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                  <text>��\

T!\BL10TECA UNIVERSITARIA
''ALFONSO REYES"
FONDO RICARDO COVARRUBIAS

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MUNPO 'ILUSTRADO .
FONDO

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Subscripci6n mens ual

MÉXICO, JULIO 6 DE 1902.

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Cierenlt:: LlJI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA.

Director: LIC. RArAtL Rfl'~ l!oPINDOLA.

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UNA LECCIÓN DE
1

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olecci6n H lllebrand) •

:

FONDO

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RICARDO COVARRUB!AS

�Domingo 6 de Julio de 1902.

L.a voluptuosidad del dolor.
Pocas paradojas hay comparables á la que
consiste en afirmar que puede haber placer en
el dolor, goce en la tortura y voluptuosidad
en el sufrimiento.
Iíay tal antagonismo entre gozar y sufrir,
tal contrarlición entre reir y llorar, entre ser
feliz y ser desgraciado, como la hay entre ~1
paraíso y el infierno, y tal parece que el agmjón excluye la caricia tan completamente como la noche al día y como el odio al amor.
No obstante; á juzgar por lo que se v_e, tal
parece que esa incompatibilidad no existe y
q ue son compatibles el placer y la pena y que
en ocasiones la pena misma es un placer.
Excluyamos, desde luego, las cosas en que
el sufrimiento actual es una condición de placer futuro, un medio de alcanzar, de conquisfar satisfacciones mayores y más duraderas.
El anacorefa que se condena en esta vida al
ayuno y á la soledad y á la penitencia para
aozar en la otra de los éxtasis infinitos y ele las
~upremas fruiciones d el paraíso; el ambici~so
de gloria q ue se impone privaci~nes y sa?nficios con fal de pasar á la posteridad cubierto
de lauros; el codicioso que brega, sufre, lucha
y se afana para llegar á la riqueza; la coquefa
qu e se cincha y se faja, que calza el borceguí
del tormento y se arruina en a ras de la moda,
todos estos seres son comprensibles y explicables. Sufren porque el sufrimiento que ~e _imponen es condición de los goces que codician,
y pagan con d olores actuales los placeres futuros á que aspiran.
.
Así concebido, el dolor es una necesidad á
la que nos sometemos á la fuerza, y, como el
trabajo para la mayoría Lle los hombres, el sufrimiento no es más q ue una condición «sine
qua non » de nuestra subsistencia y ele nuestro
bienestar.
P ero en ocasiones y muy frecuenteR por
cierto, encontramos 1~erRonas para qui~nes. el
sufrir parece tener un encanto· especial, 111trínseco, inuependiente de los goces que ú costa, de él se puedan alcanzar. Estas gentes buscan el dolor, Jo a nhelan, se lo procuran, lo
fomentan. sin n ecesidad imperiosa, sin que
nadie ni nada las obligue á sufrir y Rin esperanza mayor de alcanzar por su medio satii-facción alguna.
Yo me pregunto y cualquiera puede preg nnta,rse: ¿por qué y· para qué el archi!11.illonario Morgan, por ejemplo, en yez de vivir apn.cible y trn.nquilo, gozando de sus rentai:;, Rembmndo en torno suyo el bien, consagrado Íl
la familia, al arte, á la caridad, se mete en el
lío de fundar trusts colosales, se echa encima
una labor inmensa, ,lisgustos sin cuento, desazones infinitas, inquietudes y angmitias sin
término? ¿por qué se condena á los días sin
hll.mbre y á las noches sin sueño, á la enfermedad crónica y al mal humor persistente?
El legendario, hombre excelente cuanto juaador empedernido, solía dormir en una cova~ha despu és de ha her desmonfa&lt;lo una partida,
y practicaba el principio de «más vale perder
que dejar de jugar». Ahora bien, jugr: singanar de hecho 6 sin la esperanza de ganar, eR
pura y simplemente rnmeterse á la más tonta
de las torturas y á la más congojoRa de las angustias.
·
.
Conozco ebrios que hacen al licor los gestos
de repugnancia más abominables, q u e {1 cada
copa tosen, escupen, sienten 11áuseas y trasudares; que una vez ebrios, ven fantasmas .,·
visiones terroríficas; que después de la embriaguez caen en &lt;''l.ma, sufren insomnios, gastralgias y mil r ,,iaques más, y que, sin embargo,
nunca P .n en su juicio y no hncen más que
behe'"
- , hipocondriacos saben mejor que nadie
&lt;¡Ut ver enfermos, oir hablar de enfermed:tdeR
ó leer descripciones ele ellas, es bastante parn
que eri el acto se sientan acometidoR uel mal
en cuestión, sientan todos sus síntomas, experimenten todas sus manifestaciones; lo que no
quita que nada les deleite mús, ni nada busquen, provoquen ó.se procuren con más afán
que conversaciones 6 lecturas de clínica trascendental ó de patología terrorífica. Yo he co-

:IDL MUNDO ILUSTiRADO

EL 11UND0 ILUSTRADO

nocido una que, gorda, rozagante,sazonada como un fruto y fresca como ur¡a flor, se sometía sistemáticamente y por diletantismo á la¡;
delicias del vejigatorio, á los éxtasis del sedal
y á los refinados goces de la cauterización puntuada.
Un amigo núo, orador, sufre las penas. del
infierno 0ada vez que abc,rda la t ribuna; siente vergüenza, angustia, miedo al ridículo, _terror pánico de ser sil bado; lo que no le impide
prodigarse, perorar, brindar en todas partes,
á todo trance y á troche y moche.
Cosa semejante he visto en soldados ú quienes el combate inspira profundo terror y que
lo afrontan y provocan en cuanto puedC'n; en
duelistas que van al terreno como el clía en
que los han de enterrar y que gustan de tener
«lances de honor»; en artistas dramáticoti que
sufren la pena negra entre ba1&lt;tidores, y q ue
trabajarían de balde con tal &lt;le no drjar ele representar, y fal snce&lt;lc con otra multitucl ele
personas.
El col umpio, las montai1as ruRas, la cscarpoletta mágica, el chile picante, el volador,
etc., etc., no son más que aparatof; de tortura
que el público reputa instrumentos ele jJlacer.
Ante esto;; hecho,:, cuya explicación hemos
de buscar a lgún día y ele los que todos tenemos una colr.cción en nuestra experien cia y
hasta en nosotros mismos, preciso es conYenir
en que el dolor no excluye necesariamente el
goce, y que puede haber voluptuosidad en el
sufrimiento. No es ésta más que nna de tantas contradicciones de que ei:;tá hecha la naturaleza humana.

Jr. )Yl. Flores.

HOJA DE ALBUM
Para una Artista.

I
Tú pasaf;.-Y el poeta, reYerente,
que, cual tú, marcha en pos ele la conquir-ta
de la gloria, te rnira; y en tu frente
ye un úureo nimho, y dice:- «¡:::\alve, artista!»
«¡Inspirada, detente.»
«Dame tu amor y tu dolor; tu llanto
«Y tu ri¡;a; tu e61cra y tu cnlma;
·
«necesito tu canto;
«neceRito tu alma.
«Interpreta los sueiios; interprrta
«fúbula:-; dolorosas ó joviales;
&lt;dn multitud te aclama, r yo, poeta,
«deshojo nnte tus pies mis ideales.»

II
Tú pn.sas.-Y el galán que Ya a tu lado,
sediento de placer y de pecado,
contempla tu figura voluptuosa,
v te clice:-- «Yo estoy enamorado,
·
«¡Salve, mujer hermosa!»
«Detén el paf"o, y buscaré la muerte
&lt;&lt;en tí.-8opla en la lámpara del Arte,
((porque quiero en la sombra poseerte,
((en tus labios de Erígone, beberte,
(Cy en tus formas de Venus, comulgarte.
«Dame tu amor y tu dolor, enojos,
((penas r goces de tu vida loca;
«necesito tus ojos;
((necesito tu boca.
«Mi juventud se vuelve en tu presencia,
((adoración, caricia y embeleso;
«te daré mi exiRtencia
((desleída en un beso.»

III
'l'ú pasas ..... .
- ¿.Yes? Y los cariíios ciertos
!-alen ú recibirte, recatadoR,
con los labios cerrados,
con los brazos abiertos.
Y dicen:-«Yen; ¿á dónde rns, viajera?
«¿Te rindió el deseagaño ó la fatiga?
«El corazón te espera,
«reposa, buena amiga.
«La vida es corta y el destino ciego;
((he aquí que ni te adulo ni te imploro.

Domingo 6 de Julio de 1902.

&lt;&lt;¡Amor! ... polvo de fuego .. .
((¡Glori a! .. polvo de oro .. .
«Dame tu pena y te daré mi olvido,
((te doy mi llanto dame tu amargura,
(Cy en ·1a án fora el~ tu alma, el escondido
((perfume virginal de la ternura.
«Perderás tu esplendor y tu belleza,
«todo se perderá; yo no me pierdo ..... .
((y lJUedará flotando en tu cabc~a
((un astro, la tristeza,
((en un nimbo: el recuerdo ... »

.Cuis

g. llrbina.

ADIOS
E ran las seis de la n1añana. Una vaga neblina, como muralla gris -de estaño y plomo, encapotaba la montaña. y 110R ocultaba el sendero, en ocasiones.
Seguíamos nuestra marcha mientras que
lenfamente se iban alejando los nubarrones
tenebrosos.
Las brumas de la mañana, en vellones espirales, se desparramaban á lo lejos, se perseguían y revoloteaban como la humareda ele
un bosque incendiado.
Luego divisamos por encima ele nuestras
cabezas un jirón azul, y poco después el sol
traspasó col'I uno de sus dardos de oro aquella confusa marejada de vapores.
¡Adorable destello del otoño que abrillantó
el zafiro pálido y el satín blan co de las colinas!
Los rebafios acudían á las praderas, atraÍ•
doa por el llamam iento monótono del pastor
y el retintín cascado de los c~ncerros.
En las pend ientes tapizadas de hierba verde, los tulipanes de octubre desperezaban friolentos sus pétalos de gasa. En las hondonadas
caía una llovizna tenue, y por el azul radiante cruzaban las ondas sonoras de los campanarios distantes, como si desde ellos emprendiera su impetuoso Yuelo la a legría ele la mañana.
Dc•ntro de poco abandonaré este recinto d e
hallas que ya no profana el ojo vulgar de los
turistas; esta montaña ele mi niiiez, donde, ya
enfermo y agobiado por el dolor Lle vivir, encontré nuevas fuentes de vidit y juventud.
¡Mirajes ele reposo y de saludo en un destierro de flores ! ¿,Volveré :l veros·?
Cuando nwstros abetos ostenten de nue,·o
sus p irámides frescas, y las aves hayan agotado el generoso festín ele los frutos invernales,
tal vez el acero ú la alevosa enfermedad m e
hayan privado de la luz.
¡Adiós! No me emidiéis, porque, como decía el poefa Ovidio á las fronteras extranjeras,
sin vosotras, mis compañeras silenciosas, regreso á la ciudad.
¡Si por lo menos pudiese llevar en mi alma
algo de vuestro orgullo vigoroso, de v uestros
alientos vírgenes y de vutlstra descleiiosa y pacifica bell eza!
L AURENT

'l

'LHADE.

11 .IME~TOS DE LA VIDA DR ~rnx1co
1

finochecer.
La tarde va cel'rnndo &lt;:011 lentitud PI abanico de nácar que el nublado y el sol invisible
fingen en la regiím de Occidente, y la ciudad
comienza su agitarión &lt;le vida nocturna.
Es preciso Yolver del Parque. hacer el ca111 ino lentamente en el carruajen.bierto, para &lt;'0ntemplar la quietud de los rainpoi; l1•janos, para ver las últimfü; horas de fieb rr de los paraderos de los ferrocarriles, para cliYertir¡;;e &lt;·on
los gusanillos de luz -que t.11 pa rt&gt;&lt;·en los 1110tores eléctricos que &lt;;orren wrtiginoso,-; all:1 :t
lo lejos, tias ele Jo¡; troncos dt• la creda fila dt&gt;
eucaliptus que• lim itan el camino Yccinnl,-y
Yer cine de pronto rnc sohrC' la ciwlad un puiiaclo de J)('clrJría &lt;7ue deja HU,- ca111l&gt;ia11t,,,prendiüo,; en m , manto dt&gt; pe11111111&gt;r.1.
Los erguidos monumentos n•t·o rtan ~us ~¡

1u.etas en un fondo de dariclacl indecisa; pronto las miradas se les acercan, los defalles se
precisan; Re contempla al indio glorioso, de
e-ara á la ciudad, enseñando su espléndir]a actitud de indomable guerrero; luego el geJiovés,
rodeado de sus frailes taciturnos; después él
rey ecuestre danelo el tlanco á In ayenida, rayada por la fila de luz de lai- esferas eléctricn.s.
Los Cá.rruajes han ence!'dido:,-;us linternillas
y parecen insectos que vienen siguiendo con
,-;us ojos luminoRos el rumor de la ciudad. De
pronto la avenida se estrecha, se:ilumina profusamente; la tersura de su suelo y el fantástirn feerismo de los escaparates hacen creer que
aquello es un salón por el que desfilan el lujo y
la alcgrín, PU m archa á la intimidad y al desc:rn,-o.
El carru:1jc Y:l 1Pnta, muy lentnmc,nte, innnstado ('11 la liht que 1,e mueve eon 011dula-:io1wi' :1 1wnas :sentidas. :-ic toca t&gt;I extremo &lt;le
·a aveniua; apMece una cxplosiím de m0Yi111iento bajo t&gt;l ,·etusto portal dondt' ln payerín en cuentra inocente:- !-iOl'JH·1•:-aH .Y las vm•e,;
el&lt;' los veJHlimieros forman rurnor en &lt;¡lll' ;;p
destaca claro, Yibnrnte, Pl grito clcl pap&lt;'lero,
ofreciendo el periódico ele la tartlP ..... . .. .
El buró&lt;;rata ,·a con pn;;o reposado rrn11hn
a l hogar, uespuéH d e la lni&gt;or monótona; 1·1 &lt;'~tndiank prri-iguc ú la costurera qtw al,andona
e•l taller; el ccgenllernan» exhibe ¡;u figma (¡ l,1
1uz de los aparndores; pm;a la pa n•ja frl iz cu¡;t-odian&lt;lo [i un cn ja111 hre d1· caht•cit.1s n 1hia;;, y
hay ojos que se detienen con 111irnJn elocuente en la fie¡;ta de rayos ele las joyas heridas
por las esfera;; incandescentes.
Acabó · Ha. Salta. d e tu carruaje, lrnenn
amiga; dejh 'los mullidos rojines y préndete ú
mi brazo; ,·ltlnos por entre la multitud para
vivir con Rn ,·ida, para alentar con sus alegrías.
El anochecer es triste en el hogar; parece
que á las floreR l es contraría la sombra; la alegría ele los bebé:-;~ rey&lt;&gt;zu(•lo,: se encierra en la

nleoba como en un cofn&gt;, v el 1,;ilencio invatle
los dominios del rumor. Hí, es triste el ano&lt;'liecer en el ho¡i;ar: junto ú la mesilla del ccabntjnur" no se inclinan blondas cabezas sohrc la
la.bor femenina ú ;;obn• las púgina,-; ell' la non+t favorita; t•l pi,1110 est:'t &lt;'enauo, el sill(m
donde He pasa la ,·elaela est[t rncío. T odo se
reserya para &lt;·w1mlo llc~ue In, plcn11 noelw,
para cuand o la c·al le est{· en silt&gt;ncio, para
cmrntlo el asiduo tertuliano se prc;;ente Íl ocupar su siti o nc:osturnbrndo.
· En el silencio del amplio patio hace irrupción el ruido del ¡,ii::ar del os caballos y del rodar &lt;lPl carruaje. Llega vacío: los amos se hnn
qne&lt;lado en un Plegante café tomando {¡ pequeños sorbos una góndola ele cognac.
Y a irán á, casa.
Ln servidumbre comienza ú iluminar los salones.

.Cuis Frías Fer,¡ánde~.

LA CITA
La noche es blanca,
como enorme asfoclelo
la luna se levanta.
En la hondonada,
bajo el florón del cielo,
la lumbre es cual de plata.
En la cabaña,
los árboles del huerto
sus aromas derraman ..... .
Bajo la palma
ondula ya el pañuelo
de la novia qne aguarda.

•

Y se dilata,

y rompe er aire muerto,
el beso de &lt;los almas ..... I

J usTO

PAsTOR

R1os.
Fotografías de M, RAMOS.

'

•

�Domingo 6

Et M:UNDO IttrsrnA:bO

de Julio de 1902.

da vez que me lo platica .v es diez veces al día
lo meno:-;. A ella le dejó el retrato ele su hijo,
de ese mal hijo que abandonó á su pobre madre; se lo dió para que si lo reconocía alguna
vez, le dijera que no se h'tbía olvidado de bendecirlo antes de expirar, para que fuera dicho~o; que le rogaba que fuera bueno, que le deJaba su último ...... que sé yo cuántas otras cosas que la pobre ya no pudo decir. Murió y
aun tenía el retrato en la mano crispada ... '!

-- ~
~

La carretera larga, interminable, caliza, con
reverberaciones &lt;le horno de calcinación, se
prolongaba dese,-peradamente solire la loma
erizada de zarzas y sembrada &lt;le rocas escombros rle la monta11a que la estación d~ las lluvias había lavado tenazmente.
J ulián venía caminando por ella desde hacía más de sei¡,; horas...... Toda vía el alba no
despunk'l.ba; las calandrias soñaban escondidas entre los hirsutos penachos ele los altos
cocoteros, la paloma torcaz, metida la cabeza
bajo el ala para preservarse del sereno al abrigo de su tibio plumión, no penf:aba en dei-perezarse siquiera; y ya Julilí11, el pobre arrapiezo, con la raída maleta al hombro, levantada la solapa de la americana a.tornasolada y
luida por el uso, sus zapatones armados de
tornillos en la suela y su sombrero de fieltro,
manchado de sudor, estaba en marcha por
aquellos vericuetos.
Tenfa veinte años. como si dijéramos los
primeros anuncios &lt;le la primavera de la vida;
pero estaba tan escueto y demacrado con tal
fondo de·postrimerías de juventun-¡'vida que
la.nguidere falk'l. dealma!,-que má;; hien tenía
el aspecto ele uno de esos pálidos mendiguillos de arrabal que recorren los festivale;., temblando entre los labios exangües una (•nri&lt;bd.
Contaba ya algunos clíai- ele esta cruel perPgrinación; Yenía ele rnuy lejos, tltl Yez de
allende los mares.
Extenuado por la fatiga, nbrnmado por rl
sol y el poh·o del camino que leYantaban las
bestias y rarretas al pai-a.r, &gt;. que, como un
crnel sinapismo hecho tamiz, f:e le metía hasta dentro ele sus porosahiertos y húmedos no
se permitía, sin embargo, reposo alguno. 'Lo
azuzaba alguna f'Órdicla inquietud adivinada
en su mirar proceloso, mitad alfo:o v mitad
abyecto, algo de luchador temerario y· de vencido herido de muerte.
'

Llegó la noche envuelta e11 su gra11 velo &lt;le
luto, y como una vieja gruñona y mal humorada que no gusta ele dormir con rnidos impertinentes ni con luz, vino imponiendo silencio y dejando á obscuras este hemisferio.
Pero apenas recogida en su sueño los insectos, habitantes del musgo, salen d~ sus escondrijos sonando sus destempladas trompetas;
las aguas del torrente, al golpearse contra las
rocas! levan~an ntgas y ddc.es resonancias, y
un viento ligero, pero travieso recorriendtJ
sembrados, sacudiendo el ramaj¡ y atropellando descortésmente las descuidadas frondas,
produce un singular rumor de hálito sensual
jade3:11te, febril, iuegular; ora acompasado'.
ora ;,1lbante... como delatanrlo un vértio-o amoroso de fecundación!. ........ Y la obs~uridad
también era violada por enjambres de luceros
constelados allá arriba sobre la inmensa clámide azul, y abajo por miria&lt;las de luciérnagas, encendiendo y apagando sus soberbias ei:meraldas, y jugueteando con mil vuelcos y
trenzamientos á lo largo de las líneas sinuosas del arroyo.
Julián marchaba aún, menos febril pero
siempre con su gesto acre ele clolor inc¿nsolable. Ya había dejado atrfo, la carretera la ro-a·
0
su sombra movible deHtacábasf' netamente e~
el seno mismo de las medias tinieblas- á medias con los fulgores de las estrella;,. ' Más de
una vez. había subido la colina, descendido
las vertientes y atravesado las cañadas; salvand? precipicios y desafiando pa;,os estrechos
P!·acticados en el borde de desfiladeros de gra1uto; buscando las veredas tortuosas, borradas

•

.,.

.,.

bajo ~upidos espartizales y menudas hierbas,
rompiendo ramajrs y escalando cen:as copadas de abrojos, había llegado por fin á «Villadorada.»
Allí se detuvo un moniento reclinado i:;obre
la balaustrada rota y cascajosa del puente y
en seguida penetró por la estrecha calleju¡hi,
provoeado á cada paso por una jauría escandalo~a.

l:na de las ca~as ef'taha en plena orgía: r-onaban
el&lt;• músi&lt;:a , choques ele eristales,
. acordes
,
risas mas u menos recatadas, requiebros simples de ~alanteadores pro,·incianos, y torpes
declarar10neR de enamorados novicios ........ .
Había luces, vino y mujeres; calor de bnjíar-,
calor de ponches. calor de pasiones, acaso
-¿por qué no?-ha~ta ealor de besos furti\'ofi
detrás d e biom hos,al lado ele tibores,rntre abanicos de armiiio ,. nácar.
Allí crn .......... no caliía la menor duda: rl
corredor llC'no de maceta&gt;- ei-rnaltadas, la eRcalinata roja, las cariátides medio clerruídas,
sosteniendo frisos desmantelados y empotradas entre los dos diedroR del frente ...... Sí,
allí era d?nde su madre lo esperaba con los
brazo!, abierto¡;;......... ¿.Qué hacían, puer-, esas
gentes? ¿Qué significaba er-a tertulia?
l:'na muchedumbre curiosa y complek'l.mente desconocida para .Julián, se apiñaba delante de la puerta. ¡Cielos!...... ¿Lo habrían
rngaiiado? Pero no, una fuerza irresistible
atraía, su alrr,a desde el interior de aquella
casa.
-Se_ño!·, preguntó á m~ !11ocf'tún con aspecto de sirviente, ¿qué fam1lm vive aquí?
-D,on Ricardo, su esposa y tres hijas que,
despues de mi encantadora Rosa son las flores más lindas v lozanas del pueblo.
-Y sin embargo, las sefias son precisas
aquí es; pero ¿no habita aquí una señora M/
ría Luna?
-Habitaba, amiguito ...... il\Iaría Luna ha
muerto!. .... Ayer mismo fué enterrada; yo
fuí uno de los que prestó su hombro para cargar el ata.úd basta el cementerio. ¡Vaya! á no
ser por m1 Rosa, que la quería tanto y que vendió unos aretes de oro que tanto la agraciaban,
para pagar su sepultura, la pobre abuelita hubiera ido á la fosa común.
Julián ahogó u11 sordo gemido y sintió una
ola de amargura llegar á estrellarse contrn sn
corazón; luego mnrmur6 con la boca llena de
hiel:
-¡Tan pobre era!
El lo sabía bien, él que era su único amparo, su sola esperanza.
Por el rostro atrabiliario de .J uliún corrieron dos lágrimas; y con tal dolor expres6 que
~e sentía fatigad? )' quería descanf&lt;ar, que su
rnterlocutor, solicito, lo llevó de allí dando
un rodeo á la casa, y penetraron á u'n jardín
fuertemente saturado de perfume de jazmines
y madreselvas, hasta llegar á una especie de
;'

pabellón, al que entraron. Allí prosiguió r-u
conversación:
-Soy jardinero de esta casa, que mis amos
acaban de alquilar, lo cual festejan ahora con
ponches y música.
l\Ie a~ignaron esta habitación, que fué la suya; la encont.r é así, con estos mismos objetos
gue le pertenecieron y que tengo orden de ti~
rar ó de quemar. Los dueños se la habían dado á cuidar, y por caridad también, pues según sé, era ya muy anciana y padecía algunos
males físicos que le im¡.,edían trabajar, le pasaban algunos subsidios miserables para vivir,
y eso que tenía un hijo joven é inteligente que
bien hubiera podido sacrificarle algunos de
sus recursos.
Los dueños marcharon hace poco á un viaje largo y la encargaron á un sobrino de ello~,
don Manuel; pero éste hizo maldito el caso del
caritativo encargo; cuando le dieron la noticia
de que la seii.ora estaba enfrrma, se e11cogiú
ele hombros é indi&lt;'ó &lt;JUe se mandara al hospital.
• Fué una niiia ele catorce abriles-siguiú diciendo- la única que le prodigó alguno!'l socorros y la ac-mnpañó hasta lo~ momentos clf' su
muerte.
Ah! pobre Hosa mía; es tan lrnen:t y la qu&lt;'ría tanto! ...... Me platica, eon la 111ús honda
trif,teza, c¡ue durante su enfermedad, hasta en
sus postreros insta11tl's hablaba de ~u hijo
.Juliím , lle11:1ndolo de elogio¡;; drda llornnclo
que siempre había sido un hijo 111oclclo, pero
que una malvada &lt;'OllH•dianta se Jo había rnbado, enarnorúndolo Ioc·a111entc v llevú nclo~cln
qui¡:n r&lt;aue ú. qu(, tierras l&lt;•ja
si 11 hali('r
vnelt-0 ú saher de {,J hnl'Ía un ftiio.
Apenas podía.Juliún contener C'l lh111to; miraba en torno i-uyo y cada objeto le lanzaba
un reprochr al corazón. !:,u madre, Ít quien
había amado tanto, muerta rn la miseria en
la indigencia, en la mendicidad· aislada y ~lesvalida ...... Allí estaba, tibia aú:1, la pavesa de
la línnpara que tenía encendida á toda hora
delante de S\1 Sagrado Corazón de Jesús, para
que se lo cuidara, para que lo librara de la
muerte, para que se lo trajera pronto. Oh!
ella creía firmemente que volvería; lo sofiaba
todas las noches, ya ú su lado, cantúndole, to
c~ndole en la guitarra aquella mazurka tan
tnste; ya colgándole calendarios, alineando los
retratos en los dos tarjeteros vi(•jos, leyéndole
la ,1Sor Filomena de Goncomt», t1ue tanto la
conmovía, y sus propias rimas que la hacían
enjugar lágrimas ele orgullo· ya ¡&gt;odando y trasplank'l.ndo geranios en mac~tas nuevas y arreglando algunas varillas rotas de la jaula del
clarín cantador. ..... La imagen sorda comenzaba ú cubrirse ele pol\'o y parecía mirar tristemente hacia el lrcho vacío. Allí, reclinada
sobre la pared, como la dejó al salir de ,misa
el (1.ltim? día, éstaba la pequeña silla portátil
de iglesia, que él le compró de su primer sueldo ...... Todo estaba allí inmóvil, silencioso,
como aguardando la vuelta de su dueño.
-Mire usted, le decía el jardinero adivinando tal vez sus pensamientos. Aquí está su
ba.úl. Rosa me encarga que lo cuide mucho
mientras manda por él; y comenzó á sacar de
allí prendas y objetos: aquí está su vestido
negro de franela que su hijo le envió ú poco
de marcharse, ...... éstas son las pan tu Has ele
su uso, ...... los anteojos, ..... .los dos devocionarios, ...... el rosario de concha, ...... el paquete ele c;utas de ese .Juliá,n, ... esta cnmisa manchada de sangre fué también de él, una ocasión
que lo llevaron dos amigos á su casa con una
h~rida en el pecho que por poco le cuesta la
vida á ella. ¡Oh! cuánto habrá sufrido la
pobre, para que Rosa llore .v se entristezca, ca

. J ?liá1~ estaba pálido, convulso, una angustia mfimta hacía vibrar su alma, y cernía todos sus músculos en un mortal desasosiego.
Y entrntanto. el vals agudo, vibrante, poblaba el ambiente con sus (1l timos lánguidos acordes, flntremezclados á la vocinglera turba de
los ron vi dados.
Qné mundo 00 peni-nmif'nto;:, de recuerdo;;
ele niñez y de felicidad i,;e habían despertado
en su cerebro, exaltado por 1&gt;l dolor y debilitado por el hambre? ¿,Qué besos y qué halagos
maternales lo habían vuelto á acariciar?.. ... .
¡Quién sabe! Pidió agua y salió de prisa como un demente, pero á los pocos pasos sintió
que una enorme montaña le oprimía los pulmones sin dejarlo respirar, y llevándose la
n:ano al pecho, después de pronunciar á rned~~ voz ¡madre mía!, aflojados sus nervios,
dio su cuerpo contra el duro pavimento de la
calle.

'

Al día siguiente, una hermosa joven de 14
abriles, vestida de muE:elina color de lila, con
una guirnalda de frescas adelfas en el · pelo
de mo tostado, de mirar dulce v tez sonrosada, con un retrato en la mano, 'juraba llorando al alcalde que .Julián no era uh malhechor
y fué puesto en libertad.
'
Fué en Yano que Rosa luchara por retenerlo, que la fiebre devorara sn carne; Julián
sentía ansia de locomoción, sed de fatiga ..... .
Besó su mano y se alejó llorando por la carretera larga, interminable, caliza, cuyas líneas
,;e perdían sobre la loma erizada de zarzas!
lS)fAEL l\fA.GAÑ'A.

Domingo 6 de Julio de 1:)02.

BECQUER .

cielo, resbalando sobre los árboles, que asomaban por las tapias.
Las cruces herrumbrosás imploraban con la
voz de la piedad á los hombres de fe y á los
poetas con la voz del miRterio.
Todas aquellas cosas pensativas, hablaban
rle un secreto no revelado, clamando por 1&gt;spíritu para vivir y ritmos para volar ...... ¿Qniénes eran aquellos que yacían allá en el polvo,
sin un epitafio, sin un recuerdo de sus vidas,
viviendo tan en la muerte?
Alcé los ojos al templo, y todo se armonizaba en una frase de tristeza misteriosa; las
cruces, los ángeles, las piedras, eran versos de
la leyenda ignorada. Y una imagen de alfa.
frente, hecha '])ara anidar fantasmas brillantes, de ojos meridionales poblados de ensueño~, con la Loca plegada en un gesto de amar~ura, y fll pelo negro y el rostm pálido, par-ó
delante de mí como diciendo:
- Yo tengo la palabra del conjuro.
¡Oh! visionario enfermo, desconocido cuando amabas y sufrías, glorioso cuando dormías
á la sombra de la cruz, inmeñso por los gérmenes del mundo que te llevaste. Por ti las
hojas. del otoño dicen un diálogo que llora;
por ti los claros del bosque forjan fantásticas
mujeres en las noches de luna_: no hay hiedra
que no te nombre, y no hay ruina que no te
~voque á ti que supiste alegrarlas como un páJaro.
AHÍ dije, y sentí placer al recordar esta estrofa:
·

He asistido á una evocación ·que se hizo en
mi espíritu casi carne y alma, en una antigua
posesión jesuítica.
Acabábamos de cruzar la única nave &lt;le la
iglesia, para ver su atrio. Los viejoR ladrillos
agrietados, se erizaban de musgos, dentro de
un parapeto en semicírculo. A veinte met.ros,
una ranchería ruinosa, vivienda de antiguos
eRdavos, envejecía á la sombra de algarrobos
seculares. Kos detuvimos al pie del templo.
Los techos de teja remedaban calados gótico~ de firme y hurdo dibujo, en el aire 1mtilizndo ele la tarde.
Las ojirns con láminas de cera, cubiertas
drl polvo empedernido de los años; lar- torres
unidas por anguloso puente descascarado; los
esquilones i-in lengua, rotos y verdeantes ,
acrecían la soledad desamparada del paisaje.
Desde el atrio se veía el valle, cerrado por sierras de violento perfil al oeHte, y al este empenachadas dfl fraguas de oro, con humos,
chispas yrayoi:a, queseperdían en las sombras
arboladas de las bases.
El espíritu, angustiado por la tristeza llena
de pensamientos que exhalaba el templo meditabundo, quería fundir,;e como una nube
en la sublime serenidad del ambiente!
Una acequia de diáfano raudal, con voz acariciadora, corría serpeante, y como voz de la
tarde evocaba el «Angelus» de los antiguos indígenas.
Nos deslizamos después al cementerio que
tenía uno de sus lados en la pared del templo.
Dos ángeles de tosca madera presidían la
vegetación espontánea del recinto, y varias
tumbas como cilindros truncos, asomaban á
flor de tierra..
El aire parecía inmovilizado en el misterio
del silencio, y la paz descendía del color del

nn~,

.

EL MUNDO ILUSTRADO

SITIOS PINTORESCOS.-"Las Fuentes".

¿Quién en fin al otro día,
cuando el sol vuelva á brillar,
de que pasé por el mundo
quién se acordará?
A~GEL ESTRADA.
Los monumentos forman parte ele la vida
de los pueblos: es su historia en letras muyúsculas.-DmIAs (padre).

�Domingo G ele .Jnlio ele 1902.

ne·scnbrimientos Arqueológicos
Monte Albán.
Entre Jo¡:; descuurimiento,; arqueolú¡¡:icos qne
últimamente se han hecho en la República, y
que con jul'ticia han llamado la atención por f:\I
importancia, se cuenta el de una antigua Ciudad Sagrada de los Zapotecaf', que por muchos años permaneció oculta bajo una pequeña cordillera cercana á la Capital del Estado
de Oaxaca. De los cerro¡., que forman ef:a cordillera, el más conocido e,: el que lleva el nomhre de «Monte ,\ll,ún."

EL }lUNDO rLU8'1'TIADO

EL 1TCTKnO TT,TT8'T'TIADO
Entre los objetos &lt;le alfarería y &lt;le jade hay
coRas verdaderamente notables: de los primeros damos hoy á conocer seis urnas cinerariaR,
que afectan la figura de ídolos; la más grande
de éstas mide cuaren ta y cinco centímetros de
altura, es cilíndrica y tiene un color rojizo pálido.
En las piezas de jade hay gran número &lt;le
cuentas r preciosas mascarillas: de éstas últimas la más grande tiene de seis á ocho centím~tros y está primorosamente esculpida.
En el lugar de los descubrimientos, se Yen
ya desenterradas las ruinas de los templos v
edificios, y dentro de poco el señor Batres emprenderá otros trabajos de importancia á fin
de que queden libreR estos monumentos ck
todo obstáculo y puedan ser l'isitados.
Pr6ximamente publicaremos otros grabado1&lt;
dando á conocer vario'l de los interesantes monolitos que han sido traídoi-, y una dei:;criprióu más detallada de tan interesantes descubrimientos.

1as tradicfones Inglesas

El nuevo gabinete Francés
M. COMBES.

Publicamos hoy el retrato del jefe del nueYo gabinete francéi::, )I. Combe:&lt;, á quien,hasta ahora, se le aprecia, máR que como polftico,
como filósofo, metafísico é historiador.
M. Combes tiene sesenta y i::icte años; hizo
estudios eclesiáRticos en el Semi nario Albi v
enReñó filor&lt;ofía en el Colegio de los Ascensit;nistas de Nimes.
Es doctor en Filosofía, Letras y l\Iedicina;
ha sido vicepresidente del HPnado y Ministro
, e Instrucción Púhlfra en 189,'í.

El notable descubrimiento de que noR ocupamos fué hecho recientemente por el Irn,pec·
tor General de :\Io:rnmentos Arqiwológicos de
la República, después de haberse efectuado con
anterioridad varias exploraciones y trabajoe
dé importancia en el u)Ionte Albán" por otroiaryueólogos que no lograron éxito alguno.
En la ciudad descubierta se han hallado
ruinas de templos, Repulcros y otros curioso,:
monumentos arqueológicos, entre los que figura uri gran obelisco que mide cerca &lt;le tres
metros de altura, ei:; de basalto y tiene esculpidas en sus cuatro caras varias figuras y jeroglíficos. Algunos de estos monolitos han sid0 transladaclos por el Seíior Batres á esta Capital, !' vernlnín á enriquecer las Ralas de ATqueología del Museo Xacional.

Físicamente es pe(Jnrfio y ,·idsimo y trali: jador infatigable.
Como jrfe del llinif,terio, RP, ha obligado en
.:u programa á aplicar, con todo m vigor, la
ley sobre Asociaciones Religioi::as.

LA MAGDALENA DE RUBENS
¿Por qué eres sólo una sombra impalpable,
unida por siempre al tejido de esa tela y cautiva detrás de una capa ligera de barniz? ¿Por
qué eres el fantasma de la vida que no vive'?
;, De qué te sirve ser hermo:,a, noble y grande,
tener en los ojos la llama del amor humano ó
divino, :' sobre la cabeza la espléndida corona del arrepentimiento, si sólo eres un poco
de aceite y de color, extendidos de cierto modo'? Vuelve un poco hacia mí, adorada mía,
esa mirada llorosa y brillante á la vez; ten
piedad de un amor loco, pecadora, á qui1•n el
amor abri6 las pue1tas del cielo ...... Baja de tu
cuadro, e1wuélvete en tu manto de satén verde, porque ya hace mucho que eRtás arrodillada ante el sublime despojo. Las santas mujeres guardarán el cuerpo sin tí, y bastarún
para la fúnebre velada. \ 'en, )Iagdalena : no
has debido derramar todo el perfun1e i-ohrc
los pies del divino Maestro. Debe quedarte
aún bastante narclo y cinamomo en el fondo
de tu vaso de ónix para dar brillo á tui:; cabellos manchados con la ceniza ele la penitencia.
Tendrás corno antes hilos de perlas, pajes negros y cobertores de púrpura ele Sidón. Yen,
)Iagclalena: que aunque muerta hace mil años,
tengo yo bastante fuego y bastante juYentud
para reanimar tus cenizaR. ¡Que te tenga yo
un minuto en mis brazoi-, eRpectro de belleza,
y que muera luego!
T1mnLo

G.\CTifIF.R

El pueblo inglés, en medio de su gran re1&lt;peto hac!i todas las libertades; ,;u amor fanático
por la Jibertad, que se manifiesta, ya individual,
ya colectivamente, y que le ha llevado hasta
encerrarse en lo que alguien ha llamado su
«espléndido aislamiento," conserva un gran
apego á la tmdición en lo que se refiere, sobre todo, [das etiquetas de la corte.
Por esto es que en la capital inglesa, á
las riberas del TámrsiR, donde fecundan
todor&lt; los gérmenes del progreso y fermentan todas las ideas modernas, va á cP!ebrarse, en cuanto la Ralud del soberano lo
permita, una ceremonia que á pesar de las
innonciones que se le han hecho, tiene
mucho &lt;le medioel'al, y en ella se repetirún rituales curiosos que en otro tiempo
eran importanteR,y en nuestros días guardan sólo un interés histórico.
Todo, en esas ceremoniaR, se hará siguiendo al pie de la letra las instrucciones
del -duque de Xórfolk, pariente 1lel rey,
como «EarUiarshal» de la coite. En es'.ts
instrucciones encontramos algunas (JUe Re
refieren á loH trajes y las corona~ que deben
llevar los miembroi- de la nohleza.
Los pares deben llevar, sobre el traje
de corte ó el uniforme, un manto &lt;le terciopelo carme~í, ri beteado rle piel, y una
toca forrada &lt;le piel y con lii-tas de armifio, que varían según el rango. Las espos.as de los pares llevarán sobre el traje de
corte, un manto de terciopelo carmesí y
toca de piel, con bandas de armiño, cuyo
número, así conio el largo del manto, dependen del rango de la que lo ui-a.
Las córonas son distintas, según la jerarquía, como puede \'erse en los grabados adjuntos.
Todos llevan un cerco de plata adomado con
imitaciones de piedras preciosas, excepto la
de Bar6n, cuyo cerco eH liso y cuya toca es de
terciopelo carmesí, con una franja de oro.
Sólo los miembros de la familia real tienen
derecho á usar piedras preciosas en la corona.
Las de Jo,: príncipes, (JUe con·esponden á los
hijos, hermanos y tíos del soberano, llevan el
cerco suspenso por cuatro flores de lis, alternando con otras tantas cruces &lt;le )falta.
La de las princesas se distingue en que lle
va, altcrnadar&lt;, flores de lis, cruces de ~!alta
y hojas de fresa. La de los sobrinos .v primos
del soberano llevan únicamente cuatro cruccg

1le ~falta, alternando con i¡i;ual número de hojas de fresa. Lor&lt; duques u~an corona cuyo cerco tiene por adorno ocho hojas de fresd., dr
oro. Se distingue la corona de marqués, en
que lleva cuatro hojas de fresa y cuatro esferitas de plata, alternadas. La corona de conde
tiene ocho hojas de fresa y ocho esferitai:;,
montadas éstas en un tallo casi tan largo como la altma. de la corona. La de loe vi1.condrs
e~tá adornada Rólo por diez y seis esferitas de
plata, y la de los barones rólo por ocho.

La coror.a que usó la reina \'ictoria en su
coronación, fué hecha especialmente en 1838,
con joyas de coronas antiguas y otras que dió ,
el teso ro real.
l. Corona que usó la Reina Victoria en su Coronación .- 2. Corona usada por el Rey Eduardo como Príncipe de Gales. - :l. Corona de Príncipes ele la Gran Bretaña.--!. Corona ele Princesas. -5. Corona ele los sobrinos y primos del
Re~&gt;-6. Corona de Duque.-7. Corona de Marqués.-8. Corona de Conde.-H. Corona de
VizcondE•.-10. Corona de Barón. -Eduardo VII
,v la Reina ,\.lejandra en el trono.

Domingo 6 ele Julio ele 1902.

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�Do111inp:o &lt;i '3€ ,Julio dt; 1002.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 6 d€ Julio de

EL MUNDO ILUSTRADO

ARTISTAS MEXICANOS
fiaclo ei-:a clase en Han Carlos, formando una
generación de d iscípulos muy numerosa.
El Sr. Parra ha concunido en distintas ocasiones á los certálllenes organizados en l\Iéxico, y sus obras son generalmente estimadas
por lo bien escogido ele los asuntos v la maestría con que están tratados lo8 detalles. Eu la
última exposición de Bellas Artes, que se celebró para allegar fondos que ~e destinaron al
auxilio de las ddimas de los temblores en
Guerrero, presentú una pri moroi-a colección
de aniarelas tomarlas, en su mayoría, &lt;le los
alrededores de Tacubaya.
En dos ilustraciones que publicamos aparece el artistit. l'na es la fotografía de su estudio, ta l como se encontraba en los momentos
en que recibó al reporter en su casa de Tacubaya, y otra representa el jardín en que, á menudo, ha.ce el :'.\Iacstro sus apuntes del natural. Completa esta plana la reproducción de
11na de sus acuarelas más elogiadaR.

Félix j)arra
Demoli ción de edificios y const r ucción de tr ibunas, en Londres.

Las grandes pérdidas en Londres.

Cuan do el maestro Pina se hizo cargo de
la clase de pintura en la Escuela de Bellas
Artes, había entre el grupo lk alumnos de ese
establecimiento, un joven ú quien, por sus
notables facultades y su perse,·er:mcia en el
estudio, estaba resrrvado nn lugar p rominente en la galería-harto escasa por cierto-de
nuestros artistas. Esr joven era Félix Parrn
el famoso acuarelista que, lwrho ahora
maestro, contribuye con su labor al engrandecimiento del arte entre nosotros.
.,Parra obtuvo, meclinnte concurso, una pens10n para emprender un viajt' á Enropa, hace•
algunos años; Yivi(¡ en París, 5· tra¡;, una jira
fecunda para él en ensefianzas y experiPJH'ia,
volvió á )léxico, para ingresar ú la fü,cnela de
que había sido alumno, como profcsnr de di bujo de ornato. De entonces acá ha &lt;l&lt;'sem¡w-

m;

'- -- ----

---

.......

El cable noR cla euenta, de las enormes pérdidas sufridas por alp;unas compañías, debido
á la inesperada suspensión, en Londres, de las
pomposas fiestas de Eduardo Y JI.
EdificioR costosísimos, casi manzanas enteras fueron demolidos por empresas particulares'. para construir en su lugar tribt!nas _destin adas á los espectadorei-. Los propietarios de
las fincas derribada~ recibieron de las empresas fuertes sumas en numerario y, al ajustar
sus contratos, la i:;eguridad de que tan pro:1to
como terminaran las fiestai::, los empresarios,
por ¡,u cuenta, levantarían las easas, p~ra de·volvérselas, conforme á los plano!- previamente aprobado!-. Los especuladores creyeron con
esto hacer un gran negocio: el precio de entrada á las tribunas se fijó en una regular suma
por persona, y mucho antes de, que aqn&lt;'llas estuvieran terminadas, se habrnn agotado
ya los boletos de admisión.
La mayor parte de e8tas emprrsa.c;, que tenían en juego fuertes capitales, quisi~ron ponerse á, salvo de cualc¡mer emergencia y tomaron pólizas de seguros. Vino la enfernwd::ul
del rey, v al anuncio de que las fiestas quedahan indefinidamente aplazadas, los dueños ele
las fi n C'aS que fueron clemolichts, exip;ieron la
n lw,·a construcciún ele f'llas por las e1npresas,
,. á su vez éstas reclamaron ele ln::: Compañías
.de' t'leguros' el pago re
l 1a,; po'1 izas.
·
;\lo-unos «seguros" han ,;iclo pagados determit,;ndo 110 pocas c,quiehras,» y otros no, porque ha.,· compañías ele las qne expidieron púlizas, que alegan que la enfcrmrcbvl ele! rey y
In, con1&lt;ig11ie11te suspcn1&lt;iún de l:1s fiestas 110
estal,an considerada:-: corno ac-e1de11te:-:. La
sensaciún qlW ha proclneiclo 1•11 Londres e:-&lt;lt·
asunto, es de hls mús profnnda:-:.
Lo;; cl11ei10i-' de hotel&lt;'s .v los 1·nme1Ti,u1tt•s &lt;'11
wquc•110 han :&lt;nfrirlo tarnhiÍ'n pé&gt;n!idas ron~i1
derable:&lt;. f,01&lt; primNos ohltgaron a los htwspcclei-; á dejar su!&lt; cuartos, con_)ª e::;peranzn 1)P
que en loi-: días rle la Corona!'ton, In afl11cn1•rn
de extranjeros sería incalculable. ,,· de que J~&lt;&gt;·
drían hacer su agosto, cobrando por los alopmientos sumas fabulosa!-; y los segundos, acapararon comestibles y bebidas que n~ han podido todaYía realizar. La carne, el hielo, to~~o
lo que es de consumo inmediat?, se perd1~,
importando para alg_unos comerciantes la rmna completa.

iENCORE ....!
Yuel 1·e hacia ti mi coraz6n amante,
¡Oh aurora de mi vida, inmaculada,
más luminosa cuanto más distante!

G.

NU~EZ DE ARCE.

Entre la negra. sombra que me embarga,
del tedio que me abruma y dei-espera,
surges de nuevo en mi existencia amarga,
dulce recuerdo de mi edad primera.
Yuelves ÍI m i alma como Yuelve el ave
á donde un tiempo fabricó sn nido;
como á la playa. el náufrago perdido
{1 contemplar los reiltos de su nave.
¡Oh puro amor de mic¡ mejores días,
mi amor primero, celestial .Y blando!. .....
¡ha mucho tiempo que pasí, cantando
la edad ele nuestras castas alegrías!
¿.Te acuerdas? ...... era mía tu sonrisa;
tuyo mi amor, exento de reproche ..... .
¡Cuántai; ternuras orultó la noche!
¡Cuántos sui:-piros se llevó la brii:-a!

'
Fué aquel amor la
chü,pa transitoria
que transformó mi f:rr adol escente:
me hahlú la, dicha en tu i:;erena. :frente;
miré tus ojo~ y 1,oñé en la gloria .. ... .

Hoy h1 mnno inflexible d1•l destino,
el deher, nos di,·iden ,,· rechazan:
ya lo w:-...... n1i ramino y tu camino
:,;ohrC' los l,on[cg de• un abismo pa:-:an.
_I'

Y aquel n111or, celeste y sohrehum:mo,
liene hoy u 11 a l!!o cnfernrn q uc se queja;
tie1w triist(&gt;zai-: ele full!or IPjano,
y amargura:,; de l·:111lo que s~ ah•ja ... ,
Pero ámanrn, mujer. ..... e:,; infinito
este tedio del alma en que me muero ..... .
¡Yuélveme á hacer feliz, amor bendit&lt; !
iYuélveme á hacer feliz, mi amor primero!
FELIPE

T.

l'ONTRERAS.

1902

�Domingo 6 de Julio de 1902.

IDL MU!NDO ILUSTRADO

Et ttuNbO rttrSlt.RADO .

bomingo 6 de Julio de 1~02.

San j')eoro de los J)inos

Ll ueve oro. Be pronto u11 clamor de vi~tozos se levantan, y el Yien to pesado del desierto agita como lenguas de fuego los gallardttes de las azoteaR y las colgaduras de los parnpetos. Bel kiss surge finalmente sobre un
elcJante blanco, adornado de un penncho clP
plun1as preciosas .,· l'nhierto por una rerl dl·
oro rntre cuyas mallns ¡.;angmn c•¡irhu nclM.
Engalanada como un ídolo; un amplio ma nto
de púrpura cayéndole ele los hombros; loR cabellos relumbrantes de polvo de plata; el ro,:tro velado por un tul amarillo de Bactriana,
casi inmaterial, &lt;'OlllO un humo dorado; toda
cubierta de pedrerías rutilantrs. ardi endo -ent re temblores ele tintas delicadas; entre un
vuelo de pájaros maravillosos, esca~latas, azt~leR y verdes, que ,:e ¡igitan en el aIJ"e, rete111dos por Clldenetas in\'isi ble,:: Be~kisi-; acompaña indolentemente, con su auamco de plumas
&lt;le pavo real, el ritmo oudcan te de las arpaR
...... En torno del elefante real, las esclava¡.;
,lanzan coronadas de flores, sacudiendo si~troR arientinos r ag-itanclo guirn nl &lt;llls con rit11 10,; de voluptuoi,;a rnolicir ......
El ('Ortejo entra ('n la v laza ele -:\lc•llo. Tod11
,·C'stido de brocatel. los cnhellos l"ujetoi-; por
una dirt&lt;IPma de lino y pel'las, !--alomón &lt;·stÍt
en el balcón prinri plll tlel palacio, con llli:&lt; nir1nos en un ,·ai:&lt;n de hálsarno para rociar ú BelkiRs Íl I u pnso.

dlnima~as c7ieslas
En medio del mayor entusiasmo se verificaron en esta ocasión, hts
t radicionales fiestas ele San Pedro de los Pino:;.

En la calle principal.

disputada p_or los oficiales y particular~s. qne _h :tbfa n tom~do parte
1
en las :1nter1ores y fué ganada JJOr el senor Capitán Capdevielle.
, parte de la lucha de "'J..'ug of war "termm
' 'o] af iesCon la segunda
ta de la mafiana.

Ca,rreras á caballo.

Et'GEXIO DE C'ASTRO.

Las carreras en bicicleta ttwieron el rnáR completo éxito. i-ieii- Iueron las que se jugaron y en ellas reRtiltaron \'ictorio;:oR los R~iiores
F lores -:\Ierodio, I gnacio R. Zra, C. :\forales, l'eláez y el orgamzador
Sr. To,·ai·; pero ninguna d e eRb1s ral't'ern:,; de1&lt;pertó el interrs qlH:da
"herhll.J&gt; p~r rntias seliori tas q ue se dis put¡i ro11 ron energía po&lt;.'o c·n-

EPILOGO.
Robre divanes de oro,
C'ual ornados por rnúgiMs quernhes,
El sol con su p upila d(' diamante
Hecli11a su cabc&gt;za entre las nubC'R ......

.\t·u arela :u11arilln,
Paisaje n·i:&lt;peral que &lt;•11 llamas ar&lt;lP,
.Jirones que ,·0'11 wi"I &lt;h·l naufragio ......
i Lúgrima del coloso fuf la tarde!

EL CUADRO DE APELES.
El úlieo connubio por el flanco
De mil perfiles y nrntices blondos,
Flotando en cuacln, drlicado y blanco.
El reflejo i m perfocto que surgía,
\ 'agando sobre el eúriz de los hondo,:
Miraje:- hiperbóreos que prrclía ... .. .

Distribuci ón de recompensas.

Por la tarde hubo una kermesse que, no obstante las
lluvias, se v ió muy concurrida.

Carreras en bicicleta.

múñ el premio de la segunda carrera. T riunfó
la señorita Daurdey.
La parte de ciclismo terminó con la llamada
«carrera fin de siglo" y ?ºn el juego de cinta¡;;, acto que fué may aplaudido.
Terminadar,¡ ~as carreras de cielistas, tocú su
turno á un club formado de jóvenes mexi~tnoR
y americanos, para hacer el llamado "Tu~ of
war,» ósea la luch a de fu erza, acto poco conocido de nuestros nacionales y m uy recien temente
i mportado de l os Estados l'nidos.
Los jugadores demostraron una fuerza atlética en todo el t iempo qne cluró la reñida lucha.
La primera carrera sin montura, á distancia
de cuatrocientos metros, foé hech a por los señores Ricardo Guarneros, ::\Ielesio Jiménez y Leopoldo Llorente, ganando el p rimero, que 1i1ontaba el caballo «Quebranta huesos.n
La segunda fué para oficiales del Ejército v
se usó la montura m ilitar. Tocó ve11cer en primer lugar al caballo «Perqu eo,"
montado por el sefior Capitán
Luis Capdeviellr, y el segundo
lugar á «Pclée», que montaba el
señor Teniente Obregón .
Ganaron la tercera los seliores
Augusto Ruiz y .Agustín Cisneros.
La cuarta carrera fué también
pera. mi litares. tocando esta vez
el primer lugar al subteniente
Manuel A. Carrillo y el segundo
al Teniente Salas.
La carrera de campeonato fué

ESTUDIO FOTOGRAFICO.

LA LLEGAD{ DE BELKISS,
(T radu cción de Luis Rerisso.)

1

1.
1

SI TIOS PINTORESCOS.-Capilla de Santa Uirsula,

},); pleno estío en Jerusalén. Laminados de
oro, los palácios arden al sol; rlc las ventanas
cuelgan vaños de púrpura. En lo alto de los
muros y de lfü, terrazas, agitando floridos gajos de al mendro, hon?bres, Dl';1jeres y niños,
esperan, con aclamac10nes festn:as, 1~ llegada
de fo reirnt de Sabú, cuyo séqmto viene costeando maje1:tu osamente el Cedrón 1 entre nubeR de polvo roRáceo ...... La fanfarna ~el cortejo, rel uciente de oro, clamorea ai111?~1os hosannas de t riunfo ...... Hombres y mnos trepan á las palmeras; y por las calle~, en tre la
m u ltitud siempre rnús esprsa y nndo,:a, lo~
vendedo1'.es pregonan agua de las Piscinas de
Hei;;ebon y cerezas clr l.'rumyeh ...... El cortejo sube la colina lentamc11te: las alabardas y
los escudos i rradian entn, el flamear d~ lof&lt; e~tandartes y d e oriflanrnR ..... . Y los ln erosoltmitanos dilatan los ojos, llenos de pasmo, al
contempl_ar los heraldos, que Roplan tro~npctas de plata; los elefantes, lo~ dromedai:10s y
los caballos, cargados de bagaJCS y cub1er~os
de gualdrapas roja:;:, a~ornaclas de gemas rncandescentes; la fanfarna renl, cuyas tr?mpas,
timbales, sistros, clarines y tí°:panos smrnl~n
monstruos fabulosos, y la teona de _las_ ª:pistas, ceñidas todas por el !-ablah _e~1pc10 a rayas blancas y verdes. En una mebla de fuego, el pol vo borra el resto del cortejo, que ~e
oculta repentinamente en un bosque de higueras y de sicomoros.

El artista, incansable bosqu ejando
í:\obre su cuadro en pálidos fragmentos,
Y la suerte sus luchas desdefianclo ......

.

Manuel Torres.

ria hace estremecer los palacios: el cortejo
trnspone cler,¡lumlmtdommente la puerta ele las
PiscinaR. De las ,,entanas v de laR terrazas cae
una lluvia de flores; todas las gargantaR grita n, todos los ojoR rrRplandecen, toclos los bra-

M EX ICO ANTI GU O.

~ d e pronto en nictúlope avasallo
T,anza la esponja en nieclio de torn1entos,
Brilla la, eRpuma ..... .y ,;urge su caballo!
.Jl",.:To PASTOR

L as cú pu las de San Francisco,

Hios.

�Ricos
yPobréS
...

AVISO IMPORTANTE

41
t»lf~moi.."'l"'pea- 1 aJcleenc,e., mlDoaulol ,
jomaJeroe ateatlgqaD la In,,,_ repataolóD de • POllana del Dr• .Ayer.

1- aotorlda&amp;!a mddlcu ieonm,.,,..

esta&amp; pOdona (11n . .

l&gt;esarreglos del bfgadc,, del .....
mago, estreftlmlento de vientre,
exceso de l&gt;llu, dolores de caLa. Fosfatina, Fa.lieres
l:Jeza é Igualmente para el n,a. ~s el alimento más agradable y el mas rematlsmo. l a ~ y la nea- wmendado para los niños desde la edad de
rat..a5eis á siete me!-cs sobre todo en el morneuto
6
del destete y durante el periodo del crec1!'.dtllD oableltal om oapa di miento. Facilita la denficion, asegw·a la
udc8' 1 olJao ooe ptODtltad, pero et. bu~na f ormacion de los huesos.

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del Profesor
OUCBARDAT as 1/ da M" CL~r:IENT y 0 1ª, di Vatencs fOrdml,
rancla). - Cada s,t,tla 1/Boa la marca da ta Unión de los FabricantH
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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