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                  <text>Domingo 31 de Agosto de 1902.

Et

EL MUNDO ILUSTRADO

MUNDO ILUSTRADO

AÑO lX.--TOMO ll.--NÚM. 10.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 7 DE 1902.

Dlrector1 LIC. RAl'AtL Rfl'f&amp; &amp;PINDOLA.

Oerente1 LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PIN90L4.

LA Vur:LrA D~L SOLDAUÜ.

UNA PARTIDA DE CARTAS.

(Cuadro de Melssonier.

Sub,cripción mensual foránea, $1.50
luem Jdem. en la ,cai•ital, ., 1.25

�Domingo 7 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

~

han de halagar la vanidad ó la alegría de los
tituciones monárquicas y cuando se consolidó
EL HOMBRE
hombres.
la vida cortesana, el hombre acabó por volCierto que el ciprés es triste y su tronco f:Uverse mujer. Su piel se suavizó y se sonrojó, su
be recto; perc la pena que el ciprés simboliza
mano se afil6 y emblanqueció; su pierna, anno es ya del mundo, es el dolor purificado que
tes vigorosa, se hizo fina y vagamente nervio~a no busca consuelo en la tierra, que nada
sa; sus ojos se.agrandaron; á la barba poblada
tiene ya con ella. Por eso tiende sus ramas y
é hirsuta se sustituyó el bigote sedoso y riza.,, Cáda raza, cada época, cada pueblo encarna
pone tan altas las hojas, donde no alcanza la
do. Dejáronse; crecer las cabelleras, usaron
·· -' y se condensa, por decirlo así, en un tipo, en
mano ni casi la vista.
corsé, tacones altos y rojos, dieron de carmín
una personalidad determinada bastante á reu•
Se inclina de un lado mi sauce, del opuesá los labios y recamaron y bordaron sus vesnir y condensar sus caracteres predominantes
to á la casa á cuyo arrimo vive. Xo será intiduras, y llegó á ser difícil distinguir un abay esenciales y á caracterizarla por completo en
gratitud, porque sus ramas besan amorosas el
te de una conventuala, y los petimetres del
lo ~oral, _en lo intelectual y aun en lo físico.
viejo balcón de madera, que alegra un cajón
duque
de
Enguién,
como
los
«mignon»
de
EnY'f
· •
D~l .J'w'ísma
manera que á cada clima y á cacon geranios rojos. No será. ingratitud sino
rique III, acabaron por llegar á ser el tipo de
d~~oca géológica corresponden una fauna,
más bien la sublime resolución de algu~os inla especie. Sin el espíritu caballesco peculiar
uda flora y una estratificación &lt;.::sperial del teconsolables: huir de la multitud sin negarla
de la época, las mujeres hub;eran acabado por
rréno, as1, en lo social y en lo humano,· hay
su amparo; no vivir junto á ella, pero sí con
revestir la coraza y cefiir la espada, como lleflore,s y faunas caractel'Ísticas y diferenciales
ella.
garon á hacerlo los obispos, y Mad. de Londe fas épocas y de las razas.
gueville gustaba de disparar cañones.
;Lá palmera, el naranjo, el limonero y el
Vino la época industrial, el intelectualismo,
El espacio que abarca la sombra &lt;le este sautamarindo; la luciérnaga, el cucoyo, el mosla lucha por la vida en el trabajo, y todo el
ce es muy grande. Bajo su caído toldo caben
q t1ito, el chacal y el jaguar, caracterizan la zohombre se concentró en la cabeza. Despejósele
muchos tristes, muchos hermanos huél'fanoi,:
na¡, tropical húmeda y exuberante; el jaray arrngósele la frente, se le hundieron los ojos
todos los adoradores de una hermosa sin alma.
mago y el camello, las regiones cálidas y se•
y adquirieron un brillo febril; encalveció. Si
Crec~n las ramas desiguales y tortuosas, cocas; el oso blanco y el zorro azul, las hiperbóen V ~rsalles todos parecían mujeres, en la
mo qmen en su pena no puede cuidarse de su
reas; los cereales, las frías; el llama y la caBolsa, en la Academia, en el laboratorio y tras
compostura y bien parecer; mas, á pesar de
bra, .las montañosas. Y si en vez de considedel escritorio, todos parecemos viejos. El cuerello, forman abajo un contorno casi exactarar el espacio, consideramos el tiempo, compo es un pretexto, un peor es nada; en los
mente circular. ¡Qné graciosa y tristemente
probaremos que el iguanodon, el megaterio,
balnearios no se ven sino esqueletos raquíticaen sus hojas, hasta tocar algunm; la menula amonita, caracterizan igualmente determicos ó torcidos, tendones gráciles, sobre huesos
da hierba! ... ¡Oh, estas hojas de sauce, finanados, períodos geológicos, y que se pueden fiy eczemas, pechos hundidos y e:;paldas estremente lanceoladas, son lágrimas que alauien
jar no mE:nos bien por las impresiones que
cha8, bíceps atrofiados y pantorrillas ausentes.
llora;
tienen su forma y su «caer," su h:tlago,
han dejado las hojas, los ta:llos y las raíces de
La belleza humana moderna, en el hombre
en
fin!
... Cuanto más se mira el árbol de las
las di versas plantas prehistóricas en las enal menos, no es ya de forma y de proporciotumbas,
más encantos se le encuentran. Así patonces blandas arcillas que han acabado por
nes, sino purameute de expresión. Hay luz
sa
con
el
pensamiento de la muerte.
convertirse en durísima:;; rocas.
en los ojos, brillo en las frentes, ondulaciones
Une
á
las
ramas entre sí el lazo más fuerte
El tipo humano es también regional y crosugestivas en el cabello. Tenemos cráneos de
el
de
la
pena
común, y así, cuando el vient~
nológico, El esquimal, diminuto y obeso;
pensadores ó de poetas, entrecejos de filósofos,
pasa y en la robusta é insensible cajiga cada
el ab_isinio, negruzco y musculado; el sueco,
rugas de meditativos; pero ya no tenemos forr~ma se mueve por sí, con total independenbla\.nco, rllbio y pecoso; el beduíno, ojinegro y
mas de atletas ni proporciones de giro nastas,
bairbudo; nuestro fronterizo, alto, esbelto y
cta de las otras, y del álamo orgulloso se ve á
ni caras de efebos. Somos hidrocéfalos sostenicada hoja temblar por su cuenta, el sauce muevi~oso y nuestro indio del sur, amarillento,
dos por popotes.
enjuto y raquítico, son frutos especiales de cliye todo entero y á conipás su lúnguiclo ramaje.
Ko es ya en el bafio donde podemos admim~ -s?nos ó enfet·mizos, de regiones frías ó
, ¿Por qué crece siempre á orillas del ano yo
rar nuestra plástica, como antes los romanos·
o muy cerca de él'? ¿Es que las lágrimas que
.
.
'
cál1&lt;ias~ de terr~tori?s secos ó pantanosos, de
para Juzgar de nuestra belleza, no tenemos más
llora el árbol formaron el arroyo y le alimenla tJi,\ldes altas o baJas.
elementos que la fotografía, que nos represen;ltÍ tiem,po iufluye también poderosamente ta con actitudes y expresión de iluminados ó
tan diariamente, ó es que, como todos los tristes, ama el sauce la vista y el rumor del agua?..
en1&lt;l.~ r .~ello y carácter á la personalidad 111:1con posturas y gestos de inspirados ó de viEste querido árbol no vela aquí sobre tummaná, ~9,on excepción del chino, que es idéttdentes.
tico-y aparece incam biable desde hace veinte
ba ninguna, y todo en su derredor aparece riSi llega á ser un hecho, que no lo será, la
suefio y viviente: picotean las gallinas entre
mil años, como son idénticos á los de e11tonfotografía espirita, ella, que trasmitirá á la
el cés?ed, canta en el balcón contiguo una cace¡3 su clima, sus usos, sus costumbres y sus
posteridad nuestra alma, si posible ed con tolandria, florecen en él los geranios y hacendoleyes ele hoy, los hombres han cambiado y
dos sus anhelos y todos sus ideales, será la
sea una mujer de sa1,o color entorno de la ca•
cambian progresivamente con el transcurso
única institución capaz de dar idea del único
~ª· !odo sonríe, y, no obstante, parece estar
de-1 tiei,ip-o.
,
género de belleza á que podemos aspirar.
Justificada la presencia del sauce; aspírase aquí
;El;.n,tigttÓ espartano era alto, esbelto, vi¡ Lástima grande que nuestra alma haya decomo la calma que sucede al dolo( después de
goo:oso, musculado, tipo de la belleza mascuvorado nuestro cuerpo! ¡Se llevaban tan bien
consolado, q como el perfume que dan las meliiía'q_ue nos legó aquella heroica antigüedad.
.el cuerpo y el alma en la antigüedad clásica!
morias tristes luego que el tiem1~0 las quit6 su
E~ :i~Q roman?, que le ,suced_e e~ ~l orden crocrudeza.
nQ~og~co, comienza ya a dar rndicios de flaxi'
. Parece que vela sobre algo, muerto hace ya
d~¡(_&lt;le' obesid~d cada vez más acentuadas,
tiempo. ¿Qué habrá aquí enterradci? ¿Serán laa
ali ~ti:emo de que i,i Rómulo y Remo son
esperanzas de algún otro soñador , que vino á
d~en~ientes de loba y secos y musculados
sentarse una mafiana donde yo estoy sentado?
CO!n,º~~~.wadre, T.i berio y Calígula ·resultan
¡Qué hermoso sauce! ¿Quién le plantó aquí?
hijo~ de·cerdo por lo grasosos, por lo pesados
y por lo glptones.
E. l\IJ&lt;~SÉSDI~Z Y f'.EL.\ YO.
En la Edad Media; como nadie come, como
los que no orari hacen penitencia, y como el
resto de las gentes vive del bandolerismo miComo la mujer d e Lot, toda sociedad que
litante 6 luchando contra él, todo el mundo
'ELSAUOE•
se d etiene para mirar hacia atrás, se convierte
está flaco, pálido, ojerudo, al grado que el aren estatua y se petrifica.--AXATOLIO LEROY
te1 bizantino nos parece, y con justici&lt;1., una
¡Qué hermoso sauce saludo-todos los días
BEAULIEU.
plasttca 'dé hospital y dé anfiteatro. Había sin
en mis andanzas por estos lugares!
dud~ hombres fuertes; pero no por el móscuHasta su tronco llora, que no son sólo las
lo, smo por el nervio, ni tampoco por la sanCuando la bondad de loR demás sobrepasa
ramas
y las hojas. Se inclina de un lado lo
gre, sino por el alma.
1í. la mía, no tardo en llamarla debilidad.
cua! no ha de ser tacha de su h ermosura e~ un
Cuando se constituyeron gradualmente las
PABLO Ro:mLLY,
tronco de sauce; séalo en los otros árboles, que
randes nacionalidad el" á la som hra de las ins-

.- -

EL MUNDO ILUSTRADO

.

DBL TIRMPO Y DRIL RSPACIO

r

~~~~~O&amp;:'~

El vuelo de las sombras azotaba
el abrupto peñón como castigándolo
~orla osa?ía de sentar pel"adamente
su n~ol~ a la; vera del camino de los
~b
fantast1cos giganteR.
Cortado á pico, como un muro
enorme que se hundía en el infinito
azul, _no era creíble que aquel
penon ~ud1era ser hollado por pie alg_uno, 111 c¡ue cerebro humann resist1er~ el ,vértigo tle su cima.
.·) ft~e,. sin embargo, que un atre' ido vrnJero emprendió !:'l ascenso,
ruando las Rornbras incrustaban su
ne~rnra en todos los resquicios de la
penn,_ en t_odos los angostos i&lt;enderos,
en !ns grietas profundaf:, abiertai&lt; á
n1~nera de cRpr ntoi"as ~onrisas del
nb1~mo.
El valiente que intentaba la avrnturn, parecía Her un vagabundo ent~:f!ndo _á l?s caprirhos &lt;le la suerte.
Q
N_1 alforJn 111 callado, ni piele1;;, quizá
,~1 rumho..... Emprrn&lt;iiú la marcha
Kll1 vacilaciones. desprecinndo la
som lira Y apoyando con firmna la pi:sadn, que no dejaba huellas en la
.
.
roca.
l na mirada que huhieKe dominado todo a,1uel e1-1 '
1 •
·idivin ' '
'
·
'
P un no rnb1em
• . . ~()O n &lt;¡lle i-:e encan11nnbnn los pasos &lt;le) iWenturern' El a~ccns•0
ern mutil_ para ganar los can1pos opuestos; nada había en ·aqt 11· .- ·
que .pudt~m co111peni-:ar las fatigas de la atrevida excursión le a cuna
Í can11naba, y más caminaba, bordeando las grietns ~- siguiencl 0 0,
1lmH1onan do. n ,·ol untad, los angostos senderQf'......
·

"ª:í?

~

~~

~

:/j o

.
f 0mmgo
7 de; Septiembre de 1902

'

ª

*** tiPll1J10 f Oº pn '()S ele) · '
liahía durado al!!LII~·
, Ya
·1 1el aseem,o
J)
"
· ' ·' .. :s
,·rnJe1·0 no
'ac,i a 13,11. e pronto, i-:f' paró ni borde dt'. una arieta rolo~al
¿.Salina que; ern aquello'?
,.,
,' ·
Difíci lme11 te Ke a lt-anzaban lns tli rncnsionP~ &lt;]p )a ora,1 1.
1
suntuo· .
, ·
&lt;l
.. ,
·
, ·
,.., , uoca· era e
so I om p11mento e u na ,·1i-:10n dn ntesca.
'
~e &lt;letU\'O para contemplar el prodi"io· y al ,·oher la vista¡. · 1
rer111to tJne eo 1&gt;JJa
.. 1&gt;a 1a ptP&lt;
· ¡rfL, 1111ro
. , :í 111"' pálida
• • luz de un J'irún
• clealb
H1c1a 0e _
rada, qut• un n1omstruo
gigantesco tlormitaha
en actitud de descanso.
La emoción clel cami nante debió de Rer
terrible; parecía que el
terror lo privaba dctodo movimiento.
Y naturalmente: el
audaz se encontraba en
el palacio de uno de
esos seres que la naturaleza ha hecho en un
refinamiento de concepción horrenda. Era
gris el monstruo; cla-

vábai:isele al cuerpo cuatro patas cortas, armadas de arra .
amanllenta se posaba en su lecho sembrado de brillos d g d s,/ª panza
ca_uda asquerosa, de forJ:?a triangular, apuntaba á la 11 pr::ed ª Y una
~~!;onbtrlaasnlao cdabelza,l semia_plastada, parecía hundirse co~ fr~ciinª~!r~Í
J
e e a uz naciente.
. E_l, viajero contempló un rato al monstruo ue
vut10 la presencia de aquel imprudente hué~p1d.' en su sueno, no ad-

!

a; lnu;r~·dadh gdue e:a ~wprudente y ha~ta temerario. Otro en su lug '
ra UI 0, siqmera para no sufrir aquell
' .. ,
pesadilla; pero él a\'anzó penetrando en el
l . a espantosa v1S1on de
J , . h
pa aCJo.
0
1
&lt;lo ;i;o;s~~b~
1:~~::~~~!~~~c~ad~ ~~1~tuosidad semejante: tomisma, pero tallada con caprichos que 1 ie11a, los m~ros eran la roca
dido conceuir· eñ algunos lu ares se e so o un gran ai:t1sta hubiera poforma, con taÍlos finol-' y ere!~s.
rguían vegetaciones de rarísima

:i

:t~i;$

~r

La sombra, que, á manera ele cortinaje ser f. 1 1
cio, prestaba una sensación fantástica al ~onj:~:/ª a fondo del pala-

:1

*

El monstruo seguía Jurmiend:
via· .
d .
.
.
contemplando todas las innumerai;ies f 1rio pu o ieco1rer el recrnto,
y a 1 l .b 1 . d
Je ezas.
a uz I a Htcien o irl'll!JCIÓll y bañaba má &lt;l
d'
~ugusto y horrible morador. La audacia del visi~mt: TI1e ,1º }cuerpo al
e pascar con ]Jaso tranquilo en denedor &lt;l l
.,
ego a extremo
atentamente en todos sus detalles.
e monstruo y observarlo
A proximóse á una de la:. "anas y s
. 1, d .
de ellm;, Más atento estaba ;;l la ·ttre:is~l!-0 a a ll1!!'ª1' la agudeza y filo
&lt;le un choque formidable se h1'zo' o1'1· r¡ 1 obstend
' ac10,n, cuando el rnido
t,
,
, a en ra a ( el pal ·
L
ose una nube de polvo el rnon"tl'Uo h'
. . aCJo. evan1,;en}~• la terrib!e garra ~obre el ~'1:1jero. izo un movmnento rápido y
Estaba perdido. Pagaba con h \'ida a
1
. .
arrastró á la más loca de las cur'iosidade~.ue temerano impulso que lo
La _garra era pesaclísirna y temblaba sobre el cu .
, .
h u~&lt;l1énclola más y más en el suelo bla11d &lt;l 1 1eI po de la victnua,
:-..; h
·,
o e pa acio
• o ay eT?oc10n comparable ú la t}UC estab
.· .
mentos sentrnescar&gt;ársele la ,, 1·&lt;la· 1,,
. ~,expeumentando; por mo.
'
" resp1rac10n se h ' f ·
to perdió to&lt;la esperanza la luz"~ txti11gui'0 l
acia at1go:;n; pronno ~riuufo de la angu;:tüt...... ~
, ª muerte llegaba eu pleUna nue\'a detonación conmovió el sil .- &lt;l 1
.
polvo rní1s densa cubrió la atmúsl .. ·
enc10 e palae10; otra nube &lt;le
&lt;liú u11 salto 1&gt;rot11·~'1ªu·,-u
.. y...s·al·,
,
.Elc1·monstruo
¡
o "
1uaesca1&gt;e
el e l·,L gneta,
.·
p1 en 1en&lt; o una carrera vertigiuo .
. l·
.
ernEl viajpro !&lt;ú sintió libre de la g;:;\t;11u;i 1~11p1_1,1alíl~.
mon~ña. .
opi 1111 ;i, wov10 los nnern-

r----------------------~-----, /
/

/

/

bro~. y :-e !'segurú con SOr!Jresa &lt;le que llO
tei~~,i clanu alguno.
·~º pudu4.explica1'i-e ÍL &lt;¡ué &lt;leb''lU su sa·· l\'ll(' IÚII.

***
cubierto ce
¡ musgo
y ···· .. •Era un carn1Jo
b
. e_n e1 pasta an tranquilamente unas
11veJas.
en la roca, un''ª
t .-t
·ete 8enta&lt;lo
,
J:' s orc1 o se
Cl1tl nia en torturar una la a -i·. .
.el monstruo!, mientras hajabf
~~~
ner por J~s a_rrugas de la peiia
una_ h?rm1gmlla negra: - ..... .
el naJero audaz!

í: :t~~-

.Cuis Frias

FRAGMENTO.

PUERTAS DE LA CIUDAD,-Caludas de Guadal upe,

1

r.

1

san

. y Tacuba
Antonio

Fernándu.

�.'

EL MUNDO ILUST!tADO

L-,mini.to 'l' Je Sepfo,mbN' de 1902.

LOS ÚLTIMOS INCENDIOS
et dealro
~ el corto período de
seis día:; se han registrado en el país tres notables in&lt;'endios: el del teatro Acuña, de Sal tillo,
ocurrido el 24 del pasa&lt;lo;
el &lt;le! meren.do &lt;le Puebla, que He d&lt;·claró el :W
por la noche, y el de u11a
parte de la fabrica de hilados de Río Blanco, que
se produjo el mi,mw tifa
en la madrnga&lt;la.
Ln. frecuencia con que
ei;;tos lamentahles sucei:;o;;
vienen repitiéndose, es
alarmante:en BaltilloacaFachada del "Acuña".
baba de ser consumido
por el fuego un cajón de
ropa, cuyos dueños perdie~·on m{~s ~e cu~r~nta mil pe~os, y en Puebla
estaba aún cuando sobrevmo el ultimo siniestro, pal¡ntante la consternación producida. por la completa dei&lt;trucciún del teatro Principal.
EL incendio del Ar.uña, hrrmof&lt;O edilicio del estilo moderno, se
declaró á las siete v media de la mañana, hora en que las campanas ele los templos toca.ron a \arma. Mom€11tos de1,pués, una e~pesa.
nube de humo envolvía todo el teatro, y el
fuego se propagaba con suma n~pidez.
Las llamas se eleYaron á considerable altura, y fué tal el calor desarrollado por E&gt;lla~,
que los árboles ele la plaza di' los Hombres
Ilustres quedaron en parte carbonizados. Al
derru111 bar,:e el techo del teatro. Yin o por tierra la torre del reloj, desplománcloi,e tamhién
parte del pórtico.
.
.
Perdida la esperanza de Hofocar el mcend10,
poi: la carei1cia de los elernclltos llel'e:mrío,;,
las autoridades pusieron toda f&lt;u n tenci11n e11
sah•ar de las llama:; los establecimientos nwrcantiles contiguos. La gendarmnía y los sirvientes de la!:l tienclai; acudieron con toda eficacia á las maniobrns de desocupación de lm;
almacene;;, y con cubetas y cánfaro:&lt;, se logró
refrescar los 111uro;; y n rmazo11es r¡ue el fuego,
con toda facilidad, ltul,iern invn.dido, sin la
oportuna intervención de la policía.
A las ocho ele la mafiana se de!:lplomú lo que
~un estaba en pie del teatro Acufia, quedando reducido á cenizas y ef'combros en mcnois
de una hora. La co1111;añía dramática que actual&gt;a en el coliseo, sufrió la pérdida de tocio
su archivo y atrezzQ.

***

Acerca del incendio del mercado de Puebla,
el fuego no dejó en pie más que los muros de

Domingo ~ de Septiembre de 1902.

BL .\IUKDO lLUS'I'IlADO

"cllcuña."
m'lmposteria que, ennegrecidos por el hum,), encerrnb m ú la n!afiana.
siguient&lt;: un lrncinamiento de vigas, muebles y trastos c_arbornzados.
La noticia del siniestro cundió con rapidez por toda la ciudad, Y la~
calles vecinas se vieron en un instante llenas de gente que acudía a
prestar auxilio.

i..l

***
Sin alcanzar las colosales proporciones de los incendios á que acabamos tle referirnos, el que se declar? en_ la fúbr~ca_ de .H\o Bla~1co, produjo, sobre todo en Orizaba, un pá.mco rnde:;cript1ble. ~,e ~.ec1~ q:1e el
voraz elemento había acabado cou una gran parte ,&lt;le_ la fabnca,pei o no
tardó en rectitkarse la noticia, dando por hecho, ~mcamE&gt;nte, qt!e las
llamas sólo causaron algunos desperfectos en el salon de telares. El administrador de la negociación y los operarios ocurrieron con toda oportunidad al punto en que el fuego se habfo decla:ado, y pronto . pudo
extinguirse, sin que los trabajos llegaran á paralizarse. La vers~on de
que el incendio se debía á t!na ~·0nganza. ?e yarte de lc,s operan_os, se
ha desmentido por los prop1etanos &lt;le la fabnca, como un «canard» de
los alarmistas.

II ustramof; esta página con algunas fotografías relafü·as al incell&lt;lio
del hermoso teatro &lt;le Saltillo •que acaba de desaparecer.

El incendio del teatro.

De ,~Primavera Sentimental"

.,..
0::\10 si la metrópoli, Hospital de Terceros, edificio que ha pl'ISAclo
&lt;le algunos años á est" ft la historia rodeado de :inécdotas y tradi!'ioparte, no hubiera su- nes, como tantos otros. En las nuevas cal les
frido la 111ás leve trans- del Cinco de l\Iayo, abiertas casi en toda su
formación, del uno al extenFi6n, se com,truyen actualniente las
otro extremo ele la ciü- primeras fincas, y pronto lo que ahora rR un
dad f'e echan ele ver, hacinamiento ele escombros, será herm11:::a
en el día, el empeño prolongaeión de una de nuei&lt;tras nwjoreR aYeconstante por dotarla nidas. En cuanto al HMpital, no querla rasde nuevas calles que tro dei edificio: columnas de hiP1To, cabrins,
favorezcan el tráfico, montones de materiales y un ejército de opede jardines que la her- rarios se ven en el sitio donde Re levantara.:
mo~een y ha¡?nn agra- allí se pone mano á una obra. dr utilidad púdable y amena. á 1,us blica, que reclama el desarrollo tic la pohlavisitan teR. y de edifi- ciún: á la nueva caRa de Correo1,. ::\Iás allú
cios con que la. higiene se ve, cerc.ado, el campo en &lt;Jne ha de conf&lt;y el ornato resulten ga- truirse el teatro más suntuoso de la. Repúnanciosos.
blica, y por todos los rumLos sopla u11 vienEsto que ha &lt;lado en llamarRe «fiebre de re- to propicio á la hermosura y ensanche de
construcción» y que no es más que una de n urstra metrópoli.
tantas manifestaciones de la época bonanci hle
Para un observador, hay en todo esto puntos muy dignos de estudio:
por que atrave1-amos, va, poco á poco, hacirn- ~r:i, J'Or ejemplo, el sistema, tan distinto del antiguo, con que se construclo cambiar el aspecto que
ye actualmente. Al pie de esta página publicamos
de población antigua conseruna fotografía. de la armaz6n de hierro de la Casa de
vó por muchos años la capiCorreos: quien recuerde cómo se levantaba una casa
tal. La easucha de pei&lt;adas
ha.ce veinte años, se quedará.asombrado; todo es ahopuertas cede su puesto al
ra diferente, los métodos han cambiado de manera
~
airoso "chalet" de amplias
notable, ajustándose no sólo á las condiciones de la
ventanas por donde penetra
belleza arquitectónica, Rino á las más estrictas de la solidez y de la buena disla luz á torrentes; el caserón
tribución.
poblado de leyendas desapa•
Los techos pesado8, la,&lt;; ventanas estrechas, los pisos hundidos, todo esto Ya,
rece envuelto en nubes de
con
la rutina, proscribiéndose para ahrir ancho campo á estilos que se compolvo, y por todas partes, copadecen mejor con las exigencias de la cultura moderna, y con las condiciomo por encanto, las consnes especiales del terreno.
trucciones modernas se multiplican con una 1·apidez
asombrosa.
Las colonias en los suburbios y las avenidas principales en el centro, estnn enDebido es, por lo demás, consignar que el Ayuntamiento corresponde al
fermas de esa ,,fiebre." No
empeño de reconstruir que trae fuera de casillas á los propietarios, con la imhace mucl.io, la piqueta del
plantación de mejoras de tanta utilidad como los nuevos pavimentos, los merembellecimiento demolía la
cados que están en vía ele edificarse y la apertura dt calles donde el tráfico y
última pared del Nacional, y
la comodidad lo reclaman. Ji:! Gobierno General, por su parte, contribuye
hace unos cuantos meses estambién á la obra, ya con la. construcción de locales para e8cuelas y casas de
taba aún en pie con SUR ambeneficencia, ya con la de aquellos que, como la Casa de Correo", están llamaplios salones y conedores el
En el Cinco de Mayo
das á prestar al público servicios importantE&gt;s.

¡Cuán feliz es el sol! En lns mañanas,
por verte, su carrera precipita,
,i tuR balcones llega y en tu alcol,a
penetra por la abierta celosía.
Retoza en los encajes &lt;le tu lecho,
á tu hermoi:;ura da calor y \'ida;
tórnase ritmo en tu1, azules venas
y epigrama ele luz en tus pupilaR.
Mas yo no em·idio a I sol, sino al espejo
en donde ufana tu beldad se 111ira,
que te ama. alegre, cuando e:-tús delante,
y al punto que te rns, de ti se olvida.

F ABIO FIA.LLO.

Después del siniestro

EL hombre estudia {t la n1ujer más que á
las mujeres; éstas ¡.;e inquietan rnenoE de conocer al hom hre que á los hombres.
Supersticiones: debilidade;; del espíritu en
las cmtles frecuentemente el corazón agota sus
fuerzas.-G. :M. VALTOUR.

Armazón de la nueva Casa de Correos

�Domingo 'i' de Septiembre de 1!)02.

EL l'iIUNDO ILUSTRAbO

EL MUNDO ILUSTRADO

DOS ÁRBOLES VIEJOS
LEYENDA BRETONA.
Esto aco11teeía en Plougmmou, no hace todada mucho tiempo.
Había allí, c:11 una pobre quint,i agrh:ola,
un huen hombre.,· una mujer que, no teniendo
medios para limpiar f'U trigo á máquina, lo
hacían al trillo. Dei;&lt;le el alba hasta la puel-'ta
del sol, trabajaban &lt;le c0ncierto, el hombre
conduciendo la,; espigas,y la mujer arreglando
las e1as.
Pensad si, concluí&lt;la la jornada, encontrarían el lecho con placer, aun cuando la cama
fuese de pajn de aYena y las aábanm; de ruda
tela de cáñamo. Apenas se buscaban tiempo
de cenar algunas patatns y de recitar tmn om-

-\·amo!-', Rnclegornla!. ....... l'or esta sola
,.l,,d ..... .
E11to11ce•s ella, cntri,:teC'ida:
--~oy sien1pre denial-'iado necia en (·un1plir
tus ,·einticuatro c;q1rieho:&lt; ...... En fin, ;;ea! ...
\'e .v haz lo 11oi,;il,le por eswr aquí pronto &lt;le
vuelta, si no quieres que me Lluenna aquí,
ve:&lt;t ida, en el int...rvalo.
No hahín terminado la fr:uie, cuando el
hombre estahn fuera, bajando á graneles pasos hacia el molino. En tnnto que vió claro
en su eamino. corrió más bien que anduvo;
pero en u11 f'itio en que el sendero parecía hundin;e en tierra, entre dos altos taludes desplo-

I

r

ción: un instante &lt;lesµués, estaba11 tend idu::;
roncando á cual más y mejor.
La última noche el marido habló de esta
manera á su mujer:
-Radegonda, entre los ricos es costumbre,
cuando agosto ha terminado, haya en la noche banquete para los limpiadores. Por mí, si
me diera~ el manjar que tanto me gusta, ra
sabes que preferina pnsteles, esos ricos pastelitos de trigo 1wgro que sabes hacer, Radegonda.
La mujer, que caía de fatiga, exclamó:
-¡Pasteles, mi pobre hombre! No sueñes;
tengo los brazos cortados. Yo he trabajado
tanto como tú, ¿no es verdad? Y como no tengo la fuerza tuya, estoy que no puedo má~.
Cómo quieres que encuent1 e valor para ponerme á prender l'l fuego, ú amasar la haiina y á
preparar la pasto:? Y adPmÚf,, nrn1 cuando encontrara eRte Yalor, no podría contentar tu antojo, porque no hay una brizna de harina en
la alace11a. ¿Ko recut&gt;rdas que hace más de una
semana e¡ue hemos estado e11 la coi::echa ,. qut&gt;
no has ido á caRa del molinero?
•
· -¡Oh! si no es mús que harina, yo me encargo de traerla.
-¿Qué irías hasta el molino? ...... ¿.Después
Lle haber sudado tanto, de tanto trabajar? ¿Tu
P:-tómago es un amo duro é intransigente
Hervé l\Iingam?
'
Hen-é l\fingan1 contestó suplicante:

nmcl11s, preciso le fué ir mús
despacio. Hen·é avamaba á
tientn~, porque tenín. sol,re fl,
mlemás ele la so111 brn e.le Jo¡¡ tal udeR, la
df:' tres vit-jo~ úrl,olC's. 11 a, p11e,:, con
pree·aucib11, sujetnndo ea.da uno de ;;us
paf.O!-&lt;. En medio del Hilencio, que era
profunclo,y á pesar d,· que el aire t&gt;Staba
inmóvil C'omo RuceJe gPnernli11ente un
las noches ti biaf' &lt;le ngo~to, oyó que
el follaje, arriba de ~u en.heza, c·ornenzó
á hacer ntido de un modo bizarro é
inesperado.
-Di rntre, t'S cosa muy particular, pensó.
Levantó los ojo:-, y á p&lt;'Har de la obscuridad, reconoció en la hlancurn plateada de la
corteza cuyo ramaje sac-udía de esa suerte, que
eran dos hnyas de a1-pecto venerable, que se
hacían e-ara vanas, ele un talud á otro, y mezclaban su:; r:i.mas como para abrazarse. Se hubiese creído que _eran largos brazo" des&lt;:arnados que se nnían. Lo r¡ue había dP mús extra-.
ño, era que su murmurio, m11.v ligero, se parecía á un cuchicheo de voces humanas. Hervé l\lmgam Fmspenclió su paso y puso oído
atento.

Xo había eluda, las dos hayas com·er,-ab:m
entre sí. K UPstro hom hre, poi: escuch:trlas, ol,·it!ó molino, harina y pa:-telef'.
El primero de los dos· Ítrhule", el de la derecha, decía:
-Creo que tieneH frío, ;\foharit. Tiemblan
todos tus miembros.
Y el 1,wgunclo árbol, el de. la izquierda, re~po11día tirit&lt;tnrlo:
-~í, GelveRtr, estoy helada, helada hasta
ln médula. Siempre que cae la noche,es esto;
la frescura me penetra á tal grndo, que es como una segunda muerte ......... Ft-lizmente,
esta noche hacen pasteles en casa de nuestro

hijo; habrá u11 hnen fu¡,go, y tan _luego c,01110
Hll mujer.'" él se hayan nco;;taclo, iremos a calentarnc s junto al hra,ien•.
fü1tonct•s el primer árbol:
- Yo te acom paiiaré parn no dejarte ir sola,
;\faharit. Ma", i,;i tú me hubieses obedecido
cuando éramos Yi vos, no estarías en la necesidad de espPrar ít r¡ue hicieran pasteles en
casa de nuestro amado hijo parn sentir un poco ele calor. ¡Cuántas Yeces no te pedí que
fueras má!'&lt; caritativa hacia los pobres! Bajo
pretexto de que posefas poco, no querías dar
narla, y ahora tienes que sufrir el castigo. Porque has tenido el corazón frío, tienes que hacer una penitencia dura. Y yo, porque fuí
demasiado débil hacia tu pecado, soporto el
castigo contigo. Pero al menos no sufro. lo
que tú. Los pobres qu11 rechazabas, yo los mdemnizaba cuando 1-alías; por ejemplo, les daba en cuaresma. pedazos de mantequilla en vueltos en hojas de col; en los días grandes,
pedazos de lardo envueltos en pa.pel, y aho.ra,
estas hojas y e:-te papel me hacen un ve4tldo
que me tiene siempre caliente'.
--¡Ay!. ..... exclamaba siempre e~ seg~ndo
árbol, con una tristeza que se hubiese dicho
que se le salía el alma ..... .
Hen-é Min~am no quiso oír más. A riesgo
ele hncerse prdazos veinte veces la cabeza, tropezando con las piedras del camino, clescenclió
hrincanclo la pendiente hasta la tienda del
molino de Trohir.
De reo-rern tomó un camino dos veces más
lar¡!&lt;', p~r no' pnsnr 1,ajo los vetustos árboles.
-A fe mía, le dijo :-u rnujf:'r, creí que no
YO I,·erías.
Y notando su aire hosco:
--¿Qué te ha pasado·? Tienes el rostro lívido.
.
-Es que estoy en el colmo de mis fuerza1-.
Traigo los miembros roto:-. ~e,;pués d~ la ruda jornada. esta carrera ha fl!clo clemasmdo.
-¡Cuando yo lo decía!. .... En fin, consuélate. Pc1e1:1to que has traído la harina, vas á
comer los pasteles.
-Sí, murmuró, ahora mús que nunca es
preciso qnP. loH hagas.
Pensando c1ue con b espera hahría at1mentado su ansia, Radegonda se creyó en el deber
de servirlo diligentemeute. Por lo general,
doce golosinn'l de sartén no eran cosa de
causarle miedo. pero esta vez, desde. la tercera se declaró satisfecho, y hasta ah1to.
'-Decididamente, siento más necesidad de
dormir que de comer.
-¡Ah! muy bien; si lo hubiera sabido, no
habría pueRto tanto fuego, dijo i-u mujer.
Disponía.se á npartar los tizone¡,., despuéi:; de
haber quitado la cacerola., pero él la detuvo.
-Deja arder t,Hlo eso y ncostémonos.
Esperó á que estuYiese desvrstida y, en el
momento en que se puso de espaldas para
meterse en el lecho, arrojó una nueva hrnzada de viruta en la flama. Radegonda quedó
rlormida en el acto. Pero él permaneció con
los ojos abiertos.
Desde el lecho, colocaclo justamente frente
á la ventana., se veía claramente por los postigos entreabiertos el rielo y la campifla, pues
había claror de luna.

***
La noche estaba silenciosa, como sucede
por lo regular en pleno estío. Sonaron las diez,
las once, y nndie venía. El hombre comenzaha á dudar ...... Pero &lt;:eren. de las once y media oyó un ligero rniclo como de ramas que
arrastran y que sacuden; después, poco á poco el ruido aumentó, fué un rumor parecido
al de los bosques agitados por la brif;a, y
Hervé vió claramente las sombras movibles
de dos hayas que se dirigían hacia la cas;1.

Marchaban tan cerca una de la otra, como era
posible, en la misma línPa; se hubiese dicho
que la tierra las llevaba. Yeíanse, á la. luz de
la luna, brillar sus troncos argentados bajo
rns follajes inmensos. Atraveimron al fin la
cerca.
«Fru ...... u! ...... u! Fru ...... u!. .... u!. ....... !,,
gemían sus Yastos ramajes.
Bajo las sáhanas, el hombre castañeteaba
los dientes. Jamás había creído que dos árboles pudieran por sí ¡:o]os hacer todo el murmullo de una selva. El ruido estaba luego alrededor de él, por arriba, por todas partes.
- \'an á &lt;lerri bar la rasa, se dijo.
Escuchó el frotamiento de las grandes ramas contra Joi:; muros y sobre el rastrojo del techo. Por tres ,·eces las ha vas dieron la vuelta
á la morada, sin eluda buscando la puerta.
Hervé se ocultó la cabeza entre las manos para no ver lo que iba á pasar. Pero al cabo de
tres ó cuatro minutos, no oyendo más ruido,
atrevi6 á mirar. Y he aquí lo que vió: su padre
y su madre estaban sentados sobre las escabelas de leña, de cada lado de la hoguera, tales
como eran cuando vivLm. Los reconoció claramente, eran ellos los que habían venido bajo la forma de árboles.
Hablaban entre sí en voz baja. La vieja habfa levantado un poco su falda de fustán roja
para calentarse los pies, y el viejo le pregunVtba:
--Sientes uu poco de calor?
-Sí, respondía ella. Nuestro hijo ha tenido la precaución de agregar al fuego una nueva brazada de virutas.
El hombre entonces despertó á su mujer.
-Mira!
-¿Qué? ¿dónde?
-Allí, en la hoguera, á aquellos dos viejos.
¿:No los reconoces?
-Tú sueñas ó tienes ataque de fiebre, mi
pobre marido. No hay en la hoguera más que
el fuego que chisporrotea,
-Pon tu pie sobre el mío, Radegonda, y
Yerás lo mismo que yo.
Puso el pie sobre el suyo, como se lo indicaba, y vió á los viejos.
-Dios perdone á los difuntos! ...... Pero si
es tu padre y tu madre! balbucía juntando las
manos trémulas de estupor y de espanto.
-Por merced, no digas ni hagas nada que
pueda turbarlos.
-¿.Qué nos quieren?
- Ya te explicaré la cosa cuando se hayan
marchado.
Entre tanto, el viejo decía á la vieja.:
-¿Te has calentado, ~faharit"? Se acerca
nuestra hora.
Y la vieja decía al ,·iejo:
-Sí, ya no tengo frío, Gelvestr. Pero tengo vehementes deseos de que mi dura penitencia se acabe.
En esto, el reloj sonó el primer gol pe. Los
viejos ,:e levantaron; luego desaparecieron. Y
entonces, el gran rumor de follaje comenzó ú
lo largo ele la casa.
Fru... u .. . u ... ¡Fru ... u ... u ... !
Después el ruido se alejó á medida que se
alejaba también la sombra de los dos árboles
bajo la luna. En su lecho, Radegondn temblaba, no comprendiendo na.da de estas cosas extraordinarias. Cuando todo Yolvió á quednr
desierto y silencioso, el hombre contó lo que
había visto y cómo había sorprendido el secreto de los dos muertos.
-Está bien, dijo Radegonda., mañana darem9s una torta de unto para los pobres de la
parroquia que no tienen ni siquiera lo poco
que nosotros tenemos, y manclaremo'l decir
misas á la iglesia.
Así lo hicieron, y desde entonces las dos
hayas no volvieron á hablar.

EL FIN DE LA. BA.TALLA
&lt;PÁGINA DEL 8 DE SEPTIEMBRE)

Domingo 7 de Septiembre de 1902.
Ruedan al foso: piérdese conciencia
Del amor y la vida y queda iner~e
La razón. ¡Es la lúgubrP demencrn.
Del fuego .r de la muerte!

I

III

Llegó el supremo instante. Batallones
Inquebrantables sostenían el fuego
Tras los lejanos matorrale,:. Trágicos,
Con salvas fragorosas los cañoneR
Rimaban la epopeya, exterminando,
Demoliéndolo todo,
Em·olviendo en espesas humaredas
La angustia y el horror, la snngre, el lodo,
Y entre las calcinadas arboledas
El épico fermento del combate;
En tanto que, más cerca, en las praderas
Que se tienden al frente,
Tras las sólidas líneas de trincheras,
El grueso del Ejército, potentE&gt;,
E1-peraba la carga, redoblando
El fuego de su atroz fusilería,
Mientras á retaguardia, como un trueno
De tempestad, se oía
El rodar de furgones galopando
Para ir á abastecer la artillería.

II

Y entre los gritos que el furor desgrana
En la refriega, vibra en los confines
Del negro campo triunfadora diana.
Resonando en un himno de clarines ........ .
Cesa la. enrojecida hayoneta
Y el fusil en su lí1gubre trabajo,
l\Iientras los enemigos allá abajo
Huyen al triste toque de retreta.

T_.entamente calló la artillería,
Y allá sobre el tumulto, y en lo alto
De la que fué trinchera,
Desplegó sus colores la bandera
Del batallón que consumó el asalto!
HERIBERTO

FRIAS.

PALACIO DE GOBIERNO.

Ved: pecho á tierra un batallón heroico
Se bate á fuego rápido. :'lletralla
Enemiga le diezma ferozmente
¡Y su gallardo Coronel, estoico,
A caballo se yergue frente á frente
De la muerte y la gloria en la bntalla !
A toda brida llega un ayud:mte,
Le dice:-,qya!ll-Dermparece luego ........ .
El jefe alza la espada y, arrognnte,
Dominando e] corcel, que se encabrita
Al reclohlar del fuego,
Con ,·oz fulmínea á sns soldados grita:
"¡Valiente bnta.llón: en un instante
Tendremos el honor de dar la carga,
Y el enemigo nos verá en la gloria
De llegar á sus fuertes posicionrR
Y arrancarle de firme la victoria!
-¡Y á nuestra diana torarán retreta
ERos acobardados escuadrones!
Alto el fuego ¡y calad la bayoneta!"
Dice; el tnmbor redobla fulminante,
Al par que vibra rcataqm,,, la corneta;
De1&lt;pidcn mil clestellos
-Pre,mgios clel terror de la matanza,\ 1 sol las armaR, y ei-1 aqu,~I instante
El batallón como un alud Re lanza
-«¡Aellos!&gt;J-gritando sin cesar-«¡á ellos!"La sombra., el rno1;, un exterminio inmern,o
Al pie de la trinchera cobran vicla ........ .
-Y la trngerlia. hajo el humo denso
l'11lpita enfurecida........ .
En el tremendo campo
Todo se enciende y todo se estremece;
Crepita formidnhle la metralla;
El olor de la pólvora enardece
La lucha CUPrpo á cuerpo, entre rugidos
Que subrayan el trágico episodio
Y hacen surgir sobre la :\Iadre Tierra
La venganza y el odio,
Las c61eraR sangriPntas de la Guerra!
Re deia;morona el parapeto; eRtalla
Ln granada en peclazos; los cadá verrs

Se ha comenzado á construir en Chilpancingo el Palacio de Gohierno que substituirá al
que, antes de los últimos temblores, ocupaban las Oficinas principales de la Administración de Guerrero.
El nuevo edificio obedece á un plan bien
meditado; es de mampostería, de un solo piso,
y la distribución de todos los departamentos
f'e ha hecho de manera que no carezran ni de
la amplitud ni de ventilación suficientes. La
fachada principal es de bonito estilo y se emplearán en su construcción los mejores materiales.

Como sueño tenaz surge en mi mente
Una mujer que amo y que me adora,
Que no siendo In. misma á cada hora
Otra tampoco es indiferente.
Mi corazón, para ella transparente,
No es problema, á su sabor lo explora,
Ella tan sólo puede, cuando llora,
Refrescar los ardores de mi frente.
¿Es morena? .. Tal vez.¿lti.ibia? Lo ignoro.
¿,Su nombre? Evoca mus cal, sonoro,
Los nombres de las muerta~ preferidas.
Por sn mirli.r recuerda la escultura
Y ha_v en su voz el tÓno y la dulzura
De las amnclas voces extínguiclnF&lt;.

fi,¡afo/e le ]Jraz.

EL PALACIO DE CHILPANCINGO.

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�Domingo 7 de Septiembre de 1902.

Domingo 7 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

El Institnto de Ciencias de Oataca.
Hace alguno:- años que con el objeto de
asegurar ,m estabilidad y n1Pjorar SUf&gt; condiciones materiales, se peu¡:Ó en la reconstrucción uel a11tiguo edificio del Instituto de Cienciag de Oaxacn,que se encuentra situado en el
:111¡¡:ulo que fo rnrnn la ,'! calle de 111 .\ venida
de la J ndep&lt;•11&lt;lencia. y la 1'.1 (le Benito .Juárcz,
&lt;•n h capital &lt;le! Estado.
El edificio de que noi- oc·upamoi:- redstegrnn
interés pnrn la hi -.torin. Fué inaugnrndo el día
8 ele enero de 18:27 con el nomhre de «Irn,tituto ele Ciencins y Artes del J~¡::ta&lt;lo,» y su
creación ~e dchi6 ÍI un decreto del Primer Con
greso Constitneionnl.
·
El acto de su instalación, que revistió la
mayor solemnidad, fué pre,idiclo por el Gobernador del Estado en nqnella. éporn, acompañado del Consejo, principales autoridades y
numerosos vecinos de la importante entidarl
federativa.. S u primer Director fué el distinguido Fray Francisco Aparicio, y más tarde
estuvo al frente del Establecimiento ,..J señor
Juárez.
En ei Instituto de Ciencias y Artes del Estndo de Oaxaca se formaron hombres tan notables como el Benemérito Juárez y su ministro de Justicia, el célebre jurisconsulto D."
1Ianuel Ruiz; los abogados D. Manuel Dnblán, D. Félix Romero y otros muchos que
sería largo enumerar. Alumno del mism:1
plantel fué el actual primer magistrado de la
República, quien cortó su carrera para seguir
la de las armas, ponifndose al servicio ,'ie la
Patria en d efensa de las instituciones democráticas.

***
El antiguo Instituto era d e sólida con strucción y muy amplio; pero se h acía ya n ecesnria su reconstrucción, debido al estado de deterioro e n que se encontraba á últimas fech as.
Por iniciatin1. d el Jefe Político, Coronel D.
Prisciliano Benítez, se emprendiero n las obras,
siendo autor del proyecto que se ha ejecuta&lt;lo, el Sr. Ingeniero D. Rodolfo Franco.

J

La comitiva regia

El Arzobispo de Canterbury unge á E:.duardo V 11

Bah! tú seráR el exclusivo tema
de mi próxima epístola ..... .

ECOS DE LA CORONACIÓN
DEL REY EDUARDO.

ENRIQUE

ToRJir..;

ToRJ.JA.

Junio 1902.

El antiguo edificio

En los grabados que hoy publicamos se'encueutran la fachada del antiguo edificio y la
del moderno. Esta última consta de dos cuerpos, y los materiales empleados en ella son
mampostería en los cimientos y cantería en
el resto ele la construcción.
La distribución interior del moderno edi ficio ,está arregla?~ á los preceptos de la peclagog1a y de la h1g1e11e, y ofrece en cuanto á comodidad, las mayorc,; ventaja~.
En la planta alta se encuentran grandes salones clotados de suficiente luz h1en ventilad os; y en uno de slls departa~entos se halla
el )luseo del EHtado.
La planta baja está destinada á las clases,
y e:1 la parte 8 ur del edificio está instalarla la
Bibliotrca PúblicA,
á la que da accern
una puerta que ve á
la calle de Benito
.Juúrez.

establecimientos de beneficencia. Al volver á
Guadalajara, se le nombró canónigo de la Catedral y rector del Seminario, y durante su
rectorado, se comenzó la construcción del nuero edificio que ocupará el vlantel.
En 12 de febrero de 1899 fué consagrado
obispo de Sinaloa, diócesi en donde atendió

Las revi8tas europeas vienen llenas de detall~s acerca de laR suntuosn,; fiestas con que
la c1Udad ele Londre:s celebró la coronnción de
Eduardo VII. y de los relativos á lns ceremonias que se ver°ificaron en la Abadía de Wei::tminster.
La infornrnción gráfica que ofrecemos en esta plnnn, es de lo más importante que se ha
publicado en Europa. En nuestros clichés pueden ver,:e represen lados, tnnto los actos de
coronación clrl Rev v de la Reina, como los
hrilln11teR d&lt;'~fil&lt;'8 ·de.la regia comitiva el día
de In ceremonia.

Pero el acento rnag1co y sonoro
De una voz celestial llegó á mi oído.
Y un beso de tus labios desprendido
Me despertó diciendo: ¡yo te adoro! .. ... .
¡)Ientirosa!. .. ¡después Rintió mi alma
Algo terrible que robó su calma
Y que le dió la muerte de improviso!. .....

EL PRIMER BESO.
Era un sueño de h adas-sueño de oroCon que los genios del Edén florido
Arrullahan mi pecho dolorido
Cansado de verter su nmargo lloru.

¡El beso que me diste estaba lleno
De letal y mortífero reneno
~[ezclado con la miel del Paraíso!
E~RfQl.8

POST SCRIPTUM.
Te hablé ele mis tristezas: enferniitas
que sufren un mal crónico;
el doctor asegura que no tienen
remedio,
lo deploro!
Te hahlf en párrafo aparte
de las incertidumbres de mi alma,
de nnn 1111gustia infinita que me oprime
y una aflicción inmeni::a que me nrnta.

NUEVO OBISPO
Te conté mis insomnios; esas noches
que me pnso sin sueño,
con los ojos rai::gando las tinieblns
terriblemente abiertos.

DE CHILI\PA
Para cubrir la vaca nte qnc dejó como obispo d9 Chilana el Dr. D. Ramón ·
Ibarray GonzálezAl
h¡icerse cargo de b
dióceRi de Puebla,
ha Rielo nombrid.o
por S. ft León XIII
el Sr.. rDr.
José
·, Hom6bono A nava,
1
a.étual obispo de ·si,, na.loa.
,é . El señor A!laya
,.:nació en GuadaiaÍ jara el 13 ·'de no, --cviemhre
ele 1835.
• ituy joven aún, in-.
--º~~1 ~ dé rnria~
gres6 al seminario - á lá r~nstrucci ' •
c~2pelits y est:~b
1tqsJ'le~hc;á~~s. al culto,
de aquella ciudad
para seguir la ca- . fundando vanas':éasa-s, rle -~enefü!encia. Poco
de~pu~s de su coni-ngraciún arrrgló u11a pererrera eclesiástica, y ·
g_nnac1ón á Roni::f y loi, Santos Lugnl'es, asísalgunos iiños dest1enclo ni Coneillo Plehario Latino american o
".Pt1és recibi6 la borconv?,ca&lt;lo por R. ~- el ~apa, y en su apertnr;
1a &lt;le doctor en dfungw de 8ecretano. !,lizo despué,; un viaje á
nones.
Rollla, en rrpresentacwn ele los catéili&lt;'os meFué cura de vaxica11os, con moti,·o dPI jubill'O pontific¡L[ del
rios puntos, y en
l'npn.
las parroquias donm señor Anaya irá próximamente á hacerde ejerció, procuse cargo de su nueva diócesi.
ró fundar escuelas
y proteger siempre

Te elije que lloraba; para muchos

éstm, son nimiFdndrs;
te &lt;lije qui:' llorn hn, como un niño,
no, como un nifío no, como un cobard e.

... Y no te haulé de ti! ¿qué olvido es éste·?
¿Por qué fiOY egoísta? ..... .

:n..

... 1
•
1

•

La nueva construcción

, \~.Í~,.•[·~¿ir.::~~~~- .

'N:-,,. •_,;
I'!' ~ ~-··

' 1.--líJlJ!ii ~¡, ~t"'~ !~.tM ~-~
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Coronación del Rey.

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!al desfile.

Coronación de la Rei na Alejandra.

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ÜLIYER:\.

�EL MU!-;t&gt;O ILtJS'l.'RAOO
Domingo r;- Je Sepfümhre de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO

TUNQUILLA
Abril C:aba placer á la tierra y á las gente¡;,
En Jn, aldea, encaramada en lo alto de la colina, las cabañas, cercarlas y con techo &lt;le cáñamo, parecían de oro con los rayos a.l~gres
del sol· una Yerdadera nube &lt;le rPtoños prntaba los ~rboles en las ramas dei:mudas, y á lo
largo del arroyo parlero destacábanse manchas de flores rojas sobre un manto de verde
terciopelo.
Un pequeño sendero ascendía en tanto que
el arroyo hacía un descenso, 6 más bien, Junquilla subía lentamente por el sendero, con
tanta mús lentitud, cuanto que Juan, su
amoroso galán, la lleYaba del brazo, y los dos
se detenfon con frecuencia para cortar aquí
una anémona y allá rnn prima1·era. Camina-

Formal é ingeniosa, llevaba á las casas el contingente de sus talentos sobre toda clase de
asuntos del hogar, que bien pro11to estimaro11
en su justo valor. Al poco tiempo, tenía que
abandonar su cnsita desde por la mañana para Yolver á ella. al caer b noche. L::i mañana
entera del domingo y algunos ratos todo,; los
días, á prima hora, los dedicaba á su jardín:
plantaba, injertaba, aderezaba con deliciosa
minuciosidad los prados, y muy en breve, su
vida era la más llena de trabajo, h más tranquila y la más sabia que se pueda imaginar.
De tiempo en tiempo iba á unir sus cortas economías al modesto te8oro que tenía depositado la señorita Didier.
Así vivía en paz con todos, cuando la llamaron á la casa de la señora Loif'f:eau. Fué precedida por su reputaci6n de buena trabnjadora y de señorita juicio;:a y ordenada. La señora
Lois~eau era de mal carácter.

no lo querí::i. Sola, sí, pero sola con la buena
amü,ta&lt;l de to&lt;los.
Y dijo en tono firme: «.Juan, tienes raz6n. »
.Juan la &lt;lió un abrazo y partió lleno ele valor.
Guando lleg/&gt; á casa de su madre, díjola con
timidez:
--1\fadre, no piensas que haría bien en tomar estado?
La sefiora LoiRseau respondió sobresaltada:
-Tú! ... pero apena" tienes veintiún afio;,!

-

l /--~
ban pensativos, silenciosos, sintiéndose en
plena posesi6n del presente; pero el porvenir,
¡cuán incierto!
J unquilla, dos veces huérfana, no era partido para el hijo único de la anciana sefiora
Loisseau, que disfrutaba de los bienes que son
necesarios para f:er «rico» en una aldt&gt;a. Ella,
J unquilla, se decía en el pueblo r¡ue había sido encargada en la casa de unos jornaleros,
los ~Ia.thurín, quienes la recibieron como á
una bija; la mujer murió cuando la niña tenía apenas doce años. Mathurín entonces pidi6 consejo ú la institutriz del pueblo, porque
Junquilla era su discípula predilecta.
Fina, dulce de carácter, y de espíritu más
franco que el de sus compañeras, era para la
señorita Didier una niña de confianza, y la
institutriz, un poco aislada, se interesaba por
el misterio de esta víctima de algún drama ignorado. Mathurín dijo que, en los primeros
meses, recibía diez luises de oro que guardaba
para dotará la niña, pero ¿qué podría hacer
con esto? Tendría la pequeña casita &lt;l.el jornalero, jardín, y esto era todo.
Junquilla era hermosa; delgada, tierna, esbelta, lo que le había valido su sobrenombre.
¿Qué iba á hacer ii. la ciudad, sin previsi6n,
sin experiencia'? No era mejor prepararle en
su casita una vida tranquila?
La buena institutriz aconsejó ii. Mathurín
que guardara á la niña,que podría servirle admirablemente para el manejo del hogar. Preocupada por su suerte, la enseñ6 todos aquellos
conocimientos útiles y hasta agradables: á jardinear de modo que supiera aprovechar de la
tierrn y ele las estaciones; platicaba con ella, le
daba á leer algunos libros útiles, y hacía que
la acompañara en sus paseos.
De esta manera, J un quilla había llegado ii.
f'er una muchacha instruída, avisada, entendida en multitud de cosa;,, y al mismo tiempo sencilla é ingenua. Acababa de cumplir
dieciséis años cuando ~lathurín, á consecuencia de una jornada fatigosa, cay6 enfermo y
muri6.
Esta vez, la hufrfana se sinti6 profundamente inquieta por su vida; pero la buena señorita Diclier vivía; fortific6 las buenas disposiciones de trabajo que conocía en su desventurada &lt;liscípula,y depositaria del pequeño tesoro que Mathurín le había entregado al morir, lo guardaba piadosamente, tomando muy
poco, lo justamente necesario, para evitar que
Junquilla se creyera en la mendicidad· le bus'
co, queh aceres en la aldea y en las casas
vecinas.
Poco á poco la joven se hizo á la nueva vida.

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Ninguno, ni rn hijo Juan, sobre todo éste. ,·· ~
que conocía muy bien la mano, Rl'Ca como un
nervio enjuto, de f:U madre, se había arriesgado j::imás á resistir. La Junquilla, con su
talle d.ilgado y suave, y su firmeza innata, era
un viyo contraste con 1n. ruda paisana, y Juan,
por instinto, buscaba en ella un refugio.
Junquilla era demasiado prndente pam irá
-Es verdad, pero estoy fuerte, y sería'tan
la casa de la señora Loisseau, cuando vi6 que
feliz en familia ...... 1
,Juan la cortejaba; pero Juan venía :í buscarla,
La Reñora Loisseau hizo un gesto. El pobre
iha á esperarla á la hora &lt;le entrada, la acomchico había soñado un poco de ternura, cosa
pañaba á menudo con cualquier fútil pretexque jamás había encontrarlo sitio en la vida de
to. El, por su parte, se mostraba dulce, reserla paisana. ¿De d6nde venía á Juan este devado, casi tímido, con esta joven en quien, sin
seo de c,vivir en familia"?
explicárselo, encontraba un encanto irresisti-Pues bien, ¿y cuál es la nuera que quieble. Ella lo acogió primero como camarada,
res darme?
rlespués ... palabras muy tiernas se deslizaron
.Juan sinti6 que el momento supremo había
hasta su corazón; y he aquí c6mo, aquel día,
llegado y contest6 en voz baja:
Junquilla subía lentamente por el Rendero del
-Yo quierJ á la Junquilla.
riachuelo cortando flores, en tanto que su amiLa señora Loisseau se levantó violenta.
go .Juan la acariciaba el talle silenciosamente.
-¡ .J unquilla! Esta hija de nadie, que no se
sabe siquiera de cl6nde ha venido, y que no
tiene tres escu&lt;lmi!
Al cabo de un instante, Juan levant6 la caJuan se defendi6 y defen&lt;li6 su idea.
beza con resoluci6n y dijo:
- Pero nosotros tenemos bastante y ella e8
- Mira, Junquilla mía, esto no puede conhacendo8a, tiene granrles virtudls, y eso te lo
tinuar ar,¡í. Después de todo, mi madre ... no
he oído d ecir.
soy su hijo único? ¿Por qué había rle querer
--Sf, para el trabajo: pero para formar una
mi desventura?
familia ...... Pues, hombre, r.o faltaría más que
En el fondo no es mala; voy ii. pedirle que
eso.
nos casemos.
-Pero ......
Junquilla mene6 la cabeza. No se hacía las
-Basta! Ko h::iblemos más &lt;le tal asunto.
mismas ilusiones sobre el carácter de la seño.Juan, desesperado, exclam6:- Está bien,
ra LoisReau. Pero pensaba como Juan: «esto
madre&gt;; entonces prefiero irá la ciudad. No
no puede continuar así". Las gentes del puepuedo permanecer aquí! Sí, me iré, me iré,
blo someían con indulgencia viéndola pasar
repetía el pobre joven comprendiendo que tocon Juan; pero si se podía pensar que no em
do se estrellaría contra esta paisana cabezuda.
para matrimonio, se pensaría mal de ella, y
Juan sali6 para irá contarle á la señorita

boming-o ~• de Septieruh-e de 190~

lo que no osaba decir tí. la Junquilla. Sumadre lo siguió hasta la ciudad, y antes de u11
mes supo el chico que, hijo único de viuda,
pero, según declaración de la madre, inútil
para la casa, lo reelamab:rn para hacer sus
tres años de servicio militar.

***

Había transcurrido más de un año. El carácter de la señora Loisseau se había agriado
má8 y rnás, al grauo de que en el pueblo casi
todos la aborreeian por t,ll dure,m, tanto eomo
.unaban tl la .J unqu11Ja por :su bondad.
Lrn día de plaz,~ en el pueblo, la paisana
vo1,·íú co11 un fuerte tlolur Je ealJeza. Había
epidemia de virnela¡ la señorita l)idier lo supo, y mundo al lloetor, &lt;¡uwn preserituú la vacuna general.
Fué un «::,úh·ese quien pueda». -Xo qucJú
servidor en esta casa conta11111rn&lt;la; solamentt.:
una vieja que no tenía &lt;londe vivir, permanl'ció allí encendiendo el fuego, calentan&lt;lo d
agua, pero incapaz de prestar ningún cuidado.
¿~u1{•J1 a~istiría a la enfl'nm\'t ~o había en todo el pueblo!
La señorita Didier fué en el acto á ver {t la
Junquilla:
-Hija mía, le &lt;lijo, es un deber. Tu vacuna lm sido &lt;le lal mas eficaces; observarás la¡;
reglas de higiene, que eomprenderás tú mejor
que las otras,y podrás cui&lt;lar sin peligro á esta pobre mujer.
-Pero ...... la señora Loisbeau me detesta.
-En cuanto á eso, no tengas temor alguno:
tie11e los ojos en tal e¡;ta&lt;lo que no puede abrirlos, y una liebre que la hace delirar á toda hora, para t¡ue pudiera reconocerte. \' e, no arriesgas nada.
Asegurar que Junquilla entró allí con una
man sed u111 lne perleeUt, i:lena &lt;leci r demasiado;
fué vor deber e hizo :m &lt;leuer. :::iecu n&lt;lú al doctor a uiarnv1Jla, y la i:lefiora, a pesar &lt;lt:: su euad
avanzada, se repuso l1•11tame11te, conservando
idea:; eoniusa:s, pero, eu el fo11do, la u11::;1tut
nrroganeia. :::iu 1,1riuier acto de gratnud, apena::; ::;e s111t1ó lllCJor, fuf motill'al'le la ¡,uerta it
la eufel'luern, pagaudole t-illi:l ::.ervicio:&lt;. Deb¡,uf:.; 1ua;1du a bu:;car una JUUJcr del paí¡;; la.
1u UJer \'lllo ex pre::;ame11te cerca de la. ¡,uena Ít
gritar:
-¡Quiéll! yo Yen irá cuidar ú ei;ta Yit·ja venE¡"nol Diaut1e, 11ue be u1ue1a y que nos deje
Íl todos en paz ...... !
Eutonees corn preudiú que .J unq uilla, resigna&lt;la y trnl\\1u1la, va11a 1wt:;¡ pero disimulo,
hasta que un atayue de ¡,arali:s1s la po:;tró sobre una silla. 1~st:: día la :sirvienta vi no á ;;uplicar huuultle111ente á Juuquílla que fuera;
t)Sta ntciló pnuiero, ¿no :-,errn mejor irse y ol •
vidar·t l'eru pen::;ó t.u~1 u1é11 en Ja pobre vieja.
:;ola.,alm11Jo11a&lt;la, lejostle su hijo, &lt;1ue,t,;in duda, ignoraua el e:-,tatlo de :m_rnadre,.y _accedió.

DE LOS ESTADOS.-Jardín de San Francisco (Guadalajara).

.Juan había e:-:crito ,·arias cart::iR, pero la. Reiiora l:is ocultaba Cl'lo!'amente, ,v renunciaba
ÍI leerlas por 110 dejar que Junqnilla las viese.
Esta, dócil, paseaba á la paralítica, la. acostaba, le administra ha los alimentoi:', y así la Yida tranRcurría.
Una tarde, Juan, sin ser e!'lperado, pas6 la
puerta del jardín; la madre Loif'seau entraba
apoy::ida sobre .Junquilla y le decía:
-Hijn, quiereR darme mi tabaquera?
La. e11fern1a palideci6 y .Junquilla t11mhié11.
-Cómo! ¿Eres tú, Juan'? Y dirigiéndose Ít
.Junqnilla, la dijo:
- lJ ija, puecleH irte-, no te neceHi to _ya; mi
.Junr, me ayudaní.
Pero .Jnan, rúpido:
-l\fndrr rnín, o,; rreía rnúH mala; pueKt11
que podéis andar, me "ºY á ,·cr á mis camarachiF.
Y Haliú, pero f:U mirnda hn.hía dicho ú Junquilln. un mundo ele pen:-amiento:&lt;.
Juan venía lo menos pof:ible á la. cm,a. La
vieja d&lt;-'jaba, que .Junquilla la cuicl11!'le con picda1l, y Habe, Dio,; hasta cuándo hu hiera durado e!üo, si la !nena seJiorita Didier no hubiera intervenido.
l.:n día de invierno Yino Íl ,·er á la Refiorn.
Loi~8e::iu y delantE' de .Junquilla le dijo:
- El doctor tiene ncceHidad ele una pen,ona para cuidar á uno de sus rico¡; clienteR· me
¡,i&lt;le á Jnnquilla, á quien ha apreciado v'iva.mente aquí. Hija mía, e,:pero que aceptaráR.
La paralítica exclam6 con sentimiento:
-Qué! ¿Llevar¡:e á .Junquilla·?
- Es en su interés, señora Loisseau; hay
que dejarla partir ......
Por la noche entr6 .Juan sin decir á su maclre nada. ,Junqnilla se había. marchado clPsde
bacín al~unas horas.
La. ,,i;•ja llamólo:
-~o me has vuelto ú hablar de Junquilla;
¿a&lt;'a~o ·"ª no la amas?
-8eñorn, para que me mauléis otros tres
afio!&lt; ni Tonkín! Muchas gracial-'!
-Oh, no! Es una buena muchacha... y este dottor quiere quitárnosla; nadie rne cn¡'darÍI
como ella ......... Deberías hacerla tu eP-po~a !

***

***

.Junn, sin oír m•&gt;s. Rflliú y corrió como un loco á busc-ar
[t .Juuquílla., ÍI pe;inr dt•l frío
y ele la hora a ,·ai1¿ada. La encontr6 en casa de la. Heñorita
Didier....... .
-Al fin, ,·amos á Sl'r dichosos!
[Trnduccióo de "El Mundo llnstrado."J

TEMPLOS DEL PAIS.-Parroquta de Lagos.

- Ln. hellcza del euerpo humano desarrolla
un fluido magnético que escla1·iza las p('J'so-

nns &lt;le limita.da cultura socinl; pero la hnnda.&lt;l
del almn, con sus brillantes tleRtello's, ilumina
el camino que noH conduce al templo de la
felicidad.
·-Los tontos nos hacen reir; los ,:abios nos
hacen pensar.
-l\Iejor que Pxplotar lo pa:-:a&lt;lo, es rotmar
el &lt;·ampo donde potlrún cultivarRe las ideasd¡,
lo porl'enir.

Quiero ú todo el mu1Hlo,
yo ú nadie deteRto.
¡Si hay· un hombre que me odie en la tierm
tmnbih1 yo lo quiero!
Con mi frente altil'a,
muy cc&gt;rca. del delo,
siempre "ºY por la altura, y no escucho
los odios protervo,;.
Es mi alma un a,·e
de conRtante nielo ...
porque teme al posarse en la tit•rra
mancharse con cieno.
Tengo un numen triste,
soñador y bueno;
tengo un numen qi1e grande en mi carnP
no vi ve en el suelo.
Xo anidan en 111i alma
los odios rastreros,
que en loH puros y nol,leR altare:;
110 vivet1 los ruen'0f:.
Despertar mis iras
es un vano empeño;
eR mi alma mi broquel que rE&gt;chaza
los danloH iHfectos.
:-liga el odio infame
P-U l'llin clamoreo
mientras "ºY por l'I mu1'ido ca ntando,
cantando y riendo.
~Ii patria es el mundo
mi mundo es el cielo. '
::\[is hermanos son todos los hombres
tle todos los pueblos!

José )rl Col/antes.

�EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 11.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 14 DE 1902.

Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem. en la.capital, ,, 1.25
Oerentet LlJI&amp; Rtl'f&amp; &amp;PINDOLA,

8lrector1 LIC. RArAU Rtn&amp; &amp;PINDOlA,

UNA MALA PARTIDA

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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