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                  <text>1'omingo 2 de Febrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

~L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 6.
alrecton LIC. RArAtL Rnr&amp; &amp;PINDOU..

MÉXICO, FEBRERO 9 DE 1902.

S ub~crlpd6a mu,•ual lorAnea, 1 l. 60
Idem. ldt:m. en la capital, .. 1..35

Gerente: LlJI&amp; RU'~ &amp;PINNU..

j)or las víctimas de los ferremofos de f uerrero.

1

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.

Un colegio particula(depositando su contins-ente en ta R~dacción de "El Imparcial,"

�EL l\IDNDO ILUSTRA.DO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 9 de Febrero de 1902

.

e1 (¡{fimo 4a6re-nuesfr o.
Cuando Luis Bermúdez creyó formadas
sus nuevas convicciones; cuan.do, habiendo
llaanado su conciencia á examen severo é imparcial, encontróla capaz de la prueba, resolvió con tranquila entereza ajustar :fielmente
su conducta á las nuevas ideas que entraban
á regir su espíritu, y mirando de frente la ardua cuestión, deolaró llegado el momento de
dar un austero adiós á sus convicciones adquiridas en el raciona.! estudio de los problemas filosóficos.
Entrado á la Universidad cuando el espíritu ti-erno y maleable todavía admite sin
gran violencia nuevos moldes; adáptan.dose
sumi."o á las distintas formas que la enseñanza .JS capaz de imprimirle y cuando el entusiasmo juvenil impulsa á la adquisición de
nuevas verdades; impuesto por la autoridad
de la palabra de aquellos catedráticos que
con su científico descreímiento le a.parecían
tan superiores á los del colegio; influenciado
por el ambiente positivista que flotaba en las
aulas, empezó á avergonzarse un poco de sus
ínfimas creencias de niño, que en aquel "medium" saturado de ciencia abstracta y de
dOlcirina analítica sentía encogerae en el fondo de su espíritu, desautorizado hasta el ridkulo.
Sucesivamente fueron llevando á su fe repetidos y fuertes ataque.s la Historia, que,
desdeñando el criterio J:!rovidencialista, subordinaba la evolución social á ciertas in:flluencias, menos que humanas, simplemente
naturales, iniciándolo de paso en los seductores misterios de la teoría darwiniana; la Zoología, después, con un descarnado y desoon-solador estudio dd proceso del organismo á
través de las especies; la Geología más tarde,
llevándole á buscar en las entrañas de la Tierra el desmentido de las tradiociones bíblicai;, y, por último, la Filosofía, madre de la
duda, que apenas le dejó una débil creencia
en el espíritu, probándole en camb:o la soberana omnipotencia de la razón, dwlumbrante foco de la religión del libre examen.
Así, á los veinte años, el filósofo Luis Bermúdez creyó llegado el momento de romper
los lazos que le unían á las leyendas del hogar
quiso creer conscientemente, sobre la base
del ''por qué," y después de asiduo estudio y
largas meditaciones, erigió su razón en juez,
llamó á juicio ante ella al Dios de su infancia, y lo encontró falto de substancia divina y
de grandeza abstracla.
Quería para su espíritu un Dios sin otro
culto que el de la cr%ncia, sin más relaciones
con los mortales que las de toda primera causa con los efectos de ella derivados; un Dios
inconmovible á la súplica, indiferente al ultraje, una soberana abstracción, más grande
cuanto más inaccesible; un Dios ail cual había que respetar sólo porque ésta era una de
las manifestaciones del deber, :va que el deber
debía cumplirse porque es el deber, según la
austera máxima de la teoría socrática.
Bien pensado y discutido el punto, acept6 este Dios y proscribió al otro, el que escucha los ruegos de los padre; por los hijos, el
que premia á los buenos y castiga á los malos, el que promete la vida eterna en la contemp}ación de sus perfecciones; como supremo consuelo de la muerte y suprema esperanza de la vida terrenal.
Antes de echar los dados en la margen de
este Rubicón filoaófico, Luis Berrnú~z, niño
creyente, había rezado durante muchos años
su "Padre-nuestro," implorando las bendiciones del Dios bueno para su hogar al ir á en tregarse al sueño en aquella su cama de adol escente juicioso, donde su madre, cuando
\'ivía, lo arropaba todas las noches con el ing®uo amor de las madres, Que ven un dulce arcángel en el hijo dormido.
Nada de extraño, pues, que cuando, pros-

Domingo 9 de Febrero de 1902

cripto al Dios de sus primeros años, vi6 que
era forzoso suprimir aquella oración, experimentara cierta angustia, cierta opresión de
mela,nooilía indefinible.. como la que se siente
a1 renunciar un dulce afecto, al abandonar
para siempre una ilusión en el áspero camino de ll!I vida.
Encontró que aquel buen Dios amoroso del
"Padre-nuestro," aque,l Jesús lleno de mansedumbre y de luz, había llegado á ser así
como un fiel y benévolo amigo, un afable compañero que desde sus primeros años hubiera
marchado con él por la senda, defendiéndole
cuando pequeño, aicompañ.ándole después,
simpre abierto el pecho para recibir la ingenua confidencia de sus tristezas y sus alegrías;
y llegado el momeruto de abandonarlo, parecía
que aquella imagen amiga iba á quedarse en
medio del camino, muv triste, siguiéndolo con
profunda mirada de afectuoso reproche cuando se aJejara solo por el largo sendero del porvenir.
Sin embargo, Luis Bermudez procedió como sus convicciones de espíritu fuerte querían
que procediera, y se separó de aquel buen amigo con tristeza, pero sin debilidad; seguirle
amando cuando su razón lo negaba, equiva,lía
á forjarse un ídolo, á consumar una ridícula
superchería sentimental.
Con todo, en la noche del día que el joven
pensador eligiera para decisivo examen de
conciencia, resolviendo definitivamente el gran
problema de su nueva religión, Luis Berrnudez se encontró, por fuerza de la costumbre,
sentado en su antigua cama de adolescente
juicioso, sentado como para rezar, como cuando pedía las bendiciones del Dios bueno antes
de entregar-se al sueño.
Recordó bien pronto que la noche anterior
había pronunciado su última plegaria, y sonrió benévolamente; pero, sin sentirlo, cedienclo á ese natural impulso que nos lleva á l'ecapacitar sobre lo que dejamos atrás al emprender una nueva etapa de la vida., siguió sentado,
pensando, con la mirada fija en la luz de la vela, que ardía silenciosa y alargada en la sÓledad de la habitación. Entretanto, sin que él lo
advirtiera, como una emanadón de su pensamiento, las palabras del "Padre mwstro," de
la antigua oración de su niñez, iban saliendo,
suaves y ealladas, unas de su mente, otras de
sus entreabiertos\ labios.
"Padre-nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre ... . "
Lis palabras flotaban en el silencio y se
iban, se iban como prulomas blancas, hasta
perderse en la penumbra de los rincones, y
Luis, con la mirada :fija siempre, inmóvil y
meditabundo. las miraba alejarse pareciéndole que con ellas se iba algo de sí mismo, quizá
lo mejor.
"El pan nuestro de cada día dánoslo hoy..."
Rl ingenuo reclamo de una protec.ción que
á él nunca le había faltado; el pan de su casa,
el pan que repartía su padre en la mesa b endecida por la paz de Dios, junto á su madre,
que había muerto ya ....
"Y perdónanos nuestras deudas. así como
no~otros perdonamos á nuestros deudores ...."
Las palabras de la oración seguían flotando
en el sil.encio, y se iban. se iban como palomas blancas muy humildes que de pronto se
que&lt;la.ran sin casa; y Luis Bermudez l as miraba irse, lejos, lejos, y sentía que con ellas se
iba aJg-o suyo. su infancia. el cándi:do perfume
de la juventud. la sencilla poe.sía de su alma.
"No nop dej es caer en tentaiciones, mas líbranos de maJ, amén."
Después de este "amén" era cuando su madre le besaba en la frente, con un beso que al
niño le parecía sentir posarse allí como una
bendición, como una égida santa para r~uardarle de los malos sueños que atormentan á
los inocentes.

.. ¡jfr:f-"),.
...
'•

Aquí sintió Luiis Bermud-ez nue se le h
decían los ojos y que le saltaba dentr o del
cho el corazón, como queriendo salirse
bién y seguir tras las palabras amigas del
dre-nuestro.
Fué creciendo la angustia en la soledad
la noche con tales pensamientos, con la · •
de todo aquello que se iba para siempre:
cuerdos, cariño, bendiciones; la niñez, los
tos besos de su madre, todo con el Padre-n
tro; y por :fin, niño otra vez, Llús rompió
llanto, en un llanto fuerte y sincero, y en
tad de su lloro, como una satisfaicción á
nuevas convicciones, quizá como una exc
su razón, á su nuevo Dios insensible, ¡q
sabe á qué! el pobre, triste como nunca en
soledad de la noche, don.de flotaban toda:
como palomas blancas arrojadas del hogar
últimas palabras del "Padre-nuestro", ·
balbuciente como un pequeñuelo afligido:
''¡:Me lo había enseñado mamá!. . . . " Y
guió llorando largo rato.

firfuro Jiménez J)asfor.

DERROCHE DE ILUSIONH
La conoció en un bazar de caridad.
Retirábase Marcial de la Facultad de
dicina, y preocupado dirigíase á su domic
cuando oyó que una vocecita dulce y acari
dora le llamaba.
Alzó los ojos y vió un grupo de herm
niñas, una de las cuales, la más interesante
todas, le ofrecía unas "cedulillas."
Su boca, que semejaba pequeño estuche
terciopelo rojo para guardar besos, se pl
en un gracioso mohín de coquetería; sus o·
suplicaban para los pobres, y su manecita,
na y aristocráticamente enguantada, le
dió unos rollos pequeñitos, ''con una bue
suerte," como decía ella.
Marcial titubeó.
O le daba los pocos céntimos que en su
sillo tenía y se quedaba sin comer, ó desd •
ba el ofrecimiento, :v se quedaba sin el pl
de haber hecho una buena acción.
Pero á nueva insistencia de ella, decidí
y después de pagar las cedulillas, que no ac.
tó, y de saludar á su angelical desconex:1
que se quedó sonriendo, siguió su e .
preocupado con la celeste visión que le 1n
captara el paso.
Desde aquel día, Marcial fué otro; inco
cientemente volvió á pasar una y muchas
ces más por delante de los balcones d&lt;inde
bía visto aquel ser que hiciera palpitar
vez primera su corazón; pero ¡nada! los
eones permanecieron cerrado~ y jamás vol
á encontrarla en aquel sitio.
Marc1a1 sintió que una secreta pasión
menzaba á ba-tir alas en el fondo de su P
quiso ahogar los latidos de su corazón.
cual un torrente precipitado se desparr~mó,
ést e se rebeló, y con toda fa impetuos1d~.
todo su ser , manifestándole en cada pulsac16
en cada estremecimento, en cada vibrad
que amaba, que amaba locamente, v no _á
~er real, á un ser palpable y tangible, sin.o
un ser ideal, á una ilusión, á un im-pos1
romo era la hermos:1 desconocida del b
de caridad.
Pa:::aron muchos días .... "Marcial había
flaquecido y la. terrible obsesión aun con
nuaha golpeándole en el alma.
Una tarde dorada de sol, fuese á Pale
para distraerse, para despejar su inteligen
y embriagarse con las aleg-rías que brota
de los trinos d~granados de las avecillas,.
las explosfoneR de perfumes y de las br
vagarosas de la playa.

(Fot. Manuel Torres.)

Caminaba al azar; su alma se rejuvenecía

y un nuevo ser germinaba en el antiguo, pero
más sereno y vigoroso.
De pronto, cuando más distraído iba "pis•
pando" amores de insectos de plateadas corazas y mariposas de alas esmaltadas, sinti4 la
carrera precipitada c1e un carruaje,
Alzó los ojos y vió que en dirección hacia él
y derecho al río venía un "dockar," tirado por
un soberbio caballo alazán, que, echando espuma por las fauces y fuego por los ojos,
arrastraba aquél en vertiginosa carrera.
Marcial comprendió que el animal se había.
desbocado é hizo la tentativa de detenerlo,
pues de 1o contrario iría á sepultarse con el
''dockar" en el río.
De un salto plantóse en mitad de la calzada, y cuando el caballo pasó rápidamente por
su lado, prendióse de la brida, y aferrándose
con ambas manos y con riesgo de ser despedazado,. dejóse llevar un buen trecho hasta que
el an1IDal, exhausto de fuerzas y rendido de
cansancio, disminuyó su carrera, y fué á
caer pocos metros antes de llegar al agua.
Cuando Marcial, lívido por el esfuerzo hecho y con las _manos ensangrentadas, se dió
cue:nta de su situación, lanzó un grito gutu-

Sri t a . Ori s tina Oleara y Oer ve r a .

-ral, un grito de alegría. y estupor, al ver junto á sí á la bella desconocida del bazar de caridad, que era la que dirigía el "dockar" y
que, á no acudir en su auxilio nuestro joven
con tal coraje y sangre fría, hubiera muerto
trágicamente.
Jtlla no le reconooió; se limitó á estrecharle la mano y á sonreirle como sólo ella
sabía hacerlo, en tanto que el lacayo aligeraba al caballo de sus guarniciones para levantarlo y una multitud de gente acudía de todas partes para socorrerla.
¡ Qué hermosa estaba!
¡ La belleza del terror iluminaba su cara
con reflejos irisados!
La joven subió á otro carruaje queíe ofrecieron unas amigas y se alejó en diracción al
corso de Palermo, en tanto que Marcial se lavaba las manos, rojas de sangre, y contemplaba á través de un velo de lágrimas á la mujer aleve que le había hecho soñar con un cielo, y que se alejaba sin volver el h echicero
rostro, sin mirarle, sin dejarle una mísera esperanza.
Pasaron otros muchos días.
Triste y amargada su existencia por los
desengaños sufridos, ya sin esperanz11s, una

noche, al pasar por delante de un templo, se
le ocurrió entrar, ansioso de buscar en la
oración calma y sosiego para su atribulado
espíritu.
Pero al penetrar en la anchurosa nave,
q~óse_ deslumbrado ante el lujo y la magnificencia que se desplegaban ante sus ojos;
frente al altar mayor, gentil pareja de novios
recibía la bendición episcopal de un anciano
cubierto de purpúreas insignias.
Marcial avergonzósede sí mismo al versetan
pobremente vestido en medio de tan brillante
concurrencia, pero la curiosidad le clavó en
aquel sitio y aguardó el final de la ceremonia
oculto tras un pilar.
Las. notas ala.das de una marcha nupcial
anuncian que el acto ha terminado; el templo
se puebla de perfumes, alegrías y murmullos;
la concurrencia, elegante y distiguida, se desborda por las naves, y Marcial tiembl1l; una
fugaz sospecha alumbra cual lívido relámpago
su cerebro, su corazón late con mayor violencia: la feliz pareja se acerca, va á pasar junto á él, cuando pálido, desencajado, con la
mirada estúpida, r econoce en la novia á la
hermosa desconocida, cuya boca semeja rojo
estuche para guardar besos, y saliéndole al pa-

�Doming-0 9 de Febrero de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO

sin quitarle la vista, señalándola con m.a.n-0
tie.mblorooa, coono un_ idiota, prorrumpe -en
una estrepitosa carcajada, entre el estupor de
los novios, el asombro de los invitados y el
ritmo de las notas orquestales, que llueven en
el templo, mezcladas con azahares deshojados' . . . .

S-O,

Domingo 9 de Febrero de 1902.

CRUELDADES DE CIRCO.
LOS NIÑOS ACBOIATAS.

.-.

Oaslmlro Prieto Ooata.

PUEBLOS QUE CANTAN
Y PUEBLOS QUE 8111&amp;1.
A Luis G. Urbina.

La voz expontánea y natur.lll. d.., ~98 pueblos,
su verbo colectivo, su palabra, en ~' e~ el
canto. Seudid-0s p-0r las emociones, m~a&lt;½dos
por el entusias~~, la ira, el _amor pat~10_ o el
sentimiento relig10so, su prrmer movlIIllento
es el baile, y su primer acento el ca.Il.to. Ca.I:to y baile acompañan tod-OS los grandes re~oc;jos públioos, iestejan_ los grandes hechos hist~ricos, celebran los trmnios
y &lt;)oronan las erru.
graciones y las. cO'Ilq~,
Ante la lluvia de mana estallan en 'hossanas ·" en plegarias ante los rayos y trlle'Il.os del
Sin~í · en ''De proiundis" ante el aterrador espec~ulo de la muerte ó ~te ].as desolaci~es
de la peste, de la inundac10n ó de la erupc1on
voloáni.ca. Los pueblos han. cantado ante el
ara, ante el area, ante el becerro de oro;. han
cantado en celebración de las fiestas nac1on~les en honor de sus próceres y de sus márt1~ - con cantos han acompañado sus marebas
al ~ombate; sus regresos d~ victoria; con ca.ntos han implorado á los dio~, honrad~ ~ los
muertos conjurado las calamidades publicas.
Lo qi{e la palabra es ~l individ:uo, es el canto á la multitud. El himno nacional, la canción popular, el ro~cero lí_rico, son como
el romancero litera.no, y la literatura u~nal,
:ti.el trasunto de los sentimientos del pueblo,
de sus emociones habit uales, de giro de sus
irleas die la índole de sus aspiraciones, y en la
músi~ de las multitudes, puede, á través del
tiempo y del espacio, adivinarse: y leeTse su
historia.
Los himnos griegos son simétricos, armónicos a.compasados como ritmos gimnásticos, se
d~nvuelven tontamente como sus teorías, y
revisten la olímpica simplicidad y la armoniosa proporción de las estátuas y de las const~i:~ciones he'l.énicas son himnos de pueblos rauces, iestetas y ~antes de la harmonía y la
proporeión.
.
y gime ~l dolor; son cantos dolientes de pueblos oprimidos y miserables. Como las salmodias y los "alabados" de nuestros indígenas,
parecen arrastrarse, esclavos, en el ipolvo,
ha.jo el látigo amenazanhe del capataz.
En los pueblos orientales el canto es por
esencia voluptuosa y usual. Exhala perfumes
de pebetero y emanaciones de har~; y s1_1~e
tener mllI'lilullos discretos de surtidor tib10
en fueDite de mar.mol. En Andalucía la música popular es festiva, bulliciosa, alegre, turbulenta; ardiente como el sol, perfumada como la huerta, multicolora, reoarrnada, como el
traje y como la im3-ocrinación de aquel pueblo,
y se oyen en ella resonar los cascabeles y lw
campanilla~, como en las arneses de gala.
En Alemania la música popular es seria,
pro:ñmda, armoniosa. Los orfeones del pueblo
corren ma.gestuosos como las ondas del Rhin,
y sugiieren ideas grandes, emociones filosóficas, pensamientos profundos. En Francia el
pueblo tiene un doble verbo musical; el verbo
picaresco, mal hablado, salpimentado, irónico
y burlón; caricatura lírica de todo y de todos;
látigo costante que fustiga y alecciona la
"chrumunette" entrometida en todo, en lo político, lo social, lo moral y lo :financiero; especie de locura que agita sus cascabeles y ríe á
carcajaidas.
El otro vex.bo es eseneialmente bélico, es
el canto guerrero, entusiasta, ''Le chant du
dipart, La. Marsellesa,'' que han ganado batallas, conquistado pueblos, repelido invasiones,

EL MUNDO ILUSTRADO

Señor O. Agust í n Mora
Gobernador del Estado de Guerr ero.

y llevado á .b'rancia en alas de su entusiasmo
y de una fe casi sin ejemplo, á las más preciadas glorias y á los más tremendos desastres.
El canto popular anglo-sajón es, en el orden
religioso, severo, magestuoso, puritano, austero como su cuaquerismo, impregnado, como
toda la raza de respetabilidad, de circunspección. El canto popular proiano es rítmico, po-bre en armonía, de melodía escueta, é insulso,
semigangoso, propio para resonar en el taller
y dar compás al vaivén del trabajo, es canto
de fogoneros y de obreros mooánicos.
La canción popular italiana es ardiente,
apasionada, tierna, amorosa. El italiano canta
cc:n igual intimidad de pasión el amor, la patria, la naturaleza. Su música despide destellos como su cielo, llamaradas como sus volcanes, fulgores como sus astros; palpitan en
ella entusia.smos, ternuras, ardores. Acaricia
como un pétalo ó hiere como un cardo. Está
en ella toda el alma italiana, más aún toda el
alma latina.
'
Como la música, especialmente el canto popular, es la expresión de las pasiones de los
ideales y de las circunstancias del pu'eblo correspondiente, cambia, se modifica varía según él y según ellas. En los cantos de los pueblos marítimos se percibe siempre da cadencia
monótona del oleaje; en los de los pueblos
guerreros se oyen siempre las llamadas de los
clarines y los redobles de los tambores en los
de los pueblos rústicos :resuenan si.emp;e acordes de órganos.
~l canto como_ ~ª. palabra, se ahoga y se
e.xtmgue con la virilidad y la vitalidad de los
pueblos. En tanto un pueblo entona himnos
cantares bélicos y marohas triuniales e ~
vigoros~ y sano al progreso, á la vict;ria, á la
pr06pendad. Sus cantos son el trasunto de su
iuerza, y no solo su trasunto sino su exitan!Je
n_atural y adecuado. Un queblo fuerte canta
s1e~pre, y cantando se da iuerza, vigor y entusiasmo.
El ca~to gemebundo y sle:giaco d!enuncia 1n
c1ecadencia de los pueblos y el abatimiento de
13:-9 razas. Cuando los pueblos en vez de cantar
gimen, traducen el deca:i:rniento de sus energías .Y sus mismos gemidos consuman su enervarmen,to y su decadencia. Para medir el abis~o que separa dos razas, y comparar sus energ1as, basta tan solo comparar sus cantos popul~res. "La M~ellesa" y el "Alabado" caracterizan respectivamente los_ cantos propios de
los pueblos fuertes, entusiastas viriles llenos
de ie en su destino y seguros d; su po~enir y
l~s razas abatidas, descorazona.das fatalistas
s~n espera_nza~ ~ il~siones, y por ~onsiguien~
sm empuJe ru v1tal1&lt;la.d.

El espectáculo de moda como en el p ·
piar de todos los años, es el Circo. Es u.na
surrección de invierno. Ya desde que te
el crepúsculo, el reflector arroja su clari
deslumbradora á lo largo de las calles. En
punta de la erguida torrecilla de la mu
qu,e se adelanta atrevidamente en la fac
como si quisiera despren&lt;l.eroo de la gran barraca, el foco reluce y envía en todas d ~
ciones sus manojos de raiy-OS. Los hilos de 1
Wanca surgen de aquel punto radiante y pai:ten rígidos, inflexibles, trazaidos en el aire co
p11€1Cisión y .finura, á pl'en&lt;l.er sus púas vívidas
en las azules obscuridades de la noche. Enfil&amp;dos en esa línea de calles los transeunhes bullen dentro de aquella ráfaga, que prolooigándose y abriéndose como una ala, va palidecien.
do y se desvanece al fin en las opacas lonta:.
nanzas. Este es el anuncio pomposo de los
hermanos Orrin; eil astro eléctrico del Circo•
el llamamiento de luz. Rácia él van las gentee
apresura&lt;las como los insectos hácia la llama.
El esplendor conquista y poco antes de laa
nueve, el jardín del pórtico apenas puede contenel' en sus angostas calzadas á la muohedumbre inquieta : la aristocracia penetra en grupos compactos por las anchas puertas de medio punto que dejan escapar la iluminación interior, lanzando bocanadas de reflejos sobre
las manchas verdes del parquecillo. Y por 1aa
fachadas lateral-es, hechas á modo de bardas de
lámina y ~on dos ó tres vanos asimétricos y
despropore1onados, se filtra la concurrencia
plebeya. Al entrar, la impresión es muy agra.dable: un desbordamiento inmóvil de cabezas
en el descenso de las gradas; una coniusión de
colores y de rostros entre la vaguedad de la
penumbra; una mezcla aibigarrada de contornos; trajes de tonos chillantes, salpicaduras
de rojo y netgro en los largos espacios blancos
de las camisas; la multitud descendiendo y
alejándose hasta tocar las barras de la techumbre. Luego, dentro del círculo de los palcos,
en cuya barandilla se yerguen, de trecho en
trecho, los dedgados mástiles que sostienen su
campánula de luz, erecta y brillante, bustos
de mujeres hermosas, cabrilleos de seda, vuelos de encajes y listones, caprichosas formas
de tooados f emeninos, aleteos de sombreros y
gorras, artificiales florascencias, y aquí y allá
e~ tembleteo de luciérnaga de las piedras pre,.
cwsa.s. Después, en las butacas, la tonalidad
seca y monótona. de los abrigos obscuros y las
sorb~ras lucientes bajanuo en su.ave declive,
en curvas concéntricas, para detenerse en derredor de la "pista," cuyo gran círeulo queda
fuerte,mente iluminado por chorros de claridades. Al frente, el reducido foro ostenta su telón, flamante, su inverosímil carrera de carros, destacándose en un horizonte verdioso y
sereno. Es allí donde 1m ''Rómulus" cualqui-era exibe su torso .de "Hércules Farnesio" en
atractivo y triunfo de la temporada.
La compañía de funámbulos está variada y
bien escogida. No he visto sin embargo, en las
noches en que he asistido .al circo, ''reinas del
aire," niños traipecistas ni juo-J.aires d~ seis
años. Debe de haberlos. El público gusta mucho de que la iniancia en peligro lo divierta.
"La reina del aire,'' aquel lindo artículo ds
Gutiérrez Nájera, se reproduoe al natural e'Jl
todas las épocas del Circo. Por mi parte siempre lo he vsto; año por año, he aquí lo que sucede ante mis ojos. Suena un timbre y la piña
de músicos, colocada junto á la muralla del
escenario, comienza á porue·rse en movimiento,
á levantar y á batir los arcos de sus violines,
á. enderezar la flor de metal de sus instrumentos, á hacer saltar los bolillos de cuero en el
parche de los timbal€s al compás de algún
"wals" lento y quejumbroso que produce extraño efecto en aquel lugar. De la puerta que
cubren las cort;nas carmesíes, sale la niña
acompañada de un séquito de robustos hom-

•
M aña Lo isa Vertiz.

Hermenegildito Telle,,.
Elena A risti.
Contribuyentes para las victimas de Guerrero.

bres, todos ellos vestidos con ?asaca de terciopelo y calzón corto, como la hbrea de los lacayos. ¡ Y está bien ataviada! El raso die la
suelta blusita azul e3-pejea entre las rosas de
loo listones; sobre las medias tersas, que siguen
con precisión el dibujo de las pie.mas delgaduobas, brilla una lluvia de granos d~ plata; y
resplandece también el rubio dulce de la cabellera suelta que flota á. espaldas de la niña, como un alquicel de oro. Y a en medio de la
pista el s-emblante de ojazos claros yllenos de
asombro, ha.ce una mueca de saludo, y los bracitos desnudoo, de blancura ,sin morvidez, se
alzan hasta los labios para mandar un beso á
la mlllltitud.
¿ Qué ha.ce la niña? con una agilidad nerviosa salta, sube por cl cordel que ooaban de
ofrecerle unos gigantes, se ase á las altas argollas pendiemues de la armadura de hierro, y
meciéndooe en el aire, ejecuta su "atrevido acto" correctamente, á tiempo, con la función
precisa de una máquina; voltea, se descoyunta, aibre los brazos alejando las argollas de su
cuerpo, coono un pájaro abre las alas, se columpia, reclinada como en un lecho, entre las
dos cuerdas del aparato; y después, cuanido
ha terminado su trabajo, se enTeda al cabl~
por donde ha subido, y gira en vértigo loco,
perdiendo la forma, confundiendo los colores
del traje, y tendiendo su cabellera como un
harapo amarillo batido por el viento. Sigue la
queja monótona dcl "wals ;" se interrumpe
por un aplauso monótono, y la chiquiilla, en
pié sobre la alfombra de la pista, hace reverencias á ese público, donde, de seguro, hay
niños felices y madres tiernas que gozan con
ver aquella debilidad en peligro, aquel ser
brutalmente educado, arrancad.o á los pañales
de la cuna y puesto de improviso sobre los
aparatoo del acróbata, en perpetuo riesgo--no
importa! ¡ tanto mejor !- para divertir á los
buenos burgueses, á los que lloran con los dramas de Bouchardy, y ayudar á un saltim9anco
y una suripanta á ganarse la vida! Hay tristeza fil! ese rostro, y nadie la nota : una tristeza seca que empaña y no humedece las pupilas. La concurroocia ríe y aplaude.-¡ Muy
bien ! ¡ Qué atreivimiento !
·
Y en tanto que salen los "pierrots'' á tirarse el sombrero de cabeza á cabe2a, que aparece "Bell", el "clown" favorito, que corre el
caballo con el atrevido ''jockey'' en el lomo,

que los payasos haoen juegos mrulavares cou
bolas y cuchillos, que caen y se levantan torres de hombres, que se preparan los funámbulos á dar;;e ca.cheites en la pantomima, yo
me quedo pensan.do en aquella niña rubia, de
ojos asombrad.os y cuerpecito enflaquecido,
']Ue se balancea y vuela describiendo en el
viento sesgos y curvas .de ave, como si ante la
multitud indiferente, avara de sentimientos y
de ternuras, una hada invisible y compasiva,
la sostuviera por los aires!

MARIA AZPIROZ.
La semana que acaba de transcurrir adornó
una o.te- sus noches con la nota elegante y simpática de un concierto de caridad, organizado
en favor de las víctimas de los terremotos de
GUie'ITero, por un grupo de distinguidísimas
v caritativas damas di~ la sociedad conspicua
de México.

Los niños y la Caridad.
Entre las escenas simpáticas r1i...~ sa pruoiencian en la red.a.cción de "El lwp:i.rcial/' con
motivo d e la co.Locta eé,ablecid11. para minorar
las desgracias ocasionadas por los terremotos
en el Estado de Guerrero, se a,_,~rncan c0n Yivos detalles las llegadas de los colegios á depositar su contingente en la caja dedicada. á la
caridad.
La primera página die esta edición de "El
Mundo Ilustrado,'' reproduce la fotograffo. de
una de las escenas á que nos r,,fer imos. Son
en extremo gratas.
La algarabía de los peiquieñitos educandos,
el aire de noveda,d que se pinta en sus ;;emblanbes en l,e momento de hacer el donativo;
las earas risueñas que se ven po1. todas pJrtes,
los cariños, todo haoe un momen~o die alegría
1€\Il la vida de la labor diaria, ) al dejar una
lill1-06Ila para los desvalidos de lo material,_ deja un socorro de a;;peranza para los desvalidos
moralmente.
En esta página damos los retratos de tres
encantadores donantes, de cuyas edades ape,nas se podría ha~r una de aquellas que el poeta s-erñ.ala por abriles.
Dos de 1~ donantes soo caipulloo de reinas,
el otro es toda una esperanza para las lucha.a
de la vida, y los tres son reyezuelos del hogar,
déspotas adorados que descienden de su trono
para venir á alargar la mano á los diesvalidos.

En esa agradable fiesta se presentó ante el
público la niña violinista María Aspiroz, una
promesa para el arte, neconocida por varios
públieos europeos.
La niña Aspiroz ajecuta con corrección, dice la obra tal cual la siente á través die sus
años, y la siente con esa misma ia:irlecisa hermosura con que un botón de flor que está por
abrirse, deja escapar el per.fume que ha de ser
más tarclia su eualidad preciada.
La pequeña artista fué muy aplaudida, y
más dabe serlo, cuando su presentación ante
121 público mexicano iué debida á la idea de
socorrer las desgracias de nuestros paisanos
del Sur.

�e, Jtl.u,,do J/usfraao.

Febrero 9

DEL BAUTIZO,
O DE A, RiCCI,

ce 1902.

�Domingo 9 de Febrero de 1902.

Domingo 9 de Febrero de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

ll TiL.RGRAFIA SIN HILOS
A TRAVES DEL ATLÁNTICO.

Entre Poldhu, punto situado en el extremo
Sudoesti~ de la costa inglesa, cerca del cabo
Lizardo, y la isla de Terranova, Marconi acaba de efectuar sus expe11.1encias de telegrafía
sin hilos, á través del Atlántico.
En la estación de partida sa- izaron veinte
mastiles de 70 metros de altura, y se centuplicó la energía necesa11.a para el funcionamie.nto de loo aparatos.
En Terranova, estación de llegada, un gigantesoo "papelote" fué 121 encargado de recQger á 135 metros de altura, las ondas eléctricas
muy atenuadas por la enorm.:: distancia.
A la hora convenida, las seis de la tarde en
el meridiano de Greenwich, dos días seguidos,
el 11 y 12 de Diciembre, la estación de Pol•
dhu tel,eg:rafió cierto número de veces, con in•
tervalos diferentes y que variaban entre doa y
treinta y dos transmisiones por minuto, la letra S, que en el alfabeto de Morse está representada por tres puntos y corresponde á tres
golpes breves sobre el manipulador.
Marconi y su ayudante, que se encontraban
en Terranova, aseguran haber notado distintamente esas señaJ.~ á la hora oonv::enida y con
los intervalos convenidos.
Este resultado fué transmitido por cable á
los reyes de Inglaterra y de Italia, y al gobierno de los Estados U nido-s.
Igualmente, 1farconi hizo ainunciar que la
transmisión de despachos por roedio del telégrafo sin hilos, limita.da hasta hoy á una distancia de 300 kilómetros (Cabo Lizardo á la
isla de Wight) podía ser logrado en. todas las
distancias, y que por tanto iel problema de la
telegrafía trasatlántica sin hilos, estaba resuelto.
Las experiencias de Marooni han dado lugar á numerosos comentarios, y á vivas discusiones. Una compañía anglo-amerwana que explota un cable submarino, ha contribuido á
esos comentarios, so pretexto de que se aten-

La Catedral.

Zócalo y Palacio del Gobierno.

GUADALAJARA.
Los señores D2:legados á la 2a. Con:ferencia
Pan-Americana, visitan la más hermosa cÍlldad del Occidente de nutstro t:•rritorio.
GuadaJ.ajara es, como ha mucho tiempo se
dice, una perla engastada -en un girón de oro
cLe la América.
Pocas poblaciones mexicanas podrán contar con mejores elementos de büm1estar, como la que es capital del espacioso y rico
Estado J.,e, J alisc:o. ü n clima agradab1e, casas
amplias de aspecto alegre y pavimentadas de
manera que la limpieza die los suelos puede
compararse, sin gran hipérbole, con la traída
y llevada limpieza de las patenas. Los habitan úes tién,en un cai-ácter franco, hospitalario
y cariñoso. Las mujeres gozan fama de hermosura y, en realidad, la "tapatía'' es el más
bello tipo mexicano.
Los ~eñores Cctnferencistas Pan1Ame'l1.canos, tendrán una vez más oportunidad de conocer las vías de ad,danto en que marchamos.
La 11ecepción que se les ha hecho á los distinguidos huéspedes, manifiasta ;entusiasmo,
estimación á las prominentes personalidad.is
que han venido á nu~tra patria para marcar
con los sellos de la. alta civilización el programa de los vinculas internacionales en América.

Marconi y sus ayudantes.

ta á los &lt;lerechos c1e comUilli:3.Ción que ella
tiene contratados. En muchas partes de Europa, pero €specialmenbe en Francia,-Francia
ha tenido la desgracia de apaneoor en estos úl◄
timos tiempos como una obstruccionista de
los •grand.es diescubrimiwtos; J.Weuérd€Sel el
incidente Dumont-allí. se habla de "bluff''
y de superchería.
En algo quizá pudiera tenerse razón, y eso
sin quitar la menor validez á las afi.rmacionies
de un sabio de la talla de Marconi.
Sin duda que hubiera sido pr~erible tram.smiiir en vez de una sola letra, una palabra
convenid.a. Además, la elección de la lclra S
no fué del todo acertada; los tres golpes breves que la compon1en pueden confundirse con

Estación transmisora en Poldhuc.

RONDEL.

El Salto de Juanacatlán antes de aprovechar sn fuerza.

Si mucho se tiene qllle ver en la capital tapatía, no menos hay en sus alredledores 6 á
poca distancia de ella.
'
El Salto de J uanacatlán la hermosísima
cascada q~e en detonante de~rumbe p.recipitaen otro tiempo una ienol'Dlle cortina de agua
Y iue aihora parece dormida, c;&gt;bijada con el
penascal cortado á pico.
Si antoo iera un iespectá.culo admirable esa
joya de la naturale-¿a, hoy no lo &amp;s mcm,s,
transformada en joya de la industria.
Si .antes nec11zaba la vista, hoy fortifica el
espíritu, porque se ve la poderosa mano del
hombre iem.pu.ñando una foerza qu~ autes era
inútil para la vida y pa.ra el progreso.
1

El Salt&lt;, después de aprovechada su fuerza. [Fotografías de A. A. Adams.]

P~ sobre mi alma -soñadora
la incurable tristeza de la vida,
y atravi,eso mi ruta ensombrecida
e;;perando el encanto de la aurora.
Y la miré cruzar por la sonora
playa del ideal, de sol vestida,
cu.ando las amarguras de la vida
agoblaban mi aJ.ma soñadora!. ...
¡ Y desde qU1e cruzaste la sonora
playa del ideal, de sol vestida,
deliro por tu amor, noble señora!. ...
¡ 'rú, que enoonder bien puedes una aurora
sobre la inmensa noche de mi vida!. ...
Rafa.,! Martinez Rubio.

los efectos a.uá.logos que producen en loo circuitos tel,e,gráficos las descargas de electricidad atmosférica. ¿1Iarconi y su ayudante, bajo la in:fluencia de la emoción indispensable
en aqll!2Uos momentos, pueden haber creído
oír las señales indicadas ?
Se cree que la contimuación y &lt;}()mprobación
de los ensayos pueden disipar esas dudas.
No obstante, Marconi se manifiesta satisfecho y declara que 1e. bastan los resultados obtenidos.
Dentro de poco tiempo se propone haoor un
viaje de Liverpool á Nue1Va York, llevando á
bordo del navío un aparato para manteneme
en continua comUll1icación, sea con la costa inglesa, sea con la americana.

Estación receptora en Terranova.

i-';}..-'1',-'l't,..:;i..-'l't,.~-'1',~-'l't,,-'l't,,.,,,.,-?t,~.,,,.,.,,,...::,...,,.._,,,._.,,._.,,...:;,...:;,..~...::,...:;,....,,,..~...,,,....::,...:;,..~..::,..~..:;,...:;,..,,,...::,...,,.

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NUESTROS OFRECIMIENTOS.
•Como habrán visto nuestros lectores, hemos concluido de repartir,
con el número .pasado, el penúltimo tomo de Los Miserables· el siguiente
será repartido como prima al mes, enentregas de 32 págin~.
En .. ~bi~ de~e . e~te ,número aumentaremos páginas al cuerpo
del per1od1co, Y se d1str1bu1rá con el del próximo domingo, la primera novela del mes, entera y encuadernada, y la segunda, en iguales condiciones
quince días después.
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La reforma agradará seguramente á nuestro abonados, pues resultan
los tomos de obsequio, una prima extraordinaria, como nunca la había dado ningún periódico en México.

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�l)omingo 9 de Febrero de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 9 de Febrero de 190t

CARNAVAL.
Para cantar las verdades, parece condición
precisa taparse la cara. Las leyes no le permist:n al cm&lt;iaclano que use antifaz, sino en los
dichosos chas de Carnaval. Así es que pocas veces hablan los hombres como sienten, como
deben hablar. ¿ Uuáles la cau;;a que impide que
unos á otro,; se digan loshombres las verdades i'
:b;l temor, el temor pueril, vergonzoso; el temor heredado, el que sentían nueslros abuelos y que llemo::. heredado nosotros; el temor
que hace que un hombre cargado de razón, n_o
se atreva a contradecll' á un tio cargado de dinero; que uno que ticM edu(;~i~n, no ose
chocar de .frente contra un estup1do brutal,
que no la ha recibido jamás. Atavismo de raza que parallza las lenguas, embota elvalor~s
sereno detiane las inwit1vas más audaces, solo du;ante unos momentos puede vencerse.
..J:!jn la antigüedad, durante 1~ ~aturnales, los
esclavos se atrevían á decir á sus amos las
grandes verdades. Durante los Carnavales,_ los
esclavos modernos intenta,n alguru1 vez mutar
á sus progellltores. .61 atav1smo, resulta así para el oien como para el mal. l:'or él han progresado algtlllas razas; bajo su influjo han degenerado otras. "Lo:; peoo&lt;los de los padres
caerán sobre los hijos, y los hijos de los hijos,
hasta la cuarta gE.ller.ac1ón."
Ya que hubo en la antigiedad quien dijera
las verdad&lt;IS del barquero, no sé por qué no ha
de haber hoy día qUien rmite á los a,nuguoil.
Todas-esas reflexione::. me hada yo un domingo de Uarnaval, sentallo en un paseo público, cuando se me acer(;Ó un hombre desconocido y sID ca.reta. ~a.tudóme con gran cortesanía tomó asiento á m1 la.do, dejó pasar unos
mom~ntos antes de tolllar la palaora, sin duda
para que tuviera ocasión de exwm.inarle despacio, y al cabo, y en cuanto me hub~ entera.do de que tenía un a,;pccio nada distmto
del común de los monale;;, me miró de hito en
hito y habló así:
-"'l'e extrañas que no haya gente capaz de
rendir culLo á la veru.t&lt;l. .ti.ace.,; mal. ¿ !las
"""nMrlo
alo-una
vez en lo que tú, mismo haces;
~
o
t
· 'l'e has confesado alguna vez a t1 Illliimo us
debilidades i' 'l'ú has mentido de niño á tus pa-dres para ocultar tus faltas; ha;;; mentido á
,
tus maestros,
haciéndoles creer que sab'ias una
lección jamás estudiada.; mentiste en tus mocooades á las mujeres, :eara lograr de ellas
cuanto deseabas, y jamas sentiste remordimientos por tus menüras. Cuando un hombre
se encolerizaba. en tu pi-esencia, temblabas
ante la justa cólera y disimulabas tu miedo,
pegando el primero. Después, engañaste miserablemente á tu mujer, y cuando ella te engañó á su vez la a.sesmaste. Quisiste dominar á
tiñe pelo y barba para remedar al mozo; la
los hombres' y predicaste las doctrinas que die"barmaid", que se ruboriza al oír nombrar
cinueve siglos antes había predicado el Homuna chambra; -el sádico, que acaricia. á un mubre-Dios, y cuando esa predicación dió sus fruchacho; la celestina, que hace limosna; el getos, cuando los hombrei:;, á. fuerza de obedecerneral, con alma de ranchero; el pintamonas,
te te elvaron, obraste de muy distinto modo -que aparece como un genio, merced á las merque hablaras. Tú quisiste que la lll,l.Illa.nidad
cedes que otorga á los de- tu oficio; el negrefuera humilde, para mejor dominarla; amoro, que ha.e-e obras pías; el bandolero, que lerosa, para que fuera más débil; animada del
vanta campanarios con el dinero roba.do á los
Santo amor al J\l"Ójimo, para vencer sus escrúincautos; todos esos no son más desprepulos con .facilidad mayor. Tú lloraste con los
cia,bles que tú lo eres. Ellos, como tú, vivís en
ojos, mientras reías con el corazón. Acudiste á
un Carnaval perpetuo. No hay quien os haya
los templos, sin fe; á las reuniones públicas,
visto la cara, porque la que mostraís al mundo
sin convicciones. Y, sin E!mbargo, los que te
no es la vuestra, es una careta que s~ contrae,
veían en la Iglesia) hubiesen afirmado tus
que ha.ce visajes, qu á voluntad llora ó ríe; pecreencias; los que te oyeron perorar, apostaron
ro que jamás, jamás refleja, coono el agua, coen favor de tu hombradía de bien. No sabes
mo el cristal, la imagen verdadera. que se le
nada, y has pasado por un sabio. Na.da puedes,
presenta. El Carnaval no dura unos días, sino
y sin embargo te temen. No has obra.do jamá~
que perdura toda Ja vida. Y ya que no tienes
conforme á justicia, y te tienen por justo. Has
ninguna buena calidad, ten á lo menos un poestafado á tu prójimo, y pasas plaza de honquito de indulgencia."
rado. ¿Por qué extrañas 9.ue los demás te imiten, que obren como tú, que como tú mientan? La disipada, que aparece como mogigata;
el ladrón que, burlando las leyes, roba sin emAsí dijo mi interlocutor, y se largó, dejánpacho y sin :remordimientos; el orarlor, que
dO'lD.,e convencido; pero no convertido. Pensé
cuenta con la estupidez de sus oyentes; el coque era un bromazo de Carnaval; mejor dicho,
barde, que sabe que no hay quien pueda descuno lo pensé, pero me convino creerlo, y lo creí.'
brir su cobardía y aparece CO'lD.O valiente; el
imbécil endiosado, el viejo tu.no que se
A. RIERA.

•• •

ECOS DE LOS TERREMOTOS EN GUERRERO.

Templo de San Mateo (Chilpancingo.)

CallelNacional (Chilpancingo.)

.A. los productos de la subscripción se unen
los que allegan las fiestas de beneficencia, y es
de esperarse que antes de un me.s se cuente ya
con una suma considera.ble.
El Sr. D. Agustín Mora, Gobernador del

La República. entera se ha sentido conmovida por las catástrofes ocasionadas por l~s _t~•
rremotos en Guerrero, y se hace una activ1s1ma propaganda para remediar aun cuando sea
en parle la desgracia de las víctimas.

Calle del 5 de Mayo (Chilpancingo.)

Estado de Guerrero, ha manifestado gran interés por aliviar la situación de sus gobernados,
y á él se deben los primeros auxilios.
La actitud del Sr. Mora, como gobernante
y como humanitario, es muy digna de aplauso.

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DOS RICOS.
Cuando ante mí se celebra al arehimillonario Rothschild, quien, con sus inmensas rentas, consagra sumas cuantiosas á educar niños, curar enfermos y fundar asilos para los
ancianos, también yo le e1ogio y le admiro.
Pero, al alabarle y admirarle por eso, no
puedo dejar de acordarme de una pobre familia de labrieg08 que había recogido á una
huérfana en su miserable choza.
-Si nos hacemos cargo de Ka.tia,-decía la
ca.mpesína,-nos deja sin nuestros últimos
céntimos y ni siquiera tendremos para com-,
prar sa1 con que sazonar la sopa.
-Pues bien, Ja comeremos sin sal,-contestó el marido.
¡ Cuán lejos está toda.vía Rothchild de ese
labriego!

Dos de las calles más destruidas en Chilpanciogo.

Ivan Turguenef.

Casa de Correos en donde fué muerta la Sr;ta. CPntó,

Casa de Telégrafos.

�Domingo 9 de Febrero de 1902

EL imNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO .
AÑO IX.----TOMO 1.----NÚM. 7.

MÉXICO, FEBRERO 16 DE 1902.

Sub!lcrlpci6a mUJ!lual lorAIJea, 1 l 50
Idem. /dem. ea la capital, ., 1.25

Gerente: LIJI&amp; Rtl't~ &amp;PINDOU.

Director: LIC. RAl'AtL Rtl't&amp; &amp;PINDOU,

UN CIGARRO.
E11Ba10s fotogriftcos de Lu-i,ercio.

¡CAT.A.STBOF:E!

Cuadro.de M. Karvalu,

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 1, No 6, Febrero 9</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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