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MUN.00 ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO I.--NÚM. 25.

MÉXICO, JUNIO 22 DE 1902.

Subscripción mensu11/ forRneo, $1.50
Tdem. l&lt;lcm. e11 ¡,, t..·uµ1t1;t1. ,, 1.2{j

Director: LIC. R,U 'AtL Rn~ &amp;PINDOU.
Oercnlc1 llJlb Rtllb &amp;PINDOLA.

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SERA CORONADO EL 26 DEL ACTUAL.

�Domingo 22 de Junio de 1902.

CABTA A 'UH POETA

Los versos de Enrique Torres Torija.
Mi querido Enrique:
Llegaron á mí los versos de usted como van
las abejas al panal: cada uno con su gota de
miel. Los he leído todos; he releído algunos,
y como son tafi juveniles y frescos, me han
dejado una tranquila impresión en el espíritu y una buena sonrisa entre los labios.
Los poetas así, como usted, que abren su
pecho- un joyero de ingenuidades - para
mostrar sencillamente lo que poseen; los poetas que no alardean de saberlo todo, de sentirlo todo, de llevar en el alma visiones proféticas y sublimes secretos, los poetas delicados y humildes, que pasan entonando en voz
baja su cancioncita tierna y dulce, sin más
esfuerzo que el que hacen los pájaros para
abrir las alas y las flores para abrir las corolas, me causan una amable y sutil emoción
de bienestar, que se parece mucho á la que
experimento cuando me extasio mirando jardines solitarios.
Hago yo en libros como el suyo, lo mismo
que en esos jardines: me pongo á pensar en
cosas mías, muy intimas, muy escondidas,
muy frágiles pequeñeces de la vida; granos de
oro de la felicidad que guardamos avaramente, por el temor de que la realidad grosera
y prosaica nos las eche á volar de un soplo.
Sí, estos libros son los que sirvE&gt;n para las auto confidencias, para las remembranzas.
En el de usted, hay una deliciosa sinceridad casi infantil. Es un libro que huele á rosas. No es usted un complicado, un refinado,
un morboso; es usted un joven, es usted un
poeta. Y con esos dos supremos y divinos dones, como con dos prodigiosos talismanes, rima usted armoniosamente, sin rebuscamientos ni pompas, los latidos de su cora2ón, y
realiza el milagro de acordar con la suya la
palpitación de otros corazones.
La inspiración de usted sube con dos alas,
la del amor y la del dolor; sólo que su dolor
no es desesperado, no es voraz, no es iracundo, no es el ala recia de un buitre, no golpea
el aire y sube hasta el sol con enfurecimientos de rapifia; es un ala de paloma herida
que vuela toda trémula con desfallecimientos
de angustia, y el amor no es tampoco ala de
aguila que de una sacudida aE&gt;ciende hasta las
confusas lejanías; es un ala de ruiseñor: Re
abre en busca del granado que sombrea el balcón de J ulieta.
Usted se queja con 1n, alta resignación de los
creyentes:
Vengan las amarguras! no tt&gt; importe;
mírame; yo sufrí las asechanzas
del destino, las sufro todavía;
pero sus rudos golpes rio me dañan.
Así debes vivir; conserva siempre
para el combate las mejores armas,
y no llores jamás tu desventura
si te vuelve la suerte las espaldas.
Ten fe, como la tengo, hermano mío,
y también como yo, ten esperanza.
Usted ama con los éxtasis puros de loR idealistas:
Ojos de negro azabache,
Ojos de amor infinito,
Ojos de inmenza dulzura,
Ojos lindos;·
Yo los quiero, yo los amo,
yo los sueño, yo los miro;
y en el fondo de mi alma,
santuario de mis cariños,
esos ojos de tu rostro,
esos tus ojos magníficos,
tienen su altar y su culto,
su adoración y füS himnos.
He aquí, mi querido Enrique, su alma de
soñador, suave y exquüüta, diciendo, bellamente, las rlos eternag tri vialidades de la exigtencia: sufro, amo.
Los versos de usted, si carecen en ocasio-

EL

EL MUNDO ILUSTRADO
nes de adorhos.líricos y atavíos platerescos,
tien~n, en cambio, una fragancia primaveral,
que es el vago perfume de su poesía.
Una ruborosa y velada tristeza envuelve el
libro. Es una tristeza romántica, melancólica,
aterciopelada. Es más bien melancolía que
suspira y que por momentos quiere llorar.
¡Ah, buena compañera de los veinte años,
inspiradora de las primeras elegías, te conozco! Eres la musa blanca y pálida de los poetas jóvenes; les dictas las más bellas estrofas,
los sumerges en los más azules ensueños ..... .
Y bien, Enrique; aquí quedan sobre mi mesa de trabajo, llena de papeles burocráticos,
los versos de usted. Muchas gracias. l\Ie sonrío, porque pienso: quizá por equivocación sucedió que estas lindas mariposas se detuvieron
en los zarzales de mi vida.

.Cuis {;. Urblna.

L.A NOVE:L.A~POKMA.
El alma humana es como la mar, no deja
el lugar á las arenas sino para volver más
profunda y más agitada hacia otras riberas
que invade y que fecunda.
En el siglo XIX, ella se refugió al principio en la música. Beethoven, Weber, Mendelssohn, Shumann, Berlioz, Chopin, y después, y por sobre todos, Ricardo Wagner, fueron los intérpretes de esta vida interior que la
Filosofía y la Literatura desconocían cada vez
más. Bayreuth fué, ante todo, el teatro del
alma, del alma sufriente, militante y triunfal,
fuera y por encima de todas las convencioues
y todas las contingencias.
Hacia el mismo tiempo, dos grandes escritores septentrionales, Enrique Ibsen y León
Tolstoi, genios severos é inquietos, renovaban
el espíritu del drama y la novela, haciendo
penetrar en ellos el cuidado de la vida interior. Ese mismo cuidado, minando poco á poco los viejos dogmas y los viejos prejuicios,
llevaba un gran número de espíritus jóvenes
á la concepción religiosa de la existencia, bautizada con el nombre de neocristianismo, y
penetrando en la democracia, le asignaba, de
más en más, como ideal, la creación de los héroes y la formación de una «élitei, espiritual,
profetizada por Carlyle, Emersson y Schuré.
Y es esa literatura del alma la que bajo los
diversos nombres de Simbolismo, Misticismo,
Idealismo, hau ilustrado con sus nombres
Maurice Mmterlinck, Henry de Regnier, Gabriel Sarrazin, Gabriel Trarieux, Louis de
Cardonell, Eugene Hollande, Fernand Gregh.
En el arte, como en la naturaleza, las formas no son sino figuraciones de la vida. Para
que la forma se renueve, basta que la vida sea
renovada.
A medida que la atmósfera idealista modificaba para la Europa las condiciones de su
vida interior, la forma de los géneros evolucionaba tan. bién.
En 1894 Gabriel Sarrazin publicaba las «Memorias de un Centauro;,i en 1895, Gabriel
d' A.nnunzio escribió las «Vírgenes de las Rocas i" Edouard Schuré, «el Angel y la Esfinge ;n
y en 1896, G. Sarrazin escribió «El Rey del
Mar.i&gt;
Esas cuatro novelas, bastante desdeñosamente acogidas, salvo una, por la gran crítica
y el gran público, pero festejadas por una
«élite," constituyen las primeras manifestaciones, osémoslo decir, los primeros modelos, de
lo que se puede llamar la novela del alma, ó
mejor, lo que debería llamarse la NovclaPoema.
J. l\I. VARGAS YILA.

.:ircsno

ILUS'l'RADO

EL SB. MAGISTRADO

EL OTRO CANTO DE BAILE.

FRANCISCO DE P. SEGURA
Acabo de mirarte á los ojos, vida; he visto
relucir oro en tus ojos nocturnos, y esa voluptuosidad me ha paralizado el corazón; ¡he visto brillar una barca de oro en aguas nocturnas
una barquilla dorada que se hundía y reapa:
recía haciendo señas!
Tú dirigías una mirada hacia mis pies, locos por bailar; una mirada arrulladora, derretida, risueña é interrogadora.
Dos veces tan sólo agitaste con tus manecitas tus crótalos, y ya me bailaban ebrios los
pies.
Los talones se empinaban; los dedos escuchaban para comprenderte-el bailarín ¿no
lleva los oídos en los dedos de los pies?
Salté á tu encuentro; tú retrocediste ante mi
impulso, y hacia mí serpenteaba tu voladora
y fugitiva caballera.
De un brinco me alejé de tí y de tus serpientes; tú te erguías ya, medio vuelta con
los ojos henchidos de deseos.
'
Con torcidas miradas me enseñas sendas
t?rtuo~as;. por tortuosas sendas aprende a'ltnc1as m1 pie.
Te temo cuando estás cerca; te amo cuando
estás lejos; tu huida me atrae; tus pesquisas
me detienen. Sufro; pero, por tí, ¡qué no sufriría yo de buen gra&lt;lo!
¡Oh, tú, cuya frialdad enciende, cuyo odio
seduce, cuya huída ata, cuyas burlas .. . ..... .
conmueven!
¡Quién no te odiaría, gran atadora, arrolladora, seductora, escudriñadora y descubridora! ¡Quién no te amaría, inocente, impaciente, arrebatada pecadora de ojos infantiles!
. ¿Dónde me arrasJras .ahora, indómito prodig10? ¡Y ya vuelvesahmrdemí, dulcee1:,quiva
dulce ingrata!
'
Bailando sigo tuR menores huellas. ¿Dónde
estás? ¡Dame la mano! ¡O aunque sólo sea
un dedo!
Hay por ahí cavernas y espesuras· nos vamos á extraviar! ¡Alto! ¡Detente! ¿No ves revolotear buhos y murciélagos?
. ¡Eh, tú, buho! ¡Murciélago! ¿Quiéres burlarte de mí'? ¿Dónde estamos? De los perros
has aprendido á aullar y gañir.
Graciosamente me enseñabas los blancos
dientecitos; tus malvados ojos me asaeteaban
al través de tus rizadas melenas.
¡Qué danza por montes y por valles! Yo
soy el cazador; ¿quieres tú ser mi perro ó mi
gamuza?
¡Ahora, á mi lado! ¡y vivo, endiablada saltarina! ¡Arriba ahora! ¡Y á la otra parte!¡~Ial haya! ¡Al saltar he caído yo!
¡11irac6mo estoy tendido aquí! ¡mira altane~a, c6n:io imploro tu gracia! yo qui~iera
segmr contigo... senda!&gt; más agradahles!-las
sendas del amor al través de esmaltadas espesuras! ¡6 las que allá costean el lao-o
donde
0
nadan y bailan dorados peces!
'
. ¿Estás rendida ahora? Allá abajo hay oveJªS y arreboles vespertinos. ¿:Xo es buena cosa dormir cuando tañen la flauta los pastores?
¿Tan rendida estás? Voy á llevarte allí· deja siquiera caer los brazos. ¿Y tienes sed?'. .... .
Algo podría yo darte; pero tu boca no quiere
beberlo.
¡Maldita serpiente é~ta! ¡hechicera escurridiza, veloz y ágil! ¿En dónde te has metido?
Pero en mi cara siento dos marcas de tu mauo, dos manchas rojas!
Esto): h'.11-to de ver~s de seguirte siempre
como cand1do c01clenllo! Hechicera, para tí
he cantado yo ~asta ahora; ahora para «mí»
debes tú ...... gritar!
¡Debes bailar y gritar al compús de mi látigo!
¿Pero no he olvidado el látigo?-¡Xo!
FEDERTC'0

~l día 16 del corriente dejó de existir en la
capi~al el Sr. Lic. D. Francisco de P. Segura
Magistrado de la Suprema Corte de Justici~
de la Nación.
Fué el Sr. Segura un hombre de elevadas
&lt;lotes intelectuales, y un abogado en que se
her1:11anaban la ilustración más amplia y la
rectitud más bien entendida.
·
Al.sel?elio de su cadáver, que se verificó el
d~a fngu1ent~ por la tarde en el Panteón Frances, c.oncurneron, entre otra~ distino-uidas persona!1da&lt;les, el l::\r. Se0retario de H~cienda, el
Presiden.te de la Suprema Corte, Magistrado
D?n Féhx Romero, los Sres. Líes. Pablo y
~1guel Mace.do, Jacinto Pallares, Indalecio
Sanchez Gavito y Francisco de la Barra.
. E1~ representación de la Corte, hizo el elog10 funeb!"e ~el Sr. Segura el Magistrado D.
Manuel Ga\cia Mén&lt;lez, hablando después, á
~ombre d~ la1 Escuela de Jurisprudencia, el
Joven Enrique Rodríguez Miramón.

l

NIETZ;l('JIE.

-Una cosa bella es una alegría pei·enne.KEATS.

-La alegría del corazón conserva la edad
florida: la tristeza seca les huesos.-SAL0MON.

r

Este es el c:u:10; uistedes resolverún si mi
hombre estaba loco ó no lo estaba. El practicante-un buen chico-me aseguró que en su
concept:o era un fan,antc, un hom hre que tenía
la suficiente fuerza de Yoluntad para fingir "f'n
locura» cada día, con objeto &lt;le pasársela entre los locos, qne es siPmpremenos odioso que
vivir entre criminaleR, menos doloroRo que
trab:3-jar en ~rn castjllo embutido en el mar, y
vestir el urüforme a rayas azules. l'1,te1les sabrán si es creíble egc fingimiento, sin que á
fuerza de repetirlo llegara un día en que se
convirtiese en locura real.
Tengo que apretarme bien el cr(mco para
que no se me salga esta idea. ,\ ver ( contando) una; ya oigo una; la oí bien; Ít yer, otra;
ya oigo otra. Esto es lo malo, que es otra,
que son otras; no son aquellas mismas que no
oi, y que debía haber oído. ¡Qué torpe es la
i,maginaci?n que yo tengo! ¿La que yo tengo,
o la que tienen todos los locos"? porque dicen
que yo estoy loco-¿la que yo tengo, 6 la qut&gt;
tienen todos los hombres'? Todos, sí. ¡Qué
bien abarcan estas palabras al conjunto: todos
los hombres, ¡todos los locos! Es muy torpe,
decididamente; yo no he podido oir esas campanadas que necesitaba oir; no puedo.
Si las hubiera oído, no sería extraño que
pudiera oírlas otra y otra yez, así como escucho muchas yeces la Y0Z de aquel maldito:
ccUrge, pueR, señores jurados, un castigo ejemplar para el acusado ...... »
. Pero ¡por Dios! ¿por &lt;¡ué no podré oir en la
imaginación aquellas seis de aquella mañana"?
No; y culpa del reloj no fu(,; es decir, yo creo
que no fué. ¡Ah! el reloj es un gran invento;
pero deberían tener repetición, no sólo una
vez, sino muchas; una, dos, tres, cuatro, ci}1co, Reis, y luego, una, dos, treR, cinco, s~is;
¿qué tonto soy! entonces se confundirían y
tampoco hahría oído yo la hora que necesitaba; ¿cómo saber cuándo acababa una vez, y
cuándo empezaba la repetición? lina, &lt;los ..... .
has~ seis, y luego sietr, quince, yl:Jinte, ¡imposible! un repique continuado ........ eterno!
La eternidad sería insoportable; qué fastidio!

Fot. de Mora.

. Esto es lo curioso; yo mr figuro bien y oigo
lnen todo, menos aquellas seis campanadas
hasta este repique que oigo ahora. ¡Ea! basta';
hasta; me atunlen esas campanas; ya he oído
corno ochenta horas; .al fin; ya nada; como i-i
las campanas se hubieran \'nelto de papel, como en aquella mañana; las campanas de papel, con lenguas de trapo.
. ¡Si hubieran podido güardanue aquellos somdos para hacérmelos oír cuando desperté ·
pero no; y eso que existe otro gran invento'.
el fonógrafo,
y, ¿def qué me sin·e el fon6o-rafo'
.
o
)
-:,' e1 cmematogra o, y todo ef;o? Tocio cstú
muy bueno; ~e puede voh-er á oir ·" volver (t
,·er, y á oln, y Ít saborear; no, eso no· entonees ge habría &lt;'Opiado bien la vida·'cuando
m,istic•ndo ú. una c,-crna puesut c•n un 'aparato,
,·eamns .Y oigamos y olamos )' gm,ternos y toquemos todo, todo romo C'l'a en nqurl insfante, ¡qnf. lwrmoso descuhrimiPnto! Prro ¿por
qué no po&lt;lrmos oír lo que 1rn1wa hrmos oído·?
Aunque
RÍ •po&lt;lemos, RÍ ' sí·' •,·o oio-o
to&lt;lo lo
•
t°"
fJUe qmero, s11~ hahcrlo oído ,mtes; ú ,·c•r, ¿_&lt;'Úmo rugen las fieras en un hosfJue?
Así; así. ;.C'6mo rrirít el Dinblo'? ARí; aRÍ.
~h~ra, ¡vamof'! me nyudaré. l\Ie levanto precip1tadarnrnte ele mi pobre cama· va deben
. s.
í ¡Qué! no han gonado?
' • Yoy á
Rer 1as seis;
oírlas; una, otra ...... nada más! ¡se han vt1elto de papel las campanas, campanas de pap&lt;'l
con lenguas de trapo!
Yerdaderau1ente, yo tuYe la culpa· va estaba resignado con mi i'Uerte; había ~ido con
admirable precisión todas las horas· ¿quién iba
ú creer que cuando sólo faltaba m{a, rnc durmiera·? Y me dormí, y ~oíié r.on el pt&gt;r&lt;lón de
la .Justicia; ¡quién sabe cuántas cosas mú,-?
Esos ensuefios, y lo que entre dos Rueíioi; he
pensa&lt;lo, Jie Yisto, he oírlo-¡oh, qué palabra:
«oído!»-lo he olvidado siempre fácilmente·
he desper1liciado por eso muy buenas idens'
porque luego no he podido rl'corda1·las.
'
El despertar fué horrible; aun me pan'rf'
Yer á aquellos hombres de caras neµ:rnzcas,
inconmovibles, mudoR, como lo~ muertor&lt;,
cuando les preguntaba )·o si luibían sonado
lag seis, si _ya iban por c,;o á agujerearme d
cuerpo, para haeer ju,;tieia al otro, á mi muerto, es decir, al que yo quité de esta vida.
Nada me quisieron contestar, y ·"ª se ofan
los pasos «rechinantes» en aquel corredor largo, estrecho .Y oscuro, como cañón de fmil,
por donde me habían llel'ado tantas veces á
la reja del Juzgado; y _ya se oía el rni&lt;lo de
las armas, pero las seis no sonaban, ¿.por qué
no sonaban ya? ¡Cnmpana cruel, campana
malclita, reloj maldito!

l&gt;omin&lt;ro 22 tlc Junio de 1!-l0'Z.
A.l menos el personaje del drama veía en el
reloJ los momentos que le quedaban de vida
pe~·o, par3: mí se h,abía muer~ aquel reloj. '
c,1~m~1én habr~a matado ¡! un semejante, ít
otro 1 ~loJ, y también lo habnan fusilado'?
¿Qmén sabe qué sería. peor? Yo me asomP
~rna vez á uua ventana y allá abajo un vieJO, parecido al tiempo,' marcaba en' un libro
los momentos de mi vida que pasaban y ya
había muchas hojas marcadas, y muy pocas
~n blanco; _¡por poco. muero esa noche! ¡AjaJá; a~orn ?igo un rmdo metálico semejante al
de nu reloJ de comedor cuando se apercibe para dar la hora. ¿Serán las seis que no pude oir•?
Porque_ ha:;ta e;;o; las seis me persiguen todas
las rnananft¡;, pr!·o yo me tapo las orejas, porq~e no t¡u1ero 01rlas, porque no son aquellas
seis qu.c no pu?e oir, y t¡ue-¡como si fuera
un dehto 110 01rlas!-son el origen de que me
hayan traído aquí.
En efecto, grité que no había oído las f'eis
y después me trajeron á este nuevo encierro'.
. Cuando ya era hora, es decir, debe haber
sido la hora, porque yo nunca miento yo no
la oí, entraron unos hombres, y me' dijeron
algo del Juez, y ¡qué sé yo qué relación tenía
el Juez con un nombre de mujer: era Roledad?
. Creo qu? sí; debe haber sido, porque me
tienen aqm solo, absolutamente solo con mi
pensamiento, que corre, corre mucho, y luego
salta y rueda, o se levanta v vuela ó se hunde f baja, baja . 11:rnch,o, ~1asta allá' debajo de
la tJ.erra; va á v1s1tar a llll muerto.
. Cuando corre y salta ó vuela y sube, nada
un porta; lo malo es cuando se detiene cuando
se púra en ur~a .idea: las seis; entonc~s rompe
con una hornpilante solució11 de continuidad
la paz de mi espíritu. ¡Las seis!
¿Cuando oiré aquellas seis? Estoy seguro de
que, en cuanto las oiga, moriré, porque es la
l.10!-a rnarca~la,para mi fusilamiento, y es preferible monr a llevar esta vida.
, Ahor~ oigo h?ra~: una, una ...... ¡s6lo una!
Con~o s1 se arrepmt1era de seguir ese reloj; ¡los
reloJes que se burlan de mi! se quedan riendo
de!&lt;pués de que suena la última hora. Por .eso
m~ parecen mt~y naturales los cariños y los
odJOs que yo ~rento por las cosas; creo que
~rnnca he quendo á una persona como quiero
a er&lt;e portaplumas negro, regalo de un amio-o.
¡Pobre porta¡.ilumas! El debe extrañarme n~ucho si es agradecido y es bueno. Quiero á ese
portaplumas con un grande cariíio paternal
paternal, ¡qué.raro y qu.~ curioso fuera eso ¡uh
hombre que tiene un h1Jo portaplumas, v luego negro!
·
)~n, cambio,. tengo un ?di~) á los . relojes, nn
odio. a loR fus1le1,, un ocho a ese lndra11te que
an:oJaba agua perennemente. ¡Qué grandes
od10s! creo q~e no es posible odiará una persona con es~ odio, _porque es mucho, ni es posi?lc ~mar a un h1JO con este amor que profe¡;o
u rn1 porta,plumas negro; es mucho amor!
Y hay que convenir en que tengo razón
cuando amo con esa fuerza á las cosa1:,; éstas
son merecedoras, porque son absolutamente
buenas .absolutamente malas; todo depende
de la ut1hdad que prestan; mi espejo roto es
ab:;olutamente malo, siempre malo; y las pers~ma$ tenemos esta mezcla de .bondad y de nulidad que nos haeen menos dignos de amor v
lll('nos digno1&lt; de odio.
·
¿.Yen ustedes"? Ahora se ha ido el pensamiento; ahora es cuando me salta y corre y tro
. y cae, para l.evantar.s e nuevamente,
'
' pepieza
ro no, se ha detemdo haciéndome mucho ruido dentro del crúneo, como esos focos eléctricos que se apagan, y se quedan murmurando
quién ~abe cuántas cosas, runruneando fuertemente.
,\,-,í nw pasa; ya oigo una dos tres· oh los
. d e t'terna repebc10n;
.. , ' hasta
' seis,' veinte,
,
re1oJei-;
º?henta .... ~· pero no ,so!1 las seis que necesito
mr; ¿porque no podre oir las seis de aquella maíiann? Esto
es lo que me canso de preo-untar
,
o
.
.Y a~1, to.do sucede; no se llegará la hora de
m1 fus1lam1ento, la ho~a de mi muerte, y entonces ...... ¡nunca morHél quedaré ¡toda la vich1;!" en este martirio enorme, esperando ufias
seis que no llegan, que no pueden llegar, porque ya pasaron, porque ya se fueron.
¡Y así habrá tontos que no quieran morir!
:B'RANCisco ZÁRATE Ru1z.

?

�1

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 22 de Junio de 1902.

DE PBINCIPE DE GALES

-Á

REY DE INGLATERRA.

l.'" Si el nacimiento del primer hijo varón es el
acontecimiento más importante de la vida matrimonial; cuando ese hijo es el presunto heredero de uno de los tronos más poderosos de l&amp;. tiena; cuando la pareja que cifra
en él sus más risueñas ilusiones es una pareja real, el suceso adquiere, no sólo el encanto
idílico de una cuna rodeada por el amor de
los padres, sino la importancia ele un asunto

vicia íutura del príncipe, años más tal'&lt;le. El
amor clel príncipe consorte, la tierna solicitud
de la reina; el empeño de ambos espo;;os de
exaltar á su hijo á los ojos del pueblo sobre
el e1.1al debería más tarcle reinar, son, en lo
general, la norma de la educación que hubieron de hacerle dar.

***
Desde edad muy temprana, la reina quiso
hacer ele su heredero algo como un lazo de
unión entre el trono y el pueblo; lazo de que
carecía, primero, por haber elegido un esposo
de origen alemán, y más tarde por haber quedado viuda.
Esta intención fué realizacla á maravilla, y
no contribuyeron poco a.l éxito las cualirlades del príncipe. ::\luy joven aún, fué enviado á una visita á la India. Después al Canadá, al Egipto, á la Tierra 8anta; y t~dos estos viaje:,¡ tuvieron por resultaclo efectH·o e:strechar los lazos que uuían á)as~-culonias con
la metrópoli. En tocias partes fué recibido con
gran entusiasn10; de la India regres6 cargado
de presentes tle los príncipes3indios y lle\·ando las simpatías de los colonos.
DPl Canadá pasó á los Estados Unidos.
La reina y ::;u esposo temían que, no extinguidos aún los resenti~ni~n~os dejados ¡~ot· la
lucha de indepenclencm, ·:el1pueblo anieneano
recibiese con e i e r ta
frialdad al representante de la Corona,al descendiente de ,Jorge III.
El presidente Buchanan insistió en solicitar
la visita, y en tonef s se
clecidiú que el prínei pe
Alberto Eduardo hiciera un viaje á la gran
República,pero ;-in llevar la repreRentación
de la reina, y súlo bajo
Rll título &lt;le harón Ren-

simpatías, y ft afianzar los eslabones que ligan
á la metrópoli con los miembros del imperio
desgregados en todas partes del munclo. En
esta tarea política emplea buena parte de su juventud.
Desafecto á la marina y á la milicia, á las
que sólo ama por lo que tienen de esportivo;
un tanto alejado de la corte rígida y se\'era de
Wíndsor aprovecha el ti&lt;'mpo en una labor
que será 'segmamente fructífera en l_o futuro:
mirar de cerea á los pueblos, tan diversos en
su origen y &lt;·n su8 condiciones, cuyos destinos ha ele regir algún día.
To&lt;lo contribuye, además, para que el pueblo le ame. Este no había visto con buenos
ojos la elección de esposo que hizo la reina.
Tampoco aprobaba del todo la inclinaeiún
decidida de la soberana al imperio alemán, ,v
hubiese Hielo para él una graYe contrariedad
que el hereclero del trono f"e hubiese caf&lt;ado,
conforme á los dPseos de la soberana, con u11a
princesa de origen alemán.
Lejos de esto, el príncipe hace un matrimonio que tiene algo de novelesco. En 1860, t·neontrándo;:e en la catedral de \\-01111s, ve• por
prinwra vez, admirando los frescoi::, á !ª prinecf-a AlcJ·andra'lde Schlc,:wig-Holstcm--BonL
, l
, •
dPJ"boing-Glucksbourg, que a a sazun.-no contaba más ele 16 años. Tras ese primer ·encuentro, el príncipe de Gales procura voh&lt;•r á ,·t-r

1rell'.

E luarJo VII y la Reina Victoria. en 1846.

de e:-tado, y el infante es el mima.Jo, 1h) i,olamente de un hogar, sino de todo un pueblo.
. Así, para la Reina \'ictoria de Inglaterra y
para el príncipe consorte, el día 9 de no\'iembre de 1841. fecha en que nació el príncipe
heredero de la corona de Inglaterra, fuf uno
de los días memorables-y cuántos clichosofó terribles vió pasar la augusta señora!-de
esos días que la historia recoge y la crónica.
adorna con detalles de todo género.
A las cuatro semanas de su nacimiento, el
hijo, que fué durante toda la vida de la reina el amor de sus amores, fué elevado, por
mandato expreso de Su Majestad, á la diguidad de Príncipe de Gales y Conde de Chester.
Generalmente se cree que el título de príncipe de Gales es hereditmio, que deben llevar
desde que nacen los herederos ele la corona
de Inglaterra. Es un error: el título c1ne corresponcle al primer hijo del soberano inglés,
es el de Duque de Cornuailles; el otro da lugar á nueva creación en cacla caso.
El título de Príncipe de Gales ha sido conferido treinta y siete veces: diez y nueve ú
príncipes independientes, y diez y ocho ú
príncipes ingleses. No todos éstos, sino (micamente once, han llegado á ocupar el trono,
pues varios han muerto antes que el soberano
reinante.
Alberto Eduardo, el heredero de Victoria
I y que va á ser coronado rey dentro de muy
pocos días, con el nombre de Eduardo VII,
fué bautizado, con los nombres de su padre y
de su abuelo materno, Eduardo ele Kent, el
día 25 de enero de 1842, por el arzobispo de
Ca.ntorbery. en las pilá"s de oro de la Torre d&lt;'
Londres, y con agua del Jordán, llernda expresamente para la ceremonia.
La infancia, la adolescencia, la vida escolar, transcurridas al lado de sus preceptore1&lt;,
6 bien en las Universidades de Oxford v
Edimburgo, no hicieron prever cuál sería

la

El recihi111iento hecho en los Estados Unidos al heredero del trono inglés, fué delos más
entusiasta;;, y clisi pó
los temores ele la reina.
Desde que cruzó la fron
ter a canadiense , el
Príncipe de Gales enMarlborough-House.
contró totlo un puehlo
que acudía á &lt;larlP la bienvenida, que le-aclamaba á cada paso: el hü•lo quedaba desecho;
las ciudades más importantes se disputaban el
honor de una visita, Y por prinwra vez se viú,
en armonía completa: ondear el pabellón tricolor de la República junto al "rnion Jack»
de la antigua metrópoli.
Un ra1&lt;go delicado del príncipe acabó de conquistarle la popularidad. Su primer cuidado
fué irá Mont Vernon, á visitar ]a tumba de
Washington. El hijo de la reina permaneció
unos momentos con la cabeza descubierta ante el mausoleo del fundador de la Uni6n Americana, en actitud respetuosa, sin desplegar
siquiera los labios, como para no turbar la solemnidacl del recinto. Después, allí mismo,
plantó un castaño, y el "Times» decía á propósito de este acto, que el príncipe heredero
había enterrado allí, al lado del héroe americano, la semilla de la cliscordia.
A partir ele ese momento, había ganado para sí todos los corazones. .Jamás personaje alguno de Europa había sido recibido de manera tan brillante y había conquistado tanta
popularidad.
:Más tarcle, en 1868, cai:-ado ya, hace en
compañía de la prineef"a cJp Gales, t!n viaje ú
la hla de Esmeralda, y del pueblo irlandés
recibe marcadas muestra;; de simpatía,que no
dejan &lt;le redundar en beneficio del prestigio
real.
En suma, por todas partes, en las colonias
y en el extranjero, va á borrar resentimientos,
á prodigar á. los pueblos algC' de la realeza que
éstos gustan de tener más ó menos á la vista;
á afirmar el prestigio de la Corona; á cosechar

EL MUNDO ILUSTRADO
El casamiento, por amor, de un príncipe
heredero del trono inglés, es para cautivar los
corazones de los súbditos, y más aún cuando
el príncipe, en vez de ir á buscar alianza con
la poderosa casa de Hohenzolern, como lo deseaba la Reina., se une á la hija de un príncipe, por entonces alejado de las gradas de un
trono, qne vivía en el retiro la vida más modesta que pueda sufrir un príncipe, y á quien
sólo una serie de sucesos imprevistos debía sentar después en el trono de Dinamarca, y aliar
con casi todas las casas reinantes ele Europa.

Robó el oro su lustre á tu cabello,
Y á tu boca el coral su sangre pura;
O11tenta el mármol, como tú, su albura
Y el cisne arquea, como tú, su cuello.

***

En tu sonrisa se estremece el Rello

Si el papel político ele Alberto Eduardo, en
los primeros años de su juventud, fué muy
importante para el gobierno de la reina Yictoria, más tarde, despu6s del matrimonio, debía ganar en interé,:. El heredero del trOHO
instaló su residencia oficial en Marlborough
House, mansión adquirida por la corona especialmente para el príncipe. Allí se forma
una segunda corte, más popular y menos rígida que la de Wíndsor, que la muerte del
príncipe consorte llen6 de luto; allí acucie la
aristocracia de la sangre, del dinero y del talento, á r€cibir la consagraeión ele su fama en
los salones de los príncipes. Desde allí, el futuro rey de Inglaterra organiza clubs, patrocina obras de caridad, rige la elegancia, es, en
suma, el «leader» de la sociedad inglesa que
acude á él para prestigiar ó para confirmar sus
actos. En esa tarea le ayuda dignamente la
princesa Alejandra: mujer elegante en sumo
graclo, inteligente y abierta á todo sentimiento benévolo, es también la que norma la vida
aristocrática de la alta sociedad londinense.
Así, la vida en Marlborough House fué sumamente laboriosa para el príncipe, que, fiel
á su programa, no dejó pasar oportunidad alguna para ganar popularidad. De tales fatigas, los príncipes van á reposarse en el dominio de Sancldgham, en el condado de Norfolk,
una residencia campestre digna de un soberano, donde sólo tienen acceso los íntimo;;, donde se efectúan las famosas cacerías en las cuales el príncipe y ocho ó diez amigos abaten en
tres ó cuatro días cerca de· cinco mil piezas de
pelo y pluma.

***

(Asiento de Ia:Corte del Prln&lt; ir e de Gales.

El matrimonio de Eduardo VIT, en 1863.

á la princef'a; y por fin, en 1862, envía á su
eRrndero al castillo de Berrn,dorff, en demanda formal de la mano de la princesa.

Cosa extraña: ni la reina ni sus ministros
creyeron nunca nece1&lt;ario familiarizar al príncipe rle Gales con los asuntos del gobierno .
Hace pocos años, cuando se trat6 de la abdicación de ht soberana, en la posibilidad de
que tal aconteciera, el heredero tuvo acceso á
los negocios públicos; pero no se le llevó hasta
las intimidades de la alta política.
Mas ¿para qué tomarse tnles molestias, para
preparari-;e á un gobierno en el cual la acción
del monarca. está limitacla por una estricta
constitución y por la. voluntad del pueblo?
~Iás, mucho más cuerdo y previsor fué ponerlo en contacto con la sociedad inglesa; hacer de él un moclelo del noble inglés, lo mismo
que del miembro de la alta burguesía.
Así, al pasar de príncipe de Gales á rey de
Inglaterra, Eduardo YII promete ser un soberano liberal, bien querido por la aristocracia y por el pueblo, y perfectamente compenetrado de su papel en el trono de la Gran
Bretaña.
De miras amplias, no ha tenido empacho
en manifestar su grande admiración hacia
Gladstone; no ha \·acilado en distinguir á los
judíos ricoR en una sociedarl pmitana. Ha
declarado sn 1lesPo ele• &lt;JU&lt;' en las ('ercmonias
ele la coronación i::f' rmprima la imposición del
óleo, como signifitando que le parece impropio en los tiempos actuales hacer pasar á un
rey como un elegido dP Dio,:, y también ha
querido que se modifique la fórmula del juramento, en atención á que entre los centenares de millones de súbditos, los hay ele todos
los credos y de todas las religiones.
N"adie puede dudar que, por su educación,
por su papel cerca del pueblo, por sus miras
personales y por la situaci6n que ocupa,
Eduardo VII será el tipo del soberano moderno abierto á todas las evoluciones, el que ne'
,
.
cesitan los pue.blos que han de ser monarqwcos y progresistas á un tiempo.

:l)r. ..C. .Cara g })ardo.

Domingo 22 de Junio de 1902.
COLOMBIANA,

Helénico perfil, rico atavío,
Que nácar inviolado esculpe y dora;
Es su hermosura enamorada aurora,
Que lleva airosa como eterno estío.
PE.RUANA.

De un bes&lt;? del amor á la hermosura,
Y en tu muada trémula fulgura
La lucha de una sombra y un destello.
Lohengrin te ha soñado como un rubio
Querub, eiwuelto entre flotantes tules,
Robre su cisne blanco, en el Danubio;

Y ha visto que halagan&lt;lo i-ns antojos,
No son tus ojos como el cielo azules,
Sino el cielo es azul como tus ojos.
.JOSÉ

s.

CHOCA.NO.

Ama con frenesí, con desvarío,
En su negra pupila tenta.dora
Lleva el fuego ele un beso que enamora,
Hecho luz, hecho carne en el vacío ......
Es Ofelia si lucha enamorada,
O N"idia de fulgores indecibles
Que ríe con el alma desgarrada.
Mas olvida cantando en la alborada,
Porque vive en el cáliz de la pompa
,cQue enerva como flor emponzoñada.»
JUSTO p ASTOR Rrns.
-Yivir es morir un poco cada día.
1\h:x m:s.

C.\TU-

LLJ-~

*
*'*

-Una buena madre vale por cien maestros
de escuela.-SPENCER.

Bamboleándose cándido y suave,
Ya el Señor con sin par gentileza
como encima del ala de una ave;
y la chusma fanática. y grave,
en coreada oración, zumba y reza.
A una cruz que enlutada camina,
en altar q-ue entre incienso se esfuma
;· que cruge y retiern bla y se empina,
el ya muerto Señor se avecina
~obre un lecho cuajado de espuma.
Se deslizan dos ;argas hileras;
rodeando al Señor eomo adorno
de rojizas y extrañas lumbreras,
Yan del lecho clavadas en torno
temblorosas las pálidas ceras.
y

l'n runrún infinito que atruena
los oídos, palpita y estalla
cm la gran procesión nazarena;
allá lejos, al fin ......... triste suena
destemplado clarín de batalla.
Larga tropa ele fríos soldados
acompaña los santos dolores;
mal seguros y mal enfilados,
los clarines al par destemplados,
destemplados al par los tambores.
Casi en medio, .Jesús, ya rendido
por el peso de un árbol que asombra,
pues no tiene una. hoja ni un nido,
rn de túnica obscura Yestido
romo pálicla y trrmula ,;om hra ..... .
El litwn 1'ura entre cien feligrp,;es
con un mí~tico orgullo se entona
para ahar r-us católicas preces;
un ravito ele luz cae á veces
en la tersa y rapada corona ..... .
Todos llevan los ojos clavados
en el Dios de loi;; grandes martirios,
por la fe de ese Dios arrastrados ..... .
Y jazminei-, y rosas y lirios
á sus pies van cayendo mezclados ......
Sopla el viento y a.paga los cirio:;!

JOSE S. CHOCANO.

�Domingo 22 ele Junio de 1902.

Domingo 22 de Junio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL :\IUNDO ILUS'l'RADO

C.rcursiones al. ¡?opocafepefl.
La fiesta del agua y del rartón. El pueblo
hace por un dia la vida del anfibio· y la legión
de chicuelos se echa, de la frerite ~i occipital
el untado chacó de cartón que está luciend¿
sus marcialidades en las alacenas de Mercaderes.
Así se celebra el día del Bautista.
La costumbre de zambullir el cuerpo en el
agua de las albercaR, importa toda una borrascosa solemnidad. Aquel chapoteo que en
los ocurrentes símbolos rlel pueblo sin duda
significa una reverencia á líts aguas'del río E&lt;agraclo, no es saludable si las proezas natatorias primero y luego las libativas dejan de
acudir á tan memorable ma!'ifestación.
El devoto menos ferviente del Bautista «celebra» arrojándose de cabeza desde el piso más
alto de los que circundan la alberca, con el
fin de probar que sabe sufrir un chicotazo de
las aguas y contener la respiración más ó mrnos tiempo. El acto revif,te sernmción · drsde
que el bañador viene dando \'Oltere~s hasta
que se hunde en las aguas; y después, desde
que la figura desaparece hasta que torna á
surgir con la melena untada i:;obre los temporales, los ojos inyectados y fijos con la ansiedad de la asfixia, la boca abierta dando paso
á un torrente de oxígeno, y, en todo rl semblante, pintado el ge¡,to de una brutal violencia. El «esforzado" sonríe, la mnltitucl aplaucle,y uno «que no se quiere qm•daratrás,» trepa á una altura mayor y el espectáculo vuelve
á comenzar........ .
Tantas y tantas proezas como allí se suceden, obligan á las mús calurosas feliritn.ciones
y éi;tas llegan con Ru «natural" complemento.
Las barracas se concmre11; el pulque rscurre
su hebra por drbajo de el pu iiado de vai;os
que el esc-ancia&lt;lor hunrle en rl tond t1del nH'jor», y da principio otra fieRta....... también dr
carácter líquido.
Oh! si aquella:-: ilustres personas que han
pas~do ú la cate~oría de santo¡.:, Rupiemn 6
hubieran presenbdo ( para el:ltar de acuerdo)
la manera como se las había ele honrar en este
mísero mundo, tengan ustedes por un hecho
'}Ue dan con sus buenai; accioneR al traRte 6 f&lt;&lt;'

las e~ronden, de umnera que ni los X rnodcrnos i,:e In;; Pncontraran.
Y vamos con la consecuente 6 sea mrjor la
inconsecuente fiesta líquicln.
...... los ánimos se enardecen; loR baiiacloreH tocan al dictarlo de héroes; las charolas de
enchiladas no se dan repo:-o y los vaso~, loi-:
grandes y repletos rnRos, están prisioneros
entre los dedos, de puntas arrugarlas por rl
remojo. Se ponderan los triunfos, la griterín
se levanta; cae el brazo r-:obrc el hombro del
recién conocido, SP n1ascnlla el «tú" amistoso
y ..... .
Bajo el cielo gris-San .Juan siempre cubre
s11 fie1&lt;ta con un manto plomizo-\·a internándose la som hrn de la noche. Allá, en la
cercanía de las alherC"as, se n,·e la canción ele)
último «dernto» e11tr(&gt;(1,jida ·.,n el ronronear
de los hordonei-: de un hnjo. La harra&lt;'a. transpan,11ta mm lui &lt;l?hil; l 11 el fondo clel tonel
hav heces mtuSC'al,undas.
tn la allwrca las agrnts t-&gt;stún tranquilas;
duPrmen 1le:&lt;pu?s clt&gt; la ntda faena; ha pasado
su clía.
El cartón sí dcse111reñit un papel noble en
la tiesta del Bautista: corona las cabecitas de
la legión que &lt;'Stá al pie 1le la pintorPHCa rampa clr las edad&lt;'H.
El chaeó de mrtón e:&lt; la ligum que arranca
la primera sonrisa al (!rspertar de lo!- chic11elo;.:. f-;an Juan rs el patrún d&lt;' la rnilicia. inVt'ncihle, &lt;IP psos jt&gt;fe(•itoi-: &lt;JIH' gnwn dr un eontinuado triunfo Pll el campo d&lt;' l,atalla donch,
por todo clarín clP (mle1ws i-;uc1111 rl ristrident&lt;'
grito del llanto provoca.do por 1n rabieta; por
~ev~staci6n se tiene b degollina clr varios pohchmelas,y por bandera de tregu¡i las cortinas
del pequeño lecho, cubriendo la escena del
m:1s heato reposo.
,\_ los militare:&lt; de Han .Juan He les conceden

todos los grados posibles, se les pnmite faltar
á la diHciplina, no acucien á ningún toque de
llamada y llega la «inmoralidacli, hasta el extremo de que cada quien compra su categoría
según el alcance del bolsillo.
Los hijos del escribiente del juzgado resultan cabos; los del jefe de sección pueden llegar á capitanef', y los del banquero se gradúan
generales de divüüón, con uniforme, espada
y ...... condecoraciones. El papelero es recluta, y rn tan cmnpa.ntc por esas calles, exhibiendo lo que debía haber cubierto con el pedazo de trapo que hubiera obtenido con los
mismos centavos que dió por el chacó de cartón; el hijo del portero es asistente y sólo con
ese carácter puede marchar en la columna que
de¡;fila por los amplios y floridos corredores
de la morada rica.
·
Y ...... hay también 1&lt;ciudadanos,, que no
pueden pertenecer ú la milicia; son inválidor:,
lei; falta una mano ...... que Yaya al boli:;illo
del chaleco y cambie monedai:; por chacós.
Ei;tos im·úlidos forman toda una multitud
que se con,-titnye espectadora triste del hélico
desfile. Para ellos la fiesta de San .Juan es una·
derrota. Las espa&lt;las, los caballos de otate
lai:; mochilas, los chacós, les arrancan mirada~
ele angustia; ellos no pueden marchar con
aqnelloR arreos. Si piden su puesto en las fiJai-;, se le!'I contesta
ron una evasiva·' si aritan
,
o
,
~e 1es arresta o se les aplica la pena...... glutea
por insubordinación con vías de hecho.
'
Ran Juan es cruel para ellos; al igual que el
1•ielo del día memorable llora con la sombra
de su manto plomizo, así los chicuelos pobres
dejan raer sus lágrimas en rl suelo gris ele la
harria.da, á donde los confirni la miseria que
no los deja comprar los militares arreos del
día ch•l Bautista.
¡Pobres inválidos!

Las excursiones al Popocatepetl están ahora ele moda y casi no hav
semana e1í que no se verifique una nueva ascensión.
•
lin viaje al \'olcán, nos decía hace poco uno de los excursionistas,
es de lo más hermos? que pueda concebirse; por una parte, la majestad de aquella mole mmensa coronada de nieves perpetuas que brillan

ran por sendas más cortas y seguras, lo hicieron bien, hasta donde
podían hacerlo, y así logramos llegar hasta el cráter. ¿Quién, después
de ese 1digero ejercicio», iba á sentirse rendido por la fatiga? Ninguno,
es claro; en la noche «nos servimos" una cena confortable, y antes
de las t~es d~ la mañana, con «la fresca,,, que dicen los «guías," comenzamos a subir ..... .
Las cabalgaduras que montábamos la tarde en que comenzó la ascensión, quedaron en Tlamaca, rancho á 3,027 pies sobre el nivel del
mar. Lo demás del camino, se hizo á pie.
Nada anormal--entró aquí nueRtro informante en el terreno científico-observamos en el volcán: vimos escarparse columnas de humo
por los siete respiratorios del cráter, y los vapores sulfurosos que se desprendían nos impidieron acercarnos más. Lo del humo, no es nuevo;
hace muchos años que se observa.
Estábamos, agregó, nada menos que á 18,420 pies sobre el nivel
del mar, y, sin embargo, la temperatura no se mantenía muy baja:
era de cuatro grados sobre cero. Por la parte del volcán que ve al va-

.
Ascensión, principio del hielo.

al sol y que deslumbran, y por otra, las campiñas de belleza incomparable, con sus grupos de árboles y sus aguas rumorosas, que parecen esfumarse á medida que se af'eiende...... El árbol, el corpulento
árbol á cuya sombra descansamos, allá abajo, á la orilla del ca¡;erío
1para emprender la jornada, iba, poco á poco, pareciéndonos más
más pequeño, hast~ que, por fin, lo perdimos de vista· las callejas del
¡ pueblecillo eran cada ,·ez más estrechas, y, como si l~s fincas se en\ cogieran en un «apiñamientoi, imposible, las mirábamos alejarse de
nosotros, cada vez más, hasta confundirse en la risueña lejanía, con

y

Labio

s.

E. del cráter.

lle de Puebla, ha habido algunos deshielos que han dejado des~ubierta la arena, dando ocasión á que, entrellos indios, circule como segura la opinión de que el volcán tiene 1ctiña. i, Provistos de un «aneroide,»
hicimos algunas observaciones, emprendiendo en seguida el regreso
rumbo á Tlamaca y Amecameca, punto éste último dQnde tomamos
pasaje ú hordo del tren que nos condujo á )léxico.

***

Aquí nos dejó el narrador y nos drspe&lt;limos de él, agradeciéndole
su vif-ita. LaR fotogrn.fías que ofrecemos fueron tomadas en una de
tantas excm¡;ioucs hed1as al Popocatepetl por el Sr. Ing. Beltrán y
Pnga.
·

..

Labio occidental del cráter.

los peñascos _y las frondaR...... De lo alto, aquel panorama del caserío, simula un «nacimiento,, iluminado, por la noche, con lucerillos
intermitentes.
El ,·iaje es de lo más difícil para los que estamos hechos á la vicia
de las ciudades "':,' acostumbrados á tomar la acera y la sombr:1. Se hace, muchai:; Ye&lt;'es, cayendo y levantando: aquí se trepa por entre riscos; allí, la finísima. arena hace caf'i imposible el paso ...... más allá
la 11ie\'e, la nieYe que cubre aquella te:-ta enorme que se hunde en el
azul desafiando el azote de las tempestades y las inclemencias de los
siglos ........ .
Xuestra excuri;ión, ;;in C'mhargo -s&lt;'guimos en su:-; disquisiciones
poéticas á nuestro joven «aJpiniRta,,,-fué &lt;le lo más gn:to para nosotros, qu&lt;' teníamos hambre y sed de trepar al Pc:,pocatepetl. Los
«guí_a~» que pagamos á buen precio allá. ah_ajo para que nos encamina-

.. El lxtaclhuatl visto desde el Popocatepetl.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 22 de Junio de 1902.

:ElL 11:UNDO ILUSTRADO
~ viaje á Europa y de lo que en el mismo
tiempo había acaecido en l\Iéxico, y especial~ente de lo que había intervenido en los últ~m~s sucesos de l\faximiliano, y me refiri6 lo
siguiente:
({El día L'5 de junio en la tarde, fué la primera, Yez que visité ~ ~Iaximiliano, porque me
llamo para que recibiera i-u confesión sac-ra-

últimos 6ías 6el .clmperio.
-------------- :• '1leliqu1as c'Kistóricas.
El l\Iuseo Nacional de Artillería acaba de
enriquecerse con la interesantísíma donaci6n
que de algunas reliquias hist6ricas que existían en su poder, hizo á favor de ese Establecimiento, á su muerte, el ilustre Yeterano General Don Mariano Escobeclo.
Forman e11e legado, entre otros también
mur valioso,;, lo~ ohjetoR cuyas reproducciones

de la toma; y es una prueba de la nobleza de
sentimientos del veterano, porque al publicarlo, levant6 con él el estigma de traidor que
pesaba, no sobre uno de sus amigos, ñi Riquiera sobre un compañero; sino sobre Miguel López, nm quien jamás lo unieron lazos de compañerismo ó de amistad.
Otro &lt;le :iuestrm; gralm&lt;lo8 representa la es-

Son también dignos rle mencionarse tanto
los cinco fusiles, quP 88 conservan, empleados
en la ejecuci6n de D. Fernando l\Iaximiliano
y de sus dos generales, como los que sirvieron
para dar el tiro de gracia al Archiduque y á
D. Tomás ~lejía. Uno de éstos es sistema ,1Alleni&gt; y otro 11Peahody.»

***

Pur último, rcproducimos,exactamente igual
Pll tamaño, el retrato que el titulado Emperador envió al Hr. ({eneral F..scobedo la víspera
del día ele su ejecución. Este retrato es fotográfico y se guarda en un marco ele madera
barnizada de 1,egro, con Yidrio. La dedicatoria, escrita en el reverso, puede ver;;e en cliché
separado.
Xos parece oportuno hacer notar que la frn:se «Al Sr. General en .Jefe» y la fecha «Querétaro 18-6-671,, no fuPron escritas por Maximiliano, que se limitó únicamente ú poner su
firma. La forma de la, letra, como puede apreciarse desde luego, es muy distinta. Sin que
mula se sepa de cierto sobre quién escribió e~a
breve dedicatoria, para recoger la firma del Archiduque, no es av1•nturado suponer que haya
sido el mismo Padre Koria que el 18 de ,Junio
escribiú la carta á. que se refiere el artículo del
l'iahio b_istoriador D. Agustín Rivera, que reproducnnos en seguida.

Retrate&gt; fotogrAllco d.,l Archiduque.

Confidencias del Padre Soria.

Carta de Maximiliano á Miguel Lépez.

en fotograbado ilustran esta~ página~ y que pasamos á enumerar, puntualizando, hasta donde no:,; e,: po,:ihlP, """ dcmllct-,.
CuidadoRamente conservada, 1:;e encuentra
allí la célebre carta escrita de puño y letra,
delArchiduque de A ustria á su compadre Miguel L6pez, encareciéndole la completa
reserva en todo lo relativo á la cornisi6n
que lo llevó á conferenciar con el .Jefe del
Ejército Republicano,
el 14 de Mavo ele 1867,
víi-pera de· 1a ocupaci6n de la plaza y de
la consiguiente caída
del Imperio.
La publicación &lt;le
est&lt;• precio,-o rlocumen•
to constituye, sin duda, uno de los hecho¡::
mÍls salient.Ps dr la \'ida militar del (·h•nernl
Escolw&lt;lo, toch \'CZ que
al d:1r :l &lt;'&lt;lllO('('r :,;u copia en 18~,. dcdiné1
con una modei;tia que
lo enaltece muchomús,
algo &lt;le la gloria que se
le concedió por la toma
de Querétnro. F..stc eH
un rasgo de modeRtia,
de humildad pudiéramos decir, porque es
inconcuso que ese do,..Iuma do oro conque seco~• curuento rebaja el méfirwó la sentencia de muerte, rito del hecho militar

padn que, al re11&lt;lin;e ¡m:&lt;1011ero de la República, puso el ,\rchiduquc en mnno;; clcl lil'neral en .f efr ele! Ejfacito ,:itiador. El nrnia referida tiene la ernpuñadura doruda, .Y en ella
el escudo del Imperio, .,· una n,agnítica hojn
en la que se ven distintas figura:,; primoroi,;amentc grabadas. Pendiente del puño por un
cordón de oro, tiene una «borla» ele canutillo
del miRmo metal; la cubierta es de piel .,emrjante al ,1glacé,» y est;Í adornada con apliraeiones de metal dorado al fuego. El &lt;"inturón
y los tirantes son de galón de oro, y en el eha-

Todos los historiatiores, al narrar los últimos días de l\Iaximiliano, hablan del ,,Padre
:::\oria»; pero ninguno dice ni su nombre. Yov
pues, á decir quién era el "Padre Soriai&gt; )'
lo que me refirió. El muy Reverendo Padre
Lic. D. Manuel de Soria v Beña tenía en 186í
poco más de cincuenta a·ños, pertenecía á la
nación otomí, era de baja estatura, moreno,
de cuerpo endeble y enfenllÍzo, de genio tímido, de buena capaci&lt;lad intelectual, humilde
y l'Írtuo1:;o, de dulces palabras y modaleR, ahogado reeihiclo por d
tribunal ele Querét.Hro,
monje del Oratorio de
Ran Felipe Xeri,
la
misma ciudad, canónigo de la catedral ele
la miRllUl ,, \"icario
Capitular, ó·,:ea, el c¡ue
gobernaba á to&lt;la la
di6cesis ele Querétaro,
en la sede vacante por
muerte de su primer
Obispo D. Bernardo
Gárate.
Desde 1853, en que
eHtnve la primera yez
en Querétaro y conocí
v traté al Paclre Soria
el Oratorio, tuvimos
amistad y corresponllencia epistolar hasta
su muerte. Así es que
el día 1:l de marzo de
1R68, en 11ue llegué á
Querétaro de paso para Lago:,;, ú mi n1clta
de Europa, {t 1u11.'o qut•
me lm,jé ele la diligencia, me fuí á visitar al
Padre Horia; no le hallé, le dejé mi tarjeta,
v á las cinco de la tarcle fué á la casa ele diligmciaH y tuvo la bondad de hacerme una
visita de algunaR horas, en las que hablamos principalmente de La espada del Archiduque.

ue

en

Un-~ MaximiJiano."

petún, (!p fonna ewtdrangnlar, se ven tamhién
Jal'i armn&gt;' i111 pPriah•:,;.
En un l'le¡tanle e:studw car111t•,:Í ~e grnn1h
uno de lo;; «~laxi111ili .. nos»-pieza ele oro de
Yeinte pesos-con que el Archüluque obsequió
en 1oR instantPs en que iba á ser fusilado, al
pelotón encargado ele 1111 rjecución ..Juntos con
esta pieza, c,i,;tán el lapicero y pltm1a ele oro
con que el (ieneral Escobedo confirm6 la sentencia de muerte dictada el 14 de .Junio á las
once y media de la noche contra. l\Iaximiliano,
)1iram6n y Mejía, por el Consejo de Guerra,
el 16 del mismo Junio en las primeras horas
de la mafian:i,.

•

•

mental ( que no hizo esa tarde, sino al día siguiente) y lo auxiliara en ~us últimos momentos. En loR días Riguie11tes lo visité á mañana y tarde. Yisité tam hirn una que otra
vez ú Escobedo para arr~•glar algunas cosas.
Cuando yo le hablaba á ~Iaximiliano, lo trataba de «Su Majestad»
y cuando lo mentaha
delante de Escobedo,
le decía «el Archiduque, ,,porque tenía miedo, ja, ja, ja. En la celda donde esta.ha Maximiliano no había mús
que un catre, algunaR
:,;illas ele tule, cloi; haúles y dos mesas: en
una eseribía l\Iaximiliano y en otra estaban
sicm pre eiscribiendo
dos personas, y me parecía escribían en alemán.
La CE:lcla tenía una
puerta y una ventana para el claul-'tro, .v
~raxirnili an O te 11 Í a
i-icmpre cubierta con
su capa la ventana,porque no tenía vidrios y
le molestaba el aire. Lo
primero que me dijo
l\Iaximiliano el día 15
fué esto: «He recibido
--.)
la noticiade que laEmI
peratriz ha muerto .
Ahora sí ya muero
tranquilo.El único tormento qnr yo lle,•aha
al ,:epulern em el clejar
ú t&gt;~a muj&lt;·r, y n1ás en
el estado &lt;•n que estaba¡» y n1a,,clo dij,1 p;;to . se le rndarun la1:;
FusilP1 con que se dió el ti ro ila ) '
•
E
f , l
gracia á Mex,miliano y á Meil•- agr1mas.
Rt..'I. ue a
única vez que lo ví
llorar. :Mt•jfa fu~ el que le diú la noticia de
que bahía mucrto!Carlota, y era que él y Miramón fraguaron f'~to para hacerle más soportable la muerte á l\Iaxiliano, porque se afligía
acordándose &lt;le su esposa. ))
))El día 16 en la mañana lo confesé y le administré el Sagrado Viático. El mismo día 1G
en la tarde, me dijo Maximiliano: "H&amp;,game

•

L

usted favor de facilitarme un libro•({valiente ,,
~orno ~o habl~ba bien el castellano, me qu~rrn ~ecir «un hbro que le diera fuerzas para
monr. n Yo le llevé al día siguiente un tomo
de los S~r~n?nes,de Massillón, y á la otra vez
que lo v~s1te, dandome un abrazo y refiriéndose al hbro, me dijo: «¡Magnífico, magnífico!,,
»El día 17 tratamos de una carta que había
de dirigir al Santo Padre, pidiéndole perd6n
de todas las faltas que había cometido como
emperador católico; él se prestó luego de muy
buena voluñtad y me dijo: «Redacte usted la
~arta y yo la firmo." Y o le dije que era meJ0r que la redactara él para que expresara espontúneamente
sus ;;entimientos·' mas él in.. .,
H1sho en que la redactara yo I' cecli. Al día
siguiente en la mañana le Jiet¿ el borrador de
la c·arta. y al llegará las palabras «su hurnilde
hijo," me elijo "Y ohediente, obediente, escrilm usted iH y levantándose de su asiento, me
&lt;lió un abrazo, dicit&gt;ndo: ,c¡Excelente! ¡exce1(,nte! Kolnmr11te agrPguc• uBted que le suplico Íl Su Santidad que se digne decir una misa
por mi alma.» E:,;cribí la carta con las adiciones hc&lt;·has por l\íaximiliano, el cual la firmó
y yo me la e1'11(. rn el bolsillo para remitirla
ú Roma.»

1

Domingo 22 de Junio de 1902.
es el idioma de la Corte Romana, porque aunque lo conocía el Sr. Soria, no lo conocía MaximiHano, ni fué escrita en alemán que era el
idioma de Maximiliano, porque é~te 110 lo conocía el Sr. Soria, sino en idioma español,que
era el que conocían los dos. Todas las historias }! ~~uchos peri6clicos han referido que
Maxim1hano en sus últimos días escribió una
carta al P~pa; pero hasta hoy se publica esta
carta al pie de la letra. Luego que Pio IX recibió la carta, hizo una alocución muy Rentida á los Cardenales sobre los últimos mome11tos de :\laximiliano, y se celebraron solemnes
exequias en la capilla Sixtina, con asistencia
del Papa. de los Cardenales, del Cuerpo Diplomático y demús grandes de Roma.
El Kr. Koria, prosiguiendo en su narración
me dijo: «En la tarde del mismo día 18 fuí {t
visitar á Escobedo para arreglar la hora en
que le había de decü· la misa á l\Iaximiliano
al día siguiente. Le dije: «Diré la misa á las
siete» y me contestó: «Xo no señor dígala usted á las cinco." Le fuí ,{t connu{iear esto :Í.
~la'.'imiliano y me contestó: «¡Ah, ah, quiere
n.~c1r que la cosa ha ele ser temprano! Bien,
brnn, a las cuatro de la manana me tiene usted listo.,, En efecto, fuí á las cuatro de lamañana y ya lo encontré con la cara lavada muy
bien peinado y ,·estido con aseo. Lo ;olví á
confesar. dije la misa, despuéR de ella le \'Olví
á administrar el Sagrado Viático, dimos 0crracias, se desayunó y platicamos un rato.
,,A las seis de la mañana comenzaron á sonar los tambores y las cometas en el patio \'
por la escalera subía la tropa que iba á c~ri&lt;lucir á l\Iaximiliano al suplicio. Este se puso
muy pálido y cortó la conversación. Esta fué
la única vez que lo ví turbado. SalimoR luego
de la celda,y cuando íbamos en el corredor ya
él iba con su color natural y sus modales 'rogosoR. Luego que montamos en el coche co11ar, porque me di6 una' esmenee, yo a' tem)
prcie ele convulsión, :v :\Iaximiliano Racó luego un pomito con álcali y aplicándomelo á
las nari?es, rnedecía: ,c¡Oh, no, no ha.Y que
tener miedo, no hay que tener miedo!« De
manera que en lugar de auxiliarlo yo él me
iba auxiliando, ja, ja, ja. 1\-faximilian~ llevah_a ?n la ~ano derecha un pañuelo y nn cruc1fiJo medi11:no, de bronce, &lt;le mi propiedad,
que tengo siempre F-obre la mesa de mi estudio, y en la izquierda lleYaba un ro~ario qne
le bahía regalado su señora madr&lt;'. Luego que
el coche I?ªr~) _al pie del Cerro ele las Campanas, )Iax1m1hano se puso el sombrero, el cual
era de color morado oscuro, de felpa v de copa haja, y luego se lo quitó y arrojó en el
asiento del coche1 diciendo: 11¡Ah! esto ya 110

Unos de los fusiles empleados en el fusilKmiento.

Yo le dije al Sr. Soria. que deseaba tener
una copia de esa carta y me dijo que me la
remitiría por el correo. Me la remiti6 en efecto, y es la siguiente: ,1Prisión en el Monasterio de Capuchinas, en Querétaro, á 18 de junio de 1867.-Beatísimo Padre. --Al partir
para el patíbulo á sufrir una muerte no merecida, conmovido vi \'amente mi corazón y con
todo el afecto de hijo de la Santa Iglesia, me
dirijo á \'. !-\antidad, dando la más cabal y
cumplida satisf:wción por Jm¡ falt:1,: que pueda
hah(•r tenido ¡,ara con el,,\'i&lt;'ario d(· J e:-111-ristw,
y por todo aquello en que haya sido lastimado su paternal corazón; suplicando alcanznr,
eomo lo Pspero, de tan buen Padre, el corrl:'8·
pondiente perd6n.-Tarnhifo ruego humildemente á Y. Santidad no ser olvidado en sus
cristianas y fervorosas oraciones, y si posible
fuere, aplicar una misa por mi pobrecita alma.-De \'. Santidad humilde y obedieute
hijo,que pide su bendición apostólica..-M.urMILU~0.i&gt;
La carta, pues, no fué escrita en latín,_que

Dedicatoria para el Gral. Escobado, del retrato del Archiduque.

sirve!» Trató de abrir la portañuela, y no habiendo podido hacerlo pronto, se 8a.lió del coche sin abrirla, lo que me aqmiró, porque era

�Domingo 22 de Junio de 1902.
muy largo, é iba subiendo tan aprisa por el
cerro, que no lo podía alcanzar.»
Después de haberme referido el Sr. Soria el
modo con que se colocaron )Iaximiliano, Miram6n y Mejía, y las arengas que dijeron el
primero y el segundo, me dijo: «Estando parado l\1aximiliano en el lugar donde lo iban
á fusilar, me entregó el crucifijo, el pañuelo,
el pornito ton álcali y el rosario. Antes me
había encargado que remitiera el roi=m,rio á la
archiduquesa Sofía. Dió alguno;; pasos hacia
los soldados que lo iban á fusilar, llevando
algunas onzas de oro en la mano; el oficial
que mandaba la ejecución le dijo: «Atrás;»
Maximiliano le dijo: «¿Qué no se permite darles esto?» El oficial contestó que sí, y ~Iaximiliano se acereó á los i::oldados y dió á cada
uno un «maximiliano," que·era una onza de
oro de á 20 pesos, con su busto. Luego que
fusilaron á los tres, hubo una gritería de
«¡Muera el Imperio!" «¡Viva la República!i,
sonido de tambores y cornetas y desfile de
tropas, y yo me quedé parado y entontecido,
hasta que un oficial se acercó á mí y me dijo:
«Padre, la misión de usted está concluída y
me parece que no está usted en su lugar.»
Luego bajé de prisa por el cerro, me metí en
el coche, me fui á mi casa y estuve algunos
días en cama, enfermo del estómago. Después un alemán me ofrecía .5()() pesos por el
crucifijo y yo no se lo quise vemler, diciéndole que también quería conservarlo como un
recuerdo."
Luego que se fué el Sr. Soria, me acosté,
porque jamás, ni en mi juventud, he acostumbrado leer ni escribir nada después de las
nueve de la noche. Otro día, en Guanajuato,
escribí estos apuntamientos, para conservar
en mi memoria, al pie de la letra, lo que me
había dicho el Sr. Soria.

.flgusfiq ]livera.

-------•·- ------

EL DÉCIMO
¿La historia de mi boda?
Oiganla ustedes: no deja ·de ser rara.
Una escuálida chiquilla de pelo greñoso, de
raído mantón, fué la que me vendió el décimo
de billete de lotería á la puerta de un café, á
las altas horas de la noche. La dí de prima
una enorme cantidad, un duro. ¡Con qué humilde y graciosa sonrisa recompensó mi largueza!

EL MUNDO ILUSTRADO
-Se lleva usted la suerte, señorito-afirm6
con la insinuante y clara pronunciación de la;;
muchachas del pueblo de Madrid.
-¿Estás segura?-le pregunté en broma,
mientras deslizaba el décimo en el bolsillo del
gabán entretelado y subía la chalina de seda
que me servía de tapabocas, á fin de preserYarme de las pulmonías que dispersaba el remusguillo barbero de diciembre.
-¡Vaya si t&gt;stoy segura! Como que el déci·
mo se lo lleva usted por no tener yo cuartos,
señorito. El número ...... ya lo mirará usted
cuando salga ...... Es el 1,420; los años que
tengo, catorce, y los días del mes que tengo
sobre los años, veinte justos. Ya ve si compraría todo el billete.
-Pues, hija - respondí echándomela de
¡!eneroso, con la tranquilidad del jugador empedernido que sabe que no le ha caído jamás
ni una aproximación ni un mal reintegro, no te apenes; si el billete saca premio...... .la
mitad del décimo para tí. .J U¡!m11os ú medias.
Una alegría loca se pintó en las demncradaf:
facciones de la billetera, .Y con la fe míls ahsoluta, agarrándome ele una manga, exclamó:
-¡Señorito! por f'U padre y por f'll madre,
dém e su nombre Y las señas de su ca!'a. Y o
sé que de aquí á cuatro días cobrmnOE&lt;.
Un tanto arrepentido ya, le dije cómo me
llamaba y donde vi,·ía; y diez minutos después, al subir á bnen paso por la Puerta del
Sol á la c.alle de la. l\Iontera, ni recordaba el
incidente.
Pasados cuatro días, estando en la cama, oí
vocear «la lista grande." Despaché á mi criado
ií, que la comprase, y cuando me la subió, mis
ojos tropezaron innwcliat1imente con la cifra
del premio gordo; creí Roñar; no soñaba: allí
decía claramente I,420 ...... mi décimo, laeclad
de la billetera, la suerte para ella y para mí!
Eran muchos, muchos miles de duros los que
representaban aquellos benditos guarismosv un deslumbramiento me asaltó al levantarme, mientras mis piernas flaqueaban y un sudor ligero enfriaba mis sienes. Hágame justicia el lector: ni se me ocurrió renegar de mi
ofrecimiento ...... La chiquilla me había traído
la suerte, había sido mi «mascota" ...... Era una
asociación en que yo sólo figuraba como socio
industrial. Nada más justo que partir las ganancias.
Al punto deseé sentir en los dedos el contacto del bienaventurado papelito. Me acordaba bien; lo había guardado en el bolsillo exterior del gabán, por no desabrocharme. ¿.Dónde estaba el gabán? ¡Ah! allí, colgado rn la

fil MUNDO ILUSTRADO
percha ...... A ver ...... Tienta de aquí, registra
de acullá ...... Ni rastro del décimo.
Llamo al criado con furia, y le pregunto si
ha sacudido el gabán por la ventana...... ¡Ya
lo creo que lo ha sacudido y vareado! Pero no
ha visto caer nada de los bolsillos; nada absolutamente., .... Le miro á la cara: su rostro expresa veracidad y honradez: en cinco años que
hace que cstú á mi servicio, no le he cogido
jamás en ningún gatuperio chico ni grande...
l\Ie sonroja lo que se me ocurre, las amenazas,
lar, injurias, las barbaridades que su ben á mis
labios...... .
Desesperado ya, enciendo una bujía, escudriño los rincones, desbarato armarios, paso
reYista al ct&gt;sto de los papeles viejos, interrogo á la canasta de In. basura ...... ?fada y nada:
estoy sólo con la fiebre de mis rnanoR, la sequedad de mi amarga boca y la rabia de mi
corazón!
A la tarde, cuando ya me había tendido sobre la cama á fumar, para ver de ir tragando
y digirie11do la dect&gt;pción •horrible, suena un
campanillazo vivo y fuerte, oigo en la puerta
discusión, alboroto, protestas de alguien que
se empeña en entrar, y al punto veo ante mí á
la billetera, que se arroja en mis brazos, gritando con muchas lágrimas:
- ¡Reñorito, señorito! ¿Lo Ye usted"? Hemos
sacado el gordo.
¡Infeliz de mí! Creía haber pasado lo peor
del disgusto, y me faltaba este cruel y afrentoso trance: tener que decir, balbuceando como un criminal, que se había extraYiado el
billete, que no lo encontraba en parte alguna,
y que por consecuencia nada tenía que esperar de mí la pobre muchacha, en cu,vos ojos
negros, ariscos, tenú ver relampag11ear la duda
y la dei::confianza rn{is infamatoria..... .
Pero la billetera, alzándolos todavía húmedos, me miró serenamente y dijo encogiéndose
de hombros:
-¡Yaya por la Virgen! Señorito .... .. no nacimos ni usted ni yo para millonarios.
¿Cómo podía recompensar la confianza de
aquella desinteresada criatura? ¿Cómo indemnizarla de lo que la debía-RÍ, de lo que la
debía? l\lis remordimientos y la convicción de
mi grave resporn;abilidad pesaban sobre mí de
tal suerte, que la traje á casa, la amparé, la
eduqué y por último me casé con ella.
Lo más notable de esta historia es que he
sido feliz.

Don José Maria Velasco en su estudio

cftrlisfas cJKezioanos.

E~m,IA PARDO BAz.ü.

•

•
•

•

..•

EL VALLE DE MEXICO.-Cuadro de Velasco.

Domingo 22 de Junio de 1902.

••

Viejo.pintor que con s.u perseverancia y talento ha logrado una fama tan Justa como merecida, Don José María Velasco es, hoy por hoy,
uno de nuestros más celebrados artistas.
De su paleta han brotado cuadros llPnoi; de luz y de wrdad que
tan~o aquí, como en e~ ?xtranjero, le hnn ,•alido siempre elogids entusiastas. En _las expos1c10nes de París, Filadelfia. Chi&lt;-ago, ~ew-Orleans y EF:pana, sus obras fueron premiadas, y su nombre consig!,ado con encomio en las crónicaR.
. En la actualidad, el Sr. Yelaseo ;;in-e la claf:e de Paisaje y Perspech va ~n ~a Escuela de Bellas Arks, y ef' profesor dibujante en el Museo ~ae1onal.
Como maestro, profrsa un decidido amor á la enseñanza v ha formado di~cípulos que le honran por .su amplia información ~rtística y su
empeno. E1~tre otrns, ml-'recen citarse l\Iercedes 7,amora, Dolores Soto, Carl~s RJyero, Cleofas .\.lmiuna y 1Iateo :::\al&lt;lafia, YC11tl.tjo:;amente conoc1rlos.
Dr- sus ant~cPdentes, como 3:rtista, po~lcmos decir que fué discípulo
del notable pmtor Don Eugemo Lanclf'!'JO v que, desde los comirnzos
de su carrc•ra, clió pruebas incquh·ocas de KU fadlidad para traducirá
la tela, ora el soherhio espectáculo de un crepú~eulo, ora el impo1wntc panorama en que los Yolcanes f'e destacan fin~endo enormes te,:tas torona.cb.s de hielos eternos. La c-ampifia é&lt;&gt;n todos Hlo primorei&lt;·
el río, e~ árbol, el cielo con todas sus galai-:: lo que siempre es bello:
lo que ,nempre ofrece e11canto:; á los ojos y expansión al alma ha sido su fuente de inspiración predilecta.
'
Poeos, como &lt;•l Hr. Velasco, se hahrán de&lt;licaclo-cstanJt&gt;S ciertos-con tanta constancia á lor; t&gt;stuclios ele paisaje, y pocos, eomo él, habrá
c~ue logren bordar sui:i obras con el dl'rroelw de detalles y de puntualidad que se obser".n. cn suR cuadro!'. ::-e conoc·c que e1&lt;tudia muC'ho,
y que no de,.;perd1cia nada de lo que puede sen-ir de rnoti\·o.á su
pincel.
Por lo demás, el :.\IaeHtro ha ,.;iclo ohjrto de distincio1ws tan honrosas, como la que recibió siendo estudiante nírn, de habér1&lt;ele nombra110 profesor de la Al'adernia de 8nn Carlos. Hace poco le fué conferida
la Cruz de la Legión ele Honor y la ele caballero de la arelen de Fra11cisc·o .José. Como miembro de la Soci ednd l\Iexic:ana de Historia ~aíural, ha prestado 1irny buenos Kervicios.
Ilustramos estas planas con una fotografía que representa al :;\Iaestro en su estudio de la Escuela de Bellas artes, y con la copia de dos
de sus cuadros más notables.

Peña.s.-Cuadro de

Yelaseo.

�EL MU:N1)0 ILUSTRADO

Domingo 22 de J unio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 22 de Junio de 1902

La catástrofe de la Martinica

/

LAS RUINAS DE S.AJNT PIERRE:

I

I

La terrible catfü•trofe de la Martinica, casi
sin precedente en la historia contemporánea,
y que tan dolorosa impresión ha causado en
todos los pueblos de la tierra, aparece cada
día, con los relatos que &lt;le ella hac.:en los que
estuvieron presentes en Saint-Pierre horas después de la completa destrucción de la ciuclad ,
más, mucho más tremerida de lo que en un
principio se creía.
Toda una población entregada Íl las fecundas labores de la paz )' del trabajo, que eran,
hacía mucho tiempo, su patrimonio, desapareció al paso de un torrente de lava que fué á
derramar al Océano. Los temploi-:, los edificios
más suntuosos, las chozas más humildes, todo, en un solo día, quedó convertido en montones de ei;combros y cenizas; el afán de muchos años; la obra realizada con tantos sacrificios y á costa &lt;le numerosos esfuerzos, se
deshizo como la sal en el agua, y donde antes
velaban el amor maternal, junto á la cuna, y

¡Ver los muros lucientes
que te circundan, celestial palacio,
bafiarme en tus corrientes,
y por el leve espacio,
cabalgar en tus nubes ele topacio!

.,1

Mas ...... ¡ay! que es trance duro,
cerca la orilla ver; casi tocarla,
juzgarse ya seguro,
y luego ...... ¡oh Dios! dejarla
cuando el barco feliz iba á gozarla.

..,. ,/ -

¡Ah no, Señor! tus brnzos
tiende bondoso al pobre nnvegante;
quebranta ya Rus lazos,
y, puerla rn un instante,
¡ir In, gloria ú beber &lt;'11 tn semhlant&lt;•!

~~

FeiJerlco €scobeiJO

.

~~"'"-..- ..
~

~

--

.

.,..::;¡

..-,:¡

¡~

-

U n cadáver e ncontrado en la plaza.

Ru inas de la Catedral.

En la plaza de Bertin: restos del Sem áforo.

el genio de la civilización, sobre todo un pueblo, i;ólo &lt;¡ueda un cuadro trif-lte, inmensamente triste: la &lt;lesolaciún bajo el manto de
brumas de la desgracia.

¡Traspasar tus fronteras
anhelo ya, mansión de mis amores,
sentarme en tus riberas,
ceñirme con tus flores,
y escuchar de tus fuentes los rumores!

E l comandante del crucero «~nchet,, clescrihe, con los colores mái; vivos, la terrible e:;cena que surgió á su vista cuando horaH después de la hecatombe, llegaba á Saint-PiPrre.

magniturl de la catástrofe. l El Capitán de la
goleta «Gabriela" describe también á un amigo su.vo de Fo, t-cle-France aquel cuadro ateITador con todos sus eRpcl uznantes detalles.
Completn.1110:-1 la información gráfica que hemo,; estiulo publicando acerca rlel trrrihle suc&lt;•f:o, eon nlgunas Yi:-1tas muy interesantes, de
las ruinas clt• H::.int-Pierre.

,c.\l llegará la ciudad-dice,-me dí inmediatamente cuenta de que aquello era una inmensa hoguera. Hice salvar algunos sobrevivientes que se encontraban á bordo del vapor
inglés «Rorairnn.&gt;&gt; y sobre las cenizas en tierra.
Todos estaban más ó menos abrasados, y algunos murieron durante el camino."
Todos los habitantes de Saint-Pierre urnrieron por el fuego y la asfixia; los navíos fueron volcados, incendiados, y los mástiles cortados al ras &lt;le los fondos. El «Suchetn se sal\'Ó por una mera Cf.Sualidad; pues habiendo
ordenado el GoLernador al Comandante que
estuviera en Saint-Pierre el día 8 de mayo á
las siete de la maña11a cincuenta min utos
a.ntes de que sobreviniera la catástrofe, exactamente,-retardó su marcha, rlebiclo ú c¡ue
tm·o que hacer:-:e alguna repar~ción á las nrnquinarias.
A i::u llegada á Saint-Pierre, el Comandante
envió á tierra cuatro escuarlras de obreros y
exploró en persona, con una de ellas, toda ln.
ciudad, cerciorándose de que todos sus habitantes habían desaparecido. Después salió para el puerto de Precheur, que estaba seriamente amenazado, y con el auxilio de dos buques,
logró poner en salYo á los angustiados moradÓres de aquella població¡1.
~ El-relato del comandante del «Suchet» basta, por sí solo, para dar exacta idea de la

CUPIO DISSOL VI.
¿.C'uúmln, Sefior, el día
llegará de la eterna bienandanza,
radiar.t&lt;' de alegria,
Pn pos del cual se lanza
ron amoroso anhelo mi rf-lpt-nrnza·?

\

•

ERa uCasa de oro,"
¿.cuándo gozarla le será ya dado?
de su inmortal tesoro,
¿.hasta cuándo privado
ha de quedar el pobre desterrado?

•
•
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•

•
•

•

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•

•

La calle de Víctor Hugo.

La plaza do la Catedral.

Rotit ya la &lt;·adena
&lt;lr la materia vil del bajo suelo,
¿.('uándo el alma St'!"ena
podrá ron1per el ,·uelo
.'" las man,-iones habitar del cielo·?

•

,

Cer emon ia en Nuestra Señora de Pa r ís, por las víctimas de la

catástrofe.

Á LA MEMORIA DE ALEJANDRO 111.
El grabado que reproducimos á continuación, reprrsenta la espada que el Pref'identr
de la Hcpúblira Francesa, ::\L Loubet, depotú:ante la tumba del Czar Alejandro III, en
su última Yisita á Rusia, como un homenaje á
i;u memoria y erí prueba de las cordiales rela-

ciones que unen ú su pueblo con el imperio
de Nicolús II.
La espada rs una primorosa obra de arte:
su rmpuñadura es de oro ~· marfil, trabajados
eon exquisito gusto, y la hoja, de acero muy
fino. Un gran ramo de olivo, de oro, e1wuel-

ve la empuñadura, y en ti lazo que lo sujeta
se vr cincelada esta frasr-: uFo:•tleris memor.n
u( Recuerdo de alianza),»
:\l. Loubet obsrquió al Metropolitano de
San Petershurgo y á la ~Iunicipalidad, con
valiosos objetos de arte .

�•
Despu~s de nuestro artículo ?el primero del presen~e,
muchos lectores nos h an pedido datos complementarios

EL CABELLO•
.

EL MUNDO ILUSTRADO

sobre el mé~odo empleado por el INSTITUTO CAPILAR. Creemos que lo mejor, e_s invitarlos_Pª!ª q_u e esc1iban al ~irector del Instituto Capilar, 10 RUE DE I'YS L Y, PARIS, el que con gusto dará gratIS todas las mdicamones que se le pidan.

AÑO lX.--TOMO I.--NÚM. 26.

~.:;e¡.,~ .~--'i'l-.~.~-.,,,_.~-~--~-~-"""'-*-'·-'i'!-.-'i'!-.~.~-*--~-*--*-·~-~-*-~ -a.-a.f/-.-'i'!-.~'*---'i'!-•_,.,,I

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¡ LAS AGUAS DE POZ:OS !
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Son en general malsanas. Si ellos son abiertos en las
cercanías de las casas 6 poblados y á poca profu ndidad del
suelo, puede asegm arse que no son verdaderos nacimientos naturales, sino las infiltraciones de albañales y &lt;lesagües de las mismas casas y, por tanto, los agentes seguros de

1
~

~

LAS INFECCIONES DEL INTESTINO.
Si los pozos son abiertos á gran profundidad, constituyendo la tierra una especie de gran filtro, la cavidad de
un pozo es una oportunidad para que los gérmenes retenidos en las capas inferiores del suelo, las infiltraciones de
los cementerios y por consiguiente, l?,s materias orgánicas derivadas de los cadáveres en descomposici6n y, en
general, las maten.as fecales absorbidas por la tierra é infiltradas por las lluvias, encuentran desahogo, á lo largo
de las paredes de los pozos cuando éstos no están revestídos, llevando á los individuos que toman tales aguas, los
microbios patógenos del

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COLERA Y LAS FIEBRES

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EL ALIENTO

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UNICOS AGENTES IMPORTADORES
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- -filmacén de J)rogas- COLISEO NUEVO NUMERO 3.

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Frente al Teatro Principal.

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INTERESANTE A LAS SEÑORAS.
Para obtener la curación pronta, rápida y segura

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Enfermedades llamadas de Cintura
y para eorregir

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La e•te,-/lldad en la muJe,-. los deso,-dene•
menst,-uales tlu/os de todo• géne,-o•!I
enle,-msdadss de los o,ra,-loa eta..

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ACHITIS
OROSIS

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más po~eroso Regenerado

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TOMEN

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VIBO

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Pídase el método curativo y guía para la curación
de las enfermedades propias dti las sefioras.
Con el tratamiento descripto en un librito especial,
las sefioras no tendrán necesidad de recurrir al mé iico,
pue:1 ellas mismas podrán hacesce sus curaciones, ni tendrán que hacer cama y evitará n ton tal método una
multitud de curaciones sangrantes.

•

EL CUADERNO SE REMITIRA GRATIS Á QUIEN LO PIDA

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: AL DOCTOR
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C■ PRECIADO■

COLISEO VIEJO NÚM. 8 MÉXICO D. F,

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San Miguel.

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PASTILLAS DEL DR. ANDREU
Remedio vroalO J aecvo. b tu botleu

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TÓNICO - RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO
Fotógrafos:

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lt/lYoso

FERRUGINOSO:
lnem1a,
Clorosis, Convalecencia,, etc.

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SIETE r.,EDALLAS

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PLACAS

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20, Rue des Foaséa•St-Jaoquea
y en las Farmacias.

Linfatismo, Escrófula, w
Infartos de los Ganglios, etc.

La Zarzaparrilla
del

COURET

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Dr.Ayer
es un tónico maravilloso. Limpia,
purifica y enriquece la sangre, excluye
del sistema los venenos y comunica
-;P'Or á los nervios.

La Sangra.se Enríquece,
Los Músculos se Ponen Fuertes,
Los Nervios Cobran Vigor,
y se Rebosa Salud.
Zarzapalrill:i. es solamente uno de
una docena de iugredientes de que está
compuesto este remedio maravilloso.
Cada medicina est:í llamada. á ej ecutar
un gran trabajo en un sentido. Per..
esto no puedo decirse de las demás
Zarza.parrillas,

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EL MISMO

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JOSÉ UIBLEIK SUCS.

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krentct LIJI&amp; Rfl'ffl &amp;PINHLA.

==RIVAL==

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Xegociaci6n de Aguas Minerales de Tehuacán "CRUZ
ROJA. " Apartado 123. Tehuacán, Pue.

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Subscripción mensual foranca, $1,50
Idtm. Idcm. en la cHpita J, ., 1.25

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Dire c t o r; LIC. RAl'AtL Rfl'f!'&gt; f&gt;PINDOLA.

EL DENTIFRICO

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MÉXICO, JUNIO 29 DE 1902.

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Porque solo es verdad de la

del Dr. Ayer.

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No os dejeis sobreponer ó engal'lar
por alguien que con urgencia os recomiende alguna nueva Zarzaparrilla de
la que nada sepais.
Preparada por el
Dr. J , C. Ayer &amp;Ca., Lowell, Mass, E.U.A

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é'isfudio /oto9ráfico .
Sch lattman,

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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