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                  <text>•
Despu~s de nuestro artículo ?el primero del presen~e,
muchos lectores nos h an pedido datos complementarios

EL CABELLO•
.

EL MUNDO ILUSTRADO

sobre el mé~odo empleado por el INSTITUTO CAPILAR. Creemos que lo mejor, e_s invitarlos_Pª!ª q_u e esc1iban al ~irector del Instituto Capilar, 10 RUE DE I'YS L Y, PARIS, el que con gusto dará gratIS todas las mdicamones que se le pidan.

AÑO lX.--TOMO I.--NÚM. 26.

~.:;e¡.,~ .~--'i'l-.~.~-.,,,_.~-~--~-~-"""'-*-'·-'i'!-.-'i'!-.~.~-*--~-*--*-·~-~-*-~ -a.-a.f/-.-'i'!-.~'*---'i'!-•_,.,,I

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¡ LAS AGUAS DE POZ:OS !
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1 •

Son en general malsanas. Si ellos son abiertos en las
cercanías de las casas 6 poblados y á poca profu ndidad del
suelo, puede asegm arse que no son verdaderos nacimientos naturales, sino las infiltraciones de albañales y &lt;lesagües de las mismas casas y, por tanto, los agentes seguros de

1
~

~

LAS INFECCIONES DEL INTESTINO.
Si los pozos son abiertos á gran profundidad, constituyendo la tierra una especie de gran filtro, la cavidad de
un pozo es una oportunidad para que los gérmenes retenidos en las capas inferiores del suelo, las infiltraciones de
los cementerios y por consiguiente, l?,s materias orgánicas derivadas de los cadáveres en descomposici6n y, en
general, las maten.as fecales absorbidas por la tierra é infiltradas por las lluvias, encuentran desahogo, á lo largo
de las paredes de los pozos cuando éstos no están revestídos, llevando á los individuos que toman tales aguas, los
microbios patógenos del

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COLERA Y LAS FIEBRES

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TIFOIDEAS.

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PURIFICA

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EL ALIENTO

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Y COBEB.VA

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eCa f)enta6ura.

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UNICOS AGENTES IMPORTADORES
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- -filmacén de J)rogas- COLISEO NUEVO NUMERO 3.

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Frente al Teatro Principal.

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l.

INTERESANTE A LAS SEÑORAS.
Para obtener la curación pronta, rápida y segura

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•

Enfermedades llamadas de Cintura
y para eorregir

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La e•te,-/lldad en la muJe,-. los deso,-dene•
menst,-uales tlu/os de todo• géne,-o•!I
enle,-msdadss de los o,ra,-loa eta..

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~NFLUEN
ANEM

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ACHITIS
OROSIS

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más po~eroso Regenerado

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VIBO

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Pídase el método curativo y guía para la curación
de las enfermedades propias dti las sefioras.
Con el tratamiento descripto en un librito especial,
las sefioras no tendrán necesidad de recurrir al mé iico,
pue:1 ellas mismas podrán hacesce sus curaciones, ni tendrán que hacer cama y evitará n ton tal método una
multitud de curaciones sangrantes.

•

EL CUADERNO SE REMITIRA GRATIS Á QUIEN LO PIDA

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: AL DOCTOR
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C■ PRECIADO■

COLISEO VIEJO NÚM. 8 MÉXICO D. F,

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lRIE-QUIIA- HIER

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San Miguel.

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POI FUUTE QUE IU, IE CURA CON UI

PASTILLAS DEL DR. ANDREU
Remedio vroalO J aecvo. b tu botleu

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TÓNICO - RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO
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Clorosis, Convalecencia,, etc.

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P ARÍS

20, Rue des Foaséa•St-Jaoquea
y en las Farmacias.

Linfatismo, Escrófula, w
Infartos de los Ganglios, etc.

La Zarzaparrilla
del

COURET

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Dr.Ayer
es un tónico maravilloso. Limpia,
purifica y enriquece la sangre, excluye
del sistema los venenos y comunica
-;P'Or á los nervios.

La Sangra.se Enríquece,
Los Músculos se Ponen Fuertes,
Los Nervios Cobran Vigor,
y se Rebosa Salud.
Zarzapalrill:i. es solamente uno de
una docena de iugredientes de que está
compuesto este remedio maravilloso.
Cada medicina est:í llamada. á ej ecutar
un gran trabajo en un sentido. Per..
esto no puedo decirse de las demás
Zarza.parrillas,

~~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~~~-~-~-~J

EL MISMO

•

JOSÉ UIBLEIK SUCS.

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krentct LIJI&amp; Rfl'ffl &amp;PINHLA.

==RIVAL==

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Xegociaci6n de Aguas Minerales de Tehuacán "CRUZ
ROJA. " Apartado 123. Tehuacán, Pue.

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Idtm. Idcm. en la cHpita J, ., 1.25

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Dire c t o r; LIC. RAl'AtL Rfl'f!'&gt; f&gt;PINDOLA.

EL DENTIFRICO

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MÉXICO, JUNIO 29 DE 1902.

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Porque solo es verdad de la

del Dr. Ayer.

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No os dejeis sobreponer ó engal'lar
por alguien que con urgencia os recomiende alguna nueva Zarzaparrilla de
la que nada sepais.
Preparada por el
Dr. J , C. Ayer &amp;Ca., Lowell, Mass, E.U.A

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é'isfudio /oto9ráfico .
Sch lattman,

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Domingo 29 de Junio de 1902.

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"

Orígan da las emocionas.
La mayoría de los hombres tiene una tendencia natural é irresistible á admitir como
hechos consumados, como fen6menos que no
necesitan explicaci6n ni suponen mecanismo
prod 11Ctor, todos aquellos sucesos familiares
y cotidianos á que está habituado y que, en
fuerza de haberse familiarizado con ellos, le
sirven más que como objetos de im·estigación,
como medios de comprender lo que no entiende y de explicarse lo que ig1,ora.
El sol alumbra y calienta,....... Pues que así
siga. Kada más natural.. ..... ¡Y qué ...... ! Los cuerpos graves abandonados á sí mismos
caen ...... ¡Tanto mejor! ¡Pues no faltaba más!
¿Pues qué querían ustedes que hicieran? El
azogue es movedizo, sus plateadas gotitas esquivan el contacto, huyen de la mano como
la ninfa del sátiro; Re escabullen y giran como mariposas metálicas; comprimidas. se pulverizan antes que dejarse atrapar. ..... Pues..... .
por de contado ...... ¡Bonito el azogue para estarse quieto!
Y así por ese orden. Para los espíritus vulgares sólo lo extraño, lo extravagante, lo imprevisto y lo insólito merece estudio y amerita explicación. Un jorobado, un enano, un
borrego de dos cabezas ó un pollo de cuatro
patas; esos sí son problemas científicos, hechoe y cosas dignas y merecedoraR de atención; lo demás puede seguir su curl"o sin que
nadi~, salvo algún medio loco ó desequilibrado, se ocupe de escudriñar sus cam,as, sus leyes y su mecanismo.
Se necel"itan la cachaza y la Randez de un
Galileo para fruncir el cef{o y concentrar la
atención en una lámpara que oscila. Xell'ton
debe haber tenido muy poco en qué pensar
para preocuparse de una manzana que le caía
sobre la narir., y Arquímedes clehe haber sido
un vago y mal entretenido para ocupar~e t&gt;n
averiguar por qué flotan los barcos y por qué
naufragan las rocas.
El punto de vista del vulgo y el punto ele
vista de los sabios es enteramente diferente;
para aquél, sólo lo estupendo e,; digno de atención; y para éstoR, es en lo familiar dondP reRide el misterio De ahí el menosprecio &lt;le! vulgo por los i,abios. El vulgo todo lo ¡,abe; los
sabios todo lo ignoran. Ahí donde el sabio
medita, el vulgo sonríe. El uno busca explicaciones que el otro cree precisamente haber encontrado.
Esta actitud reRpectiva y recíproca es la
misma en lo que se refiere al mundo físico,
que efi lo que atañe al intelectual y al moral.
El vulgo sabe por qué el Océano es imponente, risuefia la pradera, majei;:tm.,sa la montaña, y el sabio no llega jamás á averiguarlo. La
diferencia entre la caverna y el firmamento,
entre los horrores de la noche y las sonrisas
de la aurora·; el porgué del amor, el porqué
del patriotiRmo; el secreto de los &lt;leslumbra!bientos de la gloria y e} misterio de las torturas del remordimiento, todo ef'o, y más, deja indiferente al común de las gente,;, y Rólo
ocupa y preocupa el cirndor de los Babios.
Y, sin embargo, todo eso necesita, impone y
amerita explicación; supone un mecanismo,
combinacioñes de causas y c9njunciones de
principios; todo ei-o tiene un mecanismo y una
razón de ser; se explica por otros hechos y se
deja comprender mediante ciertas leyes; y ahí
donde se pára distraída la mirada del ignorante, se clava fija, tenaz, eRcrndiñadora é inexorable la mirada del pensador.
En lo que á las emociones se refiere, algunas de esas leyes y algunos de esos principios
han sido ya establecidos, y laR emociones, como el universo, tienen un génesif'.
Todo lo inmenso, lo desmesurado, lo inconmensurable: el desierto, el océano~ el firmamento, despiertan emociones grandiosa8,
sublimes, épicas, y en todas ellas se discierne
un vago terror de todo lo que nos es imperior,
é ingobernable; el miedo y la admiraci(m Ron
el meollo de lo sublime.
Todo lo que es peqneflo, inconsi,;tente, voluble: la gotn, la flor, el ineecto, la chispa,
es gracioso, bonito, dulce á la vista, grato al
oído. La confianza, la certidumbre de nues-

•

EL MUNDO ILUSTRADO
tra superioridad, la impunidad frente á lo pequeño, son el origen de ese género de belleza
que llamamos l:t gracia.
El crepúsculo, el sauce llorón, la bruma,
los matices obscuros del colorido, son profundamente melancólicos; de~piertan, sin que de
ello tengamos conciencia, ideas de decadencia, de extinción y de muerte, que, recordándcmos la pmpia, nos hacen llorar y lamentar
la ajena.
Tmlo lo que brilla y reRuena suscita en nosotros la alegría. El estridor y el brillo son indicios de vida, de energía, de fuerza, y gozamos con la actividad ajena, porque no¡: hace
pensar en la propia. De ahí los gritos, estallidos, cántico¡;; y f'alrns con que solemnizamos
las grandes fiestas públicas y privadas.
AtaviamoR &lt;le negro á la viuda ó al huérfano, porque el negro, extinción del color y de
la luz, Rimbolir.a la nrnerte de nue;;tras ilusioneR ~- de nuestrns Pi-peranzns; y vestimos de
blaneo á la virgen y á la desposada, porque el
hlaneo t'" irradiación plena de eRperanr.as y de
ilusiones. El rojo es color guerrero, porque eicolor de sangre é incita al corn hate; el verde
es símbolo uni,·eri-al de e,:peranzn, porque es
el color ele loR paf-tos tierno&gt;' y de hts sementeras nneientes, )' el azul eseolor divino, porque
es el color del firmamento.
Loi-- diamantes que recaman un manto son
bello;;, porque parecen estrellas tachonando un
&lt;·ielo y porque son indicio~ de riqueza, de poderío y de bienestar. Es bella una espada, porque recuerda combates y victorias; es majestnoRo un cm,tillo feudal, porque evoca reminiscencias dr ?poeai:; heroicai:;, y es fúnebre y
triste un cemrnterio. porque es asilo de la
muerte y nos sugiere ideas de aniquilamiento
y clei:;trucción.
Comprendido en esta forma y de este modo
el mundo misterioso de nuestra~ emocionm,,
t'l simbolismo de las coi::as se hace transparente .v luminoso; comprendernos todos los fetiq nis111os: el de la bandera, símbolo de lapatria; el del áncora, signo de salvación; el de la
violeta, emblema de mcdestia; percibimos la
conexión necesaria de las cosas inertes é indiferentes con nuestra vida activa y multiforme,
y por ese camino y con ayuda de esos procedimientos, llegaremos, sin rluda, á responder
algún día á esta pregunta: ¿Qué es lo bello'?
sin imitar al magistrado romano que preguntó: ¿Qué es la verdad? y volvió la espalda sin
e;;perar la respuesta.

j)r. JY{. Flores

-------•------EDGARDO POE.

Cuenta, un capitán de marina mercante americana, gran amigo de E&lt;lgardo Pi:ie, que la
noche antes de morir éste, reunióse con él en
la taberna «Shoi Tower" de Baltimore, refugio predilecto del gran poeta. Era la primera
vez que se veían después de la muerte ele Virginia Clemm, mujer y prima de Edgardo.
El capitán notó por el aspecto· de su amigo
que éste, además de sufrir mucho, se hallaba
muy enfermo. En efecto, ya había tenido por
entonces dos accesos de «delírium tremens,"
ocasionados por el alcoholismo.
La hermosa y altanera cabeza del poeta, de
ancha frente despejada, nariz de líneas correctas y boca fina y triste, mostraba una palidez
enfermiza. Sus grandes ojos violetas parecían
á la vez más tenebrosos y más luminosos que
nunca: tal era su doble y fascinador aspecto.
Sentáronse los dos amigos á una mesa colocada en el hueco ele una ventana, y Edgardo
Por se quejó al capitán de que lo tuviera por
demente, cuando tan sólo se hallaba aquejado
de una neurosis.
En aquel momento crur.aba la calle una dama de aspecto enfermizo, apoyada en el brazo de un señor.
El novelista, presa de un t&lt;'mhlor religioso,
dijo, tendiendo su mano delicada y fría:
-«Yo sé por qué esa mujer se halla en punto de muertr, y ,·o.v á referirte lo que 1011 médicos no han a&lt;liviuado ni p&lt;,rlrán adivinar
nunca."
Y con una seriedad que no daba lugar á
duelas, comenzó el relato siguiente:

-Invitado una vez á un baile de carnaval
dado en Baltimore, fuí el primer convidado
que llegó á la casa.
La gran puerta estaba abierta de par en par,
proyectando sobre la calle obscura una viva
claridad, como la lente luminosa de una linterna mágica. Sobre aquel fondo encendido
resaltaban los carruajes que á cada instante se
detenían, dejando á los invit.ados, que bajaban, se agitaban un momento é iban en seguida á perderse en la linterna ...... En el vestíbulo se agrupaban los lacayos y ,;e veían los
~~~
muros guarnecidos con los paletós de los hom¡
bres y con lo,; abrigos de las señoras.
''i
Al contemplar aquella escena, asiRtía yo á
nn espectáculo terrible. Ca.&lt;la uno de los concurrentes al baile dejaba colgada en la percha
su envoltura humana; vestido de etiquet..'I., sa1
lí&amp; convertido en esqueleto completamente
..,1
mont..·ulo.
Quedaban en las perchas todoR aquellos
..,
cuerpoi:; Hin Of&lt;amentas, semejante,; al p&lt;'rsonal
1
de un teatro de títerei,:, los unos rígidos, ret&lt;&gt;..::
nidos por el cuello, los otros doblados por la
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mitnrl en las posturas más raras.
'¡
En seguida cada pareja, dos esqueletos, uno
"-J
'
1
más grande y otro más chico, frangueabim la
puerta del salón, y dándose el hrar.o, iban á
saludará los dueños de la casa, únicos personaje,-: de carne y hueso allí presentes.
Lo más extraño era que ni éstos ni aquéllos
parecían notar la metamorfosiR, agrupándoi,;c
los esqueletos, c-onversando y p:iseándose sin
extrañeza ni confuPión.
l'na pareja retard:-1da llegó en esto al vestíbulo. l~ra un ,·oluminoRo personaje de imponentes bigotes, y una mujercita de ojos lánguidos, que llevaba una camelia. Poco después
los dos pen;onajes hacían i,;n entrada como todos los demás, pero sobre el cráneo de la dama había quedado fijada la camelia como por
la opre::;iírn de un beso. Xada más lúgubremente bello que aquella viva flor roja sobre
una hlanni. cabeza macabra.
Quedé como clavado en el umbral del salón, aterrado r sin saher si había perdido á
mi ,·ez mi pálido cuerpo.
Saqué entonces mi reloj y observé que podía contar razonadamente sus golpecitos.
En el salón se bailaba con horripilantes
arrebatos de alegría, formándose y deshaciénse las cuadrillas, al compás de música oculta
por cortinajes, ó girando las parejas valsadoras
en vertiginosas espirales. No se oía en medio de
aquella agitaci6n y mezcolanza ni el crujido
de la seda, ni el roce de las alhajas, sino un
choque seco y continuado, semejante al rasgamiento de las ramas secas en el fuego de
una hornilla.
Mientras tanto, permanecía yo inmóvil; pe¡·o mis miradas seguíaTl con insistencia la camelia roja, graciosa y petulante, que me encantaba, haciéndome sentir esa primera efervescencia del amor que me recordaba á mi
11
querida Virginia Clemm.
Terminarlo el baile, apresurábanse los concurrentes en el vestíbulo para acercarse á la
NOTAS DEL PUEBLO.
percha. Les vi endosar sin dolor ni dificultad
su em·oltura de vitos: los hombres con sus
LWle,anía nos enferma ele indiferencia con
paletós, las mujeres con sus abrigos de pieles.•
1
'-· 1
, •:
impresión ar.ul. Lo mismo la barriada con
En seguida salían tranquilamente, después 411,
•u fondo gris, parece que nos esfuma en una
cambiar los cumplidos de costumbre.
vi6ta sin impresión la vida de aquellos que el
La pareja que había sido la última en lle...
,f ¡',. batir del cornzón de la ciudad, arroja lejos,
gar fué la última en salir. De pronto el prequizá como sangre saludable para fortificar ui1
cioso y esbelto esqueleto de la camelia roja
aiembro d~)il; quizá como reRiduo dañoso
lanzó una exclamación:
•
,
• Jti~ no ha podido nutrirRe ele f&gt;xígeno y se
-¡Ah! dijo-~ han llevado mi abrigo de.
raso blanco y me han dejado este otro de raso
·" • ~ . • • • mand~ á pasar por todos )~¡; r~sgu~rdos del
.•.
p
~ or~arnsmo para que vuelva a ser útil, prove•
arnarillo.-Y riéndose, cubrióse con él.
•
• ch"8o· y apropiado para la vida social.
Al instante ví aparecei, pliegues sobre su •
it. •
r Los que así son tratados se llaman, en térrostro, sobre sus hombros y sus brazos desnumino muy imperfecto: pueblo.
dos. La infeliz habíase revestido con el abri· · La vida de esta enorme masa se disuelve en
go ajeno, la encarnación de otro cuerpo que
la indeferencia, lo mismo que el contorno de
no ajustaba á su armazón anatómico, sobre el
la montaña se imprecisa en la lejanía~
cual puede i!ecirse que quedaba ondulando.
Acerquémonos para traer una novedad.
Espantado de aquello, salí disparado del pala••
Un guía en este vericueto que vive con la
cio del baile.
ola de nuestra vida: el papelero. Nosotros no
Pues bien, acabo de reconocer á la mujer
tenemos un término especial con que señnlar
de la camelia rojn en ~~a que pa."!Ó hace poco
al puñado de gente chica que se defiende en
arrm,trándose casi.
. la lucha de la 'l!ida con el esfuerzo propio, y
Los médicos se empeñan en vano, con tollamamos «papelero» al primer mucbachillo
da su cieñcia, por descubrir lo que llaman una
que se nos acerca cambiando el peri6dico del
enfermedad extraordinaria. ¡Tontos...... J,,
día por un centavo, 6 bien haciendo de la ho-

r

EL MUNDO ILUSTRADO

Dornjngo 29 de Ju'ti.io de 1902.

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EN FONDO GRIS.

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ja impresa y de una mirada viva, la docu-

mentación para ohtener una Rimpatía demostrable con el regalo ele un centésimo de pe,;o.
«Papelero;» bien está y valga, ya que el término en su ambigüedad puede facilitarnos la.
interpretación de uquien hace papeleR," y «papel" es el de un prócer y un mendigo; el de
un engañador y un veraz; el de un luchador
y un holgazán; el de un emitidor de papel de
banco y ...... un vet1dimiero de pnpel impreso
con la nota sensacional del día.
Pues ese "gamín», ó ugolfo,, ó papelero, entre nosotros, es el mejor introductor á la barriada, al salón «azuln ( azul es lejanía, ¿estábamos?), y él nos l~eva sin saberlo, porque lo
seguimos en sus pasos, cuando «ya va,» despué~ de su lucha y su gritería desentonada
por ayenidas y calles; cuando lleva las manos
Yacías de papeles impresos y vuelve á su mundo á sus compaflías juguetonas, al ejército sin
ar~as, sin la coraza que se llama educación y
que en el anillo de proletarismo &lt;]Ue cerca á
todas las grandes ciudades, parece estar sitiando á los ca11tillos de la educación y de la
riqueza que levantan sus torres en el campo
áureo.
Los pasos del papelero nos guían y nos hacen pisar la alfombra gris del suburbio.
Buscamos escenas.
Un grupo de hombres que invaden de pared á pared la vía pública, siguen con vista
ansiosa el vuelo de un centavo tirado á lo alto . .Juegan «los volados.&gt;&gt; ¿Qué es eso?
Eso es el entretenimiento que en la 1&lt;vulgaridad» de nuestros salones se llama: tentar la
suerte. Acá, el que es «imprudente» en esas

diYersiones, Be condena á pasear una pobreza
eu campos de oro, ó para decir mejor, á ser
&lt;w~precio en l.a fpria de las preciacionflS; allá,
la 1mprudenc1a se traduce en riña, la riña en
cárcel; la cárcel, por desgracia, no es la mayor
deshonra que considera nuestro pueblo, pero
sí, la Ye como un desfalco en sus intereses de
voluntariedad. El jugador de ,rvolados, )&gt; al
revés del otro, no pai-ea su desprecio moral,
pero sí considera su desprecio material en el
fondo de una cárcel.
¿Hay diferencia entre esos dos desprecios?
El relativismo pone en alto el fiel de la balanr.a.
Y nos alejamos de esas co11Sideraciones
y sigue á nue¡;tra vistc'I. el harrio, gris en su
cielo, en sus paredes, en sl: suelo, en su luz de
tarde nublada, que va cayendo lent~, muy
lentamente, tras ese abanico de polvo tenue
que, á lo lejos, simula un capelo de vidrio
apagado en fJUe se guarda á la ciudad.
A la vera ele un callejón, junto al hueco de
una ventc'l.na, está un grupo simpático; se oye
rasguear pobremente una guitarra; apenas se
comprende la copla:
«Siento que me he de morir
Si no logro tu querer,
Así se mueren las flores
Cnanrlo no ;,querei&gt; llover."
Y ese cuadro reconcilia con el barrio; es el
vendimiero que se busca la vida eacanciando
versos, azucarillos y alegría en el fondo gris
del cuadro que parece que se nos esfuma en
una vista sin impresión.

'
Para que la mujer sea prudente :en sus"'costum bres, ha de saber con precisi6n en• qué
consiRte la. prudencia; y para que imite la pureza de los ángeles, es indispensable que sus
ideas no se reduzcan á la materia.
GRENAILLE,.

�•
Domingo 29 de Junio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo '2!1 ,le Junio de 1902.

n:3- .abrió los oj_os, fijól~s,. asombrado al princ1p10, en la \ 1rgen placida, en el Señor San
,José de luengas barbas, en los reyes magos
que le ofrecían oro, mirra é incienso.
Después, deteniE'ndo su mirada sobre la figura vivnz y recogitla del señor cura., sonrió
con P.onri;;a angélica, confiada, adorable; y
tendienelo sus bracitoi-\ hacia el sacerdote, alegrPmente gritó:
-¡Papá!
ARMANET.
(Premiado en el concnroo abierto por l.e Jonrnal de Parls.)

,

,

CUBA A LA REPUBLICA
(FRAGMENTO DE UN POEMA.)

La lil-(urita rubia ,. HOnrientr de .J e:-ús no,•:--

•

El ,:eñor curalen1ntú un arbolillo &lt;¡lll' acababa de caer, colllpuso la cofia :'t una pm,tora
de cern, colocó Ít una expendcclorn de leche rn
la bon&lt;lo1.a&lt;la de un camino, ~·, 1·nantlo hubo
terminado, retrocedió alguno,.; pa,.;os para mejor observar :-u obra.
Aquello resultaba perfecto. :-,obre un fondo
le papel grii;, &lt;lestacábase un paisaje &lt;JUe Yercleaba espléndidamente; el 111u~go simulaba
la yl'rba, ya crecida, de las pnuleraR; una arenilla dorada empolniha la,.; carreteras; nn
arroyuelo diminuto brotaba ele las cimns, formaba cai-ca.das, eorría en ;;eguida, y pasaba
por bajo puentes, sobre cuyos pretiles se apoyaban placenteros loi,; pastores. La~ casaP., pequeñitas, colgaban ele los picacho;; tle las rocas de cartón; rehafios entf'ros pacían por los
campo1-, y árboles exóticos extendían al aire
sus ramas rígidas y pintarrajeadas.
Cirrtamente, por aquí y por allá se notaban
detalles algo raros. La wrclura e;;pléndida &lt;le
las praderaR contrastaba bastante con la nieYe
&lt;JUe espolvoreaba de blanco trchos y cornisas;
un soberbio earnero sobrepasaba en tamaño á
las colinas cercanas ." algunos pm;tores ,·eín n
por encima del hombro á las más grandci;
hosterías.
También los trajes se resentían ligeramente
ele la falta de color local. rna aldeana bretona, y una arle,-iana, i,;e crur.ahan en el mismo
sendero; una suiza ele cnh&lt;·llos rubios se reía,
con toda la boca, de una 1•spaiiola, orgullo:-a
de Hl mantilla, y tras de una palmera, una
bailarina trataba de ocultm- sus pien,aR, mal
cubiertas por las mnllns rMatlas.
Pero ésü1s eran pequeñeces sin importaneia.
Todo cambiaría de agpecto cuando, por la noche, á l:1 luz de los farolillos, llegara el niño
.Jcf'.Úf:, dr cera, ofrecido por la ca:-;tellana. tlel
lugar, y fuera ií reposar nnwlle111cnte sohrP la
paja del pese hn•.
Y , con cfPrt&lt;,. c·m11Hlo los últimos Yoltejeos
&lt;le las esquila:; llamaron (t misa de «gallo" {1
los Yecinos ele las m(t8 ll'janas chozas, un grito de a&lt;l111irn&lt;'ión lanzado por todos loP. fieles,
comentó favora hlemente la ohm ,lel señor cura. A la daricl:ul de loR cirioR. ú las irrn,diaciones del candil, scolgado, por la fuerza de
lns eircunsbrncias, de la ea pilla dE' Ran Antonio, el altar &lt;le X:l\·idad 1•e¡;;plandecía, admira ble y magnífi('o. La,; aren itas ele oro ci nti !aban á lo largo de las Y&lt;·n•clas; el :irro.,·uPlo parecía arraf'trnr olas &lt;le kntejul'las brill.rntes·
fulgoreR multicolorns H(' n'trnta han 1•11 la nie,·;
que pspol\'oreaha tP&lt;"hoi- .,· rornisaf'. Y fl'a de
verse á todoH aqnrllrn, prre!!rinoH de madera,
de pasta, ,le pon'&lt;'lana. ca111i11anclo sobre el
musgo Yer,le, ,•n dire&lt;'ciún al eHtalilo heJHlito
clondc acahaha &lt;le cumplirHP la prnfed:1.
¡El portal em una, niaraYilla! En primer
término, la Yirgen l\Iaría, envuelta en i,;n
manto azuloP.o; dPspurs, Han Jof'?, apoyado
en su vara; seguíanle el asno ." el btw,\', inquietos, penrntivo~, y a1h't, frent¡, á la estrella
milagrosa, los treR Reyes ;,fogoH, ofrerienclo
humildes el oro, la mirra y el incienso.
PPro ¡oh ,:orpresa.! entre el dulcr rof'tro de
)Iaría y la opulenta barba de San José, el lecho de paja apareció ...... vacío!

,¡,

taha allí.
·
l'n murmullo Ul' cfo:gusto corrió ¡•ntre lo:lieles. Dii•wreto .'" tímido al principio, eomo 1•!
rumor de las !,risas en Jo;; bosque;;, fué trt'&lt;' iendo ,. ereciendo co1110 una tempestad que
n•,·enta~t' entre loH i::antoi- muros de la igleDe repente, el señor cura apareció, atravpF&lt;ado el alzacuello, el solideo sobre la oreja,
leYantar.do los ojos al cielo:
-¡Oh amigos mío1-, mis &lt;1ueridos feligreses! ...... ¡(.~ué def'graeia.! ¡Qué inmensa desgracia! ...... El Xiiio .JesÚH, ya lo ;;abéis, el
Xiño .J esfü; ofrecido por In, señora Condrsa ....
-¿Qué'? ¿Qué'? exclamaron, anhelantes,
cien derntos.
Pue,; bien...... ¡ ha llegado en f"U caja,
despedazado, hecho astillas!...... ¡Ah Dios
mío, Dios mío! ¡qué desventura!
l'n silencio solemne acogió estas palabras, y

...

.. .

•'·
•.,.;;

.. . ..

•••

•

Ir

'

fué interrumpido por un :-ollozo. El sefioreura llorn,ba.
Entonces, débil , tímida, una voz se dejó oír
en el santuario.
-Reñor cura! ...... seiior cura!
El ;,aenclote, de,.;concertado todaYÍa, rnh-ió
PI rostro~ humedecido por amaro-o
lloro' .v de
~
un rinc·on apartndo smgió la figura de una
111m·lrneha flacucha, pálida, co11 dos grandes
ojos tri1&lt;tei&lt; y hundido,;, levantando en sus manos Ít un muñec-o, Ít un chiquitín de nne,·c
mesei;;, que dormía, el pobrecito, como Ull án gel caído del Pnraíso.
-¡Silviana!- exclamó el sefior cura,-;.qué
quieres? ¿.qu(· hac-es ahí con ese muchacho, hija
mfa?
-¡Ah ,;eñor cura! Como me dijeron que el
que ofreció la señora Condesa era tan hermoso, he querido vPrlo; no tme á quien dejar mi
chico v le he traído envuelto en el chal. Señor ctirn, acuéstele usted en el pesebre, en el

lugar del Xiiio .Tesús; e:-;o Rerá ¡,:ira {,] ele ht11•11
agüero.
Ruplimba la infeliz, con rnz lm-tirnn:-;a; v
el sefior cura, Yacilaha, entenwddo, easi n·sucito á todo.
Mirándolo hien, ¿.qué culpa tenía aquel querubín de que su madre lo huhiesl' tenido, chicuela todada, ele no sabía qui{,n v en alo-ún
lugar desierto? Ante DioH ¿,no son· iguales"todas las criaturas? ...... Y luego, la Yirgen d&lt;'l
manto azuloi-o y el señor f,;an Joi,é de negra y
opulenta barba, ¡e1&lt;tahan tan afligido¡; por no
tener allí F&lt;ll Xifio .Jrsús, rubio y risueiio!
f,;(1bitamente, el sefior cura se de&lt;"idió. To1116 al nifio de las mano¡; de Silviana, lo sacó
ele l~is pafiales que. le rnvoh·ían, le quitó la
1
alnnlln, y los zapat1tos de lana v triunfante
radio1&lt;0, lo acostó, así, desnud¿, · ;obre la paj~
del pes1&gt;bre.
iY &lt;Jué adorahlr estaba en su papel de .Jesús el hijo de Silviana! ¡Qué encantadores sus
bucles dorndos, suR piernas y sus brazos regordetes y los hoyuelos que tan alegremente
reían en su carnr satinada! Los fieles extáticos, olvidaban el padrenuestro por ~ontemplarlo; el señor cura, tartajeando sus &lt;CÜrernus,» l~ veía con el raho del ojo, temeroso de
que un rnesperado despertar deshiciese la graciosa iluf:ión de la celeste levencla. Pero el muchacho dormía como un q11eruhín v la miP.a
de ((galloi, terminó sin accidente ~lguno en
medio de los cánticos piadosos " del h~nno
perfumado que del"pedían los incen1rnrios.
Concluídas las últimas oraciones, una inRpiración divina hirió el alma agraclC'cida del
spfior cura. Con gran pompa, prececlirlo por
el maestro de .ct&gt;rernomas que empuiiaha su
alabarda, seguido de los monaguillos, vestido,;
de blanco, de los chantrei-:, cubiertos con la
sobrepelliz, ~' del sacristán, provisto del hisopo, abandonó el altar y se dirigió al pesehrr,
que resplandecía con fulgores de ascua.
Con ademán lento, muy lento bPndijo al
nifio, que apaciblemente dormía.'
•
-¡Dios mío!-excln!nú_en alta Yoz,-impe11etrablcs son tus cle,;1gmos. Has permitido
que en e::-ta noche solemne en que dii,te un
1-\alvaclor al mund!&gt;, el hijito d e.:lih·iana oc • ;
para el I ugar que ,1 tu augnf'to h1¡0 rsui ba destin:i~lo. ¡Bendice, Señor, á ,•str hijo de• ea- ~
F:ualidad! ¡Har. que algún día, gracias (t Lu m'- •··.
seric?;dia infinita y á tu om nipotente intrre •
,·enc!on, enc~1e1!tre al hombre qut&gt;, c•n eont.1- •
hcrmo con R1hiana, lo lanzúalnrnnrlo! ¡Te Jo ~
pedimos, ¡oh Dim; y Seíior nuef:tro!, en el '
nomb~e &lt;lel Pnclre, del Hijo y• del Espíria
Santo. ,
.
• ..
-Arnen-~esponcl1Pron en coro y co11111on-.
dos todos los fieles:
·
En c,-;oR mo111r11tos, el dulee .frsús d(' :-,j]lli/ia-

••

El Incendio
Allí avanzan velocPs los guerreros

blandiendo los aceros,
en el nervioso puilo, al golpe recta.
la boja afilada, erecta.

Las notas de las músicas, ardientes,
empujan á la gente enfurecida,
y un incienso de pólvora encendida
se exhala de la flor de los valientes.
La lucha, cada vez más despiadada,
negro el encono, la venganza fiera,
conflagración abajo, sombra arriba.
y al nombre de la patria desgarrada,
los victoriosos van gritando: «;Muera!&gt;
y los que muel'en les responden: «¡Viva!&gt;
Las bestias, espantadas, sin gobierno,
al sentir que la llama las acosa,
en confusión horrible y tropelosacondenados que escapan del infiernoatropéllanse al raso,
y pidiendo sus alas á Pegaso,
se lanzan de estampía
hacia la solitaria lejanía ...... .
La nochr impuso paz á la refriega,
á la horrenda, feroz carnicería.
¡la noche! ¡y dicen que rs mejor el día!
Y, cual sudario, las obscul'as caudas
el va.sto manigua] envuelven raudas.
¡La noche llegó triste!
'l'ú no vista mi tierra aquella noche ¡ah. no. tú no la viste!
~· pensándolo al golpe me cloblPgocuerpo exangüe, ~ncorvado,
por la espina vital cauteri:;:ado
con botones ele fuego!
;Un enfermo gigante pa1·ecía
que estií l'Onvaleciendo todavía! ....... .

•
.J_"".,

\\\~

JY(a17uel S. j&gt;icharoo

VIRGEN ÁRABE.

-~

11 ~ -~•,.

1
~

"

Grábansf' finas, du1as,
en el polvo las corvas herraduras
de los potros rebeldes. ¡Infelices!
¡NadiP hahrú de ¡n·emiar su, ci&lt;'at1·ict&gt;s!
Ruelto el renclal f'n la l'arret·a ÍI f'Scapr,
va la colgante vaina
golpeáudoles el anca temhladorn,
y la e~puela desgarra, punzado1·a,
el ijar, que ensangrienta la polaina.
Y al mismo tiempo que la gente vurla

•

'
,.

I •

,. •

con indómito avance,
cuanto conquista su terrible alcance
enciende y 1mlve1·iza &lt;la candela.&gt;
¡gs la legi6n sagrada
que causa espantos y que infunde asombros:
es la eterna legión de los que sufren
que viene á pt·opagar la nueva idea:
es el poder del filo y de la tea
que necesita coágulos y escombros;
que arrasa y que desquicia,
mientras no baste al Bien y á la Justicia
• el poder de la mente y ele los hombros!
El imponente choque se avecina;
tirando á quema ropa
de inmediata colina,
rompió sus fuegos la enemiga tropa.

..••

•
•

•

«La candela&gt; prosigue sus hazañas:
las encendidas caña¡;
sus airones flamígeros aventan:
los gases, dilatándose, violentan
las fibrosas entrañas
y, rompiendo las cáscaras, revientan!
Los tiros de la miel, que el campo asordan,
los del fusil y del cañón acal 1an,
y los jugos en lavas se desborda&amp;,
como las almas dulces cuando estallan!. ....
El combate

..

•

Junto al río se ven los combatientes
y empeñan la batalla fratricida,
donde no hay un soldado sin herida
y en púrpura se bañan las corrientes,

La virgen [u·abc estú bajo un cielo hiperhúreo gozando &lt;le la blancura de la tarde.
La novia parece un lirio opul ento deshojndo sobre un líbico lecho nupcial.
:;uf'. manos simuladoras ,k heliotropos marinos, se posan con &lt;lulr.ura sobre un libro dt&gt;
marfil.
De las raíces íntimas de la al hum de su alma, filtra la honda sugestión 1mpresa (t la rstrofa por un bardo adolescente ele pluma
blanca.
Sonríe ...... y su sonrisa de crista.! rnga por
el cóncavo venusino &lt;le sus perlas...... A veces su sonrii-a, alígera como libélula de plata,
naufraga en el mar de luz que clpspide la rojn
flor de RUB labios temblorosos ..... .

Tiene sobre su pecho, color de lino, una
flor roja-como sangriento caracol de Tyro;y arele en todo su busto, corno en el de Casandra apolínea, el i,;ibilante fuego ele un amor
voluptuoso y persistente.
Lee, r vuelve ú leer; y en el fonelo ele su
glauca pupila recoge los últimos cadú rnres ele
un pah,aje nacarino, en un horizonte sin límites...... .
Allá...... tras las enormes siluetas de las
Pirá1,,ides y las Esfingrs, di\-isa una línea de
hielo, hiperb6ren, y dúctil, que parece derretirse tenuemente ...... Es el crepfü:culo que empieza ...... !
Y. al fin, labrada ron el ágata de la fama,
vió ln, gig:inte estatua del "Genio" ...... deflafiando á los e,·os bajo el esplendor de e,-os muros
egi pcíacos.
Tornó á leer, y en la página. blanca, como
nenúfar muerto, &lt;lej6 raer una ]~grima arrancada de su alma, en esas horas grises, cun,i1tlo
se había viRto impotente para volver (t la tibia
ribera de las níveas iluRioneR de la primera
rdad ..... .
Celebró entonces sus connubios con la nostalgia, y aprendió-de;:;,Je esa tarde blancaque el amor es la mús grande entn• las tristezas humanas.
Las nubes como alas rotas de l'igi.ieñas blan('¡\S, se esfumn han f'll el (qiice de la f'Umbre
lejana ...... !
Era la hora ,le! Ticiano ..... .
Cna ola crepus(·uln,r )' 110,.;túll(Í(·:1. hafió tamhifn C'l alma de la vir~en úrabe........ .
Crrrú Pl libro ...... Dió una mirada lun1inosa
al n•tr:1to del porta, despu,~s l!inguida, C'0lllo
un loto rnfcrmo, di' la Idali,t, eln\'Ó sus re,londa,.; pupilas ;;ohm PI horizo11t&lt;· tnuerto, hipC'rhórPo y ;;ilt&gt;ntc•...... Y 1•0111novicla (li ,1 1•! último
adiú,, {t la,; bl:uwa~ ilu;;iom•¡-¡ de ;;u pl'illlf'rn
r&lt;lad ........ !

. Todo el 11nmclo d,•hc reconocer ho,· la importan&lt;'ia del pn peI q ne la m uj1·r e,;t({ llamada
ú clci-empcfiar Pn el gí·nero humano; todo 1•!
mundo cl('he n•c·ono(·t&gt;r la neel'sicla&lt;l de e&lt;lucnr
:'t la 11rnjer ptlrn tan alto fin.
Bnsso:-.

La 111uj,.r dr miís m{•rito PS la que reemplaza digna liten te .'1 su 111;1ri&lt;lo cuando C-ste se halla, ausente.
GoETUE.

La discreciún ,. la honclad fonna.n un &lt;lote

muy imticiente 1iam una nrnjer.

Respir&lt;t el campo con rnmor de ignotaR
Yoces de idilio. El aljófar rncda
Sobre los montes, y á la luz reme&lt;la
Diamantes raros de soguillas rotas.
Se oyen ecos de cántigas remotas,
Alisa el tordo su plum6n de seda,
Y oculto el papagayo en la a.rboleda
Alza su voz de alharaquientas notas.
Muge el ganado; con acentoR bronco,;
Suenan las hachas al herir los troncos;
Y miC'ntras mueve con pariente mano
El labrador, en su hrrcdad, la. yunta,
Fresca ilusión sobre su fe despunta,
Como despunta sobre el surco el grano.

PLAUTO.

�Domingo 29 ele Junio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

I

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 29 ele Junio dé 1902.

La primera carrera, en terreno plano, foé
ganada por M. S. Turner; la segunda, para
muchachos de menos de 15 años, por Luis
Mosser; la tercera, que fué de obstáruloR, por
K Emonrls; la cuarta por Osear Braniff, y la
quinta por Horacio Sharp.
Después Yino una carrera de ponnies mrxicanos, ú 440 metro1-1, en la enal el jockey Yrncedor fu(, el sl'iior 1\1. Sharp.
En la carrern para señorita~, que fuú de lns
más di,·ertidal-', d triunfo corn•spondiú ú la
seüorita Tlwclr.

JUEGOS OLÍMPICOS
EN HONOR DE EDUARDO VII.

. .

rn incidente lamentable-la repentina enfermC'dad de Eduardo YII-vino ú interrnmpir, el marteR, la serie de fei-tejos con que la
colonia inglesa se disponía i'i celebrar en ::\IPxic o el fausto suceso de 1:. coronación del r •y ele
Inglaterra.
·
De las fiestas que ;:;e
efectuaron, lo que más
llamó laatención, fueron, sin duda, los J uegos Olímpicos, que se
verificaron en el Club
Reforma, el m i s m o
martes.
A las diez de la mañana se reunió en el
espacioso terreno del
Club lo más selecto de
la colonia británica y
algunas familias americanas ?l mexicanas;
el señor Ministro Inglés y el Cónsul y Vicecómml de la Gran
Bretaña, que presidieron los Juegos Olímpicos.
A un lado y otro de
la pista se colocaron
filas de sillas, en donele tomaron aRiento las
clama~.
Los jugadores 1u cían
elegante traje dP sport,
sobresaliendo l o s de
los jockeys,c¡ue eran de
H&lt;'da y de ,'Ísto;:;os colores: Una comi;:;ión de
señoras y señoritaA que
vestían trajes blancos,
zapatos blancos y Aomhreros ele paja, atendían á los invitados.
La mayor parte ele los
concurrentes vestían
del mismo color, hasta
T orneo de saltos de alt ura, con ga rrocha.
los niños.

,

-----------·--

BUSTO DE REBULL.
El grabado que antecede repreRenta el busto, en yeso, de Don Santiago Rebull, ejecutado en la clase de ERcultura ele la Escuela de
Bellas Artes, por el alumno Sr. Domínguez.
El parecido es de lo más exacto, y la manera con que están tratados los detalles de la
obra, acusa en el joven escultor buenas disposiciones.

Carreras de ponnies.

En la otra carrera de ponnies, :;alió Ye1wcdor el Reñor P. Stoney. La carrera para selioras y caballeros, la ganaron el señor Stoney y
la sefiorita Ware. Una de las carreras más dive1tidas fué la carrera en cuatro pies, que ganaron C. ::\1. Bulting, en primer lugar; en segundo, J. Lacaud, y R. Blakmore en tercero.
En lugar del «tug of wari&gt; hubo una última carrera de ponnies, que ganó el Sr. Alex Arnnr.
A la una de la tarde los concurrente,; fueron
obsequiados con un lunrh por las señorita,;
ele la comisión nombrada para. el efecto. Todas ellas, lo mismo que los socios del Cluh .,·
los miembros del comité de las fiPstai-, lucínn
listones en el pecho con los (•olores ele la h11n&lt;lera inglesa.
Terminada la comida, eontinunron laR &lt;'Hrreras. Las más notables fueron las de saltos
ele garrocha, carreras &lt;le eaballos y (·ni-rt•ras
de señoritas; y la que hizo reir mucho, fué la
de c,aballeros atados de los pies.
Hubo ~demás, saltos y otro" ejercido::; atléticos.

1

--------------NUPCIAL.

•

Ante una selecta concurrencia se efectu6 ú'.timamente, en la Profern, el mat1imonio cl&lt;'I
~r. Lic. Pascual Luna Parra con la distingni-

Carreras á ple.

lla f;eñorila Carmen Mariscal, sobrina. del seIior Ministro de Relaciones.
Los contrayentes son muy estimados en la
sociedad mexicana, y la formación del nuevo
hogar ha sido recibida con verdadera simpatía.

Tipos londinenses
A dónde vas, joven soldaelo? dice el porta;
y yo, pensando en tí: ¿á dónde vas, chicuela

de las ralles, «girli• ingle.~a de dieciocho año;;,
con tus ojos azules claros como el agua, con
tus cabellos rubios cortados cerca de la nuca,
mn tu boca de rosa y tus mejillas de 11iíio?
;..\. d(mde vas, pequeña «girl," caminando sohre las bahlosm; &lt;le esta ac&lt; ra de Picaclilly,
cuando en ,,1 reloj d(' la torre ~t..Jame;;, nllíi
en ('J cabo Je la ealle, la aguja marc,l las diez
ele la nochr, y C'ua11do las clariclade;; qt1C' iluminan las ,·pntanas 1lp las casa;-: virtnosaR con1iPnzan (l apagarRP·?
Con tu ypsticlo de color l'hro. tu ancho ,;0111hrero y tus guantes rojo:-:, Ro1iríPs al transeunte con sonriRa casi ingenua, _,, lo qur hul"cas
1•s 1·1m que \'ivir n1añana sin trabajar. Y si no
llega1&lt; aquí sino ú las diez, C'R qui' YirnN; {t pi1·
desd(' muy lejos, desue uno de los barrios donde la~ casas cuestan barato; y Yi,·es allí con
alguna de tus cam:ira&lt;las que fup de cacería
por su laclo. ~Iañana por la maliana, una &lt;le
yosotras, con las mangas del ve;:;tido blanco
0

Torneo de saltos de altura, sin garrocha.
Sra. Mariscal de Luna Parra.

volteado hacia adentro y el ancho sombrero ú
llores sobre la cabeza, limpiará los cristales del
único balcón de la casita, en tanto que la otra
prepara el té, el «roastbeef» y las tajadas de
pan con manteca sobre la mesa de vuestra sala, donde Sbakespeare eluerme sobre alguno,;
('jernplare::; de no\'elas ilustradas. Pero esta
tarde? ...... DP, paRante en pasante vas erranelo,
casi cúndi&lt;la, ni cínica. ni orutal; y al_i:que te
rerhaza menos duran1C'nte que los otros, le pillPs para beber aguarrliente; y pronto, ahora
mü,mo, poelrt{ verte de pie, cerca de la mesa
del cc Bar,» en nwdio de otras jóYenes, tiernnP
como tú, cerca de hombres cubiertos con anclrajos; y tu faz de ángel revelará ingenuo placer mientras apura,; PI ancho vaso de brandy.
DeRpnés ReguirÍli&lt; ('ITn.nclo sobre la acera cacla
vez mús ,;ilenc-iosa.
...... ¿.A clúnde ,·a:-:, pequ('iia «girl»? ¿.Hacia
qu{, fin lamentable ele orgía y de borrachera?
~in rmhargo, entre d Yieio y t(1 no hay de común :sino el &lt;linero que t(' proporciona; con
una rPntecilla y un f'RJ&gt;ORO sería,1 feliz. La corrnpciún no te ha marcado en la cara, como ú
tu lwmw nn n1a.lclita de lo~ houlf'vares de París, cnpL h,wn brilla carniinaela bajo una máscam de polYos di• nrroz, y c·uyos ojos penetrantN; irmclian hajo las ceja", gasfada:; por la pintura. ~faR, ¡oh chicuela de LondreR!,para el soiiador que te sigue con la vista, cu[mto mú"
triste no es tu monótono paseo que el &lt;11' tu
viciosa lwrmana parisiense! ..... .
PAL"L BouRGET.

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�Domingo 29 de Junio de 1902.

:EL M UiNDO ILUSTRADO

aún y se dirigen hacia la
belleza inefable, que brilla á través de aquel místico universo. Las lágrimas del sufrimiento se
agotan insensiblemente
pam dejar paso {l las del éxtasi!', ó m~s
bien, aml,as se confunden en una angw,tia
mezclada de delicias. A veces estalla la desesperación, pero al punto reaparece la poeRía, y
las modulaciones mfoi &lt;lesespcradns se exhalan envueltas en una magnificencia de ucordr::i
tan extraordinaria, &lt;JU!' lo sublime 1-1obresal&lt;'
v lo cnbrr tocio &lt;·on su penetrante armonía.
Al fin, después de un gran tumu lto y un gran
c·omhat&lt;· lo sublime sólo subsi~te; la lnmentaciún, t-;·ansformacla, sr convierte en un hin1eneo qu&lt;' eorre ~· resuena, llevado en un
&lt;·oncierto de notas triunfantes. Al rededor
del en11to, en lo alto, nbajo, en multitrnles
aprenf-adas, entrelazadas, cxtf•ndidas, '? un
(·oi·o d,· aclamaciones q ll(' crece y dobla lllCl'sa 11tc&gt;men te su vehernrncia y su alegría. El
tt·dadü es insuficiente, no hny voz que no tome ¡,arte en aquella fil'sta, las mf,s grav(:'1&lt; con
H11-1 trnenos, las más altas con RUR gorjeos,
unidn.s todas en una sola Yoz, una y múltiple,
corno nquelln. rosa divina que vió Dante, cttda
una de cuya,; hojaR era un alma hiena,·e11tnrada.
Un &lt;'anto de Yeinte not;1s ha dado origen á
tan diversas emociones! Así en una catedral
gótica, la ojiva chata de la cripta se encorva
en arcos á la fúnebre claridad de las lámparas, entre muros húmedos, en la lúgubre obscuridad que envuelve la tumba de un muerto; de,;pués, arriba, en la iglesia, libre reper.tinamente clt-1 peso de la materia, se yergue,
sube en columnitas hasta el cielo, hermosea
las vidrieraR con sus festo nes, extiende sus
trí-1,oles en los rosetoneR iluminados, y hace
drl templo un tabernúculo.
HIPÍlLITO TAJXE.

MONUMENTO Á DAUDET.
En uno de los rinconcitos mús pintore,:cm;
de los Campo,: Elíseos, bajo laR frondai:; y rodeado de flores, se lPYanta en P:1rí-.: &lt;·l monumento consagrado á la
,uemoria de Alfoni&lt;o
Daudrt. La obra, qur
es un notable trab,tjo
de escultura, es del nrtiF&lt;t~'1 Saint-1\farceux ,.
fué inaugura(la Rolen1nPmcmte el
dr ma\'O último.
· La figura de Daudrt
en primoro,;o mármol
blanco, es un retrato
fiel del gran novrliRtn;
parece ei;tar animada
de RU el'lpíritu.
El aclo de la inauguración se Yerificó estando allí representados los círculos literarios v artísticos de más
nombradía. La fau,ilia del ilmitre novelista. ocupaba un pequeño estrado frente á la
estatua.
El '.\I inisterio ele Be11.ts .\ rt(•s r el de Instnwción P(1 hlica \' la
Sol'ieclnd de Hente de
J., ·tras, l'n 1·iaron delPgado-.; ú la ceremonia,
eoncu n·i&lt;&gt;1Hlo eií per~onn, el Prefecto del 8&lt;'na, algunos mieml,rn,
drl Concejo ~Jnnicipnl
v 111m1ern:,os amigos v
iulmiraclnreR ·clr DalidPt.
M. ,\hcl lle,mant,
en 11ombre &lt;le la Sociedad de Gente de Letras, pronunció un bello diRcnrso, haciendo

EL MU!NDO ILUSTRADO
el elogio del autor de«Nabab", de &lt;~Saph_o» y de
tantas otras obras que dan lustre a la literatura francesa y quese deben al eximio_ escritor.
Se pronunciaron, además,otra~ piezas oratorias, v l\I me. Lara, de la Comedia Francesa,
recitó i:mos verso1-1 rlc Lucií,n Pat(,, rscritoR expre~nmonte pnra la l'erernonia.

cCa pa~con los _Boeros.

( De.!. u lre" Chenier)
( '01110 en su

muerte por la vez postreni.
El cisne gime. y falleciente entona
Dulce cantar al despedir la vida,
Pálida así, r en la mirada triste
8ombra funesta, desplegó sus labios
La ninfa, y dijo con susurro lel'e:
«¡Oh del Sebeto náyades ligera~.
Cortad las trenzas sob1·e mi sepukl'O'.
Clinias, ¡adiós! no voll·erií. tu amach1.
Cielo, mar, tierra, valles y torrentes.
Flores y bosques y repuestas grata~.
Tened continuo á su memoria el nomh1·p
De Neera, rn bien r sus amores:
De su Neera, que por él la casa
Dejara de su madre, y fugitiva
De ciudad en ciudad errante aml u,·o,
Sin atreverse á levantar los ojos
Delante de los hombres. Ora el astro
De los gemelos de la hermosa Helena
En el jónico mar tu nave guíe;
Ora de Pesto en el verjel lozano
Dos veces eu el año frescas rosas
Corte tu mano por tejer guirnaldas;
Si á la puesta del sol, vaga tristeza
Mezclada de dulzura tu alma siente,
Llámame, Clinias; estaré á tu lado
O tras tí volaré: mi alma errante
Gemirii entre las hojas de los bosques,
Descenderá en el seno de las nubes,
Llevaránla los ·d eutos en sus alas
O brotará de la marina espuma.
('orno centella surcará los aires,
Leve cual sueño, sin cesar volando,
Y siempre tierno y amoroso siempre,
Mi acento blando halagará tu oído.

El Lo rd Mayor anuncia que la paz ha sido proclama da.

Marcelino Men6ndez Petayo.

r-

:-n

LA ÚLTIMA SONATA
Es una frase &lt;le una línea, lenta, de infinita
tristeza, que va y vuelve sin C(•sar, como un
sollozo único y lnrgo. A ella se u1wn algunos
sonidos ~ofoca&lt;los; cada acento :;e prolonga con
los que siguen, _y llluere sor~,unent(', como
¡¡;rito que acab:i co'.1, un susp1:o;_ de modo qtw
cada nueva explo:;1011 dt:_sentumento lleva por
cortejo las quejas n:itigunl", . ,r, con la lamentaci6n suprema, se 1t11--zcla s1cm pre. el Pro de1,ilit'l.do de los primero~ dolores. ~ada hay el&lt;·
,luro en e,;l;a queja, ning,una indignne_ií,n, ni1!"llll·t rel&gt;rldía. Jj:L corazon que la ('llllle no d1;e q•ue es infeliz, sino q_tw 1,~,f"1il'idacl rs impo,;ible; y, en est'I. re~1gnac1011, encuentra la
c:tlrna.
como un desventurado de,;trozndo á cau:-:a de una caída trernencln, r que, tl&gt;11&lt;lido en111edio de un desierto, Ye la folgurante pe~lre,fa del cielo tachonar In bó:1 &lt;la dr :u _ultima
noche se desprende, se olv1&lt;la &lt;le f-1 mismo, _y
no pi¡nsa ya en reparar lo !ne1&gt;,arnhll:'; ,1a serenidad divina ele las cosas mfundc en el una
dulzura secreta, y sus braws_, _que 110 pueden
ya levantar su cuerpo martmzado, se abren

un

Domu1go 29 de Junio de 1902.

" Fogata" en cel e brac ión de la paz.

Grande, inusitado, fué el entusiasmo con
que en toda Inglaterra se recibieron laR primeras noticias referentes á la paz con 8ud-Africa. El pueblo, en masa, recorría las calles de
Londres, saludando la plausi ble nueva, y las

demostraciones de regocijo fuernn, como mm('a, ruidosas.
La paz estaba asegu rada, y no quedaba de
aquella terrible lucha que conmovió al mundo, sino el recuerdo de los sacrificios de vi-

das y haciendas, y de la heroici&lt;la&lt;l el e los
combatientes.
Las dos ilustraciones que ofrecemos es ele
lo más interesante que encontramos rn la información gráfica de la prensa londinense.

Fragmentos da una leyenda.

El fondo del corazón de la mujer es tal vez
menos vigoroso que el corazón del hombre;
pero es menos susceptible de infatuarse en la
gran eorrnpeión moderna. -SATNT-MARTIX.

Si la ciencia v la sabiduría se hallan reunidas en una criatura, no pregunto el srxo; admiro.
LA BRt'YÉRE.

Ah! los supremos goces de la pasión vencida!
Ay! el voraz cansancio de la virtud perd ida!
Cuando á tu puerta llame con por.fiada mano
El mal, arroja, insulta, desecha al vil tirano.

MARTINICA.

Yo sé muchas historias de inolvidables días,
De pérfidos halagos, de recias agonías.

•

En ellos, como un héroe de bíblicos cantareR,
Ct'uzó el placer lloviendo diluvios de pesares;
Y envueltos en las mallas de trítgicos arreos,
Ardientes y sudosos, volaron los deseos.
Allí 1as blancas vírgenes ele lúbricos contornos,
De aéreos y sutiles y diáfanos adornos;

•

Allí la fiebre loca, el beso eterno y rudo
De la impoluta esclava sobre el marfil desnudo.
Y en mareante vértigo, cien danzas peregrinas
Meciéndose al acorde de suaves mandolinas.
¡Y aquella larga .fiesta, aquel carnal desdo
De Abdul-Hassam no pudo matar el fiero hastío'.
Arrnr.. FARINA.
,{:;,.'t('

1

~.... ~

&lt;

'

Vista de Séin Pedro, desde el mar, 48 horas después de la prime ra erupción.

�Domingo 29 ele Junio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

TRIUNFO DE UN MEXICANO

Re llanrn.ha :\lidtP y rra paÍ·isiense hasta la
punta de las uiias. Yo l:i querfa porque no Re
parecía á loH otro:,; gatm;, con su nariz espiritual, eolor rosa ele las rosaR de, Bengala, su,:
ojos dr un gri!l muy dulce, azulado, cambiante eomo el gris ele ciertoR cirios de oetuhrc&gt;, en
el que el sol agoniza Pll la bruma; su pelo rubio, cruzado por rayaR irregularrs_; sus patas
finaR, elegant&lt;•s. eomo las manoR de mi amiga.
Qu(&gt; p:tvores al mirarse en el psiquis &lt;¡ue le
repro&lt;l ucía su imagen; Rus "toillcttes,, interminables en que SP acicafaha como una mujer
que espera un cortejo de enamorados, y que
no se encuentra bastante bella: Qu(&gt; tent!lcioneR lo&lt;'a!l sus glotonerías cuando merodeaba
sobre los blancos mantelPs, entre las copas .r
loR plato!-, olfateando con sus narices dilatadas los perfumes que exhalaban los azulados
rapo,es!
Y RU fina \'oz, en In que RC comprenderían
las inflexiones; l'Sa rnz que 1-lUplicaha y i-e init:tha i;uecRi\'alllentt&gt;, que tenía ternuras mentirosas, astu('ia,: femeninas! Y sus ¡;alto;; furiosos, 1'-llS en,-rcras por tocia la hahitaeiún, tan
rápida;.:, 1¡t1&lt;' si• hubiPra dieho c¡ue una pelota
ele seda roda ha, l,ri1,ea ha, estrellántlose contra
los nnwl,l&lt;·s; su1- juegos &lt;·on &lt;·ualquier cosa,
&lt;·on la n,o~&lt;·n lJUU zunil,a en el ain• la borla
de un eojín, PI sohre anugado qu~ arraf-tra
por PI suelo! Y su:s contori4iones en las que Rll
l'llt&gt;rpo Hexi hl&lt;· torna l ,a acti tu ele" Pxtraiias; sus
¡,irnetas de payaso, que exrit:ln lnR aplauso:,;
y los da 111oreos &lt;lPI p(1 blico.
QlH~ había sido :\íiette en las metempsicosis
lejanas, en las existencias anteriorc:-;? Tal Y&lt;'Z
una seclurtora endiahlnda, tal Yez una atlornda &lt;¡ue ju¡raba con f•l
amor romo los l"altirn hanquis con sus aros
de cobre. Meguramentc
una mujer y una rnbia.
Es á causa de esta
quimera que la 4uería
tanto, la había hecho
mi camarera familiar,
íntima, que se tiene en
la mesa de trabajo que
se acuesta !"obre las carillas en las que la tinta
está apenas seca; y. por momentos, eon un
movimiento discrMo, eon un especial maullido, me recordaba que ella languidecía, que en
vez de borronear papel sería mejor palmearla,
hablarla y divPrtirla.
Tenía horror Ít la soledad y á las tmieblas.
La música la sumNgía en verdaderos éxtai;;is.
Se hubiera creído que ella la comprendía y
que e11a Rcguía el ritmo.
Una noche de Yerano le traje de la feria &lt;le
~euilly un conejillo plácido, ca si domesticado,
que había obtenido como premio en un juego
de muñecos.
Entoncef', entre l\liette y el recién llegado,
se produjo una escena como el capítulo de
«Manette 8alom6n,» en que el mono de Coriolis se eRfnerza en rnderezar la cola retorcida
de un lechón. Daba n1eltas y m{1s ,·ucltas á
una distancia res1wtu0Ra drl conejo; se erizaba, arqueba el lomo cuando él 1wanzaba un
paso ó cuando blandía sus largas y perezosas
orejas.
El conejo la contemplaba con ojos bondadosos, se aproximaba, parecía querer ofrecerle
sus-servicios. Esto duró una media hora; deRpués, al fili, Miette se atrevió, lo arañó de un

zarpazo le mordió su cuero blanco. El Re es' 1o espia
. 1ia,
eapalia 'ú RaltoR; ella. lo persegurn,
lo denihaba.
Y cuanclo se sintió muy cam;;ada, no pudi&lt;•11&lt;lo ,·a. mÍls Re c&gt;ehú sohrc (.1 &lt;·orno sobre
. , la;_., patnR
'
. 11·
un diYún
c•stiraclas, la ea1)cza me
nacla, aplastúndolo eon todo su JWf-0 al pobre
animal, c¡ue no osa.ha mmwarR(', 111oviendo Rolanwntc sus orejas.
DcRde rsc clía rl dcsgraci:ulo sirvió ÍI :\liette
(le colchón, y muy en breve, aho~a&lt;lo, &lt;l&lt;'rrengatlo poco ú poco, qm,dó Hieo, murien_do eo1110
loR resignados, en la sombra y sin nrnlo.
Creo que amaba á l\liPtte y que soportaba
pacientemente e8e Ruplido ¡,or an1or; prro no
me atrevería á afirmarlo.
Pohre :\[iette, ella tambi(.n se fu(., quizús i-e
fué al paraíso tle los gato~. ~u JW&lt;¡neii.L alma
mió á lo impal pahlc eo1110 la humareda ligera
de un rigarrillo ru;:o, y rne imagino que habrá resucitado en algún planeta i&lt;lea I donde
las lindas gatitas como ella se Pn&lt;·rcRpan m,te
los platos de leehc aztwarada, d&lt;' salrnis d&lt;'
alondra:-: C'SJW&lt;"ialrnente prepuraclas pnrn ~us
ho&lt;'iquillos, :wudiC'n&lt;lo capri1·l10,-anll•nte [t ci

Los aficionados al "tiro de pichón» tuvieron
c'lt:asión ele disputarse, por primera vez, el
gran premio que ofreció el "Bois ele Bologne,n
de P:1rÍR á aquel de sus miembros mús diPstro en e;a claRe cfo ejercicio.
El Círculo «BoiR ele Bologne,, está formado,
en su mayor parte, por los júvenes hispanoam~ricanos múR "pariRicnses», Rcgún laR crónicas de la prensa francesa, y el fondo que se
destina á los premio!l, 20,000 francos, fué cedido por el preRidentc del Círculo. Dr esta
Ruma, parte se resprvó para adjucliear recomprnsm, en meta Iieo ú los \'CJH'&lt;:'&lt;lort&gt;s, y parte
para costear el lwrn,rn;o raso c¡ue representa
nueRtro grabado.

]~n d prÍl1wr rnnc·u r:--o, que fué c]p lo 111Íls
notable, obturn t&gt;l primer premio, con!&lt;if-tente
1•11 el 1&lt;,·a~o,,. &lt;•I :-;r. D. Francisco Hinc6n Uallarclo, 11wxica110, que rt&gt;~icll' en Parí~ imc•e al1,!Ún tiell!Jlíl.

PARA UN ALBUM
Prefiere el gran dolor que puriliea,
Al mezquino sosiego
-Que euerµo y alma püfi&lt;lo Plll[lOnzoíia.,\coge reverente
La memoria de un mártir generoso,
Y escupe tu desdén sobre la púrpura
Del muelle lecho de Popea infame.
tas amorosas iluminaclns por c¡.;pJéndiclaH 110dws de luna, haeiendo rl t'Urretón de la mañana :'t la tarde rniP11lras son dil'hosas.
Rt,:--É :\lAIZEROY.

Odia el placer estfril-

El í&lt;lolo brntal del sibarita,y ama el clolor, que es Xilo
Que horada el \'Hile al desbordar, mm; crea!
ABBL FARIXA.

ANIVERSARIO
[Traducción ele Guillet'mo ValPncia.)

Hennann, toma el cúntaro
ele tierra gris:
no olvides la costumbre y Yente luego
en pos de mí.
Hoy ha siete ,·cra110s r¡uc lo \'irnos:
recuerda ...... En tanto
que él hablaba, nosotras en el pozo
hundíamos risuefüts nuestros tántaros!
Después ...... un mümio clía,
nuestros noyios perdimos. Hoy, hermana,
iremos á buscar en la llanura
la fuente que sombrean
dos álamos y un haya,
para que allí
llenemos en silencio nuestros cántaros
&lt;le tiemt gris ..... .
STEFAN

GEORGE.

•

�"'

·································•························································

ENTRE LAS AGUAS
QUE PUEDEN SEB.VIB.1'0S

PARA EL USO DIARIO
No es indiferente tomar cualquiera
de entre ellas. Es necesario hacer una
selección que deberáestár basada en
los caracteres particulares de cada
variedad de ag;uas. Debe, pues, establecerse un balance entre las aguas
,_
de diveJ'i,OS orígenes, toman&lt;lo en
cuenta las cualidades intrínsecas que
posean, así como los inconvenientes
y peligros que á menudo puede11 ofrecer. U na larga serie de experien~
cias demuestran que en general, siendo las aguas minerales de termalidad
superior y ilevando en sí disueltos
elementos con10 e1 ácido carbónico
y los cloruros son las más exentas de
bacterias.

......~.......

VINO DE - - - - - •
•

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})reparado por el :br. ]Jaumefs, de J)arls
y recomendado por los mejores médicos nacionales y extranjeros, pues contiene en su composici{m y mezclada
en forma de licor, agradable a un para los
paladare más delicados, principios
que, como el
AceHe da Hlgado de Bacalao, el ltlol, la Doca,
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se ha.n reconocido como los los únicos infalibles pi,ra la persearnci6n y curación de todas las afecciones que dependen de

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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