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                  <text>Domingo 20 de Ahri.l

de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL CONGRESO SANITARIO INTERNACIONAL EN LA HABANA.

[L

Mu No o ILlJ STR.AD o

.AÑO IX.--TOMO !.--NÚM. 17.

MÉXICO, ABRIL 27 DE 1902.

Sub•crlpcl6n mea•ual foraru a, t l IS•
Ilkm . ld c m. ta la capital, ,. 1..:IIS
Oert:ntet U JI!, Rtna &amp;PINNI.A.

tDlr.,clor: LIC.. RAl"Atl RI H!&gt; !IPINDOLA .

PUL~ A .
[Estutiio fotográfico de F. Lavillette y F. Torre~.]

1,-Los Delegados al pié de una palma de "jipi,"-2.-Los ~on~resistas visitando una platación de calia de azúcar.

�DoonlEDgo 2'i' de Albril de 1902,

LA UBB.ANIDA.D.
Las pesonas sin cultura que &lt;lesconocen el
trato social; que de tacto rudo, de oído torpe,
de oliato duro, son incapaces de la nausea y
de la repugnancia, miran los preceptos de la
urbanidad como trabas ef-torbosas, como "impedimentos" inútiles, como coacciones odiosas, como grillos y esposas que maniatan la
voluntad y aherrojan la libertad.
Para esa clase de ·gentes la urbanidad es una
especie de vieja díscola y regañona, ó de pedagogo uraño é intratable que se mezdan en
todo cuanto no les importa é inter,ienen en lo
que no les atañe, cohibiendo la acción, reglamentando la actitu&lt;l, &lt;lecretando el vocabulario y la frasiología, tiranizando al hombre hasta en lo que de más frívolo y ele menos trascendental tienen sus palabras y sus obras, y
atavesándose al paso de la satisfacción de sus
más inofensivos deseos y de sus más apremiantes necesidades.
Dentro del código severo de la urbanidad
no hay manera de rascarse si se siente comezón, ni de esperezarse si se experimenta fatiga
ó sueño, ni de meterse los dedos en las narices si de ello viene gana, ni de escupiT, ni de
cojerse los piés, ni de recostarse, ni de nada
de proYecho. Las interjecciones permitidas son
anedinas y no descargan el ánimo, las conversaciones toleradas son insulsas y por faltas
de colorido y ele salpimienta no recrean, ni
divierten, ni casi instruyen. La urbanidad reduce la hilaridad á la sonrisa, el dolor á lagrima forti va, la melancolía á leYe suspiro, la
cólera ú imperceptible fruncimiento de cejas,
el deseo á simple aspiración, el entusiasmo á
mera aprobación.
Para ella, gritar es un crimen; carcajearse,
un atentado; jurar, una blasfemia; insultar,
un sacrilegio. Pesa sobre la voluntad humana
como una montaña; vela la inteligencia como
una nube; se alza como una muralla ante el
deseo. El hombre culto, pulcro, social y observante de los buenos preceptos y de los sanos principios, aparece ante el inculto ó el
emancipado como revestido de una armadura
fría, inflexible é impenetrable.
A mayor abundamiento la urbanidad, sobre
ser estorbosa, resulta ruinosa. Impone gastos
y exije sacrificios. Hay que gastar mucho en
jab6n, que dilapidar en lavandera, que malgastar en betún del calzado, en peluquero, en
cepilos, peines y otras mil zarandajas. Arruina doblemente, por el tiempo que quita y por
el dinero que cuesta. En lavarse diez veces las
manm,, tres ó cuatro la boca; en cepillarse, bañarse, rasurarse, desmancharse, pagar visitas,
dar parabienes y pésames, gasta el hombre la
mejor de su vida; y en adquirir ropa, «implementos» de tocador, esquelas y tarjetas y todo
el complicado material que la urbanidad exije,
se derrocha lo más florido y granado de sus
rentas.
¿.Han leído ustedes á la. baronei;a ele Staaf?
Pues metiendo pluma á i;,us consejos de buena
socie,,dad, resulta que se necesitan millones y
días ele una renta y ocho horas para darle gusto. En cambio, y por vía de compensación, la
urbanidad sólo impone fatigas, molestias, trabajo; el horn brc culto le da casi todo su tiempo
y casi todo su dinero; ella en cambio le quita
toda su libertad. Es como el corsé, como el
cuello inglés, como el plastrón del uniforme,
como el casco prusiano, como la bota federica,
como la levita cruzada, como el jarano bordado, cuesta y eRtorba, arruina y mortifica, endroga é importuna.
Sorprende y a~om bra cómo el hombre que
ha abolido todas lai- serviclumbres y proclamado todas las libertades; que ha sembrado de
cadáveres los campos y ele proezas la historia
en lucha secular y heroica contra la tiranía;
que ha abolido absolutismos y derrocado feudalismos; que ha «propugnado» por fa libertad
del pensamiento, de la palabra, &lt;le la acción,
del comercio y ele la industria, y que ha hecho
tremolar la sacroAAnta bandera del derecho sobre las ruinas de todos los despotismos; asombra, decíamos, cómo ese paladín de la emancipaci6n ha venido á «doblar las manos» y á

l&lt;}T, MUNDO ILUSTRADO

ofrecer su cuello al yugo, prosternándose, esclavo abyecto, ante esa vieja impertinente y
gruñona que se llama la urbanidad, quemado
inciensos en su honor, entonando himnos en
sus templos, depositado ofrendas en sus aras y
consumado sacrificios en sus altares. ¿Para esto se hizo la Gran Revolución? ¿Los principios
de 89 habían de dar por resultado los ominosos códigos ele la baronesa Staaf? ¿La guillotina había de dar &lt;'Orno fruto la etiqueta? Si así
es,-Mr. Brunatiere-no es la ciencia la que
ei-tá en bancarrota, sino la libertad.
Y sin embargo ...... se mueve. La urbanidad, es cierto, impone trabas, exije gastos, enfrena la actividad, maniata y reprime las expansiones animales y expontáneas, reglamenta
el suspiro y el bostezo, se mezcla en todo, en
todo pone la mano, en todo se entromete para
ordenar, decretar y prescribir; somos, sin duda, sus esclavos, sus juguetes; hace y deshace
en nuestra conducta; ordena despótica y obedecemos sumisos; manda imperiosa y acatamos respetuosos.
Y es que la urbanidad es como el calzado:
comprime, pero protege. Gracias á ella es posible la vida social, y no sólo posible, sino grata. Libre el hombre de hacer y de decir, dueño de tomar todas las actitudeR, de ejecutar
todos los movimientos, de ui-ar &lt;le todas las
palabras y de expresar todos los pensamientos,
la sociedad no tendría otroi- encantos -que los
de la taberna. No habría rei-peto rrcíproco ni
consideraci6n mutua. La libertad de cada
cual llevada al extremo, sería un atentado permanente á la libertad de los demás. Sin ella
todos seríamos libres, pero nadie estaría ni
contento ni en seguridad. La urbanidad, en
suma, no es más que una forma del respeto al
derecho ageno, respeto que es garantía del derecho propio.
Y a lo demostraremos alguna vez. Es, en
efecto, estudio interesante y ameno el de los
orígenes y razones de ser de los preceptos de la
urbanidad. Veremos entonces c6mo esas prescripciones frívolas en apariencia, y al parecer
convencionales, arrancan de lo que la sensibilidad humana tiene de más hondo y de más delicado, y emanan de las leyes más fundamentales y de los mús ocultos misterios del alma.

Miserables y Vagabundos.
CAMPESINOS.
I
Las dos cabañas juntas, al pie de una colina, cerca de un balneario; los dos campesinos
hacían el mismo esfuerzo para buscar en la
tierra infecunda el pan de los suyos; las dos
familias eran numerosas: el padre, la madre y
cuatro hijos. Frente á las dos puertas la chiquillería piaba desde la mañana hasta la noche. Los dos mayores tenían seis años y los
dos pequeños quince meses. Los dos matrimonios y los nacimientos ele cada criatura habíanse verificado, simultáneamente casi, en los
&lt;los hogares.
Cuando los niños jugaban juntos, apenas
distinguían las dos madres cuáles eran los propios y cuáles del vecino; los dos padres los
c01úundían absolutamente; los ocho nombres
bailaban en sus cabezas, mezclándose á todas
horas, y cuando querían llamar á uno, con
fre~uencia llamaban á tres antes de acertar con
el verdadero.

EL MUNDO ILUSTRADO
Dejando á la espalda el balneario de Rollesport, la primera de las dos viviendas que aparecía era la de los Tubache, que tenían trehembra¡¡ y un varón; la segunda era de los
Vallín, que tenían una hembra y tres varones.
Todos vivían trabajosamente, con sopitas,
patatas y aire puro. A las siete de la mañana,
al medio día y á las seis de la tarde, cada matrimonio llamaba á los suyos para repartir la
comida, como los que guardan patos reunen á
los animalitos. Las criaturas colocábanse alineadas junto á una mesa, oarnizada por el roce de medio siglo. El menor de todos apenas
llegaba con la boca al nivel de la mesa. Les
ponían delante un plato con pan remojado en
el agua en que se habían cocido patatas, media col y tres cebollas, y todos devoraban como hambrientos; la madre daba de comer al
menor. Un poco de carne cocida los domingos era un regalo para todos, y aquel día el
padre mascaba reposado, repitiendo: «Así comería yo siempre.»
Una tarde de Octubre detúvose bruscamente ante las dos cabañas un ligero cochecillo, y
una señora joven que lo guiaba &lt;lijo al caballero que iba con ella:
¡Oh! ¡Mii:a, Emique; mira qué grupo de niños!
El hombre no contestó, acostumbrando á
semejantes admiraciones, que para él eran un
dolor y casi un reproche.
La mujer proseguía:
-Quiero besarlos. ¡Ah! ¡Cuánto me gustaría uno como aquel pequeño!
Y apeándose de un salto, acercóse á los niños, cogiendo á uno de los pequeños, el de los
Tubache, alzándolo entre los brazos, acariciándole apasianodamente, cubriéndole de besos la cara sucia, el pelo ensortijado y rubio,
lleno de tierra, las manecitas que agitaba el
infeliz para librarse de aquel ataque.
Luego, la señora subió al c0&lt;•he, alejándose
al trote largo de los caballloR. Pero volvi6 á la
semana siguiente, apeóse, acarició al niñ.o,
sentóse junto á él en el suelo, atiborróle de
dulces, repartiendo algunos á los demás, y jugó con todos corno una chiquilla, mientras
que su marido la esperaba pacientemente, sin
abandonar su frágil cochecillo.
Repiti6 la visita, conoci6 á los padres y acabó yendo todas las tardes, repartiendo muchas golosinas y algunas monedas.
Era la esposa de Emique de Hubieres.
Una mañana su marido se apeó del coche
tras ella, y sin pararse con los niños entraron
en la cabaña de los Tubache.
La mujer y el marido estaban &lt;·ortando leña y encendiendo lumbre para el almuerzo.
Quedaron muy sorprendidos, ofrecieron sillas
y aguardaron silenciosos. La señora, con voz
entrecortada y temblorosa dijo:
-Buenas gentes, vine á su casa porc¡ue deseo ...... deseo llevarme al chiquitín ..... .
Los campesinos, de pronto, no haciéndose
cargo de la cosa, no dijeron nada.
La señora, ya más tranquila, prosiguió:
-No tenemos hijos ni familia; estamos enteramente solos mi marido y yo. Si nos lo dieran, lo cuidaríamos ...... ¿Quieren?
La mujer iba entendiendo y hahlú:
-¿Quiere vc1. llevarse á nuestro CarloR"? Xo,
eso, no.
Entonces intervino el Sr. ele Hubieres con
estas razones:
-Mi mujer no se ha expresado claramente.
Queremos adoptar al niño; pero el niño podía
venir á ver á sus padres. Si es bueno con nosotros, como esperamos, heredará toda nuestra
f?rtuna. Y si llegásemos á tener hijos, la partiría con ellos como un hermano. Pero si no
fuese agradecido á nuestras atencioneR, al llegar á la mayor edad dispon&lt;lría de veinte mil
fra_neos, qu~ uesde hoy estamos rlispuestos á
deJar dcpos1tados á su nombre. Como también
hemos de atep.derlos á ustedes, les daríamos
una pensión vitalicia &lt;le cien francos mensuales. ¿Me comprenden"?
La campesina se había levantado :furiosa.
¿Quiere usted que le vendamos á Carlos·?
¡Ah! Esas cosas no se le piden á una madre!
No, no; eso es una infamia.

El hombre no decía nada, grave y reflexivo; pero aprobaba con un movimiento de cabeza lo que decía su mujer.
La señora de Hubieres, contrariada y triste,
arrancó en llanto, y vol viéndose hacia su marido, con la voz entrecortada por los sollozos,
una voz de niña mimada, balbuceó:
-¡No quieren, Enrique, no quieren!
Entonces el marido insistió:
-Pero no es lo que ustedes imaginan: el hijo no lo venden; y aseguran su porvenir, su felicidad, su.....
La campesina, exasperada, lo interrumpió.
~í, ya lo sabemos todo; ya lo hemos oído
iodo; ya lo imaginamos todo. Váyanse ustedes
y que no volvamos á verlos en esta casa. No
es honrado querer quitar un hijo á su madre
-de ese modo.
Al salir, la señora de Hubieres notó que había dos pequeñuelos, y preguntó entre lágrimas, con la tenacidad propia de una mujer
miriada:
-¿,Pero el otro pequeñito no será también
de ustedes?
Tubacbe respondió:
-Es de los vecinos; entren ustedes á ver si
gu!t.lln.
Y el hombre Re retiró al interior de su viviepda, en la que resonaban aún las exaltadas
voces de su mujer.
Los Vallin estaban en la mesa, comiendo
tranquilamente rebanadas de pan con un poco
de 'manteca, la cual tomaban con la punta del
cuchillo de un plato colocado entre los dos.
El señ.or de Hubieres hizo de nuevo sus proposiciones, pero más insinuante, con más precauciones oratorias y más astucia.
Los dos campesinos bajaron la cabeza, negáudose; pero cuando se fijaron en que les darían cien francos mensuales, reflexionaron un
poco, sobrecogidos, consultándose con la mirada.
-¿Qué dices tú á eso?-preguntó la mujer.
Y el hombre dijo sentenciosamente:
-No es una bicoca.
Entonces la señora de Hubieres, que temblaba de angustia, les habló del porvenir del
porvenir del chiquillo, de su felicidad futura,
-de 'cuanto podía darles con el tiempo.
El campesino preguntó:
- Y esa renta de cien francos mensuales,
.¿quedará por escritura hecha ante notario?
El señ.or de Hubieres contestó:
-Seguramente; mañana mismo.
La mujer, que meditaba, dijo:
-Cien francos al mes no es bastante para
-que me prive del gusto de ver al niño; además,
..el niño dentro de algunos años trabajaría, nos
.ayudaría, ganaría tc"l.mbién algo. Han de ser
,ciento veinte.
La señ.ora de Hubieres, saltando impacientemente, lo concedí6 en seguida. Y como quena llevarse al niño, di6 cien francos de regalo,
mientras el caballero extendía y firmaba un
documento provisional. El alcalde y un vecino, á los cuales llamaron á prisa, hicieron ele
testigos complacientes.
Y la señora, satisfecha, radiante, se llevó á
la criatura que berreaba, como se llevaría de
un almacen el juguete deseado.
Los Tubache, desde la puerta, los vieron
·alejarse, y quedaron severos, mudos, arrepen·tidos acaso de su negativa.
II
No se habló más del pequeño Juanito Vallin. Sus padres iban cada mes á cobrar sus
-ciento veinte francos á casa de un notario, y
vivían poco satisfechos de sus vecinos, porque
la mujer de Tubache los llenaba de improperios, repitiendo sin cesar, de puerta en puerta,
que se necesitaba ser criminal para vender á un
rujo; aquello era un horror, á su juicio y al de
las gentes honradas; unatropeza, uua porque-

ría.
Y luego alzaba entre sus brazos á su Carlitos,
gritándole, oomo si la criatura estuviera en el
-caso de oomprenderlo y para que todos la oyesen:
-Yo no te vendí; no soy capaz de venderte,
.angel mío_ Y o no vendo á mis hijos. No soy
rica, pero no vendo á mis hijos.
Durante alg-unos -años, repiti6 lo mismo to-

Doo:rnimgo 2'i' de Albril de 1902,

Seiiora Dalia Trinidad Sh. de lturbe,
Esposa del Exmo. seftor Ministro de México en Espafia.

dos los días; á cada hora, las alusiones groseras fueron vocüeradas para que llegasen á la
casa de los vecinos. La Tubache acabó por juzgarse muy superior á todas las madres de
aquellos contornos, porque no había querido
ceder á su Carlos como la Vallin cedió á su
Juan.
Y los que hablaban del asunto decían:
-Claro que la proposici6n era tentadora;
rechazándola, se portó como una buena madre.
La citaban como un modelo, y Carlitos llegó á los dieciocho años con esta idea, repetida
sin cesar, considerándose muy superior á los
otros muchachos, porque su madre no quiso
venderlo.
·
Los Vallin, algo aislados, vivían tranquilamente, gracias á la pensión. Esto enardecía
más los odios y los furores de la familia Tubache que luchaba con la miseria.
Su hijo mayor fué soldado. El segundo murió. Sólo quedaba Carlos para ayudar á su pa-

.· dre, para procurar el sustento de su padre y
dos hermanas.
Tenía veintiún años cuando una mañana
vió llegar un lucido coche que se paraba frente á las cabañas. Un caballero joven, con su
cadena de oro, se ape6, ayudando luego á bajar á una señora de pelo blanco.
La señora le dijo:
-Es ahí, en la segunda casa, hijo mío.
Y el joven entró en la de los Vallin.
La mujer levantaba los manteles y el hombre dormitaba en un rincón. Ambos alzaron
los ojos, y el joven les dijo:
-Buenos días, papá; buenos días, mamá.
Irguiéronse los dos como espantados. La
mujer balbuceó:
-¿Es nuestro hijo? ¿Es mi Juan? ¿Eres tú?
El joven la estrechó entre sus brazos besándola y repitiendo:
-Buenos días, mamá.
En tanto el hombre, tembloroso, decía con
la calma propia de su carácter:
-¿Ya. está el chico de vuelta?

�EL lIUNDO ILUSTRADO

l)amlÍ!Dgo 27 de Albril &lt;k 1!)02,:

'EL MUNDO ILUiSTJlA.DO

VIA.J'ES AL IDEAL·

Como si le hubiera yü;lo un mes ante;;..
Pasados los primeros monwntos; lo::: v~lrc;;
-quisieron lucir al chi('o; c1uc todos le Yieran.
Lo llevaron ú easa dél akalde, á cirsa &lt;le.l cura
y á casa del maestro. ,, ~
Carlos, desde •la._.puerfa• de su cabafia, los
vió pasar.
Por la noche, e;emtmlo, les dijo á sus padres:
·
-Fueron Uf'tede~ muy tontos dejando que
se lle,·aran al hijo ele los Yallin . .
La madre respomlí,i ob,;tinaclamente. ·
-Ko quisimos vcn(lcr ú un hijo nuestro.
El padre callaba. El hijo inisi;;tió:
-No es muy &lt;lc:;agradiihle que le ;;acrifiquen á uno como ú .Juan.
Entonces el padre dijo encoleriz!ldo:
-¿:Nos reprocha¡, que no te Yenclifsemos'?
Y el joven rcsponclió brutalmente.
-Sí; lo reprocho. Fueron ustetle;: unos
mentecatos. Padres como ustedes hacen la cleHgracia de sus hijoR. )Iereeían ahora que yo
los abandona;;c.
La buena mujer lloraba, gt&gt;mía tragando
cucharadas de i:&lt;opa, Yerticn&lt;lo la mitad.
-¡Y una se mata por ('riar á RUS hijo:;!
Entonces el mozo exclamú:
-Para lo que soy, me valiera múR no haber nacido. Yiendo al otro, me ha (lado un
vuelco el corazón, y he pen;;ado: ¡,\sí podría
ser yo!
Levantóse, pro:-;iguiendo:
-Lo mejor l¡uc puedo harer es largarme
de aquí. Xo quiero reprochar á, todas horas la.
conducta de mis padres, que rne hundieron en
la miseria. ¡Xunca, nun&lt;"a se lo perdonaré!
Los dos Yiejos callaban, aterrados, llorosos.
El muchacho ¡,eguía:
-No; esta idea es demasiado triste; prefiero irme á otra pa11:e, buscar mi Yida lejos de
aquí.
Abrió la puerta.; resonaron voces alegres en
el exterior; los Vallin festejaban á su hijo afortunado.
Entonces Carlos, apretando los puños y
dando una fuerte patada en el suelo, miró á
sus padres con ojos llenos de ira, diciéndoles:
-¡:Miserables! ¡eh!
Y desapareció entre las negruras de la noche.

&lt;;uy oe

JITOTAS I•TIMAS·
. ¡ Oih, &lt;venus -de ::\1iJ.o, reina del murr11uo pi]á~trco, oomo te lla.rna tuno ,de ~os má:; exc.elsoo críticoo del aiibe ! En la amnoní,a ele tu seno--dig!Il.O oomo ell de He}ema, según Samt Vici.or-de
semr &lt;lemodclo ip~ra 1-a.s copas del rultar; en las
líneas curvas y oarndenoiooas del tesoro ; en la
mgi:nai d€SiDJu&lt;lez de tus espalidias; en la serenidad liumino..oa de tilll contornos; en el exqui-

JYlaup:rssar¡t

F.XPOiHCION DE BgLLAS ARTES.-Oleo de Leanrlro Jraguirre.

por todo d despego con que ha1&gt;r? pn~ado tu
cariño, por todas las lágrimas que te hice , erter, de rodillas te pido perdón, ahora que 111&lt;'
eRtremezco al pensar en una ingratitml ele cf'te
p edazo de mi Yida, que es todo mío y sólo para mí vi\'e. ¡Si fuera siempre así! ¡8i no necei-itara para vivir más espacio que el d e mis
brazos, ni nüs calor que el de mi pecho! Ahora comprendo lo que es i;er madre ; con llanto
d e alegría empeeé esta carta, y sólo al pensar
en uri temor lejano lloro afligida. ¡Pero qué
amor inmenso é;;te de madre! Tan inmenso,
que parece que el alma se agranda para contenerle. ¡Y cómo todoR aquellos disgustillos y
cóleras d e novia, &lt;1ne al confiúrtelos te habrán
hecho stúrir mut·lrns veceR, me parecen ahora
cosa de nada! Xo, mamá; ya no soy la niña
ncnio::ia, antojadiza; ya no me dan ataques ni
desconfío de mi pobre Julián, que es muv
bueno. Xo puedes figurarte sus atenciones
desvelos conmigo. Xo Re ha Reparado un instante de mi lado, y en los momcnt-01, de peligro tanto le ahnuuaba su d esairada impunidad en mi sufrimiento, que con lágrimas en
los ojoi- m e prometió &lt;¡_ue por nada de este
mundo quisiera verme de nuevo en aquel trance. Ahora me. río .v él también, porque el peligro ei-t:'l en el primero, y ya gracias á Dio1,,
ha pasado.
•

frío, ~- s2ú el día mús feliz &lt;le mi vida . .Jnliánte !&lt;aluda y no me deja escribir más, pon1u~
aún e itoy débil y teme que me haga daño.
¡S:cm_)re hn carii'ioso! El muy pÍC',tro ha'leíde&gt;
de reojo la florecilla y me la paga con un be~o. ¡Qué mejor firma para una carta que es
toda felicidad, nnclre adorada!

Jacinto ]Jenavenfe.

.1

~

Son muy bonitos lo~ modelos de talmas y
gorritas que enviaste. :N'o te pido más por ahora, porque eH un modo de crecer el ele este hijo mio, que de w1 día á otro todo le está pequeño. Es una hcrmmmrn; ya conoce y se ríe.
Ven muy pronto, mamá, en euanto pase el

~

.

t•-~~
~~

y

¡)ladre de mi alma, ta.mbién yo soy madre!
¡Con cuánto orgullo escribo esta palabra que
me iguala á tí, santa y adorada madre mía!
Soy feliz; sólo me apena comunicarte por escrito mi alegría, cuando quisiera, para hacerla mayor, tenerte á mi lado y confundir tus
besos con los del hijo de mi vida. ¡Te debo
tantos, madre mía! Por todas las ingratitudes,

Doonringo 27 ·de A.l,ril (le l 902,

ce

PENSAMIENTOS.

✓-­

~

La vejez es u.na enleumeda, 1 extraña :
cuida IJ)ílra haoevla dnrair.

&amp;e

la

-En preseruci.a &lt;dre 11Da o'bra útil no busquemos -dem.aí:ia.do las sC¡,,au·nldas intencil()ne,i M
S'J.S a.u1bores; juz,,,auim.i.osia sólo ¡por -us hem:.'nci()';,.
-El miedo de ser enigañatdn, hace ingrato
al hombre.
G. M. Balltour. ·

sito pei,f,il de tu semlblamte, esWJl ~ .
si'll!tebizaid.os, Ja eterim. vilda de los dioses, el
i&lt;leal de la íor.ma, la hemnosura mefa1ble, ila belleza S1t1ib1.fone.
De tu cuerpo imllnioc:llll.a&lt;lo, n.o ldasflorado aún
ipor la caricia lasciva ldel aimor, flm:yen coono
&lt;le u.na urna, los ilivci.nos perfumes dd
arte. Er,es la "Venrus victrix," alJI1alda por
Oés,ar y adorada por l'latón. 'rodios los hombres qll];e lleV3lll en cl espíritu ,eu onis&lt;teriioso
s.o,plo que iinspi1,ó á Pigrnallii,ón é ih.iro cantar á
H eme,ro, ~e a.rro1Chllan en tomo del pecloobal
q1ue ~i'€iDe tu mármol sagratdo, paira oesar,

on 1X;Qigfo,¿o éxtasis el paño que baija hasta tu:
mutil.aldo pie, en pwieig,ues magootuosos.
Eres Ja regia YO[IJ::e&lt;lora, la suiblilme modelo,
la más a.hta expresión ai•tLsti-c:a, el símbolo suprnmo de 1a Bulleza E.ter.na. E l cincel ih.elénruco
qiu-e te creó, fua:1cl'ió en tí, :m,1.1irul1Íl1osa síntesis,
~-as lÍlneas más pura2, los ooutornos más límpidos, las clesinu&lt;lt:ces más ·he,rmosas; y cfo t:x.los
estos ,elis,peroos fra.g11nmebo, ,hizo una figura,
:fomrnó un todo ~ •t ético, :realizó uino de l&lt;X:1
mús g1'8Jllide.s i&lt;lea.1les que •ha1-a ,pod&gt;ido coo1cebir
el hu:roono espíritu.
Y así diciooido, enavuooi1clo por el rec:rt11e!'ldo

�DoanÍ!ngi0 27 de All:xril de 1902,

EL 2\l[.\"DO lLGl:&gt;'l'H.ADO

de 1rus be1lem.s p1ásticas, ;penetro ou:riosa v
'IIJbolollldradament,e en el oolón ool "desnud¿"
de ila A.&lt;t.idem.ia de Sam Carlos.
Lo primero que hir,ió IIIl!.i visita, así por su tamaño oom.o por la crudez de iru. en:bonaición, fué
en Silllldro que represeillta um.a esci'cllva egipcia.
A la ver.&lt;leid que no es mll\Y henrn&lt;JBa esa figura;
eetá en pie sobre la esoa•1ima,ta cubierta con

rico taipíz de aun~as borda.dína.s; aoa,ba de albrir
la pesrud,a 001tima de Daunasoo, ;que r,e;co,J.itia oon
los peI"files de su ouerpo ,bvuno, erguido y rollizo, curas tintas soorubrfas corutrastan oon el
fonido i~OSO del Clli!l:d.TO. Si.n emlbai,go, ~ta ~••11r.a de..sag,rada ,um. ipooo; ha¡y ~ to át::ipe.ro en toda cllia ; es id.e l1Lil. efectismo que
ropugma : el cuerpo de la esclaiva., rigúldo ib.asba. .fo
ÍilOO:OOelbi.ble, tiene IUlllil5 formas ~iasi.a!do roibusbas y
a00111Vuaklias, meya oontam¡pl'81ción no produce, ¡por ciento,
1a seiie1J1a sensaci'émi estética.
Se noúa, no ()lbata,nte, '1a
fll1lll,€f¿a y segu.rü,d.'ad ·le la
lllL.aJíllJO
que
rtraoo el dlibu jo r la
ein.ergfa del
!pincel que
KlJió ooloro.do
é ia fignrra.
Meaoer,qué

para ibusca,T
eU lliOtrnbl"e clel

ooror.

EL }1U:NDO ILUSTRADO
-¡ Aih ! es extranjero; no es ,de iiri.n,gmn pintor de la .Academia; una 1limosna rde Arte; qué·
llástima!
iEntooces v0'1ví la viista paira IJ:msic.air c;tra he-11.wa. Y q,ued:é estáltroo, illeoo id¡e revarenlterudmiración, llJlllte ~a ''Baoa'Iliie" de Lafev.re. Ya
la cOOIOOÍa : es un oua:lro que 31dq1\11Íiú.6 la .Acad(.'ll'.Ilia hare ailgwn,os años, ry que, según one
cuenta,n, no es dJeil agro.do de ciertos pro:f.es.o1-es oo nuestra Bsou€l1a die, Belilias .Ar.tes.
La ''Baicante" de Lefovre es •UJn onaireivilloso estuéLi-0 .del desn'lld-o. Es una piintura magi;;traJ. Tu un paraje .agreste, wbre un fondo
de rOC'.as vendri:negrrus, se ha iteooido volu.ptuosannenre ,La "Baca.rute'' ébri.a yia con el aicre jru.go de l:as u1v'81S, con el 1penetirante perfrume de
Jas füoms y oon las ínti1IJ1a1S palp:iiUllCionies del
desieo
La m'lljer desn'll.da es la mujer .al'Il'.lOOardec.ía Vfotor Hugo.-Bañ.ado en sol, aiqJuel
cu.enpo ide afüura. de n,ieve, muestra al .aiire libre su OOll.'JlJe f.inia., dariad.a, oon 'S'Ulalvi&lt;l!aldas !de
seda,, ,y conitomoo de vir~~ruill delimrl~, en
la cual se yer,g,uen, Jwnóln&lt;las de saibm, las
pá,lildru; .rosas de 'los senos. ~ -oé.firo oar,gado deairorrnas. acaTÍ!cia aquel'la pnmav€fra idle la carne y mueve iim,perooptiiblemoo.te la;.,, ailldhas
hojias de pómpano, y 1lrus rosas. ent~aihiertaa
que IO!J,rullD. ilia fumrt:e iJ.l\llID.Ím,aoo; ~os OJ os odoroon,t,ellleain; los laibios fu.úmooos se entrea.bren para que no se quiebren las alas ®l
suspiro.
,¡ Berudruto sea cl .airt.e que así d'ÍJv•imiza 1a forma huana,na y Wl"J)remre y a,rna,ruca. ilos e:ncamtos ile la N~il.e0a ipara oorles wrda iollm.01'tal! • . . . . .

EN EL PALACIO BRANIFF.
En los últimos días no se ha hahlado sino de la suntuosa fiesta que el
D. Tomás Braniff y su distinguida esposa dieron, en honor de Mr.
\\.eetman P earl'.on, como un saludo cariñ~so de despedida.
.
Lof' magnífico.; f'alones de aquel palac10 que leYanta su mole graCiosa, en
el centro de un parque que atrae la~ miradas de ~os que pasean por ~a Reforma, f'e pohlaron de bellezas, las Joyas más preciadas de nuestra sociedad,
dt· exelamaeiu1ws de regocijo, de cantos alad?s y de acentos _orq~estal~s
que tmían á Yeces tocla la ternura de la plegana que sube al ciclo o el vi"Ol' del himno heróico que entona y reconforta.
,. .
lkscl(• la~ och o v medi,t de la noche, los carruajes cruzaban la reja q~e
limita el parque é il¡an deteniéndo¡:;e, bajo la marquesina de cristales, ~er~tla por la luz de 101-, focos eléctricos, pam dar lugar al descenso de los mv1tados.
b á 1
Una eomisión ele j6vene:; vestidos correctamente, ac~mpaña a
~s
&lt;lamas ,. C'aballrro~, hasta el sal6n de recepción que presidía con c,sav01r
faire" l'Xqui~ito, la ~efi.ora Doña Lorenza J. de Braniff.
El aeto dt• c·nncicrto dit·i~i(lo por ]o¡:: señores Arturo Braniff é Uilario

:-.r.
·~•.;
l•~~.

~

o•

m.ecwos

..Gran fiesta en la Legación
DE KE:UOO Ellf li::SP.a.:lt.a..

Racen época. ero. ios .runales
ar.istoorMiicos de la Metrópoli
€61_1)añOlla, a,as ~ que
el Exmo. señor Mri.!Ilristiro Plenj¡potemciario de Méxioo en
España, Don Mrun'llell .die ltu,rbe y su &lt;lúgna ~ , hacen
en cl SU'IlÚl.lOO.O ,palacw de loa
mt:i,guoo illla.1-quwes tle (}Wl,dalicarzar, 'hay resi'dencia ide la
Legación mex.ioa.in.a en :aqoollla
oorooolda Vá.lla.
La, wJtirrna IIOO.gmt fiesta
Olfl'IOOi!éla por los &lt;lrisbÍ!Jlb"1lilldoo
señores de lltumbe, se efootuó
el !llliÍérodres 2 ide1 que cursa y
todas lrus iaronioas de ilia socieded maldiriJ.e:ña. ,e;s,bín de '810llerdo ie.n lfl!UC hia sido 'llIIl.a de lal!
'llliÍs notaibles y SllilJJÚUOS3S que
ihaatia. rr-a fe&lt;ili.a se lham. ef€IOÚU.a-

idlo.
La señora de I tunbe es la
orgamizald:ora y ,diirectora. de
~as fiesfns y ~ t e 1a
SOOUill!da iell i.lm.stre ~ Morooo 0arb&lt;mero.
Ya 'los diia.uios dleseriiibieroo
con todo.s sus det.aliles Ja recepción á que a:ros referiimoe y
sólo q1UJeOO apumitair á "El
MiUlilldo Hustra:do" ooba nota y
1

adOI'!llar sus oolllllIDlilas oon

el

retrato :ele l.a ld.isbilruguiJd dla.ma, oopooa id~l señor de Hrull'-

'be.

ALEGORIA DE LA PAZ.-Eacultura de Longinos Núl!ez,

Damlingo 27 die Abril de 1902.

Zurita. provoe6 una tempestad de aplausos, que premiaron la correcta es-cuela &lt;le canto y la dulzura de voz de la señorita Lorenza Braniff.
Otros números musicales, quizá lo mejor del programa por su novedad
f interés, estuvieron confiados á una Orquesta. Típica y á una Sociedad Coral, que levantaron, como nube de incienso, todas las simpatías.
Tenemos el gusto de ofrecer á nuestros lectores el aspecto que ofrecía la
Típica en el palco escénico del elegante teatro que hace sus caprichosos det,alles de un arte decorativo irreprochable; y esta. ilustraci6n, tomada d_e noche por medio de procedimientos modernos, dará una idea de la gracia de
:aquel conjunto digno de toda admiración.
Componen la orquesta las señoritas:
Catalina Escandón y Cuevas, María y Laura Garamendi, Lo]a y Ana
Rubio, María y Elena Portilla, Lola Landa y Camacbo, Lola Lascmáin,
Lorenza Braniff, Paz y Luz Cortina, María Rinc6n GaUardo, Lupe y Josefina Landa y Lozano, María Matilde Ituarte, Teresa Torres Rivas, y los señores Jesús Sol6rzano, Juan Lerdo, Alfonso Rinc6n Gallardo, Enrique F ernández Castelló, Joaquín Cortina, Antonio L. Coca, Pedro Valdés Fraga,
Luis Godard, Roberto Maríu, Osear y Alberto Braniff, Mariano Mendizáoal, y la dirige el f:cñor Arturo Braniff.

�Daming.o 27 de .A!bril &lt;le 1902,

EL 1-iUNDO ILUSTRADO

EL 1-fUNDO ILUSTRADO

c6lera y juró que sabría obfigar á Eufrosina á
que se casase con el conde Longinos y, sin hacer ostestanción de inútiles amenazas, agregó
que aquel matrimonio estaba resuelto en su
voluntad que se cumpliría sin tardanza, y si
no era suficiente la voluntad paterna, recurriría á la del emperador cuya Divinidad no permitiría que una hija desobedeciese á su padre
en aRtmto tan importante como el matrimonio
de un patricio, que interesaba al público y al
Estado.

***

Santa Eufrosina de-Alejandría.
Eufrosina era hija única de un acaudalarlo
-ciudadano de A.lejandrhi, llamado Rómulus,
quien la hizo instruír &lt;le manera tan cuidado~ª en rnúHira, baile y arihnética, que cuando
pasó de la infancia, lucía un espíritu ,mtil y
-curiosamente adornado. :.o cumplía aún once años cuando los ~Iagistra&lt;los de Alejandría
hicieron pregonar en las ralles que sería premiado con una copa d&lt;' oro aquel que encontrase contest:1rión ex.acta á las tres pregwltas
siguientes:
Primera.-Soy el hijo negro de un padre lun1in.oso; soy pájaro sin alas y me remonto hasta las nubes. Hago llorar sin motivo alguno
&lt;le pena. Tan luego como nazco me pierdo
-en el aire. Amigos míos decidme ¿cómo me
llamo?
Segunda. - Engendro á mi madre y soy por
-ella engendrado, y á wces soy más largo y á
-veces más corto. Amigos míos, decidme mi
nombre.
Tercera.-Antipater posee lo que posee Ni-comedes, más un tercio de lo que tiene Temistius. Nicomede,; tiene lo que Temistius más
la tercera parte de lo que tiene Antipater. Temistius tiene diez minas r el tercio de la parte
-de Nicomedes. ¿,Cuánto le corresponde á cada
uno?

El &lt;lía señalado para el concurso se presentaron ante el jurado muchos jóYenes, con la
esperanza de ganar la copa; pero ninguno contestó con exactitud á las preguntas. El presidente del jurado iba á levantarse, cuando la
joven Eufrosina, se acercó al Tribunal y pidió
ser oída. Todos los circunstantes admiraban
la modestia de su porte y el adorable pudor
.q_ue coloraba sus mejillas.
«Ilustrísimos jueces, -les dijo bajando los
&lt;&gt;jos,-después ele glorificar á nuestro Señor
Jesucristo, principio y fin de todo conocimien1;o, trataré de contestar á las preguntas que
Vuestras Luces han propuesto, y "ºY á comenzar por la primera: el hijo negro es el humo
-que nace del fuego; se pierde en los aires y
hace que sin motivo de pena, lloren los ojos.
Así contesto á la primera pregunta.
«Voy á responder á la segunda. El que engendra á su madre y es engendrado por ella,
es el día, que sale &lt;le la noche, como la noche
sale del día y que es más 6 ·m enos largo según las estaciones. Así contesto á la segunda
pregunta.
«Paso á la tercera: Antipater posee cuarenta
y cinco minas; Nicomedes tiene treinta y siete y media; Temistius cuenta con veintidos y
media. Ahí teneis el resultado."
Los :Magistrados aplaudieron la exactitud

de aquellas respuestas y otorgaron á la jm·en
lacopa de oro y le ciñeron la frente con una
;&gt;orona de «papyrusi, para harer honor á la Rutili&lt;lad de aquel e;;piritu. Y la \·irgen fué llevada á la casa de sus padres enme&lt;lio de sones de
flauta y con acompañamiento de una multitud
de pueblo.

***

Pero corno cristiana que era y estaba animada de una piedad poco común, lejos ele
enorgullecerse por aquellos honores, Yenrió la
vanidad y prometió emplear la penetración de
su inteligencia en resolver problemas más diµ;nos de interés, romo por ejemplo, hacer la
suma &lt;le los números representados por las
letras del nom hre de Jesús, y estudiar las propiedades maraYilloi:&lt;as de estos números.
Entretanto, crecía en belleza y sabiduría y
era Rolicitada en matrimonio por muchoR jóvenes. Uno de ellos era el conde Longinos que
era poseedor de enormes riquezas. Rómulus
acogió á este pretendiente con señalada satisfacción esperando que una alianza con aquel
hombre le ayudara á restablecer sus propios
n egocios, echados á pique por Pl lujo de su
palacio, de sus navios y de sus jardines. Rómulus, que era uno de los habitantes más espléndidos de Alejandría, había derrochado sumas consiclerables, especialmente en reunir en
una magnifica sala las máquinas más admirables que se conocían, tales como una esfera que
excedía en brillo al zafiro, con las constelaciones
del cielo figuradas con piedras preciosas. Era
también muy notable en aquella sala, una
fuente de Herón que regaba aguas perfumadas, y dos espejos, tan artísticamente hechos
que convertían á las personas, que en ellos se
miraban, uno en largas y delgadas, otro en
chaparras y gruesas. Pero lo más admirable
en aquella morada era un matorral de oxiacantos, poblado &lt;le pájaros que, por medio de
un ingenioso mecanismo, cantaban y batían
las alas como si estuvieran YÍ\'os. Romulus
había gastado el resto de su fortuna en adquirir tal es juguetes. Así fué, pues, que acogió
con agrado al Conde Longinos, que poseía verdaderas riquezas, y trat6 de realizar, por todos
los medios posibles, aquel matrimonio que le
prometía felicidad para su hija y reposo para
la vejez. Pero siempre que hablaba á Eufrosina encareciéndole los méritos del conde Longinos, la niña volvía la vista y no contestaba.
Un día le dijo:
-¿No me concedes, hija mía, que es el más
gallardo, el más rico y el más noble de los
ciudadanos de Alejandría?
Y la sabia Eufrosina contest6:
-Lo concedo de muy buena gana, padre
núo, y creo rfectivamente que el conde Longinos excede en nobleza, en opulencia y en
apostura á todoi- los ciudadanos ele Alejandría. Pero si me rehuso á tomarlo por esposo ·
no lo hago por su apariencia que, fuera la qu~
fueRe, no me convencería para cambiar la resolución que tengo de consagrar mi viro-inidad
0
á J esucristo.
Oído aqupl propósito, Rómului:&lt;se montó en

va-

Eufrosina sabía que su padre gezaba de
limiento ante el emperador, cuya Divinidad,
habitaba en la ciudad de Constantinopla. Comprendió que en semejante peligro no podría
esperar más socorro que el del mismo conde
Longinos. Con el fin de lograrlo; citó al noble
para una entrevista secreta, en la basílica.
Lleno de esperanzas y de curiosidad, dirigióse el eonde Longinos á la basílica, todo cubierto de oro y pedrería; la vírgen no se hizo
esperar, pero al verla aparecer con el pelo suelto, cubierta con un velo negro, como una suplicante, el noble entrevió un mal augurio., y
sinti6 que su coraz6n se impreRionaba.
Eufrosina habló primero:
-Xobilísimo LonginoR,-le &lt;lijo, si me
amais tanto como &lt;lecii-, os causaría pena desagradarme _y así sería si me llensfis por la.
fuerza á entregaros lo que, con mi alma, he
consagrado á Xu estro Señor .Jesucristo, principio y fin de todo amor.
Y el conde Longinos le contest6:
- Xobilísima Eiúro:-ina, el amor es más poderoso que la voluntad, y hay que obedecerlo
corno á un amo celoso. Haré lo que me ordena, esto es, tomaros por ef'po,;a.
-¿Y es digno ele un hombre ilustre tomar
por esposa á una prometida del Señor?
-Esto lo consulta,ré con los obispos, no con
,·os.
Tales propósitos hicieron derramar abundantes lágrimas á la niña; comprendió que no
debía e,;perar piedad alguna ele aquel hombre
violento, gobernado por los sentidos, y que los
obispos no podrían reconocer los \"Otos secretos
que había hecho ante Dios solo y, en el exceso de su inquietud, recurri6 á un artificio tan
extraordinario que más bien debe tomársele
por admirable que por ejemplar.
Habiendo tomado su resolución, fingió cederá la voluntad de su padre y á las asiduidades del amante. Ella sufría aunque se aplaz6
la fecha de la ceremonia nupcial. El conde
Longinos hacía ya colocar en los cofres las joyas y los adornos destinados á la esposa; había mandado hacer doce trajes, en cuyas telas
estaban bord&gt;1das algunas escenas del Antiguo
y del Nuevo TP.stamento,fúbulasgriegas, historias de animales, y también las Divinidades
del Emperador y la E'm peratriz, con su séquito de ofiiciales y &lt;le damas. Uno de esos cofres
co:ntenía libros de teología y de aritmética, escntos con letras &lt;le oro sobre bojas de pergamino de un tinte purpúreo, que estaban protegidas con pastas de marfil y &lt;le oro.
Mientras tanto, Eufrosina pasaba el día _encerrada y sola, en su aposento. Daba como
razón de ese retraimiento la necesidad de disponer su traje de boda.
- No sería c01weniente-clecía- que ciertas
prendas de mi vestido fuesen arregladas y cosidas por otras manos que las mías.
Efectivamente, manejaba la aguja de la mañana á la noche; pero lo que preparaba tan en
secreto no era ni el velo Yirginal ni la ropa
blanca de la desposada: era el capuchón burdo, la túnica corta y las espaldillas que usan
los obreros de los pueblos para ir á su trabajo.
~a~ía esta labor invocando á .Jesucristo, princ1p10 y fin de todas las empresas de los justos.
Acabó felizmente su trabajo oculto, ocho días
antes de la fecha fijada para la solemnidad del
matrimonio. Pasó todo ese día en oración, y
después de ir á recibir, siguiendo su costumbre, el beso de su padre, volvió á su aposento,
se cort6 los rabelloR como cadejos de oro; se
vistió la túnica corta, se ató las espaldillas,
ech6se el capuch6n hasta los ojos, y tan luego
como lleg6 la noch e, salió cautelosamente de
la casa, mientrag que dueños y ser\'idores dor0

mían. Solo el perro velaba; pero como la conocía, la siguió por algún tiempo y luego Yol-vi.ó á la perrera.
La joven atraves6 con paso rápido la ciudad
&lt;lesierta, donde solo se oían por intervalos los
:gritos de los marineros ebrios y los pasos can$dos de los guardianes que perseguían á los
malhechores. Porque Dio¡; estaba con ella, no
.recibió ninguna ofensa de los hombres, y, def'•
-pués de franquear una de las puertas de Alejandría tom6 el camino del desierto, Riguien&lt;lo las 1;1árgenes de los canales, cubiertos de
-papyrus y de lotos azules.
Al amanecer pasó por un pobre pueblecillo
&lt;le artesanos; un anciano cantaba ante su puerta á la vez que pulía un ataúd &lt;le madera de
~icomoro. Cuando la jo\·en Re le acercó, el an~iano lernntó la cara achatada y Yellosa y ex~lamó:
-¡Por Júpiter! he aquí al hijo de Eros que
lleva un tarrillo de ungüento á su madre! ¡qué
-tierno y gallardo! l\Iientcn los que dicen que
los dioses se han ido; este joven es un verda-0ero diosecito!
Y la sabia Eufrosina, conociendo en aquellos conceptos que el anciano era un idólatra,
tuvo piedad de su ignorancia y rogó á Dios por
:SU salYación. La oraci6n fué escuchada y aquel
anciano que era un fabricante de ataúdes llamado P~rou se convirti6 á la religión verdadera, tomando el nombre tle Philoteo.

tenía pálido el semblante, enjuto, y sus ojos
estaban iluminados con la flama de un furor
melancólico.
-Hermano portero-dijo aquel hombre-conducidme cerca del santo abate Onuphre para que me cure, estoy atacado de un mal de
muerte.
Simaragda ofreci6 al extranjero un escabel
para que se sentase y le dijo que 0nuphre había llegado á la edad de ciento catorce años y
presintiendo el fin de su vida, se encontraba
visitando las grutas de los santos anacoretas
Amon y Orciso.

D0011Jin,go 27 ide Albril de 1902,
era, lo hizo ¡,entar, le lav6 los pies y le dió de
comer.
.
-Hijo de Dios,-lc &lt;lijo el mend1go,-no
siempre he sido un pobre _vagabundo tal c~~l
me veis. Tuve grandes nquezas y _una h1Ja
muy bella, muy prudente y muy sabia que resolvía los enigmas propuestos en l?s concursos
públicos y que recibió de sus _mag1strad_~s una
corona de papyrus. He perdido eRa h1Ja, he
perdido todos mis bienes, estoy apesarado por
mi hija y por mis riquezas. Te!1ía entre todo
un bosquecillo poblado por páJaros cantores,
hecho con maraYilloso a,tificio, y ahora no-

,k

*'*
Después de un día de camino, Eufrosina
llegó á, un monasterio donde Reiscientos monjes bajo el gobierno del abate Onuphre, observaban la regla admirable de Sa_n Pácomo. 8e
hizo conducir hasta la presencia de Onuphre
y le dijo:
-Padre mío, me llamo Smaragda y soy
huérfano. Os ruego que me recibáis en YUeHtra santa casa para que guste ele la,: delicias
del ayuno y de la penitencia.
El abate Onuphre, que por aquel entonccR
~ontaba ciento seis años de edad, le conteRtÚ:
-~iño Smaragda, tuR pies son hcrmosoR,
puesto que te condujeron hasta esta casa; tus
manos son bellas, pues que con ellas llama:;te
á esta puerta; tienes hambre y sed de ayuno y
:abstinencia. Yen y serán saciados. ¡Feliz niño
-que huyes del siglo, en tu traje de inocencia!
Las almas ele los hombres están expuestas á
:grandes peligros en las ciudades, y particularmente en Alejandría, porque allí abundan las
mujeres. La mujer es un peligro tal para el
hombre que su solo pensamiento, á mi edad,
me cau~a un terror que sacude todas mis carnes. Si hubiese una bastante atrevida que intentara penetrar á, esta santa casa, mi brazo
-recobraría repentinamente su vigor, para arrojarla á golpes con este cayado pastoral. Del~emos adorar á Dios, hijo mío, en todas sus
,obras; pero es un gran misterio de su Provi-&lt;l.encia el que haya creado á la mujer. Permanece aquí, niño Smaragda, porque Dios te ha
traído.
Así recibida entre los niños del santo pastor
Onuphre, Eufrosina vistió el hábito monástico.
En su celda alababa al Señor y se regocijaha
-&lt;l.e su piadoso fraude, considerando que su padre y su prometido no dejarían ele buscarla en
iodos los monasterioR de mujeres, para llevCtrsela de orden del Emperador, pero no llegarían jamás á descubrirla en aquel asilo á donde J esucristo mismo la habfa ocultado amorosamente.
Durante tres años lle,·6 en su celda una vida edificante, y las virtudes del niño Smaragda
,embalsamaban el monasterio. Fué por eso por
lo que el abate 0nuphre le confió las funciones de portero, contando con el buE'l1 juicio
-&lt;l.el joven monje para recibir á los extranjeros
y sobre todo, para rechazar á las mujeres que
intentasen entrar á la casa f'anta. "Porque--decía el religioso- la mujer es impura y la sola huella de sus pasos es una mancha infecta.''
Hacía cinco años que Sirnaragda era portero
,del monasterio cuando un hombre fué á llamar á la rrnerta. Era un joven magníficamente
traieacto y con 11'1 resto de porte altivo; pero

Tal noticia hizo al Yisitaute caer sobre el escabel, oprimiéndose la cabeza entre las manos.
-¡ ~o puedo esperar que me cure! murmuró. Y agregó luego levantando la cabeza:
-El amor por una mujer me ha reducido á
eRt" estado miserable.
Hasta entónces Eufrosina pudo reconocer al
conde Longinos y tuYo temores de ser reconocida por él; pero pronto se confió y sintió piedad por aquel hombre tan triste y desdichado.
Después de un largo silencio, el conde Longinos dijo:
-Quisiera hacerme monje para escapar de
esta desesperación.
Y contó la historia de su amor y la manera
como su prometida Eufrosina había desaparecido repentinamente; hacía ocho años que la
buscaba sin poderla encontrar y estaba aniquila&lt;).o, consumido por el amor y los dolores.
La santa le contestó con una dulzura celestial:
-Señor, esa Eufrosina, cuya pérdida lloráis
tan amargamente, no merece tanto amor. Su
belleza no tiene más precio que el dado por
vuestra imaginación, pero en realidad, es vil
y despreciable; es perecedera y no merece que
os apesadumbréis de ese modo. Decís que no
podéis vivir sin Eufrosina, y quizá sucediera
que la encontráseis y no la reconociéseis ya.
El conde Longinos no contestó, pero aquellas palabras ó quizá la voz que las pronunciaba, hicieron en su alma una feliz impresión.
Partió más tranquilo y prometió volver.
Efectivamente, volvi6 y, resuelto á abrazar
el estado monástico, pidió una celda al santo
abate 0nuphre é hizo donaci6n de sus enormes riquezas al monasterio.
Eufrosina experiment6 una gran sati,-facción, pero poco tiempo después, su corazón se
sintió colmado de un gozo más grande aún.
,k

*'*

Un mendigo encorvado al peso de su alforja
y que no tenía para cubrir sus desnudeces
más que unos girones de tela burda, llegó al
monasterio para pedir por caridad un pedazo
de pan.
Eufrosina reconoció en aquel mendigo á R6mulus, su padre, pero fingiendo no saber quien

tengo ni una tela con que cubrirme...... Sin
embargo me consolaré si puedo, antes de morir, Yoh·ei· á ver á mi hija adorada.
Cuando acabó de hablar, Eufrosina se echó
á sus pies llorando:
-Padre mio; yo soy Eufrosina, vuestra hija, que huyó una noche de vuestra casa. ¡Perd6n! Nada de esto se hubiera realizado sin la
voluntad de Nuestro Señor ,Jesucristo.
Y después de haber dicho al anciano cómo
había penetrado disfrazada ele obrero á aquella casa, donde después había viYido en paz y
oculta, le mostró una sefial que lleYaba en el
cuello. Rómulus reconoci6 á su hija, la abraz6
y la bañó con sus ~ágrimas, admirando los designios misteriosos del Srñor.
•
Por ellos resolvió hacerse monje y viYir en
el monasterio del santo abate Onuphre. Con
sus propias manos construy6 una celda cerca
de la del conde Longinos, y cantando salmos
labr6 la tierra. En las horas de descanso hacía
reflexiones sobre la vanidad de los amores terrenales y de los bienes &lt;le este mundo. Jamás
dijo algo respecto al maravillogo encuentro de
su hija Eufrosina, juzgando que seria mejor
que el conde Lonµ;inos y el abate 0nophre supieran esta historia ha,;ta su llegai:la al Paraíso, cuando eRtuvicran en plena inteligencia
con los designios &lt;le DioR. .Jamás sospech6
Longinos que su prometida viviera tan cerca
de él, y así reunidos los tr·eg perRonajes de
nuestra historia, vivieron algunos afios practicando todas las virtudes, y por un favor especial ele la Providencia, los tres abandonaron
este mundo casi á un mismo tiempo: el conde
Longinos murió el primero, Romulus tres años
más tarde, y Santa Eufrosina, después de haberle cerrado los ojos, fué llamada al seno de
Dios en la misma semana. San 0nuphre les
sigui6 á la tumba cuando contaba ciento treinta y dos años de edad, el día de Pascua del
año 395?, después de la Encamación del Hijo
de Dios. ¡Que la intercesi6n del Arcángel San
:Miguel sea con nosotros!
Aquí acaban los actos de la vida de 8anta.
Etúrosina.
Amén.
fl11afole France.
Traducción especial de" El Mnndo Ilustrado.''

�DO!Ini'llgo 27 ·de A.00:il de 1902.

EL MUNDO ILUSTRA.DO

Domingo 27' de Abril

EL MUNDO ILUSTRA.DO

'

M EXICO RU RAL.--(Hacienda de San José del Carmen.)
N ·el oorntro de 'llJl
,pi&lt;ntoresco
valle,
cmzado por el ·m.agestuooo R.io Lerma y á 'U!IlOS ouatnt.oo ki1ámiatroo de
la ciudaid Id.e Sa.1vabierria., ieoollioode

sus ciumpos ricos,
foorurud,aK1os por

la

mano llaibori,osa del
pe&amp;n' q'lll8 es lllll
héroe ldcl trrubajo
,1a HacienJd,a de S
D. Maonel Llamoea en su
eaballo favorito.
J ooé iélel OaT!IIltEfil.
región de slllIIla iim,poritamcia 'Pa;r,a,r todo aquel
(}UJe haya seg,uido la evolución de ,l a a,griouTbur,a ,d,e ::\Ikxi1co.

g-anadiv mayor, y 11na magnífica. puesa de la
·:iue ai1:rnnca ruma 1"'e&lt;l &lt;le pequeños caina'k s, pudiérumse 1,egu;r G00 .f.anegia.s, ein co.rubar ~S'Wpu.esro lia zona q u~ 1"00.i:be el iag.ua ool Río
de Lerm.a.

LOG

iproouclos prinoipitles son: trigo,
(10.000 cargas anuailizs), caña de larbúcair que
se aprovecha en el tro¡piahe ll101mado de ''Sáucllez" pana 1a €!l:aboI1acián de piloncillo de
suipe&lt;rior ca,lida,d, ,pr-OOIUiClbo ool\llal que 'ha llegald.o á estiimaa-ae en 50,000 tarci.oo, caoaJhn:¡¡a,te,
c-o:nsildem&lt;lo oomo €11. 'IIOOjor del ipa.íls, roaan.ore,
maíz, gaflOOl])zO y otros prod:utdbos, ooseohaidoo
e•n meooir -0an1liiéLa.l.
De suierite es que los 11onléL.imrienlt.os de l,a
fine.a oonstiibwyen, iaño ¡por año, 'llllW, ver,dia;dera
fortll[la.
San José d~l Oarmen penteneoe en ila a.e-

el "record" en l,a ibrega. agríí}!)la. · 6 saj-eto á, 1as ivarns ,~ l veihfoullo &lt;lle carga.
,
Hubo rwru1 ccxrrida de tor'\)S
originalísima, paaitidas de caza y j'lllegOS calm.pestres.

y en su mdiustria, en el fOIIll.e'Ilt.o de su agrúnultum.
Redirién.d'&lt;XSe á 'lll1 ~ebre escciror oon!teunipoo:'á,neo, a.lgu.i.'011
6'€'1ltó esta gran tVerda.d:

t.UiaJ&lt;itltiid ail Sr. D. Miaiu11.iel 1Jl8i111iooa, pertsona
&lt;le elevalda iru,truooián, id.e ,lnüfü1J1JJtas imci.artlin1s, 18J!Ilamte .de,1 progreso y ,por lo tanto ,pa·rJ;idrurin fiel 1dk) fos miodel1IliOS &lt;militi.vos.
Ed presa el 1ID01Vimiooto extraortlirnrurio de
su rnrea, ron .La energía q,ue gobrerma, !La i'Il.te-liglemlcia ,qrue fl'E\,o-ulia.rizia y 1a oonldlaid. que l'lll'Íll:m.ta.
No es extmño, pues, que aqu(l]. ejércit.o de
peones, colanenia hunua!Ila agiJta&lt;la en el tmibajo, vea oo él ,á, un ,paldire aunOil'Ol:'lO, y t00 ail negooro ,a.e Jia época collonial.
D€1IMStmción eloouell!be del 'Cariño que de
pro:feoolil. todas los que en mayor ó iJOOIJ.Or
escala, OOllltrihrcyen á •lia, ,prooperi!da.d de la. regilán agrícola á quie aJl'UJd:iu:nots, foeron iLas fiesi:Jais que aoaiban de oéleib'I'!lJ.'se ICQll IJIOOltiV'O del
feliz regreso d:el Sr. Llian:nosia, quúen halbía

"Si qiuercis madir el progreso
de ,las 'IIBOOnes, sacad 1m. dlilferencia. ide pe;o enibre SilLS rurmas de
guer,ro 'Y sus iim;tl"Ull:IlJ€llllt id.e la-

***
Los que ipaswron estos días de
fe.%ej06 exittraoroiÍlmÍmos illO ¡potlmn oLviid'!lll" á, S'&lt;lill José del

bra.nm."
Después 1&lt;M bamqiuetie, el &amp;.
Lliaa:nosa e:xihlbi.ló ilia ilDlás ib.emno..&lt;&gt;a

Caxu:n.e01, la n:n,a,,anífica lbacienfül
que e:xiiri.endie sus terrenos die
culltiivo en el cenitro &lt;!el vaJ.le
,p:ilntoresco, dooi.de juguetea el
R'ío ide Leron&gt;a.

coleooión de ealbailloo q¡ue ,pue,elfi el !I)!ÚS, misde el ~ y andailuz 3Jl'TIOlg'alll.t es, ,hast:,a el texMl!O q,u-e bate

de enoontrarse

Don Manuel Llamosa y sus empleados.

SaJOOillé .d,a;nz.-a a~ fren,te del Tetrarca,
[Para Frias FeroAndez.J

y al coompás ~ los címbalos &lt;le oro,

la música el pen-tiágrarrna sonoro,
cQIIlo ala iblrunca ry tibia OJl ritJ1110 a,ba1X:a.

Aquel.fa tanle. .
última de sus ta.roes en Jia. ,playa
escril&gt;ió ell ooldicill.o ensamgrenitaao
con girones del alma .... !
cla.'Vi&gt; después su.s ojos ffll la sierra,
iwgra. como la hUJ11a,;
el mar eniuirooilclo se cm&amp;paba
con imponmtt;ia suma .... '.
se wó h10011fano y solo,
remolinaido por sus h.oorlas ·1001as,
si,ntió el ma:rti.nio arrtero
que daDl las illuw:nes mmiliun&lt;las .....

El ruerpo róseo y ,t ierno qu.e se enarca
e.s un nuevo y espléndido teooro,
que núbil se descubre con desdoro
de lru; ip.aterni,datles dcl Patriarca.
De !Jl'Ollto, Sa:lomé lleYá á la vista
la saingr.ien.ta caibeza del Bautista
que ,el etiope en UJl ,plato le ha ofrecido ;

filósofo y ,poeta,

Aigua en atbuDJdamieia, oa,rna1iza.dla fuá.bilimeute •pru-a la iwiga.ciÓ'll meifJ&amp;lica; ia1bonos cosnta.nte.s; &lt;prooodlinnlientos qwe la ciencia aiconseja contra el :úm.perio -die la rrutina; Íllillpl:amen.tos meciámñboo ooeptados por .s.u boinJd.aid en
Woo loo i&gt;u.eblos que Jen,1M1tan ~ill agriiowLtura
colmo eleaneinto 'Pri:nciipaJ de. riquesm; ái&lt;bol€G
y (P8shoo; ga-u,rudo en 01mza,m.ie11to die 1,aza¡s;
vía. f~rrea en,laza!llldo ter,re no,, ~o-rus y ofi0Íl!IBl5; lhé ~uí los recursoo .p oderosoo .de esta
HacienJ.a, que ,debe· ,consiooL'M, e oom.o moo12ilo
en el ,pais.
D€130e'Illdlienido á, iruf01m1~ minuei~, podemos de.oír que cuent:a wn tel'll"enos para
.mil mmegas •de semb ra&lt;liLu'a, odh-0 sitios idie

per:mam.oo:ido un año ausente de su paJtria,
pana :viaj'!llr á itrruvés de la EU'J"Qpa.
Sam José &lt;ft:J Camme.n prendió en lo aJ~to de
sus mwroo il!a polliúromila lde mil gail:l.aaidetes,
eohó á. VUJelo l,as, alleg.res es&lt;j_'ll'Ífas de su oa;pilla
a•l.Jbea.nrlie, é hiro :resorurr el espaieio oon las
:ronm.idJalhles detonaci'OOla3 die: 1as ''oáimaras."
Nl\llillerooos inv•i'Ollldoo 00ll!iliier-0n de esta C'apital, Sailivatierm, A.-dáa:nlba,ro, Oel.aiya y Guanajuarlio, y por espacio de düS días se prolongaron loo festejos de viloo y e;plffildOO".
E[l los corredOO'eS ,de Jia finm principall se
sirvió un. banquete de 200 cubieritos y se
brim.d:ó ,p or loo progreoos de i\fé:xri,oo, y su poTvonir bcitllamte, basa.do mlás que en sus IIIlhl:as

!1 LACIO DE CHAPUCTBPBO

SALOMÉ.

ATAVICA.

l

Llegada del :Ir. Ll11mos• á la Hacienda.

cann.allo fut.4,otado en. la 1a.a1J1JUra,
artista de i.onJpr.esiomi:s
que arranúÓ de su espíriÍ.itu la púnpura .....

.. . . . . . .
pensó en W ertiher ve:n.cido,
en su tragedia rurla,
y enferano coo:no Werbher,

rom¡pió

Sl\lS

liga&lt;liures ..... !

.-.

Justo pastor ]llos.

y en torno de '1,a víctima iD.ililola.da
prepara la danzante la sagrada,
posición, ,para el baile pr&lt;:1mclido.
Psdro N. Ulloa.

E'1 "spont" del remo está de lllloda. entre los
jóvooa;; en:tmsiastas de la caipiiba:l.
El higo que ,aa,tilioia.laniente se lb.izo lffi1 el
hermoso bosque de Chai¡roiliteyeo, €S a/hora el
pwn.to de cita. de Mmtles reroaidiores y :remadoras que se entnetienoo en .pasaT las caJ!1uro~ ta.rdoo d~ la ~ ó n á la somlhm de los
miagiestm.osos ahoouet.es que ibañam. S'llS vetustas raioes en fas .agtras del nuevo fago.

lAls etrnlba.rcaciones no merum ip'lllll.to de reposo, valJl y vienen col[ll'a,das de ~es "a:matenini' ent:re J&lt;lEI que se oueDJt3,n mudhas señorúltas que luicen &gt;traje, daros y soanibrillas de
paj,a J ilooies.

El ba,tir de [,as aguas se oorummde con los
grit os de en,t usilllSlilo, con ,Las l'1ÍlsaS y oon l.os
-a,pliausos d~ la multitud 4ue se idii.Vii.eme con
el nuevo "esport"
Y .mri.enltras, iaJíllá á •lo lejos, se mueve •la. fila
de Ollll"'l'Uajes suniro.o.sos eoono 'U.Da e:n,onme serpiente id:e esca.-mas negras que se arrastre sobre la vooum del gnrun .praido.

,

FLORACION.

1

OORRIDA DE TOROS POPULA.R.- Camaleño estoqueando
al tercer bicho.

1

¿ J\ie sueñas cun-1 te sueño? ¿ A.caoo g.uaroas
:mí, pasi.OIIJ&amp;"ias y 'Violetas?
i .nwtd'eLa cual m'Old.e!Lo anis estrof-as
oon La egr,egia. 1b1ainJcurn de1 Penthelia !
paira.

PIOrque en el níveo :a1c:ázair de tu espíritu
cantan a:n.is ilusiones ¡pootrirrn.era.s;
;paira escn-ilbwte así, mojo la pluma.
en iJ.,a esencia. IIllwpciaíl de .La azucena.
Ruiseñor de mis sueños : es tm .a1ma
sard:a. de orierutrules panlias ;
por eso hruy en mi lira rfloraieiones
de iaz.aihares, oo :na.ndoo y gmr.denias.

OO'Ill-O U!OO

,.

¡ Me au.ieñas ou.al ,te sueño ! En tu espíritu
han iprenrliiido tus atlias mis quimeras;
¡desde entOlllJOOS mi ai1ma tiene alburas
oomo Sll!Iltu.ooa floo:iaci:ón iéLe estrellas.
Banquete en los corredores de la Hacienda.

Grupo de invitado, á las ft1tstas de San José del Carmen.

ae l !l11·~

.Culsa {;odov.

El lago de Chapultepec.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 27 ,d,e .Albril de 1!)Oi.

~L

I"\ UN DO

ILUSTRADO

MÉXICO, MAYO 4 DE 1902.

;AÑO IX.--TOMO I.--NÚM. 18.

0erente: LUl!t Rtl't!t !tl'INDOLA•

..alrecter: LIC. RAl"AfL Rtl't!t !tPIN.DOlA,

LA CIUDAD DE QUETZALTENANGO.-IDestru.ida por el 1'1timo temblor,)

1os Temblores sn Quatsma.la.
'l'e:rrilbles ,ha.u sido siamipre los terremoto$
-que h.a'll aool-ail,o á. nuestm vooitoo República.
La oaid,ooa, volloámiica q,u¡e alt:raiviiesa esoo Con t:i!l'.l.ente, hasta perderse en Paltagcmia, ib.a 'Producido iteITibles &amp;aCUJdimi'eTutos en La .Almériicu
d€il. Sur y Centro All'.l'.lél'lwa.
De esta ú1Llma, Gualterrmua iha siido el 'PªÍS
;p,:nedestmaido á los rt:.em'bllores y lia que mayo.res
pé:rfüdas de iv.i.das é inttereses !ha sulfri-do.
El volcám. -del Ohico, situ-a:do en la fl'l()lntera
del Sail.mdor y GuatbeuniaJ.a, re encuentro ,a,elVllilliIDWbe en er'Ulpción, así oomo el idte Santa
M,ao:ía, en el 0€6te de '.m ú1biima. República.
Las foltogrorrías que hoy ,pulfucaunos, ip001en
die llHIIli..fiesto los t~r~bles Sffio"OO causarlos
por loo temibilores.
Fm la vista de QUJ0tt,aJ},tenamgo, a.parece el
Cenro Quemmdo, vo1cán si.tu-atlo á ivcin.te minutos rde la ciuéLald, y JEU &gt;Santa María que,
romo dijimos, se ffi!'C'U.elllJhm hoy en ~wpción.
El edificio COlII. pi1astm.s collocailo 'lÍ. 1a izquierda 1de ia fotogra.fia, es el .Aiy'U!nlllalm&gt;enito de
la ciudad, CU!)'ª oonstruociÓin fué ib.echa por
ilnidígenas •gu'&lt;lltemal1tecoo; sigu¡e el 1henm'OS0

,--------,--------------~-:------------

'
1

T.EM PLO DE ANTIGUA O U ATEMALA.-LDestruido por~nn(tem blor lace 125 ellos.]

templo de San. .Fra.ncIBCo, ,de 1D.'OitaiMes bellez.as
0JJ.'1g_uiítectónicas, y ~ d:ren:be se ~ t r a el
merta8ld.o, i8Jmjpl,i o y cost()SI() E&lt;lifi.cio, y umo de
los m.ejo:oos ,die a¡q;uel.ila, Reyública. I.Jas oonstru.ociones de rr,a oereclha, son casas particulares que roomm 1a. alegarrroia. y "oonrfort" de
los p,a,lacios anOldieirnoo, ry qrue €0l'.llbeilleooa. 611
groo l!llil!naria. á ,la, hoy diesoiliadn Q~all.t.enan~· go.
La 'llam,Uiro. -del fooi.do es al sitio de donde·
loo .revoluciOlllal"ios ciivilles boonb-ardea.ron la.
oiu.daid. en el añ.o de 1896 y dand.e s,e ,eijercier0111 ineipresail.ías polfü-oos con el a1loallide Don.
SiJn.foroso Agu.i.fo.I y el irioo rumeDJdado, Jurun:
Alparicio.
PuJblicannos igu,afunenlte la :fotografía del
teaniplo Awbi.gua G.u.aloom.aJIJa, que fué &lt;liestruído por un t,e,n,emOlto ha.ce 125 -años, y lasruím,as de San Sebast.iáll. en iia. ci'U!dad de F.6mrin.tla.
Estas fotografías nos el.as facilitó el reputado ipintor rulemá:n, señor G. Bodewing que
,, se en.cuenitra .aouta:lrrnea:ute en -México.

MADONA.
Oleo moderno. (Sin firma..)

.....

- ..

s•

11
Idem. Idem. ea la capital, "1 36

Sub!Jcnpcidn mensual fnran~a,

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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            <text>El Mundo Ilustrado</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 1, No 17, Abril 27</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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