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                  <text>�240

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

Por fin llegaron las tardes de Otoño con sus brumas de rosa y sus crepúsculos de cristal, con sus paisaje!l dorados y melancólicos y su aire fresco y transparente que trae el acre perfume de las hojas secas
y de las flores moribundas.
Son divinas estas tardes de Octubre en cuyos horizontes hace el sol incoucebibles juegos de luz. Sobre
la seda azul de las montañas, pringada de gemas
chispeantes encórvase el acero luminoso de los cielos sobre el 'cual se deslíen las nubes en diáfanas y
caprichosas rantasias. Y abajo, en los llanos y en las
campiñas, tiende la claridad su red sutil y deslumbradora, clavada á la tie1ra, aquí y allá, por largos Y
frágiles dardos de sol. Es este un Otoño nuestro, matizado y lleno de savia, en el que la naturalez~ se ve
más hermosa que en primavera, como una muJer de
veinte años, embellecida por el amor y por el_ deseo,
es más hermosa que la niña de formas angéllcas que
ni sabe aún ataviarse ni conoce la alegría de vivir.
En otras partes, el Otoño es áureo y rojizo, de un
tono uniforme y seco, que no es otra cosa q?e la
transformación rápida del verde muerto. La tierra
no tiene jugo ya; está fría, y en vano los árboles la
cubren con hojas para de vol verle el calor. T• :rlo el
día cae por lus S!nderos y los surcos, una lluvia d•!
alas amarillas que el viento se entretiene en arra11car de las obscu ras ramazones.
En nuestro Otoño, el ve1de no muere; sP. enferma
nada más, palidece, toma un suave tinte flavo y lívido que es de uua infinita variedad de campo á campo,
de tronco á tronco, y de rama á rama. No es el oro
viejo, monótono y sin brillo, _el que cubre )a arena
gris de los caminos y que man posea en los aires y los
llena· es la esmeralda jugosa, bañada en luz de plata,
con dulces reflejos de sangre anémica ó matices de
púrpur,1, desteñida. La tier,a t iene savia; sólo que
está perezosa y soñolienta, y qu iere dormir un poco
porque como el sol la ba acariciado tanto, se siente
camacla ele clar jlr&gt;re.~, de la misma manera que una
amantP. que se fc1tiga de dar besos ....

•

Los diarios de información se ban entretenido durante la semana en pormenorizar dos sucesos, no originales, ni extraños siquiera; pero &amp;í inte~esantes: el
proceso de unos ladrones de cincuent~ m il pe_sos,. y
la aprehensión de otros, que, con hábiles comb10ac10nes, engañaron á un rico español para robarle algunos miles.
.
Estas n'Jticias serían de una aburridora Insignificancia, si en ellas no apareciera el tipo del heroe novelesco de folletín, hecho con un poco de Rocambule
y otro poco de Conde de Montecristo. Hablo del ladrón de levita, del misterioso personaje que se presenta en sociedad con los aparatosos modales de un
actor, de un galán joven, que vi.;te con elegancia,
come y b~be con es plendidez, sabe bailar boston, y
babia del honor como de un ideal ya conquistado y
seguro.
En las sociedades exquisitamente civilizadas se
presenta este caballero con bastante frecuencia y sus
proezas hayan en ellas campo libre y rico. La vida
de estos hombres debe de ser interesante y curiosa
por extremo; debe de estar compuesta de escenas y
episodios jocoserios, como las memorias de Casanova, con un gran fondo de filosofía callejera, pervertida y amarga, en cuyo vulgar pesimismo no palpitará otra cosa que una gran sed de placer y un sensualismo encanallado y brutal. La educación les
ofrece poderosos recursos para llevar á cabo sus fe chorías; y la moda y la urbanidad ponen á su disposición agradable.s disfraces para ocultar sus intenciones y malevolencias. Son hábiles prestigitadores, comediantes de buena escuela, y andan por esos mundos, urdiendo planes y fraguando acechanzas entre el
estruendo de una orgía inacabable, ccmo si la sociedad fuera para ellos lo que para los rom'l.nos de Petronio, fué la casa de Trimalción.
No era común entre nosotros este peligroso embaucador. Nmstro era y henchía las cárceles el tipo del
ladrón miserable que, por las noches, en las calles solitarias, burtaba, puñal en mano, y echaba á correr
con el reloj y la bolsa á su lejano escondite, á su tenebrosa Corte de los Milagros. Nuestro era el haraposo, el hambriento, el vagabundo, que, ignorante y
estúpido, arrebataba á la existencia, para poder vivir, lo que ella no le daba de buen grad~. Pero este
malhechor era fácil de conocer, y la policía lo atrapaba con facilidad entre sus mil y tres tentáculos.
Mas al ladrón refinado, al elegante, al que flanea
por el houleval'd del brazo de lo~ amigos aristócratas,
al que asiste á teatros y clubs, Juega al bacarat, va

EL MUNDO.
en carruaje al paseo, galantea á las perdidas de m~da,
y desafía á los que se atreven á poner en tela de Juicio su nobleza, á ese autor de estafas y eng&amp;i'ilfas, á
ese flamante Plcolet, no le veíamos apa~e~er sino de
cuando en cuando, en los anales del presid10.
Hoy, quizá por primera vez, nos damos cuent3: de
que nos invadió l&amp;. plaga y d~ que la propiedad tiene
un nuevo enemigo, más terrible que el pobre ratero
que va entre la multitud, avispado y audaz, buscando la punta de un pañuelo que extraer, y que el legendario salteador de caminos, que antaño, iba por escarpaduras y ve_.ricuetos, e;1-poniend? la vida, en persecución de algun convoy imaginario.

** *

El ~eatro Nacional, durante nueve ó diez meses_d~l
año, es una jaula abandonada; una jaula, muy v1eJa
y grande que acaba de abrir sus puertas á una buena
bandada de aves que vienen de los antiguos bosques
en que soñaba Mignon.
Por la página que boy publica el Semanario, se
comprenderá que la belleza es la nota dominante en
ia compaiíía de Sien!.
Primero, veamosá las artista&amp;. ¿Verdad que son
bellas? Ahora; silencio, vamos á escucharlas .. • •

La vanidad y la muerte.
Dicen que la vanid?u sobrerive al hombre, que lo
acosa y persigue wás allá d~ la vida y más allá de la
tumba; que el in&amp;tinto de la ostent,acióo, del atavío,
del lujo, que la sed de llamar la atención y d~ producir impresión no tiene por límites los mezqmnos y
estrechos de la bu mana existencia y que perdura y
sub!!iste cuando el último soplo se ha disipado.
En vida, el hombre quiere ser visto, distinguido,
a,dmirado; anhela fijar la pupila del público y atraer
la mirada de la posteridad. Pasar inadvertido es el
más cruel de los tormentos y la más dolorosa de las
desgracias; brillar, figurar, oir vibrar su nombre en
las múltiples trompas de la fama; despertar, y si posible es, acaparar la simpatía, la atención, la. admiración de l1Js demás hombres parece ser la dicha suprema, el éxtasis sublimi&gt;.
Por dejar de ser nadie ó uiw ele tantos, no hay empresa que el hombre no acometa, ni aventura que no
emprenda, ni peligro que no afronte, ni catástrofe' á
que no se exponga. Lo que los capitanes llaman gloria, los poetas f 1.1,ma, los ¿stadistas prestigio, los financieros renombre no son sino formas de la humana. vanidad.
No bay guerrero que no pretenda ofuscar á Alejan.
dro ó á Napoleón, ni a rtista que no aspire á hacer olvidar á Miguel Angel, ó á Leonardo; ni financiero
que no llnhele desbancar á Vanderbilt ó á Gould.
Desde el fondo de su buhardilla el último de los·poetas
sueña con los lauros de Homero y desde el fondo de
su tonel todos los Diógenes envidian á todos los Aristóteles.
Una pasión tan intensa no puede menos de extraviarse, cegarse y ofuscarse á menudo, y si hay quien
vincule la. vanidad en el talento, en la virtud, en el
beroismo útil, en el sacrificio necesario, en el trabajo
fructuoso y en larlquezalegítima, no faltan quienes la
finquen en fll vicio, en el crimen, en la extravagancia. Diógenes aspira á singularizarse y á brillar más
por sus andrajos y su cinismo que por la pro.undidad
de su filosofía; Byron estima en más sus escándalos
que sus poemas y aspira antes á ser D. Juan que á escribir su epopeya. Erostrato, no teniendo de que
echar mano, se bace incendiario para pasar á la posteridad y lo consigue.
Otros, de un género más inofeDRivo, se arruinan
por gastar lujo ó se dejan crecer uua barba monument.al, como único título á la admiración, y los bay que
comen en cuclillas ó d::ermen en su ataúd como se dice de Sarab Bernardt. E l medio es lo de menos, el fin
principal es no pasar inadvertido.
Entre los vanidosos del género inofensivo figuran
los que están poseídos de la vanidad del sepulcro. La
magestuosa columnata y la cúpula arrogante bajo la
cual Uonba su viudez Art,emisa; las mostruosas pirámirles que guardan los restos de los reyes egipcios;
los templos interminables en que duermen su último
suti'io los príncipes indous, son monumentos desmesurados de la desn::esurada vanidad humana. Felipe
II se construye como tumba t0do un escorial; los reyes de Francia no quieren menos que la basílica de
S:i.int Denis para abrigar sus restos; la abadía de
Westminster parece pequeña á los monarcas y grandes hombres ingleses; Napoleón I miraba el Panteón
con la restricción mental de que le sirviera de sepulcro y tuvo que contentarse con los Inválidos.
En menor escala los modernos sabemos construir
suntuosos mausoleos para abrigar nulidades; eu el

Domingo 15 de Octubre de 1899.

Domingo 15 de Octubre de 1699.
Pére Lacbaise, en París, hay un monumento llamad&lt;&gt;
el pilón ele azúcar, rl val de la torre d ' Eiffel y que ca.
si ni se sabe de quién es; en el famcso cementerio deGénova bay un sepulcro, con estátua en p ié admirablemente cil;1celada y pedestal armonivso y elegante,
todo de mármol de Garrara y suscrito por grandes.
maestros. Es de una recaudera que vtvió en la más
sórdida miseria, que se privó de todo, que no disfrutó de nada, que sisó en el peso y la medida de sus.
legumbres y economizó sueldo á sueldo los ciento y
tantos mil francos que destinó en vida para levantarsu propio monumeuto. Este sacrificio de la vida para construir la casa de la muerte es un colmo en su
género y no conocemos nada más extravagante. Las
cenizas de la recaudera deben de estremecerse de
alegría en su sepulcro cada vez que el viajero-en los
cementerios parece no haber otra cosa-al leer la
inscripción que narra la proeza, la califica de pura y
simplemente imbécil.
.
Ver esto los americanos y picarse aljuego fué todo
uno ¡cómo! la libre América que ba levant ado el Capitolio, que construye á diario portaviandas de veinte y treinta pisos para alojará sus compañías de seguros, que ha fabricado los mataderos y graneros d&amp;
Cbicago con elevadores Atlas capaces de levantar al
mundo entero á un quinto piso, batía de dejar á la
vieja y decad!)nte Europa, á la India vé_dica, á la España medioeval, al Egipto de las setecientas mil dinastías la gloria de poseer los monumentos sepulcrales más vastos, más pesados, más feos y más costosos
ne la tierra! Peosar esto y caer sobre el pobre de
Wasllington fué todo uno. En el acto ~e le construyó á guisa de tumba uu enorme cirio pascual de cant!-\ría qne puede ver:,e desde todos los con fines ile la
Uni611 y cuyo úoico mérito es la inscripción: E l p rimero en la gue:rro, el primero en la paz, el primero en ei
c ,raz61t de su.-; conciuduclww.•; igual fortuna epigráfica
ya que no monumental, tocó á Fr,mkliu con el lema:
Eii·puit celwn Júlmine

Cetmnque tirnnis
que en buen romance d!ce:
Arrebató el rayo al cielo y el cetro á los t iranos.
Ante tan saludable y patriót;co ejemplo los reyes.
del oro, del cobre y del plomo, los del jabón pr!tto
y del azúcar moscabado, del jamón gordo y del petróleo
bruto se apresuraron á construirse sns t umbas en relación con sus pingües recursos. El p recursor fué
Jay Gould que gastó sesenta mil dollars en su SP.pulcro el cuJ.l velal,an noche y día unos guardianes con
librea negra franjeada de blanco de uu gusto irreprochable.
Comenzó entonces la puja, pero Jay Gould, muerto, no pudo ya pujar, y por la primera vez d_e su vida, ó mejor, de su muerte, perdió e n Di'~oc10 y lo
pP.rdió por varios cuerpos ele luz. Hutch1son le sucedió con una tumba de ochenta mil dollan;, construida con un mármol especial, único, cuyas cantera.~
adquirió al efecto de que nadie tuvi~ra t umbas del
mismo mármol. E,a previsión lo honra; pero no le
ha asegurado el record del sepulcro.
El cámpeonato recayó por un momento en R obert
Grelett, cuyo cadáver tuvo la satisfacción de ce!lir
por breves días el codiciado cintur~n. Su sepulcro
cuesta ciento veinte mi l dollars corridos. E~ uno de
los más gigantescos de los Estados U nidos; consta de
sesenta departamentos con sala de recibir, des pacho,
y 1:,upongo que también buzón y telHon?; es de estilo jónico y como si esto no bastara, imita la disposición interior de los sepulcros hebreos, muy anterlo•
res á las tumbras griegas y romanas conocidas, con lo
cual el difunto, que aun vive según creo, revela mucha cronología y mucha con!!ruencia a,tfstlca, Y no
incluye-el sepulcro-sino materiales neta~ ente norteamericanos, con lo que prueba-el dll unt o, que
aun vive-su incondicional adhesión al arancel Mac
Rlnley.
Pues bien, esta maravilla arqueológica, arquitectónica y proteccionista, tiene ya una rival: la última
morada de W. A. Clark, el rey del cobre, que por lo
visto no quiere dejarlo ver. El monumento costari
doscientos mil pesos oro, y hay que ~&amp;per_ar que el estilo sea chinesco y la disposición rnt,er!or sea ,l a d~
las tumbas posteriores á todas las conocidas. :Si asi
fuere, Robert Grelett no se levantará del golpe, bieu
que, en obsequio de la verdad, Sir Rober_t haya_construido su sepulcro precisamente con la rntenc1ón de
no levantarse más.
Si así seguimos, acabará por no bastarnos la vida
para ganar lo necesario para abrigar nuestra muerte,
y tendremos que imit'l.r la ava_ricia de la v~rduQler:
genovesa. A cada paso nos mterpelaremos. - ¿ ,U
haces de tu dinero que andas tan desarrapado.Estoy juntando pan mi sepulcro.
_
Y qué menospreciables hemos de ver con el t lem
po á la virgen que duerme bajo el ros~!, Y ª!af~j~
:
que descansa bajo el sauce!.. . . . . Casi tan n e
como á los que andan en calancl?ia.

EL MUNDO.

241

&lt;Eoóaó ant~qua:J de 8T6ext'co.
LA C A TEDRAL.

II

D.t.:T.1.LLES CURIOSOS.

se Indicó en el precedente artículo
-que hoy daríamos á conocer algunos
datos curiosos de nuestro Templo Metropolitano, y á fé que habrá necesi-dad de dejarnos mucho en el tintero
para dar cabida á lo más culminante,
por faltarnos espacio para toao.
Especialment e nos detendremos en
-detalles del interior de la basHica,
Ya se dijo que en las naves cerradas
-estaban distri buidas trece capillas, cada una de las cuales merecería un estudio especial. Enumero simplemente
lo1ue más lla me la atención.
¿Cómo no fijar desde luego nuestras
miradas en la CAPILLA DE SAN JosE,
donde el patriotismo mexicano se agl:ganta y sepulta entre flores ,uariamente la urna consagrada que guarda las
-cenizas de los héroes inmortales, que
tornaron en libre y soberana á nuestra
hermosa Patria 0
Los restos yacían, primero, en la pe-queña cripta del Altar de los Reyes;
-algunos de dichos restos fueron solemnemen~e transportados á la Catedral la mañana del 17 de Septiembre
-de 1823, permaneciendo en esa cripta
hasta el 30 de Julio de 1895, en que
-con no menor solemnidad se colocaron
-en la capl\Ja citada, desde la cual, es
de esperarse que cuanto antes se lleven al sitio que el Supremo Gobierno
en nombre de la Nación les Je~tina.
La CAPILLA DE SAN FELIPE DE JE.
:sus guarda otro monumento patriótico: el se:,ulcro de D. Agustín de Iturblde. Pomposamente se hizo la translación de los restos desde Padilla hast a México, por decreto del Congreso de
6 de Agost o de 1838; celebrándose la
solemnidad en 27 de Octubre de ese
-3110.

Monumento don:1e yacen los restos de los Héroes de la Independencia

Sobre la urna de madera que encie•
rra otra donde se hallan los huesos, se destaca esta
-11.igante inscripción:
AGUSTIN DE lTURVIDE (SIC.)
AUTOR DE LA INDEPENDENCIA MEXICANA
CoMPATRIOTA LLORALO,
p ASAJERO, ADMmA:.o
.EsTJ: MONUMENTO GUARDA LAS CENIZAS DE UN HER0E
Su ALMA DESCANSA EN EL SENO DE DIOS,
Fuera de la reja de esta capilla, se observa una
tuente baut ismal , la que, á su vez, está circundada
-oon otra reja de madera dorada. Dícese que en esa
pila recibió las aguas bautismales el Santo mexicano
.Felipe de Jesús. Es dudosa la especie; porque ni 'lun
.ta ;&gt;artlda de bautismo ba podido encontrarse.
La CAPILLA DEL SANTO CRISTO conserva los bue-

Reja del Coro

sobre las alas de la santidad, dejó profunda huella sobre la tierra!&gt;
Algunas capillas contienen famosos
altares churriguerescos, pero ninguno
como los llamaios del PERD0N y de
LOS REYES.
El primero forma el trascoro del
templo. Al decir de Seflano se dedicó en 19 de Junio de 1737. &lt;Se cuenta que un preso pintó la imágen en la
puerta de su prisión y esto le mereció
su libertad. Torquemada babia de él
y dice que es así llamado por las innumerables indulgencias que se han
concedido en favor de las almas del
purgatorio.&gt;
Efectivamente, la denominación con
toda evidencia no le viene por la
principal imágen que en el altar se venera; pues desde antes de que el retablo existiera, la puerta principal del
Templo frente á la que el altar se encuentra, ya se llamaba del Perdón.
Arriba de la imágen de la virgen
está un San Sebastián cuya pintura,
en opinión de alguna respetable autoridad, tiene el sabor de la escuela de
Baltazar de Ecbave el viejo. Cabrera
en RU E.•cudo de Armas de México hace
referencia ~ este cuadro, &lt;como &lt;imágen excelente pintada por una mujer;•
quizá alguna de las dos esposas que lo
fueron del mismo Echa.ve; aun cuando
se ha dicho por error que la artífice
fué una señora apellidada Sumaya, confundiendo est:&gt; nombre con el del lugar donde Ech11 ve nació en España.
El Altar de los Reyes es también
muestra famosa de ese esttlo original
inventado por el español Churriguera,
que no por ser extravagante nota de
un arte decadente y singular, deja deser rico y de maravilloso efecto. Est;\
colocado, como en nuestro primer artículo indicamos, en el ábside del
Templo ocupando todo este lugar con
sus tallados ornato~, su colección de
santos y de reyes bíblicos esculpidos y
pinturas originales de celebridades
mexicanas y españolas. Citaremos especialmente el
gran cuadro de la .A.sunción de la Virgen, titular de
la Catedral, obra del pincel de Juan Rodríguez Juárez, hermano de Nicolás apellidado el Apeles Mexicano; así como el lienzo que representa la Adoración
de los Reyes.

sos del lamoso eremita Gregario López y la del canónigo Juan González, su compañero. Gregario López
aparece siempre en las viejas crónicas como un ser
mi&amp;terioss y ,;lnl!'ular; las consejas le suponen ser el
mismísimo príncipe D. Carlos, el bullente hijo de Felipe II, al cual retirado en su ermita de Santa Fe, en
el Valle de México, le sorprendió la muerte al cabo
Bajo la bóveda de la nave mayor se yergue el alde los aíios después de una vida austera y ejemplar.
Las ruinas de su solitario retiro todavía se conservan. tar principal de la basflica, el Ciprés, ante el que se
En la CAPILLA DE SAN PEDRO descansan las ceni- celebran las más solemnes funciones :le! Templo Mezas del humilde Arzobispo de M6xico D. Fray Juan tropolitano, y en el mismo sitio donde se alzó el Cide Zumárraga, tras de una lápida de tecalí, que pue- prés antiguo que tué reemplazado por el actual, que
de verse fácilmente en el muro de la izquierda del es de escayola, en 15 de Agesto de 1850, edificándoobservador.
lo el arquitecto Don Lorenzo de la Hidalga.
En la de la PURISIMA yacen el Arzobispo Don LáUn detalle histórico curioso: cuando en 2 de Fezaro de la Garza y el benemérito franciscano Fr. brero de 1656 se verificó la primera dedicación del
Margil de Jesús, modelo de virtud y caridad cristia- Templo, después de la procesión se descubrió al
nas, fundador de los tres colegios de Querétaro, Za- Santfsimo é bízose la señal pata empezar la misa socatecas y Guatemala y de quien El Nigromante dijo lemne; pero tan luEgo como se hubo acabado el In
como el más acabado elogio que &lt;caminando al cielo tróito fueron, respectivameste, ocupando los cuatro

Sede Arzobispal y dllerla del Coro

�Domingo 15 de Octubre de _1899.

EL MUNDO.

242

Domingo 15 de Octubre de 1899.

EL MUNDO

243

cuales enumeraremos en el próximo y
último artículo relativo á nuestra intuesante basflica.

altares del Ciprés, cuatM prestes con
sus ministros, ciriales, incensarios,
maestros de ceremonias y acólitos,
correspondiendo á cada grupo otros
tantos coros de cantores; cantánse ádo
su tiempo cuatro misas, que fueron:
la del deán de la Catedral, por la dedicación dela Iglesia; la del arcediano,
dedicada al Santí11imo; la del provisor,
por la Purificación; y la del tesorero,
por ia Asunción. Las ceremonias todas se veían simultánea1&gt; y completas
y á &lt;la novedad-dice el cronista Guijo-de cantarse cuatro misasá untiempo, juzgando por acto de mofa, concurrió á la Catedral todo el reino y religiones, que quedaron confusos y admirados de ver el acto más grave y má'l
grande que la iglesia de Dios ha usado, y lo que más admiró fué ver obrar
á cada uno lo que competía, como si
fuera solo, guardando sus ceremonias
con toda autoridad y limpieza, sin
confundirse ni ellos ni sus miuistros,
acólitos y músicos.&gt;
Réstanos hablar de algunos otros
detalles, muy es¡&gt;ecialmente de las ri•
cas alhajas que poseía la catedral, las

JESUS GALINDO Y V ILLA,

Con el presentenúmero repartimos á.
nuestros subscriptores la Prima del gran
,vals .de

FEDO RA.

~~Altar del Perdón

..

--

-•

::;:··.ft~s~t:~::::::_?&lt;-=. --

_-

-· --

·-

-jj!

··~,;;:::;;;::;--:-.~ ' · - -····~··-·

.. - ~""•'.' ' i:..: .,..,-j-

_,,,

Artil.'er/a del ·Transvaal.
ti tulo invocado contra los B ieros es muy dudeso que
se aplique en derecho y en equidad á esos heroicos
campesinos.
L" Holanda se había adherido á la coalisión contra
Francia, y era muy difícil que se desposase brutalmente al colono del Cabo en el momento en que se

el preci'l rle la sección del Cabo y no habiendo hec:ho
nada la Inglaterra para vo, verla. á posición de él ¿ no
ha..:.ía la Holanda de apoderarse de nuevo de su antigua colonia? Lo., Boeros lo han comprendido a.sí, de
r.uerte que desde 11ue Pretorius hubo ei,tablecido la
República Na.tal, envió secretamente una carta

La traición de los príncipes destruiría acaso el derecho de los pueblos, sobre todo cuando se trata de
un pacto tantas veces desgarrado?
Damos coa este artículo un grabado que muestra
la a1tillería del '.rransvaal muy bien organitada, y
que uo deja nada q ue desear.

LA CUESTION DEL TRANSVAAL.
EL MAN IFIESTO DE LOS BOEROS.

El manifiesto de los Boeros, al cual nos referimos
al comentar la caricatura qae en la siguiente plana
verán nuestros lectores, establece cifras muy elocuentes: que la monta de los impuestos percibidos sobre
las minas del Transvaal es inferior al 10 por ciento
del producto, y que éste se abate á medida que la cifra total del rendimiento va en aumento. En todo
caso, particularidad cómica, es menor que el que el
gobierno inglés deja que rija en el Klondike por el
gobierno canadense. Por otra parte, las medidas de
policía tomadas en el Transvaal contra los robos co-

La ilusión sería tanto más difícil de mantener,
cuanto que M. Chamberlain se encarga de disiparla. En efecto, él pretende que los Roeros no han podido desembarazan1e jamás de esa cualidld de súbditos ingleses, de'la cual los bienaventurados utlanders pueden desvesuirse tan fácilmente.
La cualidad de súblito británico se pega á la piel
de los Roeros como una lepra,· de la cual no ban po•
dido curarse desde hace más de sesenta años, aun
cuando hayan tomado más de un baño higiénico.
En 1836 los Boeros renunciaron á ella solemnemente por un elocuente manifiesto firmado por Pedro Retief, descendiente de uno de los trescientos

cia sobre todo la política tortuosa del gobierno colonial. Lo que prueba superabundantemente que l&amp;.
cuestión de la esclavitud era secundaria, es que Pretorios, el Washington del Africa Aubtral, se apresuró á abolir la esclavitud, apenas fundó un Estado republicano y á condenarla como un acto imcompartt.
ble con todo gobierno libre. Por otra parte Retlet
mostró un poco más tarde cuales eran los verdaderos
enemigos ante los cuales bufan los Boeros. E l artículo primero de la Contstitución de la República que él
estableció, prohibía &lt;á los misioneros de la Sociedad
Bíblica de Londres poner ahí los piés &gt;
Sobre todo trataba de evitar á los colegas del

Tropa de boe1·os en marcha.
hacía pes ir sobre él una corona. Como Inglaterra ba•
hía siempre anhelado la posición del Uabo, se mostraba muy rígida. S ~ dieron en compensación las provincias belgas al príncipe; pero en 1850 los holandeses
lle revelaron á un mercado eu el cual se les babía trat ailo como á carneros.
Surgió entonces una cuestión á con~ecuencia de est,a luf,rn1e trági-come Ha; ha.bieudo la Holanda. perdido

al Rey de Ilolanda para pedirle su protectorado.
Este monarca prudente no bólo renunció, sino que
envió él mismo h carta al i:;-obierno inglés que se
a¡¡resuró á owanizar contra Natal dos expediciones.
La. cabeza de Pretori us que babia. firmado la misiva
fué puesta á precio y el beróico boero fué obligado á
poner los montes del Dragón entre los ingleses y él
para escapar al fierro de los asesinos.

Una de nuestras fotografías representa, adem~s, l!,
los voluntarios con su uniforme cómodo y élegante,
otra á un grupo de Bueros, y la última á una gran
tropc1. de los mismos en rnari.:ha. Los Hueros son una
pob1ación eminentemente guerrera y eminent~mente
robusta.
Quiera Dios que el éxito esté de parte de la justich1.

LA CARI:,ATURA EN EL EXTRANJER,.

Boe1·os en armas,
metidos por el personal minero, son menos severas
que las que se han adoptado en Kiembrley, en el
distrito que el gob!erno Inglés administra soberanamente desde que se apoderó de él, con desprecio ce!
derecho de gentes.
· La solicitud que el Colonial Office experimenta para
ayudar á los uitlanders á despojarse de su rlerecllo de
súbdito británico, como se despoja uno de su sobretodo al entrará un salón, sería inexplicable si M.
Cllamberlain no preparase un raid electoral, destinado
á reparar el mehec del raid militaire de M. Rbodes.
;,Se puede creer que las autoridades del Transvaal
sean demasiado igenuas para dejar entrar en su República á un caballo de Troya tan grosero?

La espiritual caricatura que reprodGcimos está tomada de un periódico de Londres, que la ha publica.do para acompaüar uu m'l.nifiesto, j ustiticando la IU•
transigencia cte lus Hueros sobre la cuestión de trlbutariado. Este documento ha producido un efecto tan
considerable, que se ba constituido riel otro lado del
estrecbo uo comité de defensa de los Boeros. El Presidente no es otro qne Mr. Frederick Harrison, eminente publicista, cuya rnfluencia es granr:lísima sobre
la. v.erdadera Inglatera, que más de una vez ha detenirlo las 1.1a11guinarias excentricidades del gobierno de
los Jingoes. Caricatura más expresiva y más grálica
uu, p_uede darse, y ha sido muy aplaudida por los pt!nod1ros europeos.

Los volirnta1·ios.
hugonotes franceses que los Estados Generales enviaron al Cabo en 1838. Los franceses adoptaron la&lt;;
costumbres y la lengua de los bravos colonos que los
recibían como hermanos. Pero comunicaron el ardo:de los Teodoro de Beza, de los Celigny y de los Agri ppa de Aubigen, á esas gentes de las cuales hicieron
un pueblo decidido á vivir ó á morir republicanamente.
El manifiesto de Pedro Retief es una pieza que
un Priestey, un Lafayete ó un Franklin habrfan firmado con sus dos manos. No se limita como se ha
dicho falsamente á protestas contra la emancipación de los esclavos, acto admirable que hará el eterno honor del parlamento británico, sino que denun-

farmacéutico abarrotero Pritchard, y prefería exponerse á la zagaya de los zoulous mejor que á los golpes de aguja emponzoñada de esos tráficantes de de•
vocióny virtud al más a.to precio. Como los hebreos
que se iban al desierto para conservar su lengua, su
manera de orar á Dios, su libertad de acción, así
los boeros querían no una policía impotente para protejerlos, querían defender ellos mismos sus mujeres,
sus hijos, sus ganados y todos sus bienes, no querían
exponerse á ser ahorcados por los verdugos de au
~raciosa Magestad como algunos·de ellos lo habían
sido.
En cuanto á los odiosos tratados de 1815, el sólo-

Pronuncia bien: «Soberanía,» p ero el pájaro no sabe decir más que «Convención.•

�1

Domingo 15 ~e Octubre de 1899

EL MUNDO.

244

Domingo lv de 0..,~ ... ,.,re de 1899.

EL MUNDO.

EL GRAN INeE/~D IO UE e HieAGO
RELATO DE U N

TE~TIGO P RESENCIAL

- G R A BADOS D lt LA

COMO F UE.
Con motivo de las sunt'Josas fiestas que se afectúan en la actu11Jidad en Chicago y que celebran justamente la reedificación de la gran ciudad, surgida esplendorosamente de las cenizas á que la redujo el incendio de 1871; hemos creído de sumo interés publicar la. narración que· sigue, escrita por un testigo
presencial é Ilustrada con dos magníficos grabados de revistas de aquella época, conservados á través de mil vicisitudes por la persona· que nos los ha proporcionado y que nos comunica á su vez lo!! datos que aprovechamos. .Juzgamos que nuestros lectores verán con el interés que merece asunto tan curioso
y de tanta oportunidad.
Daba principio la noche del 9 de Octubre de 1871 cuando emptzó á cundir
la alarma del fuego. Sabido es que los Estados Unidos son el país clásico de
los incendios; desde aquella época ba.tian rewrds en este sentido; y no es ni ha
sido raro jamás que en una noche se cuenten dos.
De aquí que los habitantes, flemáticos de suyo y avesados á las sorpresas no
se preocupen mucho de los siniestros, a menos que les toquen muy de cerca.&gt;
Aquella noche que debía ser célebre en ws anales de las grandes catástrofes, los vecinos del barrio en que se incendiaba-la casa en que se inició la conflagracióu, creyeron q11e se trataba de un incenJio común y corriente y se recogieron con toda tranquilidad sin sospechar la magnitud de la di sgracia.
El que esto escribe se despertó á eso de las dos de la mañana, merced á un
ruido in11sitado y ano1mal en el Hotel en que sn alojaba, situarlo en la Rue.h
Street, cer..m del primer ¡:uente y denominado Lake J-Iouse.
Descendió rápidamente á la calle y el primer espectáculo que se ofreció á
su vista fué el de un rojo piélago de chispas qrte lleuaban el aire: ¡la atmósfera
era nn mar de fuego! y estas chispas impulsadas por el viento llev':1.ban rápidamente la desolación á todas partes.
Una multitud· lnmensa se movía en la calle: La confusión de vehículos y
gente era indescriptible. Oíanse gritos por todas .partes. Algunas personas,
enloquecidas en medio del espanto, clamaron: «Todo el centro de la ciudad
está ardiendo. La casa deCorreos y el Ayuntami'?nto están envueltos en llamas.&gt;
Otras, más serenas sugerían á la multitud que se refugiase en la parte oeste
de la ciudad, atravesando los puentes.
'
Por mi parte me apresuré á ligar tres baúles, que me vi obligado á abandonará poco, en la calle, donde había otros muchos y el movimiento era ya dificilísimo. La gente tenia que ocuparse más que en salvaF sus intereses, ,m evitar que las cbispas que á millares llovían sol)re todos, incendiasen las ropas. La
sensación de quemadura que producía sobre la carne aquella infinidad de puntos rojos era intolerable.
Me dirigí hacia el lado oeste de la ciuda1, pasando entre dos muros de llamas. El pavimento, de madera y alquitrán ardía también. A lo lejos, á favor
de los siniestros fulgores escarlata, se distinguían los esqueletos de los grandes edificios que ardían, así comu las torres de las Iglesias, y de cuando en cuando una de aquellas moles gigantescas se desplomaba con estruendo.
Desde hacía tres días soplaba sobre la ciudad un viento del Este; b sequedad era excesiva, y esta circunstancia fué favorabilísima para. el elemento,
acelerando sus progresos.
Por telégrafo se llamó á los bomberos de las ciudades vecinas. La hornaza
era tan inmensa, que según s~ supo despué3, las llamas se distingu!a.n hasta á

1871.

EPOC.A -

r.
..

""tt'

RUINAS DE LA DIVISION NQRTE MIRANDO AL SUR HACIA LA CALLE NORTH WELLS.
cuarenta mtllas de distancia, de suerte que mucha poblaciones relativamente
dist&gt;tntes se dieron cuenta del espantoso siniei.tru.
D!spués de que gracias al telég,aro se supo en tofa S)l extensión la catástrofe, de todos los rumbos d~ Estados U nidos llegaren trenes llenos de provisiones, ropa, etc., para los que quedaban sin hogar y sin pan, y que en sumayor parte se alojaban en los templos, durmiendo sobre las bancas.
Aquella multitud de infelices tingia un ejército de emigrantes, con los restos
da sus ajuares que habían podid:, escapar: colchones, baúles, j,;,ula.s de pájaros. etc.
Yo me refugié en la igles.a situada en la esquina de las 16 th y Wabash

Avenue, hasta que logré descubrirá algunos amiO'0S, loO'rando
pocos días des0
pués salir de la ciudad.
º
... **
E 1 espectáculo de la flr,reciente metrópoli
envuelta en llamas, considerado
desde la parte OdSte de la misma era indescriptible Ante los ojos se extendía
como un gran t elón, de fuego que cubría el horizonte en una extensión de ocho
millas Y que encrestado de llamas gigant.,scas se elevaba hasta los ciP-los y parecfa querer lamerlos. Q11ien vió esto no podrá olvidarlo jamás. Yo creo que el
lncen~lo eu su apogeo duró tres d,ias, mas ocbo días rlespués no se podía transitar au n por parte alguna de las que sufrieron el horrible be!&gt;o de las llamas,

pu~ se encontraba uno_ ácada paso el humo sofocante que surgía de las ruinas
baJo las cuales había aun materiale;; en Ignición.
~P prete'ldí llegar hasta mi bote!, pero me ví precisadu á detenerme á ocho
ó diez cuadras.
Ji'ué preciso proclamar la ley marcial. Las autoridades de la ciudad se encontraron desde luego sin oficinas. Todas las familias, todos los negociantes, vagaban de aquí para abí buscanrlo la. manera de instalarse, y no era extraflrr ver
bancos y empresas financieras instalados en casucas de madera (cottagel'). El
correo fué estable?ido provi_sionalmente en una casa part icular, y no pudiendo
dar abasto al servicio, trabaJábase sin desr.anso frente á una inmensa cauda de
gente ávida de comunicar noticias á sus parientes y amigos lejanos.
Los que huyeron amagados por las llamas. sia baber sido advertidos de que
debfan refugiarse en la parte Oeste de la ciudad, tuvieron que ir hasta Lincoln
P~r-k. Abí enco_ntraron un gran cementerio y se gi:arecieron en las tnmbas, comiendo Y durmiendo al lado de los muertos, inofensivos 1ay! en su silencio ante
las Jlamas devoradoras que todo lo reducían á cenizas.
Jamás pudo saberse el número de víctima¡¡ sepultadas bajo las ruinas enormes._ La ciudad animadfsima antes de la catástrofe, animadísl~a después, fué
surgiendo más ~ermo~a que antes de los escombros. La curiosidad y el espíritu
de empresa atra1eron rnnumerable gente. Palidecieron los terroríficos r""Uerdos
•

'7

Pase general para ~allr de Chlc8R'o, otomado por el Gobenador
á las victimas del Incendio.

- ~. . &lt;!

.:-

'

-

-

do.

*~'

L-Club Standaro..
2.-Salón del Congreso.
3.---De¡:óslto M. S. Y R. I. . 4.·· Primera Capilla pre•blterfana.
5.-·•falle del congrem.
6.--Prlmera Iglesia presblt.erlana.
7....calle del ~sóUCO.
13.-casa de Correos.
14..-Oficina de La TrlbUD&amp; Y l!.ven.lllg Post.
fo,•·•Prlmer Buco._ 16,--Gian Llb1e1!a.
17.---Iglula Me1cdl 61a J!plEtOJ&amp;J de la Trinidad.
18.- -Palaclo del Obispo
•
•
~s.---Lego Mlchlian.
24.•··Te1raza11.lchlgan,
25,-•J, I. scamxnon.
-

RUINAS DE LA DIVISION SUIL-VISTA DESDE EL TECHO DEL SALON DEL CONGRESO EN LA CALLE DEL CONGRESO•

-.

9 -AVPD!da W
de cbJeaiá:
20.-JJeJ&gt;&lt;!ib ash.

DE LA.

i.--Hot.el Btgelow.
lL--Manzana Honore.
!2.--San Pablo.
21.-- Elevador B,
22.--Avenida M!chlgan.

to Centra) d,i lllinois.

. A.VENIDA W.AB.A.SIT, MIRANDO AL NORTE.

~i

y boy Chicago cele_bra el aniversario. de su destrucción con fiestas que harán
época, y cuya alegna ne turbará la leJana memoria del tremendo siniestro del
cual no existe la menor huella.
'
Ilustrando estas líneas verán los lectores del MUNDO dos magníficos grabados
de recorte de una de las principales revistas de aquélla época, y que á pesar del
maltrato de los años, mu'!_Stran detalladam,mte la magmtud de la ya histórica
catástrofe.

.

AR.MANDO
MAURI:Ee.
.

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246

EL MUNDO.

Domingo 15 de Octubre de 1899.

DnminQ'n U ñP Octnhre de 1899.

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EL MUNDO.

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Psiquis, mujer al ca.bo, era imprudente y curiosa. ltlíl desventuras le costó su primera curiosidad, cuando quiso ver el rostro del amante dormido y una gota ñe aceite escapada de la funesta
!Ampara ahuyentó al hijo de Venus. Desde entonces, y por muc'lo tiempo, la vida fué para Psiquis una serie de malandanzas. Errante de país
en país y de templo en templo, saboreó todas las
amarguras; padeció dolores y martirios extraterrenos; de sus ojos, convertidos en manantiales
profnndos, continuamente desbordados, corrían,
cruzando sus mejillas, dos ríos de lágrimas; y caminó tanto, tanto, y por tales veredas, que la sangre varias veces tiiió de púrpura los cAndidos
jazmines de sus pies, y los jazmines lucían como
rosas.
La miseria de Psiquis turbó al fin la impasibilidad augusta de los dioses; y la misma cólera de
Venus pa,ió como los íncendios del crepúsculo.
Fidelidad y consta ncia dieron el triunfo á Psiquis, y Psiquis dicposa y en paz reinó sobre la
tierra. Su trono, el más alto; su corte la mAs ilustre: en ésta no había sino grandes artistas. poetas
de corazones puros, filósofos de labios disertos.
~os aduladores de la reina tenían por incensarios
hraa, y como único incienso el Verbo, hecho música en las cuerdas, flor de luz en lvs labios. Pero Atronco tan ex celso y cortesanos tan ilustres
d_ebían, según dijeron much0s, corresponder en
r1_queza y esplendor el cetro, la corona y los atavios reales. Y no mAs dijerun así, cuando artistas
de gusto exigente partieron A buscar, por todas
las comarcas del reino, las preciosidades mAs raras, dignas de resplandecer en la frente, el cuello
Y las manos de Psiquis; revolvieron tesoros ahondaron minas, rasgaron las ent..aiias de la tierra y
d_el mar; Y_ la tie1 ra dió su oro y sus gemas: topacios, amatistas, esmeraldas rubíes de sangre milagrosa, ~afiros de tinta ide~l, diamantes de aguas
puras, m1e~tras el mar profundo y rico, si bien
pobre de piedras preciosas, dió, en corales y perlas, lo meJor que tenfa. de besos muy rojus y ensuetlos muy cAstos.
De vuelta á la corte, los grandes artífices echaron . sobre los hombros de la reina el mar.to de
armitto Y púrpura; luego se dieron A trabajar el
día Y 'loche, puliéndolo, repuliéndolo, cinceb ~ olo, para despué3 embutir en el oro bien traaJado muchas piedras fúlgidas y acabar la corona Y el cetro; por último engarzaron perlas y
corales • Y un rio
· de corales
' y perlas corrió por
1
ª ~frganta de Psiquis.
d 1 cetro Y la corona, fulgurantes como soles,
~s udmbron A la multitud puesta de hinojos á los
P188 e la reina.

fIºd

;~a

, TARDE DE OTOÑO.
Ouadro de José Wencker·.

Y
ar_on d~fas, afios, generaciones de hombres,
liras 4uis,. _ichosa Y en paz, oyendo música de
el min~~siea de labios disertos, reinaba sobre

247

cas, el zafiro marimosa azul, en tanto que de las
piedras policromas volaron policromas libélulas.
Psiquis, como todos los creadores. halló buena
su obra, y se regocijó mucho sl ver su tesoro
convertido en bandada de insectos. Libélulas y
mariposas, antes de huir, se posaron en la frente,
el seno, Ja espalda ·y sobre todo en el cabello
destrenzado de Psiquis, y en el cabello des~renzado mari '&gt;Osas y libélulas fingieron un torrente
de pedrería; lnégo, revolotearon, llenando la estancia real de música de alas y palpitaciones de
élitros, para escaparse al fin al través de la ventana entreabierta y perderse Alo lejos, como Psiquis las vió perderse, entre las flores, entre los
árboles, eu el cielo azul, amAndose al aire y al
sol, muy libre y sanamente.
La reina, con refinada lentitud, saboreó su acto
Pero una maiiana, en el silencio de su alcoba
real, sola con RUS riquezas, que brillaban en la piadoso y, satisfecha de haberse conducido sepenumbra con fulgores mortecinos, se sorpren- gún el amor y la verdad, no adivinó las consedió reflexionando en lo inútil de la corona y del cuencias fatales de au obra . .Ah! no hay como la
cetro, en la mezquindad fastuosa de su manto, en piedad para cometer grandes errores, y el acto
la vana luz de sus joyas, y se arrepintió de ha- piadoso de P11iquis fué el último y el mayor de
ber aceptado como tributo el presente de las ge- sus errores. Cuando se apareció de nuevo ante
mas. En sus reflexiones llegó A sentir u::o como los hombres, cuando su befüza, en lo alto del
vago impulso de piedad, acomp11fiado de un mo- trono, surgió blanca y desnuda como un lirio, los
vimiento de rebeldía, Se despojó de la corona y hombres la desco.coderon: miopes estultos, de no
el manto, depuso el :!etro, y se tió de pies á ca- ver sio o el esplendor de las joyas, habían olvidabeza, blanca. y desnuda, como en remotob días do la b.,lleza incomparable de Psiquis. Y no sopasados. Nostalgica de su ser antiguo, se aver- lamente la desconocieron: entre la multitud hubo
gonzó de vivir di3frazada como una mujerzuela imbéciles que gritaron al ver la: inmoralidad! invanidosa. En sus atavíos regios vió una injuria famia! usurpación!
A su belleza incomparable, porque la belleza de
'A tales gritos, la muchedumbre puesta en pié,
sus formas era superior A la belleza de las pie- desconcertada y loca, semejante á una ebria de
dras preciosas mAs raras, su cabello más rico y mil cabezas empezó á girar, á remolinar, A tituluminoso que todas las coronas, su desnudez más bear, sin saber hacia dónde dirigirse, falta de
casta que el armif1o.
amo, sin saber ante qué ídolo postrar sus rodillas
No contenta con despojarse del manto, el cetro de sierva habituada á la genuflexión, y así estuy la corona, Pdiqui;¡ resolvió destruir s us rique- vo, desesperandv y vacilando, hasta caer á los
zas, á fin de no r ecaer en pecado de vanidad. piés de un grotesco mamarracho de oro, que tePero sus manos, deliciosamente blandas, no sa- nía forma de asno, con _aire grave de pensador
bían destruir como destruye la mano brutal de taciturno, sobre lomos y anca un trapo carmesí y
los hombres. Ella no era capaz de reducir á. pol- por ojos dos inmensns crisolitas.
vo inerte su fortuna, y de aventar luego el polvo:
Aún en lo alto del trono, Psiquis experimentó
su piedad, infinita, abarcaba los seres y las co- la sensación desesperante que han matado dessas, y su piedad era infinita por ser grande su pués á muchos hombres, la sensacjón angustiosa
ciencia, Estaba iniciada en todos los misterios de de una soledad infinita en medio de la muchela vida, y ninguco tan prodigioso como el miste- dumbre. Viéndose perdida para siempre, bajó del
rio de su propia sangre. Nunca se derramó en trono y, como en su anti~ua romería expilltoria,
vano la sangr e de sns venas: en •ionde ésta caía se fué por el mundo, de templo en templo, de
despertaba el germen de un ser de belleza pura, país en país, caminando, caminando. porque sus
graciosa y con alas, como la belleza de Paiquis; alas entorpecidas por la inacción no recordaban
y A favor de tan inefable virtud, la soberana el ímpetu glorioso del vuelo. Recorrió todas las
pensó desembarazarse de sus gemas, convirtién- comarcas, de las cuales había sido reina y sefiodolas en frágiles seres primorosos.
ra, y en ninguna parte la reconocieron los súbditos; despojada como iba de
suotuos9.s insignias reales
Por fin, después de muchos
desengaiios, decidió alejarse
de los hombres y vivir, mientras las alas débiles cobraban
nuevos bríos, en cumbres deshabitNdas, Y así, alejándose de
los hombres, vengóse de éstos
pues A medida que ella se ale~
jaba, los hombres padecían más
y más de una extrafia ceguera que les obligaba á ver las
cosas como al través de un
velo Aureo.
Pero los dioses reservaban
á Psiquis, como la suprema alegría dt- 1 vuelo, la alegría de
hallar en una delas cumbres á
las CUAies trepó, en la cumbre
má s alta, al único de sus vasallos que supo reconocerla
porque Ja nube color de oro no
empaliaba sus pupilas. Era un
pobre diablo moribundo en la
Sin echar si:¡uiera una ojeada sobre la foneata flor de los atlos, mitad mendigo, mitad trovero.
lámpara que debía de recordarle su imprudencia Bohemio le llamaban desdenosamente los hom,
de antailo se dispuso A realizar su pensamiento bres y lo creían estúpido porque despreció la
en la fBji de luz que desde una ventana entre- riqueza, el poder y los abrazos infames. No trnfa
abierta llegaba á morir á sus pies. Con un largo sino nn manto agujereado por las lluvias del cielo
estilo, Aureo y teuue como rayo de sol, hincaba y las piedras del camino, pero él no se hul:&gt;iera
sus dedos, y despué 3 con el estilo húmedo de san- tr.:cado por el mas rico poseedor de tesoros. Dugre tocaba las piedras pr_eciosas ha_sta no dejar rante su vida vagabunda recogió claros de luna
ni una sin el extratlo bautismo sangriento.
puestas de sol, gorjeos de pájaros, fragancias y mú'·
Al contacto de la sangre hubo en todas las pie- sicas del bosque, y con todo tiso construyó suedras un estremecimiento de vida, y !as gemas ilos, muchos suefios, hasta haber en su alma tandejaron de ser piedras para convertirse en lar- tos suenos como hay celdas en el panal y flores
vas. Muy pronto desperezos de alas estallaron en por primavera, en las acacias.
'
las orugas de color; y corales y rubíes fueron maY como Psiquis no sabía de ingratitudes, no
riposas de alas rojas, las esmeraldas mariposiu desamparó esa alma de poeta; antes bien la llevó
verdes, l0s diamantes y las perlas mariposas blan- consigo, al irse en busca de un mundo nuevo, no

�EL MUNDO.

248

-¡Búscamelo, por Dios! ¡yo no puedo vivir así,
no quiero vivir así!
Me volvió la espalda y salió hosco y silen-

cioso.

No volví á verá f.ibéluh en dos días. Había
huido del café porque decía que un hombre sin
corazón como él, no gustaba el placer de la conversación, y aunque para curarle la había yo
asegurado que todos le t.Chábamos de menos, no
pude conseguir que volviera. Le vimos dos noches acerc~rse al puesto del fosforeru y comprar un periódico
que leía rápidamente bajo el
faro de la esquina de la calle
del Arenal, sólo la cuarta plana,
porque me aseguró muy serio
que era materialmente imposible
que nadie hubiese encontrado la
víscera oreciosa que había perdido, en cuyo caso, y si era persona de conciencia, debía anunmanchado de hu manidad: y siempre en compatiía
de esa alma voló, basta posar los ct\ndidos jazmines de sus piés en la Vía Láctea luminosa y
desaparecer por la gran ruta del cielo, blanca y
azut, empedrada de zafiros y diamantes.
MANUEL

DíAZ RODRIGUEZ,

CUENTO FANTASTICO.
El corazón de Libélula.
-Serénate, Libélula -dije al pobre muchacho
poniéndole la mano en la espalda. Lo que acabas de decir es un disparate ...... Sí, un disparate sin precedente, afl.adí con mayor energía al
ver que Libélula movía negativamente la cabeza.-Bueno, pues pon aquí la mano -me contestó muy serio, llevl\ndo mi diestra al lado izquierdo de su pecho. ¿Sientes algo?-No, le contesté;
nada siento, pero eso no prueba nada. La circulación es en ti lenta y silenciosa, y el centro de
la vida trabaja hondo en tu pecho. Libélula volvió A mover la cabeza de derecha á izquierda.
Evidentemente .no- había manera de convencerle.
-Oye,-me dijo fijando en mí sus ojos enérgicamente expresivos: -tan cierto como que yo darla por ti la vida si me la pidieras, es que desde
hace ocho días ando por ahí sin corazón. ¿Qué
sabes tú de esto si no te ha sucedido j ~más? Te digo
que lo be perdido hace ocho días, en mitad de la calle, no sé de cqal, Cdrea, cerea de la casa de ella.
Por allí ha debido caérseme, por allí debe estar.

Cojió mis manos entre las suyas que ardían con
la fiebre, y antes de irse me dijo mirándome con
ex presión de súplica tan honda que me dió frío:

ciarlo un día ú otro. GPara que podía querer nadie ~l corazón de Libélula teniendo ya uno? No
ví jamás idea fija más enérgica incrustada en cerebro alguno. Cuando por vez primera nos refirió el hecho, me aterró el aplomo con que lo contó.-Iba yo á su casa, de noche, nos dijo, cuando
ella no puede distinguirme en la ealle, porque
ya sabéis que no quiere verme, y de p.onto, al
abrocharme, porque sentía frío, eché de menos
el corazón. Palpé por todas partes m~tfa los dedos con ira por las eostillits ... . Nada, ya no estaba allí. Volví atrás, registré todo el camino ....
Tampoco. Llamé á un guardia, le conté lo que
me pasaba, y el imbécil me contestó que no podía ser. ¿Conque no podía ser, y yo, que era el
interesado, había. dejado de sentirle en el pecho?
Busqué yo solo .... y nada. Me fui á casa y en
el camino vi el cuerpo de un asesinado, en el arroyo, guardado por los serenos y con tremenda expresión de agonía en el rostro. ¡Y le miré y pasé
sin sentir nada, como quien ya no tenía corazón.
Y pensando en ello á solas, en mi cuarto, maldije
de mí mil veceR y no me pe¡?né un tiro porque no
sentía .... ¡L1t falta del corazón, os digo!

Domingo 15 de Octubre de 1899.

***
Me puse el frac y fui á verla; á ver si aquella.
mujer quería h \Cer la caridad de curar á Libélula de su terrible manía, aunque fuese engallAndole. Yo tenia duda de que por ella andaba mi
pobre amigo tim des~quilibrad? de facultades, y
si ella no halía perdido también el corazón, se
apiadaría. Iba aquella noche de baile y la encon,
tré en el jardín. Parecía con el abrigo de pieles
una emperatriz bajando á dar A su pueblo la limosna de la vista '1e su persona. Tomó mi brazo
y seguimos un rato á pie, Se lo conté todo, y al
oír la rareza de la manía del pobre Libélula, ae
rió.con la risa fresca y juvenil que á mi me pareció una pufialada, por tratarse de cosa tan serla
pero no la dije nada, ni retiré el brazo. Llegué Á
3entir miedo. Llegamos silenciosos hasta la cr.lle
y como dij'.l que tenía frios los pies, quiso aegui;
andando un rato. En la esquina de una calle, solitaria como todas las de aquel barrio aristocrA,
tico me detuvo de pronto apretándome el brazo.
Me paré en seco y ella se inclinó hacia el suelo,
donde distinguí algo que me pareció una piedra.
Se irguió en seguida y dijo:-¡Tom/l., pues era
verdad! Es el corazón de Libélula. Lo apartó con
el pie, regiamente calzado, llamó al coche, subió,
se despidió de mí y me quedé en el medio de la
calle, clavado por el espanto.
Volví temblando A la acera y recogí el corazón
de Libélula, que con el pequen.o puntapié de ella
había rodado hasta el arroyo. Noté que según
iba andand0, el corazón, que llevaba cuidadosamente envuelto en un pafiuelo, se esponjaba agradecido al seutir el calor de alguien que le trataba
compasivamente y ¡hechos extra:lios que se producen cuando pasan por nuestra vida real y pro•
saica girones de fantasía! hasta me pareció que
la humedad que el corazón destilaba en el palluelo, eran lágrimas del infelicísimo Libéhtla.
Entré en el café y llamé aparte á Ar tiera, el
médico de todos nosotros, y juntos nos fuimos a)
cuarto piso de Libélula. H,1cfa ya dos horu que
estaba dorm;do y no quiso Artiera despertarle;
con ayuda del cloroformo, insensibilizó al hombre sin corazón, y luego, delante de mi, que temblaba de espanto, con maravillosa destreza le
abrió el pecho y colocó en su sitio el corazón, como quien coloca ur:a piez'l de relojer ía, dAndole
luego movimiento con un golpe del dedo fn,
dice . . ..
Pero la locura de Libélula era irremediable.
Tuvo su corazón, pero no le dejó el punzante recuerdo de ella.-Esto no tiene remedio, nos dijo
en el café, días antes de que le lleváramos almanicomio. Le siento aquí, pero enfermo; alguien

J)omtngo 15 de Octubre de 1899,

249

.EL .MUNDO.

le hirió antes de que me lo encontrárais y me lo
devolviérais.
y todavía cuando vamos á verle á la casa de
salud los días de hermoso sol que templa á oleadas tibias el jardín del manicomio, suele decirnos con melancólica sonrisa y resignado acento:
- ¿Oís? Tic-tac tic-tac... . lo mismo que antes, pero más despacio, como si le doliese
herida. Y se queda como en doloroso éxtasis, mirando al cielo con sus ojos dulces y serenos, y la
mano derecha junto al corazón .... ¡Pobre Libé -

!ª

lula!
, FEDERICO U RRECHA,

SERENATA.
Princesita, princesita .
Tan bonitll.,
Sal á hablarme á tu balcón,
T,·aigo versos, traigo flores,
Traigo amores
Y un rayito de ilusión.
Ya la lona misteriosa,
Vaporosa,
En las nubes se escondió;
Y la estrella blanca y bella,
Nuestra estrella,
La que amamos, ya surgió.
Ya del bosque en la enramad9.
Perfumada,

Canta alegre el ruise:lior:
¿Qué no escuchas lo que canta,
Que le encanta
Seas la reina de mi amor.
Ya la fresra enredadera
Hechicera
Al oírme despertó
-.. -·--y sus hojas -eii guirnalda
De esmeralda
Para ornarte preparó.
Princesita, princesita
Tan bonita;
Sal á hablarme á tu balcón,
Trai~o versos, traigo flores
Traigo amores
Y un rayito de ilusión,
DAVID.

·♦

♦

•••

♦

...,.

~

Luego despertarás, sin un reproche,
Bendiciendo tu dicha y mi fortuna,
Sola y dormida estabas, es de ncche,
Y entré .... como entra un rayo de la luna.
Si de tus ojos grandes te envaneces,
Si te recreas en tus labios rojos,
Si amas tus luminosas morbideces,
Es porque son festín para mis ojos.
¿A qué, pues, recatarme tus primores
Que exaltan mi ardorosa fant/\sía?
Mentir enojos ó finjir pudores,
Indigna farsa para tí sería.
Ni teme¡, encender celos ó agravios
Con una confidencia que me asombre:
¡,Hablas dormidli~ Pu~s dirán tus labios
Inefables ternez as y mi nombre.
Soy tuyo y eres mía .... Eternamente
Surgen con simultáneas vibraciones,
Un mismo pensamiento en nuestra roen te
Y en~nuestro cuerpo iguales sensaciones.
Duerme, Nellyl Tu lámpara süave
Envidiosa tal vez, nos acompaila,
Y afuera se alza misteriosa y grave
El nocturno rumor de la monta:lia.
¡Q11é bella estás durmiendo! Ríe leda
La inocencia en tu faz blanca y tranquila,
Y a! través de tus párpados de seda
Centellea tu mágica pupila.

Así te quise ver. , . . Cuando dormida,
Plena y augusta paz tu pecho siente;
Cuando las tempestades de mi vida
No amontonan sus nubes en tu frente.

¡Qué opulenta del lecho entre el armiilo
Emerge tu belleza soberana
Mientras duermes con hálit~ de ni:lio
Y desnudeces de deidad pal:?'anal .

No vine aquí traidor ó temerario
Esclavo torpe de pasión impura:
Soy creyente, penetro en el santuario,
Y es fé mi amor y culto mi ternura.

Lámpara de cristal color de rosa
Ilumina tu alcoba de princesa
Desliza por tu lecho luz medr~sa
Y con sus rayos tímidos te besa.

Junto á tu lecho caigo de rodillas
Y absorviendo el deleite en que me ba:lias,
Ni aún me atrevo á besar en tus mejillas
La sombra que proyectan t~s pesta:lias.

¿Por qué tiemblas? ¿Por qué ya no sonríes
Con la ingénua sonri&lt;1a de la cuna?
Duerme Nellyl Soy yo, no desconfies,
Entré .... como entra un rayo de la luna.
¿ Qué pesadilla trágica te asalta
Y el espanto en tu frente deJa impreso?
¿Lloras N elly? . . .. Ya sé lo que te falta: ·
Acércame tus labios, toma un beso!
Me abres los brazos . . .. ¡ah! bedito sea
Tu amor . ... No temas dolo ni perfidia!
La lámpara vacila, parpadea
Y muere .. .. ¡pobre! se muríó de envidia.
JAVIER SANTA MARiA,

�Domingo U de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

25()

nueva

temporada de Bpera.

L~S ARTISTAS,
A.ño VI -Tomo ll

3

México, Domingo

22

de Octubre de i:899.

BE LLAt!i ART .ES.

5-SEÑO'RA LEONILDA GABBI,
Prima D0nna Soprano Dramática..
(

6-SEÑORITA ~ERF.NA VAREl'&lt;A DEI RONC0NI,
Prima Donna M~zzo Soprano.
7,-SEÑORITA E'mIA. CRIPPA.
Soprano llfera.
4-SEÑORA ADELA GINI PIZZORNI,
Prima_ Donna Soprano Dramática absoluta,

r

T
t
I

COMPROMETIDA.

Número i:7

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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