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                  <text>Domtngo·2.i de ~eptiembre

EL MUNDO.

1.. 1i11111.

Año VI

Tomo I

1

México, Domingo

1°

de Octubre de r899.

CARRO DE LAS FABP.lCAS DE HILADOS Y TEJIDOS,

LAS NOVIAS DE HUMO

I
Cuando nadie me rodea es cmando estov más
acompaiiado. Repan1igado en un sillón de ·mi alcoba y fumando un cigarrillo mientras se afanan
por llegar basta mí los ruidos de la vida comercial, me encue.,tro en una sociedad exquisita,
evocada por mis ensueflos siempre en parranda.
Entre las nebulo3idades del humo. vr.porosas
y Sútiles vieuen á mi. en largísimo cortej ,, las vi
siones que han vivido alguna vez en mi fantasía
efervescente.
Recibo. Pálida y con los ojos secos viene Otelia, la rubia, arroj,rndo en su camino lo¡¡ pétalos
de las rosas que su mano alba arrancó en el jardín. Sí, la veo vagando loca entre las combas on•
dulaciones del humo de mi cigarro. Delira y me
ofrece sonriendo una campAnula. Acércase en su
amable demencia á ponerla en un ojal de mi vestido. Oh! cómo brillan sus ojos! La inccente niiia
está muy pálida, pero sus labios son rojos y su
complaciente sonrisa despierta en mi organismo
á los enanillos de la sensualidad que bailan furia•
sos por toda mi espina dorsal y pinchan mis nervios. Luego se arremolinan en torno de mi cere•
bro y atizan la maldita llama con sus murmura•
ciones iosolante3 y maliciosas. Mis ojos brillan
también. La hermosa delicada y nerviosa del
cuerpo de Ofelia la presiento bajo su túnica. Extiendo los brazos para estrechar á la virgen loca
y saciar en sus labios purpurinos la sed de amor
que me mortifica, pero el beso queda tembloroso
en mis labios ...... Ofelia huye. La canastilla de
flores se vuelca y, entre las espirales del humo,
veo las rosas cayendo en el espacio como ma~i
posas muertas... . La ceniza de mi cigarro se ha
caído.
II
Vienen, lejos aún. Vagamente escucho el balali
de los caracoles y el ladrido de los perros. Es el
Conde Lascaro que va á la cacería del oso Atta•
Troll. Al fin se acercan. En rápidos corceles que
briosamente galopan, vienen las damas y los caballeros, ataviados con ricos vestidos. Las javalinas y los cuchillos de caza despiden brillores
de plata. bruiiida.
Pt1san junto á mi y resuelv,' tomar parte en la
eaccria. Monto en un caballo ricamente enjaezado, que un paje tiraba de la mano. La hij11 del
conde, desdeiiosa y altiva, va á mi lado en obediente hacanea .. . . El humo de mi cigarro se me
espesa y forma espesos bosques y montaiias rocallosas, en donde nuestras cabalgaduras caminan con dificultad. Eglantina, la hija morena del
conde, apoya imperiosamente su mano sobre mi
hombro con la insultante familiaridad que se tiene con la servidumbre. Sorda cólera me hace palidecer, A la vez que el intenso deseo de humillar
la altivez de la dama y de ser amado por ella.
Nos apeamos porque el terreno se hace difícil. ..
Allá lejos vemos al Conde Lasr.aro, blandiendo
la javalina. El oso Atta-Troll cae herido y ruge
espantosament1:1 ....
Eglantiua se apoya en mi hombro de nuevo y

vo más atrevido, la cojo p0r la cintura y estampo1 un rápido beso en sus labios. Un fustazo crú
zame el rostro. La dama ha castigado mi osadía.
-O~ amo.
-Lacayo insolente y cobarde!
-03 amo: No soy lacayo, ¿por qué me humi•
llAis?
-Mal caballero!
Eglantina levanta nuevamente la fusta :-Te
iimué si me vences-me dice furiosa, arreme•
tiendo contra mi.- ¿Qué hacer? ¿No es ridículo
Juchar con una damai' ¿Herirla? ¿Verter su sangre?-Cobarde!-aiiade con los ojos brillantes de
ira: ¡Qué hermosa está! Par¿ce una walkiria. Un
nuevo fustazo me hiere y veo á Eglantina prepa•
rándose á herirme con la javalina. No reflexiono
ya. Luego. Repetimos el combate de Gunther y
Brunequild11, de que habla la leyenda de los ni·
belungos. Varias veces estoy á punto de ser atravesado por la javalina de Eglantina, quien la
manej&gt;\ con la destreza de un montero; pero mi
destreza me salva, y al fin hiero levemente en el
l'aello á mi adorable enemigo. Suelta el arma y
e1e en mis brazos llorando como una niiia. Sus
r-&gt;pas de seda se han desceiiido en la lucha .. . .
l'lle has vencido, te amo-me dice pegando sus
labios ardientes A los míos. La apretada arboleda
invita á los idilios. Los enanillos q:;.e hay cabalgados en todos mis nervios, despiertan más irritados que nunca. El cutis suavísimo de Eglanti·
na, su seno virginal entrevisto en las agitaciones
de la lucha, sus ojos negros de gitana enamorada, me enloquecen . .. Tomo en mis brazos á
Eglan1ina .... pero el Conde Lascara regresa
inunfante. El oso Atta-Troll cuelga sao~riento
de las ancas de su caballo ..... .De pronto empieza todo a disfumarse, A desaparecer: el bosque, la cabalgata, el Conde Lascara, Atta-Troll,
Eglantina ... . Quiero atraerl11 para darla un beso
h1rgo, muy largo . ..
Mi cigarro ~e ha apagado, el humo se ha des•
vanecido y chupo, chupo en vano la colilla. Vuel•
vo á encenderla.

-¿Porqué me sigues, joven? ¿No sabes quién
soy?
-Sé que eres una reina, la reina de la hermo,
sura y de la gracia. Sé '}Ue te temen ó respetan
todos, viejos y mozos, mujeres y niiios. Quiero
s11ber quién eres, niña gentil. Te veo con los ojos
de mi pasión. Quiero sabet· quién eres, por que
te amo. Ignoro si eres mala.
-No, no lo soy. Soy buena y amable con loa
poetas. Soy la querida de todos los hombres, pe•
ro á unos los trato mal y á o~ros bien. Eso es to•·
do ..... .
-Pero ¿quién eres? Dímelo, adorada rnitia.
¡Querida de todos los hombres! Mientes, eres pu•
ra y virgen como un ángel.
-Iluso, me encuentras joven y bella ... Tú
debes ser poeta. Lo eres?

-Sí.

- Entonces, sígueme. Sígueme, te amo.
La noche av&gt;\nza y llegamos á un palacio blan•
co que hay en las afueras de la ciudad. Es todo
de mármol; parece estar deshabitado, pues no
se oye el meoor ruido.-L1. luna tille con una
luz pálida la silenciosa mansión. La joven toca
en la puerta y ésta se abre inmediatamente. En•
tro. Es un vasto salón. lujosamente ornado. Es,
tán llenos los sofás, las sillas, las v 'ntanas, de
per11nnas con los más variados vestidos. H11y bai•
le. Un melodium toca los acordes primeros de
una cuadrilla triunfal. En cuanto eutramos todos
se ponen de pie para salud11r á la ilustre joven.
Mozart es quien toca; Goethe y Reine saludan fa•
miliarmente á mi guiadora; varios trovadores
provenzales se inclinan ante ella y ella les son•
ríe y con la punta de los dedos envía un beso i
un joven poeta que está de pie en un rincón, pre•
l!"Unto como se llama y me dicen que JuliAn del
Casal. La dama sigue de largo y yo ebrio ~e
amor y curiosidad la sigo. Penetra en su alcooa
f'n donde hay un amplio le,1bo de extral!.a f.irma.
Estamos solos. E la se desciiie la cabellera Yuna
muda cascada de ébano cae sobre sus hombros.
Delirante la estrecho entre ruis brazos; ella, con
III
fuerzas de varón f Jrzudo, me arrastra á su le•
Tvdos al verla pasar dicen con terror: «E3 la cho. Nuevamente me extrafla la formdo de éste-Rdina» - ¿Quién es esta reina á la que todos te• Dime, oh reina amada, ¿qué lecho es aqueli'-EB
men t seflalan? me pregunto, y la curiosidad me el ataúd, mi lecho de dei:1pos11da. Ven. te amo,-:arrastra á 1ieguirla. Voy detrás de ella. Su cin- Un estremecimiento de frío me sacude y estroJa
tura es esbelta. Su vestido es riquísimo, blanco y los nervios al paso que una dolorosa voluptU?·
ceiiido. Su andar rápido, pero majtistuoso. To - sidad me incita á entrar en esa enorme eaJa
dos, al verla, palidecen. Los seiiore:! y la gente negra. ·
-Quién eres, novia mía?-la preguntó con ao•
del pueblo al encontrarse con la «Reina» se es•
tremecen, se descubren con miedu y se alejan siedt1d. . ...
procurando no tocarla. ¿Pero quién es esta rei-Soy la muerte, la rdna muerte ... .
Nos unimos en un estrecho abrazo y murmn•
na?-me digo. Pasa un poeta morfinómano y la
saluda con carifloso respeto. Al fiu nota la joven rllntes, convulsivos de amor, caemos en el siniea•
misteriosa que yo la sigo. Oh! Dios santo, no he tro lecho.
-Dame dame un beso-la digo euplicante,
visto mujer más extraiiamente seductora. Es una
nifla casi, de cabellera y cejas negras como la Entonces ¿lla junta sus labios á los míos y siento
noche; pero sus ojos son verdes, en sus labios hay un dol0r de muerte agudo y terrible que me ha·
como plllpitaciones de besos que pugnan por sa- ce gritar. .
.
Equivocadamente me había llevado el c1g11rro
lir. Pálida, pálida como una viuda joven y adolorida, tiene sin embargo en sus ojos chispeo...de á los labios . . .... por el lado del fuego.
sensualidad y alegría. Su rostro me ha conmovido
C LEA"E ,TE P .\LMA,
hondamente. Se detiene ai oír mis pasos tras ella.

•

RETRATO de MUJER por Franz von lenb~ch.

Número 14

�Domingo 1 ° de Octubre de 1899

EL MUNDO.

220

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

los vivos suenos, haces resplandecer los tdeales que el
destino de pueril veleidad Cescuelga entre rosas, la
última noche del invierno, cuando arde sobre la ca•
beza la simbólica fiesta de los Reyes que llevaron á
los creyentes camlnant,es á Betlem y A nosotros á la
tumba! ....

•••
Est,e semanario consagra hoy unas páginas al recuerdo de la ópera que dura.ate la corta tt:!mporada de
Orrin, impresionó más completa y justamente al público melómano. Fedora tué la última mujer á quien
acariciamos en nuestro ensueño.
Nos pareció muy bella y elegante, y nos hizo olvidar por algunas nocbes á. la melancólica. Mimí. Le
hemos dado con tristeza, el abrazo de despedida.
Donizzeti, Cbalia y 8igaldi, bao sido los héroes .
Sigaldi interpreta de muy brava manera el Loris de
Federa. Tiene arranques de pasión y ternura que
conmueven basta las lágrimas. Ha sido aplaudido
con todo entusiasmo.
Después d~ tan inquieta temporada., se van los ar•
ttstas de Orrin. Quizá no vol vamos á ver á muchos
de ellos.
¡Pobres! ...... 1 P&lt;Jgliacci!

El fria ha. comenzado sus nocturnas correrias por
]a ciudad . Las primer~s tm;~s del invierno se o~en á
lo lejos como un coro de vleJOS cascados, á semeJanza
de los de la Kermei$se del Fausto.
¡Oh, las nocheti de invierno! En los cielos la mística florescencia de los astros, las grandes lunas blancas, y en la. ciudad dm mida, en las calles solas, barridas por el cierzo, el gendarme acurrucado frente á
la linterna anémica, el can que trota en busca de un
abrigo, de on umbral, de un vagabundo quizá á
quien acercarse pa,a sentir menos dure el dard o del
frío. El eco devuelve las pi~adas de un rezagado de
la callejuela, se muere á la distancia el rodar del CO·
cbe, el vendedor á tiempo dobló la esquina con su CO·
mercio á cuest.as. y los i,ospechosos, los ebrios, los
desO"raciados, ,las pecadora~, ó el oficial á caballo, tur•
baoº esa calma de Ja atmósfera congelada. Pero qué
calor se adivina t.ras de los visillos de los balcones,
allf en las rendijas de una puerta, y en la estrel,la de
un respiradero.
Las meditacloneo de un abarrotero que recuenta la
venta; en la cantina et último diálogo incoherente
de dos obstinados; más lejos el triángulo de un velador de porcelana y en. torno cabezas bajas que leen la
novela ó cuentan los hilos de la femenina labor; en
un ventanillo pobre la flama inquieta de un velón de
estudiante; tras de la malla, salpicada de pájaros y
flores, el abat jour carmesí que salpica de rubíes
el dorado de los espejos, enciende la seda de los
cortinajes ,y finge como una penumbra de horca•
za. Suena el plano; casi se adivina el aroma del té,
más lejos aún el candil de los saraos, y en la placa
negra de las tachada.'-, bay un sólo balcón abierto de
par en par, uno solo que deja penetrar el soplo
glacial, uno que arroja intensas y luminosas boca•
nadas. El que pasa y lo mira siente miedo y tristeza;
es un muerto; cuatro flamas largas y tranquilas de
cirio, lo denuncian. Puedes entrar, invierno, es tuyo,
cedió como las bojas de los árboles, las amarUlas ho•
jas que aletean un punto, no para vo1a.r sino para
caer!
y desde abara pienso en la muerte je} ano, en la
anemia agónica, símbolo del eterno reposo del no ser,
pienso en les meses invernales, los meses de los re-cuerdos lejanos, de las evocaciones tristes, de las resurreciones queridas, los meses en que se avista después
del vario viaje, una playa, la última quizá, la de la
vida desierta de los caldos, ó la florida ¡ay! que no es
sino un oasis marino y fugaz en el desierto de las
aguas amargas, las que mecen 6 fustigan, cantan ó
clamorean la amenaza ó la sentencia. El nauta recuerda entonces los paisajes lejanos, la salida del sol,
la nube, el pija.ro, la siesta, las espumas, la estrena
vespertina, las tormentas que. pasaron, las quietudes
gratas ó el implacable ruego de las tardes de fiebre.

••*
Por lo demás, la semana teatral, monótona y sin
accidentes como un pedazo rle Sabara. ba t.enido su
oasis: el beneHcio de Rosa Fucrt.es. Ha adquirido la
hermosa artista grandes shnpat.ías entre nosotro.:i, y
sobre ella. flota uoa admiración en continuo aumento, porque Rosa está en estos instantes plena 1e vi•
gor y de tuerza.

Ida la Cbalía, nos quedamos con el género chico, y
la esperanza de que llegue cuanto antes SienL
Mientras eso sucede, di vertámonos con aplaudir
las maripoeas de las lnstantáneas.
No queda. otra cosa.

EL MUNDO.

slones y sentimientos que expresa la letra, que la interpreten fielmente, la acentúen y la subrayea, y que,
sean su imagen acabada y perfecta. Supongamos que
la let,ra. bable de amor; pues bien, ese amor ba de ser
de por fuerza, 6 tierno 6 impetuoso, ó melancólico ó
regocijado, y el músico, eligiendo los matices é inflexiones características, puede cantarlo tal y como el
poeta lo describe, sin incongruencia, sin disparate;
recíprocamente apoyadas, mutuameot,e sostenidas y
acentuadas, la poesia ganará con asociarse á la música
y la música ganará con inspirarse en la poesía, resultando de ese noble y fecundo consorcio una ot ra de,
arte superior, más estimable que la sola ,poesía y la
simple música.

SI este principio se aplica á las complicadas pasiones del drama, si se armoniza su juego, st se sig ue su
evolución, si se cbs~rvan las transiciones, resultará el
dtama lirlco1 concepción estupenda. del genio mo•
dern o.
Pasando de las pasia11es á las situaciones se observa.
un becbo análogo. La música puede pintar las situaciones de una de dos maneras, susceptibles de co mbinación: describiendo los sitios, los panoramas, los
ruidos y sonidos naturales: rumores y cantos de aves
en las selvas, fragores y truenos en la te mpestad,
clarines, vocerío y estamp!dos de caíión en la batalla, sacudimientos, ruidos subterráneos en el terremoto. Con elemento&amp; musicales pueden describirse el
valle florido, el arroyo susurrante, el mar agitado, loa
múltiples rumores de una ciudad, el silencio, la quietud de una alcoba, la confusión y el desorden de un
momento de páalco.
Además, se puede pintar una situación con reminiscencias de pasiones anteriores, con recuerdos de he•
chos pasados ya descritos, con ideas y emociones y&amp;
experimentadas por el personaje y de antemano expresadas lfricamente. En el momento del desengai'io puede evocar la música las ilusiones del pasado;
en el instante de la muerte, los episodios capitales d&amp;
la vida.
Para esto la voz humana no ba.c;ta ya y entra á figurar, con sus Inagotables y poderosos elementos, la orquesta. En tanto el personaje canta sus penas y sus
alegrías, sus desencantos ó sus esperanzas, la orquesta hace desfilar ante el espectador una sucesión de
cuadros vivos, de recuerdos extinguidos, de sensaciones muertas¡ mezcla su voz á la del personaje, pinta.
su situación, describe los e~tados del alma siempre
complexos y completa y acata no cuadro maravilloso
de verdad y de belleza, análogv,c-..mgruente,consletente, vasto como un panorama y complexo como un mo•
numento.

EL DRAMA LIRICO.

!

PANTEON DE DOLORES.
MONUlIENT(l DEL SR DR. JOSE MARIA. MATA.

••*
Con estos elementos y dentro de esos princi pios,
Wagner podrá describirnos la stlva en que sueña..
Stg!redo y en que le bablac. las ~ves; nos h ará penetrar en las purísimas linfas del Rbin y asisti r al jugueteo de sus Ninfas y al cabrilleo de tiUS ondas; ha·
rá flamear y chisporrotear en la orquesta la hoguera
de Brunllda como la !ragua de Mimo y nos bará asistir á la destrucción de los mundos y de las di vlnida,
des en el crepúsculo de los dioses. Verdl nos hará
sentir el desplanamlento de toda el alma y de ~
las energías de Otelo en la escena de las revel aciones
de Yago, y nos hará vivirla vida del héroe, sus t rlun•
!os, sus glorias, sus amores y su crimen en la escena.
final de su admirable drama.
Puccinl, en la Bohemia, nos transportará en alas de
su genio de la buharda miserable y lrla á la t urbulenta y alegre verbena, á la solitaria barrera y al le.
cho de Mimí moribunda cuya alma inocente, cuyo
corazón tierno, cuyo amor abnegado, nos habrá becbo absorber en cantos y armonías, y Giordano en
las impreciClones de Fedoru ante el esposo muerto,
en el formidable y admirable raconto de Loris, 00&amp;
impregnará de las pasiones, de las ansias, de los
odios, de las penas de sus personajes y uos hará vivir
su propia vida, llorar sus mismas lágrimas y expiar
sus crímenes como si fueran nG.estros.
La música, que era ya un arte con los si n!ontstas,
acabará. por ser el arte por excelencia., la manltest&amp;-ción suprema y la síntesis de todas las artes, porque
con el drama lirlco ha llegado, sin dejar de ser md·
sica, á ser poesía, pintura, naturaleza y vida.

221

I

*••

El drama Urico no es tan sólo, como muchos lo
creen y como por largo tiempo fué comprendido, un
drama cantado y acompafiado de música. Sl esto fue•
ra asi, merecerian y llevarían tal nombre 1a cLucfa,&gt;
de Donlzzeti, como la «Sonámbula,&gt; de Bellini; el
cOtello,&gt; de Rossini, como «Los Lombardos,&gt; de
Verdi; babría drama lírico donde quiera que sobre e\
monólogo de Hamlet se escribieran unas peteneras
ó sobre la locura de Ofelia una arla de concierto.
• *
No; el drama lírico, propiamente dicho, parte de
En invierno el alma hace su balance; diríase que otro principio, y aspira á. la realización de otro ideal,
pronta á partir receje su tienda, quema sus tesoros, tiene otras raíces) otra flo:ación, y entre el dra.ma
desconfía del maílana, se sieute arrastrada á la me- cantado y el drarua Ur:co media el abismo que separa
ditación de t:Se elomente aviso que le dan los pájaros lo convencional de lo real, lo artificial de lo natural,
1dos, los árboles desnudos, los surcos quejumbrosos lo verdadero de lo falso.
de hojas secas, el cielo tachonado de estrellas, como
página obscura. de áureos y amenazantes leyendas ca*·*•
balísticas, y, mojados los ojos en ternuras inmensas,
evoca lo más puro y lo más lejano.
El drama lírico tiene por objeto la interpretación
Como un vlej1J, piensa en los ninos, porque ¡ayl en musjcal
de las pasiones humanas y la descripción de
torno de esas caberas pensativas, abrumadas de dolo• las situaciontS de la vida. Su punto de partida es el
re8 y de canas, chispean los ojos azules, y la misma hecho incontestable de que las pasiones ano expresa•
1
flama del hogar juega en la nieve de los que se van, das con meras palabras, incluyen y entrafian
un ele•
y en los rizos de oro de los que llPgan.
mento musical !unC.amental, y de que )as diversas
En tnvierno1 las creencias visten las vestes blancas, situaciones
de la existencia no dejan de ir &amp;.compa•
los órganos severo&amp; entonan el canto pastoril de las nadas de sonidos y ruidos que, musicaUzados, pu~den
misas de Aguinaldo, Dios se bace niño y ríe, y en describirlas y caracterizarlas. Comencemos por las
torno suyo suenan ]as risas de la infancia, los cara• pasiones: es evidente y de cotidiana observación que
millos, la flauta de los églogas. . . . cuando los cam- cada género de pasiones se expresa por gritos, gemi•
pos, yertos de frfo, amarillean, y las almas se vuel- dos, rugidos, murmullos peculiares y propios, y si se
ven como la regia caravana, á la estrella de un Be- expresa de palabra, por entonaciones é inflexiones de
tlem remoto.
voz, que bastan á hacerlas conocer. Por sólo la tona•
Tú eres de invierno, ¡oh, Arbol de Navidad, oh Hdad
aguda ó grave de la vez, por su intensidad, por
árbol de !rondas muertas, de balsámico olor, ob pino la
ó lentitud de su emisión, por las inflexiode las soledades montaiiesasl Cómo te visten de es• nesrapidez
del grave al agudo y del agudo al grave, por los
carcba, cómo enredan á tus vacilantes hojas los hilos intervalos
tonales que median entre las silabas y las
de plat.a, cómo las luces de colores arrancan chispas
palabras, se puede saber si una pernona está triste ó
á, la maravillosa flequería, cómo el heno cubre los
alegre, enamorada ó entusias_mada, si cree ó si duda,
frutos relucientes, el juguete codiciado, el rosetón de si
teme ó espera, si siente ó finge. Las inflexiones y
oro¡ cómo se mecen üual maravillosos frutos, el ángel
tonalidades
de la ironía no pueden contundirse con
de cera, la bolsa de dulces, la joya, el arabesco de
cristal; cómo tu vejez infecunda se adorna y se dis• la.s de la desconfianza, ni las de la interrogación con
de la admiración.
traza con riquezas de altar y fiestas de luz, para que lasSiendo
esto así, es perfectamente posible, estu•
las manos de los ntnos, una por una, te despojen de
dlando á. rondo las inflexiones de la voz bu mana y
la efímera opulencia! . ...
¡Ob espíritu, cómo en el iov!erno que te entumece acentuando y baciendo se destaque su elemento mu•
y te doblega, te vistes las mejores ilusiones, prendes sical, escribir cantos que se cman de cerca á las pa-

•

Domingo ! º_de Octubre de 1899.

MONUNENTO DE DON MELCHOR Ü CA:lrPO.

En el P anteón de Dolores .

La Ur lols d e l T ransvaal.

Los dos monu:J.entos que figuran en esta página son
1ie los últimos que se han concluido en el Panteón de
Dolores y la parte escultórica de uao de ellos el del
:~- Ocampo, fui; objeto de observaciones, ati~1.das ó
pero sinceras, que estampamo:i en estas columnas
&lt;&gt;uóando se exhibió en los salones de la última Exposi1'1 ? Nacio nal de Bellas Artes.
d
de ello lo que fuere, este monumento como el
ttfi ~~ Dr. ~Iata ba sido dedic•do por la piedad
') a hombres em1nen~es de nuestra hJstorJa aate
08 cua1es nos incliaamos con respeto.
'
c':,as huellas del Sr. Ocampo son de gloria para Mé•
11
tim'
Ydon.de quiera que su nombre esté escrito sen•
patrtótlco orgullo, porque ese nombre es de Jo·
JUed onran á una nación, graude ó pequeiia obscur~
v po erosa.
'
Sr Utdo al Sr. Oc,mpo por vlculos de parentesco el
&lt;¡u·e ht~ª lué tambléa tldelfslmo á los principios
lié c eron grande Y augusto entre los héroes de
xI00 al mártir mtchoacano.

El mapa que publicamos dará á nuestros lectores
una idP.a del Ferrocarril estratégico de la Bahía dti
Delagoa á Pretoria, asf como el.el campo de manio•
bras de la frontera entre el Transvaal y la "'OSesión
portuguesa.
rSI de.sgr~cladamente c1mo lo hacen presumir todos los lnd1clos, se desencaddna la gu~rra ang lo-sud.
africana, los lectores de e El Muado Ilustrad.o&gt; podrán ver en esta carta má.s de un Jugar que ilustra•
ran glvrlo~os y trágicos acontecimientos militar~
Como siempre que surge un conHlcto entre dos
pueblos todo el mundo se da. á. bacer suposiciones so•
..,re los recursos y las tuerzas respectivas de !os ad•
versarios, divfdense en sendos bandos l;1s opiniones
se pronun_clao fallos proféticos favorables á aquiÍ
tras de quien se van todas las simpatías.
. En el caso presente, hablar dP. los medios de ac•
c1ón de Inglaterra es laútil : la primera potencia na•
val y. uaa de las más formidables en empresas de
conquista, no admite comparación con la diminuta
republlqu1lla de pastores que preside Krüger, pastor .... protestante.

r

ºb

Sin emba_rgo, la desigualdad misma de las dos naciones, la d1 versidad de tipo social Y de medios de
combate con que cada una el.e ellas cuenta nacen in•
teresante y curioso el comentarin.
'
Por eso los periódicos hablan, ya de los procedi•
mtent.?5 de guerra de las naciones civilizadas, ricas Y
coaqmstadoras, de los procedimientos de la guerr¡¡
n:ioderna en una palabra, ya de las cualidades de re•
s1stenc~a de ]os pueblos poco adelantados, hostiles al
extranJero, independientes, virtuosos, f-obrlos, bábiJes para todos los ejercicios viriles Y dominados or
alguo fatalismo rellgloso ,S político. En preseactlde
este conHlcto, la duela de la mayoría sobre el resulta•
do fln~I de la- coatienda no es muy grande, or ue no
es posible creer ea la inagotabilidad de 1of re~ursos
del débil en Jucba con un fuerte que es persevsrante·
pero en camhlo son pocos los que no teman que ei
patriarca de Prett,ria presidirá al suicidio glorioso d
un pueblo.
e
MIPntras_el cable no nos traiga la noticia fatal de
un rompimiento, esperaremos que el conflcto se allane con medios pacf Jicos y lo esperaremos ansiosos.

M.\PA DEL TRANS 1tAAL CON EL FERROCARRIL ESTRATEGICO
DE DELA GOA QUE PASA POR PRETORIA.
'

�.l!lL .MUNDO.

22.2

... .

Domingo 1 ° de Octubre de 1899.

Domingo 1 ~ de Octubre de ~899.

EL MUNDO

223

EL SUCESO ARTISTICO DE LA TEMPORADA.

....

LA FEDORA.

odiarlo, tiene el propósito de vengar á Vladlmiro,
Lo ama y lo denun•
cla como autor del asesinato. Loris le ha confe¡¡ado
RU deW,o y ella escribe una carta delatora. Pero el
delincuente le revela des¡&gt;ué,; toda una historia dolorosa de pasión infeliz, de traición y venganza. Vlay sin saberlo ama al matador.

Pocas veces noshi dominado con tanta fuerza el pofler suge~t1 vo de 1a. mú ...i,.;a como en el primer acto de
FWJJra. Tórnase en palpitante realidad un mundo
remoto, que hemos habitado en espíritu como una
patria literaria amada tiernamente, y lleno de recuerdos: en ese sillón está la enigmática barina, junto al samovar, arrullado pur sus rumores, sueña largas horas el conde Katilint:; s.e oye el ruido de los
trlnP.os que surcan silenciosam~nte la nieve endurecí-

SR. ALFREDO D01'11ZZE'l'TT 1
Director de On,u~sta de 1,. Com~•ñla de Ope,a de O:rin.

SL. M. SIGALDI,
Tenor de la Compañia de Opera de Orrln.

da. Olvidamos el drama de Sardou para recordar escenas más reales que los personajes del teatro francés, y la imaginación, que es ligera; y la música, que
es omnipotente, nos traen ev0caciones voluptuosas de
la Rusia de Turquenef.
Junto al salón está la alcoba en donde expira el
conde Vladimiro, víctima de un atentado misterioso.
La policía interroga á los criados, todo _lo invest iga
escrupulosamente para castigar el dd1to¡ Feil.ora,
prometida del Conde, está anisosa por saber el nombre del malhechor, para vengar á su novio. Hay presunciones que acusan á Loris, dueño del palacio frontero: corren allá loi- agentes, excitados por los gritos
angustiosos de Fedora.... . . Ent retanto Vlad1mlro
muere.
Pasa el tiempo. Fedor11, da una recepcl5n en su
casa de París. Loris la corteja y el.la, que cree

dimiro era amante de Wanda, esposa de Lori~; éste,
se desposó en secreto cou ella y ~u~ engañada vilmente: cuando Lorls det.cubre la tra1c1ón, mata á Vladimiro en lucha franca. Fedora vt las pruebas, cartas.
de Vladimlro á la infiel esposa de Loris; ya no puede
amar el recuerdo de un au,or pérfido, i.ma á quien,
como ella, fué víctima de Vladlmlro, y ese amur no.
tiene obstáculos, pues Wanda. ha mutrto.
Los amantes vi ven en un c·halet de Suiza. Son fe.
llces allí: olvidan las antiguas penas y el germen de
trágicas desdichas que arrojó entre los dos la delación

Io vi prego come si prega Iddio.

de Fedora. Un día llegan cartas de Rusia, cartas fatales que anuncian nuevas de muerte. Valeriano,
hermano de Loris, preso por la carta delatora, estaba
confinado en una fortaleza á orillas del Volga. Una.
creciente del río inundó la prisión y Valeriano pereció ahogado; su muerte mató de dolor á la madre
Infortunada.
La situación es horriblemente cruel y más cruel
aún por el contraste entre el abismo de negro;i odios
que separa á los amantes y los recuerdos de su '.iivino
idilio, blanco y puro como las nieves alpinas que c!errall el hc.rizonte de su nido. Cuando estalla Ja amenaza mortal en los labios de Loris, Fedora bu~ca en
el suicidio un perjón que la vida baria impusible y
muere entre los brazos del amado.

Fot . Lange.

-~.-.

Fot. Lange.

¡Parla!
~ectos humanos, la lucha con el destino inexorable, con las leyes de la
11aturaleza, en una palabra, cou la voluntad de Dios· mientras la comedia
-estudia al hombre en sus relaciones con otros homb;es.
Pero siga~os el hilo de la acción del drama. La situ11ción de impor1anela que s1gue es aquella en que Loris le pregunta: «¿Qué sabes tú?»
Ella responde: _«Nulla io s?,» dando á entender con esto que el amor que
eie&amp;te por Lor1s ha l!recido, aunque ella misma no sospeche siquiera
que exiote.
Este ª!Dº r que siente su alma y que su conciencia ignora, no impide
,que e1~r1b~ la carta fatal (ótra manifest lCión de sus ímpetds salvajes] que
1&gt;reclp1ta violentamente el desenlace en el tercer acto.

Di. vendicarte io giuro.

Fot. Lange.

El ~mor vence. Las sospech 1.s de Fedora desaparecen y con ellas el
propósito de venganza qn.e tantas veces juró.
Suena la hora fatal. Han llegado las cartas de Ru.sia con sus funestas
noticias para Loris.
Inútil la congoja y desesperación de Fedora. Exclama: o:Che feci? Son~
io che li uccisi!»
En ~l mo~ento sup~emo, cuando Loris la acusa, la maldice y la atne•
na.za. 1mpehda. por la impetuosidad que la caracteriza apura el veneno
diciendo: «Non uccidP.rme. Gu11rdal E la mortel. . • . '
Y la música de la Fedora de Giordano? Ne tengo palabras para expre.
sar lo mucho Que me encanta. Tuve la fortuna de interpretar el papel de

--- - -

MI IMPRESION DE "FEDORA"
El conde Vladimiro Andrejevich yace moribundo en la alcoba contigua al salón. Los implacables 11gentes de la policía interrogan á los a f igidos criados del conde, que no aciertan á aclarar las circunstancias del
misterioso atentadu. La Princesa Fedora Romaozoff. prometida del moribundo, rindiéndose al dolor, da suelta á un torrente de lágrimas amargas· mas de pronto se yergue, exasperada por la torpeza con que dt&gt;c_laran' los criados. Cirilo, el cochero del conde, acaso lo sabe tocio y la princesa le grita: «¡Parla!»
. .
Acaricia felioamente á Dm1tn, el peque:lio g?·oom, par11. alentarlo, y cuando comprende que nada s1tbe, lo arroja de su lado con desprecio, y con
acento de rabia le dice «1Sciocco!»
Los gemidos dolorosos de Vladímiro la despiertan de sus sueiios de
venganza, y vuelve á aparecer en ella la mujer tierna, atribulada_por bon da
pena. Se dirige hacia la puerta de la al,coba y ~uega qu_e la dt&gt;~en. entrar.
&lt;Prego come si pre~a Iddio,-salva_~e lamo~ mio,» le dice nl ciruJan().
En este rápido vaivén de contranas emociones, colma su alma de desesperación la apatía rutinaria de la justicia, y ~or la cruz que lleva al
cuello jura. sacrificar en aras de la venganza, su Juventud y su corazón.
Cuando ve la'I sombras de los agentes de la policía que di3curren c11utelosamente de una á otra estancia en el palacio del presunto acesino, Fedoi·a, fuera de sí, grita: «Prendetelo,» y luego exclama con feroz alegrfa:
o:L'ha.n presso."
La idea de la venganza domina en su alma los sentimientos de piP.dii.d
y de amor hasta qae el cirujan? anuncia _la muerte de Vladi~iro y transforma de nuevo la fiera vengativa en muJer desconsolada y tierna.
He aquí la clave del Mrácte~ de. Fedol'a tal ~omo la pint,a S.ird)u, se•
guido al pie de la letra por el libretista Col_lantt1.
.
Creo que según los prec~~tos de los críticos más acreditados toda obra
drtimática tiene una expos1s1ón, un nurlo y un dest'&gt;nlace.
El dramaturgo francés, siguiendo las tradiciones de rn patria, se ajusta al canon del filósofo griego, y en el primer acto, pinta los rasgos característicos dominantes de eus persona.Jea.

·Napoleón dijo que todo ruso ocultaba uno alma de cosaco, con lo queen mi concepto quiso decir, que la educación y la aparente suavidad demoda les no impiden que los rusos se dejen dominar por sus instintos de
ese salvajismo. cuya nota dominante es, 6egúo la idea convencional que
de él tenemos, el espíritu de venganza un!do á una impetuosidad incon•
tras table.
No es aventurado suponer que este convencion11lismo y el famoso epig-rama de Bonaparte, sirvieran de punto de partida en la creación de la
Fedm·a de Sardou.
Nos presenta con gran habilidad 11n tipo de mujer dominada por sentimientos y pasiones de extraordinaria potencia: el amor, la superstición,
el odio y la venganza, el desprecio á los cov vencionalismos de la vida
, civílizada, todo revela en Fedo1·a un ser pasional en g rado sumo.
Verdad es que tuvo que elegir entre una violación de propósitos sagra•
dos para ella ó cumplir su venganza y ver morir á un hombre inocente á
quien ya amaba.
En la acción moral dPl drama predominan dos tendencias que deter-•
min11n el carácter de Fedo1·a, la venganzll tradinfonal v la impetuosidad
salvaje.
•
Estas dos tendencias explican el fatal juramento del primer acto. En
el segundo,-la parte media ó el nudo del drama los dos afectos unidosproducen el enredo que culmina. en la confe;ión de Loris obtenida
por los artificios de Fed01·a, en la carta acusadora, y por últi~o en la fe•
roz alegría con que dirige á su víctima la terrible acusación: «¡Assas·
sino!»
Asesino! Así increpa al ~ombre á quien ama sin saberlo, y esto pocos.
momentos después de sentir el alma iluminada por la esperanza de com·
probar la inocencia de Loris.
En_ esta _escena agota el autor todos lo~ recurFos d"l arte : no puede ha·
ber situació~ tea.tr~l más conmovedora. No creo que alcance laa altura~
de la tragedia, y digo esto porque en mi opinión la tragedia sólo ve lo~

Fot. Lange .

Prendetelo.

Nu!laio so.

l'ot. Lange.

�Domingo 1 ° de Octubre ele 1899

EL MUNDO.

224

Domingo l::, ~e Octubre_~e 189G.

EL MUNDO.

225

EL ESPIONAJE INTERNACIONAL.

Recuerdos del Primer Imperio.
Sería curiosa é interesante una historia del espionaje militar; sería más dramática que la historia de
}as revoluciones.

Con sus episodios se formaría una

gran novela de diplomáticos astutos, de polizont es

Eri tua Assassina!

Fot. Linge.

Magdalena en las primeras representaciones que se dieron en América de
y ahora por nna carnalidad feliz me veo interpretando su
li'edora.
Muchas veces me pregunto ctmc, podremos honrar Jo bastante á un hombre que c:-eó obras que tanto deieitan, inspiran y ennoblecen al ~énero
humano.
[
.And1·és Cheniéi·

Ghefeci'f Sono io che li uecisi.

Fot. Lange,

Escribe la carta.

Su Andrés Chenier teca las lindes de la perfección. Si de su Fedora no,
se puede acaso decir lo mismo, es tal vez por las limitaciones del drama.
de Sardou que obstruyen de vez en cuando la caudalosa corriente(deinapiración del gran maestro contemporáneo.
México, 21

de Septiembre de 1899,

Ro!'ALí A CHALíA,

Fot. Lange.

Fot. Lange.

Non uccidenne, Guarda! E la morte.

vendidos, de barbas postizas, de ant~ojos azules, de
suicidios y resurrecciones que dejaría muy atrás los
folletines montepinescos.
Como prueba de ello referiremos dos anécdotas,
una cómica, y trágica la otra.
Cuando penetraba Napoleón en los dominios del
Czar el afio de 1812, el gran cunquistadur se preocup.1ba como es de suponerse por conocer la topografía
del Imperio moscovita.
Sabia que el estado mayor ruso acababa r'le imprimir una inmensa carta, cuyos ejem piares, numerados,
se repartieron entre los principales jefes del ejército
de Alejandro.
¿Qué hacer ? La habilidad del General Lauriston
resolvió el problema. Sin saberse cómo ni cuándo, logró el jere francés sustraer no un ejemplar del mapa
sino todas la.~ plancha.~ de cobre que sirvie1·un para hace1: la
impresión. Ba.jo las narices de los oficiales del estado
mayor ruw, sa.có el General Lauriston la masa enorme de planchas depositadas en el Arsenal de Peter,sburgo.
Se hizo una edición de la carta en París y tr es meses después, t0dos los 'jefes del ejército invasor tenían
un ejemplar del precioso documeot o geográfico que
no se hubiera podido consegu!r en Petersburgo á
precio de oro ... ..
La otra anécdota es menos conor&gt;.ida tal vez, aunque tuvo un desenlace dramático. Como la anterior,
data del prlmer imperio.
La escena pasó en la capital austriaca el afio de
1809. El futuro suegro de :Napoleón se preparaba pa.
ra una nueva guerra contra Francia y esperaba sólo
para abrir las hostilidades que se retirara de Viena
el Embajador francés que era á la sazón el Gen~ral
Andreossi.
El Emperador de Austria comprendía que la lucha
decidiría para siempre de la t.uerte de su imperio y
es probable que como lo temía el soberano, el Austria hubiera sido borrada del mapa después de la batalla del Wagran que terminó la campafia, si la. ambición con la máscara del amor no hubiese traído un
desenlace de comedia burguesa a aquella tra1?edla polltlca, -el matrimonio del nuevo Carlomagno con la
bija del César vencido. Pero esa peripecia no podía
dreverse en 1809 y el Emperador de Austria, resuel-

PAL~CIO MUNlCIPAL DE C. PORFIRIO DIAZ. (COAHUILA.)

to á so,teuer una lucha á muerte, confió la dirección
de la campaña al Archiduque Carlos que era el único
militar capaz de medirse con Napoleón.
El Archiduque preparaba pues tranquilamente, en
Viena, su plan de campai'ia cuando recib)ó ~~ anónimo: iba á arrojarlo al montón de papeles rnut1les, pero la curiosidad detuvo su primer movimient,1, pues
vló varias veces repetido el nombre del Embajador
de Franela.
Leyó.
La carta anónima explicaba que el Gene1al Andreossi había recibido ya desde bacía algunos días
sus cartas de retiro y que si no abandonaba Viena
era porque estaba en relaciones con el Feld-Mariscal K ...
quien le vendía los estados de
organización del ejército austriaco y los planes de marcha
de los diferentes cuerpos.
El Feld-Mariscal K era uno
de ICJS jefes más instruidos del
Imperio y el Archiduque que
lo teníaen grande es\iima, hizo de él su. ayudante y jefe de
su Estano mayor. Tenia puesta en él su confianza y no podía abriga r sospecha. alguna.
Rompió, pues, la carta y no
pensó más en el asunto.
Al día siguiente, nueva misiva. El corresponsal anónimo
afirmaba haber descubierto
que todas las noches el FeldMariscal tenía citas en una
casa solitaria del vasto barrio
de Leopoldstadt cuyo número
t1eí1alaba la carta.
El Príncipe . Carlos tenía
t.a.nta. seguridad en la fidelidad
de su ayudante, que creyó cal umniu:sa la acubación y no tomó nrnguna medida para descubrir la verdad.
Entretanto, el Embajador
de Franela había hecho sus
preparativos de viaje y anunció su partida para dentro de
. cuarenta y ocho h oras, cuando
el Archiduque recibió una
tercera nota, en la que se le
decía. que el Feld- Mariscal,
. después de haber trc1,bajado á
solas en su gabinete, en donde tenía los estados del ejército, celebraría esa noche una
conferencia con el General
Andrecssi.
El Ar&lt;;biduque, lejos de
creer esas revelaciones, exasperad0 por no poder castigar
al misterioso calumniador, y
Rt&gt;t•nt&gt;rdoM d e b,M fléliltnl!I.
á fin de disipar toda sombra
OAXACA,-KERMESSEDEL 1 6 DEL ACTUAL. - PUESTO ·DE TE 1" CAFE.
de sospecha que temía conserFot. R. A. c as,•fiecla,

Fot. M. Rodrtguez Pérez.

var, á pesar suyo, contra un jefe que le era tan que
rido, resolvió comprobar su inocencia.
Esa misma noche hizo llamar á uno de sus ayudantes y le dijo:
-Tomad un traje sencillo que os sirva de disfraz,
y venid á las doce de la noche á reuniros conmigo en
la Graben. 8ilenclo y discre.:ión absoluta . . .. que
nadie sepa que os be dado esta cita. No es necesario
que llevéis armas, pero que no os fal te una linterna.
El oficial llegó puntualmente al lugar Indicado:
iba vestido Je obrero, y cuando encontró al Príncipe
pudo apenas reconocerlo, disfrazado como estaba de
burgués.
-:Seguidme sin decir un, palabrP, ordenó el Archiduque.
Y uno en pos de otro, siguieron las calles tortuosas que conduci'in á la de Leopoldstadt. La casa que
se le babia señalado estaba situada en una callejuela
estrecha y sombría. No había luz ninguna, todo estaba cerrado, parecía un edificio abandonado.
El Príncipe y su acompafiante se apostaron en el
quicio de una puerta y e&amp;peraron en silencio. Al cabo
de algunos instantes se oyeron pasos y una svmbra
se deslizó por la callejuela ...... Era un hombre cu.
bierto con una ancha capa, -como los personajes de
novelas en boga ya desde entonces--y con el indispensable soro brero de anchas alas que caían sobre la cara.
.Acer,·óse á la c1sa y llamó suavemente á la puerta,
que se abrió cerrándose luego que le dió paso.
El ayudante del Archiduque no pudo reprimir un
movimientu de sorpresa: el Príncipe con un ademán,
le impuso silencio. Cuando la callejuela quedó otra
vez desierta, se inclinó Lacia el oficial y en voz baja
le interrogó:
- ¡, Y bien:' ¿Os habéis fijado en ese hombre?
-Le ví, Alteza, aunque sin poder distinguir sus
facciones.
-Pero ¿ese modo de andar? . . ..
E l oficial vaciló.
-Mis suposiciones son t an inverosímiles . . .. es t an
poco probable que el que he creído reconocer venga á
estos sit ios apart ados y á esta hora ... . . .
-Bueno, decid quién creéis que sea ... .
-Me ha parecido. . ... en fin .... podría decirse que
ese desconocido es el Embajador de Francia.
-Basta; callad.
En ese momento otro personaj'e ent ró álacallejuela; no se recataba como el anterior. Llegó á la casa,
llamó y desapareció en el int erior. Cuando la puert a.
se hubo cerrado el oficial del Príncipe Carlos quiso
lanzarse á la casa, pero el Archiduque le puso h. mano sobre el hombro. Los dos temblaban de emoción :
habían reconocido al Feld- Mariscal K .. ..
La entrev:sta duró algunas horas, durante lai,cuales el Archiduque, indignado, pues ya no dudaba de
la traición del jefe de su estado mayor, permaneció
pacientemente en acecho ante la casa.
E ra todavía de noche cuando la puerta se abrió y
dió paso al General Andreossi y al Feld-Mariscal.
El Príncipe Carloi; se había situado á un lado dela
puerta y el oficial al ot ro lado : t enía en la mano la
linterna sorda y dirigió la luz hacia el rostro del Embajador.

�Domingo 1 ° de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

226

PALACIO ?iroNICIPAL

Becoerdol!I de las fiestas.

DE

Dml~ngo _1 o de Octubre de 1899.
SAN LUIS POTOSI. - BAZAR DE CARIDAD.

Esta poblacion f ronteriza que tanto ha progresado
en los últimos tiempos, tiene algunos edificios notables como son las Oficinas Federales, las del Ferro.
carril Internacional y esta que hoy publicamos 7
cuya construcción se debe al inteligente y labori~
Pre&amp;idente Municipal de aquella ciudad, Coronel D.
Fructuoso García.
Es satisfactorio, no sólo para los vecinos de C. Porfirio Díaz, sino para la Nación entera, que las auto.
toridades federales y Jo'}ales se empei'ien en hacer de
una población coruo esta, colocada en la línea divisoria
ddMéxico y los Estados Unidos, una.ciudad que nonos
avergüence, sino que, al contrario, nos honre con sus
edificios ptíblfoos, en nada inferiores á los de pobladones de igual categoría, situadas del otro lado del
Bravo.

SAN LUI S POTOSI.-BAZAR DE CARIDAD.

El Bazar d e Carldad de San Lui8 Potosi

El conocido y hábil fotógrafo D. Emilio Lobato nos
Pnvía, de la capital potosioa, los retratos de las oiíias que tomaron parte en el Bazar de Caridad últi mamente organizado en aquella ciudad, y cuyos productos se destinaron al fondo de gastos del Hospital
Ir. fantil.
De las fotografías enviadas por el Sr. Lobato, publicamos los dos grupos de esta página, lamentando
nn dar una nota gráfica completa de la simpática
fiesta.
'

Una. Xermesse en el Jardín Juarez de Oa.xaca.

DESFILE DE LOS CARROS ALEGORICOS FRENTE AL PALACIO NACIONAL EL 15 DEL AC.TUAL.

El Congreso de Apatzlngan.
Con gusto verán nuest ros lectores este grabado que
representa el ·estado actual de la casa en que se reunió el prlmiwCoogreso Mexicano, asociado en la historia tte la, Guerra de la Independencia á la heroica
figura del gran Morelos.
De pai;,o haremos constar el interés que 11e despierta en los mexicanos por conocer y reproducir fotográficamente los edificios y lugares h istóricos, que
hasta hace pocos años no merecían alguna atención
sino de parte de los especialistas.
Nosotros p..:blicamos siempre con gusto esta clase
de grabados y es de esperarse que loi, lectores del semanario, sigan como basta aquí, proporcionándonos
Jas pruebas fot1 ,gráticas que-posean para dará cono•
ct:r al público el mayor número posibl,:: de nuestros
monument·,s histór1cos.

·~CIUDAD PORFIRIO DIAZ

Sentimos no publicar sino un grabado relativo á
esa fiesta de la que tu vieron oportuna noticia los lectores de nuestros diarios. Desgraciadamente no todas las pruebas fotográficas que recibimos pudieron
aprovecharse en el taller de grabados de El .ilfundo.
En el que aparece en la página anterior figuran las
distioguid1s sei'ioritas Rebeca Pérez Reguera, Terry,
Elvira Pérez Reguera, JosefaOlivdra é lgnacia Canseco y las niñas María y E. Sodi.

227

EL MUNDO.

N!RAS

MARIA H.ELGUElU

Y LF.ON"R

NIRAS Doum.Es GEDOVI'(Tf'

UNNA.

V

RARA PALAZUELOS.

Fot. Emilio G. Lobato.

.l'ot. J;;m1lio G. Lou1u,,.

Fot, Manu?l Romero.-•-CJNlobanes 2.

Cuando éste recibió la luz en plena faz, retrocedió
sorprendido.
-Buenas noches, señor Embajador de Francia, dijo el Príncipe tranquilamnnte.
~ ,y sin dignarse hacerle un solo reproche al FeldMarlscal que estaba inmóvil con la frente abatida,
pálid~ de terror, se contentó con iluminar el r0i,tro
del traidor; pero el ayudante, menos circunspecto, lo
abofeteó diciendo:
- Este es el infame K . . .... á qaterr se ctegradará
, mai'iana.
.A.ndreossl aprovechó ese incidente pa.ra escurrirse
en silencio. El mismo día salió para París y la guerra entre Francia y Austria quedó virtualmente declarada.
-;_ El asunto permmecló en secreto. El Mariscal Lan•
nes supo el caso por Napoleón, y lo refirió después á
Marbot, el cual dice algo acerca de él en sus Memorias. Los archivos ddl Ministerio de Relaciones de
Francia serían más explísitos si se les consultase.
Para terminar, dire mos que el Feld-Marlscal K ...
cogtdo,en flagrante delito, y conociendo de antemano
la suerte que se le esperaba, entró á su casa y se
voló la tapa de los sesos.
' Corrió el ru~or de que había muerto de un ataque
de apoplegía fulmlnant,e, pero en las esferas oficiales
se supo que había recibido del Emperador de Francia, como precio de su t'rafción, la suma de dos millones.
GUANAJUATO.-UN CARRO ALKGORICO.

LAS FIESTAS PATRIAS
EN

CUANA.JUATO.

APATZINGAN.-CABA EN QUE SE REUNIO EL PRIMER CONGRESO MEXICANO.
Fot. M. Gutlérrez.----Aguascallentes.

El carro representa en alegoría la I ndependencia Nacional. Sobre un fondo de
nubes, orlado de plata y matizado con los
colores del iris se destaca la figura de Hi•
dalgo, enarbolando el estandarte con la
imagen de la Virg-en de Guadalupe, que
le sirvió de enseña para iniciar nuest ra
emancipación.
A su dereeha y sobre un fondo acoilnado de raso blanco se ve la figura de Morelos, con su tradicional pai'iuelo blanco
ciñendo su cabeza. A la izquierda Allen·
de, con el uniforme que llevaban en
aquella época los generales españoles.
Más adelante aparece la figura de otro
jefe insurgente 0obijandocon el pabellón
tricolor la figura de nuestra patria.
Y por último, delante se ve la diosa
de la Libertad, coronada por el simbóllr
ramaje de oliva, que significa la paz e
que gozamos y teniendo á sus plantas los
emblemas de la ciencia, el comercio Y la
agricultura y las bellas letras.
ToA Hidalgo lo representó el n li'lo
más Orte~a; á Allende, Gustavo LabOr•
de; á Morelos, Salvador Monroy; al Ins~rgente, Manuel Bustamante; á la Patr ':
la seflorlta Cat!l.llna Ramírez, y á la Ll
bertad, Naborina G0nzález.

LA CATEDRAL DE JIIEXICO

;;ºª

I
BREVE IDE.TORTA Y DESCRIPCION.

edificios religiosos despiertan siempre el
nderé'l Y. la curiosidad del viajero, del pensador
Y e1 artista.
coD: sde los sencillos y admirables templos helénid~a;ª~
la suntuosa basílica crist.iana, el arte s e
A O la Y muestra en todo su esplendor.
remun cuando entre nosotro¡; sólo se tenga idea
ota- entre quienes no hayan palpado las be·

llezas de los monumentos r eligiosos del Viejo
Mundo-de cuanto encierran los órdenes y estilos arquitC' c'óoicos que han servido de norma
para elev11r hasta el Cielo las plegarias petriricadas del crevente. SE'g-ún expresión de un insigne
arquitecto francél (Viollet le-Duc). no dejiná de
comprenderse, para nuestra historia artíst ica, la
importancia de los edificios cristianos que Espafta nos le~ó; alziidos muchos de ellos en los momentos mismos en que la Península sentía también la m11ravillosa agitación del grandioso p eríodo del Renacimiento.
Abre hoy EL MUNDO ILUSTRADO una nueva sección, y en ella habremos de ocuparnos á grandes

pi celadas, en describir algunos d e nuestros más
afamados tem plos.
La pluma que llenará la página que se le des•
tina en este culto seman11 r io, es reconocidamente
indocta; pero rebosa de buena voluntad.
Dilremos hoy comiP-nzo con nuestro Templo
Metrvpolitano, que se asienta erguido limitando al
Norte la gran Plaza de Armas de esta Nobilísima
Ciudad.
En el propio lugar donde lil gentilidad azteca
inmolaba las víctimas á sus númenes feroces, allí
se fabric6 la primera basílica de México, que
hubo de construirse como provisional y de ser
miserable y raquítica para el objeto á que esta-

�228

ba destinada. Así lo comprendieron los monar•
cas espatioles, y en cédula de 26 de Marzo de
1551, se ordenaba que "las dos tercias partes que
ha montado este arzobispado, en el tiempo en que
ha estado vaco, se gaste en el edificio de la Iglesill catedral de México, y lo otro se guarde para
e! prelado, 11 di~posición que no pudo llevarse á.
cabo; sin embargo de lo que, insistióse en ello, y
un atio después de expedida la cédula anterior
(20 de Agosto de 1552) Felipe II, que A la sazón
gobernaba en nombre de su f:adre el Emperador
Carlos V, dictó nuevas disposiciones en real mandato de aquella fecha. No pudieron tampoco
cumplimentarse las órdenes inmediatamente por
falta de fondos; hasta que en 1573 se colocó la
primera piedra «en el sitio más eminente y opot·.
tuno de la Ciudad, inmediato á la antigua Igle•
sía con el Animo de que, demolida ésta, que&lt;la ie el sitio que ocupaba, por atrio ó cementerio, en la parte anterior del nuevo Templo »
Comer zaron la obra los maestros Claudio de
Arciniega y Juan de Cuenca; continuAndola
Alonso Pé1·ez de Castatieda, arquitecto de Felipe III.
Les trabajos se prosiguieron con perseverancia y tt:Són, y al caho de media centuria hallábase concluida la difícil labor de los cimibntos; alzados los muros del perímetro á más de la mitad
de B- altura; las paredes transversales de las capillas; los piés derechos de los arcos, algunos hasta los capiteles de las columnas y otros hasta lns
últimos tercios, y diversos espacios cubiertos con
bóvedas.
U na vez concluida l'l S rnristfa mayor, se transladó A ella el Santísimo, que se encc,ntraba en la
Catedral antigua; y ce&gt;mo é ita era ya inú•,il, se
demolió quedando el sitio donde se encontraba,
de atrio del nuevo templo ( 11ll.o 1626). Desde ésta
época hasta 1641 l'e celebraron en dicha c¡acristia los divinos oficios; y se concluyeron las capillas de San I~idro Labrador (hoy entrada al Sagr11rio Metropolitano) y del Sagrario (hoy capilla
de Nuestra Seil.ora de las Angustias de Granada),
en cuyas bóvtidas se varió la disposición haciéndolas más ligeras por lo malo del subsuelo.
Agobiada la ciudad bajo el peso de la inundación de 1G29, la obra quedó suspensa durante
cer ca de seis ailos hasta que en 1635 volvieron
activamente á emprenderse los trabajos, al grado de que ya en 1664 sólo faltaban tres bóvedas
de lit nave mayor y cuatro de las menores, estando ya ejecutada. par te de la cúpula, de la qae
se habían concluido las pechinas y cerrado el
anillo,

EL MUNDO.

J)OJJJ.l.ngO 1 o

Domingo 1° de Octubre de lAAO,

229

EL MUNDO.

de Octubre de 1899.

AMOR

DE G A T O .

se había puesto en camioo, se decían adiós . ... al fondo se volvía subterráneo, asomaron unos
ojos de mirada inquisitiva é inquisidora.
un adiós de enamorados.
Y el noble pardo, el odioso tirano del castillo
La pobre enferma de absurdo amor, recorr!a
eternamente
obscuro, vió al felino que aún se reentonces con cauttlla, silenciosamente, la amplia
lamía
las
fauces,
y volviéndose atrAs se alejó á
galería, para irá. su alcoba--celda de prisionera
paso lento royendo unas palabras:
real-A soil.ar con él.
«Amor de gato.»
El centinela dormía.
FRANcrsco ZARATE Rurz.
Con sus paaos mudos, se alejaba el felino gczando con la idea del descanso y del suetio.
Después, ¡durante todo un día! encerrada. al
lado del odioso tirano del castillo eternamente
obscuro, de su dueilo, de aquel noble pardo de
mira da inquisitin é inquisidora., á. quien su familia la había vendido.
¡Qué negros eran los días! cuánto tardaban en
llegar las noches, esas noches que sí tenían luz,
la luz fosforecente de unos ojos oblongos.
Só'o gozaba cuando no tenia encima el peso de
aquellas miradas negras de su tirano, y podía
pensar en las amorosas palabras que él le decía
en su lengu11je de emes.
El no bahía nacido para sentir el frío y el hambre de las azoteas. Era de estirpe real; una de
las má.s puras noblezas de la raza de los felinos,
era la nobleza suya.
Nadie se atrevía á arrojarla tl.el cómodo sillón
que había adoptado como lecho, y en donde run1·uneando pasaba las horas del día sumido en su
incurable somnolencia, la somnolencia de los en•
La seh'a estremecida, en abanicos
fermos.
Abre sobre los vientos sus ramajes,
Muchas manos iban á prodigarle la voluptuo3a
Ondulantes encajes
caricia. Se incorporaba, esperezábase y erguía
En gotas de rocío y savia ricos.
la cola negra, delgada, esbelta, que levantad.a
*
Peina la fronda el sol con peine de oro,
parecía culebra que q uisiera s• lir de su triste siY á través de las hojaF, sobre el suelo
tuación de reptil.
Por supuesto, no pocas veces, cuando se hallaDe verde terciopelo
ba malhumorado, contestó á las caricias eon un
Que de aroma y frescura es un tesoro,
Al filtrar su fulgor que reverbera,
manotazo que acardenaló la mano humana.
Con lunares de luz mancha la sombra,
De cuando en cuandv, pensaba en la dama ne•
gra de ojos br111antes y redondos, en ll\ cautiva
Y del bosque en la alfombra
Finge la regia piel de una pantera.
que era su único amor.
*
¡No podía tener otro!
El silencio solemne de la umbría
Algunos días bajaba, y se ponía á saltar, y coTurba y llena de pronto un clamoreo
rrer por toda la casa, silenciosamente, sin que su
Con rítmico, vibrante martilleo:
cuerpo de terciopelo negro y blanco hiciera soEs el bravo latir de la jauría,
nar un mueble, ó derribarse un objeto.
Y allá va, jadeante en la maleza
Subía á las mesas cuaJadas de bibelots y se
Chafando el césped y saltando troncos,
complacía en andar por entre ellos, coloc~nd?
Y á sus ladric.os r oncos
Envuelto en un saco las manos y las patitas en los lugares más difíc1Más tiembla y huye la espantada pieza.
de recio lienzo, lo lleva- les; ejercitaba su habilidad y bajaba triunfante.
ron allí cuando era muy
*
De tarde en tarde, hacía sus visitas A la desSalta al claro del bosque, alta la frente
pequetio todavía.
pensa, pero el ama reía de la travesur~, y reDe arborecentes cuernos coronada
Temeroso de los hom· prendía al que había dejado la puerta abierta.
El
ciervo, y la mirada
bres y de las cosas descoSólo una vez lo golpearon, pero no se fué porCo11 angustia en redor vuelve doliente.
nocidos que allí miraba, fué á ocultarlos temblo· que allí estaba muy bien tratado. ¿Iba á vulgariCruza. el aire la flecha silbadora,
res de su miedo bajo amplia cama de p11.lo santo, zarse A las azoteas ó al patio; á vivir en la misey en pie, junto á la res que está tendida,
Ella salió á su acosturo brado paseo nocturno, ria para encanallarse y ser un ladrón, t¡n salteaY sangra p0r la herida,
seguida de una dama, y bruscamente, inespera- dor? ..... .
Se alza gentil la Diana Cazadora!
damente, sorprendentemente se halló cerca de
Una vez el tirano de su amada sospechó de la
M. LARRA~AGA P ORTUGAL,
él; se aterr orizó por el olor que revelaba la preexistencia
de aquellos amores dcblemente crimisenela de un enemigo temible.
El pobrecillo inexperto se echó á temblar Y á nales. ¡Qué vergüenza! ¡Tender la mano á la
odiada raza, á aquella con la cual tenían guerra
maullar pidiendo auxilio.
FUGACES.
Ella que conocía muy bien el idioma, cambió declarada desde hacia tanto tiempo, desde que
sus
antepasados
riileron
en
una
Arca!
1111 temores por confianza y lástima para el inEl noble pardo compró 111 mano de un asesino
fante.
Cuando gozas y ríes y se encienden
Se le acercó, y le prodigó palabras de con• que fué á llevarle un tósigo en un apetitoso pedacual amapolas tus megillas blancas,
zo de carne. Pero el asesino nunca volvió, Aqueauelo.
me figuro que veo entre celajes
El se lo agradeció inmensamente. Podía haber- lla noche, después de las caricias del saludo, ella.
una hermosa maliana;
.
le hecho mucho dalio, porque era grande, era ex- le dijo Jo que ocurría.
y cuando sufres y en tus ojos tristes,
Malas noticias. El, su dueilo, sabia la historia
perimentada.
próximas A caer, t iemblan las lágrimas,
de
los amores criminales.
Desde aquella noche siguieron viéndose todos
me parece que miro agonizante
Una sonrisa deVoltaire asomó á la boca del fefos d[as y siempre á la misma hora, cuando el siuna tarde callada.
lencio iba cubriendo toda la casa, cuando todas lino. De pronto se oyó ruido. Ella pegó A la puerCuando me hablas de amor y en armonía!&gt;
ta su fina oreja. Eran pasos. y eran los suyos, no
las voces morían y ningún paso resonaba.
se desborda tu acento que arrebata,
Ella no volvió ml\s cuando él creció; tenía la había duda, los conocía muy bien.
me figuro que suena en mis oídos
y sus redondos ojos negros y brillantes, se lleobligación de buscarla.
una música extraila;
Y a_ll[, envueltos en sombra, él recost11do, y ella naron de angustia.
y cuando sin hablar y pei:sativll
- «El » dijo implorando ayuda de su amante.
en pie algunas veces. otras dejando perder su
juegas con los encajes de tu foMa,
El felino, sin contestar, sin moverse, hincó los
negro cuerpo entr e los pliegues del blanco y neme parece que escucha en el silencio
gro del am11do, y siempre acaricil\ndose con bo- agudos dientes en el femenino cuerpo negro, en
una música el alma.
cas Y manos, pasaban las horas, viendo con ter- donde la. sangre pintó un listón ~hillante, La ro~RANULFO PENAGOS.
nura inmensa los ojos negros y brillantes, 1\ los dora dió un grito ríspido, metAhco, y todo volvió
al silencio.
ojos verdes y lumíneos.
A !a puerta de ·1a amplia galería del sombroso
Hasta que un gallo amigo suyo les avisaba con
c~stillo
que agujereaba los muros de la casa, Y
l1l canto cortado por aletazos, que ya la. aurora

lió de su somnolencia, dentro ~e la cual run•
Sa do había pensado muchv tiempo con pe,u~nla Ílegada de esa hora. Irguió en el blan111'sillón
en su delicado cue~po, con e I que .r·rngi'ó e l
::CO de un acueducto antiguo, y con fehna suavidad descendió á la alfombra.
Con la boca llena de bostezos reveladores de
tidio emprendió la marcha.
.
fa~ djos llameaban como foquillos de luz en
de J&amp; sombra. Sacudió la cabeza para esID tar el bochor no perezoso, y avanzó resueltapan
ce moviendo la
cola, como si yOr su finura,
189D
•
el viento la impe1iese. .
Se agitaba ccmo serpiente gozosa, la cola nea delgada, esbelta.
gr avanza entr e la silenciosa negrura de la alcoba, Ya lo buscaban en la obscuridad, dos
jlllos negros, dos brillazones de carbunclo.
0
A la puerta de una amplia galería del sombroso castillo que agujereaba los muros de la casa,
y al fondo se volvía subterráneo, estaba ya la
amante esperándole.
.
Llega, y la apasionada con sus ma_nec1tas roaadaa, acar icia la ~legan!e cabeza felina.
El coloquio Pmpieza.
De la delicada boca de la roedora, ruedan pro1881811 de un etPrDO amor, brotan dulces afirmaciones de una poderosa é inmortal pasión.
El la acaricia, procurando ocultar del todo las
corvas y afiladas uiias.
La historia de esa pasión empezó hace ya mucho tiempo, mucho, haee 60 n oches.

:O
y

CATEDRAL DE M:EXICO.-ALTAR MAYOR.

El afio de lí!Jl el arquitecto Damián Ortiz concluyó ca!li las torres, cu vo cuerpo lo ha hían fabricado Juan Lozano y Juan Serrano; siendo la
altura dP. ellits, según su autor, de 72 varas dos
tercios (60.m90) «desde la cruz ha.sta el pavimento. »
La construcción total duró cerca de dos siglos,
sin incluir las int'er'"upcfones; el material empleado fué la cAntería, la chiluca y el tezontle. Sin
temor de exagerar puede calcularse el costo de
la. obra en más de dos millones y medio de pesos.
*
* *
Nos falta espacio para UDI\ descripción que pudierit dar á. los lMtores siquiera una idea vaga
del Templo Metropolitano.
La erguida mole se levanta en elegante forma piramidal sobre planta en cruz latina. orientándose de Norte á Sur (á. este rumbo la fachada.
principal.)
Quisiera hablar con ciert0 detenimiento del exterior de la. basílica, que s~ muestra severo é interesante á pesar de los defdctos arquitectónicos
de detalle que saltan á la vista.
La iglesia. tiene cuatro fachadas que miran sen•
siblemente á los tantos y principales vientos car•
dinales, Compónese la. del Sur de tres puert11s
arcadas y exornadas con columr.as dóricas y jó•
nicas superpuestas respectivamente. En los ángulos de la fachada se levantan !os campanarios
ó torres, de base rectangular, sobre un vasto paralelipípido, y rematando en una cúpula de figura de campana, const.rucción fe!icísima que caracteriza á. aquellos campanariosi..
Los relieves y muchas de las numerosas está •
tuas de gran talla que se muestran al exterior
son muy notables.

En seg-ando término se destac11. la airoea cúp11.,
la ó c imborrio, coronada por una esbelta linternilla.
Complementan todo el exterior series escalonadas de balaustradas con pedebta.l fs y j11~on•
de cantería, y que corresponden, aquellas, A 1111
límites de las bóvedas.
Si el exterior merecería un estudio detenido J
curioso, no meno9 interesante se nos presenta el
interior, que dQ lugar á numerosas consideraciones y á. prolongadas vigilias.
La perspectiva interior es hermosa, elconjonto
severo y quizá. grandioso; aun cuando, como n
otra ocasión el que esto escribe lo ha dicho, apa,
rece desconsoladoramente desmantelado y con
unl\ decoración abandonada y pobre.
Tiene ci1.1co extemas naves: dos cerradas, dOI
orocesionales y la nave central. E n las ¡,rlmeraa
se encuentran distribuidas las ca pillas, en número
de trece: eiete al Poniente, quellevanlos nombrea
de San Miguel Arcángel ( cubo de la torre); dt1 loa
Santos Cosme y Damián, de San José, de la Vi,gen de la Soledad y del Serto1· del Buen De,paCM,
nast'l el crucero; de la T'h-gen de los Dolare, y de
San Felipe de Jesús; seis al Oriente, y se llamar.
de la Virgen de las Angustias de Granada (cubo
de la torre); de la Purisima, de la T'irgen de Gua·
dalupe, y &lt;le la T'frgen de la Antigua hasta el cl'llcero; de San Pedro y del 8 ...nto C,-isto. Algullll
conservan sus hermosas rejas de tllpincerAn,
La nave mayor se halla cubier ta por espléndl
da bóveda de catión, y las colaterales por plallllos principalmente, sobre pechinas. Termina la
iglesia, al Norte, por un ábside exagonal, doudl
está colocRdo el famoso altar de los Reyes, de e,•
tilo churrigueresco.
En la intersección del crucero se alza la cúpula, en la cual hay un fresco pintado por Jim• ;
bajo ella se levanta el ciprés, obra mod1:rna qd
citaremos en nuestro segundo artfoulo.
La C11tedral posee numerosos retablos, a l ~
muy dignos de nota, entre los cuales hay que el,,
tar á los churriguerescos, y diversos detallel 81nosos que reservamos para el próximo escrito,
por haberse Rlargado ya el presente mu delt
que suponíamos.
JEsts GALINDO v VrLLA,

-------•------ Lápida conmeinoratl-va
EN EL TEMPLO OE LA SANTA VERACRUZ.

Hoy debe de colocarse en la fachada de este
plo, una inscripción que recuerde á la po&amp;terldad
en el ant iguo cementtirlo adyacente á la iglesia, f
ron inhuwados los resLos del caudillo de la Iode
cia, Ltc. D. Ignacio L. Rayón.
En uno de nuestros números anteriores publ
mos el retrato auténtico del héroe mlcbOacaoo, 1
con ocasión de la ceremonia á que hacemos
eta, aparece en nuest,ro semanario el grabado
acom pana á estas lineas.

re,

TEMPLO DE LA SANTA VELUCRUZ EN CUYA FACHADA SE COLOCARA HOY UNA LAPIDA CONME:llURATIYA.

Del libro "PURPURA:"

�230

Domingo 1 ° de Octubre de 1899_

EL MUNDO.

EL SACRIFICIO.
Entonces la tierra temblaba ante el rey de 1
yes, Asurnazirpal. La gloria del mar y dt! la 08"6,
ña estaba sobre él, los espíritus del abismo
mando. Cuando los reyes del Occidente se le,'!-_ JI¡
ron contra él, los doblegó como los sauces sob~ •
pantanos. Los reyes del Oriente vinieron co ...,_
sol y los enganchó entre sus caballos.
n
Después aconteció que un jefe de Caldear
hombres contra el Estandarte del mundo y
sorpresa, la ciudad de ladrillos y betún de her~
murallas defendidas por put!rtas de bronce
-Los reyes de Siria y los nómades de los ~renal•
unieron al ruido de sus trompetas. Y marchaba •
diez ejércitos cuyos pasos hacían retemblar
nas y retroceder el firmamento.
•
Pero el rey de los reyes llamó á su&lt;, hombNS de
guerra. Llegaron por los ríos como numerosos calla,
verales y salier~n de las sel vas como leones. Estaban
preñados de od10 y rugían de coraje y marcharon 11
son de la trompeta á la ruina y la venganza. Loa
hombres de Caldea, los reyes de Siria y los oómadel
de los arenales se desplomaron como cisternas enrutn~; llen~ron la Mesopotania con su pavor. Murieron
veinte mil, cuyas manos fut!ron depositadas ante el
rey de los reyes con las armas de bronce los vasos
?ro y las piedras deslumbrantes. Desc~artlzaron
Jefe ?e los Caldeos y á los reyes de Siria les sacaroiil'
los OJOS y los engancbar:m á los carros de Nfolve.
El rey pensaba en su corazón: mi felicidad se
va en su plenitud; he puesto un límite á la montana
y un obstácu_lo al mar. Los hombres se rebelan pero
su fuerza, es impotente contra mi fuerza· he disipa?º á las naciones como rebaños; sus cóler~s 800 11emeJantes á la cólera del insecto contra la hornaza.
Se creía inaccesible al mal.
~ o volvió el Rey á Níoi ve sino después de dOI
primaveras. Cuando penetró en su g1ueceo vló ,
una doncella ta.o hermosa que solamente las d1om
podían serle comparadas. Estaba vestida C&lt;Jn tela&amp;
de oro y bisos venidos de T&lt;!bas. A su vista A11uroazirpa.l olvidó sus velorios y permaneció confundido de
gozo.
-¿Quién es esta que los dioses hicieron crecer para mi aeseo?
. --Es tu hija, rey semejante á los dioses, respon•
dieron sus servidores. Ld. dejaste pequeña y ha lllecido como una acacia..
Entonces se desesperó el rey porque era piadO&amp;O y
observaba los preceptos. Y en aquel tiempo los diuses de Asur consideraban como el mayor de 1011 cr[,
mene~ el comercio de un padre con su hija.
El rey hizo recitar oracion':!s en todos ws temploa
á fin de curarse de su mal, pero no cesaba de penl&amp;l'
en la belleza de su hija. Su corazón estaba lleno de
veneno, recorría Ja~ tinieblas con sm,piros de voluptuosidad y veía el mundo adornado cun la tela deoro
y los bisos. Sus qjos se hundieron en su rostro ftaco
como estrellas en un pozo, estaba. vestido de lnquie,
tud y atado de tristeza. Pensaba:
- Los pueblos me celebraban; era semejante á una
torre entre las cabaflas; mi w1rada era Ja fdeund&amp;ci_ón del país de Asur, mi palabra semejante á la llu•
v1a de la primavera., y todas las nacioot!t1se ri:1or:fao
de pavor al ruido de mis tropas de guerra. Y beaquf
que i.oy más miserable que la langosta cogida por el
gorrión, y estoy más triste que el leoparao mart.irl•
zado por las flechas, y des-:::lado como los campos don,
de esMn agotadat1 Jai; fuentes.
No obstante, su pena. se hacía insoportable; sintió
q~e no podía impedirse el tram,gredir los wanda·
wientos de Asur, si su hija permanecía viva sobre la
tierra. Entonces reunió á los sacerdtites y á lot1 jefell
guerreros y les dijo:
- Estoy enrermo de un mal extraño que los dioses
condenan. Mi corazón está lleno de uu deseo sl.1111·
mi tes; estoy necnizado por la belleza de mi hija, YDO
cen viene que vuestro señor haga lo que está pwh1bldo
en todos sus reinos. No tendré re¡&gt;oii0 bino 1111Cr1dc&amp;D•
do á mi hija, como se riega una planta de peratclóD,
Ordeno que se la conduzca el verdugo y que se Je cur•
te la cabt!za ante la asamblea.
La hija del rey llegó entre los sacerdotes Y los Jefes guerreros. ::;u belleza había aumentado co.no el
sol cuando sale de Jas nubes. Brillaba 1Jumo el broa•
ce fundido en el horno y ruodiáo p•Jr tos arteS11n08
del fuego. Estaba rodeada de su cabellera á tra\'éil
de la cual resplandecía su rostro· avanzaba mail! r,ran•
quila que los corderos al borde cte los ei.Laoquei1.
Asurnazirpal fué nacia ella y la estrt!cbó cunt,rl,
SN corazón. Sci sintió morir j unt,o á aquellos cab6!1Ull
s
de llama y aquellos oj1,s claros como ¡as rueoLeS 118
d
las , rocas. Péro la volYió á poner eu maoo:f ael 4
tema el puñd.l de la justicia y mando cortar 1allur
humana.
Mientras la cabeza ro iab1 á sus pies el rey de 1ol
reyes teofa el I ostro bailado de lágrimas Y 1us Jetel
de guerras decían á los sacerdotes:
¡1
.-En verdad Nuestro Señor ei, más grande por
piedad y la justicia, que por la ftterza de 1,u bf11ZO•

::.illli,.

La reina Maritornes era el terror de las nii1oe,
golosos y ladrones; reinaba en el granero donde
se maduraban, er.filadas, las manzanas y las peras, y en las vasijas donde se guarda el vino era
también el castigo de los borrachos y surgía inesperadamente de las barricas agujereadas fraudulentamente por el sirviente indelicado. Nadie la
había visto nunca pero se sabía que estaba pre·
sente y velaba en todas partes: estaba en las con•
serveras acariciadas por los ojos de los nifios hi•
pócritas y en la penumbra de los armarios de la
repostería; la cómoda ventruda donde las abuelas escondían sus cajas de mazapanes y sus bomboneras repletas de dulces, también estaba defendid~ por tlla, y quien i;e hubiera arriesgado á
abrir el mueble de las golosinas, habría encontrado á la Reina Maritornes teudida á lo largo en
un cajón.
Castigaba á los nii1os glotones que se enfermaban en la mesa y llevaba en los pliegues de su
vestido terrificas indigestiones; distribuía fiebres
y cólicos á todos los culpables, y todos los estómagos rebeldes eran suyos. Residía también en
las cocinas, emboscada á veces detrás de L:s
confiteros y las enormes caserolas de cobre donde en Otoi'io se cuece:: lentamente los guisos de
liebre, frecuentaba así mismo los sótanos obscuros, los fruteros embalsamados, olieutes á ni~pe•
ros, y la sombra de los montones de legumbres.
Tal como vivía, indistinta y vaga eil la imaginación de todos, su silueta obesa y ventruda pe•
saba como un malestar sobre la conciencia y el
estómago de los criados y los nii1os bribones.
Fué inmenso el terror del pequéflo Wilhem,
cuando, llevado de la mesa por haberse hartado
como un gastrónomo de tortas de ciruelas y crema de colt!s, se vió acostado en su camita, en su
recamara obscur,1 y soliraria, con un pril'cipio
de indigestión, solo, en 111 enorme recámara donde dormía con su niflera, completamente solo en
el tercer piso de aquella gran casa, mientras todo el mundo estllba abajo cenando.
Por bajar A donde estaban los otros criados,
su niiiera lo h~ b'a dejado sin luz y por ltA alta
ventana cuyas cortinas se habi11 descuidado correr, entraba 111 luna extendiendo en el suelo una
inmensa tela blanca y congelando en extraflas
actitu~e~ los contornos indeeisos de les objetos.
Y subitamente, en fl cuarto solitario gesticular~n perfiles desconocidos, primeramente, bajo el
v1dno del cuadro el pastel destell.ido de su padre. Allí con su co"bata de muselina, con la levita vientre de cierva abit'rta sobre la camisa
abullonada, mostraba, recto como una cu3todia
un austero y pálido rostro de antiguo magistrado. Repentinamente r,us cPjas se fruncieron y un
rel~mpago de legítima indi5 nac1ón encendió sus
pupilas.
El cólico torció entonces más implacablemenle al infortunado Wilhem que aterrorizado desvió vivamente los ojJs. C,iyeron después en un
sillón donde había un montón de vestidos equívocos; lentamente las piernas flC1jas de los pantalones se animaron, dos pies imprevistos salieron de
ellos, y mientras el busto se enderezaba en un
súbito imflamtnto de la chupa, dos brazos nerviosos se apretaban sobre un pecho escuAlido y
una siniestra cabezR. de viPj'.&gt; &amp;e rió en el silencio. ¡Qué rictus! Todas las teclas blancas del
clavicordio aparecieron E&gt;n la cara de rompenueces del estrambótico vejete.
Pero no filé más que una aparición. La recámara volvió A la sombra, y cuando Wilhem que
había escondido la cabeza bajo las sAbanas aventuró una mirada temerosa faera de su escondite,

no vió nada de anormal; todo había recobrado su
lugar acostumbrado, los objetos manchados de
claro ob,curo, se habían como borrado en la no•
elle y sólo le quedaba una ligera inquietud por
su jarra de agua puesta sobre el lavabo y extra:iiamente colocada enmedio de la jofaina como un
enorme sapo blanco.
··y el pequeflo Wilhem comenzó á respirar pero
su quietud no fué larga. Un ruido iuusitado lo
hizo estremecer. Subían la escalera, y oía pasos,
pasos como el ruido de un ejército en marcha.
Una multitud se amontonaba en las gradas; la
oía atropellarse en el descanso del segundo piso
y luego subir por la escalera del tercero. Seguramente venían á su cuarto.
~ en una gran ola de luz su puerta se abrió
brutalmente. No pu!]o ni lanzar un grito. Toda
la batería de cocina entraba tropezándose en el
umbral; había deslumbrantes caserolas de cobre
llenas hasta los bordes de arroz y de empanadas,
inmensos confiteros contoneándose pesadamente
sobre tres pies imprevistos; moldes de bizcochos
de Saboy11 y escalfadores de caras maléficas,
evidentemente mal iutencionadas, y teteras de
reflejas metálicos, y cafdteras con largos picos
insidiosos, de aire hostil. Tudo aquello hormigueaba, hervía y penetrabi en silencio á la recámara, arrastrándc,se como f rntasma en la tarima;
rodeaban su lecho y como una m ,rea muda su
bfan lentamente ct1yendo y subiendo después á
lo largo de sus ropas.
Baftado de sudor, l·Oo los ojos agundados por
el pavor, el nifio permanecía. mudo ante aqut!lla.
invasión aterradora. El cuarto estaba lleuo de
t?dos aquellos cobres y aquellos t!Rtaflos f intástICos que seguí rn entrando por la puerta, y vió
entonces, mezclados á los escalf.1dores avinagrados y A las cafeteras amenazadoras, salchichones
c~n patas, jamones con figuras de gnomos y gallmas extravagantes revoloteando por e! cuarto,
ya embroquetados y fritos.
Las cabezas de l11s liebres guisadas levantaban
los cuvérc~Jos de las caserolae; los picos de las
alondras puban; los purés, habas y guisantes
estall~ban y reventaban en burbujas en los platos brillantes; un ganso untado de grasa bailaba
co_n la rab_adilla arremangada, presto para la parrill11., y pichones escapados de las estufas fJrm:lban un cortejo de carne hervida á un con ..j, en
gibelota_, T~do eso era horroroso, y en aquel aparato culinario y f1rntástfoo Wilhem reconoció estupefacto, á la R~ina ?ifttritoroes.
'
Era ella: alta, impasible. acoraz·\ da de cobre
rojo, svanzando penosamente en su pesada faJJa
de campana, con la ci 1tura 11.prhionada en una
sopera. Era una criatura horrible, calva y p \!ida, que mostraba sobre su cráneo el desplit•gue
de una cola de pavo-real, adornado y preparado
para la mesa. Lo que se veía de su piel ei:taba dorado y tot1tado como el estóma.,.o dt! un
pavo, ! tenía por mano~ dos enorm:s patas
de galhna. Un collar de salchichas jugaba. so•
bre 1~ porcelima de su pt-cho, y dos monstruosas
morcillas pendían de su cintur11, á manera de
arracadas. En una mano tenía un ramillete de
puerros: de cebollas y zahanorias, y como verda•
dera rema de 111s marmitas bl,mdía con la otra
una enorme cucoara, que intr0ducía sin descanso en los puréi, en las salsas y las empanadas,
aumentando el terror del nifto. Pero lo que no
pudo soport~r, fué la mirada de la espect, a l mufleca, una mirada automática, esmaltada y sin vida, que se clavaba en él despiadadamente. L rnzó un gran grito y despertó á la luz de una lámp~ra Y una bujía; su madre, s11s hermanos y su
mfiera lo rodeaban; estaba confu50 y desconcertado; el pequei1o Wilhem había sido olvidadv en
su lecho.
JEAN LORRArn,

tom:-W

Año VI

Tomo IC

--- - - México, Oomin go 8 d e Octubre
- de

1

s99 _

Número 15

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A. DABVlLL&amp;

MANON
A. LYNCH.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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