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                  <text>EL MUNDO TLUR'T'R~no

.
10·• de Abril de 1900.
D om¡_ngo

~L MUNDO 1LUSTRADO
AÑO Vll--TOMO I--NÚM. 14

:Director: Lic. ll.A.FAEL BEYES SPÍNDOI..\..

MÉXICO, ABRIL 8 DE 1900.

SUBSCRI PCIOI&lt; MENSUAL FORANEJ., SI.~
lDEM JDEM EN LA CAPITAL, Sl

Gerente: A.NTOllíIO ClJY ÁS

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CRISTO EXPIRANDO SOBRE L~ CRUZ.
¡DIOS MIO, PEBDCNALOS!
cu.a.n:ao DB v.a.s DIO:lt.

�EL MUNDO ILUSTRADO

t.--La conferencia da la Haya.
2 •••/nglaterra y el Africa austral; los
votos de América.
3 •••• Rusia y Turqula.

En el parlamento belga y en el Reischtag
alemán se han hecho alusiones entre irónicas
y tristes á la ine:fic-acia de la Conferencia
de la Haya y, cierto, hay para qué: la terrible campaña en el Africa Austral, abierta
al día sio-uiente de la Conferencia, y que ni pudo
ser evitada ni ha podido ser atenuada, y si han pensado en ello las altas potencias que firmaron los
protocolo;:, es para descorazonar al optimista más
r ecalcitmnte. A eso aludía el monseñor que en el
parlamento belga mezclaba á sus observacio~es
m elancólicas sobre ese tema, unas cuantas alus10nes de mal género á la política de Inglaterra; el
ministerio lamentó la ofensa por boca de uno_ de
sus miembros y dió plena satisfacción á los in~leses
y á la reina; muy bien hecho•; era esto de rudimentaria cortesía. Pero es la verdad que esta lucha
sangrienta en las cuencas del Tugela, del Orange
y del Va.al parece un comentari? sa~cásti~o de
conferencia; verdad que el arb1traJe obhgator10
fué desechado; pero, en :fin, el espíritu _paci:fica~or
que animaba ,á los altos delegados. ~ubiera de~1do
encontrar una forma de intervenc1on que hubiese
neutralizado la obra de muerte. El espíritu del
Tzar Nicol ás se transparenta en sus invitaciones,
y aclaraciones, la conferencia debía en ~u ánÍ:111º
imperial significar, sobre todo, un paso mas, un rmportante paso, en la solidaridad hum~a.
. .
Sobre esto, precisamente, pronunc10 el M1mstro de Relaciones del Imperio alemán contestando
algunas interpelaciones s?cialistas, cier~as frases
categóricas correctas y frias como la hoJa de una
espada,
las que hay que doblar tristemente la
cabeza. El Emperador Nicolás había adoptado como norma del concierto que provocó valiente y
humanamente la vieja divisa: cada uno para todos,
todos para cada uno.
..
Lo contrario proclama el conde _de Buelow: ?~da
cual para sí mismo. En las cuest10nes de poht1ca
internacional el Imperio, dice el Ministro, no reconocerá nunca otra guía de conducta que la "salud pública" del pueblo alemán. Estamos_ convencidos, son su s palabras, que un Estado mdependiente tiene en sí mismo su :fin; que no puede, en
el dominio político, reconocer :fines más altos qu_e
los de la protección de sus intereses y el $.ostemmiento de su independencia para realizar l o que es
el objeto mismo de su existencia.
De modo que su :fin humanitario. no lo es para el
Imperio, si en algo se comprometen_ ¡,u~ ~nter~ses;
como dice un oocritor, eso es el mdividuahsmo
internacional en lucha con la solidaridad humana.

!ª

ante

!.-La nota de costo de guerra Sud-africana se va pi"ecisando ya en Inglaterra; el sacrificio de hombres se calcula poco más ó menos
en ninte mil hasta la entrada del mariscal Roberts á Bloemfontein, entre muertos, heridos y
perdidos; el sacrificio de dinero es com_~ d~ 400
millones de nuestros pesos. Y como el eJercito ha
crecido mucho, y como la guerra sigue y cuando
haya con cluído comenzará un largo período de paz
armada, ha sido preciso equilibrar el presupuesto
y evitar el "deficit" con impuestos nu~ios; á lo;
ino-leses, aunque están perfectamente dispuestos a
pa~arlos, les parecen altos; con decir que sólo sobr: el impuesto á la renta (income-tax) el recargo
será del 50 por ciento, podrá comprenderse que no
son precisamente leves los tri~utos que se preparan.
Hay algunos periódicos serios como el "St James
Gacette," que no sólo no los encuentra ieves, sino

endiabladamente pesados.."Ros hemos arrojado,
dice, en esta guerra "inevitable'' con el fin de desembarazarnos de los "colosales" armamentos boers
que habían llegado á costar "seis millones de libras" y co.n el propósito de mejorar ~as pe_rspectivas de lucro y las condiciones de ex1stenma d_e
una ciudad del 'l'ransvaal, y para ello hemos sacrificado 10,000 hombres, gastado cien millones de
libr as desconcertado nuestro sistema colonial en
'
.
Sud-Africa, y probablemente toda nuestra orgarnzación interior. Cada boer sometido nos saldrá costando dos mil libras, cin contar las que nos costará
gobernarlos."

La muerte del gran patriarca guerrero de los
boers dará motivo para otra proclama del shuffeta,
caudillo de las tribus ó Juez (como lo fueron Sefté, Gedeón ó Samson) del padre Kruger, en que
citará tres ó cuatro salmos en honor de su amigo,
que será llorado por los "comandos" y seguido en
espíritu hasta su última casa, por todas las almas
honradas c1e todas las Patrias honradas, empezando por la de su Majestad la piadosa reina Yictoria:
"Dios, dirá el viejo Patriarca sobre la tumba de su
amigo, Dios le reserYó el supremo consuelo de dormir el sueño eterno en su tierra todavía libre. Juremos que siempre lo será esta tumba."
¡ Noble y gran pueblo éste, y cómo merece ser
libre y ser respetado, y qué aplauso inmenso de 1~
civilización humana recibirá el Imperio inglés s1
lo respeta y lo deja libre! Si logra ser vencedora
y hace esto, la gratitud de la Holanda africana le
será más provechosa, que la sumisión por la fuerza y la opresión y la tiranía. Esperemos de Inglaterra un supremo ejemplo; habrá mostrado así que
coJ1serva íntegro su resorte moral y que siendo
bondadosa y generosa, resulta ser la mejor calculadora, como siempre.

Por lo demás, la falta de J oubert sólo será moral; desde el punto de vista militar quizás no. Ya
estaba viejo, tenía m3s tierno el corazón de lo que
acaso convenía en una guerra desesperada y todos
saben que al temor de sacrificar á sus boers se debió que dejase al tiempo, y no á una acción rápida
y decisiva, la rendición de Lady Smith, que habría cambiado un poco la faz de la lucha: Seguro
de que Buller no podría llegar á la plaza sitiada
mientras él no se retirase, en lo que tenía perfecta
razón, esperaba que los sufrimientos acabarían
con la resistencia del General White; y estaba á
punto de lograrlo, cuando el plan estrátégico de
Lord Roberts, obtuvo feliz suceso en el Estado L ibre y lo obligó á retroceder para no ver cortada
su retirada hacia el Transva.al, lo que permitió
avanzar á BuUer, dejando escapar por el ángulo
septentrional del Natal, al invencido viejo custodiando sus inmensos convoyes.

J oubert había sido el autor del plan estrictamente defensivo, observado lo mismo en el Tugela qu e en Moder River; ¿ creería que esta actitud
era un deber religioso, ó no confiando en la absoluta sumisión á la discip lina de sus soldados-labriegos temería un desastre si intentaba aprovechar el desor den causado entre los ingleses por
sus rechazados asaltos, para atacarlos y convertir
las derrotas en desastres? Esto segundo debe ser
la verdad.
Lo es también que en estos momentos ya, un
núcleo del ejército boer (leáse "buur") tiene todas las cualidades de permanente; se ha transformado educándose, lo han educado Buller y White.
Gataere y Methuen y los Sres. Roberts y Kitchener; una enseñanza objetiva ele primer orden, la
de la sangre. Y cuando Inglaterra ha rechazado
toda proposición de paz, basada sobre una independencia tan admirablemente defendida, el espíritu de los primeros días de la lucha, saturado de
seveo entusiasmo bíblico, ha renacido con pasmoso vigor. Nada parece haber producido en él un
serio eclipse; los desastres en el Estado libre, cuyo
nombre han cambiado oficialmente los ingleses,
con muy }?Oca prudencia, por cierto; la superiori-

Domingo 8 de Abril de 1900.

Domingo 8 de Abril de 1900.
e:;;;;;;

dad aplastante de las fuerzas del generalísimo Roberts; la muerte ele J oubert, no han sido bas~antes
para hacerles per&lt;ler el aplomo, y ahora el grito de
guerra de los comruandos es "libertad á nuestros
hermanos del O!~ano-e ·" y la verdad es, que un¡¡
vez salvado con una°m'archa estupenda de audacia
y de acierto, el gran convoy que custodiaba Ollivier, con sus burghcrs, han vuelto á la carga y en
cortas partidas diseminadas en derredor del campamento de Robert;; en Bloenúontein, en donde
hoy ochenta mil homqres, por lo menos, espían todos los movimientos del ejército inglés y lo acosan
sin cesar. Un episodio de esta resuelta táctica ofensiva es el sangriento combate &lt;le Tabachu y la
captura de un convo~ de, nunicion~s de gue_rra y
de cerca de dos batenas, a pocas millas de distancia del cuartel general. Hechos de este género ~abnín de multiplicarse y seguro es que la lucha mdecisa y homicida va á prolongarse durante todo
el otoño austral y entrará en el crudísimo invierno (que á nuestro verano corresponde) antes quizás de que los movimientos conjugados ele Roberls y de Buller hayan convergido en Pretoria.
Es, pues, una necesidad cada día más aprelllÍante
la paz; zafo está el honor militar inglés de toda
cen sura depresiva; ningún ejército europeo habría
tenido en ese país y con esos hombres mejor éxito que el que tan caramente va conquistando á medias el ejército de la Reina; más Yale la paz, seguro
que los "boers" la aceptan con todas las franquicias de los extranjeros en los distritos auríferos
que plazca á l\Ir. Chamberlain exijir, y quizás basta con un serio desarme, si el gabinete de Winsor consiente en reconocer la independencia· ele las
dos republiquil1as heróicas en los términos del último tratado. No nos cansaremos de hacer votos en
América por esta solución.

Decimos en América y no excluimos de ella ni
siquiera á la América inglesa; el Canadá se ha asegurado, gracias á la solícita premura con que ha
enviado sus contingentes, la gratitud de su vieja
metr0poli que le pagará no sólo ensanchando, si
cabe, su s franquicias, aunque el "home rule" canadense es casi completo, sino apoyando ~ás resu eltamente las pretensiones que en el asunto del
Klondike ha manifestado y que son perfectamente incompatibles con las que los Estados Unidos
harán en su tratado con Rusia, cuando la cesión,
ó mejor dicho, la compra de Alaska. Pues á pesar
de todo, estamos seguros que allí como en el partido liberal j.nglés, es general la simpatía respetuosa
á los bóers q_ue luchan hasta hoy con mejor suceso
que los canadenses durante la guerra de siete años
que les costó su independencia.
Esa simpatía es declarada en los Estados Unidos;
el senador Masan asegura que el 95 por ciento de
la población de los Estados Unidos simpatiza con
los boers y en el sentido de una expresa manifestación de simpatía en favor de estos bravos; sólo la
decisiva influencia del P residente deseoso de no
causar una desazón á Inglaterra que, por más que
hoy se niegue impidió á Europa defender á España
en la_úl~ima conti~nda, puede detener un paso de
tamana nnportanc1a moral en el Congreso americano.
Esciertoquedeltextodelnuevotratado Hay-Pauncefote que nuli:ficó el famoso tratad0 Clayton-Bulvier , que en realidad había impedido la construcción del canal de Nicaragua, por la exigencia de
que todo se hiciese de común ae;v.erdo por ambos
contratant~s, es cierto, decimos, que ese tratado,
( el nuevo) mcluye terminantemente en su artículo
60. estjl. frase: estos arreglas tienen por objeto "estrfchar los lazos de amistad y "alianza" que existeR
entre las partes contratantes" y á ella se refería el
ministro Chamberlain cuando de "alianza" entre
Inglaterra y los Bstados Unidos habló hace dos 6
tres meses, pero no es menos cierto que el gobierno
y sobre todo, el pueblo americano se han esforzado
en probar cuál era el alcance que á esa palabra daban y que es mucho menor que el de un pacto recíproco de defensa y abtque, como suelen ser los tratados de alianza, como lo es el de la "Dreibuncl" y
probablemente el de Francia y Rusia.
Ojalá que Inglaterra, lo repetimos y lo cliremo•
siempre, se convenciera de que fuera de Europa

-

EL MUNDO ILUSTRADO

-

se profesa franca admiración por ella; y que el
~entilllÍento del mundo no sólo está compuesto
de simpatía profunda hácia l os débiles que saben
mostrarse tan fuertes, sino de tristeza de que el
pueblo más grande quizás de la civilización humana parezca incapaz de un gran acto de equidad y
de justicia.
3.-Resultó inexacto el informe sobre las pretensiones del príncipe Fernando de inaugurar su
monarquía de Bulgaria y proclamar su independencia; deseos no faltan, pero la presión de Europa le impide moverse. Mas por otro lado vienen
.graves aflicciones al imperio del Oriente: los rusos han solicitado grandes concesiones de ferrocarriles en el Asia Menor, que, de ser otorgadas,
probablemente pondrán en peligro las relaciones
-del Sultán con algunas potencias y que seguramente acabarán por convertir h.. Anatolia en provincia rusa. El caso es que por más que el Sultán ha
rogado los rusos permanecen :firmes; y que el ejér4
-cito del Cáucaso sube á proporciones inusitadas

y que,. . . . habrá concesiones, naturalmente ....
.l&lt;]l 8ultán oye muy bien de ese lado, el del Mar Negro.
.
P orque, según parece, los armamentos de Rusia
en el üáucaso y en Crimea, constituyen la amenaza más seria que e l Asia Menor haya visto, en este
siglo, crecer en su horizonte. Turquía debe todavía á Rusia una cantidad muy fuerte de la indemnización de la última guerra, indelilllÍZación que
no cobra sino cuando quiere obtener alguna concesión ú obligar al Ildiz-K.iosk á seguir determinado rumbo, y ahora se encuentra ante una petición
formal de permisos µara construir una red de ferrocarriles en Asia Menor, en Anatolia, como los
turcos dicen. Estinla el Sultán que esto equivale
á ceder á Rusia la rica península, y los ingleses y
por ventur a los alemanes deben de apoyar la resis.tencia de la Puerta. Rusia hará sus ferrocarriles;
la enorme masa del I mperio asiático-europeo que
se articula y organiza rápidamente, ejerce presiones irresistibles; está en el caso de que dos ó tres

grandes campañ as perdidas apenas harían huella.
en aquel cuerpo de infinito vigor latente todavía.
Y nosotros nos alegramos de veras de que Rusia
adquiera el predominio en la comarca en donde
con la venia, sino es con la orden del Emperador
musulmán, se coJi.eten los horripilantes asesinatos de las comunidades cristianas de armenios que
recientemente han escandalizado al mundo.
Los turcos que siempre han sido diplomáticos
:finos están gastando ahora muchas coqueterías con
Francia, y según parece, el viejo wrro de M. Cons-tans, desterrado de la política militante á la embajada de Constantinopla, es el personaje á quien
más oye el Padischá. El objeto de estas coqu eterías
es neutralizar á Rusia, me parece que lo 9.ue más
lograrán será neutralizar á Francia, que ya lo está.

_jtAA5t:DJ~

m uerte del Sr. Dr. L avista, acaecida en la noche
del día cuatro del corriente.
El Sr. Lavista estaba reputado como una eminencia médica y muchas veces representó á nuestro país en Congresos reunidos en el extranjero.
F ué presidente de la Academia N. de Medicina
y los Doctores más reputados le llamaban "Maestro."
¡ Descanse en paz!

e! 2

de fibríl.
"0-(X&gt;.

DR. RAFAEL LAVISTA.
t

El 4 de Abril de 1900.

La ciencia médica está de luto con motivo de la

l~l lunes de la semana que acaba de pasar, se
celebró una gran :fiesta mihtar en conmeruora&lt;:ión
del glorioso aniversario del asalto de Puebla, el
2 de Abril de 1867, por las tropas republicanas al
mando del Jefe del Ejército de Oriente, (¾eneral
Porfirio Díaz.
La :fiesta consistió en notables maniobras lllÍlitares, ejecutadas en el campo de San Lázaro, por
una división de las t res arruas, que sirvieron para demostr ar una vez rná's los adelantos- que ha
alcanzado nuestr o ejército, su disciplina y su magnífica instrucción en un todo ajustada á las énseñanzas ele la más moderna táctica militar.
Pocos años, tal vez ninguno de los anter iores, ha
sido tan granrle la concurencia que asistió á esta
fiesta.Frentealc:ampo,yá una di$tancia conveniente, se levantaron sólidas tribunas que se adornaron con buen gusto y fueron ocupadas por más de
cinco mil personas invitadas, entre las que se contaban los miembros del Cuerpo Diplomático, los
secretarios de Estado, muy distinguidos militares,
funcionarios públicos J particulares.

Bl S,il.or General Bernardo B.qea :, au Estado Ka:,or.

Sres. Gral. Diaa y Embajador Powel Cl:,ton, en
la tribUJ1a de honor.

L os alumnos del Colegio Militar daban guardia de honor al pie de las tribunas y un magnífico servicio de policía conservó el mayor orden
entre la multitud, que ocupando todo el rede,Jor
del paralelógramo señalado para las maniobras,
estaba ansiosa por presenciarlas.

�..Domingo 8 ele Abril de 1900..

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Abril de 1900.

1

EL MURDO ILUSTRADO

1

Después de las maniobras

El señor General Díaz, héroe de la jornad,i gloriosa que se conmemoraba, salió á las ocho y minutos c•c la ~alle de Cadena, lucí.l. su uniforme
de iala y adc,rnabn su pE:cho numerosa., conclecora&lt;&gt;iones. Ginete en un precioso cahallo y a.::ornpañado de los Generales Escudero, Vélez, Pezo,
lfier, Villarreal, Ruiz, Cacho, Bri~aéüer Orti;;
Monasterio y los miembros del Eataoo .Afayvr, Sl•
dirigiG el señor Presidente hacia Sarr Lázaro.
En todo el trayecto, y tanto á la ida como á rn
regreso, fué objeto el señor General Dfoz de calurosas maniiestaciones del pueblo, q11e á su paso
lo vitoreaba y prorrumpía en estrepitosos aplausos.
Al llegar al campo fué á recibirlo el señor. Mi-

t

el sitio más á propósito para dominar con fa vista la perspectiva que se desarrollaba.
A las nueve y minutos de la mañana, el Sr. Presidente comenzó la revista de las tropas, terminando á las nueve y treinta y cinco.
Se extendían en linea desplegada, cubriendo las
alas, la caballería, y en el centro, la infantería,
intercaladas las dos baterías de artillería; hacia los
extremos estaba.la sección de Ambulancia.
Luego que terminó la revista, se dirigió el Supremo l\fagistrado hacia las tribunas, acorupaúadv
del Ministro de la Guerra y los Estados Mayores.
Todos los concurrentes prorrumpieron en aplausos
y "vivas" al señor General Díaz, quien pasv á to-

r

Aspecto de las tribunas.

nistro de· la Guerra, las baterías hicieron los hu•
nores de ordenanza, las bandas tocaron el Himno
Nacional, y la multitud allí reunida saludó al ilustre veterano con vivas prolongados y nutridos
aplausos.
Antes de que dieran principio las maniobras,
seguido del señor Ministro de la Guerra, de la
Plana Mayor de Generales y Estados Mayores,
brillante séquito digno de un cuadro y objeto de
los comentarios más encomiásticos, recorrió el señor Presidente todo el campo, en distintas direcciones, deteniéndose en algunos puntos, como fué
frente á las Baterías de Artillería, en la línea &lt;li. •
visQria Norte y en el puesto de Socorros que era

mar asiento en el lugar de preferencia, ele h tribuna de honor, teniendo á su derecha al rnñor Mariscal, y á su izquierda al señor Embajador Clayton.
A las nueve y media llegaron al campo de la;,
operaciones, las señoras Romero Rubio de Díaz, de
Teresa y de Elízaga, siendo recibidas por los .señores Mariscal, Raygosa y Lancaster J ones.
Luego que el señor Presidente tomó asiento en
la tribuna dehonor, dieron principio las maniobras
que se ejecutaron después, con una precisión admirable, al mando del señor Ministro de la Guerra,
según el instructivo que dimos á conocer en su
oportunidad.

Las bandas se habían incorporado á sus Batallones y Regimientos.
.
Veintidós fueron las evoluciones, siendo de notarse el alto grado de instrucción que han adquirido m¡estros soldados, pues sus movimientos eran
tan seguros y tan uniformes, que no había más
que pedir.
Pero. hay un punto más notable aún por lo que
respecta á la instrucción de nuestro ejército; nos
referimos á la marcha en linea desplegada, evolución que fué aprobada en todo su mérito por los
táeticos, y en todo su brillante efectismo por los
profanos en la ciencia de la guerra. En verdad, esa
marcha en línea desplegada, por soldados de las
tres armas, llevando un
frente de 1,600 metros
próximamente, parecía
una inmensa linea recta
avanzando como á compás, sin perder su condición geométrica, en lo
más mínimo.
A las once en punto
dió principio el desfile de
los Cuerpos en columna
de honor frente á las tribunas, en el orden siguiente: descubierta, General José María Pérez,
Jefe de la División, con
su Estado Mayor y escolta; Coronel Victoriano
Huerta, Jefe de la Brigada de Infantería, con su
Estado Mayor y escolta;
Batallón de Zapadores
con su Jefe, el Coronel
Manuel Plata; una Batería mínima de batalla, 3o.
Batallón de Infantería,
otra batería mínima de campaña, 160. Batallón de
Infantería, con su Jefe, el Coronel Juan de la Mata Echeveste. En seguida, el Coronel Manuel Blázquez, Jefe de la Brigada de Caballería, con su Estado lfayor y escolta; 7o. Regimiento con el teniente Coronel Pascual Uría, á la cabeza; el 9o Regimiento con su Coronel Tomás Fernández, y des-pués la Sección de Ambulancia. A la retaguardia
caminaba una Sección del 3er. Regimiento.
El señor Presidente, los Secretarios de Estado
y miembros del Cuerpo Diplomático, presenciaron
de pie el desfile de las tropas, _que terminó á laa:
once y media en punto. .

JESÚS EN GETZEMANÍ.
l'otografla instantanea toma.da al paso de la. artillerla..

I

,.

Cuadro de K, Kofman.

�Domingo 8 _de Abril de_ 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

Refiere el Evange1io, hermanas mías, que entró J eaús en J erusalém mo ntado en una pollina,

y que el pueblo tendía las capas á su paso y agitaba palmas, en muestra de regocij•o, y entonaba
hosanas. Esta triunfal entrada á ciudad santa, me
parece muy semejante, en muchos ca50s, al solemne día del matrimonio. J erusalem es, por
ejemplo Santa Brígida. A la pollina ha reemplazado el landó en que llegan los no,·ios. La ciudad
... iligo la iglesia, está adornada y de fiesta. Al
observar el infinito número ele flores que hay, orlando las columnas y tapizando las paredes, se cae
en cuenta que para la feliz pareja es aquel día su
día de Ramos, t:l principio de su Semana Santa.
El órgano canta ¡ hossannas 1 como el pueblo de
J erusalem. La mu1titud ~e divide en dos grandes
masas, para abrir calle á los triunfadores, y murmullo de admiración cortesana se alza y se extiende en la majestuosa naYe de la iglesia. Ya entraron en Jerusalem! Ya comenzó la gran Se~a-

nal
Os hablo, por supuesto, séñorjtas, de los matrimonios hechos ligera y atolondradamente. Para lo~
que se hacen como Dios manda, J erusalem es
más piadosa y menos tornadiza . Para éstos al día
de Ramos siguen la Anunciación, el Nacimiento y
otras fiestas simpáticas y poéticas. :Más para los
primer,,,:; en pos dei L~'miingo tld Ram11ti '7ienc •:
indefectiblemente las rrinieblas, el ªpa.....~ de mi
este cáliz," los azotes, el pésame, y por último, un
amigo traidor que mete la mano en e1 plato, un
desesperado que se ahorca ó un amor muerto y sepultado que nunca, nun ca resucitará.
Para que no paséis por este calvario, voy á haceros algunas advertencias.
Ante iíodo, caballéros y clamas, no entréis en Jerusalem, ó sea en el matrimonio, con e1 fin de hacer alguna redención. Hay algunos varones, ejemplares y magnánimos que suelen &lt;lec.i r á la que va
á ser su esposa: "yo no te perdono porque amaste
mucho." Esto es de consecnencir.s &lt;lesastrosas. Procuren ustedes, caba11eros, que sus futuras hayan
amado lo menos posible. Kuestro maestro Víctor
Hugo dijo : No maldig-áis á la mujer q110 cae; pero no dijo que nos casáramos con ella.
-&lt;::&gt;O-&lt;::&gt;

Y en cuanto á ustedes, señoritas. ruegoos también que no penséis en redenciones. lifuchas de vosotras aman ó creen amar á un botarate, á un perdido, á u~ jugador, á un ebrio más ó menos adelantado, y al pensar en casarse se dicen para su
coleto ;-mi amor lo redimirá!-Esto es muy noble, aunque algo Mdaluz; pero tened en cuenta
que la única redención que se ha. realizado fué á

expensas de la vida del Redentor.
Tampoco, señor.itas-y esto os lo djgo para que
seais felices-imagineis que vais á hallaros la feli~idad. Sueñan algunas que al casarse, su vida mudará completamente, y que todo será sonrisas, mimos, cariñosos halagos de la suerte, y como la vida siempre es la. vida, como las enfermedades, los
pesares, etc., no se guardan con el vestido de novia, que ya no vuelve á usar la esposa, el desencanto es lamentable. A mí no me dan lástima los
que se quejan de no ser dichosos. Esto es quejarse
de que no hay sol por la noche. Pues, si 110 hay,
¿ para qué vamos á quejarnos? Confórmense ustedes con obtener los premios chicos, las "aproximacione~" en la lotería, porque el premio principal
sólo le toca á uno, y ese uno es casi siempre un
desconocido á quien nunca llegaremos á conocer.

-ªNo te diré como tu confesor ó como Hamlet,
el primero con su fe y el otro con su duda: Entra
á un convento. Ko; tú tiene;; oh-o destino que
cumplir, tan abnegado y útil como el de las monjas; pero no pidas -al amor más de lo que el amor
te puede dar. Pídele, por el matrimonio, el medio
de cumplir tu natural destino, y si te da la maternidad, queda satisfecha. Sé indulgente para con el
hombre y reconocida para con Dios."
Prefiero, hermanas mías, que entréis en el matrimonio con alguna desconfianza y hasta con algún temor, á que entréi.:, con desmedidas esperanzas.
:Pensad que de la pasión, del apóstol traidor, de
la. cruenta agonía, podréis libraros y de Beguro
os Hbraréis, si obráis cuerdamente: pero bueno es
que no va.vais enteramente seguras de escapar al
ayuna de los días rnntos y de los azotes más ó menos leves que la sueTte aplica siempre á todos los
humanos. Procurad, sobre todo, que vuestro amor
no muera, ó que solo muera apai:_entemente, corno
el Salvador, para résucitar á los tres días, y vivir
la inmortal y , serena vida del espíritu.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA RESURRECCION Y LA VlDA.
Junto al sepulcro al fin la planta helada,
Uis ojos, turbios ya, 1e ven por dent ro;
Pero ¡ bendit o Dios! no en él encl~entro
Las sombras y el Yací o de la nada.
Ve el alma, ele sus culpas 11terrada,
Ru fe brillar en el obs.cur_o centro.
Y vo asistido, en su espacioso centro,
CoTl la promesa de Jesús sagrada.

vk

Huela mi vida fué,
r ia mi suerte,
Graves mis culpas ¡ ay! y el alma herida
De cristiano temor lágrimas vierte,

Y se conturba y tienibla; mas no olvida
Que el Redentor para endulzar la muerte,
Dijo: "Yo soy resurrección y vida."

)osé }r1aría

~~a

.l)árcena.

-----------------

-&lt;::&gt; O-&lt;::&gt;

LA ANTlGUA FE.

Ko penséis al casaros, señoritas :-Voy á ser feliz. Decid :-Vamos á ser dos, y mis µena.s y mis
alegrías aumentarán, porque sufriré con él y gozaré con- él. Y cuando seais dos, sed tres y .... cuatro luego ... ¡ Vaya ! hasta cinco, para que podáis
ajustar el sistema decimal; pero .... 110 os aconsejo, os deseo que no agreguéis muchos sumandos,
porque las sumas largas son complicadas y dificultosas. En fin, sumad, sumad cuanto queráis; pero
á medida que el esposo vaya aumentando las multiplicaciones enel librode caja . Dividid poco, ó mejor dicho, entre pocos; el amor entre los vuestros.
Restad menos.
Yo creo que la felicidad, á pesar de lo que antes
dije, ó más bien para explicar lo qu e elije antes, no
es tan difícil de en.con trar. Solo que no la conocemos, pasa inadvertida por nosotros y no nos asimo:;
ele su brazo ni siquiera la saludamos. Y luego exclama el hombre:--¡ Ah! ¿ cómo era aquella .. t--¡ Y
sí aquella ..... era !
Nosotros creernos que la felicidad- es una. se
ñora muy alta, muy hermosa, muy rica; y la felicidad es bajlta ele estatura, algo pálida, pero muy
buena. muy bonita, muy de su casa, muy humilde. Al hallarla decimos :-Esta lia ele ser la hermana menor de la felicidad, la hormiga de la casa, la
Marta que trabaja . Y no; es la misma! Corno no
hace ruido, cuesta trabajo saber en dónde está. Como es muy vergonzosa, casi siempre está eseondida. Pero vosotras, sefioritas, la encontraréis, sin duela alguna, siempre que no 1a esperéis, porque la felicidad está muy ocupada y no puede ir á toc1as las
casas en que la aguardan, sino siempre que la busquéis solícita y cariñosamente.
Cásense ustedes: ¿ no -ven que todo lo que vuela
tiene dos alas?
Pero si no os sentis con la prudencia y tino necesario para saber acomodarse con otro carácter,
para triunfar de vosotras mismas-porque es
triunfar el ser vencido por amor-entonces, no os
caséis, ámenos que no queráis ser asesinos.

El amor sabe mucho; preguntadle. Y si así lo
hiciéreis, señoritas, el amor os lo premie; y si no,
os lo demande.

}r1anue/ f;ufiérrez )Yájera,

-&lt;::,

•=

.,1

Cruzaste al fin, amiga, los desiertos
U mbrales misteriosos de lo arcano,
Y puedes evocar bajo tu mano
Las almas invisibles de los muertos.

La tierra y el espacio, antes desiertos
Para tu corazón ya no cristiano,
Pobláronse de seres, mas en v~no;

Tu pensamiento y tu alma siguen yertos.
¿ A qué buscar- lo que la vicia esconde
Si lo ignorado siempre te responde
Con ambiguas palabras de sibila?
Sacude ya la eluda que te asalta'
Y torna hacia la Cruz tu fe tranquila;

Que si te falta Dios, todo te falta !

.!)albino :Oáva/os.

---------------A

NEMESIS

De el libro de las "Misticas' ..

-&lt;::&gt;$&lt;e&gt;-

T11 brazo en el dolor me precipita;
me robas cuanto al ánima recrea
y casi nada tengo: flor que orea
tu aliento ile simun, se me marchita.
Pero crece mi íe junto á mi cuita
y clamo como el justo de Idumea:
HAsí lo quiere Dios: Bendito sea;
el Señor me lo da y El me lo quita."

Que meclre tu furor; nada me importa.
"puedo todo en Aquel que me cmiforta"
y me resigno al duelo que me mata;
porque, roja Yisión en noche obscura,
Cristo va por mi vía de amargura
agitando su túnica escarlata.

=

Alejandro Dumás, (hijo) daba estos consejos algo tristes, pero algo cier tos, á una muchacha casj
tan buena como vosotras, á la Anita de Fancllló:

Domingo 8 de Abril de 1900.

ROSA MÍSTICA.
Cua.dro de la. Srita. Alicia lllla.ria. 'l'erJsa. Eoterm.a.ns.

'

�Domingo 8 de Abril de 1900.

E L MUNDO I LUSTRADO

Domingo 8 de Abril de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

XIX

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.

• · • t d Jesús ••Amor materno.-•Los
-t.-lnvocaci6n■••Pureza virginal.--Ave Mar i a-••N ac1m1en o e
•
sabios de Orient e . --Herodes.--Hul da de Egipto.
11.--0risto.--su predicación.--Sus milagros.-•EI lábaro del Gólgota. 111.--Stabat Mater.
Las tres coronas.--Slmbolo del dolor. llf, ••La Asunción. V,••Ple_garia.

Rosa á la orilla del Jordán nacida,
I nmaculada virgen de Judea,
Estrella de los cielos despTendida,
Aura del mallso mar de Galilea,
Lirio del valle de perenne vida,
Luz que los ojos de Jehová recrea,
De la prole de Adán gala y encanto,
Madre del Hombre-Dios, tu vi.da canto.

"No soy, exclama, el ángel iracundo
"Que abraza pueblos y preside males;
"Ven&amp;o á anunciar que el Redentor del ·Mundo
ªSe afb~rga en tus entrañas virginales.
ªDe la gracia de Dios raudal Íecu_ndo
. "Desciende de las cumbres celestiales.
":Maria gloria á tí. Del cielo amigo,
. es contigo.
. ''
"Soy el' eco no más. D10s

IIr
Inspirado por tí, regio caudillo
En Covadonga alzó la cruz gloriosa;
El de Urbino copió del cielo el brillo,
Pulsó León la cítara armoniosa;
Inspirado por ti, trazó nlurillo,
Su bella y lastimera Dolorosa
Y al trasiaclar al lienzo sus enojos
Soiió tu faz y adivinó tus ojos.
IV
Yo el eco quiero ser de· tu voz pura,
El a]ma que comparta tus pesares,
Plectro de oro que alabe tu dulzura
En plácidos y férvidos cantares.
Pedestal de tu angélica hermosura,
Incienso que se abrase en tus altares,
Césped que pise tu nevada planta,
Pecho que .&amp;1ciencla tu mirada santa.

V
Ni el oro a-crisolado, ni el ligero
Copo de nieve, ni el arrullo blando
Del céfiro del alba lisonjero,
Ni el rocio azucenas coronando,
Ni de la infancia el ~ueño placentero,
Ni de las tiernas palomas niveo bando,
Ni el diáfano cristal, ni el claro día
Igualan la pureza de i\[aría.

VI
¿ Qué misterioso sér los aires hiende,
Larga huella dejando luminosa?
Raudo hada. Nazaret el vuelo tiende
Y de :María en la mansión reposa;
Lino sutil desde sus hombros pende
Que le envuelve cual nube vaporosa,
Y con doradas flores en gufrnalda
Sus cabellos que flotan por la espalda.

Nueva estrella su luz -al orbe envía
Y abrillanta el azul del firmamento ·
Para anunciar del hijo de María
El ya profetizado nacimiento; ,
Sirve á tres sab10s de certera gma
Que acuden á prestarle acata•rniento
Desde remotos climas del· Orjente,
Y adoran á Jesús humildemente.
XIV

YIII

II

El arpa dame del querube ardiente,
Que Reina del empíreo te proclama;
Dame que brille en mi abatida freute
De tu alma iuspiracjón la intensa llama;
Desrnnece las nieblas de mi mente
Y eu casto amor mi corazón inflama.
¡ Qué· üweucible poder tendrá mi Jira
Si la Madre de Dios mi canto inspira!

XIII

VII

I

'l'emienclo Herodes la funesta suerte
Que le reservan implacables hados,
Si creciendo Jesús con mano fuerte
Rompe su cetro y reina en sus estados,
Manda que den inmerecida mueTte
Sus dóciles y bárbaros soldados
A cuantos n'¡ños en materno pecho
Encuentran dulce miel y suave lecho

Dice y traslada ele su pura frente
A la
menos pura de :María
La guirnalda que en cerco refulgente
Sus ondulantes hebras recogía,
Y esparciendo en redor profusamente
Esplendores, aromas y armonías,
En apacible y sosegado vuelo
Rl bello arcángel se devuelve al cielo.

do·

XV

IX
El rostro ahúrneo ele rubor cubierto
Escucha al ángel la mujer bendita,
Y empieza ya á sentir germen despierto
De acrcna
v·ida que su seno agita.
0
Para una flor contempla el sol abierto,
Claro sol que fecunda :· no marchita,
Y que ella es esa flor, la flor prcc:ada
De micstro edén perdido tra~plantada.

X
Suspenden las diYinas maravillas
A la moílesta Yirgen puclora::a,
Y en el suelo cayendo de rodilla5,
Entornando sus 'párpados ele rosa,
Con encendido fnego en las mejillas
Las manos cruza y dice temblorosa.:
"Cúmplase ¡ oh Dios! lo que benigno ofreces;_
"Tu humilde sierva soy, tú me enalteces."
XI

Y pasan c-¡ías, )' del polo helado,
Baja entre densas niebla~ el invierno,
Y en un pueblo esco~1dido y apartado
Viene á la luz el Hijo del Eterno
En misero portal, desamparado,
Sin más apoyo que el amor materno;
Que tan solo al carjño de María
Dios el cuidado ele Jesús confía.

xn
Es el amor*materno, amor del cielo,
.Amor sin recompensa ni mudanza.
"Cuántas horas de hiel y de desvelo
En premio de su a-fán la m:adre alcanza!"
Los que en desesperado desconsuelo
De nuestra alma negáis la semejanza
Con el Dios ele bondad, de todos Padre,
Recordad el amor de vuestra Madre.

•

Al ver á los sicariós inhurnanqs,
I,a noble frente -Palestina enluta;
liaría, huyendo de sus viles manos,
De Egipto emprende la penosa ruta;
Cruza desiertos, ríos, montes, llanos,
Y ora se oculta en tenebrosa gruta
Qra se pierde en desusada senda,
Llevando en brazos ele su amor la prenda.

XXIX

XXIV

No se muestra con rayos encendidos
Ni ciñendo á la sien laurel sangriento;
No qmere alucinar á los sentidos
Sino en el corazón tomar asiento · '
A toda desventura presta oídos:'
Embalsama el pesar su dulce acento.
Sus portentos ni asustan ni estremecen·
Sus milagros consuelan y enternecen. '

XX

¡Lloras! ;Madre infeliz! ¿No era bastante
A redünir la culpa cometida,
En suplicio horroroso y humillante
Inmolar de Jesús la excelsa vida?
¿Para qué abrir con dardo penetrante
De tus dolores la profunda herida?
Ya derrocado de su solio el vicio,
¿ De qué sirve tu estéril sacrificio?

Mi~a, Señora, que á tus pies me postro,
Demandando piedad que ya me abate
Desatado huracán, y en vano arrostro
Del Pomto bramador el recio embate.
A mí convierte tu divino rostro,
Y lucirá la paz tras del combate;
Muévate mi dolor, dame el descanso,
1
l1orna el revuelto mar en lago manso.

El Sér, por cuya mtlno poderosa
En alto pedestal te hallas alzada,
Quiso sin duda ver tu frente hermosa
Con t'res santas coronas adornada :
De madre la diadema esplendorosa,
De virgen la guirnalda inmaculada,
Y la au reola inmortal, cándida y pura
De la no merecida desventura.

Eres astro que alumbra y que no ciega,
Amor que siempre acrece y nunca muere,
Lluvia que alegra el prado y no lo anega,
Mano que siempre cura y nunca hiere.
El Señor á tu ruego nada niega :
¿ Qué se puede negar á quien se quiere?
Y pues tu labio cuanto pide alcanza,
Dame, si no la dicha, la esperanza.

XXXI

XXVI

XXI
Y ora t ras mí venid.-En el ocaso
El sol se va apagando lentamente,
Y de la luna el resplandor escaso
Entristece los campos del Oriente.
Hacia el calvar io enderezad el paso,
Silen cio sepulcral hiela el ambiente;
Allí al pie de la cruz llora María
En pavorosa soledad sombría.

¡Ah! Tú eres el dolor volando al cielo,
Bajel que boga en tormentosos mares.
Tú sabes de la vida el desconsuelo,
Tú sabes, mate, lo que son pesares.
Es un valle de lágr imas el suelo_,
Y el dolor debe estar en los altares,
Sí, tú eres del dolor símbolo santo,
Y tú, al llorar, enalteciste el llanto.

Sé que la dicha que el humano anhela,
En este valle lóbrego no anida;
Es ave cautelosa que no vuela
Sino en alta región desconocida.
¿ Qué es la dicha? El amor que no recela,
Que nada teme, que jamás olvida.
¿ Dónde el perenne amor tiene Su imperio?
Del cielo en el recóndito mister io.
XXXII

XXVII

XXII
L ívida, demudada y macilenta
Con ambos brazos á la cruz se anuda;
Viendo muerto á J esús y que ella alienta,
De la verdad de su desgracia duda ;
Y a en lastimera voz su mal lamenta,
Y a. el supremo dolor la deja muda.
¡ Cuál padece la madre desolada;
Sin clavos y sin cruz crucificada!!

Mas ya de rosicler hollando nubes
Del orbe dejas la mezquina esfera
Y circundan espléndidos querubes
Con estrtllas tu ungida cabellera.
En sus alas a1 cielo rauda subes;
Tu llorado J esús en él te espera;
Y la dificil puerta en el instante
Rueda s9bre sus ejes de diamante.

Y ¿ qué fuera. ese cielo prometido
Sin el encanto del amor dichoso?
Un desierto sin linde conocido,
Y cuanto más inmenso más penoso,
Vasto templo con oro revestido,
Encerrado sepulcro silencioso;
Y e.s la pena mayor del negro averno
Eterna vida, sin amor eterno.

XXXIII

XXVIII

· XXIII
La negra sombra de la noche obscura
Ni tibio rayo de esperanza aclara.
El cáliz de la hiel sn labio apura,
Se pierde tu clamor, nadie te ampara .
¿ No hay un querub en la celeste altura
Que le mueva el pesar que te acibara?
¿ Cómo no se desgarra el firmamento
Al repetir el eco de tu acento?

Allí en tablas de mármol esculpida,
De tu martirio ves la amarga histoiia.
Al com~nzar tu nueva y grata vida,
Con doblado placer canta la Gloria.
Mas no borre tu dicha indefinida
De tu terreno viaje la memoria,
Y no te o! vides del que gime triste
En este valle donde tú gemiste.

~!

XXX

XXV

Cristo, ni airado en Sinaí fulmina
Ni en diluvio voraz anega el suelo . .,
Ni difunde el terror en Palestina;
De la sublime caridad modelo,
Con su ejemplo corona su doctrina,
Muere sobre la cruz, aplaca al cielo,
Y tremola del Gólgota en la peña
De la vir tmd la salvadora enseña.

,j

Palma de N azaret, Virgen María,
Cual la of~enda de Abe) suba ligera
En vuelo fácil la plegaria mía
Al almo cielo do el amor impera;
Y mientras luce el suspirado día
De abandonar la terrenal esfera,
No desampares al que gime t riste
En este valle, donde tú gemiste.

XVI

Asustan s mbargacla fantasía
Los cantos de los hijos c1el desierto,
El silencio mortal de noche umbría,
Del árbol deshojado el tronco verto,
La deslumbrante claridad del día,
,
El mar que hierve en el lejano puerto . .
Y en su continuo afán apenas o~a
Convertir hacia atrás la vista ansiosa.

XVII
Huella por fin. su fugitiva planta
Las llam;ras que inunda el fértil Kilo,
Y besa la abrasada arena santa
Del pueblo amigo que la presta asilo;
Con inmenso placer mira y la encanta
El rostro ele Jesús bello y tranquilo,
Y su oprimido pech::- ac:mgojado
Respira ya sin torcedor cuidado.
XVIII

Crece el fruto que dieron tus entrañas
Cual árbol junto_ al margen iamlaloso .
Abandona ciudades y cabañas
Para correr tras él el pueblo ansioso,
Siguiéndole á desiertos y montañas.En secular letargo vergonzoso •
La humanidad yacía torpe y yerta,
Y de Cristo á 1~ voz, joven despierta.

LA VOZ DEL SEÍíOB.--LUOHA Ili'l'EBIO:ir.---ESPÍBI'l'U VA:BOlUL. ---EJll QU1: ES'l'Á'l'ODO·

Los que han entendido lo que les ünporta no
quedarse en las primeras moradas, y comienzan
á tener ratos de oración, que, aunque flojamente,
Dios les estima en mucho, están en las moradas
segundas.
Se está más cerca del Señor, "que .es muy buen
vecino."
wriene en tanto que le queramos," que no nos
deja de llamar una ú otra vez para que nos acer- •
quemos más á él.
Se oye su voz, la voz de Dios que nos llama por
una enfermedad, por un trabajo; que nos habla
por toda persona buena, por todo libro bueno .. .
por la verdad que nos enseña en aquellos ratos
de oración. . . .
'
Hay esperanza ele adelantar.
El peligro de perderse es menor que en las
moradas primeras, porque ya parece. que se entienden.
El trabajo, en parte, es mayor. Las primeras
moradas son como de mudos que no oyen, y
"así pasan mejor su trabajo de no hablar" que si
oyesen y no pudieran hablar.
Es la voz del Señor tan dulce, "que se deshace la pobre alma" en no hacer luego lo que le

manda esa voz amorosa, es más trabajo que n o
oírlo.
La batería que aquí da el espíritu de las tinieblas es Il}ás terrible, porque el alma oye.
Mas no por eso se desea más lo de los que no
oyen, porque al fin "gran cosa es entender lo que
nos dicen ."
Lucha dentro de si mismo.
¡Ah! es que ya hay esperanza de vencer. No luchaba el alma antes, porque se daba por _vencida.
Aunque presenta el enemigo los contentos del
vivir frente á las abstinencias de la mortificación,
las satisfacciones del bienestar sensible contra las
austeridades de la penitencia, aquí ¡ oh Señor! con
vuestra necesaria ayuda la fe nos enseña lo que
debernos hacer, la memoria nos muestra en
que paran las cosas de acá abajo, el entendimiento nos hace conocer la falsedad y
engaño de los contentos de este mundo lleno. de coutrad\ccióu. Y sol,re todo, la voluntad nos inclina á amar al verdadero amador
del alma, que está siempre dándole vida y sér ...
Además, esta batería que se pasa nos enseña el
gran daño que nos hará andar derramados, y la en-

gañosa ilusión de salir de nosotros mismos; pues
"¿ qué esperanza podemos tener de hallar sosiego
en otras cosas, cuando en las propias no podemqs
sosegar?"
¿ Buscamos paz en casa ajena y no la procuramos en la nuestra?
Nosotros mismos, con quien hemos de vivir
siempre-, aunque no queramos, somos nuestro!!
mortales e.nemigos, tanto como lo seamos, por
nuestros pecados, de Aquél por quien vivimos y
somos.
¿Y quién hallará paz ni seguridad como en este castillo interior? ¡ Teniendo tal huésped que
le hará señor &lt;le todos los bienes, "sí él no quiere
andar perdido como el hij 6 pródigo, comiendo
manjar de puercos~"
"Pensar que hemos de entrar en el cielo y no
entrar en nosotros, es desatino. 1'
Mas está tan muerta la fe, que ªcreemos más
lo que -yernos," que lo que ella nos dice.
¡ Lucha, vencimiento, esfuerzo!
Esto vemos con el sentido, y esto creemos y
tememos·sea sólo nuestro regalo en las interiores
moradas .. . . "

�EL MUNDO I LUSTRADO

=
,

"Es cosa donosa" que aún estamos con mil imperfeciones "y las virtudes que aún no saben andar," y ya queremos gustos en la oración y nos
quejamos de asperezas y de sequedades. '
Tengamos espíritu varonil, y no como el de
aquellos israelitas que se eeharon á "beber de bruces" cuando iban á la bat:a.lla.
_"Y no acordarse que. hay ~egalos en esto que cotmenza ~e. nuestra edrficac1ón espiritual, porque
_es nrnv 01;a. manera de t·,lmenzar á labrar un tan
precioso y grande edificio. "Es como comenzar
sobre aren i y dar después con todo en el suele.."

Sean n•1&lt;:dt.ras armas las de la cruz, que no fas
hay mcjotes en esta "batalla. Y .no pensar q'uc t:1J/l
estas las moradas "á donde se llueve et mi.má," sino que están más adelante, á donde todo sabe á
lo que qu.iere ·u n alma, porque Ilo quiere sino lo
que. quiere Dios.

¡ Moradas escondidas donde se puede burlar el
aima de sus enemigos, y gozar, por la mi:-:ericortlia
de Dios, "da muchos más bienes que podría tle~.e:u,'"' LÚ.n en esta viaa!
¿ Qué es lo que perseguimos?
,;: Dúnde está la victoria sobre ,1osotro:; rnirmos?
,

.

Domingo 8 ~e Abril de 19~0.

¿ Cuál s&lt;•rá tst estado oculto t.le paz á q n~ a.;p1ramo.s? . ...
.
•,
Tod-a la pretensión de quien. comienza or~c10n
ha de ser de trabajar y determmarse con cuant&lt;ts
diligencias pueda á hacer conforme su voluntal
con la de Dios.
..
En esto consiste la perfecc10n y t_odo nues~ro
bien. y no pens.emos "que hal aq,~í mas algara bias
ni cosas no sabidas y entendidas ....
Mas estando en las moradas segundas, no se
tiene ~ún determinación para deja.r de entr~r en
las primeras, porque no se dejan las ocas10nes,
ªque es harto peligro."

'Una visita al &amp;anto &amp;epulcro.
DEL FAMOSO LIBRO "JERUSALEM."
A pie, con un árabe cualquiera, por guía salgo lejanos y dudosos tiempos, que todo es amontonade mi hotel para ir por fin al Santo Sepulcro, miento de despojos en esta ciudag, que ha sufrido
situado casi en el corazón de J erusalém, por ca- veinte asedios y que todos ·1os fanatismos han salles estrechas, ~ortuosas, yen~re muros viejos como queado.
Las murallas elevadas que forman los flancos
las cruzadas, sm ventanas m techos. Por el pavimento mojado y bajo del cjelo aún obscuro cir- de la plaza, son capillas ó conventos-diríase meculaµ las vestiduras del Oriente: turcos, bedulnos jor que eran fortalezas.-En el fondo, más alto y
ó judíos, y las 'mujeres como fantasmas: con velos , mássombrío que todo, se destaca uua masa desnuda
sombríos las mahometanas y con blancos l.as y destrozada, que es la fachada del Santo Sepu.Icro,
y que ha tomado los aspectos y las irregularidades
cristianas.
La ciudad ha permanecido sarracena: Casi sin dé una roca gigantesca. Está provista de dos enornotarlo, veo que ,atravesainos un bazar oriental, mes puertas del siglo XII, guarnecidas de un
cuyos puestos estan ocupados por vendedores de adorno de un arcaisino extraño; la un.a está muturbante, y en la penumbra de las cubiertas ca- rada y la otra completamente abierta, deja ver en
llejuelas pasan en fila camellos lentos y enormes, la obscuridad interior millares de flámulas pequeque nos obligan á refugiarnos en los marcos de ñas; y cantos, gritos, lamentaciones discordantes
se escapan con perfumes de incienso.
las puertas.
Una vez franqueada la puerta, se encuentra uno
A menudo, es preciso plegarse á las paredes para
dar paso á un extraño y prolongado c\esfile de mu- á la sombra secular de una especie de vestíbulo,
Jeres rusas, P.ºr lo menos sexagenarias toclas, que desde donde se descubren profundidades magnífieas,
marchan rapidamente apoyándose en sus báculos; donde arden innumerables lámparas. Los guardiaropas marchitas y envejecidas, paraO'uas también nes turcos equipados como para . una matanza,
viejos, rostros de fatiga y sufrimienfo que encua- guardan militarmente esta entrada, y sentadm
dran pañuelos negros; conjunto obscurecido y tris- cual soberanos en un extenso di,•áu, ven pasar los
te en medio de este Oriente eoloreado.-Marchan adoradores de este lugar, que es siempre, para su
oon rapidéz, con ligereza sobrecitada á la par que criterio el oprobio de J erusalem musulmán, y que
agotada, atropellando todo sin ver, como Sanara- los más fanáticos de ellos no han dejado de llamar :
los, y los ojos 'lnestizados, grandes é inmensa- "el Komamahe" (la obscenidad).
¡ Oh la inolvidable é inesperada impresión al
mente abiertos en un sueño celestial. Y por centenas le suceden los mujiks con las mismas miradas penetrar ahí por vez primera! Un dédalo de sanele éxtasis; to?os aquellos viejos, sórdidos con luen- tuai-ios sombríos, de todas las épocas y de todos los
gas barbas gnses, cabellos también grises escapan- aspectm::, comunicándose entre sí por una serie de
dO enmechones desus sombreros; en sus p;chos mu- pórticos, de espléndidas columnatas ó bien por
chas medallas que revelan antiguos soldados ... . puer tas ilisimuladas, respiraderos y bocas de anHabiendo entrado ayer á la_ Ciudad Sagrada, vuel- tros, los unos elevados como altas tribunas, donde
ven ahora de su pruner V1S1ta á ese lucrar de ado- se distinguían esfumados grupos de mujeres de
ración, ú donde á mi vez voy á ir! Pob;es pereuri- amplios velos, y los otros,subterráneos donde seconos qu~ Jlegan ~quí por millares, que han cam-{;a- deaba con la sombra, entre paredes de rocas, inviodo á pie, dornudo al descampado bajo de la llu- ladas, sudorosas y negras. Todo esto, sumergid&lt;
via ó la nieve, sufriendo el hambre y dejando tras en una media noche cortada á veces por algunos
rayos dé luz que acentuaban aún más las obscur idade sus hue1las cadáveres!
A medida que 11no se aproxima, los objetos des vecinas; y todo esto constelado hasta lo infion';nt,al~s en las tiendas P?I'tátiles, ceden su pues- nito por lamparillas de oro y plata descendiendo á
to ª. ob¡etos de obscura piedad cristiana: capillas millares de las bóvedas, Por doquier la multitud
á m1llar~s, cruces,, láJIIparas sagrada$ é jmágenes. circula;ndo, confundidos como en un Babel, ó
~a _multitu~ es ~a~ compacta y otros peregrinos, bien estacionándose agrupados por naciones en los
VlBJOS muJiks, v!eJos mat~ckas detiénense pa- tabernáculos de oro, donde se oficiaba.
Salmodias, lamentaciones, cantos de alegría Jlera comprar humildes rosarios de madera crucifijos de á dos centavos, que llevarán de aqu\ como nando las altas bóvedas; ó bien. vibrando en las
sonoridades sepulcrales de más allá, las gangosas
reliquias eternamente sagradas.
'
Por fin, es un muro viejo y musgoso como una melopeas ele los griegos, cortadas por ]os alaridos
r9ca 1 ábrese u~a puerta informe. estrecha y baja, de los Cophtes . .. Y en todas estas voces, una exaly por una sene de escalones descendentes se lle- tación de súplicas y de lágrimas que funden sus
ga á un 1ugar rodeado de elevados muros y frente disonancias y las unen, un conjunto que acaba por
ser un no se qué de inusjtado, que asciende de esá la basílica del Santo Sepulcro.
En este lugar, es costumbre descubrirse desde te recinto como la gran queja de los hombres y
qne_el Santo Sepulcro se distin¡(ue. y se pasa des- el supremo grito de angustia ante 1a muerte.
La rotonda que tiene una cúpula elevada, á doncu?ierto ~un cuando no s:e atravie~e sino para segmr canunando por Jeru~alom . Todo esto se hal13i de uno penetra y de donde se deja adivinar entre
sembrado de miserables q11e piden limosna can- sus columnas el caos obscuro ele otros santuarios,
turreando, de 1&gt;eregrinos que ruegan. vend;dores está ocupado en su centro, por el gran kiosko de
de cruces que tienen sus puestos insignificantes en mármol, de un lujo semibárbáro y sobrecargado
el suelo, sobre l.as viejas lozas gastadas y venera- de candiles de plata, que contiene la piedra del
bles. De los pavimentos y de entre las uradas sur- sepulcro. En torno de este sagrado kiosko la mulgen los pedestales a_ún "enraizando" cOl~mnas que titud se agita ó estaeiona: de un lado centenares
soportaron en un tiempo basílicas y que han sido de mujiks arrodillados en las baldosas; del otro,
arrancadas como las de la -igles.i a defS. Esteban en las mujeres de Jerusalern, de pie con sus ampiios

•

velos blancos-diríase rrrllpo de ví rgenes antiguas
en esta penumbra de e~1sueño; más allá, .~bisinios
y árabes con turbante, y con la frente ft¡a en la
tierra· turcos con el sable entre sus manos, en fin,
gente; de todas las comuniones y de todas las
lenguas.
Se hace alto en este sofocante reducto del Santo
Sepulcro, que es como el corazón mismo de este
colmenar de basílicas y de capillas, y después se
empieza á desfilar uno á uno, baja la cabeza hasta ,
entrar por .una puerteci1la cabacla en el márn;10I
y festoneada; a.hí está el sepulcro, ahí a.dentro rncrustrado de mármol enmedio de íconos y de lámparas de oro. Al mismo tiempo que yo, pasaban un
soldado ruso, una harapienta anciana, u.na mujer
oriental con ricos trajes de brocado, y totlo!3, besaban la cubierta tumba! y lloraban. Y otros seguíanyotros siguiendo eternamente, tocando, &amp;brazando, mojando de lágrimas esas mismas pie~
dras.
Kinguna idea de conjunto en aquel barullo de
iglesias y capillas que se agrupan en torno de
este sacro kiosko; ahí se encuentran grandes
maravillosamente suntuosas, y pequeñas humildes y primitivas, muriendo de vejez, en siniestros r incones ahlecados en la roca viva y en plena noche. Y aquí y allá la .roca del calvario, desnuda y apareciendo en medio de las riquezas y
los arcaicos decorados.
E l contraste es extraño entre tantos tesoros
•montonados, y los harapos de los peregrinos, y
el deterioro de los muros y pilares usados, roidos
informes y engrasados por el frotamiento de tanta
carne humana.
Todos los altares, tod1i,; las comuniones diferentes están de tal manera mezcladas aquí que á
menudo resultan cambios de lugares de padres y
cortejos que hi&amp;len las multitudes llevando
custodias y prec~idos por genizaros armados que
hieren el pavimento con sus alabardas . .... !
¡ Campo! son los latinos que pasan, eon easulla
de oro. . . Campo aún! es el obispo de la Siria
con luenga barba blanca, que ha salido de una
capilla subterránea; en seguida los griegos eon sus
paramentos bizantinos aún . .. Rápidamente de
prisa caminan con sus vestiduras suntuosas mientras que delante de ellos, los incensarios de plata,
que balancean los pequeñuelos, que avisan á la.a
multitudes, que vacilan y terminan ,p or apal1tarse. Por doquier es tan sombrío que es necesario para caminar, el cirio en la mano y en lo alto
_de las columnas en las galeras tenebrosas mil flamulillas.
Algunos hombres rezan en voz alta, lloran y
sollozan, corren de una capilla á otra; aqui para
abrazar la roea donde fué plantada la cmz, ahí para postrarme donde lloró María Magdalena; sacerdotes casi perdidos en la sombra para
conduciros por puertecillas fúnebres á los agujeros de las tumbas, y por fin, ancianas con la vista errante, las mejillas bañadas por el llanto, llegan de los negros subterráneos, de besar las piedras.
de los sepulcros.

Domingo 8 de Abril de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

Wiern8s de fiJolores.
E_l viernes que precede á la Semana Mayor está cuero está allí en su e1emento y es el "subrayado"
dedicado por los pueblos cristianos de ritual ca- más gráfico de esa fiesta tradicional que, á los acortó~~co á la conmem~ración de los dolores que sn• d~s de las bandas militares y de Jas murgas de infno la Madre de Cnsto al 'Ser testiao obli~ado de dws, y entre el polvo de la calzada y los gritos de
.. y d e la muerte de su Hijo.º'
º
Ia paswn
La poética figura de la Virgen Mad re aparece
entonces conmov1da hasta lo más profundo de sus
entrafias y las lágrimas surcan sus pálidas mejillas y es el más humano y eterno símbolo de la
Maternidad.
E\ ritual ha fijado á María siete dolores, que en
los iconos están materializados en siete puüales
clavados en el corazón. ¡Pero es tan difícil tasn
y contar los sufrimientos ele una madre dolorosa!
¡ Siete puñales no son nada junto á una pesadumbre maternal!
Diversos son los usos que el viernes de Dolores
ha implantado e~tre los pueblos cristianos y su
celebración varía desde el luto más absoluto hasta la algarabía más ruidosa y popular.
N ~estras costumbres tie1:1den más á ]o segundo
y de¡an el luto y la austeridad para el vierues sigu~ente, para el Viernes Santo, en que la Virgen
,... J\Iadre aparece al pie de la cruz, cuando el Hijo
ha consumido ya el a.margo cáliz ele la redención
humana.
El Viernes de Dolores bien pudiera llamarse
en Móxico el Viernes de las Flores. La época del
año en que se celebra, es aquella en que la Diosa
Primavera desciende sobre nuestros prados y nuestros pensiles y con su ósculo tibio y húmedo despierta la savia de los tallos y revienta los botones
que se abren al 'lluevo sol, ávidos y frescos como
En e l Ca n a.l
labios de niños. ¡ Flores, flores por doquiera! Y es
natural que las llagas de la Virgen Madre se culos vendedores, dura cuatro ó cinco horas, hasta
bran con lluvia de pétalos.
El Viernes de Dolores empieza, pues, para los que los rayos del sol, poderosos y quemantes, ahubuenos habitantes de esta leal ciudad, con el fa- yentan á la regocijada turba y la despiden de nuemoso "Paseo de las Flores," que se verifica año por vo hacia la austera metrópoli.
· La segunda parte de la celebración del Viernes
año en la Calzada de la Viga, á lo largo del Canal.
Pero nuestro "paseo de las flores" genuino y na- de Dolores y que, como la primera, es muy antigua
cional, el que se celebra todos los años, es eminen- y tradicional, consiste en los "alt-aresl que se entemente popular, aún cuando nuestras clases altas cienden al anochecer y que reunen tertulias animadas de carácter netamente profano.
no desdeñan tomar parte en él.
Esos altares, lo mismo que el paseo matinal de
Entre las fiestas populares que se van, el Paseo
floral del Viernes de Dolores es una de las que más que antes hablamos, son patrimonio de todas las
han conser vado su originalidad y la nota nacion~l clases sociales y desde las humildes "vecindades"
palpita vivrunente en el pintoresco conjunto que hasta los suntuosos palacios, suelen ostentar sus
ofrecen la polvorosa calzada y el canal que se ex- altares en honor de la Madre Dolorosa.
La Virgen de los Dolores los preside á todos: ya
t ienden á los pies del sencillo y primitivo monusea en íconos tallados y régiarnente vestidos y
mento del César Azteea, Cuauhtémoc.
La calzada se llena de peatones, de carruajes y alhajados, ya en pobres eromolitografías provede gentes. Cada carruaje lleva una nota floral nientes de las prensas alemanas ó catalanas. Pero
esa virgen es el lazo de unión entre los pobres
por insigmficante que sea. Y las rojas amapolas
con sus colores agresivos, por doquiera asaltan la y los ricos, y ella recibe todos los homenajes.
Hay otro lazo de unión, otro signo de comuvista : en los corpiños tibios y •lpitantes y entre
nicación entre todos los altares de Dolores: la
las cabelleras obscuras de nuesMs criollas.
Por el canal se deslizan las tradicionales canoas, índole del adorno. En botellas y vasijas de cristal
movidas al rítmico impulso de indí~enas broncí-- transparente se encierran aguas, tintas merced á
neos é impasibles, y cargadas de flores, de legum- toda clase de materias colorantes detrás de las cuabres y de gente alegre que se corona de flores y les se colocan luces, de suerte que el altar resplandece en ampollas luminosas, verdes, rojas, azules,
eanta al son de la vihuela.
La mayor parte de los ginetes lucen el traje na- amarillas, lo que nos autoriza á calificar el estilo
cional, y el charro, el genuino charro, vestido de de esos altares, de "estilo farmaceútico."

En donde quiera que queda un hueco, por pequeiio que sea, se colocan naranjas envueltas en
papel dorado y erizadas de banderillas hechas de
popote y oro volador, que ondulan con deslum-

d e l a. Viga.

brantes fulgores al menor soplo de viento
Otro adorno genuino de esos altares, amén de
macetas y de macetones, es constituído por lae
"siembras" que se hacen al efecto, colocando menudas semillas sobre la superficie porosa y humedecida de vasijas de barro de todas formas, produciendo una vegetación liliputiense, que á su vez
adquiere la forma de las vasijas y es de gran efecto
de vista.
Para aumentar ese efecto, durante la época del
florecimiento de las semill~, se mantienen las vasijas en cuartos obs~uros, de rñodo que las .floraciones no sufran la in.fluencia de la luz y adquieran un color amarillo tierno, que es muy agradable á la vista.
Esos son los adornos comunes á todos los altares,
ricos y pobres; la diferencia de ellos sólo consiste,
pues, en la riqueza de los manteles, de las imágenes, de los candelabros y del alumbrado.
. El altar de Dolores se enciende generalmente á
las seis de la tarde ó en los primeras horas de la
noche.
A las veces se ejecutan . g-randes conciertos
frente al altar, cantándose de preferencia el "Stabat Mater" de Rossini, que tiene merecida fama en
México.
Y así se conmemoran los siete dolores de la Virgen Madre.

~erb/ay.

•

J)ierre .Cof1'.
Entrada a Santa .A.nita •

Antes de 1a' m.er-ienda.

�FlL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Abril de 1900.

tL MUNDO ILUSTRADO
AÑO VII--TOMO I--NÚM. 15

MÉXICO, ABRIL 15 DE 1900.

SUBSCRIPr.101' M'ENSOAL PORANli, 11.60
!D.R:JI lD:&amp;M EN LA CAPJ'UL, fl-~

Gerente: A.lfTOJl'IO OUYJ.8

Direcior. Lic. BAFA.EL BEYES SPtl!rDOLA.

/

MARÍA AL PIÉ DE LA CRUZ.

JUANA DE ARCO.
CU A. D&amp;O :D:B nEaBJ: DZ

aoaa.

O 11a.dro de Mm.e. Cha.ntillon.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Aniversario Asalto a Puebla</name>
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      <name>Conferencia de la Haya</name>
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