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EL MUNDO.

Domingo 26 de Noviembre de 1899.

Año VI

LA ULTIMA JORNADA.

Tomo 11

México, Domingo 3 de Diciembre de 1899.

Número 23

�..
EL MUNnO.

328

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

Ahora que con motivo de la zarzuela de unos jóvenes literatos, estrenada reciencemente en el Principal se babia. del arte popular mexicano, bueno es
recor'dar q:ie el vlejd\Fidel es el padre de este género de poesía que tiene el don de despertar en las
multitudes el amor á estas tres cosas santas: la P:ltria, la Libertad y la Belleza.
Guillermo Prieto es bardo de alta entonación líxica cuando canta á esas sus deldades. Con la caoellera y el traje en desorden en un di vino. arrebato1 vuela su inspiración á las alturas. Sus libros de
ve rsos contienen fragmentos de epopeyas gloriosas.
Es olímpico narrador de batallas. Su Romancero es
una marcha tocada en m~dio del campamento por
una banda de clarines de guerra. J ..:gó de joven en
el Olimpo. Es un lwplita.
Mas este poeta homérico, es también á las veces
Arlstófanes. Nadie como él para la sátira de costumbres. Y antes que par11. la sátira, para la pintura;
todo un Melssonier por lo fino y por lo intencionado.
Después de leer la Musa Callejera de Guillermo
P!'ieto se queda uno satisfwho, sonriente, tranquilo,
como el que torna á casa, ya entrado el día, de vuelta de un paseo matinal , después de empaparse en las
campiñas, de rocío, de perru~e y de sol. No conozco
artista que despierte la emoción de modo más sencillo y natural.
La rima corre fácil y ligera, dAliciosamente desalii'!.ada, retozona y risuei'!.a, como linda muchacha
que, á medio vestir, salta del lecho despertada por la
luz de la aurora.
Los hábitos populares toman artístico y brillante
atavío en caprichosas conversaciones de versos de arte menor que chorrean picarezca gracia. Los roman.
ces y seguidillas, sobre todo, suenan á canción de callejuela, acom pafl.ada de rasgueos de guitarra, y risas
frescas como de mujeres alegres.
Se antojan los sueños -de_ Ffdel á manera de esos
sueños coloridos, de esos pa1saJes esfumados que la
fantasía de los nUios suele ver en un frasco de cristal
lleno de agua, y puesto á través de la luz. Todo en
elles es límpido, !rizado, radioso. Todo derroche de
color é inquietud de ondas.
y en aquel relampagueo de reflejos, el verde es esmeralda, el blanco nieve, el rojo púrpura.

*

**
La Musa Callejera es un hervidero de chinas t,jínegras y brunas, de clwrros barbudos y de léperos parranderos, y audaces.
Por allá va la enagua roja salpicada de lentejuela,
siguiendo el rítmico movimiento de las caderas; la
zapatilla azul como chapín de reina, h01Iando el empedrado de las plazas; el rebozo de &amp;eJa transparente
y abrillantado como chal de odalisca, prendiéndose
en las birolas de plata de las botonaduras. Allá va el
sombrero deslumbrador, lanz11.ndo chispas de oro de
los galones, y sobre la chaqueta de cuero, el zarape
de bordaduras vívidas, agitando los hilos del fleco.
Cada romance de Prieto es un cuadro pintado á
grandes brochazos, pero de un efecto admirable. Como
esos lienzos tan estimados por los devotos, deben ser
contemplados á cierta distancia.
¡Qué color! ¡Qué movimiento! Os acercáis y todo
se desvanece. Sólo quedan grumos de pintura, montones informes de color, como si alguien t raveseando
se hubiera eritretenido en frotar sobre aquel lienzo
una paleta. Guillermo Prieto es un poeta altísimo
\iue habla en caló. Ma~ el dialecto popular sale de
sus labios excelso y purificado.
y es que el lenguaje de envilecida dicción y aspecto bajo sirve de verbo á ~asiones nobles, á ide.~les supremos, á ter~~nos l_nfimtos, como tosca vasija que
contiene exquisito vmo.
El bardo desciende á las últimas capas sociales para
sorprender costumbres y arrancar al argot obscuro las
ideas grandiosas como la negra piedra del mineral los
átomos de oro que la abrlllantan.
li'idel hizo versos con el idioma que vacila y tartamudea. Volvió á las crisálidas mariposas.
En esas estrofas se agitan nuestros t ipos nacionales. Sólo que á través de la poesía del maestro, aparecen esos tipos idealizados.
Apenas hoy fermento ?e vicio en esos protagonistas callejeros. El patriot1smo, el amor, la compasión,
la lealtad, encubren las perversidades, las degradaciones . los odios. Alli todo es bueno; el contento
sano, Ía ironía. inofensiva, la embriaguez jocosa, el
chiste a1ado.
Fidel es un modelo que debe servir á nuest1os jóvenes literatos para costumbres y tipo~ del país, ahora
que el género chico ha tomado ese serio y provechoso
camino.

***

En este combate de teatros, á última hora ha
triunfado el Nacional. ¿No es verdad que todos celebramos esta conquista del Arte, esta toma d~ una
plaza amurallada por la indiferencia, esta hábil batida á los insurrectos contra el Buen Gusto?
La victoria de la ópera ba sido completa, á pesar
de las desgracias y contratiempos de \a última semana.
Hemos oído Carmen y FausU&gt;, durante ella, y las
dos magnas obras pudieron salvarse sólo por el respeto y el amor que de antaño les tenemos.
¿Quién ha dicho que Carmen es e_spañola?. No, sellor; Merimée, el creador del tipo, hizo una g1t~na, y
Bizet, el maestro, una andaluza ..... . traducida al
francés.
Las pasiones sí pueden ser espallolas:son un horno;
caldean. Hay mucho fuego y mucha luz en el dra1!1ª·
Huele á clavel el aire y suena la guitarra á lo leJoS.
Y á pesar d9 eso, á la letra y á la música se les conoce que, aunque bien disparadas, no son de España.
ál pasar los Pirineos se refinaron con.o le sucede
al aceite, y al vino. De la monotonía de los cantares
ibéricos Bizet hizo maravillae de movimiento. Enriqueció con nuevos sonidos las castañuelas, la pandereta y la gui¡,arra. Vertió una gota de champagne en
las cañas de Manzanilla.
En cuanto al Fausto . . .. ¿le parece á usted bien,
sei'ior Sienl, que en lugar de hablar de la audición
hable de Goethe?
El viejo Goethe era un impasible. Amaba la serenid~d olímpica dé la eterna belleza. Meditativo profundo, hundía tranquilamente su pensamiento en el
Océano de la vida, sin temor á los temblores de la
ola. Analizaba mucho este poeta excelso que no sintió jamás los frenesíes de las pasiones cuando se
exaltan ni los arrebatos de los ideales cuando se enloquecen. Por eso las creaciones de este inmóvil sublime son todas símbolo. Bajo el nel{ro birrete de
Fausto sueña la Humanidad; con la carcajada de Mefistófeles se ríe la Duda; dl corpiño azul de Margarita, como el níveo peplo de Helena, cifle los s~nos palpitantes del eterno femenino.
¡Feliz tú, buen viejo, divino viejo, que arrellenado en tu sillón, de rojo y oro, puesta la mano firme
subre la ruuosa mejilla, serena y pensadora la frente
bajo el bla~co palio de la peluca, escéptico, burlón y
risueño, viste pasar la procesión desordena.da de
n·1estros anhelos, el tumultuoso séquito de nuestras
esperanzas, el apocalíptico desfile de nue~tros dolores, el visionario cortejo de nuestras ambiciones, el
infame. aquelarre de nuestras perversidades! ¡Feliz
tú que pudiste reunir lo disperso, atar lo alado, encadenar lo enfurecido en nuestras almas, y sin rencor y sin odio, nos arrojaste, viejo Goethe, tu ironía
hecha libro para que nos reconociéramos en Fausto,
amáramos á Margarita y tuviéramos un fiel compaiiero de insomnio en Mephistol Gracias á tí, nos asomamos á la véntana OJival en busca de la Verdad
Eterna, durante las noches diáfanas y frías de tu
Alemania, y nos sentamos junto á la nliia rubia, á
la fresca sombra de los árboles, para deshojar flores
y contar melancolías ... . . .

Domingo 3

ne Diciembre de 1899.

ecuación especial (cada alm&lt;1 tiene la suya), no es
sensible á todo en el mismo grado, el poeta (hablo
del músico) no lo vió todo pero lo que vió lo vió bien
y nos lo dice encantadora.mente.
Así el primer acto es francamente !.imbólico; la incurable friYolidad de la sociedad en vísperas de la Re.
votución, ftivolidad heredada de un siglo entero de
galanteos y placeres; el amor á la virtud, predicad1,.
por Rousseau y su secta con vertido en una moda en
un juguete, en una especie de traje á la griega 'quedeja.ba á la naturaleza toda su libertad de movl~ientos y de extlibiciones, el amor á la libertad del géne.
ro humano profesado por las marquesitas de tacón
alto, meJia calada, seno al fresco, peinado en las nu.
bes: deliciosas cabezas de Boucher y de Watteau, que
en las puntas de las picas, iodaviaconservarfanlosrlzos del tocado empapado en sangre coagulada y sobre
la tez lívida dt: muerte, el carmín y los lunarcillos delos afeites postreros; la igualdad aclamada en los salones con las rosas y los pomos de esencia en las na.
rices para no sentí~ el aroma animal del pueblo soberano; la fraternidad profesada en forma de luises de
oro dejados caer en las manos negras y húmedas del
hambre, por las manecitas finas de uñas rosadas y
piel de seda, y un sordo delirio por gozar mucho, por
gozar pronto, por saberlo todo, por apurarlo todo,
como si en la luz azulada y triste que SE' mezclaba á
la de las bujías al fin de una noche de baile, se ad!.
vmase una agonía, un fin; de todo eso hay un poco
en el primer acto, que parece un idilio en los umbrales de un cementerio. Marquesas; perfumados abattirw.~ que agotan la dulzura de vivir, como el futuro
príncipe oe Benevento; poetas declamadores; lacayos
insolentes en quienes el odio y la envidia maduran á.
los próximos proveedores de la guillotina; pastorcillos de comedia acicalados y pomponados y trascendiendo á jazmines y el grupo escuálido, brutal y astroso de los famélicos, en quienes la plebe del día.
siguiente muestra los colmillos afilados y la gola roja,
son los personajes de ese primer cuadro un poco Incoherente y murmurante y_ vago como era la época;
delicioso paisaje decadente y lánguido al través del
cual serpea el grácil dibujo melódico de una gavota.
fin de s :glo ....
Muy bien; pero siyo hubiese sido el autor (no aoy poco presuntuoso como veis) le habría da.do un segundo
cuadro á ese simbolismo claro del co=iienzo, habría
contado y puesto en acción la vida de las prisiones
durante el Terror; allí precisamente donde estuvo
Chenier, en donde conoció y cantó, en las inmortales
estrofas de la Joven cautiva, á la d llCJ uesi ta de Fleuryla Magdalena de Coigny del libre¡¡o: dice así la prisionera:
La i!usión fecunda aquí en mi seno habita,
Sobre mí en vanc pesan de una pri&amp;ión los muros,
Pues mías las dos alas de la esperanza son;
Cuando escapa á las redes del pajarero impío,
Más feliz y más vivo del cielo en los espacios
· Cantan to vuela el ruiseñor.
¡y qué! 1morir yo puedo! yo que duer1no tranquila.
y que tranquila velo, sin que en vigilia ó sueño,
El cruel remordimiento me haga padecer.
1Mi bienvenida al día me ríe en tantos ojosl
y en tantas frentes triste¡¡, un poco de alegría,
Con solo mi presencia casi bago renacer!
¡Oh! mi hermoso viaje tan lejos del fin se ballar
Voy; de los verdes olmos que bordan el camino,
A penas los primeros acabo de pasar;
Y á penas de la vida en el festín que empieza
Los bordes de mi copa, que llena todavía.
Un instante mis labios acaban de tocar.
Estoy en primavera, q::iero ver la llosecha;
De una estación en otra yo como el sol deseo
Mi afio concluir .. . .. .

................ ............ ............

A propósito de Andrea Chenier.
¿Queréis, amables lectores míos, y pacientes y nobles, que dejemos por hoy el Transvaal á punto de

p~:r~~:t~:f~:irn~~~h~!~!s

;~1f!º;d:~gs
~~~:~~!
por los maxims y los dum-du:ms y á los tagalos probablemente ya despojados de su Aguinaldo ysu hosca y
bravía libertad, y al Emperador Guillermo borrando
con la champaña de Windsor el telegrama al presidente Kruger, para hablar un poco de arte, un poco
de un poeta muerto á los treinta ailos y que por eso
me es dolorosamente querido? Supongo que decí&amp;:
¡Bah! Veamos. Ved, lectores.
En la obra aplaudidísima de Giordano y que es de
veras interesante, la música traduce con elegante sobriedad algunos de los principales elementos de aquella época infernal y divina y los combina en un tono
de pasión y de sangre. El joven artista italiano se metió dentro de aquella gran historia como en uno de
los círculos dantescos, procuró vivirla, dejó que se
imprimiera hondamente en su alma y nos tradujo en
música su impresión; es reducida, su alma por su

Y por cierto que esta joven cautiva no fué lapasión del poeta; fué la encantadora mujer que en al·
gunos divinos versos llama Fanny (Mme. Laurent•
Coulteux); y por cierto que la bella Franquetot de
Colgny salvada de la guillotina á fuerza de oro por
su ama~te M. de Monrond, se casó al fin con este caballero y pudo ver brillar la aurora del renombre de
su cantor que murió en plena noche; la luz que brotaba de su tumba tardó mucho en traspasar el olvido· los dioses los dioses heléniccs de este último de
lo; poetas paganos, que mostraron, como suelen, su
dilección por él haciéndolo morir joven, le dieron lentamente la gloria; don divino, don eterno.
Pero vol vamos á nuestros carneros; la vida de las
prisiones durante e!"Terror, allí, sobre todo, donde
abundaban los nobles, las señoras y la gente de buen
tono, al través de miserias indecibles y de mortales angustias, continuó siendo la vida t_rí~ola de los salones y los boudoirs; citas amorosas, liaisons d&lt;tngereuses,
bailes, comedias en que reían las muchachas Ylaa
viejas de la horrible protagonista Mme. la Guillotine,
eso constituía la ocupación de los prisioneros que no
pudiendo evitar la muerte le hacían la mamola. Algohabría dado, por ver musicada una escena de este género, con el antiguo lacayo bacien~o el papel con tan:
ta energfa trágica burilado en sus iambos por Chenier ·
Et sur les gonds de fer soudain les portes crlent;
Des juges-tlgres, nos seigneurs,

Domingo &amp; de Diclemtre de 1899.
Le pourvoyeur para.it. Quelle sera la prole
Que la hache appelle aujourd'hui?
Ch!Ulun frissonne, ecoute; et cb~cun avec joie
Volt que ce n 'est pas encore lu1.

y el pueblo asomado por ahí bajo las nuevas espe.
eles de soberano abso:uto, decorado con el gorro fxi .
glo de los antiguos libertos, descalzo y hambriento,
como en el coro de los famé!icos del primer acto, pero

aatlsfecho con su coron¡¡, roJa;
.... il demande du pain,
Oo lui donne du sang. Il vol tomber des tetes;

II chante et ne sent plus la faim.

y entre risas, desmayos, gritos de an11;ustia, solloga-

r.os de agonía, y risas, y ecos de carmai'iolas y de

ira serpea-: el dibujo melódico de la gavota fin de

slgio .... trasporta.da al tono menor para darle aire
de marcha fúnebre ... . ¡obl qué bien, que bien, en
esta&amp; escenas que yo sueño, daría valor á las transiciones-que son todo el arte-Adela Gin! con su maravtlloso poder de expresión.

329

EL MUNDO.

No, los poemas perdurables son los del sentimiento, esa es la.sola verdad que eterniza el arte: la del
amor, la del dolor, que es la misma; querer descubrlr
las causas de las cosas, hará de un poeta un Fausto,
nunca un Da11te; nunca un Virgilio, este otro rimador
divino que pegaba el oído al corazón de la naturaleza
y murmuraba, escuchando sus misteriosos latidos:
son las lágrimas de las cosas.
Pero si la empresa de Pste último heleno era imposible, el solo intento engrandece el alma .... Y así,
entre ensuei'ios de amor indeciblemente voluptuosos,
que parecían depurarse al ser vaclado1:1 en el molde
purísimo del arte, el joven hijo de Bizanclo, que llevaba en sus venas la helénica sangre materna y que
había nacido á la inteligencia silabeando los poemas
homéricos, llegó risueño á los umbrales de la Revolución.

*
* *

Era una aurora, la saludó, en el estilo de los líricos de su época, como una venida de sol; había rastros de sangre en esa aurora, sangre derramada por
la demencia de las multitudes hambrientaii, pero es*
**
to era pasajero; efectos de púrpura en el Oriente; asCbenier es casi un ausente en la obra; viva y pre- cenderfa
Apolo en su carro de oro y las nubes se disisente está Magdalena, no Chenier que es allí un dul- parían y la
luz serfa., en el zafir inmaculado, esa
ce y declamador poeta erótico cualquiera, sólo ha nueva luz nueva
entrevista por los grandes precursores,
servido de pretexto á la descripción de las pasiones seria la libertad. ¡Ohl qué sublime delirio, qué emde aquella época convulsivamente trágica, en que briaguéz sagrada; asistir al Génesis de un mundo
los cantos eran rugidos y los suspiros esterto:es de mejor: en la noche del 4 de Agosto, en el momento
agonía· diez ó doce poetas como ese deben de haber de
suprimir para siempre el derecho feudal á ruegos
muer~ en la guillotina. No, la ópera de Giordano de la nobleza y la Iglesia, la Asamblea nacional prodebía titularse «La Revolución:&gt; el protagonista es nunciaba el fiat lux de la flamante creación.
Gerard y Gerard es la Revolución.
Adorador de la libertad, pero desde arriba, in
Chenier era otra personifil;3.ción no tan grande, excelsis, una libertad inmaculada como la Pallas-Aquizás pero más bella; es la poesía pagana, de már- thené, una diosa de acrópolis helénico, digna del
mol p~ro y claro como el dios de Klaros, mutilada
de Fidias y de la adoración de Atenas, una lipor el martillo de los iconoclastas y arroja:la de su cincel
bertad á la griega, 1:1. república, no como los griegos
pedestal enflora.de, á un charco de sangn La poe- la habían practicado, ¡~r 1sino como la habían amado
sfa pagana ha tenido después imitadores, repr,1duc- algunos de ellos, los Cbenier del tiempo de Periklas;
tores perfectos, pero no en mármol blanco, sino ne- pero el joven poeta francés olvidaba que esa libertad
gro de pesimismo y de dolor secrAtu (pienso en Le- por él adorada, que esa redentora de manos }luras,
conte Dellsle). Chenier no es eso, no es un imitador, que esa agua lustral más clara que la de la fuente
aunque Imita, no es un reproductor, es un creador Kastalia, no había existido nunca; pensaba en Arísde poesía transcripta en lengua inbelénica, exacta- tides y en Catón, ¿por qué no recordar á Kleon, á
mente como lo eran los Alejandrinos, los deliciosos .A.mytos, á Clodio? .... En suma, confrontaba, muy
poetas del ocaso espléndido de la poesí!l' griega; es lo pronto inquieto, desilusiona.doy triste, su ideal platómismo que Tibulo, que Catulo, también creadores, nico de virtud republicana, con la realidad brutal que
también latinos que reproducían, pero que eran poe- crecía tumultuosa ante sus oj0s de. artista, y vaciló y
tas completos, poetas griegos en latín; de esta selec- dudó .. . . Despuéi,, cuando vió todo respeto humano
ta y exquisita familia fué este «primer poeta de su escarnecido, cuando presenció el arrastramiento de
época, el artista superior y delicado que reabr~ó las la inocencia sobre el pavimento ensangrentado de las
fuentes antiguas y abrió las modernas.&gt; (Tame- calles por las multitudes epilépticas, cuando asistió
La .Revolmion-VI).
al estupro feroz de la impúber libertad republicana,
¿Abrió las modernas? No creo; no hay en su copa todo lo que en él había de pasión por lo bueno y por
una sola lágrima cristiana y si el siglo XVIII es el lo bello subió desde sus entrañas en una ola de hiel
fln del movimiento esencialmente pagano del Rena- á sus 1a'bios y empezaron sus odas á silbar como el
cimiento, ca.si exactamente como el período alejan- sarcasmo (el himno á los soldados de Chateauvieux)
~rino de ciencia y de flébil y deliciosa poesía, fué el y luego á crugir como e~ hierro ~ndente plantado
período final de la cultura helénica; el alma cristiana · en la carne vi va, y luego mventó el iambo francés, pa·que renace con las alas teñidas de sangre por la Re- ra desahogar su cólera inmensa, inmensamente novolución eu el alma de Chateaubriand, anima toda la ble y justiciera: los alejandrinos combinados con los
poesía moderna hasta la de los que la rechazan con octosílabo!ó! con una maravillosa gracia de movhniendesdén ó con ira en nombre del arte puro; no, no to suelto, ctljerón en rimas alternadas lo que nadie
hav un solo vislÚmbre de ese espíritu nuevo en la se atrevía á decir, lo que nadie quería pensar: que
poesía de Andrés Chenler; cuando decía:
aquellos imbéciles trágicos que subs~ituían la liber811,r des pensers nouveaux f aisons des vers antiques tad con la guillotina, pasarían, mondan, ó moralhablaba de pensamientos, no de sentimientos: el mis• mente cambiando la adulación al pueblo en adulaterio, la inquietud, la sublime angus~ia del senti- ción al César, y trocando la blusa de la secci6n por la
miento cristiano, el don de lágrimas de la poesía mo- librea napoleónica, ó materialmente, y estos eran los
derna, que ha tornado á perder la fe conquistando mejores tragados por el ídolo que babían levamado
como elemento supremo el incurable dolor de haber- sobre la~ aras volcadas de la justicia y la piedad ....
la perdido, todo &amp;to es un mundo, ni entrevisto siquiera por el divino poeta del Ciego y de la Joven ta*
múina. El pensamiento nuevo, sí; la eterna ambición
**
de los poetas de alas grandes: reducir, como Lucuando aparece Chenier en el drama lírico que ·tocreelo, la ciencia de su época á fórmulas poéticas, dos hemos aplaudido, ya circulaba en manos de mucontar, al son de la lira, los orígenes del Uni verso y chos la oda á la matadora de Marat, á Carlota Corde la Tierra y de la sociedad, mostrar todas sns le- day,-'la Juana D'Arc del homicidio. Al piE: de este
yes resumidas en una ley suprema y todo movimien- artículo la encontrarán nuestros lectores rápidamento, es decir, toda libertad, convergiendo hacia la uni- te traducida.
~ y sumándose en el orden. Vano empeño este de
El poeta no sólo tenía un gran valor, sinouna~ran
hacer decir á la lira la verdad de la ciencia, que es razón, no en santificar á la homicida, sí en a~~uar. un perpetuo d.e-llenir, una relatividad perenne; hoy sí, la: no en levantar el pui'!.al sobre los que hicieron
mai'!.ana no, siempre quién sabe; empresa sobrehu- imposible, con la guillotina, la consolidación de la
mana la de hacer caber en una ánfora delicada y pu- república en Francia, pero sí en enderezar su ~usa
ra del Cerámico,
altl va y vengadora en frente del patíbulo y decir al
Terror, encarnado en unos cuantos demen.~ y en mul' ocean et.ernel oú bouillonne la vie
chos cuantos foragidos: no sólo eres crimmal, eres
estúpido. Es muy fácil y puede eso servirnos para
que era lo que Andrés quería .... Pasan, se mo::lifican
ubrir nuestras pavorosas pusilanimidades cívicas,
las doctrinas de los sabios, la verdad de un gran s.s. ~n la máscara de una feroz virilidad retr~specti va
tema se dt!rrumba minada por sus errores y el monu- ensalzar el Terror, cubrir con flores el cuchillo de la
mento poético que la contenía se deshace en fraguillotina como si fuese la espada de Harmodio oculmentos 11ue cubre el polvo de la eterna marcha hu- fa bajo los mirtos, y atizar )as lámparas que ardían
mana. Suelen esos fragmentos ser gemas fulguran- en los altares dc,nde recib~a culto el sag1·ad.o cerrazón
tes; de esas hay en el Hf!l-m.es, que empezaba el poeta de, Marat; pero esta manía Jacobina, buena !?ara asus4 ~uejar; pero una obra imposible.
tar á los ignaros ó á los cobardes, no seducirá nunca
Lucrecio la llevó á cabo y del sorprendente edificio ni á ;a justicia ni á la historia.
&amp;ólo retenemos un ángulo de cornisa, la hoja de acanArmar á la Revolución con el hacha, para combato admirablemente volutada de un capitel de már- tir á los enemigos intericres, aunque est~s fueron
mol, un trozo de friso digno de Fidias, la estatua creados e,xpi·ofeso por los errores de los legisladores, enmutilada de Venus:
hGrabuena: los instantes eran supre~o~, formidables
los peligros; Francia era una plaza s1t1ada, hervía la
Alma Venus hominum divomque voluptas.

conspiración á sus pies, el patriotismo en forma de
cólera roja, le congestionaba el cerebro v no había
remedio: la muerte era una arma que defendía la república; mas poner esa arma en manos de la pasión
más brutal, más ciega, másimbécil, encargándoselaá
la injusticia misma personificada en unos animales
de instintos puros de sangre, encarg:n el castigo á los
ant ropófagos, esto es indefendible, h8.l&gt;t,1 la defensa
se v11elve horrenda. Y si el Terror constituirlo adrede
pan no poder jamás discernir la culpab1 h&lt;lad de la
Inocencia, t iene alguna explicación pató'og-ica cuando la república est aba en peligro, después, cuando la
Coalición fué becha pedazos, cuando fué vencida en
Fleurus y el peligro cesó y la republlca. sP. volvió
Invasora y los ejércitos he1oicos de la revolución despert aron los ecos de la gót ica Alemania con lase&amp;trofas de la Marsellesa, entonces ¿ qué significación
podía tener? ¿que era más que una de las má• temerosas aberraciones que han afligido á la hii,toria?
Y, sin embargo, sig uió y siguió: la guillotina no se
LJaclaba, tenia que devorará la revolución misma, tenfa que hacer posible á Napoleón.
Cuán heroicamente grande aparece el joven prisionero de Saint Lazare, irguiéndose en medio de ..stos
horrores con · su lira de fierro en la mano p:ua rimar sus mald-iciones elocuent es. Falta este Chenler
en el drama, así corno fal t a el poeta griAgu; y cuenta
que no incrimino al autor del libretw por babn alterado casi toda. la historia del poeta, este era isu &lt;lerecho, Ri de tillo resultaba una obra de arte; en manos
de uu creador de belleza la historia sólo puede ser mat eria prima transformable, pero cuando se quiere resucit ar en el mundo ideal del arte una peri,onalidad
histórica, preciso es respetar su alma y su carácter,
que es la e~teriorizaclón del alma. ¿No os parece,
lectores?

*

* *
Bueno, ¿habéis leido por curiosidad el proceso de
Andrés Chenier publicado como introducción de sus
obras en prosa? Lo habéis leido con sus e-qui vocaciones y sus equívocos, su redacción s~l vaje, su ortografía inverosímll? qué efecto os ha producido? A mí me
ha causado siempre la impresión de un efebo hermoso y tierno mitchacado hasta la muerte por las férreas patazas de unas mulas desbocadas, ¿ Y sus pus.
t reros versos, su último suspiro de poeta, ese que
Glordano traduce en una esquisit•a melodía:
«Como un rayo postrero, como una ráfaga última,
ensayo mi lira al pie del cadalso; pronto vendrá mi
turno.-Acaso antes que la hora girando en circulo
haya descansado en el pulido esmalte su pie vigilante y sonoro, el sueño de la tumba, pesará sobre mis
párpados-antes que el verso aquí empezado, baya
llegado á la última de sus dos mitades, quizás entre
estc.s pávidos muros, el mensajero de la muerte, negro reclutador de sombras, conmoviendo con mi nom.
bre estos largos y sombríos corredores, en que, solo
entre la multitud, discurro aguzando estos dard&lt;1s
perseguidores del crimen, de súbito la rima suspen.
derá en mis lábios. Y cargando de ligas mis brazos,
me arrastrará, atrayendo en tOI!:!O mío á mis tristes
compaileros cautivos; todos me conocían antes del
mensaje espantoso, pero no me conocen ya.
«Y qué ¿nadie sobrevivirá para conmoverá la historia, sobre tantos ju~tos asesinados? Para que es.
tos omino~os foragidos tiemblen ante sus retratos,
negros de semejanza, para descender hasta los infiernos, anudar el triple látigo, el látigo de la venganza ya levantado sobre los malvados; para cantar sus suplicios! ¡Ah! ahoga tus clamores; sufre,
corazón pre!'íado de 1)dio, hambriento de justiuia...
Virtud, llora tú si muero.&gt;
Bravo, poeta, así se muere; así se pasa, ó con infinit a misericordia, 6 con supremo valor; eso corno
decía. uno de tus augustos abuelos, eso es morir en
roí. Tu corona ensangrentada empezó á irradiar sua .
vemente en la tumba y después fué una constela ción frente á la cual gira en su órbita inmensa el
sol del artie. Eres más que un poeta; eres la musa
trágica del amor á la verdad y á la justicia.

--1 ~ J ~
A CARLOTA DE CORDAY.
E jecutada el x8 de Julio de x893

¡Qué! mientras que los perversos y los cuh .Jen
consauran entre los inmortales á su Marat, e, ,, ,;i,.
grim~ y sollozos ó fingidos ó sinceros, y que. ~u ..~r bio sacerdote de este ídolo vil, un reptil iwpu•, , vo
mita desde el fango del Parnaso un bimno inf,,,. e ú
pie de sus altares.

*

*
La verdad calla! En su* gélida
boca, la leng11 , r•.i.
ralizada ,por el miedo, escatima un justo homc ..aj~
á las proezas gloriosa.si ¿Vivir es, pues, ta.n 11 '!c.•~
¿Cuál es el precio de la vida, cuando, esclaviza.o , el

�EL MUNDO.

330

pens&lt;\miento bajo un yugo ominoso, se esconde á todos los ojos temblando en el fondo del corazón?

***
¡Ohl no, no, yo no quiero honrarte á tí en silencio,
á tí que creíste re!&gt;ucitar á Francia con tu muerte Y
consagraste tu vida á castigar el crimen. La espada
armó tu brazo, nifia grande y sublime, para avergonzará los dioses, para reparar su iniquidad de haber
dado á un monstru..i las facciones de un homb:e.

*

Sí la serpiente neura, *en* su caverna impura, sintió, ~l fin, desgarrado por tu mano segura, el venenoso tejido de sus horrendos dhsl A l~s entrañ~r. del
tigre, á sus dientes homicidas, tú v1mste á pedir los
lívidos miembros, la sangre de los hombres que de.vorado había!

***

Sus ojos moribundos alcanzaron á verte, soberbia
en tu alegría, felicitar tu brazo y co~templar tu presa. Tu mirada decía: «ve, tirano fur10s0, ve, corre _á
abrir el camino á tus cómplices. Fué ~u mayor dehcia bañarte en la sangre humana, báñate en la tuya
y confiesa que hay dioses.&gt;

***

La Grecia, ilustre niiia, de tu valor admirada, habría agotado los mármoles de Paros, para colocar tu
imagen al par de la de Harmodio y d~ la de su amigo· cien coros en tu tumba, con embriaguez sagrada,
hahrían cant~do á Nemesis, la tarda y lenta diosa
que hiere á los malvados en su solio dormidos.
;;:

cuando, sin temor y sin apoyo frente á_ ellos, tu dulzura, tu simple y magnánimo lengua¡~, les enseñó
que, por potente que el crimen sea, qmen renuncia
á la vida es más potente que él.

***

Bajo el gentil aspecto de tu jovial sonrisa, largo
tiempo los senos impenetrables de tu alma, ocultaron
la suerte segura del perverso. Así acumula decretamente la borrasc!l el cielo azul, que rie, mientras se
apresta mudo á fulminar los· montes y á sacudir los
mares.

*

* *cuando ibas al verdugo,
Joven, brillante y bella,
llevada, parecías, en triunfo al himeneo; tu frente
era apacible, serena t,u mirada; en lo alto del cadalso,
tranquila despreciaste la rabia de un pueblo abyecto,
servil y fe0undo en ultrajes, que sólo así sé cree soberano y libre.
***
La virtud sola es libre. Honor de nuestra historia,
nuestro inmortal oprobio vi ve allí con tu gloria; tú
sóla fuiste un hombre y v~ngaste á los hombres.
Nosotros, viles eunucos, rebaño cobarde y sin alma,
sabemos repetir algunas quejas de mujer; mas pesaría el hierro á nuestras flaca,s :nanas.

***

Tú no pensaste nunca que á los.manes de Francia,
que á su venganza tuera bastante un traidor muerto, ó que tú sola podías sacar del caos sus dispersados miembros: querias, inflamando los corazones timidos, un despert'lr de hierros sob~e esos parri_cidas,
hartos de sangre, grasos ;!e infamia y de rap1iia.

*'*

Mas la Francia abandona 9.1 hacha tu cabeza, y á
quien prepara fiestas es al monstruo rodeado de sus
compai'lerosdiunostodos desu suerte. ¡Ohl Cuán no.
ble desdén son~eía en tu boca, cuando un foragido,
queriendo vengar á la fiera, creyó ponerte_ pálida
mostrándote la muertel

*

***

E&amp; un criminal menos, que se arrastra en el fango· y la virtud te aplaude; de su viril encomio, oye,
bella heroína, oye h voz augusta. 1Obl Virtud, el
puñal, he aqu[ tu arma sagrada; el pu~al, s_ola esperanza de la tierra., cuando el rayo deJa reinar el
crimen y te vende á sus leyes.

* *él y t u~ ~lniestros _jueces
El debió ponerse pálido,
y nuestro ominoso senado y sus mm1stros ommosos,

Domingo 3 de Diciembre de 1899.

J)olll1DgO 3 de Dlotembre de 1899,

EL PLACER Y LA FELICIDAD.

EL MUNDO.

331

MONTERREY.-Manifestación en honor del Sr. General Diaz.

Acaba de darse un caso de suicidio típico, característico, admirablemente descriptivo de cómo
solemos entender la vida, de la desmesurada
importancia que damos en ella á todos los goces á todos los deleites, á todos los placer es y
tlo '1a bancarrota de la felicidad que resulta de
aspirar tan sólo á ser felic_e~.
Un joven de buena !aD11l~a he~eda. un8; fortuIJ'ta no despreciable. S1 hubiera sido mgles, norframericano ó siquiera francés, su primera
preocupación habría sido . invertirla en algo
productivo, hacerla fructificar, acrecentarla.
Tomándola como punto de apoyo y sirviéndose
del trabajo como de una palanca, hubiera emprendido, negociado primero en pequeña escala,
después y poco á poco en mayor proporción;
hubiera comenzado con un tendajón y hubiera
i,c-abado con un almacén. Acumulado grano á
grano el ahorro diario y el fru~o del trabajo cotidiano hubiera empezado poquitero y acabado
inillonario; se habría casado, fundado y educa&lt;lo una familia numerosa, socorrido desvalidos,
fundado obras benéficas, calmado hambres, vest.i.do desnudeces, restañado lágrimas, prodigado
consuelos y hubiera vivido largos años feliz y
derramando en torno suyo el bien y la felicidad.
A lo largo de esa senda de labor y virtud
hubiera .cosechado flores y frutos, gozado de las
más nobles satisfacciones de la existencia, del
respeto de sí mismo, de la posición dignamente
conquistada, de la conciencia de ser útil y bueno
y de haber llegado á ser poderoso con sólo el propio esfuerzo y la personal energía.
Ante los inevitables contratiempos de la vida
y ante las dramáticas peripecias de sus empresas y de sus negocios hubiera encontrado como
consuelo la fé en sí mismo, la nobleza del
fin perseguido, y al sentir la presión de las energías internas, jamás abatido y siempre confiado,

01·ganizp.ción de la procesión civica en la Alameda Porfirio Diaz.
Fot. D. Lagrange.

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1
El Estanque de Saint- Cucufa.

M. Bucquet.

hubiera afrontado adversidades, soportado catástrofes y hubiera sido feliz en fuerza de no preocuparse de la felicidad.
Así proceden y así viven los hombres fuertes
Y los pueblos enérgicos; "tiran" sobre la felicidad por elevación; apuntan, como los billaristas,
por tabla. Se proponen un :fin cualquiera, la riqueza, la gloria, la grandeza de su patria ó de
su familia, la conquista ó la propagación de la
verdad, cualquier cosa difícil y remota, elegido el fin se consagran á realizarlo, luchan y
bregan, salvan obstáculos, sortean escollos, inventan medios y combinan cálculos y siempre
c?n la vista fija en el norte que los guía, sólo
piensan y se afanan por llegar á la meta. Si se
les _p regunta ¿ cuáles rnn tus goces, tus sa.tisface1ones y placeres? Contestan: luchar y si
posible es, vencer.
Nada más profundamente sabio que vincular
la felicidad en la lucha. Desentenderse de la dicha
actu~l y tangible, menospreciar la victoria misma sm dejar de perseguirla; gozar con solo combatir,_ disfrutar con solo emprender, hacer del
.tra~aJo un deleite, de la lucha una voluptuosidad
es Jugar una "mala pasada" á la adversidad,
burlarse del sino que nos condena á la desgracia,
reír á las barbas del destino que nos acosa y
:ranformar la parrilla de San Lorenzo en el
echo de rosas de Cuauhtémoc.
La ~icha es esquiva y voluble, huye de quien
1a persigue y busca. á quien la desdeña, hay que
t nderle r edes como á un ave, que ofrecerle ces Y anzuelos como á un pez; los niños que
pretenden atrapar mariposas con las manos, corren, giran, saltan, se afanan y fracasan; sudorosos Y agitados acaban -por caer rendidos
Ylallorosos con el corazón desolado y las manos va-

e s.

Tal el suicida de que antes hablábamos.

Una vez en poses1on de su herencia se traza un
plan descabellado, estilo Espronceda, propio y
peculiar de nuestras almas volcánicas y de nuestros corazones ardientes. ¿ Qué quieres? parece
decirle la fortuna ¿ trabajo, prosperidad, posición,
grandeza, gloria? Pues ahí tienes los medios de
alcanzarlas. El contesta: quiero gozar, quiero
inundarme de dicha, disfrutar de todo, aspirar
todos los perfumes, sentir todas las embriagueces,
habitar todos los paraísos, amar á todas las huríes. Y se lanza y aquellas embriagueces son de
alcohol con resabios y náuseas; aquellos perfume~
son de alhucema; aquellos cálices de amargura.
Las huríes, mercenarias; los amigos parásitos,
los paraísos, antros. En vano clama :
Inventad otros placeres
Otro mundo, otras mujeres!
No 1os hay; los grandes goces humanos son de
imaginación y no de realidad; las emociones extremas y. sublimes son propias de poetas y no de
vividores. :Mientras más sed se siente de goceH
inéditos, refinados, exquisitos, más turbias é
impuras resultan las linfas que han de calmarla.
1Iahoma colocó su paraíso más allá de la vida,
porque no existe ni puede existir en la tierra.. La
sed de placer mata la felicidad; el sibarita acaba por no tolerar en su lecho de rosas las arrugas de un pétalo. Consagrarse al placer es condenarse al sufrimiento y á la muerte, como consagrarse al ocio es condenarse á trabajos forzados. Por no querer slúrir, por rehusar la lucha,
por aspirar tan solo el deleite el hombre se ata
al pie una cadena de galeote.
Para sentir blando el jergón es necesario
rendirse de fatiga en el trabajo; para encontrar
delicioso el pan es forzoso no abusar de la trU-1
fa, para beber con avidez el agua pura es inclispensable no estragarse con el alcohol~ para sen-

tirse feliz en el seno de la familia hay que huir
del casino y del club. Una ley natural é ineludible
obliga al trabajo para que sea grato el ocio,
Pxije haber sufrido para ser capaz de gozar é
impone como precio de la felicidad una indispensable dosis de sufrimiento.
Quien olvida esta ley ó trata de transgredirla
se condena al hastío ó á la desesperación. El infortunado suicida que despedazado el cráneo yace
desnudo y abandonado sobre la plancha del
anfiteatro en espera de la autopsía, es ejemplo
vivo y palpante ele ese olvido y de esa transgresión.
La fórmula de la felicidad está toda constituida en la frase profunda de Juan Valjean á
un ladrón:
-Ah! quieres holgar? pues trabaja.
DR. MANUEL FLORES.

LA GRAN MANIFESTACION AL SR GENERAL:nuz
EN MONTERREY
De La Voz de Nuevo León tomamos la siguiet:Lte
completa reseña de la notable manifesta·!lón con que
fué acogida. la candidatura del Sr. General Díaz para·
la Presideucia de la Repúbiica:
La circunstancia de estar próximo el tiempo en
que debe efectuarse la renovación del Poder Ejecutivo, ha movido á todos los que sienten verdadero interés por el progreso de México á fijarse en la persona que ha de desempeilar tan alto puesto; y ninguno
se ve, dadas las notables condiciones por que atraviesa el país, que pueda ser más á propósito que el integérrimo y notable estadista Sr. General Porfirio
Diaz.
Al conc~birse la idea de que hacemos mérito, procuróse con prudencia explorar la opinión pública, y

�EL MUNDO.

ésta de un modo maní fie~to i,e ha pronunciado en fd•
vor del ilustre caudillo de la paz.
Es i rnpos!ble arrancar oe la conciencia del pueblo
mexicano, el afecto que si,mte hacia el gobernante
moclelo, que ha sabido encumbrará México, notable•
mente, y encumbrarlo por me&lt;iios tan firmes que ellos
mismos harán que sean perdurables losadelautosque
alcance en las luchas del trabajo.
La minería, la agricultura, el comercio, to-lo ,o
que es grandioso elt!mento para el progrebo de los

833

E L MUNDO.

indlforente á tan justa muestra de gratitud y patrio•

Hnnterr.-y. Manifestación en honor del Sr. General Diaz

C'omimza el ilnfile i/P. Ta p l'nce.-ión cirfra , snlir 11dn de la AlamPcla Porfi1'io Diaz.

po~ingo_3 de Diciembre de 1899.

Domingo 3 de Di~lembre de 1899.

tiSmO.

Fot D. Lagrange.

p11ehh,s, ha p&lt;,dido encontrar apoyo en el esfuerzo táneas simpatías que se sienten pr~,fundamente por
del acLU"I Primer Magistr ldO d e la República, y así , el que asi ba hecho grande y próspero á México.
es ..:orno palparnos esta voluntad incansable y perseOomo al principio expresamos, las clases que mlis
v,mrnte, que no cesa en su labor por robustecer la suponen en ~l país, se propusieron bacn una maniobra que t1n patrióticamente principió á levantar festación de aprecio en honor del Sr. General Díaz.
por sobre los escombros de nuestras extintas revoluEn México se efect~ó esa manifestación, según lo
clúnes pasadas.
Todo esto lo sabemos los que hemos visto cómo esa ha expresado la prensa; y 11qui en esta ciudad, que
obra ha ido agigantándose, alentada por un.L vo- hlen refit·ja la atinada gestión g ubernativa del seilor
luLJtad enérgica. En estos hechos radican las espon- Presidente de la R ~pút.lica, no be podía permanecer

El jueves de la semana que boy termina, á la vez
.que en la Capi tal de la República se verificaba lamanifestación de que antes hablamos, aqui tenía lugar
la misma, entusiasta y digua, como la hemos presenciado todos los que asistimos á ella.
o~conformidad con el programa y ceremonial respect,i vos la que aquí se efectuó tuvo un éxito hermol
1IO cual convenía á la alta personalidad á quien se
de1fü,aba.
En la procesión civica que partió de la Alameda
Portirio Dlaz, figuraban las representaciones del comercio, la banca, agri~ultura é industria.
La procesión cívica formaba un conjunto verdaderamente grandioso. Cada corporación llevaba al frer.. te el estandarte que la simbolizaba, y cuatro músi-0as Iban interpoladas en la columna. Se distinguió,
por las especiales banoeras que llevaban los que for•
maoa.n el grupo respectivo, por un carro artísticamen te ornamentado y aun porlo numeroso desu per-sonal, la Cervecería Cnauhtemoc, así como los gremios
de obreros presididos por el Sr. Marin Peña, y la S'Jciedad del Sr. Pedro Treviíio.
Por lo demás todos los grupos se esforzaron en pre.sentarse decorosamente y centenares y centenares de
pequeiias bauderas con los colores nacionales ondean~º en lo alto cuando la música sonaba, daban un aspecti&gt; arrebGtador á la solemne procesión cí vic;;, en
la que no se advirtió una nota discordiante ni un
solo atropello siquiera; y bien se miraba que Lodos
i;in excepcion interpretaban el objeto de la fiesta y se
conducían como á ella correspondia.
Contri buyeron á su mejor organización las acertadas disposiciones con que fué preparada y la correc-0ión del Sr. Ingeniero Ignacio Morelos, maestro de
· ceremonias y las personas que le servían de ayudan•

tes.

Al llegar los manifestantes á la plaza de Hidalgo,
e n donde se levantó una amplia plataforma, frente á
la er,tatua del padre de nuestra independencia, el Sr.
Lic. D. Vicente Garza C,intú, pronunció un discurso
,(que ha merecido muyjustos elogios).
El paseo siguió en la Alameda Porfirio Diaz, con-0urridísimo por todas las clases sociales y amenizado
po,· tres bandas de música.
E n lo general casi toda la Ciudad se engalanó para
la llest,L óe que hllblamos.
Los eddkios públicos y particulares, presentaban
en sus fach;1das bellos adornos, figurando con profu~lón muchísimas banderas que ostentaban con ga•
llardía nuPstros colores nacionales.
Las P;azas de Zaragoza é Hidalgo estaban hermO·
:$&amp;mente adurnadas con multitud de banderas y gallardetes.
Por 1~ noche 13. iluminación de las Plazas de Zara;goza é Hidalgo y la vistosa ornamentación atraían
-con sus encar,tos irresistiblemente. Millares de focos
,Incandescentes ele colores y de luz de arco derrama-

Un transporte inglés batido po,. la tempestad en el Golfo de Vizcaya.
ban su fantástica luz sobre aquellos hermosos lugares.
La serenata, no obstante que al principio de ella
hubo un paréntesis ocasionado por una fuerte 1luvia
1ntempestiva, estuvo esplendidfslma, durando basta
las once de la noche.
Gratos recu.erdos dejó en el alma la manifestación
que Monterrey ofreció al Ilustre Gobernante de Mé•
xico, al Ciudadano dlgnísimo, cuya histori.:1, sin manella ofrece nuestra patria como ejemplo de h eroica
virtud y de excelso patriotismo.

co obrero de la ventura bumanR.
Que su inmarC€sible memoria sea
el faro que alumbre el camino u.:
los que empiezan á vivir.
LUIS E. Rmz.

LA

NOVELA
DE

LA INSTRUCCION PRIMARIAEN MEilCO
DR. VALENTIN GOMEZ FARIAS

II

DON V A LENTIN GO::IIEZ

T,a c&lt;
,mitha hace alto en la Plaza de J;idrtlgo, e11 donrlP se fo d'il·ige un d iscu1·.,o dr.qde l o alfo d'! una p lnt(.f&lt;,rm a en qve se reunen los estandades

de las corpo1'adone.~ que la t ormai·on.

Fot. D. Lagrange.

F ,, IU .\S.

En el límpido cielo de nuestra amada Patria se
...,resenta, cronológicamente, como segundo astro de
la enseñam.a primaria el bene mériro Dr. Valentín
G lmez Farías, 11amado por muchos el Patriarca de la.
Dem~cracia.
Ocupando la primera. Magislatura de la República,
el memorable afio de 1833, expidió leyes y reglaroe ntos que hermosamente forman la magestu.osa port ada del ya sólido templo erig idJ á la lnstn.1,cci6n P rimn,ria en la Nación mexicana.
La claridad con que percibió los caracteres funda•
mentales de la Enseñanza pública, el acierto con que
sustit nía lo informe y sin objeto con la coordinación
de medios ¡,ara alcanzar un fin, bien definido, y la
inflexible voluntad con que emprendió la gran tarea,
hacen de este notabilisimo ciudadano, más que factor politico, po:leroso ariete de la refori:na y el pro•
greso sociales.
E3te sencillo, pero sincero y grato recuerdo, es bu•
milde homenaje al inteligente, al bueno y al enérgi•

"El Mundo Ilustrado."
CJmo lo ofrecimos á nues,
tros lectores, este mes recibirán TODAS las entregas '}Ue
faltan para la conclusión de la
n ovela de Víctor Hugo,

"Nuestra. Señora. de Fa.ris."
En nuestro próximo número reanudaremos el r e parto,
pues ya llegó el papel en que
se imprime esa novela.

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·ttianufa11turali en,ia ciudad de :l\uebla;
y el análisis de la materia.prima vino

á comprobar una vez más q ue los

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má rmoles mexicanos, cualesquiera que
sean sus especies variadas, compiten
con el artículo similar que á los Es•
tacos Unidos se importa ue ot1os países.
Debe mos hacer constar que los mármoles que mayor aprecio tuvi eron en
el Ce1 tam~n, fueron los que presentó
el :::ir. D. Amador Cárce:ias, de l11s ri cas caot&lt;&gt;ras que tiene en Jimulco,
del Estado de Coahuila. Los vit,itantes tomaron diversos info1'mes acerca
ae esos mármoles, los cuales obtuvieron el primer premio. Las ricas cnuteras del seflor Cárdenas se verán muy
en breve explotadns en toda forn:a,
constituyendo la nueva Industria una
fuente más de riqueza para el Estado
de Coabuila.
Otros artículos, como las frutns secas, alcanzaron el debido premio; gustan mucho los norteamericanos de esos
productos, principalmente de los pro,·enientes de la zona tórrida de México. Algunas de nuestras frutas son
poco ó nada conocidas y por esa circunstancia no tienen demanda en 1,,s
grandes mercados; pero hay otras en
cambio, que desde hace tiempo bao
sido aceptadas y que van cobrando ma.
yor demanda. Por lo que respecto á
las frutas frescasGde las que no se enviaron ejemplares á la Exposición, po-

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México en la f.XI1osició11 Internacional de san Antonio Texas,
EI vasto contingente que el Gobierno Gentiral de México y el de
Coa hulla remitieron á la reciente Exposición Internacional de San
Antonio Texas, fué bien recibido en aquella impJrtante población
con la que pocas relaciones comerciales había entablado nuestro país
antes de ahora. No hay hipérbole alguna al asegurar que los miembros de la DJreclón del Certumen esperaban mucho de nosotros, pues
ei,,taban y están ciertos de que nuestros elementos industriales y
agrícolas bien podían entrar en concurso con los de algunos Estados
de la Unión Americana, lo que resultó exacto del todo, con beneplácito para los productores mexicanos y provecho para los comerciantes de una extensa región próxima al Bravo.
Entre los numerosos artículos enviados á Sao Antonio, llamaron
Ja atención prerer&gt;nte los deshilados y mantas flnils del Estado de
Durangu, ciertos cereales de zonas septentrionales, los azúcares de
Morelos, los vinos de frutas que se ehboran en esta ciudad, los chiles jalapellos, poco ó nada conocidos en los mercados de Téxas, y las
labores manuales de sel'loras, debidamente apreciadas por los conocedores y las cuales no entraron en concurso por no haberse presentado en el Certamen ohjetoR similares que pudieran fundar la competeocin. Fueron también dignos de figurar e n la Exposición los ri •
cos cigarros y tabacos elaborados en México por casas bien conocldos y acredl1 a das. En este ramo se encuentra nuestro país á una alttJra superior á la de los Estudos Unidos, toda vez que los productos naturales siempre han tenido la meJor aceptación en los mercadnR norteamericano!&gt;.
~o c,bstante qur los Estados Unidos pueden ser considerados como
el granero del mundo, las muestras de trigo que fueron de México
llamaron la atención por la calidad del cereal. Bien saben nuestros
vecinos, que México tiene escasa producción de los principales ce· reales de consumo, pero no lgn.:&gt;ran que en materia de calidad los
nuestros s~n superiores á muchos de los que sus terrenos producen.
Fueron objeto de especial atención las figurillas de tecali que se

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dr mos decir que su calidad es superior á las análogas del país veci•
no y que la compE&gt;tencla que con las de California vienen 1,osteolendo, será mayor dentro de algunos a!I s.
A juzj!'ar por los cooceptvs vertidos en público por los se!IoresSayers y Hogl!', Gobernador el primero y ex-G,Jberoa'lor el segundo
del Es~ado d e T i:xas, el Interesante concurso de México determinó
el éxito de la Exposición.
El Estado de Coahulla remitió su contingente por separadt\;cuan•
tas riquezas agrícolas, lndustriales y mineras posee esa entidad federatl va figuraron en el Certamen texano. Quiso &lt;ji sef1or Goberna.
dor Cárdenas corresponder ampliamente á ,a especial invitación que
recibió para concurrir con los productos del Estado que gobierna, y
pudo lograrlo, dando provecho á los habi~aótes de Conhulla y contribuyendo al desallo comercial entre los mismos y los hombres de
negocios que tienen de vecinos muy cercanos.
El contingente pre~entado po· el Delegado del Gobierno de México, constante de productos de esta capital y de algunos de los Esta•
dos de la Unión, obtuvo veintitres premios; el del Estado ,deCoahulla alcanzó cincuenta y seis.
Los grabados representan los salones del Departamento de Méxt.
co, en los cuales se exhibieron la mayor parte de nuestros p1 oductos. Ea estanterías de rlc 1 madera 7 vitrinas se ven las botellas de
vinos, aguardientes y llcorei, las frutas secas, los puros y cigarros,
los deshila.rlo,, las pinturas al óleo y acuarela~ que Ll\n bien reclbi•
&lt;fas fueron, los varios folletos y muestras de pro iuctos minera.les
que envió el Instituto Geológico de esta el udad; en suma todos los
artículos producidos ó elaborados en el país.
Ei Departamento mexicano, que obtuvo el primer premio por su ador
no y dec•,u io, e~tatn coustruido de madera, revestida en su Interior
por elegante taplc_rfa. de raso de los colores nacionales, en plissé. El
aspecto de los salones era agrad,ible por el colorido de lqs adornos y
por la excelente colocación de los objetos, que fo:mabab. artístl-cos
grupos.
Cuatro medallas especiales fueron concedidas por la Dirección del
Certamen: una de oro para el Sef1or Presidente Dfaz, otra de plata
para el selior Secretarlo de Fomento, Ingeniero Fernández Leal, y

SALONES DEL DEPARTA.MENTO MEXICANO EN LA. EXPOSICION INTERNACIUNAL DE SAN A.NTONIO,TEXAS.

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�Domingo 3 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO.

336

EL MUNDO.

il37

UN GRAN BUQUE MODERNO.

Un entierro en Dawson (.b..londike)

dos de bronce, una para el señor Gobernador de Cuahuila y la otra para el señor Ingeniero .Albino R.
Nuncio, Delegado del Gobierno Federal en la Exposición. Los premio3 ordinarios, acompañados de sus
respectivas dlplomas, se entregaron ya á sus duefios.

ENKLONDIKE
Hemos elegido para esta plana dos grabaaos que
muestran aspectos típicos de lo quses la vida y también de lo que es la muerte en la metrópoli boreal.
El primero es el cortejo fú::J.ebre de .Mrs. May L.
Edgren, hija del Capitán Bennett, célebre en aquellas regiones. La llevan á su última morada los fieles

perros que pocos días antes la paseauan, feliz y sonrlente, por la llanura cubierta de nieve.
No es un entierro común y corriente, pues se trata
de una persona distinguida. cuya muerte habrá sido
comentada en Dawson como lo es la de una Carnegie
en Nueva York.

** *
El otro grabado es el arribo de un cargamento de
o.-o á Dawson.
La policía escolta el convoy, cuyas mulas cargan
cuatro sacos de oro cada un:1,. Los sacos pesan cincuenta libras del precioso metal.

Ensayarlo éste, los bancos pagan de 80 á 90 frao
cos por ooza de 31 gramos.
Luego lo envían al Canal!~ ó á los Estadc,s Unidos.
Una cláusula del contrato celebrado por los Bancos y
las Compafíías de seguros marítimos estipula que en
1~s buques que hacen la travesfa á Vancouver ó San
.l!'rancisco no podrá embarcarse más de cinco millones de oro virgen en cada envío.
·
Como rasgo curioso diremos que algunas de 111&amp;
notas que hemos consignado en Et Mundo llustradosobre la vida y costumbres ne Klondike, las tomarnos dlrectamentP. de periódicos de Dawson en donde
hav cinco publicaciones, una diaria y cuatro semanarias. ·

La navea-ación marftima se ha transfor~ado t'.ltalmente en ~tos últimos tiempos, no sólo por la aplicación del vapor, sino por el aumen~o de la velocidad
que se ha obtenido después de aplicada la máquina
de vapor.
para satisfacer la necesidad creciente de rapidez
en las comunicacirnes, vemos que se ponen á flote buues cada vez más gigantescos.
q La flota pacífica se h1. enriquecido con dos poderosos leviatanes, el Kaiser Willulm y el Oceanic.
Pero al mismo tiempo que ganan en velocidad ganan en comfort los buques modernos. El 1ujo que hay
en algunos de ellos es extraordinario. Los buques
belgas que hacen el servicio entre Ostende y Douvres
&amp;&lt;&gt;n soberbios; pero no igualan el lujo de los grandes
paquetes de la Co:npaffia de Mensajerías Maritimas.
Esta Compaflia es la más antigua de todas las de
navegación en Francia. Actualmente tiene líneas
que surcan el Atlántico del Sur, el .Mediterráneo, el
Mar Negro y que pasando por el Canal de Suez llegan á los puertos de Indo-China y .Australia. En esta última tiene sus buques mejores para luchar con
la&amp; Compañías inglesas y los habitantes de la Gran
Bretaila la prefieren á los buques de las empresas de
au tierra.
·
Entre las últimas adiciones de la flota. de las .Menaajerfas Marítimas, debemos citar el Laos y el CordiUere.s, que ofrecen el lujo más grande que se baya
TiatO fl bordo y acaso en los mejores hoteles.
El Laos fuá puesto al servicio público en Julio de
1897; es un poderoso navío de cerca de 150 metros
de longitud total por 15,50 de anchura; desplaza
8,910 toneladas y en las wuebas dió una velocidad
de 18 nudos y medio, aunque ordinariamente camina
con una velocidad de 16 nudos, no teniendo que entregarse á la terrible competencia de tos trasatlánticos que hacen el servicio de Nueva York.
El Lao3 tier..e cabida para 143 pasajeros de primera clase, 71 de s~gunda y 81 de tercera.
Lo notable de este buque es su elegancia, como lo
es de casi todos los de la Crmpañfa propietaria del

El Paquebot "Laos·•

Las últtmas aDlicaciones de la ciencia
Los rayos X y la. Tipografía.
Ya se~habla mucho en el mundo científico de la impresión por medio de los
rayos X.
Dicen los que pretenden saberlo que
esta aplicación clentffi.ca está en sazón y
que muy pronto tendremos libros y periódicos sin el concurso obligado de los
tipógrafos.
Hace algunos años se pensó en reproducir sobre bleques de hojas de papel los
caracteres de una hoja-tipo, empleando
para ello la corriente eléctrica, como Jo
hizo Caselli en el pupitre de su telégrafo
de 1864.
L0s rayoh X presentan un resultado
más sencillo y día á día se multiplican
las tentativas de los sabios .en todos los
lugares del globo.
Los rayos X pueden atravesar cien hojas de papel yuxtapuestas é imprimir radiográfica.mente todas á la vez en el momento en que E.e las sitúe ante un manuscrito-tipo ó un texto, para lo cual basta exponerlas algunos instantes á los rayos Roentgen.

ÚJ/&gt;8.

Una conocida casa recibió el encargo de amueblar
y decorar el salón ae conciertos de primera clase, así
como la entrada principal y dos corredores del puente superior.
En el puente principal está el gran salón que se
domina desde las galerías con balaustradas situadas
á uno y otro lado de un gran espacio libre de donde
re:ñbe luz el salón.
Es maravillosa esta parte del buque. Las galerías
cayas balaustradas y puertas se ven en el grab~do
que representa el gran salón, están decoradas al estilo Luis XIII con profusión de ornamentos de un
gasto exquisito. Hay en ellas notables panneaux de
flores obra de un artista de talento, M. Cerbron. El
mismo grabado nos presenta, transversalmente al salón, una balaustrada de madera y un vestíbulo cou tapicerías, que da al salón de música.
Este l1ltimo es ::na joya estilo Luis XV: también
lo reproducimos en esta página.
Las puertas vidrieras, fas maderas esculpidas, los
espejos, ias pinturas de Cerbron sobre las pue, tas, el
clt;lc, pintado por .Moreau-Neret, todo esto hace olYidar que está 11no en un buque.
La parte decor!ltiva del gran salón es de Jo más
bello y la profusión de luz y la amplitud di, la esta.a-

***

Gran salón.
cla hacen olvidar al viajero la sensación de '.\sfixla
que se experimenta en los buques de otra clase.
El salón de fumar es también elegantísimo y el aspecto de los dos que aparecen en esta página les indicará á nuestros lectores lo que será esa otra maravilla del lujo de los buques modernos que tienen la
primacía. en materia de seguridad, comfort y buen
gusto.

Con lo dicho se comprende cuál es el
nuevo sistema de impresión.
Para imitar la tlpografía se cubre de
tinta grasosa el papel-tipo y se escribe en
máquina con tinta azucarada ó engomada, obteniéndose con el desarrollo ca.rae- teres negros en fondo blanco.
Para imprimir las dos caras del papel se sensibilizan en bandas paralelas, de tal modo que las líneas
del anverso correspondan á las interlfneas del reverso; se pega el texto de ambos lados por bandas y en
caso de corrección, se rectifica ndda más la banda que
contenga el error.
Naturalmente es posible radiografiar muchos bloques á la vez; si se opera con 20 bloques de 100 hojas
cada uno, se obtienen como 6,000 ejemplares por minut,o, pues se desarrollan y se secan automáticamente. Así, pues, diez personas producirían en ocho horas de trabajo más de 7.500,000 de ejemplares, desarrollados, lavados y secos.
Todo esto es seductof, pero la máquina de escribir
no proporciona un texto regular y elegante, a~í es
que tendríamos muchos ejemplares aunque detestabl~s,. á meuos que se perfeccione la máquina de escribir y se obtenga con ella un texto que pueda servir de tipo.
También hay que examinar si industrialmente el
tiro es más económico por la radio~rafía que por la
prensa mecánica.
Esta ec; la incógnita del problema; pero de todos
modos la impresión radiográfica podrá ser muy útil
en ciertas circunstancias y servir como auxiliar del
invento de Gutenberg.

NOTAS
Cuando visito un país me preocupo menos por conocer las leyes que por saber si las aplican.
Montesquieu.

*
* *valen lo quP, su gobierno.
Las alianzas de un país
G. Valbert.

***

El"cumplimiento del deber, como toda victoria, es
tanto más glorioso cuanto mayores son las di.ticultalles que se han vencido.

Llegada de un convoy de &lt;&gt;ro á Daw,on.

Sal,ón de

C&lt;&gt;ncurtos.

Valtour.

I

�EL MUNDO,

Domingo 3 de Diciembre de 1899,

Et reflejo, el olor, la flama y la imagen.
Una tarde que estaba muy pobre, más pobre
todavía que el día anterior que estuvo tan pobre,
Albo Cirilo, hacedor de Vc!rsos por vocación y
muerto de h'¼mbre por costumbre, se empezó á
convencer de que el tiempo era largo. No habiendo podido di~traer su fastidio ni por su aplicación ferviente á. acabar un soneto, tomó el partido de dar una vuelta por el boulevard: allí al
menos se oye ruido y se ve muchas cosas.

Al torcer una esquina, c imino del bonlev&amp;rd,
vió por las cuatro ventanas abiertas de un primer piso un suntuosísimo salón, donde bajo los
cristales deslumbrantes de las aranas coruscaban
los moarés rojos de las tapicerías y de los muebles y chispeaba el oro de las molduras: algún
salón preparado para una fiesta. Y más lejos,
por el claro menos iluminado de otra ventana se
veía las sedas pálidt1s y. los encajes vaporosos de
un lecho. Albo Cirilo, expulsado tre3 días antes
de un hotelíllo de la C'llle de Alemania donde ocupaba un enarto miserable.juzgó brutal, mediocre
y burgués el lujo de aquellos salones, y banal el
elegante misterio de aquella alcoba. Y seguía au
camino, cuando vió. sobre el asfalto brillante por
la lluvia el reflejo del palacio. Lo vió hermoso,
se mclinó, lo recogió como se haría con una hermo9a tela, lo dobló cuidadosamente y lo guardó
en la bolsa derecha de su gabán para hacer uso
de él en caso de necesidad.
Un olor lo atrajo. Guiado por su instinto notardó en encontrarse frente á un almacén de comestibles, donde tras el cristal de los escaparates,
apezonados aquí y ~llá por las negras redondeces de las trufas, ostentaban los pavos sus enormes vientres entre dos platos de rombos adornados con perejil, bajo una especie de emparrado
donde se entrelazaban ramas de cerezo y de donde colgaban naranjas y anonas con la corteza
chorreando azúcar.
Desde que ya no tuvo crédito en el fonducho
situado en la esquina de la calle de Alemania y
del Ahorro, Albn Uirilo comía en las mafianas
(nunca comía en las tardes) en un mezquino restorante que vendía por seis céntimos una tajada
de ternera porque era de caballo, y por tres una
costilla de carnero porque era de perro. Cirilo

despreció los pavos, volátiles prosaicos y vulgares, los rombos tan eatimadoa en las cenas de
bodas y en los banquetes burgueses, las frutas
maduras aunque exóticas, y sólo las diminutas
naranjas que temblaban en el aire le pqrecieron
graciosas, tan graciosas que las habría mordido.
Una sola cosa le agradó completamente: el incitante olor de los manjares y el fresco perfome
de frutas que exhalaba todo el almacén. Entre
sus dos manos que cerró apresuradamente para
que nada se escapase, aprisionó aquel olor y lo
puso en el bolsillo izquierdo del gabAn. Qt1izá.
se presentaría ocasión de servirse de él.
Una multitud ávida, en la que se veía por entre
los cuellos de los hombres adelantarse cabezas
de mujeres con lo~ ojos deslumbrados, en la que
se crispaban con instintos de apropiación los punos
codiciosos, se agrupaba, se amont0naba, se encarnizaba. frente á un escaparate de joyería que
en un enorm~ estuche de terciopelo azul pálido,
mostraba todas las alhajas de la archiduquesa de
Tesalia: collares de triples sartas de diamantes del Brasil, brazaletes de rubíes del Cabo y
pendientes abiertos en pétalos de zafiros, como
rosas hechas con esplendores az11les. Cuando llegó de su provincia, Albo Cirilo traj) consigo una
crucecita de oro hueco. q ne su a bue la, una anciana con la cabeza RiPmpre envuelta en una mascada roja, muv ab ·igada, con las manos seniles
vueltas hacia los brazos di&gt;I sarmiento, bajo la
gran chime!'lea, le había confiado como un talismán; y como la habfa empefiado en tres francos
en el Monte de Piedad no se explicab!\ que se
pudiese codiciar las vt1lgares alhajas modernas
hechas con piedras finas que se encuentran en
todas partes. Lo que hubiera querido ver era ·la
diadema de la P11loma Pico de Hierro, con que
Camira, reina de Asiria, viuda de Menonés y de
Nino, se engalanó para desposarse en el sepulcro real con
el cadá.ver de Ara el hermoso.
Sin emb11rgo, derram ,do por
encima de las cabezas atónitas
el esplendor del i&gt;scaparate era,
muy bello. Levantando una
mano, Albo Cirilo atrapó aquella flama como se haría con
una ma.-iposa de luz y la encerró en uno de los bolsillos
de su chaleco. En ciertas circunstancias las menores cosas
pueden ser útiles.

En la plaz¼ de la Opera, se detuvo frente Ala
escalinata de breves peldafios á ver las mnjerea
hermosas que b!ljaban de los carruajes. Primeramente aparecieron muchas viejas y muchas
feas, porque con frecuencü, las pobres son Ju
que en compensaciin de tantas cosas que no tienen, poseen h gloria (más gloriosa en los vestidos sucios y los harapos) rle tener veinte an.os y
de ser guapas. Sin emb11rgo, he aquí que salió
de un coup_é capitonado_ de seda malva, y aquí,
y allá., lummoso de espe¡oe, la perfecta Princesa
en quien triunfa el m&amp;s milagroso deslumbramiento qlle pueda producir una mujer, y que
tiene, aprisionado y oculto, bajo una bruml\ de
encajes, las gracia~ de Afrodita, hechas con espuma marinq, redondeada y solidificada por la primera caricia de la mano de un dios. Albo Ci"ilo
se quedó frío. Y no era que tuviese alguna mujer cuyo amor lo apartase de cualquier otro amor•
su último amor fué una criada de cortesana'.
una mujer casi vieja, casi sucia que se encontró
en el fonducho de la esquina delas calles de Alemania y del Ahorro; sino que poco pagano (desde que el Pttrnaso no existe se ha renunciado al
Oiimpo) se había consagrado á las pálidas y delgadas y melancólicas gargantas de las vfrgene~,
ya enflaquecidas por el próximo martirio; y la
fdrviente devoción de su sueno ac,niciaba aque,
lla belleza divin1:1.. Corno se alejara vió en uno
de los espejos del coupé la imagen de la Prince~a
que se volvía á tomar su abanico olvidado. Y
aquella.imagen més bella que la mujer de quien·
era imagen lo entusiasmó á tal grado que se precipitó sobre el coupé para robarla. La multitud
entonces se arrojó sobre é', lo injurió, lo amenazó con conducirlo á la cárcel. fuá necesario golpearlo; pero él se dejó maltratar y se alejó,
contento, porque había aprisionado la imagen en
su rauda m11no. La guJtrdó en una de las b:&gt;h u
de su gabán, pero no en una de las de abajo, sino

Domingo 3 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO.

en esa bajo la que late el corazón. Aquella ima.gen la sabría emplear muy bien, ¿cuándo? al insiants tal vez.
Atravesó el boulevard, la Calle Real, Cruzó la
plaza de la Concordia, costeó el Sena, caminaba
velozmente por la banqueta del muelle entre los
transeuntes á cada momento m&amp;s raros. No habiendo dormido desde hacía tiempo en un lecho
cansado, con el vientrA adolorido á causa del po'.
.co alimento, sombrío por las tinieblas que arroj aba en él la esperanza extmta, y también de
solado por no ser querido ni por la criada de la
,oortesana, .b uscaba algún refugió donde pudiera
eatar solo, aunque triste. Sabia que existe un
puente cuyo primer arco cubre una ancha acera
embaldo~11da. Allí había dormido algunas veces.
..Reconoció la escalera, se encontró completamente solo bajo la ojiva del arco, y el silencio ruido·10 del agua corría á lo largo de las piedras,
Divagó largo tiempo.
Y sonrió
De la bolsa derecha de su gabán sacó el reflej o del salón y de la alcoba, más bello que la alcoba y que el salón, tapizó con él las piedras gri..aes del puente y todo el crepúsculo y quedó enmedio de una fiesta. Como tenia hambre tomó de
-su bolsa izquierda el olor de los manjares y de
las frutas, y sobre una mesa ofrecida por el reflejo del salón hizo un hermoso festín. Pero ¡es tan
lúgubre comer á obscuras! Se acordó de la flama
que llevaba en su chaleco y al instante ardieron
por todas partes diamantes más luminosos que los
diamantes, zafiros más azules que los zafiros y
todas las mar11villas deslumbrantes de una ideal
j oyería; no, no eran más cl11ros los fulgores de
las pedrerías de la diadema de la Paloma Pico
de Uierro. Y en la incomparable luz, entre la
pompa soberana de las telas y de los muebles de
oro se puso á comer, teniendo en las manos un
-cuchillo y un tenedor de plata, platillos fabulosos
y frutas que no se maduran más que en el jardín
de l~s He~pérides. Comía furiosamente, comía y
-comia Si por momentos se veía obligado A
cerrar los ojos á causa de la mucha luz que había en torno suyo, no podía dejar de abrir más,
más, y siempre más la boca, á causa de su
apetito renovado por manjares milagrosos é imprevistos. ¡Pero es tan fastidioso cenar solúl Y de
la bolsa de su gabán, esa bajo la cual late
el corazón, sacó la imagen, la imagen más bel la que la Princesa, la imagen que parecía una

339

frágil mArtir demacrada. Y cenaron juntos, la
imagen y él, en el suefio del palacio y en el sueno de las pedrerías. Pero como el suefio A
veces exige la realidad la llevó, reflejo ideal, al
reflejo del lecho más misterioso en el inefable es,
tremecimiento de las sedas y de los encajes. Y
de la misma manera que había comido mucho A
la luz de engaflosas el Árida des, softó mucho sobre
aquel lecho de ilusión. Y se sentía transportado
en una purificación celeste, hacia los países maravillosos del amor, donde los goces se perpe•
túan y se realizan los más locos deseos. Y sofiando, soflando, le faltaron las fuerzas y el aliento y desfalleció extasiado.

*

* *
Algunas horas después de salido el sol, el trasquilador de perros y descuatizador de gatos que
une á su oficio ordinario la fnnci ~n de afeitar al
aire libre á los marineros de los buques mercantes, vió á alguien que estaba muerto sobre el embaldosado, baJo el arco. Ft1é á avisar al comisa1 io de policía que se apresuró á acudir acompafi11do de un médico. Un tumulto de gente que se
amontonaba _en torno del muerto, viendo los mis~rables vestidos, murmuraba: alguien que se suicidó á causa de, la miseria, alguno que se murió
de hambre. El Doctor, con una rodilla en tierra
comprobó la muerte de Albo Cirilo. Pero ¡qué
asombro cuando después de un examen atento
del cadáver declaró que contrariamer.te á. todas
l11s ver0similitudes debió morir de un exceso de
mesa, d.i indigestión en una palabra, y de algún
otro exceso, un exceso de amor. Y los ojos de
Albo Cirilo no
cerrados aún, estaban secos y
calcinados como
los de un hombre que hubiera
estado mucho
tiem¡&gt;o con la cabeza adelantada
hacia un horno,
ó que durante
muchas horas hu•
hiera visto de
frente a! sol.
Ü.ATULLE

MENDES.

OUf\TRO PRETENDIENTES
En la aldea, entre las muchachas casaderas,
'tan aólo la hija del labrador Denizot era hermosa,
oon la belleza de la campesina, las mejillas rosa-das y los brazos bien torneados y llenos de hoyuelos. Ademá.s, Celestina tenía mucho de seflollita, pues había sido educada en la ciudad, en el
-colegio de las Hermanas.
Así, pues, los más apuestos mozos del pueblo
habíanse enamorado locamente de la hermosa, y
-cada uno juraba conquistar su amor. Entre los
enamorados contábase Teodoro, el hijo del al-calde, un p0co pagado de sí mismo y que se morfa por ejercer su mando á propósito de todo.
~ lemente era el segundo enamorado, un moreno
muy peripuesto que estudiaba para profesor; y
'?ra el tercero Aug:!sto, albafiil inteligente, trabaJ ador obstinado y hombr, de constitución robus•
ta que se ganaba espléndidos jornales. Era el
enarto pretendiente-i1un cuando nadie lo sospe~hab_a-Desiderio, un jovenzaelo pálido, cuya
intehgencia era mucho más aventajada que su
,Pers_ona, de modestos i-leales y de carácter de~ as1ado tímido para osar ponerse en competen·ci11 con los otros, contentándose con suspirar en
secreto, y sin permitirse otra cosa que lanzar á
la bella Celestina una mirada de soslayo cuando,
al llegar el domingo, la muchacha iba á la misa
P~sando entre la fila de sus admiradores, muy
bte~ vestida, con su aspecto un poco altivo que
hacia á los mozos atuzarse nerviosamente el bigote, mientras que Desiderio se ocultaba detrás
de ellos, avergonzado y confuso.
F.l tio Denizot y su hija no habían hecho aún
'111 ~le:ición. Celestina era deml\siado joven.

-No l~ casaré sino hasta que pasen tres afios,
-había dicho el labrador;-de aquí á entonces
hay tiempo suficiente para escoger la mercancía
y pesarla bien. Dentro de tres anos Celestina hará su elección.
Así, los enamorados decidieron hacer proezas
para ver cual de ellos se llevaba á la hermosa
muchacha cuando llegara el tiempo fijado.
-Los galones! -dijo el primero, á quien gustaban las campaflas y quien, por otra parte tenía

qu~ hacer_ su servicio militar;-no hay para las
muJeres smo la gloria; los galnnes de oro sobre
las mangas y un hermoso uniforme. Voy á eng~ncharme eu .Aftica, y dentro de tres afios, á
m1 vuelta, ya con el grado de sargento, me despos11.ré con la bella Celestina.
En cuanto á. Clemente, que estudiaba para profesor, había resuelto irse á la ciudad para ingresar en la Escuela Normal. ·
-Profesor en un colegio, proresor en la ciudad, he ahí lo que es preciso que yo sea; un ver dadero senor como M. Duhamel el profesor de
matemáticas en el Liceo, que va por allí con su
gran s?mbrero_ de copa, su bastón bajo el brazo,
Y una mstrucc1ón superior. De esta manera eclip•
saré á todos los campesinos.
. Por lo_ que hace á Augusto el albafiil, no temendo smo sus brazos para trabajar tomó también su partido.
'
-Tr.,s aflos .... es preciso que en tres afios
haga yo una fo:::-tuna, una verdadera fortuna; quA
pu~da yo llena~ con oro un gran saco, para constrmrle á Celestma un castillo que haga palidecer
á todos_ de envidia. Precisamente acaban de ser
descubiertas en América unas minas de oro· allí
es donde los hombres esforzados hacen dU f~rtuna. Yo me casaré con Celestina.
Y Augusto se fué también como los otros llevando. algunas economías y sus dos fuerÍes y
nervudos brazos.
Y ~sí fué como ~n 1~ aldea. no quedó más prete~d1ente que Des1derio, tan mofensivo, tan tímido, que nadie_ se fijó en él .... y sí por la primera vez Celestma.
Ahora que estaba él solo esperándola A Ja ea-

�340

EL MUNDO.

Domingo 3 de Diciembre de 1899.

Domingo_ 3 de D~ciembre de 1899.

341

EL MUNDO.

CANCION DEL ALCOHOL

lida de la misa y que los otros no se enc?ntraban 1111! para_ ocultarlo con sus estudiadas posturas, Celestma no podia deJar de
mirarlo al pasar; y él, desembarazado de sus rivales, parecía más
Acaricio al Dolor y lo duermo
alto y menos delgado, y sus grandes ojos se haci~n más dulces
con mi onda que robo al Nirvana.
y tiernos cual'.ldo, con la punta de los dedos, o!rec1a el agua benEste siglo caduco y enfermo
dita á la muchacha. Así, poco á poco, Celestma llegó á encon·
me apura, me apura como una tizana.
trar gran placer con la presencia de Desiderio.
_
Y un hermoso día de primavera, fastidiada por la ausencia
-:*** •
de sus pretendientes, instintivsmente_bus~ó á alguie~ á su ~erredor y sus miradas cayeron sobre Des1der10, mudo é mmóv1l, ab
Soy blanco, soy rubio, soy hecho con rayos de sol
sorto en la contemplación de
soy negro, s: y verde, soy rojo: me llamo el Alcohol~
su amada. Ella entonces sintióse también conmovida, y
su corazón latió fuert~mente
Contemplad la mundana balumba;
como nunca había latido ni
impotente el hambriento en su afán,
por el hijo del alcalde, ahora
y
ve á sus hijos cual larvas de tumba
en .Africa,ni por Clemente que
que sudan miseria, gritándole: pan!
estudiaba en París, ni por Augusto que se había marchado
¿Mas que importa la sucia caverna
á buscar· oro á Klondike.
y los gritos del lívido enjambre?
al entrar en la humada taberna,
El tio Denizot, al caoo de
se borra, se borra el fantasma del hambre ...•
algún tiempo, sorprendióse vivamente al encontrarse, en su
*
paseo por el campo, con la
* *
pequefta vifta de Desiderio,
El que llora imposibles amores
tan bien cuidada, que el fruto
y de lutos eternos se cubre,
parecía doble, y las cepas
y vió muertos sus sueños, cual flores
más eRpesas.
que tronchan los vientos del pálido Octubre,
-¡Vaya con el perillán de
En mis brazos de mago se enreda
Desideriol ¡Quién lo hubiera
y realizo su ardiente deseo:
creído!. .....
yo le tiendo la escala de seda;
Absorto estaba á la vista de
le finjo la dicha que tuvo Romeo ..... .
tanta belleza, cuando se presentó Desidnio, un tacto conToda pena se aboga en las cubas
fuso por hallarse delante del
donde bulle la sangre de Bacc,
padre de la que adoraba.
exprimid hs pletóricas uvas
-Y el perillán se pone co·
y alzad el sonoro .:arquesio d:osiacol
lora.do siempre que me encuen
tra, como si me hubiese robado algo,-pensé el naje con su gran sombrero de copa, su bastón
*
* *
bajo' el brazo, y su levita bien abrochada.
viejo.
.
El tio Denizot al encontrarlo en la calle quedóSoy blanco, soy rubio; soy hecho con rayos de sol,
Y como dijera esto en voz alta, un campesmo
malicioso que á. la sazón pasaba, dijo al tio De- se encantado y mientras le echaba los brazos al soy verde, soy negro, soy rojo: me llamo el Alcohol.
' ternura que ponía 1agr1mas
.
cuello con una
en sus
nizot:
*
- No enrojece por lo que te robó, sino por lo ojos, se decía interiormente con unsentim_iento d~
* *
que quiere robarte .... ¿.Acaso no has observado orgullo: «He aquí el marido que necesitaba mi
El anciano que trémulo marcha,
las tiernas miradas que dirige A tu bija á la sali- Celestina; hoy verá cuánta raz.5n tenía yo en
apoyando los piés sobre ruinas,
querer
esperar
hasta
el
último
momento.»
da de la misa?
con la frente cubierta de escarcha,
- Al fin volvemos á verte, querido Clemente.
El tiv Denizot nada dijo, y se fué prontamente
con la vieja frente cubie"ta de espinas,
Mucho
tebas
hecho
esperar;pero
ahora
sí
que
to
A su casa para interrogar á Celestina.
Halla en ::::í su ya muerta energía;
- Cierto- dijo la muchacha- y es verdad tam- das tus ansias quedarán satisfechas y tus esfuerzos
soplo en él los alientos del fuerte,
recompensados. Celestina es tuya y la boda se
bién que lo quiero.
y al calor de mi roja ambrosía
efectuará tan pronto como lo quieras.
-¿Y los otros, Teorloro, Clemente, Augusto?
piensa el pobre viejo que engalía á la muerte.
-¡Cómo! ¿no sabe usted. tio Denizot?-dijo
- ¿Para qué se fueron?-dijo Celestina.-Sime
Clemente
un
tanto
sorprendido-¿no
sabe
usted
hubieran amado estarían aquí. ¿Es que puede uno
*
* *
alejarse de los que ama? Lo que ellos querían que me casé en París y que traigo conmigo á mi
esposa?
eran vuestras tierras. Además ¿dónde están ellos
Y ese :oco genial que vislumbra
El viejo, avergonzado y confuso, no encontró
á la gloria-querida cruelahora? Han visto ya el mundo Y. nos han olvidauna sola palabra que contestar y se alejó apreY sólo halla la envidia-penumbrado, es seguro que no se acuerdan de nosotros.
que marchita en su frente de augur, el laurel.
-Veremos-dijo el viejo-tienes que esperar suradamente.
Al llegar á su casa, fué Celestina quien le dijo:
hasta que llegue la fecha que he f!jado.
En países de ensueño se pierde,
-Padre mio, acabo de ver pasar por aquí á
-Pero, padre ¿por qué he de esperar si es á
y el arcano ideal quizá ve,
Clemente,
tan
repantingado
en
su
levita
y
tan
Desiderio á quien amo?
cuando prendo en su cráneo.la verde
-He dicho que tres ailos,- dijo secamente el . ridículo que aunque me suplicase de rodillas que
estrella de absintio que amó De. Musset.
consintiera en ser su esposa, no accedería yo por
tío Denizot.
nada á su petición. .Amo á Desiderio y pido á us*
* *
ted su consentimiento para casarme con él.
Pronto iban á terminar esos tres ailos, cuando
Con mis aguas lustrales, remedio
-Lo tienes hija mía. Yo también he encontrael hijo del Alcalde volvió. Buen soldado, ofi- do en la calle á Clemente, y me ha parecido lo
el fastidio del oro: el spleen,
cial, pero de conducta completamente deprava- mismo que á ti, muy ridículo y muy pagado de
y á mis risas febriles, el tedio
reprime un bostezo, se vuelve.Arlequín.
da, con el rostro ennegrecido, el uniforme aban- sí mismo. Avisa á Desiderio que consiento en tu
donado y sucio, y un olor á ajenjo que no le aban- boda con él, y dile, además, que lo e..timo y que
Enrojezco la faz de la Anemia,
donaba nunca, Parecía haber envejecido diez siempre lo he querido por haber reconocido en
mi caricia es mordente y extraffa;
ailos, y desde su llegada se instaló en la taberna, él al hombre trabajador que para nada se ocupa
y en el fino cristal de Bohemia
- Ya lo ve usted, padre, ¿á qué esperar más?
ríe la burbuja del áureo champaña.
en vanidades.
- He dicho que tres ailos.
Y la boda se efectuó ooco después en uno de
Sí! yo arrullo al dolor y lo duermo
Vino después Augusto. Tras de largas fa- los más hermosos días de primavera. Desiderio
con mi onda que robo al Nirvana.
tigas había logrado recoger en Khmdike un po- estaba radiante de alegria y el rostro de CelestiEste siglo caduco y enfermo
co de oro, pero habiendo caíjo enfermo, su pe- na coloreado por la felicid11.d, parecía una rosa
me apura, me apura como una tizana.
queflo tesoro le fué robado, y con terribles penas silvestre caídA sobre la nieve de su hermoso tray trabajos había logrado volver al pueblo, gas- je blanco de novia.
*
tando lo poco que le quedaba en su pasaje y en
* *
ENRIQUE CORMIELLE PERIER,
medicinas. Al verlo no se le hubiera reconocido,
Soy blanco, soy rubio, soy hecho con rayos de sol,
tan amarillo estaba y tan pegada tenía la piel á
soy verde, soy rojo, soy negro: me llamo el Alcohol.
los huesos. Lo había perdido todo, hasta su fuer•
za y estab'l oculto en su casa, lleno de confuRAFAEL LOPE7..
sión.
.:....Ahora sí, padre, ya no hay que esperar-dijo Celestina con impaciencia. Amo á Desiderio,
¿para qué peraer más tiempo?
-Falta Clemente ..... .
El tío Denizot estaba ansioso por la vuelta de
Clemente, pues mucho era lo que á sus oídos babia llegado sobre las aptitudes del muchacho y
sus éxitos.
Y al fin llegó también; venía hecho un pe~rn-

IV
Colombina sale de su es•
condite y se desespera porque ama á Pierrot. En su
angustia va á colgarse de
su chal; pero vuelve la cara,
ve al Amor niilo de pie en
el altar y se arrodilla é implora su auxilio con fervor.
El Amor sale de su inmovilidad, se anima, sonríe, se
de'spereza, cambia de postura y recita unos versos.
-Puesto que siempre me
has servido y Pierrot te
abandona, voy á proporcionarte los medios para
que lo castigues. Te olvida por la luna sin saber que
ese amor es insensato. Diviértete á eosta de él y para curarlo de su insania,
conviértete en

~ \\
~~,'!
-·

,r¡~'

HADA DE LA LUNA,

la luna, exponiéndose á caer en el agua. Salta al
brocal y se inclina. Quiere coger á la l~na en el
agua que le refleja y quiere besarl '\ y se tiende en
la orilla. Se moja los dedos y bebe un poco de
sgua que lo hace estornudar como un gato resfriado.

II

PIERROT ENAMORADO
DE

LA LUNA.
La escena pasa en un parque Watteau baila~o
por la luz de la luna. Setos vivos. Bruma sutil.
La luna llena, en el centro de la decoración, se
refleja en un estanque azul rodeado por un brocal de mármol blanco. En primer término, á la
derecha, un altar del Amor, baftado por la claridad de la luna y cubierto de guirnaldas. En el
zócalo, la estatua del Amor-niño, con arco y carcaj, y dos alas blancas, se destaca blanco Y sonrosado en el cielo pálido.

...................... ............. ....... ..

I
Pierrot llega corriendo como si alguien lo persiguiese. No viene vestido de largo saco flotante
da algodjn; trae una blusa algo ajust~da de primoroso Gi!les. Tiene la cara enharmada como
siempre y la cabeza cubierta con su montera yu~
eombrerillo. Huye de Colombina quien le p~rs~gue como una abeja importuna cuyo rumor uri1ta. Ella lo hostiga ó quizá lo cree loco porque está
enamorado de la luna. y ¿por qué no habí:3- de
sentir ese amor? La luna es bella, suave, brillante, pura como un lirio, magnífica como una rosa•
La contempla y la admira arrobado.
Le canta una balada.
Se arrodilla y eleva hasta ·ella una oración. .
Lo llama con palabras dulces. Implora su piedad,- ¡Nadal
Quiere ir á ella, puesto que ella no :viene á él.
Una navecilla está amarrada A la orilla del e~tanque; entra en ella y levanta los brazos hacia

•

Suenan los timbales, caen
la" ropas de Colombina y
aparece en la forma de media luna, vestida de falda
corta de g-asa azul sembrada de pedrería y con
una diadema en los cabellos. El rostro, los brazos y las piernas tienen la l}alidez d9l astro,
La luz nocturna se va disipando.
La luna del cielo, por efecto de transparencia,
se reduce á su cuarto creciente,
Suspira un scherzo.
Es la primavera.

V
Pierrot despierta y admira, deslumbrado, al
bada de la luna. ¡Qómol ¿es ella? Sí, ella es; ha
bajado á la tierrs: baila, simbolizando rn
danza la juventud de
la Luna y su propia
juventud. Pierrot qui e•
re sujetarla, pero fa
virgen se le escapa de
entre las manos v lo
amenaza como si· fue.
ra una cabra, con 11\
punta de la media Inna luminosa, prendida
en los cabellos.

Llega Colombina, vestida con su falda rayada y su chal lila, Le hace á
Pierrot amargos reproches. ¿Por qué
huye de ella que lo cuida tanto y le da
golosinas? ¿Ya no se acuerda de las
piernas de carnero asadas, de· los enormes jamones, de las tortillas de huevo tiernas y sabrosas? ¿Y los vinos
suaves que calientan la sangre, y el
champagne que estalla y hace espuma? ¿Y ella, el regalo más suculento,
merece tanto desprecio? Sin embargo...
y se mira y encuentra que sus gracias
son dignas de un Dios.
Pierrot permanece insensible.
-¡Vamos! Elh lo engaftarA con un
capitán de bie-otes de media luna,
insolente y bello.
Pierrot no se inmuta.
-Entonces lo dejará por Arlequín,
el brillante abigarrado.
Pierrot sonríe con incredulidad.
._
- ¡Vaya! pues en ese caso, se irá
con un banquero barrigudo, de cuyo vientre bro
tltrán los luises de oro.
Pierrot se encoje de hombros.
Ella se desespera.
-Me mataré, dice.
-Perfectamente, yo te ayudaré. ¿Qué quieres,
1
cuchillo, cuerda, fuego, veneno?
- ¡Ay! exclama Colombina; ¡qué desgraciada
soy! Todo por esa Luna maldita, pintada de blanco, horrible, vieja, decrépita! ¡u_fl ¡horror!
y amenaza con el puilo á su rival, escupti en el 1
estanque sobre su imagen. Pierrot indignado la
amenaza y Colombina se ríe de él. Pierrot la
persigue y ella se refugia en el altar del Amor.

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III
Pierrot vuelve jadeante por la inútil persecución, Prefiere vagas amenazas contra Colombi·
na invisible y cediendo á la fatiga se tiende sobre un banco de flores y se queda dormido.

V;i.f!,-_v. t

:,¡

.

.'

�342

EL MUNDO

Otra vez suenan lo timbales.
El hada de la Luna se convierte en luna llena
con un disco diamantino en la frente. Al mismo
tiempo la media luna del cielo ilumina todo su
hemisferio. Se eleva un andante. Es el estío y la
noche está clara. Se oye una danza sensu9l y
lánguida: es la madurez de la luna, la luna mujer. Pierrot quiere estrecharla entre sus brazos,
pero como está ella helada, lo hiela. ¡Birl
Sa~nan de nuevo los timbales.
El hada de la Luna se transforma, ya no lleva
en la frente sino un cuernecillo pálido y los cabellos se tornan grises. La luna del cielo se opaca, se opaca hasta no quedar sino un peque:fl.o arco luminoso. La noche se ensomorece. Suspira
un adagio. Espira. la danza del bada; es el oto:110 de la luna y el oto:fl.o de la m·u jer. Pierrot se
siente triste y desengaftado como ella, cuy a melancolía rechaza al amante.

Se oye el redoble de los timbales.
La luna desaparece. La noehe es obscura, Es
el invierno; nieva. La diadema desaparece de la
frente del hada que se aleja entre las sombras,
mecida por el lamento de un scherzo. Por fin
Pierrot la pierde de vista.

VI
Asoma-el alba triste y fria.
Pierrot se frota los ojos. ¡,So:fl.6? Se siente fa.
tigado. El frío de la maftana lacera su cuerpo y
lo asaltan mil reflexiones burguesas. Si estuviera en &amp;U ca1,a al lado de Colombina no sentiría
frío, comería. bien y bebería mejor. ¡Y los goces
del amor! . ... ¿Para qué exponerse tanto? Siente que ya no ama á. la luna. Llueve, el viento lo
molesta; ¿y Colombina? ¿A dónde habrá. ido?
¿Con Arlequín, con el capitán ó el banquero? ¿Se

OFRENDA.

Un perfume sutil de primaveras
.Me mostró como un ramo de jazmines
Tu seno, y en tus mieles y satines
El enjambre guardé de mis quimeras.
Quiero bajo el frescor de adormideras
De tus ojos, mirar nuevos confines,
Y distraer mi luto en los jardines
Azules de tus lánguidas ojeras.
Y en cambio de tus llses opulentos,
En cambio de los místicos ungüentos
Que hay en tu cabellera luminosa,
.Mi juventu1, que exhalará en las gradas
De tu altar, á la luz de tus miradas
Su perfume como una tuberosa.
. EFREN REBuLLEDO,

-------..•-------FUGACES.

Si eres p.iloma, yo tengo un nido
sobre mi pecho, blando y mullido,
para que arrulles, mi dulce bien:
será ese el nido de tus amores
donde te besen brisas y flores
de un armonioso, fálgido edén.
LOS BESOS.

Dame tus manos puras: una gema
Pondrá en cada falange transparente
Mi labio tembloroso, y en tu frente
Cincelará una ftílgida diadema.
Tus ojos soíiadores donde trema
La Ilusión, besaré amorosamente,
Y con tu boca rimará mi ardiente
Boca un anacreótico poema.
Y en tu cuello velado por las gasas
Del corpiño, pondré un collar de brasas,
Que tus bombros pulidos y morenos
Queme, y cuando en tu alcoba lo desates,
Ruede como una lluvia de granates
.Martirizando el lino de tus senos.
EFREN REBOLLEDO,

Si eres ensueíio, tengo una mente
bañada en rayos del sol ardiente
que hiere el prlsm!I. de Jo ideal:
allf viviendo feliz y hermosa
entre ilusiones eolor de rosa,
serás la reina, la sin rival.
Si eres aurora, tengo en el alma
límpido cielo que en grata calma
luce esplendente su regio azul:
cuando tú llegues á ese palacio,
tendrás alfombras de oro y topacio
y albos cendales de leve tul .. . .. .
Mas si al fin eres mujer altiva
que cruza el mundo provocativa
cual bella sombra de una visión,
para ti tengo luz en la mente,
nido en el pecbo, cielo esplendente
dentro del alma, y un corazón.
RANULFO PENAOOS.

Domtnge 3 de Diciembre de 1899.
ha~rá matadc,? _Sí, probablemente; todo ha con.
clmdo y ya no ,e queda más salida que collt'arse
de un árbol. Coge el chal de Colombina , haee u
nudo c?rredizo y busca con la vista una r ama :
propósito.
Entonces el Amor extiende el brazo y en clásico verso r~procha á Pie~rot su inconstancia. El
Amor es quien ha convertido á Colombina en el
h~da de la Luna, á fin de curar de su pasión A
Pierrot.
Si éste promete ser cuerdo, se la devolverá.
. -¡A.mala siempre! dice el Amor en tono imperioso.
Juramentos apasionados de Pierrot, el Amor
bendice á la pareja.
Fuegos de bengala.

p AUL

-.A.ilo VI -Tomo II

México, Domingo

10

de Diciembre de 1899.

MARGUERITTE.

E@.PEJISMO
Los dueloq de mi vida
son nubes que se alejan.
Hoy al tender la aurora
su rosado cendal sobre la niebla,
.;alí á llorar en mi ruinoso huerto
la inclemente orfandad de mis tristezas;
todo hallábase en pie, todo cambiado,
y en su dfa nupcial la primavera
ceñía una corona
de orquídeas y violetas.
El friso de las lilas festoneaba
el calado ojival de la glorieta,
la fimbria del rocío
temblaba en las libélulas,
colgaban en los olmos
sus balaustres de plata las falenas,
y en el raso del musgo los helechos
dei,ple¡mban sus túnicas de seda.
Vestí mi plectro entonces
con pasionarias y con rosas nuevas;
tomé la pauta de mis viejos bimnos,
dejé mi luto y me sentí poeta.
Los duelos de mi vida
son nubes que se alejan.
Mis dichas resurgieron;
volví á cantar la reja
velada entre jazmines,
nelumbos y camelias;
torné á evocar la imagen
sobre el marfil de cuya sien la estrella
temblara como nívea mariposa
sobre el diáfano tul de una caléndula;
soíié con un esquife fulgurante,
con un lago de .i.zúcnbares y anémonas,
y entreví la eminencia de una costa
s0bre el pórfido azul de cuyas peñiis
destacara el castillo de la dicha
la corona triunfal de sus almenas.
Todo alzaba otra vez en su lenguaje
la canción fes ti val de las promesas;
mis suelíos ·renacían,
tornaban mis quimeras.
Los duelos de mi vida
son nubes que se alejan.
PEDRO J. NAÓN,

1

0L ftzeoid ente· del ?5zanovaaL y ou eopooa.
•

Número 24

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Exposición Internacional San Antonio Texas</name>
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      <name>General Porfirio Díaz</name>
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      <name>Valentín Gómez Farías</name>
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