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                  <text>Domingo 10 de Febrero de 1901

EL MUNDO ILUSTRADO

EL EMBELLECIMIENTO

·EL MUNDO l"LUSTRADO

D E LA C IU D AD.
-&lt;::::,..•-&lt;::::,..
1

Entre Jo,- edificios modernos que embellecen, en

•

AÑO Vlll-TOMO I--NÚM. 7
Director: LIC. RAFAEL REYES SPI NDOLA.

la actualidad, nuestra metrópoli, creemos deben
contarEe en lugar preferente las tres casas r¡ue
j]ustran esta plana, y son propiedad del señor J.
Octavio Fcrnández.
La que está uliicada en el número 200 de la
calle de Ro:-;ales. tiene una hermosa fachaüa que
pertem•ee al e:-tilo "Renacimiento alemán" y su
&lt;lc2orado interior, que es Yerdaderamente ¡.;untuoso, se' aju~ta al estilo '·Luis XI\"·.
Los Ingenieros arquitectos, señores :i\fanuel
Cortina é lgMcio Gorozpe, fueron los autores del
proyee:to y directores de la construcción.
La easa número 6{7 de la Rinconada de San
Diego, tiene fachada estilo "Renacimiento ita] iano". y su decorado interior es de estilo .
Luis XV.
Al señor Arquitecto Don Manuel Gorozpe, se
debe el proyecto ~- dirección de la obra.
La casa númC'ro 6,50 de la misma calle, llinconada de San Diego, es también del estilo Renacimiento ita! iano, pero su decorado interior obedece al estilo Luí:- :STI.
Tanto el proyecto corno la dirección de la consirucción, pertenee:en al .:eñor Arquitecto Don Pablo Moreno y Yeytia.
No creemo:- necernrio detenerno:; en detalles,
que bien re,-altan en nue::&lt;tras fotografías, y que,
valorizadoti por el buen criterio de nue:,;tros lectores, clej,m justificada la apreciación &lt;.1ne hacemos de 101, erlificios pcrtenee:icntes al "eñor Perná:1dcz, juzgándolos dignos de figurar en esta secRinconada de .::;au Diego núm C47.
l'ión, que sirve para dar á conocer en el extranjero los adl'lantos materiales qne hemos alwnzado ciudad enteramente moderna, tanto por la belle- na con la higiene de la p'"lbli-'l'ión " las ob1·a~ ,1,..¡
en los ~~ltimo:,; años, adelantos que en su conti- za v novedad de sus construcciones, cuanto por ~aneamiento, molestas y prolongadas, es Yerdad,
nuación con~tante, nos ofrecen la alhagadora es- las 'mejoras de suma importancia, que actualmen- pero llamadas á prestar servicios de lu más alta
peranza de que México quede conYertido en una te&gt; Ec están llevando á cabo. en lo que se rclacio- importanria.

,-

MÉXICO, FEBRERO 17 DE 1901.

Buli•rrlprMn mrn,•11a/ for41&lt;ea, $ l .JíO.
l dcm lrlrm et1 la oa,)tlal , 1.l5.

Gerente: ANTONIO OtrYAS.

-1

1

r=,

Calle de Rosales núm. 200.

Rinconada de San Diego núm. UiO,
Cuatlro de Paul Chrotu.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL UUNDO lLl.JSTRADO

Domingo ~7 de .Febrero de l!JOl.

Domingo 17 de Febrero de Hl01.

LA AGONÍA DE PETRONlO.

terior, que con frecuenc-ia lo 1li,,traía d&lt;:_l ~undo
n•al. Dentro de sus ojos verdes y Ronoh entos,
brillaban á veces clari&lt;l,Hles súbitas, efímeros relámpagoi, de pasión, respla11dorcs v(Yísimos de
'l'endido en la bañera de alabastro
Corno el cntmüasmo por la adivinadora Fay ha entusiaRmo; pero en .,egu1da tornaba a las claras Donde serpea el purpurino rastro
ido en aumento durante la semana, un curioso oupilas. el aspecto sereno, el fulgor blando, la me- De la sangre que corre de sus venas,
me ha e:,crito. invitándome á hablar en serio acer- lancolía consoladora de un mar en el crepúsculo.
Yace Petronio, el bardo decadente,
·I (lué fe, que admirable fe, qne infinita espcr~n- Mostrando coronada la ancha frente
ca ele esta moderna maga. El asunto c1:1 tentador,
y m-e.,.uro que, á tener espacio y tiempo, accptarí~ za tuvo e~e espíritu tranouilo v seguro! Gutié- De rosas, terebintos y azucenas.
de h~en O'rado la cariíiorn invitación. Pero s1 rrez X újera no sintió jamás el dolor, srno en su
taJ hicier:, tal vez me rnl&lt;l1 ía de los límites que forma más hermosa: en forma de ternura. Las
)licntras los magistrados le interrogan,
cxquisi tec-es de este 8entirniento llenan sus escri- Sus iovenes discípulos dialogan
corresponden á este género de ai:tículos.
En una t·róniea, apenas cabe, s1 cabe alguna vez to~, ~e desbordan en sus YCrsos. envuelven sus ino- O recitan sus dáctilos de oro,
la crítica gra\'e que pretende entrar, ya que. no centes burla-&lt;', t rascienden en sus flores retóricas, Y al ver que aquellos en tropel se alejar
.
, .
re;;o]verlo~. en los arduos problemas de la vida. ornpan su vida.
Ante el maestro ensangrentado dejan
De aquí ese estilo encantador, smcero y fac1I, Caer las gotas de su amargo lloro.
Pna erónica en México. debe ser una tienda de
objetos frá&lt;tik•,;. de mercancías corrienle_s. de cos_a:; que pasa rozando nuestras almas sin descomponerde uso diario, bien etiouctadas, de pulidas " vrn- las ni herirlas, como las manos maternas sobre las
Envueltas en sus peplos vaporosos
toRas baratiia,,:, par a ven derse al por menor, &lt;le blondas cabelleras de los niños.
Y tendidos los cuerpos voluptuosos
Lloró. ¡ En cuántos artículos suvor- sr ven rodar En la muelle extensión ele los triclinios,
pueblo en pueblo, como las de esos mercaderes
ambulante,-, que disfrazados de turco,;, recorren las lágrimas! lilas como eon tan puraP !' tan diá- Alrededor, sombrías y livianas,
lof' villorríos con la cesta al brazo, repleta 5le mc•da- fanas ' nos entretenemos en YCr sus cambiantes,
.
AgrúpaUEe las b~llas ~01:tesanas . .
llas. rMario1&lt;, r;;tuches de concha, rmta~. lü,t·H1c.,, sus irizaciones, sus brillos. Cuando, en sus Jue- Oue habitan del rn1peno los domm1os.
gos
é
inquietudes,
salpican
los
labios,
las
saboreacue~ta~, perlas ele papel, corales ele pa~t;1. v ·liamantc:-; de California; todo falso, todo 1m1tado y mos plácidamente, porque no es llanto acre, ni saDesde el baño fragante en que aún respira
. El bar do pensativo las admira,
apócrifo, pt'ro que brille un poco, t&gt;so ei-; lJ be á hiel, ni contiene substancias venenosas.
El verdadero hombre. el semblante sin máscaque se nec:c&gt;&lt;ita.
.
Fija en la más hermosa la mirada
La crónica "ª á adornar el minuto tle fa~ti- rn, el pecho sin cota, estará ahí, en la obra del Y le demanda, con arrullo tierno,
dio, la horn de ocio, el instante deso('upado: es poeta. del artista supremo, poseedor, como un he- La postrimera copa de falerno
1m col lcll' de latón, un barzalete de oro¡wl, una ,sor- leno, ele la maravillosa intuición de la hermosura. Por sus marmóreas manos escanciada.
La memoria de Gutiérrez Nájera, agrandada
tija de vidrio.
De lejo:-: y por &lt;le pronto, ¡ qué bién que ,e ven por el tiemno, se eleva por sobre las miserias huApurando el 1ico1 lw.~ta las heces,
estas joya,: fa]:;a", esta~ fraECt&gt; ele colore,; en ;l ata~ manas. Esa es l a recompensa póstuma de los que Enciende las mortalu palideces
vio teatral de una revu;ta c1e la ¡:emana. l ero s1 Yivieron, como cantó el poeta.
Que obscurecían su viril semblante,
os fijáii- bien. notaréis el engaño.
Y
volviendo los ojos inflamados
ojos y corazón puestos en alto.
Son de guardarropía, trajes de surivanta;:. enaA sus fieles discípulos amados
giiilla~ dt&gt; bailarina, corpiños dcstcñido8 &lt;.:al~a,; roViene el Carnaval como una cliYersión gastada H áblales triste en el postrer instante,
tas, ferrenwlos ,;in abal orio, que han ~ervJClo va
que,
en fuerza de vivir mucho, le ha pasado lo que
á mucha;,; ideas y que, ob1&lt;enadas á la luz del día,
Hasta que heló su voz mortal gemido,
á los vejetes galantes, á los que ya no les hacen
r esultan guiíiapo8 de cómico pobrr.
Amarilleó
su rostro consumido,
c-a~o
más
que
las
mujeres
perdidas,
y
eso
más
por
lJr"r r,;erihir al vuelo, como lo p icle el ·'refnmFrío
sudor
humedeció su frente,
"'
'
,
.
1
te". c:omo lo exige e1 ecl itor, esta!&gt; !meas rap1u1~, explotarlos que por estar en su compañía.
Amoratáronee
sus labios roio!'.
Cuentan
antiguas
crónicas
aue,
en
efecto,
Cl1anque se llevan nuestras última,; impresione;:, á gnloDensa
nube
empañó
rns claros ojos
pe tendido, &lt;.:orno cabalgaduras ho1:,tiga&lt;la;: por el do el Carnaval fué joven y guapo, no faltaban mu11cnsamiento abandonó su mente.
El
chachas
atrevidas
que
se
le
acercaran
y,
mimosalátigo.
No h,JY tiempo ele abrir un libro, de meditar, de mente, le entregaran, con 1ma indolencia compliY como se doblega el mustio nardo,
exponrr ·una teoría, de r esolver un aRu_nto que re- c:ada de malignidad, algunos besos.
El Carnaval es un símbolo, un encanallado sím- Dobló su cuello el moribundo bardo,
quiera análi!ü;: ó concentración ele la idea.
Lo que la memoria exprimida, va manamlo; ]a;; bolo de la vida que, un día, el menos imaginado, L ibre por siempre de mortales penas,
Aspirando en su lánguida postura
imágene,- v fantasías que corren apresuradamente se disuelve en un vértigo de locura.
Del
agua perfumada la frescura
Quizá
tengan
razón
los
que
piensan
que
prolonpor el a rrovo agotado tlcl pemmmiento, la opinión
cazada &lt;le imp roviso, la charla del pat-1110. la con- gar una existencia inútil, es tonto, y abreviar un Y el olor de la sangre de sus venas.
ver saci{m c·allejera, eso es lo que hay que poner en goce para hacerlo más intenso, es encantador. Es
7ulian del f!asaf.
una cró11ic-a, aderezar con ligereza, retocar con Yio- Ycrdad que lo que vive mucho se hace viejo. El
lencia, ornar con rapidez, v dar á la i mnrenta, pa- tiempo es enemigo de la dicha y de la hermosura.
EL VALS DE LAS HOJAS.
Las sedas que se guardan ;;:e descoloran; las rora que lo deYore la curiot-idad, lo lea el fat-tillio,
;;;as
que
duran
más
de
un
día
se
marchitan;
los
y á la mañana si11uiente, l o recoja el olvido. .
¿ Para qué entrar en disquisirionei- y profund1- amores que permanecen se hastían. E s preciso
¡ Allá van en t ropel ! Son las livianas
rladeB? ;, .\ caso $e ha convertido en cátedra este romper las sedas, deshojar las rosas y ahogar á
hojas
con que tej ió la primavera
lugar de recreos amables y de entretenimientos los amores recién nacidos. E l problema moder¡,,u
delicada
t única ligera
110 está resuelto de esta manera: amar intensafugi tÍYOS?
donde estampó el abril flores tempranas.
No, rurio;;o hmlón. sigamos tú y vo &lt;livirtién- mente pero rápidamente.
En espirales débiles y vanas
El cleseo que se gasta poco á poco, como las
dono,; con laB Rutilezas ele Miss Eva Fav. e-orno se
entretienen los niños mientras no se ro;11pe el ju- monedas, es vulgar; la ilusión que viYe hasta te- van bailando su danza lastimera,
y parecen llevar en su carrera
ner los cabellos hlancos, es ridícula.
g11ete.
La existencia nos ofrece 1ma copa de vino gene- ayes de en fermo y dobles de campanas.
; Qué razón tiene eec !!ra11de y csréptic·o abueComo las hojas por la tierra inerte
roso: bcbámosla ele una vez .
lito, que rima su:,; geniales chanzoneta~:
La realidad que se prolonga, asesina ensueños; van bailando camino ele la muerte
Con tal que yo lo crea
la realidad que llega y pm,a, cleja recuerdos in- buscando su senulcro en lontananza,
¿ Qué importa que lo cierto no lo ,-ea?
mortales.
la lmmaniclacl revuelta y confundida
Y eso es lo que significaba el Carnarnl, un ra~tro baila también, huyendo de la vida,
ele flores y vino, &lt;¡ue dej aron en nuestras socie- hacia la tumba su grotesca danza.
dades cristianas las antiguas fiestas sagradas.
El fc;:ti,·al de arte que ofreció la " Hcvista ~foYa está caduco ; ya está triste : pero todavía,
derna:' á la memoria del Duque Joh, ha enc·on- rniranclo la!' desnudeces &lt;le las ninfa;;: ebriaR, 1'Íe,
MÁRMOLES.
trado un ceo simpático ele cnri110 y aclmiración, como el buen Anakreón, bajo su tupida corona de
en los "cuatro Yientos del espíritu·'. En pequclios pámpanos.
La luz, ya deslumbrante, ya indecisa,
crnát·ulo,:. en humi ldes v lejanas canill it~ · se han
que en todo brilla. como llama pura,
celebrado los ritos sagrados de la Relleza. para
las líneas al tocar ele tu escultura
honrar t'l recuerdo ele un joven y tli\·ino sac·crl'na nota de la semana, la más simpática ele es- es hu mezclada con fulgor de risa.
dote.
l~sto e,; c-on:solador, es hermoi-;o. El po&lt;&gt;ta sigue tos días: la velada de los estudiantes para recibir
De tu elegante corrección conci,a
siendo amaclo de los bueno;;, de los que recibieron el si¡rlo presente : hubo e;;:tremec:imientos de nue- sobre tu cuerpo muestras ,la hermornra,
de la tirrna mu"a de ~Ianuel, una tímida y l-'lHlYe
ideaies.
é inclinas levemente tu fig11ra
Los pájaro~ f!On los primeros que despiertan
y generosa caricia.
pudorosa y gentil, casta y sumisa.
cuando despunta el alba.
Rl Duque mrrecía esta apotcósiF&lt;.
Inútil es que con tus manos bellas
Nadie eomo él, nadie,-lo he dicho en otra oc:arual nubfan dos ceh(jes dos estrella•,
Rión-para poner en los labios una :-onri~a alacla.
quieras dos glori-as recalar prudente.
'remperamcnto lá11guido, ron flojedaclc;:: !' perezaR fenwnilcs, miraba siempre la vida c-011 mirada
Xo luchen h1s pudores por velarte;
de conrnleciente y de resignado, sin su,:to", sin
ipara el mirar, tu forma tocla es arte;
amenazas, sin protestas.
para el beso, tu mármol todo es frente.
Pasó junto á nosotros, divinamente pensativo y
Salvador if ued(f'.
risueño, absorto en no sé qué contemplación in-

CRÓNICA.

"º"

Erase que se era, en no sé qué comarca "de cuyo nomDre no quiero acordarme'', tm pueblo de
pocos habitantes, casi desierto durante nueve meses del año, y concurridísimo en tiempo de baños.
Situado á orillas del mar, á la falda de pintoresca colina y en una pradera siempre enflorecida,
á donde no llegaban ardores veraniego:=-, y, mucho
menos, escarchas otoñales, año con año era sitio
predilecto de opulentos burgueses; de semi-ricachos retirados de agios y logrerías ; ch, empleaclo:,;
en vacaciones; de mercaderes salYos del mo;;:trador y víctimas del reuma: de niñas opiladas, de
glotones gotosos, y de lechuguinoi- y caballerete::;

'dt• t.u amigo Gayarrc. Harías muy bien en irte
á .Madrid y en quitar casa, y en volverte con
Doña Prndencia, tu excelente ama ele Gobierno, á
c,ta aldea tranquila, é instalarte aquí, en un
''chalet'" cómodo .Y elegante, pi:..:a vivir en este pueblo, ni envidiado ni envidioso ( como dijo el
pot•t.a). y gozar de beatífica paz durante los
quincr ó veinte años que, á todo tirar, te quedarán
el&lt;' ,·ida. y rso si te cuidas" te tratas bien, y donde
e, pera1 ás el instante temido en que estire~ la pata y C'ierres los ojos para siempre".
Y d1tho y herho. Nue,;tro Don Cándido. que
era marrulln o y ~oltcrón y Pgoí~ta, compró ú un

catifas pcrs1cas, lo,; eojiues de pluma y los lapctcs de U trech.
¿ Hacía calor? l'ues. . . ¡ baño para Higcl !
¿ ~colaban vienlecillos fríos? Cerrar la:, Yidrieras, y que entrara Rigd. ¿ Llegaba el iiwicruo?
\ 'enga hi camisa forrada de nutria, la camisa purpúrea con las inic:iales de Don Cándido y la corona
&lt;.:011,;abida.
-¡ Prudencia ... ! Rige! tiene hambre ... Délc
usted galletitas ingk"as ú tm emparedado de n&lt;•rcliz ! ¡Prudencia! ¡Prudencia! Esta criatura tiene
sed ... Déle usted gro~el la ... ¡ Por Dios, Pmdencia ! Rigelito rstá en formo . . . ¡ Que llamen al
Doctor!
Y Eustaquio. &lt;'I inglés, elegante criado ele mc~a, corría e:~ busea del facultatiro, y Rigcl era
pur,:to rn cama, ('n una I inda camita clr bronre,
la hcrmo~a ramita eon "rclredón"' y colgaduras ele
ga.~a, eolocada en la mi~ma alcoba ele Don Cándido. Llegaba el médico, recetaba, y ahí tenían
m,tedc,; á Don Cándido á la cabecera del enfermito, y á Doña Prudencia dando al perro las meuicinas, wlánclole l'I ~ueito y . . . aplicándole lavatiYas, si eran ncr&lt;',c:rias. Más de una vez se turnaron los criados cerca del lecho de Rigcl para guardarle f' l sueño.
No paraban aquí el cariño y los mimos de
Don Cándido para Higel. Queríale como á un
hijo. Charlaba con él, le daba consejo;;, lr re
prenrlía cuando era necrsario, por cualquiera fechoría, y á veces »e pasaba con él horas y horas
haciéndole brincar á través de 1m aro, · como
los gozquecillos del C'irco.
Don Cándido se hacía lenguas ele Rigel : ponía
por las nubes su inteligencia; decía maravillas
de ¡;us habilidadm;, y ponderaba el instinto de
aquel perro en quien decía encontrar cosa.,; dignas ele un ente de razón.
Xada ele eRto parecía natural á la numero~a~ervidumbre del "chalet'', ni al médico ni al párroco.
-Sríior Cura,-ilecía y repetía Doña Prudt&gt;ncia-i qué cosas tienr el señorito ! ¡ El mejor dfa
nos Ralc con que quiere que Rigel vaya á la t'f'ru~la pam que _le cnBeñen á leer! i Si temo que
q~1era que le rnstruya usted como á los dortrmo:; que van al templo todos los dominaos á
rrpa;::ar d Cateci~rno ! ¡ Si no le tr~fa ro7no á

i

•.,.
Jlropcnsos á la tisis, la cual no parece batirse en
derrota á pesar de la guerra que en ciertas Cortes dijo tenerle declarada un médico catalán.
I~n tal pueblo, con Ja.., truchas ele su río y con las
ostras de sus playas y más que con otra cosa eon
los aires purísimos del pintoresco lugar, se fortalecían el cerebro todos los bañistas, y en giras
y barcadas se pasaban los días, y las ;.emanas, y
los meses, para voh·er hwgo al brillante pudridero de la Corte, en busca de bailes Y de recen.ciones, de comilonas dispéptiea::: y de óperas rngncrianas.
rno de tantos señores como al put&gt;blo ,·caí.m
era el ;;:eñor Don Cándido c1r Altamira " 'l'enélilla, marqués de Altramuce~, en un tienipo agregado ele embajada, riqnillo, gastado, lleno de do1amas &gt;' de crueles desen¡rnños, con tres ó cuat ro at11.ques de gota en el ruerpo, v harto de zarandeos, de parrandas elegantes y ele juergas aristocráticas, con muchas desiluRioncs en rl alma y mucho desprecio para los hombre:,; Y sns cosas,
··
1anto obsequioso, atento, ol.wenador, fino, v. ademá--, inteligente, leído y atiborrado ele lefra mrnuda.
Fna noche, recostado en la baranda ele un hal&lt;'Ón del casino,-cle aquel casino cursi, donde durante la temporada se r eunfau ele diario los bañi:t~s, fumando rico veguero y contemplando el
&lt;'abnlleo de la luna en las aguas tranquilas del
;mrgidero, díjose Don Cándido. con acento grav.e
v solemne:
-"Cándido: ya tú no estás para subir y bajar;
1ias paflaclo ya de los cincuenta, ~· guapo aún . !&lt;in
q~lC necesites de afeites y peluqueros, no tiene~
n_1 humor alep;re ni buena salud para volver á la
vida ele la Corte, á las emocione~ del "treinta:&gt; v
''.cuarenta·' en los salones del Y eloz: á las tcrtn. 11as de los Duques de la Carrasca, á los bailes de
los Marqueses del Prado, y á las noches del Real,
-donde ya no volverás á escuchar la voz dulcísima

crc,o ele! lugar cierto "chalet.., en que durante la
e1-tación balnearia, habían vivido alg~nos títulos
tronado,;, v Pe fué á Madrid, y á las pocas semana,- ya p,-taba de regrC'so, con docenas y docenas
el&lt;' bultos y cajae, con clos ó tres criados listos y
de bm•n parecer, y con la boní8irna de Doña Pruclenc:ia.
Jn:-taló,e Don Cándido, instalóse como c·orn•~pon'.lía _á_ rn carácter .Y linaje, &gt;. para no morir,c
&lt;ll' Ja:::t1cl~o .v matar los día,.;, que en aquel pueblo
H' I&lt;' hacrn•· drrncs, idos ya los bañi:-tas v ntC'l1.o t•l I urran•jo á su propia modorra y ú su· imnutahlt· :-olC&gt;clad, trazó~(' rl ck~eorazonado caballero
~L•rn1 i1111nt e· p~·ograma: lenrntarse temprano; hanM:-(' &lt;'11 &gt;'C'g-mda; luego pa,ear un rato á caballo: cle,avunan;c• 11ef'nué;.;: rn ~C'guida le&lt;&gt;r la col'l'C'l'))O_nclrncia para rnh&lt;•r lo;; ehi1&lt;mcs cl1• la Corlr:
csenbtr unos cuantos rengl01ws á sus í ntima,; y á
~u,.;_amiiros del "Veloz'"; charlar un rato t'n.la
B_o~1rn. ( que era el mejor mc•ntidero d!'l mwblo) :
,·1,-1lar. un día ;;:í y otro día no. al 1\féclico y al
Cura, que eran allí las únic:a;; pC'r~na,- de buen
trato: d,tr nn pa:::co por la playa ó por la nra&lt;l&lt;'ra: gozar de la~ ;;;orprc•sa,, culinarüi~ ele Dofia
Prudeneia; leer los pcriódicoR que traía el correo
dt• la tarde; jugar tresillo ron sus dofl amigos. y
l 1wgo mrtt'TFC' en la rama para que el c·alorrillo
clt· la~ ronaf\ J,. aliviara clC'l reuma.
.Y
vi~'Ía Don C'ándiclo, tranquilo y (·ontt,nto.
;;111 ma:- afecto~ qur el cariño ele Doña Pruclen&lt;·ia. ni má,; amo~· que el_ que tenía á nn perrito
ele_ lana,:; C'o,ns~ntido Y mimoso, que como un chiquillo, f•ornia rni-;talaclo cómodamcnt!' ei1 una sillita al lado ele ;:u SC'ñor, ron babero al cuello v cui,1ac1o por una don('Plla fresca y rozagante; gala
y :rnavt&gt;za de fa ~c•ni&lt;himhrc.
i Y qué bien que• Prn tratado el animalito! Así
C?mo l ~. atendían t'1_1 la me;:a,. á manera '1e simpáÍLC'O ah1Jado ó prC'd1 lec-to sobnno, así le consideraban y le mirnabo.n en el ;,alón. Suyos eran las al-

ª:í

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 17 de F ebr ero de l!J0l.

a

manteo que se había dejado en la ·'percha"; ca- mo dolorida, fij ando en mí la mirada_empali~ecida
lóse el de tej a, y fuése derechito á casa de de sus ojitos azules. ¿ Cuánto ~m:res deJ~rle ?
¿ Quinientas pesetas? ¿ Mil pesetas.( ¿ Dos ~ l peDon Cándido.
.:u h b'
·a
Estaba ésta de duelo. El ja~uin a ia s1 o i:;etas? y lanzand?. el último qu~Jtdº. ~ovicndo
des ojado de todas sus galas ~nmaverale~, y en la cabecita me d1JO : i Si! 1Si • ¡ S1 • Y yo,
el ~entro del saloncito, convertido en cap1l_la !1~- señor Cura' debo cumplir sin demora la voluntad
diente suntuoso túmulo, sobre el c:ual, ,~n ~qujfi- de mi pobr~ y agradeci~o Rigel .. .
y Don Cándido tomo de un velador c~rcano una
mo at~úd forrado de níveo raso c;rcm. o e o.
y de cirios perfumados yac1a Rigel. Dos linda carterita de raso, ( de esas que suv~~ para
ies
• • · vestidos con magm'fi1cas l'1breas,
. • de meve
obsequios galantes) y alargándola al clengo la
lacayos.
d
.
los cuellos y de charol deslumbrante las botas, e puso en sus manos.
Entonces el Cma, volviendo el rostro hacia la
ie é inmóviles, guardaban al fé;etro .. En la escapilla ardie:rite, y ~ardándose la cartera con la
kncia vecina tumbado en un sofa, Y ~nste Y 11°~0
siniestra mientras, impulsado por 1~ costumbre
so, estaba D~n Cándido,. auien al o~r la voz e
párroco se levantó á recibirle, como s1 espt• ara de trazaba con la diestra un garabato a manera de
.
labios de su tertulio una frase de oportuno y su- cruz, exclamó :
-Señor Don Cándido : pues perrito que tal
premo consuelo.
-¡ Amigo y señor Don Cándido !-exclamó el hace. . . "requiescat in pace". *
clérigo.-¡ Esto no se puede tolerar! i Esto no
Orizaba, Julio lo. de 1900.
puedo tolerarlo_ )'O! 1Ni entre paganos se ha
Yisto cosa semeJante !
,
.. ,
.
if afae/ :i)e/gado.
Calmóle Don Cándido con un adcm~n~ d~cicndo.
-Pero señor Cura.. . i Si era m1 umco am ....
go ! i Si por su cariño, Y por ~u lealtad y pw su
inteligencia ha sido fügel digno de esto, J de
* De tertulia con Enrique Guasp de Peiis,más!
cl insigne actor, á quien tanto debe la Dramática
- !Xo señor Don Cándido !
Mexicana -arrebatado prematuramente á loe
- !Sí, ' pa dre, s1,,.
aplausos
á la gloria, oí, !1º ha m~cho ~iemI_&gt;O,
- i Don Cánilido ! ¡ Don Cándido! i Qué está de labios de mi piadoso arrug~ el senor !11cen~1austed diciendo !
do Don Agustín Portas Anza, este mgemoso
-Oigame usted, amig-o mio . .. --suplicó &lt;'l cuento que á muchoti parecerá volteriano, pero en
doliente.
el cual no veo más que una. discreta censura de
-Oigo á usted.
, .
ci&lt;'rtati debilidadc:- . . . humanas.
-Si supiera m;ted qué agradecido _fue R1gel • • •
Ko bien terminó mi amigo su animada y sugesISi le hubiera usted visto en sus últimos momen- tiva narración, díjelc que iba yo á escribir el tal
tos ! ¡ Partía el corazón. . . Alenta~Hl yeno~a Y
respondiólc el clérigo enarcando las cejas, y ~a- difícilmente; el frío de la i_nuerte l~ iba 11~vad1e:1- cuentecillo, y qu&lt;', a,;í me ayudara D ios, pronto le
cando del bolsilol la t~baquera-ya, ya,_ ~~' senr- do poco á poco á poco, y fiJOS en m1 sus OJO~ t_ru,- vería en libro,; ó en periódicos. Contestóme enra ! Hablaré á mi amigo del asunto. 'Si que e tes y llenos de lágrimas, parecía darme __el ul~nno tonces el aplaudido jurisconsulto que le tenía
aprendido de una ~cñora muv devot~, y que_ er~
adiós! Acerquéme; le acaricié y le d1Je : Rig~l,
hablaré !
t d
Cum lió lo prometido, y dulcem~te, C?1; o a pobrecito mío: ¿quieres un bizcocbito ?-¿ un h1z- poRible que el snso~1ch? _cuento anduyier~ escrito a
libro de Voltaire o de Boc0
, p l1abló de ello á Don Cándido; c1tandole cochito ele los que tanto te gustan, _de los que te maravilla' en alo-un
cortes1a
T
,
erca
cacio.
Ahí
Ya. puc,;, sin que yo me atn.buya 1~
textos de Aristóteles y el~ ~anto ornas ac .- dio una tarde· el señor Cura? ¡ Y no me coninvención. Conviene agregar en descargo de IIll ·
la debatida cuestión de s1 tienen alma los,
1 testó!
conciencia literaria que es muy conocido. ¿ Quién
males, y trayendo á cuento no sé _q:1e vers1cu os
-¡ Qué había de contestar !
.
no ha leído la " H istoria ele Gil Blas de Santillana ?
del Génesis, para impugnar la opmión de al¡:pi_ • Quieres que te lleve á mi oama? ¿ Quietes
Esta aventura dcl perro muerto está tomada de
nos que en ellos creen encontrar, con ]?OC~ r~zon, que
ar rulle yo entre mis brazos? ¡ Tampoco una de las fábulas de ~hieno. En ésta, un hom-que las Santas Escrituras pare~~n atnbmr a lo~
respondió !
, .
bre entierra c-on todas las ceremonias de la relianimales inteligencia y r eflexion. Pero .m~el'
El clérigo hizo un gesto de sevens1ma det:apro- gión cristiana á un perro que tenía en gran estro Don Cándido no hizo ~aso de los razonarmeú;
tima. Súnolo d obiRpo de la ciudad en que motof; de su buen amigo el parroco; le en~rªfº~ P?, bación.
Don Cándido siguió diciendo:
.
raba y mandó llamar á nuestro hombre para deu~ oído y por el otro le saliero~, y Rige s1gmo
-¿ Qué quieres, qué deseas? ¿ Qme~es hacer mo;;trarle su herético proceder y aun para i mpoh n querido y tan mimado como siempre.
' Meses después, en oca_sio;1es diversas, dura~te la testamento? y entonces dando un queJido y ~~o- nerle un muy g-raYc c·a.-,tigo. Cuando supo el dueartida de tresillo, volvió a la carga el ~1;1ra' pero viendo la pesada cabecita, en Rcñal de aprobac1on, ño del perro la ira del ohisno, no se alteró mucho,
.
Rabicndo del pie que cojeaba su ilustrísima. _Se
iodo fué inútil. Don Cándido no se j10 por en; me dijo que sí.
El Cura miraba de hito en hito ~ su amigo! presentó á su reprensor, y oyó mansamente la filít endido, y cierta vez en que el buen senor le hablo
d&lt;'l asunto--y por cierto que ya no. en tono dul_ce quien siguió diciendo:-¿ quie1:es deJ~rlc algo: pica que tuvo á bim dirigirle. Luego que termibenévolo, sino severo y repTensivo:--el egois- Prudencia que tanto te ha quendo . . . . Con m. - nó ésta, nuestro hombre con mucho sosiego dijo:
ia solterón mostró tal desa{!l'ado y corto de m1ne~a vimiento de cabeza me diio que no._ ¿ A los ~1:mas "r-;cñor, no extrañéis que haya enterrado con cet~n brusca la conversac~ón, qu~ el e:-:ce en ~ criados que te han atendido y cmdaclo cannosa- remonias cristianas á un perro, porque era muy
&lt;lig-no de sem&lt;'jantc homa por sus virtudes. Cuan? "To t• Al Doctor que te ha curado ?-No.
!lllO dominó -¡¡u m dignac1ón clerical, ca
men t e.-.1.,
.d
D on Beni."'
· 1v~r m ás a'lacasa
. Al señor Cura, que aunque no te ha ~ue:r:i __o do hizo testamento dejó varias mandas piadosas
Jló v pensó que procedía no ve
,
.
ele'su amigo Don Cándido, en quien supoma me- irnnca pero que ha Rabi&lt;lo darte uno que ·&gt;~r0 1i1z- para que yo, su albacea, las cumpliese con toda
cochi~ cuando wnía á tomar . chocolate? Y me puntualidad . Entre ella,; está para vos un lega·or sentido más cultura y mayor seso. ,
J Pero cátate lector piadoso, que un día se :n- dijo que ¡:í, que ,-í, con un,1 mirada tan &lt;lulrc co- rlo c¡u&lt;' i'C encuentra en la presente bolsa".-EI·
obü,po se sonrió y le dijo, tomando
formó R igel
se enfermó de veras, y alarmose
el dinero :- "H abéis hecho bien en
Don Cándid~ y con él la servidumbre toda, el
tributar tales honores á un perro
Doctor fué 1iamado, y vino y recetó, y volno, y
tan deYoto. Id en paz"'.
tornó á recetar, y declaró qu~ el c~so era de~e!E~ta fábula se ha impreso muchas
erado y que Ri"el
estaba "m articulo mortis ;
0
~Iguie~ habló de llamar al Albéitar, Y no ~alto
veces en España, traducida en n uestro idioma, y con permiso de la Ine uien suspirara por un discretí?imo. tra~am_i~nto
quisición, al fin del libro de Hisopo".
~omeopático. Ello es que el ar.111;1-alito sigui~ de
uravcdad entró en agonía, Y e&amp;bro las patas, ) · · ·
Véase : "Historia de Gil Blas de
h
'
8antillana", lib. V ., pág. 542, tradu,;e murió.
. d
,· d 1
Supo el Cura la terrible desgracia e 1au1os e
cida por el P. Isla, con notas del
M:éilico y supo que Don Cándido, apenado como
Excmo. Sr. Don .Adolfo de Castro,
or la pérdida de un hijo ó de un hcrma~o, esti;y prólogo de Don Manuel Cañeta,
ba abatidísimo; pero el asombro del sencillo clede la R. Academia Española.-Bar•
Tigo llegó al colmo cuando al llegar á la casa re~cclona.-Espasa, Editores. (Sin fetoral se encontró en la mesa de despacho una esl'ha en la portada) .
quela enlutada, elegantísimamcnte enlutada. ~l
tomarla, creyó el Cura que algun? de sus , ~1as
conspicuos feligreses había falle~1do de, _rapida
El origen de la deliciosa narración del S r.
muerte, sin tiempo para. l~amar .ª. su parroco, Y
Delgado, se halla, en nuestro concepto, más
allá.
de la época qae nuestro colaborador sesin los consiguientes auxilios espirituales. Romñala, y es el libro llamado Cent Nouvell«I
nió la nema y leyó la esquela : En el~[!, y muy d~nouv~lles du roi Louis XI, Gennappe, B:abant, 14.56 á 14. l. El caso se baila r eferi do
loridarnente, comunicaba Don Cánd,do el. fallecien ese Jibro casi en los mismos términos que
,·
en Lesage.-(N. de la R.)
mi&lt;'1ito de Rigcl, é invitaba á todos sus an:!gos p~ra la inhumación del cadáver, acto que te:1dna
'.
lugar" al día siguiente, á las nueve de la manana,
en el j ardín del "chalet'', bajo los sauces del bosquete.
,
El asombro del Cura trocose t1e pronto en suprema indignación cristiana, tomó de nuevo el

• como a, una persona 1. ¡• Y habla con
perro smo
d.
el ie conversa ! i Ya voy yo creyendo lo qu_e i ce palafrenero, ( que no por ser gal~ego deJa de
tener talento) que hay perros en qmenes tncarnan las almas y que por eso las personas os estiman y les tienen ley . . • !
_
. .
-¡No tenga usted cuidado, Dona Prudencia,-

!1

Páginas de Viaje.

La leyenda ha
querido hacer de este Paraíso de la tierra un lugar aborrecible de desgracias
y ruinas. Ahí se repi ten á diario esas
grandes catástrofes
cuya nota final es
urÍ suicidio ó el veredicto condenatorio de un jurado.
Alú se entra triunfante y se sale infamado. Y la leyenda
murmura á la sordina historias lúgubres, sucedidos crueles, dramas inolvidables. ¡ Prudente
Ulises, hazte atar
firmemente al mastil de tu voluntad,
para no dejarte
arrastrar por el armonioso canto de
las sirenas !
Y como el "humor'' se mezcla un poco, en nuestra vida moderna, á todos los hechos, he aqui cómo ha tomado
cuerpo en torno de esta roca para dejar delineado
en cartas postales~ gr~bados y fotografías, el símbolo, burlesco y sombrío á la vez, de este Estado
liliputiense con sus diecisiete kilómetros cuadrados
de extensión territorial y sus setenta hombres de
ejército permanente.
Esas cartas postales son la amarga nota irónica
contra el jefe de aquella pequeña nación, la sátira escrita contra el soberano y su sistema, la
saeta cómica que se clava en el blanco de la tragedia.
¿ Qué es para el dibujante la personalidad de este Príncipe Alberto cuyos trabajos científicos han
figurado vanamente en el Pabellón que Mónaco
alzó en la última Exposición Universal? Es un
ogro que devora monedas de oro, billetes de banco, grandes fortunas, un Moloc hambriento de dinero, y de sangre.
Su corona está formada con luises, su cetro es
la paleta del "gurupié", su trono el tapete verde.
Bl paladín que habita aquella roca es un rev de
caricatura siniestra, el "gancho" de un gran garito, á cuya puerta un Mefistófeles ramplón dice
su gran frase sacramental : ¡ Haced vuestro juego, señores ! Su ministro de hacienda es un montero; su sistema tributario, una ruleta y sus agentes :fiscales una turba ele "cocottes" que arn -tra

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1

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E L MUNDO I LUSTRADO

LAS TARJETAS DEL PRÍNCIPE ALBERTO.
De Génova á Caime6-el célebre camino ele hi
•Comiza-el tren bordt'a. hasta tocar sus espumas, las aguas del mar Ligurio, de un azul brillante tachonado de transparencias deslumbradc✓
ras. T oda la costa, des&lt;le la vieja ciudad enemig a. de Venecia, hasta el hoy departamento francés de los Alpes :\Iarítimo:s, está sembrada de pueblecillos rientes, multicolores, posados sobre las
ondas como una bandada de gaviotas; Savona,
P orto Maurizio. San Remo, Yentimiglia, :Menton, Niza, Antihe:, y Cannes.
Entre todo~ e~to~ rincones, envueltos en un
manto de vfridos matice,-, hay un osado pedazo
de tierra que arnnza lrnc-ia el mar, que lo envuelve en sus inquietas c·01wulsiones : es la roca de
Monte-Carlo, un Et;tado lilinutiense, con su presupuesto de ga,-tos, su ejército (setenta soldados "
-cinco oficiales) y su soberano, que reina mundanamente sobre un tenitorio de iliecisicte kilómetros
--cuadrados.
De este Estado S&lt;' c-nenta que un día se vió envuelto en una seria r0clamación internacional,
p orque al disparar uno de sus cañones, el "royectil
fué á caer fuera de la línea fronteriza. Lo que
·"si non é vero. é ben trova to··.
Y, sin embargo, aquella roca enmurallada con
su enhiesto ca:&gt;tillo en el vértice y su aspecto bravucón y agrio, Ee antoja una ele esas recias fortalezas en que han ido á estrellarse los más poder osos esfuerzos de la guerra. El viajero que
:sin información anter ior, toque á esta mansión
medieval, se creerá transportado á los dominios
•de algún señor de otros faempos que, semejante al
b éroe de una le~·enda ele Gautier, ha cerrado las
puer tas de su morada al espíritu de la época, y
-aguarda, oprimido bajo su coraza, el día en que
se alcen de su sopor las enmohecidas armaduras.
Nunca las cosas inertes, las "cosas sin alma",
·como las llamó el poeta. han prestado formas más
engañosas á la realidad, una realidad burguesa,
-que ha tomado por pretexto un r adiante girón de
cielo, un cantil abrupto y una sólida fortaleza.
Ahí vive, es verdad, un señor temido, un tremen-clo campeón de la lucha. . . De la lucha del "en-car nado" con tra el "negro" y del "punto" contra
la "banca·', una contienda sangrienta que también
tiene sus víctimas y amontona sus cadáveres.
Sólo que el teatro del combate no está en el
l'ecinto enmurallado, sino en un resplandeciente

Domingo 17 de Febrero de 1901. '

referirse á las enormes cantidades que el Casino
de Monte-Cario ha de proporcionar al presupuesto oficial, cuando el príncipe Carlos, padre, si no
me equivoco, de Alberto, se creyó en el deber de
tlisminuir las cuotas del impuesto de patente, de
la contribución personal v del gravamen sobre
los valores mobiliarios, á virtud de los rendimientos· del juego.
Pero ¿ qué hacer, cuando los elementos naturales de una comarca no bastan para sufragar los
gastos de un Estado constituído? Don Francisco
ele Quevedo proponía frente al monumental ·puente
de Seiw·via, en Madrid, oue abre sus arcos sobre
el mezquino raudal de agua del Manzanares : O
comprar rio ó vender puente.
Los l1abitantes de Monte-Carlo pueden optar
entre renunciar á su soberanía ó seinúr viviendo
del macabro humorismo oue punza en las tarjetas del Príncine Alberto.

Á ESPAÑA.
{Del poema "Sursum corda," último del
Sr. Núñez de Arce)

.r

._
~

•

•

fe C.C,r\~!;
'/

pa_lacio. rodeado de jardine~, circ·uido de una am})ha terraza de mármol, desde donde me ha sido
dado pre~enciar uno de los lienzos más diviuos
que ha_nm C'ontemplado mis ojos, en una puesta
ode sol rosada, en el que la luz, como en la pá"illa
de -un gran e,;critor americano, iba diluyéndose
l enta.mente~ en un desmayo de tonos.

un tropel de "rastaquocres" cosmopolitas entre
los que se desliza algún pobre diablo de b~rgués
que al perder las últimas monedas que tomó de la
raja de su jefe, salda su cuenta de honra con un
pi;;toletazo.
Y al llegar á este punto, digo que no me parece que la leyenda ha de andar tan equivocada al
Ít

K unca mi labio á la servil lisonja
paria~ rindió. Ni el éxito ruidoso
ni la soberbia afortunada, oyeron
falaz encomio de mi humilde Musa.
Diómc su austeridad la honrada tierra
donde nací, y el presuroso tiempo
que arrastra y lleva en sus revueltas olas
las grandezas humanas al olvido,
á mi pesar me enseña que en el mundo
tan sólo á dos excelsas majestades
puedo, sin mengua, levantar mi canto:
la Yerdad y el Dolor.
En estas horas
de febril inquietud, ¿ quién, Patría mia.,
merece como tú la pobre ofrenda
de mi respeto y de mi amor? Postrada
en los escombros de tu antigua gloria,
la negra adversidad, con férrea mano,
comprime los latidos de tu pecho
" el aire que respiras envenena.
Como tigre feroz clavó sus garras
la catástrofe en tí, y en tus heridas
entrañas sacia su voraz instinto.
¿ Quién, al mirar tus lástimas, no llora?
¿ Puede haber hombre tan perverso y duro,
ni aun concebido en cra1Julosa orgía
nor hembra impura, que impasible vea
morir sin fe, desesnerado y solo,
al dulce bien Que le llevó en su seno?
¡Ro existe, no-!

�Domingo 17 de Febrero de 1901.

con números pa;es, deben deJai·se á es_tribor, Y
las de color rojo que tienen rayas honzontales,
pueden dejarse á cualquier costado de la embarcación.
La dirección de faros se ha preocupado en
cuanto es posible, en qnc la~ balizas _ro:jas quede~
á e:;tribor, como las boya8 rops .Y balizas blancas o
negras á babor. I:as boyas que. e1~ e,l derrotero
señalan lngare:-i peligrosos, Pº; cx1st1r a po,ea p~·ofundidacl restos de buques naufragos, csta11 pmtaclas de verde.
Los guanla-fnros que están al cuidad? de las
torrecillas, tienen, por sn parte. una sene ele señale,: en que deben fijaffc los rnHino~. á fin dr

Perdona si movido
por la ciega pm,ión, allá en _lejanos
y borra,cosos díaB, cuando airada
mi voz como fatídico anatema,
tronó ;n la tempestad, Quizás injust?
contigo pucle ser. Pero_ hoy? que ,ufre:a:,
ho:v qnc, Job &lt;le la Uu.;tona, te. retuerces
en tu lecho de angustia, arrepentido
v llena el alma ele mortal eong-oju
acudo am;ioso á consola1· lns pena~,
á &lt;:ombatir con lo::; inmundos buitre,:,
á vidoi:; del festín, que en torno giran
de tu ulcerado cuerpo, " si lo mandas,
¡ oh, noble mártir! á morir contigo.
Pero ; quién habla ele morir? ¿ Acaso
no eres, Patria, inmortal? 'l'cnclníi&lt; eclipses
como los tiene el sol. 8ombras tenaces,
cual hiperbórea nod1e larga y fría,
sobre tí pe@arán, mientras no llegue
tu santa redención. ¡ llora thchorn
en que verás con júbilo :v tcmm:a
nacer el alba, el tenebroso e¡;pac,o
inundarse de luz, la tierra encinta
e¡::tremecer~c en éxtasis materno,
de armonías, aromas y colores
poblaree el aire y palpitar_ en todo
la plenitud eterna de 1n vida!
¡ Ten esperanza y fe! Descubridora
de mundos, madre de indomada prole,
tú no puedes morir, ¡ Dios no lo quiere !
Aún tienes que cumplir altos destmos.
BuEca en el seno de la paz bendita
reparador descanso, hasta q1H' cobren
tus músculos rnlud, y en cuanto sientas
el hervor de tu Fangre renovada,
ponte en pie, sacutliendo tu maras_mo,
que como losa del sepulcro, opnme
tu enferma voluntad. Surge del fondo
ele tu aislamiento Hccular y marcha
con naso firme y corazón resuelto
sin mirar hacia atráf', siempre adelante.
Sean la e~cuela y el taller y el aurco
los solos campos de batalla en donde
tu razón y tus -fuerzas ejercites.
Entra en las lides del trabajo y vence,
que entonces, de laureles coronada,
más fecun da, más próspera y m&amp;s grande,
-seguirás, fulgurando, tu camino
por los arcos triunfales de la Historia.

gaspar J(úñez de firce.

Domingo 17 ele Febrero ele 1901.

EL imNDO ILUSTRADO

EL :MUNDO ILUSTRADO

-.--

Cuar tel de Infanterla en la Piedad,

EDIFICIOS MILITARES.
--&lt;:&gt;.;J--&lt;:&gt;

:Muy importantes mejoras se han realizado en
el ramo de Guerra y Marina, y entre ellas no es,
sin duda de las últimas la construcción de edificios esp~ciales para cuarteles y depósitos.
En el presente número publicamos tres ilustraciones que representan el detalle central de
la fachada del 'l'ren de Artillería y los do::; nuevos cuarteles para tropas de infantería construídos en la Piedad.
El primer eeli:ficio, limitado por una amplia
calle de reciente formación, está en el costado
Poniente de la Ciudadela. Aunque de un sólo
cuerpo, reune buenos detalles arquitectónicos.
La puerta central, lleva á su izquierda ~n garitón de piedra tallada con troneras y aspilleras,
y está rematada por un ático estilo Renacimiento.
De cada lado, hay una serie de catorce ventanas,
v es tal su armónica distribución, que la fachada
gene~·al aparece vistosa.
Los cuarteles de la Piedad forman entre si un
ángulo recto.
El que en la actualidad ocupa el 130. Batallón,
está frente á la antigua plaza del pueblo. La parte central de la fachada es de dos cuerpos con esbeltos balcones. Yénse en los ángulos del edificio torrecillas almenadas.
El otro cuartel de Infantería es de efecto arquitectónico más severo. L as grandes ventanas de

sólido enrejado guardan simetría con los balcones, cuyas talladas puertas están protegidas con
finos cristales.
El último edificio queda frente al espacio n,&gt;ctan&lt;rular que ha sido comprado recientemente por
la 8ecretaría de Guerra, para la .formación de
una plaza ele Armas.
Los departamentos interiores de las construcciones modernas á que aludimos, son amplios, cómodos y subordinados á los principios de la higiene.

GLADIA TORIE.
En el combate ele la vida humana
Vencido fué por la contraria suerte,
Y _va la sangre que su pecho vierte
Corre en la arena que se tifü: en grana.
Le insulta aun la turba que villana
En las gradas del circo se divierte
Comentando detalles ele su muerte
Como lo hiciera la crueldad romana :
Y al olor de la sangre, enardecida
Espera ver el espoliario abierto,
Arrastrar el cadáYer del suicida,
Y execrar su torpeza y desacierto,
Cantando las dulzuras de la vida
Frente á la triste rigidez del muerto.
Francisco A. de lea za .

Faro de Sacrificios.

Faro de s~ntiaguillo.- Dos destellos r elámpa gos Y
?')ectores rojos

La iluminación de nuestras costa~.
El alumbrado de las costas ha ~ido una de las
precauciones de todos los gobiernos del mundo
que cuentan con aguas territoriales, y están en act iva comunicación con los den:ás países por r,iedio de líneas marítimas.
Hemontándonos, en lo que se refiere al nuestro,
hasta el siglo dieciocho, encontramos que el primer faro fué mandado construir en la época colonial, siendo virrey de la X ue"a Bspaña el conde
de ReYillagigedo.
Ese faro era enteramente embrionario y en relación á los adelantos científicos y mecánicos de
la época.
De entonces á la fecha, se nota un adelanto en
la iluminación marítima de nuestras costas muy
notable, pero este adelanto se ha hecho mucho más
interesante del año de 1891, en que creó la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, Ministerio que ha tenido como preocupación constante
dotar á nuestras costas de las señales luminosas
más completas, á fin de prestar las garantías necesarias á las compañías de na,·e_gación, indicando
por medio ele señales lumino:;as los seguros derroteros exentos de peligro para la entrada y orientación en los puertos.
Además de los faros, boyas y balizas, se ha
acor dado una serie de señales, que debe tener
siempre presentes el marino al entrar en aguas
territoriales mexicanas. E~as señales con,-i,tcn
en boyas pintadas de determinada manera.
Si, por ejemplo, el capitán de una barca se
encuentra en su derrotero una boya negra marcada con un número impar, debe dejarse á babor
del buque que entra en el puerto, las boyas rojas

p:estar el auxilio que de ·ellos se solicite. Estas
Feñales consisten en el lanzamiento de dos cohetes de luz, lanzados sucesivamente cada cinco mi.-

r
nutos al paso del buque de quien se solicite el
auxilio, señales que se harán si es de noche, pero
durante el día, esas señales se hacen con la bandera nacional anudada en el centro, ó con las
letr as H. B., acordadas por el Código Internacional de señales.
_\.ctualmente, han comenzado á usarse los aparatos de sistema de destello-relámpago, ó los de

sistema Bourdelles, nombre del Director de Fa
ros en las costas francesas, á quien se elche este
último é importantísimo adelanto en el alumbrado marítimo.
El señor Ingeniero Nicolau, Director actual de
Faros en la República, ha presentado y ha siclo
aprobado ya, un proyecto formado por él para la
ilwninación ele las costas mexicanas. Este proyecto es completo, y ya ha comenzado á ponerse
en planta, siei1do el último faro que se co118lruye
el de Zapotitlán.
El total de faros fijos ó flotantes que exi-.tc en
todo el golfo mexicano actualmente, es el de 42,
en la forma siguiente :
-Faro ele Tampico, un grupo de tres cle,-tellos
blancos cada treinta segundos, con un alcam·e luminoso, en tiempo brumoso, de 21 millas, trein ta
y dos millas en tiempo medio, y 55 en tiempo
claro.
-Isla de Lobos, un destello blanco, de intensidad de 4c78 lámparas de Carcel, visible en tiempo claro á 36 millas de distancia. Está á diecisiete metros de elevación sobre el mar, y formado por una torre de hierro con ll!la caseta de madera en su base, y su situación es al Sur de la
Isla.
-Faro de Túxpam, luz fija blanca, de intensidad de ocho lámparas, visible en tiempo daro
á diez millas marinas, su elevación sobre el mar
es de 17 metros, y como el anterior, íué inaugurado en 1895. Su armadura es de madera y está
construído en la margen izquierda del río do
Túxpam.
En el dique del X ordeste hay una baliza luminosa, permanente, colocada sobre una torre roja
y que marca la entrada al puerto por el lado X., ó
sea al lado ele estribor del buque que llega. Esta
luz está caracterizada nor dos ocultaciones periódicas.

Detalle central del nnevo edificio del Tren de .Artillería
Faro de Salina Cruz.-Tres destellos Blancos consecntivos.

Faro antigno Isla de B :ltlaed io- Luz fija con
sectores Blancos y RoJo :"

�En el dique del Este hay otra baliza de los mismos caracteres que la anterior, y que está caracterizada por una luz fija, roja, con unJ!. ocultación
periódica.
La boya de la Lavandera es de silbato, de forma
cónica y está pintada de negro. Indica el arrecife del mismo nombre, y debe ser dejada á babor.
-La Blanquilla, valiza luminosa permanente,
visible en tiempo claro á 23 millas marinas y con
una elevación de diez metros. Está caracterizada por dos destellos rojos y es una de las luces
más importantes.
Lo forma una torre de hierro de e,;queleto
triangular sobre el arr-ecife que le da su nombre,
está pintada con fajas horizontales blancas y rojas, para indicarse que puede navegarse por los
dos canales que lo separan de los arrecifes de la
"Galleguilla" y "Anegada de Adentro", pero, como el primero, es más angosto; se ha colocado
esta valiza en el lado :N". W.
Enfilando la luz de esta valiza con la del Faro
"Benito Juárcz", se va libre de la "Anegada de
Adentro", hasta encontrar el sector blanco, fijo,
del J&lt;'aro de Sacrificios.
-Bova de "Pájaros''. Cónica, neg-ra, con mira esférica del mismo color, debe dejarse á babor
para ir al fondeadero de Veracruz ó de Sacrificios.
-Faro de Sacrificios, intermitente. con sectores blancos y rojos, fijos, potencia 59 lámparas,
alcance, en tiempo claro, 21 millas. El fanal
está instalado sobre una torrA "On basamento de
mampostería color rojo.
-"Antón Lizardo". fija, blanca, con tres ocultaciones, visible á trece millas, inaugurado en
1900. Esta luz, colocada sobre una torre de hierro de esqueleto triangular, debe dejarse de preferencia á babor cuando se entra al fondeadero
de Antón Lizardo, porque el canal entre la "Blanca" y el "Jiote" es más amplio que el que separa la "Blanca" del arrecife de "Uhopas''.
-Isla de Enmedio (véase la ilustración) . Este Faro es fijo, blanco, con sectores blancos y rojos. Es una torre circular de piedra con ca,ia
rectangular al pie, sólo ilumina ciento ochenta
grados de horizonte.
- Faro de Santiaguillo ( véase el grabado), tie
ne un alcance de 50 millas, se distingue por dos
sectores rojos, fijos. Se encuentra este faro sobre el
islote de "Santiaguillo", dirigió su colocaciú11 el
señor Ingeniero Francisco Ferrel. El faro está á
veinte millas de V eracruz, sobre una torre de
hierro con casa al rededor.
-El Vijía, faro á la entrada del puerto de Alvarado, es blanco, fijo, con un alcance de 10 millas. Su armadura es de madera y está colocado
en la margen izquierda del río Papaloápam.
-Faro de Arcas. Dos destellos blanr.Cl~, visible á 49 millas, con una elevación de 21 metros,

Domingo 17 de Febrero de 1901.

EL MUNDO ILUSTP.ADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 17 de Febrero de 1901.

segundos, visible á 35 millas, y á una elevación de
106 metros sobre el nivel del mar. La torre que
sustenta la luz es de hierro fundido, pintado de
rojo, y está situada sobre el cabo "Raro". Este es
uno de los faros más bien acabados que existen en
nuestras costas.
Para concluir, diremos que el número total de
luces que hay en el Golfo, es de 42, en el mar de
las Antillas, 10, y en el litoral del Pacífico, 21,
lo que hace un total ele 73 focos luminosos, de más
ó menos intensidad, pero todos de gran utilidad.

NUEVOMONUMENTO
EN LA ROTONDA

DE: 10S HOMBRES ILUSTRES.

Faro de Guoymas

está construído en cayo E, que es el más grande
de los tres que forman el grupo de "Arcas ' . Se
inauguró hace dos años, y fué construído por el
señor Ingeniero José Meneses.
De este Faro y el anterior publicamos ilustraciones cuando estaban en construcción.
-"Salina Cruz". Tres destellos blancos consecutivos, visible á 54 millas, y con una elevación
de ochenta y dos metros sobre el mar. Fué constnúdo por el señor Ingeniero Mateo Rojas Zúñiga.
Este Faro está situado, como se puede ver en
el grabado, sobre el cerro de Salina Cruz, junto
al puerto que está actualmente en construcción.
El edificio lo forma una torre, es octagonal con
casa rectangular, al pie, ambas casas blancas. Cuatro millas al E. de este Faro se encuentra la luz
del cerro de "Morros"
que producen un sec~
tor obscuro en el horizonte, iluminado por
el Faro.
- Guaymas. Luz
blanca, fija, con destellos cada sesenta

No hace seis meses aún que en la Rotonda de
los Hombres Ilustres formaban notable contraste
el rico monumento del ilustre liberal Lerdo de
'l'ejada y un humilde sepulcro señalado por un
cerco de malva bouquet y pequeña lápida, en la
cual podía leerse el nombre ele Mariano Arista.
Sobre esa tumba casi olvidada se l evanta hoy
un mausoleo artístico de mármol de Carrara, coronado por un obelisco, semi-cubierto éste por
un paño funerario tallado admirablemente.
Lo mejor de la obra es. sin eluda, el busto que
representa al gobernante modelo, de un exacto parecido.
El busto fué ejecutado en Roma por el artista
Nicoll, y traído á México hace pocos días.
El General Arista está representado con el bordado uniforme de General de División, la banda
de Presidente de la República, cruzada, y tres
condecoraciones y una placa en el pecho.
Todos los toques, particularmente el modelado
ele las condecoraciones, han sido celebrados por
los inteligentes.
Costeó este monumento la Secretaría de Guerra,
y se debe á la iniciativa del señor General Díaz,
que admira las virtudes del valiente militar, gobernante republicano y hombre de noble y hermoso
carácter.

1890.-718Jl ;.,.

d;

18'l6.-1.8 afios.

RECUERDOS DE LA REINA VICTORIA.
Los recuerdos de la Reina Victoria, que publieamos hoy, son muy interesantes. Los retratos representan á la soberana ya en la eclad madura
cuando ceñía las tocas de· la viudez ó estaba cer~
cada por los cuidados del Gobierno, más pel:lados
Y. difíciles que_ en parte alguna, en los países regidos por el sistema parlamentario.
Las primeras efigies &lt;le la reina, ,lesde ;m infan-

1872.-58 afl.os.

Los
Alvarado. Faro "Bl Vigfa'' L -1z fiJa.

lllonumento al Gral. Arista..

&lt;·ia hasta ] rl, l, constituyen
por decir lo así, una especie
úlbum de la moda y sus caprid10,-, clnrante un largo período.
Desde que la augm,ta dama
J??!·clió á su espo$o, casi no Yano la forma ele RU "toilette·•:
el la rgo Yelo de viuda el sombrero d~ paja, ele ancl1as alai-;,
guarnecido eon nna pluma de
. ,,
marabout, _las "mangas pagod~s , procedente,- de la epoca del se&lt;rundo imperio fran~és, y el manto corto, constit;Yeron todo s~ atavw, que no alteró, ni euando glordi_oPa Y rad:au~e, atrav&lt;'~Ó Jn,, calle;; de Lond~rs el
1a de su Jubileo.

T,~,; otros dos cuadros ,:on particularmente sn;:.;est1 vos : Luis Felipe, &lt;'l soberano francé,; de re-

ciente creación, ungido con C'l óleo dú la democracia, después de derribar del trono á Carlos X y
adueñarse del poder que sus inquietos y ~t•dic·icisos abuelos habían en vano codiciado, se pn'8enta
en Windsor, y es recibido por la reina en me,lio
de todo el lujo de la corte británica.
Victoria, rodeada de i-ns hijos, prodiga c·t•1·emonias v afecto al descendiente de Felipe Igualdad,
que se adelanta gallardo y correcto.
En el i-egundo cuadro, Victoria alardeanuo
de la firme y franca amistad que 'tuvo :-;icmpre
por lo,i emperadores de Francia, visita P arís ·eu
1855. Kauoleón III y RU esposa la aga~ajan v
celebran, y entre otros l ugares, le muestran la
tumba que en los Inválidos guarda los restos del
gran Napoleón, en medio de los trofeos y banderas que ~rrebató á sus enemigos el debe1aclor de
monarqmas y fabricante ele reino,:.
, ¡_Qué trfste impresión debe haber sentido en sus
ult1mos dias la noble soberana al ver las mutaciones que el tiempo y la historia traje1yn !

"TRATO
1877,-58 allos .
Rl._,,
S DE LA REINA VICTORIA.

�· · nomill!!O 17 flp 'F'rh1nn ilr 1901.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTl"!ADO

Lloro rccorrié11dolas, corno en este instante lloro,
miel ele las flores del alma ?-juzgándolas sinceacordándome de la pobre niña que murió -ronunras, acogió agradecida mis palabras.
ciando mi nombre".
Y fuimos felices elurantc algunos días.
No lloró, por supuesto. sino que, doblando su
Luego tuvimos que dejar el campo; en el pueTomaban el café cuando el periodista desenperiódico, lo guardó cuidadosamente; cchóse lueblo
humilde
y
ramplón,
á
p_csar
de
su
títnlo
de
vainó la espada, ó lo que íué igual, sacó del bolgo, entre pecho y ci,paldas, el co&lt;Tnac que aún
sillo de su levita un número de "La Yioleta·•. se- ciudad, en que su familia y la mía resicU•m de quedaba en su copa. y tosiendo, habló así á. sus
manario de lilcratul'a y variedades, dcsc1oblólo ordinario, la égloga no fué ya posible. Su:s zaga- dos oyentes :
les, nosotros, quedábamos, es cierto; pero ¿ dónde
y leyó :
"Esta es la historia; como ven ustedes, hay en
"Guardo en el estante honorado de mi biblio- estaban la (;asa &lt;le la hacienda, el jardín, los na- ella, lo confieso, mucho de romántico, y. . . lo
ranjos,
la
cuestaque
alfombraban
amapolas
y
liteca, que diría el "Duque Job", junto á lo" cuendiré ele una vez, mucho de tonto. Fáltale interés,
tos de Dickens y la "Magdalena'' de Handeau, rimi, el arroyo murmurante en ::-u lecho de p;1ü- carece de movimiento, nada prueba. Ni sostengo
jas,
los
rancheros
respetuosos,
con
los
que
podíaun ejemplar de la "~Iaría'' de lsaacs, ele e~e libro
una tesis, ni discuto u n problema: narro sencillaen cuyas hojas han caído las lágrimas ele dos ge- mos darla de protectores, el perro, la escopeta? mente lo primero, lo úni.::o que se me vino á las
No,
allí
no;
calles
ob;;cnn1s
y
sin
empedrado,
neraciones. Las mías también, abundantes y dulmientes. En cuanto á los términos esos, de goces, bañaron en otro:; tiempo,:; las líneas de ese Yecinos c·urio,;os, parientes entrometicloi;:, tías gru- tas de ponzoña, cálices ele dolores, rayoH de sol
ñonas,
vigilancia
c¡:,trccha
de
sus
papás.
poema. Con religiosa compostura las leí mil veApenas iei podía, de cuando en cuando, abom,u- en nocheL de ausencia y otros análogos, y en
ces, allá en los años feliceg y ya n'moto:s en que
~e
á la rcntana y conte;;tar con Yoz lcmblorosa á cuanto al tinte de cursi sensiblería que colora mi
Lamartine era mi ídolo v "Graziclhº' '" "Hl)facl''
relato, sólo os diré que, aden:ás de que me pongo
mi ~ah,,lo.
mis libr(s predilectos. "
·
llorón é insoportablemente triste cuando me
lnte11caha
yo
á
vece·,,
para
ponrrme
e1.
situa
Hoy todavía, cuando abro, no sin emoción, el
acuerdo de que ella, la heroína de mi cuc.ito, me
viejo volumen é intento, engolfándome rn &gt;&lt;U rión, dPcirla ·1 lguna ele mis tra$nochadm- ternequiso, tia muerto, y deliraba en ;;u agolectura, recordar mi niñez, la vista Fe
nía con mi nombre, dedico estas págime nubla y ante mis ojos humedecido&gt;&lt;,
r
nas á unas sobrinillas, grandes admiratornánse los renglones manchas borrodoras de Pérez Escriche, que no me
sas é indecisas. Y es que, á pesar de
entenderían si otro lenguaje les hablamis aficiones naturalistas y de mis gm,ra. Ellas encontrarán intención y motos por lo moderno, aún tengo huellas
raleja en mi fábula. Niñas, les dio-o
de la locura de mi infancia. lfaFpael
aquí, ó pienso decirles de palabra cuai;;al ruso y aparecerá el cor-aco; entre
do las yea, no creáis en la pasión de
nosotros, quitad á los amantes de lai;
los poetas, de los soñadores, de los µarletras el barniz decadente de impretidarios de Lamartinc y de J orO'e
sionismo ó de realismo que los cubre,
Isaacs. No os quieren, encarnan ~:i
v hallaréis al romántico. No lo puevosotras el vago ideal que engendra en
den evitar, ni lo evité yo. N aci cuansu fantasía, como la fiebre el delirio
do Plaza era un genio y Espronceda
la neurósis poética que los ataca. S~
un dios. Me crií entre las pálielas heenamoran
de Julia, de Esmeralda ó de
roinas del poeta. de las "1[cditacioCose~a, os hallan parecido con ellas y
nes" con Dea también, con Deruchetpor estas os aman. Así les predicaré ó
te y con Fantina. María, sobre todas,
poco menos, y ahora he concluido, y á
fué mi amada. Y de este amor es del
ustedes toca darme sn parecer sobre
que voy á hablaros, refiir iéndoos bretodo esto.
ve, rápidamente, la historia do mi crirno ele los dos interpelados mocemen. De mi crimen, digó, porque
tón robusto, tosco, vestido de' charro
uno cometí negro y nefando, é Isaacs
saltó con lo siguiente: "No he enten~
y su "María" fueron mis cómnlices.
did? mucho de lo que nos leiste,, pero
Es, pues, el caso, que fui á pasar
no importa. En esa historia ó en ese
en cierta vez mis vacacione~ á una hacuento ¿hay algo de verdad ó todo lo
cienda. En ella, á las sombras de los
has sacado de tu cabeza? Y si es ver~a11ces del río, leí la "María'' y aprendad, aquí para entre los tres, cuéntadí de memoria el "Idilio'' ele Núñez
nos en dónde y cuándo y con quién te
ele Arce. Un día, el dueño de la finca
inmediata vino á visitarnos y nos prepasaron esas escenas tan patéticas y
sentó á su hija. Y aauí fué ello; suraun raras, oue no parecen sino que son
gió ésta ante mis ojos, y con sus gr ade ·'Osear y Amancla'' ó do "La Tumcias pastoriles, su timidez de campesiba ele IIie_rro'": te lo pregunto norque
na y su vestido de percal claro va110soy tu paisano, me crié en el pueblo
roso, antojósome una María y me caucomo le !famas, en que viviste de jo~
t ivó.
ven, conozco las haciendas y ranchos
. , todos de sus cercanías, y quisiera saLa amé con la pasión frenética v
ardiente que de jóvenes sentimos poi· las damas zas, y á la m1t•id de mi cláusula, ocurríaselc á su ber qmen fué y cómo se llamó esa muerta de que
de las novelas preferidas, con ese amor que nos mamá llamarla ó á alguno de sus hermano:.-; po- hablas".
hace ver una Margarita Gautier en cada infeliz nerse de plantón en el zagúan. Romeo entonces
Hespondió el escritor : "Verdad es en parte lo
ca~a de la escala de seda, es decir, retirábamc pro- n~r~ado, el pueblo, el mismo en que tú vives, la
que cruza nuestra senda.
Obtuve su cariño-no me costó grande~ esfuer- saic:imente á esconderme en la esquina, mientras hac1end,~, la. tuya, y la muerta, tu prima".
zos alcanzarlo-y plagié al insigne vate de Co- Juheta, acobardada, entrábase llorando á oir la
-¿ :ll1 pnma? ¿ Soleelad ?
materna filípica. Sucedió lo lógico: canseme, al
lombia. Por fortuna para mis contemporáneos
-Soledad, sí.
no lo plagié escribiendo otro libro, sino haciend~ fi:i;, y_ al marchar al colegio, partí con la resolu-¡ Hombr e, hombre! ¿ y te apena realmente
c1 on mquebrantable de dar por terminada la node mi vida la copia fiel de su novela.
&lt;&gt;I creer . . . eso, vamos lo que ahí dice
d
amargaste sus últimos' momentos?
.fl.., / que
Cacerías en las quebraclas de los montes; pm.•os vela.
·t t
· • • • e: s1,. pues
No la volví á ver: trastornos impervistos hicie- voy ,
á caballo COY\ ella para asistir á bodas de crañancs ·
, a qm ar, e un peso de la conciencia. Solcd:.il
ron
á
los
míos
cambiar
de
residencia.
Años
desentrevistas .,n ~l jardin de su casa, rústiio y um~
~ue, C?mº, tu, muy romántica siempre; dióse desbroso; presentimientos de muerte aves necrras · p1'.és, supe que ha~ía muerto, resignada aunque
e clnca a _las novelas y á los versos; tal vez por
'
,, '
el recuerdo de los estudios que aun me quedaban tnste; supe ta.."'11bién que en los delirios de su eso congemaron ustedes; entre ella y mis hermaagonía
pronunciaba
mi
nombre.
por hacer, cimiéndose como amenaza inevitable
r1
Y ese fué mi crimen. N'o la maté yo · nació nas sacaban las cartas que te escribía de
sobre nuestras cabezas; nada, nada faltó á nuesbro: "El Secretario de los ama~tes" ' qtieun • 7
condei.:,da
á
ocupar
joven
el
sepulcro;
no
'1a
maconoces ' h ,
,
"UIZa
tro idilio. ¡ Vaya, hasta tuve un perro, al que,
. ' o acia que se las dictara al maestro Góno obs~ante llamarse }ª Coyote, pui:;e :MayC', en té, pero vertí en el cáliz debordante d~ sus amar- mez, 1 t~ acuer~las '. aquel viejecito que les enseñaguras las gotas de ponzoña del desengaño y de
memoria del otro !
la d~da. . _Ahrióme su alma virgen; debí hacer ba mus1_ca y dibuJo; lloró cuando te fuiste mas
El~a era blanca, rubia, esbelta; paclecia del de m1 canno un bálsamo para los dolores crueles ~ersuadida, porque era voz general en el pueblo'
m111 incurable y hel'editario ele la novia de Efraín
e, qi;e no !1abías de volver, me correspondió ¡{
d_e su vida. Sabía que en la noche de la auseny 1:;us continuas dolencias cubrían su frente páli~ c~a, unos cuantos ren~1ones ele mi mano hubieran 11_1~, S\ á m1, y perdóuame lo brusco de la confe
da ?ºn nubes de constante tristeza. Su carácter, s1?0 para su pobre corazón enfermo de frío v de s10n, a m_i tu~ amigo, tu tocayo. Después tuv;,
debido á esto, era melancólico y dulce. Previen- tristeza, como un rayo de sol; sabía que me ama- ~tos nov11s, OG suerte que si ia olvidaste, te olvido su fin próximo, consideraba ·1a tiena como es- ba_ Y que se moría; y n? ~e escribí, yr- que tantos
' y en o de que al agonizar 'l)ronunciara tu
tancia de paso, y apenas si percibía sus cosas. l)hegos he borroneado rnutilmcnte, una sola pa- nombre, ?~So ?e ser cierto, que lu eludo ues sé
¿ Qué le importaban, detalles, escenas y figuras labra ~e c?n_s_uelo. No la maté, pero emicgrecí que muno cnstianamente confesada y ' p
.',.
tico co
t,
'
'
con v1aque sus ojos no veían si110 por un inst.-'lntP, debien- con mi trmcwn sus últimos instantes. Ilerida
' mo u y yo nos llamamos lo mism
do en breve cerrarse á la luz de aquí aba.,u?
clavada en la cruz C::e sus torturas, pedíamc rn{ da por averiguar á cuál de los dos se refc~ia:ueEn.pero, no quería irse de este mundo sin ha- poco de afecto. como el mártir un sorbo de agua,
-A no ser-exclamó filosóficamente el t
ber probado alg_un? de sus goces; ave viajera, y ?1;1rland_o su csn~ranza. la hice beber la 11icl de comensal, mudo hasta entonces-que se
erdcer
ra de algun
' ot ro liomommo
, .
antes de que el rnv1erno la expulsase á otros cli- m1 mg-rahtud y mis desdenes.
de ustedes. acor amas, qu~ría, calentándose al sol, embriagarse con
Ahora, ya _sabéis por qué guardo con relirrioso
la esencia de las corolas. Por eso sedienta de respeto 1m eJ_emplar ele la "1faría"; por ciné, si
Jlafael oe filba.
amor,--¿ no han dicho que el amor es ~l perfume, la lo abro, la VJ"ta se me nubla ante sus páginab.

"MARlA" DE JORGE ISAACS

Recepción de Luis Felipe por la Reina Victoria en el palacio de Windsor, el 8 de Octubre de 1844,
8egúo el cuadro de Wioterhalter, que estli actualmente en el palacio citado.

Visita de la Reina Vioto,-Ja á la tumba da Nana1e6n
l , en 1,08 ,u1n va
.....,.d
r
I as,,, e 1 a ñ o de 1855.

Cuadro de Ward, que existe en el Palacio de Buckiogbam.

Domingo 17 de .l!'ebrc:o de 1901.

�Domingo 17 de Febrero de 1901.

P.L MUNT-&gt;O ILUSTRADO

-EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO VlH-TOMO l--NÚM. 8

MÉXICO. FEBRERO 24 DE 1901.

'-4&gt;-

&gt;1..;u .,~cri?ci'ín mr11,1mal forlínrn. S J..~O.

I clcm idcm en la Capit11l,

J.}5,

Gerente: ANTONIO CUYAS.

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

ESTUDIO AL ORAYON

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1901, Año 8, Tomo 1, No 7, Febrero 17</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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