de Lohengrin es 1m fragmento
de bruma; el báculo de Tanhausser es
una grieta de sombra; la cabellera de Eisa es poi vo y sol; la capa del Holandés
errante es una nube de tormenta.
Pero así como Wagner viene del sue•
ño, estos flamantes músicos italianos vie•
nen de la 1ealldad. Wagner es la leyenda,
ellos la vida; Wagner trasciende á incien
so, ellos huelen á carne; Wagner es divino, ellos son humanos.
Las primeras obras de estos grandes
múaicos en gestación nos indican sus ideales. «Cavallería&gt; es una escena de amor
caldeada por el sol de Sicilia. «Pagliacci&gt;
una gusanera de pasiones brut,ales, cuyo
nido es una barraca de saltimbancos.
«Bobemia,&gt; es una risa de París empapa
da en lágrimas y ternuras, y hoy «Fedora&gt; es un gemido de rabia y de pasión
termin&lt;1-do en un sollozo de muerte.
El arte ha puesto la decoración, ha trazado loscontornos, pero el movimiento, el
impulso, el combate,son obra de la vida.
Allí hay nervios, músculos, sangre, calor
de besos, miradas de odio, súplicas, llantos y sonrisas. Allí hay hombres, hay t ragedia humana.
Las figuras de más relieve en estas
obras son las mujeres. No son símbolos
sino hembras.
Poner música á cuadros vivos, encerrar
en la pauta caracteres, dar á cada grito
su nota, á cada frase su entonación, pin•
tar líricamente tipos que vibran v se convulsionan tan cerca de nosotros, ha sido
la aspiración de los jóvenes composit0res
italianos. Las tentativas resultaron soberbias.
Durante la semana nos hemo!! conmovido con aquella música juvenil que canta
alegrías nerviosas, que se levanta basta
el himno uncioso, basta la oración extátlca, que 1101 a y se enternece, y se desespera que es voz de angustia, imprecación
de rabia, adiós adolorido, grito de espan•
to, mugidor torrente de odio.
Y al terminar el drama, al caer rápidamente el telón, después del alarido de
Oavalle,-ía ó el sarcasmo de Pa!Jasos, ó del
suspiro de Fedma queda en nuestros oí•
dos, por muc,b.o tiempo, un rumor lejano.

***
La mita.d del triunfo de esta ópera, pertenece á la
Chalfa. Es indiscutible ya el talento de esta cantante adorable. No olvidaremos jamás la cabeza expre•
siva y rica en gestos de esta mujer que no es bella,
pero que se embellece siempre que lo desea. Ro_stro
franco expresivo, enérgico, ojos de una ob&amp;cundad
de nocie, con toques de luz abrillantada por las lágrimas, boca contraída por los sollozos, moid1~ndo
las maldiciones, reteniendo el suspiro delat,r, humeda por los ósculos, testa, ya erguida, ya inclinada,
ya implorando al cielo con el fervor de la plegaria,
ya inclinándose en la tierra, abrumada b~jo el yeso
de los recuerdos, pero siempre con el rad10so mmbc,
de la tristeza, ó el halo de nácar del amor, ó el fuego
de hornaza de la ira .... todo en la Chalfa forma un
conjunto estético del que se desprenden, precis_as y
conmovedora~, las ardientes figuras de las herornas.
La Chalía, de voz firme y clara, con algunas notas
de oro recorre el registro de las pasiones: empapa
en lla~to las notas, hs hace temblar de angustia, las
arroja como un insulto al : ostro del amante, las sua.
viza como una caricia en un rapto de ternura, las
eleva como una oración. Es inspirada. Siente y ex•
presa con valentía y ardor. ¡Feliz ella 1

***
«El Mundo Ilustrado&gt; dedica hoy su parte gráfica
á conservar el recuerdo de los arcos de triunfo y los

ARCO DEL ESTADO DE TABASCO. (VISTA LA.TERAL,)

Domingo 24 de Septiembre de 1899.

Domingc 24 de Septiembre de 1899.
carros alegóricos que fueron el atractivo de las p3.11a.
das fiestai:.
México se vistió de gala. Hubo p'.étora d.i multitudes alegres. Solamente las nubes se empeñaron en
impedi r al sol que se asom:1se á su balcón de oro del
cielo. Y la lluvia, malhumorada y rabiosa, deshilachó sus efímeros y transparentes estandartes sobre
la ciudad emperifollada como aldeana en dom mgo.
La alegría, sin embargo, lanzó á los cuatro vientos
el retintín de sus car::ajadas y los gritos de aire de
sus cantare.e;.
1Oh, qué buena es la alegría de vivir 1

EL EXTERIOR.
Revistas Políticas y

Literarias.

l. COSAS DE FRANCIA: l'affaire finie; LA PSICOLOGIA.
DEL CASO; FRANCIA EN DECADENCIA: lNE X ACTI•
TUDESj LA SITUACION DEL 1ITTNISTERIO: ESPB•
RANZAS.
2. DEWEYj M.A!~KI NLEY. LAS PLATAFORMAS ELEC·
TORALES DE LOS NUEVOS PARTIDOS IMPERIALISTA.
Y DEMOCR,\TICO.
3. LA GUERRA EN EL TRANSV.AAL.

Que diablura para los cronist as de mi
calaña que concluya i•ottai?'e La frase sa. cramental faffaire fi;nie resuena lúgubremente en nuestros oídos; era un mate.
rial abundant,e, interesante é incesante
de que se podría dispouer en cualquier
instante. Ahora no, dentro de pocos dias. ,
todo habrá pasado á la historia, no sin
dejar lecciones y enseñanzas que pueblos
y gobernantes se apresurarán ... . .. á no
aprender. Así somos todos.
Si, había una diliculiad que surge, gra,e y á primera vista insuperable; este
asunt:o está empedrado de dificultades
insuperables, que han sido mal que bien
superadas; qué diablo, el mundo marchat
como decfa un viejo maestro de lo~ muchachos de hace treinta años, y á quien
creíamos infalible oráculo ¡inocentes! Se
llamaba Eugenio Pelletan. Veo la diflcul•
tad: para que el asunto concluya precia&amp;
un indulto, pero el indu1to no puede concederse sino á petición de parte. Dreyfus lo pedirá? 8i lo pide se confiesa culpable, loquees imposible. Si no lo pide cómo
indultarlo? La brava carta de Zola, á
quien es preciso absolver de sus magnos.
errores estéticos, en vista de la incomparable grandeza desu actitud moral, anun•
cia el propósito de llevar hasta el último
extremo su lucha por la justicia y el derecho. Palmas; pero ¿y la patria? ¿y la
prolongación de esta guerra civil en poten·
cia, que con cualquier motivo deflagrarA.
en un ambiente saturado de pasión y de
odio? ¿Qué, no vale la.pena de t omar esto
en cuenta? ¿Por qué el Capitán Dreytllll,
uno de los grandes atormentaJos del siglo,
de quien ridículamente se quiere bar.et
un Cristo de kepf, no prescinde de todo&amp;
sus derechos, no hace este supremo sacri•
ficio á la paz de su país? ¿Tiene ó no el
corazón alto y bien puesto? Ent onces podrá el gobierno mot·u proprio hacerle gracia.
de la pena y ponerlo en libertad.
Esto pensaba cuando el cable informó
que el perdón está concedido. E l gobierno ha hecho bien y ha obrado cuerdamente; y como ninguna persona seria, á noser que esté movida por inconfesables sen·
timientos de odio religit.so ó de raza, ó
de idolatría á todo trance por la instltU•
ción militar, lo cual es en el fondo la m~
ma pasión que servía de resorte á los W&gt;pishqui de Hultzilipochtli, atenuada por
el miedo al código penal; co:::io ninguna
persona en la plenitud de sus facultade&amp;
morales, después de la lectura de las crónicas detalladas de las audiencias, Y después del veredicto, puede creer indudnblt
la culpabilidad de Dreyfus, ha ! es~Itado
que el apagamiento de la excitación e&amp;
rápido y que c'est une affaire jinie. ~~10sea Dios. Este resultado pone de r_.•
to la inteligente conducta del Presiden·
te Loubet y de su minis.terio.
Los enemi "'vS de Francia habían aprovechado la injusticia fundamental del ta·
llo del consejo de guerra, para procn·
rar destruir con delirante desr.emplan•

209

EL MUNDO

za su prestigio de nación culta y para minar su
ettuaclón internacional sugiriendo la idea de un inex.
plable ultraje hecho al emperador de Alem,mia; Jo;¡
ingleses eran naturalmente !03 autOrf S de esta mtri•
ga; pero jugaban á cartas vistai. y nadie cayó en esr,a ratonera Claro es que cuando, no un oficial, ni
un agen te diplomático, sino el ministro cte relaciones
del Imperio y no al gobierno fr"ncés, sino al parla.
Diento Imperial, declaró en nombre del soberano que
110 habían existido relaciones de ningún género entre
Ja embajada alemana y el capitán Dreyrus, nadie pudo vacilar; esa declaración era la verdad. 'l'an cierto
l'B esto que in mediatamente se inventó la conseja de
que la traición habfa sido hecha en tarnr de Rm,ia
(un ..:uento capaz de hacer á uno dormir parado.) Si
-el consejo de guerra condenó, esto no era asunto qu.i
pudielle enojar olicialmente al gobierno alemán; un
-consejo de g-uerra no representa á la nación en sus
rdai:iones exteriores, la representa el poder ejecuti,·o de la repú blica; el poder ejecutivo ha indultado;
á un traidor no se le indulta. El presidente de la repúhllca francesa sólo ha podido indu1t~r cr::iyendo in-culpable á Dreytus; tienen razón• los energ1ímenos
-en dlrlgir las más terribles lnsinua/\iOnes contra los
Seftnces Loubet y \'f. Rousseau, tienen razón de fS ·
tar frenéticos contra el.os; el indulto motu proprio ·
no tiene otra significación posible que la que los pia-dosos antlsemiLas le dan: el gobierno creti en la iuo-c11ncla de Drey fus; cree en la palabra del emperador
.alemán. Y nosotros encontrawos I sto perfectamen te honrado, enteramente justo y cuerdamente po.f.

uco.

***
Viendo en conjunto la cuestión, abora que sus
.grandes peripecias pueden incluirse una en la otra,
1JOmo quien cierra un anteojo que va á guardar des.
pués de haberse servido de él para observar el estado
moral de un pueblo, todo resulta Iógko y claro.
Nosotros, en este plural comprendo no sólo á h,s latlnus, sino á la gran mayoría de los hombres ilustra·doa de ambos mundos, exij íamos de un grupo militar
un acto que tormar'.I ecua~ión perfecta con cierta mi.
:¡¡Ión de justicia absoluta que atribuíamos á una F.ran.
-cla Ideal y sed uct0ra que se fuuda más en la literatu.ra que en la blstorh. Teníamos miedo de que esta
-quimera no resultase cierta y nos h·\ dado coraje palpar la realidad : uo, esa nación no es el ángel de, la
. .Justicia; no, el promedio del alma francesa resulta
una alma burguesa, calculadora, escéptica, positiva,
-enalldades excelente:; para llegar á un buen suceso
ftnal, pero exceslvamenLe orgullosa y aticlonada con
invencible instinto á la gloria militar, que es la tuen·te de su org ullo, exacerbado por la humillación y la
-derrota basta el paroxis.no. Y como e,e orgullo se ex-t.erioriza en explosiones ruidosas dd más flexible

Aneo DEL ESTADO DE SONORA.

ARCO DEL E;TADO DE TABASCO. (VISTO DE FRENTE,)

ARCO DEL ESTADO DE MOUELOS.

�Domingo 24 de Septiembre de 1899

EL MUNDO.

210

Domingo 2! de 8eptiembre de 1899.

tiarlo, ban hecho san~ameote; no sé~ qué medws
habrán recumdo, pero de1:laro que el objeto no ba
podido ser ni más grande
ul más moral é Insisto en
preferir á los de 10s sel1ores Esterbazy y Paty de
-Clam, la vida del señor Zadoe - Kahugranrabl as de
Francia) sin miedo al otro
anunciado del ejército, el
parlamento puso la mano
én el boaibro rlel ministerio y la revisión fué decrPtada. Es ó no esto honroso,
cuando se piensa, que si alguna cosa ba resultado
clara del p1oceso de Rennes, es la espantosa deti·clencla del primer proceso
1 Ja presión ejercida sobre
el Consejo que absolvió á
»,terbazy, era un acto de
grao j usticla de la. repre-sentación nacional? Y el fa
Uo de la Corte de Casación
¿no es una reparación hecha, e~ nombre de la cien-eta y de la conciencia, pür
bowbres de distintas convicciones políticas y filosó ficas, pero incomparables
perito&amp;en el arte de juzgar,
de las flagrantes violaciones del derecho que hibfa n
escandalizado al mund o~
Y cuando nay esta justicia
civil en un país, puede decirse que es caduco y que
muestra el fin de la. virlli,
dad de una raza? ¡Oh! no
-dertamente¡ pero el veredlctode Rennes? Pue~bien¡
no os admira que á pPsar
11e lo infinitamente cobibi-

y plástico de los idiomas hablados, resulta que la maravillosa sensatez de este puetlo y su real y religioso

patriotismo, toman el aspecto de la ,·anidad, rtlsuena.n como una g ritería y todos nos llamamos á decepción, cuando de este conjunto de cualidades y defectos, resulta un acto nat,ural cuando esperábamos algo sobrenatural y milagrm,o, cuando esperábamos de
ellos lo que ne "!Speraríamos de nosotros mismos, alemanes, Ingleses, ameri&lt;.:anos ó japoneses, en un caso
idéntico.
Aseguro que bien visto, lo que La pasado, no re.
sulta sublime, pero resulta lógico. tY qué pedíamos
en suma? Que un inocente no sufriera más y fuPse
solemnemente rehabilitado¡ lo primero se ba logrado
de hecho y de derecho por el veredicto seguido de su
consecuencia forzosa, el Indulto; lo segundo se ha logrado de hecho; ese hombre está rehabilitado ante la.
conciencia humana. ¡. Qué más?
Separándoncs del punto de vista absoluto que, en
resumidas cuentas, no es un punto de vista humano,
rlebemos pensar en la situación psicológica de los jueces; apenas con lo que los periódico1&gt; nos han dicho,
podemos formarnos idea de la presión ei,tupenda que
sobre este grupo de soldados que yo persisto en creer
honrados y llanos ejercían la. educación, la disciplina,
h religión gerárquica, el respeto á los jefes, la costumbre de considerarlos casi como infalibles, lapasión de las dos terceras partes del pueblo francés que
sistemáticamente exaltado en su militarismo patriótico, que es en él como la hemoglobina en la sangre,
en sus pasiones religiosas más vivas hoy que antes de
la revolución, y escandecldo basta el paroxismo por
los insul tos brutales y omlno~os al ejército, que, hoy
más que nunra, es la patria armada, vociferaba al
oído de los jueces: no condenéis al ejér ;ito, no lo pongáis en ridículo, no entreguéis á vuestros generales
al ludibrio, no .... Y Cassagnac y Paul Déroulede lo
habían dicho: O Dreyrus es culpable, ó los jefes del
Estado Mayor del ejército francés son los hombres
más inicuos y más d1gnoR de castigo que se han presentado ante la narra de un tribunal ele justicia ....
Los jueces, al declarar culpable á Dreyfus, absolvieron á los generales. Y como la simple condena los
ponía á cubier to de la persecución, inmediatamente
absolvieron de hecho al culpable con la mayoría en
los vot'.&gt;S, con las circunstancias atenuantes, con la
d isminución de la pena, con la solicitud de la nodegradacióo ¡ lo trataron como á un oficial incorrecto,
no como á un t raidor á la Patria. Y, sin embargo,
ante la jus!.icia absoluta no había medio: ó traidor y
la pena suprema, ó no traidor y la libertad. La libertad ba venido. E l veredicto no fué, puPS, un fallo,
fué una transacción; no fué un acto de justicia, :fué
un acto de política.
¿ Y por qué persistí en creer ó en decir, basta el
último momento en el fallo absolutorio? Pues, por
lo iocorregiblemente francés que soy, porque quería
una cosa sublime. no un acto vulgar. Y cuento con
que los defectos de nuestra educación son tan arraigados, que Jo que. queríamos en Francia no nos hubiésemos atrevido á quererlo en otra parte: creo firmemente que los ingleses ó los alemanes hubieran
fusilado á. Drey:fus después del primer consejo.

211

A.ltCu DEL ESTADO DE OAXACA.

dos, (hablo moralmente) de
la imposible Independencia de aquellos hombres sometidos á iaflujo omnipotente de lo que se llama
la solidaridad corporativa,
l'e..~rit ~ co1·ps que los franceses dicen, baya habido
suficiente valor en los jueces para neutralizar su falta encontrando al más abominable de los delitos en
el orden político y mili1 ar .... circunstancias a,~
nuantes? Y qué decir de
esos dos heroes del deber,
de esos dos oficiales que te·
nieodo sobre sus cabezas
la pirámide de J{heops que
se II ama el prettigio del
ejército, habilísimamente
explotado por los oficiales
que complicaron la causa
sa.ota del ejército con la suya 11011 sancta? Cómo, después de esto, insultar á
Francia, desesperar de
}&lt;'rancia, anatematlzarla v
renegar de ella~ No, nunca. Los impíos, los matos
franceses que han querido
hacer creer al mune10, porque siempre se han dirigiClo al mundo y Juego protestan contra el mundo que
fija su atención en elios,
It,s que han sostenido, que
era uecesarlo para salvar la
patria sacrificar á un ino,·ente, no cuent an, son espectros y resurrecciones.
Nobles? son de los tiempos
feudales. Clérigos? son de
los tiempos de la inqui1,i' lón. Plebeyos? son de los
que inventaron el terror·

***
¡Oh! no, lo que sucede, exclaman algunos pesimistas amigos míos, es más hondo y más t ranscendente;
estos hombres no han sabido hacer justicia por ineptitud para el bien, porque Francia es u:i pats que
moralmente agoniza, porque la raza. latina es una
raza qi.e declina, que se va.-.A. 1o que contesto invariablemente: no es cierto, no lo creo; la única enfermedad de la raza latina es el intelectualismo, es un parásito éste capaz de producir ó el s-urmenage ó la neurastenia social. Entiend:i por intelectualismo, e.u el
sentido pa~ológico de la palabra, la tendencia á dará
la vida por objeto el goce Intelectual, lo que se aviene muy bien con el goce físico que los intelectuales
consideran como generador de sensaciones que se analizan, como se paladea el vino, y se convierten en cert!braclones. Así como el siglo pasado estuvo enfermo
de sentimentalismo que acabó en punta, en la punta
del cuchillo de Robespierre, así el tntelectuallsmo, la
religión del talento, el de&amp;preclo del goce m,iral,
puesto que el ideal humano en esta ó la otra vida no
es más que un goce selecto, engendra el egoísmo, la
desconfianza de todo, y acabará en su antítesis, en la
barbarie de los nuevos iconoclastas saqueadores de
iglesias é incendta'lores de museos. La enfermedad
esta es general¡ pero en los latinos está mal compensada: es la enfermedad en que naufragó el hombre típico del intelectualismo actual, Federico Nietzcbe.
Por Jo demás, metiéndose un poco en los antros de
la historia, como se dice en cliché, se ve que los latinos ban pasado por crisis más agudas que la actual,
y que al fin se han sobrepuesto objetiva ó subjetivawente. Y si no, veamos los motivos de la excomunión de Francia en este asunto que vamos á enterrar.
Un consejo de guerra, Inducido á. sabiendas á cometer un crimen judicial por la comunicación clandestlua. de piezas desconocidas por el acusado, sentencia á
la. más dura de las penas imaginable!! á un Inocente.
Algunos años después, un grupo de hombres capaces

ARCO DEL EsT.u: o DE DURANOO.

de honrar los fastos morales de la burnanldad el ofici~I P~;quart, el senador t:;cbeurer-Kestner
el escritor Zola descubren la fuente del error judicial
y uno se encara al gob!erno, miedoso, y el otro se en~
~ra. á las multltud~s frenéticas, y el tercero al ejército, sañudo, y le dicen: e Dreyfus es in()&lt;.ente.&gt; ¿Son
ó no franceses e,1tos hombres honrados?
El terror de l,;,s complicaciones Internacionales ha-

y

ce va ~ilar al gobierno, pero los Incidentes y las ren12clo ,es se suceden y una ,,la de piedad y de duda •
a·za de las eotrafias mismas del pueblo francés 1 •
t1elta su espuma en la tribuna dbl parlamento.
-,
Sin miedo á las insinuaciones de venalidad, de formación de un sindicato judío para comprar adbellO•
nes [si los judíos ~e han aseclado para gastar una
rart~ de su fortuna en sacar inocente á un correllglo-

ARCO D.EL E STADO DE GUJfüLU:rnu.

ARCO DEL ESTADO DE CHIHUAHUA.

�EL MUNDO.

212

Domingo 24 de Septiembre de 1899,

Domingo 24 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

:e

d la escuadra española y de sus arsenales; ya sabía
había negligencia, pero no tanta, no se había
4rovisto la bahía de los medios usuales de defensa
pi si uiera en su entrada y los barcos y sus ,cañones
tal punto históricos ó arqueológicos, dada la
apidez del avance de la ciencia de la destrucción,
r ue a se vió: en Ca vite no hubo batalla, hubo eje~uci3n de una escuadra inerme por otra colocada fuera del alcance del tiro español. ¿1::ie tuvo la culpa
Mcntojo de todo es~o? ¿I_ba á improvisar buque-; _de
fierro y proyectiles rncend1antes y cañones de tuo
rápido?
.
Esto no disminuye la ¡;lor1a del vencedor, y se
comprende que el imperialismo americano se dé á sí
mismo una gran fiesta en las canas del formidable
lucbadfJr del mar coronadas de honor. Y el imperialismo refor:1.ado así con estas ren0vaciones periódicas
de sus repentinas y formidables glorias, podrá ir al
combate electoral con bríos redoblados; ya se ve su
Jan de campai'la: reelección de McKinley; dejarlo
krminar su obra; á él se debe la posición de primera
importancia que ocupa la federación en el mundo;
Inglaterra, la reina _del mar, busca. el asentimi_en~o
de su antigua coloma para moverse; nada más significativo, nada que remueva tanto hasta en la médula
el orgullo de Sam. Tanto más halagador as esto para Ja vanidad americana, cuanto que ellos, los Estados Unidos, suelen usar aun de sus modales un tanto
rudo,i con su robusta y coqueta mamá: y ya se niegan á reconocer los derechos del ~anadá en las costas
del Klondike y ya se pagan el lu¡o de quemar en pfi.
gie en una plaza de New York en medio de frenéticos aplausos la efigie de Mr. .A.&amp;ht('r, el archimillonarlo que se ha convertido en súbdito de bu Graciosa Magestad la Emperatriz Reina. _
Los reeleccionistas agregan: á Mr. McKinley debemos la creación de un vastísimo campo de desahogo para nuestros productos (Cuba_y las Filipi~as) y
para seguir p!anteando el monro1smo econó1mco de
Blaine-los mercados de América, para los productos
amerlcanos; y, á pesar de la enormidad de los gastos
de guerra, la prosperidad de la Unión ha t omado un
vuelo tan admirable, que de la guerra acá la brecha
en la fortuna pública se ha cerrado diez vecei, con oro.
¿A qué se debe esto? A la política semi-prohibitiva
iniciada antaño por el diputado McKinley y acrecentada bajo los auspicios del Presidente McKinley.
A él, pues, nuestros votos, dicen los que antes sellamaron republicanos, y en lo sucesivo, imperialistas.
Los demócratas se conciertan para la lucha: lo primero ha sido la reconquista del Estado de New-York,
perdido por el capítulfJ de libre acuñación de plata,
que fué el principal de la plataforma deBryan . .A.hora se notan síntomas de reconciliación. Mr. Croker,
el jefe de los demócratas neoyorquinos y acerbo enemigo del tipo-plata, ha declarado su adm:ración por
Bryan que, á su vez, en uno de sus quinientos mil
discursos ha manifestado su deseo de poner en segundo término su tesis favorita: la plataforma democrática se b&amp;.sará, según parece, sobre estas cláusulas:
anti-imperialismo (si la próxima campaña en Filipinas no tiene éxito, esta parte del programa será de
supremo interés), anti-trustismo y anti-tarifismo.
Estos dos puntos se corresponden íntimamente; los
trusts ó sindicatos, son el resultado de una verdadera

Prefiramos en esta tremenda discordia en que, según parece, llevan la vanguardia los franc-~a~on~s
y los jes,•itas prefiramos los que no somos m Jesmtas ni franc-~asones, al supremo magistrado de_la
Repút,lica frdncesa diciendo perd611. y al supremo Jerarca de la iglesia católica diciendo paz.

!ran\

** *
y el gobierno, dicen los burgueses ¿Por qu~ ~o nos
deja en paz? ¿Por qué al día_si~~ien~e ~e i•affairen~;;
proporciona est&amp;.recaída del1u1c10po1ít1co de la Alta
Corte es decir del Senado transformado en tribu nal
como 'en 88? Yo creo que lo mismo debe decirse el
gobierno ¿por qué no me dejan en paz á mí'? A~ora
bien, toda paz se com pone del miedo de los guerristas,
de los levantiscos y de la confianza de los hombres de
orden, y, generalmente, lo segundo está en razón directa de lo primero; bien lo sabemos por acá. Pues
bien buscando este saludable efecto, en momentos
en que la anarquía si no es aparente. es latente en
Francia, el gobierno que regentea M. Waldech Rousseau ha quetido poner de resalto ante su país y ant,e
el mundo que, precisamente del mismo modo ~ue él
juzgó necesario unir todas las energías republicanas
en un plan de defensa de la república sin atender, á la
incompatibilidad de los programas de grupo, as1 l_os
enemigos de las instituciones han bu~cado un terreno
-de transacción entre ellas en su sentimiento de od10
y que la adición de estos sumand?s plebi:-ci~ari?s, antisemit,as, orleanistas, bonapartistas, cler1cahstas y
nacionalistas, ha sido posible por el elemento que les
es común y suman: abajo la República: Y como en ~l
estado neurótico de Fiancia es excesivamente fáml
pasar del com plot al atentado (aunque, en cambio, excesivamente pasar del atentado al triunfo) resulta que

ARCO DEL ESTADO DE GUANAJUATO.

hipertrofia industrial, producida per la obstrucción
de las tarifas á la concurrencia pel producto extranjero; y los sindicatos, digamos monopolios, han establecido una tiranía económica inmensa y han dado á

CARR0 DE LA CO:UPAN!A. DE SEGUROS
e LA MEXWANA,&gt;

Muy merecidas las espléndidas fiestas navalfs queprepara la Unión norte-americana al almirante Dewey
y New-York espera un alud de medio mi!lón_ de per•
sonas, por lo bajo, para presenciarlas; casi c?mcldirá
el triunfo del viejo marino con la condenamón de su
infortunado adversario de Cavite; háganme ustedesfavor de índuitar á este; es inútil buscar chives e~píatorios. Pregunten los severos jueces del conse¡o
de guerra, pregunten su opinión á Dewey; la bah 8
de Manila estaba desprevenida como todo en EspaDa,
cuando el almírant,e yankee realizó con est~pen12a..
audacia la maLiobra que terminó con la fulmrnacióB

la cuestión social un negrísimo aspecto pa~a el porvenir de la paz en el próximo siglo.

***
Día á día los cables nos anuncian la guerra próxima á estallar entre el Transvaal é Inglaterra; Mr.
Chamberlain, que ha hecbo cuanto ha estado de su
parte para t,acerla necesaria, parece un hombre que
manda y recibe proposiciones con el solo objeto de
dar tiempo á las tropas inglesas de recibir refuerzos.
Los vencedores de Majuha se batirán admiratlemente, la famosa infantería montada de Joubert hará
movimientos prodigiosos, al fin cederá y el Transvaal
se doblará ensangrentado ante la ley del ,encedor:
el uitlande1·, el forastero ele la región minera, llegará
á la mayoría de votos en el raad y á la mayoría de
votos en la urna piesidencial, y por este camino Inglaterra habrá hecho suya el Africá del Sur. Esto
era fatal; está escrito. Los boers y los burghers del
Orange, que desean unírseles, pueden tener el derecho de su parte, ese viejo derecho que viene de la
necesidad de mandar uno en su casa, pero Inglaterra
tiene á Mr. Cecil Rhodes y unas preciosas balitas,
que al encontrar la ligera resistencia del cuerpo se
abren en una flor metálica rotativa, que produce en
los tejidos y los huesos el efecto de cien balas: se lJaman durn-dum; los conferencistas de la Haya quisieron prohibirlas; de donde dedujeron los ingleses que
la Conferencia era un complot contra ellos. ¿Pensarían en los boers?

el gobierno tenía que defender la Constitución y el'
mismo: veremos sí acierta.
Creo que sí; creo que el ministerio W. Rou8seau
puede presentarse dentro de poco tiempo á las Cámaras con este haber: el socialismo revolucionario
desarmado (veanse las anodinas circulares de dos co•rifeos del colectivismo, los seliores Baudio y Mille•
rand); el negocio Dreyfus terminado; el com plot contra la república revelado y castigado; el tratado de·
alianza con Rusia apretado; el au.en vecinismo (¡oh ! Pe-liite)-con Alemania consolidado y el éxito de la E~posición asegurado. Las cámaras dirán, entre la g~1te•
ría de los extremos que van á ser ineliiportables, s1 es-·
peraba algo más que esto. Y para despojar má_s 1~ si•
tuación, tienen ustedes para bien saber y meJor en-tender, que M. d'Artagnan, dijo queM. Gutirin seha.
rendido; empezó diciendo primero la muerte. cYabo•
ra la muerte ha pasado al seguudo término; lo f~lici•
tamos por ello y felicitamos al gobierno por ~u mte•
ligente paciencia; siempre debe temerse el r1dfculo,
alguna vez hay que desafiarlo, cuando está uno segu•
ro de vencerlo.

ÁRCO DEL EST.~DO DE HID.ILGO,

213

-l~J~

ARCO DEL ESTADO DE PUEBLA.

�Domingo 24 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

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J)omlngo 24 de Septiembre de 1899.

215

EL MUNDO.

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UAU!lO DE LA AGRICULTOR,\,

ÜARRO DE LA lNFANTElUA,

El plagio en música.
En carta publicada ya por EL MUNDO diario, el
maestro Cha pi, el aplaudidoautor de cCurroVarga~,&gt;
se defiende del cargo que se le hizo cte haber plagia-

nJ una frase de Puccini. A este propósito creemos debido invest.igar en qué puede consistir el plagio en
música, en dónde resiae y en qué principalmente
consiste y quién incurre ó no en él.
Chapí se defiende del cargo, afirmando que mal pudo haber copiado á quien no conocía, que sólo ha venido á bojear la partitura de Puccini recientemente,
y con motivo de un cargo análogo que se formuló en
Barcelona. Este alegato absuel ve plenamente á Chapí del cargo de plagio en el orlen jurídico, hace, _ante
un tribunal, prueba plena en su favor y moti vana un
fallo judicial absolutt.rio. Pero ante el público y ante el arte nadi e logra redimirse del pecado de haber
pens.;do y escrito lo mismo q1,eotro, aun sin concienr•ia de ello ni posibilidad de imitación. Alfonso Daudet acusado de haber plagiado á Dickens juró y proclamó no haberlo conocido sino con posterioridad á la acusación y no obstante eso no pudo
evitar ni atenuar siquiera la mala imprE&gt;sión de
ese vlogio illc0rtscie11te, de esa In voluntaria y for-

.7

-

tuita coincidencia entre dos pensamientos. Nunca
es tan cier to como en este caso que el que da vrimero da
dos veces, y quien ha tenido la desgracia de escribir lo
mismo que otro y después de él, sufrirá las consecuencias, aunque sin justicia.
La conciencia del maestro Cbapí puede y debe estar
tranquila; pero n i el público dejará de resentir la
mala impresión ni la crítica omitirá consignarla.
y es que u na cualidac dominante del artista, lo
que todos le exigen con imperio, y en música con
mayor apremio, es la originalidad, la personalidad;
todos queremos, y sólo los genios lo logran , que el
modo de sentir y de pensar del compositor les sean ·
propios, peculiares, novísimos; admiramos á Beetho•
ven y no admiramos á sus imitadores aun inconscientes y de buena fé.

*

**

El punto importante en el caso en cuestión, e11 discutir y aclarar qué se entiende por plagio en música,
y trataremos de inquirirlo discutiendo las doctrinas
del maestro Chapí. A su juicio no debe j uzgarse de
si hay plagio ó no por el sonsonete de unas cuantas_notas sino por el conjunto de la composición y cons1de•
rando todos sus elementos. De no proceder así, dice,
no habría autor original en el mundo, p~esto que es
siempre posible, ae-regamos nosotros, para r eforzar
el ara-u mento en.:ontrar unas cuantas notas iguales en
las c~mposici~nes más disímbolas. ~in duda alguna;
á cada paso en frases musicales sin semejanza, encontramos tres ó cuatro notas iguales, q ue se suceden de la misma manera, y serla simplemente estú·
pido pretender que eso no sucediera, siendo tan lne•
vi table como irremedia1-&gt;lf'.
Pero si la simple coincidencia de iwas cuant((S ntJtaB
conduce á afirmar que no hay música orig inal, la exl·
gencla de Chapí de que la semejanza ba de ser tQtal
é incluir todos los elementos musicales lleva recta•
mente á inferir que no hay plagio musical posible, lo
que es igualmente absurdo. En efecto, siendo la música un arte complexo en el que figuran f undamentalmente: melodía, armonía, ~ontra_punto ~ lnst~~
mentación, es de todo punto 1mpos1ble segun el
culo de probabilidades que dos composiciones masl·
cales ó fragmentos de ellas. escritas independientemente, puedan á la vez contener la misma melodía,
la misma armonización, el mismo tejido contrapuntístico y la misma instrumentación. E l plagio In·
consciente, en ese supuesto, .:is de todo punto imposible. Y si el Inconsciente es imposible el consclent.e
sería imbécil; n'.: hay plagiario que calque y
duzca foto&lt;Tráficamente una composición agena 5 •
quiera un fragmento import ante, porriue sería lapida
do sin miserirordia.
r
Si pues los dos extremos son inadmisibles por se
igualmente absurdos ¿en qué consiste el plagio Y
cuál es el criterio para definirlo?
.
,
Un poco de análisis nos permit irá aproxima.in~
una solución. La música, decíamos, consta de melod~
armonía, contrapunto é instrumentación; de es
cuatro elemento!&gt; pueden faltar algunos; ~ued~
cerse música con simple me'.odía sin armomzación •
acompailamiento alguno; los ejemplos de frases
les ó instrumentales sin armonización ni acompaecel
miento, abundan y constituyen música Y á v

excelente. La posibilidad de hacer música simplemente melódica y la simplicidad que la caracteriza y
la hace Lan accesible á tofos los oídos, explican la
preponderancia de este elemento, su pdpel capital y
la predilección de las wasas por él Puedt haber música puramente a rmónica, y de alto vuelo y exquisita.
lnsplraclóo; pero no puede haber música ni pura nenteoontrapuntíst ica, ni pur.surente instrumental, co- mo nn sea 11\ música rítmica p rlmlti ra ejecutada en
el t.amboril, el tam-tam, el
ttpo1111xtle ele., q ue casi no
werece tal nomore.
En un trozo m usical que
conste, como es hibitual,
de el!OS cuaLro elemen Los,
¿eui\l sirve de criterio · y
de ple1ra de toque para
juzgar del plag io? Eviden1remente la meloiía; desde
luego porque ts la parte
ma\s ac.:esib'.e a l público,
y A la que, en noventa
ocasiones sobre c ien se subordln.1n todas las otras.

Y cuenta que el públicn no es de despreciarse en esta
cuestión; la crítica es impotente para modificar su
opinión y el fallo subsiste y la fama del autor se empaña. Y no puede ser de otro modo; tomemos la meJodfa del andante de la quinta sinfonía de Beetboven;
no hay duda en que es facultativo armonizarla y,aeompailarla en otras muchas formas que la que el autor
eligió. Así arm()nizada y acompaiiada en
otra forma, peor sin duda, pero diferente·
de la que ideó Beethoven ¿constituye
plagio? Según Chapí, no: según todo el
mundo, i,í.
Si se le ocurre á cualquiera armonizar
y acompailár el aria Di,quella pira, como
unas peteneras, habrá plagio quiera ó
no Chapí.
Nos~ necesita plagiar toda la mE&gt;lodía;
compuesta de frases sucesivas que son como las cláusulas aisladas de que consta
un periodo, puede el plagio versar sobre
alguna de ellas y no sobre las otras y
sE&gt;r real y ~ ft et! vo. De otro modo, cobiendo frases sueltas de melodías distlr,•
tas, podrán escribirse cantos y aspirar
á una originalidad de mala ley que nadie
reconocería lE&gt;gítima.

··· 1

Si del canto pasamos al acompañamiento, salta á

la vista que, como materia de plagio, tiene una importancia secundaria. En la ro ús10a anticuada, estilo
Donizze:-.ti, los acompañamientos tienen ritmos con
frecuencia Idénticos y armonización semejante, y nadie for muló por ese concepto acusación de plagió; lo
mismo pasa en la música de baile.
Ec. la alta música y en la novísima, el acompailamiento es á la vez armónico y contrapuntístico,acordes variados y nuevos cantos se mezclan y combinan
con la melodía fundamental. El cargo de plagio, por
concepto del simple acompañamiento, es ya más fácil de for mular y de probar si las melodías secundarías son plagiadas. 8i el acompaflamiento e:i puramente ar món ico como suele suceder, se necesita una.
· identidad casi completa en la sucesión y resolucl6n
de los acordes para acusar de plagio. Con la armonía pasa lo que con la instrumentación, hay creadores de armonías, de res0luciones de acordeF, de conjuntos simultáneos de wnidos, como los hay de combinaciones instrumentales; pero á poco esas creaciones
acaban por ser del dominio público y por pasar al
acervo cvmún, y fundan mal y difícilmente acusa-

•

-✓
- -

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-

regrr

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MONU:llENTO DEL E STADO DE ÜAll1PEORI!:.

Üll:lfAMENT AClON DEL Ei:,T.ADO DE VER.ACRU Z EN EL COSTADO SUR DE LA ALAMEDA.

Aneo

DEL ESTADO DE CHIAPAS.

�Domingo 24 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

216

Domingo 24 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

ciones de plagio. Acompañar con el cuartero es la regla, pasar del tono mayor al menor ó al contrario; es
el pan de cada día y no se hacen cargos de ¡&gt;!agio por
este concepto.
Desmenuzada la cuestión en s•.1s elementoll, resulta
que la acusa(lióo de plagio tiene por principal fundamento la imitación de la frase melódica ya fundamental, ya accesoria; que imitada la melodía fundamental hay plagio, aun cuando varíen el acompañamiento, y la instrumentación. T&lt;1.l es el caso de
Cb.api, probado por la asernración del mismo hecho
en B:1.rcelona.
Jurídicamente queda absue!t(), puesto que la imitación fué casual; lo cual no quita que el público encuentre des1gradable esa segunda edición de un tema
que ya le era familiar.
En cuanto á que el maestro, en caso de imitar, hubiera preft!rido modelo más grande y más alto, le
haremos observar que eso no es facultativo y que se
imita lo que se puede y no lo que se quiere. Jamás
Dehlle bobiera podido imitar á Shakespeare, nl
Scarron á Moliere.
DR. M. FLORES.

·LASFIESTASDESEPTIEMBRE.
NUSTRAS ILUSTRA..CIONES,

Dedicado especialmente el número de hoy á la revista gráfica, que presentamos á nuestros lectores,
creemos inútil repro:iucir pormenorizadamente la
crónica de las fiestas que publicó la preni-a di.aria.
Sólo consignaremos aquellos datos que sirvan para explicar ni.:estros grabados.
El arco de Tabasco oc.ipó la entrada de la avenida
de Plateros. Era de elegante senci.l!ez y llamó mucho
la atención, mereciendo unánimes felicitaciones sus
antures los señores Ingenieros I&gt;!nacio y Luis de la
Barra y el señor Alfredo Hijar y Raro.
El de Sonora se colocó en la l .e . Calle de Plateros.
,Dirigió su construcción el se!ior Fdlpe H11ro.
El de Morelos fué formado de plantas y flores y tenía en la parte superior del lado oriental un ,retrato
del héroe Morelos. Estaba situado en la esquina del
templo de la Profesa. Lo dirigió el Ingeniero Antonio F. Torres.
El arco de Durango, obra del sel'ior Ingeniero Adolfo Obregón, se erigió al terminar la tercera calle de
San Francisco.
El de Guerrero, situado frente á la Fama Italiana
en la segunda calle de San Erancisco, fu~ dirigido
por el Ingeniero J. M. Alva.-El de Chihuahua se alzaba en la esquina del Jockey
Club. El perito que lo construJ ó fué el seflor arquitecto Alcérreca y Comonfort.-EI
de Hidalgo e.taba al comenzor la .Avenida Juárez. Fueron las autores los señores
.Herrera Gutiérrez y Enrlq.oo Gómez, y autorizó la obra el señor Alcérreca y Comonfort.-El de Chiapas se alzó frente al callejón de Coajomulco y fué proyectado y dirigido por el señor .rosé M. V!ll!tsana.-La parte decorativa que costeó el Gobierno
de Veracrm,, ocupaba todo el costado Sur de la Alameda y fué dirigida por el seiíor
Guil;ermo Valleto.-El de Guanajuato se vela en la desembocadura de la Calle Nueva. Lo dirigió el Ingeniero Gonzalo Garita.-El de Puebla, construido por el Ingeniero A. Ollivier, estaba en la calle de San Dieg-o frente al Hosp!cio. -El de Yucatán ocupaba la desembozadura de las calles de Humboldt y el de Campecbe el frente
de la calle de Balderas. El autor de ellos fué el seiior Ingeniero Leopoldo Batre,.EI de Oaxaca eitaba á la entrada de la Calzada de la Reforma. Lo p1 oyectó el señor
Lic. Alfredo Cbavero.

ARCO DEL ESTADO DE YUCATAN,

CARRO :)E LA AR'IILLERIA.

CARltO DE LA CAB.\LLl!:RIA.

CA.KRO Dll: L.A MINERIA,

217

�Domtngo·2.i de ~eptiembre

EL MUNDO.

1.. 1i11111.

Año VI

Tomo I

1

México, Domingo

1°

de Octubre de r899.

CARRO DE LAS FABP.lCAS DE HILADOS Y TEJIDOS,

LAS NOVIAS DE HUMO

I
Cuando nadie me rodea es cmando estov más
acompaiiado. Repan1igado en un sillón de ·mi alcoba y fumando un cigarrillo mientras se afanan
por llegar basta mí los ruidos de la vida comercial, me encue.,tro en una sociedad exquisita,
evocada por mis ensueflos siempre en parranda.
Entre las nebulo3idades del humo. vr.porosas
y Sútiles vieuen á mi. en largísimo cortej ,, las vi
siones que han vivido alguna vez en mi fantasía
efervescente.
Recibo. Pálida y con los ojos secos viene Otelia, la rubia, arroj,rndo en su camino lo¡¡ pétalos
de las rosas que su mano alba arrancó en el jardín. Sí, la veo vagando loca entre las combas on•
dulaciones del humo de mi cigarro. Delira y me
ofrece sonriendo una campAnula. Acércase en su
amable demencia á ponerla en un ojal de mi vestido. Oh! cómo brillan sus ojos! La inccente niiia
está muy pálida, pero sus labios son rojos y su
complaciente sonrisa despierta en mi organismo
á los enanillos de la sensualidad que bailan furia•
sos por toda mi espina dorsal y pinchan mis nervios. Luego se arremolinan en torno de mi cere•
bro y atizan la maldita llama con sus murmura•
ciones iosolante3 y maliciosas. Mis ojos brillan
también. La hermosa delicada y nerviosa del
cuerpo de Ofelia la presiento bajo su túnica. Extiendo los brazos para estrechar á la virgen loca
y saciar en sus labios purpurinos la sed de amor
que me mortifica, pero el beso queda tembloroso
en mis labios ...... Ofelia huye. La canastilla de
flores se vuelca y, entre las espirales del humo,
veo las rosas cayendo en el espacio como ma~i
posas muertas... . La ceniza de mi cigarro se ha
caído.
II
Vienen, lejos aún. Vagamente escucho el balali
de los caracoles y el ladrido de los perros. Es el
Conde Lascaro que va á la cacería del oso Atta•
Troll. Al fin se acercan. En rápidos corceles que
briosamente galopan, vienen las damas y los caballeros, ataviados con ricos vestidos. Las javalinas y los cuchillos de caza despiden brillores
de plata. bruiiida.
Pt1san junto á mi y resuelv,' tomar parte en la
eaccria. Monto en un caballo ricamente enjaezado, que un paje tiraba de la mano. La hij11 del
conde, desdeiiosa y altiva, va á mi lado en obediente hacanea .. . . El humo de mi cigarro se me
espesa y forma espesos bosques y montaiias rocallosas, en donde nuestras cabalgaduras caminan con dificultad. Eglantina, la hija morena del
conde, apoya imperiosamente su mano sobre mi
hombro con la insultante familiaridad que se tiene con la servidumbre. Sorda cólera me hace palidecer, A la vez que el intenso deseo de humillar
la altivez de la dama y de ser amado por ella.
Nos apeamos porque el terreno se hace difícil. ..
Allá lejos vemos al Conde Lasr.aro, blandiendo
la javalina. El oso Atta-Troll cae herido y ruge
espantosament1:1 ....
Eglantiua se apoya en mi hombro de nuevo y

vo más atrevido, la cojo p0r la cintura y estampo1 un rápido beso en sus labios. Un fustazo crú
zame el rostro. La dama ha castigado mi osadía.
-O~ amo.
-Lacayo insolente y cobarde!
-03 amo: No soy lacayo, ¿por qué me humi•
llAis?
-Mal caballero!
Eglantina levanta nuevamente la fusta :-Te
iimué si me vences-me dice furiosa, arreme•
tiendo contra mi.- ¿Qué hacer? ¿No es ridículo
Juchar con una damai' ¿Herirla? ¿Verter su sangre?-Cobarde!-aiiade con los ojos brillantes de
ira: ¡Qué hermosa está! Par¿ce una walkiria. Un
nuevo fustazo me hiere y veo á Eglantina prepa•
rándose á herirme con la javalina. No reflexiono
ya. Luego. Repetimos el combate de Gunther y
Brunequild11, de que habla la leyenda de los ni·
belungos. Varias veces estoy á punto de ser atravesado por la javalina de Eglantina, quien la
manej&gt;\ con la destreza de un montero; pero mi
destreza me salva, y al fin hiero levemente en el
l'aello á mi adorable enemigo. Suelta el arma y
e1e en mis brazos llorando como una niiia. Sus
r-&gt;pas de seda se han desceiiido en la lucha .. . .
l'lle has vencido, te amo-me dice pegando sus
labios ardientes A los míos. La apretada arboleda
invita á los idilios. Los enanillos q:;.e hay cabalgados en todos mis nervios, despiertan más irritados que nunca. El cutis suavísimo de Eglanti·
na, su seno virginal entrevisto en las agitaciones
de la lucha, sus ojos negros de gitana enamorada, me enloquecen . .. Tomo en mis brazos á
Eglan1ina .... pero el Conde Lascara regresa
inunfante. El oso Atta-Troll cuelga sao~riento
de las ancas de su caballo ..... .De pronto empieza todo a disfumarse, A desaparecer: el bosque, la cabalgata, el Conde Lascara, Atta-Troll,
Eglantina ... . Quiero atraerl11 para darla un beso
h1rgo, muy largo . ..
Mi cigarro ~e ha apagado, el humo se ha des•
vanecido y chupo, chupo en vano la colilla. Vuel•
vo á encenderla.

-¿Porqué me sigues, joven? ¿No sabes quién
soy?
-Sé que eres una reina, la reina de la hermo,
sura y de la gracia. Sé '}Ue te temen ó respetan
todos, viejos y mozos, mujeres y niiios. Quiero
s11ber quién eres, niña gentil. Te veo con los ojos
de mi pasión. Quiero sabet· quién eres, por que
te amo. Ignoro si eres mala.
-No, no lo soy. Soy buena y amable con loa
poetas. Soy la querida de todos los hombres, pe•
ro á unos los trato mal y á o~ros bien. Eso es to•·
do ..... .
-Pero ¿quién eres? Dímelo, adorada rnitia.
¡Querida de todos los hombres! Mientes, eres pu•
ra y virgen como un ángel.
-Iluso, me encuentras joven y bella ... Tú
debes ser poeta. Lo eres?

-Sí.

- Entonces, sígueme. Sígueme, te amo.
La noche av&gt;\nza y llegamos á un palacio blan•
co que hay en las afueras de la ciudad. Es todo
de mármol; parece estar deshabitado, pues no
se oye el meoor ruido.-L1. luna tille con una
luz pálida la silenciosa mansión. La joven toca
en la puerta y ésta se abre inmediatamente. En•
tro. Es un vasto salón. lujosamente ornado. Es,
tán llenos los sofás, las sillas, las v 'ntanas, de
per11nnas con los más variados vestidos. H11y bai•
le. Un melodium toca los acordes primeros de
una cuadrilla triunfal. En cuanto eutramos todos
se ponen de pie para salud11r á la ilustre joven.
Mozart es quien toca; Goethe y Reine saludan fa•
miliarmente á mi guiadora; varios trovadores
provenzales se inclinan ante ella y ella les son•
ríe y con la punta de los dedos envía un beso i
un joven poeta que está de pie en un rincón, pre•
l!"Unto como se llama y me dicen que JuliAn del
Casal. La dama sigue de largo y yo ebrio ~e
amor y curiosidad la sigo. Penetra en su alcooa
f'n donde hay un amplio le,1bo de extral!.a f.irma.
Estamos solos. E la se desciiie la cabellera Yuna
muda cascada de ébano cae sobre sus hombros.
Delirante la estrecho entre ruis brazos; ella, con
III
fuerzas de varón f Jrzudo, me arrastra á su le•
Tvdos al verla pasar dicen con terror: «E3 la cho. Nuevamente me extrafla la formdo de éste-Rdina» - ¿Quién es esta reina á la que todos te• Dime, oh reina amada, ¿qué lecho es aqueli'-EB
men t seflalan? me pregunto, y la curiosidad me el ataúd, mi lecho de dei:1pos11da. Ven. te amo,-:arrastra á 1ieguirla. Voy detrás de ella. Su cin- Un estremecimiento de frío me sacude y estroJa
tura es esbelta. Su vestido es riquísimo, blanco y los nervios al paso que una dolorosa voluptU?·
ceiiido. Su andar rápido, pero majtistuoso. To - sidad me incita á entrar en esa enorme eaJa
dos, al verla, palidecen. Los seiiore:! y la gente negra. ·
-Quién eres, novia mía?-la preguntó con ao•
del pueblo al encontrarse con la «Reina» se es•
tremecen, se descubren con miedu y se alejan siedt1d. . ...
procurando no tocarla. ¿Pero quién es esta rei-Soy la muerte, la rdna muerte ... .
Nos unimos en un estrecho abrazo y murmn•
na?-me digo. Pasa un poeta morfinómano y la
saluda con carifloso respeto. Al fiu nota la joven rllntes, convulsivos de amor, caemos en el siniea•
misteriosa que yo la sigo. Oh! Dios santo, no he tro lecho.
-Dame dame un beso-la digo euplicante,
visto mujer más extraiiamente seductora. Es una
nifla casi, de cabellera y cejas negras como la Entonces ¿lla junta sus labios á los míos y siento
noche; pero sus ojos son verdes, en sus labios hay un dol0r de muerte agudo y terrible que me ha·
como plllpitaciones de besos que pugnan por sa- ce gritar. .
.
Equivocadamente me había llevado el c1g11rro
lir. Pálida, pálida como una viuda joven y adolorida, tiene sin embargo en sus ojos chispeo...de á los labios . . .... por el lado del fuego.
sensualidad y alegría. Su rostro me ha conmovido
C LEA"E ,TE P .\LMA,
hondamente. Se detiene ai oír mis pasos tras ella.

•

RETRATO de MUJER por Franz von lenb~ch.

Número 14

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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