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                  <text>EL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 15.

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldom ldem. en la.capital, ,._l.~
Gerente: LUt~ Rtlt&amp; &amp;PINDOLA

elrccton LIC. RArAtL Rtlt&amp; &amp;PINDOLA.

delDr.AY[R
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MÉXICO, OCTUBRE 12 DE 1902.

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del Estómago,
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A. MABTINJ:Z VARGAS,

Catedrático de Medicina,
Orna.da., Esparta.
Preparadas por el Dr. J. C. Ayer y CaLow1II, Ma11., E. U. A,

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Para sazonar

M:A:G:G:I 1
-

SOPA, CALDO Y SALSA
EN FRASCOS.

Sangre Española.
(Cuadro de José Masriera)

�Domingo 12 de Octubre de 1902.

LOS CRÍMENES DE AMOR
La tragedia de Tacubaya es un caso típico
de esa aberración del sentimiento, de ese extravío del espíritu que nos empuja á dar muerte á la mujer cuando no nos ama ó ha dejado
de amarnos.
Todo crimen y, por consiguiente, todo sentimiento criminal, mirados desde cierto punto
de vista, no son, en suma, sino apariciones y
manifestaciones de impulsos arcaicos, de hábitos anticuados, de pasiones primitivas que
á duras penas van logrando la civilización y
la cultura reprimir, refrenar y proscribir.
Ese hecho que llamamos crimen, anormal
ya, aunque frecuente todavía, ha sido, si hoy
excepción, antes regla, costumbre y hasta institución. El robo es siatema de vida de las
tribus nómadas; el homicidio, acto natural en
razas y pueblos salvajes; la servidumbre de la
mujer, institución consagrada y sancionada
en viejas civilizaciones; el infanticidio, acto
tolerado y hasta prescrito en afiejas instituciones; el fraude es aún virtud en Oceanía; el
canihalismo, acto ritual en muchas agrupaciones humanas.
La inmensa mayoría de estos delitos se comete aún, pero nadie, en general, los sanciona; se comprenden y se explican, pero nadie
los justifica, en principio, y la conciencia y
el sentido moral los repudian y anatematizan.
El hambriento roba, el crapuloso estafa, el
rencoroso mata, y ellos mismos comprenden
que hacen mal, que proceden delictuosamente y con mayor razón lo comprende la sociedad que los juzga y los condena.
No pasa, por desgracia, lo mismo con los
delitos de amor, en general, y menos aún con
aquellos de que es aún víctima la mujer.
Abunda todavía quien crea que matar á una
mujer infiel es un derecho del marido y que
lo es más aún el subyugarla, el tiranizarla, el
esclavizarla. Por extensión se a'.{)lica también
el principio á la querida que nos abandona y
basta á la novia que se cansa de nosotros y nos
desdeña, y hay salvajes que hieren ó matan,
no sólo á mujeres que han violado los pactos
legales ó meramente morales contraídos con
ellos, sino también á las mujeres que no los
aman y que se permiten el lujo de usar de su
libertad amando á otro.
Cuando es el amor el que arma la mano del
asesino, cuando son los celos los que empujan
al crimen, tenemos una acentuada propensión
á la indulgencia, sentimos compasión más fácilmente, razonamos en :favor del delincuente;
y á poco que la mujer baya dado ocasión ó
suministrado pretexto al atentado, ya nos encontramos dispuestos á. justificarlo hallándolo
fundado en razón y ajustado á derecho, y fácilmente nos constituimos en paladines de
criminales á veces más odiosos y repugnantes
que todos.
Un marido ha majado á palos y matado de
hambre á su mujer, un amante ha tenido eó
la desnudez y hecho trabajar como bestia de
carga á su querida y derrochado en orgías lo
que ella ha ganado, un novio tiene devaneos
y se prostituye; la mujer abandona el domicilio conyugal, la manceba busca un amante
menos oneroso, la novia planta en la calle á
quien es indigno de llegar á ser su esposo.
P_ues bien; si amante, novio 6 marido, .fin~iendo celos que su proceder no justifica 6 sint~endo impulsos que no tienen derecho 6- experimentar, se armau, se lanzan hieren ó matan, todavía abundan quienes ~ncuentran eso
natural, justificado, debido y puesto en razón·
y el jura~o, vacilante,, desorientado, partícip¿
de los mismos extrav10s del sentido común, y
ofuscado por la misma aberración del sentido
moral, se sentirá inclinado á la clemencia absolverá ó atenuará el delito, y á cada pa~o el
criminal saldrá bien librado de un trance en
que pudo y acaso debió dejar la vida, la honra y la libertad.
¿Por qué ese modo de pensar del común de
las gentes? ¿Por qué tanta severidad contra
otros delincuentes y tanta lenidad con los de
este j_aez?_ Porq_ue está arraigado en nuestra
conciencia y vmculado en nuestros hábitos,

en nuestra sangre y en. nuestras costumbres
un gravísimo error. Porque siendo latinos,
tropicales y descendientes de razas que han
practicado secularmente la servidumbre de la
mujer, la creemos cosa y no ser humano, sierva y no libre, propiedad y no compafiera nuestra; porque al unirnos legal ó extralegalmente
con ella, creemos haberla adquirido como se
adquiere una yegua inglesa ó como se compra
un perro galgo; porque para una gran masa
de gentes, la mujer no tiene derechos, sino deberes, y porque la sumisión, la obediencia, el
trabajo, la esclavitud en suma, son su patrimonio en la vida y su lote en la existeucia.
La fidelidad de la mujer es la más preciada
de sus virtudes; son los florones más preciados de su diadema su amor, su docilidad, su
condescendencia, su eonsagración al hombre
que ama y á los frutos de su amor.
Pero fuera del matrimonio,el hombre no tiene más derecho que el de abandonarla, y dentro de él la mujer tiene deberes, pero legales,
que sólo pueden legalmente exigirse y que nadie tiene derecho ni de imponer por la violencia ni, una vez violados, de reclamar pufial
en mano.
Esto es lo que solemos olvidar, así como también el indiscutible derecho de la mujer á la
reciprocidad del afecto, de la consideración y
del sacrificio. De este olvido suele resultar la
monstruosidad de que cuando el hombre se
ha manejado mal y portado peor y con su conducta se ha hecho acreedor al odio de la mujer, todavía tiene él el descaro dt: echarle en
cara ese odio y sus consecuencias, el desplante de vengar en ella sus propios extravíos y la
fortuna de que sóbre quien lo disculpe y no
falte quien lo aplauda.

j)r. )ti. Florts.

EL VIÑEDO,
Cuando oyó que la carreta se alejaba llevando á todos los de la casa al puente de
Y oune, del lado de San J ulián, el padre Florent arrojó violentamente la ropa de cama
que lo cubría y murmuró con voz temblorosa:
-¡Quiero ver mi viñedol. ... ..... ¡quiero ver
mi viñedo antes de morir!. .... .
Y como para darse valor, para impulsarse
con sus propias palabras, repitió:
-¡Quiero ver mi viñedo! ......
Sintió inquietud. Después de quince días
que la edad lo tenía postrado en el lecho con
las piernas flojas y sin fuerzas, ¿podría ~umplir su proyecto acariciado con tanto ahinco?
.... .. No b~bía dicho un3 sola palabra, sabiendo muy bien que se le hubiera tratado de viejo loco al intentar levantarse.
Con ansiedad había previsto y esperado la
ausencia de sus hijos, que iban aquel domingo
víspera de la vendimia, á buscar fruta á Sa¿
Julián. En el momento preciso, tenía ante sí
algunas horas de sóledad y quería intentar un
esfuerzo supremo para ir allá, al ribazo, para
ver una vez más el buen vifiedo, el viñedo
preferido, el que plantaron sus propias manos
que le había hecho vivir y que daba un pre'.
cioso vino claro y alegre como un rayo de sol
...... Se deslizó de la cama.
-No podré!. ..... se dijo con angustia.
Pero el deseo era más fuerte que su debilidad, y pudo arrastrarse, todó engarabitado
hasta una silla donde estaban sus ropas.
'
Lentamente, con mil esfuerzos, se puso el
pantalón y la blusa; creyó desfallecer cuando
buscaba los zuecos y el bastón detrás de la
puerta; pero vacilando y deslumbrado por la
luz que danzaba en la recámara, se mantuvo
á pesar de todo, sobre sus débiles piernas. '
Ya afuera, le fué preciso sentarse en los escalones del patio; el sol, que sonreía le reanimó. Pudo levantarse y caminar, de~lizándose más bien por el patio,lleno de barriles y de
canastos, entre una multitud de gallinas que
cacareaban y suspendían el trabajo de escarbar la basura, como sorprendidas de volver á
mirar al viejo.
Dió la vuelta á la casa; no quería encontrarse con alguien; hacia atrás estaba el lugar

Dominp 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
que buscaba, y no tenía más que seguir un pequeño sendero medio oculto por los se.tm1
frondosos y altos.
A cada paso vacilaba y hubiera caído si la
fiebre del deseo no hubiera comunicado una
energía ficticia á sus músculos impotentes y
usados: ver su viñedo, era el aguijón que le
obligaba á manteners&lt;&gt; de pie -el fuetazo que
endereza á un caballo que va á caer ......
Por último, jadeante, con el rocío del sudor
en la frente, donde se inflaban las venas llegó al extremo del sendero y se encontró'ante
el paisaje.
Los labradores estaban esparcidos en la colina, pero nadie cerca de él; más arriba veía
los dos saúcos que señalaban el centro del viñedo. Volvió á tomar aliento y miró lo que
tenía á sus pies.
El campo estaba tranquilo, silencioso, como dormido; algunos hilillos de humo azul
ascendían por el aire calmado, quieto, donde
el sol de otoño vertía la lluvia de sus rayos·
la atmósfera era tan clara que el huen hombr~
veía por entre los jardincillos que rodeaban
las casas, los brazos de los molinitos de viento; sólo allá, muy abajo, en un extremo lleno
de sombras, por el lado de Joigny y Saint
Aubín, ondulaba una bruma tenue sobre un
riachuelo sembrado de pajitas de luz ...... Todo lo vió rápidamente y luego sus miradas
volvieron á subir hacia el viñedo, allá arriba,
cerca del sol.
Volvió á caminar, entonces con más viveza. Sus piernas pesaban menos á la tierra así
, y su corazon
, d e campesmo,
.
' que
l e parecia,
nada ni nadie había impresionado jamás,
saltábale dentro del pecho con golpes desiguales. Oprimiendo convulsivamente el bastón
con la mano derecha, y agitando la otra, abierta como para apoderarse de algo, se lanzaba
al fin deseado......
A los pocos pasos cayó pesadamente respirando con agitación. No intentó volverse á
poner en pie; abandonó el bastón,y caminando con las rodillas y las manos llegó al linde
del viñedo y penetró.
'
Recostado entre dos hileras de cepas respiró mejor, feliz por haber satisfecho su ~nhelo.
No se recargaba, para descansar, sobre los
troncos, por temor de maltratar el viñedo; pero pasaba las manos trémulas sobre las hojas
y acariciaba los racimos bermejos. Sus labios
machacaban las palabras insaciablemente repetidas: «Mi viñedo!. ..... mi viñedo! ...... es
mi viñedo! ...... »
El sol caía tras la montaña haciendo feerismos: un riachuelo de rubíes bajo las cepas
donde yacía el viejo campesino. Las hojas se
recortaban en seda purpurada donde corría,1
las filigranas de oro de las nervaduras· entre
!os innumerables racimos de granos r~pletos,
JU~aban los reflejos del sol, que decían su
adiós al día, en tonos de ca~mín pálido, en fugas sonrosadas sobre el ribazo, que parecía
temblar por la proximidad de la noche. Del
suelo fecundo, tibio aún por el calor del mediodía, se exhalaba el alma misma del viñedo, su aroma, rico como el perfume del vino
dulce chispeando en las cubas.
El viejo viñador se embriagaba· sonriendo
le vino el deseo de saborear unas ~vas· tentaleando en derredor, atrajo un hermo;o racimo ...... Se creyó en el otoño de otros tiempos
é imaginó oír á su lado el canto de los trabajadores, sus alegres risas y el ruido de los
carros desbordantes de racimos, que van ruwbo al lagar, donde despide fragancia el vino
nuevo, sangre espumosa y fresca de los viñedos saqueados.....
Y de pronto el sol se extinguió· el anciano
se irguió bruscamente tan alto c~mo era· un
~ltimo rayo le pus_o una aureola,y luego c~yó,
sm lanzar un gemido, entre las cepas, que se
doblegaron.
Cuando se le encontró, frío y rígido, apretaba en las manos unos racimos, y el jugo corría por entre los dedos nudo~s· con los labios, sonrientes, oprimía unas ' uvas; y así,
acostado sobre pámpanos, parecía un Sileno
dormido al día siguiente de las bacanales an·
tiguas.
PIERRE VERNOU.

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1
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c!Xupcial
~ lunes último, por la noche

•

se efectuó' en la
·
~ e l enlace .~ivil de la Srita.' María Teresa Li~ªl~:
n M~ur, h1Ja del Sr. Secretario de Hacienda con
e1 S r. ..,,. 1guel !turbe.
.
'
.
La ceremonia revistió un c á te
1
har y se verificó en la residencia del Sr L'
t
ar c r c~mp etamente famitestigos del acto, por parte de la novia ·1os1San o~r, en fªDAvemda_ J uárez. Fueron
Roberto Núñez, D. Eduardo Cañas y' D J rl~s. .,... enL~ra . Porfirio Díai, Lic. D.
. 1 S
L.
. u 10 m. imantour· y por p te d 1
.
vio, os res. ic. D. Ignacio Mariscal D Fél'
. '
_ar
e noFrancisco !turbe. Además de los padrinos asistier~n r, •1
ix Cu~vas, D. Antomo Sola y D.
á los contrayentes y algunas damas y cab~lleros de laª ª _cerem?ndiadlas personas más allegadas
meJor socie a .

. .

.

***

El matnmomo canómco se efectuó el miércoles
1
resa, dando la bendición nupcial á la distinguida po~ ª anana er:i el templo de Santa TeD. José Ives Limantour y la Sra. Dolores Barron lªr;r e, r. Arzobispo Alarcón. El Sr. Lic.
ma.~os; y el Sr. D. F~ancisco !turbe Atristáin y la Sra. iiI°í G~ll~rdo, fu~ron los padrinos de
lac10n. Durante la misa, la orquesta e·ecutó la ob
ar a a_nas de Limantour, los de veGrieg y la «Sonata Patética» de Beetho~en , Despuitu[a de «!ref1schutz», «La Primavera&gt;, de
licitaciones de sus amigos.
· L
'
os novios ueron objeto de calurosas feLa Srita. Limantour ha recibido tanto de su fa T
chas otras distinguidas personas, valiosos obsequios~! ia, como de la del Sr. !turbe, y de muIndudablemente, éste ha sido uno de los matri
·
,
·
en la capital desde hace afios.
momos mas suntuosos que se han celebrado

18

�EL MUNDO ILUSTRA.DO

Domingo 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

PASEOS DEL DOMINGO.
LA ALAMEDA
Es todavía uno de nuestros paseos fayoritos. Con sus prados cubiertos de menuda hierba, sus callecillas sombreadas por los_fresnos, Y
sus fuentes que el arte ha embellecido-aquí
con una es~tua que es como un himno á la línea curva, allá con un grupo de mujeres que
vierten en la taza el agua cristalina-la Alameda como nosotros hemos dado en llamarle,
no~ parece cada día más hermosa.. ~llá ,va~os
á disipar la pena, á distraer el fastidio, a deJar
un poco de nuestro aburrimiento, cuando este mortal enemigo del alma nos invade y aho-.
ga sin compasión. ¡Cómo, entonces, euc?ntramos allí colores que son encanto de los OJOS,
notas que nos parecen gritos de alie~to, armonías que regalan nuestro oído y aires que
refrescan nuestras sienes!
Por las calzadas del parque, tapizadas de
arena que brilla á los rayos del sol como un
reguero de piedras prEciosas, . corre la t~rba
infantil dando al viento sus risas argentmas;

á la sombra del más frondoso árbol, el estudiante1Ccalienta&gt;i la lección del &lt;lía; y sentado en
la maciza banqueta de piedra labrada á golpe
de cincel el extranjero se engolfa en las noticias del t~rrufio ó en las historietas regionales
con el libro ó el periódico abierto.
En aquel sitio juguetearon alegres nu~stros
padres allí corrimos nosotros tras una mariposa
por sobre la alfombra del verde musgo ....... .
Todos tenemos en él un recuerdo de nuestros
primeros afios, que saboreamos hoy como una
copa de buen vino, porque lleva en el fondo
algo de nuestros juegos infantiles, de nuestra
vida color de rosa ........ .

***
de este

Pero si á través
prisma el parque
tiene atractivo y tiene encanto, visto como uno
de nuestros paseos dominicales, nos ofrece, en
el día, notas muy· bellas.
Allí, bajo la amplia-lona que protege una

miriada de cabezas de los rayos del sol, se reúnen semana á semana, desde el capitalista
has ~iado de consumirse tras la rejilla del «despacho, ii hasta el humilde «dependienteii de
Ja casa de comercio, desde la clama encopetada hasta la chica que viste el traje de percal de
la obrera.
Cada uno sigue el camino que le acomoda;
al pie del kiosco, un grupo de apasionados de
la música al aire libre, aplaude ((La Toscai, ó
«Cavallerfa ii «Traviataii ó los «Aires Kacionalesn ...... ¡no' importa!. ..... La batuta da la seilal rompe la banda en un desbordamiento de
not~s, y la multitud, como impulsada por un
re~orte, se pone en movimiento, invade las
glorietas y sigue por las calzadas con rumores de colmena..... .
Al borde de la fuente de Yenus, un rapaz
,;c estaciona; interroga con los ojitos picarest:os á la «mamái, y hunde laH manos diminuta~ en la taza, qu!l hace vece¡; &lt;le espejo. Ya
e:-;t:í ... mira al fondo: la espada del oficial pare. e romperse eh rnil pedazos, la cara del rapaz
,:e deforma, los troncos s.,, estiran y se contraen
y la e1-Jüi.tua se retuerce en una mueca impobible.
Entretanto, la niñera alza en brazos al chiquitín para que nadie lo derribe por el suelo,
la banda deja de tocar, y comienza el desfile
por Plateros......
. .
Pasó, para el parque, la hora del bulhc10;
vuelve otra vez á entregar¡¡e á su vaga quietud
de los días ordinarios. Con sus prados cubiertos de verde "zacatillo, i, y con sus calles tapizadas de arena que brilla á los rayos del sol como un reguero de piedras preciosas, espera la
vuelta de sus pobladores de una hora ..... .
Hay que dejarlo hasta el domingo siguiente ...... Abriendo el desfile hacia Plateros, va
una señora con dos chiquitines de la mano:
uno de ellos sonríe y se empefia en pisar la
mancha que proyecta sobre el asfalto recién lavado por la lluvia su cabecit..'l.-un primoroso
botón de rosa ..... .

día de mayo, un gran
espacio de tierra transparente esplendía por
encima de los techos,
y adivinábase un haz
de rayos de sol por

•

PEDRO MEDINA

Rmz.

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-~,,.,,,...,.,,,....1 , -

Una sencilla historieta.

•

detras de los sombríos
etlificios.
De pronto escuch6

~.,,,,,.

_/\J..'l.,'.MM
"' · "'· \.,.,, , .....

~
' •...,- •.
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if~f"-~A-•&lt;t~.:.;...

Poema en prosa.
El vaho de las florecillas sil ves tres, oloroso
y tibio como aliento de niño recién nacido,
aromatizaba el ambiente.
Por el fondo del hori7.onte azul, hermosamente azul, cruzaban nubecillas caprichosas Y
blancas como castos ensueños de vírgenes
amantes.
Sobre el césped del valle, sombi-eado por el
murmurante follaje de los samanes, Amor,
tendido, en acecho estaba; y allí, sobre el césped del valle, bañado por aires tiernos. co~o
suspiros de púdicas doncellas, Amor triunfo.
Envueltos en resplandores de dicha y rebosantes de so11risas, ccéln y ccellai, fundieron sus almas en un grandioso beso, sonoro como las
notas de la canción del placer.
Saboreada la felicidad en el vaso coralino de
sus labios palpitantes, la apasionada pareja
emprendió la marcha hacia la blan,:;a casita
que á lo lejos parecía esperarla.
Vaho oloroso y tibio, horizonte hermosamente azul, césped del valle, formad el himno
deleitoso de las esperanzas realizadas!
FlorecillaR silvestres, nubecillas capricho,-as
y blancas, murmurante follaje de los samanes,
entonad las harmonías arrobadoras de la alegría!
Amor proseguid vuestra obra triunfal por
,
• 1
entre besos ardientes y fruiciones inebriativas

-~

Vivía con sus padres: la madre estaba ciega, y el padre paralítico. Antes de sus desgracias, habían conocido algunos días de desahogo, y Liseta sabía todo aquello que se
aprende en los buenos pianteles de ensefianza
de la mujer.
Pero ahora trabajaba ella para un establecimiento de ropa blanca, pegaba puños á las
camisas y dobladillaba sábanas y pañuelos;
sin embargo, aun est~ trabajo faltaba á menudo, porque la ciudad, demasiado pequeña,
era de aquellas en que se compra la ropa el
día del matrimonio, y dura hasta la muerte.
Liseta acercába¡,e ya á los treinta años; era
una criatura pálida y delicada, COT\ dos bandas de cabellos negros alisados ,-obre la frente
siempre inclinada; tocada por un rayo de felicidad, fácilmente habría podido aparecer
alegre y expresiva; pero poco quedaba ya de
la mujer en aquel ser descolorido y débil, de
seno hundido, de ojo:s empañados por la costura á la deficiente luz de la lámpara, y cuyo
traje de lana negro dibujaba la pobreza de las
formas que cubría.
Ella c~sía sentada cerca de la ventana de
una pieza baja que daba á una calle donde el
sol no penetraba jamás; sus dedos no ahandonaban la aguja si no era para atender al llaniado de los dos viejos, que se quejaban agriamente; despu'és, con ademanes de autómata,
volvía á sentarse adoptando su eterna actitud
de costurera, cerca de aquella ventana que f'Ólo se abría cuando el tiempo era hermoso.
Pasaban el estío y el invierno; volvía la primavera llena de maravillosas .floraciones, y
pensaba ella á veces, que un poco más lejos,
allá. en el campo,debía de haber árboles verdes,
manzanos cuajados de flores rosadas, y el sol
bañando todo este cuadro encantador.
Mas ella no vería jamás nada de esto; una
lágrima descendía lentamente sobre su pálida
mejilla, y, como compensación de aquella felicidad á la cual no podía aspirar, iba. la pobrecilla á besar á la ciega, sobre los ojos sin
luz, y acariciaba, con sus dedos en que la aguja había dejado su huella, la desnuda cabeza
del paralítico. Gruiiían ellos entonces, no
queriendo ser importunados; la madre maldecía de la perezosa que aprovechaba cualquier pretexto para abandonar el trabajo, y
Liseta volvía á la vEntana, un poco más fría,
un poco más pálida, reanudando en 1,eguida y
silenciosamente su labor.
Una vez, aconteció un incidente que vino á
trastornar la vida de Liseta; era un hermoso

-

un rnido de espuelas
á pocos pasos, y, levantando la cabeza,
· bº' á
fi . 1
perci 10 . un o cm
que la miraba.

Domin_,,.o 12 de Octuhre d,, l!J0;~
Los pájaros cantaban, r~voloteaban las ma
riposas azules sobre las oxiacantas; e:a como
un festival que la Naturaleza orgamzaba en
,honor de aquel bendito día.
. .
.
Ella vagaba presa de una dehc1osa embriaguez apoyada su cabeza sobre el hombro de
él l~s manos en sus manos; había olvidado
p~r completo to~o su pas~do. de infortunios,
y reía con una nsa de chiquilla, al contemplar la felicidad de su vida presente.

-Será preciso casarnos muy pronto, ad?ratla mía, dijo él; mi regimiento va á partir
en breve; lms hablado ya á tus padres?
-No, contestó ella, y su semblante se tornó sombrío; tú sabes que sori un poco celosos
de mi cariño y, por otra parte, temo que sea
para ellos de:nasiado sacrificio el alejarse de
esta poblaci6n en donde han vivido desde hace tanto tiempo.
El joven la mir6 sorprendido.
-Pero no sabes tú que no podremos llevarles c~n nosotros? Creía habértelo dicho
ya, Liseta; yo no po'&gt;e? en efste mundo más
7ue mi sueldo, tú no tienes ortuna, y nos es
imposible encargarnos de ellos.
-Y qné harán sin mí? dijo ella con una
voz sorda, viendo desplomarse todo en rn derredor.
-La vecina les cuidará; nosotros procuraremos ayudarles con algo; tú vendrás á verles ......
Liseta se había puesto pálida como una
muerta.
-No, no puedo abandonarles; morirían sin
mis atenciones, á que están tan acostumbrados.
-Eso es imposible, repiti6 él; sin embargo, podría yo arreglar que entrar¡m en un
hospicio.
Ella hizo un gesto doloroso é indignado y
no insistió más.
Permanecieron sin hablar durante algún
tiempo,
-Regresemos, dijo por fin ella1 con una
tranquila desesperación 1 todo ha terminado;
es preciso olvidarnos.

Ella enrojerió, retrocediendo vi".ament~,hacia el interior del cuarto, y el oficial aleJose.
Liseta, pensativa, volvió á empre.r_id~r su
trabajo, un poco avergonzada del mov1m1ento
que la había hecho huir.
.
Al día siguiente, el joven, un temente de
ca-zadores, volvió á pasar, esta vez ~alu?a,ndo
á Liseta; roja como el fuego, ella rnclrno la
cabeza, mas no huyó entonces de la ventana.
Una semana transcurrió así; por fin, una
mafiana al abrir las vidrieras, Liseta encon·
tr6 un g~an ramo de flores silvestres sobre el
antepecho de la ventana.
. .
Sintióse sofocada por las palpitaciones -~e
su corazón , y) más tarde, cuando él, aparec10,
1
ella, con un coqueto adem~n, mostro e su _corpiño adornado de campamllas y margaritas.
Entonces acercóse él y cambiaron algunas
frases· habl~ban en voz baja, para no despertará Íos viejos,que dormitaban; ella le refiri6
su triste existencia, sus muertas esperanzas,
la enorme pesadumbre de sus días de pobreza· le habló también de los que amaba, de
aq~ellos dos viejos de quienes era el único
sostén y él á su vez la contó la triste orfandad e~ que había vivido desde su niñez, su
Algunos días después1 el regimiento aban•
vida de guarnici6n, siempre de aquí para allá
don6 la población; ni suplicas ni ruegos loy siempre solo, y su contrariedad al saber que
graron doblegar á Liseta; había vuelto á ser
apenas hacía tres setnanas que. había llegado ·- }a pobre mujer marchita, taciturna y descoloá la población, y ya ee hablaba de partir.
rida, que cosía cerca de la ventana, con sus
Liseta palideció al escucharle; él lo advirtió
ojos empañados y su rostro de cera amariy la dijo que la amaba; la pobrecilla cerró los
llenta.
ojos, deslumbrada por el fulgor de tamafia feCuando los clarines resonaron á lo lejos,
licidad, y se dejó besar sobre los labios, sin
anunciando la partida del cuerpo, Liseta deoponer resistencia: tanto le amaba ya!
jó escapar de su pecho un gemido sordo, y,
Entonces, las manos unidas, aquellos dos
arrojando lejos de sí la labor, fué á arwdillardesheredados confiáronse todos los secretos de
se ante la ciega.
su vida, con el casto alborozo de dos seres que
-Mamá, exclamó juntando las manos, ma-.
han sufrido y hallan al cabo el consuelo de
má, dime que me quieres mucho; dime que
todos sus doiores.
eres feliz teniéndome á tu lado!
·
-Déjame tranquila, respondió la vieja arrancada de su suefio; ¿qué significan ahora e1:1as
comedias? Mejor harías en traerme mi café.
Una tarde, Liseta, pretextando uha orden
LeYantóse mirando desesperadamente en
urgente, dejó á los viejos al cuidado de una
torno
suyo; vió un crucifijo que colgaba del
vecina y fué á reunil-se ron él.
muro, y ante él fué á caer de rodillas, queMarchaba llena de alegría y de belleza; sus
brantada por el dolor, ahogada por los solloojos azules iluminábanse de un modo extrazos, elevando los brazos hacia la imagen.
fio, haciendo aparecer aún más soro bríos sus
► Y en la noche, que descendía, agonizaban
cabellos negros; sus labios estaban húmedos
las claras notas de las trompetas; después el
y rojos, y la mujer que acababa de surgir,
silencio volvió á reinar en torno.
transfigurada, un poco inquieta de esta metamorfosis, sentía correr por sus venas una
JUANA THILDA.
sangre joven y ardiente que aceleraba las palTraducción
de
&lt;El
Mundo
Ilustrado.&gt;
pitaciones de su corazón y exaltaba sus sentidos despiertos.
Fueron juntos al campo, allá donde ella dejaba volar antes su imaginación, y del cual
ahora pisaba alegremente lafrescayerba, apoyada en el brazo de su amante.

***

~

�Domingo 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 12 de Octubre de 1902.

CHAPALA

mosas aYenidas, y por todas partes se observa
el desarrollo y mejoramiento de la pintoresca
población, reina del lago.
En estas páginas verán nuestros lectores algunas fotografías de aquella im11ortante región
de Jalisco, !!amada á figurar, no s6lo entre
las más hermosas, sino también entre las más
ricas del país.

•r
••

Pocos, relativamente, son los que conocen el
lago de «Chapala», los que han pasado á la
orilla de la «laguna,&gt;- como la llaman con cariño los pueblecillos ribereños- días de F-ana
y agradable expansi6n, y los que pueden
formarse, en nuestro país, idea cabal de la
importancia que como estaci6n balnearia y
como fuente de riqueza tiene aquel hermoso
rincón de la República.
Nada tan digno de ser conocido y Rdmirado. En Chapala encuentra el hombre de la·
bo1· consumido por la fatiga, el descanso; el
artista, motivos para dar vuelo á su inspirnción; la inmigración, filones casi inexplotados; el viajero, panoramas bellí,,imof', atractivos que pocos lugares puenen ofrecer. Los
lagos-de Italia, rumorosos y azules-dicen los
que guardan memoria de ellos--no 8uperan en
hermosura ií nuestro lngo. Rodeado de espléndida vegetaci6n, tiene como el mar i;,us ttmpestades; pero tiene también í'US tardes serena~,
sus noches apacibles, sus días de calma ......
A Chapala acuden año ror año distinfu·dal;

LA ESTROFA.
Como de oro puríi:;imo-en la fragua
del corazón, -magnifica y luciente,
sobre el yunque de todos los dolores,
inquebrantable, la forjó la mente.
Y al vibrar en la die,;tra del poeta
fulgurante de luz corno una estrella
no sabe, el mismo que forjarla supo'
qué corazones herirá con ella!
'

..

DULCE ]l[ARIA

BORRERO.

Septiembre, 1902.

- .
~

,,__

(:AríA

.

.·

R~

--j~-:-

·,

Orillas del lago.-Torres de la parroquia.

Se amontonan en mi nwsa
l\Iuchas cartas ...... ¡Sólo hiel
Y pesarei::, menos esa
Dulce gotita de miel!

nearia en toda forma, que sin duda será la
primera en la República.

***

Esa no! P&lt;i.rece frágil
Festón aéreo de yedra
Enlazando bueno y ágil
Una bastilla de piedra.

Como fuente de riqueza, el lago tiene un valor ineRtimable: basta imaginarse lit. enorme
extenRión que se puede regar con sus agua~.
para medir su importancia. Una empresa particular está empeñada en este"asunto y parece
que logrará llevarlo ft término, abriendo así
ancho cauce ií la agricultura~y al comercio.

Tan pequeñita y tan leve
Como es mi sueño en la gloria,
Parece un copo de nieve
Diademando hirviente escoria.

***

Es como en la inmunda charca
Del más tétrico barranco,
Un cisne que el cuello enarca
Coqueto, lustral y blanco ........ .

A estas notas hay que agregar lo que se re-

lRciona con el crecimiento de la población de
Chapala en los últimos años.
No hace mucho, aquel pintoresco pueblecillo era un conjunto de casas antiestéticas y
mal acondicionada,;, y de chozas hechas para
desaparecer al siguiente día.
Ahora es diferente: hay ya construídos lujosos «chalets»-como el del c6nsul de Inglaterra-dignos de figurar en nuestras mfü, hrr-

.,.!.~

•

e,a

-

Un chalet.

Pienso que se tiñe en grana
Si con otras se restrega,
Como una virgen cristiana
Frente á una bacante griega.
Fué tan limpia su alba cuna!
Nació en un hogar tan bello!
Si me parece de alguna
Nebulosa fiel destello!

"Mar abierto."-Efecto de luna.

familias de Guadalajara; multitud de extranjeros van, huyendo de los rigores del Yerano, á pasar la «temporada»; y los paseos á
este ó el otro pueblecillo de los que se asientan en la playa y viven de la pesca ó de la
agricultura, se suceden en medio de la animación más franca. Hay allí, un buen hotel
-el «Arzapalo,,.-tan bien F&lt;er\'Ído como los
mejores de la capital y muy módico en sus
precios, un bonito templo, y un jardín.
Actualmente, el viaje se hace, 6 por Orotlán,
á bordo de un peqnefio vapor, ó por Atequiza, en diligencia; pero pronto vn. á establecerce un buen servicio que substituya al primrro, y es casi probable que se tienda una vía férrea entre un punto de la línea del Central y
Jamay, población de la ribera, notable por lo
fértil de sus alrededores.
Un sindicato americano tiene en proyecto
ésta y otras grandes mejoras, entre las cuales
se cita el establecimiento de una estaci6n bal-

~

=-+;;~.: ~~!..::!~=~;.:

Naci6 en la celeste alcoba
De una ideal virgencita.,
Sobre el buró de caoba,
Y en la soledad fué escrita.
La vió empuñando una pluma
Con larga mano patricia,
Saber mojarla en la suma
Esencia de la delicia.
La vió emocionada y pálida
Confiarle su puro anhelo;
Pudo de aquella crisálida
Sorprender el primer vuelo.
1

.,
¡

•

Y observar prístinas ansias
De amor y castos rubores........ .
¡Por eso tiene fragancias
De primaverales flores!
Oh mi única y santa esquela
De jazmín hecha con miel. ..... !
Te miro ...... y no corre, vuela
~li pluma sobre el papel.
JUAN

1:-1 Hotel "Arzapalo,"

B.

VILLASEÑOR.

Plegando la vela.

Una pasión satisfecha, disminuye· un vicio
satisfecho, aumenta.
'
-Mucho.: hombres, al casarse dejan de ser
hombres, y pasai;t á ser, simplem~nte, casados.
-La mujer de talento se rinde á un solo
hombre; la tonta á muchos,

- El amor hace más pródigos que avaros.

MAn.

DE SCUDERI.

No hay nada más incómodo que el estado
de viudez.

MAn.

GmA:RDIN.

�Domingo 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

l!JL MUNDO ILUSTRADO
la apariencia de un asno que cabecea. Las
cintas de las balaustradas convidan .á hincar
los codos y á poner medio cuerpo sobre el
abismo. La vista alcanza una amplitud maravillosa; se ve el mundo exterior de la torre.
Allá están sus hermanas, sus compañeras,
dominando también el mar.to de la ciudad y
luciendo sus cascos cruzados; allá las cúpulas
magníficas 6 humildes: Santa Teresa es una
tiara; Santa Inés está avergonzada ele tener de
vecina á tau soberbia cúpula· el Sagrario e1&gt;conde el exterior de su b6veda tras las filigranas monumentales de la Basílica, mientras que
ésta luce su gran cúpula central, espléndida
mente labrada, con detalles que la simple vista no puede descubrir á la distancia que nos
es permitido apreciarla.
Allá á lo lejos, tras de la Profesa, arra11c..i.
fina y erguida la torrecilla de San Felipe de
Jesús; es como un dardo que va á partir, no
tiene majestad, no alberga armonía!; de bronce, no es solemne ......
Y la imaginaci6n cree 4ue en este mundo
de los egpacioR, las torres y las cúpulas &lt;lel,en
de hablarFe e:-itre sí y pensar mucho, mucho,
sobre lo qne dominan.
Pasa la riqueza con toda la es¡.,lendidez de
sus trenes, y la torre debe de decirse: «l\Ie bastaría derrumbar una de las filigranas que rne
son inútiles, para que eso &lt;lesapare1,iera.»
Paf'a la mendicidad al pie del enorme muro,
y la torre dt:be de decirse: «Mis bloques narían
mil palacios para.que e1,o se acabara.»
El f-:abio que investiga en los monumentos
el paso de la civilización; el estulto que arroja una mirada ele asombro y se contenta con
medir la línea que cae de la cruz al asfalto.con
violenta carrera tle ojos; el que buf:ca en un
detalle arquitect6nico la idea dominante de la
época ...... todo el oleaje de sabiduría y de ignorancia que llega al pie de la torre y alza un
enl"aje de mirada!', como la ola un cresp6n de
rspuma, debe de conmover los bloques que engalan6 el cincel!

***

Cuando se desciende de la torre, cuando la
escalera torcida, resbaladiza y obscura nos
produce la impresión de ir creando en nues:
tro viaje una espiral de sombras, volvemos a
la. capa.- de los rumores, nos hundimos en la
ciudad bulliciosa ......
Instintivamente volvemos los ojos á aquel
mundo que hemos abandonado, y la torre, erguida, potentosa, ha de medir entonces_ nuestra
pequeñez, en pago de que ya medirnos su
grandeza.

TORRES Y CÚPULAS.
Erguidas, mirando por sobre la plenitud
del caserío, las torres y las cúpulas son majestades á cuyos pies rueda el rumor de la ciudad tiembla la onda de las azoteas, se agita
la vida de la multitud.
Tiene mucho de imponente un viaje por
las torres; se antoja el milagro de vagar por
el cerebro !le un alto pensador.
Las e;;;caleras son obscuras, torcidas y resbaladizas; así &lt;lebP. de ser el germen de las concepciones superiores. Abruma levantar la vista siguiendo la magnitud de los murales; así
debe de suceder al anhelo ante la enormidad
del problema.
Conforme se asciende á la torre, se va entrando á un mundo de silencio, se cree en una
audacia que h&amp;. violado la majestad de un sueño de titán.
Pero se asciende, se asciende con delicia....
De pronto la luz y el espacio hacen irrupci6n
en las pupilas. Se ve c6mo se mueve la vida
inferior sin producir ruido, cómo se tiende el
caserío semejando un mar apenas riwdo, y
c6mo los campos lPjanos se recuestan en soledad plácida sobre las faldas de los montes
azules.
Los pilares de la torre parecen filigranas
ruando las vemos desde el asfalto, y sus moles, que costaron las entrañas á algún monte,
están formadas por bloques que pmüeron en
tensi6n á multitud de músculos.
Se acaricia el pilar de la torre por el or_gullo de sentir su dureza; se sigue con la mirnda la curva de los arcos por la fruici6n de
presenciar la armonía ele las fuerzas; se pNmi te á la im presi6n ele a biRmo que entre al
cerebro, para engrandecer el peligro qne coni-;trny6 la obra humana.
Y en aquel ambiente de majestad, de Rilencio y de poder, la imaginación vuela antojándosele encontrar en todas las cosas que

existen en las torres y en las cúpulas, la vida
de un mundo nuevo.
Las estatuas del reloj, parece que contemplan la ciudad buscando en sus agitaciones
un aliento para la piedra &lt;le que están hechas.
Asombra que se hayan adelantado hasta el límite del cornisamiento, y que no sientan la
atracción del abismo.
Las campanas son copas que vertieron un
torrente de sonidos y que esperan pacientes á

que otra mano las rebose para volverst á derramar sobre la fiesta de la ciudad. Tienen
sobre su bronce caracteres que dicen algo de
edades muy lejanas, y signos hieráticos que
son el emblema del Señor á quien sirveh. El
badajo, que las azota con golpes formidables,
ha dejado ya huella escamosa: es la obediencia que la materia presta al trabajo.
Las campanas del reloj parecen hongos, y
El martillo que 8e levanta para herirlas tiene

Le pone al hiel'l'o un beso-beso que abrasa... y el fuelle sopla y sopla con crueles risas.
Y al ver el trozo de hierro, intento
Salir del antro, y en plena luna
Correr los valles ¡ay! porque siento
Que es mi pobre alma la que el tormento
Del fuego sufre ¡sin palma alguna!

·-«o&gt;y del lecho de llamas-lecho funestoEl fuerte brazo saca con la tenaza
El bernico fragmento de metal puesto
Ya al rojo-blanco. Y éste, dúctil y enhiesto,
Ve el yunque sin temores y ve la maza.
Y al ver del yunque la baja inquina
Y de la maza la alta a.menaza,
Sacude mi alma por la neblina
De la esperanza su ala divina ....
Y á un astro blanco que huye se abraza.
--&lt;O&gt;-

y caer deja al hierro blando y ardiente
El herrero la maza, con los dos brazos.
Y el hierro adquiere forma, y está imponente
Desgarrando la noche con el torrente
Siniestro y doloroso de sus chispazos.
Y al verlo chispas lanzando, me hundo
En mis tristezas-fecundas simasCon un consuelo-fanal fecundo¡Ya mi pobre alma riega en el mundo
Sus rojas chispas, mis ruoas rimas!
ROBERTO ARGO'ELLE~ BRTNGAS.

Al Rojo-Blanco.
Sopla el fuelle. Parece monstruo jadeante.
Su anhélito levanta llamas rojizas
Y en el carbón, de un negro desesperante,
Toda brasa retuerce su pena humeante
En las desolaciones de las cenizas.
Y ante la fragua padezco. Pienso
Que así ha paseado sobre mi vida
Sus resoplidos dolor inmenso ....
Y ante la fragua, sufro, suspenso,
De mi infortunio la sacudida.
--&lt;O&gt;-

Un mocetón moreno, de fuerte brazo,
En un vago suspiro de luna pasa.
Y dobla en la tiniebla su negro trazo.
Y un pedazo de hierro-negro pedazoToma con su tenaza-negra tenaza.J

'

y al ver el trozo de hierro, adquiero
La certidumbre mortal y loca
De que es mi alma la que el herrero
Lleva á las ascuas!. .. Y gimo... Y quiero
Que mis gemidos trague mi boca ....
-&lt;O&gt;-

y Al herrero sepulta la dura masa
En las desolaci0nes de las cenizas.
Y toda pena humeante de toda brasa

DomingJ 12 de Octubre de 1:)02

LA MUJER.
Hay detractores del «sexo débil» que no
hallan en la mujer sino lo que pueden rebajar y no juzgan lai:: diferencias que estableció
la ~isma naturaleza !;ino para prevalecerse
de sus propias ventajas, menospreciando lo
que entienden en las mujeres.
Engañados quiz~s por la «ineensata que,
según la expresión oriental, derriba la casa
con sus propias manos», se olvidan de la mujer sabia que la edifica y la enriquece; agraviados por los dejos amargos del engaño, llegan á negar ]:,. virtud de la mujer.
A estos infelices con viene recordar la diferencia que viene expresada en esta sentencia,
atribuída á Napole6n: «la mujer hermosa agrada á los ojos; la mujer buena agrada al coraz6n. La primera es un dije; la segunda es un
tesoro.»
La mujer siente, piensa, habla, obra, quiere de otro modo que P.l hombre. ¡Afortunadamente para nosotros! Si congeniase por completa identidad, ¿de d6nde por ejemplo, aprenderíamos la paciencia y la resignación? Pues
nosotros luchamos buscando la felicidad y la
mujer la «espera", haciéndose así la verdadera consoladora del hombre.
J. PARISOT.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 12 de O_c.~~re de ~9_0~.

EL MUNDO ILUSTRADO

1a tragedia da Tacubaya
Honda sensación ha causado en el público
la tragedia ocurrida hace poco en Tacubaya
y de la cual fué víctima la señorita Victoria
Peñasco.
La prensa de información ha publicado acerca del suceso, detalles muy amplios, pormenorizando las circunstancias que hacen de ese

Plaza de armas de Cuautla.

en honor de )Wore/os.
Flesfas en Cuauf/a.
El vecindario de Cuautla celebra, año por año, el aniversario del
nacimiento del ilustre caudillo de la Independencia D. José María Morelos, con una serie de festejos á que concurren numerosas personas
de la localidad y de otros puntos.
En esta ocasión, las fiestas tuvieron un lucimiento extraordinario.
El primer día, por la mañana, las bandas militares y las de los pueblos cercanos que expresamente fueron llevadas á la histórica ciudad,
recorrieron las principales calles, se echaron á vuelo las campanas y
hubo otras demostraciones de regocijo. Por la noche se dió una velada
en el Teatro Carlos Pacheco, que se decoró con flores y han&lt;leias distribuídas artísticamente. En la parte del escenario se puso una hermof'a alegoría, en cuyo centro se destacaba la figura de aquel hombre
gigante que hizo inmortal el nombre de Cuautla. Un grupo de niñas
representaba la Libertad, la América y la Patria, y uno de niños,á Hidalgo, Morelos, y Allende.

El 30 se verificó en el mismo Teatro la ceremonia oficial, formúndose en seguida una procesión cívica en que tomaron parte los niños
de las escuelas. Los carros alegóricos fueron tres: el de la Agricultura,
el de la Indu~tria y el de la Junta Patriótica, y llamaron la atención
por el buen gusto con que estaban adornados. Al pie del sencillo mom1mento del héroe ~e depositaron numerosas coronar;:, entre las cuales
había una que ofreció el Sr. D. Ignacio de la Torre á nombre del Sr.
Presidente de la República.
Además de los actos á que nos referimos, hubo un banquete y un
baile que resultó muy lucido.
Estatua

de

Morelos,

La Srita. Victoria Peñasco.

crimen uno de los más ruidosos en los anales
de la delincuencia. Nosotros nos limitamos á
dar á conocer los retratos de la víctima y de
su heridor Juan N". Martínez, y una fotog~afía
de la sala en que se desarrolló la terrible tragedia.

Domingo 12 de Octubre de 1902.

- -Lo que se ha convenido eu llamar «honor», no existe: no es más que la sombra que
proyecta uno mismo cuando le alumbra la luz
de su propia estimación.-E. SuDER)BtAN.

LA REINA.
En galano jardín, embellecido por multitud
· de flores matizadas de colores vivísimos, resplandecientes de gracia y de vida y que al
exhalar sus indefinibles perfumes, embalsamando el ambiente
que ]ns envolvía, hacían de aquel recinto
un lugar de inefables
dPlicias y doradas ilui,iones ..... había una,
entre todas aquellas
flores,empinada sobre
una Pmedadera de tupido junco, que al suave impulso del céfiro movíase eon im('eriosa majestad ostentando una brillanten 111 eola que circundaba su loz·ma far,
formada por el reflejo de los rayos de luz
al herir las gotas &lt;le
rocío que la sal picaban graciof'ament!' ...
Era la reina del jardín.
Una alegre mañana, cuando todas sus
compvñeras entonaban un cántico ele alabanzas á la aurora
del nuevo día, impresionadas contemplaron que la diosa
de ayer, la reina de
brillan te aureola, cerró sus pétaloi::, dobló
su tallo y fué á per&lt;lerse sobre la verde
alfombra de blando
césped, al notar que
Fot Barreiro. Pue.
en su mansión, en
obscuro rincón, existía una flor más hermosa que ella.
¡Cuántas víctimas hay, así como esta pobre
flor, en este mundo de engañosas apariencias,

Juan N. Martínez.

Fot. Barreiro.

de e~a pasión cruel que al fondo del abü:mo
hundió á Caín!
P. J. I zAr.rrnRE SoTELro.

BELKIS.
Detén, Belkis, tu tropa de elefantes
Ante el caliente nido ele mi tienda,
Y entra, maga gentil de mi leyenda,
Con tu traje de telas &lt;leslum l&gt;ran tes.
Muéstrame tus ungüentos, tus diamante~,
Los &lt;'Ofres y las copas de tu ofrenda,
Y deja reposando ante mi tienda
La tropa de tus blancos elefantes.
Y cuando ya en mis labios tremulantes
N'o encuetres el fermento que te encienda,
Envuélvete en tus sedas coruscantes,
Y con tu blanca tropa de elefantes,
Huye, Belkis, del nido de mi tienda.

€fré11 ]febo/ledo.

.EL FILTB.O.
No me dejes morir: calma el infierno
que encender en mi pecho conseguiste,
ó cual fiero Nerón, al fuego asif'te
que tiende á devorar mi ser interno.
Si el filtro tienes del olvido eterno,
dalo ¾l. n1i corazón, que ardiendo existe·
,
mas ponmelo
en el vaso en que hehiste'
ios licores el&lt;' Etruria y de Falerno.
Ya ef'pero con nf.ín, con anf'ia lora,
que tu cr[\tera accn¡ucs ú mi hora
y que el filtro en rni pecho se desborde.
Y máR ~recen mi anhelo y mi irnpacienci11,
porque quiero a~pirnr la rica esencia
que han dejado tus labios en el borde ...
RA:\ION~A. URBANO.

-1Jna mujer virtuosa tiene en el corazón
una fibra menos ó una fibra más que las otras
mujeres: es estúpida ó sublime.-H. BALZAc.

Sala en que fué herida la señorita
Peñaeco,

Asiento que ocupaba al recibir
La primera puñalada,

�Domingo 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

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MUNDO ILUSTRADO

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AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 16.

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MÉXICO, OCTUBRE 19 DE 1902.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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