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                  <text>[L 'MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 8

MÉXICO, AGOSTO 24 DE 1902.

Subscripción mensual foráoeñ, $1.50
lctem Jdem. eu la ca1•1tal, ,, l.~r,
Oerenlf!l LUl6 Rt'l'l6 6PINDOLA.

Dlrf!clor: LIC. RAf'AfL Rr'l't~ ~Pl"IOOL4.

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LAS CONSENTIDAS.
(De la coleccl6n Pellandlni.)

•

�nomingo 24 de Agosto de 1902.

E L VIEJO.
Decrépito, sucio, macilento, apoyando en
un grueso bast6n el corrorndo c~erpo,q~1e por
instantes amenazaba caer; carmnando a rastras con un temblor senil en las piernas, que
denotaba el supremo esfuerzo del movimiento· deteniéndose á ca1la paso para contemplar,
co~ mirada entre distraída y estúpida, lo que
á Ru alrededor sucedía, ÍI sumergido en ensimismamiento caxiloso, como atenaceado por el
recuerdo así cruzabii las calles de )léxico hace quinc~ ailoR, un hombre enveje.cit~o á la
vez por el pen!-amiento, por el Rufr11mento y
por el vicio. Los transeuntes pasa.han ante él
con desdeñosa indiferencia. Xatlie le saludaba, y, sin (•mbargo, todo el mundo lcconocía.
En torno ele aquel horn bre, inerme ya en la 1ucha por la existencia, giraba la multitud, pleº t6rica de fuerzas y ambiciones. Algunos, al
pasar junto {t él,· pensaban: ¡pobre «v.iejo))!
Una compa.--ión rúpida. y tladacomo de limosna por unos cuantos corazones buenos! ~ra e,1
único sentimiento que arrancaba el «VIeJ0" it
aquellos que en otras fpocm, le conocieron y
trataron.
Yo, en distintas ocasiones, pude Yerle de
cerca y notar la profunda huella, el surco indeleble que en aquel rostro habían dejado las
ideas las Hv•rimns y el alcohol. Entre una
barb~ hirl'!uta de canas amarillentas y lacias,
gestic~aba con dolorosa expre."lión la. boca desdentada· sobre la palidez &lt;le los pómulos asomaba la' mancha cárdena, denunciadora de la
fiebre alcohólica, y traR los opacoR vidrios de
unos anteojos de vnrillas torcidas, chispeaban,
baj•&gt; las cejas ásperas y blancas, los o~cur~s
ojoR, inteligentes, viYos y de extraordrnar1a
energía.
¡Qué minado, qué ruino~o ?-e• encontraba
aquel organismo! ¡Qut abatido y qué tri~te
aquel espíritu!
•
E l «Viejo,)) á semc&gt;janza de Edgard el americano bajaha lent:unentc el antro obscuro de
lúgub;es fantasmagorías, é iluminado Íl trechoR por la llama verde del ponche. Cuando
le conocí, lle&lt;raba rn al último peldaño; había dejado todo e11 su pa,·oroso dei;cendimiento· la inteligencia, la fuerza, la fantasín, y sólo
le 'quedaba la vaga conciencia de una vida fecunda en clolores y desilusiones.
¡Y ese hombre in válido del combate social;
ese ¡;er triplementc herido por el infortunio,
por la abyección y por la miseria, había sido
poeta, filó?-ofo, novelista; hahía cantado n?bles ideales, se bahía sentido lleno de i-ent1mientos altos, que hicieron explm,iún de entusiásticas estrofas ataviadas con ricas imúgenes y verba fulgurantu!
El «Yiejo» fué poeta lírico: sus versos son
tristes y se arrodillan ante las enamoradas de
veste blanca v nimbo sobre la frente, como la
Beatriz de la ·Divina Comedia; fué humorista&gt;&gt; notable: sus humorismos están impregnados de fina ohsen·ación, y fueron escritos en
ese estilo vibrante y · «cortado» que tantos
triunfos valió á Alfonso Karr; fué filósofo á
la manera de los viejos románticos: con cierta
mofa sangrienta y cierto doloroso esceptici!nno
que á las veces ríe y á las veces blasf~ma.
El «Viejo11 tuvo su cortejo de adnnradores;
se impuso {t su época; saboreó los manjares
del triunfo. y oyó d eco prolongado de los
aplausos. Tuvo en su juventud veladas de sabio; estudió y produjo; entró con brillantes
armas á luchar por hi exist1:ncia,y se sentó en
la me.cm de los poderosos, y en lot-1 e8cailos del
Congre.r,o.
Cuéntanme que, no obstante, vivió una vida libre, ligera, con algo de misantropía y
extravagancia. De joven habitaba en una boardilla obscura, en la cual, á decir de un literato contemporánro suyo, habfa por único
mueblaje una cama revuelta, algunas sillas
y, colgados en la pared, un machete suriano,
y un cántaro, almac(n de las producciones literarias.
«El .,.iejo,» conforme avanzaba Pn edad, y
por circunstancias que no conozco, pero que
me parece adivinar, fué acentuando su carácter de bohemio, hasta convertirse en un tras-

ET, MlTNDO TT,TT8TRAD0
nochador de café. Ninguno me lha confiado
los detalles de esta existencia tan brillante y
prometedora en el principio, y en el fin tan negra y tan infortunada. ¿Empujada. por quif,n
fué cayendo aquella alma en el abismo? ¿Como fueron desvaneciéndose la~ esperanzas,
muriendo lai; energías, y aflojáulose, poco á
poco la voluntad de este hombre superior'?
Y 'sólo sé lo que necesito: que el «viejo» fué
un vencido de la suerte, un hombre que iba
dejando la vel'ltidura de su talento y de su genio en los zarzales del camino.
¿En el naufragio de esa vida flotarán algunos libros hai-ta alcanzar la playa lejana'? Creo
que sí. . .
.,
. . t ¡·
.
.
El «v1eJo• mur10 ya sm m e 1gencrn, sm esperanza y sin nmigos ...... ¡Pobrecillo!

DIONISIO.
:'.\Ir. )Iarambot abrió la carta que le entregaba su criado Dionisio, y se sonri(&gt;.
Dionisio, que servía en la casa desde hacía
veinte años v que pasaba en to1la la comarca
por Ull criado modelo, preguntó:
-¿Ha recihido el señor una buena noticia'?
::\Ir. )Iarambot no era rico. Antiguo boticario de aldea, jamús había t¡uerido casarse,
y vivía de la modesta renta adquirida ven&lt;liendo droga:o á los campesinos.
A la pregunta del criado contt-stó el farmacéutico:
-Sí , Dionisio. El tío )Ialóis retrocede
- ante.
el pleito con que le amenazo, y manana recibiré mi &lt;linero. A un solterón como yo, nunca
le viene mal el ingreso de 5.000 francos.
Y )Ir. Marambot se frotaba las manos de
gusto.
Al día siguiente, á las nueve de la mañana.
el cartero entregó á Dionii;io cuatro cartas para Ru amo, una de las cuales pesaba mucho.
:'.\Ir. )Iarambot !:'e encerró inmediatamente
en su cuarto hast.-i el mediodía, y despufs confió á Dionisio cuatro sobres pam el correo.
Uno &lt;le ellos, dirigido {t :'.\Ir. :'.\lalóis, era indudablemente un recibo.
Llegó la noche; )Ir. Marambot se acostó á
la hora de costumbrr y se durmió como un
bendito.
De pronto le de~pertó un ruido extrailo.
Sentóse en la eama y escuchó. Pero de repente Re abrió la puerta y se presentó Dionisio en
el umbral, con una bujía en una mano y un
cuchillo de cocina. en la otra.
::\Ir. Marambot supuso que su criado se había vuelto Ronámbulo, é iba á levantan;e para
dirigirse á él, cuando Dionisio apagó la luz y
corrió hacia el lecho.
Su amo tendió las manos para detener el
golpe que le derribó de eApaldas, y trataba
de ap~deran;e &lt;le los brazos del criado-á quien
creyó loco,-ÍL fin de evitar las terribles acometidas que le dirigía.
El pobre boticario fué herido primero en
un hombro y luego en la frente y en el pecho,
mientras· agitaba sus manos en la obscuridad
y gritaba con toda la fuerza de sus pulmones:
-¡Dionisio! ¿Te has vuelto loco, Dionisio?
Pero el otro continuaba hiriendo sin cesar,
hasta el momento en que ::\Ir. :'.\Iarambot exclam6:
-:Xo he recibido el dint•ro, no he recibido
nada. )Ir. :\Ialóis ha retirado su protesta y
voy ÍL pleitear con él. Para eso has llevado las
cartas al correo.
Y haciendo un supremo esfuerzo, cogió de
la mesa de noche una caja de fósforos y encendi6 una luz.
El infeliz esta.ha cubierto &lt;le sangre, y al ver
tan terrible espectáculo, se creyó muerto y perdi6 el sentido.
Rcanimóse al rayar el alba, pero cerró los
ojo~ para no ver nada. Al cabo de algunos minutos amenguóse su espanto y reflexionó.
No estaba muerto y podía volverá la plenitud de la. vida.

EL MU:t-..""DO ILUSTRADO
¿Qué había sido de Dionisio? Probablemente habría emprendido la fuga.
De pronto oyó )Iarambot abrir la puerta.
del cuarto, y su coraz6n dt•jó casi de latir. Al
ver á Dionisio, cerró los ojos y contuvo la respiración, para que el asesino creyese que su
obra estaba tennina&lt;la.
Sintió que le &lt;¡uitaban la sábana, que le
palpaban el vientre y lJUe le lavaban con
agua fría las heridas.
Indudablemente trataban &lt;le Ralvarle, y con
gran&lt;les precaucionee se atrevió á abrir los
ojo~.
Vió á Dioniiüo junto á él y volvió á cerrarlos con espanto.
-¿,Qné hada allí aquel hombre·? ¿Qué nuevo proyecto abrigaba?
-¡Jl),toy perdido!, pensaba :Mr. iiaramhot,
poseíclo de indefinible terror.
Pero no tardó en com·encer::;e de que i;u criado, dc•spué'- de haberle querido matar, se empeñaba en salvarlo.
El boticario abrió de nuevo los ojos y notó
que no había ya san¡tre en el lecho y que le
habían mudado las sábanai...
-¡Jfas cometido un crimen horrible!-exclamó )lr. :\Iarambot.
-Pero voy ~ repararlo-contestó Dioni~io.
-Si ui-;ted no me denuncia, continuaré sirviéndole fielmente como antes.
Xo era oportuno disgustar en aquel momento á su criado, ~· )Ir. )Iarambot exclamó cerrando los ojos:
-¡.Juro que no te denunciaré!

***

Dionh,io salvó á su amo, y por espacio de
muchos días v mu chas nocheR, no i-e separó ni
un instante del lado del paciente.
Aunque el boticario pensaba despachar á
su criado tan pronto como t:stuviese rcsú.ll1lecido. iba aplazando de continuo la realización
de su propósito.
Creía que el miedo á la denuncia contendría
á Dionisio, y le anunció que había hecho testamento ante Xotario, en el que revelaba su
crimen á la ju~ticia por si voh-ía á cometer
otro atentado.
Dionisio siguió siendo un criado incomparable, y )Ir. Maramhot, al ve~e curado y tan
bien asistido, resolvió no despedir nunca á i;u
sirvie11 te.
Pero un día, de.-,pués de· almorzar, oyó un
e~pantoso ruido en la cocina.
Corrió hacin ella y encontró á Dionisio entre &lt;los gendarmes.
Tan pronto como Dionisio viú á su amo,
exclamó:
-¡:'\le ha denunciado usted, y eso es una
infamia después de lo prometido!
:\Ir. '.\Iarambot conteAtó:
Te juro ante Dios que no es así y que ignoro cómo la justicia ha conocido tu tentati rn
ele asesinato contra mí.
rno de los gendarmes dijo entonces:
-¿,Cómo, señor"? Ese hombre ha querido
matarle?
-Sí-murmuró el boticario, sin darse cuenta de lo que ocurría.
-La justicia, repuso el gendarme, tendrá
en cuenta ese crimen; pero ahora, señor :'\Iaram bot, detengo ÍL e:;e pillo por el robo de dos
pavos en casa de )Ir. Duhamet.
Y volviéndose á su compañero, le dijo:
-¡ En marcha!
Y los gendarmes se llevaron á Dionisio.

***

El abogado apeló al recurso de la locura,
apoyando uno en otro los dos delitos para robustecer su argumentación.
El Presidente, vol\'iéndose hacia )Ir. ::\Iarambot, cuya declaración hahfa sido excelente para su criado, le preguntó:
-Pero aun admitiendo que no tuviese UEted á ese hombre por loco, no se explica cómo
ha podido usted consentir que continuar-a. {,
su servicio.
-Qué quiere usted, señor Presidente!, contestó el farmacéutico. -Cuei-ta tanto encontrar
un buen criado en estos tiempos!
Dionisio fuó absuelto y destinado, á costa.
de su amo, á ser encerrado en un manicomio.
GuY DE )lAcPAss.-1....'\T.

Domingo 24 de Agosto de 1902.
dículo v 1¡11e tau1hié11, l'Uando ele sus derechos
se trat~; sabe defenderlos heroicamente, ho~
no deja de aprovechar la excelente opor~u~udad para llenar los boulev~rcs con el cstrcpito
de sus grito;; y de sus canc10ncs, de re,·.~l\'erse
y agitar:;e; pero en el fond?, en 1~ acc10n, ~o
se deja arrebatar por los gritos béhcos de quH!•
nes Je quieran levantiu- en armas en contra de
la autoridad legítima.
:,,i acaso, las sencillas mujeres del pueblo,
.
los c:unpe:-inos y los rudos obreros, s1e1~te1~
ulgu como un dejo &lt;le tristeza al despedir a
los religiol'o,; lfUe se desbandan; como el al&lt;le11110 que marcha del lugarejo natal, en busca de horizontes mfü; amplios, siente que asoma una lagrima á sus ojos cuando, al traspom•r la colina, mira perderse á lo lejos la mancha blanca del ca111pa11ario de la aldea.
Y a,-í la Ley, la augusta reguladora de las
sociedades, va cumpliéndose fielmente, firme.
uwnte, co1110 toda ley de progreso!

j)r. .C. .Cara!/ })ardo,

RONDEL.

La manifestación de las madres de familia en la plaza de la Concordia.

LA REBELIÓN CLERICAL
EN FRANCIA.
Desde l1ace muchos días Franeia PS teatro
&lt;le una al-(itación, bulliciosa Pn ~us ma11iíestacioncs, aparatosa l'n :sus proc:edi111ientos, pero
que, en el fondo, no ofrece gravedad alguna
ni llegarÍL ú a&lt;ll¡uirir lns proporciones &lt;le un
alboroto político.
De tiempo atrús exi!-tía un concordato entre
el gobierno franci:s y el \'atieano, nwdiant1:
el cual, la primrra de las parteH contratantes
se rescrnd,a el 1lerecho de sujetará determi•
nadas rel-(las el establecimiento de m;o&lt;:iaciones religiosas, y In facultad de negar autorizaci(m ú las co11grcgaciones que no :-e sujetaran
Íl esas le,·t!s.
Xo oh~tante el concordato, htt-1 asociaciont•s
se extralimitaron; continuaron organizúndose
sin autc1Üa&lt;'ión. El ilustre jefe del Gabinete
francéi.., :'\l. \\'al1h•ck Rousseau, hizo pa!-'ar un
decreto para la di:,;olueión de las eo11grPgacioncs que no hubiesen cumplido con la ley.
En virtud de r:--r decrl'lo, fueron notificadas
las a:-ociaciones infractorns de que dchínn
dispen-;anw. Buen númern de dichas asociaciones obedecieron al mandato h•gal, pero muchas otras resoh·ieron resi:::tir 6. cuando ml!nos,
hacer ruido y atraer i-;ohre ellas la atención
pública.
.
Para conseguir esto último, c¡ue parece haber sido el verdadero fin de todos los sucesos
recientes, las asoeiaciones reunieron á sus ami·gos, entre los cualeA hay alborotadores de profesión; los que tenían á su cargo ei&lt;cuelas, citaron á una extcmporúnea distribución de
premios, para congregar Ct los padres y, sobre
todo, {1 las madres rle familia.
Reunidas estas sencillas gentt·s, no faltaba
un «leadt•rn eloem•nte c¡uc las exhorta?-e ÍL defender Jo que llamaban los derechos de la divinidad, y resistir [i los manclntos de la lev.
A!-Í se formaron grupos numerosos: sabido
es cuún fácil ha sido en todo tiempo afiliar
manifestantes en el bando de la opoRiciún; y
en los &lt;lías señalados para la clausura forzosa
de los establecimie11tes rnarcadü,- por el decreto legal, se reunían millares ele gentes ansiosas de gritar y de hacer C'std·pilo. Había entre los jefes del movimiento tiguras muy populares: Francisco Coppée, !-acado de quicio hace tiempo por su misticisn10, y un hermano de
Guerin, el famoso por habl'l'se t•ncerra&lt;lo en
el in!provisado «fort Chanol,» donde hizo una
cómica resistenciii á la policía.
Hay allí, al frente del movimiento popular
oposicionistas de oficio, &lt;le aquellos que tie:

111•n la furia antigobiernisl:;t, semejante ú la
furia anticlerical, y que lrs im¡mba á asociarse ÍL cualquier movimiento de cualquier naturaleza. que sea, y 111oti\'ado por 110 importa
qué pretexto, con tal
i¡uc sea un movimiento de protesta y de oposición al mandato de
Joi,; gobernant&lt;s.
•\sí se ha visto la
paradoja de que, aquellos 1¡ue defienden acto~ hostilt'.'i de quienes
han sido acl ver~arios
eternos de la libertad,
,·an ahora por los houlevnres de l'arís gritn nclo «mueras" al Gobit·rno y «viYas• :L la lil&gt;t:r•
t.•uli

:\[artillaré mis laminas di' oro
para o-rabar su imagen ¡wregrina
1·uun&lt;lo llegue hasta rní, blanm y 1livina,
murmurando mi virgen: ¡Yo te adoro! ...

Y vok1rí1 en mi alma su tesoro
su voz angelical y cristalina,

***
El movimiento lia
tmido su lado instru&lt;·ti,·o, en medio de todo.
lJa daclo una ptuehl
palpable y c·onsolaclom de que las instit11eiones de la gran Hepú blica, cuna de• i:1,lihertade1-&lt;,son cada día
más firmes. Ha demostrado cúmo, á lll&lt;'·
di&lt;b que los tic&gt;mpos
pasan, son mfü, y 111:'ts
difíciles las tremeJHlns
reacciones contra e i
j&gt;rogre:&lt;o, que en otro
tiempo y en otros ¡iaíses han lwcho indispensable que cada ley
lihertatlom, cada ¡•a~o
civilizador, sea sellado
con sangre.
)[as esos tiempos
han pasa.do ya. Los
clericales franceses lanManifestación
zan grito:; de guerra,
&lt;le rebeliím furiosa contra la lev y In. autoridad 1·onstituí1la. «L'Cniveri:1, » qt1c es el órgano mús caracterizado de
ese partido, ha publicado las mús atroces injurias contra ~L Combes, el sereno ejecutor
de la ley; ha amenazado {L las autoridades y
predicho el exterminio de todos los instrumentos del Gobierno.
Y sin embargo, el pueblo francú;,que acude
á todos los RitioK builicio~os, que ama todo
aquello que le dn pretexto para gritar, parn.
moverse, para lanzar la ironía, herir con el ri-

frente á una escuela de religiosos.

y por grahar su imagen peregrina
iirnrtillaré mis láminas de oro .....

Y volcarú mi lira su tesoro;
y su sonante estrofa auriargentina
cantará su hermosura y mi te1;oro;
¡y por grabar su imagen peregrina
martillaré mis lúminas de oro! .....

R. ,M.

RUBIO.

�Domingo 24 de Agosto de 1902

EL :MUNDO ILUSTRADO

Domingo 24 de Agosto de HJ02.

EL 1IU:KDO ILUSTRADO

I-IORAS DE MEXICO.
Ya la ciudad ha quedado flamante, acepillada por las máquinas del
barrido, sacudida por el
pompón &lt;le orülo, bien trigueños los asfaltos
por el lavado ú grande agua que van haciendo
el abanico cristalino de las regaderas y In
cuadrilla de aseo público.

el arrabal y se reúnen todas las del rumbo para comenzar la labor ú un mismo tiempo.
Cuai1do llegan al taller, ya «madame)) está en
su puesto y da las primeras órdenes «egeandou
que es un primor.
Las costureras son un gremio alegre, quizá
porque casi todas ellas tienen la hermüsa safü,facción de estar entregando la vida para
llevar un pedazo de pan á una madre anciana, ú un padre imposibilitado para el trabajo,
ó al hermanito huérfano, chiquitín adorable
que ~e queda en la carn de la buena verina
mientras la luchadora va á hacerse sangre en
la yema de los dedos con la punta de la
aguja.
Las ronquistas del feminismo han creado
un nuevo grnpo ele laboriosas. Ko llevan el

mo barrendero, el flojo11a1.o, les echa polvo en
las faldas y las apremia con malos modos para
que le dejen el campo libre.
En los jardines hace iris el chorro del agua
del riego,q11e se convierte e11 mil gotas al azotar las ramazones cubiertns &lt;le hojas brillantes. Va y viene el hombre de la manguera,
siendo diversión &lt;le muchachos desocupados
y ele fuereñ0s que por primera vez visitan la
ciudad populosa. lBl musgo de los camallones
y la arena de laR callecitas se refreRcan y entra
en alegría el jardín que por la noche fué teatro de !&lt;Ole&lt;lad y &lt;le sombras.
La estatua de bronce tnmbi~n recibe su bailo y da al sol sn color toRtado con un fuego
de brillo y un 1\•shalar &lt;le gotas que fingen
diamantes sol.&gt;re piel africana.
Y la promesa de la patria, los hombres del
porvenir, van apresnradus á emprender la
faena del &lt;lía:cn_los salones &lt;lel colegio, todos

HEYJ&lt;.:S Y NOBLES AZTECAR.

EN HONOR DE CUAUHTEMOC.

Ya el sol vierte HU luz de vida en la espléndida mañana; lm1 campanarios son centros
de la onda ritmica que llama con sus sonoridades á las prácticas del templo.
¡Las ocho!
Los relojes pó blicos martillean con monotonía, como un aviso sarcástico á ese enjambre que momentáneamente se derrama por la
ciudad y corre á escomlerse en la vida interior ele los almacenes, de las casas &lt;le modas,
en los escritorios, en los colegios, en los edificios públicos.
Es la costurera, la que escribe en niáquina,
el burócrata de ínfima categoría., el mocetón
extranjero que pasa la vida tras el mostrador,
la empleada en los c.&lt;tfés y en las dulcerías
elegantes; es todo un jirón de actividades que
corre á mover la gran maquinaria del comercio.
Las costureras caminan;•en grupo, Yiven en

humilde chal, ui dejan caer la falda para y11e
no se exhiba la bota &lt;le tacón chueco ni con
indiscreciones del cuero que publican el color
de la media; 110, éstas so1: todas unas da.mitas
de sombrero emplumado y que se ciñen el traje á la manera de las hembras del Norte, hablan~algún idion1a, teclean con habilidad en
la máquina de escribir ó saben empacar con
maravilla de gracia los d.ulces y pasteles, disponer la mesa de refreEcos y ofrecer con exquisita coquetería un ramo de flores.
Los jóvenes burócratas, por lo general, oyen
la hora de entrada á la oficina á varias cuadras del pupitre, y aquello sí que es correr: se
agolpan á las plataformas &lt;le los eléctricos, y
apenas sienten que el movimiento cesa, se
apresuran á bajar con precipitación atropellando cuanto encuentran, tropezando en el empedrado, y, jadeantes,. cubiertos de sudor, llegan con tiempo·limitadísimo para garabatear
una firma en el libro de los registros de asistencia.
:Mientras tanto, en las puertas de las sornbrererías se dan el apretón de manos las oficialas, prometiendo verse á la salida, y el últi-

El jueves por la maiiana i&lt;e ,·erific6 ante la estatua ele Cuauhtemoc la ceremonia. qtH', aílo
por afio, organiza el Ayuntamiento para honrar la memoria del último emperador aztecn.
La significatiYa manifeRtación, que tiende :1 mantener incólume en el pueble el culto al valor y al patriotismo, revistió en esta vez un lucimiento y solemnidad poC'o comunes. Con anticipación se dió principio al adorno de la glorieta y del monumento, c¡uo oster,tal,a multitud ele
banderas y lazos de flores artísticamente com binadoi,;, invitúndose á laR escuelas nacionaleR para que concurrieran al acto.
Comenzó éste con una pieza de música ejecutada por la banda, ,Y después ab&lt;Jrdó la tri h¡1na el señor Presbítero Rirn&lt;loval para leer un cliRclll'i\O en ((nahnatl,,, que luego tradujo al castellano; una pec¡ueiia niña leyó en seguicla un corto diRcurso, 4ue le fué nrny aplaudido por la
desenvoltura l'.On que lo pronunciú. El Rr. .Juan R. Orcí cerró fa parte literaria recitando unos
bonitos verso!'.
·
A continuación subieron al kiosco ,·arios niño;;, vestidos todos de aztecas, .v entre los cualeR se veían sacerdotes, guerreros, nohleR, etc. E!'tos nifi.os entonaron algunos himnos y cánticm: de guerra, dirigiéndof:e despuéR nl monumento en vistosos grupos. Algunoi- indígenas ele
los puebloR cerc.1.noR rcmcurrieron á la manifestación lle\'ando flores, que regaron en los pelclafios que dan acceso á la plataforma.

PAISAJES PARISIENSES.
ELFRlO

il uminadoR por ese alegre rayo &lt;le sol de la
mafiana.
A las puertas del plantel charlan los buenos
camaradas esperando la hora. ¡juena la campana: ¡8on las ocho!
JAYIER DE UL)IA.

•

Los jardines públicos, las plazas y los deRem barcaderos de los ríos, están cu hiertos de
nieve. La ciudad tiene un aspecto hostil. Grandes caravanas de harapientos peregrinan al
acaso por las avenidas. Y los diarios refieren
la aventura de los que, acosados como bestias,
no se resignan á morir sin haber mordido.
Hoy es la historia de la mujer flaca, vestida
de verano, que arrebata nna cartera al transeunte; mañana el epü,odio del profesor desgraciado que sustrae un abrigo de un escaparete; y pasado, el drama de los hambrientos
que asesinan á un hombre por robarle el /l,lfiler de la corbata.
El gendarme y el juez no amedrentan á nadie. Hay muchos que cometen el delito con
el fin de dormir algunas noches bajo techo.
Los asilos están colmndos , y tratan de hacerse admitir en las prisiones.

*
*'*

Los paisajes de París son contradictorios.
Los lagos del bosque de Boulogne se hielan á
veces y se cubren de gentes felices que patinan envueltas en abrigos de pieles. Los carruajes agunrdan al borde de la avenida y como los jardines, los caminos y los árbole~ están muy blancos, todo parece dispuesto para
una boda. Los caoallos se impacientan y piafan, pretegidos del frío por mantas gruesas que
llevan coronas en las puntas. Las damas se
pasean con perros diminutos, de patas muy
finas, que envuelven en mandiles de lana ó
es~onden en el hueco de! «manchón». Las pareJas se anudan y se aleJan Robre un pie escribiendo jeroglíficos con el patín sobr~ el
hielo. Otros se calientan junto :í los braseros,
apurando vasos de licores finos. Y hay tanta.
felicidad en torno nuestro, que el paisaje pa•

reoe_:_f~av_er~l, ~un en medio de 11\ nieve, Pe•

ro al caer la tarde, cuando todos se precipitan
en tumulto hacia la ciudad, la a,·enida e,ná
llena de hon1breR pálidos y mal rnsti&lt;los, que
corren detrás de los carruajes, ú riesgo ele perecer entre las ruedas, y se encaraman sobre
los estribos, para ofrecer un ramo de flores y
LA CHCRCMiA. y EL TEPO:-lAXFLE.
pedir una limosna.
Por las noches, los
cafés se encienden v
hrillan con reflejos de
oro. Al través de los
Yidrios empañados se
,·en mesas muy blancas, salpicadas de luces de colores. Las parejas se despojan de sus
abrigos y comen á boca llena. con grandes
risas holgadas, de gente sin inquietudes.
La espuma del champ~ña rebosa y humedece los manteles. Las
hermmias se vigilan eri
los espejoR, ofreciendo
labios muy rojos y manos llenas de diamantes. La música arrulla.
Pero cuando los grupos
salen, siempre les detiene una mujer an. .
drajosa, con un niño
Nllil'OS CONCURRENTES Á LA CEREMONIA.
en br~zos, que extiende la mano sin llorar, porque se le han helado las lágrimas.
lil fiío subrayva todots ]dos c?i:trastes. Los t~atros rebosan de multitud curiosa. Se ei-trenan
obras nuevaR.
e1 au or ramntico, que se retira t1iunfante después de haber encant d ,
úblico con
bl
. l' . ' 1
d
.
. a o a RU
P
d
d d t ., u~
ema s1cEolog1co a amo a, encuentra, al entrar á su casa, un nifio aban
ona _o . e rns e a puerta.
verdader_o problema, que no es posible resolver con frases raras m giros de a~coba elegante, es ~l destmo de ese desgraciado. Pero como parece haber huído
la mo~a ele Renbr, y c~mo el público se enfada con el que interrumpe sus di gestione~ el 1t
'.1ra~át1co vuelve la hoJa de su día y reanuda al siguiente su eterno juego inofensi.~o deª~ _or
mtngas al redeclor de una mufieca de «bondoir.i,
eJer
Que la nieve r.Jg_a cayendo sobre los techos y 1:1obre las esperanzM. El Rer humano Re n&lt;la tn í,
todo. Loii que tu!tan, acabará_n por encontrar una ext:ai'ía_ voluptuosidad en su tortura,
110
fal~rá un hllmbriento que gl'}.te, con cuello en la gu11lotinll,:-¡ Viva el frío!

Píº

ª:

y'

Jrf•nu,1 v,art,.

�Domingo 24 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
~VUELTA en el copo de humo que se deja escapar de entre los labios cuando se &lt;¡uiere aYivar el
claYillo sofocado por la ceniza, va una sensación,
un recuerdo muy lejano ........ .A1&lt;í, así fné la primer fumada que dimos al cigarro hurtado á nues•
tro señor padre; así, sin que el humo bajara á la
laringe á producir ese dejo amargo &lt;¡ue hoy estimamos magnífico, sabroso, necesario, i nsubstituíble.
La escend se recon-truye con pa:::mosa fidelidad:
el cigarro e1-taba abandornlClo sobre el bufete, &lt;le·
i,;ertó de la cajetilla y allí estuvo mucho tiempo,
hasta que fué advertido por nuestra mirada de
pilluelo, que pasea y pasea sin cesar por todos los
rincones, por todos los muebles, sin dejar un solo
sitio, un solo adminículo, un espacio por pequeño que sea.
El tal cigarro había caído sobre un papel escrito y parecía una oruga atacada por un ejército de
hormiguillas negras. Se nos ot,urrió salvarla de
aquel trance y, con la cara vuelta hacia el sitio
por donde podía ocnrrir una
sorpresa, tendimos la mano,
atrapamos el cigarro y con am,ie&lt;lad lo hundimos en el bolsillo.
Allí fué iÍ hacer compañía á un pedazo de pizarrín, á una media docenn
de huesos de chabacano, al pañuelo anudado en forma de conrjo, á........ .
á todo un nido de baratijas que atiborraban el bolsillo hasta darle fa apa•
riencia de una deformidad corporal.
Luego ahandonamos el lugar de la tremenda hazaña
y recorrimos la casa para m,egmarnos de que la aYentura podía seguir sin peligros.
Qon la cara Yuelta ú un rincún,examinamos detenidamentr la cilíndrica enYoltura. Ii:n aquel entonces la indu~ti_'ia estaba en pañnles; los papelrs nrn.tiza&lt;los eran
rans1mos,_v por loi-i extrrmos de la «canal» no asomaban
las marafias del tabaco cortado en hehrn1&lt;.
Xo, aquello era todo un proceso de laboriosidad: dentro de la hojita blanca, la hoja arom{ttica se apretn ha
conYertida en fragmentos;y para dar solidez ú la en vol•
tura, en las extremidades 1&lt;e hacía un dohlri1 &lt;¡u&lt;', observado desde los distintos puntos de vista posibles, i-e antojaba uu ojo haciendo un guifio,
un muñón de pierna ampntada, la mitad de una boca c]p
vieja ...... Y deshaciendo aq ncl
pleguje, "Jescabeza ndo"- con1,,
se decía,-estaba á
la vista una cola
tura por andarse rode gallina.
sando con los huesos
El cigarro hury el pizarrín y con
tado pas6 varias
toda aquella ráfila de
horas en el bolsibamtijaF. qtlfi viajallo, perdi6 su blanban por innurne,ables manos infantiles,
que g01,an &lt;le mala fama en cuestiones de aseo. La. «canal» se ajó, el
t~haco se puso en movimiento, quiso escapar y
d1ó al traste con la esbelta figura cilíndrica.
Fué preciso ,·iolentar los arontecimientos pr•
ro sobrevino un imprevisto incidente: ¿con' qué
encender aqnel cigano? La hornilla de la cocina era peligrosa por aqul'llo de lai-i delaciones
maritornianas; la caja de cerillos del buró no estaba libre &lt;le acarrear una Rorpresa que huhiern dado fnne~to fin á la aventura; !.qué hac,·r·?
¡.Ah! - magnífico
ro·cuer&lt;lo, -en la n piRa del santo que hahía en el cuarto dr
la.criada, ardía 1111a
lámpara: la. dificu 1tacl esta ha reRucl t:1.
C'c&gt;1, no poco trabajo Re logró trepar hai-;ta tener al a.lnrn('e la
111ístira Anma; pero
un nuevo tropiezo i-;o
nos pone cn el cami-

no: «era un sacrilegio-al decir de la vieja sirvienta-encender cigatTOS en las lámparas dedic'.1-clas á los i:-antoiu Momento de vacilación;
caR1 tenemos deseo de abandonar la a.ventura.
HaRta podernos creer que la borrosa cara de
la imagen está nielta hacia nosotros y sentimos una mirada de reproche.
De pront'.) viene una sorpresa agradable:
hay una cabecita de rerillo al pie del Yaso de
las floreR. ¡ Magnífico!
La casualidad protege la aventura y podemos seguirla á nuestro a,,tojo. Todo depende
_va de elegir un sitio seguro; que sea á la vez
de escondite y de observación. Yamos resueltamente.

Las inocencias de la niñez ;;on los medios
ele defensa que velan en todos los peligro-; en
que la coloca la irreflexión. en niño toma
mil precauciones para hacer algo que le está
prohibido, y al cabo de esa gran !abor viene á
incurrir en un detalle que sería de péi;imas
consecuencias para lo proyecta.de.
Nada se oponía ya á que fuésemos á fumar
nuef-tro primer cigarro; pero sobrevino la idea
de que ,iaquello» no tendría interés si no era
prer;enciado por alguien que nos diese ocasión
de envanecemo~ por la hazaña.
¿.Quién podría ser el elegido·? Precisamente
el que menos: nueRtro hermanito menor, un
chiquitín que hahla mús dP lo necef-ario, que
de buenas ú primeras espetará la hiRtoria á
nue,:tros padres y que será irremisiblemente
creído..
Sí, él nos acompaña, comprende bien la
rnorrnidad &lt;le la a,·entura y también guiña rn
ojo en son de malicia.
La realiznción del delito va á ponerse en
planta. Lasmanostorpes, pequeñas y tembloro!-:t",comienzan la faena. Re deshacen las «ca1,ezaf'» y se intenta el movimiento de «toreen,
que hemos visto en otros dedo~: la rebrldía
del tabaco e:, deResperante, tan pronto se logra
aeomodar en nn extrnno como se ei:,capa por
el contrario; la 1&lt;C.'lnah estiÍ hecha un imposible de macnlacionei,, ajamientos y roturaf'.
Cotwencionalmente admitimos que aquello
está arreglado.
Las miradas del hermanito han seguido
nuestra farna; ya se le advierte e::-.~ocionado,
ya nos f'Omíe como queriéndonos decir que le
causa placer estar en la aventura.
Es indescriptible el momento de frotar la
&lt;'abecita del cerillo en la pared del rincón es-

cogido para teatro de los acontecimientos. ¡Si
se apaga! ........ .
Brota la llama dejando escapar una corona
de humo. En la penumbra, aquella luz da á
nuestros scm hiantes un tono de lividez. La
mano temblorosa acierta á colocar entre los
labios unn extremidad del cigarro, mientras
la otra baila un movimiento de miedo en la
flama azul del cerillo.

Se escapa el primer copo de humo ...... Así,
así nos supo, como cuando ahora queremos
avivar el clavillo sofoc:1do por la ceniza.
Las funrn.das se repitieron sin interrupción.
evitando que el hernrn.nito observara que nos
producía. n,al efecto el 1-ahor amargo de la. nicotina. Luego le tendimos la colilla y él también fum6, escupiendo y pas/Ín&lt;lose el dorso
de una mano por los labio!'.-, mientras que con
la otra se restregaba un ojito que el humo hizo llorar.

La hazaña está cumplida. Pasa el tiempo, y el mal sabor de la boca persiste. 11:n los alimentos
y en las golosina!' ""e' halla un amargor penetrante que recuerda, como la intranquilidad de la conciencia, la consumaci6n del delito.
De pronto sentimos como que alguno nos clava los dedos en las sienes: el estómago protesta;
necesitamos la cama, el reposo, la obscuridad.
Y nuestra madre, inquieta, se acerca á preguntarnos lo que sentimos; nos pasa la mano por la
frente sudorosa, y en un momento de suprema angustia acerca sus labios á nuestros labios y nos
besa....... . .
Todo está descubierto.
-¡Qué bonitas gracias, muchacho pillo: has fumado!
Y una Yocecita aguda agrega con alegría:
- Y yo tam bié11, mamá.
Imposible toda defensa: ¡ay de nosotros cuando llegue nuestro señor padre!

Otro primer cigarro de gran fama es el que se clava á los labios de las elamitas que so pretexto de
un dolor del alma, apuran humo para hacet· nubes al cielo del ideal.
Es increíble que una mujer se resuelva á envolver las cadencias de una frase rariñosa en ambiente
de sala de fumar.
Todo lo hien que parecen unos bigotes cabalgando sobre un veguero, se ven mal unos
labios que besan el extremo nicotinoso de
un cigarro: son pétalos (h, una flor loca.

Domingo 24 de Agosto de 1902.

�Domingo 24 de Agosto

ne 1902.

EL :ivIUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

LA BELLEZA FEMENINA.

•

Existe una correlaci6n íntima y necesaria
entre la estructura de cada ser, su forma y sus
proporciones, la distribución y contextura de
sus 6rgano3, y sus instintoR, sus hábitos, sus
necc1;id:i.&lt;les y su misión ó destino en la vida.
Ei,a correlación es doble. De una parte, se establece entre el Rer mismo y el medio y las
circunstancias en medio de las cuales se desenvuelven y se suceden las peripecias ele su vida; y de la otra, se ostenta en la armonía de
los cli\·ersos órganm:, en la subordinación de
los accesorim, ú los principales, en el equilibrio, digámoslo así, que entre ellos Re establece, y en la nece!&gt;id;1d ó fatalidad que determina y enlaza sus condiciones, de tal suerte que,
dado un órgano, pn&lt;'den preverse los demás,
;,' que, á semejanza de Cuvier, conocido un
Jiente, puede con la imaginación reconstruirse todo un animal.
Tiene garras y eolmilloR el león, alas el águila, aletas el pe;:, chupadores el· pulpo, ei;pinas
el 1&gt;riw, concha la tortuga. :-;E'gún el animal
\"ive y ;;egún donde ,·ive; según se alimenta,
s&lt;'gún se 1wrpetúo, s&lt;'gún posee instintos de
combate ó tienr necesidades de defensa, así
ei;tá organizado, a:-i po:=1ee armas ó coraza y
a~í se desc1wuel\'en sus fauces, sus miembros,
sus eentidos, su organif'mo todo. .Aquí el múi-culo :-e vigoriza, allá el tendón se flexibiliza,
mús allú los tegumentos :-;e endurecen, las garras se afilan, los dientes se aguzan.
Hay más: de ei&lt;a rorrelación, de esa congruencia, de esa lógica inflexible que eslabona ine,·itablemente los tejidos y los órganos
y los adapta ú las necesidades ele! animal, nal'e hL estética &lt;le los seres Yi vos. La helleza,
c¡ue no es 111ás que una forma de la lógica,
consiste to&lt;la, al menos en los seres &lt;¡ue ,·iren,
en esa adaptación admirahle y en esa completa coordinación de los órganos, traducida en
formaH y en proporciones exteriores y visible!'.
Tanto es así, que pueden ser igualmente
hermosos, aunque diver~amente conformados,
el tigre y el ciervo, la paloma y el cóndor, el
crustíiceo y el insecto.

En la belleza humana se coniprueba el mis-

no sea nunca musculada, ni, por consiguiente,
angulosa ni de irregulares contornos. La musculat~ra debe en ella quedar disimulada bajo
una ligera ca¡,a de morbidez, que da torneado
á las formas y las desenvuelve en curvas amplias y armoniof'as. Debe la cadera ser amplia, volada, y no estrecha como en el hombre. El muslo, en Yirtud de esa necesaria
amplitud de la cadera, tiene que ser ligeramente oblicuo; las rodillas, que estar juntas;
la pierna, á partir de la rodilla, que ofrecer
una cierta divergencia; el vientre debe ser
más abo,,edado que en el hombrn, y la cintura estar colocada más alta.
,.\ fin de asegurar la inmovilidad y el reposo de ciertos órganos, la respiración en la mujer se hace principalmente con la tabla del pecho, lo que da mayor amplitud á la parte Hnperior del tórax y hace más saliente el esternón
y míis abovedado el pecho. El seno firme y
turgente completa eRte conjunto estético.
Si en la aclold1cencia y la juventud deben
predominar la gracia y la esbeltez en la estética ÍClllf'nina, en la edad madura deben preponderar la majeRtarl y los indicios visibles &lt;le
la fecundidad. Diana y Yenui- pueden ser
flexibles como juncos, gracioi-as como ná vades, úgileR como ciervas; Juno y Minerrn del)en i-er majestuosas, vigorosas y reposadaR.

En la matrona, cierbi corpulencia, cierta robustez, cierto grado de «e111bonpoint,,, la cintura ,·asta, son altamente estéticas. La expresión de ·1a mirada debe ser serena v augusta
el porte arrogante, el andar lento _; firme. E,:
Oriente t&gt;stiman en tanto la gordura de la mujer, que le rnutilan los pies para obligarla. al
reposo, ~- casi la ceban para acumularle gra~a
hajo la piel.
En la nrnjPr .ra he&lt;·ha, la fri ,·olidad, la ,·oluhilidad. lm; rnanifeRtaciones turbulentas de
la idea ó de la pasión, i-on el"t&gt;ncialmente antiestétical", _,. con ellas las actitmlei-, ademanes
y porte cot-reRpondientes. La madre dehe, ante todo, ol"tentar ternura, que es el sentimiento m:tternal por t&gt;Xrt&gt;lencia, y debe, asimismo,
en toda RU persona &lt;lar muei-tras de valor para el sufrimiento, de heroísmo para d efender
á su prole, de abnegación a hsol uta á los suyoR; y mal se compadecen esas grandes dotes
con la 1110,·ilidad )' la coquetería de que tanto
gustan algunas matronas y que tanto desdicen
de su verdadera misión en la vida y de los
altos fines ú 1¡ue estrm llamada~.

mo principio. El hombre, naci&lt;lo para el tra-

bajo y para la lucha, destinado al esfuerzo perenne, ú la labor mua, ú afrontar peligros y
ÍI. V&lt;'ncer ó subyugar adversarios. tiene por
fondo estético la fuerza. Para ser bello, ha de
ser alto, rnbusto; sn musculatura debe ostentarse bajo la piel en vigorosos relieves, y los
tendonC's dibujarse poderosos y elásticos; su
e;;queleto debe ser rígido, resi~tente y vigorosamente articulado; anchas sus espaldas, y amplio y levantado el pecho.
La misión de la mujer, su destino 1,atural,
es otro. La misión suprema de la mujer es la
maternidad¡ nació. principalmente, para madre y para nodriza, y su organización toda ha
de revelar que es capaz c1e l lenar su misión.
:Qe una manera general, la. maternidad supone el nido, el hogar, la vi&lt;la sedet1taria; la resistencia más que el empuje; la acumulación
de la fuerza en 6rganos determinados, y no su
dispersión en el reRto del organif'mo.
Pe ahí que la mujer verdaderamente bell!l

***
Salud, l"iempre; gracia en la juventud¡ majestad en la edad madura¡ tal es la trípode en
que descansa toda la estética femenina. La
gracia es, por su naturaleza, transitoria¡ la
majestad es y debe ser el atributo estético definiti,·o y permanente. Si yo fupra artista plástico, no esculpiría Venus, ni Dianas, ni náva&lt;les, ni ninfas; esculpiría á la madre de los
Gracos, que encarna las formas más nobles de
la belleza femenina: el vigor fecundo y la no_
bleza majestuosa.
0

Domingo 24 de Agosto de 1902.

�ET, ~ruNno IT,U8TRADO

EL )tUNDO ILUSTRADO

nomingo '2-l rle •\go~to tll' 1 !)0'?.

NUESTROS ARTISTAS.
Joaquir¡ 2). Casasús.
En nuestr:t ~alería de literatos mexicanos prominentes, toca hoy
turno al Sr. Li&lt;'. D ..Joaquín D. Casasús, personalidad de las más
distinguidas en nuestras letras y cieneias y en la política, y que ha
demostraclo &lt;le una. manera evidente que el ardoroso y fructífero culto del gay saber, por ningún modo está reñido con 11:3 au~teridacles
de la ciencia ni con las activida&lt;les inherentes á la viua moderna.
Casasús'. figurando, como decimos, en los míis altos peldaños
de la intelectualidad mexicana, ofrece principalmente &lt;los fases á
que ha dedica.do sus gr:~ndes energ~a~ me!'tales: e~ al propio !iempo un eminente economista y un d1stmgm&lt;lo y muy erudito literato. Como economista, ha pre,-tado importantes servicios al país y á
la ciencia, y su bibliografía económica es conocida y e~comiada por
el mundo intelectual de todos los paíseFt. BástenoH copiar lo que al
Lic. Casasús decía el ilustre Ftahio Emilio Levasseur, Presidente de
la Socieclael de Economíii Política de París y Profesor en el Colegio de
Francia, al opinar sobre el importante libro «La_ Cuestión de 1~, Plata
en México:» •ÚH agradezco el haberme proporcionado la ocas10n de
leer vue:-tra obra sobre la cuestión de la plata en )léxico. Es una
de las obras mejor hechas que conozco, acerca de las razones que militan en fosor de la libre acuirn.ción de la plata. He citado la obra en
mi cun;o del Colegio de Francia, en donde he tratado, durante el primer semestre, de la moneda en los Estados Unidos. Sobre esta materia tengo una opiniún que difiere de la vuestrt1; no estoy convencido de que los Est.'\dos Unidos adopten el tratado cuyo proyecto presentáis; pero siempre se h~lla instrucción leyendo una obra compu&lt;•:&gt;ta
como la vuestm,,,
Una declaración semejante, hecha por un hombre de In. talla &lt;le
Lernsseur, no s{ilo honra altamente á Casasfü,, sino á nuestra patria.
Además del libro citn&lt;lo, CasasÚH ha publicado otras varias ohras
en que con profnndida&lt;l trat.'\ intere:-:antísimos asuntos económicos,
tales como: l(La Demhi contraída en Londrei"," «La Cuestión ele loR
Bancos• «Ln,; InstitucioneR de Crédito,» «El Problema )Ionetario,»
«La C¿níerencia I nternaeional ele Bruselas,1 ( conferencia &lt;lada en
francés en la t--ocicdad de Economía política y social de Lyon), t&lt;lliR•
t-0ria de los impuestos sobre el oro y la plata,» «La Depreciación &lt;le la
Plata y sus remedio:-:~ y «El Peso )Iexicano.» El señor Casasús ha
ocupado prominentes pnestos públicos y ha desempeñado honrosas y
delicadas comisiones. obteniendo siempre ,·aliosas distinciones. El
primer eargo público ,¡ué de:-empeñó, á la edad de 22 años, fué el de
Secretario General dl' Uohierno en el J&lt;);tado de Tabasco. Después
ha sido, sucesivamente, miembro ele la "Gran Comisión de Crédito
Público• que en 1884 e,-tudi6 la delicada cuestión &lt;le la Deuda IngleBa, Diputado al Congres0 de la Unión descle 1886 hasta. la fec.ha, Presidente de la Comisión del Código del Comereio y de la que presentó
el proyecto de Ley de Instituciones de Crédito, Profesor propietmio
de Economía Política en la Escuela ~- de Ingenieros, Delegado de
:México á la Confcrentin Internacional )Ionetaria de Bnu,elas, miembro del Congre:-:o ele Ynlores )[obiliarios de París en 1000, Delegado
de México y Secretario General en la 2 1~ Conferencia Panamericana,
y miembro de la Socie&lt;lad de Economía Política &lt;le París.
RU

***

Esta ha sido la carrera científica y política de Casasús; en cuan•
to (t sn obra literaria, á la que él suele dedicar sus más caras é íntimas atencione.-., ha sido parca., pero ele valor sólido, que le ha lle•
vado á ocupar u n sitial de Académico &lt;le la Lengua. Hu tra.dureií111
dl' la «Ernngclina» &lt;le Longfcllow es una de las mejores ()Ul' se l'Ollo·

cen; su traclucciún de las odas &lt;le Jloracio le ha valido grandes aplausos de los mÍls eminentes humanistas, eomo D . .To,;é Rufino Cuervo,
que ha escrito que dicha traducción le «i;atisfizo de ~a manera míu,
cumplida;» y el Obispo de Yeracruz, D. Joaquín A~C.'\lhO Paga1.a~ que
c:-:cribió al conocer la traducción de Casasús: «Conozco un poeo a Horacio y le soy muy devoto, tanto que aun me ?isponfa á "dar á la estampa algunas Yersiones nuevas; pero ahora desisto enteramente, porque creo que sale sobrando.»

CANTO PRIMERO.

-Ah! Habla hajo. "\o lo d('spiertes. Es n1i
gran padre Xetzahuakorntl.
-\'ámonos.
·
-\'nmonos.

l ~YOC,\CIOX.

I:a ~ivin~ v_irf!Pn india acaba de enjugar:-:t:
la ultnua lagmna. Lo:-: estremecimientos dl' su
l;º&lt;!erosa volu ntad se han extinguido va en el
ultimo ~emb!or de sus labios. Ya no lfora ......
ya no t1cmb!~ ....... :4u cara 1•s una mÍlscara &lt;h•
bronce ...... I mhaJa ...... trabaja...... Es la ineansable ohrcrn de un manto lH'cho c·on plu1n~s llen,ns de luz. Estl' manto es el que llernrÍl
m1 poesia.
l&gt;i\'ina Yir¡:!en, 1,ija de Xetzahualco,·otl tú
la &lt;le 13; Pº!leros~ rnlunt.'\&lt;l, óyeme: Qiiierd qu~
me guH•:- a la (,rut.'\ cfo las Flore:-; con Alma
porque te!1go de hacer una corona para la frcn~
t_~ de la ''.1~ge11 &lt;,1uc c.~tú l?Íllicla &lt;id mucho peni,;,1r. ~~a di\ ma Y1 rg&lt;'n mdia, l lena de screnirlacl
Yolno la cara, nie mirú fiJ'ament,• v &lt;liJ·o· ·'",'&gt;
t
ll ' ?
•
. t,•'
l'lll &gt; arn,;. ~·a e,; la horn en qu&lt;' las cosas no se
ven, en_i-1 aire hay mucha,; brujas\' en el bosque e:-;ta ,·ciando PI dia l,lo; el sudo·estú empapado de sangre .,· hay nrncho,- guerreros sobro
(•I c¡ue duermen &lt;'I suetio de la muerte. Ya es
la h~ra en que lns eosas no se ven, ·no tem-

~rn~

6

\:amos, señora, quino c¡ue me guíes.
- \ amos.

CANTO SEGUNDO.

El ~r. Casasú,; tiene concluídas las traducciones de las obras de Tibulo y de Catulo, ,v está concluyendo las ele Virgilio.
.\demás de las traducciones citadas, Casasús ha escrito numerosas y bellas composiciones originales en prosa y en verso, algunai; de
las cuales publicart&gt;mos próximamente.
.JoYen aún, pues cuenta cuarenta y cuatro años de edad, todavía
pneck espcrars1• mucho de sn talento, de sus conocimientos y de su
laboriosidad, sostenidos por una voluntad férrea, la «volunta&lt;l condem;&lt;1da y dilatada• de
que habla N'ietzHche.

EL IDEAL.
Y luego, una torre de marfil, una flor mii-tica, una estrella ú quien enamorar ... Pasó, la
ví como quien viera una alba, huyente, rápida, implacable.
Era una estatua antigua con alnrn que se
asomaba á los ojos, ojos angeli&lt;'nle,:, todos term1ra, todos cielo azul, todos enigma.
Sintió que la he!&lt;aba eon mis miradas y nw
e,1..,tig6 con la majestad de su helleza, y me viú
como una reina y como una paloma. Pero pasó arrebatadora, triunfante, como una visión
que de.~lumhra. Y yo, el pobre pintor de la
:Naturaleza y de Psiquis, hacedor de ritmor-; y
castillos aéreos, ví el vestido luminoso del
hada, la estrella de su diadema, y pensé en la
promesa ansiachi del amor hermoso. )las de
aquel rayo supremo y fatal, s6lo qued6 en el
fondo de mi cerPbro un rostro de mujer, un
sueño azul.

La virgen y yo, de camino, atrave:-anclo el
bo~c¡ue de las graneles sombras.
-¡,Ve,;, sefiora'?
-¡.Dónde'!
-Allá ...... en _el fondo del bosqi¡e, hay un
gra,n amonton:nmcnto de lnz opaiinal&lt;eniejante a la que \'emos en suetios, y en el fondo de
esa luz, ~u.1 gran tlncatzin; míralo, parece que
estab~ ~1e1e!~do palabrar-; llenas de misterio \'
de ach_\'Jnac1un ,V t&lt;e ha quedado adormido.
cara tiene algo dPI misterio de los c¡ue 1-':then
sae.,r. lois n1alos espíritus del ctH:rpo. t--us manos tienen ~n terrible gesto, parecen creadmi
para empunar las armas c¡ue 1&lt;iemhr:rn In
lllUl'rte.

Ru

CANTO TE:RGERO.
l..\

1;ut•T.\

IIE L.\,-; FI.OIU:-; l'OX .\t.,I.\.

~eñora, ;,cuál e.-&lt; e.--ta flor tan blnnca·?
-Una \'irgen india vino á llorar penas dt•
amor al hor,le de cista&lt;; ª"'U:ts ,. cuando &lt;•I Gra. 11
" \'iú' ya
.1
" '
( ,a 1&gt;a11ero I tojo nació, la
muerta flotando sobre esta.-. aguaFt.
lo- ,
-Señora, ¿,eu:'d e,; estotra flmecita hla11ca
elr. bordes ,·ioletas, quc tiem hhi elnl&lt;'rmentc•
&lt;'Oll las lnn1inosas got.1s &lt;le agua ,·er,h• que
caen de las ¡wñas ,;obre ella·?
Es ~l alma ,_Jt, una virgen extranjrra. ;-;ien1pn~ Yolna :-ns ºlº~ haC'ia :-11 patria ele donde la
trnJeron; 1•1::~ &lt;Id J~a.ís de las &lt;·osas que no se
t~:an; murru cant1rn. Fué la !':-:posa siempre
\ _11gen ele un guerrero...\1 morrr. en esa flore•
etl:t hla~1ca &lt;le h~rdes violetas dc·jú su alma.
-Rcnorn, ¿cual es esta flor d&lt;&gt; tonos Yario,;
y npagado,,?
-Durante t'.ulo el día \'in• encrrraela, sP
l't_nplea l'll ;ttaviar:-:e, y Íl la caí&lt;l:t de· los saturmnos 1·n:p11scnlm, llena el&lt;&gt; pompa,. s(•nstialidacl, '-C c•nt~Pg-a &lt;'ll Jo;. brazos d,·l Lu.f'ero ele lo:Jl\wrtos. hs su l 1 terna clC'l-lpO!-acla. Es PI alma
ch• las c·osas sin remedio.
::-t--eñora, ¿cu.íl e•s eR~a. tlor tan roja que se
le,.111la altanera,\' &lt;lesp1aelacla sobre todas sus
hermana,;'?
-E,; el alma ele! guerrero do lo;; terrible:brazos que eon 1-l~t macana hacía masa la cabeza el_e f-m•.~nenngos. .\1 mcirir, en esa flor
tan roJ:t deJo su alma.
-¿.).' esh florecita pomposa'?
-~,sel alma de un grn~ioso niiiito príncipe;. Era h:rrnano mío; por _eso es la flor ,¡ue
mas ~mo .\ 0 ; pero ha'.' rle prisa tu coronu, porque ya l~ac·e n~~who tiempo qne el Gran Caballero HoJ~ na~io. Ya las aves sr hatian en las
aguas, Y a nn mr qtwma PI dP:-eo ele seguir mi
manto hecho con plm11as llena~ ele luz.
C'1usÍ&gt;FOHO

I B.~ ~~:z.

Domingo 24 de Agosto de 1902.

�Domingo 24 de Agosto de 1902.

Et MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

de Agosto de 1902.

la Empresa Bieni-Larnbardi ef'crituró por cuatro meses forzosos, pagándole un precio excesirn. Miguel Sigalcli, rnntajosamente conocido
en :\Jéjico, Augusto Balhoni y Artmo ::\Iacentelli son los ot1 os tenores.
El resto ele la Compañía, barítonos, bajos,
etc., etc., estú constitnído por los mejores elementos y contrilmye ú qne el cuadro, tal como
SP. anuncia, sea de lo más completo que pueda
veriie en nuestros teatros.
Por lo que hace al repertorio, Guillermo
1:,ell, Aída, Lohengrin, Ebrea, Don Giovanni,
::"\avorese, Tosca, ~Ia.:!beth, .Sanson~ é Dalila
?_ Bella Fanci ulla di Perth, f-on las obras pri nc1pales. Anclrea Clwnicr, Poliuto, l\Iefistoft&gt;le
y algunas otras completan el archi,·o.

Han comenzado á circular los
elencos del cuadro de ópera que ocupará durante la próxima temporada
de invierno el Teatro del Renacimiento, y del cual son empresarios
lm1 Sres. Sieni y Lambardi, tan conocidos de nuestro público como infa
tigables en su empeño de ofrecerle
norndades dignas de notn.
La Compañía, en efecto, está formada &lt;le artistas &lt;le primer orden á
quie11es la crónica extranjera ha tributa&lt;lo calurosos elogios, _y el archicon que cuC'nta es de lo más notable del repertorio antiguo y del moderno.
Como primer soprano dramático
absoluto, figura A velina Carrera, de
la Scala de ~Iilán y del Real de Madrid, que viene precedida de envidiable forna; y como soprano lírico,
Chalfo Herrera, «la Chalíai• que dejó
entre nosotros tan gratos recuerdos
con su Feclora. inimitablf'.

"º

De Li ncla Bram billa, soprano ligero del San Carlos de Nápoles, se sabe que es artista de veras y que ú
sus dotes de cantante aduna todos
los atractivos de la mujer hermosa.
En cuanto á Conceta Dahalander,
la primera mezzo-soprano, ha hecho
una buena carrera.
Al lado de estas artista~, estú Ya •
lentín Duc, tenor dramútico absoluto de la Gran Opera de París, ú, quien

Domingo 24

GOTICA.
Niña de la testa alll'ina
Y nariz &lt;le Roxelana,
De tez cual la porcelana
Y labios ele cla,·C'llina

~

'

,Jj J;

Tremola en tu mandolina
'
Asomada á tu ventana,
Alguna dulce parnna
De la corte parisina.

'

,

, .

t

~

¡Que tus ojos soíiadores
Viertan dulces sus ful.rores
,., . '
-Dardos que Cupido ase:-;t.a
Y tu radiosa hermo~nr'a
Desvanezca mi tristura,
Sifia _de la aurina testa!

, ~ ~ i lvesfn

JosÉ D. VELAsco.

�EL MUNDO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 9.

ILUSTRADO

MÉXICO, AGOSTO 31 DE 1902.

Director: LIC. RAl'AIL Rflt&amp; :!IPINDOLA.

Subscripción mensual (nránea, $1.:,0
l dem

J dem. en la cai•it.al, 11 1.25

Cierent e: LUl:!1 RU'f:!I &amp;PIND0L.\.

...

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..

·-

..,

ISOLA !
(De l a colecc ión de Pellandln i.)

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 8, Agosto 24</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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