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                  <text>Domingo 26 de Enero ele 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

[L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 5.

MÉXICO, FEBRERO 2 DE 1902.

Subscripción au:,uual forli.nea,

S1

Gerente: LUI&amp; Rtl'l'.5 &amp;PINDOLA.

Director; LIC. RAf'AlL Rtl'l&amp; &amp;PINDOLA.

P~RFUME D~ INYl~RNO,

60

Idt:m. ldem. en la c-.plts.1, ,. 1.25

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 2 de Febrero de 1902.

UN ALTO DE ASHAVERUS.
(Traducciones espeoiale@..,de "El Mundo Iluatrado.")
Era el día lo. de Enero, el cielo en calma,
terso; parecía de plata mate. Un planeta brillaba: Júpiter, el que no se extingue antes de los
fríos del alba. Llegó el tiempo de que se apagase. Lentamente, por el Este, del lado de París, ascendía un resplandor de luz rosa y malva. Después al nivel del camino blanqueado
por la nieve, aparecía u,na pequeña esfera de
oro.
-El Sol, murmuró Ashaverus tiritando.
Un pajarillo de larga cola emprendió el vuelo. Y con voz melancólica, extraña, arcáica,
Ashaverus repitió:
-El Sol.
Sacó luego esta consecuencia:
-Son las siete y cincuenta y oois minutos.
¡Pobre del viejo Judío Errante! Nunca había tenido relox, pero estaba acostumbrado á
reconocer los fenómenos que sucedían en el firmamento, y en ellos sabía leer perfectamente
la hora.
No se equivocó cuando dijo que eran las
ocho menos cuatro minutos. Luego abrió desmesuradamente loo ojos y la boca, y arrojó un
hondo suspiro.
Era natural; había caminado toda la noche,
y caminaba desde hacía tantos y tantos siglos,
que estaba verdaderamente cansado del largo,
del sempiterno camino. Aquel suspiro delataba mil y mil años de lasitud.
Pero aquella mañana el milenario vagabundo no estaba solamente agotado por la fatiga,
también se sentía transido de frío y acosado
por una hambre atroz. En Saint-Germain, en
Laye, en Croissy, en Malmaison, en Suresnes,
por todo eso que acababa de atravesar penosamente, no había podido comprar algo que comer, porque las tiendas estaban cerradas Y
hasta ·10s mozos de las tahonas dormían. Y
ahora, desde el Bosque de Boulogne, el Judío
Errante se enoaminaba hácia París, que el sol,
como un puñado de oro, perecía señalar allá
detrás de los árboles cubiertos de nieve.
Muy bonitos eran aquellos árboles, y tenían
algo de cómico. Algunos, en su blancura parecían pierrot ó muchachas que iban de boda,
de otros se hubiera dicho que tiritaban en camisa. Las altas ra:mazonoes cubiertas de copos
recordaban los gorros de algodón; la nieve que
pendía se antojaba flotante barba de anciB.llO
graciosamente pensativo. Pero con la nariz
amoratada como una berengena, el estómago
vacío, los piés deformes por el frío de la nieve y las correrías inmemoriales, Ashaverus no
tenía humor para divertirse con aquellos fantasmas blancos. Con la cabeza inclina.da, caminaba viendo únicamente sus pobres piernas
que no tenían reposo entre aquella agua congelada; de vez en cuando estornudaba á la antigua usanza.
-¡Atchil Brr .... brr ... ¡Por mis deseos!
Sus deseos, su triple deseo: comer, calentarse y descansar. Probablemente comería aun
cuando fuese un poco tarde; quizá el sol de
medio día le diese calor; pero descansar ....
¡Oh! no, descansar, nunca. No había conocido,
no conocería jamás la dulzura del reposo, el
goce de la inmovilidad. Lanzó un nuevo suspiro arcaico; después levantó la cabeza.
Precisamente llegaba á la puerta de la Muette, y aapirando el aire, pereibió olor de vian-

Domingo 2 de Febrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

das. Se le exitó de tal mroiera el hambre, qu{\
llegó á olvidar la excesiva fatiga; aipresuró el
paso, y sacando de la bolsa sus cinco sueldos legendarios, los llevó en la diestra nudosa, dispuestos para darlos al primer vendedor de comida que se presentara. De esta m,mera ~ internó en la calle de Passy, casi desierta y todavía silenciosa.
De pronto- dió con una panadería: de cada
lado de la puerta, en las mesillas, h&lt;tbía biscochitos, panes dorados y roscas calientes. El Ju
elfo Errante hizo un gesto de pla~er. Se aproximaba, con la mano ya extendida para tomar
cinco roscas, cuando se presentó á su vista una
muchachita de aspecto miserable que, con la
boca abierta y los ojos húmedos, admiraba
con extraordinaria codicia la mercancía del panadero. Era blonda, pálida como la nieve_ virgen que, á través de los bosques, acababan de
hollar los piés túrgidos é inquietos de Ashaverus.
El Judío experimentó un sentimiento desconocido. Retiró la ávida mano con que iba á tomar el pan, y bruscamente dió los cinco sueldos á la muchachita blonda y pálida. Después,
pronto, muy pronto, siguió su camino.
Sacó de nuevo cinco sueldos de su bolsa fatídica. Más y más apremiado por el hambre,
miraba á derecha é izquierda buscando otro
vendedor. En la esquina de la calle Guichard,
en el suelo de la iienda de un frutero, vió un
gran cesto de mimbre cargado de manzanas y
de naranjas mandarinas. ¡ Admirable suerte:
"Dos por cinco francos" decía una etiqueta.
Y rebosante de gula Ashaverus, se apresuraba
á tomar dos de aquellas naranjas perfumadas,
cuando se le puso delante la misma pobrecita
de antes, con los labios descoloridos y los ojos
llenos de lágrimas.
-¿ Qué quieres? le preguntó con dulzura.
Había corrido tras de él para darle las gracias por la limosna. Por segunda vez experimentó una gran sensación, y por segunda vez
también, dejó caer sus cinco sueldos enlamanita de la niña. Después, alejándose, volvi6 la
cabeza y le gritó :
-No puedo detenerme, pero si me sigues, t.e
daré más sueldos, muchos sueldos, para que
festejes el primer día del año. Quiero que hoy
comas pasteles ¡ toda clase de dulces. También
comprarás juguetes.
Y siempre caminando, llevaba á cada momento la mano al bolsillo, de donde sacaba cada vez cinco sueldos y los daba á la pobrecilla, que lo seguía maravillada, radi8lllte de alegría. Aunque pasaban cerca de muchos vendedores de comida y de fruta, el hambriento viejo vagabundo no compraba nada para él y, taciturno, se sorprendía de su valor, de su generosidad, de su insólita y magnánima caridad.
De cinco en cinco sueldos había dado una
docena de francos á la muchachita. Esta, por
su parte, ya dudaba de tener donde guardar
aquel tesoro, y además, ya estaba jadeante, sus
piernecitas se negaban á correr por más tiempo detrás de aquel viejo que era tan piadoso
como apresurado en su marcha. Dispuesta á
regresar bUSC!aba algunas palabras con que hacer patente su gratitud. Ashaverus estornudó:
-Atchí.
-Dioe oa bendiga,--dijo la niña blonda.

,/ ,

Y sin añadir más, hizo un guiño cariñ
y presentó al viejo su frente pálida. El Ju.
dio Errante comprendió la ternura de aquel
gesto; pero también comprendió que para ~
sar aquella frente le sería necesario detene
un poco. ¡ Detenerse, era imposible! lo sab
Sin embargo, hizo un esfuerzo supremo,
cuanto pudo sobre sus piés, se inclinó . .. •
La niñita volvió á decir sonriendo:
-Que Dios os bendiga· ....
¡ Oh milagro! Ashaverus se había dete
Abrazaba á la niña y permanecía inmóvil. F.
tupefacto, se frotó los ojos, se pellizcó la
riz. ¿ Soñaba? No soñaba. Entonces ¿iba
minando? Tampoco caminaba. Se sentía
trastornado con aquel prodigio, que no a.ce
ba á explicárselo, ni á regocijarse por él.
cuerpo se doblegaba al peso de tal cansa.nci
que instintivamente dejó caerse en el
lo. . . . ¡ Se había sentado 1
Era cierto, estaba sentado cerea de
banqueta, sobre un montón de nieve. La m11
chachita blonda y pálida se mantenía de pie
ante él, y en absorta beatitud, comenz6
nuevo á darle sueldos, con los que ella iba
nando su delantal que tenía recogido por
puntas inferiores. Ambos callaban, y cu
el delantal estuvo bien lleno, dijo la niña:
-.Ahora es necesario volver á casa, y e
parece que esta.is de menos prisa que an
debeis venir conmigo. Conocereis á mi m
Es tan buena como vos, aunque mucho
pobre. En nuestro hogar falta el lujo, pero •
duda que estareis más bien sentado que sob
este montón de nieve.
Ashaverus vacilaba. La muchachita insi
con las manos unidas en actitud suplicant.e
-Vamos, buen anciano,un poco de valO?
Levantaos y seguidme.
El Judío Errante se puso en pie con un m
vimiento casi automático, y siguió á la ·•
Atravesaron dos ó tres calles estrechas y eoli
tarias. De pronto la muchachita se detuvo.
-Aquí es. Esta es mi puerta .... T
tan, tan.
Una mujer abrió; el anciano entró solemnemente. Miró una silla y se acercó á ella co
esta preocupación angustiosa:
-¿ Podré detenerme de nuevo? ¿ Podré se
tarme otra vez?
Se sentó, y un gran suspiro de satisfacci6
llenó su pecho. En un momento se hizo
de lo que era aquel hogar, y tan pobre co
era, lo encontró agra.dable y suntuoso.
pués cruzó los brazos, cerr6 los ojos y se p
á reflexionar, para explicarse el milagro
que era objeto. Comprendió todo lo caritati
que había sido para con la niña, y que por
recibía una recompensa tal.
-Si, sí,- insistía, -he sido sublime. J
el mundo ha tenido un ser ta,n caritaitivo
roo yo.
Y para seguir mostrándose caritativo Y
blime, llamó á la mujer que había abierto
puerta, y comenzó á arrojarle sueldos, ¡ los e·
co sueldos! una, dos y muchas veces.
Sin embargo, sin que él lo previese, su gen
rosidad fué siendo menos y menos pura. Se 1
mezclaba la vanidad, y poco á poco el ego
mo. No era un sacrificio el que se imponía
J udio Erre.nte; todo lo oonirario, pa.lpa.ba

provecho que le traia su largueza, y también
el que le traería más tarde. Decía:
-Tomad esos sueldos, tomadlos 'Pronto buena mujer, porque tengo frío: Id por leña y encended un fuego muy vivo; tengo hambre:
Id por proviciones y preparad un copioso festín. Levantad esos sueldos, siempre los arrojo,
é id por vino; ahí teneis para comprar los licores más finos; traed cigarros de á. . . . cinco
sueldos, naturalmente. Es el primero del año,
dia de gusto !
Encendido el fuego y dispuesto el festín,
Ashaverus se sentó á la mesa de una manera
ruidosa y caballeresca. ¡Sublime! ¡Estaba sublime ! ¡ Había conquistado qué diablo! el derecho de sentarse, de calentarse, de sustentarse
como todo el mundo, y de beber mejor que
todo el mundo. Y apoltronado en su sitio, con
la espalda vuelta á la lumbre, comía con apetito brutal. De vez en cuando lanzaba verdaderos chorros de risa; se echaba hacia atrás y
se daba palmaditas en el abdomen anormalmente redondeado. Llenaba hasta los bordos ~
vaso, y lo desocupaba de un solo trago.
-A mi salud !-brindruba.-Estoy sublime!
Y o soy quien ha pagado el fuego, la comida y
la bebida; ,sí, yo lo he pagado todo!
A veces afectaba aires protectores; miraba con
soberbia la pobreza del tugurio; contaba historias que eran mentiras; aseguraba adorar
los viajes, los largos, los interminables viajes,
y que si hasta entonces con todos sus sueldos
no había comprado caballos y berlinas, era
porque le gustaba caminar á pié: en lo sucesivo quería reposar ¿ En dónde? Qué había de
hacer, por necesidad se quedaría en aquella
pobre casa. Sin embargo, exigía que la adornaran un poco; necesitaba tener un buen sillón, un buen diván y una buena cama. Sería
necesario también que las comidas estubiesen
á su hora, y el fuego encendido siempre.
-Quiero ser sublime, quiero pagarlo todo.
Pero ....
Pero en su entusiasmo, Ashaverus no advertía que poco á poco se iba levantando, y
que ya no estaba cómodamente sentado. Y,
dando un violento golpe sobre la mesa, dijo
con un tono lleno de jactancia:
-Pero creo que se me servirá bien!
Y acabando de pronunciar esas palab::as,
dió, á su pesar, un paso en la sala. Un gato le
rozó una pierna, é indignado tomó al felino y
lo arrojó por la ventana. Des'Pués quiso volverse á sentar, pero no pudo. Se puso lívido.
Sus piernas se agitaron, haciéndolo marchar.

El Presidente de la República Cnbana.
La República de Cuba, constituida hace poco tiempo, acaba de proceder á la elección de
su primer presidente.
Tomás Estrada Palma, que es en quien recayó el sufragio de sus compaitriotas, nació en
Bayamo, parte oocidental de la isla, el año de
1837. Comenzó sus ,estudios en la Habana, y
fué á terminarlos en Sevilla. España, volviendo luego á la isla para desempeñar por algún
tiempo la profesión de abogado.
Cuando estalló el movimiento separatista,
en el año de 1868, figuró personalmente, con
el fusil en la mano, entre los más ardientes
partidarios de la causa. Su respetable madre
lo había querido acompañar, dividiendo con él
las fatigas y los peligros de la campaña. Desgraciadamente la anciana cayó en poder de las

•

Vuelto en sí repentinamente, comprendió que
el anhelado reposo tocaba á su fin, y murmuró con desesperación :
-Yo tengo la culpa. Tan corta como ha
sido la tregua, ha durado más tiempo que mi
caridad.

Luego caminó á lo largo de la sala y salió,
avergonzado y con la frente baja.
Tomó la calle y se alejó á gran prisa, tan
Judío Errante como antes.

fuerzas españolas, y fué llevada á pié, por caminos fatigosos, bajo los rayos de un sol im-

resolvieron atarla á un arbol y aibandonarla.
No tardó en sucumbir á las privaciones, y sin-

J(enry ~aufl¡ier Vil/ars.

tió el agotamiento con todos sus síntomas horribles. Su hijo llegó para estar en su agonía.
Poco tiempo después, Estrada Palma debía dar
una prueba hermosísima de la generosidad de
su caráober, defendiendo á un comandante español ante el consejo de guerra. Obtuvo gracia
para su enemigo, y como la defensa calurosa
llamase la atención de sus compatriotas, les
dijo: "Adoraba tanto á mi madre, que no era
posible abrigar en su memoria el menor sentimiento de venganza."

placa.blie, y como era natural, sus energías la
vencieron al grado de que los jefes españoles

Fué despué.s tomado prisionero cuando el
gobierno revolucionario lo proclamaba Presidente de la República. Lo llevaron á Guibarra y luego al Castillo del Morro. Durante sú
prisión tuvo un rasgo que corre con la celebridad de lo -ainecdótico: Cuan.do se pasaba lis-

�Domingo 2 de Febrero de 1902.
ta en la prisión, se citaba su nombre,
y nunca contestó como los presidiarios: ''Presente," sino que ~uivo-

EL MUNDO ILUSTRADO

Et :MtJNDO !LtrSTRA:bó
dolores apenas salpicada aquí v :illá
de cont·1'1os goces. Vivimos toda una
vida aspirando, proyecta.neo, inten.
tando, tuchando y en el momento de
lograr no nos queda ID.ás que d
amargo resabio de haber emprendido mucho para lograr casi nada. La
dicha es e&amp;pejismo que suele desvanecerse cuando se cree haberla conquistado; el goce se evapora y se disipa al tocarlo; el dolor subsiste y
dura como el úniro medio sólido de
la existencia.

ca.ndo la palabra contestaba: 'Presidente,-agregando,-de la República. cubana."
Allí supo la conclusión de los t ratados de paz, fundados en las promesas liberales del General Martinez
C~pos, con los cuales se pnia térmmo á la guerra de Diez años
Fué puesto en libertad luego que
terminaron definitivamente las hostilidades, y luego salió para Honduras, donde el presidente Soto le dió
•••
el cargo de Director General de Correos. Algunos años después marchó
Los filósofos uar. vendo !Jl auxilio
á los Estados Unidos, para fundar
de los pesimistas y han dicho: la vida
un colegio en "Central Valley."
tiene necesariamente que ser mala
En 1895, los cubanos, seguros de
para el hombre; con solo ciue le pa1~ ª}'.U-da de los Estados Unidos, proreciera buena y con mayvr razón si
siguieron la obra de emancipación.
lo fuera, ¡ adiós progreso! ; adiós lup residiendo E:;trada Palma el Cocha por la vida! ¡ adiós selección namité Revolucionario de :Nueva
tural! ¡ adiós mejoramiento humano!
York, reemplazando á José Marti
~l hombre, satisfecho ch la vida, no
que había muerto en el comba~e de
Eerá jamás ese luchador heróico, ese
Dos Ríos.
trabajador infatigable, ese ambicloso
Recogió fondos, organizó la proinsaciable que conocemos como el ti.
paganda, dirigió los envíos de armapo más acabado de la especie. Satisment o, de municiones y de medicifecho y contento de lo que existe no
nas, destinados á los insurgentes. Y
propendería á reformarlo ni á meluego que se hubo realizado el triunjorarlo y quedaría reducido, como
fo de la causa, tomó tranquilamenfakir oriental, á la muda contempl:it e en camino de su colegio de "Cención de su propio vientre. El protral Valley."
greso tiene por látigo el dolor, y
Tal es el hombre á quien sus compor espuela el descontento, y puee
patriotas han te'nido la seguridad de
que el hombre progresa, y pues que
reconocer como enérgico y desintemientras más progresa más quiere
resado, y cuyos eminentes servicios 1--------=---:---:---:-:----:---- ----::--::--- - -1 progre~ar, no puede dar&amp;e mayor
lo elevan á la presidencia de la
Sr. Federico Henrlquez OarvaJal11
Delegado de la Répública D.)minicaoa, á l a 2"! Conferencia Pan-Americana.
prueba de su profundo, radical y
nueva República.
fundado descontento de la vida ni
Representa el partido conservador que juzga
mejor demostración de que la vida en sí misreforzar las huestes de los optimistas, probanque la independencia de la ''Perla de las Antima es mala. Y lléraclito gime.
do por a más b que el sufrimiento en sus dillas" no era viable ni profícua. sin la protec¿ De parte de quién está la razón y á quien
versas formas: neuralgia, desencanto, miedo,
ción de América.
asiste la justicia? Los psicologistas han terambición burlada, amor no correspondido,
proyecto fracasado, bancarrota propia, deslealciado en la contienda. Para ellos la vida no
tad agena, pesimismo, es una pérdida de fueres mala realmente; pero tiene necesariamente
que parecerlo. Una ley del aspíritu quiere que
za orgánica y de vida, y del placer en sus diversos géneros: ambición satisfecha, amor
el recuerdo del dolor y la memoria del sufricorrespondido, fortuna. acroot1D.tada, vigo.'r,
miento sean más prtin11ces y más vivos gue
salud, alegría, es un incremento de fuerzas
los del placer. A través del tiempo, de todo
y de vida. Siendo esto así, dicen, forzoso es
lo que hemos gozado queda pues, huella en
Desde que existe la humanidad ó por lo
que el incremento de vida supere á la dismila memoria. Llevamos un inventario casi
menos desde que el hombre ha. ~omenzado
nución ó merma de ella para que el hombre
completo de todos cuantos dolores y penalidaá da!se cuenta de ~a vida y de sí mismo, á
pueda subsistir y para que pueda -conservarse
des hemos sufrido y en nuestro activo de sa~arla Y, á, analiz!lrse, á juzgar de ella y
ca.da día mayor número de años. De otro motisfacciones y de goces faltan innumerables
á Juzgarse ~ s~ propio, dos principios opuesdo agregan, si en la cuna comienza el dolor,
partidas.
tos, dos criterios contrarios dos tendencias
es decir, la pérdida, el "egreso" de vida, y si
A semejanza de un mal tenedor de libros
div~rgentes se en-cuentran f~ente á frente y
el placer ó goce, que son la ganancia ó "inhemos anotado todo el egreso y solo una que
se disputan el derecho de valorizar la vida y de
greso" corespondientes, no vienen á compenotra vez y como por mero accidente el ingreso
calificarla de buena ó de mala, de aceptable
sarlo y superarlo, ¿ cómo es que el niño llega
en balance, resultamos en bancarrota, sin
ó de despreciable.
á adolescente, el adolescente á joven y éste á
estarlo realmente. Es e.;;te el primer origen
~ lado, los optimistas juzgan que sin
hombre adulto, acumulando siempre vida, videl pesimismo. El segundo consiste en creer
pe11wc10 de los contratiempos, de los dolores
gor, energía, talento, ciencia. y actividad?
que el verdadero goce consiste en "poseer,"
y de las crisis que entrañan y forman parte de
cuando en realidad el verdadero placer está
Mala la comparación: á los ojos de los fisiosu esencia, la vida es, en el fondo, a.oeptable,
en ''adquirir." Poder, gloria, riqueza, amor,
logistas el concepto primitivo de la . vida
~evadera, buena, en suma. No es el paraíso,
todos los bienes de la. tierra que nos parecen
equivale al absurdo de suponer un tlll~co
sm duda; pero tampoco el infierno. :No es jaudeliciosos, mientras bregamos por alcanzarlos,
agujereado que oiercle más agua que la que
ja, evidentemente; pero tampoco el muladar
suelen parecernos insignificantes cuando 'y&amp;
recibe y que puede, sin embargo, conservar
de J ob. Verdad es que existen la -enfermedad
los hemos logrado y nos juzgamos, equivoca·
por años su caudal líquido y durante muchos
y la muerte; la guerra y el vicio; la epidemia
da.mente, chasqueados cuando nos hemos sade ellos acrecentarlo hasta. colmarse. Y Hey el cataclismo; el desengaño y el hastío; pero
crificado por llegar á ellos, olvidando que el
mocrito ríe ... .
no lo es menos que existen la juventud y la
verdadero placer consistió en conquistarlos
.A estos razonamientos contestan los pesisalud; la paz y la virtud; la fuerza y la cieny en acrecentarlos.
mistas con el testimonio universal y apelan
cia; la ilusi?n y la esperanza; el amor y el
Ante estas razones los optimistas baten
al de los mismos optimistas. No; la vida es
p1~r; la riq~eza y el poderío. Para los optipalmas
y cantan victoria; pero en realidad
dolorosa y trisbe; y lo es no sólo para Job lemistas, el ego1smo humano, la sed insaciable
los
triunfadores
son sus adversarios. En
proso y miserable, para Hamlat ca.rcom;i.do
de goces y de satisfacciones, la falta de estoiefecto,
¿
de
qué
puede
servirnos, ni qué conpor la duda, para Otelo devorado por los cecismo y de filo&amp;&lt;&gt;fía práctica, son la causa de
suelo
traernos
el
saber
que la vida es en rea·
los, sino también para César glorioso y podeque la vida nos parezca, sin serlo en realidad,
lidad
buena,
si
á
la
vez
resulta evidente _que
roso, para Creso archimillonario, para Don
dura, triste, amarga, dolorosa é insoportable.
siempre nos ha de pareC'cr mala? Al hipoJuan
siempre
amante
y
siempre
amado
para
Si fuéramos un poco más "je m'enfichistas"
condriaco no le consuela saber que sus males
Napoleón siempre victorioso; y es más dolorocomo dicen los franceses, todo nos parecería
son imaginarios, si sus sufrimientos s~n
sa
y
cruel
para
los
más
grandes:
para
el
Danmejor y más estimable y la vida nos resultaría
efeotivos y á nadie se le cura una neuralgia
te, para Miguel Angel, para Felipe II, para
dulce y llevadera; pero da la desgracia de que
rliciéndole, como alguno~ médicos lo hacen:
Torquemada,
para
Ignacio
de
Loyola,'
para
nos pasa lo que á los inapetentes y á los dis"fü,
puramente nerviosa.'' Basta que una cosa
el Sultán de Turquía, como para el Czar de
pépticos, que echan la culpa á la cocina y al
parezca mala para que lo sea realn:ente _á los
Rusia,
sin
que
deje
de
serlo
para
los
desherecocinero de lo que, en suma, no es más que
ojos del interesado, y nos tiene sm cuidado
dados y para los humildes.
au.lpa de sus propias enfermedades, -cuan.do
el que la vida sea una fuente _brotante de
no tienen hambre, que el manjar es detestable
Basta tan sólo volver la vista atrás y resugoces si nos aparece como un semillero de doy cuando n,o lo digieren, que está mal condicitar en la memoria el pasado para quedar de
lores. Las observaciones psicológicas á ~
mentada.
ello convencido. El período más dulce de la
respecto podrán hacernos más justos Y eqlll·
Los :fisiologistas modernos han venido á
existencia nos aparece como una cadena de
tativos con los hombres y las cosas á que acba•

OPTIMISMO YPESIMISMO.

J?e.

Domingo 2 de Febrero de 1902.
decía el excén~ico español, hace unos cuantos centenares G.e años.
De entonces acá creo que no han variado
mucho las cosas.

camos nuestras desgracias y á que atribuimos nuestros dolores; pero no &amp;e ve cl~o como ellas basten jamás á. hacernos considerar
mejor la vida y á hacernos á nosotros más
felices. Sólo, acaso de un modo: haciéndonos
más sufridos y resignados.

~aqiel €ysseffe.

MADBIGAh.
Sea t u palidez la de los lirios
castos; no la. mortal de triste Ofelia
torturada por todos los martirios.
El óvaJ.o impecable de tu cara
tenga. el viviente albor de la camelia,
no la muerta blancura de Carrara.
Y en tu alma de luz caiga mi verso
como un rayo de luna sobre el terso
crú.stal de limpia fuente.
¡ Oh tú ! la pura
floración iderul. de la blam.cu:ral

HUMOR LIJERO.
LOBOS Y BUITRES.

'ii

Hay en todas las cosas una alma de verdád,
decía el filósofo. IIay en todos los tinterillos
una alma de maldad, digo yo que también
suelo ser filósofo, aunque mayormente no lo
parezca.
El bueno de IIugo en uno de sus juveniles
arranque de jacobinismo, escribió aquella frase, gastada en fuerza de mano&amp;eos periodísticos como una moneda de cobre: en todo pueblo hay una luz: el maetro de escuela ; y encima de ella una boca que sopla : el cura. Pues
este relumbrón retórico puede también parodiarse, aplicándolo al caso: en todo juicio menor hay una 1uz; el juez: y encima una boca
que sopla: el tinterillo.
El mal es muy viejo y aquí y en todas partes, mientras los códigos ''hagan" metafísica.
será irremediable. El criterio jurídico, según
aseguran los hombres serios, no ha tomado
aún con toda firmeza el camino positivo. El
Derecho, dicen eoos gentes, arrastra en su corriente muchos errores, sutilezas y arcaísmos
de las antiguas legislaciones.
Pero como á mí los hombres serios me dan
risa, sigo pensando en que es eternamente
cierto el aforismo de Don Luis Mejía: las leyes se han hecho para los débiles, como las
telarañas para las moscas.
Los patios del Palacio de J usticia se miran
á diario repletos de estos expoliadores famélicos que husmean al "cliente" ignorante,
asustadizo y torpe, para enredarlo en la maraña de un juicio y en actitudes vampíricas,
chuparle lentamente el dinero, la vida y la
conciencia.
Estos séres que se han pegado al Código
como insanas escrecencias, se denuncian por
el rostro, por la voz, por la indumentaria.
Los podéis ver recargados en las püastras
de los patios, incrnstados en las mochetas de
las puertas, retorcioos en las barras mugrosas
de los barandales; en corillos de ''kermesse,"
por corredores y pasadizos, decorando por todas paifus las desnudrui paredes del exconvento.
Da tristeza contemplar cómo el abogado decente, de modales finos, de caTa afeitada y ca. misa limpia, &amp;e roza y se codea con el rábula
.. i'
barbudo y sucio, de hongo informe, levitón
ornado de manchas y ,costurollleS, pantalón
raído y pringoso y zapatos chine&amp;cos.
•.. - · Antes, según reza el refrán, el estudiante
perdulario tenía su fin natural : llegaba. á boticario ó á ser sacristán. Los tiempos han
cambiado y ahora el desaprovechado preparatoriano toma dos caminos distintos de los de
antaño: ahora se hace periodista ó tinterillo.
Y así, de los de&amp;eehos de las e&amp;cuelas, del
'
comercio, de las oficinas, se ha ido formando
este batallón de rábul-as que, bajo la bandera
desplegada de la desverg¡ienza, explota á los
tontos y á los analfabetas.
El tinterillo, para lucrar -entra en los juzgados menores, en horrible contubernio con
un odioso personaje: el usurero. En el matrimonio fecundísimo de e;;tos. perVtrsos, el tint~rillo es como la hembra_ ~el usurero. Lo persigue, lo seduce, lo acaricia, s se acoje á él,
como para haoerlo un fuerte cómplice de sus
abusos. Un recibo, un pagaré, una libranza
un documento cualquiera, les sirven, reco~
en él los más sutiles arabescos legales.

.

Guillermo Eduardo s,monda.

PRIMAVERA.
Y a del Norte hermoso por los confines
el invierno su triste capuz repliega
y en su carro de ftor;;s torna triunf11.nte,
empapada. en perfumes, la primavera;
á su beoo fecundo todo palpita,
todo fulge radianie, todo &amp;e alegra,
y hasta. el cielo .se viste con desulmbrante,
de zafir y de fuego, túnica. regia.
Y al par que los celajes se tornasolan
y las flores derraman su pura esencia,
de'l. ?ansa.do cerebro por los rincones,
luminosa y potente, surge la. idea:
un hálito divino, de ondas vitales,
su raudal misterioso vier te en las venas,
.y anégase en ensueños la fantasía.
y en amor el espíritu mira el poeta.
~go: sie:nte en .su seno gestar el alma;
la msp1ración enciende nervios y arterias :
todo lo que sentimos nos adormece,
todo lo que m/ramos nos embelesa,
todo lo que soñamos nos acaricia.
y brota en nuestros cantos, hechos cadencias,
aur~as y crepúsculos, risas y llantos,
tealida.des y sueños, cielos y tierras.
Columpiado en la. hamaca de mis delirios,
mi ser eternamente dormir quisiera,
distanciado de un mundo que no comprendo
y el que nunca consigo que me comprenda,
ó acabar para siempre la eterna lucha
en que, autómata imbécil, lucho á la fuerza,
ya sin cota ni casco que me resguarden
y sin armas ni aliento que me defiendan.
Arturo Re,ea.

CLAVELES.

Cada vez que el rábula se ve atacarlo, se
enc~e de hombros y murmura: tengo libertad
para 'ejercer mi oficio. Convenido, amigo mío,
pero por lo mismo se necesita el funcionario integro que, dentro del criterio de la. ley,
haga las distinciones de justicia, y prohiba
que se confunda la ganancia lícita con el
producto Cl#:ll engaño, con la explotación dolosa, con -él despojo.
Los bu¡tres y los lobos que merodean por
el Palacio de Justicia, irán poco, dejando garras y colmillos entre esta,i, enérgicas resoluciones y sentencias.
Aunque, juzgando el caro con el pesimismo
de Mejía, el mal no tiene remedio: es la gota
de los Códigos. Las leyes se han hecho para
los débilea como las tela.rañas para las moscas,

Pugnas en vano y sin razón te engríes
cuando, por parecer más hechicé):a,
sueltas la. deslumbrante cabellera,
constelada de perlaa y rubtes.
Si sólo por tus labios carmesíes
Venus envidia. y despl~er sintiera,
pedazos mil su ceñidor hiciera
al ver tu sien ornada de alelíes.
Y se impondría tu hermosura ufana
si enseñan de tu busto entre las cintas,
del pétalo la egregia filigrana,
del cáliz la urna de olorosas mieles,
y de sus rojas ó nevadas tintas
el primor y la gracia los claveles.
Moisés llama Oaatellanoa.

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�Dooningo 2 de Febrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Juego de lfiíl.a.s.

Por las víctimas de los terremotos del Estado de Guerrero.

PILAX, ocho a!'los; BLANCA, nueve; JULIA, once. Una
miso; una fraulein. En el invernadero de un hotel aristocrético.
[Las dos ayas cuchichean en un rincón; la alemana hace
labor de gancho; la inglesa esta. mano sobre mano, con aire
s~ilorial y dominador. Las tres nillas hablan muy animadas.]

Pilar.-Mirad, aquí en el banco lo ponemos
todo; :figura que son los regalos y el "trousseau." Yo me voy á casar, ¿sabes? Como la

hermana de Jacobita, vosotras venís á mi ca-sa á verlo todo; ésta (señalando á Julia) es la
mamá, y tú eres mi amiga. Bueno, todavía
no habéis venido; ahora lo arreglo yo todo, como en casa de Jacobita; yo estuve ayer con
"fraulein" por la mañana.
Julia.-Hija, tú lo ves todo.
Blanca.-Ve todas las funciones que oohan
en los teatros por laB tardes.
Julia.-A nosotras no nos llevan más que
al circo; no quiere m.am.á,; dice que es pecado.
Pilar.-Tu mamá. dice que todo es pecado.

Actual Casa de Correos en Chilpancingo.

Casa donde fué muerta la Srita. Felicitas Guevara.

nuestros corresponsales no tienen exageración
alguna.

Los últimos telegramas que llegan de la asolada ciudad de . Chilpancingo, nos informan
que los terremotos ocurridos haoe pocos días
destruyeron seiscientas catorce casas, cuyo importe, inclusos los muebles y mercancías de
los COilllercios, asciende á más de un millón de
pesos.
Las informaciones gráficas que han aparecido en "El Mundo Ilustrado," y que hoy
completamos, dan idea de la magnitud del siniestro,. y claramente se ve que las notas de

Estatna del Gral, Bravo y Palacio del Gobierno, destrnidos.

Una esquina del Jardín Central.

•••
Pero en medio de la impresión causada por
el desastre, llega la hermosa actitud tomaida
por la caridad siempre :p_ronta á concurrir á
las grandes desgracias.
U~ llamamiento hecho por ''El Imparcial"
ha sido bastante para que la sociedad niexicana y el pueblo y las colonias extranjeras que
residen en México, hayan aprontado un contingente para aliviar, siquiera en parte, la situación, aflictiva de los hijos del valiente Estado del Sur.
¿ Qué menos se podía esperar del buen corazón que abriga nobles sentimientos? La catástrofe ha sido tremenda, casi irreparable; grande, muy grande debe ser la voluntad para remediarla.
Se suceden en la redacción del diario aludido, escenas que fortificarían al que pensase
con mayor escepticismo. Hemos visto llegar á
ese obrero de traje desgarrado, que lleva sobre
sí el enorme peso de la luoha diaria, terriblemente diaria, porque ignora cuál será la vida
del mañana, lo hemos visto llegar á poner en
la columna de valores que está formando la
caridad, su humilde suma: unos cuantos centavos extraídos, con sacrificio, del jornal, pero
que resultan estimables hasta el extremo, dado que los tiende una mano franca y generosa.
Otras veces es un enjambre de chicuelos
que ll0i:,"'Bn sonrierulo,-dijérase que presienten la buena acción,-y depositan con franqueza la suma que sus padres les han puesto
en la manecita caritativa.
No ·ha faltado ni esa "cuidadora" de buena
cepa que en su a.ipasible anci~dad llega á ver
al niño encarg!IJdo á sus cuidados como algo

Tu:co, donde se sintieron con más intensidad los temblores.

propio, familiarmente cariñoiSO. Llega á depositar la menor suma, por ella y la mayor,
por su "bebé."
Los humanitarios sentimientos aunque
constituyan un deb~r, son conmovedoramente
gratos. Las víctimas de los terremotos de
Guerrero, han heoho vibrar la fibra noble del
pueblo, y la gratitud ya tiene tiempo para
conmover los buenos coraz,pnes.

Dooningo 2 de Febrero de 1902.
¡Ay, hija 1 ¿Vosotras no habéis visto nunca
un "trousseau? ¡Qué pavas!
Julia..-No lo he visto, pero sé cómo es.
Pilar.-Mira, aquí está la ropa bla.nca: las
camisas, los pantalones ..•.
Blanca.-Bueno; pero la ropa interior no se
enseña nunca en casa de la novia; se ve en la
tienda.
Pilar.-Pues en casa de Jacobita está todo;
hasta los corsés.
Julia.-Porque son unas cursis. No se enseñan más que los vestidos y los regalos.
Pilar.-Bueno, pues ento,nces quito todo
esto, que era la ropa interior, porque yo no
quiero ser cursi.
J ulia.-Oye, ¿ qué le ha regalado tu mamá
á la hermana de Jacobita?
Pilar.-Un imperdible todo verde con muchos brillantes.
Blanca.-¡ Qué tonta eres! ¡ Todo verde! De
or-0 verde, que es la moda, son las alhajas modernistas. Mamá le ha regalado una medalla
• de la Virgen del Perpetuo Socorro.
Pilar.-¿ Y eso pega para una boda? Tu
mamá regala medallas á todo el mundo. Ya
está arreglado; ahora entrais. . . . Pase usted,
¿ 'rú qué quieres ser?
Julia.-Yo, duquesa.
Pilar.-Ahora sí que eres cursi: ¡ como que
te voy á llamar yo duquesa! te llamaré por tu
nombre; ¿no ves que somos iguales? Digo si
quieres ser casada ó soltera, para preguntarte
por tu marido y los niños ....
Julia-Yo quiero ser viuda, como tía Teresa, y no tengo hijos.
Pilar.-Entonces tu hermana, ¿ qué va á ser
tuyo?
J ulia.-Eso, mi hermana.
Blanca.-No; yo soy tu am;~. · es muy soso
ser lo mismo de siempre. (Saludos, besos, etc).
Pilar.-El traje de boda. Lo he encarP.'ado
á París.
Blanca.-¡Pero tonta! si el traje de boda lo
regala el novio ....
Pilar.-Ya lo sé; ¿pero dei ~ ...~ de encarP-arlo donde yo quiera? ¿Lo va á comprar hecho?
¡ Tú sí que eres tonta .... !
Julia.-¡ Precioso! ¡ de mucho gusto! ¡Lástima de traje para un día!
Pilar.-¡ Hija! no digas eso; eso sí que no
lo dice n!IJdie. ¿ A tí qué te importa que el
traje no sirva más que para un día? ¡No eres
poco aprovechada .... ! Un vestido de baile,
de tul "naillete ;" otro de paseo, verde almendra, con piel de nutria; el abrigo -1.ra este
traje, todo de piel para alternar. . . . ¿Y esta salida de teatro ? ¿Y esta .... ?
Julia.-Bueno. Y á. todo esto, ¿ con quién
te casas?
.
Blanca.-Es ve.rdad; ¿_quién figura que es
tu novio?
.
Pilar.-¡ Mira que sojs tontas! Yo qué sé.
Ahora estamos jugando á esto; ¿ qué nos importa el novio ? . . . . El novio es lo de menos.
Va:mos á jugar con fonmalidoo, cQmo si fuéramos mayores. Aquí están los regalos .....
(Y sigue e.nseñando el trousseau imaginario).
Jacinto Benavente.

LA CORONA DE ILUSIONES.
Columpiado por manos amorosas
de la vida al vaivén meces tu nido, '
y en él duermes, feliz reciénnacido .
los mismos sueños que t endrán las' rosas.

..,

Entre un desfile de hadas vaporosas
una se acerca hasta tu ser d ormido
y tiende un velo sobre tí, t eJido
'
con vivas y esplendentes mariposas.

f t

Es la tela de puras ilusiones,
con la que vela Dios los corazone¡;
de.id.e el misterio de la tierna cuna.
¡ Niño ideal, corónate con ellas,
y ·llévalas cual círculo de estrellas
sin que se caiga de tus sienes una!

Esquina del Palacio de Gobierno donde es taba el De■pacho del selior Gobernador,

Colegio de Varones, situado en la 3a. Calle Nacional,

EN LA FAENA.

Salvador Rueda.

�º

Domingo 2 de Febrero &amp; 1 9 2•
Domingo 2 de Febrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

con sus pinzas, una robusta Araña 1ud~tr
arranca un pedazo de su m~nto
e sa n
azul, y, por último, un Muroiéla~o le rompe
los riñooes de un aletazo. La Mariposa cae ~erida de muerte. . . . y mientras que agomza
sobre la hierba, las Ortigas se alegran y los
Sa os dicen: "¡ Bien hecho!" .
~ la hora del alba, las Hormigas, que _van
al trabajo con sus saquitos y sus calabaci_tas,
encuentran el cadáver al_ bor~e del camino.
A nas lo miran y se aleJan SI~ querer e~tepe;¡ Las Hormigas no trabaJan gratuita::~; Por fortuna, una Cofradía de Necróforos pasó por allí. Sabido es que los Necr6foroo son unos bichos negros qu~ hacen vo-to de enterrar á los muertos; piadosamente
Es una pradera el escenario. La CocLinilla está dentro de
una tirita de sombra proyectada p0r una hoja de zacate. La
Marip0sa habla desde las primeras ramas do un rosal. El sol
ha pasado e l zenit, y va de prisa A su palacio de Occidente.

La Mariposa.-¿ Qué es eso?¿ Ya te vas? ..
La Cochinilla.-¡ Cáspita l Es preciso que
regrese esta tarde; considérelo usted.
La Mariposa.-¡ Qué diantre! Espera un poco; nunca es tarde para volver al propio domicilio. Y o, por mi parte, me aburro en casa.
¿ Y tú ? ¡ Son tan bestias una puerta, una pared, 11D.a ventana! Pero fuera están el sol, el
rocío, las amapolas, el aire libre y. . . Si es
que no te gustan la.s amapolas, dilo.
La Cochinilla.-¡ Cómo señora, las adoro.
La Mariposa.-Entonoes no seas tonta y no
te vayas todavía. Quédate conmigo. Ya ves,
la tempera~~ es b~ena, el aire es b\18.Ve.
La Cochlnilla.-S1, pero .....
La Mariposa, (poniéndola en la hierba).¡ Anda! Revuélcate en la hierba; nos pertenece.
La Cochinilla, (resistiéndose).-No, déjeme
u.sted; ¡ con formalidad l Tengo que irme.
La Mariposa.-¡ Chist! ¿Has oído?
La Cochinilla (asustada).- Qué hay?
La Marip06a.-Aquella codorniz que canta
con entusiasmo desde la cepa que vemos desde aquí. ¡Ah! La canción es muy propia de
esta hermosa tarde de estío, y desde el sitio
en que hablamos se oye perfecta.mente.
La Cochinilla.-Es verdad; pero ...
La Mariposa.-Cállate.
La Cochinilla.-¿ Qué ocurre?
La Mariposa.-.Mira á aquellos hombrei:;.
(Pasan algunos hombres).
La Cochinilla (en voz baja y después de
unos instantes de silencio).-El hombre es
muy maJ.o, ¿no es verdad?
La Mariposa.-Muy malo.
La Cochin:illa.-Yo estoy siempre temiendo que uno me 11-plaste al andar. ¡ Ya se TI!!
Sus pies son tan enorme y mis lomos tan débiles ... Usted, ¡vamos!, usted no es grande,
pero tiene alas. ¡ Esto es horrihle !
La Mariposa.-¡ Por vida del . . . Si esos
pesados campesinos te asustan, súbete á mi
espalda; mis lomos son fuertes, mis alas no
son de cáscara de cebolla como las de las libélulas y puedo llevarte á donde qiueras y durante el tiempo que desees.
La Coohinilla.-Muchas gracias, señora.
~o me atrevo ....
La Mariposa.-¿ Te parece difícil subir sobre mí?
La Cochinilla.-No, pero ....
La Mariposa.-Trepa entonces, inbécil.
La Cochinilla.-Pero con la condición de
que me ha de llevar usted á mi casa. Si
no .....
La Mariposa.-Dicho y hecho.
La Cochinilla (trepando sobre su compañera).-En casa tenemos la costumbre de rezar
por fa noche. ¿ Entiende usted.?
La )fariposa.-Sí ¡Un poco hacia atrás!
Así. Ahora salgo á escape. Silencio á bordo:
(Prrrt ! Se marchan. El diálogo continúa en el
aire). Nunca hubiera creído que yo era tan
fuerte.
La Cochinilla (asusta.da).-¡Ay, señora!
La :Mariposa.-¿ Qué sucede?
La Cochlnilla.-Pierdo la vista, siento vértigos; quisiera bajar.
La Mariposa.-¡ Qué tontería! Para evitar

cl mareo hay que cerrar los ojos. ¿ Los has cerrado?
La cochinilla (cerrando los ojos).-Si.
La Mariposa.-¿ Te sientes IMjor?
La. Cochinilla (con esfuerzo).-Algo mejor.
La Mariposa (riendo con disimulo).-Decididamente en tu familia no hay buenos aeronautas.
La Cochinilla.-¡ Oh! Sí.
La Mariposa.-Verdad es que voootras no
tenéis la culpa de -ue no se haya encontrado
la dirección del globo.
La Cochinilla.-¡ Oh, no!
La Mariposa.-VaIDOS, señora mía, ya hemos llegado. (Se posa en un lirio).
L1L Cochinilla (abriendo los ojos).-Usted
perdone, pero no es aquí donde vivo.
La Mariposa.-Ya lo sé; pero como todavía
es t.emprano, te he traído á casa. ck un Lirio,
amigo mío, donde podemos resfrescar; pa-semos.
La Cochinilla.-Si, pero no tengo tiempo.
La Mariposa.-¡ Bah! Nada má.s que un segundo.
La Cochinilla.-Además, aun no he sido
recibida en el mundo.
La :Mariposa.-Ven, te haré pasar por bastarda mía y serás bien recibida; vamos.
La. Cochin.i.lla.-Pero es tarde.
La Mariposa.-¡ Qué! No es tarde; escucha
la Cigarra.
La cochinilla (en voz baja).-Ademá.s ..•
yo . . . no tengo dinero.
La Mariposa (empujándola.-Ven el Lirio
convida.
(Entran en casa del Lirio. Cae el telón).

•••
Cuando el telón se levanta y el segundo
acto comienza, es casi de noche. Las dos
coonpañeras salen &amp; casa del Lirio. La Cochinilla está ligeramente embriagada..
La Mariposa (poniendo la espalda).-Ahora en marcha.
(Prrrt. Salen á escape. El diálogo continúa en el aire).
La Cochinilla (trepando con ardimiento.)
-En marcha.
La Mariposa.-Díme, ¿ qué tal te parece mi
Lirio?
La Cochinilla.-Amiga mía, es excelente;
entrega á usted su bodega y todo sin conocerla.
La Mariposa, (mirando al cielo.)-¡ Oh,
oh! Febo oculta ya la nariz tras la v,entana.
'l'enemos que anresurarnos.
La Cochinilla.- ¡Apresurarnos! ¿ Por qué
motivo?
La Mariposa.-¿ Ya no tienes prisa para
llegar á tu casa?
La Cochinilla.-Con tal de que llegue á
la hora del rezo. . . . Además, ya no está lejos .... á la vuelta.
La Mariposa.-Pues si tú no tienes prisa,
yo tampoco.
La Cochinil1a (con efusión.)-¡ Qué buena
eres! Ve:daderament.e no coonprendo por qu,e
no te quiere todo el mundo. Algunos dicen de
tí: es una bohemia, una refractaria, una poetisa., una danzante.
dice eso?
La Cochinilla.-¡ Vaya! El F..scarabajo.
La Mariposa.-Me llama danzante porque
tiene mucho vientre.

La Cochinilla.-Te advierto que no es el
único animal que te detesta.
La. Maripooa.-¡ Ah! ¡Diantre!
La Cochini1la.-Los Caracoles tampoco son
amigos tuyos, ni los Escorpiones, ni las Hormigas.
La Mariposá..-Es verdad.
La Cochinilla.-No hagas nunca la corte á
la Araña; le pareces feísima.
La Mariposa.-La han informado mal.
La Cochinilla.-¡ Ah l Las Orugas son de la
misma opinión.
La Mariposa.-Lo creo; pero dime, en el
mundo en que vives, porque al fin tú no perteneces al mundo de las Orugas, ¿ soy también
mal vista?
La Cochinilla.-¡ Diablo! Según las familias. La juventud está de tu parte; pero los
,iejos creen que no tienes bastante sentido
moral.
La Mariposa (tristement.e).-Veo que no
tengo muchas simp13,tias. En suma ....
La Cochinilla.-¡ Por vida mía! No pobre
amiga. Las Urtigas te aborrecen; el Sapo te
odia, hasta el Grillo cuando habla de tí dice:
"Esa. ma .... m ... m ... mariposa."
La Mariposa.-¿ Y tú me odias como esos
pícaros?
La Cochinilla.-¡ Y o, yo te adoro; se está
tan bien sobre tus hombros I Y además, tú me
llevas á casa de los Lirios .... ¡Eso es muy
bueno! Pero dime; si te molesto pudiéramos
descansar en alguna parte, ¿ estás cansada?
La Mariposa.-No hay inconveniente; me
vas pesando ya demasiado.
La Cochinilla (señalando aJ.gunos Lirios).
-Entonces, entremos y descansarás.
La. Mariposa.-¡Ahl Gracias. ¡Lirios!
¿ Siempre lo mismo? (En voz baja y con un
tono libertino). Preferirla entrar al lado ....
La Cochinilla (ruborizándose).-¿ En casa.
de la Rosa? ¡Oh, no, nunca!
La Mariposa (obligá.ndola).-Ven, nadie
nos verá. (Entran discretamente en casa de la
Rosa. El telón cM).

•••

Cuando empieza el tercer acto, es de no-che .... Las dos compañeras salen juntas de
casa de la Rosa ..... La Mariposa quiere llevar á la Cochinilla á casa de sus padres, pero
ella se niega; está completamente embriaga.da, hace cabriolas sobre la hierba · lanza gritos sediciosos .... La Mariposa se ve obligada
á llevársela consigo. Cuando llegan á la puerta se separan, aunque prometiendo volver á
verse pronto. . . . Y entonces la Mariposa se
va sola ¡ y de noche! También se halla aliro
embriagada; pero su embriaguez es triste: recuerda las cooúidencias de la Cochinilla, y se
pregunta con tristeza por qué la aborrecen
tantas gentes sin haber hecho daño á nadie ..... lill cielo está sin luna. El viento ru•.! la campiña está negra.
La Mariposa tiene miedo, tiene frío; pero
se consuela. pensando que su compañera e:;tá segura, en el fondo de una camita caliente .... Entre las sombras se distinguen algunos pajarracos not'turnos que atraviesan la
escena con vuelo silencioso. Brilla el relámpago. Perversos animaluchos emboscados en las
piedras se presentan á la vista. de la Mariposa, mofándose de ésta. ''Ya la t.enemos," dicen. Y cuando la infortunada, llena de terror,
corre de un lado á otro, un Cardo la da 11D.
pinchazo, un Escorpión la hiere en el vientre

agarraron á la Mariposa,.. difunta Y la arra&amp;traron hacia el oomentei:io · · · ·
al
Una multitud de cunos06 se agolpaba
paso y cada uno hace reflexiones en voz alta. Los obscuros Grillos, sentados al sol delante de sus puertas, dicen con gravedad: ''Le
detestamos cordialmente." '&lt;Vaga mucho por
la noche " añaden los caracoles; Y los Escar1Lbajos d; abultados vientres,_ -0ont_o~~dose
en sus trajes de oro, re~unaban._ ,~pemasiado bohemia l ¡ Demasiado boheIDla. .
.
Entre toda esta gente no se pronuncia m
una palabra de duelo por !ª pobre mugta;
solamente las Azucenas se merran á las iga1Tas y estas dejan de cantar.
.
La última escena pasa en el cementeno de

las Mariposas. Cuando los Nooróforos co~~~
yeron su obra, un SaJtón so!emn:
y
seguido el convoy, se apro:nm~ nza el e1o'gio
d.ejá.ndose caer de es~daad, coID.lt! la memoria
de la difunta. Desgra.ci amen
al
le
infiel; pernlB,nece con las patas
to gesticulando durante una hora ya.de
'
riodoe Cuando el or or condose en sus pe
·
b d nando
cluyó y los acompañante~ fueron a an ~ á .la
el cementerio, se ve salir de una tum a
Cochinilla de las primeras escen~. Deshecha.
en lágrimas, se arrodilla en la tierra fre5&lt;:a
de la fosa Y recita una conmovedora plegaria
por su pobre coonpañera que yace allí.

[:fosa

es

:Eil.án:

filfonso j)au~ef.

SABIDURIA ÁRABE.
Ali Mouna., que debía partir pare. Teherán,
á donde le llamaba la voluntad de Omar, Chá
de Persia, hizo pregonar qu: compraria á buen
precio cuantas piedras preciosas se le presentaran.
d
.
Una. tarde se presentó en la tienda e1 neo
joyero un hombre haraposo agobi~o por los
años. Llevaba en la mano un saquito que podría contener, á lo sumo, mil monedas de plata
y otras tantas de cobre, si fuese saco de guardar dinero.
-¿ Has hecho anunciar que comprabas todos los tesoros?
-Sí.
-No sé si tendrás bastante dinero para
comprar el que traigo.
El mercader se sonrió y, mirando la bolsa
del vendedor:
-Aunque estuviese llena d~ diaman~,exclamó con orgullo,-sobra dinero en IDl arca para pagarla diez ~eces.
.
-¿ y si lo que traigo fuera más precioso
que los diamantes?
_
-Ni que fueran perlas negras, del tamano
de una avellana, puedo pagártelas.
-Paréceme que te equivocas.
Con tanta seguridad hablaba el vendedor,
que el merca~er, a1;1~ioso ya de ver lo que contenia el saqmto, diJo:
-Está bien. Enséñame tu mercancía, y veremos si es tan precio...o.a como ase~. .
El hombre abrió el saquito con infimtas
precauciones. El comprador quedó pasmado.
Dentro de la bolsa ha.bia tres ó cuatro paipeleg
muy viejos, muy arrugados, muy manosead~;
dos ó tres ricitos de pelo; unas flor~ marchitas· un manuscrito empezado; la hoJa da.ma.sq~ada y rota de una ~ a ; una. moneda de
oro en que relucía el creciente; un trozo de
seda. verde grue~ y tupida como la del estandarte sagr~do; un caracol marino y otros cachivaches sin valor aiparente.
-¿ Y es este el tesoro que tanto me ponderabas, buen hombre?
-Te ríes, porque no comprendes. Sabe que
esos papeles, esas_ flores, ;sa m?n~a, esas cositas que desprecias, son 'Las _il~s1on~ de los
pobres." Gracia.e; á ella~, han vivido felices generaciones enteras de hombres que tenían que
doblar la e!'palda para trabajar la tierra, empuñar un arma para defender á_ su señor, pedir limosna. para. sustentar su Vlda. Por ellas.
la muchacha fea ha vivido resignada. y contenta. La divina Ilusión, madre de la Esperanza y de la Dicha, está encerrada en este 811.qUito,'Ya. ves si es precioso el tesoro que te ofresco. ¿ Tienea dineró buta.nte para pagarlo?

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1, ot{c[ X-t,

Alma pura.

-Te sobra razón, hermano; ni en mis arcas ni en las de Omar, que Alah guarde, hay
oro suficiente para -adquirir este tesoro. Pe
ro. . . . ya que á mano lo tengo, quiero comprar una parte de él.
-Nó. O todo ó nada. Quédate con la riqueza; pero no tendrás ni una sola de las ilusiones
de los pobres. El poder y el oro para vosotros;
para nosotros la divina Ilusión, madre de la
Esperanza y de la Dicha.
Marchó e) hombre. Cuando hubo aalldo clel

bazar, sintió que el viento del desierto soplaba sobre la villa, y vació al aire el contenido
del saquito, que bien pronto se esparció en
distintas direcciones.
Los que cavan la tierra, los basureros, todos
los que comen buscando por si mismos el sustento, son los que encuentran las Ilusiones
que i!l hombre haraposo no quiso vender al
mercader opulento, y que jamás anidarán en

el hogar de loa poderoeoa.
~

�1'omingo 2 de Febrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

~L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 6.
alrecton LIC. RArAtL Rnr&amp; &amp;PINDOU..

MÉXICO, FEBRERO 9 DE 1902.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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