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                  <text>:? i4

EL MUNDO.

Domingo 29 de Octubre de 1899.

•

A.iio VI - Tomo U

M é xico, D o m i n go 5 d e N ov i.,rnb re de 1899.

1

DUELO

EL ABECEDARIO
Mlle. Thc,rnam.

Número 19

�EL MUNDO.

276

Director: LIC. RAFAEL REYES SPJNDOLA.
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El gran día. de fiesta en las necrópells no es en ve~dad un día de recogimiento y de dolor para los vi.
vos. Lo que sucede es que la alegrí,;. se pone un yoco
melancólica para visit,ar las tumbas, y la vamdad,
cansada de ostentarse en teatros y paseos, encuentra
oportunidad de lucir su fantasía en los adornos d~ los
monumentos sepulcrales. El hombre ha de ser si~mpre un aferrado á la vida, y, por,lo,tanto, un olvidadizo de la muerte. Esta manifestación de pena obligatoria, consagrada por una secular costu_mbre, se ha
desvirtuado con el tiempo hasta convertirse en protanadori1, verbena popular.
.
.
.
Bien es cierto, que vist'l. la existencia, baJo el ~specto pesimista de un Schopenhauer, puede repetirse con el filósofo que la vida de cada !::o~bre contemplada de lejos y desde arriba, en su conJunto y en sus
rasgos más salientes, nos presenta ~n espectáculo trágico pero si se recorre en detalle, tiene el carácter de
una 'comedia. El modo de vivir y el tormento del
día el incesante malestar del momentv, los deseos y
· los 'temores de la semana, la desgracia de cada hora,
bajo el azar que trata siempre de chasqueamos, son
otras tantas e'-cenas de comedia.
Pero los annelo1&gt; siempre burlados, los vanos esfuerzos las esperanzas que huella la suerte implaCd•
ble los' funestos errores de la vida entc.ra, con los suf rl~ientos que se acumulan y la muerte en el últim_o
acto, he aquí la eterna tragedia. Parece que el desti no ha querido afiadir la befa á la desesperación de
nuestra existencia cuando ha llenado nuestra vida
con todos Joi, infortunios de la tragedia, sin que ni
aun siquiera podamos sostener la dignidad ~e los personajes trágicos. Lejos de ello, en el ampho detalle
de la vida representamos inevitablemente el ruin papel de cómicos.
Sin embargo este mismo filósofo, tan descreído,
tan desengañad~, tan dolorm,o, tiene en uno de sus
libros esta página, colmada de consuelo y de fé: «Cuando en Otofio se ob:,erva el pequefio mundo de los insectos y se ve que uno se prepara un lecho para dormir el' pesado y largo sueño ~el _invierno, que otro
hace su capullo para; pasar el invierno en estado de
crlsálida y renacer en un día de primavera con toda
su juventud y en toda su perfección; y, en fin, que la
mayoría. de ellos, al tratar de tomar descans~ en brazos de la muerte, se contentan con poner cuidadosamente sus huevecillos en lugar favorable para renacer un día rejuvenecidos en un nuevo sér, ¿qué otra
cosa es esto sino la doctrina de la inmortalidad enseñada por la naturalE\zaº Esto quiere darnos á entender que entre el sueño y la mue~te no hay dife.
rencias radicales, que ni el uno m la otra ponen
en peligro la existencia. El cu.ida.do con que el,insecto p1 epara su celdilla, su aguJero, su nido, as1 com_o
el alimento para la larva que ha de nacer en la primavera próxima, y hecho esto, muere tranquilo, pa•
récese en todo al cuidado con que un hombre coloca
en orden por la noche sus vestidos y dispo~e su comida para la mañana slgGiente, y luego se situa á dormir en paz.&gt;

dora Mise-ricordia. El alférez veneciano del inspira~o
libretista no es un hombre, es un espíritu; es el Diablo.
i
·
Cuando dice el Credo-monólogo de peslm smo mfernal-esperalllos ver, de un momento á otro, que
se abran sus grandes alas de murciélago Y que. aho•
gue en ellas túdo resplandor. Yago tiene ca~caJada~
Je Satán rabioso, é ironías de demonio vencido. E:.
un filósofo más serio, pero menos experlmenta~o, Y
sobre todo, menos agudo que el Perverso de Goe~he.
No lo imaginó así el excelso poeta inglés. Bo1to,
quizá para hacerlo más lírico le dió esos vuelos tan
poderosos.
.
Yago es el alma de la ópera de Verdi. Siempre en
escena, iosinuante y sutil, vertiendo sus palabras,
recelosas en el gran corazón de Otelo, como quien
gotea veneno en una ánfora de bronqe; Sólv cuando
reza Desriémona no le vemos, pero le 01mos; es la r~faga de vieoto que golpea desesperadamente la vidriera de la cámara nupcial y hace oscilar la llama
de la lámpara.
Otelo es un puñal de ébano esgrimido por la m~no
de Yago en torno de Dt!sdémona, esa blanca epifanía del cando, y de la piedad.
Boito no debió haber cambiado nombre á su libreto escri-to en rotundos y elegantes versos; no debe
llamarse Otello ese drama musical. No es él el héroe
de esa trágica desventura; en el fondo de esa sombra
parpadea una roja llamarada hacia la que van los
ojos atraídos y en la que se queman las almas como
nocturnas mariposas.
Cada vez que oigamos esta ópera la llamaremos co•
mo el poeta pensó: Yago.

*
**
También es muy amada nuestra la obra de Gouncd. El fragmento del gran poema alemán, puesto
en so!ra tiene para nosotros un dulce y sereno encanto.
El viejo Goethe era un impasible. Amaba la serenidad nlímpica de la eterna belleza. Meditativo pr~fundo, hundía su pensamlentv en el océano de la vida sin temor á los temblores de la ola. Analizaba
m~cho este poeta supremo que no sintió jam~ los
frenesíes de las pasiones cuando se exaltan, m los
arrebatos de los ideales cuando se enloquecen. Por
eso las creaciones de este inmóvil sublime son todas
símbolos. Bajo el negro birrete de Fausto suefia la
Humanidad; con la carcajada de Mafi,st6feles ríe la Duda; el corpifio azul de Margarita como el níveo peplo
de Helena, ciñe los senos palpitantes del eterno f emenino.
La celestial música de Gounod encontró en el_ pentágrama notas de suprema expresión. En med10 de
ios cantos idílicos cuyas frases de amor están hechas
de rocío, luz de luna y perfume de flores, s~ena la epiléptica carcajada de Mefis~o. Es la historia de todos
los amores. Es nuestra propia historia. El inmortal
maestro encerró en la pauva nuestrc,s secretos. Era
un vidente.
Ahora la compafiía de ópera nos promete la a-qdición de estas dos magnas obras. Las esperamos con
entusiasmo.

***

La semana Urica ha sido de un inesperado aburrimiento. Dicen que el aire de estas altura~ tiene la
culpa de los contratiempos y fracasos. ¡P1caro ele.
mentol La verdad es que el catarro no sólo dañ_a )as
gargantas de los apreciables artistas,. sino_ que violenta un poqulllo al público y estas v10lenc1as se resienten en la contaduría. Hemos oído esta semana
un Rigoletto muy fastidioso.. &lt;?ualquiera diría que el
aire no quiere ya música vie¡a y que fastidiado de
tocar temas de ópera en los organillos, se venga de la
manera más cruel introduciéndose en la boca de los
artistas é impidiéndoles cantar.
Pero, en fin, la empresa del Naciona~, para recompensarnos un poco, nos promete Ot.ello y Fa·usto.
Ah! la gran obra de Verdi. Para seguir la figura
del terrible moro no se necesita más que apretar el
lápiz: la allueta debe ser muy fuerte y muy negra,
con el objeto de buscar el contr~te, porque el contorno de Desdémona, hecho con extraordin~ria delicadeza apenas sí ha de verse, como embebida en la
luz, i;obre ld blancura del papel. Asi ha de ser el croquis de este cuadro sublime.
Pe.-o, bien pensado, ni Otello. ni Desdémona son
los principales personajes, dramáticamente hablando,
de la ópera de Verdi. La primera figura es Yago, un
Yago distinto del que Shakespeare creó, y como más
alto, más metafísico, menos humano, menos real por
lo mismo.
.
Arrigo Bolto, sugerido por su Mejist6feles, le dió á
Yago todos los caracteres del ángel rebelde. No es
sólo la vengativa envidia lo que domina al Yago de
Boito es la maldad infinita, el odio eterno, el rencor
á la l~z, inacabable y profundo, del rival de la Orea-

1.-Los LATINO-A.MEYtICANOS,
2.-GABINETES EUROPEOS.
3.-FRANCIA; LA RECONCILIACION NA.CION'AL; UN
POCO DE FILOSOFIA HISTORICA,
4. -AUSTRALAFRICA.
Las repúblicas latino-americanas, hermanas nu~stras, van saliendo difícilmente del estado de eqmlibrio instable en que nuestra falta de preparación en
la práctica de las instituciones libres, nos colocó en
el periodo subsecuente á la lucha de emancipación.
Visto en su aspecto inferior todo ello, parece responderá estos móviles: deseo de los hispano-americanos
de gozar de las rentas públicas (empleos, contratos,
granjerías) sin la terrible competencia de los peninsulares; después disputa de la presa entre los criol!os,
que disponían del ejército y el clero, y los mestizos
que carecían de privilegios, tanto ,en el orden social
como en el político. Victoria de éstos; empefio de los
vencedores en enganchar el carro de la patria en el
tren express de la civili1,ación: colisiones, descarrilamientos, stniestros, retardos (parece que estoy hablando de los ferrocarriles del Distrito); mas, en suma, marcha el tren.

Domingo 5 de Noviembre de 1899.

J)Omtngo 5 de Noviembre de 1899.

Visto desde un poco alto, se nota cómo este mo'flmiento no es puramente del orden económico, íbamos.
á decir, intestinal, es también del orden psicológico
y en el combustible del mo~or no ha_ habido solo pa~
siones inferiores y utilitarias, sino ideales excelaoa,
ensueños na,trióticos, anhelos de levantar de un arranque solo, ~na raza mantenida sistemáticamente en
los limbos de la civilización humana á sus cimas más.
elevadas.
Pero no todo lo que en el orden ideal es bueno, en
el orden real es práctico, y de aquí tantos contrasentidos tantas lncompa~ibilidades entre las teorías y
la po;ible, tanta mentira. escrita, tanta 'falta de libertad en los hechos, tantas ideas muertas, tantas
necesidade.c. vi vas y ta.mafias dificultades para ajuatar y empalmar todo esto y para que todas estas antinomias y luchas se sumen en un pocu de ¡,rogreso
y de vida. Cuando por todo ello se _censura á los la,.
tinos de América, cuando se les qmere escatimar el
tiempo para resolver definitivamente problemas que
en ot:as partes se han resuelto á medias en siglos y
siglos de civilización y orden, y se quiere atribuir
todo esto á imposibilidades radicales de la raza para
llegar á donde aspiran, se comete una suprema Injusticia. Lo que no quiere deci r que no sintamos un
movimiento de impaciencia dolorosa cuando vemog
que toda vía en algnnos de los grupos sud-americanos.
se pretende fiar á las asonadas mili tares, á los pro-'
nunciamienws á las guerras civiles que son forzosa.
mente el gér~en de otras guerras civiles, la realización de progresos políticos y sociales.
Ya no es hora de esto, ya es preciso cerrar est&amp;
cadena, ya es preciso llegar á la última de estas escenas desalentadoras y comenzar una nueva vida.
Por eso, sin fijarnos en programas, ni en planes, ni
en manifiestos, aun cuando parezcan ma~avtllas de
liberalismo y progresismo, no.; vemos inchnados, cada vez que el telégrafo nos habla de revoluciones en
Venezuela en Colombia, en el Perú, en Guatemala,
á hacer votos por el triunfo del Gobierno sea el que
fuere. Sólo hacemos excepciones en los casos en qu&amp;
el gobierno siguifica obstrucción resuelta al progreso
moderno y resuelta decisión en mantener la sociedad
aplastada bajo el pri vllegio de una clase. Pero en
donde Ja ley misma deja la puerta abierta para la :e.
forma aun cuando esa reforma esté por hacer, aun
cuand~ haya inmensa resistencia para llegar á. ella,
deseamos que se bagan á un lado las soluciones mlll•
tares, á todo trance, á todo riesgo. En el ~uadorlas comprendemos; en Venezuela, en Colombia, no.

En espera de los acontecimient os políticos que
traerá consigo la reapertura de la mayor p_arte de JO&amp;
parlamentos europeos, casi _todos los gabmeU3 viven
quietos, pero parecen provisionales. Las Cortes funcionan en Madrid desde hace do&amp; ó tres días y 1&amp;
cuestión financiera, la suprema en la España actual,
tornará á ser revisada, discutida y resuel~ á medias.
Libre el ministerio espafiol de la pres_enc1a embarazosa del general Polavieja, que manifiestamente
nía la conciencia de constituir una entidad tan lm
portante como el resto del ministerio y que se babi&amp;
aferrado, no sólo en no hacer economías en el ramo,
sino en exigir aumentos en su presupuesto, para le&gt;
que habría sido preciso prescindi¡: de los gastos In•
· dispensables en los otros departamentos, y cubierto&amp;
la vacante con el cuerdo y desilusionado, si no desalentado general Azcárraga, el ministro de la guerra.
de Cánovas el gobierno del señor Silvela ha readqol•
rido consisteucia, y hasta la visita intempestiva del
ministro ruso de relaciones extei lores del Tsar á. la
reina, le ha dado cierto prestigio: paree~ que ¡ten&amp;
entre manos una profunda combinación d1plom tlca,
No lo creemos; tampoco creem~s que haya sid~ la del
conde Muraviev una simple visita de cortesía. ¿á.quéfué? Lo del matrimonio de una infanta con un gran
duque ruso, no puede ser; _Jados l~s temperamento&amp;
de ambos pueblos es imposible casi que uno de 1()8.
cónyuges abandc,ne su religión, y este requlsitobaes.
indispensable, sobre todo en Rusia. Yo creo ~!erecf.
que buscar el hilo por el lado de D. Carlos q ó del
bía si no es que recibe todavía, una peo~ 0 mu.
Ts~r. U n acuerdo definitivo entre ambas am au•
importaría más para el porvenir d_e España q~Ora..
mentar con diez blindados su mariaa · · · · por
ue
Pero sobre todo el ministerio Sil vela vivirá., porq
no hay otro posible. Los ultraconservadore!t~n:
las cuatro quintas partes de la opinión e1;1 co 60~ los.
sagastlnos, esos reconstlt,uidos con otros Jeteg cuatrosucesores probables, pero no a~tes d~te~or suvela.
años ¿los republicanos? Imposible.
se bl roo que,
es, como la república de M. Tbiers, ~l go e tiene,
divide menos: por eso, si uo nos flqmvocamos,
el tiempo frente á él.
.
d 1 senor
En Italia, ,gracias á la respetabilldad e sin _
Visconti Venosta, igualmente estimado,_co: 0
lar, en Francia que en Alemania, el gabm;eales (110varo con su sistema precario de decretos. á. básta
bre ~eguridad pública) en vez de leyes, viv_1r y 188
el próximo periodo de ciclones parlamentarios. lftieol
nota contra él la conjura de diversos grupos po
que le harán una vida muy difícil.
t tambliB
En Viena el ministerio Clary represeq ª

te:

J!

transaceióo, casi funda su derecho de vivir en su
:gnlftcancla; el grupo alemán y el grupo eslavo, el
bOhemlo, sobre todo, ¿desarmarán ante él? Precisate tendremos la respuesta en estos días en que
=oda también sus sesiones el parlamento, después
de nueve meses de receso. Es en realidad una situact6n dnlca la de este imperio austr-:&gt;-húngaro; el pacso de unión entre las dos grandes personalidades nactonaJes que lo componen, no se ha renovado; rige un
aooerdo puramente provisional, un expediente; y be
aqof que una tercera personalidad cada vez más pocteroea, la eslava, (polaca, bchemia y eslavona) quiere una silla de honor en el banquete! No es chtco el
enredo este, ¿pertenece al género grande?
En Berlín, todo el trastorno que se predecía con
mott,o del voto de los conservadores, contrario al caDll del Elba, defendido con el ímpetu pomposo que
al Emperador es habitual, terminó con la dimisión
dedOBministros; ¿pero el envidiadíslmo Herr Miquel,
el coni.ejero tavorit,o de quien se decía que era el tnsdpdor secreto de los conservadores, por qué no renunclóP Porque á ese no renunciará Guillermo II,
811 mocbottempo, quizás en ning6n tiempo; tiene mucbfalmo talento, mucho conocimiento de los partidos
de los recursos del imperio para poder ser reerri1i,luado
en el ánimo imperial. No puede ser canciller
ilel Imperio, porque no es hombre de alta alcurnia,
pe.-o es quien lo dlrlje en realidad.

EL MUNDO.

277

regretterit), al monarca, y al Presidente lo tratan, ofl.• tado, exasperado unos contra otros, comenza1 ¡oh!
clales Y obispos, como si fuera un rey, es la imagen, hermanos enemigos, por hacer á nuestro 'Jaís esta jusel espectro del Ausente. Ahora bien, en torno de estos ticia, que es acaso el solo en el mundo en q ne tantos
elementos que han representado el orden al través de hombres sean capaces de atorment arse á impulsos de
toda la historia, y que lo representan todavía, se ~obles sentimientos. Y apaciguaos en esta idea que,
agrupan instintivamente todos los hombres de orden
Juntos todos, sois la Francia una persona histórica
inclusive un gran número de republicanos, todos lo~ muy grande, animada de paisiones que, una por una,
conservarlores; los_ liberales se arriman á la iglesia de tienen su fuente en nuestra historia y que por ende
León XIII por Justo horror á la revolución Rocial; vuestras querellas resultan inevitables manifestaciohay en el fondo de er,o «uoa preferencia dada al agua nes de nuestra vida nacional.
bendita respecto del petróleo.&gt;
&lt; Y comprended también, cuantos habéis defendk o
En _el campo con~rarlo todo es división y discusión: lo qui', en vuestra conciencia. creíais que constituía.
socialistas y repubhcanos son fundamentalmente in- el bien y _el honor de la Pc1otrla, comprende~, repito,
compatibles; «no existe una idea común de orden re- que el odJO mutuo de los ciudadanos es, para la Papublicano capaz de concentrar á todos los adversa- tria, un peligro de muerte. Antaño, en lo más encorior del orden monárquico.,. El estudio que resumi- nado de las guerrl\s de religión, Miguel de l 'H,,pital.
mos hace hincapié más de lo justo en esta situación interponléudose entrA los combatientes les rogaba
del partido avanzado; estas divisiones no pueden con- que recordaran que eran franceses. «Atrás, decía
cluir, es verdad, pero sí pueden convivir por medio esos diabólicos nombres de hugonotes y papistas.;
de treguas y transacciones; ahora bien, es una máxi- Las palabras dreyfruseros y antidreyfuseros son más
ma política profundamente cierta qne sów lastran- diabólicas todavía; echadlas fuera, continuad defenRacc!ones perdurao.-Lo único, añade Lavisse, qúe diendo en libertad, ante vuestro país, vuestros crelos hga es una especie de hoRtilidad á todo sistema dos políticos contrarios que sobrepasan al proceso y
de contrapeso á la voluntad de la ·ARamblea que re- le sobreviven; pero como patriotas, ofreced á la Pc1opresenta. directamente al sufragio público; de donde tria el sacrificio de vue~tros 1encores.
re:,ulta un odio común al Senado y á las facultades
cOs juzgará vuestro país y su fallo será justo. Pordel Presidente.
que otras crísis vendráu, acaso movimientos de reacPara este grupo la Iglesia es el más ~emibleadver- ción, acaso golpes revolucionarlos y h;ibrá villanías y
sario. El ideal de la Iglesia, que considera la tierra deformidades-males de constitución en la historia.
*
* *
No es en la voz de los corifeos políticos, por sensa- como un pasadizo de dolores y lágrimas entre el pa- de los-hombres-mas la resistencia á lo pasado y el esto&amp; y respetables que sean como M. Meline, que se raíso perdido y el parafso celeste se contrapone al de fuerzo revolucionario, deteniendo el uno y empujanatrven para conmover a, país y presentarse como sus los nuevos, que creen que en la tierra puede realizar- do el otro, tubajan de consumo en la creación de una
lllndores posibles, del espantajo socialir,ta de la guar- se lentamente uo paraíso por la supresión de la mise- Frdnci~ en que habrá mayor libertad, más justicia,
dia nactooal substituida al ejército, porque de este ria y la me.jor distribución de la justicia. Y como de menosmterés. Emancipemos nuestro pdiS de lo pasa(faideratum no hacen caso ni los socialistas mismos; l'.us ideales nace para la Iglesia la necesidad de ser do sin renegar de él, resol viendo problemas, en otras
que no tienen inconveniente en solidarizar con el ac- conservadora por Inmutable, resulta para unos el de- p:1ortes apenas plantados, encontrará su fuerz'I. y su
'811 Ministro de la Guerra, que no tiene trazas de seo de sofrenarla, para otros el de romper todo coo- empuje, y, al mismo tiempo prestará un servicio con
querer desempeñar el papel de Comandante general tacto con ella, para muchos el de reducirla por la per- su ejemplo, una vez más al resto de los hombres.&gt;
de la guardia nacional, como Lafayette; no, cuando secución y el miedo. Estos no saben historia.
*
Para el mismo grupo el ejército también es odioso,
• quiera saber lo que piensa la Francia, que verda* *
porque
es
una
escuela
de
obediencia
pasiva
y
el
obsLas
nuticias
de
la
guerra
en Natal, en el Bechuana
deramente piensa, la que piensa alto y siente hondo,
baJ que recurrirá los escritos de hombres de indis- táculo natural á las esperadas revoluciones. Además, y Gricqualands, es decir al Este y Oeste ce tas Repúcutida imparcialidad, cuando á un conocimiento pro- la aventura boulangista conmovió la carlfiosa. con- 1,licas libre~, son por todo extremo interesantes. Sifundo, lnsuperado, de la historia de su pat:ia, unan fianza que en casi la unanimidad de la nación existía tiando á Mafeking,. Vryburg y Kimberley, sobre la
una lntellgencld capaz de hacerlos penetrar analizan- en el ejército, representante armado de la Patria c1onte línea del ferrocarril que va del C~bo á la tierra que
do, dentro de la sttuación actual, hasta dar con sus la insolencia irónica del vencedor. De aquí vino cier- lleva el nombre de Rnodesia, en honor del famosoCe'llementos irreductibles. Un ejemplar de esta especie ta inquietud en unos y el deseo de destruir el ejérci- cilio, llls boers han inmovilizado la invasión posible
por el lado occidental, á reserva de quebrantarla dede hombres que no se hallan ciertamente por doce- to en otros.
Lavisse busca el terreno de la reconciliación de es- finitivamente á pesar de los trenes blindados del co• ni en los rMetings, ni en la prensa y m en las academlaB, es Ernesto Lavisse, maestro, de cerca ó de tas dos Franelas en lucha entre las mismas fronte- ronel -Baden Powell, para los cuales suelen ponerse
leJOB, de cuantos nos ocupamos en estudiar historia. ras; el ensueño patriótico consistiría en que la. lucha en práctica la destrucción de las vías y las bombas
Acaba de publicar un estudio con el titulo de «La prosiguiese en la libertad y por· la libertad y, por me• da dinamita.
Por el lado oriental en la línea que une á Pretoria
ñconclllatlon nationale,&gt; que es lo más filosófico que dio de mútuas concesiones, llegase á ser una reconIIObre el estado de la sociedad francesa, al desembar- ciliación. Nunca ;iodrá.n realizarse los programas ex- con el mar á través del territorio de Natal, es en dontremos; ni resucitará jamás el absolutismo del Rey de el supremo interés de la lucha se ha concentrado.
car de !'affaire, se ha esc1 !to en el último afio.
Ella explica la feliz audacia del ultimatum del TransJ'Avlsse (y si yo fuera más tonto, ó lo que es lo mis- apoyado en la Iglesia y el Ejército; ni puede entremo, más presuntuoso de lo que soy, me daría el ino- verse siquiera el momento histórico en t1ue pudie- vaal; convencidos de que Mr. Chamberlain arrastraba
cente placer de remitir á mis lectores á la primera ran suprimirse ó la Iglesia ó el Ejército. La Iglesia á Ioglaterra indefectiblemente á la guerra, y que toreYlsta en que hace algunos meses hablé del caso da á las multitudes preceptos, esperanzas, terrores, das las meditaciones y consideraciones y silencios no
Dreytos) muestra que, no en el proceso que no fué una explicación de la existencia, y en suma, lo poco eran más que ardides diplomáticos para triplicar los
mu que la causa detern::lnante de la explosión, sino de vida moral que las eleva por encima de la animali- efectivos ingleses en el Cabo, no quiso dejarse degollar
en la terrible disensión oi vil, cq ue es al proceso lo dad. Cierto, añade, creo en la emancipación final de como una oveja y ha saltado como un león al combaque la mar al navío,&gt; hay una lucha que tiene su la razón. ¿Pero cuándo? ¿la fecha? Será por el alio te. Y al cabo de muchas peripecias, , de que no conoftfz en toda la h istoria de Francia, entre dos modos 19,0001 ...... Y el ejército tampoco puede transfor- cemos sino lo que los telégrafos vigilados por las audialmtos de CO'll.Cemrla; entre dos maneras distintas de marse al grado de que deje de serk,; la situación de toridades Inglesas nos quieren dar á conocer, resclta
qu ·• conforme á las máximas de los grandes maestros
eomprender la vida nacional. El eminente profesor la Francia mut,!lada exlje un ejército que lo sea.
Pero no todo debe permanecer así, no puede nin- en el arte de guerrear, que son iguales á las de lus
recuerda la íntima unión, la solidaridad que en el pallado había entre el altar y el trono, y como de estas guna ill3titución substraerse á la ley del perpetuo del arte de pugilar, «quien da primero da dos veces&gt;
lb fnentes provino el espíritu que informaba al ejér- devenir. La Iglesia debe aspirar á ser y lo será, una y que, entrando casi bruscamente en la liza y concito basta los tiempos de las cruzadas. Luego el ejér- gran asociación libre; esto es lo que llamamos la in- centrándose con su rapidez característica en puntos
elto en los tiempos modernos, no era de la nación, de dependencia entre la Iglesia y el Estado ¿será enton- bien estudiadas de antemano, los holandeses han re~ pueblos, de mis pueblos, como decía el monarca que ces más temible? Tal vez, pero que el Estado se de- ducido sus pérdidas y descalabros á accident es y han
fienda. Tiene para eso la Escuela. En cuanto al Ejér- obtenido el resultado total, de localizar, ya. por bds.. Yeia Asus pieii, sino del ~ey.
Las revoluciones disgregaron la trinidad: iglesia, cito su traosformaclón debe ser distinta de la In- tante tiempo, la guerra, fuera de sus territorios y de
ejército y, ~n Francia, acabaron con el rey; mas sensata sofiada por los socialistas; el E~ército debe hacer retroceder el ataque inglés que se dibujaba en
Iglesia Y el eJército, instituciones especiales, de convertirse en una escuela de educación nacional. Newcastle antes del ultimatum, hasta Ladysmith, es
~UCIClón especial, ha&lt;;t,a de traje especial, vi ven ais- Así reforzará su energía moral y se unirá intima y decir, hsta la mitad del camino entre las fronteras
del Transvaal y del Estado libre, y Puerto Natal (Dur08, por decirlo así, de la sociedad, y como viven profundamente á la Nación.
Esta transación no es un suefio; no se hará entre ban) y que este retroceso puede marcarse con una
param,mte de historia, viven en lo pasado, á lo meen la conciencia de sus jefes. Ahora bien, el ejér- el que persiste en ser el gentilhombre m-:&gt;narquistay línea roja; harta sangre lo ha regado.
En diez y seis días se transladó el generalísimo Riorganlzado forzosamente de un modo jerárquico, el socialista revolucionario, sino entre los que jlrigen
como la Iglesia, tiene en la República una causa per- los batallones políticos en que se esconden el monar- vers Buller de Inglaterra al Cabo, y apenas terminade desorientación, si no de descontento: no ve quista y el comunista: entre M. Mellne por un lado ba el lunch con que lo obsequiaba el gobernador y no
punta de la pirámide jerárquica, no ve al jefe. El y M. Bourgeols, por otro, verblgratia. Y yo agrego: cesaban los vítores de los entusiastas aoglocabenseb,
jere,
- _l&amp;f.(m la constitución, es el Presidente de la un principio de transa~ión está simbolizada precisa- cuando los despachos del General White anunciaban
dad. bllca; pero eso es una fórmula, no es una ver- mente en el ministerio en que bajo la dirección del el desastre de Ladysmith. Claro, el General White,
lle I 1no es un hombre. No es un hombre que sepa politico más rminente de la Francia actual, Waldeck- ha obtenido bastante gloria en Egipt~, más no es lo
bl ,ar 108 escuadrones y 0atallones á la guerra: ahora Roussedu, se encuentran reunidos Gallifet y Mille- mismo luchar con los pobres dervlses haciendo fantaen,_Ia guerra es al ejército como la función al ór- rand; es1 e es el primer esbozo serio de reconciliación s-ías con sus espingardas del tiempo de los mamelucos ante los rifles certeros de los tiradores ingleses y
Pno, Bln la función ¿cuál es el porvenir del órgano, nacional.
Lavisse termina su estudio con esta11 palabras elo- egipcios, que con estos burghers diestros en el manequé sirve? Jefes del ejército, como presidentes
-~que no amen la guerra, sino la paz, parecen . cuentes, dictadas por el más acendrado y reflexivo de jo de las armas modernas.
Habrá victorias inglesas, no lo dudamos; habrá
ildades. ntidos al ejército, y son, sin embargo, nece- los patriotismos:
c¡Ob! vosotros todos los que durante este terrible · aglomeraciones formidables de artlllería y de tropas
~ SO.ma, la semejanza de organización, la c-:&gt;mu- afio, sin inrerés egoista, honradamente, habéis sufri- de linea y auxiliares dentro de un mes en Durban; la
do tanto y en vuestras leales conciencias francesas; flemát!ca bravura dE; los soldados de la reina, no se
~ 0 8 recuerdos, la alteza de los ideales, la cirPlra 1 ia de que las instituciones en donde hay vosotros que, en la contraposición que u~a cs,ranta- derretirá ni con el calor del combate ni con el calor del
al OS Individuos peligro de muerte son rellgiosas, ble equivocación habla causado entre la JU!itlc1a y el verano austral que comenzará entonces, pero no habrá
·
IU ~o de que &lt;Si la religión se retl!ase de la tierra, ejército, os habéis afiliado entre los partidarios de Omdurnans como en el Sudán.
Probablemente el General Whlte tendrá que repledado.. mo refugio estaría en almas de marinos y sol- éste ó de aquélla, Igualmente con vencidos de que deyel E~~o ello explica la simpatía entre la Iglesia tendiais á la Patria en peligro: los que habéis segui- garse á Petermaritzburgo y si allí no encuentra re¡ lelltir ;,e to, Y demuestra que no puedfm dejar de do las preferencias de vuestros instintos, ora el pasa- fuerzos, á la costa y los boaros quedarán duefies del
do os encante y os retenga en la provecclón de su Natal, por lo pronto; el dinero que es el nervio de la
1 lino ue supresión de el R ey. No que conspiren, no;
, el~ «floran (Emilio Castelar daba á este provin- 6 ran sombra· ora améis el presente y creáis en el por. guerra reconquistará el terreno perdido. No le hace,
o espano1 el valor mismo del vocablo francés venir dela F;ancia republicana; los que os habéis exal- una reflexión se Impone. ¿Con qué derecho se quiere

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�EL MUNDO.

2i8

imponer la soberanía c1mpleta á un pueblo que
sabe desplegar tama!las energlasl'
¿Con qué derecho, cuando ambas repúblicas
estaba!'.! dispuestas á aceptar y aceptaba.o, y una
más que otra, el Transvaal la tutela de Inglaterra en los asuntos exteriores y el E,;ta.do libre de Orange el protectorado británico, se les
quiere privar de toda libertad?¿ Pues qué '10
110n dignos de ella los héroe!&gt; de Duadee y de
Ulencoe y de Ladysmltb? Laconquh,Upurasólo puede pallarse en nuestros tiempos coa los
inte1eses superiores de la ctvillzacióa, ¿emites
son aquí? No había acaptado el congreso de
Pretoria, las propuestos de arreglo de Mr. A.
Milaer~ No iban á igualarse casi uitlanders y
boer.s en el gobieruu de la casa? ,; Qué más,
pues? Es el secreto de los beñores Cbamberlain
y Rtlodes.
La Gaceta de S James, órgano de los conservadores puros, dice, con énrasis, que, á pesar de
los :evesc:s, uo abriga la. menor inquietu i sobre
el resultado tinal de la guerra. Bien está, pero
cuando no se tiene más razón que la fuerza pura, no va,e la pena de llenarse la boca con el
nombre de nación cristiana y civilizadora, diga
usted, «porque me llamo león&gt; y basta.
¡El resultado tiaall El resultado final será el
triunfo de Inglaterra, se oirán en la~ calles de
Pretoria sonar aguda y melancólicamente las
gaitas de los 1Jipers de tres ó cuatro regimientos escoceses. Bien, ;,y dt&gt;spuési» Hace un p1co
tnás de dosclentvs aíi ,s, Gllillermo d'! Oraoge,
después de la batalla del Boyne, que ganó el
viejo hugonote Schoemberg, vió el resultado
tina) de la guerra de ()ooqu1sta de Irl,rnda¡ y
bace veiotedía~cu indos~ emh-trcab.1.0-Slr Redvers Buller y 8ir Arcbibatd Hunter y un nieto
de la R.iina para el C&lt;ib'l, Irlanda cel,1braba co,
mo una gran tiesta patriót~ca la inauguración
de los trabajos dd monum ~nto que va á eri•
glrse eo DJblin en hooor cte Cuartes P&lt;1.rnell el
organizador de la resisteocla nacional, y el pueblo entero de la capital de la isla, encabezado
por el lo1·d-mayor lar.zaba formidables burrahs
de simpatía. en nonor de sus hermanos del Tra.nsvaal.
Todavía no se ve el resultado final de la batalla de Boyne; el siglo entrante verá el resultado final de la conquista de las repúblicas
bolandesa5 del A frica. Quizá&amp; en ese resultado
no desempeaen papel nioguao las gaitas de los regimi&lt;'ntlls escoceses. El porvenir es &lt;1e Dios, como die~
el Tío Pablo.

_J ~ J ~
iPOR LA HONRA DE MI PADRE ..... MUERTO!
Si las cosas siguen como van, antes de mucho los
maridos de las clase.~ populares y no pocos pertenecien•
tes á las capas lnrerlores de la clase media, acabarán,
como los príncipes orientales, por hacer enterrtr consigo á su ó sus mu1eres, y de descuidar ellos esa precaución, no faltarán hijos que se ofrezcan voluntariamente á hacer respetar la última, si bien tácita,
voluntad de sus amados padres.
En México todo el trabajo es que una mujer pertenezca legítima ó ilegitlmameote á un hombre; llenado este requisito, y aun sin llenarlo, ya esa mujer
no puede pertenecer á nadie, ni á sí misma. En
vano el abandono del marido ó del amante, su ausencia del domicilio conyugal ó amnoial, la falta de
gasto y ainstenciu, su instalación baio otro cielo y otro
dios, devolverán á la esposa, ó á la amante sus derechos de mujer libre; para el ol vldadizo y el fugitivo,
para el vicioso y el desentenaido, los deberes de ella
subsisten intactos ó incólumes cuando ya los de él
yacen olvidados en el fango de todas las abyecciones
ó en el basurero ce todas las igaomiolas y un bello
dia Otello se presenta, pullal ó garrote en mano, en
casa de Desdémona, y ebrio de tlachique y de celos,
traspirando Indignación y aldelda por todos los poros, la reclama, le exige de nuevo la vida común y la
común miseria, en caso de negativa arremete contra
la intiel y la desleal y la hiere y la mat~ con el mayor desparpajo en nombre de la dignidad ultrajada,
del honor mancillado, del derecho bollado y de los
solemnes juramentos cambiados al pie del altar ó al
borne del mostrador de,la taberna.
Que los maridos propiamente tales crean conservar sus derechos á pesar de baber maltratado, desatendido, robado y abandonado á sus legítimas, nada tiene de escandaloso en el orden jurídico si bien
subleva en el orden moral. Mientras la justicia no
pronuncia un fallo de divorcio, la espo~a sigue siendo esposa y el marido no deja de serlo por más que
haya dado ocasión y justificación á todos los extravíos de la mujer.
Pero la cosa comienza á hacerse intolerable cuando él y ella no son marido y mujer, cuando su unión
es ilegal y mera.mente ocasional, cuando, en tal virtud, ni él tiene derechos, ni ella deberes, cuando en

SR.

DR. DON

RAFAEL ZALDIVAR,

Minlslr.:i Plenipotenciario de la Repll'&gt;llca del Salvadcr en México.

suma vi ven y se unen bajo las solas leyes de la más
baja animalidad. En este caso tan iibre es el uuo
como libre la otra de romper un lazo que la volun.,ad
ató y que la voluntad puede desatar y si él clama y
ejerce venganza, lo mismo que si ella la ejerce y la
clama, el uno y el otro son criminales vulgares, no
merecedores de esa compasión sentimental que tan
fácilmente se les otorga..
Cuando el hombre compra y p1ga una mujer como
en Oriente, tiene derecho á encostala.ria y arrojarla
al Bósforo. Cuando ante la ley la toma por esposa
t iene definidos sus derecbob y puede rec1a.marlos y
ejercerlo~ con Ja amplitud y en lo~ términos previstos por la ley; pero cuando la posee tan sólo por la
voluntad de ella, todo derecho cesa donde se extingue esa voluntad y es ésta tan res¡.&gt;eta.ble, en la especie, cuando da como cuando quita.
La mujer no es cosa, es persona; su voluntad es
respetable y sagrada cuando no la ligan y encadenan la ley aceptada ó el contra.to jurídico y legítimo;
abolida la servidumbre y la esclavitud humana, los
actos de la mujer siguen cayendo bajo la jurisdicción
de la ley moral que los ensalza y vitupera, que los fulmina ó los exalta; pero ya no deriva de la jurisdicción despótica del hombre, ni de sus capricho,; ni de
sus extravagancias.
La mujer d:!be ser, en la unión libre, anatematizada por el moralista, severamente juzgada por el pensador, repudiada por la sociedad; s610 el cómplice de
su delito no tiene sobre ella derechos, ni ella para.con
él deberes.
De ahí la superloridai y santidad del matrimonio,
que impone deberes recíprocos, derechos venerables
y que da los medios de hacerlos acatar y cumplir.
El tirabuzón que sirve de criterio á uuestrai;: masas.
pasionales é Incultas y orientales de media sangre,
marca otro norte y traza otro itinerario y la prensa
diaria consigna sin cesar becbos dramáticos que sublevan y repugnan. Ya es un marido que se finge
muerto para poner á prueba la fidelidad de su mujer
y que se hace matar por el amante por venir en són
de guerra á reclamará su viuda¡ ya es un amasio que
abandona durante años enteros á su querida para vivir con otra mujer y que tiene la veleidad de exigir
á, aquélla de nuevo la vida común; la querida resiste
y él la mata¡ ya es un ex-novio -hl)1Tesco referdnSque rapta, C'lmo dicen los reporters, á su ex- novia el
día de su boda y la hiere y maltrata en ejercicio de
sus ya extinguidos derechos.
Estos colmos son 0otldianos y escandalo~os, y sin
embargo bay todavía un reciente colmo de esoj colmos
y que la prensa ha narrado y comentado.
Trátase de una viuda; éi&gt;ta tiene un bljo casado
que vive con su esposa. La viuda tiene un desliz y le
nace un niño. El hijo casado se present,a en la casa
de la madre, que aun no entra en convalecencia y

Domingo 5 de Noviembre de 1899

Domingo 5 de Noviembre de 1899,

guarda cama ; desnuda un par de monst ruOlla
tijeras y cae á pullalarta limpia sobre su propia
madre y sobre el recién nacido, gritando: cHe
de vengar la honra de mi padre muerto.&gt;
Et.te hecho Inaudito es una encrucijada en
la que se dan cita todos los horrores y todos loa
disparates.
Este bijo desnat,uralizado no ha leído Hain.
let. Ilubiera abí visto á un bijo lncrPpando A
su madre por el delito de haberse casado con el
ase~ino de su marido, colmándola de soeces in.
juri:is, agobiándola bajo tremendas recriminaclones y echando mano á la espada para vengar
la honra y el asesinato de su pad re, y hubiera
vist&lt;• cómo el padre ofendido y asesinado 11&amp;le
de su tumha, cómo su noble y veneradasoml&gt;ra
se interpone entre la madre criminal y el bljo
vengador y desarma su brazo y lo hace ~er de
hinojos antt- ella.
Si no ba leido Hamlet, habrá leído al me.
nos los «Veinte a!los después.:a Abi el llljo de
una mujer perversa y criminal tiene una esce.
na terrible con los asesinos de su madre, sobre
quienes quiere ejercer justa venganza¡ ellos ae
defienden narrándole los lncon1,ables crímenes
de Milady, y á cada uno de los cargos el bljo
no da más contestación ni disculpa que es1e gri.
to del alma: ¡Era mi madre!
Así deben ser los hijos: para ellos la madre
no es nunca criminal, ni viciosa, ni abyt&gt;cta;
para ellos debe aparecer slemprecomo uoasan.
ta. Que la sociedad segregue, que la ley castt.
gue á las madres viciosas ó criminales; el hijo
sólo debe amarlas, bendec'.rlas, ampararlas,
protegerlas.
El bljo no debe ser jamás el vengador del
padre contra la madre; el pad re se levantaría
de su tumba piira maldecirlo; ni hay deshonra
del padre muerto por el extravío de la viuda;
la honra del marido queda incólume, aun cuar,.
do su viuda llegue á encenegarse en la más ab.
yecta prostitución.
A lo~ hijos cuyas madres son viciosas ó crl.
minales presentamos este noble ejemplo: Uoa
señora de buena familia se entregó desenfrena.
damente á la embriaguez. Un día al llegar su
hijr, se encontró á la madre abogada, semidea.
nuda y tendida en la banqueta á cien pllllOI
de la puerta de su casa. Los vecinos, amigos y
conocidos de la familia, instigados por malsana •
curiosidad, presenciaban el hecho desde sus balcones
y ventanas.
Llega el hijo, reconoce á su madre ebria¡ vuelve la
vista azorada á todas partes y sólo ve cabezas curiosas y gestos de burla ó repugnancia; sin vacilar se in.
clina, toma en brazos á la madre y cubriéndola de
besos y de lágrimas la lleva á su casa y recorre aquel
camino del Cal vario entre las lágrimas de las muje•
res conmovidas y el aplauso de las madres entu11laa.
madas.
Quisiera grabar en letras indelebles el nombre de
ese bijo subtlme. No lo puedo; honrar al b lju dando
11u nombre sería dE&gt;nimclar y deshonrará la madre.
E-1e gran corazón dejó á poco de latir¡ el hijo 11ubllme
murió ya y tal me parece qne si lo nombrara su s.im•
bra, como la del padre de Hamlet, dejarla el sepulcro y vendría á pedirme estrecha cuenta de la bonr,
de su madre.
E,;a nobleza y ese h~roismo pl\sarán inadvertidos;
pero acaso ese ejemplo sea benético á los hijos desnaturalizados.
DR. MANUEL FLORElil.

EL MUNDO

2iV

EL DESCARRILAMIENTO DEL FERROCARRIL DEL VALLE.

LA NOTA DEL DIA.
El domrngo 2!l de OctubrE', á las 3. 30 de la tarde,
el tren del Ferrocarril del Valle que salió de la Estación de la Ciudadela para Tizapán á las 3.15 descarriló en terrenos de la Colonia Hidalgo. Se volcaron tres carro~, uno de los ~uales quedó pulverizado,
y de los trescientos pasajeros más de treinta y ocbo
fueren heridos y murieron en el acto ó ban muerto
posteriormeute tres.
El becho ha causado honda sensación en el público
por tratarse de una líae'I. suburbana en las que la seguridad debe ser y es de hecho en el mundo entero,
mayor, mucho mayor, Infinitamente mayor que eu
las g randes líneas que cruzan cañadas, salvan abismos, siguen lQ margen deleznable de grandes cauces
torrenciales y se aventuran á través de ríos candalosos; mas no sólo por e&amp;to se indigna la sociedad, siuo
porque la incuria de la empresa. l:lba ya tan escáadalosa, las pésimas condiciones del material amenazaban las vidas Je los pasajeros en términos que la catástrore estaba prevista, anunciada casi por EL IMPARCIAL, periódico que ese mismo dh, pocas horas
antes del descarrilamiento, ad\'irtió á la sociedad del
peligro inminente en que estaban los que I or la linea
del Valle se aventurasen.
La naturaleza. de los descuidos en que ha incurrido
la empreha ,no le permitió repllr•r eu un día. las md-

Los coches volcados vistos por delante.
las condiciones del tráfico, pues no siendo las causas
del desast re Imputables sélo á ineptitud de los empleados sino al deterioro del material rodante, el peligro quedaba en pie y bubo de suspenderse el movimiento de la línea por el gobierno.
Este precedente garantiza para el ¡:,orvenlr en todo
el país una notable mejora en el servicio de las líneas
ferrocarrileras, pues la energía con que en el caso se
ha procedido servirá 1e útil advertencia á las demás
empresas que no pueden contar con la complacencia
del poder público para disimular SLS desmanes. CJ
No todos los mates son males en lo absoluto, á veces traen a parejadas,ciertas ventajas delas que se aprovecha la sociedad, y en este caso, la prensa respetable ha conseguido que penetre en la conciencia popular, la noción del valor de la vida humana. Todas las
víctimas y los herederos de los que han fallecido,
se preparan á exi¡zir respoasabtlidadts, rosa qt:e hasta ayer nadie bacía ea casos tales por uni,ignorancia
que los periódicos han lograoo ilustrar y por un abandon o que va cambiándose en actitud enérgica.
Las f1,tografía.~ que figuran en esta plana dicen más
que todos los artículos de información porque dan un
te:;timoaio irrefutable del hecho, toda vez que la fotografía nada inventa ni exa1era la realiaad.

EL MINISTRO IJEL SALVADOR.
El Sr. Dr. D. Rafael Za.ldívar, Ministro PlenlPo•
teuclario del Sal ndor, na.ció en el pueblo de San
Alejo departamento de San Miguel el allo de 183-l.
Comenzó su~ estudios en San Salvador y los contlou.S
luego en Guatemala, recibiendo el 1,ítulo de Doctor
en Medicina el año de 1860.
En Guatemala desempeñó puec:;tos importantes 1
bonorfficos.
En 1865 regresó á su patria y allí sigui 1 distln•
guiéndose en Ja vida pública como protesor y como
Presidente del Congreso. Pasó luego á Alemania como Ministro Plenipotenciario, y en 1870 volvió al
Salvador para ocupar el puesto de Secretarlo del Despacho en los ramos de Guerra y Ibcieada. DJ•
rrocado el gobierno, se refugió el !:ir. Zaldívar en
Costa Rica, y en ese paf., como en todas partes desempe!ló cargos importantes.
Ocupaba el puesto de Ministro P lenipoteoclarlo
de Costa Rica en Guatemala, cuando estalló la ,i:ue••
rra entre esta República y el Salvador. El Sr. Zaldf•
var intervino como mediador, y á él se debió el arre•
glo de las dificultades y la conclusión de la gue:i,
por lo que se le nombró Presidente interi no del
•
vador, y al hacerse las elecciones, Presidente Collltltuclonal, siecdo reelegido por dos períodos.
En 1885 salió del país y se dirigió á Europa e0
donde permaneció hasta hace poco que fué llamad0
para encargarlo de la repL'e~ent1ción que boy tleDI
en México.

1

l

El tren desca1·1·ilado visto po1· la parte posterior

�7

1

¡

I •

jlLRED

~

Carn del Sr. Arámbu1·0.

-

Iglesia de la Conr,epción.

-----:--~ ~ - 7

Casa del Sr. Bcnuquets.

Quinta de
Casa dd Sr. D. de Ohapeaurouye.

«La,

Torre, &gt;

La Expobi ción de Ganadería.

�J)OJlltDgO

282

EL MUNDO.

5 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO.

283

Domingo 5 de Noviembre de 1899.

EL TR!HSVAAL EN LA EXPOSICfON DEPARIS
En la parte izquierda de los jardines del Trocadero como se ya al ()ampo de Marte, hay un edificio
el~nte cuya ~lancura se destaca sobre un fondo
sombrío de follaJes.
En la cúspide de la torrecilla flota una larga oriflama cuyos co10res t raen á la memoria los del pabellón
holandés.
Ese palacete es el del Transvaal, nación que entre
todas las que tendrán representación en el gran certlimen de 1900, se distingue por la exactitud con que
acudtó al llamamiento de Francia.
El avance dP. los t rabajos de su sección bastaría por
si sólo para que el Transvaal llamase la atención cie
lU!I curiosos que visitan el Trocadero; pero el interés
bUbe de punto por tratarse de un pueblo que es actuilmente objeto de las simpatías y de la admil ación
del mundo entero, pues aun en Inglaterra no faltan
personas caract erizadas que por amor á la justicia
tributan á los bravos pastores de Sud-Atrica sinceros homenajes de redpeto.
ü Los franceses quieren ver en la cooperación de los
traosvaleses á la gran feria, un signo del excelente
espíritu que anima al gobierno del tío Pablo para con
la nación francesa. Además del pabellón principal
que reproducimos en esta página, y en el que seráu
-expuestos los documentos
oticiales relativos al ~obierno, á los servicios públicos
y á la población del T ransvaal, hay un grupo de edi·
ficios anexos que
/
tormarán una run.:hería en ese rin- /
-concilio encanta-

\

/

real inglesa y que son de la misma sangre de Guillermo de Orange cuyo nombre, adoptado oficialmente porla República vecina del Transvaal, debía iser
un escudo para la libre existenJia de los holandeses
de Africa.

EL F AVORITO.

LA BOHEMIA DE LEONCAVALLO.

LA. GUERRA DE SUD-AFRIC.A

Exploradores boeros.

Familias inglesas que emigran del Transvaal.

'1lor del Trocadero, donde corren los arroyuelos que
alimentan el aquarium diri&lt;Yldo por M. Touseet de Be•
lleyme.
º
Los edl_ficlos anexos á que nos referimos formarán
una gran¡a boera, con pab~llones en los que se explicará de un modo atrae ti vo y práctico todo lo relativo
á la lcdustria aurífeia del sur africano. Puede afirmarse que allí quedará reasumida la historia política
Y económica del Transvaal.
La granja, con su interior rústico y sus dependene1as pobladas de animales domésticos, nos contará la
vida pastoral de los conciudadanos del viejo Krüger.
Evocará las costumbres bíblicas de ese pueblo migratorio que con sus largas columnas de carros y de bueye¡¡ huye del Cabo y de la dominación inglesa, hasta
que provocado en sus quietas 1;oledades por el codicioso britano, apresta el ágil potro, el certero fusil
las frugales provisiones, y se lanza á una guerra en
a que el fuerte sutre los primeros reveses.
Los dos pabellones en que se exhibirá todo lo rela-

¡

tlvo á la industria aurífera, nos presentan otro aspecto del T rausvaal. Sin el descubricnianto de las
minas de oro, los bóe•os de Krüger serían un pueblo
de pastores y nadie les disputarla el país que bci.bitan
y que conquistaron contra los ne~ros ?e C:afrerfa;
pero los yacimientos auríferos atra¡eroP mm1grantes
del mundo entero, capitales que se valúan encentenares de millones y determinaron ua cambio profundo en las condiciones de la vida social, económica y
política de los primeros ocupantes.
Los intereses comprometidos en aquella región del
continente africano son tan cuanti0sos y de tal modo se relacionan con los del mundo civilizado, que no
bay potencia indiferente al término final de los acontecimientos.
Ojalá que en 1900 la curiosidad de los concurrt-ntes á la Exposición no sea solicitada por el Transvaal en razón de sus luchas con Inglaterra, y ojalá
que ésta, ya que lo olvidó, rec~erde pronto que los
bóeros son holandeses, compatriotas de una dinastía

Los franceses no les perdonan á los italianos que
sean ellos y no algún cooopatriota quien baya llevado á la escena lírica los personajes y los episodio~ del
libro de Mürger. He aquí lo que dice una revtst~ de
París acerca de las sendas creaciones de Puccini y
Leoneavallo:
¡,No os parece que ya estamos hasta la coronilla de
Bohemia? Después de la de Puccini e!! la Opera Cómica, la de Leoncavallo en el Teatro del Rtnacimiento; las dos con sus cualidades respectivas (y respetables) nos dejan la pena de que esta obra francesa, casi esencialmente parisiense, no haya sido puesta en
música por un compositor francés, pues sólo un francés podría apreciar la delicadeza, el ingenio y sobre
todo la sentimentalidad á flor de piel que exigían las
situaciones ingenuas ó tiernas del libro de Mürger.
El público parisiense festejó la obra de Puccini y
acaba de acoger triunfalmente esta segunda edición,
revisada y aumentada considerablemente por Leoncavallo.
Algunos prefieren la partitura de Pucclni, de esencia musical más delicada, tal vez de sentimiento melódico más patético, aunque en 00asiones lacrimosa,
y de estilo castigado, menos libre; nosotr1)s por nuestra parte le damos la preferencia á la de Leoncavallo; hay en ella más movimiento teatral, más variedad escénica y cualidades melódicas excepcionales
(aunque no siempre originales); la orquestación, si
bien algo brutal, es más sólida.
La pieza de Leoncavallo está manejada con mi\yor
habilidad, sobre todo, en los episodios cómicos. El segundo acto, es de uo efecto irresistible de alegría co,
muniLativa.

�Dcmlngo 5 de Noviembre de 1899

rior estaba sembrada de plantas de sombra, de rada está allí inmóvil, lívido el semblante! Y sfn
obscuro y húmedo follaje.
embargo, Villadiego no se había equivocado: un
Allí depositaron el cadáver, encendieron en tor- suspiro prolongado ha partido de aquel sitio: nin•
no de él multitud de braserillos con incienso, y gún ser viviente se descubre en el antro.
colocando á un lado búcaros llenos de agua
Se acerca al cadáver cubierto de frescas flocestos con variados alimentos, la que fué en vida res renovadas no ha muchas horas. Los ojos de
joven hermosa de expresivo semblante, inanima- la doncella están ligeramente entreabiertos: su
da y lívida se quedó sola en el fondo de la yá- cuerpo no está rígido. Le toma una mano y va á
llevarla á sus labios p .ra imprimir un beso ....
Cllta.
Pas11ron dos días: la noche había caído pesada ¡aquella mano oprime la suya]
y obscura: los ruidos fueron extinguiéndose, la
Villadiego quiere huir, pero el contacto se hace
población entera estaba sumergida en profundo más pronunciado, como si la doncella le suplica,ueft.o. Villadiego comprendía lo delicado de su se que no la dejara sola.
situación; era seg-uro que al llegar A Tzintzúntzan
Villadiego vacila entre el temor y la esperanza.
seria sacrificado: había notado el odio con que Mira el rostro de lll joven. Son tan correctas sus
Jos tarascos trataban á los mexicanos, y ningún facciones, tan suave su tez aterciopelada, que el
motivo tenía para creer que los espailoles no fue- · guerrero no puede contenerse y estampa un beso
ar&lt;iiente, prolongado y opresor en
aquellos labios de dulce morbidez!
Atzimba abre los ojos, contempla estática la faz del guerrero, exhala un nuevo suspiro, y, respirando awor, devuelve con usura aquel
sonoro beso. que le infundió el calor
de la vida.
Iba A amanecer: Atzimba, emplean•
do elidiomanahuatl que había aprendido en su infancia, dijo A Villadie•
go, seflalándole la yá1.1ata:
-Hasta la noche, amor mío. Aquí
te esperará tu Atzimta.

ATZIMBA(l)
Tenía Tzimtzicha una hermana menor llamada
Atzimba, joven de veinte aiios y de hermosura singular. Ultima hija de Siguangua, había
sid&lt;' el encanto y las delicias del anciano: los nobles la amaban por su belleza, las mujeres la distinguían por la modestia y dulzurl\ de su carácter, El mismo Tzimtzicha, egoísta é indolente,
babia concentrado en ella el único afecto tierno,
puro y sincero de su pecho.
Impresionable como toda mujer del:cada, 101
acontecimientos de la conquista la afectaban pro·
fundamente, sin darse cuenta del origen~de aquella impresión. ¿Era el amor de la patria, amor inconsciente y vago, que despertaba en su alma?
¿Era el temor á Jo desconocido?
Fuese cualquiera la causa del extraiio malestar, Atzimba cayó en una prcfunda melancolía y
sus deudos llegaron á temer por su vida.
Tzimtzicha convocó á los más hábiles xhuríquiecha del reino, y au opinión unánime fué que
la joven estaba enhechizada y que sería conveniente enviarla á las fuentes termales de Zinápecuaro, consagradas á la diosa Cuerápperi, para
limpiar su cuerpo de la tristeza; y para purificar
su alma, la doncella debía ser consagrada al culto, como la esposa inmaterial del sol.
El consejo fué aceptado, Atzimba, con una bri1lante comitiva, se 'dirigió á los floridos campos
de Queréndaro, y luego A las pintorescas campilias de Vo~ámeo y de Táimeo.
«Junto á este pueblo hay unas pefias, las que
tienen dos bocas, y de ellas salen dos brazos de
agua, el uno muy cálido y el otro frigidísimo, pero uniéndose los dos á corta distancia, la frialdad
del uno templa lo ardiente del otro, y entonces
aprovechan á la salud sus baflos.»
En estas deliciosas termas que en a:,uellos
tiempos estaban rodeadas de jardines y de bosques de flores aromáticas, la princesa permaneció algunos días. Después fué conducida á Zinápecuaro, y en medio de faustosas ceremonias, to·
mó el velo de la Hucháar-Nande, la jefe ó cabeza principal de las guanánchecha.
En aquel triste y solitario albergue iba A consumir Atzimba los afios de su vida.
Allí se la veía recorrer los verdes bosquecillos
que existían entre la casa de las vírgenes del sol
y el palacio, entonces desierto, de los reyes de
Michoac~n. Ignorante de lo que pasaba fuera de
aquel sagrado recinto, pero llena de curiosidad
por saberlo, cada día más bailaba su semblante
el tinte pálido de una letal melancolía. A veces
caía en un profundo abatimiento, á veces experimentaba contracciones musculares ó falta de sensibilidad. Los síntomas de una enfermedad desconocida traían cada día más alarmados á cuantos la rodeaban.

EL MUNDO.

Domingo 5 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO.

284

y

y eran de tanto aprecio en el país, como presen- cerrarlos en el palacio real en esta última poblates ó como rescates de oro; pero Villadiego par- ción, y dar parte de su prisión á Tzimtzicha par&amp;
tió y no volvió nunca á saberse de él ni de los que ordenase lo que le pareciera.
que lo acompaflaban,&gt;
*
Todos los historiadores de la conquistR nos di* *
cen lo mismo que acabamos de copiar. Extrafl.o
La mafl.ana estaba fría; el sol comenzaba á doen gra~ manera es, que jamá3 se haya tenido noticia alguna de Villadirgo ni de los naturales de rar la cima de los montes. Atzimba recorría porMéxico que lo acomp fl.aron en su expedición; milésima vez loe bosquecillos del palacio, cuando.
pero nosotros, refiriéndonos á una vaga tradi- repentinamente vió penetrar en el recinto á un.
ción, vamos á procurar saber el paradero de aquel gallardo mancebo ginete en un caballo blanco, y
soldado. Antes diremos que la Relación que nos -llevando en Ja mano la brill1mte espada toledana~
0

1

*
**

'

¿Qué pasa en el palacio? ¿Por
qué corre la gente en todas direcciones? ¿Eor qué se agitan espantados los sacerdotes del templo?
~
Las guanánchecha entonan cantos
de alegría y conducen en sus hombros, en andas cubiertas de flores, á la hermosaAtzimba que respira salud y felicidad.
Los habitantes se refieren unos á otros el prodigio de la resurrección de la princesa. El cacique del pueblo nombra mensajeros que vayan á.
Tzintzúntzan á contar al rey aquel sorprendente
milag.o, y en el momento de partir, Atzimba los
llama á su presencia y les ordena que de su par•
te digan á Tzimtzicha que venga á TzinApecuaro, porque tiene que hacerle importantes revelaciones que le interesan personalmente, lo mismo
que á su pueblo.
Cuatro días tarda el rey en venir. Cuatro noches de amores y deleites tejen la dulce pero frAgil tela de la felicidad de los amantes. Al fulgor
de la luna se les ve cruzar los bosquecillos im•
pr~gnados de aromas, perderse en lo más obscuro
de las sombras y reaparecer cuando el alba sonríe esperando la salida del sol.
¡Qué fugitivas pasan las horas de amor y de
delicias! Si se pudiese detener al tiempo! . . . .. .
!

__,;...

~•

Rodeábanle multitud!
de guerreros con los
arcos preparados.
Atzimba quedó inontemplando la aparición, Villadiego á su vez fijó sus ojos en los de la
princesa, y la mirada larga y ardiente de
aquellos dos seres, fué un manantial de
fuego para sus corazones. ·
Los soldados se apresuraron á introducir al espa:fl.ol al patio del palacio, y lo,
ha servido de guía en gran parte de este relato, encerraron en un calabozo.
menciona á uu espaflol que llegó á Taximaloyan
La princesa, de pie y extendido el brazo hael día 23 de Febrero (suponemos que de 1522), cia el Oriente, en cuya dirección estaba la pueren la fiesta de Purecoragua. Venía en un caballo ta del alcázar, quedó herida de una inmovilidad
blanco, estuvo dos días en aquella población y completa, como petrificada y conservando la actornóse á México.
titud que tenía al desaparecer el mancebo.
N adíe más que Villadiego puede haber si&lt;lo ese
Las guanánchecha que la servían no se atreespailol del caballo blanco; pero mientras que el vieron á interrumpir el éxtasis de Atzimba, la
cronista tarasco nos' dice que aquél tornó á Mé- contemplaron largo rato, mas al fin cayó en tiexico, los historiadores de Cortés afirman que no rra la joven, y una de aquéllas, llena de terror-,
exclamó:
volvió á tenerse noticia de su paradero. (2)
En efecto, Villadiego y su comitiva de nobles
-¡Nuestra madre está muerta!
***
mexicanos llegaron á T11ximaloyan durante las
Aquel grito fué oído en el palacio de las vírgeMientras que la princesa era víctima de tan ex- animadas fiestas en que los tarascos renovaban nes del sol, y pocos momentos después las gua tra:fl.a y peligrosa aituación, ¿qué pasaba en el anualmente los utensilios de su cocina, estrenan- nánchecha y los sacerdotes rodeaban el cadáver
teatro de la vida pública? ¿Los espafloles se ha• do molcajetes, metates y demás objetos.
de Atz"imoa.
bfan contentado con su conquista de México y liEl espaflol se dijo enviado de U erná n Cortés.
Los criados salieron en todas direcciones á dar
mitaban ya el furor de sus armas? Si así no era, El cacique del pueblo vaciló dos días, meditando la fatal D:oticia, y los nobles y gran parte del pue•
¿qué pensaba Tzimtzicha, el indolente, el sibari- si dejaría ó no pasará los mensajeros. Recientes blo acudieron á prestar sus auxilios.
ta rey de los tarascos? Los guerreros purépecha, estaban los acontecimientos de Tenochtitlán y
El cadáver fué conducido al gran salón en el
vagaban tristes y avergonzados por los campos aunque Tzimtzicha no se preocupaba de Ja su~r- palacio de las vírgenes del sol. Lo lavaron con
de la patria, sin arco y sin carcax.
te del imperio que le estaba encomendado, los agua impregnada de plantas aromáticas le pusieHernán Cortés, en su palacio de Coyohuacán, generales de su ejército ardían en deseos de me- ron ricas vestiduras, y colocá.ndolo en' finísima
se consagraba á la reedificación de México, á la dir sus armas con las de los espafl.oles. Por fin
estera, lo rodearon y lo cubrieron de rosas. Y
reorganización del gobierno y al _cuidado y fo- el seflor de la frontera michoacana tomó la reso:
¡cosa extraila! aquel cuerpo conservaba las pos~
mento de las arcas reales, sin dejar por eso de lución de aprehender en la noche á los extrar:jeturas que las gnaná.nchecha le imprimían para las,
tomar informes de los reinos lejanos, de la ri- ros y enviarlos secretamente á su rey. Si éste los operaciones indicadas. Por fin Atzimba quedó,
queza de sus tierras y de sus elementos de po- recibía como embajadores, se habría cumplido el
.
suavemente recl ma
en su lecho ' de flores, cruza•
blación.
objeto de la embajada; pero si el rey quería sa- dos los brazos y los ojos medio cerrados.
«Comenzaban á ser ya en estos días más preci- crificarlos, iban ya prisioneros, conducidos con
El sol hundía su frente en el Ocaso en esa hosas y halagüeflas las noticias sobre el gran reino toda reserva, A fin de que, juzgándolos extraviara de indecible misterio que los tar¡scos llaman
de Michoacán. Cortés, tenienno conocimiento de dos en los caminos, el general espa:fl.ol no tuviera
incháti?-o, cuando las vírgenes del sol condujeron.
ese reino por las conversaciones de los mexica- pretexto para intentar nada contra MichoacAn.
en hombroJ el cadáver de aquella que llamaban.
nos, envió,á un soldado ~~ellidado Villadiego, Al pueblo se le hizo entender que los mensajeros su madre.
que conoc1a y hablaba el 1d1oma de Jo,. mexica- habían regresado á México.
Tristísimos eran los cantares fúnebres que ennos, con objeto de que fuese á explorar las tieLos presos caminaron de noche; eran vigilados tonaban las doncellas. La concurrencia prorrum•
rras de Michoacán, dándole por compailía algu- eon mucho cuidado y llegaron á Zinápecnaro al
no11 naturale~ amigos y proveyéndole de objetos smanecer. Sus guardianes tenían la orden de en- pía en tiernos sollozos y en el templo taliían los.
sordvs caracoles.
de los que acostumbraban regalar los espailoles,
Había entre los floridos setos del parque red
una yácata nueva, cubierta en la parte exterior[lJ Oel libro Mlcboacán. Paisajes, tradiciones y leyendas del Lic
[2) De aqul trae origen el refrán de " Tomó las de Villadiego," apll•
~uardo Ruiz, publlca·10 en 1891.
·
caclo ti alguna perbona que desaparece siu razón ni motivo alguqo.
de verde césped y de flores, y la· gruta de, inte--.'"'"""--'..~

'
1

aen igualmente aborrecidos. Dos días había estado meditando el medio de evadirse y de regresar
A México. No podía comprar á sus guardianes,
porque en Taximaloyan lo habían despojAdo de
todos los cascabeles y espejos que traía para proporcionarse recursos. Podla romper la estacada
que amurallaba el recinto y huir en su caballo,
pero ¿A dónde? Ignoraba el camino, puesto que
lo había recorrido de noche, y además, le parecía
larga la distancia que lo separaba de México. Hu•
biera deseado consultar con los nobles mexicanos
que lo acompatiaban; pero todos estaban incomunicados y no sabía el lugar en que se hallaban.
Había otro inconveniente insuperable, el idioma
tarasco le era del todo desconocido y no podía
entenderse con nadie.
El valor de Villadiego no desmayó sin embargo. No podía fraguar ningún plan, pero ¿no pudiera presentárselo la casualidad? Así es que juzgó conveniente salir á todo trance de la prisión
A inspeccionar el terreno.
Por otra parte, no había separado de su memoria un sólo instante á la hermosa joven que había visto al entrar al palacio. ¡Si púdiera en~ontrarlal ¡Si ella correspondiese á. su amor! ¿Qué
le importaban entonces el martirio y la muerte?
Lejos de la patria, ausente de la mujer que le
había dado al ser, habría quien derramase una
lágrima al verlo morir, quien recogiese su cadá·
ver y le diese sepultura.
Apartando de su alma estos pensamientos, trató sólo de buscar una salida. En las puertas de la
prisión había centinelas, pero observó con alegría que en uno de los extremos del aposento se
abrían anchas cuarteaduras en la paretl, tal vez
A consecuencia de los últimos terremotos. Pudo
fAeilmente introducir la mano por una de ellas,
desprendió ain hcer ruido una piedra grande y
le fné fácil pasar por la abertura.
Una vez en el bosque, su primer pensamiento
fué, no buscar una salida, sino dirigirse al alto
edificio que veía enfrente. Se imaginaba que dentro de él estaría la joven de triste mirada y flexible talle que embargaba su corazón. Se acercó á
las paredes, halló una puerta y penetró por ella.
¡Reinaba un profundo silencio en los corredores
desiertos! Perdida esta esperanza, volvió á salir
al campo y se dirigió resueltamemte á la muralla.
Al pasar por la yá.cata: que él creyó una peque:fl.a
~olina, sus oídos escucharon un débil gemido, sa•
hendo del fondo del montículo. Dió vuelta al rededor, descubrió la entrada de la gruta y penetró en ella.
¡Qué ven sus ojos! La joven de la dulce mi-

'

::Jl#~.:'.,

*

* sacerdote de CueTzimtzicha llega. El *gran
rápperi ha ido á encontrarlo en el camino y le ha
hablado en secreto.

285
¡Qué adusto está el semblante del rey! Cuando
Atzimba se presenta á saludarlo, los ojos de
Tzimtzicha despiden rr.yos de cólera. Se domina
sin embargo, y á la vista de la numerosa ·cúncurrencia, sonríe á su hermana y oye atento de sus
labios las siguientes palabras:
-«Mi rey y seflor: Cuando después de muerta
era transportada á los cielos, una voz desconocida de un ser invisible me ordenó que regresase
á la tierra para exhortarte á que no hagas oposición á los hombres blancos que vienen á conquistar estos reinos. Su ley es la verdadera y la que
habrá de prevalecer: que en prueba de ello un
mancebo hermoso, con una luz en la mano, ha
venido por la parte del Oriente, llegando á estas
regiones á la hora de ]a salida del sol. Escúchalo, porque es el mer 1:1ajdro de la nueva ley »
Atzimba no era una mujer cínica que guisiera
sorprender al rey y cubrir su falta con un rasgo
de audacia. Creía, como todos, haber estado
muerta, y que por obra deun milagro había vuelto á la vida. El encuentro con Villadiego en la
gruta, durante el período cataléptico que había
suspendido su vitalidad. la hizo creer en el prodigio. Su muerte la había desligado de sus juramentos como esposa del sol. Una nueva vida, una
nueva religión la hacían libre y podía entregar
su pecho al hombre á quien amaba. Esto le h'lbía dicho la misma voz misteriosa que le había
ordenado hablar con el rey.
Tales fueron, en efecto, las palabras de Villadiego, cuando penetró á la gruta, en momentus
en que la princesa, antes de abrir los ojos, comenzaba A dar se:fl.ales de vida, ofuscado aún su
entendimiento. ¿Qué extrafl.o es que aquella voz
le hubiera parecido la de un numen celestial?
Y cuandv despué&amp; del prolongado beso recobró
su entendimiento, ningún obstáculo puso á dejarse bautizar con el agua que V1lládiego tomó de
un búcaro de plata. Atzimba creyó que esta era
la ceremonia nupcial entre los cristianos, y desde
aquel momento se tuvo por esposa del hermoso
mancebo.
Tzimtzicha oyó la relación de su hermana. Era
víctima de emociones que no podía ocultar, y mAs
de una lAgrima de rabia brotó de sus pupilas. El
pueblo pensó que su rey lloraba la pérdida de su
imperio y que palidP.cía _d e miedo.
Concluida la audiencia, el rey entró en Consejo con sus ministros, que eran entonces su hermano Tz·intzuni, conocido por los mexicanos con
el n_ombre de Huitzitzilj el príncipe Ecuángari,
capitán general de los ejércitos; el anciano Huémaxh, gran sacerdote de Tzintzúntzan, y el prín•
cipe Cuininángm·i, sobrino y secretario íntimo
del rey.
Puso éste en conocimiento de los consejeros
que el gran sacerdote de Tzinápecuaro había Qorprendido á Atzimba faltando á sus votos religiosos y que su cómplice era el extranjero que se
hallaba en prisión; el mismo sacerdote agregaba
que la princesa había muerto realmente y que el
extranjero la habla hecho resucitar, valido de
conj.iros hechos á su Dios.
Tzimtzicha, fanático y supersticioso, vacilaba
en el castigo que había de imponerse á la princesa. Sacrílega y perjura, debía ser enterrada
viva; mas su resurrección, obra de un patente
milagro, la ponía faera del alcance de la justicia
humana. Sobre este punto debía rolar la discusión. En cuanto á Villadiego y á los nobles mexicanos que lo acompailaban, debían ser sacrificados en el templo de la diosa Xharatanga.
Largo rato duró deliberando el Consejo. ¿Cuál
fué la resolución que acordó?

�Domingo 5 de Noviembre de 1899.

.mL MUNDO.

286

***
En la tarde de ese día emprendió el rey su regreso á Tzintzú tzan. La princesa Atzimba marchaba entre los viajeros. L'ls lágrimas surcaban
sus mPjillas y una intensa palidez velaba su semblante. Al mirarla el pueblo, creía que lloraba
por el cielo que había perdido, y que anhelaba
. franquear de nuevo la sagrad-\ puerta de las cuatro estrellas.
A los trds dfas de estos sucesos, los habital'tes
de T úntzúntzac se agrupaban en llls calles á ver
pasar unos embajadores que se decía habían venido ele México. De repente circuló la noticia de
que aquellos eran falsos mensajeros, pues que se
su¡)onían enviados del rey de México, cuando
eríl notorio que é;te había cesado de reinar.
Villadiego no marchaba entre la comitiv,i El
rev habfa dado orden de que no faese introduci•
do·, sino á las altas hora'! de la noche.
Se e ía en el templo el r-&gt;nco eón de l 1s caracoles congregando al pueblo, y sin embugo, no era
la época de ninguna fiesta, ni la hora acostumbrada de las oraciones.
La multitud ocupó el espacioso atrio que rodell ba al templo.
U nos sacerdotes conducen diez pri~ioneros,
suben las gradas del santuario, y, pocos momentos después, los corazones humeantes de !os compafieros de VilladiPgo son ofrecidos A la terrible
diosa, cuya efigie representa al astro apacible de
11.\ noche.

***
Cuatro horas hacía que e! sol había desaparecido en el horízonte. U na canoa tripulada por
diez rdmeros se desliza sobre la onda quieta de
la laguna. Los remeros son grandes personajes
de Tzintzúntzan que conducen á. Atzimba y á
Villadiego. I.os jóvenes se entregan á los transportes de la felicidad.
Desembarcaron los viajeros en un puerto escondido de las floridas playas de Carichero, sitio
veraniego de los reyes, por aquel entonces desierto y solitario.
Allí se pasa el día: los amantes ocuparon la
más lujosa cámara del palacio, desde cuyas ventanas contemplaban el lago, las piraguas que surc·1ban la superficie líquida, las aves que nadaban
ó se dejaban llevar por las delgadas olas, y aquel
cielo Bzul, tan limpio y tan sereno. Los guerreros vigilaban el recinto para que no hubiese
ojos indiscretos q ne revelaran el secreto ....
Llega la tarde y la comitiva continúa el camino. Los d.os jóvenes ocupan un cómodo y elegante palanquín.
Atzimba está. impaciente por llegar á los fértiles campos de Curíncuaro. en donde la brisa tibia y embalsamada de la Tierra Caliente será el
aire que respire su pecho. Allí los manantiales
&lt;!e cristalinas aguas murmuran dulcemente y
convidan con su frescura á tomar los deliciosos
bafios; allí cintilan vivamente las estrellas en la
prdundl.\ bóveda de la noche: los dulces cantare~, las horas de amor interminables, los rumores
dd bosque, la ansiada soledad ..... .
Los amantes creen que el cor11zón del rey se
ha enternecido. limitando su castigo á un destierro delicioso. Villadiego piensa ademas que se
le guarda como un rehén precioso, colmánaolo
de dicha y de riquezas.
La comitiva llega Bl amanecer á un alcAzar
arruinado en' los alrededores de Surúmucapio.
La nueva jornada de la noche va á terminar
en las escondidas sementeras de Píndero. Allí
los árboles de la tierra fría y los de 1 a Tierra
C11liente enlazan sus ramas. Los amantes pasan
el día á la sombra de un bosque impenetraole,
escuchando de tiempo en tiempo el rumor majes•
tuoso de la vecina catarata.
Los nobles de la escolta aument, n su vigilan•
cia para que ningún caminante extraviado pueda
burlar el secreto de la expedición.
A la caída de la tarde, Atzimba, nerviosa y
exigente, insta á los conductores A cootinuar el
viaje. Villadiego experimenta un vago temor y
no participa del entusiasmo de su amada. ¿Es
que ya se desvanece en su corazón la. ilusión satisfecha y no tiene para él e::cantos una vida de
amor en bosques solitarios, en vergeles floridos
y perfumados, pero siempre desiertos?
La comitiva emprende esa noche su viaje, m!s
temprano que de ordinario.
Ya entrada la noche, llega A la orilla de la ba-

rranca de Curíncuaro,
cuya sima se pierde
en espantosa profundidad. Las paredes están
aca11tilad11s. Ea el hon•
do lecho se oye el rumor confuso y vBgo de
un arroyuelo cuya corriente va chocando
en las pellas.
At:¿imbl\, aterrori •
zada, vuelve sus ojos
hacia los conductores,
La luna, que en esos
momentos asoma por
un claro de las espe•
sas nubes que cubren
el cielo, ilumina la faz
rle aquellos hombres,
f.iz pAlida,·hosca y te•
rrible que hitce estremecer á la princesa.
De repente los guerreros se dividen en
dos grupos. Uno de
elloR se apodera de Atzimba y el otro de Villadiego. Sin darles
tiempo de oronunciar
una palal;&gt;ra, atan á los
do'l amantes, los descuelgan con larguí~imos cables, y cuando
calculan que han lle•
gado á la mitad de la
altura de la barranca,
el jefe de los conductores esfuerzll su voz
y lee grita para ad ver•
tirles que existe allí
una gruta y les ordena
que penetre:i en ella.
.
Los amantes obedecen, y los conductores recogen los cables. Después bajan provisiones Je boca y d.os grandes tinajas lh,nas de agna.
Luego, todo queda en silencio. Apenas se oye
en el fondo de la barranca el vago rumor de las
aguas que ·chocan en las pellas.

Menos aún se explicaría ese viajero la existencia de dos esqueletos humanos en el fondo inaccesible del antro.
E::&gt;UARDO Rmz.

*

**

Han pasado mAs de tres siglos: el viajero que
atraviesa la barranca de Jicalan Viejo ve con admiración las tinajas que estAn en la entrada de
una grma, A la mitad de las paredes acantiladas
de aquella profunda sima, y no puede explicarse
cómo pudieron ser allí colocadas.

TRES SONETOS.
A.i'ío VI-Tomo II
Faro de los abismos, alba pura
De un saoto amanecer, que en alto brillas,
Luz de las almas buenas y sencillas
A quienes sed de inmensidad apura;
Por tí, en el seno de la noche obscura,
Triunfos canto, y espero de rodillas
La explosión de sonadas maravillas
En los hondos arcanos de la altura.
MI fuerza es el amor, afán sagrado,
Mis alas son las ansias del deseo
Y mi suspiro un himno á lo lgnoradú;
Y en pos de un sol que siento, aunque no veo,
Ante el Misterio angm,to prosternado,
Beso el humilde suelo, adoro y creo.

Guadalajara.

*

Casta paloma: ¿á dónde has Ido
El ala nívea á desplegar? . ...
¡Cuánto tu ausencia hemos sentido!
¡Cuán solo y triste quedó el nido,
El pobre nido del hogart

,...,

',

JOSE LOPEZ PCR'IILLO Y ROJA~.

Has emi~rado á otras reglones,
Tendiste el vuelo á otro verjel
Donde florecen ilusiones
-Urnas dt! aromas y de miel.-

*

de Noviembre de 1899.

&lt;JA.RIDA.D.
De mi vida, Seflor, turba el encanto
Del mendigo la trágica agonfa,
Y del sollozo amargo la elegía
En mis pálidos labios mata el canto.
De todos los que sufren, el quebranto
Es la sombra que nubla mi alegrfa;
¡En el fondo de amor del alma mía
Infinita piedad Lay para el llanto!
Señor, concede somtlra al peregrino,
Amparo al niño sin hogar ni madre
Y paz á todo aquel que sufre angustia;
¡Más si llorar es su fatal destino,
Cuando retornen á tu seno, oh Padre,
Corona de astros su cabeza mustia!

¡Un premat.uro triste invierno
Con soplo helado te arrancó
Del tembloroso tallo tierno,
Y desde entonces un eternn
Dolor inmenso mP. embargó!

En él todo habla con tristeza:
La fuente, el pájaro y la flor ....
A veces ¡ayl Naturaleza
Nos acompaña en el dolor!

12

ESPERANZA.
No hubo desdicha ni pasión bastarda
Que no me hlliesen con su dardo impfo:
Desengal1o, dolor, d.:sdén y hastío
La fo:ra abrieron que mis sueiios guarda.
La paz que tanto en sonrelrme tarda,
Es el laurel que fatigado am,fo,
Como la tierra que abrasó el estío
Frescor de lluvia con afán aguarda.
¡Perecer es triunfar! La tumba es puerta
Al infinito y á la luz abierta
En este mundo de baldón y escoria.
:Venid, penas y abrojos de la vida,
De pie os ag1·ardo con la frente erguida,
Porque el dolor es padre de la gloria!

¡Oh encantadora peqnemta,
Gardenia pálida en botón,
Desde que ví tu faz marchita
Qué hondo solloza el corazón!

1

México, Domingo

FE.

Su clara luz t rocóse en sombra,
Su estancia en urna sepulcral;
Si en su rectrito algu!en t,e nombra,
Cobarde espántasP. y aeombra
Oyendo el eco funenl.

*
Y 1cómo crece mi martirio
Y hace extinguir mi juventud,
Ver en la mPsa el blanco cirio
Que ardiera junto al ataudl

¡

1

Mirar las ro11as todavía
Y aliá, en la alcoba obscura y fi fa,
La blanda cuna ya vacía
Abandonada en un r 1ncón.

*
¡Gol ;,e cruel! ¿ Por qué, Dios mí 1,
Tu mano así nos castigó?
,¡Qué prematuro invierno frío
~el verde tallo la arrancó?
¡Oh pequeñita, alzaste el vuelo!
¡Cuánto be sufrido y sufrlrts!
Y pues feliz subiste al cielo,
En mi profundo desconsuelo
Pronto quizá te seguiré ....
JUAN B. DELGA.DO,

UN BUEN FUMADOR.
Cuadro de A. Schoeder,

Número

.20

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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