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                  <text>EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 19 de Agosto de 1900

EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO VII--TOMO 11--NÚM. 9

MÉXICO, AGOSTO 26 DE 1900.

8 0B8CR!l'CI01' JaN8Ul l FOBANli,
I DEII IDBK EN LA CAPIT.il,

11 IMI
11.~

Gerente: .A.ll''1'0ll'I C&gt; 01'11'-'•

DlreMori Lio. JU.l"A.Br. BBYBS SPfJl'DOLA.

1

..

MONUMENTO ERIGIDO Á CUAUHTEMOC EN EL PASEO DE LA REF ORMA.

1

�EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO SUBTERRÁNEO.
El único lugar fresco de la Exposición es "El
Munclo Subterráneo." .Aprovecho estos tórridos
calores para conducir á él á mis lectores en espeTa
de temperaturas más prímaverales.
.
No sólo es freseo el Mundo Suo!!e•rráneo, smo
que á la vez es amen~ é instructivo. ,La cortez_a
terrestr-e es una esponJa perr-forada de tnneles, su1cada de cavernai;:, ahuecada de gale,das naturales y
· artificiales y casi cada. alveolo d&lt;e, esa colosal esp onJ·a -es nido de alguna maravilla. Nuestras grutaa de' Cacahuamilpa, la cav,erna del " mamu t, ., 5011
ejemplo de las ciclopeas y portmtosas construcciones. subterráneas que contiene la cásca:r-a wrrestre
y rerpresentan en su magnificencia la poesía _épica
de lo obscuro-y de lo misterioso. La gruta de Capri, azul como el zafiro, con su lago, tr_a~quilo, sus
arroyos murmuradores, son su poes1a id1l:ca. Cacahuamilpa par.ece residencia de algún Dios OrientaJ: el "mamut" merecería ser habitado por Prometeo, Capri por Calipso.
El nombre ha ayudado á la. Naturaleza con ese
trabajo el-e topo de ahuecar la corteza terrestre, ya
para extraer sus tesoros, ya. pacra depositar los cadáveres. ya para eregir templos, ya, com_o cierto
1ord inglés, para construir palacios. DebaJo, pues,
del suelo que pisamos, ocultos á nuest,ras profanas
miradas hay toda una historia, todo un arte, toda
una indU,'ltria, toda una vida; y si nos fuera dable lev-antar las capas superficial,€-s como el Diablo
Cojuelo destapaba las casas, á guisa de soperas,
nos sorprenMría el hormiguero de fuerzas que bu-11-en, de fenómenos que se agrían, de hombr&gt;Es que
trabajan, lado á ,l ado de las inmóviles y blancas
osame-ntas de nuestros más remotos anteipasados.
. Veríamos las selvas sepultadas carrbonizarse y
convertirse en m,antos de hulla; los asfaltos destilar á través de serpentinas ·rocallosas y gotear en
los. lagos de petróleo; hervir las lavas en las entra.ñas de los volcanes; filtrar las aguas calcáreas y
crístalizaI sus sedimentos en diamantinas mtalág-mitas; dislocarse las capas profundas y formar
lentam1€1nte altas cortlilleras y hondos valliei,; formarse las vetas de preciosos metales; disecarse y
mt&gt;mificaroo la fauna y dejar escrita en la roca la
historia natural an'llidiluviana.
Veríamos igualmente al ~'opo cavar, al gusano
sctpentrar, al hongo crecer, al horilbre trnbajar , y
admiTariam-0s la intensa é inagotable actividad de
lo que -l lamamos inecrte y la vida activa d,e lo que
creemos seipultaclo y muerto.
Un espedtácuJo de este género era tentador para
los organizadores de la Exposición, y noble y
grandiosa la tentativa cl,e, ofrecerá la cmiosidad d-e
las masas, no sólo las grandezas visibles y exteriores de la civi-lización, sino también al lado de ellas
sus portentosos misterios, ocultos, casi siempre, á
la mirada vulgar y sólo paten~1€S á la perseverante
ob¡:ervación del sabio. Esa tentativa, bien lograda por cierto, se ostenta bajo tierra en el Trocadero en profundas cavernas guardadas como por un
Oeirbero, por un colosal Iguana.dan y por un terrorífico Megaterio.
Se baja en la obscuridad y de uno y d!lro lado
del largo y profundo subterráneo, se encuentran ya
dioramas, ya reproducciones de bulto de los principales fe_nómeuos y a&lt;:pectos del Mundo subterráBeo.
La formación d,e1 la Tierra. Sobre el planeta
en fusión comienza á formarse la prim-era y delicada costra. Un cielo siempre tempestuoso, un sol
desmesurado, una luna que hierve, y arde; relámpagos que ciegan; ca!l1aratas que se despeñan. La
mat-eria terrestr.e iem fusión, no soporta la presión
ni la prisión de la débil eorteza que más tarde ha
de encerrarla, comprimirla y dominarla. Los vapores la tailadran y se escapan 1€'11 blancas columnas, las lavas la surcan, los fuegos interiores la
despedazan y se abren paso en cráteres de volcán.
El &lt;,'a.OS de fuego sucediendo al caos de sombras.
Después, la flora y la fauna p,imitivas; todo brutal, colosal, desmesurado; troncos que parecen to1Tes, bejucoo que semejan árboles; elefantes como
edificios; un murciélago gigantesco cuya~ alas desplegadas obscurecen el sol; plesiasaoeros, ictrosau.
ros, á la vez formidables y ridículos, dioses pO'I' la
fuerza y monstruos por la deformidad.
La época de apaciguamiento de las fu-erzas está
repriesem.ifu.da por la tranquila grnta azul, un zafiro

ahuecado y por la de Padirae con su cascada luminosa y chispeante.

Después de la Naturaleza, la Historia; La necrópolis Menfis, en la que. reposan cadave~es de
hace cinco mil años, esculpida con las hazan~s de
los heroes, pintada con las proezas de lo~ Dioses.
La tumba de Acramenon
€:n la que bajo cupula de
0
bronce rodeados de vasos de oro y cubiertos de
joyas áuerrnen los hernes de Homero. La Cámara sepulcral Etrusea alumbrada con lámparas colosales. Las Catacumbas de Roma con los altares
y las ornmentas de los -mártires. Las Pagodas subterránéa.s de Anam, ahu-ecadas en plena roca, pol,ladas de Boudhas dorados y de Dioses extraños.
Por último la industria, el trabajo, la conquista
de :a riqueza' oculta por la mano d,e-1 _hombre. Minas de sal crema cristalizada como cnstal de roca,
sobre la qi1'e nu'even cataratas qoo la. disuelven y
que poderosas bom~as extraen, _líquid_a, ~ara h~cerla después cristalizar. L as mmas nsuenas. Minas de ·carbón-las minas siniestras-n1cgras, obscuras, fatídicas, mortíferas casi tumbas, con sus
explosiones de gri.¡;ú y sus escapes de gases dele'te:r€tos. Minas de plata y de oro, pérfidas como
~irenas, que atra,E&lt;D como ellas y que como ellas
arruinan y matan. En cada una todo el tragín del
t:·abajo. El ir y venir de los vagonetes cargados;
-el incesante subir y bajar de los émbolos y d·e, los
ascensores; el gotear monótono del agua que filtra; el iie¡piqueteo de las barretas contra las rocas;
silbidos de vapor; zumbido de ventiladores; estallido de barr-enos. Aquellos hombres inspiran
compasi{m; parecen combatir y cavan su fosa; h~cen con su esfuer zo la riqueza agena y con sus vicios la miseria propia; de aquellos anit.ros salen á
cada paso la huelga, el motín, la revolución; de
ellos ha salido el socialismo.
Es natural é irremediab11€l; cuando se vive sepultado y en la obscuridad sólo se si-enten ódios y se
aspira tan sólo á .Ja luz, al aire y á la libertad. En
aquellos tenebrosos invernaderos sólo incuban
ódios y germinan bajas pasiones.
De las minas ha extraído el hombre el carbón,
que es fuerza; el fierro, que es palanca; el oro que
es riqueza. Pero de esos antros obscuros amenaza
salir la revolueión soc:al que en su forma nihilista
aspira al aniquilamiento de todo, por imposibilidad de pod,e!r el obrero disfrutar de todo.

Domingo 26 de Agosto de 1900.
L os campos, las ciudades, el desierto,
Todo q~dó cubierto
Bajo los pliegues de su negro manto!
Ah! y entonces 1~ dije :-"Mi enlutada.
Tú mi Musa bendita;
To:Ua el laúd y canita á Margarita!
Tú tienes bajo tu ancha. vestidura
Todo lo que el poeta necesita
Para pintar su espléndida hermosura.
IguaJa con la luz dei tus luceros
Sus m:radas inmensas de ternura;
Remeda con la luz, que en hebras de oro
Vuela· sobre tu frente
La blan(;a luna, el inmortal tesoro
De lumbre que arde en su pupila ardien'l'e;
Has que azote la rápida tormenta.
Con su ala de rttlámpago los cielos,
Para imitar con ella la violenta
'l'empestaci. cte 8il amor y de sus celos;
Y después . . .. Cuando tienda la mañana
Sobre las cumbres su lumbroso manto,
Que diga al mundo tu vafümte canto : Mirad á la mujer amiericana!" ...
Y la noche se fué!. .. No oyó mi ruego!
Sí; yo la ví partir! La ví eseonderse
Tras la monitiaña, y vi llegar el fuego
Del alga qoo €n el éter se extendía . .. .
¡Yo no sé por, qué la luz del día
Me pareció tan trist e! .. .
Oh luz! responde .... ¿ Acaso comprendiste
La tristeza inmortal del alma mía?

Abrí €-ste libro!. ... Yaci,lé un momento!. ....
Llamé los dulces génios del reposo,
Y no quisieron escuchar mi acento! . ...
T.omé la pluma, la apoyé neir'Vioso,
Y comencé á escribir, fall!:o de calma : "Margar~ta.. . . . la hermosa. . . la sensible ..
En mi lira no caben ¡ imposible!
Todos los versos que te dice el alma.!" ....

José )Y!. ,Busfillos.

EL PABELLÓN DE NORUEGA EN LA EXPOSICIÓN.
La forma exterior del pabE-.llón de :N"oruega, en
la Exposición de Par,s, ~e traduce exactamente
t·n su .Jci7&gt;ecto interior, tar.!o más, cuanto que 1'c ::e
han buscado div· siones en salas diV'éirsas. El pabellón mencionado es ele una. sola na.ve, muy alta, á ílUP forma marco una larga gal.e-ría supePior
•que tiene acceso por medio de una escal-c,ra muy
vertical casi sin rnclinación.
Toda· su construcción ha sido montada. exclu.sivamente en madera; las ornamentaciones se
componen de moltluras de gran orig:~alidad, que
.se recomiendan por su valor decorativo.
La l'.\['•.-,,iC;ión ese:, (;, ..- 1 1,:,teramente co~sa.~:'.1
rla á la p~sca.. ~· á las artes que tocan el eJercic10
,de esta industria. X o obstante, el lugar de honor
11a sido reservado á una vitrina, donde, bajo cristale::., se ve un modelo del "Fram/' navío que1 lle-

Y la !farde se fué!-Tendió imponente
La noche sus orespones misteriosos :
Inundó el firmamento 1€intamente,
Descendió á las montañas del Oriente,
Se resbaló á los campos silenciosos,
Y avanzó más y más!. ... Mirad! Qué encanto!

raza robusta que constituye este pueblo, cuya
principal industria es la pesca de alta mar.,
Sabido es que en Noruega se arman aun para
la pesca á la ballieITTa, la cual se efectúa por 27 vapores, tripulados por 1,227 hombres .
.,
La enseñanza profesional de la navegac10n y
de la pesca marítima, se da por las Escuelas de
Bergen y de Bodeo. La primera de esta~ ciudades
posee el museo especial, que, es el pnnc1pal expositor del pabeHón noruego; él es el que muestra
ante un diorama m-a,rítimo, en e,l cual, sobre el
mar boreal, flota un ballenero, todo un rebaño de
habitantes de esas latitudes : osos, morsas, focas,
leones marinos, etc., 1e1tc., cu.va reproducción damos en nuestro grabado. El mismo museo exhibe
unos p,esca.dos encerrados en pomos rectangu~arcs do Yidrio, y que parecen pesoados la v1spera, tan viras y radiantes son sus colores.

EL PSHA DE PERSIA.
Nuestro grabado representa al citado soberano duran•te un paseo en las calles de París, en la
última visita que hizo á la capital de Francia y

Animales raros exhibiios.

que pooo gratos reClllc&lt;rdos deb-e de haberle dejado con motivo del atentado que estuvo á punto de sufrir y que fué, el primero de la S!lrie,
;mes como saben nuestros lectoP2is, dos veoes
n:ás ha estado á punto de peTecer á manos de
los infames anarquistas.

IORAD!
¡ Dejad que vuestro espíritu suspenso,
De su destino al poderoso grito,
Dirija el vuelo de su afán inmenso
.A su patria inmortal, ,e,} infinito!

i

~\{ª~~~{~:.
&lt;

Cantan á Dios el ave entre el ramaje,
En su onda el mar, el céfiro en su giro;
Que los cie-los reciben homenaje
De cuanto tiene voz, canto ó suspiro.

Apágate!. .. La sombra es la que anhelo
La noche, la enlutada
Diosa, que .entreabre su gigante tienda,
A esperar que la luna la sorprenda
En su lecho de estrellas reclinada!
Ella, mi Musa! La que me ha arullado
Con lira melancólica y sublime;
La Musa que mis pasos ha guiado,
La Musa que en mi senda se levanta,
La que le dice á mi ~speranza : canta !
La que le dice á mi tristeza : gime!

vó al i11lrépido Firitjof Nansen y á sus valientes
compañeros, hacia la conquista del Polo.
El busto del explorador mismo, se iergue ante
ia viir;n;1, nt&lt;,.•tmnclo el :-.:~rro enérgico, los r:t5!a,OS
finM v 1egulares del li,nuLrc que casi res·ilvi.) ,·ót:
problema. enloquecedor de la busca del polo
• , r, l'
c-, u,e permanec'ó oculto durante el
siofo XIX, y cuyo secrefo revelará sin duda el
Pero el futuro t riunfador no hará jamás olvidar la glor :a de Nansen, ni el recuerdo de su
abnegación y valor. Conocida es l1l. historia del
'· Jfr¡¡m-'y .,le -u equipaje. El navío había sido construido EBpecialrnente para esta expedición, es ~ecir, que su e,sh:uetura estaba reforzada para res1sit.:r la terr'ible presión d e los hielos. "El Mundo
Ilustrado" s.e ocupó extensamente y á su tiempo
dej las peripecias de tan atre.vida exploriación.
La vitrina en cuestión dice _al público toda 1-a
rr.nmn,·¡ 1:lo, a historia : el casco del "Fram'' muestra
el sistema de armaduras, por el cual se puso á sus
ftancM, en e:~tado de resistir la opresión glacial.
Allí se ven, así mismo, los objetos d·el uso personal die K ansen, su trineo, sus patines, sus raquetas
de nieve; la lámpara de alcohol sobre la que hacía sus alimentos; el saco de pieles en que· se encerraba para dormir; más
a:ún, dos de sus perros, naturalizados y montados con
tal perfección, que dan la
ilusión de la. vida.
Cuando el Empe-rador
Guillermo II recibió á N ansen, hizo llamar á sus hijos,
y les elijo: "Sois muy jóvenes aún para comprender
lo que ha hecho el hombre
que e-stá ante vosotros; pero más tarde, cuando se os
refiera su h:storia, r ecordar éis con emoción que le habéis visto."
Se recuerdan las palabras del Emperador Guillermo delante di2· esos objetos, testigos inanimados de una odisea, ante la cual los viejos cuentos
no son sino narraciones de niños.
Por otra part!e, contemplando los objetos expue-st9s en el pabellón de Noruega, se adivina 1-a

XX.

¡ Ma•riposas de luz, tended el ala
.A la llama que nunca se consume;
Cuanto puede volar, la cima escala :
La música, el incienso y ,eJ perfume!

Apágate, crepúsculo! No anhelo
Tus sombras, tus reflejos, tus paisajes;
Desprende la guirnalda de celajes
Con que decoras el azul del cielo;
Recoje el traje de púrpureo l'aso,
Y después, avanzando majoollu.oso,
.Arroja tu estandarte luminoso
En el inmenso abismo del ocaso!

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 26 de Agosto de 1900.

'--·~'

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-···_"---¡
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~---·

¡ Caed de hinojos! Suplicantes palmas
Alzad venciendo vuestro orgullo ciego;
La oración es la vida de las almas,
¡ Santa actitud de adoración y ruego!
Del existir €ll la inmortal contienda,
Nada el milagro del amor ataje:
¡ Que la oraeión, como el perfumei, ascienda~
Y que el perdón, como la lluvia, baje!
Si navegáis en golfos de ventura,
. Cantad ¡hosanna ! en vuestra dicha extrema;
Y si togáis en mares de amargllfa,
Tened confianza en la bondad suprema.

José .Oópe~ j)orfíllo y lf ojas.

- -

·-=--~:-:!
-· ..,,._______ . _1,

En este mundo arcano y deslumbrante~
En el seno de tantas ma·ravillas,
El hombre, pobr,e• ser de un solo instante,
Nunca se halla mejor que de rodillas.

¡ Sonreíd al pensar que en esplendores
Al fin se tornará la noche obscura,
Y que son de la vida los dolores
Sollozo abajo y cántico en la altura!

-..---1:

'--·

~;&gt;~";G'.'.'•c ,,., . }~~-:- -~-~::::~, _::'.: .
El Paha de

Per■la

en .l'aris,

�D?mingo 26 de Agosto de
EL MUNDO ILUSTRADO.

rnoo.

EL MUNDO I LUSTRADO

Domingo 26 de Agosto de 1900. :::::::,:

PARTE EN lOv D.IVER~O
lftHO DEL CERTAME./'i

1

1os dos grandes poetas de Alemania
~

()~

A la teoría sociológica que as:enta que el florecimiento de las bellas letras, ó mejor dicho, la intensidad poética, sólo se manifiesta durante el
equilibrio político de las naciones, Alemania va
dando un mentís incontestable, puesto que en
todo este siglo XIX que ya toca á su fin y durante
cuyo último tercio esa nación ha alcanzado unidad y equilibrio políticos sin precedente en su
propia historia, no ha podido producir un sólo
poeta que la gloria .Y los merecimientos de los anteriores eclipsara.
Recorriendo la historia literaria de Alemania,
desde nuestros dias hacia atrás, no encontramos
figuras de "primera magnitud," sino hasta Goethe
y Schiller. Ahora bien, ¿ en qué époc-a florecieron
ellos? Reinaba entonces un equilibrio político en
el seno de la nacionalidad alemana?
No; el fin del siglo pasado significa para Alemania nada menos que el más completo desequilibrio.
En pie todavía el feudalismo,-no obstante los
enormes esfuerzos de Federico el Grande, que en
tal sentido bien pudiera apellidarse el Luis Once-

S ra . Dr. ga ll!aschi n,

no germano,-dividía el reino en una porción de
pequeños Estados sin más cohesión interna que
la comunidad del idioma, demasiado débil por
cierto para formar una entidad política equilibrada, como no la han podido formar ni la formarán
nunca las diversas naciones hispano.-americanas.
A aquella debilidad se oponía la fuerza francesa, naciente ele nuevo, que desde las esplendor osas épocas de Luis XIV, no había cesado de
ejercer su presión sobre los Estados alemanes.
~uede decirse que la Alemania propiamente
dicha, no existía entonces. La diversidad de religiones era, acaso, el mayor obstáculo que se interponía entre aquellos diversos pueblos de común
origen y ele idénticas aspiraciones. En semejantes condiciones el peligro de una absorción paulatina era inminente. ¿ P uede da.rse mayor desequilibrio polí:tico?
Y sin embargo, en ese medio florec:eron Goethe
y Schiller, poetas de veras, poetas eternos, ele esos
cuya gloria es imperecedera, simplemente porque
se basa sobre creaciones que á la tersura y belleza
ele la forma, unen un "humanismo" intenso y una
idea, muchas mejor dicho, que arraigan en los
más íntimos é invariables ideales de los hombres
y que encarnan eternas y axiomáticas observaciones sobre las tendencias clel alma humana.
Sucede con sobrada y deplorable fr€Cuencia, que
nuestro incondicional vasallaje al intelectualismo
francés, ciña tupidas vend3,s sobre nuestros ojos,
al grado de que las demás literaturas extranjeras sean desconocidas, no sólo para nuestro gran
público, sino también para nuestros hombres de
letras.
Si no fuera así, es seguro que -el intelecto hispano-americano, cuyas principales características
son la facultad de asimilación y la maravillosa
plas_ticidad, ya hubiera "enmoldado"-(no hay que
enoJarse, puesto que lo hacemos diariamente en
los franceses)-en el modus faciendo de Goeihe
y ele Schiller, con mayor provecho y utilidad.
Sin Embargo, el tiempo lo hará y cuando e~o
sea, se convencerái: nuestros literatos de que la
inspiración no debe beberse exclusivamente en E•l
"espri~ p~tillant" de las_ oril}a~ del Sena y de que
al arh.fic10 de un Verlame o a la brillante meH,fora de un Rugo, podrá siempre oponerse la "filosofía" de un Schiller y da un Goethe.
.
.Damos hoy los retratos de los dos graneles pO·.!·
tas ele .Alemania
Osear 7(e rs,

El matrimonio del Rey de ~rvia

1

'

•

Af)tn...f.
~

. .
f

Conoc:da es la situación ele la familia real de
Servia : la ex-Reina :N"atalia y el ex-Rey Milano1.
pasean cada uno por su lado, á través de toda ht
Ei1r:opa, sus existencias nómadas.
H ace cinco años, el joven A1'éjandro estaba en
Biarritz con su madre. Esta tenía consigo una d~ma de honor. á quien amaba mue:ho, :Mme. Draga.
ofaschin, encantadora bellezP,, EÍ.mRle burguesa,
viuda de un ingeniero de minas.
Maschin, bella é inteligent€ conquistó al hijo como habín encantado á la madre, y dejó el servicio
de fo 1eina para seguir al rey.
H asta entonces nada había de anormal. Per&lt;&gt;
hé aquí aue hace unos cuantos días, e,l joven r ey
Alejandro ammc:ó o:ficialment,e que iba á despoHme con Mm\€,. Maschin, y á hacerla reina.
Con este motivo hay quien augura una guerra civil, tlc terribles consecuencias en el caso.

.

"-,,.

....~º~- ,.
'

.

.

,·

-·A: ""

'., ·.

1,

G R UPO Dé ~EÑORITAc&gt; l'iOMBR.ADA¿, Rt1NAc)
ARA PR.E.:&gt;I01R, LA.:, ( AR.RtRAt1 OC C'll\llA

El Bey de Serv ia.,

.

~~

�Domingo 26 ele Agosto ele 1900.

EL MUNDO IL USTRADO

CUAUHTEMOC

FRAGMENTOS.
los indios aliados habían robado á los conquistadores; quiénes que los solclª-dos ele los b2rgantines tenían ocultas las riquezas, y quiénes que
Cortés, de acuerdo con los ven{!idos, poszfa el tesoro de ¡¡fotecuhzonia. Los ofieiales reales por

:fuieron puestos al tormento, que consistió en quemarles pies y manos.
.
.,
"El rey, con inquebrantable _constancia, s~fn~
]os dolores sin cambiar la seremdad de s_u ro~tr? ,'
Tctlepanqudzaltzin, p1:óximo á sucumbir, volv10

l~st:ima q~e el Sr. Orozco y Berra, autor de las
lmeas copiadas, haya incurrido en un error en
una contradicción y 8n un anacronismo.
'
. En ':n error,, porque no fué 'retlepanquetzaltz!n., senor de 'llt1copan, el que murió en el martino; fué otro indio nobilísimo cuyo nombre, no
ha transmitido la histona. .
"Los _oficiales del Rey-cl:ce· Go1~a~a:.._q~eriai~
descu?rir el oro, plat~, perlas, piedras y joyas
para Juntar 1:nucho qumto; empero nunca pudit::•
ron eon mex,c:ano nrnguno que dij ese nada aunque ~odos decían cómo era grande el tesdro de
los d10ses y de los re3·€s ; así es que acordaron dar
tormento á Cuauhtemoc y "á otro caballero y
su privado." El caballero tuYo tanto sufrimiento, que, "aunque murió en el tormc!nto ele fueao
"''
no con f eso, cosa de c:uantas le preguntaron sobre
tal cosa," ó porque no lo sabía, ó porque guardan ed secreto que su señor les confía conshmtísimamente. Cuando lo quemaban miraba mucho _a:!., Re)_', para que, habiendo compasión dél,
le diesen ltceneia, como dicen, cfo manifestar lo
que sabía, ó lo dije~e él. Cuauhtemcc le miró
con ira y lo trató vilísimamente·, como muelle v
de poco, diciendo si estaba él en algún deleite ó
baño."
Esta versión, que es la Véll'claclera, la siguen en
s1!~ obras respectivas Herrera, Torquemacla, ClaVJJero, Cavo y otros, y ninguno meneiona al
"tecuhtli" de Tlaeopan.
•

oCuis 9onzá/ez Obregón.

Grupo princi pal de la Comitiva Aztec a .

'9ru~sfros 9ra6ados.
-C:::::,..*-C:::::,..

EL VALLE NACIONAL.

lfotable bajo-relieve en el monumento de Cuahutemoc. Obra de Gabriel Gue:na.

su parte inquirían para satisfacer el "quinto," y
según parece fueron los primeros en solicitar
que se atormentase á Ouauht;,2moc. Entonces
desempeñaban estos cargos, .Alonso de Grado co-

trisilemente los ojos al monarca, como para pedirle lieencia de revelar '€'l secreto ó suplicarle
que él lo hiciese : fijóle airadamente la yista ·
Cuauhternoc, dirigiéndole secamente estas palabras : "Estoy yo en algún deleite ó baño?"
Avergonzado €'l señor ele Tlacopan, recobró esa
indiferencia, estoica eon que los valientes saben
burlar las crueldades de sus enemigos "y murió
en el tormento." Tarde para la gloria de Don
Hernando fué quitado del brasfü•o el Emperador
azteca, porque aquella acción imprimió una fea
mancha en la memoria del conquistador, á quien
no se puede defender con que era débil para eontener á la soldadesca; en momentos más difíciles había sabido tenerla á raya é imponerle su
pod'€irosa volunitad."
El juicio es justo, la reflexión oportuna . .. . .

Moctezuma y su reg i a comitiva .

Todo lo que se había juntado era mezquino en
comparación d,e los sueños de inmensa riqueza
con que creyeron ver coronados sus esfuerzos los
conquistadores. El oro fué buscado con ahinco,
y no se podían consolar de la pérdida que tuvieTon en la "Roehe Triste." U nos á otros se aeu~a ban. Los indios fueron de nuevo interrogac1os, y ante sus n•egativas y ante las esperanzas
frustradas, la murmuración sorda comenzó á revolotear en todos los oídos. Quiénes decían que

EL MUNDO ILUSTRADO

1

LOS MARTIRES DEL TESORO.
Cuatro días cle~pués (1¿: la toma de la cíudad
y tres de la junta de 'l'laltelolco, Cortés se fr_aslatló eon los suyos á Coyoacán, llevando consigo
presos á los prmcipales señores indios, con grilles y cacLna,; en los pies.
Para calebrar el triunfo hízose un banquete
con el vino llegado de Y eracruz y los cerdos
traídos de, la Isla de Cuba. El número de invitados superó al de los asientos, y "la planta de
Noé," corno afirma Bernal Díaz, dió _al trast'e eou
el juicio de los comensales. Conqu1staclorcs hl!•
bo que treparon sobre las mesas y otros que ro•
daron debajo por los suelos. Fué aquello un,1
orgí-:J. en que el desorden no concció límites y en
que tomaron partei las pocas mujeres castellanas
que había entonces, to¡;ando el papel de víctimas á las pobres indias á quienes bnrfülmente
burlaban los conquistadores. La ebriedad fué
origen de muchas bravatas á cual más ancfaluzas. Hcfiere Berna] Díaz que algunos aseguraban que habían ele comprar caballos con sillas de
oro, y que hubo ballestero que ya soñaba del
mismo metal las sadas de su aljaba. Terminó
el convite eon un baile, y aquí fué tanto el libertinaje, que Fr&lt;. Bartolomé de Olmedo tuvo
que in tlerYenir y reprender á aquellos locos.
En desagravio de la orgía, Cortés onlenó una
procesión, en que fueron los conquistador-es co-l)
sus banderas levantadas, "y alguna-s Cruc-rn á
trechos, y cantando las Letanías, y á la postre
lma Imagen de nuestra Señora : y otro día precl icó Fr. Bartolomé, é comulgaron muchos en
la Misa chspués ele Cortés y Alvarado," y dieron
"gracias á Dios por la v:ctoria."
Pero pronto surgió ele nuevo la discordia. Xi
los estragos de la orgía ni el aparente arrepentimiento que siguió á la ceremonia religiosa sirvieron para echar en olvido lo escaso del botín.

Domingo 26 de Agosto de 1900.

roo contador, Bernardino Vázquez diei Tapia como factor y Julián de Alderete como tesorero.
Cortés y los testigos que presentó en sus descargos, aseguran que á las repetiuas insfüncias del
último se dió tormento á Cuauhtemoc. Sea de
esto lo que fuere, unos como autores y otros eomo cómplices, todos son culpables.
''En mala hora-dice un historiador erudito y
laborioso-se procedió á la ejecución. Cuauhtemoc y T etlepanquetzaltzin, st'ñor ele Tlaeopan,

Bepresentación del Bey de Ta cuba.

Cuauhtemoc r epresentado por el j oven Jos6 Guerrero.

La manifestación de aniversario, en honor del
heroe azteca estuvo muy bien organizada en el
presente año, y á pesar de su sencillez, resultó
imponente.
La glorieta de Cuauhtemoc en la calzada de la
Reformá se decoró vistosamente, con gallardetes,
banderas, escudos artísticos y · profusión de flores.
Se pronunciaron sentidos discursos en nahuatl
y mexicano y varias composiciones poéticas, distinguiéndose el P resbítero José Pilar Sandoval
que hizo un buen panegírico del ilustre caudillo.
Cuarenta niños del Asilo Hunt Cortés llegaron
á la glorieta en un tren especial de los ferrocarriles del Distrito. Vestían todos trajes aztecas,
muy lujosos y apropiados. Rafael Allende r epresentaba al Emperador Moctezuma y se hacía notar por su manto de lama. de oro, euya cauda era
llevada por-dos pajecillos. Le seguían á corta distancia los que representaban á sus aliados, los Reyes de Texcoco y de Tacuba; Cuauhtemoc estaba
representado por el niño J osé Guerrero; después
los guerreros, los caballeros tigres cubiertos de
pieles y los caballeros águilas, los sacerdotes, jueces, nobles, servidumbre, etc. Cuando se presentó ésta comitiva, el público prorrumpió en aplausos entusiastas.
Los niños fueron á colocarse en torno del monumento, depositaron ramilletes de flores y cua~do terminó la ceremonia oficial, entonaron eánticos en náhuatl, y el Himno Nacional Mexicano.
Logramos obtener alg1Jnas fotografías muy cur iosas de la original comitiva azteca, las cuales sirven de iJustraeión á las presentes líneas.

La aspiración de todo país que·, como el nuestro, entra ele una. manera franca en una época
ue prospnidad, es emanchar su comerc·o, haciendo valer sus productos na:turales ó industrialrn
en los mereaclos de todo el mundo, y México de
una manera. muy especial, ha sentido la neceúlad
de exportar sus productos como uno de los grandes medios, si no el úU.:co, de contrarrestar las
fluctuaciones del cambio y estar siempre en aptitud de recibir del extranjero la infinidad ele artículos que nos son incl:spensables y que aun no
pueden fa brica.rs-e en el país.
Toda cuanta empresa tienda á hacer valer nues.:
tras producciones y á aumentar por consiguiente
nuestro eome·rcio en el exterior, es pues digna
de la mayor atención, y en este· caso se encuentra la fábr:ca de tabacos de los Sres. E . Gabarrot,
Compañía limitada que en éste número comenzamos á dar á conocer, reserYándonos para en artículos subsecuentes, cicuparnos de los detalles
más interesantes de esta poderos-a Empre~a.
La-mencionada firma social, está consti.tuída en
Inglaterra y tiene ramificaciones de, positiva importancia en todas las principales ciudades ele
Europa, tales eomo Viena, Budapest y París. En
Australia cuenta también con activos agentes quq
prestan los mayores servicios en aquellos mercados donde es llfcesario compet!r con los artículos similares de las Filipinas y demás centros de
producción del Occidente.
Tan acertado ensanchamiento, debido niuy
principalmente á las gestiones del Director Gerente, Sr. Alfredo Rauwelears, que reside en Jalapa, tiene asegurado el eonsumo, aun con exceso,
de los productos de la fábrica, pues tiene celebrados fuertes contratos, entre otros, para la pr ovisión de los estancos de Austria y ele Hungría, y
el Gobierno de la República Francesa expidió, no
hace mueho tiempo, un decreto especial en su favor, concediéndole el privilegio exclusivo y {mico del abastecimiento de puros extranjeros en
Francia.
El . principal eell'tro de consumo con que cuenta esta negociación, es naturalmente el mercado
inglés, donde hay tan delicado gusto por el tabaco
labrado y se estima en todo lo que vale la elaboración y buena calidad del tabaco mexicano, muy
especialmente la de ''El Valle Nacional" que a,ctualmente domina en Londres, no obstante la activa competencia de las demás fábricas de,1 ramo.
Como la especialidad de esta casa es la de los
colores claros y su elaboraeión tiene un aroma
exquisito, los pedidos aumentan día á día; en los
últimos seis meses la casa E . Gabarrot y Cía. limitada, alcanzó un 40 por ciento más cie ventas,
comparándolas con semestres anteriores, y en la

actualidad lucha por dar cumplimiento á los enor me'S pedidos, á cuyo fin aumenta constantemente
el número ele operarios que llega al presente á
más de 500 homb11es y unas 100 mujeres.
La fábrica que nos ocupa, con tino y previsión
ha logrado poder asegurar una producción siempre igual, porque euenta con muy grande existencia de tabaco en rama d,e, las mejores vegas del
país y en los momentos de crisis porque atraviesa el cultivo del tabaco en la-R e·pública, es la
sóla negociación que manti,e1Jl€ el crédito del tabaeo mexicano en el extranje'l'O, no omitiendo gastos ni sacrific:os por conservar el puesto en que
afortunadamente ha llegado á colocarse.

LA EXPOSICIÓN REGIONAL DE TABASCO.
Publicamos en este número diviersas vistas relativas á la segunda exposición regional que una
sociedad de eoncursos organizó y celebró, hace
unos cuantos meses en la capital de Ta barno.
Figuran en nuestros grabados-los retratos ele las
pe:rsonas que más contribuyeron al éxito del certamen y distintas vis.tas ele la exposición, cuyo objeto es digno del mayor elogio.
Efectivamente, todos sabernos que el suelo de
Tabasco es una de las porciones del territorio
mexicano más privilegiado por la natura}eza : sus
maderas preciosas, y en general, todas sus producciones agrícolas han contribuído mucho al eré
dito que tiene México como centro productor, y
cert ámenes como el que motiva estas líneas, son
de la mayor utilidad.

El rey de Tex coco represenh do p o.~el joven Jos6 P ich a r do

�.
26 de Agosto de 1900.
Domingo

O~porioménío de filiíead

�EL Ml:7:KDO ILUSTRADO
1,

SON LOS SUEÑOS QUE PASAN.. .
~~

DE UN LIBRO PARA ELLA.
A veces tu recuerdo s,e condensa
en mil formas extrañas; huye, el día
y en rojo funeral, sobre la inmensa
exun-ié,11 del azur la tarde piema
y yo pienso c:m ,ella, virgen mía!
Pienso en ti!
Cael el sol ... Alguien me n ombra,
una yoz-muy lejana !-de reproche.
Y clavado de horror sobPe' la alfombra,
con los ojos abi-ertos en la sombra
te busco enl're los sueños de mi noche.
El prlmei- su alía.

Y un· f'ueño viene á mí. Cruza la sala
~on vuelo de fantasma, y se divulga
un rumor ideal si bate el ala
"&gt;' es tan puro como una colegiala
vcstidita de l ino, que comulga . .. .
La fe de mi niñez !

Pero usted que e;; literato, puede comprender
es2• crim,en que pareoe tan repugnante, sólo por
un olvido mío, sólo por una torpeza.
Ese olvido, &lt;)&amp;i lt\o.r,peza y una cobardía pueril
que me avergüenza, son las causas de que yo esté aquí; pero si no fuera por m ~2stras torpezas.
por nuestros olvidos, por esos defectos que hacen
h imperfección del crimen, no habría en esta
cárcel tantos infelices, y no estaría tan ufana la
policía &lt;le sus ti iunfos.
Bien; volvamos al asunt:o,-y sin conmltarme
rnspendió nuestro juego, y siguió bar-ajando á veces nerviosamente, á v,eces echando las carta;; ani&lt;e su vista .en "albures'' que parecía. jugar en la
memoria.-EstE es el caso-siguió, mientra procuraba destilar en el vaso las últimas gotas de la b-,.
tella visiblemente ncía. Llegué huyendo ck, aquel
pueblo, en donde amaneció muerto uno de los vecinos •ricos, y luciendo eL:1g,aJ1te traje de marcada
hechura norteamericana.
Mi lujo lleval:;a á mis amig-cs ii. bu~ra.rme para
que cambia.se á su vista, y en pago de algún b1nquete de que habían disfrutado, una mo111:,Ja de

El se!lunda suelfa.

Sigo un scherzo
inefable, que el ánima me •roba
v otro sueño se aoeTca, entre ~ll disperso
cnjam bre y es azul: el primer ver?o
que escribí, niño y trémulo en m1 alcoba.
El tercer sueiia.

Y lleo-a un sueño rosa-oh paraíso!º
.
y sirnto no sé qmi dulces !esab10~ :
es el beso primer que de 1mprov1so
le dejé á una muchacha que me quiso,
cierta noche de Abril, entre los labios.
El cuarta sueiia.

Y luego un sueño púrpura : ni el cielo
arde tan vivo cuando el sol navega.
Le conozco muy bien : el primer celo!
Mas si ya no sé odia,r! si ya el Otelo
mu rió en mi cor azón. . . . . . que tarde- llega !
Ella.

Y por fin vienes tú; con el sedeño
pelo envuelves mi fl"e:nte atormentada
y al oído me dices: pobre dueño,
lo mejor ele mi ser €OS ser un sueño,
un copito de luz, un eco. . . . . . . nad_a!
Y suspiras "¡ adiós!" y €n el tranquilo
a:;:ul en que cada astro es como un broche
de trémulo cristal, hallas asilo . . ... . .
mientras surge el menguante y con su fifo
guillotina la testa de la ncehe!
Kriens, Agosto 4 de 1900.

LA B R UJA.
Cuando y-a sólo se oía en la cárcel el alerta de
espacio$O
edificio, y el ale1•fa de la campana de voz sor da ~pauc.ada, alertas igualmente lúgubres, tristes, con
tri~teza des.espw·ante, él y yo en nuestra celda de
di~tinción, jugábamos á las cartas el pocker, para
parnr el tiempo.
J, l me decía mientras barajaba:
Sí; en esta vez en que mi criD11m es m1s cfüculpahle, en esta vez en que soy, relativamente, por
~upuesto, 1111emos criminal que en las otras, cuando
he vivido aquí durante algunos meses, va ú ser
cuando la justicia, popular, esa, just:cia un poco
risible, me va á imponer mayor pena que -todas las
que he cumplido "obedientemente;" ¡ quién sabe
si la de la muerte!
Es que ellos no pueden comprender: que haya
un hombre que cometa el crimen en las circunstancias en que yo lo cometí.
Jo.&lt;: centinelas q11Je• rodaba por todo el

oro, cuyo valor propio subía por el alza del cam-

u:o.

Todos creyeron que efectivamente volvía de
Estados un ido-,,.
Al principio ,todo fué bien; disfrutaba d,e· mi dinero y disfrutaban de él ta.mbién mis amigos y los
dll'€iños de cantinas, c1fés, etc. L os garitos no,
porque á menudo ganaba yo.
¡ Oh! pero una. noehe, ya bien entrada ]a noche, pasaba por d Portal sol:tario; las alacenas
estaban e-erradas, y sólo de trecho en trecho, en
el escalón de 1-as casas ele comercio, se wfa á algunos muchachos, "pilluelos.'' ¿ sabe m1'.ied ? .v algunos perros junto á ellos. Yo caminaba ele prisa,
distraído, acaso preocupado.
De pronto, por junto á una columna c12· los are:vs, entró al Portal "el!d. ..
¡ Que impresión tan extraña y tan grande me
causó su horrible figura!
Yieja, nauseabundament·e Yieja; apenas dejaba
asomar por en tre el tápalo -que parecía pegado á
ambos lados de la cabeza, una cara hlanqu(sirna,
de blancura de racláver; en la obscuridad brilló
un momento rodando de aHiha á abajo, por el
cuerpo, su mirada. ton-a dirigida de soslayo pc,1,
sus ojos pequeños y brillante~, ¡oh! como los de
un lobo que encontré otra noche en mi camino
peligroso hacia una rancherfa.
}Iar~o encorvada, parecía llevar enorme giba, y
parecía más chaparra de lo que eu realidad era.
El tápalo negro--así parecía, en la not;he, pero
era verdoso-formaba sobre su frent,21 vértice de
ángulo y caía sobre una enagua ta.mb:én obscura
muy amplia, ampliada redondamento por la antiCU;.1da "crinolina."

Domingo 2G de Agosto de 1900.
Al columpiársele las enaguas, descub•rfan las
chancl-Ert:as que calzaba la vieja, y un pedazo de la.
media blanca.
• Oh! yo no creo haber sido cobarde, pero _esa
no~he, al pasar rápidamente á su lado Pª:ª deJarla ait'rás, sentí un calofrío que me entro por el
cHebelo y me ba.ñó todo el cuerpo.
Al llegar á la esquina volví la ca.beza, avanzaba.
poco á poco, balancE".1Ildo las amplias enaguas que
le d,ejaban al descubierto las chancletas Y las medias. ·Eran las dos manchas blancas que se destacaban d,21 la obscuridad de su cuerpo: la ca.ra_ y las
1mdi{S· Aquella ca~a. de cadáYer que ater-:orizaba;
yo no creo en apar1c10ne-s ele mu~rio, por supuestó ni en la existencia d,e, las bruJaS, pero de amba's fiO'uras tenía; de muerta y de bruja._
Aq~ella noche 1-a. vi en el s~eño; la ~1sma car.a
caclavéricamente blanca; los OJOS peq_uH10s de m irada forva y las enaguas redondeadas que se ba1-anceabn descubriendo las medias blancas.
i Bahl la preocupación de una _noeh~.
.,
No; al día sigu~emte dmaba 1111 foo l'lnpres1~n.
Y al tercer día creí verla al volver una. esquma,
y temblé.
En la noche me propuee ir al portal; quizá por
allí fuera á su casa todas
las noches; ? la vería de
cerca, y me desimpresionaría yo; sólo quedaría,
naturalmmt.e, la impresión
ele asco, porque eso sí; era
asquercsa. la vieja, la arp ia, Ja bruja, con su cara
·abundan t-EJnenrt:e enharinada. Supe que se ponía
polvo de almidón sobre el
cutis engrasado.
Llegó; ht d'stinguí á lo
lejos, atravesaba la pl112:1,
viniendo dd Zócah.
Por junto á una c:&gt;lumn'I. entró.
1\Ie acerqué, y mi impresión se- afianzó, se fijó lamentablemente.
El mismo calofrío me
entró; me crispó los n e•r\' ios, y sentí grandes deseos
ele arrojármele encima y
hacerle daño.
una mañana con amigos que me acompaña.h an,
la rncontré por el mismo
Portal, seguramente era su
costumbre pasar por ahí
par-a ir á su. tugurio; un
cuchitril tan asqueroso como €!la, sería su dormitorio, su habitac:ón no,
porque habitaba en la calle: quién sabe en dónde?
Int-errogué á mis amigos; ¿ quién era,qué hacía
aquella mujer, ó lo que fuera?
¡ Ah! me contestaron; era "La Bruja", una lirnosmrn vergonzanta, una miserable beata que vivía de la caridad pública, con las ea,ridades dP, los
ricos.
"La Bruja.,; así me había. parecido. Era su as:r;ecto, el de las legendarias brujas que figuran en
Jo., · rw:,ntoo rfantásticos.
,
Y cuantas v,eces la encontraba, y la eneontraha,
rk~Yen tllradamente, muy á menudo, me horr:piló
de igual modo, )' sentí los mismcs impt1lsos de
arl'Ojármel•s encima y maltratarla.
En muchos años la ví. Llegué á temErla, y en
cada mujer que vestía de negro, y que miraba yo
rnnir á lo lejos, Cl"Zía encontrarla.
'Gn clía observé que á cada paso, mi capital se
iba consumiendo, y mis negoc:os iban siendo más
malos; perdía yo en &lt;tll juego, y una tarde, €01 que en
unes Bol" ches intenté extraer del saco de un elegante amigo mío qu121 jugaba en pechos de camirn, 1-a car0:1zra que yo había. visto h ench ida de billetes de Banco, lo vió, y tuve que hacerle creer
que era una broma. Acaso lo creyó ó apar,e:ntó
creerlo; me había visto gasta¡, demasiado, y enseñarle poco antes, al cla,r una. limosna! no pocas monedas de oro que aún le queda.han.
Comencé á senti·rma v,e,rdaderamente enfermo.
Sentía. una gran intranquihdad, un sobresal'to
constante.
Algunas veces me par ecía que era yo víctima de

Domingo 26 de .Agosto de 1900.
una persecución oculta. Sin embargo, las autoridad€s no me buscaban; se habían olvidado un poco de mí. ... ¿ No era "La Bruja?"
Y me avergoncé de habwlo pensado siquiera Uh
momento.
Una noche á la salida del teaia-o, cuando ya habían apagado todas las luces, en el inlt!erior, y sólo una puerta quedaba ent:rie~ena&lt;la para que salieran loo artistas, al salir del brozo d·e una corista
la vi ó creí ver:ia, yo no sé á punto fijo, p€rO sentí
el p€SO de su mirada torva encima &lt;le mi.
La luz roja de los focos del pórltico le chorreaba por el cu'e:rpo, y le daba un aspecto extraordinrurianien te fantástico, temible en verdad.
Mi deseo de arrojármele encima y golpearla, se
hizo imperioso, intolerable.
¡ Si no hub:ese sido por la suripanta l
Como si alguien me la hubi~se disparado enfrente, con certera punlbería, se m,e entró en el
cráneo y allí se me adhirió la idieia de que mi malhechora era ''La Bruja."
Seguí encontrándola con frecuencia; me crispaba los nervios, ·n o podía yo remediarlo. y mei entraban las ganas de arrojármele _encima_. y tomarla por la cabeza, y sacudirla haciéndola describir
con los pies un elipsoide; así he visto á algunas
mujeres dar muerte á las gallinas.
" La Bruja", y á mi pesar pensaba yo en las madejas de cabellos y en los brevaj·e s de que se oye
hablar á los sirvientes, y con los euales han embrujaclo á sus parieut'es ó amigos.
A veces me parecía que, como en las comedias,
por artes ocultas, aquella vieja asquerosa sabía d~
mi último crimen, y me vigilaba, y me amenazaba con su mirada 1ioriva.
¿ Sería esa mujer la causante de mi aurehensión y mi sentencia?
Pero, ¿ era eso posible? .. . ..
Bueno, seguramente que no existen las brujas,
pero si existieran, ¿ sentirían así, tan desagradabkllllente, tan atrozmente, los embrujados?
Y me volví huraño y malhumora.do.
A menudo volvía la cara, cuando caminaba,
porque temía que me siguiera. Una noche, al llegar á la esquina d€1 la calle en que yo vivía, t uve
la seguridad de que la, encontraba en esa calle
aguardándome hipóoritamenl{lel para luego pasar
como si nos hubiéramos encontrado por casualidad, y me volví en busca de amigos.
(El prisionero se levantó repentinamente sonriendo, como si hubiera reillido una feliz idea y se
dirigió al lugar en que estaba la lamparilla de
alcohol, con la cual oa.lentábamos algunas veces
nuestro;; alimentos; vació en la copa el aguardiente que había, lo mezcló con agua y lo bebió. De;;pués, hac:endo chasquear la lengua volvió á sentarse.)
--La eneontré al atardecer y me ocurrió ~eguirla por entre la multitud que á esa hora se a-rremolinaba en las calles.
Acaso era mejor hacerme su amigo, pero ¿ cómo? Tendría desconfianza; le extrañaría mi resolución.
Veremos-me dijEf-y la seguí.
Pareció ndhufo con disgusto, ¿ y qué?Cuando tuV@ la seguridad de que la seguía, aceleró su marcha; oasi c-0nía, con torp€ carrera de vieja. Entonces ¿ era ·e lla la que me temía?
¡Ah! la seguiría á cualqu:e- parte que fuese, y
me quedé a,trás, bastante atrás; podría yo distinguü·la desde 1-e-jos; harto particular era su aspecto, ¡ay! demasiado fija llevaba su imagen.
D espués ele cruzar callejones sin empedrar, llenos de baches pestilenfos, llegamos á una callejuela muy estrecha y obscuro. Sólo un farol opaco, á la mitad del anoyo, dejaba caer su luz lánguida desde el alambre en que se columpiaba tristemente, como el cadáver de un ahorcado.
Llegó á una puerta baja y estrecha, y sacó la llave. A ti en-tas halló la cerradura y abrió.
Oeirró tras de sí la puerta, antes de encender la
luz, y cuando prendió la cerilla, se iluminó una
ven tana que había al lado de la puerta.
La vieja fué pausadamente á cerrar con toda
preeaución, las maderas de la ventana.
¿ Habría yo emprendido en balde mi larga caminata?
Con una última. esperanza atravesé la calle, y
llegué á la ventana.
Por una amplia hendidura dei la madera vieja,
se asomaba la luz.
Sosteniéndome á pulso con las manos fuerte-

EL MUNDO ILUSTRADO
mente prendidas á los
hierros fríos de la ventana, apenas rosando con
las puntas de los pies la
pared, quedé lespiando
al interior del cua!"L'll•:ho.
Con la iuiciosa lentitud de los viejos, "La
Bruja" plegó cuidadosamente su tápaJ.o verdoso, desanudó. de su
cuello una mascada blanca, y la dejó sobre la
&gt;cabecera de la cama.
Hasta ese día le vi el
busto, pues siemp11ei lo
,cubría compnetarnent.eel verdoso tápalo.
Del cuello le pendía
1ma camándula c1e fuscas
cuemtas negras, y rematada por un gran crucifijo. Al lado izquierdo, como condecoraciones, tenía prendidas medallas
con listones azules.
De pronto la perdí; se
alejó, y no la alcanzaba
mi vista, pe.To luego
volvió.
¿ Qué iba á hacer?
Levanttí el colchón, y
doe debajo sacó un bulto.
Tomó asiento sobre la cama, y en la confianza
de que €staba sola, cruzó una pierna con lo cual
clejó al descubierto la otra, horriblemente flaca1
forrarla con la media blanca que remedab.1 las
arrug:is que cubría.
El bulto era aJ.go envuelto en un pañuelo. Lo
desanudó ayud'ándose con su desdentada boca, lo
de;;enrolló, y después oir-0 lienzo que también envolvía aquello. Al fin apa.reció un sobre de carta
viejo, surcado de aNugasydobleces,y sacó, ¡ un paquete de Billetes ele Banco!
Entonces abrió su chaquetilla, y de junto al
seno plano, negruzco, ajado, sacó otros billetit1S, y
los unió á los ateoorados.
El producto del &lt;lía, ¡ explotaba bien la caridad
páolical
· Uonfieso que el ladrón saltó en mí, y mi deseo
ele n rroi{m·1ele encima, se hizo mayormente i: r1,sist iLle, in t&lt;;lerable, imponente.
Era un magnífico pretexto ante mí mismo, para
darl'el muerte.
Además, la ocasión era propicia; había soledad
y negrura.
P ern, ¿ cómo iba á hacerlo? Yo sólo llevaba un
revólver, y la detonación llamaría impertinen'tes.
¡ Ahorcándola! ¡ era tan fácil! fácil sí, peTO me
asqueaba tocar aquel cuerpo. ¿ No me acobardaría
con su mirada torva?¿ No i·rí.a ella á darme muerte, al con!t:rario de que yo se la diera?
Entonces ....
Y ¿ cómo llamar? ¿ fingiría la voz? No, sabía su
nombre ni el de una amíga suya; no era buen pretexto.
¿Un desconocido? No abriría.
¡ Ah! la policía; un reo que se había ocultado.
¡Bah! me lavaría las manos después, como aquella vez en que despeda.eé un sombrero grasiento
que me ensució los ded-OS.
Esperé á que guardara de nuevo el &lt;linero, y
llamé con fuerza.
La ví por el ojo de la cerradura, lividecer ext raordinariamen te. temblar, temblar fuertemente, cubrirse m~jor con las ropas de cama ; ir de un
lado para olt,'ro, quitando de sus lugares los objetos y volviend o á dejarlos allí mismo, y gritando
que no sabía, que no sabía, haciendo señas desesperadas con la mano derecha sobre el hombro, como para que me alejara, como de que no quería
oír: "allí no tenía á nadie; era sola."
¡Sola! ¡Ya losabíal
La intimidé; si no abría, ¡la autoridad! abriría
por la fuerza.
Cuando apenas entreabri ó, d-e1 un fuerte empellón la separé, y le apliqué violentamente su cabeza abrazada con mi brazo izquierdo, contra mi
pecho, mientras con la mano derecha daba vuelta
á la llave prendida en la chapa.
Se ll"eSistiía, y la codicia y el temor le daban fuer-

zas á la maldita vieja; pero unas fuerzas muy :rda-

ti vas, fuerza oonil.
La llevé hasta su misma cama, y allí la tendí
· y le introduje en la boca su propia mascada blanca.
Después puse mi mano en su cueHo, y opr~mí,
oprimí.
¡ Qué horror! ¡ Cómo sentía yo sus nervios viejos
bajo mis declos ·ate:naceantes!
Se retorcía, se sacudía, levantando los brazos
y las piernas, enseñándome su cuerpo apergamina~
do, y yo oprimía, oprimía con gran horror, con
"miedo." En medio de sus ansias, tendía la mano
y buscaba algo, algo que le interesaba mucho en
sus ú]tl:mos momentos; los billetes; después lo he
pensado.
Entonces sólo pensé en el horrOO"' que me inspiraba; sus ojos se abrieron desmesuradamente;
nunca se abrirían tanto en su vida, como en el momento de su muerte. Se :redondeó su boca desdentada de labios amoratados y secos, y asomó la lengua colgante.
Por úl'l:ima vez me arrojó á la cara su aliento
ya muy débil, un aliento fétido.
·
Y cuando desprendí de su cuello mi mano, y
la ví muerta, y me ví solo en aquel cuartucho, un
temor incomparable se apoderó de mí; me miraba,
es decir, tenía los ojos abiertos fijos en mí, y sentí
el mismo calofrío en mi cuerpo que cuando me miraba estando viva.
Me pareció que iba. á levantarse; unos deseos insensatos de echar á correr, me entra'ron de repenlte, y abrí, y corrí desesperadamente. Corría por
los callejones obscur os y Estr-echos, haciendo saltar
el lodo al pisar, y enfangándome las ropas y la
cara.
L a sentía detrás de mí, sentía su mirada, y conía más y más.
. E n una e~quina. un policía me detuvo; ¿ á donde
iba yo, corriendo, sin sombrero, con el t raje enfang-ado, y el_ rostro enrojecido, sin poder hablar por
la sofocac:ón?
;. Lo sabía yo acaso?
Y no 9~ü~o oír mis ruegos que, ya un poco sereno, }e, dm_g1 par~ ,que no ~e aprehendiera, y me
llern a la rnspecc1on ele policía.
P oco &lt;le1'puéR lleg-ó otro guardián pidiendo una
~,a:rru~la; ¡_lleva?ª mi, sombrero! el sombrero que
hab1a deJado Junto a la muerta el asesino" . . ...
~ si hubiera Rielo por robarla, se explicarían
loo Jtuados un asesinato así; pero no ni eso. Se nesita tener el vicio de matar-com~ me decía el

�EL MUNDO ILUSTRADO
Jui€~-pa'Ia dar muerte á una pobre vieja in~,efensa con tanta crueldad, para go,zar con ese cr:men.
'¡ Gozar! cuando ha sido la vez en que, con más
asco he puesto mis manos en un cu,erpo.
.
Recuerdo horrizado la impresión de sus m:irvios
viejos bajo mis dec1oe atenacean tes; la impresión
de su piel ajada y sudorosa., y la vista de su cuerpo
apieirga.minado.

Vista del gran Criter, tomada en el lado Sur.

Y ¿ve usted como mis presentim:entos se cumplieron? "La Bruja" fué la caus~nte de ?IL aprehensión ,Y lo será de mi s,e-nkmc1a, de m1 desgracia.
Aún después de muerta sigue siendo mi malhechora.
El prisionero se llevó por manía, el vaso vacío
hasta sus labios febriles, y dijo suspirando:
,
- Lo que siento es que esta noche no pod.re
dormir, por el recuerdo ele "La Bruja;" además,
¡ sin una gota de alcohol!

Francisco 3árafe ]lui.z.

EL NEVADO DE TOLUCA.
El Nevado de Toluca, el Xinantecatl (Señor
desnudo) como lo llamaban antiguamente, es la
preciora montaña que se levanta al Sur del f!Xtensv Valle de Toluca y es un Yetusto vokán, del
cual casi no se tienen noticias de hal ,., hecho
erupción formal en épocas hist.óricas. aunque se
ha mencionado alguna vez que al'rojó humo y
cenizas.
Y decimos que es un vi:Edo rnlcán, porque en
sus formas graciosas y elegantes. en los muros
desgarrados de sus cimas, en las paredes gigantesc-as de sus crátel.'1€6 se demuestran los largos períodos de tranquilidad porque ha pa"ado y la devastadora acción del tiempo. á las raehas ele nieve, las lluvias, los torrentes y el fuego, origen de
tan -0olosal macizo que lleva ms flanr·¡ ~. allá abajo,
hasta los Valles calientes y fértile~ de Bravo y de
'l'enancingo.
_
Rntl.'le1 el límite de las llannraF no menos ricas
del Valle de Toluca, hasta la altura dom1e la atmósfera favorece el desarrollo de la vegetación,
dilatados montes se exti,1:111den en magnifko tapiz,
desgraciadamente devastados por la mano imprevisora de los hombr1a;;; pero la tiel'ra. fcra;,; en
otro tiempo, calcinada por las lavas. arrasada por
la~ mazas dce ren:za, substiiu)·e bien pronto, con

el delicado retoño, el tronco despedazado por el
indio ó el árbol derribado por el rayo en los momentos de tempestad d€secha, como es frecuen-te
en aquellas soledades del Xinantecatl.
Más arriba, en donde el aire ya delgado y frío
i.mpic1'e á la planta crecer, sólo se encuentra el
mustio líquen, una que otra planta que apenas
puede an-astrarse por el suelo, ó el débil za.cate
que mueve su esp:ga dorada al menor soplo de
aquel aire enrarecido y helado al contacto de las
mas.as de hielo e6condidas entre las anfractuosidades de las roeas. únicos lugares en donde €'8 posible la acumulación de las n:eves á la altura de solo cuatlro mil doscientos metros sobre el niv,el del
mar.
Sea que se ascienda á la montaña directamente
pon la ciuuad de Toluca, ó por la de Calimayan
de Díaz Gonzil:ez, lo que es más cómodo, aunque
un poco más, lango, se atraviesan los montes en
dos ó tres horas de agradable jornada, enmedio
de corpulentos árboles, d,c1l pino aromático, del
oyamel, cuyas bases cubiertas de verdura y el panorama que se desa.rrolla á través del tupido follaje, dejan una impresión de las más persistentes
por la belleza del conjunto.
Y a fuera de la vegetación, el panorama abierto del Valle de Toluca, eon sus innumerables
sembrados, distribuidos como los cuadros de un
tablero ele ajedréz, ,los grupos de arboleda, los
pueblecillos inmediatos primorosamente rieclinados en las faldas de los peqtrnños volcan,eis, hijos
ó parásitos del gran Nevado, dejan en el ánimo
impresiones imborrables.
Cuando se ha alcanzad.o la cima del coloso, el
€•,peetáculo ca.mb:a súbitamente, y entonces hay
uu sent'imiento de pavor .V de grandeza. Un inmenso circo profundo y abrupto, con rampas giganteflcas que parten de agujas colosales coronantes de las cimas del antro, en dond.ie elaboráronse los t.contecimientos que hau engendrado
los vómitos inmensos de &lt;}Emizas y de lava iwumuJad0,q ahora al denedor de la inmensa cavidad, se
destaca entre aquellas cuasi inaccesibles alturas
poco trillada$ por el pie humano.
En el fondo lejano y velado por la mucha. luz
del medio día, un lago de aguas azulies y sombrías
~'ac~ muerto; en él se reflej~n los altos muros que
lo circundan y pedazos de 01elo muy azul, como es
el azul dlei las altas regiones de la atmósfera.
El silencio es imponente; sólo lo interrumpen
un~ que otra masa de róca que se desprende de
arnba y que al rodar al abismo oo pierde en mil
pedazos, ó por el chiITido de las auras que pasan

Lagu ~a chica.

Yeloces rosando con sus alas las cres'.hs dentelladas.
Una noche en e,tas alturas es solemll'e,. Metido
en un rincón de la:, rocas en que se busca abri"'o
se siente el caminante E&lt;n ot.n·o mundo enfre~t~
del inmenso circo que entonces paree~ perderse

Domingo 26 de Agosto ~e 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

en la profundidad de las aguas de color neg~o, que
se ven como la boca del abismo por donde se ma al
mistérioso recinto de las cíclopes.
,
Del otro lado de un grande mamelón se descubre un l)equeño Lago, también de aguas azules,
rodeado de Ullíl, angosta playa arenosa. que semeja. el borde de un oásis.
.
En la anter:or relación dejamos transcritas
las ideas de la persona quie• ·nos sumi~istró estos
datoo y las fotoo-rafías que COl'r,em ad.Juntes; hemoe pretendido "trazar del mod? _más adecu~do,
tal como manifestó el autor del v1aJe, la grand1os1dad de €ste volcán apagado, que ahora es poco
frecuenta.do. Dicha persona forma parte de uno
de los establecimientos científicos que posee el Gobimno Federal en esla ciudad; él solo emprendió
la marcha hacia la cúspide del Xinantecatl y recorrió las partes de la inmensa mole, que son accesibles al hombre.

AÑO VTI--TOMO II--NÚM. 10
Director: Lio, B.A.P.A.EL BEYES SPfll'DOLA..

r,

"-ll'---,...-:..-:..-:..-:..-:..-:_':) n.

El pico más alto del gran Cráter.

Es de sentirse-nos nurnifiestó el entrevistadoque nosotros los mexicanos, poco amantes del
sport, no asistamos con frecuencia á admirar las
grandes soledades de nues1lras heranosas cimas
:oovadas, y que el Xina.ntecatl, una de las más
grandes montañas de Méxiro, sea poco conocida
aún de nosotros mismos, sobrando elementos para
llegar hasta ella, trepar sus alas, subir he.sta la
cumbre y bajar hasta la sima., hasta la base espléndida de soliEannida.des de natura y digna de ser conocida y descrit.a.
Las fotografías de que se tomaron los grabados
que figuran en este artículo, fueron hechas por el
mismo excursionista científico, en lo más eievado de los picos y en lo más bajo die aquellas inmensas profundidades. Nadie hashJ. ahora había

El lago ma;or.

dado cuenta c-on los misterios ahí reinantes, nadie
habíase preocupado de fotografiar la naturaleza
en sus antro:1 y aHHudes del Xinantecatl, del
Señor Dorm'do, de las edades prehistóricas del
país.
EL COMICO es el periótlico ilustrado de mayor circulación en la República, consta d-81 20
páginas ~manarias, impresas en papel superior.
Obseqma en cada número 16 páginas d'€1 novelas escogidas, de las cuales pueden hacerse volúm~111es separados.
Se ocupa de a.rnntos serios y humorísticos.
Se ilm~tra con dibujos bien ejecutad.os y con
fotografías tomadas del natural.
La suserición mensual vale sólo cuarenta
loentavos.
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de un trimestre en giros postalP.s ó timbres dirigiéndose á R. Murguía y Ca.-México. Ápartado número 20 Bis.
En e~ nú,me:ro de ,esta semana y_ en el próximo
se publicaran las mas notables cancaturas que se
conocen de los soberanos de todo €J mundo.

º~~====:;-;::::::::;-;::::;
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MÉXICO, SEMPTIEMBRE 2 DE 1900.

80BS('IRIPCl01( KENSUAL 'FORill:IA, S1 IMI
lDIIM lDIIM :&amp;N L.\ CAl'ITAL. 11.:,i,

Gerente: .A.N'l'Oll'IO OVY .i■

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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