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                  <text>Domingo 14 ' de Septicrnhrc de l!l02

EL MU.N"DO ILUSTRADO

UNA HACIEN D A HENEQUENERA.

AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 12.

Sub•cripción mensual foránea, $!.SO
ldem Jdem. eu 1a,Cai•it.a1,,, t,::!r,

MÉXICO, SEPTIEMBRE 21 DE 1902.

Oerente: LUI~ Rt'l't~ !IPINDOLA.

Dlrecton LIC. R,U 'A I L RU'llt !tPINDOLA.

H acienda de Subinkancab.

I'

Yucatán, cuya tierra árida se presta bien poco á lograr filones para la riqueza pública, se
ha engrandecido prácticamente y con pa~os
tan rápidos, que en estoi- momentos es por
demás oportuno considerar cuán grandes ,;acrificios ha costaclo y seguirá costando á quienes se clediean con ahinco á labrar su prosperidad. De aquel suelo pedregoso, seco, calcinado puede decirse, por los abrasadores rayos
del sol, los hacrnda&lt;los y loR jornaleros han
llevado á la Yida un manantial de biene!'I y
procuran empefloi-amente rom\el"\'arlo para
que nadie pueda ta.char de incuria á los que
poseemos con orgullo el nombre de mexicanos.
Este manantial &lt;le riqueza, el henequén, tan
solicitado en los mercados extranjeros, y cuyos pingües rendimientos parecen fabuloso1-,
es una buena pruel&gt;a de cuánto pueden realizar el amor al trabaje). la hábil dirección que
Íl la diaria labor se infunda.
~o se ocultó al trabajador yucateco rsfa Yerdad, y cuando descubrió que en los pedregale;; mismos con c¡ue la naturaleza quiso cubrir
la tierra de su Estado, se podía sembrar la
planta bienhechora, dedicóse con imponderable tesón á ohtener frutos sazonados y ricoR.
Por esto se ve que en la faena de explotar 1a
fibra henequcnera, ha puesto Yerdadero amor
para facilitar la dura tarea, y no se cansa ele
conceder recompensas á quienes con su inteligencia le ofrecen el medio de confleguir esta
facilidad.
Dan testimonio &lt;le ello las numerosas máquina¡.; desfibradoraR hasta hoy inventadas,
los tranvías y ferrocarriles c¡ue cruzan los plantíos de henequén, el embellecimiento que, Ít
costa de mil Racrificio,:, se procura en las tii,cm; de r•n111po. El cRpíritu del hijo de Yucatún no ha rn,cilndo un instante: isa.he que pa-

Don Emi l io Peón Cisneros, acaud alado
henequenero.

ra plantar cada úrbol, está obligado ít \·encfl·
la resistencia que le oponen capas enormes de
piedra; que para ronstruir caminos, necesita
salvar todas las asperrzas c¡ue los terrenos

incultos ofrecen al trabajo humnno; por último, que careciendo de sufkientc 11úmero de
jornaleros, cada dificultad se torna en inYencihle. Y todo lo ha vencido: la resistencia de
los pedregales, la aspereza ele sus terrenos; .\.
sufriendo pacientemente los rigores de su clima y substituyendo con máquinas la carencia
de brazos, se puede envanecer de que ha lleirado, si no al triunfo clefi11itirn, sí á Yictorias
mu v estimables sobre la naturaleza misma.
Ofrecemos hoy á los lectores ele EL :\Iurmo
lLusTRADO una prueba irrefutable de cuanto
dejamos dicho: los cloR grabadoR qt..e se publican en esta página y que repi-ese11tan dos viRtas tomadas de la hacienda Suhinkancab. de
la cual es propietario el distinguido caballero
_vucateco Don Emilio Peón Cisneros.
El primer grabado representa la caRa principal de la hacienda, seguidii ele una frondosa
huerta, y el segundo un plantel ele henequfn.
partido en el centro por un camino, el cual se
puede recorrer, corno se ve en el grabado, hasta en a.utomóvil. Esto cli-mucstra Ít qué grado
de adelantamiento ha podido llegar el ei;fuer•
zo de los hacendados yucatecos: han convertido en amplias y bie·n pavimentadas calles
los caminos que á sus fincas conducen, y ahora disfrutan de una facilidad de comunicaciones poco adquirida en otros Esuulos &lt;le la República.
Carruajes de suyo delicadoE, hechos para
cruzar por las ciudades ele las cultísimas ca•
pitaleR del mundo, pueden emplear!'!:', y con
el éxito ciue proporcionan la rapidez y la comodidad, han llegado á facilitar el transporte
en los úridoi- plantíos de heneciuén; y, de esta manera, han comprohatlu que la peri&lt;everancia en el trnhajo lo \ ºt'llCC todo y c•s digna
de toda recompensa.

Á ORILLAS DEL LAGO.
(C uadro de

Un plantio de henequén.

w.

Menzler.)

�Domingo 21 ele Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL, JfUNDO tT,USTRADO

***
Oye, puee, una de mis mejores aventurasla primera en orden cronológico, que fué seguida de otras muchas-y después atrévete á
hacer burla de mi fatalismo. Perdí á mi padre e11 el afw de 1885. Me dejó de herencia
una treintena de escudos de á cinco francos y
dos tíos célibes ..... y ricos. El mayor, que
era mi tutor, después de su juventud y de
una edad madura bastante tumultuosas, i;e
convirtió en un infortunado viejo bestia. No
tenía ni voluntad, ni memoria y casi ni palabras con que expresarse.
Día por día olvidaba un nuevo vocablo y
sucedió que al cabo de poco tiempo se vió reducido Ít hablar el más primitivo de los lenguajes. El otro tío, que sobrellevaba á sumayor como un fardo, era un hombre taciturno,
rencoroso y malo. Había visto siempre á mi
padre con cierto odio de Caín burgués y conservaba este odio para mi inocente persona.
Al principio trató de ejercitarlo reteniéndome
en su casa y alimentúndome con pan de avena f;in sal. Pero la presencia de los amigos de
la familia le inquietaba y resolvió enviarme
lejos, á. la casa de «un horu bre seguro» que
debía utilizarme según mis méritos.
Con este fin hizo á su hermano que escribiera una carta de recomen~ación, y agregando 1:na pos&lt;lata. de su propia cuenta encerró
el pliego bajo triple sello y me mandó á que
viese al señor Trela, director de una fábrica
de vidrio, en Chateau-Dampierre. El fin deseado era bien claro: quería hacerme tomar
como simpl~ aprendiz, s~guro de que los pesados trabaJOS del v1dnero arruinarían mi
constitución delicada. Contaba yo entonces
dieciocho años y era tan inocentón como el
ilustre Frise-Poulet. Creí sinceramente que el
tío se desembarazaba de una carga y me regocijé de buen grado: todo me parecía preferible á la tiranía de aquel hombre malvado.

***

,

El ferrocarril, primero, y después un carricoche me condujeron á. Chateau-Dampierre.
Me presenté en la fábricit de vidrio durante
un hermoso mediodí,a de septiembre, y la
primer persona que v1 fué un hombre anciano con barba militar y una mirada tan viva
que me intimidó al grado de vacilar desde el
principio de mis explicaciones. Pero me había comprendido:
- El señor Trela, me dijo, salió para un
largo viaje; yo lo suplo, soy su socio.
Le alargué la carta sellada. La toml, y durante algunos momentos le dió vuelta entre
los dedos; después:
- Es una carta de recomendación ........ .
para un empleo en la fábrica? me preguntó.
-Sí, le contesté, es una carta de recomendación.
-En ese caso, repuso, no es personal.. ....
Rompió el sobre, leyó el plieo-o
me miró
0
con atención y dijo con tono de ;ingular viveza:
-Amiguito, es una carta de Bellérophon_

Guardó silencio. A pesar de mi candor,
comprendía suficientemente que mi digno tío
maquinaba alguna infamia.
E l anciano se paseaba á lo largo de la pieza
con aire agitado y acabó por decirme:
-Xada hay que hacer, pobre muchacho,
m6s que regresar al lado de aquellos que te
enviaron ..... .
La idea de volverá. verá mi tío me llenó
de terror y exclamé:
-Yo le suplico á usted, señor, que cualquiera que sea el empleo que pueda usted darme ...
Pareció dudar, me miraba con ojos compasivos, pero tomando una resolución brusca:
-~o! dijo ...... es evidente que no estás hecho para estos trabajos. Oirte sería una tontera. Todo lo que puedo hacer por ti, si no
tienes dinero, es dártelo para que regreseH .....
Era un hombre de resoluciones firmes. Sacó dos napoleones de los bolsillos, los puso
dentro de un sobre y me lo alargó. No me
atreví á rehusar, le dí las gracias inclinándome y salí de la fábrica.

***
Cuando me encontré en el campo, sentí desesperación; me parecía imposible volver á la
casa de mis tíos. Caminé al acaso, con una
exaltación tal de tristeza, que la muerte me
hubiera sido preferible; caminé durante mucho tiempo.
Atravesé un bosque y me encontré al borde de un r iachuelo que rodaba suavemente
entre las riberas de terciopelo verde. Iba llegando el crepúsculo; las sombras lilas se mezclaban á las rosas, después un poniente azufrado apareció entre los sauces. La fatiga me
hizo sentar sobre la hierba, y mientras pensaba qué hacer, oí que crepitaban las hojas secas bajo un paso precipitado. Volví la cabeza
y ví á una muchachita como de siete á ocho
años de edad que avanzaba cojeando. Era un
ser exquisito, luminoso, color de luz y de hortensia, con bellos ojos azorados. A mi vista,
se detuvo turbada. Pero mi cara pareció inspirarle confianza, y viniendo hasta colocarse
cerca de mí, dijo con voz melodiosa y fresca
como la voz del riachuelo:
'
- Me he perdido en el bosque!
Después, con volubilidad, me contó que, ¡ugando, se había alejado de su cuidadora y
que luego no había podido encontrar el camino.
S_us piernitas estaban temblorosas, sus pies
heridos ......... Seguramente no podría caminar por más tiempo, porque el miedo la agotaba. Le pregunté á dónde sería necesario llevarla, y me indicó que al castillo Noiré. Entonces la levanté entre mis brazos y me puse
á caminar al acaso. Nos encontramos, felizmente, con una vieja pordiosera que nos indicó el sendero; más tarde, un carrero nos llev6
en su pesado vehículo.
Ya era muy entrada la noche cuando llegamos al castillo. Reinaba allí una agitación
extraordinaria. Los dueños habían partido
en busca de la niña, y algunos criados viejos
recorrían los alrededores con aire asustado.
X uestra llegada fué saludada con gritos entusiastas y, según habían convenido con el castellano, se tocó la campana de la gran torre.
Después de media hora de espera, fué anunciada la llegada de los dueños. Se precipitaron á través del gran patio; yo estaba estupefac.to, pero reconocí, en el padre de mi compañerita, al hombre que me había recibido en la
fábrica de vidrio.
-Ah! exclamó estrechándome las manos
con fervor, no hay que resistirse á la Providencia; ella es quien te vuelve á enviar á mí.
Te encontraremos un puesto conveniente y
no te separarás de nosotros n un cal ....... ..

* **

Como en la leyenda antigua, prosiguió Fon-

taine, la carta de Bellérophon había salvado
á quien debía perder. Pero yo no tuve necesidad de cabalgar sobre Pegaso ni de derribará la Quimera; me bastó encontrar á una
muchachilla al borde de las aguas. El viajero triste y desesperado y la niña de los pies
heridos, cuando se. vieron á la luz del crepúsculo, simbolizaron la felicidad.
Porque desde entonces estaba escrito en el
libro de los destinos que Irene, crecida en
cuerpo y en belleza, llegara á ser mi esposa é
hiciera perfecta nuestra felicidad.
¿Con aventura semejante, querías que no se
volviera fatalista el más inquieto de los hombres?

J. H. RosNY.
(Traduoci6n de "El Mundo Ilustrado.")

ANHELOS.
Y o quisiera besar tus dolores,
hundirme en tu alma,
revivir un instante en tus sueños.
temblar en tus ansias,
descender al abismo insondable
do me espera, soberbia y huraña,
con la frente cargada de sombras,
tu vida tan triste, tan negra, tan rara;
descubrir tus heridas ocultas,
medirlas, tocarlas,
y verter mi ternura infinita
como un baño de amor en tus llagas!
Y o quisiera encenderme en tus ojos,
como una mirada,
un instante no más, y que luego
fugaz me apagara;
pero habiendo dejado en tus ojos,
la visi6n de estas cosas aladas
que sueño contigo
y son tan hermosas, tan tristes, tan pálidas!
Yo quisiera.. . quisiera en el nido
que piadosa me brinda tu alma,
descansar un instante ... y entouces
para siempre morirme en tus lágrimas.
DULCE MARÍA BoRRERO.

E l Zócalo.

Jirones da una noche y un día.
NOTAS DE FIESTA NACIONAL
El tafiiuo Je la campana histúrira provoca
el movimiento. La 111ultitud,que había estado
quieta, bañada por el reguero de luz que parece brotar de los muros de los palacios ó rodar como una cascada lellta sobre la enorn1e
arquitectura de las torres basiliaca:a:, se agita,
se mece como una onda que despierta, azota
la arboleda, destroza el mundo de las vegetaciones pigmea_Q, da mutrte á las flores, murmura con un mgente rumor y estalla el primer ¡vi val á la Patria.
Es elmomento del paroxismo cí,·ico. Las
bandas dan al viento notas marciales y cantos
del p ueblo; á lo lejos el caiiím rermena, los
campanarios mueven alegremente su charla de
bronce, y el espacio se puebla de luces que
vuelan.
La guitarra comienza á rasguear; la fiesta
hace eclosión de entusiasmoi,, y el nombre de
los héroes corre de boca en boca, con epít1,tos
carifwsos, con la gloria de la aJmiración que
despierta todo lo que es grande de por sí y el

tiempo va tomando en ingente con esa su labor de ini-ern;ii&gt;le crecimiento.
El_ puehlo sie,nte el patriotismo con voluptuo,nda&lt;les de bera, suele no pensar en el aire
de bienes en que re:::pira la Patria, v sí en la
atmósfera de horrores en yue ha· ele morir
quien la vulnere. Por t&gt;so en Jas fechas de los
grandes :riunfos entona cantares que le recu&lt;'r1l;in el, hogar y prorrnmpe en gritos que le
traen a la memona los c:m1pos de combate.. ..
Y va por e:::as calles cmpaveRada:, &lt;·on lienzos tricrornos y que velan el sueño de la gran
nocl\e con miríadas de luees, marchando al
hornsono toque de lai, cornetas callejeras entre el clamoreo frenético, lanzando g/itoR,
amenazante f&gt;n su alegría, espléndido en la
pobreza &lt;le su sensación, atrayendo respetos y
prorncan&lt;lo burlas ..... .
A!lí va como un hiio que i-c escapa de la
cor~·iente 1~rnn~ay labra un cauce por entre las
gu1Jes p\1hclas -~le, la ci u&lt;lad :fc¡.:tejosa; allí va
p,u-a v11•1 r el ¡1ron de noche 11 Jt,gre y ver llegar la alborad¡t del día de la libertad.

Se forman grupos que son como núcleos del
júbilo; si falta en ellos el tañedor rumboso y
ntarendo, el jlOpular organillero ocupa su lu-

OJOS DULCES Y CLAROS ....
Ojos dulces y claros, de gracia peregrina,
Más bellos que los ojos cantados por Cetina,
Ojos dulces y claros, de gracia peregrina;
Mano exangüe y sedeña, mano sedeña y breve
Donde duerme la casta blancura de la nieve,
Mano exangüe y sedeña, mano sedeña y breve;
Labios rojos cual pétalos de rosa purpurina,
Labios rojos que uh claro resplandor ilumina,
Labios rojos cual pétafos de rosa purpurina;
Ojos que sois fanales en mi noche, ojos claros,
Labios rojos y manos cual mármoles de Paros,
Dejadme de rodillas y en éxtasis besaros.
Is~rAEL ENRIQUE

1

1!)0·}.

gu .v mueve el manubrio con la peregrina
creencia de una superioridad artística innegable.
Las populares parejas hacen de las callejurlas del parque un salón de baile, ,,valsan» de
la manera más groteRca, con contorsiones y
saltos que provocan la ilusión de que aquellas
arenillas queman; el compañero nt recostado
en el hombro de 1'1. dama y éRta vuelve la carn y la muestra con cierta exprefül,n del can!-'ancio &lt;¡uc provocara una obligada faena. Dan
ganas de pedir una tregua en aquella fatiga ...
De pronto, sobre el pedestal de un jarrón
ele ornato se escamma el omdor; por lo general es un estudiante entusiasta, dispuesto á
hacer derroche de elocuencia y que pide entonación á un sorbo de coiiac del país.
La ,·oz impetuosa se escuclm un momento;
pero ¡ay de ella si no interpreta el sentir de
aquellas masas!: surge la protesta, estalla el
,silbido estridente; sólo se ve que el orador
111anotea, pero la voz no camina mús allá dr
,-us propios oídos.
El derrotado tribuno abandona el pedestal;
, lcRciencle como estatua de dios pagano que no
Ita dado gusto ú sus devotos.
Y los organillos vuelven á entonar su confusión de cantos, y un momento después las
callejuelas del parque parece que tiemblan ....

LA CARTA DE BELLEROPHON.
-Soy fatalista, dijo Rolando Fontaine, lanzando una bocanada ele humo del cigarro hacia el techo. Es necesario que la desgracia «me
queme» para llegarme á inquietar......... y todavía, ámenos que no se trate de un sufrimiento físico ó de la pérdida &lt;le un ser amado, mi pena no es muy viva. Ah! era un verdadero sabio el viejo musulmán que acogía
todas las malas noticias con aquel flemático:
«Sólo Alá sabe si será esto un bien.»
Tal filosofía no ha llegado á mí por sí sola; en cierto modo, la vida me la ha impuesto. Es verdad que me ha causado angustias;
pero vegetar sin angustias, ¿no es prueba de
un detestable carácter?

bomingo -¿t ck 8cpticmlm el&lt;'

ARcINIEGAS.

Plateros y San Francisco

en l os granctes días.
4

La alborada saluda el campo de la alegría
con una risa de Iu ces blancas.
La multitud está demacrada, sobre el asfalto Re pisan vidrios rotos ..... .
La cuadrilla del aseo de la ciudad emprenbe la faena más dura del año; pero poco á po
co todo queda en orden.
Las fachadas se cuajan de rosas, ondea una
miriacla ele pabellones, !ns oriflamas juegan
con el viento desde lo alto de los mástiles.
8pena en los cuarteles el toque &lt;le diana, v al
acorde de lo marcial, se ve prender la en;efia
de la Patria en lo alto de las astabanderas.
A lo lejos resuena el estampiclo del cañón ........ .

***
rnas horas despué~, la ciudad está intransitable. La 1.:olumna militar se encamina á hacer su fiesta en los campos, que el sol haf1a
con una luz que parece que está aplaudiendo
,tl gloriof'o triunfo.

�Domingo 21 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO I LUSTRADO
Don,ingo 21 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
La ccnstrucción quedará completamente
aislada, siendo su altura de 28 metros. El sistema e.le armadura de acero que Re ha empleado para la cimentación y la:,; paredes, es de
lo mejor que se conoce y pondrá el edificio á
cu bierto de los más fuertes temblores. Además, la casa estará hecha á prueha de fuego.

***

Ln, arquitectura, tan to interior como exte-

Al apoyar de nuevo la cabeza en el esqueleto del molnsco, vuelve á 1-entir el mismo mro
sonido. Se sienta, examina el caracol y lo
ausculta como lo hiciera un mono. Ahí dentro está. Es un animal que canta y que estará
enfermo, porque no se mueve. La inmov)lidad,
como negati rn del instinto e.le conserrn016n, es
el signo de la muerte.
A la observación sigue el análisiR. Lo hace
pedazos contra otro caracol. &lt;]Ue cede también

•

'tuvo escribiendo versos griegos con la punta
de su bastón en la arena de la misma playa,
ausculta un caracol.
«Ah! qué hermoi;,o es esto! ¡Qué melodía
sin notas y sin ritmo y con cuánta tristeza!
Conserva en su seno el canto &lt;le las onda1como el cráneo guarda el canto de los recuerdos!"
Ayer en la misma playa, un niño que cur!'a ei último grupo del bachillerato, explicaba
á su compañero, mientras sostenía en la mano izquierda un Ronrosado caracol, las leyeR
de la acústica, la teoría de las cajas ele resonancia, la hélic~, en un discurso que empezó:
«·Molusco gasteropodo pulmonado ...... n

***

Y yo mirando hacia adentro, lloraba al pobre riii{o heredo-tuberculoso capaz para laR
ciencias é imposibilitado para atrapar una maripo1-a, y envidiaba al indio salvaje con s~1 ~spíritu ancho para alojar todas las 8Uperstlc10nes y todas las quimera1-!
MENDO MENDEZ.
Habana, 1902.

El Consejo de Edncación Pública.

DESPUES DE LA CEREMONIA.-Sa lida del se ñor P r es idente.

FAC HADA PRIN C IPA L.

La nueva Casa de Correos.
COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA.

,

El último domingo, por la mañana, se verificó la ceremonia de colocación de la primera piedra del edificio de correos, que se levan tará en la esquina de las calles de San Andrés
y Santa I sabel.
El local en que va á construirse el suntuoso
edificio, estaba convertido en un amplio salón primorosamente adornado con guías de
flores y lienzos que se enredaban á las columnas de la armazón que substentará la finca, presentando magnífico golpe de vista. En el fon•
do se improvisó la plataforma de honor: un
dosel de terciopelo i ndicaba el sitio que debía
ocupar el señor Presidente de la República.
A uno y otro lado se colocaron los asientos para el Cuerpo Diplomático, comisiones de las
Cámaras, Poder Judicial, Regidores, Gobernador del Distrito y otros m iembros prominentes de la Administración.
A las once en punto, un aplauso unánime
anunció la presencia del primer :Magistrado
en aquel sitio. La concurrencia se puso de pie
para saludarlo con demostracioneil de simpatía,y las músicas tocaron el Himno Nacional.
El señor general Díaz iba acompañado de los
señores Secretarios del Despacho y de loR
miembros de su Estado Mayor.
En seguida dió principio la ceremonia con
la ejecución de una obertura por la música de
artillería. El señor director general de CorrE&gt;os,
D. Manuel Zamacona Inclán, abordó luego la
tribuna para pronunciar un d iscurso que la
concurrencia escuchó, no sólo con agrado, por
lo correcto del estilo v lo elevado de 1-us conceptos, sin o con positivo interés, por la multitud de e.latos de importancia que contiene y
sus atinadas observaciones.
El orador hizo la historia del Correo en nuestro país, citando el sistema empleado por los
aztecas, primero; después, la época en que el
ramo, por subasta pública, estuvo reducido Ít
un simple negocio particular. y por último
su incorporación á la Corona; y Ía Ordenanz~
General de 1794, que fué, hasta hace poco la
reguladora del servicio en el paía.
'
Para hacer resaltar más los progresos realizados por la administración pública en este

sentido, hal,ló el fü. Zamacona del empeño
con que el Gobierno acude á todas las exigencias del ramo, y ponderó la influencia que la
unión Postal C"ni versal ejerce en el desarrollo
y civilización de los pueblos y que tan benéfica
ha sido para nosotros.
El discurso terminó con estas palabras:
«El Correo, ejército del trabajo, con millares
de operarios en sus filas, guardián celoso de
los secretos más íntimos del hombre, arteria
Yital del comercio, medio eficaz é indispensable para. la administración y gobierno de los
pueblos, vehículo de la idea, apóstol de la
fraternidad humana, necesitaba en nuestro
país un cuartel general, un taller, un templo
donde desempeñar su elevada misión, y á tal
objeto se destina el edificio cuya primera piedra va á colocar el señor Presidente de la República."
Cerró la parte literaria, con una hermosa
poesía, el señor Agustín Alfredo X úñez. Los
dos oradores fueron muy aplaudidos.
En tres mesas distintas se firmó entonces

el acta relativa, por más de 200 personas e.le en
tre los concurrentes al acto.
Ayudado de una grúa, el señor P1·esidente
procedió á colocar la primera piedra, casi en
el centro de la que será fachada principal, correspondiente á la calle de San And rés. Dentro del block fué guardada una caja de hierro couteniendo el acta de la ceremonia, fo.
tografías del proyecto del edificio, números de
los periódicos que se publican en la capital, y
las distintas piezas que componen nuestro sistema monetario.

***

A.cerca del proyecto general del edificio, nos
parece oportuno dar á conocer los siguientes
datos.
La superficie que ocupará es de 3,735 metros, y todas las oficinas, repartidas en cuatro
pisos, miden uaa superficie total de 13,400
metros cuadrados.
La fachada de San Andrés es de 45. 72 metros, y la_de Santa Isabel, de~74. 22

La concurre nc ia á la ceremonia.

rior, está modelada en la interpretación libre
y m odernizada de las formas &lt;le la arquitectura española, anterior á la época de las conquistas.
No puede decirse que es un verc.latlero estilo en el rigor C:e la palabra. Es más bien el
h ermanamiento de las formas góticas con la
influencia árabe y oriental reamoldadas en el
espíritu del renacimiento cláflico.

al choque. AmboR están muertos por inmóviles
y Yacíos. Xo es un animal que canta. El aná•
lisis, cuando no resuelve, extravía.
Duerme. Al día siguiente,con caracoles por
trofeoR, marcha á la cueYa y en lenguaje toscamente i mitatirn explica. á la hembra el fenómeno. Y en el si lencio v la o;:curidad de la
vi \'ienda Rll hter:ánea, do~de no corre el viento,
el caracol tam b1én cirnta.
El no contestado «porqué», entonces como
ahora, engendra el mito, y de almohada en la

El 13 del corriente, en el Salón de Actos de
la Escuela de In~enieros, se verificó la solemne apertura del Consejo Superior de Educación Pública.
El acto fué presidie.lo por el Primer Magistrado de la Nación, contándose entre los concurrentes multitud de hombres de letras, altos
funcionarios de la Administración Pública y
los Directores de la.'l principales escuelas de la
capital.
Ocupado por el Sr. Presidente y sus Ministros el lugar &lt;le honor, el Sr. Subsecretario de
Instrncción, Lic. Justo Sierra, dió lectura á
un importantísimo discurso, en que, con m:tno maestra, trazó el vai:;to programa que el
Gobierno trata de llevar á cabo para favorecer el dei&lt;arrollo ele la cultura entre las ma,ias,

E l interior del edificio reunirá todas las condiciones de comodidad y amplitud que requiere el i mportante objeto á que Re le destina.

CARACOLES
Llegó el sal\'aje á la orilla del mar al c:wr
la tarde, ~·a poniéndose el sol detrás de la inmensa llan ura líquida, á la hora del crepúsculo, cuando nacen hu; Romlm1s y tornan cuerpo las HU persticiones.
La abundante ear.ri de la jornada le tenía
alegre y Rin hambrP, con toda la eseasa I ncidcz· del espíritu. El haml,ri1•1110, civilizado ó
i:;alvaje, no pueLle sentir la i&gt;eller.a, corno el
miope no ¡,ue&lt;le e"cruta r si no cuando usa
buenos lentes.
La playa, tén&lt;l ida y fresca, rumorosa por el
monótono i;on del mar, cantaba con el terral
el dúo del sueño .v brindaba, húmeda y movediza por In. resnca, blando lecho al &lt;lesca11so. Y el salYaje desnudo sintiú por primera yez el voluptuoso contatto de la arena en
la piel curtida por las púas y los guijarros.
La reeompen~ad:i fatiga del día azaroso. Pl
Rusu1-ro del mar, la i-;oledad, la ah,;ol uta soledad como gtwnlia segura, convidál,anle al
sueño.
Un caracol sonro:;ado, grande, vuelto hacia
arriba, ofreció la almohada, porque el salrnjc
como el civilizado y por sim¡ le cuestión mecánica, necesita, aun en el 9ueño, alta la cabeza.
¡Espléndida tarde!
La felina oreja aguzada al rugido de la fiera, al ?3-nto lejano del pájaro, al leve crujir de
las hoJas secas en el rastro, percibió por primera vez el misterioso murmullo del coracol.
Levantó el salvaje la cabeza: nada, excepto el
mar, se movía; la playa estaba.desierta.

La

apertura

orilla del mar sube á ídolo en la cueya el pob:e ped~~o de carbonato de cal,que para el incho es h1~0 de la. _mar, gue llora !'lU pérdida en
el canto igual é mtermmable.; hijo, 1-in duda
alguna, de aquella enorme charca que ya ha
visitado cien veces y la ha encontrado ha•blando siempre, unos días como habla él cuando está descansando y contento, y otras como
cuando lucha con el hambre ó con la fiera
Veinte siglos después1tm viejo poeta que ·es-

del

Consejo.

por medios eminentemente educativos. La notable pieza oratoria, que publicó integra "El
Imparcial", fué escuchada con profundo iñterés por la concurrencia, que saludó al Sr. Subsecretario con nutridos aplausos.

***

El Sr. Gral. Díaz declaró irn,talado el Cons~jo, disolviéndose la reunión antes de 111,s
cmco de la tarde,

�Domingo 21 de Septiembre tlc 1!)02.

EL MUNDO ILUSTRADO
l&lt;jL ~1U.ND0 ILUSTRADO

Domingo 21 de ~cpticmbrc ele HJ02.

•
Tropas en movimiento.

Llegada del señor Presidente á La Vaqu,ta.

Las fiestas de la Patria

***

EL ACTO OFICIAL EN LA VAQUITA.

rntusia~mo que rlP'-pierta en Pl
,,l,lo In r·onmP:-,,nr:wi(,n del lwcho
111:'i, gln1ioso clP 1111&lt;•:-lrn historia, H•
Y&lt;&gt;rifirarn11. &lt;•n f•st:i YPZ, las firstn,; onrn11izndnipor Pl .\ym '-1n1iPnto parn honrar l,_1 n1&lt;•moria
ele los r·,111di)Jn,- ele ln J11&lt;l,.¡e11clene1a.
,\ ln,- fc"t&lt;:os c]p c:Hi:c•t&lt;·r nfic·ial, "&lt;' H!!l"&lt;'!!ll1"011 )ns r¡m· d Círculo &lt;IP .\111i!!os dd Rr. Uc•nrrnl Dí 1z dispu,o rn oh,,•qnio &lt;lrl Primer
:.\In!.!i,-t rado. y '!llf' &lt;·011sist ieron en fu11&lt;·in11Ps
1&lt;-:1tr:1l""· 1111 rn1wiPrto y m1n fi,.sla e:&lt;colnr,
princi¡,:ilmentP. E,to co;1(riliu_,·{¡ Pll !!J":111 manera ú &lt;lar ú las fi&lt;•stas rnn ,·or Iuci mÍPnto.
La serenata del 1-\ or_ga1;izacln tmnhién pnr
el Círculo de .\migos, no estm·n tan concurrida como Pra &lt;le esper:Hi':f', &lt;ldii&lt;lo al mal tiempo, que ohligú ú la cornisibn ú suspenderla.
~in Pmbar_go, á la hora del Grito, la multitud
Re agolpaba frente ú Palacio, prorrumpiendo

en Yivas á la Patria y á sus héroes. Cuando el
Sr. General Díaz apareció en el balcón central,
el entusiasmo no tuvo límites: un aplam,o
unánime saludó al señor Presidente; las músicas tocaron el Himno, y la alegrí:i, estalló en
todns los corazones. Fué un acto nnponente,
conmovedor.

'1;- ¡,]

El General Vélez y su Estado Mayor.

El 16 por la mañana, se verificó en la Va.
quita el' acto oficial.
Al Poniente del campo se levantaron las
tribunas di\'ididas en tres series: la central,
que se cl~c,tinó á lm; funcionarios_ p~blicos .Y
sus familias, y las laterales, á los mv1tados.
Cuando las anchas plataformas estaban ya
henchidas de concurrentes, un punto de atención marcado por el clarín de órdenes del Colegio Militar, indicó la proximidad del señor
Presidente de la República y &lt;le su numerosa
comitiva.
El señor General Díaz ocupaba un landó
abierto1 en compañía de los señores Secretarios de Relaciones, Guerra y Gobernación. Los
demás carruajes fueron ocupados por los señores Secretarios de Hacienda, .Justicia y Fomento, Representantes de las Cámaras, RegidoreP, etc.
Leída el acta de Independencia por el Secretario del Ayuntamiento,ahordaron la tribuna los señores Lic. Manuel Calero y Sierra y
Juan B. Delgado, para pronunciar, el primero, un di~curi:;o lleno de hermosas imágenes, y
para recitar, el segundo, una hermosa composición poética.
Pasados ei-tos números, el señor Presidente
impuso á algunos jefes y oficiales del Ejército,
las condecoraciones que les fueron últimamente conferidas y entregó sus despnchos correspondientes á varios aspirantes á reserYistas.

mr ate notables por su precil'&lt;ión y muy vi~tosos. Tanto el Colf'gio ~Iilitar _y los ruraleR, como la nrtillería v la infantería, demostraron
su alto grado de.instrucción.
El desfile frente á las tribunas, llam6 mucho la atención.
La DiYisión estuYo al mando del señor Comandante l\Iilitar, General D. Francisco A.
Yélez.
Al retirarse del campo el señor Presidente
de la República, el pueblo le tribut6 una ruidosa ovaci6n.

La casa l'vlosler.

das y paniers de flores. El aspecto de la casa era soberbio.
Otro tanto puede decirse ele la Casa ~lo~ler.
Estaba decorada con tal arte y riqueza, qur
llamaba la atención de todos. Los entrepaños
de la fachada y los antepechos de los balcones ostentaban primorosas obras de t apicería
formando un conjunto encantador. La .pr~fusi6n de florei- escudos y banderas, d1stnbuídas en los ~arcos de las puertas y en los
salientes del edificio, era del mejor efecto.

***
iiientras el señor Presidente hacía la imposición de condecoraciones lns fuerzas ,le las
distintas armas que componían la División,
ejecutaron algunos movimientos YerdadernLa Droguería de La Profesa.
ADORNO DE 1'::DIFICIOS.

El señor General Díaz y su comitiva en la tribuna centra).

Después del desfile.-Salida del señor Presidente

Las calles más céntricas de la ciudad presentaban, el l 6, un aspecto verdadera_mente
hermoso. Casi todos los edificios se veían empavesados ')On banderas y, muchos de ellos,
cubiertos por riquísimos cortinajes y piezas
florales de artística composición.
En Plateros el adorno fué espléndido. La
Droguería de la Profesa, que tanto se distingue en ocasiones como ésta, estaba decorada
con gusto exquisito. Cubriendo la p uerta central se veía un cuadro de la Campana de la
Independencia, y en el remate de la fachada
un gorro frigio, al que formaban resplandor
multitud de focos de luz incandescente. Las
demás puertas y los balcones lucían primorosas telas de los colores nacionales y franceses, y, completando el adorno, había guirnal-

El Palacio de h,erro.

La suntuosa finca en que están instalados
los almacenes del Palacio de Hierro, lució
también un adorno vistosísimo: El .edificio,
bello de por sí, estaba empavesado con multitud de banderas francesas y mexicanas. La
marquesina ostentaba una bonita compostura.
Esta fné una &lt;le las casas comerciales que mfü,
se distinguió por su buen gusto en el adorno.

�¡NADIE I E MUEVA!

�Dl)ming-o 21 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MU:.N1&gt;0 ILUSTRADO

EL "QUO VADIS?" EN HIDALGO
lfr¡ aconfeclmíer¡fo f~afra/.
El acontecimiento teatral d,~
las última¡: semanas, ha sido
la repre~entación en el teatro
de la. c,tlle de Corchero, del
drama tomado de la célebre no-

---,

Doming-o 21 de Septiembre de

rnoi.

si son del género serio, dur;-.n
poco en los carteles, y el producto de las representacione,;
que alcanzan no es, en la mayoría de los casos, suficiente
para que el empresario se reembolse fas canticlacles invertidas
en montarl11i;. Apenas una que
otra piececilla del génPro chico
realiza en )IfaiC'o el milagro de
corrcsvonder con pillgües utilidades á las Compañías que
la llevar. á la e8cena con relati rn elegancia .

•••

Sr. Alberto Michel, autor del liureto.

vela ele Sienkie1ricz por el conocido escritor Alberto .:\Iichel,
y que llcYa el mism.o tiombrc
de esa obra tan leída y comentada.
«Quo Yadis?» triunfó en to-

La orgía en el Palatino.

taciones &lt;le uha misma obra,
esa propiedad y ese lujo pasarían, como moneda común y
corriente,casi inach·ertidos;son,
aquéllo;:: públicoB. acostun1brn&lt;los lÍ ver la costosa indnmenta-

En este punto, la Empresa
FábregaR ha demostrado tener
fe en el éxito de sus afanes, y
la mejor prueba que ele ello
nos ofrece es el «Quo Yadis?"
Las fotografía,; de los princi pales cuadros del drama que publicamos hoy, darán á nuestros lectores cabal idea, no Rólo
de la hermosura de las decoracionc;::, sino también de la
escrupulosa atención que se
ha puesto en que loR trrjes resulten, á la par que ricos, ajustados en todo ú la usanza de la
época en que se de~arrolla el
drama. E:sta corrección, nada
común en los excenarios de ;\léxico, &lt;&gt;s digna ele elogio, no sólo por la ia;uma de esfuerzos que
representa, sino también porque con ella rcimlta ganancioso el arte
en graclo sumo.
Creemo;:: que los lectores de «El ;\fondo Ilustraclon ,·crán co11 gusto
los clichés que aparecen en estas páginas, por tratarse de un acontecimiento teatral de tanta importancia corno el que nos ocupa. Publicamo1&lt;, a&lt;lemá1&lt; el retrato del Sr. :\Iichel, nntor del lilm-to, PI del Director de e1&lt;cena'c¡ue ha contribuído en mucho al éxito de Qno Yadi!&lt;"?", y
el del pinto/ e~eenógrafo D.-.Juan Menarini, ú quien !&lt;e deben las hermosns d1•coraciones estrenachtR.

LA ONDINA DEL LAGO.

Sr. Juan Men:lriui, e:scenógrafo.

ria v el decorado esplénclido
en la escena, y las em pre:;as
tienen, de antemano, asegurada la ganancia.
Entre nosotros no sucede lo
mismo: las ohras, sobre todo
da la línea

y es justo dC"cir
que el trit11~fo, porque sí lo hu:
ho, se debe, en gran partP, a

la compañía,que montó el drama con un derroche de lujo~una. propiedad que no tienen
precedente can nuc~tros tPatros.
Para otra» ciudadei-, como
París \' X uc-va York, &lt;lonrlc :--e
dan 1i:1sta qninic·ntas r&lt;'¡,rcsC'n-

Es el lago transparente y dulce; sus aguas se extienden en ondas caprichosas que, enr,;anchándose cada vez más y rná;::, van á expirar en la
orilla, de la misma mabera que 11:rneren las
ilusiones concebida" en la edad primera ..... .
Es el lago trasparente y puro; la 1u na riela en su brillante superficie, dibujando arabescos luminosos.
Trepado en un gigantesco sauce, cuyas
frondosas ramas llegan hast~ el medio del
lago Pedro el pastor está en acecho.
E~ la hora en que la ondina, asomando r,;u
cabeza por entre las azuladas aguas, deja wr
su faz hermosa, sus cabPllos dorados, su cuello blanco, blanco como el de un cisne.
Pedro notó que las aguas del lago se agitaban levemente, produciendo un murmurio
apenas ¡ erceptible. _.
La ondina, allí, á dos paRos de él, tendida sobre la i-uperficie, le contemplaba envol
viéndole en una mirada de amor y tE:rnura-

El Circo.

El pastor Rinti6 algo como un vútigo, y cerró los ojos para no cncontranic con aquellas pupiia¡:; fnscinadoraR, euros efluvios magnéticos
empezaban ú turbar RU mente.
·
La ondina sonreía siempre, enseñando i-us pequeños &lt;lientecillos,
más pmos y más blancos que los copos de nieve que caían en las flore:;tas en lai-&lt; tardes invernales.
-\'en á mis hrnzos ¡oh Pedrt,!-decía la ondina con voz dulcísimay r-;erús el rey del lago. ~o tardes, ven, y juntos recorreremoR mis dominios; \'Críts mi palacio compuesto de coralinns _v de perlas de ignorado;:: mares ...... \'en, no tardes más, será~ mi ducíio y laR aguas te obedecerán como á su único señor ..... .
El pastor, subyugado por el acento de la ondina desde el árbol se
dejó caer al lago.
'
No bien su cuerpo tocó las agua;::, éstaH se arremolinaron precipitándole en el fondo......
'
En el lago sonorof-o y puro, en la dorada arenilla de RUS már¡!ene8,
lo;:: pastores encontraron el cadáver de Pedro
con un collar en el &lt;·ncllo, compursto de perlas y corales, regio pre:;ente, sin duda, de su
amante de una hora ..... .

Sr. Coss, Director de escena.

Muerte de Petronio,

Grupos de artistas que toman parte en "¿Quo Vadis?"

Lorrnxzo Y. CRE~Po.
EEcncha, mirn, picn~a, duda y calla.
Cuando se cli~cuta con una mujer y ella
conteste con Yalor, ha.y confianza en ganar·
pero si se pone á llorar, ha ganado ella.
'

_,_*,,

"'i"

r¡•

Decía Cicerón que las tres cosas más difíciles en este mundo, son: guardar un secreto, perdonar un inf'ulto y emplear el tiempo
cuerdamente.

�1

Domingo 21 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL :MU~TJ)O ILUSTRA DO
Los años pasan; pero no el encanto.
Cierta noche, rendido por la lucha,
En la yentana de su celda escucha
C,rntar un ruiseñor.

EL VIAJERO.

Loco de ei;panto,
El monasterio inútil abandona,
Y en busca del olvido que ambiciona,
Ya cruzando campiñas y ciudades.

t-

Del dei-ierto en las mudas soledades
Dormir tranquilo espera; ¡ilusión vana!:
Al claro alborear de una mañana,
Mientras canta de Dios las maravillas,
Cubierto el prado ve por florecillas
De hojaR menudas de color de grana ......
Veloz huye del prado, y en profunda
Caverna se guarece:
Uu peñascal escueto la circunda;
)l'inguna planta en derredor florece.

Desfile y formación frente á Palacio.

LA SEGUNDA RESERVA
DESFILE FRENTE Á PALACIO

Publicamos hoy dos fotografías que repreRentan los grupos de aspirantes á cabos y sargentos de la segunda Reserva del Ejército, que
organizados en columna, desfil:i.ron el último
domingc, frente al Palacio Kacional, y el aspecto que, momentos después de la marcha,
ofrecía la Plaza de la Constituci6n.
La columna Re organizó en los campos de
La Yaquita hajo la vigilañcia del Sr. Gral. José ~Iaría Pérez; Riguió por las calles que conducen desde el terreno hasta el Z6calo, y al
llegará la esquina. de Flamencos, hizo, por grupoR. una correcta com·ersión para situarse frente á Palacio. DPsrle el halcón priiicipal, el Sr.
PreRidente de la República, acompañado de
loR SreR. Secretarios de Hacienda y· de Guel'l':i,
preRenci6 el paso de los reserviRtas, á quienes
el pueblo aplnmlía, llenando las acerns . y el
jardín de la plaza.

Terminado el dei-file, Re toc6 «/1 dispen,ión»
v en esos momentoR los aspirantes &lt;lesplega~on multitud de banderolas rojaR, que agitaban
lanzando virnR al Primer MagiRtraclo de la Nación. El pueblo salud6 también con aplausos
y aclamaciones al Sr. PreRidente, repitiéndose la ovación cuando en rompañía l'ie sus Secretarios de Estado ahanclonó Palacio.

EL BESO.
Nathán el justo cometi6 un pecado.
Vanamente sus ojoR lo han llorado,
No borra la quietud del monasterio
El recuerdo tenaz rle un beRo rlarlo
A traición, de la noche en el misterio.
En la huerta, en el coro. de rodillas,
K'o olvida el cuadro el monje penitente......
::\lientras ella dormfa, dulcemente
Cantal,a un ruiseñor en la ventana,
Y había en su cahello florecillas
De hojas menudas &lt;le rolor ele grana.

En un rinc6n, cercano al lecho duro
Que con ramas tejió, se a.lza severa
Una cruz de madew,
Y á su pie, reluciendo allá en lo obRcuro,
Sonríe una mondada calavera.
Pero no ahuyenta el bendecido leño
La visión importuna
Y no es tranquilo ele ~athán el sueño.
············ ····························
Esparce por el antro silencioso
Su cenicienta claridad la luna.
Todo allí, menos él, yace en reposo.
De repente, con golpe misterioso
Del altar se desprende y en la roca
La calavera choca:
Hacia :Xathán rodando se desliza,
Se acerca sin rumor pausadamente
Y al duro lecho salta ... El monje siente
Que sus cabellos el terror eriza.
La sangre de sus YenaR paraliza
Cierto roce de huesos en su oído ......
Luego, una voz de timbre conocido
Así le dice con rnsurro quedo:

(:'.

1'
r(~h.
~I

-Xo me recuerdas ya? ... Te inRpiro miedo? ...
Te qnería besar, pero dormido.
La carne &lt;le mis labios ya no existe;
:;\Ias &lt;le Dios por decreto soberano
\'engo á p!lgarte el beso que me diste ......
El me pui-o al alcance de tu mano
Cuando del santo monasterio huías ......

Temblanclo aún, al despertar la aurora,
El monje, en un rincón de la prader.-i
Sepul~a la adorada calaYera
Y una pl&lt;'garia con su adiós murmura.
Con t'lla entierra todo su pai-aclo! ......
Sin \'C1lver la cabeza, Fe aprl'surn
A regresar á su apa rtndo aHi lo
Y ante la cruz se postra resignado.
Desde entonces Xathán duerme tranquilo.
RIC'ARDO GIL.

~

Tanta vida infunde el amor, que en los momentos supremos olYidamos que viYimoR.
De la inocencia nace el amor espontáneo y
también frágil: pero si lográiR inspirar amor
á un corazón herido por los desengaños, éste
será firme hasta el sacrificio.

(.l

persona &lt;lignísima y muy señora mía, tiene el
maldito vicio de llegar retrasada, por lo cual
sólo sirve para amargar gustos y adobar remordimientos. La reflexión de l\larta se había quedado zaguera según costumbre, y el
impulso ele la piedad, el primero que salta en
el corazón de la mujer, hizo que la doncella,
al través del postigo, preguntase compadecida:
((¿Quién lla.ma?" Voz &lt;le tenor dulce y vibrante respondió en tono persuasivo: «Un viajero.»
Y la bienaventurada de Marta, ·sin meterse en
más averiguacionef:, quitó la tranca, desconió
el cerrojo y dió vuelta á la llave, movida por
el encanto de aquella voz tan vibrante y tan
dulce.
Entró el ,·iajero saludando cortésmente· y
quitándose con gentil desembarazo el ch¡mbergo, cuyas plumas goteaban, y desembozándose la capa, empapada por la lluvia, agradeció la hospitalidad y tomó asiento cerca de la
lumbre, bien encendirla por )!arta. Esta apenas se atrevía (, mirarle, porque en aquel punto la consabida tardía reflexión empezaba á
hacer de las suyas, y Marta comprendía que
dar asilo al primero que llama, es ligereza notoria. Con todo, aún sin decidirsé á levantar
los ojos, vió de soslayo que su huésped era
mozo y de buen talle, descoloriclo, rnbio, cara
linda y triste aire de seiíor
aeostllmbrado al mando y
á ocupar alto puesto. Sintióse l\larta encogida y llena
de confusión, aunque el viajero se mostraba reconocido
y la decía cosa halagüeñas,
que por el hechizo de la voz

t: t•

MONUMENTO A JUÁREZ

.,,.

La iniciativa particular, en Veracruz nos
o~rece _u~ _ejemplo. prec~oso de lo que p~ede,
!)len d1ng1da y meJor onentada, la constancia
en la empresa. Nos referimos á los resultados
que 1~ ~unta encargada de colectar fondos para eng1r un monumento al Benemérito de
Amfrica, ha obtenido tras algunos años de lucha constante, de pesquisas para arbitrarse
los fondos necesarios.
El monumento que representa nuestro grabado,está en vías de ejecuci6n y no cabe du&lt;la que all_í, en Veracruz, cuyos moradores
fueron ~st1gos &lt;le la grandeza de Juárez, se
l~vantara dentro de poco la primera estatua
digna, como obra de arte, de inmortalizar
el nombre del apóstol.
La i:iin~a, para hacer más significativo el
cump.1mient_o de ese deber del patriotismo
mexicano, hizo un llamamiento -al pueblo y
desde el comerciante adinerado hasta el humilde obrero, han en \'eracruz contribuído
cm~ su óbolo para la realización de la idea.
LeJOS están los organizadores &lt;le haber reunid_~ hasta ahora la suma que importa la erecc1_on de la estatua; pero sin que la suscripción
pierda Sl~ carácter _d e eminentemente popular, contm~an pomendo en juego todos sus
esfuerzos, a fin ele que pronto puedan llevarse
á término loR trabajos.

..~J

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'1 Cit ¡'~,) ...r·
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el alma de través y el corazón á dos dedos ele
la boca, maldecía el fatal momento en que dió
acogida á su terrible huésped. Lo malo era que
cuando justamente Marta, apurada la paciencia, iba á saltar y á sacudir el yugo, no par{'ce sino· que él lo adivinaba, y pedía perdón
con una sinceridad y una gracia de chiquillo,
por lo cual Marta no sólo olvidaba instantúneamente sus agravios, sino que, por el exquisito goce de perdonar, sufriría tres veces
las pasadas desazones.
¡Qué en olvido las tenía puestas cuando el
huésped, á medias palabras y con precauciones y rodeos, anunció que c&lt;ya» había llegado
la ocasión de su partida! )!arta se quedó de•
mármol, y las lágrimas lentas que le arrancó
la desesperación cayeron sobre las manos del
viajero, que sonreía trÍ!;temente y murmuraba
en voz baja frasecitas consoladoras, promesas
de escribir, de \'Olver, de recordar. Y como
Marta, en su amargura, balbucía reproches,
el huésped, con aquella voz de tenor dulce y
vibrante, alegó por vía de disculpa: «Bien te
&lt;lije, niña, que soy un viajero. ~[e detengo,
pero no me estaciono; me poso, no me fijo.»
Y habéis de saber que sólo al oir esta declaración franca, sólo al sentir que se desgarraban las fibras más íntim&amp;s de su ser, conoció
la inocentona Marta que aquel fatal ,·iajero
era el .Amor, y que había ahierto la puerta,
sin pensarlo, al dictador cruelísimo del orbe.
Sin hacer caso del llanto de :'.\Iarta-¡para
atender á lagrimitas está él!-sin cuidarse del
raf&lt;tro de pena inextinguible que dejaba en
pos de RÍ, el Amor se fué, embozado en su capa, ladeado el chambergo-cuyas plumas secas ya, se rizaban y flotaban al viento bizarramente, -en busca de nuevos horizontes, á llamar á otras puertas mejor trancadas y defendidas. Y Ma1ta quedó tranquila dueña de
su hogar, libre de sustos, ele temo~es, de alarmas, y entregada á la compañía de la grave y
excelente reflexión, que tan bien aconseja
aunque un poquillo tarde. No sabemos lo qu~
habrán platicado; sólo tenemos noticias ciertas &lt;le que las noches de tempestad furiosa
cuando el viimto silba y la lluvia se estrell~
contra los vidrios, Marta, apoyando la mano
sobre su corazón, que le duele á fuerza de latir apresurado, no cesa de prestar oído, por si
llama á la puerta el huésped.

€milia }&gt;ardo ]Jazán.

~\

Y::.. no verás i:obre laR trenzas mías
Las florecillas de color de grana,
Borrada se::i. por tu horror de ahora
.\quella imagen sensi.ial y mna! ... -

Aspecto de la plaza después del desfile,

RIA, glacial era la noche. El viento silbaba
medroso y airado, la
lluvia caía tenaz, ya
en ráfagas, ya en fuertes chaparrones; y las
dos ó tres wces que
Marta se había atrevido {¡ acercar~e á su
.__,,..
Yentana por ver si se
aplacaba la tempestad,
In deslun1hró la cárdena luz de un relfimpago
y la horrorizó el rimbombar del trueno, tan
encima de su cabeza, que parecía echar abajo la casa.
Al punto en que con más furia se desencadenaban los elementos, oyó Marta distintamente que llamaban á su puerta, y percibió
un acento plañidero y apremiante que la instaba á abrir. Sin duda que la prudencia aconHejalm á ::\Iarta d&lt;'soírlo, pues en noche tan
CHpanto::;a, cuando ningún verino h0nrado Re
atre,·e á eeharsf' ú la eálle, l"Ólo los malhechores y los penfalo1&lt; libertinos son eal'aces de
arrostrar viento y lluvia en hu~ca: de a yen turas y presa. :'!Iai-ta debió haber reflexionado
que el que posee un · hogar, fuego en él, y á
su lado una madre, una hermana, una esposa
que le ronsucle, no s,ile e11 el mes de enero y
ton u11a tormenta de~atacla, ni Bama á pue1:tnR aj&lt;'rnu•, ni turba 1n. tranquilidad de Ja¡; donlcdas:hone;;tafi y rec-ogidai,;. Mas :a reflexiún,

lo parecían más; y á fin de disimular su turbaci6n, se dió prisa á i-ervir la cena y ofrecer
al Yiajero el mejor cuarto de la casa, donde se
recogiese á dormir.
Asustada &lt;le su propia indiscreta conducta,
::\larta no pudo conciliar el suef10 en toda la
noche, esperando con impaciencia que r.a.yase
el alba para que se ausentase el huésped. Y
sucedió que éste, cuando baj6, ya descansado
y sonriente, á tomar el desayuno, nada habló
de marcharse, ni tampoco á la hor~ de comer,
ni menos por la tarde; y :'.\Iarta, entretenida y
embelesada con su labia y sus paliques, no tuvo Yalor para decirle que ella no era mesonera de oficio.
Corrieron semanaR, pasaron meses, y en casa ele Marta no había más dueño ni más amo
que aquel viajero á quien en una noche tempestuosa tuvo la imprevisión de acoger. El
mandaba, y :'.\Iarta obedecía sumisa, muda,
veloz como el pensamiento.
No creáis por eRo que ~Iarta era propiamente feliz. Al contrario, vivía en continua
zozobra y pena. He calificado de amo al viajero, y tirano debí llamarle, pues sus caprichos despóticos y i-;u inconstante humor traían
á :\Iarta medio loca. Al principio el viajero
parecía olm:liente, afectuoso, zalamero, humilde; pero fué creciéndose y tomando fueros,
hasta no haber quien parnse con él. Lo peor
de todo era que nunca podía l\Iartaadivinarle
el deseo ni precaverle la desaz6n; sin motivo
ni causa, cuando menos debía temerse ó esperarse, estaba frenético 6 contentísimo, pal"ando, en menos que se dice, del enojo al halago y ele la risa r~ la rabia. Padacía arrebatos
&lt;le furor y berrinches injustos é imern,atos
que á los dos minutos se convertían en trans~
portes de cariño y en placideces angelicales·
ya se emperraba como un chico, ya se deses~
peraba como un hombre; ya hartaba á l\Iarta
de improperios, ya le prodigaba los nombres
más dulces v las ternezas más rendidas.
Sus extravagancias eran á veces tan insufribles, que Marta, con los nervios de punta,

Domingo 21 de Septiembre de 1902.

.

Como obra artística el
mo!-'lumento será, si
el
meJor, uno de los más notables de la República, tanto
por la hermosura del conjun~o, como por lo bien estudiado d e sus detalles.

u¿

Proyecto de monumento á Juárez,

�!Jomingo 21 de Sepliembre de 1902.

EL

EL MUNDO ILUSTRADO

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 13.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 28 DE 1902.

Director: LIC. RAfAfl Rtl't&amp; &amp;PINDOLA,

Subscripción mensual fon\ueü, $1.~lll
[dem ldem. en hl,.Ct1.)•ILt1l," 1.~;¡
Qerentei LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA.

LA PESCADORA Y EL PASTOR
ESTIO

(Cuadro de Charp1ntior-Bo1io.)
(Cuadro de Kaemmer-er.l)

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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