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EL MUNDO

Otra vez suenan lo timbales.
El hada de la Luna se convierte en luna llena
con un disco diamantino en la frente. Al mismo
tiempo la media luna del cielo ilumina todo su
hemisferio. Se eleva un andante. Es el estío y la
noche está clara. Se oye una danza sensu9l y
lánguida: es la madurez de la luna, la luna mujer. Pierrot quiere estrecharla entre sus brazos,
pero como está ella helada, lo hiela. ¡Birl
Sa~nan de nuevo los timbales.
El hada de la Luna se transforma, ya no lleva
en la frente sino un cuernecillo pálido y los cabellos se tornan grises. La luna del cielo se opaca, se opaca hasta no quedar sino un peque:fl.o arco luminoso. La noche se ensomorece. Suspira
un adagio. Espira. la danza del bada; es el oto:110 de la luna y el oto:fl.o de la m·u jer. Pierrot se
siente triste y desengaftado como ella, cuy a melancolía rechaza al amante.

Se oye el redoble de los timbales.
La luna desaparece. La noehe es obscura, Es
el invierno; nieva. La diadema desaparece de la
frente del hada que se aleja entre las sombras,
mecida por el lamento de un scherzo. Por fin
Pierrot la pierde de vista.

VI
Asoma-el alba triste y fria.
Pierrot se frota los ojos. ¡,So:fl.6? Se siente fa.
tigado. El frío de la maftana lacera su cuerpo y
lo asaltan mil reflexiones burguesas. Si estuviera en &amp;U ca1,a al lado de Colombina no sentiría
frío, comería. bien y bebería mejor. ¡Y los goces
del amor! . ... ¿Para qué exponerse tanto? Siente que ya no ama á. la luna. Llueve, el viento lo
molesta; ¿y Colombina? ¿A dónde habrá. ido?
¿Con Arlequín, con el capitán ó el banquero? ¿Se

OFRENDA.

Un perfume sutil de primaveras
.Me mostró como un ramo de jazmines
Tu seno, y en tus mieles y satines
El enjambre guardé de mis quimeras.
Quiero bajo el frescor de adormideras
De tus ojos, mirar nuevos confines,
Y distraer mi luto en los jardines
Azules de tus lánguidas ojeras.
Y en cambio de tus llses opulentos,
En cambio de los místicos ungüentos
Que hay en tu cabellera luminosa,
.Mi juventu1, que exhalará en las gradas
De tu altar, á la luz de tus miradas
Su perfume como una tuberosa.
. EFREN REBuLLEDO,

-------..•-------FUGACES.

Si eres p.iloma, yo tengo un nido
sobre mi pecho, blando y mullido,
para que arrulles, mi dulce bien:
será ese el nido de tus amores
donde te besen brisas y flores
de un armonioso, fálgido edén.
LOS BESOS.

Dame tus manos puras: una gema
Pondrá en cada falange transparente
Mi labio tembloroso, y en tu frente
Cincelará una ftílgida diadema.
Tus ojos soíiadores donde trema
La Ilusión, besaré amorosamente,
Y con tu boca rimará mi ardiente
Boca un anacreótico poema.
Y en tu cuello velado por las gasas
Del corpiño, pondré un collar de brasas,
Que tus bombros pulidos y morenos
Queme, y cuando en tu alcoba lo desates,
Ruede como una lluvia de granates
.Martirizando el lino de tus senos.
EFREN REBOLLEDO,

Si eres ensueíio, tengo una mente
bañada en rayos del sol ardiente
que hiere el prlsm!I. de Jo ideal:
allf viviendo feliz y hermosa
entre ilusiones eolor de rosa,
serás la reina, la sin rival.
Si eres aurora, tengo en el alma
límpido cielo que en grata calma
luce esplendente su regio azul:
cuando tú llegues á ese palacio,
tendrás alfombras de oro y topacio
y albos cendales de leve tul .. . .. .
Mas si al fin eres mujer altiva
que cruza el mundo provocativa
cual bella sombra de una visión,
para ti tengo luz en la mente,
nido en el pecbo, cielo esplendente
dentro del alma, y un corazón.
RANULFO PENAOOS.

Domtnge 3 de Diciembre de 1899.
ha~rá matadc,? _Sí, probablemente; todo ha con.
clmdo y ya no ,e queda más salida que collt'arse
de un árbol. Coge el chal de Colombina , haee u
nudo c?rredizo y busca con la vista una r ama :
propósito.
Entonces el Amor extiende el brazo y en clásico verso r~procha á Pie~rot su inconstancia. El
Amor es quien ha convertido á Colombina en el
h~da de la Luna, á fin de curar de su pasión A
Pierrot.
Si éste promete ser cuerdo, se la devolverá.
. -¡A.mala siempre! dice el Amor en tono imperioso.
Juramentos apasionados de Pierrot, el Amor
bendice á la pareja.
Fuegos de bengala.

p AUL

-.A.ilo VI -Tomo II

México, Domingo

10

de Diciembre de 1899.

MARGUERITTE.

E@.PEJISMO
Los dueloq de mi vida
son nubes que se alejan.
Hoy al tender la aurora
su rosado cendal sobre la niebla,
.;alí á llorar en mi ruinoso huerto
la inclemente orfandad de mis tristezas;
todo hallábase en pie, todo cambiado,
y en su dfa nupcial la primavera
ceñía una corona
de orquídeas y violetas.
El friso de las lilas festoneaba
el calado ojival de la glorieta,
la fimbria del rocío
temblaba en las libélulas,
colgaban en los olmos
sus balaustres de plata las falenas,
y en el raso del musgo los helechos
dei,ple¡mban sus túnicas de seda.
Vestí mi plectro entonces
con pasionarias y con rosas nuevas;
tomé la pauta de mis viejos bimnos,
dejé mi luto y me sentí poeta.
Los duelos de mi vida
son nubes que se alejan.
Mis dichas resurgieron;
volví á cantar la reja
velada entre jazmines,
nelumbos y camelias;
torné á evocar la imagen
sobre el marfil de cuya sien la estrella
temblara como nívea mariposa
sobre el diáfano tul de una caléndula;
soíié con un esquife fulgurante,
con un lago de .i.zúcnbares y anémonas,
y entreví la eminencia de una costa
s0bre el pórfido azul de cuyas peñiis
destacara el castillo de la dicha
la corona triunfal de sus almenas.
Todo alzaba otra vez en su lenguaje
la canción fes ti val de las promesas;
mis suelíos ·renacían,
tornaban mis quimeras.
Los duelos de mi vida
son nubes que se alejan.
PEDRO J. NAÓN,

1

0L ftzeoid ente· del ?5zanovaaL y ou eopooa.
•

Número 24

�EL MUNDO,

344

Dirflctor. LIC. RAFAEL REYES SPIJDOLA.

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J.':i;tos horizonte~ de Diciembre, con sus blancas
y pctID.d11s cortinas ele brumas, sus montañas obscur:1s erizadas de ramazones secl\.S y l:iU luz triste
y soñolienta, provocan en los espíritus contemplativos una (le eeas melancolías mansas y suaves que
nús llernrn &lt;le la dulce resignación de ,·ivir.
Los grise8 pai~1:ijes ele invierno tienen en las
campiñ11~ americanas una belleza exótica. "Gn camino, tomo un cinto de tierra hlllnecla y negra,
tnt re do~ fila.:; ele árboles desnudos, un llano de
ycrbaje marchito, sobre cuya alfombra de verde
muerto. va silenciosa y pausadamente la vacada,
un pe&lt;lazo de jardín silvestre regado de pétalos
amarillentos y podridos, una lejanía envuelta en
, aho tenebrO!so, picado aquí y allá, por ]a cruz de
un ('ampanario. ó la boca ci'líndrica de una chimenea. ó el espinazo rojo de un tejado, despiertan en
nosotr:os una vaga y fantástica idea de In vida,
semejante á la emoción que experimentamos reconlanclo "Olla vieja leyenda clel N'orte, dormida
hat(.; mnt:ho tiempo en el fondo de la memoria.
He a&lt;¡uí el encanto que en este n1es nos ofrece
]a tierra que no tardará en deshacerce .en flores
En verdad que el invierno en :México no es otni cosn que una coquetería de ]a Primavera, que gusta
v,~siirse con tocas de luto y telas de matices opacos y atasiarse con gasas de niebla virgeu, ó peE:arlos mantos de brumas. Mas á través de este
trilje severo, cómo se adivina á la munduna pom!-'OSa y elegante, y cómo sonríe la pícara y traviesa
muchacha por entre el velo de largos y rígidos plieg,.1es. Estos campos solos, límitados por la franja
de acero de una agua. inmóvil, estos campos sin
fi~uras humanas, estos campos que se extienden
colllO desperezándose de fastidio hasta las remotas
se:aanías, son efímeros telones que de un momento á otro se transformarán, como en una comedia
de magia. en parques luminosos, en floridas colgt·ii urm:., en guirnaldas de pájaros, en aire azul,
rn11eical y deslumbrador.

qunm. ningunas tienen el delicioso encanto que
los que nos trae el buen Diciembre.
El Carnaval es una prolongación de las saturrnlies; es una costumbre romana que se ha filtrado
al través de los siglos y ha invaclido las sociedad&lt;~a modernas. Los señores se confunden con los
sirrvos, y el vicio, que se oculta dentro del abigarrado traje ele chillantes tono5-, nutoriZ'ado por la
c:ivHizaeión, arroja su carcajada orgiástira en la
yfa pública, )', beodo cínico, abraza con üupúdico
deseo el talle r ecio de las bacante;, y besa los
,lesflorados labios de las hetaira,.
El C'arnarnl abre la puerta de la orl(ÍU á las pa:,j1,nes romprimiclaF-. orna con rosa.R frep,cas las
Jrt!ntes jm-eniles, pone ósculos lúbricos en las hol'&lt;lS, toques ele luz quemante en las pupile:3 y vino
11r1l icntf' en los ,·asos.
El Carnaval se adorna C'On ca¡.;cabcles. ríe y se
(•rn briaga en las obscttras barraras de los barrios.
rnnta copla.-, obscenas, como los fialti!Tibancos.
La virtud frunce el ceño, v v,1 cerrando, con
,·ue•~tas de lJa\'e, las puertas eie los hogares honrntlo3.
La Semana Santa no es una fiesta. El Cristiani~mo ha puesto en e~a época el sello de in.finita
tristeza &lt;le sus ceremonias: apenas si el último día
descorre el negro velo ele los altares, arroja. puña~los de amapolas en el pórtico ele ]as iglesias y
ileja flotar las nuhes de incienso en el ambiente
violeta de 111. prima\"era.
Rn Semana Santa los niños juegan y los espírit m: contemplativos meditan. El cielo sonríe.
l:if: flores inundan los campos, e1 aire se perfuma
al pasar por ]os bosques; pero en ht ciudad las
ni 111as piadosas rezan, las músicas tocan marchas
júnebrcs, y la curiosidad vacía los hogares y llena
los templos.
La Semana Santa es triste v es la fiesta de la
primavera; y-oh contraste___:la noche Buena es
,,legre y es la fiesta clel Invierno.
Porque la Noche Buena es la fiesta del hogar,
la íutima, la ele las ternuras, la de las expansiones, la de los recuerdos.
¡ Oh, mes de las noches azulea. mes de las noches claras, mes ele la ~oche Buena, bien ve-

&lt;:;&gt; ,/1-'v-

;. Y ele qué podemos quejarnos? ~ os dan mañaRin aurora, mañanas morenas, que no vienen
vc~ridas ele blanco como van las niñas á la primera c·omunión, sino, por el contrario, cubiertas en
rardos mantones, como las devotas á la misa del
nlbu; nos dan tardes frías, lúgubres, con el sol
clorótico que cae sin majestad y sin fausto en la
cenicienta hornaza del Poniente; pero en cambio,
q•1é noches divinas, inmaculadas, puras, empapaclos de claridades 1nisteriosas, tejidas con argentinas transparencias, ele cielo tan profundo que no
parece sino que, ascendiendo, se aleja á cada instante de nosotros, de horizontes tan cristalinos
&lt;(He en ellos los níveos y sutiles vellones de las nubes se nos figuran alas de ángeles que pasan.
.~bajo no bay rosas; se han manchado y d~stefüdo las púrpuras; no hay lirios, se ennegreció la
plata de las urnas; el viento,al pasar, cerró piado-~mente los ojos azules de las violetas 1nuertas
y ele! quebrado y torcido alfiler de oro de las
;nargaritas se desprendieron los pétalos estrujatlos y marchitos. No hay ramas, no hay hojas,
no hay ni&lt;los, no hay pájaros que canten los salmDs funerales de las flores.
.
Pero las flores, que no son más que las almas
b~1cnas que se cansaron del encierro de la carne,
;·esucitaron allá arriba en el infinito cielo fulgurante, en el inmortal y sereno jardin que habitan
lo..: ensueños y riegan de lágrimas las esperanzas.
Allí están meciendo sus corolas de luz al hálito
rnave. que sube de ]a tierra, de los castos suspiros
y cic las tranquilas oraciones. Alli están las flores
herhas a~tros, allí están las rosas transformadas
en luceros joyantes, y las margaritas vueltas temUic-rMas estrellas.
¡ Oh, noches ele Diciembre, noches puras, mmacnLalas y cliYinas !. ...
n.l:;

iJ

1

il
1

"C::&gt;- ~ ~ -

'1

¡ Oh. mes de las noches radiosas, m es de la No(;l1e Buena!
En Diciembre, la humanidad se reconcilia con
la alegría. Entre todas las fiestas con que el muno o civilizado celebra los grandes acontecimientos,

-

Domingo 10 de Dlcleml re de 1899.

Domingo 10 de Diciembre de 189~.

LA VIRTUD PERNICIOSA.

Siempre que la conducta humana no va dirigida por
la razón y por la ciencia, que los sentlmleotoo é lm
pulsos que la sugieren y la. dictan no se ven contra·
pe8ado• por la reflexión y el cálculo, la cooduc1oa .;
e-xtravía, hierra. el golpe, se desvía de su objeto
•nele eo la mayoría de los casos orillar i re•ultad~
contraproducentes.
El hombre obra Impulsado por el instinto acoose
jado por la reflexlón ó arrastrado por la p~slóa· d;
abí que haya actos lm,Untivos, actos reflHlv~ 1
actos pasionales.
Deet:itos tres motores de nuestra acción, el primero
fS clE'g11 y rectilíneo, el último impetu06o y turbulento; sólo el segundo es ponderado, proporcluuado al re•
soltado que se busca, adecuado a.l fin que se quierealcanzar. Si el hombre quiere obrar ret t twente, hi
aspira. á que sus obras alcancen la posible perrec~lóo
s1 anhela el éxito y la realización de sus prupóstWO:
no d~be dejarse guiar ni por sus solos im"tlotos ot
por sus solas pastones. y ya que no sea dable ni desea.
ble despojarse completamente nt de los unOR ni de
los 1..,t,.ni,:;, debe ponerse á ambos el vigoroso y rieldo
freno de la razón y de ta reflexión. Sometido á. la accióu del solo tnbtiuto, el ho:nbre es un animal y, ve,.
ces una simple mltqulna, bajo la presión de las solu.
pasiones es un vc, Jcáo en erupción; sólo por lll acción
per;lstente de la tria razón , es propia y verdaderamente un hombre.
1nstintos y pasiones se fundan y amalgaman para.
constituir los vicios como también las virtudts hu~
manas; lnsLinto y pasión son la avar icia, la lujuria,
la gula; instintos y pasiones son el patriotismo1 la.
fllantrop1a , la caridad.
Ante esta asimilación del vicio y la virtud, con los
Instintos y las pasiones: sorprende en extremo que
siendo común su origen y común su naturaleza, todo
el mundo esté de acuerdo en aconsejar se moderen
los viclo3 y s~ atenúen bajo la influencia de la ,olun.
tad, que no es atoo la. reflexión y la razón en acthldaJ, y que nJ se aconseje lo mismo respecto de lu.
virtudes, que también su&lt;?len necesitar gobierno y di•
rección, y cuyos extremos necesitan también freno
porque suelen ser perniciosas.
Ante la celosa ceguedad de Otello todo el mundo
cl•wa y protesta; oe admira estéticamente el tipo,
pero el hombre resulta odioso y repugnante. Pua:iamos horas enteras en aconsejar al moro brutal
un poco de sangre fria y de sentido co múo bastantes
nido!
á restltu!r la rectitud á su conducta y la calma Asu
&lt;:;&gt; $ &lt;::&gt;
corazón. Si llegáramos á encontrarnos cara á eara coa
Al rededor de la !)lesa llena de viandas se en- Ilarpae-,m le reprocharlamos su parsimonia, le harla-labian las cónversaciones familiares, los cliálogos mos reflexionar en que la. prudencia, es decir, la ra~
zón, aconseja la economía, pero repudia la av1rtcl1;
que, vierten, corren de boca en boca las pa- que la pasión de poseer y el instinto de acumolu,
labras que acarician, las sonrisas que besan.
necesitan moderación y freno, y que el tuen sentido
Dentro de los hogares los cuerpos se juntan basta á establecer el justo medio entre atesorar ala
y las almas se confunden.
tasa y despilfarrar sin medida.
cPiensa en lo ue haces, reflexiona en lo que InAfuera silba el viento, parpadean los mech eros
solirt:: las desiertas aceras, lrny soledad, silencio tentas, calcula á o que te expones, medita en el mal
que á veces interumpen ]os ecos ele músicas 1eja- que puedes ca.usarte y causará los demás1»son fra&amp;el
1
!1as, ~• el tronar de los cohet es que rayan con que todos tenemos en los labios en rreseocla de 08
vicios, de las malas pasiones y de los ciegos arreba¡,arábolas ele oro el esmalte bruñido ele los cie- tos agenos y no se nos ocurre decir lo mismo y aco•
!os y derraman en la transparencia clel aire una sejar lo mismo cuando se trata de las pastones nobles
Rora de colori&lt;los fulgores. _\ fuera hay frío y y generosas. ¿E~, aca.80, porque éstas, intrfosecameo•
t&lt;l buenas no daflan, no perjudican jamás cualesqule•
tristeza. .
.
_!\.dentro están }os ambientes tibios, ]03 reflejos raque sean su grado y su exageración? Tal eftrma!?-C'renos, los rejocijos castos y las almas tranquilas. ción es insostenible ante la experiencia diaria; uo
Adentro se hacen confidencias tiernas, se cantan hay virtud, por excelsa que se la suponga, que lle,..
,;}l~ncicos, se sueñan cosas blancas. Y á un gol- da á cierto grado de exaltación no resulte perolclroa
pe de ala de ]a esperanza se pienc;;a en el porvenir y contraproducente, que no pueda sembrar la desola,
y la ruina eo la sociedad.
azul, tachonado de estrellas é infu:úto como el clóo
La caridad irreflexiva, ardiente y ciega, crea y•
firmamento del mes último del afio.
tlmula la vagancia, la pereza y el vicio y trae A1..
1Fiestas de Diciembre! Bajo las arcadas de h eno
pueblos á la decadencia; el amor locondlclooal y slo
que despiden aromas de penetrante frescura, ba- Hmites de los padrea á los bijos, conduce á coosentlr•
jo las caprichosas arquitecturas ele ]os farolillos los, á tolerar sus !altas y con ello á pervertirlos y eJ•
venecianos, ll8y viejos risueños que e,·ocan su travlarlos; la abnegación absoluta y la sumisión 11D
pasado, r ostros infantiles radiantes ele angélica protestas de la esposa al esposo, esti mula Aést.e, la
lnfidel\dád y al olvido de sus deberes conyugaleo; el
tr'rnura y jóvenes enamorados que cuchichean.
patriotismo rectilíneo, Intolerante, Irreductible Y
Lns músicas suenan á serPnatas ele mandolinas
extremado, conduce á los pueblos á descuidar su~
las c uerdas h eridas vibr,m con una. dulzura ex~ grf'S01 la. enmienda de sus vJcios, el mejoral_Dlento de
tr;1ña 1 como de cristal que se J"Omne.
SllS condiciones matertaleE-¡ la. generosidad s:n Hmltel
Y cuando el alba prenclC sus florones de nácar crea el parasitismo y fomenta la a.byeción cor1$D 1•
No acabaríamos de senalar los estragos que en 11
en ln cre.;ta de las montaña.: cae ~obre los párpados un sueño hermoso en el que van ú. reposar sociedad y en el corazón de los demás hombrea pueden cau(\_Br las ,•1rtudes excesivas si la ratóa ao gula
ntwf5tras ilusiones.
¡ Oh, noches ile Diciembre. nM•h""' ,,l ,.. los cie- su Pjerciclo, si la n flt&gt;xlón no las orienta y eafreBI
sus excesos. De ahí un resultado para.dojal en •~
los profun&lt;los y de las fiestas apacibles! ...
rler.cla: que puede bHber hombres ad mirables pouu

1

-S:::,. $ 'v-

El Xacioual cerró s 11 1:; puertas: ha quedado varía la jaula. Aún suenan en nue¡;:tro,· oídos los
últimos gorjeos de estas aves de Italia que de
c nando en cuando hacen su n ido en nuestro
vetusto teatro como en una. vieja techumbre.
Los "dillettanti" están tristes. Que esperen un
poco. Para consolarlos viene surcando el mar
~fnría Guerero.

coadar

virtud y excecrable• les por resultadJS de su
ta. Tal Torquemada que en su exaltación por la e
asoló la cristiandad; tal Robespierre cuyo excelso.,,..
triotlsmo y acendrado amor á la llbe1ta 1 y á loa prtoclplos de justicia le hicieron crear el i,,-,w Y cooslituir la gu11lottna permanente.
Tan es así, que la sabiduría de las Ncu-'if/Nt3 eoclerf'I
al lado del veneno el contraveneno, y que a.l tleat
máximas como: chaz bien y no veas á quléo,&gt; P~
na.otras, temperantes y mitigadoras, como
rldad bien entendida empieza por sí mismv. &gt;

,ta_.

345

=

EL MUNDO.

EstJa consideración determinó nuestra actitud espectante. No debe uuodesmentiruna cosa sino cuando está seguro de su tal•edad. Suponed que hubléra.
mos .desmentldo formalmente la noticia del fin del
mundo. En rigor podf'?.mos bacerlo· luli Informes re•
cogidfls por los 1cporteri-, las car~ ae provincia y
los cablegramas del ex .. nrnjero nos proporcionaban
d!l'tos para afirmar que la cat.ástrore era improbable;
sm embar~c1 , lo ia,p~ob11ble no es Imposible y si el
mundo se hut&gt;ind acabado á pesar de nuestras aseveraciones en contrario ¿cu,U babría sido nuestra. situación ante los lectoru al día siguiente? E-1 cierto que
aun en ese caso nu babríamos quedado tan ma.l ante
el público, pues nuestras medidas estaban tomadas de
antemano á tia de dar una información completa y
rápida del acontecimiento.
Será paraotraocaslón. Parece que el senor de Falb.
el astrónomo vienés que lanzó la noticia, se engafló
de medio á medio.
Ya tendrá ocasión de vindicarse. Anunció que la.
tle1ra chocaría. con ua cometa.: como se ve, la noticia
tenía cola .• \ caso el ctioque se verificó sin que nt la
tierra ni el cometa pararan mtentes; pudieron estar
distraídos, preocupados. A todos les sucede eso. La
tierra más qu e na,lle, tler.e mot.lvos para andar un
poco ensimismada; no hay existeacia máR ngitada
que la suya. ¿ Qué mucho. que no viera al cometa?

•
••
Quedamos en que el señor de Falb se eaganó; á
menos
que su error haya sido voluntario. Quién sabe
Miulstro Plenlpote=c hulo de J{élglca.
si ese caballero es un filántropo y nos quiso dar algunas sema.oas de ilusión y bact!rnus palpar lo efímero
L'\ virtud exaltada, ciega, extátlca é Irreflexiva, es de ciertas pasiones y de dertas vanidades. Es ev)denvirtud dé poeLas y de ar~1stas 1 ao es virtud de hom- te que la Idea del próximo fin del muodo es benéfica.
bres práctico~, ni de pensadores strlos, ni de ttlóso- Al principio se resiste uno, pero &lt;lespués de reflexiofos profu udOb¡ es peculiar de olilns románticas y bo- na, todo se acepta, porque al Hn·y al cabo, la catás,
0adorus, FiUele ser arma que se ef.grlme para preten- trote colectiva es menos dura que la muerte individer ofender sin conseguirlo, eM peculiar de patrwtems dual que se nos espera tardeó temprano. Lo ml\s pey no de patriotas, de txaltados y no de howbres cir- noso es la idea de la separación, la perocupacióo por
cunspectos.
los que sr. quedan cuando nos morimos; pero si todos
Se puede ser modeto de vtrtudeR y ei-tfmu 1o de vl- emprenrferuos Rlrnultáne'imente el viaje, la cosa camcl0t.; practicar la caridad y loment,1r la pertza; sen- bia de ª"pecto, y el tal viaje s~ bace excursión de
tirite inundado de patriotismo y dañará su pafs; s~r recreo. Los lamentos, el dulor, el luto son palabras
fanático :r ser por eso mismo 1 perseguidor; tilántro• sin s~otido.
po y dtti"io~o, con 13. s,1}R, condición de que esoFi St:DtiPensad todo el blt&gt;n que ha.riamos si realmente tumlentos sean exalta.dos, esas virtud es extremaR, esas vléramrns la segurlriad del tin próximo del mundo.
pa•dtJDes ciegas.
Eo primer lugar no nos preocuparfa tanto el qué diUn hombre mel.'!tana.mente experimentado, que rán, desa.parecerfanconvenctonaltsmos; ya. Renan nos
haya vivido un poco, estudiado algo y esté dotado ha mostrario en su Abelte de Jouarre los f:::liceb efec•
tan sólo de buen sentido tiene un modo seguro da tos de esa libertad de la conclencla.-Todos se ponprever si un hombre llegari\ ó no á ser pernicioso y drán en paz con eUa y verlamos tal vez tanto á los
dantoo. P,ra ello le basta inquirir si los vicios ó las pueblos como á los individuos acatar, sloulera por
'Ylrtudes del Individuo en cuestión son extremadas ó algunos dfai,:, los grandes principios de la. solidaridad
enjeradas.
y dt? la fraternidad qu~ todos predican y nadie obeEn siéndolo, no cabe ya duda, aquel ser podrá ser deCE". Apuesto á. que si d~ ven1s se anuncia el fin
y será dailoso, y, modelo de virtudes, puede, sin con- del mundo para quince dlas de la fecha, los ingleses
cietcla. y casi sin responsabilidad, causar graves reconocerían sin vacilar la Independencia de los bóem\lea.
ros. Mucbas cuestiones sociales se resolverían por sí
solas y la polltlca aparecerfa bajo otro aspecto.
En efecto h oy se presenta cómo cuestión muy grave la resistencia del gabinete á las primeras batallas
parlamentarlHi- y sus prnbahillda.des de vida. hasta la
época de apertura de la E'&lt;posición. Ciertamente,
más quJsiera prolong-t.r su vida hasta el fin del mundo. ¡ Esa si sería una bermoi.a caída ministerial!
En matn:a de pacitlcaclón y concordia no podía
tampoco inventarse nada mejor: es imposible sonar
,1n.1. amnistía más completa.
¡ Y cuántos que no pueden llegar al término de sus
aspiraciones, las colmarían si el mundo estuviese en
víi-p~ras de rend'r la c~rgal La Academia, por ejemplo, tiene dos vicantesy seria llegado el caso, ó nunVida nueva y nuevos propósitos.
ca lo será, de que lo(\ candidatos que se presentan cada vez que hay elección y qne nuoca son elegidos, lo
El anuncio del próximo ti n del mundo coiacldió en
fueran en esta coyuntura. Ilay y,entes que se contenEuropa con un fenómeno de los más curiosos é in- tarían
con ser inmortales siquiera por una quincena.
quietantes : cuatro parlamentos, el francés, el alemán1 el 1tallano y el belga, abrieron sus sesiones á la
vez. Probablemense eso era lo que hacía creer en el
•
tln del mundo. En efecto, siempre se ba dlcbo qui) el
••
fin del mundo sería. anunciado por signos alarmanNo hablo de Jos procesos en vb de Instrucción, los
tes, por perturbaciones precurspras y la reuni ón de
cuales se juzgarfan de un modo más co1dlal. En vístaatos parlamenws realiza plenamente la prorecfa.
Sin embargo, la alarma era infundada: el muado peras de una. catástrufo no tendría importancia que
no termina aún y la. noticia que iba tomando cierta :M. Deroulede se propusiese ó no alterar el orden de
consistencia no será para la mayorfa de ouestrOi co- cosas establecido. Habta Jas cuestiones de Imperio,
legu sino un tema de disertación á la francesa. Ea RepúbilM ó Realeza perderlan su Importancia. Todos tr ansigirfa.n lo bastaate para reconciliar los á.ot.l!'raocla todo se res u el ve en cróoicafZ.
Nosotros, por nuestra. parte, nos hemos propu':!:sto mos y al i,;er más corta la vida.. vlvlriamos mejor.
observar una reserva que nue~trus lectores sabrán e&amp;- Quedamos, pUPS, en que el Dr. Falb es un filántrot'O,
tlma.r en lo que vale. No le hemos dado gran crédito á menos quu sea todo lo contrario, por~ue bien pueA la nueva alarmante porque nos parecía. difícil que de ser un gran miAAntropo. Lo cierto es que nadie
un acon tecimiento de tanta monta, como es el ti.o conoce á. ese seflor Fa.lb; nunca se habfa habla.do tandel mundo se produjese sin que lo anunciasen pre- to de él hasta que anunció el fin del muodo. Bien
viamente Et Diario Ofl,,iat ó á lo menos la Agencia puede ser que al verse viejo y con la muerte encima,
ll•vas. Es Imposible que el fio del mundo nos baga quisiera que los demás slotleaen lo que él siente ante
tronar sin que el gobierno tenga aviso y sin que á su el to 1.ie or not to be. Es un consuelo para los ancianos
vez nos comualque la nueva por algún medio oficial, creer que después de su muerte vendrá el diluvio.
NI aun los más 11ustres se libran de este ettolsmo,
estando como estamos tan Interesados en el asunto.
Craemos, pues, que todas las noticias que circula- que ea iostlntlvo. Hay uo&amp; graciosa anécdota de la
ban no tenían un apoyo serio, aunque por otta par. época del sitio. Vfctor Hugo, el gran poeta algo olte todo ea posible; bien podla ,acabar el mundo á lo vidado ya y á quien hace de actualidad en eatos
meJor é inopinadamente; tantas cosas se han visto y momentos la publlcaclóo de su libro cCosas vistas.&gt;
una noche en que tenía. invitados, les dió cueata con
tantas veces se ha venido el mundo abajo!
81· Bm·ú11 ele ilfonrhP.m·,

El fin del mundo en Francia

S1·. Celedonio C. Ortiz,
Vlee-Gobernador de Sonora, en ejercicio del Poder EJceuttvo.

su solemTJldad babltual, de un medit&gt; que se le había.
ocurrido para que te!'mlnara el sitio de París.
-Es muy sencillo, lt-s dij o. Maflana., solo, sin armas, yo, Víctor Hugo, me dirigiré á las tnaR euf&gt;migas .... Me expondré al fu(\ilawienlo. Caeré, berido
d~ muerte .... y el Bit.o habrá. termlaadol
-Para vd. ! . ... le dijo tímidamente uno el~ los
oyentes. Vfctor Rugo encontró la observación irrespetuosa. y tal vez lo era; pero no por eso dejaba de
ser muy exacta..
El caso del Sr. Fdlb no es Idéntico, pero cada cual
cree lo que se le antoja y es muy posible que el fin
del mundo esté muy próximo para el abtróoumo vienés.
Por lo que hace á nosotro:i, parece que 1:,e nos prorroga el plazo. Aprovecbémosto, sin abusar y aun
procuremos ¿por qué nó? ser más justos, más tolerantes, más fraternales. Respetemos la. opinión agena, moderemos nuestros ímpetus en las polémicas,
esforcéa_wnos por ser mej ores, má" razonables y si lo
conseguimos, ese será verda.d~rawente el ti.o del
mundo!. .....

LOS PRIMEROS FERROCARRILES
No sólo las clases ignorantes 1 sino personas de notoria ilustración, fa~osos l1teratos, ti&amp;blos estadistHS
y hombres de ciencia, aceptaron eo un principio á
regailadlentes la magna. invención de la locomotora,
y unos en serio, otros en broma.1 ya. abiertamente ó
de maaera embozada, se declararon rnemlgos de las
vías terreas, suponiendo que ne prosperarían.
El célebre autor de Los tn,:; Mosqueteros, Alejandro
Dumas, hizo muy escamado ~u primer viaje en ferrocarril (~e Bruselas á Gante), y según confeslón
propia, obltgado á. ello por no eucontrar otro medio
de locomoción. Verdad es que babfan ocurrido dúS
descarrilamientos en aquella vía.
cLos caminos de hierro de S. M. Leopoldo I (die )
hacían de las suyas .... Como el establecimiento de
las locomotoras de vapor acabó con tas postas, noi
vimos obligados, á. pesa r de aquellos dos accidentts,
á tomar el ca.mico de hierro de Gunte, á. riesgo de
caer de cabeza en el tercero .... Los ferrocarriles se•
rán una maravillosa lovención para los comtslonlst1s
y las maletas, pero de seguro son la ruina de lo pintoresco y de la poesl&amp;.&gt;
El famoso doo Modesto La!uente (Fray Genmdio),
en su amenfslma obra 7'eatro social o.et siglo XIX, puso al frente de uno de sus sabrosos artículos las siguientes líneas: cPercanclllos acaecidos en los ca:nlnos de blerro en todo el pasado Julio del presente
ano (1846).&gt;
A continuación enumera los desastres !erro1larlos
de París, Bruselas, Valenciennes, Orleans, Ipswicll,
etc., etc., y 1efiere estos percances (dice) coada. má.11
para que sirvan de a.visillos saludables .... &gt; Y term!na así: «Esto no obsta para que ...sea. uaa dc:licia viajar por caminos de hierro, y más en Espana, donde
somos tan cuidadosos y precavidos.»
A dos célebres personajes franceses, Thlers y A1·ag:-1 no les entró por el Ojo derecho la nueva invención. El primero decfa en 1835: cCoovengo en que
los caminos de hierro otrec~n algunas ventujas para
el traasporte de viajeros, pe ro lhnitando el servicio
á pequeüas Haeas (sic), y eso en poblaciones de gran

�EL MUNDO.

346

A. SANTIAGO TLANGUISTENGO.
De g-ran provecho ha sido para los alumnos del Colegio Militar la expedición de este año, pues en ella
hicieron grandes aplicaciones prácticas de sus conocimientos en el arte de la guerra.
El lunes 27 del Noviembre tuvo el ~fecto el simulacro en las inmediaciones de Santiago. En el tomaron parte con los alumnos algunas tropas que los auxiliaron en sus operaciones de práctica.

Domingo 10 de Diciembre de 1899,

347

EL MUNDO.

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importancia, como P,uís&gt; (?) El mismo Mr. Thier&amp;
declaró en 1842, que los ferrocarriles csólo podrían
ser u tlliza.dos .. . . por las clases ricas,&gt; y no se olvidó
dd mencionar espantosas catástrofes.
Mr. Arago, á pesar de su sabiduría, hizo fiasco en
clase de profeta. Allá por el aiio de 1838 escribía
cPongáw0nos t&gt;n guardia contra las fantasías en materia de locomotoras de vapor; desconfiemos de la
imaginación, la loca de la casa, (como la llama Malebranchl·), y riámonos á todo trapo de los que creen
que los ociosos ricos podrán á primera hora de la mañana marcharse á Tolón para ver aparejar la escuadra, almorzarán en Marsella, visitarán los establecimientos termales de los Pirineos, comerán en Burdeos y antes de que expiren las veinticuatro horas
pod1 án regresar á París ;&gt;ara asistir al baile de la
ópera .... Rebajen, ret&gt;ajen de eso las nueve décimas, para el caso de que se lo lleve todo la trampa al
primer trayecto.&gt;
Algunos periódicos de la época, espallo'.es y extran,
jeros, se declararon abiertamente hostiles y refracta.
ríos al nuevo sistema do locomoción. Decían entre
otras cosas: cNo hay para qué ocuparse de esos visionarios que pretenden cubrir el país de ferrocarriles y
reemplazar las diligencias y postas por ese nuevo medio de transporte. ¿Hay algo más 1idículo, más absurdo que sostener que una locomotora nos llevará con
dob te velo::idad que una diligencia?&gt;
En la misma Io¡;laterra, cuna de las primeras locomotoras, el entonado y doctoral Times, se expresaba
en estos términos, algunos meses antes de inaug urar
se la línea férrea para viajeros ent re Stockton y Darlington (27 de Septiembre de 1825):
·
e Es evidente que la mayor parte de los proyectos
relativos á la creación de compailías que se proponen explotar esas nuevas vías de comunicación que se
llaman caminos de hierro, han sido ideados por gentes que desconocen por completo Jo que es un fei:rocarrll. Nada menos pretenden que alcanzar por medio de locomotoras una velocidad de 16, 24 . ... y aun
32 klómetros por hora, y sabido es que la mayor velocidad que &amp;e ha logrado hasta ahora. en las vías mineras es de 9 kilómetros.
e La perfección á que aspiran en la época futura es,
pues, más que problemática. Además, las locomoto.
ras act'lales tienen un peso enorme: las qne hacen
servicio e'l la mina de Killingworth, pesan ocho to neladas, y un peso tal lanzado á la velocidad de que
se habla destrozaría los carriles y la máquina y los
coches descarrilarían .... ¿y qué esfuerzos no serían
precisos para volverá ponerlos en su lugar?&gt;
L1 impresión del Times queda sobradamente disculpada si se recuerda que los primeros ensayos ferroviarios (como todo lo que empieza) estaban erizados de dlfümltades, y había que luchar con infinidad
de inconvenientes que poco á poco han ido desapa,
reciendo.
Se inventaron los mis absurdas sistemas .... Creyendo que las ruedas resbalarían por falta de cohesión sobre la superficie del ~arril, propásose que éste
y aquellas estuviesen provistos de asperezas 6 ranuras transversales; otros in ventores, creyeron resol ver
el problema fabricando ruedas dentadas que encajasen en ios rails, es decir, un ferrocarril de cremayera
para :erren os llanos ..... .
Bien justificado está que la primera locomotora
útil, construida por Stephenson, y que andaba sus
trein t a kllómetros por hora, la locomotora Rock.et
(cohete) se conserve como una reliquia en el Museo de
Kensington!

La eXI1ellición de los alumnos del Colegio Militar

Domingo 10 de Diciembre de 1891!

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BOUGUEE.EAU.-La Vfrgen de los Angeles.

La fortificación se construyó bajo la dirección del Teniente Alfredo Gutiérrez, con el concurso de 1011
principales alumnos que habían cursado la clase de fortificación pasajera. Aquella se hallaba en una elevada colina, cruzada por dos caminos difíciles.
Antes del simulacro, el General
Vlllegas dispuso que los alumnos
de artillería hiciesen con los caiiones :ie batal;a, Bange, y con los de
montaiia, Mondragón, el tiro directo é indi~ecto, á una distancia de
4,000 metros, observándose con gusto el resultado dado por los caiiones
mexicanos del Coronel Mondragón.
Estos ejercicios comenzaron á las
nueve y media y terminaron á las
once, teniendo los alumnos la di• rección
dP.l Capitán Rafael Eguia
Lis.
Los tiros más notables que se hicieron fueron los
primeros de tiro directo, con caiiones de batalla.

** *

El simulacro comenzó á las once y veinte minutos·.
El Colegio comenzó á moverse, destacando su línea
de exploradores, seguida de la cadena de tiradores,
sostén y reserva, llevando dos piezas de artillería. Salieron los alumnos de la Hacienda de Ateneo.
La columna de Zapadores había tomado el pueblo
de Almoloya, de donde salió dividiéndose en dos columnas, sostenidas éstas por fuerzas de caballería.

Santiago y Calpulhuac habían sido tomados por
otras fuerzas de caballería las cuales se msvieron para dirigirse al punto objetivo.
Generalizado el ataque, hubo un momento en que
los alumnos ganaron con rapidez la altura-de la colina, en combinación con los Zapadores, hacién.:ose un
fuego nutridísimo.
Este asalto dló por resultado la ocupación de la
fortificación, la cual estaba protegida p,ir dos piezas
de montaiia.
Tomada la posición, las bandas tocaron diana.
La multitud que seguía con interés to:las las peripecias del asalto, prorrumpió en nutridos aplausos Y
en vivas al señor Presidente de la Eepública y al seffor General Villegas.

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La construcción de los puentes fué muy notable.
el de balsas, lo dirigió el cabo de alumnos, Gustavo
Acosta, ejecutando la obra en ocho horas. Este puen•
te se colocó sobre el río de Almoloya.
El Teniente de Ingenieros, Rodrigo García, se hizo acreedor á felicitaciones, por el puente colgante
que dirigió, el primero de este género que han tenido tropas mexicanas.
Se aprovechó una barranca de quince á diez y sie:
te metros de profundidad, y de poco menos de 3o
metros de anchura.
Pasaron sobre él todas las tropas y los alumnos, Y
al llegar una de las piezas de batalla Bange_ al ceo·
tro del puente, se corrió uno de los cables y aqu~l
pareció ceder en resistencia, pero no fué así en realidad, pues el pesado caffón siguió hasta salir sin no•
vedad.

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�Domingo 10 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO.

348

Domingo 10 de Diciembre de 1699

349

EL MUNDO.

El Señor 'Ministro de Bélgica.
El Selior Barón de Moncheur nació en Bru •
selas. Es miembro de una antigua familia
originaria de la parte francesa de Flande&amp;.
Empezó su carrera diplomá.ticacomoag regado á la Legación de Bélgica en La Haya,
el afio de 1883.
Pasó luego á la Legación de Madrid en
calidad de secr~tario y con el mismo rango
diplomático estuvo después en Viena, B~rlín y Lisboa.
El año de 1892 se le nombró consejero de
la Legación de Bélgica en Roma. Después de
haber desempeliado las funciones de en?a.rgado de Negocios en Luxemburgo rec1b1ó
en 1897 el nombramiento de Ministro resl•
dente en México y hace algunas semanas le
llegaron las cartas que lo acreditan como
Ministro Plenipotenciario en nuestro país en
donde se ha hecho acreedor al respeto y á las
simpat,ias del público por el acierto con q_ue
desempelia sus funciones así como.Por la rn•
teligente atención con que estudia los problemas económicos que más nos interesan Y á
los cuales ha consagrado un folleto notable.

EL V ICE-GOBERN ADOR DE SONOR A·
Publicamos en otro lugar el retrato del Sr. Don CeJedonio C. Ortiz, vice-Gobernador del Estado de Sonora, encargado por ministerio de ~a ley del ejercicio
del Poder Ejecutivo de aquella entidad.
También publicamos un grabado que representa el
acto de la inauguración de las tranvías de Hermo•
sillo.

(.,lub de Ciclistas de la Isla d el Oa1·men.

OAXAOA. -Manifestación en honor del S1·. Geieral Dlaz -F1rente al Teatro Ju&lt;lrez.

y fidelidad, reprob~das por el hombre libre, y el primer acto de deferencia llevará en sí el germen de la.
hipocresía. La soberanía absoluta rige par la sujeción de los súbditos al código de su hipocresía y el
parlamentarismo, apoyándose en el sufragio unlver.
sal, finge la soberanía popular con· el espejismo del
vot'l electoral. La hipocresía es inherente á la fa •.
milia des~e la primera manifestación con tendencia.
á la futura asociación conyugal. Los novios se ocul.
tan sus defectos, y sometida ya á las imposiciones.
del Código, pone la esposa en juego toda su educación atávica para obtener por la astucia del marido cuanto en virtud de su autoridad legal y de su
carácter dominante pudiera rechazar, explicándose
así la inferivridad social de la mujer. El nlilo, con
su voluntad naciente, tiende á emanciparse de los.
padres, y colegial, cohibido por la prohibición de satisfacer los arranques espontáneos de su imaginación, devora á hurtadillas las lecturas que se le niegan. Más tarde, en Job cuarteles, en las oficinas, en
las redacciones, aparece la hipocresía Mmo mal necesario, y contrapesa les impulsos de los que se esfuerzan en esparcir la verdad, á costa de aparecer
como peligrosos pan la seguridad social. La madre,
que con una selia hace salir á su bija del salón donde va á referirse el escándalo del dia, se considera
idónea para saborear las más perversas conversaciones. El entusiasmo de una educación bipócritamente·
teñida de idealismo, nos hace á los veinte años romper lanzas contra estas bajezas, pero la gente sen•
sata de mayor edad, reprueba esa co!!ducta, y cuando,
llegamos á los cuarenta cesa nuestro franco quijotismo, y desarmados, callamos, porque á la par que ne•.
cesario, consideramos ese mal como incurable.

Mandó edificarlo el Conde de la Valenciana en el
último tercio del siglo pasado.
La parte arquitectónica del edificio es una verdadera obra de arte.
Los mineros del lugar tienen por este templo una
veneración grandísima.
Cuando se trató de demolerlo, porque se creía que
aliriéndose allí una entrada ó boca, aumentaría el
p1oducto de la mina, los barreteros s~ opusieron
tenazmente.

UN DlSCARRILA M llNTO
DEL

Ferrocarril dB sonora.
Una persona de Her·
mosillo nos en vía fotograrías referentes al último descarrilamiento
del Ferrocarril de Sono•
ra, ocurrido al llegar e.
tren de pasajeros á la estación de la capital del
Estado, el día 13 de Noviembre último.
El descarrilamiento
causó la muerte de un
pasajero y otras desgracias personales que llenaron de alarma á la so
ciedad de Hermos11io.

en la Sorbona, el país se conmovió, y la Cámara de que lo refin'ldO se con¡¡ervase entre los que quisieran
diputados emitió su opinión. Maillet, que emplea en culti vario, pero que se diese á la inmensa mayoría
su trabajo la nota humorística, deduce de todo lo pu- tan sólo lo conveniente y adecuado al fin del aprenblicado la absoluta incapacidad de los universitarios dizaje. La disputa enardeció á los contendientes, pe•
para rerormar la Universidad, porque casi todos ellos
caen en puerllidades y sutilezas dignas de la ironía
de Rabelals, y siguiendo cada cual su especialidad,
rooomlendan corno medios soberanos ó rechazan como Inútil el estudio de la filosofía, la retórica, la
qufmlca, las matemáticas ó el que se les ocurre. En•
tiende el autor que la discusión act11al puede compararse á la que Robre la equitación se entabló hace
treinta ai'íos, siendo entre ambas las relaciones muy
estrechas y enseñanzas semejantes.
Hubo un tiempo en que la equitación fué algo muy
sabio y complicado, y en que un buen ginete obtenía
más consideración que la que se otorgaba al que poseía un titulo académico. E '. prestigio de la equitación, caldo con la nobleza, conservó la tradición legada por los grandes maestros, y halló asilo en la Escuela de Ca.ballería de Saumur. El arte de montarse
afinó, los caballos aprendieron á saludar, á bailar, y,
graciosos y amanerados como señoras de la antigua
corte, recibieron en los carrausel.s los aplausos que
desde las tribunas les mandaban los iniciados en
aquel arte sublime. Los detractores del sistma declan que la Escuela de Saumur tenía por verdadero
objeto educar caballos manejables, dóciles, capaces
S a n Juan Bautist&lt;t Tabasco.-Manifestación
para &amp;alvar obstáculos y te.-renos difíciles, inaccesi•
en honol' d el 81·. General, Dlaz.
b1~•a1 miedo, fuertes y ardorosos, propios para las
rudas necesidades de la guerra. La equitación prác- ro al cabo las exageraciones se calmaron, y p':&gt;co á
tica se ponía enh'ente de la equitación sabia. Los poco se impusieron los métodos razonables que hoy,
ginetes sabios, como ahora los uní versitarios, veían con aplauso de todos, predominan.
Otros ejercicios han sufrido igual transformación.
mezquindad en los otros, desdeliaban un trabajo pu•
ramente útil, y hablaban de un pasado glorioso in• Media docena de sesiones bastan para iniciar en el
herente á la raza francesa. Los prácticos pretendían baile, del que hicieron nuestros abuelos casi una filo-

¿UTILIDAD O MODA?
I n augU1°aci6n de las t1·anv-ias en H e1·mosillo, Sono1·a

Fot. Monteverde.

TEM PLO DE LA VALENCIANA

LA HIPOCRESIA SOCIAL.

Es notable el templo de la Valenciana, de Guanajuat.:i, por las grandes riquezas que encierra. El tabernáculo del altar es d~ plata extra.ida de la mina,
así como los antiguos· candelabros que se conservan
todavía.

Alcanter de Brahm hace en La Oritiq¡,w rápidas é
incisivas consideraciones acerca de la hl pocresía social. Admitido el estado de guerra como natural entre los hombres, todo vencedor someterá al vencido
por medio de convenciones de obediencia, respeto

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LOS NUEVOS FINES DE LA E DUCACION
Este problema de la educación preocupa mucho los
ánimos. Arturo Maillet lo trata también en L a F rance de Demain, después de haber examinado los t rabajos á que ha dado lugar la investigación comenzada
hace tres alios por La France E xterieure, al pedir su
parecerá cuantos tuvieran algo que decir sobre tan
interesante materia. D1éronse muchas conferencias.

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Guaiwjuato. - 1'emplo de la l'alencicuw.
D esca1·rilamiento d e un tren de pasajeros en la Estación ele 1Ie1·mosillo, Sonom.
Fot. Monteve"&lt;le,

La manif1'sf.ací&lt;in en la Alameda
de la Libe1·tad .

so fía; la es¡Jada ha dest ruido al florete; y si se necesitaban seis años para manejar el florete bastan seis
semanas para presentar un tirador de espada aceptable. La educación general no debe escapará esta ley,
y rompiendo los moldtis en que se e!icerraba hace
un siglos debe lanzarse baci11, el porvenir, sin que
al adoptar los métodos que dan á Inglaterra una juventud vigorosa y emprendedora, se disminuya en
nada el carácter nacional, ni se haga más que ajustarse á las necesidades del día.

EL PELIGRO FRANCES
Y LA EXPOSICION UNIVE RSAL.

A la cabeza de la Rivista Politica e Letteraria, aparece, sin firma, un artículo rotulado «El peligro francés,&gt; en el que se revela espíritu hostil á la Exposición Universal que el ai'io próximo !::a de celebrarse
en Francia.
Según el anónimo escritor, y dado el lugar del trabaJo, la redacción de la Revista, la realidad de una
Francia desinteresada, generosa, guerreando en 61
mundo, convertida en paladín de la justicia, de la
libertad y de la frat ernidad, si ha podido existir alguna vez en el transcurso de los siglos como ideal de
algunos pocos individuos superiores que encarnaban
un principio humano, cual recientemente ha sucedido con ocasión del proceso Dreyfus, no ba sido
atendiendo á la masa de la namón, más que una fal~
sa, peligrosa y nociva leyenda, lo mismo para Francia en si miRma, que para el mundo entero. No son
el desinterés y la generosidad virtudes obligatorias
para los pueblos; mas nadie, como Francia, ha vrganizado sistemáticamente el egoísmo propio coa perjuicio ele los demás.

�Domtngo 10 de Diciembre de 1899,

3GO
Algo de esto sabe Italia, porque desde los tiemposde Pepino y Cario Magno, y desde la fundación del
poder temporal, objeto constante de la vida política
francesa, y pasando por Carlos VIII, Luis XII, Francl ..co I, Luis XIV, la Revo~ución, Napoleón I, los
Borbones, los Orleans, Thiers, Gambeta ó Mac-Mahón, y cuantos presidentes y ministros se han sucedido en el último decenio, sea cualquiera su nombre
y origen, sólc ha vis1,o una guerra declarada ó sorda,
func!ada en la conquista ó el predominio, y empresas en que Francia exigía usurario interés. Citase
con frec:iencia el egoísmo de la política inglesa; pero
Italia, en su renacimiento nacional, sólo debe á Inglaterra simpatías y amlstai, tal vez por la_ prvpia
conveniencia, perú leales y sinceras.
Carácter del pueblo francés es el de asociar la idea
de patria á un irreductible sentimiento de superioridad, bárbara vanidad nacional, que le hace intervenir á título de tutela con las armas ó con la diplomacia en los asuntos de otros pueblos, no exentos de
responsabilidad en el hecho por la perpetua adulación que con cualquier motivo prodigan á Francia,
cantando su generosidad y desinterés á compás que
acrecía en ella la tendencia egoista y exclusiva. No
es extrail.o que el humo del incienso provoque una
aspiración permanente á la dictadura intelectual.
En los últimos ail.os ha pasado la nación francesa
por terribles crisis internas. A partir de 1870, se la
ha visto recorrer una senda de errores, pero dete•
niéndose siempre al borde del abismo en que parecía
próxima á precipitarse. Ha sabido sortear la guerra
civil, ora le incitasen á ella los anarquistas_ó los imperialistas de Boulanger, y con exquisita. prudencia
ha evitado los conflictos de Terranova y Fachoda. En
el proces0 Dreyfus la energía de algunos hombres superiores se ha impuesto, evitando el espectáculo medioeval de una proscripción judía.
Hoy la Exposición abre á Francia un periodo de
paz y de fiesta, que la lucha antisemita ha podido
truncar, como la cuestión politic:i. la Exposición de
18i8. El éxito grande, inesperado é imprevisto de
esta última, fué parte á una política internacional
invasora, turbulenta, ofensiva, acrecida por el de
1889. Fuera prudente en la actualidad, por parte de
los Eitados europeos y cou respecto á la Exposición,
una reserva que llevaría á Francia un equilibrio mental y la consiguiente tranquilidad internacional. El
festejo universal que se prepara s6lo puede servir para aumentar un ansia de aventuras en que se confundan semitas y antisemitas, adversarios y defensores
de la República. El peligro francés es ahora para el
mundo más inminente y más grave qut:l nur.ca.

· LA MAQU INAR IA TEATRAL
El Ca.ba.llo de Troya en la. Opera. de Paris
El teatro de la Opera de París acaba de montar
una obra de Berlioz, cuya primera parte, bajo el
nombre de Los Troyanos, se re?resentó hace poco en
la Opera Cómica. La otra parte, que se está representando en la Opera, se llama La toma de Traya.

EL MUNDO.

Domingo 10 de Diciembre de 1899

EL MUNDO.

Damas

gramos. Las narices, los ojos y la frente están escuJ
pidos y lo demás está hecho de tablas ensamblad~
como las de un pavimento.
Como el Teatro de la Opera no presenta diariamente la misma pieza y un accesorio de este calibre e,itorba dem&lt;tSlado, era preciso que se pudiera desarmar al
caballo; y para ello se ha dispuesto cables que corren
dent ro de anillos ad hoc y subea y bajan las diversas
partes del c.i.ballo. Por lo que hace al armazón, en
mf\nos de una hora se desarma.
Sin embargo, cuando las obras representadas en la
semana no exigen muchos trabajos escénicos, el caba.
llo queda intacto, pero hay que ponerlo á un lado
para lo cual se le levanta á una altura de cincuen~
centímetros y mientras algunos maquinistas retiran de allí el pl.rno inclinado en que descansa otros
le dan una desviación de noventa grados y á ~na señal se le deja caer sobre otra vía de rieles perpendicular á la primera y por donde se lo llevan al fondo
de la e.;cena. Es de ver esta maniobrll angustiosa para los qne la presencian; á cada momento se cree que

351

Mexicanas.

Simulacro del transporte del caballo pvr los troyanos.
La gran particip1ción que to'Ili el célebre caballo
le da á la. obra un carácter cómico que no ca-:-ece de
encante.
í"' Lo probable es que Homero, Virgilio y lo&amp; otros
autores que sobre el caso escribieron, seguían más ó
menos literalmente lo que la tradición decía sobre un
suceso militar que. hizo mucho ruido en el antiguo
continente; pero bien vista la cosa, no es de creerse
que los griegos fueran tan niños para encerrar á sus
guerreros más reputados en un armatoste de palo,
n_l que los troyanos cometieran la torpeza de permitir que entrara al recinto de la ciudad un cuartel
tr~nsportable sin advertir que venía poblado de enemigos. Por otra parte, aun cuando hubiesen llegado
á ese extremo de candor, dados los medios de trans•
porte de las grandes masas con que contaban entonces los hombres, mucho tiempo se habría necesitado
para conducir el caballo al Jugar de su destino.
Pero los_poetas y los músicos no se paran ante esas
tnenudencrns y para seguirlos á donde los lleva su
capricho, se han visto precisados los
hombres prácticos de fines del siglo
XIX á construir el Caballo de Troya.
Y ahí tenéis á M. Vallenot1 el hábil
maquinista del Teatro de la Opera
encargado de la tarea que ha llevado
á buen remate como podrá verlo todo
el que pase la vista por lo'&gt; grabados
de esta página.

va á caer sobre los maquinistas la enorme masa suspendida de dos cables.

*
* *
El caballo no es habitable, pues el libreto no exige
la entrada y salida de los guerreros griegos delante
del público; pero tiene que atravesar la escena en toda su longitud, saliendo de los bastidores á la izquierda del espectador para entrar por la brecha del muro
de la ciudad en el Jado opuesto.
"Esto da lugar á una interesante procesión formada
de troyanos que arrastran el caballo.
Como por grande que sea el escenario no se produciría la ilusión de un largo trayecto, han ideado los
maquinistas el siguiente engafio: las cuerdas de que
tiran los troyanos se atan al caballo, el cual se supone muy lejos (en realidad esté muy cerca, detrás de
las bambalinas);,pero las cuerdas estan enrrolladas

* **
Los documentos instructl vos no abundan: sólo uno que otro bajo-relieve, y:i.
gastado por el ~iempo, recuerda lo que
fué ó lo que imaginaron en la antigüedad que fué el caballo de Troya.
En los comentarios de La lliada y
de la Eneida se dice entre otras cosas
que las piernas estaban hechas con cuatro troncos de encina joven y que el
cuerpo y la cabeza eran de pino rojo.
Para seguir esta descripción, los barnices empleados imitan la coloración
de las maderas de que se habla en los
poemas citados; el conjunto resulta, y
podemos admitir que así era la máquina de guerra que construyeron los helenos para entretener sus ocios durante el sitio.

*

**
El caballo de la ópera tiene más de
¿¡ metros de alt ura y descansa sobre
una plataforma de 3 metros de largo
por 2 ó 3 de ancho; pesa 4,200 kilógramos.
Las piernas forman la base de una
gran armasón sobre la cual se adaptan
·el vient-re, la grupa, los lomos, las cost illas y la cabeza del animal; sólo éstl\
tiene 3} metros y pesa más de eoo klló-

El caballo.
en varios tambores instalados dentro del armazón Y
provistos de frenos á fin de que aquellas queden ti·
rantes como si en efecto los troyanos arrastrasen un
peso enorme.
En realidad, el caballo se mueve por la acción de
las máquinas que lo a.rrast:an sobre una vía herrada en plano inclinado para figurar el talud q ue con·
duce á los muros de la ciudad.
El efecto que produce esa masa al atravesar la
escena es imponente y ate~tigua un éxito más de la
mecánica teatral.

S1·ita Elena Labat de México.
Fot. de tange.

EL HIJO DE LA TRISTEZA.
( DIE HERDER).

A la orilla de un arroyuelo, que se deslizaba
IDurmuraodo entre guijas de colores, estaba sent ada la Tristeza, mustia y silenciosa como siem•
pre...... Entregada por completo A sus melancólicos pensamientos, tomó distraidamente entre
A lll dedos un poco de barro y se puso A modelar
la figura de un nilio.
Pasó J úpiter por allí, y admirado de ver el trabajo a. que la Tristeza se dedicaba, Je pregun~ó:
-¿Que es lo que haces, oh diosa pensativa?
-Ya lo ves . ... esto es eólo una tosca imita-cióo de la r ealidad-contestó.-Pero tú, padre
de los dioses, podrías si quisieras darle alma y
vid11.
-,Que viva, pues, y me pertenezca!- exclamó
Jti.piter.
-¡Oh, no .... , no me prives de él ¡es tan lindo!
-dijo la diosa estrechando contra su seno A la
tierna criatura q ue le sonreía.
Entonces d ijo la Tierra:
-Este nilio me pertenece, es mío, puesto que
ha salido de mi seno.
-¡Esperad!-replicóJúpiter.-Aquí viene quien
ha de fal111r el pleito en favor de alguno de nosotros; resignémonos á acatar su decisión.
. Era Saturno el que llegaba., el cual, con la sab~~uria que le da la experiencia dd los siglos,
d]JO:

.

- Que ese nilio os pertenezca á los tres; eóa es
la voluntad del Destino. Tú, Júpiter, que le has
dad~ el alma, le poseerás después de muerto. A
ti, Tierra, te corresponde el cuerpo; no tienea
derecho á más .... Pero tú, Tristeza, su madre,
le poseerás mientras viva, nunca te abandonara.
Y 8118 sufrimientos se prolongarán hasta el sepulcro.

ZARZUELAS MEXICANA_S -Personaj es de «La Cuarta Plana,,
Fot de Lange,

�•
EL MUNDO.

352

Domingo I O de Diciembre de 18 911.

Domingo 10 de Diciembre de 1899.

roe eo el Circo, ignora lo que ea el esplendor del
IDAB espléndido de los dioses olímpicos.
Al dar vuelta al límite del fondo, allí sobr e
todo, se eleva_ el alma al verlos, en medio de
ese esfuerzo siete veces renovado á cada carrera y con peligro cada vez mayor, á medida que
lo; caballos van juntos más arrebatados y con
mayor fatiga, ebrios de su propia fuga y de los
golpes que los fllst'gan, y de los clamores del
Circo entero exaltado con las maravillas del voltear. ¡Nada más admirable entonces que el cochero inclinado sobre el caballo de mano y reteniéndolo mientras que azuza á los otros tres para que el cárro sólo r oce el poste y no detenga á
la rueda! ¿Hay algo más trágico, más adecuado
para sobresaltar el corazón que el choque-sucede A veces - de una ruc:da contra el poste, que
el carro despedazado en el momento, y que el

353

EL MUNDO.
cochero que cae entre las patas de los caballos,
en momentos en que otro carro se precipita Su·
bre esos obstáculos imprevistos, y que un tercer o y un cuarto vienen á estrellarse, formando
así en un minuto, los caballos, los carros, las
r iendas, los ammales y los hombres una. mezcla
horrorosa y magnífica, convulsa, intrincada, mul.icolora y multiforme que se muere en medio de
una nube de polvo de oro, sobre el amarillo tapiz
de la arena que purpuran manchas de sangre y
que semeja la piel de un león constelada de anchos carbunclos? ¿Hay algo que embriague m(ls
que el delirio del momento augusto en que la victo"ia se decide, cuan jo la multitud enterd. puesta de pie, jlesticula, vocifera, au'la y desencadena huracanes de cólera y de entusiasmo?
¡Vengan, pues, si deben venir, los días anua·
ciados por las aves de siniestro augurio! ¡C,mti-

núen las nuevas sectas royendo en su base el culto de nuestros antiguos diosesl ¡Acaben los bárbaros de devorar nuestras fronteras! ¡Encamínense á su fin los destinos de la Cindad de las
Siete Colinas! ¡Qué importa! ¡Dejemos que digan
y que hagan, y vivamos! No será la generación
de hoy la que vea esas cosas fúnebres. Y, entre
tanto sucede eso, Roma sigue siendo Roma, la
única Roma, la prestigiada y prodigiosa Roma,
la Roma en donde se levantan mil doscientas estatuas de cocheros, la Roma en donde los emperadores guiaron carros, la Roma ev donde un
caballo estuvo á t'unto de srr Cónsul, la Roma,
en fin, donde cuando se dan carreras en el Gran
Circo, trescientos ochenta y cinco mil espectadores son los pétalos vivos de esta colosal rosa de
mármol.
,JEAN RICHEPIN.

EL RETRATO SOBRE LA PARED DESNUDA.
JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. J ) ..-i $ $ JI. JI.

En aauel 11,posento donde me alojé en los primeros días de ese invierno tan crudo, habh quedado un retrato de mujer, sin cuadro, clavado en
Ja p,1r ed de la pieza que iba á ser mi cuarto de
tra bdjo. Lo miré apenas, en tanto que los _criados ponían mis mueoles en su lugar, Rostro borrado, vago, una pintura mediocre, El anterior

OUENTOS DE Lf\ DEOf\DE,NOlf\ ROMf\Nf\
•

L A S

C ARRERAS

Df'jemos que grulian los estoicos de cráneo cal
vo, barbudos, bebedores de agua avinagrada!
DPjemos que digan que la corrupción de las
costumbres públicas y privadas ha hecho de Roma la cloaca máxim11 del mundo! Dejemos también q11e declamen los que se jactan de viejos
quirites, sin tener de viejos quilites más que las
ct&gt;jas enmarañadas y las piernas en arco! Drjémosles que catonicen contra las i:uevas sectas
que van royendo en la base el culto de los antiguos dioses protectores de nuestra gloria, y que
escipionicen contra los bárbaros que, poco á poco, van devora1,do las fronteras dd imp~rio! Dd·
jemos que todos esos pájaros de siniestro augu rio graznen, que lús destinos de la Ciudad de !as
Siete Colinas se acercan á su término. Dejémos
los y vimamos, porque los or áculos sibilinos llOS
aseguran la eternidad, porque los bárbaros están
lejos, porque las costumbres son lo que siempre
fueron, por que todavía nos aman los dioses, por que el imperiú á pesHr de tod(I está en pie, porque,
finalmente, Roma no dejará de ser Roma mientras subsista el Gran Circo construido por Julio
César, reconstruido por Nerón, hermoseado por
Tito, restaurado por Domiciano, concluido por
Trajano, y en donde las carreras se dan hoy ante trescientos ochenta y cinco mil espectadores .
¡Por Epona. diosa de los caballos! ¿No basta
para nuestra gloria este arte de las carreras con
q •1e se entusiasma el pueblo todo, desde las clases más altas hasta los últimos infelices de la más
humilde plebécula; _este arte maravilloso entre
cuyos adeptos se cuentan no sólo aficionados sino hasta los especialistas y los emperadores,
este arte que prt firieron á todos los d11más un
Calígula, un Nerón, un Vitellio, un Lucio Ve
ro, un Cómmc.do, un Caracalla, un Domiciano,
un Heliogábalo? ¿Se ha olvidado qué prestigio
Je dan hechos históricos c0mo éstos, por ejemplo:
Vitellio que en su juventud se dedicó á curar en
las caballerizas de los azules; Calígula que rega1 ~ dos millones de sostercios al cochero Eutycbio
que era del partido de los verdes; el mismo Calígula que quiso nombrar cónsul á ~u caballo Iocitato? ¿En suma, no tendría yo raz&lt;', n par?l. de•
cir quti quien niega la grandP1.a de las carreras
es porque está enteramente ciego, toda vez que

el Gran Circo es por sí solo grande crmo una
ciudad y toda vez que Roma posee unas doscien•
tas estatuas que representan cocheros de circo?
¡Oh, grandeza de las carreras! ¡Y sus delicias,
y su embriaguez, y los esplendores de semejante
espectáculo, y los encantos sin número que en
ellas encontramos! .... ¿quién pudiera pintaros
A no tener, á la vez, el soplo épico del viejo
Eonio, la gracia descriptiv,-1. de Virgilio Marón,
la. abundar.ciR de Ovidio Nasón, la precisión de
Manilio, el ingenio de MarciaP Y no obstante,
¡oh suaves y feroces placeres! ¿quién puede ha b !•
ros gustado sin desear pintaros?
En cuanto se llega al Circo, en sus alrededores, bajo el vestíbulo de arcos, ya so está en
medio de la fiesta. y del goce, con la multitud
que pulula tumultuosa, y se empuja frente á las
popinae que humean con las frituras, á los mostradores de quienes venden vino, á ~os acróbatas
que lucen su faerza y su destreza, A l0s astrólogos y á los brujos vendedores de pronós1icos, á
las danzadoras gaditanas que mueven la cadera
y el vientre al martilleo d.e los crótalos y al re sonar de los tamboriles. ¡Ah, cuánto mienten los
que afirman que ahora hay desprecio para los
antiguos dioses! No tienen sino venir aquí para
ver con qué fervor se hacen sacrificios á Baco, á
Ceres, á Venus y al rojo niiio de L\mpsacol
Empero ya estamos en el Circo, al que huhimos de penetrar sin trabajo, no obstante la multitud de los q ue llegaban, gracias á tantos vomitorios sabiamente dispuestos ¡Qué inmenso hormiguero de cabezas el de esas gradas en t.,rma de
anfiteatro y cúyas últimas fil9s tocan al cielo!
Dada esa luz que tamiza el velario de color de
azafrán, dijérase una cesta de flores humanas
dispuestas en crátera; y de esta crátera salen risas, gritos, canciones, llamadas, en continuas explosiones que zumban y crepitan, que se hinchan
de súbito y estallan como una fanfarria cuando
lod cousulares ó la 1 Vestales, ó tal mimo célebre
ó cual cortesana a.'1mirablemente hermosa, entran, y sobre todo, cuando César se sienta en su
palco y con el esplendor fürmeimte de la pedrería finge que el Sol ha descendido sobre la tierra.
Y decir que todos esos ruidos se apaciguan:
primero un grutiido sordo semejante al lejano
estrépito del mar, luego un murmullo ligero, y al
fin un prdundo silencio en que únicamente se
oyen los latidos de tamos corazone3, en cuan-

to se ve a~a.recer en el balcón que domina la entrada principal al que preside las carrer as y que
arrojará en la arena el sudario blanco, solemne seilal de la salida! ¡O.il Entonces todos los
rostros se ponen graves, te.dos los cuerpos rígidos,
en inmóvil actitud de estatuaE; todas las miradas
se dirigen hacia las barreras tras de las cuales
piafan los caballL s impacienteb! Esa es la concordia entre los ciudadanos, la perfecta concordia
en que trescientas ochenta y cinco mil almas se
funden para ser una sola alma., la propia alma de
Roma.
Bruscamente alza el vuelo el sudario, r echinan los cerrojos, se abren las barreras, salen las
cuadriga&lt;1 por el espacio abierto y con ellas y á
la vez truena el clamor unAllime de todo el pue•
blo que saluda á los concurren tes, á esos héroes,
á esos dioi;es, A los sublimes cocheros.
Sólo los filósofos ó los pontífices, hábíles para .
pcnetr11r los arcanos de las cosas, podrían decir
qúé significan los colores de las facciones; por
qué, en el origen, nada más había blanco y rojo;
cuándo y por que misterio ée Bgregaron el verde y el azul; cómo. é inútilmente, intentó Domiciano ail.1tdir el púrpur1t y el oro, y qué ley del
Destino quiso que no quedann sino dos: el verde que representa la tierra y el azul con que se
figura el cielo. En cuanto á mí, sólo sé una cosa:
aue frenética é inquebrantablemente org ulloso,
porque en esto sigo á los emperadores Calígola,
Nerón, Lucio Vero, Cómmodo y Heliogábalo,
estoy por la facción verde; y si algún día Roma
debe pert:cer, sea cu1mdo dtfinitivamente triun•
fe la facción azul! Así entiendo mis funciones de
ciudad11no romano y la gloria. de Roma .
Pongamos punto á las disertaciones y continuemos describien-:o la carrera que, entre torbelli•
nos de polvo, va á toJo empuje, Ver des ó azules, los cocheros sublimes son lo más bello que
pueden contemplar los ojos de los mortales. De
pie sobre sus carros ligeros, pequeiios y de dos
rnedas vertiginosas, con las túoicas cor tas y sin
mangas, con loi gorros que cuelgan sobre la
frente y azotan las mejillas. con los crujientes
látigos y con los amplios cinturones en donde s~
enrollan las riendas y de donde cuelga el cuchillo destinado á cortarlas en caso de caida, los
cocheros son la imagen misma de Apolo, ó para
decirlo mejllr, son todas las encarnaciones -vivas
de él. Quien no vió correr á los sublimes coche·

locatario, pensé, olvidó este retrato y vendrá
por él dentro de un momento ó maiiana. Resolví
dejarlo alli y no tocarlo; tal vez sería precioso á
quien viniera á reclamarlo. Pero nadie lo reclamó. Como dos días más tarde me Bentara ante
mi mesa me molestó á la vista. Llamé: ya mi
criado se lo llevaría y lo refundiría en algún rincón, Esperando, lo contemplé con atención; Y
cuando al llegar el criado me preguntó: ¿Qué
desea el seiior? Nada., le respondí. Porque se me
figuraba que reconocía no aquel retrato sino la
mujer cuya imagen era.
Bi, la. r econocía, segura, indudablemente.
¿Quién era? No lo hubiera podido decir. Aquellos cabellos castailos sin brillo, aquella frente un tanto amarillenta, muy lisa, atravesada
por una sola arruga, aquellos ojos que tenían el
azul gris de los lagos poco profundos ¿dónde los
habia visto, vivos? no lo sabía. El verlos me causaba una melancolía que no carecía de dulzura, y
al mismo tiempo me pareció que flotaba en el aire un olor de fuego extinto, de ceniza, como si
el viento que se colaba por la chimen6a hubiera
esparcido en torno mío, spÍ&gt;re mi, antiguos recuerdos.
Oh! exclamé.
/
Bi, era Ja. semej,nza, evidentemente deb!da á
la casualidad, per}udicada además po~ un pmtor
torpe, de la tiern1i amiga, amante casi maJ¡.ernal,
de la tlulce cons?.ladora que con sus brazos siempre abiertos á mi llegada, siempre clemente en
mis faltas,fué ~l caro arrullo de mis primeras fatiaras y mis r,,rimeros arrepentimientos.

¿D:nde estaba? donde están los muertos. Aquel
olor á ceniza que había llenado el cu11rto era ta l
vez el perfume de su lejana tumba. A través de
mis lágrimas más vagamente veía el retrato.
Después tuve un temor: que se me quititse aquel
retrato. Pero pasaron muchos días sin que tuviera noticia del locatario anterior y acabé por per
suadirme que el. lienzo era mío. Le puse un cuad ro de madera negra, pero no lustroso, donde coloqué un ramito de esas flores que parec.i endo
muertas no se marchitan. EN el sosiµgo de mis
horas inquietas, tener allí, frente a mí, muy cerca, á la dulce y consoladora amig11.
Pero una vez que, obligado á un trab11jo nocturno, había encendido todas mis lámparas y las
bujías de cuatro candelabros para que hubiera
claridad bastante, no pude al lev1rntar los ojos hacia el retrato, retener un grito de sorpresa. No,
r.o, ya no se parecía. á la maternal amante de mi
adolescencia. ¿Qué engailo ó qué ilusión me hicieron reconocerla en él? Por borrado que estuviese, culpa del torpe pincel, se asemejaba, no
podía dudarlo, á la resplandeciente y maravillo•
sa criatura que en un añ.o de goce y de gloria
encantó mis ojos é inflamó mi espíritu. La iluminadora de mis viríles aiios triunf11ntes, extinta
¡oh! hace tanto tiempo, estaba allí, 11rdiente-mente · bella, como un astro vuelto á encender.
Y estaba seguro de ello, aunque viese mal el retrato en aquel deslumbramiento.
Durante algunas semanas, dormí durante el
día y trabajé por la noche. ¡Oh! si me dejaran ti
retrato. Le había hecho un cuadro de oro, radiante, donde ardí~ un ramillete, cada dfa. renovado, de lirios de oro y de sangrientas adormider as. Y cuando veía extinguirse mi genio lo reavivaba á la llama de la resplandeciente y maravillo0a criatura.
Pero una vez que, 11gobiado por el estéril es fuerzo de los desgarradores y penosos trabajos por la ideal obra
nunca acabada, me babia dormido con la cabeza sobre la mesa, tuve,
despertado por la luz del
alba, una extraña sorpresa -yiendo el retrato. Y
pensé que durante mucho
tiempo había estado loco. No, no, no tenia ninguna relación con la belleza de la espléndida
amante y de la lumino•
sa inspiradora! Aquella
vez vi, al pálido rubor de
la aurora, poco esquisita. es cierto, demasiada
humanizada tal vez por
mi pintor poco idealis•
ta, á la deliciosa criatura
que, siendo tan niila, y
tan casta se dignó amarme, siendo yo ca.si viejo, y que con su primave•

ra hizo el sol de mi otoilo. Ella también había
muerto ¡ab! como mueren tódas. Pero la volvía
á ver, en la ingenuidad de su juventud próxima,
semejante á todo lo que aerá flor, canto, rayo, y
no lo es aún. Estaba seguro de ello, aunque apenas me fuese visible al través de las lágrimas que
teda en las pestañas como un rocío matinal.
Durante varios ml'!ses, trabajé á las primeras
claridades de la maliana. ¡Qué desastre si el antiguo locatario me hubiera pedido el retrato! En
el cu~dro de madera pintada de blanco ponía, cada aurora, una pequeña margarita, una sola margarita, ó un lirio silvestre ó una eglantina apenas
sonrosa.da; y bajo el seráfico candor ae la deliciosa niila que se dignó amarme, siendo ya casi
viejo, mis poemas se llenaban de un aliento fresco
como la brisa, y de perfume de rosa que no ha
reventado aún.
Pero poco á poco me entró el desdén de las
obras antes realiza.das y el fastidio de J1;1s obras
futuras. Ya be.cía largo tiempo que estaba alojado er: el aposento donde el locatario anterior había dejado el retrato, Y cada día se parecí!l. menos aquel rt trato á la niña muerta algún tiempo
resucitada en él. Bien pronto ya no se le pareci9
nada.. ¿Serh que habría recobrado lus rasgos de
la triunfal amante ó de la maternal amiga? No,
ya no se asemejaba á ninguna de las que amé y
que me amaron; no se asemejaba á nadie. Ya no
veía en él más que cabellos castaños sin brillo,
unli fre·n te un tanto am'\rillenta, muy lisa, atravesada por una sola arruga y unos ojos que te•
nían el azul gris de los lagos poco profundos. Y
ya no pensé en él, ya no lo miré; no hubiera
sentido ninguna pena si hubieran venido á !levárselo.
Sin embargo me asombré, sin tristeza, por otra

�EL MUNDO

354

parte, un día (¡cuánto tiempo había pasado desde
que habitaba allí!) un día que, alzando los ojos
noté que el retrato no estaba en el muro. Llamé
á mi criado que se había envejecido á mi servicio; tenía los cabellos blancos como yo; le pregunté:
-¿ Ha venido el antiguo locatario?-Pare Jió sorprendido.

-Nu, sell.or, respondió, no ha venido nadie.
-Entonces, volví á preguntar ¿quién se ha llevado el ratrato?
Me vió como quien vé á un loco.
-¿Qué retrato?
-El retrato que estaba en esa pared.
-No ha habido ningún retrato en la pared, me
dijo.

Domingo 10 de Diciembre de 1899,
-Bien, es posible, respondí, retírate.
-Y no me entristecí. No hay aposento nuevo
do:ide vara aquellos cuyo corazón vive aún no
traiga el recuerdo cambiantes imágenes; pero des,
pués de los aftos viene al fin el invisible olvido
que se lleva los retratos de 111, pared desnuda,
CATULLE MENDÉS.

A.i'io VI-Tomo 11

Número 25

México, Domingo 17 de Diciembre de 1899.

7, .

~ •$°d1.rwler f8S7,
De "El Jardín de los poetas."
ANDRES CHENIER
De cólera sublime el alma llena
y de piedad ardiente,
defiende al rey, con ímpetu valiente,
cuando el furor contra el monarca truena.
Y á prisión reducido, se enamora

de cautiva hermosura
que, olvidando la propia desventura,
por las desdichas de su, patria llora.
El rostro de la bella, dolorido,
y su seno de nieve
dignos son de inmortal bajo-relieve
en pentélico mármol esculpido.
Arde el sol en la rubia cabellera;
la luna en su mirada,
y en su frente má.s pura y nacarada
que la ccncha en que Venus la luz viera.
Junto á su amada tiembla de alegría
y de pasión el vate,
y es su cerebro arrulladora late
la paloma torcaz de la poesía.
Y grita ante el ,fantasma de la muerte
cuando fiero le acosa:
«Quiero vivir para mi joven diosa;
. quiero vivir por defender su suerte,
cQuiero vivir-después con ira clamapor saciar mis furores
azotando á. los viles opresores
de la nación, con látigos de llama.
«Quiero ¡oh franceses! conservar la vida,
para teftir mis manos
·
eon la sangre infernal de los tiranos
y escupir en su frente maldecida.&gt;
Y cuando, en tarde lúgubre y helada,
al patíbulo sube,
en los edpacios flota negra nupe
eual funeral bandera desplegada.

LUNATICA.
li'lsta yo que amo exaltado
las neurosis de la lucha,
me hipnotizo entre las redes
de esas tus miradas húmedas:
¡sonámbula de los cielos!
¡sirena de las alturas!
Cuando rondando las nubes
vas, con tu rostro de viuda
y con tus gasas de novia,
recuerdv las aventuras
de las damas que escondidas
van á las citas nocturnas ....
Tú, que eres la rosa blanca
sobre el mármol de la tumba,
así pá.lida y enferma
quizás tus pecados purgas.
¡Oh, tíaica inconsolable,
traviata de las penumbras!
Tú eres la pálida diosa,
que ebria de opio, triste y mustia,
hace mil telas de arana
y mil siluetas esfuma;
y duerme, y duerme, soll.ando
con fantasmas y con brujas .. ,,
Vas y vuelves y te alejas,
y apareces y te ocultas,
siguiendo exóticas ansias,
trl.lzando invisibles curvas,
¡con la blanca frente erguida
entre la estelaria chusma! . ...
Copa de un festín volcada
por la embriaguez de la altura,
derramando eternamente
eucarísticas espumas
y nítidos azahares
en adormecida lluvia ....
Por tu faz desencajada
y el beso que te circunda,
eres un copo de nieve:
algo así como la urna
en que yacen las cenizas
de las estrellas difuntas ... .
Tal vez, tal vez-¡oh misterios
íntimos de la Natural-tú eres la lente fantástica
con que un ojo enorme estudia
los microbios infinitos
y las monstruosas burbujas ....
JOSÉ S. ÜHOOANO,

&gt;·

LASMANO!i

Más süaves que un bálsamo, mis besos
FervienteR han ungido su blancura,
Y en mis rimas elogio su hermosura
Sin igual en los Paros y en los yesos,
Cuando hundes su marfil en tus espesos
Cabellos, las empapas de frescura,
Y mis fastidios sabe su ternura
Cambiar en inefables embelesos.
Bajando de su palma bondadosa,
Cuando estoy triste siento en mi ardorosa
Frente un haz de caricias boreales,
Y en las noches, calmando mis anhelos,
Las miro levantadas A los cielos
Mostrándome los astros inmortales.

LOS OJOS
Felinos y traidores como el viejo
Mar, su calma engafiosa me fiiscina,
Y veo en su llanura cristalina
Cruzar mis ideales en cortejo,
En sus aguas serenas, un reflejo
Verdiobscuro dibuja la divina
Esperanza, y como una golondrina
La ilusión raya el ónix de su espejo.
Mirando su cristal pérfido y hondo,
Presiento tempestades en el fondo,
Zafiros y coral en sus arenas,

ti

Y al abismo atrayendo mis miradas,
Saliendo de sus ondas hechizadas
Oigo el canto traidor de lu sirenas.
EFREN REBOLLEDO.

Y Chenier, sofocando sus querellas,
dice en la Guillotina:
«¡Muero por la verdad, virgen divina,
coronada de abrojos. y de estrellas!»
Del crepúsculo rueda á la vislumbre
la cabeza del lírico valiente,
y, en copioso raudal, su sangre hirviente
salta sobre la fiera muchedumbre.
MANuEL REINA,

Un

Lector de Baoccacio.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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