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Domingo 1 ° de Octubre de 1899_

EL MUNDO.

EL SACRIFICIO.
Entonces la tierra temblaba ante el rey de 1
yes, Asurnazirpal. La gloria del mar y dt! la 08"6,
ña estaba sobre él, los espíritus del abismo
mando. Cuando los reyes del Occidente se le,'!-_ JI¡
ron contra él, los doblegó como los sauces sob~ •
pantanos. Los reyes del Oriente vinieron co ...,_
sol y los enganchó entre sus caballos.
n
Después aconteció que un jefe de Caldear
hombres contra el Estandarte del mundo y
sorpresa, la ciudad de ladrillos y betún de her~
murallas defendidas por put!rtas de bronce
-Los reyes de Siria y los nómades de los ~renal•
unieron al ruido de sus trompetas. Y marchaba •
diez ejércitos cuyos pasos hacían retemblar
nas y retroceder el firmamento.
•
Pero el rey de los reyes llamó á su&lt;, hombNS de
guerra. Llegaron por los ríos como numerosos calla,
verales y salier~n de las sel vas como leones. Estaban
preñados de od10 y rugían de coraje y marcharon 11
son de la trompeta á la ruina y la venganza. Loa
hombres de Caldea, los reyes de Siria y los oómadel
de los arenales se desplomaron como cisternas enrutn~; llen~ron la Mesopotania con su pavor. Murieron
veinte mil, cuyas manos fut!ron depositadas ante el
rey de los reyes con las armas de bronce los vasos
?ro y las piedras deslumbrantes. Desc~artlzaron
Jefe ?e los Caldeos y á los reyes de Siria les sacaroiil'
los OJOS y los engancbar:m á los carros de Nfolve.
El rey pensaba en su corazón: mi felicidad se
va en su plenitud; he puesto un límite á la montana
y un obstácu_lo al mar. Los hombres se rebelan pero
su fuerza, es impotente contra mi fuerza· he disipa?º á las naciones como rebaños; sus cóler~s 800 11emeJantes á la cólera del insecto contra la hornaza.
Se creía inaccesible al mal.
~ o volvió el Rey á Níoi ve sino después de dOI
primaveras. Cuando penetró en su g1ueceo vló ,
una doncella ta.o hermosa que solamente las d1om
podían serle comparadas. Estaba vestida C&lt;Jn tela&amp;
de oro y bisos venidos de T&lt;!bas. A su vista A11uroazirpa.l olvidó sus velorios y permaneció confundido de
gozo.
-¿Quién es esta que los dioses hicieron crecer para mi aeseo?
. --Es tu hija, rey semejante á los dioses, respon•
dieron sus servidores. Ld. dejaste pequeña y ha lllecido como una acacia..
Entonces se desesperó el rey porque era piadO&amp;O y
observaba los preceptos. Y en aquel tiempo los diuses de Asur consideraban como el mayor de 1011 cr[,
mene~ el comercio de un padre con su hija.
El rey hizo recitar oracion':!s en todos ws temploa
á fin de curarse de su mal, pero no cesaba de penl&amp;l'
en la belleza de su hija. Su corazón estaba lleno de
veneno, recorría Ja~ tinieblas con sm,piros de voluptuosidad y veía el mundo adornado cun la tela deoro
y los bisos. Sus qjos se hundieron en su rostro ftaco
como estrellas en un pozo, estaba. vestido de lnquie,
tud y atado de tristeza. Pensaba:
- Los pueblos me celebraban; era semejante á una
torre entre las cabaflas; mi w1rada era Ja fdeund&amp;ci_ón del país de Asur, mi palabra semejante á la llu•
v1a de la primavera., y todas las nacioot!t1se ri:1or:fao
de pavor al ruido de mis tropas de guerra. Y beaquf
que i.oy más miserable que la langosta cogida por el
gorrión, y estoy más triste que el leoparao mart.irl•
zado por las flechas, y des-:::lado como los campos don,
de esMn agotadat1 Jai; fuentes.
No obstante, su pena. se hacía insoportable; sintió
q~e no podía impedirse el tram,gredir los wanda·
wientos de Asur, si su hija permanecía viva sobre la
tierra. Entonces reunió á los sacerdtites y á lot1 jefell
guerreros y les dijo:
- Estoy enrermo de un mal extraño que los dioses
condenan. Mi corazón está lleno de uu deseo sl.1111·
mi tes; estoy necnizado por la belleza de mi hija, YDO
cen viene que vuestro señor haga lo que está pwh1bldo
en todos sus reinos. No tendré re¡&gt;oii0 bino 1111Cr1dc&amp;D•
do á mi hija, como se riega una planta de peratclóD,
Ordeno que se la conduzca el verdugo y que se Je cur•
te la cabt!za ante la asamblea.
La hija del rey llegó entre los sacerdotes Y los Jefes guerreros. ::;u belleza había aumentado co.no el
sol cuando sale de Jas nubes. Brillaba 1Jumo el broa•
ce fundido en el horno y ruodiáo p•Jr tos arteS11n08
del fuego. Estaba rodeada de su cabellera á tra\'éil
de la cual resplandecía su rostro· avanzaba mail! r,ran•
quila que los corderos al borde cte los ei.Laoquei1.
Asurnazirpal fué nacia ella y la estrt!cbó cunt,rl,
SN corazón. Sci sintió morir j unt,o á aquellos cab6!1Ull
s
de llama y aquellos oj1,s claros como ¡as rueoLeS 118
d
las , rocas. Péro la volYió á poner eu maoo:f ael 4
tema el puñd.l de la justicia y mando cortar 1allur
humana.
Mientras la cabeza ro iab1 á sus pies el rey de 1ol
reyes teofa el I ostro bailado de lágrimas Y 1us Jetel
de guerras decían á los sacerdotes:
¡1
.-En verdad Nuestro Señor ei, más grande por
piedad y la justicia, que por la ftterza de 1,u bf11ZO•

::.illli,.

La reina Maritornes era el terror de las nii1oe,
golosos y ladrones; reinaba en el granero donde
se maduraban, er.filadas, las manzanas y las peras, y en las vasijas donde se guarda el vino era
también el castigo de los borrachos y surgía inesperadamente de las barricas agujereadas fraudulentamente por el sirviente indelicado. Nadie la
había visto nunca pero se sabía que estaba pre·
sente y velaba en todas partes: estaba en las con•
serveras acariciadas por los ojos de los nifios hi•
pócritas y en la penumbra de los armarios de la
repostería; la cómoda ventruda donde las abuelas escondían sus cajas de mazapanes y sus bomboneras repletas de dulces, también estaba defendid~ por tlla, y quien i;e hubiera arriesgado á
abrir el mueble de las golosinas, habría encontrado á la Reina Maritornes teudida á lo largo en
un cajón.
Castigaba á los nii1os glotones que se enfermaban en la mesa y llevaba en los pliegues de su
vestido terrificas indigestiones; distribuía fiebres
y cólicos á todos los culpables, y todos los estómagos rebeldes eran suyos. Residía también en
las cocinas, emboscada á veces detrás de L:s
confiteros y las enormes caserolas de cobre donde en Otoi'io se cuece:: lentamente los guisos de
liebre, frecuentaba así mismo los sótanos obscuros, los fruteros embalsamados, olieutes á ni~pe•
ros, y la sombra de los montones de legumbres.
Tal como vivía, indistinta y vaga eil la imaginación de todos, su silueta obesa y ventruda pe•
saba como un malestar sobre la conciencia y el
estómago de los criados y los nii1os bribones.
Fué inmenso el terror del pequéflo Wilhem,
cuando, llevado de la mesa por haberse hartado
como un gastrónomo de tortas de ciruelas y crema de colt!s, se vió acostado en su camita, en su
recamara obscur,1 y soliraria, con un pril'cipio
de indigestión, solo, en 111 enorme recámara donde dormía con su niflera, completamente solo en
el tercer piso de aquella gran casa, mientras todo el mundo estllba abajo cenando.
Por bajar A donde estaban los otros criados,
su niiiera lo h~ b'a dejado sin luz y por ltA alta
ventana cuyas cortinas se habi11 descuidado correr, entraba 111 luna extendiendo en el suelo una
inmensa tela blanca y congelando en extraflas
actitu~e~ los contornos indeeisos de les objetos.
Y subitamente, en fl cuarto solitario gesticular~n perfiles desconocidos, primeramente, bajo el
v1dno del cuadro el pastel destell.ido de su padre. Allí con su co"bata de muselina, con la levita vientre de cierva abit'rta sobre la camisa
abullonada, mostraba, recto como una cu3todia
un austero y pálido rostro de antiguo magistrado. Repentinamente r,us cPjas se fruncieron y un
rel~mpago de legítima indi5 nac1ón encendió sus
pupilas.
El cólico torció entonces más implacablemenle al infortunado Wilhem que aterrorizado desvió vivamente los ojJs. C,iyeron después en un
sillón donde había un montón de vestidos equívocos; lentamente las piernas flC1jas de los pantalones se animaron, dos pies imprevistos salieron de
ellos, y mientras el busto se enderezaba en un
súbito imflamtnto de la chupa, dos brazos nerviosos se apretaban sobre un pecho escuAlido y
una siniestra cabezR. de viPj'.&gt; &amp;e rió en el silencio. ¡Qué rictus! Todas las teclas blancas del
clavicordio aparecieron E&gt;n la cara de rompenueces del estrambótico vejete.
Pero no filé más que una aparición. La recámara volvió A la sombra, y cuando Wilhem que
había escondido la cabeza bajo las sAbanas aventuró una mirada temerosa faera de su escondite,

no vió nada de anormal; todo había recobrado su
lugar acostumbrado, los objetos manchados de
claro ob,curo, se habían como borrado en la no•
elle y sólo le quedaba una ligera inquietud por
su jarra de agua puesta sobre el lavabo y extra:iiamente colocada enmedio de la jofaina como un
enorme sapo blanco.
··y el pequeflo Wilhem comenzó á respirar pero
su quietud no fué larga. Un ruido iuusitado lo
hizo estremecer. Subían la escalera, y oía pasos,
pasos como el ruido de un ejército en marcha.
Una multitud se amontonaba en las gradas; la
oía atropellarse en el descanso del segundo piso
y luego subir por la escalera del tercero. Seguramente venían á su cuarto.
~ en una gran ola de luz su puerta se abrió
brutalmente. No pu!]o ni lanzar un grito. Toda
la batería de cocina entraba tropezándose en el
umbral; había deslumbrantes caserolas de cobre
llenas hasta los bordes de arroz y de empanadas,
inmensos confiteros contoneándose pesadamente
sobre tres pies imprevistos; moldes de bizcochos
de Saboy11 y escalfadores de caras maléficas,
evidentemente mal iutencionadas, y teteras de
reflejas metálicos, y cafdteras con largos picos
insidiosos, de aire hostil. Tudo aquello hormigueaba, hervía y penetrabi en silencio á la recámara, arrastrándc,se como f rntasma en la tarima;
rodeaban su lecho y como una m ,rea muda su
bfan lentamente ct1yendo y subiendo después á
lo largo de sus ropas.
Baftado de sudor, l·Oo los ojos agundados por
el pavor, el nifio permanecía. mudo ante aqut!lla.
invasión aterradora. El cuarto estaba lleuo de
t?dos aquellos cobres y aquellos t!Rtaflos f intástICos que seguí rn entrando por la puerta, y vió
entonces, mezclados á los escalf.1dores avinagrados y A las cafeteras amenazadoras, salchichones
c~n patas, jamones con figuras de gnomos y gallmas extravagantes revoloteando por e! cuarto,
ya embroquetados y fritos.
Las cabezas de l11s liebres guisadas levantaban
los cuvérc~Jos de las caserolae; los picos de las
alondras puban; los purés, habas y guisantes
estall~ban y reventaban en burbujas en los platos brillantes; un ganso untado de grasa bailaba
co_n la rab_adilla arremangada, presto para la parrill11., y pichones escapados de las estufas fJrm:lban un cortejo de carne hervida á un con ..j, en
gibelota_, T~do eso era horroroso, y en aquel aparato culinario y f1rntástfoo Wilhem reconoció estupefacto, á la R~ina ?ifttritoroes.
'
Era ella: alta, impasible. acoraz·\ da de cobre
rojo, svanzando penosamente en su pesada faJJa
de campana, con la ci 1tura 11.prhionada en una
sopera. Era una criatura horrible, calva y p \!ida, que mostraba sobre su cráneo el desplit•gue
de una cola de pavo-real, adornado y preparado
para la mesa. Lo que se veía de su piel ei:taba dorado y tot1tado como el estóma.,.o dt! un
pavo, ! tenía por mano~ dos enorm:s patas
de galhna. Un collar de salchichas jugaba. so•
bre 1~ porcelima de su pt-cho, y dos monstruosas
morcillas pendían de su cintur11, á manera de
arracadas. En una mano tenía un ramillete de
puerros: de cebollas y zahanorias, y como verda•
dera rema de 111s marmitas bl,mdía con la otra
una enorme cucoara, que intr0ducía sin descanso en los puréi, en las salsas y las empanadas,
aumentando el terror del nifto. Pero lo que no
pudo soport~r, fué la mirada de la espect, a l mufleca, una mirada automática, esmaltada y sin vida, que se clavaba en él despiadadamente. L rnzó un gran grito y despertó á la luz de una lámp~ra Y una bujía; su madre, s11s hermanos y su
mfiera lo rodeaban; estaba confu50 y desconcertado; el pequei1o Wilhem había sido olvidadv en
su lecho.
JEAN LORRArn,

tom:-W

Año VI

Tomo IC

--- - - México, Oomin go 8 d e Octubre
- de

1

s99 _

Número 15

las::

A. DABVlLL&amp;

MANON
A. LYNCH.

�Domtn¡¡c 8 de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

228

DirBctor: LIC. RAFAEL REYESSP!WDOLA.--------------------------------

Mientras, dejando el libro Yel sueño, ba:o ~~~~l/¡
ada escapatoria á los teatros1 mientras a ra
~i udad adormecida y fangosa bajo el capelo
mala lluvia al rededor de mi p~rag~as, d~~! de es•a
do en la realidad de mi sttuaci o. d osacunadas p~r
semana nu son otra cosa que mone as
n·
la mano del fastidio. ¿Qué bacerdenl est;e~~:, pa:~
mio? No es posible hablar ya e as

q::t:~~=

da~¡ placer por lo general, no deja buenas de s~
00
0 • ó 8 ¡ l~s deja, son tan débiles que, como
~ mPa de jabón, se deshacen en el viento. Es trág 11l

el :ecuerdo de Ja dicha gm.ada. La memor~~~;a~,
arca santa de las cosas tristes; de las que pe t os
de las que eternamente viven en casa con n7sc, r .
¿No os acordáis de las E11Zwul.a, del
¡Pobrecito! ;No os acordáis qué decla1

~•IIJU•

Suelen dejarme cuando sonriendo
Mis pobres esperanzas
Como enfermitas ya convalesclentes
Salen alegres
A la ventana.
Corridas buyen, pero vuelven luego,
y por la puerta !&amp;Isa
Entran trayendo ~omo nuevo huésped
Alguna triste
Livlda hermana.

nosamente. ¡Qué imbécil! No ha logrado arraoc9,rle
una sola molécula de fastidio.

*••

á~:t;~~~a

Para entretener las últimas velad~s del
hermosa seflortta, de exquisito y ar1r~i°crimprovlsad~
me pregunta, st en cualquier teatr o
d de
podrá ella co~ algunos compafieros ded¡uv~~J~~ en
alegría poner en escena vteJas come as
re
lugar d'e petlplezas Y esbozos dra~átlcos, con su ~pecti va música ligera del géneJ'O chioo. .
. so es
Pur supuesto que sf, encantadora criaturad e
loablt• ·Comedia final y no puedo menos e aco~darm~ d~ aquel Trianon, de aquel rinconcito _de teli cidad un poco tardía y rápida, do0:de una reJDa ~:
traje de batibta blanco, flch(~ de gasa y so~blero le•
paja, corría por los jardines, 1ba de la granJa áa tocherla llevaba á los Invitados á beber leche Y
mar h~evos frescos, obligaba al rey á dejar el br)Squ.e
en que leía, y á merendar sentado en )a bler~a, mi raba ordeí1ar las vacas, pescaba en edl llagboo, ~ b~~n ~
tada sobre el césped, descansaba e
r a
Y
malla, hilando en una rueca de aldeana..
.
Esa reina quiso hacer lo que usted, hada !nterroadora: divertir sus ocios con finas comedlas, y el
~ia 19 de Agosto de 1785 Marla Antonleta h izo de
Rosína el Conde de Artols, de Fígaro, M. de Vandreuil de Alma viva, el Duque de Guicbt, de Bartola,
y Mr. de Crensol, de Basilio.
.
r
El autor era un t11.l Beaumarcbats, un poeta bu lesco que adrede mojó las saetas de su sátira en e1
perf~mado veneno de una filosofía pesimista.
¡Oh, claro que será delicioso volverá ~ir en un ~atro de campo, una de esas viejas y clásicas ~medias
que rechazó el mal gusto y empolva el olvido.

sef

*••
Mientras la ópera llega nos quedamos con nuestra
fiel amante la zarz.uela. Es una mujer tentadon. E:i
nuestra más constante novJa. Nunca uos i:leja, por
más que, algunas veces-muy pocas por cle1 to-finjamos desdenarla.
¡
Napoleón Sien1 Sf' anuncia ya. Que no sea la próx ma temporada el Waterloo de este Napoleón.

Abrese á recibirlos la Infinita
Tiniebla de ml alma,

y van prendiendo en ella mis recuedas
Cual tristes cirios
.De cera pálida.
. Las fiestas de ayer? Bah! ;Quién piensa en el~t

F rieron unas coquE. tas que se nos acercaronbnos

e.

•••

!1

i

se

C'etalt de la chalr vive a veo dn granlt brut,
Une lomoblltté hute d'lnqulétude
Un é 1tt1ce ayaot un bruJt de multude,
'Oe&lt;i truus no1rs étollés par des faroucbes yeux,
D~s evolutlonsde lt'.roupes mn11J1trueux,
Devastes bas-rellefs, des f1':sques coloeeales... .._.,

Pero este enorme muro vivo, no tenia el aspecto t,Ji..
uico de ta visión de Hugo, era un muro q_ue 88 tapa.
ba. de la 110\'izna y del sol r.on dosclentob mil paraguu
sombrlilas y que á la menuda sombra de estosklCllimos de seda, llno ó encaje .que cernían la luz ó d•
untaban las to visibles agu¡as de hielo de lasr4111111
boreales, engullia concienzudamente seis mtllonee de
sandtoichs por hora y tragaba otros tantos millo.
es de bocks de cerveza que trablormada por los ftltnll
~enales debe haber formadv inn um erable&amp; t~ibu1ilrlos del H udson.
Todo eso que vivía turlosamente, con toda la gana
y la facultad de vivir de que es ca paz el hombre,•
concentró, se unimismó en un sólo gr tto, en un 16lo
hurra}¡, cuando pasó el viejo almirante descubierto ea
la opa del Ollmpla. ¡Qué espantosa mol.. ttal iQult!n
butlera sido éll Su dogo de las F ilipinas dormla6
sus pies ó fingía dormir; de cuando en cuando abda
un ojo húmedo y abur, ido. Los perro3 quieren mucho
á los hombres, pero desprecian secretamente, la ha.
manldad. ¡Ingratos! ¿No ha dicho un gran ttlóeofo
chino qae lo mejor que tiene el hombre es el perrot

•••

ron un beso, nos htcteron un juramento, y uyeron,
después; riendo y prometiéndonos volv~rÓ·
Ha cosas sertas y tristes que contar, pero 1a cr
otea ¡o debe ser una prédica nt Jas cláusulas de una
revista etfmera deben sonar á marcha fúnebre ó á
elegia.

En semanas así es cuando me he preguntado qué
es un cronista. y Jo be dtchu ya: una. con~ t a es un Triboulet. .En la vida mundana como
i n la corte del rey gala11tuonw, ba de llegar sonando
u corcoba cascabeleada, batlando su l?antomima
~laudicante Y grotesca, moviendo en un nctU-$ eterno
su cabeza de histrión ...... Lara, lara ..... ¿Qu~os
parece el bufón del rey, magnf!cos caballeros, neos
hombres cortesanas hermosas.
Viene á, sacudi r vuestro hastío, á. poner mo~~'i ~
improvisar chanzonetas, á rimar burlas. Cerf e.
está stem re de buen humor, porque para eso epaan. arl ue reparta la alegria, la inagot~ble ale:rta.'
mioantial tnexbausto de sus gracias. Tr:e
na 'inmensa provisión de canelones de pecheros, e.
;rcverblos plebeyo•, de chistes populares. La calle
es un arsenal.
De todo hablará, soplándose los dedos, Y acompad todo de su música exagerada y ridfcula.
na; 0º1e pidáis una buena ide9:, un cuento bello, una
fábula Ingeniosa. ¡Qulál No sirve para eso. No abre
. f,ol·o
nunca un u1
i , no sabe descifrar un manuscrito
sanscrlto.
D t d su
Ali! está el tlsico árabe que lo sabe. en ro e
birrete negro anida la Sabidurla.
Oh si el cronista tuera el poeta de la Corte'. .
~er¿ él no está obligado á. conocer la gaya c&amp;ena.a,
ni á entfar en lucha con los troveros.
D . dl l'ues que divierta con sus monstruosas
~!.i!'as co~ sus truhanerías regocijadas, porpan cuando~ enseria, u0 tantico siquiera, cuando
iu~ su jubón listado de rojo y amarillo, se ve batir
1:~~tral:la entusiasmada, cuando se le escapa po~ entre las junturas de la risa, algo de lo que tiene ~no cuando pasa junto á una mujer y se le oye etrr-' ué linda!; cuando levanta al cielo los ojos Y se
e 0· 1 ritar: ¡qué azul!¡ cuando se acuerda de un
le ~ Jnoro y rotundo y exclama: ¡qué soberbio! en::~ces el rey frunce el ceno, y la corte entera que
eceslta sacudir su hastío,
siente Irritada.
n _ Eb, Trtboulet, qué es eso? Baila Y ríe.•• •
y !Trtboulet pasa sonando sus cascabeles y bailando su danza claudicante.
La corte del rey galantwmw lo mira pasar desde•

cuares en torno de los kioskos, de las casucas, por el
lado d~ New-Jer~ey, el verde r,riunfa aún, en lu 11.
rombras de alto liso de la grama, peinada y cuidada
como un tapiz de casa de Vanderblldt ó de Astor. Al
pie del ribazo, como los dientes de un pei ne de glgan.
te, los docks; y los vapQres que por ellos ent ran y 11,.
Jen emborronadoi; de humo, que un poco más al1' 11
concreta en penacho ondulante y deja plntane ea
el crlstsl de la babia los gráciles perfiles del barco que
busca los canales del océano. Coronando la margea
del rlo, por el Jado de New York, la amplia calada
del RI verslde. acotada por un muro kilométrico de
palacios de quince pisos.
y ya me ttguro lo que serian los pal acios en cuyOI
tejados cornisas y aberturas rntlnltas borbollonaba
la gen~ y flameaba.u al fresco viento otoiial millonlli
de flámulas y gallardetes y banderas de todos IOI colores que de cuaudo en cuando, el sol salpicaba del111
con un g¿lpe de su brochó~ de oro. Y ya, me figuro lo
e serian los ribazos cua¡ados de multitud desde 111
~~laustradas de la avenida. hasta los mue1les. Eecll
muros humanos son como los que el poeta vió en
suenos:

u. s.

EL TRIUNFO DE DEWEY. Los
SE FESTEJA.NA SJ MISMOS.
2. EL nadie hace lo qm !JO hago EN LA NACION Y EN LOS
INDIVIDUOS; LOS RICOS EXCENTRlCOS.
3. APACIGUAMIENTO EN Fn.ANCIA. LA TRIPOLITANA,
AL ÜOURRIER DU ME:X.IQUE.
4. EL TRANSVAAL.

l. COSAS DE LOS

U. S.

1. Cuando hace un poco menos de_ veintidós siglos
el consul Dullius batió á los cartagrneses en Mylae,
sus compatriotas, llenos de entusiasta ~ratltud al
autor de una. victoria que convertía. á Roma en potencia marftima, le decretaron una columna rostral
en el foro con una inscri pelón votiva, y el prt vlleglo
de ser conducido á su casa por las noches, por flautistas y porta-antorchas. Por puro amor á su patria ~ebe de habe1 aceptado este tormento Dullius, pero JU•
ro que si al almirante Dewe,v quisiesen honrarlo del
mismo modo seria capaz de huir de su patria... y yo
también. Pase por Jo de la columna rost ral, que.de
seguro se alzará pronto en proporciones gigantascas
en el Central-Park ó en el arsenal de Brooktyn, pero
las ftautasl Oh\ no, eso nunca.
y, sin embargo, no pocas han de haber resonado
en el triunto del vencedor de Mantla. Los Esta.dos
Unidos, Nueva York, sobre todo, se pagan lujos in.
verosímiles por lo enormes, Ct1mo esta fiesta, muy
merecida por más que digan, en honor del viejo almirante; no sé en qué otra parte pueda lograrse pasar revista á una formidable escuadra en el corazón
de una ciudad, gracias al Hudson que, amplio y profundo, borda la isla en que ha crecido como Inmensa.
selva de fier ro, mármol y granJto la ciudad- Imperio.
Veo la decoración, los ribazos pardos del rfo, sembrados en Octubre de árboles de todos los colores y ma.
tices con que el verde huye hach las palideces enfermas del amarillo, del rosa¡ hacia la pó.rpura terrugi..
nosa como las manchas de sangre vieja, y el pardo quemado que dejan en las cortezas y las hojas
los besos de las primeras heladas; verde, ¿el verde ha
muertu? No; en derredor de los jardln~tes, en los es-

Inútil es decir que en este homenaje los neoyorklnos en particular, y la Unión en genera\ han querido disputar el campeonato de las fiestas trlunl&amp;IOI,
El imperialismo vencedor, que ayer era apenu u
desideratum y boy es una realidad tormtdable, ae ha
CP.lebrado á s[ mismo en la cabeza venerable de •
viejo Jobo de mar nacido de la mis ma cepa que lcll
Drapper (el capt•Jrador de Manila e~ 1762), losBodney, los Nelson y los .F'a.rragut, maguer el origen •
talán de éste.
ue4e11
El arán de hacer gala de poder lo que no p
otros es propio de la nación como h&gt; es de los 11111tuosi;lmos advenedizos que están hoy al trente de la
riqueza del mund•&gt; y que, ellos ó ~us padr~,
todavía hombres de pena y trabaJO material, pero
conquista de la fortuna es para nuestro'l prlm~ o
sport, la lucha por Ja vida tiene entre ellos,
ttvo de una carre ta d~ caballos ó de un com
púgiles al box.
d d
ente
Los ricos americanos, es decir, los ver a era~mt,.
ricos, no los que, como yo, solo tienen cuato óse•n•
lloneH de pesos,-ese como yo, pueden mis lecto res
pretarlo á su guisa-los arcblm lllonarl os, en • ~
cifran su ventura en bacer lo que ot ros
tener lo q,ue 00 tienen otros. Una de ast'ª1r •
Vanderblldt, por ejemplo, se ha hecho
plena .New York, un palacio en~ramen e ~ rohll
.Malmaison de la emperatriz Josefi na, á qule ,!'.,.
1111
devoción piadosa; otra. señora ha intentadoci ";CIII
quedarse atrás, reproducir en el lnterlor
(situada !rente ai Museo Metropolitano &lt; ó Park) el del palac\o de los duxes; todf
etano ó prehistórico, dice el autor de es 1 ~
pesco estas Intimidades; ali! hay aldabones
de la primera edad del fierro, pavi men~
musaica, que dice Berna! Dfaz, Y ent r~ º !sm iOI •
vieja encina ricamente tal1ada, a mpltos f ~
.,.
109
coradosde,papel rojo rameado de o~ol :1~ºb~ 'no brilllD
jones del artesonado brillan, ó me¡or
d° V ~
vetustísimas pinturas delosantecesor~to ~ojo et•
y Tlzlano y sobre la chimenea d';,,Vªºla el allO pi,
trato de un Dux .... pintado en - ra nc
sado.
nas m!IIC)llllllil,
Bien está; comprendo que los ape rctonant ll
se rodeen de cierta pacotllla, para propo to OOII ij
dulce Ilusión del lujo de arte, por su ~uesro
_.
4
que•tenga algún sello de buen gusto,,irtist!CIIOIII
nes pueden pagar verdaderas obras
si es lllO'
80
pren pacotilla, con tal que sea car:; ~lnero deClllt
1 en 11
mtnable. Uno de est,os señorones vefa
delante delcl814&gt;de Melssonler, que

~rana,:
"t:.'::

ºf 11aoe::.,_
r~s :~ ,1a

iCensn1
~r
\u ':';,,qaiea

)a ,_

ª .-.-

que

Domingo 8 de Octubre de 1899.

-coteea de un o de sus émulos: yo tengo un cuadro

•gual, enteramente igual á éste, pero de otro autor;
me costó se.qenta pesos en un remate, mientras que

EL MUNDO.

Y. la admirable cantatriz sufría un ataque de parállris que aun la tiene inmóvil y muda; también se congreg_aron inútilmente en casa de la dica los mejores
médicos de Europa: y como su pasión por la músi.
ca tomó proporciones extraordinarias1 su mMJdo
se dispuso á satisfacerla: era el único modo de a.liv!ar sus dolores. Un violinista de primer orden se
comprometió á tuerza de oro á no separarse de la casa y un dia que la paralítica puio hacer comprender
su deseo de escuchar Escla1-nHmde, la ópera de Massenet que había sido su principal triuuto, los mejo,
res artistas de la Academia :Nacional de música de
París, organizaron y representaron, en la sala de la
casa, t eniendo por público á la enferma y á su esposo1
la deseada ópera. Mr. TNry no se separó un instante de su triste y excéntrico hogar hasta que murió hace poco en plena juventud; Slbyl Sanderson ha quedado herida de muerte y viuda.

229
y que, muy á mi pesar, no quebrantaré, ni hoy siquiera.

-' Astor Je cuesta el suyo cien mil! Y leyendo esta
•
anecdotllla recordaba yo á aquel cónsul romaoo que,
••
-después de la destrucc:ón de Corinto, remltia á RoLos Ingleses han obtenido en su litigio con Venema algunos cuadros y estat~as de los maestros helezuela m~s de lo que pedian; el fallo de los árbitros
nos, previniendo á los soldados porteadores que, si
les ha sido, en suma, favorable, cegando para la repú,
dejaban perder 6 averiar aquellos ejemplare.~, harían
blica nuestra hermana una. !uentd de peUgrosísimos
-otros Iguales. Algunos ha.y entre estos cresos adveconflictos; todos bao ganado, pues. Ya. no queda más
nedizos, incapaces de distinguir sin guias la superioque marcar materialmente los límites. Pues si tan
ridad de un a pintura sobre una oleogratfa; son de Ja
buen viento sopla á .los brltanos en materia de arbimilma familia 1 diremos del mismo ganado, que altrajes ¿por qué no aceptan la proposición de Krliger,
.gano de nuestros.pudientes que paga, en sólo un maraunque sea haciendo Ja expresa res~rva de la cuesoo de una acuarela de ilustración, exactamente el
tión de soberanía? De veras que se los agradecerla el
precio de uno de esos delJciosos cuadritos de Ramos
mundo entero que va tomando en este asunto poco
.l[arth:iez, el maestro indiscutido de la acuarela en
más 6 menos la misma actitud que en el de Drey)lé1tco.
rus; aquí se trataba de un hombre, allí se trata de
Volviend o á las excentricidades de los reyes del
un pueblo: pero de un pueblo débil y pequeño y trabamlllóo en tierra yankee, NorvJns cuenta que la mlsmíjador que tiene sobre su cabeza por espada de Da.••
.stma duena del palacio veneciano, la Sra. Stuyvesant,
mocles á todo el imperio británico pendiente de un
•
i ~iah, en una fiesta nocturn1 de su casa balnearia de
Sólo be podido permitirme esta digresión porque cabello1 es decir, de una p,labra del Sr. Ministro
New-Port, bacía conducir los juguetes del cotillón el material Dreyf1l8, como lo había previsto, escasea Chamberlaín.
-que valían bastantes mlllares de pesos, por un e.s~ ·y~; la combinación del veredicto y del indulto han
Lo que los boers cllsputan es el derecho de mandar
no berrado de oro puro y guarnecido de piedras pre- apaciguado, el uno al a~to ejército y el otro á la pie- en su casa, lo que disputa Inglaterra. es el derecho de
·cJosas. Pero de estas tantasfas áureas, ninguna co- da.d pública; vale mfs así. El proceso de la viuda mandar en la agena¡ ya he cuestión de las tranq'limo Jade la esposa de W. K. Vanderblldt, á la cual su Henry contra Reinacb, la instancia dal proceso Zola cias electorales de los uitlanders (sobre ella. be con ver•
marido regaló un ani!Jo de boda oon un solitario galvanizarán, pero no darán vida á un muerto; asun- sado en otras revistas con mis lectores) parece pues.
-que valía cerca de cien mil pesos; estasenora1á quien to concluido. Lo interesante es examinar la prensa ta ~ un lado y de hecho_ el Raad, el congreso de Pre.sos amigos llaman por carh1o Birdie (Virginia Fair) de Francia los días siguientes del veredicto; los anti- toria, ha concedido todo Jo que el agente Milner exi,ee hizo construir, iba yo á decir edificar, un lecho
semitas que bao hec ho del energumenismo un eotllo jía. de Krüger en la conferencia de Bloemtonteln;
nupcial de oro macizo, decorado de sedas y blondas normal como Rocbetort y Drummoud, estallan en ahora se trata de que el Transvaal reconozca expre.auperlatl vamente caras; con el precio de los encajes selvas de aleluyas; si se pudieran comerá Dreytus, á samente su dependencia de la corona Imperial; hoy
-que llevaba en su enagua interior el día de la boda, pesar del régi::ien dietético á que ha estado por tan- esto, mafia.na la aceptación de un gobierno inglés eo
bab:la habido. dice un estadista neoyorklno, para ali- to tiempo sometido. lo harían, de seguro : es un caso Oraoge y otro eu el Transvaal y entonces todo el
mentar y vestir durante un ano á los niílos de todo bien caracterizado de canibalismo espontáneo. Los Sud-africano queda en manos de la chartered, de la
un block de casas. Esto es encantador; pero ¡all! mis
dreyfusistas rabian y muestran los p11íios á la Temis companfa organizada por Mr. Cecil Rbodes que, selectoras, poneos neuróticas de envidia al leer esta militar decorada con las dos colas encrespadas de ga- gún parece, no hace buenos 11egocios todavía.! No los
-otra estadistiqu11la; se trata del calzado de Miss to blanco constitutivas de los mostachos del coronel haría malos en la republlqullla holandesa en donde
13rooks-hoy casada: doce pares de zapatos de paseo, Jouaust. Entre estos dos grupos de fratricidas, está. no escasean ni los diamantes ni el oro ¡y este es el
-4 la moda inglesa, suela doble y puntas (?) cuadra- la Francia ilustrada y du efia de sí misma que se ba tondo del pastel! Por desgracia va á ser este un uoldas, oCbo de botines franceses, seis para el golf ó el inclinado sin reserva~ ante el fallo y ha proclamado au..11e11t de carne humana.
El llamamiento de los holandeses de Ilolaoja á los
-tenms,.cuatro para patinar, ocbo pares de zapatillas la necesidad humanitaria del Indulto; y es de ver co.
finas de soiré.e, de seda, bordada:; de perlas con hebi- mo estos periódicos, p. e. e· Journal des Débats y la sentimientos cristianos Je los gobernantes imperiales
llas de piedras del Rbin 1 acero y plata; ocho pares Revue des Dtux Mon.&lt;W;, que bao mostrado tanta se- t:s patético: &lt;Nosotros, dice, neerlandeses1 vinculados
de cabritilla para las recepciones, conciertos y five renidad é Independencia en sus juiclos insinúa.o la á vosotros por un origen común, por las tradiciones y
•o'd.otks y doce de eatin color de rosa, verde Ni1o, oro generosidad y la j usticla de la gracia,1 que la teroz la analogía del desenvolvimiento histórico, por la seviejo, turquesa enterma, bordadas de crisantemos prensa antl-semi{;a a.tribuyó al dominio qut: ejercen mejanza de costumbres é instituciones, orgullosos con
este parentesco, somos osados á deciros: no cometáis
'iS acianos y salpicadas de ametistas, esmeraldas y los dreyfusistas sobre el Presidente Loubet.
robles; pero lo que nadie poseia, y esto es lo intereYa puesto á un lado, por fortuna, el atormentado una espantosa injusticia con la república sud-a!rJllllte, era un par de botines de cabritilla del Cabo de la Isla del Diablo y d.e vuelto á sus hijos y á la es- cana, vástago de nuestra cepa-germánica, con ese
-que su bían hasta las rod!Ua, en donde los cerraba una posa admirable en quien se han encarnado las cuali- pueblo débil por su número y fuerte por sus ,·trbebllla de diamantes.
dad es más nobles de la Francia !emenina, el asunto tudes.&gt; Y acaba así esta deprecación. &lt;03 pedimos
En estos dlas tiene locos á los riquísimos y, so- puede entrar en un período puramente especulativo esto, no sólo porque de otro modo sólo puede resultar
bre todo, á sus mujeres, la conquista del record y científico; ya no hay que ilustrar á los jueces, pa- la violencia, la efusión de sangre, el rratricldio, sidelos sepulcros, ¿quién tendrá el mejor mausoleo? só la hora de los alegatos. Ahora hay que apelar á no también porque el derecho seria profanado y man.
Hasta principios de este aílo se llevaba la palma el la posteridad mejor Informada, pero hay que infor- ciJJado el renombre britá.nico .... &gt; Cien mil firmas
·aenador Ciark de Montana, el rey del cobre; sólo el marla; sobre el veredicto del consejo. de guerra nada al pié de este documento.
¡Hum! No sé por qué se me figura que esta clase
frontón del templo es una pieza de grani.to que pesa hay en el orden judicial; en el orden moral queda el
-cerca de tr~inta y cinco toneladas; costará. más de Jaudo SU'Jremo de la historia. Ya no se trata de la de argumentos tan IJellos desde el punto de vista modoscientos mil pesos este caplcho digno de la reina justJcia, ·se trata de Ja verdad, y después de leer la ral, han encontrado muy poco eco en los oídos ingleArtemisa. Y la pasión de los sepulcros no está ecli p- requisitoria de Carrlere y la plaidoirie admirable de ses; el interés, el business, endurece endiabladamen.'81da, por la de los sombreros y los zapatos, sólo quiserenidad y de juicio de Demange, se comprende que te el tfmpano1 y es causa de sordera nacional¡ Mr.
zás la de los perros le hacen parangón. Extasiadas es- la última palabra de la razón no está dicha. todavía; Cbamberlaln anda enfermo de eso desde hace tiempo.
taban las lindas mises de la Unión, cuando les conta• la paz está hecha, la luz no. Para mí sí, pero no SP. ¡Y lo duras que son estas enfermedades de los ofdos!
ron los periódicos que una de las millonarias más trata de mi, se trata de los que sinceramente han Ciertos doctores las creen Incurables.
Entretanto, el viejo patriarca del Transvaal, diri,ma,t de Baltimore, la Sri ta. Horwitz, en la ceremCJ- creído crlruinal á un desgraciado. Tengo fe profunda
nta nupcial se acercó al altar llevando apretado conen que ese momento no tardará en llegar; cuando ba- giéndose á sus bravos pastores bíblicos, en vez de
tra su corpiílo de seda á su fox-t.e:rrier Jock coronado ya caldo el poi voy se haya desvanecido el humo del hondas armados de m.ausers, clama á ,Jflhveb, y lo llama en su auxillo y en él contía: Domine in aditUoriuni
de crisantemos blancos.
comba.te.
meum intende .... Francamente conmueve esto; pero
Una senora mexicana me decía en New-York: no
ay! también invocaban á Dios los pobres dervJses de
-quisiera para mis hijos mujeres americanas, porque
•••
Ondurnam, &lt;¡ue se erguían con tos brazos abiertos badeliran por el lujo y gastan mucho; en cambio, sí deCon el título de grove rumo1· públicó el Courl'íer du J/e,
,_, maridos americanos para mis hijas1 no 1os hay xique un telegrama rererenteá la próxima ocupación de jo sus alquiceles blancos, y caían por mmares y mimejores. Cierto¡pero hasta en eso pretenden, los que la 'l'rJpolitana por las tropas trancesas. Con razón llares perforados y desbaratados por las dum-dum,,!
El estado de ánimo de estos europeos africanos que
pueden, hacer singularidades; hasta en la. mantfesta- llamó grave á la noticia; no podía serlo más como que
han
vhido retraldos en sus 111.nadas pasta.les desde
1
-eión del afecto. Vayan dos casos: entérmase la sefio- sería la guerra. Jamás la generosa é lmprudentt:
hace tanto tlem!)o, reproduce exactamente el de los
'11 Wblt ney, una de las más bellas mujeres de New1
Francia habría cometido imprudencia de mayor ta.
York, de América por lo tanto; su marido abandona mano. La invasión de la Tripolitana equivaldría si- campesinos del s glo XVI que se reunían en derredor
de Munzer y morían sin quedar uno, cantando los
'1118 negocios, se instala á su cabecera, reune en demultáneamente á la protesta armada de Turquía,
rredor de la. paciente á los mejores médicos de los que e~ la. nación soberana en las comarcas líbir.as, y versicuios de la Biblia, ó el de los hugonotes de DuEstados Unldos 1 y uno de ellos es contratado para esa protesta sería resueltamente apoyada por Ingla~ plessis- Mornay, que penetraban en las batallas ento•
dedicarse exclusiva mente á la en terma, abandonando terra y por ItaUa, de modo que Ja conversión de la nando el salmo de Lutero. ¡Ob! grande alma del gran
viejo Gladstone, ¿por qué no eres hoy el alma de tu
'IU cltentela. Otro médico se consagró á vigilar los
triple-allt:i,nza en una alianza qufntuple por la adhe- patria1
alimentos que un chef traído de Parls á precio de oro sión de los ingleses y los turcos, tal sería f'l afecto
debla prepa rar; el mejor jardinero de la ciudad lué instantáneo de semejante insensatez. Si ha costado
-empleado en escojer y disponer ias flores que, de mi- tanto sacrificio de 1encor y amor propio á los Italia.
·llares enviadas de todas partes, debfan otrecerse to• nos vol ver á su concordia tradicional con Francia,
dulas maf'.i anas á la ente, ma¡ un literato de nota se después de la toma de posesión de Túnez, ¿qué In-encargó de la correspondencia de la joven senora y mensa explosión de coraje acompallaría á la ocupade leerle diariamente algo de sus autores favoritos ción de Trípoli, tan tenazmente codiciada por Itai\cntles serían ?). En este oficio tuvo por colaborador lia? No creemos, pues, en la noticia; no es posible.
propio Mr. Wbloney, que tomó para ello lecciones
Y aquí me permitirán mis amables lectores una
-de dicción y declamación de un actor de gran crédi- simple
nota á propósito del Courn·e1·: nuest ro entendiEl descarrilamiento ocurrido hace poco en Ja línea
to. Mdslcos y cantantes de ambos sexos, como dicen do y cortés amigo el Sefior director de este aiarlo
loe &amp;nuncios de conciertos escolares, regiamente pa- trancés atacó muy vehementemente un fragmento de del c~ntral. cerca de Apaseo, ba sido entre los tris-lldoe, esperaban las órdenes de la doliente, tarde y mi última revista sobre el asunto Drey!us, reprodu, ter. acontecimientos de estos últimos días, uno de
DOChe, para sattsracer sus caprichos .filarmónicos. cldo por el lmparcial; bien se conocía en el a.taque los qne más comenta el pó.1,llco. Por tal razón nos Ji.
,¡Qué tal? no es este el marido m111onario Ideal? No que su autor no había leído todo mi artículo. No por mi tamos á publicar las tres lotogral!as que tomó un
-M yo que ent re mis palsanos haya uno de estos ejem- tal ta de. deseo, ni de deferencia, sino porque no soy artista de la Photo Supply Co. que venia como pasaplares.
jero en el tren descarrilado. Como quiera que los gramás que periodista ocasional en sólo este periódico y
Pues hay otro caso y este si por extremo slmpátl- y en este sitio, mientras torna á ocuparlo el aprecia- badoq que publicó &lt;El Imparcial&gt; pudieran parecer
por más que tengan bien mar-:'; sabido es que la hermosisl ma y lamosa Slbyl San- ble escritor encargado de él, me es imposible, con- apuntts fantásticos,
1
en«Jn Re casó hace poco con Actonlo T erry , joven vertir esta revista en sección de pnlémtrR, y i:idemA~, cado el sello del or ginal rotográHco, las ilustracion, a
'C&amp;pltalt•ta !ormtd,bie. No acabab• la luna de miel quebrantaría así u11 propósito que we he lwpuestu, qne ha~• damos establecen la autenticidad de la. in·
tormacióu dt! uue~tros diari os.

. . . J ~ J ~.

Un descarrilamirnto en 1~ línea del F. c. Central.

�Domingo 8 de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

230

Domingo 8 de Octubre de 1899.

FEDORA.
Los músicos de la viPja escuela
y de la antigua chapa, los partidarios del gargarismo lítico y dd
clownismo vocal, se han queda&lt;!o boquiabiertos, estuptfactos á
la audición de la «Fedora;» con
un poco más de instruccióv clásica, hubieran exclamado: Delen•
da est Cartago! Q,uosque tandem
ab1..ite1·e . ... ! Quam 1·empublicam
habemus! Uno de ellos meneaba
la cabeza con desaliento profundo y sorrla desesperación.
«Dan ganas, decía, de preguntar, parodiando al payo del cuento, ¿dónde está la música? Esto
no es ópera, sgregaba, es un rompecabezas: he ahí un ruido monótono á veces, ensordecedor
otras, ¿dónde están las arias, loe
concertantes, los grandes finales?
¿en qué momento cantan los
personajes? Yo no veo ni oigo
cantos, modulaciones, trinos, sino actores dramáticos que rugen, ahullan, declaman acompaftados de u na orquesta de energúmenos ó de hipnotizados, se•
gún el caso. Ese Homer o dormita á menudo, pero suele roncar
desagradablemente. Ve usted salir un montón de personajes y espera usted un coro ar monioso,
mesurado, original como el del
Silencio de Norma, ó bien sonor o
y retumbante como el de los gitanos del «Trovador,» y nada ...
aquellos personajes no cantan ni
hacen conjunto. A poco, el tenor
se queda á solas con la soprano;
se prepara usted á oír e1 dúo de
amor, la pieza de resistencia del
banquete, con su andante, su alle•
gro y su coda, como Dios manda, y tampoco. . . . Los dos personajes hablan, se arr ebatan la
palabra, gritan; en la orquesta
atrapa usted fragmentos incompletos de melodías truncas, salta usted del compasillo al seis p01·
ocho, del adagio al p1·esto, del pianissimo al fo1·ti simo, y aquel par de badulaques no se arrullan
ni tortolean, ni replica al dolcissimo de él, el dol·
cissimo de ella, y luego dan un grito y caen en
los brazos el uno del otro. Eso no tiene sentido
común; y que con ese fárrago llore el público,
y que esa monserga arranque aplausos y promueva entusiasmos y ovucionesl Los dioses se
van, y primero que nadie, Euterpe; yo hago

UN CAMPESINO RECIBE LA ORDEN DE ALISTARSE
PARA LA GUERRA,

lo mismo y no me vuelven ni á ver el polvo!»
Para quie'l siente la música sólo con el timpa•
no, para quien se sirve de ella como de un rasca
oídos, para quien la reputa golosina y no ambrosía, cosquilleo y no pasión, nada más natural que
opinar y que juzgar así: iba en busca de pastillas, y le sirven acíbar, y se exalta y protesta de
que le hayan amargado la fiesta.
Pero felizmente para la música hay, y cada
día abundan más. a-entes que la siente:: con el
alma y que la analiz11n y jnzgan con el espíritu;

tortura porqu~ sus personajes sufren, atruena
porqu_e las pasiones estallan;· hace gritar, llorar
Y rugir porque sólo con lágrimas, gritos y alaridos pueden e~presarse tan intensas pasiones.
En suma, G1ordano no es un músico para baile~; esos hay que buscarlos en el género chico·
G1ordano es un dramatista lírico y su «Fedora~
es una creación admirable del nuevo género por
lo verdadera, por lo apasionada, por lo complexa y por lo adecuada.
Y cuando quiere, y las circunstancias lo exigen, sabe ser_ e~oiritual y ligero como en las coplas de du S ITl€Ux, elegante y fácil como en el
vals del ~cto segundo, pintoresco é idílico como
e_n las primeras escenas del tercero, melódico y
tl~rno como e~ )a romanza de Loris. En suma,
G10rdano I?amfiesta suficiente flexibilidad para
haber escrito «Lucía de Lamermoor:» el arte le
agradecerá siempre que baya preferido escribir
la «Fedura. »
DR. M. FLORES.

P.ABLO KRUGER.
Presidente de la Reptl blica del Transvaal.

SIR ALFREDO MILNER,
Gobernador de la Colonia del Cabo.

as~sino Y su ven1ranza viene á recaer sobre Valer1ano, Y_sobre la madre de su amado Loris; éste la maldice y ella lo sathface dándose la muerte.
_¿Cabe en este torbellino otra música que Ja de
G~ordano; es posible oue «Fedora » gorgée, qne
acabe :y redondee rns frases, que viertan miel
sus labios? ¿No; en Suiza misma el idilio amororn
es ~mar_go para los dos amantes, la -:!na asaltada
de mqu~etude1 y de remordimientos, fugitivo y
perse~mdo el otro y 11cosado de temores y de d¿lor? S1 todo es complexo, atropellado, tumultuoso, deforme, en las almas y en los sucesos todo
debe serlo en la música que los pinta y que Íos in•
terpreta.
Por _eso ~l público que no lleva ideas preconc?~1das sient_e y llora y aplaude; percibe que
el mus1co se b~ impregnado del medie&gt;, d el alma
de los personaJes. de las peripecias del drama·

'

j

ENVIO DE CABALLOS Y MULAS PARA SERVICIO DE TRANSPORTE

EL REGIMIENTO DEL REY SE J:MBAROA EN EL CABO
P ARA EL NATAL,

231

F edora ~s una muje~ ~oderna y en calidad de
tal, complicada y cas1 mcomprensible· de alt
m1;1ndo y de _alta ilustración ; por ser ;slava e~
oriental, a_pas1?na~a y ardient e; por ser aristócrata es histérica, imperiosa, turbulenta; por viu•
da conoce to?a la vida y toda la pasión. Su alma es movediza
y brillante cómo el Océano, pro
.
f und a y pel 1grosa como él. Loris es también unl\
Fedor a del sexo fuerte, el diplomático es un
.
h
·
es
e épt1~0, . a visto tanto, vivido tanto, gozado tanto é .·rn.tngadol tanto! No hay almas simple S, DI·
sent1m1entos .e ementales,
ni amores pastorile8 1 DI·
l
escenas patriarca es con person11jes de esa índo- ·
le. Y luego el drama tremendo en que va1...
vueltos
: Vladimiro
.
'd . asesinado·, Fedora, su en
ar
d1ente promet1 a Jura consBgrar su fortun» '
d
t
á
ª•
bU
v1 a en era vePgarlo y las consagra en efecto·
de pronto se rasgc1. el velo, Vladimiro, víctim~
apar ente, resulta
. d. d ser traidor é infame•, Lori·s ver
d ugo_d esp1a a o, es un noble vengador de FU
propia ho~ra. Fedora ante tales revelaciones
am/l. á Lons, pero ya lo ha denunciado e orno ,

LA CRISIS DEL TRANSVA.AL.
que no le piden sensaciones, sino
emociones; que no la quierf'!n artificiosa, sino real, y á quienes
en circunstancias dadas, agrad~
más una enarmonía qu e un acor•
de perfecto, é impresiona mAa
hondamente un recitativo que
una melodía. Y esta preferencia
no es estragamiento del g usto
ni decadentismo lírico, ni degene~
1·escencia, es un f.:nó meno natural, lógico, inevitable y evolutivo del arte, y especialmente del
drama lírico. Ya hemos ex plicado por qué, y ahora vamos á
aplicar á casos concretos la ley
estética que informa el drama lírico.
Tomemos como punto de partida «La Soná mbula .» Esa nilia
es cándida, sencilla, tierna, no
ha oído al rededor suyo sino
cantos de aves y mormullos de
bosques; su.a pasiones son patriarcales y pastoriles, sabe llorar y sabe sonreír; pero en la
dulce tranquilidad de los campos y en el curso tranquilo de su
vida, no ha aprendido á gritar,
ni á rugir, ni á declamar; su
amante es como ella, y como ella
ha vivido; patriarcales, benévolos y dulces el seftor del lugar,
los campesinos confidentes y amigos. ¿Qué género de músicl\ conviene á la descripción de ese
medio, á la pintura de esos personajes, á la expresión de sus
sentimientos y emociones? Puea
esa música debe ser simple, CO•
mo son simples aquellas almas;
esencialmente melódica, como
lo es toda una música padtoril,
profundamente tierna como loa
sentimientos en acción. Lo mismo en «Linda de Chamounix •
er.. «Dinorah.» y la intuición de
los autores se ha acomodado á
esas fundamentales condiciones,
y por haberse adaptado á ellas~
se han podido escribir esas deliciosa s comedia.
líricas.
Pero ccando se trata del drama, cuando ae van
á pintar pasiones de otro orden, pe..,.sonajes de
otra categoría, espíritus complexos, agitados por
p%iones contrapuestas, en lucha consigo ~ismoa
y con el medio que los rodea, la música simple,
puramente melódica, resulta disparatada, á tanto
equivale como poner versos de Lamartine en boci de Otello ó églogas de Fray Luis en labios de
Lady Macbetb.

.EL MUNDO.

..

EN EL NATAL•
OFióIALE5 Y MILITARES DE LA REPUBLIC.A. DEL TR.A.NSV.A.A.L.

MARTIN TH. STE IN,
Presidente lle! Estado Libre de Orange.

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Casa del Sr. Ui·quirrga.

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Capilla de la Hacienda de Guad(llupe.

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Casa del 81•, Castillo.

'.Lb-rreón rle ent1·ada á l a uacienda
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del Sr. Don Jos-Jv d·'o 1'1&gt;rP.c:a.alupe, p1·opiedad
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La Casa Colo1·ada, p1·,x'1!iedad d ,, Don Ftrnando de mLlresa.

Casa del Sr. Ollys.

Casa de la Sra Segum.

Casa del Sr. Payró.

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.

�234

EL MUNDO.

CAMPINAS

Domingo 8 de Octubre de 1899.

Domingo 8 de Octubre de 1891!

DE lYIE X:ICO

235

EL MUNDO.

---

DESCARRILAMIENTO DEL F.

u. CENTRAL-EL TREN DESPUES DE LA. CATASTROFE.
(Véase la pág. 229).

7
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p ,-LA LOCO:lfOTORA QUE REMOLCABA AL TREN VOLCADO.

revela claramente la luminosa doctrina de Comte y
la alta competencia del exposit:ir que la aplica á casos concretos, La gran capacidad del Dr. Coogreve
para tratar los intrincados problemas de la política
internacional, no ha sido debidamente apreciada por
el público en general á causa del punto da vista en ,
que siempre se colocó y que no es con el que se ba1aga ni á los políticos ni á las multitudes: la subordinaci6n &lt;le la política á la moral.

De los opúsculos políticos del Dr. Cong;eve, el primero publicado en 1856, se refiere á examinar el problema de la posesión de Gibraltar por los ingleses.
Notable es desde todos los puntos de vista el folleto,
en él reclama su au~or como sabia medida poiitica la
devolución del Peñón á España. Con este trabajo
inauguró el Dr. Congreve su larga y gloriosa carrera
de publicista; inspirado por Augusto Comte, dicbo
trabajo mereció su deseada y preciada aprobaciún.
Cuando tuvimos en Londres la satisfacción de conocer y de tratar al Dr. Congreve, nos ex;&gt;resó su ardiente deseo de que fuese conoc~do por el público español su folleto s@bre Gibraltar. De regreso en nuestra patria un inteligente joven ingeniero nos ofreció
su concurso y efectuó la tradución en la que colaboró
el Dr. Congreve con la interpretación de un pasaje
en griego. Causas agenas á nuestros propósitos y á.
nues~ra voluntad han retardado la publicación castellana de Gibr'.Lltar.
,
E l nombre del Dr. Congreve será uno de los má.:1
notables en la historia del movimiento posit!vista de
Inglaterra; su recuerdo vivirá 1,iempre en los discípulos de Augus1'-&gt; Comte. Pertenece el Dr. Congreve

El Dr. Ricardo Congreve.

~;:m;lo

1-Puente~de San'Antonio.
2-R ·
la Casa Qolorada en San .Angel.

ri~~;nade caS~~e Je rj/l.an Ange3l•-Presa
de la huerta '1o,l Convento del Carmen.
4-Pabellórl,_ _de
7-El Panteón.
8-Presa de la Haciend(I. de la Concepcwn.

d lC
t dl C
JJvi:r°me~.

11

El 5 de Julio último pasó á la existencia del recuerdo en Hampstead (Inglaterra), el Dr. Congreve,
uno de los primeros y de los más distinguidos discípulos de Augusto Comte. Nació en Leamington
Hastings, condado d~ Warwick, el 4 de Septiembre
de 1818, y de los ochenta años diez meses que vivió,
más de la mitad fueron por él consagrados con incomparable constancia á la difusión de la Religión de
la Humanidad. Después de haberse edut.:ado en Rugby bajo la dirección del célebre Dr. Arnold, ingresó á
Oxford, Wadham College; en Oxford se distinguió
como estudiante, y en 1840 figuraba entre los primeros de sus camaradas. Su antiguo colegio de Rugby
reconcciéndole méritos, lo nombró uno de sus colaboradores y acudió al nombramiento como maestro ayuJante. Volvió otra vez á Oxford, hacia el año de 1850,
Yhallándo1,e en la vieja y justamente célebre Umversidad, tuvo conocimiento de la existencia de la
doctrina positiva; en un viaje que efectuó por el Continente compró en París las obras de Comte, y tuvo
la dicha de conocerle personalmente y de tratarle allá
por el año de 1852. En Oxtord conoció el Dr. Congreve, hacia mediados del siglo, á los distinguidos estud~antes E. Spencer Beesly, J. H. Bridges y Freden c Harrison; la buena amistad que unió entonces
á los cuatro, fué altamente benéfica ~ara las ideas de
Augusto Comte; los jóvenes escolares abrazaron las
ideas positivas, y boy son los tres escritores, ingleses
distinguidísimoi;, y entusiastas é inteligentes paladines del positivismo en su patria. Pasado algún
tiempo d~ su iniciación en la nueva síntesis, el Dr.
CongrevE&gt;, á fin de consagrarse á su propagación,
abandonó á Oxford y comenzó sus estudios médicos
para completar su educación é instrucción, en King's
College Hospital, alcanzando el grado de miembro
del Real Colegio de Médicos.
Una vez pru1 bto de los medios necesarios para su

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'.f?

EL CARRO DE EQUIPAJES Y CORREOS VOLCADO EN UNA ZA.NJA.
difícil apostolado, se dedicó á propagar la Religión de á la legión de los que forman «la edad de oro de la'! rela Humanidad, ya por medio de notables dii,cursos, ligiones&gt; según la bella frase de Renan, pues adoptó
ya valiéndose de instructivos y sugestivos opúsculos la idea positiva en la obscura época en que ignorado
ó ya, en fin, en la conversación familiar en la q11e do- el Posit ivismo, era realmente meritorio abrazarlo, y
minaba su estilo persuasivo. Dos voluminosos tomos sacrificando los éxitos inmediatos y los c,ropeles de
cou algunas de las obras del Dr. Congreve se han pu- la vida, con perseverancia y abnegación consagró toblicado, otro tomo también· vol umi noso p0drá. for- dos sus esfuerzos á vivir para los demás.
marse con las no reunidas. De los t rabajos del Dr.
AGUSTIN ARAGON.
Congreve, aquellos que llaman más la atención son
los que se contraen á. cuestiones políticas. En ellos se

�Domingo 8 de Octubre de l o99.

EL MUNDO.

236

BERE,NIOE DE, JUDEf\.
I
Nos cuenta el buen Suetonio que Tito, apellidado más tarde las delicias del Género humano,
fué al principio un personaje bastante malvado.
Prometía ser un profesional imperial á la manera
de los Tiberios, los Nerones y los Vitelios. Era
cruel, vvluptuoso y glotón. Hacía venir curiosidades de boca de las extremidades del mundo ba•
bitable, de los abismoi;: de todos los mares del
Asia, de la Libia y del Océano de los atlantes.
Se rodeaba de hermosos eun11eos 1 de esclavas voluptuosas, de ef,ibos de formas armoniosas y de
bailarinas hábiles en representar lt1.s delicias variadas del himeneo y en despertar los sentidos
adormecidos por el licor de Dionysos. Le gustaba hacer morir á sus enemigos ó á los que creía
tales, ó sencillamente á los que le eran desagrada bles.
Parecía destinado á resucitar aquellas fiestas esquisitas en que los hombres vestidos con pieles de leopardo y
de jabalí eran arrojados á los perros
de Tesalia, al resplandor de los con: {,:
denados untados de betún y de nafta
y transformados en vibrantes antorti
chas.
Esta concepción bastó al principio á
Tito, principalmente cuando no era
más que el lugarteniente de su padre.
Pero la historia nos dice vagamente
que entrevió al fin que no sería muy
dichoso oyendo los lamentos de sus
víctimas y temiendo eternamente el
cuchillo de los asesinos. Prefirió satisfacciones más tranquils.s.

que se cerraba sobre su cuerpo, sembrado de esmeraldas y de ónices. Permanecía inmóvil, exasperada de encontrarse entre hombres ébrios y de
sentir su belleza inútil.
Dijo en voz alta en la lengua de su país:
-¿Quién es aquel que moriría por un beso de
la reina Berenice, como se cuenta que murieron
por Cleopatra de Egipto?
A estas palabras, Lucio Flavio, personaje con•
sular, levantó la cabeza. Todo su cuerpo se estremeció sacudido por un gran frío. Era el único
que tenía el espíritu y el estómago libres en el
festín y se deleitaba viendo á Berenice. Pero como estaba oculto tras las tapicerías, nv lo había
apercibido la Reina Berenice.

~II

Era de noche.
Berenice hacía caer sus vestidos y su cabelle-

IV

II
Una noche, Tito y sus compafteros
estaban embrutecidos por la orgía. Habían comido de todo lo que producen
[
loo archipiélagos, las llanuras líbicas
,.
y los bosques célticos. Flores ardientes y perfumes raros disimulaban el
/
olor humano de la fiesta. Las esclavas
no podían animar ya á los convidados cansados
de vino y de caricias. Pero se continuaba comiendo hígados de mustelas y escaros, rubios muertos en el garum, lenguas de ruiseftores, salmue•
ras mezcladas con nieve y todos los frutos encantados de Sicilia, de Iberia y de Cartago.
Berenice de Judea estaba canstda, Yacía recostada sobre plumas de cisne y de avestruz, y
desde hacía largo tiempo n0 tocaba ni los vinos
ni los platos puestos sobre la mesa de citr a, con
embutidos de concha de tortuga, lámiaas de
plata y marfil de Mauritania.
Se sabe que Berenice era la fav:orita de Tito.
Ejercía esta princesa profundo dominio sobre el
joven .á.ugusto y se esperaba que la hiciera su
esposa. Poseía el secreto de las voluptuosidades
orientales, un cuerpo milagroso construido para
las hermosas actitudes y los bailes, ojos grandes
y suaves que podían expresar todos los sentimientos y la boca admirable con que había esclavizado César á Cleopatra.
Escuchaba distraídamente á tres esclavas que
imitabau la voz de los ruiseftores por medio de
callas húmedas.
Aquellas voces la transportaban á los jardines
de su país á las colinas de olivos, de vides y de
terebintos: cerca de los bosques aromáticos y de
las fuentes brotadas de las rocas, Veía sus cielos
implacables, sus crepúsculos rápidos y sus sec11.s
montaftas perfiladas sobre el horizonte resplandecientr..
Sabía que la vida es triste, árida y solitaria,
En el fondo de su memoria reaparecían esas breves horas eu las que se ha tenido la ilusión de las
cosas. Casi todas pertenecen á la ü:fa.ncia y su
recuerdo es obscuro como el goce mismo que han
dado,
Oía Berenice el aleteo de un en~uefto queno debía realizarse nunca y que había leido en tres
versículos del Cántico de Schelomo.
Sus pupilas profundas moraban ante ella; una
sonrisa confusa vagaba en su rostro pintado de
rosa, y brillaban su~ Is.bias . crueles y voluptuosos, La cubría un rico vestido de tela de plata

Los ojos de la reina no se apartaban de loa de
Lucio, Le gustaba aquella flama devoradora,
aquel amor acre como los perfllmes de su país.
-Lucio,-le dijo,-aun es tiempo de arrepen.
tirte de tus palabras. N adíe te ha visto entrar A
esta alcoba. Si no quieres morir, retírate.
Al pronunciar estas palabras, palpitaban aua
senos; tanto era el miedo de que el Romano le
arrebatase su suefto.
Pero él, altivo, respondió:
-No me arrepiento de mis palabras; eambio
mi vida por un solo beso tuyo, reina Bereniee.
Ella le contestó tiernamente:
-Porque en verdad, Lucio, no podrías vivir,
No conviene que un hombre guarde semejante
secreto.
Lucio alzó las espaldas ligeramente.
Ella sintió una voluntad profunda como el abia,
mo y el amor de cien siglos resumido■
en un solo hombre; miraba á Flavio
con · una especie de veneración y casi
de humildad, pero no olvidaba su pro•
mesa.
Fué suavemente á cerrar la puert11 y volvió sonriente á apoyar sua
roanos en los hombros del Consular,
Le dijo en voz baja:
-Tendrás más que el beso de la
reina Berenice, tu alma ha penetrado
en mí, estoy enferma del mal de tu
amor.
Y lo arrastró como la leona arrastra al león.

ra á la luz de pequeñas !Amparas de Siria, cuya
llama era clara y suave. Miraba su imagen en un
espejo de plata con la tristeza de su belleza inútil. Tito d,;rmía y la hija. de los reyes de Judá
tenía un corazón orgulloso. Desdeilaba las caricias ancilares y no quería comprometerse con los
hombres que la rodeaban.
Se hizo quitar por sus esclavas el polvo de su
rostro y de sus párpados, se lavó en agua perfu.
mada de jazmín. y quedó aún más bella que cuando estaba adornada, con su cuerpo fresco envuelto en una túnica de lino y en la noche fluente de
su cabellera. Despidió á sus esclavas.
Entonces, tendida sobre un vellocino negro,
pasó sus manos por su cuerpo y se dijo á sí
misma:
-¿Quién es aquel que moriría por un beso de
la reina Berenicei&gt;
Se levantaron las tapicerías y apareció un rostro moreno y lleno de energía:
-Lucio Flavio quiere morir por un beso de la
reina Berenice.
La reina quedó rígida de pavor. Pero se serenó oroato. Min, b 1 con arrobo al hombre que la
hacía semejante á Cleopatra.
- ¿Es posible, dijo, que quenis dar vuestra
juventud que es tan b&lt;illa y vuestras esperanzas
que soo tan g.andes po~ un baso de mi boca?
Lucio respondió:
-0, pongo por encima de la juventud y la esperanza. He sentidó mil veces el soplo de la
muerte en las bat1:11las y sé que siempre está próxima, ¿No es preforible que escoji mi hora? No
encontraría otra más bella.
Sus ojos contemplaban á Berenice. La suave
luz de las lámpar11s siriis mostraba todas las armonías de la joven oriental, su rostro, donde se
mezclaban en ritmo Pxtrafto la ternura ingenua,
la curiosidad insaciable y el instinto duro de las
hiJas del sol.
Lucio había nacido para adorar aquella bellez \, má; antigua y má;, profonda que la belleza
latina ó griega. Conocía todo su encanto por haber vivido eu la B.1bilonia y en la B.1ctriana.

Aunque fuese ya de día, no habfa
en la alcoba obscura otra claridad que
la de las lámparas. La reina de Judea
contemplaba cariilosamente el rostro
de Lucio Flavio dormido. Apenas ha•
bían pasado algunas horas y ya aquella cabeza le era más cara que toda
persona viva. Parecíale duro conaa•
grarla á la muerte, pero su alma orien•
tal nutrida de principios seculares ne imaginaba
que Lucio plldiese vivir. Tenía ademAs en el
fondo el ejemplo de Cleopatra, como un soldado
heroico la historia de los Mucios Scévol11, de loa
Dejanvias y de los Leónidas,
Lo despertó suavemente.
Lucio se volvió hacia ella con una sonrisa de
gratitud y de gozo.
-¡Ah! murmuró: ¿es verdad que se ha cumpll•
do mi deseo? Bendita seas, reina de Judea.
-Te amo, Lucio, y te lloraré eternamente,
respondió ella.
Después siguió un gran silencio. Afuera se levantaba la maftana, y los dos comprendieron que
había sonado la hora.
Lucio dijo con indiferencia:
-Estoy dispuesto.
Entonces Berenice abrió lentamente la puerta
y llamó á sus esclavas:
- ¡Socorro! Daovel, Abij!\, Mical.
.
Acudieron las mujeres y los eunucos. La onen•
tal dijo con voz clara:
-Este hombre ha penetrado en mi alcoba Y no
conviene que vuelva á ver la luz del día.
Los esclavos se apoderaron de Flavio y le ata•
ron los braz )S. Desoué, lo arrastraron hacia loa
departamentos de Tito.
El príncipe, que había dormido bien, estaba dt
buen humor. Hizo comparecerá Berenice Y oyó
los detalles de la. 11ventura, Supo que la reina ha•
bfa encontrado á Flavio oculto en su alcoba,
Flavio declaró. Dijo sencillamente que se había ocultado en el atrium y que al amanecer,
confiado en el sueño de los esclavos, hábla pene•
trado en la cám11r11 de la reina.
Esta historia que no podía excitar 11us celos,
interesó á Tito. Rel!ordaba que Lucio l!"'Javlo ha•
bía seguido fielmen~e á Vespaciano y que él Du
podía menos que a 111 bar sus servicios. Tuvo una
de esas crisis de clemencia que debían hacerlo
célebre después.
-Lucio, le dijo, tu crimen es grande y merece
la muerte, pero quizá has sido víctima deun diOI
cruel. Quiero proporcionarte la ocasión de rep•

Domingo 8 de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

rar la injuria que has hecho á la reina Berenice
y A tu emperador. Partirás para el país de los
Cattas que se han revelado y tomarás el manio
de las legiones y permanecerás alli hasta el día.
que crea que puedas volver á Roma.
Esta sentencia llenó el corazón del Consular de
gratitud nacia el Augusto y se pro ..ternó ante él
pero al levc1.ntarse se encontró con la mirada de
li&amp; reina.
Aquella mirada estaba triste, llena de desdén
y de desilusión,

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V

Berenice estaba hundida en un suefto melaneólico. Con los cabellos esparcidos permanecía
sentada sobre las pieles de animales y las telas
de seda, y veía por intervalos la belleza de su
cuerpo y el encanto de su rostro en el gran espe
jo de Neapolis.
Las tenues lámparas sirias alumbraban el lecho adornado de plata, de nácares, de púrpuras
y esmaltes. Había pocas figuras y ningún simuJaero de dioses, porque Berenice era fiel, si no á
las creencias, al menos á las repulsiones de su
raza. U na poca de mirra ardía en una cazoleta,
Pensaba la reina de Judea en la última noche,
Su cuerpo se estremecía, su alma se turbaba, Pero el disgusto amargo de la esperanza perdida
hacia odioso aquel recuerdo y execrab~e aquella
- turbación. Ber,mice se sentía humillada en su potencia y ee decía con de;iesperación:
-¿Qué filtro poseía, pues, la reina Cleopatra?
¿Por qué los hombres morían por ella? GSeria
acaso más bella que yo?
Después continuaba:
-Pero Lucio quería morir y hubiera muerto
aiu quejarse. ¿No hubieran aceptado el perdón
los amantes de Cleopatra? Perecieron ¡)orque la
necesidad los obligó á ello. Puedo creer que alguien ha marchado al suplicio por un beso de
mi boea.
Pero tales razones no podían satisfacerla. La
aventura parecía. un cuento y no podía siquiera
creer en la voluntad de Lucio.
Apartó de despecho su túnica. Se habría dicho
que todos los divinos escultores habían coopera•
do para modelarla. Unía la elegancia de la Ana•
diomena á las formas firmes y finas de las diosa&amp;
del agua y de las selvas. Su cadera era amplia
y robusta y Bin embargo ondulaba ligeramente;
sus piés pequeflos parecían poder conducirla tan
velozmente como los de un efebo hábil en la carrera.
La pequeflez de su boca era tentadora y no
era ni muy suave ni muy tierna la curva de sus
mejillas.
Se contempló largamente, y sus ojos se llenaron de asombro.
Sin duda Cleopatra era más hermosa, dijo, y
se puso á pensar en Lucio.
Vió su rostro moreno acercarse á ella con los
ojos llenos de amor y d" muerte, y no pudiendo
rechazar la duda murmuró con voz languidecida.
-¿Querrías verdaderamente morir, Lucio Flavio?
Como la víspera las tapicerías de púrpura se
levantaron; apareció el Consular con su barba
corta y sus ojos resueltos y dijo lleno de dulzura:
- Lucio Flavio quiere verdaderamente morir,
Reina Berenice, y no ha aceptado la gracia del
Emperador,
Sintió la reina que una vida abundante y orgullosa llenaba sus venas. Sus ojos resplandecie•
ron. :No podía cansarse de mirará Lucio. Se concebía igual y tal vez superior á Cleopatra porque
é;ite volvía á la muerte después de haber sido
salvado.
Repetía las palabras del Cántico:
...He buscado durante la noche al que ama mi
corazón,»
Y agregaba muy bajo:
-Lo he buscad 1 y lo he encontrado.
Y volvió el alba como el día anterior, pero
Flavio y Berenice nu se habían dormido.
Lucio habló.
~Ha llegado la hora, reina Berenice. Ni tú
puedes llamar á tus esclavas ni yo comparecer
ante el Emperador. Sería una irrisión, También
es peligroso huír. Sólo la muerte parece natural;
vuelve la cabeza si no quieres ver mi r.gonía.
1.A Ella se arrojó sobre él pero luego retrocedió
OM1Sta el muro ocultáddoee los ojos.

237

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Lucio tomó un estilo de acero azul que llevaba escondido en su pretexta, hirió sin vacilación
porquo est11ba ejercitado y se dejó expirar dulcemente sobre los toisones y las púrpuras.
Berenice al principio temió volver la ·cabeza.
Había oído una caída sorda, un gran suspiro,
después el silencio, y se apoyabá enelmurotem•
blorosa.
Al fin haciendo un esfuerzo se volvió. Vió á
Lucio Flavio tendido sobre el suelo con el rostro
ya inmóvil, La belleza de la muerte comenzaba
á derramarse en él.
Entonces sed ,avaneció todo temor en el corazón de la reina, se arrodilló junto al cuerpo bien
amado y unió largamente sus labios á los labios
aun tibios del Consular.
Jamás ninguna ternura, ningún goce, ningún
dolor habían llenado hasta aque. punto su ser.
Repetía con arrobo mezclado de espanto:
-Al fíu soy semejante á Cleopatra, reina de
César y de Marco Antonio.
La hora avanzaba, Berenice con los ojos lle,
nos de lágrimas dió un último beso A Lucio é hizo venir á sus esclavas.
J, SOLDANELLE,

LA BARBERA.
-Francamente,mnchacha, tienes una mano maravillosa. En mi vida me habían afeitado con
tanta ligereza.
-Pues el afeitar á su eminencia no es tan fácil
como parece. En mi vida he encontudo una barba tan difícil.
-Sí, es muy áspera y recia, y, sin embargo no
me has cortado ni una sola vez.
-Porque soy una barbera única en su clase,
-Te daré un di,:&gt;loma con mi sello cardenalicio.
-Mif gracias, seftor.
Acto continuo, la barbera volvió á enjabonar
el rostro del cardenal.
-¿Te has vuelto loca?-dijo éste-¿Qué vas á
haceri&gt;
·
-Hay que repasar la barba de su eminencia
para hacerle los honores que le corresponden,
-Cuidado, muchacha. Creo que me adula~, y
has de saber que no me gusta cierto género de
lisonjas.
-Si fuese yo aduladora no habría dicho á su
eminencia que su barba no es fácil de afeitar.
-Tienes razón. Haz, pue&amp;, á mi barba los honores que quieras, y veremos qué es lo que aún
tiene que afoitar tu admirable navaja.
-Mucho más de lo que su eminencia puede suponer.
y la b1:1rbera volvió á pasear su navaja por el
rostro del cardenal.
-Eres única en el género.
-Y hoy más que nunc'I., puesto que se realiza
el suefto dorado de mi existencia.
- ¿Qué quieres decir con eso?
-¿No se a:merda su eminencia de haber hecho quemar vivos á unos hechiceros de Santa Ma·
ría de los Angeles, en la provincia de Alicante?
-He mandado á la hoguera á tantos hechiceros, que no me es posible recordar lo qa.e me dices.
-Mo refiero á unos gitanos ....
-También han sucumbido muchos en la hoguera.

-Aludo á una familia cempuesta de once personas.
-¿Qué significa eso ante el número infinito de
herejes cuyas almas ha purificado el fuego? ¿Y
qué relación hay entre su muerte y el sueno dorado de tu existencia?
-El día que su eminencia hizo quemar vivas
á las once personas &lt;:le qu.. hablo, tenía yo cinco
aftos. Hoy tengo dieciocho. Pues biE,n, durante
los trece aftos que noa separan de aquel terrible
día he a!imentario mi corazón con 111, esperanza
de que habría d_e llegar el momento en que pudiera hacer la bar ha á su eminencia.
- ¡Con qué suavidad me afeitas mientras vas
hablando!
-Su eminencia no comprende la alegría inmensa que, como buena católica. experimento al
ser la barbera titular del gran inquisidor que ha
hecho perecer en la hoguera á tantos herejes y
hechic~ros
-¿Y estás segura de que serás al fin mi barbera titular?
--Su eminencia es demasiado justo para negarme semejante privilegio,· después de la brillante
prueba que estoy haciendo. Pásese su eminencia
la mano por el rostro y dígame si no está tan liso
como la cara de una doncell8. ¿Quién podría hacer A su eminencia la barba de una manera tan
primorosa cvmo yo?
-¡Nadie, nadie!. . . . Tienes razón, y desde
luego quedas combrada, como deseas, mi barbera titular.
-¡Dios sea loado! ..... .
El cardenal, al pasarse la mano por la barba,
encontró un pelo áspero y solitario 4ue le había
dejado la barbera.
-¿Qné es esto? ¿Por qué me has dej ,do este
pelo?
-Temía hacer dafto á su eminencia al afeitárselo. Es un pelo cuya raíz es muy profunda; tan
profunda, que llega hai;ta el corazón,
-Decididamente estás local
- Nada de eso; por más que su eminencia opine lo contrario.
-Te advierto que si tu razón no está firme, te
retiro el título de barbera que acabo de conferirte.
-Crea su eminencia que no lo seré por mut'lho
tiempo. ¡Lo juro por Santa María de los Angeles!
-¿Por qué lo dices? ¿Porque estoy viejo y no
est&gt;1 lejana mi mu~rte?
-Eotá más cerca de lo que su eminencia puede sospechar.
-¿Qué quieres decir con eso? Habla, dL .. ,
La barbera blandió su navaja, cuyo filo había
aguzado con la palma de la mano y dijo al cardenal:
-¿Tiene empeflo su eminencia en que le efci•
te ese pelo cuya raíz es tan profunda, tan profunda -íUe llega basta el corazón?
-Sí, tengo empefto en ello, pues quiero que mi
piel quede tan limpia como la tuya.
-Y como mi conciencia también,
La barbera besó la hoja de su navaja, y luego
con voz grave y gutural exclam5:
- Hace trece ailos que en Santa María de los
Angeles, en la provincia de Alicante, fueron quemados vivos por orden de su eminencia once gitanos considerados como hechiceros, Eran mi
padre, mi madre, mis hermanos, mis hermanas y
mi primo José, que más tarde debía ser mi esposo.
Y mientras el gran inquisidor la contemplaba
lleno de terror, inmóvil ante las mágicas miradas con que le tenía petrificado, la barbera le
degolló de un solo tajo, amplio, profundo y lento, murmurando once veces:
-¡Aménl
JUAN RICHEPIN,

PARA ENTONCES.

Humilde, aislada, triste y escondida,
así quiero mi tumba, oíd mi canto;
que sea como mi vida:
humilde, aislada, triste y eecondida
y como ella, mojada por el llanto,
MIGUEL E, PEREYRA.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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