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                  <text>EL MUNDO,

298

Domingo 12 de Noviembre de 1899

z_

A flo VI-Tomo 11

México, Domingo x9 de Noviembre de

T~Q9•

Número

21

a

Tres noch~s recorriendo las laderas
Penumbrosas, selváticos follajes
Con greiludas malezas que se erizan
Como crines de bestias espantables.
Tres noches comumidas en ardiente
Ojeo, escudriilando matorrales,
J&lt;~n alto las orejas Janceoladés
Erec.as, como dos índices graves
Que seiialan la sombra. Las pupilas
Brillaotes con los brillos del esmalte,
Y los lomos hirsutos y la fiebre,
La fiebre araiendo llamas en las fauces.
Así los lobos van por la ladera
Con fatigas y angustia&amp; en la carne,
Fundiéndose en 111. sombra como manchas,
Y desgarrando aullidos: ¡tienen hambre!

***

El torno, el grande horror de lo lejano,
De lo que nunca llega; el innsondable

MI REINA DE LA FIESTA
Ultim~ po~s:a p~emiada en los Juegos florales de Cartagena.

Verás .... ¡ Yo soy Jo mismo
que aquel romero triste dd alto de la sierra ....
que aquel romero triste de pálidos verdores
y de áspera corteza
que, dci;medrado y viejo,
da flores t1.,cla. vfa, se viste en pr1 rna vera
y todavía ofrecn su néctar delicado,
que l;&gt;Uscan fas abe~asl
. . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. .. . . . . ..
Qué! ¿quieres que haga versos?
¡Pues he de hacerte versos, y tantos como quieras!
Yo romperé mi lanza
.
luchando en el torneo brillante de la'l letras,
y venceré en la lucha para 'l ue tú sonrías ....
¡ para que tú lo veas!
Tú me verás intrépido: para lograr el triunfo
he de agotar mis fuerzas ... ·.
Tú me verás magnánimo tirar todo un tesoro:
1el escondido y san Lo tesoro de mis penas! ... . . .
Me voy haciendo viejo
como el romero triste del alto de la sierra;
¡pero aún me quedan flores y néctar delicado
que dar á las abejas!

..

..

.... ............................ . ..............

Yo lucharé, aunque sufra sangrando por la herida
que tengo en Jo profundo del corazón abierta ....
mas quédese en secreto, si alcanzo la victoria,
y aquél y tú, Sátedlo, sin que otro más lo sepa:
Yo quiero, si es que triunfo, que seas elegida
la reina de la fiesta, ·
y quiero que te elija, cii'iéndose triunfante
wis lauros ae poeta,
el mozo aquel que adoras,
aquel que en tus ensueños con tus amores reina.

.. . . . . . . . . ........ . .. ....... . ................. .
'

Cel llbr-o "Ce el C o l or,

Mar de tiniPblas y olas, y el desierto,
El desierto de tantas soledades.
El frágil bote cabalgando á tumbos,
Cabalg-ando en las olas espumantes.
A tumbos que son vértigos, crugiendo,
Crugiendo á cada golpe y sin velamen,
Abajo en E:l abismo, hondo murmullo;
Arriba en el abismo, quietud grave,
Y el bote como una ánfora de angustias
Perdido entre las dos inmensidades.
Los nAufragos se ven, se ven con odio;
La aflicción arde en todos los semhlantes
Como una llama verde, verde y pálida,
-Blandón sobre el altar de los desastres.y rechinan los dientes y blasfeman,
Y maldicen al cielo imperturbable,

¿Que esto es un sacrificio?
¿Que acaso no me faltan amores que merezcan
de mi glorioso triunfo
la delicada ofrenda?
Verdad que no me faltan amores, que en amorei,
,:.:ifré mi vida entera;
pero los tengo lejos ....
1Tan lejos, que no aguardo que ya á mi lado vuelvan!. ..
se fueron una tarde de otoño en que las hojas
se desprendían se;as ....
se fueron una tarde con sus azules ojos,
con sus miradas tristes, con sus sonrisas tiernas! ....
Se fueron y no vuelvei: ....
Ha tiempo que me espera
la nii'ia encantadora de los azules ojos,
de las miradas dulces, de las sonrlsas tiernas ... .
Ha tiempo que me aguarda... durmieudo eternamente
debajo de unas flores, mi reina de la fiesta!
VICENTE MEDINA.

Cartagena (España), Junio de 1899.

RIMA~ ..

l

Al negro cielo, indiferente, mudo,
Y se asechan con odio: tienen hambre!

1
t

*

* *

El harapo es dolor, dolor mas triste
Porque cruza el asfalto de las calles
Como 11\grima triste de la inopia;
Porque exhibe sus llagas y es cobarde.
El fausto de los próceres lo humilla,
Y humilde se resigna, herir no sabe,
Ni convertirse en rebelión, en ira,
En épica bandera de combate.
El harapo es ml\s triste porque ca.Ha,
Los lobos aullan con dolor salvaje;
Los náufragos maldicen, y blasfeman;
Los harapos se arrastran: tienen hambre!

M. LARRAÑAGA PORTUGAL .

II
.... Ya ves cuánto gozaste: sonreía
Tu boca angelical!
Platícame, paloma, los ensueños
Que te hicieron rdr y no llorar!

*
. ... Ya ves como la noche no es temible
Pues convida á soñar,
Y lo que juzgas ilusión, despierta,
8oiiando se convierte en realidad.

HI
¡Levántate. paloma! el sol que explende
Te devuelve la paz;
Ya no exist,e la noche que temías ....
¡Bajo el auspicio de la luz estásl

*
Compara el Sol radiante con la noche,
¿Qué te deleita más:
Esa estrella que borra los ensuei'íos,
O la noche que brinda el ideal .... ?

IV
A****

I
Es la noche: paloma, ¿por qué temes
Su densa obscuridad?
¡Aquiétate, la sombra se disipa
Como pasa con todo lo fugaz!

*

Duerme tranquila, velaré tu sueño
Que narlie turbará,
Hasta que el rayo de la luz hermosa
Te venga con su be50 á despertar.

.... Goza, paloma.! cifro mi contento
En mirarte gozar;
1Adoro el día porque no le ternes
Y te devueJ ve la per.iida paz!

*
... Lang-uideces?.. comprendo lo que sufres,
Tu pena calmará:
¡Próxima está la noche, no le temas .... 1
Otra vez con loi sueños vol verá .... 1
RICARDO

Som.

&lt;j/llmo. (l!Íz. :i)r. :i)on &amp;antiac90 Je la {jawv g'ambzano,
NOMB&amp;ADO ARZOBISPO DE MONTERREY,

'
/

I

Fot de Mora.

�Domingo 19 de No"._iembre de 1899.

EL MUNDO.

296

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

.... «Manon era una criatura extraordinaria. Jamás tuvo al oro el menor ape~o, pero no podfa gozar un momento de tranquilidad con el temor de carecer de él. Necesitaba placer y distracción. En estando divertida todo le era indi,erente; ni siquiera se
informaba de nuestro estado económico con que pudie"a pasar agradablemente el día. Nada, pues más
fácil que com?lacerla, improvisando todos los días
diversiones á su gusto. Sin este estímulo, no había
que contar con ella para nada. Aunque me amaba
con ternura, y según su propia confesión, era yo el
único capaz de hacerle exp,rimentar el a:::ior, podía
estar seguro de que su cariño no triunfaría de ciertas inquietudes.&gt;
He aquí una alma femenina del siglo XVJII que
hizo de la novelilla del abate Prevost, una obra inmortal. Las escenas, un poco picantes, de esta historieta, las aventuras jocoserias de rufianes y perdidos,
la narración exacta y sencilla de un amor ardiente á
través de peripecias innobles, la confidencia de una
alma enamorada y viciosa, dan á este viejo libro un
tentador y piadoso atractivo que va aumentando página á página, y complicándose de ternura y miseri.
cordia. hasta estallar en un grito de d&lt;1lor humano en
las últimas líneas rebosantes de amarga é infinita
triste1.a. Ese cuenLo juvenil y picar1::sco, q•Je parece
una canción acompañada con ruido de espadas, cho•
car de vasos y estallidos de ósculos, termina con un
petético lamento que seme¡a un canto litúrgico harmonizado por las voces graves y roncas del órgano. Al
principio, huelen las hojas á flores de primavera; lue.
go á esencia de tocador, á exquisitas fragancias, á
perfumes de salón, y después, por el campo desolado
en que agoniza. una coqueta. cansada de vivir, pasa
una ráfaga de incienso.
Massenet puso en música las mundanas baza!'ias de
esta locuela deliciosa que, asomándose á ca.da paso
por la puerta del ensueño, sonríe á todos los muchachos de veinte años.
y es un encanto la obra de Massenet, porque en
verdad que ha seguido las carreras y semi vuelos ele
esta alondra inquieta que salta de rama en rama, sacudiéndose el rocío del plumaje, por el viejo árbol oe
la vida.
La música de Massenet, esencialmente delicada y
tierna, posee. quizá como ninguna, la característica
del espíritu francés: la gracia. Es de una maravillosa elegancia y de una admirable flexibilidad. El maestro francés ba hecho en Manon alta psicclogía musical. Aquella frívola y sensual, vana, y apasionada.,
enamorada del placer efímero, impaciente, generosa,
cruel ávida de ternura y deseos, que apuraba el goce
de u~ sorbo, y presentando al desr,ino su copa vacía,
pedía más, síemp1e más, en una insensata y voluptuosa embriaguez; aquella casquivana que cambiaba
besos por monedas, y que imploraba de su amante
oro y amor, está dibujada por Massenet, en una mústca fina y suave, que tiene toda la_emocionante elocuencia de ese sutil y divino arte de las notas. Massenet ha escrito con lágrimas, y rimado con r isas y
suspirns sus aladas y cristalinas melodías.
No, maestro Campa, ya lo sé; no hemos oído á Ma·
non pero siquiera la hemos soi'íado.
1y la fantasía hace tantas cosas bellas y luminosas
de las toscas y obscuras realidades!

*
* *

amor está el alma de esta tísica que cruza toslend o
á travéi. de nuestras locuras juveniles, y que en el silencio de la noche, bajo las cortinas del lecho, de vuelta de nuestras aventuras y amorfos, nos hace ñerramar sobre el libro a.;ierto una lágrima de pena, y
atraviesa, ennoblecida, por entre los recuerdos de la
orgía y los deseos torpes!
Dentro de la alcoba de tapices obscuros, perfumada
y tibia, hemos bailado á Sn.focon su desnudez envuelta en luz; con su globo de insolente claridad de alum brado público, esperando en la acera al tr11nseunte
ebrio, tropezamos con Naná; posible es que en nuestras correrías de trasnoctladnres empederuidos hayamos visto cómo la risueña .Manón abre los brazos á
D&lt;lS Grleux.
•
A la pálida enfe1 ma, á la triste Margarita., á esa no
la hemos visto porque se encuentra en el límite' preci~o en que acaba la existencia real y c0mienza. la vida de la poesía.
Marga.rita es humana; es de la carne de que somo~,
sólo que se iergue más ante nuestras miserias, está
más alta, y no 1mele darnos la mano en los bacanales
vulgares.
La Vt:tusta ópera de Verdino~ produce fastidio;
sólo el innegable talento de la Pa.dovani logra, por
un milagro, hacernos escuchar esta música aburridora.
Y sí que nos conmueve en el final, cuando la muerte llega á apagar la llama de la dicha sobre el marchito semblante de Violeta. Ella se pone en pie, recibe, con sonrisa de inefable gozo, el soplo frlo, porque
cree que es el aliento de un ángel, la ráfaga de uua.
primavera, el saludo ce la vida nueva, é inclina la
fre nte hermosa y soñadora, basta el hombro del ena•
morado, que estrecha el CU&lt;:lrpo enflaquecido-el pretexto para que una alma quede aún sobre fa tierra,
como dijo el poeta. -Después .... al abrir los brazos
AlfredJ, la pobre tísica cae blandamente, sencillamente, como caen las ves:iiduras que se desciñen . .

"* *

Hago un esfuerzo de memoria y veo al segundo
representante de la dinastía de la zarzuela.-El primero, Ramsés el Grande. fué Don José Cleofas Moreno, y genitor, (en sentido figu rado, se entiende) de
la actual familia reinante.
Eran los buenos tiempos del teatro ¡oh buenos
tiempos!
Todavía cuando paso frente al Teatro Nacional,
paréceme ver la sombra de PasLor errante y desconsolada, como la de César en ios campos &lt;:le F illpo.
El Currillo Pastor era bajo de cuerpo, vestía casi
siempre de negro, y correctamente, como si á diario
estuviese dispuesto á ejercer funciones diplomáticas.
Un rojo clavel decora.ha. á continuo su solapa.
Recargado en una de las columnas del pórtico, ,e.
partía saludos y sonrisas con un aire de satisfacción
burguesa de lo más simpático y expresivo. Eo su cara afeita.da, iluminada por no se qné resplandor de
alegría, brillaban dos ojillos vivaces con una chispa
de carbunclo en el fondo de las pupila,;.
Por aquel entonces la zarzuela no se encanallaba
aún y el público aplaudía los inocentes retruécanos
de «Las dos Princesas,&gt; los discreteas y sutilezas del
«Estudiante de Salamanca&gt; y los diálogos color de
ro&amp;a de las operetas de Suppée y de Lecocq. «El PStudiante Polaco&gt; fué el clau de la temporada. El público se divertía con las aniruadas y vistosas escenas
de estas comedias líricas cuya música reía con la
franca y sonora risa de un regocijo sano.
Abara recuerdo aquellas épocas felices, en que la
zarzuela conservaba cierto viso de cultura, cierto disfraz de buen tono y elegancia, cierto respeto, siquiera fuese fiogido, á la decencia.
Aquel era el bajo imperio del sprit, pero aun su
Majestad !a Gracia, no se disfrazaba de chula para
b1ilar, entre alusiones de callejuela, la da01.a del
vientre.
Poco á poco el mal gusto fué adueñándose del público. Se respiraba en la atmósfera como un miasma.
Acabó por asfixiar un pobre arte anémico y desfalleciente.
Y un teatro licencioso y brutal se adueñó de los
escenarios bajo las reglas de una estética encanallada y de una plástica degenerada y torpe.
Hoy parece que, como reacc:ón, un gesto de asco
y repugnancia frunce las alegres má:,caras de la comedia.
¡Oh, si fuese cierto que el público está dispuesto á
abandonar el chiste obsceno y las desnudeces groseras de la tanda!

.A.delina Padovani, la suprema cantante, ha interpretado Tra1Jiata. El talento de esta artista es un
taumaturgo: resucita á los muertos.
«Traviata&gt; ya está envejecida, manoseada, vulgar.
Llora en los tubos chillones de los organillos de Berbería y se encanalla en las vihuelas.
¿Por qué se nos presenta Ja rugosa quintañona,
que nos sirvió de aya, vestida de fantasía y con pre. tensiones y coqueteos de joven galante? Ah! lo com.
prendo. El grupo de delicados la desdeña, pero vulgar y vieja, Lada via se siente amada de las multitudes admira álos libertinos Ignorantes y humedece
los ~jos de las inocentes señoritas. ¿Por qué? Por la
pai,ión. Por lo miRmo que Massenet se hace aplaudir
*
**
de los esco"idos. Y la pasión está, no en la mflsica
El Cómico comenzó á publicar el cuento más lindo
impetuosa,ºpero monótona y desmafiada, sino en el
drama, en esa Margarita Gautbíer de baile de Carna. de 10s que se hayan escrito en espaflol: «El sombrero
val, en esa Violeta que conserva, no obstante lo tosco de tres picos.&gt; Es un grano de sal andaluza que visto
de pronto parece un diamante. ¡ De tal suerte en él
de la caricatura, algunos rasgos del original.
Este tipo ba teni&lt;lo la fortuna, según la frase de juega y se descompone la luz!
Nada más encantador é intencionado que esta doun crítico francés, Je mostrar por primera vez en el
teatro, el mundo sombrío de las muchachas de vida nosa burla que pinta á la Meissonier, con pinceles
lib~e y de los jovenes ' que arrojan sus corazones al mojados en los verdes patios de Sevilla ó en los crepúsarroyo. «En el fondo de toda mujer-decían los Gon- culos del claro cielo de Granada, los cuadros más deC"ourt-bay algo de febril, de estremecedor, de sen- liciosos de la Espa!'ia de principios del siglo ....
sitivo, y de herido.&gt;
LUIS G. URBINA,
¡ y qué profuudamente herida, qué trémula de

.l)Ollllngo 19 de Noviembre de 1899.
-texto del asesinato de unos misioneros, católicos
r· más senas, envía unos cuantos buques de guerra
Amarillo, pone solemnemente á su propio ber0 al trente de la escuadra y ocupa casi á la endel golfo de Petchlli la,bahíade Kiao-Tcheu, es
decir, el predominio sobre la cuenc~ carbonífera del
Wel-hO,
Este golpe maestro cambió la situa~lón; he aquí
cómo se encuentra, hoy que los telegramas nos hablan
de una alianza entre Inglaterra, los Estados Unidos
el Japón. Bien sabéis, lectores, que en la inmensa
~osula terminal de la China geográfica al S., los
franceses poseen la Cocbinchtna Cambodge, Annam,
oomo tutor&amp;, y como duei1os el Tonkln, pegado á la
trontera china, y que Inglaterra posee ó manda en
todo el resto de la península, en el reino de Siam, en
Jalarguíslma.subpenínsula de Malacca y en Blrmania;
JIO 800 muy ricas las regiones cb.inas cvnfinantes con
eataa comarcas inglesas y francesas, pero cada una
de las dos naciones europeas quiere atraer á sr estera de influencia el Yunnan; los ingleses llevan la
,eotaja. Subienjo bacía el N. por el litoral del imperio ee1este nos encontramos arriba del ext:-emo sur
que Francia. ocupa, á Hong-Kong; de este puerto insular en las bocas del Si-Kiang ba hecho Inglaterra
un puerto mercantil y militar de primer orden que
comprende, puede decirse, á Cantón bajo su gobierno y que por medio de nuevas concesione~ en islas y
)lk,rales vecinos va á constituir un centro de fuerza
que tendrá pocos rivales en el mundo. Subiendo,
trente á la Isla Formosa de que es dueflo el Japón,
el litoral puede considerarse japonés también: y entramos An el mar de Cnina propiamente dicho; aquí
todo eii de los celestes, en apariencia, en realidad todo ello está entre los labios y pronto en el estómago
togléil. Por medio de un t1atado celebra.do con el
Tllong-Li-Ya.men eo 9t! Inglaterra SE' coloca en una
admirable posición; he aquí un rápido resumen del
dor.umento diplomátic'J: todos los ríos chinos quedan
abiertos á todos los b11ques de todas las naciones (esto es lo que se llama la política i1e la puerta franca) ;
00 se dará por ningún moti va á ninguna potencia, en
propiedad ó a.rrendamie~to, porción ~lnguna de ,la
cuenca del Yavg- Tsé-K1ang; a.hora bien, este no,
uno de los mayores de la tierra, riega las más fértiles
comarcas del imperio y las más pobladas (l!SO millones de habitantes), y esa neutralización, como dicen
loa ingleses, quiere dee:ír que se dejaá ellos dominarla de hecho, porque su marina y su industria mara'111011&amp;mente preparadas para esa difusión, llenan ya
el río, imperan en su tráfico, mandan en sus mcrcadoa y explotan sus riquezas.
Por eso defienden los ingleses á todo trance la po•
Htlca de la libertad de comercio ó de la puerta franca, contra la de las esferas i1e influencia, es decir, contra los privilegios mercantiles concedidos en determinada región á determinadc1. potencia; saben que la
puerta abierta hará, por n:i_ucho tiempo, caer á todas
1aa evmarcas del imperio bajo su esfera de influencia
marítima é industrial: tienen el dinero, tienen las
iúquinas, tienen los buques. Y nadie se hace iluBlones, el tratado á que a.ludimos, que termina con
la cláusula eo que se deja la inspección de las aduanas (ministerio de hacienda en China) en manos de
uo funcionario inglés, ba hecho caer bajo el dominio
de Su Graciosa Magestad, todo el centro del imperio
celeste. Slguien fo nuestro camino hacia el Septentrión y pasada la costa que se han apropiado los alemanes, entramos en el golfo de Petcb.ili, es decir, en
el vestlbulo de Peking, cuya entrada vigilan al N.
Puerto-Arturo y al l::i. la rada enorme de Wei-baWei, en sendas lenguas peninsulares. Al tratado de
neutralización del Yaog-Tsé-Kiang, respondió Rusia
con la toma de Puerto-Arturo y de otro cercano, con
la concesión de un ferrocar!il que unies~ su nueva
adquisición con el ferrocarril transiberiano y el permiso de fortificarse á su gusto. ¡Tableaul Los inglellell gritaron, idem los japoneses. ¡Puerto-Arturo;
10 conquista; su gloria, en poder de los rusos! Inglaterra calló repentinamente; había tomado posesión
de Wei-ha-Wei, en la punta que se hace frente á
Pnerto-Arturo. ¿ Y el Japón.? La Rusia lo había
contentado con un tratado de garantías sobre la independencia de Corea . .. . 1 Y allí veis cómo se han
di,tdido lo no-suvo las potencias que tienen grandes
ejércitos ó grandes acorazados. Es muy curiosa la
h!atoria de este siglo que nació proclamando todos
108 derechos y acaba violándolos todos. En fin, así es.
Por supuesto que esas adquisiciones son temporales, por veinticinco afias, por noventa y nueve: ¡cuando se venzan e.c;tos plazos veréis cómo se _apresuran á
devolver sus presas las naciones civilizadas! Entonces dirán los periódicos: ¡cómo devolver! Allí está
noestro trabajo en forma de docks, de ferrocarriles,
de fábricas, de minas; allí está la sangre (si ha babido algún choque cruento entre los concesionarios)
alll las t umbas de nuestros hermanos .... ¡Oh! no,
81 el Tsung-li-Yamen no renueva nuestras concesiones, nos quedaremos con ella.~. Apuesto áque dentro
de noventa y nueve años esto sucede: tendré cuidado,
amables lectores, de recordároslo aquí mismo.
lndtil es decir que cada uno de estos fragmentos
de litoral, arrancados á la corona del Hijo del Cielo,
e'! U!l!l hchada oue cubre un buen terreno de fondo;
este fondo se lla::ia, en ien¡;; -¡a;ie de can:mería, wna·

lT~ar

:=a
1.-LA

CHINA Y SUS COMENSALES.
2.-EL FIN DEL lllll.NDO.

La China, el célebre Ca.tay, para un estudiante deartes en la Universidad ó San Ildefooso de México,
en el siglo X VII, era un pa.fs maravilloso y deforme,
una muralla intioita que subía por las montañas, bajaba á Jo,_ valles y cruzaba los ríos; dentro de esa muralla un país de porcelana, de 8eda y de laca, de todos los colores v de todos los oros; unos templos á.
galsa de ti bares altfs.mos cuajados de esm':llte fino,
unos tibores pequeños que andaban con parasoles.
orlados de cascabeles y que se llamaban mandarines, unas mujeres de ojillos vi vos, que parecían..
ir de las sienes á la punta de la nariz, y que sepasaban la vida sentadas porque los atrofiados pies
no les permitían moverse; unos pájaros que pare.
dan serpientes, unas serpientes que parecían .pájaros, en fin, una China de mantón de Manila y de SO•
brPcama bordada en Cantón ; en suma, la China de la.
Nao, la que atestaba ite sedas las cómodas de nuestras bisabuelas, con gran enojo de los alcaiceros de
Sevilla y de Granada. Setecientas cincuenta y cuatro
veces más sabe boy de China mi buen amigo el profesor Miguel Schultz, y sabe poco todavía, de estepa.is er.orme de trescientos ó cuatrocientos millones
de amarillo~, hasta hace poco entreabierto apenas al
comercio inglés y violado y abierto de par en par por·
los amarillos del Japón que hicieron la olla gorda á
los europP.os, en el tratado de Simonosaki en 1895.
Una g igantesca panza remojada en el grande océ'I•
no cuya curva comienza en el paralelo de New York.
y acaba en los de Yucatáo, esa es la China vista por
la fachada, llena toda de puertas en las desemboca.duras fluviales ó en las vueltas y revueltas del litoral, desde el golfo de Petcbllí al N. basta el del Ton-.
kin al S ; apoyada la espalda en las petrificadas olas.
del levantamiento orográfico del. Tibet. Aquella región es un mundo que se basta á sí mismo, tiene todos los climas, todas las producciones, todos los aspectos y en sus mesetas y sus valles y las cuencas de•
sus espléndidos ríos, junto con la morera de la seda,
y el algodón, y el arroz y el té, se produce con abundancia extraordinaria. la planta hombre; son repues•
t fsimas allí las sementeras humanas: cuatrocientos.
millones de indi viduos ¡qué tentación para convertir•
los en con&amp;umidores de las industrias europea.si Ha
de tener uo sabor particularísimo la lectura. de ese
libro formidablemente moral y pornográfico tiue llama Zola «Fe&lt;Xmdité,&gt; en medio del infinito pulular de
los chinos en China, 1qué fecundidad la de aquel
vientre continental!

*

* 4imperio asiático la fron•
Ru~ia que limita oon su
tera septentrional de Cb.ina y se asoma al mar del
Japón por la vent ana de biela de Vladivostok, en
donde termina el ferrocarril transiberiano, Rusia no.
vió con ojos tiernos la brutal preponderancia que el
vencedor japonés quería imponer á la pobre vieja caduca que había tendid0 magullada á sus pies. Recordó lo que le habían hecho los alemanes en el congreso de Berlín, c.:.on su tratado de St. Estefano, y·
convocando en su ayuda á las avideces europeas modificó de tal modo lo convenido entre Cnina y ,m vencedor, que re:,ultó que la guerra turco -japonesa había sido hecha en favor de Europa. Inglaterra no
tomó parte en estos arreglos; ella los hizo por su
cuenta y r:esgo con el gabierno chino, el Tsung-liYamen. Su primer cuidado, su primer empefio fué
explotar el rencor de los japoneses contra los rusos;
los rusos eran los protectores del celeste imperio, la
Corra que avanza su elegante masa peninsul~r entre,
el mar del Jap6n y el mar .Amarillo, era el territorio
que Rusia y el Japón se disputaban y en donde los
conflictos iban á nacerá cada instante; manifiesta•
mente el ministro Li- Hung- Hang era un aliado de
Rusia; los franceses, que algo habían obtenido al Sur
del imperio, eran aliados de los rusos; todo esto decían los ingleses al oído del Mikado para excitar su,
deseo de rf:stablecer de golpe el derecho de ser el
primero en el reparto chino, derecho gloriosamente·
adquirido en P ing- Yang. Si en esos momentos (mediados de 97) el Japón declara la guerra á Rusia, la
habría encontrado muy mal preparada.-«Bien, de•
cían los japoneses á lnglaterra, nos aliaremos.&gt;-·
«No, cootestaba esta señora, no bay precisamente
necesidad de esto.&gt;
Claro que no había necesidad, como que en dos me••
ses pueden los rusos mover, gracias á sus nuevos ferrocarriles, cien mil hombres sobre la frontera de la
India; y no bay fidelidad de los mjahs que valga ante·
un: «sois libres,&gt; y no hay poder suficiente en Inglaterra para ~eprimir una sublevación índica apoyad~ por
cien mil rusos. Por eso no hubo alianza anglo-Japo•
nesa. Y mientras andaban en cuchicheos el marqués.
Ita y Lord Salisbury, se levanta el Emperador Gui·
n~rmo resuelto á dar -..:na gran campanaia, y c.:n el

297

EL MUNDO.
i1e penetrad,6n, y es indefinida como la e.ojera i1e influencia que, en suma, es lo mismo.
Mas la penetración no es sólo en esta forma; tam-

bién lo es en forma de influencia en la corte imperial;
y ya se recuerda que de intrigas en Pekin. Los rusos apoyan el sistema de lenta iniciación de China en
la civilización europea.; Li Hung-Hang, era el jefe de
este partido; mas se sobrepuso el partido del progreso rápido, el de los japoneses, empujados por los ingleses y por poco obtienen una verdadera revolución,
si no hubiese intervenido á tiempo la emperatriz-mactre y Li-Hung-Hang, hoy el hombre más rico y más
astuto del mundo, no hubiese vuelto al consejo imperial.-¿Qué ha pasado después? ¡Oh! tantas cosas!
Hoy los ja¡:,oneses parecen encargados de administrar
el imperio; ellos van á hacer muchas obras, ferrocarriles, puertos, ;,qué se yo? Van á salvar el imperio·
Allá veredes, dijo el otro.
Otra cosa que ha pasado es la toma de posesión, no
sin protestas, de las Filipinas por los americanos.
Este elemento repentino y tormida.blP. cambiará todas las combinaciones de los convidados al banquete
chino (convidados de sí mismos que son los más glotones). ¿Será cierto lo que nos dicen los coblegramas
snbre alianzas anglo-americo-japonesasY ¿Cuál es el
objeto posible de esas alianzas? ¿ Arrojar á los rusos
de sus posesiones en Cbina1 ,Ballenas contra elefantes?
Si el Japón que, natuulmente, se opone á todo lo
que en C0rea signifique un refuerzo de la posesión de
los rusos (los cables hablan de la adquisición de un
nuevo puerto) quiere de una vez jugar el todo por el
todo, que no cuente con sus proble'lláticos aliados que
no están en estos momentos en el caso de conflagrar
al mundo p~ra dar satisfacción á los súbditos del Mikado; en estos instantes obligarían á las flotas rusas
á estará la defensiva, porque son todavía inferiores
á las japonesas en las estaciones de China y Corea,
dentro de tres años no lo serán, ni las alemanas tampoco; verdad es que entonces, precisamente, los ingleses bo~ar.l.n al mar su nueva flota en construcción
que, con ser solo un complemento de su poder naval, iguala á las escuadras juntas de los Estados ·
Unidos ..... .

***
Suspendí esta crónica. china para ver el fin del mundo; fué una tontera mía; nadie verá el f 1n del mundo: en primer lugar, aun concretando á nuestro planeta la significación indeterminada del vocablo mundo nadie, rodeado de esta suprema decoración de ópera de Wagner, exhalará el último suspiro; cuando la
tierra muera, es deci::, no cuando la tierra caiga de
nuevo en el sol que es su inevitable destino, ,;ino
cuando desaparezc;;. en ella la vida, ya habrán tras•
currido unos cuantos años, seis ó siete mil, de la desaparición del hombre, de los últimos hombres, de esos
adoradores de la belleza, ligeros como silfos, que, según cuentaMallarmé,se reumrán sobre una costra de
hielo para contemplar la ascensión de Venus y un SO·
lo estremecimiento de placer de sus cuerpos semtfluídioos será bastante para romper el cristal del suelo y hundirlos para siempre.
y be aquí un fin seguro de nuestra pobre humanidad: el frío; así está acabando la humanidad de Marte, á nuest,·a vista; si no les tiramos una cuerda y
salvamos á unos cuantos náufragos de esos, perecerán congelados; bay que apresurarse, dentro de quinientos aflos tal vez será tarde. Pero aun cuando no
nos pase lo que á los pobres marcianos, por una causa
local, nos pasará por el enfriamiento total del espacio planet ario; el sol que era una lámpar~ blanca, es
hoy amarilla; cuando acabe su condensación, comenzada cuanrlo la tierra era un átomo de la nebulosa solar ent onces empezará á vol verse sólido y a.dios calor.
y á. pesar de cuanto haya inventado la .:ivilización para calentarse, pronto acabará su reserv'.3-de viejos rayos
solares(es bien sabido que el carbón romeral no esotra
cosa que calor solar fósil) y se morirá, pero muchos
otros organismos le sobrevivirán siglos y slglos; no, no
veremos el fin del mundo. Ni éste, ni t impoco el q.ue
pueda ser causado por la taita de agua lo verán los
hombres· eso va á suceder indefectiblemente á causa
del enfriamiento del núcleo central que, á medida
que se va convirtiendo en roca, va t ragándose al Océano que por su propia pesantez tiende á filtrarse hacia el centro y á combinarse con enormes masas de
fierro y el día que el Océano d isminuya seriamente,
a.dios nubes y a.dios ríos. E;;to si es temible, no la colisión con un cometa, qne se '.lompone de un cuerpo
que, por su tenuísima densidad, es incapazde detener ]a marcha de nuestro planet~, y de un fenómeno
luminoso que se llama cauda; durmamo~ tranquilos,
el cometa de Biela podrá ser una pesadilla, no puede
ser la muerte.
E,o no quiere decir en rigor (yo me muero por contradecirme) que no veamos el fin del mando; cuando
el hombre apareció en la tierra y se dió cueuta de su
presencia en ella, ya la tierra comenzaba á morir, ya
estaban en plena actividad, desp~és de los períodos
glaciales debid0:, á fenómenos a.cc1dentale~, _el av~nce normal de los hielos de los Polos, y la solld1ficación
del sol y la del núcleo terrestre. DJ manera que la

humanidad es un fruto de decadencia del árbol de la
vida universal y la historia una agonía.

_.J ~ J

~

-

Una pieza de gran aparato.
nobinsón Crusoe.
Desde hace dos siglos todas las generaciones de niflos ban saboreado la lectura. del Robin.,6n de Daniel
Foe. un libro maravilloso del cual dice Rouseau en
su Emilio que es el mejor tratado de educación natural. El interés de esa novela original, consist,e prh,cipalmente en la fidelidad con que pinta la lucha del
hombre aislado contra las fuerzas de la naturaleza,
y en la narración,de sus esfuerzos pacientes para dominarlas y servirse de ellas.
Para c,rnservar los elementos fundamentales del
libro y llevar á la escena los personajes que en él fi guran, se requiere un genio especial y superior; la fi,
lusoff,. práctica y la moral en acción que informan
la nova.la. dt. Foe no tienen los caracteres de un espectáculo dramático.
He aquí por qué los autores del nuevo .RobinRón que
acapa de estrenan.e en un teatro de París, Blum y
Decourcelle, bao tomado sólo del original lo más pintoresco, recurriendo á su propia imaginación para
completar el cuadro.
El nuevo Robins6n es víctima de maquinación melbdramáticos. Todas sus desgracia:,,, comenzando por
el naufragio, son obra criminal de un primo suyo, el
pérfido Lord Wilmore, quien desea suprimirlo para
recibir la herencia. de un pariente riquísimo, Lord
Traveyla.n.
Este Lord Traveylan maldice á Robinsón porque
se ba casado con una muchacha francesa llamada 8usana. Al verse arruinado y sin porvenir, hobinsón
deja á su mujer y se lanza á las aventuras en busca
de fortuna.
El pérfido Wilmore teme que el caprichoso é inconstante Lord Traveylan se ,compadezca del exp ,triado y le conceda de nuevo su favor, por lo que ¡,dsuade á Robinsón de que debe tomar pasaje á boI"do
del Velleda, buque cuyo capitán, un bandido italiano
llamado Spargolletti, es instrumento de Wilmore para consumar la pérdida de Robinsón.
En efecto, en uno de los parajes más lejanos del
Océano Pacífico, Spargolletti encierra á Robinsón
ensu camarote é incendia el buque, que naufraga.
Lord Wimore cree haber •hecho desaparecer al nifio y uno de sus sicarios recibió el precio de su muerte; pero .el _a.gente criminal se compadeció de su víctima y en vez de arrojarlo al mar, lo deposittl en la
casa de asilo. Diez años después lo hacen figu,·ar brillantemente en la comedia los señores Bl um y Decourcelle.
Los espectadores asisten al naufragio y ven á Robinsón luchando con la muerte y asiéndose á una tabla para salvarse. .A.si llega á la isla desierta. Entretanto los tripulantes del Velleda son recogidos por
un buque holandés.
Susana, la esposa de Robinsón, entra á la casa de
Traveyla.n en calidad de ama de llaves, gracias á la
protección del intendente Pa.trik, quien la baee pasar como pariente suya. En poco tiempo conquista
la buena voluntad del amo, y cuando éste sabe quién
es y la suerte que ba corrido su esposo, le abre los
brazos y nombra herederos á ella y á su bijo, nacido
unos días después de la partida de Robinsóo.
Entre tanto Robinson, instalado en su isla, vestido pintoresca.mente, con el 1raje tradicional de todos los Robinsones, vi ve rodeado de cabras y pericos.
El perro sobre todo, excita la admiración y las simpa1,ías de los espectadores.
Después invade la isla una borda de salva jes 4ue
ejecutan danzas triunfales en derredor del cauti vu á
quien van á degollar. Ese cautiva es Viernes, sal vado milagrosamente por Robinsón del cual i;e hace
siervo y coro pañero.
Susana, eririquecida por la muerte de Lord Traveylan, fleta no nado, el Eiiperanza para irá buscará
su marido. William el hijo de Robinson va en el buque en calidad de marinerc, así como Lord Wilmore,
este último con el sombrío propósito de malograr la
expedición. Descubiertos los planes de Wlimore por
\Villic1,m, aquel no tiene más remedio que ord~nar el
ataque del Esperanza por el Jaguar del corsario Spargolletti. El combate naval es de gran efecto, pues
bay cañonazos, -abordaje y demás episodios interesantes.
Los pirat as triunfan y de.lembarcan á sus prii,ioneros en la isla de Robinsón para dejarlos abandonados
en ella, pero los salvajes de las islas vecinas, aliados
deRobinsón, acuden á su llamamiento y valiéudtsede
astucias, desbaratan las bandas de Spargollertl y de
Lord Wilmore y ponen en libertad á los prisioneros.

�298

LA GRAN PL!NCHA,
Sedecía: cPérfi:ia como

la onda,&gt; hoy puede decir-

EL MUNDO.

Domingo 19 de Noviembre de 1899.

Domingo 19 de Novtemhre rlA 1111111.
comenzaron á amontonar.
se y á invadir el espacio, y
como no s~ organizó ningún servicio de orden y no
hubo un mal gendarme,
digo, viento que las di~peri,sara, acabaron por cubrirlo todo, esfumarlo todo y
echarlo á perder todo. El
telón cayó, pues, cuando
iba á empezar la represen.
tación. ¿ Pasaron 11111 leónidas? ;,Se verificó la fun.
cióo á telón corrido? Vaya
usted á saberlo. Los astrónomos di rár: más tarde que
sí; yo reservo mi opinión.
Segtrnda noche.-Cielo
despejado, etc., como la
primera noche. Fada de
bruma ó casi nada; pero rle
lt::ónidas, 1,i si, luz. Los 311.
tróoomos contaron ocho ó
diez dispersas; pero vaya
usted á 11aber.
Tercera nocbe.-Idem,
ídem, i&lt;lem. Disper11as, ni
agua. Y pare usted de
contar.
¿Qué ba pasado? ien qué
quedamos? lo ignoro; en
cuanto á mi est oy resuelto
á no espera rlas más; esta
noche las veré en sueilos ó
no las veré; pero no me
expongo á. una puiwonla
en su obsequio.
Losa.,tróuowos titubean,
se disculpan, no saben qi,é
cara poner: e .. . . luna llena., .. bruma .. . . &gt;
Esos son pretext os y merecen tanto crédit o coruo
°las Ind isposiciones de Cornubert; todoslosmaioscan.
tantes padecen ronquera y
las leónidas no han de haber estado en voz.
Ante tamaiio desencanto
dan ganas de exclamar como JIJl de los claveles dobles;
&lt;;Pero qué plancha, Dios
mío! ¡Qué plancha se ban
tirado esas criaturas! ¡La
gran plancha del slgiol&gt;
A no ser que los que se
bayan tirado la plancbasf&amp;•
wos nosotros y. . . . los astrónomos!

se claconstaate como la estrella.&gt; Lo que acaba de
pasar no tieue nombre, ni
ejemplo, ni oiS ;ul pa en la
historia de !_o s grandes sucesos humanos. Los ast,ros
nos habían mal acostumbrado á una exactlvud
cronométrica, matemática, en sus evoluciunes; con
siglos de anticipación y sin
equivocarse en una tracción de se;;rundo se podfa
pronasticar el pas·i de un
planeta por un punto preciso del cielo; de hoy para
dentro de diez mil años podrá anunciarse una conjunción ó un eclipse á día,
1,ora, minuto, segundo y
fracción fijos, sm temor
de error perceptible; con
un com pás podía trazarse
en un mapa los puntos de
la tierra en que el fenómeno sería observable: Eclipse total en Tecomavaca,
anular en P uente de Ixtla,
parcial en Cacah uawii pa.
EnS&lt;J1ioreadas del espacio,
trazando majestuosas órbitas con velocidades vertl•
ginosas, recorriendo ámbitos infinitos, cruzándose y
barajándose en esplendent e minuet, soles, estrellas,
planetas y satélites con ser •
vaban sus distancias y revolucionaban al reloj, como soldados prus1anes, sin
·choques, si n encuentros,
· sin retardos, grandiosos y
éxactos, raudo~ y precisos
como los aj ustes de una co, losal maquinaria de diamant es.
E n estas condicione'! no
h abía más que consultar
los anuncios de los obser vatorios, con más fé q~e las
tiras del Circo ·p ara conocer el pro~rama estival y
· estar listo á a11lstir á tal
· ó cual magnífica peripecia
DR. M. FLORBS,
de la evolución de los munEL SR. MINISTRO MARISCAL Y SU COMITIVA EN EL NIAG.ARA,
dos. Hoy, eclipse; manaFot. tomada el 19 de Octubre de 1899.
. na, faces de Venus; pasado, t 1ansformaciones del
.
LAS GUERRAS Y LA PAZ.
a nillo de Saturno. Había t iempo de tomar el tren suntuosa, las estrellas fijan su luminosa y aZ01ada puó el paquebot, para asistir á un fenómeno cósmico y pila en el retozón enjambre, la aurora boreal suele
La guerra puede definirse con un a sola palabra: la
n unca se dHeria la f unción por indisposición de algún · formar mágico telón de fondo á la e1,cena y en ocasio.
artista, ni se modlfiCdba el programa con permiso de nes las nubes complacientes fungen .de bambalinas violencia.
entre las cuales jnguetean y se persiguen las leónidas
Un lobo hambriento encuentra u n corderillo en el
la autoridad.
Había, es verdad, elementos revolucionarlos, as- y en ocasiones la luna, discreta como los artistas á bn¡,que; se echa sobre él, le degüella y se lo come.
t ros un si es no es anárquicos, que, refractarios al quienes no se puede elogiar, presta s11 crecierJ.te de Esta es la guerra, porque, para que haya guerra no
es preciso que la fuerza de los combatient es se'i Igual.
" rden y á la disciplina celestes, evolucionaban al ca- plata para complemento de la decoración .
Tal rezaba el programa, y tal ha sido en otras y Es una grao condición para la guerra el ser mucho
pricho, se retardaban en flirteos extemporáneos y solfan no entrará tiempo como los trombones y contra- más felices épocas, el espectáculo. Pero la ratalidad, más fuerte que el adversario.
Otro lobo encuentra al matador del cordero. Quiebajos de la.orquesta de Sieni; pero en suma, eran la · que en todo se mezcla y todo lo echa á perder, ha queexcepción y no la regla y si los c_o metas, estos anar- . rido que en esta ocasión el público encuentre el teatro re coger la presa: gruñe y enseña los dientes. Se en•
quistas del espacio, solían retardar, acababan en su. cerrado, el telón corrido. Invitado por el Sr. Miranda tabla la lucha entre los dos lob'os, también esta es la
ma por llegar si bien, á veces. con sigloi,s de retardo. y Marrón, un numeroso concurso se apiliaba y tomaba guerra. Porque no es preciso tampoco que los dos
por asalto 1"8 mejores localidades; en las balaustraPero no se había dado nunca el caso. en la ópera das de las torres, en las cornisas de las azoteas, se combatientes sean de distinta especie ó familia para
celestial, de que des?rtaran en masa la figuración y el alineaban sombras negras como bandadas de cuervos que haya guerra. Los hermanos se bateo entre ellos
cuerpo de baile; si artli,stas de primera tila solian no y los lentes de los catalejos brillaban en la noche co- sin piedad.
Llega el hombre á su vez: quiere castigar al lobo
acudir a l llamado, las masns corales habían estado mo ojos de bubas. Puede decirse que la capital y aun
siempre puntuales y los directores de escena no ha- lasentidadesfederativas no han dor mido en tres noches. que le comió el corderillo. Con su ba.,tóo, su machete ó carabina, entabla la lucha; también esta es la
bían tenido ·ocasión de Imponerles multas.
Bien que no hubiera ?Odido fijarse la hora ni aun el
Viene todo esto á propósito del fiasco completo de día de la representación, todo el mundo estaba re- guerra.
Es posible que el derecho esté de parte del hom•
las leónidas en su primera presentación de la tempo- suelto á asitir en razón, sobre todo, de la modicidad
bre y no de parte del lobo. Pero no es porque el hom•
rada; till.SC0 tanto más deplorable cuanto que el esbre t enga razón por lo que matará al lobo, sino porpectáculo se anunciaba como magnífico y exornado con de los precios.
Se esperaba el suceso, según unos, para la noche que tiene más fu~rza. Aunque no tuviera razón triun•
todo el luio que el argum.mto requiere.
fa.ria, porque es el más po1eroso. Esta es la esencia
Una lluYia de estrellns! Figuraos una cascada de del 13 al 14; según otros, para la de.! 14 al 15, y sa,- de la g uerra; asegurar el triunfo del más fuerte, no
dlamantesdespeflándose desde las alturas incomensu- gúo algunos, para la del 15 al 16. El público se remás Justo.
rables de las roostelaclooes; luces de bengala, radia- solvió á asistí r las tres noche&amp; manifestando con ello delEn
todos :tempos ha habido guerra entre los hom:
gran tolerancia á la empresa. Hé aqu[ lac, tres jorciones, fulguraciones, relámpagos, surgen, cruzan el
bres. Tribus salvajes ó naciones llamadas clvillzadllll,
espacio, irradian en todos sentidos, divergentes como ·nadas de la epopeya:
Primera noche.-Cielo despeja.do, luna deslumbra- todo es uno. En todos tiempos los hombres ban em•
las varillas de ped rería de un regio abanico, se en•
dora,
horizonte purísimo, ¡toda la lira! hasta las once pleado su energía, su talentJ, su valor, en destruirse
cienden y se apagan dejando tras de sí estelas lumiá otros.
nosas y multicoloras. El cielo así surcado de iris es- y pico de la noche. A esas horas debieran ya haberse unos
¿ Es esto bueno? ¿ Es necesario? He aqul lo que
plendente, psarece inflamarse y transformarse en chis- visto las avanzadas; las leónidas, en efecto, practican
examinar sin cólera ni pasión.
peante hornaza: una g ranizada de solitarios se des- la táctica prusiana y hacen preceder sus tiatallones debemos
Ea una palabra. ¿Es preciso dejar á la violencia
de
una
cortina
de
01iballería.
A
las
doce
nada
de
cortina
p rende, destella, flamea, y todo lo Ilumina. Las leóde
nidas re visten sus més lujosos ternos de luces, (sic) para ni de r,aba¡leria. El observatorio contó de treinta á gobernar el mundo?
¿Es pm1ible concebir sociedades en que el estado ?
la su ntuosa fiesta; un'ls aparecen con verdosas y si- cuarenta dispersas, pero esa no me la cuenta á mí,
niestras livideces, otras se envuelven en púrpura, testigo presencial. A mí y á mis colaboradores no guerraabiertoólatente noconstltuya su modot1:rr.
Y si así fuese, ¿por qué medios podría cons
aquellas se recaman de oro; en esa zarabanda se dan nos constan más que dos, que lejos de venir del ense, en plazo breve, un nuevo estado social?
cita. todas las piedras preciosas, la esmeralda, el ru- jambre le salían al encuentro y que anoto en el pasic. R1cmrr.
bí, el zafiro y el diamante. La decoración es también vo. A la media noche las nubes, curiosas también,

299

EL MUNDO.

SR. ALFREDO RAMOS MARTINEZ.

---------------

El mmo.Sr. Arzobis~o de Mouterray.
El Arzobispo electo de Monterrey, cuyo ret,rato

-aparece en la primera plana de EL MUNDO lLUSTRA.JIO, es un miembro respetabilísimo del clero mexi,cano.

De un puesto elevado que varios al'ios ocupó en el

cabildo de Montérrey pasó el Sr. Garza Zambrano al

...

()blspado del Sal tillo y más tarde al de León.
En todas partes ha dejado el Sr. Garza Zambrano
recuerdos muy gratos, porque reune todas las cuallda-desque cuntribuyen á dar respetabilidad y prestigio á
·1a misión que él sabe desempel'iar con tauto acierto.
Es un grao carácter y un gran moralizador. Adews tiene la preciosa virtud de conocer y respetar
los lfmltei, de su Influencia como prelado, por lo que
ilO sólo acata :us preceptos de la ley sino que sabe W·
mar Inicia ti vas cuyo tin es la concordia social y I a
lf,ranP.formación de nuestro pueblo en el sentido del
j)rogreso.

El Sr. :Ministro Mariscal en el Niágara.
Publicamos un grabado que represeIJta al Lic. Ma'J'lscal ron su comitiva en su visita á las cataratas del
:N°Jjgara.
Ei,te grabado se publicó en varias revistas de ios
"Estados Unidos, en las que se tributan al Sr. Maris-cal grandes y muy merecidos elogios y se habla del
·entu&amp;la~mo con que fué recibido por las autoridades
-, el pueblo de aquella República.

.ALFREDO RAMOS MARTINEZ.
UXACUARELISTA MEXICASO.
'Este joven. notable ya como acuarelista, parti:á
'Próximamente para Europa, á donde va pensionado
,por una respetable dama de California, Estados Uoi·dos Unidos, cuyo retrato publicaremos en nuestro

,semanario.
El Sr. Ramos Martínez antes de levantar el campo
tuvo la fi neza de darnos algunos esbozos que agrupados
figuran en esta. página. No son cuadros acabados, son
est.udtos, fragmentos sueltos, apuntes que el artista
tiene en poco, pero que nosotros, entusiastas admira-dores de su talento, recogimc.s para dar á nuestros
lectores un obsequio digno de su cultura.
Ramos M11rtínez, cuyo retrato también aparece aquí,
ea un talen to 01igioal y fecundo y es ac!emás un labori0110 y un audaz.
Se ha formado solo, sin maestros ni estímulos artificiales. Tal vez á esto debe la gallardía y la liber'tad de su lni;piración: no _imita, no ha tenido á quien
imitar ni lo ha necesitado.
Hoy que t iene ya un no.nbre y que merced á la
reputación artística que ha conquistado, obtiene una
protección para perfeccionar sus facultades y ensanchar el vuelo, no hay peligro de que se 2manere y_ se
avasalle á ningún maestro : su personalidad artlst1ca
·está formada.
Los que inician una educación artística, mjentras
mAa alsladoE están, siguen con más fidelidad la paut a
de los ,?randes creadores; RRmos Martlnez no tuvo
la timlélez que sujeta á un modelo, supo ser él y lo
·eon&amp;lj!"uló gracias á un esfuerzo cuya magnitud sólo
puedlll apreciar los que están cautivos Irremediablemente por el eiipfritu de imitación, contra el que no
•ae rebelaron el primer día.
Ramos Martinez es ya un maest~o admirado cuando pinta las flores de nuestro valle, los tipos y las es-canas populares. Haoe paisajes en los que vemos como

APUNTES DE RAMOfl MARTINEZ.

Fut. de Ar1iaga y C,,mp.

eu un ensuello, Iglesias ruinosas, celajes de crepú~culo, todo maravillosamente poetizarlo, pero que es
111.te~tro, que lo rec ,nocerno11. Irá á P.uís, conocerá á
los grandes maestros y visitará las grandes pinacoteéas, puo no dejará de ser el acuarelista mexicano, el
cindiscutlble maestro de 1a acuarela en nuestro paí'I;&gt;
porque auoqne mucho aprenda-y aprenderá mucho
en Europa-no olvirlará lo que sabe hacer, y á su
vuelta vendrá á completar una obra que es una manifestación muy simpática, nohle y exprei;iva 'ie un
tempzramento arti!,tico excluslvameote mexicano.

•••••

OBSE ~VAC IONES
La vanidad profesional e~ el sent,imient,,1 que predomina en el alma de tus cówku,; , s má~ fue rte que
el amor.
J . L env,ilre.
Es menos triste vivir ignorado que,, orr r mal compr1:1 dido.
Vultou1·.

S,ilo RP. quejan de l&gt;t. brev.,&lt;hd de la virla los que
llegan á la muerte sin hJ.ber aprendid" á vivir.
St. George.

�300

EL MUNDO.

Domingo 19 de Noviembre de 1899,

ALRBDEDORE8 DE

Domingo 19 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO.

MEXIOO.-TLf\LFf\M.

8

:t
0

-

1-« Un ser feliz,» Estudio del natural, 2-0asa del Sr. Fernando Oamacho, 3-0asa del Sr. Fernando Labastida, 4-00¡Sa de la Sra, Oonde..

5-0asa del Sr, Rubal, 6-0asa del Sr• .A. del Rio. 7-0apilla de la Fábrica de San Fernando,

1-Casa del Sr, Lic. Barrios. 2-Fábrica de San Fernando. 3 y 5-0asas del Sr Jesús E. Vall;nzuela. 4-Zócalo de Tlálpam. 6-0asa del Si·
Jlolmes. 7-.Avenida en la Fábrica de San Fernando. 8-0asa del S1·. Zorrilla, 9-0asa del Sr, Garay.

301

�Domingo 19 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO

ltELIQ, 'O'IAS PROFANAS.

Tonerina, la incomparabl
contralto.
e
Y para facilitar la dlges.
tlón tomarían el café frente
á_ la vitrina del museu duwéitt 1co, contemplando ¡1111 reu.
quías anunciadas
¿ Qué no invén1 arán -tos
hombres en el porver,lr par~
hacerse má¡¡ extravagante11 de
lo que son en el día:~jemplo de que la imagt.
nación no descansa eu sus tuvenciones macabras: Ha surgido el proyecto de et.tat.,le.
cer en el subsuelo de París un
1'eatro de las Catacumbas.
Hay allí colocados en arti,,.
tica simetría, huesos y cala,e.
ras. La luz eléctrica hará un
papel de importancia, con h,a
juegos multicolores de sus rayos, proyectándose desde el
fondo de las cuencas vacías de
los ojos de las calaveras pua
quebrarse en las convexidades
cr11neanas de los muertos decorativos y de los concurrrntes calvos.
Preparados así los favorecedores de esos egpectáculüs,
escucharán conferencias so tire
la brevedad de la vida ó plezas de música de cámara ea.
cogidas entre lo más fúnebre
de los repertorios clásica&amp;.
"'

Ya los caprichos de los millonarJo¡, VllQ tomando aspectos mae&amp;br-0s que dan escalofrío.
Cuenta una crónica que
cualquiera de esos ricos uorteam.er!canos le dló á Adelina.
Pa1iti un cheque por valor de
500,000 !rancus como precio
de una venta horrible. L.~
cantante le cede al caprichoso millonario su garga~ta, ó
lnejor dicho, le da el derecho
para que después de su muerte haga cortar su garganta y
la conserve en un !rasco ho•
norilko.
La anécdota no se confirma. Ojalá que no se confirme
y que sea una invención reporteril.
Si fuera Yer jadera, no tardaría en sancionar 111, moda,
un linaje de transacciones que
desenfrenaría el capricho de
los ricos con perjuicio de la
respetabilidad delos personajes célebres.
Ya os imagináis á los coleccionadores disputándose fragmentos de poetas, de oradores, de cantatrices, de cómicos, de polftlcos, de pintores
célebres, aun antes de la muerte de ellos ó de ellas.
Se organizarían batidas en
regla para adquirir pequeños
pedazos de celetrirlad: se for•
marfansiniestros muset s, panteones de despojos fragmentarios, en los que las diversas
partes del cuerpo ee una celebridad se clasifica1 ían en el
orden de las c&lt;,tizaciones del
mercado de reliquias. El rledo índice de la mano derecha
de Zola raldria más que una
clavícula del mismo e5critor,
y si le quedaban manchas de
la tinta con que escribió su
última obra, mejor.
A la hnra de los postres esos
mecenas de cadávere!. les dirían á ~us invitados:
-Señoras y señores, acabo
de adquirir dos maravillas.
La primera es un molar auténtico del novelista Loti, la
segunda, una amfgdale de la

A nuestros abm·ados.
Por retardo del vapor que
trae el papel en que se tira la novela, no damos hoy
la entrega que coaesponde 11
PSta seruana. En cambio, aumentamos el número de loa
pliegos de esta edición del semanario y damos el bellfsimo
Minueto de la ópera Man6n.
Garantizamos á nuestros lect,ores que este afio quedará
concluida NUR,Stra Señora ds
París.

romiD~o 1_9 de Noviembre de 1_8~9.

EL MUNDO.

EN E.L CAN1PO DE LA GUERRA.
Desde que se rompieron las hoGtilidades entre los ingleses y los
boers, hemos procurado que todas las ilustraciones relati vas al co:itlllcto sean alg•&gt; más interesante y útil para el lector que las esi:enas de ma;,anza cruel que con tanta complacencia reproducen los
periódicos de actualidades.
Más interesante que las cargas del Coronel Baden- Powell en las
que aparece el jefe m 61és en actitud épica lanzándose al galope solire las lilas de los boers, de mayor atractivo que las horribles catás trofes de los trenes acorazados, y las sorpresas en las (l'argantas de
las montai'ias, son á nue¡,tro juicio los uniformes típicos de los cornb11tientes, las costurubres de los pueblos holandeses del ACrica rlel
Sur, el aspecto de bUS granjas, sus montañas en las que la defensa BLOEMFONTEIN.-El P1·esidente del E~tado libre de Orange con su escolta.
puede ser etic·az con efectivos mucho menores que los del enemigo
cuando los ingleses de in, adidos se tornen invasores por la espec,al
tándüse ~e vecino~_tan at&gt;sorbentes, tan superiores en fuerza y en civilizaciór ,cooflguracíóa de e~as montai'ias. Y lo mismo en punto á interés puede decirse
tl_ ~ r_es1dente K1 uger se. presenta rn le,s balcones del Palacio de Pretoria I ara
de los grabados que hoy publicamos.
du1g11se á ~us compatnotas, y les babia sobre los gra.ves acontecimientos del
Sabido es que Kiüger, y como él todo Presidente del Transvaal, más que
día con la srncillez de un predicador y la confianza de un amigo, de un i·gual
Magistrado á la moderna es patriarca, completamente Identificado en intereses
puest? por la Providencia al fren_te de un pueblo de creyentos r¡ue atribuy~n á
y sentimientos con sus conciudadanos.
s~ pr;mer mandatario una espeue de derecho divino emanado de la libre elecSiempre que '{lay alguna complicación difícil con los ingleses,-y los conción del pueblo.
tllctos Lieneu _que ser frecuentes y lo han sido en efecto como es natural tr11-

UNA ANCIANA ESPAffOLA.
Fot. de Arrlaga y Comp., Calle del Esplrttu Santo,

LA CARICATURA EN EL EXTRANJERO

---~--- -~~-·;

A.STUCIA. DE LOS BOERS.

:

Y'i
.f

~
•

Fabriquemos una caja ...... una
magnífica caja .... bien .... . .

Vamos á p: nerles una celada.

.. '.':) -s~!

;?e? -

r ong1 mos un letrero: &lt;Valor.:.
diawautes.&gt; ....

Pongamos din.1mlta en el fondo
y enciwa vidrio1:1 que pare1.can dla•
wantes.

'1',IV!/ ,I_J¡ ~ \.'

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»~

... ''••~iv..

~

~

Un Lilo •eléctrlco nos comunicará·
con la caja. La dejaremos en una loma. El olor de los diamal.ltes atraerá
á los ingleses.

· - God!

· .:...su·peflor qu·a nty.

-Yell

-La fortuna.

- Ail right.

-.

,,

Ilorrible detonación.-La codicia rompe el saco.

303

PRETORIA.-El PI-endente Kruger pronunciando un discu1·so patricíticn

�304

EL MUNDO.

Domingo lll__ de 3-ovlembre de 1899.

Domingo_19 de Noviembre de 1899.

FL MUNDO.

que no lej os de la boca del cañón hay una abertura
por la que se escapa una parte del gas del disparo y
que la fuerza de este gas mueve un pistón que está
paralelo al alma y lo recbaza bacla atrás compriwc1 aes. La .nayor parte de las piezas son
rfe sitio, de 155 mili metros; y de campa- miendo un ]argo resorte antagonist.a.
Cuando ya no se siente la presión el pistón ocupa
í1a. y tiro rápido, de 75 milimetros.
Con tanta actividad y prudencia se ha Ja posición primitiva y este movimiento alternativo
llevado á cabo la instrucción de los arti- produce el automatismo.
El arma tiene una culata que se apoya en el hom lleros del Tran.svaal que los ingle.ses reconocen la eficacJa de i,u servicio en Glen. bro del tirador, como se ve en el grabado 1 y asf quecoe, del mismo modo que ban hecho jus• da asegurada la puntería.
Los cartucbos están dispuestos en láminasrlelgadas
1 icla á la excelencia del plan de campa.
de latón, á razón de 30 por lámina, y ésta~ se superfia desarrollado con tanta habilidad.
ponen en cajas de cartón.
Se emplean dos hombres para ejecutar el tiro: uno
apunta y el otro mtroduce sucesivamente las láminas
de cartuchos en la ametralladora.
Se puede regular la velocidad del tiro continuo para ello se varia por medio de un tornillo Ja capacidad
Una revista mHitar presenta la eme- de! espacio en que hacen sentir su acción los gases.
En 10 segundos se desarma y en 15 se arma. El matralladora automática Hotchki&amp;; como el
;-irma adoptada por el ejército francés pa• nejo puede hacerse con toda seguridad, pues la pre.
ra. luchar contra la ametralladora Maxim stón de prueba es de 5 1 000 atmósferas y no se nece¡;i.
ta hacer uso de más de 3,000.
elegida por los alemanes.
Para la guerra de montana se monta sobre un triPor otra parte el uso que se hace de la
pié que se conduce en mula: cada animal de estos
1futcbklss en la campaña sud-africana le
da. al estudio de esta arwa un gran inte- puede llevar la amerralJadora, el trlplt! y 600 cartu Ametralladora de ti?-o rápido llotchkiss.
chos: otra mula puede llevar 1920 cartuchos, lo que
res de actualidad.
Fué inventada hace t!'es anos por un hace una dotación de 2,520.
En la guerra de campaíia se monta en una flecha
oficial aus~riaco llamado Odkolck y perfeccionada S'.l·
LA ARTILLER!A DE LOS BJERS.
sostenida por un eje y dos ruedas. Ea el eje hay un
ces! vamtnte basta ser lo que hoy es
El objeto de las ametralladoras es retarzar el füe- escudo que pone á los tiradores al abrigo de los proSe ha hablado mucho de la efioacla de la arti fierra go de Ja infanterfa. Es un fusil de tiro extra-rápido. yectiles del enemigo.
-de Jos boers y á ella se atribuye más de uno de los La Ilotcbkiss reall:,.a esta cendlción puesto que hace
Por último cuando se emplea la ametra11adora en
,tctorlosos resultados de la ca::ipaíla de NaLal.
hasta 600 disparos por minuto; además para dotarla un fuerte ó á bordo de un buque se apoya sobre un
Aunque el boer no tiene Roldados proreslonaJes, de municiones con más racilldad emplea los mismos soporte fijo.
.hubo de comprender que los artilleroi:;•no se improvt. cartuchos que las tropas de infantería.
La ametralladora pes• 24 kllógramos y el trlpi~
Mn el dfa de la guerra y organizó un cuerpo de artiEl principio que aplica es el empleo del ,automa- 15. Con estos datos podrá apreciarse exactamente las
llería que tiene un efectJvo de 1,200 plazas.
tismo del gaS&gt; ó Jo que es Igual cada disparo se pro- noticias de la guerra en las que á veces se bab!a de
j Los artllleros boers tienen unirorme que no difiere duce por la acción que ejerce en el mecanismo una ametralladoras Hutchkiss.
do! traje del volun tario. !Sólo los ottciales llev•n tra- parte del gas de la :,ólvora del disparo anterior.
je milU.ar, como Jo entienden los europens Algunos
No entraremos eu detalles fastidiosos para explide er,os oficiales son de origen holandts O ah:wá.u.
car el mecanismo de la ametralladora. Baste decir

Hace tres ó cuatro ailos hizo el Trans-

val sus pedidos serios de cafiones y se dirigió á los Industriales franceses y ale-

La ametralladora antomática,

GCERRA DEL 1'RA,YSl'AAL -Las ambulancias
También verán n\.lestros lectores Ja esoolta ddl
Presidente de la República de Orange. El aparoto
mtlitar de P.ste magu;trado no es el que rod ea á un
Gu1llermo 11 ó á un Pr~sideote de Fi-ancla: en aquellos pueblos el representante !iupreruo de los destinos
nacfc,uales nada tiene que tem~r de la insurrección
ni del atentado anárquico.

No se ve en ese grupo de rudos glnetes á los mercenarios sin más consigna que la desconfianza para
tod1..1 el mundo Y con una responsabilidad tremenda
y ditícil, la defensa de un hombre amenazado¡ los
boers que forman la escoltJI, de Steia como lo~ que
custodian á Krüger, son ciudadanos á 4utenes I.:1. costumbre de los pueblos p1imltivos encomienda una
comisión de ceremonial, tan infantil como simpático.

Ea la ambulancia que se ve en uno de n11estros
grabados aparece el guerrero boer como lo que es un
voluntario para quien la guerra no tieue Ja tmPurtancia pr?f~slooal que le da el soldado eu ropeo. El
boer considera una campana como una de tantas cootlugenclas de la vida, íntimamente relacionada con

los asuntos cuottd!anos que preocupan normalmente
á 110 hombre de trabct.jo. Guerrear es para el holandés de Afr,ca como para el holandés de Europa hacer

diques en la playa: aquél sabe que su granja, sus ganados y su habitación no sólo exigen los cuidados con
q ne atiende sus negocte,s un ganadero de Australia.
La condición de su vida es tal, que entre sus atenciones existe la necesidad de combatir contra un enemigo eterno, el inglés, y esa necesidad, como decimos,

GUERRA DEL 1'RANS VA.AL. -Los transportes militares.

forma parte de las exigencias ordinarias de su vida
La lámipa en que hay un tren boer vadeando u~
río es wuy tnstruCtiva porque reveJa la diferencia
de condiciones para loN contendientes de Sud-A trlca
El inglés necesi ta grandes trenes, movidos rápida:

305

mente y á todo coi,to; el boer por más que actual.
mente es invasor ae territorios ingleses, no se ve en
la precisión de transportar grt1.ndes mesas de mate•
r1a1es de guerra y subsistencias. Fuera de la artille.
ría para cuya conducción tiene ferrocarriles, el boer

no necesita muchos recursos de vida.

E:1 esencialmente móvil como soldado porque es
frugal, buen glnete y buen tirador: necesita menos
víveres y menos CJ.rtuchos qud el europeo.

La artillu·ia de lob boers - Ejercicio de tiro.

�Domingo 19 de Noviembre de 1899.

307

EL MUNDO.

Domingo 19 de Noviembre de 1899.

LA DICHA.
..

Era la hora del té, antes que las lá.mparas se
eneendiesen. Li Quinta dominaba. al mar; el sol
aeababa de desaparecer dejando, á su paso, rosado y salpicado de polvo de oro; el MediterrAneo sin un oleaje, sin movimiento alguno,
liso reluciente todavía, bajo los últimos fulgores
1
del día., parecía una. inmensa lámina de metal pulido.
A lo lejos, hacia la derechq, las montan.as dentadas, dibujaban su perfil obscuro sobre la pálida púrpura del sol poniente.
Se hablaba del amor, se discutía sobre ese viejo amnto, se decían cosas que se habían repetido A menudo. La dulce melancolía del crepúsculo
suavizaba las voces, hacía flotar la ternura en
las almas y esta palabrB: «amor,» que viene sin
eesar á los labios, ya pronunciada por
una voz fuerte de hombre, y a murmurada por la de timbre lijero de una
mujer, parecía llenar el salón, revolotear como una ave y cernirse como
un e'lpíritu.
-Podrá amarse durante muchos
aftos seguidos?
-Sí, pretendían algunos.
-No, afirmaban los otros.
Se d iscutieron los casos, se estableeieron las difer enci~s, se citaron ejemplos; y todos, hombres y mujeres, llenos de recuerdos que surgían turbadores, que no podían citar y que les
llegaban hasta los labios, parecí,v1 conmovidos, al hablar con un ardiente
interé3, con una emoción profunda,
de ese sentimiento tan banal y tan soberano, del acuerdo tierno y misterioso de dos seres.
Repentinamente alguno, fijando los
cjos en un punto lejano, exclamó:
i·
-¡Oh! Mirad allá ¿qué será?
Sobre el mar, en el fondo del horizonte, surgía u na masa gris, enormey
confusa .
Las mujeres se levantaron y rieron
sin eomprender ese fenómeno tan sorprendente que jamás se había preseQtado á sus ojos.
Alguien dijo:
-Es Córcega! Se puede ver así dos
ó tres veces por afto en ciertas y ex
cepcionales condiciones atmosférfoas,
cuando el aire de una limpidez perfecta no la oculta con esas brumas de
vapor de agua que velan siempre ltis
lejanías.
Se distinguían vagamente las crestas de las
montafl.as, se creía recono1;er la nievt, de las cimas. Y toda la reunión permaneció sorprendida,
turbada, casi espantada por esa brusca aparición de un mu.ndo, por ese fantasma salido del
mar Tal vez tuvieron esas mismas visiones extraftas, los que partieron, como Colón, á través
de los Océanos inexplorados.
Entonces un caballero anciano, que no había
hablado todavía, dijo:
-Yohe conocidoen esa isla, que se levanta delante de nosotros, com" para responder ella mis~ª á lo_ que antes decfamos y traer á mi memona un smgular recuerdo, un ejemplo admirable
de un amor constante, de un amor dichoso hasta.
lo inverosimil.
Oíd:

LA .PRnfERA ORACION.

montón de rocas en la cima de un monte. Ningún cultivo, ninguna industria, ningún arte. Jami\s se descubre un pedazo de madera tallada, un
trozo de piedra esculpida, jamás el recuerdo del
gusto infantil ó refinado de los antecesores para
las cosas graciosas y bellas. Y esto mismo es lo
que más llama la atención en ese soberbio y agreste país; la indiferencia hereJitttria por ese deseo
de descubrir formas seductoras que llamam.Js:
; el arte.»
La Italia, en que cada palacio lleno . de obras
maestras, es una obra maestra también en que
el mArmol, la maderí'I, el bronce, el h' erro, los
DH,tales y las piedras ponen de manifiesto el genio del hombre, donde los más peaueftos objetos
antigos qu~ adornan las viejas casas revelan esa

V~ l¿. ·~,
~·\-_ ,.._i..4·,~
.

&lt;..,P"-

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. ..... -~ "'l 'r .

,

.........

divina inquieted de la gracill, es para todos nosotros la patria sagrada que se ama porque nos
muestra y nos prueba el esfuerzo, la grandeza,
la potencia y el triunfo de la inteligencia creadora.
Y enfrente de ella, la CórcPga salvaje h11. permanecido como en sus primeros días. El hombre
vive allí en su casa tosca, indiferente á todo lo
que no toca de cerca su existencia propia é: sus
cuestiones de familia; ptrmanece con los defectos y las cualidades de las razas incultas, violento, rencoroso, inconscientemente sanguinario; ;- ero hospitalario t ambién, generoso, adicto y sencillo, abriendo su pue"ta á los transeuntes y dando su amistad fiel en cambio de la menor muestra de simpatía.
Hlicía un mes que erraba á través de esa isla
magnífica, coa la sensación de que estaba yo al
otro extremo de 1 mundo. Ningún albergue, ninHace cinco aftos hice un viaje á Córcega. guna taberna, ningunos caminos. Solo por estre•
Es una isla salvaje más desconocida y ml1s leja- cbos senderos atravesados por mulas, FOdía llena de nosotros que la América, aunque se la dis- gAne á esas caballas fijadas al flanco de las montaftas, que dominaban los tortuosos abismos de
tinga algunas veces desde las costas de Francia
eomo hoy.
' donde, durante las noches se oye subir, el ruido
Figuraos un mundo todavía en el Mos una continuo, la voz sorda y profunda. del torrente.
tempestad de montailas que separan barráncas Se toca á las puertas de las casas; se pide un
estrechas do_nde corren torrentes; ningún plano, abrigo para la noche y con qaé vivir basta la
Sólo ~ocas mmensas de granito, gigantes on- maftana siguiente. Se toma asiento en la humil•
dnlac1ones de tierra cubiertas de matorrales y me mesa, se duerme bajo el humilde techo y al
~Ita~ selvas de castallos y pinos. Es un sue- otro día se estrecha la maco que nos tiende el
.o virgen, inculto, desierto, aunque de cuando en bué,ped que nos conduce hasta los límites de la
cuando se encuentra una aldea, parecida á un aldea.

Una tarde, después de diez hcras de marcha,
llegué á una pequen.a morada muy aislada en el
fondo de un estrecho valle que se prolongaba hasta el mar, una legua más lejos. Las dos pendientes rápidas de la montaila cubierta de matorrales, de rocas desiguales y de grandes árboles,
encerr11 ban como dos sombrías murallas esa barranca lamentablemente triste.
Al rededor de la cabafta, algunas vilias, un pequeilo jardín y, más lejos, algunos altos castaftos,
lo necesario en fin para vivir, toda una fcrtuna
para ese pobre país.
I.a mujer que me recibió era anciana, severa y
limpia por excepción. El hombre, sentado en una
silla de paja, se levantó para saludarme, volviendo á sentarse sin pronunciar una palabra. Su
compaftera me dice:
-Excusadle, está enteramente sordo. Tiene ochenta y d0s al.los.
Ella hablaba el francés de Francia.
Esto me sorprendió:
Entonces le pregunté. ¿No sGis de
Córcegar
-No, me contestó, somos del con'l
tinente, pero hace cincuenta al.los que
' habitamos aquí.
Una sensación de angustia y de miedo se apoderó de mí al pens,.r en esos
cincuenta aftos trascurridos en ese agujero sombrío, tan lejos de las ciudades
donde viven los hombres. Un viejo pastor entró y se le dió de comer el único
plato que componía la comida, una so p11 espesa donde se habían cocido juntos jamón, patatas y coles.
Cuando terminó la corta comida, fuí
á sentarme delante de la puerta, con
el corazón oprimido por la melancolía
del sombrío pBisaje y por esa angustia que sobrecoje algunas veces á los
via jer.,s en ciertas tardes tristes, en
ciertos lugares desolados. Me parecía
que todo estaba próximo á terminar,
la existencia y el Universo. Se percibe bruscamente la espantosa miseria
,,.,...
de la vida, el aislamiento de todos, la
nada absoluta, y la negra soledad del
corazón que se mece y se engalla él
solo con ilueiones hasta la· muerte.
La anciana· se reunió á mí, y torturada yOr esa curiosidad que vive siempre en el fondo de las almas más resignadas:
-¿Venís deFrancia?-me preguntó.
- Sí, y viajo por placer.
-t',Sois de París, sin duda?
-No, soy de Nancy.
Entpnces me pareció que una emoción extraordinaria la agitaba. Cómo sentí y ví esto, no lo sé.
Ell11 murmuró lentamente:
-¿Sois de Nancy?
El hombre apareció en la puerta impasible como todos los sordos.
La anciana dice, mirándolo:
- No importa. No oye nada.
Pasados algunos seg:mdos, continuó,
::-¿Entonces conocéis los habitantes de Nancy?
-¡Oh! Sí, casi á todos.
-¿La familia de Saint Allaize?
-Sí, muy bien; eran amigos de mi padre.
-¿Cómo os !lamáis?
Dije mi nombre. Ella me miró fijamente, en seguida pronunció con esa voz muy baja que despierta los recuerdos:
- Sí, sí, yo me acuerdo perfectamente. Y ¿los
Brisemare, qué se han _hecho?
-Todos han muerto.
· -¡Ah! Y .¿los Sirmont, los conocéis?
-Sí. el último es general.
Entonces me dijo, temblando de emoción, de
angustia, de no sé qué sentimiento confuso, poderoso y sagrado, de no sé qué necesidad de hacer confidencias, de decir todo, de hablar de esas
cosas que ella había tenido o~ultas hasta entouces en el fondo de su corazón, y de esas gentes
cuyos nombres habían trastornado su alma:
-¡Enrique de Siemont! ¡Ah! Es mi hermano.

�308

EL MUNDO.

Lleno de sorpresa levanté los ojos hacía ella.
Repentinamente el recuerdo me vino.
Una joven, bella y rica, Susana de Simont había desaparecido con un sargento de húsares del
regimiento que mandaba su padre. Esto había
causado antes un gran escándalo en la noble Lorena.
Era un joven guapo, hijo de campesinos; pero
llevaba muy hien el dormAn azul, ese soldado
que había seducido á la hiji de su Coronel. Susana lo había visto, admiradc y amado al mirarlo
desfilar en los escuadrones, sin duda. Pero ¿có·
mo le había hablado, cómo se habían podido ver
y entender? ¿Cómo 'había osado ella hacerle comprender que le amaba? Esto no se supo nunca.
Nada se había adivinado, nada presentido. Una
tarda, cuando el soldado terminó su guardia,
desapareció c,m ella. Se les bus:!ó y no se les encontró. JamAs hubo noticias de ellos y entonces
la familia de Susana la consideró como muerta.
Y sin embargo yo la encontré en ese siniestro
valle.
Entonces dije á mí vez.
-Sí, recuerdo bien. Vos .;ois la sei!orita Susana.
Ella hizo un movimiento afirmativo con la cabeza. Las lAgrimas rodaban por sus mejillas. Y
mostrá.ndome con una mirada al anciano inmóvil
en el umbral de su cabafl.a, me dijo:-Ei él, y
comprendí que le amab:1 siempre, que ella le veía
con ojos llenos de ternura infinita.
-¿Al menos habéis sido díchosa? le pregunté y
me respoJ:dió, con una voz que le salía del corazón:
-¡Oh! Si muy dichosa. Meha hecho muy dichosa. A su lado jamás he extraftado nada.
Yo la contemplaba, triste, sorprendido, maravi-

Domingo l!l de Noviembre de 1899,
tos, ni el tibio perfume de las cámaras cubiertas
de cortinajes, ni la suavidad del lecho donde ae
hundía su cuerpo para reposar. Ella estaba satisfecha con sólo él, con tal que e¡.,tuviese A su l1t.
do, nada ambicionaba ya.
Había abandonado el mundo, muy joven, así co,
mo á los que la habían amado y educado. Se
había retirado sola con él, á esa salvaje barranca. Y en él se había concentrado todo para ella,
todo lo que se desea, todo lo que se suefta, cuan•
to se aguarda sin cesar, cuanto se espera sin fin.
El había llenado de dicha su existencia de un
extremo al otro. No había podido ser más feliz,
Y toda esa noche al escuch~r la ronca respira,
ción del antiguo soldado extendido sobre su humilde lecho, al lado de la que le había seguido
tan lejos, pensé en e•a sencilla y extrafta aventura, en esa dicha tan completa, he::ha cou tan poco,
Partí al amanecer después de habt-r estrechado,
muy conmovido, la mano de los viejos esposos.

liado por la potencia del amor! Esta jcven rica habiaseguido Aese hombre, áesecampesino. Ella mis·
ma se había convertido en una campesina. Se ha·
bía acostumbrat.lo A esa vida sin encantos, sin lu·
jo, sin delicadezas de ninguna especie . Se habh
plegado A esas costumbres sencillas. Le amaba
toda.vía. Era la esposa de un hombre rúatico; cubría su cabeza con una modesta cofia y su cuer;,o con un traje de tosca tela. Comí11 en un plato
de barro, sobre una mesa de madera, sentada en
una silla de paja, una sopa de col y de patatas
con jamón, y dormía sobre un colchón de paja al
la.do de su marido.
Jamás había pensado en nada que no fuese él!
Nunca había extraftado ni las alhajas, ni las telas
de seda, ni el lujo, ni la comodidad de los asien-

*

**

El narrador 11e calla. Una mujer dijo.
-Es igual, ella tenía un ideal demasiado fácil,
necesidades demasiado ¡,rimiti vas y exigencias
seoci11ísimas. No debía ser mlis que una tonta.
-Otra pronuncia con una voz lenta:-¡Qu6
importa! Fué dichosa.
Y, allA A lo lejos an el fondo del horizonte, la
Córcega se hundía en .a noche, se escondía lentamente entre el mar, borrándose su gran silueta
aparecida, como para revelar ella misma la historia de los dos humildes am11,ntes que abrigaba
su ribera.
G ú Y DE MAUPASSANT,

Lf\S OENIZf\S.
I
Valentina de Terneuse no ha llegado aún A la
edad en que comienzan á apuntar las primeras
C!l.nas, pues se halla en ese momento de la vida
en que todavía se es joven.
Si no ha querido ir al e.: treno de La 1·ueca de
cristal no se debe á los treinta y seis afl.os de
existencia que lleva en este mundo; se debe á que
está harta de todo y no encuentra lenitivo A su
soberano aburrimiento.
Ha dicho á su marido: «Eres un hombre insoportable;» y después de haber indicado A su
doncella que se retirara, se ha echado en una butac.J. colocada junto á la chimenea.
,
Acaban de dar las nueve. ¿En qué piensa Valentina? ¿En su marido, No ¿En su amante? No
lo tiene ni quiere tenerlo. Piensa en su pasado.
Antes de llamarse Valentina de Terneuse se 11&amp;.maba Valentina A secas. Ha sido actriz antes de
ser condesa. No se había distinguido nunca por
su talento y había rendido culto A esa honradez
relativa que basta para la buena reputación de
una mujer de teatro. Después se casó con M. de
Terneuse, el cual la adoraba con delirio.
¿En qué detalle especial de su pasado pensaba
Valentina?
Eo un amor que tuvo en los primeros aftos de
su juventud.
Tenemos todos en nuestra memoria un sitio de
refagio que nos acoge durante las horas de indiferencia y de fastidio. No hay alma que no sea
vestal inconsciente de una llama que no ha de
extinguirse nunca.
Valentina ha amado hace diez, doce, quince
aftos, acaso más.
Siendo casi una nifta desempeftaba papeles sin
importancia en un teatro de tercer orden. Su
amante Aureliano, estaba empleado en una alcaldía, donde ganaba cien francos mensual~s y
estuvo á punto de ser despedido porque escribb
comedias en el papel del Municipio.
'
Hoy es un hombre ilustre que ha tenido grandes éxitos en el teatro y ha logrctdo obtener una
fortuna muy regular.
¡Cuán felices eran Valentina y Aureliano en
aquellos tiempos de miseria!
Se habían conocido en un café de Montmartre,
en el que se desayunaban diariamente.
Estaban tristes, descorazonados y enfermos;
pero deliciosamente satisfechos.

Los domingos, cuando tenían algún dinero,
iban al Vesioet, donde comían eo una modesta
posada que existe todavía.
Valentina recuerda aquellos tiempos ya muy
remotos y teme haber envejecido.
Pero no. Levántase de su butaca, se mira al
espejo y se sonríe de satisfacción. Si Aureliano
la viese la reconocería en seguida. Pero ¿á. que
pensar en eso? ¡Hace tantos aftos que no se han
visto!
Ella vive muy retirada y
él estA muy distraído con
los triunfos literarios que
de continuo obtiene.
Si Valentina frecuentase
los bailes y los teatros podría encont. arle alguna vez.
-La verdad es - piensa
la condesa- que oi me empefiara en verle no me costaría gran trabajo lograr
mi propósito. Estoy seguro
de que no falta á ningún
estreno. Nada tan sc,ncillo
como hacerlo seguir á la salida para averiguar dónde
vive. Pero no quiero, porque respeto á mi marido, á
quien debo todo g énero de
atenciones. A pesar de to•
do, me gustaría verle, aunque fuese de lejos.
Valentina toca un timbre,
y A los pocos instantes se
presenta su doncella, trayendo en una bantleja el
billete correspondiente á
un pal!o para el estreno de
L a 1·ueca de cristal.
- Rosa, vísteme en seguida y dí que enganchen. Voy
al teatro.
Al cabo de un cuarto de
hora hallábase Valent~na en
su coche, pensando en Aureliano y en la modesta posada del Vesinet.

II
Los dos amantes se encontraron al fin. La condesa hizo seguirá Aureliano á la conclusión del
espect9.culo, á fin de que llegaran á sus manos
las siguientes líneas: «Si reconoces mi letra, vé el
domingo á donde tú sat-es.»
Aure liano la reconoció, en efec~o, y recordó inmediatamente la posada del Vesinet.

Domingo 19 de Noviembre de 1899.

309

EL MUNDO.

de la enemiga duranLos dos antiguos ama~tes acu~ieron puntuales atrás nos unía. Entre tú y yo se ha interpuesto
te un viaje que el rey
,Ala cita. ¡Ccn ~~é apetito comieron. el pan de algo, y e9e algo eres tú. Somos muy desgracia
su esposo tuvo que em. unición y el vmillo blanco de otros tiempos!
dos, porque lo que y o siento lo sientes tú tam• 1
preLder. Júzguese el
~ Se hicieron mil juramentos de amor y desea- bién .
'
peligro en que se han
ser
pobres
para
reanudar
su
antigua
y
aza«Adiós
para
siempre,
Valentina.
Huye
de
mí
'1'o
.
llaba
la joven reina sin
como
yo
procuraré
evhar
tu
presenc;a,
y
procurosa existencia.
la protección de su herDespués estuvieron en el café &lt;le Montmartre, raremos olvidar A fin de acordarnos de nuestras
mana; la reina madre,
por )a noche asistieron al teatrilllo donde em- pasadas venturas. »
proponiéndose hacer~zó su carrera Valentina. ¡Qué hermosa era la
Valentina dejó caer la carta al suelo y se que•
la sufrir mucho tiem·vida! ¡Qué bien habían hecho en buscarse don- dó absorta y pensativa. Removió con las tenaci• ,
po, hizo que le corta •
de entonc&lt;::s 6ólo podría separarles la muerte!
llas el fuego de la chimenea que iba á extinguirran las manos y que le
Al día sig uiente, mientras Valentina estaba es- se. Bajo un arco de cenizas había un diminuto
sacaran los ojos; desperando un carruaje de punto que había manda- tronco que aún ardía. Cayó la ceniza y el tron•
pués la abandonó en
·do á buscar para ir á ver á su amante, entró Ro- co se apagó.
1
un camino apartado
sa y la entr egó una carta de Aureliano.
-¡Ah! -exclamó Valentina.-¡Tiene razón! ¡Al
, . ... _ _ _ 1 y
lleno de precipiLa condesa se estremeció de gozo al ver la le- remover las cenizas hemos apagado el poco fue1
go
que
quedaba!
tra de su amigo.
He aquí lo que decía la carta de Aureliano:
C ATULO MENDES '
cNo vengas esta tarde, ni man.ana, ni nunca.
:Si tienes piedad de mí y de tí refúgiate en el pa-aado. E res hermosa y yo soy Joven; pero ya no
BLANCA-BELLA. ·
nos amamos. Somos unos muertos qu 3 tratamos
(Cuento de la época de PJrrault.)
-de parodiar una existencia anterior.
Había
una
vez una mujer, próxima Adará lu~,
«Al beber yo en el Vesioet el vino de la posa- que se paseaba
por el hermoso jardín de su casa. cios. Esta última circunstancia pareció á Bl mea,
da hice un gesto in visible de desagrado y al
Un día durmióse en él, rendida de cansancio y Bella el único conmelo que un ser tan desgrapasearnos después por el boulevard exterior tu- · de calor. Su boca había qutidado abierta y por
viste frío y pensaste en las comodidades de tu ella deslizóse una serpiente. Ttascurrido algún ciado podía. eneontrar. Deseaba la muerte. La fortuna la había conducido al borde de un abismo.
-casa. Terminemos de una vez esta farsa ridícu- tiempo, la mujer tuvo una nilla. Pero esta nifl.a No
tenía más que dar un paso para caer al precila y no intentemos galvanizarnos. La poca ter- tenía el cuerpo rodeado por una se:piente que picio,
cuando sintió un brazo que la detenía.
nura real que sub3iste en nuestros corazones es asustó á todos, pero que por fortuna, desapareció
Pretendió
desasirse inútilmente, y al fin reconocomo ese r esto de savia vital que hace crecer la
al
punto.
ció
por
la
voz
A su herm'lna, que se obstinaba en
·barba y el pelo á los cadáveres.
Se creyó que la nifi.a no podría vivir mucho no dejarla perecer. La condujo á una casa vecina,
«Para el hombre no hay má.s que un amor y tiempo. Un dia que la aya la condujo al y allí la dejó algúo tiempo, privada de ojos y
una primavera que no renacen jamás. N_u_estra jardín, donde ;;e entretenía en coger flores, se de manos parll. hacerla expiar su falta.
deaventura actual tiene un efecto retroactivo y mostró A ella la misma serpiente que se había
Algún tiempo después, creyóndola suficiente:hemos dado muerte al pasado. El caso es horri- presentado á su m!l.dre, y le dijo que era su her- mente castigada, le devolvió su hermosura prime"ble pero irremediable. A nuestra edad no se tie- mana, y le prometió toda clase de venturas, ra. No podía la reina aprec~ar esta ventura. La
ne~ ilusiones. El recuerdo es lo único que hace siempre que no hiciese nada sin su consejo.
vida sin el rey, su esposo. á quien amaba loca8118 veces. La separación da á la antigua reali•
Comprometióse á ello la nifta, y mAs tarde se mente, no le era posible. La culebra trabajó para
dad el suficiente encanto para que se asemeje al- confirmó en la promesa. Algunos aftos después completar su dicha. Averiguó que el rey había
,go al ideal.
la serpiente le pidió que pasease un día con ella regresado y que tal había sido su pesar alsaber la
«Cuando somos jóvenes nos preceden las ilu- en el jardín, á lo que accedió. Cuando hubo en- pretendida muerte de su esposa, que juró no volsiones· cuando llegamos á cierta edad nos signen. trado en el jardín y cerrado la puerta, encontró ver á casarse jamá.s¡ pero el tiempo y las instan·
Pues bien, nosotros hemos matado nuestras ilu- preparado un bafto lleno de lech~, má~ blanca cías de sus súbditos comenzaban á alterar su re•
aion,s, que eran nuestro único refugio contra las que la nieve, mezclada con agua perfomada. Su solución.
Juzgó la serpiente que era preciao apresurar•diarias amarguras de la existencia. Te confieso hermana la dejó dentro, y en seguida la colocó
que be cometido contigo una traición al tratar para que·reposase en uo lecho de algodón, sus- se, ~ hizo construir en un momento un castillo de
de amarte todavía. Si no te hubiese amado en pendido de los árboles más elevados. Al desper- alabastro resplandeciente, cuya construcción era
•otro tiempo, tal vez te amaría hoy mucho má.s tar la misma serpiente la arregló los cabellos. Y tan perfecta que hasta entonces no se había ad-que antes. Pero te adoré tal como eras entonces tales atractivos pidió para ella, que su belleza mirado una obra semejante. Estaba rodeado esnatural aumentó excraordinariamente, y al salir te palacio de balaustradas de oro; los capiteles y
y ya no eres la misma.
del jardín fué la admira- los frisos eran del mismo metal, así como la cución de cuantos la vieron, bierta, que consistía en una plataforma muy esEl baflo delechehabíada- paciosa. La situación y los alrededores de este
do á su piel una blancura castillo respondían á su belleza, y era imposible
y un perfume, que nada que el que descubriese de lejos til maravilla no
del mundo podía a.lte - se apresurase A contemplarla de cerca. El hada,
rar. Como esta blancura para no atraer las multitudes, hizo que el palacio
excedía á todas, su her- no fuese advertido má.s que por el rey, qu:i en la
mana le dió el nombre caza se había extraviado con su favorito. L'.egó
de Blanca-Bella. S11s ca- al castillo con su acompaftante, donde encootró
bellos que eran de un ru - al hada, que no era entonces serpiente, quien le
bio único, no podían dis- permitió venir á descansar en este lugar deliciominuir ni obscurecer . so, pero á condición de no ser acompailado má.s
E ran largos, espesos y que de su favorito. El rey encon.ró encantador
ondulosos. Cada vez que este retiro, que le atr11ía constantemente. Un día,
se los peinaba, caían una durante las horas de calor, reposaba en un gabiinfinidad de diamantes, nete cubierto de diamantes, que servían de escon los que su cabelle- pejos y que embellecían de un modo inexplicable
ra quedab1 siempre or- todos los paisajes y jardines cuya imagen conada.
piaban; en un lecho, suspendido de la techumNo tardó mucho en ins• bre, gozaba del fresco que producía una fuente
pirar amor. Un rey era, que estab, debajo y cuya concavidad era un solo
A la vez que el mAs no ble rubí de O·iente. El hada, queriendo unir los plade sus amantes, el pre- ceres dP.l oído á los t.le la vista, hizo aparecer una
feri do de Blanca-Bella. máquina de forma portentosa, de la que surgían
Celebróse la bodaalegre- los sonidos mAs delicados. El rey guedó embar•
mente. Blanca, loca de gado de placer y de asombro; pero cuando a esgozo al ver su inclinación tos sonido., maravillosos se ur.ieron bellas y tiery su ambición satisfe- nas palabras el príncipe parecía fuera de sí. La
chas, olvidó comunicar voz misteriosa cantaba las desventuras de Blaná su hermana tan impor- ca--Bella. El dolor y la ternura fueron mAs vivos
tante suceso. Esta, justa• que nunca. El hada hizo desaparecer el artificio
mente irritada por tal para no extremar el sufrimiento. El rey hizo en
ingratitnd, pensó en cas- seguida pesquisas secretas y públicas sobre la
muerte de Blanca--Bella. Vió confirmadas las Dü·
tigarla cruelmentti.
El rey, conducido por tieias que había sabido en el palacio de alabastro.
la pasión, celebró el ma- Muchos vinieron á quejarse de las tiranías y crueltrimonio
sin
co:isentimiento
de un.a madrastra dades de la reina madre. Ella mism·\ compren«Has engordado-lo cu.al te sienta muy biene
le
había
gobernado
con
autoridad durante dió que no podía defenderse, y tuvo el valor de
lpero yo te quise cuando eras delgada. Te has
;:
infancia.
Esta
muJer
imperiosa
desaprobó la preparar los verdugos y de procurarse una muer1lustrado, y á mí me encantaban tus cartas lle•
alianza,
y
cuanto
más
digna
~e
ser
am~da
la te inevitable. El rey, tranquilizado por esta venIJlas de faltas de ortografía. No podemos pedir al
ganza, volvió en busca de la música misteriosa
nueva
reina,
mayor
era
el
odio
que
le
mspuaba.
Pasado los consuelos que antes nos prodigaba,
que le eonmovía de dolor y de placer.
Vivió
la
desgraciada
Blanca-Bella
á
mer
ced
e&gt;ues se ha roto el encanto misterioso que aftos

~:ª

�Domingo 19 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO

31(1

Encontró más de lo que esperaba. De la caja
musical surgió Blanca-Bella, que era la que había cantado sin que el rey lo advirtiese. En el estado en que el rey se hallaba, puede juzgarse el
efecto que producirfa esta súbita aparición.
Blanc~-Bella estaba mlis hermo~a, y el rey fué
con ella más carifloso que nunca. Se amaron mucho· ningún enemigo turbó su ventura; fueron
sie~pre adorados de sus súbditos; tuvieron hijos
tan hermosos como ellos. y no cesaron de ser
protegidos por la serpiente, quien les r:galó el
castillo de alabastro, en el que establecieron su
corte.

EL DESPACHO

¿No has visto, cuando prendes la hamaca en los naranjos

Antes de que pudiera ve~garme, ni aun d~rme
cuenta de mi mal, ya la obscuridad del encierro
me cercaba. Horas eternas pasé á solas con mis
celos, sordo al ruidoso traqueteo, sin otro afán
que el de terrible venganza.
Al fin un hombre pálido y ensangrentado me
dió libertad, despnés de colocar en mi ala un des-pacho.
¡Qué cuadro desde lo alto! Una ciudad murada
ocupaba el centro de inmenso valle, surca~o por
un río de rojizas ondas. En torno pueblos meen•
diados, campos sembrados de 11rmas y de cadáveres, y llenando de humo elambiente y el esp~cio de clamor, un círculo de caftanes tronando sm
tregua.
Mi horrib'le pena se mitigó al pronto ante aque•
lla inmensidad de sufrimiento. Pero el recuerdo
de mi amor perdido venció á mi dolorosa curiosidád y tendí el vuelo. Al mirar por última vez á
la ciudad, á la cual afluía innúmera muchedumbre dispersa y derrotl;\da, sobre la puerta de la
mnralla flotaba una manchita blanca. Se rendían!
Volé á todo vuelo, con la vaga idea de que era
portador de la noticia de un desastre y exclamando con feroz alegría:-¡Voy á vengarme! Ví
entre suenos ruinas humeantes, mieses abrasadas, campos desiertos, soledad y muerte que n~
me apiadaban .... ¿acaso eran comparables á mi
duelo?
Al llegar sin aliento me aguardaba el jde, que,
apoderáudo~e turbado de mi despecho, huyó dejando mi jaula abierta ....
En ella estaba sola la infame ...... quiso fingirme am0res ... . .. ¡cuánta hiel y qué amarga
· cabe en nuestro pecho! A picotazos la maté y su
sangre enrojeció mi plumaje.
Desde la airosa veleta contemplé á mis pies la
gran ciudad insurreccionada, Yo había sido el
portador de la infausta nueva que la enloque•
cíll ...... ¡Venganza justa! ¿Por qué habían destruido mi felicidad?
Por las anchurosas vías circulaba negro torren•
te entre bramidos de cólera. Y al ver el estruend~ con que se hundía un trono, me pareció que
el mundo lloraba en los funerales de mi dicha
muerta, y que era la sangre que goteaba mi pecho la que ensangrentaba á París.

¡Qué alegre vida la nuestra en los palomares
de París!
¡Qué paz tan dichosa; bien cuidado por ague•
llos simpáticos veterar.os, adorados por nuestras
companeras!
De cuando en cuando, por ejercitar nuestro
instinto, nos llevaban lejos, muy lejvs, durante
horas enteras, encerrados en grandes banastas,
oiamo~ en las tinieblas entrechocar ruedas velo•
ces sobre carriles rle hierro, silbidos agudísimos
y trepidación atronadora, que nos angustiaban al
principio y á los que nos habituamos en breve.
Al llegar á puntos elegidos, cada vez más distantes del palomar, nos daban suelta. Eramos
dos centenares: deslumbrados al principio, nos
elevábamos á gran altura, con atolondrado vuelo
y describíamos ancho círculo volando iguales.
De repente, nosotros, los guiones, sentíamos la
misteriosa atracción del palom9r, ese impulso secreto que nos orienta y guía más allá del límite
de los sentidos más perfectos, y allá íbamos como flechas, seguidos por los pisteros de instinto
menos seguro. Y ¡qué peripecias! Ora las aves
de rapiil.a dispersaban el numeroso bando; ora
elevadas montanas nos oponían valla casi insu•
perable, y el viento contrario y la nieve fatigosa.
Algunos faltaban al recuento; otros ostentaban
heridas de garras ó perdigones. Pero ¡qué al6gría al llegar! ¡Con qué júbilo nos acogían los
veteranos! ¡Con qué amor nuestras esposas! ¡Bendito aquel adorado hogar tranquilo, tan apacible,
pese á los atributos bélicos que le adornaban!
Un día uno habló de nuestra misión guerrera,
y aseguró infatuado que se contaba con nuestras
alas, como preciosos elementos de la defensa na•
c,ional. Milagro fué que no muriéramos de risa
al oírle. Nuestros irónicos arrullos alarmaron á
JUAN ARZADUN,
los veteranos de cabellos blancos, tan pacíficos
como nosotros; ¡y decir que éramos de guerra!
¡Quelle blague!
Pero no hay dicha eterna. A mediados de Julio del 70, una actividad desusada reinó en nuestro palomar; los veteranos encanecidos hablaban
de la guerra con los dientes apretados y un aire
fiero del que yo no les creía capaces.
Nuestros companeros fueron expedidos por
centenares á todas las plazas fuertes del territoI
rio, al Este sobre todo, y les esperamos en balde
durante muchos días. El primero :,ue regresó
Yo mojaré una pluma del ala de un arcángel
herido en una ala nos refirió cosas horribles. Ha•
Eo la más blanca estrella,
bía visto aldeas incendiadas, ejércitos inataca- y en la olorosa página de un pétalo de nardo
blea, legi'Jnes en derrota arrastrando su desaTe contaré mis penas.
liento por todos los caminos, dejando en pos de
sí muertos y más muertos, de bala y de fatiga.
Sin duda, el despacho que traía. confirmaba
aquellas cosas horrendas, porque durante todo el
Serías mi perfume, si al florecido valle
día oímos maldecir á nuestros custodios; por vez
Tu paso dirigieras,
primera nos olvidaron á la hora de nuestra co- ¡Pues orlaría todos !05 flecos de tus rizos
mida, y tarde y al re,·és, nos sirvió un viejo con
Con mucha Primavera!
los ojos encendidos, que se mordía los mostachos y si algún día unieses á tu adorable espíritu
Mi alma de poeta,
por no sollozar.
Estas escenas me llenaban de fúnebres presen- ¡En todas las batallas y en todos los torneos
Serías mis bandera!
timientos, pero la horrible realidad la superó en
¡Oh!
flor
de
las e.urora.;, sultana de las tardes
breve .
Y maga de las tiestas,
Una t,arde el anciano tembloroso, jefe de los Señora del castillo de oro de mis suelios
demás, vino en persona á sacarme de mi celda,
Y esplendorosa reina!
tan bruscamente que no pude despedirme de mi
amada compailera.
III
-Alguna mi•ión difícil-pensé sin temblar,
viendo cómo en mi presP.ncia preparaban con ex•
¡Oh! ¡cuánto me subyugan tus árabes pupilas
quisitas precaueiones la ceata que había de conY tus pestafias negras!
ducirme.
¡Bien sabes que á tus galas es1:oltan mi_s ternuras
Antes de guardarme en ella cometieton una
C,,mo rendidas siervas!
crueldad inenarrable, El jefe mismo me vol- ¡Bien sabes que en las flores azules del romero,
vió á mi celda, en la que vi, estupefacto primero,
Que en tu balcón golpean,
y enloquecido luego, a. mi rival odiado ocupando Cuando abres las persianas, se agitan mis canciones
Como un tropel de abejas!
mi puesto, arrullando á mi adorada companera . .

De tu oriental flor&lt;Jsta,
Caer mis azahares que esmaltan los primores
De tú amplia cabellera?
Pues bien, esas caídas de símbolos nupclale~
Son flores que voltea
El melodioso enjambra de versos de mi lira
Que síguente doquiera.
¡Porque eres la paloma, la Venus de mi patria,
La Musa prindpesca,
La luz de mis malianas, la luna de mis noches
Y el canto de mi selva!

Año V I

Tomo

[l

México, Domingo .26 de Noviembr~ de

r~o&lt;.J

Número

IV
¡Escucha! Cuando exoirP, me arrojas una lágrima,
Que en el fulgor de ella
Se 1:1.vará mi alma para ascender radiante
A la celeste esferal
Entrar al Paraíso, que es donde van las novias,
Mi espíritu desea,
¡Para tejerte un solio de rosas y de astros
Al lado de Graciela!
GUZMÁN PAPINI y ZAS.

1

l

r· .
1

CRISTO.
Recepción en el patio central del Palacio Nacional.
Venía de Oriente, como el Sol. Venía
de la Mesopotamia,
dejando sobre mares y desiertos
larga estela de lágrimas.

Fot. de El Hundo.

Su inefable mirada, siempre triste,
se quedaba en las almas,
como un rayo de sol, hecho brillante,
se queda en la montaña.
Su palabra era pan. Y la echó toda
sobre la hambrienta raza
que gruñó al recogerla. ¡Cocodrilos
atrapando una garza!
Y mientras él, humilde, proseguía,
como uoa nube blanca,
lloviendo sobre estepas infecundas,
su bendición de lágrimas;
la tribu miserable se nutría,
de aquel pan con substanc_ia
que fecundó malditos embriones
de flores escarlata.
Y se fué la blanquísima silueta
perdiendo en la distancia ... ~
Como un dolor, la negra cabellera
le caía en la espalda ....
Ya sólo quedan de él, del compasivo,.
fulgores da miradas,
como raros diamantes, incrustados
en el duro carbón de nuestras almas.
JOSÉ MARÍA QUEVEDO..

La Junta Directiva organizadora .de la manifestación.

Fot. deJ'. P. Amago..

22

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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