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                  <text>Domingo 10 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 7.

MÉXICO, AGOSTO 17 DE 1902.

Subscripción mensual fo~nea, $1,~
Idem ldem, en la capital, .. 1,
Cierente1 LUI&amp; Rt'l't&amp; &amp;PINNLA.

alrccton LIC. RAf'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOU.

HERMANAS.
(Estudio fotográftco de P. Torres y P. Lavillett-.)

CAZA DE UN TORDO ·
Cuadro de Gárate

�Domingo 17 de Agosto de 1902.

Cleptómanos Modernos
Jfofas Ca/1,jeras.
Los diarios de información se han entreter,ido durante la semana en pormenorizar dos
sucesos, no originales ni extrafios siquiera,
pero sí interesantes: el proceso de unos ladrones de cincueh ta mil pesos, y la aprehensión
de otros, que, con hábiles eombinaciones, engañaron á un rico espaüol para robarle algunos miles.
Estas noticias serían de una aburridora insignificancia, si en ellas no apareciera el tipo
del héroe novelesco, de folletín, hecho con un
poco de Rocambole y otro poco de Conde de
Montecristo. Hablo del ladrón de levita, del
misterioso personaje que se presenta en sociedad con los aparatosos modales de un actor,
de un galán joven que viste con elegancia, come y bebe con esplendidez, sabe bailar boston,
y habla del honor como de un ideal ya conquistado y seguro.
En las sociedades e.xquisitamente civilizadas
se presenta este caballero con bastante frecuencia y sus proeza.'l hallan en ellas campo libre
y rico. La vida de estos hombres delie de ser
interesante y curiosa por extremo; debe de estar compuesta de escenas y episodios jocoserios como las memorias de Casanova, con un
gran fondo de filosofía callejera, pervertida y
amarga, en cuyo vulgar pesimismo no palpitará otra cosa que una gran sed de placer y un
sensualismo encanallado y brutal. La educación les ofrece poderosos recursos para llevar
á cabo sus fechorías; y la moda y la urbanidad
ponen á su disposición agradables disfraces
para ocultar sus intenciones y malevolencias.
Son hábiles prestidigitadores, comediantes de
buena escuela, y andan por esos mundos urdiendo planes y fraguanao asechanzas entre e_l
estruendo de una orgía inacabable, como si la
sociedad fuera para ellos lo que para los romanos de Petronio fué la casa de Trimalci6n.
No era común entre nosotros este peligroso
embaucador. Nuestro era y henchía las cárceles el tipo del ladrón miserable que, por las
noches en las calles solitarias, hurtaba, pufial
en mano, y echaba á correr con el reloj y la
bolsa á su lejano escondite, á su tenebrosa corte de los Milagros. Xuestro E'ra el haraposo, el
hambriento, el vagabundo, que, ignorante y
estúpido, arrebataba á la existencia, para poder vivir, lo que ella no le daba de buen grado.
Pero este malhechor era fácil de conocer, y la
policía lo atrapaba con facilidad entre 1ms mil
y tres tentáculos.
Mas al ladrón refinado, al elegante, al que
flanea por el «bulevari&gt; del brazo de los amigos
aristócratas, al que asiste á teatros y «clubsi&gt;,
juega al bacará, va en carruaje al paseo, galantea á las perdidas de moda y desafía á los
que se atreven á poner en tela de juicio su nobleza, á ese autor de estafas y engañifas, {i ese
flamante Picolet, no le veíamos aparecer sino
de cuando en cuando, en los anales del presidio.
Hoy, quizás por primera vez, nos damos
cuenta de que nos invadi6 la plaga y de que
la propiedad tiene un nuevo enemigo, más terrible y_ue el pobre ratero que va entre la multitud, avispado y audaz, buscando la punta
de un pañuelo que extraer, y que el legendario salteador de caminos, que, antaño, iba por
escarpaduras y vericuetos, exponiendo la vida, en persecución de algún convoy imaginario.

LA ORUGA.
Sale de entre las hierbas que la ocultan durante el calor, y atraviesa la avenida arenosa,
haciendo grandes ondulaciones.
En una huella de pie de jardinero, parece
perderse.
Llega á las fresas, allí descansa y parece aspirar el aire¡ después vuelve á emprender su

EL MUNDO ILUSTRADO
camino, y sigue, ya sobre las hojas, ya bajo
las hojas ...... Ahora sí sabe á dónde va.
¡Hermosa oruga, gruesa, velluda, con puntos dorados y ojos negros!
Se guía por el olfato, se estremece y frunce
como espesa y rizada pestaña.
Detiénese al pie de un rosal!
Agárrase, tienta la corteza lisa, balaucea su
cabecita de perro recién nacido y se decide á
trepar.
Ahora, parece que se traga penosamente cada centímetro de camino transcurrido.
En lo alto del rosal ábrese una rosa coloreada como las mejillas de candorosa niña.
Sus perfumes la embriagan, no desconfía de
nadie, y deja que suba por su tallo la primer
oruga que llega, y la recibe como rico regalo.
Y pre8intiendo que la noche será fría, se
siente feliz al echarse una boa en derredor del
cuello.
JULIO REXARD.

LA GOLONDRINA HERIDA.
Al pie de mi ventana ha caído esta tarde,
en el jardín de la fonda, una golondrina herida.
Yo no supe hacer nada por ella: la acaricié,
la sostuve entre mis manos, pero se me murió.
Y es que estos seres, sanos 6 dolientes, corren
sólo por cuenta de Dios, y los hombres nada
sabemos de ellos sino que andan por el aire y
que parecen más felices que nosotros.
Pensando en el que dispar6 sobre la golondrina-el cual es, á no dudar, un hijo de
Adán y, por lo tanto, hermano mío,-me he
sentido un poco avergonzado ante ella. El linaje de esta pobre ave me aparece en estos
momentos harto más noble y principal que el
nuest.ro. En efecto, ella viene en línea recta
de aquellas piadosas avecillas que consolaban
á Cristo en la cruz, arrancándole de la frente
las espinas, y el cazador y yo venimos de los
que se las pusieron.
Este impío Nemrod habrá recorrido eú vano, durante todo el día, estos montes vecinos,
y no se ha resignado á no disparar su escopeta. Ya se ve: compromete á mucho esto de salir de casa arma al brazo. ¿Cómo volver sin
haber hecho sangre? En cambio, ese mismo
no se avergonzará de volver muchas noches
sin haber dado limosna á un pobre.
La cosa ya no tenía remedio; el tiro fué certero, y lo único que yo he podido hacer, para
no dejar en tan mal lugar al género humano,
ha sido dar á la golondrina piadosa sepultura
en un rincón del jardín.
La he enterrado al pie de una palmera, como ella hubiera deseado descansar, si es que
pem16 en esto, que nada se sabe; y alegran su
tumba, en torno del suelo removido, una opulenta mata de geranios y un rosal blanco.
Poca tierra he tenido que sacar para hacer
la fosa. ¡Pobre animalillo! ¡En qué poco espacio cabe! Y sin embargo, mandaba como
soberano en los aires, y de Africa se venía á
España, como yo voy del comedor al salón.
¿Habrá en el mundo quien no las haya envidiado viéndolas volar? Si hay alguno, te'ngamos lástima de él, porque eso es que se encuentra á gusto en la tierra. ¡En la tierra,donde viven los ingratos!
¡Qué pena causa ver en el suelo lo que tuvo
alas y se cerni6 altivo en el espacio! Por eso
son cosas tan tristes un pájai-o muerto y un
alma caída.
En los otros seres, los que andan atados á
la tierra sin poder dejar nunca su impuro contacto, no parece caso tan lastimoRo verlos caer
sin vida. No bajan de tan alto, y ya en su actitud mientras viven, con la mirada hacia el
suelo, los pies palpándole cautelosamente, parece que andan buscando el mejor sitio para,
echarse y morir.
El hombre mismo, que apenas ha conseguido otra ventaja que empinarse un poco sobre
los demás pobladores del mundo, le recorre
de un extremo á otro en busca de algo que él
no sabe lo que es, y que no es más que la
tumba.

Pero el hombre lleva dentro un pájaro á
cuyo vuelo no alcanza ningún otro.
Sube el alma humana, guiada por la oración, ó por el recuerdo 6 por la esperanza, y
tan alto sube, que no hay en el mundo alas
que la sigan. El ruiseñor desde la copa del
árbol, la golondrina en la espadaña de la iglesia y el águila en su altísima rocrt, se preguntan asombrados cuando pasa: ¿A d6nde irá
tan alta?
Y, á pesar de ello, si no hay alas que la alcancen, el alma tiene también sus cazadores.
No la tiran cuando está en lo alto, que no la
dieran entonces. sino que aguardan una de sus
impensadas caídas, un breve descanso en
tierra.
En esta caza s6lo hay un cazador que tenga
licencia de armas. Es uno que usa flechas; da,
al parecer, sin saber en d6nde, porque se finge ciego; pero da siempre en el blanco.
No os guardfis de él, almas nuevas que ahora ensayáis el primer vuelo. Dejaos prender
en sus redes 6 herir por sus tiros, porque es
muy triste la vida de aquel á quien Amor perdona.
Dejaos herir, y si morís de la h erida, mejor.
Aprended de esta pobre golondrina, que volaría á su nido sin reparar en el riesgo ni en la
distancia.
Dejaos herir, y guardaos bien de hacer vuestro nido sin pedir permiso al cazador de las
flechas; porque no basta, no basta, como hoy
se cree, con amontonar muchas pajas.

-

EL MUNDO ILtrS'l'RAbO
UN BUSTO

DEL GHAL. ESCOBKDO
La Secretaría de Guerra,yreviencto que, tar&lt;le o temprano, ha.brá
de erigirse en b República un monumento
que perpetúe la memoria del ilustre general
Don 1Iariano l~scohe&lt;lo, encomendó ú la
Escuela de Bellas .\ rtes el nio&lt;lela&lt;lo de un
busto, en yeso, lJtie
pueda Rervi r de hase
para la ejceuci6n ele la
('Statua, IIE&gt;gado el raso.
El busto á que nos
referin10R fué hecho
por el ::ir. Arnulfo Domínguez, quien tuvo á
la ,·ista las mejores fotografías del vetPrano
y la mnscari !la sacada
á 1,u muerte. La obra
repre~enta al vencedor
de Santa Gertrudis en
la plenitud de su vida.
Desde el punto de
vista artístico , tudoi;
los detalles están tratados con la rninucioi;i&lt;lad que requieren las
obras de esta naturaleza.
La encina que adorna
el busto, es del mejor
efecto.

ENRIQUE MENÉNDEZ y PELAYO.

EL PRELUDIO.
Siempre á igual hora y un breve instante
junto á los hierros de mi ventana,
todas las noches no sé qué mano
preludia un arpa.
No sé qué aliento tan misterioso
siente el arpista siempre que pasa;
no sé qué impulso mueve sus dedos
para tocarla.
¿Es miedo acaso lo que le impele?
¿es alegría que le entusiasma?
¿6 algún recuerdo que le atormenta
ó que le halaga?
¿Qué es lo que inspira su fantasía?
¿cuál es el móvil, cuál es la causa?
¿por qué las notas del instrumento
hieren mi alma?
¡No sé, Dios mío! mas me figuro
que acaso el pobre sufre la carga
dura y terrible de una existencia
desventurada.
¡Cuál me conmueven esos sonidos
dulces y vagos que me regala!
¡ay! ¡quién pudiera darle consuelo,
paz y esperanza!

LAS SEÑOdlTAS ESTRELLAS.
Las sefioritas estn•llas estuvieron en el baile, donde danzaron locamente toda la n oche,
y ahora, mientras vuelven á su hogar al través de los jardines azulei-; del éter, bailan todavía. Atado el resplandeciente cintillo y sueltas
atrás las largas cabelleras. vf&gt;stidas de una vh-ida tela de diamante, cogiendo .por los caminos pálidas flores de pedrerías, y sin resignarse
á andar tranquilas como setioritas delicadas.
¡X o! Bai Jan y ba ilan sin cesar. Las innumerables comparsas forman ya la figura de un
Carnero, (¡ de un Escorpión, 6 de una Lira, 6
de una Balanza, 6 de un Arco que dispara, ó
de un Pez, 6 de un Pavo, 6 de una Ballena, 6
de un Fénix, 6 de una Grulla 6 todas estas figuras á la vez, y el inmenso collar que se desparrama no se modifica, y todas estas frentes
de diamantes alumbran y blanquean lainn1ensidad azul.
-¡Yamosl-dice la grande Aldebarán á la
pequeña Proci6n,-apuremos el paso, por fa-

Yor. ¿Xo ves que se acerca la terrible, la espantosa Aurora, que avanza vestida de rojo y
c¡ue ya nos va á quemar la extremidad de los
cabellos con la llama rosada de su antorcha"?
-¡Ah!-dice Proci6n,-semeha caído uno
ele mis escarpines de cristal y te sigo como
puedo, un pie calzado y el otro desnudo.
-¡Qué importa!-;responde 13: señoritagrande.-Apresúrate, y s1 es necesano arroja también el otro en el camino, en alg~na caverna
de oro. Si no te cuidas de lo que te dije vamos á tener que pisar luego las rosas de¡¡ mafiana, salpicadas de sangre. ¿Y qué dirá el seíior Camilo Flammarión si nos ve todavía en
el cielo á la hora en que es de reglamento que
las honradas estrellas estén en cama?
TEODORO DE BANVILLE.

N.UlIVO OBISPO D! CHIAPAS.
La semana pasada se efectuó en la Colegiata de Guadalupe la consagración del Señor

bomingo 17 de Agosto c1e 1902.
Doctor D. Francisco Orozco y Jiméne1,, nombrado últimamente obispo de Chiapas.
El señor Orozco es en la actualidad el más
joven de los obispos mexicanos; naci6 en Zamora el 19 de noviembre de 1864, habiendo
comenzado sus estudios en el colegio establecido en .Jacona por el padre Plancarte· allí
permaneció dos años; en 1876 se dirigió á
Roma, ingresando al Colegio Pío Latino Americano, en donde siguió sus e~tudios hasta ordenan;e, y en 1888 regresó á l\léxico nombrúndoscle vicerrector de !a Escuela Cat61ica de
Arte!&lt;, en Zamora, puesto que desempeü6 por
mús de cuatro afios. Fué agregado á la Universi&lt;lad Pontificia y nombrado catedrático
d~ hit-toria eclef'iústica, filosofía y Sagrada Escn tura.
Pocos años después se translad6 á esta capital, e11 do1:ide por algún tiempo desempeñ6
el cargo de vicerrector &lt;lel Seminario Conciliar.
:El :.:!9 del pa'3ado julio recibi6 el «brevei, pontifical en el colrgio del Sagrado Coraz6n. El
St'ñor Orozco posee una \'asta instrucción y
!&lt;U nombra111iento se ha recibido en Chiapn;;
con beneplácito.

SR. DR. OROZGO Y JIMENEZ, OBISPO DE CHIAPAS-

Infinidad de personas le han enviado sus
f~licitaciones, y muchas otras de Zamora y de
d~erentes par:es del Estado de ~Iichoacán, vimeron á México para asistir al acto de la
consagraci6n.
Ten:1-ina&lt;la la ceremonia, el nuevo Obispo
Í?é obJeto de numerosas demostraciones de
simpatía, o~sequián&lt;losele con un banquete á
que con?urneron el Sr. Arzobispo Alarcón y
otros miembros del alto clero.

El adivina sin conocerme
cuánto deploro su suerte infausta,
y agradecido, con un arpegio'
me da las gracias.
Yo también triste paso la vida,
yo también sufro penas amargas
y me consuelo cuando en mi reja
preludia el arpa.
CAROLrnA DE SoTO y

ÜORRO.

-Nada sucede en la vida ni como se espera ni como se teme.

.

***

Los OJOS del espíritu son como los del cuerpo, se fatigan cuando quieren ver más allá de
cierto límite.-ALFONSO Iú.RR.

***

-Se ha dicho que ya no hay nifios...... Es
que no se cuenta á los ancianos. - ALFONSO
D.A.UDET.

PUERTAS DE MEXICO.

LAS CALZADAS DE LA P !EDAD y TACUBAYA.

�EL .MU N lJO lL US'l'HAlJO
Domingo 17 de Agosto de 1902.

Domingo 17 de Agosto de J 902.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA BELLEZA FEMENINA
La gracia es condici6n de tal modo necesaria de la belleza femenina, que basta en ocasiones para constituirla. Y no s6lo es condici6n necesaria de este género de belleza, sino
de la belleza en general. Nada dotado de gracia deja de ser bello, y se impone un estudio
especial de la gracia para formar cabal concepto de lo bello en general y de la estética femenina en particular. Intentémoslo.
Si todo lo gracioso es bello, no todo lo bello es gracioso. Hay cosas y fen6menos que
dentro de una incontestable é imponente belleza, están totalmente fuera de la gracia.
El indefinido azul del firmamento; la masa
deslumbrante y agobiadora del sol; los horizontes infinitos del mar; los imponentes lineamientos y las rocas abruptas de la cordillera;
el huracán, la tempestad, la tromba, son incontestablemente bellos, sin lliezcla alguna posible y asignable de gracia. Este género de
belleza es grandioso, imponente y monumental; suscita admiraciones extáticas; despierta
emociones profundas, produce espanto, terror,
dolor.
La gracia no penetra tan hondo ni abarca
tanto espacio en la sensibilid.. d; la gracia no
sacude, acaricia; no impone, alhaga¡ no atormenta, recrea; no hace estremecer, sino sonreír.
Para esto es indispensable, desde luego, que
lo gracioso no se presente en masas confusas,
ni revista formas monstruosas ni ocupe espacios desmesurados. Lo gracioso ha de ser pequeño, relativamente al menos; armonioso
siempre; m6vil y ágil en general. El mar no
es gracim;o, decíamos, siendo bello; pero pueden serlo un lago y una fuente. Los grandes
mamíferos; los árboles gigantescof', contrastan
á este respecto con las aves, con los insectos y
con los arbustos. El colibrí, microsc6pico,
multicoloro, ligerq, ágil y juguet6n; la mariposa, esmaltada é inquieta; la nube, diáfana
y ligera; la espuma, blanca y perecedera; h
gota de rocío, la flor,encarnan y simbolizan la
gracia, porque son pequeños, movedizos y armoniosos.
La gracia se caracteriza de preferencia por
el movimiento. Un paso lento y torpe; un
movimiento pesado y difícil; una traslaci6n
rectilínea y mon6tona, excluyen totalmente
la gracia. Entre Hércules luchando y una ninfa jugueteando; entre el proyectil brutal y rudo y las volutas del humo; entre la avalancha·
que rueda y el ave que vuela, median difere:1cias profundas que emanan de los caracteres
fundamentales de la gracia.
Dondequiera que el empuje necesario al
movimiento es considerable,y sobre todo, dondequiera que es claramente perceptible, la
g_:acia desaparece y se evapora. Para que 1a
actitud, el ademán y el movimiento sean graciosos, es necesario que sean fáciles, espontáneos, y que pneda11 tomarse 6 ejecutarse siu
esfuerzo aparente. Sentarse á plomo, echarse
de bruces, andar cojeando 6 arrastrando los
pies, gesticular con vehemencia, moverse c011
lentitud 6 con embarazo, son, todos, actos que
excluyen la gracia.
La mujer verdaderamente bella, debe moverse rítmica y cadenciosamente; debe ser ágil
y vivaz, sin extremar su movilidad; su mímica, su gesticulación y su ademán deben ser
fáciles, c6modos, armoniosos. Todo lo que

puedan tener de extremado, de torpe, de fatigoso, afea á la mujer, le quita el garbo, la soltura, la agilidad, y la convierte en masa inerte, difícilmente movible, 6 en aut6mata chocante y ridículo, movido con alambres ó accionado con resortes.
La gracia en el movimiento supone en la
estructura condiciones y requisitos indispensables.
..
La esbeltez, desde luego, y la flexibilidad
del talle y de los miembros. Importa, en efecto, para que los moYimientos y las actitudes
puedan ser graciosos, que las masas huesosas
y musculares no produzcan impresi6n de pesadez. La osatura debe e.er fina y ligera, las
coyunturas proporcionadas y suficientes. Importa igualmente que no sea muy acentuado
el relieve de los músculos, ni lo sea tampoco
la saliente de los tendones. Cuando, como pasa en los ath:tas, el relieve muscular se dibuja
á cada movimiento ó su acentuación es permanente; cuando los tendones revelan perceptiblemente su tensión bajo la piel que los cubre, el esfuerzo que el movimiento exige, es
directamente visible, y por no estar disimulado 6 atenuado, excluye toda impresión de
gracia. Por eso el Hércules Farnesio 6 el Torso del Belvedere, que parecen tener bajo la
piel una cordillera muscular, no serán jamás
modelos de gracia y sí de ese otro género de
belleza que se llama la fuerza; y por eso será
inmortal símbolo de gracia la Diana Cazadora, eternamente bella, de Hans l\fackart.
De esta necesidad de que el esfuerzo quede
disimulado, nace el que exijamos á la belleza
femenina cierta uniforme y torneada morbidez, que rechazamos en el hombre, símbolo
estético, para nosotros, no de la gracia, sino
rle la fuerza.
La gracia radica, no tan sólo en el cuerpo,
sino en el alma, y trasciende de ésta á aquél.
La respuesta fácil, la réplica viva, la fácil movilidad de la atenci6n, la metúfora adecuada,
traducen la facilidad y la acomodaticia variabilidad del poder mental y disimulan el esfuerzo del pensamiento y de la reflexi6n. Lo
mismo las emociones: todo lo que las haga
aparecer desmesuradas en su manifestaci6n 6
lentas en su aparici6n, les quita la gracia revelando su fuerza 6 su torpeza.
Los OJOS, espejos del alma, la boca, la fisonomía en fin, así como la mímica y el ademán, deben, pues, traducir la espontaneidad,
la adaptabilidad á las circunstancias, la rapidez de aparición y la mesura en la expresi6tt,
características de la verdadera gracia. Ni la
mueca acentuada, ni el grito estridente, ni la
carcajada histérica ni el ademán convulsivo
son compatibles con la gracia, como no lo son
tampoco la mirada fija y opaca, la fisonomía
inexpresiva, la inercia indolente ni el silencio fúnebre.
La mujer, en suma, para ser plenamente
bella,debe encarnar y simbolizar la gracia. La
gracia puede ser su abso1uci6n estética, porque no exigimos á la mujer fuerzas, sino
atractivos; ni empuje, sino delicadeza, y porque, en suma., fuera de la maternidad, que es
su trabajo hercúleo, s6lo le pedimos sea el ornato y el encanto de nuestra existencia.

(1Fot01nfla• de la coleoo1511 J!'elludl11!,J

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 17 de .Agosto de 1902.

Domingo 17 de Agosto de 1902.

eCa ecrcnación 6et c!iteg e6uar6o.
~u oele6raoión en cJ&amp;izioo.
El entusiasmo con que la eolonia inglesa residente en :México celebró
la Coronación del Rey Eduardo VII, efectuada en la populosa Londres el sábado 9 del corriente, hizo que las fiestas organizadas en honor del soberano por la Comisión respectiva, dejaran entre nosotros
los más gratos rPcuerdos.
La serie de festejos se abrió con el suntuoso baile dado en la tienda
de Villamil la noche del 8. El espacioso local, adornado con verdadero derroche de buen gusto, presentaba un aspecto encantndor. El
plafond de la espaciosa sala &lt;le
baile imitaba un a enorme
«Union Jack» en cuyo derredor se veían, enrolladas, draperías de los colores mexicanos.
En los antepechos de los palcos había cal'tones con los nombres de las distintas colonias del
Imperio Británico, y, arraucando de las columnas,arcos de follaje que formaban un primoroso conjunto. Las graderías
desaparecieron bajo una capa
de flores y de verdura.
Dno de los éxitos del adorno
fué la decoración del fondo
que cubría el foro. Era un lienzo qne representaba la regia
mansión del Wíndsor Castle,
cuyos torreones se dei-tacaban
!iObre un cielo opaco, y cuyos
muros se mojaban en una coniente que ,·enía á terminar en
una cascada de admirable efecto. Ladecoración era muy hermosa.
En el:vestíbulo y en el salón
tk dl'saho_go, el i-ir. Bourclwl'.

ville, :Ministro de Iriglaterra, se presentó en el local acompañado de su
esposa.
Al presentarse el señor Presidente de la República, tanto el señor
Ministro, como los sefiom, Anclerson, Foot y Jerome, 8alieron á recibirlo hasta el vestíbulo. El señor Gene1al Díaz ocupó el palco especial
que se le había señalado, y donde le acompañaban los señores )linistro inglés y señora; Embajador Clayton y señora; General Bernardo
Reyes, Ingeniero Lean&lt;lro Fernández y señora; señora Barran de Rin-

[Fot. Schlattman.

EL DECORADO DEL FONDO.

A la hora del champaña,el Sr. Ministro inglés pronunció un corto, pero entusiasta brindis que fué escuchado por los comensales con
el mayor interés. El Señor Ministro Greville tuvo frases de exquisita cortesía para el Sr.
Presidente de la Repúblics. y para el pueblo
mexicano. El Primer ::\Iagistrado correspondi6 á este brindis con el que últimamente dió
&lt;rEl Imparcial,i á conocer. Las palabras del
Sr. Gral. Díaz produjeron en la concurrencia
la más grata impresión.

EL SALÓN DE BAILE.

cún Gallardo y algunas otras
personas distinguidas.
Dc~de ese momento la fiesta
desplegó toda su animación.
El golpe de vista que ofrecía
la sala era indescriptible. Telas
vaporosai- de colores claros en
su mayorí&lt;t, encajes, flores; todo irreprochable y ceñido á la
más exqttisita elegancia.

SALA DE DESAHOGO.

que fué el e!1cargado del adorno, hizo también derroche de su buen
gu~t?· Multitud de banderas, piezas florales y plantas de las más exqms1tas completaban el decorado.

***

La fiesta comenzó cerca de las diez de la noche, hora en que el Sr. Gl·e-

A media noche se sirvió la
cena, á la cual fué invitado el
señor Gcnen,l Díaz.
La mesa oficial estuvo instalada en el foro del Circo, que
estaba adornado con banderas
mexicanas é inglesas. El señor
Presidente tomó asiento en el
centro y á suR lados las sefioras
de Greville y &lt;le Azpíroz. Frente al Primer }lagii-trado, estaban los Reñorcs :\Iinistros de
Inglaterra, Francia é Italia y
señoras, siguiendo á sus lado.-;
[Fots. Schlattman J
los señores Embajador amPri •
.
cano, Lic. Jlanuel Azpíroz, Ingemero Leandro Fernández, Gobernador del Distrito v señora sefiorita. Halfetf', señora Dolores B. de Rincón nallarrlo, L°ir. .Tos{, '.\lgara
R~nor
y señora H.
e1mlH', señora Chytou, selior Encargado 11P Xego-'
c1os de Espafta, Wálfo.nt y señora, Teniente Bartlei- señor }lcC.:nry
Encargado de. N'egocios del .Japón, Conle Stadniki ;. Kilmasegg, ·
otros caballeros y damas distinguidos,

y

tantes de las demás naciones y á los miembros más encumbrados de la Administración.
El terrible aguacero que se desató sobre la
ciudad á la hora que señalaban las invitaciones, no fué obstáculo para que la Legación se

viera concurrida por lo más selecto de nuestra
sociedad. Una buena orquesta estuvo tocando
piezas escogidas, y tanto el Señor Greville como su esposa, atendieron á les invitados con
toda cortesía.

El sábado por la mañana se verificó la ceremonia religiosa dispuesta por la Comisión
de la Iglesia de Cristo. El templo, de moderna arquitectura, fué adornado con verdadera
elegancia.
En el altar se colocó una cruz formada con
gardenias, que tenía á sus lados coronas de
laurel en cuyo centro estaban las iniciales E.
R. y A. R., y en las ventanas, grupos de plantas y flores exquisitas.
En el presbiterio tomaron asiento las personas que componían el coro, y en la nave los
miembros del Cuerpo Diplomático, los altos
funcionarios y multitud de damas pertenecientes, en su mayoría, á la colonia inglesa.
En representaci6n del Sr. Presidente de la República,asistió el Sr. Secretario de Relaciones,
Lic. D. Ignacio :Mariscal.
La ceremonia consistió en u11 sermón predicado por el Rev. Forrester, y en la entonación de algunos coros, principalmente.

-.

Por la tarde, el Sr. :Ministro de Inglaterra
ofreció una suntuosa recepción á los represen-

SALIENDO-DE LA CEREMONIA RELIGIOSA.

��...

Domingo 17 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

EL DEPENDIENTE.
Todos los afanes de las primeras horas del
día se dedicaban á él.
Luego que se oía el martilleo penetrante y
prolotigado del despertador, la señora abandonaba el lecho-con cuidado, con sumo cuidado, para_no mover al muchachito, que dormía el s~eno sabr?so de la mañana, -y tras
de ver si E&gt;n la cocma estaba todo listo para la
primera faena, entraba á la recámara del esposo, entreabría la puerta del balcón y se acercaba á verá su buen hombre que con la cara
hundida en las almohadas, descabezaba todavía el último sueño.
- ¡Eh, las siete!
No obtenía respuesta.
-Ramón, Ramoncito ...... Ram6n Ron las
siete dadas, hijo.
'
-¡Voy, voy, voy!
Media vuelta y á saborear otro jironcito de
reposo.
Ya sabía la señora que aquello duraría poco, y su afán tomaba otro rumbo. Abierto de
par en par el ropero, buscaba los pantalones
planchados la víspera, tomaba el jaquet que
estaba en la armaz6n de alambre, volviendo
la _esp3:lda. á l°: escena de la alcoba; luego hacía
m111uc1osa revista de cuellos, i ba hasta el balc6n para que la luz le ayudara á patentizar las
nitideces y los brillos; igual cuidado con los
p uños, y mucho más al ponerles las mancuernas de chispitas; pañuelo, calcetines Todo
era colocado sobre una silla junto al lecho, y
la sefiora salía llevando en la mano el par de
zapatos empolvados.

BN E1 C1UE EBITANICO.

1 '

EL CONCIERTO DEL MARTES.
Cor.i broche ~e oro, puede decirse, se cerr6 la serie de
festeJos organizados por la Colonia Inglesa para celebrar la Coronaci6n del Rey Eduardo VII
. Los s,:1-lor~es_ del ~lub Bi~tímico, uno d~ los centros de reum6n mas d1st!ngmdos de nuestra Capital, abri6 sus puertas
el mart;s úl~11110, para ~f~·e_cer á la crónica de la semana la
nota m~s i-ahente. ~ l ed1fic10 se veía engalanado, en su parte exterior, cor, multitud de focos incandescentes, de diversos
colores, que formaban una C?:ona imperial. A uno y otro Ja&lt;lo estaban, formadas tambien con focos, las iniciales E R
Y la fecha de _la Coronaci6n. Completaban el adorno del~ fa~
chada haces de banderas inglesas, escudos y piezas florales
artísticamente distribuídos.
En el interior el
adorno era sencillo
pero de buen gusto'.
La entrada se decoró con guías de flores y cedro, y las
escalera:;: estaban tapizadas con fina alfombra. A los lados
había tiestos con
plantas de-ornato y
en el primer desca'.nso una gran corona de gardenias. En los corredores
se veían piezas florales del
mejor efecto, guirnaldas y
banderas.
. El sa16ri. en que debía verificarse el concierto anunciado, es uno de los más elegantes del Club. Su puerta
P:incipal está formada por
vistosos cristales de colores.
En el fondo había dos grandes retratos del rey y la reina, los cuales estaban rodeados de un doble marco de
~lR. GEOROE GREVILLE, ll1INIS'l'RO DE
flores finas, blancas y rojas.
lNGr,ATERRA.
En el remate de la puerta se
, ¡ S 1
puso un cuadro que repre:,;en ta a os oonanos en el trono; El reti·ato d e 1a rema
· ,,.1ctor111,
· est a. b a med'10 cu b"1erto con un ,crespon
negro, y ador nad o con fl ores 11
&gt; anl
d
cas. E
de corti·nas
· l esas
l n caet a. puerta
h elb'salon servían
.
, band eras 1n¡1;
y en os en rep~nos, a 1a ()omtas figuras de flores. Del candil dei
centro,
focos de luz,, pai·t'ian guí as d e fl ores
L
1que
d tema
b ·¡ mas ·ele veinte
,
asa a e · a1 e contigua
a la de conciertos luci'a un ado
d' d
rno parec1·d o.·
-:..\_ 1as. nue, e ~ ~1e 1~ e la noche, hora en ue se resent6 a
panaddob defisu d1stmgmda esposa, el Sr. l\Iinist;o Gre~lle co~en~~1~
agra a 1e esta.
'

***

Ya se hacían los preparativos para que la
v itla del comercio se agitara. Los mozos sacudían las fachadas, descorrían las cortinas de
acero.y á. la mirada &lt;le 101- escasos transeuntes
se iban presentando los maniquíes lujosof-1,que
habían pasado la noche en su cárcel de vidrios
con la mi!'ma postura incómoda en que los
vió la multitud que paseó ayer por el bouleYard. Los ei-ca1-ai·ates ele las joyerías mostra
ban nada más sus zócalos de peluche; los brillantes estaban todavía durmiendo sus luces
en las tinieblas de las cajas de fierro. Las joyas son como los hombres que hacen gran papel en la política ó en las finanzas: no pueden
estar donde quieren, á su antojo: si d uermen,
se les vela; si llegan á un sal6n, atraen las miradas; si sufren demérito, se les relega á. lai- capas i nferiores y se les olvida ... .. .

if

1

1

CLUB BRI'l'.\NICO.

SALÓN PRINCIPALIY CORREDOR.

La «Imperial _Overture,,, ejecutada ror la orquesta fué el primer
número _del cone1nto. Después los «Aires britániGos:,, que acabaron
con el himno «Go&lt;l ~a~e the King", cantado por el coro.
f fe lo~ números siguientes, uno de los más brillantes y aplaudido¡
~ el hu~rno ''.Loyalty", cantado por el coro con acompañamiento de
piano. ~ste h1m_no fué compuesto para esta ocasi6n por el señor
Bruce Bailey, qmen lo dedic6 á la señora Greville esposa del "\finiRtro Inglés.
'
·
A las on?e se suspendió el concierto para
tomar un ligero lunch. Después fueron ejecutados una fantasía, por la orquest:! y el coro «Long life to a boston's name".
La fiesta terminó con un baile improvisado
que se 1;&gt;rolongó hasta las dos rle la mañana
en medio ele la más franca animación. La
sala esta?ª adornada, como la de concierto¡;,
con sencillez y buen gusto.
La concurrencia fué muy numerrn,a y cscogida.

C~mpletamos nuestras ilustraciones relativas a las fiestas de la Colonia inglesa con los
retratos del Sr.. Ministro Greville y' de Mr.
Anderson, Presidente de la Comisión encargada de organizarlas.

Ma,, J, M . ANDERSON,

Ya en los relojes públicos han sonado las
tres campanadas que anuncian la proximidad
de la hora. Los dependientes que han madrugado forman corrillo delante de la puerta cerrada y chicolean con las muchachas del gremio, que no son esquivas con ellos, quizá _por
la igualdad de sus luchas, de sus cansanc10s,
de sus sinsabor.es y ele sus alegrías.

***
El último beso, allá en lo alto de la escalera. La esposa le alcanza todavía para quitar de
la solapa una imperceptible mancha de polvo,
y el flamante señ or baja de p risa. E n el último peldaño se detiene para Yer una vez más
á la compañera y agitar la mano en son de
despedida.
- Vienes temprano, hijito, ya sabes .. ... .
E l esposo hace u n signo afirmativo con la
cabeza, por más que no sepa ese «ya sabes,"
pero se imagina que será un platillo de su gusto que lo espera, 6 el descorche de u na nueva
botella de coñac ó un beso, en último caso.
El es un dependiente de joyería, y á. esa
clase de establecimientos conviene concurrir
con tal 6 cual acicalamiento. AJ!í se trata con
la riqueza sobrante, con el capricho exquisito,
con uno que otro oropel 6 con el último cartucho de oro, que por «último,» es el más vanidoso, el más exigente, el que quiere más solemnidad para quemarse; es como algunos
r eos sentenciados á muerte: aceptan un banquete pocas horas antes de ir al cadalso y qui1•ren champaña seco, porque el dulce puede
hacerles daño.
Y como es tan poco agitado el comercio e11
las joyerías, Pl dependiente pasa muchas horas en reposo, reflexionando acerca &lt;le la última comprarlora, que iba con cara de paRcuas,
el último mozalbete, que estando todavía en
tutela,se aventura á solicitar alhajasácrédito.
De pronto. recuerda á su ei-posa, á la compañera que desde el peldaño alto de su casita
humilde le grit6 que «no tardase, que ya !labia»
¿Qué sabía él'? ¡Y que aquel ángel de
bondades no lucirrn l'Ohl'&lt;' &lt;•l lóhulo de la oreja

Domingo 17 de :Agosto tle 1902.
n i el más raquítico solitario de los que él tomaba diariamente á puñados para ofrecer á
las elamitas perfumadas que quizá valían menos que su gran señora!
)Iientras que arreglaba en el estuche un soberbio aderezo, venía. á Ru imaginaci6n la hermosura de la espmia iluminada con los dardos
&lt;le luz de aquellos brillantes. E l sofrnclo rostro se coloreaba con el rubor ele la alegría y se
le aproximaba más y más hasta dejarle un beso de cariño y de agradecimiento.
-Has t.rabajado mucho para traerme una
alhaja!. ..... te adoro y la adoro ..... .
La hermosa visi6n se borraba brnscamente.
Un señorón seguido por una aya cubierta de
cintas blancas y llevando en los brazos á un
sonrosado capullo de vida, se presentó pidiendo :
- Un juguete para este chico, cualquier cosa, algo que le impida llorar de aquí á casa.
Y al decir esto, puFo sobre los cristales del
mostrador un billete de alto precio.
Se le dió al bebé una sonaja de plata y marfil. Con lo que aquello valía, el dependiente
hubiera cumplido la mitad de sus compromisos mensuales...... ¡iba á ser para qne un niño no llorara durante algunos momentos!. ... ..
El hijo del dependiente nunca había tenido, ni en sueños, una alhaja semejante.
Su hijo .. . aquel niñito encantador que tan•
to lo besaba ..... .
Resueltamente era un hombre desgraciado,
y desgraciada la esposa y desgraciado el hijo!
Y hundido en una ola de desesperación,apuraba y apuraba más aquella pena,cuando acertó á volYer la vista hacia la puerta del establecimiento: allí Yió á un niño harapiento que
contemplaba con ojos de profunda t risteza la
suntuosidad de la tienda de alhajas.

.Cuis Frias Fernánde~.
LA SEÑORA PROFESORA
ANA RAMIRO DE FIGUEROA.
El 12 del corriente dej6 ele exi:.:tir en la capital la &lt;listinguida profesora cu.r o 1w111 hre Pllcabeza estas líneas.
La i-eñora Ramiro
nació en Acapulco é
hizo sus estudios de
profesora en est:t
ciudad, donde obtuvo el título y e~ta, Q
bleci6 un colegio
particular. Algún
tiempo después fué
nombrada directora
üe una escuela no&lt;'turna, pasando más
tarde á. servir una
municipal. Su matrimonio la hizo sc-·
pararse Je i;;u empleo, pero al enviudar, volvi6 á desempeñarlo, poniéndose, ademá~, al frente de un
plantel dominical.
En 1889, el gobierno de Oaxaca la llam6 á
organizar y dirigir la Escuela Normal para
profesoras, creada en la Academia de Niñas
por el gobierno del ge1wral Zertuche, y desde
1896, en que volvi6 á :\féxico,estuvo encargada de las escuelas nacional primaria superior
núm. 2 y nocturna núm. 4.
. Durante el gobierno del general D. Gregor10 Ch~vez, en aquel Estarlo, reorganizó la Esc~ela Normal s~hre las bases de la pPdagogía
e1entífica, contribuyendo á la formación de la
ley reglamentaria que aun rige en aquel plantel, y con RU clara inteligencia y su espíritu ele
progreso, elevó á la Academia á un grado de
esplendor notable.
Por lo demás, ~a seiiora ~inda de Figueroa
i-ostnvo ? clefend16 con ahrnco la conveniencia de adoptar en las eRcuelas primarias de
esta capital los n:iétoclos modernos , e~tre
ello;- el de la escntura-lectura, que ha ido
nbnéndose paso debido á sui; constantes esfu¡,rzos.
La muerte de la estimable profesora ha sido
muy sentida.

,e

�Domingo 17 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 17 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

METRÓPOLI MUERTA.
Los museos son los cementerios del arte: no muestran, evocan .
. Las grandes galerías claras y silenciosas, como salas &lt;le hospital,. nos sumergen e1: sonambulismos extrafios. Et guardián
dor!111ta, sentado al pie de una columna. Por los vidrios pol~•or~entos se filtr~ la luz del sol. Los escasos visitantes pasan
111?1ferentes, haciendo i&lt;onar sus gruesos botines sobre los mosaico~ y ~e detienen ante las mismas obras, con un gesto de
aburrimiei:ito, porque ha~ venido, máR que por venir, por
poder decir que han venido. Desde la calle sube el vaho de
la vida: gritos de mercaderes, ecos amenazantes de multitud
que pasa. Por la ventana, abierta como un marco se ve un
recorte de cielo-la mejor de las telas. L~s muros
ennegrecidos, abren sus grietas como arrugas de ve:
jez.. Los chapiteles, las cornisas y los bajos relieveR,
cubiertos de años y de recuerdos, sonríen con sus
egoísmos de historia. Parece que vivieran todavía su
época en la nuestra, por un contra.sentido de los senticlos. Y todo nos. habla de la muerte. El artista que
pai-a, parece seguir un convoy por una avenida de
cipreses. Su sombra se alarga en las galerías como
un mástil,y se rompe contra el muro.
Se piensa en el eterno contrasentido de las artes
/
obstinadas en i_nvadirse .Y arrebatarse entr~
sí sus prerrogativa!'&lt;. El pintor busca el relieve de sus cuadros, el escritor quiere pintar
escenas, y el escultor se empefia en hacer
hablar á sus estatuas. Quizá fué para conciliar estas ambiciones que los romanos aven, turaron la pintura sobre los mármole8. La
tentativa ful\ grotesca. Pero si una mano sobre
humana consiguiera amontonar en un solo
rayo de luz todo lo divino de todas las artes,
estaría resuelto el problema de los Dioses.
¿,Qué pensaríamos de un ((Prometeo» esculpido por Miguel Angel y pintado por Velásquez, que dijera palabras de Hugo entre el
torbellino de una música de Wágne~?
Son divagaciones. La atmósfera helada
tle las galerías inmensas; el silencio interrumpido
de largo en largo por el ruido de un objeto que cae
ó una indicación del guardián que repercute en to:
das las salas; la misteriosa pasividad de los retratos
cuyos ojos siguen al visitante como si le repro:
charan la fantasía de vivir cuando ellos descansan
detrás de la tela; la resurrección de las lecturas· el
atcwi!'mo de las supersticiones, y un sentimie~to
extr~fio que nos invade ante el esfuerzo de tantas
voluntades victoriosas, inspiran al visita:JAte inge•
nuidades de Pierrot y gestos incongruentes.
Pero por la fúnebre solemnidad de las salas, paFa á veces una pareja joven con trajeR alegres y ojos de domingo.
Son dos enamorados que desdefian las telns y las estatuas
y buscan una cueva ignorada y un rincón solitario para
Reguir hilando hermosos l?royectos de mentira. Pasan ajenos ú todo, con una sonrisa r un beso en los labios. Los
personajeR de las pinturas se asoman para verlos. Un caballero de Yelásquez que baja por una escalera de piedra
Je¡: ¡:aluda ceremoniosamente coii un sombrero emplumado'.
Pero los enmorados es~i: aturdid?s de felicidad y no ven
nada. Cuando encuentran el s1t10 tranqmlo que huscan se sientan Robre la banqueta roja y hablan atropellada y caprichosamente, en pelotones rle alegría, hacienda caricaturas con las palabras. ¿,Qué tienen ellos que ver con :Murillo y con Rembrandt?
Si Goya surgiera de improviRo ó Delacroix bajara de su retrato, habría una obra maestra máR. Con cuatro pinceladas decisivas fijarían el grupo sobre el muro, dándole una auréola de estrofa. Los colores tendrían ironías de Rabeláis y antítesis de
Rugo: en el museo, en la metrópoli muerta donde los cuadros
parecf'n lápidas sepulcrales que hacen el elogio de los artistas
que fueron, el extrado de dos almas locas que ignoran los dei-tinos y corren detrás de una quimera, empujadas por un contra8entido risible que hace nacer la vida de la muerte.

]Ylaque/ ligarte.
SUICIDA.

I
AftTIITAI DIL. TIAT,io HIDAL.QO

De pie sobre la tumba de un suicida,
Exclamé con voz ronca y dolorida:
«Cobarde, no mereces descansar;
No supiste vencer vanos dolores?»
Y hollé rahioso las abiertas flores
Que atlí mismo empezaban á brotar.
Eso fué ayer. ... más hoy, ya fatigado
Y de sufrir y de luchar cansado,
Ya me parece atónito escuchar
Que alguien pisa mi tumba de ira loco
Y me grita.: ~Cobarde! tú tampoco,

Tá tampoco merecea deacanea.rl»

JULIO FLOlUlZ,

JU ANITO .
La madre pasó la noche junto al niño, pálida, con los ojos hundidos y el cabello destrenzado. En su rostro, fresco antes como la
rosa que acaba de abrirse, se adivinaban las
sombras de un dolor incurable y de una tristeza que lentamente se infiltraba en su espíritu.
Juanito, el chiquitín de cuatro años, de pupilas azules como el cielo, estaba enfermo,
muy enfermo desde aquella tarde de octubre
en que salió con él á pasear por el campo lleno de cañas tostadas por la nieve, de troncos
desnudos &lt;le follaje y de yedras marchitas.
Ella recordaba, hundiendo ia mano descolorida en la onda. negra de su cabellera, como
para impedir que la memoria se le escapara
de improviso, que el chiquitín no había, como
otras tardes, correteado gozoso, alegre, hasta
rendir:;e. Otras veces saltaha, iba al río, y
sentándose á la margen, revolvía con sus manecitas incansables la húmt-da arena que brillaba á loi. rayos del sol como un reguero de
piedras preciosas.
Huraño, retraído, i¡¡in aquella sonrisa que
lo hacía ta.n hermoso, no quiso apartarse &lt;le
ella; reclinó la cabecita rubia en su seno y por
primera vez quedó J uarúto como absorto ante
el crepúsculo que daba á las cimas cambiantes de ópalo.
-¿Qué es aquello, mamacita? murmuró inquieto y medio turbado. Se quema el cielo;
mira la lumbre...... Y como si aquel espectáculo le infundiera pavor, vol\'ió su carita de

ángel para ocultarla con las ropas de la mujer,
que le besaba con ternura.
La madre sonrió dulcemente, y acariciando
la sedosa cabellera del niño, le dijo: Esa lumbre que ves, es la lumbre con que Papá D10s,
que está en el cielo, castiga á los niños que no
son, como tú, obedientes y buenos.. .... Más

arriba-¿ves la estrella que está más arriba?
-está la gloria donde Dios pone á los que
quieren mucho á sus padres, como tú me quieres ...... Allá está tu hermanita; es aquella estrella...... Las estrellas son los angelitos ..... .
Crecía la sombra y J uanito vió que el cielo
se llenaba de luceros ..... .

***

en vela y el recuerdo de todas las tristezas
que marchitaban su corazón de veinte afios,
hicieron que la madre quedara largas horas
sumergida en profundas meditaciones.
¿En qué pensaba? Pensaba en el esposo
que encaneció en plena juventud sentado á la
mesa de trabajo y que murió dejándole, como
única herencia, á Juanito; en la nifia que le
mandó el cielo cuando la primavera enfloraba
los campos, y que le arrebató el aire helado
de una mañana de noviembre; en el hijo que
se le maría, y en su desgracia ..... .
Hubo un instante en que reprimió los sollozos que se agolpaban á su garganta y, sin
ruido, se acercó al lecho en que el chiquitín
se consumía. Juanito sintió una mano helada
sobre su frente y abrió los ojos. Un sudor extraño empapaba su cuerpo; sus brazos no se
alzaron ya como un reclamo á las caricias maternales, ni en su boquita aleteaba el beso
casto, inocente ...... el beso más puro de todos
los besos!
-¡Quiero ver las estrellas!. .... . quiero verlas!. .. . .. ¡rnamacital, dijo el niño con voz apenas perceptible.
Y la madre corrió .... .. aturdida, sin sentido, abrió la ventana y se puso á contemplar
el cielo ...... el perfume de las flores invadía
la estancia, y allá, lejos, muy lejos, brillaba
la última estrella.
Juanito había muerto.

Desde aquella tarde la fiebre consumía al
chiquitín de ojos azules. Las noches pasadas

RENÉ DE

RoY.

Srito 6e cZe6enci6n.
¡Almas inermes que lloráis cautivas
del vicio ó del error; almas incultas
que, á. todo anhelo de grandeza esquivas,
vivís por siempre bajo el mal sepultas,
sin que la vida en su batalla inmensa
os haga altivos levantar la cara
y comprender que de la turba ignara
surge á la luz la multitud que piensa!
¡Almas enfermm,, que del fuerte esclavas,
marcháis á la ventura
sin que arda nunca en vuestras turbias frentes
el sueño augusto de pisar la altura
en donde agitan su gloriosa tea
de espíritus videntes
aquellos que con armas refulgentes
combaten por el triunfo de una idea!
¡Seres obscuros, la existencia os llama!
'.rrocad ~a bruma que os envuelve, en lampo
que radie á vuestr0s ojos
y os ilumine el anchuroso campo
donde se ven los estandartes rojos
que ostentan los que en pos de la victoria,
luchan con fe sin t'xhalar un grito
y se arrebujan en la luz de gloria
que sobre ellos refleja lo infinito.
La inercia que os domina es un estado
de mísera agonía;
es la faz angustiosa del nublado
que á vuestros ojos obscurece el día.
Sabed que es tiempo de que alcéis con brío
en vuest1:0s puños la triunfal palanca
con que la vida intelectual nos lega,
en vez del nublo que á la acción estanca
y del error que al pensamiento ciega,
el haz ele lui que al pensamiento arranca
de la inacción para decirle: brega.

Mirad: hacia lo lejos
se descubren las bélicas milicias
y se perciben los sonantes dejos'
de a&lt;¡uellos que alentando á. las caricias
que hace la Fama á su actitud heroica
llevan la luz á. la conciencia obscura '
y van marchando á la guijosa altura

con paso firme y voluntad estoica.
Oíd cómo se escuchan
rumores &lt;le mareas
y explosiones de recios alaridos:
es el épico hervor de los que luchan
agitando el pendón de sus ideas
sobre el grupo sin fe de los vencidos.
Mirad: sobre la cumbre
de brillos esplendentes
alzan al cielo su fulgor de lumbre
las incansables, pensadoras frentes.
Y esa luz, y esos bélicos clamores
y ese ol¡;aje de fuerzas superiores '
que yerguen el proscenio
de su labor, sobre la egregia altura,
forman la olímpica expresión del genio
la faz más amplia del esfuerzo humano '
que todo lo adivina,
'
que sin cesar nuestra existencia explora
y á la voz de los rayos que fulmina,
hace del caos despertar la aurora.

con la expresión de una existencia informe
vitalidades que el error sepulta
'
bajo el dominio de su fuerza enorme.
Quizás penséis que el heroísmo brota
de una celeste inspiración arcana
que empuja al hombre y que le dice: flota
sobre el nivel de la conciencia humana.
Pero mentira. En la eternal batalla
en donde el hombre con lo arcano brega
nadie á triunfar predestinado se halla· '
ta1~ sólo t riunfa y á lo heroico llega '
qmen marcha en pos de la verdad aug11sta
llevanclo en su sendero
'
la voluntad como radiosa fusta
y la razón como tajante acero.
BENITO FENTANES.

STELLA,
(DEL ITALIANO.)

¡Seres que á trágico dolor sujetos
atravesáis la tierra
sin la conciencia de los mil secretos
que en su pasmoso mecanismo encierra!
¡almas sin luz! la humanidad consciente
la que trabaja en la labor pensante
'
estalla en gritos de dolor inmenso '
al comparar vuestra actitud doliente
con la actitud radiante
de los que elevan el sagrado incienso
de su razón ante el altar sublime
en donde oficia la verdad y en donde
se alza un~ voz que á nuestra voz responde
y nu~va vida ~ nuestro ser imprime.
Amáis lo heroico y en la fe sencilla
que os enardece, se vislumbra el rastro
de un culto que se humilla
ante el ara rle todo lo que brilla
sea virtud, inteligencia ó astro. '
Amáis al héroe sin saber que el germen
del heroísmo en vuestro ser se oculta
sin comprender que en vuestra masa duermen

Del árido peñón la bruma vacra
corre su velo de volutas rotas " '
y entre nn vuelo furtivo de g~viota8
tiembla la luz que en el conffo se apaga.
E~ disco arg~nteo de la luna, indaga
la triste obscundad. Yibran las notas
d: un harpa que han templado las ignotas
mnfas que Apolo con su lira embriaga.
¡Crepúsculo Rin fin! El alma aduna
con el beso plateado ele la luna
el casto beso de la novia muerta·

'

y en medio del silencio y la agonía
ya próxima á morir el alm·a mía
'
al borde de la tumba se despier~!. .....
MIGUEL

***

C. NovARO.

-La libertad es incompatible con el amor:
amar es ser esclavo.-MME. DELAU~AY.

�[L 'MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 8

MÉXICO, AGOSTO 24 DE 1902.

Subscripción mensual foráoeñ, $1.50
lctem Jdem. eu la ca1•1tal, ,, l.~r,
Oerenlf!l LUl6 Rt'l'l6 6PINDOLA.

Dlrf!clor: LIC. RAf'AfL Rr'l't~ ~Pl"IOOL4.

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LAS CONSENTIDAS.
(De la coleccl6n Pellandlni.)

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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