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                  <text>EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Julio de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO VTI--TOMO Jl--NÚM. 3
Girecw:n Llo. &amp;AJ'.&amp;.EJ. &amp;BYBS SPún&gt;OJ..&amp;..

::¡:scuela ll'. de Bellas Artes.

MÉXICO, JULIO 15 DE 1900.

8Ull8CRIP&lt;:IOK DNSU.U. ,OILUQA,
IDO IDO IUI L4 CAPITAL,

t.

59

,._.e,

Gerenw: .&amp;.JITOll'lO Cl11T,..

Cua dro de .Toaq1111lBamlzez.

�EL MUNDO ILUSTRADO

el déspofa de j)arís.
Cada metrópoli moderna, y creo que lo mismo

ha pasad9 en las antiguas, tiene su p_laga, su az~t '·
su calamid-ad pública que reina é impera á c1eLcia y paciencia de las autoridades y las leyes, que
se impone á todas, cobra tributo, da toda la gueTl'a que puede y se da, en general, 1~ gran vida á
costa de propios y extraños y más bien de los extraños que de los propi.oo. ·
Londres itli.ene sus ebrios y su etjército de salvación, á quienes se encuentra hasta e~ la sopera
que cantan, bailan y tambalean lo mismo en la
City que en Regents Pal'k, que entonan salmos Y
organizan procesiones y reclutan adeptos en todas
' "carga.npartes y á toda h ora, y que son 1o mas
te" de la tierra.
. _
Nueva York tiene sus distribuidores de b1bhas
y. sus agenifus de seguros, que allanan moradai;,
interrumpen fiestas Y. labores, se cuelan ~or todas
las rendijas y queman la sangre al Convidado de
Piedra.
.
En Roma, y en Italia toda, son los mendigos
los ~mcargados dei impdl'ltunar y de molestar, en
colaboración con los cantores ambulantes y los
vendedores de obras maestras de yeso.
En Buda Pest son las mujerzuelas las que se
lliavan la palma; \n México los rateros; en Berlín
los filósofos y profesores.
En París el vero.adero déspota, el rajah, el califa, el Da~iciano, el Timour, el Gengis Khan, el
azote de Dios es el cochieiro de fiacre. Es sorprendente! Más que la Francia es París, el que ha
tremolado la bandera de la Libertad, la Fraterni-dad y la Igualdad, como quien nada dice, la
Santísima Trinidad de los moder'Ilos pueblo_s _latinos y es en París en donde una clase pnvilegiad;, dotada de todas las inmunidad:9 y_ s~gura
de todas las impunidades, atropella a di~no la
fraternidad, primero, la igualdad y la hbertad
después, se burla de la ronda y del_ farol y en
lugar de atrapar multas, contr~venciones, sus~
pensiones de ejercicio "'! otras ~m~~zas, atrapa a
porrillo á diestra y simestra, pi_ngues y_ numerosas propina;;;. Y ¡ ay de los vencidos! _cuidado con
levantar los ojos ó las manos, con encoJerse de hombros, con articular palabra, con ave1;1turar ~a
tímida observación; un aguacero de unpropenos,
una lluvia de insultos, una catarata de ignominias se desprendená sobre el atrevido aue osa
alzar la mirada ó la voz ante el último de los representantes del quinto pod~.
.
Figúrese el lector: son vemte mil, fuera de
música y acompañamiento;. todos electores, todo~
sindicados; su voto detelfD11na en pro de Juan o
de Pedro la inclinación de la balanza electoral.
Disponen de la Cámairia, del Senado, de 1~ Prefectura de Policía. "Subvienen la prensa," ile-nen en
jaque á la magistratura, llevan la batuta al. destemplado orfeón de los carniceros de ~a Villette y de las obreras socialistas de Bellev1lle, son
electores de Rochefort, fanáticos de Paul Deroulede, huelen aún al petróleo dei la Comuna.
Cuando una persona, física ó moral, dispone de
tanta influencia y de tanto poder, lo primero que
le ocurre t€l'l abusar de él, imponerse á los. demás,
darse la gran vida á costa agena y en esto descuellan los cocheros parisienses.
Su pescante es un trono; su látigo, un cetro;
sus caballos, ]a c-qadr iga triunfal que los arrastra
como á los romanos ~per.adores; su sombrero
de hule es casco; su levitón, manto; su hirsuta
cabellera diadema. N-ariz al viento, frente erguida, ru'irada fija en el horizonte, circulan_ altivos, majesfuosos, olímpicos. Se siente terror,
"el frío de una hoja de acero en las entrañas"
cuando hay necesidad de implorar sus servicios.
Jadeante y sudorosa, la carga, á legua y media
dieil. domicilio conyugal, hace señas angusti.osas de náufrago _al fiacre que pasa. El "magestuoso," de cien veces en noventa y nueve, sonríe
con innenarrable desprecio y pasa de lairgo. Su
m!),jestad va á almorzar, y la ruina de una- famiHa., la. -perdición de la patria; el fin del mundo no
lo obligarían á aplazar diez minutos su almuerzo
ó su comida.
Supongamos, sin conceder que el semidios se
digna bajar los ojos hacia el gusan-0 de la tierra
que implora su misericordia.; pobre gusano; "más
le valiera estar duermes." No bien ha indicado

la dirección, cuando Júpiter chispea, estalla y
atruena.
-No faltaba más! haberme detenido para una
"carr,era" ("course") tan "ignoble!" Sucio buro-ués y dé quién te burlas y por quién me tomas?
Esp;cie de horno (especie ~e four,) busca un imbécil que te lleve! Y otras lindezas por es~ orden.
Si por casualidad, cosa bien ra1·a por ci~rto, _la
dirección que la "carga" se propone seguir comcide con la., preferencias del cochero, las cosas
cambian· el drama no se desarrolla sino al llegar
al punt: elegido. Quien ha visto al león herido,
el mar tempuestuoso, ,eil volcán en ~rupció~,
apenas forma concepto de las iras conv~lsivas, epilépticas titánicas de un cochero parisiense en el
momento de recibir la paga y el "pour boire" ó sea
la propina. Nuestro cocheros son, en comparación pigmeos é iniefü:e~.
_
_
Recibir la paga y sentu se ata&lt;'ar1o ele hidrofobia
es todo uno pa.rn el Sumo Pontífice parisiense. Si
la carga ha vaciado el portamoneda, empeñado el
reloj é hipotecado sus fincas, toda.v ía puede salir
bien librado con dos ó tres insolencias exre-nsivas
á su familia . Pero el infeliz que creé en la tarifa,
el cándido que juzga que la remuneración debe
ser proporcionada al servicio, están perdido~, y ya
los he visto instigados, silbados, eECarnecidos y
deshonrados por diferencias de cincuenfu. céntimos.
"Ana.tema sit" sobre la carga que articula mal
el nombre de una calle ó el número de una casa;.
"honnit soit" quien á medio camino quiere cambiar de rumbo; maldición sobre aquel que pretende abreviar el camino, que lleva perros ó n iños,
que fuma en el coche, que quiere descorrer los
vidrios si hace calor ó echar la capota si llueve.
Ya se las puede compone,r y se expone á una paliza en regla, sin perjuicio de tener que pagar el
doble "pou,r, boire" ó daños y perjuicios al cochero,
según _el caso.
Contra estos siete vicios parece que podría haber siquiera una virtud, la policía. Si mis lector es, como á todos se ]os cleseo, llegan á venir á
París les hago una súplica y me permim darles un
consejo, el más sano de todos: Jamás recurran á
la policía contra un cocher o. Insultados, befados,
escarnecidos, saqueados, toda.vía les sale -más la
cuenta de dejar los "cepos quedos" y de retirarse
en regla con todas los "horrores" de la guerra.
Y si diere la circunstancia de que mis lectores
sean puntillosos, delicados, susceptibles y "muy
hombres," como lo es todo buen mexicano, lo
mejor que pueden hacer, si necesitan tomar coche en París, es prqverse de revólver, bastón con
verduguillo, trompeador, tauranavok, y una vez
bien armados, pertrechados y municionados en
previsión ele un ataque á mano armada, emprenderla á pie á su casa ó á donde tengan que ir.
Y es probado; ]a sabiduría de los hombres no
ha encontr ado hasta hov, medio más adecuado de
evitarse disgustos con· los cocheros. "Et encare" . .... !

-~La Duquesa de Conarec.
I
¡ Me acuerdo! Andábamos eñ una callecita de
platanares Jorge y yo, sin hablar. Era una de
esas noches de otoño, tibias, tiernas, dolientes,
queadormecen t :.nlánguidamenteelalma, y hacen
que todo el sér, dilatado, ensanchado, derramado,
se mezcle al suaño crepusc1ilar de las cosas y se
pasme en él. Bajo el cielo sin nubes, en que palidecía la encantada melancolí-a del azul, detrás
del castillo antiguo que aún no J.'luminaba sus
vente.nas y erguía, neg,ra su masa rectangular con
sus cuatro fuerles torres, subía lentamente la
luna, llena, sin halo blanco y desenvolviendo sobre los techos, sobre el terrado, sobre las ce.nas•
tilla del jardín, sobre los árboles profundos y so•

Domingo 15 de Julio de 1900
bre todo el lejano paisaje, s-c inmensa palidez diáfana semejante á. una red d,e. gasa de plata.
.M-Ei detuve maravillado.
Allí muy cerca de nosotros-pero sin dudá no' á. causa. de la.s ramas que o=urecian
~-- '
nos veía
la penumbra-la duquesa de Conarec estaba sentada delante de un camellón de rosas sin flores,_
teniendo entre sus rodillas á la pequeña Lola, su
l1ija, que se reía bajo de los labios de ella. Desde
hacía cinco días que estaba yo veraneando en casa del duque, había admirado muchas ~ooes á.
e;,a hermosa joven; jamás me había parecido tan
admirable, exquisita y pura como esa noche en
medio de la dulzura de la luz nocturna y dcl
jardín tan sosegado. Toda blanca con su larga.
bata que sobre el suelo se deslizaba y que la luna
envolvía con una plumilla de nieve, con el bustoun poco indinado, con la curva de- un tallo esbelto de lirio, inclinaba bajo el oro pálido de su ca-·bello dividido en dos bandas, que algo habían
desbaratado las ca,r icias de la niña, su grave y
dulce semblante en que la serenidad del la sonrisa
se extasiaba de ternura, en el que las miradas tenían el candor augusto quei sueña con los ojos
pintados de las Madres virginales. El misterio dela hora añaJ':a á esa visión toda la lejanía del sueño. Y cuando la duquesa más inclinada hacia su.
angelito lozano y rosado, lo besó en la frentecon de1tención así como en los cabellos alborotados, sentía espa.rcirse en mí, como una agua deliciosa y fresca, el buen ejemplo del inmaculadoamor y de la pureza infinita.
¿ H abía yo hablado alto soñando? Es probable;
Jorge me dijo al oído, con una voz ruda en quetemblaba la cólera.
-¡ Y sin embargo, si el rayo de Dios cayesesobre esa mujer, y la hiciese pedazos, e1rayo haría bie!ll ! Pero á la verdad, las Cleopatras fatales, asesinan amantes de los esclavos rubios, y las
cínicas Mesalinas, y las Faustinas desenfrenadas,
y es-as reina;;; de Francia que poseyó el sangrientoclffillonio de la Lujuria, fuel"On menos abominables que ella.
-¿ Estás loco? exclamé.
-No, ven.
Y me atrajo hacia el fondo más obscuro de la
callecita.

II
"¿ Conociste á Albino de Cernac? Dulce,.
hermoso, at\revido, un verdadero joven. Amaba á
la duquesa con úna pasión profunda, sin límites,
absoluta. Pero sin esperanza ¡ oh! sin ninguna esperanza. ¿ Ser amado por la señora de Conarec,
era acaso posible? ¿ No eira la más casta, al mismo
tiempo que la más bella? Perfecta esposa, madre
admirable, no había atravesado el mundo
malo que murmura y que calumnia sin ser jamás heTi1.a por las más ligera sospecha? P iadosa por otra parte, con una piedad algo huraña, se
encarnizaba en formar su salvación con ~u tenacidad de bretona. De suerte que, á pesar de su
fortuna y su hermosura-¡ su hermosura incomparable !-la soledad poco á poco se había formado
en su rededor. Aceptaba, amaba ese aislamiento.
Lejos de los hombres, está uno más cerca de Dios.
Cuando consentía á instancias de su marido en
aparece1r en aJguna fiesta, venía tarde, se retiraba
pronto, fastidiada, un poco severa,; su afabilidad,
mundana visiblemente, no era sino una r esignación ele su austeridad; á causa de esto, había algo
de contrariedad en el respeto que inspiraba; delante da ella se tenía frío, como en una pieza en
que hubiera una esilatua de ni-e'Ve.
"Pues bien, esa. mujer, una noche, de repente:fué aquí, sí, en estle castillo en que estamos-esa
mujer elijo á Albino de Cernac, muy pronto, muy
bajo, al ofrecer le una taza de té: "Si quiero. Estai
noche. En mi cuarto."
"Y esa noche, con el arrebato de una pasión
largo tiempo contenida y altiva con manifestarse
por fin, se clió ella á él toda entera. Cómo la había merecido, cómo había_ podido obtener-sin
pedirla-la realización repentina de su deseo devorador, no lo comprendía ni trataba de comprenderlo. Se arrodillaba casi espantado, la miraba deslumbrado, y ella en el descaro soberbio ele -.
su alegría: "¡ Sí, sí, sí, yo te adoro! le decía."
P_er? cuando estaba á punto de asomar el día,
la timidez se apoderó d-e ella. ¿ Si iba al salir der
cuarto, á hacer ruido en la escalera, á despertar
á alguno? Era terrible el imaginárselo solamente.
-¿ Qué hacer? Albino pensó en la ventana. Unar

Domingo j_5 de Julio de 1900

•

(ocura. El cuarto de la duquesa se halla en el se.gundo piso de la torrecilla de la izquierda, y abajo de la ventana-mira, puedes verla desde aquíse abre profundamente el antiguo foso enJ que
han rodauo las piedras de las murallas ruinosas.
Huir por allí .ea·a imposible. Pero no sólo fué
posibh:1, sino fácil, gracia~ á una precaución que
-ella había tomado. De un armario sacó una larga
-c-uerda con nuclos, arrollada como uu cable de
-marina-una cuerda de seda delgada, sólida. Alhino no vaciló, era valiente, se conocía ágil y r ohnst-0. La cuerda fué atada al borde de la ventana: &amp;e puso en ésta á caballo-después del inefa'h!e beso de despedida-y empezó á bajar á lo lar_go ele la muralla, ®tire el crepúsculo, con los ojos
leYantados hacia, ell;1., que se inclinaba adorable,
rntire todos sus cabellos sueltos. Para mirarla
-aún, olridaba él toclo, la cuerdecilla que podía
romperse y el sombrío abismo abia-to. P ero reJJentinamente vió brillari alg0 entre las manos de
la duquesa-¡ tijeras, tijeras!-y cortó ella la cuer&lt;1a. y el desgraciado, ca?enclo de una altura de
'&lt;liez metros, ::,e rompió el cráneo contra las pie-&lt;lras del foso.

tA EMPERATRIZ DE MÉXICO.
~

CURIOSA BIOGRAFIA.
Entre las principales familias de Ya1ladolid,
(hoy :Morelia) figuraba, á fines del siglo pasado,
la. del acaudalado comerciante Don Isidro Huari.e, quien por su posición ejercía en aquella ciudad
-el encargo ele Regidor y AlcJ.lde Pro,·incial, con
rnya repre:oentación salió á recibir á Hidalgo,
rnando éste, a, la cabeza clel ejére:ito insurgente.
hizo su entrada. solemne en la capital ele 11ichoac-ún.
'
El señor Huarte, que alcanzó una edacl muy
-avanzada, foé c1sado tres veces, siendo curioso qu-e

1

'

Doiia. Maria Jiuarte de Iturbide.

;;us esposas se llamaron Ana 1Iaría, h. primera;
.Ana )Ianuela la segunda y Ana Gertrud1s la ter&lt;·era. Del matrimonio con Doña Ana )Ianuela,
nae:ió Doña Ana María, que e~ el objeto ele estos
apuntes. La niiia Yino al mundo en la expresada
&lt;·indad de Yall 1lolid el 18 de Enero de 1786 y se
le pu,ier on los nombre.,· ele ..\na _}[aría, Jo:'efa,
}{amona, hija leo-ítima ele Don Isidro Iluarte y
de Doña Ana )faría )Iuñóz :-lanchez de Tagle,
~1emlo su• padrinos d l1egidor Don J Oí'é Plata y
1-u e,posa Doña Ana Bu•tamante.
J&gt;or aquella época las hijas de las familias prin&lt;&gt;ipales ele Yallatiolicl recibían su educación en el
&lt;&gt;olegio de Santa Rosa ]liaría, en que se enseñaban
]a,: labores propias ele la mujer y algunos cono. cimientos de instrucción primaria. El instituto estaba bajo la dirección clel clero, y encomendaao
:-á sei~ros que vivían bajo ciertas reglas mo-!]ásti"l'HS. Allí pasó Doña Ana :María Huade los años de

EL MUNDO ILUSTRADO

III
Yo había escuchado sin interrumpir; por fin,
grité :
-¡ Eso no es verdad!
-Un poco después ele levantarse el sol, un
criiado oyó sordos lamentos. Acudieron, Je,·antaron
á Albino todo ensangrentado. Con voz que iba á
extinguirse, murmuraba que al pasearse, desde
por la mañana, al rrecleclor del castillo, se había
deslizado sobre el borde del fo50. P e1ro yo permanecí solo cerca de él, en el cuarto en que lo
había acostado, y antes de morir me confeisó
todo.
-¡Ro! ¡ Por qué había de haber cometido la
duquesa ese crimen!
-Los muertos no hablan.
-¡ Oh! ¡ eso sería espantoj,o!
-¿ Lo dudas toclaYía? Ü)·e; la duquesa eotá
allí, acércate á. ella y clíle, e-orno por casualidad,
esta frase sencilla al verla abrazar á su hija: "Es
usted muy feliz, señora, y digna de su feliciclacl. ''
- ¿ Para qué le lHlbía yo de hablar así? ¿ Cre.e,s
que tal Yez se turbaría?
-¡ Ya verás! ¡ ya Yerás !

su adolescene:ia Y allí c:nnenzó á llamar la atención
por su hermosiua.
Era, costumbre en aquel colegio que las tardes
de lo·s domingos y juews salie,en al mirador del
edificio las educamlas que por su buena conducta
hubiesen merecido tal premio; y es fama que en
el tiempo en que Doña •.\na pe-rmaneció en el
plantel, se llenaba la plazuela de las Rosas de los
j(ffenes rnllesolitanos que iban á contempl·a r el
1ostro peregrino de la joven Huarte. Entre los
concurrentes se distinguía pcir su apostura )' marcial continente, el rico mancebo Don ..:-\.o-ustín de
Ii.urbide, Alféu¡z de las )Iilicias Reales, quien por
fin logró hacer conquista tan deseada. El matrimonio se verificó en la repetida ciuclacl de Yallaclolid, el 27 de Febrero ele 1805.
. Aún duraba la luna de miel en aquel matrimoRto, cuando se clió el grito de independencia m
el pueblo &lt;le Dolores. P ara Iturbicle c)menzó entonces aquella Yida en que se distinguió pM' su
:alor en los combates :' por su crueldad contra los
mrnrgeutes: y temeroso de la venganza de estos,
trasladó á su esposa á la ciudad de )léxico, en
donde brillaron más sus virtudes nunca clesmenticlas y rn belleza cada día más creciente. Su es1:oso tenía el empleo de c)ronel en el ejército realtsta ? esta alta po~ición facilitó á Doña j _na relacionarse con las mejores familias ele la capital
del ,·irreinato.
Llegó el día en que Iturbicle, mudando de opiniones, proclamara la inclepenclencia. ele la patria; _y mientras que, como pirimer caudil!o del
ejército trigaraute hacía rn carrera tri unfal por el
territori o mexica110, Doña Ana ~forí~ ~ufría en la
capit'al la persecución y los ultrajes ele! gobierno
español, hasta verse reducida á prisión en el c:mYcnto de Regina. De allí logró e1·adir~e, merced á
los e•fuerzos ele los pa1rtidarios ele la re1·olución
y no sin eorrer g rande peligro se d irijió al suelo
natal, ocupado ya por los independientes.
"Luego que en Yallaclolid se supo qM e~taba
para llegar la esprn-a del primer jefe. se dispuso el
más rnagní-fico recibimiento que la~ c..r cun~tancias pudieron permitir y el '21 de Agosto (18'21),
todos los habitantes, fü c,ches. á caballo, á pie, la
esperaban en la garita del Zapote. desde la que
fué conducida en medio de los más Yi,·oo. aplausos, en un carro triunfal preYenido al efecto, clel
cual el puehlo quitó las mula, para e•tirarlo él
mi¡,mo, pa•ando por entre- las tropas ele la guarnición, tendidas pa,ra hace·rle honores _&lt;1e Capitán
General, hai,ta la habitación que le eP.tahn preparada, en clonde se "1"e0 entaron á felicit~rla todas
lao. autor idades eclesiástic1s, civiles Y militares." (1).
Con:mmacla la inclcpenrlencia, en mala hora pensó Iturbide hacerse emperador del pafa .á que
había claclo libertad. Realizó su ambición, cuando
el tei-oro nacional estaba exhausilo v cuando la opinión pública comenzaba ya á serle hostil. Xada
(1).-Alam5n, Historla de 1\Iéxico.

· Hice lo que él me dijo. Después de algunas palabras, pronuncié la frase que él había dicho, y
estaba yo seguro que la duquesa no se conmovería. Ninguna turbación manifestó en efecto, sonrió dulcemente, y volviendo sus bellos ojos tranquilos :
-¿ Digna ele mi felicidad? dijo. ¡ Oh! no. Pero
estoy protegida.
-¿ .Protegida?
-Por Dios prime1ramente; y luego por un talismán que tengo. ~osotras las bret0nas, ya sabe
usted, somo;; un poco supersticiosas. Mire usted
aquí está mi porta-felicidad, aiiadió con la sonrisa aún más dulce, con los ojos aún más tranquilos.
11e mostraba un brazalete singular que tenia
en el puño derecho, un brazalete· úmnarlo de un
pedazo de cuerdecilla de se,da : y volvió á dedicarse á. be,ar los cabellos de la bonita Lola.
Huí de ella. Yoh-í á unirme á Jorge y le dije:
-¿ Por qué 1.0 has denunciado á e8a miserable?
-¡ Porque la amo! respondió con una voz sorda en que sonó un sollozo, y porque tal vez llegue un día en que quiera cometer otro crimen!

C:afule )'lféndez.

le conturo para llernrloo. á efEdo, pues hasta recurrió á imponer un préstamo forzoso de stiscientos mil pe;.os al comercio de la ciudad de México.
Llegó el 21 de Julio de 1822; día dc•s tinado para la coronación del emperador y la emperatriz,
y á este propósito clic~ el historiador Alamán:
'·Hacer corom1s y clemás insignias d1:•l imperio, de
una riqueza proporcionada á la ocasión: no era
posible en aquella, circunstancias, pues no hubiera bastado parn tal gasto todo el préstamo forzoso,
y por esto se pidieron joyas presbadas. devolviéndolas dEspués de la ceremonia: "con lo que las
corona&amp; se de:=:barataron antes que el imperio."
En cfc.cto, Iturbide se vió obligado á salir del
país. Doña. Ana )Iaría siguió á su e:;poso en el
destie'!"ro: lo acompañó luego en su empresa temeraria de Yenir á reconquistar la corona imperi al : y e1 18 ele Julio de 182-±, hallándose alojada
en h1 casa del General Garza, en Soto la Marina,
r eicibió la notic:a de que el día anterior había sido fnsi]ado su esposo en la población ele Padilla.
El g0bierno de )Iéxico dió orden ele que Doña
4&lt;\ua ~\faría y sus hijos fuesen reembarcados con
rumbo á Colombia, lo que no pudo YerificJrse por
fo1ta d.-, buque, y e] 16 de Septiembre salió pnrn
Kueva 0rleans, fijando de~cle entonces su re;;itl(!lle:ia en los Estados Lnidos: el Congreso deo:~etó
se le pR!!ase• una pensión anual de ocho mil ];!:~sos.
El '20 de l\Iarzo ele 1861-á la eclad de 75 años
-falleció en Filadelfia Doña Ana :Maria Rnarto
ile It1ul iéle, sin haber querido jamás volvP,r á la
paü-ir1. &lt;mB en rn concepto, había sido ingr,1ta
c0n "'rl Jibertaclor.''

€ouaroo Jluí_z.

LA ESCALA.
Al primer escalón: yo soy tu hermano;
al segundo e,cilón : .yo soy
o-o,
. tu amio
al llegar al tercero, me desdio-o
y al cuart o, con cle¡;dén te doy Ía. mano.
Al quinto, te contemplo erguido y vano,
al sexto !11e detengo, callo y sigo,
y tu anmtacl al séptimo maldigo,
y en el octa\"O la e,carnezco ufano.
Tú quedas sólo. y abatido y triste
miránrlome escalar °Ia altura bella
'
' que mi escalf!ra sostuviste;
'
despues
un amargo dolor tus labios sella,
pues que por ella, ayer subir me viste
y hor ves mi ingratitud bajar por ella.

Jlfarfí'l }'edro.za.

�F.T, MUKDf', rLUS'I'RA no

DoJL·ngo 15 de Julio ele 1!100
Domingo .15 de Julio de 1900

EL MUNDO ILUSTRADO

LA CHINA EN LA EXPOSICION DE PARIS
En el rincón más fresco y tranquilo de la Exposición, se levantan, contiguas, las construcciones
de.losdospaísesen que se desarToyan en estos momentos las más sangrientas t'ragedias: el Transvaal y la China. No es ciertamente el espectáculo de la guerra ó de la insurreción lo que los visitantes esperan encontrar bajo la sombra del Trocadero. Sin embargo, una curiosidad especial empuja Rl público hacia estas dos exposiciones, tan
&lt;lramáücarne,He actuales. Y, ayudada por la imaginación, :..sta curiosidaL1 no es desilucionada.,
Hncia la u t'remidad de la galería de la derecha
,1cl Trocaden,, se levanb1 la n1tl';·:;i monutílC 11!:11
de la expedición china. Es ésta una reproducción

tado en un féretro, se inclinan unas plañideras.
En medio de un grupo de altos dignatarios, está
cubier&gt;ta con un abat-jour opulento, de fargos¡
péndulos, una figura de Manchu: es éste el peinado que un grabado chino presta á la Emperatriz madre. Todos los detalles de este género
prestan á las circunstancias un interés especial,
y no sin algún horror se descubren, viendo de cerca ciertas pinturas de vasos ó de abanicos, los tipos terribles de los extranguladores, :figurando
en eEcenas de asesinato é incendio interpretados
con el cuidado evidente de hacer palidecer los detalles crueles.
~f. Carlos Vapereau, comisario general, ha demostrado mucho gusto y saber, al organizar la exposición clel Celeste Imperio. La China que se exhibe en la Exposición, es una China amable y íacil, una China humanitaria. Pero como una conse-

Bep:roducción en la ezposición de China de la :residencia tmpedal en Peldn.

fiel de la que precede al templo de Confucio, situada en Pekín cerca de la sala de los exámenes literarios. Es ámplia y majestuosa, pintada en rojo,
verde, amarillo y blanco. Tranquilos paseantes pasan á toda hora bajo esta puerta, cruzándose, á veces, con algún chino no menos apacible, mozo de
restaurant ó actor de teatro, ó, tal veiz, uno de los
comerciant€s que venden en las tiendas vecinas
juguetes y cajas de laca ..... .
Allá, en Pekín, en ei;te momento, grita y se agita un populacho deselllcadenado al rededor de la
misma puerta, pintada en los mismos colores, é
igualmente ámplia y majestuosa. Las legaciones
europeas están barricadas, las iglesias entre llamás ..... .
Franquea.da la puerta, henos al borde de una
piei,;a de agua donde cae, como dulce murmullo,
una caBcada. Entro los árboles se levantan pabello-nes pintados de un rojo sangriento, cuyos techos
están levantados en los cuatro ángulos. El edificio principal, el del fondo, reproduce una de las
puertas de la muralla da Pekín, coronada del
kiosco del Tambor (Kou-Leo.i.) Encierra un
ajuar de muebles, un restaurant y un teatro. El
restaurant, es el de una, estación de ferrocarril
aún hipotética, la del Transiberiano en Pekín. Un
poco más lejos, se ve la 1€6tación de Moscow. Algunos wagones y algunos centenares de metros
de tela pini'ada, representan los millares de versetas y de panoramas que separan á Moscow de
Pekín . .
A la derecha de la puerta de Confucio, otra
construcción de dos techos, es una copia, según se
dice, de uno de los pabellones de la ciudad prohibida, la villa violeta, residencia del Emperador
y de la F.mperatriz viuda.
Muy semejante es la prisión, al borde de un lago floreciente de nenúfares, del débil soberano
pu€6to ba¡jo ·tute~a.
Los diversos pa\lellones chinos del Trocadero
confüenen aolecciones de arte retrospectivo y moderno, como jarrones, boudhas, quema-per:fumes,
extraños y preciosos bibelots, maderas esculpidas,
marfiles, sedas hermosas y algunos productos industriales.Unos manequíes :figuran, con los trajes
arreglados por la jerarquía social, á los ricos y á
loa pobres, mandar:iries y gentes del pueblo, letradoi y bateleros. A los pies de lUl muerto, recos-

e
73

En memoria del ·Renemérito Juárei

fueron ocupados el mismo día. El no curnplimieu-to de los tratados, obligó de nuevo, á las flotas aliadas á obrar, en Junio de 1859. Pero esta vez el
famoso general chino San-ko-lin-sin les hizo
lamentarse de pérdidas sensibles: tms chalupas.
cañoneras fueron echadas á pique y cuatrocientos
setenta y cuatro hombres puestos :fuen·a de combate. El lo. de Agosto de 1860, en fin, :fué entablada una acción decisiva. Ese día los fuertes de
Pet-thang, cerca de Ta-Kou, :fueron tornados por·
asalto, como simples fuertes de tierra, por las tropas que, para desembarcar, habían tenido el agua
hasta el pecho. El 21 de Agosto, los dos grandes.
füertes norte y sur de Ta-Kou, fueron tomados
á su vez. El rest,o es conocido.
Ha.ce unos cuantos domingog comenzó, de nuc-vo, esta página de historia. La víspera, se reunic-ron á bordo del buquet-almirante ruso los coman-

El día 18 del corriente mes, el gran partido liberal de la República, conmemora, c-n forma signific-ativa y gramliosa, el aniversario de la muerte
del Apóstol de la Reforma, del Benemérito Beniio Juárez.

milcle jornalero había de O('npar la primera magistratura del paí~. promul2;ar rnbia, leyes, luc'rnr
sin descan,;o por la democracia .Y la libertad y causar la admirae;ión de la Europa entera?
El lago á que nos reiferimos es \'isitado por mu-

El 110mlJre del Benemérito sirYió ele Ululo al
drnma que eS&lt;:ribió ). que fu(&gt; eqrenaclo y pue5td
en e,cana repetitht5 reces, en 01 'J'eatro Chateau
cl"Eau. el aüo de 18HG.
Esta obra de Boi,::,:.ie.i· prorneó en 1.1 prem;~ p'.lrisien,e ven1aden1 $en,ación.
Sólo un periódico. ''Le Décarltitlt.'' $e atrevió
á lanzar fra,;es gro~eras ~- ca1nmnio,cas. por d~sconocer en lo ab,:olnto la hi,toria mexic-ana.
Buli,:0 J uárez. el hijo del Benemérito. que entonce, desempeüaha el cargo de primer Secretario ele la Lc"'aciún ::.\Icxicana, en Franda. cumpliendo con ~111 ~agrn1ln 1lebu. rE'c:hazú tan viles
nncepto:-' que ofernlían la memoria tle ,u padre.
Exigió ó una retr,ldac-ión cumpliüa ó una repara&lt;;ión por medio de la~ arma~.
El Direetor del diario franc:é, ntiní lo, concep?
to~ calumnio"º~ y firmó una dec·laiaciún, en la que

La po:rtada de la ezposición en China.

cuenci'ai de _ios !acontecimientos independientes/
de su voluntad, resulta que estos pabellones polícromos y su contenido, representan ahora una China bárbara y hostil, toda llena de gritos de muerte.

LOS FUERTES DE TA-KOU
Las noticias recibidas de China, nos remontan
á cuarenta años a.trás. Como en la víspera de la
guerra de 1860, los primeros disparos de cañón
entre la artillería china y la de las escuadras europeas, acaban de cambiarse en Ta-Kou, á la embocadura del río Pei-Ho, al fondo del golfo del
Petchi-li.
El 20 de Mayo de 1858, quince navíos ingleses,
once franceses, dos americanOil y un rllso, bombardearon por primera vez los fuertes de Ta-Kou, que

dantes de las escuadras, avisando á los comandantes de los fuertes chinos que debían evacuarlos cÍ:.
las primeras horas de la tarde dei 17 de Junio. Como respuesta, los fuertes abrieron el fuego el.
mismo día 17, á la una de la maña.na. Los marinos
franceses, al€manes, rusos, ingleses y japoneses,
respondieron inmediatamente. El bombardeo- duró,
siete horas y fué seguido de un desembarque que
tuvo por resultado la toma de los fuertes. El na-vío alemán "Iltis," perdió tres hombres y tuvo siete heridos. Do§ navíos ingleses sufrieron i&lt;Yual0
mente y recibieron algunas averías. ,
A bordo de loo navíos rusos, hubo dieciseis
muertos y cuarenta y cinco hei;idos. Los franceseS:fueron los más afortunados, pues no conta.ron sino•
un muerto y un herido.
Ta-Kou, Tien-Tsin y Pekín, están ligados entiempo ordinario por ied Pei-Ho y por un caminode fierro. La vía fluvial y la vía férrea. están cortadas actualmente y las comunicaciones teleo-ráfi0
cas interrumpidas. ·

Man'iiestación anta! en el sitio donde re le'l'antaba modesto motumento en r,c)rfación de la cam en que na~ió Jt ll.rez.

T

Pubr c nnos en el presente número algunos gra1,ados que esperamos sean del agrado de ;rnestros
kctorrs, Ya que tienen relación con el esdarecido
hijo de Oaxaca.
Muchos son los monumentos que ~e han lernntado en diYersa;, ciudades del país y que eslán perpetuando la memoria de Juárez; pero ninguno
-ofrcc-e los hermosos detalles artísticos como el que
~e lerantará en la cuarta glorieta de la Calzada de
la Reforma ele esfa. capital.
El boceto que reproduce nuestro primer fotogra1,aclo, fué modelado ,en Italia y aprobado por nuestro Gobierno hace algún tiempo, presupuestándo•e
fa ea11tidacl de $-!0,000.00 para tan hermosa obra.
E¡;te monumento descansa sobre una plataforma
que lleva escalinatas en los cuatro costados. Se
yen desde luego cuatro estatuas alegóricas en los
(rngulos. ]~n los la,bleros clel pedestal ei;tarán repre¡;entados. en bajo-relieve, algunos de los €1pisoclios
múr;. rnlienlies de la vida del ilustre ciudadano.
En el tercer cuerpo clel monumento &amp;e ofrecen
otra!:' he!!·mo$as alegorías, y por último, la figura de
,lnárez, la colosal estatu-a ele bronce que se modeló
también en Italia y que se conserva provisionalmente en el patio ele la SEcretaría de Comunicaciones. Quizá qea modificado este pro_yecto, según se
c·ree. pero de todas maneras, en la capital contará
d Benemérito con un monumento, verdaclera joya &lt;le arte y hucn gusto.

T'na de las manifestaciones más significativaque ¡;e vcrificn-án en el presente año en la fech.a
1uctuosa, ~erá la organizada por los hijos de Han
I)eclro G uclatao, en cuyo pueblo se meció la humilcle cuna. clel Patricio.
:4an Pablo pertenece al Distrito de Ixtlán, del
E,tado de Oaxaca. En sus cercanías existe un peq neño lago, á orillas del cual, _Juárez, sien~~ joren,
(·uiclaha meas y ganaba su vida en condic1on tan
'•precal'ia.
¿ Quién hubiera pe:nsado entonces que aquel huTa-Eouc vista genenl del cuattel euiopeo.

cho~ de lo, tonrista~ que Ya!1 á Oax:1c-a. porque eYoc-a rec-ucrclo~ de aquel ?:r,111 ci-n1hr1ano.
Puhlicamo~ igualmente un c ll'io"o g-rnpo ele i!,d(gena,-. que roclc-an una pEqnrüa columna truncada. c-on la c-u,1 e~t~ha reüalado el lne:ar tlondc ,·iera Juártz la luz primera.
'
En la actualidad esa columna e•tá eubstitni&lt;la
por un bonito monumento de tres cuerpos, :!Otl
una e•tátua de bronce, monumento que años atrás
e;:turn en el paseo ele Xetzahualcoyot, de Oaxac1

Por ú1timo, damos á con(){'er el retrato del literato francé, Alfredo Gassier.

111, Alf:redo Gauie:r.

hizo jmt'.cia á la memoria ele] Pre,itlente Jnárez,
y dar cumplid-a, satisfacción á Hl hijo.
:Mr. Alfredo Gassier, en otra,:. oca..:iones demostró también gran afecto por nue~tro país, y hacia
nuestros benefactores.

Liguna d~ San Pedrc Gu~latao, (1 cuyas m~rgenes pastoreaba ga!lado e1 que li~gó i ser el gran Reformista.

�Domingo 15 &lt;le Julio de

Domingo 15 de Julio de 1900

EL :MUNDO ILUSTRADO

rnoo

EL MU~DO ILUSTRADO

1'

La toma de la Bastilla.
Xo es ,olamente una fiesta trance"\ la que
"r.cabamos·, de celebrar. Prueba de ello, es que
de~de año~ at1ás los mexicanos acostumbramos enlue-in~nrn111105 coi, e] 14 de Julio, como .. ¡ ::e
tratara ele algo nue::;tro.
Y efectivamtnte, e::. también algo nuestro. El

Sin embargo, los Reyes no sentían ya mu)' ~e•
guro 8-U trono y se esforzaban por encontrar nntl
wlución ,al tremendo conflicto, que de tiempo atní.:;
se les pre:-:cntaba. Pero no querían hacer e,)nce:::i•Jne~, t.emerosos de que íue¡:;en intttpretadas como
debilidad y acaneasen una caída má:; ri,pitla.

&lt;le,astre que ,e acercaba, y el 12 &lt;le Julio ele 1,89
pre-.entó !SU renuntia.
Apena:. llegó e--c hed10 al conocimiento del pueblo, c:uando ::;u furor, por tanto tiempo comprim¡do, amenazó estalhlf :::angrientamente.
Camilo Demoulins, en los jardines dd Palais

11
1

11

le '

La toma de la Bastill•.•·H de Julio de 1789.

--

1-! c1e Julio es la Ilevolución Francesa, y ésta es
francesa tan Sólo porque :-.e Yerificó en ~~rnncia;
mas, de hecho. es univeranl, es pura Y, senc11lamente la ReYolución la Gran R uvolucwn.
En donde qui;ra que ha florecido el árbol de
la libertad, se han eantado himnos
á los hombres v á lo, hecho del n3

El )linbtro Xecker, fiel servidor
del trono, había comprendido que la
salvación del poder monárquico solamente podría. cou~eguirse á costa
de concesiones al pueblo y trató de
influir sobre el ánimo ele Luis XYI
para obtenerla,. Prometió al pueblo
que sería cJ abogado de eus derechos y los representó fielmente ante el trono.
Pero sus esfuerzos fueron vanoi;. Llegó un mo•
mento en c¡ue no quiso ya hacerse cómplice ele la
obstinación del Rey ni reponsable del inevitable

Royal, azuzó al pueblo ÍI lo rebelión. y el pnehl,o
se decidió á procurarse ju~tic:ia. á mano an11alla.
El terrible 93 había gtTrninado .. . .
· El martes 1-! de Julio, una compacta mu chedumbre. compuesta en ~u nrnyor parte de habitantes del barrio de San Antonio, invadió cJ. Ar..:cnal
de los Invúlidol-, en donde Se hallaba una con-.iderable cantidad de annas y de pertrechos ,le
guerra. Entre hombres y mujeres }o!- revolu&lt;."ionarios ernn cuarenta mil y les fué fácil dominnr á.
los guardianes del Arsenal y extrael"Se 42,000 (u.siles que allí había y otras diver:::as arma3 que

porque ello...: clesgarr:::. ro_u el denso ve-

- -··•··----

lo de seculares etclantude:; que oprimía las frentes ,le los puchloa, Y
al desgarrarlo, mo~traron horizontes
nuevo::: am¡&gt;lísimo--, ante los cnalEs
.
la ruta' apa1eció ilumina&lt;la y 1mmnosa, ]a gran ruta ele progrc .. o que
con incan::nhle anlor- vamo;. ret·orriendo. Por ebO es el 14 de .Julio una fie~ta ca!-i unin'rr~al.
El martes 14 de Julio de 1789
brotó la chi~pa que hahía. de oca~ionar ese inc~mlio, cuyas 1laJ11as coneumieron el trono de lo~ Bor\mn.ei- de
Francia. y l'Uyo~ Inlg:or,1;•.; gloriot,:m; y
siniestro:,,, pusieron su Ú!-culo amenazante ,obre la cabeza &lt;le todos los

1

détóporn~.

PROYECTO DEL MONUME~ ro AL BENEMÉRITO

c.

El de-contento herrí:i de tiempo
aiTlts; el pueblo oprimitlo, t n nmo
había c-lama&lt;lo jm:.tiria :une l'l Trono
de Lui:-- X\" l, v t"ll l"el-lpnei-ta ú i-tl-:i
clamores eúlo irnbia rec ibido la indife-rene:ia del rev y el C-!-C'll!'llio de
la reina ~faría An{onit'tn, tlc aquella org1.dlo~a. hija de Hap--bur~o,
qno había dicho que ya c¡ue el pueblo no tenía pan, debería comer
bizcochos.

BENITO JUÁREZ, EN EL PASEO DE "LA REFORMA."

•

C&amp;milo Deunoulins en el "Pa.lais•Bo:,al," el 12 de Julio de 1789 .

�Domingo 15 ele Julio de 1900

EL MUNDO ILUSTRÁDO

Domingo 15 de Julio de

rnoo

EL MUNDO ILUSTRADO

dcstinal,an al p1wblo que se les uniese durante su
marcha. U.na yez armados, resonó el grito "¡ A la
Bastilla. á la Bastilla !"' y el improYisaclo ejército
cmpre11dió su nlill'cha hacia la vetusta fortaleza,
al son d€ canto; populare~.
En aquE.Jlos momentos la Bastilla era rara el
pueblo el sombrío símbolo de la tiranía, porque en
ella se había encerrado á todos los que se habían
atreYido á formular lflll YOZ muv alta las demandas pop~ilnr~;; y porque en todos" tiempos la Bastil (a )rnbia sido la a~nenaza terrorífica ele que se.
sll'nei:a la monarqu1a para sofrenar las nae:ieintes
y t:mbrionaria~ libertadeli.
J&gt;ero en 1,89 ya la rieja fortaleza no tenia la
i1'.1portancia de antaño, )' solamente estaba cu¡;:tollmtla por esca~a~ compañías de guardias 1,-uizas, á
la:a óM1ene,- del Gobernador, que era entonces el
cahallero de Launar.
'l'an luego como é~te gentilhomhre Yió acerc,u,~
ú la~ pieza, de artillería de que dii-ponía la fortnleia, dió orden de que los guardia!' ~e a1m.!$ta,en á la
re,-i.,:.tencia. _\parecía é~ta como impo~ible, no oh~tante la diferencia de número ele la~ fuerza; sitiadas y ele lao ,-itiacloras. porque 1-a, pe,ada~ muralla,- de la fortaleza clefenclían perfectamente á los
&amp;uizo1,-, mientras que la masa popular prescntaha
un hlanc-o indefemo á los c1iBparo;: ele aquello, y
á la~ piezas de artillería de que lfüpone la fortaleza.
......

_

Asesinato de Flesselles el 14 de Julio 1789.

Mr. l!l'ecker.

Así fné que dur ante toc1a la mañana se cambiaron com~antes disparos entre el pueblo y los rniz0s, nrnnBnclo muchos de los revolucionarios.
P or fin . á las dos ele la tarc1e ocurriósele á un
tal_ Hulin hacer un supremo esfuerzo para consegmr algunos cañones. y al efect.o se, d irigió al
palacio municipal, que estaba custoc1iaclo por

Bajo el título de ,.,~iejos Recuerdos."' el príngnarcli,1~ france,e, )' arengó á loB soldados hasta
eipe
de ,J oimillc e~cribió inten,ante;; memori,1s,
alc:anzar que ,e unie"en al pucblo, llevando einco
pnlilic-adas en 18H-!. :-\e hahia ca~aclo en el Brasil,
pitza;; de artillería.
Entonces, la defen~a ele la Bastilla Fe hizo inso,trnibl~. ~- en _brern ht muchedumbre penetró
en el primer patw. Inmetliatamente la handen1
hlanca de la rendición fné izada por Jo:; !-itiadore&lt;
y apareció _el_ GohErnador ele Launay para tratar
de la,- e:ond:c.onE" de ]a c-apitulación. Pero el pu~hlo enfurecido no le dejó hablar y lo hizo pcdazoR
~obre el ~egunclo puente ele la fortaleza . tlel rni,mo
modo co1110 iba á hact·rlo en bre,·e con el nne,·o
l\lini::-t'ro Fle,:l'elles.
'11 omacla la Ba,tilla, la rel'olución se hizo temer claramente. El pueblo nombró alcalde tl'-'
París al astrónomo Bailly, que se había hecho
popular como presidente de• la Asamblea Xacional,
y c·onfirió el mando ele la guardia nacional al General Lafayette. que había prometido hacE1r proclamar los der echos c1emandados por el pueblo.
Desde ese momento, de hecho, ya no hubo más
rey que el pueblo y Luis XYI no fué ya más que
una expiación de los pasados yerros ele la monarqu ía.
·
Tal fué la gloriosa jornada parisiense del 1-!
ele Ju lio de 1789.

O. H .

EL PRÍNCIPE DE JOINVILLE

M. Bdlly, Pre■ident9 de la Asa,mblea l!l'acioD.11.l,
nomb:rado .A.leal.de de Ciudad por los ciudadanos de
P.uis, el 14 ch Julio de 1'189.

Fra_ncisco-Fernanc1o-Felipe de Orleans, príncipe
de J omnlle, c1ec-aJ10 de los Y ice-almirantes franceses, gran cruz le la. L egión de honor ha mue•r to
el 1G de Junio p~aclo. en París en s~ hotel de la
annida lL\ ntin. Xacido en el ~astillo de Xe'llillr
el 1-1:_ de A~?;:to de 1818, último superriúente el;
Jo¡: cm~o h1Jos ele! re_,. Luis-Felipe. tenía ochenta
y un anos de edad. Deí:'pué, ele haber conquistado
toclo,.; e~to~ grado&gt;' en la marina francesa, de haher;:e di:tinguiclo en Ran Juan de rlúa, en la torna de , eracruz por la e;:caudra france,a. en )Iogador, etc., fué promovido para. '&gt;'ic-e-almirante/
en 18-!5.
La rerolución de 18-:l8 le condenó al destierro
~Jn los otrof&gt; m iE1mhro8 de la familia real. En 1870,
epoca. de Jo,; de~as~res francese,.;, se presentó en
Francia. como oficial americano. bajo el nombre
de. coronel Lutherod, y sirvió rn el ejército del
Lo,rc, en las tropas do-1 o-eneral d' Aurelle de Paladines. En el mes ele Febrero de 1871, 0legido diputado en la Aeamhlea nacional, al mismo hC!mpo que el duque de Auma.le, s~ sentó á la Cámara
donde pennanecíó hasta 1876; entonces volvió
definitirnmentq. á Oa vida privada.
'

El Priucipe de Joinvi lle.

en 18-!3, con la pri ncesa Francisca de Bragance,
hermana de Don Pedro II, muerta en 1898; era
padre de la duquesa de C'hartres y del duque ele
Penthieue.

LOS SUCESOS DE CHINA.
En el pel igro general que hace correr á todos los extranjeros residentes en China la insurrección de los boxers. que el Gol)ierno chino no
ha q~erido_ ó no ha podido reprimir, difícilmente
podrrn c1E-c1rse qué nación es la rná, -amenazada.
Ale1~1a_11ia, como ninguna otra potencia europea,
1ta rce:11)J 0o un ultraje imborrable con el a•esinato de su 1Iinif'tro Barón de Yon Ketteler. pue,
aunquo ie1 ,cal-Jle hai o.nunciado loo asesinato~:
del ::\Iinistro francés é inglés en Pekín. nada hasta ahora ha Yenitlo á confirmar esta Yersión.
J"&gt;ero la Francia está doblemente amenazada.
p_or el actua~ orden ele co;,a.s en el Celesliei Impeno .. ,;:n Pek'.n• t~clos los~ franceBes participan del
p~li':10 com_m!. },n el í unnan, una de las pronncias rner1d1onalEf' de la China, está aislado y
se e1~cuentra en la situación más crítica u n grup·o
ele crndadauos franceses.
Este grupo se compone : de M. Francois Cónsul de la República francesa en Yunnan y' de su
per~onal, ha-,tante numeroso: fogenÍero~ cncar-

Ministro de Francia en China.
Interior de la Catedral,

gados de estudiar el trazo de la línea de penetración al Yunnan, concedida por la China á la
Francia; en fin, como por todas partes, de misioneros.
M. Francois, en presencia de la grareclad ele la
insurrección contra los extranjeros, había recibido
el encargo ele llevar á todos los ciudadanos franceses &lt;le Yunoon-Senl 311 'I'onk¡n pu,..- ·:MongTse y el río Rojo. Se esperaba en Francia con impaciencia noticia ele la marcha de la pequeña columna q,ue fie creía ya en 1Iong'l'se, cuando el Ministro de Negocios Extranjeros recibió un telegrama del expresado cónsul, en cla.ve, fechado el 14 de
Junio y concebido en estos términos:
"Nuestra marcha para el Tonkín ha sido
impedida por la fuerza. ~os encontamos
como prisioneros en· Yunnan-Sen. T odas
nuestras casas, dos misiones inglesas y
francesas han siclo pilladas é incendiadas.
Actualmente no tenem06 ni ropa. Todo
ba siclo robado. Nuestros archivos y mis
claves han corrido la misma suerte, y no
puedo comunicarme con la Legación. Es
pre.ciso que el Gobi€1fno exija enérgicament:e á Pekín que se nos vuelva sanos y
sahos."
En presencia de esta situación, M.
De1lcassé hizo ir cerca ele él al Ministro
de China en París, y le invitó á telegrafia r inmediatamente al virrey del Yunnan, expresándole que su vida respondía
de la de los franceses, y oue la Francia
sabría siempre vengarles. Y así lo hizo el referido
Ministro.
En Pekín están agr upados en una sola calle
de la villa manchú, todas las L egaciones de las diversas potencias, al Sud-este el€ la ciuc1ad imperi'cl.l. La Legación francesa tiene por vecinas á la
del Japó11 y á 1a de Italia. Los bancos, los hoteles,
los almacenes europeos, son los que separan las
legaciones, que se componelll generalmente de un

vasto recinto rodeado de murallas de ladrillo. La
longit uc1 de 1-a calle es, poco más ó menos, de un
kilómetro. Una pequeña guarnición compuest a ele
250 solc1ados ele diversas nacionaJ.:clades, así como ele los ciudadanos capaces de sostener un fusil, he aquí todas las fuerzas de que dispone €ste
pequeño barrio europeo para defenderse.
En cuanto á las iglesias, tres de ellas se encuentran en la villa :Manchu. Pero la catedral se

Pagoda de las cinco provincias, en Yunuan-Sen.

!ernn~a en la misma ciudad imperial, donde está
rodeacla&lt;letodo el conjunto de construcciones que
constituyen el Pét' -aug. El recinto c1el Pét° fué
cambiado después ele la guerra del Tonkin; la
iglesia y construcciones que le rodean actualmente, fueron inauguradas en 1888.

Habitaci ón de los misioneros conti8'1lá á h catellral 4e Pekin.

MRS. GLADSTONE.
La muerte de. Mrs. Glac1stone, priva -al mundo
de una personalidad que caracteriza un tipo cada
día más raro. Aunque fué su destino el de encontrarse durante más de setenta años en estrecha.
conexión con los asuntos públicos, permaneció
hasta el fin de su vida siendo un conjunto de todas
esas cualidades que hacen de la mujer una
esposa y madre ideales. "No sólo la más
amante de las compañeras, sino la más devota filántropo, cuya vida fué consagrada á obras ele caridad entre sus prójimo. De tal manera fué descrita elocueHtemente l\Irs. Gladstone en una co:mposi◄
ci_ó~ presentada á ella y á su esposo á p10◄
pos1to ele sus bodas de oro, en Julio de
1
1889.
Los que creen y han asegurado q~
Mrs. Glaclstone tomaba poco ó ningún inteTés en política, excepto en los asuntos qu? di~ectamente afectaban á su esposo, estan s~ngualarmente equ_ivocados; por
el contrario, muy pocas mujeres han to~acl~ jalli:ás parte con igual agudeza é
mtehgenc1a en el engranaje de los asuntos públicos. Mr. Gladstone dijo una vez
á un amigo íntimo : "Mi esposa ha couocic1o t.odos los secretos políticos que yo he
poseíc1 0, · nunca ha traicionado mi confianza;" y se dice, así mismo, que durante
su luna de miel, el joven miembro del P arlamento dijo á su esposa :
"Preferís no saber nada y e.;tar libre de toda
responsabilidad, ó conoceT• todos mis secretos y sujetaros á una estricta discreción?" Mrs. Gladstone
era c1emasiado verc1adera mujer para no elejir la
segunda alternatiYa, y nunca faltó á la confianza
que reposaba en ella.

l'achada de la oatedral de Pekin, 1lanqueadap or dos pabellones imper¡ales.

�DoU:..:ngo 15 de Julio de 1900
EL :MUNDO ILUSTR.á.DO

Domingo 15 de Julio de 1900

EL MUNDO ILUSTRADO

eCa Ba6eza 4arfanfe.

!H-:t-~ .
;¡:~~---~ 'f .
.......... . •,.
__._~-"·.--.: ·.:..

_

...,.__,___.-:.:.,

Al fin, toda anegada en llanto, rodándoseme por cos, tersos siempre y en esa hcra, secos, hoyuela- rada puntiaguda se clavó en mí. Sus ojos quelas mejillas las lágrimas que iban á humedecer el dos y lívidos, los míos que Je esquivaba para au- rían hablarme, pretendían decir algo, pero yo,
¡ oh Dios! no los entendía.
velo enlutado con que cubría mi cara pálida y oje- mentar su deseo.
Y desbordaban deseperaciór¡.
De cuando en cuando, desde el cuello rebarosa por el-insomnio, me hallé frente al cadáver
Su _boca se entreabrió varias veces, como por
nado, en donde comenQ:aban á ¡prenderse nemutilado de• mi infeliz compañero de vida.
Al fin; estaba en presencia de la acre satisfac- gruzcos coágulos, rodaba silenciosament.; un un esfuerzo supremo; castañeteáronle los diención de mi enfermo deseo : mirándolo allí, tendi- hilillo de sangre, que iba culebreando por el tes, y cuando el corazón me latía apresurac1~do sobre la plancha, horri"l:&gt;lemente descabezado. metal de la plancha, hasta detenerse contra la mente y un sudor frío me humedecía el cuerpo,
oí clara, distintamente, mi nombre pronunciado
Entonces sí, perdí unas pocas de mis energías, mano crispada, á la que coloraba.
Las fuerzas me faltaban; emp-Er,mba á sentir por aquella cabeza tronchada: "¡ Ana, Ana!"
en1!onoes sí, me saltaron las lágrimas que habia re¿ Era posible?
presado durante la. ejecución. Porque yo asistí á miedo, horror, :','-¿ por qué no confesarlo?1fi pavor fué ilimitado; quise correr, gritar,
la ejecución; creí que si en alguna parte necesita- asco, sí, asco que comenzaba á causarme aquel
moverme al m1Emos; nada pude, y con la mano
ba de mí, era en el cadalso. Y mis ojos fueron á cadáver sangriento del decapitado.
apoyada
cerca de su pie derecho, que comenzaba
Pensé
ie'll
salir;
yo
ni
siquiera
podría
clar
el
buscar los suyos, allí, sobre la mortuoria plataforma. Nuestras miradas se encontraron, y se - último beso á mi muerto; habría necesitado to- á ponerse horizontal, quedé inmóvil.
-¡ Ana, Ana mía!-repitió con voz humana,
mar entre las manos su cabeza divorciada del
besaron sobre las gradas de su patíbulo.
con entonación que 1,ada tenía de sobre¿ Por qué sólo se ha de acompañar á los
natural.
que mueren poco á poco, tranquilamente,
Entonces, más tranquila, con una mezentre los blandos almohadones u¿ lecho,
cla de cruel curiosidad malsana, de comy no ir á despedirse del que la justicia
p!acencia cariñosa para el pobre ajustiarranca del mundo sobra el duro tablado
ciado, v de presuntuoso valor de mujer
infamante?
colocada en espantosa situación me aproxiEl necesitaba acaso de una mirada amimé un poco á lá cabeza de lni marido.
ga en -el momento último. ¿ Quién sabe si
Apenas entreabriéndole los labios lívise tiene más serenidad para entregar la
cabeza al verdugo, cuanlo enfrente hay
dos; volvió á salir claro y distinto mi
nombre:
unos ojos amados?
Fuí á cumplir con el deber, cruelmente
-"!Ana, Ana mía!"
impuesto por los hombres, de despedirse
Quise contestar, darle ammo, inspide los que mueren.
rarle confianza .en mi ser~nidad, por la
Además, entre la curiosa multitµcl que
que ele seguro temblaba, y sólo pude arse arremolinaría, en derredor de su cadalticular un tembloroso: ¿ Qué?-como si
eo, sería yo la única que le mirase con
apenas me atreviese á hablar.
eariño, la única que no sintiera asco por
El 1:sfuerzo de la cabeza creció, creció
el crimen, y horror é indignación para el
grandemente; la ví congestionarse; tomó
criminal que il:;a. á e.xpiar su delito, el dela ma1~ada color_ación del esfuerzo, y
litlC&gt; cometido por el amor que me tenía;
lanzando un suspiro, como para descamar
un amor lcco que lo eñgendró unos celos
del trabajo ejecutado, como de satisfacimbéciles, pero amor al fin.
ción por el triunfo, emprnó á hablar con
Por mí había partido de un certero go}voz débil.
pe de puñal, el corazón _de, aq_uel inf~li_z, ~e
-¡ Oh! Ana mía, qué inesperacla dicha·
aquel inofensivo, á quien hizo la lilJUna
verte á mi lado, acompañándome en mi;
de juzgar peligroso, tentador, perverso! ..
últimos horribles momentos, cuando vo
Se condujo como un valiente: no llevaba
creí qu{!, la vez en que nos lniramo's allí
miedo en el semblante, no, el pavor no le
en el cadalso, era la última.
había arrancado los colores de la cara;
Como sufro, Apa; mis dolores en esta
solamente sus labios, secos por la fiebre;
gran herida son insoportables. Cuánto he
habían perdido el carmín; no l'e&lt;cOrrió su
sufrido en unos pocos momentos. Mentira
cuerpo estremecimiento visible, mientras
que no se sufra con esta muerte mooestuvo completo. Sólo, cuando el horritira Ana, mentira; yo he padecido' horripilante cuchillo tronchó aquella cabeza,
blemente.
cuya frente yo había besado tantas veces,
N ad.a son los sufrimientos de la víspera
cuando la sangre saltó parabólicamente
comparados
con los del día de la ejcude los vasos rotos, cuando c9.yó el cuerpo
ción. ¡ Nada valen!
ya separado de su cabeza, se convul~ionaCuando pasé la noche oprimido en la
ron aquellos brazos que tantas veces me
camisa de fuerza, oyendo desde la celda
habían H,trechado, se retorcieron un molóbrega_, el ruido que hacían al clavar el
mento, como miembros de epiléptico.
tablado
afuera, en la plaza, para matarme
Cuando ví sobre la bandeja de estaño,
allí, oyéndolo, como oyen los espectadosu cabeza chorreante, sentí más precisamente delfinida, más claramente terrible, la impre- tronco, y mancharme los dedos y las ropas, y res en un teatro el clavetieo detrás del telón
sión de gran miedo que experimenté, cuando, acaso ¡ los labios! con su sangre derramada por cuando durante el entreacto preparan la escena:
siendo muy niña, me llevaron á un salón, en don- el implacabre verdugo, por el mayor asesino, in- j estaba yo completo! Y ahora ... ahora sufro horriblemente mutilado, sufre nú cabeza que vive
de había una ca.beza ensangr€'1ltada que respondía vestido de impunidad por la misma Ley.
Iba á volver la espalda al cuerpo ensangren- aquí sujeta entro su cuerpo muerto, al que ante~
á las preguntas que se le dirigían.
tado, cuando ví que aquella cabeza; parpadeaba, gobernaba, y el que ahora le presta un punto ele
Después. . . . . ¡ al cesto!
¡ Cuánto odié á todos los que tomaban parte en ¡parpadeaba! como cuando sentimos la pesadez del a.poyo, para que no ruede hasta el suelo. Siento
la tragedia, tranquilos, con seriedad afectada, y sueño y no queremos dor,m ir, como cuando no que- · en la cabeza, cómo comienza á enfriarse mi cuerpo.
á los rnriosos que fueron á satisfacer, como á Uüa remos dejarnos vencer por un· beleño. Sentí el re¿ Comprendes mi extraña situación?
corrid t d0 toros, rns ansiu de impré~ionc:; Iuc:·- sortazo del susto; sentí lo lnismo que si alguien
¡Ay, cómo me duele el cuello cortado!
hubiell'a aplicado á mi cuerpo bruscamente una
tes, sus deseos de ver sangre.
Oye, es rnentir'a. que no se sienta dolor ...
Un beodo cercano á mí, se burló de sí mismo, esponja empapada en agua fría.
Al principio, la fuerza clel golpe me dejó inQuise huir, pero no pude; mis piernas tembla- consciente, pero después, como se vuelve ele la
después de haberse enternecido; "¡ pues no había
mn, mi vista se nubló, y para no caer, apoyé la inconsciencia de una fiebre, vo1ví á pensrur, y con
llegado hasta el nunto ele afligirse!" .....
¡ Desgraciado! La cabeza estaba entre las dos mano sobre la plancha, cerca de su pie derecho la misma violencia con que pieman los cerebros
débiles de los febricitant.es.
piernas, reclinada sobre uno de los muslos; los que comenzaba á ponerse horizontal.
Miré atentamente á la cabeza; ¡ilusión mía!
:Mi pensamiento se aceleró en su marcha; se
ojos entrecerndos, como si dormitase, y por la
boca entreabiei ta, se le asomaban hacia adentro, seguramente. No; en aquellos ojos había vida; avivó lni memoria. Allí, dentro del cesto ob0 curo,
algunos de los bigotes, desordenados y marchitos. no tenían la vidriosa opacidad de los ojos muer- he pensado rápidamewt'e en lni pasado, efi mi
presente, en mi porvenir .
¡ Oh! así, con los oj.os entrecerrados, pero llena tos.
¿ Seria posible que aún viviese aquella cabeza?
He recordado nuestros clías de ventura, nercl ide vida, así había yo tenido r ecostada sobre mi
da para siempre; he r€cordado la noche de mi
hombro, aquella cabeza, entonces ya hueca, mus- ¡ Qué horror!
crimen.
Y seguía parpadeando, sueguía parpadeando.
tia, que ya no abriría los ojos al sentir mis besos,
Al fin abrió los ojos completamente, y su mi¡ Ojalá que á ese maldito lo hubjesen guillotique ya no buscaría GOn sus labios si,empre fres-

�Domingo 15 de Julio de 1900

EL MUNDO ILUSTRADO
mado para que hubiese sufrido mucho, tanto como yo.
S{ento como me destila la sangre por los agujeros abiertos, y me siento á cada instante más
débil.
Y ya quiero morir; sería atroz que, cuando
vengan los que han de hacer la necroscopia de
mi cuerpo--porque ese si está muerto-pudiera
ver aún, cómo lo despedazaban. Si así es, si llegan, toma mi cabeza entre tus manos, y como si
fuese una cabeza de yeso, arrójala contra el suelo, hasta que salte en pedazos mi masa encefálica. Tú que quedas, díles que es muy cruel esto
castigo, que es crudelísimo cortar una cabeza para que piense y sienta, junto á su cuerpo degollado, muerto.
¿ Por qué no parten mejor de un hachazo el
cráneo del eentenci.ado? Así destruirían de una
vez el "yo."
C'uando me depositaron aquí sobre la plancha,
y pude ver mi pobre cuerpo contraído por las

últimas convulsiones, ¡ cuánto deseé huir! nunca como 1:ntonces he sentido deseos poderosos
de correr, y "sentí" la ausencia. de mis piernas,
he "~entido la falta" de mis miemhros · no pude
acostumbrarme á la idea de no wner 'cuerpo, y
m~ l_o figuraba_ a_éreo, insensible para mí, pero
existiendo, y d1stmto del que tenía á mi derredor, sangriento y desfigurado.
Si el espíritu sobrevive, después de mi comp-1€ta muerte, ~orque esta es incompleta, ¡ ay,
horriblemente mcompletal ¿ experimentará esta
misma _molestia, por la falta de cuerpo, sentirá
este mismo vac10 que yo siento después de la
cabeza?
La cabeza se agitaba, temblaba nerviosamente; su, respiración (?) se hacía fatigosa, y empezab-ct a parpadear de nuevo.
. _Ahora siento _en palpitacíones, con interrupc10n de breves mstantes, repetida la crispadora
caída del cuchillo de la guillotina.
Siento más clara la impreúón del contunden-

El crimen de Copalillo.

esa. lcc1lidad se encontraban r~unidos centenares
de indí~en-as. e11tre ellos las ~utoridades municipales de Oxtutla y otras poblaciones cercanas á
Copalillo, las que hab1an sido corn·ocaclas por
Francisco Sánchez, Presidente Municipal de Oopalillo.
Courmont. y Dupin llega.r on á Copalillo como
á la una de la tarde del &lt;.lía 16 de Septiembre, en
los mom€ntos precisos rn que iba á dar comienzo
1-a con-ida de toros que se efectuó en la plaza formada provisionalmente en el poblado; los que
después ejecutaron el crimen se fijaron en la
circunstancia de que Courmont llevaba sacos de
din~r_o en su montura, los que despertaron la
cochcia de los lugareños. Los extranjeros pidier on á Sánchez un g-uía que los condujera á Xiotla, habiéndoseles proporcionado al indígena

~~

Ya á hacer un año que ocurrió el suceso trágico

..

do Co¡:alillo, del qut: resultó la mue,rte de dos estimables extranjeros: l\L 1\1. Dupin y Counnont,
emparentado el primeru con una respetable familia
de .Francia y luchador incansable el segundo, que
había fundado hac:-a peco tiempo su hogar en
l\féxico con una joven señorita compatriota.
En los principios de las averiguaciones quedaron desfigurado.s de tal modo los hechos, que
aparecían los extranjE&lt;ros como asaltantes más
que como asaltados y víctimas de un crimen que
horripila en sus detalles. En México se recibieron
noticias bien dist:::ntes de ser exactas, y con ellas
hubimos de formarnos el criteri~ de acontecí-

M. Alb?rt Courmont.
M. J. Dupln.

.iento, que pprmanecieron envueltos en el más
:,rofundo misterio por espacio de varios meses,
i1asta que la J u~tic1a se a hrió pa~J por los tenebrosos sendeiros que ocultaban la verdad de los sucesos.
¿ Cuáles fueron éstos? ¿ Cuál el móvil de un
crimen semejante? L a codicia de un analfebeta
mal aconsejado por sus propios instintos y el
deseo inmoderado ele apropiarse de un dinero
aj e,no, del de ios franceses que viajaban por
aquellos rincones del Estado de Guerrero, casi
despoblados y dispersos entre pE'ñascales y arroyos, en medio de una tierra de fuego y alejados
de los centros donde moran las colectividades
ilustradas.
Se cel~braban en ~l pueblo de Copalillo las fiestas patrias en Septiembre del año de 1899. En

1

\

.Ahuast ltlán, en la margen dt!recll" del rio. Lugar adonde fué ase1,!nado Dupln.

Crescencio Alumbre. Como á las cuatro de la
tarde emprendieron el viaje los franct:ises con su
guía, quien llevaba instrucciones de Sánchez de
no pasarlos aquella noche al otro lado del río de
Oxtutla, qLc lleva el nombre de un pueblo situndo cornr, á quince kilómetros al Sudeste cie
l'opa1iLo.
El conjuro de los asesinos se efectuó á la media noche del día de que nos venimos ocupando;
Sánchez estaba al frente, de los conjurados, él
nombró de entre ellos las diversas comisiones que
deberían ejecutar el crimen, él ordenó la ejecución, él quien hizo advertir á los suyos la conveniencia de asesinar á Alumbre, para que se oreyera más tarde que los franceses lo habían.
muerto.
Ya organizada la fúnebre partida, se emprendió la marcha hacia Ahuastitlán, en donde esperaban los extranjeros pasar la noche; llegan los
asesinos, se acercan ele manera. cautelosa á los
franceses, y en medio de la obscuridad hacen la
primera descarga, de la que resultó muertío el
guía Crescencio Alumbre; ele la segunda cayó por
tierra Dupin, al que remc1tó Juan Chino; Courmont echó á correr ya, herido del muslo, pero
fué alcanzado por varios de los asesinos que lo
habían seguido. El mismo Sánchez, que había
seguido muy de cerca á Courmont, al llegar al
lugar en que había sido apresado éste, disparó intencionalmente su pistola sobre Antonio Pistonero, con la deliberada inrención de afirmar más
tarde que los mismos franceses lo habían herido

te y mordicante aparato, cayendo sobre mi pobre
cuello.
-¡ Dame la mano, dame la ~ano!-gritó ,fe;
rozmente la cabeza de mi mando, y empezo a
boquear.
Confusamente dijo por último: "nuestro a~or
i:uestra hija." Sentí que yo_ boqu~~ba ta.mb1e~;
experimenté en derredor la 1mpres10n del vac10,
la falta de mis miembros.
Para cerciorarme de que estaba yo completa,
me llevé los ojos á la mano derecha que estaba
pintada con la sangre del muerto, y. . . . . no
sé más.
Aquí, en esta cama del Asilo, he venido á
despel"tar.
¡ Me siento itan débil!
¿Cómo sentiría él, que sentía la destilación de
la Sfillgre, la destilación de la vida de su cabeza,
en presencia de su cuerpo que empezaba á rig'.•
darse?

EL 1'\UNDO ILUSTRADO
AÑO VII--TOMO II-NÚM. 4

MÉXICO, JULIO 22 DE 1900.

,·

81JBSCRil'f1I01&lt; Mll:NSIJ.A.L POR.A.Nli, 11..5~
!DJUl IDEM EN U OilITll, 11. dí

Gerenwo, AllfTOllfIO OV'l'ÁI

Direowr: Lic. BA.PA..BL BEYES Sl"Ílll'DOLA.

L.-...-.;------------l[J

Franclsco 3árafe ]luiz.

José Bacillo.
Comisario 1~ de Ostutla.

Fr,.ncisco Sánchez,
Presidente Municipal de Copalillo

en la persecución que se les hacía por la muerte
de Alumbre.
En este lugar, en donde se dió alcance á Courmont, fué también en donde se cometió el robo y
distribución de botín del dinero, alhajas y cuanto
llevaban los franceses.
A Courmont se le condujo sujeto por los brazos y por su propio pie hasta un punto retirado de
Ahuastitlán unos doce kilómetros, á la falda de un
cerro llamado llali,xtlecapilca, en un paraje que
se conoce con el nombre de Coapango, suspendiéndolo de las muñecas á un árbol y disparándole
más tarde varios balazos, que acabaron con su vida. El cadáver lo condujeron hasta el paraje de
Tlaltepechi: ahí Explicó Sánchez á sus cómplices
que dijeran que, perseguido Courmont, se había
echado al río, habiendo tirado el mismo Sánchn:
1-a carabina de• Cou,r mont al agua.
Terminada la tragedia,, los autores de ella se
retirarJn con el producto del crimen. Las primeras aYzriguacionee judiciales ninguna luz J.abru.1
en el [1~1mto; pero más tarde, cuando Stl ;nic1ó el
período de las revelaciones y que la Justicia se
propuso abrirse paw, variaron las circP.nstancias
que cubrían el crimen horrendo: en Eaern ele trabajos ingeniosos, de una labor dura y c•mtinua,h
por,P_ar,e de los s;~?res Juez C_arlos :u. •~;il y J€:J'e
Pohtll'r, lsmael Zumga, se logro el esclarecimiento
d~ los lirchos, llegar al conocimiento lle Jo5 ,ucedidos, hu:;rn el _p_unto de que nada hay c,r·uiL:&gt; ahora para 1u~t1cia. Cuantos tomaron ¡yn·tieipa~ión
en el cnmen están bien asegurados y solamen:.a
faltan algunos puntos de trámite para dictarse la
sentencia, que será dentro de muy breves días.

!'l

LJ
Cuadro de Joaqu1n Ram!rez.

Lug-, adonde estu'{O sepultado el cadáver de Courmon\.

.

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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