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                  <text>.,

Domingo 17 de Junio de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO
versos sonoros y armoniosos de€cribía las impresiones de su á1111no ante las obra:; del Creador. El
segundo rniralia las cosas más de cerca con la lente, volviéndolas de todos lados y empleando el
escalpelo cuando lo creía necesario. A su modo de
ver la creación, era un simple problema mateJU\lltico. Ambos 1óvene ¡¡ congeniaban, y. ambos.
eran francos y alegres.
Paseábansc á la sazón por el huerto, y el n-aturalista dijo:
-'·:\fira qué sapo: ¡soberbio ejemplar! Voy á
enfrascarlo en espír itu de vino.''
-"Pero o_ve, ¿ no tienes ya otros dos muy parecidos en tu rnu,eo? ¡Pobre animal! Déjale gozar
de la vida!"
~"¡ Es t-an admirablemenk feo!'. dijo aquél.
-"Si por lo menos tuviésemos la seguridad de
que llevara la piedra preciosa en la cabeza, menos
mal. Entonces no había de oponerme yo á recogerlo y abrirle."
-"¡ La piedra precic,sa ! . .. . ¿ Es posible que
tú tam bién e-reas en esas sandece-sr . ..
-"Yo atrihu_vo por el contrario, replicó el poeta, profundo sentido á esta creenc·a del vulgo.
Yamos á ver, ;, por qué el sapo, ese horrible animal, uno de los m~ íeos de la creación, no puede
tener guardado en la cabeza un espléndido diamante? ¿ Acaso no sucede lo mismo entre los
hombres? E~opo, Sócrates, eran poco menos que
mónstruos por su fealdad, ¿ .Y por ven tura no brilla
aún ho_v su in~enio como la perla más preciosa?''
Así conYers-ando, los dos amigos se alejaron, y
el sapo pudo eQcapar al peligro dé p c·rcc~r en el
espíritu de vino. Solo á medias llegó á eomprende::
lo que habían 1licho.-"Creo que han hablado de
la piedra preciosa. Dicho5o _yo mil Yeces que no
la poseo; de otro modo me juegan una mala pasada para quitármela.''
. J~n e,to se 0_1·ó un gran ruido sobre el tejado:
era la cigiieña qui clafn leccione&lt;S á sus pequeñuelos. most rán&lt;lole•, agitando las afos, á los dos jóvenes que se pa,cahan por el huerto.
- "; Qué íátuo;, y prernmidos son los hombres!
dcc'a. Oid á aquellos dos cuchicheando sin darse
tregua. Su idiom•1, rn..facunclia les enrnncce. ¡ Bonito idioma el de lo;i hombrei:! A una jornada
de vuelo :ya no ~e entienden los unos á lo, otros.
En cambio, no~otras, no : nosotras no, entendernos perfectamente, a•í nos encontnrno¡: en el
Xortc como en el fondo del Africa. Y luego ¿ sahen rolar por rentura? Y además ¿ tenernos nosotra¡: necesidad del hombre? Ellos, en cambio, se
dan por felices si venimos á anidar á sus tejados.''
- "!Qué bien cfücurre! pensaba el ¡:apo. Y además ¡ qué altas están!. . . ¡ Y qué bien andan!" esfo último lo decía al ver á la cigi icña macho hendiendo lo:, aires con las alas abiertas.
En tanto la ci~iieífa hern bra continuaba ins1 ruyendo á rns pequeñuelos: Je.,; hablaba de Egipto, de las agua¡: &lt;lel Kilo y de rn légamo incomJ&gt;ara ble, que e&gt;', les deeía, un hervidero de ranas.
-"¡ Dios mío! aliadía el sapo, ¡ cuánto me gusiaría \isi t ar e,e país! Si una de esas lmenas ci~iicña0 quisicm lleYarme ! Pues ¿ cómo he de ir á
Fgipto? .. .. Dit·lic-•o yo, que siento tiernas aspir:teiones hacia ]0 hueno y lo bello. Sin ellas, allá
me habría quedado, encenagado en el íondo de
1m pozo ol.iscmo. ¡ Cuánto m ejor no es eso que
tener la. piedra precio;;a en la cabeza!
Pero prncif'arncnte, el famo¡,o diamante él',
y nadie, más lo po,eía. ¡ Qué mejor diamante que
c•,a tei:dcncia combmte hacia lo mejor y lo más
alto! 1 ercladcrarncnte, dentro de su cabecita briJlaha un mágico destello.
De r epente, la cigiieña. macho ee arrojó sohre
/1: &lt;le,cle Jo alto acaba ha ele descubri rle ent~-e la rnrha. Le cogió l.iruscamcnte con el pico, y aunq~e el
sapo sintió un el olor muy agudo, ¿ qué le importaba? La cig-iicña, pensaba, va á lle,·arte á Errip0
to-. y su~ ojos chispeaban de alegría.
La cigiieíi.a cerró el piro. ¡ Cuac, cuac! El pobre
:-:1po moría estrujado; es clecir, únicamente su
c·nerpo quedaha sin vida. ¿ Y el fuego ele sm ojos?
;, Qué hahía l'ido del fuego ele rn~ ojo~? rn ra_vo
&lt;1c •ol acahaLa ele recogerlo: un rayo de sol se lle,·ó la piedra preciosa. ¿ A dónde?
Xo lo preguntes al naturalista, pregúntalo al
poeta. El poeta, bajo la capa de un cuento, te ent erará ele lo que deseas saber: en ese cuento., te ent.crará de lo que deseas saber: en ese cuento figur an la oruga y la cigiieña. El te dirá que la oruga,
se melamorfo;:e-0 en ma.riposa de vivísirnos mati-

Bajo el peso de la cruz
Que a \ Ut~~ros cuerpos va ungida,
Desconocéis que la vida
1:.s la sombra y es la l uz.
Al gemir bajo el ca.p uz
Donde alza el dolor su yugo,
8abed que á la vida pl ug~ .
Darle al hombre la concienC1a
P ara hacer de su existencia
L a ,·íctima ó el verdugo.

ces, y que la c:giieña va y viene desde los países
del Norte al Africa, por el camino más breve, sin
compás, ni brújula, ni carta, dando siempre con su
tejado favorito, aun en medio de la ciudad más
populosa. 'l'odo eso parece extraordinario, increíble, y no ob~tante nada más cierto; pregúntaselo
si acaso al naturalista, si es que. tú mismo no has
poclido obser varlo.
Pero ; y la piedra preciosa del sapo?
Búscala en el sol, vé si puedes distinguirla.
De fijo que no podrás: la luz del astro rutilante
es demasiado viva, y no poseemos aún los ojos
que son menester para r econocernos en mtdio de
las maravillas que Dios ha creado; pero 1m día
los tendremos. Y éste será entonces el cuente más
bello ,le entre todos los nuestros; es decir, no seri
cuen'. o sino verdad, y en, ella figurare1m;s to,lo~.

Cri,sfian findersen.

POR LOS QUE SUFREN.
¡ Oh sere~ que bajo el manto
De las almas mfehces
Veis sangrar la cicalrices
.
De vuestro enorme quebranto '.
Con las angustias del llanto
Levantáis hondo clamor
Al veros que sin ngor
Avanzáis sobre la vida
·Con rnclf,tra barca impelida
Por los vientos del dolor ...

EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO VII--TOMO 1--NÚM. 25

MÉXICO, JUNIO 24 DE 1900.

~ r: Lio. B.&amp;P.AEL BBYBS BP:tlrDOL.a..

¡ Alm as sin fe y sin vigor
I&gt;resas de eterna ansiedad
Que veis en la adversidad
l:n impulso destruc~or,
No lloréis porque el dolor
Os hiera con mano fue r te,
P ues sabéis po r vuestra su erte
Oue en cada conciencia ondulan
T inieblas que gesticulan
Como fantasmas de muerte!

8uBaoRll'C!Olf J(JIN8UAL POlilfli, IL6
lDElol IDBK EN 1,.6. C.illTAL, Sl.25

Gerente: .6.lr'l'Olll'IO C7VYJ.s

•

Ki cólera ni h umildad
.Alentéis ante el destino ... . .
rn hombre forma rn sino
De rn propia actividad.
J .a dicha y h acherl'ida&lt;l
Son fenómeno~ co;ltra rios
flue ofrecen. como inc~marios
De sus amplias trayectorias,
Fl Prrehol de sus ¡rlor'ss
Y el nublo de su3 ca:varios.

El hombre llcv:. en su ser
Los factores ele un problema
Que le imponen el dilema.
De ~ucurnhir ó vencer.
111.1., si füulo rn rn po,tcr
H acia una altura :;e l·rnz.1,
Siempre sube, siempre avanza
Y aunque en SU8 Rueños súc umÍn,
Duerme, abrazado, en FU turnLa,
Al girón de una espcranzi.

¡ Oh espíritus er.rabundo.s
Que herictos por los pesares
Vais marehando eobr e mares
Tormentosos y p rofundos;
Vuestros ayes infecundos
Estimulan 'mis r-cwlos
Hoy que, sin fe, y sin alientos,
Prelu&lt;liais vue¡;.tra agonía
En una inmensa y sombría
Convul,ión de sentimientos.

Ifasgad, c.on Ja frente alti1·a,
Las brumas de vue~tras penas
Y sacudid las cadenas
Con que el dolor os cautiva.
'l'omad la actitud .tctiva
Del que intenta. combatir,
Y si lográis resistir,
Recordará vuestr a 1:ient
Que las luchas del presen-te
Son glorias del porvenir.

Sufrí~, ~' en las a•pcrezas
Que alfombran vuestro camino,
Ya marcando vuestro sino
El ángel de las tristezas.
Entre c,combros y pavczas.
De dichas que ya no son,
Dulcificáis la aflíccióü
De vuestra sueritc contraria
Con arrullos ele plegaria
O gritos ele maldición.

. La adversidad os espanla.
Sm ver que en su ambiente flotan
Los gérmeneR de que bro~an
Los triunfos que el hombre canta.
Todo aquel que ee levanta
De rn proscenio bendito
Surge c:m brillo inaucl ilo
Condensando en cada fib1'.a
La~ pot_encias con que v ibra,
El Gemo de lo infinito.
Mayo de 1900.

Callad .... v con mano ardiente
Despeilazad l¿s abrojos
Que obscurecen vucs'tros ojos
Y que eclipsan nuestra frente.
No hay c:ll'azón que no ostente
Del infortunio la palma,
Y aun nuestros horas de calma
Las forjan los sufrimientoo
Que son los buitres sangrientos
E n los naufragios del alma.

dJGnifc clenfanes

tCa primera comunión.
•

•

Caadro al óleo de 8ofta Browne.

•

�Domingo 24 de Junio de 1900

EL MUNDO ILUSTRADO

t. El Jap6n en el tablero chino.
2. El Imperio del Medio.

Domingo 24 de Junio de 1900

tisco y ruidoso se le somete á la continua. ¿ A qué
se debe esto? ¿ Al prestigio que ha adquirido el
gobierno del Uikado desde sus espléndidas victorias sobre los chinos? Sin duda, pero malas lenguas afirman que no es sólo del orden moral el
influjo decisivo que sobre las decisiones del poder legislativo ha adquirido el respetable Minisrtlro. Cuan.do en el siglo_pasado Horacio Walpole
comprendió que el parlamento inglés no lo seguiría &lt;le buen grado por el camino eminentemente
positivo y práctico por donde quería conducirlo,
se decidió á hacer uso de un r ecurso . . . . inmoral, pero eficáz; el recurso consistió en aumentar
los recursos pecuniarios de los representantes y
llegó á establecerse una tarifa de votos y de influencias que aceitaron por tal modo la máquina
parlamentaria que durank años y años marchó
sin tropiezo.
Se dice que el mariscal ha recurrido á este
medio y debe de ser así, porque no hace mucho
tiempo que un diputado á quien se había dado
una cantidad por votar en un sentido, y no habiéndolo hecho así, publicó en un periódico una
carta, diciendo muy tranquilo que había tomado
e~ dinero porque, siendo de la nación, era de todos, y luego había votado ele conformiuacl con su
conciencia.
¿ Qué va á hacer en la inminente "deblacle" del
imperio chino el est2dista japonés? L a emperatriz
'l'se-hi juega en ,dos momentos un juego muy
delicado; ya lo dijimos, no repugna á las reformas lentas, pero con tal que los extranjeros no las
realicen (lo que es casi imposible); pero sobre todo, ti€llle un odio irreconciliable á los jefes chinos del partido innovador, prot,egidos de los ingleses. Creen algunos que en todo esto Tse-hi
obedece á las insinuaciones de los rusos y de L ihong-Chang; la verclad es que defiende á la dinastía tártar-a.; y añaden que todas las simpatías de
la emperatriz viuda están del lado de la secta
poderosísima de los "boxers," dirijidos por mandarines, patriotas y conservadores á su modo, que
han c1eS€1llcadenado sobre ciertas comarcas chinas un huracán de protestas y violencias. Parece
que la emperatriz, si esto sintió, se ha arrepentido
y que ahora está resuelta á apoyar la represión en
los soldados europeos y que ha hecho una declaración favorable á las reformas. Y se agrega también que el Japón entrará en escena como reorganizador y tutor? ¿ será? ¿ Lo consentir án las
potencias? ¿ Los Estados Unidos no reclamarán
también su parte de protectorado, ahora que súbitamente se han convertido en gran potencia
asiática?

1.-Los telegramas confusos y obscuros, pero
significartlivos por extremo que hemos leído diariamente, revelan la Profunda agitación que en China
existe entre los elementos de r esistencia á los innovadores que son la vaJ1guardia del "extranjero"
y tienden á precipitar una situación que marcará una etapa en "la renovación del Asia" y que
quizás sea el ocaso de la Emperatriz celeste, enérgica y cruel, de quioo. trazábamos un ligero retrato de segunda mano, en nuestra última revista.
Y como nada será más interesante en los próximos
años que la solución del problema chino, solución
destinada á ser una nueva complicación en lo porvenir (y esas soluciones son las únicas á que aspiraJ1 hoy los civilizados) bueno es conocer, someramente siqui era, á los principales personajes
del futuro drama.
Uno &lt;le primer orden es el Japón; el Japón puso el cascabel al gato; todos decían la China se
desmorona y cada uno temía miedo de que el derrumbe los cogiese bajo los escombros; el Japón
dijo "veamos" y empujó; medio edificio vino por
tierra y poco habría quedado en pie y el desmembramiento no habría sido evitable~ si Rusia, Alemania, y Francia n-0 intervienen entre vencida v
vencedor y frustran en Simonoseki, gracias al
abandono de Inglaterra, el plan del Nippón
triunfante.
Desde entonces el imperio insular parece retraído de sus ambiciones y apetitos, esperando la hora
del reparto ó poniéndose en actitud de impedirlo. Rusia, Alemania, Francia é Inglaterra alargan
la mano sobre las diversas regiones del imperio;
El Japón no. Procura en Corea llegar á un acuerdo con Rusia, potencia que tiene todas las secretas simpatías del Gobierno del Mikado, y toda
la aversión del pueblo, acuerdo que tiene por base la renuncia á la presa,, lo que no es tan fácil.-El Parlamento, la prensa y la opinión vul~
gar quisieran lanzar al imperio en una guerra con
Rusia y el cable habla incesantemente de la• po2.-Un diplomático decía aquí en )léxico, que
sibilidad, de la probabilidad, de la proximidad de había que recordar cómo en su orgullo inmenso,
esa guerra nece~aria. El Japón no lo hará, si no los chinos creían bárbaros á todos los pueblos y
cuenta con la alianza ele Inglaterra que, en estos se denominaban "imperio central" ó imperio del
momentos, y por mucho tiempo aún, no puede Medio. Nunca ha sido China más •'imperio del
buscarse un conflicto con Rusia que podría poner- medio" que ahora; está eri medio de colosales apela e11 el caso de coger Port-Arthur con una ma- titos. China significa un trozo del mundo indefino y soltar con la otra la cuenca del Indo, cambio nidamente explotable por los más fuertes, á cauque los rusos haTían de mil amores. Pues sin In- sa de su riqueza, de su densa población que trabaglaterra, el Japón no puede hacer la guerra; la es- ja bau~o y mucho; China significa un me,.cado
cuadra rus&lt;1 en el extremo Oriente es superior á ele primer orden; y mientras la política vacila
la japonesa y aunque esta casi se le igualará y lle- ante la complicación y la guerra, que es u, ¡ egará á ser la sexta del mundo, esto no será antes rrible azar del que nacen otros y otros, la ec·onode tres ó cuatro años.
mía política sigue su camir.o y partiendo de 1.,s
El Gobiernv jnponés no cesa de prepararse pan puertos, cloacas seculares que toda el agua del
aprovecharse de los acontecimientos que van á ve- mar no basta á limpiar y desinfectar, va penerificarse en la puerta de su casa, no hay gasto que trando en el interior del Imperio en forma de miparezca excesivo para proporcionarse buques y siones, de colonias, de conversión, de estaciones
adiestrar una población militar y marítima, no se mineras, de vías férreas en tierra firme y de líescasea el carbón en las constaJ1tes maniobras de neas de navegación en los inmensos ríos.
la armada, ni las pensiones á los aspirantes de
Se sabía que la Empen-atriz no tenía inconvemarina en el extranjero. Un hombre muy enérgi- niente en esta penetración, con tal que fuera
co y firme y muy poco escrupuloso, el mariscal muy lenta y que no significara el advenimiento
Yamagata, es aot'ualmente jefe del Ministerio y va de los reformisfu.s al poder, y que tampoco signiderecho á su fin. Hay un parlamento que funcio- ficara la postergación de los chinos á los extranna regularmente en la capital del imperio y ese jeros y se sabía también que gracias á la influenparlamento, lo más exótico entre las exóticas ins- cia del viajo marrullero Li-Hong-Chang, todas las
tituciones que el Nippon pretende asimilarse, ha simpatías de la emperatriz estaban del lado de
sido un obstáculo incesante á las miras de los go- Rusia. Evidentemente la imperial viuda ha sido
biernos; durante la dirección de la política por sorprendida. por acontecimientos que no esperael marqués Ito, la oposición llegó á asumir tales ba. En derredor de las misiones, que tratan de
p:i;oporciones, que €'n toda Europa se creyó en la convertir con demasiado celo á los chinos, que no
próxima supresión de una institución, que sólo se han de convertir nunca mas que en cortas porpodia aclimatarse en países de raza europea, ó ínti- ciones que vale la pena de dejar en la idolatría
nuamente afines con ella y eso no sin modificacio- mientras así se les libre de los ataques de los fanáticos y de la muerte, y al mundo de constantes
nes y apropiaciones especiales.
Pero el Mariscal Yamagata ha visto las cosas peligros de guerra; en derredor de esas misiones
de otro modo y el Parlamento inqtúeto, levan- y de la's es'faciones de los ferrocarriles en cons-

trucción por rusos, belgas, ó aleman_es ha estallado una terrible .sublevac1on, orgamz~da p_or las
sociedades secretas que hierven en el 1mpeno_ Y la
mantienen en inquietud perpetua. Como la insurrección de los ''boxers" dominó desde luego la
comarca que rodea á Peking, y _en donde la p~blación 1€18 más densa (200 habitantes por kil?metro cuadrado) y como las tropas ~~l imperio
no inspiraban confianza ~or la. perpleJ1dad de la
regente que, de seguro, s1mpat1za co;1 el programa de los boxers en el fondo de su h1gado, (¿ porqué ha de ser siempre en el corazón?) los r~ipresentantes de las potencias pidieron fuerzas á_ l_os buques de las potencias aJ1claid:as en Shanghai o Thah..u y esas. fuerzas fueron y luego, creyéndolas
insuficientes, pidieron más, y una regular column_a
formada en TharKu salió por la margen del P e1ho, rumbo á Tient-Sing, uno de los grandes centros de la agitación de los boxers, al mando del
almirante&lt; Seymour. ¿ Qué ha pasado después? Una
noticia siniest'ra corrió por to&lt;l.os los hilos telegráficos del mundo. Probablemente en un tumulto habido en Peking había sido muerto el ministro del imperio alemán; aquí causó dolorosa sorpresa la noticia; se trataba de una persona conocida en ciertos círculos sociales de México, de donde acababa de salir y todos recordaban su afabilidad, su ilustración, ¡;u devoción intensa por el
arte; hijo de una francesa y hablando admirablementei la lengua materna Von Ketteler, era aficionadoportbdas las manifestaciones de la cultura latina ó romance, á la que no se consider aba extraño. Fué, pues, muy sentido, ¿ pero realmente ha
sido asesinado? Todo ha vuelto desde hace cliez
días al silencio y á la obscuridad. ¿ La columna
del almirante Seymour ha llegado á Peking, ha
vuelto á Tient-Sing? Probablemente al publicarse
estru; lineas, que forzosamente se anticipan á los
cablegramas, ya sepamos á qué atenernos. ¡ Cuánto placer nos daría que la fúnebre nueva no se
confirmase! Pero, por desgracia se insiste en afirmar que las legaciones han siclo atacadas repetidas veces en la capital del imperio y que las
mü,mas tropas han fümado parte w. la revuelta,
dicen unos y pretenden otros que luchan por sofocarla.
Si Seymour ha llegado, puede todavía salvar
á las legaciones, trayéndolas á Tient-Sing ó á
Tha-Ku si no la situación debe ele ser en la ciudad
imperial terriblemente grave. La tentativa ordenada por el gobierno imperial de hacer difícil
el acceso de Tha-Ku á las t ropas de desembarque
de las potencias unidas, ha siclo causa del bombardeo y la ocupación de esta plar,a marítima que,
en el fondo del golfo de Petchili, cuya entrada
guardan los rusos y los ingleses, es la puetrta del
camino de Peking. La nofücia del bombardeo debe de haber producido en la capital una explosión
de rabia espantosa; la emperatriz ha llamado á
Li-hong-eh3Jlg de su virreinato en Couton. ¿ Irá?
La verdad es que todo este tenebroso enredo
puede resultar una guerra en forma, cuyo resultado sea:á la caída del actual emperador de burlas y la desaparición de la terrible Tse-hi y de
la dinastía tártara. Enilonces podrán penetrar en
el imperio los constructores de forrocarriles, los
profanadores del suelo de la patria, formado todo con el polvo de los huesos ele los padres. Porque China es una tumba inmensa. Se trata, pues,
de una exhumación.

"Caros amigos, cuando yo muera
plantad un sauce en el cemenrerio;
pláccnme sus desolados follajes:
su palidez me es dulce y querida
y su sombra se,rá ligera
llara la tierra donde habré de dormir."
Sólo que el sauz no existe, y se pregunta uno
&lt;lolorosamente si la postrera y humilde Yoluntad
del gran poeta no halló eco en corazón alguno
&lt;le amigo. No es esto, empero, lo que aconteció.
Tres veces ge ha plantado el sauz sobre e,l sepulero y el sauz ha perec•ido. Le faltaba acaso el riego divino ele las lágrimas, y como Jª nadie llora por los muerl!os . .. He aquí, pues, cómo esa
alma inquieta y atormentada no pudo realizar
11i siquiera la póstuma coquetería ele un follaje
afectuoso. La tierra negó á esas cenizas una po~ sa_
v ia para nutrir las ramas plañideras de
un sauz y se sueña cerca de la tumba que el alma del poeta debe vagar tristemente sobre la deí"Oh,ción de• los huesos áridos, bmcando en vano
-su sombra, la sombra, de su árbol, la sombra piadosa á cuyo amparo podría aun cantar su perduTable canto á Lucía : "N"ous efions seuls, pensifs,
et nous avions quinze ans" ....
Deja uno la tumba del poeta con un Ya,go dejo
&lt;le melancolía y se interna por el dédalo de umbráticas callejuelas, deletreando á cada paso un
nombre ilustre en el fróntis tirangular ele los
mausóleos: "Cuvler, Gay-Lussac, Geofroy-St-Hilairn. Scribe, A,llan Karclec, Miclw,let ! Stern,
:Balzac!!!" y de pronto, en un recodo ele lo
&lt;¡ue llamaríamos "el barrio israelita" de aque-

lla pálida ciudad silenciosa, al desembocar de una
calleja, á donde trabajosamente se cuela un pe-dazo de día, en un claro de "la selva obscura" ele
la muerte, la mirada tropieza con una gentil
capillita gótica, una arcada de piedra ennegrecida coronada por una bóveda y amparando un
gran mausóleo rectangular, sobre el cual se extienden como en un discreto tálamo, en nupcias
indestruottibles, dos estatuas con las manos empalmadas y las pupilas sin luz, fijas en un punto
lejano, acaso en el fantasma indeciso, aun de la
resurrección prometida por el Cristo. Esa es la
tumba de Eloisa y Abe,lardo, erigida en 1779
en la abadía del Paracleto, fundada por el gran
doctor, y transportada en 1817 al "Pére Lachaisc." La arcada fué construida con algunoR rcRto.~
de una antigutll abadía; circú~1éLa.la u111 ¿arclin t
cillo siempre cuidado y la proteje una Yerja. donde nunca falta un homenaje de flores. Mucha.~
enamoradas y muchos amantes románt:cos que
han encontrado
"que en el vino del amor
ha.Y la amargura del mar,
rnn á pedir C'Onsuelo á esas cenizas, unidas al
fin, porque "el amor es más poderoso que la
muerte," y á las cuales debe habérseles perdonado mucho, "porque mucho amaron." Es aquella
una lenta y muda peregrinación: "fianceés" viudas antes de llegar á la alcoba dEl las nupcias,
arrastrando RUS caudas de merino; amantes tristes hagta la muerte, que van á rezar ahí una oración desesperada antes de arrojarse al Se.na;
mundanas q ue después de una orgía, sintien&lt;lo
"alegre la tristeza y triste el vino,"
corren á enrooar en la verja las flores e.le su corpiño; doncellitas que conjugan balbuceando el
Yerbo "aimer," sin ponerle aun á la i el punto
rosado de que habla Cyrano. . . . muchos, muchas, rnn á dejar la rosa efímera de sus sentimentali&amp;rnos parisienses á esa capilla apartada
donde aún parece celebrarse la misa caf'ta ele los
amor es si n esperanza y donde se recuerda el dulce epi tafi.o latino:
"InYita sua clile:xerunt se et in morte non
suut separati."

Justo Sierra.

PARÍS Y VENECIA.
~

El sepulcro de Elolsa y Abelardo.---Venecia
en la E,cpo1ición.

Mayo 26 de 1900.
El "pére Lachaise" es u.na "ciudad" muy populosa, como corresopnde á este inmenso París
donde á diario muere un n~:ro de individu~
su.fi.cietn.te para despoblar una aldea. Ocupa nada
menos que 43 hectáras y está situado sobre una
colina, desde la cual se ve la gran ciudad entera como un océano de casas, erizado de cúpulas
y de torres y cubierto del polvo de oro del día.
En el "Pére Lachaise" hay infinitas callajuel~s, c~es y aun bulevares, sí señor, amplios y
silenciosos bulevares, con; sus plaquetas de orden y el nombre de algún muerto ilustre que
los bautiza; hay la calle Bernardín de Saint

•

•

})ierre, la calle Lavoisier, la calle Laíontaine y
1\foliere, la calle Beaumarchais, etcétera. En la
eumbre de la colina se eleva el monumento á los
muertJos de Bartholomé, alegoría de piedra, enorme y severa con hermosas :figuras funerarias, y
en la avenida principal que á él conduce, como
si dijéramos, e111 el gran bulevar, á la izquierda,
. &lt;&gt;ruado de un pequeño busto de mármol, surge
de pronto el sepulcro de Alfredo de Musset, el
J&gt;Oeta más humano de Francia, con aquella triste le~'enda de su canto á L ucía :

EL MUN"DO ILUSTRADO

Solemne canonbac16n de J. B. de la Salle.•••:Boma .

"Se amaron en vida y la. muerte no los ha separado."
Hay quien va á sentarse al bwde de la verj~,
mientras agoniza el largo crepúsculo de estas primaveras lujosas, con: las "cartas de Eloisa y
Abelardo," y las lee en voz alta, como si las ya
seculares ternezas d1eil inforeunado teólogo y de la
pobre monja pudieran extremecer el polvo vano
de aquella tumba ... Más la fantasía se yela ante la inconmovible paz de las dos estatuas yacentes, de las cuatl.10 manos empalmadas, donde la
piedad de no sé quién á liado dos rosarios blancos, de las claras pupilas inmóviles que parecen
sondear el más allá.
¡ A lo menos están juntos.! ¡ oh! cuántos quisie1·an dormir por siempre como Abelardo al lado de f'.u Quimera, con ella acostarse por siempre
en el tálamo de la eternidad.
~

1Iayo 28 de 1900.
Recorrer el inmenso recinlo ele la Exposición
Univdsal equivale á recorrer todos los clin &gt;lR.
Se pa~a sin más intermedio que el de algnnns
callecillas enartmadas, de una aldea suiza pr')!egida por picachos nevados donde florece el "cddwe,is" alpino, ~alpicadoR de chozas que se a~ornan al abismo y de riachuelos garruleador&lt;'s qnc
desparraman sus iris entre los céspedes, á un;1 aldea argelina, bordada de pahneras y que ostenta el abigarrado orientalismo de sus bazares, en
cuyos pórticos de herradura dormitan árabes pensativo~ sofü,ndo ,en el Ó?o:.l1J de fu2g0 cid d"sierto; se va rle una pagod-a indú soportada por
elefantes hierúticos á un pueblo español; de una
choza eslava á un tiemplo italiano del Renacimiento; de una c:tlleja de Yokohama á un "hangar"
noruego; de u na tienda de Bosnia á un café ro urna no; de una ciudad del centro del Africa á una
ciudad turca.-Todos loR pueblos y todas las lengu~-: ~e cd, ,.n en una B1li~l bulli~ios:.: y ~ l•\!;!re ;
todas las naciones han llevado allí un pedacito de
su territorio c.on el "aclrezzo" completo ele sus
arquitectura~, sus costumbres, sus trajes y como

�dormidos y torl'uosos donde danzan las fachadas
-&lt;ie los palacios y ríe la luz como una ondina tra,·1csa. Ante nowtros desfilan ''las l)risiom·s ." Ahí
-están los pozos donde unas figuras de cera nrnestran á Carmagnola, á quien el Dogo cortó la cabeza, después de haberlo recibido, venc¿dor y feliz, con un be:-:o de paz; y :Marino Faliero, que
-&lt;.lespués de una conspiración corrió la misma
-suerte. 8ne11a. á lo lejos una mú,ica voluptuosa.
8obre los purnft~ ~e perfilan siluetas de mujeres;
ilrden las ojil'as de los palacios, se querellan las
ondas leYe, teñillas de iris .. . . Atracamos: suhimos una escalinata; franqueamos un pórtico y
(; ,mo si el poder ele un emalmo burlase para nosotros las düitancias, nos encontrarnos en la. avenue
Rouffren, entre el pleno hormigueo ele un Parí~ clominic-al que inrnde las ac-era8. grita, ríe,
.gcstic-ula, todo cntreg-ado á la "joie ele viHe." Yenecia se ha &lt;le~vaneciclo como un ensueño dentro
de e•te otro in n1cmo ,E-muEño de la metrópoli d !l
1nundo por cloncle pasarnos como fanta~m ~$.

manos picol:€an vuestros labios, aletean en la falda. de' vuestro sombrer o, forman racimos de alas
en vuestros brazos se prenden á vuestros dedos.
Y el espect áculo e~ embelesador. Se ~ecuerd~n las
"F.ioretti," ese poorna de inefable rnocen~i~ e1;
que San F rancisco de Asís predica y acaricia a
los pajarifos del cielo, regaña "al hermano lobo"
y alaba al "hermano corder o ... . " ~ay que ver
á muchas lindas francesas dando gritos leves de
placer ante aquella invasión de picos nac~rados
que buscan sus manos liliales y sus lab10s en
flor . . . . . Son nada menos que palomas de San
.Marcos esas palomas; han si.do sustraídas á los
centenares de millares que á un toque de campana descienden á la gran plaza en demanda de su
alimento, y la ilusión es complet_a.
.
Dejais el "campanile" y tendeis la m1rada en
rededor : ahí está el "palacio Ducal," la "por ta de
la carta," el "palacio r eal," y enfrente el gran canal hor migueanre de velas de colores; las dos columnas de granito de desigual altura, t r ansportadas del Ar chipiélago por el dogo :Michieli en
1127. Ahí están la estatua de San Jorge y el león
-alado; la " Logg-etttta" revestida de mármol, de
bronce y de bajos relieves; "el puente ele los suspiros," tendiendo su arco lúgubre sobre las
aguas, y por último, la Basílica de San Marcos,
con su gran puerta central, cuyo tímpano representa el "J uicio final" por Salandri . .Ahí está todo, perfccfomente reconstruido, con su monumental aspecto de vejez gloriosa. Podeis ir y venir, entrar y salir, guareceros bajo los pórticos
calados, tocar los santos mármoles, con la ilusión de que pisais la propia perla del Adriático,
la odalisca inmortal eternizada por los poetas, la
que Yió la tragedia blanca y negra de " Otelo" y
de "Desdérnona" y oyó el cha$quido de los labios
de ''Don Juan" entre los labios pálidos de la
condesa Guichioli . . . .

SOLEMNECHOXIZAClÓNDE J. B. DELA SALLE.
El bienanmiurado J,-B. de la Salle, fundador
de las Escudas cristfanas, ha sido proclamado santo por Su :-i.rntidad León XIII, el 2-! de i\Iavo, y,
:por consiguiente, elevado á los honores de los a·!-

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S . M. Osear II. B.e;v de Suecia. -(Véase el articulo relativo.)

si esto no bastara, inmensos panoramas de una
maravillosa ver dad, transportado han á pabellon es especiales, r íos y océanos, montañas y collados, ciudades -enter as. Se va desde Suez hasta el
Japón cabalgando en un !'elámpago y un minuto
después de haberse regalado un "so~" á un niño
moro qu-~ dormita junto á un expendio de alfürería, .,e compra un abanico á un·1 japonfsita ne
ojos de.almendra, que juega á la "matatena" con
multicolores saquitos de arroz en un "interior''
del Yoshivara. Este certamen enorme es, entre
otras muchas cosas, una gran lección objetiva,
si vale la frase, de geografía universal, y bien la
necesitan los franceses que no saben geografía,
que creen que Chile es una provincia de México y
California una región de la América del Sur. Para el francés, el mundo entero está comprendido
dentro de las fortificaciones de la ciudad. Si
existe el extranjero, el extranjero son las colonias
francesas. Hasfu. hace muy poco se supo aquí
dónde quedaba Fashoda, aunque la lección no fué
agradable del todo.
Naturalmente nos referimos á la masa de la
población. Claro es que la gente culta sabe más
de lo que le han enseñado; mas creanme ustedes,
en esta Atenas divina hay muchos calinos.
Pero holguemos divagaciones : Italia envió á
la Exposición lo mejor de lo mejor que tenía: un
pedacito de Venecia, con su plaza de San Marcos, eu Piazzeta, sus canales, sus góndolas, .. . . .
todo. Es una coquetísima r econstrucción donde
nada falta, ni la vejez, porque eso de envejecerse
artificialmente un monumento, de piedra ó de
cartón, no es aquí cosa del otro jueves. Los franceses adornan la paJtiina en sus nobilísimos palacios : no blanquean la cantera como en México . ..
J las ar tistas parisienses han hallado ya el procedimient o pl!.Til, dar la. apariencia de un edilicio
&lt;!entenar io á una construcción de ayer.
La Venecia de la Exposición iluminada anoche

por primera vez á giorno es una Y enecia vieja en
que pasean las sombras. de los clos arrastrando sus
mantos escarlata. Se llega á la plaza de San
Marcos y la primera emoción que se experimenta
es la de un asalto de palomas que descienden de
el campanile" en frufruante vuelo y os acechan,
os rodean, se posan en vuestras manos, en vuestra cabeza ... . . Es imposible resistir á la graciosa solicitud de aquel enjambre blanco y r ecurrir
á una vieja veneciana que os vende cucuruchillos
r epletos de granos. Entonces la escena es indescriptible. Centenares de aves os persiguen, os cubren materialmente; desapareceis bajo una tempestad de plumas. Las palomas comen en vuestras

La tarcle se ha ido como una. inmensa. bandera
lila. y roja arriada por los ángeles. Puntúan el
azul las primeras estrellas. Las ondas verdosas
se iluminan; los fuegos policromos de los farolillos cabrillean en las aguas; las palomas se refugian en el Campanile. Suenan lent'amoo.te las
ocho en la " T orre del Reloj" y Con treras, Díaz
Dufoó y yo que nos hemos dado el placer de destrozar un poco el italiano con los gondoleros, tomamos una góndola. para hacer una excursión
por los canales. Ahí nos espera una hermosa sorpresa: el gondolero que nos mira sonriendo en
el último·peldaño de la escalinata, alto, fornid©,
bello y pintorerno, no nos es desronocido. ¿ Dónde le hemos visfto? El nos ayuda á recordarlo;
fué en un cuadro de Fuster, que se exhibe en la
Sección de Bellas Artes del Pabellón de México.
Fuster lo retraM en Venecia. Es un "regatero"
célebre que ganó el laurel en el gran canal, luchando con los más aguerridos bateleros: se llama
Juliani Giuseppe y nos extiendé jovialmente una
tarjeta que saca de e11tre los pliegues de su blusa
azul. Tan exacto es el parecido del hermoso retrato, muy admirado por los inteligentes, que no hemos vacilado un punto anl:€ el OJ.'.iginal. Un minuto después nos aventuramos por los canales

E L MUNDO ILUSTRADO

Domingo 24 de Junio de 1900

Domi:1go 24 de J unio de 1900

E L MUNDO I LUSTRADO

•
I

lhcámara de los Soberanos,

tares. La ceremonia de canonización ~e verific-ó en
h Basílica ele San Pedro, con toda la pompa majestuosa que. la Iglesia romana dcsplega en estas cirrnnstanci.as. La solernnidarl fué realizada por los
carden.ale~, mitra á la cabeza.
r na par te carac-terística de la ceremonia, e~ la
de la ofrenda del vino, del pan, del agua y de dos

cajas dora.das que contienen palomas, tórtolas, y de los muros engalanados, la hoguera de los ciotros pajarillos. Son estas otras tantas alegonas rios que quiebran sus reflejos dorad_os sobre las comísticas que se refieren á las virtudes de los san- yas de los prelados que llevan riquezas_ en sus
tos que se florifican. Hé aquí su explic-ac1on, según cruces y anillos abaciale»; todo este corteJO de certtrnon:-as hace más grandiosa la escena con ~-ue la
la Iglesia :
.
,
En la cas.a del Señor, que es la I glesia. e;;tan l gles;a saluda la beatitud de alguno de ~us htJOS.
Ahora ha. revestlido un carácter cspecrnl de sunconsiderados los santos como lámparas -ardiente:;
que de,pid:m la luz emanada de sus virtudes. Re- tuos idad la cl.llonisación del bienaventurado J. B.
cordando á las palabras de Cristo : ''Yo soy el pan de la Salle, porque hace muchos años que no tevivo·' el pan de la ofrenda significa que los santos nía lugar una ceremonia de esta naturaleza, á cuno han amado otro alimento que á Jesús en el
Sant.o Sacramento.
El vino es el símbolo de la "gracia s~ntificante"
y ninguna substancia, clic:ei San Cipriano, le explica más claramentle.
rnida á la del vino, la ofrenda del agua figura
las tribulaciones ele la vida.
En cuanto á las palomas y á las tórtolas, simbo1izan la ficklidacl; rná, aún la paloma, "mensajera
de paz" demuestra que los santos se hallan en posesión de est~ paz, pero, también, bajo el aspecto
de intermediario~ entre Dios Y los hombre,.
rn punto capital de la c~remonia de canonización, consiste en la. tJ·iple demanda hecha por el
Cardenal Procurador de las cau1'3.,. Escoltado por
los postulantes, se presenta delante del trono papal y, por tres veces, suplica al Pontífice que pros ..1ón d a rec epci ón.
nunéie la sentencia definitim.
A la primera demanda, el Papa hace responder
por su se,cr etario que es preciso invccar aún las lu- yo brillo ha cooperado la presencia en Roma de
ces del Espíritu Santo y se enliona el "Yeni Crea- mmunerables pere,g rinaciones cristianas, que han
tor." A la segunda, la misma respuesta seguida afl.uído á la Ciudad Eterna, obsequiando la invitación especial que Su Santidad h-a. hecho á todos los
del canto de las Letanías.
El Papa responde, entonces, afirmativamente católicos del mundo para asisitr á los últimos jubileos del siglo XIX.
á la tercer demanda. Todo el mundo se levanta,
y el Pontífice, siempre sentado sobre su trono,
declara en forma oficial v como Doctor y Jefe de
,a lglc::ia, que los bienaventurados gozan de _la
lt.,:.itii uc. eterna y debrr ~&lt;!r venerados 1wr la (;r1:;t:~w;nct entera.
Apenas se ha pronunciado esta sentencia, cuando re5nenan las trompetas
IT a llegado á los Estados l;nidos, demasiado farele plata al mismo tiempo que los
de,
una delegación bóera, parn solicitar los bue"chantres'· entonan el himno de acnos oí. e os ele la gran República americana, en faci0n de gracias, el "Te Deum."
La gran campana de la Basílica ha- rnr de las pequeñas repúblicas sud-africanas.
El 10 ele Abril último, llegaba á Europa esta dece resonar su voz grave y sonora solegación, desembarcando en Xápoles. ~e cornpobre la Ciudad Eterna, á la cual resn 1a de ~I. Fi~chcr, jefe de ella, y de• los Sres. WC'Sponden en alegre coro las mil campasels
y Woolmarans, prominentes figuras Bóeras.
nas ele las iglesias cla Roma.
El
señor
Fischer iba acompañado de su joven esLa imagen ele las virtudes de los
po$a,
á
la
que pu€ide considerarse como una. cuarta
santos, en esta simliolica. ceremonia,
delegada.
cuyas cualidade:; tienden siempre hacia
La comisión se dirigió, desrle luego, á Holanda,
el cielo, tanto con los ojos de la intelidonde fué recibida por los m icmbros ele aquel gogencia como con los del cuerpo, está hiernn. En $Cgu:l1,1 pa5Ó á los Estados Unidos.
repre•mllarla por les pajaritos enceEl 16 del pasado Mayo, desembarcó en Hoborrarlos en las jaulas de plata, habitan- krn. l na diputación, nombrada por el Ayuntates de los e~pacios libres y que no miento ele X ue\'a York y acompañada de los dipo•an sobr e Ja. tierra sino un instante.
Con dificultad puede enc011trarse en e,l rnsto y
sunluow ceremonial de la Iglesia Latina, una es&lt;'ena más grandiosa é imponente que la que tiene
lugar. cada Yez qu,e, ~e canonisa á un Santo, en el
inmemo recint.o de la Basílica de San Pedro.
Todo el lujo raeli,rnte de que se visten los alta- )
r e•, las magnífcls colgaduras que se desprenden ,

La Comisión boera en los Estado3Unidos.

Fachada del Palacio de los Soberano■ ,
Comisión de recepción.

Los emisarios boeros.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 24 de Junio de 1900

Domingo 24 de Junio de 1900

dadosamente modelados sobre los rest_os originales
de los templos de Tja.ndi-Sari, de 'l'Jandi-Seru Y
ele Prembanam; á cada lado del monumento, al
pie de la escalera, ~e elevan dos estatuas grotes~as,
más graneles que el tamaño natural, r,eproducc,ón
de la escultura hinc1u-javanesa de la cpoc_a. En el
interior del templo, se observa una mar~v1llosa estatua de una diosa hindu que adoran aun actualmente los indigcnas de la isla Bali.

f

Pabellón de las Indias llfeerlandesas en el Trocadero.

versos represenfantes de los comités constituídos
en favor de los Bóeros, Íllé á recibir al señor Fischer y á sus compañeros hasta á bordo del vapor
qwe¡ les llevaba.
El 17 de Mayo, fueron recibidos oficialmente los
delegados Bóeros por el Ayuntamiento de Nueva
York. El alcalde, señor Van Wyck,_se expresó durante la ceremonia, en estos términos:
"Soy feliz en desear la biemenida á la ciudad de Nueva York. La asamblea municipal ha tomado la resolución de otorgaros el derecho de
burguesía, y me ha dado la comisión die saludaros
á nombre del pueblo de la ciudad. Jamás, desde
que ocupo el puesto de alcalde, se me había encomendado un de"oor tan grato."
Al final de esta recepción, los delegados pasaron al balcón y el señor Fischer dirigió á la muchedumbre algunas palabras, que se perdieron en
medio de las aclamaciones.
Hasta entonces todo iba admirablemente para la
delegación Bóera. Desgraciadamente para el
Transvaal, no son las masas las que dirigen la política extranjera de aquel Gobierno Federal. Los
Sres Fischer, Wessels y Wolmarans, obtuvieron
alguna-; l,nenas )'alabras-sin consecuencias-d.:!
M. J ohn ffay y Je Ma.cKinley. En su honor se
han organizado "meetings" monstruos. En el Senado se pronunciaron en su favor calurosos di:'!
cur.,o&lt;-. Pero no por esto han dejado de adquitir
la certeza de que el Gobierno de los Estados Unidos no ha.rá nada, como acabamos de decirlo, es
ya demasiado tarde, puesto q~e J ohane,sburgo y

Pretoria han caído, después de Bloemfontein, en
manos de los ingleses.
Poclria decirse que el se&gt;ñor Fischer no tenía
ya sino atravesar de regreso el Atlántico. Pero
nada de eso. Su misión no había i'erminaclo. Tenia
que recorrer todos los Estados
la
Unión, en rtodos los cuales ha recogido hurras. Los candidatos de las
elecciones próximas se pusieron al
unísono con sus electores. Republicanos y demócratas se pronuciaron
dec;de luego por la causa bóera.

ne

l_e de los N~rcisos,_ llegan deliciosas parejas de muneica.s ~a,c1osas; un-a. músiica dulce y ilánguidai
acompana sus pasos en un baile del más curioso
efecto.
La melodía de la ronda de las "marinnettes"
recuerda un poco la hermosa canción de Nadand:
"C'est bon homme qu'on me roo momme
' f
,,
Ma gaite
ut mon trésor ..... "
pero !ejuvenecida con mucha propiedad. l\Iuy
conocidos son, para repetirse los versos del poeta
OliYier.
'
Después de los cantos, de~pués de las danzas
viene un radiante desfile. Lo que desde lue"o llam¡
la atenció1;1, ,al paso, es u1:1 triciclo tirado por una
soberbia hbelula cuyas riendas lleva un gracioso
amorc1llc, En seguida, un cazador original, ginc. te sobre un enorme avestruz, montado, á su vez,
sobre enormes patas, en seguida lilla especie de
monstruo marino ó tarasco, que sirve de montura, á_ un ~~ptuno liliputiense; el carruaje de los
mu:;1cos e mnumerables vehículos, todos empavesados.
La. fiest~ termina en medio del bullicio y las
:florecillas a que rn acaba de celebrar, alfombran
después el suelo tristes y marchitas.

Las otras construcciones, son, como queda dicho, la reproducción de dos casas javan~sas de Sumatra; con sus murallas pintadas de rOJO obscuro,
y log techos sombríos, hechos de plantas javane2as
~.le '' [djock," hacen un maravillo;;o efecto á cada
lado del templo completamente blanco.
El pabellón de la derecha, está res~rvado á l_a
exposición etnográfica, en que se admll"an las_ ricas vestiduras de seda bordadas ele oro, ofrecidas
por los indios de la isla Bali á la re·ina Guil termina en su coronación; en seguida, los instrumentos ele música, los cascos de los danzantes, las joyas y, en fin la reconstmcción de un mono giganterno, el pithec-anthropus, que, mide dos metros cincuenta centímetros de altura.
El pabellón de la izquierda está reservado á }os
trabajos públicos y la geografía.
Allí se encuentran, admirablemente colocadas&gt;
las mejores muestras de la minería, de las maderas, de las esencias; cartas, planos, exactas reproducciones de fortificaciones y de edificios del
pais.

~

Dam&amp;s á nues!Jros lectores un grabado que rep_r~nta el P~bellón del Reino Unido en la Expos1c1on de Pans. Esta severa constJrucción de un
gusto serio é irreprochable, ha sido ya mu; visitada por la muchedumbre que ha alabado su aspecto feudal, sus fuchos adornados ele torrecillas mili,ta~es, su_ fachada principal decorada con artis~1cos IIllradores, y en fin, todo el conjunto arqm bectural, de gusto irreprochable.
.Este Pabellón ha sido, sin duda, uno de los que
han albergado mayor número de visitantes nacionales, de obreros ingleses que han ido á la Exposición en grandes gn1pos.
Cost~bre es_ generalmenr.e observada por los
grandes mdustnales de la Gran Bretaña la de
costear una interesantiei excursión anual á ~dos los
obreros que emplean en su servicio. Un riquísimo
!abricante de jabón de lfanchester, ha obsequiado
a sus obreros con un paseo á la Exposición de París, y la _mañana del día 25 de }layo, desembarcaba él mismo, acompañado de mil setecient:os ele
aquellos, entre hombres y mujeres.
Esta ~cursión se había organizado con tal cuidado, que cada uno de los miembros que la f.orman había recibido un plano de París, otro de la
Exposición, y una nota impresa que indicaba, con
anticipación, claridad• y precisión perfectas, todas
la.s fases ,sucesivas de aq~l viaje de placer.
A despecho de lo cargado de &lt;listribuciones que
se hallaba su programa, los obreros ingleses pudieron enviar una diputación á lI. Loubet, formada de cinco de eillos, los que se dirigieron al
Elíseo, donde fueron recibidos con la mejor cordialidad.

Interior del Pabellón de losidolos.

La casa de Tozeur.

LA FIES~rA DE LOS NARCISOS.

""'""""~

Existe en :Montreux, Francia, una hermosa costumbre tradicional, que consiste en saludar an11,11mente á la Primavera con una fiesta infantil, ó m ejor dicho, con una serie de fiestas, tales como la &lt;le
los Narcisos, el combate de flores, el baile de las
hadas, etc., et'e.,
La que acaba de efectuarse ha revestido un raro
~rácter de ani~ción, y los grabados que reprocluc1mos &lt;lan una idea ele la originalidad de dicha
fiesta, que ha comenzado por la solemne entrada
del príncipe ~arciso, rodeado de toda una corte &lt;le
florecillas.
yna ojeada dada al lugar de la fiesta, de cualqmera altura, descubriría un hermoso espectáculo
de un golpe de vista radioso. Por todas partes no
se veían sino frescas toilettes, verdura y flores; un
regal para los ojos . Las casas de los rededores tenían gente hasta sobre los techos.
A los primeros compaces ele una música arrebatadora, los Pierrots y las Pierrotinas hacen ~u
entrada al lugar de la fiesta.
v~e.;hio~ 1:e l.,_l:1J1cu, ~imhofo¡:,n al Invierno c¡ne
huye ante la Diosa Pr1mayera; ésta llega en un
hermoso carro, rqdeado de nubes blanquísimas v
arrastrado por amorocillos alados.
·
Después se sucede una serie de bailes· las YÍOletas fi~en á las hadas, los botones ile ~ru y h,
myosobs ceden el paso á los capullos; las m:n-g~ritas preceden á la llegada del Príncipe Xa rciso, que llega resplandeciente bajo su manto ele
oro, rodeado de brillante escolta.Después del bai-

Combate de Flores.

PABELLÓN DE INGLATERRA

Las Indias Neerlandesas
La exposición neerlandesa, situada en el Trocadero, á un lado del
Asia rusa, acaba, también, de abrir
sus puertas al públioo; esta sección se compone de tres consltrucciones: cl templo buhidico de Tjandi Sari, en Java, y dos casas indíge1N1S.
El templo, que separa estas dos habitaciones javanesas, es una reproducción exacta de la arquitectura y de la escultura de los Hindus del siglo
dieciseis. Allí se encuentran los fragmentos, cui-

EL MUNDO ILUSTRADO

Se asegura que esta "polifosse" de un patrón á
sus obreros, ha costado la vagatela de 150,000
francos.

NOTAS DE: 1A EXPOSICIÓN.
EL PALACIO DE LA CIUDAD DE PARÍS.
Ocho semanas han pasado ya, después ele la
apertura ele la Exposición, y aún no se acaba de
inaugurar la mayor parte &lt;le los Pabellones que
has_t.a hoy han estado cerrados al público. Hasta
el Jueves 2-! de Mayo, fué cuando el Presidente
de la República Francesa, acompañado de su cortejo oficial, visitó los Pabellones de la Explanada
de los Inválidos.
Después de una cordial felicitación á los miemb:os del jura~o que estaban presentes y á los principales expositores, el Presidente se dirigió á la
entrada de Cours-la-Heine, para irá visitar los invernaderos del Palacio de la Horticultura.
Mucho se ha hablado de la admir-able flora encerrada en este Palacio, ele las espléndidas colecciones de flores, frutas, legumbres y, en fin, ele tloda clase de accesorios destinados á facilitar el cultivo vegetal en sus variadas ramas y manifestaciones.

caJoríferas, en las que se pueden conservar tisanas
durante todo un día al grado ele calor deseado;
ropa de una manufactura perfeccionada, material
plegadizo para los hospitales ambulantes, que ha
hec~o ya sus -~rimeras pruebas en Madagascar;
1 1bilwteea.s m1hta.res quie, h!a~ta .la fecha, han
proporcionado como 50,000 volúmenes á los pequeños colonos franceses, eitc., etc.
Esta Sociedad ele Damas francesas, es, bajo 1'0clo puntlo de vista, una importantísima asociación
tendiendo, principalmente, á mejorar la condiciói~
del soldado en campaña .
Mme. Loubet se retiró encantada de haberse
convencido de la prosperidad creciente de una
obra á que ha colaborado durante mucho tiempo.
El Pabellón de la Ciudad de París, puesto á disp_osición del público desde hace algunas semanas,
tiene una fachada principal que da sobre el Sena,
con un ante-cuerpo de ocho metros y un balcón
á "loggia." Su arquitectura es muy sobria. Su artlístico techo, coronado de esbeltos piñones, sus
wrntanas y galerías de balaustrada, recuerdan el
estilo del "Hotel ele Ville."
En las galerías de la planta baja y del primer piso, se admira 'Una exposición muy completa de trabajos decorativos al servicio de las vías públicas.
del alumbrado, de aguas y atargeas, del aseo de las
habitaciones, de los trabajos sanitarios, ele la dirección de negocios municipales, de la beneficencia pública, del Monte de Piedad, de los observatorios as.tlronómicos, de la dirección de asuntos
deparlamemtales, de la prefectura de policía, etc.
Algunos jardines deliciosamente dispuestos, rodean á estie gr~ palacio, de interés tan práctico
y que no será, sm duda, uno de los menos visitados.

i

Baile especial.

La gavota.

iA.l dia siguiente del á que nos referimos, lime.
Loubet, acompañada. de otras clisttinguidas \lllatr.onas parisienses, visitó el Pabellón de la Sociedad de Damas Francesas, ele Cll)'O comité, desde
su fundación, fué presidenta en )Iontelimar.
Las Damas francesas no han presenfado en este
Pabellón, sino 1os artículos perfeccionados por
ellas durante los veinte años ele existencia de su
asociación: ambulancias especiales para tr.ansporte de heridos, las cuales pueden contener catorce soldados sentados y cuatro acostados; cocinas

Baile de ha.das.

�Domingo 24 de Junio de 1900

EL MUNDO ILUSTRADO

E-s pues, un deber imperioso de
part; de todos los civilizados, ~l
rendir un homem1,je á- la memoria
de Guteml}erg y "El Mundo Ilust,rado," lo cumple con toda satiafe~ción.
Johannes Gensfleii-ch, nació en
Maguncia (Ale~ania) el 24c de Junio de 1400, siendo su padre un
respetable ciudad.ano del lugar,
que algunos años antes había contraído matrimonio con Elisa Gutemberg.
:Nincruno de los biógrafos ele
Gmsfl;isch acierta á explicar por
qué fué más conocido con el nombre materno de Gutemberg, que
en las crónicas de la época y conforme á las tendenciru, de latiniz.1r
lo3 . apellidos, llegó á convertir::-e
también en Bonimontis.
Gutembero- desde temprana
edad, era m~y afecto á la_ lectu:a
y estudiaba cuanto pergamino caia
en sus manos. Había visto de rerca la enorme y paciente labor que
tenían que realizar los frailes _pe:1dolisrbas 'para e•crilJir una b1h1I.a
ó un volumen de los clásicos latinos v desde entonces se preocupó
ho~dame'lllte su imaginación por
encontrar un procedimiento de
escritura que economiza3., tiJmpo
y trabajo.
.
.
En ruúlliples y vanas tenta!!;
vas, gastó su pat~imouio y acn_ow
á 1~ man:.incenc1a c::i su pa1sa-

Pabellón de Inglaterra,

EL REY DE SUECIA.
PALACIO DE LOS

S O BERANC S.

S. M. Ol'&lt;?ar II, Rey de Suecia y de Xoruega, es,
actualmente, lmé:;ped de la Francia en la Exposición de París; por la primera vez su Yisita á ~quella Repúblic1 r eYcstirá un carácter oficial, y ha
sido recibido por el Gobierno cou los honores y
el ceremonial requeridos por el protocolo.
El año pabado había ya wt:ac1o en Francia este
soberano, alojá1idooe en Biarritz en Pau. Xieto
de Bernardotte, quien, de simple enganchado vol untario, se hizo, primero, mariscal de Francia,
y clespué~ rey de Suecia, el soberano actual tiene
sangre francern en las Yenas, y por e,ta e msa,
, a con frecuencia á visitar aquella gran B.epúlJlica.
Este aJio. la Yisita &lt;l~l Rey estú reserrnda principalmente á la, Exposición, y será el primero que
ocupe el Hotel que el Gobierno ha hecho amueblar
en la A,enida del Bosque de Boulogne para alojar
á los soberanos que visiten la Exposición. Este
1&lt;untuof&lt;O h◊t'el es propiedad de la ciudad ele Filadelfia, habiendo pertenecido al Dr. E,·ans., dentibta de la Emperatriz Eugenia. El Dr. Evans,
e¡ uc era america no, legó este inmn€,ble á su ciudad
rn1tal, que acaba de alquilarlo al Gobierno francés.
Está situado en el centro de un jardín, har·;enclo mm· buen efecto Yisto de la aYenida del Bosque en ,m ángulo dG la aYenida ~Ialabrf y en

de dC$earse y que sin duda alguna traería como
consecuencia inmediata la producción de un vivo
entusiru;mo entre el grupo de nuestros compatriotas que oo de~ica al cultivo del arte y que hoy apenas tiene e.:,timulos, puesto que ni siquiera se le
ofrece oportunidad de dar á conocer sus tra-

~~

•

Gutemberg.

fundamental que ha conservado hasta nuestros
dias.
Gutemberg murió en su ciudad natal en Febrero de 1468.
P~teri_ormentc no ha faltado qui€ln pretendiera discutir á Gutemberg la gloria ele haber sido
el inYentor &lt;le la imprenta y se ha querido asentar que corresponde á un holandés cuyo nombre
no se da. P ero esas tentativas han sido infructuosas, supue,to que sobre Gutcmberg y su invento
existen crónicas precisas de escritores que fueron
sus contemporáneos.
De parn, seña,la.remos el hecho curioso ele que
los grande6 adelantos del arte t.ipográfico se deben
su mayoría á ingenios alemanes : Gutembero- inventa la imprenta, Baner y Koenig la formaº modern~ de las prensas y la fabricación del papel
contmuado; Senefo1der la litografía y por último,
.Mcrgenthalcr el lin,otipo.
Bastaría esa gloria para que la vieja Germanía
tenga derecho á la gratitud de los pueblos.
J. S. A.

EN PUEBLA,
-&lt;::,.,Q-&lt;::,,

Las exposiciones frecuentes son una neeesidad
apremiante· para el desarrollo y progreso de los diversos ramos arliísticos. En México, por desgracia,
no suelen organizarse con la frecuencia que fuera

EL CENTENARIO DE GUTEMBERG.
Hoy, ~j- de Jm,io ele 1ii1.,0, toda la hum-1 ~.té:ul
ci, il!.zada conmemonl el quirito centenario dea
nacimiento del inrentor de la imprenta, con toda
la Ycnera&lt;:ión que merece la. memoria del hombre,
que alhmó el camino para to1las las aetfridades
y energías lrnnrnnas, creando L':I. palanca más podero:&gt;a con que han cont.ado la cirilización y el
progreso.
La imención de la imprenta fué un beneficio
general para los hombre,: ninguno, cualquiera
que sea su cla,e social y cualquiera la latitud en
que virn. ha dejado de ;:;i:ntir directamente e~e beneficio. porque en t.otlas las demás conqui,:tas de
la c:encia, la imprenta ha hecho el supremo papel de eje, en torno del cual se ha de!&gt;arrollado
toda la inteligencia humana en los últimos s1.

llo:· en día la imprenta. e,: rara el mundo un
elemento impre;:ci;-1dihle : e, tan nec-esaria como
el agua, como el aire, romo el sol. Sin la imprenta, la humanidad balbucearía aún y sin la imprenta bien pudiéramos encontrarnos toda,ía á la altura mental del siglo XVI.

no Juan Fmt, quic([J le suministró el peculio indispensable para proseguir sus tentativas y se asoció con él en sus investigaciones.
Por fül ideó Gutcn.berg labrar á mano 1" esc·1&lt;to sobre tablillas, para multiplicarlo -luego por
medio de la impresión sobre pergamino. De suerte
que la forma primitiva de la imprenta fué algo
así como el bcceto informe de nuestra actual est ereotipía.
El primer libro impreso, fué nn vocabulario 11ue
se llamó ''Catholicón;" en seguida ~e imprimió la
Biblia.
Pero el procedimiento p'.lra imprimir, que consistía en oprimir á mano el pergamino sobre las
tablillas entinta(hs, era todavía incómodo, imperfecto, lento -y costo-o, &lt;le modo que la imao-inación del inventor no de::cansaLa ni un mo;ento
para perfeccionarlo.
"Gn verno del rneio Fust. llamado P edro Schoeffer, era un hábil ohrero 11ne· se cntu;:.iasmó con los
esfuerzos é icleale~ de Gutemherg- ~- que se propuso
dedicar ~u Yida y rn~ energía" á sccUnilarlo.
Entre arn hos i11\"entaron. 1uego la fundición de
iipos sueltos c1e metal. en mo!&lt;1es que labraban á
man_o á q~1e lla1rnu:on "matrices;''. ? ron ese perfecc1onamumto la imprenta adqumó ya la forma

.

f

Los periodos en que nuestra Academia Nacional
d~ Bellas Artes acostumbra organiza.r sus exposiciones son largos y además
de largos, irregulares de
tal suerte, que aún para los
criterios ejercitado;;, es difícil seguir pru;o á paso los
progresos obltenidos, requisitos indispensables cuando
se quiere guiar el esfuerzo
artístico por rumbos ciertos y propicios pa.ra lograr
un constaULC rnejora;niento.
La última exposición
de Bellas Artes verificada
en México hace algunos meses y de la que dimos amplias crónicas á uue•stros
lectores, infundió vivo entusiru:mo entre nuestros artis'tias ,engendró pelémicas
y iliscusiones que revivieron nuestro quieto ambiente artístico y, por último,
creó nuevos esfuerzos para
ensanchar e·l comercio de .
obras ele aritie completa.mente indispensables para todo
florecimiento e,;tético. :Muchos creyeron en un r enacimiento; pero, en seguida
volvió á declinar un tanto
el entusiasmo v el Arte volvió á encastillarse dentro
de los impasibles muros de
la Academia.
Por ero es que cuando el
Círculo Católico de Puebla
di,.-'l á concer sus propósitos &lt;le organizar una Exposición de Bellas Ar:lles, fué
recibida la idea con gran
beneplácito de parle de artistas y ama~•u rs.
.
No obstante, los que seguimos y amamos el moYimient-0 artístico de u.na manera amplia y general,
y que sabernos que e•l progreso del Arte sólo puede basarse sólidamente si se estimula la producción que de una manera precisa responda á las tendencias genuinas de la época, abrigábamos un temor que hoy podemos confesar, :euesto que por
fortuna no llegó á realizarse : dado el carácter religioso del Círculo organizador, temimos que la
Exposición de Puebla se circunscribiera con muy

P1.ballónda la Ciudad de Paria.

~~

frrn!e •itl pai,,:io ele] conde de Cast.:Pano. a·,l&gt;ado de p(]ifirar. Las hahitacionci; Y tkm,1s rct-in1os ele r-ta magnífica corn~trucci"ón han ,ido
,, muehlacla, Y decoradas de la. manera nüs rnn1. uo,a Y ,erú1i° 11ignoF- ele alojará los sohL•rano,- á que
f-l' tle,t.inan.

EL MUNDO ILUSTRADO

-- ~~ ~ ~ ~ ' = = = = ' = ~ ~ ~ ~ ~ ~ = = = = = = = = = = ~ ~ ~ ~ ~ ~

PBlllEHA EXPOSICIÓN DE BELLAS ARTES

0

Pabellón de Portugal·

Domingo 24 de Junio de 1900

a

marcada preferencia á la pintura y escultura religiosas, que no son ya las caracte&lt;rísticas de nuestra época.
No fué así : Los salones del Círculo Católico
se abrieron también para obras profanas y los expositores pudieron seguir libremente sus gustos y
tendencias.
Un buen número de obras presentadas ern la última Exposición de México, figuraron también en

l'ac.b.ada del edificio,

la de Puebla, pero la gran mayoría de las obras
presentadas, fueron nuevas.
A juicio de artistas y de conocedores, la Exposición estmo bien organizada. El local qti.e ocupa el Círculo católico es elegante de por sí y no
tiene necesidad de decorados artificiales y efímeros. Por los grabados que ofrecemos, nuestros
1€(!t-Ores pueden formarse una idea del elegante
edificio.
Una medida digna de todo elogio y que no
siempre se ha obserrndo en nuestras expo~ieiones nacionales, consistió en no permitir que se colocaran juntamente copias y originales, pues se
destinó una sala especial para las primera,:. E:xcuEamos de -ir cuánta ventaja tiene ese procedimiento para facilitar el juicio de los visitantes.
La fotografía fué admitida á concurso y á nuestro juicio, con razón.A un cuando es un aºrte basado sobre, procedimientos mecánicos que generalmente sólo se admiten en las artes industriales es
preciso eomencerse de que el fotóo-rafo artista
tiene que ~}ercitar muchas facultad~s personales
en la elecc1on de sus asuntos, en la disposición de
sus detalles. etc., y en con¡:ecuencia tiene derecho
á que se le coloque ya entre los artistas y no entre los artesanos.
·
Publicamo~ algunas copias de pinturas ·expues~s, Y para bien del arte deseamos que muchas sociedades particulares imiten el proceder del
Círculo poblano.

Osear ;.(er~

EL CERRO DE LAS CAMPANAS.
La histórica donde la República llevó á cab? fa deterIJ?inación de la más alfu justicia, haciendo
er.iemplar a~ segar tres vidas que eran
desg~aciadame!nte nocivas para la libertad de Ja
Patna,, nos da hoy la nota del recuerdo, ostentan-

:un

Galeda de 11i11tura••

�Domingo 24 de Junio de 1900

EL MUNDO ILUSTRADO
llo un nuevo monumen:flo en el lugar que la suerte designó para patíbulo da las esclavitudes.
l\urndo la detoMción de quince fusiles puso el
punto final á la tragedia del Uamado Imperio y
cayeron en el declire de la colina tres cueTpos
inanimados, el sol de una mañana espléndida
iluminaba el cuadro de la ·tlragedia. Aquel lugar
estaba impregnado con el háliLo de, muerte que
acababa de pasar. Por doquiera se veían los restos de la guerra, los destrozos del combate.
La multi:t:ud que había ido á presencia.r la ejecución se retiraba ~ilenciosa, viendo con religioso
pa~mo, los parapetoo destruídos por las balas de
los que defendían la República y levantando, para
r e-c-uerdo de la luctuosa época, los plomos perdidos
entre el polvo hollado por el cjércitlo vencedor.
Cur.ndo los trei:; cuerpos que había inanimado
la determinación de la ju;;ticia fueron levantados
del campo, S&lt;' vieron tres manchas de tierra húmeda. Sobre ullas, his manos de 1.mas mujere:,,
(inconscientes prot:ectoras de la historia) levantaron unos niontfc ti_los ele piedras y en la cúspide
de! e-a.da uno de ellos chn·aron un.as cruces hechas con varejón de la maleza.
Así fué el primer monumento que se leYantó
en -aquel hi8lórico sitio, monumento renorndo durante diez v ~io:1e años, marcando la1o últimas huella5 de tres hombres, cuyo valor ern digno de
mejores causas.
D:.rn y siete años después ele la tragedia.á iniciativa y á ,E;txpensas del General imperialista Rafael Olvera, ee construyó un monumento que consistía en tres pilastras, señalando los lugares que
ocupaban los ajusticiados, ? una Yerja de fierro limitando el sitio ele la ejecución.
Bim poco duró aquel recuerdo del part.iclario
á los próceres de su causa : la rapacidad destruyó
gran parte flel mon umento y los laboriosos coleccionadores de recuerdos que vienen de tiempo en
tiempo ele la vecina república del Norte, contribuyeron á dar :fin. con las humildes pie&lt;lras que

forrp.aban la designación del histórico lugar. Y
aqni debemos consignar un hecho curioso: los
eolcccionadores norte-iamericanos, elevaban correctas solicitudes al Gobierno del .Estado de
Quéretaro, antes de cortru· un fragmeruoo, por
pequeño que fuese, de las pilastras que se levantaban üD el sitio de la ejecución. Y el Gobierno tenía que contestar que aquel monume111to no le pertenecía, que era obra particular y que debían dirigirse á quien tuviera derecho sobre él.

Monumento levantado
po:r el Jmpe:riali• ta Bafael Olve:ra.

EL MUNDO ILUSTRADO

,~e~• rP

JNnúf,TPJ

mp~ 1vúcil11a e @1 Hidrau ic.a
emer? o
afenale~de (oQ87fucdóQ. ~-

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I
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·11~t

'ij~,,,,
~~··
~~,

Ga.le:ria de escultura.

La pilastra más favorecida. por la curiosidad de
los coleccionadores fué la que correspondía á ::\faximiliano, y m uy pronto se Yió en el más deplorable estado; las que se erigieron en los sitios ocupados por :Mirarnón y Mejía sólo fueron -aillestadar-:
de fechas y de finnas, en su mayor parte de excursionistas americanos.
Algunos amigos ele la extinta causa. y la colonia
austr iaca establ~cida en México, resolvieron, hace
más de un año, eregir una "Capilla propiciator ia.," al decir de ellos, porque México no 11\:ene el
recuerdo de haber victimado y sí el de haber hecho justicia.
·
Los muros del pequeño templo cierran el sitio
de la ejecución ; los viejos monumentos se· han sepultado hajo una plataforma que cle&amp;l:rt1ye el derliYe de la colina y perpendicularmente á cada
uno de los lugare6 que los reos ocupa.ron, se han
colocado unas planchas de mármol marcadas con
los nombres de los tres ajusticiados.

MÉXICO INDUSTRIAL.

.f:nt.•ada á l a exposición.

Domingo 24 de Junio de 1900

TI.eciente artículo de las edicionei:; diarias, ai referir.-;e á la expo.,,i.ción ele :\féxico en Pa.ríi;, nos
dan una noticia magnífica para todo buen mexicano: las producciones exhibida~ solamente en
cualtlro e,-cap.arates representan un capital &lt;le c-uarenta millones ele pesos, en mo,·ilización, y en
cuanto á la calidad y coi;to de los artículos, dicen
n nef-t ros compañeros de redacción: "aquí hemos
Yenido á con 1·enoornos de que mucho de lo que
compramos en :\léxico como importado, es fabricación nacional; los artículos compiten unos y
sup~ran oiros en calidad á los que se ,·enden aquí
y re-,ultan más baratos allá."
'l'an huE111a noticia, comprobación elocuenlís.ima ele lo que ha podido alcanzar l\féxico en sus
cinco h1stros de paz y act,ividad, merece un co-

.A. :rala de la ejecuoió.a..--Fols. l. Muñóz Flores, Querétaro.

mentario: no están exhibidas en París todas
nuestras producciom:i:,, aún tenemos mucho que
mo.~trar y mucho que supera á los produdtos extranjeros.
.Entre estos tenemos un ejemplo práctico en la
fábrica d,ei Cal Hidráulica, cemento y 1na1t.eriales
de eonstrucción, oue hoy dame-,- á eonooer E·n
nuestr~ grab-a.do:;. Un grupo de personas r~~petable,,, á cuya cabeza i;e encuentra.el 8r Faustmo
Martínez, arl.ento á la rápida metamórfo,:is de
nuestras ciucLad,es, metamúrfosii.s prorluaida p -:r
l·as incontables construcciones de nuevos y hermosos edificioo comprendió la necesidad de crear
una fábrica d~ elementos, que como la cal hidráuliea. y ,eil cemento son indispensables en las
lrnenas conNirucciones, (.'()JUO que 5011 la base de
h1 solide;,;. qtie complementa la. befü:za arquitectónica.
Estudio, laboriosicla.cl y obse1rvación por parte
de los iniciado1'Cl- y buena. v-0luntaJ y capital para secundar la idea, &lt;l ieron por rewl•tlado la. formación de una socieu.Rd anónima, en la que figuran pe1\';onas 1'cl:ipetables y la construcción de
una fábriea. cuyos graneles horno., s.on una copia
fiel de lo,, que exi;;ten en Marsella.
Ahorn biell, si en la organización de la fábrica
8C wualó á una de las mejores conocida;;, en los
b
. , se 1ta suresultados
prácticos, en la pro d utc,on,
perado en ca1idad, no sin ardua labor, porque
hubo que vencer seria.s dificultades para llegar
á la prn·fecta fabricación; pero una Yez logrado es:to, se vió que la cal hidráulica prvcluc:da en
Uuallalupe, es superior á cualquiera. olra, porque
la materia prima. es ::;upcrior.
Innumerables obras -:;e han construíclo ya con
este mat€'r ial, y lo.,; más honro::1os certificado.; de
Ingenieros co11oci&lt;los encomian su bondad.
Actualmente la Compañía sostiene uua nueva luclrn : desea produe.ir c.-emento de superior &lt;:alidad que e-1 de Portland, y de los ensayos hechos, resulta. que lej0:, u.e ~er una quimera tal empeño, muy en breve ha &lt;le verse realizado.

La Capilla en la actualidad.

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1e\efo1co ~1~

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artó\olo

"

�Domingo 24 de J unio tde 1900

EL MUNDO IL"GSTRADO

~L MUNDO ILUSTRADO
AÑO VII--TOMO 11--NÚM. 1

MÉXICO, JULIO 1º DE 1900.

Director: L i o. BAl"A.EL BEYES SPilll'DOLA.

¡ Cuúnto labio apagó su sed ardiente
y cuúnto corazón templó su brío
en tu cauto magnífico y doliente,
como en brillante y clamoroso rio!
Tu alma de fuego, combatiente bravo,
fué, para los altivos patriotas,
hoguera á cuya luz un pueblo esclavo
,·ió para siempre sus cadenas rotas.
Y tu Yibrante genio impetuoso,
de tempestades y fulgores lleno
- jinete en un cabal lo poderoso
libre de riendas y acerado freno,recuerda por su audacia y sus proezas
al paladín, terror en. las batallas,
que entraba en las oerradas fortalezas,
con su corcel salvando las murallas.
¡ Oh, cuántas Yeces la rosada aurora
rne sorprendió vertiendo amargo llanto
sobre tu libro, llama abrasadora
que lanza entre esplendor hermoso canto!
¡ Cuúntas veces te vi gallardo y fi-ero,
al Uravés de tus versos fulgurantes,
cual :Montemar, la mano en el acero,
r el furor en los ojos centellantes!

Y en los festines, lúgubre y hastiado,
esquirnr de Tarifa voluptuosa
el rojo labio, pétalo arrancado
del corazón sangriento clP- una rosa!

¡ Cuántas veces te ,i, bello y triunfante,
coronada la sien de intP-nsa lumbre,
bizarro el ademán, la voz tonante,
arengando á la iI1mem1t muchedumbre!

F::

ó com·ertido en capitán pirata,
"sentado alegre" en la risueña popa
y mecido por mar de azul y plata,
divisando ·'Asia á un lado, al otro Europa,"
Ya, ante el sepulcro de la triste Elvira,
presa te miro de mortal desmayo;
ya, transformando tu valiente lira
en la e:,p-ada invencible de "Pelayo ;"
ora, en fin, demudadas las facciones
y anegados en lágrimas los ojos,
contemplando, á la luz de los blandones,
de "Teresa" los mí~eros despojos:
visión negra y terrible, que devora
las dulces esperanzas de tu pecho,
dejando pa.ra siempre, asoladora,
t u noble "corazón pedazos hecho;''
y que arranca á tu plectro desolado
un canto lleno de amargura y brío,

que resplandece &lt;'OmQ el sol dorado
entre el ramaje él.el ciprés sombrío.
¡ Oh sublime ca.ntor de los dolores!
todo joven hispano ama tu gloria
y, al par que tu desdicha y t us amores,
guarda con entusiasmo en su memoria

. --~ = ~

:
¡

-~;~

~----·:::::...· . ·--=""'.~.~---

-~--·
. ·• =----.:. --...::::!

~--=1

. -~~1

- -: ·-=-·:

t

',

'\
-~

--

versos de "El Diablo :Mundo," en que flamea
tu juventud radiante y agitada,
que, al huracán del infor tunio ondea,
cual bandera de sangre salpicada.

jllanuel lfeina.

&amp;reditación c§0 &amp;rar9arita.

8Ul!SCRll'CI01f 1111!?&lt;80.U l'ORA!'l'• .l,
J DEM IDl!III EN LA CAPITAL,

11.

0

Sl.2t.

Gerente: .A.lll'TOlll'IO 01JYÁ.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1900, Año 7, Tomo 1, No 25, Junio 24</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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