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Dom inga 17 de Ma,rzo éb

H)f)]

_AÑO VIII--TOMO I--NÚM. 12.

S ubacrlp~ men.auaJ for6.ffeo, I J.Jí,I.
ldem '4cm en 1G Oop4toi, LIS.
Gerente : .ANTONIO OlrYAL

MÉXICO, MARZO 24 DE 1901.

:J&gt;lrector: LIO, JlAl!'AEL JlEYES SPINDOLA.

c5Gñor '9GnGra/ ~on d'orfirio f/)/az,
DE PASEO EN LOS ALREDEDORES DE CUERNAVACA.
T om ado po r el fot ógrafo d e ''Bl Mundo" el 17 d e M a rzo d e l901-

CUIDADOS MATERNALES.
Cuadro de Gu:n ?:ncr.

�Domingo 24 de Marzo c1e 1901.

IMPRESIONES DE LA SEMANA
Arribo del S r . Presid ente
La nota culminante, en la ~emana &lt;¡ue ac:nlm
de :pasaT, ha sido, seguramente, la llegarla á México del señor General Díaz, dc."!&gt;ué-~ dt' haber ,erma,necido l\lna corla temporada t'n Cuernavac:1.
E l acontecimiento &lt;lió lugar. á que una wz má,,
los habitanoos demostraran su respeto. l'U adl1cc:it,11
y su cariño a;l Jefe Supremo de la Xac:ibn,.
Varias páginas de este número, &lt;•.c,tán ron~g1 adas á fa perma,nencia del señor (}encral Díaz en
ila pintoresca población de Cuerna-va-ea. y en ella:-:
,damos pormenores que omitimen; en e.-ta -:e&lt;:civn,
para no incurrir en repeticion&lt;&gt;s.

La visión de los d ías m ístic o s
:Me descubro, como al cruzar el rnneel de •m
templo, al penetrar en los días mí;:;tico;:. De se~ana á semana, se alzan los viernc::; ·ele c-nare~ma, como de -trecho en trecho, cubren lo,; sagrado;:; muros las dolor osas escena~ ele la .. ría crucis" .
A pesar elel escepticismo que nos invade, soñamos, au1n tmlás lbilen que sentimo 0 • la }loc;:ílu
religiosa.
El aire empieza á trascender á incienso Y am¡1polas. ¿ Re dicho que se ,mciia? E~ Yert1ad: h"
aquí la impresión que la cuare:;ma me proelucc.
Un ángel blanco, el que vió Tobía, en la~ tin ieblas de su noohe, va, apenas despunta el alba,
recorriendo, con las alas plegadas y el eahdlo
"húmedo de rocío", los hogares llonde lo~ niños
duermen, soñando quizás en la ob,;&lt;.:ura ,-ac:ri;:tía
de la iglesia, en la que el Yiejo cul'a, arrellanado
en su sillón ele cuero, estmo leyéndole,, durante
la cuaresma, los pasajes bíblicm,.
Aquel ángel, invisible para h, que tra&lt;:pa~aron
ya el áureo lindero de la niñez, excepto para las
madres, penetra en un rayo lle -sol ú la estancia,
enkeabre las cortinas del lecho, ~- se inclina á
dar un beso en la rosada mejilla del dormido.
E l niño, cuando despierta, cn'C wr &lt;1uc la Yisión se desvanece en una lumino;:a atrnó~fera de
plata. Y siente la alegría máa raeliante y rl alma
11iás pura; se mira envuelto en un incien~o azulado, en el que se esfuman 1as grada5 de mármol del altar, regadas con hoja~ de ro:'-a; o)·e
cánticos celestiales, lJ;COmpaña·do&lt;: de arpas misteriosas, y, arrodillándose, murmura su oración matinal con inefable recogimiento. ¡ Es qu~ para
despertarlo, ha venido la fe ton la mañana !
En el templo, quedain algunas i;ombra~ empotradas en los rincones, prendrdas en los dorados
cuadros ·de los altares, en torno de la lámpara que
en la leiana ca.pilla pawadea. cansada de haber
velado toda la noche, y en el fondo del coro, cubriendo los omamcn tos de madera del balaustrado
y los unidos tt1bos de l os órganos.
. Pe_ro ya en lo.&lt;: frescos de la cúpula. los ángeles,
1lumma&lt;los por las primeras lures del día. abrieron las alas en su diáfano ambiente, y parece que
de su sonrisa surge un canto.
Tal cual devoto ma,drugador. entra con callado paso, y se arrodilla s~bre el frío pavimento,
ó queda en pie junto al presbiterio, ó se reclina
en los estriados pilares de las naves.
Entretanto. '1a vieja campana, perezosa y lánguidamente, llama á los fieles á la primera misa.
El altar mayor esplende con un brillo. amortiguado por la blanca luz de la mañana. La llama
de las ceras, amarillenta é inmóvil , se refleja e11
el blanco barniz de las columnai, y hace brillar el
oro de los ornamentos. Las flores cuelgan de
los bruñidos búcaros y difunden su enervante
esencia.
En m itad de esta deslumbradora blancura, se
levanta la "M:ater Dolorosa", con su túnica morada y su manto azul. las man&lt;&gt;s cruzada...c: !'oh1·e el :1rcho, el rostro pálido y afilado, y los ojo1-, húmedos
de piedad y de lágrimas, vueltos al cielo.
Ya el sacerdote, de bordada casulla v transparente alba, oficia frente al altar; el acólito, de roja sotana, coloca !.-obre el atúl el misal. -pe;;arlo,
de aureo" relieves deslustrados; entonces. un grupo de niños, como una bandada de mariposas de
nieve, invade la esralinata. Son las almas gloriosas; llevan prendidos á sus hombros, como un
girón de niebla, velos transparentes; ciñen los
sueltos y ruhios cabellos coronas de -azucenas y una
misteriosa claridad baña los sonro;,ados semblantes que sonríen cast:miE&gt;nte.

EL MUNDO ILU3'1'RADO

1!omingo 24 de Marzo de lDOL_

E L MUNDO I LUSTRADO
Deshojando amapolas á los pies c1e la Virgen,
las niñas entonan un himno, en el cual se confunden, ron harmonía solemne, las vor·e.; i ntaDtilt•~,
agudas y vibrantes como gorgeos de pájaro, y las
notas graves ,del órgano.
El incienso, que envuelve el altar en una ligera bruma; el sacerdote, que bendice á la multitud
anodillooa y comnovida; los cánticos &amp;1.gratl..&gt;,.
el penetrante períume de las floreF, toelo llena el
alma de los niños, de una purísima blancura.
¡ Oh, dulce devoción que reza y ríe; de natural
piedad prin1er aviso! ¡ Fragancia &lt;le la flor del
Paraíso! ¡ Preludio del concierto cele,;tial !

mua, como los astros en el azul del cielo cuan
aparece la mañana. Pero esa voz, en o~asion
tiene la fuerza dramátic~; se convierte en sollo,.,
zoa dc~-garradores,. en gr~tos de angu&amp;tia, en im
prec~ciones de rabia, y ti~bla en las eróticas vi.
brac1one:; del amor, que dcJa ósculos calientes
bre los labios entrerubiertos.
Pocas veces el público ha sentido, como ante
Anita. de la I'ack, el ·sublime horror del stúrimiunto trágico.

Viernes de Dolores
Cuando los mue-hachos regresan de la e,,cuela_.
á la hora en que la púrpura del sol se ha detenido,
y queda sólo flotando en el horizonte, entre el
,1zul obscuro de las montañas y el pálido azul del
ciclo, una aneha franja de rosa, la ciudael se sumerge lentamente en las sombras.
l'ero, rompiendo aquí y allá la obscmiclad de
las fachadas, brillan manchas lumino::,as l{UC. proycctá'lldo~e sobre el pavimento de la &lt;-alle. forman en él 1m cuadro de claridad amarillenta.
Los focos de lnz eléctrica inundan el centro de
la e:iudael con :au fulgor lechoso y lhido.
Y he aquí que 101:i •niños tocan, por fin, e:on inquieto reirocijo, á la puerta de su cal'a. y atropellándose,
gritando. . llen0s, ele una loca alc«ría,
lle- .
•
o
gan H la pobre P.ala, donde la.:; cristiana:; manos
de las madres han levantaelo un altar: el del
Yiernc:; c1c Dolorc".
Sobre limpioi; é intados lienzo"· &lt;:olorndos en
recipiente:; tle arc-illa, yerguen ;;us e:,,pigas lo~
rnl.Jio:; haces &lt;le tr1"0, que atan listone¡, rojos; luc-en las naranjas &amp;us ocres esferas: arden los cirioi-. cuya blancura ornan oropeles y tinta,-: bantlerolas de plata se agitan acariciadas por el aire,
Y lo~ frascos de aguas de colores, verde::,, azules,
roja:, &lt;le.,lumbran con sus e,;pléndidas transparencias.
Alli está la Yirgen, bajo un do,el lle cortin:i."
de nieYe, circuida de guirnaldas de ro,;a;;:, con RU
ro;;tro pálido y di,,ino, y :au,; ojo,;, húmedos. &lt;le
piedad y ele lágrima,;. rneltos al cielo.
Hojas de amapol:.i,:. ~er,;as y brillantes, rodean
el altar, CO'Jl una alfombra colorida. Y su fresco
pNfnmc ,e e:-pare:e por el viento.
· ·
11ie11tras la abuelita reza en ~u Yiejo cleYocionario, la hermana mayor, una joYen alta. triste,
Y lle mirada candorosa, tOC'a en el piano, en actitud beatífica y uncio,;a, un preludio del "Stahat
~Iater".
Y los niños Sl' arrodillan para contestar. en
coro, las oraciours :v plegaria,,: gozan dentro de
~uel ambiente de perfume y de luz, 1-e extasían
ron la maraYillo;;a combin~ción ele los colores. !'e
embriagan de incienso, y en un arranque de beatitud incon:::cic•nte, penetra hasta m alma un i,oplo suave de ternura florida. para a{Juella Virgen sola, triste. de ro,:;tro pálido v afilado. v de
ojos_, l1úmedos de piedad y de lágrima~, n1elto,
al cielo.

VISION TRÁ GICA
Sentí un anhelo ide 'Yerdad. Mi menh?
Giró en la sombra cc,n violencia ruda,
l 'uando de l)ronto obscureció mi frente,
Como siniestro nubarrón, la duda.
Creiyendo hallar en su poder un mito
ReBonó mi YOZ en tempestad de agravios,
Y ví más lúgubre s,u faz, al grito
De una blasfemia que estaHó en mis labi~
En un arranQue de insensato brío
Qui;;e rasg-ar su tenebroso manto,
}&gt;ero sentí la co1m1oción de un frío
Que me hizo, al punto, estrC'lllecer de espanto.

Y ví un abismo ... y escuché un barullo
De onelas que hervían con clamor de enojos ;
)181.~ nielto en mí, con encendido orgullo
)1iré a1l fanta:@a. y cxdamé á sus ojos :
¡ Oh negra esfinge que ante el alma erguida
Pones un .-elo &lt;.le infranqueable malla
Sobre ese Eterno munantia,l de vida
Donde la rnz del pamsamiento calla.
Desde que el hombre, sobre el fértil camp,
De sus conquistas, la yerdad explora,
Tejes un nublo sobre caela 1lampo
Y una penumbra sobre cada aurora.
Tu sombra por doquiera se desliza
Y á 'Vece,, tornas, con tu horrible ceño,
En gesto de paYor cada sonrisa
Y en visión tormentosa cada sueño.
Toda ilusión á tu 1)oder se ahuyenta
Y itransforn:-.ando en inquietud la calma,
'l'rágica :;urges, como flor sangrienta,
En la angu'iitiosa soledad del alma.
Por más que el hombre de su fe al abrigo
Te oponga el fuego que en su mente l ate,
Tiene por fuerza que lidiar contigo
En silencioso y desigual combate.
Ante qas lu&lt;:has que la mente l ibra
Contra las sombras que en tu ambiente crea5:
T,a oculta voz del sentimiento v•ibra
Y el cráneo estalla en tempestad de ideas.
Ya yo he ,:entido tu contacto frío
Ecos de la ó p era
Y ha vacilado mi razón al verte
En el público selecto del Renacim:,mb f;m En mis momentos de profundo has,tío
quec1ado impresiones; el cuerpo de la Bonheur v Como una ton·a aparición de muerte.
el alma de Nina Pack.
•
Siempre que en tomo de mi frente bu lle1~
La :Sonheur, en "Dalila", estaba soberbia ele be- Las mariposas ,de tus hondas brumas,
lleza.
:.\l is sueño¡, tiemblan )' azorados huyen
)lientras ella cantaba, esforzando su apa,iona- Como 1wes broncas de irizadas plumas.
{lo temperamento, yo recordaba aquel simbólico
Y cuando mi alma con tenaz empeño
rnarmol de Garrara: la Hermosura dominando á
Busca el origen de ,la vida, absorta,
la Fuerza.
, La fiera il)(lómita_ CU)'OS ojos relampaguean de Vienes á mí con pavoroso ceño
c?lera, _le"l"'anta la aua&lt;la garra y dispone los re- j ~egra vi"ión que el sufrinniento aborta!
cios rnuse~1l~s ~ara sa)tar .sobre la presa. pl'ro no
Aunque ele pronto tu aotitucl me arnagu&amp;
puede re,nshr a la pnrnera caricia ele la Venus Xo lograrás con t u frialdad de tumba
vict01;io,_a y tksnuda ~ue en ella cabalga. Tien- Oue mi e.~peranza en tu bajel naufrague
de hum1lclrmente el Jaspeado lomo, é inclina el Y en la inacción mi -voluntad sucumba.
cuello melenudo; se siente satisfecha de llevar la
Hier e. Yo sé que el pensamiento hcriuo
pura y blanca carga d e una belleza triunfante.
Puede !&gt;ahar!'e de tu negra escoria
Sansón e8tá vencido.
Xina Pack, en la ":N"avarraise". se hace admi- Y moclula1·. con su penacho erguido,
rar por su espíritu. Es una artista más delica• Sobre tus bruma~, &amp;u canción de gloria.
da que bella. La voz corresponde á la bella deliYo sé que el hombre en tu escenario obscnr cadeza ele l_a forma: es suave, pastosa, limpia. lle- Puede Yenccrte, porque en su alma encierra
na de apacible frescura; voz á propósito para des- El sol _má~ alto y de fulgor más '])Uro
vanecerse en la cadencia unciosa de la oración ó Que Dios formó para alumbrar la tierra.
para seguir el ritmo cordial de los amores ardi¿nFebrero de 1901.
tes. La voz de esta mujer, impre"nada de ento.
l
.
º
j)eflifo Fenfaqesnaciones e rgrncas, se deslíe en una infinita ter1

EL, SEl'\OR GENERf\l, .DIAZ EN OUERNf\Vf\Of\

·-·

SU ARRIBO Á ESTA CAPITAL.
L a capital entera ha presenciado la cordial y
-cariñosa recepción, ofrecida al señor Presidl:!nte de la República, á su regreso de las com:,rc¡¡$
&lt;lel Sur, á donde había ido á tomar un poco i!e
reposo, después de sus laboriosas tareas de ruuclt H
.años.
Después de permanecer un corto tiempo en las
orillas del Mexcala, donde se levantó un campamento para hacer una Yida al aire libre, pero rod eado siempre del cariño acendrado y de los tiern os cuidados de su fanJiclia, se transladó á la ha&lt;:ienda metalúrgica de íH uitzuco, cerca de la his•
tórica ciudad de Iguala.
L a dureza del clima, el calor á veces sofocante
de la comarca, no le fueron muv favorables al
s eñor ~neral Díaz, y hubo de buso-ar en zona mád
b miigna, lugar más adecuado á su descanso. L n

ban :¡,or todas partes. Se le veía en los sitios máo
frecuentados, en el teatro, en los paseos, en io~
jardines, en las plazas. Visitaba unas veces los
edificios públicos, otras, los establecimientos industriales, y por donde quiera que iba, era recLbido siempre con ese respetuoso cariño que le
conservan las el-ases altas y las bajas, 10&lt;1 ;,rótcl't's
y los proletarios, las personas acomoda.da-. y ;os
que tienen que vivir de su trabajo poco remunerado.
Quien haya visitado la capital del E;;tado de
:Morelos en estas últimas semanas, habrá podido
notar en toda la población el aire regocijado, la
actitud placentera que todos manifestaban durante la permanencia del señor_ General Díaz en
la ciudad. Como si un soplo de vida n ueva, corno
si una ráfaga vivificante hubiera corrielo por

Mas para comprondcr cuán útil y necCilaria :,;\
sido egj¡a temporwoo de reposo al señor General
Díaz, para pc,.etrarse bien de la trascendentai
importancia que ha tonido este corto periodo de
descanso, hay que verlo en su hogar, hay que contemplarlo rodeado de su amante e:;posa y de sus
tiernos hijos, envuelto en una aureola pura y limpia, á donde no Hegan, ni remotamente, los oleajes del mar de la política. En el alto ~uesto que
ocupa el srñor General Díaz, daua la marcha ge
neral que ha impreso á los asuntoo del país, le es
muy difícil apartarse, siquiera bl'(.'IVemente, de
todos los asuntos que se relacionan con su alto
MJoargo. En :México, csfo apa~ta,mien,tg momentJánco, era absoluitament.e irnpo~ible; l'll Cuerna.vaca, le e,ra dable a11;n,tar;;c de la tarea cuotidiana.
dcspren&lt;ler~e un punto de la c1irección inmediatá

rln el camino de Acapatciogo-lnstantánea tomada por el fotógrafo de "BI Mundo" el 17 de Marzo de 1901 .

l1ermosa población ele CuernarnC'a. con ;;u, mági&lt;'OS jardines, con su vejetación exubera11te y su
-temperatura su.av-e y uniforme, le abrió su., puertas alborozada, y el 8eñor Presidente fué á irn,talarse en la casa habitación del Gobernador del
Estado de Morelos, Coronel I&gt;on Manuel Alarcón.
'fodo contribuye, en la hermosa Cuernavaca, á,
1:acer de la población una espléndida resideneia. El a.gua con:e en abundancia por cauelaloso,Y_ murmuradores apantles, fertilizando aquellas
tierras tro-picales. Mézclanse en los iardines de la
ciudad y en bosquecillos que la rodean, el opul~nto manglar, el alto y copudo mamey, el magm fico ,cafeto, y por encima de estas manchas de
vei1&lt;lura, agitan sus abanicos ele esmeralda las gigantescas palmeras, anunciando la entrada de la
t ierra caliente. Las calles limpias y aseada¡; lM
fachach!JS &lt;le las oa¡.,a.c:, pinfad,aa de nuevo 1~ trjas rojas de las chozar-;. forman un conj~nto de
notas annoniosai, -qnl' aJlogran el espíritu.
La ,ciuda.d, M (',Rt.as seman,a;; ha estado de

fiesta.
El señor G-eneral Díaz era visto fuerte ercruido, con su mira.da i;erena y reposada tra~quihl y
familiar con toda~ la~ bl1en°as gentes que lo salnd'l.-

Cuernarnca, todos se sentían animados con un
vigor nuevo, todos experimentaban la influencia
bienhechora del 8upremo J efe de la República,
que, con su sola presencia, comunicaba su fuerza á touos, y ese vigor se derramaba en explo¡;:iones de alegría.
-¿ Has visto al señor P residente? se preguntaban los amigos y con@cidos.
-Sí, ya lo YÍ. Qué bien &lt;.&gt;stá; es el mismo &lt;le
siempre.
- ~i par~ que haya estado eukrmo,-decían
otr~s- ¿ has vist? qué bien se sienta en el caballo.
y como lo maneJa en el llano v en la barranca v
lo mueve con roda ligereza? •
' •
- En efecto, no parece que va de paseo· cualquiera diría, si no fuera por que le falt;n su-,
arreos militares, que camina al frente de su;,
huestes, aninnando á sus soldatlos con ·et ejenrpio.
-Ese es el Genera1l que yo conocí. cuando era
niño. El jefe c1;1rtido bajo el sol del campamer.to, el soldado siempre alerta sobre el enemi!co.
listo para todos los movimientos de la carnpaüa
v dispuesto á lanzarse, en. un momento dado, ~"~
bre las fuerzas que soñaban con la reacción et':lr na y el Imperio en esta tierra.

d~ los asuntos _políticos, y reposar tranquilo en medio Tde las dcliC'1as de su encantado hogar.
~ OS()ltros,
que enviados por nuestro perióchco, ,tu,vimos la ventura de sorprender}()
en esas escenas dulces y tranquilas, n,&gt;oot:os, que por una dclicac'.a deferencia, que jamas ~abremos agracler.er deh1clamcnte, pudimos llegar a su lado y ver la vida que hacía en medio ,h
s~ familia, puclimo~ apreciar cuán benéficas ha11
::-ido para su espíritu, en contltanitc labor en incooa~te_ ten::-ión: fijo siempre en los a,;unl~ de la
Republica, pudnnos apreciar c·uúnto bien han de
hacerle estai&gt; auras serena.:; y tranqu ilas, carcracla,;
c?n los perfumes clel trópico v animadas co~ las
nsas y a,legrías de los suyos, -que se regocijaban
ele verlo contento y ~atisfC&lt;'ho.
Co:1 frec·u&lt;.&gt;nci'1., ·se 01~a~izaJ~ai1 día,- &lt;le cam:po :
el senor. Alarcón y su cl1stmgu1cla ~posa, en cuya
c~s~ rl'sidían los distinguidos hué,-pcdes, se multiplicaban en sus atencionoo, para proporcionarle;
i_:atos de ~gr.a.dable solaz. U nas Yeccs. se dirigía11
a_ las haciendas cercanas ó á los pueblos circunve~mos, ,~n ot~as, "._isi~abao el _pueblo ele Acapatcini::,0, res1denc1a senorial c1t,1 mfortunado Archiduque M-aximiliano de Ani,,tria, )' &lt;'ada día, á oaiLi.

...

�•1

Domingo '! ! de ~larzo de 1901.

EL ~ffi:SDO ILUS·TRADO

Marzo de 1901'.

EL MUNDO ILUSTRADO

•

él oe ~ent6 á &lt;'--c-11c•har tranqnilanwnte la le&lt;·tura. de un 1¡.
bro inter&lt;.~ante: "S41poleón III, por lmbert de Saint .\mand". J,~ 11
&lt;-sa obra, el autor cle,-aibc &lt;·on t-erena imparc1alida.il, todos los e;i.
,.odios más ,-alienlt't- &lt;•n la vida. del. último Cé,-ar
íra1wfu' y J·uz,...
l
.,u,
:-i11 pasi&lt;Hl, :-11c; c-n,-11e1io~ y al uc·111ac·1011c", que o arrastraron, implat·ablc3, á la c-;thhtrofe.
En t'l-ta. la.NI(•, ¡;e Ida y ec;c·m·hahn ron interés, la part.e r&lt;•lath·a i.
la e.:-¡~&lt;lióón frante.,a &lt;•n Méxi&lt;·n, y tcxlo lo que ~ rela.ciomi con 11\
lntc-rnmción y el eíím&lt;·ro Im1wrio qu&lt;'. a,entado sobre la~ lnn-onct.as &lt;•xtmnjera:-, pr&lt;•tcnclió w,-kner &lt;'I infortunaclo Príncipe FernanJo
?ifoximiliano ele llap~hnrgo. ('on c·uúnta awnción e.--cuchaba el señor nennal J)íaz aqudla kdum. con qué tino y perfecto r·m~imi(•nto cld a.,unto, mtific•aba la¡; afirni:icione:, cld autor, cfotallaba 1"8
hecho.:, ampliar.a la narra&lt;·iún y r('(_·tifkaha, en oca~ionc,;, lo,; juicio,¡
del hi,itoriador. Si algum1 wz el Fciior t;cneral Dí.iz ha dado llllll'&amp;
tr.a.-; de ,;u pro&lt;licdo,a mernorii NÍC'nt irn. el&lt;&gt; :-u ,ano juicio y de ~:i
ilw&lt;►1Tuptibh' eonvic·rión rcp~·blit·ar.a, ha :&lt;ido, sin du&lt;la, en &lt;·~ta o~ae:ión, en que, bajo el tupido bc,,:c¡ue HJneriea.no. f'e oía como la rnz 1b
la. 1 l istoria, hablando ele h&lt;"&lt;·h0t, pR:'n&lt;lCl'S, en &lt;·alidad &lt;le ~a juz.,a.l:1
bajo el fallo inapclahlt&gt; &lt;le la &lt;'rílic·a. Lo~ &lt;¡ue pudimos ~u;ha~lo, nos ::;cntimos rcg0&lt;·ijado.4, vimm; brotar, redirivo, al c·audillo ¡lp 1~
Ifopúbliea, al campeón de nuo,,tra~ lih&lt;'rt,Hl&lt;',-, curli(lo por c•l sol (!3
su.o; glori~'lS c.aanpañal'l y al&lt;&gt;nt.ado por d Yi¡:ror juwnil, que ,Jo arra3.
t.r6 &lt;'n ~a YÍa lád«1. n&gt;c'Orricla. de,-de lo d" Soto v ~Iia.huatlán h&amp;;ta
el 2 de Abril y el 21 &lt;le• Junio.
•
'
Pa.,ó el rato ele lt'&lt;·tura. y aquella tarde clcfo:io.,a ::;e closlizó dul('('m&lt;&gt;nte en amenas nhítica¡;_
El ¡:eñor Gen&lt;&gt;ral Díaz, &lt;le exrelC'Ilt.c humor. no;; m0,,tró. una w1
má;;, f-U privil&lt;&gt;¡:riacla memoria, nmrnnclo 1·pi;odios &lt;le ,m vida de e,;.
t11di1t'Jlte y ''&lt;'Chando ioror-'' ¡.obre materias diYen;a..,, que l\..'l:ordah.&amp;
ron admirable clarida,l.
De.~pué~, se retiró &lt;&gt;1 i:&lt;&gt;ñor Pre:-icl&lt;&gt;nt&lt;'. ron su familia , á atlmirar uAA herm~a pue:-ta ele rol d~dc las glori&lt;&gt;tas de que e,;tá adornado el puente "Porfirio J)íaz", ]'('(·i&lt;&gt;ntemC'nte krnntado para untr
la &lt;&gt;iu&lt;lacl de CuernaYa&lt;-a eon ia e,.;ta.&lt;·ión del FerI'ocarril "Gran

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cífioo".

EL ~R. GENERAL DIAZ
Retrato recientemente tomado en Cuerna-..aca.
JnstantAnca tomada por el fotógrafo de" El Mundo" cl 17 de Marzo de 1901.

hora, se proc·uraba variar el euadro, cambiar el
escenario de ~a coma.r&lt;.·a privilegiada.
En uno de c,,0,, pa:-CO•, pudim(),,. sorprend&lt;&gt;r :ü
~ñor G&lt;&gt;neral l)íaz, la mañana cid 17 del corri&lt;.&gt;nt.e, y con la "eúmara", obt,en&lt;&gt;r las prim·ipal~~
prueba.s fotográfic,as que ofrecemos hoy á nue~trvs
lec·torc.s.
U no dr loo sitios má!:, pintoresc·os, en los :rl redrdore,; de Cucmava.c-a, entre todos los poético5
pai~ajes que rodean á la ciudad, es, sin eluda, el
que llcrn rl nombre poétic·o de "Los ojos de Gualupita''. Entre wrdaderos booqucs de manglar~,
en medio de los ac·cidentes del terr&lt;&gt;no, brotan
uno~ manantiales que rc•ciben ese nombre, que va
unido á la leyenda del lugar, que con e,;tro inl-piraclo, cantó, en i.us ratos de ocio, el General
J 0:-é Guillermo Carbó.
l)(',:.pués de rruzar una barranra que atravie~a
un -puente atrc•vido, -por encima del cual pasan la::i
tranvías de Cuemavaca, se l1e¡:ra á un bosqu:}
apretado, donde la vegetación tropical se admira
en tooa su grandeza. Los manantialc-;, brotan en
linfa,:. claras y transparent~, por diver~os -punto,;, v lne¡:ro se encauzan en varias ennales bor,b&lt;las ele flor&lt;&gt;s, que conducen el agua de q11e ¡:e alimenta la ciudad. Rntre los acciclentes del terreno, por entre peñas ~uet~s y macizos de verdura, "c exliend&lt;'n p&lt;,quciios planos donde la buena
fOCiPclad ele Cuernavara organiza rns mejores horas de rerreo. Allí se sirvió el domingo pasado
nna romicla campestre, oue ofreció el señor Alareón al señor General Díaz y á su :familia.
De,:.pués de la comida, cuando toc1os los que
acompáñaban al señor Presidente recorrían laa
11(mclas del boe:que y las veredas de la campiña,

La mañana &lt;l&lt;'l marl~ último, había or¡:ranizado el ,:ciior Alareón una pa.rtida de tiro ,al blanco, en la Alameda de Cuernava&lt;'a.
Abiert.a. una bredm dC' más ele dosci('Jltos metro.,-:, ~e colocó el hlanco
apoyado en un muro de e.a.nforía, y delante de una. pequeña enramJ•
da &lt;"Ubiorw. con cor-tina~ y adornada &lt;1&lt;&gt; flore~ y hA.CCS de bancler,ls;
loo aficionados al ('jer&lt;'icio de tiro pudieron ejercitar sus aptitudes.
Entre 1os que más ee di~ingni&lt;'ron por buono,, tiroo, ademá..;; del se·
ñOT General Díaz, que d&lt;.'mostró la firmeza de su puh-0, hay quemen•
cionor al Coronel Alarcón y al Capitán Porfirio Díaz.
La hora del rewero re a1➔roxirnaba. Toda la sociedad ele Cu~rnavaca experimentaha honda contrariedad al saber que se retiraba d:,
la poblarión, por urg€'ntes necesidades del ¡:ervicio público, l"l Sil•
premo Magistrado, á quien por unas semanas había dado franca h~
pitalida&lt;l. LoR habita.nt&lt;.'S &lt;le la capital ele ~{ore]~, en I.• a.~ Y sin
distinción de el~. se agrupa.roa en la estación del ferrocarril J14·
ra darle &lt;'.a.riñ~a cl~1ida.
:N"osotr05, :recogimos ap)'('rmraclamenfo m1e.:-tros apunt.es de vi¿•
je. guard.amc.- con cuidado nuestr.is "ne~tiva.s", y abandonamo;; la
población, con pena también. pttra venir á ofre&lt;&gt;er á nuestros le&lt;'ton:;
una nota gráfka de la ~ta.nC'ia del Feñor Presidente en Cuernaxn~o,
donde fafl horas se han cle,.;liza.do maru:amC'nte, para restablecimien•
to de su salud, que. aunque ligemment&lt;' quebrantad.a por breve tie-m•
po, nunca ofrecié&gt; n&lt;"lig-ro alarmante, y ha vuelto ya al completo ejer•
cicio de sus arduas l11bores fülminirlratirns.

MONTCEAU-LBS-MINES
Desde hace más dA un mes, los dlez mil obreros que componen casl e
t
·
huelga, abandonando tábr-icas y talleres como consecuencia de un oonfllcton !u b otalldad la población de Mi&gt;nteceau-les Mines se bao levantadó en
Nuestro grabado representa, en el tondo, los talleres abandonados. q e a surgido enbre la Compafi[a de Blanzy y sus mineros.

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COMIDAS POPÚLARES

LoslospriperjutoloR
meros perjuc
HcadoCJ en 1este conflict o cuyo d esenJace es dlt1cll
• de prnveer, son los obroros c
•dam,nte
causad
~bundantes que pueden arbltr~~i1:\o!
se
ve
en nuestro gra':!a:io, estb pr:i:: 1~~~l~::lb~~¿:n!a
tan
11nmáenrtesentlr
.
os malos
y honpoco

!~~:n~~~:::~ii~~~~g~º

�. Marzo de 1901.

EL MUNDO ILUS'T.UADO

EL MUNDO ILUSTRADO
e,;pantofll perseguía al pintor en la calle•. y lo
acompañaba hasta ;-:u c:asa.
Cna noch&lt;.•, l::,pin&lt;.'llo ~e aeo~tó t'll el leL"ho c:,rnyugal, al lado de ;u 111_1-~jer, Y, liC durmió.
Durante el sueno, vio un angel tan helio .:·orno
San :Miguel, pero 1wgro eomo la JlPZ; y l'! úngcl
bablú a,í:
-Spinello, yo ,;oy Lueifur. ¿ Dúnde me h 1bías
vi,to, para pintarml' bajo un a,;pecto tan ig11ominio~o?
El viejo pintor n•-porn1ió que, en efedo. nunca
lo había visto, p1wsto que no había ido t•n ,ida ai
infierno, como Dant&lt;• Al ighieri; ¡wro que al figurarlo ª"í, qucl"Ía t•xpn•sar e11 rasgos -cn-ibh•s toda
la ft&gt;,1l1lad del pec·ado.
Lucifer oe ~ncogiú clP hombros ( algniPn ]111biera creído que ,e levantaba la colina de :-i,11'
Geminiano). y dijo:
-8pinello, ¿ qui ere..; haecrme rl farnr de rnznnar un poco conmigo? Como léigito, no "º." de,pre&lt;'iable; lo ~abe bien Aquél á quit•n a&lt;lo1\t-'.
Lucifer no recibió c011kstaeión, y prosi!,ruir'i ei,
e,.to,; término,;:
-'l'ú, 8pincllo, has leído los libro~ en que ~:me da á conocer: Ya sabe~ mi,; awnturas Y 1•,t:í"
al tanto ele que ,-alf dp] cielo para ser prínc·ipc dPl
munclo--Pmpre;:a altísima, que t-\Cría, 1lt• ,.;eguro, h
úniea, si los titam•:- no se hnhit&gt;ran l»,·antn1lo ,1llte.- 1·ontra .Júpiter, conforn11' lo lrnhr:í, visto en una
antigua tumba, en que c~c sueeso e:-tá repro1bC'ido
en mármol.
-Cierto, &lt;lijo Rpinello; lw Yisto {'"ª tuml,a rn
Santa Rrparata, clt&gt; Floreneia, y e;: una hrr:no,.a
obra ele los romanos.
-Y á pesar de e~o, repttso Lurifer sonrk•rnl0,
los gigante,:; 110 eshín en forma de :-apos :,i ele
camaleone-,.
-Pero, e-n cambio, dijo el pintor, no se hahfan
alza,lo contra el verdadero Dio:;, --.ino contrn un
ídolo de lo;; pagan~; y vos, Lucifer, alzá,t,•i- el
e,hmdarte de la rebelión contra el rf"y ele In tierr,1
v de 108 ci&lt;&gt;los.
· -Xo lo niego. contestó Lucifer; pero ; ele ruántos prcados me hac&lt;&gt;.~ reo?
~Por lo meno,;, de siete, respond ió el pintor,
y todos capitales.
-¡Siete ! dijo el ángel ele la" tiniebla~ ; ~i&lt;&gt;te,
es un número teológico. En mi hi,-toria, que e,;tá e,.;;trcchamente unida á la del Otro, torlo "º
cuenta por siete.
. ~ú, Spinello, me crees orgullo.,o, colérico ,\ env1d10so. Concedo que lo soy; pero á condición de
que reconozcas que la gloria fué lo 11ue me ..:afüó
envidia.
¿ Crees que soy avaro? También lo c01ve1lo ·
la avaricia, es virtud de príncipe;..
'
. Por lo que toca á la lujmia y á la ¡;{Ula, 110 me
cbgu:;taré si me las atribuyes. (hieda l.1 pereza.

L U CIB'ER.
Spinello Spinelli, de Arezzo, procedía de una
excelente familia ilorentina, desterrada de su patria; y la nobleza de su ingenio igualaba á la de
i:;u lináje, 'Pues es de saber,;e que era el más hábil
pintor de su época.
Después die ejecutar grandes obras en Florencia, los pisanos lo solicitaron para que ornamentara, después de Giotto, los muros del sagrado &lt;!]austro en que los muertos descansan bajo rosas, en
tierra llevada desde Jerusalén.
Pero tras una la-rga labor y una inmensa gananeia, quiso Spinello volver á ver la buena ciudad de
Arezzo, su ma&lt;lre. Los aretinos no se habían olvidado de que Spinello, inscrito desde su juventnd en la cofradía de Santa Maria de la Misericordia, durante la peste de 1383 había visitado á
los eniermos y sepultado é. los difuntos. Y como
sabían, al par, que mediante sus obrai;, rnibí:1 extendido por toda la Toocana la gloria de Arezzo,
lo recibieron con grandeti muestras de acatamiento.

&amp;taba todavía muy fuerte, á pesar de su mucha edad, y pronto decidió empezar á ocupar~e de
las grandes obras que le encargaron en su ciudad natal; pero como aquello no era del gusto de
su mujer, ésta solía decirle :
-Ya eres rico; descansa y deja á los jóvene,:;
que pinten por tf. Siempre conviene el r epos...,
cuando se empieza á envejecer; pues hay que acabar la vitla en medio de una suave y piados'.l calma. Levantar obras profanas, á guisa de Babe.les, es tentar á Dios. Concluirás, oh, Spinello,
por perder la paz del alma, si te obstinas en manejar tus telas y tus colores.
Así discu rría la buena mujer; pero Spinello,
que nensaba sólo en acrecer su fama y su hacien:
da, lejos de descansar, contrató con los constructores de Sa.nt' Agnolo una historia de San :Mi!!'Uel,
que había de cubrir todo el coro de la iglesia, y
contener una infinidad de figuras .
Se nu•o á la tarea. con aroor jamás visto. Relc-vendo los pasajes de l a Sa,¡n-ada Escritura, en
que tenía que impirarse, estudiaba p rofundamente ea.da versí-culo y hasta cada pala·b ra; pero no
contento con dibujar en su taller todo el día, tra-

·-• -

bajaba en la mesa ó en el lecho; y por la nocb.,.
pa.o-cindose al pie de la colina en que Arezzo selevanta, orgullosa de sus torres y de sus muralla,~
meditaba más todavía.
De este modo, la historia del Areángel estaba
íntegramente pintada en su cerebro, cuando comenzó á dibujar las figura~, con lápiz rojo, sobre el muro.
Hubiera desde luego empezado á trazar con...
tornos; pero antes quiso pintar i:aobre el altar mayor la escena que debía aparecer con más primorque las otras, pues convenía exaltar al jefe glorioso &lt;le las milicias cele;;tiales, por la victoria queobtuvo antes del principio &lt;le los tiempos.
~pinello representó, pues, á San Miguel combatiendo en los aires á la serpiente de f!iete car,.,zas y diez cuernos; y á Lucifer, príncipe de 103·
demonios, lo puso en la parte inferior del cuadro, bajo la apariencia de un monstruo espantable.
Pero salió en su empeño más airoso de lo que·
esperaba: Lucifer resultó tan horrible, que no !!P.·
podía escapar al poder de ser fealdad, y aquella faz:

Al pronunciar ei-ta palabra Lucifrr. cruzó lo.,
brazos, y sacudiendo la .sombría te.stn. agitó la ra.
bellera inflamada.
-Spinello, ¿ crees de vernH que vo , ea pC'rez.,.
~o? ;. }le juzgas cobarde, 8pincllo? ;. Pi,..p-::,s
que haya carecido de empuje al revelarn{e? No,
¿verdad?
Era justo, pues, que me pintaras bajo lo~ c,1ractere.s de un audaz, de aemblante orgulloso. ¿ No
conoces Que ofen~es á Aquél á quien adoras, si le
das por adversano ÍL un sapo monstruoso? Spinello, eres !DUY torpe, á pesar de tu edad, y éent0
deseos de tirarte de las orejas, como á un chiquillo
desaplicado.
Ante esta amenaza ·y viendo e l brazo de Lucifer
extendido sobre él, Spinello se llevó la mano á la
cabeza y empezó á ahullar de espanto.
L a buena de su mujer, que despertó sobresaltada, le preguntó qué le acontecía. El, rechinando ~os dientes, respondió que IU!ababa de ver á
Lucifer, y oue había temido por sus orejas.
-Ya te h abía dicho, respondió su esposa, que
todas esas figuras que te empeñas en pintar en
los muros, -acabarían por trastornarte el juicio.
-No estoy loco, dijo el pintor; lo he visto, y es
n:iuy hermoso, aunque altivo y triste. :M:añana,
sm f alta, borraré la horrible figura que tengo pintada, y pondré en su luga.r la que vi en s11eños •
pues, á sabiendas, ni al dfab}o, mismo se ha d;
ofender.
- Mejor es que t.e duermas, replicó la mujer;
porque á esta h ora dices cosas insensatas y muy
poco cristianas.

:i.\larzo &lt;la ·1901.

ele una religión exaltada. &lt;¡ue haC'C c-.tallar incenuios en todo:; lo-:, c:orazom·,.
_
¡X&lt;&gt;! .Xo ha muerto l'l C'é-ar; ,u ~om bra cruza la eíudad-fiebre, y la 1..mpap,1 con ~u epopeya.
E,, d de~tello de un ,,o] dl',ap.m•ci,ln, qne toda.J'ir¡afo le France.
Trnd. pnra ' ' 81 Mundt, J1a ... trado"
' ía ~igue c'nYiando ,fü luz .í tl'llYé,- de ln~ espa1;ios.
Yiene de ,u 1k•;tierro. eomo antniio vino, á recobrar cu pue,t&lt;&gt; de honor, ú e,-tremecer al mundo
t·on un fruneimiento de el'ja-; viPne :i llenar de
c·larit.lacle, el cielo, y á pohlar de músic11;1 los ain·-: Yiene á n'coger lo "nyo. y eomo el Cristo, :i
Hay tn P arís trc.s tumba~, que viliitan t,Jtlo,; arrojar del tl'mplo á lo~ 111en·aJer('-'.
Jo, viajero,: la ele .AJ.x,Iarclo y .Eloís,1, en ei Pa¡ E~ él! El amor de &lt;.':-Íl' pnelilo francé,,, á
dre Lacliai~e; la ele la Dama de la, Camelia,,, l,U
l'l lk'&lt;¡neño cementerio de :\fontmartre. y la ,~e C'U\'O lado de,eaba dormir d último -.uciio, lo ha
c·on:;errnclo piado,amente. X r) e- (•] t'lllperaclor roXapoleún l. en la Cúpul.t de lo,; lll\'álido~. Puemano que han tallado lo., e -&lt;:ultorl'"' italianos; _no
den clejar~e de Ycr la~ dos primen1~, pero no la
es el bronce de Canorn ab1do en t&gt;l patio del :M:u=~º Bn•ra, en :\[ihín--{·11t•r¡10 &lt;li:-nu&lt;lo, cabeza
apolina, con un l'eñiclor que le oprime la frente;
-es el ·' Petit Caporal ... C'on ,u JK'tJUl'ÍiO tricornio,
:;u bota fuerte, ,u sobretodn y ~n mirada de águila. ¡ E;o e~ : el águila ! l · n Ílg11ili1 que se ha
eleYa·do por encima de toc1n- In.: pkad1os y que se
l1a bañado en el C'alor dd ,ol.
Y a_.,í concibe P arb al Em¡wra&lt;lor. á "~u" J&lt;Jmperador; grande, inconmen,11n1hl", pero compañero, camarada. Por eso lo h,1 unido á la dcmocra&lt;·ia. pon1ue e,; un César n•puhlirnnn. un tiranr&gt;
fraternal, . que viene ch• m1,1 madre común : la
J-'~ancia.
,-:;iguc el ídolo en el alt,1 r &lt;le tn&lt;la..; la~ almas,
y ,u recuerdo arranca explo.-iofü'-' inn,itn.&lt;las. Recuerdo, una noche, en un &lt;·afé de barrio, atmósfera cargada de vapore:-, a 1¡.,'1111;1 ''&lt;l i Yl'tte" cancanesca, en un pequeño e~cenario. unu~ músico.-, tzín:raro..: y luego un tran,formi-ta &lt;me acomoda un
fieltro á varias formas.
De nronto, mm de é"ta,- forna 1M perfiles de
aquel ,ombrero . . . Y una arnlandia de aplauso,
llena la ~al a.
-Vive l'Empereur! Yiw l'Emperenr!
Y encarándomP. c:on un rlragím. mi veci no de
espectáC"Ulo, el primero en dej,ir ir ~n entusiasmo :
-¿ Y la República? le pregunto.
-Y bien, me conte~ta ~in parpadear, ¡ Viva el
Emperador .. . ! j Y virn la Rt&gt;púhlica !
Ko ha muerto, no, el Cé,ar: ,u ~ombra se pa~ea por este París insubstaneial y frívolo; Hll nomhre está escrito en toda,- la~ piedra, y en todo¡;
los corazones; en los puentt&gt;-, en la, columnas, en
Jo:, hombres como en las en-as. en los mármole&lt;:
del vencedor de Austerlitz, no la del gran ogro como en las conciencias.
w r~o. La augu,-ta rotonda, se ve á todas horas
Y no muere porque ~imholiza la Gloria, qne
del. día, invadida por una. multitud cosmopolita, Fe escapa ele t()(loo los sepulcro, y que resucita O!'
,ed1enta de contemplar el gran bloque de granito todos los martirios, para ascender á las regiones
ocre que encierra los restos del César, conforme á eterna,s .
,u voluntad postrera, grabada en earacteres de
oro en la puerta subterránea del sepulcro: " DeCarlos ,píaz 2&gt;ufóo.
tieo que _mis cenizas descansen á orillas del Sena,
en medio de e~te pueblo francés que
tanto he amado".
La luz, ;;uavemcnte tamizada, penetra por los fanales de la Cúpula en
blanda_s ondas azules y amarillenta.,:;,
envolnenclo axiuel sepulcro, aquellos
m.á.rmolei;, aqruellas estatuas, aquellas
banderas, aquellos mosaicos, en un tinte de alba otoñal, en un desmayo de
gloria, en un e.ru;ueño solemne, que va
ganando poco á poco el espíritu.
Sí, así debía reposar el César, rodeado de esta claridad tibia y acariciadora, en el fondo de esta urna de piedra, rodeado de sus estandartes de victoria, arrullado por el murmullo de
admiración de las multitudes, que se
alza como un rezo de patria, &lt;lesde la
balaustrada que circunda la cripta.
,! Ahí reposa . .. ? j No ! El Emperador no ha muerto; el César se pasea, inmortal y glorioso, por este loco
París que lo aclama delirante, que sueña en él, que vive de su sombra. Ha
puesto su sello en todos los monumentos, ha grabado su nombre en todas las
piedras, ha hincado..im garra de león en
todos los espíritus. Y para recoroa.rlo,
ahí están hombres y piedras, mármoles
y conciencias. En loa puentes, su N
vencedora, en las columnas, el bronce
de los cañones enemigos, en los museos, sus armas, su sombrero, reliquias
Spincllo trató e](' lernntar;;e, pero no pudo; y,
,;in cono&lt;·imiento, c·,wó en la almohada.
.\lguno, día,: lauguidec:ió prc,,a de la fiebre, y
luego J1.urió.

Lt\ SOMBRA DEL CESAR.

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l. Un rincón de Cuernavaca.- 2. Palacio de Cortés.-3. Plaza de Cuernavaca.-4. Paseo en el lag,

5o

del jardín de cBorda.&gt; -(Vista de C. f'ellandinl.)

g,

....&lt;0

o.....

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 2-! de Marzo de 1901.

Domingo 24 de .Marzo el.e 1901.

EL MUNDO ILUSTRA DO

POR CORREO
-¿ La señora Petra Oómez ?-&lt;lijo el homhre
&lt;le ¡!Orra galoneada, empnjan&lt;lo la puerta del
cna rto de la cas¡i de vecindad; y huscanclo entre
el montón de cartas con sobres de distinto:'- colore:, de distinta,- letras, de distinto,,. tamaños y
de procedencias distintas, que guardaba en
gran bol~a de cuero, sacó una esquela, quP en
caractere;; casi ininteligibles decía en la nema:

~a

)Iartínez y las Ulloas á ver el baño de San Juan .. c1ar, hermo.&lt;a. ·estampa .~y cmprell'dicron la
Como la:;· agua,; ~e habían retardado en aquella \'llClt,J.
.\. lH'"ª r de ir cubierta con la:; "111anga8" &lt;le buYez. se determinó dar un c,hapuzón al Prccufoor ¡}¿
Cristo, ~iguiendo una c;o,tnmbre antigua y acep- k, la inundaban los torrentes de lluvia, que se le
&lt;·orrían por lo.~ C'abellQ&lt;;, le mojaban el corpiño, le
tada en el lugar.
Cuatro robu,;t1r,; indio,- H' metiPron en el agua, tra-pa,aban el cor¡:é, y ~e le calaban hasta el pec·argando la imagen del santo - ele barba nazare- c-ho, moreno \' caliente.
( 1uando el ·jinete alzaba la rienda -para ¡;:ostenc•:na, de expresión e:,tátíca, dt noble rostro, con el
al
ja11wlgo, próximo á caer, ó se inclinaba por
Tlellico, f&gt;l zurrím Y el callado di' pastoreillo •, 1dente y &lt;lulcc -nadaron un buen &lt;'"pacio á "ro- cualquier accidente del camino, empinado y di-

f{ ha 1:--·liléJ (Jt
• }Jüt" 'p&lt;

La muchacha, ¡1..~m,tada, nerviosa, soltó la mata
de pelo negro como la. endrina, que sujetaba. con
los dientes nacarados, mientra,; la de::cnre,daba
con el "descarmenador" de asta; cogió la c·art,l
con las manos temblorosas, y sin acertar á abrirla, sintió que una palidez mortal invadía su ro~tro moreno y hoyuelado: había. reconocido la letra de non Atanasio Pérez, el sacristán &lt;le la parroquia~ que de ordinario "notaba" las carta:; que
salían del pueblo con destino al exterior.
Por fin, trás de llevarse, en su impaciencia, trozos del papel cuadriculado de "correspondencia
particular", la Petra leyó:

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Sintió la mujer como si algo i;c le derrumbara dentro, y al mismo tiempo, sintió que un tropel de recuerdos--de recuerdos grato:;, tristes, punzantes, graciosos, doloridos-la llenaba y envolvía, sugiriéndole sentimientos de amor, ele odio,
ele wnganza, de conmiseración Y de rabia. Y
aquella explosión de tantas cosas· di,er~a~ y encontrail.as, de tantas impresiones dulces como la
miel y amargas como el acíbar, se concretó en una
eosa tibia y ,;alobre que se condensó en i,us pe,;taii.i~
Y resbaló por sus mejillas, qnemánclolas como hierro candente.
_.r~.1an. el mismo .Tuan que. f;{)¡!Ún rrzaba la torne
m1sH"_a, había muerto por relos de otra, había sido
el Primero y únieo amor tle I&gt;etro.
E_ra el mozo más guaµo y arriscado del pueblo:
na&lt;l1e ,g-inetraba C'Omo él lo, potros brnto,. na,1:~
&lt;'~mo él echaba "manganas" y "c1·inolinas", nac11e era más altanero y reñidor que él ' .v nin!!Ún
o
~eso sonaba como los suyos, ni aparecía tan á
tiempo, cuando había que dar muestras de rumbosidad v garbo.
Recordaba bien aquella tar&lt;le -el próximo 24
de Junio haría diez años ~n que fueron ella, lM

,

lapiéº', y ú una ,;eñal convenida se zambulleron,
pero sin abandonar la eS&lt;!ultura, que depositaron
eu la orilla respetuosamente.
Como si San Juan lo hubiera hecho, trá.s el bochorno de la siesta, vino un vientecillo sutil que
descompuso los rústicos peinados de las muchachas, hizo volar el manteo &lt;lel señor cura y levantó
la arena de la orilla.
A poco, arreció el aire, se esparció un Mlito de
dulce frescura, l'l follaje de los grandes sauces
ondeó como P,1nrnlartc&gt; de seda joyante y nm10ro~a, y empezaron á ca"r goterones, que parecían
en la arena gnu1tlP,-. monedas de cobre.
Los charro, ,acaron sus tilmas variopintas, sosegaron á Rus c·abalgadura,;, que emanchaban l::t
nariz y arqueahnn el cuello al percibir el olor de
tierra mojada, y rmpezaron á ofrecerse para conducir á las muehacha.&lt;; hasta el pueblo.
Todas aceptaban: y con ligereza de campe"ina~,
poniendo un pie en el arzón, se colocaban en un
veriqncte sobrr la "cabeza" de la silla "vaquera",
haciemlo á un lado la. reata ó el machete, mientra~
lo;:; galanes, ~irmpre lista la rienda, se retiraban
á la grupa del bruto.
Petra subió en el caballo de Juan, el caballo
"Coman&lt;:lie'' -hallo -~lobo, cabos negro~, buen an-

fícil, Petra sentía en el cuerpo la presión de dos
mano,- fuertt'.s .como tenazas el cosquillear. en la
nuca de un bigote delgado y suave, y pendiente
~obre el)a 111. mirada de dos ojos moriscos, enérgicos, ardiente,,, como la brasa del carbón en el bogar.
D e allí nacieron la mutua inclinación los amol'l"- ruiclooos, que por mucho tiempo
'fueron el
palillo de die&lt;I1U."S de '1:oda-s las boca:-, en el pueblo,
y la huida de los felices amantes á México.
Luego vinieron los c1i~gustos: Juan era esenc·!almente inconstante: n•lrnsó, primero con eva_,1rn,, lu_ego ~on hruta~icladcs, cumplir la promesa
&lt;lr matnmomo hecha a la muchacha; faltó por semanas &lt;'ntcras del Ja&lt;lo de ~u amante; y un día., la
Petra ,;e encontró sola, sin rerurso~, sin amparo
Y tcnie1Hlo r¡uc atender {1 dos niños frutos de 1~
uniún c·on el alevoso.
'
Flotahan en i;u memoria peclazoo. ele drama,
fragnwntos de i&lt;lilio, voces que había oído nlvirl_anclo la hoca ele que salieron, guiños de ojos, sonr1-;a~. gc~tol', halagos, reños fruncidos y puño3
amenazante", cuando fiió de nuern la vista en la.3
pata~ de mosca ele la carta, que continuaba así :

�Domingo 24 de Marzo de 1901.

EL MUNDO ILUSTRADO

~

i Qué si se acordaba! i Cómo no había-dé acordarse de aquellos días tan blancos, tan dulces, tan
bellos, y _que contrastaban tanto con los de ahora
tan horribles. tan amargos y tan negros.
'
i Cómo no, había de acordarse de su vestidit
bl~nco ! i Como no se había de acondar de s~
Virgen adorada! Ahora mismo la veía, con la luna por es~abel, con cauda de estrellas con ángek .
por corteJo; ,las manos juntas, los' ojos azule·"'
puestos en alto,
"'
, el
á manto azul, azules los crespones que cub r_ian los niños, el fondo del cuadro
azul, azul todo, como los días de la inocente de
ent-0nce:i, como las noches claras y diáfanas del
nu!blecillo que se recuesta en la falda de la montana ...
Y concluía la carta:

~L MUNDO ILUSTRADO
AÑO VIII--TOMO 1--NÚM. 13.

MÉXICO, MARZO 31 DE 1901.

8ul&gt;Bcrip~6n mensual fordnea,
I dem ~em en la OapUal,

Petra permaneció _un rato ensinúsmada. Sí,
aq~ellos eran sus amigos, sus paisanos, sus compar.ieros; al lado suyo había atravesado los años
felices de la vida, y junto á ellos habían trans: nr,icJri las épocas bonancible,:. ¿ Se habrían casado? ¿ Serían dichosas? ¿ Habrían aumentado
sus caudales? ¿ Sufrirían alguno ó todos penas
como las que ella pasaba?
Pero no tardó en salir de su ensimismamiento.
Dos arrapiezos, rrcién fregoteadas las jetas more:1~s, con lo~ _cabellos d~mostrando las recientes y
a-spcras canc1~s d_cl ceµ1Uo y los pobres trajecitos
a~bcru1do. de ~~mp1eza y arreglo, ~alieron de la vecma hab1tac10n, )' besuquearon hasta el fastidio
las manos de la madre, mientras le pedían la venia
para marcharse á la escuela.
Petra oyó entonces una como clarinada que la
conrvocaba á la lucha, al deber, á la vida; y doblando el burd? plieguecillo, lo guardó en el seno don.
de las muJercs guardan lo más caro, lo m~ tierno, lo más secreto ...

V. Sa/aoo .filvarez.

iSOÑAR!. ...... lSOÑAR!. ......
Tal par?cc que la Naturaleza se propuso cegar
en e; me:ncano toda fuente de actividad práctica
Y util; sofocar todo empuje hacia el trabajo real
Y fecun~o; m~tar en germen toda ini'Ciativa, toda
tendencia hacia la labor positiva y remuneratoria.
. Para adormecernos é hipnotizarnos, para exaverhrn~ del trabajo al reposo, de la luoha á la voluptuosrdad,_ ~e la"brega al ocio; para adormecernos
en el ~elic10s0 dolce far niente", para hacer caer
lángrudos los brazos y pesados de somnolencia
los párpado.e, el clima nuestro entibia sus efluvios
Y. perfuma sus brisas ; limonares y tamari,ndos
tienden_ sus _frondas protectoras y nos brindan fresca Y mlsteriosa sombra; para desviar nuestra vista del surco, que reclama el abono de nuestro sudor v ~a fecundante herida del arado nuestro cielo reviste su regia vestidura de cel¡jes, se constela de astros, hace V?fªr nubes blanquecinas en
su lago de zafir, se eme sus arico iris como diademas.
~a atmósfei:a, diáfana y sutil, se carga de emanaciones embriagantes en la zona cálida, y se pr-i.
va su e:Kcitante. oxígen_o en las altas mesetas; ci~1~, honzontes mdefinrdos, paisajes imponentes,
rueves de volcanes en las cimas, tapices verdegueantes en las laderas, floridas alfombras en lo&amp;
valles, todo, a~, rededor nuestro, solicita é impone
la co~templac!on y no la acción, la actitud pasiv:i.
de qu_ten admira, y no la febril actividad de quie,1
tr~baJa. Pocas necesidades; un plátano por todo
a;1men_to; un leve cenida•l por t&lt;Ydo 'Vestido; u-n hac~nami~'to ele ramaje por toda ,h abitación; la
siesta baJO el fresno, sobre el sendero el repo"o de
no h~cer nad~ á la orilla del arroyo: tal es ;uestra nda y el ideal de nuestra vida.
Anní_bal, en Capua, Sansón á los -pies de Dalila, tuvieron de esos arrobamientos, durante lo8
cuales enmohece la espada del guerrero, se enervoo _las fuerzas del héroe, y se tienden en esperazamientos felinos los músculos.
La m(ta~ de nos?troo, el indio, viv_e dormitando, ensimismado. rnconsciente. V a "delante de
sí", sin saber á dónde ni saber -oor qué · camina
auto~áti~mcnte, soruí:mbulo, sin iver Ía tierra
que pisa m la senda que huella, sin volver la vis-

~r.

JII. Flores.

t 191.
1.15.

Gerente: All"TONIO OllYAS.

:Director: LIC. llAJ'AEL BEYES Sl'DfDOLA.

d:

S~, P:1rl?naba al desgraciado; pero ¿quién le
restitmria a ella la paz del alma, el candor perdido, ,la confianza en Dios y en sus criaturas, que
habmn volado juntamente con el amor por aquel
mal hombre?
Y la carta seguía.

Sí que rO&lt;:~rdaba á Pancho, tan noblote y ta;;
leal, tan carmoso y tan fino. Y nada pobre qur
era Pancho : su rancho de la "Soledad" bien valía
sus diez talegas; la taberna de la "Orticeña" daba
por aiio 1;1ás de quinientos barriles de aguardiente;
y la ca.,,1ta del lugar tenía muebles que habían
costado un buen pico.
Prro no había para que traer á la memoria á
~ueil r~ncbero hecho de pa.sta de ángeles ; su
smo habia ll~vado á Petra por opuestos senderos,
Y, n~ era posible recomenzar una vida que aparecia a manera de fru.to sin jugo ni substancia.
¿ Y si, en efecto, viniera por tí, y dispensándote faltas y sobras te llevara á su lado? -cantaba
una voz tenue en el alma de la clúca.
. ~o ha v que creer en tal cosa -respondía como
md1gnada otra voz más potente y más honda · lo.s
l1?mbrcs honrados necesitan mujeres honradas'· no
ip~~nses ~n decoro para t_í, ni.® bienestar para'h:~
lu1os, m en hogar feliz, m en nombre limpio.
Todo eso se queda para las que no creen en palabras de barbil.iooos, ni en promesas de seductor~. Todo eso no es para las débiles v. tornadizas,
smo para las fuert.es y constanitoo.
•
Y siguió leyendo:

,ta atrás D:i á un lado.:. A cada paso, la trompetilla.
del tranVIa se desgamta en vano, resuena de.ses
radamente la campanilla del motor, advirtiéndlf
O
q_ue hay algo detrás de él, advirtién-dole de los e
hgros de su abstracción; el indio rectilíneo pe..
.
tu r bable, so'lo dcsp1erta
· ' arrollado' sorp
do, 4mper
la locomotora, pis9tcado por la cabal!!adura Of
tropeado por la bicicleta. Los vapores de ~o essa~ qué ~loroformo, 1los a-lcaloides de un opio :.
ponfero, mvaden su cerebro. El Íllldio calla po
q~e no ti_ene qué ~ecir, ni ganas tampoco de
c1rlo, y si se le deJa entregado á sí mismo si n0
..se hacon silbar ,á su
de ca=ta¡
o' Jn·
. oído láti&lt;TOS
b
rTam?ntos de conntre, el indio no tarda en encucltllarse contra el muro ó contra el tronco, en envolverse en su manta, y, fija la vista en nada,
~udo é in!nóvil, deja indefinidamente correr la
v!da Y, !cmr _l~ muerte. El indio no tiene, Clll!i
v1cla fisica, m mtelectual, ni sensitiva.
'
E; mestizo, en cambio, tiene una vida imaginativa, mtei:,a, continua, infatigable. No irn1Rjn,
¡~ero suena; J?-º emprende, pero proyecta; n:&gt; rea.,
hz~, pero forJa. ~u cs-píritu, es una máquina inf,a,tig~\)le de fabr_icar ensueños, quimeras. Va,
tamb1en, por la _vida, lenta, perezosa, inconscientemente; pero leJos de llevar la cabeza vacía CQmo
el indio, la lleva llena de una colmena zu~badora, de planes_ fantásticos, de esperanzas quiméricas, de ens1;1e_nos l~c?8: si el pensamiento transpirara y se hiciera v1S1ble, cada uno de nosotros pasaría coronado de un blanco penacho de volutas
de humo. La caldera hierve dentro; pero sólo
produce volutas.
_Aquel joven que pasea bajo una ventana, y
atisba el asomar de una cabecita de án&lt;Tel · absorto y distraído, no -piensa on poner casab e~ instalar _hogar; no s_c abisma en los cálcul~ y combinaciones financieras, pre?ursores de una posición
~stablc, que asegure su bienestar y construya nido
a sus amores; no. Sueña en el jardín embalsamado en que Fausto seduce á Margarita · en el
balcón revestido de yedras, donde Romeo eye cantos de alondra y Julieta trinos de ruiseñor. AmA
y sueña; ve _á la mujer amada, resplandeciente de
blancura ba10 su velo de desposada; mira humoa
de incienso bajo bóvedas de templo; oye ~orde1
de órgano; mira nidos bajo las ramas· resuena en
sus oídos rumor de besos y de frases tiernas; lle!ª en el corazón un altar y en el altar una muJer; bulle en S'll mente un idilio tierno é indefinido, y como base para realizar su ensueño, como
punto de partida de aquella gira á través del paraíso, como única condición material de hacer
posible su dicha, cuenta tan sólo con el billetito
de la lotería, arrugado y deleznable, que lleva en
el bolsillo.
El empleado, que parece encanecer sobre un
expediente, se ocupa en distribuir los millones,
que s_ueña haber heredado de un pariente llovido
del cielo. El núlitar, que olvida el estudio y lr.
academia, se eoru;uela fingiendo campañas que él
combina, batallas que gana, sitios que organiza.
El estudiante, huelga ocupado en pensar oue f.81'
émulo de Pasteur, rival de Edison, descubridor
laureado, inventor aclamado. El negociante des· •
cuida sus asuntos, ocupado en suponer que -pronto
llegará á ser el rey del tabaco labra-do ó funda•
dor del sindicato de la corteza de encino, con ca•
pital de doscientos millones. En los ratos que le
dejan libres el café ó la tertulia, el politicastro '!8
'Ve hecho un Metterniich, jugando con las canc1•
Herías europeas, y subyugando al Ogro de Córcey:a.
Y así ocu,pados, absortos, dominados por el ens~eño, esclavos de la quimera, constructores semP'1-ternos de "castillos en el aire" y cultivadores
de "jardines" fantásticos, dejamos á un lado la
realidad, despreciamos la fortuna, desaprovecha•
mos la ocasión, y vegetamos, en vez de vivir.
Nuestro cerebro tiene una grieta abierta del
lado del ensueño : por ella, se escapa el vapor_ de
la caldera, y la máquina queda inmóvil é inactiva.
-¿ Qué loos, príncipe? preguntaban á Ramlet.
- Palabras. . . palabras . . . palabras .. .
-¿_ Qué haces? -podía preguntársenos.
-Soñar. . . soñar. . • soñar ...
Acuña, era mexicano por los cuatro costaclos.
cuando decía :
i Soñar ... ! es11 es la vida, ese es el puente
que entre la cuna y el sepulcro media.

cJJ(afGr fi;o/orosa.
Cttadro de G11ido Reni.
De la Colcoci6 n de la Galerta de Berlfu .

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1901, Año 8, Tomo 1, No 12, Marzo 24</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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