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                  <text>EL MUNDO ILUSTRADO
tes á una fúnebre carabana, se detenían ante sus
amadas sementeras. Y ahí, de pie, sinüeron el puñetazo último de la realidacl en la mitad de la cara. Ni un grano había quedado: las espigas rotas
caían por los suelo,:, ó pendían aún mutiladas de las
cañas sin hojas. Y ahí, todos de pie, ~e limpiaron
con el dorso de la mano las lágrimas. ¡ Todo estaba
perdido, perdido para siempre; sus sueños sin a!as,

u;~1- /

~~

J¡'/ .

,

_.i~

""'·!

.

mañana; es Paolo y Francesca leyendo hoy con la
misma mirada húmeda, el libro embelesador en
sus primeros capítulos, de la vida, y glosándolo con
besos, y enlazados después fatalmente, horriblemente, eternamente en un abrazo siniestro apretado por el torbellino!
Para que un amor sea. inmortal, se afirma, es
fuerza que sea ilícito, que tenga la sal y la pimienta del pecado. Amor que se ostenta, amor
que abre la ventana para que caiga ;'!Obre su idilio
un pedazo de día; amor que tiende el plumaje al
oro del sol y sonríe á la vida que pasa, porque la
vida lo sanc:ona; a.mor que muestra á las miradas
cordiales el tálamo fecundo &lt;le sus be.,os . . . . es
desabrido primero, intoleral)le después. La m11licia
literaria excogita sus argumentos ; la malicia histórica la ayuda. Se escarba con pluma aviesa en el
acervo del pasado, y se arrojan sobre el papel novelas vertiginosas de romántica grandeza, que no
han. tenido por teatro el plácido y tranquilo teatro
doméstico. Y se procura ocultar, oculfar como
vulgaridades que harían prueba plena en contra los
santos edenes conyugales de tantas mujeres que
han pasado por la existencia como esas doncellas
rubias é inmateriales de las baladas escandinavas :
sin proyectar una sombra en el hielo resplandeciente do su camino!

Cuestión de temperamento y cuestión de inmoralidad. Los hombres, según los versos imperecederos de Sor Juana Inés de la Cruz, hemos manchado el espejo y sentimos luego que no esté claro. Quisimos hacer de buen tono el delito y lo
hemos logrado. Quisimos imponer el don Juanismo, antes atrabiliario, ridículo y escandaloso, hoy
sus ilusiones :iin nido~! Y ante aquel sol, ante aquel discreto, despiadado y calculador, y lo hemos imcielo lumino~o, ante aquel desastre, pensaron en puesto. iras ni la malevolencia human1:1. es absolu1.sus hijos, en que habían de comer; y con el azadón
ta y el _Bien tiene aun su heredad en la tierra y
al hombro, sin una queja, sin una súplica en los proporcwna venturas al hombre de buena volunlabios, buscaron de nuevo las siembras del maíz tad. Hay un lote de almas escogidas para quienes
temprano, la ú1tima tabla en aquel naufragio; y
)a rec_ti~~d es un c~mino sembrado de rosas y la
con la fe de siempre; hendió el azadón el aire, rió mflex1b1hdad un canon; almas que mitigan el
con su risa luminosa, se hundió en los suelos; y
p~simis1;10 del º?servador Y_ del filósofo, que precayeron otra vez de aquellas frentes, y sobre de dican aun la lóg1e13. del Umverso, que tienen desaq~ellas tierras, húmedas y queridas á pesar de to- tellos, que alumbran con su dolor ó con su aledo, las primeras gotas del nuevo sudor.
g~ía ~ que con gran asombro de la mezquina saSabinas, Mayo é:e 1900
li~una h~mana, tan orgullosa como impotente,
aciertan siempre; porque ahí donde la malignidad
MIGUEL E. PEREYRA
que ~odo lo pesa y calcula, se estrella, ahí la inocencia que nada sabe, halla la vía de la verdad y
de la dicha
Para esas almas se ha hecho el hogar; para esas
~
almas se ha hecho la paz que es la herencia más alHay en el léxico ele 1a vida palabras qui! cienen ta, la inefable herencia de la misecordia infinita.
La ciencia social podrá fulminar el connubio
alma de angustia y vestidura de desolación, pero
acaso ninguna más expresivamente triste que es- eterno de dos almas; la ciencia de los espíritus
ta: "Sin hogar;' sobre todo cuando se pronuncia blancos, vestidos ele fe y de esperanza, que es una
en las últimas riberas de la e&lt;lad. Las modernas ciencia que nadie estudia, pero que muchos saben
'
ideas sociales pretenden arrojar del Santuario eri- lo abonará siempre.
Hay
dos
clases
de
e13.racteres
para
quienes
la
hog:do por seculares costumbres, al matrimonio. El
matrimonio, se dice, es la sola institución acaso que nestidad de un afecto no supone la muerte del
no ha evolucionado ahora que todo evoluciona y mismo: Los altos y los humildes. Un pobre de
se adapta. El matrimonio presupone un impo- espíritu y un Víctor Rugo son capaces de fasible: el amor eterno, y un absurdo: la hannónica bricar santuarios con los amores íntimos y benmarch1:1. paralela de dos caracteres. El matrimo- ditos: el primero fabricará una capillita inmacunio es el paraíso de hoy y el infierno dantesco de lada para rezará una virgen sonriente y fraternal;

DIVAGA DIVAGANDO.

Vlabs del Fu,rte.

Domingo lo. ele Julio de 1900.
,antará una basílica prodigiosa
e1 segundo le\
.
("L'artl el' etre grand pere~') con sillares .de
mantes con pórfido:; graciles que se empman Pª
ra besa'r el azul, con oros eternos Y mármoles ele
tersura milagrosa.
.
Y un día se abordan las lindes del ca~mo ele
la muerte. Allá quedó el ave del para1so desplegando al sol el absurdo policrómo de sus alas;
allá quedaron los sueños de grandeza ~oroo harapos de pabellones de guerr~ descolond~s Y ,ttotanes 1:1.l azar ele todos los vientos; quedo a !la el
cofre vacío y herrumbroso en que como joyeles
guardamos nuestras vanidades, y es la hora del balance rígido y del tri~te ex.amen. Ll~vaban los _que
saben mucho, los que analizan la vida, los ep1cureos por vocación llevaban como los otros, los humildes, los igno;antes, los bueno:;, un ánfora.
para :llenarla de agua ce1e:;tial en todas\
las
fuentes que borbotan suavemente en
los senderos, y el ánfora está vacía. Pusieron en ell-a embriageuz y la embriaguez
fué como un enorme sueño negro del que
despertaron con sed. Bien quisieran pedir á los
otros, á los que marchaban con la cántara plena
de fresca agua y desatando al viento sus canciones, la piedad de algunas gotas. Pero ya desaparecieron. Sobre los verdes joviales de la~ laderas se proyectaba su silueta; pero ya no están allí.
Se recostaron sonrientes en el seno de Dios, después de haber reposado la cabeza en el hombro
de los únicos afectos que duran.
Y acertaron los ingenios; y hallaron los cándidos la verdadera clave de la vida ... . y los sapientes antes de bajar á la sombra sin fronteras,
giran en derredor la vista, giran ,la vista en la estancia desmantelada. de amores: Un ga.to negro
rebelde al cariño y dócil á la voluptuosidad enreda sus ronrones sobre un cojín de seda. Unos
libros estériles de verdad, se duermen empolrnclos en el estante y de lejos viene la risa indiferente del ama &lt;le llave!¡, que charla en la despensa.
El hogar era verdad; los ingenuos tenían razón.
Ya no se puede empero reconstruir la vida. Aguarda el barco negro con el negro remero. El sol se
pone y las velas enlutadas parecen alas de buitre
que se extremecen.
Pasan las sonrisas de las cortesanas envejecidas; pero no disuelven la sombra ... . . Son tan
tristes!

EL MUNDO ILUSTRADO

a··m:

AÑO VII--TOMO 11--NÚM. 2

MÉXICO, JULIO 8 DE 1900.

Director: Lic. B.A.F.A.EL :BEYES SPflll'D)L.&amp;..

8UBSCRIPC!Ol&lt; MENSUAL FORANEA, Sl.l 0
lDEM IDEM RN LA CAPITAL, Jl.2o

Gerente: .A.J!l'TOJ!l'IO OVYJ.11

@I

fim ado ]le r vo.

LA PACIFlCAClÓN PE LOS MAYAS.
~

Damos hoy á la e~.tampa vistas del fuerte número 1 que las fuerzas federales en su activa y
fructuosa lucha constante para lográr la pacificación ele los rebeldes mayas han levantado en Jonachel, á unos veinte kilómetros de Peto.
El baluarte está situado en un pueblo abandonado desde el principio de la guerra de castas. El
camino está practicado entre verdaderos bosques
de corpulentos árboles, en una gran planicie ele
aspecto frondoso y agrada ble, interrumpida por
una que otra pequeña colina.

et nacimiGnfo

~G

un 9Gnio.

r@

�EL MUNDO ILUSTRADO

l. Blancos y amarll/os.-2. Demócratas
Y republicanos.-3. Parls municipal.
4. Un poeta electoral.
1.-Qué diablos hacen los europeos abriendo ó
forzando las puertas de China y provocando la
:formación ele una China industrial; poniendo,
por medio de los :ferrocarriles, en comnmcación las
dos ó tres ó cuatro Chinas, que en realidacl existen en China, y exponiéndose á que dentro de
medio siglo domine todos los mercados de Asia,
este pueblo, esencialmente industrioso y barato,
capaz, dicen, de alimentarse con ratas, haciendo
una terrible competencia á los gatoo, y ele dormir,
dicen, ·'doscientos'' en donde duermen "dos'' europeos; que no adora á Dios, sino al Diablo, siguen diciendo los misioneros (¿ por qué 11-0 adora
á los europeos, á quienes llama "los diablos de
occidente?") Armar para 1-a guerra y para la. lucha económica á un centenar de millones de
hombres, tal será el indeclinable resultado de la
tutela armada que Europa se dispone á ejercitar
en el Celeste Imperio~¿ Pero podía evitarlo? ¿ Podían evitar los gobiernos que los pueblos codiciaran un gigantesco consumo posible ele sus artefactos y una colocación productiva de· sus capitales, por la consideración de no sacrificar el presente al por venir? Imposible; el egoismo sistemátic~ es la base de todo desenvolvimiento económico, y el interés no ve más allá de una generación; después de esa el diluvio.
Para mí, lo que ha precipitado la acción de
los sa]Yaj,es patriotas chinos, que aspiran al aniquilamiento de los elementos europeos, no es el
odio directo á la ingerencia. extraña netamente,
€S el miedo á que esa influencia realmente remueve las co;;tumbres y las creencias ele los celestes. Por eso han asesinado tantos centenares
de chinos cristianizados; aquí la influencia europea había producido ya su efecto. Por eso pret enden destruir las vías férreas; aquí la influencia se siente próxima.

Muchas concesiones se han otorgado en el imperio; dio-o mal, ninguna se ha otorgado; el sistema es diferente del que aquí usamos &lt;le propiedades temporales por un siglo. El imperio es el
que hace construir por su cuenta, por empresarios extranjeros, europeos siempre, y emite con
este efecto un empréstito con garantía de las rentas generalies del gobierno, y especialmente de
las de la línea en construcción, después de cubiertos los gastos de explotación y administración )fochas son las líneas en poryecto; costarán á Europa unos cien ó doscientos millones, algunas de, ellas son dificilísimas. Los franceses proyectan, y h,m traza_do ya, según, en,tiendo, u_na.
ferrovía de ~u posesión, del Tonkm a la provmcia meridional del Yun-nau; otras recorrerán en
todas direcciones el inmenso, territorio del imperio; Can ton y Hon-Ko~g que,clar~n unidas,
la riquísima cuenca del 1' an-Tze:Kiang quedara
i'em1ida á los límites vagos de la tierra celeste por
una eerie, de redes férreas en proyecto; el T:songli-yamu ha 1obracloi cuerdamente, poniendo un
"kasta aquí" á las solicitudes de contratos y decretando que no se otorgarán nuevos derechos,
:mientras las líneas concedidas no estén á punto
de terminarse.
EBtre los diez mil kilómetros que van á construirse ó están construyéndose, los más importantes son los que recorren la provincia que borda el
golfo de Pet-clú-li, en donde está Pekíng, y en
donde se están verificando actualmente los sucesos que traen á mal trae~ á los gabinet~s e;uopeos. Los rusos piensan umr con su transibenano
la red de :u _a,.ichuria, región poco poblada. línea
meclianamenlfü productiva, pero ele un va.lor estratégico ele primera im¡~ortancia;. la r ed del Petch i-li es i•glesa, y los rngleses tienen la concesión para reunir ambas redes; la que toca á la
capital y la que pertemce á los ni.sos; gracias á
esta lransacción, no se rompieron las cabezas ru-

r

sos y brrl!anos h~ce poco tiempo. Pero };.s l~e~s
de mejor ponemr son las que van de lien-Ism
y Pekmg al valle del Y ~ng-'l'zé, ~l través de la
aran llanura china; un smcl1cato franco-belga esºtá co115truy-enclo una &lt;le ella~, l a que. 1·1gara, la _capital del imperio con Han-1\_eu, la futura capital
mercantil de China, y que está compuesta _de un
grupo de poblaciones )rnbitadas por tr~s millones
de persona:;;. Las eslac10nes y los rrabaJOS de esta
mao-nífica obra son quizás los que má; están sufri~1do en la insurrección.
Lo gntve para los fanáticos chinos, es que el
pueblo, cnyo horror por los ferrocarriles tra.t~
de excitarse por todo extremo, acude en masa a
las líneas y se embar ca en ella~. ~-Iorror; algun~s
de los leilll'ados de esa junta, mm1sterw y conseJ0
de Estado al mismo tiempo qne se llama el
'fsong-li-y~men, había hecho á las concesiones la
terrible objeción &lt;le que los cuerpos ele lo, dragones saaraclos
o
•yacían á flor de tierra é iban á , ser
profanados por los constrnctores; otros. cre_or.,
que los ferrocarriles e_ran inútiles( que los antepasados habían recorrido el espacio con mayor
velocidad en carros tirados por sendos pares de
fenices (plural de Fénix, el ave que renace de sus
propias cenizas, con per9ón de Uds) y que con
buscar la receta de renovar estos medios de tr anspor'tle bastaba .... La emperatriz Tshé-hi, de cuya conducta astuta y cruel, dábamos pruebas á
nuestros lectores hace pocos clias, pero que no carece de perspicacia, á pesar ele su _deseo de ~antener la preponderancia de los chmos en Chma,
(cosa que pueda que parezca natural á ,algunos)
contribuyG á hacer á un lado estos obst~culos, y
los ferro:carriles comenzaron á constnurse; €' l
hombre más rico de la füerra Li-hong-Chang, fué
el primero que se arriesg? á construir. Y. como
los chinos son más negoc1anll'es que sectarios ele
Budah ó de Con:fucio, atestaron los wagones de
los :ferrocariles, que comenzaron á ser un buen
negocio que atrajo otros capitales europeos.
~

Para impedir los espantos~s males, que__de la
transformación del pueblo chmo, de los HiJOS de
H-an iban á fluir se organizó la sociedad de los
'
' nombre verdadero es: "I -ho'·boxeadores
" cuyo
ch'uan ·" y 'como estos dos vocablos "patriotas y
.
dl
.
puños"' se pronuncian
e nusm_o
modo "h
e uan,"
resulta que lo mismo se dice: liga de patriotas,
que liga de los puños, ele los "b~xers" dicen _l?s
ingleses. Esitn. sociedad es de reciente formac10n
entre los centenares de otras que hay en China,
y en realidad, tuvo importancia desde el últi~o
golpe de estado antirreformista de la _emperatl'lz
Tsh é-hi; la ;·egente, lo recuerdan mis lt;ct?res,
fué la autora de los emperadores ele los ul'timos
treinta ó cuarenta años : su hijo muerto en la
crápula; su sobrino, que es el actual, y que reisultó deYoto de los ingleses y de las reformas aceleradas; la emperatriz mató ó hizo huir á los innovadores, aplastó á su hechura el emperador
Koang-su, que desde entonces no ha dicho: esta
boca es mía, y en virfü1d de que han pasado cin~
años sin que el emperador tuviese herederos, le
nombró uno, el príncipe, Put-sin, el nieto del
feroz príncipe Toan, tío del emperador actual.
¿ Este es realmente el jefe de los boxers? Probablemente sí ; la verdad es que, á pesar ele que la
r egente no creyó destruir, sino contener el movimiento reformií#a, las masas populares que sigu.en
como bon-egos á los patriotas-puños, espantados
de la :facilidad con que pueden implantarse las reformas y resueltos á no dejar que se hiciera un
nuevo ensayo, han recibido admirablemente el
impulso y están destruyendo cristianos, rieles y
plenipotenciarios á porfía. Desgraciadamente se
ha confirmado el horrible asesinato clel Sr. ele
Katteler, y f!e sabe que las legaciones y sus habitantes están á punto de sucumbir, si no han
desaparecido ya, según a.firman los últirnoR telegramas.
¿ Este hecho elió el poder al príncipe Toan?
Muy probable es, y la noticia ele la toma ele Takú debe de haberlo consoliclado en él. Parece
que el emperador y la regente están reducidos á
la impotencia, y Toan, los reitres de Tung-fusiang, que son su guardia. y las hordas horrach11s ele sangre reinan en Peking. Los europeos
visto está, no pueden anilles de un mes poner sobre
la capital las fuerzas necesarias; los rusos, que
son quienes pueden más, pueden poco. Los japoneses son los únicos que pueden rápidamente

Domingo 8 de Julio de 1900.
enviar sesenta ú ochenta mil hombres á Takú; y
es muy smgular que h cmlización euro~ea, ten"ª l)0r mandatario á UJl pueblo no cristiano.
O
i
1 •
~ obles son las palabras que el J:&lt;;mperac or umllermo ha hecho oir á los batallonetl de marmos
que salen para China; recordábamos al oírlo, S\L
tamosa pintura alegórica, en que represen~ab~ a
las naciones europeas rnarchanclo sobre la c1vil1zación amarilla; su pre,;entimient:o o su profecía se
va á cumplir; ~ólo que la rnnguardia üe los l&gt;lancos será amaril:a también.

2.-Los periódicos n~rteamericano_s, de la semana divicten su material de sensac10n entre el
incendio naval de ~ ew York, las noticias de China y la Convención demccrática de Kan~as. ~unque el futuro pr,esidente no entrará en funciones
hasta el -1: ele )larzo de 1901, y aunque la elección
no se verificará hasta Enero, los pai-tidos necesi'1.lll.Il con medio año de anticipación, escojer
sus sendos candidatos y fijar sus programas ó plataformas para preparar 1-a elección de los 450 (p~co menos) eiectores que, según la ~onstitución deben nombrar aJ .Presidente y Vicepresident~. Los partidos siguen siendo principalmente dos, puede
deciTSe exclusivamente dos,
tanta así es su superioridad de representación sobre los otros. Hay un partJido socialista,
mejor dicho, una fracción dd sociali~mo que ;·~husa la alianza con las grandes fracciones pohticas · el partido populista, corno allí se llama; hay
otr~ que tiene todas nuestras simpatías, el de_ "la
prohibición ele los licores fuertes;" pero el prnnero de estos minúsculos grupos cuenta 200,000
ekctores y 130,000 el segundo, ¿ qué son en comparación de los 1-1 millones con que cuerutan Y
que se disputan republicanos y _demócratas? Vistos desde lejos estos catorce millones de electores, se, distribuyen por masas iguales entre los
dos campos; pero de cerca hay que tener en
cuenta las fracciones excedentes del uno sobré
el otro y que son decisivas, tratándose de sufragios. Cuando triunfó hace algunos años el partido demócrata con el excelente Sr. Clevelancl,
por candidato, su mayoría fué ele 86,000 votos;
pero Mr. McKinley y los republicanos triunfaron hace cerca d€1 cuatro años, con una mayoría
de 612,000 electores de primer grado.
Recuerdan mis lectores q1:e aposté con ellos á
que si el afor,tnrnado McKinley tenía la b1,1ena
suerte de ver concluída ó á punto de concluir la
campaña ele FilipiL'&lt;IS, sería includablerneni.e escogido por la convención de Filadelfia, y que
lnego triunfaría en la elección; así quedaría i-ancionacla la política imperialista, la que siguiendo
el comejo dado no bá mucho á los franceses por
Brunetiére, afirma que para ser una pot'encia económica ele primer orden, un estado necesita ser
una potencia militar ele primer orden ta~n bi én;
y es•to parece una paradoja; ¿ no es ci€rto? 'l'anto
capital inutilizado ó esterilizado por el impuesto
para mantener á tantos hombre¡¡ arrancados al
trabajo productivo, so:s. :fenómenos de patología
social, y yo creo que ;eJ. siglo XIX pudo haber
realizaelo la mitad ele 1-a obra dejada al siglo XX,
si hubiese podido disponer de las energfa.s amortizadas en el ·régimen de paz armada. Pe,ro los
angloamericanos, en su mayoría, al menos, ven
las cosas ele otro modo por hoy, dominar inmensos mercados en Asia y Australasia, preponderar
en los latino-americanos, ese es su norte económico, y para ello necesitan ensanche militar, es
evidente; pero esta inutilización del pueblo norteamericano es tan :facticia, tan con:braria á su
índole y al espíritu de sus instituciones, que alli
lo son de veras, porque han nacido ele su raza
:r de su historia, que alguna vez vendrá una reacción gigantesca contra la tendencia actual y raerá por ttierra el ídolo de fierro y oro. Pero esto
está muy lejos: el espacio ele tres ó cuatro períoelos presidenciaklS. Entrietan to~ vrecisa confesarlo, el partido democrático insiste en hacer
la olla gorda á Ur. 1iac Kinley, ernogiclo como
el más couspicuo representante ele la idea imperialista, y á Mr. Rooseve1f, escogido como el
más genuino tipo del imperialismo en acció~1.
Al escribir estas líneas no conozco el proo-1-'ama de la Convención ele Kansas; pero el telég;a-fo
nos infol'!'na que un grupo, director de primera.
import!tncia, al que pertenece el infatigable, ~Ir.
Bryan, ha resuelto mantener en todo su, rigor enla plataforma, el principio bimetalista y la l ihre&gt;

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 ele Julio de 1900.
acuñación de la plata. Es este un ;e•r ror; si tal plataforma es admitida, probablemente el candidato
escogido será Mr. Bryan, que con este motivo se
creerá obliga.do á pronunciar de aquí á fin de año
quinientos discursos; (y me pregunt? lleno . de
terror .a nte esa; formidable ¡elocuencia rotativa,
¿ no será el mismo discurso, quinientas veces repetido?). Y perderá; la misma ?oalicióu cte ~os
elementos ricos del alto comercio y la alta mdustria que rechazan con todas sus :fuerzas el
tStablecimiento legal del bimetalismo, la cadena
del uno-diez y seis, como ellos dicen, que esto~·ba
todas sus operaciones y limiit.a. todas sus gana~cias,
&lt;l-ará el triunfo á los republicanos, aun haciendo
á un lado el imperialismo que ha trazado hondos
surcos en la masa democrática, y aun haciendo á
otro lado las divisiones personales en el grupo
democrático neoyorquino, entre Mr. Croker, jefe
del Tarnmany-H~ll y Mr. Hill, el "leader" de los
demócrata,; rurales.
Los demócratas tienen sus principales esperanzas en el Oesoo; con el Sur cuentan; vencidos por
el egfu-err.o de los republicanos en la guerra ele
¿;ec·esión, consenan su fidelidad al programa cl:emoc-rático, enemi.go del centralismo y del ultra, prote&lt;:cionismó del N"orbe, y votan por el programa y el candidato como un sólo hombre. En el
Oe;:te, ern inenfumente agrícola y opuesto_ por en_de
á las .tarifas que han creado la pot'encia m~ustnal
norteamericana y la formidable. plutocracia, que
era su indeclinable consecuencia-, á expensas de la
plenitud del desenvolvimiento ag~ícola y ,mü~ero
&lt;lel Oeste. Pero los republicanos tienen mas dmero y más poder y triunfarán, en él €stán, en él
quedarán .
,
Re.cuérdcse que no hace mucho transcribimos
una carta bastante se11safu, por cierto, de uno ~e
lo~ cienmillonarios americanos, Mr. Carrueg1e,
qiic proponía ít los demócratas, aplazar el -~roarama bimetalista y concentrarse en el anti-im~
perialista que consideraba_ salvador. Tal ~ez esto
ha hría sido lo cuerdo; qmzás no lo han Juzgado
posible lo;; jefes del grupo democrático en nsta
de las exigencias d,e,l Oeste.

3.-¿ Qué habrá dicho el insigne Julio_ Lernaitre, metido á político, el~ ~as primer~ sesiones de
su adorado consejo rnumcipal el€! Pans, el :flamante consejo que consideraba una escoba _que ba;;ería "al sindicato Waldeck-Rousseau Millerand ~
que le hacía exclamar : "por fin, París torna a
:Francia?'' En primer lugar, la tan decantada mayor:a nacionalista se ha desvanecido, según i)arcce v los más celosos de entre ellos se han umclo
'J
,
?
á los socialistas para votar ¿ que cosa.
na t errihle can•ura de anarquistas contra los prefe~t_os
allí presentes del departamento y -de la pohcia,
una censura' contra el orden público. "Muy
lionitos centimientos," como suele decir u~
11oeta amigo mío, que todavía no es de~adente. Y
en Hgundo lugar, un voto contra 1~ liberta~ _ele
cn~eftar, con•entida á las con~regac10nes rehg10sas no autorizadas por la ley; idea_ ?astan~e i;iarecida á alguna que sostiene y proh1Ja el s111d1cato
que Lernaitrc orlia. ¿ Qué tal? Un voto contra el
orden y otro contra la liberta_d, "pas n:ia_s" cl_ir_á
Millerand; pero qué dirán, repito, el espmtu'.lhs1mo autor clel ''matrimonio blanco" v su colega,
e;:e amable y el,,] icioi::o poeta rnaYemente inclinado
hac-ia el &lt;1tcÍ•stani~mo, que se llama Francisco Cop1iée? Pronlo lo sabremos.

u

-c;:::,..Q-&lt;;:::,.-

4.-Lo que sí sabemos ya, es. lo que dice otro
pocta-polít1co, G~briel D'~~nunz10, derrota~o
las últimas elecciones de diputados en Italia. Es
11 n hombre tremendo el joven autor de "il Piacere·• y de ''ilFuoco;" pocos clias antes de lf!: elección se había Latido á sable con un adresano polític~ y le había partido la figura de un tajarrazo ... : . Y fué á los comicios y dirigió la palabra
.á los representantes de los colegios electorale_s flo
rwtinos en estos magnífico:, términos : "hbr~s
&lt;:iucladanos de Florencia, joven fuerza prorneti&lt;la á la grande obra que se prepara, súbita y vivaz primavera abierta há poco dentro y fuera clel
.círculo antiguo ( ?) ; vos, pueblo de S. uan, seguros amigos míos, que habéis conqmsi.a,do el
honor de 1-a gran jomada por un asalto mas glorioso que una victoria; vos, pueblo de Santa Maa-ia Novella, primer nervio de la guerra, que

~;1

!

Tal parecía pues que su concierto estab~ llamado á un f;acaso ' cierto y á un fiasco .ruidos?·
l!;l Ricardo Castro y el infortunado Felipe Vina'nueva son los solos, los verdaderos grafl:des
compositores que Mé~ico tieD:e, y acaso ha te~_id~.
P ero el mérito, aqm, necesit~ mulet~?• . carretillas, '·vejigas para nadar," alas de penod1co para
vol-ar y con nada de eso contaba Campa.
..
obstante, se lanzó. X obleza obliga,_ se dlJO
á sí mismo. Nuestr-OS industriales exhiben su....
artefactos, nuestros agricultores sus productos,
nuedtros pintores sus cuadros, nuestro~ esc_ult~r~s
sus estatuaíl. Fuerza es que, yo haga 0ll' mi mm,'lca.
.
t ?
Y la hizo oir y aplaudir. ¿ Con qué elemen o,s .
Con su fe. ¿ Con qué recurs~s? Con su energ1a..
¿ C~n qué esperanzas? Con ;11mg'.mas.
. . .
Sin levantar mano, con mfatigable ~rdo~, ~ro-anizó una maanífica
orquestia, recluto prnrnsO
tas vJ cantantes, se alleaó
el concurso de Gustavo
b
Q .
·nal
nuestro
aran
barítono,
ele Kervo y umBeI ,
o
t'
tanilla que recitan admirableme~te, y presen o
batalla cuerpo á cuerpo y frente a frente.
La composición del programa. fué ,electa.)' el
de~empeño irreprochable. Los cantantes _J eJecu
tante, franceses percibieron desde el primer e~sayo que Campa es un compositor á 1~ vez ~enhdo, profundo y sabio; que procede en h!1~a directa
ele la escuela francesa, por ~Iassenet y Samt Jae:11ssus maestros; y, en línea colateral, de Alemarna,
por Wagner, su ídolo. Y no bien se pene-trar_on de
la sio-nificación de la obra ele Campa; no bien la
sinti~ron impregnada del numen rno(ierno ? del
genio francé,s,_ ellos, que creían,, encont!}rse f,r,e~;
te á una mustea de ''derbanka y ele fan«a:sta,
ridícula v exótica, al oír aquella armonización Rabia, aquélJ.a contrapuntística exhuberan te, aq11ella
instrumentación original y rica, saludaron con
sinceridad y entusiasmo al joven maestro.
La eje"Cución fué un triunfo; el lúblico er~ c_n
parte mexicano; pero era tamb1en. .Y p11nc1palmente, francés. Los arn~ncios re~~~an: "ma~tro mexirano" y el noveler1smo pans1en, que quiso austar ele aquel manjar exi:-raño y exótico, se
pre~entó en la sala P leyel con.. esa sonricilla escéptica que adopta el francés ante toc1o lo que. no
es parisiense. ]"lron to Fe bonó &lt;le- todo$ los labios.
Xo bien resonó la "Danse Ancienne'' en todos
El martes 12 de Junio, en la Sala Pleyel de aquellos "b&lt;&gt;ulevarderos" y conocedores. hastiaParís, como quien nada dice, en un verdatlero dos de todo, €'Stalló el ent.usias~10. Qnerían exosantuario del arte lírico, el maestro Gustavo
tismo y arcaíRmo y fueron sernclos á su gusto;
Campa, crítico musical de "El 11~nclo," y com- el exotismo y el arcai¡.mo ele los ballet~ rlc las H epositor exquisito, celebró un :festival suntuoso
radias éw iiassenet y ele los de Enrique YIII ele
y significa.lllvo é hizo oír una sene de sus compo- St. J acn, sabio verdadno, rico ~' sonoro que resiciones.
me ita el pasado v evoca los paisajes y lo$ panoraN"ada más atrevido que tamaña empresa. El pú- m~,; lejanos y extraños.
blico parisiense es de tal índole, que todo lo que
CanÍp-a. c1·e"oeoso de ostentar ~u ta~ento en la
no es francés, le pa.rece sospechoso; que á todas multipliciclacl de sus formas, hizo eJecnlar cleslas reputaciones extranjeras lo dejan frío, que to- pué;; rn "allegro appai,sio;1~to" á cl?s pianos. C~n
da trompa de la fama le parece insonora, srn? e,;- él conquistó fama de mus1ro sentnnent:l y mas
tá afinad-a con el "la" parisiense y con el cltapa- que i:entimental. pasional. Luego, empunanclo la
són francés.
lira ele Oluck y de }l,fajark, nos r etrotrajo á los
Las contadas celebridades extranjeras que han "minuef~," á los "cantos con variaciones'. de la
h echo aquí carrera y conquistado lauros, en c:en- eclad ele oro de la música de cámara; nos hizo sod-as, arres, industria y política, han ne;esitaclo, ñar con su "ReYerie," tocla inspirada en ,ragner,
ya ele padrinos influyentes ~' ele alto caracter, ya y o-emir, llorar. y amar con su estupendo poema
. llit~' una " au· b 8\1e '' magrn
. t ra_l .
del bombo ensordecedor del cuarto poder. Eleo- .ele""amor, en el que
nora Du::e, para pisar con éxito la escena . llari- fre¡:.ca como el musgo, y ar omática como el tomisiense, huho ele apoyarse en el brazo , delicado, llo v un dúo ele amor en medio ele! cual ¡:e cle~tapero poderoso ele Sarah Bernarht; }lana Guerre- ca '1ina frase· digna clel autor ele 'l'ri8tán é !solda.
ro se protege contra la crítica con el penacho
~
blanco )' el espadón desmesurado de. Cy1°'.1110 de
Beraerac, es decir. ele Coqnelín; Gabriel d .\mm"Gn triunfo! y un tri unfo en París! bien lo mC-:
zio ~• la bella Otero han tenido que desba~ijar,, el r ecía el soñador solitario y a.ustero, sacerdote de
uno á la literartura :francesa, 1-a ot.ra las Joyenas su ar te, propagandista ardiente, maestro co:11cien· de la Rue de la Paix, para hacerse admirar y zudo melancólico como i\Iozart, qne nadie nos
aplaudir; la bella Guerrero pa~a á las modista, sosp~chaba, y quo París ha ungid~ i:naestro.
de la Rue Rovale en buenos lmses los aplausos
rn triunfo! y un triunfo 1le 1Jex1co, que ha_y
que cosecha en Folies Ber~ére y en Parisiana, Y que agregar á otros m ll; hos q ne :11uesi.ro i;iaís ha
el trnor .Alrnrez, ele la grande Opera, ha teni&lt;lo obtenido y obt€mlrá aqnt. Yo hubiera querido ver
necesidad de cantar gangoso y sin expresión. la rara &lt;le los que dicen que nueatro gobierno ~aa la usanza de aquí, para hacerse tweptar en el cía las cajas para que aquí huelguen y paseen oc10"sancta santorum" del arte lírico.
sos y disipados, qne narla lncen, nada emprenden· y nada loaran en bien del país! Dejémo;i-los
, .y brabajemos
" en nuestra línea como campa
decir
en 1'l su:l'a, por prestigiar al país Y darlo á conocer
Los elem,entos de éxito en París, para un aren lo que puede y en lo que Yale.
tist,a. extranjer o, son: el "cuarto poder," al qne
hay que adular, el faubaurg St. Germain, al que .
hay que cortejar; el Jockey Club, al que hay que
agradar, y el comercio parisiense, -al que hay qu~
pagar. Campa tiene la nulidad ele no saber m
adular, ni cortejar, ni lisonje~r, y á mayor abundamiento, la de no tener con qué pagar aplamos
ni rimbonbantes réclames.
habéis defendido con ánimo tan entero el campo en que habíais plant-a_do ynestro estandarte;
y yos pueblo de Santo-SpinlJo. . . . y vos, en fin,
pueblo de Santacroce, nuestra. suprema. esperanza falanrre selecta á quien se ha confiado un nom, puro,º brillante y ardiente
.
bre
como un_ estandarte rojo desplegado bajo el ~ol flo!entmo; vosotros todos ciudadanos de l! lorencia aqm con'
gregados, recordad
que esta -velada de armas "es
más solemne que aquella. en que nos contamos
y miramos frenre á frente nu~stra :fortu~a; recordad que es preciso no dar Il1 tregua m cuartel
al emmigo, sino vigilar siempre, poner]? á prueba., perseguirlo; recordad que es preciso so_rprenderlo al poner su mano en la ... _en el cieno, que manipula con tanta msolenc:ia y arr~jár,;elo á la c.1ra y mostrar de nuevo que su v1Ílanía sólo es comparable con su mi~~o y ~tu_estro desprecio." Y refiriéndo,;e al Danct esculpido
por .1figuel Ang,E'l, estatua mu)' popular ~n Florencia, el poeta concluye con este snnbolo:
"Cuando, i oh! ciudad-anos libres, con toc~as vuest1ras :fuerzas en un segundo asalto reumclas, hayan plantado vuestra bandera sobre ent_rambos
campos, comenzarán Ynestr?" nuevos destmos; y
podréis en guisa de presagio, arrnncanclo ~e su
triste nicho oculto al joven héroe por 111guel
Angel esculpido, conducirlo á la alegria y á la
gloria de vuestra prima vera." ¿ Qu~ os parece?
K o, discurso político, no es rnte; d1~curso electoral, tampoco; diremos poema-oratorio electoral.
¡ Oh! los poetas políticos son s :ernpre jóvenes,
muchas veces de jóvenE'S se quedan, cuando los
otros han seguido vida adelante; entonces son
jóvenes antiguos; D'Anunzio d~nt1:o ele vei~te
años, que tendrá cincuenta, sera siempre el JOven héroe que vive ;en la alegría y en la gloria de
la primavera.

¡~;

Un concierto de Campa en París

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�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Julio de 1900.

Domingo 8 de Julio de 1900.

UN RECUERDO DE VIAJE.
Hace algun os años, al volver de Francia, me los vientos y entré. Todo era humilde y pobre,
detuve en una ciudad de Castilla, deja.n,do en ella el pero s-0lemn€! y elocuente; que cuanto más desnuda
ferrocarril por una mala diligencia que había de de grandezas apan.ce la muerte á nuestros ojos,
conducirme hasta un pueblecillo, á donde me lle- más impone. )ii había Jargoa epitafios, ni sepulvaba la 11fición que tengo á cuadros viejos, -cros de bronce, ni columnas de jaspe, sino cruces
cuando son buenos, y antiguallas, si tienen de no- de palo clavadas en la tierra, calma, silenc:o, solEidad augusta, y luego, ocultas entre la verde aliabl~ algo má;, que la edad.
Era ya en los últimos días del verano y al caer fombra de yerbajos que cubrían las tumbas, mila ttarde; el sol, que parecía despedirse haciendo llares ele esas florecitas tristemente amarillas, que,
alarda de sus fuerzas, brillaba inusitadamente, como hijas d€,J llanto, sólo en tales lugares crecen,
iluminando con su dorada luz las quebraduras de y rojas am11polas, que e,n aquel sitio semejaban
las peñas que, c;:imo festones de granito, limitaban manchas de sangre derramad,, en las luchas de
por ambos lados el camino que recorríamos envuel- la vida.
Como si •se hubiqra querido hacer allí1 palpaUe
tos 1:.n una nube de polvo y moscas; llegaban al
oído, confusos y mezclados, l-0s gritos del zagal, el la hermosa idea de la igualdad humana, casi todas
cascabeleo de los collares de }a:, mulas y las mal- las tumbas eran en su pobreza parecidas; quizá
diciones de los pasajeros, presos entre tablas, que pol'I esto) mismo, ó tal vez por su mayor altura,
parecían pugnar por separarse, poniéndonos á me llamó la ate1J1ción una que consistía en una
cruz de mármol basada sobre losa de granifo; las lluvias habían
arrastrado sobre la piedra sepulcral la. bastan te tierra paira cubrir una inscripción
brevísima, de la cual
podía solamente leerse
esta. fecha: 1860.
Colgadas de los brazos •de la. cruz veíanse
seis coronas de siemprevivas , de las que
muchas desmentían sn
nom hre por lo secas;
la. primera, contadas
de izquierda á uerecha,
estaba completamente
destruíc1a, era el esqueleto de una corona; sólo quedaba de ella ese
rollo de pajas que
unos revisten de florecitas con la mayor indiferencia pa~·a que
otros lo depositen llorando ant e1 un sepulcro; en sus cintas apenas p0(1ian ya adivinarse los guarismos
que componían esta cicada bache, que producía un tumbo, en peligro fra : 1861; la segunda también ajada y seca,
d,€• c:irtarnos la lengua con nue,tros propios dien- decía: 1862; la tercera, descolorida y pálida,
deshecha y maltratada por los vientos, c:orrestes á poco que nos descuidáramos.
Hubo una cuesta donde la carrera fué vertigino- ponc1í.a á 1863; en la. cuart:a, conservada más
f'a; los árboles inmediatos á la carretera pasaban erntera y con más color, los nümer os se leían.
junto á las vemtanillas del coche como huyendo de aún perfectamente : 186-l: .La última, casi lozana
él; los chicos de las aldeas que atravesábamos in- y fresca todavía, era. del año siguiente. El ai&gt;
tentaban en vano subir2e á la trasera; las aves de re las hacía temblar, moYiéuc1olas pausada
corral escapaban :1umorizadas al sentirnos; las y dulcemente, como si forcejearan queó.:n-do detemulas corrían y corrían; la diligencia iba, en fin, ner ante aquella piedra, caldeada por el estío,
más de prisa que pensamiento de ambicioso. Al las frescas brisas de la tarde; el sol ponienl'e pallegar á un pueblecillo hicimos alt-0, y cuando ya recía volverlas el color perdido; nada se oía en
€•1 mayoral empezaba á impacientarse porque no torno, ni el chirrillo de los animalillos estivales,
salía el relevo de las cuadras, nos dijeron que aún ni el bullicio de las cercanas eras, ni aun el blantardaría el coche más de un cuarto de hora en po- do .aJtsteo de los pájaros que, faltando la luz,
tle.r arrancar de nuevo, pues no esperándole tan venían meidrosos á esconderse en los resquicios del
pronto como había llegado, estaban todavía las tejadillo de la puerta, mientras yo pensaba, mimulas en una era que distaba de allí dos largos rando aquel sepulcro : "Aquí yace uno que todavía
vive en la memoria de otro."
ti ros de fusil.
Pero noté en seiguida, que \5i la última corona
Pregunté entonces si había en el lugar algo
notable que ver; dijéronme que no, y eché á an- correspondía á 1865. eran ya pasados algunos años,
dar por gusto de €1Stirar las piernas, como para y aquella mano cariñosa no había venido, como
convencerme de que 11::odavía estaban en buen uso antes, á dejar sobre los brazos de· la cruz ninguna
nuen11 prueba de que fuese la fiel ejecutora. de lo
y sabían su oficio.
alma triste la ordenaba.
m pueblo valía J!&lt;&gt;Co; no habí~ en él ni_un so~o queElundolor
y el recuerdo son perfumes de los
€luificio clign-0 de citarse; era t'n ste y miserable,
que cada hora nos arrebata un átomo; llega un
pero en las afuerns se veían, como _tendidas en la
día en que la mente olvida, se debilita la miemoria,
falda del cercano monte, algunas qumtas de r ecreo
y como una. tinta pálida, se funde en otra más
que, ocultas entre copud?S árboles_, ?~jaban adivicaliennei, se truecan en tristeza los dolores; al panar la comodidad y la nqueza. Dmg1me hacia la
decer intenso sucede la. melancolía plácida y tranmás c€n·can.a, y ya próximo á ella, ~l. torcer un
quila; y como lo blanco se hace, sonrosado, lo Tosahni~co recodo del camino, me halle JUnt~ á la~
do carmín y Jo carmín rojo, la alegria renace deta,pias del cementerio; de _suerte que, degm_ido "a
j:rndo apenas una reminiscencia vaga de que se ha
mi espalda la pobreza por 11' en busca del b1ene"':
!.l1fric111, un &lt;:oníuso rumor de haber amado q11e
tar y la fortuna., vine á ~ar con la muerte, cosa, s1
percibirnos. como s1 al corazón llegaran los 2c,1s
mnv frecuente, menos tnste de: lo que parece. . .
,b Ye.ces conocidas -.- ha mucho tiempo no escuclnCuatro muros de tierra parda y delezna\Jle l1m1tlas. &amp;lo es lo que aquí ha sucedido : quien se
tabau el sagrado recinto; empujé la puerta, sobre
q11edó ha olvillado á quien se fué. y el añ'l ("1 (fl"
la que había una cruz de m?iler!\ tronrhr.d~ por

..

la nube del dolor se ha disipado al recibir el beso
consolador de la ale1gría, J-0s brazos de la cruz han
esperado en vano una nueva corona.; la tierra se
ha ext'e'Ildido sobre la piedra libremente~ y ahora el muerto lo está en verdad y sin remedio;
pero ant.Es no, que mientras alguien los recuerda,
los muertos viven. Dentro de poco el afelpa.do
musgo echará raicillas en los huecos de las letras
grabadas, borrándolas entw-amente, y \,m,tonces
todo habrá concluído.
La luz iba faltando, y la curiosidad me atenaceaba por rnber una cosa vulgar hasta. no más :
la eterna historia de uno que se muere y otro que
lo olvida.
Expiraba la tarde,; las temblorosas sombras de
los altos cipreses envolvían la cruz como una gasa fúnebre; cuando al mirar fijamente aquel sepulcro, creí ve,r su piedra t,ra.nspa.rentarse y conmoverse, ofreciendo el obscuro fondo de la tierra
á mis ojos atónitos, como un extraño kaleidóscapo
cuyas visioms fueron el espejo en que se reflejaba Jo que m i fantasía. iba forjándose. La losa de
granito fué tomando los brillos de un cristal que
conservaba la forma de la lápida, y por bajo de
ella cruzaron ant:e mí escenas no ocurridas, con
que yo pr,etendía. fingirme lo que quería adiYinar.
Y creí ver explicada,; las seis coronas ue mil
modos distintos. . . . . . . ,

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Expos ición r e; rospectiva..

Exposición de Bella s Artes.

Yí brillar las primer¡:1-s mira.das que llegan
hasta el fondo del alma y no quieran salir jamás
da allí; los primeros suspiros que se beben como
algo nuevo que noB da la vida; las citas á esas horas que tardan tanto en llegar y que se nn tan
presto; las veladas de amor con sus estr.zllas en
el cielo y con sus be•os en la tierra, y esas miradas de esp€1l:anzas y duloes inquietudes con
que el cariño se alimenta, y las promesa;: que se
hacen sin saber cuándo oo podrán cumplir.
LuE1go, tiomando rumbo distinto mis antojos,
ví un poema de paz y de dulzura donde lo había
visto de pasión ardiente y loca.
La madre jugando con el niño, que enredaba sm
temblorosas manecitas entre )as anchas Y robustas trenzas de una. cabeza bañada en los arreboles
de luz que esparce en torno suyo la alegría; los
pasos inciertos; las primeTas caricias hecha5 por
el hijo, como obedeciendo á un instinto, y recibidas por la. madre como aspirando u n perfume;
las primeras balbucien te~ palabras, antes qu2• dichas por el labio, adivina.das por la imp:iciencia
del deseo . . . . y luego la sepultiura, las sei.s coronas, y el problema en pie. Aquello era la no\·ela
ele un alma que había. anu1do, y se veía olvidada,
algo que hacía sentir el frío de la muerte en las
entrañas; eira mirar la tumba de uno mismo,
leer en su propio porvenir, hundir la vista en lp
futuro y ver el nombre horrado, la lápida invadida por las plantas, las coronas marchitas, y
por cima de todo la mano del olvido, dE1ando
caer cada segundo un átomo clel polvo de la nada
sobre el recuerdo de nuestrll. existencia . . . . .
.Amante ó madre, hombre ó mujer, el YiYo
había muerto ó e-1 muerto estaba ya olvidado.
Cerrada la. noche, volvírne triste y pensativo
hacia el lugar; monté en el coche, que partió
arrastrado al galope, de la~ mula¡¡., y mientras tuve fija en la memoria la imagen de lo que creí.
ver y lo que ví, hubie~e dauo cuanto tmía por
saber la historia de la~ eei:, coronas.
Pero de allí á poco, y pensándolo bien, hubi,eira dado Jo mismo por segi1ir ignorándola, y n hora prefiero á la, realidad horrible con que pudiera tropezar el antojo de mi imaginación.
Quiero creer que los muertos eran dos.

:Jacinto ócfavio j)lcón.

~'J .... ~
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I-

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Exposición de t abacos, p roduc~os qu1micos y perf11mer1a..

Fots. de Manuel Flor~s, hijo.

E xp osicion de granos y semillas.

casa:, particulares, habitables, y de una rique,za
no muv excesiva: el de la Gran Bretaña v el de
Austria. El nrimero es, en efecto, habitable-; su
disposición interior no desdice lo que sus fachadas hacan preveer.

NUESTROS GRABADOS.

EL NUEVOPHESlDE~TE 11n ICIPAL DE PARÍS.

T

Publicamos, por ¡,.,e r de gra11 oportunidad, la
fotografía de 1¡_ Gréhaun1l. m1ern Presic1wte,del Consejo Municipal de París.
El señor Grébauval, tiene sólo cuarenta y dos
:años. Nacido en Amien,-, ~e dedicó al periodismo
,en su tierra natal; de,,pué, fué á P.arí,, donde
tomó una activa parte en el rno\·imiento boulan_gista.
El señor Grébau val. que ha merecido el important.€! c.ugo que Fe le acaba de clar, ha consagrado su~ inteligente'- e&gt;tuclios c-on particularic1~cl á los a,;untoB financiero~ y tres Yeees ha sido informador del pre-upnesto. En sus ocios. se
ha c1eic1icado al periorfümo •atírico atacando á la
11.dministración en un diario de la tarde. El se11.oT Grébauval Pe ha dedirac1o también á la literatura, habiendo public-ado un libro titulado:
«Los En:fcrmos."

111. Gr6bauv~l.-Pre31dent9 de l C,ns ejo Muuicipa.l
dePar1s,

LA EXPOSICION DE PARIS.
AUSTRIA.

D os de los pabellones ext:Iranjeros alineados sobre el Sena., afectan exteriormente el aspecto de

El exterior del pabellón Austriaco, obra ele un
inteligente arquitecto, es, por el contrario, engañoso á la simple vista. El a-rquitectlo, habiendo
querido edificar al borde cld Sena una construcción enteramente vienesa, no hubiera podido ene mirar n-acla tan caracterísLico como . esa adaptación de los motivos arquitectónicos de la
'lfinter R eitschule, (Casa de Invierno), una de las
construcciones de la. Hdhurg. La em·oltura
exterior es la importante; el 1nm1cionac:o arqui tccto, la constru~•ó á su fantasía y en seguida
se las compuso lo mejor que pudo para alojar allí
la exposición oficial austriaca.
Los pabellones d1c11 Austria, de la. Hungría y
de la Bosnia Herzegovina, están agrupa.dos; pareció n ecesario constTuirlos muy diferentes los
unos ele los otros, á fin de marcu bien la diversidad de origen de estos tres países reunidos políticamente. Los tres arquitectos han atenido sin
t.rabajo este resultado: el castillo bósnico, la habalía húngara y el hotel austriaco, ponen á los
ojos del visitante una ima~en fiel, si no comple-

�Domingo 8 de Julio de 1900.

EL MUKDO ILUSTRADO

Arbustos en sus respecti\'os c.1jeties, recortados
en globo, hacen cuadro á la puerta, que cierra una
hermosa reja y qw¿, está precedida por estatuas figurando caballos encabritados.
Interiormente, el pabellón parece, de pronto&gt;
no ser otra c:isa que un hermoso block de e3calcra. Muy bella, tranquilammte concebida, la escalera que conduce á la galería del primer piso p.1rece ocupar tloda la planta baja. Esta, sin embargo, comprende muéas salas : un salón de recepción, decorado y amueblado en el nuevo gmto
vienés; una sala de lectura; una estancia agregada. á 1-a exposición colectiva de las aguas minerales y esh:ciones balnearias; otra pieza, ocupada
por la exposición d.s• la ciudad de Viena. El primer piso encierra una parte ele la exposición del
arte austriaco, la exposición de lo~ po,:tes y telégrafos y una serie de paisajes dálmatas.

Domingo 8 de Julio de 1900.

EL PABELLÓN DE GRECIA
Las ~cc:ndades geográficas, tanto como las proporciones territoriales,
no ~an sido observadas en la calk· ele las X aciones en la Exposición ele
Pans. De modo que la Grecia se ha colocado entre Servia .. .. y la Suecrn Y 1~ }&gt;ersia, entre Luxemburgo y el Perú. P&lt;:-ro nada puede reprocharse ~ este arreglo fon taseísta, puesto que es armonio,so.
As1: pues, en la prEGCnte Exposición no hay que ir á buscar la imagen poht.c1 del m~ndo civi_lizado, sino solamente una imagen arquitectural enteramente mdepend1entc d,, su vecina.
Los ladrillos azules del pabellón ele Grecia, se unen á los ladrillos
rosas, en un &gt;Etfecto de gracia encantadora que mucho ha acrradado al
e:cn·tCll" f ran~és Anatole_ J&lt;'rance ... '·Lo que 'hay que aplaudir eno esta obra,
dice el m_enc,onado escnt\or, es que la materia prima es pr,iciosa, ó cuando
me?os, smcera, rara cualidad en una constn1cción extranjera. Así, Yed.
que fino y br1_llante es su color, lo dulc,21 que son Jo;; tonos azules y rosas
de estos mosaicos, y hay que admirar, que bajo ern pórtico, el mármol de
las colu~nas blancas tiene venas de ágata. ~'IJ"o falta, pues, sino un fütón
de laun,,es, palomas sobre los tallos ele las cúpulas v el ~ol de la Atica.
Habéis risto. cont.inúa Anatole Franr-e, habéis visto ~obre la ruta polvos,1
de Atenas, entre los grises olivos, los muros r:o.s-as del monasterio de
Dap~hé? ~Ie figuro á Dapnhé ante ese h.·rmoso edificio, (el pabellón de
Grecia) comtruído de una manera tan original sobre el terna 11:zantino.
L. armadura de los arcos y de las cúpulas es de fierro vaciado. El arquitcc.o, 1I. l,uci,e·n Magne, supo relizar de esta manera la costrucción
de una obra moderna, uniendo la gr acia antigua á un "material"' nuevo.

I

EN REY DE SUECIA EN PARÍS.
...;.__

-r:•,'~-:f-.7 -.:::.--~~;~t~5
Pabellón de G::ecia.

t!l, d~ esta extrai.a. yuxtaposición política, que
con!tituye el 1rnp~r,o austro-húngaro.
El pabellón de Austria es c-1adrado. Su techo
de pizarra está hecho á la }hnsar. Una cúpula
ovoide corona uno de los áncrulos.
Lai simetría. de la fachada ~e limita á. los dos
ante.-cuerpos; el de la de derecha, dando la ',Sralda. 1:11 Sena, ~s poligonal y forma pabellón de
ang~o, como s1 el pabellón estuviera en una
esquma de calle.
La ornamentación escultural es abundante con:1º en todos los edifc:os de estilo baroco. Est~ estilo, el "barocco" italiano del Bernin v de Borron:iini, pa11tió, de Roma á mediados dei' siglo diecisiete y cruzo toda la Europa, afrancesándose con
Bo~f~and, españolizándo~e con Churriguno, briflamzandose para convertirse en el "estilo abom hado" que
mucho tiempo m Irnillaterro
. , triunfó
d
,..,
, ~,
~ermamzan ose con los dos FiEcher, padre é hiJO, . que fueron los arquit~ctos de la Hofburg. El
e~tilo baroco, es de arqmtectura escultural (Bnmn e:-a, en efecto, escultor.) En sus excesos, no
conoc1a las lín~as rectas ni las superfici€, plana;,.
Es,_ en el extenor de las consirucc:ones lo· c1ue el
estlo"
·
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'
i
rococo" para l os mtenores.
E~ pabellón Austriaco, time, por "tanto, una
sobriedad relativa. Sah-o algunos detalles de la
fachada, el resto es de un gusto firme, aunque un
poco pesado.

S. lit. el Be:, de Suecia alllegar ala estación del lrorte.

EL MUNDO ILUSTRADO

El Rey Osear, d:e Suecia, ha sido el primer soberano que ha hecho su visita á la Francia, después de la apertura de la Exposición Universal.
1'~1 Rey salio de Londres la maüana del 7 de Junio pasado, y llegó :í. Calais en vapor esp€cial, para subir á un tren cfüpuesto por la Compañía

EL PABELLÓN . DE PERSIA
La cerámica triunfa en el pabellón de la Peirsia.. Sus materiales, sin
embargo, no son persas. H an salido d,e1 la gran fábrica de I vry, donde se
han descubierto tantos procedimienlkls anticruos. La Persia moderna no
hubiera. podido enviar unos estucados tan fin;mente tirabajadús y pintados.
El pab:llón está, según se dice1, inspirado en el p!!lacio ele 11adresseyeMadersc~ab1, uno de los juguetes arquitEctónicos de Ispíahan. Sobre el
puente de la puerta de honor, Están escritos en Persa el norn bre y títulos
el;:! ~•_1bnano actual: "El Soultane Moza.ffer ed din Shah Kadjar."
Sobre esta in~cripción figura la corona imp2Tial.
En_ el. interior r~side el, ~riente tradicional : los divanes, los tapices,
los cortmaJes de refleJOS nwtahco,,, las armas damasquinas, los vasos de cobre, los bordados, las 1.ela1 tejidas de seda y oro. En un lado todo esto se
encuentra en calidades variadas; hay cosas hermosas, mediocres v malas :
es el bazar de venta. Del otro, nada. sino lo mu_v he,rmoso, los tap·~zs antiguc_s de un valor inestimable, los cogines cubü,irtos de encajes &lt;le sala maravillosamente bordada de oro, los vasos preciosos, un amontonamiento de
rjquezas un poco fatigante para lo,3 ojos; es é.,te ,e,l salón del Shah de
Pe:sia, esperado el presente me~, después ele su &gt;l:&lt;Stancia en Contrexévilk

El Pabellón Imperial de Austiia,

del X orte, y que le hizo Iranquear en tres horas Y algunos mrnutos lo;; trescienit'os kilómetros.
que separan al C'aJais marítimo ele París. El
c?nvoy _;eal se cTomponía. de un fmgón de la
Compama del :Norte, de un wao-ón-restaurant
&lt;le _la ~ompañía de wagones-&lt;lormitorio~, de un
$alon-v1ctoria real P. B. 1\o. 1, y de un wao-ón
d,2 }ª· cl~~e, ele la misma . CompaÍi ía ele! X orte.
St'. 1IaJestael fué recibido á su llegada por el
Pres1cle~ite c~e . la Hepúbl ica, acompañado de )I.
J~;lca~se, :u_m,stro _de .Negocios Extranjeros, del
G,en_ial Ba,lloucl, Jefe de la casa militar presidencial, .V r1e )L Croizier, director del Protocolo.
)f. Louhet, para aquella ocasión, había aélor?ªd~ su solap,1 c1n la condecoración del "Sernm, , que el Rey le ofreció la mañana siguienü,
!l dia en. que el Congreso de Versailles le elev6.
a la Presidencia. Esta orden, cuyo color es azul
celeste, no. apo;ta sino el grado de caballero y
no ,se da smo a los soberanos.
' ·
El Rey. ~levaha una ro,a que reunía la orrl!!n
de la Le2"1on ele 1Ionor, la merlalla militar y ]a
medalla de rnlvamento, combinadaR.
La el'po~a del )Iinistro de Suecia, en París,
Mme. Ack~rmaun, ofreció flores al ilustre viajero. La~ mat alta~ personalidades de la . coloi~ia
rne~a e&lt;tuv,er?1: :1Jresenfos en la Estación. Rn
ilfaJ estad ~_e dmg1ó en seguida al suntuoso hotel
de la ~vemcla del Bosque ele Boulogne. destinado
exc~us1va1~en!e á lo~ hué~pedes coronados, V á la
rnanana s1gmente l11zo su visita oficial al Elíseo.

11

1 .

).

:inauguración del Pabellón de- 'l'raBavaa:.

Pabellón de la Per■ia.

EL PABELLÓN DEL TRANSVAAL.
El pabellón oficial y la granja bóera que, con las construcciones &lt;lo
las rumas de oro, componen el conjunto de la Exposición del Transva·al,
acaban de ser abiertas al público.
Tri,;te, bien triste inauguración, sin recepción y sin brillo; el pú})lico
admitido en el coqueto pabellón, tan fresco, tan elegante con su decorado enteramente blanco y oro, no ha expeirimentado la sensación que
se debía e,peiar del fellz decorado de las salas. Parece qu¡;• un velo negro
reviste las ulancJs columnas, y la simpatía popular es tan fuerte, ,rn favor
de Jo¡; infortunados bóeros, la piedad y la emoción son tales, que los visitantes se adelantan lmtamente, la cabeza baja y hablando á media voz. Se tiene la impresión exacta de la llegada. &lt;le los invitados á un día de cnt:erro, y gran sorpresa causa no ver á :Mr. Pierson,
Com1sar10 General de la República Sud Africana, recibir los apretones ele mano destinados á la
familia.
Esta impresión fúnebre está aumentada aím
en el intenor, por el pequeño salón instalaclo entre la columna'(:a interior y una de las exteriores.
Allí, en una semi-obscuridad, se yergue el busto
en mármol del Presidente Kruger, y un poco
más atrás, sobre los caballetes, los retratos del
Dr. Leidds y del General J oubert, cubierto el
último de crespón; en medio de la estancia, sobre una mesa, se encuentra un bouquet tricolor,
cfrecido por un grupo anónimo de obreros patriotas, semejante á una corona colocada sobre
una tumba.
X o lejos de esta sala fúnébre, el pú1~lico se detiene á contemplar con estupor el canón. de la
guerra de 1880, fabrica.do por un herrero bóero
con yantas de ruedas!
En medio del natio interior se encuentra una
gran urna llena de pájaros y de pequeños animales. El fondo de la sala está ocupado por t~na serie de pinturas al óleo, que. representan ~1tferentes visi.as de la fábrica oficrnl dD exploswos
de l\Ioder:fontein, que produce la dinamita y
que ha provocado la grave cuestión de los
explosivos, punto de partida de una de la.s
reclamaciones inglesas.
Cuando se llega al primeT piso, en la galería circular, re escapa. el visitante un poco
á la tristeza ambiente y no puede menos de
Monumento de Ccp6rnico.
interesar~ en los tapices de pieles curiosas,

�Domüwo
8 de Julio de 1900.b

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Julio de 1900.

expuestas sobre la balaustrada de la galería, así como en los
~lcspojos de antílopes, cuyas especies son tan numerosa5 en Sud
Africa. Son notables, también, los utens1los de ca"a, los b1be]ots y estatuitas confeccionadas por los indígenas cifres y zuJues.
En medio de todos estos productos, está expuesta la últicarta
o-eolócrica ele: la República Snd-Africa, hecha ·para
111ª
b
o
l'
.
la Exposición de 1900, y sobre la cual, una mea. roJa, como
impregnada de sangre, muestra. al lado del Transrnal, la RUperfi.cie de las regiones del oro, causa de las d,ESgracias que se
han abatido sobre los bóeros.

LOS ZAPATOS VIEJOS.
J\unque _una gitana desgreñada y negruzca le
hab1a pre&lt;licho que llegar1a á. apalear eJ oro, Pedro Nolasco ya iba de~cendienuo la árida cuesta
de la vejez sin que viese el suspirado instante
de mejorar fortuna . Siempre sentado al pie del
tamborete ó bastidor, donde bordaba con femenil paciencia-él fué uno &lt;le )03 muchos del gremio que dieron nom ?re á la calla de Bor&lt;ladores,

EL PABELLÓN DE LA ARGELIA.
Sobre la. vertiente del Trocadero, cerca c1~~ puente de
Jena leva11ta la Argelia sus blancos minaretes y rn~ cúpula;;,
cuyo' brillo cintil-a al sol. Sus dos grupos c1c euificios da~ alegria y animac·ión á la vasta vía que conduce' por cletras del
Sena del Campo de l\Iarte al Trocadero.
J~l primer grupo de consbruceiones ~stá cons~grado á la
expooición of.cial de los pro_du~tos ~gehan~s, mientras ;i-ue
el otro está exclusiYamente cted,cado a las c11stracc10nes. Este
par de'grupos está cortado por una ca~ le, reproducción, de una
vía argeliana, muy c.uiosa, con sus tiendas y sus ca.fes.

Esca.ler,. de h onor de l Pabellón de Austria..

A su derredor se agrupan varias distracciones, panOTamas y conciertos argelianos que atraen á toda una población
ruido.su y alegre, cuyos gritos y cantos detienen á los numerosos pasean l:fs.
Mientras que los Ouled-Xails más ó menos auténticos,
llaman -á lc:,s espcct.adores, penetre~os al otro grupo de c:mstrucciones, e11 que la muchedumbre e:; tan grande como en la
calle de Argel.
Aquí, nada de hml)Olriles y clarinetes, pero se _ofrecen ~l
viútante bellas é ink1J.·e~antes cosas sobre un espGc:o ele mas
de dos mil ochocientos metros, se escalonan salas ~' p·ltios de
Yariadij.'s dimrn~ion e~, elegantes reproducciones de monumentos argelianos debidos á un eminente füquitecto.

'1
1

Pa.bellOn de Argelia.,

lacio, r odeado de los funcionarios y guardado por uu pelotón
de marinos.
P.ETO el peligro para los extranjeros no reside solamente
al rededor de la capital del Imperio Central. Hasta estos último; días se encontraba en Yunnan un personal técnico, de
rngenieros y c:mductcre:;., itjecntando loci trabajos preparatorios
de la vía férrea, que debe unir al Tonkín con h1 capital de la
prol'incia.
T:n alto funcionario del )Iini.;terio de Xegocios extranjeros, ser vía de intermecliario entre la dirección de les trabajos
y las autoridaues chinas.
Hace algún tiempo, la, agitación que se ha manifestado al
R orte de la China, se demost,ró, igualmente, al ::,ur, hasta el
punto de que el Cónrnl francés creyó deber armar, para clefonderse, al personal del con,ulado y de los caminos de fierro.
Esta agitación contra los exbranjeros, ha redoblado su
furrza en estos últimos tiempos, tan amenazadora para los europeos, que el virrey se declaró impotente para protegerlos.
l'or un telegrama r eciente. el Cónsul francés, )Ir. Francois, hizo saber al liinisteno de Xegccios extranjeros, que le parecía
necesario replegarse sobre el Yunnan con todos sus agentes y
los misioneros.
Las ultimas noticias son de menos en -menos tranquilizadoras; d Príncipe· Ching, pre:-idente ,lel Tsun-li-Yamen ha
sido reemplazado por el Príncipe Tuua, padre del presunto heredero y fa1·orable á los boxer~.
P1€Ciso es esperar que lo~ últimos cablegramas no se confirmen; pero deben temerse noticias graves, y la clepo~:c:611 de
la Emperatriz viuda parece absolutamente indicada.
De creerse es, por otra parte, que el formidable movimiento boxer no encuentre resistencia formal, lo que le hará.
aumentar en vigor y llegaT quién sabe á que terrible magnitud.

LOS "BOXERS" CHINOS.
Grande el"- en ElHopa la inquietud, porque todo el mundo se preocupa de la suerte c1e los extranjeros q ne están en
China, en peligro perman¿[lte. En Pekín todas las leg,:c:ones
europeas e~tán agrupadas en una misma calle, excepto la ele
Hélo-ica. Cada una cle e,tas legaciones rntá guardada por un
cle:::tacamento e~ soldado~ y de marinos, y juRtamente publicarnos una fotomrafía de la de Francia, en la que se pmde ver á
Mr. Pichón, ftinistro Plenipotenc'.ario de aquella Repúbl ica, á
quien, según los últimos despachos, dan por a~esinado en P,ekín, juntamente con el ]llinistro inglés, en el umbral de su pa-

EL 1\fUNDG ILUSTRADO

X.egac i on d e Francia. e n Pek1n.

1

J.

en 1Iadrid,-apenas si el jornal alcanzaba á mmtenerle ele rnús gacha;; que jamón y más lentejas
que tocino, y pag-ar su humilde ropa v el alquiler de su exiguo tabuco. Y &lt;le.;enredando y dernnando el retorcido hilillo dorado con que recamaba
c1sullas, estolas y mantos de image'Il, solía pensar
para el raído coleto : "La maldita gitana ha blóme
de apalear el oro, porque siempre lo traigo entre mis manos pecadoras . . . Chanfionerías de bruja, para burlarme y dejarme con un palmo de
narices."
Con estos melancólicos pesares batallaba una
tarJe Pedro Nolasco, en ocasión d.e, estar realzanL'.O las barrocas rosas del velo de seda que un devoto quería regalar para su fiesta á Nuestra ::,sñora de la Guadalupe,- cuanclo en la puerta de
ru chiribitil se incrustó una figura ele mujer desarrapada, y una voz ron ca y &lt;lejosa articuló:
-A ]a pa e Dios ... A echarte la buenaventura vengo, zalao.
.
,
- A poner pies en pol 1'oroE"c1 ahora mismo es a
]o que vendrás-exclamó .el bordador montando
en cólera' al r econocer á la empecatada
egipcia.,.
:Más de diez años h!lce profot1za~te que yo sena
rico, y aún sigo p:c.ínclome los dedos con la aguja
y cegándome los ojos con el bordado. Quítate
de enmedio, ó sino. . .
,
,
.
-Avina!!Tao
clesconoc10--cm1testo la gitand
b
'
l•
,
con sorna-ahora te vov á cantar la verna ma,
fija que el sol que nos alumbra. Rico serás, y en
doblones has ele ajogarte mu luego; p~ro ,va 9ue
no das albricias á los que te traen el bien e D100,
np te ha de aprovechar ná, y ha~ de querer gorverte á tu miseria, y á pintar e,a'- r os1yas pa J~s
zantos. Y agur, y á la ~epultura te yeYen tus chueros, tiñOí,O.
.
.
Pronunciada la sentencia, la bohemi-a desapareció, no sin que Nolasco se levantase he_cho un
basiliwo, resuelto á dar una mano de punaclas y
ccces. Tardó en apaciguárl'-e1le la ira, que no ~enía sobre quién recaer, y aquella tarde no h~zo
-cesa de provecho· temblábale el pulso, las hoJas
de rosa se desfi~raban, el tafetán so encogía y
el delicado hilillo se confundía y embrollaba entre

los dedos. Durmió muy mal y despertó despavorido, viéndose i:odeado de gente; un gentío, todo
el barrio se agolpaba á su puerta; le sacudía por
los hombros á empellones un venerable clérigo,acabado &lt;le bajarse de la mula en que venía desde Toledo, para IJOticiar á Pedro X olasco el fallecimiento de su tío Don Ramón Trijueque Salas, opulento negociante en paños y sedas, el cual
dejaba por único heredero al humilde bordador.
]¡&gt;edro Nolasco pensó si era alguna pesadilla. No
reccrdaba á su tío, no c:imprendía por qué .le daba éste, tal prueba de afecto, y todo era pellizcarse á ver si, en efecto, despertaba. Por fin, hubo de convencerse, y de súbito entrando en él un
gozo desatin¡&lt;lo, sin poder contenerse, r ompió á
bailar el fandango, con tales piruetas v mudanzas,
que lucía y mostrat a patente la suela de los zapatos, únicos que poseía, ya bien maltrechos por el
uso. RE·parando en ellos llll solícito vecino de los
Yeniclos á felicitar, prorrumpió : "Corro á traer
al señor Pedro X olasco unos zapatos nuevos, pues
no es razón que tan poderoso caballero esté tan
mal calzado.'' Y salió, y volvió con los zapatos En
menos que se cuenta,. y el afortunado bordador,
atónito de alegría, dejó,e descalzar y c1lzar hecho una estatua. ¡ Para fijarse, en menudencias estaba él! T odo se le volvía preguntar y repreguntar á cuanto ascendía la sucesión,
que salió más pingiie de lo que pod la calcularse así de pTonto. Dehesa:i en Extremadura; olivares en
Jaén; fértiles cigarrales en T oietlo;
casas en la misma corte; telas, muebles, plata labrada por arrobas, de
todo cliéronle poFesión sin tardanza á X olasco, y para los primero¡;
gastes ha.Uó en arquillas r cofres
r epletos bolsones, donde el sonido
delicioso del oro hacía música cele,t ial entre las ma!Jas de :;:eda verde. Acordóse Xola, cJ lle la gitana,
y rápida nube pasajera obscureció
su afüorozo.
Poco tardó en serenarse y entregarse á goza.r
de su suerte, mudándose á e~paciosa y señoril vivienda, admitiendo criados y montan&lt;lo casa según correspondía á su nueYo estado de fortuna.
A fuer de ric:i, declicóse á pasarlo regalado y ocioso, y presto se hizo muy melindroso y exigente,
poniendo á todo defectos y reparos, llamando bazofia á los platos exquisitos, y trapos á la holanda y al ve-lludo. Dimanaba quizás la impertinencia y dewontento del enriquecido bordador de una
pequeñez, de una nadería en que t.ropezaba, pero
qu.e iba. amargándole infinito los gustos : su calzado. Desde aquellos primeros zapatos que le trajo un vecino oficioso, &lt;!llantos ponía le molestaban
y lastimaban, llegando gradualmente á producirle sufrimiento intolerable_ Fuese que padeciese
de gota, juese que sus pies, cargado,;
por el reposo y la vida sedentaria
dB bordador, no consintiesen opresión alguna, es lo cierto que pasaba
NolabCO las penas del purgatorio.
'l'odo se le volvía zarandear al
maestro ele obra prima,
encargarl es pares y más
pares, y )úilitimamenk•
docenas ele pares, sin
que, probados uno tras
tro, ac1virtfosen algún
alivio los pobres pies
magullados y en tortura.
Echóse N olasco á recorrer una. por una las
zapaterías de la villa y
corte, que fué infructuosa diligerncia. A cada.
salida, el dolor de los
pies se encruelecía y redoblaba. Ya eran punzadas violentas, ya latidos sordos y clesespera:1tes, ya un contínuo roer
como de can furioso, ya

un estirar análogo al que da en el potro la cuerda
del verduo-o. Y así se pasaba el malaventurado Nolasco noches y días, en un puro ay, mald:c¡endo
ae su suerte, renegando de Dios y de lo-s hombres.
¿ No había persona caritativ,a que 1~ curase?-D?
pronto clavósele en el magm una ide·a . REcordo
que cuando le había caído de golpe y porrazo el
fortunón no le hacían los pies el menor daño, y
tenía pu~stos unos zapato5. infelices, viejísimos.
Mandó que le trajesen sin tardanza de la~ ropavejerías, prenderías y puestos de Pastro, los zap~tDti
más llevados y traídos que se encontrasen. l r~sentáronle cestos de galochas, pero nmguna venia
á su pie: unos por estrechos, otr-0s por holgados
en demasía, éste por torcido, aquél por arruga&lt;lo
y duro, las asquerosos zapatos, s~bre revolver_ el
estómacro y encalabrinarle los nervios, no nr.neü1:-1ba.n submal. Este había llegado á ser intolerable.
El exbordador pedía á gritos la. muerte. ~us p~rviclas, pesías y reniegos, de u~a legua se 01an.•hscandalizados tei1ía á los servidores, espantlaclo al
médico, que veía_ inútiles sus unpi_ientos y emplastos, y horrorizado al buen cler1go qu_e le h~bía t raído la heren cia. Y he aquí que de 11nprov1so ~olasco llama al vecino que le había descalzado en memorable ocasión, y le ofrece una por rada.
de dinero s1 le elevo] vía sus zapatos del tiempo cle
la. miseria.
-Es el ciso-dijo el vecino apurado y con~
fmo-que los tiré al estercolero de la pl~z1, y_ a
saber dónde habrán ido á parar! Haré d11Igenc1as
por encontrarlps, pero desconfío ..... .
De allí á pocos días, el vecino se apareció con
ciertos zapatos muy semejantes á los de ~ olasco-todos los zapatos de desecho se parecen ;-pero el
engaño conocióse al p~nEtrlos: al enfermo no '~e
venían; el vccmo, codicioso de la recomven,a,
había traído cualquier calzado, un par suyo. probablemente. Y i\Olasco siguió poniendo el lamento @ las nubes, retorciéndo~e y rabiando, haota
que un día, entre alaridos, rugió:
_
-¡ Ui caudal entero daría por mis zapato.-, viejos, los único~ que no n_ie destrozaban. los pie:!
Transcurridos breYes mstantes, el criado, r~:;petuosamente anunció que allí estaba una gitana
muy deseo;a rle entrar á ver á su seí'íoría, y con
promesa ele curarle.
-Que pase eea hija de Satanás- chilló el desesperado.
La o-itana cruzó la puerta; era la misma bruja
de la JJredicción, negra, siniestra, horrible.
-Yeno-o--clijo con r etintfo-á entregarte tus
zapatos, por ellos 11;e ~,anís cua~.to hereuaste, ,tiñoso. Ya ves s1 acerte_ l e anuncrn que reneganas
de la suerte, porque para vivir rabiando, mejor
vive~ t rabajando. Giiérvete á tu tienda á ganarte el pan. ¿ Tratlo hecho?
Pedro :N"olasco se irguió, besó la mano ele la gitana, recobró sus viejos zapatos como recibiría
un pedazo de " Lignum crucis," y cor:ie,ndo se
volvió á su tabuco, donde Xuestra Senora ele la
Guadalupe hizo que nunca le faltase pan, y le
conc€:dió una buena muerte.

y

€rr¡llla ))ardo pazán.

.

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�EL MUNDO ILUSTRADO
para que se la lleven _á su novi_o ,,
en señal de un amor sm desped1c1a !

- ALOLA YLUPE RAMOS PéORUEZA. -

... ¡ Dicen que por corl&lt;ar un amarílis
que vió junto á la orilla!
Por eso cuando Juan vino á sacarla
de la pérfida linfa
donde presa quedó, entre las raíces
de una gigante encina,
apretada la flor entre sus dedos
estaba toda vía ....
¡ Triste esperanza la que sólo encuentra
en su angustia infinita,
una pálida flor de donde asirse
para salvar la vida!
Y así, pálida y muerta
c:&gt;mo la florecilla,
Juan el barqum-o la s-acó del r ío,
mientras t'-Odos decian:
"ved que tiene los ojos entreabiertos . ..
parece estar dormida ....
pensad lo que dirá su prometido
cuando le llegue la fatal noticia ...
¡ él, que alegre se fué, porque la dijo
que á casarse volvía
cuando el trigo estuviese ya corlado
y la cosecha del maizal vendida!
¡ que le quiten la flor de entre los dedoJ,
que la desaten, f)ronto, aquella cinta,

"DomillO'O
8 de Julio de 1900.
b

Y mientras le desatan los cabellos
y de las manos frías
le arrebatan la flor, por la vereda
tortuosa que desciende hasta la orilla,
se escucha, t'ras los ár boles,
un largo crepitar de hojas caídas;
luego un grito de angustia
que se pierde en la tarde pensativa .. .
y al fin un gran sollozo . ... .
¿ quién se acerca? ... es una viejecilla
que corre hacia el cadáver y lo abraza,
y al oído le grita:

"i respóndeme si no quieres que muera!
¡ respóndeme, hija mí.a ... !"
. .. Todos tienen el rostro contristado,
nubladas las pupilas ....
Y mientrns unos dicen : " i pobre muerta!"
otros murmuran: " ¡ pobre viejecilla !. .. "

}tlaría €r¡riquefa.
Sauina.c: (Coalrnila).

rnoo.

Entre todos los grandes artistas que ilustraron esa época artística que llamamos "Renacimiento," porque en ella con nuevo vigor renacieron las bellas arles en todas ~ns manifeslacio-

S:ra. Be:rt• l'e:rnandez de A:rellano.

Rl 4 del aclh1al s~ celebró en el templo de
Santa Teresa una de lai:; má:; suntuosas cer~monias nupciale,; del año en curso_:_ la muy_ est11:1:1ble !':Eñorita B"rta Fc1nández, h1_¡a del senor D:m
Serapión Fernández y ele la seiiora Doñ~ ~gap_ila
Anaya, contrajo mat rimonio con el _d1stmgu:do
caba.llero Don Carlos Arellano y Zap1an.
l\Iuy acreec1oro:3 rnn los nuevoR cónyuges á
disfruta.r de la felicidad que les deseamos.

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A.._!,,,.

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Domingo 8 ele Julio tlc

~amas mG:cicanas.

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e.isa n1im., 4 de la 3

=

d al Ciprés, 1':ro7'~cto, const:rueoión 1' propiedad del S.r. Coronel de Ingenieros D . Adolfo llll. de Obregón.

Miguel Angel.

nes, ha:y dos figuras_ que descuellan en grandes
proporc10nes, y cuya rntluencia en el Arte ha sido
tan P?derosa, qi!e sus nombres no pueden s.ei· &lt;lesconoc1dos por nrnguno que se precie de ser sencillamente culto: Miguel Angel y Rafael.
Parece increíble la enorme actividad artística
que desplegaron ambos maestros y una somera
narración de su vida basta para conv.e'llcernos de
que la inmortalidad no se conquista sino á costa
de mucho trabajo, aun cuando el genio innato
sea UJl factor necesario para conquistarla. En esta
épor•,1 uctunl, en que la pereza qnie1ie• presentársenos como un distintivo del temperamento
artístico, es útil y necesario que se sepa ampliamente que los grandes artistas, los más grandes,
los verdaderos inmortales, vivieron una vida de
constan te actividad y trabajaron de una manera
asombrosa, sin lo cual no hubieran pod ido leO'arnos tantas i~discutibles pruehas de su genio, que
son la base mdestructible &lt;le ~u inmortalidad.
No pretendemos que Miguel Angel y Rafael lle~
nen solos toda la gloria del Renatimiento; hay
una enorme pléyade de artistas que igual derecho
benen á la general recordación: pero escoO'emos
á los más populares, y sus vidas y creacione~ bastan para darnos clara id-ea de lo que puede la
energía de un vercladero artista.
Miguel Angel, nacido en 1475, ya había esculp:do una buena estatua cuando fué á Roma por
vez primera, de 1496 á 1-±99. Esa €statua llamábase "El Amor," y aunque no existe ya, sabemos
por las crónicas dé la época, que era de una factura tan hermosa, que el carcl.enal Riario, gran
conocedor de obras de arte, la adquirió en la plena
creencia de que se trataba ele una. obra desenterrada y perteneciente á la época de mayor fiorec:miento del Arte antiguo.
Cuando Miguel Angel se clió á conocer en Roma como el autor de "El Amor," el trabajo llamó á S\lS puertas con tesón, y durante su bre~e
e,tancia en la ciudad eterna, tuvo que •esculpir
"La Pi eta" quQ se ha] la ho_v en San Pedro, el
"Baco," q~e está en Florencia, y un ·'_C upido,"
que adquirió el negociante Jacobo Galh. Regresó á Florencia y en 1501 había ya concluido su
colosal "David" y habí~ dibujado el fa!noso cartón de la Batalla de, Pisanos y Florentmos, par!!
el O'ran cuadro mural del Palacio Yiejo. Pero el
Papa Julio II quería para. Roma el talento de
Miguel Angel y lo llamó de nuevo en 1505 y le
encargó que le construyera para la I glesia de San
Pedro un monumento -fúnebre sobeTbio, "como
h ~ entonces no se hubiera visto ninguno." Ese
monumento no llegó á concluirse nunca, porque
el inquieto espíritu del Papa concebía constantemente nuevos y grandiosos proyectos y obligaha al escultor á abandonar sus trabajos para ero-

EL 11UXDO ILU~THADO
pezar otros nuevos. En sus memorias, Miguel
~\.ngel llama á e::!e monumento ··ta tra&lt;redia o~ .,u
b
v1'da, ~ porque su grandiosa concepción
le torturó sin ee~ar y 5in pod€'rla realizar nune.i. El Papa le_ obligó á abandonar el cincel y le encargó
las p1tm'.ras ~e la Capilla Sixtina, que Miguel
Angel eJE'Cuto en cuatro ai'ios. Apenas concluídas, el ~&gt;apa lo transformó cu arquitecto y le hizo
constrnJr la heTmoRa fachatla de la IO"lesia de San
Lorenzo dé, Florel'cia, que era la pa1~·o{¡uia de los
Mé&lt;lici~, familia del nuevo Papa León X.
En 1534 y concluída esa obra, Miguel Angel
regresó á Roma, en &lt;londE• se le encomendó la 1nntura de ·•EJ Juicio Final" en la. Capilla Sixtina.,
labor que le ocupó hasta el año de 154.1, m que la
entregó á la eterna a.dmir.ación del mundo. Fre~co aún "El Juicio,'' .Miguel Angel obed,ic:ó de
nuevo al P-ap,t, ejecutando sus pinturas en la ,Capilla Paulina, la Conversión de San Pablo y la
Crucifixión de San Pedro, trabajos que le lastimaron notablvmcnte la vista.
Pero la mejor pn1eba de que su genio de artista no se había debilitado, fué la constnH·c·ión rlennitiva ele la Basílica de S. Pedro. cura. dirncción
le fué encomendada y aceptó á la cdacl de setenta
al.Íos, desempeñándola hasta su muerte.
¡ Admirable vicia de artista '. El conjunto de sus
obras, tomando en cuenta simplemente el tiempo n e.cesario para ejecutarlas en lo p1aterial. hace exl,r emecerse á cualquier artista de nuestros
días. .Miguel Angel, arquitecto, pmtor, e~cUJL0r,
es siempre granüe, siempre admirab le ; por último, fué también poeta, y dej&amp; una hdmoe.a colección de sonetos. ¿ Cómo fné el portento? l.:'n moderno escritor francés lo explica a,í : ¡ Miguel Angel era un genio, que no bebía ajenjo!
E,s c:erto que la. actividad de Raf.ael no abarcó
tantos ramos como la ele Miguel Auge!, pero estudiando sus obras con detenimiento salta á la vista la enorme labor preparatoria que tuvo que
cumplir para lleva.rlas á cabo, pues ~i la ejecución
artística es en ellas admirable siempre, el alcance de las id,ea.s inspirativas os verdaderamente
portenforn y nos revela que la erud:c:ón de Raral€J es&lt;,uvo á la altura de todos los conocimientos de su époGa. Curioso es, en verdad, seguir
paso á paso el desarrollo de su facultad artística
á través de sus obras y en pocos maestros de su

E~pecialicfad en Rafael íué el fresco, y de hecho en ,el fre,co se basa su celebrida.&lt;l. l:'lus pinturas murales del Vaticano producen efecto de
obras sobrehumanas, ya sea que se las consider-e
€111 conjunto ó en detalles. Allí la ide-a es tan admirable como cl pr ocedimiento artístico, allí demostró el maestro su teoría de que el verdadero artista no puede ni debe. limitar sus frcultades á la
educación de los sentidos ni á la expontaneidacl
de la concepción, sino que üene que aprender
mucho, mucho que estudiar en abstracllo, ya que
la ciei:c:.a y el arte se. dan la mano tan á menudo, como h ijos que son ambos del hombre intelectual.
Grande y muy notable ,e,s la. pléyade de pintores rafaelistas, que aún después de la muerte del
m!l!Eé'tro siguieron infundiendo nueva savia en el
Arle, y cualesquiera que sea.u las evoluciones que
éste ha.ya sufrido posteriormente. y sufra todavía
en lo futuro, nunca serán bastantes para borrar
ni arnrnguar la gloria de los maestros del Renacimiento, porque ellos ejecutaron una labor consciente y exacta, como ha dicho Taine : "sabiendo
á dón de iban y de dónde venían."
Lo cual sucede á muy pocos artistas de nuestros
días.

SUEÑO DE OPIO.
En esa hora gris, en esa. hora·
J.foda y sombría en qn&lt;! el dolor em 1,riagfl.,
Y en que parece el novio ele la aurora
Una ascua inmensa que en el ruar se apaga,
Yo levanté la piedra de tu fosa,
La dura piedra que la vis.t a ataja,
Y desleída., honible y asquerosa,
Te ví en el fondo de la negra caja.
Los hambrientos gusanos ¡ cómo hervían !
En esas formas que adoré por bellas :
De tus -Ojos las cuencas parecían
Ya sin pupilas, ¡ noches sin estrellas!
Húmedo el cráneo y sin cabellos, mustia
La sien, regazo de mi boca ardiente,
Abierto el labio en espantosa angustia
Deforme el s~no, sin CílJldor la frent¿.
Tu cuerpo, que era un vaso de perfume,
Con su olor nauseabundo me asfixiaba;
¿ Qué aroma mundanal no se consume?
¿ Qué carne no se pudre y no se acaba?
Así te ví, y entonces un reguero
De llanto desprendióse, de mis ojos,
En tanto que el cruel sepulterero
Me ocultaba tus lívidos despojos.
l. Por qué tiemblas? ¿ Por qué frunces el ceño?

¿ No te ha gustado mi doliente historia?
Nada temas, que todo ha sido un sueño
Que he querido grabar en tu memoria;

Bafael.

categoría son tan perceptibles el pr oceso del perfeccionamiento y el esfuerzo constante y sostenido por alcanzarlo.
El gran maest'l'o ,empezó sus estudios en Perusa y su "Coronación de la Virgen,'' por ejemplo,
ostenta el-ara.mente el estilo umbrío, que Ya transformándose en breve en toscano, á la influencia
de los estudios hechos más tarde en Florencia. como lo demuesfra .s u "Descendimiento de la Cruz,"
qUJ0 está en la galería. Borghese, para consolidarse, en fin, en ese estilo genuino é individual que
propiamente no pudiérnmos llamar sino "rafaelista." Esúe es el que abarca el tercer periodo de
su vida y que se manifiesta en la "Fornarina ., de
la galería Barberini, en el "Violinista." del palacio Sciarra., y sobre todo, en la "'Trans.figuracüín" del Yaticano, que fué su obra postrera.

Para hacerte saber que la hermosura
Y la gracia que en tí el amante advierte
Van á ser en la hueca sepultura
'
¡ Regocijo insaciable de la muerte!
Y que tan solo la virtud bendita
}:s á un tiempo, al brotar su herm~sa lumbr,1,
.\ stro que en el espíritu gravita . ..
¡ Flor abierta en la misma podredumbre!

Julio fflozeo,
(Colombiano.)

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Julio de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO VTI--TOMO Jl--NÚM. 3
Girecw:n Llo. &amp;AJ'.&amp;.EJ. &amp;BYBS SPún&gt;OJ..&amp;..

::¡:scuela ll'. de Bellas Artes.

MÉXICO, JULIO 15 DE 1900.

8Ull8CRIP&lt;:IOK DNSU.U. ,OILUQA,
IDO IDO IUI L4 CAPITAL,

t.

59

,._.e,

Gerenw: .&amp;.JITOll'lO Cl11T,..

Cua dro de .Toaq1111lBamlzez.

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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