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                  <text>bomingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO lLUST!iADO

EL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 14.

Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem. en la.capital, ., 1.25

MÉXICO, OCTUBRE 5 DE 1902.

Gerente: LUI&amp; Rfl'f&amp; &amp;PINDOU.

atrectori LIC. RAl'AfL Rfl'f&amp; &amp;PINDOLA.

'

LAS ÚLTIMAS FLORES.

.

(Cuadro de M. Czachorsti.)

en¡ilio 3ola.
'·

t

en Pa,ris el 29 del pasado.

�Domingo 5 de Octubre de 1902.

:tt MUNDO íLtrSTitADó ·

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo

5 de

Octubre de

i902.

DÍAS DE ROMA.(*)
SAN PEDRO
Nos habíamos tropezado con un guía en
quien la. hizo para mí, previsi6n que le agraColiseo &lt;¡ue,quieras que no quieraR, Re con
Revelo negativas en el fondo &lt;le mi memodezco mucho, nos detuvimos antes de entrar
tuyó en unas cuantas horas en nuestro ci
ria para encontrar mi primera imprei;ión &lt;le
al pórtico y volvimos la cara. Para curarme,
ne. Pura ver rítpidamente, ¡ay! rápidamen
Roma, y encuentro poco, nada caRi; busco en
por momentos siquiera, de mi invencible inlo que debe yerse, mejor dicho, palparse,
las cartas á mi mujer, que son mi verdadero
conformidad co11 la vida, me he recetado ei;riciarse con los ojos palmo á palmo, no es
libro de viaje, y veo que en ellas me cuento á
pectáculos como éste; nada más que la botica
dad que baste Baedeker; la lectura del lib ·
mí mismo en preflenc1a de «la Ciudad Eteren que se despachan ci:,tas recetas suele no esrojo le quita á uno la Yista de parte de
na» ¡vieja costumbre de dejar \'er mi alma á
tar á mi alcance. ¡Pero qué bello! Entre los
monumentos, como la fachada de San P
la que únicamente la conoce y la i:ahe! :\li
celajes glaciales de enero, del !lol como de un
se necesita el guía,que ahorra el tiempo y
primera impresión resulta, puei-i, una nebuloenorme mascar6n de oro pálido, bajaba una
ne al viajero en el sitio .que corresponde. ~
sa; puedo re11olverla á fuer1.a de intensificar
cascada de luz que llenaba media plaza y colen seguida que se calle, que no &lt;liga más,
mis recuerdos, viéndolos con larga y concenmaba buena parte dei círculo de columnas y
no cuente la historia de Roma, que no eu
trada atenci6n dentro de mí mismo, en algunas
bafiaba la aguja (la •guglia», como los ro::.1ala. historia &lt;le los papas, de los cí·sares, de
sensaciones parciales que han persistido y
nos Jicen) el elegantísimo obelisco cruzado
cardenales [ésta es muy &lt;fü·ertida ÍI vecesl ¡
acaban por definirse. San Pedro es una de
del centro, y se rompfa en frises en los cholo deje á uno !&lt;olo entrar en contacto fnti
ellas: lenta, grave, inmensa.
rros de agua que brotaban, que hacían exploy lento con las cosas. Nuestro guía era lo
Fuimos allí, pasando por encima del metósión, mejor dicho, en las dos gruesas fuentes
trario de todo esto, era un joven charlata
dico Baedeker, en nuestra segunda mafiana
colocadas en el eje mayor del óvalo magnífimo, buen mozo, que (;hapurraba el inglés,de Roma. Siento mucho que ~apole6n no
co de aquella plaztt incomparable, y que por
alemán y el castellano [todoR los peregri
haya tenido tiempo de deshacer el macizo
lo fuerteR y lo augustas parecen hechas por
mexicanos acahahan de i-ier sus clientes] ,Y
de casas que está entre el Tíher y la plaza
~Iiguel Angel. La di\•iflión de la plaza, en
había in\'entado una historia romana, las
de San Pedro. ¡Qué perspectiva, qué vii;ta
cuyo medio preciso el obelisco hace las ,·eres
Romas, para el uso particular &lt;le sus favo
habría resultado! ¿Qué no ejPCutarán los edide gnomon, y que terminan en dos galerías
dos, tan fantástica. y tan singular· y la co
les italianos el proyecto del último César?
que divergen hacia. la escalinata y parecen
ba. con tanto aplomo, que al principio
Pasamos un puente sobre el Tíber, vimos
paralelas, todo retiene, abi;orbe, embarga; sócoraje y acababa. por hacer reir; ¡oh! lo
el Palacio de Justicia, inmensa mole de pielo los edificios superpue,;tos, amarillentos, ineste hombre sabía de Mesalina, de :Ma
dra y granito encajada en su emparrillado de
artísticos á pesar de sus dimensiones y i:us
de la papisa .Juana, de Paulina. Borgh
andamios y que será un suntuoi;o edificio; el
galerías vitradas y la horizontalidad sin grade otras muchas pecadoras [ eran su flaco
Castillo de San tangelo ( ex tumba de Hadriacia de sus cornisas larguísimas bajo los tejapecadoras], era tanto, las hahía tratado
no) de cien veces trágica historia.; corrimos
dos casi planos que componen el Vaticano y
tanta familiaridad, que pai;maba. Con este
á lo largo de una calle transteverina descabeque surgen por encima de las nobles balausloto, medio guía y medio rufiÍln, aborda
zando otras callejas infectas en donde la Yen us
tradas decoradas ele estatuar; de la columnata
la nave de San Pedro, después de una CM
suburbana tiene mugrosos santuarios, y al dar
de nuestra izquierda, me parecieron una inno poco larga en el pórtico, en que admi
vuelta á una e¡:;quina en donde florece una
felicidad. Ya no se pueden tocar; por dentro
mos, por encargo de todos los conocedorea,
taberna de quinto orden, nos encontramos en
los defiende el mundo de·arte y de historia
mosaico &lt;le la rnavicella• de Giotto, que ya
la admirable plaza encerrada en su clohle coque yace entre sus muros, pero yo los habría
tiene de Giotto m{ts c¡ue el nombre, á• fu
lumnata circular. Aquí entra el púrrafo que
mimdado tirar para dejar absolutamente libre
de restauracione!•\ la puerta del jubileo,
puse al principio: siento mucho que Napoleón,
la Basílica, si fuese un Julio II, un Urbahacía. pocos días hahía cerrado León XI
etc. Ténganlo por repetido los lectores. "Cna
no YIII; éi;te era un Barbcrini y dice el dilos relieves de la puerta ce11tral de bronce.
observaci6n que tuve oportunidad de hacer
cho romano: lo que no hicieron los bárbaros,
expliearnos las mitologías de aquella pu
frecuentemente: todo ei;to es enorme, es cierlo hicieron los barbarinos. Bien, pero para
santa: Europa. y el toro, Ganimedes y el
to, pero nada se ve deforme, nada desentona,
que no me tuviesen por un bárbaro completo,
la, Leda y el cisne; nuestro conductor se
todo es proporcionado; las columnas de este
habría encargado la demolición á Bramante
verdadero· atrio de la Basílica son formidavuelo: impacicnt&lt;'s ya, entramos.
( «il rovinantei&gt;, como le llamaron en su épo-Verá V., me había dicho una inteli
bles; pero en conjunto, en comparaci6n con
ca) ó á Miguel Angel, y estos caballeros haamiga mía, el día anterior; verá Y. qué
el obelisco, con lns fuentes, con la fachada
brian hecho con los escombros alguna marapresión; aquél sí que es el templo &lt;le J
del templo, se ven regulares, no son mayores
villa.
ni menores de lo que debían ser. Este
cristo; es materiafü.ada, &lt;lígamoslo uf;
Allí tienen ustedes: si Julio II, este homiglesia cristiana, la asamblea. de los fieles
:Miguel Angel presuntuoso y amanerado que
bre colérico que convirtió en clavas de guerra
se llama Bernini, lo sabía hacer á veces. ¿Y
creen que Cristo es Dios y el Papa su
las llaves de San·Pedro y machacaba. con ellas
la cúpula'?
rio.
las cabezas de las ciudades que combatían por
-Verá Y., me había dicho un dip
La cúpula, la dominadora de la Roma de
su libertad, pero que era un formidable artisitaliano, en Génova, verÍL Y. un templo
los Papas-reyes, la tiara de la moderna ciuta, porque casi inventó á Bramante, á Rafael,
gano, todo lo más pagano que puede ha
dad pontifical, que, vista desde algún sitio de
á Buonarroti (á quien oblü~ó á ser pintor en
-No, amiga mía, tan distinguida como
la campifia romana, parece la colosal campala Sixtina); si este adorador del arte clásico,
&lt;losa; no, sefior diputado, «ni l'una
na de sombra de un mundo muerto, la cúco~ el que forzó á los artistas á crear el arte
l' altra.11
pula, está allí; hay necesidad, para verla bien.
nuevo, hubiese visto concluir su iglesia, apuesMi primera impresi6n fué ésta: una
de tomar en el eje principal de la plaza un
to á que no habría permitido que la cruz griepunto de vista fuera de ella; entoncPs se ve
claridad.
ga del plan primitivo de Bramante, prohijado
Había más luz dentro que fuera; una
surgir en todo su esplendor el triple pensadespués por Miguel Angel, se hubiese converclaridad,
el ampo del mármol, que i
miento de Bramante, de Miguel-Angelo, de
tido en cruz latina, prolongando las naves haluz
blanca,difundida
en la atm6sfera. Ha
Giácomo della Porta, que tuvo la genial
cia la plaza, lo que alejó la cúpula de la fadelicioso momento de ánimo embargado
idea de transformar el domo de hemiesférico
chada y le quitó ei-a esbeltez en lo enorme,
mundo olvidado cuando se entra en la
en elíptico. La linterna, que es otro templo
esa gallardía en lo colosal, esa. gracia en la
lica por vez primera [y lo mismo en la
con su magnífico cilindro columnado y la cruz
fuerza, que gracias al tambor de Miguel Angunda y en la cuarta] que sólo puede
mondial de su remate, la linterna cierra magel y á la curva ovoide de su discípulo,la saca
rarse á la impresión que se siente ante
ravillosamente la obra maestra, que, á fuerza
fuera de par entre todas las cúpulas del mungran
ruina yuca.teca 6 ante el Niágara 6
de bien distribuida en sus gajos y soberanado, como si tuviese la ambición de cubrir con
termas de Caracalla [ vayan ustedes ri
mente asentada sobre el inmenso anillo decosu sombra á toda la. cristiandad; «ampla. da
de estas asociaciones]. En fin, poco i
rado de columnas pareadas, pierde en grandecoprire con sua ombra. tutti i populi toscani11
volví en mí al rumor del monótono
za abrupta lo que gana en artística majestad
como dijoAlberti (apudKlaczko) dela cúpu:
guía.
«Están ustedes parados en la ru
y en sere.1a finneza.
la de la catedral florentina de Brunellesco.
pórfido en que se ponían los emperado
Volvimos á la plaza, y á medida que nos
¡ Y qué fachada I No, la fachada es muy
dioevu.les, Juliano el apóstata, Carlo
acercamos al obelit co central, la fachada tribuena; clásica, regular, grande, grandísima·
para ser ungidos»; ¿y Constantino? p
vialmente hem10sa agregada, por orden del
¿pero qué hace allí? No es la fachada de Sa~
indiscretamente al oir aquellas graci
soberbiazo hombre de mal gusto y enérgico
Pedro, es el fondo de la pla1,a de Bernino con
giversaciones. Y mi hombre se lanz6
amor al arte que fué Urbano VIII, siglo
ella sí que consuena admirablemente, co~ sus
disertaci6n sobre Constantino que por
XVII, en el extremo de la na.\'e proloninmensas procesiones de columnas, con su
acaba. Yo creo que lo confundía v
gada que convertía en.cruz latina. la. cruz griepueblo de estatuas decorativas........ Es muy
con Luis XIV y con :Marino :Falier.
ga de Bramante y Miguel Angel, eim fachada
grande: sus 112 metros de ancho y so.s 45 de
guía: «Estos angelones que se ven aq
se traga la cúpula; ya en el obelisco no se ve
alto, parecen inventados para. dejaren segunprimera pilastra sosteniendo la pila de
6 se ve poco.
do término al domo. Pero como yo no puedo
bendita, son de mayor tamaño que V
Ascendiendo por la dulcísima escalinata,
D'l;andarla quitar, porque no soy ni un Rovere,
aquellas palomas que están sobre loe
mandadahacer por el arquitecto Maderna 6 por
m un Borghese ( éste la mand6 poner) ni un
de las pilastras en bajo relieve, están
Barberini, la ·veo, más aún, la contemplo y
tas que ustedes.»
entro
en
el
p6rtico.
1
[•] De mi libro "Bnla Europa latilla.

La Plaza de San Pedro.

Del «baldaquino• al disco rojizo en que es~ibamos par~dos y entre la doble línea extenor de las p1lai1trr.... que sostienen la nave centm_l, es~b~~ tncerradas las naves de la Basíh~ .l!r1m1t1va, la que, según la
tr:ad1c10n, Co_nstantino y el papa
Silvestre halnan construí&lt;lo en el
siglo.IV. Todo desapareció en un
11iglo á medida que los artistas del
Renacimiento le\'anta.ban sobre
los escombro!! de aquel vetusto y
suntuoso y como pocos interesante relicario del arte de la Edad Media, el nue\'O templo, que pare•
cía, como el templo de Salomón,
construí do con la secreta a.m bición
de poder conce11trar en él el culto
católico del mundo, el culto universal. Y comprendí ó creí comprender entonceR: aquél no es un
templo cris~iano [allí se comprende la pluvial de oro v la tiara de
pedrería del pontífiel;, no .a burda túnica gri!:! del ~azareno] ni
pagano [el templo pagano e1a un
altar en frente de un ~antuario en
que apenas cabía 1~ imagen, el ,
f~olo; fuera, la multitud presenciaba el sacrificio bajo la cúpula
&lt;lel cielo]. Xo, San Pedro es el templo católico, el templo latino no
el de la religión l{Ótica ele' las
abruptas ra1.ns del Xorte, rc·ligión
de penumbra y &lt;le cr&lt;'púsculo &lt;le
sollozoR comprimidos y de l;imn~ &lt;loloroso!l, de angu~tia y mist~no; no, aquí la religión es precum, clara, lumino!'a v humana·
este arte C!! una mar.wiila. de gra;1~
dios!dad '! de forrua, esta cúpula
es un milagro de audacia sublimemente bien calculada• pt&gt;ro le
!alta i:iiebla, y vaguedad som hra.
mdec1sa; le faltan nimbo y en-

das d_e nichos, de relieves, de medallones, de
mosaicos y ca.paz de abrigar 1:1endas capillas
dentro de su mole de mármol y cristal, (L peRar de que casi por la fuerza. no,- detenía, echa-

:s

to de piedra, suc;;pendido sohrfl nuestras cabey _cer?do por otra cúpula (la linterna) del
m·tVº e un templo. Si nos hubiera sido
pos1 ' e, pero no era posible, colocar una de
las torres de la catedral de )léjico
exactamente debajo del domo
Rentados 11ohre la cruz que la re:
ll?ata, habríamos ,·isto, cerca de
cincuenta metros Robre noi;otros
el r~Rtro de mo!!l\ico del Padre ete~:
no, mcrustado en el cielo de la lin~mha. Todo esto es para a.plastnr
a ombre, escierto; pero obra. e!:!
del hombre y esto lo yergue de
nuevo; el hombre-individuo aquí
e~ una hormiga, el hombre colectivo es un creador; me diréis: no,
el cread?r no es hombre colectivo
es el gemo, eR'Bramante es l\ligueÍ
A_ngel. Sí, es cierto p¡ro es también la pirámide h~mana de que
esos hombres
. fueron el ve'rt'ice;
pero es t:,tmlnén la corriente huma~ª que ,l t!11vés de los siglo!! llegó
,t ellos. )' o me figuro así á 1
hombres de genio en el tiem;~
he aquí un Nilo, corre del Ecua~
dor y salva el trópico y cae en el
:ª11~ que lo lle,va al Mediterráneo·
¿qt~e r~~• que accidente de tierr~
~~ 1mp1~h6 tomar el camino del
ar RoJ,º y transformar por este
!-'.ll? _fen&lt;:'~neno topogrÍlfiro tocla la
c1\'lh1.ac1on
humana?
u t os a&lt;·ci.
.
, r,11
l l enteR dirertorc.s
.
. de ln.. Corriente
1n11nann, cono&lt;•J&lt;los 6 no
Ja
·
, porque
. mayor parte han quedado an6mmrn,, cuando f.On un alma repre!lentan el papel &lt;le! genio. '

r-~------=----=. . .._"""".____________
•

y

suefio.
¡Pero qué bella ef'l, que música

de priorciones en la forma colo- ,,L_!~!!!!!l!!..J~::!a:.:3!5!!!!!.....!!!!
salid¡ cóm?, gracias á ella, á peLa cúpula.
sar e sentirnos tan pequeños al
lad
o de lamasa g1gan
·
tesCR, nos sentimoR en
relaci6
mos á andar hacia a.delante hasta llegar á. los
sar
n con ella, en acuerdo con ella! A pearcos de ~~ramante, al Baldaquino, ÍL colocarde~de los esfuerzos dP.sesperaclo8 del guía por
nos de?ªlº de la cúpula. Es inefable, no puenernos en tomo de cada pilastra, decorade decirse el efecto que causa eRte firmamen-

***
.Junto ele no~otro!', delante del
altar mayor, dt&gt;l «baldaquino "
dentro de una balaustradacle 1 '
ce d
•
&gt;ron) 'ar ~n sm cesar ochenta ó cien
fmpanl~as; se abre la balaustra&lt; a 1Il;ed1ante una lim ó dos •
,
se baJa por una es
marm&lt;?l, entre cuyas ramas haces°: i~ata de
nuflex16n la estatua. de no recuerd0 e r~a geclerno papa ob
.
que mora exactís1ma realísima d
a.nova, que s1 no ha deJ·ado' su gemo
. o, sue

r

c

' .

')

�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 5 de Octubre de 1902.
medio genio á los actuales escultores italianos,
si les ha le¡?ado su «savoir faire;JJ dígalo la per-

fecta estatua de Monseñor Labastida en nuestra colegiata guadalupaúa, que recordábamos
viendo la que está de rodillas ante el sepulcro

tro «cicerone» nos tenía habituados-Los escudos son unos óvalos de mármol con las
abejas de los Barberini (Urbano VIII, primer
tercio del siglo XVII). Bajo la tiara y las llaves que los coronan magníficamente,~una de-

Interior de la Basílica.

1

1
1

Domingo 5 de Octubre de 1902.

de S. Pedro, la nConfesi6n&gt;J,qt1e es su nombre
oficial. Delante de una de estas estatuas (y
allí cerca estaba una de Can ova también, que
es una maravilla) dice uno: ¡qué bien hecha
está! Delante de la «Pietá» 6 del «A polo,» no
se dice nada.
Entramos en la cripta, obscuridad; en un
altar el sepulcro del santo. ¿Quieren ustedes
ver bien? decía nuestro risueño sacristán . Ecco, y se encendió una lámpara incandescente;
Edison tenía la antorcha de la fe. Muy hien,
yo no creo que éste sea el sepulcro de S. Pedro, ni qne sea su si11a aquella que está dentro del f-{il}ón de bronce de Bernino, allá en el
suntuosísimo altar de bronce que sirve de fondo al ábside. Pero como si lo creyera, porque
este sepulcro está hecho con la fe de los siglos
y los pueblos allí objetivada. Sí, es ése el sepulcro de S. Pedro, hecho con algo más duradero oue la piedra y el metal.
Subimos. Ya os he dicho, y si no, entendedlo bien, lectores míos, que tengo gustos
depravados; cierto,el suavísimo é imperceptible doble cono de uni. columna del Parthenón, que, á la vista, parece derecha, musical
y pura como el alma pensante de Platón, es
lo más bello que hay, y las columnas corintias del vetusto Panteón que acahamos. de Yer
en nuestra caminata del Quirinal al Vaticano,
con sus capiteles destrozados y sus estrías embadurnadas de reflejos cobrizos por mil quinientos años cie (rpose, )1 son más bellas que las
col mnnas de Bernino, pero estas enormes son
bellas también: salomónicas de bronce dorado torcidas en robusta espiral, envuelta en
guirnaldas de oro, se alzan con indecible majestad y se coror,an por encima &lt;le capiteles) y
cornisas y colgaduras de metal ( de donde el
nombre de ({baldaquino") , con inmen:-m; angelones á cu:,·as espaldas los negros soportes
de cuat~o consolas invertidas parten á unirse
en el globo de la cruz del remate. Y aquí intervino el guía:--Estudien ustedes, nos dijo con
aire maliguo y misterioso, estudien ustedes los
escudos d.e armas esculpidos en el mármol de
los zócalos de éstas columnas;son una venganza
del arquitecto á quien el papa Farnesio ( mentira era un Barherini), cuya estatua está allí
cer~a (Paulo III, Alejandro Farnesio), había
negado un gran favor. -Veamos, dijimos no
sin curiosidad-¿á qué negarlo?-y sin hacer alto en los formidables anacronismos á que nues-

licioF:a cabecita ¿de mujer, de niño? cierra la
parte superior de la orla, y la convexidad del
escudo) enteramente regular en los primeros,
se deforma poco á poco, se abulta desde el
tercero al octavo, al noveno, y lo E-ingular es
que la cabecita de la orla pasa de la fisonomía
serena á las contracciones dolorosas, hasta que
al fin refleja una viva alegría ele liberaci6n .
No he tenido tiempo de i.veriguar qué
ci.pricho 6 qué idea
simbólica guió al artista en esta historia
heráldic:1, &lt;ligámoslo así, &lt;le una gestación. El guía sí
estaha al tanto:
aquélla , rala bi1,toria de Giulia Farnesio. -Pero hombre ele Dios, si e::;o
es un a.nacrnnismo
terrible; si la fM·orita de Alejandro
VI pudo ser abuela del papa que mandó erigir el baldaquino. -Yo sé lo
que &lt;ligo, vengan
ustedes. - Y fuimos
al ábside: allí á b
izquierda del famoso altar de Bernino
(la cátedra de S.
Pedro), á quien no
hay que pedir gusto, sino brío y grandiosidad en el manejo de las mae-as
gigantescas de mármol y de bronce, á
la izquierda, deeimos, estaba la estatua en metal negro
ele Pablo III coronando su mausoleo. Al pie del pontífice dos mujeres
de mármol blanco:
una, vieja y fea,
es la Prudencia; la

otra, que le hace parang6n, es ~a Justicia.
Yo no sé son la juventud y la ve¡ez, y aunque quie~ las hizo lué Della Porta, un discípulo de Buonarroti, se ve en ellas la mano
del maestro.-Esta joven, nos decía el guía,
es la Giulia, por eso el papa la mira con ternura. Era un rni"irmol completamente desnudo, pero Pío IX 6 Greg~rio XVI la hizo vestir de una camisa de Jaton pmti.da de blanco 1 porque era un escándalo. Un ing1és se
en amoró &lt;le ella y se suicidó aquí ..... .-Lo
&lt;lel traje de latón es cierto, estaba ú. nuestra
vistc.1,; pero que la estatua represe~tase á Giulia Farnesio, la encantadora favonta de Alejandro VI, r¡ue hizo colocar, según cLicen, su
retrato en su oratorio del Yaticano, en traje y
actitud ele l\fadonna, eso sí no lo sé. Sé que
Alejandro Farne::;io debió sel' cardenal ú su
bella é impura hennann, casada con un aguanlador Orsini, y sé ... .. . todo lo que ustedes saben. Pero de lo que no tenín idea es d!!l \'Oluptuoso esplender de hermrnmrn, fina en su
magnitud misma, de esta estatua¡ nu_nca hizo Miguel Angel mujer así; acaso la · Eva &lt;le
la creación de la mnjer en la Sixtina. Las
otras son profundamente tristes, inconformes
con la vida ó dolorosa:-: ... Esta irradia ju\'entu&lt;l Y. amor ......
l\Iis jóveneH compañeros no querían ahan(lonar el sitio; como el Papa Paulo, que estaba encima de nosotros, barbudo y solemne,
no quer'Ían dejar de ver ... Y yo pensaba ¿en
esta impresión queda, pues, resumida la imprer.::ión de S. Pedro; en estas migajas de sensualismo queda deshecho el pan eucarístico
ele la religión riel Renacimiento; esta sublime
obra en que el arte pagano amai-ado con la
levadura de la idea católica, se levantó en er-a
ámpula asombrosa de la cópula sentada sobre estos cuatro pilares del Bramante que varecen cada uno una catedral, engendrando
así un arte nuevo, para servir de rf'licario á todas las idolatrías, para sentar en su trono, en
su ~átedra, á esta Afrodita. que sirve de tema
á las refleXiones estúpidamente pornográficas
de los guias? De modo, me decía uno de mis
campaneros, que S. Pedro es una basíli"ca cuyo e-je mriyor tiene por extrf'mos ri l ci~ne de

De este carácter
fundamentalmente
subjetivo y arcaico
del sentimientom-ístico, resulta necesa
riamente que: músico que no pueda
entrar en sí mismo
y discernir lo que
sussentimientos tienen de más hondo
y de más misterioso, y músico que no
sepa trasportarse en
espíritu á épocas remotas y á países lejanos y adh·inarlos
y describirlos, no es
un músico místico
ni podrá crear ohras
religiosas de gran•
de aliento.
La moderna música. religiosa, es antes dramática que
mística; pinta más
que sentimientos,
peripecias, antes escenas que éxtasis, y
más el mundo exterior que el mundo interno. Verdi,
en su c(Réquiem,1, es
profundamente dramático; lo había sido lliendelssohr. en
sus oratorios; lo es
el mismo abi.te Perosi en los suyo8,
y Massenet no podía dejar de serlo
en uMagda1ena,&gt;, en
L.a estatua de San Pedro.
11E\1 a&gt;i y en c&lt;La Virgen&gt;,.
Leda en la puerta y á la Giulia Farnei.io en
Pero más aún que dramático, siéndolo tan
el ltbside.-¿Creen ustedes eso? Yo no. Yo
profundamente, ].lassenet tenía que ser pinvolviendo á recorrer la gran nave, única que
toresco y descriptivo. Li. índole del talento
conocíamos aún, me detuve frente á la arcaide l\lassenet es esencialmente pictórica y e&lt;luca estatua en bronce de S. Pedro; uno de sus
cadom. Nadie como él sabe y puede describir
pit&gt;s, mellado por los Iabios de seis siglos ó
país~s exóticos, . épocas remotas, personajes
diez siglos de multitudes, parece un muñón
3:rcaico~,Y revestn-los de atributos tales, fijarles
deforme y feo. Yo lo besé, porque, ya lo he
l111eam1entos de tal modo característicos y dardicho, yo beso donde besa el pueblo, mi soles un colorido, un relieve y una vida tan proberano abuelo.
pios y adecuados, que países, épo~as y personajes se yerguen vivos, palpitantes, acabados
__J ~
~
y elocuentes en la imaginación del auditor.
Buen ejemplo son de esa peculiaridad suya
y de ese sello personal de su talento, los ballets &lt;le. «Herodfas,, y de ((El Cid,i, las «Escenas Pmtorescnsi&gt; y las nNapolitanas)) la Introducci6u de (cl\laría ~fagdalenall y Las Bodas de Canaán y el baile de las Galileas de
ciLa Virgenll.
APR0P0S!TO DE &lt;LA VIRGEN•
Y esas reconstrucciones, esas evocaciones y
esas
d~scri_pcione_s no son vagas, abstractas y
El sentimiento místico propiamente dicho
aproxunativas, sino completas concretas y
es u~ sentimiento esencialmente subjetivo )'
exactas. Tiene el ilustre maestr~ una fe tai1
arcaico: ~.,a idea religim;a de donde procede y
ciega ~n sí mismo y en su poder evocador y
que lo mforma, ha perdido y pierde cada día
sugestivo, que acomete con éxito &lt;lescripciosu carácter m\stiyo, para hacerse cada ctía más
nes de pormenor que resultan verdaderas v
mundana.
exquisitas
miniaturas. No se conforma com"0
Los templos en In Edad Media eran 16hregos,
Bizet, por ejemplo, con hacer música e~pañonnstenosos, severos y casi terroríficos. En
fa 6 de corte ibérico, sino que en los ballets
sus vai:;tas naves góticas, olientes más á
d~l uCidll des~rib~ separada y esperialmente las
humed~d que á incienso, se respiraba sombra·
diversas provmcms y hace música aragonesa,
el espíntu se concentraba en sí mismo y tod~
caste\Jn.na1 andaluza ........ .
al rededor suyo parecía sugerirle el olvido del
· Lo mismo en ((Herodías,,, hace música fenimundo y de sus pompas. Imiígenes demacracia, babilonia ¡qué sé yo! Y todos Jo creemos
d.as y enílaqu~ci&lt;las; grandes cuadros ennegrey todos lo aceptamos y ]legaríamos á pensa;
cidos por el tiempo; columnatns interminaque ha desenterrado y descubierto ]a música
bles y sombrías; capillas profundas como anpropia y genuirw de esos pueblos y de esas
tros; cúpulas inaccesiblN.:, todo inspiraba un
épocas.
;'ago .terror y convidaba al recogimiento y al
~xtas1s. CeremoníaR simbólicas venidas &lt;le le. Agréguese [t este género_ de ~lento tan pre~
ros J de remotos tiempos; trajes hic r{tticos
c10so, tan estBTI&lt;lble y casi úmco una intensia.rt:aicos; ostentación &lt;le lujo anticuado y ex6dad de pasión excepcional y una'maestría sint1'.'? todo, en e.l culto·y en sus pompas, retrogula.r en el manejo de la orquesta, y se comtraia el eRpíntu al pasado como si quisiera
prenderá por qué :Massenet es el más popular
hacerle remontar el curso &lt;le la vi&lt;la y fijar
.Y uno de los más grandes mÍl.sicos de la ess.us anhelos en el origen de las cosas y en los
cuela francesa moderna.
t~e~pos fabulosos de los milagros, de las apaNo gusto mucho de sus melodías vocales
n~JOnes, del contacto íntiruo de Dios con sus
destinadas á ser cantadas; creo que el maeR~
criaturas.
tro maneja la voz humana con µ:ienc_&gt;s !acil!-

J

MASSENET

1

Monumento de Paulo 111.

dad y menos brillo que la orquesta; ¡,ero como sinfonista, es genial, y como sinfonista evocador, incomparable. No obstante,en ccLa Virgen» se ha sobrepujado á sí mismo, y 1\Iaría1
Gabriel, la joven Galilea, cantan como ángeles.
No hemos agotado, ni con mucho, li. enumeración de los talentos de Massenet y de sus
méritos. Tiene aún uno excelso: á semejanza de Ver&lt;li, sin plagiar á nadie, espiga en todos los campos. Que un hombre de talento
encuentre un procedimiento ó un tratamiento
nuevo; que el arte se enriquezca con nuevas
formas; que surjan en la paleta nuevos colores y nuevas matices, 1\Iassenet se asimilará
todo eso, lo fundirá y afinará en el crisol de
su candente personalidad musical y lo ofrecerá tn sus obras aquilatado, depurado, pulimentado y mejorado. Cada genio da su contingente á Massenet, y con los procedimientos
de todos1 unifica&lt;los en su propio taleuto, crea
obras maestras.
Massenet, además, es prodigiosamente fecundo y estupendamente laborioso. Nadie en
Francia, y podríamos decir en el mundo entero, escribe tanto y tan bueno como él.
Los amantes del arte están de plácemes, y
el (cClub Lirai&gt; y su portaestandarte, el 1'-IaeStro Meneses, merecen bien del arte por habernos dado la ocasión de escuchar, aplaudir y
admirar una sin duda de las producciones
más inspiradas del maestro más µopular, más
fecundo y más aplaudido de la Francia actual.

La muerte del insigne novelista Emilio Zolá, ocurrida de manera trágica en la gran ciudad que fué teatro de sus glorias artísticas y
políticas, ha conmovido al mundo entero, porque la obra del magno escritor pasó 3.lumbrando los cerebros de los estéticos y de los
vulgares.
. Peregrinó ~on su esplendor de arte, por la
nda de los buenos y de los malvados, hasta
lo~rar que se pu~iera bajo su nombre la raya
ro¡a de la notonedad . La crítici. fué severa
para juzgarlo, y acabó por hacerlo una de sus
fuentes de luz.
El nombre de. Zolá figura en el proceso más
célebre que el tribunal de los hombres Yió en
el siglo XIX, y quizá al desaparecer de la tierra, cuando se le lleva á dormir en el eterno
lecho, otra nueva conmoción de pasiones venga~ agit;tr_ el viento qu~ flote sobre su tumba.
. En Mexwo fué, rel~tivamente, muy conocida la o?ra del novehsta, y no ha sido poca
la s~nsae1ón que causó el trágico fin del gran
escntor.
«E_I Mundo Ilustrado" rinde tributo ú Zola
publicando su retrato en lugar preferente.

UASJS.
Sueña el león.
Junto á las tres palmeras
se amartsa el Sol. Existe
el agua. Y Dios deja un momento
que los pobres camellos se arrodillen ......
Junto á. las tres palmeras
el árabe tendido al fin sonríe
y suspira ..... Damasco
lejos aún le aguarda. Los confines
del horizonte brillan encendidos.
Un silencio terrible
llena el aire ..... .en la arena
tiembla la sombra elástica de un tigre.
~ÍAJ&lt;UEJ:, i{ACl!APO,

�Domingo 5 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

1)0mingo 5 de Octubre de 1902.

Y, ruborizándose, huyó rumbo á su casa.
l\Ii madre me dijo que Guillermina era ya
huérfana, y continuó baciE&gt;ndo elogios calurosos de su bondad, de su abnegaci6n ..... .. .
¿Qué más diré? Antes de que transcurrieran tres semana¡,, puse á mi hijito en brazos
de Guillermina, mientras le decía al oído:
-¿Acepta usted esta muñeca? ...... ¿Quiere
usted que sea verdaderamente suya? ..... .
Y nos casamos con los trámites rigurosamente necesarios.
DA~IEL HERVEY.
Traducción de "El Mundo Jlustrado."

Nuestras madres eran viudaR; la casa de
ellas lindaba coh nuestro nido familiar del
viejo Lorient; nuestros jardines estaban separados nada más por u~ vallado que ún gran
terranova-así lo suponíamos-había agujerado precisamente para que nos pudiéramos
comunicar.
Ella era morena, y yo rnbio; ella tenía cinco
años y yo trece cuando nos conocimos. Era
natural que fuéramos Jos mejores amigos del
mundo. Cierto que nuestras situaciones no
eran muy semejatHeR: mi padre era gran capitán de fragata cuando lo rnat6 la fiebre amarilla; el marido de Juana Lehennec muri6 casi en la misma época, pero no era más que un
simple timonel, y s6lo por una herencia inesperada pudieron, la viuda y la hijita, vivir
en situaci6n humilde, pero segura. Bueno es
decir que nuestras madres no tenían relaciones estrechas y, por consiguiente, se enteraban poco de nuestros juegos. Alguna vez que
se encontraban, se mandaban por sobre el va:Jado un saludo: respetuoso de parte de la señora Lebennec, amable y gratamente protector, de la de Isabel de Coudic la querida, la
adorable criatura que, habiendo perdido todo
lo que amaba, se consagraba por entero á mí,
rE&gt;nunciando al mundo, á las ventajas envidiables de su situaci6n, de su fortuna y de su
belleza.
Cuando le declaré la resoluci6n de seguir
la carrera de mi padre, se puso pálida como
un cadáver, me abraz6 y no me puso objeci6n
alguna. Poco clarividente, como todos los muchachos, me sorprendí de su calma y no !'Upe leer una tristez11, una emoci6n contenidas
por una firme voluntad. Cierto que yo no hubiera cedido á sus ruegos, si hubiese querido
disuadirme de ser marinero; pero siempre me
causaba del'ilusi6n no haber tenido que vencer una resistencia.
Por el contrario, la ruidosa desolaci6n de
mi amiguita Guillermina, me satisfizo bastante. El día de mi partida, se me colg6 al cuello, me desanud6 la corbata, moj6 la pechera
de mi camisa con lágrimas y amenaz6 con aho-

garse en el estanque del jardín, que no tenía
más de cuarenta centímetros de profundidad.
No me pude arrancar de ella sino prometiéndole traerle de mis próximos viajes un chango 6 una negrita, lo que quisiera.
Cuando las vacaciones, la encontré siempre
apasionada, y tanto, que no me sorprendió
cuando, con toda seriedad, me ofreci6 un anillo de cobre que ella llamaba pomposamente
sortija, invitándome á jurarle que no n,e casaría más que con ella. Se lo prometí en un
arranque de sincera ternura.
Otra vez que volví á Lorient, para visitar
la casa paterna antes de embarcarme con destino á Buenos AireR, Guillermina no estaba
en su casa. Mi partida bahía causado á la
muchachita tal desesperación, que, para distraerla, la mandaron á un colegio del campo.
Contaba precisamente diez años la muchacha, cuando en una bella mañana, la «Valerosan llevó al muelle de Lorient al aspirante,
que tal era yo entonces, cargando en sus baúles una encanta&lt;lora muñeca vestida á la moda brasileña, que causó á Guillermina un delirio de alegría.
Chiquitita, delicada, verdaderamente un
ratoncito moreno, la muchacha par?cía. más
joven de lo que era. Su permanencia entre los
niños la había distraído; los proyectos matrimoniales estaban á punto de olvidarse y volvimos á comenzar nu~stros juegos de otros
tiempos, con una inocencia que hubiera sorprendido á mis camaradas de á bordo. Partí
nuevamente para un viaje que había de durar tres años en las aguas del Pacífico. Nos
separamos sin lágrimas, pero con buenos besos de camaradas. Le prometí otra muñeca.
Y á pesar del tiempo, á pesar de las modificaciones que traen los años en los jóvenes
como era yo entonces, no olvidaba á la amiguita, y cuando volví á mi casa, le mostré á
mi madre una muñeca javanesa, con el traje
original de las bailarinas reales.
Mi madre movi6 la cabeza con sonrisa enigmática:
-Ah! es para Guillermina?
Al día siguiente bajé al jardín en busca de
mi vecinita; lo que encontré fué una figura
que caminaba paso á paso, una criatura desmadejada, ni muchacha mi mujer, descolorida, la boca contraída por un pliegue grosero,
la nariz imprecisa, los cabellos ingratamente ·
echados hacia a,trás, y unos brazos desmesurados en cuyas extremidades pendían
las manos rojas. Iba á marcharme, cuando aquella persona me
mir6 fijamente y me dijo
con voz ronca:

-~:~~

·----

t~·-:-;-~~-~---..,~..

- -~'

-=::::~~;::::;;~~=~-;.!'!~_!.~ . _-:;-:;.:'_:-_:::~4~·: : ; ~ ~ ·"'.,.-.-

~
,~~

-Buenos días, señor Cuedic.
Me quedé petrificado; volvió á decirme con
impaciencia:
-¿Ya no me conoce usted?
¡Sí, era Guillermina! ¡En qué e~tado habían puesto los trece años fatales á mi pequeña camarada! .., ... .. .
Le alargué la muñeca, volviendo la cara
para ocultar mis impresiones. Tuve tiempo
de ver que bacía un gesto desdeñoso.
-No juego ya á las muñecas, me dijo con
sequedad.
Y tom6 la que yo le ofrecía, con aire brusco.
Poco tiempo después mi vida de marino
volvi6 á arrE&gt;batarme del hogar. Volví á Lorient después de cinco añoi::, durante los cuales se transformó mi vida. En To16n fuí presentado á la bija de un almirante; nos amamos y me casé con la confianza y la rapidez
que presiden á las unioneR entre jóvenes que
pertenecen á familias de gente de mar, entre
las que se sabe el valor del tiempo que se pasa en tierra.
Me separé de mi nuevo hogar dejando á mi
esposa-¡pobre Lucía!-cuando iha á ser madre, y ....... ¡no la vi más! La noticia de su
muerte y del nacimiento de mi hijo me llegaron al mii::mo tiempo-era una mañana
gris y glacial de invierno,-cuando mi navío
cruzaba los mares cercanos á Corea. Quince
meses me faltaban aún para volver.
¡Cuántas veces,estando de «cuarto» durante
las noches sombrías 6 implacablemente puras
y heladas, vi erguirse ante mí la imagen de
mi pobrecita esposa, arrebujada en un abrigo,
llevando en los brazos á su hijo, aquel hijo á
quien, probablemente, yo nunca conocería!. ..
Sin embargo, él vivi_6. Mi madre me escribía diciendo que el chico estaba á las mil maravillas. Y pasando los tiempos, me aferré á
aquella esperanza del porvenir.
El mes de junio nacía cuando, lleno de emoci6n, traspasé el dintel de nuestra vieja casa
de Lorient. Llevaba siempre conmigo algo
como una inquietud, por cierto !'Upersticioso
horror que me causaba llegar á mi casa como un extraño. Pasé el vestíbulo y llegué al
jardín. Me detuve para contemplar un cuadro
inesperado.
Bajo los tilos, mi madre, recostada en un
sill6n, 00n su labor caída de las manos, sonreía de la carrera yacilante de un hermoso
bebé que tenía las piernitas y los brazos desnudos y que abandonaba el banco en que se
apoyaba, para ir á donde estalla una mujer
arrodillada que le tendía los brazos con semblante dulce, iluminado de tierna alegría. Luego que el niíio llegó á ella, lo levantó y lo hizo reír mucho, cubriéndolo de besos.
Era eRbelta, de talle mediano y tenía mucha gracia en todos sus gestos. Cuando puso
al niño en el suelo, se irguió, y al volverse á
mí, pude ver que nada hasta entonces había
visto con rasgos más encantadores ni que impresionasen más con todo aquello que adoramos en la mujer.
Nuestros ojos se encontraron. Ella lanzó un
grito, al que sigui6 otro de mi madre. l\le precipité á ellas.
.
Inmediatamente Guillermina- porque no
era otra-me llev6 á mi hij(,. Lo abracé con
emoci6n punzante.
-Dale las gracias- me dijo mi madre señalando á la muchacba:- si el chico vive, es
gracias á ella.
Tomé la mano de Guillermina, pero me interrumpió á las primeras palabras.
-No merezco ningunas gracias ...... Este pe•
queño ser es la alegria de mi soledad,

EL PROFESOR VIRCHOW.
Uno ele lo:;; hombres de ciencia más ilustres
acaba de pagar el obligado tri.bnto á la naturaleza: nos referirnos al eminente Profesor de
Patología en la UniYersidad de Berlín, Rodolfo Virchow.

Aspecto del salón p ri ncipal.

se vefa, encuadrado en un ma~nífico marco,
el retrato del Rey D. Alfonso XIII.
Antes de las dos de la tarde, se sentaron los
invitados á la mesa, ocupando los principales
lugares el Representante de España, Sr. Fernández Vallín; el Cónsul, Sr. Escudero, y los
Sres. José Sánchez Ramos, Telesforo García,
Quintín Gutiérrez, Miguel Lhno, Rafael Gay,
Modesto Noriega, Salvador de la Fuente, Fernando Dosal, Fanstino de la Fuente, :Manuel
Suárez, RamGn Fernández, José Porrúa, Saturnino Sauto y Luis Fernández Cañedo.
Durante la comida rein6 la mayor cordialidad entre el numeroso grupo de iberos allí
reunidos, pronunciándose entusiastas brindis
por la U!li6n de la Colonia, por la patria y por
el Rey. El brindis del señor Encargado de
Negocios fué muy aplaudido.
La fama de Virchow como pat6logo, está
muy por encima de todo elogio, desde el momento en que se le considera como una de las
más legítimas y bien fundadas. En ocasiones diversas, el nombre del sabio recorrió
el mundo entero y fué recibido con aplauso;
pero lo que más enalteció al eminente Profesor fué su teoría sobre el origen de la. enfermedad, universalmente aceptada en nuestros
tiempos.
Virchow era también antropologista de
profundos conocimientos, arqueológo nutrido
de vasta y provechosa informaci6n, y político
de energfa y de talento. Su «Patología Celularn, traducida á casi todos los idiomas, es
uno de sus más claros timbres de orgullo.
En la Cámara Prusiana se distingui6 siempre como orador de primer orden..

Hay hombres que escudriñan las conciencias ajenas olvidándose de quP. tal es nuestra pobre naturaleza, que no encontramos en los otros .
sino los vicios cuyas tendencias tenemos en
nuestro propio coraz6n, haciéndolos conforme
á nuestra imagen y semejanza. Por lo cual'no
debemos tener confianza en los que fácilmente juzgan á su projimo.

El bom bre que se descuida de cumplir con
sus p,romesas, cualquiera motivo que alegue,
se debe reputar malo 6 débil: malo, si engañ6
á prop6sito: débil, si no conoci6 el valor de su
acto 6 no tuvo bastante energía para realizarlo.

TENT ACIÓN.
Call6 por fin el mar y así fué el caso:
En un largo suspiro de violeta
Se extenuaba de amor la tarde quieta
Con la ducal decrepitud del raso.
Dios callaba también: una secreta
Inquietud expresábase en tu paso.
La palidez dorada del Ocaso
Recogía tu lánguida silueta.
El campo, en cuyo trebolar maduro
La siembra palpit6 como una esposa,
Contemplaba con éxtasis impuro
Tu media negra, y una si.lenciosa
Golondrina, rayaba el cielo rosa
Como un pequeño pensamiento obscuro.

EL BnQURTE DE LOS ESPAÑOLES.
Siguiendo una costumbre establecida, la
Junta de Covadonga organizó en esta vez el
banquete que los españoles celebran, año por
año, pasada&lt;i las fiestas del 8 de Septiembre.
La Junta procur6 reunir ese día en un solo
grupo el mayor número de iberos posible, y
sus esfuerzos río resultaron infructuosos: cerca
de mil comensales acudieron al llamamiento
que se les hacía., llenando los amplios salones
en que debía verificarse el banquete.
El adorno del Tívoli del Elíseo que fué el
local escogido, era del mejor gust~: había festones y banderas en profuRi ón, distribuÍllos artísticamente en las callecillas del parque y en
los pabellones. A la entrada del salón principal se levantó un vistoso arco de flores naturales, colocándose, para cubrir la puerta un
gran biombo japonés. En el fondo del s:i.ión

~L BANQl,JETE.-OtrQ salón,

LEOPOLDO LuGONEs.

�Domingo 5 de Octubre de 1902.

-

EL MUNDO IT.JUSTRADO

LA LEGACION DE MEXICO EN CUBA.
blos; uno es el idioma; las costumbres son
idénticas, las aspiraciones iguales. Por eso se
muestra regocijada Cuba en el acontecimiento
que, en acto íntimo, pero que reviste carácter
especial, celebra el
primer :Ministro de
México en Cuba,
Sr. Gilherto Crespo
y l\fartínez: el aniYersario de la independencia de laRepública Mexicana.»
Con acopio de
datos que revelan
la información más
vasta con referencia á nueetro actual orden de cosas,
"El Hogar" traza en
seguida la enorme
curva que México
ha recorrido para
cimentar su crédito, para crearse una
situación extrafia á
todas las turbulencias, y, en una palabra, para entrar
de lleno en el carril
de la civilizaci6n y
el adelanto.
El establecimiehto de la Legación
de México en la Isla, dados los conceptos que antes
transcribimos, es,
pueR, un augurio
de que nuestras relaciones con la joEl frente de la Legación.
ven República llegarán á !Ser tan estrechas como las que felizmente nos ligan {1
una breve resefü1. de la solemne recepción del
los demús pueblos del Continente.
representante de nuestro país por el Gobierno
del Sr. Estrada Palma.
ERte acto dió margen, como se recürdará,
á que la prensa ile 1n lRla elogiara calmosamente á México y al nuevo 11finh,tro, poniendo de relieve nueRtros progresos y Pl tino desplegado por el Sr. Crespo y Maníne1. en suR
funcione,:, elurante todo el tiempo que fungiú
como Cónsul General ele la República en la
Habana.

¡, 6 p
-&lt;

***
Con ocasión ele! aniv1m:ario ch• nuei;tra InilPpench·ncia, los periódicos más caracteriz:1 dos de Cuha han vuelto á ocup:u-He de México, en términos por &lt;lemií:;; honrosos y halagadores.
Por primera Ye7--clice «El llogar"- la ·joven Tiepúhlica tle Cuba nuPile tender carilinsarncnte los hrazoi- ú la fü•púhlica ele :i\féxi(', ,.
y asociarRe á su regocijo rn el memora!,](, l (¡
&lt;le Septiernhre, c¡ue recnercln la fecha ck sH
independencin. Cnl&gt;a y México son dos ]¡,., _
manas del alma, li¡!;:«las C'n sn suerte por111•1cho:-; lazos. Ar¡uí se halla la lla\'e del Golr,,
Mrxicnno. El día infamto.que peligrase nu"s
tra indepenclencia-&lt;lía c¡ne no esperamos p.,_
gue en la ,;uceRiún de los tiempos,-oiría J[(·xico el primer toque de aviso que amenazase
la suya. Un mismo origen tienen estos p1.1e.

&lt;

;j

.

lfi

EN CAMINO.
La vereda es abrupta y en la cuesta
culminan los cantiles como dientes;
no hay aves, ni verdores ni floresta,
sófo eriazas colinas y vertientes.
La cima encaja su orgullosa testa
en el quieto sopor de las silentes
nubes, y los vapores de la siesta
emperlan de sudor las secas frentes.
Sin un miraje alegre la mirada,
la sed sin un oai;;is, los ribazos
sin una gota, y para el hambre nada!
Pero ofrece la dicha en sus ahrazos,
del i:,endero en la cúspide elevada,
el Cristo abriendo sus orantes brazos.

J. 11.

***

:

...

FACHA.

:Nada es tan difícil como pagar las deudas
de gratitud.

~
. '

Domingo 5 de Octubre de l 902.

SOBRE EL AMOR.

En cuanto al local en que se encuentran
instaladas las oficinas ele la Legación, diremos,
ya que no es pnsible hacer ele él una dcscripci6n detallada, que llena, con mucho, el objeto á que se le destina.
El edificio, de un solo piso, se levanta en
medio de un bonito jardín, limitado por una
verja. En primer término se ve una escalinata que da acceso al pórtico, y, en el frontis,
un escudo ele las armas nacionales.
Los departamentos interiores, tales como el
desptt&lt;'ho del Sr. l\Iiriü,tro, el comedor, etc.,
etc., están decorados con sencillez y elegancia.
Seguros de que nuestros leclores verán con
gusto su publicitciún, ilustramos estas páginas con algunas fotografías uel hermoso edificio.

«El Mundo Ilustrado)) publicó, en su oportunidad, el retrato del distinguido caballero
D. Gilberto Crespo y l\fortínez, primer :Ministro ele México en Cuba, 'lcompañúnclolo de

EL MUNDO ILUS'l'RADO

La significaci6n clara y exacta de los conceptos no hace apreciar á veces mejor el carácter de las cosas. En el lenguaje usual se
confunden muchas veces esas tres cualidades
6 defectos, según algunos, del carácter amoroso de un individuo: el eRcepticismo, el desencanto amatorio y la indiferencia, ó quietismo elel alma.
Estos tres estados del ánimo representan
siempre &lt;cmínimum,» un decrecimiento 6 una
profunda perturbaci6n en el ser sensible; son
graduaciones diversas de una menor intensidad en la vibraci6n de los afectos hacia el otro
sexo.
El escepticismo en el amor es un criterio
puramente mental de concebir sin certeza ni
trascendencia las relaciones amatorias.
El desencanto en el amor no es más que el
estado moral de un convaleciente que después de haber Elido víctima de algún fracaso
6 haber gastado exresivamente sus fuerzas en
otras empresas amatorias, evita 6 rehuye nuevos lazos de afecto intenso é impereceelero.
La indiferencia, ó el quietismo del alma, es
el estado más perfecto del ser, según la concepci6n religiosa de los místic&lt; s. Es el vacío
con todas sus frialdades y calmas silenciosas,
es la monótona serenidad de lo paralítico, de
lo inerte. Es una virgen ideal, esplendente ele
luz y belleza, pero muerta.
El escepticismo no es más que una convención sofística de los que dudan y se sonríen
acerca de la eficacia y del bienestar moral del
amor.

Legación de México en Cuba.-EI comedor.

de 1~ vida, deben proseguir viviendo y amando _siempre con la hartura y sed insaciable de
lo mmenso, de lo eterno y de lo invariable.

MEDIA NOCHE.

BENJAMIN DE CÉSPEDES.

***
Con los escépticos de las mujeres ocurre algo parecido á lo de aquel fil6sofo que negaba la cualidad sensible de la carne educada
estoicamente para desafiar todos los dolores
que al fin después de recia paliza tuvo por l¿
menos que reconocer la cualidad contundente
y dolorosa del garrote.
Con los desencantadoe del amor pasa lo
mismo que á esos enfermos doloridos durante
mucho tiempo por una úlcera que les impide
el movimiento, y que cuando se curan luego
no hay quien pueda contenerlos en su darrera.
Y con los indiferentes no hay mejor prueba que la tentación de unos ojos negros una
belleza incitante 6 el trato de una mujer'amable y ele talento.
Yo he visto muchos casos prácticos y he
presenciado tantas abdicaciones de eso que
llaman carácter del individuo, que ya en la
única filosofía que creo en asuntos de amor es
e~ la de pasarae con armas y bagajes al enemigo, y salga el sol, 6 la luna de miel, por
Antequera.
Y es que hay que obedecer ciegamente al
instinto del apego carifioso, que es la f6rmula
mús elevada de la moral de la especie. Pero
este instinto puede modificarse por la educaci6n·, por la conveniencia, por el hábito, y
llegar en su refinamiento y depuración á ser
electivo para el bien del individuo y de la eRei;;pecie.
Elegir el Rer am:ido; he aquí la fórmul~ expref'a de; la Yohmt:id afectiva; y en esa crítica
y deriRiva. hora ele la. dPterrninaci6n que habrit de lrncernoR frlices ó deRwaciadoR, ¿qui~n
tiene ha~tante presenc-ia de ánimo e,:céptit&lt;\
&lt;leRencantado {¡ indiferente para voh·er lai&lt; &lt;'Kpaldas (1, la aurora que asoma, y luego Íl laespléndicla ilurninaci6n tle Jo,i nntes obFcuros
nimhm; el(,] ser'?
H6lo d rgoí~ta utilitario que ama. la \"ida
por las 1--olicitarioneR eternas, por el propio
cuidaclo, y tan s6lo buRca. en la compañera la
~ierva sumisa 6 el eRcahel para encumbrarst•.

La noche, con sus fúnebres crespones
Cubre la inmensa b6veda del cielo,
Y sólo yo con mis tristezas, velo
Sumergido en profundas abstracciones.

RONDEL.
Locuaz y tentadora y elegante
cruzaste por mis sueños de poeta,
y en vano pedí luz á mi paleta
para copiar la luz de tu semblante.
Fuiste la diosa de mi pecho amante
y en mi delirio de pasi6n secreta
en vano pedí luz á mi paleta
para copiar la luz de tu semblante.
Y h?Y al cruzar, radiosa y elegante,
por mis vagos ensueños de poeta,
Oh blanca virgen de mi pecho amante!
¡En vano pido luz á mi paleta
Para copiar la luz de tu semblante...... l

R.M.

Qué amargas son ¡oh Dios! mis decepciones
Cuánto aspiro alcanzar y cuánto anhelo! '
Qué acongojada el alma, emprende el vuelo
De lo desconocido á las regiones.
La ausencia lo imposible, la quimera
El adiós, y la muerte y el olvido,
'
Todo me hace sufrir, me desespera
Y me obliga á exclamar enternecido:
¡Oh madre, buena madre, quién pP 1 iera
Dentro de tu sepulcro hallar su ni• J!

RUBIO.

***

..
•
Despacho del señor Ministro.

Los que se han hecho alguna vez amar por
la mujer presentida en los rosados ensueños
del ideal dichoso; los que Re han confortado
al calor de ese rayito de sol que cerca como
un nimbo de santidad las almas enamoradas
sos deben sentir todo el poder y el alient~

U no de loi; ea Iones de la Legación.

E:\'RIQ,UE TORRES ToRIJA.

�Domingo 5 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

OBISPO DE SONORA.

ONOCIERONSE aquí 6 a1lá, en cualer parte; ambos eran albañiles, otiles ambos, y un incidente cualquiera les había acercado, engendrando á poco la amistad que más tarde les ligara.
Juan era superficial de suyo, jactancioso, 6
«echador,,, para decirlo en términos vulgares;
amigo de aventuras, hablaba mal de los hom •
bres y peor aún de las mujeres; bebedor insaciable, rohaba al trabajo las horas para consagrarlas á la taberna, y casi se podría asegurar
que no conocía más sitios, después del andamio, que la pulquería, y, un poco menos, la
cárcel.
Sin embargo, raras veces demandaba trabajo en vano, pues nadie de los que le conocían
ignoraba que, ,,pegándose" al quehacer, era un
oficial que desquitaba como pocos el jornal
que recihía, sin necesitar nunca demasiadas
explicaciones para hacer bien una cosa.
Antonio era, por el contrario, poco comunicativo; de menos alcances que Juan, compensaba esta falta con su mayor apego al trabajo; raras veces celebraba el «San Lunesn y
gustaba poco de frecuentar la compañía de las
mujerzuelas con quienes su amigo perdía á
menudo el tiempo, y en no pocas ocasiones la.

libertad, y á las cuales calificaba Antonio de
comprometedoras y ocasionadas. La bebida,
que en otros engendra la jovialidad, siquier
sea pasajera, aumentaba su reconcentración,
envolviéndole en cierto velo de melancolía;
pero, aunque no era un vicio arraigado en él,
bebía también y casi á diario, ya por no «hacer menos» á algún conocido que se empeñaba
en dividir con él el contenido de una «tina»;
ya para refrescar las largas y pesadas horas de
sol; ya, en fin, por n() «echar campaña» con
Juan, que en este punto era á veces muy «cargado.,&gt; Inclinado más bien á la paRividad, tal
vez esto había sido la causa de amistad entre ambos; su serena actitud entibiaba en ocai-iones los vivacesimpuli;os de Juan; en muchos casos, la intervención de Antonio había
salvado á aquél de nuevas cuentas con la policía, y, observados atentamente, fácil era advertir que á los dos les ligaba, más que otra
cosa, el cariño que él abrigaba para su amigo.

***
Trnbajaban los dos en una obra grande,
hacía algunos meses; el enorme edificio comercial elevábase rápidamente sobre todos los de
las cercanías, destacando su gruesa mole de
hierro y mampostería; centenares de obreros
pululaban, trepando y descendiendo{por los

andamios; escuchábase el chirriar de las garruchas que balanceaban en la altura los grandes bloques de piedra tallada 6 las pesadas viguetas ,le acero; el cincel y el martillo cantaban á dúo y por doquiera el himno del trabajo; la voz del sobrestante ahogábase en el silbar
de las garlopas 6 en el ruido de las láminas
arrastradas aquí y allá, sobre los techos, y
desde el fondo, la cal, removida en el agua de
la presa, dejaba escapar gruesas nubes de blancura deslumbradora, que, al elevarse, desvanecíanse rápidamente en el azul del horizonte.
Por primera vez acaso, Anto¡¡io mirabn. con
cierta desconfianza el rápido avancP. de la construcción; no había pensado hasta entonces,
como la mayoría de sus compañeros, en que
la lentitud de su trabajo podría traer consigo
la prolongación de los días de jornal, y, siu
embargo, ahora experimentaba cierta vaga
tristeza al pensar que muy pronto tendría que
ser despedido, por no ser ya necesarios sus servicios, y se vería obligado á errar, quién sabe
hasta d6nde, en busca de nuevo acomodo.
En ninguua parte había trabajado tan á gusto como allí, durante los últimos meses; trepado sobre el tendido, teniendo á un lado el
«apilo" de tabiques que el peón se encargaba
de renovar constantemente, y por el otro el
cubo de mezcla, el plomo y la regla, pasaba
los días, de sol á sol, lanzando á todos los
vientos la nota ale¡ue y vibrante de la cucha.ra al golpear en el ladrillo previamente apoyado sobre el muslo, y mirando con mirada
furtiva los balcones de la casa de enfrente.
Desde que entr6 al destino, l:l. muchacha
había llamado la atención de Antonio, y pocos días después, todos en la obra la conocían
ya y saludaban su aparición tosiendo con insistencia 6 silbando ,,tonadas,&gt; más 6 menos
significativas. Y la recamarera, que parecía
acostumbrada ya á tales manifestaciones, fingía no advertirlas, consagrada á su labor, extendiendo sobre los hierros de los balcones las
tapicerías de la sala, 6 subiendo á. las azoteas
para alinear en el teJ\dedero las piezas de ropa
recién lavarlas.
Antonio la contemplaba en silencio, desde
la altura en que se hallaba, embebecido ante
la morbidez de sus brazos desnudos, ante el
erguido seno oculto bajo la tela del «caracol;" y
el acompasado movimiento de sus caderas; y
cuando ella le miraba con todo el fulgor de
sus ojos negros, el pobre volvía sus miradas á
otro sitio, echábase sobre la frente el «chilapeño," y empuñando fuertemente la cuchara,
golpeaba, golpeaba sin cesar sobre el larlrillo,
tal vez creyendo alejar de esta manera los pensamientos que le embargaban.
Dos noches sel!'.uidas, animado por una sonrisa de ella, la había detenido en la banqueta,
pintándola en torpes rasgos el cariño que por
ella sentía, capaz de todos los sacrificios y superior á todas las pruebas; pero la coquetuela
había escapado de entre sus manos, riendo
alegremente sin dar oído á sus querellas.
-Nadier. ha de quererte á la buena-le.había dicho Juan;- si no la tratas á golpes, que
es como les cuadra, más mejor es que la dejes
de ese tamaño ........ .
Capaz de trastornar el juicio á cualquiera,
la muchacha veíase asediada de continuo,
más sin lograr nadie conmover su corazón indiferente.

***
Una mañana en que el sol brillaba en todo
su esplendor, una calurosa mafiana de estío,
de cielo transparente, sin una sola nube en el
horizo!!te, Antonio, en lo más alto del andamiaje, después de consumido el frugal almuerzo, trabajaba más animosamente que de ordinario. Sentíase feliz al recordar las palabras
de ella, que le había hecho entrever en su
«contesta,&gt; la posibilidad de una futura correspondencia de ~fecto13, Llegaban aún, corrien-

Domingo 5 de Octubre de 1902.

ElL MUNDO ILUSTRADO

do por el -medio de- la calle, algunos compañeros que no habían logrado presentarse en el
momento de la lista; de pronto, Antonio, que
miraba distraídamente á lo lejos, la vi6 dar
vuelta á la esquina, echado el rebozo sobre la
frente y acompañada de un hombre á quien
tendía la mano en i-efial de despedida. Aquel
hombre era Juan, el mejor amigo de Antonio.
Permaneci6 inm6vil , viéndola acercarse
apresuradamente hasta desaparecer detrás del
port6n; vió á Juan que penetraba á la obra;
sintió que algo muy grande escapaba del fondo de su pecho, dejan1)
do P,n él un vacío des~
consolador; not6 que
un desengaño imposible de expresar, caía
como una lápida sobre su corazón; vi6se
solo en lo más alto de
aquel andamio; con
templ6 aquel día inspirador de una mentida felicidad; bajo sus
miradas extendíase la
ciudad erizada de campanarios; más allá las
llanuras teñidas de
verde esmeralda; m_ás
lejos aún,las arbole&lt;las
del panteón, irguiéndose sobre la desnuda
colina y destacándose
sobre el obscuro azul
de las apartadas mon •
tañas ........ .

***

-Fuera abajo!-:--se
oy6 gritar desde lo alto de la obra, y el cuerpo de Antonio, después de rebotar sobre los tendidos, estrell6se
en las baldosas de la acera.
La gente agrup6se al momento en torno del
cadáver; la policía acudi6 á dar fe del accidente, y un periodista que pasaba por la acera
opuesta, acercóse al grupo, y, después de informarse acerca del suceso, fuése acariciando
con cierta fruici6n el tema de un futuro editorial.

fi. (;or¡zalez Carrasco.

Se ha confirmado la noticia de haber sido
electo obispo de Sonora, para cubrir la vacante que dejó á su muerte el Ilustrísimo Sr. D.
Herculano L6pez, el actual chantre do la catedral de Durango&gt; Presbítero D. Ignacio Valclcspino.

es un pueblo el autor y otro el que sufre?
El genio de la Historia que reprueba
el torpe abuso de la fuerza innoble,
se yergue al fin, y con su voz de kueno
increpa á las naciones invasoras,
v sus deberes· dicta al Continente.
Pronto ha de ser la voluntad y sólo
la libre voluntad, único origen
de íntima unión y perdurable alianza
entt-e los pueblos que adunarse logren.
Y entonces ..... ¡Ah! el atentado injusto,
la tendencia vandálica, agresiva,
en cada continente bailará un dique,
y en la Ley de los pueblos tendrá un nombre
que llene de rubor su altivo rostro!

EN BUAJOAPAM DE LEOll
El 15 del pasado se verificó en Huajuápam
importante población del Estado de Oaxaca'.
la. inauguraei6n del hermoso Kiosco de hierro
y mampostería construído últimamente en la
Plaza Principal.
Con este motivo se organiz6 una animada
fiesta que se vi6 concurrida por numerosas familias de la localidad y de otros puntos del Estado. El kiosco lleva el nombre de «Carmen
Romero Rubío de Díaz.,&gt;

IV

El nuevo Obispo, cuya consagración se efectuará el presente mes en Durango, es uno de
los miembros más ilustrados del clero de
aquella di6cesis, y su carrera eclesiástica lo
acredita como sacerdote de energías poco comunes.
Su exaltaci6u ha sido recibida con beneplácito, tanto por la sociedad durangueña,
como p~r sus nuevos diocesanos.

Unión de los pueblos.(*)
Dos clases de lasos unen las
ooloniAs á la .Metrópoli: los
uaos, de h !erro; los otros, de
oro.
GLADSTONE.

¿Que la lucha es la ley de la exister.cia?
¿_que el repose los músculos relaja?
,:.que estancados los gérmenes, sucumben,
porque es la tempestad renovadora,
y no se avanza sin ~ontinuo cambio,
v la vida se alienta con la vida?
Mas, si todo progresa, ¿por ventura,
puede quedar la lucha estacionaria:&gt;
¿.No hay una forma de combate incruento?
,:.siempre ha de ser la forma primitiva:&gt;
Lucha el que emprende disputar el suelo
á las plantas nocivas y á las fieras;
el que obtener de la Natura alcanza
un nuevo agente, en el servicio dócil;
quien el provecho acrecentar consigue,
su propio brazo al aplicar con modo;
el pueblo que más pt·óspera existencia
ofrece al emigrante de otros pueblos;
la raza que engrandece su hermosura
con adecuado régimen de vida;
la misma virgen que insidiosa gracia
derrocha en sus modales y atavíos ..... .
Sí, todos luchan, pero en blanca lucha,
no en la airada y sangrienta de las fieras,
que sombríos espíritus proclaman
cual salvadora válvula de escape
ó convergencia del vigor que sobra ..... .
Es, pues, la guerra imperfección y atraso,
po1·que lo es siempre el que la fuerza huelgue;
que sólo la ignora.neta ó la desidia
no log1·a dada bienhechor empleo,
ni regular su escape ó condensarla
como ahorro que forma capitales.
V

La unión de pueblos que á la vida vienen
como hermanos gemelos, y se buscan
porque unidos son fuertes y felices,
toca el grado .más alto del pt•ogreso,
la forma contractual de las naciones
con que ha dos siglos que la Historia sueña;
es hecho que ennoblece y que sublima
la dignidad del hombre en nuestras almas,
y es- sagrada la patria en que acontece,
como el día inmortal que lo recuerda,
¡para ejemplo del mundo y alta gloria
de nuestra raza generosa y noble!
ERNESTO SoLfs.

México, 12 de Septiembre de 1902.

I
Con ruda mano logrará el coloso
al fin dejar inermes nuestros brazos,
á su carro triunfal uncirnos Juego,
y aun matar la protesta en la garganta;
pero en la entraña noble, la conciencia
eternamente escuchará con ira
la voz de la. razón, que nunca enciende
divino incienso ante opresor tirano.
El hierro cruel, el oro que soborna,
no son lazos de amor, dignos y eternos,
que hagan soñar á_ n? bles_ corazones
con esa. dicha de v1v1r umdos,
ó así morir en la contraria suerte.
El oro, el hierro .... . . formarán cadenas
que siempre nos degradan y mancillan,
que el tiempo las corroe y las destruye,
ó nuestra propia dignidad las rompe.

SAUDADES.
[A la manera de Lope.J

¿D6 estays, fieles amigos, novia pura,
Que no habeys contestado á mis clamores
Vosotros que sabedes mis dolores,
'
Ella que me premi6 con su ternura?
Cielo azul de la Patria, la ventura
Perdí de contemplar tus esplendores
Y sin verte son fúnebres las flores, '
::i:l e,ampo triste, la mañana escura.
Vbnid con vuestra voz arrulladora
Membra.nzas de mi cuita compafiera~,
A recordarme el bien que me enamora.
Volved, Yolved, memorias lisonjeras
Con tan rápido vuelo como agora
'
O si quereys, con alas más ligera~.

LA MIRADA DR TUS DULCES OJOS.
En el santo templo de cirios cuajado
Donde vas á misa, yo jamáH imploro
Ni murmuro rezos, pero arrodillado,
El perfil celeste de tu faz adoro.
En la calle miro tu ceñida eHpalda,
Tu sombrilla abierta bajo el sol radiante
Y tu mano breve que pliega tu falda
'
~l ta16n mostrando de tu pie elegante.
En tu palco busco tus tiernas miradas
Aunque tú escondiendo su lumbre tranquil~
Abres tu abanico de plumas nevadas,
'
Que como una nube vela tu pupila.
Súplica ferviente, rec6ndito ruego,
Te sigue la llama de mi vista ansiosa,
Te ronda y te cerca,. como cerca el fuego
El ala vibrante de la mariposa.
Hasta que movida por lo que te quiero
Sabiend_o m_i pena_, me ves sin enojos,
'
Y en m1 ámf!la triste, como en un joyero,
Guardo la mirada.de tus dulces ojos.

• Le!d~ en la Velada con que 1e celebró el 78 aniversario

de la ane1:ión de Chiapas A lll,xico.

II

LA VENDEJERA.
Sintiendo la nostalgia de su reja,
en el amplio almacén, de frutos lleno,
se ensancha de la moza el alto seno
al rudo laborar de la vendeja.
Rastro de gracia y de perfumes deja
si ensaya el garbo de su andar sereno;
y aumenta el brillo dbl tesoro ajeno,
trabajando en prisi6n, como la abeja.
Ya envasa el fruto del naranjo opimo,
ya envuelve el odorífero racimo
en níveo lecho de doradas franjas.
Mas no se escapa á su mirada astuta,
que ella es la sola codiciada fruta
entre almendras, racimos y naranjas..
RAMÓN

A.

URBANO.

La libre unión no pudo en el pasado
la norma ser de las incultas gentes,
y la fuerza brutal formó los pueblos
salvando las fronteras natu1 ales
sin 1·espetar las razas ni la Historia,
alzando el pedestal de las naciones
en odios é infideccias que desunen,
no e n la unidad del alma colectiva.
1Cuán efímera unión! Eternamente
d fiero Marte, en su hálito de fuego,
envenena la atmósfera del mundo!
Sobre el hierro y el oro están los lazos
que son la urdimbre de la propia vida:
nuestra ín&lt;' ole moral, nuestros instintos,·
atavismos y herencias, cuanto forma
el eco inmenso de la edad pasada,
ola que impulsa nuestra edad ¡.,resente
á la ignota. l'ibera del futuro!

III
La ley de las naciones ha borrado
el antiguo r encor al extranjero,
y se persigue al atentado injusto
contra la vida y libertad del hombre.
¿Cómo aceptar el crimen porque sólo

E::1 kiosco de Huajuápam.

efrér¡ l(ebo//edo.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 5 de Octubre de 1902.

LA ADUANA DE TAMPICO
La importancia del puerto ele Tampico, cáda día mayor, hizo que el gobierno se decidiera á contratar,ha pocos años, la construcción
de un local destinado á las oficinas y almacenes de la aduana marítima allí establecida.
La empresa del Central Mexicano se encargó de la obra, llevándola á cabo tan pronto
como fué posible. El edificio es de bonito aspecto y se adapta perfectamente al objeto á que
se le dedica. Además de las dependencias necesarias para las oficinas, tiene cuatro almacenes de hierro y cristales, muy amplios y
bien ve.itilados.
Contiguo á la aduana está el edificio especial donde se encuentran la planta eléctrica
que abastece de luz las oficinas, y las bombas
para los casos ele incendio.
La nueva construcción ha sido ya puesta
totalmente al servicio.
Nuestros grabados representan la casa que
ocupó la antigua aduana y que fué cedida al
ramo de correos y telégrafos, una de las fachadas principales, y el interior de uno de los
almacenes.
El costo de la construcción fué de cerca de
dos millones de pesos.

~a flor de la salud.
-No lo dude usted, declaró el médico, afirmándose las gafas con el pulgar y el anular
de la abierta mano izquierda. He realizado una
curación sobrenatural, milagrosa, digna de la
piscina de Lourdes. He salvado á un hombre
que se moría por instantes, sin recetas, ni píldoras, ni directorio, ni método ... sin más que
ofrecerle una dosis del licor verde que llaman esperanza ..... y proponerle un acertijo ...
-¿Higiénico?
- ¡Botánico!
-¿Y quién era el enfermo?
-El desahuciado, dirá usted; Norberto Quiñones.
-Norberto Quiñones! Ahora sí que admiro su habilidad, doctor, y le tengo más que
por médicc, por taumaturgo. Ese muchacho,
que había nacido robusto y fuerte, al llegar á
la juventud se encenagó en vicios y se precipitó á mil enormes disparates, apuestas locas
y brutales regodeos: tal se puso, que la última
vez que le vi en sociedad no Je conocía: creí
que me hablaba un espectro, un alma del otro
mundo.
-El mismo efecto me produjo á mí, repuso el doctor. Difícilmente se hallará demacración semejante ni ruina fisiológica más total.
Ya sabe usted que Norberto, rico y refinado,
vivía en un piso coquetón, muy acolchadito
y lleno de baratijmi; su cama, &lt;JUe era de e~as

antiguas, salomónicas
y con bronces, la revestían paños bordados del Renacimiento,
plata y raso carmesí.
Pues le juro á usted
que en la tal cama, sobre el fondo rojo del
brocado, Norberto era
la propia imagen de
la muerte: un difunto
amarillo, con tez de cera y ojos de cristal.
Pam contraste, á su
cabecera estaba la vida, representada por
una mujer mórbida,
ojinegra, de cutis de
raso moreno, de boca
de granada partida, de
lozanísima frescura y
alarmante languidez
mimosa-la enfermera que manda el diablo á sus favoritos, para que les disponga según conviene el cuerpo y el alma.

***me alargó
Norberto

EL ~1UYDO !LtJSTRAbO

·-:x

.·.

o de

Octubre

de 1902.

\

-

ca'ü.:

'

r-.,---i')

. - ~--,.::1

La antigua casa de la Aduana en Tampico.

la mano, un manojo de
huesos cubiertos por una piel pegajosa que ardía y trasudaba, y mirándome coh a11sia infinita, me dijo cavernosamente:
-No me deje usted morir así, doctor. Tengo veintiséis afioR y me &lt;la frío la idea de invernar en el cementerio. Es imposible que
haya usted agotado todos los recursos de la
ciencia.
El ruego me conmovió, y eso que la práctica nos endurece tanto! Tuve una inFpiración;
sentí un chispazo parecido al que debe de percibir el creador, el artista...... y con los ojos
hice seña de que la individua estorbaba.
-Vete, niña, ordenó sin más explicaciones
Norberto; y nos quedamos solos.
Le apreté la mano con energía, y sacando
el pomo del consabido licor verde, lo derramé
en sus labios á oleadas.
-Animo, le dije. Usted va á sanar pronto.
Vol verá usted á tener vigor en los 111úsculos,
hierro en la sangre, oxígeno en el pulmón;
las funciones de su organismo serán otra vez
normales, plácidas y oportunas; el ritmo de
la salud hará precipitarse el torrente vital, rápido y gozoso, de las arterias al corazón, y subiéndolo luego al cerebro despejado, engendrará en él las claras ideas del presente y los
dorados sueños del porvenir ...... Estoy seguro
de lo que prometo, seguro, ¿lo oye·?, usted sanará. No debo ocultarle á ui:ted que la ciencia,
lo que se dice la ciencia, ya no me ofrece recurf'o alguno nuern, ni útil. Humanamente
hablando, no tiene usted cura; pero donde
acaba la naturaleza principia Jo sobrenatural
y portentorn, &lt;)lle no es sino lo «desconociclo,J ú

Fachada Norte del nu~vo edificio.

bomingo

«inclasificadoJ&gt; ....... La casualidad me permite
ofrecer á usted el misterioso remedio que le
devoh·erá instantáneamente todo cuanto
perdió.
Cualquiera pensaría que al hablarle así á
Norberto, iba á mirarme con honda desconfianza, sospechando una piadosa engañifa.
¡Ah, y qué poco conocería el que tal imaginase la condición de nuestro espíritu, en cuyos
ocultos repliegues late permanentemente la
credulidad, dispuesta á aci.optar forma superior y llamarse ,efe!"
Los ojos de Norberto se animaban; un tinte
rosado se düundía por sus pómulos. Ansioso,
incorporado casi, se cogía á mi levita, interro·
gándome con su actitud.
-Hay, le dije, una flor que devuelveinstantáneamente la salud al que tiene la dicha de descubrirla y cortarla por su propia mano. Esta
condición ineludible y el no saberRe dónde ni
cuándo se produce la tal flor, son causa de
que por ahora se hayan aprovechado de ella
poquísimos enfermos. Digo que no se sabe
dónde ni cuándo se produce, porque si bien
suele encontrarse en las más altas montañas,
también afirman que brota en la orilla del mar,
á poca profundidad, entre las peñas; pero á
veces, en leguas y leguas de costa ó de monte,
no aparece ni rastro de la flor. En cambio tiene !et ventaja de que no puede confundin,e con
ninguna otra: ¡imagínese usted la alegría del
que la ve! Es del tamaño de una avellana; su
forma imita bastante bien la de un corazón;
el color, encarnado vivísimo; el olor, á ah,iendra. No la equivoca usted, no. Pero si va usted acompañado, si es.otro el que la coge ...... .

Uno do los almac:enei¡,

SR ITAS. CONSTANZA, ANA Y EM ILIA THOMPSON.

entonces, amiguito, haga usted cuenta que
perdió malamente el tiempo.
No afirmo que Korherto creyese á pies juntil las lo que yo iba diciéndole con imperturbable seriedad y calor persuasivo. Si he de ser
franco, supongo q~e dudó, Y. !~asta .m~ tuvo á
ratoR por un patranero, un v1s10nar10 o 11n socarrón importuno. Sin embargo, yo sabía que
mis palabras no habían ele caer en un saco roto porque á la larga siempre admitimos lo que
n~s consuela, y mús en la suprema hora en
que nos invade la desesperaci6n y quisiéramos agarrarnos aunque fuese á un hilito dP.
araña. La expresi6n del rostro de Norberto
cambió dos ó tres veces; le vi pasar del escepticismo á la confianza loca, y por último, tomándome la mano entre las suyas febriles, exclamó trémulo de afán:
-¿Puede usted jurarme que no se está burlando de un moribundo?
Ko sé si usted conoce mi modo de pensar
en esto del juramento. Le atribuyo ei;casíf'imo valor; es una fórmula caballeresca, romántica f idealista, que entraña la afirmación de
la inmutabilidad de nuestr0s sentimientos y
convicciones-de que se derivan nuestros actos,-siendo así que la idea y la acción nacen
de circunstancias actuales, vivas y urgentes.
No dando valor al juramento, mi moral tampoco se lo da. al perjurio. Juré en falso, pues,
con absoluta frescura, calma y convencimiento de hacer bien; y jnré en falso invocando el
nombre de Dios, en la seguridad de que Dios,
que es benigno, también quería que el milagro se hiciese..... .

Y empezó á hacerse desde aquel mismo
punto. Norberto, electrizado con la certeza de
poder vivir, se irguió, se echó de la cama, sin
ayuda de nadie fué hasta la puerta, llamó á
su ayuda de cámara, y le ordenó preparar,inmediatamente, maletas y mantas de camino...
-¡Solito, eh?-le repetí.-¡No olvidarse!
-¡Solito! Ya Jo creo que se fué solito Norberto. Desde su partida, todas las mañanas
me desperté con miedo de recibir la esquela
orlada de luto. Pasó, sin embargo, año y medio; encontré á los amigos del enfermo; averigüé que nada se sabía de su paradero, pero
que vivía. Y al cabo de dieciocho meses, una
tarde que me disponía á salir y ya tenía el
coche enganchado para la visita diaria, entró
como un huracán un fornido mozo, de traje
gris, de hongo avellana, de obscura barba, de
rostro atezado, que me estrujó con ímpetu
entre los brazos musculosos y recios.
-¡Soy yo! repetía en voz sonora y alegre. ¡Norberto! ¿No me conoce usted·? No
me extraña; debo ele estar algo variado..... .
¿Qué le parezco? ¡Cuánto se ha reído usted de
mí! Y lo peor es que ha hecho muy bien, muy
bien. Si no es por usted, no encuentro la flor
de la salud. ¿La ve usted? Aquí la traigo.
Abrio un estuche de cuero de Rusia y vi
brillar sobre raso blanco un alfiler de corbata
de un solo rubí, cercado de brillantes, en forma de corazón, que me entregó entre empujones amistosos y carcajadas.
·-La he buscado primero á orillas del mar.
1:o~os los días registraba las peñas. Al princ1p10 me cansaba tanto, que me daban sínco-

Fot. de Chavez.

pes largos en que pensé quedarme. Pero me
sostenía la ilusión de descubrir la flor. El aire del mar y el perseverante ejercicio me prestaron alguna fuerza. Ya no me arrastraba· andaba despacio. Registré bien la costa, p~ñón
por peñón: la flor no la vi. Entonces me interné en un valle muy rústico y retirado. Me
pasaba todo el día agachadito, busca que te
buscarás. Vivía entre aldeanos. Comía pan
moreno, bebía leche. A cada paso me encontraba mejor ...... ¡Usted adivina lo demás! De
allí subí á la~ montañas, nevadas y fieras,
que en otro tiempo me parecían horribles....
Trepé á los picachos, recorrí los desfiladeros
evité los aludes, cacé, tuve frío, dormí á do;
mil metros sobre el nivel del mar...... Y un
día, embriagado por el ambiente purísimo
sintiendo carnes de acero bajo mi piel de bron~
ce, recuerdo que caí de rodillas en una mei,eta, y creí ver entre el musgo nuevo, húmedo
y escarchado por el deshielo, la roja flor!
-¡ Pues ahora-ad vertí al mozo-que se ha
cogido la flor, á cuidarla! ¡Que no ~e seque!
Norberto volvió la cara......... Al anochecer
del día siguiente le vi por casualidad de le. acompañaba á una mujer, y me ' pareció
Jos;
que se escurría entre callejuelas, para no tropezarme. Entonces ( me había dejado sus señas) le escribí este la~ónico billetito:
,,El santo Doctor*** no repite los milagros.»

émilia })ardo .Bazáq.

�EL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 15.

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldom ldem. en la.capital, ,._l.~
Gerente: LUt~ Rtlt&amp; &amp;PINDOLA

elrccton LIC. RArAtL Rtlt&amp; &amp;PINDOLA.

delDr.AY[R
,

MÉXICO, OCTUBRE 12 DE 1902.

Curan la Dispepsia,
E:streñimiento,
Jaqueca y Desarreglos
del Estómago,
Hígado y Vientre.

·fl}{OS . ti~·~~,,.,

Son puramente vegetales.
Son azucaradas,
Son purgantes.

LA •~FQ.SFATINA FA1I!RR.S"

es el alimento ml\s grande y el más recomenilado paralos nUl.011
desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el momento del destete y dur.vite el período del crecimiento. Facilita mucho la dentición; asegura la buena formación
de los huesos; previene y neutraliza los defectns que suelen presentarRe al crecer, é impide la diarrea que es tan frecueete en los nillos. -PARIS 6. A V ENUE VICTORIA, Y EN TODAS LAS FARMACIAS.

"Con 13s Píldoras del Dr. Ayer, he
obtenido siempre una acción más
segura todavia que con otras píldoras
muy en uso y que por su crédito se
han familiarizado entre el vulgo. Son
muy fáciles de tomar y no ca.usan
dolores ni repugnancia."
A. MABTINJ:Z VARGAS,

Catedrático de Medicina,
Orna.da., Esparta.
Preparadas por el Dr. J. C. Ayer y CaLow1II, Ma11., E. U. A,

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Para sazonar

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EN FRASCOS.

Sangre Española.
(Cuadro de José Masriera)

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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