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                  <text>Domingo U de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

25()

nueva

temporada de Bpera.

L~S ARTISTAS,
A.ño VI -Tomo ll

3

México, Domingo

22

de Octubre de i:899.

BE LLAt!i ART .ES.

5-SEÑO'RA LEONILDA GABBI,
Prima D0nna Soprano Dramática..
(

6-SEÑORITA ~ERF.NA VAREl'&lt;A DEI RONC0NI,
Prima Donna M~zzo Soprano.
7,-SEÑORITA E'mIA. CRIPPA.
Soprano llfera.
4-SEÑORA ADELA GINI PIZZORNI,
Prima_ Donna Soprano Dramática absoluta,

r

T
t
I

COMPROMETIDA.

Número i:7

�EL MUNDO.

252

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

-No, me dijo mi amiga,-va para nuestro temperamento enfermizo y neurótico, no tienen encanto
las fi,orituri, los arabescos de trinos. las mallas sutile11 de gorgeos, las explosiones de fermatw;. todo ese
alegre juego de las notas, todo ese fino desgrane de
escalas y apoyaturas en que se deshace la vieja música italiana como una nube se deshace en rocío. Los
maestros modernos nos emocionan, nos 3acuden, nos
subyugan con una música dol•)rosa y fuerte en la cual
la voz humana entra como 1m elemento de la polifonía. Ya no canta sola, como antes, St!guida sumisamente por la crquesta, como una reina por los cortesanos obedientes; ya no es soberana y señora, á cuyo mandato iban los instrumentos subrayando con
timidez las melodías; vibrllban con exquisita delicadeza las cuerdas, trinaban con dulzura las maderas,
y de vez en cuando, los latones, á la sordina, intervenían en el acompañamiento con sus quejas mP.tálícas y
duras. Ya no .:s la voz humana la única todapojero
sa y expresiva en el concierto de los sonidos; ya está
descoronada, y aunque coni;erva la nobleza de su linaje, ha perdido su omnipotencia. El arte antiguo
se preocupó mucho en hacer de las gargantas nidos
de ruiseñores y de las aere...s tramas de esa música angélica y candorosa cuelgan, ~ manera de d!á_fanos ornatos y guirnaldas, las más Joviales y del1cwsas sutilezas del canto. No habría entonces pasión sino ternura, ni tristeza sino melancolía ..... ¡ohl las lágrimas no eran tan amargas, ni las quejas tan hondas,
ni el dolor tan desesperante y huraño. ¡Oh, Bellini;
rublo como las mieses, dulce como los ángeles, joven
como la aurora, melancólico como el ocaso, tú eres
u n símbolo! .... Tu música, como la de Donizetti nos
aburre un poco y nos empalaga bastante: es un vaso
colmado de miel, que cuandó álguien lo acerca á
nuestros labios, nos repugna, porque ya estamos habituados á los acres y malsanos sabores. Música sana,
pero sin nervios; sin vigor, sin estremecimientos, sin
angustias, requiere cantantes educados hasta lo imposible, voces sujetas á largos y difíciles estudios,
vocaciones decididas, órganos privilegiados que venzan á la naturaleza y hagan del grito, del suspiro y
de1 sollozo primores de notas. Para tal especie de
cantantes todo rumor debe queda1 dentro del pentagrama: es ésta una terrible gimnasia de las cuerdas
vocales, en las que se enredan y suben y hacen los
sonidos inauditos escarceos, como ágiles y pujantes
acróbatas. Pero, amigo mio, el ideal artístico ha variado de rumbo. Las óperas nuevas no necesitan de
esos 6 lorlosos esfuerzos. Pasan por el escenario de
los teatros primeros, uno, dos, tres, un redncido grupo de cantantes admirables, cuyo antiguo repertorio
es algo así como un museo de chucherías y curiosidades. Convénzase usted; dentro de algunos años no
habrá cantantes para las añejas óperas italianas. Nosotros asistimos á los funerales del bel canto.

***
Y al terminar el en~reacto, me despedí de mi amiga, corrí á mi butaca, y me puse á escuchar á Adelina Padovani.
Es posible que sea una de las últimas sacerdotizas
de la vieja y divina escuela. No estoy seguro de que,
como dice mi amiga, esté próximo á extinguirse la
raza de estc,s prodigiosos cantantes. Pern puedo afirmar que el goce que producen es aún de una infinita
intensldad.
La voz de la Padovani es una maravilla; voz de oro
y cristal, que brota, sonora y pura, como manan las
linfas de las fuentes; voz que se nos entra hasta el
alma, sin quebr.use, con la apacible suavidad con
que se filtra en las umbrías un rayo de la luna; voz
ligera y alada, cuyo timbre argentino tiene no sé
- que de mágico sortilegio para despertar ensueños y
fantasías ..... .
¡Ah, Lucía, la Ilucía de Don~etti, la esbelta y
blanca figura de nuestra ilusión de adolescentes, la
pálida y lacrimosa romántica, la intangible y vaporosa heroína hecha con nubes y lirios de la noche,
cómo te habíamos olvidado, por las mujeres modernas que a;iarecen ante nosotras ebrias de sensualismo, locas de dolor y de ira, crispadas de desesperación, impacientes de amor, empapadas de amargura
y de lágrimas!
No, nos entusiasmamos ya; pero nos conmueves todavía con tus expresiones ingenuas y dulces; tus son1isas tristec; y tus inmaculadas ternuras. Al oírte,
nenc;amos en muchas cosas amadas, que están muy
lejos, que quizá no existieron nunca, pero que llenan
la memoria de un suave perfume de flor muerta ....

Domingo 22 de Octubre de 1899

***
y la Padovani, seguía su aria erizada de t~inos
y apoya.turas que semejaba un despert~r de pá~aros
en una selva virgen. No hay frescura igual á la d_e
esa voz acariciadora afinada como una harpa angélica, que vierte en 1~ atmósfera ~ue re..piramos una
misteriosa y paradisiaca fragancia.
Es tan sutil, tan frágil el tejido de luz en que envuelve la cantante las delicadas melodías, q•ie tememos
por instantes, que la red de hilos áureos se rompa al
tia, ó que la nota audaz dete~ga el vuelo en lo alto,
y descienda rápidamente ahrrota ,como ave mal herida. Pero no; nuestro miedo es pueril y vano; las
notas, como en el verso del poeta, cantan aunque la
rama cruja.
¡Como que sa;:,en lo que son sus ala~! y llegan á la
cadencia sin fatiga, bullentes y sacudiéndose el rodó
del brillante plumaje de colores.
En verdad que la P.1dovani es una consumada maestra. Para.ella el bel canto no ha tenido secretos.-Y
cosa extraordinaria en esta artista su perlor !-lo raro
es que no sólo posee el irreprochable método de c~nto, sino que es dueña, además, de una alma apas10nada y ardiente que la inspira á cada momento y que
le permite expresar hasta las más t riviales frases melódicas con un vigor extraordinario y una verdad pasmosa.
Hemos oído sopranos ligeras que son como cajas de
música, de voz flexible y linda, de registro extensu,
de fácil y educada emisión; pero que no lograron reunir. como la Padovani á las excelentes facultades, el
espíritu rebozante de ternuras y la genial intuición
del Arte, t&gt;Se sonambulismo divino que no se aprende en Conservatorios ni Academias.
Al salir del teatro, vibrante de emoción y entusiasmo, Je pregunté á mi amiga:
- -¿No es verdad que es triste que ya no se cante
de esa manera1
-¡Ob, sí!-me respondió-pero tampoco se siente
así ya. Estos no sólo son los funerales del bel canto,
sino también los del romanticismo. Creame usted; la
Padovani ha galvanizado un cadáver. Lucia está
bien muerta.
Y añadió:
-¡,Qué noticias tiene usted de la Manon de Massenet?

***
Y á propósito de resurrecciones y romanticismos.
La superstición popular, según cuentan _los periódicos, ha inventado una espeluznante conseJa. Una perdida que hace algunos años se suicidó de un modo
escandaloso, ha vuelto al mundo en calidad de alma
en pena.
Reruerdo que el día en que. esta desdichada se quitó la existencia, logró unas cuantas horas de celebrid:i.d. Desde entonces aún han seguido su ejemplo varias pobres muchachas de su clase, las cuales ponen
no sé qué frenesí y vehemente afán en aparecer románticas y sublimes en medio del fango de la vida.
El suicidio les llama la atención por lo que tiene de
aparatoso y teat,ral. Les agrada imaginarse redimidas por un amor que las lleve á la muerte. y como
una justa venganza piensan en lo que las va á compadecer la sociedad que vivas las desprecia. Por llegará ser interesantes logran ahogar sus preocupaciones y sus miedos. Y en fuerza de sufrir c~trariedades alcanzan de veras á desdeñar la vida. Estas infelices tienen su patrona: Nuestra Señora la Dama
de las Camelras. Son fíeles á su culto.
Y he aquí que la superstición popular prolonga el
romanticismo de una existencia, más allá de los tenebrosas lindes de lo desconocido.
El pueblo no dejará nunca de ser poeta.

*

* *
Dos compaíieros míos-un bardo de altos vuelos y
un músico de expontánea inspiración acaban de dar
á la escena el esbozo da un dramita del género chic.:,.
Con este motivo ha vuelto la rancia discusión del
arte dramático en sus relaciones con la zarzuela por
tandas.
¡Oh, señores! Creo que basta de escándalos y garrulerías. El Arte, como Dios, puede estar en todas
partes.
¡l!'eliz el que sepa ver estrellas en los guijarros!

El porvenir de Cuba comienza á preocupará los cubanos; á nosotros nos preocupa tant;o como á ellos; nodeseamos más solución que esta: el cum plimiento
honrado de la palabra de los Estados U nidos: la libertad. Comprendemos que hasta hoy la nación, á quien
Cuba debe favores de madre, se haya tomado y se tome aún todo el tiempo necesario para meditar el mo.
do de salir del apuro: puede que crea que ese tiempo
debe de ser indPfinido, para que el apuro se vaya des.
leyendo en él. Cuando decimos que no deseamos otra.
solución que la libertad, no queremos decir que la.
esperamos. Mucho antes del tin de la guerra
con España temíamos lo contrario de esa solución.
Mientras tanto los americanos hacen la policía de la.
Isla, bastante bien según unos, y cobran los productos aduana.les bastante bien según otros.
Si en e~te momento se recurrwse á un plebiscito resultaría un número considerable de votantes; nada.
alborota más á los pueblos recientemente libres que
el cumplimiento del deber de votar; todos van; todos toman por lo serio el sufragio; luego vienen la&amp;
desilusiones y los retraimientos; luego se abdica~cita.mente el cumplimiento de esta pri mordial obU.
gación cívica en manos de los políticos de profesión
ó de los individuos de la policía. Pero todavía eso no,
sucedería en Cuba; habría, pues, una verdadera gran
votación que se dividiría así: anexionistas, autonomistas, h:dependlentes.
Los anexionistas creen que haciendo ingresar su
estrella en la gran constelación fedtral, fuera de que,
según ellos, este es el 11nico modo para el pueblo cu.
bano de hacer su educación en la libertad, tendría la.
inmensa ventaja económica de un zollverein, de la
unión aduana! forzosa con los otros Estados, y los.
productos de Cuba entrarían libres de derechos en la.
Unión. Esto es contar sin la hué"&gt;pede, es decir, sin
el interés de los Estados Unidos. Es verdad que los
treinta ó más millones de pesos que perdería el Tesoro federal por la libre entraña del producto cubano,
estaría en parte compensado por los prod uctos aduanales en Cuba, pero esto apenas resarciría la mitad
de la pérdida, por lo que se verían los amer!canos
obliga.dos á recargar el impuesto reportado por la in•
dustrla azucarera Cubana y entonces la azúcar subiría. de precio y las cosas quedarían en el mismo estado 11ue ant,es de la anexión desde el punto de vista
económico. Y ello haciendo á un la:o la oposición
formidable que harían á esta política absorvente los
productores americanos de azúcar; el problema ea,
pues, soberanamente difícil,, desde este punto de
vista.
Otros votarían por e, protectorado; estos son los
autonomistas; estos también se fijan en el lado puramente utilitario de lii cuestión, que va resultando,
no una suprema cuestión de honra y dignidad humana, sino un simple bussiness. Los autonomistas son los
mismos que protegió Espafia cuando ya no era tlem•
po. Estos creen, no sé por qué, que los Estaaos Unl•
dos les concederían en esta situación, ciertas ventajas aduanales, que les darían tarifas pri_vllegladaa
bastantes á permitirles luchar con la azúcar de remo•
lacha (alemana y francesa) la gran enemiga de la d&amp;
caíia, y vencerla, lo que urge porqu_e la produccióB
remolachera aumenta á la d-Oliia de diez en diez afi&lt;&amp;
Yo no sé si el gobierno americano consentiría en bacer aquí el p~pel de Dugues0lin en la riña entreT1astamara y D. Pedro, entre la remolacha y !ª ~aíia; no,
veo qué cuenta pueda tener esto á la pob1ac1ón con•
sumidora inmensamente consumidora de azúcar, dela Unión.' Además Java y, sobre todo, las l!'iliplnas,
Puerto Rico en poder de los Estados Unido~ ~an 'extremar su producción azucarera apenas lnc1p1ente,
gracias á los trusts que van á regar oro sobre aquella&amp;
tierras americanas y á decuplicar sus rendimlent-aJ.
agrícolas. A tal punto es este el porvenir cierto, qu&amp;
los yucatecos que han convertido en fibras de plata.
las de su hen~quén gracias á la situación del arc!:I•
piélago filipino, ne~esltaa con ne~esidad urgente la
adquisición y preparación de las tierras fe.taces subatraídas al cultivo por los indígenas. su~tevades,
que cinco años después de la orgamzac1ón de la&amp; Bias asiáticas, las fibras de allí traínas á los mer~
yankes habrán reducld0 el henequén á la nada
·

Pf•

***

i:J:

Los que quieren la independencia ª?soluta,_
la fe en la palabra del Congreso americano, tie d
razón. No tienen razón, no es práctico, abstenerge e,
ir á los comicios, como lo recomienda el (!ubano
no de los independientes; su actitud c~s1 hostil á. lí•nación libertadora, como por allá se dice, es
la
tica, y no lleva á nada. Yo desde mucho antes iein '
guerra y durante ella, y así se los manifesté ai ~
fo1tunado Martí y al inteligente. Y ardoroso ª%buca,..
de Quesada, y así me atreví á proclama:1° Pfatal la.
mente en una memorable ocasión, he cre1do

r':

knj°

Domingo 22 de Octubre de 1899.

=

rclón de la Isla por los Estados Unidos; pero
es donde debe mani festarse el carácter y la entereza de un pueblo, en la resistencia á esas fatalidades históricas que, en suma, son relativas, pues que
la voluntad humana es un elemento importantísimo
de transfo rmación de los fenómenos sociales.
Slel pueblo cubano q'.1e claramente mani~estó que
deseaba su independencia de España. la qmere también de los Estados Unidos (lo que es diferente) que
lo diga con claridad y po: cuantos modos pueda con
108 boletines de voto. Si se retrae, si calla .... «Quien
calla otorga&gt; dice el proverbio, y en este sentido forzosamente interpretarán los americanos el retraimiento. Por lo que el consejo de la abstención nos parece una Imprudencia suprema; es el ¡,uicidio.
No podemos ni debemos meternos en asuntos que
no nos Incumben; perc, tampoco nos es posible ni de-aentendernos, ni desinteresarnos de lo que puede tener grave t rascendencia en nuestro destino, por más
,que digan los optimistas. Pero no es solo nuestro
Interés mexicano lo que nos induce á desear, más
bien que á esperar, la independencia de Cuba. Es que
-creemos que, como algunos periódicos cubanos nos
han dicho, la anexión, desde el punto de vista económico sería un inconveniente para la federación y para
la !si~. Sería el triunfo de los Estados industriales
-contra los agrícolas, sería un triunfo en la guerra
,económica, que es una guerra civil que, menos la san,gre, es tan desastre,sa como la armada. Y esos triunfos preparan el inevitable desmembramiento futuro de
la Unión, y lo precipitan. Una isla libre, con un tratado comercial ó un zollverein temporal con los Estados Unidos, saturada de oro a;nericano que hará de
,Cuba una potencia productora de primer orden, satlafarí a á t odos. Una isla autonómica y protegida, es un contrasentido constitucional en el régimen
-americano; es una absoluta transformación del sistema; es abrir brecha á todo lo que envuelve de aleatorio una alteración repentina del modo de ser político. Una Cuba libre, enteramente libre, no sería
una Cuba anárquica, no podría serlo; la presencia
-del capital americano empleado en mover la enorme
-opulencia agrícola de la isla, rica á pesar de que apenas está explotada en una parte relativamente insignificante de su terrirorio, y la vecindad de la nación
.americana., no son auspicios favorables al crecimiento de la zlzaíia, del alboroto y del desorden, menos de
las luchas civiles. Pues un pueblo latino obligado á
la paz entra rápidamente en los carriles de la prospe?ldad y, á la larga, en el último furgón del tren llega
la libertad.
Por desgracia el partido de la independencia no se
muestra capaz de cohesión, sin la que no hay fuerza,
asilas not icias que nos llegan son ciertas. Un grupo
:se separa del que en derredor del viejo patriarca m11urgente, del Gral. Máximo Gómez, pretende llegar á
realizar su ideal de libertad por medio de un acuer-do con la nación libertadora, aun cuando sea preciso
-esperar bastante y aplazar mucho. Otro grupo, diri,gldo por uno de los más bravos guerrilleros de color
de la guerra de insurgencia, ha adoptado una actitud
hostil á los Estados Unidos, y sobre todo, rencorosa
1 vengativa contra el elemento español. No se neceatta ver muy lejos para comprender que la existencia
de esta facción va á servir de pretexto para retardar
la resolución de los Estados Unidos; á otro día de las
grandes lu::has, los partidos extremos son los peores
-enemigos que la realización normal de los ideales en~entra. Tememos que eso esté sucediendo en Cuba.

Por un lado discursos complicados y altivos, hin1:hados basta rebosar de sofismas y avidez, sorpresas
fingidas ante un documento en el .fondo equitativo y
racional, emanado de la exaspEración de una minús,
001&amp; nacionalidad de hombres libres ante quienes se
bahía levantado, primero un muro y luego una montafia de exlgencias, y á quienes con el pretexto de dejar Ala diplomacia el tiempo de maniobrar con toda
prudencia, se quería encerrar en un cerco wilitar in!ranqueable, y la calificación de ultimatum apropiada al documento en cuestión para provocar las iras
nacionales, y los mutings de indig-nación en que mul,itudes inmensas, ébrlas de valor y de orgullo, hacen
-olr lll rugido del leopardo británico atisbando los corderos de los llamados pastales del Transvaal, y
la movilización de los b!l.tallones acampados en Aldshort,y losoficiales escoceses que dejan el mess eleganltíalaslmo, las salas tapizadas con todos los recuerdos de
hazanas y los viajes del regimiento, el confortable comedor rodeado de escaparates y credencias car.gadas de porcelanas y cristales finos, de vajillas de
plata vl~ja, y los vinos deliciosos de España y Francia,
el Wb~skey natal y las mesas de juego y los prados
e ejercicios de fuerza en donde, después de las cot,loau Y suculentas comidas, se entregan á su pasión
por las luchas corporales, sin distinción da grados, Y
'1111a vez revistados por el príncipe de Gales, empren:enlaA la cab~za de sus sanguíneos y atléticos solda08 ruta del pu~rto próximo para trasladarse al
~~ después de recojer los h1J1rrahs y las flores y los
..._.delas muchedumbres urbanas; y ya en el camc_mento africano la reunión con las tropas colontaes, Vestidas de lienzo °Blanco para soportar el furioso

1

EL MUNDO.

calor del est:o austral y la marcha para el territorio
del Natal, teatro probable de la guerra, y la llegada
á Ladysmlth y las incursiones en tren blindado basta los campamentos boers con el objeto de ensayar
los cañone¡, maxim y probar el efecto de las dumdums
en los cuerpos robustos de los burghers.
Por un lado ...... por el otro, las familias ent eras ,
a~andonando el trabajo para seguir la voz de sus patnarcas, las mujeres preparando el bastimento de
los hombres y abandonando frecuentemente la cómoda granja pastoral para refugiarse en la ciudad, des.
pué.s ce haber leído al alba los grandes versículos de
los libros guerreros de la Biblia, después de haberescuchado las graves palabras del sacerdote armado ya
de su rifle, como los calvinistas que seguían á Gui.
llermo de Orange y después de haberse despedido de
todos los hombres de la familia d ~sde el viejo de cincuenta ó sesenta años, jefe y caudillo de su hogar,
hasta el muchacho de diez y seis años para quien la
campaña y la muerte son una alegre aventura de juventud.
¿De parte de quiénes está la simpatía y la piedad
del mundo? Los holandeses de Africa son de una raza heróica y fuerte: los que, por no soportar la dominación inglesa, abandonaron la punta extrema del
Africa, para erigir un hogar libre en las vastas soledades africanas de un lado y otro del Vaal y los que
quedaron como súbditos de la reina no rompieron
sus vínculos de familia; todos han continuado unidos por la sangre y por la aspiración á la libertad, y
hcy que son mucho más numerosos de lo que al principio del siglo eran, han apretado más los lazos que
los unen y con el nombre de afrikanders tienen el dominio legal del Africa del Sur; esta situación es la
que, largo tiempo hace, han querido transformar los
imperialistas; Mr. Rhodes y Mr. Chambt!rlaln quieren que el vértice meridional del continente negro
sea exclusivamente inglés; esto acabará por la victoria de la fuerza, ya sólo la fuerza trlunfa, la única
esperanza del derecho es convertirse en fuerza tambMn. Esto acabará por la victoria de Inglaterra; los
cuarenta ó sesenta mil burghers que puedan oponerse á los sólidos regimientos británicos á la larga ó
á la corta sucumbirán; la compañía explotadora de
las riquezas africanas que gobierna el Sr. D. Cecilio,
que tan desdeñosa.mente hizo no ha mucho la filosofía de nuestra historia, será la reina desde Mozambique al Cabo; las tumbas de los boers desaparecerán
bajo las casas improvisadas de las colomas mineras,
y la bandera británica y la bandera de la chartered
flotarán juntas en el rústico palacio de Pretoria.
Pero est,os árboles europeos transplantados á tierra feraz crecen extraordinariamente con la poda, cobran fuerza nueva; la familia boera serulrá multiplicándose después de la guerra y una Irlanda protestante brotará para Inglaterra en la tierra de la
Buena Esperanza. Esto dentro del imperio; fuera de
él la cuestión asumirá un gravísimo carácter; las libres repúblicas africanas encadenadas al estupendo
acorazado inglés, harán reflexionar un poco más de lo
que probablemente reflexionan todas las noches á los
franceses, á los rusos, á los alemanes, á cuantos están en vía de forjarse imperios coloniales.
No sería improbable que de la sumisión de los boers
resultase la necesidad de una triple alianza marítima
en Europa; no sería entonces extraño que el océano
asiático viera, en el primer cuarto del siglo próximo,
la lucha más terrible que la humanidad haya presenciado, y que en las ond~s del Mar Amarillo, espumeantes de sangre, be escnba algún día el epílogo de
la conquista del Transvaal.

-ILAA5to ✓ ~

LA HERMOSURA Y LA SALUD
BELLEZA CLASICA Y BELLEZA ROMANT!CA.
Dicen los poetas que la primera obligación de la
mujer es ser hermosa, y contra lo que es común, en
este punto se encuentran de acuerdo los poetas con
los hombres de ciencia. La razón de este acmerdo entre poetas é higienistas es, pura y simplemente, que
hermosura y salud, belleza y vigor son sinónimos, y
que nada suministra mayor contingente de eneantos
al hombre, como á la mujer, como el funcionamiento
normal de todos sus órganos, el desarrollo proporcionado y armonioso de toda su estructura.
Veámoslo si no. El tipo supremo de la belleza plástica femenina es, sin di&amp;cusión, la Venus de Milo y á
la vez, la diosa es el tipo acabado y completo de lasalud y del vigor. Desde luego llama la atención en ese
portento de belleia plástica, la armonla y la propor·
clón admirables de sus diversas formas: torax amplio
y levantado, que revela una "espiración profunda y
vivificadora; cadera vasta, que traza una curva majestuosa, indicio cierto de fecundidad; brazo y pierna finos, pero acojinados, duros, reveladores de tejidos firmes, sanos y bien nutridos; cabeza pequeña, es
verdad, pero ángulo facial abierto, casi recto, caja

\

153
cómoda de un cerebro voluminoso y bien conformado; labios delgados, no ingurgitados por la linfa mal
sana., sino impregnados de sangre generc:,sa; oreja pequeña, bien aplicada al cráneo, que no revela decadencia ni degeneresencia.
Son éstos atributos de un individuo sano y fuerte
descendiente de una raza vigorosa y gimnástica. Entrando en pormenores, se acentúa el contingente que
la salud da á la belleza.
Desde luego una persona sana tiene la piel tersa,
sonrosada, sin cicatrices de viruela, sin costurones de
escrófulas, sin pecas, caspas, botones que afean é insp:ran 1epugnancia; la sangre generosa circula en
abundancia y tiñe de rosa el cutis, de carmín los labios, c!e r,ácar las uñas; la cabellera, abundante y fi na,
cubre la espalda como un nµnto.
Los ojos, bien hendidos, á flor de cabeza, sombreados por pestañas largas no se!l'adas por los parásitos
ó las oftalunias, tienen espresión, brillo y profundidad; uniformemente negra, azul, verde ó garza, la
pupila mobil y bien perforada da espresión y elocuencia á la mirada. El cuello erguido se destaca
arrogante sobre los hombros, sin deformidades ni vicios de curbatura. El andar aplomado y agil envuelve en magestad ó gracia toda la persona, y el cadencioso balanceo oe la cadera revela el vigor de la complexión y la solidez de la estructura.
La debilidad constitucional, las enf0ormedades habituales, deforman, corroen, manchan y se revelan en
el tipo especial físico de quien las padece afeándolo
y haciéndolo risible ú odioso. Los labios gruesos,
colgantes, invertidos, revelan escrófula ó linfatismo;
la nariz aplastada es propia de raquíticos y tuterculosos¡ los ojos opacos y mortecinos denuncian males
ocultos y afecciones crónicas; cualquiera que sea la
conformación original de un ser, la salud lo embellece y ya es mucho conseguir el que no haya nada que
acentúe y agrave la fealdad nativa y el allegarse el
contingente de frescura que de la salud y del vigor
deriva.u.
Hay sin embargo, se me objetará, tipos de belleza enfermiza, delicada, frágil y no menos pvtente y
denominadora. Estúdiese la plástica bizantina; aquellas vírgenes son escuetas como el bejuco y pálidas
cerno el marfil; carecen casi de formas, ni el seno ni
la cadera se delinean ni dibujan bien; hundido el pecho, demacrado el rostro, sombreados los ojos, transparentes las manos, huesudas y flacas, parecen convalescientes ó tísicas, y esas vírgenes constituyeron
durante siglos un tipo ideal de belleza, á sus piés se
arrodillaron los pueblos y cayeron las naciones en éxtasis místico; todavía hoy sobra quien las encuentre
idealmente bellas y sublimt!s.
Otro ejemplo; la escuela romántica tiene por tipo
ideal de belleza á la mujer pálida, delgada, trar:slúcida ojerosa, lánguida. Sanciona el váhido, la crisis
nerviosa, la jaqueca y los vapores; qufare á la mujer
inapetente é infecunda. Las románticas, es bien sa.
bido, tomaban vinagre para anemiarse, no comían
para enflaquecer, vivían á oscuras para palidecer y
enfermar. Y este tipo de belleza patológica fué aclamado, cantado, incensado ó idealizado por toda Europa y por.muchos años. Aún hoy los poetas cursis
entonan endechas que co:::iieman: Pálida joven! ....
prefieren el junco al arbol, y fuerzan á las mujeres
á pintarse ojeras.
Hay pues belleZl, puede haberla al menos, fuera
de la salud y del vigor, y la cloroanemia, la tisis y
hasta la diarrea pueden procurar á la mujer encant os y atractivos.
Nuestra objeción fundamental á este modo de ve.!'
es que toda belleza enfermiza es transitoria, que el
tipo es efímero y no perdura en las preferencias humanas y que las desviaciones del ideal de lo bello acaban por encauzarse de uuevo en el tipo Inmortal de
la belleza griega. Con la caída del Imperio Romano y
la,generalización del cristianismo, vino una reacción
contra la vida gimnástica, puramente física, característica de las repúblicas helénicas y que Roma heredó. Al gimnasio y al baño se substituyó el templo,
al atletismo la maceración, á la actividad flsica la
meditación y la plegaria; todo el hombre se concentró en S'.l propio espíritu y en su propio corazón; se
odiaron y pros'lribiron los juegos, las danzas, las carreras y se orga.nizaron las proce&amp;iones y las tandas
de ~iercicios; los sentimientos místicos exRl::.ados basta el delirio, absorvieron todo la activid d y monopolizaron todas las preferencias y toda la atención. El
hombre había dejado de ser cuerpo para transformarse en espíritu, y la estética, siguiendo el inevitable
impulso, menospreció el cuerpo y aspiró como única
belleza á la del alma. La plástica bizantina describe
dent,ro de un mínimun de forma,material, quea tenúa
y esfuma cuanto más puede, almas exaltados en el
amor divino, corazones torturados por la angustia
mística, espiritus extáticos en la contemplación del
más allá; los cuerpos demacrados por el ayuno y macerados por el silicio, enflaquecidos por el tormento
moral y por la devoción desaparecen envueltos en flo tantes y castas vest iduras; ninguna mujer ostenta
el seno, nido de funestas tentaciones ,ni muestra la
cadera, germen de reprobados apetit: s; sólo á sus
ojos atónitos, profundos y sembreados asoma su alma
angustiada y torturada.
El mismo fen5meno se repite con el florecimiento

�Domingo 22 de Octubre de 1899.
EL MUNDO,

254
d'Eil puritanismo en Inglaterra y con
el del romanticismo en Francia; pero
estas reacciones, lo repetimos, no son
duraderas. El único ideal posible de
belleza es el que pinta al hombre completo, acabado, compuesto de sus dos
elementos fundamentales, cuerpo y alma; el que no lo mutila, ni lo deforma, ni lo tortura para representarlo y
para pintarlo. La plástica griega fué
incompleta por inexpresiva; se consagró al cuerpo y olvidó el alma. Sus
creaciones son forma y no idea, relieve y no pasión; no piensan ni sienten,
ni aman, ni sufren, ni gozan. Las bellezas bizantina y romántica,por el con trario, suprimen el cuerpo, desdeñan la
materia, lo postergan y posponen el
alma y resultan tan incompletas como la otra. Durante e.l Renacimiento
comenzó y se llevó muy adelante la
fusión en un todo armónico del cuerpo
y del alma para pintar al hombre; to•
da vía Rafael es pagano por lo insulso
de sus figuras y lo decorativo y mural
de sus composiciones; todavía Fra Angélico es bizantino por la profundidad
de su misticismo y lo vaporoso é inma
terlal de trns creaciones.
Pero Miguel Angel, Leonardo de
Vinci, Tiziano, Rubens, los flamencos,
hacen plástica perfecta y completa;
adunan á la belleza impecable de los
cuerpos la potente efervescencia delas
almas; sus diosas, sus profetas, sus
apostole8,son hombres acabados, almas
soñadoras, pensadoras, activas encerradas en estructuras armoniosas, poderosas, sanas y la plástica del porvenir se inspirará perdurablemente en
ellos.
No; todo ídeal de belleza dentro
del raquitismo corpóreo es un absurdo; belleza·es fuerza, salud, agilidad,
acción, y es pensamiento, emoción y
pasión.
La mujer que quiera ser bella, que
procure ser sana y vigorosa y á la vez
que trate de ser inteligente y buena.
Que busque primero un cuerpo y luego
aloje en él una alma.

LA INSTRUCCION PRIMARIA
EN

MEXICO.

F ray Pedro d e Gante.
I
Entre los factores del progreso humano, descuella
por su indiscutible importancia la Escuela. Y entre
las divisiones de ésta es de mayor valor la primaria,
porque si bien menos intensa, es en cambio más extensa puesto que aspira á impartir los conocimientos indispensables á todos. Esto hace que sea á la vez
que interesante, grato recordar lo relativo á ella, y
muy particularmente placentero lo que atañe á la
Escuela Primaria en.t re nosotros.
Por eso consideramos benemérito de la Ense!Ianza
en nuestra amada Patria, al F ranciscano Fray Pedro
de Gante; y con entusiasmo y fruición se!Ialamos el
afio de 1522 y la ciudad de Texcoco, como el origen
grande y fecundo de la Instrucción Primaria, propiamente dicha, en el Continente Americano; y lleva la
gloria de haber establecido la primera Escuela en
ese lugar y en esa fecha el insigne Gante.
El más sencillo, pero el más sincero aplauso, tributamos hoy al benemérito Franciscano, presentándolo en este momento á la generación que se levanta, como acabado modelo de virtud, de abnegación
y de ardiente caridad.
LUIS E. Ruiz.

LA DANZA ESPAÑOLA.
Me gusta, ,entre todas, la noble danza espaliola. En
ella se asocia el orgullo castellano á la voluptuos;dad
oriental. F átima y Zoraida la transmitieron á Do!Ia
Jimena, que le ha dado su orgullo, dejándole su languidez. E l doble genio católico y musulmán de la
Espalia, se delata en todos sus movimientos y en todos sus gestos. Allí pasa la mujer por bruscas transicionei;!, de la molicie del harem á la energía del
combate, de la esclavitud al imperio, de la tierra al

Fray Ped1·0 de Gante.
Cielo. Después su pantomima describe movimiPntos
serviles, su cuerpo suave y acariciador parece ascender hacia invisible due!Io.. . . On soplo de aire pasa,
su cabeza se levanta, su nariz se hincha, un Njo de
altivez enciende su pupila, su mantilla adquiere plieguez de manto real; la odalisca se ha t ransformado
en infanta. Otras veces la veréis tomar el aire y el
mov!miento extático con los cuales las vírgenes de
Murillo flotan sobre la media luna, en un cielo purpúreo y rosado. Orgullo, pasión, negligeIJcia, entusiasmo del amor, frenesí del placer y ensuelio de felicidad, todos esos matices del alma se mezclan y
confunden en la danza pintoresca de Andalucía. Expresa, en un instante, pensam!entos de reina y locuras de bohemia. Antes marchaba sobre las nubes á
pasos de diosa, y ahora salta sobre el tablado de los
farsantes y de los titereros.
Hay momentos en que la bailadora entabla con tiU
caballero un1. lucba apasionada, rápida y deslumbrante como esos diálogos de Calderón en que las réplicas
chisporrotean. Ella llega con la cabeza envuelta y los
codos salientes en la mantilla negra, c::,n rosas en la
sien, con la pierna extendida en sus medias color de
azafrán, haciendo silbar entre sui. dedos el abanico,
llevando como una coron~ su alta peineta de carey
calada y piafando, bajo sus arneses de fiesta, con pie
resuelto. El caballero voltea al rededor de ella, implorando una palabra, una selial, una mirada, y dirige á la mantilla las súplicas que el amante, en las serenatas, envía á la persiana cerrada, tras de la cual
se encuentra su ador11.da. La dama se hace sorda y se
oculta más en su velo; su marcha se complica y se
confunde: diríase que pretende derrotar á su adorador y extraviarlo en el embrollo de sus pasos. De
cuando en cuando, lanza de sus pupilas acechadora.'!
una mirada vi va, cruel y traidora, como una pulialada en la noche, luego se escapa, oblicua y ferozment~
por el laberinto imaginario que dibujan sus pies. Al
fin, el amor la vence, una súplica más tierna la ha
herido el c1razón, su resistencia se cansa, su 0 1gullo
se desarma, la mantilla se aparta, se entreabre, cae
al suelo y la bailadora de mil colores, fulgurante de
lentejuelas de oro y plata, brota de ella, con los brazos desrl,.ganos. Las castañu~las desgranan, bajo sus
dedos, las 01,tas petulantes.
Entonces com,eoza una danza soberbia y fantástica, llena de impulsos competidos, de agasajos lasci-YOS, de avances eludidos, donde la cara que se caía
hacia atrás, enervada de amor, se levanta ardiente
en cólera, donde el gesto desmiente la mirada, donde
el abanico se burla de la sonrisa. La joven se debilita
y se rinde al fin: algunas veces cierra los ojos y apoya sobre la espalda del bailador su cabeza inflamada.
El caballero la conduce á pasos lentos, con el dedo so-

bre los labios ... . sus ples bailan toda.
vía y su cabeza flota ya en !a sombra
de un ensueño. El efecto de este reposo después de aquellas violencias tiene algo de mágico; parece que ~ asiste á un encantamiento de amor. Ha.
ce pensar en los intervalos de suenos
y de desfallecimiento que entrecortan
de pausas tan divinas las estrofas del
cántico: «Sostenedme con manzanas
fortificadme con perfumes, porque m~
muero de amo:-. &gt;-«Os conjuro por los
pavos y los ciervos del bosque, á que
no despertéis, ni hagáis levantar á la
bien amada antes de que ella qulera.,U no de los rasgos característicos de
la danza española es su suprema galantería. No tiene diou, como la danza
francesa. El hombre se borra detrás
de la mujer: la sigue, la escolta, la
protege, la rodea de solicitudes y de
homenajes; no tiene la estúpida pret ensión de agradar á su lado ni mostrar sus gracias ante su belleza. Qu6
t riste figura harían los céfiros asmáticos y los silfos derrengados de nuestros bailecillos junto á esos caball-eros,
atrevidos y corteses, que parecen
apearse de un caballo de guerra y cuya
pantomima varonil simula un rapto
novelesco. Así sucede muchas veces
en las fiestas populares de Andalucía.
En medio del bolero comenzado, llega
arrastrándose, desde el fondo de la sierra vecina, un majo en traje de cuero,
la navaja en la cintura, la chupa bordada á la espalda. Lleva en la grup&amp;
su compaliera; el caballo está atado f.
un árbol, y los dos, al saltar del estribo, entran resueltamente en el baile.
No hay más noble ni más encantador símbolo de la servidumbre amorosa que esta figura de b Sevillana. El
hombre tiende ante la mujer la punta
de su man.to; ella-pisa desdeliosa:nente y prosigue la vuelta; el bailador la
sigue repitiendo su maniobra, el manto se mult iplica para reD11lrle homenaje y se desarrolla ante sus pasos como ancho tapiz.
A veces la bailarina, absorta en s(
misma, improvisa el ritmo y las figuras del baile. 8&gt;
ievanta muelle y perezosament e, como pantera des•
pertada que estira ampliamente sus miembros flexibles. Lo11 hombres se enfilan al rededor, la acompa!Ian con un murmullo de guitarra ó la espolean con
las castañuelas. Ya es una avispa lo que busca entre
los encajes de la saya, como en los pliegues de un&amp;
rosa de cien hojas; ya su pié que arquea, admira,
vuelve y revuelve, como una joya encontrada sobre
una mesa divirtiéndose en hacer resonar el talón sonoro. Sus brazos forman al rededor de su cabeza esbeltas guirnaldas, 6 rozan la tierra como alas.
Hace la corte á su belleza, la ostent a, la provoca,
lanza su pierna hacia _fuera con deslumbrante golpe
de basqui!Ia. ¡Bien sacada está/ murmuraría entre
dientes el viejo Goya. Ella se mirá amorosamentb
en el círculo de los ojos ardientes que la rodean.
Pronto el entusiasmo se apodera de los espectadores,
desabrochan las chupas, se desatan los cintu~ones Y
los echan en envuelto m~ntón á sus piés. La bailadora se dibilita lentamente y se apoya en ese trofeo
con aire triunfal.
Alguuos pasos han conservado casi enteramente
el carácter orient al. Allí se encuentra el est ilo de 10&amp;
bailes moriscos en que el busto se mueve so_bre pler•
nas casi inmóviles y con las cuales se asPmeJa la bai·
ladora á una mujer petrificada que se agitase en todos sentidos para salir de su envoltura. Los plés están libres, es verdad, pero caracolean en un círculo
estrecho: el movimiento se concentra en las cantor•
siones y en las ondulaciones del talle. Nada más llamativo ni más extraño. Si la danza europea tiene la&amp;
alas del pájaro, la danza oriental tiene los anillos de
la serpiente. El pájaro encanta, pero la serpiente
cina. Cuando este paso lo ejecuta una bailadora
pura raza, la ilusión es completa y creerels ver
personita árabe bailar la Zambra sobre las losas dal
Pat io de los Leones, delante del califa, sentado
fondo en una posición de ídolo. La mira con sus
fijos, rodeados de antimonio, y su mano cargada e,
sortijas, acaricia lentamente su barba t renzada.

r:,
ºO:

ojr

PAUL DE SAINT VIOTOR.

255

EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de 1899,

Y de sus losas pesadAs
Van resurgiendo ilusiones
En aladas
Procesiones .. . .

¡Muertos! .. .. y entonces los míos,
Presa de letal quebr,rnto,
Silenciosos v sombríos
Dejan resbaiar su llanto!. ...

Tri,tes ojos errabundos
Que exploran lf'j ,m os mundos!
Aunque ellos estén abiertcs,
No me parecen despiertos:
Los miro siempre abismados ..... .
Y si se cierran, cansados,
Me parece que están muertos . . ..

Si se cierran, si naufragan
Del sueilo bajo el capuz,
Mis ojos tambi én se apagan
Nostálgicos de su luz,
Y si ven, enternecidos.
De mi alma las soledades,
Bailados en claridades
Se alzan mis sueilos caídos ....

.A la luz de esAs m iradas,
Abrense las tumbas frías
Donde están mis alPgrías
Sepultadas,

¡Dulces ojos que se empeilan
E n seguir idealt&gt;s idos .... !
!Ojvs que mirAn dormidos
Y que suefian!
¡Ojos que al sentirse heridos
P,1r resplandorPs brillantes,
Tilmblorosos deEfdllecen,
C•rn.l rll dian y se estremecen
Al ver la luz, los diamantes
¡Ojos que jamás reflejan
Los enojos ....
¡Son tus ojos!
Ron tus ojos que semejan
Gra ndes gotas de rocío
Que de algun cáliz rodAron:
E5'.rellHS que á ti bAjaron
En una noche de estío!
¡ Pupilas ensoilt1doras
Q 1e ocult11s por las pesta.tias,
Huyen á e~f&lt;lras extrallas
En ·pos de extraflAs AurorAs . . . . 1
1

.llfARÍA ENRIQ,UETA.

Bf\LOONE8 f\BIERT08.
E l dedo metálico y movible del barómetro se
detuvo en los límites extremos de las bajas presiones; la columnilla capilar del termómetro, en
un d escenso brusco, seilaló nueve grados,, bajo
cero; por todos los hilos telegráficos vino de provincias y del extranjero la palabra nieve, y la
nevada empezó á caer de un cielo turbio, en copos menudos.
El silencio y la paz de la calle, por la que no
transitaba nadie, eran profundos, y hacían más
frío todavía el airecillo manso que bajaba de las
cailadas de la sierra. Todos dormían cerca de la
llama alegre de la chimenea ó dentro del tibio lecho, pensando durante el sabroso y vago limite
que separa la vigilia del sueilo, en la nieve que
cae fuera, y en el vientecillo manso que mueve
la persian a. con cadencia intermitente.
No todo duerme.
En la fachada cerrada y obscura de una casa,
hay un balcón iluminado, á ,eces abierto, como
un ojo que vigila la calle y espera algo: aquella

luz alumbra á uo muerto ó á un enfermo; el ojo
vigilante de la fachada espera al médico 6 á los
lúgubres empleados de la Funeraria. Con un poco de atención, se dif,.rencia la luz del enfermo
de la luz del muerto. La del muerto parece más
inmóvil, más triste.
Durante estos días de frío son muchos los balcones con luz y no pocos los balcones abiertos;
si el piso no es muy alto, se Vdn desde la acera
opuesta los cabos encendidos de las hachas, terminadas en llama larga, inmóvil y humosa. Aquel
hueco ilumina do hace entonces un poco tl! efecto
de las dos ventanas de la casa misteriosa que mi •
raban con terror los chicos de qu_e habla Víctor
Hago.
Como aquellas miraban ínquisiti va mente, é,tos
miran trauquilos, solemnes, fijos , como miraría
el muerto si no tuviese los ojos piadosamente cerrados, La apari:ión brusca de la muerte así, en
medio de la calle fría y sileneiosa, sin aparato,
sin aviso, recogida y anón ima, d eja una impre-

¿Seré el extraño A.rgonauta
de algúh falso Vellocino?
¿Será mi eterno destino,
-bella incauta,
andar como el peregrino
tras tu huella
y no dar jamás con ella?
¿Y esta fabula de amores
te será desconocida?
¿Pasará toda su vida
sin que llores?
Somos dos hojas que el viento
puede juntar un momento
en sus marchas inseguras ....
Ya sabes que el viento es loco
y que A.mor dura muy poco ..... .
¿Te aventuras?
Ni te he v isto, ni me has visto,
pero tu sabes que existo,
como yo lo sé de ti.
Tú me esperas, yo te espero ....

sióc. profunda y melancólica que ha~e menudear
el paso para huir de aquello que parece un 11viso;
pero la obsesión del balcón abierto sigue ya le•
jos. y se piensa como el personaje de un cuento
de Coppée, en quién será el muerto; tal vez una
mujer j oven y bonita, quien sabe si un niilo, prob 1blemente un v iejo A quien hi derribado la primera helada del invierno, y se medita sobre que
ya han pasado, en que ya no tienen que sufrir el
temido conocimiento del tránsito al más allá obs•
curo y amenazador.
Ya sabéis lo que ve de madrugada el transeunte, cuyos solitarios pasos en la c11lle oís en compaiifa de la llama ale¡rre de la chimenea ó dentro
del ti bio lecho. Y coDvandréis conmigo, en que
no tiene nada de 11gradable para contároslo á.
fdlta de cosa más alegre, pero ¡hay tan pocas cosas alegres!
FEDERICO URREOHA.

;,Vienes? .... ¿Voy? .... ¿Por qué seniero?
¡Nn lo sé! ¿Lo sabes, di?
N uestro amor es sueilo vago .... . .
Me adivinas, te adivino ... .. .
¿Sabe el lago cristalino,
si á su lado hay otro lago?
Si á los dos poner pudieras
frente á frente, en su embeleso
juntarían las riberas,
como lab ios, en un beso.
Cerca están, pero se ignoran .. , ..•
No se ven, pero se esperan,
Cuando bullen y se alteran,
Es que lloran!
Yo he de hallll.rte, estoy seguro ....
No sé cuando, más te juro
que tu boca he de besar .... l
Tú eres musa, yo poeta ..... .
¿Qué distancia, qué planeta
nos podría separar?
París.

MANUEL UGARTB:,

�Casa del Sr. Tablada,
Casa del Sr. Adolfo Jlegewisch.

/

__ ,

Quinta del Sr, Gral,. Don Manuel, Gonzdlez Oosio.
Quinta «Rosalia »

Casa del 81·. Natalio Sdnchez.

)

Casa del Sr. Don Carlos Rivas.

Casa del Sr. Dqr¡ g,,,,ardo llegetoi8ch.

Quinta «Margarita.»

�258

EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de 1899.

&lt;3ampií'íaó dv 8Tt&gt;éxico.--t6Lzededouó de/ &lt;3oJ/oacáv.

Domingo 22 de Octubre de 1899.

2511

EL MONDO

EL SANEAMIENTO DE LA CIUDAD DE MEXICO.

Detalles de constrnrción de las compuertas, VÍ1Jta posterior.

Reseña de las obrasd1saneamiento.
Es por demás i nterEsante conocer algunos
detalles de la magna. obra que i;é tSlá Ilevand1, á cabo en la Metrópoli. Hoy publi-

1. Calle Real de Coyuacan. - 2, a y 4. Estud-ios de paisaje ent?·e Coyoacán y San Angel.- 5. Parroqitia de Ooyvacán.-6. La cantera de basalto.

camos algunos de esos pormenores. tomando
de una reseña especial los siguientes curiosos datos.
La Ciudad de México está asentada en el
fondo de un valle sin salida, y en el que, por
ésto, se acumulan todas las agues de lluvia
que caen en una cuenca tan extensa, que
llega á Pachuca por el Norte, á los Llanos
de Aparo por el Oriente, y está limitada
por las serranías de Ajusco y de las Cruces,
al Sur y a! P oniente.
Esas aguas de lluvia, que vienen á formar
el lago de Texcoco, no tenían más salida
que la at mósfera, pues sólo bajaba su nivel,
cuando disminuía la cantidad de agua por
efecto de la evaporación. A ese mismo lago
tenían que ir los des'lgües y los desechos de
la Ciudad de México, y como el terreno en
que ésta fué construida, está tan bajo, que
muchas veces las aguas del lago invadieron
varias calles de la ciudad, resultaba, que la
expulsión de esos desechos, era muy lenta y
dificil, aun en las circunstancias más favorables, es decil, cuando el nivel del agua de
Texcoco estaba muy baju. El conjunto de
circunstancias que se acaban de indicar, hacían que la vida de la Ciudad fuera en extremo dificil y sujeta á crísis, como las que produjeron siempre las grandes inunq~ciones.
La descripción de todas las obras emprendidas, y de todas las energías que se consumieron durante cerca de cuatro siglos, ha,
ciendo esfuerzos para mejorar las condiciones del desagüe, será bastant,e para ocupar
un libro, que afortuoa.dameote la Junta Directiva ctel Desagüe.del Valle. publicará muy
pronto, y que tiene encomendado el inteligente escritor, seilor Goozález Obregón. No
han sido menos laborio:sos y ta rdíos los esfuerzos que se hicieron p.u a expulsar de la
Ciudad los deshechoi, de las hablt:i.ciones,
pues las primeras atarjeas se construyeroná
mediados del siglo pasado; pero por una par'6 las malas condiciones do México. y por
otra, la imperfección con que en todo el
mundo, se construyeron los desagües de las
poblaciones hasta mediados del presente si-

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que se ha usado par.&lt; em¡, ea

glo, hicieron que resultara en extremo imper fecto el sistema de atarjeas que hasta la
ftcha ocupa la mayor parte de la Ciudad.
Cuando en las principales eludades del
m undo se inició el movimiento q_ue hamod ificado radicalmente el sistema de desagüe,
mejorando mucho lar, condiciones higiénicas,
se trató en México también de llegar al mis•
mo resu!tado pero se tropezó siempre, con
que faltaban las obras del Desagüe del Valle,
que era la base fundamental de cualquier
proyecto para mejorar, las condiciones del
desagüe interior de la Ciudad.
Entre los esfuerzos que se hicieron para
llegar á un resultado, el más vigoroso fué el
emprendido el año de 1876: en el que, una
comisión de Ingenieros bastante numerosa,
estudió en muchos detalles, la pendiente, la
capacidad y las condiciones hidráulicas de
las antigt1.as atarjeas, para definir, de un modo científico, si era ó nó posible mejorarlas.
Los miembros de aquella comh,ión, no llegaron á ponerse d~ acuerdo, acerca de cuáles
eran las obras que deberían hacerse, y como
las condiciones políticas del País, obligaron
á suspender los trabajos de la comisión, nada se resolvió en definitiva, y quedó el asun.
to en suspenso, hasta el año de 1885, en que
se emprendió un nuevo estudio del asunto á
iniciativa del señor Ingeniero Don Man~el
Maria Contreras, que á la sazón era Regidor
de Obras Públicas; pero se tropezó con la
misma dificultad de siempre, con la de que
mientras no se concluyeran las obras del desagüe, no era posible modificar la pendiente
de las atarjeas:
Enton~s se inició de nuevo la prosecución de d1cb~s obras del Desagüe, las cuales
están ya casi termi nadas, debido al grande
cmpeflo qve en Lacerias tuvo el sei1or General Diaz y la Junta Directiva que nombró el
Gobierno, para administrarlas.
En los all?S de 1887 y 1888, sobrevino una
de aquellas 10undaciones que periódicamente afligían á la Ckdad, y entonces, el Ayuntamiento dispuso qne se establecieran las
bombas de San Lázaro, que tuvieron por obindepend_er del lago de Texcoco, el Desagüe
del intenor de laCiudad, mientras se terminaban las obras del Desagüe del Valle.
En ese mismo año de 1888, y á iniciativa
del Sr. Regidor de Obras Públ!cas, Ingenie-

�EL MUNDO.

260

ro Don José María Velázquez, se creó la comis!ón de
Saneami1mto, para que 1::studiara el proyecto definitivo de las obras que debían emprenderse para mejorar el desao-üe interior de la Ciudad, sobre las bases generalesºya aceptadas el año de 1855.
Esa Comisión trabajó tres años, tomanJo d3:tos topográficos y estudiando un sistema, que estuvier_a d_e
acuerdo con los adelantos modernos, y con los pnn~1pios sancionados ya por la experiencia adquirida, en
las poblaciones que han hecho obras semeJantes á las
que aquí se debían emprender.
Los fundamentos técnicos del proyecto, están ampliamente detallados en la memori~ que al .A.~untamiento presentó el jefe de la Comisión, el inteligente
é ilustrado joven Ingeniero Sr. Roberto Gayo!, el
año de 1891, y el Ayuntamiento qu~ entonces_ funcionaba, resolvió pasar dicha me mona al estud10 del
Sr. Ingeniero D. Luis Espinosa, quien presP.ntó su
dictamen á fines de 1893; este dictamen y el primer
informe pasaro~ d:ispués á una comisión compuesta
pcr los Sres. Ingenieros D .. Man~el Cont_reras, D.
Leandro Fernández y D. Lms E;prnosa, quienes concluyeron por aceptar en todos sus detalles el proyecto del Sr. Gayo!, después de que durante seis meses
hicieron el estudio minucioso del asunto.
E l proyecto en lo esencial es el siguieu~e:
El Canal del Desagüe del Valle que t iene su orígen en el extremo oriental de la Ciudad, establece
el punto más bajo de todos los alrededores :le la población, punto á donde ;:ior esta circunstancia deben coneurrlr todos los desagües de la Capital.
Allí comienzan los colectores que tienen su ?rigen á

t:~

Domingo 22 de Octubre de l o99

EL MUNDO.

261

~. - VI sta del frente de las compuertas en vía de construcción.

3 .- 0ubetas de los colectores del Nm·te. Cent?-al y del Sur en el punto donde se r·eitnen para entr·ai·
en las compuertas.
cosa de cinco metros abajo del nivel del terreno y con
una pendiente unif'lrme, entran en la Ciudad.
El Colector general dP-1 Norte se bifurc_a en un pu?to situado algo más de 700 metros del or1gen, Y en 1a
bifurcación se divide en dos colectores de m,ás pequeño diámetro, qne llamamos el colector num. 1 Y_ el
colector núm. 3. El colector general del Sur también
se difurca en otro punto que está á algo más_ ~e 'iOO
metros al Sur del origen, y al bifurcarse se divide en
dos colectores más pequeños, á los que llamamos colector núm. 2 y colector núm. 4.
Cada uno de los colectores, central, 1, 2, 3 y 4, ocupa la linea media longitudin_al de una área, que representa próximamente la qumta parte de la superficie total de la ciudad.
.
Cada una de estas fracciones de superficie, la lla•
mamos zona, y están separadas una de otra por las
líneas que en el plano respe~ti~o van señaladas con
untos y raya&lt;1, que á la vez mdican cuál es. el t1 arecto que deberán seguir los tubos de distribución.
Estos tubos tienen por objeto conducir el agua que
servirá para lavar las atarjeas, de la manera que :i.delante se indicará.
A partir de los tubos de distribución, comienzan
las atarjeas que )Jamamos laterales, que son de peueño diámetro y construidas con tubos de barro vl€rificado. Estas atarjeas están marcadas en el pla.no con líneas delgadas formadas de pe~uei'ias rayas.•
El trayecto que siguen estas atarJeas laterales,
siempre es sinuoso, pues pasan alternativamente de
una calle que va de Poniente á Oriente á otra que se
dirige de Norte á Sur, ó viceversa.
.
El objeto de esta disposición es ~onsegmr ,.,,&lt;i,ue
no quede sin lavai ninguna de las atarJeas de la cm•
d d pues los tubos de distribución están á cosa de
cuadras de distancia de los colectores, y si se
construyeran las atarjeas pequeñas, síg:ulendo
rectas ya fuera en dirección de Onente á o:f:te ó d~ Norte á Sur, seria muy difícil proveer

Domingo 22 de Octubre de 1899.

del agua á todas estas atarjeas, y fácil es convencerse por la simple inspección de los planos, de que la
disposición que ~e ha proyectad? p~ra ias at~rjeas laterales, es la unica que permite mt,roduc1r el agua
con que se bao de lavar todas las atarjeas sin excep,
ción.
Estas atarjeas laterales tienen su pendiente siempre desendiendo del tubo de di,;tribución al Colector,
de manera que este ~irve para recoger ó colectar la&amp;
aguas de la Zona, y por esta razón se le llama Colector.
Las aguas para lavar las atarjeas, se toman del Canal de la Viga, proyectándolas por medio del Canal
de deri vadóo, hasta el crucero de éste con la calzada de la Piedad; e1'l. este crucer0 toma el agua una
bomba poderosa que se ha establecido, y que es capaz
de forzar un metro cúbico de agua por segundo, que
entra á los tubos de distribución, con uoa presión
inicial equivalente á una columna de agua de 12 metros de altura.
En la bomba comienza un tubo de fierro de 108
centímetros de diámetro interior, que sigue por las
calles de Buca.reli y corre ha.Ata Nonoalqo y tendrá
algo más de 3 200 metros de longitud; de este túbo
parten 12 ra~ales: 6 al Oriente y 6 al Pouiente, ~ue
sirven para distribuir el agua á todas las atar¡eas
laterales y que por estas circunstancias llamamos tubos de distribupión.
·
Los ramales tienen O. 76 de diámetro interior y son
capaces de conducir dos de ellos, toda _el agua que
lleva el tubo principal; se les dió ese diámetro con
el objeto de concentrar toda el agua y toda la ener-

5.- Boquillas de los colecto1·es al desembocm· en las compuertas.
gfa de la bomba pc1,ra lavar sólo una zona; pero como
la operación será muy rápida, en un s-:lo día se podrán lavar todas las atarjeas de la ciudad.
El punto en donde conviene colocar siempre una
bomba que debe hacer el servicio de aguas de una superficie cualquiera es siempre el centro de esta superficie, pero como en la ciudad, seria difícil ó casi imposible, colocar la bomba en el centro de la ciudad,
se eligió el crucero de la Calzada de la Piedad con el
canal de deri vación por ser el que estando más cerca
de la línea media, no presentaba dificultad para colocar el !ubo general de distriliución.
En el origen de cada una de las at,ujeas en las cuales entrará un t ubo de fierro de 0.16 ó 0.20 de diámetro que se enlace con los tubos de distribución, y entre
éste y el origen de la atarjea, habrá una compuerta
de fierro y bronce que funcionará con presión hidráulica, y arreglada de tal manera, que con un tornillo
se podrá re'l'ularlzar la cantidad de agua que entra
á cada una de las atarjeas laterales, y una vez que
eae tornillo esté fijo en su lugar, pasará por la compuerta siempre la misma cantidad de agua.
Esta cantidad, la necesaria para lavar cada atarjea, varía con las condiciones de pendiente y diámetro que tenga cada lateral, y estará comprendida entre 90 y 200 lit ros por segundo.
P~r las condicione&amp; de secciór:. y pendiente de las
atarJeas laterales, la velocidad del agua del lavado
será de un meLro ó más por segundo, pero .:omo al
entrará la atarjea el agua llevará una velocidad inicial de 10 á 12 met,ros por segundo, la velocidad media en las atarjeas la pasará por regla general de 2
metros en la misma unidad de tiempo.
Las compuertas de las tomas de agua, 'le tendrán
abiertas todo el tiempo qi:e sea necesario para que
la pr11!1era que entre á la lateral llegue al colector, y
tenientlo en cuenta la longitud de la atarjea y la ve)ocldad con que el agua pasará, en muy pocas atarJeas será preciso tener abiertas las compuertas más
de5 ó 6 minutos.
Con la cantidad de agua que es capaz de elevar la
bomba ya. establecida, se podrán lavar simultáneamente de 6 á 8 atarjeas, y suponiendo que en todos
casos se conserve la corriente en cada una por diez
minutos y fijándose en que cada . una de las atarjeas
laterales ocupa 5 calles por regla general, resulta que
diez minutos se podrán lavar las atarjeas de 30
40 calles, y por lo mismo, en unas cuantas horas,
~ueden limpiar las atarjeas en toda la ciudad. La
~ tica Indicará cuál es la frecuencia con que se de~ dar los golpes de agua, pero probablemente no
se necesai:10 dar más que 1 ó 2 cada semana y co:~el maneJo de las compuertas es tan sencillo, basun personal de 12 á 15 individuos entre maqui~perarios, para conseguir este resu!tado, y
la única ciudad en el mundo que pueda
11mplaréx1co
sus atarjeas con tanta frecuencia y de una
manera tan eficaz.
Los detalles de los pozos de visita, pozos de ins~~n, las coladeras para el pluvial, el sistema de
Bid~ ~Ión Y todos los detalles de construcción, han
qne ObJe_to de un estudio minucioso y '.)rolijo, estudio
las se h~zo analizando la práctica '}Ue se observa en
d principales ciudades de Europa y los Estados Unios, Y eligiendo lo que ha dado mejores resultados,
para aprovechar la experiencia adquirida en otras

partes, y evitar así que se reproduzcan en México los
inconvenientes que se han observado en muchas de
las disposiciones que para todos los detalles se han
ensayado en Europa y los Estados Unidos.
r~
La construcción de todos los elemenLos, cuyo conjunto formarán las obras de saneamiento de la ciudad, ha exigido el estudio de numerosisimos detalles,
cuya rlescripción baremos poco á poco, y que al .fin
se han de compilar en la publicación que haga la
Junta Directiva para drscrlbir las obras.
Por ahora publicamos algunas vistas que dan Idea
de ciertos datalles: unas que representan las obras en
vías de ejecución, tales como el dibujo número 1, que
da idea de las dificultades que en ciertos Jugares se
presentaron para sostener el terreno y poder trabajar á gran profunilidad.
Los dibujos números 2 y 3 representan las compuertas que ligan las obras de la c!udad con las del
Desagüe general del Valle, en el momento en quedichas compuertas estaban en vfa de construcción.
El dibujo número 4 es una vista del aspecto que
presentan los colei::tores en la parte interior y abajo
de un pozo que hay, en el punto en donde se enlaza
el Colect or General del Sur, con el condi;cto de las
bombas de San Lazaro.

El dibujo núm. 7, da una idea de la maquinaria que
sirve para mover la bomba.
La administración y eJecución de las obras, la ha
encomendado el Gobierno á una junta en la cual el
Presidente es el :::lr. Lic. Don José l. Limantour y
los vocales, Ingeniero Don Manuel M. Contreras,
Don Luis G. Lavie. Don Gabriel Mancera, Lic. Pablo Maceao, Ingeniero Don Leandro Fernández, Ingeniero Don Santiago Méndez y Don Pedro Rincón,
quienes desde que se iniciaron los trabajos, nombraron Ingeniero en Jefe y Director, al Sr. Ingeniero
Don Robe1to Gáyol, autor del proyecto y persona entendidísima.
E&amp;te señor tiene á su cargo la Oficina técnica en la
cual hay una sección de Ingenieros que trabajan en
el campo, levantando los planos de las calles y avenidas para que dibujadas en grande escala, puedan
servir de base para ir proyectando uno por uno, todos los detalles de las obras. Los datos así recogidos,
pasan á la oficina ne dibujo en donde otro grupo de
Ingenieros, construye los planos, sobre los cuales el
Director proyecta las obras, y en seguida se calculan
todos los elementos del desarrollo, curvatura y pendiente, y demás que ~on indispensatles para la ejecución material de le,s trabajos.
El mismo Director tiene á su cargo el Dep:1.rtamento de inspección, compuesto de un Inspector General y un grnpo de inspectores auxiliares q1 e á su vez
tienen á su cargo la vigilancla de las obras, para ir
comprobando,pun to por punto, que ellas se ejecutan de
acuerdo con las estipulaciones del contrato respectivo.
Anexo al departamento de inspección, hay una oficina para experimentación de materiales, en donde,
por medio de máquinas y aparatos construidos para
el objeto, se estudian las condiciones de resistencia
y demás, que están detalladas en las especificaciones anexas al con1 rato, y que sirven para impedir
que en las obras se usen materiales de mala calidad,
reduciendo á números sus cualidades, dentro de los
límites estipulados.
En este departamento, además de los materiales
que se emplean en las obras del saneamiento, se estudian y analizan todos los materiales de construcción que llegan á la oficina y que se emplean en los
trabajos públicos y privados, estudio que es de grande importancia, porque se tienen ideas vagas respec,
to de la verdadera reslatencia de los materiales que
en México se emplean.
En esta magna obra ha tomado participación muy
directa y meritislmo empeño el Sr. Gral. D. Manuel
González Cosío, actual Ministro de Gobernación, el
cual desde que ocupó la presidencia del Ayuntamiento, hace algunos años, hizo comprender la necesidad
de llevar á cabo esta importante mejora para la
Ciudad.

,ra

:~"!l

Ji-

4. -Pozo en el punto de enlace del Colector General del Snr y dµl conrluct r· á las bO'l11bas de
San Lázaro; vista mirando hacia el Sur.

7. - Bomba de la Piedcd

F. B. E¡

�262

EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de l~AII.

Año VI-Tomo 11

México, Domingo 29 de Octubre de x899.

BELLAl!i ARTES.

PRIMEROS RAYOS DE SOL.

Cuadro de Juan Sala.

CURIOSIDAD.
L . Passini.

Número 18

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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