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                  <text>Ricos
yPobréS
...

AVISO IMPORTANTE

41
t»lf~moi.."'l"'pea- 1 aJcleenc,e., mlDoaulol ,
jomaJeroe ateatlgqaD la In,,,_ repataolóD de • POllana del Dr• .Ayer.

1- aotorlda&amp;!a mddlcu ieonm,.,,..

esta&amp; pOdona (11n . .

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mago, estreftlmlento de vientre,
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6
del destete y durante el periodo del crec1!'.dtllD oableltal om oapa di miento. Facilita la denficion, asegw·a la
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�Domingo 13 de Julio de 1902.

LOS NIÑOS EBRIOS.
Entre las noticias de policía aparecid:-t~ últimamente, hay una que ha paRado casi ma~vertida, ó que, por lo menoH, no ha prodnc1do alarma.
Se trata &lt;le un padre que embriagó á s_u h~jo y fué castigado debidamente por la ¡usticia.
Entre nuestra clase proletaria, no es cosa
rara de un modo absoluto, hallar casos semejantes y aun pudiéramos decir que la maldad e~pantosa de envenar á los nii1os, c_ie un
modo prematuro, con alcohol, es ~astante f~·ecuente. El hábito del vicio y la ignorancia,
son las causas principales de estos inicuos delitos.
En la vida de estas pobres gentes, e1:1tra C?mo un elemento indispens&lt;J.ble de existencia
el«pulque;,,:pero esa bebida, que les sirve ~orno
base de nutrición, es, á la vez, una especie de
maná para ellas, y la utilizan en todo y para
todo, y á ella recurren, lo mismo para sati:,facer un deseo corporal que para que les dé consuelo y resignación en los dolores morales. El
pulque representa el «Deux ex máchina» de
nuestras masas populares. En él buscan la
alimentación, la tranquilidad, la salud, y el
valor, la alegría, la decisión; en ~~ ahogan sus
tristezas y con él bañan sus regoc1¡os. El «pulque" es manjar y medicina, y es energía; posee, según dicen, propiedades eficaces para la
carne y para el espíritu.

E

Estamos, pues, contemplando los s~ntomas
de un alcoholismo colectivo, que ha Hlo lentamente consumiendo y empobreciendo á una
numerosa clase social, que va camino al crimen y la locura.
Muchas veces, á diario, se habla ahora en
la prensa, en las reuniones científicas, en las
academias, de este gravísiino mal, cuyas fatales consecuencias resentimos desde hace tanto tiempo y que á cada instante es una perturbadora amenaza.
Por todas partes se estrnlian los remedios
de esta tremenda enfermedad, y los hombres
de ciencia concentran su atención en la observación de tan doloroso fenómeno.
Pero un hecho como el narrado por los
periódicos y al cual hacemós referencia? viene á aumentar de una manera más triste y
más amarga, l~ gravedad de esta dolencia social.
Los débiles, los indefensos, las criaturas que
acaban de venir á la vida, los recién nacidos,
los que deben traer una fatal herencia de desequilibrios y sufrimientos, son -precipitados
por los mismos brazos paternales, por los que
están obligados á defenderlos, en el sombrío
abismo del vicio, en cuyo fondo suelen encontrar la piedad anticipada de la muerte.

¡Cómo! ¿Hay niños borrachos, y son los pn.dres los que ponen en sm manos temblonas
el primer vaso de pulque, y en sus cerebros,
todavía inconscientes, el primer deseo de hallar en la embriaguez un regocijo?
Sí; hay niños borrachos y son los padres
los que se dedican á esas diabólicas enseña!lzas.
Pueden verse en la calle los efectos de esta
abominable perversidad.
Van por esos mundos, raquíticos, escrofulosos, endebles, tristes, muchos chiquillos que
llevan marcado el estigma de su origen, h
huella repugnante de la miseria y del vicio ele
quienes les dieron el ser. Estos infelic&lt;'s no
pidieron la vida, y no reniegan de ella, sino
que la soportan y hastn snele parecerles placentera.
El germen de sus desgracias futuras, Jo llevan en los atavismos que en ellos, como en
una rama, han ido depositando viejas degeneraciones de sus antepasados. Están fatalmente condenados á ser ebrios. delincuentes,
locos, imbéciles.

EL MUNDO ILUSTRADO
Pero no tan pronto; ¿por qué no los dejan
vivir en su infantil é inocente felicidad, mientras se les desarrollan, para envenenarlos, las
herencias, como plantas malditas?
Y no; miradlos ya tambaleantes, soñolientos, ú con los pómulos rojos r la mirada febril é indecisa; miradlos comatosos, estúpidos,
arrastrados por la mano de la madre greñuda,
que va dando traspiés, ó del padre, que vo~ifera. Algunos hay que no andan aún, qu e
van efi el regazo, y que lanzan el hipo del
ebrio sobre un seno seco, que no sirve ya para amamantarlos.
En los cuadros de las defunciones se anota
la muerte e.le muchos niños. Entre ellos van
los que se murieron porque les dieron de beber demasiado temprano. Sí; eR una desgracia; hay niños ebri.:is.

Los funerales ds Wagner.
El mundo parecía haber disminuído de valor. Stelio Effrena pidió á la viuda de Ricardo Wáguer que á los dos jóvenes italianos que
una noche de noviembre habían trasportado
del barco á la ribera al héroe desvanecido, y
á cuatro más de sus compañeros, les fuese
concedido el honor de trasportar el féretro de
la estancia mortuoria á la barca, y de la barca al carro.
Tanto fué concedido.
Era el 16 de febrero, y una hora después
del mediodía, Stelio Effrena, Daniel Glauro,
Francisco de Lizo, Baltasa:- Stampa, Fabio
l\Iolza y Antimo della Bella, esperaban en el
atrio del palacio. El último había llegado de
Roma, habiendo obtenido traer consigo dos
artesanos, empleados en la obra del Teatro de
Apolo, para que llevasen al funeral haces de
laureles cogidos en el Janículo.
Esperaban sin hablar y sin mirarse, dominados todos por el latido ele sus corazones.
Oíase tan i;,ólo sordo rumor de pasos por los
peldaños de aquella gran puerta, que en lm;
candelabros del umbral llevaba e,:culpidas las
dos palabras: «Domus Pacis.» .
El hombre del remo, que había sido querido por el héroe, bajú {t llamarles. Tenía los
ojos abrasados por las lágrimas en aquel rostro viril y fiel.
Stelio Effrena fué delante; los compañeros
le siguieron. Subida la escalera, entraron en
una estancia baja y poco iluminada, donde
había un olor ti·iste de bálsamos y de flores.
Esperaron algunos instantes. Abrióse la otra
puerta. Entraron uno á uno en la estancia
contigua. Todos palidecieron uno á uno.
El cadáver estaba allí, encerrado en la caja
de cristal; y al lado, de pie, se hallaba la mujer del rostro de nieve. La segunda caja, de
metal bruñido, brillaba abierta sobre el pavimento.
Los seis portadores se dispu~ieron ante los
restos mortales, esperando una señal. Grandísimo era el silencio y ninguno parpadeaba;
pero un dolor iinpetuoso asaltaba sus alma8
como una ráfaga, y las sacudía hasta en lo
más profundo de sns raíces.
Todos miraban fijos al elegido de la Vida y
de la Muerte. Una infinita sonrisa iluminaba
la fai del héroe tendido; infinita y distante
como el iris de la nieve, como el brillo del
mar, como la reverberación de los astros. Los
ojos no podían sostenerlo, pero los corazones,
con una maravilla, con un asombro y con un
espanto q ue los bacía religiosos, creyeron rt&gt;ci1,ir la revelación de un secreto divino.
La mnjer del rostro de nieve hiio 1111 levr
ademún, pernrnnecicmlo rígicln en su actitud,
como un simulaero.
;\IoviéronRe entonces los seis com palieros
hacia el ataúd; tendieron los brazos, recogieron el vigor.
Stelio Effrena colocóse á la, cabeza, y Daniel

EL MUNDO ILUSTRADO
Glauro á los pies. Soliviaron el peso concordes, á una orden dada en voz baja por el conductor. Todos sufrieron en los ojos un deslumbramiento, como si &lt;le pronto una zona de
sol atravesase el cristal. Baltasar Stampa rompió en sollozos. rn mismo nudo apretó todas
las gargantas. La caja onduló; después bajó;
entró en el envoltorio de metal como en una
armadura.
Los seis compañeros quedaron postrados en
torno. Titubearon antes de bajar la tapa, fascinados por la infinita sonrisa. Al oír un rumor ligero, Stelio Effrena alzó los ojos: vió la
faz de nieve inclinada hacia el cadáver, aparición sobrehumana del amor y del dolor. El
instante fué igual al de la eternidad. La mujer desapareció.
Bajada la tapa, volvieron á levantar el peso
aumentado. Lo trasportaron fuera de la estancia, después por la escalera, con lentitud.
Arrebata.dos por una angustia sublime, en el
metal del féretro veían reflejarse sus rostros
fraternales.
La barca fúnebre esperaba ante la puerta.
Sobre la caja se extendió el paño. Los seis
compañeros esperaron con la cabeza descubierta á que la familia descendiese. Bajó reunida y apretada. La viuda pasó velada; pero el
esplendor de su semblante quedó para siempre en la memoria de los testigos.
El cortejo fué breve. La barca mortuoria
iba delante; seguía la viuda con los íntimos;
. después seguía el pelotón juvenil. El cielo estaba obscuro sohre la gran vía ele agua y de
piedra. El silencio era digno de aquel que había transformado en infinito canto, para la religión de los horn bres, las fuerzas del Universo. Una bandada de palomas, partiendo de
los mármoles de los Scalzi con un movimiento relampagueante, voló sobre el ataúd atravesando el canal, y enguirnaldó la cúpula
verde de San Simeone.
En el desembarcadero, un ejército taciturno
de devotos esperaba. Las grandes coronas daban su perfume al aire ceniciento. Se oía el
agua chocar contra las proas curvadas.
Los seis compañeros sacaron el féretro:de la
barca y lo llevaron en hombros al carro, que
estaba preparado en la vía férrea. Los devotos, aproximándose, depositaron sus coronas
sobre el paño. Nadie hablaba.
Entonces avanzaron los &lt;los artesanos con
sus haces de laureles traídos del Janículo.
Membrudos y fuertes, elegidos entre los
más bellos, parecían forjados en el autiguo
molde Je la estirpe romana. Estaban graves
y tranquilos, con la majestad salvaje del Agro
en sus ojos con venas de sangre. Sus líneas
enérgicas, la frente baja, el pelo corto y crnspo, las mandíbulas sólidas, el cuello taurino,
recordaban los perfiles consulares. Su actitud,
exenta de todo obEequio servil, los hacia dignos del cargo.
Los seis compañeros en competencia iguales en fervor, cogiendo los ramos de los haces,
los esparcieron sobre el féretro del héroe.
~obilísimos eran aquellos laureles latinos,
cortados en la selva de la colina donde en
tiempos remotos descendían las águilas á llevar los presagios, donde en tiempos recientes
y sin embargo fabulosos, tantos ríos de sangre vertieron por la belleza de Italia los legionarios del libertador. Tenían los ramos derechos, robustos, obscuros, las hojas duras, fuertemente enc1avada8, con los bordes ásperos,
verdes como el bronce de las fuentes, ricos de
un aroma triunfal.
Y viajaron hacia la colina b(tvara, aún adormecida en el hielo; mientras los troncos insignes daban ya los nuevos retoños en la luz
de Roma, n1 r umor de las fuentes ocultas.
U .\BRIEL

D' ANKTJNZIO.

Domingo 13 de Julio de 1902.

El Sr. Obispo Ibarra y González.
En medio de innumerables demostracionei-;
de simpatía, acaba &lt;le tomar posesión del Obispado de Puebla el t;r. Dr. D. Ram(m Iharra
y González, Prelado que &lt;lurante 1loce ,lño¡.;
estuvo al frente &lt;le la Diócesi de ('hilapa.
El Sr. Iharrn es nati\'O del ERtado ele (foerrero; hizo sus primeroí' estudios en el Seminario Palafoxiano de Puebla, y pasando múi-;
tarde á Roma, ocupó una beca c•n el Colegio
Pío Latino Americano. J.: n 1880 fué or&lt;lenado
Sacerdote en San .Juan de LPtrá11, y treH añoR
después regresó á la capital del vecino EHtado
para ejercer allí su minü,terio.
A partir de 1885, fu~ Prebendado de la Catedral Angelopolitana., Promotor fiReal de la
Mitra y Yicario Capitular.
El Sr. Iharra, generalnwnt~ e1-timadn por
sus virtudei::, enenta hoy 49 niio!:' de e&lt;lnd.

JAGUARES Y CUERVOS.
Las fieras!
Es un siniestro grnpo. Los jagunreR!
En las bocas
arden los ojos del ardiente lacre,
La zarpa retraída
como envainado alfanje;
turbio el ojo felino, en donde nadan
encendidos azufres; los ijares,
batidos por alientos de fatiga.
Bajo una mata de bambú Re placen.
Sobre el fondo de oro
de las pieles, destácanse
como rosas de negro terciopelo
la manchas negras. Arboles
vestidos de hojas opulentas, echan
la sombra de sus toldos de follaje
sobre el grupo de fieras que reposan.
La tarde,
en los ojos sangriento~ del Ocarn
pone llamas dP cráter.
Durmiendo,
durmiendo están los euen-os centenarios,
Abajo está la sima,
allí los cuervos lúgubres. A bajo
están los huesos que los bravo1-1 piros
como cizallas férreas mondaron.
Las vastas excursiones por las cumbres
donde reside el viento. Los espacioR
donde escriben sus rúbricas de fuego
los deslumbrantes rayos,
cuando pasan las nubes de tormenta
como torbos rebaños.
Eso sueñan los cuervos
-siniestros reyes calvos
envueltos en sus clámides de lutoante las brumas del Poniente trágico.

EN LA CALLE.
Ves esa vieja escuálida y horrible?
Pues oye, aunque parézcate imposible,
Fué la mujer más bella entre las bella;;;
El clavel envidió sus labios rojos,
Y ante la luz de sus divinos ojos
Vacilaron el sol y las estrellas.
Y hoy ¿quién puede quererla, quién un beso
Podrá darle con tímido embeleso?
-Yo, me dijo un extraíio que 111r oía,
Yo que por ella en la existencia lucho,
Que soy feliz cuando su voz escucho ....
Esa ,·ieja.. .. e,; la hermo.,a m:1.dre mia !
JULIO FLÓREZ.

Todas las investigaciones practicada~ prueban palpablemente que, con relación al hombre, la inferioridad intelectual de la mujer E'S
un sarcasmo, y la inferioridad moral una mentira.
F. G. C.

ILMO. SR, DON RAMON IBARRA Y GONZALEZ, Obispo de Puebla.

BROTE.

-

Adiós los amorosos devaneos,
Adiós, y ¡para siempre!
La copa del amor está vacía,
El entusiasmo juvenil, ausente.
Convidado al festín, yo no he traído
Sobre los labios la sonrisa alegre,
Y una voz de ternura me reclama
l\Iuy lejos del banquete.
Al apagado ardor, la calma sigue;
El escondido albergue
A la ruidosa calle;
Al frenesí, la postración irwrte.
Que&lt;lacl dentro la sal:t, nfortunadoR·
Bebed hasta las heces!
'
Yo he bebido también ... acerbas U1gri111as
Que en mi=copa rodaron)olamente!
ABEL

F ARINA.

NENUFARES.
En un brillante lago, cual lámina de 01·0,
B0t·dado de esmeraldas, cual vívido tesoro,
He visto marchitado nenúfar naufragando
Sobre la risa tenue del céfiro besando.
'

1; luego J'.ª cadáver flotar sobre la orilla,

Cual manpQsa muerta que al légamo c intill a ....
Así también nenúfar batido por las olas
De amores tropicales, con sangre de amapolas,
He visto yo el cadáver de un beso voluptuoso,
Nadaudo sobre un lago de aromas silencioso . ..
Así mueren amores que nacen solitarios
Envueltos en sus propios dolores y suda1'.ios .... !
J. P. R.

HOJA DE ALBUM.
¡Qué estrofa entre rui lira habrá q m• &lt;'ante
el poema inmortal de tu herm osura
si ya tu frente de serena albura
'
es un poema de amor en tu scrnLlank!

¡Quf e;¡tl'ofa puede haber m{u; inHinuante
que tu mirada c}p sin par ternura,
rlonde la luz de la ilusión fulgura
como fulgma rl alba en el levante!
Xo tengo en mi laúd un himno ele oro
que rime de tus gracias el tesoro
)' que conmueva tu alma eon su canto;
porque es mi verso el ¡ay! entristecido
de un corazón que, de luchar rendido
sólo puede brindar su desencanto!
'
FRANCISCO YZÁBAL YRIART

�Domingo 13 de Julio de 1902.

Domingo 13 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUS'l'RADO

EL MUNDO ILUSTRADO

~

i\
E
·..__

''
Cerc-a de medio &lt;lía se Rii-vió un I unchchampañe en uno ele los senadores df&gt;l parque, pronunciándo,,P entu-1iastas hrindiR por
los RreR. Cla_vton y Azpíroz.
'El Rr. General Díaz contestó al brindis del
Embajador Americano, a,gnuleci1mdo las' fraseR de Rimpatía que tuvo p:tra }féxico. J

~\le~.¡ .
¡.\'

-·~
'~
. ~~

Grande fué el entusiasmo con que la colonia americana residente en la capital, celebró en esta ocasión el
aniversario de la Independencia de los Estados Unidos.
El Tí voli del Elíseo,
donde debían verificarse la ceremonia oficial,
los juegos atléticos y
el baile, presentaba un
golpe de vista encantador. Las callecillas del
parque est,than adornadas con multitud de
han&lt;leras de los colores nacionale.;; y de ht
República hermana, y
con farolillos rnnecianos. Recortando lo"
prados, se exténdín.n
en hileras las sillas destinadas á la numero1:,a
conctu-rencia, y en un
lugar á propósito entrr
festones y lazos artísticamente distribuídos,
se levantaba una amplia plataforma.
El Sr. Embajador de
los Eetados Unidos,
Gral. Clayton, se presentó en el Tívoli á las
diez de la mañana, en unión de los Secretarios de~la Embajada, y momentos después,
un prolongado aplauso anunció el arribo del
Sr. Gral. Díaz. Acompañab:.n al Primer Magistrado sus Ayudantes los Sres. Capitane,;
Porfirio Díaz y Samuel García. Cuéllar.
El Sr. Presidente de la República fué recibido á las puertas del Tí voli por loR Sres. Gral.
Clayton, Lic. D. :Manuel Azpíroz, Embajaclor
de México en Wáshington, r otros n.iembros
distinguidos del Cuerpo Diplomático.
La ceremonia oficial dió princi pío con una
serie de evoluciones ejecutadas por niños de
ambos sexos, que agitaban sus manecitas con
banderas americanas y mexicanas, llevando á
la cabeza del grupo un «General en Miniatura," que cayó muy en gracia; los niños cantaron después en castellano nuestro Himno
Nacional, y acto continuo, el Sr. Embajador
Clayton, en una corta, pero expresiva alocución, dió gracias á los encumbrados personajes que, con su presencia, honraban aquella.
significativa reufi.ión.
Tras la lectura del acta de Independeucia
de la Unión Americana, el Sr. Embajador volvió á haca. uso de la palabra para pronunciar
t&gt;l,discurso Oficial, que fué muy aplaudido.
. El «Star Spangled Banner,,&gt; cantado por

1

un coro·de.niños, cerró'la ceremonia oficial. . • .. ~ .._
Los Juegos!at1et1cos consistieroñ en carreras, luchas de fuerza, asaltos de pugilato, y otros ejercicios.

•

•

. La primera serie fué de quince carreras iÍ
pie y resultó de lo más di \'f'rtido, pues laR carreras se jugaron con obst{1.culos, en sacos con
saltoR y disfraces.
'
:\Iuchos fueron los americanos que dando
muestras del nwjor humor, tomaron parte en
estas carreras, y no pocoR los que demostraron asombrosa ligereza ? agilidad.
En otro lugar del mismo Tívoli, á espaldas
de la plataforma, se improYisó otra pista donde se verificaron otras carreras
'
todavía máR llenas de atracti~
vos, pues en ellas tomaron parte los
. niíios, .v en dos de ellas,
graciosas Reñoritas.
Estas fueron muy aplaudidas y demostraron su hahilidad
en el «sport» del tiro al blanco
con pelota.
Los niíioi- Y&lt;'nce1lorPR en las
earrera:-. de las ruale" nlguna:-:
fueron C'On oh~táculo:s, con saltos .'" en sacos , •
recibieron !'orno
premio precio:-:014
j uguctt-:-: ._le bastan te rnl1"1·.

La lucha de fuerza fué el acto ele venladera sens~ción en los juegos atléticos, pnes
por eRpac10 de más de media hora la concurrencia, nerviosa é impresionada, seguía
uno á uno de los movimientos de los luchadores.
En la primera tomaron partP oeho empleados del Ferrocarril Central contra
ocho del Nacional.
'

;.

.-

..

/

Saltos ele señ"or~u.-EI con~i,-EI desfile
Llegada del señor Presidente de la República y del Embajador de los Estados Unidos.-EI juego
de la cuerda.-Alegoria: "México y Estados Unidos".

•

ele 1;11¡ l)a11deríts.-~I fin de una carrera.

(Fot. M, Ramos),

�EL MUNDO ILUSTRA.DO

Domingo 13 de Julio de 1902.

ti

~

@g')Uü©oo M
'~~~

Domingo 13 de Julio de 1902.

EL MUNDO. ILUSTRADO

e

•

¡;;

(Trad. "El Mundo Ilustrado".)

AY- dice el poeta :John Keats-:- ciertas
formas de helleza que, más que otras, tienen el
poder de apartar por un momento el velo de
crespón que enluta nuestrns almas: tal~s como
los árboles tiernos y ancianos, los narcisos con
el pueblecillo de plantas verdes que los rodean; los matorrales en el coraz6n del bosque,
con su rica floraci6n de eglantinas olorosas ... »
Hay también por esos mundos, asociaciones
de cosas bellas que tienen el don de evocar en
nosotros el recuerdo de las bellezas que han
desaparecido, resucitando la exquisita impresión.
Ahora mismo, bajo el pabell6n de frondas
de mi jardín, la opulencia de las flores esparcidas y mezcladas á la verdura de los macizos,
ha operado en mí ese encanto sugestivo
la variedad de sus formas y de sus colores: unas con un tono amarillo pálido, á medio abrir Y
como rendidas ya por el peso de sus corolas; otras, con la tierna tonalidad de una sabrosa carne
femenina. Las hay de un blanco marfilino virginal, de un rojo como las nubes que hiere un
sol Poniente, de un rojo ennegrecido como la sangre cuajada, de un cálido tinte anaranjado, 6
de una delicada coloraci6n de albaricoque. Arriba, las ramazones de un verde muy subido hacen
resaltar el brillo de esas manchas carmesíes 6 lechosas, ensangrentadas 6 ambarinas y,á través de
los brazos entrelazados, se trasparentan rincones &lt;le un cielo azul intenso.
Bruscamente invoco los paisajes que un día admiré á la orilla del lago de Como. Vuelvo á
ver los mantos de rosas de Bellagio y tengo la sensaci6n deliciosa del azul del lago italiano que
entreví á través &lt;le la intrincada frondación de la villa Sarbelloni. Una serie de parajes primaverales y del Mediodía, resucita ante mis ojos bajo la h6veda embalsamada &lt;le los rosales.
Las impresiones de otros tiempos se despiertan con la vivacidad y la frescura voluptuosa de las
cosas recién vistas.
Tuve en primer término un prado muy amplio sembrado de violetas y de primaveras; se extendía hasta perderse de vista entre &lt;los muros cubiertos de glicinas color lila p[tlido y olientes á clavo. ¿A d6nde llevaba esta señorial avenida? No lo sé; pero de lo que me acuerdo como de un
espectáculo de ayer, es de la embriaguez que me producía aquel manto florido, por aquel penetrante y fino olor de los racimos de glicinas; era la
sensación de la juventud, de la alegría paradísiaca, experimentada en aquel lugar encantado, del que yo s6lo saboreaba la feérica belleza. Me
parecía vagar en plena fantasía shakespiriana, en esos jardines donde Orsino, duque de Iliria, soñ.6, al son de dulces instrumentos, sus amores
por la condesa Olivia y dijo á sus tafiedores de viola: «Si la música es el alimento del amor, dádmela, dádmela con exceso, para que mi deseo
se agote, se sacie y se calme ......... Tocad; la música llega á mis oídos como una suave brisa del Mediodía que pasa sobre un sembrado &lt;le violetas y les roba su olor. ........ »
Poco á poco se levantaba ante mí la montafia boscosa que domina á Bellagio y que del'.ciende para irá Civanna. La rut.a sube haciendo zigzags por las praderas, por los verjeles, por los taludes herbosos constelados de pervincas rosas. De vez en cuando un aguacero tibio caía del cielo
tempestuoso y velaba el paisaje. Después cesaba la onda, los brazos de los árboles goteaban, la tieI
rra y el agua reaparecían radiosas en un rayo de sol, y volvía á ver por intervalos luminosos el azul
,::
1 • /,
del lago, lo mismo que en este momento entreveo el azul del cielo entre las rosas diseminadas y las
.
·v
'
movibles verduras.
~· L-"·y
Es el lago &lt;le Como, con su azul intenso, con las suaves sinuosidades de sus verdes riberas y con
sus pueblecillos blancosJ es el lago el que á estas horas vive ante mis ojos. Bajo la luz brillante del
¡'
Mediodía, se me aparece con sus flotillas de barca que van rumbo á Cadenabbia, y también lo veo
l
/
en la transparencia de las noches de mayo, mientras que los ruiseñores trinan entre las lilas éll
,
flor. A la hora del crepúsculo se desprende una barca del muelle del pequeño puerto; gana la anchura; una mujer con vestidura blanca va de pie en la proa, y con una voz de contralto se pone á
cantar aires de 6peras, bajo la incierta claridad de las estrellas. ¿Cantaba por su propio placer, 6 paJ .l.:'.
ra distraer áalgún inglés byroniano y fastidiado? Jamáslo supe, perosobre el agua silenciosa y negra, aquellas melodías italianas duplicaban la poesía de la noche. Era como la representación de
I
una novela de Jorge Sand, una de las novelas que tienen por teatro la región de los lagos italianos
,·
y que ya hoy no se leen. Cuando mi primera juventud, me parecían de una fantasía tan adorable
.
como inverosímil, y fué hasta después de pasar algunas semanas á la orilla del lago de Como, cuando comprobé su absoluta verdad.
No cabe duda que es el país de lo romancesco esta regi6n encantada que se extiende entre Ere1
mezzo, Cadenabbia y la punta de BE&gt;llagio. Las villas sombrías, abandonadas y en uh estado de
completa ruina, que se abordan desembarcando al pie de misteriosa&lt;; escaleras de mármol, parecf'n
J

:/~, \. i ;

,.
\

Corazón de Jade, descubierto
en Monte Al bán, baxaca. Rev.,rso.

•

j Pequeña joya de Jade, descubierta
en Monte Al bán, Oaxaca.

Anverso

Corazón de piedra de Jade, encontra•
do en Monte Aibán. Anverso.

'¡

Joyas de piedra de Jade.
Monte Albán. Reverso.

creadas para esconder las más poéticas a~enbruscamente. Las miré, una cerca de la otra,
En la cumbre del pequeño montículo se ven
turas de amor. Los huéspedes que por allí dissobre el puente del navío; la madre mandaba
ya libres de la tierra que por muchos años
curren 6 que se hallan alojados en los hoteles
adioses á sus admiradores de la villa; la hija
los había cubierto, los edificios y monumende la playa, tienen el aire de Jo¡: héroes de noestaba de~deñosa é indiferente, Y todada esde la Ciudad Sagrada. Monte Albán es un
vela.
ta mañana, bajo el rosal, volví á ver á estas
pequeño cerro que forma parte de una cordiEn el curso de los recuerdos evocados eRta
dos figuras que huían, con un encanto sin sellera que se halla situada á corta distancia de
mafiana, bajo mi pabell6n de rosas, volví á
mejante; una, parecida á mis rosas espléndila capital del Estado de Oaxaca.
encontrar dos figuras encantadoras, entrevisdas; la otra, soñadora y encerrada en su meTan notab~es_ descubrimientos figurará¡,
tas durante algunos días en los jardiprox1mamente entre los interenes de Bellagio. Eran dos mujeres,
santes trabajos que el Inspector
madre é hija; pero la madre t..'l.n jo~e1;1eral de Mvn~mentos Arq,1 eoven todavía, que hubiera podido tolog1cos presentara en el Congreso
márselas por dos hermanas. Era mode Americanistas &lt;¡ ne debf'rá reurena la madre, con un tinte aceitunirse en el próximo mer1 de octunoso, el pelo peinado sobre los tembre en la ciudad de Nueva York·
porales, los ojos grandes, de color
café; podría tener como unos treinta
años de edad; la joven contaría apeE~1 vano es que busques fuera,
nas dieciséis y reproducía, en blon&lt;le
ti el reposo que dentro de ti no
do, al tipo materno; tenía el aire &lt;le
encuentres. - LA RocHEFOUCAULD.
una soñadora negligencia, que hacía
resaltar la vivacidad petulante y la
*
provocadora coquetería de su compañera. Viajaban solas y comían en
El \10mbre vi:,? de afectos puros; s1 la tranqmbdad de concienla mesa del hotel, donde la madre
cia !nese mercancía, nunca se pacharlaba aturdidamente con todos
sus veciuos. Se comprendía que el
gana por ella todo lo que vale.RrnES.
deseo de placer era en ella una funPerspectiva del Cerro de Monte Albán, en donde se descubrió
ci6n tan natural como la de respirar·
*
la Ciudad Sagrada de los Zapotecas.
á falta de otra víctima, hubiera co~
La
idea
es
un
alimento; pensar
queteado con el camarista 6 el ccmaies comer.-VICTOR HuGo.
tre d'hotel.,&gt; Esta manera de ser parecía
lancolía como las rosas Xiel, de pesadas coromortificar mucho á la joven; le subían los colas, apenas entreabiertas.
lores á la cara y en sus lánguidos ojos cintilaURSUS EN EL CIRCO.
AxDRES THEURIE'r.
ba repentinafllente una luz de iracundia. Estos relámpagos de virginal indignación la hacían mucho más bonita y atrayente que á su
r,¡e~a1 cristiana y prometida ñe
LA CIUDAD SAGRADA DE LOS ZAPOTECAS.
V101c10, augusta.no, va A ser inmadre. Las dos agradaban: una por sus mamolarla eo el Circo atRda al lo·
rno !le no toro: Nerón ha proneraiale~envneltas; 111; otra µor su misteriosa
Damos á conocer á nuestros lectores varios
met,?o hacerle gracia de la viy sonlbna reserva. Cierta noche se marcharon
da s_,el atleta Ureus vence á la
de los preciosos objetos de jade, así como dos
be•t1a: In p,Jabra sacramental~• 'Habet.'
grandes lápidas de
basalto, perfectaDel _Circo en la mitad, ruge la fiera
mente esculpidas y
Sacudiendo aquel cuerpo que, desnudo
que presentan figuSobre su lomo está sin más escudo
'
ras jeroglíficas &lt;le
Que la flotante y áurea cabellera.
gran interés. las cua,6
le.-; fueron· descuEl César miope que en la Roma impera
biertas en los sepulTras
~u f'st1~r~lda mira. hosco y ceñudo; '
.
..
. 1
cros de la Ciudad
Agomza , m1c10 de horror mudo
Sagrada de los ZaLa multitud, estupefacta, espera:::::::::
potecas, en el cerro
de Monte Albán,
Se adelanta el campeon, emprende el salto,
Oaxaca, por el Sr.
Ase e~ testuz del bruto, y en la lucha
D. Leopoldo Batres.
SerneJa parecer de fuerzas falto ........ .
Uno &lt;le nuestros
,
.
grabados es la vista
Pero vence su fe, que en Dios es mucha
en perspectiva del
Rueda el toro, y él yergue á Licia en alto '
cerro de Monte Al~'
y el c,Habetn de Ner6n, por fin, se escucha.!
bán, lugar en don✓
de se han hecho losNogales, Son., enero de 1902.
importantes hallaz,
'
gos arqueológicos de
E. MAQUIO CASTELLANOS.
que nos ocupamos y
que con justicia han
llamado la atenci6n
de los arque6logos
é historiadores y del
Lápidas de basalto preciosamente esculpidas, encontradas
en los sepulcros de Monte Albán.
público en general.

I

·.

.\.: ...

_J_

-

~

y

·¡

�nom i ng-o 13 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

de la vida

~e JWéxico.

EL }1:UNDO JLUSTH.i\DO
numentos; E'6lo roza lo más alto de las arboledas, á las ramazones débiles que apenas
alcanzan á sostener el nido de la oropéndola.
Las siluetas de las torres monumentales
de la Catedral, Ron como dos brazos_que Re

Domingo 13 de Julio de 1902.

lla entre arrullos y frases á media Yoz; se aviva la luz de la alcoLa,
hay pisadas discr~tas; luego, cesa el murmullo, todo vuelve á quedar
en calma, la noche sigue su viaje tranquilo ........ .

Poco antes de que la aurora &gt;&lt;e acerque, las sombrnR entran en pleno reinado, la ciudad apaga xus veladoraR¡ la puerht de la taberna
acent(1a su marco ele luz roja, la linternilla del guardiún (]el orden pÚ·
hlico aviva su pobre clariclatl,y resuenan lo:; pm,o,-; del último tra~noehador ó del primer obrero que no espera á que la aurora lo drspiertc.
En la tahona ¡.;e oye la fatiga de los amasadores; la &lt;'himen ca arroja.
la primer bocana.da &lt;le humo, y la puerta del expendio que Feahre,
deja escapar el olor de la harina cocida.
8e escucha el último grito de la. noelw:
-Jaletinas ........ .

***

,\ penas un mnrn,ullo vela el ,-ueiio ele la ciudad; &lt;·,iJ
una explosión de luz Robre el asfalto de )a¡; avenidas y
no hay sombras que se alarguen caminari&lt;lo hajo el foco
eléctrico. Se han bonaclo lns parrdcf- luminosas de los escaparates;los discos de los relojes encendidos parecen ojos
que contemplan la quietud y e8tún alerta para dar razón
del tiempo que pasa. De crucero en crucero, las linternillas de los gu·rnlianes del onlen público, se wn como
puntitos de luz amarillenta prendidos á la. tersura del asfalto; rlijérnnse luciérnagas &lt;le alas enfermas 4ue han caído sobre el polvo.
Y aquel murmullo que vela es al modo ele esos ruidos que se escuchan en el silencio de la alcoba _,. que no tienen explicación ni motivo; bien pueden ser una fibra de madera que se rompe, bien el viaje
furtivo de un roedor, ya la materia que se espereza. en su cam,ancio
de inmovilidad, ya el último choque de un eco que ha venido peregrinando desde la lejanía conmovida en su reposo. Así el murmullo de
la ciudad: puede ser el canto del ebrio, la bocanada. de ruidosa orgía
que arroja la taberna; quizá el llanto rlel nifio perdido en la vía pública, tal Yez el grito clesganador ele una madre que sufre........ .
Y la ciudad duerme cobijando su caRerío en !asombra que desciende de lo alto y que de pronto se ve rechazada por el aliento luminoso
de las esferas veladoras.
S6lo toca á las cruces de los campanarios y á las coronas de los mo-

Y en tanto que la noche ha pa:--a&lt;lo. el labrador cerebral Yacií,
sobre las cuartillas nn pedazo &lt;le \'ida.; enciende el eigarrillo que le h:1
ele ayudar á conciliar el sueño, -:,.· deja abandonada lit labor jnnto ú la
taza de caf~ vacía.

lernntan hacia d cielo implorando entre la sombra; el castillo de
los reyes, de los emperadores y de la República, parece un cofre de
ébano con incrustaciones de pedrería; el bosque dormita soñando en
sus leyendas, y el viento que corre por entre los :frondajes, viene ú
la ciudad como el aire que los abanicos orientales soplan en el sue ño
de las sultana,;.

NEUROSICA.
Cuando el hogar duerme, parece que está vestido con un manto ele
solemnidad. "C"na luz débil raya en el quicio de las puertas; las flore 8
del corredor están inmóviles; en la. pajarera hay de vez en CtJando un
hatir de alas, pero no hay reclamos, ni piares, ni locos vueloi, ni ojos
brillantes como cuentas esmaltndaR.
Suele surgir, npagado, lejano, un llanto infantil que pronto se aca-

................. ···········. ··············· ····•··· ········· ·· ·······
········································································
Aquel día, sola estaba,
Releyendo sus reliquias amorosas;
Esas cartas que de lágrimas bañaba
Oprimidas por sus manos temblorosas .. .. . .

Destrozada por sus pena.~ y la tisis

Y 1-&lt;in fuerzaR en su pecho aniquilado,
CadaYérica se hallaba por la crisis
De los males infinitm, del pasado ..... .
En la ausencia de RU novio
Releía las estrofas y las cartai- del poeta,
Y sentía la amargura y el oprobio
Del despecho y RU saeta.
¡Pobre a.rtif,ta! á su piano cadencioso
Le imprimía sus tristezas y sus cuitas,
Fué su amigo y confidente generoso
En sus horas ele nostalgias infinitas.
Mas i--u novio en la tn.berna,

füm n.lcoba de bohemio,; desgra.ciadoR,
La ol Yidaba ...... y embebido en la ciRternn
De la. orgía, no J&gt;enRaha en sus a111orei-- oh·idad11:-.
Y ...... entretanto aquella artista
En su piano uno;; \'tÜRes ensayaba
Y (•njuga,ba con el húmedo batista'
El acopio de su llanto, &lt;¡ue el recuerdole annnc·a-ha.

¡ Pobre noYia! á su piano cadencioso
Le imprimía sus tristrzas y gus cuitas
. y eon f'1dente generoso ,
l"'ue, su amigo
En sus horas dP nostalgia~ infinit.1R ..... .

SALTO.i.DE..ATESCACO.

�Domingo 13 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

JOSE MARIA YIGIL
Uno de los vit&gt;jos y entusiastas paladines de
nuei;:tra literatura nacional, que con su gran
talento y refinado gusto artístico, fué de los
que caracterizó b pasada época de la vida literaria mexicana, es el maestro D. José :i\I. \'igil.
Antagónico de la moderna bohemia, el notable escritor luchó incansablemente por conquistar un alto puesto, y á diferencia de los
actuales cantores de una musa patológica, el
señor Vigil se empapó en el clasicismo más
puro del siglo de oro.
Ferviente culto, veneración pudiéramos decir, consagró el maestro á los imperecederos
monumentos literarios de Cervantes, Argensola, Quevedo, Fray Luis clr León y talltos
otros que en España mar~.ron la época más
gloriosa de la literatura latina.
Sus composiciones son prueba innegable ele
lo que asentamos: hay en ellas mucho dr la:arcaicas églogas y mucho de aquellos sonetos
perdurablemente admirables.
Debido es, por corn;iguiente, qtH' 110s con.
sagremos al notable literato, que ha sido maestro de toda una generación, y quien, altamente modesto, ha conquistado triunfos sin pretenderlos.
Muchas s011 las apologías que se han escrito
en honor del señor Vigil. No pretendemos llevar á cabo semejante tarea, sino limitarnos á
enumerar sus escritos y hacer mención de los
puestos públicos que ha desempeñado.
El año de 1850 publicó una colección de
sus primeros versos; el tomo se titulaba: «Aurora Poética de Jalisco» v le valió merecidos
aplausos por la belleza, dulzura y corrección
de las poesías que allí se incluyeron. Inspira
do por la musa dramática, el maestro escribió
«Dolores» y «La Hija del Carpintero», hermosos dramas que se pusieron en escena por los
años de 1851 y 1853.
En 1855 fundó ccLa Revolución», periódico
de altos empujes y en el cual su director se reveló apóstol del credo liberal. En esta época,
el señor Santos Degollado lo nombró profesor
de filosofía en el Liceo del Estado de Jalisco.
«Realidades y Quimeras» es el títuló del se-

D. JOSE MARIA VIGIL, Distinguido Literato é historiador.

gundo tomo de versos que el señor Vigi.J!publicó el año de 1857, y las cuales poesías le
valieron el mismo éxito que las primeramente
publicadas.
Después fundó y dirigió los periódicos «El
:Nuevo Mundo» Y «El Boletín de Xoticias» hasta que en 1869 fué electo djputado al C~ngreso de la Unión. Fué redactor en jefe del «Sig.lo XIX»,)' el Gobierno lo nombró en aquel
tiempo Director del Archirn General ele la
X ación.
El señor Vigil ha sido profesor de la clase
el~ español en la Escuela X. Preparatoria; Magistrado d~ la ~uprema Corte de Justicia; profesor de Historia en la Escuela de la Encarnación, y Director de la Biblioteca Nacional.
Este último cargo, honroso y dificilísimo
lo _desempeña en la actualidad con grand~
acierto y escrupulosa dedicación.
Ademát' de lo indicado,
el señor Vigil ha escrito
una ccReseña histórica del
Ejército de Orientei,; el
tomo 5° de la obra cc:.\Iéxico á través de losSiglos»;
una «Reseña histórica de
la Poesía l\Iexicana,, , y
numeroso,- estudios sobre Isabel Prieto, Nezah ualcoyotl, Orozco y Bena, Juan Valle v Sor
Juana Inés de la éruz.
Pertenece á las prirn-ipales sociedades científicas y literarias de México y los Estados; es miembro conespondiente de la
Academia de la Historia,
de Maclrid; de la Real de
la lengua, y Director de
la Academia de la lengua
en México.
Tal es, muy condensada, la reseña de las composiciones literarias que
ha escrito, y de los puestos públicos y honoríficos
que ha desempeñado y
clesempeña el notable filósofo y literato D. José
M. Vigil.

DRSPUES DE LA MUERTE DE MIMÍ
. ..... Y la estaci6n risueña de las flores
Torna otra vez, y titilante brilla
En loR pétal0s blancos el rocío;
Levántate, Mimí, cáliz de amores,
Mas ya el nido de amor quedó vacío,
A obscuras y desierta la boardilla.
Mimí, Mimí, ¿no me oyes? Importuna
~oche argentada de radiante luna
Con clivina y letal melancolía
Vi~ne su calma á perturbar, que duerma,
DeJad que dnerma con el rostro al cielo ......
~ocbe de luna, triste ritornelo,
Igual que aquella cuando me decía:
-Mimí me llaman, pero estov enferma,
i\Iimí, l\Iinú, ¿y es cierto? tu partida
),fi pobre alma á comprender no alcanza
¿,Y te fuiste, l\Iimí, sin despedida
'
Llevando de Ja mano mi esperanza?
¿Qu6 me dejas de ti? recuerdos sólo,
La cofia rosa sobre el blanco lecho.
La cofia rosa que cubrir solía
Sus áureos rizos, por la vez primera
Y? )os toqué al ceñírsela, que roce
D1vmamente suave,
Sus pulsaciones violentó mi mano ......
rn murmullo ...... ¿qué es? Mimí que tose,
¿M:imí que tose por la vez postrera? ..... .
Es el viento que gime en la vidriera
Y mi ternura funeral conoce..... .
Y la estacion risueña de las flores
Torna otra vez, y titilante brilla
En los pétalos blancos el rocío ........ .
¡Crepúsculos de oro, tardes tristes!
Quiero creer que la memoria pierdo,
Que os esfumáis si jadeante os toco;
El destino feroz, raudo me apremia.
Aoy un pobre poeta enfermo y loco..... .
¡ Dejad que en mi boardilla, su recuerdo
Bese tan sólo en medio á mis delirios;
Yo Ré muy bien que está bajo los lirios,
¡~i un mármol, ni una cruz, era Bohemia.!
,\::-.;TQ:,10

H.

ALTAMIRANO.

CIRCUNSTANCIAS.
El plan del Capitán no era feliz;
Mas se desnubla el sol, y es Austerlitz.
Nunca mejor el Capitán pensó;
Pero empieza á llover, y es Waterloo.
WILLIAM YouNG.

D. JOSE MARIA VIGIL en su despacho de la Biblioteca Nacional.
F.&gt;togratla • tom.l las 'expresamente paea "El Mundo Ilustrado."

Traducción.

�Domingo 13 de Julio de 1902.

EL MlJINDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTR.A.DO

.EL BAILE DE LOS VIEJECITOS.
NOVEL A

CORTA

(Traducción especial de "El Mundo I l ustrado",)

I
-Telo aseguro, papú, y á ti también, mamá:
es necesario que den ustedes un baile. Yuestro
amplio y _bello departamento del primer piso,
con sus ~iez Yentanas que dan á la avenida,
parece dispuesto expresamente para una fiesta suntuosa. Ilahlarán todos los periódico~; y
luego que ustedes reciban en s11 cai-;a ~erán recibidos por los in\·itados en las 1m~'ai:: y a,-í
repentinamente, entraréis en el gran ~imdo:
RP11tndos en la orilla de sm: sillones rle r-atín
flamante y nuevo, co11 los pies &lt;le punta, como
i;i no. se atre\'ieran á poi;ar]oi; sobre el peluche
mullido y i;ua\'e de sns alfombra,;, todaxfa vírgene:-i ele cxtrníias pi:&lt;adai:;, el bueno \' aordo
viejecito ~L Peronx .r la magnífica ~-iejPcita
l\Iarl. Peroux, N;cuchahan á la elegante jown
con ese rei-;peto qne los padres que no poseen
~rna g1~an cducaciún,_ tie11en á i-;11 hija única,
mstrmda
más c;i., en elI&gt;coleg10
, . en que ;:e 1mo-a
~
ra penswn t'n ai rn. Luego que la ioven hubo
acabado de hablar, los Yiejecito¡; se miraron.
-Pre&lt;'isamente, hijita se :wentur(, á decir el
viejo con voz casi tímida, aunque un poco animado con Jo¡; rnoYimiento:- aprohativos qtw
con la caheza hacía ,;u esposa,-precisamente
no tenemos d&lt;';:eo de lanzarno!4 al gran mundo, ni al nwdio, ni al más pcqueíio. No tenemos des.e~ ck pertene~er á mundo alguno. Te
lo 1:epet1,r1:: una Yez mm,, porque parece que Jo
olvidas a c.ada momento:. nuestros oríge11es son
muy humildes. Yo he sido jefe de meseros en
un restaurant, y tu madre cocinera. A fuerza
de economías logramos obtener. al cabo de
diez años, cinco obligaciones de la «Ville de
París.» Una de ellas nos hizo ganar el gran lote de quinientos mil francos; pero como tu
madre y yo teníamos mucho cariño á nuestro
oficio, por más que esto te parezca divertido,
y come, nos sentíamos todavía lo suficientemente jóvenes y activos para no vivir sólo de
nuestras rentas, establecimos un hotel en Niza,

Siempre hen:ios guarda?º el mejor orden y la
mayo~ exactitud; y umdo esto á que conocerr.ios bien las co~as en lo q·1e se refiere fL servic10, mesa Y. cocma, hicimofl que nuestra casa
fuera la meJor y menoi-; costosa en toda la ciudad.:. Los clie!1tes afluyeron; y dei&lt;pnés de veinte anos de é~ito,y con 18:s manos un poco abundante,- de dmero, Yenchmos nuestro hotel en
diez .'"ece;: más d&lt;' lo que nos había costado ,.
voh·1rr.ios t,, París mu_r ricoi;, casi millonarios,
pero sm &lt;;&gt;rgnllo &lt;!~ nmguna el'&lt;peeie! Como no
tcnemm: rnstrucc1on, no poderno~ sPr vanidoKOs; comprendemos bien que si nos hemos esforzado por trabajar mfü, que otms "E'ntes
también la suerte no:- ha siclo propicia.~Xues~
tro caso .no es el tu.vo; tú has siclo fclucada en
un medio muy cliferente, con otraK ideas ,·
otros prejuicio;; cfütintos ele loR nueRtros· has
podido, .~raciaR á tu, cuantiosa elote, caRa;·to ít
tu elec?1on, fü•\'~r e, trc1: que te conviene y
ª}raer a tn cafla a l()s amigos que te agradan.
]~;; perfectamente comprern,ihle que tengas gu1-,los. costun1 br~s y_ caprichos que nosotros ni
s~spec_hamos s1~¡lll&lt;'ra.; pern ;:i admitimos c¡ue
v1rns a tu atlt0JO, e;; Justo que nos dC'jes vi\·ir
al nue;;tro.
Lajm·en, impacie1!tc, ihaáahrirla boca para contestar perentoriamente, pero la viejecita,
ena1:&lt;lecida P.ºr la verba y la franqueza de su
mando, le hizo seña de que quería ú su \'ez
hablar.
- Ya-dijo con un touo ele reproche clisim t!lado, -en vez de dejarnos comprar un hotehto pequeíio y retirado, cerca ll' Auteuil ó &lt;le
Passy,, nos has hecho alquilar en plenos Campos Ehseos ~ste e!1orme clep'.1-rtamento lujoso,
que no conviene a nuestros intereses. Necesitamos, instalados de este modo, de siete á ocho
mozos; y como este gasto excede á lo quepo~emos pagar, resulta que la vigilancia mía
tiene q~e can~arme. Y no nos hemos retirado
de la. vida activa para no obtener ningún beneficio, Cop:ipréndelo píen, un&amp;, vez por to-

das: somos viejos y tenemos nece;;idad ele reposo.
Luego que los viejecitos acabaron de decir
todo .10 9ue pensaban, con la Hencille;,; que era
el pnne1pal resorte ele su elocuencia, callaron
p~rqn~ nJ {i uno ni ít otro les gustaban la¡;; ré~
plicas mutileR. Callaron porque les pareció
Jui-;to que tlespués de ello;; halilasc• f&lt;U hija.
Er-,ta había ei:;euchado las rnrnnPs que le &lt;lahan tnnto el padre como la madrr t'nn cierto
imperceptible e11cogimiento de l;omhros y
luego que la dejaron hablar, comenzó á &lt;le~
fender su causa con el imperturbable aplomo
Y la dei-;concertant(• Yoluhilidad que eon1-tituían el Rello tli:stintiYo de laH educanda:-; de
su colegio.
-~le mortitiea &lt;lecirlo ú u:&lt;tet!L'!4, queridos
¡,adres, pero no entcnd?is nada, ahi-;ol uta mente nada de la \·ida pari;;iern;e. Hi yo os ahanclonase•á Yosotros mi;:mo¡;;, ante1- ·de tres me,;ei-; moriríais ele faRtidio. Hé mejor r¡ue u,-terles l_o que se debe hacer. El primer deber &lt;le
los neo¡.; es gastar sin llenu- la cuenta. Xo ha y
nwjor manern ~l&lt;' com hatii- la anai quía. ERto ~~ asunto social! Aclemúi:1, á Vlie!4tra edad
estai~ .expuestoR á sufrir una pereza peligrosa.
I~a~cms cada día menos; todo se reduce áacarlC'iar recuerdos en el rincón dd fnerro·
el
b
&gt;
a l nia y e1 cuerpo se adormecen. Xada 1rnnlc
s~r mái:; rr.ialo, moral y física.mente. Se llecesita :eaccioi:iar y ~~to se consigue por un solo
med1&lt;;&gt;: la distraccion. Como ven ustedes, es
ta~b1é1: asunto de salud! Por último, todos
mis amigos, que saben que estáis instalados
ahora en París, encontrarán extraordinario
m~zquino, i!lcomprensible, que no hagáiR re~
chma;r las b~.sagras de la puerta. Creerían que
teníau, ve.rgu';nza de mostraros en público. Y
aquí tenéis como esto también es un asunto
de conveniencia.
La viejecita Peroux hubiera querido contestar que ~lla co~batía la anarquía!á su manera,
por medio de limosnas bienlempleadas entre

los pobres que conocía; el viejecito Peroux hubiera querido objetar,' que el médico le había
recomendado el reposo; ambos tenían en la
punta de la lengua decirle á la bija que ella
se entendiese con gastar sin llevar la cuenta, :v
que como no conocían á uno solo de los amigos de su;yerno, les importaban muy poco sus
mezquinas apreciaciones. Pero aprovechando
la excitnción, el desarrollo y ardimiento de
ideas en que la hacía internarse la facilidad
de locución, dándose apenas tiempo para hacer de vez en cuando «nfJ,,, la joven los cohibió por lo imprevisto y audaz de su peroración.
-Y he aquí por qué, querido papá y adorada mamacita, daréis un gran baile, seguido
de un suntuoso banquete, precisamente de este sábado en ocho días!
Los viejecitos temblaron. Ante un peligro
tan inminente, papá Peroux se arm6 ele valor
v lanzó esta frase corno un último cartucho:
· --Si tienes tantos deseos de dar un baile,
dalo en tu casa.
• :-__ La joven permaneció impasible ante aquel
golpe. Arregló tranquilamente sus abrigos, envolviéndose con exquisita coquetería, y luego
dijo:
-En mi casa es imposible; no es tan grande como la vuestra; no tengo tres salones en
un solo piso ni servidumbre suficiente. Además, hemos gastado mucho en este invierno y
el estado de nuestras rentas no nos permite
hacer un nuevo desembolso. Creí daros un
verdadero placer y siento mucho que haya siclo, en su vez, una contrariedad, pero ya es
tarde para retroceder: ya he repartido más &lt;le
trec;cientas invitaciones entre mis amistades.
¡Trescientas invitaciones!. ...... ¡Qué horror!, gimió el anciano perdiendo toda resistencia.
¡Misericordia! ¡Qué espanto!,exclam6 la viejecita como un eco desolado.
Nada temáis, dijo la joven con una sonrisa un poco burlesca. Esto no os causará la
menor molestia. Ya me arreglé con Potel para el "lmffet" y la comida; mandará sus «mattres el' hote1", sus cocineros y sus galopines.
Pasé á casa de Belloir: adornarú y decorará el
departamento. 1Ii florista, á mis órdenes, hará lo demás. Llegaré bastante temprano para
recibir los primeros invitados. Me encargaré
de todo, no tendréis absolutamente que ocuparos en nada.......... más que en pagar.
Y, pru&lt;lentemente, sin atendel" á nuevas obserYaciones, se levantó y se despidió. Sólo se
vió precisada á agacharse mucho para abrazar
(1 los ancianos, porque se habían ciuedado con
la cabeza baja, hundidos en un silencio ele
desgracia y de consternación.

II
El día de su baile («su baile)) ¡qué ironía!),
papá y mamá Peroux no f&lt;abían dónde esconelf!'se. No se sentían estar en su propia casa;
iban y venían como almas en pena; se asomaban por a&lt;1uf, espiaban por el otro lado; ya se
sentaban sobre una caja, ya sobre un rollo &lt;le
taniz; erraban de habitación en habitación con
aire de desgracia, cansados, tristes, como dos
pájaros á cuya jaula se le hubieran quitado
las varillas donde tienen costumbre de posarse.
Desde por la maíiana, llegaron los tapiceros
y desaneglaron todo el departamento, vaciaron todos los salones, el billar, la sala de fumar, etc.,y amontonaron todos los muebles en
la recámara. Cubrieron los muros con colgaduras de un rojo capaz de ha0er cegar, y dieron rnartHlazos hasta aturdir. Los desconocidos ,nnaitre,-; &lt;l'hott&gt;l» se apoderaron del comrclor y de los armarios, y rPrnovían las piezas ele
plata, la porcelana y el cristal. La cocina, con
sus hornillos rebosantes de fuego, estaba llena
de galopines con gorros blancos, que se apresuraban disponiendo vajillas, cacerolas y botellas. Los electricistas paseaban por todas partes gra11des esca.leras, multiplicaban los cables
entretejían sus hilos, mientras que por toda;
las puertas, de dos batientes, abiertas á. lascorrientes del aire, iban y venían los jardineros, con los zuecos llenos de lodo, colocando
grandes plantas verdes, poniendo y quitando

flores, rociando y refrescando todo con finos
pulverizadores.
Los viejecitos, al principio, qmsieron oponerse impedir el trastorno y el pillaje en su
casa. tomada por asalto; pero los sirvientes se
juzgaron inútiles ante aquella falanje de i_-eemplazantes y pidieron permiso pa.r a salir.
Así, pues, solos frente la horda de mt1:usos,
papá Peroux tuvo á bien ponerse su cómodo
traje de casa, y mamá Peroux se comulg6 su
cólera y, con su aquella diminuta talla, su
porte sencillo, su ca.ra bonachona y su voz
aflautada, nadie pudo creerla la verdadera
dueña &lt;le la ca;;a. Por otra parte, las órdenes
de su hija eran formales. La invasión continuó, y confinados de rincón á rincón, desterrados, apostrofados, rnaltratados, corridos,
los viejecitos no resistieron y se dejaron arrastrar por la inercia de la falta de poder.
Hasta llegada la noche, toda aquella gente
desapareció y el ruido cesó como por encanto.
Las puertas se cerraron; una tibieza de invernadero, en que vagaban los perfumes de las
lilas, de la.s rosas y de las violetas, se extendió en todo el departamento, bañado por una
luz de oro. Papá y mamá Peroux se paseaban
á través de todo aquello, con el pasmo del
campesino ingenuo y de la pavera sencilla
que en todos los feerismos, y no se sabe por
qué servicio inconscientemente prestado, el
hada buena transporta á un palacio de apoteosis. Lo admiraban todo con temor, no se
atrevían á tocar nada, respiraban á pequeñas
aspiraciones, preguntándose si acaso se les
exigiría, á la hora de la hora, restituir lo que
habían consumido de un aire tan precioso,
tan raro, tan deliciosamente perfumado.
-Esto es muy bello, me da miedo, decía
la viejecita, pálida y temblorosa. ¡Cómo voy á
parecer vieja, amarilla y fea en el brillo de estos espejos, de estas flores y de estas luces.
-¡Oh, tú estás bien conservada-suspiró papá Peroux,-barás todavía un pequeño efecto. Pero yo que voy á estar torpe y ridículo!
-Si me crees muy segura, te equivocas.
Las amigas de nué!ltra hija, todas Yerda&lt;leramente mundanili;, van á comerme viva, de la
rabeza á los pies. l\Iira, se me pone carne &lt;le
gallina.
-Y los amigos de mi yerno, los señores elegantes y desdeñosos, rnn á toserme mirándome de un modo que ya siento el calofrío.
-No resuelYo irme á vestir; retardo esto lo
más que puedo. ¡Ah! si vieras el traje que,sin
permitirnie una sola observación ÍI la modista,
tu hija me mandó hacer para el baile! Es ele
satín ,,erde tierno, ¿.lo oyes?, ¡verde tierno, para tu pobre vieja! Y el talle está de tal manera escotado, que parece que "º" al baño. l\Ie
sie11to enferma desde ahora! •
-¡ ·o me hables, yo tengo sudores fríos!
Cuando me ponga los zapatos lustrosos, me va
á parecer que me han limado los pies. Pero
eso es nada al lado clel traje que me ha hecho
el sastre de mi yerno. Estoy desde ahora como una castaña sobre la parrilla, una caRtafia
que siente tostar su cúscarn. Y luego, que estoy tiin acostumbrado, que ú falta de servilleta, nrn pongo el paíiuelo debajo del brazo.
¡Yaya, que voy á cansar es&lt;'ándalo!
-Yo también voy ú hacer algo de eso lo
, s·iento que ..... .
,
ver.is.
Un campanillazo interrumpió la conYersaci6n.
¡Ah! papacito, si serán ya nuestros ii1Yitados? ..... l\Ie tiemblan las piernas v me siento
enferma.
·
-Te ruego, mamacita, &lt;¡ne no mr hables de
nuestros invitados; me haces mal.. ....
-Xo nos quedamos aquf.. .... de:;;filerno~.
-Esto es ...... Rin tambores ni trompetas.
~- dando .vivame11te media vuelta para esqmvarse, dieron de nunos á boca con un diablo de ujier que estaba en pie tras de la puerta. Con puños blancos, Ji brea de paño azul
con botones ~e oro, más erguido, mús solemne que un smzo de catedral, aquel espantajo
que nunca habíase visto, les cortó la retirada
ru~bo á la recámara, y con un aire y un tono
de Juez ante culpables, los apostrofó bruscamente:
-¿Qué hacíais aquí, brr? ¿por qué escapáis
de esta manera? ¿Qué significa esto? ..... .

Domingo 13 de Julio de 1902.
En su turbación de pánico y en la sofocación de este interrogatorio tan á quemarropa,
los viejecitos se quedaron petrificados. Sin
darles tiempo á respirar, el terrible espantajo
les echó hacü, adelante:
-Vamos, despejad ¡canario! ¡Nada de explicaciones! «¡Cierren!" ¡No es su lugar de ustedes aquí! ¿Quién me ha dado estos desahogados curiosos? Si me montáis en cólera, llamo
á la policía. ¡Vamos! ¡Ilnchs! Sin manchar el
suelo ...... y prontito, ¿.eh?
Ciego á sus gestos de indignación, sordo á
sus protestas, el ujier los arrojó ? la antecámara. La viejecita se dirigió á la gran puerta
de honor, pero el ujier les gritó cínicamente:
-¡Eh! ¿.La salida de losamos? Nada de eso,
¿para qué sirve entonces la escalera de los criados?
Y de un último empujón, el ujier echó á papá y á mamá Peroux á la repostería y les cerró la puerta. Allí, en medio de otros desconocidos: «maitres d'hotel", cociueros y galopines atareados, fué peor. Pasmados,· golpeados, injuriados, tratados ÍL codazo, y con miradas rudas, f'l papacito y la madrecita pasaron ele la repostería á la cocina, de la cocina [i
la meseta &lt;le la escalera; y ¡paf! con la puerta
en las narices: se encuentran solos en la escalera de servicio.
-Ji.;sto es atroz, dijo el viejecito colérico.
Ser puesto á las puerta:, de su propia casa por
los mozos que uno mismo paga, es inicuo, es
el colmo!
Luego qne la viejecita pasú la primera impresión de sorpresa, no pudo evitar reírse.
-Oh! yo no me enojo ......... encuentro todo esto muy divertido ...... muy divertifo!
-Pero no lo dejaré así. Voy á subir por la
escalera principal!
-Te olvirlas, amigo mío, que está guardada por el ujier mayor: te in1pedirú la entrada.
-Bajaré al cuarto del conserje, mandaré
llamar al comisario de policfo ......... me haré
abrir las puertas de mi casa por la autoridad
judicial.
-Qué escándalo, qué ridículo escámlalodecía entre risaR la viejecita, encogiendo los
hombros. Quieres que hagamos il'rupción en
el baile con traje de todos los días y seguidos
por la fuerza armada! ¡Sería un escándalo que
nuestro yerno jamás nos perdonaría y que haría á nuestra hija caer desmayada. Si me crees,
no hagamos tanto ruido, aprovechémonos en
silencio, alegl'e y maliciosamente, de la torpe1..a de ese gran imbécil del ujier.
Papá Peroux, ante el bufn humor indiferente y bromifita de ::;u esposa sintió que ,:u cólera decaía. Ya empezaba ú ealmar,e.
-¿No deseábamos esquirnrnos"? preguntó la
Yiejecita.
-Si, pero..... .
-Era muy difícil, pero ahora es muy fítcil.
Todo está á pedir de boca, ya lo ves. Nuestros
invitados se dfrertirán sin nosotros,y nosotros
nos clivertircmoi:; sin ellos.
. -:-¡Eh, eh, ésa sí ya ~s Ufüt idea - dijo el YieJe&lt;'ito, que nunca po&lt;lia estar por mucho tiempo colérico y acababa de quitarle el mal humor aquella proposición tentadora. Ei,o serú
muy divertido..Justamente tengo en la bolsa
la llave &lt;lel sexto piso, donde guardo los n•cuerclos y las reliquias de nuestro modesto nw~aje de otros tiempoR. Arrojado¡; de acá abaJO, rnmos arriba: es nuestro único asilo.
- Oh! eso es; comeremos en nuestra buhardilla, como en los buenos tiempos en (1ue éramos pobres ...... pero Jóvenes! Qué bonito va
á ser esto! Sólo que YO no teno-o un Rueldo en
la bolsa para que coi11amos; ./tú?
-Tampoco. Xo llevo ni cartera ni portan!oneda. Espera...... ei-¡wrn, tengo en mi bolsillo dos monedas &lt;le n iinte sueldo,; para rnis
pobres, dos francos! ¿,Eh? Qu{· caf-ualidad!
-Con eso tenemoR. Yamos ú buscar qüf
comer.
( COXTINIJARÁ) .

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eminentemente curativos que contiene:

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oombinaldos en dósis estudiadas en mruLtituid de oa.;;oo pnícticos,
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DE JESÚS F. CONTRERAS
EN SU ESTUDIO
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IZQUIERDA

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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