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                  <text>VNO DE

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MÉXICO.--CALLEJON DEL ESPÍRITU SANTO NÚMERO 1.--APARTADO 468
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�Domingo 8 de Junio de 1902

TOCA, TOCA, TOCA....
Música de las "Campanas de C'arreóo."

Después de una permanencia de varios días
en Puebla, se regresa con las pupilas iñundadas de luz y los oídos atestados de ruido.
Aquella población privilegiada por su clima y
por su cielo, histórica y heroica, tiene en la
República el monopolio del ruido. No ciertamente el de las bocinas de las máquinas, habiendo muchas, ni del rodar de los carruajes,
ni el de los timbres de los tramías, ni el del tumulto ensordecedor de las multitudes.
En Puebla el ruido no viene de abajo, sino
que cae de arriba; ahí, en tiempo de guerra
truenan cafiones, y en tiempo de paz repican ó
doblan campanas. En una exposición de la
campana á través del tiempo y del espacio,
Puebla obtendría, sin competencia posible, el
gran diploma de honor.
Las hay &lt;le todos tamaños, desde la saboyana hasta la Campanilla de los Apuros; de todos los timbres, desde el ronco bordón hasta
la aguda esquila; de todos los tonos, desde el
contrasol grave hasta el fa sobre agudo; de todas las escuadrías, desde la del coloso hasta la
del pigmeo. Con aquel brouee podría fabricarse
no sólo una columna, sino una columnata Yendome, y rehacerse toda la artillería alemana. Y
no es eso lo peor. sino que suenan todo el día y
casi toda ln. noche y presiden á todos los actos
de la vida.
A las cuatro de la madrugada, el alba, discreta como luz de alborada. La noche se despide con campanadas lentas, monótonas, como un sueño que se disipa. Aquello no es alegre, regocijado, entusiasta como surgimiento
de aurora, sino lánguido y triste como despedida de sombras. Aquella despedida es eterna;
dura, se prolonga, se perpetúa, parece que no
ha de terminar nunca. .Julieta parece decir á
Romeo: ,lNo, no es la alondra; es el ruiseñor."
El toque de alba dura hasta muy entrado
el día y enlaza pintorescamente con la llamada general 'á las primeras misas. Este campaneo es apremiante, conminatorio, precipitado. No settrata ya de arrullar las últimas horas del sueño, sino de excitar á los perezosos,
de hacer saltar de la cama á los retardatarios;
de despoblar las alcobas, de repoblar los templos. El campaneo es general; como al rededor de cada casa hay tres ó cuatro iglesias, .en
cada iglesia diez ó doce altares y en cada altar se dicen de tres á cuatro misas por hora, y
como para cada misa de cada altar y de cada
templo se haqen tres llamadas, más ó menos,
de diez minutos cada una, á partir de las cinco de la mañana, y á veces antes, Puebla se
inunda de armonía; todo vibra, todo resuena; se cree estar dentro de un piano á la hora
del estudio; nadie oye lo que otro le dice, y sólo por escrito puede comunicarse el pensamiento.
Aquella sonora situación se prolonga más ó
menos hasta medio día, qon una variante: entre nueve y diez las campanas llaman á misa
mayor por columnas de compañía; ya no suenan en orden disperso, sino en masas compactas, por grandes efectivos, maniobrando
por cuerpos de ejército, de cien en fondo, y
anunciando en la misma forma todos los pasos de la ceremonia y las trágicas peripecias
del santo sacrificio: el introito, el prefacio,
la epístola, el evangelio, la consagración, la
elevación, etc., etc. Viene después á las doce
el Angelns, que dura generalmente hasta que
se acaba.
A las dos de la tarde, derrengados, los campaneros se retiran á almorzar dejando suplentes que de ahí á las tres dohlen por los muertos ó repiquen en conmemoración de los fastos
nacionales. A esta hora se reanudan los trabajos con h pertinaz y lenta cuanto interminable llamada al sermón y ésta encuenda, sin
levantar mano, con las llamadas al mes de
María, al Rosario ó al culto de Nuestro Amo.
Excusado es decir que todos los campanarios
repican sit1 cesar al descubrirse y al volverse
á cubrir la Forma, al entonarse cada cán-

EL MONDO ILUSTRADO

EL MU.NDO ILUSTRADO
tico á cada padre nuestro y cada ave maría y
durante el desfile y procesión de los fieles.
Gracias á estas acertadas disposiciones, puede llegarse sin dificultad hasta las ocho de la
noche, en que se inicia el toque de ánimas; vienen después la queda, el cubrefuego, etc.,
etc., que permiten ccsperar l'alba novella.,,
Al día siguiente todo vuelve á comenzar dentro del mismo programa. Los domingos y días
festivos, los repiques y llamadas son dobles y
más intensos.
Ante estos hechos patentes é innegables,
ocurre preguntar ¿á qué horas platican los poblanos? ¿á qué horas meditan? ¿á qué horas
duermen? ¿cuál es el jornal de un campanero
de número ó de un adjunto? ¿qué tanto por
ciento de la población vive en los campanarios y de los campanarios'? ¿qué número de
brazos quedan disponibles paral::J agricultura y
la industria'? ¿si no tendría más cuenta la tracción eléctrica para las campanas en vez ele la
tracción animal? y en este supuesto ¿si los miles
de caballos de vapor que suministran las caídas de Portezuelos bastarían para dar vuelta
á las esquilas y hacer oscilar los badajos? Caso de no bastar, que no bastarán, ¿no podría canalizarse hasta Puebla la fuerza que
desarrollan las Cataratas &lt;lel Niágara con el
objeto indicado?
Sobre todos estos interesantes puntos quise
ilustrarme; pero janúls püde oír á mis ilustrados interlocutores ni hacermr oír de ellos.
En Puebla hay que vivir en silencio en medio del ruido.
Ya en México he sabido que un estadista
poblano ha calculado que con el bronce de
las campanas de allá, se puede hacer una coraza al planeta, y que puestas unas al lado de
las otras las vibraciones que producen al día,
se podría hacer con ellas una guirnalda á la
VíaLactea.
En esto me parece que hiiy algo de exageración.

EL HEROE.
Es en las afuéras ele la ciudad, al extremo
de un camino. Hay un cerco, algunos metros
de tierra buena, y en el fondo, con las ventanas sobre el río, una casa de modesto propietario, semirrentista, semipaisano.
Es allí donde vive el viejo.
Tiene cabellos blancos, barba blanca, una
faz como una mota de algodón, donde parpadean dos ojos de color de tierra.
Pues todo el día él remueve la tierra, la
buena tierra; y las rosas germinan, se abren
f n turno suyo; las rosas de carne, las·rosas de
sangre, en una floración maravillosa, como
para perfumar todas las fiestas de la virgen
durante un siglo.
Pero los pájaros que pasan por encima del
jardín agitan las alas y siguen sin jamáR detenerse allt Porque sobre el anciano, solitario y grave, sobre las ventanas, sobre las roRas, flota una polvareda de tristeza, impalpable y pesada.
Nadie penetra nunca en el jardín, en la casa.
Algunas veces, muy de tarde en tarde, un
kepü, galoneado aparece en la portezuela cerrada del cerco; es un coronel ó un general, que
al cruzar por allí se ha acordado.
-«Sí, creo que es aquí.. .... »
Y se detiene entre dos trenes para cumplir
la peregrinación. El oficial sacude el cerco.
La puerta continúa cerrada; pero allá_ lejos,
en medio de loR roRales, hay un viejecito, inclinado sobre las platabandas.
¡Hola! ...... buen. hombre.
¡hola!
El hombre se vuelve, apoyado sobre la
azada.
-¿Es aquí e.onde vive el coronel Nominé'?
Entonces sucede siempre lo mismo. El vie•J •••

jo, sin responder una palabra, deja la azada,
se aleja, entra y corre el cerrojo en la casita,
donde permanece encerrado, hasta que el kepis, cansado de esperar, se retira y dobla el
recodo del ca.mino.
El coronel Nominé......
Un vuelo de victorias se eleva ante este nombre ....... Fou-Tcheu ...... Bac-Winh ...... .SongTay..... .Tuyeu-Quau ..... ·Lo suficiente para
llenar la tela de una bandera.
Y era á él á quien se veía siempre adelante,
con el sable rojo: un héroe.
Cuando regresó ele las rutas de gloria, se retiró á su ciudad natal. Una pequeña ciudad,
lamida por el Mame.
Y la ciudad se enorgulleció. La municipalidad organiz6 fiestas. Sus conciudadanos se
unieron para ofrecerle una espada de honor;
él rehusó las fiestas; rehusó la eRpacla.
Llegó en un tren nocturno, y bordeando las
murallas para no encontrarse con nadie, corrió á encerrarse en la casa á orillas del río,
sin atravesar la ciudad, á la cual no bajó nunca.
En los primeros tiempos, varios indiscretos
recorrieron el camino del ermitaño. Había
tantas cosas que ofrecerle! candidaturas políticas, presidencias de mil sociedades. Todos
choMron con la puerta del cerco, inexorablemente cerrada. Y poco á poco se cansaron ....
Se dijeron:
-«Es un salYaje; un hipocondríaco.»
Y él, en su jardín, mientras cultivaba RUS
rosas, miraba...... miraba muy lejos, en el fondo ,del, espacio ...... Era una evocación lo que
alla yeia.

Los soldados marchan cantando, á lo largo
de las rutas amarillas ......
Luego, bruscamente, ligeras burbujas ele humo pasan por entre los bambúes; y la canción
se interrumpe; los hombres se estrechan, llenos de ansiedad. Algunos prorrumpen en un
¡ay! y se abaten. Las filas están graves....
Luego son pagodas que se escalan al través
de los rosales ...... Trofeos de cabezas cortadas
...... Después, la desolación febril en los plantíos de arroz, á los cuales se entra hasta la rodilla ...... y cosas allí perdidas, sumidas en el
fango: fusiles rotoR, soldados muertos ......
Y aquélla era su obra, su gloria.
Esa visión de la muerte que hahía creado,
lo perseguía, alzaba ante él como el eterno espanto. El olor fétido le oprimía la garganta
...... aun entre las rosas, aun en medio del perfume y de la vida de aquellas flores fragantes
y múltiples, que cultivaba con pasión.
Pues éste era •m sueño actual: castigar la
tierra que alimentó él con cadáveres, y hacer
germinar en ella la vida..... .
Una vez una mujer se presentó en la casa.
Era alta y bella. Venía de muy lejos. Se
había entusiasmado con las acciones del héroe
y partió ele su casa, atravesó Francia y llegó
para tributarle simplemente su admiración ...
Llamó en la puerta del cerco, como los
otros, y se halló frente al anciano.
Xo la despidió. No huy6 ante la importuna
....... Pues la gloria siempre es dulce cuando
se refleja en el coraión de las mujereR.
Ella comenzó, un poco exaltada:
-¿El corenel Nominé ...... el héroe?.....
El la interrumpi6 dulcemente:
-¡Chist! ...... Yed mis rosas ..... .
Las contemplaba, conmovido de ternura y
orgullo.
Las milagrosas flores ondulaban sobre sus
tallos como en un altar maravilloso...... Pero
de pronto, el anciano palideció; un soplo de
terror pasó por su rostro.
Aquellas flores eran demasiado exuberantes; parecían congestionadai•, con una intensidad de vida extraordinaria. Su floración desbordábase, invadía el espacio.
Y si él hacía así levantar en derredor esa
vejetación anormal, espantable, ¿no era acaso
.porque llevaba adheri&lt;los á las suelas de sus
zapatos restos de podredumbre, piltrafas de
cadáveres que fecundaban la tierra bajo sus
pasos?
La visitante llevaba, en testimonio de su

Domingo 8 de Junio ele 1902

puede deeirse que lrnya logrado la
notoriedad Ít que era acreedor. La
república no podía tenerle confianza: era muy natural; él no la quería. Al imperio no opuso reiaif;tencia, todo lo contrario: le aylllló en
su desarrollo; pero cuandoi;;e le ofrctía algún cargo, no lo accptabn, alegando lo incompatible de las labores á que estaba acostumbrado, con
las que le impusieran los deberes civiles, 6 de pública administración.
Cuando la guerra, le aconteció
una av1::ntura que hizo circular mucho su nombre entre el público. Era
prefecto de su pueblo natal (Frottcr pres de Vesoul ) y tuvo que
marchar rumbo á Breme; allí se desarrolló el sucedido.
El nombre de l\Iontepín gozaba
de celebridad y corría de boca en
boca. Se supo su llegada al pueblo
alemán é hizo el ruido consiguiente,
por más que nadie ó casi nadie de
aquella gente supiera ú punto fijo
á qué ¡;e debía aquel renombre. Un
empresario y director de conciertos
PIERRE Lon.
crey6 que se las había con un cantor célebre y se apresuró á in,vitarlo
para que desempeñara un número
sensacional en la fiesta que &lt;'staha
JAVIER DE MONTEPÍN.
para dan,e. Prometiúle un programa
extraordinario, u1rn. «claqt;en 8Ín precedente. todo cuanto, en casos i:,eLa última y mu,v eélC'brc figura de
mejantes, ofrecen los nrgodantes de
aquellos novelistas populares que
Alejandro Dumúi&lt;, pitdre, capitanenespectáculos.
l\Iontepín rió ·con RUS comp11iíe1,a y de los que Dencry era el penúltimo supervi \'iente, acaba de desaparos; pero no can tú, no podía cantar.
J,-:;l empresario se había adelantado
recer. Javier de 1Iontepín ha muerto.
Siempre la crítica se clió amplio
y el anuncio circulaba ya en público. Llegó la hora del espectáculo y
vuelo en el campo de la obra de tan
fecundo novelista; algunos pedantes
CORONEL FRANCISCO ORLA, nombrado Enviado extraordinario
hasta entonces se explicó la equivocreen darse importancia de selectos,
y Ministro plenipotenciario de Guatemala en México.
cación del empresario. El público
diciendo, que desconocen por completo la
su tío, el marqués de 1Iontcpín, lo desheredaconcurrente al teatro no se molestó é hizo sólo que se le explicara con claridad quién era
producción de .Montepín; otros se burlan; pese y lo confinara al castillo de 1\Iontepín, en
el huésped notable que tenía el pueblo. Sobre
ro la multitud, qne durante medio siglo Re
l\Iaconnúis, ni que su padre lo descorazo1rnra
este asunto 1lontepín escribió, .v á la vez que
rió y lloró con las narraciones del conde, esa
en sus primeros ensayos. Por todo pasó y fué
multitud que glorifica r consagra, atestiguará
á redactar un periódico, «Sílfide," dirigido por
aumentaba su fama, hizo que su engitñaclo
empresari(ganara dinero.
que en el escritor hubo imaginación desborun peluquero que le pagabaá tres francos (sedante, fecundidad prodigiosa y extraordinaria
senta centavos) la columna.
Pasó mucho tiempo mezclado á la vida papotencia de trabajo.
La notoriedad llegó poco á poco. ccLes Cherisien!;e por sus relaciones de periodi;;ta y de
Fué pródigo en las polémicas, en los artícuYaliers du Lansquenet" hicieron que la atenautor tPatral. Fué amigo de los do,; DumáR,
los periodísticos, y en las novelas:'lue se cuenci6n pública se fijara en el novelista, y cua11de Villemessnnt, de Deennery, de l::lcholl, de
tan por centenares.
do en el viejo «Fígaro» apareció «Mari de MarJulio Simón, ele lvon y de muchos otros. lla1\Io11tepín tenía vocación irresistible por las
garite, " «Villemes~ant, el director le dijo:
letras y tuvo que luchar con la frialdad del
«Amigo, esto es un éxito sin precedente, es
hía vi1&lt;to que la muerte le arrehatá'ua á totlos
sus compañeros y se había alejado á sus promedio en que se desarrollaba. No bast6 que
necesario que la no\·ela no termine, escriba
usted una segunda parpieclatlm,, en el pueblo de Cabourg,y en su be
llbima habitación de Passy.
te."
La pérdida ele su esposa le produjo un gran
Esta segunda parte tuvo tanto éxito como la
abatimiento y dijo que se sentía feliz con morir, para. marcharse al mundo en que habitaprimera, y ~Iontepín, defiaiti vamen te, se hizo céba su compañera.
lebre.
El porte de Montepín
era espléndido: su cuerpo
medía seis pies de altura,
poseíauna fuerza extraordinaria, manifestaba culto por todo lo bello y sn
mesa era magnífica y deliciosa, profusa y refinada, al grado de que sería
tlifícil encontrar otra semejante. El conde mi:&lt;rno trinchaba, servía y
cuidaba de sus invita.dos,
haciéndoles los honore:;
co11 una finura y sencillez
exquisitas.
J~ra benévolo con todos; pero ¡ay de aquel
que se expresara mal de
sus amigos: tenía una réplica inmediata, con palabra anona.dante y con\·icción apasiona&lt;lora!

admiración. una cruz de honor, recamada de brillantes.
-No ...... -dijo el viejo rechazándola.
Y le pidi6 el ramo de violetas que
llevaba ella en el peC'ho: porque esas
flores habíanse abierto en la tibieza
de un seno de mujer, ele una fuente
pura y fresca de vida.
-Pero-exclam6 la joven anguRtiada-el coronel, el héroe ...... ¿sois
vos·?
El viejo la empujó, contestándole
con la voz bruscamente dura:
-Idos ...... ¿Acaso no estáis viendo que no soy un soldado, que soy
un campesino?
La siguió con los ojos mientras
ella se alejaba. Por un minuto contempló la falda que desaparecía lenta en la curva del camino. Después
volvió á tomar su pala y prosiguió
removiendo la tierra.
Pero las paletadas de tierra caían
con un ruido blando y sordo, corno
sobre capotes &lt;le soldajos muertoR ...

***

JAVIER DE MONTEPIN.

Después de tanto trabajo y de tanto éxito, no

DR. HENDRIK MULLER, Comisionado bóero
que visita nuestro país,

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Junio de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO

La obra poética en los Juegos Florales.

Y canté versos y ofrendé mis flores
Al Alma Genetriz, nunca rendida;
Volví á cargar mi aliorja de dolores
Y proseguí el camino de la vida.

Y o te ruego defiendas mi derecho
y que vengue tu brazo poderoso
los muchos daños que me habede11 fecho.
Por tu hermosa princesa del Toboso
persigue sin piedad á esos follones
sin concederles tregua ni reposo.

E infecundo y errante y solitario,
Anduve, anduve, y encontré doquiera
En cada flor un místico santuario
Y en cada coraz6n la Primavera.

Ellos son asesinos y ladrones,
destruyeron á heridas mi semblante
y robaron mis bellas ilusiones.

Anduve, y un aliento fatigoso
De incesante labor me perseguía,
Y del aura en el vuelo rumoroso
Palpitaba la enorme sinfonía.
De la vida inmortal, eterno emblema,
El maizal destrenzaba sus panojas,
Restallaba de súbito la vema
Al entreabrir su ramillete de hojas.
Flujo de savia con chorrear de fuente,
Bullidor, ascendía á los renuevos,
Fermentaba en el surco la simiente,
Y hervía el germen en los frutos nuevos.

DE ''NIEVES."
.... La llanura estaba desierta;
nosotros estábamos solos, pen·
sativos y teníamos quince años.

BUSTO DEL POETA AMADO NERVO,

MUSSET.

ejecutado por el artista mexicano Fidencio Nava,
y admitido en París en el sa16n de 1902.

Las pálidas nieblas, M~rfa, que bajan al nlle!.
Las pálidas nieblas que vienen de la al~a montana, .
Son tristezas muy,hondas, muy frías, tnst~zas ele Inv1erno
Que Yienen buscando las..muert;i~ íraganc1_as,
Las que huyeron~de.todos los ~ahces mustios
De los amarantos y de las acacias.
Declina la tarde: el Sol ha borrado
Sus múltiples oros, sus ópalos vivos y sus escarlatas
Sangrientas, y entona la sombra nocturna
Una melancólica y triste balada.
Escucha: la queja que vibra en el aire
Tiene entonaciones pastoriles, lánguidas;
Es la misma queja que oyeron antaño
Los tiernos pastores de la vieja Arcadia;
La idílica queja que el Pan mitol6gico
Preludió en su flauta
Y que reprodujo más tar?e Virgilio .
Bajo el hondo palio del cielo de· Italia.
El rebafio blanco, de impoluto armiño,
Silencioso y grave cruza la cañada,
Batilo suspira y Berta, la hermosa
Pastora gallarda,
Reclina en el hombro dél amado imberbe
La gentil cabeza de oro diademada.
Déjalos que pasen, ¡oh núbil María!,
Y bajo las ramas
, .
De este terebinto rumoroso y frag1l,
Juntos escuchemos la triste balada
Que entona la sombra, llenando el espacio,
La idílica queja que vibró en la Arcadia
Y que reprodujo más tarde Virgilio
Bajo el hondo palio del cielo de Italia.
· ¿No:es verdad_ que la agónica tarde
Es una plegana·?
Pues oremos. Amor es el Sumo Pontífice
Y son sus devotas las jóYenes almas.

VIEJO ESTRIBILLO.
¿Quién es esa sirena de la voz tan doliente,
de las carnes tan blancas, de la trenza tan bruna?
-Es un rayo de luna que se baña en la fuente,
Es un rayo de luna ........ .
¿Quién gritando mi nombre la morada recorre?
¿Quién me llama en las noches con tan trémulo acento?
-Es un soplo de viento que solloza en la torre,
Es un soplo de viento ........ .
¿Di, quién eres, arcángel cuyas alas se abrasan
en el fuego divino de la tarde y que subes
por la gloria del éter?
-Son las nubes que pasan,
Mira bien, son las nubes........ .
¿Quién regó sus collares en el agua! Dios mío?
Lluvia son de diamantes en azul terciopelo ..... .
-Es la imagen del cielo que palpita en el río,
Es la imagen del cielo ........ .
Oh Señor! La Belleza•sólo es, pues, espejismo,
Nada más Tú eres cierto~ sé Tú m\ último Du,eñ~.
.
¿Dónde hallarte, en el éter, en l_a t~erra, en m1~1msmo?
-Un poquito de ensu~ño te guiara_en cada ab1smo,
Un poqmto de ensueno..... .

-

GERMINAL.
Yo escuché la canción: era gigante;
Y en el misterio de la noche umbría
Y en el rodar del aura resonante
~
Palpitaba la enorme sinfonía.
_1
Y al aura pregunté: ¿Qué voz ignota
Y extrañamente musical, lozana
Como una juventud, abre su nota
Semejante al reir de la mañana"?
Y el aura respondióme-;¡Í;¡~·cÍo el vuelo!
Para emboscarse en las tupidas frondas:
Es un beso de amor, de amor y anhelo,
Que envolví al paso y arrastré en mis ondas.

Ramón Adrtan Vill&amp;lva,

Y al aura pregunté: ¿Quién de tal modo
Atruena el aire con su trova santa'?
Es el amor que lo fecunda todo,
Arrodíllate, y ora, y vive y canta.
Y escucha el salmo resonante y puro
En la hora sacra de dolor y prueba;
Es la Creación que marcha á lo futuro,
La materia inmortal que se renueva.
Que su victoria en el hogar pregona,
Y en la cuna desgrana su vagido;
Es la inocencia que su rima entona,
Es el beso de amor que ha florecido.
Y yo, el paria, el erra1.te sin amores,
Canté al amor en actitud rendida;
Volví á cargar mi alforja de dolores,
Y proseguí el camino de la vida.
RAMÓN ADRIÁN VILLALVA.
Septima Mención,

·-·

Á DON QUIJOTE.
Aqui vengo, -valiente caballero,

Nacido de un rubor y una esperanza,
En un naciente hogar, RU ritmo lleva
Los presagios de incógnita bonanza
Y los temblores de la carne nueva.
Y lo arrastro en mis alas, confundido
De los bosques sonoros al aliento,
Al úber polen y al cantar del nido;
Y en un fecundador sacudimiento
Yo los disperso en el caJlado am bie11te
Como átomos de vida; escucha, escucha,
Alzan la trova del vigor naciente,
El himno eterno de la eterna lucha.
Y de la vida ensánchase el imperio
Y todo canta á la naciente aurora:
Oficia amor y cúmplese f'l misterio;
Arrodillate y ora.

Severa Aróstegui.

Con tal motivo me presento agora;
pues no permitirás, oh noble andante,
que se burlen asi de una sefiora.
Ceñía con orgullo mi abundante
diadema, de cabello tan obscuro
como es el ónix y como él brillante.
l\Ii cara como albérchigo maduro.
los ojos negros, calidad suprema,
erguido el cuerpo y el andar seguro.
Esos gigantes de maldad emblema
al pasar hacen surcos en mi frente
y arrojan canas en mi real diadema.
Era mi corte noble y excelente,
formada por galanes escogidos
que á mis pies se postraban servilmente.
Imploraban amantes y rendidos
de mis ojos ardientes los destellos,
todos estaban de mi amor perdidos.
Rubios, morenos, varoniles, bellos;
y cuando ya escoger me proponía,
se volvieron borregos todos ellos.
Asi como en ridícula bacía
convirtieron tu «Yelmo de l\Iambrino,»
un palacio de ideales yo tenia.

Has de saber que soy una cuitada
princesa que del mundo en los confines
habitaba mi alcázar retirada.

En esta con~ición y en tal estado,
ya me matan la rabia y el despecho
por ese grande y vil desaguisado.

El comercio espera con ansiedad la terminación del muelle de acero que construye en
Tampico la Compailía del Central Mexicano
y que substituirá al de madera que destruyó
no hace mucho un terrible incf'ndio.
Los trabajos de construcción están muy
avanzados y no pasará un año sin que la gran
obra quede te1-minada. El muelle se asienta
sobre macizos pilotajes metálicos y su armadura está hecha bajo un sistema enteramente
moderno.
El tramo del frente de los edifieios de la
Aduana está concluído en todas sui:, pnrtes,
como puede verse en nuestro grabado. Considerado á lo largo, el muelle tiene dos serc:iones una alta y otra baja: la primera .queda á
la ¡ltura del piso de los furgones y mediante
la uniformidad de nivel, las operaciones de
carga y descarga serán fáciles en extremo.
La segunda, es la destinada á la vía por donde deben penetrar los trenes.

SEVERA ARóSTEGUI.
Sexta Meoción.

Cambiaron por completo mi persona,
convirtiendo en tu atenta servidora
á Su Alteza la gran iricomicona.

de tu famoso y formidable acero.

EL MUELLE DE TAMPICO.

¡Zus! ¡á ellos! Que vuele Rocinante;
contigo dudo que á luchar se atrevan.
¡Quítales porfavor un solo instante
de mi amor y mi dicha que se llevan!
l\Iéxico, Abril de 1902.

Unos encahtadores malandrines
robaron mi poder y mi corona,
con diabólicas artes los ruines.

Y en molino de viento de un camino
lo trocaron de pronto, y he quedado
quiera ó no, dando vueltas al molino.

á buscar el apoyo de tu espada,

Salvador Jllarflnez J,lomla.
Cuarta Mención.

Quinta Mención,

Y crecía el bregar como un anhelo,
Y, jadeante, triunfal como la gloria,
Hendió de pronto el estrellado cielo
Un grito de dolor y de victoria.

Domingo 8 de Junio de 1902

Laura M.éndez d" Cuenca.

SEQUÍA.
Reverbera la mica en la montaña;
las hierbas sin aroma y sin rocío
se despojan del lujo del estío
y enhebra en ellas su cendal la araña.
Mezquina sombra de menguada caña '
que ni á un gusano devolvier~ brío,
es codiciada por el mustio río
cuya corriente ni los guijos baña.
Desde alta cima el labrador otea
á las reses de sed desfallecidas
en la sabana que al incendio humea;
y mientras que las almas afligidas
á rogación convocan en la aldea,
las nubes de oro vuelan esparcidas.
LAURA MÉNDEz m; CuENcA.
Octava Menci{ln.

�EL MUNDO ILUSTRADO

.

~--e:

""'~

,~

Mme. HUMBERT.

La casa en la Avenida de la Grande-Armée.

Los grandes Estafadores

Esta situación duró veinte años, y la suma
total recibida por los esposos llumbert, ascendió á más de cincuenta y seis millones, que
permitieron mantener un gran lujo y comprar
numerosas propiedades.
Pero los Crawford, tío y sobrinoR, el testamento y los millones legados no han existido
más que en la imaginaci6n de la señora Humbert, autora y alma de toda esta audaz maquinación.
Un acreedor impaciente tuvo algunas SORpechas é indujo á la justicia á que visitase la
famosa caja fuerte.
La caRa donde se la guardaba al abrigo de
los indiscretos, está situada cerca del Bosque
de Boulogne, en el núm. 6.5 de la Avenida de
la Graude-Armée.
ll;s una suntuosa casa de tres pisos, hecha
de piedra labrada, y tiene un aspecto majestuoso. Las ventanas del primer piso están protegidas por fuertes rejas. La puerta cochera y
las ventanas están coronadas con un blasón
que tiene esta divisa: «Pro Fi&lt;le et Patria.» Es
bueno decir que tal blasón y tal divisa pertenecen al conde Branicki, á quien los Hnmbert
habían comprado el inmueble en 1886. por la
suma de 600,000 francos pagados ...... en papel. El interior del hotel es suntuoso: ricas
colgaduras, muebles raros y gran cantidad de
cuadros de famosos maestros y objetos d,1
arte.
Allí fué á donde, en ausencia de la familia
Humbert - que se había eclipsado misteriosamente desde la antevíspera del día 9 de ma•
yo -se presentó la justicia buscando la caja
fu~rte con los cien millones. Fué necesario
llamar unos obreros para que descerrajaran el
cofre· y cuando la puerta cedió, con gran sorpresa' se vió que allí no había más que. m~as
cuantas alhajas sin valor y papeles ms1gmfica:ntes.
Al siguiente día se practicaron algunas pesquisas en las oficinas de la Renta vitalicia! que
pusieron en cla_,ro que estab~ vacía l~ caJ~ social y que babia desaparecido Roman el Aurignac, qLte, con el concurso de Emilio y Luis
del mismo apellido y de tres empleados, administraba esa institución financiera, destinada bajo una apariencia de banco de seguridad, á verter las economías de los desgraciadoi- subscriptores en la escarcela de la hermana, preten&lt;;l.ida millonaria.
· La Sra. Humbert debe de contar unos cuarenta años. La reproducción de su retrato completa la resefia que pudiéramos hacer de su opulenta persona. Ha sido lo que la prensa llama
«una &lt;le las personalidades parisienses más conocidas.» Tiene gran partido en la sociedad
).llundana; y en su palco de la Opera -uno
de los más i·icos- hacía ostentación de sus hermosas joyas, mucho menos por coquetería que

HUMBERT.

-t, • .

,.
-~

r /1.....iél~

Xo data de a ver el principio del escandaloso robo que el mundo del noticierismo ha
bautizado con el nombre de Humbert-Crawford, y que ha pasado bruscamente d~l estado
civil al criminal, colocándose en la sene de las
causas célebres.
En el año de 1878, la señorita Teresa d' Aurio-nac originaria del pueblo de Bauzelle, cereaº de Tolosa, cóntrajo matrimonio con Federico Ilumbcrt. hijo &lt;lel señor Gustavo Humbcrt, jurisconsulto dii;:tinguido, que °:1urió. hace algunos años, cleRpués de haber sido diputado, senador, guardasellos y presidente de
la Contaduría (Cour de comptes). La esposa
llevó en dote la bagatela de cirn millones,
provenientc1&lt;, según el relato de la dama, de

Mlle. MARIA D'AURIGNAC.

la herencia de un riquísimo americano apellidado Crawford; pero durante los trámites testamentarios, aparecieron dos pretendidos sobrinos del testador, que obligaron á la señora
de Hum bert á mantener intactos los millones,
hasta que se obtuviera una resolución definitiva de los trilrnnales. Mientras tanto, el matrimonio hubo de vivir recurriendo á préstamos.

Domingo 8 de Junio de 1902

M. HUMBERT.

por mostrar públicamente una especie de certificado ele riqueza.
Federico Humbert nació en París el 19 de
julio de 1857; pronto, pues1 conta:á C?arenta
y cinco años. En 1885 8e hizo elegir diputado
en el departamento de Seine-et-1farne, donde
poseía grandes propiedades; pero los electores
no le renonron el cargo en 1889, y desde entonces se apartó de la política, repartiendo sus
ocios entre la pluma y el pincel. Exp,uR.o
varias obras en los Salones v. con el seudommo de Franc;ois Haussy, 1;ublicó hace tiempo un volumen de Yersos, entre los cual~s
hay unos que se llaman: «Los verdaderos i1cos. »
La señorita :María el' Aurignac es más joven
que la señora Ilumbert.
Román d' A urignac ha tenido una existencia muy accidentada. Después de Rer un humiltlc empleado en nn bazar de Tolosa, paRÓ
á la América del Sur, radicándoRc un tiempo
en Ranta Fe _y luego en Bm&gt;noR Aires. En
1885 fué al Cáueaso; en 1897 á -:\[adagascar y
más tarcle á Túnez, siempre practicando una
«explotación« ventajosa.
Las 6rdenrs de aprehensión contra los cuatro fugiti,·os fueron dadas inmediatamente, y
mientras tanto, han sido presos tres presuntos
cómplices: uno confeso,l\J. Parmentie.r, y rlos
antiguos notarioR, Durmout y Langlms.

M. D'AURIGNAC.

�6e la
cJ!(artinica.
Una eiudad
que desaparece.

LA CIMA DEL MONTE PELEE que hizo erupción,
destruyendo la ciudad de San Pedro de la Martinica, y causando la muerte de millares de habitantes.
Esta cima se encuentra en el extremo Norte de la isla y tiene 1,350 metros de altura
sobre el nivel del mar.

VISTA PANORAMICA t&gt;!:: LA CIUDAD DE SAN PEDRO, DE LA M AR,..
"

BENHANZIN, antiguo Rey de Dahomey, preso en Fort-de-France, Martinica.
En su cautiverio lo acompañan ocho de sus mujeres favoritas, su hijo, que está en el extremo
izquierdo del grupo, y su fidelisimo primer ministro, que se encuentra en el extremo de la derecha.

A,-(Al fondo ae ve el Monto Polée, cuya ~rupcl6n acab6 con la ciudad citada).

�Domingo 8 de Junio de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

La independencia ds Cuba.

A CUBA.

El día 20 del mes pasado se efectuaron en
la Habana las solemnidades más significativas con que se entregaba al pueblo cubano el
derecho de gobernarse por sí solo.
En todos los momentos de ese día reinó el
mayor entusiasmo. Los cronistas y corresponsales narran con espléndidos colores las fiestas, hs ceremonias oficiales y el conmovedor
regocijo que se apoderó del pueblo al ve; consumado el ideal que tanta Rangre le hab1a costado.
Los nombres de los héroes muertos en la
lucha y los de quieneR les han sobrevido, eran
pronunciados por todos los labios, en medio
de frases de gratitud, de bendición y de carifio.
Una de las solemnidades más conmoYedorag
fué la de izar la bandera de Cuba libre, en lo
alto del Castillo del )forro. Consideraban que

(UN CANTO DE GRAN ÉXITO.)

¡Todo en tí es portentoso! ¡Todo es bello!. ..
Desde el matiz de la purpúrea rosa,
hasta el ardiente y fúlgido destello
que el sol despide de su faz radiosa.

¡Perla del mar Caribe! Ya dichosa
puedes alzar tu frente soberana
tostada por el sol, y luminosa '
como el primer albor de la mafiana.

Ten esperanza y fe, que en el camino
impacientes te esperan los amores ........ .
v hoy para tí, la mano del destino
caricias tiene y desparrama flores.

Ya puedei:;1 en la ruta del Progreso,
posar tranqmla tu segura planta·
en tí la brisa es un perenne beso'
el mar te arrulla y el amor te ca;1ta!

¡Ya arribaste á la cima! Por doquiera,
para que el mundo tenga que adorarte,
como de una mujer la cabellera,
flota al viento tu mágico estandarte.
Tu enseña nuestras almas regocija
con el color que le quitó á los cielos,
y alegre y amorosa nos cobija,
como el ave en el nido á sus hijuelos.
Adoro tu bandera porque es mía:
al desplegarse con gentil donaire,
susurra el mar, el cielo se extasía,
la besa el sol y la acaricia el aire.

Partida del "Brooklyn", llevando á bordo al General Wood,

alto ni tan gentil como el árbol cubano;_ por
ei;;o , todos los adornos figuraban en pmuer
término las palmas. Como rasgo de amor patrio, debo repetir lo que oí de hoc_a ele un español: «Hay gente que no ha conuclo por ;omprar una bn.ndera.» Y es la Yerdad; ¡cuantos
pobres ga.c;tarían los pocos céntimos que tenían, en comprar eHe pedazo de trapo tan querido!
A laH 3 y 40 minutos de la tarde salió majestuoso ei «Brooklyn." A RU bordo salía de
Cuba el General Wood, y en el 1,)Iorro Castle,,
partían laR fuerzas interventoras. . .
Las bendiciones del pueblo red11mdo las
acompañaron en RU traw~sía, y al perder de
vista. las graneles moles de aquellos buques, el
pueblo cubano rermiró satisfecho: ya era enteramente libre. ¡Cuba era ya para los cubanos!

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4

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¡.

1·

j

Momento de izar la bandera en el Morro.

al estar allí colorado el glorimio pendón tricolor, cesaban todos los males de Cuba y por
ese-ideal Re derramó tanfa sangre. No es de
extrañar, pues, que las doce campanadas del
día 20 de ma~·o, horn en que ascendió la bandera, fueran sn.ludadas con un Rolo grito, salido de cien mil horas: «Yiva Cuba Libre;»
mezclándose á las campanas lanzadas á vuelo,
el estampido de los cañones saludando á un
nuevo pueblo, y las lágrimas que corrían por
todas las mejillas de hom hrrs y mujeres.
La enseña cubana flotó el día 20 orgullosa
en todas la1, embarcacioneR Rnrtas en la bahía,
y el vapor español«Alf~nso XII," al izarla en
sus mástiles, la saludó también con las salvas
de sus cañones.
La Habana Re vistió de gala; lavó la caraá
sus viejos edificios; engalanó sus palacios y
hasta en la más humilde casucha lueía la
bandera, el símbolo de la patria, y flotaba entre palmas que le ser\'Ían de adorno. La palmera es el símbolo de Cuba Libre. Nada tan

Domingo 8 de Junio de 1902

*'*
corresponRal nos

~uestro
ha remitido una
magnífica colecci6n de fotografías que represent.an el aspecto de la ciudad de la Habana en
los días de su fiesta.
En nuestro próximo número publicaremos
esa interesante información, y por hoy nos limitamos á reproducir en nuei:ltros grabados
cuatro impresiones tan importantes como curioRas: h partida riel &lt;!l~rooklyn," llernndo á
su bordo al Genera.l \Vood en cornpaiiía de las
fuerza~ interventoras, &lt;1ue pu rtía.n conmo,·idas
por la cariíio~a despedida que el pueblo IP.s hiciera. Xinguno habrá que al contemplar los
mil sombreros agitilndose, los mil paiiuelos ele
las bellas, danclo su adiós á los que partían;
nadie, al oír los gritos de entusiasmo, lo:- vítores al ejército hermano, negará que Cuba ha
sabido agradecer lo que por ella hicieron los
americanos.
El ((Alfonso XII," saludando al pabellón cubano, nos hace ver una significativa manifestación de nobleza hacia el ,·aliente pueblo.
El momento de izarse su pabellón en el Morro y la primera guardia que le da el ejército
de la República, son dos curiosas reproducciones que los pueblos libres verán siempre con
positivo agrado.

El "Brooklyn" y el "Alfonso XII" aa ludando al pabell6n cubano,

Con ella ve adelante, pueblo mío,
y ni al dolor ni al porvenir le temas
ama á la paz, defiende tu albedrío, '
y haz de los dos tus únicos emblema$.

..

Xo olvides que el trabojo dignifica,
que el perfume del labio es la plegaria ;
y no clejei--mi voz te lo suplicac1ue se eclip8e tu estrella solitaria.

-

BoNH'Acro BYR:--E.
Mayo, 1902.

La primera guardia en el Morro.

CAlXTAS DE MUJERES.
¡Qué bien has hecho en acordarte de mí!
Sabes que mi amistad no puede faltarte nunca. ¿Y pides que te jur.gue? Todo el día e!'tuvc llorando después de leer tu carta. ¡Pobrecita mía! Y ahora CO!lfidencia por confidencia.
También yo sufro; me casé como tú, ya lo sabes, como nos casamos todas las muchachas
de nuestra clase. Nos educan, según dicen,
para que podamos presentarnos en el mundo.
i Pero qué mundo tan pequeño! Cabe todo él
en un salón de baile. Y así es.

~1--;.,iJ
,-t'-,!.

¡'"'
~

/3.,
,,tt

.

...,

.,_

Al presenta1te en el primer baile, oye!' decir: éste es el mundo. El mundo, para el cual
te han educado. Por el que hm, aprendido
fran cés, inglés, equitación, dibujo; por el ()Ue
ga.~tas un dineral en trapos; por el que oyes
músic:i en invierno, Yas ú lo~ toro!' y á las carreras en primavera y recorres l ngares extra11jeros en verano V otoño. Aqncl primer Ralón
~e baile, mn.rca ·con i:;us paredes, ale~aclas p()r
ilusoria prn,vección rle espejos, el límite de tus
aspiraciones. En,:éñate á respirar en él, porque has de vivir de su ambiente; amolda tu
pensamiento y tn corazón en la hechurn á la
modn. &lt;le que Re viflten n.llí todos. Su~a ~u alma, guarismo irnügnificante, uno, s1 &lt;¡meres;
pero un alma al fin en el alma media, total
de una suma de aln;as insignifirantes, ceros á
la izquierda. de una unidad. Desde ese día,
frac más ó menos, conoces á todos los ~ombres que podrán ser tus novios, tus maridos,

tus amantes y tus amigos. Tienes donde escoger.
¿,Quién J,o duda'? Como en los baratillos de á
real y medio, las baratijas son diferentes; pero todas valen lo mismo. Si á tí no Re te ocurre, ¿.qué impoiia? No faltará quien te dé el
guión parn lml-'car empleo adecuado á tus
afectos. Para novio elegirás ( consejo práctico
y moralísimo) únicamente al que pueda ser
tn marido. Yo eonficso que me gushban para novioR los que i:;egím me drcían, no eran
hnenos para maricloi,;. Para maridos, son r('comendaclos: en primer lugar, los primogénitos grande,; d0 España, ricos y juiciosos. En
segundo, los hermanos menorei-, títulos también y más 6 menos juiciosos que los primogénitoR. En terr·ero, cualquiera cm1 las anteriores conclicionrs, annque no sea juicioso. En
cuarto, los emparentados con familias aristocráticas, que puedan añascar de aquí ó de allá
algún titulillo Kin grandeza ó sean, á lo menos,
caballeros ele Calatrava ó de Santiago, ó cosa
en fin, que trascienda á nobiliaria. Para éstos
Ron.condiciones indisperniables: mayor riqueza y mejores costumbres¡ por aquello de lo
que no va en llanto, que rnya en suspiros. El
quinto lugar, para caso de apuro, como las últimas reservas en la milicia, lo ocupan bur"Ueses d&lt;' a.ver, «parvenus» inmens;:nnente ri~o&lt;:, en orden de preferf'nria de mayor á menor grado de düitinción, de mejor á peor origen de ri(Jueza, etc., etc...... .
Dime si cuantos nos tratan de matrimonio
proceden de otra Rnerte. «Madamminna, il catalogo é questo.» Sólo dejan de recomendarnos
uno el que nosotras amemos, sea quien fuere,
venga ele donde viniere. Como ,·es, en todos
estos casos y lugares, lo &lt;le menos al elegir un
hom hre, rs el hombre; lo importante es ,;u
condición social; su patrimonio, su parentela,
la casn en que vive, el coche que gufa, el caballo que monta, el ¡:;astre que le Yiste. Del
primer mnrirlo en quien yo pensé para marido, sólo recuerdo un trotón inglés, alazán tostado que guiaha en un «bugg_v» con ruedas
amarillas. Tanto es aRí, que cuando me Reguía en paseo, decía yo, ó pensaba para mis
adentros : «Ahí está. el caballito; ¡qué bien trota! ó cletrás Yiene el «buggy.» ¡C6mo se cono-

.

ce que es inglés en el rnido de las rueaa~!n ....
De otros hombres recuerdo, porque las aprend_í de memoria, páginas enteras de la guía oficial, donde rampaban Rus non1bres, seguidos
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de retahíla interminable de [ducados, condados, marqueRados, haroníai:; y sefiorías. Entreteníame yo repitiéndolos en voz alta, prei:;umiendo cuál retumbaría mús sonoro, anunciado en vestíbulos v salones. De otros husqlié
en la lista de accionistaR del Banco el núme~
ro correspondiente y calculé la re;lta de sus
acciones, ó me dí á visitar los cuartos desalquilados de sus finca,; y á ponerles precio. ¡A
tantos pretendí y tantos me pretendieron!. ...
Porque es indudable que los hombres han de
tener también su lis~'l y en ella no dehía vo
anclar de las últimas. Allá, entre las aristócratas de caudal saneado, juventud sana y educación sanfaima. Después de las aristócratas
opulentas y hermoRas por añadidura, Rumo
ideal dt&gt; perf~cciói:i, 111eta del gmn 1,steeplechasse» rnatnmomal ()lle c•orren á diario centenares de mozalbetes y hombres maduros.
¡,Y cómo me casé'? Come) quien Raca pareja en
una figura rlC' cotillón. ERtús f'n corro con
otras muchachas, detráR ]mi hombres en otro·
la m ÚRiea te aturde, la charla te marea. Lo~
&lt;los ~Ol'l'OS dan vueltas .v vueltas en opueRto
sentido. ¡Qué eoner, qué empujar, qué reir!
Su0na una palmada, te sueltas del corro, vuelves la cabeza .Y encuentras á tu pareja, con amable !-lonrisa, extendidos los brazos para estrecharte en ellos. Acaso te le presentaron aquella n_oche; acaso le ,·es por vez primera...... .
¡No importa! Todos bailan; á bailar. Así me
casé. Y en verdad, el motiYo que me decidi6
fué gracioso. Se casaba por entonces 1\Iarfo
Cruz Fuensalce con Fernando Moneada. "Una

�}

Domingo 8 de Junio de 1902
boda magnífica. ¡Qué regalos, qué vistas! Yo
quedé deslumbrada. -Un collar de perlas rosa
que fué de la Yallierc, según dicen; un zafiro
caboch6n rodeado de brillantes, maravilloso
y qué sé yo... diademas, broches, brazaletes,
un tesoro. Ya sabes que la abuela de María
Cruz tiene las mejores alhajas de Madrid y las
de mejor gusto, y puso lo más rico en la canastilJa de María. Pero lai:; ropas excedían á
todo en riqueza y buen gusto; como que la madre de l\Iaría CruzeE sin disputa lamujermás
distinguida de Madrid. ¡Qué ropa blanca!
¡Qué encajes! Unas enaguas de un tul especial, que parece seda á la vista y luego es finísimo y trasparente, y á la luz hace visos entre
blanco y rosa... . . . que no puede pedirse más
en enaguas.
En deshabillés de mañana, había obras de
arte, estilo \Vatteau, estilo Van-Dick, puras
preciosidades. Tan prendada quedé de uno
de ellos en particular: el de estilo Watteau,
de «surah céfiro y antiguos Valenciennes, &gt;&gt; que

no pude resistir al deseo de tener uno igual,
exacto y escribí á Robín aquel mismo día y
le pedi á papá lo que faltaba á mis ahorrillos
para completar los mil quinientos francos en
que pude sacar el peinador de mis sueños. Pero papá se puso furioso; no por el gasto, sino
porque le parecía impropio de una muchacha
soltera toilette tan costosa. Es una ridiculez,
me dijo; una prueba de mal gusto. Cuando te
cases podrás tenerlos iguales y mejores.
¿Sí?-dije yo-Pues si no está en más de eso
el ponerme lo _que se ~~ antoje, me casaré en
seguida. Cornente-d1Jo papá amoscado.-Y
el que primero lleg6 aquel día de mis pretendientes&gt; me ball6 decidida á ser su esposa.
Federico era un buen partido. Lo mejorcito
de la lista. Yo también para él, y nuestras familias aceptaron, muy complacidas, alianza
tan ventajosa. De cuantos me pretendían, Federico era quizás en el que menos había yo
pensado para marido. Su familia asistía á casa con frecuencia, sus hermanas eran íntimas
amigas mías; juntas pasamos algunos veranos
en su quinta de Zarauz; pero Federico viajaba
mucho; á Madrid s6lo venía de pasada; sui:;
amigos más íntimos eran diplomáticos extranjeros y nadie en nuestras relaciones, ni su familia misma, supo informarme de su carácter
ni de sus costumbres. Concertada nuestra boda, nos veíamos diariamente. Según costumbré francesa, todas lati mañanas me enviaba
un ramo; después le veía en el paseo de coches; algunas tardes me acompañaba á pie, comía en casa casi todas las noches, y allí se
quedaba de tertulia 6 nos acompañaba al Real.
En el tiempo que duraron nuestras relaciones,
no tuvimos ni un disgustillo. Eso sí, oos quedamos sin conocernos. ¿Qué habría dentro de
aquel hombre distinguidí¡;imo, de conversaci6n amenísima, que me hablaba de viajes, de
teatro, de Rociedad, de caballos, de coches, sin
contradecirme nunca, &lt;lispuesto siempre á sacrificarme sus gustos y opiniones'? ¡Blanquísima pechera almidonada: por más impenetrable te tuve que milaneRa cota de mis antepasados! Verda&lt;l que no me esforcé mucho
por dar con el defecto de la armadura. Probé
u::ia vez á darle celos y me dijo que no era celoso. Prohé á pedírselos y lo tom6 á risa. La
mayor prueba de consideraci6n -me dijoque puede dar un hombre á una mujer, es
hacerla su esposa. No comprendo que la esposa pueda tener celos de otra mujer. La reflexi6n no me pareci6 des pues muy s6lida;
pero la expuso en torio tan digno y con tal seriedad, que por el prohto me dej6 convencida.
Renuncié, pues, á mis escaramuzaR, que pudiera llamar de recohocimiento, y me dejé de
averiguaciones. Pr6xima nuestra boda, te-

EL MUNDO ILUSTRADO
nía tantas cosas en qué pensar más importantes. Los días ebteros me pasaba en correspondencia con modistas y sastres, mueblistas y
joyeros. S6lo el traje de boda me ocupó una
semana. ¡Es tan difícil reu!'ir la sencillez á la
elegancia en el vestido de boda! Por fin, entre «Robín» y yo dimos con una idea exquisita. «UUA vrai trouvaille. » Lleg6 también el
«deshabillé Watteau," causa inconsciente de
mi boda, y mis visitas compitieron con las de
l\1aría Cruz, y no se habl6 en Madrid de otra
cosa y me casé por fin ...... y pasaron días y
meses. En el aturdimiento &lt;le viajes, fiestas,
atavíos, lo que menos pude yo notar en mi
irnevo estado, fué cambio alguno en ideas y
sentimientos. Federico era el mismo de novio, siempre cortés, amable siempre; yo me
complacía en verme obsequiada por él, no me
fastidiaba nunca á su lado y aun le echaba de
menos cuando me dejaba sola. Emociones
tranquilas, costumbre de carifio, no era más.
Así, dos meses. Uú día, al cabo de ellos, después del almuerzo, al que habíamos invitado
á varios amigos de Federico, extranjeros la
mayor parte, anunci6me su pa1tida para una
expedici6n artística (no recuerdo si á Salamanca 6 á Toledo) que duraría cinco 6 seis
días. No sé qué sacudida sentí en mi coraz6n, algo no sentido basta entonces. Yo creo
que en la cara que puse debi6 de conocerse.
En lo que dije no, porque s6lo, como débil
protesta, me atreví á indicarle: hace mucho
frío, no vayas á coger una pulmonía. ¡Qué
vulgaridad y qué tontuna! De tantas cosas
como sentía desbordar en el coraz6n por vez
primera, no acudía á la boca sino aquella fiofiería. ¡Hace mucho frío! Frío hacía, sí, pero en el alma, frío de muerte que estrémeci6
todo mi ser, consciente al fin de que jugaba
con lo más sagrado del alma en una farsa de
amor insostenible. No tengas miedo. No me
hace daño el frío-me contest6 agradecido. Y luego ya solos, mientras preparaba el equipaje, al recordarle yo varias cosillas que olvidaba y pudiera necesitar, con un apret6n de
manos, me dijo a:i;nabilísimo: «¡Qué felices somos!" Esta es la verdadera felicidad del matrimonio; dos esposos que se estima~ y se
guardan siempre consideraci6n y respe\o.
¡Consideraci6n ! Sí; por qué forjarse ilusiones? Yo me casé sin amarle. ¿Qué raz6n había para que él me amase? ¡Consideraci6n y
respeto! ¿Para qué pedir más á un matrimonio combinado por cálculos de hombre práctico y caprichos de niña mimada? Pero él, si
no amor, habría sentido alguna vez las inquietudes, los goces de una pasi6n ardiente....... .
Algo sabía yo de sus amoríos con una mujer
casada. A él le bastaba. con la consideraci6n
y el respeto. (Estas palabritas, que trascienden á inglesas, se me atravesaron). Pero yo no
sabía lo que era amar, yo no había sacrificado,
como otras muchas, ningún emmefio por unirme á él, porque mejor me conviniera. Niñería, capricho sí pudo ser; cálculo interesado,
no. Y ahora el amor se venga y exige al coraz6n su tributo. Bien dice al pie una estatuita del diab6lico dios, que qompré en Sév1 es:
ce¡ Quel que tu sois, voici ton maitre,
il l'est, le fut, ou le doit étre!»

¡No querer nunca! Lo que se llama querer ...._.. Tanto -:ale no ha~er vivido. No; por
aturdida, por msubstanc1al, por ligera que
seas, por mucho que disperses y malgastes las
fucrzaR de tu corazón en mil fruslerías llega
un día en que, cansada de todo, las rcJnes en
tí y buscas para ellas más digno empleo. ¡Qué
feliz fuera yo si el encargo de un traje me divirtiese días, como antes, Rila compra de unos
caballos me abstrajese de toda otra idea! He
descubierto que tengo corazón. ¿Ves qué desdicha? Y sábelo; quiero, en fin, con toda mi
alma; estoy enamorada...... ¿De quién dirás?
No lo adivinas por mucho que lo pien~es ..... .
De mi marido. Dirás que no ves causa de desdicha y que peor hubiera sido enamorarme de
otro. Yo sí la veo y del segundo punto si
por malo lo tengo en mi conciencia; el c~raz6n siente que le hubiera estado mejor acaso.
Puedo decir á mi marido: me casé contigo sin

amor, sin conocerte casi; si el día de nuestra
boda_., al pie del altar, te hubieran cambiado
por otro, me hubiese importado del cambio
como del de un tenor en la 6pera, por indisposición repentina. Y ahora vengo á pedirte
calor y cariño del alma, porque tu varonil
hermosura me domina y la quiero para mí sola, porque cuando no hablas conmigo, á quien
juzgas sin duda incapaz de comprenderte y
nada comunicas de cuanto piensas serio y
grande, cuando hablas con tus amigo:-, olvidando que yo te escucho ...... te oigo admirada y bebo ansiosa tus palabras y quisiera mejor beberlas boca cnn boca... ¿Qué te parece
si le espetase una declaraci6n por el ei:-tilo?
Creería que había perdido el juicio y que me
burlaba de él, y adi6s consideraci6n y respeto.
¿Qué pensaría de este amor «sur le retour,»
violento, exigente, si yo pretendiera que no
se apartase de mí un instante, que no me prefiriese á sus amigos para tratar con seriedad
cuantos asuntos le interesan? ¡Qué idea tan
triste forma una de su condici6n de mujer,
cuando su esposo le replica, al preguntarle cariñosa, qué le·preocupa 6 entristece: ¡déjame&gt;
son asuntos míos, no es cosa de mujeres! ¡Ay!
¡Créelo! Tu amor culpable no te dará mayor
tormento que este mío, santo y legítimo. ¿Y
crees tú que él lo conoce? Si lloro, lo atribuye á los nervios y se apresura á traerme al médico; si trasluzco mi agitaci6n en mal humor
y displicencia, se retira á sus habitaciones sin
mostrarme contrariedad ni disgusto. ¡Consideraci6n y respeto! ¡Estoy condenada á ellos
toda mi vida! ¡Veces hay que le insultaría,
envidiosa de la mujer del pueblo, apaleada
por marido bmtall No hay remedio. Nunca
sabrá cuánto le quiero. Verá en mí á la esposa digna y respetable nada más. Aceptará las
caricias de amoríos que al paso se le ofrezcan,
sin remordimiento de que yo sufra por ello.
A fuer de hombre corrido y avisado, se creerá
alguna vez en el caso de dudar de mi fidelidad ...... sin increparme, sin pedirme cuentas
de su amor traicionado ni de su fe vendida,
satisfecho con que se cubran las apariencias y
no tener que darse por entendido. ¡Cuántas
veces me suele hablar como por tercera persona, de las que él llama escapadillas de la legalidad, y hasta parece que me traza la línea
de conducta en ellas, para que sepa hacerlas
sigilosas! Oye el fin de mi historia. Después
de batallar con impulsos diversos, venci6 la
resoluci6n de declararme. No me atreví de día,
ni de noche á la luz tampoco. Sentía que una
mirada de las suyas, al interrogarme con muda y fría curiosidad: «¿Pero mi mujer está loca
6 qué le ha dado?" ...... bastaría á turbarme ;
á enmudecerme confusa, avergonzada. Aguardé la ocasi6n ...... Y juntos, muy juntitos, á
obscuras, al oído, le fuí diciendo todo. Animada d( oirme, las palabras buscadas contrabajo primero, fluían después á par del alma,
con el calor del alma sentidas. Nada quedaba en ella. Ya lo sabía todo. La nifia caprichosa que se cas6 sin saber lo que era querer,
le quena con toda su alma...... ¡Pobre elocuencia del coraz6n! ¿Qué dijo Federico al
oírme? Nada; crey6 que le contaba como otras
no~hes, alguna historia de hablillas y murmur~c1?nes de an:iigas, como siempre, tonterías
sm 1mportanc1a y desde mis primeras palabras se quedó dormido ...... y dormido siguió
hasta la mañana siguiente, mientras que lloraba yo, desvelada por algo que sentía dentro
de mí. ..... Algo que había vivido de mi vida
para mí, nueva vida qua estremecía tbdo mi
Rer _e~ palpitaciones, ilusión y esperanza de
cancias ...... Antes de nacer como mi amor
había muerto mi hijo ah~gado en mis en~
trañas.
Jacinto be11av.enfe.

LUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 24.

MÉXICO, JUNIO 15 DE 1902.

•1rector: LIC. l!Al'AfL Rtlf&amp; bPINDOLA.

Subsc ripci.5n mensual fornnen, $1.50
Idem. Idem. en Ju cnµ1tv1. ,, 1.25

(ierHtf!I LUI&amp; Rnr&amp; &amp;PINNLA.

•

•

j)rin¡avera Feliz.

(De la Colección Hillebra11d.)

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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