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                  <text>EL MUNDO

354

parte, un día (¡cuánto tiempo había pasado desde
que habitaba allí!) un día que, alzando los ojos
noté que el retrato no estaba en el muro. Llamé
á mi criado que se había envejecido á mi servicio; tenía los cabellos blancos como yo; le pregunté:
-¿ Ha venido el antiguo locatario?-Pare Jió sorprendido.

-Nu, sell.or, respondió, no ha venido nadie.
-Entonces, volví á preguntar ¿quién se ha llevado el ratrato?
Me vió como quien vé á un loco.
-¿Qué retrato?
-El retrato que estaba en esa pared.
-No ha habido ningún retrato en la pared, me
dijo.

Domingo 10 de Diciembre de 1899,
-Bien, es posible, respondí, retírate.
-Y no me entristecí. No hay aposento nuevo
do:ide vara aquellos cuyo corazón vive aún no
traiga el recuerdo cambiantes imágenes; pero des,
pués de los aftos viene al fin el invisible olvido
que se lleva los retratos de 111, pared desnuda,
CATULLE MENDÉS.

A.i'io VI-Tomo 11

Número 25

México, Domingo 17 de Diciembre de 1899.

7, .

~ •$°d1.rwler f8S7,
De "El Jardín de los poetas."
ANDRES CHENIER
De cólera sublime el alma llena
y de piedad ardiente,
defiende al rey, con ímpetu valiente,
cuando el furor contra el monarca truena.
Y á prisión reducido, se enamora

de cautiva hermosura
que, olvidando la propia desventura,
por las desdichas de su, patria llora.
El rostro de la bella, dolorido,
y su seno de nieve
dignos son de inmortal bajo-relieve
en pentélico mármol esculpido.
Arde el sol en la rubia cabellera;
la luna en su mirada,
y en su frente má.s pura y nacarada
que la ccncha en que Venus la luz viera.
Junto á su amada tiembla de alegría
y de pasión el vate,
y es su cerebro arrulladora late
la paloma torcaz de la poesía.
Y grita ante el ,fantasma de la muerte
cuando fiero le acosa:
«Quiero vivir para mi joven diosa;
. quiero vivir por defender su suerte,
cQuiero vivir-después con ira clamapor saciar mis furores
azotando á. los viles opresores
de la nación, con látigos de llama.
«Quiero ¡oh franceses! conservar la vida,
para teftir mis manos
·
eon la sangre infernal de los tiranos
y escupir en su frente maldecida.&gt;
Y cuando, en tarde lúgubre y helada,
al patíbulo sube,
en los edpacios flota negra nupe
eual funeral bandera desplegada.

LUNATICA.
li'lsta yo que amo exaltado
las neurosis de la lucha,
me hipnotizo entre las redes
de esas tus miradas húmedas:
¡sonámbula de los cielos!
¡sirena de las alturas!
Cuando rondando las nubes
vas, con tu rostro de viuda
y con tus gasas de novia,
recuerdv las aventuras
de las damas que escondidas
van á las citas nocturnas ....
Tú, que eres la rosa blanca
sobre el mármol de la tumba,
así pá.lida y enferma
quizás tus pecados purgas.
¡Oh, tíaica inconsolable,
traviata de las penumbras!
Tú eres la pálida diosa,
que ebria de opio, triste y mustia,
hace mil telas de arana
y mil siluetas esfuma;
y duerme, y duerme, soll.ando
con fantasmas y con brujas .. ,,
Vas y vuelves y te alejas,
y apareces y te ocultas,
siguiendo exóticas ansias,
trl.lzando invisibles curvas,
¡con la blanca frente erguida
entre la estelaria chusma! . ...
Copa de un festín volcada
por la embriaguez de la altura,
derramando eternamente
eucarísticas espumas
y nítidos azahares
en adormecida lluvia ....
Por tu faz desencajada
y el beso que te circunda,
eres un copo de nieve:
algo así como la urna
en que yacen las cenizas
de las estrellas difuntas ... .
Tal vez, tal vez-¡oh misterios
íntimos de la Natural-tú eres la lente fantástica
con que un ojo enorme estudia
los microbios infinitos
y las monstruosas burbujas ....
JOSÉ S. ÜHOOANO,

&gt;·

LASMANO!i

Más süaves que un bálsamo, mis besos
FervienteR han ungido su blancura,
Y en mis rimas elogio su hermosura
Sin igual en los Paros y en los yesos,
Cuando hundes su marfil en tus espesos
Cabellos, las empapas de frescura,
Y mis fastidios sabe su ternura
Cambiar en inefables embelesos.
Bajando de su palma bondadosa,
Cuando estoy triste siento en mi ardorosa
Frente un haz de caricias boreales,
Y en las noches, calmando mis anhelos,
Las miro levantadas A los cielos
Mostrándome los astros inmortales.

LOS OJOS
Felinos y traidores como el viejo
Mar, su calma engafiosa me fiiscina,
Y veo en su llanura cristalina
Cruzar mis ideales en cortejo,
En sus aguas serenas, un reflejo
Verdiobscuro dibuja la divina
Esperanza, y como una golondrina
La ilusión raya el ónix de su espejo.
Mirando su cristal pérfido y hondo,
Presiento tempestades en el fondo,
Zafiros y coral en sus arenas,

ti

Y al abismo atrayendo mis miradas,
Saliendo de sus ondas hechizadas
Oigo el canto traidor de lu sirenas.
EFREN REBOLLEDO.

Y Chenier, sofocando sus querellas,
dice en la Guillotina:
«¡Muero por la verdad, virgen divina,
coronada de abrojos. y de estrellas!»
Del crepúsculo rueda á la vislumbre
la cabeza del lírico valiente,
y, en copioso raudal, su sangre hirviente
salta sobre la fiera muchedumbre.
MANuEL REINA,

Un

Lector de Baoccacio.

�EL MUNDO.

356

Dom1ngc 17 de Diciembre de 181111

na.l la dicisión de la Corte sobre su competencia.

de Suez y de Panamá la estatua J.c Lesseps para
absolverlo así ante la histori.1 :le los carg-os c0n
que sus contemporáneos llem,ia pretendi1ll) mandi..r ¡:,u nombre il:J.s~r'?.
'l la predicción s~ lrn cumpE-h
} .t,~eps tiene una e,-t.11t11. E.,; un 1frrnfod•Jl' ce
ultratumba.

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

Esta es, año por año, una semana ruidosa,
J&gt;orque las tiestas populares, &lt;:omo el mar inquieto, atruena el aire con sus algazaras y sus
ruidos.
Sin embargo, para los espíritus solitarios y silenciones, estas alegíras escandalosas y frenéticas
t ienen una invencible repugnancia.
A veces esos rumores se convierten en causa
dolorosa de mil pern~amientos extraños y extravagantes quizá.
Es singular cómo ciertos ruidos, cierts notas
y ciertas voces nos desgarran, vierten en un segundo en el alma todo el dolor, toda la locura
y angustia que puede contener.
Un gran poeta describe así un estado de ánimo
que provocó un r uido cualquiera.
Escuchaba, esperando, y oí otra vez aquel
ruido que parecía salir de mí mismo, como arrancado á mis nervios, y que resonaba dentro de
mí com,o un llamamiento íntimo, profundo y desconsolado. El débil y caprichoso sonido pasaba
sobr e mí, como sembrando espanto y delirio, pues
al punto tuve la potencia de despertar el horroroso desconsuelo que de continuo dormita en el
alma de todos los humanos. ¿ Qué era ? Era la
voz que grita incesante en nuestro pecho, que
n os echa en cara, de modo continuo, obscuro y doloroso, punzante, inolvidable y fer oz todo cuanto
hemos hecho y al mismo tiempo lo que
hemos dejado de hacer ; la voz de los vagos remordimientos, del pesarirremdiable, de
los días acabados, de las mujeres que tal
vez no hubiesen amado, de las cosas que desaparecieron; las vanas alegrías, las muertas esperanzas, la voz de lo que pasa, de lo que huye,
de lo que engaña, de lo que desaparece, de lo
que hemos conseguido, de lo que no conseguire~~s nunca; la :flaca vocecilla que pregona la _inutilidad del esfuerzo, la impotencia del espíritu y
la debilidad de la carne. Me decía con su breve
murmullo, que comenzaba á cada paso en el trist e silencio, todo cuanto confusamente había des~ado, esperado, soñado, todo cuanto hubiera quendo ver, comprender, saber, apreciar; todo cuanto mi pobre, insaciable y débil espíritu había rosado con la inútil esperanza, todo aquello hacia
lo que intentó volaT, sin conseguir romper la cadena de ignorancia que lo sujetaba.
. Eso es lo que las almas solitarias y contemplativas suelen sentir en la honda noche, cuando
pasa frente á ellas la verbena popular con su algazara de mar inquieto.

Se ha levantado por fin una estatua á Fernando de Lesseps, el "gran francés," como le
llamó Gambetta en un momento de entusiasmo y
el pueblo parisiense en un instante de delirio.
¡Oh! merecía ese homenaje, á pesar de su caída de Panamá.
La obra monumental de Lesseps, ó bien la obra
monumental del siglo XIX, había de ser sin duda alguna el Canal de Suez.
Y un día, la mirada que se detuvo en Suezla lengua de tierra desde donde viera Moisés
desaparecer en las aguas de la marea que subía
el famoso ejéricto de Faraón- detúvose en Panamá,_ la tierra por donde pasó Bolívar para ir
hae1a el Sur á completar la Independencia de
América.
Panamá fué la tumba de grandes capitales, del
, honor de muchos hombres y de millares de perso1 nas. Y un contemporáneo escribía estas pala1ras á raíz ele la muerte del gran hombre:
E l venerable anciano hubo de ser condenado
como corruptor de altos empleados públicos, pero
la sentencia no fué notificada. La dureza empleada en el ruidoso proceso se calmó llegado que fué
el momento de anunciarle el fallo de los altos
T ribunales de J usticia. ¡ La cana cabellera del
moribundo anciano impuso el respeto que s~ debe á la desgracia. ¡Pobre viejo! ¡murió ignorante del formidable escándalo!
La posteridad habrá de le.antar .i. fa entrada

"ª

Los periódicos italianos anuncian el próximo
estreno de una ópera de Puccini : ''La Tosca,"
Me causa extrañeza y no acierto á explicarme
con claridad cómo los elementos dramáticos de
Sardou, tan deleznables y poco piscológicos, tienen, según parece, un atractivo tan grande para
los modernos compositores, todos ellos profundos conocedores del corazón humano.
Ya es sabido que Sardou, según la frase de
un escritor célebre, posee fortuna, gloria, un público atiborrado de golosinas, y una crítica idólatra.
Porque golosinas, y no alimento sano y fortificante, son las obras dramáticas del aplaudido
autor de "Dora."
Sar dou ha sido un gran triunfador, porque ha
sabido explotar á maravilla todos los asuntos de
interesante actualidad; posee el instinto del momento oportuno para lanzar una producción á la
escena. Ah! y conocimiento teatral. . . . . vaya si
lo tiene!
El conoce todos los ocultos resortes, todo el
convencionalismo escénico, todos los golpes de
efecto, y ahí le teneis dominando al público,
emocionándolo, forzándole á aplaudir, y manteniendo en apogeo sus obras por más de doscientas y trescientas representaciones.
Cuando Sardou llega, y llega las más veces, á
armar una obra con toda clase de tramas, logra
escribir escenas interesantes, diálogos, frases enérgicas, situaciones conmovedoras que absorben por
completo la atención del espectador.
Pero cuando de vuelta del teatro, se recoge uno
en sí mismo para analizar la impresión, nota inmediatamente que el artificio á que ha recurrido
Sar dou, no deja la más leve huella en el espíritu, ni genera una nueva idea, ni, como los grandes maestros, imprime el troquel de sus creaciones en la encendida plancha ele la memoria. La
impresión, pues, ha sido rápida y efímera. Inmediatamente volvemos en nosotros para reconoecr
el engaño.
Ah! las situaciones son falsas y están tejidas
con hilos mu,v gruesos; los personajes son manequíes, no hombres; Sardou ha logrado el movimiento, no la vida .... pero es un diestro prestidigitador que nos entretiene con sus juegos y escamoteos. Un crítico suyo dice : es un almacenista
de juguetes, que tiene á la venta preciosos muñecos parlantes. Sardou no se propone más que
una cosa cuando escribe: conquistar al público
á toda costa, achicándose á su medida cuanto
haga falta . Su ambición no va más allá de los
aplausos. Ya con esto se empieza á comprender.
Xada tan penoso como una verdad. Sarc1ou ameniza las verdades dislocándolas. Exagera todos los
pormenores, hasta ponerlos en caricatura;
coloca en un rinconcito novios de mantequilla,
y divierte á la concurrencia con juegos de salón.
Pero el armazón crujiente y defectuoso de sus
dramas está cubierto por telas brillantes y coloridas; suele asomar un alambre y rasgar ·1a vestidura, pero el habilidoso constructor pone allí
más luz y más interés para que la vista se deRlumbre y el criterio se divague. Es un consumado maestro en su arte, iba á decir oficio.
Sardou ha puesto su gran talento á disposición
del gusto dominante.
Dicen que cuando alguien le echa en cara sus
defectos, él se sonríe maliciosamente. Es académico; es popular; y tiene rentas suficientes para
p~gar un palacio. ¿ Puede ambicionar mayor gloria un hombre á quien el teatro ha dado todo
ésto?
No obstante, después ele la "Fedora" de Giordano, viene la "Tosca" de .Puccini.
Veremos qué pudo hacer ron este drama. de
un desesperante efectismo, el exquisito cantor
de Mimí y de Manón.

o~ go 17 de Diciembre de 1899.

1.-El Ministerio '\Yaldeck-Rousseau.
2.-Bl socialismo tranformánclose en partido
de gobierno.
3.-Un libro de Han, ~obre la intervención.
-!.-Lo que debemos á los Estados Unidos durante la intervención.
5.-Lo que ellos nos tlebieron.
Me empeño en creer que M. Waldeck-Rousseau
sacará su ministerio arnnte hasta el próximo receso; es Jo que se llama "un tour de force," en espafiol de "boulevard." :Xo ha siclo para él un lecho
de rosas Ell tal ministe1:io; el hombre menos jacobmo del mundo republicano, se ha puesto en ciertos momentos el chaleco de grandes solapas de Robespierre, y el más anti-colectivista de la F rancia
política, parece dar oídos á las sujestiones de su colega lifillerand que tiende á hacer del Estado un
órg¡¡no del "trabajo en lucha con el capital."
Esta actitud es sumamente curiosa, interesante
é inquietante; en honor de la verdad, nadie crevóque esta reunión de hombres venidos de puntos
tan distintos y tan distantes, para reunirse detrás
de una trinchera y cerrar con sus cuerpos una brecha, pudiera militar bajo una misma bandera al
día siguiente de la retirada del enemigo. ¿Hasta
dónde llegarán para mantener esta unión las concesiones mutuas? ;, Se ha formado un socialismo degobierno que de hoy en adelante puede tomar parteoficial en la dirección de la República? La verdad
es que si el partido socialista tiende á transformarse en uno de sus grupos más importantes desligándose por completo del anarquismo'(antagonista por
esencia de toda organización social procurada por
el Estado) el partido liberal se ha disuelto Tª ar
declarase impotente para facilitar la solución de lascuestiones sociales, por no mermar la facultad dol
individuo para disponer de lo suyo á su guisa, "para
usar y abusar," según la definición clásica, y que,
por consiguiente, niega al Estado el derecho de
obligar, v. g., al patrón de una fábrica á asegurar
contra la miseria final á los obreros inutilizados.
Este liberalismo del antiguo tipo es ya una reliquia; ahora el liberalismo parte en sus programas
de esta verdad, á cuyo establecimiento ha concurrido todo el trabajo de la sociología moderna para
definirse : individualismo y socialismo son denominaciones vanas si se presentan como antitéticas ;
precisamente el derecho individual está en razón
directa de su carácter social, y el objeto del Estado~
hasta en los tér1uinos mismos en que lo indican
las constituciones como la nuestra, está formulado
por una ecuación entre el interés social y el derecho individual: los derechos del hombre son la
base y el objeto de las instituciones sociales.
W alcleck-Rousseau representa este libernl isn10
nuevo, que no es moderado, sino moderador ; quetoma en cuenta todas las condiciones que al Estado
moderno rodean, todas las exigencias j Listas cie l0s
grupos que luchan por el pr•uer en el campo político y que las resume en una conrErión s11pre11lll :
la existencia de la República.-Cuando aceptó, con·
tal cual modificación, con tal ó cual letrero, la exhibición ele la bandera roja en la gigantesca manifestación política llamada "el triunfo de la República," yo temblé : de veras me pareció que una
concesión más y el ''leac1er" del partido republicano puro en Francia se volvía socialista y entraba á
depender ele :Millerand su colega, á pesar de sus:
breves declaraciones desdeñosas en la sesión en que
obtuvo tamaño voto de confianza : "nos hemos
puesto de acuerdo para defender á la República, Y
yo no había de ir á buscar mis colaboradores entre sus enemigos: pero ni mis colegas socialistas ni
,vo hemos abandonado nuestros programas y, pasada la urgencia cada uno encontrará el suyo."

Y yo me preguntaba: ¿ pues qué, el peligro no
ha pasado? Y me respondía: tal vez se espere el fin
ele los demasiado largos debates en ''la Alta _Corte," es decir, en el Senado, ejerciendosusfunc10nes
de cuerpo judicial. ¿ Cómo terminarán estos debates? Me parece un indicio claro del resultado fi-

desde la verdaderamente pecaminosa que pone en
parangón al diestro y agradable (y poco escmpulos?) narrador Luciano Biart, con el exquisitísimo
artis~a,que se firma Pierre Loti, hasta la que niega
con iromca cortesía á los mexicanos el apellidar
'.'una ~uerra de independencia" á la lucha con el
imperio y la intervención.
_Eso f~é, sin embargo, en toda la fuerza del térmmo; s1 una guerra eminentemenr.e nacional so~t~nid2 contra un ej€:rrit0 ex~r.rn,iero que ha invacl_1do un país para organizar en él un gobierno que,
sm raíces en la historia, en las costumbres ó en
la opinión, esté perennemente á la merced de
su sostenedor y bajo su tutela forzosa y forzada,
no e~ una guerra de emancipación y de independencia, mal pueden llamarse guerras de independencia las de Polonia en la última década del
siglo pasado y en 1830 y 63; la de Italia en
48--49, la de España iniciada en 1808 y la de
Alemania en 1813. No es preciso que una guerra nacional tenga por objeto "sacudir un yugo
secular" para poderse llamar de independencia,
dad.
Pero el mismo Presidente del Consejo lo ha di- basta que se trate de un "yugo extranjero," pacho: el peligro ha pasado. La penúltima vez que ra que lo que sea. No es, pues, legítima la censura
se reunió la Cámara, hubo necesidad de organizar del señor Hans, es una "chicana" de palabras.
toda la policía de París en torno del Palacio del
Y aquí va un recuerdo mío muy perlegislativo y acuartelar la guarnición; el ministe- sonal: yo, simple y gordo estudiante de filorio aotual no ha necesitado de cincuenta gendar- sofía y derecho, complicados con la lectura asidua
mes para cuidar de la seguridad de los legislado- de los folletos antinapoleónicos de V. Rugo y de
res en la apertura de la sesión actual. El peligro, cuanta obra revolucionaria podía pescar, asistí
á algunas conferencias de hombres perfectamente
pues, ha pasado.
Pero entonces surgió la idea, y era necesario que probos y liberales que dieron su adhesión al imBUrgiese, de aproVJJChar las lecciones de la expe- perio, en virtud de este razonamiento que oí reriencia para preservar á la república de confüc- petir cien veces: la República no puede restatos análogos, á los que la hicieran tambalear: blecerse contra el empeño del emperador franblindarla mejor para aumentar su coeficiente cés resuelto "evidentemente" á apurar en Méde resistencia á los choques. Todo lo que en mate- xico todos sus recursos hasta lograr la pacificaria de reorganización de la dirección suprema del ción; el gobierno legal de J uárez va á acabar
ejército y de la justicia militar, se ha propuesto ó ó ha acabado, sin substitución constitucional podecretado ya á ese fin, sin duda ha sido muy bien sible; J uárez para sobreponerse á los franceses,
pensado. Pero además, se han proyectado leyes un necesitará venir en los bagajes de cien mil amepoco inquietantes y ele cierto aspecto jacobino,aun- ricanos : la independencia del país, que es antes
que tal vez sea una simple apariencia : me refiero á que la República, tiene, pues, dos amenazas sula ley sobre asociaciones, que hará imposible la premas : el imperio sostenido uor los franceses;
vida de muchas asociaciones religiosas, y la que li- la república restaurada por los americanos. Tenemita la libertad de enseñanza con el pretexto de mos, pues, el deber de ayudar á quien trate
reglamentarla. No las censuro, no conozco los tex• de impedir estos dos peligros. Los que habían
tos; pero no desearía que, para desquitarse de la hablado con M:aximiliano (nodía yo citar
parte activa que una. fracción del clero y de los cle- nombres, lo haré en mis memorias) afirmaban
ricales, t omó en la inmensa confabulación para que el príncipe les había comunicado condesprest igiar á la República, á que dió origen el fidencialmente este programa: si el partido liasunto Dreyfus, se dictasen leyes que pudieran ser beral me ayuda, prometo, en primer lugar, y
tachadas de sectarias y se abriese un nuevo perío- esto de acuerdo con las miras de Napoleón, condo de "Kulturka.mpf." Claro que la República será solidar la obra reformista, con ó sin el asentiperdurable en la proporción en que mejor organice miento de la I glesia. En segundo lugar, hacer
la educación de las generaciones nuevas; inútil por medio de la paz no sólo impuesta,
claro que á eso tienden las leyes de salvación pr?- sino aceptada y por medio del divorcio con el
mulgadas bajo los auspicios del eminente Julio partido "mocho," que nos atraerá á los liberales
Ferry, que los clericales llaman ''les lois scelera- militantes, la permanencia ele los franceses en
tes," pero claro también que ellas bastan, y que México; obtenida así esta independencia, yo doy á
abandonaría el partido liberal su papel ele modera- ustedes (decía Maxirniliano) mi palabra ele honor,
dor, si para satisfacer la clerofobia socialista, a~o- de que me considero un jefe provisional y de tranyase al gobierno que renovara una lucha confes10- sición de la nación mexicana, -que, una vez consolidada nuestra independencia en ambos sennal.
Mucho más mal ha hecho al catolicismo como tidos, hemos de llamar al pueblo á una consulta
secta política en Francia, la actitud republicana de libre, enteramente libre. y si se pronuncia por
León XIII, que todas las prédicas iconoclastas de la República, entregaré el gobierno á quien elija;
los clubs socialistas, y se trata de no arranca:le las lo natural es que sea J uárez.
Ahora es cuando vemos la dosis formidable
riendas de la mano convirtiendo á la república en
de
ilusión que había en este modo de pensar;
1lil gobierno de pe;secución. Por fortuna, la actientonces
era muy difícil, casi imposible, ver claro
tud de W. Rousseau enfrente de la tentatin de
y
ver
recto.
De este error vino la adhesión
supresión del presupuesto de cultos y de la embajada en el Vaticano, tranquiliza bastant~ Y s~ ele muchos al Imperio, no del deseo "inhumano"
triunfo da esperanzas fundadas ele que, s1 permi- de traicionar á la Patria; creyeron servirla, los
tió pasear por las calles de París la bandera roja, que no estaban obcecados por la pasión política
ó religiosa, los que no podía.u partir del concepto
el andrajo de guerra civil, como le llamó ~~betta, de que no hay patria sin religión y menos conaun guarda la enseña tricolor de la repubhca, su
tra la religión. Y cierto, la franqueza en aparienlema verdaderamente nacional de "libertad Y
cia incontestable, del razonamiento que acabo de
paz."
simplificar en unas cuantas proposiciones realza
~
el mérito de quienes se mantuvieron firmes en
. Alberto H ans, el oficial imperialista que, con la torno de la bandera republicana en una lucha
imparcialidad posible en un vencido y. en un pro- que durante una época, fué sin ilusiones, casi sin
fllildamen te adolorido contó en un libro que es esp;ranza; esto lo ha de haber oído alguna vez el
popular, las trágicas y heroica; peripepcias del sitio Sr. Hans de boca de nuestro común amigo el Sr.
de Querétaro, acaba de reunir en un folleto algu- A1tamirano.
nos ar tículos recientemente publicados sobre los
historiadores mexicanos de la guerra de I ntervenEl autor sirve á sus lectores franceses una sución. T odo lo que ha ganado el antiguo oficialito posición que aquí y allá habrá de parecer peregrifrancés de la brigada del cruel Ramón Mé'?-d~~' en na. Hablando de la necesidad de la guerra entre
serenidad de juicio, en equidad de a~recrac1on Y los Estados Unidos y Francia, caso de que Napoen exactitud de información lo ha deJado ver en león III se hubiese resuelto á dejar en nuestro
su muy breve, pero muy inte~esante op-ásculo .Es- país el ejército de la intervención, da como segura
-to lo decimos á pesar de no estar conforme~ ~on el la rendición de las tropas francesas, lo que efectiexcelente escritor en toda una escala de opm1ones,

La ley abre la jurisdicción del Senado como Corte
cuando se t rata de un "atentado," y los "derudelistas" y colegas están acusados de "complot; pues
~tas" y colegas están acusados de "complot,' pues
la primera parte del atentado, y se declaró competente ! Es un Pº?º f?rzada la i_nterpretación, pero
indica cierta sohdandacl de miras entre el Ejecutivo y el Alto Cuerpo. Habrá, pues, condenación de
algunos, leve, probablemente; 1:11as ~ueclará establ-ecido qye no se puede conspirar impunemente
contra la República, aunque como los mismos acusados han dicho,'sus conspiracioPes fueron pueriles· esto es buscar el ridículo como circunstancia
ate~uante, dijo W. Rousseau. Y quedará demostrado que la conspiración no tenía importancia "interna" de ninguna clase, pero sí la tenía
"externa;" sí podía súbitamente constituir un nucleo de resistencia al gobierno, que en la tremenda
excitación de los días en que se rejuzgó á Dreyfus,
podía hacer nacer un peligro de suprema grave-

357

EL MUNDO.

vamente es indudable, y conjetura que á consecuencia de esto, habría caído el trono imperial en
Francia, lo que habría retardado la guerra con
Alemania hasta que los franceses hubiesen estado
en aptitud, por la realización de un plan de reformas militares, de aceptar la guerra con probabilidades de buen éxito. H ay en este ensueiío uos hipótesis pasmosas: la una consiste en creer siquiera posible (y lo posible sólo es conjmable) que
con la conciencia plena de una guerra inevitable
con los Estados Unidos, el emperador francés hubiera dejado aquí al ejército; éste habría sido el
más consciente de los suicidios y el más estúpido.
Consiste la otra en pensar que los alemane~, que
no sólo habían pem;ado en la guerra con Francia
y la habían preparado minuciosamente, sino que
clescle Sadowa estaban, con los ojos clarividentes
del terrible Bismarck, en acecho de una &lt;:oyuntura, no hubiesen aproYechado la guerra con los Estados Unidos para caer sobre la Fraucia desarmada y vencida de antemano; no habría habido ni
Sedan ni Nietz por ventura, pero de seguro habríanse registrado espantosos desastres en París,
Lyon y Burdeos ó cosa así, no habría sido la
ane~ión de Alsacia y Lorena la que se habría
registrado en el tratado de París, sino ademáslasumisión de la Champaña y la entrega de la escuadra.
Precisamente esto fué lo que determinó á Xapoleón á retirarse: tres cosas exi&lt;1ían con la exigencia de tres fatalidades inelucttbles, la retirada
del ejército francés : la. la imposibilidád ele aclimatar en el suelo mexicano formado por la laya ele
las revoluciones, una monarquía : la resistencia
?reci~nte ó decreciente, p_ero incesante del pueblo
a los mvasores, que llegó a fOTmar, para estos mismos, la demostración perfecta de la primera verdad
queestá documentada ya y lista para ser utilizada
por la historia: 2a. la amenaza cada vez más clara
de una guerra con la triunfante federación.americana; _cierto que_hubo_ unmomento en que se pensó
orgarnzar la resistencia y en que Napoleón ofreció
á Bazame mandarle los refuerzos uece~arios, pero
esto fué una de tantas veleidades uel irre,,oluto
soberano, y pronto se encomendó á. la diplomacia
dar un aspecto decente á un abandono ineYitahle :
3a. el estado de la cuestión germano-italiana en Europa. Si antes de Sadowa pudo haber vacilación
no la hubo después; la concenb-.1ció11 v rcor"aui~
zación de todas las fuerzas de FrnT•.CÜJ. er11 la ~eccsidacl suprema. Y estas tres fatalidades se con,binaron con una espontaneidad admirable: la resi1tenci~ del país_fué la base de la política ~¡;:pectr..nte primero, exigente después y apremiante al fin
del gabiente de Washington; esa fué la base: fué
la fuerza ele esa política el :fin de la o-uerra de secesión y la posibilidad de dar al ejército triunfante un empleo que, por cierto, habría sido desastros~ para nosotros, y que nuestros generales republicanos, aun en forma ele ayuda voluntaria. decl~naron ó, 1:echazaro~; y fué la ocasión pará esa
misma politica, la actitud de Alemania. Todo esto
resulta ya bien claro para el que estudia los detalles de esta lejana tragedia de ayer.
-S:::,..(X:&gt;-

y las lucubraciones clel Sr. Hans nos inducen á
resumir _aquí algunas observaciones sobre la ayuda
que debimos á l~s Estados Unidos, y que, hay que
confesarlo paladmamente, sea cual fuere su móvil
y aun cu~ndo ést~ se juzgue limitado precisamente á la misma sene de causas determinantes de la
famosa fórmuL rle lii. doctrina Monroe, el resultado obliga la gratitud nacional; la flamante carta del Sr. :Mariscal ha dicho en esto una incontrovertible verdad. P ero puede decirse algo más; yo
creo que aun cuando la guerra de secesión se hubiese pro1ong-ado tres años más, los franceses se
habrían visto obligados á abandonar su desatentada empresa mejicana y el imperio habría venido por tierra; así es como este problema debe
estudiarse, es inútil plantearlo en este otro sentido : ¿ los republicanos habrían acabado por oblig~ á los franceses á reembarcarse después ele vencidos en los campos de batalla? Esto es ocioso
históricamente hablando, porque la discusión no
llegaría_ nunc~ ~ _un fin cierto; no tendría objeto,
por la 1mpos1biltdad de pocler aplicar á la cuestión un rigoroso cálculo ele probabilidades.
Planteada la cuestión en los términos indicados
basta, en mi sentir, .fijarse en las tremendas difi~
cultades que fueron atajando la libre acción de
Francia en Europa, desde la entrada en plenaactividad militar del reino de Prusia en la lucha con Dinamarca para comprender lo que antes dijimos: no

�358

Domingo 17 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO.

hab~'l posibilidad para Napoleón de dejar comprometida la espada del Imperio en ninguna aventura marginal; le era forzoso, angustiosamente
forzo~o, tener en mano todo el ejército. Las exigenc:ia.~ de los l◄;~tados Unidos precipitaron esta
decisión, ó mejor dicho, proporcionaron á Francia,
ante la Europa ansiosa, un pretexto para volverse y
desamparar á stL infortunada criatura, sin neceE-idad de renilar º"ten~iblemeute sus gravísimos
temores por su propia eofüenueión.
:E:-to en nachi meHoscaba el servicio que los
Esta.dos l 'nidos nos pre:,taron; sencillamente
tiende á demostrar que si la. República les del&gt;ió una condición de primera importancia para
realizar ::-u triunfo ele fi7. no les debió la vida.

Pero ~i iue,:timahlc fué ese servicio, nosotros no
i::ólo pusimos al gobiemo de Washington en condicione,- de pre¡;tarle. por nuestra resistencia tenaz, ~ino que antes nue,-tra actitud constituyó también un 1:-enicio tan seüalado á la Unión americana. e~ decir. á la causa federal, que si no supera al que nos hicieron, sí es de elemental equidad histórica ponerlos e n parangón.
Constan estos hecho,-:-lo. Lo que Napoleón
Jil llamaba "el gran pensamiento de su reinadoº'
eonsi,-tía en crear un imperio en :México bajo los
au;,.pitio~ de Frn11cia, llamado á ejercer una suerte
ele lwgL•monia ~obrt• d mundo latino-americano
y á rnntencr el movirnitnto expansivo de los Estado, nido~. Con c:,;h• pensamiento "de derriere
la trte" fné el imperio francés á la convención
de Londres Y e~lo mi11i,tra la clave de la actitud
ele Franeia
la ejec·nción del convenio tripartito.--:.?o. ParlL· import,mtísima de la realización
de su de¡;ignio era pam Napoleón, no sólo la prolongac·iún ele la guerra de Secesión, sino el triunfo
ele lo" rnnfedcrado:-. f"'l decir, el desmembramiento
de la rniún anglo-americana. Y no hizo sobre esto
una tPrmiuank dec-larac·ión pública por los escrúpulos de Inglaterra. c,uyo gobierno deseaba unir
fm poi ítiC',l á la imperial, pero que no lo osaba
hasta , er hien dibujada la situación militar de los
E~tado~ rniclo~. rna gran fracción de la opinión ingle,:a, á peBar de la general antioatía hacia
la c·au,-a ele la e•claritud, apoyaba vivamente la
actitud ho~til ít los del Xorte; de aquí vino, como
primrr pa,:o, la declaración de neutralidad entre
lm- cm1trineankt-, que tendía á dará una guerra
ci,il 1111 f•arác-tcr internacional.
IIalag-anclo lo,: enH1t·ños napoleónicos la Emperatriz Eugenia ~- el duque ele Morny. hermano
ha,:tar&lt;lo del emperaclor, empujaron á Francia haeia }fhi&lt;"o para re:,;talll'ar el predominio del elemento hi,.pano-L•ele,:iú,tieo la una, para realizar
un agio inmen:--o el olro.
, \l c·ornenzar lc1 g11Prra de intervención todo
era irnlec-i-o en la eontiencla norte-americana. nada
podía lll'&lt;'Yer~e. no en ruanto al resultado que
generalmente ~e juzgaha favorable al :Norte, sino á
Ht dura(·iún qur lo;:: ronoreclores caleulaban en 10
años. ~las en lo~ último~ tercios ~fo! uíío de (i'?,

r

en

Domingo 17 de Diciembre de 1899.

J ackson primero y L ee después infligieron tan serios descalabros á los federales, q1te la. toma de
Washington llegó á dars:i por cier1.,1. Y he ,v¡uí lo
que de e:,ta n•miniscenci,1 re3•1: tu: si de ;,[ayo de
62 á Mayo dl' 63 los franceses no lrnbieran tenido
todas sus mirn:; concentradas en la conq ui~ta de
Puebla; ,;i no hubiese limitado su acción al camino de V cracruz la victoria del General Zaragoza; si esta victoria que inmovilizó al invasor
no hubiese permitido poner en movimiento los
elementos de resistencia posibles en un país agotado por la última cruentísima guerra civil, el
ejército franeés dueño desde entonces de México
y de las pri neipales ciudades u.el Iuterior, dueño de
los puertos del golfo, habría arrojado su espada en
la balanza del lado del Sur y habría arrastrado á
Inglaterra y á Espafia en pos suya. Entonces el
desmembramiento, destino forzoso, íbamos á decir
"biológico'' del enorme organismo anglo-americano se habr ía anticipado de un siglo y no es una
insubstancial metáfora decir que el porvenir del
mundo americano palpitaba en la bandera de victoria de Zar,1goza.
Cuanuo en l\Iayo de 63 Puebla fué tomada, el
cuadro había carn 1)iado ya; en vano dijeron las
ilumiuaciones de Richmoncl el regocijo de los
confederados por nuestra derrota; precisamente
en esos días la caída de Vicksburg, el Sebastopol
de la rebeli/n," en poder de Grant y la formidable
batalla de Gettysburg, comenzaban el período
agónico de los estados escla,·istas. Y la resistencia
que enlodas partes presentamos y la m'cu;idad
de los francese~ de dispersar sus columnas en todo
el país, y la ~ituación que definían así los oficiales, " no es nuestro más que el terreno que pisamos," y J uárez, que por su granítica persistencia
dió á la, Intenención el aspecto trágico de un
empeño insern,ato en lucha con la inmutable fatalidad, hicieron imposible todo plan de ayuda á los
secesionista,;. Cuando la invasión lanzó hacia el
N orle su postrer oleada, cuando Brincourt aeupó
Chihuahua, todo había concluído, la guerra ciYil en los Estados Unidos había pasado á la historia.
TodaYÍa no hay suficiente perspectirn para trazar una historia definitiva de la Intervención,
pero sí es tiempo de que la generación que la Yió
como un apasionante y grandioso drair,a. la cuente, sacrificándolo todo á la Yerdad, intentándolo
cuando menos; no faltará, según creo, quien acometa la cmpre~a de nuestro lado; del francés toca
hacerlo á Hans; tiene para ello condiciones espceiales de buena fe, de ciencia notable de los h1&gt;cho,,,
ele amor por el país en que comenzó Ht Yida de
soldado y de facilidad y limpidez ele estilo que le
son garantes del buen éxito. Ojalá. Ahora, lectore;, ramos Ít hablar de lo que pasa en el Exterior.
Tienen ustedes para bien saber y mejor entender .... . .

_j~J~

Patio di' la fábl'ica En el fondo el departamento donde comenzó el incendio.

tfetnando

359

EL MUNDO.

empezada con tan buen éxi~o &lt;;ontra la resistencia de los hombres, se contmuo más encarnizada
y sa.ngrienta co~tra la ma~e!ia inert~ y enemiga.
Diez, cien, doscientos, qllllllentos millones, nada

bastaba, aquellos arenales. absorbían el oro, como
Hoy que la gratitt~d de los accionistas del Canal
de Suez elern grandiosa estatua al prodigioso ingeniero y al fecundo é infatigable hombre de empresa, que rompiendo un istmo, corno Je un hachazo, m~dificó la C?~figuración del planeta y
transformo las cond1c1ones del comercio del
mundo; hoy, que una obra de reparación se lleva á cabo, lenmtando ante la posteridad la figura
del grande hombre sobre el océano de iniquidall
en que naufragó su prestigio, importa recordar
q:Uién fué el hombre y reavivar en la frágil memona de los hombres y para enseñanza de todos
el ejemplo de sus energías, de su labor inmensa.,
de sus luchas y de sus triunfos.
De L esseps, más que "gran francé~ " título
que justificadamente le otorgaran sus' con temporáneos, era francés completo, acabado tipo de
lo que de más noble, más grande y más 'brillante
tiene esa raza privilegiada. Era francés porque era
c'.1-ballcresco, gal~ntc y p_ulcro ;_ cuando el 4 ele Septwmbre, su amiga de mfancia, la Emperatriz
Eugenia, se Yió como )Iaría .Antonieta, sitiada
por una multitud indignada, ciega, dispuesta á
todas las Yiolencias y á todos los arrebatos, de
Lesseps, hendiendo la furiosa multitud Yino á las
'J'ullerías á ofrecer su brazo como apoyo y su pecho como escudo á la infortunada soberaP'l.
Ri era francés por lo c-aballcresco, lo era mús
ai'.m por el brillo de su talento, por el ímpetu de
su voluntad, por su desparpajo y su "cranerie''
para manejar hombre!', eosas y fortunas, y por
el carácter grandioso y altamente poético ele sus
eoncepcione~ técnicas. Romper un itsmo, comuntcar dos mares, di,:poner como un tábm,) el Jet ii.l
del canal de Suez al beso Í!l.t:111•&gt; v á la f 1:~d,a
completa de la ola amarga de! .\J c·.hirrrú n&lt;'O &lt;·r,·1
la onda i-alobre del }far Rojo, antes parece un
poema, una epope_ya., que :m hnrdo i.rr1u,1.in material. Ese carácter épico reYestían fos c·,rnquisl.13
napoleónicag y ese eBpleJHlor mágico el de,potismo
del Rey Sol, y esa grandiosidad, bien que trágica y sin ic~tra, los exce~os de la Gran He\'olución.
Grandiosas y bellas, tal es el carácter que el espíritu fran&lt;'('s da á todas sus concepciones y ]¡¡
energía francesa á todas sus ideas. La de Lesseps
era empre$a tan temeraria, al parecer, y al parecer también tan irrealizable, que cuando el Gran
Francés propu!'o eRe retoque á la ohra del Creador
y esa. portcnto!;;a ernlución al comercio uniYersal,
f'.C vió, como todos los genios, tratado ele iluso, y el
recelo, la dc•confianza, la sátira y ha~ta el anatema, se le atra,·e~aron al paso.
Lesseps, como Colón, hizo frente á la tempe,tad y persereró en ~u magna obra. Sedujo con
la magia ele im palabra la imaginación oriental
de Jsmail, recorrió Francia, hizo una propagan&lt;h
febril y pcr;,e,·erante, nucYO apó1'tol propagó la
fé )' dió al fin comienzo á sus tareas. La luc-ha

Estanques de aceite inctndiados.

El lunes 1t después de las diez de la noche se declaró un lncendlo en la Fábrica de Aceites de la f'alle de las Delicias negoclacllln de la que son doeftos los s
Go ál H
N b I te¡
n canll 'ad
de aceite depositada, 108 bomberos hábUmence d1rlgld01 cortaron el luego pocas horlU! después. Se eeiunan lae pérdldas'en máa de '50,000. Por esta cantidad ea~t! ase~tr:Ja J!i::'egoc~a~i~n":n
• gra

rocío. Ejércitos de trabajadores con la portentosa
artillería de una maquinaria formidable apenas
lograban arañar la rebelde corteza terrestre; el
istmo se defendía tenazmente contra aquella violación, ya era la roca dura é impenetrable que levantaba ante el trabajo de zapa reductos inexpugnables, ya la arena movediza que tendía redes y organizaba emboscadas y oponía el derrumbe y el hundimiento de los esfuerzos de la excavación; brotaban á veces las aguas subterráneas y
anegaban, inundaban y ahogaban los trabajos y á
los trabajadores. Aquello no era un canal, era un
abismo que había que colmar con oro. Inglaterra miraba aquel esfuerzo ciclópeo con irónicas
ojos y esperaba con burlona sonrisa el desastre.
De Lesseps se multiplicó ante el peligro y se
agigantó ante el obstáculo; la fecundidad de su
genio y de su saber técnico inventó recursos para
todos los eventos, soluciones para todos los problemas, teoremas para todos los cálculos. E l ingeniero vencería si el financiero combatía á su lado,
y Lesseps se hizo financiero el más fecundo, el más
ingenioso que puede darse. Inventó títulos cuya nomenclatura seria interminable, creó valores sin
cuento, ideó combinaciones :financieras prodigiosas; consumió un capital enorme, de imprevisible
magnitud y abrió al tráfico el canal en presencia de t estas coronadas con la bendición de obispos
y de gerarquías eclesiásticas y rodeado de cuanto de más grande é ilustre tenia entonces la Europa civilizada que aplaudía, incensaba y casi deificaba á aquel hombre.
Aquel opoteosis debía tener su cruel y doloroso reverso ; la materia vencida en Suez, tomaría
su revancha en Panamá y el vencedor de las
arenas del desierto, había de ser vencido por los
fangos del Chagres y los peñascales de la Culebra.
¿ Por los fangos y los peñascales? No; la justicia
histórica dirá que el coloso fué vencido por la
maldad y la corrupción de los hombres. Aquel
Austerlitz tuvo como epílogo un Waterloo, pero

Monumento e1·i9ido á Lesseps en Puerto Said.
no fueron un barranco y una escarpada meseta los
que obstruyeron y cortaron el camino del triunfo, fueron abismos de iniquidad y monst ruo~os
hacinamientos de vicios los que cerraran el paso
al triunfador de Suez é hicieron de Panam1 un
Waterloo.
Las finanzas salvaron la empresa de Suez, los
financieros hundieron á Lesseps en P·m:un!t, lo
saquearon, lo despojaron, lo arruinaron en complicidad con politicastros venales; y ese abismo es
incolmable, y ese buitre insaciable y si devoró
seiscientos millones sobre mil cutrocientos hubiera acabado por devorarlos todos y por vaciar la
alta :finanza y la baja política en sus cajas fuertes todas las medias de lana ele Francia.
El proceso de Lesseps no fué el ae 1m homhre,

fué como el de Galileo, el ele una época y el de
una institución. Condenado por los jueces salió
de la prueba engrandecido ante la opinión por
el injusto martirio; arrastró las gloriosas cadenas
de Colón, vistió un sambenito como Giordano
Bruno; pero la sentencia que no se atrevieron á
aplicarle le ungió vítima, sus ca,denas se transformaron en palmas y su coraza en laurel.
L os accionistas de Suez, enriquecidos por Lesseps. le levantan un monumento expiatorio y lo
rehabilitan ante la posteridad. Ese monumento
acabarán por hacerlo suyo Francia y la humanidad.
Dr, M. FLORES.

�m, HUNDO.

360

Domingo 17 de Diciembre de 181111.

ALREDEDORES DE

vomlngG 17 de Dlcíembre de 1899

EL MUNDO.

361

MEXICO.-TLALPAM.

1 ...

Antiguo c ·
z 3 G t
·
5. Alberca de la «F~ma ·Monta esa ,.ªm~n~:t1~- t.
~u; Y,tmdandan~ial de las Fuentes.-4. El canal de la «Fama Montañesa.»
11
,
uen es.- . v1 a a e .a casa de la Sra, Landa,-8. Ermita del Calvario.

1, Casa del 81·. Espinosa - 2

,1. Casa del L ic. Victoriano .Agüei•os.-2. Oasa del 81·. h·i~s.-.3. Una calle de '!~álpam. -4. Casa en q 1.1,e estuvo preso el libei·tador Morelos. Tiene una
lápida con za inscripción siguiente: «In Memonam. Esta fué tu prisión ¡oh gran sol~a~o! Por el crimen de habernos libe1·tado .»
fí. _ El Mercado én conslrucción. - 6, Oasa del Sr . Balme. - 7. El Mercado en ;,ervicio. -8. Detalle de la Alberca en ias Fuentes,

�Domingo l '7 de Diciembre de 1899

EL MUNDO,

362

de pie, con la cabeza erguida mostrando su obra gigantesca. La vista de esa
estatua disipa la atmósfera de tristeza
é incertidumbre dolorosa., que opacó los
últimos años del prodigioso Innovador.
Recordamos, sin quererlo, las fotografias que lo representaban, débil, paralitico, hundido en un sillón. Gracias
:l M. Fremlet y !l. la compañia, veril. el
r.. ,mdo al Fernando de Lesseps que fué
á, la vez una naturaleza tau enérgica y
un gran seductor: al "Gran Francés,"
erguido, glorioso, transfigurado, en el
teatro de sus proezas.
En la mano izquieraa tiene Lesseps
un plano, el del canal, tan fielmente reproducido en el bronce, que bastarfan
sus indicadones para hacer de nuevo
la obra.
En el pedestal se lee el nombre de
Lesseps, y más abajo, entre una corona,
la divisa "Aperire terrarn gentibus."
El monumento parece que surge del
brazo de mar formado por de Lesseps,
á la entrada del puerto.
La obra de Ifremiet fué conducida á
Puerto-Said por un buque inglés, porque ninguna compañia francesa se
atrevió íí transportar las enormes piezas de bronce. Amagado el buque por
una tempestad en el Golfo de Gascuiia,
regresó á Ing}aterra, para comprender
de nue,o su viaje que llevó íí cabo con
felicidad.

UNA INSTI'IUCION :MONASTICA
~)º(~

El P. BaiUy, director de «La Cruz,&gt;
senta la figura histórica del "Gran
Francés," asi es que sólo hablaremos
~)º(~
aqui del monumento que consagra á la
El 17 de Noviembre se inauguró en memoria del eminente Ingeniero la graPuerto Said la estatua de Lesseps, cos- titud de los accionistas del canal.
La estatua es obra del célebre escult eada por la Compañia del Canal de
tor Fremiet. Tiene siete metros de altuSuez.
En otro lugar se pubilca un artículo ra y se levanta sobre un pedestal de
en que el Doctor Manuel Flores, pre- ml'ls de diez metros. M. de Lesseps estl'l

LA ES 'l'A'IUADE M. DE LESSEFS

Acusados de conspiración los Padres
que dirigen "La casa de la buena prensa" de Parts, han recibido visita domiciliaria, en la que se dice que diez comisarios de policta encontraron la enorme suma de un millón ochocientos mil
francos, dentro de una caja de hierro.
Justa ó injusta la acusación, culpables ó inocentes los venerables Padres
de la Asunción, dueños y gerentes de
esa casa editorial, lo cierto es que la
institución que han fundado y que llega á un grado de prosperidad asombroso, despierta la curiosidad del mundo
civilizado, porque muestra uno de los
organismos Industriales m!í,s Importantes, puesto al servicio de la idea católica.
~·~
Los Padres de la Asunción ocupan
en Parfs, en el barrio de los Campos
Eltseos, la casa número 8 de la calle
de Francisco I y las que tienen los números 3 y 5 de la calle de Bayardo.
La sala de redacción de la casa es
muy vasta y trabajan en ella mlis
de cincuenta escritores de planta.
La imprenta est:l admirablemente
montada. Los talleres de composición

dan ocupación á m~s de cien sei'ioritas, obreras, aprend1ees y correctoras
bajo la dirección de Hermanas de ~
A:sunción. Los talleres de tiro tienen.
diez y nueve prensas de las mejores.
marcas y de los sitemas m!\s perfeccionados. En el subsuelo hay dos motores.
de vapor que mueven esas mli.quinas y
los dinamos de luz elcétrica, y un motor auxiliar de gas. En los talleres de,
fotograbado, de encuadernación y en.
los demás anexos, trabajan otras cien
mujeres. Por último, las oficinas de en_vfo y la administración, tienen un personal numeroso, organizado admirablemente. El efectivo total de empleados se ele,a á la cifra de quinientas..
personas.

e&gt;omtngo 17 de Diciembre de 1899.

363

EL MUNDO.

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¿ Qué relación puede haber entre un.

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establecimiento industrial de tan vastas proporciones y una comunidad religiosa? Héla a qui:
La idea de los fundadores de "La
casa de la buena prensa," se condensa
en los siguientes
términos:·
"Como la Iglesia tiene la facultad maravillosa de adaptar sus medios de acción á las exigencias de los tiempos, la
enseñam:a de la cátedra debe reforzarse con la propaganda por la prensa; al·
periódico propagandista de ideas sub-versivas. d~be oponerse el periódico sano." La empresa de los Padres de la·
Asunción, es la aplicación de esta fórmula.
Este es el origen de sus publicaciones
periódicas, veinticinco por todas, y de•
su diario de á cinco céntimos "La
Cruz."
Algunas cifras bastará.u para Indicar
el desarrollo y la gran prosperidad de·
esa casa. "El Peregrino," fundado en
1873,. tira 190,000 ejemplares: "Las·
Com·ersaciones Dominicales." 102.000;
"Las Vidas de los Santos." 500,000~
"La Cruz," fundada en 1883 y eser!:
ta á la manera de los diarios popularestiene un tiraje de 190,000 ejemplares~
"La Cruz del Domingo," con "El Labrador," para. los campesino!'(, tira ... .
520,000, y "La Cruz de los '.\farinos, . . .

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10,000.
Si á los periódicos, desde "El Cosmos," gran revista cientffica. hasta "Et
l\Ies Literario y pintoresco," y "Noel,"

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revista. infantil semanaria, se añaden
los libros, las estampas y las fotografías para proyecciones luminosas y clnematogr:íficas: si Ré considera que cada año hace circular la casa, ciento,
treinta millones de hojas impresas,
que todos los dfas le lleva el correo,
más de seiscientas cartas, y , por último, que con su personal administrativo y obrero, tiene cincuenta escritores de planta, na.die extrañará, onE&gt; los
reverendos Padres ocupen tres edificios
con su gran instalación.

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Imprenta de la «Casa de la buena prensa,&gt;

�364

Domingo 17 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO

Domlncro 17 de Diciembre de 1899.

mente, algunas arrodilladas, con las manos juntas, mostrando al cielo sus cabelleras tronchadas ..
Un eg,pitán acercó su caballo:
-Todo está listo, mi coronel.
Los cabellos cortados ,estaban alineados por
tierra, formando cerco a la plaza, á semejanza
-de un cortejo de serpientes ....
El coronel, muy divertido, pasaba delante de
las caballerías, corriendo al trote. Tras de él
iban los soldados á caballo, y se complacían i"'ualroente viendo á las mujeres que en medio d~ sus
llantos, se cubrían la cabeza con sus pañoletas
v mantillas.
~ Los cabellos eran negros, y de ellos se exhalaba
un suave y dulce olor á jardín . ...
De pronto el coronel detuvo su caballo.
-¡Dragones! gritó.
Y luego, de un salto, se puso al frente de sus
soldados, diciéndoles:
-¡ Poned esas melenas en lo alto de vuestros
-cascos!
Un estallido de risa se alzó del escuadrón.
Todos á la vez, se avalanzaron sobre las cabelleras, y como las había en profusión, cada uno
tomó la suya. Las más eran sedosas, "infantiles,"
:si cabe la palabra, y ondulaban como en los campos el trigo; otras espesas y pesadas, que harían
inclinarse hacia atrás las cabezas de los guerreros.

LOS

PENACHOS

A principios de Diciembre, poco después de
Entre tanto, los grupos de mujeres llegaban
que Lannes saliera de Tarragona, un escuadrón como rebaños; las calles se inundaban de zagalede dragones entró á esta ciudad.
jos claros, y mil voces agudas llenaban el aire
Era un gran regimiento destrozado, aunque con improperios. Una vieja, con los brazos lepoco temeroso, diezmado por las emboscadas, tan vantados, chillaba más que nadie.
abatido por los sufrimientos, que la mayor parLos soldados escoltaban á aquellas infelices;
te de sus hombres parecían viejos. Preocupados las bonitas sonreían, pero casi todas caminaban
únicamente por la gloria, habían atravesado la • á viva fuerza, con los dedos engrifados, presas
Europa y, de 1805 á 1808, eran los últimos del An- de horrible desesperación. Al oir las carcajadas
tiguo Ejército, los que durante las marchas re- de los dragones, insultaban al coronel, y algunas,
ferían sus aventuras, contando á los quintos con más valientes, lanzábanle guijarros á la cara.
voz baja que temblaba todavía los terribles su-¡ En montón, en montón 1
cesos de Austerlitz.
Había algunas que daban el seno á sus chicuelos desnudos; otras con un santo furor sacu-&lt;:::&gt;-()..;:::,,
dían ~us vestidos. Se les seperaba de los' viejos
en
qmenes encontraban amparo, y de los niños á
-¡Alto!
Habían llegado á la plaza del mercado, rodeada los que infundían valor. Una muchacha se daba
de bajas casuchas. La ciudad parecía muerta. Sólo golpes en el pecho y las otras hacían con su sanse oían, de tiempo en tiempo, las pisadas de unos gre el signo de la cruz, arrojándole después sozuecos ferrados, la monótona canción de los bre los soldados; y la vieja gesticulaba y gritaba
arroyos que cruzaban la ciudad y el inmenso grito del viento de la montaña que soplaba á lo
lejos ....
-i Hola! dijo el coronel; que registren las
casas!
El tal coronel contaría á lo más unos treinta
años. Era delgado, rubio, y seguramente al fuego de los eombates había ido á buscar todas las
heridas que, de pies á cabeza; se ostentaban en su
cuerpo. Columpiándose nerviosamente en la silla
de su caballo, miraba hacia las puertas que los
soldados estaban ya demoliendo, y se acariciaba
sus rojos bigotazos atuzados á la "gauloise.'
-i Ah! con que se han encerrado esos brutos!
En efecto, mujeres, ancianos y niños se habían
encerrado en las casas al ver llegar á los dragones.
-¡Juntad á las mujeres! dijo el coronel.
El terror invadió todas las casas y la ciudad
entera abrió sus puertas.
-~o se encuentra ni un sólo hombre dijo
un oficial.
'
-¡Diablo! dijo otro, esto quiere decir que
se nos prepara una emboscada.

7

0

con una voz tan ronca y tan terrible, que á lo
lejos, entre los inmóviles pelotones, los caballos
espantados se encabritaban . ...
-¿Ya? preguntó el coronel, ¿ están aquí todas
las mujeres?
-Todas.
-Bien; id ahora por todas partes á buscar tijeras!
Varios soldados, guiados por tres de las muchachas menos furiosas, entraron á las casas,
volviendo á los pocos minutos.
Entonces el coronel se acercó á las mujere~
y tomando á una por el cuello, al mismo tiempo
que señalaba á las demás con un gesto :
-Cortadles á todas el cabello, dijo, sin excep·
tuar á ninguna y á raíz de la piel.
Y se echó á reír mientras subido en su caballo, que se impacientaba po; lanzarse á la carga, miraba en derredor á las mujeres.
Adivinando más que oyendo el mandato, éstal'
se lanzaron sobre los dragones, entregándose e11a~
mismas á las cortantes hojas de las tijeras. Ilubieran querido morir, pero sostenidas fuertemente, no pudieron moverse ya, y bien pronto, con lo,
cuellos inclinados, vieron sus hermosas cabelleras
caer por ti.erra .....
Se les cogía por el talle, haciéndolas adoptar
una postura que las obligaba á deponer el orgullo de sus altivas cabezas, y ellas entoncel'
mordían con rabia los puños de las espadas.
Sus gritos fueron inútiles. El coronel, desde
su caballo miraba que ninguna fuese exceptuad,1
y asistía con regocijo á la operación. De la nuca á la frente, los hermosos cabellos caían formando una cascada, los unos largos, tan largo~
que llegaban al suelo, los otros espesos y opnlentos; y todos caían, caían á los pies de los
soldados, como velos, como pesados paños que
resbalan ....
-¿Ya? preguntó de nuevo el coronel, ¿ están
ya tonsuradas todas las mujeres?
Sólo se oían los gritos de las infelices. La mayor parte de esas cabelleras estaban prometidas
á la Virgen. Las mujeres se quejaban dolorosa•

La tarde caía. A los débiles rayos de un sol
melancólico, estos hombres parecían ochocientos
fantasmas, y las cabelleras que fl.otahan sobre
,sus cascos, semejaban ochocientas fuente~ ue
·sangre negra .... Un viejo sargentrJ, de altura
prodigiosa, balanceaba en alto el hermo5o pena-cho. Otro llenó sus botas con una d.e aquellas
·cabelleras. Un subteniente separó en dos bandas
la que á él le tocara, y hundió en ella su rostro,
:aspirando con voluptuosidad su perfume, mientras reía de júbilo. Algunos soldados muy jóvenes,
-escogian las más hermosas y aspiraban también con
-delicia el suave alor que emanaba de ellas. Esto
duró una hora. Al fin los cascos estuvieron listos.
Estos cascos habían sido en otro tiempo "á la
Minerva," y estaban todos acribillados por las balas y los sablazos, habían cambiado de dueño más
de una vez; habían cruzado la Europa y, de 1805
.:á 1808, eran los últimos del Antiguo Ejército,
,que durante las marchas, posados ya otras cabeias, contaban á los asombrados ginetes el gran
;suceso de Austerlitz.

365

EL MUNDO.

Sonó de pronto, una trompeta.
Inmediatamente el regimiento se puso en marcha. Todos los soldados eran altos, y de sus penachos se exhalaba un aroma delicioso.
El coronel desenvainó su espada y se colocó á
la vanguardia. De pronto oyóse un grito, y una
vieja que salió de entre unos matorrales, echó á
correr tras de los caballos. Era la vieja que poco
antes gritaba enronquecida por el furor. Uno de
los soldados se detuvo para arrestarla, y como no
se le hubieren cortado los cabellos, el coronel exclamó:
-¡Y bien .... . .
Alguien proporcionó al pronto unas tijeras.
-Deprisa ..... .
Los cabellos blancos como la Jlleve, cayeron al
suelo.
-Para mi casco! se dijo el soldado.
Y colocó en él aquella cabelicr&lt;1. l~iai:ca qu&lt;' parecía nimbarlo con una luz suave. En me&lt;liú •~e l.t
confusión de los soldauos, la vieja se reYolv1a como
una leona herida.
-Xada importa, dijo el coron,_•J, v mirando hacia la montaña, agregó: alli eslarán sus hijos esperándonos en el desfiladero.
Y á su grito de ¡marchen! los escuadrones se
pusieron en movimiento pasando junto á las mujeres que con los puños apretados, les lanzaban mil
injurias.
Los viejos soldados pensaban en la emboscada de
la montaña, pero los jóvenes veían en su imaginación á sus madres y herma.nas. Uno de ellos volvió
el rostro hacia las mujeres, y casi llorando, les dirigió un saludo.
A la salida de Tarragona, las veredas no son anchas; hay que cruzar caminos erizados por los picos de las rocas.
El regimiento avanzó por un desfiladero, caminando así por espacio de una hora, entre la sombra
azulosa de una tarde fría, hacia la emboscada, hacia los españoles, sin duda hacia la muerte. Y quizá una de aquellas mujeres que !'le habían quedado
allá en la plaza, arrodillada y atenta, se P,mocíon:1.ba mirando á la tropa vagar por los montes, decreciendo poco á poco como una banda de pájaros que
van ele viaje, y entristecida, se preguntaba mirándolos, cuál de todas aquellas cabelleras que agitaba el viento, sería la suya .... . .

&lt;8uento&lt;1

8i3 Íanco&lt;1.

Una Vieja Historia

GEORGES D' ESP.\ ,ni Ea.
l")uesto que tú lo quieres, sea, i oh hermana armoniosa!
Pero créeme: ha mucho tiempo que de mi pluma huyó el perfume lilial; ha mucho tiempo que
mi pluma, de infatigable mariposa que era, revolando siempre en torno de todas los pensiles y libando en los cálices de todas las rosas, se ha trocado, fatalmente, en acero disector que sólo busca corazones que mondar y estados de conciencia que
sorprender.
~las no importa, amiga mía: cuando vienes á mí,
radiante con la núbil alegría de tus quince años,
dando al aire el áureo chorro de tus cabellos y dispersando saetas azules y húmedas con el arco augusto de tus cejas, no sé qué viejas remembrru1zas
se esperezan y cantan en el fondo de mi alma y no
sé qué fulgores alumbran las crecientes sombras ..... .
Y tú, no me temes porque sabes que no pido más
caricia á tus·eucantos que el inefable júbilo de verte vivir; porque sabes que para conmover mi pobre
espíritu, aún sembrado de i-omanticismos á pesar
de todo, me basta contemplar tu virginidad nimbada de divinas inconsciencias.
Y quieres cuentos . ... . Pues bien, para tí, es
preciso que mi pluma sea virgen y santa, amorosa
y pura, blanca y piadosa. Lo será, por arte ele tu
blancura y el.e tu pureza, por tus ojos color de cielo~ por tu frente de marfil, por tu boca de frambuesa, por el oro de tus cabellos ....
Y porque tú lo quieres, amiga armoniosa.

I
Esta es una vieja historia que en una tarde de
deshielo, mientras las alburas de la niern se manchaban ele lodo y los hielos del estanque se rompían con fragqres cristalinos, me fué narrada por
el vetusto, marmóreo Cupido de un parque muy
viejo y muy sombrío.
¿ Conoces tú esas estatuas de mármol, sucias y

�t •

EL MUNDO.

366

Domingo 17 de Diciembre de 1899

carcomidas por la lepra de los tiempos, que se es- no saben abstraerse en la contemplación de las co- jaron el cincel para acariciar la lira en cantos
conden en los recodos de los viejos parques? ¡Po- . sas silenciosas y quietas. Por lo demás, casi todos que solían empezar así:
"Ninón, rubia Ninón, mi .Amada, mi Delicia"
brecillas ! En sus pupil~ petrificadas, siempre he . los desocupados quieren ser poetas ó casi todos los
Cuando la piedra con sus rebeldías inconscie~:
creído hallar un amargo reproche; paréceme que poetas son desocupados: no lo sé de fijo. No me incuando allí fueron colocadas, para ornato de aque- . terrumpas y escucha: cuando se viene á un parque tes y purificadoras, detenía por un momento el
llos vastos asilos de amor, el enarcamiento de sus como este y en una tarde como esta, ó se viene á torrente de, . imp~tus con que el a~tista quería
labios debió ser más amable que el que hoy osten- cumplir mecánicamente un precepto higiénico ó hacer de 1Ill su obra maestra, Rogel10 no juraba
tan, y parecéme que hoy guardan un coraje pro- se viene á recrearse en tristezas y en despechos; y sino por Ninón. Y cuando quedé concluído y safundo y eterno contra estas nuevas generaciones como casi todos los hombres lloran desdichas de tisfecho él, para premiarse, como suprema reque no hemos sabido sorprender las delicias de la amor, y como todas las desdichas de amor tienen compensa, se atrevió á robar el primer casto
línea que recorta albamente los sombríos hacina- remedio, oye una historia que ha de servirte y beso á los frescos labios de su Ninón . ..
Y así pasó el tiempo .. .
que es tan vieja como la primavera y tan etermientos de las matas y de los arbustos.
Un día, como todavía hoy sucede, la sonronamente
nueva
como
la
prü.aavera
:
El Cupido de quien tengo la historia que voy á
saua_y pura Ninón fué puestai entre dos capas
11arrarte, habíase pasado luengos años inmóvil sode tierra para que durmiera el sueño eterno,
bre su pedestal, &lt;le suerte que sus ojos sin vida haIII
env11elta en las alburas de la batista y encebían visto ú muchas parejas enamoradas, y sus oírrada en una blanca caja, capitonada de raso.
dos de mármol habían escuchado los madrigales de '
Rogelio estaba inconsolable. Quiso hacerme pemás de diez generaciones. Había sido el confiden-:Ningún mozo ha amado tanto como amó
te forzado de más de un conflicto amoroso, y á sus Rogelio, e~ que me dió forma de la masa inex- dazos, porque decía que yo le recordaba su amor
pe,rdido. No sé por qué no lo hizo, pero dejó el
pies habían rodado las lágrimas de muchas vírge- . presiva de la piedra.
nes que hoy son polvo en las entrañas de la tierra,
Fué en los últ imos tiempos de los reyes ves- taller entre sollozos y por mucho tiempo no seny que, si vivieran, tendrían la suerte de contero- tidos de seda y de pelo empolvado, cuando gra- tí sobre mi dura epidermis más que la caricia
plarse entre nosotros en la veneranua calidad de ciosamente se reclinaba sobre las lises de Francia torturante del olvido y del polvo. .
Y volvió á pasar el tiempo .
bisabuelas.
la r.u bia. majestad de María .A.ntonieta y cuanUn día mi sueño fué interrumpido por un
.Aquella tarue de deshielo en que trabé relacio- . · do se presentía entre las vagas brumas del futuro,
- rumor de besos : Rogelio, el inconsolable Rogelio
nes con tan experimentado Cupido, r ecorria el · el pavoroso brillo de la cuchilla popular.
parque en pos de no importa qué quietudes, cuap.Rogelio amaba á una Ninón encantadora, son- amaba á otra, había olvidado á Ninón y se em~
do escuché un gemido, un gemido angustioso que rosada como un clavel y pura como azucena- briagaba de besos en unos labi.os nuevos!
Y mientras tanto, la pobre Ninón en su
perecía surgir del fondo de algún sepulcro milena- · (pensé en tí, oh her~ana armoniosa !)-y esa Nir io, y que detuvo mis pasos con el imperio de un nón ama:ba á Rogeho que era hermoso y gallar- tumba ....
conjuro mágico. Y, como era de rigor, lniré en do entre los gallardos y los hermosos.
IV
torno mío y no ví nada. Mas persistía la queja, y · La conoció durante un lninuetc campestre en
persistia de tal manera desgarradora que, en me- • los p, ados de Versalles y con ella danzó la paAl llegar aquí el relato del marmóreo Cupido
dio de mis propias tristezas, senti una piedad infi- vana, á los ojos del buen rey Luis que, al mi- un burgués cruzó las avenidas del parque y l¡
nita y me creí capaz del consuelo. ¿ Pero á quién rar tan apuesta pareja, tuvo una amplia sonri- estatuilla enmudeció.
consolar. si á nadie veía?
sa _de buen padre de sus pueblos y de cerrajero
Yo temblé, creyendo que no conocería ya el final de la historia. Pero cuando el burgués se
Seguí la dirección contraria al viento que en feh z.
sus vibrantes ondas traía. el gemido y tras mucho
Se amaron locamente. Ninón amaba á Rogelio hubo alejado, sonando su pesada cadena de oro
buscar. dí con un montón de nieve que envolvía co:1 el abandono y todas las timideces de los sobre la redondez de su enorme vientre intea-paren temen te alguna escultura. Escuché el sus- . primeros amores; le amaba con toda su alma na- rrogué al Cupido :
'
piro con mayor vehemencia, me acerqué más y da más:. así se ama por vez primera.
-¿ Y mientras tanto, qué sucedió á la pobre
más al níveo bloque y no dudé ya: de él partía la
Rogebo amaba á Ninón ... ¿cómo la amaba? Kinón en su tumba?
queja maravillosa que tan inoportunamente había Ah ! n? p0dré decírtelo : pero sus manos que en
-¡ Tenía frío !
roto el silencio vespertino del parque umbrío.
a9.uel entonces esculpían mis formas, tremaban
JUAN S.A.NCHBZ AZCON.A.
Empezaron mis manos á desgajar la nieve endu- sm cesar y alguna vez-¡ mira qué pícaro !-derecida, y poco á poco fué surgiendo la marmórea
escultura del Dios .A.lado, con su carcaj al hombro,
con su arco al cinto, con sus alitas frágiles y desplegadas.
o
Debieron mis ojos prenderse en ella con manifiesta estupefacción, porque, interrumpiendo
el gemido, surgió de la impasibilidad del mármol
una voz uniforme y pausada, y dijo :
.
-Se admira un hombre de que el mármol gima,
cuando la nieve lo profana? Sepan los hombr~s,
que cuando la piedra es símbolo, la piedra llora . ..
JUVENTUD DE MUS SI T

Año VI - Torno ll

México, Domingo 24 de Diciembre de 1899.

°"0-)0(°"0-

II
Y prosiguió de esta suerte el marmóreo Cupido
del bosque umbrío:
·
-Tu piedad es rara; es rara la piedad que liberta á los mármoles de los abrazamientos de la nieve.
Voy á premiarla . . .. ¿ Qué buscas en este parque
solitario en tarde de deshielo? Es evidente que no
Yienes á mover tus piernas ankylosadas nor el reuma ni á emancipar tu vientre de una indigestión
laboriosa, puesto que en tu testa no miro uno solo
de esos hilillos de plata que consigo traen semejantes sinsabores. Támpoco acudes á una cita de amor_,
porque los besos y los madrigales se entumecerían
en el frescor de este fin de invierno y en estos tiempos sólo se ama al calor de la chimenea. Ni higiénico ni erótico es tu paseo: luego eres poeta y vienes
á soñar tontamente, como todos los poetas.
-Pero,-dije entonces á la parlera estatuilla¿ no puede traerme aquí alguna otra causa ? ¿ Es
acaso preciso ser un enfermo á un amante ó un poeta para reco"!rer un parque?
El Cupido no contestó de pronto; su frente de
piedra pareció contraerse un momento, como por
una abstracción ó por una ofensa, y en la tersura
del mármol señalóse un reborde impoluto y opaco,
cual rastro de un cincel incipiente. Y con voz severa, con severa voz que luego fué dulcificándose
paulatinamente basta recobrar su extraña y rítmica monotonía, habló el Cupido en el silencio de la
tardemoribuncla,mientras algunos pájaros errantes
quejumbrosos y friolentos, entonaban vagamente,
allá en las alturas de la arboleda desnuda y albinegra, quién sabe qué plegarias vespertinas. Y dijo :
-Te quise llamar poeta, por no llamarte desocupado. Hoy sólo estos visitan los p~rques en_ tiempos de nieve, porque ya las generac10nes modernas

1

l\Iimi Pinson, la griseta
seductora,
arrulla, dulce y coqueta,
con su risa trina.dora
la juventud del poeta.
.Tunto !í su amada, el cantor
da al olvido
toda amargura y dolor,
al pie del rosal florido
donde mora un ruiseuor.
Y ella, con vivos fulgores
en los ojos,
al vate de sus amores
ofrece sus labios rojos
y una corona de flores.
Y á la luz de astros radiantes
y entre notas argentinas
tlel a,e, estallan triunfantes
las rotas frases divinas
Y el beso de los amantes.

------~-

---= - -

~

II

tarde resph1mleeiente
y aromada,
reclina el genio la frente
sobre el cabello esplendente
de su gentil adorttda;
cuando, envuelto en áurea bruma,
cruza el cielo
cisne blanco cual la espuma.
que, herido, pierde en su vuelo,
una ensangrentada pluma.
Con rápida sacudida
se alza el vate,
y ase, el alma conmovida,
la pluma en sangre teuida
cual lanza tras del combate.
Y arranca. de ella el tesoro
ele sus más tristes canciones,
bajo cuyas alas de oro
i,e anegan en dulce lloro
los dolientes corazones.
Agosto 97.
MANUEL REINA.
En

VIRGEN PALIDA
..,:::&gt;-)0(°"0Pfllida como una lila,
nevada gardenia en flor,
la neurótica vacila
entre el claustro y el amor.
Y cuando reza, medita,
6 los pétalos arranca

de nevada margarita,
por lo bella, por lo blanca,
La colocarfa yo:
en un verso 4e Verlaine,
en un lienzo de Watteau,
6 en un m!írmol de Rodin.
RUFINO BLANCO FAMBONA.

FLORES DE INVIERNO,

Ouadro de M. Simonidy,

Número 26

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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