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                  <text>o

Domingo 3 de Marzo do 1'901.

EL MUNDO ILUSTRADO

,EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO Vlll--TOMO 1--NÚM. 10

SuDscnpción mensual fortlnea, I 1M.
1dcm idcm en la OapílaZ, 1.16.

MÉXICO, MARZO 10 DE 1901.

Gerente: ANTONIO CTTYil.

.,!rector: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA,

o

~

•oc::x::x:::x:::xoc:x:::::x:::::x::x::x:x::x:::::~cx::x::x::x::,oc:x::::x::::x:::::x::x:::.c:x:::x:::::x:::e&gt;c:x::::::x::::x::x:::x:::::x:::&gt;,

c:x::x::x:::x::::::xx::x:::x::

LA NOCHE.

�EL :MUNDO ILUSTRADO

· Domingo 10 de Marzo d e 19fü.

EL MU NDO ILUSTRADO
jo al Doctor, a l confc~or de Doña Rosa y h u n
abogado local, hombre de mucho peso. La di~cusió1i fué larga y acalorada, ~e emitieron y fondaron toda cla~e ele opinione-:0 , ;;e lliscutió á fon&lt;lo
la cue~tión, y no ;-e 11&lt;.&gt;gó á un acuerdo. E l D r. n o
se compr ometía á afegu rar el éxito, el sacerdote
oe embarcó en una fo~ic; kológica sobre el dered10
de obliga r á la n iña á :-::ufrir una operación aYenturada, y en&lt;:ontrú t.antas cita;; latina,; en pro e-orno on contra; D01i a Hoea pedía á grito&gt;' un col ir io ó ·'co,;a a;;í,'' para lli~ohP-r la tclita que wlaba
l as pu pila;: de la crintura; Don ,Jnnn opinó que

Buenfos c1Cisfóricos.
L os dos ancianos c,;;peraban con ansia el advca
nimiento de aquel n iño, n iña ó lo que fuere. Matrimonio infecundo, vivían hacía t reinta años rol os,
aislados, esa vida melancólicamente feli z, monótonamente t ranquila, propia de dos viej os que s~
quier en y p eculiar de esos bogares en que no baten
sus alas ni gor jean esas aves, los niños.
Cuando perdieron la e&gt;'peranza de tener ,mcesión, recogieron un huérfano; pero les dió mal
pago, y después de amarg,arles la vida con su mal
carácter, sus enfer medades y sus vicios pTecoc-es,
se les largó, llevándose alhajas y dinero.
Este con t ratiempo los hundió aun más en su
soledad y los confirmó en el propósito de aislarse
del mundo y de la ::;ociec1ad, n.o c1eseanc1o ya má:;;
que una cüt'a, morit-,,e j untos y de repente. A veces, ~in embargo, tenían veleidades ne reiterar In

nía en busca ele amparo y hospitalidad, en casa
de ims padrinoo.
-¡ Pero muj er, vienes l?~rdida ! j Yálgame Dios!
y cómo íné eso. Entr a, sientate; ya nos contará,:;
de::;pués . . . y ;;obro 1.0clo, calma, valor, confianza
en Dios y ya verffiTIOS lo ouc se hace.
Hub~ que arreglarle una cama, porque la infeliz Yiuda, próxima á ser madre, no podía más de
fatiga . de terror y de fiebre.
.
A fuerza de cm&lt;l,Hlos y atenciones, la infcfü;
mujer cobró ánimo, mejoró de salud, encon tró lenitivo á su dolor. y pudo, al lado de sus padrino;;.
esperar el nacimiento ~le su hijo. Era éste el niñ o que con tanta an~1edad y alboroto esperaban
los buenos viejo;::.
.
rna madruga&lt;la, los vagidos de una criatura
anunciaron el fel iz adY-enimiento á Don Juan, qu~

r

(
\~

\

')
J

~

" R.:

experiencia y cambiaban el uno con el otro éstas
ó parecidas reflexiones :
- H icimos mal en recoger al muchach o cuan do ya estaba ma l enseñ ado y basta viciado. " Ot r o
gallo n os cantar a," si lo recogemos recién nacido
sin m alas mañas ni malos ejemplos y lo educamo;
á nuestro modo y á nuestro gusto.
- Lo mismo hubiera sido, t ú. Estos mu chach os
de la plebe ya nacen pervemos, y aunque la mon a
se _vista de seda. . . . Ni con p adres descalzos le
quitas á un pelado sus mala, inclinaciones · no
bien crecen, sacan l as uña~ Y :'C acabó . ..' . á
emborracharse y á flojeflr y á robar. i Si están dejados de la mano de Dios ·!
-No obstante, eclucándolos bien, vigilánJolos.
y dándoles buenos consejos . . . . tal vez se loc,rara
algo,-insistía Doña ROEa.
"'
-Puede ... pero lo dudo, arguía Don .luan.
Y continuaba el tren monótono y tristón de su
vida.
Tur esos días les cayó como llovida del cielo
una ahij a,da de confirmación, de la que ni ~;
acordaban y que venía "de buída." Los "pronunciados" habían asaltado la ha,cienda en que el marido trabaj aba, lo habían matado, y la viuda presa del pánico, había huído sabe Dios cómo ',, ve-

'.

•

~e paseaba con a n siedad por la sala, y poco después_ Doñ a Rosa, sa.!tando y palmoteando como
una chiquilla, anunciaba :
-Una niñita, Juan, una niñ ita, y 0"'Ordísima
la may brib001a !
-Bueno, bueno, ¿y :i\faría?
-No muy bien; la "señora" dice que está muv
débil.
..
- P ues ve con ella; no te despegues, y que llamen al médico, á poco que se necesite.
Se necesitó más pronto y más seriamente de lo
que creían. La pobre madre, abatida por el dolor
~inada por _la viudez, ate;fa~a po~ 1~ in.compren~
s1ble tragedia de qu~ h~bia sido Victima, sin más
dosis de vida que la md1spensable para que naciera su bija, murió á poco, dejando en brazos de
Don Juan y de Doña Rosa, á la niña como un
legado de afanes, de inquietudes, de :esponsabil idades, inherentes á una improvisada é inespera-&lt;la paternidad.
Quedar on primero ató_ni_tos; después, cavilosos.
y acabaron resuelt&lt;?§, dec1d1dos á ser padres aman:
tes y abnegados de aquella huérfana.
Pasados los momentos primeros y las punz,mtes
impresiones de aquel triste suceso, comenzó para
ellos una nueva V1da de quehacer y de movimien-

to, entrecortada de problemas que el

·
da de emociones
.
azarp
tea· ba, impregna
dule~,
de
nas ~ozobr~s, de ensay_os tímidos, de éxitos le .
la_ v1_da agitad.a y fehz de quien tiene
asistir -:r_ proteger á un querubín.
que
La n ma era encantadora sana vigorosa M
co_n g~la? dormía con terqu¡dad chili b
enia,sis C0IDICO.
'
aa
La
"S
''
l
"D
' . enora y e
odor," au,ruraban bi,
Sl! cna!1za; el Doctor parecía en'k oratl ci'
OJOS; s1e1~1prc que iba á verla, é iba á
los exammaba con extremada atención
tener ex~raños movimientoo de cabeza. ' Y
Los OJ~ de la niña tenían n o sé qué de
cular, de smgular, que el Doctor sabía y que
Rosa y Don Juan percibían sin poder expli
~ra11 grandes, garzos, límpidos como piedras
c1?sas aquellos ojos, y sin embargo, tenían
D10s qué de anorma•l, y r aro.
E l D octor lo explicó u n día ·
- !íiense ustedes : esa ruedita negra que
l-OS_ºJ?8 lle-rn,n en el centr o, no la tienen los
c~1q•m Ha. y el Doctor separaba con cuidado
parpados de la niña y h acía paJpable su a.fir •
-Y eso, ¿no es malo ? preguntó Doña
- HUilll. · · · pues, bastante. Esa ruedita n
que á la n iña le f alta, es la venta.na por do~
luz entra al fon do d~l oj o. N o habiendo ven•
no hay luz, Y no habiendo luz
-:;-i E r~.t~nces es ciega !-grit·ó· D~ña RoS'll.
E l mfxiico n o se atrevió á contestar.
- ¡ Solo eso nos faJtaba !-exdamó Don J
Y 1 ◊':1_po~res viejos r ompieron á llorar, míen
la n!na, mconsciente de su desgracia, tiradita
carnba en su cuna, pateaba de lo lindo y se
maha con afán un dedito que se había cazado
vuelo.
Resta?lecida 1~ calma, el Doctor explicó !¡lle
~~l tema ~eruedio, que se podía hacer una o
cion Y abnr la rnnhma que la naturaleza h
cerrado; que eso se había hecho ya con buen
sultado en otras ocasiones.
_ El remedio pareció peor que la enfermedad.
ua R°:a, q~le á pesar de su coquetería de mu•
se habia deJado una berruga p or miedo á las ·
ras, " . D o1;_ J~ian, que en ciertas ocasiones
p_refendo ~eJarse morü- á dejarse sangrar,"
s1eron el grito en el cielo.
-¡ Agu)er arle los ojitos !--l(lecía la una.
-¡ y 81 la dejan tuerta! decía el otro.
~ ¡ "'f lu~go, un sentido tan delicado! L o que
sufnVála mocente,-agreg-aban á dúo.
lo -:e ya.nl o pensando. Yo cumplo con avi.
q hay. Desde luego, la operación no
ª1:l-!08 ~onviene que se h aga más tarde cuando
m 1;1-a aya crecido, pueda entender 'obedecer
cm~arse ella misma un poco. Adem'ás esta
[.3~1ón sólo en México, en don de hay
is as y toda clase de elementos. Conque, vamos.
no ~ay que apurarse desde tan temprano ; ti
po hen~n. de pensarlo y de resolverlo.
t Los vie~os se aferraron á la ide-a del aplazam·
0 como ª 'lma tabla de n aufragio ; frente á
g'mJJtles problemas de la vida una tregua es
sa. tan consolad
.
, .
ora como una 'solución,
y los ·
r~tus debi~~ aplazan indefinidamente las reso
c10nes dec1s1vas.

l

?ª

J¡aJo

buenos

ar~t:o del "statu quo," la niña creció y se d
6 ' las vacunas le prendieron admirablem
t e · Don J uan m d'd
·
.
.' tec·
, or 1 o pnmero
p or el pnm
d ien ito, "puso
plan" a, D ona
- ..... ~qa v la hizo
·.
.
gar las torreJ as; á poco comenzó la ru,. 1 á n,ir
tear
,,
l b ·y á. andar, Y b'ien pronto, aunque •.
ciega.
rl~ ª. ~ohta por toda la casa v retozaba en el ·
e mc11.'i,o· Co=
·
u,o era ciega
, la ·pusieron bajo la
vocacwn de Nuestro. Señora de la Luz tal
confiando en un milagro
'
Un día que Luz twpezó can un mueble
pu~ to, cayó Y. se hizo un chichón; surgió de n
v? el problema ,de la operación, y con las pro
ciones de un ca.&lt;,o de conciencia. Citóse á co

lo mejor era t raerla á 11éxico y consultar el caso con alg ún especialista.
A, í ~e hizo; Yinieron á la capital y sometieron
el caso á e:onsulta. D ió la de;;gracia que reunieron
en junta á dos rirnles en ·'oculiismo", y,
como era nat ural, el uno tlijo que ,-í y el otro dijo
que n o, ambos con igu al c011tunclcucia y acop io
de 1,azonea.
U n resultado sí ~e l ogró. Don J uan y Doñ.1 Hosa , isitaro11 todo en la capital, y por con:;iguiente.
la E;:.cuela de CiegoF, y quedaron sorprendido . El
edificio, i-eYero, per o elegante, albeando de limpio,
con sui, !!'.randes fr0.:ieos t&gt;n el ve..:;tíbulo, su jardín
fron do;;o _y perfu mado, ,rn,-;; refectorios amplios, ;;lB
dormitorios lumino..;o:; y ventilado~; l os cie~uito:'
corriendo y ju¡rando en l os corredore~, snbirmhi
y baj ando e,-cale-ra,; como si "úc-\im-ieran viendo,"
t odo aqu el parloteo regocijado bajo el cuidado
de bcnéYolas matrona:; .v ele vigilantes ¡;oJír;ito~.
les hizo p rofunda impresión. Pero lo que los dej ó marav illado,,; fué oir á Jo;; cirgo..:; lerr, ,crlc~ c.:;cribir , calcular, bordar, carpintear; e:;;cnchar ~u.:;
coros angélico.; tan tierno,; v sentidOl', lil" .:;infonías de su orquesta, su estu diantin a .... E l viejo
matrimonio había oído hablar de todo eso, sin
creerlo en el fondo. L uz, tran~portada á la hora
c1e la escolcta y ele la lección de mú~ira, exclamó :
- 1\famá Rosa, que me emeñen á tocar el pian o, ; quier es?
Aquel e~pectáculo los mareó y tra..-stornó á tocl os. Durante muchos días n o se habló rle otra co~a.
Se hicieron p royectos : Luz aprendería todo e;;o, sabría l eer, escribir, cantar, bordar, tocar el piano ;
p odría tra bajar y bastarS&lt;' á sí misma. L a ceguer a no tendría va inconvenientes serios.
- ¡ Y ya no me harán operación !-decía elln
en el colmo del regocijo.
Aque.lla resolución inef;perada, di~ipó l a om::e~ión bajo la cual vivían hada ya año¡; y era uua
puerta que se abría ele par en par del lado Lle h1
felicidad y !'-obre el más tranquilo y sereno dt•
todos los horizontes.
Se dieron los pMos necesarios, y L uz ingresó
al plantel. El D irector y Fundador , señor T .. ..
la ,acof!ió con patemal benevolencia, con la dulzura ang-élica, con la inmensa tenrnra con que a.cogía á todos sus asilados, y no tarcló en ser su predil ecta.
El señor T. era un an ciano venerable, exquisito
de pulcrit u d, u na miel su carácter. Con i;,agrado
á su obra, la vigilaba sin descanso y se afanaba
por mejorarla. No salía casi de la escuela, vivía

la misma vida que sus alumno.-;, los acompañaba
en sus la borCl&lt;', pre~cnciaba sus recreaciones y á la:,
hor as calurosas de la siesta, bajo la sombra de lo;;
árbole;;, sentado en un banco rústico, con un hervidero de c:hiquillos que lo adoraban. cabalgando
en t.Ui' pierna~, pendientes tlc ;;u cuello, tornado,
de sus mano", c-on su luenga bar ba, su alta c;,;tatura v su e.;cuatlría ele atleta, pareeía esa e.,'..atun
del :X ilo ,al picada de amorcil lo~ que se a&lt;lm ira
en el )fu,:eo del Louvrc. Era la hora ele los chocho~, de la:,; golosiJrn,- y de los cuento:; pintorescos
é in"tnictiYo,, ele las clul.ce:,; rcprimcmtla,; á las perczo1-o., y á Jo,- travie,;os, lle la, .fra"c" de estímulo
y dr ál iento para los enérgico~, lo:; bonclatlo,:os y
loo tlócile~ . ...

Luz lkgó á quererlo ha,ta el fanati"m o. llnbí:
en , u afodo muclrn, componente, y muchos factows : una ~irnpatía profunda por el andano &lt;·ariño~o y henénilo : l't'~peto por i,u .alicr y su,; virtude:-, a&lt;lmirneión por :-u c1wrgía y por ;;u obra
iilantrópic:a, gratitud por ,-u,; cli;;tinóones y agas,1jo.,. l'ompara&lt;lo con é:-tc. el cariño granclí~imo
\' tiPrní, imo, ~in duela, de Luz por bll, p:.iclrcs
a,loptivo,,, cnl má, ,:irnpk. meno,; noble, mú,- hurgué., ; era el afee-to t¡ue ,e puede profe~ar á lo:-;
hornbn.·~ ; el que ,en tía por el ;;CJior Di redor era
el amor que ,ólo pueden in&gt;'pirar lo~ hérot'ti y lo:;
dio,,e,-.
Luz ,e había cle,..arrollaclo \' cmhclleciclo pro&lt;ligio,amcnte .•\ lo, catorce año:.:, era t_oda una mujer, alta, flexible, arrogante )' nrnJe:;tuo,.:a, •P1•.
J uno niña. y tenía a&lt;:titude,; altirn:-; y graciosa&lt;;,
como la,; ele la Diana ele Han,- )fackart. Era ,í.
la yez que níYeamrnte ca,-ta, plenamente mujer;
nada ,ahía, pero todo debía Bentirlo, el empuje ele la :'-avía, el calor ele la s-angre gen ~ro,.1, ~a
,e:l &lt;le lo ignom1lo _\· ele lo mi;:terio..'-O, las int:.•qJlic-ahle,-; inquit&gt;tudr;; ~; los no nefi.niclo, a :.!:Plí,s ']tlC
a(•ompafüm á la eyolución del ~er. E"tab1 en h
celad en que la nrnjrr ,-neña con el ángei 1J rr•11
el héru', mrrne-nto delicado y crítico en qnL' ~•~
na,,1 nor c-ctreeha ere"ta entre dos precipici0:- : el
é,ta::;i::: rní;:tico Y el amor romántico, momento &lt;lcei;:.irn en que h1s adolescente,,. corren el l'iesgo de
proft•=ar ó ele íng.ar,;e con su novio.
Luz había encontrado realizado su eMueño arllicnte en &lt;.&gt;l ~efwr D irector, y á p OC'o ancla1· ya ('a,:i nada ni nad ic existía para ella, fuera de él. Su
ccgn-crn mi, ma le permitía forjárselo á su antojo,
ft ,.:n rn prieho. tal eomr,
l o había ;:oiia&lt;lo : todo al 1
r ededor su.YO lo empuja- 1
ha á ,miarlo Y á venerarlo ; e11 ~u iÍ1~enei 1 h
,1 r-arieiaha como i;i nún
fnera niña: no querfo senarar:&gt;e de su lado; iloralia ;;u am-encia; lo ,entí, 1
llegar antes que naclie, v
primero aue todos se precipitaba á ,:u encuentro.
~e pu,:o triRtc, soña:'!ora,
diYagada, dormía poco t,
comía meno;: ; se llegó .'t
rreer que estaba enferma.
En r ea lidacl, estaba enamorarla.

***
El señor Director, por
rn edad, por la austerin·1 l
ile su vida, por la solidez
ele su;: principios, por ._..¡_,
nosición á la cabez:1 del
plantel y su ·consagrR&lt;'.,in
ah"-oluta á 1-u ob-ra abmtrópica, estaba al aiJrig0
ele toda seducción v ,worazado ronha tr1b ·¡ nt.i.
ción. Cuando ~e convenció ele aquello, cu·mdo el
amor exaltado y neurótico de aqu ella n1iia saltó
á ,;u Yil'ta, mmo á h de
todo el mundo, ;;•:itió {&gt;]_
inocente, remordimien to ;
se hizo, sin razón, tremen.dos caraos y daeic1 i0
poner remedio. La ni.ña,
enamorada, es decir, doblemente ciega, le ins .
0

Domingo 10 de Marzo de 1901.
piraba compasión profunda; la quería •~orno
á todos sui; ciegos, como una hija; uo se sintió
ni por un momento contaminado de la pasión de
L uz ; pero juzgan{lo que su ternura y predilección
p or ella habíau si&lt;lo parte princinalí;;ima en hae:er brotar un sentimierito profano t•n am1cl corazón ardiente .Y virg("J], se prometió enmendar su
inrnluntario error, cortar el mal ele raíz y ensayar
el romedio á la yez banal, bru tal y heroico de la
au:'encia.
Llamó á Don Juan, habló con él largo y tend ido, le hizo comp1,c-n&lt;ler la situación .Y se decidió,
en combinación con Doña Ho:'a, llevar~e á la niña
al eampo.
Se explicó á Luz que i:;us ne rvio~, su,- tristeza:-,
rn inapetencia, ~u,; insomnio;:, crnn consecu0ncia
clel mucho c.:;tudio y de la vida sedentaria que hacía años llevaba, de la nostalgía ele la:- rosas y ele
las bri,:a,;, y que el doctor aconsejaba cle,;canso, rnpo~o ele ~u e¡;píritu y una ternpora&lt;lita en el campo; que cu cofüecueneia, irían á pa,ar unOl'; dín,:
al pu&lt;'blo, mientras ella se re,;tahlcda. A la sola idPn ele la au,;cnria, Luz ~e sublevó, lloró, protl';tó; con t al de que no ~e la llcYaran ni la :::acaran del cok•gio, juró no e.,tueliar ya má~, comN
bien, reir, cantar, dormir, t odo cuanto ~e aui~icra. Don ,Juan y Doiia Rosa. á qnient':- aterraba má-;
&lt;·1 amor quimérico de la niña que sus acha.qtw" . .'.'
mantm·icron firme:;; 1le la~ súplica,- pasaron á las
amenaza,, y Luz :sufrió un primN ataque de rn'rvio$, aterrador é inofensivo como todos. Al verla
eonruba, tetánica, C'spumante., la opulenta cab1°l1Na en de:sorden, y pegajo~a ele viscoso ~ud rw,
estmicron á punto de desist ir; ~ro el ~eñor Diredor imistió, y con razones de peso : la situación era in~o~tenible, ¡ á dónde iban á parar! ¡ cómo fomentar aquella pasión imposible y que comenzaba á suscitar hablillas que podíau llegar al
escándalo! El, el hombre fuerte é incorruptiblC',
comenzaba á sentir r ubores de paje ante las fra..'iCS
tierna,; y las caricias cand{'ntes de la muchacha;
ya había SOf!&gt;rcndiilo sonrisas maliciosas y cuchicheo!'- burlone:- entre preíed&lt;IB y alumnoo.
-Así e;:; que ... nada,~ontinuó el Director, ¡ á llevarse á la niña ! dentro de algunos meses ya
no se aco:rdará de e:a historia.
. Dicho y hecho; empaquetaron á Luz en la d i1igencia. y reintegraron con ella su antes tranouilo Y de-lic:io~o domicilio de Atlixco.
La partida fné cruel; Luz lloró Y se desmayó.
cayó en conrnbiones, y llegó al pueblo hecha un t

�lástima y un mar de lágrimas. Doña R?Sa confiaba en el aire puro del campo, en las brisas perfumadas en los baños fríos, en la leche fresca
Don Ju~n, que había leído algo de Lamartine,
abrig,aba temores y sentía desconfianzas.
Nada oudo distraer ni consolar á Luz. Como
si la hubíeran reconocido, las palomas bajaban del
palomar para poi;arse en sus hombros y picotearle eomo besándola, los labios; en el corral, canto»
triunfales de crallos, cacarear de gallinas, piar de
polluelos, grit~s est1:idente~ d? pavos, ~ai,-cajada~
de guajolotes, la deJaban rnd1fcrentc. y ante~ la
importunaban que dívagarla. En el jardín, el aroma penetrante &lt;le jazmines y azahare:., el lenu·'
períume de la,; ro,c:a,;, el zumbar de lai; abejas y
moscardones, la frc.;cura y la soledad del emparrado, la atraían. á la vez que la enervaban. ~e la
veía á menudo hincada, medio recostada en el
banco •rústico, como si tuviera una mano rntrP l,t
suyas, seguir atenta una conversación, qne
no se oía; se la oía murmurar respuo.,tas a prr
guntas aurentcs, y pe1mianccía horas enteras extátiea, inmóvil. siu·uiendo en :-u t•,píritu el desarrollo de su sueño.
Un dí-a que Je. pre:rnnfaron:
-¿ Qué haee~ ahí? ( 'ontt•;;tó maquinalmente:
-Platico eon el srñor Director.
Enflaquecida llegó, á poco; estaLJa demacrada:
en vez de do1111ir. vagaba gola á deshora por C'l
jardín; huía ele todos, y abgtraída y ensimisma&lt;lMpronunciaba frase~ intoherentes.
-Se nos muere ó se nos vuelve loea,-&lt;lccían
los viejos.
El médico lora]. el c¡ue la Yió nacer, per&lt;lía los
bártulos, vaciaba la botica. y acabó por intimar
categóricamente :
-LléV{)nrela o-tra \'ez, ó no :r&lt;.&gt;,;pondo de su ra
zón ni de su vida.
¡ Y vuelta á cargar con Luz á }léxico!
El señor T .... no :;npo qué hacer ante el fracaso de su tentativa v va tiraba la montera. Un
día, platicando con ei inédico &lt;lel asilo, joven y
guapo él, de gran talento, un poco escéptico, como
hoy diríamos "fin &lt;le siécle··, y medio psicológo,
el seño,:r DirC&lt;:tor tuvo una idea que creyó genial:
-¿ Si la hiciéramos operar y recobrar la vista?
Es seguro que al wrme caduco, cano. rugoso y feo,
Luz se curaría. En su imaginación debo :;er un arcángel; si llega á ,·erme anciano, achacooo y an.tipático, su pasión, de por fuerza, tiene que extinguirse, y quién sabe si ya viendo, encuentre un joven de quien enamorarse,!
-Puede muy bien, arguyó el doctor, pero acaso se ha~ usteu ilusiones. El hombre, ante todo,
ama los Encantos, la belleza plástica de la mujer.
Para la mujer, el físico del hombre, es secundario.
En estado de indiferencia y en igualdad de circun~
tancias, es seguro que prefiere un joven á un
viejo; pero ya enamorada. dudo que la demostración de la fealdcad ó de la Yejez del objeto amado, la bag-an dejar de preferirlo. Si llegan á enamorarse de los feos, ,:abicndo que lo son, de lo~
mónstruos, constándole,- ,:u deformidad, qué mella quiere usted que les hag-an esos atributos cuando ya aman!
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EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 10 de Marzo de 1901.

_ "I

-Sin embargo, ella debe reputarme
hermoso. ¿ Qué conoce de mí? mi sér moral mi afecto hacia ella, la compasión que
me' inspira, la benevolencia con que la
trato. ¿ Pero de mi persona física? E!
~onido .de mi voz, la forma y el temblor de
mis manos, la lenta cadencia de mis pasos. El canevá está en blanco, y sabe Dios
lo que su fantasía haya obr&lt;lado en él !
probablemente un efebo,
ttn ángel, un ~emi-dios: y
cuando vea este torso encorvado, estos ojos empañados v lacrimosos, la~
canas, las arrugas, ele seguro me verá con horro··
y ,:al&lt;lremos airosos del
paso. Además, la;; reflexiones de usted, completan mi plan; si Luz
recobni la vista. cuando
llegue á verme. ~·a habré
procurado que ,;epa lo que
-;on la juventud y la belleza, y el golpe será seguro.
-Así sea; en tod.&gt; ca~o, La experiencia es curiosa y ruego á usted me
¡,ermita e;;tar presente el
día que o8tente sus encantos ante la atónita
mirada de Luz.
-Cuente usted con
ello, como yo con sus luces y conseio.s.

-f

***
Decidido á quemar sus
naves el señor Director. '
;,e aipei"Ronó con la úi.milia, y íué á hacer á Luz
una vii;ita. Luz recobró en aquel del ieio~o momento, el apiñonado color de las mejillas. el tono d~
Hl~ mú"culo~, el timbre ya apagado de su Yoz, la
luz, empañada ya, de sus pupilas. ~ntada en un
banquillo, como en el colegio, á loo pies del señor
Director, con una mano del viejo entre 11:lti suyas,
Lu1. irra(liaha felicidad y seguía la hábil conversación del anciano. Este, parecía inspirado; hahló &lt;1cl ciclo, de lo,; astros, del sol, de lo;, arrebol~
ele la aurora y rle log celaje.~ del ocaso. Ensalzaba
y ponderaba e-1 arco iris, las livideces del relámpago, la e~mcralda de los campos, las alas de oro de
b~ mariporni:, la nívea blancura ele las nubes, el
eintilar rl&lt;· las &lt;'::itrellas, y en media l1C&gt;ra hizo la
rporiera rle todo,- los fenómenos y de todag las
c.&gt;sa~ visibles.
-La múiica más dulce, el aroma má,, delicado,
el ~abnr más C'xquisito,-decía,-¡ qué son y qué
rnlcn al laclo de la lu1., de sus camhiantes v ele su~
matiee¡; ! Ver,-agregaba.-&lt;lesdc la fall1 rle la
eolina ~eqientear el arroyo en el valle. pasar h

-Pues mucho va á ver la niña cuando ni nosotros mismos vemos,-deeía Doña Rosa, que se
sentía--con ímpetus de p.e~lizcar al Docto~··
_·y el señor T. no viene ?-pregunto Luz..
Ah! eso no,--&lt;:ontestó con aire de suficien:
cia el oculista, que estaba en ~ntec-edentes.-El s~ñor Director es como el ramillete con que terminarán los fuegos. Lo verá usted á su tiempo; c·uando pueda sin peligro soportar la luz y cuando ya
sepa ver.
.
-¡ Cómo que sepa \'er ! pues qué más necesita
saber ver si ve !
-Ya le expliqué eso largamente á Don Juan.
No basta que la operación se haya logra~o; a~~
principio Luresita "podrá ver, pero n? ~abra ver;
tendrá todos los elementos para percibir, pero no
percibirá.
_
-El demonio que lo entienda; s1 puede ver y
.no ve, será por puro capricho, porque yo," usted;
y todos loo que podemos ver, vemo-s, y no se por que
€Ha no lo había de hacer. Y tú, Juan Lanas, que
nada me habías did10 ! ¿ v dónde vamos á encon trar escuela y mae,:tros para que la enseñen á ver?
-l;"stedes mismos serán los maestros. " vo los
aleccionaré. Por lo pronto, y ya que las heridas cicatrizaron y que no ha~· inflamacfón, vo~· ;'ápi~l~mente á examinar el fondo del OJO, despues d1re,
casi con seguridad. si la niña llegará ó no á
ver.
El oc,ulista armó un aparato provil'-to de un c~pejito, é inundó de l~.1z tomada _de una lám.~ara y
reflejada por el espeJo, las pupilas de la runa, to;
davía concentró los ravos con una lente, y lanzo
hasta el fondo del ojo: un haz -deslumbrador.
- Chula.- decía Doña Rosa,--eso es el cardillo, ¿ lo ves?
.
-No,-resp001dió Luz, nada más s10nto muy
raro en la 0.1.beza v ardor en l os ojos.
-Pues hija, si no ves C:3€ ca11dillo, te luciste Y
nos lucimos,--comentó Doña Rosa, que estaba ,va
nerYiosa, impertinente ~' hasta agresirn.
-Todo va bien, dijo el Doctor
terminado el examen, el fondo del
ojo está sano, la pupila inta.eta,
el humor vítreo ...
-Sí; como dicen luego, todo,;
somos honrados; pero la capa no
parece! Mucha papilla y mu&lt;:hos humores; pero la pobre no
ve ni el cardillo ! ¡ Estamos frescos!
-La niña verá, respondo d~
ello. De,,de mañana, y ciñéndose
á mis instrucciones para abreviar
y marchar más aprisa, comiencen
á enseñaTla á ver. Y o daré mis
vueltas.

Yista por el ametista coronado de armiño de laa
montañas. abarcar el variado Y espléndido horizonte, wr aB&lt;'e11der en elegantes e;pirales el bruno
ele la cabaña, despeñarse en diamantes la cascada,
romperse en espumas la resaca, fulgurar el rayo,
flamear el rnlcán .... e~o ef' divino! quien no ve,
no vin.&gt;. no goza, no puede ser feliz: está condenado al dolor en su cárcel de sombra:;.
Luz se había puesto poco á poeo en pie, sus ojos,
insensibles y luminosos, pa,Tecían rnr á lo lejos . .•
la inmen;;idad ! Volvía lentamente la cabeza como
recorriendo un vasto panorama, la nariz dilatada, la respiración jadeante, trémula de emoción
y resplandeciente de beHeza_
-Veo, veo,--·cleda á media voz mientrai; habla•
ba el viejo, y luego, cuando calló el anciano, dejó
escapar con desaliento esta;; palabra;;:
-Xo, no veo, ¡ quién rmdiera wr !
-Tú. si lo quier°", es mu_v fácil; un juguete,
un piqnetito (]ue ape,nas sentirás; los médico-: rdS•
ponden de todo: ~e ap1't'i-uró á decir el señor T . . •
encantado del éxito d{' su estratagema.
-Y te llevaremos á la Alameda, y al teatr:&gt;,
agreg-aba Doña Ro.&lt;&gt;a.
-Y á Santa Anita v al circo. completaba Don
,Tuan.
·
-Y admirarás la Katnraleza, v verás el cielo
.Y los a;::tros, aponba el señor T .. ·..
-¿ Y lo veré á usted también ?-preguntó ella

***
Resuelta la orerac1on, se acudió al oculista del
pro, quien la practicó con su maestría acostum·
brada, dejando veu&lt;lados los ojos de la niña unos
días, en espera de la cicatriz de las heridas.
Etornos fueron, para todos, aquellos días de angustiosa Cl'pera. ¿ Se habrá logrado e,l resultado?
;, Llegará Luz á ver? Doña Rosa y Don Juan ,no
pegaron los ojos en todo ese tiempo, y sen~1an
trnsudores á la idea de que la operación hubiera
fracasado, idea que parecía complácerne en ator·
mentarlos. Sólo la enferma, fortalecida por las
asiduas visitas del seüor Di l"ector, esperaba tran·
quila y con una seguridad absoluta. ¡ Quería ver, Y
lo quería con tanta intensidad y emergía, que .no
dudaba; de qué, removic1o el obstáculo matenal,
J10('ob~a plena y completamente la vista!
Llel!'o.:iel momento solemne: el Doctor hizo cerrar las puert-as v ventanas, y procedió á quitar el
,endaje, alumbrándose con una vela provista de
un velador.
,
"'

En otra ocas1on, Don Juan se pu~o ~ _pa~ar y
repasar frente á. {'!la, hast~ que consigmo que l a
joven lo siguiera con los OJOS. ,'. .
t
-Eso que ves, soy yo,-le dec1a --~hora es oy
á tu izquierda. ahora á. tu derecha, Sl!!'?;eme.-,_
Luz lo se.,.uía en su5 movimientos, perd1endole á
i:,
,
t
ratos y volviéndolo luego a encon rar.
,
·
D
- I:?.o-a
que se
O
Esta experiencia encant o a ona
,
puso á repetirla.
·d
-Ahora vo,-y moviéndooe en todos s_enh os,
-búscame.~eeía.--estoy junto al balcon . • • • •
No. tonta, de este lado.
_
Luz ac.abó nor fijan,e en ella. Dona, R osa! loca
de gm,to y puesta en jarrat&gt; frente a la Joven,
decía:
.
-Esta soy yo : mamá Rosa; tengo m1 ba,ta de
percal y mi ma~cad~ en el cueUo; esto se I lama
fistol " estos son amllos.
. .
.
-¡ Anda allá, mujer! qué va á d1::1hngu1r todavía fü.toles 11i anillos; confórmate con que te

exhaños y fantásticos; cruzaban como saetas cosas
flotantes, y dos claraboyas de una. casa frontc~a~
fueron como dos ojos de buho g1ganteseo, fiJo"
siemure en ella \' amenazadores.
E~ la inconsi,,tcncia del medio que la rocleah~,
v la variedad de sus aspectos, que le prntl ucia
~-értigos. había que traerla y lleYarla ele la mano,
nunea sabía don&lt;le comenzaba )' donde acababa la
t'S(·alera. CuaJUdo quería auda1; sola y sin .t,10piezo, e-erraba los ojos y echaba a and~r, hacieudolo
mejor ú ob,:;cura~ que ron ~uz : soha pe1manecer
largo rato en plena obseundad, para eo~·apa~ al
mareo que'le producía aquel rale1doscop10, ~1empre en 1novimiento, y hui&gt;? momentos en q~1e lleeró ú creer que ver era fatigoso. estorb().".o, nnportuno é inútil. Por la noche. durante su sueño, gur ·
gían de nuevo y le asediaban todos aquellos figurones y aquellos fautasmas.
Por fin. llegó á ver, como vemos todos, con claridad, co1Í preeisi61~ y discerni,mi~nt_o. ~a habí~u
enseñado con espeernl e€mero a cl1stmgu1r un JOven de un viejo, una persona bella ele una f?a; -e
habían esforzado en ponderarle las excels1ludes
de la juventud y de la hermosu~·a. Xo bastando 1~
"casos" en el círculo de relaciones de la familia y en el de las nuevas é improYisadas que se
t,ontrajt•ron exprofeso, la documentaron eon álbums fotográficos, periódicos ilustrados y cuanto
vino al caso. Se la llevó á Yer en tearr~ y pMrM,
á euantos más jóvenes y hombres hermosos y elegantes fué posible, y solían decirla para sugerirla :
-Xo volte€S; ahí rn un viejo.
To&lt;lo esto lo dejaba haC;er Luz sin cau-,arle extrañeza por no estar en el secreto. n día, sin embargo, en que Don .Juan se prodigaba en improperio:; contra los viejos. Luz le fué á la mano di •
ciéndole:
-¿Porqué quiere usted tan mal á lo;, aneianos?
rsted y mamá Rosa son Yicjos. ~· son muy monos
y muy buenoo.
. C're_veron peligro~o insistir en aquel manejo. que
podría despertar la -:uspicacia de Luz, )- decidieron tentar la prueba suprema. La jo,·en estaba,
por lo demás, muy aleccionada, )' había hecho
grandes progrwoc, no ~ólo en la distinción entr~
Yiejos y jóvenes, sino también en su capaeida-d para apreciar la belleza. l.:'"n sentimiento e.stético,
innato en Luz ? una enseñanza objetirn asidua,
habían dado á la joven alta~ aptitudes ele apreciación y ele crítica plásticas.
Si Doña Rosa. Don Juan .r el señor Director
hubiernn adivinado lo que pa;:aba en el alma de
la niña de:;de que inie:iaron su educación estética,
hubieran batido palm,ls y eantado Yictoria. A medida que Luz discernía lo bello, que se ~aba cuenta del brillo de una mirada. de la corrN·ción de
un perfil, de la arrogane:ia de una aetitucl. ele la
gracia Y· flexibilidad de un morimiento. ib:l re1·i~tiendo en su mente, con ese atributo. la imai,cn del señor Director. Para ella, el $eñor 'l' . ....
á quie11 nunea había vi,:to, aeabó por ser joven,
arrogante; A polo. por la gracia; Hércule,,. por fa.
fuerza. Su fanta,:ía lo fné poco á poco reYistiendo
de ensortijada c-abellera, de barba poblada; le atr!bu~-ó ojos negros, de mirada profunda, 1rnriz grieP'a. boca carno,,a .v fresca, torso robusto. cintura
flexible, ma,no nerviosa, pie seguro. andar airoso, y c,uanto encontró á mano de bello, de juvenil
~·. de viril.. Lo vi~tió, igualmente, á su antojo: le
nta de neo pano, sombrero deslumbrador, &lt;:haleco .Y camisa de nieve, pantalón extrarico. bastón
11ltr,ad1ic:. Dentro de ese traje, metió el cuerpo qua
habia. sonado, dentro del cuerpo el alma, bien
eonoc1da para ella, del señor Director, y se creó
un amante, á la vez Adonis, Grammont Ca lerousse y Francisco de Paula, y á él cons;nó su
0
Yida, sus éxtasis y sus transportes.

r

***

Al día siguiente comenzó el
aprendizaje; sentaron á Luz en
una poltrona y entreabieron un
poco al lado del bakón. La ciega no notó nada, lo que arrancó
una mueca á Doña Rosa. Pero poco á poco, y como sin conciencia,
Luz se había vuelto y tenia los ojos fijoo en la
franja de luz del balcón. Parpadeaba á \'l'Ceti,
y después comenzó á buscar con las manos y á
tentalear algo del lado de la luz.
-¿Ves algo, niña?
-No sé; pero creo que hay algo enfrente,é insistía en querer tomar aquello con las manos.
Intervino Don Juan y fué á cerrar el balcón.
-¿ Pero Qué te pasa; hombre? Ahora que empieza á ver algo, le cierras el baleé;:;_!
-Déjame en paz,-y continuó su lección.Eso que estaba. enfrente, ¿ dónde está?
-Ya no está.
-¿Y ahora?
-¡ Ahí está !-y bataillab_a por tomarlo.
-Pues eso es lo que llamamoo luz, eso es la
luz.
-La luz .... --decía la enferma con poca convicció11.
-Fíjate ahora; esto es más luz, ahora menos,
ahora nada.
-Sí. sí, ya la voy conociendo.
-Hasta que quiso Dios !-exclamó Doña Rooa.
Pocos días después, Luz daba á entender que
entreveía ya las cosas, designándolas vagamente
con esta indicación : aquí más b1z, aquí menos,
aquí nada, según el color brillante ú opaco de lo;
objetos, ó según el claroscuro de la pieza.

Domingo 10 de ~Iarzo de 1901.

medio vea en conjunto, y date de santos si lo logras.
A estas alturas el aprendizaje, Luz tenía ante
lo:, oj-os, un panorama extraño, según después
pudo describirlo: Los objetos le parecían pintados ó proyectados sobre una pantalla, todos á la
misma distancia. ninguno de bulto, sino romo
"untados'· en el muro. Loo objetos eran manchas mal limitadas, de colores diversos; pero poco matizadoo é indefiuioles. Las cosas en movüniento deslizaban sobre las otras pegadas á
ellos, como quien se desliza á lo largo de un muro.
Aquellas sombra6 chinescas eran ridículas á veces, á veces sinie5tras y hasta terroríficas.
Cada persona llevaba tras de sí su propia caricatura, su sombra qne ge;;:ticulaba, hacía "lo:, enanitos y los enanotes;· se alargaba, se inflaba, C!'cal~ba el techo, se arrnstraba por el -suelo y ,;olLi
gm.r al rededor de la pen:ona misma como esquivándola y burlándola. Poco de:-pués, el gombreado
de los objetos. le parecían hueco:;., Yano,-, vacío;; en
ellos; la;; puertas, cavernas, si la pieza contigua estaba obscura; los ba.J.con(IS, fanal&lt;'S_
Vivió dos ó tres meses en medio c1e una pesadilla; tropezaba con todo. tardaba "años y felice;:
días," en llegar á pu:üos que le parecían cercanos; surgían de improviso á su lado figurM y seres

** *
El momento decisivo llegó. Conforme e:.tnba
c-ourenido, se dieron cita el Doctor escéptico y--e~ señor Director. Aquól, como todo el que s·~
~1ente hermoso y Ps elegante, hizo una toilette e;;.
rnen~da, la de t_?dos l.os Lovelaces en las grandes
oeas1,ones; el senor Director, por el contrario. ene~rrn su torso, olvidó rasurarse, descuidó el cep1llo, y con su levitón más viejo " su corbata má~
raída. acudió á la cita.
·
Luz esperaba en la sala el momento máB dule~ de su existoocia, impaciente, pero confiada. Ha.
lna logra~o, eomo todas las naturalezas pasional:5, _suge1:11~e de ta,l mod~ que .ni se pregunbiba
s1qmem ¿como sera el senor Director? ¿qué im-

�Domingo 10 de 1~arzo de 1!)01.
presión va á pro&lt;lucii,me su persona? Para eHa, aquello i:o se
preguntaba ni 5e discutía, m po··
día de otro modo suceder : el señor Director entraría luminoso,
radiante como un astro, Y ella
caería á sm piea gritándole :
-Gracias, mil gracia!', por h,:befüc tlejado contemplar y adnnrar !
De pronto, un timbre que r;bw,
pa:,;os y voces confusas en el corredor y en la ante,;ala; la puerta
tplC se abre, dos hombre,, que entran v Luz, clesatentatla, lor,1,
radi;ntc feliz como nunca !1:1bía
' serlo, se arroJ.a en b'raconcebido
zos del Dodor, cxclamam1o:
-Se11or, señor, qué hermo~o e~
usted. . . y cae desplomada . . .
El señor Director y el m~dico
i,e retiraron, aquél, radiante _\ feliz, éste, confuso, caviloso, pro-•
fundamente conmovido.
-¿ Qué ,t al, anüguiitr\-:-dechi.
el :;eñor T. . . dando amisros..--:..,
palmaditas en el hombro dt&gt;
amigo,-¡ qué le había yo dicho!
¿ Yerdad que ha sido un riran
golpe?
-Sí, sei1or,--conte,tó el otro,
-mortal.
***
1Io1-tal en efecto. Cuando Luz supo lo que había pasado, !?orqu~ ~e apresun1:?n} decÍl;el~, creyendo así "consolidar la curacion , quedo e~tnpef ,,&lt;ta.
. .
-¡Cómo ! ¿no era él? ;,había perdido el JUI·
cio? r,·era posible el error? Bah
... . se
chancean,
] ,
?
no es posible, ¿quién otro pe{ na "er.
. .
-:X 0 , hija, no; no era él, era el otro¡ el n~Jo,
el encorvado y tembloroso, el de la levita ra1da.
¿no lo Yiste? ;. emnarañac'.o ~:_feo é]? . . .. _ .
Desde aquel momento smho ~uz u~a C?"ª imposible de clescribirEc, y que_aca h~ por msp~ra~le horror y a;:co. Amaba al ~enor D,irccto:: s1, sm d1~da, con toda rn alma, y senha tenble remonlimiento de haberle ~ido infiel. aunque por enor,

por extravío y sin voluntad. A la vez, la a&lt;Sediaba
la imagen arrogante y jmenil del Doctor. ¿ Lo
amaba también? :N'o quería confesárselo, se lo neo-aba ob,,tinada v descaradamente á sí misma; peºro acabó por no .podér,;elo ocu1tar. Su
., amor se d_ualizó, por decirlo así, y fué ta&lt;n fogoso, tan ard1en te para el uno como para el otro. Con el alma, con
lo que el corazón tiene de má.;; noble, de más puro
y de má~ abnegado, amaba al Reñor Director; con
los ojo~ del e~píritu, no veía rná,,,: que á él; en tanto que con los ojos del cuerpo, no veía sino lf'I j n''entud, la belleza y la arrogancia del Doctor, y
que con su organizarión de mujer, sf&gt;n.,;ible y apasionada, no amaba ni podía amar á otro.
Quería hacen:" i lusioncs, dividi:rse, ceder ll cada amor su parte de presa, y dar la mitad de su

MELANCOLIA

NUESTROS GRABADOS.

Hondo anhelo de infinito,
Perfección nunca lograda,
Verso extraño y exqui.sito,
Frase rica y torturada,
Frágil cuerpo, sang~e enferma,
Carne impura y enennga,
. Que se a,duerma,: que_ se duerma,
Que descanse m1 fatiga.
Cada nítida roañaua
Entre un hálito de aroma,;
En el aire se desgrana
La parvada de palomas,
De palomas mema~eras . ,
Que en su vuelo h~c1~ ]as ClllHl6
Van en triángulos e hilera,;,
La parvada de mis rimas
En perpetuo y t~iste viaje
Por los cielos lununoso:;
Con un mfatico mensaje
En lo.s picos armoniosos.
En las lilas del Poniente,
Ca,da tarde gris y quieta,
Yao-amente, Yagamente,
8e l evanta una silueta
Que conforta mi alegría,

y en la noche azul Y pura,
La a&lt;lorable Poesía
Desvanece mi amargura,

y deahace en mis tormentos
Amor~a y aniadada,
El collar de lindos cuentos
De ]a bella Scherazada.

€/rerr Jlebolleoo.

EL MUNDO I L USTRAD(')

E L MUNDO I LUSTRADO
sér á cada cual: su espíritu al
uno, al otro la forma sensible, ma.
terial y exterior.
-El señor Director será mi pa.
dre, el Doctor será mi espo-:o . ••
Y se le erizaban los cabellos al
sentir, sin explicároelo m cas:
concebirlo, que tenía que ser toda del uno ó toda del otro : que
para conseguir al primero, le en,
.fuerza dejar al segundo, y qu&amp;
para caer en brazo:5 de éste, era
indispensable prescrnd1r del Qtro.
Y no lo podía, amaba á lo,; do,i,
y un amargo intolerable le subía á la garganta, al sentin;e viro-en v adúltera, y condenada á no
~ealizar jamás e;;e divino ideal di?
la mujer pura : pertenecer, todP,
en cuerno y alana, á un solo hombre.
Aquel dolor minó su exi.,tencin,
precaria ya después de tanto S'lfrimiento y tanta angustia;
demacración se acentuó, sus fu~,.
zas decayeron y comenzaron
extinguirse. Cua.n do se ~in•i6:
próxima á morir, hizo venir al
señor Director, y á su cabecera, le
t01J11ó, como acostumbraba, u•·a
mano entre la.s suvas, sudor~s-1~ •
verta.s; cerró los ojos para verlo mejor, y
dijo:
.
-Señor, perdóneme lo que le he hecho onfnr.
:N'o tuve la culpa ...
-Perdóname tú á mí el no haber podido cura,
te y el hacerte morir . .. .
-Xada tengo que perdonarle... E rró u~t
la cura; pero fué por mejor acertar~a. Hay mej
res médicos que los hombres .. . . :M1 mal no ten
más remedio que la muerte. Sea bienvenida; ell
resudve todos los problemas . . .. el mío w hre t
do. Allá -y señalaba el cielo,-poclré amarlo s·
' porque seremos libres y amare a' us
obstáculos,
solo, exclusivamente, porque á la vez será ust
hermoso y bueno.
Y besán dole la mano, ~piró.

.

DR. M. FLORES.

esa entrevista y de esa complacencia común b
tó el idilio que, como "blanco azalrnr'', perfumó 1
vieja mansión de los statonders.
''La X oche'', que es el nombre del cn1d.rn qu-3
Los estados holandeses, aquellos mismos rs
en primer Jugar publicamos hoy, es una bella evo- dos holandeses que alzaron el gallo á Felipe I
cación de la deidad que pasa "callando ru.ido3 y y á Luis XIV, ejercíeron el poco símpátic:i p
a.pagando luces''.
.
pel de suegros en esta boda, trama,da por el c1m
Está la fúnebre ninfa representada en me&lt;l.10 ue y realizada por la inclinación; y consiguiero
un bosque tupido en que abundan las lianas y que el novio, furioso y resuelto á no tratar má
las plantas parásitas, teniendo á los pies una av~ de la tmióu, se volviera á su tierra germánica.
agorera de esas que, gratas á la obscnriclat1,
Pero contra el amor nada valen los cálculos
graznan de manera siniestra en medio de h
la política: Enrique se vió obligado á ceder al
sombra.
La actitud de la figura, aunque no exenta ele: algo cedieron las cámaras holandesas; y el res
defectos, tiene algo que la _hace parti;1_llarmenb~ taclo fué este matrimonio que tiene toda la fr
prestigiosa, la cabellera tupida y negr1S1ma y los cura y el primor de un exquisito cuento de had
ojos s01111brío.s y evocativos, q~e recuerdan la cl,1Lvs holandeses, como buenos habitantes de
mide de estrellas que caraderiza á la noche.
húmedo y frío, gustan grandemente del c¡1n
Decir el número de sociedades corales, de músi
El Matrimonio de la Reina de Holanda
públicas y particulares y de orfeones que se ?º
gratularon por el feliz suce,oo, parece impos1bl
Por mucho tiempo, pTeocupó en gran manera 6
El adorno que se colocó en las calles y pla
las cancillerías y á los que se intere1,an en lo to- fué exclusivamente ele Yerdura, de verdnr,1 h
cante á las nuevas de la:; corteB, una, cuestión a) meda y fresca, que daba á la carrera el a~pecto
parecer irre:::oluble: ¿con quién se casaría la b1;- un bosque en prima,era.
lla v joYen reina de Holanda?
También la iglesia estaba decorada con ve
Por ser quien es la simpáitica prince:,a, es dt'·· dura: las viejas columnas ele la ''Groole Ker~",
cir, por pertenecer á la gloriooa y legendaria ra
órgano de gigaintescos tubos, el púlpito de ahca
rna de los Orangers; por ser tan bella y cleli~ada. da ebanistería, desaparecían bajo bosques ele plan
que los holande,-:e.; entu,;;iastas la comparan á la tas ,erdes, colocadas con tanto a1-te como prof
ideal amazona &lt;le los Xibilungos; y por gobernar sión.
el pueblo neer]andé-¡:, uno de los más granaes y
_\lgo parecido á un teatro, un tablado r i1níiÜ
l1ichosos que hayan apareci-do en la historia de
1a hmnaindad, la noticia de rn enlace ha llarnallo mo puesto en medio de ]a iglesia, fué el ln.,
ilonde los novios y los principales concurrentes
la atención general.
Como se sabe, esta umon fué obr¡¡ no ,le l:1 colocaron.
íría y ceremouiosa razón ele ~ta&lt;lo, &lt;-ino d¿ fo.,
Hoy los jóvenes d~poj&lt;ados gozan en rn bello
inclinaciones de los jóvenes despo~ados. El du- distante castillo de Loo los hechizos de una ]u
que Enrique de }lecklemburgo-Schwerin y la rei- de míe], que hacen más bella su. hermosura,
na Gu.illermina se vieron y se agradaron; y éle juventud y su poderío.

Domingo 10 de Marzo de 1901.

l

---- .

• t •

•ª ....

:;.,..-..= .....

LJLTIMOS ECOS

DE LA ESTANCIA DEL "VINETA"
EN 'A G UAS: MEXICANAS.

El crucero rulmnán "\Tineta", después ele permanecer en la,; aguas de nuestro primer puei-to durante algunos días, se marcho con dirección á la
América del Sur.
Los marinos, antes de alejarse de las costas ill} •
xicanas, hicieron saéar, á instancias de sus amigos, vaTias vistas del gallardo y elegante barco que
t,ipulaban, y cuyas condiciones dé celeridad, li g~reza y buen andar encomiamos debidamente á
su tiempo.
El "Vineta" es una prueba. del cuidado y atención que el joYen emperador germano consagn
al importantí1úmo renglón de la marina de an
natria: en po.co;; años la vieja flota, llena de defectos é incapaz de resistir el ataque de una verdadera potencia marítima. que existía haoe todavía poco tiempo, ,e ha conve1,tido en una de las
mejores y 1mí., bien organizadas del mundo entero.
La con,:,.trucción anual ele varios barcos, 1a
apertura de canales que expecliten y hagan fácil la
navegación, la cuidadosa y constante instrucdón
de la juventud que se consagTa al mar, han traído
el resultado que hoy admiramos en el "Vineta ·•:
una oficialidad coHecta y entendida, una noble
y saludable emulación entre las personas que l.t
foNnan y la serruridad de las costas y colonias qu~
constituyen el imperio que hoy rige el genial y talentoso Guillermo II.
0

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 10 de Marzo de 19.0L

Domingo 10 de Marzo de 1901.

EL MUNDO ILUSTRADO

IMPRESIONES DE LA SEMANA
Primeras flores.
EL mercado de florl'=' se ha rcju\'Cnl'Cido en
estOb día,;. Bajo la \·icja cúpula de hierro,- mohosos y de ,·idrio,; polvo.,,o,, hay una animación de
pajarera, más inquieta y ruido,;a cada vez, conforme \'an llegando los tibios men,:ajes de aire perfumado con que, como es costumbre, no, ,alud,1,
ante,- de pre,;entán:eno-., la señorita Primavera.
E11 X oviembre, este mismo lu¡;ar e;; el aba,tecedor de los comenterio,. La multitud que á él
acude, circunspecta y grave. no -e parece á la de
e,;te mc.,'.S, tan ri,;ueña y jubilo,a. que ba4a co11
verla para sentir cómo n~ lk•g,1 hüsta el comzón un buen 1,oplo de alegría sana. En ~oriembre. el mercado ,;,e de.:.borda de ,m glorieta circular, y como la taza de una íuente colmada, deja rodar por sus escalinatas de piedra. hasta anegar la;; baldo-a, del cmbanqtwta&lt;lo ). los arriate,
del jardín del '· Atrio... un manantial de flore,
y de nm&lt;-go:;. l'ero. no obstante la riqueza de
las c-orolas, la c-a.pri('ho,a rnrie-dad de los pétalo,,. la mezola deslumhrante de los matice", en
todo aquel caudal de hoja,; y de estambres. domi11a un tono tri;ote, una ,·ciada opacidad, un ambiente enfermo: las ro~a" blanca$ se abaten desmayadamente ,;obre "lb tallo,., e-orno mujeres cansadas de llorar, las margarita,; amarilll'1lll, como
si en !-us alba~ estrellas ,e reflejase la llama de
los blandones, las viol&lt;.'bl$ ocultan entre la, ramas Hl palidez ami c·omo un relaje de im·ierno,
y los pensamiento,. pupil,ls fatigadas, dejan re:..balar el rocío como última:-: lágrim.t,, por ,-u,;
ojera:; de terciopelo. Ha)· muchas c-orona~. ha_v
muchas cruces, hay muchas guirnaldas hechas para rodear lápida,;, ó colgar del mármol
hts
urna,;. ó enredar,-;e en 111,; corni:;a,; de lo,-, :;epulcro,;.
Las gentes van bu:;canclo los adorno:; florales que
mejor simbolicen un dolor, que expresen ~o'l mtÍ,
exactitud un recuerdo, que traduzcan en flores lo
que las almas sientan en pesares, que fraternalmente armonicen con una tumba, que :;ean lamento. y oración y ofrenda, que .á los Yivo.- que pasan le,-: digan : aquí no, ha dejado el amor, con
mano piado,:a, y á lo, muert0:; que dese:an,;an bajo
la tierra obscura y opresora los arrullen con una
músi&lt;'a imperceptible y :mtil c-ompuesta de besa;;,
de su,;piros y de melancolías. Las flore,,; de X oYiemhre 8on ornatos fúnebre,;, cloloro.;a,- alegoría~
de la muerte, pensati"ª" compañeras de lo~ ci-•
rios; ~on flore,- anémica", que abrió el aliento
frío ele las mañana,- nuhl™:la". ~- que no :::intieron por el día el co,;quilleo de las maripo,a, que
van á dol'lnir en los eálic-es su borrachera de ~ol
y de néctar, ni por la" tarde, ,·ieron lo, e-:c-arceo:loco;; ele las golondrina, juguetona-:.-, ni por la
noche oyeron trovar al risneiíor todo ye,,tido de
plata nitilante por la luz de la ré'mota e"trella
enamorada ele ,;u,- canciones. Ron flores que han
i,;entido la nie,·e. que oyeron llorar el agua ele lo$
arroyo,:,. fustigada por el hielo, que aprE&gt;ndieron de
memoria el coro litúrgico de lai- hojas ~eca,- que
-van por los senderoo como una proce,-;ión de peregrin0$, que han vi,,to á lo lejo:-;, las rígidas contorsione,-; de lo8 árboles desnudo;;, que. al erguir•
se. contemplaron en lo alto nido" vado,, ~- al inclinan:e, sorprendieron pájaro,; aterido~ ). agonizante-t-.
Ella-:.- son, las pobrecita;: pálidas. c·lorótica;;,
toclaría bermo;,as como jóvenl'&gt;' tí~ica,, ele esas d1,
ojos febriles y pómulo-: rojizo,;; ella;., ~on la• que
vienen al 1Iercado para que ,;e las Heven :uego
al cementerio, donde ~e tien&lt;lcn sobre la;; pulida;
losas de los monumentos y -:e de;-hojan, ~· se secan,
y son barridas al fin, por la áspera é irren'rente
eseoba ele los sepulturero".
Cuún distintas esta,: otras de' )Ia.rzo. madrugadora,; y fr(.'5('as, que llegan al )[eread? re-cién hañada:-1 por el rocío de la madmga&lt;1a, y que sr rÍCTI
J)icarc,-;c-amente. contenta;; de viYir. de --er bella~.
de haber embriagado á lo,, colibríe,, y c-oqnetcado
con la:-: mariposas de mantos de seda joyante,
y acl:'drndo por entre los tu.pido,; ramaje;., l,li! boda;. fü, la~ ave&lt;.. Estas sí que h1m vi"to á las golondrina:::-, y á :aemejanza de )[ignon, ~ur.ií;in en
ellas: estas sí que han escuchado ariC'ta~ d~ trin~ y cristalinas sonatas ejecutada;; con drlica·de-

a~

za ideal por lo, surtidores de las fuentes; ésta~ ,i
que cantan los bueno=&lt; días, y como much;Jch,b
en un balcón abierto, nos ven pa.sar y cuchichean
e-orno queriendo &lt;letenerno,-, para que las salutlcmo,, con una galantería.
De vera" que están lindas la" c-oquetas; ~&lt;, le,
nota de,-;de luego que son ca~uivanas, frívolas,
aturdida;.. audace.s, deeidoras; tienen la Yoluhilidad de lo,-. quince año~; no piensan ,,ino en y_u.'
son bonita:&lt;. ¡ Oh, }lalherbc, viejo gmñón, no
te detengas: :--igue, sigue con tu pan1"ol bajo el
brazo, y tu libraco de pasta de pergamino en la
bo1",i del gahán empolvado, sigue, filósofo rimaclor
ele la desdidia y de h1 muerte, no les digas á estas ro~a,-. bt•rmejas, tu ,·eh'o manoseado. 111 le,
expliques lo que van á durar; no te detenga-,
frente al '·)lereado''. ~igue, que l a Catedral est.i.
abierta Y llaman á mi,-.a. abre allá dentro tu bn,viario y· medita con Kempi5, en lo efímero !1e b
ft'licidad y de la belleza!
En e~ta~ mañanas de lnen ,-;ol claro y limpio,
de aire ra&lt;lio~o, que e--malta el césped del jardí11
del •''Atrio.., y pone contornos de oro á las copa~ ele los árboles, sólo los enamorados y los soñadore,-, los que no entienden de filosofía,-, los qui?
no quieren saber ~i la vida e~ mala, porque ,1?
contentan con ~entir que e;; bella. son los que --e
detienen ante la glorieta circular del )1ercaclr,,
y compran lirio,. violeta;;. margaritas. rosas, muchas r0$as, to&lt;la!' las ro~as, la~ primera" flores que.
para anunciar;;c, manda la señorita Pl'imavera, á
los soñadore, y á los enamorado,,.

La Opera francesa.

La Compañía francc,..a, que no,; estaba haciendo
proci::;amente lo que la" esperanzas: prometer que
venía y no c-umplirlo nunca, llegó por fin en plen·i
cuare,,.rna, agitando en una mano el cascabel de
la opereta, y en la otra la campana, de bronco ,onido, del drama musical. Al llamamiento acudieron, éstos santiguándose y palmotean&lt;lo aquéllo~,
todos los amantes de la buena música. El Renacimiento se ve concunido noche á n oche.
La temporada "e abrió con ''Hugonote:;... Gran
puerta de oro. El bello poema del insigne autor de '· Africana..., no envejc&lt;·e. ante;; consérva~
henchido de fre-ciua juYenil, no obstante su marcado romantici;::mo. E~ un veterano audaz y vence-dor. Ha ;;obrevivido á rn e-;&lt;:uela.
Y no e;. el llrama de Scribe de e~tructura rnlgar, ni la;; brillante, e,;eena,-. de Descham 1'-, que•
dieron ocasión al músieo para e:icrihir cuatro ó
cinco número,-; ele ,-u ópera. lo que prolon.g a la
vida á los "II ugono({',··: e-- el genio ele )leycrbeer, la ~uprema inspiración del maestro, el encanto de e,a música Yigoro-:a y colorida. que elevó al grandilcx:uente alemán ú la altura de primer compo,-itor de su épOC'a.
En ' ·Hugonotes.. e,;tá, hábilmente interpretildo
el c-ontra,te entre católicos y protestantes. E;;ta
lucha religio,;a en la cual se c-onfnnden los cántic~ c·alvini,ta~. re&amp;pirando ardor y franqueza. y
la.\' letanías romanas, unciosas y lánguidas, sirve d~
marco ,ombrío á los trágicos amore:, de un prote,-tante "&gt;' una católic-a. . . ¿ pero á dónde ,oy á
parar?
)fe detengo: es ya mu~· tarde para entrar en el
anáfüi=&lt; del argumento de "Hugonotes", no
quiero contar la hi,,toria de esta abuela del 11..tP;
todo el mundo la conoce Y se la sabe al dedillo
hasta en sus pormenores u1ás íntimos.
EL tenor J erorne, la :;oprano Talexis )' el bajo
Bouxman, fuC'ron los héroes de " Hugonotes''; e;;
natural. Raul, Yalentina y )Iarcelo i-on las trec;
figura, que tienen reliere en la obra; las demá~
se pier&lt;leu E&gt;n un fondo borroso y lejano. J erome
e,, una ¡;ran voz; la Talexis, una hermosa arti~ta,
apa,;iona&lt;la y ,·ib.rante: Bouxman. un gallardo '.ipo e"(·énico, c·on una voz caliente. flexible Y exten1-a.
·
Rin embargo, la ópera no pndo lucir e-orno otra,:;
vec-l',. Raul ,-.e enronqueció mucho antes de que
la pólrnra &lt;le lo, al'(·ahucei- de 8an Bartolomé. ~,ltura;;c el aire. Asi;;timos á uno,; "Hugonote;;"
sin tenor. No oimo-o á Jerome. lo adivina.mo;. Y
á pe:-11r de e~o, lo a.plaudimo;;. Seguro e,;tov ele
que e,- é~te uno de los más raro;; v de los más legítimos triunfos del cantante francé5.

Las V iajeras
colectivas: bailes veladas literarias, conciertos, comidas campostres' y todo lo. r_e1·
ativo a' "sport" .
Este, dada!- nu~tras con d 1c1ones, se, l~ace cada
día más nec~ario para el clc;-:arrollo f1s1co de la
generación que nace á la vitla de_ la actividad_ ~n
una. época ve1,dadcmmente florec-1entc y propicia

Ya c,.;tán C'migrando las golondrina", las ai-.
d,h del ,ol, e-orno lt":i elijo un amable poeta • ya COJ;
m ienzan á t&gt;:--cribir nípi&lt;las mt,lodía~ en el 'vieut.o•
~'ª hay nota,-. en lo~ pentágramas de alambre del
telégrafo.
¿ Xo a&lt;:abamo,.; de hablar ele
re,? Pue,- por e,.;o vienen.
E~ el tiempo de lo,; espon~ale,;
bre-.. El amor necesita ro,;a.~.

•

JUNTO AL FUEGO
¡ Oh. mi 1umbre amiga; mi novia, la lum
i Oh tú, sola dueña de mi amor eterno!
Junto .í tí l&gt;ebímc azumbre v azumbre
De pone-he,,, fragante:-. en ncx:he::- de invierno.
i. Quién como tú me ama, mi dulce señoril?

¿ Quién e,, má~ hermosa'.-' ;, Quién es má.s ardien
¿ Quién, c-omo tú. luce penachos de aurora
Que te ha regalado el sol e:,plendente?
Lo,, dioses te hicieron, y le,-, plugo darte
Ropón de e:,meralda$, rubíes y amatistas ;
rru belleza e:, tanta, que escapas al arte
De ,-abio,,, poetas. pintores y artista,,.

A todos cerraste la mfatica puerta
Tras de la que escondes tu amor y tus ga]asr
También, á mi ,·ista, ele rubor cubierta,
l~lega::,te, en un tiemn?, tw, púdicas alai;.
Pero te vencieron mis amantes bríos;
Al yugo ccdi,-te ele amorosos lazos.
Y. hoy, sólo en tus labi~ ,;,.e posan lo, míos,
Y ;;úlo á mi cuello anuda,, tu~ brazos.
Tu amor íué mi mu,-a: tú diste á mis ojOI
Yi,-.ión sobrehumana de mágicos lentes;
'l'ú has pne:-;to en mis labioti cansados y flojos
C'ontraceione~ bruscai, de besos candentes.

Bditicio del C• ntro de Depe ndientes.

E1 ~'Centro de Dependientes''
En época no lejana nn" hemos ocupado de esta
-simpática agrupación. t"nn nwtiro de la e.,tudiautina que fo11·. ó y qut' fué t'l único n .,,:,;ucrdo &lt;¡uP
tuvimos de lo que en tiempL&gt;-, remotos era el Carnaval en )léxico.
Hoy damo" á c:onoc·C'r el c1lificio en que la mi,-.ma sociedacl ha e~tablt•('ido una quinta de ,;alucl
para los .;,ocio~ que ,-t' e1H:uentren enfermos, y lo
hacemos -con tanto má,- agrado cuanto que yerno~
en la nue,·a creat"i&lt;Ín un fin t•lerntlo que re ~epara
por completo rle la~ formula~ Yulgar~ del rnutualitimO en )Iéxito, sil'1Hlo de tomar~e cm considera-ción, paar justificar nue,-.tro t•logio, que la ma__yor parte &lt;le lo, miembro,- tlL· 1•! '·Centro de Dependiente,-.. :;on jówm,,. y no obstante las ineli-

naciones propias de la edad, no han pensado en
congregar,;c solamente para !livl'!'tir,t•, ~ino para
,t:r po,-1tiYru11ente útik,-. le,-; un~ á los otro,;.
lla r todavía una eircun&gt;'lan&lt;·ia c¡ne ,tumenta la
,;imptltht hac·ia esa rnrporat·ión: á ella e,tán afiliarlo,,, imliYi&lt;luos de lC)da~ nuc:ionalirla,lt•-.. y rntn• lo;; s()('io., reina. :-in emharg-o. la rn;tyor armonía y confrnterniclad.
:c\lhico, 1loncl&lt;' hay relativamente tan p.x·o&lt;. centro-, de rC'erC'ación hone,-ta. ne&lt;·e., ita mucha, 1lc c-;ta, s&lt;x·iedade,- que scniián para alej,ir á lo,; júV&lt;'lll'S ele las cantinas, culti vnr re-lacio ne.-; ,le RociC'cla,l que los cleYcn é iniciaroe C'll JH'gocio,-. p,pentlati\·o.,; ele ,e¡ruro porvenir. tr&gt;do c-;to :;in perjui('.io ele que dentro rle lo~ límite;; del orrll'n ~las corwenil'llCi,:..:; ~orialcF. tengan r~o~ !!rtl])O~ un
programa marcado para proporcionar:;c eli\'ei·~ionc5

1

l

~cvyccco JcJ monumento que se ercgirácn Verncru.z
á la memoria del Benemtrito D. Benito Juárez.

p:11'a que se empleen ~randc., y juvcnile~ energías

en la realizac·ión tanto dl'l hit'n iluli\·i&lt;lual como
dl'l bien omún.
La, parti1la;; de caza, las reg-a.ta;1, el hase-hall, el
c:rl i,-.mo. la !!imna,ia. cte.. e,tím 11,unatlo;; á nrestar ::-en;cio~ de importanci,l, en e,;te ::-entido, J. la;;
,,gruparionc~ ele júvcne;: que existen en la actnalicl11d.

EL MATRIMONIO DE LA REINA GUILLERMINA.

Tú entra$te á mi mente desierta y escuáli
Y al querer tu soplo renovar mi vida,
1::ran,-forma;; mi sangre clorótica y pálida,
},n mar turbulento ele lava fundida..
;, Quién c·ual tú c-omprentle la lucha violenta
Que aqita terrible la:; noche,- de mi alma?
¡ E irritada ruge,-., ,-i ,·e:; la tormenta;
Y plác·ida ríe;: ;;i reina la calma!
Cuando la tristeza ele 1ú o-ubres giros
Enrnelve mi pecho, ¡ qué tmaro-o es tu lloro!
¡Se hinchan tt1s flamas en sordos suspiros,
Y c-ambias tus chi$J)fü'- en lágrimas de oro !

Y cuando el agenjo inunda mi mente,
Y en sus ondas Yercle:. de tl'nues cambiantes
X ~ufragan mi~ penas, me acojes sonriente,

¡ I cantan alegr?s hts llamas brillantes!
'lltt risa e;: rascada de rítmicas olas :
Son tus e-are-ajada$ rojas culebrinas
Que brincan risueña::; haciendo cabriolas;
¡ Si triste. romnue,·es; :;i alegre, fascínas !
Por eso ere;: duelia ele mi amor eterno;

X o alberga mi pecho caprichos triviales . ..
Así, pues, no temas que, al irse el invierno,
El cálido e:,,tío te traiga rivales.
Brindando á tu nombre, hebíme entusiasta
De poncheR fragantes, azumbre y azumbre .. •
¡ Oh. tú. mi adorada. bellísima v casta !
i Oh, mi dulce amiga ... ! ¡ )[i ·novia! ¡ Mi Jum(bre .. •

firfuro jJefefa.

Al llegnr A las puertas del templo.

'toilette que usó en la ceremonia.

�Domingo 10 _de Marzo de 1901.

RL MUN"DO ILUSTRA_DO

Dooning~0 de~arzo_de 1991

EL MU~O_ ILUS•TRADO_

La Gran Exposición Pan-Americana
Si de los principales ~ificios que se h~~ ,levantado en Buffalo con motivo de la Expos1cion, tuviéramos todavía mucho mie deeir refiriéndonos á
sus detall~, esmerada constru&lt;'ción, amplitud y
eleva,do costo, planas enteras podríam~ llenar ~¡
nos propusiéramos enumerar y dar una 1&lt;lea precisa de todas y cada una de las sorpresas que preparan nuestros vecinos del X ortc, y que son, en lo
general, dignas de su típico atrevimiento y gusto
-por lo sensacional ; pero ya que con estas línea&lt;;
hemos de cerrar nueKtros informes relativos á e;:h
Exposición, que será uno de los primeros y má..,
notables aco:atecimientos con que se inaugurará et:ta centuria, nos limitaremos á dar á conocer en
nuestros grabados, los preeiosos pabellones que se
destinan á la Horticultura y la Agricultum, al
Templo de la :Música y al grupo de etnología; el
Palacio construído á expensas del Estado de Nueva York, y una ésq11ina de la grandiosa construcción, que se ha llevado á cabo á la entrada de los
terrenos en que va á verificarse el certamen.
No nos detenc1romos en describirlos, puesto qur
nuestras ilustraciones los reprCh---entan perfectamente y á primera vista resalta su belleza arquitectónica, que sabrán valorizar nuootros lectores. .
Más á propósito es hablar de aquello que threctamente interesa á nuestra República. "Las calle"
de México."
Uno de los principales y más ricos conce;;ionarios de la Exposición, concibió la idea, ya en su
mwyor parte realiza&lt;la, de consagrar una gran par-

Pabell6n del Estada de Nueva York.

ETHNOLOGY.

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EdiOcia para el grupa de Etnalagla.

rimos, no sólo se ha limitado á reproducir nuestras construcciones, sino que hará que figuren en
aquel recinto, cu8lllto de tipico ha podido encontrar en el país: desde la carreta. antigua tira.&lt;h
por bue~s, la canoa de nuestros lagos y el "cayu&lt;:o" de los ríos, hasta la plaza de toros, loo pMeoe
de Santa Anita, etc.
Los toros, sobre todo, han merecido su- mayor
atención, y ha contratado u.na cuadrilla para da1¡
la friolera de 180 corridas en los seis meses que
tendrá de duración el certamen.
Fuera de esto, que tan directamente nos concierne, la compañía organizadora de esta fiesta, netamente americana, tiene en perspectiva novéda&lt;les capaces de atraer á los menos curiosos y amantes de divertirse.
Para imaginarse hasta qué punto pueden haberse esfor~ado los ingenios y calcular la clase de noye,cla&lt;les proyectadas, ba,sta decir que se ha ofrecido un premio ele cien mil pesoo en oro, al autor
del proyecto más nuevo é ingenioso, y que á juicio ele lo:, miembros de la compañía, sea superi@r
á to&lt;lo lo que onás ha llamado la atención en lo~
graneles certámenes, incluí&lt;los los de París.
..
Entre lo que se conoce ele estos proyectos, J1áblase de un viaje á la luna. Los pasajeros tomarán
lugar en un aparato sorprendente, y una vez instalados, por una serie de combinaciones mecánicas,
sentirán que abandonan la superficie de la tierra,

tie del terreno, á dar á conocer nuestras calles,
nuestras construcciones principales y hasta nuestras costumbres nacionales, teniendo en cuenta el
interés que l\féxico ha despertado en los últimos
años entre todos los norteamericanos de empresa ¡
capi,ta,l, y lo poco conocido que, relativamente, es
este país, no obstainte la,s numerosas excursionec;
que casi mes á mes han esta,do visitándonos.
Las moilestias de un viaje, la imposibilidad de
abandonar los negocios por unos días, y otras muchas causas, hacen que los vecinos más alejados de
nuestra frontera con la Unión Americana, nos conozcan apenas por rrferencias incapaces de dar
idea perfecta de lo oue es nuestro suelo, sus riquezas, nuestras condiciones económicas y socialés v
tanto~ y tantos factores como son in&lt;lispensables
apr~ciar para que los hombres de neo-ocios
encuen0
tren un rico :filón que explotar.
Buffalo, con su aparat{)lf,-a. exnosición, con d entusiasmo que ha sabido despertar en todo el vasto
territorio americano, su anuncio constante de verd_aderos a_tractivos, es seguro que reeibirá la. visita de millones de hombres, -para quienes México
es punto menos que desconocido, y el paraje llamado "Las calles de México," nos prestará un valioso servicio: el conocimiento !ITáfico de nuestraQ
ciudades, que será contingente t-de importancia Ji
á él se une el esfuerzo que bagamos los mexicanos
para exhibir con la m11:yor profusión posible, nuestros product.os, artefactos y adelantos.
Por otra parte, el concesionario á que nos refeTemplo de la Música.

�F,L MTTNl)O TT,TT8TR.A DO

Domingo 10 de Marzo de 1901.
verán que todo lo que ésta contiene, disminuye en
tamaño, hasta pe11derlo de vista; despuéi:l vendrán
las sensaciones y peripecias, semejantes á las descritas por Julio Veme: frío, rarifi:ca.ción de la
actmósfera, falta absoluta de é.sta, i'llestabiEdad.
etc., y á medida que todo esto acontezca, el satélite se aproximará, las manchas serán más perceptibles, y por fin, se verán con todos sus detalle8.
las montañas de la luna.
No sabemos á cuál de las distintas hipótesis
acerca de la estructura y condiciones de la iuna,
se haya atenido el ingeniero inventor de e,,te viaje sin precedente, y en consecuencia, no podremos
decir si llevar-á la cosa hasta el extremo de hace·,
que los pasajeros den un apretón de manos á lo~
fantásticos habitantes, ó los haga sentir un instante de asfixia, para demostrarles que es impo,:ible
la vida, donde falta aire que respirar.
Otro proyectista ha imentado la gran sensación: el visitante ser-á conducido hasta la c-ima
desde donde se desprende la gran catarata del
Niágara, tomará asiento en un buque y lnego,
de improviso, aquel enorme edificio, se precipitará rápidamente sobre el abismo, hasta llegar á
tocar la superficie de las aguas del gran lago,
donde, puesto á flote, ser,virá para dar un pa~eo,
y después conducir a,l Yiajero hasta las riberas.
Por supuesto que la precipitadón del barco no
ha de ofrecer ningún riesgo real: poderosas grúa~
serán las que lo so:;tengan en su rápido descenso.
Después de esto viene otro inventor, proponiendo la utilización ele un barco sub-acuático, que tendrá mucho de maraviUoso: los pasajeros irán dentro de una urna de cristal, de suerte es que podrán
ver todo cuanto se encierra en el fondo de la;;
aguas, merced á poderosos reflectores eléctricos.
En el fond.o de las aguas se servirán banquetes.
se bailará. . . y ¿se respirará ?-preguntarán 1L,&lt;&gt;l;edes.
AseglÍNli::e que sí, merced á aparatos semejantes
á las escafan&lt;lras de los buzos, que estarán renovando constantemente la atmósfera, en el interior
del sub-acuático.
Las .maravillas eléctricas, serán tallllbién &lt;ligua~
de a,dmirarse, puesto que á todo lo que se relaciona con el poderoso fluido, se le ha dado preferencia capital: instal.aciones monstruosas, luz por todas partes, máquinas parlantes, etc, y todo esto en
medio de un gentío inmenso 'Y de un número dll
diversiones capaees de ofrecer constantemente no•
vedad duran-ro seis meses.
Todo lo ainterior es atra'.Yente, en verdad, pero,
como decí'8dllos desde la primera vez en que tratamos el asunto relativo á la Exposición, para
noo&lt;Ytros deben ser otras y más altas las miras que
nos lleven á este centro improvisado, donde ha de
reunirse para ser admirado, todo el progreso, pros-

,EL

Mu Nóo, 1LUSTRAD o

AÑO Vlll-TOMO l--NÚM. 11
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MÉXICO, MARZO 17 DE 1901.

Director : LIC. RAFAEL REYE S SPINDOLA.

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&amp;qu,na del Q,.an Edlnclo de ent,.ada.
Las grandes im,,ta,faciones, el prodigioso d~
rrollo de las industrias, las visitas á las fábricas.
la organización económica de las poderosas empresas mercantiJes, etc., etc., podrán ser allí valorizadas, y de nuestra observación inteligente, de nueetra buena voluntad, puede resultar desp-ué,; d~
certamen, un bien pooitivo para 'México, que a1
h.a progresado mucho, aun más tiene que trabajar
para llegar á la meta á que legítimamente debemos aspirar.
Ojalá la atención aue hemos consagrado á a!lunto, y los razonamientos que hemos expuestl!,
para fundar la importancia que dannos al rerta·
men, tantas veces repetido, encuentre eco en el
ánimo de nuestros lectores, y decididos á colaborar en una obra que indudablemente resultará
benéfica, se apresm.-en á enviar su contingente.

Pabell6n

de la Agr ioult,ur a .

peridad y riqueza del vasto continente amerkmo.
Llevar nuestro contingente á este gran muestrario, exhibir en él todo cuanto puede tener demanda, par.a ensanchar el comercio de este país,
que tiene, por sus elementos naturales, derecho á
oonquistar un puesto de primera importancia en
los mercados más ricos, páncipalmente en lo~ que
están tan inmediatos como lo,; de los Estados Unidos.

Dar á conocer las vastas regiones inexploLad·ts
que contiene nuestro territorio y que sólo espera11
brazos y capital para convertirse en i,na.gol.1hleo
veneros de riqueza.
• Esas deben ser las miras principales que nos
animen para concurrir á Buffalo, que se relacionan con lo mucho que podemos aprender en aquel
centro y en poco tiempo.

NAPOLITANAS.
Pabell6n de la Ho,.floultura.

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Subscripción mensual forltnea, J 1.6'.
I&lt;let&gt;► tde,n en la Capital, 1.1/i.

Gerente: ANTONIO CVYAS,

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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