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                  <text>Domingo 12 de Enero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO lX.--TOMO I.--NÚM. 3.

MÉXICO, ENERO 19 DE 1902.

Subscrlpcióa measual foránea, t I 5 V
Idem. ldem. en la ca pital, ., 1 .2 5

Gerente: LUI&amp; Rtl'I&amp; &amp;PINDOLA.

Dlrecton LIC, RAFAIL Rll'f&amp; &amp;PINDOLA,

Corrida del Domingo 5 de Enero de 1902.
1.-Mazzaotioi pasando de muleta.
2.- Fuentes rematando una suerte.
3.-Fuentes sacando el estoque á su segundo toTO.

-------- ---·-_)

4.-Una vara de ºAgujetas."

5.-"Lagartijillo" tirándose á matar su primero de Veraguas.

•

fot,lL u percio~Guadalajara.

�Domingo 19 de Enero de 1902.

EL TBRREMOTO.

EL :MUNDO ILUSTRA.DO
En la tierra se abren grietas como fauces
dev•orndoras; los lineamientos de las montañas
caru bian y se disfiguran; las colinas se transforman en valles, en montañas. Húndense ~n
los mares las islas y surgen de las ondas tierras, antes sumergidas. Los rebaños, presos
del pánico, se despeñan balando por la_s ladera.s; despréndense aludes d-e. las cordilleras;
huyoo los hombres c}3mando y rezando; _tod_o
vacila al rededor; todo amenaza, todo amquila; arriba, la morutaña que aplasta; abaj?, la
grieta. que. devora; y elcielo y losastrosas1sten

EL MUNDO ILUSTRA.DO
que el hombre C'On su labor le prepare presa
mejor cebada.
¡ Oh ! Ei-ta 8ólida corteza que pareoe bastante. á llevar el peso de nuestra grandeza Y, que
sirve de cimiento á todas nuestras empresas y
á tod11 nuestra civilización, es frágil, quebradiza movediza é inconsistente, y puede hundir~
se' y desquebrajarse en un instante. Soñam?s
en el mañana lucubramos sobre el porvemr,
proyectamos para dentro de millares de siglos,
é ign'Oramos ó nó sospechamos que la m~ntaña puede sepultar en un segundo, y la tierra
devo:raJ: en un m'Omento todos
nuestros sueños de gmruleza y todas nuestras esperanzas de furturo.
¡ Qué importa! Lo ~ejor _d~ la
vida es creerla eterna, mdefimda.
Nuestro mentir es romo el de las
estrellas, nadie, ni nosotros mismo~. vendrá á repr()l('harnos que
habíamos edifi&lt;·ado con arcilla y
C'oni::truído tan sólo. castillo.; en el
aire. En e,:pe1,a1Ml terremoto que
ha de aniquilarno;;, lo más seguro,
ya que no podemos preverlo, ni
evitado. ni atenuarlo, es seguir
,,iyiendo romo si jamá-; hubiéramos &lt;le morir.

No creo que existe calamidad compara~le,
peligro más inminente, ni plaga más temi?le
que el terremoto. Las víctimas de Chilpancmgo podrán á este_ respec~o reforzar el t~s~imonio de las de Lima, Lisboa, La Martimca y
otras tantas, que á mil~ares J?erecieron al capricho de un esperezanuento o de un estreme~imicnto de la corteza terrestre.
Contra cada una de las grandes
calamidades que puedan abat~rse,
como buitres, sobre la humarudad
y amenazarla de aniquilamiento y
de muerte hay un recurso, un salvamento probable, un medio posible, una escapatoria conoebibl~
un refugio im11ginable. contra la
inun&lt;l.a,ción, hay el arbol ó la montaña· contra el naufragio, la tabla
lecre~daria, el srulvavidas, la balsa° de "La Medusa;" contra la
erupción volcánica, el islote indemne de toda lava, 6 la fuga precipita:da, fuera del alcance de las
cenizas de los lodos y de las escorias; c~ntra el fuego del enemigo,
~r. ]Yf. Flores .
el baluarte v el parapeto; contra
la epide&lt;mia,'el cordón B"anitario, ó
la cuarentena; contra el hmmb:re,
las distribueiones de víveres y
hasta el canibalismo; contra el terremoto, nada ....
EL CARNAVAL.
Comienza por no ser })revisible,
por ser solapado y traidor, por
El Carnaval está gastado, no
acometer de súbito, de improviso,
nos sirve: como á viejo traje de
sin anunciar por medio a,lguno
saltimbanco se le ha caído illos
su llegada, ni dar su tarjeta de vioropeles y se ha rasga.do la seda;
sita.
nadie se atreve á disfrazarse con
La tempestad se anuncia de leesos harapos brillantes olvidados
jos, con sus nubarrones negros y
sus relámpagos lívidos; el b~ l'"en un rincón del tiempo. La humetro, oficioso, la anuncia antes
manidad no se satisfM!e ya con esde que despunte en el horizonte;
bis remini.scencias paganas, porel incendio comete siempre la imque oo ell-as ha bajado hasta
prudencia reveladora de dejar ver
fondo los vicios, y tornado á la visus espirales de humo, y de hacer
da sin secretos y con hastío. Ya
sentir sus olores empireumáticos
con el Carnavall no se sueña: no
el volcán, ruje, brilla y humea,
hay miesilerios en_ él. ! todo pl.!1-antes de acometer; la sequía pre~
cer ne~ita un nusteno. El sueno
oode meses enteros al hambre; la
rodea la tierra como una atmósguerra se declara y estipula antes
fera del espíritu. Desd,e los ángede desencadenarse; el terremoto
les blancos del cielo cristiano hasse arrastra, se disfraza, se oculta
ta. las huríes del paraíso de :Mahoy se disimula antes del asalto;
ma se tiende la arqueTia de los
el terremoto es una vil emboscaSr. Don José de Teresa y Miranda, Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario
su:ños. Lo entrevisto en la. fanta,.
de México en Austria, t el dia 11 del mes en curso.
da de la naturaleza contra el homsía, sin contornos precisos y en un
bre.
abismo de plata virgen, se impoEl pensa;dor medita, el poet-a. sueña. el jorne á lo que perciben nuestros ~tid?5 en
apacibles y sonrientes á tanta desolación y tannalero trabaja; el ave canta en el árbol, la fruel bullicio de la vida real, con lineamientos
ta ruina.
ta madura en la rama, el botón se abre en la
marcados y tintes aeguros. Loo azuil.eos lívidos
No; no hay nada igual ni nada peor. Necima del tallo; el ool irradia, el firmamento
deil crepúsculo seduoen ail. espíriitu contemrón, incendiando Roma ha.ce ópera cómica; el
esplende; todo canta, luce y sonrie ail. rededor
plativo: hay en ellos muchos e ~ _desconomar, sacudinedo y desmartelando el esquife se
nuestro. Astros y flores, hombres y animacidas, muchas vaguedades del inf~to que
eleva apenas al drama. La verdadera tragedia
les, montañas y valles, lagos y mares, cumplen
despiertan ideas extrañas y emociones nuecon todo su horror y toda su grandeza, está en
su tarea, consuman apaciblemente su destino,
vas.
el terremoto.
llenan tranquilaimente su misión. La gran
La joven casta que en la 3il.coba tibia, den~
Lo que tiene de más terrible, es que es subtraidora parece acariciarnos y adormecern'Os,
tro
de las cortinas del lecho, sueña con un
terráneo. No sé qué de grande y de noble, auncon sus celajes nos deslumbra, con sus perfupórtico
de resplandores, t~as el 3:bierto zafir
que sea asouad'Or, tiene todo lo que viene de
mes nos embriaga, con sus susurros nos adordel
ciclo,
y en él ve fa tunica de rueve de Sanarriba. El rayo el huracin, el fuego destructor
mece, con sus himnos noo deleita. Desenvuelta Cecilia, la esbelta, la purísima, la _qu~ en
éLe
Sadoma.
y
de
Gomorra,
son
en
el
fondo,
cave ante nuestra vista sus mágicos panoramas;
la clave divina deja posar sus manos mv1olatástrofes nobles. El hombre gusta de ser helas ninfas juguetean en las ondas, las hadas
das, que perpetuamente prelu~an el_ bimn_o
rido
de
frente
y
en
la
frente.
El
terremoto,
coaJ-etean en los aires; todo. gérmen se agita y
de
los .ángeles, está unida con vmculo mtangim'o el r,eptil, muerde el talón. Se combina y
fermenta, toda activioad se acelera; todo en
ble, al árabe sCJ1litario que ba,jo la techumbre
conlabula,
como
una
conspiración,
en
el
fonrededor nuestro canta el suntuoso poema de
polícroma y frente al amplio ventanal qll:e
do de los antros y de las cavernas.
la vida y todo nos convida á vivir.
corla un pedazo de azul profundo y lum~Y a es una secular asimilación de gases, lenDerrepente, un sordo rugido, un estremecinoso en el cielo que se encorva sobre la franJa
tamente desprendidos, que hace estallar las ca,..
miento brusco, y el nido se convierte en sepulde ópalo de una muralla de pa,lmeras, medita
pas profundas, como el vapor las calderas; ya
cro, el poema en elegía, la populosa ciudad en
delirando en el harem orientrul, en las Fá.una. combustión que, como un explosivo, escementerio, el idilio en hecrutombe; desplótimas inmortales que aguardan á los eternos
talla en la gruta subterránea.; ya la coIT'Oción
manse pesadas y 11gobiadoras las magestuosas
desposados con los ojos lánguidos y el beso
lenta de los pilares de sostén de un continente,
bóvedas, desquícianse las toCTes y húndenoo
qu:e nunca acaba, palpitandq sobre el carpor la imperturbable corriente de un río sublas naves del templo, sepultando á los fervienmesí de los labios. "La leyenda de oro" Y
terráneo; ya la precipitación oculta de un lago
tes y á los devotos, en medio de sus plegarias
el
''Korán" unen su poesía mís~ica en 1~ t!3-nen la hornaza de un volcán.
ail. Dios de las CaJtástrofes; en el taliler, las flequilidad de la noche; el incienso cristiano
ohas desquiciadas, aplastan al obrero y al paTodo ésto, oculto, igniorado, misterioso, traimezcla en las alturas del espacio sus nubes
trón; bajo los escombros de la cabaña
se
dor y pérfido. Arriba la paz, el trabajo, el proempapadas de ora,ciones, con las columnas de
oyen lamentos y gritos; los muros desplomagreso y.la grandeza; ahajo el trabajo de zapa y
humo impnignadas en voluptuosos deseos de
dos dejan desprender lienzos eI+t~ros y pesade mina, la combustión, la corrosión, la deslos pebeteros orientales. En el fondo de todos como rocas,
truoción ¡,reparada si~los antes, eri espera d~
do espíritu a.letea el 6ueño, Y por ~o, lo

Domingo 19 de Enero de 1902.

El Sr. Don José de Teresa y Miranda
Nuestro 11:[inisti'o Plenipote_nciru_;io. en la
corte austriaca, acaba de morir, v1ctrma de
una violenla enfermedad.
El señor de Teresa y 1fü'll.Jlda, fué muy estimado por 1-a sociedad l;l~xicana, y lo unían
lazos de parentesco pdht1~0 con la respet~ble familia del señor Presiden te de la Re.publica.
. .
.d di l
Damos á los deudos del distmgu1 o p omático el más sentido pésame.

El último deseo de Lord Byron.

,, 1

COSAS MUERTAS

/

...

:1

DAMAS DISTINGUIDAS.-Sra.•Alicia Goetschel de Goetschel.

•

los que ha bruñido el placer, l'OS que encendió
mismo en nuestros amores que en nuestras
el rumor, los que la gloria buscada ó E:l triunfo
tristezas buscamos á esa hermosa prometida
fugitivo prendieron entre las obscuridades de
que á ~da instante nos ofrece venir: la Fela tristeza,. Sumemos esos momentos, ag.rupelicidad. Ya en el Carnaval, estamos seguros
mos esos átomos de tiempo, y, de seguro, pode no poder ser felices.
dremos formar una lápida bastante grande
Agotamos la locura de los goces, y todavía
para. esculpir en el.fa la palabra Felicidad.
con la copa exbausta en la mano, p~imos
como la ebria de Campoamor, más Rhm, GaLa queja a:marga no debe estar C'Il nuestra
nimedes. ''E morto il carnavale." Nuestras asboca como un reproche cornti.nuo. Hay rayos
piraciones han cambiado de rumbo. Desdeñade sol en todas las lluvias del a,lma. En el remos una costumbre pensando que en la otra,
gazo de la amada, en k,s ojos de la novia, en
en la flamante, en la recién inventada por
la carta del ausente, en el aplauso sincero,
nuestr_os caprichos, vam'Os á encontrar la feen el libro flamante, junto á las mujeNS herlicidad.
mosas, frente á la copa, en cuyo fondo ríe el
vino delicioso, en todas parbes, á todas horas
¡ La felicida,tl l El probleo:na perpetuo, el
sentim'OS la caricia esperada de la maga bue;
monólogo de Hamlet recitado á todas horas
na.' Cuando llega el. dolor, es cierto que. despor ese "yo" trágico que llevamos siempre en
pedaza y tritura, que se detiene mucho para
nosotros. La Margarita del Fausto deshoja,
péta1'o á pétalo, una flore,cilla de las que Sierobarnos, que nos lleva al suplicio ~entamente; pero ved ya al extre'1D.o del cammo, como
bel puso en su ventana, para buscar la felicillega entre una nube de polvo el heraldo de la
dad. Aquella alma buena decía : ser feliz es
ser amado. Lady 11Iacbeth, ante las sombras
felioidad: -el olvido.
de una galería, pone un puñal en la mano tréSomos ingrrutos con la dioha. Musset tuvo
mula de un cobarde. Aquella ambición, hecha
razón. Hay recuerdos meteoros qu~ iluminan
mujer, pensaba: ser feliz es ser poderosa.
nuestra noche. ¿ Que son rápidos? ¡Bah! La
Harpagón, el a.varo clásico, tiende su mirada
existencia no dura mucho.
vidriosa al agujero de su hucha, y oprimiéndose con las manos la negra entraña, murmura :
¡ la felicidad! ¡ la riqueza! La calva cabeza de
* **
F'a'U.Sto, bajo el birrete diootoral, entre loo "infolios" y retortas de su en.te.nebrido gabinete,
Ha muerto el CarnavaJ.; pero no os asusreflexiona: la felicidad es la verdad. J ua.n
teis; nos queda tiempo toda-vía para inventar
V ailjea.n repetía á Cosetta : ¡¡i quieres ser feliz,
otra cosa con que soñraT en ser felices. La vida
sé bue.na.
con ser tan corta, tiene este lado bueno.
Y la verdad es que somos descontentadizos:
todos hemos sido felices. La dicha se agazapa
en los rincones d:e nuestra vida, pero no puede ocultarse tanto que alguna vez no la sor-,
prenda la memoria. Sobre ese lienzo brumoso
de los días que pasan, aquí y allá hay brillos
de lentejuela: son los instantes de felicidad,

"Entierra. mi corazón en Grecia, mano piadosa que cierras mis ojos, dijo lord Byron en
su último día; quiero que mi corazón quede
cruardado en el altar del arte.''
0
Esto era 11issolonghi, á principi!Os del_ siglo XIX, y mientras Grecia, d~sde las orillas
del Lepanto, se levanla,ba her61camente de la
tumba de su pasado glorioso.
.
"Cuando toques mis párpados, mano piadosa que cierres mis ojos, dijio ~or~ Byron en su
último día, no te arre&lt;lres s1 sientes temblar
tus dedos; 1;11is ojos se opondrán ~enazmente
á que los pnves de luz. llero ten piedad Y. valor al mismo tiempo, y ocúltame, ya exárume,
las miserias de la vida. La luz deil mun&lt;lo ha
tenido para mí todos los atractivos y todos los
desencantos· a.hora ya sólo tiene el pavoroso
hastío. ¡ Cie~a pronfo, por piedad, mis ojos!"
Esto era Missolonghi, á principios del siglo XIX, y mientras Grecia, en las orilas del
Lepanto, resurgía beróican:i,eni,,e de su pasado
glorioso.
''Cuando hayas juntado mis párpados, mano
piadosa que cierres mis oj,os, dijo lord Byron
en su último día, no los dejes, por piedad, hasta que ya no vuelvan á abrine. Mi alma luchará bajo tus dedos, y querrá. aún sail.ir, rebelde y altiva, en la postrer mirada. Pero la
mirada ha sido siempre fatal para mi deseo, y
por ella sie. ha extraviado mi espíritu en las
torturas de la impaciencia. Ahora a.nsío que
quede para que acompañe á mi corazón. ¡ Cierra, por Dios, las puertas por donde se extravía el alma!"
"Cuando abras mi pecho, mano piadosa que
cierres mis ojos, dij-0, lord Byron en su último
día, saca mi corazón, sin :fijarte en lo deleznable de sus fiffi'M, y entiérralo en Grecia, en
la urna del arte. Entiérralo pronto, antes que
lo toque el aire del mundo y su soplo corruptor. El aire del mundo trajo á mi pooho placeres hasta el cansancio y amarguras hasta la
desesperación. . . . Hoy ya tan sólo me trae los
duros ecos de la lejana patria, y el hiriente
3}amoreo de la constante envidia. Yo guardo
m mi corazón el más duro de llos recue:rdk&gt;s.
Protege, por Dios, mi recurdo contra la perlidia del mundo !"
Esto era en Uissolonghi, á principios del siglo XIX, y mien tras Grecia, desde el sagrado
Lepant o, reconquistaba heróicamente su independencia y nuevos lauros para su inrmortalidad.

SRA. ALICIA GOETSCllEL DE GOHTSCHEL.
Nuestro amigo el conocido concesilcxna.rio
de anuncios, Benito Goetschel, contrajo matrimonio e.n París con la dist inguida y hermosa dama Alicia Goetschel, su prima, y la feliz
parej-a hra venido á radicarse entre noooúros.
La colonia -e.xtranjera, que cuenta en su sen~. con damas de ~otable_ belleza y de singuJ.an&amp;IJllas ,dotes sociales, tie~ una nueva joya
en la señora Alicia Goetschel, y ''El Mundo
Ilustrado" se complace en -adornar SUB páginas
con el retrato de tan behla d!lilil.ll&lt;.

�Domingo 19 de Enero de 1902.

Et :MtTNDO ILtfSTRADó

EL MUNDO ILUSTRADO
puertas del palacio. Deberían ir para investigar la opinión que se tuviera del rey.

•••

1

Una lección para los Reyes.
(Cuento búdhico.)
Cuando el futuro Budha vino la décima
quinta vez á la vida, nació en Benarés, bajo
la apariencia del hijo menor de un rey. A ,;u.
nacimiento toda la corte fué al templo para
dar gracias á las divinidades, de haber dado
un sucesor á la corona, y colooa.rlo bajo su
poderosa protección.
Celebrada así la llegada del Bodisat al
mundo, fué después confiado á los vigilantes
cuidados de los brabamanes, de manera que
creció á la sombra del templo, haciendo hoorar con sacrificios cotidianos la presencia del
dios que le protejía.
No aJ.canzaba aun toda su viril juventud,
ni el pleno desarrollo de sus fuerzas había
llegado, cuando ya oonversaba con los sacerdotes y las gentes de todas condiciones que
atraía su pa.labra sagrada; en sus ojos brillaba
una luz de verdad y de gracia y un tinte de
bondad iluminaba de tal manera su semblante, que la multitud permanecía días enteros
escuchando sus consejiOS y mirándole, inmóvil,
fijos los ojos sobre él.

•••
Su reputación era ya universal en Benarés,
cuando abandonó esta ciudad, á la edad de
dieciséis años, para ir á Takassila, y educarse
en todas las artes.
Allí acsbó tranquilamente de desarrollarse,
difundiendo en su derredor el conocimiento
del espíritu y de la ciencia del alma, como
una dulce luz que guiase á los que anhelaran
seguir el buen camino.
Fué en aquella ciudad bienaventurada, llena de jardines siempre perfumadios con el

aliento de las flores, en medio de la pura armonía de la naturaleza y de los hombres, donde el futuro Budha llegó al tiempo de la primera santidad. En aquella época llegó á Takassila la noticia de que el rey de Benarés
acababa de morir .....
Cuando Bodisat ll€gó á su ciudad natal
vió que en signo de duelo, todos los bazares
los jardines y los arsenales estaban cerrado~
y que los arqueros sin armas, velaban
silenciosos bajo las arcadas que coronaban
las puertas del palacio. Atravesó la ciudad
desierta con la cabeza velada y, sin detenerse,
fué hasta la cámara donde reposaba el cuerpo
de su padre. Pasó arrodillado un día y una noche, orando, sin _querer to/mar aJ.i.mJento y
sm hablar á nache. Cuando terminó el segundo día, salió del palacio, vestido con gran
túnica de duelo y llevando la cabellera al modo de los ascetas para asistir á los sacrificios.
Luego que fueron observadas todas las ceremonias prescritas por las Santas Escrituras.
y d espués de la ascensión del fuego, que man~
daban los ritos enseñados por Zoutra de Kalpa, el nuevo rey volvió á su pal-aicio conducido por todo el pueblo. Tiraban guirnaldas
de flores á su paso, y con velos de todos colores hacían sombra á aquella marcha triunfaJ, porque aunque el extínto rey había dejado el más puro recuerdo de justicia y de verdad, se esperaba más aún del futuro Budha.
. . . Pensando que si hacía merecer á sus
súbditos una condición superior en otra vida,
él mismo merecería una nueva existencia más
feliz, resolvió dirigir personalment e el curso
de la justicia, sin permitir que alguien abrigara la más pequeña duda. De todas partes lle¡:raban comerciantes, soldados, servidores y
mujeres, reclamando justicia, y todos volvían
á sus·hogares satisfechos, alabando la sabiduría, la ciencia, la imparcialidad del nuevo
rey. Oomo el monarca reinaba con tanto
acierto, sus ministros mandaban de la misma manera, interpretando bien las leyes, sa,.

hiendo reconocer y respetar el espíritu que
las había inspÍ'rado y nadie maldijo de sus resoluciones. :Rápidamente los testigos falsos,
los perjuros y los que perseguían el vano fin
de la chicana, desaparecieron, y con ellos, el
ruido y el tumulto que generalmente acompa•
ña á los debates de un proceso. Aun cuando
los jueces permanecían sentados todo el día
en el palacio, no veían á alguién que los ocupase, y esto motivó una cosa extraordinaria,
que el palacio fuese clausurado y la corte de
justicia suprimida.

•••
Entonces el futuro Budha pensó así: "He
llegado á formar la concordia entre mis súbditos. Los campos están cubiertos de mieses
que prometen ópima cosecha, las calles murmuran con el ruido del trabajo; todos esMn
contentos con ~u suerte y con la del vecino,
tócam~ ahora_ mi;errogar á mi conciencia, y
despues de baJar a lo más profundo de mi ~er,
no mlver á la vida, sino purificado por la
abstinencia."
El rey se instaló en lo más recóndito de su palacio y, sólo, en la sombra de su . cámara, pasó un día y una
noche, meditando sobre su propia vida.
No encont!ó algo que pudiera reprochar; pero descon~1ado de este juicio, resolvió ve6tirse
con el traJe más burdo é ir por la ciudad pre~tando á los unos y á los otros su opiIDÓn.

Cuando volvió al palacio, no había oído más
que alabanzas á su sabiduría á su ciencia y
á la bondad reales. Ent one~ quiso saber lo
que se pensara en todo su reino hasta en las
fronteras ~s lejanas, par a ve..; si se encon~r~ba . a~gmen que le pudiera reprochar una
1D.Justic1a.
Con este fin, hizo venir cuatro correos reputados por su fuer za y su -a!tllidad y les ordeno' que marchase cada uno., por 'las cuatro

Los cuatro envia&lt;lios reales vol vieron algunos meses después; ninguno había encontrado alguien que se quejase. y sí, por el contrario, oyeron cómo el rey era alabado y cómo
todos los días se hacían los votos más ardientes por su felicidad.
El Budha, llegó á creer que se le alababa por
temor ó por ganar sus favores y vistiéndose
de la manera más sencilla, acompañado de un
sólo servidor, montó en un coche y abandonó la ciudad. Muchos meses pasó viajando
por sus dominios y en todas partes preguntaba la opinión que se tenía del rey y no ha•
hiendo oído más que alabanzas, decidió volver
á Benarés ....
Pero en aquella época, en el reino de Kossala, v,ecino al del rey de Benarés, había un monarca llamado Malika, cuya reputación de
justo y equitatiV10, había llegado á los puntos
más remotos de la tierra indiana. Cuando ascendió al trono, hizo paces con todos los reyes vecinos, y habiendo oído habla,r de la soberana justicia de Bodisat, glorificando los
rasgos de humanidad de este rey, le gustaba
compararse á él, no creyendo que le excediera
en algo.
Había visto que poco á poco, gracias á sus
consejos, la paz y la riqueza reinaron entre
sus súbditos; el hambre no asoló las comarcas; la peste no diezmó las ciudades y una cordial fraternidad, basada en la justicia y en el
respeto á los derechos de cada quien, unía todos los corazones de aquel reino para bendecir la profunda sabiduría del rey Malika. Este para asegurarse de que ni el más remoto
de sus dominioo había escapado á su justicia,
envió cuatro embajadores, por los cuatro puntos caroinales, para que interrogasen á sus
súbditos. Volvieron contando las alabanzas
que se hacían del rey, diciendo que nunca sobre la tierra había existido un monarca semejante. . . Entonces Malika, se disfrazó de
campesino, y acompañado de un sólo sirviente, montó en un coche para viajar y darse
personalmente cuenta de los pensamientos
de sus gobernadcs. Cuando pasaba cerca de
una ciudad, bajaba de su coche, se mezcl:a~
ba en las conversaciones, hacía que las mujeres le platicaran, preguntaba á los niños y
á los hombres, y luego abandonaba la ciudad,

sin haber oído más que frases de respeto y
amor.
Después de haber viajado así muchos meses, por todas las ciudades, villorios y aJ.deas,
aun las mM insignificantes de sus Estados,
no pudo encontr:ar una alma que le reprochase
una falta, y decidió volver á Kossala.
Pero el conductor del c-oche real ignoraba
el camino de aquella paJrte de la provincia á
que lo había llevado la voluntad de su amo,
y se extraviaron. Iban á trvés de una planicie,
cuando la noche comenzó á caer; á derecha é
izquierda los bosquecillos de tamarindos salvajes detenían el paso de las alas murmuradoras del viento. Detrás de los viajeros brillaban algunas estrellas; pero delante de ellos
las nubes iban acumulando la sombra.
Los caballos, fatigados y cubieroos de polvo, comenzaron á detener la ma,rcha; el sueño
les hizo abatir la cabeza.
Entonces el servidor 8€ puso á cantar dulcemente una improvisación sobre un aire del
país, que había aprendido hacía mucho
tiempo, y que se llamaba "Kizava'', es decir:
''lo que quita la tristeza." ....
Durante aJgunas horas enoontraron abrigo
en una cueva y deseansaron antes de buscar
el perdido ca.mino. Cuando surgió el alba,
iluminando la cima de la montaña, vieron
á sus pies una serie de planicies, montes, riachuelos; pero ni una ciudad, ni un techo, nada que les anunciase la presencia del hombre. Tristes y descorazonados volvieron á emprender la mar-0ha; el silencio de aquella soledad desconocida, pesaba dolorosamente sobre sus corazones y les infundía te,rror.
Llegaron al borde de un precipicio tan
profundo y tan negro que no se le podía distinguir el fondo. Crecían zarzas en las paredes y cuando una piedra se desprendía con
la pisada de alguno de los caballos, rodaba hacia el fondo, dejando oír durante muchos minutos, su chocar con las otras piedras; después el ruido di~minuía hasta perderse.
Una corriente de agua debía mojar las raíaes de aquella vejetación que se levantaba con
todas sus fuerzas hacia la luz; pero debía ser
profunda, tan profunda que no se percibía ni
su rumor. En una de las paredes del precipicio había una banda de tierra p or donde se
podía caminar; pero era tan estrecha que
apenas daba paso á un coche.
Ma'1ika se aventuró por allí y al volver un
recodo, los cabailos se detuvieron, rul mismo
tiempo que un ruido de ruedas se dejó oír sobre el mismo camino y apareció un coche ti-

:Domingo 19 c1.e Enero de i90~.
rado por dos caballos blancos, y ocupado por
dos guerreros. Uno era mucho más alto que el
otro, llevaba una coraza de oro y plata, un
casco pulido y su brazo robusto se apoyaba
sobre una lanza. Su rostro encuadrado en una
barba negra, tenía la gravedad serena de un
rey.
Los dos coches llegaron frente á frente y
ninguno de los cocheros podía pretender pasar primero.
.
Entonces el servidor del rey de MaJika
avanzó algunos pasos y gritó:
-¡ Quien quiera que tú seas, deja el camino
á mi amo el rey de Kossala !
Pero á su turno el cochero interpelaido contestó:
-¡ Sabe que mi amo, el rey venerado de
Benarés, no cede el camino á nadie !
Los dos servidores se detuvieron un instante. v los dos reyes se miraron sin cólera y sin
despr.ecio, admirando sus fuerzas y su belleza y sorprendiéndose de encontrarse igualmente grandes.
U no de los cocheros preguntó al otro la
edad de su amo, para que .el más ioven cediera el paso al de más edad; pero resultó
que ambos tenían los mismos años. Pregunt ó
en seguida la extensión del reino, y resultó
que ambos Estados eran igualmente extensos. También se averiguó que su~ ejércitos,
fuerza, renombre, casta, tribu, familia y número de mujeres, eran iguales.
Entonces el cochero dcl. Budha preguntó:
-Qué clase de jushcia es la que imparte
tu señor?
Y le contestaron:
-Conquista al bueno con la bondad; al
fuerte con la fuerza y ail mail vado con el castigo que merece. Y si taJ. es la justicia de mi
amo apártate de su camino.
Pero el servidor de Budha replicó:
-1\fi amo gana al sabio por la sabiduría;
al justo por la justicia; venoe al malvado por
la fuerza y al fuerte por la dulzura.
Dichas estas palabras, el rey de KossaJa y
su servidor bajaron del coche, desprendieron
. los caballos y libert&amp;ron el camino para que el
rey de Benarés, pasara.
Malika vo:lvió á sus Estados alabando al futuro Budha y el rey de Benarés puso como ejemplo al rey de Kossala, porque el verdadero sabio y el verdadero justo, es aquel
qne de día en día lo es más.

Juan }Jouchor.

��Domingo 19 de :Elnero de 1902.

LOS "MOMENTOS"
DE SAN S.4.LVADO&amp;.
La mañanita se levanta coma siempre, después de dormir de un solo tirón sus diez horas. Gris al primer bostezo. Se despereza,
opaca, sin ganas de levantarse; pero, tras las
cortinas, punza el Sol sus primeros rayos.
h'spía curioso el ojo redondo del viejo verde.
Es así siempre el Sol. Y con mucha más razón todavía, tratándose de una mozuela, fresca y deliciosa, como es el Alba; un capullito
de rosal en punto de abrirse.
Durante toda la noche ha llovido. Y cómo ha llovido! A cántaros. Y tras la ducha,
aparece el cielo de un delicado y húmedo color de "no me olvides": un cielito desleído de
acuarela. En el horizonte, el Volcán., venerable, se ha ceñido, como un árabe üejo, su
albornoz de neblinas. Vela el fornido viejo
en su letargo de años, el sueño y el día de su
pequeña ciudad, su cascarón de huevo. A
fuerza de tiempo, las. barbas se le han reverdecido, como á un dios de río y su joroba parece más deforme.
Los techos de zinc tienen reflej,os acerados,
opacos. De las rojizas tejas se desprende todavía, tardíamente, una que otra gota, que va
á estrellarse, como salivazos de borracho, sobre las aceras r~baladizas unas, llenas de huecos colmados de agua otras. Las calzadas están imposibles de lodo é inmundicias. Enmedio, el limoso resto del agua fangosa de la
"creciente", ofrece moldes de pies descalzos ó
huecos de cascos; entre las piedras, han quedado prendidos restos de basuras arrastradllS:
pedazos de periódicos, hojas, cortezas de naranjas, cabos de puros ...
Las calles tienen un aspecto nada simpático, nada poético.
Pero el despertar de San Salvador, no deja de ofrecer impresiones, á pesar de todo;
motivo para distraerse y hasta para borrajear
una crónica ó enfocar una maquinita fotográfica.
Se toma un tranvía de la línea del "Coro"
ó San Jacinto, ó Mexicanos, y se va á respirar,
á las afueras, un poco de aire fresco y saludable. Es lo mejor. Airecito recién salido de
la alberca. Vida nueva!
El callejo no presenta grandes atractiV'Os.
Si no sois, lector, amigo de la poesía bucólica, la del padre Virgilio, quedaos mejor en cama hasta las ocho, por lo menos. Si no, aprovechad el tiempo. Quien más temprano sale
del sueño, más vive. La ganancia es de horas, que enfiladas producen días y sumados,
años.

Et :MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
pobre bestia camina. lentamente, con la cabeza baja, como ramoneando algo que no encuentra nunca, ó tal vez recorriendo un hilo
de filosofías amargas, á pique de que resulte un discípulo de Schopenhauer. De cuando en cuando lanza un pujido seco, un fuerte resoplido, y su hocico va dejando un rastro de espeso vaho. El chiquillo no se preocupa de su cabalgadura, entretenido en gritar
á un compañero que se le adelanta, ó en silbar
un trow de "'l'c volví á ver'' ó algunos compases marciales de "Los Parranderos". De
cuando en cuando, vuelve la vista al "Pardillo", que le ve fijamente con sus n,cloudas pupilas, como sonriéndole. En una esquLila, el
carretón de una fábrica de hielo, deja ver en
su fondo, enfilados como largos libr'OS nuevos
en su tosco anaquel, las tranaparentes marquetas, mientras el mozo, de pie scbre el pescante y arrolladas las mangas de la camisa,
asierra una pieza, que gotea copiosamente. A
lo lejos, suena la campanilla cascada del afilador que -anuncia el paso de su mollejón ú los
dueños de herramientas que afilar. Un coche
tempranero, con el pescante lleno de maJetas,
rueda traqueteando hacia la Estación d~: Ferrocarril de Occidente, en tanto que ~obre el
lomo escuálido de los caballejos cae una lluvia de latigazos. Atraviesa la boca calle una
mujer que lleva sobre la cabeza un enorme

canasto de · verdlll"aS, y está á punto de ser
atropellada por el caballejo trotón de un leatropelladas por el caballe~o de un lechero,
que va á horcajadas enmedi~ de lo~ dos ~bollados cántaros de lata. BaJo el cielo triste,
tiznado de luz cenicienta, tiene la nota fresca y primaveral del canasto d~ la verdulera,
un irresistible encanto. El r0J0 apel1loso de
los rábanos, asoma entre el verde tierno de la
lechuga corriente ó la hoja acolochada y obscura de la "romana"; el apio, yergue su lanza
coronada, y entre las hojas del berro, todavía
húmedo y o-oteante asoma la cabeza del nabo
acuoso, red~ndo co:Uo una bOlla de marfil viejo. La mujercita, anudado el "rebozo" á la
cintura, camina ligera, á zancadas, con ese paso trote de nuestras indígenas, meciendo el
brazo que le queda libre y sin de~nerse para
tomar algún aliento. Va prec1Sa, porque
cuando llueve por la noche, la mañana se levanta tempraruto y de ~al humor. E_l reloj
de la Iglesia de San J ose, ha dado las siete de
la mañana. 'l'al vez no hay que creerle, porque anda siempre á la diabla y como si echase
sus ''tragos". ¡ Tiene ella tantas que le hagan
competencia!; sobre todo ese "español" de
los demonios, ese don Isidro, que todo lo da
casi regalado. Pero sus verduras se venden;
no hay cuidado. Sería un crimen venir de
Soyapango para no vender "ni medio!"

En los alrededores del Mercado, bulle la
muchedumbre como en una colmen~ las ab~jas. Por esas cuatro cal_les, el tránS1to es_ difícil. El tranvía, va repicando su campanilla,
pidiendo paso; mientras las carretas y carretones, encaraman sus ruedas·sobre las aceras,
ó se detienen, como atascadas por la ola humana. Entre el comprador y la vendedora, se
entablan diálogos .á gritos. Ruedan, por _los
suelos, los apiñamientos de doradas naranJaS,
ó las limas, de un verde de es1?1eralda mu;r
fresco y muy flamante; los rac1ID.os de iruneos, atraen las miradas é incit3.?- los l~b~os;
deslumbra el escarlata de una pila de p~tahayas", en contraste cercano con el oro caliente de las piñas coronadas. En los canastos,
brilla la blancura del ar110z, ó el azabache de
los frijoles, ó el marfil del maíz desgranado.
y no es extraño, entre un puesto de cebollas
y ajos y un amontonamiento de camarones Y
pescado seco, ver algunos ramilletes de f;ores,
ahogando sus aromas en aquel zahumer10 de
acres emanaciones. De un puesto á otro,_ pasa
la cocinera económica ó amiga del "siseo",
buscando lo más barato. Con su cesta al brazo Mademoiselle 'fourillón, trata con una
fr~tera mientras examina, con ojo avez~do,
las nar'anjas que "ese día están muy paliduchas" ó los "guineos que no han madura~o
bien". Mademoiselle 'Dourillón, no se deJa
engañar jamás. J&lt;Jn su hotel se come espléndidamente.
''¡ Sorbetes de leche!", grita un helade!o,
con su tubo colgado al brazo. ¡ Tan de manana!
Humean los puestos de comidas en el 1fercadito de Santa Lucía y en derredor, acun:ucados ó sentados en taburetes, los parroqIDanos deVlOran su taza de café con leche, su pedazo de torta de yema ó sus gruesas "pupuzas" de queso con "lorocos". Papini corre las
maderas de su puesto-sucursal, con su estantería repleta de botellas y latas, y trás el ID:ostrador de Escobar y Soundy, entr~ las pilas
de mantas y fardos. de zaraza~, discurre el
criado, regando el piso y barriendo.

¡ Estos amaneceres san salvadoreños !
El día se va entrando; pero el sol no asoma
su respetabilísima nariz. ¿ Habrá trasnochado?
.d ,,
Sigue el cielo de color de "no me olvi es ;
pero el Volcán se ha quita.dio Sil turbante de
neblinas.
Los relojes públicos campanean las ocho.
·1A casa ! El
café espera. Basta por aho•• ,
ra de "flanene· .

firfuro firr¡brogi.

Domingo 19 de Enero d.e 19◊2.

La destrucción en el lado de sombra.

La destrucción de la Pllza de Toros
de Puebla.
El escandaloso fin que tuvo la. corrida, d_e
toros efectuada la tarde del dommgo proximo pasado, en el coso de la ciudad de Puebla, ha merecido toda suerte de reproch';S por
parte de las autoridades, la prensa y el publico
en general.
Aun cuando no es el primer escándal? ~ue
se registra en una fiesta taurin~ en Meneo,
si puede conceptuarse como el prim.ero en sus
proporciones, éste á que nos refe~rm.os.
Nunca será justificado que un publico sensato se "cobre" el aburrimiento de una tarde
de toros, cometiendo actos que redund~n en
menoscabo de la cultura del pueblo. Le3os está la sociedad angelopolitana de merecer en
su seno á los promotores y "cultivadores" de
los reprobados actos cometidos lf!, tarde del
domingo pasado; pero Je ha cabido en desgracia, tamaña suerte y es de llllIIlentarse con
toda sinceridad.

•••
"El Mundo Ilustrado" cumple con sus lectores dándioles una serie de aspectos del coso
dest;uído, tomados de fotografías que expre-

Fot. Bustamante.

samente hizo para nuestras págin_as, el inteligente fotógrafo de Puebla, senor Busta.mante.
Los grabados dan una idea exacta del estado en que quedó la plaza después del es~án~alo y completan. p~rfect~~ente la d~scnpción
que nuestros diarios hicieron á raiz del lamentable asunto.

E:úOGIO A UNA ARMONIA.
Tú fuiste, en un remoto país, una armonía,
una nueva armonía brotante de la flauta
de Pan, sonora y suave como la melodía . .
que encierran los compases de una divma
(pauta.

Mi sér, entre la bruma de una melancolía,
en los mares lejanos que desconoce el nauta,
ansiaba aquel misterio profundo de poesía
de la nueva armonía brotante de tu flauta.
Y al misterio supremo, en la reveladora.
cantata dulce y suave como el verbo de un ave;
al amparo esplenden.te de una sangrienta au(rora,
sonó la rima muda en verso acorde y grave,
como aquella armonía de tu flauta sonora,
cantata dulce y suave como el verbo de un
(ave ... !
PEDRO N. ULLQA •

•••
Vamos ca.lle arriba ó calle abajo, como prefiráis, lector.
Poca gente transitando por las aceras; pocas puertas abiertas; ninguna tienda todavía
en servicio. La criada que, con el "pichel"
colgado al brazo va por la leche, hila su párrafo, que resulta pelambre de sus '·patrones",
aposta.da en alguna esquina con otras tantas
del servicio; ó "pela la pava", al fresco del
cielo caritativo, con su galán, que va con el
"tanate" del pan. En el dintel de los "zag"Janes", los cajones de basura, esperan el paso del tren de asoo, y en más de alguno, escarbando famélico con el hocico los desperdicios, algún perro flacuchento. Los vidrios
de alguna ventana cerrada, vibran al paso
resonante y pesa.do de alguna carreta. En
medio de la calle, á tropezones, marcha camino del Mercado, un chiquillo sucio y desarrapado, que guía un macho con sus dos arganillas á cuestas, repletas de carnes. Carne
Íl'€sca, ofreciendo sus colores sanguinolentos
á un escuadrón de moscas y moscardones que
marchan al par y rondan alrededor, se posan en las ancas lanudas del paciente animal
ó en las orejas, movidas a compás. (Asunto
para un booeto de pintor impresionista). La

EL CRIMEN.
Vivo en la sombra de infinitos maJes;
Negro es mi traje, mi cabaña roja
Iluminada por la luz que arroja
El vivo resplandor de mis puñales.
Mis cantos son salmódias funerales,
Mi verso la blasfemia que sonroja
Y mi hálito el viento que deshoja
Las vidas, como flores otoñales
De la sangre que riego, se hallan llenas
Las negras cavidades de mis venas
Y en mi afán de destruir, lucho y batallo
Abriendo heridas y segando frentes
Por eso amo el veneno en las serpientes,
Por eso adoro la explosión del rayo!
José F. E/izando.

....
CABEZAS DE GRIR:GOS.
Esculturas de Longinos )i"úll.ez.

El patio de los caballos despnés de la deetrncción.

Fot. Bustamante.

�Domingo 19 de Enero de 1902.

EL MUNDO I LUST RADO
Domingo 19 de Enero de 1902.

ASÍ E S LA V IDA..
-¿ Por qué te desesperas así ?-preguntaba con acenuo burlón cierta araña, que acababa, de tender una tala entre dos ramas de
un viejo árbol tapizado de coquetas trepador as, á una infeliz mosca que pataleaba desesperada al verse prisionera en el centro de la
red.
-¡ Quiero huir de esta prisión !---clamaba

BL MUNDO ILUSTRADO
manecía insensible é inmóvil, y la destrozó
con un golpe de su oola.
Un montaraz que trabajaba en la vecina
selva y que había observado atentamente
aquella tragedia, exclamó, .rupoyando su,
brazo derecho sobre la enorme hacha que descansaba en el suelo:
-Los fuertes devoran á los débiles y siempre encuentran excusas . . . ¡ Así es la vida!
Y empuñando el revólver que t raía en el
X

DESTRUCCION DE LA PLAZA DE TOROS DE PUEBLA.-El lado de sol.

aquélla, estremeciéndose de miedo al descubrir cerca de sí á la araña, que avanzaba cautelosa, resbalando sobre los hilos de su tela.
- P ierde cuidado ... ah10ra mismo vas á librarte de ella.
Y sin perder más tiempo, hirió mortalmente con sus pinzas á la mosca, cuya sangre
serviría de pasto á su voracidad.
-¡Asesina!-gritó desde una rama próxima una hermosa calandria, afligida al ver
desangrándose á la mosca.-¡ Caro vas á pagar
tu delito, infame y asqueroso insecto !-añadió indignada.
Y abriendo las alas, voló sobre la araña,
le dió un feroz piootazo y se la tragó.
Saltó luego de rama en rama lanzando armo:niosos trinos, coono festejando su obra;
pero de repente una voz desconocida la hizo
enmudecer.
Miró azorada á su alrededor y sus oj:os inquietos no tardaron en descubrir una serpiente, que, enroscada al tronco de un árbol, le
decía con voz iracunda:
-Satisfecha debes ha,ber quedado de tu
crimen, ¡ oh calandria aleve!. al dar muerte á esa araña infeliz y laboriosa.

Fot. Bustamante.

cinto, lo descargó sobre el mísero lagarto, que
expiró á sus pies, mientras el montaraz r epetía con sonrisa feroz :
-Así es la vida!

Jllaría Jll. }'edemonfe.
ARGENTINA.

EL CARACOL Y LA ORUGA.
-¡A los piés de usted, señora oruga!
-¡ Beso á usted los cuernos, señor caracol!
-}Ie alegro de verla á usted tan de mañanita en sus verdes mafas .. . .

ELEGIAS.
-¡ Galante es el molusco!
-El . . . . ¿ cómo ha dicho usted?
-MO!lusco. . . . ¿ n'O ha sido usted clasificado entre elllos?
-¡Bah! motes que nos ponen los sabios.
-¿ Y qué mira usted con tanto deleite
'
que se le cae la baba?
, -Aquella rosa encarnada, que se ha abierto al naoer el día y que parece haber empapado sus brillantes pétalos en la luz de la aurora .. . .
-¡ Calle! ¿ es usted poeta?
-Debiera usted haberlo sospechado, al ver
mi vida "arrastrada" . ....
-¡ Ay, tru:nbién me arrastro yo! Mientras
mis hermanas, las mariposas, andan de gran
"toilette" y lucen por ahi deslumbradores trajes de raso, yo me veo en la última miseria.:..
expuesta al pico de algún gorrión famélico . . ·.
-Decididamente, la Naturaleza distribuye
muy mal sus favores, pero me parece que exagera usted en su estado, señora oruga; no debe encontrarse usted tan en la última miseria
cuando va cubierta de terciopelo. ¡ Que m;
quejara yo, que ando en cueros vivos!
-Pero, en cambio, ¡usted tiene casa!. ...
-Es verdad, soy propietario, pero tengo
que nevar mi domicilio á cuestas, lo que no
deja de ser molesto.
-¡ Se queja usted de su suerte!
-"¿ Suerte" llama usted al trabajo penoso
de arrastrarme con este edificio enóma? Le
aseguro á usted que á consultarme antes no
'
era yo el que nacía cairacol.
-¿ Y qué hubiera usted deseado ser?
-Más bien .. . . oruga,.
-¡Jesús! ¡ vaya un gusto!
-Compare usted, señora: usted vestida de
terciopelo, y yo. . . . ¡ yo sin camisa! Usted
durmiendo en blandos lechos de flores., bañad~~ por los resplandores de la luna, y yo en
sitios húmedos y obscuros, sin más candil que
ailguna menguada luciérnaga trasno;chado;ra.
Usted libre y agil, y yo abrumado bajo la carga de este "chalet" de arquitectura churrigueresca, que la Na.tu.raleza ha echado sobre mis
hombros. ¡ Cáspita! tlodavía no me he expli-cado tan raro capricho. ¡ Tiene unas cosas la. Naturaleza! ....
- No la critique usted, señor molusco.

I
'l'ú, racimo maduro y vaso lleno,
mujer de ojos azules y de carne
triunfantemente blanca; tú has venido
al ladlo mío á sonreír, cortando
con la curva hocecilla los colgantes
moscateles, riqueza de la parra . . . .
Se abre el pañuelo 1iajo, que colocas
como un jirón de sol en tu cabeza,
y se descoge, bajo de él, el rico
tesoro de tus trenzas despeinadas,
soonbreando tu cara, donde ríen
todas las alegrías de la vida.

II

Fachada'.de la:;:Flaza de Toros de Puebla.

-¿ Que no la critiqu e? Creo que me sobra
razón para . .. .
J&lt;)l ga~terópoJClo no terminó la frase; una
bandada de gorriones se precipitó sobre ellos,
y se apresuró á ocultarse en su vivienda ambu1
lante, para no ser víctima de la rapacidad de
aquellos bandoleros de las frondas, per o no sin
ver antes á la desdichada oruga en el pi® de
uno de ellos . .. .
Y entonces comprendió por qué la Naturaleza le había puesto "chalet."

burgo y de Ooburgo y de la gran duquesa María de Rusia, tía del tzar Nicolás.
Los divorciados t ienen una sola descendiente, la princesa Isabel, de cinco años de
edoo..

.-.

IWIIRO PRIETO.

DIVORCIO Dll PBINCIPRS.
E}l tribunal superior del gran ducado de
Hesse, acaba de declarar el divorcio del gran
duque y la gran duquesa.
Descendientes de una antigua casa de soberan os de Alemania que ha hecho un gran
paipel en la historia del Santo Imperio romano de las rui.ciones germánicas, el gran duque de Hesse-Darmstadt, es nieto, por parte
de madr e, de la extinta reina Victoria v her-

Gran Duqu e de Hesse-Darmt adt.

Todos los esfuerzos que se hicieron para
evitar la separación, fueron inútiles ante la
resolución de los dos esposos, á Jos cuales,
una incompatibilidad absoluta de caracteres
y de temperamento, hacían la vida común
imposible.

...

....

LA MUSA.
Ardorosa, profética, eloouente
viene al mundo la musa encantadora;
su blasón es el arpa 'fibradJora
que fecunda los sueños de la mente.
Bella como las hadas del Oriente
y envuelta en rósea claridad de aurora,

***
La avecilla quiso echar á volar, pero le fué
imposible: el terror paral_izaba sus miembros
Y se sentía subyugada por la mirada fascinadora del repiil . . .
-Grande hazaña ha sido la tuya al quitar
la vida á la reina de nuestra selva,--decía
poco después á la serpiente un lagarto, que
p~r entre un grupo de árboles había presenciado el nuevo y bárbaro crimen.
Y sin añadir palabra se lanzó con rapidez
sobre aquélla, q ue enroscada en el suelo per-

surge su inspir-ación fascinadora,
como Dios para el alma del creyente.
Princesa Vlctoria-Melita.

DESTRUCCION DE LA PLAZA DE TOROS DE PUEBLA-C
. orral de ¡ os toros desech..dos.
Fot. Bustamante.

mano de la Emperatriz reinante de Rusia..
Casó á los 16 años, con su prima la princesa Victoria-Mal.ita de Saxe-Coburgo-Gotha,
hija del hermano del rey de I nglaterra,
FJduardo VII, el difunto duque de Edim-

El estro de sus rimas interpnita
en inmortales versos el poeta
que en arias de la turba se levan.ta;
y ella, que es nervio, movimiento y vida,
sin agitar su frente enardecida,
como la alondra, sus anhelios canta.
Ct,16CIIIO IIOC,,

Hueles á mosto nuevo: eres profunda
conoeed1ora de las frutas ácidas,
y muerdes, cuando ríes, las jugosas
aristas de las hierbas en ,el huerto.
Sé de tu C8$a humilde. Te he seguido
por los largos rastrojos, hasta el blanco
pilón, donde descalza, estremeciéndote
cuando el agua r ebosa y te salpica
la piel nevada de los ipiés, te Lavas
las tentadoras manoo, con delicia
hundiendo los dos brazos hasta el codo
en el blando caudal, que los envuelve
con un murmullo de piedad.

III
Descienden
las nevadas pallomas á tu falda,
y esconden en el horno de tus labios,
para aprender á amar, el pico, ansioro
de besos incitantes. Se estremece
moviendo noblement e la cabeza,
en el silencio del establo, el potro,
cuando la falda r ecogida llena
de la avena crujiente, lo acaricias
hundiéndole en las crines abundantes
la blanca mano . . . Cabras y corderos,
y chiquillos menudoo, y gallinas
de crestas encendidas te conocen
y se acerean á. tí como se acer can
las doradas abejas á los anchos
rosales de los huertos; te re&lt;)iben
como un rayo de sol t us compañeras
en las fiestas del pueblo, y cuando charltl.Il

lios mozos abrazados á las mozM,
tu voz es como un ruido de.campanas
que hace saltar el corazón ...

IV
No esquiva,
no extraña á mis palabras desmentiste
la vida, que rebosa en tus labios
como una bendición. Te hablé de amores
y fuiste como tiierra que recibe
gustosa las semillas. La grandiosa
fermentación de la caliente siesta
hacía hervir la sabia en las delgadas
hebras del musgo, y en el huerbo espeso
los opacos olivos se morían
inflamados, rendidos baio el largo
beso del Sol. ¡ También mis besos fueron
largos, como el del Sol, copa de olivo,
cabeza de mujer, boca die niña
florecida de risas, hembra augusta,
que, al estrecharme contra ti, dejaste
colmados mis deseos! . . . . . ¡ Pairecía
que montañas y campos y verdura,
de húmedas grutas y redondos pinos,
recibían entonees mis caricias
y me daban, en cambio, su grandeza!
~IJUARD(! (W/jflt;lf!III~,

�Domingo 19 de Enero de 1302.

EL MUNDO ILUSTRADO

~l MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO I.--NÚM. 4.

MÉXICO, ENERO 26 DE 1902.

Sub~crlpd6a mez,.suaJ /orbe•, 1 l 50
Idem, ldem. ea I• capital, ., l.:15

Gerente: UJI&amp; Rl'.Y~ &amp;PINHlA.

Dlrecton LIC. RAl',UL Rtl't&amp; &amp;PINDOU.

PARROQUIA O~ CHILPANCINGO, destruida por el temblor .del 16 del corriente.

Ba.30 &amp;u na.ve se r~\l~Ó el rñmer Con8rllsQ Co~titil1.~te de la n.e?úbliQa,.
PLACER Y TRABAJO.

...
Cuadro de C. Larv,.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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