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EL :MUNDO I LUSTRADO

Domingo 10 de J unio de 1900.

~L MUNDO ILUSTRADO.
AÑO VlI--TOMO !--NÚM. 24

MÉXICO, JUNIO 17 DE 1900.

DirecJk:r: Lic. &amp;Ar.A.EL BEYES SPÍJll'DOL.A..

8UBSCRIP&lt;1IO!&lt; lll&amp;lf8Uil POB ANBA,
l0&amp;111 IOB.IIJI BN LA CAPITAL,

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Gerente: .A.llf'l'OJll'IO OVY••

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SE ACORDARÁ DE MÍ?

�EL MUNDO ILUSTRADO

, ~1J~@l\~t®~ ,t~Ul@~
EN FRANCIA.
~

...

Siento la separación del General de Gallifet del Ministerio fran&lt;!és; se me figuraba que,
por haberlo designado, á él y á ~_. \~~ldeckRouseau con alaunos días de anL1cipac1on á su
.
o
. .
'.
nombramiento como m1mstros que yo escogena
si hubi€1rasido,.l\1. Loubet, yo los habría nombrado.
Y esto indica que adolezco de excesiva modestia como todos loo revisteros que procuramos
hacer creer á nuestros lectores (de quienes silenciosamente noe reímos, sin suponer que elloa
probablemenf.e 8e rien con más ganas de nosotros)
que moviendo la punt&amp; de la pluma removemos
al mundo.
Por lo demás, mis lectores y yo hemos c~venido en que no hay animal ( racional, se supone) más ingenuamente fatuo que un lit€rato, y
que sólo le supera el híbrido q~e resulta de la
combinación del periodi;;fu y el literato.
.
La verdad es, dejando á un lado reflecc10nes de alta filosofía, que el viejo Gallifet lo había hecho muy bien; hab1a vuelto á pon~r á caballo al ejército desarzonado por los furibundos
.ataques de los SO&lt;!ialistas durante el . proceso
Dreyíus y había devuelto al país ]a confo1~za en
sí mismo reinspirándosela en la representación armada.
Su última disposición fué de esas que merecen
aplausos incondi,cionales y que debe de haber
llamado la atención de nuestro Ministro de la
Guerra. que es la actividad hecha hombre: me
refiero á la cuestión del alcoholismo en el ejército.
En Francia los regimientos faenen sus cantinas
y en esas cantinas, de hoy en ade.Jante, no podrán
los militares proporcionarse bebidas alcohólicas; el
progreso del alcoholismo en el ejército francés
asume ya caracteres, por tal modo alarmantes,
que, puede decirse, que el día de la guerra los
grupos armados iban á entrar vencidos al con~bate, deprimclos físicamente y moralmente disueltos por el aguardiente.
Aquí debe de haber muy buenas disposiciones
s::i',r,J e_,, .' s1.ponemos que ~--· cumplen, bu,•11,i ¿2
que se cumplan; aquí también el alcoholismo es
ya una peste que hace más estragos que la peste
bubónica podrá hacer nunca; también aquí pr~para el alcohlismo, que es el arte, no de embriagarse precisamente, sino de tomar diariamente
"copiilas ;" nue,vas generaciones de vencidos anticipados en la lucha de la vida, nuevas generaeiones de esclavos. Allá :M. de Gallifet prohibió la
venta de licores en las cantinas militares, aquí se
puede prohibir a,l i;oldado todo lo que no sea
una ración de pulque, cerveza, cidra ó vino (incluirnos á los oficiales naturalmente) y la prohibición á los oficiales, á todos, sin distfoción, dura y
resueltamente, de entrará la,s cantinas civiles. ¡ Oh!
¡ qué bueno sería esto! Ouando se prohibeáhombres
de honor. como son los oficiales, entrar á las cantinas, es porque las cantinas se consideran deshonrosas. Y es!lo es lo bueno, deshonrar, infamar á
estos en,enenatorios.
~*~

Como todo hombre de talento, Carlos Díaz Dufoo nos faace viajar por un París que, para su
uso particular, se ha recortado en el París grande v en su París no sintió las elecciones municipales y no percibió el triunfo de los n!\cionalistas.
¡ Claro! como que el rumor de estas batallas solo se oye en el tímpano de la prensa; pero la
prensa si ha hecho, dicho, clamado y exclamado á
más no poder oon mofüvo del triunfo de los plebiscitarios ó nacionalistas, es decir, de los que esperan á un Mesías cualquiera, con tal que vuelva á
caballo (negro ó blanco) de la revista de L-Ongchamp !.... "En revennat de la revue." A. nosotros €!D lo particular nos importa poco; en lo general sí, naturalmente; Francia, allí es nada, el

1

1

"alma mater," la vanguardia de los latinos, la
república, la demO&lt;!raoia. . . . etc., etc.,
Una cosa nos importa ó nos atrae mas el es~ctáculo de los hombres de puro talento, de los mtelectuales de alto vuelo, especie de '·super-ho~bres" literarios como Nietzche diría, en medio
del laberinto p~ltlico. ¿ Cómo habéis entrado a9-uí,
caballeros? Como observadores finos y excépi1coa
de las o-esticulaciones del eterno payaso humano.
Muy bien! Todos comeremos entonces del pan
blaoco de vuestras co*chas, porque tenéis el don
de convertir todas vuestras notas sobre la vida en
espigas de oro de fecund~~ granos. ; . ¡ Pero no!
Que veo sois actores; toma1s una mascara, brmcáis en la mascarada. ¿ Es posible? Ee cierto, i ay!
es cierto que allá van saltando de júbilo. Barrés,
el ex-anarquista dilettante. . . . se explica; Ooppe,
el pobre gran poeta minia~urista has_ta en sm
cuadros grandes, que ha ca1do &lt;le rod1Jlas en el
arrepantimiento, lo que es noble, y e~ la de,·oción, lo que es respetable, y en la poesia un p~co
sacristana, que es lo que se llama caer en la mfancia .. . . se explica también; p€TO vos, p€ro tú,
¡oh! "tu quoque," pero Ud., Sr. D. Julio Lell1:aitre, el hombre d€ más talento que ha florecido
en las ubérrimas márgenes del Loit'€, que veía tan
serenamente pasar la vida contemporánea, como
un hilo de oro sin fin por el ojo de la maravillosa
aguja; ila.n desprendido de la far&amp;i de la. vi&lt;la, tan
risueño ante la conciencia humana, tan hábil para.
doE:!Smontar los eternos títeres de la historia y enoontrar los resortes íntimos d€ sus acciones y los
hilos invisibles que tiraban de ellos desde las mis!Jeriosa.s bambalrnas, bajo las cuales corre el río
e(lerno del "devenir" ..... U d. qué hace allí; que
anda Ud. comiendo y triscando por entre las urnas electoraJes, una mano en la mano de De'rou lede y otra en la de Rochefort, un loco y un
mistifi.cador, y cantando el himno de la "&lt;lelitrnna'' y el aleluya de la victoria! Y Ud. capitanea
á los señores Cassagnac y J&lt;:::&lt;luardo Dr urnond y
abate Garnier, cantando el "lo peúán" en esta
vuelta de Salamina municipal... .. !!
i Oh! no señor mío, admirable maestro, "le maitre," yo no le puedo negará Ud. el derecho de hacerlo, es Ud. ciudadano francés y alcalde de su
pequeño pueblo natal de Turena y sieme Ud. un
poco de náusea frente á :frente del retórico J aures
y del €nergúmeno Vivián y del antipático economista Guyot, y comprendo que á fuerza de perseguir á su infinita prole estulta y solemne del boticario Homai se haya Ud. repentinamente encontrado en el bando del abate su enemigo. Pero
no sé; hay un "pero" aquí que no sé cómo formular. Ee evidente que todo buen francés, es iieguro
que todo amigo de la tolerancia, de la patria, ele
la justicia social contra los socialistas . . . debe,
está obligado á hacer lo que Ud. ha hecho, si cree
deberlo hacer. No cabe duda. Pero ¿ por qué no
se estuvo Ud. en su balcón? Porque se ha bajado á la calle! Defiende, Ud. todo cuanto quier,a, pero desde arriba, desde la torre de márfil, no
con los pies en el "drenaje," como por acá decimos en esta ciudad típica de•l saneamiento y del
lodo. Y Ud. nos ha dado derecho á tratarlo así,
y á exigirle todo esto; porque nos ha mostrado
todo cuanto hay de farsa y de interés sórdido y de
lucha y re,batiña en tlodas e.itas decadentadas virtudes, y porque nos había Ud. acostumbrado á no
ver en su benévola é irónica sonri~a "renaniana,"
la señal de la in~piraeión delirante ele ]05 que sueñan en 1111 Mesías,-César-Xapo]~:'m-E..:mhmger, porque nos extraña ver tan ele su circunscripción, ele su parroquia y de su barrio, á un ciudadano rl.ei Atenas . .. En fin, señor mío, es Ud. un
hombre libre, lo ha demostrado Ud. siéndolo y
quizás de esta manera se muestra Ud. más ciudadano de Atenas que elaborando miel en su panal
literario, aun cuando esa miel olía á flores del Himeto ...•. ! Qué lástima.
~os:::,..
El gobietno se ha mostrado fuerte, decidido,
rígido y frío, como es Waldcc'.,-Rousseau; las
elecciones de provincia le dieron inmensa ma_yoría
y se ha puest-0 impávidamente frente al París
municipal, corno lo han estado casi siempre los
gobiernos republicanos. Ha sacado de entre una
balumba ele interpelaciones frenéticas su proyecto
de amnistía á todos cuantos han tomado parte en
el asunto Dreyfus, meno~ á éste, que no queda
completamente rehabilihldo en consecuencia, pe-

Domingo 17 de Junio de 1900.

Domingo 17 de Junio de 1900.
ro á quien se le de,jan, por. ~e .~echo, los m_~dios de perseguir esa rehab1btacion en los tI 1bunales. En el ataque llevado recto so?r_e el .onemigo y á paso de carga, perdió_ el. ,Mrn1ster10 a~
General de Gallifet, pero esto le sirv10 pa,:arno?trar
lo absurdo de los ataques de los 1:ac1onahstas&gt;
que acusan al gobierno de ser enemigo solapado
d€l .ejército, dando la _cartera de guerra a. .u~
joven divisionario excesivamente celoso_ del pre_~tigio de su clase y de una c~mpetenc1a &lt;le_ ~11rru,,ra línea. Con esto, con quitar á su gobierno
cierto barniz sectario que quizás tiene, puede
Waldeck-Rou;,seau, clausurar la ~posición, prosiauiendo su tarea, que sus enemigos se han. emp;ña&lt;lo en no ver y justipreciar, de convertir al
partido socialista, que es una fuerza en_orme ya
en la democracia francesa., de convertu-Jc,,, decimos, de partido revolucionario. en partido de
aobierno. El hecho sólo oo haber mtentado hacer
~te servicio de primer orden á la República, colocará al actual jefe del Gabinete francés ,en un
alfu pllí!isto en la historia parlamentaria de
nuestro tiempo.

__j~J~

EL MUNDO ILUSTRADO

-de Mont-martre? ¡ Oh A.ndersen, eran, pues, ciertas tus imat'.;inaciones! Ko era mentira vuestra. ilu:sión, ¡ oh milagrosas leyendas danesas! Se recuerda aquellos cuentos de príncipes perdidos enlasselvas, que tropiesan con palacios encantados, donde
·una princesa esclava de tremendos conjuros los
aguarda oara ser liberada por ellos y con ellos
huir á través de la nO&lt;!he salpicada de astros, en
un corcel de crines de llamas y ojos de carbunclo,
-:y se cree oír resonando bajo la.3 bóvedas el grito de
..A~adino:

de enormes flores de sol; con franjas de perlas
de cristal tallado; de vidrio, por fin, los divanes
en que se reposa.
Bajo el salón una fábrica de vidrio muestra al
público los diversos procedimientos de esta industria, que ha podido crear una tal mara.villa,
pues se trabaja á la vista de todo el mundo.

-¡ Quien ferea lámparas viejas por lámparas
lluevas!

De día el palacio lividece, se opaca, mas apenas
llega la no,;he, Ee manifiesta como al poder de una
varita de virtudes: se asciende por sus escalinatas
fulgurantes y se llega al centro del gran salón C-On
la impresión de que se halla uno en el interior de
una piedra preciosa, de un tabernáculo de gemas.
Suena á lo lejos la música, todo radía, todo arde
con igniscencias indescriptibles .... y el alma maravillada de tanta bellaza, repite las palabras de
los apóstoles que contemplaban extáticos en el tabor el mar de luz ele la transfiguración de Cristo:
-"Señor, si quieres levantaremos aquí tres fiendas, una para tí, una para Moisés y otra para
Elías y nos quedaremos en este monte para siempre.

Mr. Ponsin el maestro vidriero autor de este pro•digió de ópalos, de diamantes y esmeraldas, en
,que "no hay un solo rincón de sombra," ha muerto
~ntes de ver concluida su obra, pero se ha hecho
•con ella un bello epitafio de luz. Rl palacio se corn))one de un salón central, coronado por una cúpula, encima de la cual relampaguea y "parece bogar
-en el espacio" la estatua de "Electryona," la hija
del Sol, obra de la célebre artista polaca Iza Albazzi, condesa de Albazzi Kriatkowska.

París. Mayo 19 de 1900

***

DESDE PARÍS.
-&lt;:::,.o&lt;:::,-

'¡

El Palacio luminoso Ponain.
,Cuando llega la nO&lt;!he, que en París ee ahora
una visita ef1mera., pues que á las 8 p. m. el crepúsculo destiñe aun sus últm1as lilas en el horizonte y á las tres y media de la mañana la aurora riega ya sus primeras rosas; cuan&lt;lo llega la noche,
digo, la. Exposición, cuyo enorme recinto, que yo
calculo tan grande como la ciudad de Puebla, resonó durante el inmenso día de voces y de pasos,
tórna, e silenciosa; se queda casi sola, salvo los cafés de las márg&lt;mes cte1 :::lena, sobre to&lt;lo la "Feria" española donde una estudiantina y cuatro 6
cinco bailarinas (muy aceptables) vuelven locos á
los pa1·isienses que deliran ante el mantón de Manila. Entonc ~s la luz hace su aparición maravillosa. La tone Eiffel proyecta sus fuegos pálidos que
trazan en el azul purísimo del CJelo dos conos de
luz semejantes á dos caudas de cometns, los palacios retratan su,:: centenares de millares de fO&lt;!os
cabrilleantes en el Sena que fing-e un r:o de colores,
un iris aprisionado por algún taumatur~o en cuenc1 el€ ru bíe~, topacios y esmeraldas; el palacio de
la Optica se incendia todo. como un estuche de
pedrería, el puente Alejandro se perfila feericamente e&gt;&lt;:tentanclo ,ms impacient.es pegasos de oro,
el irran Palacio y el Palacete muestran .sus columna&lt;las armo11iosas baña&lt;las en plata, y el viejo
París, acecha con ojos vivos el paisaje de~de las
ojivas &lt;le sus casas góticas. Aquello es la fiesta de
la lnz, el apoteosis de la electricidad; una ciudad
&lt;le luz que platica con las estrellas lejanas v "flirtea'' con el Sena donde dormitan, arrullados por
los orquestas de los café~, los pontones que sirven
en el día rle emharc1deros. Así debió ~er Venecia
en sus noches de gloria; así debieron verla los bateleros levantinos mientran cantaban sus querello•a~ barcarolas; así debiPron reh1mnAP-ue-a1· en
otro tiempo las aguas del Bósforo. Asistimos á un
ensueño ele Turmer ó Delancroix, á un cuertto de
Scherezada. Pero hay algo más bello que todas estas bellezas: el Palacio luminoso Ponsin. Este, surge de pronto en un rinconcito del campo de -:1.íarte. á la orilla de un remanso diáfano que se aduerme entre ré,::pedes y rocas y es todo de vidrio v de
cristal, iluminados interiormente por infinidad de
focos. :Xo liay manera de deF-Cribir la mairia de ese
alcázar radiante: muros luminosos, cúpulas transparentes en que resbala la luz, arcadas de colores
.
balaustradas ele amatista,
de zafiros. de turquesas;'
estalactitas y e~talagrnitas, enredando sus nitideces
divinas; una inmen~a concha, en fin, como se le
l1a llamado. repleta &lt;le perlas policromas v centelleantes de fulgor. ). Vive ahí por ventura la soberana de la'! nieves? Tiene ahí su nido el
idilio inefable de la!l hadas?;, Pasean baio aquellos
arcanos "los pensativos y viejos califas" de Ruhen
Darío, á quien acabo de dar un abrazo en un café

El decorado y el mo1'iliario del palacio son tamliién de vidrio, de vidrio los tapices sembrados de
-estrellas de oro, é imitando los tapices de Smyrna;
,de vidrio los cortinajes, los portiéres entretejid.os

En eil tiempo anunciado por el arquitecto A1na.
:y de conformidad con las instrucciones que del
,Gobierno general tenía el Delegado, señor de
.Mieir, se celebró el 25 del pasado :Mayo, la ina 11-

1

guración del edificio que México levantó en los
amplios terrenos de la Exposición, en la c.1pital
de Francia.
El pabellón es de aRpedo sencillo y elegante;

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queda situado en el muelle d'Orsay, en las cercanías del Palacio de los Ejércitos de Mar y Tierra y sobre el Puente del A.lma. La fachada principal da al río Sena, la que produce un exoolente

!1

�\

EL MUNDO ILUSTRADO
efecto á primera vista, por su elegante "loggia"
adornada de plantas verdes.
El estilo dd edificio es neo-griego, disfünguiéndose por la pureza de cSUS líneas principales. La longitud es de sesenta metros por veintitrés de latitud. La fachada sobre el muelle d'Orsay tiene, un ancho pórtico adornado de figuras
alegóricas de mármol.
En el interior, el Pabellón afecta la forma de
un rectángulo qu~ termina en dos hemiciclos, de
los cuales uno ofrece una soberbia eECalera ele doble revolución y el otro un salón de recepciones,
que es también el departamento de Bellas Artes.
El alumbrado eléctrico está muy bien distribuído en eil interior del Pabellón, lo mismo que
en el exterior; cnén tase para el servicio con tres
mil doscientas lámparas incand~centes que alumbran p€rÍectamente los salones y vitrinas que en
ellos hay diseminados.
El Pabellón, ele un color gris rosado, tiene poi'
la parte que da al río una galería en su primer piso

nares de €1Xpositores del país. Se recordará que el
primitJirn proyecto del señor .Anza era para 1:1n
edificio de doble piso, en el que habrían cabido los
millares de objetos; pero arreglos postcrior€6 habidos entre el Comisario General de la Exposición y el Delegado de ?11éxico, determinaron acortar
el espacw de que se disponía para las exhibiciones, ha&lt;'irndo que el Pabellón presente nada más
un ;;ó!o piso y el subudo, eu el que solamente se
han c:1 Jlc:ado objetos pe3aclos.
E1: la galería de la iz, 1uierd t se han situado las
elegantes vitrinas en que desc.:ansan los objetos; la
distribución de ésios ha sido correcta y permite
que los visitantes puedan apreciar los variados objetos por todos sus aspectos, que viene á ser una
ventaja que no tuvimos en el Certamen de 1889.
En la gran sala de la izquierda se han instalado las diversas industrias mexicanas: hilados, tejidos, estampados, papel, yute. Hay también una
:fábrica de tabaco establecida en pequeña e,;cala,
á. donde se asi,:te á la confección de cigarros.

Domingo 17 de Junio de 1900.
Domingo 17 de Junio de 1900.

EL :MU:N"DO ILUSTRADO

==

E

zadas con el _calificafuvo de excelentes por ,los conocedores que han visitado nuestro pabeJlon.
-i.'uera del Pabellón en la gran terraza, se levanr
'
J , F
tan un precioso grupo de mármo~ de esus . •
(;ontreras, autor de las esculturas citadas anteriormente. En el borde del pe&lt;le,,tal de este grupo, se:
lee la palabra Acuña. Representa la obra un anael con las alas desplegadas, Jlevando en su bra~o izquierdo el cuerpo inerte de :un joven.
tierra permanece una mnfa que tiene en su diestra la vida rota. El ángel "mira" la esper~n_za, el
jovE•n tiene en su rostro el sello del _martmo.
El día de la inauauración
del Pabellón hubo una.
0
aran soiré á la qu e fueron invitadas difinguidas:
; respetables personas de la buena sociedad d_eParís. Asistieron numerosas, entre otras, las siguientes : Príncipe Rolando Bonaparte, _León
y Castillo, Embajador de España, Alfredo P1card,.
Secretario General de la Exposirión; In.te, EmbaJador de Francia; G4&gt;bernador de París y señora.
Brugere; Emilio Demagny, Consejero de Estado;

1:'ºr-

Jefes de su Gabinete. Los honores de las diversas
secciones de esta exposición, fueron hechos por
M. René Millet:, residente general de Francia, en
Túnez, y M. Julio Charles-Roux, comisario general de la exposición colonial.
Túnez ocupa en el Trocadero, no lejos de la
Argelia y muy cerca del pasillo que da acceso al
Puente de Jena, un largo espacio accidentado y,
desgraciadamenre, un poco más lleno de árboles
de lo que se podía esperar. El terreno conred.ido
alcanza casi la cifra de 5,000 metros.
En .este espacio es donde el hábil y eminente arquitecto M. Saladin, ene-argado ya de Túnez .en
1889, ha sabido colocar las reproducciones más curiosas y fieles de los principales monumentos tunecinos.

Noruega, Holanda, Perú, Ecuador, Hungría, Bulgaria, Persia, China, Suecia y Mónaco.
El ,señor Bernardo Bennier, Delegado General
de México, acompaña&lt;lo de los adjuntos á la Del egación y Jefes de grupos de la Exposición Me.xicana, recibió de la manera más cortés á sus invitados, qiuenes quedaron ampliamente .,atisfechos del "savoir :faire" del distnguido grupo de
mexicanos. A las once de la noche, por haber terminado en esos momentos el servicio de alumbrado
eléctrico, se retiraron los invitados, manifestando
su aaradecimiento por las atenciones de que fue"
.
-ron objeto y haciendo alusión á las gratas impresiones que recibieron.

1a última erupción del Vesubio.
~

El cable ha informado ya á nuestros lectores
de la última erupción del Vesubio, registrada el
8 de Mayo próxi , 10 paasado.
Nuestro grabado representa el instante en qu_e
la lava y demás substancias en ignición que vom_it ó el volcán, sembraban el pánico en toda Italia
J causaban destrozos, entre los cuales se cuenta la destrucción de la torre del Grecco.

EL SR. LIC. JUSTO BENITEZ.
L a Nación acaba de perder á uno de sus más
leales honrados é inteligentes servidores, con la
muerte del señor Lic. Don Justo Benitez, acaecida el martes último.
:El señor Licenciado Benitez nació el año de
1833 en la ciudad de Oaxaca; hizo sus estudios
en el 8eminario de la capital del Bstado, pasando
después al Instituto de Ciencias y Artes de la
misma población. Algún tiempo después de haber recibido su títul~ de abogado, :fué nombrado
Secretario del General en Je:fe de la Comandancia
Militar de la Línea de Oriente, que comprendía
los Estados de Oaxaca,Veracruz, Puebla, 'l'abasco,
Campeche, Yucatán y Chiapas, sien do el jefe el
.señor General Díaz, á cuyo lado sirvió por mu,chos años, desde la campaña de Ayutla hasta el
t riunfo de Tuxtepec.
Cuando el señor General Díaz entró en c,,ta
,capital, el señor Benítez ejercía de Secretario
general del Despacho, siendo nombrado luego Secretar io de Hacienda, que :f.ué el primero que
tuvo el señor General Díaz.
Como civilista, y sobre todo, como constitu,cionalista, fué el señor Benítez un Abogado notable; su despacho llegó á acreditarse por los delicados negocios que patrocinó el finado. Varios

Sr.

uc. Justo Ben/tez.
(De fot. antigua.)

de los Abogados de los que hoy figuran en el
foro nacional, bu;,caron constantemente las opiniones del distinguido jurisconsulto, qujen se
prest;igió ante todos como concienzudo hombre de
ctenc1a.
En los últimos años de su vida., el señor Benítez
desempeñó el puesto de Director de la Escuela
Industrial de Huérfanos de esta capital, en la que
introdujo mejoras.
El señor General Díaz, amigo íntimo del finado, presidió los :funerale.s verificados el jueves
Asistieron al acto los más encumbrados personajes
y por acuerdo de la Secretaría de, Guerra se hicieron al finado los honores que corresponden á los
Generales de Brigada.

~ TÚNEZ EN LA EXPOSICIÓN.
El Pabellón de la lllanouba.

De todas las sec::iones de la expos1c10n colonial francesa, instaladas en el Trocadero, la de
'l'únez es, sin contradicción, la más importante,
tanto bajo el punto de vista de los esfuerzos emprendidos, como por los resultados alcanzados.
La visita á esht expo~ición, demuestra, en seguida, las ventaja,; de una administración tutelar, como la de los países en protectorado, en oposición
con la administraci'ón, frecuentemente opresiva,
de las colonias de posesión.
La expooición tuneciana se acaba de inaugurar
por M. Delcassé, Ministro de Negocios Extranjeros, acompañado de- los S. S. Beat y Delavaud,

La organización, propiamente dicha, de la exposición t unecina, ha sido confiada a.l Dr. Loir,
Director del Instituto Pasteur en Túnez, Comisario ayudado por inteligeut.es colaboradres. Al
revés de lo que se hizo con la Argelia, en la exposición t unecina no se separó la parte comercial

IrALIA , L a erupeión del Vesubi o.

con nueve arcos y columnatas. En el centro se levanta el escudo de la República, perfectamente
constrnído y dispuesto de la mejor manera para
que sea perceptible desde lejos. La entrada principal está por el lado dcl citado muelle d'Orsay .:
en la fachada se ven varias plantas de México cuidadornmenfe conservadas y que hacen un elegante juego. Al pórtico se llega por una escalinata senrilla, y atravesado el pequeño vestíbulo se penetra en los salones interiores d.e que hablamos. Se
destaca desde luego, ya dentro, la gran crugia que
~e extiende por todo el edificio; á la derecha queda el salón de Bellas Artes que indicamos al principio; á la izquierda se percibe la galeria que rodrn toda la construcción; los subsuelos tienen su
entrada por el lado del Sena y están ocupados por
la artillería, sistema mexicano, que se exhibe con
orgullo.
Los miembros ele la Delegación mexicana en París, han saeado todo el partido posible en la colocación de los objetos que se enviaron por los cente-

En el salón de Bellas At~, que viene á ser
el de recepc:ón, hay varias esculturas y telas; el
"Máscara de Hierro" y ")1iedo," dos ye-sos de i\ava, un artista joven pensionado por un capitalista
mexicano; varios óleos y preciosos monotipos, de
Martínez, un joven mexicano de mucho porvenir;
trabajos de Foster, pencionado por el Gobierno
mexicano; cuadros de Murillo, joven de 2-± años
que está estudiando en Roma la pintura, y que
íué mandado á Europa por intervención del señor Presidente Díaz; primorosos paisajes de de la
Torre, acuarelas &lt;le Ramos Martinez; esculturas
de Guillermo Cárdenas y Agustín Ocampo;
aguas fuert.es de Miguel Portillo; óleos de del Valle. Ahí también se ve la precios1 estatua en bronce del mexicano Esteban Antuñani, fundador de
las fábricas rle tejidos en ~féxico; un precioso puño de espada, en oro, que está destinado al ~efior
Presidente de la República; un busto en mármol
de la Sra. Romero Rubio de Díaz, v varias otras
obras de escultura y pintura, que h~n sido bauti-

Gobernador del Banco de Francia y señora; Francisco Arago y esposa, Enrique Pulet, Jefe de la
Secretaría parti&lt;:ular de Loul&gt;et; M. Pompad, Ministro Plenipotenciario Director en la ·Secretaría
de Relaciones Extranjeras; M. Dclavaud, Je.fe adjunto en el Gabinete del Ministro de Relaciones;
el Director de Bellas Artes y la señora Rugon; lL
Chardón, Secretario General de la Exposición; M.
Bonnier, Jefe de los servicios de Arquitectura;
Ernesto Carnot, M. Gomot, Senador, antiguo ~1inist'J:o de Agricultura; M. Le Myre de Vilers, Diputado :Ministro Plenipotenciario.
El Cuerpo Diplomático estaba ampliamente representado; se encontraban los Sres. Ministros delas Repúblicas Argentina, Chile, Bolivia Colombia, Guatemala y Ecuador, así como lo~ Encargados de :N'egocios del Salvador y Ururuay. Se
hacía también notar la prewncia de M. de°Raffalowi~ch, Viceprel-idente de la Comisión de Rusia
y la de los comisionados Generales &lt;le Incrlaterra
0
Bélgica, España, Italia, Estados Uni&lt;l.os, Grecia:

P uerta de Sousse.

ln•11&amp;'1Uaoi 6n 4• la Ezpoai ci6n 4e 'l'11nes.

de la expresada. exposición, de la parte técnica, lo.
que da más vida á esta sección.
Cuando se penetra en el recinto de Túnez por
la puerta que da sobre la larga vía que le separa

�EL MUNDO ILUSTRADO
de la sección argelina, se encuentra el visitante
en el interior de una casa del Sur, semejante á
las que existen en 'l'ozeur, y muy curiosa por su
ornamentación, debida exclusivamente á la ingeniosa disposición de los ladrillos que han servido
pam la construcción. Bn un costado, las tiendas
ofrecen al público las últimas muestras del arte tunecino, del ot1·0, se presenta la: exposición de
la pesca y la de las minas y canteras.
Conocida es la importancia de la pesca en Túnez, donde los pe"cadores franceses é italianos rivalizan por asegurarse la mayor parte- t1el aprovisionamiento de los departamentos meridionales de
la Francia, y de las costas italianas, aprovisionamiento que consiste, en su mayor parte, en conservas de sardinas y de atún.
Este pabellón es, por decirlo así, el punto central de la exposición de la regencia : si se vuelven los ojos á la derecha, se advierte la presencia &lt;le una basta escalera que da acceso al recinto
de la "mosquee" de Sidi-1\lahrés en Túnez; en este
palacio es donde se alojan las exposiciones de Túnez, y salta desde luego á la vista la importancia
le las grandes empresas agrícolas. Cuando se examinan, en el innirior de los aparadoTes y urnas, los
planos de las explotaciones y los dominios, se presencia un espectáculo á la vez intere,,ante y reconfortante, observando aquellos millares ele hectáras, incultas hace veinte años, ahora fértiles y productivas, gracias á la colonización que se acompaña de grandes capitales, pues ni aun en los países
nuevos se puede crear ó hacer cosa alguna sin dinero.
En una pieza vecina á la' gran nave de la "mosquée," detiene á muchos visitantes la interesan-

Domrngo 17 de Junio de 1900.

cio tunecino da á las colonias: sobre pizarrones, á
la vista del público, se concentran todos los documentos que pueden ilustrax á los que desean emprend.€,r el cultivo ó comercio con rrúnez; generalmente se tiene allí un empleado á disposición del
público, para dar, verbalmente, informes complementarios. Dado el número, siempre en aumento,
de los visitantes que consullan estos documentoo,
todo hace presagiar que la colonia obtendrá, por
esta organización, muy buenos, resultados. Insensiblemente deja el visitante la "mosquée" de Sidi-Mahres, y se encuentra en la sala de la. exposición árabe, cuya organización ha sido confiada
al maestro acua-fuertista Sadoux, á quien se debrn los dos panoramas que decoran los muros de
la gran "mosquée." En fin, dejando el arte un poco bárbaro, pero original, de los Arabes, se penetra en el santuario del Arte antiguo, esto es, en
la sala de las Antigiiedades.
En el centro de la sala se concentran los modelos y planos en relieve, admirablemente ejecu- ,
tados, de los diversos monumentos sacados á luz
por las excavaciones.
Desde luego Dougga, la gran ciudad romana, se
nos aparece con su templo del Capitolio, en líEstátuas recientemente inauguradas.
neas puras, su teatro de innumerables gradas,
tísima exposición de la Escuela CokriÍal, debien- taJ1 bien conser vadas, al menos en la parte bado señarlarse entre ella la, por e,xtrei.10 modesta, ja, y e111 fin, todos los palacios, constituyen una notable aglome,ración de ruinas, que han debido ser
del Instituto Pasteur en Túnez.
En fin, antes de dejar el ala del palacio, se pe- de una gran ciudad.
El arquitecto de la sección tunecina ha sitlo el
netra en un vasto salón, donde están expuestos
los productos consumidos por Túnez, y los objetos autor de la mayor parte dei estas exactas reconsfabricados por esta colonia, susceptibles de expor- trucciones y reducciones de una verdad asombrosa
tación; es este uno de los más curiosos ejemplos de los admirables vestigios de civilizaciones desaque la Dirección de la Agricultura y del Comer- parecidas.

ACCIONES HERÓICAS MEXICANAS.
De la obra "Los traidores pintados por si miamos."
I.~ plaza de Que rétaro
entregada por llta:a:imiliano.

Leemos esta nota en la página 163, en que el general Mariano Escobeclo dice que, al entrar en
Qucrétaro las fuerzas republicanas, el 15 de 1Ia-

yo de 18G7, las imperiales se dirigían en tropel hacia el cerro de las Campanas, donde se encontraban
ya los generales Mejía y Castillo.
"El general Severo del Castillo, juzgado en Consejo de Guerra, fué sentenciado á muerte, en Querétaro, donde no tenía de su familia más que á su
hermano de madre, Don Antonio Verguido.
"Ya en capilla, manifestó al teniente coronel Carlos Fuero, jefe del 5o. Batallón, á cuya custodia
estaba y á quien debía grandes servicios, que en ese
trance mucho sentía no poder arreglar personalmente ciertos negocios particulares de interés.
-"Si usted quiere, gen..,ral, puede salir á arreglarlos, dijo Fuero.
-"Qué de veras, Garlitos?
-"Fuero no tiene más que una palabra: bajo
mi responsabilidad queda usted )ibre. Yo ;mel
quedo acá en su lugar, en capilla, hasta que usted
venga.
-"Una hora me basta: volveré á las nueve.
"Eran las ocho de la noch e, cuando la guardia se
quedó asombrada al ver que el subteniente Onofre
MaFÓ!' ronrtucía hasta la puerta del cuartel al ge-

neral Castillo, embozado en su capa, y el cual pareció queda.r libre, pues partió solo enteramente
á la calle.

"¿ Pues qué habrá pasado con el sentenciado á
muerte? se preguntaban unos á los otros los soldados de la guardia. Pronto cundió la noticia del

Domingo 17 de Junio de 1900.
rasgo del jefe del batallón y todo el mundo con
pasmo é inquietud, contaba hasta los minut~s en
espera de~ general Castillo. La mayoría creía que
no volvena. A las nueve en punfu se le vió entrar
en el cuartel. Ei:i- la pieza que le servía de capilla,
esperaba el temen te coronel Fuero; quien conver~ª?ª con el Padre que prestaba los au.-.,:ilios
espmtuales al sentenciado. Este, al ver á Fuero muy conmovido le abrazó, exclamando :
-"Garlitos, usted ha sido el mayor de mis amigos : el servicio
que me ha prestado es tan t,O'rande'
.
que no t 1ene recompensa en la tierra.
"Los jefes y oficiales del batallón, esa misma
noche, acordar?n felicitar á su jefe, por su nobleza y valor mcomparables. En la contestación
que dió á sus subordinados, trató de lo que son la
amistad y la gratitud y de lo que debe ser el vencedor, y terminó con esta frase : "¡ Ay del vencido cuando llegan á ser su verdugo los vencedores!"
"Al día siguiente, Fuero se presentó al general Escobedo.
-He hecho una barbaridad-le dijo-y refirió
el caso.
"Retirese u...&lt;&gt;t.ed-prorrumpió Escobedo--lue,..
go de haberle escuchado.
"El general Castillo fué indultado por el presidente de la República, gracias á Don Sebastián
Lerdo de Tejada. Se le impuso diez años, de prisión
que sufriría en el Castillo de San Juan de Ulúa ·
pero transcurrido un año, un decreto de amnistí~
le favoreció, y salió libre.
"Era de Guadalajara y falleció de tuberculosis,
en México, el 24 de Mayo de 1872."
~

Leemos en la página 111, en una entrevista que
el coment~dor, Don Angel Pola, tuvo con el general Manano Escobedo sobre el tratamient'o de
los prisioneros.
-"¿ Es cierto, general, que tuvo usted amistad
con l\Iejía?
-"Es exacto, pues aunque pertenecimos á varios
partidos, el año 60, dos veces derroté á las fuerzas
del general Mejía, haciéndoles un fuerte número
de prisioneros, que puse en libertad sin condi-

EL MUNDO I LUSTRADO

ción ninguna. En un combate fuí derrotado y hecho pris10nero por el antes dicho general; y no
obstante el empeño que tenían l\farquez y otros
jefes en que se me fusilaría, Mejía y los serranos se
opusieron, por esto y más tarde, en los dos sitios
que puse á Matamoros, antes de principiar mis
operaciones, intimaba la rendición de la plaza, y
salía l\Iejía á hablar conmigo, y no pudiendo nunca
estar de acuerdo, nos separábamos, abrazándonos
para batirnos. En Querétaro, tanto al Archiduque
como al General Castillo y demás jefes, los traté
con caballerosidad; y de una manera especial á
Mejía, y estuve dispuesto á hacer cuanto fuera posible en su obsequio. El 17 de l\Iayo, una persona
de mi familia pasó á hablar con el general Mejía,
á ofrecerle cuant'o pudiera necesitar. l\Iejía contestó que de pronto nada necesitaba y que correría la

suerte del Emperador. El 18 fuí personalmente á
hacerle una visita y le signifiqué mi deseo para que
fuera á San Luis á presentarse al Gobierno, en la
seguridad de que sería t'ratado de la manera más
caballerosa. Por toda contestación me dijo:
-"El Emperador, ¿qué suerte correrá?
-"Espero de un ro-Omento á ol!ro órdenes del
Gobierno, le contesté; y creo que éstas no serán
benignas para los jeíes superiores.
-"Estoy rsuelto á seguir la suerte del Emperador.
-"Quizá en este momento, por el telégrafo, se
me den órdenes que, por severas que sean, tengo
que cumplirlas. Como hasta ahora. no las recibo,
obra1·é como crea conveniente. Estoy en disposición de salvar á usted sin condición ninguna; pero
usted no debe ponérmela.s á mí.
"l\íe paré, hizo otro tanto el general Mejía, y
me estrechó la mano entre las suyas.
"Debo-me dijo-atenciones y confianza al
Emperador y correré su suerte."
Caída la plaza de Querétaro en poder del ejército republicano, el general Escobedo habló de la
memorable jornada con Don Benito Juárez, á su
paso por esa cuidad, en presencia de Don Seba:stián Lerdo de ~ej~da y Don José M. Iglesias, y puso en su conoc1m1ento que había un secreto en lo
relath-o á las últimas operaciones militares. Don
Benito nada pretendió que se le revelase.
-Pero hay otro secreto, prosiguió Escobedo
,
t
,
}
que s1 me per enece, porque es mio, y puedo comunicar á usted.
·
-Veamos.
-Yo quise salvará Mejía: le ofrecí la vida porque le debía atenciones y grandes favores. '
-¿ Y qué contestó?
-lile preguntó cuál sería la suerte de Maximiliano; y como en mis palabras advirtiese la verdad, me dijo terminantemente que no aceptaba nada y que correría la suerte de sus compañeros de
infortunio.
Juárez que~~ó pensati,o un momento y en seguida prorrump10:
-¡ Era indio y era leal!
-Xo le insistí más-:-continuó Escobeclo-por
que en su lugar yo hubiese hecho lo mismo.

MAXIMILIANO REClBE LA ORDE.'.'r DE MARCHAR AL p A TÍBULO.
Apunte al carbón por"J.Pachcco
seglln los datos históricos del Dr. Agust1n· ruvcra.

�D omingo 17 de Junio de 1900.

EL MUNDO ILU STRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 17 de Junio de 1900.

LOS COMPLEMENTOS DE LA PINTURA.

Retrato colocado en cuadro dorado.

INAUGURACIÓN

DEL MONUllENTO A GUY DE MAUPASSANT.
Acaba de inaugurarse en Rouen, Francia, en la
plaza de Solferino, un monumento erigido en memoria del gran escritor Guy de Maupassant, por
iniciativa de un comité lcc1l constit uido bajo la
presidencia de M. Gaston Le Breton, director de
los museos de la ciudad y miemb ro correspondiente del Ins t'ituto.
Sobre una esbelta columna de granito, decorada por 1111a palma, admirable trabajo de cincel hecho por M. Fernando Ma,r rou, célebre roa.estro escultor de Rouen, miembro del jurado de la Exposición de 1900, se yergue el busto de1 gran novelista, obra de M. Raoul Verlet, autor del monumento á Maupas sant, erigido en 1897 en París,
en el Parque Moncea.u , y laureado con medalla de
honor en el Salón de escultura de est e año.
El Comité, en su programa, n o ha descuidado
nada para dar á esta fiesta lit.eraria todo el brillo
que: merece, resuli1ando la ceremonia inaugural de
una admirable suntuosidad.

U no de los críticos de arte más sófü~os, Carlos
Blanc, inició hace algún tiempo y en uno d e sus
hermosos libros sobre el n obilísimo arte de la pintura, la idea de que una vez concluído y firmado
el l ienzo, aún no se podía poner punto final á la
misión del Art e.
La operación de encuadrar una p intura debe
obeder. no al capricho simplemen te, como lo c ree
la mayoría de esos "suobs" que cu enta n cu adros
como quien cuenta cabezas de ganado, sino está
sujeto á varias condiciones esenciales d ictadas por
l as leyes del sentimiento.
No se puede n egar que la m oda tiene voz en el
asunto, y que aún en el Arte ha implantado su
estandarte todopoderoso; pero también hay que tener en cuQnta que muy á menudo y aún cuando
n o lo parezca. la moda misma, se inspira en la estética y tiende á producir conjuntos armónicos.
La moda, estudiad en los marcos, por ejemplo,
sigue muy de cerca la evolución artística d e la;;
épocas y no es ella misma sino sus exajeraciones
las que atraen alguna vez el ridíc iulo y la fealdad.
En la Edad :Media no se conocían los marcos y
las pinturas, en vez de colgarse rual se est.ila en
nuestros días, se apoyaban sin marco alguno con-

:~~-~:: :~';-·7-~~-~ -· _
:;:;.:'::::~"·..,., )
f:-::/
b?:'.:·.- ~
i·~_.. ,:..,.-

,.

Efecto de un margen negro rnbre un dibujo
de una .tonalidad clara.
Efecto comparativo de un retrato colocado en cuadro dorado
con ancha moldura sombreada.

se acordó del clas icismo en todas sus manifestaciones art ísticas, y por eso vemos que en sus marcos
aparecen de nuevo ciertas líneas v adornos de la antigiiedad. Después de esa época, no hal ya " es~ilo"
propiamente dicho en los marcos y ~1 se advrn~te
una marcada tendencia hacia la severidad y sobriedad.
.
Es claro que como base para encuadrar propiamente, un cuadro en nuestros días, debe servir ant e todo la índole de la pintura misma, procurando
que el marco pertenezca á la época que el cuadro
reproduce. Pero aparte de esa consí~eración, hay
c:iertas reglas general es, que es preciso tener presentes cuando se procede á encuadrar un lienzo.
1J'n pintor amigo n_u estro, dice que un cuadro
0

mos para c:mvenccrse de la influ en cia que el marco
ejerc;e sobr e la pint ura y de la importa11cia 4.1w
para ésta r eviste el arte de encuadrar. Un r etrato
encuadrado en un marco an gosto y claro, parecerá
más grande. ~i se le encuadra en molduras anchas, pesadas y sombrías, aparecerá más majestuoso y severo. En t al es casos, se debe tener en cuenta el destin o que va á ten er la pintu ra. El pr imer
marco con viene para u n salón, el segundo para
una biblioteca.
Tratándose de. acu arelas y de pasteles, h ay '}Ue
fijarse especialmente en el margen qu•? han (I¿ llE.var. Un cartón pequeño puede llevar gran m:1.r,gcn,
h asta el t r iple ele su ancho. U n margen may(lr,
aunque aceptado por muchos coleccionad&lt;Jrc~, nos
parece que ,va deprime la obr a.
Mucho contr ibuve también al efecto general de
una acu arela, el color dominante del margen ó
"passe-por ttouf ' en r elación con la tonalidad ele la
obra.
E1 margen claro h acer r e~altar el vigor de un
dibujo ó de un grab ado y debe emplearse tam-

bién en las pin turas al claro-obscu ro, y en todas
aquell83 en que dominen los colores sombríos. P ara
el claro-obscuro es preferible, no obstante, el margen azuloso, in ventado por el coleccio11;l&lt;)úr _:ilariette, pues tiene la ventaja de que al propio ti empo que ayuda al vigor del dibujo, hace valer, en
todos sus detalles, á los claros de lste.
T omando corno ejemplo un pequeño paisaje crepuscular , ver emos que un margen de color semej ante á las medias tintas de la obra, dará un a~pecto demasiado u niforme al cuadro y se perdera un
buen número de sus buen os detalles : pero un maraen blanco ó ligeramente azuloso, hará valer h1 intemidad del tono del or iginal. Di remos, en fin , que
la excesiva anchura del margen, de cualquier color
que éste sea, sólo es aplicable á originales p~queños, pues de otra manera el cuad ro nos ha.na
efecto de contener demasiado "sobrant e," y por
lo demás, sería in útil, en vista de que &lt;'l t:1m·1ñn
&lt;lel original per mitirá concentrar en él "toda" la
aten ción de quien le mirase.
H ay otr o punto en que es preciso fijari:;e : hay
perfiles de cuatlr o qne h acen resaltar el plano de
la pintura, que lo acer can, y hay ot~·os que lo
alejan del e~pectaclor y qu e parecen rncruslarlo
den tro del muro de que está pendiente. Importa,
pues. estudiar b ien la pintura, p~ra cnroni rar_,el
perfil &lt;le cuadro que má~ le conv1~n:, en rclac1on
siempre con suR exigen cias y cond1c1ones de perspectiva.
Complemeu to clel arte de encuadrar. e¡; el arte
ele exponer, ,v é;-te tiene aplicación tanto á la elección clel lugar rrne h a de ocupar un cuadro en
una ca8a, como á la cli~pos1ción general en las "Expo;:icioms públicas. P odemoR advertir de paso, que
en lfl', pocas Rxposiciones pictóricas, que ;:nelen
veritican e en )Jéxi'co, muy poraq \'ece" ¡::e ha dado
la aten rión n ecesaria al " modo" de presentar y
col0car loR ruaclr os.
Xo cahe rlu rla ele &lt;me el ai¡::lamiento &lt;'" la mcior
man era de hacer valer un cua&lt;lro. C'nampAeurv
ha repetido que en una casa, jamás se debe colocar

más de un cuatlro en cada espacio &lt;le muro. Es evidente que si se con.,i&lt;lerá á un paisaje ó á u~a marina como u n espacio abierto sobre el h orizont e,
como una ventana, tendrá que eer inconte.-ubl,l el
efecto de concentración producido por una sola
obra. )las por desgrc1cia, no si~mpre se d ispone t1e
suficiente lu o-ar para poder aplicar esa teoria.
Aún en l;s Rxposiciones se advier te á menu&lt;lo
u n excesivo hacinamiento de cuadr os, cuyos rnarco3 se tocan y producen el peor efecto, sacrificando
aran par te del valor de cada uno ele los cuadros.
0
Es prefrible, para evitarlo, sa~rificar el n~mcro
&lt;le cuadros para a.provechar meJOl' el espacio, de
que se dispone, tant o más cuanto que, e_sforzándose
por aprovecharlo de la manera más racwnal, es r~lat.ivarnente in::.ignifican te el aumento de espacio
que ;:e n ere~ita para poner los cuarl ros separados,
como puede verse en el ejemplo gráfico que representa nuestro graba&lt;lo.
]~xcusemos &lt;lecir, por último. que es absoluta-

Efecto de un mar1&gt;•n bla ~co Fobre un dibujo
d~ una tonalidad e ara.

mente in&lt;li8pen:;able C) loca r los cuadros á la altura prevista por el pintor, pues de otra manera
tendrá que -alterar,e el efect.o ele per;;pcctiva, á causa &lt;le la alteración del ángulo visual.

Dlsposlclón de 9 cuadros sobre uu «panneau,,
cuando se pueden al8lar los cuadros.

Cuadro alto.

tra columnas, capiteles ó muros, ó bien se afianzaban á volantes, como aún se conservan algunas
en ciertos museos europeos.
En el siglo XVI empezóse á encuadrar las pinturas, colgándolas sobre fondos tapizados de ricas t elas ó de cuero de Córdoba. A las veces se
las ponía entre columnas de fino trabajo arquitectónico, con objeto de formarles un cuadro grandioso que contribuyese á hacer resaltar su b elleza.
Poco después surg ió el marco propiamente dicho, y fué sufriendo paulatinas modificaciones, se-·
gún los gastos de las épocas, pero armonizando casi siempre con la índole de la pintura r einante.
D e esa manera vemos el marco algún tanto pesado en t~empos de Luis XIII, y bajo Luis XIV
tórnase suntuoso y magestuoso; Luis XV le imprime su propio espíritu caprichoso y ligero, que
se corrige más tarde bajo Luis XVI, sin p erder ,
no obstante, cierto carácter frívolo que se manifiesta en los múltiples tallados, nudos y guirnaldas que ornan los marcos de la época. El Imperi9

Efeclo 1e peup3Ctln de 1111 cn.idroi!. la altua1 prev!Sta
por el arthta.

sin marco, es como una mujer que aún no ha hecho
"toilette," y que del mismo modo que la mujer
escoje el traje más propicio á su género de belleza, el artista debe pensar mucho en la elección del
cuadro más :favorable á su pintura.
¡ Y cuántos grandes pintores mod~rnos no dan
los últimos toques sino hasta que el lienzo está
dentro de su marco!
Hay, primeramente, dos principios contrarios,
ambos aplicables al arte de encuadrar: ó se procede " por semejanza" ó "por contraste."
Una escena campestre, pongamos por caso,
puede encuadrase ó en un marco muy sencillo ó en
uno muy rico. En el primer cas o habrá armonía,
y la obra tendrá gran unidad; en el segundo, empero, la placidez del paisaje, "se destacará," se
desprenderá con mayor vigor é intensidad.
Basta fijarse en los grabados que acompaña-

Efecto de perspeel¡ivade un cnadro colo:ado muy alto.

Casa nú,n. 4 de la tercera del Ciprés.--Proyecto!I construcoi6n y propiedad
del Sr. Coronel de Ingenieros a. Adolfo M. de Obregón•

•

•

•

OSCAR H ER Z

�\

Domingo 17 de Junio de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 17 de Junio de lS00.

cl&amp;ézico cl&amp;o6erno.
-

Esquina de las calles de Viena y de Londres.

Ya en otras ocasiones hemos publicado en esta sección algunos edificios
de la aristocrática colonia del Paseo, qLte es ya, sin la menor duda, uno de
los rumbos mejores de nuestra metlrópoli, tanto por el buen clima de aqueJla parte de la. ciudad, como por los preciosos edificios qne se han construído
en sus terrenos.
Entre estos edificios, los que hoy reproducimos en nuestros grabados,
110 necesitan nuestro encomio: basta verlos para descubrir en ellos el buen
gttsto y originalidad ele e!'-tilo, que por otra part.e es apropiado al paraje semi campestre, donde se ha fundado la colonia.
El Ingeniero contratü,ta, f'eñor C. C. Lamm, ha sido el encargado de
)d construcción de estos edificios, que no son lo.- únicül' confiados á él, pues
hay otros varios que se le han encargado en la misma colonia, que repetimos, sará uno de los parajes más hermosos de nuestra capital.
Los terrenos de la colonia están ,endidos casi en su totalidad, y los
propietarios, todas personas acandaladai:;, es seguro que harán construir sol ,re ellos los más not.able.q edificios, puesto que se ha iniciado allí casi una
c-ompetencia de buen gusto, elegancia, solidez y comodidad en las construcciones.

Casas núms. 104 y 106 de la Avenida de Madrid,
propiedad del Sr. Uc. Pedro Lascurain

CASAS CONSTRUIDAS
ENLA

! ~olonia del f?aseo !
POR EL CONTRATISTA

Sr. C. C. Larnn,.

Casa del Sr. F. P. Hoeck, en la calle de Dinamarca.

c;-,ha

SAPO~

1

Casa del Sr. Smlth, en la Avenida
de Londres.

Fachada de la casa del Sr. Lic. Pedro Lascurain:,
con vista á la Reforma.

fg,,'f~

Esquina de Madrid y calle de Parls:, casa del Sr. E. Orrin

RASE nu pozo de los más profundos, y había en ü una
cuerda d~ndo vueltas á la pomás cansado que tirar de esa
cuerda dando vuelta á la polea para sacar un éubo de
agua. Cuando .el cubo llegaba
á la boca del pozo, apenas quedaban fuerzas para colocarlo
sobre el brocal. Los rayos del
sol, por más que lo deseaban,
no habían pocli&lt;lo penatrar
nunca hasta. el fondo del po~
zo, y era el agua tan crista~-,.
Jma, que bien hubieran querido
mirarse en ella; pero todo lo
más alcanzaban un trozo de
las paredes cubiertas de musgo y diversas plantas,
que crecían entre las junturas de las piedras.
Moraba dentro del ;pozo una familia de sapos, habiendo sido la abuela la primera qne, á pesar suyo, se .fué á vivir en el fondo, un día que
pretendiendo atravesar el pozo de un salto, se
quea.ó corta, cayendo de cabeza al agua. La pobre vieja vivía aún. En el pozo encontróse con una,
bandada de ranas verdes, &lt;le las cuales se dió á
conocer como prima algo lejana.
El sapo hembra tuvo una hija, que un día se
dejó pescar en el cubo, habiendo subido hasta
muy cerca de la boca; pero deslumbrada por la
luz del día, se espantó tanto, que de un salto se
escabulló. cayendo de nuevo al fondo del pozo,
con terrible estrépito. Por cierto que pasó tres
días con fuertes dolores en la espalda. A pesar de
que no había visto nada, le hubiera sido muy fácil contar, según costumbre, el oro y el moro de
lo que pasaba por allá arriba; pero con la mayor buena :fe c~nfesó que no había apercibido nada entel'amente.. Lo único que había averiguado,
y así lo participó á toda la. compañía, es que el
mundo entero no se limitaba á su pozo, como antes creían todos. Todos menos la abuela, la cual
si bien abría podido describir 1llgo de lo que
ocurría fuera del pozo, como tenía s.u migaj-a de
eonciencia, se guardaba muy bien de hablar de
los estanques y c½arca;; en que había pasado tan
agr-adablemente una buena parte de su juventud. Por nada del mundo quería dar á sus amigas inútiles pesares.
Para matar el tiempo, ranas y sapos, murmuraban unos de otros.-"¡ Qué gordiflona, qué záfia. y qué fea es la madre de los sapos! decían un
día dos ranas jóvenes. Sus hijos serán tan horribles como ella.
-"Es posible, contestó la. alnd icla, que escuchaba lo que decían. Pero horribles y todo, uno
de ellos tendrá una piedra preciosa en la cabeza,
á menos que no la tenga yo misma."
En efecto, ningún hombre del pueblo ignora,
por lo menos en los países del Norte, que de
cuando en cuando se c,ncuentra un soberbio diamante en la. c1b€za de los sapos.
Las ranas, envicliosas por lo que acababan de oír,
agitaron la cab€za, se pusieron de hocico y s3
alejaron. En cambio, los sapos jóvenes, h inchándose de orgullo, ante la idea de poseer cada uno
la piedra preciosa. levantaron la suya, cual cum••
ple á los seres privilegiados. Por fin, hubo uno que
pidió ¡¡ormenore,,. exactos sobre esa piedra preciosa de que todos se envarn:dan.
-"Es algo como una cosa magnífica é inapreciable, dijo la madre. Pero, hijos míos, se necesita más elocuencia de la que yo poseo para describirla dignamente. Contentaos con saber que por
ello toclo el munclo os envidia."
-"Pues yo EO Fcré la que posea esa piedra preciosa, contestó el sapo más joven. que era hembra y por !lñadidudra feo que daba miedo. ¿Y
por oué he ele querer yo una piedra preciosa? Lo
que da enfado á los (lernás á mí no me gusta. Lo
único qne deseo ardientemente es subir hasta la
boca del pozo y veT lo que pasa por allá arriba. Un
~ecreto instinto me clice que vería cosas muy be-

llas.

-"Guárdate de subir, hija mía, dijo la abuela. Aquí pasas una vida tranquila y regalona, sin
que tengag que• guardarte má.3 que del cubo que
~odrfa ,~plastart ? . Que no te pase mrnca por las
mientes meterte en él, pues correrías el pe;¡igro
de caerte, y uo t.odo el mundo tiene la suerte que
tuve yo de saLir bien libra.da con una en.fosadura."
-'·Cuac, cuac," repuso el sapo, lo que en su
dioma vale tanto como nuestro ''¡Oh! ¡ oh!"
Pero el deseo podía más en él que su voluntad,
y no pensaba en otra cosa que en salir del pozo.
La luz le at'raía, sin conocerla, y al día siguiente cuando bajó el cubo, cayendo cerca de la pieclra en que á la sazón se encontraba, sintió en todo su sér un fuerte estremecimiento y saltó dentro, sin darse cuePta exacta de lo que li,tci.1.
El cubo subió en seguida, y un mozo de labranz-a al ir á cogerlo para verter el agua en una
ttina, apercibiéndose del sapo, exclamó:
-"i Carape! Há tiempo que no había visto nada tan asqueroso."
Y de un patada trató de aplastar al sapo bajo
el zueco que calzaba; pero erró el golpe, y el animal se, escabulló y fué á esconderse entre unas ortigas que crecían allí cerc.1, .formando una enmarañada espewra de tallos y hojas. El sapo levantó la cabeza, y á través de las matas apercibió
la luz &lt;lel astro del día, quedando de ella tan prendado, como noso!Tos mi,mos cuando nos encontramos dc1•tro de un gran&lt;liow bosque y apercibimos los rayos del sol filtrando á través de las
ramas y el .follaje, lo cual nos produce siempre
una especie de emoción misteriosa.
-"Cuánto más bello es esto que el pozo! exclamaba. De buena gana pasar;a aquí mi vida entera." Y en efecto, permaneció una hora en aquel
sitio, y tras de la primera una segunda; pero luego reflexionó, que1 ya que había comenzado sus
aventuras, debía explorar el nuevo mundo á que
se lanzara. Y poniendo en práctica SU:'l pensamientos, llegó brincoieanclo hasta la polvorienta carretera, sobre fa. cual arrojaba el sol sus centellantes
rayos. :N'o hizo el s:1po más que atravesarla y se
quecló cubiedo de una e~peoa capa de :-i,,l ..-,,, ~e1h1ción nueva, aunque muy poco agrada ble, por lo
que se apresuró á llegar á la cuneta, llena ele lirios
y no me olvides, tras de la cual se levantaba una
mata de oxia11!o, entnmezclatla con saucos enguirnaldados ele floridas enre&lt;lacleras. Revoloteaba por
el aire una bandada ele mariposa3, que el sapo tomó por flores desprendidas de sus tallos para correr mundo, c·1_vo hecho le parecía muy na:tural.
-"¡ Oh si yo pudie»e volar como ellas! "¡ Cuac,
cuac!" ¡ Cuán fel ;z sería!"
Ocho día~ y ocho noches pe·rmaneció en la zanja, en donde encontró alimento sahroso y abun&lt;lante. Al noveno día -~e dijo:-" Atlelante .. . .. .
Debo ir rná, le.jos." ¡Ah! echaba á menos la compa.ñ ía, necesitaba dar con una honrada familia
ele sapos, ó en último caso con algunas ranas Yerdes, sus primas.
--Conozco que aquí es muy g-rab1 la existencia,
se decía; pero al cabo la naturaleza má.3 espléndida, por sí sola acaba por producir tedio. Yo desearía_ hallarme con alguno ele mis semejantes con
q111en pudiera conversar."
Se puso en marcha, y después de atravesar al~unoq campos, llegó á un grande estanque circundado de junc1~.
-"Bien venido seas. le elijo una. rana: tal vez
liabrá para tí demasiada humedad .. .. .. En fin,
como quieras. Haremos cuanto podamos para recibirte hien.
.Aspirando siempre á una crn:a mejor, el pequeño sapo prof'ig-uió al día siguiente ~u 111arc:ha.
y acostumbrados va sus ojos á la, luz. Hdrriirnl»1 el
cielo estTellaclo y la luna en rn lleno. Sin emha!'go.
l? que le extasiaha ~obre toclo. era el sol. cuya sal1cla contemplaba todo~ los días, viéndole subir
subir siempre en el espacio.
'
-"Si estaré metido dentro de un po,rn;' pensaba.
"Sin clU&lt;la que sí con la ~ola. diferencia de q11e
é~te es más vasto que el primero. ¡ Ay de mí!

•

•

•

¡ Cuánto me gustaría poderme dirijir hacia ese
hermoso e~pac10 azula.do! Ese deseo me a.tormenta,
me consume."
Y contemplando la luna, el pobre• animalillo
creía en su ingénita Bencillez que no era más que
un hermoso cubo de cobre reluciente á punto de
bajar hasta la tierra, dentro del cual él podría meterse para ir más arriba.
-"Pero no, pensaba en seguida: el cubo que
va al cielo no puede ser otro que el sol. ¡ Cómo reluce! Ahora baja. :Xo hay más, yo espiaré la º"ªsión de introducirme en él. ¡Oh! la luz! Yo la adoro, y hasta se me figura á veces que alguna cosa
luce en mi frente con más brillo que la célebre
piedra preciosa de que hablaba mi abuela. Conozco que esa piedra no la. teugo; pero tampoco
la deseo. Lo único que anhelo es subir hasta la lur.
y anegarme en ella. ¡Ea! ¡ Valor y adelante! Siempre de frente, sin retroceder un paso . ¡ Y dmo late mi corazón, al partir para e~e prolongado
viaje!"
Lleno de decisión, se puso á saltar con toda la
prisa que era capaz, vinien&lt;lo á pasar por un lugar
habitado. Se detuvo para descansar un rato en 11!1~
huert-a.
-"¡ Cuántas cosas uuevas descubro sin ces;irl
pensaba. El mundo es vasto y magnífico v debo
felicitarme de 110 haberme quedado en ef pozo.
¡ Qué hermosa verdura y qué sitio tan fresco y regalaclo !
-:-'"¿ A quién ~e lo cuentas? le dijo una oruga
amdada en una col. Esto es el parafao, y mi hoja
es la mayor de todas : con ella puedo prescindir
del rest:o del mundo."
-"¡ Gluc, gluc!" se oyó por allí cerca. Era una
bandada de gallinas que andaban picoteando por
el huerto. La que marchaba delante tenía muv
buena vista y se apercibió de la oruga; se lanz.ó
corriendo hacia ella y del primer picotazo la tiró
al suelo. La oruga, después de culebrear un rato,
se enro,c5, en tanto que la gallina iba mirándola.
primero con un ojo y luego con el otro, esperando á ver eu qué pararía aquella serie de contorsiones.-"Acabemo;:," dijo clei::pués de un breve instante, y adelantó el pico para pillarla y engullirla.
Pero el ~apo. movido á compasión, avanzó de un
,alto
corriEnclo en sccJrro de la orno-a·
y la oo-a.
o ' .
li:1~~• s0hre~~gida &lt;le espanto ante tan brusca apanc_10n, , olv10 grupas y huyó cacareando:-"¡ Qué
arnmal tan horrible? Xo, decididamente, yo no
he ele M·1:1.:rme esa oruga, que después de todo
tiene unos J,i;lvs que me harían cosquillas en P.l
gaznate."
-"¿ Has notado qué sereuidad la mía? preguntó la oruga apenas se vió libre. ¿ Has visto cómo me las he compuesto para librarme de ese
rnón~trno? Pero esto no ba~ta: ahora será preciso
q~1e encuentre ele nuevo la hoja de CJl, que es mi
b1e11 .Y m I te,oro."
El sapo &gt;&lt;() arf'rcó á la oruga felcitánclola por Ji¡¡~lfl' e,c::ipatlo á nna muerte cierta v felicitánclo,:e
á sí mirn10, por haber e,pantado á, ·la gallina con
su feal&lt;lacl.
-"¡ Qué e-Ut~ diciendo! repuso la oruga. Sabe
que si he ;:al ido de apuro$. á mí mi~ma lo debo : la
gallina 8e ha e,pantado de mis contorsiones. Por
otra parte_, tienes razón, e1·e~ bastante feo. Calla!
He hu-meado mi col. Con que, ahur! Vov á encaramarme en b11,:ca de mi hoja. Vaya, andando!
adelante!"
-"Sí,
sí, andando •v arriba siempre , di•J. o el l'-a-.7
po. , eo que no e¡,tá de humor. ¡Pobrcc·ta! Ha
pal'-aclo un huen ~usto. Por lo demá~, ella n'en::a
como _vo: ~iernpre adelante, arriba siempre!"
Ante~ ele reanudar ;:n interrumpida mar&lt;·ha,
levantó la cabeza y miró al cielo, di visando sobre
el t'eja~o ele una hermo~a casa una cigueña junto al rndo, al lado de su compañera.
-"¡ Qué clicho,as deben Rer viviendo allá arriba! pen~ó el sapo. ¿ Qué &lt;lía poclré yo subir á tal

~~rnr

.

Morahan en la_ casa dos buenos amigo~. p0eta
el uno y natlll'al1sta. el ~tro. m primero gozaba
_¡!antan&lt;lo todas las maravillas ele la creación, y en

�.,

Domingo 17 de Junio de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO
versos sonoros y armoniosos de€cribía las impresiones de su á1111no ante las obra:; del Creador. El
segundo rniralia las cosas más de cerca con la lente, volviéndolas de todos lados y empleando el
escalpelo cuando lo creía necesario. A su modo de
ver la creación, era un simple problema mateJU\lltico. Ambos 1óvene ¡¡ congeniaban, y. ambos.
eran francos y alegres.
Paseábansc á la sazón por el huerto, y el n-aturalista dijo:
-'·:\fira qué sapo: ¡soberbio ejemplar! Voy á
enfrascarlo en espír itu de vino.''
-"Pero o_ve, ¿ no tienes ya otros dos muy parecidos en tu rnu,eo? ¡Pobre animal! Déjale gozar
de la vida!"
~"¡ Es t-an admirablemenk feo!'. dijo aquél.
-"Si por lo menos tuviésemos la seguridad de
que llevara la piedra preciosa en la cabeza, menos
mal. Entonces no había de oponerme yo á recogerlo y abrirle."
-"¡ La piedra precic,sa ! . .. . ¿ Es posible que
tú tam bién e-reas en esas sandece-sr . ..
-"Yo atrihu_vo por el contrario, replicó el poeta, profundo sentido á esta creenc·a del vulgo.
Yamos á ver, ;, por qué el sapo, ese horrible animal, uno de los m~ íeos de la creación, no puede
tener guardado en la cabeza un espléndido diamante? ¿ Acaso no sucede lo mismo entre los
hombres? E~opo, Sócrates, eran poco menos que
mónstruos por su fealdad, ¿ .Y por ven tura no brilla
aún ho_v su in~enio como la perla más preciosa?''
Así conYers-ando, los dos amigos se alejaron, y
el sapo pudo eQcapar al peligro dé p c·rcc~r en el
espíritu de vino. Solo á medias llegó á eomprende::
lo que habían 1licho.-"Creo que han hablado de
la piedra preciosa. Dicho5o _yo mil Yeces que no
la poseo; de otro modo me juegan una mala pasada para quitármela.''
. J~n e,to se 0_1·ó un gran ruido sobre el tejado:
era la cigiieña qui clafn leccione&lt;S á sus pequeñuelos. most rán&lt;lole•, agitando las afos, á los dos jóvenes que se pa,cahan por el huerto.
- "; Qué íátuo;, y prernmidos son los hombres!
dcc'a. Oid á aquellos dos cuchicheando sin darse
tregua. Su idiom•1, rn..facunclia les enrnncce. ¡ Bonito idioma el de lo;i hombrei:! A una jornada
de vuelo :ya no ~e entienden los unos á lo, otros.
En cambio, no~otras, no : nosotras no, entendernos perfectamente, a•í nos encontnrno¡: en el
Xortc como en el fondo del Africa. Y luego ¿ sahen rolar por rentura? Y además ¿ tenernos nosotra¡: necesidad del hombre? Ellos, en cambio, se
dan por felices si venimos á anidar á sus tejados.''
- "!Qué bien cfücurre! pensaba el ¡:apo. Y además ¡ qué altas están!. . . ¡ Y qué bien andan!" esfo último lo decía al ver á la cigi icña macho hendiendo lo:, aires con las alas abiertas.
En tanto la ci~iieífa hern bra continuaba ins1 ruyendo á rns pequeñuelos: Je.,; hablaba de Egipto, de las agua¡: &lt;lel Kilo y de rn légamo incomJ&gt;ara ble, que e&gt;', les deeía, un hervidero de ranas.
-"¡ Dios mío! aliadía el sapo, ¡ cuánto me gusiaría \isi t ar e,e país! Si una de esas lmenas ci~iicña0 quisicm lleYarme ! Pues ¿ cómo he de ir á
Fgipto? .. .. Dit·lic-•o yo, que siento tiernas aspir:teiones hacia ]0 hueno y lo bello. Sin ellas, allá
me habría quedado, encenagado en el íondo de
1m pozo ol.iscmo. ¡ Cuánto m ejor no es eso que
tener la. piedra precio;;a en la cabeza!
Pero prncif'arncnte, el famo¡,o diamante él',
y nadie, más lo po,eía. ¡ Qué mejor diamante que
c•,a tei:dcncia combmte hacia lo mejor y lo más
alto! 1 ercladcrarncnte, dentro de su cabecita briJlaha un mágico destello.
De r epente, la cigiieña. macho ee arrojó sohre
/1: &lt;le,cle Jo alto acaba ha ele descubri rle ent~-e la rnrha. Le cogió l.iruscamcnte con el pico, y aunq~e el
sapo sintió un el olor muy agudo, ¿ qué le importaba? La cig-iicña, pensaba, va á lle,·arte á Errip0
to-. y su~ ojos chispeaban de alegría.
La cigiieíi.a cerró el piro. ¡ Cuac, cuac! El pobre
:-:1po moría estrujado; es clecir, únicamente su
c·nerpo quedaha sin vida. ¿ Y el fuego ele sm ojos?
;, Qué hahía l'ido del fuego ele rn~ ojo~? rn ra_vo
&lt;1c •ol acahaLa ele recogerlo: un rayo de sol se lle,·ó la piedra preciosa. ¿ A dónde?
Xo lo preguntes al naturalista, pregúntalo al
poeta. El poeta, bajo la capa de un cuento, te ent erará ele lo que deseas saber: en ese cuento., te ent.crará de lo que deseas saber: en ese cuento figur an la oruga y la cigiieña. El te dirá que la oruga,
se melamorfo;:e-0 en ma.riposa de vivísirnos mati-

Bajo el peso de la cruz
Que a \ Ut~~ros cuerpos va ungida,
Desconocéis que la vida
1:.s la sombra y es la l uz.
Al gemir bajo el ca.p uz
Donde alza el dolor su yugo,
8abed que á la vida pl ug~ .
Darle al hombre la concienC1a
P ara hacer de su existencia
L a ,·íctima ó el verdugo.

ces, y que la c:giieña va y viene desde los países
del Norte al Africa, por el camino más breve, sin
compás, ni brújula, ni carta, dando siempre con su
tejado favorito, aun en medio de la ciudad más
populosa. 'l'odo eso parece extraordinario, increíble, y no ob~tante nada más cierto; pregúntaselo
si acaso al naturalista, si es que. tú mismo no has
poclido obser varlo.
Pero ; y la piedra preciosa del sapo?
Búscala en el sol, vé si puedes distinguirla.
De fijo que no podrás: la luz del astro rutilante
es demasiado viva, y no poseemos aún los ojos
que son menester para r econocernos en mtdio de
las maravillas que Dios ha creado; pero 1m día
los tendremos. Y éste será entonces el cuente más
bello ,le entre todos los nuestros; es decir, no seri
cuen'. o sino verdad, y en, ella figurare1m;s to,lo~.

Cri,sfian findersen.

POR LOS QUE SUFREN.
¡ Oh sere~ que bajo el manto
De las almas mfehces
Veis sangrar la cicalrices
.
De vuestro enorme quebranto '.
Con las angustias del llanto
Levantáis hondo clamor
Al veros que sin ngor
Avanzáis sobre la vida
·Con rnclf,tra barca impelida
Por los vientos del dolor ...

EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO VII--TOMO 1--NÚM. 25

MÉXICO, JUNIO 24 DE 1900.

~ r: Lio. B.&amp;P.AEL BBYBS BP:tlrDOL.a..

¡ Alm as sin fe y sin vigor
I&gt;resas de eterna ansiedad
Que veis en la adversidad
l:n impulso destruc~or,
No lloréis porque el dolor
Os hiera con mano fue r te,
P ues sabéis po r vuestra su erte
Oue en cada conciencia ondulan
T inieblas que gesticulan
Como fantasmas de muerte!

8uBaoRll'C!Olf J(JIN8UAL POlilfli, IL6
lDElol IDBK EN 1,.6. C.illTAL, Sl.25

Gerente: .6.lr'l'Olll'IO C7VYJ.s

•

Ki cólera ni h umildad
.Alentéis ante el destino ... . .
rn hombre forma rn sino
De rn propia actividad.
J .a dicha y h acherl'ida&lt;l
Son fenómeno~ co;ltra rios
flue ofrecen. como inc~marios
De sus amplias trayectorias,
Fl Prrehol de sus ¡rlor'ss
Y el nublo de su3 ca:varios.

El hombre llcv:. en su ser
Los factores ele un problema
Que le imponen el dilema.
De ~ucurnhir ó vencer.
111.1., si füulo rn rn po,tcr
H acia una altura :;e l·rnz.1,
Siempre sube, siempre avanza
Y aunque en SU8 Rueños súc umÍn,
Duerme, abrazado, en FU turnLa,
Al girón de una espcranzi.

¡ Oh espíritus er.rabundo.s
Que herictos por los pesares
Vais marehando eobr e mares
Tormentosos y p rofundos;
Vuestros ayes infecundos
Estimulan 'mis r-cwlos
Hoy que, sin fe, y sin alientos,
Prelu&lt;liais vue¡;.tra agonía
En una inmensa y sombría
Convul,ión de sentimientos.

Ifasgad, c.on Ja frente alti1·a,
Las brumas de vue~tras penas
Y sacudid las cadenas
Con que el dolor os cautiva.
'l'omad la actitud .tctiva
Del que intenta. combatir,
Y si lográis resistir,
Recordará vuestr a 1:ient
Que las luchas del presen-te
Son glorias del porvenir.

Sufrí~, ~' en las a•pcrezas
Que alfombran vuestro camino,
Ya marcando vuestro sino
El ángel de las tristezas.
Entre c,combros y pavczas.
De dichas que ya no son,
Dulcificáis la aflíccióü
De vuestra sueritc contraria
Con arrullos ele plegaria
O gritos ele maldición.

. La adversidad os espanla.
Sm ver que en su ambiente flotan
Los gérmeneR de que bro~an
Los triunfos que el hombre canta.
Todo aquel que ee levanta
De rn proscenio bendito
Surge c:m brillo inaucl ilo
Condensando en cada fib1'.a
La~ pot_encias con que v ibra,
El Gemo de lo infinito.
Mayo de 1900.

Callad .... v con mano ardiente
Despeilazad l¿s abrojos
Que obscurecen vucs'tros ojos
Y que eclipsan nuestra frente.
No hay c:ll'azón que no ostente
Del infortunio la palma,
Y aun nuestros horas de calma
Las forjan los sufrimientoo
Que son los buitres sangrientos
E n los naufragios del alma.

dJGnifc clenfanes

tCa primera comunión.
•

•

Caadro al óleo de 8ofta Browne.

•

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1900, Año 7, Tomo 1, No 24, Junio 17</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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