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                  <text>EL MUNDO ILUSTRADO

DomiEgo_4 de Marzo de 1900.

~uentos morbosos.~ R_in,ón de taberna.
Ante el busto burlón del sátiro, semiescondido
entre el lujurioso follaje de la espesura, ocurrieron las inolvidables entrevistas; las palabras escondidas de amor se atropellaban en los labios varoniles del artista, acompañando el himno sobe-

rano de aquellas tardes solemnes é iban cayendo gota á gota en el alma abierta y apasionada de
Laura.
Ella sonreía apenas; escuchando ansiosamente
los juramentos eternos, y cual si fuesen los hilos
de una madeja, iba separándolos, ar1ótándolos con
la precisión de que era ca¡,áz su memoria, para
vestirlos á su manera con el ropaje de luz del ensueño.
Su hermosura de mujer, rebosante de encantos,
resplandecía más aún entre los rayos de sol que
de tiempo en tiempo, saeteaban las hojas satinadas de los ramajes con sus deslumbrantes fulgideces. Sus grandes ojos iluminados por el ensueño,
y abiertos por la esperanza, parecían estar inmóv·iles.
Era aquel un amor exquisito, empezado en el
rincón de una taberna, dignificado más tarde por
la constancia, y trocado al fin en pasión inmensa.
¿ Cómo pudo aquel poeta, celebrado ya por la
soberana inspiración de sus estrofas, ir rompiendo una por una, las energías poderosas de su númen, envilecido por insaciables desvaríos, y
aguijoneado por enervantes arrebatos?
Historia breve y triste cuyos episodios se •fueron marcando paso á paso, netamente, en un cerebro antes lleno de luz; para ir dejando tan sólo
llagas incura?Ies, manchas imposibles de lavar,
todo un crepusculo de negruras y soledades.

Bra una nocl1e de placer, en el rincón obscuro
de aquella taberna memorable, sobre la mesa que
más tarde presenció el desfile de sus infortunios;
llegó rendido, ~astiado, sintiendo en la garganta
las blasfe,mas a punto de escapársele, las maldiciones á punto de brotar, y en el alma el inmenso
desconsuelo del hastío ..... .

La taberna estaba sola; el patrón dormitando,
un ebrio apurando el último sorbo . . . y la penumbra silenciosa se empeñaba en arañar los
rincones, agujereada apenas por un pico macilento de gas.
¡ Qué procesión dantesca, la que vió desfilar
con los ojos del alma. .... su infancia sin
amparo, y su pasado de
hijo bastardo sin ternezas; su juventud loca y
despeñada; la soledad
de su crecimiento, debido al acaso, á las misteriosas potencia., de la
especie, á las luchas
secretas de su ser físico,
desenvolviéndose en inconsciente evolución; debido tal rnz á su talento
aprisionado en aquella
carne mezquina, como
una extraña flor crecida
en los bordes del pantano ...... !
¿ Para qué recamar el
horizonte, con los panoramas divinos del sueño,
para qué fijar en él como un sol de oro, el fulgor de la estrofa, ó la
irradiación esplendente
del himno . . .. ?
¿ Para oué vivir entre
can tos y flores, si los
cantos iban á estrellarse contra las rocas de un
mar solitario y las
flores habían perdido
hasta el último átomo
de aroma?
No había de llegar la
hora suprema, en que el
amor trajese anidadas e
inexables las soñadas caricias, los dulces espasmos, el bagaje anhelado,
que debiera ensancharu11
corazón inmenso, caldear
-los desbordamientos de una alma inmensa circulando victoriosamente por los nervios triunfan-

tes ... . .

De pronto, ... como visión evocada en aquellas
horas amargas, crujió 1a nuerta de la taberna y
entró á esas altas horas, aterjda por el frío y quizá por el h.ambre, la rapaza callejera de mirada
rnsolen~e, de perfi1 provocativo, de boca lasciva, y
se sen to á su lado ....
AJ principi~, la aparición inesperada de aquella
muJer, romp10 bruscamente el cristal de las quimeras, pero después vinieron la calma y la confianza.
Aquella insolente _mujerzuela, tenía singular
atractivo, fascmando rnsensiblemente más y más
al encandecer las penetrantes
'
pupilas de los ojos negros, al
cantraer el perfil vigoroso rebosante de coquetería, y al entreabrir los sedientos labios
lascivos, en los que se dibujaba impetuosa.mente el deseo .. .
Y era que otro sér intangible,
aparecía entonces con su cohorte de locuras y ardimientos; .. .
el amor humano que se habrí.,
paso en aquellas , naturalezas
antagonistas, para juntarlas en
el apoteosis del contraste, arrojando para siempre aquella
hembra lujuriosa y callejera
en los brazo• trémulos de pasión del exquisito soñador.
'-

.. ... . .... . ..

Y comenzó el idilio morboso en el rincón obscuro de la
taberna. . . . Saeteaba el frío,
parpadeaba macilentamente el
pico de gas, el ebrio se ha-

EL MUNDO ILUSTRADO

bía marchado fambaleando, y frente á frente de
la pareja enamorada, segúía dormitando el patrón,
abrazando á su pipa llena de polvo y de tabaco.
Tras una larga serie de infortunios, de !lerroches de amor y de exhuberantes desperdicios de juventud, ella empezó de nuevo sus antiguas correrías, .. ... y en aquel jardín público, frente al busto de mármol del viejo sátiro, una tarde solemne los desunió el último coloquio.
El poeta estrujándose el alma, llegó á la . ta•
berna favorita y esperó que la noche y el vmo,
acompañasen á la llegada de esa otra noche negra
é inmensa del olvido, que cuajaba sus crespones
amortajando las nieves de sus recuerdos.
Se esfumaron con el alcohol las nítidas siluetas
de los ensueños aún frescos y olientes como ramos
de flores. . . . . . de pronto estalló á la puerta,
la carcajada sonora de una voz bien conocida,
coreada ruidosamente por el timbre varonil de un
hombre ... La hembra adorada apareció en el
dintel seguida de su acompañante .....
¡ Oh crueldad del idilio victorioso, que se empeña en aumentar los recuerdos pasados, aun fl&amp;tantes en aquel nido de amores soberanos!
El poeta volvió el rostro, cerró los ojos angustiosamente, y enardecidos sus nervios por la contracción del celo, del ultraje y de la cólera . ....
invocó el rencor .. . .. ; se precipitó con la rapidéz
del rayo sobre la insolente mujerzuela, arrojándola al suelo, clavándole de pronto ambas manos. en
el cuello, y acompañando su estertor repentmo
con una plegaria inmensamente dolorosa ... .. "~'e
adoraba."

AÑ O Vll--TOMO I--NÚM. 10

\

Ya era tarde para salvarla . .. . , el galán había
huído buscando la negrura de la calle, el patrón
despertando, dejó caer su pipa llena de polvo y de
tabaco; y el poeta arrodillado ante la víctima, cerró sus labios con un ósculo infinito, mientras
el llanto brotaba de sus ojos surcando por sus
mejillas ..... .
México, Febr,ero de 1900.

Jrfanue¡ 7orres 7orija.

•

MÉXICO, MARZO 11 DE 1900.

8UB!\r."!Jpr.JO:if MTNSUAL l"flBA ~EA., C1 .MI
lDEX lDEM EN U, CA.PITA.L, Sl ~

,

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Marzo de 1900.
Domingo 11 de Marzo de 1900.

gunda línea de defensa; él con la retaguardia, se
ha visto que no llegaba á cuatro mil hombres, contenía á Methuen y trató de deslizarse entre Frensh
y Hoberts; pero el primero desbarataba el asedio
de Kimberley y ponía á Kronje entre Magersfontein, él y el generalísimo Melhucn avanzó, Roberts
cerró, Frensh flanqueó y el triimgulo se ,,o]vió un
círculo de fierro en derredor de l\ronje que quería
aprovechar el e.mee del río para e~capar y que quedo en él clavado.

'••En el Africa Austral.
2 •• s1c vas non vobls.
3,-En los Eslarl1'B Unidos.

1.-Mucho de lo que está sucediendo en el Sur
de Africa lo habíamos previsto vosotros y yo, lectores·

.
ni' á vosotros ni á m 1' nos l11zo

c•1s0 eI

Gene~al .Toubert y de ali[ ha. venido el principio
del fin; quizás se os ocur:a la ligera. observación de

que siendo probable, (diremos modestamente, seguro), que el her_oico anciano no haya tenido noticia de nuestras md1cac10nes, s1 no, como sabe las
admirables disposiciones que para generales tenernos mis lectores y, sobre todo, mis lectoras y yo,

claro es que nos habría hecho caso. ¿ Y qué le
aconsejábamos? Esto sencilla1:11ente : 11_? pierda V?,
tiempo, mi General, no se disperse \ d. al traves
de todas las fronteras del Orange y del Natal la
línea de defensa, amoutónc-a Yd. sobre r,ady
Smith, haga Vd. lo que hoy ha hecho Lord Roberts todo el mundo sobre un punto, todo boer
sobr; Lady Smith, que de esta "lady" pueda d_ecirse lo que decía Quevedo de la fam_osa Do~a
Dinquindaina.

".Fuimos sobre vos, sen0r.1, 111:i~

gente que sobre Roma, con Borbón por Carlos
quinto."
Aquí hubo un error primordial debido, sin du-

da, á que pareció impolítico no ceder al deseo_de
los orangianos

de apoderars~

del

adan!antmv

Kimberley y de su mayor diamante, la Estrella
del Sur como diría Julio Verne, el fulgurante CecilioRh~desy deaquíresultóque,dividido entre los
dos sitios el ejército republicano no p~do darse un golpe irresistible sobre ninguno de los
dos puntos y hubo necesidad ele formalizar los
asedios y voló el tiempo y se dejó llegará Methuen
al Modder y á Buller al Tugela, casi á la vista de
las dos plazas sitiadas é inmediatament~ hubo necesidad de organizar la defensa de las hn~as de si;
tio en las orillas escarpadas de los dos nos, y asi
pasó la primera fase ele la guerra, la que, á t~do
trance debieron aprovechar los bóeros, la de la mferioridad numérica de los ingleses; en cuanto estos se sintieron iguales en fuerza á los republica-

nos y empujados por la opinión inglesa fríamente
colérica (cólera blanca) á causa de los primeros
desastres comenzaron la serie de operaciones contra las t:opas de cubierta, como los franceses dicen, y de aquí la serie de sangrientos descalabros

de Mergersfontein y Colenso. D~sde ent_on_ces las
operaciones se redujeron á tentativas _casi siempre
terminadas en un fracaso; el hero1smo de los

=·=

Sábese lo demás; diez días de resi.,;;tencin contra
un cerco de artillería que cañoneaba á los boers á
quemarropa y al fin la refl.dici6n á un enemigo tan

noble y cortés como asombrado de la proeza.
Hendido el general orangiano todo cambiaba; el

terrible capricho del asedio de Kimberley sólo hubiera tenido explicación con el asalto y la captura rápida; ahora resultaba todo contraproducente.
Resulta una excelente línea de apoyo, el ferrocarril del Orange á Mafeking, probablemente liberada ya, para invadir por el Oeste las dos repúblicas á través de un terreno bastante doblado, es
cierto, pero mucho menos que el que J¡a sido preciso escalar á los ingleses.
Como tenía que suceder, el General Joubert,
que estaba á punto de hacer sucumbir por inanición y enfermedad á Lady Smith, tuvo, primero,
que debilitarse, erfriando {i un grupo considerable de burghers á soc:orrer á Kronjc, y que ara.;o
no tuvo tiempo de reuníuele; y luego al saber el
desastre del General Orangiano, abando11ó su5 posiciones á lo largo de) Tugela, que nunca J1abrian
tomado los ingleses, y se ha reconcentrado á toda
prisa, cubriendo el ángulo montañoso que forma el
límite del Natal, el '-!.'ra.nsvaal .Y el Orange, y
por donde difícilmente pasara Buller, y ha ido á

ponerse al frente del ejército que se rehace en Coiesberg, frente á los ochenta mil hombres que tiene á mano el feldmariscal Roberts. Si logra reunir allí cuarenta mil hombres siquiera, el avance

inglés quedará contenido.
.
De todos modos, la humillación del amor propio
inglés ha con el uído; i::i deben su victoria á la circunstancia de haber acumulado sobre los republicanos una fuerza que les era s€is ú ocho veces
superior, las defensas ele Kimberley y Lady Smi!h
son gloriosas y admirables. El honor está salvado. ¿ No sería bueno salvar la lmmaniclad, tratando sobre la base ele la independencia de este
puebl¿ holand és ele! Aírica, tan digno, tan admirablemente digno de vivir libre?

=

2.-Todo el mundo ve la fría eficacia con que
los rusos sin decir nada, sin frases ni amenazas,
están aprovechando ]a conccntrñción de 1a energía inglesa en el Sur de Africa, para avanzar s_u

boers entusiasmó al mundo, y el pueblo inglés,

plan tradicional y formidable _de hacer del c~~ti-

muy admirado y muy po~o amado, se sin_tió con

nente asiático una dependenr1a ¡noscov1ta.

flema y orgullo indesmenhdo, s~Jo en me~10 ele la
antipatía universal. Pero de aqu1 todo pQdia resultar, menos la paz; Inglaterra no_ celebra ut~ tra~ado si.no en la tienda de campana de la victoria;
esperar otra cosa, era imposible, por desgr:icia.

I 1enen ya toda el Asia septentrioual y gigantescas líneas férreas realizadas ó por realizar, surcan esta
inmensa zona fría, por donde el golfo de Petchili,

el vestíbulo principal ele la China marítima quedará unido al Báltico; tienen lo principal del Asm

La llegada de los generales m~s notables ele
que podía disponer la Gran Bretan~, al teatro de
la guerra, y la inmensa aglomeración .de refuer-

central es suyo el 'l.1urkestán, organizado militar-

zos en sus manos, hizo comprender bien pro~to

sia, menos por el lado persa. Ahora bien, Pers1a

que el tercer período se acercaba, el de la s?penor.idad numérica de los soldados de S. M. Victoria.
Después de reforzar los dos ejércitos extremos y
de impedir todo movimiento ofensivo en el Molder
y el Natal Lord Roberts pudo formar un ejército
tannumer~socomo cualquiera de losotros dos para

operar sobre el centro seguro de que los boers poca
cosapodríanoponerle. Mientras ta!ito toda la atención se concentraba sobre el vie¡o Joubert en el
Natal en donde Sir R. Buller se rompía la cabeza
contra los "kopjes" que cerraban el paso á Lady
Smith. La línea de defensa era enorme, la aglomeración estaba en los extremos, frente á ciertos

vados del Moclder, se adelgazaba forzosamente y
ahí acumuló el genralísimo un nuevo e¡ército lenta y concienzudamente; cu_ando él mismo se cer-

cioró de que todo estaba hsto, ))USO al frente de
esta cuña de acero al más mtrépielo y decidido de
los generales, á French, y lo lanzó entre Kronje
y la capital del Orange, derecho sobre Killlberley
con 20 000 hombres; el general republicano presintió Ía maniobra, pidió auxilios á ,Toubert, despachó su gran artillería y una parte de su e¡ército
sobre B!oenfon.tein para concentrarse en la se-

y

mente el Turkestán chino está bajo su vigilancia; el mar Caspio ha quedado encerra_do eil Ruha caído bajo la protección del imperio ruso; Rusia se encargará ele facilitarle un empréstito que

EL MUNDO ILUSTRADO

en que se haya la India de hoy, y_ de _la que las,
de la
Edad iredia, que acaban con una tercera narto
de la población de Europa en pocos meses, apenas
dan m1a idea, el ejército en la lnd1a casi sólo puede servir para mantener el orden en una_ P?blamús Iúauhres crónicas de esas ep1dermas

ción siniestramente exasperada. por el ~ufnilllento.

sin esperanza . La lucha en el Afghalllstan puede
ser, pues, favorable á los rusos y dominad~ esta
comarca y su prolongación al Sur, el Beluchistán,.
resultaría que tendrían flanqueada toda la cuenca
del Indo á la que pugnarían ¡,or descender.
Admirables diplórnatas los rngleses, ya que_ no,
han podido evitar lo que en Persm. ha. sucec1do,
tratan de crear á los rusos un terrible obstáculo.
en los mares chinos, y el día que los j~poneses sedecidan á disputar á los rusos la posesión de Co-

rea, contarún con todo el apoyo directo del llllperio británico. Pero el Japón no parece querer morder el anzuelo; el imperialismo tiene sin d1;1da graYÍsimas molestias; es un sistema más glonoso que.

confortable.
De modo que de los pobres boers puede decirse,.
"~ic

non vobis;" creeis defender vuestr~ mde-

YOS

pendeneia, estáis defendiendo la hegemoll!a rusa,
en Asia.

=

3.-i. Por qué decía Lord Rosebery, cuya
polít'c,, según lforley, es el nno de Chamberlain embotellado con "la etiqueta" ele!
liberali•mo, por qué esta guerra con los ,
boers

nos ha

revelado

un

odio general

en-

tre los pueblos civilizados? Xo hay la! oclio; lo.
que acaba de decir elocuentemente Deschanel, el
joven presidente de los diputados en Francrn, _el
flamante académico, es una verdad; el pueblo 1n-

glés es profundamente respetable y admirable. Pero espanta que, al día siguiente de las teorías pacíficas de la conferencia de la Haya, provocase una
guerra de dominación sin una sola. circunstancia

atenuante en favor del gigante que trataba deaplastar al débil.
, .
Nadie ha aprobado en la Europa y la Amer1ca,
sensatas, los insultos y los furores contra el pueblo.
inglés y la venerable dama que lo rige, y que está por encima de todo iI1sulto y de toda'falta derespeto. Pero en los mismos Estados Unidos, tan

ligados hoy con Inglaterra, la opinión de la mayoría se ha colocado resueltamente del lado delos holande,es, al grado de que, el Presidente McKinley, parece resuelto á asumir la amistosa actitud del Presidente Faure en la lucha con España_
Los Estados Unidos pueden hacerlo, les toca
hacerlo, y serían oídos. La pacificación muy laboriosa, pero segura de las Filipinas,

el

creci-

,

I

dado humilde. Además, tenía el defecto de ser al¡¡o

El regimiento estaba en batalla, sobre 1;m repecb.o de la vía férrea, sirviendo de bhrnco a to~o
el ejército prusiano, amontonado enfrente, baJO
ciales no cesaban de gritar ¡ acostaos! pe.ro. nm-

gún soldado querla obedecer y el fiero regm11euto
seguía de pié, agrupado alrededor de su ba.nd_era.
En eae gran horizonte del sol pomente, ele trigos
en espiga y de pa1;tos de ganado, aquella masa de
hombres, atormentados y enrueltos ~u el manto

con una guarnición escasa, que en tiempos nor-

.

/

,

su hijo en nodriza pensando en él sm cesar. Cuan.
'
do el fastidio lo atormentaba, hacía un viaje á Metz
de donde regresaba contento, después de mirar

mer torbellino de un huracán formidable.
El hierro caía como una Jluvia sobre el repech?,

en donde no se ola sino la crepitación de la fusilería el ruído sordo de las gábatas, rodando entre
la fo~&amp; y las balas que vibraban eternamente ele un
extremo á otro del campo de batalla, como las cuerdas tendidas de un instrumento siniestro y rehunba.nte. De tiempo en tiemJJO, la bandera que se alzaba sobre las cabezas, agitándose al viento de la
metralla, perdíase entre el humo; y una ~•o_z grave y fiera, hacia oír, dominando el estrepito d_e
laa armas y las quejas y juramentos de los
dos estas breves palabras: "A la bandera, h1¡os

su bandera., siempre en el
mismo sitio, siempre tranquila, siempre recostada
majestuosamente contra el

muro. Esos viajes que él
verificaba en una sola jornada, hacían nacer en_ su

h~n-

alma el valor y la paciencia; hacíanle soñar con
c-11mpos de batalla, con marchas gloriQsas y ~on las
grandes enseñas tricolores, flotando á lo leJoS, en
las trincheras prusianas. . . .
.
.

mí~s, á la bandera" . ... Entonces un oficial, vago
como una sombra, ágil como una flecha, desapa!·ecía un instante entre la niebla roja; y la heroica
enseña volvía á desenvolver sus pliegues por en-

La orden del día del J\Iariscal Ba.zame, hizo

cima de IR batalla.
Veintidós veces había caído .. . . Veintidós veces
su asta tibia aún fué heredada de la mano de un

rodar por tierra. las bellas ilusiones.

era si no un andrajo glorioso en manos del sar~en-

murmuraban animándose y excitándose con gri-

tos de rahia · '1evantando los puños hacia un punto
ele la ciudad como si sus cóleras designasen á un

(

\

culpable .. . '¡AtrapadleL . . í_Fusilém~sle!. .. Y
los oficiales guardaban silenc10, apartandose del
bullicio. aYergonzados de haher leído á cmcuenta

r

to Hormus, vigésimo tercio abanderado de la ¡ornada.

mil valientes, bien armados aún, aún vigorosos,

miento estupendo del movimiento mercantil quese traduce por un exceso constante en las rentas,.
que pronto permitirán aliviar mucho los impues-

tos y que ha obligado al Tesoro americano, (quetes en sus cajas, substrayéndolos á la circulación),
á poner á la disposición de los banqueros como-

coronel le dijo: '"l1ú tienes la bandera, mi bravo
sargento ; guárdala." Y sobre, su viejo uniforme
campaña, bien pasado ya, a c~~sa ~e 11.1. lluvia
y el fuego, la cantinera sobrec?sJO, al mstante, un

cien millones para dar pá.vulo á las transacciones,.

cordoncillo dorado de subtemente.

&lt;!:

tiene por costumbre de amontonar 1os exceden-

todo es indicio de que el partido republicano,
quedará en el poder, que el tipo oro será el definitivamente adoptado, y que el presidente actual se-

. .

.

Este orgullo, {mico en su vida de hwnildnd, ir-

guió el cuerpo del viejo mi_litar; _Y la costum~re cl_e
andar encerrado, con los

rá reelecto. El imperialismo americano ha triunfado; ¡ que sepan los estadistas ele la nación vecina,
hacer favorable este triunfo á la libertad humana, si no quieren que sea efímero ! Amén.

OJOS

mente con Ja mirada en lo alto, para ver flotar
el fragmento de tela q?e se mantenía en s~1s manos, siempre derecho, siempre fi~~~' por enc1m~ de
la muerte, por encima de la tra1c10n y por encana

de la derrota.
Nadie ha visto, en época alguna, un h~mbre tan
dichoso como Hormus, cuando en los d1~s de ba-

talla tenía el asta entre las manos afirmandola en
su estuche de cuero negro. Ni hablaba ni se movía· y serio como un sacerdote, tenía el aspecto

de guardar ;na cosa sagrada. '!.'oda su vida y toda
su fuerza estaban concentradas en esos dedos que

-&lt;:,.()-s;::,..

Secó sus ojos turbios el villano,

se crispaban alrededor de un harapo glorioso, sobre

Y con paso medroso y vacilante,

el cual rodaban las balas. Sus ojos llenos de fie-

l!'ué á postrarse ante un Cristo agonizante,.

reza miraban de frente á los prusianos, y parecían
deci~: "AtreYeos, pues; ensayad siquiera de venir
á robármela! .. .
Pero nadir. ni aun la misma muerte lo ensaya-

Símbolo eterno del tormento huma.no.
-"Piedad, Señor!"-Su labio palpitante
Por decir su dolor pugnaba en vano;

Y extendió el Cristo su llagada mano
Y brilló la piedad en su semblante.
-"Señor, venganza!"-En la profunda he-

(rida,
Abierta en un costado, una encendida
Gota de ,sangre apareció ... El villano
Sonrió entre las sombras . .. En sus ojo~
Ilabía extraños resplandores rojos
Y una ancha daga en su crispada mano.

II
El tal sargento Hormus era un viejo tont?, que
casi no sabía ni escribir su nombre y que hab1a em-

leado veinte años en ganar los galones _que_ adort.ba.n la manga de su casaca. '!'odas las miserias del
expósito y todos los atontamientos del cuartel, se
reflejaban en su frente baja, e? su espalda abovedada por 'el saco, en su rostro mconsc1ente de sol-

la orden del Mariscal que los entregaba sin combate al enemigo . ..
· Y las banderas? preguntó Hormus palideciendoG • • • Las banderas también han sido embargadas con los fusiles, con el resto de los equipajes,
con todo ....
¡Ha ... Ra ... Rayo de Dios! ... -balbuceó el
pobre hombre- ... En todo caso, aún no tendrán
la mía . .. Y ligero como una bala, se echó á correr
hacia la ciudad.

baJOS, se carnlno de::¡-

de entonces en el hábito de marchar orgullosa-

HOCSIGNUM.

1,!na _mañana,

Hormus vió al despertarse, mucha agitación en el
campamcnt~. Los soldados, reuniéndose en grupos,

moribu.'ndo por u~ valiente que volvía á levantar-

la. Y cuando, ya por la noche, lo que quedaba del
regimiento-un puñado de hombres apenas-se
batió lentamente en retirada, aquel pabellón ya no

donde rodaban los cañones sin dirección y donde
las primeras tropas del mun~o desmoralizába?-'e
por el ocio y por la falta de nveres y de noticu1~,
mu riendo de fiebre y fastid10 al pie de sus fusiles.
,
Ki los jefes ni los soldados cretan ya en cosa.
alguna; sólo Hornrns guardaba aún la confianza.
Su harapo tricolor le hacía creer en todo; y 1111entras él Jo sentía {¡ su lado estaba seguro ele que nada se había perdido. Desgraciadamente, como ya
nadie se batía el coronel guardaba las banderas
en su casa mis~a, en un barrio de Metz, y el ~rav~
subteniente vivía como una madre_ que tuviese a

inmenso de la humareda confusa, tema el aspect_o
de un rebaño sorprendido á campo _raso en el pn-

tarla de ferrocarriles que, 1igados con los rusos,

males llega á 75,000 soldados blancos y 15,000 indígenas, sin contar las gua1dias de los reyezuelos;
en el estado espantoso de hambre y de peste

1

el bosque. Se fusilaban á ochenta metros. Los ~fi-

le permita pagar sus deudas á Inglaterra y de dole harán formar parte económica y pronto militar de la gran Rusia; la gran Ru•ia conquista
así el derecho de asomarse por el ¡rolfo de Oman al
mar indico, su ilusión más cara. Duefi? ó semidueño de Persia, que borda el Afghamstán y el
Beluchistán que lo separan de la India, el imperio
del Tsar puede pensar en seguir pacíficamente su
absorción; á dos ó tres jornadas ele Ilerat está
ya; dueño de esta población, la toma de posesión
del Afghanistan entero será la consecuencia : el
part:do joven en Inglaterra (antes de la guerra
boer) ha asignado los alrededores ele Kandahar y
de Kabul como el escenario ele las luchas futuras,
y están resueltos á disputar-palmo á palmo_ el Afghanistan á los rusos; dadas las actuales circunstancias no lo podrían hacer. La india cuenta hoy

tartamudo; más para ser abanderadó no se necesita
gran elocuC'n&lt;:ia y la misma tarde de la batalla. :;u

ba. Después de Borny, después de Gravelotte, después de las batallas más terribles, la bandera continuaba su camino, deshecha, agujereada, transparente, llena de heridas; mas era siempre el viejo

Hormus quien la llevaba.

III
Después. . . llegó Septiembre, el tjército eit
J\Ietz, el bloqueo, y esa larga parada en el fango,

IV
rrambién en Metz la animación era inmensa. Los

guardias nacionales, los guardias móviles y los burgueses, se agitaban gritando; las diputaciones recorrían las calles vibrantes y precisadas, dirigiéndose á la casa del Mariscal.-Hormus no veía nada,
no oía una palabra; hablando consigo 1nismo, subía
á grandes pasos la calle de Faubour_g.
¡Robarme mi bandera!.. . ¡Pues no faltah
más .. . ¡ Acaso es posible robar una bandera!. . . .
¡ Acaso tienen derecho!. .. Si les quiere dar algo
á los prtt!=:ianos, que ]es dé lo suyo . . . sus carrozas
doradas, su rnj illa magnífica traída de México ...
Pero mi pabellón ... El pabellón es mío .. . El pabellón es mi dicha, mi fortuna . Y yo prohibo terminantemente que lo toquen!
Todas estas frases incompletas, estaban cortada,
por la marcha y la tartamudez. Pero en el fondo,
él tenía su idea; una idea bien firme, bien precisa:
tomar la bandera, llevarla flotante al seno del regimiento y pasar luego sobre el vientre ele los p,usianos con todos los que quisieran seguirle.
Cuando llegó al fin de su camil10, ni siquiera le
dejaron entrar. El coronel, furioso también, no
quería recibirá nadie ... Pero el viejo Hormus no
entendía así el asunto, y jurando, gritando y empujando al plantón, "mi bandera, decía, dadme mt
bandera!" . . . Al fin se abrió una ventana.

�EL MUNDO ILUSTRADO

¿ Eres tú Hormus?
Si, mi coronel, yo . . .
Todos los pabellones están en el arsenal. . . no
tienes necesidad sino de presentarte ahí para que
te den un recibo.
-¿ Un recibo r . .. ¿Para qué?
- Es la orden del Mariscal ...
-Pero ... coronel. ..
-¡ Déjame en paz!. .. Y la ventana se cerró.
El viejo Hormus vaciló como si estuviese borracho y repitió entre dientes :
-¡Un recibo ... Un recibo!
.Al fin, púsose en marcha, por segunda vez, no
pensando sino en que su bandera estaba en el arsenal y que era necesario volverla á ver, .!Ostara lo
que costara.
V
Las puertas del arsenal estaban completamente
abiertas para dejar el paso libre á los carros prusianos, que esperaban su cargamento en el patio inmenso. Hormus 8intió, al entrar, que un escalofrío
agitaba sus nervios. Todos los demás abanderados,
cincuenta ó sesenta oficiales, silenciosos é _indignados, estaban allí. . . Y todos aquellos hombres
tristes, con las cabezas desnudas, agrupándose detrás de los enormes carros sombríos, daban á la escena un aspecto de entierro. La lluvia aumentaba la
emoción de tristeza ...
Los pabellones clel ejército de Bazaine estaban
amontonados en un rincón, coníundiéndose sobre
el suelo fangoso. Xada má3 terrible que el espectáculo de esos fravnentos de rica seda, pedazos de
franjas de oro y de astas destrozadas, arreos gloriosos echados por tierra y manchados de lluvia y de
lodo.-Un oficial de administración los iba cogiendo, uno por uno; y al nombre de su regimiento,
pronunciado en alta voz, cada abanderado se acercaba para recojer un· recibo. Derechos é impasibles, dos oficiales prusianos vigilaban el cargamento.
¡ Y vosotros os ibáis así! ¡ oh santos girones gloriosos! desplegando vuestros agujeros y barriendo
tristemente la tierra, como banda de pájaros que
t uviese las alas rotas! ¡ Vosotros os ibáis con la
vergüenza de las grandes cosas humilladas y cada
uno de vosotros se llevaba un pedazo de la Francia!

El sol de las largas jornadas dejó su sello entre
vuestras arrugas marchitas . . . Vosotros guardáis,
en las marcas de las balas,
el recuerdo de muchos
héroes desconocidos, que
cayeron muertos al azar,
bajo vuestras franjas tricolores!. ...
Y a llegó tu turno, Hormus. . . . Ahí te llaman ..
Ve á buscar tu recibo.
¿ 8e trataba de un recibo, cuando una bandera
francesa, la más bella, la
más mutilada, la s1_1ya,
estaba delante de '8us
ojos?.. El viejo sargento se
figuraba estar aún allá arriba, de pie sobre el repecho de la vía férrea ...
Su ilusión le hacía oir el
canto de las balas, el ruido
de las gábatas que rodaban y la voz robusta del
coronel : "A la bandera,
hijos míos, á la bandera" ..
L u e g o s1:1s veintidós
e-amaradas muertos, y él,
vigésimo tercio abanderado, precip\itándose á su
vez para levantar y sosl.€ner el pobre pabellón que
vacila, falto de brazo .....
¡Ah! ese día había jurado
defenderlo, gua.rdarlo hasta la muerte .. Y ahora ..
Sólo de pensarlo toda la
sangre del corazón le
subía á la cabeza ... Ebrio,
sin sentido, lanzóse sobre el oficial prusiano, arrancándole· su enseña
idolatrada para agitarla de nueyo entre ~us manos;
para levantarla aún, bien alta, bien recta y para
gritar: ¡ A la ban ! . . . . Pero su grito fué cortado
entre su garganta ... y sintió temblar el asta que
se le escapaba de sus manos ... En e,;e aire malsa-

J)aderewski
Ejemplo de lo que valen la
laboriosidad y la constancia para llegar á la perfección, es indudablemente el célebre pian.isnista que solo por dos noches
consecutivas, la de ayer y 111 de
hoy, provocará la admiraóón
de los "amateurs."
En las notas biográficas que
referentes á él hemos recogido,
las dos circunstancias dichas
resaltan en todos sus actos y lo
caracterizan ..
Paderewski nació en Podolien el 6 de Junio de 1859 y 120co ó nada interesante se sabe de
su infancia. Es más, hace cuatro años todavía, su fama de
magnífico pianista no era universal, como hoy ha llegado á
ser.
.A la edad de 12 años ingresó
al Conservatorio de W arsaw,
donde estudió armonía y piano;
revelaba desde luego buenas
dotes y una dedicación asombrosa para cultivarlas, así es
que no tardó en hacer progresos.
Deseando ampliar sus conocimientos pasó á Berlín donde
continuó estudiando en la Nueva Academia de Música. En
1879, cuando solo contaba 20
años, fué nombrado Pro~esor
de Piano del Conservatorio de
W arsaw, donde comenzó sus

:Jg,¡acio

J .paaerewsk1: célebre pianlsfa.

Domingo 11 ~e Marzo de 1900.

D~~go 11 de Marzo de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

NUESTRA l\lfETRÓPOLI.
LA CIUDAb TRABAJA.

•

Y el trabajo de las ciudades está muy lejos de
parecerse
á ese otro trabajo, rudo tal vez y fatigan-&lt;:::,,()~
Una ciudad, es siempre un símbolo de trabajo, te, pero sosegado y plácido, que se desarrolla en
y en las metrópolis la intensidad del trabajo es los campos, c1be las rubias sementeras,, á la luz
mayor, porque la competencia, con su poderosísi- amplia y vivificante del gran sol que remueve las
entrañas de la generosa tierra y fermenta las salubres emanaciones de la vacada. El trabajo de las
ciudades es un trabajo nervioso y febricitante,
una lucha material, en que el vencedor no puede
ocultar nunca su victoria, ni el vencido su derrota. Es un trabajo que suele pasar por sobre miHares de cadáveres, que suele ir tronchando ilusiones
y esperanzas, que va caldeado por las pasiones más
intensas y que de las frentes fatigadas no arranca
gotas de sudor, sino gotas de sangre!
¡ Ah, las ciudades! Cuando Emilio Zola quiere
encerrar tantos gritos del alma en una exclamación seguida de un punto admirativo, hay quien
finje no entenderle, hay quien se acuerda irónicamente de las "palabras, palabras, palabras" del
príncipe danés. Y sin embargo, cuántas veces dice más un punto admirativo que una docena de
páginas retóricas! Y al pensar e~ el trabajo de
las ciudades, al pensar en la ruta que sigue, al
pensar en el enorme ejército de vencidos y de
desertores de esa cruenta lucha, no hay nada que
sintetice tanto la impresión que experimentamos,
como la lacónica exclamación del viejo maestro
mo aguijón, impulsa á los hombres á multiplicar naturalista: Oh, las ciudades!
ta femenina prende blancos delantales sobre las
·sus esfuerzos para poder triunfar y vivir.
morbideces de su busto ... Porque en nuestra MePero basta de digresiones y vamos al grano.
Desde que los primeros fulgores del sol, des~*~
trópoli ya la mujer trabaja, y á fe que no es ese
'pués de haberse detenido por breves instantes soLas máquinas despiertan con el día y á los pri- uno de nuestros menores progresos.

no, en ese aire de muerte que pesa terriblemente
sobre las ciudades rendidas, la bandera µo _podía
flotar. . . Nada de orgulloso, nada de fiero podía
vivir ahí ... Y el viejo Hormus cayó fulminado ...
ALFONSO DAUDET.

estudios y permaneció en ese puesto hasta 1883,
fecha en que emprendió una serie de viajes y dió
sus primeros conciertos en Slavonia, Rumanía.,
Austria y otros puntos.
Poco tiempo después fué nombrado Profesor del
Conservatorio de Strasburgo y en este emplo
tuvo un raro rasgo de modestia que puede servir
para Yaluar su amor al arte y su talento: en Viena
llamaba entonces la atención el maestro Leschetitzky, y Paderewski reconociendo su mérito, renunció su puesto y fué á Viena con el fin de pedir
al afamado músico lo admitiera como discípulo.
Siete meses de constante estudio fueron basrnntcs parl que el maestro asegurara á Paderewski
que su ejecución se había perfeccionado; pero esto
no obstante, fué hasta 1887 cuando se presentó
ante el público de Viena, que lo mismo que el
de París en 188&lt;l lo aplaudieron con verdadero
frenesí.
Fué por este tiempo cuando recibió una decepción : emprendió un viaje á Londres y aquel pueblo que no acoje con entusiasmo sil10 á los artistas
que ra conoce,_ lo recibió con tal frialdad, que en
~l pr1mer concierto que dió, las entradas alcanzaron la ridícula suma de 300 marcos. Tal vez esto
éxcitó el a~or propio de Paderewski, pues siguió
da~do conciertos hasta que su mérito fué reco'loc1do y tanto, que hoy es el artista predilecto de
la aristocracia dondinense.
. En cuan~o á sus aptitudes, asegúrase que no
tiene nrnl mterpretando la música romántica de
Chopin; como compositor muchas ele sus piezas
han alcanzado éxi~o y en cuanto á su carácter de
boca e~ boca co:ren anéc_dotas que lo presentan
como tipo exepc10nal : cmda extremadamente de
su larga y esp~sa_ cabellera, consagra al estudio
~uchas h~ras d1a~1~mente; cuando viaja lleva consigo un piano mmrntura y en él estudia durante
la travesía.
~

_bre las torres y las cúpulas, se desparraman á lo
largo de calles y de avenidas, el trabajo general
€mpieza en la metrópoli y va desarrollándose esa
"ca.za al dollar," que Mark Twine ha descrito con
tanta maestría.

meros clamores matutinos se funden los gritos del
vapor, gritos que convocan al trabajo, diario, monótono y metodizado, que, á pesar de su monotonía, es tal vez el menos torturante y el que deja
más tranquilidad al espfritu y más dulzura al corazón.
•
Las fábricas se abren y por sus anchas puertas penetran el enjambre de obreros. Van ellos
decidores y bromistas, ellas frescas y de buen humor. La brisa de la mañana los anima, les azota
la sangre y les vela por unos instantes la perspectiva de todo un día de labor cansada que entumirá
sus miembros y pondrá sobre sus párpados vendas
de plomo. Eso vendrá después : pero, por el momento, solo los anima el goce de vivir y hasta el
pito fabril les sabe á saludo de bien venida .Penetran todos y acuden á sus puestos .
Poco á poco las risotadas van apagándose, la labor empieza y la ri,a y la labor no se '·llevan" muy
íntimamente. El rún-rún de las máquinas y el rítmico golpear ele los mazos reinan ahora, únicos J
solos, en los grandes edificios industriales. Y así,
hasta que las sombras de la tarde luchan con el
sol y lo vencen ..
' Las planchas de madera, que durante la noche
han cubierto la tersura de los escaparates, van ca!·endo una á una, movidas por manos de mozos soñolientos. Y en los escaparates aparecen las mer, cancías, artísticamente dispuestas-(es un arte
arreglar escaparates)-mientras adentro, en el almacén, la escoba entona su cotidiana oración susurrante y la gente de mostrador cambia la chupa
de calle por la de trabajo. Aquí y acuyá una 11ilue-

. Védlas cómo marchan por las calles y plazas, batiendo el asfalto con rítmicos taconeos. Van de
prisa porque van al trabajo. Bajan la mirada, porque, á veces, un choque de miradas paraliza y retarda el paso, y es preciso llegar al almacén á hora fija. Si algún audaz se atreve á atravesarse en
su camino_ y di;rigirlas_ uno de esos madrigales de
este prosaico fm de siglo, ellas le miran con ceño adusto y su mirada parece clamar: ¿ Qué, no
ve ustecl que yo trabajo?
Dejadlas que pasen : no detengais nunca la marcha de una de esas damitas que trabajan. Su tra-

�Domingo 11 de Marzo de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

Dommgo 11 de Marzo de 1900.

bajo mismo os demuestra que no quieren que detengáis su marcha. Es preciso respetarlas.
En todos los transeuntes matinales se advierte
una actitud febricitante: los domina la idea de llegar pronto. Cerca de los edificios gubernativos
bulle el enorme enjambre burocrático. Se compone de algunos viejos y de muchos jóvenes. ¡ De
muchos jóvenes, por desgracia, que al resignarse al
pasar la vida frente á un escritorio cargado de
minutos, confiesan elocuentemente su cobardía para la lucha, y no pocas veces también su impotencia!
Y en la plaza principal, obligado centro de la
vida metropolitana, afluyen los tranvías, que al
trotar de las mulillas ó al impulso poderoso de los
"troyers," acortarán distancias y economizarán
tiempo, que en la ciudad, más que en ninguna otra
parte, es dinero acuñado. ,
El enorme hormigueo urbano, es por sí sólo,
símbolo de trabajo. Todos Is rumores, toclos los
movimientos significan trabajo. Y el clía en que
ese trabajo se interr~mpiera, la ciudad, con sus
pompas y sus galas, vendría abajo como un enorme castillo de naipes.

"Para comprender bien
el carácter del edificio,
conviene recordar que en
· 1889 el pabellón de México era una ve.rdaderal
curiosidad en el campo ele
Marte. De la manera más
sujestiva recordaba el arte
antiguo rle aquel país
antes de la Conquista
espaJi.ola y era más que
un pabellón, una manifestación patriótica que
hacía México ante la faz
del mundo entero en aquel
monumento que el país.
elevó, como lo proclama
el seJi.or Peñafiel, "á la
gloria del más bravo de
aztecas,, Itzcoatl, y á ~a
del más infortunado de
sus defensoreis, Cuauh temoc ."
"El programa del señor
.Anza, e3 hoy enteramente
distinto. Hace once afi.os
se nos presentaba la glorificación del pasado, y
hoy, }léxico quiere hacernos apreciar su presente,
constituído por un rápido desenvoh·imiento económico que ha entrado
en un largo per íodo de
paz, de progreso y de
prosperidacl."
"El edificio está construído según el estilo neogriego tan preferido en el
:;egunclo imperio; es am-

-&lt;;::,,*-&lt;:::&gt;-

1

•

Los trabajos especialistas imprimen á determinadas calles una fisonomía particular. La comunidad de intereses expontáneamente, estrecha y crea
centros. En México hay varios barrios que recuerdan los viejos "gremios" de los tiempos pasados.
rna doble paralela de calles, desde Cadena hasta Don Juan Manuel, está ocupada por el alto comercio, cuyas transacciones se hacen generalmente sin tener la mercancía á la vista, por ese alto
comercio, cuya sola mercancía es muchas veces el
dinero mismo.
Es el barrio de los bancos y de los banqueros.
Por las aceras cruzan y recruzan los corredor es.
Es un banio que "hw'!le á riqueza." Se oye
el tintineo de los pesos y se ven muchas carteras
henchidas de billetes. En las calles estacionan lujosos trenes : es Mercurio que va en coche. Muchos
iberos y muchos alemanes.
Por Jesús, se encuentra, en cambio, el comercio al por menor. Quincallería, mercería, jarciería
y otras "ías" que surten las tiendas provincianas.
Llegan los compradores cubiertos de anchos sombreros y sonando los pesos dentro de sus "víboras"
de cuer o.
En Cordobanes, el aspecto cambia : son aquí señores ataviados de negro, de sombrero alto, que
llevan debajo del brazo grandes carpetas atestadas de documentos y de expedientes. Es la calle de
los Notarios, de los abogados. Está allí el Palacio
de Justicia: allí se pleitea y se discute. Todo el
mundo se conoce, todo el mundo se sonríe. Es la
sociedad en manos de Digesto. Y hay en las miradas un aire de triunfo, cuando dos ele aquellos señorones se cambian un "¡ Buenos días, compañero!"
En la Encarnación y San Ildefonso, los e.-.tudiantes. Ese es nuestro "barrio lattno," pero sin
Musettas ni Mimís, y de ese hemos de ocup1rno;;
en otra ocasión.
Hemos visto que la ciudad trabaja incesa'ltemente. Desde el albañil que sube un ladrillo apoyándose en peligrosos andamios, hasta el potentado que en muelle carruaje acude al Banco á trocar un cheque por un fajo de billetes.
Pero hay dos castas de trabajadores netamente
metropolitanos, exclusivamente metropolitanos,
floraciones genuinas de las grandes ciudades : los
trabajadores callejeros y los que trabajan para diversión de los otros.
A los primeros pertenecen los limpia-botas, los
papeleros, los billeteros, los revendedores, et'.!.
Esos viven precisamente de las grandes muchedumbres urbanas, esos son metropolitanos hasta 1a
médula del. .. alma.
Y los segundos, son los actores teatrales, los g ue
trabajan cuando los demás descansan, los que comen con la risa de los otros, como los dentistas
comen con los dientes de sus semejantes. Y el trabajo de ellos es rudo: ensayos, estudios, repeticiones y desveladas. ¡ Parece increíble que todavía ''el
teatro" anide en tantas cabecitas romántica~!
Queda otro curioso grupo de trabajadores: los
periodistas para quienes no hay día ni noche, hora ni minuto; para quienes la vida no es más que
un alineamiento de " columnas" ... .
Pero punto final, porque estas ya son intimidades.

()scar J(erz.

EL PABELLON DE MEXICO
EN LA EXP0SICI0N DE PARIS

He aquí cómo se expresa un periódico parisiense
al referirse al l'abellón de
de M.éxico:
"Al desembocar del
Puente del "Alma; sobre
la margen izquierda del
Sena y frente á las oficinas del Comisario General de la exposición, el
Pabellón de :México se destac¡t admirablemente entre
el grupo de lo:; otros edificios extran_jeroi;.
"La 'superficie del terreno que ~e ha eonee&lt;li1lo
á 1.Iéxico eR relativamente
BOSQUE DE BOULOGNE.,•Monu.mento erigido á la memoria del ingenieroD'Alphand, á quien se daba el nombre de •• la Embellecedor de Pa.r1B"·
vasta, liO metros, l y su
arquitecto señor Anza, no ha podido sacar mejor plio, sus departamentos están bien distribuídos:
partido del fraccionamiento he&lt;'ho.
y cabrán perfectamente numerosos objetos.

~*

es invencible el soplo de tus encantamientos;
abriste las cién puertas del dulce Paraíso
y entró el desordenado tropel de pensamientos.

¿ No viste á nuestras almas sentir con tus ternezas,
orar con las piadosas plegarias que tú rezas,
tener sobre los hombros la cruz de tus dolores,
reír con tus placeres, llorar con tus tristezas,
crisparse con tus odios, amar con tus amores?
Oh, Aurora, oh, Maga, oh, Reina, oh pálida heroina
de todos los dolores, oh intérprete divina
del regocijo sano del burlador risueño .. . .
¿ Verdad? De la fantástica y ardiente Palestina
viniste; de la Tierra Sagrada del Ensueño.

..Cu1"s

~mm.~¡
1

j)ara )YÍaría ~uerrero.

En la sutil maraña de agudos diECreteos,
sobr e las bordaduras de hermosos galanteos,
entr e la plateresca retórica efectista,
en la pomposa urdimbre de rancios devaneos
sentimos cuál se prende tu corazón de artista.

Viniste de la Tierra Sagrada del Ensueño;
del mundo imaginario y ardiente, del risueño
país azul que baña de sol la Fantasía;
de donde surge el canto, de donde brota el sueño,
de donde el bien florece, de donde nace el dí-a.

Tú alientas en aquellos maravillosos seres
que llevan luz, ternura, virtud, amor, decoro;
te conocimos antes de que llegaras; eres
la 1!iáfana silueta d~ todas las mujeres
que cr eó el sublime sueño del gran siglo de oro.

Del I deal, Señora. Tú patria es esa; vienes
d€ nuestra misma patria. Y bien, aquí, nos tienes
~arfados de tributos que nuestro amor te entrega;
a ti nos acercamo~ por coronar tus sienes
con rosas de los bosques americanos : llega.

. . ... Y bien, he aquí, Se1iora, que partes; en buena hol'n,
,; Hegresarás en breve? Dices que sí, Señora
con tu genial cabeza de pensa.ti va Palas.
Si cae la noche, mientras que vuelves tú, la Aurora,
$e cerrarán las flores, se plegarán las alas.

Planta tu tienda de oro, reposa en nuestros la.res,
desciñe tus cabellos, y escucha los cantares
de bienvenida que alza la Juventud en coro;
descansa, peregrina de los celestes mares,
desciñe tus cabellos bajo la tienda de oro.

Alza tu tienda de oro, oh amada peregrina!
recoge tus cabellos y cese la divina
fábula milagrosa que le aprendiste al Arte;
no temas por el nido, traviesa golondrina;
¿ Regresarás en br eve? No nos olvide~; parte.

Reposa y habla; míranos en tu redor, atento~,
tu voz es un susurrro de música soñada;
que aduerman nuestros vagos y tristes pensamientos
tus épicas historias, tus milagrosos cuentos,
tus fábulas de hechizos, divina Scherezada.

¿Regresarás? Te esperan los soñadores; ellos
alzan tu tienda de oro, recogen tus cabellos,
y escuchan por vez última tu d ulce voz soñada.
Y á tí tienden los brazos y cargan tus camellos
y te repiten : torna, divina Scherezada.

Te conocimos antes de que vinieras; eres
la diáfana silueta de todas las mujeres,
que cruzan por la vida, serenas y triunfales;
artísticas visiones, esplendorosos seres,
encarnación de excelsos y santos idea_les.

Eras el Arte. El Arte, la luz, la poesía,
lleg-abas de los mundos de donde nace el día;
y del infolio abierto, de páginas polvosas,
se alzaba tu figura, como una Epifanía,
cantando en viejos versos, leyendas dolorosas.
Blanca, impalpable, pura, remota é imprecisa,
como girón de nube que desflecó la brisa,
delante de nosotros cruzabas por la escena,
trayendo á flor de labio la antigua y fácil risa,
la de Moreto y Tirso, la risa casta y buena.
Y tú lo viste-¡ oh Maga!-lo que tu genio quiso
en un instante pudo lograrlo; era preciso;

l'abellc!11 de lll6:rlco en la Ezpo1Jici6,n de l'arl1J.

Oh resucitadora, tu majestad es rara;
encier ras un misterio; del numen que te ampara
sólo los escogidos la inspiración reciben;
no ha muerto la Riquelme, no ha muerto Baltasara,
en todas tus brillantes metamorfosis, viven.

g. lfrbiqa.

Y recordamos ese perfume que tú exhalas,
y esa genial cabeza de pensativa Palas,
y esa sonrisa, y esa radiante alma sonora;
pasaste abriendo flores y despertando alas ..... .
dí tú, si no habíamos de conocerte, Aurora?

'.

~;;;ll~ll..

EL MUNDO ILUSTRADO

:r;.
·;~

En auras de cariño y admiración te envuelves,
y partes, y nos dejas, y partes y resuelves
huir hacia otro mundo, mejor y más risueño;
,.l ~ allí no torna nadie, y tú dice,: que vuelves ..
que vuelves de la Tierra Sagrada del Ensueñ,).
Febrero, 27' de 1900.

. Como un homenaje á María Guerrero y un r ecuerdo dé la
lmllante temporada dramática, por ella iniciada y seo-uida con·
tanto brío, "El Mundo Ilustrado" consagra cuatro páiinas á la
solemne velada, que en honor- de la primera actriz española se
efectuó en el Conservatorio Nacional el 27 de Febrero últ~o
y publica las piezas literarias ahí recitadas que pudo obtener.
'

�Domingo 11 de Marzo de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Marzo de 1900.

EL MUNDO ILUST RADO

Quién habrá que nos demande
cuentas por mimarte!. . . Dí,
no eres noble? no eres grande?
pues en la patria del Ande
nos gustan almas así!
BAL B I NO D Á V ALOS

Todo es grande aquí, señora;
los volcanes, el verjel,
las tinieblas y la aurora:
si este. suelo te enamora,
quéflate, cabes en él!

fi )Ylaría ~uerrero

Si es ala tu pensamiento,
si es ala tu divagar,
si es ala tu sentimiento,
quédate, que nuestro viento
es ancho para volarr

fimado )Yervo.

A MARÍA GUERRERO.
Hay una voz que proclama
esta ley al orbe fiel :
"Aura, haz tu oficio, embalsama,
mujer, haz tu oficio, ama,
flor, haz tu oficio, da miel!
"Sol, haz tu oficio, levanta
el palio rey de tu aurora
sobre la montaña santa;
alondra, haz tu oficio, canta;
paloma, haz tu oficio, llora!"
"Artista, haz tu oficio, yerra
del mundo por la extensión,
pues que J ove te destierra,
moviendo sobre la tierr~
cerebros y corazón."
Gran verbo, á cuyos rumores,
á cuyo in.flujo inmortal,
las auras riman olores,
la mujer difunde amores,
el cáliz forja el panal;
El sol quebranta los gonces
del orto, irisa las brumas
y hace que alienten entonces
la esquila, alondra de bronces
y el gallo, clarín de plumas;
El río, crencha de plata,
iris real que se mueve
y en cristales se desata;
el clavel, boca escarlata,
y el lirio, boca de nieve;
El nido, mágica poma,
la fuente, arpa diamantina,
ó espejo á que el cielo asoma;
la flor, astro con aroma,
y el astro, flor que ilumina.
Gran verbo! .. _ Tú, mi señora
quisístelo obedecer
'
y con tu voz seductóra,
dijiste :-"Pues soy aurora
mi oficio es amanecer."
Y errando de clima en clima
. tu esplendor
'
a' nos vmo
y niéxico te sublima,
porque tú ei:es una cima
y aqui se empolla el condor.

Quédate sin sobresaltos :
nuestro azur, do va tu anhelo
te bañará en sus cobaltos: '
quédate, estamos tan altos,
que puedes besar al cielo.

Poesía.pronuncia.da por su autor en la velada
que en honor de la eminente actriz se
verUl.có el 27 de Febrero en el Teatro del Conservatorio llfacional de lll:1isica.

·1

Del infinito es vecino
nuestro valle; 1tquí t u historia
excelsa será y tu sino,
y ahorrarás mucho camino
para llegar á la gloria!
~

Es muy bella la creencia
que arrmas tú en el p1 oscenio,
de que, mas que á la conciencia,
Dios se asoma á la existencia
por las ventanas del genio.
Allí donde un genio, en pos
del aniut'tipo va, ahí
Dios y el genio están, los dos
en uno; si el genio es Dios,
Dios, señora, vivé en tí.
Y en tí vive de manera

,1u~ L·n mostrarse tiene e.•t; ,c.fü:,,
cual se muestra en la ancha esfera·
cual se muestra en la quimera,
'
que es la novia del ensueño!
~·~

Enaltecer la emoción
ó enlazar mil emociones
en haz vivo de pasión,
y fundir mil corazones
en un solo corazón;
Hacer al verso vivir,
hacer ai rrilmen soñar
y al espíritu sentir
y á los labios sonreír,
y á las pupilas llorar;
Dar ímpetu al Ideal
que arrastrándose camina,
esta es misión que no ha igual :
divina, hidalga, inmortal;
hidalga, inmortal, divi~a!
Esto es, señora, crear;
esto es decir: "levantáos!"
al indolente pensar;
esto es, señora, incendiar
con r elámpagos el caos!
Tu gloria excede á la glorie.
de los héroes que hoy enlaza
nuestra enseña de victoria.
Ellos son flor de una historia; ·
tú, eres flor de nuestra raza.
~~

¿ Fué una ilusión? .. . quizás que suelen ellas
de quien las sigue en su trayecto errante,
con su fascinación, en un instante,
el alma transportar á las estrellas.

No ves que venció tu a:fá11
los prejuicios! recelos
· de ayer, y umdos ~stán
más que nunca m1 :Morelo:;
y tu trágico Guzmán ?

Mas, verdad ó ilusión, cuando la fama,
de vuestra gloria, paladín ufano,
anunció que aprestaba el mexicano
su homenaje á la artista y á la dama;

No ves que con pompa igual
se juntan en pabellón
opulento y fr~terna!,
t u castillo y m1 nopa~
y mi águila y t u león?

el júbilo traspuso los reales
límites de la vida, tendió el vuelo
é invadió el misterioso y alto cielo
que habitan las criaturas ideales.

Son más hermanos ah11 rn
por tí, la hosca cimitarra
y la macana, señora;
el águila voladora
y el león de fipra garra;

Yo, por ventura, hallábame cruzando,
en alas de poéticos ensueños,
una región poblada por los sueños
del Fénix inmortal, de Lope, cuando

E igual pesan en el fiel
que tanto amor mide y suma,
nuestro escudo y tu cuartel;
la mitra de Moctezuma
y las joyas de Isabel.

gallarda, hermosa, fresca, deslumbrante
á la postrera claridad febea,
reconocí entre muchas, á Finea,
por parecerse á vos en el semblante.
La niña angelical, ya nada boba
desde que Amor transfigurarla pudo
dándole, á su malicia, ingenio agudo,
y á su belleza, idealidad que arroba;

~

Marquesa, tú que un destello
luces de ar te soberano,
tú que llevas en el cuello
el toisón de blanco vello
del ingenio castellano.

atenta y señoril, cual quien escucha
aconsejarle cuanto hacer ansiab~
oído y blanda voluntad prestaba
con grande anhelo y complacencia mucha.

La de perfil que es blasón
arcaico, porque atestigua
tu arcaica contemplación:
Un perfil de reina antigua
de un antiguo medallón;

No por tenaz y caprichoso empeño
ni rencorosa emulación secreta,
sino cual hijas, todas, del poeta
que más honra al teatro madrileño,

Cerebro que tanto puedes,
maga de un país tisueño
que nos repartes mercedes
de alteza .. . No me concedes
que te regale un ensueño?
Y encedora, tus preseas
nos deslumbran con su alarde
de luz, porque son ideas ... .
Marquesa, que Dios te guarde!
Artista, bendita seas!
Febrero 27 de 1900.

la vocinglera turba repetía
que si á la Boba preferís, señora,

Oyeme, gentil amiga,
pues lo requieren de mí,
lo que las damas de aquí
me demandan que te diga.

,.

Te saludan, claro está;
y te admiran ¡ qué bobada!
Si no he de contarte nada
que tú no lo sepas ya.
Dicen que mucho me quieres
y yo lo vengo á creer :

crédula~ usaban ser
en mi t iempo las mujeres.

¿ No una vez, mi fe completa
en el maestro tirano

y son tantas las prendas que atesora,
gracias á vuestra noble simpatía;
la dama Boba, ingenua, sin cultura,
parlera como alondra en la campiña,
con su lenguaje natural de niña
animada de alegre t ravesura;
la Boba misma enviaros debería,
cual t ributo á que sois merecedora,
el parabién que todas, ¡ oh! señora,
dirigiros clamaban á porfía.
Sonrió pensativa la doncella,
tendió hacia el horizonte la mirada
y la clavó en la luna plateada,
que asomaba su faz radiosa y bella.
Dejó, por breve espacio, sus pupilas
inundarse de luz, evocó en manso
y dulce arrobamiento de descanso
la emoción de otras épocas tranquilas,
y del rojo botón de aquella boca,
abriéndose los labios purpurinos,
brotaron mil conceptos peregrinos
que fuera el recordar jactancia loca.

¿ Qué dijo del amor; qué de su fuego?
¿ cómo explicó su poderoso influjo
y la inquieta emoción que la sedujo
á amar con un candor extraño y ciego?
Lo ernuché, sí, y aún guarda mi memoria,
cual de lejana música perdida
que, en la noche esparciéndose, trepida
errabunda en el aura vibratoria,
ecos sueltos, girones de elocuente
alabanza por vos, en la sonora
niebla desparecidos. . . . .. . Ved, señora,
los primeros que acuden á mi mente:

me hizo tenderle la mano
y recibí una palmeta?
¿ No al de danzar le creí,
que me llamó mentecata?
¿ No al ejemplo de mi gata
con mi novio al desván fuí?
¿ No confiada· y cautiva
caí en las redes de amor?
¡ que el creer es lo mejor
he de pensar mientras viva!

Si, pues, en tu afecto creo
n o lo juzgl'len rustiqueza,
que nueva vida me empieza
cada vez que en tí me veo.

Y la existencia me das
cou tal donaire, señora,
que si aún fama alcanzó agora,
á tí lo debo nomás.
Si boba, fínjeseme boba,
en mis iras, iracunda,
en mis ardides, profunda
y astuta para mi alcoba.
Cuando el amor se apodera
de mi honesto pensamiento,
débole á tu entendimiento
mi transformación entera.
Cuál se enciende en tu semblante
cuando arde mi corazón,
la llama de la pasión
en t u pecho palpitante.

�.

Domingo 11 de Marzo de 1900.

RL MUNDO ILUSTRADO

::,

Mis amorosas razones
salen de tus lindos labios
cual 110 pudieran los sabios
enseñar con sus liciones.

]fas, ¿ qué mucho, si en tí alienta
cuanta mujer singular
pudo el gran Lope crear
en sus comedias sin cuenta?

'l1ú imitas mi devaneo
con la naturalidad
del que siente de verdad
despertársele un deseo.

La Casandra recelosa,
la Discreta Enamorada,
la Estrella desventurada,
la Bel isa melindrosa .... .

De la Boba es muy justa la gratitud, señora;
¿ quién, sin vuestro talento que la anima y colora,

á todas tu alma divina,
de todas el pensamiento
cobra vida, fuerza, aliento
por tu inspiración divina,

y si á la vida mortal
Lope de Vega volviera,
presto la sien te ciñera
con su corona triunfal!

y entre espumas de sangre y corrientes de fango
viran á, la 'l'ebaida por virar á Cipango.

á la ley imperiosa del anhelo moderno,
redimirla pudiera de un hondo olvido eterno?

Mas el Arte moderno como Dios compasivo,
iluniina á ocasiones el bajel fugitivo

En su tiempo cua.jábanse los rosales de rosas
al conjuro del genio-que fecunda las cosas;

fulgurando sus rayos de brillantes destellos
que alumbran unos rostros ext rañamente bellos!

hoy tiemblan en los pétalos amarillos é infectos
lágrimas congeladas, y pululan insectos.

Cuando á tales tragedias dais, sellora, su turno
con solemne grandeza os calzáis el coturno.

Por sobre las mfradas reprimidas con ceño,
aun fl01a una infinita- necesidad de ensueño,

Ya con gracia inocente sonreís de ventura;
ya con trágica risa simuláis la locura,

mas qué busca, y qué alcanza inmortal ni durable
el espíritu enfermo por un mal incurable?

y en siniestro arrebato que estremece y espanta
asesináis con Agueda, y tembláis con }.,uen.santa.

En el mar sin riberas de la duda, mar muerto,
narega un bajel negro que no va á nigún puerto.

i Oh Arte poderoso aterrador, inmenso,
que al espíritu afianzas y mR11tíenes suspenso!

Su cordaje es de plata y sus velas de oro,
mas ningún argonauta lleva en él su tesoro.

¡ Oh Arte delicioso, consolador y bueno
que acaricias y halagas con tu soplo sereno!

Los forzadós por vida que esa nave tripulan,
al Capitán Destino su rencor disimulan,

i Or Arte deleitable que, festivo y ele prisa,
ágilmente desgranas el co1lar de la risa,

y hallar gustan á veces distracción y embeleso
ciñéndose dogales al corazón opreso.

¡ Oh Arte, infinito, inmortal multiforme,
algím Dios debe haber que te inspire y te informe!

Quieren ver sus dolores hechos carne, hechos hombre
de músculos de hierro y estatura que asombre,

Dichosa tú, Vestal que alimenta su llama
y felices nosotros que admiramos tu fama.

y en la ola arrojarlos, que un mal Genio desata,
donde siempre la hidra Fatalidad los mata.

México, Febrero 27 de 1900.

Quieren con sus grilletes aherrojar ideales,
bajo un cielo sin astros y en un mar sin fanales;

f:·

Balbino Dávalos.

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DISCURSO PRONUNCIADO POR EL SR. LIC. DON JUSTO SIERRA.
Señora:
Habéis oído cruzar por nuestro ambiente, cargado de polvo, pero saturado
de luz, gallardas frases musicales, que
cerca ele ,·uestros oídos murmuraban:
"bien ven ida mensajera del arte y de la
gloria, bien venida, resurrectora del culto puro de lo bello, bienvenida." Con
sólo haber hecho un signo mágico de
vuestra mano blanca en el cielo de nuestras noches sin ideale:- artísticos casi,
casi sin estrellas, hu.Uéis borrado el imperio absoluto de los géneros inferiores,
de los que, en deforme lenguaje á veces y
á veces con el sensual é irresistible encantocónque,en manos del pueblo de vuestra
tierra, habla la guitarra &lt;le las zambras de

Aragón ó en las "juergas" de Andalucía
solo se dirige á nuestros sentidos, sól~
provoca sensaciones, si.n penetrar más
allá, sin sondar más hondo, sin volar
más alto, impotente para iniciar uno de
esos divinos acordes que sólo resuelven
la vibración de una alma ó la nota de un
sentimiento inmortal. Hablásteis señora, el idioma de la realidad interior, de
la pasión humana en lucha trágica po,
dar vida á inalcansables ideales los corazones muertos palpitaron de nuevo J
la emoción disputó el cetro á la sensación pura, y ya no reinó solo el "ge-·
nero chico," que si como género es amable á veces, como "imperio" es abominable, porque reduce el' horizonte de
la vida artística con las turbias y volup-

tuosas Y venenosas emanaciones de la taberna;: la mancebía. "Todo esto habéis oido, d~c,r, á _los_ mexicanos en su español
morb,_do Y s~n angulos, pero acariciador y
lánguido. l'8as frases hoy van á repetíroslas los poetas con su voz de oro, y penetrarán en vuestra alma juvenil, cantantes y aladas cmo un ritornelo de
amor y de admiración. J&gt;ara entonar en
~uestro loor el ca.nto délfico ó la cxtranam~nte ardiente y besaclora. canción
amer,ean~, solo necesitarán decir lo que
han sentido, y transcribir en su música
id~al, las impresiones con que os habéJS apoderado de sus voluntades. Pueden hacerlo ¡ay! son jóvenes, la juventud
es el supremo secreto de los poetas ... .
y luego ¡ es tan fácil rimar con vuestro

Domingo 11 de Marzo de 1900.
nombre todos los vocablos melódicos de nuestro
idioma! No necesitan, para ello, ni pulsar sus liras; bástales dejar correr sobre ellas el estremecimiento de u.na caricia .. . .

¡Ah! ¡ si me fuese dado hacer lo mismo! ... Antaño, cuando palpitaba el corazón sin dolor-porlJUe et corazón de los viejos sólo late dolorosamente--antaño sí. . . y al trazar estas palabras, resurge ante mi una visión de lo pasado, casi del
siglo pasado, una de esas visiones retrospectivas
que son, para cuantos comienzan á sentir baja
la temperatura de ]a vida, una delicia y un tormento . . ..
Era una emperatriz romana, sellora, una augusta
,1buela vuestra . .. se llamaba Adelaida Ristori ...
Aquí en este lugar, allá enfrente, resplandecía la
diosa de mármol vivo; cuando se dignaba encarnar
en la humanidad inferior, dejaba su sitial de marfil y arrastrando el áurea túnica por la blanca escalinata que rayaban las sombras simétricas de las
columnas dóricas y seguida por la trágica teoría
&lt;le las pasiones sobrehumanas y los dolores supremos, ~e mezclaba á las multitudes estremecidas que
rodeahnn el templo ... ]~ra 1{e&lt;lea, exterminando,
1 ,ara apagar sus celo~, el germen de las razas nuevas
en su-; propios hijos; era .Fedm asb;ticndo á la disolución de su alma en el inAerno del amor físico;
cm ... . Eso era siempre la sublime Adelaicla, ,)
la nudre inconí=olable ó la amante inconsolada ...
eso era la olímpica, r-eñora, que con un só]o ademán, con un sólo acento parecía complicar en sus
dolorer, á la humanidad entera ... Allí la veo; allí
]a cní=;1Jzamos su cortei::irnos y sus poetas: resonó In
,·o;,: amada siempre de Altamirano y su arenga_fué
una diadema. de perlas para la frente de la rema;
el Conservatorio la rodeó de mú¡;:¡ica y poesía; el
eminrnte patricio que dirigía la Re¡}ública, ";1ió
rn ex,¡nisibo homenaje H los nuestros .. . y p~so la
inmortal, diciéndonos: uvuelvo," y _í=e perdió en
una noche de trimúos y de gloria ... ¡Ay! ¡no volvió; ¡ no ha vuelto!. ..
Otra vino, y ésta, á pe~ar del "peschent" faróniro, y ele la sacra diaclern~ ?izant_in_a, no era augu~f a· era heroica· no era cla~1ca; sub1tamente parecia
rli;ina ...... La seguían fascinados nuestros ojos,
nuestros aplauso!!. nuestros corazones, á veces para1iznclos de asombro: era extraña, singular, satánica; ne, no era una diosa, era una. mujer, era la
perpMua protagonista de un drama que no ~stabo
í'n la obra, sino en ella, de un drama snbJehv_o _de
delirios sensuales, deéxtar-is mír-tico~, deneuro_s1s1?cnrables .... Era Sarah Bernharclt; su g~mo sm
gemelo, no daba vida á los per,sona¡es del
poema escénico. sino que los hacia . v1v1r en
e]la • no derramaha su alma en las creacwnes dramática!-, sino que las arrojaba en la hoguera de su
pasión y ele su sangre, y no quedaba en el fondo
más qUe 1rn eterno bronre de _arte .. . ·. Sarah,
siempre Sarah ... Fe~ora,, ifaTgar_1ta, Ga_uti,er. Teodora, Doña Sol. Fru--fru. no ex1st~an, solo ella,
sólo ella, .. . j Oh! cómo ~os conmovia, nos emb~g-aha, nos hacía sufrir físicamente .. • Y en me 0
de las espantables borrascas clel corazón, como en
la célebre tempestad del mar de Ht~go, se ola la
campana sonora del iant{istico _arrecife, resona1J,
resuena aún la campana ele cr1i::tal de su voz, e
la voz rle Sarab ... Por aquí pasó •~:es que vos, nos
dejó Bollozanter-, enfermos de emocwn; no convencidos, pero sí tristes ....
-&lt;e:&gt;o-&lt;e:&gt;

i Oh! vuestra dulce modestia me di~e, ,,me lo~~
d.icho )'H "no equivoquéis, no compare1s : . .. .L .
os. aclmuo é.. ,'dó
..
comparo,' senora.
senc1·11amente
.
No .:ois ni la dio~a homérica n! la eum m
'
p
· vos sms una persona•
¡::ublime del arte. ero S'OIS , 't é" en la escena
lidad neta y clara, ¡oh! Maria, en _,s
. antes·
.
h
ó · no dimensiones g1g
,
pr?porciones. arm meas, ,
de las ue lloran,
i::01~ una mnJer de las que rie~,
. is \oda equirle las que aman_. de las qu~ viven, tº1as otras, 1J
librio ponderación v g-racia. · · · •
d
1
estatt;a, ele mármol de Pa1os á
:~~;:vi~
hronce corintio atormenta o por e
{ fino V puro
!izado en convulsión suprema; á vos\ orfebre del
relieve orlado de laurel perenne por u

ªº)

~~:~t

Renadmiento en _la_medaltat:i~r~~1;~grado, ingéSo1s un renacnruento. . de un culto que E&lt;lnua y encantadora _sacer~obza
ue el espíritu es
recia muerto á qmenes ignoran q

EL MUNDO ILUSTRADO
un eterno creador de energías imperecederas, una.
fuente inagotable de inmortalidad y de renovación; habéis consagrado vuestra inteligencia y
vuestro cariño, á mostrar que vive siempre lo que
el arte una Yez esculpiera en la masa de miseria
y gloria que se llama el corazón humano ...
Y os entendemos mejor que á las otras, que á las
sobrehumanas, porque no necesitamos levantar l-0i:;
ojos para veros, s-ino que os miramos frente á noso.
tros. cercana, precisa, viva; y os entendemos mejor, porque no só]-0 habláis nuestro idioma, que
no acierta á desatar el bocablo en matices de iris,
ni en halos luminosos, ni en resonancias melódic!ls
que lo funden en la frase, sino que lo cristalizn en
gemas geométricas como los diamantes c¡ue engasta el lapidario; sino que habláis también, y rliga
nuestra emoci6J.1 con cuánta elocuencia, el idioma
ele nuestro$ sentidor-, de nuestros anheloi::, ele nuestras angustias, y, porque os comprendemos cual si
el eco fuérais 'de nuestra voz interior, nos subyu~áis sin esíuerzoynos hacéis tocaren el paroxismo
del horror ó del dolor, como 1a ola mansa y transparente que al tocar la roca se encrespa y salta y
rompe su transparencia en convulsos girones de espuma y su muel1e elegancia en trágicos gritos de
abismo .. . .

Y así resultáis la perla más pura de la í'0rona
artística de España, de la corona qut: uo ha rnído
á los pies de nadie, que nadie ha vio1f.i1n. ni !'1a
&lt;le~hecho en fragmentos ensangrent:.ul,&gt;s; cliYina t:orona que quedaría suspendida sobre el mar en que
naufragase la historia ibérica, comoelnimbodepe~pctua luz sobre el cadáver flotante de la 1111\rtir
cristiana. . . . . Sois la perla ae Psa corona, porque
encarnáis, porque sois la comedia española: la naturaleza transforma un trozo de carbón en luz solidificada, el genio español s11pc, co n anúJoga potencia, con pedazos de realid&gt;J.rl ri~füle ó espnntable,
tallar diamantes de poesía y dtJ ensueíio ... Eso es
la comedia, así la entendéis; así la vivís,así sois.¿ Se
ha repetido en la historia lit ~•raria de unestra civilización esa rrodigiosa éacilldad con que !os
maestros del siglo XVII haí'ínu correr un sentimiento: ora s011ris'.l., ora l ◄ .~•.·in:;1, al trarés &lt;le las
r111rl'J'ic·,i.::ionrs cla ia existe,::: ii.. pan1 clctcner!o en
un remanso enflorado de rosas y mujeres ó dejando
r&lt;'mper entr~ ellas y seguir :Pl pernliente lrn('ia el
ti Uismo? ¿ Se he repetido esü consQrcio ele Ji ri:;:mo
en la expresión, de realismo en la pasión, y de
romanticirn'IO en la acción, que, convergiendo por
todas las filigranas ele la imagen y todas las inverosimilitudes ele la trama, se funde y resume en un
gran golpe de emoción que embarga, como si hubiera pasado ante nuestros ojos- la visión misma
de la ,·ida, intensa como una fulguración fugitiva, como un relámpago, y dejando t:as de sí la
muerte, su inmortal sombra?
Todo ello lo hemos visto en vuestros ojos, lo hemos adivinado en los latidos de vuestro pecho,
lo hemos sentido, vivido en vos ... Y ¡oh! sorpresa, os hemos visto como quien sólo pasa un umbral, salvar, con donosa gallardía, el abismo gue
separa el cnmarín de antaño, vecino del sant~rnrio,
clel sa]ón moderno que confina con el escenario; os
hemos visto pasar sin una vacilación sola desde ese
mundo facticio en que la religión y el honor tenían
el mismo altar, y Jesucristo parecía crucificado en
la cruz ele la espada, al mundo nctual en que cada
uno esconde con ,ergiienza su ideal crucificado en
su propio corazón; os hemos visto venir ele la mujer del drama de Lope, ?oronada con las enormes
pelucas rizadas de las remas ele Velázquez, ahog~da por el corpiño de brocado y en¡~ulada en ~l tisú del tontillo seguida de la duena hipnotizada
por el oro de los ga Janes; os hemos visto • oculta detrás de las celosías que calaban el diálogo como un encaje y guardaban el calor de los besos frustados y deshacían
el llanto en lentas perlas tibias ele amor y de deseo;
os hemos visto venir ele e~a~ mujeres que p1recen
pulverizar la emoción en los átomos de oro del concepto y el discreteo, pero en quienes á veces se refleja el infie.rno ele amor y de pecado que el gran
Lope llevaba en el fondo de su vida, á la mnjer
creada por Echegaray, ~ la tragedia patoló¡l"ica,
torturadora, grandiosa, 1mpos1ble, cierta; tierra
abonada con sangre, miseria y crimen: tierra amasada con·fragnientos de abstracciones, de virtudes ó
vicios personific~dos, .co~ vis~ones y símbolos, y
sombras y clariv1denc1as infinitas, con todas las po-

•

dredumbres y todas las purezas, tierra satánica,
arcilla del infierno, de la que si¡rge como una planta negra el drama, sobre el que palpita, como una
flor del cielo, un corazón de mujer.
-&lt;e:&gt;o-&lt;e:&gt;

¿ Cuál es la cierta, vo5 lo sabéis, Señora, sin duda cuál es la real, la del teatro antiguo, la de Lope; pomo de cristal en que la pasión vierte u.na gota de esencia que basta á perfwnar una época, o7
mo los granos de almiztle ele los sarcófagos_ eg1pc10s
qne han perfumado la muerte durante cmcuenta
siglos, ó esta mujer &lt;le ]~chegaray, la hiperbólica
heroína de una sola, de una misma tragecliaquepudiera llamarse "entre el deber y el deber," perpetuo conflicto moral resucito por la pasión, según
el dogma. romántico, y que saca á lt1 mujer de la.
verdad humana general, para colocarla, no en la
verdad particular, sino en la excepcional, y a.hí desvanecerla en metáforas y sublimarla en lirismos
de modo que su contacto con larealidad,seacomoel
contacto de una nube elóctrica con la tierra, por
medio del rayo, del crimen, de la muerte?
¿ De qué depende que la emoción viene siempre
y que pugna por contener un sollozo inmenso el
pecho comprimido hasta la agonía? ·¿Por qué esa
fábula trágica que parece desarrollarse no en la
tierra, sino en un planeta más cercano al sol, produce en nosotros el efecto de una realidad YÍl•ida
que surge de nuestro iJJterior y se torna movimiento y drama en ]a escena? ]~se es el secreto de vuestro autor preferido; secreto que con~iste, pr ventura, en que, por absurdas que las conmbinaci6ncs
teatrale:; i::ean, por excesivos é irreales que los caracteres parezcan, por deformados que resulten los
sentimientos, asilos siente y los vive el autor dentro de su alma, con jncontrastable energía y así
nos lo impone.
Si es el secreto del autor y el vuestro; vos no.-;
habéis revelado la unidad del genio dramático de
España, que no puede comprenderse fuera del
"medio" español, dicen críticos conspícuos, lo que
es nada más una media verdad.
Nos habéis rev,elado esa unidad profunda, con
sólo interpretar las obrai:., con sólo mostrarlas en
acción sobre la escena donde vuestros el istinguidos compañeros de labor os secundan con tanto
acierto, en &lt;londe con vos colabora con tan exqu~
sita é inteligente devoción del arte y del artista, el
admirable Gabriel de 3Ieclina de ayer, vuestro Fernando de siempre. Al veros, al oíros, al sentiros,
hemos comprendido que la mujer del teatro de Lope es, no ]a abuela ele lfl mujer escénica de Echegaray, sino la misma, transformada, complicada
infinitamente por el "medio" social, como la ele
Calderón es la de Zorrilla y García Gutiérrez, como la de Tirso y ele ~forclo es le ele Uoratín y ele
Bretónyparamostrnrno3 que en toda esa literatura
eminentemente convencional, no hay de :ficticio
más que la trama, ni hay de Cacticio más que la
imagen, pero que el sér interno vi\1e con la más
intensa de las vidas, habéis encontrado un arle
sorprendente, el ele ~er vos misma, el de no forzar
ni vuestro ta]ento ni vuestra exl?resión á traducir
otra cosa que lo que sentís; á ser ingenua, á ser
si-.Jf'era, á. ser honrada, puesto que Ja plena confurmidad con nosotros mis-mos es la fórmula mi~ma de la honradez; esa propiedad de vuestro bien to, ese candor con que os abandonáis á los rec·ursos que os sugiere vuestra conciencia de artista, e , en vos, señora, tan graciosamente natural, que añade siempre á vuestra voz acariciad,:ra v grave, un acento peculiar que suelen imprimirle flexiones infantiles; ellas hacen recordar
la perenne ingénua que en vos vive, el agua clara
que hay en el fondo del vaso de hlgrimas y •angrc.
Revelímclonos así vuestros poetas favoritos
(otros nos los habían presentado, vosotros nos los
habéis revelado- habéis refutado la teoría de que
fuera de España no existe la mujer del drama español; locura: es la misma ele todas partes, es un
sér frágil y clivino, viviendo en el medio social
que el hombre ha hecho para ella; ¿qué digo? en
un medio que es el hombre mismo, y reobrando
con el sentimiento contra ese medio, hasta mocliñcarlo y apropiarlo á su evolurión. ¡ Oh! no, señora.
ni vos ni yo somos "feministas," no es cierto? e.;
decir, si lo somos en el sentido gemtino de la palabra, porque deseamos que la mujer siga siendo
mujer, mientras el "feminismo" es la doctrina que

�•
EL MUNDO I LUSTUA:DO
enseña el modo de convertir á la mujer en hombre, lo que debe de ser por todo extremo molesto y feo. ¡ Oh! no~ ¿para qué queréis ser iguales
al hombre, si le sois superiores? Yo no sé si en
vuestra patria se verifica ésto, pero de la mía os
sé decir, hablando en serio, que el fenómeno se
verifica y que, moralmente, diez mejicanos no valen una mexicana; yo, al menos, no haría el cambio. Pero sin ser feministas, habrá que convenir
en que es preciso facilitar á la mujer la modificación del hombre; y ella tiene en el sentimiento
una energía de tal potencia, que todas las de la naturaleza nada son en comparación suya .... Todas las fuerzas naturales sumadas llevan á una interrogación para la que el Universo no tiene respuesta, las energías morales, las corrientes, de la
sensibilidadllevaná una suprema afirmación : Dios;
y esta afirmación es la respuesta á la pregunta del
Universo.

Pero dejemos estas filosofías, señora, y volvamos á vos, que pertenecéis á la única parte de la
filosofía que suelo comprender, á pesar del griego, á la Estética, es decir, al Arte. Y váis á ver
cuán indiscreta es mi curiosidad. Cuando os
-veo subir con tan gentil presteza por la escala de
las pasiones, que es la continuación en la sombra
de la escala de- J acob que lleva al cielo, me planteo este problema : ¿ cómo esta sencilla mujer de
corazón y de hogar, habla con tan admirable instinto el verbo mismo de los dolores incurables, de
l os amores imposibles que, como la túnica del
Centauro, sólo se arrancan con la vida, y sale de
un delicioso episodio de la vida galante discret eado por Tirso ó por Moreto, enflorado de conceptos y salpicado de cristalinas gotas de harpa, ·
y penetra en una pavorosa sima moral, de esas
que sabe abrir en el fondo de la conciencia humana, para nuestra tortura, el poeta excelso, el
gran inquisidor Don José Echegaray? ¿ Cómo pueden vivir juntas vidas tan disímbolas, unirse con
pocos minutos de distancia tanta paz de existencia

FEDERICO CHOPÍN.
~

P aderewski, el renombrado pianista que actualmente nos visita,
t iene predilección por la música ile
Chopin, según puede ver~c por Li.
preferencia que le dá en los prog ramas de sus conciertos, y tal predilección no car ece de fundarn€Jlto,
puesto que hay entre pianista y
compositor puntos de semejanza de
car ácter y sentimientos.
Estos eran en Chopin de tal nat uraleza que uno de sus biógr afos
decía :
Nació par a amar, murió por
amar.
Amó en ~u infancia, amó más en
sus mocedades, apartado de su patrio
hogar, apartado de los suyos; y expiró amando locamente.
En el pueblo Zelazowa W ola, cerca de Varsovia, y en el año 1789, vió
la luz Federico Chopin.
La música empezóla á estudiar á
los nueve años con el profesor Zywna, que le enseñó la escuela de los
grandes clásicos, especialmente Bach.
En esto, viendo el príncipe Antonio Radziwill (al cual fué presentado
Chopin) que era un joven de talento
y porvenir, se encargó de sufragar
su educación, colcándolo desde entonces en uno de los mejores colegios ele Varsovia.
Entonces Chopin entró de lleno
en la ~l ta sociedad, que se lo dispnta ba para oir de sus lindas manos las ":\Iazurkas" que iba componiendo. De esta época. datan sus primeros amores con una hermosa varsoviana· amores contrariados, que
indujer~n en su alma el desengaño;
llaga tan terrible como provechosa.
Chopin empezó á cantar en s~s
composiciones las penas del corazon

y tan fieros gritos de combate; la inefable dulzura
del arrullo maternal junto á la cuna en que aletea un niño, y esas supremas amarguras que
Guimerá obtiene resumiendo en una lágrima toda la amargura del océano? ¿ Cómo se puede ser
así; vivir con un mismo ritmo tantas vidas; descomponer el rayo de sol de la existencia propia en
el iris discolor de tantas otras, terribles todas,
todas iristes .. . ... ?
¿ Me permitís adivinar ese secreto y darme sin
esfuerzo la solución de ese problema? Vuestra vida de mujer explica vuestro arte de actriz; sabéis
amar, y en la serenidad tranquila de vuestro afecto finca el maravilloso depósito de energía, que os
transfigura de continuo; y no ~y que escudriñar
más, señora, toda mujer que sa~ sentir, es capaz
de perder al mundo con un latido de amor y de
redimirlo con una gota de dolor; ¡y cuántas y
cuántas han visto discurrir su vida entre un paraíso silencioso y un cal vario ignorado!

He tratado, no &lt;le aquilatar vuestros méritos,
que para ello habría sido preciso apurar, con arte semejante al vuestro, el esfuerzo por reviviros
aquí en vuestras creaciones y vuestras interpretaciones, sino de darme á mí mismo cuenta de
vuestr o derecho al homenaje que aquí os tributamos. Y no sería yo un mestizo hispano-americano, si, para concluir oote monólogo, no os diiese
dos palabras de política : lo sé, lo sé, es de zafios,
según dicen, hablar de política con las damas; pero vos habéis sido reina de España, y sólo cuanto al interés del pueblo atañía, aclaraba vuestra
razón nublada por los celos .. . . De un interés parecido se trata aquí; somos una demccr acia que se
va formando en la escuela obligatoria, todo cuanto con la educación nacional tiene conexiones íntimas, solicita ardientemente nuestro interés : somos una personalidad latina
por todos los elementos de nuestro espmtu; todo cuanto, en medio del forzoso cosmopolitismo en que tenemos que movernos los pueblos

Domingo 11 de Marzo de 1900.
americanos, tienda á reforzar nuestra personalidad, nuestra fisonomía propia, nuestra autonomía psicológica, nos permitirá, lenta, pero seguramente, resistir y dominar todo empero de absorción social;. somos una democracia que prepara
sus cimientos y esboza su corona de cultura superior. Y vos, señora, nos servís á maravilla para
todo ello; porque en la educación nacional el teatro es un agente de primera importancia, y vos
sois el teatro; porque para mantener nuestra personalidad n.acionaJ., necesitamos principalmente
mantener nuestro idioma pegado al tronco por
donde la savia sube, y vos sois la literatura clásica,
no la relamirla y refinada, sino la copiosa, robusta
y salubre de los grandes maestros del siglo XVII;
porque en la cultura superior, la artística, es la
flor misma á que la planta tiende, y vos sois esa
flor, sois el estimulante eficaz, por su gracia misma, que nuestro genio dramático espera para
cristalizarse en obras bellas. Ya veis cómo, modesta y buena como sois, resultaréis una necesidad'para contribuir con nosotr os á formar el alma nacional. ¿ Os gusta la empresa? Así lo ha creído el Jefe del Estado, que con una solicitud siempre joven
y siempre nueva, prepara y presiente todas las
manifestaciones de la vitalidad mejicana en lo
porvenir.
Por eso ha firmado con vos, en el documento
que se os ha entregado, un pacto de alianza; es un
pacto leonino, para vos el honor, la utilidad para
nosotros, y para el naciente plantel, que os pide
unos cuantos instantes en que unimisméis vuestra
doble existencia de madre y de artista .. . .
Colaborad ¡oh! dulce princesa latina del arte
y del ensueño, colaborad en esta obra, asociaos á
nuestro anhelo; dejad aquí guardadas algunas gotas de la esencia de vuestro talento y de vuestro
corazón . . . Seguros de ello, desde hoy os saludamos como nuestra, os amamos como un alma que
une, y esparcimos nuestros votos por vuestra
glor ia y vuestra vuelta en la estela del barco que os
lleve á la P atria ¡ oh! ¡ María! y que os alejará
de nuestro ojos, no de nuestra admiración, ni de
nuestra gratitud.

Domingo 11 de :Marzo de 1900.

F,I, MUNDO TT,TTR'T'R Ano

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herido, hasta que convino con su
familia distraerse efectuando algunas excursiones artísticas, que celebró por varias capitales de Alemania.
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Aprendió el estudio de la armonía
con el profesor J oseph Elsner; y,
en ocasión de estar verificando un
viaje por el extranjero, estalló súbitamente en Polonia la terrible revolución del 29 de Noviembre de
1830.
En esta época compuso sus "Polonesas," todas tan hermosas y tan
descriptivas por su ideal tan elevado
y poetizado. Siguieron Luego los
''Preludios, Estudios Nocturnos, las
Sonatas y los Conciertos."
Después de conocer á su amiga
Jorge Sand, Chopin enfermó prontamente, pues el amor que sentía
hacia la célebre escritora le era irresistible por inmenso.
La enfermedad se d:sravó prontam€:'1tE, y decidió ha ·cr un larn-o viaje por España al obj-jto de p1~curar
el restaLleciwient.&gt; J.e su sulutl, pasando po, esa cirnh.'!. cou uir.:ic.::1ú1.
á la isla de "Mal'.i:,rca, pun!-o elegido
para el reposo deseado.
~ e. Sand, al saber la gravedad
que iba adquiriendo la eufermetlatl
~e su amado, dirigióse rápidam ente
a ~fallorca en busca de su querido
amigo; mas Chopin sentíase cada vez
más enfermo y delicado. En Valldcmosa compuso el hermoso preludio
en re b' el cual representa el ruidro
que hacía la lluvia al caer sobre los
vidrios d.e la sala donde él estaba escribiendo.
Chopin, sintiéndose más enferno, abandonó rápidamente Mallorca
dirigiéndose con la ~and á París, e~
cuya capital espiró el año de 1849.

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Domingo 11 de Marzo de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

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DolD.lllgo_ l_l-=--de~arz~o~d!e~1!90:::0~.="="="="=="=='=='=='==";;E~L~M;,:,UND~~O;,,I~L~U:;;S~T~R;,;,A~D~O~='=='=='=='==="='="'-"'--="--""-"'-"'="="="="="="="="="'"
del símbolo, aventurero del ideal, idólatra de_ la rima hermosa que se despliega elegante, grácil, lumínea como el amplio olán de una aurora bol
•
real . . . Con tu pe~mi~o i~c ~cerco á 1~ lu~ . •; i e~
tan bonita!. .. (ric-nc-nc-nc.) Pero ,ay. tu sa
fl bes que mucho nos creemos poetas y no lo somos :
· " que otros los somos y no se n_os cree·. . . que ~n
la ola crespa de la fama, ha.r quien donuna Y sur¡e,
f quien flota I_la.da m~s, y quien se swnerge y desa:
parece. . . Los pr1rne!·os i qué poc~s!. . . los_ se
gundo.s somos la mayona, una. mayona ~e amb1c1~sos, de contumacc~, de rebeldes, d~ mcoD:ve~.c1blcs, de engañados por nuestra pr?P'ª conviccwn,
que luohamos persiguiendo la qmmerci .... ¡Pero qué hermosa es tu luz!. .. no ?irnos al que nos
grita ¡tonto!; no e!1t~~dcmos smo. á la voz de
nuestra. íntima eonv1rc10n que nos dice para halaélitro3; es decir. uua mistificación. una eugañifa, garnos "¡poeta!""¡ o-enio!" .. . tu verso es oro puro acuñado en imp;rial troquel . .. " Los últimos,
una solemne mentira.
Otros te dirán que esa. versión es una calumnia: los que naufragan, son aquellos que intentaron ir
que los grillos ~antan, si canto puede llamarse á la al Santo Graal, y· al emprender el cammo se les
rí~pi&lt;la y única nota que lanzan cada vez que se desplomó encima el orbe ... son los olvidados, los
lfls ocurre, al bla.1100 rayo de la luna ó en la es- que más filósofos, se resignaron y abandonaron el
madrigal por el mostrador y el hexámetro por el
re,a tiniebla d~ las noches d_el Estío.
. •
Los más profundos, los mas JUICIOs?s te d~ran arado ... Los rebeldes, (ric-ric) los contumaces, no
que la verdad es .... que no se sabe s1 los grillos nos conformamos jamás con la derrota, .. ·.· _¡Jaca.ntan ó no, y el porqué de sus arrcbatod canto- más! (ric-ric-ric-ric-ric). ¡Oh! luchamos y v1~1mos
cantando, cantando perdurablemente, ... ¡ Si queras. Y la razón es obvia:
remos hacernos oír y no nos oyen!. .. Pero tu h_iz
es fascina.dora!. . . Y no nos oyen, pasamos sm
'• g¡ mentir de las estrellas,
hacer ruido como el espectro de Ellsinore, y sin
Es un segu ro mentir,
embargo, cantamos ... (ric-ric-ric) no quieren
Porque ninguna ha de ir
creer que somos poetas ... Y la obsesión de la gloA preguntárselo á ellas."
ria aJcanzada por los otros, nos persigue, nos hosY bien: yo te voy á decir algo sobre el parti- tiga, nos espolea. . . ¡ tu luz es lo más bello que
hay!. . . y cantamos siempre por alcanzarla .. . .
cular.
.l'.'ste era un grillo: un hermoso y fuerte ¡¡ri- ric . .. -ric ... -ric ... y nos morimos cantando !
Nuestra más natural transfiguración¿ no te pallo, negro, de lustrosos élitros, ágiles moV1m1entos, ojos de miope y que traía á la Cola un es- rece que debe ser en grillos? nos transfiguramos,
padín corno el de Mephisto. Todo un guapo gn- pues, en lo que fuimos en vida; grillos; grillos
llo que una noche en la que tu atento servi~or que no se sabe si cantan ó si su canto es un ruíd~,
buscaba con ahinco un rebelde consonante, péno- una frotación desesperada de élitros .. . Y segmla en ristre y con la cuartilla de papel, limpia mos en nuestro nuevo sér, cantando, cantando
aún enfrente á la luz de mi veladora entró revo- siempre como unos poseídos,. . . ric. . . ric ....
loteando por' la abierta ventana y después de re- ric .. . . y esto nos asesina!
Y mi grillo se precipitó á la flama; oí una crezumbar dando vueltas por el cuarto, cayó en nupitación
rápida, acaso un grito, y cayó muerto . ..
tad &lt;le la cuartilla destacándose como una tremenYo no sé que otra transfiguración emprendeda mancha de tinta. Encogió el aurláz los remos,
plegó las alas, palpó el papel con las finas ante- ría.
Lo que sí sé, Blanca Rosa, es que desde ennas, y concluyó por encarársemc, mirándome de
tonces no hago versos. . . ¡ Le tengo un horror á
hito en hito.
ser grillo!
Después de un momento
€sfebán ]tfaqueo &lt;!asfellar¡os.
de aquella mirada, llego á
mis oídos una risita tipluda y burlona . . . . . . Era
el grillo, sí Blanca Rosa,
era el grillo quien reía
Rompe sus colla res
y quien acabó J&gt;Or decirme
De aceradas cuentas
sarcásticamente:
La lluvia tediosa,
-Buenas noches, poeY en tristes can tares
ta. . buenas noches . . .
Y baladas lentas
Sentíaimpulsosde aplasMi fastidio glosa.
tar al importuno:
Me
Sus finos cabellos
comprendió sin duda, pues
Cuelgan en manojos
me dijo :
De alambres sutiles,
-No te incomodes ..
Y el dolor tras ellos
vengo de muy lejos. .
Húmedos los ojos
vengo de cantar, allá en
Muestra sus perfiles.
el campo, sendas secretas
Echado en la alfor.::bra
á Venus Véspera, empinaDe obscuros florones
do en la excitante flor
RI lebrel bosteza,
de una espiga de maíz ... .
Y su larga sombra
V:i abiierta ~l pasar
En Jos corazones
tu ventana, y escapándo'fiende la tristeza.
se por ella un reguero
Cuán tediosamente
de luz : y como la luz es
Mi amargura ll oras
mi obsesión, como me
En tu queja vana,
ciega y me atrae, como me
Y mustia y doliente
quema y la adoro!. .....
Las triviales horas
me colé de rondón v aquí me tienes. ¡ Qué bella
Tu rueca devana.
lttz la de tu lámpara!
.
Finges con tus notas
Una rápida inspiración detuvo en mis_ manos
Querellas extrañas,
el libro alzado para desplomarlo su?re el rntruso.
Rezos conventuales,
-¿ Por qué cantan tanto los grillos?-le preY coreen tu gotas
gunté.
,
.
Cual grises arañas
-Ohoóóó .... Tu pregunta es peregrma . ..
Sobre los cristales.
¡ pero que espléndida luz la de tu lámpara! ... puea
Banal y porfiado
verás: (y la notita ríspida y ácroma del canto se
En la calle suena
dejó oír suavemente modulada) ¿ Quién creerás
Tu repique lento,
tu que soy yó?. . . Pues yó soy tú .. . ¿ te admiY su són cansado
ras?. . . espera. . . no precisamente tú. . . hablaTraduce mi pena
ba en sentido figurado . .. pero yo soy uno que coY mi aburrimiento.
mo tú, fué poeta, soñador empedernido, amante

ll!-""'~--~!"'"'----"'."'----r11

}fe preguntas, curiosa impenitente, por qué no
hago ya estrofas, por qué no bordo ya versos ....
· Ay Blanca Rosa! 1· rrenao tantas razones! ...
' "Este era un grillo"
º ... Te voy a. dec,r
. un
cuento.
"Este era 1&lt;1.n grillo" ... ¿ Conoces tú á los grillos mi rubia Blanca Rosa? Sí de seguro: los has
visÍo serios enlutados, con sus obscuros élitros
que semeja~ la toga de un inmutabl e magistrado ó la dalmática de 11n canónigo en dia de muerto~; con sus grandes ojos fijos, inmóviles, de. penetradora mirada, v sus patas tr:aseras parecidas
á las piernas de lin escueto lacayo. . . á mi me
simpatizan los grillos. Sorprendo en ellos, á veces,
actitudes de filósofos profundos: en otros, creo
que son políticos furibundos que se disgañ.itan por
hacerse oír, y cuando reunidos lanzan al aire, en
las noches, su fanfarria estridente, en alegre estudiantina, y cantan y cantan hasta que llega la
aurora huyendo entonces á dormir sin preoc_upaciouea en el cubil obscuro, creo que son traviesos
cursantes de Derecho Romano que han "corrido
gallo," y entonces ... hasta los quiero! Yo he sido
estudiante, Blanca Rosa.
Y sin embargo; no hay animal más malamente
clasificado, más enigmático y menos bien compreudia'o que el grillo ...

\
•

•

S'! Exposición de Artefacto■ de lo ■ alumno■ del• Escuela Indust:riaJ Militar "Porfirio Diaa:."

NUESTROS GRABADOS
La educac/6n

los

boeros.

Ha llamado mucho Ja atención, durante la guerra que actualmente sostienen Inglaterra y los
bóeros, que estos últimos se hayan acreditado como magníficos tiradores, cualidad que ha costado
bien caro á los ingleses, porque han perdido ameritados y valientes jefes de su ejército, sobre quienes han hecho tenáz puntería los enemigos.
La maestría en el manejo de las arma3, es consecuencia forzosa del hábito, del ejercicio constante, y este punto está muy bien cuidado entre
los educadores bóeros que enseñan á tirar al blanco á los niños desde su más temprana edad, según
puede verse en el cuadro que reproducimos.
La mujer más nerviosa, nos decía un conocido tirador y Coronel del Ejército, el indigena
más rudo, el hombre más pusilánime, están en a.ptitudes de llegar á ser magnífico3 tiradores, si se
les sabe educar y se les sujeta á una práctica constante.
Los bóeros, que según parece, siempre se han
ocupado en prepararse para la guerra, observan
cuidadosamente esa enseñanza.

LA BALADA DE LA LLUVIA.

Si á un naturalista le preguntas por este animalillo, te responderá que "es un insecto de la familia de los coleópteros, especie de los etc., etc .. . "
Si á una vieja mojigata, te dirá que es un aninullillo acreedor de todas nuestras consideraciones
porque acompañó cantando en la noche de su cautiverio al divino Jesús.
Pero ninguno te sabrá decir por qué los grillos cantan como cantan; desesperadamente, vibrando satisfechos la cuerda única de su pobre
laúd. Al contrario; muchos de sus observadores
te dirán que no es verdad el canto de los grillos;
que ese canto no es otra cosa que el ruido arrancado por el frotamiento veloz de las patas sobre los

de

=

=

Cn el campa,nento Inglés.

Una de las dificultades con que ha.n tropezado

las fuerzas inglesas, ha sido las lluvias constantes
que han caido sobre su3 campamenlos, ocasionando que los soldados enfermen, los aperos se maltraten y los víveres se descompongan. En cambio, gracias á esas lluvias, los campos están produciendo magníficos pastos.
-&lt;:&gt;O -&lt;:&gt;

Joahannesburg.

Damos hoy una vista de la mencionada ciudad,
que es una de las más ricas del rrrnnsvaal, y que
más violentos progresos ha realizado. Su población
es numerosa, cuenta con magníficos recursos y los
habitantes, en su mayoría, son blancos.
-&lt;:&gt;CX:,.

Kermesse en San Pedro (Ca;; h,)

La galante sociedad de aquella rica 1 egión algodonera, estuvo &lt;le plácemes en los &lt;lía , 4 y 5 del
actual, con motivo de haberse organi -ado varias
fiestas, cuyos productos se destinaron á beneficio
del Hospital de Jesús.
Entre estas fiestas, á las que dió 1,·gar la inauguración de la parte del• edificio, cr,yo construcción está terminada, fué la más sobr ~saliente una
kermesse, en la que tomó parte Jo L .ás selecto de
aquella sociedad.
Los puestos, que fueron numerosLs y con adornos del mejor gusto, estuvieron servidos por las
señoras y señoritas siguientes:

Señoritas Paz Corral, Sofía Ornelas, Octavia
Benavides, Esther Diaz de León, María Medellín,
María González, María ~fijares, Domitila Valdés,
Heladia Perchez, Paula Ruiz, Amalia Serrato,
Elisa y Josefa Vargas, María Valdés, Esther Palacios, Pilar Ocadis, Sofía Zertuche,
María Carmen Medina, Luisa Cervantes y María
Zertuche.
La fiesta íué espléndida, y se colectaron para el
Hospital más de $800.
Las fotografías que hoy publicamos, las debemos á la bondad del señor O. W. Stephenson.
-&lt;:&gt;CX:,.

La Escuela Industrial **Porffrio Dlaz.!11

Ya en nuestras ediciones diarias nos hemos ocupado con la extensión que merece, del importante
plantel citado, que existe en la ciudad de Moreha,
y al cual dispensa decidida y empeñosa protección el Gobierno de Michoacán.
Merced á ella y á la buena dirección del establecimiento, se han realizado allí rápidos progresos,
que pudieron ser valuados públicamente en las últimas fiestas ele Febrero, con motivo de la exposición de artefactos, debido á los alumnos, que se
abrió en esos días. Nuestras i\usiraciones cla.n
idea de lo que es este edificio, y el aspecto que
presentaba en el momento de la apertura solemne de dicha exposición.

•

L _ __ _ _ _ _ _....

€/rér¡ /febo/ledo.

I

Octavia Benavides, Paz Corral, Bofia Ornelas,
•a.aria B esendez, Juana A. B amirez,
l"ra.nciaco Pa.s.

Sri.ta.. Jla.za.da. Bezendez y Prancisoo Paz.

Delfinl\ Espinosa., D r. P. &amp;uh:, Trinidad Bamfrea,
O. B. de llrlendoa:a, Consuelo A. de Viezoa,
Lutaa P , de Hernimdez, B. efuQ'io 11. deJledellin

�EL MUNDO ILUSTRADO

D omin(Yo 11 de Marzo de 1900.
o

-

-

ILUSTRADO

LA GUEBBA EX SUD-■AFBICA.
AÑO VII--TOMO I--NÚM. 11

MÉXICO, MARZO 18 DE 1900.

Director: L i c . B.&amp;.l'A.EL BEYES SPÍJll'DOL&amp;..

Campamento inglés después oe ur¡a formenfa.

Vista de Johanr¡esburg, ur¡a oe las rr¡ás ricas ciudades de Sud-fifrica.

K..&amp;.lll.&amp;. A:a'TOJll'lETA Elf SlJ P&amp;ISlOlll'.••Cuadzo de CH. L . K u llar.

Jl{uchachos boeros ejercifánoose en el flro .

80BSCRIPCJ01' MENSUAL .!'ORANltJ,, Sl.00
!DEM IDEM EN LA CAPITAL, 81 211

Gerente: A.lll'TOlll'lO CtJYÁS

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1900, Año 7, Tomo 1, No 10, Marzo 11</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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