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-1:
tu ralezas débiles; se aleja de todo temor de esos terribles ma- 11
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son las dos armas principales con que el hombre les cereb1ales que matan ó agotan al Individuo basta el extre11
-u puede¿Cuáles
combatir ventajosamente contra la multitud de enemi-11 gos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y mo de convertirlo en Idiota y en loco, y lo mismo el hombre 11
que la mujer, lo mismo el anciano que el niffo, concurren con 11
u muerte? LA SANGRE.Y LOS NERVIOS,
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su 11
-11
Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más constante obra de reproducclófi de las especies.
11
-u segura de una larga vida, Con ellos, el organismo cumple norTambién mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
-11 malmente sus interesantes tunctones fistelógtcas; el estómago, en los seres exoonuados por el abuso, por la enfermedad ó por 1111
-u ¡os intestinos, el bfgado, el corB1ón 1 los pulmones, etc., no es· la Indiferencia, porque
11
-u tiin expuestos A sufrir las mil afecciones que padecen en las na11
11
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u

LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

CONTRA
EL
DOLOR
Y
LA
ENFERMEDAD
..
-

-

LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

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-u

ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA

El bombre que entregado al trabajo, ó después de abusos
temen1les ó de enfermedades agudas, siente d~er sus tuerzas
la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero A
veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia; la joven
que al mirarse en el espejo ve palidecer y amarillear su antes
- rosado cutis, y sufre jaquecas !recuentes y perturbaciones en su
u
- menstruactón¡ el nttlo cuyo crecimiento se efectda dificllmen11
-11

-11

te y que camina A grandes pasos II la escro!ulosls, al raqultl1mo; todos en una palabra, los que pagan tributo al mal de la
época llamado
,, ANEMIA"

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"~

DE SAN GERIIIAN

-11

DEL DR. LATOUR BAUMETS

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une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otros
Preparado que por su composición, en la que figuran tónimedicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por
cos, reconstituyentes y purlficantes tan poderosos como el
la repugnancia que Inspiran al las personas que deben tomarlos.
Se recomienda muy especialmente A todos aquello• padres
que noten que sus bljos están anémicos, que las jóvenes se ponen cloróticas y sufren padecimientos nerviosos, cat.rros y
bronquitis !recuentes, trastornos 'tntestlnales, palpitaciones
de corazón, insomnios, vértigos, dolores neurAJgicos, etc., dees la más recomendada para
bidos A la pobreza de nutrición y II la debilidad progresiva, reAliviar loe Dolores, l'urifioar la sangre,
sultado fatal de la falta de pureza y energia de la sangre y del
_Vlgortzar los nervios
agotamiento del sistema nervioso.
y Robustecer el organismo.
Entre los muchos males que cura radicalmente el

-u

-11u ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,

-u

1,

LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,

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-1111

A estas cualidades reconocidas por los eminentes médlcJs

11 11IN0 DI SAN GB.RMAN,

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-11

su uso es de resultados eficaces en

Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de ap11tito, Cloroais, Convalescencia,
Depleuresías, Pulmonías, Tifo 6 fiebre tifoidea Dabilidai cln3titucional, E1 crófula, Florea bl&lt;1nca 3, Gan-

-11

•

DE VENTA en TODAS la.s DBOGUEBÍAS y BOTICAS

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-11 grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
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krentes LUt&amp; Rtl'~ !IPINDOI 4 .

uc. R.4.r.4.tl Rtl'Ut &amp;PINIM)l.A.

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VINO DE SAN GERMAN,

que ban bacho uso de él, aplicándolo en multitud de en!ermos,

-11

Subscri pción mensu a l fo rá oea, $, áO
l d ero ldem. en la ca ••ILlll,,. l 2S

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11
y que son victimas de sua múltiples y dolorosas manl!eotaclo- 11
nes, recurran al uso del
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A~O IX.--TOMO 11.--NÚM. 23.
•lrcet..-s

MÉXICO, DICIEMBRE 7 DE 1902.

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11

VINO

-

11

l"\UNDO ILUSTRADO

esoolar.-él'arejas del cfl(inué.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Diciembre de 1902.

El despilfarro de la energía.
La perfección de una máquina, como la ele
un aparato, no consiste tan sólo en que dé
productos acabados y bien acondicionados, sino también en que esté dispuesta en forma y
mo&lt;lo de economizar la fuerza que consume y
en acrecentar su rendimiento, en que el resultado se obtenga con el menor esfuerzo posible
y sea el mayor posible.
· Si para moler una carga de trigo se ha de
neceRitar el soplo del huracán en lae aspas &lt;lel
molino, si para arrastrar una carreta ha ele
emplearse el empuje de una locomotora, si
para levantar un fardo ha de exigirse la palanca de Arquímedes manejada por Encelado,
y si es Hércules el que ha de hacer silbar la
honda y lanzar la piedra de David, molino,
carreta, palanca y honda, resultan imperfectai,, defectuosas, torpes en su función y mezquinas en sus resultados.
Lo que pasa en los organismos inertes que
llamamos múquin::u,, se verifica igualmente en
las má&lt;¡uinas vivientes que llamamos organismos vegetales, animales y sociales. Emplear
robustas encinas para producir raquíticas bellotas, organizar y amontonar esqueletos monstruosos, musculaturas desmesuradas para llegará la inerte rnmnolencia del hipopótamo,
serían faltas imperdonables ei1 un mecanismo,
faltas en 1¡ue la naturaleza incurre con tanta
frecuencia. Por el contrario, la espiga cuyos
granos pesan más y son más nutritivos que la
cana en que maduran, el insecto que pesa miligrnmos y despliega fuerza y agilidad sorprendentes, son modelos acabados &lt;le la economía
en lit materia y en la fuerza con el máximo
rendimiento del aparato.
En el orden mental y moral ocurre lo mismo. Hay inteligencias que trabajan con exceso
y se fatigan con extremo para llegará concepcione~ insignificantes ó Yulgares, y en ocasio-

Domingo "/ de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUS'l'RADO

nes, pasiones volcánicas, con hervores de calderas, y resoplidos de fragua y conmociones
de volcán, se disipan en inconsistentes humaredas, en llamaradas de petate y en histéricas
convulsiones &lt;le terremoto.
En este orden &lt;le ideas, á cada paso tropezamos con mecanismos y maquinarias de una
horripilante ó de una desoladora imperfección.
Hay erudito que consume su actividau y su
vida en el estudio y en la investigación, que
amontona en volúmenes inacal.,ables sus ideas
y sus meditaciones, y que no llega jamús á
descubrir un hecho nuevo, ni á sentar una ley
natural, ni á explicar un fenómeno,ni á prever
un suceso, ni á plantear una regla ni á ericontrar una solución. Dialécticos conocemos que
pasan su vida razonando, polemizando, deliatiendo, que ensartan deducciones corno chaquiras, que hacen ramilletes vistosos de inducciones y que nada logran resolver, ni dirimir ni probar. La historia de la filo~ofía y
de la vieja ciencia, abundan f'n ejemplos &lt;le
esta clase de inteligencias que, como las múquinas primitivas, son enormes y desproporcionadas y meten un ruido y traen un traqueteo infernales para nada producir ni na&lt;la
rendir.
En el orden moral hay seres t.ambién imperfectos que gastan dosis formidables de ambición, de pasiones, de emociones, para no
salir jamás de la medianía y, en ocasioneio,
para sólo labrar su ruina y sembrarla alrededor suyo.
En lo que se llama el mundo &lt;le los negocios, abundan esta clase de tipos: financieros volcánicos, atestada la cabeza de proyectos
colosales, de empresas estupendas, creadores
de combinaciones que costarán uno y producirán mil, explotadores de negocios nuevos,
de cultivos exóticos, de industrias translunares, condenados á la camisa sórdida, al zapato
destalonado y á la miseria negra.
Hay poetas que arden solos, que se incen-

dian espontáneamente, que estallan al menor
choque y que, desrués de muchos paraísos artificiales v muchos infiernos naturales, dejan
en cafüla~l de obras completas una cuarteta de
álbum ó un soneto patriótico.
En punto á despilfarro de energía y á polireza y mala calidad de productos, nada es
comparable á los malhechores, como no sean
los viciosos. ¡Cuánto afán, cu{tnta labor, cuánta lucha, cuánto sufrimiento y cuánta humillación hay que pasar en la vi&lt;la cuando se
quiere vivir en el ocio y los placeres, y cunnto se tiene que padecer en la existencia para
darse la satisfacción de morir en el patíbulo!
Una anécdota á este propósito: Junto á un
labra&lt;lur cubierto aún del fecundo sudor del
trabajo, pasa un anacoreta. --Padre, le pregunta el campesino, ¿es verdad que ustedes van
siempre descalzos?-Sí, hijo mío.-¿Que no
usan camisa?-Sí, hijo mío.-¿Que duermen
en el suelo?- Sí, hijo mío.-¿Que comen ta11
sólo yerbas?-Sí, hijo mío.-¿Qne viven de
limo!,na?-Sí, hijo mío.-;,Que sufren toda
clase de humillaciones?-Sí, hijo mío.-¿Que
se condenan á no tener mujer ni hijos?--Sí,
hijo mío.-¡Cnántas penas y cuántos dolores
-agregó el labrador--sufren los hombres con
tal &lt;le no trabajar!
A los viciosos, á los laclrones y á los bandoleros les viene admirablemente el saco y puede decírseles lo que Juan Valjean á Montparnasse:-((Ah! quieres holgar? pues prepárate
para trabajar.-Ab! quieres gozar? pues prepárllte para sufriri,.
Toda la moral humana está condensada en
esas frases.

jlT/porfanfes j)rácficas j'liilifares

'i).,(

VOLADURA DE UN PUENTE

NA expeáeuda de ve,dmlem
importancia i;:e efectuó el domingo pasallo en los llanos de Anzu res. Nos referimos á la voladura
de un puente militar de caballetes, por medio
de cargas de dinamita.
Los alumnos del Colegio Militar, bajo la &lt;lirecci6n del capitán E-egundo de la Plana Mayor Facultativa de Artillería, Gabriel Terrés,
construyeron el puente, que me&lt;lía 30 metros
de longitud, 2 y medio &lt;le anchura y 3 y medio de elevación. Los trabajos duraron cuatro día1:1, y tanto la forma de los caballetes
como la del puente, se ajustaron en todo á las
reglamentarias del er¡uipaje de puentes militares del ejército francés.
En esta obra hicieron su práctica los alumnos del Colegio l\lilitar que en el presente año
cur:,aron la clase de Puentes y Aerostación;
y á fin de demostrar la solidez de la construcción y los servicios que ésta pudiera prestar á
un ejército en campaña, la Secretaria de Guerra dispuso que sobre ella pasaran cuatro secciones de caballería y una batería mínima.
Estas maniobras se efectuaron por la tarde,
en presencia del Sr. General D. Bernardo Reye!,, Secretario &lt;le Guerra y Marina, quien se
presentó en Anznres acompañado de su Est.:·
do Mayor y de los Generales Huer,a y V1llegas.
Así que hubo examinado el puente y dictado algunas disposiciones, el señor Ministro
ordenó que pasara sobre aquél la artillería de
campaña y después las cuatro secciones &lt;le caballería. Regresaron los dragones y, durante el
paso de éstos y de las bocas de fuego, se vió
que el puente permanecía innamovilile, co1\lo
cual quedó demostrada su buena construcc10n
y las facilidades que podría prestar.
El puente se construyó en la confluencia de
los ríos San Joaquín y de los Morales, cerca
de la calza.da de la Verónica.
'J'erminadas las maniobras militares, se procedi6 á. la voladura de la obra, por medio de
petardos provisionales. El ,Sr. T~niente Coronel D. Enrique Mondragon, Director de la
Escuela Nacional de Tiro, con el personal necesario de sus alumnos, fné el comisiona&lt;lo
por la Secretaría de Guerra para llevar á cabo
la voladura mencionada.
El sefior Minit;tro y sus acompañantes, ai;:í
como el numeroso público que :isistió
las
importantes experiencias, se al?Jaron a. un_a
respetable distancia del puente, a fin de evitar un accidente dei;:graciado durante la voladura.
.,
En seguida se procedió {~ la pre~a.rac10!1 e1e
petardos con pólvora Borhnete, é mme&lt;liatamente se colocaron las cargas en los caballetes del puente. La expectación públic~: ern
muy grande, pues todas lris personas allt pr&lt;'·

Jt

AUREA.
Son color de oro Yiejo tus ca.bellos,
Y como en tus dos ojos Re, reflejan, '
De tus pupilas en el fondo, dejan
De oro viejo el color que tienen ellos.

La boca que á besar Cloris me ofrece,
Frnto es de estío de dulzura lleno.
Que oculta entre su miel letal veneno.
Quien la llega á besar muerte padece.

Y áureos por eso son tus ojos bellos,
Y por su luz y su color semejan
nos S;)les en ocaso, que se alejan
Circundados &lt;le fúlgidos de.,tellos.

Y es una tentación; roja, parece
Temprana flor cuando desvuelve el seno;
Y mientras más el apetito enfreno,
Más el deseo de besarla crece.

Por eso áurea eres tú, y á tu cabeza,
Color de hoja otofial, esplendoroso
Nimbo, como un encaje, la circunda.

l\Ias ¿qué mucho morir, si siempre vela
La Muerte tras nosotros en acecho
Y por llevarnos á su reino anhela?

Aurea se mira 11sí Naturaleza
Cuando del sol un rayo luminoso
De grana y oro el horizonte inunda.

Nadie ávida inmortal tuvo derecho.
Pues &lt;lame un beso, Cloris; de esta suerte
Como él tan dulce me será la muerte.
·

sentes aguardaban con ansia el momento de
la e~plosión. Generalmente se creía &lt;¡ne al inflamar,:e los petardos no quedarían ni restos

ele! puente, pero tales suposiciones_ er3:n_ exageradas, pues sólo se_ trataba &lt;le rnut1lizarlo
para el paso de la artillería.

El puente, antes de la voladura.

�EL MUNDO ILUSTRA no

Domingo 7 de' Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

/

La voladura del puente.

Por fin se vió que del suelo se leYantaba
una gran columna de humo y tiena, é instantes después se escuchó una fortísima det.ona&lt;:ión. Una serie de explosiones sucedió á la anterior; y así que todos los petardos produjeron
sus efectos, el señor Ministro se dirigió al

)

«...... Todos, como te he dicho, estamos
bien; sólo la pobre Felicitas parece encontrarse peor que otras veces, y el doctor teme que,
con la llegada del inYierno, no pueda vivir
muchos días. Creo que, viéndote, la infeliz
sentiría un gran consuelo."
Este era el párrafo final de la carta que una
de mis hermanas me dirigía, para informarme
de las nuevas de casa, durante mi pasajera
ausencia. Y Felícitas, de quien aquellas líneas
hablaban tan poco satisfactoriamente, era la
buena, la serYicial, la siempre adicta criada
que años tras años había servido incondicionalmente á la familia.
Mis hermanos y yo casi habíamos per&lt;lid0
la noción exacta del tiempo de sus servicios.
Al abrir yo los ojos á la vida, la había encontrado ya en la casa; su recuerdo estaba ligado
á todos los de mi niíiez. Mis hermanos mayo- ·
res sí guardaban memoria de su ingreso: una
vez en que faltaba una sirvienta, presentóse

lugar donde se levantó el puente para ver el
estado en que éste se encontraba.
Los resultados de la experiencia fueron satisfactorios, pues la construcción quedó inutilizada por completo, en pocos minutos.
Las experiencias se repitieron el jueves.

cierta mujer ya entrada en edad, en compañía
de una joven, casi una niña, demandando trabajo para esta última, de quien era tía y única
parienta. Y en la casa fué recibida la muchacha. no sin algunas vacilaciones previas de
parte de mis ascendientes, que atados aún á
viejas preocupaciones, preferían para su servidumbre personas de madura edad y cuya
conducta no exigiese la vigilancia y el continuo sobresalto en que viven las buenas madres de familia que tienen mujeres jóvenes (1
su servicio.
Admitida al cabo la joven, retiróse la tía, no
olvidándose de hacer todo género de recomendaciones respecto á su sobrina. Desde su acomodo, la fámula había obtenido permiso para
salir dos veces al mes, por la tarde, y de esta
licencia aprovechál.,ase siempre que la tía vi~iese por ella; pues entre las recomendaciones
más importantes de la vieja, se contaba la de
no permitirá la muchacha pisar la calle sin
la compañía de su &lt;CÚn,ica" parienta. Sin embargo, muchas ocasiones se daban en que la
recamarera no hacía uso del permiso durante
dos quincenas, por ausencia de Sil tía; pero al
término de este plazo, que coincidía con el pago del ,,mes,» la vieja Ha lograba robar un momento á sus quehaceres, para acudir en busca
de su sobrina y proporcionarla algunas horas
Je libertad. l\fas á la quincena siguiente, fácil
era asegurar que la buena Felícitas se quedaría sentada en la azotehuela, inútilmente entretejido en la trenza el lazo de listón azul, inútilmente sacados del baúl el rebozo «coyote»

y la enagua de holanes, inútilmente en espera
de la tía, á quien sus quehaceres impedían
preRentarse á menudo.
Y el carácter de la criada era incapnz de rebelarse ante estas contrariedades. Cuando la
tarde del domingo, esperada con tanto anhelo,
agonizaba antes de que la única parienta hubiese aparecido, la recamarera, un poco más
triste tal vez, pero sin proferir una queja, volvía á doblar cuidadosamente el rebow ,,coyote», cambiaba la euagua recién planchada por
la de trabajo, y per.etraba M- las habitaciones
á reanudar la diaria tarea, á encender las lámparas, á preparar las camas ó entrecerrar las
maderas de 10s balcone8.
Su espíritu era de una completa pasividad,
producto tal vez de algunas generacioneR de
antepaRados nacidos y muertos en la ei::clavitud del trabajo miserablemente remunerado,
en la existencia del pobrf' indígena de los campos, sometido á todas las brutalidades del
amo y sin recibir de él más que el puñado de
maíz para su sustento y el pedazo de burda
tela para su abrigo.
Llegó vez en que la tía no apareció por In
casa durante mucho tiempo, y, alarmada la
sirvienta. manifer--tó sus zozobras á los amos.
Mi padré escribió á la primera autoridilcl del
pueblo en que moraba la vieja, pidiendo informes acerca de ella, pero éstos no fueron
nada satisfactorios: se ignoraba ta111bién allí
su paradero.
IJesde entonces se conceptuó á Fclícitas corno privada en ab¡:;oluto de allegados, y, con
el tiemvo, fué vista por todos como una hija
adoptiva de la familia. La muchacha lloró
sinceramente la desaparición de aquella mujer, que había sido, á pesar de todo, su más
vivo afecto; pero resignóse al cabo y terminó
por hallar el lenitivo de su pena en el calor de
aquel hogar al cual sentíase ya ligada por
fuertes vínculos de cariñoso reconocimiP.nto.
Su situación mejoró un tanto;~ repetidas instancias de mi padre, que amaba la libertad
de todos, permitíase á Felícitas ,:alir en compañía de las demás sirvientas, cuya conducta
uada hacía sospechar, y algunas veces también encargábasela de acompaí'iar en su paseo
á mis hermanos mayores, nilios aún.
Pero después de cierto tiempo, aconteció
algo que vino á desconcertar la pacífica existencia de aquella infortunada criatura. Una
noche en que mi padre entraba al comedor,
después de haber pasado la mayor parte del
día en su bufete, insta lado en uno de los edi-

.licios más importantes de la ciudad, fué recibido fríamente por mi madre, que había acabado de cenar, hacía ya buen rato. Estas situaciones de espíritu no eran raras en ella,
que tomaba á pechos, muy á menudo, verdaderas nimiedades, cosa que mi padre no ignoTaba. Sentóse, pues, á la mesa, dando principio á las viandas que diligentemente había
traído Felícitas, espemnclo en calma á que mi
madre se desahogara de la agitación que la
poseía.
Cuando el último plato estuvo en la mesa,
Felicitas fué despedida c&lt;·n un «vete á cenar;
ya te llamaré,» pronunciado secamente por mi
madre, y quedaron en el comedor mi padre,
mi madre y mis rlos hermano¡:; mayores.
-Harías bien-prorrumpió al fin mi madre-en no volver á enviarnos á Julián, bajo
ningún pretexto.
J ulián era el criado del bufete de mi padre;
un mocetón de veinte años, con cierto aire de
bestia, brusco ea palabras y movimientos y
con algo de taimado en su actitud.
-Por qué?-preguntó mi patlre-lla cometido alguna falta? Rompió algo?
En pocas palabras fué explicado el motivo:
había llegado por la mañana, conduciendo
-ciertos objetos de que mi padre le hiciera en,eargo; todo estaba perfectamente, y se le
había despedido en seguida; pero aquel idiota, en vez de alejarse, se había detenido en un
rincón del patio, detrás de la escalera, en donde platicaba sigilosamente con Felícitas cuando mi madre les sorprendió. No cabía la menor duela; P-1 criado y la recamaren~ se entendían; dijéralo si no aquella turbación con que
la muchacha subió á reanudar sus labores del
día.
Mi padre tuvo una sonrisa de benevolencia.
Y eso qué'? Si se querían, podrían casarse.
Ella era una magnífica mujer, digna ele buena
suerte; él, aunque no de lo mejor, pues tenía
el defecto de rehuír el trabajo á la menor ocasión, no había dado motivos para que se le
expulsara. En fin, acaso podrían ser felices ...
Pero mi madre no opinaba del mismo modo. Feliz la muchacha uniéndose con aquel
taimado que á la mejor la plantaría en la calle? Qué mayor felicidad podría ambicionar
-que la de vi\'ir siempre en aquella casa en
-donde era objeto de consideraciones que acaso
no había soñado siquiera? Iba á sacrificar sus

ella misma había experimentado en su juventud, antes de conocer á aquel á quien había
rendido el alma; ese llamado inolvidable del
amor que golpea en nuestro corazón a1iunciando un mundo nuevo, lleno de deleites y de
ternuras infinitas, generador de alientos, fuente de energías para recorrer hasta el fin el agrio
sendero de la vida, y manantial Ragrado ele
plegarias á la buena, á la fuerte, á la bendita
y omnipotente madre Naturaleza.
Accedió al cabo mi padre, el criado no volvió á
la casa, y mi madre extremó su vigilancia sobre
la infortunada recamarera.
Felícitas, por su parte,
no tuvo una sola queja
para quienes así la prirnban de un afecto en que
ella había tal vez em peñado el alma entera; sometióse á la voluntad de
aquellos que seguramente tendríaü razo!'es de
gran peso para obrar así,
y ahogó en su corazón
aquel amor naciente fr
través del cual cteyó haber adivinado infinitos
espacios llenos de luz y
d_e maravillosas concepC1one,;.
Por aquel tiempo vine
yo al mundo. Difícil hubiera sido asegurar si los
brazos de mi madre mecían mi sueño más amorosamente que los de Felícitas. Desde los primeros días de mi existencia,
jamás escaRearon para mí
las atenciones y los desvelos. Cuando mi madre abandonó el lecho,
y, aprovechando los momentos en que el sueño me hacía suyo, íbase á vigilar las labores
de la casa, repetidas Yeces, á su regre;:;o, sorprendía á Felicitas cerca de mi cuna, meciéndome suavemente, contemplúndome en
éxtasis: una viva turuación se apoderaba de
ella, balbucía alguna frase ininteligible ~, se
alejaba en i,eguida á reanudar su trabajo abandonado por un momento.
Insensiblemente llegó ú ser ella la encargada de mi cuidado. Por la mañana, apenas
despertaba yo, Felícitas venía á buscarme,
abrigábame con la mayor solicitud, levantábame &lt;le la cuna en que había pasado la noche, y, cubriéndome de caricias, estrechábame contra su corazón, con un amor muy vivo
que no puclo pasar mucho tiempo ignorado
para mis padres. Horas y horas pasaba contemplándome con una mirada vaga en que
palpitaban todo!' los e·,sueños de su ser. Tal
vez mi presencia había despertado en ella el
sagrado instinto que es la vida de la huma1iidad, y ausente del afecto que florece y esparce su polen para fecundar incesantemente los
campos de la exi;:;tencia, soñaba en que yo era
el fruto ele aquel amor que había cruzado un
día cerca ele ella, acariciándola. fugitivam311te
con la dorada punta de sus alas; acaso experimentaba la doloro-,a angustia de no ser ella
quien ncercaría á mis la.bio3 el alm(bar de la
vida, haciéndome sano-re de su san 0-re, flora., el
o
cwn e todts su~ enel'6 ias, form'l p.ilpable de
todos su~ en&lt;;uelio3.
Después de m[, otros h ermanos vrn1eron,
pero ninguno logró alcJ.nzar aquel c:1rif!o tan
grande, tan vehemente, tan desinteresado,
que Felícitas abrigara hacia mí. Y yo tamuién
llegué á nutrir mi alnn ele niño con a1¡nel
afecto; á ella, m í.s que á mi mJ.dre, a cadía en
todas mis querellas, seguro de encontrar m1.yor benevolencia en su acogid:1; cun.ndo era
objeto de ca&lt;;tigo de parte de mis mayore.,, corría en po3 de Felicitas, las lágrim i.s en lo.,
ojos, repleta de sollozo., la g,u-ganta,y á la voz
de mis queja, también el llanto asom:i.ba á SLB
párpados, y m3 estrnchab:i nervio3:1m ,nte contra su pecho, en un transporte sentimental ele
a4. u ella alm.i c.'.mdid1, de aquella alm, inganua y transparente com:&gt; el agu:i. que corre so0

comodidadf's para seguir ú un h om 1&gt;re que la
engañaría desde el día siguiente, que la engañaba ya, abusando de la inocencia de sus po•
cos años? :N"o, y cien veces no!
Protestaba ciegamente contra el atentado,
celosa tal vez de aquel que ,·enía ú arrebatarle
algo que ya mi madre conceptuaba como suyo,
dominada por cierto prejuicio contra el hombre vulgar é inculto, el hombre del pueblo,
seductor de infelices obrera~, ebrio consuetudinario, incapaz del menor sentimiento de nobleza. 01 vi&lt;laba, en su arrebato de mujer decorosa y un tanto cuanto rígida, creyendo
obrar con la mayor justicia, olvidaba el imperio absoluto de ésa necesidad d e afecto que

Domingo 7 de Diciembre de 1902.
bre ]P.cho de rocnc;, retratanrlo en sus cristales
la infantil angustia que me oprimía.

···Y ~Í;~r~.. -~q;~¡¡¡· -~;;.t,~ -~~-¡~-~~~¡~¡;~··¡~~¿:
nicarnerite' el probable fin cercano de la mujer
que más me había querido en el mundo, _á
travé;, de treinta años de prueba. El sentimiento ele un deber, asociado al amor que
abrigaba para aquella mártir silenciosa de un
error involuntario, impuls6me á acelerar mi

rc6 res,&gt;, y en tanto que é,;te se realizaba, contesté la carta en cuestión, ma1üfestando que
pronto estaría de vuelta en el paterno hogar.
AguaL"dé, pues, impacientemente, los tres
días que aún debía permanecer alejado de la
familia; tenía yo algunos pequeños asuntos
por ultimar, y además, la víspera del día fijado para mi partida, fuí. invitado por uno de
mis buenos amigos de la localidad, para asistir á una cena de confianza con 4ue deseaba
obsequiarme antes de despedirse de mí.
1\lás de la media noche sería cuando abandoné la casa de mi amigo, en donde la buena
mesa, la música y la conversación de las mujeres hermosas me habían proporcionado deliciosos momentos. Llegué al hotel en que me
hallaba alojado, mi equipaje estaba casi hecho;
dejé para el &lt;lía siguiente su terminación y
me metí en el lecho, acariciado aún por el recuerdo de las breves homs precedentes.
Pero cuando volví á abrir los ojos, asombróme el ver que mi cua.rto se encontraba lleno de luz, y salté apresuradamente. El reloj
per;:;uaclióme de que, por desgracia, la hora de
partida había pasado ya. Me había dormido
como un podenco.
Tuve, pues, que resignarme á esperar urt
dia aún; pensé que sería oportuno aprovecharlo correspondiendo al obsequio de que era
deudor, y dirigí una esquela á mi amigo, invitfodole, en unión de su familia, á aceptar
el almuerzo con c¡ue de,,eaba m'l.t'.llfestar mi
reconocimiento. Elegí el almuerzo, temero,o
tal vez de que pudiera acontecerme nuevamente lo que no cesab:1 de lamentar, y en las
primeras horas d e la noche regresé al hotel,
dirigiéndome á la administración en busca ele
un criado á quien recom,mdar la hora fija en
que debía &lt;le:3pertarme.
Y al día siguiente, cutndo el criarlo 11am '&gt; á
mi puerta, puso en mi~ m 1.1103 un m :ms.1,je recibido la noche anterior. El mensaje clecia:
«E-,perábamo.'! tu llegad.a hoy, segút1 avi~o.
Felicitas ac.1.b1, de tn..Hir; expiró pronunciando tu nombre."
L1. n oticia m3 dejó helado. L:&gt; senti mac'11,
verdaderameute.
A.

Tacubaya.

G:&gt;NZALEZ CARRASCO.

�Domingo "/ de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO JT.,tTSTRc\1r,.

Obras en los }'uerfos-

PÓRTICO.

El nuevo NJuelle de Jampko.
L ensanche cada día
más rápido de nuestras redes ferrocarrileras, y el desarrollo
que al amparo de un
gobierno estable y
previsor adquieren las
relacioi.es comerciales de nuestro país
con las naciones extranjera:;;, hacía inclispensa ble la implantación en los puertos de
las costas mexicanas, ele todas aquellas mejoras directamente encaminadas, tanto á proporcionar á los buques las facilidades necesarias para la carga y descarga, protegiéndoles
contra las fuertes avenidas y los \·ientos, como
á lograr hacer de aquellos puntos insalubres y
mortíferos, en su mayor parte, lugares perfectamente saneados y habitables.
Así, vimos inaugurar, con grandes demostraciones de regocijo, las colosales obras de
Veracruz, que tan elogiadas han siclo, no sólo
en México, sino en el extranjero; y vemos que
en :Manzanillo se llevan á cabo en la actuali-

mús tiempo. El vapor «Cromtll'ty,» ele la c&lt;Cnban 8. R Linr,» fué el primero en atracar, i::iguiéndole el «Copella,» ele la &lt;cHúrrison,i&gt; y el
«Syrin,» de la «Hamburg Amrrican Line.»
~o ob~tante qne, como decimof-l, la inau-

Domingo "/ de Diciembre de 1902.

Quiero labrar un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza,
cuando de mí ¡;e aleje la tristeza
a~perjando de flores el camino.

guración no tuvo el carácter de una fiesta, el
muelle se Yió muy cnncurrido. A las siete de
la mañana, hora en que atracó el «Cromarty,i►
había en la playa muchas perf:onas.
que esperaban el arribo del barco.

Hoy que comprendo que en mi ser empieza
la noche del amor, quiera el destino
que tallar pueda un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza.
Y al ver la imagen de Yola2.da impresa
en mi espíritu, imploro del destino
( cuando de mí se aleje la tristeza)
que tallar pueda un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza!
R. l\I. RUBIO.

COPO DE NIEVE.

m

Colombina llora,
Colombina ríe,
Colombina quiere
morir y no sabe
por qué ...

cobertizo.

r=-- - -- - - - - - - - , - - - - -- - - - - - - -,

Pierrot, todo blanco,
de hinojos la implora,
la besa y le pide
perdón, y no sabe
de qué...
La luna sonríe,
la señora luna ...
Y nadie ha sabido,
ni sabrá ni sabe
por qué ...

Yista desde el Rfo Pánuco.

El aspecto que presentaba el muelle con los
tres grandts vapores efectuando sus maniobras de deEcarga, fué de lo más sugestivo. En
una de las fotografías que publicamos, puedeverse con qué facifülad se lleYan á cabo esas
maniobras. Dentro del «tinglaclo» están lo~
carros del Central Mexicano, correspondiendo
el piso de los furgones al nivel de la parte del
muelle destinada á la línea ferrocarrilera. A
un lado queda el soberbio edificio aduanal,
recientemente inaugurado, con sus espaciosos
almacenes y oficinas, que alumbra una dota
ción, propia, de luz eléctrica.
La construcción del muelle es de lo mejorque se conoce, y los materiales de que se compone lo ponen á cubierto, tanto de la acción
destructora de las olaR, como de los incendios
En cuanto á su capacidad, se considera más
que suficiente para el tráfico ordinario.
Por demás está decir que con esta mejora.

MANuEL MACHADO.

VIDA NUEVA.
El "Syria" y el "Cromarty.''

PENSAMIENTOS.

el c~mercio resulta altamente beneficiado, y
que Tampico alcanzará muy pronto el más
alto grado de prosperidad, pues terminados
1os trabajos de la nueva línea que el Central
ba comenzado á construir entre México y aquel
punto, su comunicación con el centro del país
·será más fácil y más rápida.

***
Las desgracias no c~ni°pri&gt;ndid:lS
son las más
terrible!:'.-1\11110. E. Girardín.

***

La astucia no pueJe durar largo tirmpo
contra la sinceridad.-1Ime. ]IJontmarsón.

Cuando se corre tras del talento, se atrapa
la tontería. -1\Ime. Deshoulieres.

***

Las fotografías del muelle que aparecen en
nuestras columnas, nos fueron galantemente
-facilitadas pc,r el señor J. Ibáñez Del hom, fotógrafo muy aYentajado de Tampico.

*
*'*
El más grande arte 'de nn hombre hábil
consiste en ocultar su habilidad. - :\lile. de
Lespinasse.

Rindan otros insano vm,allaje
al prócer que en el auge resplandece,
y extremen la lisonja que envilece
y consientan la befa y el ultraje.
Bridón sin ligaduras ni rendaje
que en los vírgenes bosques aparece
quiere ser mi opinión,que se envanece
de su impulso libérrimo y salvaje.
Con mezcla de Cirano y de Quijote
anhelo conseguir que nunca brote
la servil alabanza de m is labios;
y he de cambiar desprecios por desprecios
y be de odiar el elogio de los necios
'
y he de amar la censura de los sabios.

HOJA DE ÁLBUM.
El muelle visto por el lado Este.

Grabar debieran el Amor y el Arte
en pentélico mármol tu hermosura;
el Arte, cual espléndida escultura,
y Amor, cual Pigmalión, para adorarte.

dad trabajos muy importantes. En Salina Cruz
y Coatzacoalcos se han emprendido también
obras de cuya utilidad se esperá, con razón,
una suma de bienes incalculables.
Por lo que toca al puerto ae Tampico, uno
de los más notables en el día por lo activo de
su comercio, tenemos que agregar á las notas
que con relación á sus progresos ha dado ya
nuestro semanario, lo referent.e al magnifico
muelle de acero construído para reemplazar
al de madera que allí existía y que fué, no
hace mucho, destruído. por un terrible incendio.
La inauguración del muelle mencionado se
efectuó el veinte de noviembre último, sin
pompa alguna, debido á que las exigencias
del tráfico no permitían que se retardara por

Y yo quisiera el pedestal labrarte
-donde serena, y arrogante y pura,
prodigio de estatuaria, tu figura
-se irguiera, como he!énico estandarte.
¡Quimérica ilnr,ión! Ilechos pedazos
&lt;le! cruel destino por los férreos brazos,
rodaron entre el polvo mis cinceles,

y dejo que cantando sus amores
se acerquen á t.u altar los trovadores
á conquistar olímpi&lt;.:os laureles!

.

FRAXCISCO lzÁB.\L lRIARTE.

Los vapores en el muelle.

El "Capella"' atracando en el muelle.

Ruü:-r A. U.BANO.

�Domingo 7 ~ Diciembre de 1902.

EL MUXDO ILUSTRADO

~L :MUNDO ILUSTRADO

sentaba u~ magnífieo a~perto: bF&lt; prqucñnelas
que lo binlaron, luciemlo la em)'olrnda cnl•ellera: ~l justillo y la falda. corta, se Yeían bermos1s1mas.

~a c!iesfa escolar

En suma, el festival constiluve un verdadero triunfo, tanto para su infatigable organizador, eomo l ara los niño~ q11e ('11 (1 torna rn11

BRILLANTE ÉXITO.
los. Recorren entonces las niñas el foro, y á
sa lecci6n aprendida «de bulto,» si cabe la
una indicación de su directora de juego, se
Pocas veces, sin duda, se habrá efectuado
frase, fué de lo más llamativo: las niñas que
detienen para pronunciar :el nombre de-una
en México una fiesta tan simpática y conmo•
en él tomaron parte hicieron derroche de grade las constelaciones. Laj1ue acierta, pas(á
vedara como la que el martes por la tarde se
cia. Se supone que al salir de la clase las pedesempeñar el papel ;de la Tierra, y el Sol le
verific6 en el teatro Arbeu, con asistencia del
queñuelas, tratan de divertirse: Julia Mons,
designa á la Luna como su inseparable satéliSr. Presidente de la República, de altos funque fué la que dirigi6 el juego, escoge entre
te. La Luna gira después al derredor del placionarios de la administración y de numero!'11"' eompañeraf", para qus represente rl sol, á
neta, siguiéndola en
sas familias de la mejor socied,Hl.
un vals que baila con
Nos referimos al fesdesenvoltura y correctival organizado por el
ción.
Sr. Director deinstrucNo fueron éstos los
ci6n Primaria, Iog.
únicos
números del
Miguel F. Martínez, y
programa
que desperen el cual tomaron partaron
el
interés
de la
te los niños de las esconcurrencia;
el
c,Hocuelas oficiales. :2:~--'
menaje
á
la
Ciencia»
La celebraci6n de un
fué un cuadro verdaacto de esta naturalederamente hermoso, y
za es más significativa
que nos abstenemos de
de lo que á primera visdescribir, tanto porque
ta parece: es laconfirccEl Imparcial» lo hizo
maci6n plena, la prue •
ya pormenorizadamehba concluyeute ~de ""G
te, como por la falta de
mucho que ha hecho-;!
espacio. La recitaci6n
Gobierno en beneficio
del poema de Rafael
de la educaci6n del
Obligado, c,i3antos Verueblo, esforzándose
ga, el Payador,» hepor implantar en el
cha por los alumnos de
país los modernos sisla Escuela número 4, y
temas de enseña11za.
el «Himno á la EscueLa fiesta escolar conla,» cantado por ciento
firma nuestra opinión:
Almonte y dos jefes insurgentes dando órdenes antes de la defensa del fuerte de San Diego.
diez niños é igual núel simulacro de defensa
mero
de
niñas,
merecieron
asimismo de parte
de San Diego por los
la más guapa, y separa á las otras en grupos
de la concurrencia muchos aplausos.
insurgentes (19 de febrero de 1812), durante
que representan las constelaciones del ZodíaDebemos también hacer menci6n de los
el sitio de Cuautla que hizo inmortal el nomco, designando á cada una de las niñas como
ejercicios
militares, que resultaron muy visbre de Morelos, es, al par que una· lecci6n de
una estrella.
historia patria, que no olvidarán nunca los
tosos, ejecutados por un grupo de 60 niños,
Una vez qmi pueden distinguirse las c&lt;estreniños, una bella lecci6n de civismo, que deja
y de la c,gimnasia estética,» en que demostrallas» por sus nombres impresos sobre bandas
en sus almas recuerdos imborrables y muy
ron sus habilidades niñas vestidas de negro y
que les coloca sobre el pecho, designa á las
rr jo. En cuanto al «minné,» el e1-cenario pregratos.
que, con los ojos wndadoF&lt;, deben adivinar
El Juego de la CoFmogrnfín, otrn herma-

Domingo 7 de Di..:iem 1 re de hlJ

MINIATURAS.
Unga la mujer totlo
el bien que le sea pnsililc; ame y socorra {1
los menesterosos;y por
Lle~graciada que sea su
vida, ~i PmprP trrnlr:'t

.,
)

Las tres principales figuras en los ejercl ,vs de Gimnasia J•:stétlcn.

en sus 1·ecnercloG un
pedazo de cielo azul,
un horizonte sereno,
adonde volver sus fatigados ojos.
** *
El mundo, es ver-

recrea con su celestial aroma 6. la f.ociedad',
encubriendo los defectos de quien la posee.

dad, rinde vasallaje á
la opulencia; pero s6lo rinde culto á la virtud: aplamle los talentos brillantes, el fans ·
to, t~do aq~ello, en fin, que des'.umbra; pero
al mismo tiempo trata de empañar esos talentos con los tiros de la eñYidia.
'Cnicamente ama y estima verdaderamente
á la modestia, porque la modestia es la bar-e
de muchas.virtudes; y,semejante á una perfumacla diadema que adorna una cabeza herid:i,

La s9ledad tiene sobre el alma una pod~rosa influenci_a; ella la cm peq ncñece (, agranda.
-"\ftn". f'nnrinl'll.

\

Moreios, los hermanos Galeana y el abandernti'o en el cuadro
to de Calleja lí. la plaza de Cuautla.•·

parte. Deseosos nosotros de consignar esta
nota altamente simpática, puh!iP-amos en este
número algunas fotografías que nuestros lectores, estamos seguros, verán con gusto.

***

En nuestro pr6ximo número completa.remos la informaci6n relativa al festival con
gra.haclos muv intere!'antes.

dramJítico,

"Asa!-

El egoísmo y el orgullo son casi i II evi ta.blet
en el ser que no ha comagrado su vida á un
objeto superior á él.-Mme. Kécker.

***

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Dos parejas de l m·n::'
RI Sol, la Tierra y la Luna, en el juego de la Cosmografla.
$agarra y Rul frente al parapeto de los ln~mgentrs.

::\Ioreno, en el

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'Ilomec:1je .=i la Cienc-la."

�Domingo 7 de Diciembre de 1902.

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EL UUXDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

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EL turíbulo ai·dieote subía el incieoso, tt·emolaudo y extendiendo sus nfrea.s muselinas; resonaba la bacina al golpe repetido de las monedas de cobre; las
pequeñas flamas aleteantes de
las lá1Dparas v(&gt;tivas parecían mariposas de luz
que se ahogaban, y Flntt·e el abigarrado tropel
de gente devota, salimos del templo apretujados,
juntos, muy juntos y alegres, quizá porque fui mos á rngar por nuestro amor, que presentía metamorfosis en la auseocia. Cerca de la última
hornacioa. nerviosa.mente me santiguó, y tembloroso y mudo, ¡con qué uoción besé la. cruz que
formaba su manecita. blanca como un lirio, como
una ala pequeña de paloma, ó como uoa marmórea. benditera. l!":u el ábside sonoro los postreros
cantares resonaban aún!
¡Oh, cmío cierto es que los recuerdos son las
rugosidades del alma, que semejantes á las de los
peñascos, oecesitau, p1tra borrarse, años de estar
en pugna coa las aguas del tiempo!
Yaen la.calle, seguimos la.calzada que conduce á las afueras de la ciudad. Por el cielo escampado pasó un vuelo fugaz de golondrinas. ¿A
dónde irán, me preguntó dulcemente, mientras
yo contemplaba sus diminutas orejas como conchuelas de nácar; su boca, que me recordaba las
fresas que la madurez empurpuró, y su rostro,
tatuado por el sol r esplandeciente, que d ibujaba
sobre él las móviles ramas de los sauces, tatuaje fantástico en forma de plumas, palmas é insectos.
Sin respondet· á su pregunta, susun é á su oído
esta estrofa de una antigua canción: «Ea silencio se mezclaban cual perfumes, -y en silencio se
mezclaban como soplos,-y en silencio se fundían
como lágrimas-nuestras almas en un beso silencioso.&gt;
El anoyo gorgoriteaba en el hueco labrado
por sus ímpetus, semejante á un eoorme hocico
que hacía gárgaras imposibles. Un hombt·e canoso sonrió al vet·nos, y con voz hiposa é intermitente, coa secuencia del paso tot·pe de su cabalgadura, nos dió los buenos oías.
-Oye, dijo Taide, mi corazón ha sido tuyo,
pero temo que este año al terminat· tus estudios
de pintor, el triunfo, la lisonja, la frecuencia de
círculos elegantes, todo haga que te olvides de
mí. .. ¡recuerda he crecido á tu sombra para ti!...
Su voz se fué extinguiendo como el trino del
ave que se interna en un bosque; cubri6seelrosko con las manos, y sus lágrimas corrían como
cristalinas arañas á esconde1·s.: entre los encajes
de su gola.
El a1·royo seguía locamente carcajeácdose;
he1·vía, salpicaba las flores de la orilla, y en sus
pequeñas caídas agitaba su espuma como una
erunarañada madeja de hilo; algunas raíce:s redondas, como miembros anquilosado::s, fingían
lavarse eu la co1·riente pura, en titnto que á nuestro paso los álamos de co1·teza manchada cual si
estuvieran envueltos en pieles de peces pintos,
movían sus hojas como monedas de plata.
-Calla, dije á Taide ; si obtengo triunfos, será
por tu amor. Inocula1· en mi espíritu un cariño
y poder sentir sus liebres, sus dolores íntimos,
sus estremecimientos, sus dudas; tener mi pensamiento clavado en ot1·a alma, como la ma1·iposa
en el cáliz de la ilor; eso queda: ¿no se han cumplido mis deseos·! Guardaba temuras infinitas,
multiplicándose apiñaaas, esperando como la
mazo1 ca de maíz heredad fecunda para de:.gra-

narse y florecer. ;.No be aumentado mis sinsabores con el único fin de que seas mía? Too ta! ....
Anduvimos en silencio. Nuestros corazones, al
hablar así, se consolaban momentáneamente, pero temblaban por algo lejano, vago é impreciso
que llegaría; temblaban como las alondras en
sus nidos, adivinando que á la madrugada el
rocío ele la aurora bordaría. con chaquiras su
plumaje esponjado. Teníamos la seguridad de
que el porvenir- si nos hubiéramos equivocado!
-escondía. para nosotros un precipicio un obstáculo -á cuyos bo1·des áridos tenddamo; que despedirnos.
Y era \"erdad lo que decía á Taide. Antes de
conocerla me atara;rnba el fastidio, y en mis fu.
gaces momentos de nerviosidad, ansiaba, no un
amor sosegado, sino impetuoso, turbulento que
rasgara el velo de mi tristeza, que me cubrü~ como polvorosa telaraña; que luchara por quebrantar mi voluntad, me hiciera caer de capricho en capricho, y ser, en fio, igual {t la flor que
el torrente buode, sostiene 1'L .flote, y despedaza
besándola siempre. l\Ie sentía capaz de amar con
la vehemencia de un león, y podía también pasar
horas eoteras junto á mi amada, con la delicadeza y curiosidad de un niño que observa sucederse con rapidez los colores fugitivos en las
burbujas de jabóu. En ella eucoatré todo.
La úuica familia de Taide se componía de una
vieja tía, propietaria de una finca contigua á la
de mi madre. La tía Paz, así la decíamos, á pesar de su 1·ostro ma1·chito, trnscendía á elegancia y hermosura, tal cual las flores guardadas
durante mucho tiempo ea un libro exhalan un
iwoma muy leve. fogenuamente devota, empleaba sus ocios en la confección de afiligranados
sobrepellices, que r egalaba {t los curas humildes
de las pai·roquias cercanas, y en devanar con
sus maravillosas manos débiles, seda pa1·a síngulos que tenían el mismo destino. Para estas
uos mujeres buenas, mi madre y la tia Paz, la
alegría estaba en nosotros y la tomaban de nuestros semblantes. BaJo su custodia y á su calor
nació nuestro cal'iño, sencillo como las tapice~
l'Ías que el musgo tiende en las calladas, a1·1·0Jla
á los árboles y teje enlascicatrices &lt;lelas rocas.
-Deotro de una hora frás muy lejos, dijo Taide apoyaodo eu mi bomb1·0 su cabeza. ¿Pensarás en mí":' De pronto, deteniéndose, exclamó con
su som·isa luminosa: -¡Qué tontas somos nosotras! ¿Sabes en qué venia pensando:'¡ Figúr..te
una. bobería! Pensaba: &lt;Hubén no de be frse, m¿
quedo sola, puedo morirme quizá y no le volveré á ver!&gt; ....
Se calló brnscamente, como si su pensamiento
hubiera hallado en su camino un obstáculo, como las tórtolas que refrena.u el vuelo cuando el
azor apenas se dibuja en el hol'izonte.
-¿En qué miís pensabas':' insistí yo.
-En muchas cosas que no quiero ni debo decirte, me contestó lloraucto; ¡soy una loca.! ....
::;us palabras llegaban á rn1 01do vagas y confusas como el susu1T0 lle una selva. ::;u vestido
ondulaba movido por el iü1·e; oprimía su busto
un corpil1o ligern, y entre las vapornsas blondas negras de las mangas, sus manos semejaban
copos ue nieve pendientes de ramas de ciprés.
- No llores! exclamé con los ojos erupañu.dos
tamoién poi· el llanto; óyeme. i Ah, uo sabré nunca qué augustias clestlorai·on e n ese momento los
cristales ue su alma! Sabes, continue, que nunca
he siuoce!Oso, y uo lo he sido, porque teugo absoluta fe y conlianzu. absolutu. en tu bondu.d. Así
no atribuyas u. celos lo que voy á supltcarte : es~

--:

--

tás obligada·á asistir al paseo que anualment
hacen en honor de la tía Paz, y el cual tendrá
verificativo dentro de dos días en la falda de
puente que dista de aquí seis leguas. Asistirá
Gustavo, lo sé por él mismo, y no extra11es que
siendo mi mejor amigo, te ruegue sea la última
vez que lo trates.
¿,Fué que una nube opacó instantáneamente la
luz del día ensombreciendo todo, ó, en efecto, veló su semblante un torvo presentimiento? ¡No lo
supe entooces: ....
Anduvimos largo trecho distraídos. En las
brumas de mi memoria aparecía Gustavo, cuya
estúpida sensualidad, propia desu temperamento,
ardía en sus fras&lt;-s aliñadas y flexibles como
víboras;en su5 miradas lánguidas é intensas, pe1·clidas én una vaga lontananza, donde el ensueño,
la febricitl111te abstineucia y la h .. juria, desbandan sus visiones frescas de vida, que sobre muelles edredones revuelcan sus fastidios ó adormecen voluptul)samente sus cansancios. Sus lecturas, su exquisita sensibilidad y fervoroso cu lto
á la belleza, afinaron su lujul'ia, que plegaba, sin
que él St&gt; diera cuenta, sus labios húmedos y carnosos. En sus ojos claros se adivinaban á ratos
profundidades atl'ayeutes; se me antojaban límpidos rema.usos en los que el sol, filtrándose á
través del follaje de uo sauce, comunica t1·anspareocias á la masa de agua sin iluminar el fondo.
¡Oh Dios, qué inmensamente dolorosos son los
recuerdos &lt;le mi juventud!
Hepeotinamente, como invisibles tórtolas ai·rulladoras, salieron escapados ele la tol'l·e de la
aldea los sonidos de la campana.
- ¡Las nueve, excli.iné apesadumbrado, es preciso volvernos! Deben de esperarme ya con los
caballos que han de conducfrme á la estación.
Agregué en tono muy bajo: - Sé fuerte al despedirme; nos ahorra1·ás un sufrimiento.
s...,uozaba y no pudo responderme.
-¿Por qué te afliges·:' le preguoté. Cuando vuelva, serás mía, no nos sepa1·aremos, te contaré los
encantos y amarguras de estudiante, te most1·aré
mi vida ctía poi· ella como las hojas de álbum; tú,
en cambio, me arrulla1·as con tu charla armoniosa, en la que br1llarán como curiosidades sacadas de un cofre pet'fumado, tus travesurns ioocentes, tus sueños, en 10s que viviré escondido,
y tal vez alguoos dolores ieves colados de ronuón en tu espíritu.
La hice apl'esui·a1· el paso. El sol bañaba los
arbustos de la. avenida, que al dibujar sus frondas en el t,uelo, fingían cnarcos caprichosos úe
tinta; en la plaza principal una turba de vendedores ambulantes voceaoa sus mercancías, y la
pequeña esquila ct.: la iglesia, poseída de un gran
regocijo, seguía pirnete ando.
.Gn el portón éncontn1,mos á la tía Paz, á mi
madre y á un criauo. Por sus eoca1·gos, y súplicas y consejos, s.:ntia m1 corazón ues1allec1do.
Ap1·tlsm·é la ue~pell1da; besé tí Ta1&lt;1e, y en ese
beso no sé poi· qué c1·eí que nuesti·as aunas se
desprendían pai·a siemp re.
Rápidamente desauuaé el cabi·esto de la escarpia; el caballo, al se ntir el peso de mi cue1·po,
partió al galope.
.l!:l aii·e uel campo quién sabe qué cosas susurró á mi oiuo, rerrescó mi frente, agitó mis cabellos ¡ay!, pe.ro no pudo evapo1·ai· m1s lágrimas!
.l!:l pano1·ama e¡_ ue se desarrollaba. ante mí, adormiló mt pumante melancolía. Los montes verdinegros ue ocotes uesllecados y silbantes, cuya
so1emne ma¡.:stad ac1·ecentaban los gorjeos rncomptetos de los pájaros; las nubes rozando los

'

árboles, como si éstos humearan incendiados· el
río que culebreaba en el profundísimo barran~o
negro como nu hilillo de betún ; el sol chorrean:
do fueg&lt;? Y abrasand_o la campiña, por cuyo calor la berra, en varias partes cubierta de musgo
verdoso, con reflejos metál~cos color de hiel, parecía que_ sudaba; las cemzas nopalel'as como
mu_est:ar10~ de extraños fetos; cada color, cada.
paisa¡e de¡a.ba su gota de miel sobre mis dolores.
":nocbecía cuando clistinguf las luces de la estación ferroviaria. El silencio aguzaba mi oído,
y clara1;1ente oía el roce de una hoja seca de mafa
q~e el viento ~octurno venía empujando. A pocos
mrnutos dormitaba en el t ren, arrullado por su jadeo, y á la mañana siguiente instalado en mi cuarto de estudiante, recordaba los rosales florecidos
de las casas de mi pueblo, las cercas de piedra
doode se posan al mediodía los lagartos verdiobscuros como puilales pavonados, la hacienda
de mi madre, silenciosa y blanca, v sobre mis recuerdos tod?s, Taide pura y bella.'
1\Iis estud10s y trabajos diarios hicieron recobrar su buen humor á mi espfritu. El quinto día
de mi estancia en la Capital, á mi vu&lt;-lt:, de la
Academia de Bellas Artes, ent•ontrésobremimesita de trabajo la anhelada carta de mi hogar.
Nadie trazará .í rasgos finísimos la urdimbre de
impresiones que sa&lt;!uden el será la vista de una
carta amada. Cuando rompí el sobre. sentía apretada la garganta por una alegría ó angustia que
no sabré explicar.
l\Ie decía mi madre que en el paseo verificad O
en honor de la tía Paz, Taide había caído del
caballo )' había muerto.
¡Ab! morir cuando en nuestl'os corazones rayaba el día; morir cuando ella sintetizaba mis anh elos y esperanzas! ¡ Ah! morir cuando el prime1•
amor salpicaba las concieucias de perfume; morir cuando todas las ideas, todos los pe11samientos, todas las bondades, convergían en un punto; mori r cuando .... ! ¡Oh Dios mío, tú que eres
eternamente bueno, que regaste la semilla del
consuelo en las alma~ inconsolables, que abriste
los veneros del amor en los pechos sin arrullos,
y regaste tus resphtndo1·es en los corazones que
eran noches . ... ! ¿por qué me quitaste á ella, que
e r a mi porvenir, que e1·a mi juventud, que era mi
vida? ..... .

***
Ignoro el tiempoqueestuveenfermo, pero cuando comencé ií pasear mi convalecencia por los
j a rdines y arboledas, tenía en los labios y en la
mirada una amarga dulzura de un bien perdido
y lejano, muy lejano.
Un año hacía que había cambiado mi domicilio á una alegre barriada del poniente de la ciudad. A llí soñaba pensando en Taicle, al can,ado fulgor mortecino de los crepúsculos clolieotes.
F1·ente á mi habitacióo estaba un balcón cerrado
siempre, y festonado caprichosamente por yedras
y madreselvas frondosas . De tarde en tarde llegaba á mis oídos, conmoviéndome profuodamente por los recue1·dos que despertaba en mi memoria, una voz trémula, dulce y sollozante que cantaba con infinita vagnedad y tristeza:

«Volverá mi recuerdo cuando muera,
A traerte, mi biPn, melancolía:
C'omo vuelve, alejándose el invierno,
A su nido de ayer la golond1·ina.
No me olvides, yo te amo, está seiruro
Que volveré á tuc; hl'azos al¡rún día.
Como vuelve, alejándose el invierno,
A su nido de ayer la golondrina.&gt;
¡CuiÍntas ternezas &lt;lespertaha en mí la vocecita ele mi clescouocicht cantadora!
Así las risas de los címbalos lejanos encuentran en al,rún polvoso piano un eco que les
responda, y que acurrucado dormitaba como un
niilo abandonado por sus padres.
Rentía {L veces el imperioso deseo ele ir á su
deparmento, preguntar quién era, hablarle. decirle que le estaba infinitamente agradecido, porque su voz y sus canciones me hacían pensar en
oh'a voz y otras canciones que había oído ele
unos labios amados que callaban entonces porque estaban aprendiendo nuevos ritmos en un
pafs de misterio y de silencio donde las almas se
convierten en cantos inefables.
¡En cadr1 hígrima que me arrancaban esas estrofas, rodaba una bendición!
Uoa tarde• de crepúsculo sang-riento, esperaba
la llegada de mi madre y la visita de la, tía Paz;
¿,qué conversación nuestra no tendría por trama
la bondad de la inolvidable muerta'?
:\Iientras lleg-aban, distraje mi impaciencia
observando el desbanclamiento ele nube, escarlata, anaranjadas y violetas; oyendo los vagos
susurros de los árbolM poseídos ele súbitos estremecimientos. la bulliciosa algazara ele par•
lanchines go1Tiones empeñados en meliflua contienda p01· logl'ar un camarín en la em·amada, y
vieoelo al gato, sobre la silltL esparrancada, en
quieta somuolencia, con su eterno hervo1· en el
cogote.
Todos los detalles de aquella época de mi vida, dolorosos y alegres, los conservo de tal manei'a grabados en mi mente, quec1·eo que niagúu
sacudimiento trágico vivirá en mí con mayor inteusidad de precisión.
H,.bía dejado de ver á la tía Paz mucho tiempo; y cuando la vi en el dintel ele la pue1·ta tendiéndome los brazos, con el rostro c1·uelmente
ajado y los cabellos canos, débil y encorva.da,
parecía. que mi pasado esti, btL frente á mi porvenir.
Respetuosawente besé sus manos y la senté en
mi lecho.
-¡Qué viejo estás! me dijo en tono simpático y
burlón. Dentro de dos años se te verá la cabeza
como si la tu vieras envuelta en un pañuelo
blanco.
-No es difícil, contesté soarieud.o.
Agregó:-Tengo que decirte algo muy grave
antes que llegue tu madre, que supongo no tarda.
La vida te ha vuelto reflexivo, prudente y sobre
todo l'azonable. E,·es ya un homb1·e capaz de soportai· con calma. cualquier hecho, cualquie1·
acontecimiento, por intensamente abrnmador que
sea. Eres algo más que un homb1·e; como te dije
al principio, er es un viejo á quien yo quiero como á un niño, y para el que todas las alegdas
me pai·ecen pequeñas si poi· un momento se las

Domingo i &lt;le Dicirmbro de 1902.
pudierlL dar todas. ;),le entiendes·~ agregó conmovida. Ahora escúchame, y sé fuerte.
Tal solemnidad había en la tí11 Paz al expresarse, que instintivamentP incliné el cue1·po como euando SP &lt;-spera 110 ¡ olpe rucio.
-T11ide no ha muerto, exclamó más blanca
que la cera y con los ojos fijos~- brillantes.
-;.No ha muPrto:' elije non voz 1·onca ahandon;inclo mi asiento y tomándole con brusquedad
las manos.
-No ha muerto, contest6 iÍspPt•amente, y aun
cuando comprendo qu&lt;' serás capa1 ele estrang-ularme por saberlo todo de un g-olpe. e~ preciso
que me oigas portándote como un hombre y no
como un niño: siéutMr.
l'recipitaclau1ente continuó: -En el paseo del
año pasado. que debes recordar, iba como invitado de una dr mis amigas Gu,ta\·o Hartmana.
-Gustavo IIartmann, grité desl'sperndo.
-Calla, contestó jadeante, es&lt;·tíchame.
'.rodos íbamos á ca hallo, y it la entrada. del
monte, en el lugar preci~o en que el boscaje• se espesa, el animal que Taicle montaba se enc,Lbl'itó
por el ruido ele alguna hoja seca y em2,rendió la
carrera. Nos parnlizó el espanto y el pensamiento de que en la falda resbaladiza el golpe era seguro y la caída mortal. Todos quisieron marchar tr~sella,p?ro Gustavo,como un relámpago,
se teud1ó sobre el caballo,que azuzado,brincaba
como un gamo, perdiéndose bien pronto entre la
obscura malt&gt;za y las quebradas de la montaña.
Inútilmente esperamos su regreso, v entonces
nos diseminamos en el bosque con ei fin ele encontrada. Todos teníamos el alma cuajada de
preseotimientos.
Xuestro p1·ime1· hallazgo fué espantoso. Ea el
fondo ele un barranco estaba Gustavo con el cráneo despedazado. ¡ Ay I e!1 ese momento comprendí que en una hora se puede en vejecer. M1ís adelante encontramos desmayada {L Taide, pero viva aún.
Ahora escúchame y sé más fue1'te aún. Voy á
concluir.
Cuando Gu~tavo corrió eu busca de Taide,
¿sabes lo que hizo'! :No detuvo el caballo; poi· el
contrario, lo fu:stigó brutalmente para que se
desbocara y caye1·a. ¡Oh Dios! ¿po r qué los árboles no vol viet·on hacia él sus brazos y lo desmenuza1·on en el aire! Cuando la vió tendida sobre la yerba .. ¡ah Rubén, Rubén, todas las azucenas deben de habei· ceri·ado á esa hora sus cálices!
-¡Maldito! exclamé como un loco. No haz
muerto y debes morir despedazado por mis dientes, magullado por mis manos, pisoteado por mis
plantas! ¡Taide, Taide! sollozaba. Como á un
conjuro, abrióse la pue1·ta y apareció ella vestida
de negro y con una palidez ult1·ate1·reste.
-Gustavo ha muerto, dijo, yo soy la desconocida cantadora; te amo, y he vivido con mi amargu1·a incomparable sólo por ti.
-Retírate, exclamé con voz abogada.
-Calla, gritó mi madre, entl·aado en ese momento; nadie sabe nada, y yo, que soy tu madre
y que para ti quenía lo más saeto, te ruego que
la quie1·as: quiérela, dijo juntando nuestras cabezas, que bañaba con su llanto.

--~
-~

- ..=:-;:

~:~

~

~.... ~-

-

. . .,~- -- -z_.v-

..,~·-. .::;.S..~~.
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__,,,,,_,,,

---~_;;

�EL 2'1UNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Diciembre de 1902.

~L t\l UNUU lLU::,'J'l{AlJI/

Domingo 7 die Diiciemhre de 1902.

. -Te pido que robes ]as carnes frescas quetien~n los ho1;1bres de la llanura. Te pido que
asesines al primero que encuentres. Te pido
que te apoderes de ]as víctimas ofrecidas á tus
,dioses y que todo lo deposites á mis pies.
El le agradeció que no pidiera más é hizo
lo que le había exigido.
'
Durante una hora tocó delante de ella; pero
después rompió su lira y vivió como si estuviera muerto.-PIERRE LOUYS.

E

La ■uerte de las murallas.

medio de un universal encogimiento de
· hombros, único comentario hecho á su
n:iemoria,sola y muda oración fúnebre pronunciada sobre sus esrombros, van cayendo las

ra ¡uíticos y escuálidos,
los niños se acurrucan
ante el rescoldo cárdeno;
y allí tiritan .... lloran
al escuchar los ásperos
y lúgubres chillidos
de los siniestros cárabos.

sus alas el relámpago,
despréndense las hojas,
despiértanse los pájaros,
azota las vidrieras
cor: recio impulso el ábrego
y el rayo cruza y hiel'e
como celeste lc'ttigo!

mis delit·antes súplicas:
bien sé que estíts muy lejos,
¡oh blanca estrella fúlgida!
Por eso, de mis labios
se disipó la púrpura ..... .
y están mis ojos trist,,s
y mis pestañas húmedas!

Ya lh:1,ra !'l rudo invierno
-con sus 11101·dieutes 1·áfagas,
&lt;'On sus tupidas nieblas
como flotantes sábanas:
ya rueuan de los troncos
enfermas las parásitas ...
y están I as flores mustias
l' las mujeres pálidas!

Por las obscuras grietas
de las mortuorias lápidas,
las gotas de la lluvia
descienden frías, lánguidas·
¡ob trágico destino!...... '
Tal vez únicas htgrimas
que en su mansión de sombras
1·eciben los cadáveres!

Refúgiate en mis brazos
en estit noche tétrica
Y esconde eut1·e mis manos
tus manC'citus tl'émulas!
Calor y luz ansío
de tu mirada angélica,
mientras la bri,m cbarla
con la llovizna gélida.

Tal vez mn.íiana mismo,
cuando estos melancólicos
cantares á ti vuelen
con su vibrar monótono,
yo duerma solitario
bajo el sepulcro lóbrego,
soñando que me estrechas
contra tu seno mól'bido!

La dl·nsa llu\'ia cae
&lt;ion ei;pantoso estrépito;
sus membranosas alas
agitan los 111u1·ciélagos,
y en las inmensas playas
el mar undoso y pérfido
.queb1-ántase en las r@cas
con ímpeUl colérico.

Doliente y ojerosa
la luna avanza tímida,
y escóndese en las nubes,
ya inmóviles, ~-a undívagas;
en 1as desiertas calles,
sobre las losas frígidas,
mellio desnudas tosen
las pordioseras tísicas!

llesuene en nuestras bocas
el beso como un dntico;
y en t,into que apuremos
nuestra ventura extáticos,
que azote las vidrieras
con r~t:io impulso el ábrego
y el rayo cruce y biera
como cdeste látigo!

Pues yo sé que este invierno,
con lento p,tso rítmico,
se irá con sus tristezas
y su ropaje lívido!
pero este que yo guardo ..... .
tal vez el más fatídico
de todos los iu\"iernos ..... .
eterno es en mi espfritu!

En las pajizas chozas,

Allá lejos sacude

volver, todo lo negro y trágico; quedaba únicamente lo hermoso, lo inofensivo: los monumentos, la tradición, la leyenda bizarra y hermosa nimbada y consagrada por el beso amoroso del Tiempo.
Y la prisa febril y loca por destruir esos
restos menospreciados y entregados al olvido,
habla con voz doliente de nuestra desnudez
de espíritu, con la voz misma con que hablan,
en derredor de las murallas que se vienen abajo, los rostros atormentados por el afán insaciable de ccl'argent,,, y los antiestéticos trajes
modernos de los transeuntes.
Muy cerca también, l os carros eléctricos pasan apresuradamente lanzando al aire la canción triunfal del repiqueteo de sus timbres.
Edificios utilitarios y feos, ceñudos, sin ale-

JULIO FLÓREZ.

Mas ¡ay! bien sé que no oyes

Nuestro pats.-Parroqula. de Taxco (Gue)

(Fot. Waite.)
I

LA FLAUTA ENCANTADA.
otro tiempo habitaban ]a Tracia ani•
mn]es salv:ijes y algunos hombres ame- - - - drentaclol".
Los animales ernn muy hermosos: había
leones rojos como el sol, tigres rayados como
la tarde, y osos negros como la noche.
Los hombrei::, enanos y chatos, mal cubiertos de viejas piele,:, armados de lanzas toscas
y arcos grosero,:, i::e e1,cerraban en las cavidades de las montañas tras monstruo·sos bloques
que ellos rodaban trabajosamente. Pasaban la
vida cazando, y corría la sangre en los bosques.
Era tan lúgubre el paíf', que los dioses lo
habían abandonado. Cuando salía Artemisa
del Olimpo, al clarear la mañana, jamhs seguia ca mino que llevara al nQrte. Las guerras
de allí no inquietaban á Aree; la fªlta de flautas y de cítaras alejaba á Apolo, y solamente
brillaba la triple Hécate como una cara de
medusa sobre un paisaje petrificado.
Entonces fué ú habitar allí un hombre de
una raza más feliz, quien no vestía pieles como los salvajes de la montaña.
Usaba larga túnica blanca que ]e arrastraba
un poco. Gustábale errar de noche á la luz
de la luna por los mullidos claros de los bosques, llevando en la mano un pequeño carapacho de tortuga, en el que habfa clavados
dos cuernos de uro, entre los que se tendían
tres cuerdas de plata.
Cuando tocaba con sus dedos las cuerdas
música delicioi"a las recorría, mucho más dul~
ce que el murmullo de las fuentes, que las
frases del viento entre los árboles ó que lamodulación de las aves. La primera vez que tocó, despertaron tres tigres, tan prodigiosamente encantados, que lejos de causarle ningún mal, se le aproximaron lomásquelesfué
posible, y se retiraron cuando cesó. Fueron
más los que acudieron al día siguiente, así como lobos, hienas y serpientes que se paraban
sobre la cola.
Y tanto fué así, que muy poco después iban

los animales mismos á suplicarle que l es tocase, sucediénclole con frecuenria que u11 oso
llegara solo junto á él, y con tres acordes maravillosos se marchara contento. En cambio
de sus complacencias, las fieras le proporcionaban alimento y le protegían de los hombres.
Pero le fatigó su fastidiosa Yidn. Tan convencido llegó ri. estar &lt;le su genio y del placer
que daba á las bestias, que ya no se esforzó en
tocar bien, y las fieras, con tal que él lo hiciera, quedaban siempre satisfechas. Notardó en negarse aun á concederles este gusto, y
dejó de tocar por indolencia. Toda la selva
quedó triste, mas no
por ello escasearon á
]a puerta del músico
les trozos de carne ni
las frutas sabrosas.
Continuaron alimentándole y le amaron
más, porque el corazón de los animales
es ar:;í.
Un día, sin embargo, en que, apoyado
en su puerta, miraba
cómo de:::cendía el sol
tras ele los árboles inmóviles, pasó cerca
una leona. Dió él
muestras de entrar,
cual si temiese mole!&lt;tas solicitudes; rero
la leona, sin cuidarse
de él, pasó tranquilamente.
Entonces le preguntó sorprendido:
-Por qué no m e
ruegas que toque?
Ella le contestó que
no lo deseaba.
Díjole él:
-:So me conoce,;?
Y ella le respondió:
-Tú eres Orfeo.
Agregó éste:
Nuestro

-Y no quieres oírme?
-Xo quiero-repuso ella.
-Oh !-exclamó el músico-cuán digno sov
de lástima! Tú eres ¡ior quien yo hubiera tocado. Eres mucho más bella que las demás v
debes de comprender L1ejor. Por que me escuches una hora solamente, yo te dar é cuanto
soñares.
Ella le respondió:

murallas t errón á terrón-dijérase más bien
que van derramando gota á gota sui, lágrimas
de piedra.
Lloran acaso los viejos murallones, doblegándose y desapareciendo bajo la piqueta indiferente é impasible del ,cprogrei,o,» la poesía
del pasado que con ellos muere; todo lo que
&lt;¡ueda de un mundo cruel y hérpico desaparecido para siempre, impulsado por un mundo
nuevo, más justo, pero más prosaico.
Yo las miro caer, entre la indiferencia estulta ó ciega de la multitud, y siento sobrecogida el alma; porque veo en su caída y la in•diferen::ia de hielo con que la miramos, un

gría como nuestra época, muestran sus freutes
grises de piedra en los alrededores.
El progreso triunfa. ¿Pero sómos más felices?
Siempre apresurados, sin parar jamás, Judíos
Errantes de un ideal sin grandeza, hostigados
por la neurosis del oro que nos ciega
la vista con á ureo velo, y sin tiempo
para admirar, ni para comprender ni
para realizar la belleza, vamos perdiendo á la carrera la alegría, la salud del
espíritu y del cuerpo, la serenidad, la
risa juvenil que un tiempo tonificara
y confortara y llenara de gozo con su
argentino tintineo los orbes.

ESTCIJIU FOTOGRA!i'I CO.-(M.

Torres. -Profesa, 2

la uniformidad e~túpi&lt;la del sombrero de r,opa y de los absurdos pa n ta.Iones de la mesocracia.
La n1lgaridad triunfa. Triunfa Sanrho. Don
Quijote sigu e siendo apalrado y silbado á cad,a arranque heroico de su brava y generosa
a1ma.
Todo el mundo llegará á tener, según ansiaba Enrique IV, una gallina en su puchero. Y
cuando haga un alto el hornbre en esta furiosa
c~rrera en pos &lt;le .la l'iatisfacción del cuerpo
tuano, y el alma tienda los brazos en busca
&lt;le lo suyo.. , . .. tal vez lo bu~que en vano an guRtiada y mortalmente an~iosn.
'
Hallará un mundo de gentes rollizas uniformadas, viajando en ferrocarrileR, vi ,;iendo
en hoteles lujosos, l eyendo periódicos exclusivamente, embrutecidas por el trabajo y las
comodidades.
Y el ~lma se encontrarñ, estupefacta, con
que ya, a aquellos hombres gordos y sibaritas, no les puede ella servir más que de estorbo ..... .
Kovbre., 1902.
LUIS RODRIGUEZ-EMBIL.
Nuestro pals.-Suburbios de Córdoba.

símbolo de esta época de8provista del Arte
•consolatlor y sagrado, que embellece y perfuma la vida como una flor del cielo.
Con las murallas rugosas y venerables como
un abuelo, se ya quizás el último vestigio de
1a exquisita poesía del recuerdo. De la era que
-ellas representaban, pasó por suerte, para 110
pats.-Tina

calle de Tecalpulco ( Gue).

( l!'ot. Wal te.)

Acaso esté destinada á concluir la civilización contemporánea apoplética &lt;le riquezas,
&lt;le comodidades, de lujo burgués y chabacano, pero consumida por inmensa é irremediable murria, sintiendo al cabo el tedio infinito
de lo vulgar, y aplastada por la "{)erfección suprema y mecánica del &lt;ccomfort» moderno, por

�-

1

1

DISrErSifl
úflSTRfl~úlfl
GflTflRRO
INTESTINfll,

:m orgullo de la mujer.

Es su cabello. Y por qué no?
Aun una cara hermosa pierde su atractivo si el cabello es
claro, corto, basto y descolorido.
Un cabello hermoso, rico, un cabello sedoso siempre
atrae. Puede usted poseer ese cabello con sólo emplear el
riuo1· del Cabello del Dr. Ayer. Quedará usted encant ada
con él. Cura la caspa, hace crecer el cabello é im:;:iide que

HERMOSO
PECHO
por medio de PUulea Orienta.les

"'

hue~osu de 101 hombros y daa al Busto
una¡zracioaa loianfa.A¡lrC'lbattas por laa
eminencias médii.:.1s.,on benltfca,pa.,i l •
salud y coo"iencu á. loa más delicado,

temperamento!I. - Tratamiento f6...:il.
Rr,~ul lado duradero. - El rra~co con,

noLicia ft'. 6.35.J. RATd:1 Ph1P,5, Pau.Verdeau,Parl■,11'.
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Prepara.do por el DR. J. C. AYER &amp; CO., Lowell, Mass., E. U. A.
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xico y de las Laciones mis civili•
zadas lo recetan ya como el me•
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.... etlou para 1aa ponona■ dobllltaclu quo lo■ ferrugino■o■ yla■ qu1Daa.
~ d o por ol m6toclo el.o M. Putour. Pre11cribo■o en la■ mole■tla■ do
la oloro■ia, la anemia 7 lu oonTal■cenolaa 1 -■to vino •
naa • 1aa peraonu do o4ad., 6 las mujeru, JtwoR• '1' • loa JliAoi
.111..UI 1■ pol:TANTI,. - El tln/CI VINO .utdntlCI
._Í~F:.ti:AR, 11Í1/o ültíín, ,, t1r1cho Jtamars, a,t, 11 ,.,

lac,

111 11 111/tlf!ll y tll fUI II
mtJncldn ,n 11 'tllmulu/0 tl1l ProfHor
OUOBAJWAT IJ ,, di 11,. CLEMB~T y c1a, di Yat,nc, (Drlm,,

roall)~ - C•~• a,talla 11,oa la marc, di la Dn16n de 101 i'abrioaai..
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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