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FONDO RICARDO CO\/AfH,Ofi!,f.J

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�BIBLIOTECA UNIVERSl!AíllA
''ALFONSO REYES' •

J"\QNDO
ILUSTRAD
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Oº"ºº.

RICARDO

COVÁRR~~IA

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ANt X.--lf9'Q l ~UM. 1

ai.GA~OO:-iWARRUilAl»ou.

MEXICO, INERO 4 DE 1903.

Subscripcl dn mensual for4n••• $1-50
ld~m. lde11. ta la capital. $1.ZS

Cier ente: LUl6 R?Yf&amp; &amp;PINIIOU

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Sr. Dr. D. €arios dt Jtsús mtiíat
E LECTO OBL'lPO DE 1EHUANTEPE&lt;'.

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FONDO
RICARDO COVARAU81AS

�Domingo 4 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 4 de Enero de 1903.

EL :.\IUNDO ILUSTRADO

Por d Jlño nutoo....

,

y futuros de arrebol? ....... ..
¿Y entretienes los dolores
con tus vidrios ele colores
relucientes como el sol?
N afio nuevo ha roto el capullo misteBienvenidas sean tus mafia!':!
rioso del futuro. Esta vez se llama
Pero.... viejo, no me engañas
1003. Es el segundón del siglo XX,
con tus dichas de oropel,
....___.,._ _ pero como el primogénito ha
y bien f;é que tus prome!"as
muerto, he ahí &lt;1ue el segundón hereda el
son fingida11, como esas
mayorazgo de nuestras esperanzas y de nuesmariposas de papel. .....
tras i lusiones, que más tarde pasarán al terEf'ta es la manera de tratar á los vieJ0S
ciogénito y ...... así sucesivamente!
eternamente jóvenes. A veces, se les estimula
Pero, por lo pronto, el 1903 ha llegado;
el amor propio y suelen cumplir.)
apresurémonos á prrsentarle las armas, porSf, pues, bien venido. oh misterioso 1903!
que es merecedor de todo nuestro respeto: es
¿Qué nos traes, qué nos prometes? Ah sí
un año nuevo.
dices que todo lo deseado, todo lo soñado: to~
¡Un afio nuevo! ¡Qué palabra, qt1é concepdo lo grande y todo lo bueno ... Eso decían tus
to! Ciertamente, eso es sólo un convencionahermanos, y no cumplieron .. .
lismo, una cifra y nada más; sin embargo,
(rna vieja voz que mucho conocemos, pero
¡cuán ta influencia tiene sobre el alma humaque no sabemos en dónde la hemos escuchana, que tanto suele nutrirse de fantasías!
inte.rrumpe nuestra salut~ción y dice:
¿El afio n uevo? ... . ..... Ay!, como siempre,
·4Qué decís.. .. que no cumpheron? ¿Cononos parecerá tardío para traernos el bien que
céis acaso tocias las esperanzas que se realizaambicionamos, y nos parecerá el veloz )Iercuron, todos lo,; anhelos que se cumplieron torio pedialado cuando nos imparta contrariedos los deseos que trocáronse en hedhos
dades; vendrá salpicado ele la maldad de los
durante el reinado de los predecesores? ¿Es~
hombres y de los cataclismos de la naturaletáis, acaso, en todos los corazones y en todas
za; será lleno de tragedias y de lúgrimas, colas conciencias?,, -La voz calla, y nosotros
mo sus mil novecientoR &lt;los antecesores cononos vemos obligados á enmudecer y á pensar...
cidos y sus incontables desconocidos ...... EsPe1;? luego continúa nuestra salutación :)
to lo sabemos bien, estamos bien seguros de
Sm embargo, flamante año ele 1903, debes
ello: nos lo h'I. enseñado la dolorosa experienconfesar que no traes muy buena catadura·
cia de muchos siglos y de muchas generaciotus cifras suman trece, y ése es un númer~
nes....... ..
que, al decir ?e los, Nigromantes (¡que no
Y no obstante-¡cuán cándidos y cuán
fueran Ignacio RamHez, el de México!) eseternamente niiios somos los hombres!-no
tá henchido siempre de malos augurios!.'..
podemos menos de poner buena cara al afio
(La voz interrumpe: ¿ "Queréis que recon uevo, -01 recién nacido que aún no ha abierrr~mos la hist~ria ele los hombres y que exato bien los ojos, y de cuya mirada esperamos
mrnemos los b10nes que trajeron los afios que
la revelación de todos sus propósitos.
sumaron trece?" - Pero la pereza nos da vaParece ( es una ilusión, pero parece) que
lor, y no damos oídos á la interrupción.)
cada año nuevo deba ser un poquillo meSí, año de 1903, tienes razón, por doquiejor que los otros, que deba traer más sol y
ra se encuentra lo bueno y lo malo y muchas
menos tempestades; pal'ece que ha de traerveces las calamidacles que los hom'bres achanos algún regalo, alguna agradable sorpresa
c~n á los tiempos no son fruto de los tiempos,
que nuestra mente no acierta á adivinar, y
smo de los hombres. ¿Qué es lo que cambia
en el deRpertar del 1 ° de Enero, quién sabe
después de todo: los tiempos ó los hombres?
qué grata curiosidad nos invade.
He aq1;1í un problema curioso que la lírica no
Se aguarda, se desea, se espera ... ...... pero
ha sabido aún resolver, pues mientras Goe¿qué cosa?
the decía: "El tiempo es uno; la humanidad
Lo ignorado, ese ignorado que es la raz6n
varia", Lena~, el delicioso húngaro--wurtem~
secreta de la humana vida, la explicación de
tantas paciencias largas y penosas, de tantos , berguéf', pretendía que los hombres siempre
han _sido iguales y que no han hecho más que
espasmos morales soportados con resignaci6n.
refleJar el transcurso de los tiempos. ¿Quién
Se aguarda, se desea, se espera lo ignorado
.
'
de los dos habrá tenido razón? ...
que esta, en el porvemr.
.
Si eres tú filósofo, flamante 1903, tal vez
Esta ilusión es tonta sin eluda alguna y
puedas resolver el asunto. Pero no eres filóhará sonreír á los espíritus fuertes, á esos que
sof?, eres industrial por e_xcelencia, y un poquieren que el hot.i bre viva sólo de pan á
qmllo g~errero _por atav1$mo; mejor dicho,
esos que desprecian á las rosas porque no ;on
eres
un mdui:;trrnl-guerrero una especie de
útiles, cual solía decir el divino Theo GauFrif'derich Krupp ..,
'
tier ; pero los que ,,todavía,, soñamos un poco,
¿Qué
vas
á
traer
y
qué
,·as
á llevarte? Xo esá pesar de las duras reprimendas de la vida,
peraJ?l0S de ti mucho de trascendencia. Bajo
debemos amar, debemos adorar esa ilusi6n
tu remado no se derrumbará ningún sistema
como tantas otras que con el frufrú de sus
Rocial ni surgirá ningún sistema safvador· los
alas han rozado Jos ensueños de nuestra jufermentos seguirán canturreando durante' tus
ventud; debemos adorarla, como á las flores
doce meses, _como cantunea el agua h·irvienque se destacan ele la eterna verdura, como á
te en la barnga de la tetera; pero no serás tú
la nota que la alondra abandona ai aire inexel que entr~ espumas y humos hagas derrapresivo, como á todo aquello que es sencillo,
mar el líquido .... ..
suave, sereno y fragante.
¿O quién sabe? .... ..
Sé, pues, bienvenido, oh misterioso 19031
Sea lo que fuere. 1903, traigas lo que traje(Recibámosle con carifio, que tal vez de esa
res, puesto que hemos ele vivir en ti (y esS';1e_rte se anime {; cumplirnos alguna de las
ta esperanza sí creo que es universal!), te
vieJas promesas a que faltaron sus preclecesosaludamos y nos saludamos los unos álos
re~, que tal vez así se apiade de nosotros y nos
otros-los hombres deleznables y transitorios
br:nde con. un~ de las realidades que por cada
1 1
-Y. empunan(..o
,ª copa de champagne, nos'
rmllón de ilus10nes trae en su bagaje. Y si no
decimos
los
unos
a los otros, cual si fueras tú
queremos fingirle fe, cligámosle á su nuncio
un haz de esperanzas:
que somos ya gente corrida, que ya no no¡¡_
--¡Por el año nuevo!. .....
p~d;á sorprend~r pasándonos una gota de
m1et por l_~s labios, pero siempre saludémosOSC.\R HERZ.
le con carmo, q~1e, al fin y al cabo, es preciso querer á los tiempos en que se vive. Digámosle por ejemplo:

?.º•

Salve, salve, viejo Enero
que en· tu--alforja de embustero
traes juguetes á grane):
yo celebro tus engaños,
porque son para mis años
mariposas de papel. ... ... ..
¿Para tristes añoranzas
traes risueñas esperanzas

Palimpststos.
.,. __
F ebea.

f

EBEA es la pantera ele Xerón. Suavemente doméstica, como un enorn1e gato
real, se echa cerca del César neurótico
que la acarjc(a con su mnno delicada y vicio'•
sa &lt;le androgmo corrompido.
Bosteza y muestra flexible y húmeda lengua, entre la doble fila de sus· clientes finos y
blancos. Come came humana, y eRtá acostumbrada á ver á cada instante en la mansi6n del
siniestro semidiós de la Roma decadente tres
cosas rojas: la sangre, la púrpura y las ;osas.
Un día lleYa á su presencia Xerón á Leticia
rub~a. y joven virgen de una familia cristiana'.
Leticia tenía el más lindo rostro de quince
año~, las i:nás adorable~ !llanos_ rosadas y pequenas; OJOS de una divrna mll'ada azul· el
cuerpo de un ef~bo q_ue estuvi!)se para tr~nsformarse en muJer, digno de un triunfante coro de exámetros, en una metamorfosis del poeta Ovidio.
Nerón tuvo un capricho por aquella mujer:
d_eseó poseerla por medio de su arte, de su música y de su poesía. l\luda inconmoYible serena en su casta blancura, la doncella ;scuchó el canto de su formidable «impf:ráto1 ,,
qu~ se acompañaba con la lira, y cuando él
artista del trono, hubo concluido sus ,·ersos eróticos y bien rimados, según las reglas _de su ~aestro Séneca, advirtió que su
cautiv~,la vugen d~ s~ deseo caprichoso, permanecia muda y eandida como un lirio como una púdica vestal de 'mármol.
'
Entonces el César, lleno de despecho IJamó á Febea y le señaló la víctima de f:!~ venganza. La fuerte y 1,oberbia pantem llegó, esperezándos~, mostrando las uñas brillantes y
filosas, abnendo en un bostezo despacioso sus
ª1!chas fauces, moviendo la cola sedosa y rápida.
Y sucedió que dijo la bestia fiera:
-Oh Emperador admirable y potente! Tu
volun~ad es la d? un inmortal; tu aspecto se
asemeJa. al de Jupiter; tu frente está ceñida
con el laurel glorioso; pero permite que hoy
te baga s~ber dos cosas: qu_e nunca mis zarpas
se moveran contra una muJer que, como f;;ta,
derrama sus resplandores de estrella y que
tus versos, dáctilos y pirriquios, te h~u resultado detestables.

El Arbol del Rey David.

~ día-apenas había el viento del cielo
mflado en el mar infinitC, las velas de
oro del bajel de la aurora-David anciano, descendió por las gradas de su al~ázar
entre leones de mármol, sonriente, augusto'.
apoyado en el hombro de rosa de la sunamita, la rnbia Abisag, que,desde hacía tres noches, con su ciíndida y suprema virginidad
calentaba el lecho real del soberano poeta.
Sedoc, e~ sacer~ote q~ie se dirigía al templor
se pregunto: ¿á donde uá el amado señor?
~donía!-1, el ambicioso _arrogante, de lejos,
tras una arboleda, frunció el cefio al ver al
re-:r y á la niña,al frescor de la maliana, encarrnnarse á un campo cercano donde abundaban los lirios y las azucenas.
. Natán, profeta, que también los dí visó, inclmóse_ profundamente y bendijo á Jehová
exten_diendo los brazos de manera sacei:dotal.
Re1hí, Sem~í. y Banáis, hijo de Joiada. se
postraron y di¡eron: ¡Luz y paz al sagrado
pastor!
D~vid y A?isag penetraron á un soto que
hubiera podido $er un jardín, y en donde
se oían arrullos de palomas bajo los boscajes.

Ü

** *
Er3: la vic~oria de la primavera, y la tierra
y el c~~lo i;e J~ntaban en una dulce y luminosa umon. Arnba, el sol espléndido y triunfal·
ª?ajo, el despertamiento del mundo, la melo~
diosa fronda, el perfume, los himnos del bosq~1e, las ~lgaradas jocundas de los pájaros, la
diana universal, la gloriosa armonía de la naturaleza.
Abisag tenía la mirada fija en los ojos de su

señor. ¿~Ieditaba, quizá, en algún salmo el
omnipotente príncipe del arpa'?
Se detuvieron.
Luego, fuése David al fondo de una trémula gruta de verclores celegógicos, no lejana, y
retorn6 con una rama en la diestra. Y poseído
de temblor profético:
-Oh mi tierna sunamita! exclamó. Plantemos hoy, ha.jo la mirada del eterno Dios el
árbol del infinito bien 1 cuya flor será la 1'.osa
mística dol amol' inm ortai, al par que el lirio
de la pureza Yencedora y sublime. Nosotros
le sembramos; tú, la in rnaculada esposa del
profeta viejo; yo, el que triunfé de Goliat
con mi honda, de Saúl con mi melodía y de
la:muerle con tu juventud.
• Abisag le escuchaba como en un ensueño
como en un éxtasis amorosamente místico· )'
el resplandor del día naciente confundía' el
oro _de la cabellera de la virgen con la plata
copiosa y luenga de la barba blanca.

NOTA MILITAR.

JI

causa de la renuncia hecha por el seiior
General Bernardo Reyes, de la cartera
de G~1erra y Marina, se hizo cargo de
esa Secretana ele Estado, con el carácter de
Oficial :Mayor interir,o, el seiior General de
Brigada don Juan Villegmi, quien por algún

dades legales,· tom6, en días pasados, posesi6n
de su puesto.
Además, el señor Licenciado don Francisco
Pérez, que fungía como Magistrado del Tribuna_! Superi?r del Distrito, fué nombrado por el
seno!' Presidente de la República, Procurador
General del Ejército, en substituci6n del señor
Lice1;1ciado_don Eduardo Zárate, que pasa al
l'efendo Tnbunal con el mismo carácter que
en él tenía su substituto.

***
Por último, debemos hacer mención del ascenso del señor General de Brigada don Jesús
Alonso J.:'lores á General de División, ascenso
t!ue ha sido muy celebrado en los círculos milrtares.
La hoja de servicios del señor General Flores, está_ l~ena de notas brillantes por los bueno, servic1?s que ha prestado á la Rllpública.
El amentado jefe es oriundo de Guanajua-

SR. L IC. F RANCI S CO PE REZ, P rocu rador
General de l E jército.

SR. GRAL. JUAN VILLOOAS,

Sr·bsecretario de Guerra, interino.

Plantaron aquella rama, que había de ser un árbol frondoso y centenario.

tie~ po ;5irvió como Jefe del Depai t:tm1Jnto de
~rt1ll,ena del l\Iinisterio mencionarlo. El seno: General don Alejandro Pezo, que desempenaba .el emple~ que hoy ocupa el señor Yillegas, tu~ removido al ele Presidente del Tribunal Superior Militar, y previas las formali-

SR. GRAL. ALEJANDRO PEZO

r=-::=::::=~~-~11~~~~:=-:=-.._=-_-_-_
-_
-:._-_
-_-:.;..,. ,.-:-.,.
._-_-_-_-;_=-_-_- _--::-.;:-.:-.:::-.:-::-::=:-=:-P-re....,sidente
del Tribunal Superior 1\filitar.
t?, donde comenz6 su carrera miliJar_ como Subteniente de la Guardia
~acio1;1al de aquel Estado. Por orcl~n. ng~roso obtuvo sus ascensos
c~istin~méndose siempre por su inte'..
hgencia y valor á toda prueba
Concurrió á innumerables bata])
y en una de ellas fué hecho prüion:~
r? por el Ejército francés. Su bautrz~. de sangre_ ~o obtuvo con una.
lie1~l
ida que
en el pie d erech o.
_ recibió
G
, senor eneral Flores, por lo
dernas, ha desempefiado importante:; car~os y recibido honrosas condecoraciones que le han sido otorgaclas, tanto por el Gobierno Federal
como por los ele los Estados.

***
Tiempos desp~és, en días del Rey
He1odes,..el carpmtero José, hijo de
Jacob, htJO de Matán, hijo de Eleazar, hijo de Eliud, hijo de Akim
yendo un día al campo, cortó deÍ
árbol del santo rev lírico la vara que
floreció en el templo, cuando los desposorios con l\faría1 lu estrella la
perla de Dios, la m adre de Jesós el
Cristo.
RUBÉN DARÍ0,

UN CANTAR PERSA.
Fuí de mafianita al monte
mi rebaño á apacentar,
y hallé en él una muchacha
como yo no vi jamás.

Uhta y Jlmor.
De un bardo la voz dorada
dulce y doliente sonó:
«¿qué vale la triste vida?
¿qué vale un sueño de amor?»
¡~y! Así bajé al abismo
sm fondo del corazón
llevando vi vas mis a~sias
lle,:3ndo muerto mi amor~
Y ~olo l~nos negros seres
mi pupila sorprendió
escondidos en las gri~tas
d!: ese abismo de dolor.
N_1 una gota de dulzura,
u_na estrella ni una flor,
solo esos seres horribles
que cantaban á una voz·
"El amor, _vana quimera;
.
~l mundo, mmeñso crisol;
,qué poco vale la vida!
¡qué poco vale el amor!"

-Un beso dame, lucero
la dije lleno ele afán.
'
-Si con.,oro me lo paaas
o '
respond10, venle á buscar.
-El oro que tengo, niña
guardado en mi alforja e~tá:
mi alforja está en mi camello
y mi camello en Kermán ·
'
y ella replicó con risa
'
mirándome faz á faz:'
-En mis labios está el beso
mis dientes están detrás
&gt;
la boca donde los guard~
cerrada con llave está:
tiene la llave mi madre
y mi madre está en Ke;mán.

n;

MANUEL DEL PALACIO.

S R. GRAL. JESUS A L~NSO FLORES.

�Domi,ngo 4 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRs\DO

Domi,ngo 4 de Enero de 1903.

BL MUNDO ILUSTRADO

nutVo Obispo de t:ebuantepet

la población, la aduana marítima estahlecid,1
A propúr::ito de 1n com:ngrnción &lt;le! P. ,:\fejín
rn Presidio. Sus construcciones son por lo
se reliere que cuando ocurrió el falleci111i&lt;,11t~
mismo modernas, y cuenta con algunas not.c1.del virtuorn Obispo &lt;le Ym:atún-en 1888hles, como el cuartel federal y el mercado "Roclon L~andro Rodríguez ele la Gala, al tiempo
111ero Rubio,,. El cuartel está edificado sobre
lJBLlCAMOS hoy el retrato del ~eiior
de ser rnhuu1ado su caclúver, su sueesor &lt;•1 i-a1111a eminencia que domina los fonuea&lt;leros y
don Carlos ue .Jes(1s l\Icjía, actual !lector
bio prelado yucateco don Crescenc:io c'an-il lo
e_l camino ó única entrada que co11cl11ce por
dt&gt;I Seminario Conciliar de YucatÍln y
y_Ancona, quitó al cadáver el pectoral, y dirit1erm_á In. ciudad. La iglesia parroqmal es
electo Obispo de Tehuantepec.
giéndose al Redor Mejía, le dijo !ns siguientes
tHmh1én notablo, tanto por su belleza arc¡uiEl P. Mejía nac:iú en la ciudad dr .fa lapa y
frne:es:
te 1t6nica, como por su
«Conserva este pecelegante decorado intoral de nuestro lloraterior, y el teatro, que
do prelado y guárdalo,
lleva el nombre de11Ruporque no está lejano
bioii, un edificio sóliel día en que, elevado
do y de hermoso aspecá la dignidad, podrás
to.
usarlo.»
En dos ocasiones
diFtintas, ~[azatlánha
INAUGURAGION DE UN PUENTE
sido bloriueado: en
1847 por los invasores
Cerca ele Zinapécuanorte americanos , y
ro, Michoadrn, y en teen 1864 por los franrrenos ele San Joaquín
ceses. Durante este úlJaripro, se acaba de
timo bloqueo, la fragaconstruir un puente
ta "Cordeliere&gt;i fué baque es sin diRputa uno
MAZATLAN.-Una
huerta
en
Belvedere.
tida desde tierrn con
de los más importanuna pequeña boca de
tes ele aquel Estado.
fuego, cuyas punterías dirigió el oficial Gamhnce veinfüéis años que re8ide en :Mérida 1 sienEst~ constrníclo sobre una barranca profunhoa. En este episodio, uno de los más sado_ Rector d~l Se!~inario ele aquella ci udacl,
da y tiene noventa y tres metros de longitud
lientes en la historia de Sinaloa, tomaron parbnJo cuya d1rerc1on este establecimiento ha
por treinta de profundidad. Con motivo de la
te, en defensa de Mazatl{m, Sánchez Ochoa y
1;,rogresado notablemente en los últimos años.
conclusión del puentr, se organizó una pequeMarcial Benítez.
El nuevo prelado goza de generales simpatías
ña fiesta, apadrinando el acto el Sr. Aguado,
El desarrullo comercial de Ma.
r
ain-::;;~---,------- - -~ Jefe Político ele Zinnpécuaro.
1~1tlán comenzó con el dt&gt;ecubri- 1 ·
El costo total del puente, que
m iento de los placeres auríferos
es de mampostería y fierro as&lt;l~ la Califo_rnia2 época en que teciende á ocho mil pesos.
'
ma comerC10 directo con China y
el Japón. Actualmente el comercio extranjero lo hac¡ con San
El misantropo tiene todos los
Francisco California.
vicios de los hombres y ninguna
de sus virtudei:, y cuando i;,e ve
contrariado en sus negras delibeEl mundo es, en todas sus parraC'iones, pone fin á su vida con el
tes, una aritmética viviente en su
v~neno 6 el puñal, creyendo
~esarrollo, y una geometría reatrnmfar de los arcanos de Dios.
lizada en su reposo.
MAZATLAN.-EI Desembarcadero en Belvedere.

P

--------------------

~~

P~st~ Bubónica ~n mazatlán.
clel examen microscópico practicado por el D~ A&lt;lemús, como las casas ocupadas por los
en exatacados se están drFinfectando 6 de,:truyenFabela, resultó comprolmcla en los atacados
tn mo rnn lns notic·im;
' do, según sus condicioneR, para hacer que desla presencia del bacilo de la peste. Parece, por
que con relnción {i la
aparezcan los focos de infección, el Gobierno
lo 111irn10, fuera de toda eluda, que la naturat&gt;pidemia reinnnte en
ha comprado treinta gnmcleR tiendas &lt;le camleza de la enfermedad está ya definida y que
Mnzatlún :-el1nn recipaña para dar abri~o á las personas que no
nue~tros temores no cian infunclaclof',como albido en los últimos
tengan donde alojarse.
gunos p~riGclico&lt;i lo !&lt;uponían.
elfo~: la f'xi~t encia ele
Por Fil parte, la Srcretaría de Gobernación
O1..&gt;mndo con la eficacia que reclaman las
la 1,e1,te buLGnica se
se
dirigió á los Gobernadores ele los Estados
nece,;idaclei;
del
momento,
el
Corn;1,jo
orden(&gt;
coJ1firn1ó ya ofü:iallimítrofes ele Sinaloa, encareciéndo]e¡; la neceque ee ampliara y mejoiara el local f&gt;n que los
me11te, y el púnico
sidad ele poner en juego todas aquellas n,ediatacados por la pe!&gt;te rnn ahora atendidos, y
de los hal,itantes del pne r to 110 tiene límites
uas que directanwnte se
en las actuales circunsencaminen
á impedir
tancias.
la propagación del mal.
Por informes anterioEl Coneejo, y esto eleres, se sal..&gt;ía que la enbe consignarse ron en
fermedad iha poco á pocomio,
anduvo, pues
co cediendo y (]lle la.
acertado al dictar, elesconfianza clel público
ele un princi]JiO . dispoera cada vez mnyor; pesiciones sanitarias conro por de;:gracia, el retra la peste, por más
crudecimiento repC'n ti no
que la exii;tencia no hade la epidemia y la deya estado entonces comclaración de los dele~aprobada..
dos del Consejo Superior de Salubrid&amp;d f.'O ·
breque en el caso se trata
***
efectivamente, de la pesMAZATLAN.-Uno de los pabellones en que se encuentran aislados los en fel"mc~.
Por ser de oportunite negra, vinieron desdad,
damos en ~eguida
pués á echar por tierra
al~unos datos referentes a l puerto infestado.
que se construyeran en la isla de Belvedere,
aquella confianza y á hacer mús aflictiva la siMazatlán (,,Tierra de Venadosi,) fué fundado
donde se encuentra hoy el lazareto, las batuación de los moradores de l\1azatlán.
hace setenta años aproximadamente; época en
rracas suficientes para aislar á las personas
Los médicos enviados por 1•\ Consej') hicieque
se transladó, al lugar en que se halla ahora
que
hayan
tenido
contacto
con
los
enfermos.
ron su primna vi:-ita al lazareto el día 30, y
LAHlllANTES

***
T~marse trabajos y luchar contra las resistencia_s, es una necesidad para el hombre, como mrnar para el topo.

en el ERtaclo ele Yucatán, y su fama ele bomb_re de talento y notable orador, es bien conocHla en los círculos sociales:
La co11~agración del nuevo Obi,;po ele Teh_uantepec se _efectnnrá en la Catedral de ,:\féncla, el domrngo 11 uel corriente me,;, con
g_ra11 pompa y ~olemnidad, oficiando de, ObiRpo consagrante el
ue Yucatan, Monseñor Trítsch!~1-, Y de asistentes los obispos de
1abns&lt;'o y ele Belice.

* *

Para la mayor parle de Ja"s mujeres no es
necesario más que lo supertluo y lo positivo
más que lo ideal.
,

***

El discernimiento vale mús que el precepto, pues lo auivina y aplica oportunamente.

MAZATLAN.-La Plaza de Armas
Puente de 93 metros de longitud construido en

*

* *
Para la ignorancia
existe un
remedio, q_ue es la ciencia; para el fanatismo eso mismo será
su muerte.

S. Joaquín Jaripeo.

�Domi.ngo 4 ae Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

earreras ae eaballos en Pera1vmo.

C:
~

asistencia del señor Presidente &lt;le la
República, se efectuaron, el domingo
en la tarde, en el Hipódromo &lt;le Peralvillo,
las carreras de caballos organizadas por el
Club Hípico Militar y en las cuales tomaron

~ en un pueblo pequeño de mi patria.

__rl :;:!í
la naturaleza, fecunda y pródiga,
derrama sus tesoros con c,;plendidez que

se creería soi1nda. Allí he gozado de las más
perfumadas_\' melancólicas noches de luna, de
los más luminosos crepúsculos y de las más
blancas y sonrm,adas mañanas. Allí vi todo
est.o e::.1belleci&lt;lo y envuelto en un ropaje de
visión intensa, porque P.l amor, como un ave
sin mancha, batía sus alas silenciosamente,
dulcemente en mi corazón.
Cuando la conocí, tenía ella diez y seis años,
traje de luto, un gmn sueño en sus grandes
ojos negros y era delicada como nna azucena.
También como las azucenas, tenía porte aristócr:üa y gentil. Su voz era suave é insinuante, como una serenata lejana, de un hermoso
tiempo pasado, y la recuerdo con un estremecimiento de pasión muy doloroHO.
Yo hubiera querido que su modo de ser fuera enteramente extrnño {I ciertas vulgari&lt;lades
del mundo exterior. i'lli;; lecturas &lt;le raros poetas ideólogos; mi amor á sueños y á meditaciones &lt;le un mundo encantador, &lt;le orden enteramente metafísico, y un estremecimiento
de vaguísinrns visione~, que ocaso habían nacido con mi alma, puesto que recorilalia yue me
poseían desde los más lt&gt;janos días ele mi infancia, todo esto me había hecho cobrar desprecio profundo por las diarias preocupaciones
humanas y me había creado una orgullosa ri~a interior, llena &lt;le escepticismo y que sólo
respetaba á las cosas que traían ensuefio.
Como después de la caída &lt;le mis primeros
nmores, al encontrarme por primera vez en la
1lesolacla aldea del Desencanto, no volviera á
creer ya en la realidad de la amada sofiada,
cuando apareció ella en mi camino, hube de
i;ostener tremenda lucha entre mi doloroso escepticismo arraigado en mi sn y la imagen
blanca ele ella, que me atraía C'0n su encanto
ultraterrestre. Algunas veces yo sufría infinitos desconsuelos: un gesto, una frase, una inflexión de su voz que desarmonizaran y empeq ueíieciemn la idE'a i¡ue de mi novia me ha1,ía formado, de;;truían en un momento todo
el esfuerzo que hubiera hecho para creerla superior. Algunas \·rces comprendía Pila que algo suyo me clii;g11staha, ~· bastaba entonces una
mirada que me dirigiera húmeda ele pena y
ele melancolía, para cambiar mis sentimientos v llenar mi corazón de par. conmoretlora.
Pero el Amor, como una primavern, invadió pronto los campos &lt;le mi alma y llegaron
los días felice,.:, muchos días muy felices que
no olvidaré jamúF&lt;. !:;ólo una nube ele poética
nostalgia, doliente á veces, desde el primer día,
acompañó siempre nuestros pa!&gt;os por el luminoso camino.
Una tarde, á la hora de un bello crep6sculo que di[undía rosadas claridades en la es-

=-

tancia, estábamos ella y yo, solos, en alto balcón, de cara al horizonte del poniente. Acabábamos de abandonar la lectura de una de las
maravillosas historias de Edgard A llan Poe.
Yo comprendía que el alma de ella, lo mismo
que mi alma, agobiadas por el poder ele ensueño de aquel misterioso poeta, se colmaban de
las mismas tristezas; de ese melancólico biene$tar del espíritu, atrayente y conmovedor,
que &lt;leja, como h[tlito divino, como revelaci6n
&lt;le mundos más oellos, el alma de los poetas
seculares. En nuestro interior glo$áhamos la
historia. E'Xtraordinaria de Edgard Allan. Y la.
hora, y la va¡rneda&lt;l del crepúi,culo y la pasión contemplativa de nuestras almas, hacían
de nuestros corazones una plegaria al Dios de
los infinitos ideales.
·
Y así fué que esa tarde. á la hora de un be~
llo crepúsculo, extendió el la la eni$fmáticn noche de sus ojos sobre el dilatado desierto de
mi espíritu; porque cuando sus ojos 1,e encontraron con los míos, ella vió el secreto de· mi
cornzón y yo vi el secreto del corazón &lt;le ella,
y el Amol' tendió la música tle sus alas sobre
nuestras almas.

el Ma ror Luis Pérez Figueroa, y el tercero el
Teniente Manuel García Lugo.
Pasada la última carrera, con obstáculos y
en que vencieron los SE'ñores Raabe y Bóker,
del Club Alemán, siguió un desfile al galope,
por fracciones, ejecutado por g}ndarn:es_ del
Ejército y Foldados del 3?, 4? y 1? Regimiento. El desfile fué con obstáculos &lt;le 2 metros
de altu1:a.

L as tribunas del Hipódromo de Peralvillo.

}&gt;arte, además &lt;le algunos miembros de la citada agrupación, los socios del Club liípico
Alemán y algunos cadetes del Colegio Militar.
La presidencia del Jurado fué integrada por
los señores Generales Francisco M. Ramfrez y
Gregorio Ruiz, sirviendo como jueces de campo los señores )layor Alfonr-o Pra&lt;lillo, Capi-

El sefior General Dfaz hizo la entrega &lt;le
recompensas á los vencedores, que eran saludados por la concunencia con aplausos. Más
&lt;le cinco mil personas concurrieron á la simpática fiesta.

MANUEL DE LA PARRA.

tCa exposición c1a6rés.
La Exposición Fabré!', tan ansiosamente tsperndn. por los devotos &lt;le la Belleza, abrió
ya sus i:alones al público.
Es ésta una nota que debemos Ealudar con
aplauso. Las obras mÍl'l celebradas del notable
pintor, traído por nue$tro Gobierno para que
sirva como maestro rn la Escuela Nacional de
Bellas Artes, se encuentran ahora en las galerías de la vieja Academia de San Carlos, despertando el interés y la admiración de una
multitud de visitantes.
Las salas en que Fabrés exhibe sus trabajos
de eximio artista, son cuatro. En la primera
se ve lo que pudiera llamarse su "obra menuda,,: estudios y bocetos, dibujos á pluma y á
lápiz, y acuarela;:; en la segunda, una serie &lt;le
cuadros en los que llaman poderosamente la
atención "La Ladrona,» 11Por Orden del Sultún, ,, "Bonita y ::\lala» y "La Cantadora,» obras
primoroFas que atraen y convencen.
La tercera sala encierra, como joyas de valor
iner-timahle, 11El Abanderado Flamenco,» "La
Lectura del Quijote,» "Almuerzo en el Campo,1,
"Centinela muerto en la Nieve,1, ccLos Borrachos» y "El Regalo del Sultán». ,cLos Borrachos,1, ó"Bacanal,» es una ef&lt;cena báquica en
que ~e ven quince figuras de tamaño natural}
admirablemente ejecutadas.
En cuanto á la cuarta sala, sólo se ve en ella.
11El Cristo en la Columrra,1&gt; un solo cuadro, que
acusa, en Fabrés, si no la más pura inspiración religio$a, sí las excepcionales facultades
de artista que lo distinguen.
"El )J un&lt;lo Ilustra&lt;loi, da hoy á conocer dos
bellísimas acuarelas del maestro : ,cLimpiando
la Lámpara" y ,cLeyendo el Corán.1, En nues. tras ediciones próximas pu l,licaremos algunas
otras obras del señor Fabré~, que nue!'&lt;tros lectores, estamos seguros, verún con gusto.
El ·matrimonio es una enredadera que la
esperanza embellece, que la dicha conserva y
la dei::gracia fortifica.

*

* * Ít los nifios, que
Los h"rnbres se parecen
adoptan malas maneras en cuanto se lPs mima.

***

Una noche íbamos juntos, bajo los árboles
de avenida solitaria, bajo la luz &lt;le la luna, y
un perfume sutil ~e esparcía. en nuestras almas, porque un ramo de rosas frescas estaba
en el fonrlo de nuestro;; cornzones.
Yo hablé el primero. Le dije estrechando
su mano:
-Hermana, hel'mana, hermana, tengo celos de las e~trellas que te quieren llevar. ¿Ves
cómo parpadean allá lejos? Parecen ojos que
te llaman ....... .
Y un obscuro presentimiento me estreme, ........ .'
cm
Entonces ella, eon ternura inolvidable (¡oh,
eFa noche cómo era doliente su ternura! ), acarició mi frente con su mano y me habló dei,n
alma, de mi alma visionaria, y de mis sueños,
y de los sueños de ella, y de nuestras miRteriorns Yoces interiores y del estupor de ~11 espíritu cuando penetró toda i:u alma en los países
encnntados de mis jardines.
Yo, que nunca la había oído hablnr así,
fasrinatloramente, que la veía aparE&gt;cer por
primna Yez en los campos _de mi alma, con
la bellE&gt;za encnntndora de una heroína de ShakPspenre, sentí estremecer~e mi ser como si
Dios lo poseyera, y una corriente de ensueño,
la más podero~a que haya jamás llegado á nii
corazón, me 1117.0 llorar por vez primna en mi
vida, be~ando l~s cabellos de ella, bajo los negros árooles, baJo la claridad misteriosa de la
luna. Llol'é interiormente sin que ella Yiera
mis lágrimas.... .. ...
'
Y seguimos en silencio por la vía florecidn,
eon nuestro gran suefio en el corazór,.

Domingo -1 de Enero de 1903.

Una carrera.

tán Abraham Plata, Teniente Nicolás Martínez y Subteniente Pablo Zayas Jarero· como
jueces de salida y llegada., los señores Capitán
E!rén Batis _Y Teniente Coronel Rafael Eguía
Lis, respectivamente; y como totalizador el
señor l\fayC&gt;r l\figuel Ruela~.
'

***

Las carreras efectuadas fueron cinco, y el
resultado tl siguiente:
La primera á aoo metros y plana, se jugó
por_ los alumnos del Colegio Militar Roberto
Albises, )lanuel Amezcua, José Alessio Miguel Barrios y Rodolfo Casillas resul¿-indo
premiados los tres primeros. La' segunda carrera, á ;;~ ,metro_~, entre oficiales, fué ganada
por ~l Capitan ~u1s G. Pradillo, á quien tocó
el pr1mer premio! y por el Capitán Santiago
~duna y el Teniente Alberto Salas, que recibieron el segun&lt;l? y el tercero, respectivamente. La tercera, Jugada por los miembros del
Club Hípico :\.lemán, fné á 800 metros: la ganaron los Fenores A. Chatand, que llevaba
traje &lt;le seda a.zu I y blanco, y W. Tenss, que
vestía de blanco y rojo. En cuanto á la enarta
carreri_i., á 800 metros también, fué plana y ú
paso hbre, y tomaron parte en ella los militares que se disputaban los premios ofrecidos
por el Club Alemán. El primer premio lo obtuvo el Capitán Gustavo A . Salas, el segundo

EXCURSION A P IE.
Los periódicos del Salvador dan la noticia
de h~ber lle~a&lt;lo á la capital de esa República
el se?o~ Ennque )f. Crouffort, uno de los excurs10mstas catalanes que emprendieron en
n~osto, ú~timo, el viaje de México á Bu~nos
1
Aires a pie.
El señor Crouffort es el único que ha llevado adelante la proyE'ctada excursión, pues de
sus compafier~s, algunos se quedaron en Oa;aca., arrepenti~os d~ la empresa, y otros en
fehua1~tepe&lt;', srn ah~ntos para proseguir en
su cammo. El excursionista ha recogido una
buena . suma de datos- importantes acerca &lt;le
las regiones que ha visitado.

Sr Enrique M. Crouftort.

�EL ~I UN DO ILUSTRADO

Domi.ngo .J Je Enero de 1903.

EL UUNDO ILUSTRA DO

Domingo 4 de Enero Je 1903.

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"Leyendo el Corán." ( Acuarela de Fabrés.)
"Limpiando la lámpara." (Acuarela de Fabr6s,)

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EL UUXDO ILUSTR.&lt;\.:,O

Domingo 4 de EneTo fie 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Rdlqulas Históricas.

yecto al Virrey el 29 de agosto de 1781, abriéndose sus clase,; en la casa de Moneda el 4 de
noviembre de 1781.

NTRE las reliquias hist6ricas que se lutllan en poder de particulares, se encuentran las que en reproducciones fotográficas damos á conocer hoy á nuestros
abonados.
La carta de H idalgo es un documento im-

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Más tarde, aprobada y dotada con trece
mil pesos anuales por Carlos III, se abrió de..,
un modo solemne el 4 de noviembre de 1785,
y por último, en vista del aumento de alumnos, se tra.nsla,d6 la Academia al local que
ahora tiene, instalándose definitivamente eh él en septiembre de 1791.

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JtAnut.d~,....,;

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,,1.r.,x,.,¡,._

p

MADRIGAL .
Rosa que mustia y ajada
miras á tierra, apenada,
vuélvete á. alzar orgullosa.,
pues no hay una Hor, ¡oh rosa!,
que junto ÍL ti valga nada.
Porque tú, que te has erguido
entre la mata de pelo
de mi dulce bien querido,
puedes decir que has tenido
un trono encima de un cielo.
Cielo incomparablemente
más hermoso y esplendente
que el de Dios, pues el de Dios
tiene un sol únicamente
y en el tuyo ¡brillan dos!
JOSÉ GoNZÁLEZ GALÉ.

:~

Cf1'1n-ó

,
1 ¡uaJGIA.0.- lf',:-r

DIA DE MUDANZA.

J
/a.

z4ncc, no/.u~ . t Á, ~ e
1

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......,. bf,,.,t,1,,.,1,._ c.,,,,__'/"' .¡¿

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N mi casa, hace ya varios lui;tros, era para nosotros un gran
{JU .JIMl'J&lt; d,,t,_/_,.,._ "'- ,In ¡J"uk,~&lt;/
día el «día de mudanza.-» Ni ha~ l., ~ j, f,m~/o (J. /)Un. t!J/&gt;"7'&lt;"•-'
bía que penFar en la escuela-«amiga»
se llamaba entonces, -ni en abluciones
inútiles, ni en ninguna de esas zarandaja¡, que amargaban nuestra cuotidiana vida de chiquillos.
portante por todos conceptos, pues vino á es¡Xada de eso! Ese día era de holgorio, de
clarecer un punto largamente debatido y cojuerga, de libertad absoluta, pues los padres,
mentado: ¿por qué motivo el inmortal Cura
tíos, nanas y demás tiranos del hogar, no pode Dolores, encontrándose á dos pasos de la
dían repicar y andar en la procesión.
metrópoli, y victorioso en el Monte de las
Tanto como nosotros gozábamos sufrían
Cruces, no tom6 la ciudad dando fin dti esta
ellos. El natural trajín de una casa puesta remanera al gobierno de virreyes?
pentinamente en movimiento; la torpeza de
Según parece, la carta que publicamos fué una especie de circular
enviada á. distintas partes, con el fin
de acallar los gritos de desconfianza
, / ( ~ J.
c,;.Ü.1t ~ ¡.i.
a Jt. ft~:J.&amp;n ,~,...
que se levantaron á raíz de la retirada del sefior Hidalgo, del ~fo11te
lo..
de las Cruces.
/'""1,,J. /&gt;. J t1f ,.-., Ul#T•I r, • 1 M lt..' l'\
Esto explica por qué la carta no
{~,,1rir, ,,,., Jt. 1t 'b•" lv l1c-..u1tft4..,.,.._,.
tiene dirección expresa, y por qué
está escrita por Don Ignacfo Rayón
':7f!. ,~Jri,U,llt&gt;r
, a.'1 i'Jtd , .. 'l',J "" hhP-x..
,
I ,!
/
y firmada s6lo por Hidalgo el 13 de
/t.ntd·,~
u. ¡: ,. )""( C'•I , , w .. ~rl.,. ~,,r,..JJ.dltJ.noviembre de l 810, 6 sea pocos días
después de la retirada.
Al final de la carta, y fechada rl
día 5 de octubre de 1827, se encuentra una anotaci6n del puño y letra
&lt;le Rayón, en la que declara que la
letra de la carta es de su puño, _y
la firma que.aparece al calce, la que
us6 siempre el Cura Hidalgo.

----------------------"=

''" ,:. . ~ ,.,,. , , ,., .,; ..... /. , , ,. _ /

cía derrames biliosos en «la gente grande," integrada por mis padres y dos tías.
La menuda la formaba yo en unión de dos
primos, mayor uno y menor el otro; todos llevábamos el miFmo nombre de pila, y como los
regafios, amenazas de encierro y zafacocas ó
zapa.tazo limpio, nos eran repartidos por partes iguales, llegamos á constituir una alianza
tripartita, para cometer todo género de infantiles tropelíaF, dividiéndonos hermanablemente las consecuencias.
Las niñas, que eran tres, mayorcitas que
nosot.r os y con humos ya de pollas, quedaban
en «la casa vieja,» guardando la ropa en los
baúles, empaCRn&lt;lo la loza y el cristal en sendos canastones, dei1colgando cuadros, retratos
y repiFaF, procurando, escobeta en ristre, que
las camas llevasen al nuevo hogar el m111or
número de incómodos vecinoF¡ desarmando
guardarropas, y, á plumerazo limpio, quitándoles las telarañas y no pocas arañas que, erguidas en sus múltiples patas, corrían ágran&lt;les pasoF, azoradas de que aFÍ, sin previo a viso, i:-e las pusiese en dispersión.
Pero los tres Manueles, la pilletería de la
familia, ésos ¡á la casa nueva! á fisgonearla
bien por arriba y por abajo, con el pretexto
de "recibir los muebles.)) ¡Buenos estábamos
nosotroF pará recibir algo que no fueran palizas 6 filípicas paternas!·
Ya e1,tábamos allí, desde muy de mañanita, vacío el est6mago, pero el espíritu alegre
como una esquila.
Por más que la fortuna, nunca abundante,
de mi padre iba en mengua, y al cambiar de
casa sufríamos un sensible descenso en comodidades y en condiciones higiénicas, nosotroF,
mocosillos de cinco á siete afios, nos entusiasm{tbamos, nos atraía la novedad; el desorden
que originaba la mudanza estaba de acuerdo
con nuestro temperamento inquieto, bullicioso; gozábamos.
-¿Ya viste?-decfa mi primo-la escalera
es muy bonita; de palo.
-Y en el comedor hay una alacena queparece puerta.
-Yo ya fuí á la azotehuela, es muy grande y tiene dos...... uno para los criaqos, y otro
para nosotros.
-¡Ahí están ya loe; cargadores!
Y bajábamos y subíamos escaleras á mÍts y

/,o/',,

IJ.
ue,,,,6.Slr) ~ u.n.r/

C 1 A~ ..•.,. /hr.W; h • , l,1 /t:.,,; '""' . . ¡_, CEn la inaugurad6n de la Academia de Bellas Artes efectuada á fines
,.,,._...,b,3, t'tJ,•At•,,../. /¡, 4¡..,, /' ert fqnJ"tJ
del siglo XVIII, se repartieron como un recuerdo, entre los que concu2 ,i; .,,.. '- """"'J w /,,_-.(J.1r. , ,
turt1f ~,.,. ''"
1
rrieron á la festividad, unos plati/t ..,.;
,,.,•1.'f'.4"""::).
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tos de porcelana, primorosamente
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'( ../{, 1..,~ ).,, , " / . ' t.l¿.., f ,.,..·ron..~
grabados, como puede verse por la
fotografía que de uno de ellos-pron1tr.,/''f
~, ,.,.,.,., 4 ,.....,.,.,¡z..
¡
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ba b) emente el Ú1nico que exi.;tepudimos tomar, debido á la deferen,
~ r ·
,.
. d 1
F
~, &lt;-•T, ~·-·
4i .... ,
.'{. ¡.., c...r»-'1'.,,;;.
cia e señor rancisco Garay y Jus- .. .,,..=--~~---- - ~ - - -- - - - - - - - -....:.:=--=-.:.:..;:.. . . ;::..====::....;:.:.:......:..~;__:_----=- - -----•
tiniani, su actual poseedor.
Sobre la fecha de la inauguraci6n de la
los mozos de cordel, que hacía menguar en -no
mejor; «ayudábamos» á los criados á poner los
Academia, no están de acuerdo los cronistas.
pocas piezas el menaje; la irrevérencia de alcopetes á los guardarropas, á clavar alcayatas,
La idea de su fundaci6n nació de Don Ferguno de ellos; que cogía el nicho de la Virgen
para colgar de ellas, ya el retrato del abuelo,
nando José :i\fangino, Superintendente de la
6 la capilla del Sagrado •Coraz6n como si toque parecía miramos con miedo y decirnos:
Real Casa de :Moneda, quien present6 el promara una silla y un bast6n, todo esto produ"iA ver si me matan! », ya un espejo poco se&lt;,i;

1 ,... ..

,....,.,

4.

&lt;. ,., . ,.,

guro en su marco y menos en nuestras manos, ya la cazuela del mole, que era un cacharro como de una vara de diámetro.
Comíamos mal y de prisa al cuidado de las
criadas, olvidando hasta los más nimios rudimentos de educación que nos habían enseñado. Y con el bocado en la boca, como vulgarmente se dice, volvíamos t1 la tarea; &lt;lesempa-cábamos la vajilla, causando en ella considerables bajas; nos mecíamos, tirados boca arriba, en los cctambores» de las camas; subíamos
ú la azotea por una escalerilla de mano, provistos de un jarró lleno &lt;le agua 6 del líquido
que 1¡,e pudiese i;acur, y lo vaciábamos por las chimeneas de
la cocina vecina; nos apersonábamos con el chico de la
portera y le soltábamos algunas groserías de las finas.,
acompafiadas, á veces, de algún soplamocos, para entablar
amistad con él, hasta que, al
anochecer, agobiados, rendidos, llenos de polvo, caíamos
en postura ele fusilados sobre
el primer lecho, :-:i!l6n 6 silla
con que tropezábamos, para
esperar el malditíFimo día siguiente, en cuyo rosado amanecer se esfumaba la grisácea
figura del :-:eñur Argüelles, el
maestro de e:-cuela..

.

la familia, á los conflictos pecuniarios del jefe
de ella.
La hnllé triste; ni una ventana abierta, ni
un tiesto de flores en los balconei,,, ni un canario piando contento y saludando al sol.
Pregunté al portero; no me conocía y se
concretó á decirme:
-¿Quiénes, los del seis? Se están mudando.
Efectivamente, fm el patio se veían las parihuelas cargadas con muebles, para mí muy
conocidos; los mozos de cordel, sudorosos, jadeantes, mal olientes, bajaban las escaleras
cargados como bestial".

Domingo 4. de Enero de 1903.
má y mi tía eAtán en la casa nueva ...... yo me
he quedado aquí para ayudar en lo que pueda ..... . y la abuelita ...... la abuelita se mud6
hace ocho días ...... no sé d6nde!
¡Qué dulces sus palabras! ¡qué ternura en
su vor.! con qué delicadeza clav6 en mi alma,
suanimente, ¡.ioco á poco, el puñal que me
del"garró el alma!
l\Ji madre había muerto, como mueren las
madres, todas, ¡para siempre!

***
Y como era cedía de mudanza,» fué esta señora de diez
años, de cabellos rubios, de
clientes menudos como granitos de arroz, de ojos azules, lle
abundosa y fácil verba, de hoca de roFa, la que dirigía la
e&lt;mudanza. &gt;&gt;
Porque la otra, la viejecita
de cabellos grises, de piel ¡irrugada, de secos y delgadós labios, enclenque el cuerpo y el
habla trémula, és:1, que debió
hacerlo, ccl"e hahía muda&lt;lo antes» ..... Y no ~a\:Jíamos ni sabemos d6nde.
MANUEL l\l. PANES.

Hay en el abismo de la conciencia humana un deseo innato: la posesi6n &lt;le la felicidad. Este es el único pen!-amiento que subordina todas las
voluntades.

** *
Pas6 el tiempo; crecí, me hi-ce ó me hiciPron hombre, por
mitad los años y las miserias de
la vida; tuve hambre y apren&lt;lí á ganarme el pan; tuve an helos de querer mucho y aprendí á leer de corrido en el libro
&lt;lel amor; me enamoró la vida
aventurera. y fuí y vine, camhiando á mtinudo de paisaje,
-despreciando hoy lo que envi&lt;liaba ayer, viendo muchas carns hermosas y muchas almas
P lato conmemorativo de l a inauguración de la Academia de San
feas, gozando una hora para
sufrir un día.
Al fin, el hastío, un hastío estúpido, vul-¡Vaya!-exclamé.-¡Día de muclan· a!
gar, que no podía llevarme al suicidio ni al
Recordaré mis buenos tiempos. Y entré.
idiotismo, se apocler6 de mí.
La casa olía mal: olía ccá botica;» gente!':'exUn residuo de energía me alent6; quise comtrañas i,alieron á recibirme. Daban 6rdenes
1,atir ese hastío y busqué en mi ayuda el tibio
disponiendo de lo que era mío, de lo que er~
re,-coldo de mi hog:n. ¿,Por qué no había d~
nuestro, romo si sobre sus propiedades manencontrar bajo el yugo de mi madre-lo únidasen. Sólo una sobrinita. mía, chiquilla de
-co que me quedaba,-sometido á la esclavitud
diez años, vino á mí con los brazos abiertos.
&lt;le la familia, lo que la libertad, la indepen -¡Nené!. ..... ¿Y tu mamá, y tu tía?....... .
&lt;iencia, el "judaísmo erranten me negaban?
¿dónde están?..... .
Hay cadenas de hierro que se antojan guirnalCa116, bajando la rubia cabecita.
&lt;l11s de flores ; hay 111anoH rngosas que oprimen
-¿Y mi madre, tu abuelita? .. ... .. .
y que gustoso besa el opri111ido.
Entonces la niña, con esa perspicaz comMe resolví y volví t1 mi rasa.
·prensiór. de los muchachos, tartajeando y sin
Era aquella misma donde mis primos v yo
alzar la vii;ta, dijo:
i-etozábamos alegres, ajenos á las miserias tle
-Tío: hoy es día de mudanza ...... mima-

***

La vejez es la edad de oro
de las Yirtudes negativas.

***

Carlos.

La alegría íntima que nos
enajena, va siempre mezclada
de un deseo ardiente que nos
atormenta.

VOT O.
Destaparé mis ánfora3 de esencia.
Y prenderé mis candelabros de oro,
Cuando la diosa pálida que adoro
Llene mi soledad con su presencia.
En su pelo de blonda refulgencia

Y en su labio odorífico y sonoro

Hay el fulgor de un candelabro de oro
Y el perfume de un ánfora de esencia.
Vendrá con su ropaje de inocencia

Y hostigando mi amor con su decore•,

Pero al fin gozaré de su oµulencia
En medio de mis ánforns de esencia
Y mis ardientes candelabros de oro.

EFRÉN REBOLLEDO.

�Domingo -1 de Enero tk 190:3.

EL MUÑDO ILUS'l'RADO

EL 11TXDO ILl~STRADO

los días rstrechamente juntas, como luchando con una fuerza que intentara. apartarnos! ..... .
Ay! Pero ni siquiera había de quedarme esta compañía que endulzaba los sufrimientos de mi corazón.
Quince &lt;lías después salíamos de la iglesia ele San \'icente y tratábamos de atrave~ar la calzada frecuentadísima que desemboca en
la Avenida &lt;le Meilhán, por la que pasaban multitud de carruajes. 1\fi
madre, no repuesta aún de la emoción durante la misa, y con los ojos
nublados todavía por las lágrimas que corrían bajo su velo, tenía prisa de regresará casa. Vi bajo el crespón el brillo de sus dientes que
mordían los l:i bios sollozantes. Llena de impaciencia, quería llevarme muy de prisa hacia el hogar abandonado, d.on&lt;le pu.diéramos llorar sin descanso.
Se lanzó á la mitad de la calle y la seguí; pero al mismo tirmpo
me detuve y dejé escapar un grito. Un carruaje amenazalia pa~ar sobre ella: le ve, se aparta, pero se aparta demasiado y otro la clerriua:
una pesadt.. carreta que parecfo. inofensiva, que caminaba paso á paso. En mi dolor no he tenido la satisfacción ele decirme q ne si esto
ó aquello no hubiera ocurrido, se hubiera evitado el irreparable accidente.
Madre adorada, tú sola te arrojaste á la muerte corno llevada &lt;le
tu firme voluntad! Y en el último momento, en medio ele la nonvulsión postrera, tu mano tuvo un ademán que comprendí súbitamente.
Me decía:
-No avances! Yo muero ...... tú vive! ........ .
Y quedé aturdida. Y no arnncé. Y moriste sola. El timón te
hirió e11 el pecho. Tengo en el corazón el grito sordo, ronco, arrancado
de tu pecho sorprendido. El caballo, bajo la mano del carrero que
&lt;JUería detenerlo, se encabritó y dejó caer su cal'co sobre tu pobre cabeza, caída en tierra. Este golpe fué mortal. Se ha dicho que no habrías muerto del primero. La multitud gritaba y se aglomeraba. ::\Ie
desYanecí.

II

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
TRADUCCION Dt "tl JrlUNDO ILUSTRADO."

Hay almas que son tal vez como las semillas de c-iertas plantas,
que no pueden germinar sino en determinado suelo. En los centros
mundanos, en los cursos ele educación á la moda, donde las muchachas llegaban cuhiertas de seclas y encajes, empolvadas y perfumadas,
acompañadas de una institutriz de adorno, a!lí mi alma no Ee encontraba en su medio vital.
lfoé preci!'O que una rúfaga ele viento arrebatase á los míos, á los
que me proporcionahc1n el bienestar, para que yo fuese llevada, como
una semilla, al terreno que me destinaba la Providencia. l~ntonces
creí: mi alma se ensanchó y se ahondó; conoció los sufrimientos y se
llenó Je piedad.
Más aún: mi maho torpe, tomará la pluma para pedir socorro;
no para mí-que, á Dios gracias, no lo necesito, -sino para las otrils,
para, mis compañeras las maestras de escuela. Y escribiré este libro.

¿,Cómo llegué á maestra ele escuela·?
Fuí la hija única de un doctor de l\Iarsella, y de una mujer muy
cuidadosa del bien parecer ele la casa. Este bien parecer estaba asegurado por la fortuna que nos dejó mi abuelo. Pasaban los días en
medio del lujo y la tranquilidad. Sabía yo que era rica; pero quería
ignorar cuál es la magia de la dote. Em muy bien recibida en sociedad. Debía el éxito á mis ojazos azules, franjeados por la línea obscura de las pestañas; á mi talle redondo y fino; á la hermosa trenza
castaña cobriza que me caía sobre la espalda. Era feliz; siempre alegre, siempre haciendo ruido en casa.
Mas,
desde esa época, el fondo ele mi carácter era más bien si•
,J
.

lencioso y lleno de sensaciones «obscuramente luminosas». Por ejem
plo: me sentfa vagamente turbada siempre que ante mi dicha se Hlzaba una miseria ajena. Papá y mamá parecfan hacer de n;i dicha
todas las leyes del uniYerso. Jamás medité acerca de mi egoírn10 deamor; tocábnme sólo dejarme amar, y asi lo hacía.
Pn día la de~gracia cayó súbitamente sobre nosotros, como Rúlntamente se arnontonan las nubes en el cielo y se desata la tempestad.
He dicho que éramos ricos; mas esto no bastaba á un bnen pnclre que tenía locas ambiciones para mí y me quería rica entre las
ricas. Oyó hablar de una empresa de minas, se alucinó y arriesgó nlgunos fondos, que no tardaron en desaparecer; y tras de éstos .:iguieron otro!'. Luego mi padre se ,·ió }lOseído de nna especie de fiebre:
enloquecido, siguió arriesgando lo que le quetiaba, y no tardó en
arruinarse. Entonces se le declaró una enfermedad del coraz6n, antes.
anunciada vagamente. Le vi mortalmente enfermo y no supe la cnnsa, porque él, por un supremo pudor, por lo que llamaba «su culpa,,,
quiso que yo la ignorase. Cuando, al morir él, quedé como petrificada á la cabecera de su lecho, vi á mi madre que gritaba:
-¡Ha muerto porque estamos arrninados!
:No comprendí nada. ¿Qué significaba eso de "arruinadoR»? Sólo.
me laceraba las entrañas la muerte ele aquel ser queriJo. ¿l~ra posible que hubiese muerto?....... Veía, como en un suelio, su hermoso
rostro lívido y descompuesto, sus manos enclavijada~ en el pecho, y
un desfile de personas que acudían silenciosamente á la cámara mortuoria ........ .
No volvió á ser la misma la querida y alegre casa. Por todas partes
pe1iclían grandes corti nnjes. Mamá y yo, vestidas ele In to, pasá hamo~

Los periódicos refirieron el acC'idente mortal de mi madre, recordaron la muerte de mi patlre y dedicaron algunas frases discretas á la
hija que que&lt;laha huérfana y sin fortuna. Porque no se había olvidado la historia de la ruina ele mi pobre padre, y eso ba:;t6 para hacer
el vacío desde luego en derredor de mi recuerdo.
Sólo,dos amigos me quedaron: el Dr. Cairol ysuesposa, que me
llevaron a su casa desde el día de la desgracia. De nada me acuerdo,
hasta un momento en que me encontré junto á los dos ancianof. Fué una maüana; estaba yo acostada en una recámara elegante·
!~asta mi lecho llegaban ;ayos ?e sol. Mis ojos distinguían aquel!¿
sm comprenderlo. Loca, o med10 muerta, murmuraba frases sin sentido. A cada palabra movía lentamente la cabeza en las almohadas.
No tenía fiebre; pero sí algo como un aturdimiento y parece que de
ello llevaba ya algunos día!'.
'
A mi cabecera meditaba el Dr. Cairol. Era él q11ien había cuidado mis achaques de niña, para los que mi padre no se fiaba en su
propia ciencia. Ahora no tengo padre; y el viejo amigo no ha abandonado sn puest?. Mira ,:on ?esespe.ración á la huérfana que no quiere consuelo. Hamtentaclo mil reactivos y su mujer me ha arrnllado
como se hace con los pequeñitos que gimen; pero de mis labios seco~
no se aparta la queja. El doctor está perplejo ....... intentará un Cilti1~0 supremo medio'? Consulta á su mujer y eila pilidece al oírlo. Yac1la por algún tiempo. Por fin, me pulsa, sacude la cabeza y se resuelve.
Pide á su mujer que le ayude, pero ella se aleja y se niega..... .
. Después he recordado to~os esos detalles. En aquel instante, casi
e:i:,:tmto, .nada comp~·endo: nu cabeza se mueve lentamente y mis labios repiten su gemido loco; el doctor desliza su brazo bajo esa pobre
cabeza; habla:
-Escuche usted, hija mía, está usted enferwa y consiento en cuidarla; pero ¿dónde ponerla? Esta es la recámara de mi hijo. 'Usted
eabe, mi hijo Gastón, que acaba de casarse.
La~ p~labras me llegan como ele muy lejos; las oigo mal; el doc tor contmua:
-Escuche usted, María Teresa, es necesario salir de esta recámara para dejársela á mi hijo. Ahora ya no tiene usted casa!
Murmuro:
-Por qué?
--.P~rque es usted P?bre como los pobre.s de las calles. Su padre
l~ arrumo antes de morir. La he~1.os recog~do por compasión, pero
1esulta que nos molesta un poco, l11Ja mfa. Es neceisario que Jo comprenda usted y que tenga en~rgía para que pueda trabajar.
-:Basta! exclama ~uphcante la esposa del doctor, y nos dirige
una mll'ada cuya a11gustia acaba de curarme.
-P~rque .mi pensamiento apenas flota ya; debo sanar. Sentada,
con los OJOS bnllantes, con YOZ tranquila, interrogo:
, -¿Nada tengo ya, nada? Sabía que estaba arruinada, pero no
hacia caso de ello! Antes de la muerte de mamá nada había cambiado en la casa,. aunque ya,p~pá hubiese muerto ...... ¿Por qué?
Por las sumes del medico corrían gotas de sudor.
.
-~orque los acree~ore~ re.spe!aro1~ el luto de su mamá. Pero eso
no t;-rdo mucho, y l~ ~1sena v1i:i~ meYitablemente ...... Sí, la miseria,
Mana Te~esa! La evito su ex.qmsita madre. Pero ahora usted vive,
pob;e amiga mía; sabe usted que no somos ricos ...... su presencia
aqm .....
--Ba~ta ya! repite la señora, torciéndose las manos.
-DéJele usted, señora! El ~octor tiene razón. Es necesario que
me levante, que tome algún partido. ¿Dónde están mis ropas, sefio-

Domingo 4- de Enero de 1903.

ra? No las veo. Sírvase usted dármelas. Sin. duda t,fltedes no pnetlrn
tenerme siempre consigo. Estoy arruinada ...... Es una dicha que
mamá haya muerto.
Me desmayé ror la segunda vez en mi vida.
Cuando Yoll"Í en mí, el llanto surcaba la~ mejillas del doctor.
1\1i corazó:1 estalla en Follozos hienhechoref' . ..... Estoy !'al\'ada.
Ah! las súplicns del buen hombre! Lns exolicnciones &lt;le la .:eñora. Amb.~s están junto á mi lecho, con el rostro radiante ele ternura
y confus10n ....... .
-•-Era para curarla ...... Es usted altiva ...... Sólo eso podía sr.carla de aquel e~tado. No nos vuelva usted á hablar de ello. Nosotros
la querernos mucho, mucho!
Me abrazan, estrechan mis manos; son momentos indecibles dedolor y de afecto. Les &lt;levuelvo rns cariño~. les consuelo ...... Ahora
soy yo la fuerte y ellos los que están abatidos, porque no desisto demi propósito de partir.
-¿.Dónde iría usted, después de todo? pregunta colérico el doctor.
-¿,Dónde? Buscaré y encontraré...... Tengo dieciocho a Ji os, soy
instruída; mi deber es trabajar. Concédame algunos días para reflexionar, para buscar mi ruta.. .. ... .
-Algunos días! Ingrata!
Están aturdidos y vacilantes. Por fin, el doctor inclina su blanca cabeza.
-Tiene usted razón, es el deber. Que nuestro cariño no la estorbe ........ .
Salen ele la pie-za. 1Ie le,·anto, me baño el rostro en agua fre¡.:ca,
y cuando me veo al espejo, me asombro de la seriedad que habían
tomado mis rasgos .... .. hay en ellos algo mús de nohlrza; se ha calmado el temblor de mis labios; mis ojos brillan con fulgor tranquilo.
Nada de lo que busco se ha niostrado aún en mí; pero siento que estoy en la \'Ín. recta: el ambiente moral que respiro place á mi ~ano
pensamiento, que las mas abruptas cimas del deber no espantah.
l\Ie presento ni comedor. Mis amigos me rodean tle las mayores
ntencione~. Xn se habla una sílaba de lo que á todos nos prt&gt;ocupa.
En la noc-he siguie11te, con el codo apoyado en la almohada, paso
las horae soñando despierta. Lo dije ya: soy instruída y quiero trabajar; rero ¿.cómo? Soñaré en una casita modtstísima donde virn !'lula
sin ser una carga para nadie. ¿.Qué trabajo me ¡.ermitirá loararlo·?
me pongo á dnr leccionef:', ¿me bastarán para los gastos ir~dispensables·? Ignoro la totalidad de las exigencias de la vida pero tengo el
instinto de tantas necesicladEs, que me espantan.
'
En mi espíritu surge la Yisión de una institutriz que conozco.
No pue~o rec~rclar su nombre; pero lo~ detalles que se me agolpan,
cubren a e,;ta JO\'en fisonornfa de humildad y ele tristeza que me oprimen el corazón . Seguramente que esa muchacha de veinte nño;:: ha
de tPner alegría, ingenio, esperanzas! Pero nada asoma á su pá'lido
rostro .
. ~s el re~ejo rngo de la ~eñori ta mayor de la casa, y á los ojos de
la nma, .¡.:u d~~cípuln, .es un Juguete de la señora de la casa. ¿,Aceptaré una situac1on semeJante? En la sombra de la noche mi frente se
contrae ...... Xo! no! Nunca! ..... .
l\Iejor estar i-ola y libre! Construir una casita no sé dónde· reinar en ella. Dónde? Cómo? Jamás había oído hablnr de la vida de
la in~titutriz municipal ;mas he aquí que la casita de mi imaginación se
convierte en casa de escuela; hay una clase llena de niños· uua. recámara doncle me ~·etiro ?e~pués de mi trabajo; por todas pa'rtes flores,
ventanas de co1:rnas rusticas, que dan sobre un campo apacible ... . . .
Cosa extra!ia! A mí ll~gan los .perfumes de esa campiña! l\Ie
duer!no tranqu1!?11lf&gt;nte.. ~I1 pensam1~nto ha resbalado de la inquietud a la r;soluc1on clefin1tn-a, como si una fuerza mágica acabase de
llevarm~, a esa vía y_ ~firmarme ~n la dicha de ella. Sin esta previa.
persuas1on &lt;le la fel1c1dad. habna fatalidades.
Seré maestra de escuela!

Si

III
Al día siguiente doy cuenta de mi hallazgo. La señora de Cair?l .escu~l1a; el c!~ctor trata de disuadirme ...... He dado desde el princ1 pio m1 res~lu?10n final; por fin, el doctor aprueba, á medida que
desarrollo mis ideas de la víspera.
, -Uste,d institutriz en mi familia? Vamos! ..... .Ha tenido usted
r~zon •••·••No era e~o lo que se necesitaba . ..... ni dar lecciones en la
cmdad: es~o es peligroso. Allá en mi lugarejo, es distinto: el campo,
la verde_ hierba, el .canto de loR gallos, el balido de las ovejas ... ..
La senora, lo mismo que yo, mira al buen hombre que al fin no
puede contenerse: .
'
. -Con~·enido, nifia! Usted es muy instruída. Xo nos será difíCJl consegt~1rle en:ipleo en una población corta. Falta el diploma .... . .
gsted no tiene diploma; y, en verdad, á pesar de su ciencia necesita
ste1 ese papeh~cho. Así ee que permanecerá usted aquí. Sabe que
Gaston no _necesita de su rccá~ara, pues hace el viaje de bodas, que
du~ará meses. Por consecuencia, será usted nuestra hija, quiera óno
qmern, en tanto que consigue sus papeles. Magnífico!
Quedo estupefacta. El doctor se frota las manos. La señora encantada, me besa. Pero es cierto lo que dicen : tengo que perma~ecer
allí.
-Pero, amigos míos, ustedes no son ricos.
-Y~m~s, niña, hasta por hoy!
, ~fe _mclmo ante su decisión, llena el alma de gratitud. Desde el
d1~ s1gt~1ente entro en campaña. Quiero gastar lo menos posible r.
n:11s amigos; así e~ que no seguiré estudiando en mi antigua escuel/
srno en una gr~tu1ta, puesto que soy pobre y aspiro á emplearme e~
una escuela as1.

�Domingo 4 de Enero de 1903.

EL :MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO
M:e echo á buscar. Entro en la escuela que encuentro mfts_cerca.
-Aquí-me dicen- no es más que una escuela primaria. Usted
habla de diploma, y necesita dirigirse á una escuela superior, por
ejemplo la de la calle de Bergers .... .... .
l\Ie dirijo allí, pero mi estoicismo se detiene ante esa resoluci6n.
Un :fondo de orgullo en rebeli6n, uua altivez de mala ley que me decidía á mezclarme lo mehos posible con las niñas e.le la escuela. Fuí
introducida al despacho de la di rectora. Jamás olvidaré ese instante.
Mi voz vacil6:
-El diploma elemental, señora, y también el superior. Quisiera ambos en este acto. Podré alcanzarlos trabajando día y n-oche, si
es necesario. Quiero saber solamente si este establecimiento está á la
altura de tales estudios; si aquí se siguen todos los programas.
Que adivin6? ...... Sus ojos grandes me miraron.
-Quiere absolutamente concluir este año? Por qué no, si está
Usted resuelta á trabajar? Sí, la escuela está á la altura. . .. D6nde ha
hecho antes usted sus estudios?
Sentí un impulso rebelde; no quería recordar nada de mi pasado. Iba, no obstante, á responder; pero la directora me interrumpi6
con su voz dulce.
- En fin, no es necesario saberlo. Voy á inscribi r el nombre de
usted, y le quedarán abiertas las puertas de la escuela.
Acerc6 un gran libro de registro; buscó una página; luego, cor,
la pluma ya lista, alz6 h::i.cia mí su hermosa frente. l\Ie atemorizaba
tener que decirle mi nombre, que podía hacerle conocer mi historia.
En ese momento llamaron á la puerta' y e; ,tr6 una niña.
-Ah! mi pequeña Cecilia-dijo bondadosamente la directora,falt6 usted esta mañana; lo noté en la clase de aritmética .......... Por
qué?
Muy rubia, intimidada,no de mí, á quien ni siquiera había visto, sino probablemente de la directora, respondi6 la niña:
-Mi padre se hiri6 con una. herramienta al estar trabajando,
señora. :Mamá, para cuidarlo, dej61a ropa que debía entregar y que
no estaba acabada de lavar, y he tenido yo que terminarla.
-Es grave la herida de su papá, Cecilia?
-No,sbñora. Un día de reposo, según parece. Lo principal era
esa ropa.
-Bien, bien ...... Prncure usted ahora ponerse al corriente con su
clase.
- Lo haré, rnñora.
-Una palabra, Cecilia. Ruegue usted á la señorita Vernet que
venga un momento.-Ya la mandé llamar con una niña que ha de
haber olvidado el encargo.
Y, volviéndose á mí, iba á hablar, cuando llamaron de nuevo.
Era la Señorita Vernet,que se disculpaba de haber tardado.
-El profesor de dibujo me retenía, señora...... . .. .
-Bien, querida señorita. No es sino una palabra acerca de la
clase de geografía. Habrá que arreglarse de manera que las niñas
puedan estudiar de día ese libro. La mayoría de ellas tienen en casa muy poca luz, y los nombres de los mapas son tan finos que sus
ojos se fati~an pro~lto. Más 0rde hablaremos del asunto; por ahora
vea usted s1 es posible cambiar la hora de estudio.
Sonreía dulcemente para acompañar con su sonrisa la retirada
de la joven profesora. Y luego, volviéndose á mí, me dijo resueltamente:
-Señorita.
Yo debo de haber estado muy pálida. Refugiada en un extremo
de la pieza, había asistido á esas escenas. La colada de la niña Cecilia•
esos hogares entrevistos, en los que la luz no baetaba para alumbrar la~
páginas del atlas; esa bondad de la directora; esa tranquilidad en el
deber........ . Qué era aquella pobreza cuya revelaci6n, en lugar de
ocasionarme disgusto, me causaba una emoci6n extraña, una emoci6n
de asombro?
-Bien, señorita, es necesario decir su nombre; es un requisito.
Me agité para volver en mí.
-1laría Teresa Romane-murmuré.
-La hija del Dr. Romane, de quien han hablado los peri6dicos?
Sí-dije con brusquedad.
Ah !-exclam6 dejando la pluma. y viniendo hacia mí.-Pobre
pobrecilla! Cómo adiviné que sufría usted!
'
l\Ie hizo sentar, y quedó de pie, mientras yo me ocultaba con
las manos el rostro, inundado de lágrimas..... .. ..
.
-Llore usted. ... .... .Conozco su historia! un padre y una madre
muertos ambvs en tan poco tiempo.
A poy6 su mano en mi hombro.
-Y no es eso todo. Ha ve!1ido usted aquí tan pronto, porque
no tiene nada ni á nadie, ¿no es verdad?
Quiere usted sus diplomas para hacerse un porvenir? ¿Qué
porvenir?
-No tengo hogar, señora, y pediré un empleo al gobierno.
- D6nde, en una poblaci6n corta?
-Sí, seüora.
. Después h~ recordado que, en aquellos momentos, sus ojos se
pusieron sombnos, y su frente se contrajo al pronunciar las palabras
siguientes:
-Por qué no mejor ser institutriz en una familia?
Y después de una corta vacilaci6n:
- .... .. . .. O empleada. en un al macén, 6 en un puesto cualquiera
en el teléfono ó en el telégrafo!. ...... .. Por qué preferir la soledad de
un 1ugarejo?
.
-Así lo quiero-ineistí, s~jeta aún á la magia de la palabra ccsoledad, J&gt; que acababa de pronunciar la maestra. Así lo quiero!

Domingo -! t1c Enero de 1903.

Retir6 su mano de mi hombro. ·Ahora tengo la impresi6n de que
desde ese instante qued6 resuelto mi dP-stino. Su ade~án significaba
((La compadezco, pero adela.nte ...... debe de estar escr1to)).·:· ··
El rostro expresivo de la. directora, sus maneras delica.d.as,, su
bondad las escenas que había yo presencia.do, todo me conquisto.....
Hice a1;te ella reflexiones' acerca de mi es:.Udo de ánimo,
que no. ha.
bía hecho ante mis amigos los Cairol. La hab~é de m1 permanencia. e.n
casa del doc~r, de la posibilidad que me br~ndahan yar~ hacer mis
estudios en donde quisiera; pero que yo hab1a preferido 11" á una .escuela gratuita: Hasta. me atreví á decir que bendecía esa resol uc16n
que me había llevado á elfo..
. .
-Es usted complaciente, sefi.ora.. Los sufmmentos no la arredran; es que debe usted de h~ber visto tantos.
,
.
.
J\le miró como p1·eguntántlome lo que yo habia quendo decH, y
pareci6 haberlo comprendido luego.
-Sí,esa tarea de lavado, esa herida del padre de Cecilia, esa historia de las lámparas .. . ... todo eso asombra á usted sefi.orita ......... Lo
comprendo: ha vivido usted siempre tan lejos de las miserias!. ....... .
si usted supiera qué poemas hay en estas miserias! ....... .
8u rostto se había transfigura.do.
.
Después afiadi6, con sonrisa tranquila, en tanto que su voz vibraba aúu por el entusiasmo con que pronunciaba las palabras:
-Este pueblo, .sefi.orita, es el hermoso pueblo de Francia. Usted mer~ce pertenecer á él, puesto que ha venido á nosotros y quiere
trabajar valero.samente.
Se puso en pie. Salí de allí deslumbrada por no sé qué visiones
adivinadas. He leído en alguna. parte que las almas, aun aquí en la
tierra, antes de haber franqueado la muerte, que es una elevación,
suben algunas veces un grado en la escala misterio&lt;:1a del conocimiento.
Creo que yo acababa de subir un grado.
IV
Fueron horas únicas en mi vida. Ignoraba lo que es el pueblo:
le conocí y le admiré. Todo el Marsella obrero, pero que piensa. y
que no se cree inferior por ser pobre, envía allí á sus hijos. Belleza,
inteligencia, valor, deberes formidables y cumplidos con amor; trabajo admirablemente arreglado en la eseuela y seguido con fiebre noble y sana; el porvenir meditado con calma y aceptado de antemano
en todo lo que tendrá de riguroso: tal fué la impresi6n que me causaron las j6venes de la escuela.
Aceptaban su situaci6n en calma, aun con cierto gozo tranquilo
que prendía en sus hermosos ojos fulgores de juventud y de fe. Por
qué no haría yo lo mismo? Qué más era yo que ellas?
Oh! sus pesadas trenzas, sus talles esculturales de marsellesas
su tiute sonrosado, sus pupilas azules como el mar, 6 negras, de u~
negro aterciopelado. Y su lenguaje, á la vez entusiasta y puro! Y su
gusto por tudo lo que es poesía, arte!. .....
Adorables criaturas, tan modestas y tan llenas de perfecciones
cuyos ensueños todos se resumían en ese diploma que debería hace~
ros independientes de vuestras familias...... Sin duda que esa situación, tan soñada, se os aparecía con probabilidades .de dicha ..... . Yo
veía estremecerse la esperanza en la sonrisa de vuestros labios entreabiertos, cuando alguien relataba ante vosotras la historia de alumnas que os precedieron.
Armanda, la institutriz de los niños de una. gran familia en Rusia, y que s.e cas6 con.el intendente del castillo. Luisa, la s~bprofesora de un mternado importante, y que acababa de ser solicitada en
matritl]oni? por el profesor d~ historia. Rosa, la bella é inteligente
Rosa, a qmen había yo conocido y que iba á casarse con el hermano
de uno de sus discípulos. Seguían los detalles menudos: la casita de
Rusia, que Armanda había descrito en una carta· la instalaci6n de
Luisa en una babitaci6n modesta, que todos habí~n ido á visitar·
por fin, y sob1:e todo, Rosa: había pedido un puesto de institutriz e~
un pueb!o, y sólo esperaba su no.mbr~mien~o} para casarse; después
~archana al pueblo con su mando: el abrma un taller; ella trabaJaría. en la escuela.
Y al fin sucedió ........ ..
Lo supimos inmediatamente...... La carta pas6 de mano en mano. Las j6veues la leyeron conmovidas y soñadoras, y por sus frent~~ puras surcaron, como nubecillas, muchas esperanzas........ Tamb1en ellas serían felices. -¿Por qué no?
·'
-Te confieso que yo preferiría un profesor, un maestro de escuela c?mo yo, decía una4 cándida como si en su mano estuviese el
porvemr.
-En e~ecto, decía otrn, pero Ger6nimo es un excelente obrero.
. -No digo que no .. .... Y, además, se amaban mucho desde ha?e tiempo. l\Ias p3:ra nosot~as, que no pensamos en nadie, sería meJor UJ: profesor. M~ra: la misma cultura de espíritu, las mismas ideas,
las mismas ocupaciones, lo misma casita de escuela.
. L~s hermosos ojos de todas aprobaban en silencio, con esa ligera
d1l¡tta~6n de pupila en que parece que el alma, para entregarse al
ensueno, abre la ventana. y se pone de codos á ella. Y esos silencios
~dora?les se prolongaban y hacían asomar el carmíh á las mejillas
JUvemles.
(CONTINUARÁ.)

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EN MADRID EL 5 DEL CORRIENTE.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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