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                  <text>•••♦•♦•♦•♦•♦•♦•♦•♦•♦•♦•··························· ........................................................•~•

i• - NUESTRO~== ESTÓMAGO~ -¡•

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Doradas para lo• ca•o• oon Dlarr••• Y Plate•d••
para lo• ca•o• que eati,n oaracterlzado•
por oonstlpac/6n 6 extrelllmlento.

:
;

.

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•.•
♦

cuela Nacional de Medicina de México y de la Facultad de Parí., bon
tales, que su efecto se siente Inmediatamente en el entermo que
las toma.

Y N .UESTAA SAL UD

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♦

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••
•i•
••
••
!

LAS PÍLDORAS DEL DOCTOR HUCHARD, DE PARÍS.
La salud del cuerpo, en general, está ligada dlrectBmente con el
estómago, ó mejor dicho con el aparato digestivo, donde se prepara
el gran trabajo de )a nutrlcJón que ha de fortalecer, desarrollar y
so11tener hasta los órganos más pequefiotJ del cuerpo humano.
Este trabajo es universal. Lo mismo que el hombre los animales
y las plantas se nutren para vivir, y los que no Jo hacen por falta 1e
medio ó trastornos Independientes de su voluntad ú originados por
ellos mismos, enferman, deperecen y mueren al fin lnrremlslblemeete.
El estómago debe cuidarse siempre, en cua!qulera época, evitando todo exceso que pueda dallarle cuando está sano atendiéndolo oportunamente cuando está enfermo.

i Cuidar el estómago es el secreto de la buena salnd.

!

•~

i

No dejamos, pues, de recordará las victimas de su estómago,
recurran á las

~íldoras . del Dr. Huchard;.

♦·

•

!

DE p ARÍS,

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Antisépticas y Si:flltticas.

♦

Las propiedades de estas pfldoras estudiadas y experlmentadai,
por multltu de médicos entre ellos d1stlnguldos profesores de la Ei.•

•

;
•

•

l·

EL l"\UNÜO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 19.

MÉXICO, NOVIEMBRE 9 DE 1902.

Oerente: LUI&amp; Rtl'~ &amp;PINDOLA.

Director: LIC, RAf'ArL Rtl'( &amp; &amp;PINDOU.

!

♦

•

♦

---------Las Píldoras del Doctor Huchard se apllcarán siempre con éxito
en todas las atecclones tntestlnales, y sobre todo en

;
;
;
•

!

Gastralgía, Dispepsia, Entero-colitis, Catarro húmedo y
seco del intestino, Dilatación estomacal,
Parecia del estómago, Infecciones intestinales,
Falta de apetito, Agrios, Malas digestionee, Ulceia del
estómago, Disenteria, etc., etc.

;
~

!•
:
•

♦

Son recomendadas por los Profesores de la Escuela Nacional de
Medicina y Doctores Gutlerrez, Ban,:c..., . Gavlfio, Ramlrez, de Arellano Garay, Parra, Ocampo y otns muchos que han recetado en hos•
pltales y á sus enfermos partlcularfB, Eegón lo acreditan los certificactos de tan respetables facult atl vos y los enfermos curados con ellas

:
;
;
•

•
!

PIDANSE EN LAS PRINCIPALES DROGUERIAS Y BOTICAS
Donde ••tán de venta con la• lnatruaolon•• nec•••rl•• para •u uso-

♦

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P ETROL

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DEL DR. TORREL DE PARÍS.

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Unica preparación que evita la caida prematura del pelo, lo aumenta, suaviza y hermosea, á la vez que le comunica un aroma agradable.
Su acción antiparasitaria y antiséptica, unida á un no·
ta.ble po:ier excitante del folículo piloso, hace nacer el
pelo en las afecciones decalvantes del cuero cabelludo y
evita la caspa.
Una cabellera abundante y bien cuidada, es, sin duda
alguna~ el ornato mejor de la mujer; el PETROL proporciona el medio más eficaz para eonservar este bellísimo
atributo.
El uso del

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PITROL DllL Dr. TORRB:L, DR PARIS,

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evita la calvicie prematura que t anto afea y comunica al
hombre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado

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DC VENTA E# LAB DROQUERIAS Y IARI/IIAOIAS.

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Subscripció n mensual fo rAnea, $1.50
ldem lde m. en la.capital, .. 1.2:,

NOTAS P:&gt;PUL~RES.--EN EL P4NTEÓN.

�Domingo 9 de Xoviembre de 1902.

UN DRAllA ESCOLAR.
La vida &lt;le la r!-cuela deja en la memoria
una inmensa acumulaciún de recuerdos gratos
:; risueños. Cuando eYoramos lo~ !'1t&lt;·1•so'- de
ese gratísimo é inoh·itlahle período d1• la vida,
acuden en tropel al e,;pfritu lo~ epi,-;oelio,; tiernos, las escenas cómica,:, las clelicio,-.as no!-t11lgias, las festinu, recreacione", lo'- miedos pueriles y las fútiles er-pPr:\11Z&lt;'l!-, las fatiga'- y los
goces q ue con!ititu,·en ern época, la mejor de
la vida. Perot11lJ?ut1a n·z una nube negra. empafia ese ciclo de zafiro, v un c.uce,-;o elramútico
interrumpe la monotonfn. deliciof'a ele &lt;'"ª Yicla
ficticia y encantadora y deja &lt;·omo n•rurrdo el
calmifrío del horror y &lt;'Omo huella en el ('orazón el espanto t rágit:o.
lína tarde nos e11&lt;·011tráhamo!'I en el anfitl·atro d e la E!'cuela de ~frdicin:i re('ihiendo d1tedra de nwdieina opC'mtoria. Q,-.curel'Ía . .-\grupa&lt;los alrededor «lt• la plancha, trntúhamos &lt;le
seguir las húhi)e,-; manipulaciones de nue~tro
rn ae"tro, que, ca"'i á m1curas, practil'aba una
&lt;lelicada opern&lt;'ión en el cadíl\·er.
Cerca de la plancha, un alumno llumn&lt;lo
~lontenegro «daha lt,s in,-;trumPntoi,1 11 c·01110 "'-'
d ice en el nrgot quirúrgico. y tenía empuñ:ulas
con am has manos las ramas de una fonnida ble
tijera lla mada «C'i,:alla de LiHton" y destinad1~ á
cortar huesos. Detrú;; de él un gru¡,o de compañeros que no alcanzaban á Yer, se t&gt;ntretenían en "encantarlo» tirún&lt;lole &lt;le los cabellos
ó cte las orejas. l\Iontenegro, que era el mejor
y más sufrido de los hombre!', no lo tomaba á
m al y se conformaba con distribuirá sus agresores tal cual codazo ó talonazo.
Sea que quisiera asustar á quienes lo importunaban ó sorprender Íl los autores &lt;le la jugarreta, volvióse de pron to con la inmen~a tijera. entreabierta, é in¡;tintivamente, sin dar:-e
de ello cuenta, la cerró bruscamente. En el
amontonamiento de los alumnos el terrible
instrumento hi zo prel:'a. Oyéronse á la yez un
ch asquido como el de un látigo y un grito ang ustioso: «¡Me muero!n, y un al umno, Alrnrez,
cayó desplomado l'n tierra.
La tijera Je bahía rebanado ha,-ta el hue~o
la raíz del muslo r cortack la enorme arteria
crurnl. La sangre hrotó á graude alturn, como
de un surtidor, bañúndono~ á todos. ) [ontt&gt;negro, /\terrado, espanto~o, los cabellos erizados,
los ojos !'alidoi- de las órbitas, i;e hallaba como
petri fica&lt;lo. El p[u1ico !-e apoderó de algunos alumnofl, que se precipitaron en tropel
y dando de gritos por las escalnas. Los alumnos I gnaeio Torres y Alberto Corren, con un
gol pe &lt;le vista y una intuición maraYillosas, se
arrojaron sobre el herido, y metiendo literalmente los puños en aquella bocaza horrible,
lograron comprimir la arteria y conjurar l'l
peligro inmediato de muerte; pero lii situaciún
no podía ;.er 111{1s crítica.
En la e:emiob,;curi&lt;lad que reinaba en el anfiteatro, todo era yago, indistinto y trá¡.dco.
E n la plancha, el cadávtr rígido é impasible;
en el salón, gentes que corrían en todos sentidos, gritaban, lloraban y atraían con HlR rnces á todo el per,-onal de la Escuela; entre h~
plancha y la gradería, un amontonamiento
con el que todo el mundo tropezaba. Ah·arez
moribundo; Torres y Correa, de roclilla~, 1:-\Udorosos de angustia y de fatiga, tapando con
sus manos la mteria, comprimiendo y oh!'truyendo á tientas aquella «vfa de agua," por
donde en un instante podría e!,&lt;caparse la Ylda; y Montenegro, en pleno delirio, gritando,
clamando, arrojándo:-e sobre el cuerpo de su
víctima, hafiándose en su sangre, batiúmlola
con sus lágrimas y pidi&lt;':nclole perdón.
Aquello duró un instante; pero nos pareció
un siglo. La voz y In autoriclad del maestro,
Eduardo Licéaga, restablecieron el orden. Hizo salir á todo el mundo; llamó á los Doctores Montes de Oca y D. Francisco Ortega, que
se encontraban en la Escuela, y se deli heró rápidamente ~obre la ~ituación.
No poclín i:er más grave. La herida, á lo
que podía j•1zgars1&gt;, debía ele ser enorme y profunda, é indudablemente la arteria estaba cortada. E ra imposi ble trasladar al herido; era

EL ::iIU1"DO ILUSTRADO

EL MUXDO ILUSTRA

1)(•ligrosbi1110 levantarlo dl'l suelo y ,-ul,irlo :1
una 111r-,-a «lP o¡wracione-;, y no lo ern 111C'no,;
inl&lt;•ntar !'iqniPrn de,-11\l!larln, I'º"ª mdispen!,&lt;ahlt· pnra po«ler opl•r1ll'. La. d&lt;la dt&gt; aquel
lwmbn· e:;taba t'll la, 111anos que conq1ri111ían
la arteria, y aqll(&gt;lla..; 111a11os no tenían yu
ÍU(•rza para t·o111pri111ir.
,\de111Íts, todo «ra ho4il. En medio dt• \111
arsenal colllplet11, ¡wro i11tieio11ado. un hnl,ía
una ¡,inza , i 1111 e:-&lt;·al¡wlo ni 111ia llt!Hja utilizablt•s. Xo p,1día u~ar,-.e ni d« 1 :1~ua dPI anfit&lt;•atro 1•a1--1 larnr, ni de lo:s liPnzos para enjugar, ni de los hilos para ligar ú suturnr, y
hasta t&gt;l atnhittttl' mi:-1110 t"tabn e11po11zoiuHln
y era tllortífern pnr:i un lu·rido .,· para u11 o¡u•mdu .•\qlwllo Pm d polo opm•,to, In rotunda
1wgaeií,11 &lt;le la :111ti,ep~ia, de la asPp,-ia. 1lt·l
,-;implt• asco; c·ra ia de,-.nudez t'tl t1H•dio d11 h
almndanei:1, PI nn11fr:1;. do PII plt•no ¡ ►11Prto, ." l'I
cadú\·Pr, tl'ncli1lo ('n la plandin. parPCÍa e,-;¡,erar tran&lt;¡uilo qllt' aq11Pl i1w,-;pl'rado 1·on1p:uiero &lt;le ,iaje &lt;•stu,·iera listo 11ara la gran partida.
Yo nos(• si eirnja110 alguno se ha 1•ncontrado ante un prolik-111:t u1{1s forn1idahlt•. l'ero
aquellos mae,tro;; 1·rn11 &lt;'irnja11os ,fo pin; :1 &lt;'alwza; todo lo pn·Yienm, ú tocio pr0Ye.1·1•ro·1;
y n1edi:1 hora ,lp,-;p111\~. In artnia li~ada. la h,·
rida s11t11rada y \'l'ltdada; .\ln1n·z, &lt;•n 111:iw...;
lll' :;us an1igos, podía ah:11Hlo11:1r aquel lu;..(ar
mahlito.
P,1ra los «lo~ pr(1tai-:011i,-.ta,. Pi dratna tu\·n
un de,-.enlace fu1H•:;to .•\h·an•1. 11ndcri(, m{1s
rlc• ,los ntios; aC'al,í, por 1wrdcr la pierna y n111rió i poco. _\[011t1•tH•gro, proc1•sado, fu(• al,suelto; ¡ll'ro nadie pudo curarle la. profunda
melancolía ni 1•1 cruel re1110nlimi&lt;'11to que lo
minaron y lo llevaron ú poco (1 la t11mha.
Y he aquí cúuw un juego cll" niño:-, 1111n
maldad inoeenll'. ¡n11·de ('ostar la fclicidacl y
la Yida ú dos hombre,; ext'elcntcs ,. llama«los
quizá tl gra11&lt;les destinos.
•

0

Las Zapatillas Turcas.
L\ en BaJ?dael un comerl'iante ll:1iado Ahu Kan•n; ;• aunqlll' Pra muy
co' amlaha ,-.iuuprP
n1U\'
..
. .. , 111al
. n•sti&lt;ln.. ~
porque l'n\ mu~· an1r1c1&lt;N&gt;. !:'u tunH:a p:ll'PCHI
la de un memlig,&gt;, v 1•n euanto al turh:111te
que lle,·ah:1, naclie hi.1biern sido &lt;'npaz dP «ll'tir
cuúl bahía sido su primiti\·o rnlor. Pero lo 111:Ís
notable de todo nan las znpatilla;;, ('Omp111•,;tas de andrajos y trapos sujeto:&lt; {1 la ~uelas
con grande,- &lt;·la,·n:-.
Diez años habían p:1satlo ,les«ll' la ¡,ri111c•ra
vez que ,\bu Karenentn•góaqul'llaszapatillas
{1 un zapatero del pueblo para c¡ue las &lt;·011qn1~iera y clesde entonce:- habían i(lo rP&lt;·orrit"ndo t~clos lo,-; n•me111lo:~t&gt;S uno por uno, hn,-ta
que, m(1s qui' 1.apatillas, pareC'Ían un montón
cl1, andrajos. Tanta fallla aclq11irieron quP cuando una per,-;ona quería despreciar al~o, solía
decir: Es tan feo como hs zapatilla:- de Al,u
Knn•n.
Este, que era muy li,to, ,;e dc·:-\'iYÍa ¡,or
hacer gangas. y una maíiana i-aliú rnuy temprano {1 la plaza y co111prf, por poco din&lt;'l'IJ
gran número dt• perlas dp di \·er,-.os colore:-. l'oco~ días después :;upo que un p&lt;'ríumi,-.ta que
se encontraba nee1·,-it:ulo 1lc::;calia Yen«lcr un
frm,&lt;·o de eseneia de ro,-:a,-, \. cn•,·emlo hacer
un buen neµ;ot'iO, y apron.-d1an,in la IWl't':-idad &lt;lel ¡,obre hou1hre, eomprú 1•1 frnst:o ¡ ,or
l:i mita&lt;l ele lo que \'alía.
Es co,turnhre all:1 en la. .\rabia qm• cuando
un c·omcrciante ha&lt;'C un bul'n 1w;¡;n,:io. t'onride á su,; arnigos ú un ha111¡11etP; pC'ro .\hu Karen, aunque &lt;·staha muy ::-ati:-Íl'eho ele la g:111ga que acababa &lt;le hacer, no sotiÓ siquiera en
malgastar el dinero con los amigo!'.

'.

-:\ll'jor &lt;'" empJ«,nrlo ¡•11 un kti\O. :-1' dijo,
«¡ue buena falta l,ll' h:H·&lt;·.
Y dPciclió ir al estahleeimil'llto y penuitirse
aqrn•l lujo.
.\1 ~.1lir 1le sil ~1s:1 se «·nt'ontrú con un :rn1iw1, Pl cual. al \'Pr 1·úmo iba l'njPnnclo por el
daíio 7uc le h1wía11 las za, atilla,-: ~e atrLrií, {1
ckeir!P que del,t'rÍa conq,rnr:-t' otra::-.
-Hace tieui¡,o que lo rengo ppu,:m«lo, c•ontl':-:tó .\hu Kun·n; pero al lin 1uc !H· cou\·e1H·ido de qm• (._tas ,-e hallan lnw11as todnda y
pueden clnrar mucho.
Cuando el e,m1ercianl 1' a&lt;'al,í, dP tomar el
l,atio, :-:P pu"'o lo,: mi,1rn1,-; anelrajos dt l(Ul' se
hahía dC':-pojaclo ,\' "" c11\·ol\'i,, la l'al11•za 1•n c•l
11ii-1110 a,quPrn:-o t11rba11tP; pC'ro al ir ú e.tlzarsc· lns zapatilla--, en el :-itio donde• las hahía
el«·j:ulo e1i&lt;·o11trú otra,-; 11111y 1111cn·1•ita,- y eleµ-an!l'1111•11tt' bonl:idas. ('n•.n•tHlo &lt;JllP :-«•ría un
rPualo dd allligo c-on quien ¡,,-.(nn, h:d,la111lo
al ,-.¡¡Jir dP casa, mt'liú los ¡,i«•,-; en Pilas ,-i11 pedir penni,-o ú 11aelie y n•gn:-í, ú ::-u tfü,a n,uy
,ati,-.fP('ho dP \'Pr.,e 1:alrndo ('011 t:111 l,n11itas zapat1ll:is sin haher µa,-tndo nada.
:\la,; por dt·:-~rnda para .\bn Kar1•11 r&lt;•sultó •
cpw la;; z:q,atillas eran ,lel e:ulí, qnien iiahía
1·:&lt;tn&lt;lo l'Oll su µ-enlt• en PI c:&lt;tnblt·«·i111iento «le
h:1i10:- al llli,-1110 tiPmpo &lt;¡ti&lt;' d co111rrt'iante.
La snrprP:-:1 de lns l'"&lt;'lnn,:- tuÍ' 11111_1" gr:1111le
l'll:tt11lo, ni hu,car In,-; zapatilla, dP ,-u 111110, 110
c11co11trarÍJ11 111:'1s que la:; d!' ,\l,u Kan•n.
El t·adí :-1• inrnmodú muchí:-iu10 ,. diíi únle111•,; para que inmediatanH·nte le d1•lt1\'iPra11.
!'oto 111t&gt;1w,; que ú t.mpello11c,- lll'Ylll'on al
co111ereiante :'1 pre;;encia del Cfülí, y :nmqmi
procurú defenderse, nadie le e,cudiaha. Fué
Pncerr:ulo en la eúrcel y no pudo :-alir de t&gt;lla
hasta qm· acecdió á pagar una fuerte multa.
Cuando \'ol\'Ío Íl su ea1,,a, cogiú sus ,·i&lt;·jas za¡,atillas, y enfurecido al eonsiderar que habían
::-ido causa cid castigo que ;;e 1~ había impuesto, las arrujú al río Tigri'-, qne ¡,a,aba preci~nrnente por debajo de !-U~ halconc&gt;:'.
.\!¡runo:- (líns rles¡Jll(s, Yario:- pescndorcs que
pe,-;C'ahan Pn el río ,-intieron un gran pc,-;o en
la n·d, ~- cn'_nmrlo que habín 11 c·o~ido una
l,m•11:1 n·d:ul:i, la lc•,·a11taro11 con la 111an,rale;.:rín. ¡&lt;'uúl 110 :-:erÍ:l su «li,gu,-.to cua111l~ en lul!ªr dt• lo:- p1•c&lt;':- que Jll'tlsaron t·ng&lt;r, :-e encontrnron &lt;'Oll lns f:uuo.•a:- zapntilla,! Lns µrnnd!'s &lt;'layo,- ,-e hahí:111 cngnnchado l'n la recl v
l:1 rompieron. Con 110 pot·o tral,ajn eonsigui¿ron d1•.sem·p&lt;larla;., y furio,-.o,; por d daflo que
h•,-; hahían cau:-ado, lns arrojaron con rabiii hacia los hakone;. de la casa de .\ bu Karen, en
1·11.ra hnhitaciún taynon, ro1upicll(lo PI frasco &lt;le\ e':&lt;PIH:ia de ro;.111- y las bonitas perla,; que
hahía &lt;'0111 praclo, y de b,; cuale,; :-t' proponía
::cacar 1n11cho prorecl10.
-¡Oh terribk,-. y dete:-tal,lc·:- zapatilla~! exclan1ú ~n d11&lt;•110 euando 1·1,trÍI e1, la hal&gt;itacií,n ~· YiÍ&gt; 1•1 dc,-.trozo que le lmhí:m oca,-;ionado. Xo rnc \"&lt;&gt;IYen'•i..; :1 mole,-tar 111ús, ns lo
a~t&gt;gun,.
Cogi{, 1111a pala, fuí• al jardín, al11iú un hon1U\' ho:1&lt;10 \' las l'lltt"rrú. l't•rn un Yecino
&lt;.)lit' l'n\ muy rn~migo suyo, YÍÚ lo que hacía v
Sl' Jll'&lt;'sentó en s,•guida al cadí dicipntlo qt1c
.\hu Knren tenía. cntcrraelo en su jardín un
tC':-oro. El gobemndur, que era tan :n-aritioso
como e: mismo comerciante, le 111andó llamar
inmediat:rntcnte y lP dijo e¡ue tenía 'JUe repartir t'l tei;oro con él.
.\hu Karen negú que tn\'ie,-.c te,-.oro al~t1110,
y para proharlo a-.í, manclú de,t•11ti.:rrar la:; zapatilla,. Todas sns protc;;ta,; Íl!Pron inútilc:]11\l':- nadie qni,-;o dar crédito ú !-lis palabras'.
Entonces el gobernador le hizo pagar una fuertt• multa en casti!!o de hala•r:-P nega1lo :l darle una parte del te,-.oro.
Ahu Kart' ll i;alió d1• la cas,i cid implacable
cadí llern111lo las zapatillas en la mano lloranelo de mbia y de pena.
'
-¡Xo quiero wrlas mí1,-.! cxl'lamaha.
Xo sabiendo qué partido tornar C'Ot1 ellas,
para dc,-.lrnccr_,-e de una ,·c·z y para ~ÍP111pre de
aquel ahorrt•&lt;·1hl&lt;' ealz:ulo, las Pchó &lt;'ll 1111 depí.:-ito de agua d el jaulín .•\llí fueron ú parar
ú una tnbl'rÍa en conJtllli('ación con el cltipÓ¡.;Íto, en d cual &lt;JUPdaron ata:--caclas, i111pidien&lt;lo
que pasara la coniPnte.
Los criado-; &lt;lel gobernador, muy apurados

~l \'er. que no tenían agua en ra:--a, :t\·i~aron al
rngcmcro para que a\"l•riguara la cau~a. ,. con
1~0 poca "ºl'I re~a s,• e1a:011tran~11 con las ·zapatillas de Ahu h.:11·e11. ~o r¡nPnt·11do que su¡.iP•
SI! d ~obcrna, lor que por aha11do110 :-uyo ( chi
los cnado:-) se hallaba la tulwría all-(o atascada de antt~, puc,- a,-í era l'n cfo,;:to, ·,e echaron
toda la_ culpa al (;nn~t•rt"ianlt•, dl'clarnndo que
,\bu h.a~·•·11 halJ1a :11_dudal,lc111entc arrojado
las zapatillas al dt•pus1to con el t•xdu,i,·o objeto &lt;le dc:-itrozar la tubería para ,·cngar:-t• del
gobernador. Otra ,·~1. l'ué dt-te1,ido y tu\"o qui'
pagar una multa lllas fuerte que la:-- anteriore~, a«lemús de ol,ligarlt&gt; ú l':trµ;ar ('01110 -.iempre con las tnrihle,-. zapatilla,-..
- ¡Oh grande .\lú! (•xclamú el ro111ertiante
muy dc,-e~pl·rado, ¡.qué haré c011 c,,tn,; (!¡•s,·entu~ada:- zapatillas·? Las he &lt;·otdindo prinH•ru al
cuHlado del agun, y 1·11 m11l,n::; l'a:--o:- el re-.ultadc, ha l:'ido de:-nstl oso. :--ólo u na l'º"ª llll' re;;ta ya q_u c hal'lir, l'~1tn•ga1 la, ni hwgo. l'ero co•
mo estan muy lllOJ!lcl:is y llenas de lia1To, será necc,-o rio ,-cearlas anti::&lt;.
Al ~t't-clo, las llc,·ú Íl la t1·rrnza d11 su taf'a y
las deJo all1 para l)Ue ,e ,eenrn11 al sol.
Como la emll'll:L d" ~u dt•.,grncia 110 había
!ocndo al úlL11110 c,lahím, 1111 ¡,nro que 1·,-tnlia
Jugamlo en la tcrraz:1 dli la en,-.:1 t·o11 t igua saltó á la de .\l.,11 Knrcn y se pu:-o ú c11r\:d,1r con
la,; mal hadarias za pati !la,-, arra:-tró u na ha~ta
el borele dC" la terraza y In dejó t'aer ,-obre la

no

calJl•za ,de una mu~cr que{¡ la ~azún pasal,a
por ali! con una enntura en los hrnzn,,
El m_arido d.. aqlwlla tlluje•r cit{, ú juicio al
&lt;'( 1men·1n11t1·, 1•1 cual por cuarta \'l'Z fué eastig_,ulo y multado cn11 111a.ror dnn·za qt1t' a11ll•nnmient1•, pues ~l'gÍl_n d juez, faltí, muy poco ¡,ara &lt;¡lll' las zapatillas matast•n ú un:t madre ." su hijo.
Dit•lnrh la ~cntPn&lt;·ia, ,\hu Kan·n 1 diri"i1\11.
1t', l"
,...
1I o,-;p a 1 JUez.
'Jº &lt;·011 la eara n1u1· trish•:
-~luy excelente ." ¡,mlero,-;o s,.ñot j1ll'z,
hun~~ldem~·nte, 111'.' srn_rn to {1 la ,:entenc·i11 c¡ue
h_a~icts tl•1111h! a h1eu ,!1dnr. Heconozt·o la ju-:t1e1:1 d,•I cas1_1go ." p:1~an'· la nrnlt,1, Jll'l'll de
rmli~ln,- '.'" pido d«· todo eorazún un fayor: que
os cl1g11C.1s pr11t••¡rern1t• l'Ontra mis t&lt;'rril,IP'- zapatilla,:. l'or ella, he ~ido preso y h11111illudo
y nH' \'eo arruinado parn :-ie111pn•: ¡Qui(u ~nhe Ít &lt;¡lié pdign,-; me ana:-trarún to,la\'Ía' :--t•«l
jl!sto y eo111 pasi ro y 111andad ¡ ¡,or 111i,-.PriC'ord1a! «1l11· ,-;1•:111 dt':-truídas, á \·1·r :-i :-oí,; 11.C1s
nfort11n:1tlo que yo.
El juez ncced ió ú la -.(1 pi it'n y 1,ronwtií, Pncargn rsc clp,-.dc• a«¡ll(•l momento ele lns zapatillas fat:tlt&gt;,-;.
Al mi,1110 tiPmpo hizo e11tP11der al arnricioso .\hu Knn•11 que In Yenladern t·conomía 110
1·01i--i~tc &lt;'ll l'i-lar co11tinunnw11te acu111ulando
riqueza,-, ~ino «'11 administrar los liient•:&lt; C'on
prudL·11cia _\' t!astar lo jm,tamcnte 1wee;:nrio.

miraeio1H•s, lle,·a ahom ch• la n1a110, rumbo al
futuro glorioso, :-11 n1t•jor Y 111:'1sn111n1la recom¡,c11sa: ~m;~ tierna ;,· ;u!;able \'irtud t¡II(' Jo
aco1up:11111m en i-u ncto,rn.
Lo:; :m1igos (Jlll' tanto lo querv1110", lo deja- .
mos en la pu~rta del hogar. y, e:-trC'l·hánclole
la 111:uw, le d1rcmo;;_ e_n coro: :::iú tlit'hoso; has
1ucl1:ulu ¡,or e~ta feht"1dacl; la 111ereec:&lt;.

,\'.loro In lri,-.tcza, ¡oli soñadora!,
_\' 1111,dolor ju11ta11clo con tu, l:ígrimns
\'O,\' a 111a11char con pP11,:11nie11to., neuro,-;
el ca,-.to all,or de tus c:1111clia,; lilant·a~! ·

··········· ···· ···· ················ ··················· ·····
C11nlempl:~ mi verjel; mira las florPs
q1w ayer lue1erm.1 sus uit&gt;jore;-; galas
Y IJlle formaron 1111perial diaelema
&lt;:n h ;;ercna frente de mi amada.
Ilnllaní~ mi pensil ya :-in aromas,
laH flores 1,&lt;111 c·olor y ahandonada';.obre la arena del jardín en dotHle
sorprendió sus amores la alborada.

***

_¡Yupcial.

La rnadresclva que escalaba el muro

r que '-U aroma al viento le brindaba.
rl «no me olvide~» del color del ci~l~-'
el alheante azahar y la nerntla
'
azucena de dmdido perfume·
la. margarita, la sibila mágie~
que ?el ~!uor predice la ventura
6 la 1!\~ston. del pens:imiento arrnnca;
los pahclos Jazmrn~s cuya cs1&gt;ncia
las ond_a;. del ambiente perfumaba
y las violetas tímiclns r¡ue oclilt·i'._
•
'
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e:-qu1rnn
en e1 prado 'las rniracla:-.

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SR. Lit'. D. EMILIO PU.1EN'fJ-:L.

'@:[ ,\ Y Yi1las que parecPn

t&lt;'ner Riempre
~ a ~arnd1•rí,-;ti&lt;':1: 1,, Feli,•i1lad. ¿_Sl'tÚ
cierto que esta Yaga cosa que Re
an~eh, &lt;¡ne c~te sueflo impn·ci,-.o t·on que ;;e
delira, puede cristalizarqp algún día en reaiida&lt;l, y acl11uirir forma \' n•nír,:enos ú los brazos·:, al alma t•n una p·alpable epifanía? Ah,
sí! Xo es 1lelirio de poeta (,-te, no &lt;'::. f:mtm;magoría (le iluso, 110 es fnnb1sma de insania,
no es alucinaciún ,le fa,cin:ulo. Es ,·erdad,
verdad pum y ;:ana, 1¡ue p:,co (1 poco, por ohm
ele 1,uestro e,fuerzo, baja ele la hrnm&lt;NI cumbre del ideal hasta &lt;·om·crtir,m en u11 c•spíritu
compañero del nup,.(ro.
S~lo que parn que el milagro :-e realice, es
preciso que nuestra exi,-.te,wia hnYa tenido
perpetua111~nte una aspiración: el liien, .r que
nuestros 1nes lmya11 hollado un solo ~endero:
el del Deber. l~I .\n1or vie,w entonct•s y es
una recompensa, es un premio. \'iene de lo
alto, como la luz y como el rocío.

l t;'

1

1

~f

~

Toda,-, to•!as mis tlore.~ se han seendo
al ~?plo del rnvicrno, que su escarcha
deJo caer en .los fragnntc.s pÍ'talos
que hoy tapizan la ::;en&lt;la abandonada!
························ ······ ···················
• Ycrda1l que n~i Ycrj1•l e,.:tú mu,· triste?
escuC'llaste _111 un trino en la ·&lt;'nmmad 1
porque al monr en nii jardín las flores
'
huy(•ron las a.ondra~ azoradas!...... '

;'lo

.
P:iso, 1111. l'rim:wern
¡oh sofrttlora r •
P_enl~n si en los delii\os ele m'i ah;i~'
Yme a manchar con ¡ien!ó\nrnit&gt;ntos lle".
'
..,, os
e•l cast O ª 11ior &lt;l e tus camelias blanca,;!
F1u.xnsco Iz..iB.\L Im.,RTE.

J2

LUCÍA. Y ALFREDO.

SRA. ,\~ll'ARO JOHDAN DE PJ:\1ENTF.L.

Y he aquí &lt;1ue la le:v diYina se ha cumplido &lt;'n uno de nuestros amigo", en u110 &lt;lP los
buenos, de los persistenteri del Bi~n, rln los
enamora(los clel Deher. Elllilio Pimentel, que
no torció nunca. la ruta, ni vaciló en el camino, ni desfalleció en la a:-piraciún. 1·nc011tr6
por fin una compañna y un nielo. Un {mgel
ha plegado junto á fl las alas, y todo radian•
te, como el oíblico, le ha dicho'. el ,;cndero es
triste, te consolaré, lo seguiremos juntos.
Esto era lo que falt..,ba á la existencia de
Emilio, c·onsa::rra«h por entero al trabajo, al
estl~(l!o y ~1 l:i piellarl. Aquí estú, pues, una Yirla utJI, cl,gna :· noblcmenlf&gt; corona&lt;la. Ya tiene hecha la conquista ele! por\'enir.
El, que es posee1lor «le un talento tan penetrante y de u11a sen::aibilidael tan exquisita· fl
que no' sólo en las lucha,; parlampntari;c:; ~.
políticas. no súlo &lt;&gt;n rl foro y &lt;•n el estrarlo
f:ino tn111hién en &lt;'1 .\rte. «h•l que es un sn('er~
dote ferYiente, alcanzó triunfos y levantó ad-

•

1:u mano cruel sobre el murfil del piano
volaba, ¡oh _e:indi,la Lucía!,

,~i.!!1
): a

tu

1:Ldo.

1·oma11tico \.

uhno

:lln,set, el dnlce poeta, ;001·;,ía. ·

, Entraba por_ la abierta cl'!osía

I~} s1!ave e~uno dl'I jardín cf•rcano.

\, v_1;n&lt;lo el que tu faz de amor urdía,
Co~ 10 tu mano y la estrl'l'h&lt;', en su mano..•
.¡},r«•s !ne,,:, _tle,p\té, (;oh suerte acerb:i!,
,ltlas s1u v1v1r IHLJO la ye1·ha,
Como rosal que al abn:g-o sucumba.

1

0

Y el p~lido poeta,.hPnchilio en llanto.
~!zab~ a tu met1}01·ia un tierno canto
1 pcdrn un cipres ¡,ara tu tumba!
FRA :\'CISl'0 :11. •\. &lt;'OXTHF.RAS V.

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 9 de Xoviemhre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

et Brisfo 6e Zolfern.

Tra dición feudal alemana,

L {1guila anida en
la cima de las
moutafias, allí
donde la tranquilidad de sus
polluelos no sea
turbada ni por
la. mano codiciosa del hombre, ni por el
hambre de las
be!-tiaR. Los sefiol'es de laEdad
11edia. imitaban al:úguila: edificaban sus burgos feudales en lo alto de las rocas entre las
escabro!'licla&lt;les ele las pefins. Querí;m pone!' á
sPguro sus tesoros y ~us proles, porque temían
á sus súbditos.
El águila es la reina &lt;le los aires, las aves
la temen y la odian porque las explota y vive
á costa de ellas; aquellos varones eran los reyes absolutos d~ sus tierraR, sus vasallos los
temían y loR odiaban porque vivían de ellos y
erari poderosos sólo por ellos; los sefiores feudales tenían razón en guardarse en lo alto de
los montes, entre las escabrosidades tle las
rocas.
Alemania está llena lde esos cnsti llos ó de
sus ruinas; bajando el Rin, por ejemplo &lt;le
uno y o~ro lado cad~ roca está coronada' por
un torreon deshecho o por un arco derruí do en
donde bullen las golondrinas y los murciélagos. Esas piedras son lo
único que perdura y da
fe de toda la potencia del
feudalismo, ele toda una
edad cubierta por el poir / ·
vo de los siglo!', en que

castillo de Hohenzollern. No es una ruina: el
águila, cuando está fuerte, no oh-ida el nido en
que creci6, y del cai;tillo de Hohenzollern surgió la real estirpe que hoy se cifie la corona
del Imperio. Guillermo II ha hecho restaurar el castillo, conshuído hace siglos, cuando
la feudal familia sólo llevaba el título de condes de Zollern.
Entonces estaban en el poder los Hohenstauffen, heroicos y abnegados, altivos, pero
justos, como Barbarroja, el gran emperador.
Los condes de Zollern jamús aceptaron de los
Hohenstauffen altas mercedes ni dignidarles,
cual si supieran ya que algún elfo. Rerían ellos
los Reiiores del Imperio y que el germano pueblo honraría la blanca patilla de Guillermo de
Ilohenzollern á la par que la roja y flotante
harba de Feclerico de Hohenstauffen. E!:-te para la E&lt;lncl 11edia, y aquél para nuestros días,
personifican la grandeza y el brillo ele Alemania.
El castillo de Hohenzollern asoma sus pesn&lt;las torres por sobre las coronas de los pinos
que cubren el montículo en que reposa. Es
bastante fuerte la subida y quien, partiendo
de la pequefia ciudad de Hechingen, sita al
...-;o"'...!"-~

....

.-.:

-

,

corto; pero el sol molesta al viajero, que no
encuentra e!' los adyacentes campos, sembrados de trigo, ni una choza donde reposarse.
En medio de ese c~mino, abandonada y solitaria, se leva.nta una capilla. Su campana
está muda, y su torre, de un gris sucio, amenaza derrumbarse. E;;tá árida, desierta; antiguos y semiborrados frescos cubren las paredes que se descascaran, pero no hay un cuadro, ni un cilio ni una cruz: parece la ((capilla horrible y desolada» con que Fran~ois Coppée simbolizii la conciencia intranquila.
Allá, en el fondo, apenas ,·isible por la escasa luz que logra penetrar por lmi empailados
vidrios de In única Yent:mn, distínguese un
altar sucio y desmantelado, su única imaaen
es un escueto Cristo de madera y de tam~iio
natural. Todos los Cristos mues"tran la señal
del lanzazo que el esbirro diera al Xazareno
pero ésle, además de la llaga, tiene la mader;
astillada en medio del pecho, y un dardo de
fierro, hundido hasta la mitad, parece decirnos que los he robres quisieron perpetrar nuevo ultraje en el pnciente judío, pon¡ue no leibnstaban sus sufrimientos.
La curiosidad del vinjero s.e despierta y preguntn al amilanado guía por
la significación del dardo. Todos, todos en la comarca con~cen esa trist~ historia, y
mientras el caminante prosi¡rne su marcha hncin el casti-

'
.

...

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,,:i''.

.' .

.

-~~~t~it:i~t~:~:.,.

..

k:•:

~-··\

llo, cuéntala rl guía tal cual
la ha escuchado de sus mayores.

***

• ~•• • .T,~

los hombres olían á sangre y no á tabaco, se
batían con la espada y no con el puiio. A cada roca se relaciona una tradición: historia!',
unas veces romúnticas y sentimentale1&gt;, casi
siempre vagas y misteriosas.

***

En el Sur de Alemania y en el corazón del
principado ele 1m nombre, se leva1üa altivo el

Domingo O de 'No\'iembre de Hl02.

pie del castillo, emprenda
la marcha para visitarlo
,
comprenderá luego que pa:
ra los antiguos guerreros
esa fortnleza debió de ser in:
expugnable. Los cnballos fatíganse para dominar la .a brupta rampa y, una vez en l::i. cima,
el castillo, rodeado de foso1:1, con su levadizo
puente recogido, tenía que burlar todos los esfuerzos ele los asaltnntes, porque lo'! dardos y
las flechas de éstos y aun las débiles balas de
los mosquetes, en vano hubieran chocado con
tm los muros, y porque los hachones encenc'idos y arrojados, no hubieran podido salvar
las anchuras de los fosos. Hoy bastaría una
batería Krupp para echar abajo el castillo: el
hombre, á tra\'éS del tiempo. ha modificado
todo. El camino de Hechingen al castillo es

~penas bañan. los primeros fulgores del
Onente la torrecilla que domina al cnstillo,
cuando las densas brumas, suavemente mecidas por 1~ brisa mati.nal, empiezan á despejarse y refleJan en opalmos tonos las caricias del
sol, que las entibia y las destruye. L'\ gran
campana deja oir su cansada, pero sonora voz:
es que el burgrave, el potentísirno Coñde de
Zollern, va á divertirse; porque el Conde ama
la caza con verdadera pasión y dedica la mayor parte de sus ocios, que son muchof', al
placer de San Iluberto. Cae el puente levadizo; los lebreles se escapan de las vigorosas roa.nos .q~1e los deti~n~n, y con alegres snltos se
prec1_P1tan en vertiginosa éarrera por la rampa,
segmdos de los mozos, pajes, lacayos y picadores con sus trompetas venatorias y de la
brillante cabalgata de nobles, entre l~s que se
destaca el burgrave, jinete en albo 'Palafrén,
eri la mano la ballesta mortífera coloreado el
r?stro por la matutina frescura ondeando al
aire la blonda y rizada cabellera que de su
gorro de pieles se escapa cual la c.-i;cada de un
lecho de rocas. El sol se ha asomado ya, lento

y

•

Y, majestt~oso, é ilumina el brillante espectáculo.: rehnchan los corceles, ladra la jauría
estrepitosamente, los cazadores soplan en los
cuernos y la masa avanza entre los resplandores ele los arneses y de las armas avanza v
vuela, se ,tlespren?e por la empinad~ vertiente,
al estentoreo gnto del burgrave: ((Xur zu!
Nur zu!»
Y allá va la horda.
Calla, vil vaf'allo, labriego insen!'ato! Por

SILENCIO.
/
,~/
;

:1

0- •

1

fl

~o te inquiete saber que no te escriba
cuando de ti me aparte;
siempre tú vi\'irús donde yo viva,
pues lo eres todo en mí: cariño y arte.
Cuanto mfo; lejos, mú;; en recordarte
latirá el corazón, y mientras menos
sepa de ti, por inflexible suerte,
mús ardientes y llenos
han &lt;le ser mis afanes parn verte.
Las aYes amatloms en ;;us ,·iajes
se "ªn de donde anidan,
y al través del espnC"io no se ol\'idan,
¡y no se cruzan cartas ni mensaje!!!
)L\NUEL

s.

PICHARDO.

NIEVES ETERNAS.
No ves, al borde del camino, un úrbol
que en su manto la nie,·e nmortají,•?
Tal vez le dió la primavera última
las hojas que este invierno le quitó!
En el estéril campo de la vida
así sucede al pobre corazón!. ........
La Fe lo \'iste con las mismas flores
que le arranca de:,;pués la Decepción!

qué gimes y levanfa;; los brazos al cielo? Porque los cazadores del Conde han destruido tu
trabajo, han pisoteado tus campos y te han
arrojado al hambre y á la miseria'? Calla, esclavo, y no turbe!c&lt; el contentamiento de tu
señor! No ves que es tu amo, que todo es suyo'? Calla, va;;allo, calla y sín·ele!
En la persecución del siervo y del jabalí, lo~
cortesanos han si&lt;lo llevados muy lejo!! del
castillo, atravesando bosques y llanurns. Los
caballos, jadeantes y cubiertos de espuma,
apenas pueclen soportar el peso ele sus dueños,
y éstos apetecen alimento y reposo. El Conde
da la señal y los cazadores se reúnen para
apreciar el resultado de la jornada. Muchos
ciervos y muchos jabalíes han sido muertos:
el burgrave está contento.
Pasea su mirada en torno suyo, buscando
un asilo contra los rayos &lt;lel sol, y sólo descubre, allá en lontananza, una casucha blanca
que turba la monotonía de los campos verdeantes.
Y la brillante cabalgata se dirige hacia ella.
Es una capilla, y un buen fraile la cuicla.
Apéase el burgrave, penetra y ordena que se
preparen los alimentos.
Entonces el fraile, con el capuchón cubriendo su inclinada testa, se acerca al Conde y le
habla.
-Sois grnnde y poderoso-dice¡-pero no
olvidéis que Dios es vuestro rey y que á Jesucristo debéis adorar, y no profanar su temp!o, cual lo estáis haciendo.»
Lanza una carcajada el frívolo Zollern, y señalando al Cristo que está sobre el altar: «Ahora veréis»-exclama,--(tahora veréis el caso que
hago yo de vuestro Dios!»
Y empuña la ballesta.
-¡El os perdone!,,-prorrumpe el fraile y
arr6jase sobre el burgrave.
Pero es demasiado tarde: el Conde ha apuntado y la flecha parte aligera para clavarse en
el pecho del icono.
Y fué el portento: da una. vuelta Zollern sob re sí mismo y cae pesadamente, golpeando
las vigas del pavimento. Se acerca el fraile y
acuden los corte.qanos, palpan al burgrave y
le tncuentran bien muerto, sin herida, sin
sangre.. ...... .
Cuenta la crónica que el ermitaño alab6 á
Dios y luego, hondamente impresionado, per-

•

dió el juicio. En cuanto á la capilla, quedó
desde entonces abandonada v ha ido de~truyéndose poco á poco, pues parece que el tiempo la ha respetado para que los hombres conozcan el castigo del
sacrílego Zollern.
Por eso es que los
cmnpei-ino8, al pasar
frente á la puerta, eantíguansefervoro~amente y no se atreven á
penetrar ....... ..

Hay una diferencia entre e~os restos
que el invierno igualó:
Para uno volverá la primaYcra,
ay! ...... para el otro no!
Dl' L('F. ~I.\RI.\

BORRERO .

JUAN SÁ.'\CJIEZ-AZCON.\.

La Capilla Arzobispal.
Damos en esta página una fotografía &lt;le
la nueva capilla del sefior Arzobispo, que
acaba de inaugurarse.
El altar es de estilo
g6tico y está trabajado, en todos sus detalles, con verdadero
arte.
En el fondo se ha
colocado una magnífica pintura al óleo que
representa á Cristo en
la cruz, y al pie una
imagen de San Dionisio mártir, hecha en
cera, y traída de Roma por el abad Plancarte.
El decorado general
de la capilla es ele muy
buen gusto.
Para los valientes no
hay más que un modo
de rendirse, esto es,
como Francisco I y el
Rey Juan, en medio
del combate y entre
culatazos.- NAror.E:6~.

Interior do la capillJ Jr.oblepal,

�EL CENTRO MILITAR

EL ~fUNDO ILUSTRADO

EL )IUXDO ILuSTRADO

Domingo 9 ele Xoviembre de 1902

LoR Sres. .J. B. FuenteH v Lic. Antonio Ramos P~drneza. rerraron la parte literaria, el
pri111rro con una. poesía que gustó mucho y
le fué nrn\'
el,wrndn,
Y rl segundo• ron un
•
l""
•
,
di!~c•urso qlle intrrcsú á la concurrrncia, no.solo por la rorrt"cciún y ¡?nl:mura de su l ·,-tilo,
sino tamhi(.n por lo p)p\'ado de Hts conceptos.
El Sr. C:encral Rryc,; d&lt;·clarú inau::rt1ra&lt;lo
el &lt;rC'Pntro••, pas,rnclo en sPgt1i1la. al :-,alón ele
armas, 1londi&gt; sr ~Ír\'iÓ un "lunch &lt;'hampagne».
En un p11t11sinsta hrinc\i,:, el f.eiior '.\linistro
1le la Gmrra. manifc:4&lt;&gt; la !-ati ...f:u·1·ión con que
el ~r. Prrsidente &lt;le In ltrpúhlic·a. Yefo el eHtahlecimiento del aC'entro )!ilitar11, y tcr111inó

hiblioteca, c¡ue eH uno de los mús elega_ntei-.
En 1·1 fondo se in~taló la !Ilesa &lt;le 1n. presidencia, colocú1,cl0Re en &lt;'1 lll\ll'O c•orrP~pondi(•nte

Con asiRtrncia cll•l seiinr '.\linistro &lt;le la &lt;:nerra, (,enl'ral D. lkrnanlo Jl¡,~•1•,-;, !-(' ,·eril)r~
&lt;lía,: pa~adoH la inaugnrnciún del ~entro ?l!1litar r,-;tabll•ci&lt;lo en l'l l'tt:trlel de :--an .Jo,c de
(:racia.
El adorno &lt;le\ lnenl ful'.: muy !"f'll~illn, pero
de buen l'Íl!cto, y l'on,:i,-tiú 1irit11:ipal11ll'nt&lt;· rn
a.tributoi- d1• guerra, florPs y e,-;cuclos &lt;le nmrn,-;
artísticamente di,-(ribuídos ('ti los cli\'CJ'SOS !'HJones y en lo,: rorreclon·,;. En el dr,-;can~o (1¡,
la e!"&lt;',dPrn t¡11e &lt;•011&lt;1111·1' ni l&lt;IC'nl &lt;¡IIC lH'llJ':I

El Ministro de México en Bélgica
Ofrecemo!&lt; hoy el retrato del cfütin~uido c.'\ha~lero Lie. D. E_milio Pardo, jr., que clcf'rmpena en la :wtuahcla1l el puc:;to de .:'l[i11istro
Plcnipote1wiario y En·
\'Íado Extraordinario de
.:'llí-x.ico Pll Bt'.· lgica \' lo,
l '11 Í;;es Bajos.
•
El ~r. Li&lt;'. Panlo e,tkma,-;indo conocido e11
nu&lt;'i-trn pní&gt;1 como ahogado emi11entr, para qu,1
pretendamos hacer su
dogio en C'Sto.,.: línea,:.

El f1111eral de nn Mongol.
Adorno de la entrada.

Salón de Biblioteca.

el "C&lt;•ntro&gt;1, se vría un cna&lt;lro al úlro representando un rurnl mexicano, y en la puerta
de entrada un «trofeo» :,neglado con el mejor
gui-to.
El acto !'e efectuó en el !'alón cl(':-tinado ú

ni lul,!nr di' honor, un p:ran retrato cid Rr. (;cnernl D. Porfirio l&gt;íaz, pintnclo al úleo.
Tanto )ns número,; lit1-r:1rio-; co1110 lo'- muF-ical&lt;'H de que r-c ('omponía C'I programa, fue•
ron muy aplaucli&lt;lofi. El Sl'iior Teniente Co·
ronel .Juliún Pachrco, Jp,·{i un int1·re~:111le informe acerca. clt&gt; los trnl;ajo,; \lcrntlos (1 cabo
por h .Junta Directi\'a, y dd cual se clesprPnde que el núnwro ele ~ocios fnndndon·s de la
a!?rn paciírn rs de !l:2. (']r,•úlJ(lose el &lt;lr los de
número (1 1:27. El Reíior Tcnil•nte Coronel Pacheco tuvo frases de elogio, tanto para. el Sr.
General Díaz corno para Jo,.; H·fiorr,; ~ccrctarios
ele ITacienela. y ele (;urrra, 1láncloles grnci:is
por los Yaliosos oh,;equios que han hecho (t la
naciente i-;ocie&lt;lad.

Salón de armas.

haciendo ,·oto" por c¡ue rl h•nÍ.'\ de la. agrupaC'iún fuera: «Uni{in, l'atrioti:-mo y Progreso.»
En el &lt;:alón de ado" :-c tocó dcRpu(~" el himno
patriótico de la 2~ J:c,-;rn·a, cant{mdo~e por el
Sr. Rafael Lópcz y un coro de niíias.

CO\tfNICA CIO~E~.

EL FERROCARRIL PANAMERICANO.
El 15 de septiembre último se verificó la.

• 1

inauguraciún de los 50 primeros kilúmetros
del ferrocarril Panameri~rno, cuya importancia e;, tan gramh•, no sólo para la rica zona que
atraviesa pues nadie descono('e la ,·ariedad de
producto~, tanto agrícolas como minrro,; del
Estado de Chiapa", sino también para el país
en general, pon¡ue podremo,; fúcihnrute conrnnicarnos, desde nue,-tm frontera.
con los E"tados Cnidos del i'\ort1:,
hasta el punto extremo al sur de
la Repúblira.
El tramo inaugurado empieza
en Puerto Aristn, pa,;a por Tonalá
y termina. en la ,\nrora, ,-igui&lt;•ndo
rumbo á San ,Jerónimo, punto
en r¡ue entroncará con el ferrorarril Xacional &lt;lel itsmo de Tehuantepee.
Al acto tle inauguración concurrieron el Rr. .Tosé Mora, procurador general de la compañía, loialtes empleado,; de la empre8a. y
numeror-as personas que fneron
ohsec¡uia.clas con un lunch {t hor-

Salida del primer tren,

do &lt;lel tren, el que estaba. enfrn.l:ma&lt;lo ton banderns mexicanas y americanai-.

La actividad con que han romenzado Jo,,
trnhajos, hace creer r¡tH' se llevarán Íl término
ú la mayor hren-dacl, pue,- ('n Jo,. seis campa-

Grupo de' emp leados y trabaj adores de la Empresa.

mrntos e~tahlecidos en el tmncto de la línea.
hav m(1R de 1200 tra hajaclon•~, y rn opinión
del pre,-ide11te ~r. Xillaml:-, antes de un afio
ef.tarí1 terminado é inaugurado todo el ferrocarril hMta Ta1•achula.
Prohahlemente para entonres, cualquiera
ele las dos lí1was que parten tlel Esta&lt;lo ele
Yerncruz rumbo al Pacífico, hahrún Ya &lt;•ntroncado con el ferrocarril &lt;le Tehuante¡)('c, queda.ndo csta.blecicla
&lt;l·~ e,-ta manera b YÍa de comunicación que unirú la. frontera norte tle mw:,tr:i Repúblira C'On las
mús apartadas regiones dd Sur,
constitu vendo uno de los n1Íls importantes c,-lahoncs del proyectado ferrocarril panamericano.
Una República. prudente, no
debe aYr11turat'lie á nada. c¡ue la.
exponga á la buena ó la mala fortuna. El único bien á que debe
aspirar ei- ÍI la perpetuidad de su
estado. -)lo1-TEsQunw.

En seguida corren {1 g:ilopc tcn&lt;lido por In inme1wn estPpa, hasta encontrar un cerrillo donde encienden una. pira.
'
:C,n~ cabalgatas &lt;ll' est1· gc:nrro, en i1wirrno
pr1nc1palme11t~,, como :-e efrrtúan de noche,
atraen gran numcrn de loho,:. qne ,-igu&lt;·n ú los

Domingo 9 de Koviembre de 1092.

A LA POESÍA.
Vengo á rendirte pleito homenaje,
Oh Gran Señora de ígnea. corona.
8erte fiel ju1·0 por el pluma.je
Que orna mi yelmo, por mi linaje,
l'or la c1·uz fénea. de mi tizona.
Vivo en el viejo castillo negro
De la desgracia, que en solcd1ides
.\ridas ,e alza. Jamás a)eg-ro
:\Ji alma en festines. :\Ii brío integro
Euu·o fulgores tle tempestades.
Es mi castillo fiero y desnudo
El que so erige sobre el baluarte
:\Iás intrincadll de un monte agudo.
En los umbrales est{L mi escudo,
Y en él mi lema: «Verdad y Arte.&gt;
Y en el más alto torreón precario,
Como bandera de amor, levanta,
t:n mástil frági l y solitario,
Gn jirón blauco que del ~udario
De Cl'isto traje de Tiena Santa.

l)c,-de los til'llll'º"' 111ú-:
atrn::;ado,-; de la. hi:-\Drin.
lo~ ptH'hlos s:tl\'ajc:- dt• la
Yo mismo, en Jo hondo del subtt•rd, t•,
.:'llongulia han !-ido (·dt•De mis tristezas, forjé el ac&lt;•ro
hrPs por sus c·11:didades
De mi armadura con ei;pontáneo
de ecuest:-c•:-, Las hordas
Te~ún, y un casco para mi cníneo,
Un ca::,co en garras de un buitre liero.
qm• en los prillll'l'o,; !-ig:los
lh•I cri,..tia11is111n, al 111anDe mis rudezas mi mano tosca
&lt;l&lt;&gt; &lt;le &lt;:cngi--Kun y de
Una loriga brillante b1~ hecho.
Sil" ,&lt;Cl'llacc:-:, i11,·a&lt;li .. ro11
Y una serpiente siniestra y hosca
la Europa, \'CIIÍan ú ca •
En la loriga su saña enrosca,
Como quet·iendo 111orde1' ml pecho.
hallo ,. a:-Í dernstaha11
las nn&lt;7ioneH en em hriún
l'ues son mis llantos gélido riego
que ú su pa:;o :-e interpoY mis dolores sinie,-tra frag-ua,
nían.
Templé mi espada, con cruel sosiego,
El rCl'lll!J'&lt;lo qu&lt;• han
De mis dolores en el gran luego
Y de mb llantos en la fría agua.
clcjado pndurn ú tra,·{!&lt;
de Jo,; :-iglos, tanto por
Solo en mi duelo, soy absoluto
811 harharidad, cuanto
En la soberbia de mi castillo.
por haber invadido el vieJusto á mí mismo, ya obtuvo d fruto ·
jo conti1wntc &lt;•n los moSembr~ en mis odios estrago y luto '
Con m1 derecho de horca y cuchillo.
mentos en que :-l' ernpfzahan ú formar las HUl'\·a,;
Oh Gran S~ilora, formando valla
n:H"ionalidaclr,-; que dl'he:\lis seotimieutus nobles ,. rudos
'
rían ,-er dc:-ptHÍ:&lt; las granE,-peran Ja ho1·a de la btitalla,
1h-s potencias de EuroCon sus JI amantes cotas de malla
Y sus lanzones y i&gt;US escudos.
'
pa.
\'iviC'ndo como Yiven
Son los que guardan mi solitario
estas tri hu,;, que h,1st:1 la
Ca,-tillo nt&gt;gro . . .. La huesw cauta
fecha con,-:ervan las co,-:Un hiiuno he1·oico de ritmo val'io
tumbre,; qne rn Jo,; priBajo el guil1a.po que del sudurio
Ue &lt;'rbto t1·ajc de Tierra Santa.
meros :-i::?lo,: de la em las
caractt•rizaron, l'll ,·a,;tas
Reina y Señora, que el brillo baje,
llanuras, fc'n p:1 rtcs H'eas
El u1·1Jlo excet,,o de tu corona,
por el im·il'rno riguro:-o,
A 1111 moutaua yerma y ::,alvaje.
y Yi\'iemlo extcrnlicla:- &lt;·11
berte fiel Juro poi· mi Jin aje,
Poi· la cruz fét·rea de mi tizona.
amplias zonas, forzada:-;
por la esc.a~ez de pa:-to,.;
l\léxico, octubre de 1902,
y la necesidad de cambiar
SR. LIC. D. EMILIO PARDO
violentamente de ,-itio,
ROBERTO ARGUELLES BRINGAS.
Ministro de México en Bélgica y l os Países B ajos.
los mongoJe:e; han adquirido una maravillosa descuatro portadores, escoltando fantásticamente
treza en la equitaciún, que eonsen·an y conal muerto.
i-errnrún, ú pc,;ar de la tenninaci{m del ferrol'n pueblo debe obrar con los dem ás pueLa. zon:i habitada por los mongoles rstá llecarril transiberiano.
blos como desee que obren con él.-EL ABAna de pequefios montículo,; en los cuales ha
'\unca construYen ciudude:-. Se conforman
TE FRE&lt;,OIRK
si&lt;lo quema.do un mongol y sus cenizas eopa.rcon amontonar aigunas tiendas de piel, en las
cidns al \'ientu.
cuales yi\-en d&lt;• la manera primitiYa que e:;tc
género ele \'ida requiere. Sus caballos Hon pequeíios, pero 1lc mara\'illo:-n pujanza; y como
durante lo,; inviernos e,casean lo,; pasto~, los
Tuda naci6n
aliment.'ln ele substancias animales, que matiene su honor,
yor fuerza les hacen adquirir.
q~.e resume los
sentimientos, las
nohles accione!'
de su Yi&lt;la pulíEstas co,;tumbrei; primitiYas de los monp;o·
tiea con el carúcles se tradu('en por prác·ticas curio~as en t0tlos
ter propio de los
lo,-; grnndt':- epi:-oclios de 1:\ vida. Lo$ ca,.:uindividuos
qur la
mientos \' los hautizos :-e celebran t'n grarnh·s
componl·n, ú escalialgatñs, ptÍt&gt;,;l&lt;' que :-on la:- mujeres ,nn bueto es ú lo que se
no!- jinetes como los honihre:-.
llama el honor
Xunca enti('l'ra11 {i sus muertoR, sino &lt;¡Ul' Jo,;
nacional.- .:'lloqueman y depositan la:- cenit.as en las e~1linas
m:-.-.
que primero &lt;·ncuentran C'll las l"rrea11ia,: de
su~ campamento,-:. Vna ,·&lt;'Z que Jo,: hrnjoc: han
visitado el cadíl\·er y le han hecho la:; aspersiones dP líquidos !-agrados que &lt;kherÍln :;n[M'\ opiniún es
Yirle para evitar el encucn tro con Jo,; walo,;
la
reina clcl munespírituR, cuatro amigos del muerto toman unn.
do, y 1a fuerza Hu
manta ele piel de camello, cada uno por una
E l cadáv er de un m o ngol,
tirano.-PA::sl'.\L.
&lt;le la:; puntas, y colocan en metlio el cadáver.

***

Al llegar A Tonal:i,-Uno de los carros,

•

�EL 1fUND0 ILUSTRADO
Drmingo 9 de ~oviembre rle 1902

EL 11:UNDO ILUSTRADO

üomingo 9 de Noviembre de 1902.

LA "SEXTA CLASE"
Y i;e advierte entonces que en aquella verbena, la mús concurrida Y
EGA el tradicional «día ele muertos», y la curio~ipopular, hacen falta l:i múoim, los fuegos, el torito, todos aquellos eledarl, aliada á la carencia de objeto ít que consamentos indiRpeni:aLJe,.; de una fiesta semejante.
grar el tiempo, encamina los pasos al sitio en
Y á medida que el sol declina, la sed tórnaRe máR y más ini-aciahle;
que la. Capital vierte, durante un buen número
se contempla desde la loma la Capital. que yergue sus chimeneas y Rus
de horas, afio por afio, un enorme torrente de la
campanariol'l; aparece ha,-tante lejos y se hace acopio de fuerza para
vida que á diario palpita en sus arterias.
emprender el regreso, besando sin cesar, en un hei;o prolongado, la hoLa mañana es tranquila, una mañana que no
ca del jarro, que ha hecho ya cirn viajes á la barraca mÍls próxima; las
parece ser precuri-ora del invierno; el sol ascienproYiRiones termina11, termina el dinero, no qneda mús que el cántaro
de á tra.vfs de un cielo lleno de brumni-, un cievacío, y Re pieni-a entone&lt;•s en rumperlo Hobre la cabeza de alguien, que
lo que se ha dado poi ,·o, como unn. &lt;lamn. que no
á veces es 1le la familia, íi veces un desconocido que con una mirada. ó
olvida el afeite, y las lejaníaR. afretadas tnmbihl
una i-onrisa i-e gan6 el peor de los obsequiofl.
por esta coquetería del azul, dibújanse apenas en
Y, como rpilogo, una morada obHcura en que mcclitar, obsrquio d1•i
los límites ele! exteni;;o valle.
municipio, ó un lecho cubierto de lona, cnstodiaclo por dos jinete~,
Xo ha llegado aún el sol al tercio de 1:1u carrern, v va los caminos v
que haee ú menudo pensar en lo efímero de los goces mundanos.
veredas que conducen al necrópolo aparecen pohlñlos de viandantes
A tlHELJO (~oxúu:z C., RR.,:,;rn.
que acuden á rendir homenaje á la. muerte, llenando de vida el fúnebre
refugio.
Sobre la colina en cuya cumbre se vergue la arboleda. que señala el
panteón, a¡;cicnden los tranvías atesta.dos, las carretas con sus toldos
multicolore~, dando tumbos de hoyanco en hoyanco y 1~'l.ngoloteando
su carga humana, y pie ú tierra, por carreteras y veredas ó á través de
loR campos en que la hoz dejó los tallos i;;ecos corno los pelos de una
harba mal afeitada, los humildes avanzan, la cruz á cuei&lt;tas, el Rímhnlo reclcntor que fijarún i;ohre la foi;a en que se pudren los restos del
que fué.
DPntro ya del recinto, contiguo al parque fastuoso de enarenaclas
n.,·enida;:, sombreado por la arboleda, y en donde el mímnol y el bronce ostrntnn mil crcacionE'S riel cincel, extiénde&gt;&lt;e el asilo de loR desheredadoi&lt;, la i-exta. dast•, á donde vnn todo¡; ar1ue\los parn quienes la
muerte fu{, tan poco piado,:a como la vida.
En aquella gran parte de hi colina, no hay arbolerlas que brinden su
i-omhra, ni flores quP. espanan sn perfume, ni ei-culturm, en bronce 6
múrmol que perpetúen una 111e111oria; la malez:i crece mquítica. sobre
las sepultmm; y en derredor de las nrgras y humilcles cnH'es que har&lt;•n
apnrrcrr la loma eomo un enorme alfiletero. Se l,u1,ca allí el sepulcro
tlcl aust•nte, á Ye!'es de manera infructuo!'a, deletreando la" plara!-1 &lt;le
hojalata enmoheeidas y por las cuales el difunto pa:;:ó á la categoría de
nú111ero; un azadí,n de,·oto remue,·e la tierrn y arranen la yerhn, lns
eruees Íl las coronas n•emplazan ú nquélla, las ceraR empiE&gt;zn11 á arder,
y los &lt;kudo,., fatigadoi-, tomnn a,-iento E:'11 torno de la i,epultura.
]&gt;espurfl ele algunos momentos de i-oportar en las espaldas los dardos
del sol, ,·iendo Íl las muj1•reR que lleYan el rebozo á los ojos y á la nariz; después dt! pronunciar cuatro palabra,: acerca del «dij unto» ó la «dijnnta», los dolient-cR, que no han dejado de escuchar el rumor que c,ece en las afueras del panteón, estiman que los hlanclones han ardido Jo
suficiente para el dest·anso del alma del muerto, soplan sobre ellos, se
arroja. la última mirada al lugar, y el grupo se pone en marcha. A los
pocos paROS hi tranquilidad reaparece; á la Yista de los ajenos pe!-lares
He olvida el propio, y la contemplaci6n de los seres y las cosas despierta
nuernfl reflexiones.
Sobre una sepultura, como única señal, s~ yergue un amontonamiento de piedras ó bien un kio,.;co cuya verja asegura un candado, y que,
al no encerrar más que coronas marchitas, parece significar el temor de
una viuda joven, al penRar que el muerto podría alguna vez salir de i-:u
tumba. :Más allá, el símbolo es un maguey, plantado alH por los rlcudos y que ha1.,e meditar sobre las aficiones que en vida culti,·6 el difunto; máH lejos es el nopal, en cuyos frutos los dolientes saborearán algún
día al miembro de la familia allí enterrado.
Y de aquí para allú, apresurado en su empeño de salvador de almas,
el sefior cura,con una botella de agua bendita en la diestra, cubierta la caheut con un «boleado» y seguido por el sacristán, se detiene un momento
cerca de la tumba, pronuncia el nombre del que descani;a bajo tierra,
dos palabras en latín, á las qne contesta su acompañante, rocía el lugar con el conteniclo de la botella, y el sacristírn, antes de emprender
la marcha, alarga la mano á los deudos, que dejan caer en ella lo que su
HUAXOLOTITL AN (OAXACA.)-Un sitio pintoresco.
piedad les dicta.
~E:' i;ale del pn.nteón, y el último resquicio de tristeza huye ante el buFLORES .
llicio, ante las frases persuasivas de los yendedores:
«~aranjas de Gualnjara;
lleve á centavo la vara!»
«Pa,;e á probar el tlachique;
pase y no se mortifique!»
«Aquí se olvidan las penas.
A centavo las doy llenas!»
Se conYiene en que el calor aumenta, en que la miflión se ha cumplido, en que el apetito asoma; se improvisa un toldo con el sarape prendido en las púas 1\c dos nga,•rfl cen•ano!', y el cántaro que sirvió para
ir á regar las siempre,·ivas ó los "tzempoal xochitJs,, del sepulcro, llena su
vientre con algunos litros del elíxir de Xóchitl y !'e procede á su consumo en uni6n de la barbacoa salpimentada con sali-a borracha, de las
cabezas de horno, de las enchil11,das 6 de los frijoles con totopo,

Antonio, en los acentos de Cleopatra encantado,
la copa de oro olvida que está de néctar llena.
Y, creyente en J-oR i;ueños qué evoca la flirt&gt;na
todii en Jo,i ojos tiene su alma ele soldado.
'
La Reina, hoja tras hoja, deshojando sus flores
en la copa de Antonio las deja. dulcemente...... '
Y profligue su cuento de batallas ";&gt;' amore~,
aprendido en las magas tradiciones de Oriente.
Detiénese ...... Y Antonio ve su copa olvidada ......
Mas pone ella la mano Robre el borde de oro,
y, sonriendo, lenta hacia. sí la retira.
Despu&lt;:s, siempre á los ojos del guerrero a~omacla
Rella Rus gruesos labios con un beso sonoro......
'
y da la copa. í1 un siervo, que la bebe y expira .. .. ..

�Domingo 9 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
~mdole su amor con fra~es elocuentes y apas10nadas; fué correi-pond1do, y después de una
hora el joYen se retiró lleno de amor y feliz,
llevando una flor que desprendiendo Sara &lt;le
su peinado, le dió como prueba de amor. Ella
también retiróse del balc6n enviando á .Julio
una sonrisa de despedida; pero cuando se encontró en su alcoba, soltó una carcajada y dijo:
por fin cayó, ¡pobre cándido!

•

"y tú, mi idolatrada Sara, fugitiva sombra
que me abandonas,concierto ideal de nota;; que
e?mudecen, esperanza de mi afecto que te disipas. Yo deshojar6 todas mis siemprevivas
sobre la tumba de nuestro amor. Yo he dicho
al cipréa que te susurre palabras de amor para traerme á tu memoria. Yo te amar6 siempre ......... Y tú, aunque el corazón no te lo
permita, de mí te acordarás ......
.Juuo.»

EL AUTOMOVILISMO MODERNO.
La última palabra en materia de automovilismo ha sido dada por los grandes magnates
y millonarios europeos y americanos, que han
decidido suprimir el «chaffeur» y guiar por sí
mismos sus Yehículos.
La moda i-e pre!-lta á muchas emociones,
tanto de parte &lt;le lo~ «chaffeur:;» aristócratas,
cuanto de los paseanteR, cuyas vidas están continuamente amenazadas, cuanclo menos por
la falta de fuerzas suficientes en los improvisados conductores.
Las damas han encontrado hermosas estas
impresiones y han tomado po~ su cue1,ta la direcciÓ!). de pequeños automóviles, en lo:; cuales

emprenden excursiones bien largas. La manía
del kilómetro, como se ha llamado á esta tendencia, es una locura univer;;al en estos momentos.
Todo el que puede darse el lujo de comprar uno de estos costo::os c11rruaje~, quiere
desde los primeros dí11s de RU aprendizaje
vencer el récord de velocirlarl. Quiere en su primera excursiún ser citado por la enorme v peligrosa velocidad Íl que ha llev11dn el autoi11óvil.
Ya han muerto algunos á consecuencia de
la desenfrenarla manía ele correr, y la,- autoridades Re han visto precisadas, en Londres por
ejemplo, á crear nueYos cuerpos de policía especialmente encargados de Yigilar el que no

LA COQUETA

otras veces se pasaba largas horas contemplándose en el espejo y así vivía sin preocuparse
de su espíritu.
Siendo hermosa y rica, y sin tener quien la
cuidara ó dirigiera tuvo sus adoradores; á to-

D. José Robero poseía un cuantioso capital
hecho á fuerza de constancia, trabajo y ahorro;
habitaba una magnífica casa y era padre de
una hermosa joven llamada Sara; la mamá de
ésta murió al darla á luz, así es que no tuvo
quien formara su corazón ni dirigiera su carácter encontrándose desde que nació confiada á 'gentes extrañas y mercenarias. ¡Pob1:e
niña vióse cual nave que en proceloso y ag1tado'mar no tiene piloto que la dirija! Desde
su más tierna edad acostumbráronse sus oídos
á escuchar palabras de adulación, pues todos
los que la rodeaban prodigábanselas á porfí~,
haciendo que en ella se desarrollara la vamdad, pasión nefanda que nace entre arrullos
y muere entre lágrimas.
Don José adoraba á su única hija, dábale
gusto en cuanto quería, adivinándole su pensamiento; en fin, era su diosa. Así, tornóse
bien pronto ele niña en joven, entre los mimos
de su padre á quien dominaba, y las adulaciones de los que la rodeaban, y á medida que
pasaba el tiempo, en ella se desarroll~b?- mí~s
y más la vanidad. Los placeres, el luJO musitado y la lectura de novelas perniciosas, de
esas que deben deEterrarse de la literatura porque envenenan el alma, la deleitaban, formaban su único encanto é iban envenenando poco á poco su alma, sin que ella lo sospechara;

&lt;los engañó mintiéndoles un amor que no sentía ni podía sentir por nadie, pues creíase su-

i;e corra demasiado aprisa por los lugareR ha-

hitados ÍI concurridos, para evitar en lo posible las desgracias.
El traje que han tomado lo\ ,,chaffeurs» &lt;'11
vista de que el polrn del camino e;;tropea sus
tlelicadas epiclc:·mii,, Rerú muy eleganie; pero
es mur feo. Consta de una especie de abrigo
de pieles, una caehucha de piel tambifo, una
especie de máscara, C'on do1; perforaciones c'n
las eu11les se rolol'an IOR anteojos. Ilahilitado
torio este e(]uipajc, el «ehaffem,, tiene algo de
diabólico, lo mismo que su máquina. El asombro de los campe!-&lt;ino::- ante- estos equipos, e!-l
muy justificado.

perior á todos; la vanidad había producido sus
terribles efectos. Sara era coqueta.

***
Julio era un joYen de aspecto s;mpático, de
finas _maneras y &lt;le un talento nada vulgar;
estudiaba en la Escueln. &lt;le ::'IIedicina, se había
]~echo querer de sus profesores y era muy est11nado por sus compañeros.
Todos los &lt;lías pasaba por la calle donde viví11; Sara y habíase fijado en ella, pe10 como
qmen ve una hermosa estatua y nada múR,
Comprendía la distancia que los separaba: él
era pobre y ella rica; exi;;tía un abismo entre
los dos, abierto por los com'encionalismos sociales; sin embargo, una fuerza misteriosa le
llevaba á esa calle; por ella pa~aba cuatro Yeces al día.
Vna maf'iana, Julio se detuvo. Sara eRtaba
en el balcón; qué bella la vió! ...... vestía una
m~gnífica y Yaporosa ~&gt;ata de finísima tela que
deJaba ver su terso cutis al tnwés de los encajeR de Bruse'.as; su negra y rizada cabellera
&lt;·aía dulcemente sobre su espalda; sus grandes, negros y rasgados ojos no cesaban ele mirarlo. .Julio creyó que R&lt;niaba, estaba fascinado. Ese día no concurrió á clase. apenas comió
y estm·o mu_v triste. Declinaba la tarde; ella
eHtaba en el balc6n y él en la acera de enfrente. Julio, después de mucho pensar y contemplarla, se acercó tímidamente y le habl6, pin-

.Julio adoraba á Sara y ésta no le quería,
acostumbrada, como estaba, á engañar á todos.
La lista de los cándidos aumentaba cada
día ,más y más. En
, stoda reunión , baile 6 l)as~o a qu~ c·oncurna ara, encontraba, no uno,
srno vanos 11doradores; á todos fascinaba y engafiaha. Xaturalmente éRtos, IIRÍ que se veían
bu!·l~dos y comp1:e1'.dían que era una coqueta,
ret1rnhan¡;e, conv1rtiéndo&lt;ie en enemigos, y divulgaban por todas partes el inicuo proceder
de la coqueta y bella Sara. Habiéndola dotado
la naturaleza de una belleza poco común y
siendo rica, poseía una arma de doble filo, 'c1e
que se Y11lía para l'/lcrifiear á sus víctinrns: no
era, por _lo mismo, una coqueta vulgar, y sí
ele laia peligrosas que, en aras ele su vicio sacrifiean ha:=-ta ]a exü;teneia de sus adoracl~res
sin preocuparse, con frío estoicü,mo; son esa;
mujeres, fragantes flores que atraen por su
hermosura, pero que producen la muerte tle
los incautos que se acercan á ellas.
Julio era pobre, y, por lo mi¡:mo, no frecuentaba reuniones aristocráticas, y nada sabía
acerca del comportamiento de Sara, ignoraba
por completo que fuese una coqueta; llamába]e sí la atención que siendo hermosa se pintara, que en su manera de vestir tuviera cierto descuido, que se rizara las pestañas y pintara ojeras; en fin: él, que poseía buen talento,
analizaba uno por uno los defectos de su amada, sin encontrar en ella cualidad alguna.
Sara sostuvo algún tiempo con Julio relaciones, no por amor y sí por vanidad, por mostrarles á sus amigas las cartas que éste le escribía, Ruperiores á las de los otros, que no tenían más gracia que lucir el trabajo de sus
sastres y derrochar el dinero heredado de sus
padres ó parientes.
Pero llegó un &lt;lía en que Sara vió pobre á
Julio, se avergonzó de amarlo y lo borró de la
lista de los cándidos-como ella los llamaba;no volvió ú rnliral balcón. y Julio pasaba días
horribles, no sabiendo por qué causa; creía.la
enferma, suponíase mil co!'as, pero jamás creyó
que fuese por despreciarlo; le escribió tres cartas, y de ninguna de ellas obtuvo contestación;
por fin, comprendió la verdad de lo que pasaba, y sin embargo, él la amaba más que
nunca; pero triunfó la razón, arm6se de valor
y le escribió una carta de despedida. Entregóse con más ardor que nunca al estudio: quería tener un nombre ilustre y formarse un porvenir. ¡Dichoso, ¡oh tú Julio!, que en lugar de
conducirte el dolor y las pasiones al suicidio,
buscaste en el estudio la calma y fortaleciste
tu espíritu! ¡ojalá y todos aquellos que por
una coqueta ú otra causa buscan la muerte,
te imitaran!
La carta decía así:

Sara, cuando recibió eRta postrera carta, algo se conmovió; pero pudo m{1s la vanidad y
jamús volvió á acorclar;e de .Julio.
¡ Pobre coquetn! aún era tiempo de que
fueras feliz; jamús encontrarúH otro hombre
igual á .Tulio, pue:=- tu oro y tu hermo:-ura te
proporcion11rán placeres. amantes, lujo, pero
ignoras que el verdadero amor no se compra
cou nada y que es el único que puede hacer
feliz.

***

Ifon pasado diez años. D. José Robero murió, habiendo dejado c11si en la pobreza á su
idolatrada hija, pues un terrible incendio redujo á cenizas su cnantim,o capital.
Sara, la hermosa, la coqueta, aRÍ que la vieron pobre, la despreciaron; así es la F&lt;ocie&lt;lad,
así es el mundo, y tuvo que caRarse con un
viejo achacoso, de esos que han pasado su vida entre pla&lt;'eres y orgías y t1ue buscan en el
matrimmiio de¡;cnmo, haciendo de sus hijos,

Domingo 9 de Noviembre de 1902.
vicio y la prostitución la bella y coqueta Sara. ¡ Pobre flor arrojada al lodazal, qué mísera
y breve existencia tuviste!

.Tulio era ya un médico afamado, tenía bastante clientela y hacía dos años que daba una
clase en la Escuela de ~Iedicina, puesto que
había obtenido por oposición. Vivía con su
anciana madre, no se había caRado, pues desde (]Ue amó á Sara y ésta lo despreció, volvióse escéptico, no qneri,mdo más que á la autora de sus días, al estudio y á los pobres. A
veces veíasele taciturno, se conocía que sufría
no podía olrid11r á la coqueta, aún la amab11 '
había sido su primer amor y tal vez el úl~
timo.
Un día, al penetrar al local donde daba suR
claseR, queclóse como petrificado al ver que el
cadáver que estaba en la planC'ha era el de la
hermosa Sara, que apenai- se podía reconocer
pues no era ni su sombra; él sí la reconoci6
luego. ~Iil penRamientos se agolparon en su
mente; no la habín. vuelto á ver, y ahora ¡en
qué estado y en (]Ué condiciones! Sus 11lumnos estaban esperando que les diera la clase
el maestro; éste tuvo que hacer un esfuerzo
inaudito y les habló &lt;le las funciones del comz6n; estu,·o elocuente y sombrío; al terminar la clase, los alumnos despejaron el salón
el único que quedó fué ,Julio y el rígido y mu~
tilaclo cad{wer ele Sara; ya no pudo más fingir y lloró ..... .

«Sara:
«De tu singular belleza surgió como hermosa consecuencia mi cariño; pero por tu veleidoso y coqueto carácter, como niebla a.l sol
se ha desvanecido. Hoy mi pensamiento sólo
estrecha tu recuerdo, más querido mientras
más ingrato y cruel.
«Quiero retenerte en mi memoria porque no
creo en tus envenenados sentimientos; pero
triste realidad es tener que apurar un cáliz ele
amargura que extingue para siempre la vehemencia de mi amor.
«La resignación que á mi alma llegue, cubrirá con sus glaciales besos mi pobre corazón,
donde se abrían los lirios de mi ternura y cariño hacia ti. A los claros matices que abrillantaban mi pasión, hoy se suceden las lágrimas del más grande dolor.

si los tienen, seres infelices, tanto física como
moralmente.
R11ra asi6se al caduco viejo come el náufrago á la tabla salvadora; mas bien pronto fastidióle la vida que llevaba en su nuevo y forzoso estado, y tuvo un amante y luego otro, y
así fué descendiendo por la pendiente que conduce al vicio, á la prostitución; su espo;;o llegó á saber sn comportamiento y sin vacilar se
prei:,entó á un juzgado solicitando su divorcio.
Los periódicoR dieron la noticia poniendo
tan súlo laR iniciales de los divorciados, comentándose el hecho en los CÍr&lt;"u loR sociales, y
poco tiempo clei;;pués nadie volvió á acordarse
del suceso.
Primero por gusto y después por necesidad,
se fué hundiendo más y más en el fango del

Después, con paso lento, se acercó á ella la
c&lt;;&gt;ntem_rló un.~omento, y coI"?o si aún le pudtera ~1r, le d1Jo: «duerme meJor ese sueño y
no olvides que debes despertar para siempre á
In: vida real del verdadero amor; yo deseo,
bien mío, que en otra existencia que no sea
tan fugaz como ésta que acabas de pasar aniden en tu pecho los sentinientos nobles'y clelica&lt;los que encontraron tan prematura muerte en la breve mañana de tu castidad.»
GONZ.\LO PEXA y TRONCOSO.

�Domingo 9 de Noviembre de 1901.

EMILIO ZOLA
\. PAGINAS DEL 1cDIARTO DE LOS GONCOURT»)

Sábado 27 a!?osto 1870.-Zolá viene á almorzar conmigo. Me habla de una serie de novelas
que quiere hacer, una epopeya en diez volúmenes, de la historia natural y social de una familia, de una obra que tiene ambición de iatentar,
con 111. exposición de los tempe1·amentos, de los
caracteres, de los vicios, de las virtudes, desarrollados según el medio ambiente y diferenciados como las partes de un jardín «donde hay
sombra aquí. sol allá.&gt;
Me dice: Después del análisis de lo infinitesimal en el sentimiento, tal y como lo ha ejecutado Flaubert en «Madama Bovary ;&gt; después del
análisis de las cosas artísticas, plásticas y nerviosas, tal y como ustedes lo han hecho; después
de esas «obras-joyas,&gt; de esos volúmenes cincelados, no hay lugar para los jóvenes; no queda
nada por hacer. nada por constituir, ni u n personaje ni una ligura por construir; únicamente
se puede ya hablar al público por la ca ntidad de
los volúmenes, por la potencia de la creación.

***
Lunes :3 junio 1872. -Hoy Zolá a lmuerza. en mi
1•a~¡1. Lt ,·eo co¡:er ¡t dos mAnos su vaso de Bur-

,

EL :MUNDO ILUSTRADO
Turgueneff nos interrumpe, diciéndonos con la
originalidad de su pensamiento y e~ dulce murmullo de su palabra.: «La compa.rac1ón no es 1,10ble, sefiores, pero permitidme comp!l'rar á Ta.me
con un perro de caza que yo be temdo: vente~ba. hacía la muestra, realizaba. todo el maneJO
de'un perro de caza á las mil maravillas; pero,
¡ahí tienen ustedes!, carecía de olfato y tuve que
vender le.&gt;
.
Zolá es completa.mente feliz, está entus13:~ma.do con la excelente cocina, y como yo le dl¡ese:
-Zolá, ¡,es usted por ventu:ra &lt;~our~9:nd&gt;?
-Sí-me respondió;-es m1 úmco v1c10, y en
mi casa, cuando no ha.y algo bueno de comer, me
siento desdicha.do . . ... . No ha.y más que esto. •.
las demás cosas no existen par a mí. . . . . . ¡Ah!
¿ustedes no saben la vida que llevo'?&gt;
Y helo aquí ensartando con una faz sombría el
capítulo de sus miserias. Es curioso cómo las
expansiones del joven novelis~a vienen á dar en
seguida en pal abras melancóhcas.
Zolá ha comenzado uno de los cuadros más
negros de su juventud, de las .ªl!lª~guras de su
vida de todos los días, de las m1ur1a.s que _se le
han dirigido, de la suspición en que se le tiene,
de la especie de cuarentena. que se hace en derredor de sus obras.
Turgueneff dice á media voz: «Es particular:
un ruso amigo mío, hombre de gran ingenio, afkma.ba que el tipo de J . J . Rousseau era un tipo
francés, y que sólo se hallaba en Francia.&gt; Zolá, que no ha oído, continúa gimiendo, y al decírsele que no tiene por qué quejarse, que ha b, -

Lunes 19 febrero 1877.-... Entonces Fla.ubert
se pone á atacar-siempre con grandes sombrerazos al talento del autor,-se pone á atacar los
prefacios, las doctrinas, las profesiones de fe natura.listas de Zolá.
Zola responde poco más ó menos esto:
« ... Tiene usted una pequeña. fortuna que ba
podido usted defender de muchas cosas.... . Yo,
mi vida me he visto obliga.do á ganat·la. absoluta.mente con mi pluma; me be visto obligado á
pasar por todo género de labores, sf, de las más
«despreciables&gt;.. . ¡Ah Dios mío!, me budo como
usted de esa palabra «natur alismo&gt;, y sin embargo, yo la repetiré, porque ~as cosas necesitan un
bautismo para que el púbhco las crea nu~vas ...
Vea usted, bago dos partes de lo que escr_1bo: de
un lado mis obras, por las cuales se me ¡uzga y
p0r las cuales deseo ser juzgado; de otro Jado
mi folletín del «Bien Public,&gt; mis artículos de
Rusia, mi correspondencia de Marsella, que no
representan nada para mí, que desec_h o que sólo me sirven para hacer espuma á mis libros.
«Primeramente be puesto un clavo y de un martillazo le he hecho entrar un centímetro en el ce
rebro del público; después,de un segundo golpe,
le be hecho entrar otros dos centímetros... Pues
bien, mi martillo es el periodismo, el ruido que
hago yo mismo alrededor de mis obras.&gt;

~L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 20.

MÉXICO, NOVIEMBRE 16 DE 1902.

Oerente1 LUl6 Rtl't&amp; &amp;PINDOLA.

a1recton LIC. RArAtL Rtl't&amp; &amp;PINDOU.

r

***
Lunes 30 junio 1881.-La. casa de Zolá en Medán ... Una propiedad que le ha costado ya 200,000
francos y cuyo primitivo precio de adquisición
creo que fué 2,000 francos. Un gabinete de trabajo amplio y alto de techo; sobre la chimenea se
lee: «Nulla dies sine línnea&gt;; en un rincón se
percibe un órgano &lt;melódium&gt;, con voces angé·
licas, del que el autor naturalista hace saltar
acordes á la caída de la tarde.

***
Martes 10 abril 1883,-La. narii de Zolá es una
nariz particular, es una nariz que interroga., que
ap1·ueba, una nariz que está alegre, una nariz
que está triste, una nar·iz en la cual reside la fisonomía de su dueño; una verdadera na1·iz de
perro de caza; las impresiones, las sensaciones,
los apetitos, dividen su punta en dos pequeños
lóbu1os que, en ocasiones, parecen inquietos.
Hoy no ebtá inquieta esa punta de nanz y repite
lo que la voz contristada del novelista formula,
en el tono de un «Hermano, morir habemos,&gt; a
propósito de la venta de nuestros libros futuros:
&lt;Las grandes ventas ... nuestras grandes ventas
han concluido.&gt;

***
Sábado 2 mayo 1885.-Esta tarde hablábamos
de supersticiones. Zolá está realmente curioso
hablando en voz ba.¡a de estas cosas, misteriosamente, como si tuviese miedo de una oreja ttmit&gt;le que le escuchase en la somlira de la habitación. No cree en la vfrtud del número 3; el número 7 es el que, por el momento, constituye su
«porte-bonneur.&gt;
Y deja oír que la noche en Medán cierra sus
puertas por medio de combinaciones diabólicas.
Emilio Zolá, en su estudio.

deos y le oigo decir: «¡Vea usted cómo me tiemblan los dedos!&gt;
Y me habla de una enfermedad cardíaca. en
germen, de un principio de enfermedad en l a vejiga, de una amena.za de reumatismo articular.
Nunca los literatos parecen haber nacido tan
muertos como ahora, y sin embargo, nunca el
trabajo ha sido tan activo. tan incesante. Enclenque y neurosténico como lo es, Zolá trabaja.
todos los días de nueve ~ doce y media y de tres
á ocho. Todo esto necesita en la actualidad, con
talento y casi un nombre, para ganar su vida.
«Es p reciso-repite,-y no ere&lt;\ usted que tengo
voluntad; soy por naturaleza ua ser débil é incapaz de todo trabajo l argo é intenso. La voluntad, en mí, se halla reemplazada por la «idea fija&gt;, que me haría enfermar si no obedeciese á su
obsesión.&gt;
Mientras recorta una obrita dramática de &lt;Teresa Raquín&gt;, se dedica, por el momento, á buscar una novela en los mercados, te!ltado de pintar este mundo.
Y parte del día la paso hablando con este amable enfermo, cuya conversación se pasea, de una
manera ca.si infantil, de la esperanza á la desesperanza: «H;l periodismo, en el fon do-dice,-me
ha hecho un servicio: me ha hecho fácil el tl'abajo que en otro tiempo me era muy difícil. Era
una especie de fl.uio de ideas y de fórmulas,
obstruyéndose unas á otras hasta tal punto, que
me veía. en ocasiones obligado á dejar la pluma.
Hoy es un flujo regul ar, una corriente menos
abundante, pero que corre sin estorbos.&gt;

** *
Lunes 25 enero 1875.-Las cenas de Flaubert
no tienen suerte. A la salida de I a primera, cogí
mi fluxión al pecho. Hoy Fla.ubert, enfermo, falta; está en la cama. No somos más que Turgueneff, Zolá, Da.udet y yo. Se habla primero de
Ta.ine. Ca.da uno busca la manera de definir las
cualidades y 111,s imperfecciones de su ta.lento¡

ch o un camino b rillante para un hombre que no
cuenta aún treinta y ci nco años:
«¡Pues bien! ¡,Quieren ustedE's que les hable
desde el fondo de mi corazón?-exclama..-Me
mirarán ustedes como un niño, pero tanto peor.. .
Yo no seré jamás condecorado, yo no seré jamás
de l a Academia, yo no tendré jamás una de esas
distinciones que afirman mi talento. Para el público seré siempre un paria, sí, un paria.&gt; Y re•
pite cuatro ó cinco veces &lt;un paria.&gt;

. .... .. . ·· ··· .. .... ... ··· ··· ·· ····· · ... ......... .
Zolá está de vena y continúa hablándonos de
su trabajo, de la «puesta&gt; cotidiana de cien líneas que se arranca todos los días, de su vida
interior sin distracciones; tan sólo por la noche
algunas partidas de dominó con su mujer ó ln.
visita de algún p aisa.nc,. En medio de todo esto,
escápasele el confesarnos que en el fondo, su gran
satisfacción, su gran placer es sentit· la acción,
la dominación que desde su humilde agujero ejerce sobre París, y lo dice con el acento de un hombre de talento que ha brujuleado largo tiempo en
l a miseria.
Durante la confesión acerba del novelador realista, Daudet se r ecita á sí mismo versos provenzales, y parece gar garizarse con I a dulce sonoridad mus ical de la poesía del cielo azul.

***
Viernes 7 enero 1876.-En casa de Daudet, a.legre y encantadora cena a lrededor de una sopera
de &lt;bonillabaisse&gt; y de un asado de zorzales de
Córcega. Todo el mundo se sienta codo con codo
entre nerviosidades simpáticas y se come mejor
entre talentos que se estiman.
La satisfacción de Flaubert estalla en violencias de palabra, ante las cuales la gentil
señora de Daudet parece achicarse perezosament~; la satisfacción de Zolá se expansiona. en la
dicha, muy natural, de ver la fortuna y el dinero
tomar el camino de s11 hogar.

***
Martes 23 enero 1889.-Hablo un momento con
Zolá de nuestra vida entregada á las letras, en tregada como no ha sido entrega.da. por nadie en
ninguna época, y nos confesarnos que hemos sido
ve1·daderos mártires literarios, tal vez unos «bestias.&gt; Y Zolá me confiesa que este año, en que
frisa casi en los cincuenta., se ha visto cogido oe
nuevo por un retoiia.r de vida, por un deseo de
goces materia.les, é interrumpiéndose de pronto:
¡Sí,_ no veo pasar una mujer ¡oven, como esa, siu
decirme!: ¿Y no vale esto más que un libro'!

***
Miércoles 12 marzo 1890.-&lt;¿Qué hace usted
aho1·a?&gt;-dije al a.u tot· de la&lt;Bestia humana &gt;que
vino á sentarse junto á mí.
'
«-Nada..... decididamente no puedo comenzar .. .. Además, el«Dinero&gt; es de tal ma.neraextenso, que no sé por dónde cogerlo . . . . y los doc umentos de este libro, para hallarlos, para sab~r dónde hay que dar........ estoy rodeado de
dificult a.des como nunca .... ¡Ah! quisiera haber
concluido esos tres libros .... Después de el «Dinero&gt;, sí, vendt·á la «Gue1-ra&gt;, per·o no será una
novela; más bien será el paseo de un francés á,
través del Sitio y de la Cornmune .... En el tondo, el libro que me babia, que tiene para mí un
encanto especialísimo, es el último en donde pondré en escena á un sabio .... Este sd.bio ... estoy
tentado de hacerlo como un Claudio Bernara,
con la comunicación de sus papeles, de sus cai·tas .... Será entretenido .... h .. ré un sabio casado con una mujer retrógacta., beata, que dest1·u1rá sui:; obras á medida que él tra.ba¡e.&gt;
- ¿Y después, qué hat·á usted'?
-Después, lo más p1·udente sería no hacer más
libros .. . . irse de la liter atura..... pasar á una
nueva vida, mfrando la otra como acabada.. ....
-Pero ... no se tiene nuuc¡i, ese Vl\lor,
-¡Es ¡:r¡uy posible!

Subscripción mensual fon!.nea, $1.50
Idem ldem. en la capital, ., 1.25

GOBERNADOR L,TERIXO DE OAXACA.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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