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                  <text>EL MUNDO ILUSTRADO

.
28
D ommgo

a~

Octubre d.- 1900.

.fL MUNDO fLUSTRADO
AÑO VII--TOMO ll--NÚM. 19
blrect or: LIC. BA.PA.EL BEY.ES SPÍNDOLA.,

MÉXICO, NOVIEMBRE 4 DE 1900.

Su l, scrioción mensual fo ránea, S 1.50
Jrlem idem en la Ca.pita /,
1 .25
Geren te: AltJTOJTIO CUYÁS.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL INTESTINO DEL LEVIATHAN.
Con ese rubro, en sus "Miserables," Víctor Rugo hace U.'Da descripción magistral, como ·todas la.-;

suyas, de ese IDWl-Oo subterráneo, todo de brumas
y de sombras, de esa red interior de tubos y canales fangosoo y pestilentes que constituyeron en
otra época el alcantarillado de París. Verdadero
laberinto de Creta, inestr:cable, derruído, á trechos, interrrumpi,do á veC€s por lagos de fango ó
por tembladeras de arena, tortuoso, al capricho de
las curvaturas é inftex:ones de la vía pública; negro "como boca d,e lobo," apenas, de cu.ando en
{;uan&lt;lo, medio alumbra.do por troneras circulare3
que brillan en la obscurida,d como ojos de bwhw
en acecho.
Aquello tenía una vida y una tradidón, una
h:storia y una leyenda. Aquel vasto resumidero
había. sido guarida de bandidos, refugio de perseguidos, asilo de 1niserabl.es. De tiiernpo en tiempo UJI1 cadáver flota.nclo en el fango; eran los restos
de algún bribón ó de algún infeliz muerto de
hambre en aquellas soledades; un ]l'lquetc de harapos medio hundidos en el fango, era un recién
nacido arrojado -al albañal; un destello en un
rin,cón, era un-a joya perd"ifla; un trapo atorado en
una rejilla, el sudar'o de Marat.
En aqueHoo a'lbaiiales había de todo, pero especialmente, de toclo lo malo. La oon.strucción
envenenada por sus propios miasmas, parecía enf~rmiza; transpiraba. eom-0 un tísico, estaba cubierta de manchas como nn leproso y ele escaras
oomo un gangrena&lt;lo. Cuartel general de la peste, de ahí salia &lt;le cuando en cuando, agola ha. ]•arís y volví-a, como el boa, á -dormitar ahito .en $U
tenebroso nido.
Sólo los miseralJles ó los ban&lt;lolcr.os, y á veces
la policía en su busca, 'b ajaban á. aquel antro.
Aquellas tinieblas infectas, aquella atmósfera espesa y envenenada, inspiraban m'.ed-o, y fué hcróica la emipresa de hacer un descenso á ·e~e círrulo del infierno y &lt;le poner orden eu aquel caos. F.,sa
epopeya tuvo su.s héroes y sus mártires; mncho&lt;S
i-ngeni-eros y muchos obreros murieron asfL,iados, sepultados bajo los derrumbes, envenenados
por ]as e:ma~aciones, ahogados, cosa horrible, en
aquel fango miecto.
.
A esos héroes anónimos debe Pa,rís ]a conquista
de su~ albañales, y hoy es un goce, un r¡_:,creo, una
partida de placer, la visita á las -at.argeas. Ningún tourista que se respeta, deja de hacerla. Re
va en grupos alegres y bulliciosos t:omo á Asniéres, á Robinsón 6 á Bougival. Las señoras llevan elegantes sombreros y faldas de secla, los ea.balleros v-an á la ucanotie•·'' y gabanes color d-e
aw~Uana, y se pueblan de alegres carcajadas v ,Je
parloteos sonoros aquellas cavernas antes sombe'.:i-,
y pobladas tan sólo de rumor-es siniestros y de
ec.cis pavorosos.
Las galerías, vastas como naves de templo, estucadas, revestidas de cemento de Portland
prolongan hasta per,derse de vjsta sru; curvas ar~
mon:orns; cordones de lámparas incandescenbes
salpieadas aquí y a1lá de desh1mbrantes Juees de
arco. inundan de claridad todo el recinto; convoyes de barcas movidas ·p or electri cida,d llevan á
los visitantes y se navega. en aguas, ta~to ó m·á.s
limpias que las del Gran Canal. Aquelilo es una
fie-:ta. veneciana.
Placas esmaltad-as ele azul con letras blancas,
indicnn los nombres de las calles, de Ja,s plazas y
avenidas, bajo las cuales se cireula; se oye arriba el 8or-do rmna,r de los carruaj,es y tranVías que
pasan, y atenuado, el zumbido continuo de la
gran co'lmena. En 1m momento da-do se nave~a
entre un Íerrocanil, que pasa encima y el Metropo,] il,ino que circula abajo.
Sie,-uiendo el ananque de la bóveda, á todo lo largo de las galerías, corren tlos tubería3 monstruosas. é la der,.cha la del a,,&lt;TUa del Sena, para el riego ele las ~alles, para el la,vado, etc., y á la izquierda
la del agua de manantial, potable. Corren también
parl\lelamente á ellas haces de cables t~lefónicos y
de h,l,os telegráficos; los tubos de aire ele los relojes
pnenmáticos; íJ.a tubería. -de a~re comprimido para
tra,nsmisión de fuerza motrjz; todo r-Qtulado, numeraJclo, marcado como mercancías en alm-acén ó
como documentos de archivo. Las tomas de agua
están etiquetadas é indican el edificio á que corresponden; .grande• aroos rebajadas y cenadas con

compuertas, son los desagiies suplementarios para
la época &lt;le las grandes !luvias. Jill desarrollo de
las ga,lerías es de mil kilómetros; la distancia de
l'ans á Madrid.
Después de media legua de paseo en liar-ca, lo-s
viaijieros transbordan a un rft,;rrocarril eléctrico,
y continúa la excursión durante med:a legua, aún
tan interesante y curi-osa. como al principio. Luz,
agua limpia, aire respirable y .puro, temperatura
tibia, to,clo esto en el ,i,lbañal ae uua ciudad populosa como París, ,es pwra y simplemente un
p~odigio que no tardaremos en rea1izar en :México.
Expulsar los miasmas, haeer tocar retirada á b
peste, aprovechar la a:targea para cana.Jizar el
agua y la fuerr.,a, transformar en laboratorio de
vid-a y &lt;le aetividad lo que era depósito y foco de
des,compo,sición y de mu,erte, t.ail. es la obra colosal
que se ha re-alizr-ado en ]os a]baña.le-s de París.
Y no es e&amp;0 todo; a.quel1a.s aguas t_¡_ue pa-s-an de
un lado al otro diel Sena, á través de €normes sifones, van después, impregna,d-as d-e i1bono, á vivificar los campos cir,cun vecinos y á fertjlizar los
sembrados. Lo que en la cloaca era piadredumbre, se transforma, en la eamp-:ña, en alimento;
el gen ·1() humano hace de la muerte vida, del
-cieno fruta-s, del miasma perfumes y del lodo flores. El sol, la nube, la tierra, la atmósfera, l:oloboran á esa misterios-a transformación; con el hu•
mor que se segrega y la basura que se tira se "fabrican," taJ pu-ede decirse, el pan que nutre y la
rosa que emibalsam-a, realizándose así el ensueño
ele Vídor Hugo, que deploraba lo-s cientos ele millones que de los albañales d~ París iban á perderse infecundos en el mar, y que quería ver
convertidos al bien del desval ido.
La civilización omnipotente, juega esas burlas al destino; con las miserias humanas, forja
sus grandezas; recoge la mies humarna, riega
con ella un valle, y á poe-0, cosecha. l-a esviga rl~
trigo ;1::ira el hJ.rnbriento ó el rami11ct-e de flore;
para el p~icta.

Domingo 4 de Noviembre de 1900.

LOS DOS HUÉSPEDES.
Ca~ta de una Vandiana.
Desde ,que la ciudad fué tomada, M. Henry se
e~~blec10 en nuestra casa. Se per.eeguía á los Iugitivos, hasta. 1lias puertas de Niort· en las calles
los Marselleses, arrojaban sus arma; y se rendían.
Ya era de noohe, y sin embaro-o no cesaban de
traer p~üüonc-ros á nu·e&amp;tra sah~ baja. M. Htmry
loo ~1to con su bella clemencia de vencedor:
j Aba.JO las armas! ¡ No se os hará mal! Se desarmaron los azules y ee les dejó libres. Yo no pu•
&lt;le menos de hac-e-r notar al joven jefo, esa impru-

Ya acudes á tu cita misteriosa
con el inquieto mar, luna conüante,
y -asoma por las playas de Levante,
host:a de luz, tu cara milagrosa.
En la onda azul, cual nacarada rosa
se abre tu seno c::m pasión de amante,
y dibuja un reguero rutilante
tu pie sobre la espuma en que se posa.
El agua, como un tálamo amor-mio,
te ofrece sus cristales movedizos
donde tiendes tu cuer.oo UumiJ10so.

tdencia eu dejar vagar p-0r los arra.baJes á mi'lcs de
mientras que sus guardias, creyendo su
objeto terminado, no pensaban s:no en retirarse
cada uno á su alojamiento.
-Vos tenéis a.quí, enemigos encarnizados le
,elije. Yo m:1Smo he oido á un subteniente' de
_Marsella, llamado Ripard, júrar que si no os mataba. ,en el campo ~e ha.talla, os asesinaría después,
•del mo&lt;lo que pudiese.
MiB palabras_ pusieron sombría, la frente del jo·ven Jefe, su mirada senci11a de niño tuvo una es•
pecie de admiración t."Omo si preguntase : "Por
•qué. me odia Ripard ?" Después sacudió ese p€ll·
.sa.nuento con un 1ligero movimiento de homhros,
y ordenó dejar libres á los últimos prisi:oneros
·añadiendo:
'
-Es preciso que nosotros probemos á todos estos miserabl-as, que hay máB humanidad en nuestra alma que en la euya.
Terminaba. apenas de hablar, cuando un tumulto se produjo en el umbral de la puerta v
tres soldados v.andiaJJos, pres-entaron en la sala ~
1.m hombre, -con el pelo en -desorden, los ojos in•
:yectados -de sangre, y el rostro descompuesto y
•convulso por el odio.
-Se acaba de ooger á éste bandido con las armas en Ia mano,-clijo uno de los soldaclos.-la
vi-0.a, ln liberbrl. i:e le ha"h'.an concedido. se ,1ki•
~ después volvió á &lt;:ort.a di &amp;tan-ci-a y disparó un
tiro sobre uno de sus libertadores. ~osot.ros le
bomos arrancado la. pistola, bella aquí.
Y uno de los guardias puso el arma soUrc la
mesa.
-A la prisión,--dijo :AL H enry.
Después reprimiéndose, volvió ha-c'.-a el prisio-n.ero.
-¿'l'u nombre?-Je dijo:
Y el otro, lanzándole una. mirada maligna, contestó:
-¡ Ten cuidado! Este nombre va á causarte
miedo, me llamo Ripard.
Yo me estremecí.
M. Henry no se inmutó. Fijó sus ojos en el
marsellés y le dijo sencillamente :
---'-Y bien, füpa.rd, estás libre. ¡Vete!
-No; yo me quedo-replicó el hombre-des&lt;'Onfia&lt;lo, conozc@ la trampa, desarmado, no habré
franqueado el uni bral de la puerta, cuando tus
bandidos me habrán asesinado.
M. Henry le designó el arma depositada sobre
la mesa:
IM,ta11e,s .

. ¡ Allá van en tropel! Son las livianas
hojas con que tejió la primavera
su delicada túnica ligera
donde estampó el Abril flores tempranas.
En espirales cléb'les y vanas
van bailando su danza lastimera,
y parecen llevar en su carrera
ayes de enfermo y d.obles de eam,panas~
Como las hojas por la tierra inerte
van bailando camino de la muerte
buscando su sepulcro en lontananza.

T-a humani&lt;l1fl fl revuelta y c.r.,nfun-dida
h11ila. también, huyendo de· la vida,
hacia la tumba su grotesca dauza .

Salvaaor ~ueaa.

BOCETO
Á MEDIA NOCHE.
Bate el remo con golpe soñoli?IÜO
los cristales purísimos del lago;
en el ramaje misterioso y vago
cuelga su lira el perezoso viento.
Besa el río callado y macilento
las dormidas riberas con halago,
y la fronda -confusa ofrece en pago
desmayado dosel á su e~emento.
Todo duerme; los astros que dedinan,
los torrentes, las selvas, las cascadas,
los mares que en ]as playas se reclinan,
¡ Y allá sobre las tumbas olvidadas,
los sauces melancólicos se inclinan
rlando extrañas y lentas cabezadas!

Ilnye la noche. En el redral umbros()
desgrana el dulce mirlo sus cantares
Y. en los hondos y escuetos platanare~
vierte el Alba su efluvio lumino-so.
. ~orno el .velo de un ángel, vaporoso
g1ron ele mebla envuelve ]os aduar.es
.
'
y rornµen en ]a sierra los pinares
en un hinmo salvaje y estruend-0-Eo.
La luz, que apenas surge, el inv iola.d o
pico de_ intactos hielos baña y dora
con mc1erto fulgor; hierve en el prado
]a -savia, de la mies generadora,
y al céfiro lascivo y perfumaclo
ilefcubre el seno la sonriente Aurora!

josé fiórr¡e;: ugarfe.

, -Y? no tengo ~ino una palabra, por lo demás
he aqu1 tu defelWl: toma tu pistola ..
El marsellés rió bu:r!lonamente.
-¿ Sabes que está cargada?
Por toda respuesta M. Henry ·tomó la pistola y
la tendió á Ripard, quien la deslizó én su cin h{rón. Después, envolviendo de nuevo al j-oven vandeano en su mirada rencorosa, refunfuñó:
-¿ Dónde quieres que vaya.? Las casas rebosan ele gente, los lechos y la paja í-a.ltan, el campo no está seguro; si tú me temes mát.ame, pero
e.s~y muy fatigado y no puedo dar un paso
lniclS .

-Se,,,-dij,o M. Henry.-Hay capitu1ación, no
esta.mes en guerra. Si no tienes á -dónde ir dor. ,
,
'
miras aqm.
Yo teml&gt;lé á la idea de albergar á un huésped
tan peligroso. Encontraba mil objeciones que hacer, hasta afirmar que no había ni una si1la que
ofrererl-e.
-Y bien,-dijo M. Henry,-se acostará en mi
pieza, €1 lecho es grande, dormirernOE: los dos en
él.

LAS BODAS DEL MAR.

Y al ostentar desnuda tus hechizos,
el mar, en un abrazo ternblorow,
columpia el haz de tus :flotantes riz.os.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domi"Dgo 4 de Noviembre de 1900.

La. emoción me dejó muda. El hombre ncs
aOEchaba, mirando el suelo. con los ojos invectados d-e sangre. Hubo un momento de estt{por
que rompió M. Henry, suplicándome tuviese la
bondad de tomftr la vela y g,1iarlo hasta su piesa.
El ma.roo1lé,s tuvo una sonri¡;;a. burlona que me
dejó helado. Pasé delante y subí los escalones. El
c:orazón me latía, la vela vacilaba en mi mano, una
vez en el corred0r, abrí la. única puerta de la pie•
za, entré y d-ejé la luz sobre la chimenea. Yo me
rct-a.rdaba. esperando encontrar la ocasión de disuadir c:n YOZ baja á nuestro huésped, ó de hae;er
a.costar {1 uno de sus hombres en la pieza í) ·)•lr
' menos de!l:armar á Ripard; pero sea que
' 'M.
,o
Henry hubiese olvidado 1a escena de la. pist.ol.1,
sea que se hubie&amp; obstinado en su resoluc'.ón, me
cortó la -p,ilabra eon urui. despedida sin réplica:
-Buenas noches y hasta ma.frana; yo no puedo
más de fatiga .
Y á fin de obligarme á que rne _retirara más
pronto, comenzó á desvestirse.
Salí trastornada y dejé voluntariamente la
puerta entreabierta. Le oí pedir á Ripard, bajo
el pretexto de que I!eposarían más tranquilamen•
te, que cerrase la puerta. La prontitud con que
el hombre obede&lt;Jió, &lt;lando doble vuelta de !,lave
á la cerradura, me hizo estremecer. En la angustia horrible que me oprimía, tuve 1-a idea, de segui r el corredor que conducía á la pieza, subirme
en algún banco, y -espiar por una cla.raboya que
había en lo alto &lt;le la pared. El pudor me retenía, pero no podía sin embargo resolverme á qejar a.sí á nuestro huésped, enti-egado á su poor
Pnem1go. Comuniqué mis temores á varios soldados va.ndeanos, alojados también en la casa,
participaron de mi inquietud, pero ninguno se
atrevió á forzar la consigna, diciendo :

é

-:--Cuando M. Henry manda, se hace lo que él
qmere.
Decidí á uuo de ellos á subir su jergón al corredor, y extenderse junto á la puerta, listo para
forzarla al menor ruido alarmante. Me retiré
entonces, pero muy p&lt;&gt;eo tranquila, y me arrojé sobre mi lecho si n desvestirme.
, Mi insomnio fu~ cruel, y no pudiendo más, vol!1 al_ corredor y v1 que la claraboya aun estaba
ilummada. Aunque la casa permanecía sumergida en un completo silencio, mi ansiedad iué tal,
que coloqué el bancQ contra la pared, me subí y
miré dentro ele la pieza.
M. H enry esta,ba acostado, y dormía ó parecía
dormir; Ripard había colocado la vela sobre la
mesa, cerca de la c1bccera de .la cama y de pie delante del looho, inmóvil contemplaba al joven
vandeano.
Yo no podía ver la expresión de su rostro pues
m~ volvía la espalda. Permaneció así algunos
mrnutos, preguntándose quizás si la seriedad de
éste semblante ta.n puro, no sería una astuc:a, 6
~fectación. La ?ªmisa del jov-en jefe, abierta, deJab~ ver enmed10 ·d e su pecho desnudo, una cademta ele plata y un escapulario obscuro que s~
destacaba sobre -la deslumbradora blancura de la
riel.

M. Henry respiraba len\a,mente con un aliento
calmado _Y regular, los ]a,bios entreabiertos por la
sem1sonrrna de un bello sueño. De pronto noté,
que el brazo derecho de Ripard, caído á lo largo
de su cuerpo y medio oculto por la sombra de la
mesa, se levantaba con una prudente lentitud, y
cua~do su mano apareció en la luz, ví que tenía
la P)stola, y que co1; el dedo sobre el gatillo, la dir:gw recta al cora.zon del dormido.
Me paralicé de horror, mi corazón cesó de latir
un grito de in~e&lt;;ible espanto se ahogó en mi ga.r~
ga,nta. Yo m1raba trastorna.da como -en una fas~inación impotente. de pesadilla. M. Henry sonaba. siempre, sonnendo, el semblante dichoso
imperceptiblemente mecido por el mismo alient¿
dulce, ofreciendo en toda su confiada desnudez,
su pecho blanco y tibio, -al cañón negro y frío que
lo amenazaba.
Fué un minuto atroz; sentí pasar el estremecimiento de la muerte. El hombre guardaba su actitud de asesirno, y el tiro no &amp;cababa de salir Ripard lanzó un profundo suspiro, su mano ~acilante bajó la pistola. Con un movimiento feroz se
v?lvió y se _alejó del lecho. Ví entonces que 'tema una pa.l~d€z espantoea, sus párpados se agitab~~' sacud1~ la cabeza como para arrojar alguna
v1s·ón sa.ngr1enta. Después, sin ruido, dejó su arma robre 1a mesa.
Yo no esperé más, descendí del banco, di apres~irad-amente la vuelta por el corredor y desper-W ~l vendeaJ10 , que roncaba sobre su jergón.
Arriesgándome a todo, le ordené forzar 1-a cerradura, teniendo cuidado de no llamar la
atención del marsellés.
El! soldado sacó un
gran. cuohillo ele su
bolsa, y aunque se pu•
.so fü:rmed~atrunente á
la obra; ésta fué difícil y larga. Por fin la
e J:-radura. cedió, abrí
hruscamente la puerta, p~ro me detuve
en el umbral, sorprendida.
Ripascl se había
acostado junto á M.
H enry, y con la faz
tranquila, el uno al
lado del otro, dormían oo'll el mismo
sueño de niño, el pecho levantado por la
nlisma
reopir.ac~órn
lenta y &lt;lulce; ·con
igual sonrisa en los
1-afoios .....

Cl¡arles Foley.

�Domingo 4 de Noviembre de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 4 de Noviembre de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL ILUSTRÍSIMO SEÑOR DOCTOR

en

la €splanaoa oe los Jnválidos.
LAS PROVINCIAS VIEJAS.

Puesto que se ha reconstruído el ·'Viejo Pa• pertenece al pasado; sólo de tiempos relativarfs," ¿por qué cad·a 1HOViil'cia no hab'.·a de estar en mente lejanos, puede hablarse del peinado á la
su reoonsti,tución ·particular d€ntro del recinto María Antouiet::i ó del traje "Directo-río" y el dede la actual Exposición, que tanto perteneee á cora.do á 1-a "Pompadom·," como los signos cara-cterí.sti-cos de una época :::eñala.da en la historia,
la provincia como á París?
Por esta reflexión que re hizo el Comisario Ue· por acontiecimientos senS'acionales íntimamente
nera1, ha sido por Jo que el visitante se ha visto ligadcs con los u5ic,s y costumbr-es de lo-s que virodeado de cons,trucciones •p into,rescas que se han vieron entonces.
Hoy no podríamo'5 señalar para. mús tarde la
erguido sobre la Esplanad" de los Inválidos y
historia de las últique han copiado su forma, su or1rn.n1antación y
ma.sguerra.s, por ejemhasta el sistema de construcc:ón, á monumentos
plo, di&lt;:iendo los paíloca"es.
SJ.allO\$ vestían
tal ó
La Provenza se ha remontado hiBta el tiempo
cual traje: la moda,
&lt;le los romanos, y se le\'anta en colurnna-s corinfuera de paí.rns como
tias de arquitraves desmantelado,s; la Brebni.a ha
China, evoluciona á
t? ..._
ido más lejós aún, en la noche d.e los tiempos, y
r:. -'"..
exhibe un "menhir" auténtico, acompañado ele cada momento.
o-:.·:·
,
toclos los detalles venerables que 1e oo-n vienen .
En -cuantG á los habitantes de esas antiguas
mrnradas han revestido los trajes tradieionales
que el vestido democrático y 1a. blusa de igualdad ha su,plan-tado poco á poeo, y_ que n, ex'sten
ya, sino en el estado de recuerdos. i Pobres trojes nacionales! Ellos
eran a~adables á la
' '
vj•sta y de formas sim,páticas : se jntenta,
cuando, menos, eon'f,~rvar pladogameute
,su recuerdo, y los -colecciona.dores :recoien
ávidamente sus últimos restos. De esta
manera., es como se
perciben algunos fi· r ',., t ,
----, _
·1 ' j
í
gurines pasados ele
moda ,en las vitrinas
de la Exposieión ceni-= ,-1r
tenal de trajes; en fas
secciones de enseñan~. --::'l:¡,..,.:..
za, se ven numeroJ.--¡
sos maniquís· v,esti&lt;los
, t
según los viejos usos.
'
y recons.t.ruíclos así
por fas institutrices,
bajo las recomendaciones del M:iDIÍsterio.
Hay alH, uues, preeiosos
documentos
oue ayuíkrn á recorrlar la vi.da de a-quellos p11eblos.
Tie:mno era c1e fijar
P~tos /últimos re&lt;'uerdos. por.tue ei:tán á
punto die a~aw:n·ecer, loo unos tra&lt;:. los
otl'!oie. -con m1,n r&lt;.:iuirlez
lamenta ble. Desn,e h,í'e mucho tiemno. los
J1ombres han 1·e1111n- ~
ciado iá ]o q11e Re lhm::i. la investüración
del pasado; las m11jeres que habfan conserva.do, currn{lo meno~. los antiguos peinados, les ahañdomrn
más y má"'; el espíritu &lt;le oornfiección reina sobre el mundo
entero.
Y, asi, siempre bajo la influeneia de la
mocl.a, ..en el traje, ra•da vez más capricho~• y sujeta á evo&gt;lueiones casi diarias, es
ya . impasible fijar para. el porvenir una
é p o e a determhrn&lt;la,
partiendo de la fo,..
ma de los trajes. Eso

"'

-- -'.~1

DON PERFECTOAMÉZQUITA.
Nota luctuosa y sensacional ha sido eu los últimos días la muerte del lJ,mo. Sr. Dr. Don Perfecto Améz,q1úta, Obispo de Puebla, cuyas virtu-des y sab1&lt;luria, unámmeme.nte reconocidrui le tenían eapt~des grandes y resp.e tuosas sin{patía,5,
.muy especialmente entre la s0&lt;:iedad angelopolitana, que ha dado muestras del más 0o-raude duelo por la pérdida de su Prelado.
El Sr. Amézqu.ita nació el año de 1835 hizo
-~UB primeros estudios en el Seminario de 'León
rngresó después á la Orden de los Paulinos ;
prévio el noviciado, recibió las órd,enes sa.cerdÜtales el año 1886. En 1876 fué nombrado para
servir el, Cur-~lo de Guimajuato, y en 1880 fué
elevado a la d1gmdad de Obispo de Tabasco al
frente d;, cuya Diócesi permaneció hasta 1897 eu
•que fué removido á la Diócesi de Puebla.
Durante toda su existencia. fué muy querido el
Sr. Obispo Amézqui-ta, por sus virtudes entre las
·que descollaba la caridad y su anhelo por difuu.
&lt;l.ir la instrucción.
Su sentida m11erte acaeció el día 27 del pasá-do Octubre y fué motivo de las más crrandes demostraciones de pública condolencia.º Se sabía
·que el ilustre Prelaidlo había muerto en la mayor
_pobreza, y sin duda esto fué causa ru, que la Colom~ francesa de Puebla, por una parte, y varios
parbculares por otra, solidtaran el honor de correr con los gastos de la inhumación del ca.dá-ver, proposición que el Cabildo angelo']Jolitauo
.agradeció, pero no creyó prudente aceptar.
El cadáver d-espués de embalsamado, se expu.so al públi,,o durante tres días, y los funeráles se
verificaron con tc;da solemnidad el día 31 del pa.sado en el Panteón Francés.
La Catedral de Puebla.

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Desfile del Cortejo.- Apuntesdel natural por nues irodlbujante.

La capilla Ardlente.-Apuntes d el natural por nuestro dibujante.

Desflle ante el cadli.ver.-Aput!.tes del natural por nuestro dlbujantl,

El C,_tafalco,-Apuntcs del catural por nuestro dibujante.

�Domingo 4 de X oviembre de 1900.

EL MUNDO ILl:-STR.'1.DO

EL MUNDO ILUSTRADO

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Panteón de Dolores. Lot.e de la Colonia Italiana.

Panteón de Dolores.-Monumento al Sr. Eebastl.An Lerdo de Teja.da

EL ÚLTIMO 2 DE NOVlEMBRE.
La nrnYor parte de los habitantes de esta. MetróPoli, ~iguiendo trad!ci-0,nal co.5tumbre, visitaron el viernes últim o, las necrópolis do·nde duermen sueúo eterno los séres 111;ís queridos.
Lo ..: sepulrrof, monumentos y capilla.5, cubiertos d-e ceras y de flores, ofr~ían as.pecto lm po-

Panteón Francés. Monu.tnento al Sr. Manuel Velasco

Panteón de Dolorea,-Monumento A Doña Leona Vicario.

niente, y ]a multirnd reL·orriendo fa_:; ca1Iejuclas

formadas por \o.s ár boles de los panteones, se eletenia ante 1-a~ tu rnlras de los clenclo,;-: para c-orn;;agrarles un rec-uenlo y d.epos:tar una ofrenda . demc~tra.clón del c-arül o que no pned,e clest.rnir Ja

m uerte.
En el Panteón ele Dolor€-S fné donde eonc-n·r rló mayor número ele per5ona~. entrndemos que
por ser el que más c-acláveres gtrnrda hajo 5-U extenso terreno : pero también ¡:¡umientó la afluencia de visitantes, el het·ho de habers-e lnang-urado
en el -día á q11-e no:: referimo5. el :;:.enicio eléctrico
de lJ'anvía.s que llegan al Panteón .
Nuestros grabados representan los más artís-

mero que llamaba la atención era el dec.'Ora&lt;lo seYero de la capilla expiiitoria, do nde durante todo el día. los saeerdotes católicos estuüeron entonando responsos, y en la mañana oficiando en
sufragio por los difuntos.
Entre los departamentos más adornados, era
de lo mejor, la Ro tonda de los H ombres Ilustres. curas tumbas v mon umen to3 e!-t.aban eubiertos C-on multitud~ ele corona¡;:. de arnlorio, porcela na y fl ores naturale:&lt;. En alj!uno.s- monumentos e1 adorno se completó con hate.;; de ban deras nacionales. plegadas con c-re.3-pon es negros.
En el lote de los defensores de la Pat.r'a de
1846 á 1847', también se veían numerosas ("()fOnaf:. ~· en lo.s listones que las sujetaban sen1,idí81mas insrriptiones.
Los sepulcros &lt;le Don Gabino Barreda, &lt;le los
poetas A2"ustín F. Cuenca y Manuel Aenña., el il-el
Yate Guillermo Prieto y en general todo~ los del
lote de primera das-e, estuvieron adornados, algunos con tanta sencillez como buen gnsto.
El Panteón francés también se Yió muy concnrrido por lo más distinguido ele la co1onü1: y Jas
re~petables farniFas mexicanas qne han deposifado en aqueHa necrópolis los restos de. sus &lt;lc11,lo,;.
En la magnífica capilla con que cuenta el Pan-

~Panteón Espaiiol. Cai,ma de la famllla Mora.

teón, se ,,erificaron sin int.errupeión, las preces
acostumbradas y ca5i sin excepción todos los sepulcros estaban ad ornados., prevaleciendo en el
adorno las toronas de flores natural-e5, ent re las
cuales vimos verdaderas obras d,e arte.
En el humilde Panteón de la Piedad, inmediato al anterior, cambia ba ,el aspecto: los visiiantes en su mayoría de la clase popular, se entregaban enmedio ele sus recuerdos á la acostumbrada verbena: pero sea por el buen servicio de
la polida ó porque aunque sea. paulatinamente
vamos mejoranc\o en moralidad, debemos decir
que no se registraron en este afio, los desórdenes
y delitos de que en otros años ha dado cuenta la
prensa de infonnación.
El Penteón Esp-añol fué visitado desde las primeras h oras de la mal1'811a por infinidad de per.sonas, y también 103 sepukros estaban adornados
casi en su totalidad.

Rico en ornamentat:ión v muy visita&lt;lo íué el
panteón que se e:nc:uentra ~n ffi¡¡· cumbrer: del Tepeya&lt;·, donde también hay algunos m11erto~ ilniitres.
En un terreno alejado de la Yilla, está el panteón general de la poblaei6n . y tmnUién allí ha bfo. muchas tumOOs adornru.ln1::.
Aquí se tuvo especial t:nida&lt;lo. de qne i.o~ doliente::.:, no introdujeran fr11ta~ ó comidaB d.entro
del pantA?-On, á fin cle no dar el e~pedJ1,cuilo poco
ed:ifkante de ver á los vivos c-mniendo ó embrfagánd•o~ . jnnto á la"' tumba s de los muerto-:.
~Iuy poco concurrido se veía e1 panteón de San
Fernando. No ob:.,tante. hubo un mome-nto. de
las diez á las onc-e de la mañanfl.. en que -:.e vió
ün,adido por los curiosos qn,e se agru paban, la
maYoría. de el1of-. en
reciedor ele la tumba
del iran patricio D .
Benito J uárez, la mejor sin dif.':ptita. J:e e-:e
pant.eón. Pero pasada
es:a hora. los pasillo¡;¡
se veían con por•a
gente: ,, aquí y aJlí,
u n o qu,e otro -cirio de
pálida llama.

La tumba ele Alejandro Garrido. es la
que más aclorno-s 1neía: var ias (oronas de
gardenias. cuatro cirios encendidoB, anchas franja~ de trrspón. La tumba ele
Juan Y0lle, tenía una
corona. de siE&gt;mprevin
y Y ario-. -cirio~: v la
{lel Oenernl Mártín
Ca:t"nera, una corona.

f

Al frente del seprnl-01·0 del ,·entedor
de Puebla. alguien c-olocó una c,-orona de
laurel. Al lado. la
tnrn ba ele Comm1for t.
]neía. cn-atro c-orona;;
de gardenia-., una, eh
cada. esquina . Las demás, solas Y trist e.:.,
sin un reCuerdo: Y
nllá en el fondo de ui1
patio, abm1donacla v
va.da. la que guardó
los rf'Stos de 1Iira&gt;món .

f

Panteón FBpafiol. Monumento
al Br. Manqel Olage.

Llegada ele] primer tren ell!ctrico al Panteón de Dolores.

ti,cos y modernos monmnentos que se han lern1:tado en los distintos panteones, y entre los anh&lt;ruos damos á la estampa el erigido sobre la
Jumba del Sr. Lic. Don Sebasti.ín Lerdo de Tejada, tanto porque aun en~re los modernos continúa. siendo uno, t1.e los ,nrn..s- notables. l'omo porque en la publicación que de él hicimos hace
alcrunos año:-. resnltó imperfecto.
~Al penetrar en el Panteón de Dolores, lo pri-

1

.,..

Pant:eón :Espafiol. llonumento al Sr.
Teodoro Alanls
Panreón Espatlol. Monumento á. Don' l'edro
.
Norltga.

Panteón Español. :Monumento á. los Sres. J&lt;ll!é y Jaime
Pulg y Konmany.

Panteón Francél!I. Monumento á la Sra. Leonor
Verdugo y 1itOS1.a.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 4 de Noviembre de 1900.

Domingo 4 de Noviembre Je 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

TIPOS EXOTICOS.

NOVIE~;fBRE

EN LA EXPOSICIÓN DE PARÍS.

ENTRE LAS TUMBAS.-HIJA Y ESPOSA.
1'-fañanas

tr:,i,tes, tard'M melancólica¡.:,

soh""S

amarillentos de enferma luz, ráfagas de vi-cnto
que suspiran ail pa,•::.:1r arrastrando ilas hojas
muertas ,que iueron la pompa del V ,e rano, no:-talgias de tumbas, languid-e&lt;.!es de almas, flores
de recuerdo 11ena.s ele llanto, crespones fúnebre~,
parpadeo doloro~o de cirios, angustia infinita ele

)foviemüre es el mes de las lágrima.s, el mes
de los recuerdos.

Por las angostas veredas de los panteones, forma.das con esbeltós pinos y fúnebres cipreses

ahora apenas de lejos, perdidos entre el polvo y
en ,el ruido.
'l.1oclos 'Be -apresuraron entonces deseosos de estar listos el día de la apertura, 'tra·bajando con
amor para prepa:,:ar una inslai1a-c:&gt;ón q1,I) ,hlacía
enton-ees su orguJl]o y que es ahora. oonoci.da ha-sta
la saciedad : no se hubiera hecho ni á cambio d·e
un imperio, dejar á los ,exposito;es la. sección de
que -ahora. se es&lt;t.:.apan bajo cualquier pretexto, íelrnes de d~sfr_ntar de un momento, de reposo.
Esta. as1clmdad, te-nía un excelente aspecto bajo el punto ,de vista pintore,eo : d~jaba á todos
a_quellos md1genas, ido-s á París, de los cuatro
rmeone~ del nniver.20,. -ese carácter particular y
tan diehca.do, ew especie de perfume de exotismo
tan liger:o, que ::e va pronto al -contacto ·de un'Zl.
civiilización diferente, como Ja cáscara ele ]as fru tas maduras.
. Los indígena,;; que, entonces, parecían exteriorizarse
má,s y haber continuad'o más "allá"
.
' eran '
ciertamente, los Tonkineses. P,eiimaneeian horas

da. en el Ocaso, y algunos- girones de .aon~bra _se
ihan prendiendo de los árboles de aquel silenc10-

. Ant"-5 die qu€ la Exposic'ón d~ Parí s se hubiera
~1sto mvadida por esa.s ilarg-as c-ara,vanas de extra,nJer?s. que andaban con el cueno, tendido, activos
Y av1-dos die v,er; antes d•e qu.s todos esos buen os burg-ueEJes de rc,strbs al egr~s y sorprendidos

so paraje.
Junto á una tumba muy humilde que "' acababa de cerrar y sobre la que había algunas flores sin marchitarse aún, mudos y consternados
estaban dos hombres, como .si espera5en que alo-una. voz brotada del sepulcro les dijera: ··; Adiós!

fDejadme sola, que la. noche se acerca!"'
Uno de ell-Os, anciano ya, permanecía &amp;entado
en e} suelo en actitud conmovedora y fijos los
ojos en aquella tierra ingrata que cubría para
Fiempre el ca.dáver de su hija: el otro, que era
joven, estaba de pie, con el semblante demudado v la cabeza baja. ¿ Pensaba en algo? Tal
yez ~no. Ilay veces en que el alma, acometida
por fieros dolores, se adormeoe ·l cierra sus alas;
momentos que ha.c en traspasar á. la imaginación
más a1lá de la locura, para 11lev·arla de nuevo al
engrane de la razón.
Quizá en esa actitud, en ese s]encio había ence1Tado el poema más dulce del adiós; adiós que tras-pasando loo límites del sepulcro, iba á resonar en
los oídos de la muerta, para volver tornado en
est:a palabra: ¡ hasta la vista!
-¡ Vámonos !-dijo de pronto el anciano lenmtándose,-no tardaremos en v-olver .. ¡ adiós,
hija de mi alma, corazón mío!
_JSí, vM}ronos,-eonrt:ef.tó el joven, ico~endo
nua flor de encima del sepulcro de su esposa.la. noche del martirio noo espera.
Amboo cruzaron sollozando por !,is angOBtas
y{eredas tliel :panteón, m-iientras 1laa SOm.bras ,se
prendían de los altos ei,pres€8 y las ráfagas de
Xoviernbrc enion.aba.n el monótono ''im,iserere'"'
de los ,difuntos, al chocar contra los mausoleos.

Ferr¡ar¡?Jo Celada.
corazones, rnej illas ,surcadas por la.s lágrimas,
,manos blancas de vírgenes -que riegan pétalos
sobre lais 1osas de las tumbas y se oprimen castamente alzadas hacia el ,cielo ,en actitud de oraci·ón, cabezas pálidas de ancianos, reclinada.a so-lire los mármoles fríos envueltos en crespones,
olor acre de flores de la última estación, cortadas
por la mano del e-,1ríño y derramadas oomo un
tributo en los cernenterim .... es Noviembre.
Cuando 1lega este mes &lt;l'e mel.:u1Colías, el alma
,pensa.tiva se s:enta á. contemplar en las ruinas del
µ,asado, el silencio de las eternidades y el corazón sobrecogido de angustia, golpea su -cárce,l de
&lt;lolore&amp; ,co,n acelerados ecos.
Noviembre -es la -semblanza de la muerte en
pre.~ncia de la vida.
Pnsa envuelto en un torbellino de hoja.s secas,
d~ lianas marchitas, de 'Perfumes débiles y de
pluma.s de nidoB, arrancadas del manto policromo
de Filomela.
Hace llorar con su aliento frío el cordajo de
los grbolcs enfermos, que como empolvadas Eras
les dicen adiós á las risueñas rordes del Estío.
Parvadas de tórlola.s silvestres, vestidas de
oonicientas plttm&amp;S, bajan de las cañadas silenciosas á p'.-cotear el amarillo rastrojo, que en pequeños haces, eay&amp; ~egado ~JO!l' las ráfagas d.e
Otoño, en los angostos surcoo.
El perezoso buey, que se detiene para. contemplar las sombras de las nubes que pasan por la
tierra, bajo la aNliente resolailll, d€Stroza á su
paso los varejones del "acahuatl," llenos de flores amarillas.
Las tórtolas saltan de uno á otro surco. ha•
cien-do un ruido de alas (1ue imita el iru-frú de
hi seda, y los insectos, cantan con agudo zumbido
la indolencia de la siesta .
Lo,.,;; arroyos, cuyas agua.8 turbias y polvosas
han disminuido, parecen detener sus corrientes,
y una que otra onda, va á romperse contra los
pedruscos, vistiéndolos ele un salpique de espumas.

que. elevan. sus copas a.l cielo: -&lt;:ruzan ~mlutados
cortejos -d,e sér..:..s triste.-;, que vian buscando en·
tre los húmedos cannellones el peda;cito de tierra
bajo el cual duermen el sueiio eterno los qu,e eu
la. cárcel de la vida, sac-rarnen.t,aron con ellos sus

afecciones íntimas.
LM tumbas están d.e luto ·y las alm-as oprirnida-s 1:rajo el peso de la desoh1&lt;.•i6n.
Por a.quí se ve á una enlutaUa orar de rodillas
cerca del s·epulcro rl.e su ei;po:,o y enjugarse la.s
lágrimas con (;&gt;l blanc-o p~11-rnel.o: en esa otra
tumba sembrada de siempre~\~ivas y margaritas,
está un jov,e-n pálitlo. apoyada ht &lt;:-a.hcza en las
mano.;; y con la mirad11. fija. en el lugar que guar•
da los- despojos de la que fué la compañera de su
vida: má.ó:! allá á un triste an ci-ano que corta el
pábilo de los -&lt;:irios con su mano trémula y recoge laf: gotas de ce ra que caen como lágrimas congeladas sohre loo blandones. E¡;:t,e sér no tiene
familia; todos los su_v1..~ duermen en el seno de
la. muerte.
¿ Y las tumbas de lo~ pohi'es? ..... ¡ah! .... .
¡ pa.ra ellos no hay más que lágrimas, lá.grimaa
arrancadas de los corazone,s que los aman!
Un hombre 1&gt;enootivo bu~a con ávidos ojos,
entre ese hacina.mientio de tumba.-; anónim-a.s, el
sepulcro &lt;l-e un hijo qu,e era su corazón. y no haUúndolo, riega las flores de su t.ernura sobre todas ellas. La coquita que mora en ese recinto,
con: gemidora. voz parece deei rle: gracias.

OprimiOo el eorazón por la -angustia y llenos
los ojos _de lágrimas, buscaba la otra. tarde con
pago lent.o, la i,imorada tnmha de un sér amado por mí, á quien dcho una profunda gratitud.
A mi paro •·.mcontraba semblantes pálidos, ojos
llorosos. ojems azul-es -y cabezas pensativa.s.
De pronto me detuve á contem1)lar una esce•
na muda. q11e consternó mi espíritu.
La luz de la tarde comenzaba á caer desfallecí-

11f

-~

1

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,.,)
J

~_;,
Albana.is.

Inalgenas de Han vi I Tonkiu.)

tle t,c1m::lfa imagen, de~cnbriendo sus die11lc.:, Lwaclos -ele esmalte, en una sonrli-:,a. Je l":&gt;'Iltisfacción no
&lt;ljsimulada_. _La pequeña hija., Tan, -con su jmpaCJente act1v1d1\'Cl y sorprendida del nuevo deco-

hubieran esparcido un rpo.co por doquiera los papeles gra~rcsos d,e su~ frugal-es almucrzo.s, había,
en aquel vasto recinto, en qu-e se agita ahora una
muchedumbre inquite,ta, abigarraJa, cubierta d,c
polvo y ruid osa, inst,ante.s ver1laderamente llenos
ele sorpresas y de encanto. Antes de ese período
die fiebre, qu-e -es uno de los caractere--s ele una
exposición que ha tenid-:'.J&gt; éxito, hubo un período
de preparacjón más íntimo, en que eil paseant,e
se veía más á sus anehae, y en el qu·e que el paseo
cómodo y sin obstáculos era aún posible: era éste
el momen to en que, á travéi-: -cJ,a los ál'bolcs, revestidos apenas de la primavera, r,e veía. salir ele la
tierra la biv1rra arquitectura &lt;l,e los palacios : el
recibimiento que se en-eoniraha ele parte de los
expositoTee y de los "desgrn.riu-d-as concesionarios"
llenos aún de -esperanza y -de ilusiones, ern muy
afable y cordil!,l. Los que han visto bien los objetos expuestos, los han vi~to en esa époea : entre
las cajas medio abiertas, entr,e las hebras de he110 ele los empaques y los papeles de -sed-a arrugaclm•, se podi-an admirar de ce.rea las lacas ele la
China, las delimdos estatuitas de Sajonia, todos
esos bibelats llen es d-e finura quB se perciben

EXPOSICIÓN DE PARÍS.
:

CASA ED. PINAUD.
"C"n,o de los más encantadores atractivos de la
Se?c10n d€ Perfumería en la Exposición de 1900,
fue, s:guramen~, el Mu.seo Centennal de la Perfumer1a, orgamzado por la casa PIN A UD.
Esta casa, que va había obtenido un GRAN
PRE1IIO en la Exposición de 1889, figuró esta
vez FUERA DE CONCURSO; su Jefe fué nombrad~ miembro de la Comisión de admisióu é instalación, y además de esto, miembro del J uradc&gt;
de los Prem10s.
,Es~as disti?ciones no extrañarán á nadie en el
publico_ mexicano, que conoce tan generalmente
y aprecia _á tau justo título, la afamada marca il.e
Perfumena PINAUD.

I~~-

;

;

·',

Una mujer de Argel.

enteras, en cuclillas, pintando, con una lentitud
y una mi.nuc:osi-dad enteramente orientales, complica.dos réclames á la puerita de sus puestos:
atento.a, como un niño aplica.do, siguiendo las cur•
Yas trazadas. por el pincel que cargaban de tinta
de tiempo en tiempo, sin ·levantar los ojos ele su
labor, repre-s-entaban los combates terribles de
un genio de cráneo descubierto, de larga barba
~egra; cuando tePminaban, contemplaban un
mstante aquella escena trágica -eo11 una mirada
]lena de ensucll.o, y se volvían hacia el visit-:mte
quC:'_, si!ent·ir ~o, les había seguido en l,1 cr,:,:ació~

raclo que le rodeaba, d:-scurr:-a al red'edo-r ,de su
pa:dre, y se atrevía poco á poco, hasta tocur el
bastón de_) visitante absorte. en ver el trabajo del
pmtor: si, por -azar, se sentí-a observada, le\'antaba ~us pequeños -0jillos maliciosos,_ cor:rie_ndo
despues á arrugar su turbante ·azul contra el seno
&lt;le su madre, ocupa:da en otra. tarea. Los ho1nbrcs
SO·?- tíi~ü&lt;los, poc~ habladores; .sus mujer~ parocen
mas bien su bestia de carga, que su compañera .
Igualm-ente las Chinas, que .en s u pafs €on por
l? gen~i:31 tratadas sin mira.miento y casi -sin c-0ns1&lt;lerac10n, se encontraban allí enteramente sorprenJdidas de verse, siendo objeto d,e atenciones y
de delicadezas de tod•as clases : aquella. amenidad
no. les dejaba., por otra parte, enteramente tran quilas, y era verdailerarnente curifü,o- verlas saltar

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Un egipcio y una mujer del Sudan.

•

Sef1orlta japoneEa,

Joven chino.

�Domi11g-o 4 de Noviembre_ de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

Dom.i!ngo 4 de _Nov_iembre &lt;1€ 1900.

EL MUNDO ILUSTRA.DO

LA
I

habían enc011trado en su eorazón el eco tierno de
entonces.

Aquella es.cena, presenciad-a por el pobre mncha~ho d·esde un rincón del salonci11o como un
'CUr10so, ni siquiera como un comparsa en el coro
elegantes que rod~aban ~ la d'.va, él, que
tema po-r derecho propio opción á un primer
puest,o; ,aquel acto de la petición á sus apasionaclos Y a.cfo,rat~ •res de una limosna para los pobres

Por el pronto sólo había conseguido una promesa. Ella seguía quer~éndole; esperaría á que
se labrara ur;.a posición. Como él, creí-a en el
po•r venir. Cuando el joven, f'n uu día de sn sa.uto, J-a regaló una cajita de e-edro de fina labor Rena.cimiento, que 1a diva destinó desde luego á

?.e

SJ!dados de Dahomey.

6ohre sus ,pies pequ·eños y contrahechos entre las
rnoos del restanmnt, arpoyándose ligeramente en-el
monlante de una puerta, -en ,el respaldo de un siJ!ón ó e n la espaJ!da de un parroquiano á quien
conocían ,corno muy &lt;lulce: tenían algo del aire de
pájaros curi,osos y asustadizos, adefa.ntándose con
gestos m1\dos y huyerndo temerosas, si se habla.ha
alto c1el·an!Je de ell-as, ó ,e hacía un gesto brusco.
Las -comid-a.s de los si!'vientes chinos presentaban un rincón de exoiismo verdaderamente
cur:oso, cua,ndo, .sin acostumbrarse aún a:l confort
de un servicio á la -europe-a, comían todos sentados a,l redeaor de una mis-ma mesa, pinchando con
destrez.a por el rextremo de sus bastoncillos el arror,r,
e n lftg-ua, ó los µequeños trozos de carne, en los
platillos dispuestos entre ellos. Al lado de loo
ohinos d-c un•a clase inferior, había otl'IOS más
ilustradoo, d:iscípulos, en su mayor parte, de las
escuela.~ de los misioneros, establecidos comerciantes ó cjcrcjendo cualquiera profesión libre: uno
:de ello.~, por ejemplo, aiompañado de su hijo, joven
mozo, de rostro inteligente y alerta, sirviendo de
intér¡.iret&lt;J ali alrruira.n-te Oombet, con,'taudo con
verdadero orgullo sus reladonee con el glorioso
marino francés.

U.a1'.estudiantina española..

los tunecinos, d-c los egipcios más ó menos auténhos. La exposición de 1889, con su calle del
Cairo, &lt;le 111idosa memoria, ha arrojad(!, en efecto, el más absoluto descrédito sobre es&amp;. cateo-o~
ría de indígenas: por otra parte, se ha visto ~acer en prov~n~ias, en Pads y aun en el extranjero, establecimientos de más ó menos categoría,
que han matado todo 1,o que podian tener de interesantes las danzas de aquel!,os países. No se en-

..

j

•••
Pero sí es relativamente fácil evocar los países
l ejano5, oonversarndio con los a.siáticos más rebeldes á la civilización y más fuertemente inibuí:dos
de las t'radíiciones, de las ideas, &lt;le las costumbres
de sus antepasados, la ilusión es imposible y se
hace nula e n aq'llella oto,. parte de la Exposición
consagra&lt;la á las exhibiciones de los argelinos, de

----

Ex,posición, arrastran sus sandalias ipor todas partes.
·
Entre los niños, qrne representan ciertamente la
parte más graciosa &lt;le la Expooi&lt;::ión aietual, hay
uno particularmente hermoso, hacia el cual se
vuelven todos los ojos de las madres al descender
de las penidientes del Trocadero en medio ile la
troupe de los actores Indo-chinos, señores de dinel'O y vesti,d,o,s con trajes sonoros: es éste Wynkah,
el de los grandes ojos a-terciopelados, tan dulces!
- rriene siete afi.os y toca el tamboril mientras que
la pequeña Cléo de M:eróde inclina gradosamen1.e su pequeña cabeza fina, bajo el aJto peinado
pnutiagudo y hace ondular su flexible talle en el
oorselebe id~ meta!l, en que ee ,apoyan sus d-0s
manos afiladas: es curioso en ton-ces comparar loo
ojos de la danzante, velados de languidez, con los
ojos enteramente abiertos del joven Indio.
En otro lugar, al compás de •pan-deroo y al
claqueteo de las castañuelas, se agi•ta una danza
española, una -pareja de Majos, que agi,t,an los
brazos armoniosamente y llegan aun á iacoonpaña.:rse elloo mismos, al son de alguna entusiasta
c-anción.
Si .es ,posible r,e,c,orrer en unas cuantas horas to~
dos loo países del mundo, de antípoda á antipoda,
la presente Exposición ha realizado este sortilegio,
trayendo el colorido y eará~ter de las naciones
más lejanas.

.)

Iudtgenas del Senegal.

cuentra, en todos estos restaurants ó cafés moros,
sino espectáculos de fiestas fortlneas 6 "rnusichalls" de provincia. De la misma manera, entre
los mercaderes, no se en,c uentran, sa!lvo raras excepciones, sino estas figuras de judíos con turbantes, que todo el a,10 y fuera de loo tiempos de la

Hombre del Cáucaso.

DIVA.

Ballarlne&amp; espafioles.

Mujer del Cantón de Scheuitz.

,. &lt;

..\

•·f
\

('

1-,..

'

~~~

ble. Prendas de ropa sacadas sin duda para llevarse, abandona,das después; cajones entreabiertoo. La
mesa. de e5cribir, un lindo mueble barroco, tenía
la llave puesta. i Abandono terrible en la precipitación de la marcha! Con mano impaciente alzó la
tapa en forma -de pupitre, y apareció ante -sus ojos
lo primero su cajita Renac:miento, regala&lt;la en
una fecha dicho.sa. Ya sabía que encerraba sns
cartas. La abrió, sin embargo, maquinalmente, y
en el acto se persuadió de qne no era de su letr,1.
ni de su papel el paqnetilo, liado con una cinto
grana.
. ¡ Oh, Dios mío! Leyó una carta, y pálido, con
OJOS de loco, se qu.edó un lnstante convertido en
u~a. estatu'.:1, dud,an.do de la veracidad de sus pupilas. Después tomó otra, y una seQllnda
luerro
O
' doi tas t.odas. Cuando oonduyó, senº'
Yt' f ne'd evor~n
1a en su ::er en ero algo parecido á la muerte.
Era una corresponden~a a:moroea, sostenida con
u~1 gran duque ruso. Las primeras epístolas ten.1an fecha de, rlm años atl'lls, las últimas muy reciente. En estas el ausente la 1lramaba con un
gri~o de pasión: "¡Ven, ó me muero!" ¡Ah. \a
perJn-ral j Y le había escucha.do á él á la vez . hacien-do fl.orec-er sus ilusiones, puras flor-es &lt;le' az·1har &lt;lestinadias á secarse en seguida.! ¿ Por qué
m€ntir1e? ?. Por qué no confesarle la v,erdad?
Escuehó ruido de pasos á sus espaldas. Guardó
las carta.s, cerró la mesa, y la coci-nern. apareció
en_ la. estaneia, dándole un sobre dejado por la.
senonta antes de irse. Allí estaba la confesión
escueta, casi borrada por las lágrimas; la petición
desesperada de perdón por no haberle declarNlo
~ue no le 'Pertenecí,a; la. notieia de que marchaba
a. Mo~ou .ª d~sposarse con un oficial de la guardw, a quien. idolatraba, y al que debía palabra
d€ rnatrimomo. El pobre tallista acabó la lectura y permaneció desolado y sin aliento. La ta,rdía .d-eclaración cafa sobre &gt;SU cabeza como el rav-0,
que no es esperado nunca y mata de improviso.

III
labr:cgos arrollados p-or la inundación-una ca~iú1:irofe •completa, varias aldeas deshechas. una
yega convertida en un pantano, quién sabe los
ahogado,.1,-t11ro el valor -de una revelación para
el artista, lué un relámpago que ilumina un
ab'ismo de pronto €n la noche obscura.
rrotlo e.l mundo sabía. que !a diva se retiral:ra
de la esceua, d-el teatro, que caraba .con aquel paisano -suyo, un tallista el-e gran ponenir, un Berruguete presunto. como le llamaba el cronista
&lt;l·e un periódico diario. Cuando se presentó ante
los abona.dos, la mano tendicl,a, con su.. figura suave y ~]larda, la excla.maieión g,eneral estalló:
"¡ Uftecl no podía despe-dir::e de otro modo:
ejeecicndo la caridad! ¡ El hada ele la cornpaf-ión!'' "¿ Con que defin:tivamente deja usted
huérfano el arte? ¡ La eslr;,lla más brillante del
cielo líric-0, que palicforer· Y ella. respondí"H sonrtendo, oon cierta melancolí-ri en .el acento: "¡ Oh,
sí! ¡Me retiro lt mi casita!.¡La gloria es un sol que
alumbra, pero no calienta, y que da frío al
fin! ..... "
Al joven no es-ca.pó este dejo: ·oe tristeza, pero
tenía la palabra solemne de la diva, recordaba la
cohvicejón firme de su promesa. El poseía fe en
el pofvenir; con el buril en la mano sentíase capaz de crearse una poúc'.,ó n; trabajaría para los
do.s, abriría.se camino. Ella 110 necesitaba eeguir
cantando, pertenecienclio, al público, ·en una_ ~xistencia tan •gitada y turbulenta. La. tranqu1]1dad
del hogar, el amor satisfecho en un rincón, valen
más que los aplamo.s de los "dilettanti". en masa
anebatados por el entusi-ai;mo_. . Pronto iba á r~alizar su i1usi6n suprema, aear1crnd-a. desde los drns
1.risles en que, alejada ele la ciudad natal por
consejos ele un profesor de música apa~10na.do de
sn voz y augurador de un futuro de nqueza, s-ecrnfa su carrera -artística µor los telegramas trans;;,iti&lt;fos á los periódicos de la loca,Jidad: Por fortuna había hallado á su -antigua novia prop1e1a
á su~ proyectos; sus frases deso1acla.s de cariño

santuario de sus cartas, le auguró triunios brillantes en su carrera cuando fuera conocido. Al
cabo, mostrada alguna otra obra á sus· adoradores,
recihió un encargo de sillería en la que hizo maravi1las. Llegó así á poder reunir algunos miles
de reales. rero á cada jn,d,ioación .suya, la diva
oponía una du1oe resistencia. Todavía era pronto. ~ad-a de construir ,sobre arena movediza .
Fl p 1azo ele la formal palabra irnpú.isorn al fin,
y Jle!!Ó aqu.ella noch e de la petición de limosna
para ]os inundadio-s. Hi Esa ...es la nmdalgin del
te:1tro, qu.e cle-=aparecerá &lt;-'On el tiempo!" pen.só el
t::ilfoda procurando deglutir la nrnla 1mpre~ión
c1rnrsada en su [mimo po-r la tristeza de sn prcmetida.

II
Fl de~cnbrirn'ento resultó
bruhtl, de golpe, bruscamente,
un h8.,{'ha:li0. Fué á los dos
días de la petic:ón de lim™na para. les inun&lt;lados á casa
de la diva, á .ay_uel piso que
parecía un museo, tan lleno
de preeiosida&lt;les; le abrió la
puerta la cocinera, que quiso
decirle algo balbuceando, y á
la que no escuchó; y oomo
siempre hacía, entróse derecho al saloncito &lt;l e música.
Apen·as pisó el mosáico die su
pavimento, se detuvo estupefacto. Se advertía allí una fuga, una huída, un viaje apresurado. Sobre un sillón habíase quedado olvidada una
guía. Del mu,;iqµero faltaban
las partituras que habitualmente L'Ontenia. Trémulo penetró en el cuarto toeador.
Allí la ausencia el'a más visi-

Amaneció muerto en su cama, estrechando
unia cajita de finas molduras contra su peobo. El
láudano r.ecetado por el méélico estaba apurado
de una vez. La patrona fué la que -se le en-centró así á loo tres día, de e nfermedad . Sob1,e la
mesa de- noche hallaron una carta escrita, en la.
que sól-0 se leían esta8 palabras comO expbcación
ctel suicidio :
":N' o puedo resistir á un desengaño. ¡ Se rcoigna uno cu-a.ud·o despierta d-e un su,eño; pero no
cuando cae de él!"
~

,.J'i lfoqso

J ére:;: jlieva

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domi·ngo 4 de Noviembre de 1900.

,fL MUNDO ILUSTRADO
AÑO VII-TOMO ll--NÚM. 20

MÉXICO, NOVIEMBRE 11 DE 1900.

Direot:o:r: LIC. BAFAEL BEYES SPÍllJDOL&amp;:.

HEBE.
ENSEÑAtiZA.

Cuadro de B. DUver.

Subscripción men.~ ua.l forá11ea, 11.50
I dem ídem en la Ca.p ita. /,
1 .25

Ge.rente: AJrTOllflO CUYÁB.

Cuadro de Raulbach.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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