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Domingo 23 de Junio de 1901

EL MUNDO ILUSTRADO

~L MUNDO ILUSTRADO
AÑO VIII--TOMO 1--NÚM. 26.

MÉXICO, JUNIO 30 DE 1901.

DtNctor: LIO, RAFAEL REYES S-PINDOLA.

GITANILLA.

Subscripcilm mensual for4nea, I 1A
Jaem ,aem ,m Ja OapUaJ, 1A

Gerente: ANTONIO ClJYAI.

)

�Domingo 30 de Junio de 1901.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

MINIATURA.

Nuestro Ministro en París.

I

1

El señor Don &amp;bastián de Mier acaba
de ser nombrado Ministro de México en
1
Francia : nombramiento acerta.do honra
merecida. El señor de liier ama'profundamente iá su país, no pertenece al grupo, reducidísimo por fortuna, de los que
después de hacer ó de theredar aquí fortun as que el avance nacional ha triplicado
sin que ha.yan ib.eoho para ello el menor
esfuerzo, profesan por su tierra natal una,
religiosa indiferencia. Nuestro representante en París, ha hooho del honor mexicano ~a espe~ie de honor propio, no
desperoic1a med10 de poner de relieve los
esfuerzos gigantescos que ha hecho nuestra P atria bajo la dirección del Presidente, y ha Jogrado en las cimas de la sociedad europea en Inglaterra y Francia, rectificar muohos juicios hostiles disipar
muoha ignorancia desdeñosa y hacer volver hacia nosotros los ojos de muohos próceres de la ciencia y del poder.
Ant.es de ser el representante oficial de los Estad os Unidos Mexicanos, ha sido en cierto modo
nuestro representante social. Durante la Exposición, en que el buen suoeso de nuestras e:xihi'biciones debe tanto á su deseo de acertar y á su inteli-

l.

,,.

Desde ha tiempo el espíritu sabia
que ibas en él, 11 destilar tu encanto,
sin poderse ex,plicar, cuando sería,
ni tampoco por qué tardabas ta•nto.
Aquella soled.ad en que vivía,

y que piaidosa recogió mi llanto,
al oído también me lo decí,a,
endulzando mi eterno desencanto.
Llegastes &lt;á, mitad de mi camino . .. ,
en el instaJ:1ite en que sintió el anhelo
avidez de aspirar algo di,vino;
y fué itu aparición en mi ansia extrema:
un crepúsculo de iámbar en mi cielo,
ry en los laibios, la EStrofa de un poema.

II
Era mi corazón urna sagrada
á donde iba .sol tando á ca.da día,
gran.os &lt;le incienso que mi .amor prendía
oon el fuego que alienta tu mira&lt;la;
fué en mis sueños tu espíritu, cascada,
que ,de lo alto, á mi espíritu .c aía,
ry por la a,ltura misma constelada
un enjaa:nbre de estrellas parecía;
ry fuistes en la forma la escultura,
ca.paz de r evelar al sufrimiento
que aun existe Uilla gota de ventura;
y por eso después el pensamiento,
ail perderse tu blanca vestidura,
voló muy alto y se. abatió sediento.

III
¿,Cómo hablar tu• lenguaje, si no existe
en el ;-laibio, una frase que no lleve
a&lt;;a, cáld.encia entumecida ry triste
de la hoja seca, que la racha mueve ?

r.:.

¿ Córp.o enrontrar la frase que se viste
de fue/fo y de calor, y que se atreve,
á entreabrir el botón que se reSliste,
y á fundir los criistales de la nieve?

Y sin. embaDgo, icuando ví en tus ojos
la húm€id~ claridaid que ahí se hospeda,
ry tu faz, inundarse de sonrojos;
el amor tan.tas veces contenido,
al ESCaparse vacilan&lt;lo queda
de mis trémulos lalbios suspendido.

IV

,.
!

-

A medida que ha:Maba ; esa corriente,
fué más robusta, más nemosa y viva·
y el lino inmacula,do de t u frente
'
á €6$ pa,labms abatiéil!dose iba.
Seguí hablando, y después, así tu mam.o
semejante á una f lor qué abre el verano '
por la ihúmeda tihieza que almacena· '
'Y al sentir el oontaoto de la mía,
'
fué cerrando sus dedos, cua,l lo haría
con ¡sus débiles !hojas la azuoona.
'

V
¡ Qué ldelioiosa sensación aquella !

DAMAS MEXICANAS.--SRlTA. CONSUELO MOGUEL.

Ella que fortifica y que levanta ·
Y el molde perenne en que vacía '
el amor sus arrullos cuail!do c~ta •
e~la q~e ha:bla por fin, y que al oíd~,
viene '.1- ,decir, lo mismo que diría,
un páJaro, á otro pájaro en su nido.

VI
.Aspiramos la flor de los amores ·
nos oontamos las íntimas tristezas · '
y sin quererlo oasi, ·1as cabezas ·'
se iuclinan semejaa:i..tes á las flores.
Ha sabido miis íntimos temores
su~ sus iimantiles ligerezas;
'
y Slil quereTlo casi, las ca.bezas
se inclinan, semejaJ1tes á las f.lores.

abrió su ciliz l a truner estrella !

Luce el alba por fin en los alcores ·
nu~tras almas invaden las tristezas; '
y run quererlo casi, 1-as crubezas
se·inclinan, semejantes á las flores.

Aun de la tairde está. viva la ihuella
en las cimas que hospedan á ,l os hielos •

-Dame un beso y después uo haya temores.
-Toma un ·beso y después no haya tristezas.

¡cómo el iarrnor nos ÍIIl.undó de a'll1helos ·
y cómo, en lo irufinito de -los. cielos '

'

..

(f

.,.

.,

1

Y se agolpan los hondos desconsuelos
que no ham. de herirme, porque estoy ~on ella.

L a frase iha ibrotando lentamente :
since'ra, musical y persuasiva,
para e,gitar después convulsamente
el lago de tu a1ma pensativa..

':'

Sra. Guadalupe Cuevas d~ .Mier

y al decirnos adiós, nuestras cabezas
se inclinan semejantes á las flores.
_i Bie~ _sé que se~ así! mi amor lo e3pera,
nu esp1ntu lo abriga eternamente
que este canto naoido en primaive;a
iba de hablarte de mí cuando esté ausente.

Ha de hablarte al oído cuando muera
cuando se hunda la taDde lentamente '
cuan&lt;lo el otoño 'a rrastre en su carrer~
las muertas hojas que arraincó Ílll,clem~nte.
F~ un instante que amarrnos, y lo dsj'l,
mutilado tal vez, tal vez sin galas
cual una rama por el viento trunc; ·
al pensar qu: el recuerdo es el rreflej~
de un e~~urno de a,mor, que aunque sin alas,
y aun v1en&lt;lole ,mor&gt;ir, no muere nunca.

]Yliguel J&gt;ereyra.

gente laiboriosidad, el señor de Mier recibió, en
compañía de su bella y elegantísima señora á. tod? til París selecto de aquellos días de oos~opoli~smo, e~ el Pa,bellón de México y nadie ha olvidado m el serio encanto de aquellas fiestas, ni
la amabilidad exquisita con que hacían los ,honores de la casa mexicana el Comisario GenéTal y
su familia.
Lais relaciones que una coroial sociabilidad conquistó entonces a,l señor de :Mier han persistido,
su contacto con el mundo oficial é intelectual se
iha acentuado desde entonces y sólo así se explica
cómo ha podido reunir en un haz apretado el
grupo de personas conspicuas que van á encargarse de presentar ,á Europa al México de nuestros días en un libro que será de primer interés.
Todo cuanto hemos apunta,do es, aunque enco~t~co, justo. Pero tiene derecho á ser parcial
el v1aJéTO mexicano que encontró en la espléndida
mansión de Neuillry en que el señor de Mier reside en compañía de su venerable madre, de su esposa y sus hijas, deliciosos ejemplares de la flora
mexicana, tan noble y cariñosa hospitalidad de
esas que mitigan nostalgías ry siembran gratitudes
perdurables.

Sritas. Leon or y Guadalupe de :Mier y Cuevas.

EL AMOR ANIMAL
Y E L A M OR HUMA N O.

Cuando hundidos los flancos, secas las fauces,
inyectadas en sangre fas pupilas, husmea,ndo y aspirando las lentas y al'difJil.tes brisas del desierto, la pantera busca con ahinco y ya con rencor
la presa que íha de saciair su hambre, su instinto
predominante es destructoT; busca la ,lucha, ·a nhela el combate, se recrea de antemano con las
contorsiones ry il.a,s coil!vulsiones de su 1Víctima;
mira con anticipación su piel desgarrada 'Y cruenta, sus miembros fracturados y las entrañas esca,pándooe de las -0avidadt'S, los ojos salidos de las
órbitas, Jas vísceras arrancadas de sus alveolos, y
se baña en un ensueño de voluptuosa carnicería.
Llegado el -momento de la, acometida, su sarpazo es brusco y su dentellada bruta,l; desgarra,
fractura, destroza y disper&gt;Sa; baña en sa:ngre humeante sus fauces y sus patas; hun&lt;le la cabeza en
los restos palpitantes; mastica con furoT, y un
gruñido sordo ry -0ontinuo ·de sUiprema. sa,ti&amp;facción
se esca,pa de su garganta seca de placer.
IDl bipopóta'Illo sediento atraviesa como un proyectil el tupi'do juncal; huella flares, despachurra
.frutas, trunca espigas y destroza cañas; aniquila
laboriosas hoowigas, derriba a.divos colmenares, y
va indiferente, rectilíneo, impávido, sembrando
ruinas, en busca de la charca de fango en que se
baña, ó de la lima en que extingue su sed.
El ciervo (fil ibra.ma causa espanto; enhiesta la
coronada frente, •luminosa ry siniestra la mirada,
hirsuto el pelo, desaifía, aoomete, combate, siembra cadáveres de rivales á su ,paro y se rodea de
un círculo de 'Víctimas, y luego, victorioso y feroz, se a.podera de la hembra, la golpea, la mal-

J. s.

Sr, D. Bernardo de Mier y Cuevas.

Domingo 30 de Junio de 1901.
trata, y á cornadas la lleva á las esp&amp;suras de la selva y á las escabrosid11des
del barranco.
Así son todos los apetitos animalc~,
ciegos, rudos, destructores; el sér que ha
de satisfacerlos no es objeto de mimo, de
s~mpatía, de aiecto, sino miás bien de
odio y de rencor, ó de desprecio. El
cerdo se arroja sobre el barreño de desperdicios, lo rompe, lo tritura, coone y
Eisotea, parece como que necesita sazonar
el manjar con fango.
Hambre, sed, amor, todo es en los animailes estúpido y rectilíneo ; arrullos,
apenas las tórtolas; cantos, apenas los
ruiseñores; seducción y deslumbramiento, apenas los pavos. Los demás arumales tienen concubinas á quienes torturar y
no esposas á quienes amar; siervas de
quien€-S ha,cerse servir, y no compañeras á
quienes amparar. El amor que consuela,
defiende y proteje les es desconocido, y el
más refinado egoísmo preside la satisbcción de sus necesida&lt;les y de sus ¡q&gt;etitos.
El hombre, que tam.to ha poetizado el
3Jillor, que tantos himnos le ha cantado,
que de tantas flores lo ha coronado, tiene
á cada paso regresiones á la animalidad; impone
á la mujer sus ca.priohos; la encadena, esclava;, al
carro de sus triunfos; la roba, la engaii.a, la
pierde y la mata so pretexto de amarla.
Abunda quien crea que el amor no impone otro de-

Sr D . Sebastfan B. de 111ier.

ber que el de llagar á la posesión del sér amado, por
la astucia ó por la fuerza, y que su misión esiá
cU!Ill.plida cuando fa posesión se ha realizado.
DeshonDa, miseria, ·abandono, escarnio, sedioia,
todo eso viene después; ES el precio á que pagaa:nos
la abnegación de ,la, mujer, sus i,acrificios, su pudor de virgen, su prestigio, su virtud y su porvenir.
Don J uam., Lovelace, como la diosa de la India,
pa8€l!ln su carro triunfal sobre cuerpos vivos y
palpitantes de doncellas delumbradas y ciegas de
amor, y dejan tres de sí corazones desipedazados,
vifürs truncadas, esperanzas desgarradas, felicidades aniquiladas.
La mujer no es un sér con dE-Teohos mdiscutibles al rufecto, 11 la simpatía, ,á la compasión siquiera de su seductor; no, es un instrumento de
placer, un-a presa que i,e despedaza y se devora,
.una caña cuyo jugo se bebe con delicias y cuyo
bagazo seco se tira al •basurero.
·
Y cuando deshonra-da, perdida, condena.da :í la
vergiienza ry a,l dolor, l-a víctima pregunta á su
verdugo el por qué de su ·despiadada crureldad ·
éste contesta:
'
-Porque te amaba, ry 5610 haciéndote infeliz,
deshonrándote ry hundiéndote en la miseria y la
desgracia, ipodía hacerte mfa.
Eso, sí es amor, es el amor animal, at ributo •d e
la,s bestias y no de los hombres. El a.mor humano
es piadoso, oompasivo .y agradecido; es amor que
anhela y procura el 'bien del sér ama&lt;lo; que trabaja para que subsista, _que lucha y combate p.a-

�•
Domingo 30 de Junio de 1901.

EL :MUNDO ILUSTRADO
Domingo 30 de Junio de 19Dl.

EL :h1UNDO ILUSTRADO

ra protegerlo; qiie .liga ipor toda la vida; que obliga en justicia á pagar con sacrificios, con bondades, con dulzuras los goces que ha procurado y
los dolores y ,angustias que ha prodigado.
A-mar, es consagrarse á la felicidad del sfa
amado; ry quien por satisfacer su amor, impone
dolores y torm€-ntos &lt;y condena al objeto de su
amor al sufrimiento ry á la afrenta, ha renegado
de sí mismo, ha deiadci de ser un hombre para
convertirse en una fiera, se !ha segregado de las
leyes fri.umanas para encenegarse cu los apetitos
anima,les1 ry no merece más que el odio ó el desprecio de l,as gentes honradas.
La ete,rna, lucha ib.umana á través del tiempo y
del espacio, tiene un :fin supremo: substituir á
la organización. imperiosa el alma racional; al
instinto brutal, el sentimiento noble; al sacrificio de los demás, la filantropía; al deseo, el amor
á la lujuria, el matrimonio. al enjambre, la familia. Y quien abdica de los ·deberes que la humanidad impone, debe quedar fuera de las leyes
humanas.

J)r. )ti. Flores.

IMPRESIONES DE LA SEMANA.
RESU MBN.-La r esurrección de la música - Operas pooulares -La música anti~1Jaylos vicjoscant 1ntes -L,as obras
modernas - Bohemia. - Carmen. - Los Galeotes y Julio
Ruiz.

Ha sido esta semana para los dilettanti, á man.era de inespeI'ada fontana, de fresca y brillante linfa, abierta de improviso, á pleno sol, en la
arena tostada del .desierto.
Iban los caminantes fatigados y sedientos, y el
milagro bajó en un rayo de luz que hirió, como
un ,v¡;nablo de oro, la. tierra, para que de la herida 'brotase aquella sangre transparente.
Los melómanos esiim de plácemes. El aire se
ha llena.do de sonidos. U na estimulante ráfaga
de entusiasmo ha sacudido el viejo teatro de San
Fel-ipe. Tal parece que despertamos de un sueño
largo y alegre, durante el cual hubiésemos estado es{mchando ruido de cascabeles, serenata de
mandolinas, y pasacalles de bandurrias.
La zarzuela 1ha dominado el teatro, lo ha invadido, y se ha adueñado, como una conquistadora,
del gusto.
Sin emba;rgo, cuando nos ,isita la ópera pierde
la zarzuela una buena parte de su público.
La Compañía que ac.a:ba de visitarnos y 41ue ha
abierto la temporada de Arbeu, es de las que llaman populares y que, descle el punto de vista del
arte, prestan un gran serYicio á la cultura humana, en cuanto que democratizan las obras exquisitas y arrojan en las masas el germen fecunclísimo del amor á la Belleza.
Hemos oído ahora algunas óperas viejas. Y n os
confimnamos en nuestra opinión. Ya oara nuestro temptTamento e)lfermizo y neurótico, no tienen encanto las fiorituri, los arabescos de trinos,
las mallas sutiles de gorgeos, las explosiones de
"fermatas", todo ese aegre ju ego de las notas,
todo ese fino desgrane de escalas y apoyaturas en
que se deshace la vieja música, como una nube ,,e
deshace en rocío.
Los maestros modtTnos nos emocionan, nos ~ttcuden, nos subyugan con una música dolorosa y
fuerte, en la cual la YOZ humana entra como u;1
elemento de la polifonía.
Es claro; ya la voz no canta sola, cwno antes,
seguida sumisamente por la orquesta, como un.a
reina por los .cortesanos obedientes; ya no es
soberana y señora, iá cuyo mandato iban los instrumentos orquestales subrayando con timidez las
melodías; vibraban con delicadeza las CUtTdas, trinalban con dulzura las maderas, y de vez en cuando, los latones, á la sordina, intervenían en el
acompañamiento con sus quejas metálicas y duras.
Y a no es la voz humana la única todopoderosa
y expresiva en el concierto de los sonidos; ya está
descoronada, y aunque conserva la nobleza de su
linaje, ha perdido su omnipotencia. El arte antiguo se preocupó mucho en hacer de las gaDcrantas nidos ele ruiseñores, y de las aéreas tram~ de
esa música angélica y candorosa cuelgan, á manera ele ornatos y guirnaldas, las más jITTiales y
deliciosas sutilezas del canto.

Sr. Lic. Juan A. Mateas,
Dramaturgo que cel~br6 sus bodas de oro la noche del
martes 26 del actnal.

No -haibía entonces pasión sino ternura, ni
tristeza sino melancolía ... ¡oh! lan lágnml:l5 no
eran tan amargas, ni las quejas tan hondas, ni el
dolor tan ,desesperante y huraño. ¡ Oh, Bellirn.
Tubió como las mieses, dulce como los ángeles,
joven como la aurora, melancólico como el ocaso,
tú eres un símbolo. Tu música, corno la de Donizzetti nos aburre un poco y nos em1mlaga bast¡mte; es un rnso colmado de miel que cuan.do alguien lo acerca ,á nuestros labios nos repugna porque ~-a estabos habituados ,á los acres y malsanos
sabores. ).l;úsica sana pero sin nervios; sin vigor, sin estremecimientos, sin angustias, requiere cantantes educados hasta lo imposible, voces
sujetas á largos y difíciles estudios, vocaciones
decididas,, óDganos pri,ilegiados, que venzan á la
naturaleza iy ihagan del grito, del suspiro y del
sollozo, primores ·de notas. Para tal especie de
cantante,, toclo rumor debe quedar dentro clel pentágrama: es ésta una terrible gimnasia de las
cuerdas vocales, en las que se enredan y suben y
hacen los sonidos inauditos escarceos, como ágiles y pujantes acróbatas. Pero el ideal artístico
ha variado de rumbo. Las óperas nuevas no necesitan esos ,gloriosos esfuerzos.
Poner música á cuadros vivos, encerrar en la
pauta caracteres, dar á cada grito su nota, á ca.da
frase su entonación, pintar líricamente tipos que
vibran ,y Ee convulsionan cerca de nosotros, ha sido la asniración de los nuevos compositores. Las
tentativas han resultado soberbiag,
En esta época, al terminar un drama, cuando
cae el telón rápidamente, después del alarido de
"Carnllería" ó del sarcasmo de "Los Pa.yasos",
queda en nuestros oídos, por mucho tiempo, como un rumor de océano remoto, el eco persistente del gran dolor humano que se queja en las
óperas modernas.
Sin embai,go, para mí como para muchos, es
un placer amruble quedarme &lt;le vez en cuando,
en mi cuarto de tra1bajo, rodeado ele mis amigos,
y á charla de&amp;hilvanada y saltante, recordar entre risa y risa, burla burlando, mitad á ironía y
mitad á admiración, frases, motivos y melodías de
Donizzetti y Yerdi, música que cantó en nuestro
corazón los himnos celestiales de las ilusiones
recién nacidas.
Ahora no vamos á un teatro á soñar con las arcaicas inspiraciones &lt;le los maestros paganos; pero no ob,tante nuestros aplausos y nuestra decicl.ida admiración por los flamantes maestros italianos, no podemos menos de volver alguna que
otra vez á las óperas viejas, como se vuelve á un
parque abandonado que de tiempo atrás conocíamos primaveral y florecido.
Y 1he aquí que ha llenado la semana "La Bohemia" de Puccini. Nos visitó 1Iimí. Es imposible olvidarla, ni dejarla ele ver por muchos días.
'S'ada hay tan tierno ni tan conmovedor para nosotros que conttmplarla del braw de Rodolfo,
mientras cae la nieve en la mañanita gris y triste

en que prometen dejarse los dos bohemios cuando vuelva la tierra á cubrirse de flores.
Del idilio callejero nos queda siem_pre una memoria dulce. Van y vienen las gran.des óperas,
las opulentas, las magníficas; nos entusiasman,
nos arrebatan, nos sacuden; pero ~o bien desaparecen, cuando nos preguntannos : ¿Dónde está
}Iimí?
Ahora acabamos de llorar con ella; volvió, como
de costumbre, muy tierna, muy linda, muy sumisa.
La .fresca ry deliciosa música de Puccini fué interpretada de un modo exce1ente por los artistas
de la Compañía La,mbardi, sobre todo, por el tenor Rambaldi y la sopra,no Lery.
También, aunque un poco desgracia.da, hemos
vuelto á oir la "Carmen", que es como si dijéramos la clave &lt;le la música mod-ema.
lle aquí una sensación de la música de Bizet :
Sobre un muro blanco, del que se destaca el dosel del emparrado, cfuispea la luz: una luz fuerte, cruda, de tarde primaveral, que hiere los ojos
y sacude y quiebra en el aire la urdi1Illbre de oro
del sol. Las pupilas, lastimadas, se empeñan en
recrearse en aquella contemplación dolorosa, como si las hipnotizaran los resplandores. La claridad es una fuerza: atrae como eLabismo. El
resplandor ·se impone. La manifestación de la
vida, cuando es brillante y vigorosa, seduce y domina.
Sangre y sol; é'SO es Carmen. Resplandece y
d~slumbra. Las notas de esta partítura genial,
vibran como átomos luminosos. Tienen, en 1n.
pauta, la, inq\lietud de las luciérnagas en el follaje. Forman una música que oímos, y, por una
erlraña rela,ción--qui.2lá porque despierta rccuer,dos de cuadros y lecturas-"vemos". Es música que pinta. 1\Iás que ninguna otra, tal vez,
reproduce oon una pasmosa exactitud el color y
la línea. Los sonidos poseen matict'S y contornos.
Cada melodía se combina en la imaginación con
un lienzo en movimiento.
Canta y dibuja Bizet en esa obra, los t1pos de
una España que vive en los versos de Rueda y en
las pinturas de 1\Ia.drazo, c'olorida, apasionada,
viYaz, tierna ,h asta la caricia, impulsiva hasta el
asesinato, graciosa y bella hasta el encanto.
1Iuchas veces se me .ha ocurrido preguntar :
¿ es realmente española la iheroína? Parece que
no; parece que á pesar del man'tón, de la mantilla, del cla,vel de púrpura en el peinado y de las
pupila_s árabes, obscuras y pavonadas, Carmen es
una gitana que para engañarnos se vistió de andaluza.
La aplaudimos y logra conmovernos porqÚe es
humana. No es una española, es una mujer · es
la mujer.
'
El viejo Shakespeare clecía : Pérfida como la
onda. i Aill ! peDdone ustc-d, sEñorita, esas filosofías no vienen al caso v suelen ser faltas de educación.
·
)1e desdigo y me ac:Tui~ro á la opinión de usted :
el p◊tta inglés no· supo lo que dijo.
Y con "La Bohemia", y con las hermosas comedias ele los Quinteros, ''Los Galeotes" y uEl
Patio", que son por hoy el atractivo del teatro rlel
Renacimiento, la semana se ha pasado aplauaiendo, cuando no á los italianos, que tienen muoha
voz, á J ~lio ~uiz, que no tiene ninguna, pero que,
en camb10, tiene mucha gracia.

.Cuis

~

lfrbi11a

MYOSOTIS.
~

Cuando gima la brisa entre las frondas
Y en el bosque la tarde haya caído,
Como un canto de amor irá á tu oído
El amoroso ·arrullo de las ondas.
Y en l,ánguido vaivén tus trenzas blondas
Se mecerán, y -el pensamiento ;herido,
Bu;,cará como tórtola su nido
Para llorar con tus tristezas hondas.
Encubierta en su clámide sombría
V ~ndl'á la noche, y cual sentida quéja
Oirás que el viento esta canción murmura :
-No me olvides jamás ¡oh! amada mía ...
Y cual dulce esperanza que se aleja
L a canción. morirá, doliente y pura!
Antonio H. Altamirano.

CONTRASTES.
SOL Y SOMBRA.

"'.

En el palco, que era un ascua ele colores chillonc;., clestac-ábase una :figura ele mujer, más rubia. que el sol y más bonita que la Virgen c1el
Pilar, y á su laclo, acechánd~la sin piedad, abría
el varillaje de un abanico negro una señora demasiado joven y hermosa para vestir su jurnntud
y hermosura con el rugoso traje de suegra ...
En la arena, húmeda y removida, iba dejando
coágulos de sangre un caballo, herido traidoramente en el pecho. ("Palmas y olés"). De lo alto
caí.an mazos de puros, sombreros de ala ancha,
blasfemias irritantes y juramentos que chorreaban
odio ...
Cuando ella se miraba con timidez en un.os
ojos que no la perdían de vista, abríase el vari' llaje del negro abanico1 y aleteando pausa,damente, ocultaba la cara de aquella rubia, cara
de cielo sin nubes ni manchas. Era el mariposear
de la sombra sobre la luz ... el -aleteo de un murciélago sobre una florecilla azul .., .
El caballo, herido en el pecho, sacudía oomicamente la cabeza sobre un charco de sangre. De
arriba rodaban tempestades de entusiasmo, y el
,público pedía con vocés de muerte : ¡caballos ... !
¡caballos ... !
¡ Cuán bonita estaba! ¡ Con cuánta dulzura mirábase en los ojos que no la perdían de vista . .. !
El varillaje del abanico extendíase como una
mancha negra sobre una hoja de magnolia, y por
un espejismo de la c1istancia, semejaba un crespón de luto velando unos ojos que se miran todavía y seguirán mirándose á través de las sombras del tiempo ...

.,Cuis ]Jonafoux.

=--7c1
SritJi~ ..,az Cortinn, Lolita. L1tncla y Camacho, Lolit,L Rubio, Elena l'ortillo y'Cucv'ss Jo~efina Noñez Prida, Lolita de
Ja Vega. ,1 n ria Portillo y Cuevas, Luz Garcf°" 1... astañeda, Marra Tertsn. Limantoar, Josefina .Algara, Me.ría Algara,
y ~J "1'1,1. "'atilde ltuénte.

EL SOLLOZO.

De primera comunión.
.Niñas Bnetamantc, de Puebla.

LOS DOS CORAZONES.
Como fuente de luz y de poesía
se eleva el sol, y u divina llama
por la creación inmensa desparrama
ríos de amor y mares de alegría.
Como un eterno manantial, envía
misericordia á cuanto vive y ama,
y en luminosos piélagos inflama
almas y cuerpos, desatando el día.
Al corazón universal copiando,
ve ¡oh, corazón del hombre ! -derramando
del sumo bien ·l as bieruheohoras palmas.
Y ni apagado ni jamás rendido,
¡sé como sol sublime suspendí-do
en el cénit radiante de las almas !
Salvador Rueda.

H e nacido en los acordes de los tristes violoncelos,
fe forjaron mis arterias con gemidos de las violas
Y $Írviéntlome de nares las tranquilas barcarolas
Por un mar ele desengaño,; llego al mundo de los duelos.
Son guirnaldas de mi frente cabizbajos a&amp;fodelos
Y en las almas donde habito, almas triste:s, almas solas,
Cuando rompo entrecortados los suspiros de mis olas
Se de,granan las plegarias en sentidos ritornelos.
l~n las márgenes del Llanto, mis hamacas balancean
Y á su pe:,o, los Dolores, como sáuces cabc-cean.
Soy oepsible, quejumbroso como el ritmo del oleaje,
)Ie remedan los clamores de la brisa entre d ramaje,
)Ie remedan los lamentos de las fuentes que se quejan,
)Ic remedan los rumores de las alas que 1:e alejan!

José€. €/i~ondo.
CANTARES.

La infancia nos da sus lirios,
sus rosas la juventud ...
¡Y sirven sólo esas flores
para ornar nuestro ataúd !

El crepúsculo es mi hermano
porque siente mis tristezas.
Su recuerdo es breve tarde
su esperanza. . . noche n~ra.

T engo mil preoentimientos
que me torturan el alma;
v es que el aire de la muerte
está rompiendo las ramas.

Cuando la tarde se muere,
maclre, te &gt;b¡;·so muy triste,
porque la tarde me anuncia
que también has de morirte!
José M. Bust/llOB•

�Domingo 30 dé Junio de 1901.

.'

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 30 de Junio de 1901.

l. Hacienda de plifa en Tehua.,tepec • 2. o //, d 1
cán de Oollma.--s. Jardln de s. Marcos, •A;,,;as'::a1ie:,::e_~~o t,et!'::8
•
•
"

.
:,::,:::='•;•3.
En e!ria de Ooatzacoalcos.--4. El volis ongo.--,. Una parte de/lago de Zirahuén.

s. Plaza Principal de Aguasoallentes.--9. Un paso en el ria de Tehuantepeo.--to. En la Arameda de Bhlhuahua.--tt.
/Presa en el ria de Santiago.--12. Plaza de Frontera. Tabasoo.-•13. En las '"'albercas•• del Valle de Santiago; laguna e11 e/
cráter de un voloán.--t4. Wlárgene• del ria de Tehuantepec.
Las fotograllas que ilustran estas dos plari,nas, son propiedad de Waite, fot.

�EL MUNDO ILUST ~ADO

Domingo 30 de Junio de 1901.

EL BUEN CONSEJ.O
Santiago, 26 afios.-Francísc.Íl, berm'lna de Sanft:ago,
1 7 años

[ En e .sa de S.aotiago J

SANTIAGO.-¿ A mí es á quien visitas?
.FRANCISCA.-Si, hermano mío.
SANTIAGO.-¿ Y á mi mujer también sin duda?
FRANCISCA.-No, puesto que no está aquí.
SANTIAGo.-¿·Cómo lo sabes?
FRANCISCA.-Acabo de verla en nuestr-a casa.
SANTIAGO.-¿ Ha ido á casa de nuestros padrE.-s?
FRXNCISCA.-En este momento. Aún apostaría

\
I

J

que está allá todavía.
SANTIAGO (fastidiado).-¿ Y te ba hablado
de .. . ?
:F1UNCISCA.-Ha hablado y llornc1o.
SJ.:-;TIAGO.-¿ Y te ha puesto, al corriente?
FRANCISCA.-¡ Sí, Dios Santo! y por eso me h e
apresurado á venir ; n€.cesito que hablemos larg uillo.
SANTIAGO.-Ya te escu0ho.
FRAXCISCA.-¿ E s verdad que querfas divorciaros?
SANTIA.Go.-Pura verdad. Estoy de ella basta
el copete.
FRANCISCA.-Pura comedia.
8ANTIAGo.-No; drama, verdadero drama.
FRANCISCA.-¡ A los dos añ os solamente !
SA:-;TrAGO.-P€.TO ¡ qué par de años!
Fn.A.NCISCA.-Ella ~e queja de tí y mucho; y si
lo que me diee es exacto ...
SANTIAGO.-¿ Qué te ha dicho ? .

:FRA.NCISCA.-Ha soi,prendido lllla carta. ¿ LTam¡is · á 0t10 nece.dael ?
S..1ÑTIAGO.-¡iCómo ! ¿ Se ha atrevido á refe-.
rirte la historia de la carta ?
FuNCISCA.-Sí. ¿ Qué te admira?
· "SAN'l'LI.GO.-Es inconveniente . mezclarte, á tí
que no eres. casada, que no sabes nada ele la vida, en todas estas "manipula_ciones" lntimas.
FRANCISCA.-¡ Si tú crees que ella me ha enseñado algo y que me ha arrancado ilusiones con
la historia de tu carta, bien que te equivocas!
¡ )lis ilusiones ya volaron, y qué tiempo hace!
SA.KTIAGO.-¡ En todo caso, no deberías gritarlo
tan alto!
FR..1xcrsc.-1..-1Iarta ha hec,ho mal en tomar la
cosa por lo trágico. En su lugar yo habría reído.
P ero, ¡ vao·a ! Es excusable : encuentra una carta
de mujer, una carta de amor dirigida á tí . ..
SA.N'l'IAGO.-¿ Y dónde la encuentra, si te
place?
FMXCISCA.-Ei;¡. un caj ón.
SAXTL\.GO.-¿ Qué cajón? El de mi escritorio
cuya llav€ se me olvidó sacar. Revuelve mis papeles, y yo no admi to eso.
FR.lNCISCA.-Buscaba.
SAXTIAGO.-¿ Qué, qué buscaba ? )Iolestarme,
no otra cosa.
FRAX0ISC.A.- Es posible. Pero, ¿ de quién es la
culpa? Twya.
SAXTI.AGo. -No, hermanita. Esta car ta .. ..,
puesto que es necesario que me explique contigo
acerca de ella . ..
FR.Axcrsc.A. ¡ S í, vamos ! con franqueza; te lo
suplico.
SA.NTIAGO.-Pues bien, eso no es de a,h ora . . .
¿ ComprendE.is? Eso es viejo.
F1L-1.NCISCA..-¿ D e alguna anterior?
SL'\'l'IA.GO.-Sí, justamente. Yo la guardaba
como r ecuerdo.

- ·'

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 30 de Junio de 1901.

··LA EXPEDICION MILITAR CONTRA

#os· MiYAS.

LA TOMA DE BACALAR.

U n a gabarra blindada.

Con muy importantes detalles, nuestros diarios dieron á sus lectores un extracto de las principales perirpecias ocurridas en la expedición militar que marohó á someter á los indios mayas sublevados en la región occidental de la península

Gran Guar dia en la entrada N. de la plaza.

tos días en que la recupera nuestro Gobierno para
incorporarla á la maroha de la civilización.
En la agrE.-ste s11blimida-d. _de aquellas abruptas
serranías, el ti~mpo 'Y la ignorancia hicieron ruinas; el primero, pasando lb.oras monótonas, golpeando con su martillo ..silencioso .sobre los techados y sobre los muros de la ciudad perdida; la
segunda, imponiendo inmotivados rencores en
contra de la maroha de la ciivilización.
Consid€rese, juzgando ipor lo que s-e ve en los
grabados que representan 1'8.S Grandes Guardias
en el Norte ry Oeste de la p laza, cual sería ·aquella vida. de salvajismo, pasada entre ruinas y ma-

r a penetrar en 3b"1las poco prc!undas; son bastM1te grandes para con.teñer los hombres necesarios para la defrnsa. y el a.taque ; tienen además
un blinda.j e que preserva á las fuerzas de los
efectos del fuego del enemigo.

á

)
FRANCISCA.----Oon su retrato. 1Iarta me ha dicho que con la carta había un retrato.
S.AKTIAGO.-¿ Tu ba dicho eso también?
FRA.NCISC.A.-De una m uc:bacha muy guapa, según parece.
S.A:-;TIAGO.-:No fea, en efecto. ¡ P ero tú comprendes, cuando vohí á casa, :Marta estaba furiosa, con una cara! Supuse luego que haibría algún

Ho.

FRANCISCA.-Todo.
SANTIAGO.-Uarta está l oca.
~RAKCISCA.-De, pe$aI".·
SANTIAGO.-No. Loca ele locura, ele celos. Busca cosas imposibles y sospecha necedades.

pobre muchacha, de quien guardaba un papelillo
de cuatro líneas !
FM.NCI~cr-¿ Te atrer~rías á jurar que no h as
amado.sino á una mujer antes que á la tuya? ¿ Te
atreverías?
·
SAXTIAGo.-:~fo.
FRAXOISCA..-¡ V aj'ª ! Siquiera er es menos
~entiroso de lo que creía. Además, conmigo,
bien sabes que no pasarían tus mentiras.
SANTIAGO.-¡ Bonita conversación la nuestra!
FRAxc1scA.-Acuél'Clate de tus tiempos de estudiante, á partir de tu curso de Retórica . .. ;
las cartitas, los guantes, los pañueloo, que tú me
dabas á guardar en mi r opero de luna, bajo mis
camisas de dormir, para que papá y mamá no
las pescaran.
SANTIAGO.-¡ Cómo! ¿ Hacía eso? ¿ H e hecho
eso?
FR.-1.xcrscA.-;iIuchos años.
SAN"TIAGo.- P erdóname. ¡ Qué inconciencia !
FnANCISCA..-Pno no pongas esa cara de entierro. Es curioso. Allí he aprendido la vida,
sin tener que experimentarla yo misma. Eso me
ha formado de la mejor manera que pudiera desearse. ]ifo ha avispado ... fraternalmente. Los
ih.ermanos graneles son la verdadera escuela de las
muchachas.
S.ANTI.AGo.~ Cállate. No hables así.
FRA.NCISC.A.-Sí; volvamos á )farta. Hay que
hacer una cosa: besaros.
SANTI.AGo.-Nunca. L a mordería.
~~.AKCISCA.-~lordeos, pero besaos. Ya que
estais casados, hay que aguantarse, cueste lo que
cueste. ~oy conservadora. Cada vez que haya
un agrav10 de uno para el otro, éste debe decirse : " H e aquí una ocasión para probar mi superioridad mostrándome generoso''
SANTIAGO.-Estás terrible.
FRA.NCISC.A.-Estoy despojada de artificio.
S.AXTIAGO.-:No hay ideal para tí.
FRANCI~CA.-:-Y rpara tí el ideal es la hipocresía;
no para m1. Digo lo que es. Juntaos tú y tu mujer. T endréis todavía muchas eswnas muchos
gritos, mucihas lágrimas y después alo-~nos momentos felices, por esto ó por lo otro, pesar de
todo. No apuntéis en vuestra cartera más que
los m~m~n~os felices. La vi-da es un t riste pe:scaclo, ms1p1&lt;lo y con espin as . . . lo que hay que
hacer poco más ó menos es variar las salsas. P ero es preciso comenzar por aceptar al pescado sin
protestas y humildemente.
SANTI.AGo.-Pero tú ¿ te casarás?
FRA~CISCA.-----No me inclino muoho. Pero, vamos, s: me caso será como morirme, para larguísimo tiempo. ~li marido hará todo lo que quiern, no flaqueare nunca; firme hasta el ú ltimo minuto. ¡ Alh ! ni se des!haní de mí tan fácilment~. Y? le devolveré todo lo que me b aga; pero
sm deJarle.
SANTIAGO.-¡ Tendrá para divertirse!
FRA~CISC.A.-Volviendo á lo otro, ¿ nos hemos
entendido? ¿ Puedo ir á buscar á Marta y arrojarla de nuevo en tus brazos?
SANTIAGO.-Tienes modo tan singular de arreglarnos que, por lo h ermoso del procedimiento no
puedo resistirte. Ve á busoor á l\Iiarta.
'
FRANCISCA.-"¡ All r ig'ht !" Y no elogies mi
manera de obrar. :Me ha servido para otros, antes que para tí.
SA.NTIAGO.-¿ Quiénes otros?
F~:-;crsc.A.- Pa:pá y mamá, vamos. L os he reconCJ hado más. (Saca su reloj) . Fúmate m paz
un haibano; ,dentro de media hora te t raeré á mi
cuñada. (Sale).
'

FRAXCISCA.-Toda una madeja, dil1ás.
SA.XTI.AGO.-La be abrumado á preguntas ; ha
estallado y me ha montado en justa cóltTa. H an
salido unas palabras ...
FR.A"NCJSCA.-¿ Desa,graelaibles?
S.ANTI.AGO.-Algo más que eso; y de palabra en
palabra . . .
FRANCISCA..-Han llegado hasta querer separarse .. .
S.ANTI.AGo.-Precisamente. T e confü-saré que
estas escenas se repiten con demasiada frecuencia
y ya estoy cansado, molido.
'
FRANCISC.A.- L o mismo me decía ella, hace
una média hora apenas. Sin embargo, no veo
que esto sea tan grave.
SA.NTIAGo.-¿ Qué le falta para serlo?
FRANCISCA.-Uarta ha sido una tonta con registrar ~s cosas en tu ausencia. Pero ¿ no eres tú
un imb~cil-si lo que dices es verd~d-al guardar cartas y retratos de tus "ant€.Tiores", ya que
te-ha$ casado?
~-tXTI.A?-º·_:_i ?I is "anteriore, !" ¡ Diríase qu e h e
temdo trernta mil ! ¡ Todo se reduce á una! ¡ Una

€nrique .Caveoan.

Curioso árbol incrustado en el muro de una casa en minas.

Gran Guardia en la Entrada O E . de la plaza.

yucateca. :Ca toma de Bacalar, so_bre todo,_ ha
sido descrita con el interesante colon do que tiene
· la carta íntima de un militar que concurr ió á la
ocupación y que narra sus impresiones á su espos;~ca-lar es una vieja ciu d,a,d de la península, y
cuenta en su historia !haber sido invadida y casi
d6-struída por los indios mayas á mediados del
siglo que pasó.
Las fot&lt;&gt;oo-rafías que aquí publicamos dan u~a
idea de lo vetusta, de lo abandonada, de lo salvaJe
que ,h a vivido lá poblaciói;i de Bacalar hasta es-

Choza d e j?Uano de los indios rebddls.

J'equeño puesto en Jas trincheras.

lezas ~ ensombrecida por la ausencia de _horizontes, que la esp€sura de la serranía se obstina en
hacer.
No insistiremos en contar á nuestros lectores los planes d~ ataque
que ideados desde esta capital por el
señor General Díaz y el señor General RE-'}'es, y puestos en práctica
por los ,señores Generales Bravo y
de la Vega, bastaron para tomar posesión de aquella importantísima
parte de la República. "El Mundo Ilustrado" llega con su nota
gní:fica y cumple así los compromisos que de E.-sta n-aturaleza tiene para con sus lectores.
Entre las ilustraciones que en esta plana habrán de encontrarse, está una de las gabarras blindadas
que entraron á la laguna de Bacalar en la ocupación de la plaza.
Las gahanas son una especie de
canoas descubiertas, construídas pa-

Estas embarcaciones fueron muy útiles en la
torna de Bacalar, aunque cuatro de ellas encallaron por lo hajo de las lLc,"1las.
Otra de nuestras ilustraciones bien sugestivas
es un pequeño puesto en las trincheras de la población tomada. Tiene además el curioso detalle
de un árbol que ha crecido sobre un angosto y
ruinoso muro, abrazándolo con sus raíces que le
sirven de sostén.

Barraca Ftrmada en el centro del Fuerte.

�..
Domingo SO de Junio de 1901.

• t

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

HISTORIA DE LA DAIIA

LA ULTIMA FIESTA DE TOROS.

DEL ABANICO BLANCO.

Casi no hay agrurpación de cierto carácter que
se haya quedado sin llegar al redondel de la plaza de toros para hacer una :fiesta con pretexto de
lidiar novillos.
La última tarde de toros en la plaza "México" la prepararon los artistas del Teatro Principal.
Todos tan conocidos, todos gozando de simpatías en el público de México, era natural que la
fiesta resultara animadísima y en extremo concurrida, quizá exageradamente concurrida, puE1sto
que los diarios nos dan noticias de varias desgracias ocasionadas por la impetuosa ola de entusiastas que forzaron las puertas de la plaza para
penetrar á los tendidos.
En éstos se notaba una concurrencia escogida,
y con mayor razón en las lumbreras de ambos pisos.
Los artistas del Principal hicieron una verdadera fiesta bula y no se espera:ba, ni ellos querían,
que fuera de otro modo.
En la caricatura tauromáquica abundaron detall~ chuscos, muy chuscos y muy arriesgados; es
decir se demostró valor y magnífico deseo de hacer pasar una tarde agradable á los numerosos
invitados.

Tchulllllg-Tsen, del país de Soung, era un literato que llevaiba la saibiduría hasta el completo
desproodim~en.to d€.· todo lo perecedero, y que, como buen &amp;tino que era, no creí&amp;. en las oosas eternas. !No tema, para dai: gusto á su alma más
que la oonciencia de que "era distinto de los' otros
hombres, que se fatigan por adquinir inútiles riquezas y vamos honores.
Y tan honda era esa satisfacción, que después
de su wuerte lo proclamai'◊n diohoso y digno de
en,vidi,a.
Una mañana que andaba ,á la ventura por las
márgenes floridas de la montaña N am Hoa, insensiblemente se encontró en el cementerio en que,
conforme á los uros del pafo, reposan loo muertos
bajo montículos de tierra removida. Mirando
aquella innumerable serie de .tumbas, el l~terato
meditó sobre el destino de los hombres.

PARÁFRASIS DE STECCHETTI.
PÓSTUMA.

LA MARGARITA.

HIEl:.O.

Si cuando llegue la nocturna sombra,
Al a1rir con sigilo la ventana,
Piensas que escuchas una •voz lejana
Que se queja doliente y que te nombra;
Si de los prados en la verde alfombra,
Cuando brille la luz de la mañana,
En la flor que tus tren.zas engalana
Sorprender una lágrima te asombra,
No imagines que es gota de rocío
Y que te engaña un triste pensamiento;
Sabe que aquel es llanto, y llanto mío,
Que no se queja entre la sombra el viento,
Que yo me muero, y al morir te envío
Mi última trova y mi último lamento.

SOIJ la blanca sibila de los prados ;
DOIJ respuestas de armor, ry con mis hojas
Digo si son queridos ó engañados
Los que me cuentan íntimas congojas
Soy la blanca sibila de los prados.
Vive amor entre dudas ry temores:
'J.1:iemo y esquilvo, triste r:f venturoso,
Une á la claridad de los albores
Las sombras del ocaso misterioso,
Vive amor entre dudas y temores.
¿ Me quiere ó no me quiE-Te ? es el problema
Tormei:.to y dicha de la vida humana;
NosoJras resolvemos el dilema,
Pero vosotros preguntáis mañana:
¿Me quiere ó no ... ? y eterno es el problema.

Deja que mis dolores te confíe:
La páli,da beldad color de cera
No llora nunca, ni jamás se ríe,
Aunque en mis •brazos se abandone entera.
La nieve de su ser no se deslíe
.Al claro sol de voluntad sincera;
No haiy en sus ojos faro que me guíe,
Ni entre sus besos alma que me quiera.
¡ .Ary ! cuántas veces en mi obscuro lecho,
.Ardiendo en la pasión que me devora,
Entre mis brazos con furor la estrecho,
Y me sorprende la indiscreta aurora
Llorando, al contemplarla, á mi despeoho,
Helada siempre, y siempre tentadora.

Francisco fi. iJe ::Jca~a.

(
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.,¡;._-. :..:-.. ,;_;•·. ·:-... -~" -..
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:::¡:~, ..."!. ....,;,,.

'":._.:·

Edlflclo de la Aduana Fronteriza de Nogales, Sonora.

- . ;:-:~~

Propiedad de Waite, fot.

-V'lllIIlos, dijo, este es la encrucijada en que
rema.tan todos los caminos de la vida. Quien llega á la mansión de los muertos, puede estar seguro 1de no volverá 'lll'irar la luz del día.
Na.da tiene de extraordinaria ·esta ii.dea; pero
resume !bastante bien la :filosofía de TohuangTsen ry [a de los clunos. Los ohinos sólo creen en
una existencia, que es aquella en que ,:en :florecer
las ,adormideras al beso dE.•l sol. Segun que son
inclina.dos á la melancolía ó á la seren~dad, los
consuela ó los desespera la igualdad de los humanos ante el sepulcro.
.
Por eso tienen, para distraE.TSe, una multi_tud
de ,diosecillos verdes ó rojoo que suelen resumta.r
á los mueritos ,y ejercer la magia entretenida. Pero Tohuang-Toon, que pertenecía á la secta orgu1-losa de los :filósod'os, no pedía consuelos á dragoncillos &lt;le poroela;na.
Paseando un ,día sus pensa;mientos entre aquellas tumbas encontró á una j◊'Ven que vestía tra~
je de luto,' es decir, larga túnica .blanca de hechura sencillia y sin ·adol'J'.l.os. Sentada cerca de
una tumba, aig.i,taiba un aibainico MaJ?-co sobre la
tierra aún Írffica del túmulo funerario.
iSintíendo -curiosidad de conocer los motivos de

acción tan extraña, Tchua.ng-Tsen saludó á la joven oortesmente y le dij o :
-¿ Me atreveré, señora, á preguntaros qué persona yace en e.sta ,tumba y por qué os tomáis la
molestia de hacer que desaparezca la m.erra que la
cubre? SOly :filósofo; inve.stigo las causas y he
aquí una que ignoro.
·
La joven continuó moviendo su abanico; se
ruborizó, bajó la cabeza y murmuró algunas palabras que el sabio n.o entendió. Renovó muchas
veces su pregunta; pero en vano. La jov€.n no
hacía caso de él, y parecía que su alma había pas~do por completo á la ma;no que agitaba el abanico.
Tchuan,g-Tsen se alejó contrariaido. .Aunque
bien supiese que todo no es ,sino vanidad, era, por
costumbre, inclinado á busca;r -los móvü.les de las
acciones huma.nas y particularmente de las de las
.mujeres; esta especie de criaturas le inspiraba
curiosidad malévola pero muy• viva.
Proseguía len.ta;mente su paseo, volviendo la
cabeza para ver tod.aivía el abanico ibatien:do el aire como las alas de una gran IDl!-riposa, cuando, le
sorprende una mujer vieja, en quien no se había
:fij.aido al prinoipio, haciéndole señas para que le
siguieTa. Le llevó á la sombra de un mon,umento
más elevado que los otros y le dijo:
-He oído que hicísteis á mi ama llPA pregunta
á la que no ha contestado. Pero yo satisfaré vuestra .curiosidad por un sentimiento natural de simpatía y esp€.TM1do que me da.réis en recompensa
con qué comprar á los sacerdotes un papel mágioo que prolongará mi vida.
Tchuarug-Tsen sacó de su bolsa una moneda, y
la vieja habló en. estos términos :
"La dama que •habéis visto sobre una tumba es
la señora Lu, viuda de un letrado llamado Tao
que murió, hace quince ,días, después de larga enfermedad, y esa tumba es la de su marido. Amábanoo con gran tel'nura; aun, casi agonizante, Tao
no podía resolverse á abandonarla, y la idea
de dejarla en el
mundo, en la :flor
&lt;le su edad y de
su belleza, le era
completamente
insoportable. Se
1'eSignaba,sin embargo, porque era
de caráckT muy
dulce y su espíritu se sometía
fácilmente á la
iilecesidrud. Llorando á la cabecera de la cama
de Tao, la que no
había abandonado durante la enfermE--élad, ponía
á. todos los ,dioses por testigos
de que no le sobreviviría y de
que con él partiría su .sepulcro como había partido su leoho.
Pero Tao le 1d ijo :
-Señora, no juréis.
- Al menos, replicó ella, si debo sOlbreviviros,
si estoy ooILden.ada por los Genios á ver todavía la
luz del día cuarriido vos no la iv~is, sabed que no
consen,tiré nunca en ser la mujer de otro y que
no tendré más que ll'l1 esposo como no tengo más
que una alma.
Pero Tao le ,dijo:
-Señora, no juréis eso.
-¡Oh! Too, Tao, dejrudme jurar al menos que
en. cinco años 001nrpletos no me 'Volveré á casar.
Pero Tao le dijo:
-Señora, no juréis eso. Jurad solamente que
guai,daréis :fielmente mi 1memoró.a mientras no se
ihaiva secado la tierra que cubra mi tumba.
Lu lo juró sol0mnemente y el buen Tao oerró
los ojos para no volverl.os á a:brir. La desespE.Tación de Lu exoedió á todo lo que pueda imaginarse. Ardientes lágr,imas devoraban sus ojos.
Rasgaba, oon los puñalillos de sus uñas, sus juegos de porce1a.na. PE-TO todo p.asa, y el torren~t:l
de su dolor acabó de correr. Tres días después
de la muerte de Tao, la tristeza de Lu habíase

Domingo 30 de Junio de 1901.
vuelto más humana. Supo que UJJ1 joven, discípulo de Tao, deseaba manifestarle cuán,to participaba de su pesar, y juzgó {X)tn razón que ella no
podía excusarse de recibirlo. Le recibió suspirando.
Este joven, que era mur elegante y de hermosa

,r

í

I

\._

apariencia, le ,habló un poco de Tao y mucho Je
ella; le. dijo que estaba encantadora y que ya la
amaba, y ella le dejó decir.
El prometió volrnr, y esperándole Lu pasa todo el día sentada cerca del sepulcro de su marido,
donde la ihaibéis visto, secando con su abanico la
tierra que cwbre la tumba.
Cuando la anciana ,terminó su relato, el sabio
Tahuarng-Tsen pensó:
-La juventud es corta; el aguijón del deseo Ju
alas á "ellas" y á "ellos". Después de todo, Lu
es una honrada persona que no qui€.Te violar su
juramento.
Este es un ejemplo para las mujeres blanCM de
Europa.

flnafolio France.

LIBERTADOR.
--;::,,.J"-&lt;::,

Ser ó no ser, jamás fué para él, como para el
trágico, problema pavoroso : no le intimida la
muerte ni la desea; la vida ni le seduce ni 1e pesa,
y en la alta serenidad de su mente las mira con
igual indiferencia. El oro no tiene para é'l tentaciones, nunca lo preocupó. La glor&lt;ia no le
atrae, ni le deslumbra : él es su,perior á ella.
.A'llla la libertad : toda la libertad, la suya y
la ajena : no concibe unos derechos y unos deberes, sino la plenitud del derecho y la plenitud del
deber.
En donde él comparece y los encuentra cerceniados, protesta, evangeliza, inflama la multitud
con el verbo de su apostolado, la arra&amp;tra, arma á
los desposeídos, y al reflejar de su espada fulgurante; más temible d'eSpués de cruda revés, lleva
sus legiones por entre lagos de sangre, por sobre
ruinas iy lb.ecatom'bes, á la victoria sin nombre del
derecho sobre la fuerza.
Como el dios de llllS leyen1das orientales, crea
de la nada, hace la luz, fulmina, habla de entre la
zarza ardieTu~e, cruza en un carro de fuego d€S1umbrador por entre las genites asombra.das. Tiene de César y de Es,parúaco, de .Arminio y de BóIívar, su ju&amp;ticia es asoladora, y su generosidad
fecundísima.
Cuando asienta el ,pie en las nubes de la dumbre, impone á los pueblos redimdios la libertad,
la libertad intolerante, sin coo:npromisos ni remiendos, la que arrasa el templo, y leva:nta la escuela; la que silencia los embaucadores; la sublime atea que le reconoce y le respeta á la vida
todo lo que a, de ella; lo que es del cerebro, la razón; lo que es del corazón, el amor; lo que es del
'Vientre, el hrumbre. La que tala la maTaña primitiva, riega el suelo .con 1a samgre de los ~rugados
rebeldes, y desde el zenit, sol sin ocaso, calienta al
aimor de sus rayos los venideros gérmenes, y hace
brotar de la calcinada tierra las razas nuevas.
No ha venido aún el libertador.

C!ésar 3umefa.

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Domingo 30 de .Turno de 1901.

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FONDO
HICPRDO COVARRUBIAS

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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