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                  <text>Domingo 9 de Noviembre de 1901.

EMILIO ZOLA
\. PAGINAS DEL 1cDIARTO DE LOS GONCOURT»)

Sábado 27 a!?osto 1870.-Zolá viene á almorzar conmigo. Me habla de una serie de novelas
que quiere hacer, una epopeya en diez volúmenes, de la historia natural y social de una familia, de una obra que tiene ambición de iatentar,
con 111. exposición de los tempe1·amentos, de los
caracteres, de los vicios, de las virtudes, desarrollados según el medio ambiente y diferenciados como las partes de un jardín «donde hay
sombra aquí. sol allá.&gt;
Me dice: Después del análisis de lo infinitesimal en el sentimiento, tal y como lo ha ejecutado Flaubert en «Madama Bovary ;&gt; después del
análisis de las cosas artísticas, plásticas y nerviosas, tal y como ustedes lo han hecho; después
de esas «obras-joyas,&gt; de esos volúmenes cincelados, no hay lugar para los jóvenes; no queda
nada por hacer. nada por constituir, ni u n personaje ni una ligura por construir; únicamente
se puede ya hablar al público por la ca ntidad de
los volúmenes, por la potencia de la creación.

***
Lunes :3 junio 1872. -Hoy Zolá a lmuerza. en mi
1•a~¡1. Lt ,·eo co¡:er ¡t dos mAnos su vaso de Bur-

,

EL :MUNDO ILUSTRADO
Turgueneff nos interrumpe, diciéndonos con la
originalidad de su pensamiento y e~ dulce murmullo de su palabra.: «La compa.rac1ón no es 1,10ble, sefiores, pero permitidme comp!l'rar á Ta.me
con un perro de caza que yo be temdo: vente~ba. hacía la muestra, realizaba. todo el maneJO
de'un perro de caza á las mil maravillas; pero,
¡ahí tienen ustedes!, carecía de olfato y tuve que
vender le.&gt;
.
Zolá es completa.mente feliz, está entus13:~ma.do con la excelente cocina, y como yo le dl¡ese:
-Zolá, ¡,es usted por ventu:ra &lt;~our~9:nd&gt;?
-Sí-me respondió;-es m1 úmco v1c10, y en
mi casa, cuando no ha.y algo bueno de comer, me
siento desdicha.do . . ... . No ha.y más que esto. •.
las demás cosas no existen par a mí. . . . . . ¡Ah!
¿ustedes no saben la vida que llevo'?&gt;
Y helo aquí ensartando con una faz sombría el
capítulo de sus miserias. Es curioso cómo las
expansiones del joven novelis~a vienen á dar en
seguida en pal abras melancóhcas.
Zolá ha comenzado uno de los cuadros más
negros de su juventud, de las .ªl!lª~guras de su
vida de todos los días, de las m1ur1a.s que _se le
han dirigido, de la suspición en que se le tiene,
de la especie de cuarentena. que se hace en derredor de sus obras.
Turgueneff dice á media voz: «Es particular:
un ruso amigo mío, hombre de gran ingenio, afkma.ba que el tipo de J . J . Rousseau era un tipo
francés, y que sólo se hallaba en Francia.&gt; Zolá, que no ha oído, continúa gimiendo, y al decírsele que no tiene por qué quejarse, que ha b, -

Lunes 19 febrero 1877.-... Entonces Fla.ubert
se pone á atacar-siempre con grandes sombrerazos al talento del autor,-se pone á atacar los
prefacios, las doctrinas, las profesiones de fe natura.listas de Zolá.
Zola responde poco más ó menos esto:
« ... Tiene usted una pequeña. fortuna que ba
podido usted defender de muchas cosas.... . Yo,
mi vida me he visto obliga.do á ganat·la. absoluta.mente con mi pluma; me be visto obligado á
pasar por todo género de labores, sf, de las más
«despreciables&gt;.. . ¡Ah Dios mío!, me budo como
usted de esa palabra «natur alismo&gt;, y sin embargo, yo la repetiré, porque ~as cosas necesitan un
bautismo para que el púbhco las crea nu~vas ...
Vea usted, bago dos partes de lo que escr_1bo: de
un lado mis obras, por las cuales se me ¡uzga y
p0r las cuales deseo ser juzgado; de otro Jado
mi folletín del «Bien Public,&gt; mis artículos de
Rusia, mi correspondencia de Marsella, que no
representan nada para mí, que desec_h o que sólo me sirven para hacer espuma á mis libros.
«Primeramente be puesto un clavo y de un martillazo le he hecho entrar un centímetro en el ce
rebro del público; después,de un segundo golpe,
le be hecho entrar otros dos centímetros... Pues
bien, mi martillo es el periodismo, el ruido que
hago yo mismo alrededor de mis obras.&gt;

~L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 20.

MÉXICO, NOVIEMBRE 16 DE 1902.

Oerente1 LUl6 Rtl't&amp; &amp;PINDOLA.

a1recton LIC. RArAtL Rtl't&amp; &amp;PINDOU.

r

***
Lunes 30 junio 1881.-La. casa de Zolá en Medán ... Una propiedad que le ha costado ya 200,000
francos y cuyo primitivo precio de adquisición
creo que fué 2,000 francos. Un gabinete de trabajo amplio y alto de techo; sobre la chimenea se
lee: «Nulla dies sine línnea&gt;; en un rincón se
percibe un órgano &lt;melódium&gt;, con voces angé·
licas, del que el autor naturalista hace saltar
acordes á la caída de la tarde.

***
Martes 10 abril 1883,-La. narii de Zolá es una
nariz particular, es una nariz que interroga., que
ap1·ueba, una nariz que está alegre, una nariz
que está triste, una nar·iz en la cual reside la fisonomía de su dueño; una verdadera na1·iz de
perro de caza; las impresiones, las sensaciones,
los apetitos, dividen su punta en dos pequeños
lóbu1os que, en ocasiones, parecen inquietos.
Hoy no ebtá inquieta esa punta de nanz y repite
lo que la voz contristada del novelista formula,
en el tono de un «Hermano, morir habemos,&gt; a
propósito de la venta de nuestros libros futuros:
&lt;Las grandes ventas ... nuestras grandes ventas
han concluido.&gt;

***
Sábado 2 mayo 1885.-Esta tarde hablábamos
de supersticiones. Zolá está realmente curioso
hablando en voz ba.¡a de estas cosas, misteriosamente, como si tuviese miedo de una oreja ttmit&gt;le que le escuchase en la somlira de la habitación. No cree en la vfrtud del número 3; el número 7 es el que, por el momento, constituye su
«porte-bonneur.&gt;
Y deja oír que la noche en Medán cierra sus
puertas por medio de combinaciones diabólicas.
Emilio Zolá, en su estudio.

deos y le oigo decir: «¡Vea usted cómo me tiemblan los dedos!&gt;
Y me habla de una enfermedad cardíaca. en
germen, de un principio de enfermedad en l a vejiga, de una amena.za de reumatismo articular.
Nunca los literatos parecen haber nacido tan
muertos como ahora, y sin embargo, nunca el
trabajo ha sido tan activo. tan incesante. Enclenque y neurosténico como lo es, Zolá trabaja.
todos los días de nueve ~ doce y media y de tres
á ocho. Todo esto necesita en la actualidad, con
talento y casi un nombre, para ganar su vida.
«Es p reciso-repite,-y no ere&lt;\ usted que tengo
voluntad; soy por naturaleza ua ser débil é incapaz de todo trabajo l argo é intenso. La voluntad, en mí, se halla reemplazada por la «idea fija&gt;, que me haría enfermar si no obedeciese á su
obsesión.&gt;
Mientras recorta una obrita dramática de &lt;Teresa Raquín&gt;, se dedica, por el momento, á buscar una novela en los mercados, te!ltado de pintar este mundo.
Y parte del día la paso hablando con este amable enfermo, cuya conversación se pasea, de una
manera ca.si infantil, de la esperanza á la desesperanza: «H;l periodismo, en el fon do-dice,-me
ha hecho un servicio: me ha hecho fácil el tl'abajo que en otro tiempo me era muy difícil. Era
una especie de fl.uio de ideas y de fórmulas,
obstruyéndose unas á otras hasta tal punto, que
me veía. en ocasiones obligado á dejar la pluma.
Hoy es un flujo regul ar, una corriente menos
abundante, pero que corre sin estorbos.&gt;

** *
Lunes 25 enero 1875.-Las cenas de Flaubert
no tienen suerte. A la salida de I a primera, cogí
mi fluxión al pecho. Hoy Fla.ubert, enfermo, falta; está en la cama. No somos más que Turgueneff, Zolá, Da.udet y yo. Se habla primero de
Ta.ine. Ca.da uno busca la manera de definir las
cualidades y 111,s imperfecciones de su ta.lento¡

ch o un camino b rillante para un hombre que no
cuenta aún treinta y ci nco años:
«¡Pues bien! ¡,Quieren ustedE's que les hable
desde el fondo de mi corazón?-exclama..-Me
mirarán ustedes como un niño, pero tanto peor.. .
Yo no seré jamás condecorado, yo no seré jamás
de l a Academia, yo no tendré jamás una de esas
distinciones que afirman mi talento. Para el público seré siempre un paria, sí, un paria.&gt; Y re•
pite cuatro ó cinco veces &lt;un paria.&gt;

. .... .. . ·· ··· .. .... ... ··· ··· ·· ····· · ... ......... .
Zolá está de vena y continúa hablándonos de
su trabajo, de la «puesta&gt; cotidiana de cien líneas que se arranca todos los días, de su vida
interior sin distracciones; tan sólo por la noche
algunas partidas de dominó con su mujer ó ln.
visita de algún p aisa.nc,. En medio de todo esto,
escápasele el confesarnos que en el fondo, su gran
satisfacción, su gran placer es sentit· la acción,
la dominación que desde su humilde agujero ejerce sobre París, y lo dice con el acento de un hombre de talento que ha brujuleado largo tiempo en
l a miseria.
Durante la confesión acerba del novelador realista, Daudet se r ecita á sí mismo versos provenzales, y parece gar garizarse con I a dulce sonoridad mus ical de la poesía del cielo azul.

***
Viernes 7 enero 1876.-En casa de Daudet, a.legre y encantadora cena a lrededor de una sopera
de &lt;bonillabaisse&gt; y de un asado de zorzales de
Córcega. Todo el mundo se sienta codo con codo
entre nerviosidades simpáticas y se come mejor
entre talentos que se estiman.
La satisfacción de Flaubert estalla en violencias de palabra, ante las cuales la gentil
señora de Daudet parece achicarse perezosament~; la satisfacción de Zolá se expansiona. en la
dicha, muy natural, de ver la fortuna y el dinero
tomar el camino de s11 hogar.

***
Martes 23 enero 1889.-Hablo un momento con
Zolá de nuestra vida entregada á las letras, en tregada como no ha sido entrega.da. por nadie en
ninguna época, y nos confesarnos que hemos sido
ve1·daderos mártires literarios, tal vez unos «bestias.&gt; Y Zolá me confiesa que este año, en que
frisa casi en los cincuenta., se ha visto cogido oe
nuevo por un retoiia.r de vida, por un deseo de
goces materia.les, é interrumpiéndose de pronto:
¡Sí,_ no veo pasar una mujer ¡oven, como esa, siu
decirme!: ¿Y no vale esto más que un libro'!

***
Miércoles 12 marzo 1890.-&lt;¿Qué hace usted
aho1·a?&gt;-dije al a.u tot· de la&lt;Bestia humana &gt;que
vino á sentarse junto á mí.
'
«-Nada..... decididamente no puedo comenzar .. .. Además, el«Dinero&gt; es de tal ma.neraextenso, que no sé por dónde cogerlo . . . . y los doc umentos de este libro, para hallarlos, para sab~r dónde hay que dar........ estoy rodeado de
dificult a.des como nunca .... ¡Ah! quisiera haber
concluido esos tres libros .... Después de el «Dinero&gt;, sí, vendt·á la «Gue1-ra&gt;, per·o no será una
novela; más bien será el paseo de un francés á,
través del Sitio y de la Cornmune .... En el tondo, el libro que me babia, que tiene para mí un
encanto especialísimo, es el último en donde pondré en escena á un sabio .... Este sd.bio ... estoy
tentado de hacerlo como un Claudio Bernara,
con la comunicación de sus papeles, de sus cai·tas .... Será entretenido .... h .. ré un sabio casado con una mujer retrógacta., beata, que dest1·u1rá sui:; obras á medida que él tra.ba¡e.&gt;
- ¿Y después, qué hat·á usted'?
-Después, lo más p1·udente sería no hacer más
libros .. . . irse de la liter atura..... pasar á una
nueva vida, mfrando la otra como acabada.. ....
-Pero ... no se tiene nuuc¡i, ese Vl\lor,
-¡Es ¡:r¡uy posible!

Subscripción mensual fon!.nea, $1.50
Idem ldem. en la capital, ., 1.25

GOBERNADOR L,TERIXO DE OAXACA.

�.Domingo lA de Noviembre de 1902.

Et MtJNt&gt;O !LUS'l'RADO

EL MUNDO ILUSTRADO
Apresuramos el paso, vemos &lt;le prisa, vamos de prisa. Quiero llevar á mi amigo á la
Sixtina; es formidable eHto de ver la Sixtina
después de recorrer S. PeJro; es una ascensión al Popocatepetl ( moralmente hablando, se
entiende). Pero sin broma, quecla el espíritu
fatigado por días enteros; y no hay tiempo que
perder, mañana Raldremos para Xápoles.

II

V:

• t

LVI, volví y ........ volví. ¿Volveré?
Chi lo sa? Arrojé deYotamente cinco ó seis monedas en la fuente de
Trevi, porque quien esto hace, vuelve ...... Todo es bello en Italia, hasta lo feo tiene un alma de belleza; al menos así lo quise ver y lo
vi así; pero Roma, Roma, agrega un trozo de
mundo ideal al mundo del espíritu, se siente
uno dueño de más......... Ya Goethe lo había
dicho: Roma agranda las almas de quienes
la comprenden. ¡Ay! ¿la comprendí yo? La
pude apenas comenzar á deletrear........ Pero
supe amarla; me queda en el fondo del corazón la deliciosa amargura de haber sabido
amarla, de amarla todavía. Con razón dicen
los eruditos que el not'nbre sagrado y esotérico de Roma, es su anagrama «Amor.,,
Volví á San Pedro. Torné á pararme junto
de las toscas, soberbias fuentes, negras y estallando en agua empenachada de irises [reincido en este pluralillo antiacadémico]; torné á
contemplar sobre el cimborrio de )lignel Angel la curva soberana &lt;le la cúpula, reentré en
el inmenso pórtico, reví la estatuaza de Carlomagno, resonreí ante los temas de los relieves
en bronce del portón de Filnrete, y por una
de las puertas de In derecha nos colamos en
la Iglesia.
Rompiendo brumas y nublados invernales,
había salido por fin á cara descubi...-rta el sol
[lo ministro maggior della natura [Dante];
había barrido con su gran brocha de oro el
cielo, dejando amohtonadas en las montañas
fl-abélicas los copos de nubes y de nieves; había dado á la sombra húmeda de las calles su
marco bruñido, y multiplicado en las ventanas, balcones y cornisas altas, los pintorescos
abigarramientos de ropas tendidas á secar, lo
que mis compañeros encontraban indigno de
la cacareada cultura europea, y á mí me parecía encantador. Xo sabemos en mi tierra el
oro que tenemos con tener el sol tan barato;
aquí, aun en Italia, el país del sol. tiene una
demanda incalculable, supera terriblemente á
la oferta, y en sólo un turno de dos horw, sec~n su ropa por dos semanas treinta ó cincuenta mil «almas", como dicen los estadísticos,
para quienes las almas gastan 1.apatos y pantalones.
,,
Bajo el sol que la iluminaba y la penetraba
como si fuese un bloque de cristal de roca, la
claridad «sui géneris" de Sa.n Pedro parecía
mayor, más nítido el ampo de los mármoleR,
más clara y pura la soflama misteriosa que
irradiaban los pilareR, las estatuas, los sepulcros; todas las penumbras daban relieve á las
formas y matizaban con vagas azulosi&lt;lades
las crudezas blancas de las piedras; todos los
mosaicos parecían hechos de gemas, vidan,
no había sombra.

Por supuesto habíamos suprimido al guía;
la última vez Araluce y yo fuimos solos y la
iglesia estaba sola casi: dos ó trescientas ¡,ersonas: era todo, era nada. Hedeker dice: á la
derecha; nosotros tomamos á la izquierda. Ya
11abia de memoria mi itinerario, es un desfile
de maravillas de segundo y hasta de tercer orden ¿puede decirse esto? La tapa de p6rfido

del sepulcro del emperador Hadriano, convertida en fuente bautismal; si el delicadísimo escéptico que se llam6 H11driano se hubiese imaginado el destino de su mausoleo (Santangelo ), el de su sarc6fago (fuente bautismal),el de
su Pantheón (Santa María la rotonda-el Pantheón actual), se habría encantado de antemano, le divertían mucho las Rorpresas del destii:o, para él Zeus debió haber sido un Anpremo titiritero. Luego la «sagrestia»; las sacri~tías
debimos decir, dentro de ellas caben varias
iglesias; también aquí hay columna;: &lt;le la «vill1u de Hadriano: y cuadros de Giot.to, que estaban en la antigua basílica: ¡qué cu11drosl
todo se ve venir allí en esos cuerpos rígidos,
en esos coloridos marchitos y e-in jugo, C'D &lt;'ROS
San Pedros y San Pablos horriblemente torturadoR, en aqtielln «madonna&gt;1 tristísima y dulce que canta un poema sordo con la luz ,·ciada de los ojos; todo se ve venir, la forma, el
color, el arte: Giotto no es un primit.iYo todavía, es un ancestro, un precursor. Y, sin embargo, ya la poesía italiana hablaba en aquella aurora del siglo XIV su lenguaje eterno:
Dante Alighieri había escrito la «Commedia»,
que nosotros llamamos divina y de la cual ·
puede educirse toda la poei.ía. romance, aun
la nuestra, aun la de hoy .....
Dejemos estas disertacioneR para otro día en
que mis lectores estén prevenidos y no ~e embarquen; y dirán y con razón, para leer e:stas
cosaf',allí están los diccionarios, los Larouses y
los enciclopédicos...... Perdón, pues, y salgamos de la sacristía. ¿No quieren uRtedes que
nos detengamos ante esta dalmática. de C'arlomagno, ante estas primorosas miniaturas de
Giotto (todos los «primitiv0sn eran miniaturistas que sabían dar á sus miniaturas proporciones enormes), que en un libro vetnstfaimo
del «Archivo de S:i.n Pedron nos muestra un
risueño cleriguillo?
Fuera, pues, de la sacristía, hay cosas allí
para admiradas en veinte 6 treinta visitas y
volvamos á nuestra nave izquierda. Siga el
desfile, es decir, Rigamos &lt;lei-fil11ndo; para meternos en la sacristía, habíamos dejado atrás
una buena parte de la nave: defl-anclamos paso
á paso el camino n.ndado, no para ver suntuoRos sarcófagos de pontíficeR, por Tenerani, ó
Thorvaldsen, 6 Cario Maratta ó los viejos Pollajuoli, por interesantes que sean, ni los mosaicos reproduciendo en triples ó cuádruples
proporcione~, pero con fidelidad notable, algunos originales cflebres como la «Transfiguraciónn de Rafael, sino para hacer nueva estación clelant.e rle los últimos Yást1gos directos
de l\Iaría Stuardo y de su nieto Carlos (entrambos degollados), vástngoH sin savia que se
extinguieron, 6 tristes, ó alcohólicos ó im potentes. ¡Qué bien lloran sin lágrimas el fin de esta
raza «de lus dolientes destinosn ese par de figuras en relieve que se apoyan sobre sus antorchas muertas y en las que Canova, genial esta
vez á fuerza de simple sinceridad, ha esculpido un acorde de infinit'l, de incurn.ble melancolía! Enfrente, sobre una puert'l, la tumba
de la madre de estos pobres degenerado;:, una
Sobieska, un nombre glorioso que es como el
epitafio de un pueblo muerto, ele Polonia,
cuya suerte hemos llorado los hombres de mi
generación con lágrimas materialeA, como que

nos parecía que llorábn.mos á nuestra pobre
Patria, también en agonía entonces! Y yo que
decía que no había sombras en S. Pedro; todo
es muerte aquí, todo es sombra.

***
Unos grandes tablados forrados de paños
rojos, á entrambos lados de la sección superior del crucero entre el baldaquino y el áb:;;ide, nos drscomponían la bellí11ima perspectirn
de conjunto que se abre ante la vista. deRde la
puerta de la sacristía y que abraza todo el fondo y toda la altura del inmenso santuario.
Seguimmi, pues, «detallando» sepulcro;:: los
que más dicen por los recuerdos, son los de San
Gregorio :\Iagno, el verdadero fundador del
pontificado universal, y de Palestrina, cuya
alma es todavía de este mundo, pues que la
re.¡ucitan perennemente los órganos y los orfeones que dan alas á sus &lt;livinaR notaR, y por
cierto que tocla la evolución de la múi&lt;iea religiosa está encerrada entre rsos dos nombres:
Snn Gregorio )Iagno y Palestrina, el organizador del c:rnto-llano y el que hace brotar la
m(1sien. religiosa. de su capullo litúrgico como
una mariposa de oro y de luz; toda la edad
media, toda la edad mí1;tica esti encerrada entre ese papa y ese inspirado; falta un nombre
para completar esa trinidad &lt;le creadores de
la música cristiana, el del monje renegado
que puso en música sublime y sencilla la letra bíblica de la protesta y In. revolución religiosa: )lartín Lutero.
Sepulcros y mosaicos: en San Pedro triunfa
el mosaico, el mosaico absorbe y domina.; tapiza la cúptila entera, las pilastras, los altarei;;
sólo aquí cerca de nosotros había un cuadro
1\1 óleo, pintado en una pizn.rra: no me dice
nada; en cuanto á lafl copias amplificadas de
Rafael, del Dominiquino, de Güido Reni, «e
tutti quanti1&gt;, son e!:&gt;pléndidas y maravillosas;
á la primera vii,iü1. imbyugan; def'pués hacen
el efecto que una sinfonía de Beethoven toen.da
por un piano mecánico de primer orden. ¡Y
Bernini ! )fi obsesión; me empeiio en admirarlo; aquí tenemos el sepulcro de Alejandro
VII: ¡qué lujo de enormes pafios imitados profusamente en múrmoles y pórfidos de coloreR
monumentales! 8i este hombre hnhiei-e tenido
gusto, es decir, el don de la proporción harmónic.~, el de la sobriedad en la exuberancia
que Miguel Angel tiene! Entonces no r-ería
Bernini. Xo le hace, e;:ta pompa me seduce,
aunque no me persua&lt;le.
Saltamos por encima de los palitroques; sacristanes benévolos ante nuestro aspecto exótico nos a.bren las barrera;:, hacemos nueva
ertación larga en el úhside, la est1tua de la
Julia Farnesio (la llamamos así en honor de
nuestro gufa) agarra bien á mi compañero y
por fin seguimos y hacemos otro alto largo,
pero bien largo, frente al mausoleo de Clemente XIII, de Canova; no he visto cosa igual,
por el realismo y exactitud &lt;le! detalle, á la estatua arrodillada que corona el monumento;
desde un úngulo de la pilastra vecina, '&gt;e la ve
mo,·er los labios en un rezo perpetuo. ¡Y los
leones! Estos son populareR, ei-tún copiados en
todas partes; el que duerme, sobre todo, es
magnífico.

Signen los mosaicos y los monumentos sepulcrales. En esta capilla nos detenemos, después ele wr, no de n.dmirar, los mausoleos en
que yacen dos mujere!'&lt;, una. grande por su firmeza, por su prudencia, por su fe, la condeRa.
)!atilde, la amiga del inmenso hombrecillo de
bronce que fué Hildebrando, el fundador del
pontificado teocrático en In Edad )Ieclia que
no pas6 de un boceto gigantesco y trágico,y la
reina Cristina. de Suecia, la hija del apÓRtol armado de acero y de gloria que :sal ,•ó para siem- ·
pre la suerte del protestantismo en la Europa
central, la versútil,melaucólica y siniefl-trn
Cristina que se convirtió en Roma al catolicismo y cuya grandeza.
teatral está en perfect:1.
coni&lt;onancia con sn
pomposo sepulcro.....
Dería yo que nos cletm·imos frente á la reja de hierro de una capilla, para ver otros
fl-epulcros: uno muy
bajo, un lecho de
muerte, hecho ú maravilla, con RU paño fúnebre tendido sobre In.
estatua yn.cente, plegado y arrugado lwst'l
hacerlo parecrr flexible como un lienzo. PS
la tumba &lt;le Rixto IV;
al pie &lt;lel lecho mc,rtuorio hay una lúpicla
de bronce, es el Repulcro de un Robrino• de
Rixto, de otro· Hon•re,
¡de Julio II! ~ingular,
singular ..... .

do,en una especie de jaula dorada, una colum•
na d~l templo de Salomón, bastante raquítica
por cierto, y bastante poco salomónica., de se·
g~1r?, que fné el pa~rón amplificado por Bermm en _el «bal&lt;laqumo» y copiado después en
los retablos barrocos, platerescos y churriaue•
rescos de que están i11unclados Italia y E~pa·
ña y sus antiguas posesiones ultramarinas.
En el fondo, sobre un altar ( cuando su autor la supuso al ras del suelo), el grupo diYino de ((la Pietá:" una Nuestra Señora de las
Angustias, como dirían en mi tierra. El Cristo es un Apolo (el Apolo del Belvedere había
sido ya descubierto y Buonarroti lo conocía),
es un Apolo herido, exangüe y sin músculos
casi, que descansa, en el regazo de una mujer,
del dolor de vivir, y que se ha dormido 6 ha
muerto;no es fácil precisarlo. La Virgen,dulce·
mente joven, mira sin ve:. aquel largo cuerpo
eshelto, que sostiene en sus brazos, y el bellísimo rostro ligeramente barbado que cae exánime y que se adivina pálido bajo la nítida transparencia del mármol. Ella ( ¡qué mara,·illosa

Domingo 16 de Noviembre de 1902.
mano esa que· comprime y se imprime en e1
costado del cuerpo desnudo!), ella, sin lágri ·
mas, parece pre:;a &lt;le mortal angt,stia intelectual y moral, ¡~arecc que una sombra. pasa por
su alma: ¿resucitará'? ¿es Dios? ¿no es másqu3
mi hijo'? m artista que esculpió este admirablr grupo, era ya un filói-ofo por el espíritu,
apenas era un cristiano. ¡Oh! sí, conozco Ju
interpretaci6n auténtica. da&lt;la por l\Iiguel-Angel: «he querido que expresara la inmaculada
pureza de la Yirgen, por ceo el rostro ef&lt; tan
joven.,, A pesar de tollo, la angustia aquí no
e::; la expresión de un profundo dolor de madre impregnado de horror por la ciega injusticia de los hombres; es una honda tragedia
psicológica lo que ei;a fü;onomía austera. y pum me dice. Y no oigo que eso mismo os dirá
á vosotros, ¡oh lectores!, pero de vosotros no
respondo; dti mí, con mucho trabajo.......
.

***
Para resumir la impresión de San Pedro,
¿qué hay que hacer'? ¿Yoh·er á paran;e en la

***
En la c:tpilla de l\I iguel Angel, rcrc.'l. de
la puerta., recién cc,rrada, del jubileo, nos encontramos ú un peregrino rezagado, á Alberto Binnchi, nomhrr
no sé si conocido hoy,
pero mn_v popular en
mis tiPmpo,- de político, cuando rl Sr.
Lerdo, sin cmwicciún
y sin ganas hacía enRayos de rlPRpotismo.
El Sr. Lerdo, muy se,·eramente autoritario,
pero i rn prcgnaclo, co •
mo todos lo;: ahogado,;
lo estamos. de i-uperstición lep;al, á pesar ,le
su profundo ei-cepticismo, había nacido
para ser un gran ministro; pero no puclo
;:rr un gran ministro
de sí mismo, porque
le faltó ...... Renuncio
á dar á mis lectores
una lección de hist0ria política, que tras
de Her probablemente
errónea como todas las
de los contemporÍlueos, habría de fastidiarles tanto, por lo
menos, como á mí.
Entramos en el antro
-..el monstruo: á un la-

13ASILICA DE SAN PEDRO,-"La Con:ei;lón,"

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

las naves, en todos los idiomas, agitando sus
banderas de todos los colores, prosternándose
en todas las adoraciones, encrespúndose y calmándose rítmica.mente como un nuevo mar
Rojo, surcado por una procesión sin fin de centellan tes alabardas, de mitras coruscantes,
de tisús de oro, de sedas, de púrpuras, de encajes, y en medio de las azulosidades embalsamantes de los incensarios y de los vaivenes
lentos de los ventalles de plumas blancas, alzado en andas como una divinidad de Oriente,

rueda de pórfido de los emperadores y recoger
en el foco visual aquellas inmensidades arquitectónicas de la na ve principal, los arcos asentados sobre altísimas simetrías de relieves y
mosaicos, desplegando bajo triunfales esculturas sus impecables curvas, los perfectos medios cilindros de las bóvedas decoradas hasta
lo infinito de tableros ornamentales, y más
allá del baldaquino, soberbio y solo bajo la
claridad celeste de la in visible cúpula, la gloria de oro de la «cátedra» de S¡¡.n Pedro en el

Sepulcro de Clemente XIII.

fondo del ábside, que se ve como por el otro
extremo de un anteojo, muy lejana, muy grande, muy precisa... ? No, éste sería un fragmento de impresión material; el monumento es
más aún que una maravillosa perspectiva, es
un ser moral.
Precisa verlo llenando su función, ¡;,irviendo de albergue á la iglesia católica, á la asamblea de los fieleR, y de marco apoteótico al vicario de Cristo. Tres ó cuatro millares de peregrinos gritando sus cánticos religiosos bajo

un hombre blanco, surgiendo de su manto rígido á fuerza de oro y de gemas, bajo la cúpula simbólica de la tiara, tendiendo á la multitud que fija en él las delirantes.miradas azules, los apasionados ojos negros, la mano trémula y bendecidora, mientra&lt;; pliega sus labios
una perenne sonrisa de ternura v de absolución. Así, en esas horas en que ·¡a iglesia militante se tiende como un puente ,·isible de
esplendor hasta tocar los bordes de la iglesia
triunfante, es cuando el templo católico «es,iJ

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

en toda la fuerza de la palabra, entonces se
explica á sí mismo, entonces vive, entonces sí
que su cúpula parece un firmamento reducido
á las proporciones de la frmte de un pueblo ...

Es evidente; no para mí, no es en la «sedia
gestatoria,i en donde está la clave ele esta obra
estupenda. Sino aquí, en esta capilla sepulcral de los La Rovere, aquí en esta tumba casi oculta al pie de la
de Sixto IV; en el sepulcro de Julio II. Del
fondo del alma del
hombre extraordinario
y duro, que aquí humildemente yace, nació San Pedro; pero
por grados: primero
quiso, como los faraones, tener un mausoleo
inmemo y verlo. Llamó á Miguel AngP.l, el
artista le proyectó una
montaña de mármol
prodigiosamente animada por todas las
graneles figuras de la
]glesia anterior y posterior al Cristo. El Papa aceptó. ¿.Y dónde
alojar aquel milagro
escultural? En San Pedro mismo. Pero la
viE&gt;ja basílica de Constantino v San SilvestrE&gt;, en la·que cada agonía y cada triunfo dr.
la Iglesia. habían dejado una reliquia, en
donde cada 1,iglo había
puesto un monumento, en donde las huellas de las profanaciones, de los sacrilegios,
de los nsaltoi&lt;, &lt;le los
incendios, babínn sido
cubiertas con las argenterías, y los relicarios y los moFaicos de
los donativos imperiales y populares, E-n
donde no había un objeto sin historia, ni un
ara Fin recuerdo, ni
una obra r-;in la firma
de una fpocn, la cateclral de los Carolingios
y de los OtémidnR, de
Grrgorio Mngno, de
HildE&gt;brnndo, de Jnoce11cio III, rste templo
renunen del nrte criRtinno en los siglos precur~orefl, 110 hastahn
para contener el sepulcro &lt;le Julio II, e1apequE&gt;iio, y, ademfü,,
amenazaba ruina. RntonceF, mientras Miguel Angel iba á vaciar
las canteras de Carraia
de sus bloques de mármol inmaculado, apareció Bramante «il rovinatore;&gt;J y, efectivamente, estos divinos
artistas del Renacimiento, en su horror á
lo que no era el arte
helénico, eran á un
tiempo sublimes constructores y destructores
vandálicos; el pasado les era odiorn de Alejandría hacia acR.
Y Bramante proyectó su incomparable templo, coronado por la cúpula del Panteón de
Agripa extraída de su concha y erigida á la
plena luz del cielo. Y entonces el Papa olvidó
su sepulcro y enfureció á Migliel-Angel y empezó á extraer dinero al mundo católico para
aquel edificio que aplastó y deshizo á la vieja
basílica llena de historia y de unción bajo

El MoiEés de Miguel Angel.

-

sus pies de mármol (apenas quedan de ella
fragmentos enterrados en las criptas de San
Pedro, en las «sagre grotten). Murió el arquitecto, murió bebiendo oro líquido (sic) el
Papa Julio, y sus sucesores continuaron su
obra. gigantesca y extrayendo de todas partes
el oro sólido, sobre todo de la fe y el temor de
las almas; de aquí la venta de las indulgencias en AIP.mania, y la lava de la protesta germánica entrando en ebullición espantosa, y el
cráter abierto en la boca de Lutero, y la erupción y el cisma. Todo ello pudo nacer de mil
otras cosas; pero nació de la idea de construir
una tumba á Julio II. ¿En dónde está e8a
tumba? En fragmentos ciclópeos, aquí y allí
esparcidos. En «S. Pietro in Vincolin está
uno de esos fragmentos, el Moisés de MiguelAngel. Pero la verdadera tumba está aquí.
aquí están los huesos, aquí está el singular
monumento que los rodea, el templo católico
por excelencia. ,Julio II quería una pirámide
y tuvo por sepulcro una basílica; su basílica
es su espíritu inmortalizado en mármol; su
paño fúnebre está en otra parte, está enclavado en la bóveda de la Sixtina. ¡Qué siglo, y
qué hombre y qué hombres! Y cuán fastidiados estarán mis lectores.

Justo Sierra.

EL ACTUU GOBBRNADOR DE OAIAr.A.
Publicamos en nuestra primera plana el retrato dP.l Sr. Lic. Miguel Bolaños Cacho, actual gobernador interino de Oaxaca, que ha
substituído al Sr. Gral. D. Martín González,
que es el gobernador constitucional.
El Sr. Bolaños Cacho es el gobernador más
joven en toda la República; le tocó ocupar ese
alto puesto en condiciones políticas muy difíciles para él, y lo ha desempeñado, á decir verdad, con toda cordura y prudencia, dejando
sii.tisfechos á todos, aun á los más exigentes,

E!-ta es-una prueba de q"ue tiene dotes especiales que seguramente serán aprovechadas en
alguna otra ocasión.
Una de las notas más sobresalientes en su
gestión, ha sido la lealtad para todos, especialmente para quienes debía. tenerla..
Enviamos un afectuoso saludo al joven gobernante, deseando para su carrera política
grandes y merecidos triunfos.
LA VISIÓN,

Un fantasma va pasando
Por el perfil de la sierra,
Un fantasma que parece
Ave y hombre, monstruo y fiera.
¿.Es un manto vaporoso
Lo que tras él se despliega,
O es un jaique lo que lleva?
De «tanto mirar,, su forma,
Toma figuras diversas, .
Y andar simula unas veces,
Y otras que inmóvil se queda,
Y días, semanas, años,
Está la visión perpetua,
Si se pierde ó no se pierde
Tras del perfil de la sierra.
Parece, al venir el día,
Guerrero de extraña tierra
Con dalmática vistosa
Y rutilante cimern.
Si se mira en los instantes
En aue la cálida siesta
Como en dorada neblina
A la montaña rodea,
El guerrero se transforma
En ave enorme que lleva
Sobre las alas gigantes
Un dios, en alto la diestra.
Entre el crepúsculo rojo
Manchado en tintas bermejas
Con bord1:1,dos de oro y plata

Y cortinajes de estrellas,
Sobre la cima del monte
El raro monstruo semeja
La apocalíptica forma
De evangélico poema.
Finge dE&gt; noche el fantasma
Desmesurada silueta,
Cuya frente da en la luna
Que le sirve de diadema.
Esta visión multiforme
Nünca pasa, nunca trepa,
Aunque parece que anda
Y aunque parece que vuela.
Cuando niño, ella ha formado Mis visiones de poeta,
Y quise mirar un día
Su horrible cuerpo de cerca.
Andando, andando y andando,
Subí trabajosas cuE&gt;stas,
Y al compás que más andaba
La visión era más bella.
Llegué hasta su pie gigante,
El alma en miedo deshecha,
Y al ver la visión sublime,
Lancé un grito de sorpresa:
Era un árbol milenario
Todo bíblica grandeza,
¡Con una ciudad de nidos
En la enorme cabellera!
SALVADOR RUEDA.

1os Juegos Florales da Puebla.
La circunstancin de haber logrado reunir ya
muy tarde, las fotografías de las damas v c~ba~
Jleros que tomaron parte en los Juegos Florale.f!
de Puebla, nos impide ofrecer á nuestros lecto.
res, én el presente número, la información ilustrada relativa al torneo mencionado.
En nuestra próxima edición la daremos tan
completa corno pudimos obtenerla, y con el esmero con que ahora, por la premura del tiempo no
nos hubiera sido posible hacerlo.
'

�~omingo 16 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL 1fUNDO ILUSTRADO

,

cinco de la mañana, las inciertas luces del
Oriente comenzaron á infiltrarse á traYés ele las
espesas sombras que nos envolvían. La voz de
uno de nuestros compañeros nos hizo abando-

"

La narración hecha por el Sr. Deelí estÍI llena de detalles interei&lt;antes, y nos da. á conocer
las ca.usas por las que esta montafin no ha sido
escalada. tan ú menudo como el Popocatepetl.
X uei;tro interlocutor nos informó, en efc!'to,
que las enormes grietas y los desfiladeros del
Ixtaccihuatl constituyen una serie de obstúculos para la ascensión.

***
Las fotografías con que ilustramos estas páginas, dan ielea de los hermosos panoramas
que se presentaron á la vista de los atrevidos
extranjeros.

,

UNA ASCENSION

al Jxta~dQuatl

El Po pocatepetl visto desde el lxtaccihuatl.

grupo de extranjeros entuia:iastas,
cmbro_¡, d&lt;&gt;l Club de Alpinistas ele
Suiza, e"inprendió hace pocos días
una. atrevida ascensión al Ixtaccihuatl, gigantesro compañero del Pop~ratcpetl, cuyas r{,pidas pendientes y profundos precipicios han
:-ido siempre obst.1culoi;, casi insupPrahle:&lt;,
para la realización ue esta clnse de ascensionrs.
Provistos de cables, za.pnpicos y elemÍls instrumentos necesarios pa.m el ca.so, los «ttnistas» comenzaron su viaje por la montafia, poco antes de medio día, acompañados de algunos indígenas de Amecameca, en calidad de
guías.
Durante las primeras horas del viaje no se
registraron peripecias de ningún género, pues
el Ixtaccihuatl presenta en su parte baja amplios caminos por donde puede fácilmente escalari-e. 8ólo las fatigas naturales y propias
de una expedición de ef'a naturaleza, fueron
lasque experimentaron los «alpinistas», hasta
llc~.,r á la &lt;&lt;cm•va».
La &lt;ccueva» es una inmensa oquedad formada entre las rn~as y situada l'rrcif'nmrnte en
los límiteR de la nieve. Ln tf-niperatura en ese
lugar era de dos grados bnjo cero. Allí pernocta.ron lo« excursionii;ta~, aunque f'in conciliar el sueño, puefl el frío exngerado que i::e
ha.cía sentir ÍI :tquella altnrn, entumeci6 i"Us
c•uerpo,;, poniéndolo~ en con&lt;licionrs naJa prvpieinfl para. entr&lt;'garse ni descnnf&lt;o.
«Con ansia. ei;peramos -nos elijo el Sr. Dedí,
uno de los excursionistaf'-á que el sol hafinrn con sus rayos los inmensos bloques de hielo para disfrutar de un panorama ap!'nas imaginado por nosotros. ~Iinutos después de la:-

Domingo 16 de No,·icmbre de 1902.
madas por un::i de los miembros del «Club de
Alpinistas,» quien bondadosamente nos las
facilit6.

PÁGINA DE ALBUM.
En la primavera vi una mariposa saliendo
de su crisálida como del estuche de un abanico.
Primero aturdida, como deslumbrada por
la l uz solar, se arrastró torpemente por el suelo, estirando sus alas gomosas, aglutinadas,
pegadas al cuerpo como un vestido de seda
estrujado¡ pero el sol bien pronto le sec6 las
alas, y como una flecha desapareci6 en lamañana cálida.
Después de su partida, el interior de la crii;álida conservó por mucho tiempo sus colores:
bandas de púrpura, estrías de azul y puntos
de oro.
Pensando en e,:ta. crisálida y en las hermo-

Sobre los hielos.

Ori llas de Amecameca.

nar el estado de sopor en que nos encontrábamos, y con el miís grande de los entusiasmos
nos dispusimos á reanudar el Yiaje.
«Si el día anterior-continuíi nuestro informante- experimentamos fatigas n,eramente
corpora.lei:, no fué lo mismo e! día ele nuestro
viaje por las nieves; pues aparte del cansancio, llegamos hasta smtir el temor de la muerte, á cauia:a de habernos extra,·iado entre los
blancos témpanos. El ca.so fné como sigue:
Entregados mis compañeros y yo á merced de
los «gufas,» fiarnos en··ellos ·y ningún recelo
nos asalt6 al emprender la ascensión. Poco
después de caminar por la nieve, uno de nueRtros compañeros no tu-vo fuerza para. continuar
el viaje, pues se vi6 atacado del terrible «mal

Un "barranco.''

U?•a Yez en las altas planicies del Ixtaccihuatl, los &lt;cturistn!'» descorcharon una botella·
de champagne, y ha.hiendo apurado i;u contenido, pui-ieron en el casco sus tarjetas. La botella quedó sepultada en una ,&lt;tumba&gt;, de nieve, abierta por ellos con ese único objeto.
Sólo diez minutos permanecieron los ,&lt;alpinista~» en la. cúspide, pues los rayos sola.re~,
que caían á plomo sobre la inmensa mole de
nie,·e, y la falta de oxígeno hacían insoport,lble su permanencia en aquel punto.
El vértigo de las alturas comenzaba á inYndirlos y emprendieron el regreRo provistos del
cnhle que se ma en e~te grnero ele excursioneA. En el descl'nso, por m{1s precauciones que
i;e tomaron, no pudieron evitarse las caídas

En la cima.

sas huellas que había dejado ese espléndido
peregrino del cielo, me acordé de los corazones por donde el amor ha pnsa.do.
JosÉ E. C&lt;mPIAXl.
Buenos Aires.

·-·

En amor se p'.:!rdonan las ofensas recibidas,
pero un doloroso rccuerelo no Re borra jamás
del coraz6n.

***

En el amor valen más las pruebas que los
juramentos: las primeras son la seguridad, y
los segundos la duda.

***

El amor es sordo á los consejos y ciego al
precipicio, porque no reconoce ante el mundo
otra ley que la libertad, ni más dominio que
la locura.
·

Los "alpinistas.''
D espués de la ascensión.

r

-

'-

·.

Los "guílls.''

~~

.,

de montaña:» vómitos de sangre, vértigos, desprendimiento de la epidermis, ojos inyectndos,
etc., fueron las manifestaciones de la enfermedad. Alarmados todos, pretendimos emprender el descenso; pero nuef'tra nflicci6n no
tuvo límites al Yer que los guías desconocían
por completo aquellas regiones, y que no acertaban á imlicarno~ cuál era la vereda que debíamos seguir. Fiíci~ es comprender, dice ~l
Sr. Dedí, los trabajos que pasamos para, sal~r
del dominio &lt;le las nieres. Al fin lo conseguimos, y llevando á nueHtrÓ enmarada á cuestas,
lo dejamos en la «cueni• acompafiaclo de dos
indígenas.
.
«La tentación de subir basta la cúspide rlel
Ixtaccihuatl fué iiwencible para nosotro:&lt;, y ele
nue\'O emprendimos la_ caminata. :'.'.Iú'.' afortunados que en la vez pnmera, no tu,·1mos ya
otro accidente 1esgrnciado que lamentar, y
con miles de pe11alida.dEl? ll~gamos á la cumbre ca.si inhollada· del Ixtaec1huatl.-)) - ·-· -

'
.

..

~I lxtaccihuatl,

.

--

j
!-,-a bajada.

...
que sufrían &lt;'Ontinuamente los exp~elici&lt;!narios. Indudablemente que el cnble liberto de
la. muerte ÍI Yarios de ello,;. Atados con él,
de la cinturn, lograron mÍls de una vez ponerse á salvo del peligro. Dos horas duró el
descens0 hasta la «cue,·a,» en donde los esperaban las cabalgaduras que debían conducirlos á Amecameca.
Según nuestras noticias, ésta es la quinta ó
sexta. a.scen:-iún al Ixtaccihuatl.
' Las fotograffa-s q-ue pueblica-m-0s fuerQn tQ,·
'

-

...

·-

~

regreso á Amecam~

�EL MUNDO ILUSTRA.DO

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domñngo 16 de Noviembre

~

1902.

Nuevas estatuas en la Reforma.
serán descubiertas en
Paseo de la Reforma
estatuas de los Generales D. Juan José de la
Garza y D. Pedro José Méndez
fundidas por cuenta del gobiern¿
de Tamaulipas.
Los importantísimos servicios
prestados por estos Generales á la
causa nacional en las épocas aciagas de nuestras luchas por las
instituciones democráticas, y por
el afianzamiento definitirn de la
segunda Independencia, justifican, sin duda, el honor dispens:ido á la memoria de los dos il usT

____

.....

r ---

Estatua del General Méndel,
Aspecto de Tehuantepec después de la lluvia de cenilas.

de casas entre las cuales se cuenta la del Sr.
Gobernador del Est.ado y la que ocupa la Escuela Normal de Profesoras; otro en el que
están comprendidos el Palacio Municipal, que
destruyó el temolor de Septiembre, y uno de
los pril'lcipales establecimientos mercantiles.
Los edificios ofrecían un aspecto bellísimo, á
los rayos del sol.

La lluvia de Cenizas.
· _- Completati.,qi:-: nuestr¡i iníor~aci6n relativa
.á la. ll~via de cenizas ob;ervada el mes pasado
e~ una/extensa zona cle'fa República, con las
f~tograffas d~ Tehuantepec y TÚxtla Guti€rrez, _que aparecen en_ estas páginas y considerarnos de importancia.
· La vista general de Tehuantepec, tomada
por el señor F. Rabiella, muestra el aspecto
que de~pués de la lluvia presentaba la ciudad.
Los tejados y los árboles se ven materialmente cubiertos de cenizas. Fuera del pánico que,
c~nno, e~·a natural, produjo el fen6meno entre
l{&gt;s yecinos de aquella comarca, el espeQtáculo
d:E:bió de ser grandioso.
,:/En cuanto á Tuxtla Gutié-rrez. una de.las
poblaciones de Chiapas donde los movimientos sefsmicos y la 11 uvia fueron más notables,
pueden verse,en nuestros grabados un grup~

· ***

Un grupo de casas de Tuxtla Gutiérreiz.

...

Publicamos también otra fotografía en que
se ven: el portal derrumbado en parte por el
último temblor, en la Plaza Principal de Tuxtla, la Parroquia y la Alameda. Una de las
torres del tPmplo se mandó derribar, en vista
de que por las grandes ti.verías que sufri6, era
una amenaza para los trans.-iuntP.s.
Las fotografías de Tuxtla nos fueron bondadosamente remitidas por el señor José F.
Ca.macho, aficionado á cuya galantería las
debemos.

-

tres liberales. Méndez comenz6 su carrera militar á
las órdenes del general de la
Garza, y obtuvo fliempre sus
a!'censos como recompensa á
su brillante conducta militi~r y á su extremado Yalor. A los Yeintinueve años
de edad, poco después de recibir su despacho de General, murió combatiendo contra los francese8.
En cuanto al General de
la Garza,es una de las figura!' más grandes en la hisEstatua del General de la Garza.
toria de Tamaulipas. Fué
un soldado valiente y un
patriota que puso al servicio de la Nación todas sus energías cuando el
país necesitaba, para salvarse, el esfuerzo y el sacrificio de los buenos
mexicanos.

¡Oh reina!, ante tu solio me postro reverente,
pues tú eres la belleza, la gracia y el amor;
Apolo te designa lugar tan eminente,
las musas amontonan coronas en tu frente
y en medio de su triunfo te aclama un trovador.
Mujer mil veces reina, mujer cien vei::es diosa
y siempre para el hombre su claro luminar,
de ti surgi6 la madre, de ti naci6 la esposa
y ,Je un trozo de mármol de tu cantera hermosa
la Virgen sacrosanta que hoy brilla en el altar.
Tú animas y diriges el brazo del guerrero
que en la h6rrida batalla termina por vencer,
tú guías al marino que va sin derrotero,
tú alientai, al artista que asombra al mundo entero
y todo lo que es grande proviene de tu ser.
Permite que un !'aludo te envíe mi garganta,
ya ronca en el sonido, ya flaca en la expresión,
y sufre, reina mfa, la voz del que te canta;
su espíritu á tu impulso del polvo se levanta
y en Lázaro se trueca su pobre corazón.
Los dos representamos, por modo diferente,
el alma en esta fiesta de ,,Patria, Amor y Fe» :
yo evoco lo pasado, tú encarnas lo presehte;
yo me hundo en el Ocaso, tú luces en Oriente;
tú empiezas la jornada...... ¡yo presto acabaré!
Yo soy la lira rota y tú la poesía;
yo brújula de acero y tú la piedra imán;
idólatra ferviente, te sigo noche y día;
te di mi sentimiento, te di mi fantasía,
mis últimas endechas también por ti serán.
Permite, pues, ¡oh reina!, que traiga á la memoria.
estudiantiles tiempos que alegran mi vejez,
permita el auditorio que cuente aqui la historia
de cómo un Don Quijote sali6 en busca de gloria
y hoy vuelve á Zaragoza más loco cada vez.
MARCOS ZAPATA.

El valor en el sexo bello está sostenido por la dignidad: así, pues, la
joven coqueta, la esposa ligera, la viuda verde y pretenciosa, no pueden poseerlo; pero la mujer cristiana, suave y fuerte á la vez, como la
de la Escri tur!l., puede dar ejemplo de valor al más esforrado guerrero.
-Las ideas tienen tres gl'andes órganos para hacer eu aparición e11
el mundo: la prensa, la cátedra y la tribuna.

,-,,e~1-mr~!
..........

El po_rtal destr~ído por. los ~mblores, _

La Alameda y la Parroquia en Tuxtla Gutiórrei,

Una tehuana en traje de baile.

(Fot. Rabiolla),

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
te ti, y que ahora surgía-más conmovedor que
nunca, más grato, más inalcanzable.
Por qu6 crnzó en aquel entonces ante su camino·? :;in conocerla, acaso él, más tarde no
habría sospechado In. existencia &lt;le una' dicha fugitiva, apenas contem piada Ít distancia.;
mas el recuer.io llamaba á su puerta como el
pregonero de _goces _infinitamente dulces y tan
dulc~s como_1mpo~1hle~, Y. pensaba que, fli el
Destino hulnese sido s1qmera misericordioso
l'ªra con él, no habría pnmitido qnP ~e &lt;leí'-

••
RAMOS cuatro dentro
la caja de un viejo si1
món que nos molía
los huesos so pretex'
to de conducirnos, ya
en las últimas horas
de la noche, á la población en que habit:"
tábamos,
no muy dis.
¡tante de la Capital.
=7,~~::s
Habíamos entretenido el tiempo en diversiones propias de individuos como nosotros, jóvenes y dispuestos á aprovechar debidamente los mejores instantes de la vida, y
regresábamos al hogar cuando ]a última peseta había huído de nuestros bolsillos, y la idea
de una marcha pie á tierra por la amplia calzada hacía vacilar nuestro ánimo.
Afortu.1adamente, René, uno de los cuntroj
era un muchacho previsor, capaz ele morigerarse si era necesario, y á í'U precaución debíamos el no tener que cambiar el buen rato
precedente por la fastidiosa hora de caminata,
sin más espectáculo que las estrellas suspendidas en el obscuro azul del cielo.
Sumidos los cuatro, como cuatro uvas de un
ra~imo dentro el estrecho simón, envueltos
en la atmósfera cargada de humo del cigarro,
d6 Juliáu [quien así procura!}a~Y_engarse de
n9sotros por no haber aceptado su idea de bebernos t¡i,mbirn el último .peso conservado por
R~né), acomp:Íñados, por el'chirrido molesto
de,l alquilón, qne amenazaba, desarmarse porm~mentos, apo~•áhamos las cabezas.en los rlncones, adoptando la mejor postura para dejar
trq.nscurrir el1 tiempo, y con muy pocos deseos de ent..'l.b)}tr conversación..
El vehículo avanzaba lent¡imente, arrastrado con dificultad por, una pareja de rocines
a.gpnizantei-. La impaciencia de ,Tulián, que
er'- un charlaJor nervioso y divertido y á quien
el movimiento &lt;lel f.imón impedía dormitar
siquiera, manifestóse á poco en palabras..

6'

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l

~ ..,.

~ ***
i .
J;,

,..

· ,~Casi siempre que.me aventuro en u~1a de
esf,as «góndolai-»,an1.enazadas qe naufragio, rec~rdo una historia, triste que, me imp~esionó
vivamente.
,. .
, -~
h.'ov á i:eferi11]a,:ja que el insopqrtable rodar
de esta caneta alar~a nuestro cmni¡10, y así,
la; relación del i-uc~o entretendrá al insomne
como
y. scn·irá de arrullo al soñoliento.
.-Conformes-respondió Ernesto;-á con-.
di,ción. de que suprimas el l_iumo de tu ~hime-.
n~, que es ló' único que nos impide conciliar
pqr completo el suefio.
Es uno de esos casos-añadió Julián apaga,ndo el cigarro-que acontecen en cualquier
nirel social, pero de l.os 9.ue nadie se cuida
cu¡1ndo los_personajes sólo ,üsten el .chaqu~tón
ó Ja humilde blusa del jornalero....... ·
iNació el muchacho en el1'ondo de una obscura covacha, en un barrio de la Capital. La
madre «molía,, y el padre era remendón, amboi- poco apegados al trabajo, mas en cambio,
fieles devotos de todos los vicios.
Cuando el niño vino al mundo, la comadrona dijo á los padres : ,,Se me figura que el nifio ha de vivir pocos años, si es que Yive»; pero á pesar de este augurio fatal y á pesar también del medio en que había uacido, el mu,

yo

-,e

chacho triunfó de la muerte, no sin llevar en • zas, arrullado por el rumor de los caballos que
el cuerpo la marca indeleble del vicio de que . masticaban el grano.
era producto. Nacido prematuramente, viciaFué, :¡JOr fin, cochero; le habilitó de ' tal el
da su sangre desde antes que abriera los ojos .
patrón, un día en que «el propietarion tuvo
á la luz, desarrollóse de manera lenta y trabaque ir á rendir ciertas cuentas ante III justicia,
josa, contribuyendo á esta dificultad la misey c,El Espanto,» como le habían apodado sus
rable existencia al lado de los padres: de la
compañeros, trocó el ayate por las riendas y
madre, que miraba como verdadero estorbo al
fuése al "sitio» á esperar la «car¡?a,» á dormipequeño, sucio y defectuoso, que se a.ferraba
tar sobre el pescante, calcinada la espalda por
ávidamente á sus senos, siempre ·hambriento;
los rayos del sol, echado el sombrero á- la cadel padre, que adivinaba en aquella nueva bora y las riendas entre las rodillas, ó á recorrer
ca la obligación de consagrar al trabajo malas calles á diestra y siniestra, azorando, al
yor tiempo.
grito de «Aire!,» á las be¡.:tias flacas y sofiolienDes4~ la edad de ocho meses, el pequeño
tas que tiraban del vehícu,lo.
conocía la vecindad del uno al otro extremo.
Uei,alentado y solo, llevando á cuestas All
En tanto que la madre cuidaba el «comal» ó se
fealdad, cual un madero de ignominia, genHase proscripto de la fortuna, de la amistad
lS
Aincera, del amor que todo lo ilu_mina. y embellece, y experimentaba furiosos arranques
de cólera y de despecho, que desahogaba al
grito de cc¡Aire!, descargando en los lomos
de las acémilas los latigazos que silbaban dolorosamente.
Y por no contemplar tan á menudo la
belleza Ü1alcanzable, la vida de los dem:Ís, tan
diferente de la suya; por no mostrará la luz
del sol su Femblante defectuoi-o, «El Espanto» . prefería. sacar uno «de velada» y pasar
la existencia lejos del bullicio del día, aun
cuando para ello tuviese que tiritar bajo el
""
rigor del invierno, que entorpecía su,; miem~~
bros, ó soport&amp;.r la llovizna tenaz que le azo.
.
taba el rostro y le calaba las ropas.
-f., .
,..,
Una noche en que la tristeza del tiempo co'·
&gt;"
rría parejas con la de su espíritu, vagaba al
azar por las calles solitariai-, al pa1:;o lento de
refrescaba en «El Cantón de los Amigos»,el ,·áslos jamelgos, aguardando una «rarga» quepatago arras.traba ·sus rodillas desnudas sobre las
recía. no llegar nunca. Los e,-pect.ículos haQaldosas del patio, almacenaba en su estómabían terminado ya, y tan sólo una que otra
go.todol! los, qesechos. con que tropezaba en
t.'l.hernn. anunciaba la vidit nocturna de la casus correría.i:, alternaba con los canes del vepital; por las puertas escapaban al exterior los
cindario y conocía los efectos del aguardiente
rumores del placer, las palmada11, las risas de
y la bebida naciona_l, que los padres hacíanle
las noctívagas, las &lt;lerlamaciones de los bebegm;tar «pa que se juera enseñando á homhre.»
dores excit..'l.dos; afuera, una llovima tenaz y
CrPció qe la misma manera, probando la
molesta hacía re,·erherar el asfalto, penetraba
bebida y los golpefl, !':Stos últimos Pn mayor
hasta la piel del cochero, y resbalaba sobre los
cantidad que aquélla; Como era de repulsivo
rocines, que inclinaban mustios la cabeza.
i;emblante, las caririns habían sido un manjar
De un restaurante surgió un hombre cubierignorado para él; el hijo de la «Cucha», como
to con un sobretodo, levant.'1do el cuello hasllamaban á la madr!f. á causa de la profur.da
ta las oreja!', y llamó al cochero. Apareció en secicatriz que. dividía eh dos su labio superior,
no conocí¡, más afec!P que el del «Selín», un . guida una mujer, oculto á medias el rostro por
un abrigo de estambres y un paraguas abierperro l~udo, sucio como él,_ con quien comto, y ambos penetraron apresuradamente en el
partía ~s horas de sol,y los insectos que amasimón, después de haber pronunciad0 el indidri'gaban en sus andrajos.
viduo del sobretodo el nombre de una calle.
]f. los siete años, tuvo una amiga: una peEl whfoulo se puf-o en marcha. Al llegar á
q_ueñuela algo mayor que él, de grandes ojos
una esquina, un policía detm·o al cochero, paneli9.c¡1 de pelo ensortijado y grata voz de &lt;-hira ordenarle que encendiese uno de los farocuela cariñosa. Fué la única que, á diferencia
les, y c,El Espanto" descendió de su asiento.
de Io.if'otr&lt;;&gt;s muchachos, no tuvo para él el reA la luz del cerillo miró el Remblante de b
proche de la. deformidad.
mujer, y experimentó una conmoción extraPero est..'l. amistlld fué de una fugaz duraña.; en seguida, un recuerdo lejano, pero im-.
ción. Peregrinos de todas las vecindades, arroborrable, llamó á su memoria.
jados los padres continuamente por los caseTrepó al pescante y los caballos reanu1laron
ros, el, muchacho vióse privado-de aquel afecla marcha. Mas "El E!&gt;panto» había. olvidado
to, que.había sido en su miserahle existencia
ya hacia dónde debía dirigirse. En su mecomo, 1,ma flor abierta entre el ramaje de un
moria sé irguió rúpidamente su pasado; volárbol agostado.
vió á mirarse niño, aherrojado á la YoltrnMoribunda la madre en el hospital, y preso
tad paterna, soportando las blasfemias y reel padre por lo de i-iempre: á consecuencia de
huyendo los gol pes que á diario caían sobre él.
una riña de taberna, el muchacho, casi un
Y después, la dulce amistad, tan dulce como
hombre yn, encoritró destino de caballerango
efímer11, que le había ligado con aquella chien una «pensión» en donde aseaba los carruaquilla, compadecida acaso de su fPaldad y de
jes, «nyateaba&gt;, á los caballos, tendía pastusu abandono; única vislumbre de felicidad
ras, barría los pesebres y descansaba por la
pocbe ep un tapanco, epcirull, q~ las caballeri~
cuyo recuerdo habfa aparecid&lt;? ~il ve~es a11•

-

..

vaneciern. en el obRcuro horizonte aquella ave
mensajen: tal vez de un bienestar futuro.
Y aquel semblante de mujer era la evoluc~ón del de la rapn.~a. de otro tiempo; era ella,
sm duda, embellecida por la felicidad, iluminada por el aD1or, vi l'ificacla por las caricias
del ser amado. También ella amaba, también
ella había logrado tocar ese cielo menos menti~oso que ~l de todas las religiones y cuyo
chos habla a los hombres con la divina voz
del lleso........ .
U11a de las acémilas tropezó en el pavimento, «El Espanto» sintióse arrebatado por la expresión de un furor indomable, y al grito de
&lt;CjAire!,,&gt; el látigo silbó sobre el lomo de las
bestias, que acelera.ron el paso al instante.
Los latigazos se recloblaron, crujiú el simón
cual si protestara contra una velocidad jamús
conocida hasta entonces, y el látigo seguía cayendo sin descanso, rabioso, terrible, sobre
los azorados rocines, que emprendieron vertiginoso esc.'lpe á lo largo de las calles solitarias.
Cuando el carruaje fué detenido, el cochero
había desaparecido de su a!:iento; pero más
t.'1rde, al &lt;le:::puntar el alba, un gendarme !JIIP
volvía del relevo, presentó en la Inspección
el cadáver de un hombre, cochero á j uzg;ll' p&lt; ,r
la fusta que aún conservaba en la die,-trn. El
practicante de guardia, soñoliento y mal humorado, diagnosticó atribuyendo la murrte n.
una congestión akohólica; pero despuéi&lt;, ya
en el Hospital, los facultativos aseguraron que
e! indi l'iduo había fallecido víctima de la rnptura de un aneurisma.
Unic.'l. vez en que la opinión le fué favorable.
AuREL10 GoxzÁLEZ CARRASCO.

Tacubnyn..

Á MI MADRE,
la Sra. Dolla Maria del Pilu Contreras de Peón .

De niño al asomar en el Oriente
'
El sol esplendoroso
de este el'rn,
~le acercaba á tu lecho, ma1lre mía,
Pnra poimr mis labioH en tu frente.
Des¡rnéfl con mis hermanos juntamente,
' qué placer, que' a 1~ara1Jia
' ..... .
Qué risas,
¡Y de todo me acuerdo todavía,
Como si fuera entonces el presente!
Hoy, cuán distinto todo y qué can~l,iado:
Dispersos en las tumbas los &lt;lespo¡os;
De otro dueño el hogar idolatrado;
A trueque de las floreH, los ahrojoH..... .
¡Y ese sol que es el mismo del pasado,
Alurnbra~do una lágrima en mis ojos!
e,

12 de Octubre.

JosE fE;ÓX

y CONTRE;nAs

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

j&gt;oen¡as de eolor.
CANCION DE LAS NUBES.

CANCION DE LOS PAJAROS

Larvas de un hondo semillar qne encierra
la terrestre i-alud gern,inaclora,
flameamos en las pampas de la Aurora
como el blasón de una fecunda guerra.

La caprichoAa randa del plumaje
nos sin-e de fantástico yestido.
colgamos e11 lo,- árboles el nido
y somos los bohemios del ramaje.

Nacidas en el llano ó en la sierra,
es nuestra vida siempre bienhechora;
ptH sto que Íl una misión e11ranfadora
nos lanzan las matrices de la tierra.

La Yirgen selva de opulento encaje,
donde trabaja el leñador curtido,
de nuestras rimas al triunfal sonido
se alza con menos expresión salYaje.

Hadas vestidas con flot.'111ies tules,
del vacío en las páginas azules
trazamos luminosos pensamientos;

ViYimos·para amar. Nuestros amores
dan envidia á las auras y ú las flores,
dan entusiasmo á la Creación entera.

y al morir, en diamantes tembladores,
formamos la corona de las flores
y el vigor de los frutos opultntos!

Somos del mundo la preciosa gala,
de los colores la luciente escala
y el canto de la rubia Primavera.
LóPEZ DE )L\Tt;RAXA.

UNA OBRA DE ARTE
El Dr. José Peón Contreras, uno de los más
ilustres literatos yucatecos, ha conseguido en
vida, como una elocuente manifestación de cariño de sus compatriotas, lo que pocos consiguen ya muertos: que el mejor teatro de ~Iérida lleve su nombre, y que en fl se cultive el
arte sano, el arte bueno, al que Pe(,n Contreras ha dedic.'1do todas sus devociones &lt;le poeta.
Coronará el frontispicio del teatro "Peón
Contreras&gt;i el lrnsto del :Maestro, busto del que
presentamos hoy á nuestros lectores una magnífica fotografía.
El ci;cultor Sr. Alciatti, profesor de la
Ac.1dem ia de fü•llas
Artes. firma ci::ta obra,
hecha con verdadero
amor de arti:-ita, y que
con la vida del mú rmol perpetuar,, el 110111bre de José Peún Contreras.

DOS RICOS
Cuando ante mí ge
celebra al millonario
Rothschild, quien con
sus inmensas riqnezas, consagra sumas
cuantiosas á educ.'l.r
niños, curar enfnmos
y fundar asilos para
Íos ancianos, también
yo le elogio y le admiro.
Pero, al alabarle y
admirarle por eso, no
puedo dejar de acordarme de una pobre
familia ele labriegos
que habín recogido á
una huérfana en su
misera.ble choza.
-Si nos hacemos
cargo de Ka_tia.-decía
la campesma,- no~
dejarú sin nuestros últimos céntimos, y ni
siquiera tendremos para comprar sal con que
s11,zon11,r la sopa.

-Pues bien, II\ comeremos sin sal -contestó el marido.
Cuán lejos estú todavía Rothschild de ese
labriego!
IV.\X TURGUE'.\"EF.

La caridad es un deber para todos; pero~te debn se convierte en una satisfaccióil muy
dulce para la mujer, porque es innegable que
la mujer ha nacido con un caudal más rico de
sentimiento que el: que ha sido otorgado al
hombre.

�Domingo 16 de Noviembre de 1902.

Et MU:NDO ILUSTRADO

EL MUNl)O ILUSTRADO

RE O que faltaría una
medalla, y no la menos
rara y la menos bella,
ú mi collar d.., recuerdos
gladiatorios, si no contase aquí cómo murieron los dos Lá brax, ambos ilustres en los fa11tos del anfiteatro; el hijo por haber i&lt;ido el fundador &lt;le la escuela llamada «La Fulgurante,» y el padre por haber
sido el último y el mús admirable representante de la antigua, llamada «La Tourbillonnante. »
Como los libros, los juegos tienen sus destinos, y la nueva e;icuela prevaleci6 definith·amente, puesto que es la que ~s~á en uso ahora;
mas sin duela me 11erá perrrntido afirmar-á
mí que soy partidario de la antigua-que los
de11tinos no han siclo justos condennndo al olvido una escuela cuyo último repreRentante
muri6 al fin invencible y en el triunfo y la apoteosis de su arte.
Para i,er imparcial, como com·iene en tan
graveR materias, debo confe,:ar que el método
de Lábrax hijo se adapta mejor á los gustos
de la época pre9ente, inclinados hacia lo simple y lo lógico, y no pondré mús embages para
reconocer que con ella. e-e «fabrica.,1 más de priAA y fácilmente gladiadores correctos; mas espero que en recompensa se me conceda este
voto irrefutable: que no ha producido todavía
un gladiador comparable en belleza á Lábrax
padre.
Todo lo que podría objetárseme es que Lábrn.x padre debió menos á su escuela que á

la naturaleza. A lo cual responderé triunfalm ente que entonces los dioses mismos parecen
preferir la segunda escuela, puesto que fa rnrecen los parangones de una manera tan manifiesta, y con esto tendré más autoridad para
defender una, escuela, dando por garantes á los

tt~ralidad de su_s ataques y de sus arrestos, eran
dignos de elogio. Pero qué decir del juego de
Lábrax el grande, con sus vueltaR de danzn,
con_ su~ saltos dE; felino, que arreglaba según la.
euritmia? Jamas estuvo más admirable. Se
sobrepasaba. Aquellos que r.o han asistido
nu?ca á es~ e~pect~culo, no sabrán jamás
cuanta super1ondad tiene la «tourbillonnante»
sobre la «fulgurante.»
Repentinamente, con un flamígero golpe de
revés, Lábrax hijo fné herido á despecho de
la coraza y desarmado.
Todo!! los pulgares se vol vieron hacia la arena. Era su condena á muerte.
-Levántate, grit6 Lábrax padre. Yo nomataré á mi hijo.
-Es porque tú eres mal gladiador respondi6 el vencido.
'
-Di lo contrario, exclamó el padre.
-Digo, replic6 el hijo, que eres un mal
gladiador.
Sin embargo, la mt1ltitud aullaba. pidiendo la muerte del vencido, y á César mismo se
le veía gesticular furiosamente en su asiento.
Se adivinaba entre el tumulto, por la mueca
de su bocn, que gritaba. con la multitud:
«¡Hiere! ... . . ¡¡Ilierel!,1
Y Lábrax hijo, de rodillas, con su casco
deshecho, presentando la garganta, no cesaba
de repetir:
-Si no me hiere!", eres un mal gladiador.
-Soy el emperador de la gladiatura, dijo
Lábrax el grande, con un ,:ollozo que levant6
todas sus medallas sobre su pecho.

inmortales, y en particular á :\[arte y á Yenm,.
Pero son ya muchns dist:rtacione:'!, y ést&lt;ls,
sin duda, no serán gratas sino á aquellas personas que lleven su pasión por el arte glacliatorio, como yo, hasta la filosofía. Yolvamos ú
la narraci6n prometida y no nos expongai!10s
por más tiempo al reproche que se pud1ern
hacer de preferir en literatura, lo mismo que
en e,:grima., el método «tourbillonnante» al
«fulgurante.,,

***
Dei"de que Lábrax padre se hubo retirado,
después de quince años de victorias no interrumpidas, con el pecho cargado de medallas
y el puño ornado con el pequeño cetro blanco
que lo designaba como gladiador emérito; des•
de el día memorable en que había sido proclamaclo emperador de la gladiatura, RU hijo lo
había sucedido en la admiración de todos, y
debo confesar que con justicia. Gracias á las
lecciones de su padre-esto no me lo negarán,
-gracias también-lo declaro muy alto -á sus
famosos golpf's derecho¡;:, rápidos como el relámpago, y gracias ademús-convenid en elloá la rlebilidad de los reprei,;entantes sobrevivientes de la antigua escuela, Lí1hra.x hijo
triunfaba. Y con él, esto se compreude, triunfaba su método, adoptado hasta por sus hermanoR, que llegaron á ser sus discípulos é imita.dores. Tanto y tan bien, que el hijo ll&lt;'gó á
olvidar las lecciones del padre y toda. la veneración que le debía; á tal extremo llegó la fatuidad &lt;le sí mismo, que un día se atrevi6 á
decir:
«Es de sentir que el primer L'ábrax esté pr6ximo á cumplir los cincuenta; porque si esto no
fuera, el segundo Lábrax combatiría. con él
para probar que no hay más que un solo Lábrax.»
Refirieron la bravata. al padre. Este sonrió,
y ~e limit6 á reRponder que, durante quince
años, había servido á. Marte y á Yenus junta.mente y que entretanto, le bastaba servir á
Venus'. cosa que el segundo Lábrax no podría
hacer jamás.
Fuerza es saber, paracomprenilerestachuscada, que Lábrax padre, como todos los gladiadores de la antigua escuela, se ha.hía &lt;lado
la gloria de llevar de frente las luchas de la.
arena y las del a.mor, en tanto que Lábmx
hijo entre sus reformas bahía introducido la
de Ías costumbres gladiatorim,, pretendiendo
que el gladiador debe permanecrr casto.
Irritado por la burla sobre su castidad. Lábra.x hijo se deshizo en injurias contra su,
padre, hasta. osar decir que el emperador de
la gladiatura había sido siempre el favorito del
a.zar v que él, Lábrax hijo, sentía vergüenza
de t~~er por padre «probable» (tuvo la audacia
de este sacrilegio) á un gladiador tan mediocre.
.
Lábra.x padre recibió la injuria y dijo:
«Doy mi cetro de emérito y estoy pronto á
ir al anfiteatro para darle la última. lección.»

Piénsese cuál sería la afluencia de gente que
llev6 el cartel pintarlo c&lt;·n bermell6n, sobre el
cual se anunciaba el asalto entre los dos Lábmx. El anfiteatro presentaba un lleno á reventar. Céi-ar en persona llegó con un cuarto
de hora de anticipaci6n, cosa desconocida en
los analer, de los juegos. Xingún otro com hate sirvi6 ele preludio al combate único y supremo que bastaba para tener impncientes á.
más ele cien mil esprctadores. Láhra.x hijo fué
el que primero entr6 en la -nrena.. Ei&lt;taha armado de hoplómf!co.- Em ora1.aha adarga, y su
cuerpo estaba tan cubierto de hierro como lo
permitían las leyes de la gla.diatura. Se le
aplaudió por la elegancia de su porte, por la
rectitud estricta de sus movimientos, de los

LA IGLESIA DE SHIPKA.

cuales ni uno solo era inútil; por su actitud
fría, fiera y amenazante. Pero sus partidarios
mismos hubieron de reconocer que tenía más
bien el aspecto de una máquina ele guerra que
&lt;le estatua en marcha; y nadie entre los espectadores pudo sentirse encantado con la belleza de su rostro, que ocultaba la careta de su
casco.
Muy distinta fué la impresión producida á
l:\ entrada de Lúbrax padre.
Armado como un samnita, con sola una
· pierna protegida con la piara de bronce y los
flancos con un f:im plr cintur6n de cuero blanco con c::camas de plata, desnudo el dorso,
llevando por (111 ica coraza sus medallas, el ros•
tro descubierto bajo un ligero casco, en el que
montaba un hermoso penacho roj_o, se parecía
á Marte, pero Marte saliendo del lecho de Venus. Porque sn cuerpo esbelto y gracioso, que
el tiempo no había deformado, estaba lo mismo hecho pnm el amor que para la guerra;
bajo sus mejillas, semejantes á un mármol dorado ·por el sol, se hubiese dicho que las huellas de los yugularfs se habían borrado y pulido con las caricias; y su boca con dientes de
lobo, era una flor escarlata que llamaba á. los
besos; y sus ojos claros y luminosos, color de
mar primaveral, evocaban la imagen de las
olas voluptuosas, de donde había salido ya
Anadiomene.
Y hien prorito toda;; las mujeres, aun las
Vestales, levantaron el pulgar al aire, pnra pe·
dir·que el combate no se efectuam. A lo cual
respondi6 con un gesto ele gratitud y de amor
significando que tomaba los pulgares al aire'.
no como piedad hacia él, sino como un emblema. de su virilidad siempre joven. Se le
romprendió, se le aclam6 con entusiasmo y él
sonriendo, se puso en guardia.
'
Desde el primer paso todo el mundo sinti6
que Lábrax hijo estaba perdido. Ciertamente, sus golpes rectos, su rapide~ certera, la n~•

El año de 1877, durante la guerra ruso-tmca, en el paso de Shipka, los rusos efectuaron
una defensa heroica contra las fuerzas turcas
que iban al mando de Suleiman-Pashá.
Al cumplifl'e el aniversario vigésimo quinto
de esta acci6n, el gobierno de Bulgaria, en cuyo territorio queda ahora el paso de Shipka,
determin6 construir en el sitio una iglesia. del
rito oriental ortodoxo, cuya dedicaci6n se verifi?ó precisamente en la fecha de este aniveri,¡;1rro.

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

,

Y blandiendo su espada y despu~s dirigiendo la punta hacia su hijo, la hundi6 de un
gol pe hasta el puño en la garganta del vencido, gritando con una voz estent6rea:
«¡Por la gladiatura!»
Después de lo cual, sacándola del cuerpo y
apoyando el puño contra la arena, se arroj6
sobre la punta, gritando con voz más fuerte:

Im·ita&lt;los los miembros de la familia imperial de Rusia para que asistieran á la ceremonia de la inauguración, concurrieron, en el
nombre y con la representaci6n oficial del
Czar, el gran duque Nicolás y los miembros
de su estado mayor.
El príncipe Fernando de Bulgaria 11e encontraba presente con toda su corte en la ceremonia, que consisti6, fuera de los cánticos
de rigor, en una procesion que recorrió bajo
palio los sitios más importantes y de mayor
interés en el campo de batalla.

***

La importancia de este hecho se calculará

«¡ Por los manes de mi hijo!"

Así muri6 Lábrax padre, matador &lt;le su
hijo y matador de sí mismo, habiendo sido y
querido ser, no solamente un perfecto gladia•
dor, sino ta.mbi(.n un hombre, y en esto superior ÍI aquellos que no pueden ser mús que lo
uno ó lo otro.
JEAN RICHEPIN.

por el rumor que corre de haberse firmado con
este motivo una alianza entre Bulgaria y Rusia, en contra. del imperio del Sultán.
-El amor siempre se inclina á perdonar
las traiciones del dueño amado, ámenos qm•
se le relegue al olvido.
-Los enamorados á veces se fingen engañados para gustar de los encantos, que hasta en
sus mentiras tiene el amor.
-Siendo el amor el más seductor de los sentimientos, es incomprcn ..ihle que de él nazcan
horribles fenómenos por su hechma y modo d,i
ser.

ENSU ELOGIO
Tienes el nombre ilustre C:e las emperatrices,
Y tus hombroR, en donde resplandecen las gemas,
Y tu frente, que pueblan remembranzas felicel'l,
Añoran los suntuosos mantos y las cliademas.

•

El oriente impecable de tu mórbido cuello
Opaca los albores de la perla exquisita
Sepultada en los hondos mares, y tu cabello
Es tan dorado porque te llamas l\Iargarita.
A tu paso relucen y ·cornscan las sedas,
Y al trote cadencioso de tus raudos corceles,
En tu muelle carruaje vas por las alamedas
Con tus ojos dormidos cautivando do!)celes.
En tu mano hay destellos de blancuras lilialef',
París te dió la clave de su excelsa elegancia,
Y adornarán tu mano con sortijas nupciales
O Prfocipes de Gales 6 Delfines de ;Francia.
En los bailes te sigue respetuoso cortejo,
En la calle te asedian amorosas miradas, ·
Y como en la tranquila claridad de tu espejo
Ríen en mi memoria tus líneas adoradas.
Yo alabo tu hermosura, princei'la ~fargarita,
Yo persigo la huella de tu sandalia breve,
Y pensando en tu nombre, blasono mi leYita
Con una estrella de oro &lt;le fulgores de nieve.
t

EFRÉ:-. REBOLLEOO.

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[L MUNDO ILUSTRADO

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LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 21.

CONTRA EL DOLOR YLA ENFERMEDAD

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u:
¿Cuáles son las dos armar, principales con que el hombre
puede combatir ventajosamente contra la mul~ltud de enemigos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y
muerte? LA SANGRE Y LOS NERVIOS.
Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más
segura de una larga vida. Con ellos, el organismo cumple nor•
malmente sus interesantes funciones :flslalógicas; el estómago,
10s intestinos, el bfgado, el cora2ón, los pulmones, etc., no es·
tán expuestos á sufrir las mil afecciones que padecen en las na-

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Gerente: LUf&amp; Rfl't&amp; &amp;PINNLA,

LIC. RAl'AU Rfl'f&amp; &amp;PINDOU,

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Subscripción mensnal forfloea , $1.50
ltlem l dem. en la capitH.l, ,, 1.25

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MÉXICO, NOVIEMBRE 23 DE 1902.

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turalezas débiles; se aleja de todo temor de esos terribles ms•
les cerebrales que matan ó agotan al individuo basta el extremo de convertirlo en idiota y en loco, y lo mismo el hombre
que la mujer, lo mismo el anciano que el nlfio, concurren con
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su
constant&amp; obra de reproducción de las especies.
También mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
en los seres exr.enuados por el abuso, por la enfermedad ó por
la indiferencia, porque

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LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

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ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA i
El hombre que entregado al trabajo, ó después de abusos
femeniles ó de enfermedades agudas, siente decaer sus :fuerzas
la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero á
veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia; la joven
que al mirarse en el espejo ve palidecer y amar1llear su antes
rosado cutis, y sufre jaquecas frecuentes y perturbaciones en su
menstruación; el nlffo cuyo crecimiento se efectúa diffollmen -

te y que camina á grandes pasos á la escrofulc,sli., al raquiLi - !
mo; todos en una palabra, los que pagan tributo al mal de la U
época llamado
!!_

'-'-ANEMIA"
y que son víctimas de sus múltiples y dolorosas manltestaclo- !!_
nes, recurran al uso del
u

VI.NO

DE SAN GERMAN
DEL DR. LATOUR BAUMETS
Preparado que por su composición, en la que figuran tóni1: une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otroi.
cos, reconstituyentes y puri:flcantes tan poderc,sos como el
medicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por

ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,
LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,
es la más recomendada para

Aliviar los Dolores, Purificar la sangre,
Vigorizar los nervios
y Robustecer el organismo.
A estas cualidades reconocidas por los eminentes médicJS
que ban hecho uso de él, apllcándoio en multitud de enfermos,

E:L VINO DE: SAN QERMAN,

la repugnancia que inspiran á las persona~ que deben tomarlo,i.
~e recomienda muy especialmente á todos aquellm1 padres
que nC&gt;ten que sus hijos están anémicc,s, que la1&gt; jóven1:1&gt; 1,e po-

u-

nen cloróticas y sufren padecimientos nervk,sos, cat,1 mos y
bronqulth1 frecuentes, trastornos inte&amp;tlna es, palpit!lclonts
de corazón, Insomnios, vértigos, dolores neurálgicos, etc., de-bidos á la pobreza de nutrición y á la deb111dad progresiva, resultado fatal de la taita de pureza y energ(a de la sangre y del
agotamiento del sis_tem,a nervioso.

U

!!.
u

u

u
u

Entre los muchos males que cura radicalmente el

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VINO DE SAN GERMAN,
su uso es de resultados eficaces en

Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de apetito, Cbrosis} Con valescencia,

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-u Depleuresías, Pulmonías, Tifo ó fiebre tifoidea Dabili&lt;lal cJn:3titucional, E:rnrófula, Flores bhncas, Gan-u grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
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SAN LUCAS ESCRIBE SU EVANGELIO.
CUADRO DE GONZAL O ARGl\EI LE¡:,, - PRIMER PREMIO E N EL CONCURSO DE LA ESCUELA DE BELLAS ARTES.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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