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EL MUNDO I LUSTRADO

Domingo 14 de Enero ~e 19.00.

tL MUNDO ILUSTRADO
_AÑO VII--TOMO I--NÚM. 3

MÉXICO, ENERO 21 DE 1900.

Director: X.i c. B.A.FA.EX. BEYES SPÍ lfDOX.A..

da, impotente, bramando horriblemente, enseñando sus- anchas garras, fingía un horrible emblema
de la fuerza.
Shandranahur, refugiado tras del vencedor,
perdió, por el excesivo goce de la vuelta á la vida,
el uso des us músculos, y sostenido por Djuna, estupefacto se apoyó en el block de piedrn.
Mac Carthy tomó de manos de Bavadjí su segundo rifle y fué en tres pasos sobre el animal.
Intentó la tigre levantarse, ó al menos arrastrarse hacia el europeo y empujó su cabeza monstruosa, sus mandíbulas devoradoras de carne hui;nana, aquellas mandíbulas en qte tantas vértebras
fueron machacadas y confundidas tantas existencias; pero cayó sin fuerzas: James hubo de contemplarla con satisfacción vengadora y cruel, decíase que ya comprendía ella el poder del hombre;
q u e no osaría si quedaba libre, apoderarse de su
presa en las aldeas, ó que de matar lo haría apresurada y con susto, como se mata á un enemigo
peligroso.
·
·
-¿ K o la matas, señor? preguntó Bavadjí.
-No, la llevaré prisionera .. .. ¿Estás herido
Shandranahur?
-No, señor; sólo un poco débil.
Y vino á arrodillarse ante el euroneo y le besó
la mano con humildad. Gratitud y admiración infinitas brillaban en sus grandes ojos negros.
-Bueno _... . buen&lt;_&gt;, dijo James con ternura.

Una red de bambús ]a encerraba en una especie
de
jaula muy baja.
vadjí van á traer cuerdas, lienzo, parihhela y carLas
gentes de Nardonarés se apretaban en torgadores?
no de la tigre, que aun parecía formidable, con
- Ah! señor. , .. me siento más seiruro junto de
grandeza de deidad soberana, de deidad semejante
tí A11e tras de una triple muralla de bronce. •
-En ese caso, Bavadjí, puedes irte .... ¿Está á.las fuerzas mortíferas, á las siniestras potencias
de enfermedad y de muerte que han servido paen buen estado tu rifle
¿Sí?. , . Bien . ... . .
ra
que la India haga innumerables Entelequias.
Vete.
•
Unos á otros se ,alentaban, se tranquilizaban,
Bajo el cielo tan puro, la noche refrescaba. El
firmamento bebía el calor: la llanura debía estar sobre todo, con la presencia del europeo, y en el
glacial; pero, al menos, se difundía una tibieza en- momento en que 1os cazadores se aprontaban á alcantadora, una atmósfera de ensueño, ligeramen- zar al monstruo, un viejo S"e acercó, y dijo:
-Ya estás reducida á la impotencia, Devoradote pesada por la expir ación carbónica de los árbora de hombres; ya estás dominada y cautiva .. ...
les.
¡ 1::-n hombre te venció! Ahora conocerás la supreCaía la luz como nieve de átomos.
Ecitrellas muy pálidas, como que se ahogaban en macía de nuestra raza: bramarás tras de las barras
el zenit profundo, en los lagos imponderables de· de una jaula y los chiquillos irán á reirse de tu fu.
ror ! ¡Verás ciudad tras de ciudad, y desde lo alto
la Vía Lactea.
1í,nc Carty se sentó sobre una gruesa raíz de ár- · de los carros, pasar el jm¡cal y la selva de cuyas
bol y contempló á la tigre herida: tuvo, en momen- delicias nunca ya disfrutarás!. . .. ¡ Tu vida será
tos, piedad, calosfríos de misericordia que sugirió una humillación profunda, porque profanaste la
el esplendor nocturno; pero al voltear el rostro y nobleza de nuestros hermanos, y porque gozaste
ver á. Shandranahur pálido todavía y temblar á con sus angustias! . . . .
La fiera gimió debilitada por el sufrimiento; y
rada bramido lie la tigre, resurgía su cólera más
en
su sustancia obscura v en su cerebro estrecho
fuerte, semejante al odio contra un sacrilegio.
y feroz, creyeron los hi1idus que aceptaba ella la
IV
supremacia del hombre.
Cuatro horas más tarde la fiera era ya cautiva.
J. H. ROSNY.
Su cuerpo entero estaba amarrado.

¿Temes quedarte conmigo mientras Djuua y Ba-

r. . .

UNA POESIA RUSA.
Em])ezaba ;uayo cuando cayó rota la
lnverual yesttdura de Mosc.-ou. y cada
jirón de ella deshacfase en lluvia brillante que fecundaJ.m la tierra ll!lst:l
('ntonces c:omo pe,triti&lt;:Mla; y era· de ver
la colosllll cúpula ele! Salvador. donde se
quebraban refulgiendo maraYillosamenll:e los rayos de un sol primaYeral,
y cólll0 en los Mboles, que resucitaban
ií, l:1 1·i(la, asomaban, rompiendo la dura
,corteza, esos vel'des y menucl1simos brotes que son promesa de floridos ramajes.
Ya el v-eloz trineo no cor1fa las canes. Sin los pesa,dos abrigos de te1-ciope1o y pieles, se :11clverUa mejor la esbeltez ele las clamas: y en los mercado¡;;
donde se agrupaba la gente del pue.blo
con aire de fiesta, y trajes de chillones
percales las mujeres. y con la blusa r?ja del "mugik" los hombres y los chicos en los mercados babfan ya desapa1·ecÍdo lrus burdas y a!Us.imas botas ele
paño impermeable, las apenas curtidas
pieles de carnero. lo$ recios muletones
obscuros, y 'los sa.cos llenos ele pluma
con los que se cubren en el duro lecho,
ó al acostrurse en la "pieska" (que es
una enorme estufa), sobre la cual duermen las pobres ge'lltes tle Rusia. En los
tablaclillos Q'lle sostuvieron durante la
eruela estación las tarteras donde un
ne""t"l.1:uco pringue se vefa (cuando lo. mano &lt;ie.l comprador levantaba 1~ acolchadas tapa,deras) pescados ele un.posible clasificación, con las ca~as r~lena.s de cebolla picada y pmmenta en
!!1:ano y los ahumados arenques, ext€'11~idos' sobre rebanadas de pan negro,
que tenían el aire !le viejos ~ascotes dol'aclos sobre escombros pe~icl1dos, veianse en Mayo, muy col?ca.d1tas sob1-e pa.peles, sartas de rosquillas amasaclrus no
O

.;é con qué, '·b3rnizada~·• con clara de
11 ue1·0

v ",~tlornatda s" &lt;:on el menudo
grano' !le la aldormidem que se pega
:í ella$ clibujam.lo en f&lt;U brillante Sllll&gt;Cl'ficie manchas como la ,iruela malig11a .•••

En anrbos lJaJTiles rPíll.llSe nn,dar los
1)P,pinos eu espesa salmuera, los pepinos
q'lie i;,ou la tletlicia tlel pueblo ,¡·uso, Y
que lo mismo en la ca1baíía que en la
mesa señorial, son sen·idos y se com€'11
r•on gusto; y más allá a.piñábanse, sobre.
\Jlesillas clesvencijaidrus. frutas secas,
que acaso en siglos anteriores fueron
cogidas, y que, como reliquia, el vende~lor judío guarda de año en año. con •l a
clulc(' esperanza de eugañar al pol&gt;re
&lt;llablo que oompil:e poi' un par ele l&lt;0pekar aquella negruzca é incalificable
mercancía. ..... .
CoJ110 la uieve no €'1ll1Jaííaba los cristales de los escapairates, en todos ellos
!l. montonálxmse en llanrn tiva confusión
e'1 percal de mil flores, los bor'Clac!os. de
colorines, los pañ-uelos de seda as1át1ca.
r pndorosamente co1ocaclo euti-e chamnras ,istosas algún cors{) muy pespunteado y acabmlito. quP es la tenta&lt;'ión
•le la pr~umida maritornes. y que es
,m martirio desde el momento que somete sus recias costillas á la presión de
los hierros y ba'lleuas clel co1-sfl á la
moda.
En esos dfas, c,-perados con ansia.
&lt;lespués el€ "duco meses" ,de no ver en
los hol'izontes más q_uQala _blancura de
la nie,e confunclicla a t'111"1eJOS con la linea gri,:; de los celajes, la Naitura:leza
ofrece uno de sus más grandiosos esnectáculos !í s11s adoraclo1,es. El rfo Moskowa. be1Mlo dur!tnte el invlerno-y por
el cual cruzan los patinactores, que, como jóvenes que s~n, gustan de di,ver-

tiL-se sobre el ahismo-apea1as calienta
íll sol. la capa ele nie1-e que lo cubre
como si fuent de polvo de má11mol, derrítese, y se 1•p tersa y reluciente sn
~uc·ha superficie formada por un eJ10l'll1e cristal de l1ielo que á veces tiene
,m metro ele espeso!'. A esa primera seiial cid deshielo. toda la ciudad espera
1-,p,c!'earse viendo de nue,o el agua del
llookowa removida y espumeante al
paso ele los ln1ques. ~- al fin un dfa eil
hielo se agl'ieta, pesgá.r:rase con fomni•la,h le esuru,enclo. y en !eruta onda a•l
principio, y Jupgo con e1 fmpetu de una
sobrehumana p,1sión contenida, el agua
&lt;'one l'lll?iem'lo. se arremo1ina, estrecha
y clestro,m Pl neYaJOo témpru10 que ~emeja corde1·illo exánime, y suoo, y sube, arrastrando en su encrespado oleaje ramas, troncos ele ár·boles. el plateaclo per. que quedó muerto entre los hielos. la golondrina que pe1·clido el rumbo cayó n1 río cuando el agua lo cristalíz:i bn. ~• se desborda por las pobladas
orilfas. salpica,ndo los muros, a1,ra:ncando los ftrboles, coronando sus e.",IJ)umas
C'0B lo'&gt; roj i7.0S resplamclores del sol que
hl'il1'l en lfl s· revueltas oncla:s con fosforescenC'ias fantl't1&lt;-ticas. y ávida de movimiento y ele illmita,da extensión, no
para el flg1m . Sll loca caa-rera, y busca
el Oca, y unida con él, sigue basta el
Volga canda.loso. y el Valga la lleva
basta el mar CaSIJ)i0 ....
Por aquellos dfas cliéronrue á ronocer
una poesfa rnsa. bt-eve, extraña y eufóndca, hasta el punto de que, aun no conociendo el idioma en que estaba escrita, recrPaba con su airmónica resonancia el oído; modelo de esas poes1a.s que
sólo los poetas del l'torte pueden sentir

y Pxpresa,r senci•llampnte. r que son como sil V'{'stres flores, con algo de siniestra ne_r¡l'Ura en su cáliz.
Héla aq·nf:
"La selva verdegu&lt;'aba en el llano,
;r: Nl s11s pinos ele ramas obscuras. fest ouea.das de más clairo color, la h1z de
la aurora dejaba luminosos puntos, y
en sus nidos recién hechos, las tnamora das ])ft1·ejas de golondrinas canita.ban. presilllt iendo la nueYa nielada que
dentro de poco tendrían que alÍ!Illentar ....
"1' eu el. recodo mií,s hermoso de la
selrn, cloncle lrnbía más flores olorosas
r los ruiseñores cantabain mejor. y el
delo. ft tra,6s de los pinos secu'lares,
se vislmnuraba azul; allí don&lt;ie más
esplénd.ida y tranqu~la se ofrecfa á ]()IS
ojos la Natu1·ale¾a en calma, aHí. colgado de un árbol y balanceado ligeramente por la brisa primaveral. se Yefa
el cad,wer de un homb1re .... "
Confieso que tuve mucho tiempo delante el~ mí la silueta de aque-1 ahor"ªºº en medio de la selva llena de vl&lt;lH, y á YPces. al pasaa· por esos pinares. que son el mayor encalilto de Ru,;i'&lt;I. temo lm1
llflr pendiente d&lt;e un árbol
1m hombre muerto. que qulZ'á!&lt; ba sufri,fo sin ser &lt;'011s(Ylrudo y que ni aun tiene
tumba donde reposar .....
"Bra:n&lt;tkow." e,l ruutor de esa pOPsfa.
oue traducida pierde su encanto mayol',
la formfi, ha escrito otra.e; muchas que
~l público no cooocerá nunca. '·Rrautkow" vive solo, aisla.do; aiborrec,e la puhl!cidad y rechaza la gloria; porque el
&lt;lrama de su juventud es dp ,aquellos
que la sooiedacl critica despiadadamente y no olvida poi· el gusto de re!me a,l
recordarlo .....
SOFIA CASANOVA.

LA PRIMAVERA BE LA·VIDA.

SUBSCRJPr.10~ MENSUAL POB ...NE.I., $1.00
IDEM IDEM EN L.I. C.1.PIT.1.L, SL/25

Gerente: A.llfTOl!l'IO cU'i'J.S.

�•
Domingo 21 de Enero de 1900

EL MUNDO ILUSTRADO

)Ylarla querrero
Y ElTEATRO CLASICO ESPAÑOL.
~

María Guerrero se va á lo que ,licen muy en
breve cte la Metrópoli que tanto la. na qt'.eri&lt;lo y
mimado, y donde tan brillante terr.pon~!la.
hecho. Recorrerá los teatros de Puebla,•i..rtlllJHtJt1ato Monterrey, San Luis y Guadalajara; c:a!
q~iera de ellos superior á los q~e tenemos en México y acaso torne por Marzo a abnr un breve
abo~o en el que procurará darnos lo mejor de
lo mejor.
,
Ya hemos pasado J&gt;Or el primer deslumbramiento. hemo;; vii,,tc, ya á la mujer en su real tamano;
hémos comparado, porque aunque las comparaciones son odios!s, en esto de .arte dramático se
imponen, y tenemos, bien almacen~do ó c~mpando por sus respetos en esos cornllos dichosos
donde el que paga cinco pesos-ó no los pagaba derecho á opinar, nuestro juicio enterito sobre
la actriz. Como si dijéramos-y para que no se
quede sin decirlo, allá va-~Iaría Guerrero ya
está juzgada de Dios, si á Jo que afirma el antiguo
latinajo, la voz del pueblo es la voz de Dios; podemos ya discutirla; en este laberinto de nuestra
vida su presentación resulta lejana, relativamente
lejana, y sabido es que ciertos taniaños, se determinan, se hacen precisos, se proyectan y definen.
mejor con las distancias.
¿ Es una gran actriz la señora Guerrero? ¡Oh!
bien sabemos los mexicanos que ni por campanada
de bacante nos hacen la gracia los señores europeos
de tornar en cuenta nuestros laudes ó nuestras catilinarias.
Lo que del viejo continenteeviénenos consagrado por la fama, debe ser indiscutible para nos pecadores. Perclidos "en un rincón del mundo,"asendereada frase!-en un rincón del mundo que
va sin embargo haciéndose notar en el idem, ¡ qué
sabemos, pobrecillos, si hay más cielo, más sol y
más ambiente en que tender el ala temblorosa,atormenta&lt;la del amor al espacio! Nuestro caso es el
propio caso ele doña Inés de Ulloa, (mi señora
doña Inés!) confinada en la celda de su comento
y á quien Don Juan acaba por ilustrar . .. demasiado acerca de lo que hay por ahí afuera. Como
habremos de opinar por tanto! Qué sabe el neófito
de los misterios que oculta el velo de Tannit!
¿ Somos por ventura un público ó "la forma" de
un público? ¿Somos un hecho ó una virtuaiidad?

lla

cés; y por alto modo loable es en el español haber
sabido elegir su modelo.
.
El "resto·' de la compañía ... ¡..:-\.h! aquí querriamos ser un poquillo seYeros, más creemos que María Guerrero ·sabe tanto como nosotros á este respecto. Con cuántasdi:ficnltades ha luchado ele fijo la
distinguida actriz para lograr la selecc:ón que ya
se advierte en su compañía, para mostrarnos actores cómicos como el ·'Polilla" del ·'Desdén con
el Desdén!" 'l'odo se andará y se andará de modo
y manera que un día no lejano ese grupo simpático, al cual sonríen donde quiera la cJrdialidad
y el afecto, sea terso, absolutamente teno, sin otra
ingencia que la de ella, pero sin deslucimiento alguno.

• *.

:Me imagino yo la sorpresa de los buenos españoles cuando les dijeron:
-Ustedes tienen un gran teatro clási:co, acaso·
el mejor del mundo.
A los Españoles ha siclo preciso decirles muchas
cosas que han olvidado. Gn buen genio, algún hada madrina de María Guerrero, lanzó entonces á
ésta en bella retrogradación hacia el siglo de oro,
~- ella tornó ele allá como ele un maravilloso jardín de las Hespérides, trayendo consigo frutos de
oro p~ro, divina leche y tfüina miel; ambrosía de
los Dwses Inmortales.
Ningún talento ele buena ley hace este viaje en
balde. Recordemos á Ruben Darío, prestigioso
apóstata de religiones incoherentes, que se fné á
excursionar por las :floridas heredades e.a Fray
Luis y de allá vuelve 1'esticlo de amor á los niaestros y lleno de respetos clásicos.
_1faría Guerrero se enamoró de aquellos frailes
milagrosos, doctos en teología y conocedores donosísimos del mundo, y se dijo:. "Vamos á oforitt.
carlos" y glori:ficádolos ha con el tino, con propie.
dad tal, con tan escrupuloso estudio que nos los
impone sin esfuerzo, á nosotros &lt;1ue 'en las aulas
solíamos indigestarnos hasta ele Homero--á quie~
Hermosilla aplicó el sanbenito de una traducción
en verso con todas las propiedades ele la adormidera.
Cómo, pues nué no era una literatura momificada ya esa literatura oficialmente admirada
por todos los q1ie pegamos nuestra boca á las ubres
pletóricas ele la vieja madre? Pues qué la travesura
el emheleso, la ática sal&gt; la donosura de antaño'
son aún re~liclad_es que viven y palpitan? Pues qué:
se puede aun reir con Lope, discretear con Moreto y pensar con Calderón?
***·
Ante el mérito de estas pacientes y amplias rePno, c:m eso y todo, yo üic:ti:mo viejo_, castizo
surrecciones,
casi palidecen, por ser tan 0urande
como el garbanzo, súbdito de mi regalada volun'
tad, voy á permitirme el lujo de opmar, de decir los otros méritos de María Guerrero. .
.Abrillantar el recuerdo de la patria, incrustar
á mi guisa lo que se me ocurra sin darme cata de
propios y extraños, y opinaré con tanto más agra- con suave y segura mano de reina en nuestros cedo cuanto que en esta vez casi no voy á censurar, re~ros la convicción de la vieja grandeza ele Espues que censurar hay poco y que elogiar harto, sin . pana; hacernos amar por la emoción lo que fríanecesidad de que uno se encarame á las ramas de ment~ admirábamos por heredismo, magna tarea
es, seno;·a.~ por ella merecéis mucho de los mesh-os
la hipérbole.
y
de los extraños!
Y es el caso que en mi concepto, :María Guerrero es una gran aétriz, que sobresaliendo en · De tal suerte, en modo tal han triunfado de
ciertos caracteres, en determinadas obras, goza del nue~o merced á vos los clásicos, que vuestras copreciado y poquísimo común privilegio de una medias modernas-salvo las catalanas-inaenuamente insistentes, infantilmente doctrinari~s, te. flexibilidad de talento singular.
Podrá estar ora á grande altura, ora á menor, na&lt;'es en arreglos convencionalísimos ele hecho,; enderezados
á probar tesis ortodoxas' no nos ouustan
según sus idiosincracias y las afinidades más ó me.
nos misteriosas que hay siempre entre una actriz srno porque vos las hacéis.
Vuestro recuerdo es ya nuestro, señora. Hemos
y esta ó aquella creación de un genio; pero siempre es ella, con profundo estudio, con alto respe- de encen_derle una lámpara cuando marchéis una
to al arte, con recursos inspirados, con g~niali- blanda lámpara votiva que centellee clulce;rnnlo
dades adorables. Es siempre ella enseñoreada de en nuestro corazón donde habéis semb1;aelo la es•
la escena. Es siempre ella, dominadora del público. piga de oro de la emoción noble y santa.
Y sed bien venida y que Dios os acompañe!
.Algunas veces acuérdase de que es española y entonces solloza . .. con ese sollozo que ya nos sabemos
AMADO XERVO.
de memoria, timbre genealógico de qué sé yo
cuantos actores que de memoria no quisiéramos sabernos; mas afortunadamente la actriz moderna
~e impone á los resabios, á los heredismos, á la
~
fatal tradición, y entonces ... ¡ oh! entonces, todo
homenaje es merecido por su t3:lento.
En estos momentos, en que María Guerrero
En Díaz de ifendoza hay discreción, no en ese nos tiene envueltos en una densa atmósfera de arsentido misericordioso, conciliador y diplomático te español, y en que "}[inuto" y Fuentes nos tieque los cronistas de teatro van dando á, la pala- 11&lt;:n illlpregnaclos basta la médula, de pr&lt;~í.a,;
lJrilla, á las veces despectiva como el desolador tauromáquicas, viene á mi memoria un hecho.h1?epíteto de "virtuosa" aplic11clo á una fea; sino dis- roic9 que rcuercla á E,parta y con el que ,;e cuneción en el buen sentido del vocablo: justa apre- 1,ri~ d\ gloria e~ famoso matador P edro Romaro.
c-iación de los caracteres, sobriedad, conciencia,
Lnriendase bien que no se trata de una proeadaptación serena, repugnancia á toda exajeración. za taurina, de una ele e~as hazañas en las que el toFernando Díaz de Mendoza ha estudiado mucho rero ostenta, á la vez que su valor, su · destreá ese gran mago que se llama Coquelín; á la legua za, burlanc.lo las furia;; de la res y sus brutales
S'} ve la influencia omnipoderos.1 de! ir.genio franllCO!netidas; no se trata de c:1 qniebro en b ~1.r::,
0

HEBOE Y TOBEBO.

•

•

Domingo 21 de Enero de 1900

de un volapie en· las tablas, sino del sacrificio lfo
una vida en ara;; del 'pa~riotisrno y ele la clignida&lt;l.
Era el año de 1809; el gran X apoleón, el hacedor y clesfacedor ele reyes, había sentado sobreel trono de San Fernando á su hermano ,J osé.
E~paña arel ía; detrás de cad,t matorral se emboscaha un defensor de la nacionalidad y ele la j1,tiria; los frauceses no eran dueños sino del terreno
c¡ue -pisaban, y el rey José escribía á Napoleón:
'•]-&gt;ara gol,emar á España, necesito leva¡itar diez.
mil cadal~os v disponer de un ejército de quinientos mil honibres." El rey de pega hacia una figurilla bien triste en 1[adri&lt;l, viviendo menos preciado,
casi solo, sin más corte que su casa militar y tres
ó cuatro partidario~ e~~ñoles, tibios y poco entusiastas pnr su rey.

EL M"'(JNDO ILUSTRADO

para que sea un excelente c011trapunti?ta y un ~dmirable improvisador; nunca olndare las variaciones que en cierto día de Pascua y en el Canon
ele misa improvisó estando yo_presente, acerca de
este motivo melancólico, tan oído JJOr las calles
ele París:

~-&lt;:::,-

Para dar m1 poco ele animación y de vi&lt;la á aq11ella tótrica corte, para presenta, al tey ,losé al pueblo de }fadrid y para promover una manifestación,
ya qne no dr.entw,iasmo, siquiera de simpatía hacia el mo11ai-ra exótico, se organ:zó una suntuo~a
corrida que debía de presidir José Bonaparte.
Pedro Romero se encontraba á la sazón e11 1faclrid, y un poeta y dramaturgo adicto al nueYo rrg.imen, se encargó ele abordarlo y de proporner!,i
que toma:-;e parte en la corrida.
-Xo puedo, sei'ior, contestó con contrarie&lt;lt1&lt;1
el rnajo--mai'iana al amanecer parto para Sc1·illt1.
-Ko partirái- sino basta el martes. El !une.•,
&lt;le por fuerza torearás en Madrid.
-)lucho placer tendría en obedecerle, agn•gú
Ho111ero, pero eso que me pide es imposible.
-Pues tiene que ser; los carteles están y.1 in11-•reso$. Tú eres quien tiene que dar esplendidez
al espectáculo y serás pagado con largueza.
-La corrida, replicó con entereza el majo, ~k he presidirla ese rey que nos han traído ahora · al
brindar el primer toro, tendría que doblar la 'rodilla a~te él, y Pedro Romero, no la dobla, si11n
ante Dws y ante Don Fernando VII, que es el único monarca que reconcen los verdaderos espailoles.
El e~sario palideció hasta la lividez, contra.jll
los labws en un mohín de cólera, y .después ,1e
1ma pausa, exclamó con sarcasmo:
. -Pues la dobl~rás, mal que te pese. Pre:
viendo tu renuencia, he dado aviso al Corre&lt;lgio1;;á es!as horases~ás vigilado por la policía y no
1·c-dras salir de Madrid hasta no haber toreado el
Junes. Pi~nsa lo que haces; tienes mujer é hij0~,
Y los que tienen esas cosas si st1ele no temblar ante
. lai, ,lstas ele un toro, suelen temblar pte los palos
1
de la horca.
El emisa~·io ~e . retiró; Pec~ro permaneció unos·
m•)mentos mmov1l y pensativo, después lernntó
la caheza y se dirigió tranquilamente á su albergue.

•

Empujé la puerta, cuyos bordes estaban recubiertos con burlete y entré en la iglesia á la hQra
¡ Ropa vteJa que vender!
de la misa mayor.
.
¡ El trapero!
'Cna ráfaga de aire tibio, en que se combmaban
Estuvo tan hábil como el músico Bach, y estoy
€1 olor de los cirios encendidos, el perfume del
incienso y el tufo del calorífero ine clió en el ros- convencido de que al oírlo, lloraron de alegría•
tro, al m.ismo tiempo que llegaban á mi oído el mística en el Paraíso todos los ángeíes, arcángeles,
penetrante rumor de las monedas de diez céntimos serafines, querubines, potencias, virtudes, tronos
.aaitadas en la vieja. bolsa de terciopelo por la da- y dominaciones.
n~a postulante, y el canto llano, penetrante, uní- • En mi estado normal, soporto la música; pero
sono, de los chantres ,que decían allá, en el fondo cuando estoy triste, la amo, en especial la música
de iglesia. Por eso iba á visitar á Hermann.
de la iglesia, en el coro:
En aquel día estaba triste ¡oh! tan triste como
-"Et cum spiritu tuo."
Pero dí media vuelta á la izquierda, pasé por un mes de lluvia "en un puerto ele mar." ¿ Por
una pequeña puerta ojival y de repente dejé 'de qué? ~o lo recuerdo. Quizá á cau;;a de la niebla
}lercibir todo ruíelo, respiré la atmósfera perncla tjue siempre me produce una inquietud abrumade las cuevas y recibí en los lwmbros una impre- dora, ó tal vez por melancólica .displicencia, por~ión desagradable de frialdad: me encontraba al que la vida es corta y los días son largos. ¿ Sería
pie ele la escalera de caracol que conduce al cuar- · tal vez la causa de .aquel pliegue que sentía en
to del órgano, en donde iba á ver', en este do- el corazón, la deslealtad de algún a.migo ó la inmingo, á mi a.migo Hermano.
fidelidad de alguna mujer? ¡ Qué importa! Como
¿ Ha notado el lector la semejanza que hay en- ,quiera q ne fuese, tenía el espíritu conturbado;
tre las escaleras que conducen al cuartu~ho ele los mariposas negras volaban por mi cerebro, y me
organista.s y las de los entresuelos de las tiendas sentía inclinado á acusar al destino de no darnos
de vinos? Tal vez por este parecido mi amigo la felicidad más que en dosis homeopáticas.
Hermañn es muy aficionado á tomar en el alEl órgano de Hermann-~oel ~- Chapsal nos
muerzo vino de Chablis y caracoles, y suele llevar obligan á escribir esta frase bárbara--es "uno" de
algunas manchas de la salsa de éstos en la inamo- los más "grandes" de París: visto desde la nave
vible corbata blanca, todo lo cual no es obstáculo del templo, tiene un aspecto magnífico. á ocsar

~0-&lt;:::,.-

a"e su orname1!ación de pes1mo gusto, c.on sus
· altas torrecillas, sus enormes tubos ele perspectiva
que hacen pensar en las cartucheras de un circasiano gigante, y sus angelotes de madera tallada,
Yesticlos con pompa mundana v con los carrillos
inflados para soplar en sus trompetas ele oro. Subí
la escalera medio á obscuras, con menos cansancio
que vago pesar, y llegué hasta el sitio de llermann.

Llegó el lunes y la hora de la corrida.
:l~a~lrid pare?ía un cementerio; nada de aq1!c!
bulhc1oso y a1:imado desfile rumbo al circo; fütua
d~ caleser~s m n~anolas; nada de gl'itos de alegría
ni de man1festa?rnnes de regocijo. A lo Iaruo de
la carrera, los picadores, oabizbajos ytristone;y las
carror.as ele matadores y banderilleros. La pl· 7.
·
,.1.
e.,' t aba t am b.'
ien el es1erta.
Antes de la llecrada ael(•'
rey Y para -~acerl_e menos ,perceptible el desair;
de la po_blac1on, piquetes ele soldados hicieron una
leva y a culatazos llevaron alaún
público á L.l
0
plaza.
'
Llegado el momento de la muerte del toro P.c·n~~ro se acer~ó á tomar lo~ trastos, y al ha~erio,
d10 en voz haJa una: orden á un peo'n E,st
.
1 't'
•
e nlaHI·•
es o un estupor profundo y como que se rehusab~
~ obedecer, pero un ademán imperioso y tma m:rnda pentrante e.le Romero, le hicieron doblar la
cabeza y son!eterse. Fué el peón á los medioó&gt;
.:111rara11do
a la re&amp;' en trapo, l·'«- enfiJ,o y l a 1anzo
' ~
,
en lmea recta sobre el matador Rome . .ó
· á l ;!
•
10 v1 ,e111r a Hera; se cruzó de brazo~ se cua-1-,, ,
f t
·
~,
lUO a SU
ren e, y sm ~;splegar la muleta ni apercibir d
est~que, se deJo arrollar por ella.
J,omer? cayó y rodó por la arena enn1clto en
una ?ube &lt;le
vo; el toro lo enbistió, lo pateó, lo
lanzo por los. aires sin que el matador
descru 7 ara
l os brazos m 1anzara un uri to en1·, un
~
d
_
o
gellll.do·
v
cua~ o sus _companeros acudieron al quite -U:,(1
en t;er~a banado en sangre y moribundo. . ' } , '
. y dicen que el rey José, moviendo con el ,.
liento la cabeza exclamó.
e. ,L"¡ Es imposibÍe domar ¡¡, este pueblo!"

Pº!

))r. )Y1. Flores.

Encontré á mi amigo sentado en su taburete,
con los brazos cruzados, delante del teclado.
l ';w•isamente en aquel momento, clominanüo el
ruido de pisadas que desde las na,es laterales llegaban hasta nosotros, se oyó como á lo lejos la
,·oz gangosa del diácono:
-"Secuentia Sancti E, angelii .... secundum
:Matthaeum."
Entonces los dos c.angrejos de cinco patas que
sirven de manos á H ermann-vercladeras manos
de pianista-cayeron sobre el teclado, y un raudal de notas que causé un estreme.cimiento en el
corazón, se produjo tan claro, tan poderoso, tan
nutrido, tan sonoro, que apenas me dejó oír el coro. ele fieles que se unían á la música del órgano
para responder al diácono :
-"Gloria tibi, Domine."
Precisamente aquel conjunto armonioso, era el
que yo buscaba.
Pero el instrumento · debía permanecer mudo
hasta el fin del Evangelio, y, mientras tanto después de haber estrechado ·el cangrejo que ' Her0

•

�EL MUNDO ILUSTRADO
• macén pintoresco,"undibujo del hábil Granville, en el que se halla
r epresentado ese singular efecto de perspectiva. Y todas mis dichas
de niúo me acudían á la
memoria en un efluvio
de recuerdos. ¡ qué felices horas aquellas en que
abría mi caja de acuarelas y mojaba el pincel
con la lengu.a para iluminar los grabados de
un viejo librote! Quien
no haya tenido un ejemplar de los primeros
años del "Almacén pintore, co," antes de su
primera comunión, no ha
~iclo niño. ¡ Qué lejos
estaba ya de mi aquel
hermoso tiempo! Y me
~cntía más triste, más
. dcsgraciclo que nunca.
Sin embargo, el Evangelio había concluido,
los "Dominus vobiscum''
Yolvían á comenzar, se
había dicho el "Ci-edo"
y se llegaba al Orfertorio.
En este momento de
la misa, el órgano funciona sin acompañamiento, como se sabe. D~spués
de haber sacado y empujado algunos registros,
Hermann, teniendo sus dedo~ huesosos colocaclo;;
en formas de ·pata de araña sobre el teclado, y con
las piernas encogidas para oprimir los pecla_lcs,
hacía surgir del mágico instrumento un sublime
canto de oración,. y allá abajo, en el santuario,
donde se balanceaban los incensarios rítmicos,
se acababa de presentar el pan bendito.
0

mann me tendió muy cordialmente, apoyé los cpdos en una barandilla del órgano, al lado de uno
de aquellos ángeles sonoros de trompetas que era
verdaderamente monstruoso visto de cerca, con
sus mofletes de tritón de las aguas de V enalles.
Desde el sitio en que me había colocado, el golpe de vista er a admirable. La mirada podía descubrir hasta el fondo del ábside; y en verdad que no
me desagradan esas iglesias jesuíticas del siglo
XVIII, en que las nubes azuladas de humo de incienso suben hasta confundirse con los rayos de
sol que penetran por las grandes ventanas sin vidrios. Esas columnas corintias, esas estatuas del
gusto de Bernin, esos púlpitos de columnas retorcidas, esos deslumbradores altares, con sus nubes
de mármol y sus rayos de sol de madera dorada,
todo eso es de mal gusto, aunque sea de mucha
perspectiva y muy suntuoso: eso es propio del arte decllfmatorio, conforme; da idea de una plega- ·
ria escrita por un retórico, es cierto; representa
el período de decadencia, tQdo lo que se quiera;
pero á mí me gustan más San Roque ó San Sulpicio, que todas nuestras iglesias modernas, copias
de basílicas bizantinas ó de catedrales del siglo XV.
•
•
Sin embargo, aquel día, lo repito, estaba triste
y tenía ganas de llorar; nada podía distraerme, y
mientras que la nariz del diácono cantaba en monótona variedad de sonidos el pésimo latín en que
se tradujo el Evangelio, yo permanecía apoyado en
los codos en una posición de abandono, cerca del
coloso mofletudo, y dejaba caer mi mirada precisamente por debajo de mí mismo, como una plomada.
· M:uy grotesca és la humanidad vista desde semejante posición. A cada instante algunos fieles
entraban y sallan, y los sordos golpes d~ la puerta forrada de burlete retumbaban detrás de ellos
y acompañaban irregularmente la lejana salmodia del diácono. Y · veía pasar á UJ¼ hombre muy
grueso, cuyo abdomen ocultaba los pies y qµe parecía rodar sobre su vientre; con su morrión en un
brazo, un soldado, del que no se veía más que. el
círculo de su cabeza rasurada, el borde superior
de las orejas y su par de charreteras rojas; dos papalinas blancas que ocultaban á dos hermanas de
la caridad, y parecían alas que se agitan con el aspecto de dos enormes pesadas mariposas. Las calvicies eran especialmente dignas de verse desde
aquella altura; su desnudez, á las veces cruzada
por un surco, brillaba; y pude explicarme el error
del águila que habiendo suspendido una tortuga
en el espacio, tomó el cráneo de Esquilo por una
piedra, con la cual podría romper el caparazón de
su tortuga, y mató de un golpe al trágico griego.
Todos l~s que pasaban no tenían aspecto de
figuras humanas hasta que habían andado unos
cincuenta pasos en la nave central 6 en las laterales, y me recordaban un antiguo dibujo del "Al-

•

•

~

Domingo 21 de Enero de 1900

Domingo 21 de Enero de :í.900

EL M:U:NDO ILUSTRA.DO

visto al entrar situados debajo de_ la caj~ del órgano, infelices mujeres con rosan~, ancianqs de
pie ó de rodillas sobre su gorra, criadas con papalinas de aldeas,¡ por vida m~a! ¡ ta~to_peor para
los pue no pueden destinar cinco cent1mos para
la alquiladora de sillas!, vieron pasar por dclar~.te de sus narices las cestas vacías qne los monagmllo~ conducían á la sacristía, balanceándolas con
ademanes incultos. ·
.
En la situación fastidiosa de árnmo en que me
hallaba, aquella injusticia me molestó._ Hermann había vuelto á abrir y cerrar los r egist~·os;
había escogido las flautas más dulces y los somdos
más suaves para dejar oír ''las voces celestes" y
llenar la vasta iglesia• con un himno d? dul~ura y
de serenidad. :Me sentía con el corazon agitado,
y entonces tomé esta nota que acabo de encontrar
en un cuaderno de apuntes :
'-'La felicidad se parece al pan bendito de la
mil:la mayor: solamente se reparte un pedacito los
domingo·s y no todos los fieles participan de él.'º

uinas ara la guerra que tienen e~ constante es\ctacln al mundo entero, tanto mh cuanto que
pi
. , dole "pendan" á esos destrucfores efe~tos,
1acien
, t· d uerrillas
están los que producen la tac ,1ca e, g .
que en parte han acloptado los bo~ro_s, a lo &lt;11:1: se
·uzua or los telegramas que á d1ano se reci en,
Ju~ ior ellos se vé que son relativamente pocas
ias patallas formales que presentan y -~rnchas l~s
escaramuzas, que casi sin interrumpc1on se venfi~~
t
Los trenes blindados que repre~en!an nues r~s
ilustraciones, son unas de estas maqumas defensivas y ofensivas, muy útiles si se pueden 1:s_ar, por
la violencia en. los reconocimientos, la íac~~1dad de
dar un flanqueo oportuno ú ocurrir en_ ~l instante
preciso á dar alL'l:ilio á los puestos, deb1_htado~ por
el enemigo; pero cuyos efect_os esta haciendo mefic.íz muchas veces, las astucias y estra~age!nas de
los bóeros, que provocan catástrof~s, 1mpi?en el
il\'ance de los euros ó hasta los estac10nan y logran
hacerlos prisioneros, quitando en ~l mome1:t0 ~el
ataque los rieles por donde la resistente _1;1aquma
debiera caminar sembrando la destrucc10n Y la
muerte.

Pepito Rodriguez Arriola
~

El relato de viaje más antiguo.

E L BEB E P I ANISTA.

En i,l salón de concierto de la casa Montaño,
en Madrid, se presentó hace muy poco tiempo
á la admiración de la numerosa concurrencia que
llenab,1. el local, el niño Pepito Roilríguez Arriola, que á los tres años de edacl toca el piano con
un aplomo, una ejecución tan inverosímil para
sus diminutas manecitas y un instinto de expre-

~

••

••

&lt;:::&gt;,

•¡La espléndida torta! ¡ El triunfante bollo!
Este predominaba en mantel inmaculado, y se adivinaba, al admirarlo desde lejos, que debía oler
bien y estar recién hecho.
Después ele las oraciones, .aparecieron dos grandes cestas circulares llenas de trozos de pan bendito, pequeños y grandes, las llevaban cuatro niños ele coro que iban precedidos por un rozagan- •
te pertiguero con entorchados, dotado con un par
de pantorrillas que hubieran ·hecho soñar á Catalina II si las hubiera visto parecidas en un granadero
de su guardia. Cuando el real bollo había desaparecido al momento: sin duda estaba reservado para
el señor cura.
El pan bendito fué desde luego presentado á
los mayordomos de la iglesia, que estaban sentados en el banco de las autoridades.
Eran graves burgueses vestidos con pesadas
ropas de invierno, llevando gorras de terciopelo,
sentados en sillas de coro con la actitud tranquila y segura de los ricos : tomaron sin escrúpulo
entre sus &lt;ledos cubiertos, con guantes forrados,
los mayores trozos, y después de haberse santiguado, los comieron con lentitud: algunos de e;;os
encargados de la fábrica, ya antiguos amigos de
la casa, tomaban un segundo pedazo, y también sión, que fuera muy difícil de creerse si nQ hubieun tercero, y sacando de su bolsillo un periódico sen presenciaclo el hecho gran número de personas
envolvían con cuidado la torta para llevarla á su serias.
familia.
Según refiere su señora madre, solía, para c1isCuando las cestas llegaron á las primeras filas trnrrlo, colocarle ante el piano, en cuyas teclas golde fieles, cerca de la mesa de comunión, iban ya peaba como todos los niños; pero un día oyó tobastante mermadas; pero aquellos á quienes las car unos compases de jota, y cuando acudió á Yer
presentaban, gozaban toda vía de privilegios: quién tocaba, vi{', en el colmo de la sorpresa, que
devotos conocidos. damas piado,;as y postulantes, la impresionó vivamente, que quien tocaba era
penitentes del padre Tal ó Cual, todos feligreses su hijo.
notables, que tenían sus nombres ó suA iniciales
El niño Rodríguez Arriola no toca con um1
grabadas en una placa de cobre en el dosel de su exactitud automática que revela un largo aprenreclinatorio.
dizaje mecánico, se equivoca á veces, y cuando á
Esos aún pudieºr on tomar buena porción de su oído disuena un acorde ó una nota se le escapan bendito y hacer de él su pequeña provisión. pa, rectifica con plena conciencin. rl ln disonanA la décima ó duodécima fila no había ya mas que cia.
varios medianos trozos; despué~, á j:rsar de la
La precocidad de su ingennio musical, no ahopresencia de la hermana, las huerfanitas de papa- ga en este niño su natural carácter, y á cada molina negra y esclavina azul no fueron más discre- mento renuncia á la ovación del público para echar
tas; de modo que las gentes más retira~1as regis- á correr y jugar, y cuando escucha el aplauso, rié
traron en vano el fondo de las cestas; solo encon- y aplaude también, exclamando en su deliciosa
traron insignificantes migajas.
media lengua:
Cuanto á un grupo de pobres que yo . había
"¡ Bavo, bavísimo !"
0

INTERIOR DE UN TREN BLINDADO.

LA GUERRA EN SUD-AFRICA.
-&lt;::,..tf' -&lt;::,..

Si por algo es notable la guerra del Transvaal
&lt;!On Inglaterra, prescindiendo ya de la~ c~usas que
la motivan y del denuedo con que los deb1les se defienden en esta vez, sosteniend~ su autonomía,
tratando de ensanchar sm posesiones ~ cau~ando
mal al enemigo, que por su parte esta valientemente empeñado en la campaña, es_ porque esta ha
venido á ser, como lo fué la sostemda entre España y los Estados Unidos, un desastre aprovechado
para poner á prueba los más modernos m~entos de
máquinas de guerra, las má~ nuevas _t~orias sobre
-estrategia y las más caractenzadas op1mo~es ~e los
que están afamados como peritos en la ciencia de
la guerra.
En efecto, en la pasada guerra de Cuba, fuero!l
los torpederos, los cañones navales de gran calibre y alcance, la c~paci~ad de lo~ _buqu~s de guena, los que manten1an fi3ala at,enc1on umvcrsal durante aquellas desastro~as e~cenas qui; ya por fortuna han pasado á la historia; en la epoca a~tual,
dejando aparte las consideraciones que ~ug1~ran
los verdaderos motivos de la guerra, que msp1ren
]os sentimientos humanitarios al ver que la sangre de los valientes está regando los campos de
batalla, mucho se prestan al estudio, tan~o ~e los
militares como de los civiles, los acontecumentos
·de hoy por cuanto se relacionan con los progre110s realizados hasta ahora para hacer más ~~caz la
guerra más rápida en sus resultados dec1S1vos y
tal ve;, tal vez, mucho menos perjudicial aunque
más costosa.
Las destructoras bombas de Lidita, las célebres
balas Dum-Dum, que hay quien asegure no son tan

modernas como se presume, que ya han sido _condenadas eq épocas r emotas y _que e~ la actu~hdad,
tiene su empleo no poco numero de opositores,
los cañones de gran calibre, y por _últi~no, los trenes de acerado é impenetrable bhndaJe, son má-

Es el contenido de un papiro de la colección Gor enischeff, de San Petersburgo.
. .,
El nombre del autor es desconocido, pero v1v10
probablemente en tiempos ~e 1:8 _duodé~ima dinastía cuando Egipto estaba prmc1piando a ensanchar
su; fronteras y á explorar el mundo interior.
El Yiajero de quien se trata hizo, por lo tanto, su
excursión hace 4-l siglos.
.
Su objeto fué buscar las minas de oro de N ~VI~,
y refiere que la tripulación de ~u barco con~1stia
en 50 marineros de los más valientes de la tierra
de Egipto. Llegó á un gran océ'.1-no y se acercó á
una isla donde, al levantarse v1ento, las olas alcanzaban una .altura de ocho codos. El buque se
hizo pedazos y no se salvó nadie más que el jefe
de la Expedición. Arrojado á la costa, pasó, tres
días sin ver á nadie, y al hacer fuego para elevar
un sacrificio á sus dioses, escuchó un ruido parecido
al trueno, y se le presentó una inmens~ serpiente
con el cuerpo jncrustado en oro y la piel de color
de lápislázuli.
Otros muchos prodigios refiere el viajero con respecto á aquella isla, de la cual pudo salir y regresará Egipto, gracias á un barco que pasó cerca de
ella y que vió sus señales.
Entre otras cosas refiere que la isla aquella aparecía y desaparecía á voluntad de la gran serpiente, lo cual puede tener como fundamento el hecho
de que en tiempo remoto cubría la llanura que hay
junto á. Bahr-el-Ghazal, un gran lago seméjante al
de Victoria 1'yanza, donde había grandes masas de
vegetación flotante que á cada momento cambiaban
de sitio ó desaparecían.

.

SOLDADOS INGLESES OCUPA NDO UN 1:RE N.

•

•

�E L MU:NDO :::LUSTRA DO

Domingo 21 de Enero ele HlOO

Domingo 21 de Enero de 1900
t~s roja~, acento peninsular, tab¡~C•) C'r. boca v 153 •
liva_zo poTr el colmillo. 'ral es el ,{tr.1iici,nH) del
Coliseo ~ uevo.
·
. Cierto que :va el nombre de h calle anUJJ('i.t fl
giro : eso de Coliseo da á entenr1&gt;: qu~ ~e trnLt de
ieatro5, aunque hay quien pretende que da á ent en2er &lt;¡ue se trata de circos. Pero circo:; ó 1ea-

NgEZTRA NIETR@r?@LI
Cuando se sabe observar-dice un ilustre viajero
--es muy fácil llegar á "sintetizar la sensación"
de una ciudad que se ha visitado, en un color, en
una frase musical ó en un perfume.
Esa observación es riaurosamente cierta y llega
á tal extremo, que no ~ólo es dable sintetizar la
sen,ación de una ciudad, sino hasta la de una
calle.
En las metrópolis cada calle suele tener un aspecto genuino. Bl movimiento de los negocio, y del
trabajo llega á imprimir sobre cada calle una determinada füonomía.
Suele suceder así, que doR calles I imítrofes difieran radicalmente de aspecto entre sí.
Y )[éxico no se e~capa á ese fenómeno: nuestras
('alles tienen sus peculiares fisonomías y es asunto
c-urioso el obserrnrlas y señalarla~ siquiera ~ea á
\'Uela pluma. y digo esto. porque para entrar en
detalle•. ~e neceiütarÍtln verdaderas monografías.

calculable trascendencia. F:n Paríf-, para todas las
per wnalidades del arte y &lt;le la política exi~te una
euriofa y tiránica obligación : "faire son boulcvard."
El que no "hace su boulevar&lt;l," no logra natla
nuevo, 11i sabe luchar y pierde todo lo que haga-

EL MUNDO ILUST RADO

F.n verdad, ca,i sólo allí reside nuestro me! ropolitai1i~mo.
.
En la esquina. de la Sorpresa, nue;;tras muJen•s
que van á comprar telas; en las pu?rta~ del Jockey
('lu b, nuei-tro;; hombres que van a deJar;:e ,·er; y
en medio, las ;:eüoras que van á la Sorpresa y los
~cñorc~ que van al J oékey Club, mezclado~ con

de la noche. ¡ Oh, los revendedores! Ese gremio
paree~ que aumenta en progresión geométrica: antaño era planta casi de:5conocüla entre nosotros,
cuyo más conspícuo representante era "Uarterita~ ;" pero hoy son ya incontables, pulúlan por
doquiera, llenan la calle, y á la hora de las funciones, asaltan con una tenacidad que volvería lo-

•

L A AVENIDA DE P LATEH.OS.

nado en prominencia social. El paseo por el boulevard es una necesidad común á todo,; los notables y guay del que ose descuidarla: se nulifica
irremisiblemente.
Lo propio pa~a en ) l éxico, "toute proportion
gardeé:'' es preci;;o dejar-e ,·er cliriamente. ·cuantlo
menos una hora, por Platero;:, para ser alguien. .á.
pie ó en coche, e-;o no importa; pero e~ preciso
aparecer diariamente por Platero•.
Rn Plateros encontramo, á '·toclo )léxico."
Las niña, ,·an {t comprar sn~ listone~ y su8
rintas. Los "niño~" 'l"an á exhibi r sm jaqueB y
suf' americana~.
Y a,:í Fe puebla Platero~ y ha8ta re,ulta elegante.
El Duque Job fijaba la órbita de ~B i&lt;leale5
metropolitano,:.

gente de ambos sexos que no va á ninguna de
ambas partes, pero que
por Plateros.
Eso ele las puertas del Jockey, es muy nuestro: aquí no habrá t errazas como en la Rue Roya le, pero hay zaguanes. Cuestión de co,tumbrcs
y de imaginación!
Para los metropolitanos es tan grande la influeneia de su Plateros, que lo extrañan ha,ta en
el mi¡;;mí,-imo boulevard de los Italianos.
Y hacen l1ien: allá nadie lo c0noce á uno, v en
Platero;, todos nos conocemos.
·
Entiénclase bien que por Plateros, á pe;;,u de
la~ tradiciones municipales, de San Franci,co y de
~u puente. y ele otras _co8as, se entiende;
.
&lt;le,de la eFquina de la Sorpre a
hai'ta Ja,, puertas del J ccke.v Cluh.

"desde la esquina ele la SonH·r,a
hasta las puertm, del Jockey Club.''

E, PIRITU S.\XTO

"ª

Yo no sé cómo explicar á Don Luis González
Obrcgún y nuestro popular poeta Juan de Dios
Peza, el origen del n ombre de esa calle. pero sí
puedo a~egurar que, h oy en día, nada tiene que
ver con ella el verdad ero Espíritu Santo.
IIo:v eR la calle de las ferreterías · y ele los
·'corotes."
¡ ('oyote¡;; en )íéxico ! Sí, eñores: en )léxico hay
coyotes, lagartijos y otros animales. Sólo que nuestro, co~·otes anclan en dos pies y no ladran pe'
ro " ~uge~tionan." "Los "coyotes" son los i;orreclore,- ele acciones de minas.'
;, Que qt1é tiene que ver lo uno con lo otro? Xa&lt;la ah.;o&lt;lutam&lt;"nte, mientra~ no intervienen los
"pichone,;" pero CJiando interYienen e,-to:1. . . e:i
otra co,a.
En la calle tlcl Bspírioo Santo está la Bol$a ~\linera y en la calle clel Espíritu Santo jue¡r;i. h
ma~·or parte de los bolsillos ele la metrópoli.
En eonRecuencia, la calle clel Espíritu Santo es
una gran calle.

1!:L J OCKEY UL UB.

tros, ,: &lt;tué má, tlá? Del génern t;l1ico á la pista
en que el "clown" se disloca estÚ!1iila:nenl~, ni1 lwy
más que un paso.
,
La bitucaión del teatro Principal. el JT'Ús viejo y el más renova&lt;lo de nnestrci tc,1;,rM, cxpliea
sati,factoriamentc la afluencia eu ,;,,,t calle. ; l'ero
la de los toreros? Allí no hay "rJ~os,'' ni ~,gen_cia:; del ramo. ;, Por qué, pue~, nr,,fi!'fPll l'Sa &lt;·alle los "pulcros" retoño, ele Pepe-Hillo y ele Costillares? Ese es un mibterio callejero que tal vez
pue&lt;lP explicll',C, atendiendo á e-,1 ·• oliclariclad''
del arte español, ele &lt;JUC ~t• hahlaha últimamente.
La fi:;onomía ele la calle del Coliseo Nuevo cambia también según la~ hor·a~.
Por la mañana, á la hora del en~a!·o, tranr,itan
por ali í tiples, ten ore~, cori~tas de "ambos"
sexo~ y autores ... dramático, repre~entado:; y por
repre,entar.
-Oye, "Bachicha.''-grita uno,-;, me acompañaB á tomar una copa?
-Tengo ensayo.
-8í. J)ero "no entra~'' ha~ta el . (E~ decir,
Jia&amp;ta el So. número de la piez1.)
Y la gente de teatro ,Ya y viPne. echa su copa
y en,,1rn alternatirnmente.
F:n el pórtico del teatro, ,e agolpan los revendeclorC'~, haciéndose de lor,ilidaclc:,; para la función

1!:N LA ESQUINA DEL COLlt:iEU.

co al general ) Iethuen si la obi;:ervara al pie rle las
t r incheras bóeras.
Los jueves y los domingos, poco &lt;le;:pué,-. del medio día, la calle se anima extraordinari;1mente á
causa de las funciones vespertinas. El púhlico vespertino es siempre y en todas partes un público

Así pueden llamar~e mucha~ otras calles alejada~ del centro, que tienen muy peculiares fisonom1aK, pero que no entran ya en el movimiento
genuinamente metropolitano. .
Hay algunas que tienen hasta olorei; propios,
como las de ,J e~ús, que huelen marcadamente á
talabartería.

.l:CL PAS.W i) E N LA ALAMEDA.

COLISEO NUEVO
La calle del Coliseo Nuevo tiene también á no
dudarlo, su tipo y su· :fisonomía propiOs. '
Es una fisonomía rasurada, como la &lt;fo nn actor teatral ó la de un matador de toro$, con pc;nado "hacia el público," capa as¡,aii.ob c,¡n ''Ul'l-

UX GIROX DE YANKEBLAXDIA.
A media cuadra, allá por el Hotel Iturbide, la
fisonomía del boule\'ard rómpese de repente y
abre un parénte,is que se cierru: una Yez pasada
la bocacalle &lt;le Uante.
E~e parénte~is viene á formar un g ironcillo de
Yankeclandia, ~in que ~epamos de cierto por qué
razones.
Pero es el caso que allí se reune la "colonia:"
nm~ricana que_ no tiene la honra ele per tenecer al
&lt;·a•mo re:-pect1,·o. Tabaq uería~, cantina~, ramisería,, hotel: todo allí e,; america no y casi, casi da
miedo trafüitar por e~e fragmento ·del boulc,ard
.
,
'
i,;1 110 e,-ta uno ~eguro de ;aber ingié;:.
P ero e, un lugar tranquilo: lo,-. americano~ no
,lis(•nten en voz alta ni se meten &lt;·on nadie abso1ntamente. :-,uelen . al p,1,ar. "te,tercar:10,.. un puco; pero e,o depende, como ditr ua .nni~o mi•J,
ele que rnn ·•a,·entajado,- de e~tatura " recios en
el andar.''
·
.\llí puede harer,e un,1 ob,errnción : la co~tumhre dt&gt; ma,car tabaro. hrn gráfie,1 ent.rc los hijos
del tío H~rn, ~e c•ornierfr &lt;·on fa&lt;·ilidad . en )léxico,
en la de&gt; fumar de una m·mera hárhara.
F,..a e, una coni¡ui~ti1 de nue,,tro, puro~.

PL.\TEHOS Y SAX FR.\.\"CISCO
La arteria principal, el centro de la actividad
comercial y elegante de todas la,; c,1pitales; es muy
l'emejantc en todas las metrópolis.
Así pues, visto á cierta horas, nuestro "boulevard" no se diferencía mucho de una calle europea. Es cierto que á Plateros y San Franci,:co le;;
llamamog boulerard sólo porque se nos da la gana, pues esas calles no tie11en ninguna de las características inherentes á un "boulevard." Pero
e o es porque nosotros no tomamo esa denominación en su acepción lata; sino que con ella querernos dar á entender, simplemente, una calle movida y populosa.
Y en tal ~entido tenemos razón; á las hora, clel
mediodía y del crepúsculo vespertino, es igual, en
esencia, nuestra avenida central, al "Corso" de
Roma, por ejemplo.
¿ Cuál es la genuina fisonomía de Plateros?
La de una "calle de metrópoli," sencillamente.
El ir y venir de los desocupados elegantes; la
afluencia de los hombres de negocios que necesariamente tienen que transitar por ahí para dirigir~e á su "cupaciones; la ¡;ituación de lo que putliéramos llamar el "comercio femenino,'' esto es,
el de joyas, encajes y sedas; todo contr ibuye á dar
animación y vida á esa calle, pre~tándole el delicio,;o aspecto de un verdadero centro de cultura
y de eleganria.
En Plateros po&lt;lemos ver de~&lt;le PI emplea&lt;lo que
regresa de su palatina oficina. ha,!t el elegante
de,;ocupado que no tiene má~ quehacer l'i rnáR
preocupación que "ir á Plateros.''
Porque eso de "ir á Plateros" tiene una in-

de la Alameda, último refugio de nuestro no;:;tambuli~mo metropolitano.

EL CENTRO D E LOS «COYOTKS.&gt;

ruidoso y rico de color: de las clauclicantes calandrias clc-cienden familia, patriarcale:' que no olvidan en rn casa ni al ''último recién nacido;"
bu~na gente burguesa que no ,:•1hc, ni puede, ni
qmere tle~,·elarse, y que acude á la, ''matinées" con
ánimo ,-.incero &lt;le divertir. e de vcr&lt;lad.
En la noche ~'1. calle del Coliseo X ne Yo, su he
de punto y le arranca rn primacía al ''houleYard."
Este tórna-e cle,-ierto después de la~ ocho tle la noche y entonces la gente se va al Cofüeo.
El teatro traga y vomita espertaclore~; las- estridente11 C'arnpanillas que anuncian el final ele cada
tanda. rernenan simultáneamente en todas las
rantinas circu)1vecinas y la gent::- que vive de noche tran~ita y vuelve á transitar ha~ta que el último campanillazo la obliga á ir en bu,ca -ld tibio
lecho ó á seguir su brillo ante los azorados leones

,· El rumbo del Ra~_tro, naturalmente, pudiera
~1rnbohzar,-e por mecho de una gran mancha de
:angre. puesto que con ella-en sentido material
a 1~ par que figurado-e,,.tán cubiertos lo~ ilislingu,dos tablajero~ y carniceros que por ailí transitan.
Pero ~ para qué hablar de ello~?
Xo. los metropolitanos no salimos de nuestro
Platero.; y de su afluentes directos!
SARDIN.

�EL MUNDO ILUSTRADO

porningo 21 de Enero ~e 19~0

· Domjngo 21 de Enero de 1.900

EL MUNDO ILUSTRADO

llna obra de arfe.
Puede servir de emulación
á los que actualmente vivimos, y generalmente estamos acusados de ser indiferentes cuando se trata de
apr€Ciar las obras de arte,
el hecho de que las generaciones que nos han antecedido
han sido más justicieras y
entusiastas, si se les considera desde este punto de vista,
y prueba de lo que dejamos
asentado es el buen número
de verdaderas reliquias del
arte, que se consei·,·a en el
seno de las familias, y que
hoy solo son verdaderamente
apreciadas por los inteligentes.
U na de estas preciosas reliquias, que son recuerdo de
aquellas épocas en que la ·facultad de perpetuar lo verdaderamente bello, hacía
grandes y hasta inmortales
á los hombres, es indudablemente el cuadro de que da-•
mos una muy vaga idea en
la ilustpción adjunta, que
representa una Virgen hermosísima debida al pincel
del renombrado pintor Francisco Rizi.
Este cuadro fué adquirido
en una respetable suma por
el señor Héctor Labadie, y
es una de tantas reliquias
de las que al principio decíamos conservan las familias
de hoy, como una muestra,
que debiera estimularnos. del
amor que teman nue·,tros
antepasados á las p1wlnc·clones de mérito d 11. ing-e1~io
liumano.
'
Francisco Rizi, el autor del cuadro á que venimos refiriéndonos, con su solo nombre es capaz de
p:.estigiar cualquiera de sus obras; como puede

,.

verse por los muy ligeros datos biográficos que refiriéndose á él nos vamos á permitir recordar á
nuestros lectores.

Nació en Madrid el año Je
mil seiscientos ocbo y murió
en el Escorial en 1685; fué
su maestro Vinet Carducho
y tan aprovechado resultó
que en el año de 1653, valorizadas sus muchas obras ele
pintura, el Capítulo de Toledo lo nombró su pintor
predilecto y se le confió el
decorado de la renombrada
Catedral; también decoró el
templo de Notre Dame, y
por último, terminó el Viejo
Palacio de :Madrid, obra de
la que se encargó bajo el reinado de Felipe IV.
Era además un buen arqui tect.o.
Los templos de Madrid,
Toledo, Segovia, El Retiro,
el E¡corial y otros muchos,
conservan sus más preciosos
cuadros, acerca de los cuales
los más inteligentes han
vertido el juicio de que si
algo hay entre sus obras que
pueda calificarse de incorre.c:ción de estilo, nadie podrá dejar de reconocer en
esos cuadros un colorido admirable, sello de stis más
importantes obras, sin que tal
cualidad deje de hacer perceptible otra no menos valiosa : la ele la fecundidad de
su talento artístico revelado•
en el gran número de cuadros
que terminó.
La Virgen adquirida por
el señor Labadie es una de
las obras en que más puede
advertirse el mérito del colorido y la verdad ele la expresión, de suerte es que tiene
un gran valor, tanto por su
mérito como por su antigüedad. Sahemos que hay quien haya ofrecido la suma ele cinco mil pesos, pero el señor Labadie no se
ha resuelto á deshacerse de tan valiosa obra.

; Pabellón de la Bosnia. . Hsrz:sgobina sn la Rxposición ds París.

EL TRABAJO.
ÜUADllO DE A . SCHRAM.

Entre el pabellón del Austria tan rico en su
modernismo, y el de la Hungría que, por el contrario, es como una antología de los estilos arqueológicos del reino Magdyar, se levanta el pabellón
de la Bosnia-Herzegovina. Estas dos provincias
están en virtud del tratado de Berlín, ocupadas
por el Austria,
La gran exposición que ha de verificarse en este año mostrará palpablemente los progresos que
se han realizado en aquellas comarcas; pero antes
de indicar cuáles serán los prod~ctos sometidos á
la apreciación de los espectadores, es necesario hablar de la construcción que aquellos pueblos han
mandado hacer y que es tan original como pintoresca en su aspecto agreste.
Se nota desde luego una alta torre macisa que
:flanquea á la izquierda el edificio, que es una es- .
pecie de castillo fortificado.
•
A los ladt&gt;s se abren unos pórticos que reposan
sobre columnas cuyos chapiteles tienen una gracia severa en su simplicidad, especialmente uno de
ellos, decorado con gran¿ies cabriales de exquisita
originalidad.
.
Todos los detalles de escultura y de decoración,
sonde inspiración oriental, sin referirse de una manera precisa al estilo turco ó al árabe; la influen• eia local se ha apropiado y modificado ventajosamente estos elementos extraños; la característica
del nuevo estilo así formado, es una sobriedad de
líneas de un efecto poderoso.
La n¡.arquetería ejecutada en Bosnia, es del
mismo orígen de estilo y en ella son notables las
puertas, cuyos tableros afectan combinaciones de
líneas rectas á diversos ángulos muy interesantes
y mucho más graciosas que nuestros inmutables
tableros rectangulares tan monótonos.

El conjunto de la construcción no resulta poi;
todo e~to me~os agreste, porque hay u:fa preponderancia considerable de las par~es desnudas sobre
las ornamentadas. El estuco blauc0 de los muros
se aviva con el contraste de las maderas, que conser van su color natural y si algunas notas coloridas

se introducen después, serán de tonos muy discretos.
El juego de los relieves y de las grandes sombras
reflejadas, será muy suficiente para quitarle toda
monotonía al edificio.

�Domino-o
o 21 de Enero de 1900

EL MUNDO I LUSTRADO

~a&lt;"-&lt;:&gt;

La o-ran distancia que nos separa de la frontera
Nort/ muy especialmente de Sonora, es causa de
que en el centro de la República no se eonozcan
sus detalles, y pasen casi inadvertidos los esfuerzos
y fatigas que están reatiza1~do y sufr:n las trop,as
de la Federación en la activa campana que estan
hacienclo á las tenaces tribus rebeldes que habitan
en las riberas del río Y a qui; pero no sucede lo
mismo con los vecinos del mencionado Estado de
Sonora, que encontrándose mny cerca clel camp_o
de operaciones, y estando, por otra parte, muy directamente interesados en el término de la campaña, están al tanto de todas sus p.eripecias.
Así es como se explica que en todo el Estado y
muy principalmente en Hermosillo,. se profese
gran estimación al señor !teneral Lms E. Torres,
que es quien con incansable actividad y buen acierto, dirije desde hace tiempo la campaña.

vecinos &lt;le Bermosillo organizaron con motivo de
su viaje que hizo recientemente á ése ciudad el señor Torres para el arreglo de asuntos del servicio.
La recepció?l. fué verdaderamente brillante : las
principales calles por donde había de pasar á su
arribo, fueron adornadas con varios arcos triunfa• les, las fachadas también se adornaron y multitud
de habitantes pertenecientes á todas las clases sociales, fueron á recibirlo, ó por lo menos presenciaron su llegada á la población, desde las aceras, balcones y azoteas.
El primer arco, sencillo en su decorado, se levantaba en la avenida que queda inmediata á la
Estación por donde arribó el señor General Torres. Estaba sostenido por cuatro columnas que
realzaban so~re gruesas pilastras, cuyo decorado
simulaba cantería. En la parte alta, dentro de un
semi-círculo, artísticamente adornado, se veía pintada el águila mexicana, entre palmas y laureles
y en el remate del arco se leía esta inscripción:
"Honor y gloria al ínclito soldado "General Luis
E. Torres."
El segundo arco, de -gran altura, se colocó en
. una de las calles más espaciosas de la ciudad de
Hermosillo : sobre pedestales, cuyo adorno cenU na demostración de ese afecto, fué -ind-q.da- t ral consistía en grandes coronas de laurel, se
blemente la recepción que los más caracterizados sieron dos estatuas que representan á la Paz: I-1-~r-

m,-

U;
t-:1.~r,~

gabinetes europeos pidiéndoles que se comprometan á • impedir el cumplimien"ti de los tratados de comercio con China en las regiones que
dominan. Después ele algunas r esisteJH·ias cedieron
husia y Francia. Alemania no sólo cedió, sino que
se puso de parte de los Estado¡,, Unidos.
La puerta abierta significa, pues, que en el I:rnperio chino el comercio ele todas las potencias extranjeras tendrá clerchos iguales. Comprometida
Inglaterra en su lucha con las Repúblicas africanas, los Estados Unidos intervinieron muy á tiempo, impidiendo tal vez que valiilas de esa circunstancias las potencias continentales, lticiera11 por su
ctienta el reparto del Imperio Chino. La primera
caricatura, p11blicada por el "Worlrl" de Nueva

MÉXICO, ENERO 28 DE 1900. .

AÑO VII--TOMO 1--NÚM. 4

8 UB8CRl ~lON llENSU.lL ll'OB.lNB.l, f l .:--.0
IDBIII lDBll .&amp;:I Lol O.lPIT.lL, ft.25--

Gerente: All'TOJl'IO 011YÁS.

Director: Lic. BAl'AEL BEYES SPIJl'DOLA,

'
indios may¡s de Yucatán, que también se espera lograrse muy pronto, será absoluta la paz en todo el
territorio mexicano.

LA CARICATURA EN EL EXTRANJERO.

•

fL' J\VUNilO 'ltUSTRADO.·

mosas mujeres con el pecho semi-descubierto, b_ajo
el embozo de un largo manto y llevando en la diestra la significativa oliva.
En el remate del arco v en el centro, se pintó
un bonito monograma del Jefe del Ejército, á
qtúen se dedicaba la fiesta, y á uno y otro lado del
mismo remate, encerradas las letrás dentro de paralelóo-ramos
simétricos •y adornados con arle, se
o
veía la siguiente inscripción:
"Al Ciudada110. General Luis E. Torres, el
Círculo de sus amigos.''
En el tercer arco se veia el retrato del General.
Nuestro corresponsal, al hablarnos de e,te asunto, nos dice que el entu¡,iaf'rno foé general y que á
las públicas demostraciones sucedieron otras muchas de_sus amigos íutimos que pro~uraron agasajar en todas las formas usuales al Jefe de es~a campaña que afortunadamente se espera termmar en
breYe plazo, con lo cual, )' con la sumisión de los

GRANDES FIESTAS EN HERMOSILLO.

Dos de las caricaturas que r eproducimos, se
refieren á lo que ha dado en llamarse "la polí_tica
de la puerta abierta," política en la que se interesan principalmente Inglaterra, los Estados Unidos
y el Japón. La puerta abierta no. es la libertad del
~omercio extranjero en China; la significación de
la frase es esta: Las potencias europeas tienen en
China "esferas de inflúencia," regiones en las que
tienden á destruir completamente la soberanía
del I mperio.
Ya esto se ha explicado en las columnas de nuestro semanario. Los Estados "Gniclos quieren para
su comercio los mercados de China y como ''las
esferas de influencia" le obstru_ven el paso al tío
Samuel, el Gobierno_de Washington se dirigió á los

'

•

York, sugiere lo que en su unión se proponen las
tres potencias representadas en ella. La segunda
estampa muestra al tío Samuel abriendo la puerta china en su propio heneficio y dando á entender que no permitirá que la cierren Francia y Rusia.
Hemos reproducido muchas caricaturas relatirns á la guerra· sud-africana. En todas se ve el
sentimiento de viva satisfacción que causan en el
continente los reveses de Inglaterra. Si á dar
cuenta ele E!se sentimiento se limitara esta nueva
reproducción, sería superflua. La insertamos aqui
porque en forma ingeniosa representa á ~Ir. Cha.mberla in, el autor de la guerra, calentando ocultamente el termómetro de los acontecimientos para
que señale victol'ia cuando en realidad la temperatura es de muchos grados bajo cero ("muerte en
.erterrnómetro de la estampa.) El público se maravilla ~' no acierta á comprender cómo es que nieva
y el termómetro mnrca más de veinte grados ....
ele victoria.

~,W\ ARIEJ\TA
@1L
1

Se 'ijor ~er¡era/ Bernardo iteyes,
Secretario de Estado y del Despacho de Guerra y Ma rina .

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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