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                  <text>dancia artículos de primera necesidad, son más
palpabl€6 los bienes que resultan y que ya nosotros
estarnos disfrutando, bastando para comprenüerJos establecer una comparación entre lo que valen
hoy las telas, por ejemplo, que se fabrican en
el país J el costo que antaño tenían las de la
0.sma clase que nos venían del extranjero.
Esto desde el punto de Tista econ6mico, que
en cuanto á la calidad de 106 artículos, corno un
efecto de la competencia, todos sabemos qnc las
manufacturas se han mejorado tanto, que muchos
&lt;le los artículos corren en nuestro mercido con
etiquetas escritas en idioma extI·anjero, compjten
con ]os que vienen del exterior, y salen, sin em1,argo, de las fübricas establecidas en México.
Entre estos benéficos estabkcimientos que determinan un adelanto y proporcionan comodida(lcs, cuéntase indudablemente la fábrica de estampados J blanqueo "La Carolina," de la cn,tl
hemos tomado las vistas que ilustran estas lineas.
"La Carolina," propiedad el.e los se1lores Consbmtino Noriega y Cía., estaba antes de ahora. establecida en Puebla; pero después de una catástrofe producida por la explosión de una caldera, que causó varias víctima.s y oasi la tota1 aestrucción de ·la fábrica, los propietarios, perseverantes en su empresa, pidieron máquinas nuevas y
levantaron la fáb ri ca en un extenso terreno de la
;!a. calle de la Luna y Nonoalco, que es donde actualmente se encuentra.

tL MUNDO ILUSTRADO
AÑO VII--TOMO 1--NÚM. 20

MÉXICO, MAYO 20 DE 1900.

l&gt;ireotor: Lio. BAPA.EL BEYES SPIJl'DOLA..

Sr. Consta.nt.ino Noriega, empleados 7 operarios de la f&amp;briea.

cia de las telas y asegurar á la vez la .firmeza de
los colres. Entre estos el más difícil de obtenerse
con los requisitos indicados, es el color negro, J
los visitantes de este género de fábricas quedan
sorprendidos de los diversos colores, que antes de
llegar al que se desea obtener, van tomando las
telas al pasar por los distintos baños químicos á
que se les sujeta.
El dibujo, no es cosa sencilla y nadie que compra un metro de percal supone el trabajo que se
ha invertido en su fabricación. P ara hacer el di111.1jo se hace uso de graneles pantógados y máquinas especiales que sin·en para grabar la labor en
pesados cilindros de cobre que colocados en las
máquinas estampadoras imprimen el dibujo soUre
la tela.
Los trabajos últimos son el lavado, engomado
y troculado de la tela y el arreglo de ésta para
presentarla bien al mostrador comercial.
"La Carolina'' dirigida y administrada por homhombres de capital y de reconocidas aptitudes, es
un importante centro de trabajo, pues se emplean
diariamente de 150 á 200 operararios, y en cuanto ú su producción ya abundante al presente,
aumentará seguramente muy en breve, pues
los propietarios esperan en estos días la llegada
de nuevas máquinas que se colocarán en otros departamentos del edificio que es tan espacioso que.
atn1viesa sus patios el ferrocarril Mexicano.

,

Enja.bo:nadora.s 7 dobla.doras.

_En la visita que hicimos al establecimiento, pudimos valorizar cuánta es la importancia de esta
fábrica, lo complexo de las labores que en ella se
realizan y el buen número de operarios que allí
trabajan.
La maquinaria es toda moderna, y amplios los
departamentos que por otra. parte son numerosos :
oficinas de la Administración, almacenes donde se
guarda la mercancía, tintorería, grabado, estampa.do, enjabonaduría., engomado, tórculos y otros
muchos.
Tal vez algunos de nuestros lectores no conozcan el procedimiento que se sigue en esta fabricación y vamos á indicarlo en breves palabras:
la fábrica de hilados y tejidos se encarga de
separar el algodón, despepitarlo, laminarlo y torcer el hilo que en este estado pasa á los telares,
donde se confecciona la tela. Esta va después á 'La
Carolina," y sufre allí una metamórfosis completa
con los grabados, tinte y aderezo que se le da allí.
Las maniobras del tinte son de lo más delicado,
por la multitud de substancias que entran en la
combinación de los colores y el cuidado que necesi1an los químicos encargados de esta labor para uo
emplear substancias que perjudiquen la consisten0

LOS.DELITO S DE LA INFANCIA.

8UBSCRTP&lt;:IOK JlltNSUAL PORA.!fli, 11 !!t.
}DICM JDXM EN U. CAPITAL, 11 25

Gerente: .4.líTOl!l'IO 01JY "-8

�•
Domingo 20_ de Mayo de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO
cochero le anna gresca por el monto de la propina.
El pasajero argulle, el cochero se indigna y lo insult,a; entonces el ofendido, hombre vestido con
elegancia, buen mozo y correctísimo en la forma,
Pan á discreci6n.-•Pujilisma.
se despoja de su paletot, de su bastón, de su somNegocio Redonda.
brero é invita al cochero á un as11lto de box. El
cochero, una especie de mastodonte, hercúleo, fuHe presenciado en estos días una serie de escenas pintorescas (sin música de Massenett) y aun he rioso, acepta; los circunstantes hacen rueda y la lusido víctima de sus peripecias--que ponen de resalto cha comienza en toda reg1a. El público sigue las peya éste, ya aquél atributo culminante del carácter ripecias del hrnce, cuenta las r'puntas" en pro y en
francés, que á guisa de lección de cosas hacen per- contra, aplaude 1os buenos lances, salva los malos
ceptibles las virtudes como los vicios de este gran -golpes y apuesta con "momio" á Ja "carga" que ha
pueblo, y que contribuye á explicar la vitali- golpeado de lo lindo al aurig,1. La polich1 brilla ·por
su ausencia . . . Acaba al fin por acudir y acierta á
da d y la grandeza de esta nación.
Comía en un modesto restaurant, cuando, de re- sujetar desde luego á la ªcarga.~' El pueb1o soberap ente, al lado mío se arma nna gresca formidable . no admirando y aplaudiendo al vencedor, simpatiGritos, interpelaciones, protestas, gesticulación zaba visiblemtnte con el \'encielo; se oían rumores,
frenética, oratoria volcánica. Dos mozos de 1a fon- se decía: el pueblo oprimido .... el burgués insoda sujetaban de los brazos á nn hombre de cin- lente .... maltrata al pobre porque se siente rico y
cuenta y tantos años, bien vestido y de aspecto seguro de la impunidad .. .. eI socialismo acabará
burgués, en tanto que el "maitre d'hotel," digamos con todo eso . . .. etc. Ya me temía que se organimayordomo, extraía de las bolsa&amp; del viejo, paneci- zara un motín contra el pasajero y que un lynchallos que éste se había guardado mientras almorza- miento en regla diera fin á la escena, cuando el coba. Los había en el gabán, en la levita, en el som- chero, viendo á su contrario sujeto de ambos brazos
brero, y hasta en la bolsa americana del panta- por la policía, se acerca y le asesta. en plena cara un
lón, serían como cinco ó seis, y representaban un puñetazo brutal que baña en sangre al indefenso
valor aproximativo de doce centavos oro. Un ra- pasajero.
tero ... pensé yó, y pensar on también los circunsLa indignación del pueblo fué formidable: cotantes que le gritaron: ¡ladrón! ¡pícaro! ¡bribón ! . barde! miserable! traidori infame! y una lluvia de
y que lo pusieron como trapo del suelo.
palos, puñetazos, ar~ños, mordiscos, y pedradas dió
Ante esta lluvia de denuestos, el viejecito se ir- con el cochero en tierra y á no haberlo defendido la
guió y protestó: -Ese pan es mio; no lo he robado policía y su primer adversario, el pueblo lo hubiera
y me lo llevo en ejercicio de un derecho legítimo. pulverizado.
Y sacudiendo á los hombres que lo sujetaban,
Esta escena revela también atributos estimables
tomó de sobre la mesa el "menú," y haciendo fren- del espíritu francés. Valor personal; energía para
te á todo el mundo, altivo, imponente, heróico, defender el propio derecho; y caballerosidad y nolo hizo ondear como un bandera del derecho y un bleza que repugnan la felonía, la traición, la bapabellón de triunfo. En el "menú," con letras jeza. Y dejan entrever los progresos de la idea
gordas y bien visibles, se leía: "Almuerzos y co- socia}jsta, asunto digno de más detenido estudio;
midas á dos francos cincuenta . Pan á discreción."
.la mala fe que preside aquí á la generalidad de las
-Y a lo ven Uds.; tengo derecho á pedir todo transacciones al menudeo, por decirlo así, y la tiel pan que quiera, gritaba el anciano, y pagando rantez de relaciones entre el que vende mercancías
dos francos cin cuenta, he pagado t odo el pan.
ó servicios, y el que los compra.
-Poco á poco,-replicaba el maitre d'hotel,Otra escena que corrobora esta última observatiene Ud. derecho á "comerse" cuánto pan quiera; ción. Compré. en la 'l'orre Eiífel una medalla conpero no á llevárselo. De otro modo, cada cliente memorativa; la vendedora me propuso que hiciera
traería un canasto, y por dos cincuenta podría fun- grabar en ella mi nombre y la fecha de la ascendar un expendio de pan.
sión, por el módico precio de medio fnmco; acep-Alto ahí amiguito; soy abogado de provincia té y pagué la medalla y el medio fr,µ,.co del graba(risas) conozco el derecho. El pacto del cliente con do. La vendedora me expidió un va1e para el grala fonda, es un "quasi-contrato," un contrato tá- bador, consignando que su trabajo estaba ya paaacito, cuya "letra" obliga á ambas partes; el texto do, y me indicó un kiosko frontero para que m;ndel contrato no habla de comer el pan 6 de lle- dara hacer el grabado. U e presento ahí con mi
várselo, "ergo" puedo llevármelo si no lo como.
p_apel, lo examinan cuidadosamente como para cer-El espíritu de la ley me favorece ; sería absur- c10rar se de su autenticidad, preguntan qué leyenda
do que hubiera pactado mi .ruina.
se ha de inscribir en la medalla, y ponen manos á
-Yo me atengo á " la letra."
la obra. Ya me retiraba con mi medalla grabada,
-Y yo invoco "el espíritu."
cuando el grabadoT, sonriente y caball eresco, me
Aquí la opinión se dividió, un os daban la razón dice: -Mil perdones; son cincuenta céntimos.
al viejo, y otros al maitr e d'hotel; la algarabía se -Sí; pero ya están pagados, vea Ud. el papel.
hizo indescriptible; por fin, el viejo dejó el pan, -Ka tengo nada que ver con eso ; ni conozco al
pagó los dos cincuenta del "águila" y salió prome- signatario del papel; págueme Ud. y hágase reemtiendo presentar querella por falta ele cmnpli- bolsar en el otro kiosko.
miento de contrato, difamación, calumnia, vías 9-e
Regreso al otro kiosko á. pedir el reembolso, y
h echo, indemnización y á mayor abundamiento,
jurando que enviaría sus padrinos al maitre d'ho- n~e contestan :- Imposib1e, señor, ya anoté la partida en mi libro y no estoy autorizada á hacer
tel.
contrapartidas.
- P ero es que el grabador me ha
Esta escena me dejó pensativo. Aquel hombre,
acaso, pensaba almorzar al día siguiente con aquel cobrado, y le he pagado ! -No puede ser; ¿qué
pan. Tal vez era nno de tantos pobres de levita, grabador es ese? -Aquel; el que u sted me indicó.
-Oh, señül', el error es de Ud ., que comprendió
que viven en la más negra miseria y 11evaba aquemal;
no es ese el grabdor que le indiqué, sino el de
lh refacción á sus hijos. Ya había yo""'º en otra
junto,
con quien tengo iguala. El otro hizo bien en
ocasión, por el barrio latino, á un estud iante &amp;entarse en la fonda á platicar con dos amigos que cobrar, porque no tiene relaciones conmiuo. Pero
almorzaban (pan á discreción) y distraídamente, esté Ud . tranquilo; hay una manera ele que Ud.
como quien no fija en ello la atención, pellizcar no pierda su dinero: escriba Ud. á Mr. X., nuestro
el pan y comerse sonriendo un pan de libras que patrón, y adjúntele el bono de me.dio franco; á fin
el mozo reponía á paso y medida del consumo. de mes que se haga corte de caja aparecerán soAquel joven desayunaba gratis. Tal vez el viejo brantes sus cincuenta céntimos, se le dará á Ud.
abogado de provincia estaba en ese caso, y merecía aviso, se presentará _Ud. en la La Chapelle, que es
compasión, ó también era uno de tantos hombres donde están las oficmas, llevará Ud. sus papeles ó
económicos, metódicos, casi avaros, que á todo se se hará una información testimonial para justifiexponen y á todo lo afrontan por ahorrar un centa- car su personalidad y le será reembolsado su mevo, que viven en la pobreza, privados de todo, me- dio franco.
-Pero señora! cree Ud. que voy á escribir carnos de humillaciones, y que suelen morir en un
tas, á _gasta~ en correo, á hacer un viaje de dos lejergón atestado de billetes de Banco.
Lucha áspera por la vida, instinto de economía, guas, mvertir dos francos en "medios de transporpropensión á la dialéctica y al sbfisma, tales son te" para recobrar diez centavos!
entre otros, los atributos más característicos del . -Entonces le propongo otro medio más econófrancés.
mico, rápido y ventajoso: compre Ud. otra medaOtra circunstancia medió la medida de la enerlla. hágala grabar por medio del bono con las inigía del francés para revindica r sus derechos. Un pa- ciales d~ un amigo de ... '. una amiga, y al volver
sajero baja de un cohe de sitio, y naturalmente, el á su pa1s hace Ud. un regalo, que por lo bajo re-

ESCENAS PINTORESCAS.

=

.

presenta veinte francos. Son como quiera diez ó
doce francos de beneficio neto.
¡ ¡ rrablcau !! Dí la vuedta, "cojí," me íuí á mi casa y dejé apestando á .... tonto 6 á extranjero, que
en París son la misma cosa.

j)r. Jrla17uel Flores.
Parls, 19C0.

Aniversario de la toma de Qnerétaro.

=

Año por año la República conmemora la toma
de la plaza de Querétaro por las fuerzas liberales,
y la caída del Segundo Imperio.
"El Mundo Ilustrado" engalana hoy sus páginas con la reproducción del cuadro del señor
Yent, que representa una escena impor tant.fi.sjma:
el momento solemne en que el Arichiduque Maximiliano hace ,entrega de su espada al G-eneral en
J efe del Ejército de Operaciones, Don Mariano
~scobeclo, que con gran ,constancia había sostenido el sitio de Querétaro.
La historia nos refiere que, cuando las íucrzas
republicanas se habían apoderado del convento
de la Cruz, Maximiliano abandonó sus habitaciones y en compañía del príncipe de Salm Salm, del
General Don Severo del Castillo y de otros jefes,
se dirigió al Cerro de las Cam¡,anas, donde se le
reunió el General l\íejía, con una pequeña fuerza
y varios militares, que fueron llegando en grupos.
Se intentaba romper la línea enemiga, pero el Archiduque manifestaba deseos de que se reuniese ~Iiramón. Poco dspués recibió la noticia de que éste
había sido herido, y entonces ya no pensó en la
fuga . Descendió del Cerro de las Campanas con
todos los que le acompañaban en aquellos momentos. Se detuvo cerca de la garita de Celaya, viendo
que iba á su encuentro el General Ramón Corona.
Maximiliano indicó al Jefe republicano que deseaba hablarle aparte. Llegó entonces á caballo un
ayudante del General Escobedo, y comunicó la orden de que los presos fuesen en viadas al Cuartel
General. Corona quiso acompañar personalmente
al Archiduque, Mejía, Castillo y al príncipe de
Salm Salm y se dirigió con ellos á la garita de
San Pablo. Allí presentó á Escobedo los prisioneros, y le dió cuenta de lo acontecido. Muximiliano, ~iéndose en presencia del General en jefe,
se desciñó la espada, y entregándola al ilustre
fronte rjzo, dijo con dignidad: -"Ya soy prisionero de usted."
Maximiliano, poco después, fué conducido al
convento de la Cruz, por el General Riva Palacio
á quien regaló su caballo, como una manifestaciÓl~
de aprecio.
La pieza destinada para prisión del Archiduque
era la misma que le sirviera de alojamiento, pero
de ella había desaparecido todo, excepto un catre
de campaña, un a mesa y una silla. El prisionero
quedó solo en su celda, entregado á sus pensamientos, y bajo la rigurosa custodia de una compañía
del Batallón de Supremos Poderes.
También publicamos, por ser de oportunidad
una fotografía que representa la casa de camp~
que hizo construir en el Estado de Morelos, el Emperador, tal como dicha casa se encmmtra en la
actualidad. Está en Acapacingo, pueblo pintoresco, distante tres millas á lo más de Cuernavaca.
Eligió el proyecto, el mismo i\Iaximiliano con ese
gusto especial que le carcterizaba. La fin'ca. se levanta en el centro de un jardín y le forman sombra copudos árboles de ornato. Es de dos cuerpos, con una techumbre moderna. ·En aquella época ?ontaba con un gran salón para banquetes,
vanas salas amuebladas y decoradas con mucho
lu~o, otras pier,as que servían de recámara., y un
luJoso departamento de- baño comunic1do con lm
estanque hermosísimo, por medio de nna escalera
interior.
llfaximiliano pasaba ahí algunas (emparadas,
pues se recreaba v1v1endo en tan hermosa finca
no obstante que ésta chocaba á la Emperatriz Car'.
lota, que prefería la residencia del Jardín de
Borda.
En los últimos días de Junio de l SGG el .l rchiduque recibió ~n esa. casa cuatro noticias, que le
causaron gran 1IDpres1ón: la de la derrota de Santa Gertrndis, la de la ocupación de Matamoros, la
que le dió A!monte de que Napoleón III insistía
en el regreso del Ejército francés y la de la exiO"ida celebración ele un convenio p;ra el pago d/'1a
deuda francesa .

=

EL MUNl)O [LUSTRADO

Domingo 20 de Mayo de 1900.

EL HAMBRE EN LA INDIA.
Los ojos del mundo civilizado están vueltos ha•cia la ludia, herida de hambre. :Sesenta millones
de seres esLán muriendo &lt;le manición en aquellos
desolados c,un pos. La miseria, en un a parte de
llombay y de la India Central, es indescriptible
-é incom paraule.
Los campos di:' arroz están secos desde hace mu·cho tiempo, y ahora, hasta el pasto, en algunos
lugares, es tan raro como a4.uel grano. El gana.do ha muerto todo, y en los campos átidos se ye
perecer u. diario una porción ele criaturas de corta e&lt;lad, siu abrigo, sin hogar y sin alimento. Lord
Cruzan, el Viney inglés de la ludia, acaba de
hacer un llamamiento al mundo cristiano para
•que pre5te ayuda á tantos millones de seres infe1ice::i que esLá.n para perecer, y á petición de los
misioneros y de los secretarios de varias asocia.ciones femeninas de caridad, el J ournal de Londres,
extiende ante los ojos de sus lectores esa triste
pintura de sufrimiento, Las fotografías que publi-camos, están tomadas directamente de escena.5 causadas por el hambre, y son de verdadera autenticidad.
len efecto, la. condición de la India, atacada por
-el hambre, es tan miserable, que su sóla contemplación causa indecible horror. No se puede precisar el inmenso número ele víctima.s que continúan cayendo bajo la implacable hoz de la miseria, pero en Febrero último, había 60.000,000 de
seres humanos pereciendo de hambre, 30.000,000
que se encontraban en la más horrible miseria, y
de éstos sólo 5.000,000 recibían la ayuda del Gobierno.
~o son solamente las ciudades las que están atacadas por este terrible azote, y cuando se piensa
que casi toda la. población de la India está formada por clases -agricu1toras, pues un 80 por
-ciento es labrador de tierras, se puede calcular,
aunque ligeramente, la extensión del sufrimiento
-actual en aquel vasto territorio.
El hambre ha sido causada por la ausencia del
":M:onson," viento periódico que ayuda á fertilizar
los campos; pero además de la falta absoluta de
~imentos, hay también una tremenda escacez de
agua. Esta necesidad obliga á los habitantes á dejar aquella parte del país para amontonarse en
otros lugares más fecundos, y en éstas tristes peregrinaciones es en donde perecen de inanición,
:y puede decirse que van regando cadáveres en su
camino. En muchos lugares, el Gobierno provee de
agua á los habitantes, pero la provisión es immficiente.
Cuando el hambre empieza á atacar al pueblo,
éste empieza á vender todo lo que posee de algún
valor, con objeto de conseguir algo de alimen to.
.A rrancan las puertas de sus casas y las venden;
,·enden sus muebles y utencilios de labranza, y,
por último, cuando ya nada tienen que vender,
venden á sus hijos.

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Eaoen11 • ho:rr1pila.ntes.

Los niños no pueden venderse, porque no hay
quien los demande, y el comercio se hJce generalmante con mujercitas. En algunas ciudades se ha
visto vender una criatura por treinta centavos.
Pero éstos compra-chicos no aceptan á los varones, y así, cuando los padres no son ya capaces de
mantenerlos, 1os abandonan, dejándolos atenidos á
su propio esfuerzo.
Bstas inmensas bandadas de chicos miserables y
hambrientos, se amontonan todos los días á las
puertas de los almacenes de semillas, y el único
medio por el cual los propietarios pueden verse
libres de ellos, es el de tirarles puüados de semillas
ó granos, desparramándoselos por todo el espacio
que ocupan las turbas; los desgraciados aquellos
se ponen entonces á recojer grano á grano, y en
la noche, tal vez se ven recompensados con un
puñado de ellos, juntados nno á uno.
El Gobierno inglés hace todos los esfuerzos posibles para aliviar la miseria del pueblo, pero algunas veces éste rehusa presentarse en los puestos de socorro, por estar ya demasiado débil para
poder salvárse. Cinco centavos diarios pueden mantener una persona.
Después del hambre viene siempre el cólera á
acabar con los pocos superyivientes, y los cadáveres de los que mueren de iuanirión, cuando no s.on

Escena ■

hJ:rxip11a..nWa.

recogidos á tiempo para i1ic·nerarse, ocasionan una
porción de enfermedades que convierten aquel
miserable país en un verdadero campo de desolación.
·
Las escenas de miseria que se presencian en las
ciudades de alguna importancia, son de una conmovedora tristeza. Masas enormes de gentes haraposas y escuálidas se amontonan á las puertas de
los r:cos, los que, en.ando no han abandonado sus
moradas para huir de aquellos espectáculos, se en~
cierran en el interior de ellas y se hacen sordos á
toda clase de peticiones.

LA APERTURA OS LA EXPOSICION
DE PARÍS.

Inquietante por extremo era el aspecto ueneral
de la Exposjción, la última semana de los habajos
y aun el día 12 de Abril, antevíspera de su aperLUr ~L Por todas partes se trabaja con fiebre, pero
sm esperanza. í esta acti vidact y esta prisa da.han
por resultado inmediato un gran aumento de de-

�Domingo 20 de Mayo de 1900.=

EL MUNDO ILUSTRADO

también con el mismo apresuramiento, aun aquellos que todavía no es\ahan descargados.
Y realmente, parecía que la varilla mágica de ,ilgún encantador había
hecho desaparecer en un momento aquel enorme obstáculo de escombros y armazones, que parecía no podrían retirarse de allí sino en muchos
e.ños.
Durante la noche del 13 al 14, la Exposición ofrecía un aspecto fantástico. El Campo de Marte estaba iluminado como para una radiante
fleta nocturna. Rn las a.venidas, en los parterres, enormes locomotoras
rcuaban y aplanaban á la vez la fina arenilla que·debía servir de pavimento,
y :nterraban la red de rieles que se había puesto para facilitar los trabajos.
Los naranjos, los sabinos y los pequeños fresnos, perfectamente recortados,
parecía busroban ellos mismos los agujeros en que debían florecer. A las
puertas de los Pabellones, caían los últimos armazones de hierro, y
en fin, por todas partes se veía una muchedumbre agitada, que hacía recordar la fantástica escena de Babel, vista á media noche: los maestros de
obras ordenaban á gritos; los carreteros juraban y los caballos piafaban.
Así se elaboró el seductor decorado, que fué inaugurado oficialmente
por el Presidente de la República Francesa la tarde del 14 de Abril último,
y que íué abierto á las muchedumbres ansiosas el día siguiente, domingo
de Pascuas.
Fl grndo en r1ue se encou:-mb:t la Exposición .el &lt;l.ía de su apertura,
pucd': dcfinir!:c, sucitanmente, de la siguiente manern:
El cuadro del conjunto arquitectual estaba terminado, salvo algunos
pequeño~ lunares que podían pasar inapercibidos. La instalación de vidrieras, de productos de exhibición, de objetos de arte, etc., etc., no e3taba..
aó.n hecha, pero ha. demandado muy pocos días posteriores á la inaug-uración.
El retardo que parecía de mayor gravedad, era ~1 de lD- instalación de la fuerza de vapor y
de luz.

El Presidente 7 su comtiva a.l sa.lir de la. aala. de Phsta.s.

1

'

Claro es que s1 la colocación
de objetos y el arreglo interior de
los palacios se ha.bía retardado,
era porque lo" edificios se habían terminado muy tarde. Los
expositores no han querido 6 no
han podido exponer sus artíru-

sórden. Se pretendht terminarlo todo á. un tiempo, y todos se extraviaban en falsas maniobras. Se
intentaban trabajos finales, que en seguida tenían
que destruirse, para dar lugar• á otros por los cuales debía haberse comenzado.
Por fin, el 11, tres días antes de la fedia de la
inauguración oficial, se tomó un grah partido: se
renunció de buen talante, á que la exposición estuviera "lista" y únicamente se procuró e:.i.tuviera
"presentable."
El día fijado, setenta y dos horas más tarde, la
Exposición no sólo estaba presentable: bajo el alegre sol, estaba elegante y soberbia .
Loincompleto, antes de la última toilette, se caracterizaba sobre todo: lo. Por los andamiajes que
substituían por todos lados; 2o. Por el deplorable
estado de los pisos. Pero en unas cuantas horas todo quedó definitivamente terminado: los ancla.mios
se desmontaron á toda prisa. y todoa los vagones
que se amontonaban desde el Campo de Marte
hasta la Explanada de los Inválidos, se retiraron

ne

1 ~Oíl.

EL MUNDO ILUSTRADO

padre)
La bruma extendió su velo
Por todos los horizontes,
Yelanclo los altos montes
Con empañado capelo;
Hasgó sus nubes -el ciern,
Y en 1a obscura lejani~
Se escuc:hó una siufonÍ;_,
Dc::;parranrn&lt;la en mil not«f::
]~rnn fa;; primeras gota:-c.
.Allá en el campo ¡ llovía!

;)Iirad el cielo y los prados!
¡Yecl las casas en las 10111;1::~
Los gorriones y paloma:;;
(Jue picoteaban, posadu:-En los obscuros tejados.
Hu,rnron al bosque uml,ro::::o
En pos de i:n árbol írondo:;;o;
Y el viento en las enramad·c.,3
\·acilantes y empap&gt;ida,.
Alzó ;:u canto harmoni.o::o ..

Que; convertidas en notas
baltan al e;aña-veral.

;Yecl los .:.rboles! parece

Que ·está"!1 temblaudo ele frk;
Y lrn$ta la linfa del río
Que ('11 silencio B-e atlormcc-c.
Temblorosa se estremece
Cruzando por el juncal.
Al sentir en su cristal
Cómo golpean las gotas

Empapado quedó en breYe
El patsaje adormecido,
Y el ambiente humedecido
Llegó dicieudo, muy leve:
~¡ ªCerrad el cristal, que lluevt. ·,.
J~n todos. los diapasones
Canta el agua en los pilones;
Y ullá van por los vallados
Pastorc·illos retrasados
Chorrean tes como tr'itones.

.~-----==-==

•W•'•"•• - -

Con las notas cristalinas
Del harmonioso aguacero:
Debajo de algún alero
Se arrullnn las golondrinas;
Y en las años-as encinas
Que son de los bosques gala,
Donde el agua no resbala,
La5 aves ele azul plumaje
Dormitan entre el ramaje,
La cabeza bajo el ala ....
De los parajes resecos
Donde quedan estancadas.

A:rribo presidencial.

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Otra villia del puente lle

Domin¡,;o ~O de Mavn

.&amp;.l ■J•ndro

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los, con frecuencia delicados 6 frágiles, en
los salones que, todavía la víspera de la apertura, no eran sino armazones. Las cajas de los
expositores extranjeros, llegadas á la hora
precisa que se les babia determinado, no fueron
abiertas sino hasta el último momento. Las de los
expositores franceses, y, sobre todo, ~as de los
parisienses, han permanecido en sus almacenes,
donde tal vez estén aún.
Sea como fuere, á esta fecha, los pabellones están ya construidos, pues desde antes del lo. de
Mayo, sus galerías estaban completa.mente listas
.Y decoradas. No sucedía. lo mismo con los salones
y allí por el contrario, reinaba el mayor desaliento,
de las maquinarias generadoras de fuerza y luz,
temiéndose que fnera á ser este el insuperable obstáculo que impediría á la Exposición desplegar todo su nocturno esplendor.
Tal como estaba á su apertura, la Exposición
fué visitada con gran curiosidad, el sábado 14, por
un público de invitados especiales, el domingo y
los días siguientes, por el "gran pl1blico."
Pero fné aquella la inau¡,;uración de la Primavera, al mismo tiempo que la de la Exposición, y
la Primavera y la Exposición, combinando sus gracias nuevas, han encantado todos los ojos.
El domingo 15, bajo el peso del medio día, se
veía á innumerables familias buscar un rincón de
sombra, instalarse en él y abrir sns cestas llenas
de provisiones.

MAURICE NORMAND.

Las flores sienten ruil penas,
Las vloletas, sin congojas,
Ocultas bajo las hojas
La lluvia. miTan apenas;
Mas las blancas azucenas
Y lo:: lirios na carados
~Que son copas de los prados,L]enas de licor del cielo,
Rebosantes van al suelo
('orno búcaros volcados!
J~nvueltas en agua y frío
i-:stán la tarde y las frondas;
]lotas las espigas blondas,
fümaltado de rocío
Torlo el blanco caserío.
Y en los sauces temblorosos
J. . a bruma. prende amorosos
C,·espones que tal parecen
] Lamacas en que se mecen
l\Inchos sueños perezosos.•
.Al verte i oh tarde tan grata!
Toma el pintor la paleta,
~us versos teje el poeta,
Y el músico su sonata;
Yo también mi serenata
Te doy ¡ oh tarde tan breve!
¡ Deja que mi canto eleve
Con acento conmovido.
:Mientras dices á mi Óído:
~"¡ Cerrad el cristal, que llueve!"-

)'líar/a €qriquefa.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 20 de Mayo de 1900.

DELOS NIÑOS

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mtensi:lmente con las ri~as de los ni11os, cuan-

fantiles nos contagian, "porque el buen Dios no
quiere que ninguno esté triste.'·
Los nitíos deben reír, reír constantemente:
ese es ,el objeto inmediato de su cxiilicncia, mientras los abrojos del camino no empiecen ú desgarrar sus piecesitos tiernos y ro:-ados. í no:--otro;:,
hasta por cierto egoísmo &lt;lisculpable, debemO.s
e:;forzarnos _por cultivar sus risas y sus júbilos.
Los gustos de los niños son iguales en todas las
partes del mundo, y sus distraccione$ suelen ser
i&lt;lénticas por doqu:iera: eso depende, sin duda, ele
la facilidad de distracción de que hablábamos
antes.
L?s niños han menester de muy pocas condiciones adyacentes; se entregan á sus placeres sin
reser vas ni propósitos definidos. Xi del len!Yuai') necesitan, ele ese sacro Verbo, q ne en° los
•hombres es condición indisp~nsable de todo soláz
)' de toda sociabilidad. Pero los ehiquelos, esen-

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'¡

ciaJmcnt.e ~oci;1bler-, no ~ comunican con palabras. eino ton risas. En el breve trayecto tra.::atlántic·o &lt;le un paquebot, hemo..: vi~tO formar..:e
sólida~ y tiernas amis.tade8 infantilci-, qne ameri-

do en nosotros late todavía, aunque sea un mutilado y sangriento resto&lt;le corazón . .Esas carcajadas in-

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Ca.sa. del Archiduque Maximilia.no e:i Acapacingo.

E,.J transforma en júbilo: desbordante
de ri-sa:(Háfanas y contagiosas. Nosotros, que ya hemos
olvidado aquellos tiempos y aquellas ri,fls, que toC.:-&gt; lo encontramos vacío y tedioso solemo.s O'Q•
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En. el Bosque de Chapultepec.

taron la:-: hígrima,:: ~ la hora de la separación
entre nillo~ que habJaba.n lenguas ab.::olntament~
&lt;lisímliohl'-: no 'h abían cruzado una $Ola palabra,

pero habían cambiado muchas carcajadas y esfaLan lig;1doi-: por el lazo de los goces

Sí, ¡rnes, tan fácil es distraer á los niños, ¿ por
que razón 110 hemos
de proeurarle.s toda.
suerte de soláz, ya. que
eso exige tan pocos
esfuerzos Je nuestra
parte?
Casi llegamos á
creer que el capítulo
referente á los pa.seos
y á las diver;:;iones de
los niños debe forma r
par te del programa
de todo Municipio
moderno. Y rpucde,
corroborar uue s t r a
creencia, el hecho de
que, ,en efecto, mu-,
· chas de los Munici:
pios más a.delantados
lo ha.n iucluído ya de
una manera precioa
entre los multiples
deberes, cuyo cumplimiento les está en~
comendado por las col eeti vidades que ,¡ es
dispensan su confianza
En )féxiro, los (•hicuelos, ó mejor dicho, los que
por expontáneo impulso suelen encargarse de repre~ntar los ünere!-e~ de los chicuelos, 1)0 han si-

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En el Zócalo.

inocentes

que ;1e comparten .

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res de la decantada y siem¡.,re latente 1mJrn vur
la vida, no en todao ocasione6 es e.lado ::;a.ti.::Jac.:er
en la medida que se &lt;lewa, pero que al fin y al
c:abo se txitisface sie1nµre, aunque sea rara y momentáneamente .
.En el azaro::;o cur.:;o de la vida., todos, absolutamente todos, pobres y ricos, fe1icc~ y &lt;le~grae:iados, tenemos nuestros momentos de dbLra&lt;.:ción, en que solemos olvidar la. preocupación do·mmante, 1a eterna melopeya que tilll c:ct:Mu nos ::'ll•
zur•a :d oído t.u canción LeLl10sa, y nos arroja
á. esa columna invisible y férrea, que _µ-,u,1. uuu.:;
toma el nombre de de.sgracia, para otros d Lle
hastío, para los de más allá el de cansancio y tles11 us!ón, y para la ma.yona. lldquiere wdw k).it
caracteres de un pendón de co1~1bate que eonotantemente azuza, con su ondular guerrero, á la
encarnizada pugna que contlm;e á. la. victoria ú á
la muerte.
Esa necesida&lt;l &lt;le distracciún es en los nilios
precisa, y tal vez más Imperiosa que en los que
nemas tr·a::.pa::a&lt;.lo las primeus etapas del camnw
L;e la vi&lt;la y penetramos ya á la '•cittá dolente. ·,
hn los niños l1ega á ser basta una condición
indispensable de lligiene y Ue vida. Y los niüoa,
como desconocen todavía la torturante monotonía de las tediosas melopeyas íntimas, tienen el
don de distraerse fácil y continuamente, y su yo&lt;;unda carcajada resuena exponbínea. y sincent
como todo aquello que constituye un efecto natural y sin esfuerzo : como el gorjeo Lle las ares, como el murmullo deJ a.gua, corno el suzurro de la
arboleda selvática en tiempo de primavera.
'J.lodo el universo es nuevo para los niiios, todo
les arranca un grito de sorpresa, que muy prouto

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La Uicitl-acéiún es una necesidad élel hombre,
una ncc:~:H&lt;lad impcno.sa, 1mprescintL,Ue, t:nya
.:)t1tisfacc1ón, &lt;lifícll á las veee:::, &lt;lebH.io á lo::: l'lgu-

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EL MUNDO ILUSTRADO

LOS PASEOS Y DlVERSIONES

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i

Domingo 20 de Mayo de 1900.

En la. Alameda.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 20 de Mayo de 1900.

marcación ó el t,cnetario do la misma, según
el que e:5té de guardia, el médico ó su ayudante ,· lo 5 .Q1Cnda,rmIB que levanten el cuerpo
del ·herid/y lo c-oloquen en la camilla. Esta
con:-ta de u·u marcJ de fino acero, que sostiene el lcc.:ho de piel delgada ~, resistente, rel'.:t1!Jii:•ru1 po r 111~. paito de finísimD imperme~ble,
que ~e a;iu~ta á hi;-, extremidades del mismo
cJ.iadro de acero.
[~ na uz que ha si,lo colocado el enfermo en
el lr,cho, lo~ gendarmes del servicio de amhutra gente menuda.
la nc·i;;1 ~u~penden el mismo lecho _,- lo í'Oloc~n
Cuando el gobierno virrein-al decidió lenmtar
en
los ganchos que penden de los cuatro pies
en la Plaza Mayor una estatua. ecuestre al más
derecho!"!' qul' rnn en el interior del carro en CAinepto de los últimos monarcas espaiioles, aqueda una de la~ é~qui1rns, pendientes del techo
lla gr·an supe-rficie que se extendía desnu&lt;la andel mirn10 Yehículo.
te la mole de piedra que llevaba v llern todaLos moYimientos del led10 son bien insignivía el pomposo título de Palacio, yjó surgir
ficantes ~- peco mole5ta la corrida, por má~ que
en su centro una rotonda de elegante sobrie(•-,ta !-,(' a 11n1:nng,H.la, al herido, qme~1 se ~1en~e
dad,
que )nosotros lcm10cemo:;,
merced
suspendido [1 una nl~ura poco aprec_m?le y sm
á un popUlar grabado de la época, y que duran experimC'ntar ]ex;; rn1vcnes de la, rap1da marte muchos afias circundó la. bien modelada efigie del obseso y afeminado Bo¡-bón. Descha.
Debajo de la banqueta. que sin·e de asiento
pués, ya en tiempos de nuestra vid~ jndepenú lo~ irnli\ idu0~ que ,1tienden al herido, se endiente, se tuvo el tino de mandar rt..:tirar de la
cuentran el botiquín y los instrumentos quiplaza principal de la ::\[etrópoli ese monumento,
rúrgicos de que e;;tán dotados todos los carros.
que no era mas que una. manifestación Yergon.En la parte poilterior y hacia -afuera queda una
zosa del sen,ilisrno que animó á ciertos hombres
es.calera ele metal. que sine .para que el gende antaJio, ~· la rcivindicac:ón pretoriana sólo
da.rme marche al cuidado del convoy.
conseiTó la estatua en un arrabal (entonces)
Cuando é:;te. el c~mvoy-, llega al lugar clon~e
ele la ciudad, po r plausible respeto al Arte. :,¡ro
Fe enc-nentra el herido, ec-han desde luego pie
fué e~e un acto de ciega pasión política, :fué un
á tierra loi::. empleados. procediendo inmediataacto de justicia: si se hubiera. tratado del Emmente el facultart:i,·o á efectuar el prim·e r repe ratlor Uarlos V, por ejemplo, es seguro que se
le hnbiern dejado en la Plaza Mayor.
conocimiento. en tanto que el inspector toma
Retirada la estatua ele Carlos n·, se peusó
la a€claración al herido. cuando éste se encuenen substituirla con un gran monumento á los
tra en c1ndic-ione~ de poderla suministrará la
héroes de nuestra independencia nacional, pero
autoridad.
Ri la herida e~ leYe. el carr(!, una Yez suspensolamente llegó á construirse el zócalo, que
después ha dado nombre á todas las plazas de la
difla la camilhi en i::u interior, emprende la
Repúbl ica y que, á la postre, ha venido á servir
marcha r[tpida, por laf: calles de la ciu~ad ;
de rotonda de juego para ,,arias generaciones
cuando es bien grave. el mismo carro se dirge
de mexicanitos independientes. Bien dice el reele preferencia al hospital, en clonc~e se entr_ega
frán, qu nadie sabe para quién trabaja.
al herido con las primeras curac1one:; aplica.Pero cou todo y "zócalo," la plaza se veía
das por el rnéd:c1 ele Comisaría .
muy gris y muy Yacía, y esa gris de5nudez lasComo complemento de este servicio, se_va
timó mucho á )faximiliano, muy acostumbrado
á di~poner ele la.s c,1jas telefónicas que hay msá la.s Yerdes exhuberancias de !Iiramar, y mantahdas en la::: e:-quinas de las calles. Ve el
dó plantar en el jardín que atenúa hoy día la
guardián del orden que hay un herido en el
monotonía de la plaza. Esa es la historia del
pi~o, -y -!11 ¡Jrimer cuidado será dirigirse. á ~a
paseo más genuino de nuestros chicos, de ese
caja del :.,!ll•í'ono para aviso á 1-a Com1s;i.:•1a
luga r adonde acuden á corretear y á saltar, á los Sra. Oancepci6n Lascuráin y Landa de Braniff. respect iva; en é~ta habrá los ind_ivid uos_de la
acordes de las bandas milit~res, que con frecuenrruarclia listos para ma rchar al primer aviso en
cia desgranan sus fanfarrias ante las vetustas toel ~oche de la ambulancia ,siempre dispuesto pa.:.
rres de la Catedral, y en donde, en días de fiestas
ra salir en el momento mismo en que se necesita
popula res, se instalan lo5 mercados de todas esas
ele sus servicios.
El GolJierno del Distrito Federal acaba de comchucherías de cartón, de madera y de t ule, que
Por ahora, sol-amente en cuatro Demarcacioprar c-uatro carros en los ~stados Uniclfü, que clc~forman el encanto de las imaginadiones infantines quedará esta bleeido el puesto de Socorro, como
t in,1 ,11 5erricio ele ambulancia en la policía de e::ta
les.
-:e le llama en Europa : en la quinta, tercera, sex•
capital.
ta y cuarta, por el orden señalado. En el año fiscal
'l1al servicio va á quedar reformado radicalmenentrante se inaugurai&lt;1 el mismo servicio en las
te de manera satisfactoria para la población, en
restantes romisarías. Los c;1ballos que van á utilos términos que más adelante señalamo::.
La Alameda, que data también ele la época colizarse son de gran alzada .Y ele colores obscuros.
Los c·anos son uniformes é iguales en !:'U di~po~ilonia!1 es un paseo análogo, aunque más amplio,
ción interior)' exterior. Tienen de longitud c:01110
som breado y hermoso, que ofrece á lo:; chicueunoi:l do~ metros, por
los campo en que correr y buen aire que respiuno de lt1titud; la alrar.
f..ura,, won el rodaje.
"Gltimamente, contarnos con un paseo más moYiene á ser de unos
derno, y al propio tiempo más ad('cuado para los
tres metros, poco más
nüios, durante cuya construcción se pensó en
ó meno¡::. En la cabeellos de una manera clara ya y manifiesta. Nos recera e.::tá el -asiento
ferimos al Bosque de Chapultepec. Ejecutadas
destinado al conducesas obras bajo la egida ele un :Uinistro de refinada
tor ~- su ayu rlante; h
cultura, que conoce bien los paseos análogos de las
parte \'olada a:fecta la
Metrópolis del mundo, no se descuidó la construcforma de los pescan-ción de un sitio especial de juego para los niños,
te:- ordinarios. tenienconstituído por un cua.d rilátero asfaltado, lugar á
do en rn centro el
cubierto de carruajes, etc., y muy propicio para el
gArrote ele fierro qtw
rebote de las bolas de hule y para el rodar de pasine para parar en
tines y ele velocípedos, di'í"ersiones que tanlo gusun mnrne11to clnclo ('l
tan á los muchachos . ..A las horas matin-ales, ese
vehículo,~- cn la parcuadrilátero ofrece un espectáculo encantador; la
te más baja un timbre
afluencia de uillos le dá un vi\'lsirno soplo ele Tida
grande
dP hronc·e. qu e
y de animación.
suena sonoramente v
Frente á la cerc&lt;:Ula colecc.ión zoológica, también
con la i::uficiente fue1:gozan los niños de todo corazón, ~- los grandes
za para c:er t?P('uchasolemos reír de muy buena gana. al presenciar el
do á m(t;; de tres caasombro de los chicuelos, ante las muecas de los
lles ele ,lisbrnria.
simios y ante los rugido:-: &lt;le las fieras.
La lmnciueta que
hav en el interior sirOSCAR HERZ.
ve· para a::.ie1lto de los
asi~-tentes, que l~rú.n
el comi5ario de la De-

do hasta ahora nada exigentes, y et Honorable
Ayuntamiento no ha tenido que preocuparse
por satisfacer indicaciones ni deseos :-ecillamente porque éstos parece que no exi.'3ten ó de existir, nunc,t han sido expretiatlos.
Los paseos públicos propios para lo::; ni1ios,
constituven tal vez la ba::;e &lt;le las tlin!rsiones de
éstos. E~tre nosotros parece que ba::-;tan el Z:ócalo y la. Alameda. Demos una ojeadt1 B.Obl'e estos sitios, en donde tanto pnrcce UiH 1·tir.se nues-

Domingo 20 de Mayo de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

DAMAS MEXICANAS.

1

El Servicio de Ambulancia de Folicía

=

Como si no bastara para mi
desesperación el vocerío de los
ch..iq uillos en retozo, ullá en
.
el pa.tio que ·quedaba á mis
e~paldas, vino á tomar parte eu mi d~sgracia "El
t uerto."
Hasla ese día lo conocí, era. nuevo en el gallinero de la canaliza. que se extendía á mi vista,
un poeo abajo de la ventana ante la cual solía yo
trabajar, la.rde con tarde.
¡ Qué 1idícnlo era! un r idículo pisaverde.
Horriblemente cresta.do, con la cresta amoratada, con esa coloracjón que toma la cara de los
\'iejos eníisematosos, y asquerosamente calvo. El
ojo derecho perpetuamente clausmado.
La coloración de las plumas, le fingía un chaleco
enorme de piqué amarillo con salpicaduras negras;
pantalón blanco muy corto y ajustado, y las plumas de la cola, verdosas y brillantes, flotánclole,
como los faldones de un levitón viejo eno rme.
Caminaba con fingida y grotesca gallardía; do~
blando exageradamente las piernas, contoneándose
volviendo con brusquedad de un lado para oh-o
la cabeza, y lanzando or gulloso, irnbécilmente orbru.lloso, su mirada izquierda en derredor.
De cuando en cuanU.o, ~ detenía, y lanzaba a]
Yicn to su grito ronco, destemplado; ¿ era el canto
&lt;lel gallo? No: ese no era el canto del gallo; era
nn graznido extraño. Su co.c..pañero &lt;le habitación sí cantba; había. en su voz inflexiones. había
dulzura; ¡oh! pero "el tuertO" no tenía má.c:.
que una horrihle aspereza en b gargnnta: una
voz a.8perjada de puas, c01no cuerpo Ue erizo.
El ki-ki-ri-kí sonoro del rey del gallinero, se
ronveTtía en su pico, en un hi-hi-hí angustiosamente aspirado.
Yo experlmentaba la. misma molestia. que se
siente cuando se oye habl,u· á una persona enferma., cuya voz apenas suena.
''El Tuerto" me fué antipático; pero no lo
odiaba yo, como he odiado á muchos anímales y
{¡, mucho~ hombres, con deseof:I de muerte para
ellos; lo despreciaba. con un desprecio lleno de
risa.
Y él, corno si creyera que su vozdten ía bellez~s
dignas de mostrarse, seguía hmzau o su ronqu1simo grito. Perseguía con tenariilad á mu1 hermosa gallina blanca, ron blancura deslumbradora.
E l contraste era grande y vergonzoso paxa
él.
El la perseguía y la perseguía•.Y ella se le fugaba.
Cuando ví que estaba. ú pU11to de darle alcance,
arrojé á la cabeza una pelotilla de papel : se detuvo, y nuevamente gritó; esa vez con susto.
Repuesto u n tanto, volvió á su persecución. lfur:has veoes evité de igual modo que se aproximara
demasiado á ella. Gustaba yo de ,'e&lt;rlo ,m poco
rerca, porque resultaba más la hermosura blanca
de la perseguida.
Cada vez que le asestaba un nuevo golpe de
papel, mientras él me arrojaba enc~ma su "siniestra" mirad-a, ella se le burlaba, cuch1cheando con el
compañero de vida.. Ese si que era hermoso y jo\'eTI • con razón se disputa han Rn amor e11ai::.
' fuerte y grande; por eso v~1•a aI 'ºt
Era
· ?ert o"
,·on desprecio y no se ocupaba en 1r á castigarlo.
Rólo se reía ~a.da vez que yo lanzaba al ridículo
gallinaceo, una nueva pelotilla. de_ papel.
,
Repetidas veces pasó po1· la canta del ov1pa.ro
tenori o la risa de sn burla. Y para hacer mayor
esa burla, se fingía asustado por lo que pasaba al
eompañero, y después daba. á sn canto notas de
carcaj ada.
·
Hubo momentos en que me guiñ6 los ojos,. como para inteITogarme qué pensaba yo de su nvaJ.
Y me reía con él, y nos reíamos del "hierto."

También la gnwi ... ~ cara de ••~la_, la ví bafiada
de risa á menudo.
Lejos del perse~uidor nt.;f'n.L.t la tiernt, como
si buscase algo que hubiera perdiüo, y luego con
miradas de soslayo lo provocaba hasta. que él emprendía nuevamente ·su tarea., y ella emprendía
nuevamente la. carrera de ·la huída.
Y allí permanecí gastando muchos cigarros y
ninguna. tinta, hasta que, apena-s se veían ya á lo
lejos las nubes que perezos11s bajan á recosta.r:;e
sobre las montañas.
Para ellos era muy tarde. Acaso yo era quien
los había desvelaclo.
Todos fueron ú. r ecogerse.
Desde la reja tle en.trada de i:-u común ha.hitación, "El t uerto" me aventó por üespeUicla su
mirada rabiosa.
Al reirme de él por última. ve--.,: en el día., estuve
á. punto de hacerle m ia mueea, como un chiquillo
mal educado reñido con otro.
Cuando lo ví la segunda tar de, seguramen te })O rque la noticia ae nuestra bui-la, habh1, circulado en
el gallinero, todos los habitantes de allí se mofaban de él.
1
A veces se escuchaba un coro de r isas que de
seguro habían ens-;:tyado cuidadosamente Je antemano, para que resulta;;;e muy uniforme.
"El tnerto" me- demostrnba su odio, uu inofünsivo y ridículo odio de gallo, con su mirada dura,
muy dura, que, para ir á clavárseme en el cuerpo,
le salía constantemente de su ojO--{)jo enrojecido y
brillante que ha.cía imaginarse una lamparilla colocada detrás de él.
Estaba encaprjchado en que bahía de ser su
amante la g~llina blanca, y nó perseguía á alguna
otra; desde 4_ue 1es abrían el pequeüo gallinero.
para que gozasen ele una rel:lt~\'il ji~ ertaü en el
corral, renovaba su labor de persecución tras ella.
Salia á pa:-:o majestuoso, clesp~és ele incli1rnr la
cabeza al pasar bajo ]a puerta IYdstante alta: ¡ temía, convencido de su talla, la.8tima.rs.e In cresta
amoratada.
Sacudía las -alas, como esos hombres que al salir
ele una pieza en donde sintieran sofocante calor 1
Re dan afre agitando el saco contra el cuerpo.
Después, como siempre, levantaba pausadamente la pierna, y avanzaba pavoneándose.
Me miraba con amenaza, pre-viniéndome que no
fuese á empezar mi cotidiana y dese~perante burla, que luego secundaban sus congéneres.
Alguna vez me causaba lástima) y me retiraba
de la ventana; pero casi siempre. al contrario. deseaba mortificarlo; pues que. ¿ no comprendería
qué ridículo era.su pa.pel?
Por las madrugadas, cuando oía yo su cavernosa voz, cuando se complacía en romper el silenrio con su ronco g rito, me lo imaginaba "medio
despierto," con su pobre ojo oorrado, ya pensando en sus planes ele conquista, y me re.fa entre las
sábaTills.
Fna tarde obrervé que el µ;al.lo joven ya no
reía; parecía. disgustado, paJ·ecía que encontraba
demasiado tenaz la persecución del "tuerto."
Ya no ha bia notas de carcajada en su canto, y
se pasruba, cabizbajo; golpeaba nerviosamente e]
rnelo con las patitas, y pas.:'lba el pico, lo arrastraba
contra la tierra de uno y otro lado, como ]os carniceros afilan su cuchillo antes ele corlar.
En momentos en que el necio se acercaba á la
dama blanca, quién sabe qué gritó el joven; los
compañeros de ga]linero no se rieron en coro, sino
que, un.o tras otro mUr muraron muy por lo bajo,
algo quo no pude entender. Un pavo viejo que
reía siempr e larga y estrepitosamente, &lt;lió un chillido breve, cortado, lúgubre, y se acercó á un pavipollo, cou el cual se puso á cuchichear.
''El tuerto" pareció entristecerse.

Y todos en silencio, entraron temprano en el
dormitorio, y subieron á sus camas.(?)
Desde entonces di:5-minuyeron las burlas.
Dos gallinas serias, matronas respetables, se paooaban juntas, comentando el f'q,so.
Las pollas veían con incliferencia al enamorado.
Hl gallo joven, taciturno, vigilaba constantemente á su horrible rival. Este lo veía también con
rabia, GOn desesperación algunas veces, ó no lo
veía otras; permanecía triste, meditabundo, ¡ fúnebre! olvitl.ado en un 1·incón.
Y, ¡ yn no gritaba!
.
La gallina blanca no salía ele! gallrncro.
Sólo un pei-ico de Ia vecindaü ayuclaba á mi risa, pues sabía imitar perfectamente el grito ronco
y destemplado que, antes brotaba tan á menudo
de la garganta del "tuerto," llena de una horrible
aspereza, aquel hi-hi-hí angustiosamente a.spirado
que hacía sentir la molestia que se experimenta
oyendo hablar á una. I_Jer.:;ofüt enfetma, cuya voz
apenas suena.
En la noehe, desde que hubo silencio, trabajaba
yo ante mi mesa. pobre.
_
Serían las doce, cuando se oyó el grito del
"tuedo.;' Era extraño que graznase otra vez, y á
eea. hora.
Después, toclos lo ;;ec-undaron con gritos desesperantes, y el peno &lt;lespertado de su buen sueño
po1· aquella gritería, empezó á ladrar con furia.
El ruido se prolongaba, y yo no podía trabajar.
Las gallinas cacareaban dolorosa.mente; _pedían
auxilio; y el peno protestaba, porque no lo dejaban volver á su sueño.
•. Un dram.-'l ele gallinero: "El tuerto," insistiendo
neciamente en !:iUB imhériles pretensiones, habría
provocado la ira del gallo joven, y reñir ían; ó
bien. el m-a.lv;tdo habría dado muerte, traidoramente, coll premeditación .. . el'iL e-a paz de todo ;
á mí, si hubie ra. podido, me habría asesinado.
La alg11rn bía era insoportable.
Abrí de par en par la ventana, y por ella salt&lt;!
al con-alillo.
¡ Qué viento y qué frío! las estrellas lemblahan.
Llegué; el espectáculo fué or iginal : "el tuerto,"
cerca del techo del gallinero, se columpiabr:. enl'edado entre una cuerda vieja del tendedero qne le
oprimía el cuello.
Aprm.imé la luz, y lo ví estremecerse por la llltima vez, y por la última vez, lanzarme una sinie;-:tra mirada del redondo ojo brillante y enrojecido.
El gallo joven y hermoso, fuerte y gra.nJn., mP
veía atentamente. Estaba tranquilo; él no había
gritado; nada había hecho.
Cerré la puerta del gallinero, y todo volvió al
silencio.
.Al día s1guiente, empecé á enfer"'1ar rlel •Jj•J
flerecho, &gt;1 al fin lo perdí .
Algm10s dicen. que me felici l.e de no haber
perdido los dos; opinan como los médicos, que fué
la enfermedad causada, porque salí violentamente de la habitación en que había estado trabajando
durante taJ1to tiempo.
Eso 1os médico:,, pero me parece una extraña
&lt;·o incidencia.
. ¡ Oh! aquella última mira.d a siniestra del ojo
enrojecido y brillante .....
-Ustedes ¿ qué piensan?

Francisco 3árafe lfuiz.

Simoun, torrente, cráter, sobre el corcel galopa
su corcel blanco! ... 1, A dónde, por fin, le llevará?
De su imperial ejército la rebosante copa
del triunfo, eternamente su mano esculpirá?
Bn medio de la uoche, la fatigada tropa
lentlida en la llanura, como un rebaño está;
es un constrirtor monstruo que á la. aterrada E n(r opa,
del uno al otro extremo amenazando va.
Y en tanto que en las tiendes que esmaltan la lla(n ur11,.
1, á la merced del viento que agita la espesura,
rlnrmiendo están las águilag del imperial blasón,
la fuerte diestra oeulta bajo el obscuro pa ño
del redingote, inmóvil, in-alterable, huraño,
como insaciable cuervo está Napoleón.
Taeubaya.

.J'lurelio q. Carrasco.

�Domingo 20 de Mayo de 190().

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 20 de Mayo de 1900.

3

Ven mi virgen, la escoria no te ofende,
Oh no ha de marchitarse tu belleza,
Con poner una vez en mi c~beza
.
'l1us labios, brazos que tu aliento enciende.
Quiero estar á tu antojo cual se mece
La barquilla á merced de la borrasca;
Quiero morir p-0r tí como fallece
En el vaso la fior, cual desparece
]~n la fragua rojiza. la hojarasca..
Si supieras ... te busco. . . no te escondas.
Tú el secreto de amar gua.rdas y sabes.
¿ No has tenido jamás tústezas i1oudas?
Oh ¿por qué hay aves donde nunca hay fron(das?
¿ Por qué habrá frondas donc1e nnucn hay
(aves?
J!iiás no me amas! El agua. rumoro:m
Murmura plegarias inmortales.
Hondo, muy hondo encontraré mi fosa,
Y tendré como lápida piadosa,
U no lápida. inmensa de cristales.

fibel e. Salazar.

.

La fabricación de flores artificiales.
V

PASIONAL.

Y de la lucha pasional á impulsos
Crepitaron las hojas retorcidas.
No tas de besos rumor de alas,
Rodaron por la sel va estremecida.
Fué el himno inmenso de amt!r, que entonces
Abrió imponente su encantada rima,
Desgranando canciones en los nidos,.
Y quejas errabundas en la brisa.
Y al eco poderoso de aquel canto
Del polen, de la savia, y de la vida,
Se enredaron estambres y pistilos,.
J!iíecieron su penacho las encinas,
Y las ondas bullentes se besaron
Con los juncos flexibles de la orilla:
Ju :iq ..J'1. Villa/va.

En el fondo intrincado de la seh a,
Donde se yergue la robusta encina,
Y la fronda enredándose á la fronii,
Una gruta tejieron escondida,
Ala que apenas si quebrado puede
En hllos de oro penetrar el día,
Mansa fuente murmura: y deslizando
Los trémulos cristales de s11 linfa
Lentamente se aleja, y van las ondas
Desgranando al pasar su eterna rima,
Su gemido sin fin, al que responden
Las aladas estrofas de la brisa,
Que llegan sollozantes y se apagan
En los juncos flexibles de la orilla.

A. C....

II

-&lt;:,.)Q(-&lt;:,.

De la espesa techumbre del follaje
Bajo la sombra, que al reposo invita,
La bien amada de las claras ondas,
La Náyade gentil, la esbelta Ninfa;
De la fuente que corre á la espesura
Duerme al arrullo, y sin temor tendida
Sobre el lecho mullido que formaron
Las hojas de la rama desprendidas,
De la sel va callada en el misterio
Se envuelve y s·ueña, y de pasión suspira.

III
Como el naranjo eu flor, lucen y albean
Sus formas soberanas de Afrodita,
Y caen rodando en su sien de nieve
Las b1ondas crenchas que las auras rizan.
Y todo calla en su redor: las aves,
Los ecos de las grutas escondidas,
Y apenas si del bosque silencioso
La calma turban con amantes rimas,
Las ondas que se alejan, y sollozan
Al romperse en los juncos de la orilla.

IV
Enardecido y por la sombra oculto,
Devorando con ávidas pupilas
A la Deidad que duerme, un jorcn Fauno
En el tronco se apoya de la encina.
Que alli sus ramas tiende; y \cauteloso
Desgarrando la trama de tupidas
Yedras, que urdiendo los flexibles tallos
Una red fo11nan floreciente, espía.
Y en su rostro anguloso se reflejan
Pasión y amor como inflamadas chispas;
Y avanza, avanza, y con menudo paso
Rodeando el tronco de la vieja encina,
Tal como el lobo que al aprisco ]11:!ga,
Llega en silencio á la gentil dormida
Y Je pronto bajándose aprisiona
En sus brazos nerviosos á la Ninfa;
Y así como la abeja entre las flores
La miel que guardan los nectarios liba,
Ansioso abreva los calientes besos
Que como en urna de clavel, anidan
De la Deidad entre los labios rojos,
Rojos aún más que la madura guinda.

7

Crespo el río despéñase cantando
Con rumores de músicas ignotas;
Y tal cual si estuvieran machacanao,
Diamantes gigantescos, chispeando
Como insectos de luz, saltan las gotas.
Cae esa lluvia sin cesar; martilla
Que al rosar el olinte limonero
Su.s secas ramas sin herir cepilla,
Y ya empapado su follaje, brilla
Como ardiente y magnífico joyero.
·E ntre peñascos esponjosas bullen
Espumas leves que la linfa empañan;
Y cual cisnes blanquísimos ya huyen,
Se juntan, se dispersan 6 zabullen,
}Jl agua escarmenando en que se bañan.
Sigue, sigue el raudal enfurecido
Su carrera fugáz; jadeante boga
Greñudo arbusto que al peñón erguido
Se a.garra, como viejo enflaquecido
Que i..bre los brazos por:¡ue ya se ahoga
El sol resplandeciente que se aleja
Trás enjutos volcanes, en las olas
Rastro sangriento y luminoso d&lt;&gt;ja;
Como cauda sin núcleo, cual guedeja
Salpicada de pólen de amapolas.
Sobre el puente, velóz se precipita
Férreo tren irradiando claridades;
Y es el humo que arroja cuando grita,
El pañuelo sutil que alegre agita
Despidiéndose así, de las ciudades.
Doliente oscurecer! La noche baja
Taciturna á los va11es solitarios,
Y cual muertos que salen de su caja
Envueltos en su fúnebre mortaja,
Inmóviles se ven los campanarios.
De la luna los rayos aclarecen
El campo; fieles copian las siluetas
De las hojas que trémulas se mecen,
Y en el suelo alumbrado, tal parecen
Enjambre de libélulas inquietas.
¿Escucháis? es el agua que solloza.
'l'al vez olvide allí risas y males;
Hondo, muy hondo encontraré mi fosa,
Y tendré como lápida piadosa,
Una lápida inmensa de cristales.
Para entonces ... Aléjate tristeza!

=

La flor y la mujer. No puede hablarse de los colores y perfumes de la primera, sin pensar en la
belleza y virtudes de la segunda, y en esta vez, vamos á hablar de mujeres y flores, aunque estas últimas no sean en realidad las que produce nuestro
fértil suelo en el hermoso Mayo, en que nos encontramos.
_
Se trata de flores artificiales, que tanta predilección han alcanzado en las sociedades cultas y
cuya confección en-México, no sólo merece nuestra atención como industria nueva en el país, sino
también como industria que proporciona á la mujer mexicana, que con tan pocos elementos contaba antes de ahora, un medio honroso á la vez, que
adecuando á su sexo pa a.tender á su subsistencia.·
Un grupo de floristas, jóvenes, aseadas, y á la
vez tranquilas y risueñas, entregadas á una labor
delicada y divertida, es agradable á la vista más
que ningún otro centro de labor, y llega á cautivar, si romo nos ha sucedido á nosotros al visitar
la fábrica de la señora Tenconi, se piensa al ver
que cada una de aquellas graciosas operarias, cuyos dedos juegan constantemente con las flores
que imitan á la perfección, son otros tanto3 seres
arrancados á la miseria, la ineptitud, tal vez á la
mendicidad, tal vez al vicio.
La fábrica á que nos referimos, la primera en
México, y de cuyos talleres hemos tomado las vistas que ilustran este número, no obstante su relativa poca existencia, compite ya con los productos
extranjeros, está. montada con el mismo sistema
que el famoso ".A.u bon marché," de París, y surte
al presente de flores desde las más delicadas que se
ven ert los escapartes, á todas las casas comerciales
de importancia.
Durante nuestra visita, pudimos pre~enciar las
minuciosas operaciones que se realizan en la confección de las flores y que podrían, no obstan te
ser complicadas, $ervir de agradable distraccóin á
la dama más aristocrática. El resultado se antoja ser debido á un arte mágico: se os muestra un
lienzo blanco, lo mismo muselina. que gaza, cahri•
tilla 6 seda, y lo véis pasar sucesivamente de la tijera al troquel, que da forma al pétalo. de allí á la
tintorería, donde hábil operario francés dá
matices. y colores de perfecta imitación, y después
de esto una operaria. coloca un estambre. otra
adapta la. corola, la de más allá envuelve el
tallo ":' cuando una multid de menudo~ miosotis
violetas é heliotrópos están esparcidos por las me'.
sas, pasáis á otro departamento, en el cual las imperceptibles florecillas se unen por medio de manos cuidadosas á las hojas de sombreados verdes
á las campánulas, las gardenias y las rosas para de:
jar formado el precioso bouquet, la guía de azahares ó el artístico macetón.
La señora Tenconi, infatigable é intclirrente
o
'
es el alma del taller, que significa unil nucv-a in•
dustria en el país; pero hay algo más que la hace
ª?rcedora á un_ elogio: ella hace que afamadas pansienses, ensenen á sus operarias, quiere que
aprendan. quri sean maestras en su arte. y tocla-.
vía más, las inicia en el ahorro, premiando el Rfán
de las más constantes y aptas, entregándole~
anualmente una parto de las utilidades que han.
producido en ese tiempo. sus manufarturas.

'

EL MUNDO ILUSTRADO

�Domingo 20 de Mayo de 1900.,

EL MUNDO ILUSTRADO

tL MUNDO ILUSTRADO
AÑOVll--TOMO !--NÚM. 21
Direokt c: LJ.o. BA.i'.1..:EL &amp;EYES BPfll'DOL.A..
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...

PANTEÓN MUNICIPAL
EN PACHUCA.
-&lt;:::,O-&lt;::&gt;

NUEVO EDIFICIO DE LA INSPECCIÓN DE SANIDAD.

El Gobierno del Estado de Hidalgo, qne por
cuanto:.; medios tiene á. su alcance procura el progreso general de todos los ramos .administrativos
v el embellec:mienlo de la capital y ele las cabeCeras ele los Distritos con la construcción ele edificios necesarios y de positiva utilidad púl,Jica,
acaba de proyectar la edificación en Pachuca, de
un nuevo Panteón _l\funicipal) que se constnürá
con fondos del Gobierno y del municipio de la ciudad.
De esta importante obra ha siclo encargado el .
señor Capitán de Ingenieros Porfirio Díaz, quien
presentó su proyecto y aprobado que éste fné por
el Gobierno de Hidalgo, las obras ele constrnccióu
dieron principio el diecinueve de Febrero clel presente año, debiéndose entregar ya concluído este
edificio e,I diecinueve de Julio próximo.
Nliestros grabados representan la fachada que
está compuesta de un esbelto y lionito pórtico que
se encuentra en el centro de ella teniendo á los
1ados dos construcciones destinadas una á oficüia
de la Administración del Panteón, con sus dependencias )" la otra para habitación del Aclmin..istrador. Entre estas ·dos construcciones hay u n
jardín, encontrándose éstas unidas por un bÜnito
enwerjado de hierro, el arco quedará cerrrulo
también por una elegante puerta del mismo metal.
El pórtico que es la parte principal de la obra
es en su totalidad ele pielra blanca de l'ocbuca

La Secretaria ae Gobernac:ón acaba de realizar una mejora de importancia en uno de los departamentos de su dependencia.
La Inspección de Sanidad, que ocupaba u n local casi ruinoso y mal
acondicionado, ha sido t ransladada á un edificio constr uido exprofeso
para ese objeto y que reune en si todo aquello que es indispensable para
los fines de pública salubridad, á que está destinado.
Xuestros grabados r epresentan la. fachada del edificio, que como se
vé, e.5 estilo "Renacimiento Francés," y los departamentos que se destinan á despacho del I nspector y del Médico Director.
~o necesitamos hacer elogio de la elegancia del moviliario, que es
completamenle nuevo, pues también está á la vista.
A la entrada se eetá construyendo un bonito jad.ín, que á la vez que
hermoseará el edificio, mejorará sus condiciones higiénicas,
En cuanto al servicio científico que allí se desempeñ-a} se ha procurado que sea perfecto y para ello se ha dotado al establecimiento de
un riiagnífico arsenal quirúrgico y &lt;le todos los muebles y útiles indispensables.

l'a.cha4• 7 daparlia.mentol!I pr1ucipa1ea d e l nuevo e diftcio de la Inapeooió:a de Sanidad,

MEXICO, MAYO 27 DE 1900.

dUBSC RIPCIOlf ll&amp;N80.ú roa.uou .•
l DU: IDIIM &amp;N-¡.¿ C.lPl TJ.L.

IL8',
11,2fi

Gerente: .a.•'J'OB'IO CVYil

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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