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EL MUNDO.

366

Domingo 17 de Diciembre de 1899

carcomidas por la lepra de los tiempos, que se es- no saben abstraerse en la contemplación de las co- jaron el cincel para acariciar la lira en cantos
conden en los recodos de los viejos parques? ¡Po- . sas silenciosas y quietas. Por lo demás, casi todos que solían empezar así:
"Ninón, rubia Ninón, mi .Amada, mi Delicia"
brecillas ! En sus pupil~ petrificadas, siempre he . los desocupados quieren ser poetas ó casi todos los
Cuando la piedra con sus rebeldías inconscie~:
creído hallar un amargo reproche; paréceme que poetas son desocupados: no lo sé de fijo. No me incuando allí fueron colocadas, para ornato de aque- . terrumpas y escucha: cuando se viene á un parque tes y purificadoras, detenía por un momento el
llos vastos asilos de amor, el enarcamiento de sus como este y en una tarde como esta, ó se viene á torrente de, . imp~tus con que el a~tista quería
labios debió ser más amable que el que hoy osten- cumplir mecánicamente un precepto higiénico ó hacer de 1Ill su obra maestra, Rogel10 no juraba
tan, y parecéme que hoy guardan un coraje pro- se viene á recrearse en tristezas y en despechos; y sino por Ninón. Y cuando quedé concluído y safundo y eterno contra estas nuevas generaciones como casi todos los hombres lloran desdichas de tisfecho él, para premiarse, como suprema reque no hemos sabido sorprender las delicias de la amor, y como todas las desdichas de amor tienen compensa, se atrevió á robar el primer casto
línea que recorta albamente los sombríos hacina- remedio, oye una historia que ha de servirte y beso á los frescos labios de su Ninón . ..
Y así pasó el tiempo .. .
que es tan vieja como la primavera y tan etermientos de las matas y de los arbustos.
Un día, como todavía hoy sucede, la sonronamente
nueva
como
la
prü.aavera
:
El Cupido de quien tengo la historia que voy á
saua_y pura Ninón fué puestai entre dos capas
11arrarte, habíase pasado luengos años inmóvil sode tierra para que durmiera el sueño eterno,
bre su pedestal, &lt;le suerte que sus ojos sin vida haIII
env11elta en las alburas de la batista y encebían visto ú muchas parejas enamoradas, y sus oírrada en una blanca caja, capitonada de raso.
dos de mármol habían escuchado los madrigales de '
Rogelio estaba inconsolable. Quiso hacerme pemás de diez generaciones. Había sido el confiden-:Ningún mozo ha amado tanto como amó
te forzado de más de un conflicto amoroso, y á sus Rogelio, e~ que me dió forma de la masa inex- dazos, porque decía que yo le recordaba su amor
pe,rdido. No sé por qué no lo hizo, pero dejó el
pies habían rodado las lágrimas de muchas vírge- . presiva de la piedra.
nes que hoy son polvo en las entrañas de la tierra,
Fué en los últ imos tiempos de los reyes ves- taller entre sollozos y por mucho tiempo no seny que, si vivieran, tendrían la suerte de contero- tidos de seda y de pelo empolvado, cuando gra- tí sobre mi dura epidermis más que la caricia
plarse entre nosotros en la veneranua calidad de ciosamente se reclinaba sobre las lises de Francia torturante del olvido y del polvo. .
Y volvió á pasar el tiempo .
bisabuelas.
la r.u bia. majestad de María .A.ntonieta y cuanUn día mi sueño fué interrumpido por un
.Aquella tarue de deshielo en que trabé relacio- . · do se presentía entre las vagas brumas del futuro,
- rumor de besos : Rogelio, el inconsolable Rogelio
nes con tan experimentado Cupido, r ecorria el · el pavoroso brillo de la cuchilla popular.
parque en pos de no importa qué quietudes, cuap.Rogelio amaba á una Ninón encantadora, son- amaba á otra, había olvidado á Ninón y se em~
do escuché un gemido, un gemido angustioso que rosada como un clavel y pura como azucena- briagaba de besos en unos labi.os nuevos!
Y mientras tanto, la pobre Ninón en su
perecía surgir del fondo de algún sepulcro milena- · (pensé en tí, oh her~ana armoniosa !)-y esa Nir io, y que detuvo mis pasos con el imperio de un nón ama:ba á Rogeho que era hermoso y gallar- tumba ....
conjuro mágico. Y, como era de rigor, lniré en do entre los gallardos y los hermosos.
IV
torno mío y no ví nada. Mas persistía la queja, y · La conoció durante un lninuetc campestre en
persistia de tal manera desgarradora que, en me- • los p, ados de Versalles y con ella danzó la paAl llegar aquí el relato del marmóreo Cupido
dio de mis propias tristezas, senti una piedad infi- vana, á los ojos del buen rey Luis que, al mi- un burgués cruzó las avenidas del parque y l¡
nita y me creí capaz del consuelo. ¿ Pero á quién rar tan apuesta pareja, tuvo una amplia sonri- estatuilla enmudeció.
consolar. si á nadie veía?
sa _de buen padre de sus pueblos y de cerrajero
Yo temblé, creyendo que no conocería ya el final de la historia. Pero cuando el burgués se
Seguí la dirección contraria al viento que en feh z.
sus vibrantes ondas traía. el gemido y tras mucho
Se amaron locamente. Ninón amaba á Rogelio hubo alejado, sonando su pesada cadena de oro
buscar. dí con un montón de nieve que envolvía co:1 el abandono y todas las timideces de los sobre la redondez de su enorme vientre intea-paren temen te alguna escultura. Escuché el sus- . primeros amores; le amaba con toda su alma na- rrogué al Cupido :
'
piro con mayor vehemencia, me acerqué más y da más:. así se ama por vez primera.
-¿ Y mientras tanto, qué sucedió á la pobre
más al níveo bloque y no dudé ya: de él partía la
Rogebo amaba á Ninón ... ¿cómo la amaba? Kinón en su tumba?
queja maravillosa que tan inoportunamente había Ah ! n? p0dré decírtelo : pero sus manos que en
-¡ Tenía frío !
roto el silencio vespertino del parque umbrío.
a9.uel entonces esculpían mis formas, tremaban
JUAN S.A.NCHBZ AZCON.A.
Empezaron mis manos á desgajar la nieve endu- sm cesar y alguna vez-¡ mira qué pícaro !-derecida, y poco á poco fué surgiendo la marmórea
escultura del Dios .A.lado, con su carcaj al hombro,
con su arco al cinto, con sus alitas frágiles y desplegadas.
o
Debieron mis ojos prenderse en ella con manifiesta estupefacción, porque, interrumpiendo
el gemido, surgió de la impasibilidad del mármol
una voz uniforme y pausada, y dijo :
.
-Se admira un hombre de que el mármol gima,
cuando la nieve lo profana? Sepan los hombr~s,
que cuando la piedra es símbolo, la piedra llora . ..
JUVENTUD DE MUS SI T

Año VI - Torno ll

México, Domingo 24 de Diciembre de 1899.

°"0-)0(°"0-

II
Y prosiguió de esta suerte el marmóreo Cupido
del bosque umbrío:
·
-Tu piedad es rara; es rara la piedad que liberta á los mármoles de los abrazamientos de la nieve.
Voy á premiarla . . .. ¿ Qué buscas en este parque
solitario en tarde de deshielo? Es evidente que no
Yienes á mover tus piernas ankylosadas nor el reuma ni á emancipar tu vientre de una indigestión
laboriosa, puesto que en tu testa no miro uno solo
de esos hilillos de plata que consigo traen semejantes sinsabores. Támpoco acudes á una cita de amor_,
porque los besos y los madrigales se entumecerían
en el frescor de este fin de invierno y en estos tiempos sólo se ama al calor de la chimenea. Ni higiénico ni erótico es tu paseo: luego eres poeta y vienes
á soñar tontamente, como todos los poetas.
-Pero,-dije entonces á la parlera estatuilla¿ no puede traerme aquí alguna otra causa ? ¿ Es
acaso preciso ser un enfermo á un amante ó un poeta para reco"!rer un parque?
El Cupido no contestó de pronto; su frente de
piedra pareció contraerse un momento, como por
una abstracción ó por una ofensa, y en la tersura
del mármol señalóse un reborde impoluto y opaco,
cual rastro de un cincel incipiente. Y con voz severa, con severa voz que luego fué dulcificándose
paulatinamente basta recobrar su extraña y rítmica monotonía, habló el Cupido en el silencio de la
tardemoribuncla,mientras algunos pájaros errantes
quejumbrosos y friolentos, entonaban vagamente,
allá en las alturas de la arboleda desnuda y albinegra, quién sabe qué plegarias vespertinas. Y dijo :
-Te quise llamar poeta, por no llamarte desocupado. Hoy sólo estos visitan los p~rques en_ tiempos de nieve, porque ya las generac10nes modernas

1

l\Iimi Pinson, la griseta
seductora,
arrulla, dulce y coqueta,
con su risa trina.dora
la juventud del poeta.
.Tunto !í su amada, el cantor
da al olvido
toda amargura y dolor,
al pie del rosal florido
donde mora un ruiseuor.
Y ella, con vivos fulgores
en los ojos,
al vate de sus amores
ofrece sus labios rojos
y una corona de flores.
Y á la luz de astros radiantes
y entre notas argentinas
tlel a,e, estallan triunfantes
las rotas frases divinas
Y el beso de los amantes.

------~-

---= - -

~

II

tarde resph1mleeiente
y aromada,
reclina el genio la frente
sobre el cabello esplendente
de su gentil adorttda;
cuando, envuelto en áurea bruma,
cruza el cielo
cisne blanco cual la espuma.
que, herido, pierde en su vuelo,
una ensangrentada pluma.
Con rápida sacudida
se alza el vate,
y ase, el alma conmovida,
la pluma en sangre teuida
cual lanza tras del combate.
Y arranca. de ella el tesoro
ele sus más tristes canciones,
bajo cuyas alas de oro
i,e anegan en dulce lloro
los dolientes corazones.
Agosto 97.
MANUEL REINA.
En

VIRGEN PALIDA
..,:::&gt;-)0(°"0Pfllida como una lila,
nevada gardenia en flor,
la neurótica vacila
entre el claustro y el amor.
Y cuando reza, medita,
6 los pétalos arranca

de nevada margarita,
por lo bella, por lo blanca,
La colocarfa yo:
en un verso 4e Verlaine,
en un lienzo de Watteau,
6 en un m!írmol de Rodin.
RUFINO BLANCO FAMBONA.

FLORES DE INVIERNO,

Ouadro de M. Simonidy,

Número 26

�...
368

Director: LIC. RAFAEL REYES SPDDOLA.

---------------------------------------------

A1;1taño, era es~a una temporada de jolgorio
contmuo, nueve dias de apuros y trajines ví,,peras
de otras tantas noches de fie,tas alegres en las
cuales no faltaban, por supuesto, su hora de rezar, su r~to de concierto, y un resto de baile para
que lo~ Jóvenes quedaran contentos.
~~é~1co se divertía en masa, el )léxico aquel ele
la_ Cmd_ad de los palacios," el de las calles con
canos abiertos, y empedrado común más lleno de
escarpaduras que una montaña, el de las ventana•
con r ejas ele prisión y los balcones con toscos ba:
randales, el de loJ faroles colgados en m edio de las
calles, el de las puertas claveteadas; ese :\léxico
que ~ontemplamos con cierta curiosidad risueña
al hoJ;ª~ cualquier libro viejo, y detenernos ant~
una, lam_ma de dibuj,o _algo infantil y perspectiva
conv en c1onal, ese ::\Iex1co que vive en los artículo~ de P ayno y _de Zamacois, en los versos de Juan
D 1az Cobarrubrn~ ~· en la " Linterna )Iágica" de
Facundo; ese Mex1co que se va delineando ante
n_oso~ros con precisión fotográfi&lt;'a, cuando en el
rmcon del estrado cursi, fuera de la charla loca de
l~s _muchachas, y de la grave conver sación de los
v!eJos, nos ponemos á echar palique con la más anr~ana de la casa, una viejecita de rostro rugoso baj" la~ clos blancas ondas del peinado, de mascada
colorida sobr~ el to!so enjuto, la cual nos cuenta
e1_1 su lenguaJe sencillo y pintoresco, lleno de modismos Y adagios, y mientras sostien e en la mano
hu_esos_a Y declamatoria una colilla humeante, los
episodios y costumbres de aquella época maliciosamente c~ndida é inocentemente supe;sticiosr..
Era el tiempo de las "Posadas " el tiempo go1,oso de los "peregrinos," las noches de procesión
casera en qu~ se cantaban las letanías y los villancicos, acompanados de los pitos de caña de los much~chos, fos panderos de los papás, y las risas y cuchicheos de los novios.
Entonces toda la tarde era animación y bullicio.
La Plaza de Armas parecía un mar agitado en el
que flotaban-mástiles verdes-las ramas del pino
chorreando _hebras de h eno; se balanceaban las
barracas baJo las cuales se guarecían cordilleras
d~ confites como pequeños volcanes cubiertos de
meve, ó a_ltos d~ pastillas como montones de piedras preciosas, o filas de pereg rinos, en supuesta
mar~ha por los pedazo_s de co_rteza de árbol, rocas
fingidas de aquel cammo fatigoso; gritos de los
vendedores, tumulto y batahola, ansia de lleo-ar
/i la casa par~ colocar el " Uisterio," dentro de las
ª!c.adas de pmo y he~o, puestas en el lu,e-ar mas
v1s1ble de la sala; gorJeos de los niños entusiasmo
de los g:randes y animación y tumulto por todos
los ba_rrios de la Ciudad; eso era la tarde de aquellos dias.
Por las noches las calles quedaban solas, alum-bradas por la lu~ ?lanca de los astros-en ,\léxico
l~s noches de D1CJembre son la primavera de los
ci_elos~y por los faroles colocados de distancia en
d1st_al!c1a, que derramaban una luz tan macilenta
Y debil que más parecían lámparas de ~,illa ue
n? representantes del alumbrado público:Pero\o
bien sonaban las ocho en los r elojes de la ciudad,
cuando de las c~sas cerradas, altas y bajas, &lt;'hiras
y grandes, surgia la salva de las "posadas:" un
regu~ro de c?hetes que rayaban la atmósfera con
caprichosa~ hneas de oro; una flora aérea, luminosa y ~~imera; rosetones carmesíes, ramilletes
azules. lmos de llama deshojándose en el viento.
. y el transeunte sol? que caminaba por la desierta acer~, ,tal vez sm familia, sin hogar y sin
amor, per c1b1a brotando en una onda de gozo de
cada ventana, d~ cada puerta, de cada case. et' ru,..
m?r. de las or~c10nes, los acordes de cristal de las
mus1cas, las risas de los niños y los suspiros de los
enamorados.

- Hoy au~ queremos retener esas costumbres que
ano por ano están más leios de nosotros· aun hav
"puestos" frente á la Alameda, y "po;adas" en

EL MUNDO.
las casas de nosotros los burgueses; pero ya en los
puestos hay pocos peregrinos, y en las "po~adas"
no se cantan vi)lanciccs. Esta animación que ahora tenemos no es fresca, es recalentada. Hemos
perdido el entusiasmo, como hemos perdido otras
muchas cosas.

Estas noches de i11Yierno empapadas de azul
con salpica~uras de astros s~n muy hermosas, so~
lo que, como los alfileres del frío asaetan en o-randes puñados las carnes descubiertas, muy pocos
transeuntes se atreYen á cruzar bajo el toldo Lliáfano &lt;le los cielos, las calles .de la capital.
Xo hien principia á caer la sombra, cuando se
va q~edan&lt;lo de_sierta la vía pública; en la gran
avemda l_~s cornll?s de los elegantes se desgranan,
la l'.roces10~ qu e nene del paseo se rompe y bifurca a cada mstante y h ronda de luciérnagas que
fosforece desde la Calzada de la Reforma hasta el
fin de la "gra!1 a_rteria," se derrama por las calles
transversales md1cando el rumbo de los carruajes.
Y queda únicamente brillando por un momento
sobre el crepúsculo de cris~al del Ocaso, la aguja
de uno que otro campanario con su toque (le Juz
en el remate.
Per? ya s:&gt;bre el plano obscuro de las fachadas
se en cienden los escaparates de las tiendas marcos de resplandor amarillo, tras los cuales lu~e una
fantasmagoría de colores; los cambiantes de las telas1 _la desl~m brante rutilación üe las joyas, los
gumapos brillantes de los juo-uetes v los reflejos
de raleidoscopio de las botell~s.
' •
·
Entretanto los huevos de leche de la luz
eléctrica arrojan su claridad temblona v linda hacia el cordaje aéreo del telégrafo. La decoración es
bella, pero le falta movimiento y vida.
"Ya las parejas de enamorados no van como en
pr1maYera á pasear su felicidad á la ca.ida de la
tarde y á decirse ternezas, aisladas entre la multitud inquieta.
A las nueve ele la noche ya no "flanean" los niños, c_antando sob~e las aceras rebosantes; ya no
se detien en las muJeres hermosas en bandas risueñas, soñando con los ojos entornados ante las telas y los encajes fantásticos ele los escaparates.
Y cuando el reloj de la Catedral da las diez ele la
noche, n o Quedan en las am_Plias avenidas más que
uno que otro gru_p? de ebrios, alguna mujerzuela
rezagada que va tmtando nor el arroyo desierto, y
alguno que otro enamorado escondido en el vano
obscuN de la fachada. .
La ciudad queda silenciosa v triste. Sólo las esfrellasrien en la transparencia infinita ele los cielos.
Xacla palpiti1 en el sutil cortinaje del viento. Acaso
el poeta. vidente que vela, sorprende rastros de
almas y huellas de oraciones en la diafanidad del
amhiente.
Sin embargo. hay seres que no se preocupan
del invierno ni procuran calentar sus ulaceres
junto á la lumbre del bogar t ranquilo.
Los ''bars" abiertos durante la noche arrojan á la vía su cudrilútero de fulgor amarillo. De
allí salen, como de una hornaza diabólica la carcajada cínica y la palabra brutal y obsc~na.
Es el antro de los desterrados ·del amor y de
la virtud.
Y si leYemente, por un ra~go de malsana curiosida.d, entrea_brís Jevem_en te la vidriera, podéis
v~r en un ~meón 1ummoso estP. personaje invariable. Es viejo, decrépito, sucio, macilento. En- ·
tre. una b~rba hirsuta de canas amarillentas y
lacrns, gesticula con dolorosa E&gt;xpresión la boca
desdentada. Sobre la palidez de los pómulos asoma una manc~a cárde~'l y tras los opacos vidrios
de tm?s anteoJOS de barillas torcidas, chispean bajo
las CeJas ásperas y blancas, las pupilas claras y vivas, como dos puas de acero.
·
Alrededor de la mesa ele e~te patriarca del
alcohol, se_ agrupan unas cuantas caras estúpidas y nerviosas que parecen iluminadas por la
llama verde de un ponche invisible.
. Cerrad. Allí no hay aleirría sana. ¿ Que oís tambi~n algazara y risas? Son las tristezas que se embriagan.
Seguid por las calles solitarias. Ya nadie pasa.
Y no es que clue:r:man los habitantes ele e,ta riuclad abandonada, es que el amor bueno se ha queen casa para bendecir el in vierno que
Junta las bocas y las almas .. . . .

?ªªº

Domtni?o 24 de Diclemhre rle l ll!li.

Domingo 2 4 de Diciembre de 1899

Los niños han escrito muchas cartas y los h
bres sonreímos. Estos pequeüos sOJiRdor·eº 1 om.11
.
'
~ te marav1 as nos contagian con su fe inocent e },'
b 1,
d
. .n CiH1a
a_ con, enA ?ªt· ª, vedntana, ur1 zapa tito e~pera el
mi1agro. sis ira, e seguro S:rn ta Cla u, : 1
cita misterio,;a. De allá \'eil(l;..-t • del Ori·e tH, ,i .1
·el ·
' '
n e azu 1
empah ec1do por un~ serena fulgeucia y atrave8 ar.i
con. su ma~to amarillo, su_ barha de niC\·e . sa
goria ele mgromante
la crndacl Jormi•,',
1.1- 1Y)e1&gt;e
•
t ~-aer, comdo s1em~re, un cargamento de c: huchcrias, q~e es(1e leJos, en la marcha apresurach á
la claridad blanca de las estrellas brill•1 r:111 '.
. t sment e como un eJérc1t.o
· · &lt;le luciérnao-as
'
' ' ,lllqure
,
,.. .•,, o
t an]aran en aparec~r •obre la esfumada cre~tería
q ue r ecor tat el ho~JZonte, reflejos de acero, astíl1as e1e p1a a y relampagos
fran'eados
de m:it·l('C,;
. .
J
como pe dazos de iris roto.
.
Espera á tu regio protector, za.patiHa charola&lt;l,1
que, cuelga_s, del barandal, l_anzando brillos d!!lce~,
y tu tambien, obscura botita de tacón o-astado
·
pun t a roi'd a ~ e1unesca,
y todos los quei:, curiosa-v
~1ente asom~1s por entre las brumas de las rcJ~,. como atisbando en la remota perspectiva ];1
sub1ta y _d e,lumbradora aparición; esperad la hora anuncrnda, en el mi•terio de la noche
)':__en el fondo de cad~ _uno. de rnsotros, pt•quenmes en vela, _qt~e habeis deJa&lt;lo la tibieza de
la alcoha por recibir los premios relesiillles. el
a~ba sorprender-á el juguete, la moneda ó la o-:&gt;losma.
i:,
Y o sé bie~ qu~ las manos de los ángel e, preparan esta ~1len c1osa '·kerme~sc" de la inorenria.
¡Oh, es c1ert? ! Ya por el mar azul profundo
de la noche. vienen bogando ''barcas de cr:~tal
llenas de lirios" ....

t

d;

r

Dejemos la descripción de la fiebre taurin&lt;i para otra vez. Que no se interrumpan egtas HneP~
serenas con aquellos alborotadores r ecuerdos. El
entusiasmo r ayó en frenética locura.
No mezclemos al azul del cielo el púrpura de
sangre.
::N"o falta rá lu ~ar. Y además, acaba de pisar e~ta
tierra María Guerrero. Pongámonos en pie 1n r;i
saludar al Arte excelso .... .
LUIS G. U RBIXA.

LA BENEFICENCIA PRIVADA.
Nada fija mejor el nivel &lt;le civilización &lt;le
los pueblos, que la organización de las instituciones de beneficencia. L os pueblos primitivos, h~
hordas salvajes, las tril&gt;us nómadas, desconocen d.:
t~do punto la caridad y ni la practican entre si
m menos aun con los extraños. En muchas de esas
agrupaciones, lejos de amparar y defender al in~á~~o, al enfermo, al anciano, se ies sacrifica por
mutiles y onerosos. En áspera y cotidiana luchil
por la vida, esos hombres se deshacen de tod,1
"impedimenta," aligeran lo más que pueden la carga, sueltan lastre para mejor marchar y ya, como en Esparta, sacrifictn al niño deforme, y.1
como en China, ahogan al hijo sobrante, ya conu
en la India, instituyen para las viudas el deber de morir con el esposo que las mantiene, y.i
coro~ entre las canacas, suprimen del catálogo al
ve~c1do de la existencia y asan y condimen tan
en barbacoa á sus padres ancianos ó á sus nudres impotentes.
Con los progresos de la civilización estas costumbres salvajes y menos que animales, se dulcifican; la caridad reviste la forma negativa de 110
dañar; para pasar más tarde á la forma positiva y activa de hacer el bien. Son los potentado:;
de la tierra, los monarcas, las castas pri,·ilegiada~,
las únicas ricas y poderosas, las que fundan !ns
instituciones de beneficencia, las que crean asilos, hospitales, orfanatorios, las que distribuyen í1
la puerta de claustros y palacios las migajas tle
sus banquet~s y los restos de sus festines. En
Ro~- se distribuye trigo á la plebe romana_ .Y I_J
solicitud de los poderes públicos va hasta mstituir el circo gratuito para solaz del público; en
la España medio eval al rededor de cada convento pululan mendigos á quienes se ctiEtribuycn
vi veres; los señores feudales van siempre rode~dos de parásitos, á quienes mantienen y dan 1:mosna.

~ os_ monarcas absolutos suelen mostrarse esplcnd1d~s
fundan gr~ndes in,tituciones de beneficencia de _su prop10 peculio., (léase del fruto ~e sus exaccio~es) p~ro la caridad privada langmdec~, apenas s1 se eJerce de la mano á la man?, baJo. la forma ele pobr~s y_ raras limosnas, ó
bien, b~JO _la
una hosp1tahclad momentá nea
y transit,oria. Y no \rnede ser de otro moclo bajo
esos r eg1menes, 1a riqueza pública está concentrada, la monorolizan contadas JJersonas V el resto es P?bre, miser~ble, casi mendigo.
•
De tiempo e~ tiempo ~urgen filántropos eminentes, como V1ce1;1te de Paul, como Carlos Borromeo, q1;1e mendigan para l0s pobres, que piden y obtienen, y con ello fundan instituciones
benéfic~s sin llepar, á pesar ele sus esfuerzos, á
ge~eral1zaclas ~ a promover acentuado movimiento
privado en su favor.
La caridad_ priva~a no se generali za, fortifica
y_ pr?spera, smo baJO el régimen industrial que
d.stribuye en muchas manos una inmensa riqu;za1 que crea burgueses má; opulentos que
prmc1pes, que unge reyes del oro del fü,rro del
carbón, ~el trigo á_ innumerable~ particul~res,
que desvmcula la riqueza ele mrnos de ks castas
privilegiadas y la difunde á torrentes en la masa
de los pueblos.
En csh1s rondiciones el archi1:1illof'll!,:,1 ']t,c 11'.l
luchado, t rabajado y sufrido y que ha acumulado
tesoros Pª~- sin transición y sin l'Onciencia, casi
de la avaricia á la generosiclacl, de la codicia
al ~esprendimiento, de la "tominería" á la prodigahda~. Al período de w ncentración y de acumulación sucede el de expansión y distribución.
Saciada su ambición, atesorados los caudales conj 1:1~ado todo peligro de miseria, allegadas probabilidades de mayor lucro, el millonario comienza á perc_ibir que hav seres oue sufren, que hay
dolores_ sm consuelo, penas sin r ecompensa, lab?res _s m fruto, y oue el comb11te en que él salió
victonoso, ha dejad_o tendidos en el campo
mucl~os luc)rndores sm f?rtuna, muchos paladines sm gloria; que otros, m~uficientemente armados, se aprestan á una lucha en que sólo les espera la derrota. El potentado abre entonces sus
cajas, prodiga á manos llenas lo yue acumló gran o á grano, funda hospitales para los herid:is
en la pelea, asilos para los inutilizados en la
campaña, escuelas para armar á los inermes; y
como los potentados nululan y los millonarios se
hacen incontables, la caridad privada extraofici~l, pr~spera, se prodiga y alcanza p~oporciones maud1tas y refinamientos sibaríticos.
Tal pasa en Francia, en Inglaterra, en ~orteAmérica. Ya es la baronesa ~ataniel ele Rostchild que lega millones y millones á la beneficencia; ya la señ ora Hea;t, que funda una Universid!!d; ya otras mil qu e crean ho$pitales sunt uosos como palacios, que levantan y sostienen escuelas monumentales y que organizan soberbias
ambulancias en caso de guerra.
Tal comienza ya á pasar entre nosotros como
consecuencia natur11 l de nuestra prosperidad y
&lt;l~l aumento y di fusión de nuestra riqueza.
Siempre hemos sido caritativos de la mano á lamano; pero desde la conquista hasta la r eforma fueron
los gobiernos, el clero -:y contacl0• magnates quienes hicieron importantes fundacione, benéficas.
Cortés fundó el Hospital ele Jesús; Lorenzana,
La Cuna; muchos ho•pita les el clero y el gobierno; }faximiliano ó más bien Carlota, "La ~fatern idad ;" alg,:¡TIOS mineros r icos como Borda, instituciones de importancia,
.
Después de la Reforma las fundaciones piadoi:as de origen privado fueron nocas; pero no esrasearon las de origen oficial. La ::\Iaternidacl de
Puebla es privada; l a Casa Amiga de la Obren1. también, a,t como los asilos de Colón ~f
rl_e Mendigos. Con esas instituciones uareció ini":ar~E' un r enacimiento de la car idad, v el Asilo
de Niños que acaba de fundarse en el Saltillo
e~ ele ello uTJa prueba. Un :filántropo sin hijos
nuiso hacer el bien á los hijos agenos, y con
~~gró closcientosmil pesos á fundar un asilo modelo
rl" la infancia, con todo el confort y el refinaT'' 'Pnto ele exigencias que h ubiera. Querido ofre"~r 4 su propia prole. Bn él vivirán "en familia"
l 0 R huérfanos, los abandonados y los deshereclMlo&lt;&gt;. Serán pocos para que puedan estar bien
noisticlns v recibirán no sólo l a cas'l, el vestido. el surtento y maternales cuidados, sine
t 11m bién enseñama que eleve su nivel moral Y
los arme ele p1mta en blanco para afrontt.r la
lucha por la vida.

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1

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J

369

mr, Jm-lff&gt;O.

Grande obra y gran ejemplo; todo corazón 110ble debe conservar el nombre de ese noble filánatr opo que no sólo supo ser espléndido para
con _la orfan_da&lt;l, sino que supo dar á su filantrop1a la meJor de las orientaciones. Xo hay forma &lt;le caridad m~s tierna, más noble y más pura,
que la que se eJerce con la niñez.

~ ---PROF.t.:TAS ENGAIAI03.
-&lt;::&gt;)O(-&lt;::&gt;
Los enemigos declarados .de los caminos de hierro neg~ban á é3tos toda importancia comercial,
estr atégica, etc., por la razón (para ellos incontrover tible) de que las máqumas no alcanzarían la
deseada perfección para correr con gran velocidad
Y que _no era posible que prosperasen.
'
i 9mén les hubiera dicho que antes de morir
el siglo hablan de llegar á ser los ferrocarrile" el
factor más importante clel moderno pr ogreso
En nada acertaron. . . Consideraban el mavor
~le los abrnrclos pretender_ que los trenes sobrepuJaran en un doble la velocidad de las diligencias ..
Y he_ aouí _la progresión que ha resultado del perfecc1onanúento de las máquinas :
En el año de J825 recorrían en una hora las
locomotoras 9 kilómetros. En 1829, 25 kilómetros. En 183-!, 34 kilómetros. En 1838, 51 kilómetrcs. En 1839, 62, kilómetros. En 1868 (tipo
Crampton) 70 á 80 kilómetros. En 1899 9o'y más
kilómetros.
'
El tren que recorre el trayecto de Farfar á
Perth (Escocia) devora una distanem de 52'29 kilómetros en 33 minutos; unos 95 kilómetr os por
hora.
i Y aún se pretende duplicar esta velocidad
en?rme, suprimiendo en los trenes todo objeto
sahente que oponga resistencia al aire!
K o hay para qué hablar del inmenso desarrollo
alcan~~clo por est,e medio .de_ locomoción, que va
adqumendo d~ d1a en día gigantesras proporciones; baste decir que solamente en Alemania se fabric~n al año 1,500 locomotoras, y que en la a&lt;·tuahdad la longitud de las vías férreas en serYirio. es tal. que "podría" tenderse con ellas una
"doble" vía desde el planeta á sn satélite.
Si tan equivocadamente discurrían los sabios
;. oué extraño es que el vulgo se mostrase acérrimo enrmi!rn de los ferrocarrilE's?
_ En tod?s los naíses, y espe_cialmente en Espana. las primeras locomotor11s rnfuniliernn al pueblo ve~dadero terror, en parte justificado, porque
(s~a. dicho, d~ paso) la imperfección de las prim1tiva~ maqumaR y sus acce~orios, coches, frenos,
Ptc.. &lt;'&lt;'11sionab'l frecuentes de,rarrilamientos . . ..
I~a regla general era seguir viajando en diligencia, más cara, más lenta v m:Í&lt;; incómoda que los
trenes. pero en cambio más ~einrra.
AdPmás. clecíaf'P que el eqtablecimiento ele laR
vías -frrrea, haría imoosib1es 1~ pa1;tos: que el humo :l~ l"" loco1:1otoras envenenqr[a el aire; que
mor1nlll lo• pá1aroq; que ht:; chispas cfo las m.íquinas incenc1iarían los poblados y caseríos, por cerca de los cuales pasa,e el ferrocarril; que qued,,rían en la m:seria infinidad de arrieros, carreros
m:worales. nosaclero&lt;&gt; v empr esarios de coches . ..
Tan arrlligadas estaban estas creencias, que mnchos pueblos de no escaso vecindario, se opusieron ron inusitada tenaridad á que pasara por su
término tal ó cual vía férrea en proyecto.
Fiemplo ele est!l irra&lt;'iomil te•tiiruclez tenemos
en Fraga, importante nohlación de la provincia de
Hnesca. que hizo sobr&lt;'humimos esfuerzos para
evitar que pa~ara por allí el ferrocarril, y sil} él
,-i!{lle á estas horas. habiendo crnedailn rezagada v
"fuera ile concurso" entre otro,- pueblos que van
rreciendo v prosperando. I &lt;rUal lamentable condurh1 siITT.JÍÓ Carmona, (Sevi1111.) y cu&lt;indo "volvió en
sí," despuPs de ver oue se iba· queilanclo á la cola,
empleó todaq SU'- influenrias. su dinero y sus rerursos P.n rorregir el daño que por voluntad propia se haMa causado .. .. hoy ruenta ni1d!l men0R
nne con dos vías férreas que la unen á la capita 1 v al resto de España.
Tampoco f'e había Pnamorado de los ferroca-

i"

rriles el gQbierno español, pues como &lt;leda un escritor &lt;le aquella época (ld-1.ü) "en lugar de fomentar, proteger, alentar, activar y favorecerá la;;
empresas de ferrocarriles, lo que ha hecho ha sido
emlJar,azarlas y _entorpecerlas cuanto ha podido,
su,c1tandolas mil obstáculos, tropiezos, dilacionc.y dificultades:' Es la eterna historia ele esta pobre Espeña ....
La primera concesión que se dictó en la Península ll?va la fecha &lt;le 6 de Abril de 18-!,5, parJ.
la _sección d~ Almansa, comprendida entre )Iacln~ y _AranJuez_; pero no fué ésta la que se inauguro p1rmero, smo la de Barcelona á ~lataró en
;¿g de Octubre de 18-!8, concedida el 16 ele )lar7,0 del mismo año. A esta sig-uieron 111 de .\.ranjuez, Langreo á Gijón, Valencia al Grao, etc.
l&lt;,xtrernadamente curio,o era ob~erYar el indecible asomb.ro, la estupefacción que, ~egún testigos presenciales, causaba á las sencillas gentes del
camp? el ver pasar con rapidez Yrrtiginoi,:a el tren,
escupiendo ~apor y echando chi,pa~, sin que atinara_n á descifrar aquel enigma .... ¡ Tantos coches
corriendo · sobre la vía sin auxilio de mula~ n ¡
caballos ! Proverbial es ya la explicación ele aruel
palurdo : Los caballos iban dentro . . .
'
,otro moti~•o de terror eran los "tunnels,'' que
as1 se deno1:1i;1aban entonces los túneles, hasta que
se castellamzo la pala~ra; á muchos infundían pavor, con sus bocas abiertas v tenebrosas dispuestas ~ie_mpre á lra¡wr•e los trenes que e~ ellos se
pr ecipitaban con ruido ensordecedor . ..
Los relatos de lo que entonces pasaba las escenas á que &lt;lió lugar el establecimient~ de los
primeros ferrocarriles, nos parecerían ahora cuent~s y exageraciones anda! u1,as si personas muv
dignas .de crédito no las confirmasen en calidaZl
de testigos presenciales. Eran frecuentes las •io-re.
/, 1
'l:)
siones a os trenes, pedrada,, disparos de armas de
fuego, y hasta el hecho criminal de poner obst;iculos en los_ '~rails" ó r~il~s
He oído decir que
algunas v1eJas superstic10sas YO] vían horrorizadas
1~ cabeza y se santiguaban al ver pasar el tren,
firmemente persuadid~s de ~~e aquello tenía que
ser por fuer1,a alguna _mvenc1on del diablo; y que
la gente moza, las muJeres sobr e todo, si bien má i
despreocupadas en cuanto á la inter\'ención diabólica, lloraban presenciando la ver tiginosa marcha del tren, que conducía elegantes viajeras, alegres Y confiadas .... "Ay, pobres señoritas! (0rrritaban) ¡ Se van á matar!"
.
C.:n respetable amigo mío, el sefior B., me contó el siguinente caso, con el cual daré término á
estos breves apuntes :
D~cho señor hizo un viaje de Córdoba á 1Iaclrid
el an~ d_e 1865, cuando no había más trayecto
ferrovrnno que desde )ladrid á Alcázar de- San
u~n. 'l'uvo, _pues, que ir desde Córdoba á esta
:1Itima pob~a?ión e1; diligencia, y entre sus companeros ele viaJe_ vema un, pobre señor casi ciego, ó
enteramente CJego podna considerársele, pues lle,·aba una venda sobre los ojos. Iba á Madrid par.1
someterse á una difícil operación y acompañ.íbale un hijo suyo.
'
Des~ués de mu:has horas de diligencia llegaron
á ~lcáza,r; el sen?r B., al transbordar al tren,
se_ 11_1stalo en el mismo departamento que sus pri1mtivos compañeros de viaje.
Apenas se puso el tren en movimiento exclamó
el caballer o ~nferm? &lt;le la vista:-¡ Cara~ba, qué
hermosa y bien cmclada carretera! ¡ Qué marcha
más ~~ave! Así debiera ser todo el camino .. .
Sonnose el señor B., tomando aquellas frases
por una broma, y nada contestó; pero algún tiempo después tornó el caballero á decir :
-¡ Es extraiio ! ¿No les choca á ustedes el tiempo que tardan en mudar el tiro?
Compre~dió ,ento_n~es el se~?r B. que aquel caballero cre1a aun VJaJar en chhgencia, y va iha ;1
sacarle de su error, cuando le detuvo con un o-esto
el hijo del ciego.
l:) •

f

, :-Ruego, á usted_ que no le dé explicaciones,diJole al 01do.-M1 padre no sabe que viaje P'1
el tr~n ... Cre~ que sólo hemos cambiado de rlil ¡_
grn~ia; pero si ,se entera de que vamos en ferro/"'Arril. Fe apeara e11 1n primera estación sin que
fm-7.S!S humana&lt;&gt; le obliguen Acontinuar el viaje
Le horrorizrn los trenes. . . .
· ··
Como es ele suponer, el silbido ele la m·fo11in,1
el tufillo del carbón v mil detalles más revelarn~
al caballero la verdad. . . Se puso tnn desazonado
v fuera c~e sí, que hubo ner.,sidad ile suietarlo ...
T◄'n_ la pi:_imera estación en donde hizo alto el tren
(V1llacanas) se apearon padre é hijo.

�3i0

EL MUNDO.

EL SOLDATIO INGLES.
-&lt;:::,,~~

X? es este un estudio sobr~ la organización,
~•ual_1dac!';5 ~- defectos técnicos del ejército inglé&gt;'.
mstitue1011 que levanta en los días que corren una
polrnreda de críticas á cual m,ís se,·era por f'U
notoria deficiencia para afrontar una campaña
contra fuerza~ bien apercibidas. Tal vez en otro
artículo digamos algo acerca de la organización

DGmlngc 24 de Diciembre de 1899

hay en los regimientos cuando van á relevar á los
soldados que cumplen su senicio de ocho años en
la India. )Iuchos, empero, quieren que se les llame á ese servicio; los atrae lo desconocido y saben
que las penalidades no abundan allá, pues por lo
contrario, la vida es mejor que en la metrópoli.
Lo,., ocio¡; son interminables y las distracciones infinitamente variadas. X o ha·v servicio manual en
el cuartel; todo lo hacen los 'indígenas. ¡ Hasta los
barberos son indios que afeitan á sus clientes en
la cama! Los cocineros son indios también y le
sin·en el té al soldado i y se lo lleYan á la cama!
Afeitado y animado con el calorcito del té, se
decide el buen soldado á dejar la cama nara hacier
ejercicio militar, tarea bien corta _y nada fastidiosa.
Entretanto, los indios hacen la cama, asean el
dormitorio y mudan ag-ua.
Cualquiera se sentiría tentado de ir á disfrutar
e:,a riela mimada. Aun los peligros que allá se corren tienen sus encantos, los ele la guer ra naturalmente, que en los del clima no haY quien piense.
Por eso hay tantos imberbes en las füas de los
regimientos tropicale~ con ~er tan arenturado paun ad9lescentc meterse en las hornazas ele aquel
cluna. ); o obstante que se prohibe la admisión
de incli,·iduos menor~s de veinte años, no escasean
Fo!daclos ele dieciseis;
pero ¿ cómo impedirlo?
En el Reino 'C'nido no hay "estado civil " de lo
que resulta la imposibilidad de rechazar los infractores. Desde W"ellington hasta Kapier y Wolseler. todos los generales ingleses se han quejado
amargamente de este obstáculo para la buena organización del ejército: la frase de Lord Wolselev
e:: célebre : "mientras 110 se pueda determinar la
celad de un hombr~ como la de un caballo, por
el examen de los dientes, e~to no se remediará."
El clima diezma á los jóvenes en Egipto y en las
Indias, pero las 1·íctimas no se preocupan.

ra

li

PrPpará11cl ,se para el baile.

ele los ejércitos de la _Gran Bretaña. y de los países
que forman el J mpeno de S. ::\I. la reina Yictorifl.
Por hoy nos limitamos á hablar del soldado inglés, d~ ~u vida en el cuartel y en campaña, del
proced1m1ento que ~e emplea para reclutarlo y de
la formación de la ofi¡.,ial i&lt;lad, así como de las relaciones que existen entre esta :y la clase subaltern_a. Estas. iJ;clicaciones casi enteramente descripüvas, sernran para C'omprencler las causas de donde de:ivan las cuali,dad_es y defectos del ejército
,:ometiclo hoy á la ma~ rigorosa prueba experimental en las regiones :-ud-africanae.
El soldado inglés i::e di fcrencia del soldado continental en que es mercenario. En las otras nacio11es europeas de importancia, el scrl'icio militar es
oblig~to~·io y univer,-al: Inglaterra, apoyada en la
impenor1dad de su:; fuerza:;, cree que le basta y sohra par a las cxiirencia~ de su política con un ejército de tierra limitado. Si no tuviera que mantener
la paz en las India,. y adquirir y con¡:errnr_ colon ias, no vacilaría en licenciar su ·ejército.
apltcando al de,arrollo de la flota las economías
obtenidas de tal suerte.
Las exiguas proporcione¡., c1el ejército le permiten á Inglaterra, atraer eoldados con ~l cebo ele
Yentajas pecuniarias. El ejercicio de las armas es
para_ esa gente una profe&lt;ión lucratirn que les proporciona elemento::, para ,·il'ir cómoda y alegrement_e. Ko sólo,_ sino que puede llamarse regalada
eFa nda : á las siete RC lernntan, se desayunan á las
ocho, comen á la una. á la, cuatro v media beben
té, se pasean hasta la,, diez de la noche V á esa hora se recojen. Entre las horas señaladas, h acen
ejercicios que duran una ó dos horas, limpian sus
armas, se asean, fuman Y charlan. El cuadro es idílico : convida á hacer~e· soldado de S. M. n.
~

Para reclutar f,lolc1aclos en un t iempo y en un
paí~ en que la industria paga tan buenos salarios
á los obreros inteligenles y enérgicos, hay que dirigirse á las clases é indi,·icluos que carecen de tales cualidades, á los que en vez de luchas buscan
ociosidad, á los que quieren comodidades gratuitas y un porvenir aseg-urado contra toda eventualidad. El resultado es que las fatigas de la guerra los
ho~rorizan, aunque la guerra sea sn destino, voluntariamente acéptado. Prueba de esto el pavor que

p

•
las des~rciones, una vez que se divulga la lista de
los des1gnadoF, se les abruma á fuerza de trab ·
' .stas . é mspecc10nes.
.
.
8.JO&amp;
)' se l es a tm·ele _con 1ev1
El
cuartel se connerte en un_ mfierno : carros de
transporte, caballo~ que J:&gt;iafan, maletas que ruedan por las escaleras, muJeres y niños que lloran
toques ele clarín, ladriclo3 de perros. . . .
,.
El_ ~oldado que tiene ía~ilia legítima, la lleva
consigo; Tos otros ~e d~sp1den de los suyos y en
marcha. l:Tnos y otros, a fuerza, no lo disimulan.
son mercenarios que cumplen con su deber á re~
gañadientes.
Con todo, el valor no les falta. Lo han probado en todos los campo, de batalla. P ertenecen
á_ ~na raza "igorosa, habituada á todos los ejerClClOS corporales, Pe han fo~·t!fic~do con un régimen regular ~· altamente h1g1é111co y tienen cualidade;:, que valen r¡;¡ucho, flema v ·amor propio
C_iertamente, habituados como están á las como~
el 1cladeR, no las dejan a;;í como quiera; en Crimea
lnás de u_na vez lleg-aron con rPtardo á la cita y
e~o para mstalarse en el vivae con lujos de "confort" que no comprendían los franceses. Pero á
la hora del fuego, el francés los admir ó por su
bravura.
El ejército ingléR parece una supervivencia del
antiguo ré~imen; pu~~le _verse en sus filas algo de
lo que halna en loR eJerc1tos france¡;es &lt;lel sio-10 de
Luis XY, rcclutaclos en el Puente Nuevo / compuestos de soldado,- con apodo, valientes, pero sólo cuando les daba la gana, ~' tan inclinados á la
cle~erción, que tenía que adoptarse por fuerza la
táctica lineal que mantenía á los soldados codo
-con codo bajo la ineesante vigilancia dP los oficiales.
LoR "recruiting officers" OJ)eran en la Plaza de
Traialgar. Los tales "recruiting officers" son cabos ó sargento¡; retirados, á quienes se pao-a, además de ~u pensión, un tanto por cabeza d~ reclutas que logran alistar. Pm:an las de Caín para
atraer gente y aun tienen que apelar al charlatanismo en la enumeración de las ventajas de la
vida del regimiento. El oficio ele reclutador n o e
sólo difícil sino aleatorio, pues qi abundan las ~·-.1citudeR ele alistamiento en años de malas cosechas ó cua1~do hay huelga, ~n cambio hay t iempos
~n :iue nadie ~e presenta y el reclutador tiene que
1r a las aldeas a deslumbrar ron su uniforme á
los mendigo,, á los ngahunclos y á 10s inconstantes, sus clientes habituales.
El que se alista rara ,·ez se arrepiente. Ko hav
por qué, como podemos Yerlo, si rerorremos el interior del cuartel. Llamemos á un dormitorio á las.

Granaderos de la gu m·dia,

J

Al tocar diana .

EL MUNDO.

371

l

L er-tum &lt;fo la 1,1·.lP-n d,,t dia á !r(guardia
~os hombres_ maduros, por su parte, no se engnen con In_ nda a,·enturera, abominan de ella,
}_ cuando 1ec1ben or~en &lt;.le ~narrha sienten qu:~ Ja
b_erra_ se les abre baJo los pies. Obreros sin porvem~ _alts~ados en el ejército por pereza, jefes de fan11h:1:, irregulares, la deFerción es la única sal ;í!,
que tienen para eludir las órdenes de movilización
y en efcto, deFertan, á reser va ele darse de alta e~
otro regimiento, cosa no muv difícil dada la falta
de medios fehacientes para identificar á las
personas. De ese modo evitan el destierro temido
y sin correr grandes peligros reciben una nueva.
p_r_ima. Esta circunstancia. explica la gran proporcwn de desertores que aparece an las estadísticas del ejército inglés. Para evit&lt;Jrla se toman mil
pecaucioRes, tales como no publicar sino hasta
última hora la lista clefinitira del destacamento de
relern. Encierran al batallón, doblan guardias se
pone un co~dón de ,~entinelas á lo largo de 'los
muros exteriores. El prevost serl!eant" y sus ayu1
" como se les ~llama -recorren
.
dantes,-" sopones
los barrios de mala fama, la estación y' el interior
del cuartel. Si con tanta vigilancia se logra evitar

Domingo 24 de Diciembre de 1899.

siete de la mañana, mientr as el oficial de guarciia
Ta. y viene, calentándose al pasar por la chimenea
del garitón; un letrero nos dice el número de solda.dos que hay en el dormitorio v el peso del carbón que se les da semanariamente. Cada. uno de
ellos r ecibe diariamente doce onzas de carne, una
libra de pan y tres peniques para legumbres, sal,
etc. En el dormitorio los "nuevos" andan en ca··
misa y los veteranos están tendidos á la bartola
en sus camas; en el patio hay grupos de soldados
que se abotonan el uniforme con una mano y llevan con la otra. una escudilla de estaño, y los castigados juegan con las escobas. A las ocho, el clarín anuncia la hora del de~ayuno : los dormitorios
están ya aseados, las camas ·hechas, todos los solda.dos lavados de cara y manos y la. mesa puesta.
Se sirve el te y el extra del día, mantequilla,
arenques ó "porridge" (harina de avena.) Además
se proveen á su costa de alguna otra cosa que
compran á un soldado vendedor que va de dormitorio en dormitorio con sus mercancías.
El capítulo de la gastronomía merece lugar
aparte. El soldado inglés tiene un estómago de
gran capacidad. Frecuenta la cantina y un almacén anexo en el que se vende t oda clase de artículos de consumo diario; los precios son muy bajos, porque hay compensación en los que tie~en
las bebidas. Los bebedores pagan por los sobnos,
cosa muy moral. Sólo está permitida la venta de
cerveza, y el alcoholismo i.iende á desaparecer del
ejér cito. En cambio, no se matan ele hambre, como lo hemos dicho. En el c-áfé del "Casino" se
sirve por un penique: un plato .~e sopa, un plato
de arroz ó café y pan con mantequill~.
¿Y los ejercicios militares? El maneJO de las armas y las evoluciones figur_an apenas en _los
cuadros de distribución del tiempo. A esos eJerc-icios hay que agregar la ginmiu:ia, ~l "football"
y los otros "sports., nacionales. La vida del cuartel es divertida v sin duda por eso hay soldados
que salen sólo 1.lila ó dos veces al añ~.
.
La autorización para contraer matnm01uo "S un
favor que sólo se diRpensn: á. iJs e~eo¡{idí~~ ']UP.
t ienen siete año~ de ~rri,.10., y un ahorro 1.c C'lll·
co libras por lo menM. Como las mujeres de los

Soldado de caballf1'ia .
soldados ganan algo lavando y planchando nara los
demás, el matrimonio es un privilegio, objeto ele
las ambiciones del soldado.
Los cabos y sargentos pueden casarse á voluntad, y no es esa su única prerrogativa. Como los
oficiales son grandes señores que no han de mezclarse en detalles de poca monta, se valen de los
cabos y sargentos, pagándoles bien sus servicios,
no sólo con dinero sino con miramientos. En los
bailei,., el sargento le da el brazo á la esposa del
oficial.
Estos viven á lo grande y entre ellos no se ve
la diferencia de graduación sino á la hora de servicio. Pertenecen á la misma casta y eso los iguala.
En la mesa cada uno preside por turno.
Los oficiales hacen sus estudios en los grandes
establecimientos de instrucción, Eton ó Harrow,
y después cursan dos años en el colegio militar de
Sandhurts, en donde pagan como dos mil pesos
anual~ de pupilaje. Otros proceden de las fi.la.q
de la milicia y este medio de reclutamiento tiende
á generalizarse. Lo que no se ve es pasar de la
clase ele tropa á la de oficial, por ascenso, sino
en ciertos cuerpos especiales y subalternos, como
trenes y ambulancias.
¿Y qué decir del lujo de los oficiales ingleses? Tienen para el juego &lt;fe polo, caballos de dos
y tres mil pesos y dan banquetes esplén~idos.
Pero si visten con elegancia y aun son remilgados,
no por eso dejan de ser Talientes hasta el heroísmo. llijos de una raza vigorosa, !On enérgicos,
!:ensatos, y il@bre todo, tienen una. sangre fría admirable para afrontar los peligros de la guerra.
Estas cualidades, su fortuna y el prestigio de su
pOiic-ión y ele su educación excelente, los ponen
á la altura ele las emergencias más difíciles.
;. X o es esto todo lo que se necesita para ser un
wldaclo de primera? Es mucho, pero aún falta
algo que no se suple con nada y que sólo se adquiere con la experiencia de las maniobras y de
la. guerra científica.

1:1jneiode velota enel vaisvasco.
¿ Os ac-ordais de "Ramuntcho"?
Uuando Pierre Loti se aduerme muellemente.
entre los brazos de madame Chrysantéme, enfrente de un paisaje rojo sembrado de árboles pequeños; cuando contempla. los rayos de la luna
desde una terraz'a argelina; ó cuando de la inmensidad del desierto ve destacarse la blanca túnica flotante de un spahi, no impresiona tanto,
no traza tan hondo surco, como cuando del brazo
de Ramuntcho excursiona por las soberlxas montañas del país vasco.
Y es que la armonía de los hombres y de las
cosas resalta en ese libro de una manera maravillosa: para aquellas montañas, aquellos hombres.
Ilombres sanos de cuerpo y de espíritu, fortificados por la salubre brisa montañesa, viven los
vascos una vida amplia y robusta, una vida poderosa y desbordante, en estrecho y constante mariclo.je con la intemperie y el movimiento que, eon
sus caricias bienhechoras, fortalecen sus músculos hasta darles la consistencia del acero.
Esos hombres fuertes y sanos, necesitaban, naturalmente, un "sport" nerte y sumo, al aire libre, bajo las ardientes caricias del sol. Y e~e
"sport,'' es el juego de pelota.
La pelota es para los vascos una verdac!er&amp; pasión. La afición es en ellos congénita y si se pregunta á un niño vasco Qué es lo que le causaría
mayor plaecr, responderá siempre que desea una
pelota.
En el país nsco cada aldehuela posee su frontón más ó menos formal, más ó menos rice, pero
el frontón es allí tan necesario como la iglesia.
J~l vasco juega á la pelota diriamente, como si fuera una tarea fisiológica. é imprescindible, y es claB@,
que en un momento dado llega á serlo realmente.
El obrero, en un instante que el trabajo le deja
libre, aprovec-ha el tiempo ejecutando un centenar
ele rebote,; ]os domingos se organizan grandes
partidos entre los más hábiles jugadores y todo
el pueblo aeude á presenciar su espectáculo favo-

�372

EL MUNDO.

Domingo 24 de Diciembre de 1899,

Domlngc 24 de Diciembre de 1899

373

EL M TTNDO.

¡QUIETO!
~ JI~

El formalismo legal tiene en Francia aspectos
ridículos, casi incomprensibles para nosotros, que
por más que _se diga, no estamos tau empan'..anados en la rutma como los pueblos del Viejo Mun&lt;lo. Y a nuestros lectores saben lo bastante a('('rc,a
&lt;lel proceso seguido ante la Alta Corte de Fran~u
cont ra los señores Deroulede )' sc.cios por conspiración contra las instituciones, y todos los que no
e,;tán muy al tanto de esto,; escándalos, los ignoran
porque ya les fastidia la eterna grita ele protestas
contra-protestas, declamaciones efec:tistas y toda
la balumba que divierte á vece:: ~- aturde siempre
al Universo, porque las agitaciones y golpes dramáticos de la política franc·esa tienen el privilegio
de resonar en todo el mundo.
El grabado que publicamos representa una escena curiosa : para fijar el decreto de "decheance"
contra los conspiradores que tienen representación pública, va el ugier á los sitios indicados
acompaftado por un corneta y por el individuo que
pep:a en los muros los papele~. El ugier lee el
papel y se lo pasa al pegador mientr as el corneta
hwza al aire sus ríspidas nota~.
Las cosas se hacen en forma. :v más desde que
los fotógrafos de las graneles puhlicaciones anclan
en busca de asuntos para grabados.
El señor ugier y sus auxiliares desempeñan las
fun ciones de su cargo preocupándose más por "salir )iien'' en las negativas de los fotógrafos que
por llenar una formalidad á la que, allá en su fuero íntimo no le dan mucha importancia.
Llega, pues, el grupo á la puerta del Senado,
procede á cumplir con rn obligación y al oír la
VC'Z del fotógrafo que hace cabez,t : ·'"(;no, dos, tres,
¡quieto!'' se paran con firmeza en actitud de "pose" y no se mueven hasta que c-ae el obturador
de la cámara.

Partido de 1·ebute en una aldea de tierra vasca .
rito, con más ardor y más entusiasmo oue los
andaluces y l os castellanos cuando van á la plaza
de toros.
A las veces los jugadores no pertenecen á la
misma aldea, y, entonces el amor propio sube de
p unto y el conibate atlético adquiere enormes
proporciones. Españoles y franceses-no importa,
con tal de que sean "vascos"-cifran todo su orgullo en que su lugarejo venza á los otros.
Lo más curioso del caso es que, por lo general,
l as apuestas no son mayores _,. la codicia nada
t iene que ver en el .entusiasmo de los combatientes.
Los vascos aman su juego de pelot.J., por él mismo.
Los especuladores ciudadanos han querirl.n transformar ese juego regional, noble, sencillo é inocente, en una mina de tspeculación para arrancarse mútuamente puñados de oro y fajos de billetes de banco, y en gran parte lo i1an lografk•,
establecien do frontones en varias ciudades de España, en Buenos Aires,- donde el juego ha alcanzado puntos inauditos-en el Brasil y en México
mismo.
Pero el juego de pelota tal como es, noble,
desinteresado, persiguiendo sólo un viril solaz, sólo se encuentra en las blanquísimas· aldeas que,
cual bandada de palomas, cubren las arideces de
la montaña vascongada.
~&lt;$.

Es inútil de;;cribri t' el mecani~mo del j ucgo, ptwsto que en México todo el mundo lo conoce.
Basta presenciar un partido para darse cuenta
de la suma ele habilidad. de conocimiento y de
fuerza que es nece~aria para dominar el juego, y
para explicarse las atléticas cuadraturas y las
acertadaR musculaturas del pueblo vasco, vivificadas y forma~as al :vunque de un ejercicio tan viril.
Es tan general y tan arraigada la pasión por
la pelota en el ¡mehlo va.~co, que hasta los eclesiásticos suelen tornar parte en el juego. Leemos
en una revista que los actuale~ párrocos de San
Juan de Luz ·~.; &lt;le Biclart, son "pelotaris" de
primera fuerza.
En e} país vasco, puede decirse que cada muro.
cada pared, se convierten en frontón; la nelota se
halla siempre á mano y los pequeños partidos se
organizan constantemente y por doquiera. En urio

queotr omurohay inscripciones que prohiben usar
para rebote, pero pu ede estarse seguro de que, en
para el r ebote, puede estarse segur o. de que, en
ese caso, el dueño de la pared no es. ·vasco. ¡A
un vasco jamás se le ocu rrir ía hacer semejante
prohibición!
El juego ele pelota original y geJ1.uino es con
guante ó á mano limpia. La mayoría de los vascos
-aun los pertenecientes á clases elevadas-tienen
la palma derecha ligeramen te encallecida á fuerza
de jugar á man o limpia; los jugadores profesionales la tienen curtida y endurecida como un pedazo
de &lt;mero y privada de toda sensibilidad.
A menudo. durante el juego, la mano i:,e inflama
y se deforma por la afluencia de la sangre. No es
raro entonces ver que el jugador suplique á. cualauiera de los presentes, que le aplane la mano con
los pies. hasta voh-erla á sus proporciones naturales.
La invención de la "chistera" es relativamente
reciente y data apenas de unos treinta años. Alp-uien ha llamado á la chistera el "cañón rayado"
de los pelotaris, y el calificativo es justo, dada la
gran fuerza que el combo adminículo imprime á
la pelota.

Para lo~ buenos jugadores vascos se ha abierto
un nuern horizonte, porque merced á la fiebre de
apuestas pelotáricas que se ha desarrollado en las
grandeR ciudades españolas é hispano-americanas,
son coritnltados en muy buenas condiciones. El
primero. que ohturn una contrata semejante, fué
el expertí~imo "Chiquito de Eibar," hace unos
quinc-e mios, y desde entonces quedó formado el
:rremio de pelotaris profesionales, que aumenta cada día n~á,.
El mencionado Chiquito de Eibar, Portal, Brau,
Inm. )fa.neo do Villabona, )fardura, Elícegui, Beloqui ~- otros, llegaron á ganar_vercladeras fortunas.
Ac-tualmente no es raro que buenos pelotaris sean
contratados para. América á razón de siete ú ocho
mil francos mensuales.
Lo¡,, pueblos de Azcoitia, Azpeitia, Rentería, Eihar. Yerga.ra, Marquina, son céleb'res en los anales
del juego de pelota por los pelotaris célebres que
nacieron en ellos.

Actualmente el Brasi1 es el país en que con mayor fuerza florece la afición y los pelotaris más altamente cotizados son, entre otros, los hermanos
Salazar, el Chiquito de Ondorroa, Zabarte, Oláis,
Pasieguito ~• Ga:mborena.
Fuera de España, en los demás países no ha podido aclimatarse el juego de pelota. En París se hizo una intentona hace algún tiempo, por miembros
de las Colonias española y latino-americana, pero
fracasó.
A últimas fechas se sabe que el sport euskaro ha
sido inscrito entre los que figurarán en Vincennes
con motirn de la próxima Exposición internacional.
¡ Ojala se extienda, porque-prescindien do ele
su faz especulati\'a-es uno de l os sports más Yiriles y hermosos en que el hombre sano puede lucir la fuerza ~- la habilidad de sus músculos !
SARDIN,

Rra. Doña Trinidad N

ll11

Maas.

¡Qnii't,,! E1,ce11 as del proceso cont1·a JJÚ·oulede,
AS I L.O F"AR-"· I-IUe:RFANAS.
~~

m día primero del entrante se inaugurará en la
capital de Qoahuila esta casa de_ beneficencia fundada por el señor Don Ennque M:aas y su
esposa, Doña Trinidad Narro de :Maas, quienes
han cedido para tan noble objeto una hermosa
quinta situada en la parte más pintoresca é higiénica de la ciudad.
El asilo está dotado con e] &lt;:apita] de doscientos mil pesos que le asignaron los fundadores y
según la voluntad de éstos, las niñas asiladas
recibirán en él, educación, amparo y protección
cariñosa que les haga olvidar su de,gracia. En
tal virtud, y para que las beneficiadas sean atendidas con toda eficacia, se limita á cuarenta su
número, á menos que los rendimientos del capital
permitan ampliarlo, y sin que el aumento redunde
en perjuicio de las ya asiladas.
La quinta en que está el asilo es un local admirablemente apropiado á su objeto por las excelentes condiciones higiénicas que reune.
El señor :Maas es oriundo de Guterloh, Westfalia; vino al país el año de 1846 ~- en 48_ se e~tahleció en el Saltillo. donde contraJo matnmomo
con la señora Dofül Trinidad K &lt;1rro. Los esposos

or. D on E 111'ique Maas.
Maas n o han tenido hijos en su unión, :v hoy, que
cuentan con una gran fortuna, consagran buena
par te de ella á aliviar la suerte del huérfano.

OC: ORDEN DE LA EMPERATRIZ.
~

SALTILLO - Asilo « Tl'inidad N .ilíaas&gt; para /mé1'{anas.

JI,~

En un país dende el absolutismo es cosa qu e nadie se atreve á di~cutir, donde hay que aceptar ciegamente y sobre la marcha la orden de un superior,
el monarca má~ juüo y más sabio debe temblar
ante las fatales consecuencias de un mandato irreflexivo ó precipitado (,i es hombre de conciencia),
puesto que nadie o,aría hacerle objeciones, por
descabellado, c-rnel ó torpe que fuera lo que )llanda~c.
· J~jcrnplo mu~· c-urio~o de e~to es la siguiente
?nécdota, que el Conde ele Segur incluye en sus
memorias, aRegurando que se trata. de un hecho
rigurosamente hi~tóric:o, ocurrido en la corte de
RuRia, bajo el reinado ele Catalina II.
1:'n extranjero inmen~amente rico, llam:vlo Snderlan&lt;l, había-e naturalizado en Rusia y era ba1t-quero ele la C'orte.
Su amení,:imo trato, rn amahilidacl para con todo el mundo, ~- espec-ialmente ~u intachable h1,n raclez, le ~1ábían granjeado grande::; simpatías en la
capital; pero de nada mostráhase el más satisfecho que de la prirnnza en que c~taba con la Emperatriz, la cual sentía por Suderland un cariñoso
afecto y le ilistinguía sobremanera.

�.ltL HUNDO,

374

Una mañana despertó al banquero su ayuda de
cámara con la estupenda noticia de que la casa esta.ha rodeada de guardias y que el Jefe superior de
policía deseaba hablarle mmediatamente.
Reliew, que así se llamaba dicho j,efe, entró en
la habitación de Suderland con una cara
tan tristona y compugida que nada bueJl,o presagiaba.
-Señor Suderlancl,-le dijo-heme aquí en situación penosísima. . . ¡ E~toy verdaderamente
consternado . . . . . . y tanto que, á serme posible,
presentaría ahora mismo la dimisión de mi empleo
para no verme obligado á ejecutar la orden que
acaba de dar nuestra Soberana, orden tan severa
que me espanta sólo el recordarla . .. Cuando tan
irritada está con vos S. M. muy grave debe ser el
delito que habéis cometido.
- ¡ Yo, caballero !-respondió Suderland.-Si
vos ignoráis cuál es mi delito, no esperéis que os
lo declare, pues estoy tan ignorante como vos de
cuál podrá ser. . . ¡ Por mi honor os lo juro! P ero, en fin, ¿ qué orden es la que debéis cumplir ?
-¡ Ay, señor !-&lt;lijo Reliew bajando los ojos.En verdad que me falta valor para decíroslo . . ..
-¿ Habré perdido la confianza de la Emperatriz?
- Si fuera sólo eso no estaría yo tan consternado, pues el favor perdido puede recobrars.e.
-¿ Me desterrará tal vez á mi país r
-Eso sería, sin duda, una contrariedad, pero
con vuestras riquezas ¿ dónde no se vive á gusto:'
-¡ Dios mío !-exclamó Suderland temblando.
-¿ Me querrá enviar á la Siberia '.-'
-¡Ay! De la Siberia vuelven algunos, aunque
pocos. . ..
- ¿ Quiere encerrarme en una pri$iÓn ?
- ¡ Qué suerte para vos si fuera eso !
-¡ Bondad diYina ! ;. Ordenará. pues, que me
apliquen el tormento del "knout"?

-Terrible es ese suplicio, pero muchos lo resisten sin perecer.
-¡ Cielos piadosos!-&lt;lijo sollozando el infeliz
banquero.-¿ De modo que mi vida está en peligro? .... ¡ 'l'an buena y complaciente como ha sido siempre conm:.go la Emperatriz, que ayer mismo me habló con tanto afecto .... ! ¡No, no puedo creerlo! Por farnr, acabad de explicaros .. . .
¡ La muerte será menos cruel que la insoportable
espectación en que me tenéis!
-Pues bien, mi querido señor Suderland,-&lt;lijo al fin el jefe de policía con voz ahogada por
la emoción. Nuestra. graciosa. Soberana me ha dado
orden para que hoy mismo. . . os mande disecar.
-¡ Disecarme !-gritó el banquero en el colmo
del terror.
- Sí, disecaro,-, ni más ni menos que á un pájaro 6 un perro. . . de esos que se ven en los museos de historia natural.. ..
,-¡ Dios me valf!a ! ¿ Habrá perdido el juicio la
Bmperatriz? Pero vos, señor Reliew ¿ cómo no la.
habéis hecho comprender la extravagancia y barbarie de esa orden inaudita?
-¡ Ay, mi pobre amigo! Hice más de lo que,
en otro caso, me hubiera atrevido á hacer, permitiéndome formular humildes objeciones ...
Pero la augusta Roberana montó en cólera y con
tono irritado me dijo: "¡ Salid de aquí inmediatamente, y no Of\ olvidéis de que la primera de
vuestras obligacione~ es obedecerme sin chistar!"
Imposible sería. describir la desesperación del
banquero, que Reliew contemplaba con harta. pesadumbre; pero como el tiempo transcurría, y era
forzoso pensar en la propia seguridad, por mucho
que le interesase la agena, el jefe de policía advirtió á Suderlancl que sólo le dejaba un cuarto
de hora para disponer sus asuntos.
:Entonces el pobre señor le rogó por todos los
santos del cielo que le permitiera escribir cua-

Domingo 24 de Diciembre de 18H,

tro letras á la Soberana y que le diera de vida
el tiempo preciso para recibir respuesta ó denegación de ella. Tantas fueron sus súplicas que Heliew, haciendo constar que su complacencia podría ponerle en grave peligro, accedió á la solicitado y él mismo se comprometió á llevar el pliego, no sin poner antes guardias de vista al reo
con la consigna (bajo pena de muerte) de no de:
jarle salir de la habitación, ni hablar con nadie
y que si alguno intentase penetrar en aquella pie~
za fuese detenido por sospechoso.
Y a en la calle, se sintió Reliew sin valor para.
presentar;;e á la Emperatriz con semejante embajada . . .. y ocurriósele la luminosa. iilP.a ile poneren autos de aquel negocio al conde de Bruce rogándole que se encargase d.:; tan espinosa . c~misión cerca de S. 1'1.
· Cuando el conde supo de lo que se t rataba
sospechó que el jefe de policía se había vuelt;
loco, y por primera providencia mandó á los criados que lo ·sujetasen, mientras se llamaba á un
médico. . . . Las lamentaciones, gritos y resistencia de Reliew no dieron mejor resultado que confirmar las sospechas del conde; acordándose luego de Suderland, cuyo escrito tenía á la vista
partió inmediatamente á su casa; pero al quer e;
penetrar en la habitación donde gemía devoradopor la impaciencia el mísero banquero, los guardianes de éste, cumpliendo la rigurosa consigna
recibida de su superior, uetuvieron al conde, encerrándole en otra estancia.
Por lo que se ve, no llevaba trazas de desenmarañarsé aquel complica.do negocio: los guardias esperando nuevas órdenes del jefe, este prisionero del conde, el conde en poder de los guardias y Suderland entre la vida y la muerte, aguardando la. contestación de la Emperatriz .. .
Por fortuna, un alto dignatario de la corte,
atraído á casa ele Suderland por rumores que ya
corrían en la corte acerca ele una "vasta conspiración," pudo hablar con el conde y sin perder tiempo transladó la noticia á S. U.
- ¡ Corred,-díjole la Emperatriz,-y mandad
que dejen libre inmediatamente á ese pobre Suderland, cuyo terror será capaz de quitarle el juicio.
No sin trabajo se comiguió libertar á los presos; y cuando éstos se hallaron relativamente tranquilos en la cámara imperial, díjoles Catalina II :
-Sabed, caballeros, que desde hace algunos
años tenía yo un precioso perrito llamado "Suderland". . .. Esta maiiana amaneció muerto, y ordené á Reliew que lo hiciese disecar. Me pareció queReliew no aceptaba con gusto el encargo, é interpretando yo eso en el sentido de que, por una necia vanidad, juzgaba denigrante la comisión, ledespaché con bastante acritud sin más explicaciones ..... ¡He ahí. lo que ocasionó este incidenteridículo ... que pudo haber ,:ido trágico!
R.\.MIRO BLANCO.

-------•-------nuestros

abona~os.

GRAN EOIClON DE "EL QUlJLTE."

Los P11padas P,•ra,lolPs Fuentes y «Jlinuto» que f1-abnjan en la Plaza «l,fh:fr,. •
LFot. de Ln~ge.)

Hoy recibirán los abonados do este semanar i@
el primer pliego" de la obra. de Cervantes que
publicamos. cumpliendo la promesa. que les habíamos hecho.
Como se ve, la edición es lujosa y los grabados
ele alto valor artbtico. Cu;µiplimos, pues, ampliamente nuestro compromiso al ofrecer la obra
magna de la literatura española en una edición
digna de su mérito, v en la cual insertaremoslas ilustraci011es de Do.re y ele Balaca, que han sido hasta hoy los ilustradores más notables del
tiuijote.
-Las pági11as primeras que hoy damos, son
una gara11tía de lo que podemos hacer en
el orden del perfecc-ionamiento de nuestros trabajos para. satisfacer los deseos del público que
nos favo:rece.
Hemos ordenado un sobretiro del "Quijote"
para responder á la demanda de esa obra, que repartiremos sin r ecargo en el precio á loS" nuevos
abon ados con el primer número de Enero.
,
"NueF-tra Señora de P arís" quedará concluida
en la primera quincena l"!.e Enero.

Domingo 24 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO

;¡75

�EL MUNDO.

376

.oomtngo 24 de Diciembre de 1899.

Domingo 24 de Diciembre de 18119.

rías I Y se echo á reir

RBOf\L0 DE, NA.VIDf\D ·
Cuando se cerró la puerta, el corazón de Weston
latió fuertemente al mismo tiempo que de sus labios se exhaló un suspiro. Un viento frío barría
en las calles los copos de nieve, y á lo lejos las
campanas anunciaban con alegría que era noche
de Navidad. Mientras Weston abrochaba cuidadosamente sus guantes, por la cerrada puerta salían, débilmente, las nota:.; del piano: era Isabel
quien tocaba; y Weston la veía en t&lt;u imaginación,
con su puro y delicado per.fil, y su tiOnrisa discreta.
Mientras cruzaba la avenida, mil pensamientos
bullían en su imaginación. ¡ Cuán loco era! ¿ Qué
derecho tenía él, un pobre profesor de matemáticas de la escuela de Señoritas en Howm:d, para poner sus ojos en la hermosa Isabel? Ni qué razón
había para que hubiese ido á pasar sus vacaciones
de Navidad á Nueva York, en vez de irse á la quinta de sus padres, donde debía estar ya? ¡ La quinta! Eso era todo lo que poseía, "ensó amargamente; y ¡ cómo había de llevar a11í á esconder á
la pobre joven! Oh!. . .. ¡ cuán avergonzado se
sintió esa noche, cuando Llabel le dir igía la palabra!. y qué ruda le pareció su mano mientras
oprimía la de I sabel al despcrliTse ! ¡ Qué locura
pensar en ella! ¿ Por q•ué se le ocurrió á Buckley,-su condiscípulo y á la vez p1·imo de I sabelen un momento de espontaneidad cordial, llevarlo á pr E)sentar á la casa de aquella linda joven
que, sin saberlo, le causaba tantas preocupaciones? ¡ Cómo envidió el pobre W eston á su amigo
Buckley porque, siendo tan tarde, aun se quedaba
esa noche en casa de su prima. muy sentado cerca del piano, oyéndola cantar, con toda la familiaridad del amigo íntimo y del hermano! I sabel
aún estaría cantando .... Oh! su dulce voz! su
acariciadora y dulce voz!. .. .

1

El viento seguía soplando con fuerza. De
pronto, alguien se interpuso en su camino.
-¡ Feliz Navidad tenga usted, caballero! ¿ Sería usted tan generoso de proporcionar una ayuda á una infeliz mujer que hoy mismo ha enterrado á su marido, y que tiene dos hijos enfermos? ...
El profesor no pensó por esta vez en su corto
sueldo, y llevando la mano á uno de los bolsillos
de su paletot, sacó una moneda que alargó á la
vieja, quien se alejó rápidamente; pero, junto con
la moneda, salió del bolsillq un pequeño paquete,
envuelto cuidadosamente y atado con un listón
azul.
W eston, asombrado, no se cansaba de dar vuel-

tas al paquetito sin comprender lo que aquello sería. ¿ Cómo había venido á dar eso á su bolsillo ?
¿ Sería acaso una mala pasada que alguno de sus
amigos querría jugarle?
Después de un momento de vacilación, decidióse por fin á romper la envoltura del paquete. Era
una cajita de cartón. Abrióla. ¿ Qué había ~dentro? Un pequeño corazón de plata, reluciente
como un diamante. Lo tomó en sus manos para
examinarlo ..... ¿ Qué significaba aquello ? ... .. .
De pronto la calle pareció iluminarse con una luz
nueva, y á esa luz Weston creyó ver un rostro de
mujer .. .. sí, era ella que se levantaba del fondo
de su pensamiento, la misma, era Isabel con su
dulcísima sonrisa y sus grandes ojos .... X o, no
era una ilusión. Se apoyó en el poste y sé entregó
á los más halagadores sueños. ¡ Sería posible! Es
decir, que ella había comprendido la gran adoración que le profesaba, y mirando su humildad y
timidez le daba ese corazón, significándole con él
que admitía su afecto y que ella también. . ...
Una inmensa alegría sintió que le subía como
ola, del corazón al cerebro. Sintió que sus piernas
vacilaban, y que le faltaba la respiración.
-11.fañana, pensó, mañana volveré á verla, y entcnces podré decirle cómo la amo y cómo la he
amado desde el primer día que la ví.
Corto se le hizo el trayecto que debía seguir
para llegar al hotel. Deseaba ya estar solo y poder entregarse á sus pensamientos. La imagen de
Isabel transformar ía su cuarto.
Prendió la luz, colocó la cajita sobre la mesa y,
acercando una silla, sentóse y quedó mudo y pensativo ante el pequeño corazón, con la misma placidez con que los devotos clavan sus ojos en las
imágenes.
Sus pensamientos comenzaron á tomar forma, y sin descender del
país de los ensueños,
pensó de una manera
más formal. Cierto era
que su sueldo no ascendía á una gran suma, ni
mucho menos ;-aquí la
sangre se le subió al rostro--pero dentro de tres
años, quizá dentro de
dos, sus entradas serían
mejores. Y lá casita en
que el profesor de matemáticas vivía, allá en
Howar.d, ya sería suya
para entonces, y cada vez
que llegara á ella, una
vez terminadas sus clases, Isabel estaría esperándolo en el pequeño
vestíbulo. ¡ Y qué alegres
veladas serían aquellas,
endulzadas por el canto de la joven! ·
A este pensamiento,
los ojos de Weston se llenaron de lágrimas. ¡ Y
cuando pudiera llevar á
Isabel á la casa paterna!
¡ cuando su madre pudiera estrecharla entre
sus brazos!¡ Oh! qué hermosa i.a encontraría, le parecería un ángel y
cómo iba á quererla .....
Y en su imaginación veía abrazadas á las dos
mujeres, el cabello blanco de la anciana junto
á los rubios bucles de I sabel; la morena frente de su querida viejecita, apoyada en el hombro
suave de la niña encantadora ...
Era tanta la emoción de W eston, que las lágrimas resbalaban por sus mejillas, mientras repetía con sorda adoración:
-¡ Bendita, bendita sea!
Unos bruscos golpes dados á la p~erta, lo sacaron de su ensueño; y á la pregunta de ¿quién?
la voz del muchacho portero respondió:
-Una tarjeta para usted y u:::i. caballero que á
la puerta espera.
Weston abrió precipitadamente y se encontró
con que la tarjeta era de su condiscípulo Buckley.
-¿ Digo al caballero que suba? preguntó el
muchacho.
- Sí, y r1ue pase, respondió Weston.

l

Y de pie, en ei dintel de la puerta, esperó la
llegada de su amigo, mientras pensaba:"¿ qué motivo puede traerle á mi casa á esta hora? nunca
han sido frecuentes sus visitas." Un pensamiento repentino cruzó por su imaginación: ¿ sería
algo que viniese á echar por tierra sus ensueños?
Un siglo le pareció que tardaba Buckley en subir la escalera.
Rápidamente se dirigió hacia la mesa, tomó la
caja donde brillaba el corazón, y la sepultó en
el bolsillo.
Buckley entró en el cuarto con mucha naturalidad.
-Buenas noches, Weston; ya imagino que te·
extraña verme aquí á semejante hora; pero no ignorando yo que acostumbras salir muy temprano,.
quise venir á buscarte hoy rmsmo.
-¿ Se trata de la s(lñorita Isabel? ¿le ha sucedido algo ?-preguntó W eston.
-No, nada ha ocurrido á Miss Carston, está,.
bien; sólo que. . . ha sucedido una cosa graciosa,
inesperada ...
W eston, muy nervioso, acercó á Buckley un:)
silla para que tomase asiento.
Sentóse Buckley. La luz de lámpara iluminaba su rostro, bastante hermoso, aunque un
poco ajado por la vida disipada; y su aspectoelegante contrastaba singularmente con la apariencia humilde de aquel cuarto de hotel de segundo orden. Sacó su cigarrera ofreciendo un
papelillo á W eston; pero, éste, con un movimiento·
de cabeza indicó que no fumaba.
-Pues bien, dijo Buckley, lanzando una espesa bocanada de humo; la cosa es por demás
graciosa, y vas á oírla. Después que abandonaste
la casa de miss Carston, ésta se puso 5- cantar y
yo aún permaneci allí. Cerca de ias once me d€spedí, y al tomar del perchero mi paletot y comenzar á ponérmelo, Isabel, mirándome de pronto, fijamente, me preguntó con gran ansiedad:
"¿ Es éste su paletot de usted?" á lo que yo hubede contestar. "Por supuesto." Entonces ffilSS Carston, echándose á reír con toda su alma, se puso á
gritar: "¡ Dios mio, Dios mío! ¡lo que he hecho!''
Y entonces me contó ésto : que había comprado
para mí un regalo de Navidad, pero que Pª! ª
que mi sorpresa fuera más agradable al ver.o,
pensó no dármelo en propia mano, sino ir secretamente á donde estaba mi paletot y echar la
cajita en uno de los bolsillos para que y_o la
encontrase al llegar á casa. "¡Oh! las muJeres,
agregó Buckley, siempre andan haciendo tonte-

EL MUNDO.

dad.

Después continuó:
-Aquí está lo gracioso, qu_e en vez .de echar
la cajita en m1 paletot,
fué á echarla .. . .. .
.Al lle~ar aquí se inte-

l

doble! ¡ Fervor de las misas celebrada~ ante el
ara de incontaminada blancura! ¡ Embnaguez de
besos bebidos en los cálices de las purpúreas bocas! ¡ Apuraría todos esos goces. Y lernntaría el
Una hada me dió una perla orgullo de mi frente.
diciéndome :
.Pero en aquel momento la mujer q~ie. ado~o se
-Todos creen que las perlas apoyó sobre mi espalda, curiosa de nu silencio, y
se forman en las conchas, y no sentimuycercadel bigote ese soplo tierno precursor
es así. Las perlas son lágrimas del beso. Oh! qué hermosa es. ¿ ~le encantaría hasta
que caen en el mar de las pe- aquel grado la perla-mujer más bella quizá, pero
queñas Elegidas, regañadas por no más deliciosa'.-' ¿ Acaso, por el amor á la perf~~r::=-)
Santa Gudula y Santa Veróni- ción hay que renunciar á imperfecciones exqms1l_=-,
ca, (institutrices del paraíso) tas y adoradas r P erdería tal vez. Por otra parte,
por haber hecho novillos á lo al contrario de los grandes amantes que conducen
largo de la Vía-Lactea.
consigo un innumerable rebaño de Elviras desola-Siempre lo había dudado, das, yo he tenido ~iempre,-lo confieso--el horror
afirmé.
de la novedad.
-Por lo demás, repuso, no
¡ Qué hermo;;o sería habitar un palacio don~e
se trata ele esto. Mira bien lo como el que Pedro Comeille evocó para Psych1s,
que te doy. Es la más clara, la todo está hecho para el deleite de los ojos! La nomás pura, la más exquisita de bleza de las arquitecturas tiene por qué agradar á
las lágrimas lloradas por los co - las almas enamoradas de los poemas bien ordenados
legiales del cielo. Ni Teodoro y blanºcoscomo rcale8 vestíbulos. Pen~é que no sería
de Banville hnbiera podido en- malo convertir la perla en un soberbio edificio. ¿ Y
contrar una imagen digna de fi- si se transform:1ra en un suntuoso dominio, de angurar el milagroso esplendor chas avenidas, donde se pasearan hasta el horizonte
suave de esta perla. En una del mar mis suciios seüoriales? ¿ Si hiciera de ella
un corc~l rápido como el viento, de crines de repalabra: es perfecta.
-Cómo te agradezco tu re- lámpagos que me llevara por los v~rtigos d~ la
ilusión? ¿ Si la transformara en vestidos ta11: neos
galo, buena hada.
-Me lo vas á agradecer más. como no tuvo iguales Sardanápalo en su trmnfal
A esta perla maravillosa que hoguera, ó en un festín cuyo olor, derramado por
nada se le podría comparar, 1~ todas partes, fuera á despertar el hambre resucitahe concedido, tocándola con nu da clt: 3rillat-::i::,·arín y de 11onselet, ó una carroza
varita de avellano incrustada resplandeciente que atravesara entre el entusrnsmo
de rubíes, el milagro de con- de las multitudes, ó un manto de Emperador, ó
' vertirse, según tu deseo en no una corona tan cle~lumbrante que se humillaran
importa qué sér ó qué cosa y ante ella todos los diademas y todas las tiaras? Toconservar bajo su nueva forma das estas metamorfosis de la perla tenían por qué
su belleza incomparable. Esco- tentarme.
Podía también desear que se convirtiese en el trocoge pues : y si quieres que se con~ierta en es~r~lla,
brillará inmediatamente más radiante que Smo Y
Venus y Orión y Aldebarán. .
-Ah! grité entusiasmado, qU1ero que sea .. . ..
-¿ Una mujer? interrumpió el hada. De tí esperaba ese deseo · sabiendo que no eres de aquellos,
bastante raros, por lo demás, á quienes inspir~ horror el tono rosado de las frescas bocas íemerunas.
Sin embarcro no te apresures; nos solemos arrepentir de l~s' decisiones prontas. _?eja P!sar tiempo, reflexiona, y sobre todo, suena. Manana !endré á ver la elección que has hecho. ¿ Convemdo?
-Convenido.
-Hasta mañana, -poeta.
-IIada, hasta mañana.

El Poeta y la Perla

con la mayor naturali-

.

-

tem1pió bruscamente y mirando á_ W eston:
- ¿ Qué tienes? le preguntó te sientes mal ?
El profesor dió algunos pasos por el cuarto, y
rehaciéndose cuanto pudo volvió á sentarse diciendo:
-No, no es nada, gracias. Continúa.
Buckley sacudió la ceniza de su cigarro y concluyó diceindo :
-Pues no hay más sino que te has venido con
mi regalo de Navidad, y vengo á reclamártelo. A Isabel le dije que lo probable era
que no lo vieras; pero ella no quedó tranqu~a
sino hasta que le hice formal promesa de vemr
á recogerlo. ¿ Has dado ya con él?
,
Weiton echó hacia atrás los bucles que barnan
BU frente. Sus dedos apretados en la caja en
el fondo del bolsillo no podían alargar el regalo á Buckley. Por fin, haciendo un gran esfuerzo, entregó á su amigo la caja. , .
. _
- ¿ Será ésto? dijo con voz deb1l fingtencto
una sonr isa.
-Gracias Weston, respondió Buckley, gua~dándose la caja. Gracias, y permite que me retire, lo que no haré sin decirte que _Isabel Y yo vamos á casarnos Nuestros viejos han arreglado ya
el negocio v yo me dejo guiar por ellos. Des:
pués de todo no es Isabel una muchacha desp~eciable, y por otra parte no gusta de romanticismos, lo que me halaga mucho.
El profesor se clavó las uñas en las nalmas
de sus manos, y estuvo á punto de caer sobre
la mesa.
- ¡Cielos! exclamó Buckley al verlo, tú estás
malo. Vamos á que tomes algún confortativo, ó
permíteme ir por él.
Weston movió la cabeza:
- No es nada, no es nada, el frío ... . Siento
mucho haber sido la causa de que te molestaras,
teniendo que venir tan lejos, con esta noche.••·
- No eso no · dijo Buckley. En fin, todo se
ha arreglado. B~enas noches, no olvides ir á la
boda.
Al abrir fa puerta un gran murmull? lo i_nvadió todo. Un cañonazo se oyó á la dist~nCia,
Y en seguida todas las campanas de la cmdad
repicaron á vuelo.
- Noche de Navidad, gritó alegremente :i3uckley, mientras bajaba la escalera. Muy feliz te
la deso, Weston; aéüós otra vez.
,
El profesor cerró despacio la puerta Y au~
8~ ~uedó allí por algunos instan~es. Después,. dingiéndose hacia la mesa sentose en la silla,
mientras dejaba caer la cabeza entre sus manos. · ·
THEODOSIA GARRISON.

377

II
A decir verdad, estaba seguro de que ni la
refl.ección ni el sueño,
modificarían en modo
alguno, mi instintivo y
racional anhelo. ¿ Qué
tesoro equivaldría á la
más bella de las perlas,
convertida en mujer?
Ya el éxtasis que hizo
reventar en un instante todas las rosas de la
tierra, y encenderse la
luz y cabrillear el profundo mar
cuando
Afroditaseirguió en medio de un tenue vestido de espuma, me encantaba el corazón y
el alma, y, no lo creeréis el cuerpo también.
' estrechana,
'
V ería,
poseería la Quimera eternamente esperada Y
nunca alcanzada de la
perfecta belleza, la perfMta belleza que hizo
reir de placer y sollozar
de desesperación á los
Fidias y á los Cleómenes. ¡ Religiosos transportes hacia el infinito
cielo constelado de estrellas! ¡ Adoración con
las manos juntas y lue. go abiertas á la divinidad de la garganta, una

�.l!lL MUNDO.

3 78

Domtngo 24 de Diciembre de 1819.

no ele rayos y de nubes donde se sienta el Padre
Eterno y donde yo me sentaría á mi vez, lo que,
en wrclad, me dejaría sumamente perplejo.

III
Al üía siguien te. de8pués de tantas r eflexiones y
sueño~. no quedaba en mí la menor vacilación.
Cuando entró el hada, c011templaba yo con ojos ser eno,- la perla que me había dado y que había p uesto, entre los papeles de mi mesa, en una copa de
bronce, en medio de un volumen de L eón Dierx y
otro de José María de H eredia.
l\Ic preguntó:
-;, Has hecho ya tu elección, poeta?
-8í, hada.
-¿.?efinitivamente?

Año VI- Tomo IC

-81.
-¿ Y no sientes ninguna tristeza por los bienes á
que has debido renunciar?
-Xinguna.
-¿ Xo dirú~ nunca que em1)leaste mal el privilegio que te dí?
-Kunca.
-Hahla pues, dijo el hada.¿ En qué quieres que
8e conYierta la perla, que bajo su nueva forma, que
será tu~·a, g-uardará su belleza incomparable?
-Yo le re8pondí : en un Soneto.

M é x ico, Domingo 31 d e Diciembr e d e 189 9.

►

CA'r ULLE MENDES.

A LA. MEMORIA DE PABLO AB.AOS.
He escuchado de pronto, en torno mío
Como un. rumor de algo que se muere,
El eco de una cuerda que se rompe,
El eco de una lira que enmudece.

~~

~~

( DE LESSING)

Plutón recibió la visita de Mercurio, que había bajado al Averno para ofrecer ·sus servicios
al dio5 de las tinieblas.
- ¿ Quieres algo para el mundo de los mortales?
-preguntó el mensajero de los dioses.
-Sí,-contestó Plutón.-Mis Furias han envejecido lllllcho; el constante trabajo les ha quitado
fuerzas y no martirizan á los réprobos con todo
el rigor que marcan las or denanzas. Deseo, por
lo tanto, relernrlas . . . ¿ X o podrías proporcionarme otras, jóvenes y fuertes? Anda, pues, y busca
por el mundo tres mujeres que puedan substituir
dignamente á mis pobres Tisiphone, Megara y
Alectona. (1)
Mientras ~Iercurio partía velozmente á cumplir
el encargo, Juno daba instrucciones á Iris, su diosu favorita .
-Venus,-le decía,-se muestra muy orgullosa é impertinente por tener á su lado las tres
Gracias, de quienes se cuentan en el Olimpo algunas historietas . . . . Quiero avergonzar á V enus
y humillarla, haciéndome servir ele tres doncellas
absolutamente castas, que jamás hayan amado y
delinquido (siquiera sea en el pensamiento) en materia ele amor .... ¿ X o se atreve á decir esa odiosa Yenus que todas las mujeres están sometidas
á su imperio ~- al del rapazuelo, su hijo? Vuela,
pues. mi l1uena Iris, y buscas por el mundo tres
mujeres de una castidad severa é inquebrantable.
Obedeció Iris, y no dejó rincón alguno de la
tierra sin visitar. . . ¡ Inútiles esfuerzos! P ersuadida de que no le era posible complacer á Juno
r egresó d'}salentada al Olimpo.
- ¡ Cómo !-gritó la diosa.-¿ Vuelves tan sola
como partiste? ¡ Oh, castidad, Yirtud sublime,
cuan ol Yi,lada te tienen los míseros mortales!
-Excelsa Juno,-contestó Iris,-hubiera podido traerte tre;; jóvenes perfectamente castas, que
jamás habían amado á ningún hombre, que á ninguno habían favorecido con una sonrisa v cu yos
corazones nunca habían palpitado á impi1Ísos c1el
más le,·e J.e~co amatorio. . . Pero ¡ay! llegué demasiado farde .. .
-;.Y bien?
- )Jercurio, en nombre de Plutón, se había ya
apoderado de ellas.
-~ F ;, posihle? i Tres jóvenes que eran la castidad, la virtud misma, que no habían amado
nunca ... ! ¿ Qué quería Plutón hacer de ellas?
-Furias ...
(1) F ;,to;: nombres significan : "rabia, carnicería
y envillia."
•

Yo conoc_í esa lira eu otro tiempo
Fugaz, fugaz, primaveral y alegre;
La conocí cubierta de amapolas,
La conocí ceñida de laur eles.!
~

¡ Cómo vibraba el ritmo cadencioso
Lleno de amor y de ternura siempre,
A la luz de la estrella matutina,
Bajo el follaje de las hojas verdes!
~~

¡ Ay, cómo entonces se acercó al oído
L a rima de tus versos dulcemente,
Con la magia de un himno que despierta
O el hechizo de un canto que adormece!

SIN SOMBRAS.

~

~~

Y áun oigo, dulce bardo t us cantare5,

La noche no es triste, si el cielo en que arde
el último rayo que alumbra la tarde
conser va los vivos reflejos del sol:
la noche, con astros lucientes y blanco!:'.
no -es triste si llega prendiendo en los flancos
de agreste montaña su azul pabellón .
Si esconde el ocaso su cinta escarlata,
si flotan las nubes con or las de plata,
si brilla la nieve del alto volcán;
si todo se cubre con diáfano velo,
que es luz en el astro, cambiante en el cielo,
color en el lirio y estela en el mar.
No es triste la· noche cuajada de estrellas;
n o es triste, si el aire, fingiendo querellas,
inclina los juncos y arranca un rumor;
si nace el misterio. si surge el encanto,
y ocultos exhalan, el ave su canto.
¡ la flor su perfume y el alma: su amor!
¡ Oh, luna, flor casta del cielo en la noche !
¡ Abriste en la somhra tu pálido broche
y viertes doquiera tu mística luz!
El árbol se argenta con claros reflejo,.;,
se esmaltan los campos, esplende á lo lejos
la selva, y el monte se viste de azul.
¡ Oh d iáfanas horas! ¡ Oh breves instantes!
los ángeles bajan y vuelan errantes
trayendo rocío, consuelo ~' amor.
Reptiles ~· monstruos descansan inermes:
¡ Oh anciano que vela!-, oh niño que duermes!
vuestra alma se hn, ido en busca de Dios!
¡ F eliz tú, si llevas la noche en el alma!
¡ Felices r ecuerdos que viven en calma!
¡ Felices memorias de cándido amor!
La noche no es triste, si el cielo en que arde
el último rayo que alumbra la tarde,
conserva los vivos reflejos del sol!

Lms G.

URBIXA.

En esas lejanías de la muerte
Donde la juventud alzó las torres
Que nunca al polvo derrumbadas Yienen !
~~

Cúspides altas donde el sol deshace
Del desengaño ~· de la echtd las nieves.
Donde van á abri_garse los suspiros
Que le arrancan al pecho los re,·eses !
~º~

Torres á cuyos pies, más tarde. ,emos,
J,a;; pocas dichas que en el alma duermen
Echúndose á volar como los pájaros
Que al sol las plumas de S115 alas tienden!
-&lt;::)- ~

~

'l'orres ú en.vos pies la fosa se abre,
Que guarrla el barro que la vida envuelve,
Do Íl la vida renace, como el tuyo
El espíritu en medio de la muerte !
"0-v,C ~

Donde hov escuchas nuestro acen to amigo,
Donde rnn ,i llorar los que te quieren,
Donde el último Rueño venturoso
Entre los brazos de la gloria duermes.
~~,;:::,..

uuo

Duerme! . ... y tu sueño venturo~o halaguen
L eves auras de amor de tu Campeche
Y del hermoso mar que tanto amaste
El dulce arrullo de sus ondas Yerdes !

.,

)lé.xico, 1-! de Diciembre de 1899.

,TOSE PEON CONTRERAS.

j

Número 2 7

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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