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                  <text>Domingo lG de Sept'embre de 1900 .•

EL MUNDO ILUSTRADO
satisfecho de contar en su favor los sufragios de
la mayoría.

-Saben ustedes una cosa, dijo: me cont.entar8
con zambullir en el e:::tanque á ese mal nacido.
¡ Qué historia la, de él, quericlo1;, qué hi~toria! Me
la ha referido esta mafiana el nuevo cartero.

Son

del mismo lugar.

ble, que Je dc·blaba la cerviz, antes tan altiva. Sus
rodillas tendían á flaquear; y todo él, á un influjo
extraño y malhechor, era víctima d e hondo desconcierto físico.
"Tú no tienes madre."
Juanito sentía neeesidad inmediata de un ser
tangible á quien poder llamar con es·e nombre

dulcísimo. Hasta entonces él nunca había echado de menos á su madre.

Criado al calor de la
excelente Doña ,faría

.

• •

con toda s la.s ternezas de

·-···...........
.,!-

•

que fuera capaz la madre

• _, ,

más apasionada; vástago ú_n ico de un hombre
para su hijo todo -amor;
jamás tuvo Juanito cómo sentir la au::encia del
cariño materno. Caricias,
mimos, ternuras, agasajos, fueron la atmó::::fera de su infancia. El pe-

queñuelo ll enaba el hoTodos interrogaron á P erejil con la mirada y
con la voz.

-Cuéntanos, chico, cuéntanos.
Pe11::1 P.aejil no creyó caballeresco expresar lo
que sabía acerca de J·uanito.
En un instante corrieron mil ,,ersiones: J uanito ·na esto; J uanito era lo otro.
El día pasaba. Perejil, mu,v animado y deeidor, -secreteábase con los vecinos en la clase y lanzaba á todo fll mundo miradas de perdón.
Sonaron las cinco. Los muchachos ya libres,

corno bandadas de palomas volaron al jaruín.
En el centro ele un grupo, orillas del estanque, Perejil se quitó l_a blusa, arremangóse la ea-

1nisa, y aludiendo á Juanito que aun no lleo-aba

º

dijo:

'

sibl~ que hubo de romper.

-Esperemos á ese cobaTde.

X o esperó mucho. Juanito entró en el jardín.
T odas las bocas callar on. L os ojos llameaban;
los co razones Jai..ían con presura. En presencia
de los adversarios el concurso se conmovió.
Juanito vestía de blanco; el blanco de su ropa
conn·asta ~Ja. con .el negro profundo de sus ojos, y
la obscuridad brillante de la cabellera riza.
Pequeño _de estatura, corto de cuello, atlético
de complexión, todo en el joven Hércules respiraba energía.
Con una imperturbabilidad desconcertante so
dirigió al grupo que rodeaba á su enemigo-, y en•
carándos·e: con :Pérez exc lamó:

-Perejil, estoy á tus órdenes.
Perejil avanzó nervioso, pálido de coraje, digno de sus abuelos. Instintivamente J-mmito cerró las manos; su nariz se infló; de sus ojos profundos brotaron ceu tellas.
Pee:ijil se detuvo. El hielo del pavor Jo había
tocado de súbito. Pero pensó en su honOl', en su
nombre, en su pf'f.stigio personal en su orgullo
de raza, y altivamente exclamó : '
- J"abone!'º; vengo á decirte qu!? yo n ru puedo

pelear contigo : tú eres hijo de una perdida; tú
no tienes mad r ... . .. .
La Úl~ima frase, no ¡meló concluirla. Bl

pull.o

ele J uan1to la habia apagado en los propios labio,
de Perejil.
La cóler~. del jabonero rayaba en delirio. Cayó
sobre ~ereJil; lo abofeteó, lo mordió, lo escupió,
lo derribó, y &lt;.mando el pobre enemigo exánime
se r e-~·olcaba en el po~vo, la cara tinta. en sangre,
Juarnto se puso en prn y una, dos, tres y más ,,·eoe·s. lleno de furia, pateó la boca, rnald-icicnte del

caído.
J·ua!:ito, reprendido con dureza, fué puesto en
recluswn . Nada ele domingos libres. Nada de
horas ele asueto. Recreo, no para él. Del cuarto

de dormir á la clase, )' de la clase al cuarto ele
dormir. Preso, vigilado cuidaclosament";, su enl'icrro duraría ha&amp;ta "nueva o.rden" del Dir:,ctor.

III
"Tú no tienes madre."
Esta frase lo perseguía, lo hostigaba.

A su re-

cuerdo, uuo oorno puñado ijnkilísimo de agujas hincab~ con crueldad en los ojos, en la frent..,, en las
me¡1l_las, en todo el rostro del pobre jabonero.
Sentia Juan en la nuca nn poderoso brazo, in visi-

'

gar. De su amo.r virían
los cornzoncs. Sus trnvesuras eran cau:::a Lle fl.e:;.
la. Su capricho era ley.
Por la mente de Juanito pasaba aqu ella i.nfancia feliz cuya memoria agregaba otra a~uj,:. m[is
cruel, más dolorosa, mús punzante, á b:1,:, muchas
que herían su rostro. No se perdonaba el no haber preguntado nunca por su madre. 'l1enia 111Ja
r1cceRidad profunda de llan to. Dos noches pas'l
en una meditación llena de lágrima5.
P Ensa ndo en eu hogar distiante, en su buena
tía, en la anciana paralítica, recordó que D. Juan,
contra la costumbre, no lo había visitado en todo
el mes. Lo ·e nterneció la idea de perder el cariño
de su padre·. Experimentó una necesidad violent:a de v.er, de abrazar -al autor de sus días. Enton ces eseribió una carta; carta nerviosa é impo-

Se puso de nuevo y

obstinadamente á la tarea; garrapateó uno, dos.
t res pliegos ele papel; pero ni.nguna de las misivas
quedaba. á su gusbo.
-Lo deja1é para mañana, se dijo.
Al día siguiente á es~ondiclas del Director, y
valiéndose d Ei a,lguno ele los pocos amigos que
contaba, envió la epísto1a.
Poco tiempo después D. Juan se presentaba en
el col·egio. Antes de ver al hijo amado, por me-

dio, del Director lo supo todo. Mientras

eseu-

chaba la relación, de los ojos ele D. Juan brota-ron chiepas: chispas de orgullo por la viril con-

ducta del hijo.

,tL

- , Dónde está mi madre?-¿ Qué ha heeho

u&amp;tleef ele mi madre?-¿ Por qué no me ha?la ~lsted de ella; por qué no me dice cómv es, ni adon-

de está?

Pero el respeto lo reducía á dese~perante mu-tismo. Pensaba qua D. Juan podia anonadarlo

MUNDO ILUSTRADO

AÑO VII--TOMO II--NÚM. 13

respondiéndole:
-¿ K O he sido yo para tí paure, madre, todo? .......
del teatro, expresó D.
0
Una noch e' al recrreso
Juan á su hijo
el deseo dE&lt; resVituirse a l t ernmo

MÉXICO, SEMPTIEMBRE 23 DE 1900.

Subscripc.i611 memrnal foránea, $1.5(1
Idem idem en la Capita l,
l.26

Gerente: .&amp;.Jf'l'Oll'IO CUYÁ.8.

Director. LIC, ll.4.FAEL BEYES SP.fllTDOL.&amp;..

nativo.

-¿ Xo te parece bien, Juanito? Mi pobre her-

mana está sola con mamá. La ancrnna necesita
cuidados ele todos; y J[aría. reclama un ampa-

ro.

Juanito convenía ele burna gana . Entonces D.
Juan tccó nucrnmentle el punto delicado. Al cabo de algún tiempo, cuando por ambas •par tes
se creye~e oportuno, Juanito regres.ar ía á un co-

legio.
-Papá, yo no quiero seguir estudios; yo prc-feriría. viYir t:on u~ted, siempre -c-on usted, si11
abandonarlo nunca.
Además, all.aclía el joven, que la abuelita no es-

taba bien, que:.....
Nada, sino que no transigía D. Juan.

El tenía
s us ideas. JH.alhumoraclo por l·a contrariedad y
plantándose en el centro del cuarto, ·e.xclamó:
-Y bien, ¿qué es lo que tú deseas? ¿ A qué aspfras? ¿ H as pen eaclo en tu porvenir?
Juaniuo, la cabeza b-aja, no respond ía. El otro
prosiguió:
-U.e empeño , u hacerte gente y lo

rehusas. ,

Sacrifico en tu obsequio mi ternu ra de padre, y no

me lo agradeces. ; Qué es lo que tú deseas? Hesponcle, Juan.

Juanito callaba; á media voz dijo:
-Papá .....
-Papá, gritó D . Juan -ex~sperado; tú no me

complaces en Lct que yo ~e, pido. En cambio, ¿ le
h_e negado yo algo? ¿ No tienes tú lo que todos
heuen? ¿ Qué te hace falta, dímelo?
Juanito ft!zó los ojos; quiso hablar pero el dolor le echó un nudo al cuello.
'
D . J ·uan contin uaba:
-¡ Cuá.J.~tos, cuántos quiiúeran lo que á tí te so-

bra! ¿ ()ue te hace falta, dímelo?
Ju ani~o, .también puesto en pie, los ojos húm edos d e· _lagrimas y la voz temblante, repu so :
-)!l madre; me hace falta mi madre.
D. Jmm lo e,Hper aba. todo menos ta.[ respu ::Gta .
Un escopetazo en el rostro lo habría impresiona-

do m eno_,: Cayó en wia poltrona, sollozando como un nrno, 'E l rostro cubierto con las manos. ]~n-

La. primera. entrevista de J uanito con su padre
_fué c·el sbracla en el gabinete del Director.
-Papá.
- ll ijo mío.
Y c1y2ron en bra.zos uno de crt ro.
Cu·w·du ,Juanito se 2.b::ó tenía los ujo.:: arrasa-dos en lágrimaq.
-Lo sé todo, hijo mío. No te co1H.h'nn. ,lccía D. Juan, rnuv contento ele ,·erse á solas con
Juanito. Juani to· le hizo conocer la rotunda resolución de abandonar el colegio.
-Lo dejartl s hijo, lo dejarás. Buscaremos
otro que sea ele tu a~rado.

-No, papaito llérnme con usted.

No quiero

ya s.·eT ingeniero.
Esta salida desconcertó un poco á D. Juan.
Tanto como c~o no. El tenía sus ideas. Ir por ver
la familia y la tierruca, santo y bueno; pero para
volrer.
-Desengáñate, hijo, ·en esto no te complazco.
Yo tengo rnis iclrns. Quiero hacer de tí una gran
cosa; lo que yo no he podido se r. Si yo hubiera
tenido un padre.......
·
Y D. Juan inundaba á su hijo en una mirada
llena cl8 ternura.
Juanito abandonó el colegio; se fué á vivir en

el hotel con su padre, lejos del ojo aYizor de los
profeso res, y ele la malquerenc ia, de los alumnos.
Se fué abominando de Legenclre y de la filosofía
escolástica : se íué á vivir en p1€na libertad bajo
el ala sedeña y perfumada del amor pater~o.
Los días pasaban; días de una existencia deliberadamente llena de holganza y di,-ersiones. D.
Jual) deseaba distraerá su hijo, porque la melancolía tejió su nido de tristezas en el alma del jo•
ven.

A las veces Juanito sentía impulsos de interro~r á D. Juan, de grilarle :

torrees Juanito, llorando también, se abalanzó á
su padre, y lo abrazó, lo besó con frenesí.

Una sombra se había proyee!'ado en aquellas
dos almas : 1~ sombra de la bella errante á quien
D . Juan amo un ti Empo; ]a sombra de la linda
aventu rera que mercaba rosarios de ámbar rosa.s

de Je,:icó, fragmentos ele la p rop ia cruz don'de fué
supheiado el Cristo; la sombra de la amada boh emia que huyó 'tn una freECa. noche primaveral

y

anhelante de co rrer por cuantos son pueblos
clunas, acaso para gusta, en otras Jatitludes nue-

•

vos amores, acaso para concebir otros hijos y scmbra.rlos,-como simiente de dolor -en los surcos

por donde va la triste romera.

'

l(ufino B lanco Fombona.

SEÑORA DOÑA CARMEN ROMERO RUBIO DE DÍAZ.
De fotl'lgrafla tomada recientemente por el Sr. Octaviano de la M:ora.

e;A

�Domingo 23 de Septiembre de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 23 die Septiembre de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL ESCLAVO
(€special pará "€/ Jr{undo Ylusfrado")

CANTO ÚNIQO.
Dió un profundo suspiro, delirante
examinó el revólver homicida
y con 1mño nervioso y vacilante
escribió á una mujer su despedida:
"Leonor: desde las pwertas de· la muerte,
"que por mi propia mano abrirme espero,
"lo que en el mundo me otorgó la suerte
"voy á decirte con mi adiós postrero.
"¿ Soy Ul!l cobarde, un criminal, un loco?
·'Dejo á. la ci,~ncia el diEcernirlo; y cedo
"a:l impulso fatal que, poco á peco,
''ha creado en mi álma de vivir el miedo.
"Con faz huraña en ébano esculpida
"y sangre cual los trópicos ardiente,
"en un hogar de esclavos, á la vida
"me condenó el destino indüerente.
"Del Íá.tigo del cómitre el chasquido
"me mostré&gt; los deberes de la infancia:
"como envidié al condor que desde el nido
"ve con desprecio al hombre y la distancia.
"Del algodón loo copos escardados,
"que en miis manos blanqueaban corno lirios,
"oyer on mis &amp;uspiros apagados,
"y la ruda canción de mis delirios.

"¡ Qué á menudo un ministro presuntuoso
"nos :z:armba, en el rústico san~ario,
"en~:zado en lenguaje conceptuoso,
"el imponente drama del Calvario!
"Y allí, con nuestra carne lacerada
"y reventando el corazón ele pena,
"repetí-amos á coro la balada
"del Kiño Dios, en cada Koche Buena.

"¡ La redención! ... ¡ la cruz! ... ¡ Estéril cuento!
"¡ poética visión del afligido!
"vanas palabras que dispersa el viento
"y no van más allá que del oído!
"¿ A qué representar á nuestros ojos
"nn Canaan vedado á nuestras huellas!
"era hablar ele perfume á los abrojos
"y al topo del fulgor de las estrellas.
"Dos lustros ví del sol los resplandores
"dorar el tcjaván de mi cabaña,
"las mieses madurar en los alcores
"y derretir la nieve en la montaña.

"¿ Purgábamoo un crimen ignorado?
"¡ quién lo sa.be! A la sórdida avaricia
"de un amo cruel, nos arrojaba el hado :
"¿ era destino ciego? ¿era justicia? ...
"Un día, inolvidable en mi memoria,
"con el pirmer albor de la mañana,
"de "libertad" el grito de victoria
"resonó en las ptaderas de Luisiana.
"Era que un hombre, corazón de armiño,
"á quien tornó la ,suerte en poderoso,
"tuvo p:edad del inocente niño
"y comprendió el martirio del esposo.
"El baldón descargó del humillado,
"habló de "humanidad" y de "derecho"
"y desgarró el capuz ele lo pasado
"con la luz propia de su noble pecho.
" ¡ Libertad! ¡Libertad! Sin alborozo
''los eiclavos los ¡ hurras! escuchaban;
"y cual si la emoción ahogara el gozo,
"llorando Ynos á otros &amp;e abrazaban.

"Hallé á mi padre con semblante austero,
"heijllo estatua, en la puerta, co-;:itemplanda

"á los bueyes sestear en el otero;
"mientras, mi madre oraba, sollozando.
"JJ.l Y&lt;:r su llaJ1to, dije :-"madre i,,ía,
"¿ 'JUé infortunio tm J.ígrimas ,lcsato i'"
"¿ nos han vendido r.~,1,c ?"-"La alegría
"-me resp.ondió--también, á veces, mata."
"-Ya somos libres, ¿ sabes? Nuestro ruego
"oy5 Diu~ y ha &lt;:ambiaclo ,: li• vtra suerte."
'·· -.."',n lrn. ·¡·
'
D.1er:o
t l•ºJtO
mue1i,u: Y1'1t,, senor
"que sólo es libre el negro con la muerte?
"-Por Dios! no digas tal : hoy de la garra
"del. capatáz nos arrebata un hombre.
"-¿ Un hombre dices? Dame la pizarra,
"quiero aprender á deletrear su nombre.
"-Sí, sí: de un hombre blanco, en la ternura,
"cabida halló nuestro 'hondo sufrimiento,
"compasión nuestra inmensa desvenium
"y fin de los esclavos el torn1ento.
"Así fué: como el águila aJtanera
"que los espacios hiende en lontananza,
"abrí las alas y por vez primera
"supe lo que eran patri~ y esperanza.

"¿ Por qué me trajo á tus nativos lares
"como un estigma la contraria suerte?
"; por qué supe de tu alma los pesares?
"¿ por qué mi corazón despertó al verte?
"Eras madre y esposa; más sabías
"que el falso compañero de tu techo
"traicion~ba tu amor, y te morías
"de celos, de tristeza y de despecho.
"Una tarde de Otoño, en la ventana
"miré asomar tu rostro peregrino:
"no estabas triste v tu mirada ufana
"exploraba á lo lejos el camino.
"De pronto apareció por la Yereda,
"á. trote largo, en alazán brioso
"que levantaba obEleum polvareaa,
"un jinete arrogante: era tu esposo.
"Fué breve y angustiosa la entrevista
"que escuché sin quererlo tras el seto:
"hiciste tú de mi alma la conquista;
1
'él puso en mis oídos tu secreto.
"De tus querellas con acento brusco,
"hizo escarnio, en razones oprobiosas :
" ¡ era. el Sileno del jarrón etrusco
"junto de Ofelia deshojando rosas!
"Al oír sus injuri11s, quedé yerto:
"testigos de sus viles ignominias,
"fueron no más los pájaros del huerto
"que libaban la miel de las glocinias.
"No se paró á mirar tu faz turbada
"1li á medir su vergüenza y tu amargura;
"arrendando el corcel, por la calzada
"se marchó cabalgando con premura.

"¡ Con qué ansiedad creciente é inaudita
"devoraron tus ojos el sendero
"por donde indiferentes á tu cuita
"se alejaban caballo y caballero!
"Bajo el corintio pórtico carga.do
"de hojarasca rugosa y de crisálidas,
"te ví posar el rostro demacrado,
"con laxitud, sobre tus m~nos pálidas.
"Ponía se el sol : sus ravos desi~ales
"quebraba, rutilando, en la armadura
"de un guerrero teutón, cuya pintura
"del pórtico adornaba los cristales.

"A mi agitado espíritu, o,adía
"trajo la noche; á mi pasión fiereza;
"te vi indefensa, y á llamarte mía
"me instigaron la audacia y la torpeza.
"En un rapto de loco ó &lt;le mengt111t1o
"á que inseusato vértigo me indujo,
"asalté tu mansión romo un malvado.
"¡yo que tímido fuí como un cartujo!
'' Iba á enhrir de be~o, tu:; mejillas;
"más al verte c:mvulsa y aterrada,
"se doblaron temblando mis rodillas '
" y h m,' cuando caíste desmayada. '

,
• 1

" ~'Xo he ~u~Ito á verte desde aquella noche,.
cruzare
Jamás
por tu carrera ,·
·
"m
.
.
.
,
m1 conciencia est{l exenta de repro&lt;.:he •
pero nvll' sm ti, ¡ como pudiera!
,,

•

•

•

I

,

,

"De tu desdén, el cárdeno silicio
" da h a. amenguado mi pasión salvaje;
'
"na
J. hoy_ que hago de mi vida el sacrificio
pido a tu compasión un homenaje.
" "Bien ~é tque ni un soJlozo, á mi partida,
.,amargara u corazón sensible: •
.
) separa nuestras almas en la vid;:.
de dos razas, el odio inextinguible."
~·~

Pleg? 1a earta, aseguró Ja nema,
preparo el arma con añín creciente
Y de _la muerte el tétrico problem;
asomo entre los pliegues de su frente.
d · Ya pres~o á disparar, surgió á su vista
e un ane1:mo la angélica fi !!llra.
,..
ó
'
Y 1e íJJJO
c0n lástima: "· EO'oísta 1
" e:· bebes t'u so'1o el cáliz 'de ºamargura?"
.
-P11dre no puedo más . me al100'a la
c0 t t'O ¡ h ,
'
a
pena
~ es
a uesped con vif'ible anhelo-- ,.
evueh:em~ al. azote .V la cadena,
pero dale a m1 espíritu consuelo. -

Los alrededores de los Alpes.
EL TIROL

d

-Yo te dí libertad, y ¿ qué la hiciste?
yo. te ?rranqué al dolor: ¿ así me pagas?
-¡_Que .pude hacer! -¿ Lloraste con el triste?
¿ O1catr1zaste sus abiertas llagas?
·
. -Si no he aliviado el infortunio 11geno,
i mmenso es el que embru-ga el alma mía J
-Busca s~láz dentro del propio seno:
j para morir hay tiempo todavía!
Enfrena la pasión que te &lt;lernra
dueño sé de tí mismo, y á tu alm~ ·
vendrá la paz que tu desdicha implora
i sólo en el pecho limpio entra la caln~a!
Calló la voz; Y la visión mentida ·
que humana forma revistió en la mente
perturbada del mísero suic:da
fué desapareciendo lentamente.
Transfigurado y grave, con ternura,
de la fantasma contempló las huellas.
y en, su_ hosca ~az, como la noche ob;cura,
las lagrimas bnllaron cual estrellas.
Descargó el proyectil en iel remanso.
'
mmov1_I cual esfinge, halló descanso
y el Cielo pewetró en su pensamiento.

:ªªg? )a- carta Y arrojóla al vierto;

D~, su espíritu inq11ieto lo sombrío
parbo en alaR. ele mística pleQ'aria;
Y con paso. 111 presto ni tardío
se intiernó en la floresta solitari.a.
St. Louis Mo., Septiembre de l900.

.Caura }r{ér¡oez de C!uen::a.

El sport alpino, completo, no e~tá al alcance de
todos los vigores ni de todas las audacias.
•Para escalar los nevados picos de la J ungrau
ó del Monte Blanco, nee;esítase, á más de una absoluta serenidad y de un olímpico desprecio del
peligro, una fuerza física _suficiente para resisi~ir
las fatigas de esas ascens10nes. En consecuencia,
pocos son aquellos que se atreven á sorprender de
cerca las bellezas a-lpinas, y la. mayor parte de loE
"turistas" se conforman con toear las vertientes
tan .sólo de los colosos de n ieve. Es cierto que
algunos picos de mediana a.ltura pueden ser e~calados con toda· comodidad v sin peligro alguno,
mediante los funiculares que en diferentes sitios
se encuentran en explotación; pero tales "paseos"
están muy lejos de revestir el verdadero earácter
&lt;le una excursión alpina, cuyos encantos no radican únicamente en los incomparables horizontes que se ofrecen á 1~ vista, ~ino también en, las
peripecias que es preciso sufnr y en los obstaculos que hay que vencer para alcanzados.
.
En las primeras ondulaciones que anuncia!1
el terreno a.lpino, es donde los cuerpos menoo vigorosos y los espíritus menos auda~es encuentran
campo para ofrecerse, en proporciones más modestas los encantos del sport alpino, y por tal razón,
Vorarlberg austriaco y el ~ir~l, llaman
año por año á centenares de excurs10rnstas que
acuden á "flanear por las montañas y á _beber naturaleza," según la expresión del conoCido apologista del Tiro!, Dr. Oh~stomannos.. , .
y en verdad que el Tiro! es un nnconc1llo encantador de tierra europea, cuyas bellezas na~urales dejan honda y duradera _im:Pr,esión, en qu_1en
las haya visto, porque sus paisaJes ofrecen. caracteres que no sería posible encontrar en nmguna
otra parte.
Aun cuando el Tirol está de lleno ~entro ~e los
dominios de la civilización, }a banalidad aun no

:1

ha sentado sus reales en sus montañas gigantesl.11.S ni en sus minúsculos valles, y todavía ofrece
el inefable atractivo del reposo absoluto y completo, lejos de todos los ruidos que despiei1tan
bruscamente y oue, en el homogéneo adelanto de
los pueblos, tienden á igualar todas las regiones y
á ir borrando las peculiares notas que el transcurso de los siglos ha impreso en cada comarca.
El apartamiento relativo de la región ha traído como consecuencia que la vida de sus habitantes haya conservado todas esas ingenuida'des
que enca~tan al viciado habitante de ~as ciudades: los tiroleses son francos, lea,les, mocentes;
sus trajes son propios y pintorescos; sus costumbres sencillas y casi patriarcales.
El paisaje del Tirol es un~ a~mirab!e. amalgama de paisaje a.lpino y de pa1saJe mendional.
Al pie de monta.ñas, cuyas verti_entes esmeráldicas deslumbran por la abundancia de su vegetación para transformarse más tarde en cam-

pos de hielo, se miran boscajes exuberantes, cual
sólo los hay en los países del Sur.
Las casucas de madera surgen por doquiera,
va escondidas entre los umbríos arbustos, ya empinadas en lo alto de las rocas, en eterno desafío
con los precipicios.
Las ascensiones á la montaña tirolesa, en tesis
general, s0n mucho más fáciles que las alpinas
propiamente dichas. Pero para el que quiera
ejercitarse en mayores excursiones, hay también
Yasto campo en el coirazón mismo del Tirol. Por
ejemplo, la ascensión al Grossglockner, la cual,
aun pa.ra muy experimentadoB alpinistas, ofrece
árduas dificultades.
Ofrecemos hoy á nuestros lectores a:lguno5
paisajes tomado~ al azar de entr~ los muchos hermosos del Tirol y estamos satisfechos de haber
tratado, siquiera sea ~omeramente, de ~na comarca europea encantadora por excelencia, am1que no figure preferentemente en las guías ele

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 23 de Septiembre de 1900.

Domingo ~3 d-e Septiembre de 1900.
á bordo del "Franm," hasta el confort hasta el refinamiento, y acabó por no tener si~o aquel canasto de trapero. Llegó á comer carne cruda, á
b_eber nieve fundida; y goloso, en medio del desierto de hielo, llevaba rn gnla hasta fabricarse
confitura y juguetillos de boca con el ollín que
dejaba en su chimenea de hielo la grasa de foca
mal q11emada.
.
¿ Qué vellocino de oro tentaba su codicia v le
imponía tan crueles torturas y tan grandes sacrificios? ¿ Tras de qué tesoro oculto corría desnudo, hambriento, tiritando, acosado por las fieras
y atenaceado por todas las inclemencias? ¿ Qué
iba buscando ese hombre? El polo; es decir, un
punto matemático, una abstracción, nada, en suma. Y tras de esa quimera que debía disiparse
entre sus roanos al llegar, si llegaba, á alcanzar-

los "turistas" para quienes
Europa no es más que un
"cartabón" que ni entienden
ni profundizan.
Pero tal-es cualidades no están r eñidas con otras, de que
no puede prescindir el hombre
culto, aun cuando esté enfrente de los más puros goces de
la naturaleza: en el Tirol hay
cómodos hoteles, buenas mesas, casas de baño, etc.
El veraneo en el Tirol aumenta todos los años de una
manera considerable, y con el
tiempo es seguro que llegará
á hacer una seria competencia
á Suiza. El gobierno austriaco
manifiesta ~!Tan interés hacia
esa parte del Imperio.
L a "posta" tirolesa es genuina: un carr icoche que os
conduce entre tumbos v retumbos por las carretera~, al
son de cascabeles v al ritmo
ele la corneb.1. dei' postillón
que aturde el aire con sus melodías y que. cuando Re agota
la fuerza pulmonar del filarmónico. es substituída por las
agudas, g-uturales notas del
canto iirolé;:. que imita las
vrce s de las aves montañesas.
, 1
Lle¡ráis á un poblacho y sus
habitantes acuden á veros descender del carruaje y á ofreceros albergue, al propio tiempo que os encomian las bellezas naturales de su comarca
'! os aseguran que el buen
Dios, al crear la Tierra, tuvo
en cuenta colmar de bellezas
al pueblo en cuestión, muy especialmenle.
En los hoteles encontraréis
limpieza Y comodidad : nada
que sobre ~- nada que falte, os
servit1Ín chicuelas tirolesas,
frescas como una hoja de r osa v limpia;: como el agua
cristalina que rebrama sobre
las rocas de la comarca.
Y despuéi; de una estancia
larga en el Tirol, podréis volver á la eterna lucha con ánimo tranquilo y nuevos hrío~:
lo más que puede dar de sí
una región!

EL MUNDO ILUSTRADO
la, corrió dos años, eECaló mcntañas de nieve,
surcó desiertos de hielo, navegó sin barco, caminó
sin vehículo, combatió sin armas, vi ,ió sin alimento y afrontó sin fruto y sin utilidad la muerte.
¡ Qué emoe:ones ! Namen tenía un compañero,
Hansen, y vario~ amigos, sus perros. Llegó un momento en que para mantener á la jauría había que
sacrificar á algunos de sus miembros. ~ansen,
la muerte en el alma, lloroso, él, el impertérrito,
llamaba á la víctima, se alejaba con ella adonde
los demás perros no lo vieran y la sacrificaba y
destasaba. Y olvía, generalmente, con las manos
llenas de sangre y con un nudo en la garganta y
lágrimas en los ojos; le parecía haber cometido
un fratricidio. Algunas ele las víctimas figuran
empajados en la Exposición; son mártires y necesitan mausoleo.

Esfuerzo e~téril, diríamos; sacrificio inútil!
K o; con esos sacrificios, con esos dolores, con
esas energías oe iundan las ciencias y las art-es Y
rn crea la civilización . ~embrar sin saber qué;
trabajar ~in pensar en qué· e$tudiar sin imaginar
por qué, todo eso es labor úfl, íruduosa, fecunda. Cuando no es la flor de hoy es el fruto de
mañana.
Y :Xamen, yendo delante de sí, tras de un objeto quimérico y noble, sin esperanzas de éxito
ni probabilidades ele lucro, ha enseñado á los
hombres cuál es la verdadera gloria y cuál la
verdadera felicidad : Forjarse un ideal, y grande
y noble, caminar en su busca siempre, sin descanso y á. través de lo impo-ible. Sólo á esa costa la
vida vale la pena de vivirse.
~r. )Vl. Flores.

LAS FIESTAS DE LA PATRIA.

Arribo del Señor Presidente á los Campos de Aruures.

Osear ;(erz.

LOS RESTOS DE UNA EPOPEYA

la lucha, hablando por todos sus poros, cantando
proezas y conquistas, epopeyas mudas, pero elocuentes, palpitantes, casi vivientes.

, ~as Exposiciones univ_ersales dejan en el espmtu y en el corazón imborrables impresiones
de grandeza, de hermosura, de fuerza. En ellas
el hombre se manifiesta. en todos sus aspectos, en
la plenitud de su actividad, en la múltiple expansión de sus energías, capaz de todo, abordándolo todo. &lt;lesa.fiando y venciéndolo todo. En ese
caos ele invenciones y de sensaciones llega la
mente á considerar lo grande como vulgar, lo colosal como mediano, lo sublime como simplemente
en medio de ese océano, de ese infinito oleaje de
emociones y de ideas, sólo surgen, sólo descuellan,
como las cimas de una cordillera sumergida,
aquellas que rayan en lo portentoso y en lo sobrehumano.
Dos inohiclables espectáculos han tenido y
tendrán. entre tantos otros fan grandiosos, el
privilegio de haberme sumido en el estupor de
la contemplación, de haberme sugerido trascendentes me&lt;litaeiones y de grabarBe profundamente en mi memoria: la primera locomotora y los
re,to1, Yenerables de la expedición de Nansen.
Tienen una ~' otros el sello pun:z,ante de un realismo perfecto. No son copias, dibujos, ni facsímiles, son ellos mismos tales y como salieron de la
mano del hombre, ó como quedaran después de

La máquina es horrible, deforme, ridícula. Encaramada sobre seis ruedas, como una zancuda
sobre sus patas, una plataforma descubierta lleva un hornillo informe, una caldera abollada
una chimenea chaparra y oxidada. A un lado u~
barril, es un depósito de agua y una cubeta sirve
para refaccionar, á mano, la caldera. Del otro
un canasto con carbón. Una manija de encino
dos émbolos raquíticos : tal es ese prodigio.
'
Sólo mirando al microscopio la evolución de
un germen pueden encontrarse lineamientos más
disparatados, bosquejos más informes, contornos
más extravagan~es. Aquello parece no poder
mantenerse en pié; puesta en movimiento la máquina tamba.lea, tropieza, suena como un canasto
de fierros viejos; causa á la vez risa y espanto;
unas niñas, junto de mí, decían: ¡ El Coco!
Aquel monstruo atalajado al carro de la civilización lo ha paseado triunfal por toda la tierra. Aquella deformidad es una conquista regeneradora del hombre y que ha cambiado la faz
del mundo. Con aquel gérmen, incubaodo, desenvuelto, perfeccionado sin cesar por el genio humano, se ha ampliado y extendido el comercio
acrecentándose la producción, centuplicádose 1~
riqueza y el bienestar humanos. Ese ser disparata.do y deforme, se alimenta de fuego y devora

tiempo y espacio; sus rugidos despiertan á la
civilización á los pueblos aletarO'ados · á su paso.
se pueblan los desiertos, abren °sus ~ntrañas las
cordilleras. Sabe volar sobre las cimas como el
águila y cavar agujeros como el topo; es á la
vez brutal y fecundo y con las cintas de plata
sobre que camina, aicaba,fiá por remachar una
ca:dena de confraternidad y de amor entre 1~
pueblos.
Ant~ ~stas consideraciones, aquél monstruo se
hace _d1vmo; de_ siml:'le mecanismo pasa á la catego1;1a de Provide~c1a; se reía ante él y se acaba
adorandolo, y la p·edad y la gratitud humana le
lev~ntan un t~mplo, lo colocan sobre un altar,
Y negan_ ante el flo,r es y queman perfumes y entonan himnos de alabanza.
, .Si esa reliquia es símbolo del poder material
e mtelectual del hombre, las que qnedan de la epopeya de ~anse~ lo son de su energía moral, de
su valor mdómito, de su voluntad incontrastable.
Aquello es también incoherente y deforme·
de un l_ad? amontonamiento de harapos; del otr~
u_n hacm_11ento de ~rebejos. Colgajos de pieles
s1_n curtir son vestidos; un saco agujereado de
p_iel de oso, es ~l lecho; dos largas latas despostilladas son pa tmes; unos juncos entretejidos y
mal ~tados son el tr ineo; un estuche &lt;le corcho es
la piragua, dos ó tres cajas vacías la despensa.
unas maderas aguzadas y unos mazos informe~
son las armas. N ansen comenzó por tenerlo todo

Ansurez, el extenso campo destinado á las maniobras, nota saliente de los festejos del 16, era el
luO'ar donde convergían las multitudes, siempre
animosas, siempre rebosantes de entusiasmo.
De lejos, desde la anchurosa calzada de la Reforma, se veía manchado el ceniciento horizonte
de una. mañana de lluvia con la nota tricolor famdi&lt;la sobre el llano á un lado de Chapultepec y al
pie mismo de este histórico edificio. Eran las trib~nas destinadas á los invitados.

Entrega de i.na bandera.

Acer cándose, el golpe de vista de la sencilla
construcción, era hermoso, predominaban hasta la
festinación en el adorno de ellas los colores nacionales en cortinajes, banderas, airosos gallardetes
y aun en las mismas a,plicaciones florales, se haoía buscado el conjunto patriótico.
Con una extensión bien medida para dos mil
espectadores, las tribunas formaban un ángulo recto, en cuyo vértice la plataforma de honor daba
la. nota saliente del adorno, con sus trofeos mili-

fiares, sus coronas de brillantes hojas de encino y
laurel y sus gracimas escalinatas flanqueadas por
artística balaustrada.
A las diez de la mañana las tribunas habían sido
ocupadas por infinidad de personas de las más elevadas clases sociales, y entre las hermosas toilettes
-de las clamas y elegantes trajes de los caballeros,
resaltaba la nota de los brillantes unilormes de los
militares de alta graduación que formaban los
Estados :uayores de las Brigadas y de la División

Rurales antes de las maniobras.

�Domingo 23 do Septiemb_e de 1900.

EL MUNDO TLUSTRADO

{ué cariñosamente ovacionado por los millares
de espectadores que presencia??u la ~scena.
La protesta de bandera.3 sigu10 &lt;lespu~s:
Cuatro eran los cuerpos que rec1b1an una.
nucYa ensmi.a, recogiéndoseles la que duran~~ algún tiempo íué el escudo de su hono: m1ht~r.
Eran Jos a&amp;raciados: el tercer batallon ele rníantería, y et' primero, 8éptimo y noveno regimientos .
.\n111zó en primer lugar el tercer Batallón,
llernndo una formación correctí:-ima
J~n e.::te momento !ns fuerzas ioda:; que es~-a?an
en el campo pre~entaban las armas y las mus1c-1s
tocaban nue.::tro patriótico himno.
_
.
La YOZ clara, llena y vibrante del scnor Presidente, se dejó oír.
'·~:-ieñorcs jefes. oficiales y soldados del tercer batallón _:dijo el 8r. Pres.idente.-Yengo en
nombre de i',1 República, á encomendar á vuestro
,·alor, patrioli:3mo y es.tricta discip.lina, es~a ~andea que simboliza su rndepend~nc1~, sus rnstituc:ones. la jntegri&lt;lacl ele su terntono ? s1~ honor
militar. ¿ Protestáis seguirla con fi-clellda~ Y
constancia en los combates hasta ronsegmr la.
victoria ó perder la vida?
-··¡ Sí, protestamos!'' gritaron á un~ voz todos los: miembros del Cuerpo, y en .::egu1da el señor General Díaz agregó :
Tribunas.

ó que tenían encargos e::peciales en el acto que iba
á celebrarse.
El General en jefe de la División, J·esús Alonso
]◄ lores, se presentó en el 1:ampo desde á las siete de
]11, mañana, seguido de su E-=tado ::\layor, que se disti nguía de los de los J efes de Brigadas, por los
braz~le, blancos y tricolores que portaban los
ayudantes.
A 1as ocho de la mañana, Ja.s tropas comenzaron á ocupar el campo, penetrando simultáneamente á él por los amp\ios puente.5 que se construye ron en los ángulos Sureste y Suroe~te del llano.
La concentra rión de las f uerzas en el campo,
so hizo en 2G minutos, tiempo considerado corno
mínimum para la entrada ó colocación or&lt;lenacla

&amp;

M

,&lt;:t

a

.

.....,
2rn

..,.,
os

'
Caballer1a

r

-"Al concederos el amparo de su sombra y el
honor de ponerla en vue;,tras m·anos, garantizo á
la Patria con fu ndamento de las vi r tudes- mjJi.
tares que os reconozco, que como buenos y leales
soldados sabréis cumplir vuestra protesta."

•••
Xucstros grabados dan una idea del aspecto
del c.11npo, de los grupos militares más salien tes y de los actos militares c1e la imposición &lt;le
condecoraciones y protesta de banderas.
Infaut.erla.

A las diez en punto, un lejano toque de clarín,
marcando un punto de atención, indicó la llegada
del Sr. Presidente de la Jlepúb!ic, y su comitiva.
J~l toque fué repetido por los clarinc5 de todos los
cuerpos, ernuchándose á continuación batir marcha, y los acordes del Himno Xacional.
P or el tingulo Suroeste penetró la comitiva . que
iba precedida por una f-lección de gendarmes del
ejército, después de la cual penetraron al campo
los carruajes que ocupaban lo;; señores Gobernador del Distrito, Guardias de la Prec;.itlencia, el Gobernador rle Palacio y Jefe del Estado Mayor del
Rr. Presidente.
Tras el cortísimo acto oficial siguió la Yerdndera fiesta militnt\ ansio-:amente esperada, ele la
que seguramente fué uno ae 103 ados más salientes la imposición de conclecorac:ones á los miJilares que se han distinguido por sus servicios en épocas de lucha pam la República.
El señor Ministro de 1a Guerra. Don Bernardo
Reye;;, fué el primer o que recibió la condecora ción y plaea ele constancia y mérito m ilitar ele
primera clase, siguiendo después muchos hueno,;
y leales soldado,. ent re los qu;, se enco1üraha
un grupo de indígenas, que vistiendo el humilde
traje de \a gente del pueblo, vieron caer sobre
sus hombros y de las propias manos del Sr. Presidente de la República la condecoración que ganaron en el famosísimo y lege1,dario sitio de
Qnerétmo. Doce eran los indígenas, y cada uno

......,.,.,

Grupo de patriotas lndlgenaa.

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::s

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 23 d,s Septiembre de 1900i

Domingo 23 de Septiembre de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

la m!:~, repuso Paolo, enseñándole la pa.lma de
y sucedió que la misera se u , 11
zá.ndose con él . p
. ,P so a orar, abra1
ln.Í.entras los &lt;ihicosª\: tmbien rompió á gemir,

CUENT O DE IT ALIA.
antiguo. Fué una ga;ibaldina feroz. El culto
del héroe lo guarda ella en su corazón. ¡ Cómo
Lucio, el zapatero de viejo, es un joven. Sus olvidar que su e•poso habí:1 muerto besando la caprimaveras brillan al sol de la tarde. La luz en- mi•a roja del GPneral patriota, cuando la "Puerta
tra en el tabuco, besa el lomo de un angora, pe- Pía!"
rezoso como un viejo poeta, y en la frente á la
De repente la ~nciana intenoga á su hijo :
madre de Lucio, suerte de :Margarita anciana, ve-¿ Qué dicen los periódicos, qué dicen de la
jezuela adorable, de blancura risueña y sonrisa guerra, Lucio?
de amor.
El zapatero sigue malhumorado, y le responde
La viejecita hace calceta; el gato sueña un poe- á su madre, casi con acr;tud, el pensamiento fijo
ma de ratones, mientras re&lt;iibe un baño de sol; en la provocadora, que por unos inst11ntes no cruLu&lt;iio trabaja, junto á la puerta, encapotado el
ceño y en la boca. un gesto de ama.rgura. De hito za más:
-Las últimas noticias son tristes para el ejéren hito, e':!ha ojeadas fuera, á la calle.
cito. ~ada bueno debe de haber,
ma&lt;lre. Hace cosa de una semana guardan silencio los periódicos.
Y cuando el Gobierno y los papeles no dicen nada . ..
La viejecita lo interrumpió.
-Han derrotado al cuarto batallón, Lucio; al batallón donde
sirve Genaro.
-Xo madre, c:ue yo sepa, repone Lucio, arrepintiéuclo,e de
haber dicho la verdad á la viejecita.
-1[e alegro. :Mejor se venga
sin combatir el cuarto batallón,
antes que lo derroten. ¡ Ay, hijo,
cómo sufro con la. fulana guerra!
Sufro por Genaro, que está en
peligro, ~' por el ejército, que está en ridículo. ¡ Dejarse derrotar por Menelick! E8o da vergiienza. En mi tiempo era otra
cosa, hijo.
Y era lo cierto: el cañón de
}Ientana la arrulló un día. Garibaldi aparecía siempre triunfador,
puesta la camisa roja, ladeacla
la cachucha militar, entre banderas.
La viejecita recuerda á su esposo; recuerda á
Discurren gentes, á las cuales ve el zapatero
aro, y prosigue diciendo:
sin mirarlas. Una mujer, flor de la plebe, gen- Gen
-Tu padre fué un héroe, Lucio. Cayó junto
til de persona, muy maja, cruza rozando su falá Garibaldi.. Otros tiempos. ¡ Qué días! Pero
dellín, de exprofeso, con el quido de Lucio; y Genaro es hijo de guerrero; él no dará la espalda
lanza adentro una miracla, insolente comv una á los neo-ros del A:frica; mientras los oficiales co0
pr0vocación. El zapatero fulmina su martillo
sobre la suela. Al golpe violento la viejecita, rran, él, pobre soldado, sabrá morir.
La anciana empieza á emocionarse. A sus puasustada, lo reprocha:
pilas asoma la ternura. Su
-Caramba, Lucio.
ardor patriótico, su fiereza
Pero nada advierte la anci11na. Desde su mumilitar, la memoria de su
llido sitial del fondo, y el pensamiento muy dis- marido, el afecto de Genatante, no mira qué pasa en la calle, á su puerta.
ro, todo el semillero de
La mujer de mirada atrevida como una provosentimiento, cor re por sus
&lt;iación, repasa. Lucio finge no verla; y asume un mejillas en ola de lágriaire distraído. La provocadora cruza una ve:¡
mas.
más; está con un hombre. A la mirada y sonrisa
Lucio no ignora el daño
de la hembra, el zapatero responde cantando :
que tales conmociones producen á rn pobre vieja. Co- i
"La donna é mobile
mo se repetían á menudo, (
qual piuma a,l vento .. .. . "
en el carácter nervioso de (
la anciana, el médico previLa vejezuela escucha, regocijada, á su hijo. Del no al joven, diciéndole:
corazón de la anciana~ como de un nido, salen vo-Tenga cuidado por su
lando recuerdos. Y no penetra la blanca viejecita viejecita. Esas excitacio- \
cuánto es dolorosa la figura de aquel joven, la nes le son muy perjudicia- l\ j
pena en el alma, y en los labios una canción :fin- les.
'
gida.
Lucio intenta calmarla. '6--.
En al11s de aquel canto, el pensamiento de la Varias veces le repite:
,_,
anciana debió de volar mucho, mucho; porque á
- Xo piense más en eso,
la postre volvía como una paloma, trayéndose en
mamá.
el pico de rosa, y en las plumas como jazmines,
Y se dice á sí propio:
memorias del hijo ausente, memorias de Genaro,
-Porque estoy de mal
el hijo menor, que hace la guerra en el país de genio hago sufrir á mi. maAbissinia. Todos los pensamientos de la anciana
dre. ¡ Qué buen bicho!
- ahora se iban, temprano ó tarde, al .Africa remoLa vieja no se tranquilita hacia las regiones insalubles donde, su querido za. De cuando en cuando
Genaro, padece hambre, se abrasa de sol, y se pronuncia entre sollozos:
afronta con :M:enelick.
-¡Pobre Genaro; pobre
En el i.ima ele la vieja sé debaten la madre y
hij.o mío!
la patriota. 1talia y Genaro, después de Lucio,
El entrecejo de Lucio ensu debilidad, su chochera, constituyen sus amore8. Ama á la patria aquella andana con amor capótase más; su boca mue-

I

}

f'

quea una mueca trágica; su mirada se torna lúgubre.
De nuevo principia á cruzar, rozando su faldellín con el quido del joven, una figura,_de mujer,
muy conc&lt;iida. Otra vez cae sobre Luc10 la mnada ·insolente como una provocación.

II.
Allá viene Paolo, el pregonero de diarios, calle
arriba. El sombrerito, casi en la nuca, deja al sol
hl. frmte. Corre Paolo de prisa, y con el haz ele
periódicos al brazo, voófera :
-"L' Araldo ! Ultime notizie dell'.Abissinia.
L'esercito in rotta. ~forte del-genera.le Vicini."
La multitud lo asedia. Hormiguean los curiosos, á los gritos. Todo el mundo sale á comprar
el pE&lt;riódico, anhelante de saber cuál suerte cabe
al ejército en la remota Abissini.a. L os centavos
llueven en la bolsa de Paolo. El no se pára un
punto; abriéndosia camino por entre los lectores,
que empiezan á formarse en corrillos, se escurre,
calle arriba, c-orriendo, y gritando:
-"L'Araldo: L'-esercito in roita. Morte del
Generale Vicini.
Los centavos diluvian. El rostro del pregonero se h11ce radiante; su voz amme sonoridades &lt;le
clarín. Aquella derrota es un triunfo.
¡ Qué diferencia de los días anteriores! No acontecía nada. La semana fué mortal para él. ~o
rncedían cosas de sensación, ni llegaban noticias
de Africa. El pueblo comenzaba á olvidarse de
su aventura de Abissinia.
¡ Cuántas noches llegó Paolo á. su desván con
una miseria en el bolsillo, extenuado de correr,
ronco de gritar, vencido por el cansancio, y triste !
Su madre lo saludaba con un beso, que era casi
un reproche. U na lámpara daba su resplandor
muriente en el zaquizamí, iluminándolo á medias,
A esa luz advertía Paolo las figuras quiméricas de
sus hermanitos, moribundos de inanición. Y á
esa luz, le pa!'ocía más siniestro el dolor -en la faz
de su madrecita; más punzadora el hambre de sus
hermanos; más espectral aquella casa de miseria.
El no olvidaría la escena de algunas noches antes. Su madre, al entrar él, 1,e preguntó:
----:¿ Qué traes? hijo.

~~fm:~ gri; 1!º~f~t;, esraha~~:~:(rnr~!~":t~
can&lt;lil .alumbraba mosfera flota~a el dolor. El
aquella angustia. ron sus claridades equívocas
Paolo, de súbito, se. deshizo de los brazos

ternos.

ma-

-?ye, ID;adre, le dijo, yo traeré dinero
-¿ De donde' h'•
·
lJO, ae d ónd,e.?- preguntaba
la
temerosa, la desconfiada.
Entonc~s él la tranquilizó.
_-N º. p1~nses nada malo, por Dios T
,
nus per10d1cos, ss.ldré á la calle, y anu·nc·10.re
º?Tiare
no-

!~~~s, ~uchasr noticias, gr!ndes noticias, noticia.s
,pen asd. Yo _las P;nsare, yo las inventaré. Tú
veras, ma re; tu veras.
P aolo había &lt;ionvencido á su madre. E
decía acariciándolo :
'sta le
ci~Bueno, hijo, corre; inventa muchas noti-

Lul'io, el zapatero, al mirar cómo la gente eo- beso á -su madiie; pero él la. besa. desde la. tumba
rre y se anemolina, sale á su puerta. En ese ins- con el pensamiento Y entre tanto la colma. á be:
tante se percibe clara, rotunda, la voz- del pre- sos, el pobre niño cvee oír la voz de su madre
que le dice :
'
gonero:
-Invouta
muchas
noticias,
Paolo.
, -"~'Ar_aldo : Ultime notizie del Abis.sinia.
L eserc1to m rotta. Morte del Genierale Vicini."
l(u/ino .Blanco Fombona.
El ,z11patero se demuda. Aquel maldito gritón
Maracalbo 19 o.
pasa.na un momento d-espués, á la puerta de su
ten&lt;lucho. La viejecita oiría aquellas voces de
reclamo; y la angustia, como una serpiente se
e~rosearía. en el a,lma de la madre y de la ' patriota.
El pre~omro con-e, calle arriba.
Y L~c10 &lt;l&lt;Y: á su madre que le pregunta:
- H1Jo ¿ que pasa? Escucho voces. Me parece quie corren.
-Nada, madre; no es nada.
y se percibe de nuevo el grito de Paolo.
El s,olo nombre del Sr. General Riva Pala&lt;Jio,
L Las manos die- Lucio se cri~pa.n. Está nervioso. es ~a smt~1,s _más acabada de una reputación lite_os pesares &lt;le su ruad.re, la m.fi&lt;lencia de su que- rana ment~s1ma y ventajosamente conocida en
rida,
. .
ambos contmentes.
a los recuerdos
. de su h ermano, la 1.gnommia
e sus _compatriotas, todo sube aquel momento á
Sus l!bros y sus cuentos, de forma irreprochasus lab10s, . todo se ir-aduce en ieste rugido sordo . ~-le, tuvieron e?-tusiasta a&lt;iogida en España y Amé-¡ Ma&lt;l&lt;l1to sea!
· llca, Y sus pnmorosas novelas tienen, especialEntre tanto_ Paolo ha llegado junto al zapate- mente para nosotros, un encanto más seductor por
ro, y ech!l al aire su regocijo, oen miradas y en vo- el sabo~· l?c_al con que fueron escritas y por la
ces:
parle h1-stonca que en ellas domina.
En e.l medio ambiente intelectual de la época
'-"~'Ar~ldo : Ultime notizie &lt;lell' .Abissiuia
L esrc1~0- 1~ rotta. Morte del Generaie Viciui_,; revoluc1onana en. que salieron á la estampa las no_La V1eJec1ta da un brinco en su aeolchado v~}as del Gener~l -Riva Palacio, agolar una edi~iento. Ahora sí escuchó bien &lt;listintamente Lu- e:1~11 (,ra un prodig10 con que ni siquiera soñaba un
cio la ve_desde el umbra;!, pálido y mu&lt;lo.
.
eili_t~r._ P~ro "lfonja y C_a~ada" y "Calvario y Tabor, ~eahzaron ese prod1g10, y hoy no se encuenLa veJezll'ela grita:
tran sm~ e1_1 las biblioteeas algunos ejemplares
-Compra el periódico, Lucio.
com~o rehqma de precio inestimable.
Y prosigue mono1oo-ando:
~ u estro culto_ reverente por las bellas letras
-Ay, Dios, qué n-u:va desgracia. j Por qué no
m~ llevas del ~undo! i Qué ser&gt;\ de mi hijo de nac10nale., y la mdicación sincera de algunos de
nues~ros subscriptores, nos han decidido á ofremi Genaro, Virgen Santísima!
'
A ~a vista de~ zapatero se le ocunie á Paolo una cer ~ lo~ abona·dos de "El M:uñdo Ilustrado " la
mentira sensacional. N adíe ignora por allí que p_u~~wación de "~fonja y Casada, Virgen y MárGenaro_ pertenece al cuarto batallón. A todos en tir, profusamente ilustrada con magníficos foel barrio, se 1~ ha dicho la viejecita. La ~os- t~~rabados to?1ad?8 del concie11zudo pincel de
tu_mbre de fingir y contrahacer noticias trae á las 1 1lla,;,ana, el msp1rado colaborador del General
en el ch:sp~nte periódico "El Ahuizote."
1mentes de. Paolo una mentira estupenda• y allí
. Los d1bUJOS que nos ha hecho Villasana, .son
e~ .Las.propias barbas de Lucio, pronump~ en V~
dignos
de la obra confiada á su labor artística y
vibrante :
-L'esercito in rotta. II quarto bataglione . . ~ tenemnos con ellos una satisfacción legítima' al
Pero_ no pue~e concluír. Los ojos y la mano poder_ ofrecerla á nuestros lectores como un homenaJe de nuestro cariño literario á la brillante
de Luc10 lo detienen.
pluma del General Riva Palacio.
~Da~ue un, peri,ódico, ruje por lo bajo el zapa~?m~_ lo habíamos calculado, la edición de "Don
iJEio, asiendo a Paolo de la blusa.
Q~.HJote- se concluirá en lo que falta del presente
. Y nervio~o, colérico, empieza á ojear el dia- ano. Y entre tanto, comenzaremos á dar las pr irio. Pao)o mtenta zafarse y eoner á su preo-ón • meras entregas de la otra nO'Vela.
pero Lucio lo detiene. Los espectantes no ;om~
Al frente ele la obra insert11mos el retrato del
prenden qué pasa. Paolo rnmudece y palidece a~1tor. hecho en 1Iadrid en los últimos años de su
de susto.
vida.
E n el interior del tabuco, la vejezuela, miLos P~i:ieros pliegos se repartirán con el núrand_o la gente mariposear á su puerta, y an- mero prox1mo, srn que suspendamos por esto l
gustiada por las voces del pregonero. trata de publicación ?e "Don Quijote," obra de la cual da~
levantarse, y _rueda á los pies &lt;le la silla, por el remos un _pliego semanario hasta su ter.minación,
suelo. Al ?:rito y al golpe de la anciana, Lucio que repetimos será en Noviembre.
vuelvie los ~JOS, y ve á su madre, caída, la frente
Esperamos que en nuestra elección sea del
rota, y la meve de los cabelloo roja de sangre.
~~rado -~e nuestros constantes abonados, cuya
. Entonces mudo, siniestro, t&gt;n un instante, á la 1lustrac1?1: no puede dejar de conO&lt;Jer los verdavista de todos, Lu&lt;iio agarra á Paolo por el cue- deros m~r1tos de las obras del Sr. General D. Villo, lo ~trae ~ sí, toma el cuchillo de zapatería y &lt;iente R1va Palacio.
lp iencaJa funbundo en el vientre del muchacho.

H~ras ,después entraba Paolo triunfante en el
zaqmzam1.
Esa noche se comió; esa noche se devoraron en
forma de queso y pan las noticias falsas de Paol o.
Desde -entonees,, todas las tardes, al salir el pre~one~o á su pregon, la buena mujer le hace esta
mvanable encomienda :
-Inventa muchas noticias Paolo
En ~odo ~to viene pensan&lt;lo el p¡egonero, calle arn ba, m1ientras vocea y reparte su periódico.
Entre uno y otro grito habla con.sigo mentalmente. y a l pensar cómo granizan ahora los cuart&lt;:-3, en la faz se le dibuja la ale!lría
y sus ºJ· 0 ,
0
dicen cosas risueñas.
'
"
. ~oy, apena~ hubo re&lt;iibido el diario con las noticias de Af~c~, malas noticias, para él buenas
n~evas, corn o a todo correr, camino de su barrio.
Por uno como or~llo ~e campanario quería él
-que en su _pa!r?&lt;lma supiesen, los primeros, las
cosas de Ab1ssn~1a. A&lt;lem-ás, el barrio es populoso.
Y aunque humilde, á toda la vecindad le sobra
maner~ ~e comprar un perió&lt;li&lt;io, sioempre que haya noticias &lt;le senaación.
El pregone!º llega á la plaza de la parroquia.
be donde_ qlllera salen caras que le í'QDrÍen. Algunos lo mterrogan familiarmente :
- ¿ Qué embu~te dice t~ papel, P_aolo?
Todos los vecmos en el barrio conocen al prego~:ro; y ~l cono_~e á todo el mun&lt;lo : desde la
recien bautizada h1Ja del genovés marmolista que
es la más joven, hasta la madrt) de Lucio ~l zapatero, que es la más viejecita.
'
. RApido ~!ercurio, Paolo vuela, echa.udo á los
/llres su gnto sonoro:
, -"[~' Ar~ldo: Ultime 11otizie dell' .Abissinia,
L eserc1to m rotta. Morle del Generale Vicini."
De los zaguanes, de la &lt;ionfitería del restaurant
el~ todas partes salen gentes á e~mprai· el p~rió~
chco. Los transeuntes, el farmacéutico el licorista, hasta las mujeres, hasta los much;chos toCorre u_~ instante de asombro, de mudez, de
do el mundo quiere tener noticias, ,todo ieJ. i:iun- estupefacc1011 . Cuando la multitud se "' h
·
d L ·
,
....o a endo anhela. ver por sus propios ojos la verdad la cima
e uc10, ya el ha corrido á su madre y beignomi1~ia del ejérc,ito; todo el m~ndo rabia por sándola, murmura:
'
Haber como han hmdo las huestes de Italia ante
-¡Madre mía!
las tropas de Menelick.
'
En la acera, Paolo agoniza. También da un
(Y

VICENTE RIVA PALACIO

"Monja ycasada, virgen ymartir."

Á NUESTROS LECTORES.
~n el. ~Úmero correspondieUite á la semana antenor hw1mos mención, accidentalmente de una
ma~nifica ~pli.ficación del retrato d¡ la Sra.
Dona Carmen Romero Rubio de Díaz, verdadera
obra ~e ~rte que se estuvo exhibien&lt;lo en uno de
los prmc1pales establecimientos comerciales de la
calle de San Francirno.
, ~oy engalanam~s nuestro semanario con una
copia ~e la menc1011acla fotografía, lamentando
mu)' Sll!ceramente que en el pase al grabado ha~'~ perdido el magistral trabajo ml1cho de su ménto, pues es imposible que la pl'ensa tipog'Táfica
reproduzca con verdad los innumerables detalles
que logró obtener el hábil fotógrafo Sr. Octaviar.o
de la ::\Iora.
En el retrato que nos sirvió de modelo, el claro obscuro es irreprchable, las blondas finísimas
del tr-aje se destacan perfectamente y hasta el brillo de la tela de sed.a se ad vierte.

�Domingo 23 de Septiembre de 1900~

La Ca..c..aa ae El A br10.

Paso de un tren sobre el Holl-Holl.

INAUGURACIÓN

DE LOS CAMINOS DE FIERRO ETIÓPICOS
La inauguración oficial del primer tramo de
180 kilómetros de la línea Djibouti-llarar, debió
haber tenido lugar el H del pasado Julio, pero
la compañía imperial de lo;; caminos de fierro de
Etiopía escogió otra fecha que no fuera la de la
fiesta nacional francesa. La inaugur-aciÓJ1, pues,
fué diferida hasta la semana siguiente.
El 22 c1e Julio presentaba un aspecto animado
l'IJ. estación de Djibouti. Un tren especial, decorado con los colores franceses y etiopes, esperaba
delante c1e la calle. Estaba compuesto de dos wagones de la. clase, de tres de 3a. y de dos furgon-es. M. Zaborowski, Inspecl:or General de la

Obras de la Federación en Tampico
Galantemente invitados por el J efe principal
d'el Ferrocarril Central Mexicano, para que visitár.amos las obras quie el Gobierno Federal ha ei:1prendido en Tampico, salimos en tren especial
hacia ese puert.o, en donde tuvimos ocasión de
conocer dichos trabajos.
El principa1 consiste en el edificio para la Aduana Marítima, cuyo gra.bado aparece entre los que
forman el paisaje que va adjunto. Su fachada
principal mide unos ciento setenta y siete pie6,
poT mil veÍilltidos su extensión longitudinal. La
constrlilcción faé contratada por lai Compañía del
Oentral }lfoxieano y dió principio en 8 de Julio
de 1896 -para termina1· en los días del corriente
mes, debiéndose inaugurar el iedificio en ocasión
de las fiestas patriM en la localidad. Las g+and8S
booegas para el drepósito de la carga entrante se
J!msieron ya en uso hace pocos días y reúnoo tod~s
las condiciones que deooarse puedan en materia
de a1n'Plitud, comodidad é higiene. La "loggia"
es primorosa en su perspectiva; dies&lt;le su piso se

Compañía, r ecibía á los invitados. M. Angoulvant, gobernador de la costa de los Somalis, llegó acompañado del administrador colonial de la.
clase y c1e los jefes de servicio administrativos
c1e las colonias.
A la una y media se c1ió la señal de partida y
el tren se lanzó sobre la vía.
En el kilómetro número 7 costeó el convoy el
río de Ambouli, en que la compañía de aguas de
Djibouti ha instalado un inmenso colector que
alimenta de agua á. la ciudad.
En el kilómetro 18 pasó el tren sobre el puente
del Chébélé, excelente colilstrwcción arquitectónica.
El "Khmasin" ó viento caliente del desierto
comenzó, entonces, á soplar con violencia, mientras que el desierto mismo, con toda su desnudez,
desfiló ante la comitiva inau guradora.

dominan las aguas del Gol.fo y las de los ríos Pá-•
nuco y Tamesí, entre los cuales se levanta. La comunicación á la ciudad se hace por un puente
de madera qrne será substituído eon el tiempo por
uno de fierro y acero. Puede decirse que la ubicación de la Aduana :Marítima de Ta.mpico es la
mejor; por un lado está bañada por las aguas del
mÍS!JlO Pánuco y por las del citado Tamesí por el
otro; el mar queda más allá, á unos seis kilómetros, él.te manera que el puerto de desembarque
s0 hará en las proximidades del propio edificio,
en aguas del Pánuco, valiéndose del muelle que el
Gobierno mandó levantar frente por frente de la
AdUJana..
Los depart.amentos superiores son confortables
y elegantes, ac1ecuados aJ. objeto á que se les destina. Su construcción es suficientemente sólida y
hermosa. Sin temor de incurrir en exageraciones,
puede decirse que el edificio en referencia es, sin
disputa, el mejor en su género de cuantos hay en
el país y uno de los más elegantes y lujosos de los
similares del Continente Americano.
Otro die los grabados que figuran en el paisaje, representa el gran puiente que la misma Compañía del Central Mexicano mandó construir sobre las aguas del r ío Tamesí, quie es uno ele los

En el kilómetro 34 pudieron verse los pocos
vestigios del antiguo campamento en que fué recibido, á su regreso de Fashoda, el Coronel Marchancl, entonces promovido nuevamente comandante.
Antes de llegar al kilómetro 37, se perdió la
línea azul del mar, que se quedaba atrás. En el
horizonte, entre las montañas azules de Obock y
la línea negra del desierto, al borde del golfo de
Tadjourah, apareció una línea blanquecina: era
Djibouti con sus tres mesetas madrepóricas.
En el kilómetro 37 saludaron al convoy lof'
guardas del campamento, agrupados al rededor
de la bandera francesa, mientras que sobre el
fondo negro de las rocas basálticas se destacaban
los rebaños de carneros blancos.
A las tres y media llegó el coDYoy inaugural á
Holl-Holl,

que desembocan en el Golfo en Tampico. Tiene
la particularidad ere ser el únioo giratorio que hay
en el país; se desgaja por su centro para dar paso
á las embarcaciones de alto bordo, para adoptar
la forma (}rdinaria que tiene cuando pasan los pesados trenes d'el Ferrocarril Central Mexicano que
viene de Tampico.
La cascada del Puente de Dios íué una de las
gandiosidades que cautivó nuestra atención; de
la Estación ,d,e Rascón bajamos unos quinientos
pies hasta encontr¡u· &amp;llá en el fondo la precio;ia
caída de agua, no alta, pero si amplia en ~u cortinaje de líquido, el cual se, d-espeña sobre un lecho de roca-s que va en descenso marcado basta
llegar á un puente también de roca, que se ha
encargado de formar la Naturaleza. Esa casca&lt;la
y otras muchas que hacen los innumP.:rables nos
que a.traviesan las tierras de la Huasteca Potosina están ociosas, nada producen, si no es la aclmiración de los viajeros que visitánlas. ¿ Qué más?
Aquellos terrenos que son los más exuberant,es
de la República son enteramente vírgen~, conrnmen su fuerza productiva sin provecho · de nadie.
Figura también en estas columnas el gran
Puente de Dios, de qrne acabamos de hacer cita
al tratar de la primera aasca.da.

El i'u~nte áe Dios.

Lo.s demás grabados muestran las bellezas in- 1:nea &lt;.·1 h_o~pital y las casas &lt;le los empleados del por los Yiajeros; mejor que las cumbres de Malc?mpara bJes qrna encierra aquel la 1JOna privile- } errocarr11 Central.
tra~a son mejores las de El Abra, como son sugiada ~e la Huasteca y otras perspéctivas del puer~ o nos imaginábamos, al salir de esta capital
p~nores l?s variadas per,s,peetivas del camine c1e
to Y cmclad de Tampico, las que se observan á hae:er un viaje tan agradable por Ja línea llill ci~
J :unp1co a las &lt;le Ve1-acruz. Acerca del tráfico lebordo de los trenes del Ferrocarril Central 1fexicano, cuya es, sin duda, la principal y la más
hermosa ele cuantas hay en la República. Volú¡ ,
:r,nenes enteros invertiríamc.; en i,rneíiar tales riquezas y en lamentar que la mano del hombre
no ~ haya acercado aún á ellas para explotarlas
debidamente, y extraer &lt;le su ,eno los incontables
productos que las tierra,&lt;\ pueden rendir.
, Entre el verd,e €•?Jn eraJda que tapiza las serramas y valles d~ la Hnasteca se de~taca la blancura
del balastre dt&gt;·l terraplén que sustenta los rieles
'&lt;lel ferrocarril Central. }&lt;),t.as oura.s de b-alastre
contrib~yen en gran manera al a.&amp;eguranüe•nio
del ca.mm~, herrado: Rn cof:'to &amp;S grande, pues que
la Compama ha gastado cuatro mil pesos por kilómetro, sola~ente en _bala_~tre, que por lo que
C?rresponde a Ja substituc10n de durmienk;; y
rieles, que son nuevos y flamantes en Ja mavor
parte de la línea entre ~guascalientes y Tampico,
el pr~supuesto se mult1plic:a com·derablemente.
Los rieles de_ oet,rnta y sei;; libras por yarda se han
e_stado cam~nan&lt;lo por otros c1e setenta y cinco
libras tamu1én en yarda; de rnanem que no !-Olam ~nte las segmidacl. sino la elegancia ele este c.lmmo se ha asegurado, hatiendo que :;\léxico cuente con ~m elemento n:á, de cfütracción, muv superior a cu,anto,s S:!:) conc,cen en ~I país.
·
Como si fueran insuficiente,: e~a~ bellezas de la
~ua.su&lt;?a_, el puerto cl:e Tampieo, la Villa &lt;le Dona Cecilia, la Barra, eneierran otras- t~1ntos ent"3ntos p~r~ el viajero, por rns nuevas :finca.s, su
gran mY1miento comercial que de momento en
momento crec•e y se desarrolla, sus muelles en que
ele manera constante se labora en la carga y desEl 111:evo edlñclo aduana! v.sto de frente.
carga de los numerosos buques que H2gan y salen
del puerto y _que lo hacen ser ahora el primer pue,r - ta do ferroc,arril; más hermoso es todo aquello de
to de ton~laJe die la República; sus edificios públi- lo que &amp;~ sabe. ordinariamente; todos los puntos rrocarriier~ en los dos caminos, se nota más aun
la superwncla&lt;l en el Central que en el M .. - .
cos y part.wulares entre los que figuran en primera que toca. la vía herrada son dignos de c:rnocerse no
(de Veracruz).
ex1c.1

-------------;------

lnterlor de una de las bodegas db la Aduana Marltlma.

...

El ¡,ue1ote ;slratorlo del F. C. Central Mexicano, &amp;.bre el Tamesl,

�F,T,

·MUNDO ILUSTRADO

Domingo 23 de Sept-iembre de 19~

tL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO VII--TOMO II--NÚM. 14
Director: LIC. BAPAEL BEYES SPÍ:NDOLA..

MÉXICO, SEMPTIEMBRE 30 DE 1900.

Subscripción mensual foránea, S 1.50
ldem idem en la Capital,
1.25

Gerente: A:NTOll'IO CUYÁS.

I

, ,,

PROYECTO DE UN MONUMENTO Á LA MEMORIA DE MANUEL ACUÑA,
presentado en la Exposición de Paris por el artista mexicano Sr. Jesl1s Contreras.

.

..

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1900, Año 7, Tomo 2, No 13, Septiembre 23</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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