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EL

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,ANO X•••TOMO l..,,.NUM. 2

MUNDO ILUSTRADO
MIXICO, fNfRO II Df 1903.

Subscripción mensual foránea, $1,50
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estómago, la clorosis, la anemia y las convalecencias; este vino se r ecomienda á fas personas de edad, á fas mujeres, jóvenes y á los niños.

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No dejamos, pues, de r ecordar á
las víctimas de su est6mago recurra á las

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.tia Grinde lia R o bus t a .Ese Jarabe tiene

Ele1&lt;cesodetraha1omentalproduce
agotamiento
fuerzas y

i

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de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profeso r BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLE MENT y Cía.,
de Valence ( Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Un ión de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el " CLETEAS,"
Los dem ás son groseras y pelig rosas falsifica ciones.

ripida de I&amp;

LA LUCHA POR LA VIDA el
de
NEURASTENIA

Dirigirse al Apartado 123, Tehuacán, Pu~-

SAINT-RAPHAEL,

■uy

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Racahout de los Arabes Delangrenier
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DEL DR. TORREL, DE PARÍS.

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Lilfatiamo, Em6fnla, 846
Infartos de los Ganglios, etc.

Unica pre paración que evita la caída prematura del pelo, lo
aumenta, s uaviz t y hermosea, á la vez que le.cvmunica un aroma agradable.

EL USO DRL PBTROL DEL DR. TORRBL, DE PABIS.
evita la calvicie prematura, que tanto a fea y comunica al hombre el r e pulsivo aspecto d e un joven viejo y gastado.

Excmo. Sr. D. Práxtdts matto Sagasta,
Notable Político Español.

t

EN MADRID EL 5 DEL CORRIENTE.

�Domingo 11 de En-ero de' 1903.

tos Santos Reyes.

m

ELCHOR, Gaspar, Baltasar ......... .
reyes sin corona h eredada por generaciones nuevas, Eoberanos de &lt;1uién
sabe qué reinos cuyos faustos precisos no han
pasado á lns páginas de la hi!'toria, jE&gt;fes de
Estado anónimos y al propio tiempo eternos
••. .. . ¿os disteis cuenta, al sE&gt;guir los argentinos destellos de la le¡¡:endnria ('Strella que os
condujo á Betblfm, de que con eFa ¡iereg1inaci6n que efectuasteis por montes y por Yalles
y por desiertos ibais á conquiFünos hi imnorta)idad por los siglos de los sigloi,? ..... .
La caravana avanzaba lentamente. la estrella, alumbrando la ruta con las fulguraciones de su cauda enorme, marcaba el rumbo
de la verdad, hecha carne en los frágiles y
tiernos miem br..,cillos de un infnnte que ronreía en la pobreza de un-pesebre. Los más útiles y pacientes cuadrúpedos conducían á los
reyes, á sus séquitos y á las ofrendas que llevaban para el divino recién nacido. El camello,plácido símbolo de la fllstinencia, caminaba á paso tardo, dejando sobre las arenas del
desierto la recia huella de su planta; el elefante, venerable en su burguern contextura, avanzaba absorto en sus eternas y mistniorns meditaciones; el ágil potro númida, con su pezufia nerviosa, iba ganando gloria y renombre
para su regio amo.....
Cuando la estrella se detuvo y sus fulgores
bañaron el mif'E&gt;rableportal hajo cuya techumbre había venido al mundo el ef'perado Mesías, los reyes detuvieron el paso de sui-; caravanas y alabaron á Dios. Luego def:ce11dieron
del paciente camello, del elefante corpulento
y del inquieto corcel, y se postraron ante el
pesebre en que yacía el rey ele reyes ....
No estaba sol o. En torno suyo agrupábanee
los humildes, los pobres pastores de la comarca que antes que nadie reconocieron el poderío del niño Jesús y que fueron los primeros
en cantar sus alabanzai;,. Por eso Cristo, es ante todo, una deidad de los pobres y de los humildes; por eso Cristo, despojado de las pompas litúrgicas que los siglos han amontonado
sobre su carne de redención, fué el primer
hermano de los hombres y el primer proclamador del reinado de los humildee ..... .
La mula y el buey calentaban con su vaho
los delicados miembros del recifn nacido, y
para esta expresión de miseria que significaba
en la tierra el nacimiento de Jesús, cuentan
los sabios intérpretes ele lo nunca visto, que
en los cielos se efectuaba la gloria del Padre,
y que innúmeras legiones de coros angélicos
pregonaban en inefables cánticos la gloria del
Hijo.
Entonces llegaron los reyes y, olvidando sus
orgullos, sus pompas vanas, sus omnipotencias terrestres, cou toda humildad se inclinaron ante el pesebre y reconocieron el dominio
ilimitado del Hijo de Dios.
Después del homenaje de los humildes, fué
el homenaje de los poderosos. Cristo está sobre los más grandes de la tierra, y el símbolo
había menester tres reyes magos que, significando la grandeza de la tierra, se humillaron
ante lo sublime del espíritu.
Los tres reyes ofrendaron sus presentes y
luego, fortificados por sus santas intenciones,
volvieron á sus reinos, :¡,l paso tardo de sus
caravanas.
¿A qué reinos marcharon los reyes magos
Melchor, Gaspar y Baltasar?....... A todos los
reinos de la tierra; porque erns reyes fueron
un símbolo y el símbolo es ubicuo y perenne
por la fuerza de su gracia.

Tal dice la leyenda cristiana. Pero los hombres, que nunca están satisfechos de las sencilleces reveladas, han forjado otra leyenda en
torno de los reyes magos. Esta leyenda es permanente; como un fen6meno físico, se efectúa cada año, por la fecha en que se conmemora el homenaje de los tres reyes magos y
consiste en que, al decir de quién sabe qué

EL MUNDO ILUSTRAD0

EL MUNDO ILUSTRADO
poetas desconocidos y populares, los tres reyes magos, que han Eeguido viviendo en es•
píritu y que en espíritu vivirán basta la conS\1mación de los siglos, no pueden olvidar los
inefablfs gozos que experimentaron al agaioajar al divi,10 infante y, «eficazmente)&gt; secundados por todos los padres ele familia de todas
las generaciones, han resuelto agasajar anualmente á la infancia humana, para revivir
constantemente aquel placer inolvidable que
en Bethlem inundara sus almas.
¿Quién descubrió y di6 á conocerá los mortalrn E',e loable propósito de los tres ri&gt;yes magos? No es fácil p1eciEarlo; pero la. costumbre
es vieja y según parece se manifest6 primero
en Francia, tal vez porque atraídos los reyes
magos por la infinita variedad de compañeros
suyos que aquella tierra ha producido, quisieron en ella reanudar sus relaciones con la gente tramitoria. Despuée, el aguinaldo de los
reyes pas6 á todas las comarcas cristianas, y
á nuestra América ha venido algo tardíamente, como suelen venir tantas cosas á las regiones nueYas que a{m no han tenido mucha
oportunidad de vivir en la tradición y en el
parndo. l\1ae:, como la manifestación anual
que de su e:xistencia hacen los reyes magos es
poética, es hermorn y se yergue sobre el indestructible zócalo del amor á los niños, es
cla1 o que perdurará y que se ampliará cada
día mús.
¡_A qué niños protejen los reyes magos? A
todos los niños buenos y que teñgan zapatos.
La primera condición suele dispensarse por
influencias y perdones de los padres; la segunda no ~é diispensa casi nunca. Los reyes
mago,:, para obsequiar á los niños, exigen que
éstos pongan sus zapatitos en la chimenea 6
en cualquier11 otra parte. Pero si no hay zapatos, no hay juguetes........ á menos que la
caridad intervenga y proporcione los zapatos
y los juguetes.
Sin embargo, ningún evangelista afirma que
el niño .Je::ús baya tenido sandalias...... .

***
También los grandes han tomado como pretexto á los tres reyes magos, para regalarse.
El regalo de los grandes es una torta que esconde una haba; á todos les corresponde un
pedazo de torta, p ero s6lo á \mo de cada grupo corresponde el haba. Pero el feliz conquistador del haba, por el hecho de conquistarla, adquiere determinadas obligaciones que
forzosamente tend1á que cumplir. Por modo
y manera, que también la torta de reyes es un
símbolo: el símbolo de la lucha por la vida.
En •la vida, es más 6 menos fácil á todo el
mundo adquirir una rebanada de torta. Es
difí&lt;!il morirse, más difícil de lo que generalmente se cree. Pero la torta no basta; es preciso conquistar el haba, pues sólo de esta
suerte hay preponderancia sobre los demás y,
dígase lo que se quiera, la esencia del triunfo
es la preponderancia. En cambio, el que en la
vida triunfa se echa á cuestas un fardo de obligaciones, como el que obtiene el haba de la
torta se ve precisado á obsequiar á los otros.
Por desgracia, no todos cumplen en la vida
como suelen cumplir en la torta, porque siempre ha sido más fál)il dar un baile que hacer
un beneficio.
Hacer beneficios es arte eximio que no está
a.l alcance de manos villanas. Ya hemos visto que hasta á los santos reyes magos se les
puede reprochar algo en los beneficios que
procuran: esa exigen9ia del zapato...... .. ¿Cómo no disculpar las imperfecciones de los
simples mortales?
Cuando ha pasado la noche de reyes y la
~en~e menuda se ~egocija de los juguetes que
~l cielo le ha env1ado-(mandados fabricará
_&gt;arís ó á Berlín )-y la gente grande sueña ante las migajas de la torta, es fama que Melchor, Gaspar y Baltasar, arrellanados allá en
sus tronos del empíreo, mandan alzar una esquina de la gran cortina azul de los cielos y
asomándose á nuestra vida y mirando á la
gente menuda y á la gente grande se ríen se
ríen paternal y compasivamente..'....
'
¿Será cierto?
ÜSCARHERZ.

Don Práxtdes matto Sagasta.

S

A GASTA, el viE&gt;jo jefe del partido }ibera!
l'f']'añol, ha pngado el ineludible tributoá la naturaleza. La muerte lo sorprendi6
cuando parecía alejar$C á la vida privad;., después de una lucha de cincuenta años que fué
minando, poco á poco, sus energías.
:Mucho podría escribi rse acerca del notable
estadista español; pero contrayéndonos á los&lt;latos más isalientE-s &lt;le ou carrera ele hombre
púulico, encontramos que desde 1842 estuvoafiliado al partido pr0gresista de España. Al
eF.tallar en la península la guerra de 1854, en
la cual tom6 parte muy activa, fué nombradoPresidente de la Junta Revolucionaria, y poco después pas6 Ct l\fadri&lt;l como Diputa.do por
Zamorn. Siendf Comandante de las milicias
nacionales, cuando el Gral. O'Donell disoh·ió
las Cortes á cañonazos, Sagasta dió una eloC\1ente prueba de ·su valor •.r sangre fría, re cogiendo un casco de grnnada que cayó á sus
pies y que conservó para inspirnr:-:e y pronunciar un elocnente discurso !'Obre los acontecimientos de 1856, que aumentó su popularidad
y su prestigio.
A raíz d e eFtos sucesos emigró á Francia·
,
l
,
r
pero no tarel o en ,·o ver a su patria, y de acuerdo con sus partidarios, publicó un rnanifiestoá la Sación en 1863, anunciando su retraimiento en política. Dos años después se declar6 en foyor de la revolución; estuvo con el General Prim en Yillan,jo, y viéndose obligado
n uernmente á salir del territorio espaJiol, se
dirigi6 á Londres, para preparar, desde allá,
la sublevación de las fuerzas de artillería,
acuarteladas en San Gil. El infatigable luchador, con riesgo de,f'u vida, Yolvió ú .Madrid, y
en la madrugada del 22 ele junio de 66, hizo
que los cuerpos mencionados lanzaran el grito
de insurrección. Sagasta fué perseguido y
sentenciado á muerte_; r ero logró evadirse y
marchar ocultamente á Francia, donde lo esperaba el General Prim.
La enumeración de los sucesos en que tomó
parte el ilustre español, exigiría en nuestrnscolumnas un espacio ele que no disponemos.
Baste decir, por lo mirn10, que Sagasta contribuyó en gran manera á d erribará IRabel II
y que, establecido el nuevo orden de cosas'
fué, sucesivamente, encargado del gobierno ci~
vil, diputado á Cortes, y ministro ele Hacienda y Fo1:11en~o. Formó, por último, el partido co11st1tuc10mdi:3ta, llegando á la Presidencia del ::\Iinisterio; y á la sublevación de llartínez Campos, en Sagnnto, que proclamaba á
Alfonso XII, dejó el poder á Cúnovas del Castillo. El señor Saf!:asta volvió á ser Presidente
d el Consejo de 1881 á 83, de 1885 á 90, 1892
á 96, y á Ja muerte de Cánovas empuñ6 de
nuevo las riendas del gobierno. En diciembre
último, una crisis lo obligó á retirarse del Gabinete.

Sra. Dol ores F lores de Michel.

NUPCIAL.

@

templo de Lourdes se efectu6 el jueúltjmo el enlace canónico de la señ~nta Dolores Flores con el señor L1cenci_ado don Ignacio l\Iichel y Parra, siendo
padnnos de manos el señor Dr. :M anuel F lor es, padre de la desposada, y su esposa la señora Dolores Urrntia, y de velaci6n el señor
don Sinforiano Sisniega y laseñoraJosefaParra viuda de l\Iichel.
El mismo día, en Santa Brígida, celebraron
su enlace el señor Licenciado don Francisco
Fernández Castelló, hijo del señor Secretario
de Justicia é Instrucción Pública, y la. seíiori. ta Dolores Rubio y Obreg6n, sobrina del señor
Gobernador ele Guanajuato. Los señores Licenciados don Justino Fernández y don Joaquín Obregón González apadrinaron el matrinio acompañado8 de la señorita Ana Rubio y
de la señora Adela Fcrnández de 1Iorphy.
Tanto en Lourdes como en Santa. Brígida,
la. concurrencia fué de lo más distinguido, y
los novios recibieron de sus numerosas amistade~, entusiastas felicitaciones y valiosos obseqmos.

•

Sra. Dolores Rubio y Obregón cie Fernández

Domingo 11 de En.ero de 1903.

�· Domingo 11 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

ca P~st~ Bubónica ~n mazatlán
que se propone acudir en auxilio de los necesitados, arbitrándose recursos por subscripvez son más desconsoladoras las
ción popular, y traer del extranjero desinfecnoticias que se reciben de Mazatlán
tantes y suero antipestoso para distribuirlos.
con respecto á la peste bubónica. Un
gratis.
telegrama fechado el día 5, nos da cuenta de
Pot último, y para que nuestros lectores
que casi la mitad de la población ha emigratengan
una idea del pánico que reina en Mado, temerosa del terrible azote, rumbo á diszatlán, diremos que en un solo día se presentintos puntos del Interior, y de que durante
taron á pedir certificado médico 526 personas
las setenta y dos horas anteüores, el recrudeansiosas de abandonar la poblaci6n. En el campo, al pie de un árcimiento de la epidemia fué verdaderamente alarmante. Treinta y
bol, fué encontrado el cadáver de una joven atacada de la peste, que
cuatro atacados por la peste murieron en ese período, y los que han
iba huyendo por temor de ser descubierta en su casa y aislada por oringresado al lazareto de Belvedere, últimamente, se encuentran en
den de las autoridades.
estado de suma gravedad.
Por todas partes, agrega el telegrama referido, hay cuarentenas establecidas.
Por informes posteriores se supo en México que en algunos ranLos $20,000 que envió el Gobierno Federal á la Junta de Sanidad
chos poco distantes de l\fazatlán se habían observado ya, casos de pesp&lt;tra que atienda á las necesidades más ur~entes del puerto, relaciote bubónica y que en
nadas con la asistencia
la Ensenada de Todos.
de los atacados y la
Santos, había tamextinción de la epidebién aparecido la epimia, se emplearán en
demia. En cuanto á
la construcción de balo primero, no está ofirracas y lazaretos procialmente confirmada
visionales, y en la limla noticia, y i)Or lo quepia de los caños del de
hace á lo segundo, si
sagüe,que se considera
bien se prer,entaron cade la mayor im portansos
de la terrible enfercia. El Sr. Gobernamedad, en la E nsena•
dor de Sinaloa, por su
da, el mal no llegó á
parte,ha ofrecido conspropagarse ni á reveitruir una barraca en
tir
el recrudecimientoBelvedere y otra en la
que se suponía.;;::)~
calle de Benito JuáComo una medida
rez, para aislar á las
encaminada á que: nopersonas que hayan
llegue !a epidemia á
1::stado en contacto con
invadir otros puertos,
los enfermos; poniense
ha ordenado quedo, además, veintilos buques que salgan
cin co policías y doce
de l\Iazatlán no to•
agentes especialmenquen sino en puertos.
te encargados de redodonde haya delegado
blar la vigilancia que
sanitario y útiles para
ejerce la Junta, para
la desinfección. Esto,
impedir la ocultación
indudablemente, conde los pestosos,' en q-ce
tribuirá á calmar el pátan empefiada está la
nico que se ha despergente pobre.
Bahía de Mazatlán.
tado en diversos punComo era de supotos de la costa del Panerse, la presencia de
cífico y á que los esla peste en el puerto,
fuerzos
que han despleha traído consigo el
gado las autoridadesalza de los artículos de
para contener el avanprimera necesidad, y
ce del mal sean más.
la miseria de las clases
fructuosos.
desheredadas. Algunas familias pobres á
quienes en beneficio
El orgullo de la cien·
de1la mayoría, se les
cia es humilde, com
han quemado sus haparado con el de la
bitaciones, atraviesan
ignorancia. -HERBERT
en estos momentos por
SPENCER.
una situación dificilísima.
La risa no es á meAfortunadamente, se
nudo en las mujeres
ha constituído, consino el pudor de las
vocada por los prinlágrimas .--EDUARDO•
cipales comerciantes,
Barrio del Astillero, donde más estragos causa la Peste.
PAILLERON.
una Junta de Caridad,

fl ADA

l:J

:Ps.z
Otro barrio invadido por la Peste.
,

. VIOLETA.
VIOLETA .

.

�Domingo 11 de Enero de 1903.

"EL MUNDO !LUSTRADO

EL l\fUXDO ILUSTR.\"'.JO

Domi,ngo 11 ele EneTo ele 1903.

Nunca levanta el vuelo
en pos del sol que con su luz calcina;
jamás batió sus alas
desafiando, atrevida,
las torvas tempestades
qne lÓs troncos desgajan y derriban ..... .
. Tú no puedes saber cómo es mi Musa;
-crisálida muy tímidase asusta con el rayo;
los profundos abismos la intimidan,
las tormentas del cielo
le hacen ple,gar las alas conmovida
la mucha luz la ciega,
'
y teme al grito de la mar bravía ....
Sabe que no has de hallarla
revolando en alturas infinitas:
la verás en los campos,
absorta ante las suaves lejanías.
De los lagos tranquilos
estará en I as orillas,
mirando en los cristales
movibles de la linfa,
cómo se desvanece
poco á poco tras la alta serranía,
él último destello
de la tarde que expira
la última oleada de o;o
con que el cielo se pinta
cuando el sol moribundo
se sumerge á lo lejos con el día .. . .
:b:n los bellos jardines
esmaltados de flores peregrinas,
no la busques: dirige
hacia el parque tu vista:
¿no la ves? .... anda errante
por aquellas sombrías
alamedas de sauces,
por aquellas oscuras avenidas
donde el viento solloza
sus tristes elegías .. . .
allá va .... é,qué la lleva?
¿_qué busca entre la arena removida?
No preguntes, muy quedo
voy á decírtelo, mas .... no te rías ....
anda cavando tumbas,
con mano compasiva,
para. las hojas muertas,
ptu•a las tt·istes hojas amarillas
que los vientos de otoño
arrastran, despiadados, en sus iras ....
Ya lo ves: ella busca
las opacas neblinas,

labra rota: «Amor,i, al mismo tiempo que exclamaba por lo bajo: ¡Pobre Arturo!
Entonces reconstruy6 en su memoria la escena de la noche pasada; él, sofocado, tierno é
i mpaeiente, le repiti6 en aquel día una vez
más la palabra amor. Pero ¿no sabía ella lo
que era? No. Y riendo le pidió un lápiz para
apuntar la palabra y buscar al día siguiente
su significado.
-¡Pobre Arturo! dijo, y un bostezo largo, le
separ6 los labios rojos.
El gato jugaba con el pie breve de la joven,

DAMAS MEX ICANAS.-Sr itas. Jcsef i na A r m ería, C lem entina Arteaga, Emma M eana, María Refug io Azco, A ngela ~rteaga, María Azco.
Carmen García y D elfina Azco.-De Ag uascalient es.
Fot. A. Cháv.,.~.

AMOR?
L piano abierto, mudo
y fatigado. Retrátanse
en el fondo negro las flamas de las velas moribundas-ojos parpadeantes, prontos á dormirse.
Las sillas en desorden;
m grupo unas, otras aisladas ; hay una frente
.
á otra, conversando con
la mirada-pareja ele enamorados. Sobre ellas mueren
unas flores olvidadas que no tuvieron la fortuna de pertenecerá
una hermosa; entonces algún galán las habría pedido para guar•
darlas.
Infortunadas flores; cuando la mano cruel
1as arranc6 de su tallo, cuando el verdugo cort6 despiadado sus venas, y, exangües, lanzando sus últimos dolorosos suspiros, las llevó á
aqtJ.ella fiesta, ellas abrigaron una última es•
l)eranza-- la esperanza del qne muere, de no
sufrir en el último instante de vida--de mor ir en el pecho de alguna mujer que las acari.ciase en sus momentos postreros, que en un

.
r

beso recibiera el único resto de perfume que
abrigara su coroÍa, y ......... ¡nada! morían solaf:l, marchitas inútilmente, envejecidas prematuramente, caldeadas por una atmósfera
'Viciada, asfixiadas entre el prosllico calor humano y el vulgar humo del tabaco.'
Sobre un sillón, un pobre pequeño abanico
ele papel pintado duerme en la postura en que
l'ay6, semiabierto, soñando con la declaración
que á su través oyó la dueña, dueña ingrata
.que lo ha olvidado en pago á su discreción.

Por encima ele unas rosas, en un hueco blanco del papel, hay trazadas femenilmente unas
letras: «amor», y después un signo de interrogaci6n.
Sobre las consolas y mesas hay copas ol vidadas y un pañuelito manchado de vino.
En l a. alfombra, contrastan las florei- tristes,
pisoteadas, decoloradas, con las flores siempre completas á pesar de las pisadas, y de polen siempre dorado.
De trecho en trecho brillan algunas «horquillasii y alfileres desprendidos de los tocados.
En los candela.~ros las bujías lanzan los ultimos suspiros de luz, y allá abajo, el gallo
grita tenazmente su canción monor rítmica.
El sol se burla de los que velaron é ilumina.
groseramPnte las caras ·de los últimos bailadores que se alejan &lt;le prisa, abrigándose contra
el frío para las carnes, y contra las risas para
la cara descompuesta por el placer.
En la recámara contigua á In sala, el robusto gato blanco de ojos casi azules, ojos más de
mujer que de gato, despert6, y tras el indispensable arqueo del ancho lomo, -saltó fuera
de la cama, en donde, por falta de su compañera, había dormido solo esa noche.
Sali6 á la sala y subi6 al sofá; retoz6 un
momento con el tigre del almohadón de raso.
Luego descendió y fué á afilar las garras
contra el taburete del piano. Se alejó; de paso
hizo presa en un listón negro abandonado, y
tras una silenciosa carrera fué á caer sobre el
sillón,en el cual el abanico,semi-abierto,como
había caído, mostraba por enci ma de unas rosas, en un hueco blanco del papel, unas letras trazadas femenilmente: &lt;&lt;Amor,» y después el signo ele interrogación.
Creyó oportuno hacer moscardones de aquellas letras, como antes había hecho ratón de
la cinta negra, y empezó 1iu fingido ataque en
recuerdo de los verdaderos,en los cuales tanto
gozaba criminalmente.
Se replegaba contra el brazo del sillón y
acechaba, fija. la vista en los plomizos cara-::teres; después daba en derredor de la presa, cautelosamente, algunos pasos cortos y sin ruido,
y caía de un salto, como si Yiniera de muy
lejos, sobre el abanico; todo para volver la espalda á los moscardones, ya harto maltratados, dejarlos caminar dificultosament., unos
pasitos, y vol ver á. hincarles la garra.
Se descolgaba del sillón; tendido en la alfombra, vuelto el vientre hacia arriba, dirigía
manazos al asiento de bejuco; se levantaba;
fingía que, olvidado ya de su pieza ele caza,
se alejc1ba, culebreando la cola, y repentinamente se volvía y recomenzaba el ataque.

El abanico sufría ajaduras nuevas á cada
acometida.
Por fin le pareció fatigosa la caza de los
plomizos moscardones, y se lanzó velozmenmente sobre ellos para, darles el último zarpazo, el que hacía saltar del cuerpo de sus prisioneros roedores el aperitivo chorrillo de &lt;;angre.
Prendió con furia fingida las uñas al pobre
abanico, y desgarró el papel en la parte mis-

mientras ella trataba, por mera curiosidad, de
recomponer la palabra rota por el felino.
Al fin, dej6 caer perezosamente el abanico·
se inclinó para recoger al gato, y acariciándo~
lo mientras sonreía á las travesuras del animalillo y repetía casi cantando: «Pobre.Arturo, pobre Arturo,» entró en la alcoba para reparar las horas de la prolongada vigilia.
Acurrucó al gato ladino en la cama, y sonriendo y tarareando el último vals oído en
aquella madrugada, de pie, ante el espejo
dejó caer en espesa lluvia negra sobre los re~
dondos hombros los lustrosos hilos de la undosa cabellera.
GUY D' AUDIFFRED.

PORCJIDJI.
[PARA MI LIBRO DE VERSOS «LUCIÉRNAGAS.&gt;]

ma en que los caracteres trazados femenilmente, decían «Amor,i, con un signo de interroga.,.
ci6n al final.
Algo apareció bajo el abanico, algo que llamó la atenci6n del felino; entoncE:s el cazador
espió; era algo rojo, como la sangre que teñía
apetitosamente los cuerpos de los roedoros cazados: ¿sería sangre? ..... .
Era un clavel rojo que aplastaba á un pensamiento negro, sombrío, triste ........ Quiw el
gato separar la mano de la ilusoria presa, y no
pudo; había introducido por el agujero toda
la mano y no podía sacarla; asustado realmente ó también en broma, echó á correr haciendo ruido sobre las consolas, hasta ir á
caer sobre el piano. Al pasar rápidamente sobre el teclado, arrancó notas que hicieron una
música extraña.
La joven, que daba la despedida á los últimos convidados, llegó corriendo y se echó a
reír fuertemente, llamando: «Mamá, mamá,
ven á ver el gato, y después: bichito, bichito,
Yen, ven.»
Y con cariño quit6 clti la mano del gato el
abanico de papel pintado.
El felino, cuando se sintió libre del estorbo,
se relami6 la mano con satisfacción y estor·
nudó.
:,a joven, que no cesaba de reír, revisaba el
abanico, y por curiosidad recomponía la pa-

No busques en mis versos
las frescas rosas y las siemprevivas
con que orlan los poetas
sus melodiosas liras.
No has de ballar en sus rAdes
topacios ni amatistas,
ni los bellos colores
que lanzan las facetas de los prismas.
Preso, no está en sus mallas
lo que deslumbra y brilla..
No hallarás en su fondo
esas radiosas tintas
que inundan todo el cielo
en pleno mediodía ..... .
Tú no p~edes saber cómo es mi musa.
De muy le¡os venida,
busca los tintes suaves,
arna I as cosas id as,
lo que entre el pol vo yace amortajado,
lo que se esconde en la pared derruída. ....
Tú no puedes saber. cómo es mi Musa..
No arriesga su barquilla
por los altivos mares:
desde la. playa mira
cómo al besar el cielo
á la extensión mal'ina,
se forma en lontananza
una azulada línea,
y cómo van rodando
las olas al impulso de la brisa.
Ya lo ves, no conoces ámi Musa.
Jamás ha osado ni escalar la cima
de las altas montañas
para ver desde arriba
cuál á sus pies se extienden
el bosque espeso y la gentil campiña
ni trepar por las rocas
'
que al abismo se inclinan,
para cazar el águila
que duerme entre las peñas escondida.

E

L primero de mano pr6ximo tomará posesión de su cargo, como Gobernador Constitucional de Jafüco, el Sr. Coronel D. Mi.
guel Ahumada, jefe en
la actualidad del Poder Ejecutivo de Chihuahua.
Las elecciones que
lo han llamf.do á la
Primera "i\fagistratura
de Jalisco, se verificaron el 28 de diciembre
último, y el voto en
favor del candidato
fué unánime. El Sr.
Ahumada estuvo en
Lagos ei día de la elección y fué objeto, durante sn permanencia
en esa ciudad, de entui;iastas demostraciones
de adhesión y de cariño. En Guadalajara,
población que visit6
después, sus amigos y
partidarios organizaron, asimismo, algunas manifestaciones en
honor del futuro gobernante.
Como Insaculados á
la administraci6n del
Sr. Ahumada, figurarán los Sres. he. l\fa.nuel Gómez y Luna,
Dr. Juan R. Za va.la y
Cor~mel Carlos Villegas, entre quienes, con.
forme á la C&lt;&gt;nstituci6n particular del Estado, elegirá la Legislatura al que debe
substituir al Gobernador en sus faltas absolutas 6 temporales.

la sombra de las cosas,
ó las cosas sin vida ....
Por eso aquí cn mis versos
no has de balla1· Jo que brilla:
que mi Musa no ha osado
engarzar deslumbrantes pedrerías!
¡Oh poetas! ¡oh bardos
que al cruzar por la vida,
vais dejando una estela
de sonoras y gratas a1•rnonías,
¡dajad para mis cantos
las notas indecisas
que en el pedal Jel eco
se quedaron dormidas!
¡Dejadme lo incoloro,
lo que apenas se mira,
lo que se desvanece
y presto en lontananza se disipa.
Dejad que a-quí en mis cantos,
con ternm·a infinita,
yo les diga en voz baja
á las mal'iposillas
sin alas, que los vientos
azotan : «¡pobrecitas!
venid! que son mis versos
urna de todas las tristezas mías ..
-sabed que nunca en ellos
guardo yo mi alegríavenid ! que son el nido
en que tengo escondidas
muchas cosas ya muertas,
y okas ¡ay! que agonizan .... l&gt;
¡Oh poetas sublimes
que pulsáis vuestra lira
corno di vinos magos,
con sin igual maestría:
¡cortad frescas guirnaldas
de rosas, y laurel y siempreviva,
y después que con ellas
coronéis vuestras frentes pensativas,
y después que embriagados
recojáis su perfume con delicia
para vaciarlo luego
en la copa del verso, cristalina,
¡dejad que yo recoja
de la floral orgía,
los pétalos caídos
y las flores holladas y marchitas! ..... .
MARIA ENRIQ:rJETA.

Tanto la elección del Sr. Coronel Ahumada
como la de !os Insaculados han sido recibidas
con aplausos por los'jalicienses.

SR. CO R ON EL M I GUEL A HUMA DA.

�Domingo 11 de Enero de 1903.

€

RA una mufieca preciosa. ¡Como que
se la había mandado á la futura marquesita de X, el día que tomó su primera comunión, su padrino el príncipe de"""*! ...
IJn príncipe ruso auténtico, quiero decir
con dinero, á quien después de haber pasado
en Biarritz su acostumbrada temporada veranie¡ta, tan próspera por cierto en las lides del
juego como en las de la galantería, se le ocu-

rrió venir ccá Yer Españan
y se detuvo cerca' de
";f ,
un año en la corte, donde bien pronto conquistó el campeonato de los salones por su figura arrogante y sus actos principescos, entre
101?-cuales no fué el paclrinazgo de la futura
marquesita ni el menos ostentoso ni e~ menos
comentado .. ... .
Cuando Rosita, que así se )Jamaba ésta,
cumplió con el precepto pascual, apresuróse á
manifestárselo á su padrino en cariñosa carta,
cuyo sobre costóle á la pobre reclamar el auxilio de la institutriíl, y hasta el de sus papás y
el del capellán de la casa, para que le ayudasen á distribuir todas las ccka:1» y las «efes)) correspondientes á un príncipe ruso; y aun así
y todo, resultó equivocado.
Lo cual no fué obstáculo para. que llegase á
su destino y recibiese como contestación la pequefia comunicante una muñeca digna de la
esplendidez y de la categoría del mandatario.
Era, según asegurab¡i, la tapa del estuche,
un modelo de los premiados en la última Exposición de París; un prodigio de juguetería
mecánica que cerraba los ojos, que lloraba, y
que reía, y decía «papá» y «mamá» y oha porción de cosas; que tenía, en fin, hasta un resorte para andar sola, llevímdola de la mano;
una verdadera nifia á la que no le faltaba más
que elalma ..... .
Casi tan alta como Rosita, de pelo rubio y
d~ ojos azules como ella, hasta en las facciones tenía cierta semejanza, por lo cual más
parecía su hermana que su muñeca.
En el palacio &lt;le la marquesa de X vino á
llenar el vacío de ccMimi», la hermanita de
Rosá, muerta recientemente, cuyo nombre y
-vestidos heredó, lo mismo que la cunita en
-que aquélla volara al cielo, y su asiento en la
mesa y en el carruaje, y la atención de todos,
incluso de los criados, algunos de los cuales
renegaban de ella vor «lo que daba que hacer»,
y hasta le tenían tirria.
Entre éstos figuraba, en primer término, el
lacayo, quien siempre que la subía al carruaje, tenía la mala suerte de oprimirla el resorte
del llanto, lo cual le costaba sendos regaños,

EL MUNDO ILUSTRA DO

pues el llanto mccúnico de la muñeca recordaba á los marqueses el de «su Mimii,, que lloraba también, indefectiblemente, en tales ocasionei::.
-Pero Juan, Je decía la marquesa, ¡cuidado que es usted brusco con las criaturas!
Y el buen Juan subía al rescante y Re consolaba con el cochero, á quien tampoco era
muy simpático el juguete.

con el rabillo del ojo hacia adentro y murmuraba: «¡Tú morirás 6 mis manos!i,
Pero Jo que más acrecentaba el odio de
Juan hacia la muñeca, era el ridículo que por
ella corría en todos los paseos.
Apenas se apeaban los señores en el Retiro
ó en la Castellana, le hacían llevarla de la mano como llevaba á la pobre «Mimi», que tampoco le era muy simpática por lo rabiosa y
antoja&lt;liza, y los chiquillos y las niñeras, y
hasta Ja¡¡ graves amas de cría, tan pronto se
apercibían del engaño, comenzaban á hacerle
burla y á decirle chirigotas ultrajantes para su
dignidarl de lacayo de easa grande.
Ya era célebre en el Retiro, donde ~e esperaban para diverlirRe como á los gigantones de
su tierra, y esto le ponía fuera de tino.
¡Cu{rnuis veceR apretaba frenético de ira la
mano de la muñeca, pretendiendo pulverizarla los huesos! Y como en ellas tenía, precisamente, el resorte del llanto, comenzaba á llorar con tal perfección, que el mismo Juan se
gozaba de su martirio creyéndole verdadero.
- Juan, no ser 1 bruto, le decía Rosita, que
la ha.ces daño.
Y la marquesa, por una extraña adaptación
psicológica, también se ponía hecha una furia y lanzaba sobre él todo el poderío de su
,eñorial estirpe. ¡Maldita muñeca! ¡Va á ser
mi perdición I murmuraba Juan para eu librea.

***

-¡Mira qué llamar criatura á ese trastajo!
murmuraba Juan. El mejor día le estrello
contra las piedras.
-Ten cuidado, le contestaba el cochero,
porque bien puede s'.lr que los tribunalrs de
justicia le consideren como tal, y vas á presidio por «infanticidia».
-¿A prisidio por una mufieca?
- Por m:1.tar á otras mu:ñecas con la c&lt;1.beza
y el corazón tan huecos como los de ésa, hay
muchos hombres perdidos para toda su vida.
Y Juan cerraba colérico los puños, miral,a

1

EL MUNDO ILUSTRADO

Aquel día se celebraba el santo de ccMimi,» y
como es natural, era la reina de la fiesta la
muñeca.
Los marqueses, buscando en esta mecánica
suplantación un consuelo, derramaban sobre
ella todas las graci::is de su paternal cariño,
hasta el punto de excitar la envidia de Rosita,
que ya participaba un poco de la mal!i. voluntad que el juguete causaba á la servidumbre.
Porque la primera doncella eRtaba hllrta de

rizarle los bucles, y el ayuda de cámara de
lustrarle los za patitos, y la segunda doncella
de repasarle los calcetines, que los rompía en
fuerza de andar como una persona, y especialmente el del pie izquierdo, y el mozo de comedor estaba harto de sentarla á la mesa y de
hacer que la servía, siempre que á Rosita ó á
los marqueses se les antojaba, porque también
se les antojaba á los marqueseP, sobre todo de
aquellos plato&amp; que más gustaban á la pobre
«Mimji,; y al ama que crió á ésta se la llevaban los demonios, porque veía en la suplantaci6n de la muñeca una profanación intolerable.
Y acaso estaba en lo cierto.
Ello es que se celebraba banquete familiar
en honor &lt;le la muñeca, y que los marqueses
llevaron su ridículo consuelo hasta vestirla de
primera comunión, porque aquel día la hubiese tomado ccMimi» si viviera, y á comprarle la cama grande que á ésta le habían prometido para dicha fecha, lo cual ya llegó á
colmar la envidia de Rosita, que hizo poco
menos que cuestión de confianza, después de
comer, la de acostarse eu ella.
Tal se puso, que la propia marquesa la
acompañó á la alcoba de la muñeca ó sea
la que C&lt;Mimi» ocupara en vida, y la dejó en
la cama nueva y reluciente, dándole un par
tle be3os y prometiendo coro prarle otra. igual
para acabar de contentarla.
Cuando la doncella subió para ccacostar á los
niños,1, frase con que se presentaba todas las
noches, la marquesa la ordenó que se retirara
porque ya estaban en la cama.

"

Ya era media noche, y todavía duraba abajo, en la cocina, la reunión de los criados, á
--q nieoes había llegado parte del familiar bauquete.
Juan había bebido un poco más de lo
111ucho que acostumbraba y estaba delicioso.
-Esta noche mato á la muñeca- exclamó
blandiendo el hacha de la cocina, con que se
partía la leña.
La idea fué recibida con · una salva de
.aplausos, prueba inequívoca de las pocas simvatías con que contaba el juguete.
En aquel momento ofrecía la cocina de los
marqueses de X el pintoresco cuadro de la
«Conjura» de ccHugonotes».
Hasta el ama de cría de «Mimi» blandía su
•cuchillo, pidiendo venganza ...
-¡Buen estreno de cama va á tener! -rugió Juan, desapareciendo con el hacha de la
cocina.
Los demás criados se quedaron mudos é
inmóviles, como deben ele qut:Llarse los cómplices de un crimen mientras éste se perpetra.
Al poco rato regresaba Juan, tambaleándo-se y con el semblante inundado de estúpida
alegría.
- Bebamos, compañeros - balbuceó llenando su vaso. -- Le he metido un hachazo
-en la cabeza, que de fijo le he hecho añicos
todos los resortes.
-Sangre! Sangrel-exclamó el cochero fijándose en el hacha.
Todos se sobrecogi.eron espantados.
-No hagáis caso- replicó Juan apurando
~u copa.- Hasta eangre tenía dentro? Lo que
inventan estos C&lt;franchutes!i,

'!,

A la mañana siguiente, una pareja de la
guardia civil se llevabaá Juan á la cárcel.
-Ya clecia yo que la muñeca iba á ser .mi
perdición!- ~e mía el lacayo con los ojos arrasados en lágrimas.
-Cuando yo te a~eguraba- repuso el co~~ero- que hay muchos hombrns en presi&lt;lto por matar á una muñeca!
EL SASTRE DEL CAMPILLO,

EXPOSICION

FABRE~

LADRONA.

Domingo 11 de En-ero de Ul01.

�EL ~1UNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Enero de 1903.

El'.; :MUNDO ILUS'l'RADO

toncurso

para Edificios
Escolarts.

l

1·
~ -:¡

.

.

-

...

cretaría de Justicia é Irnitrucci6n pública. la
que á su vez los aprobó, indicando á su autor
algunas ligeras modificaciones de detalle.
Ambas Secretarías comisionaron al señor
arquitecto Mariscal para que procediera á hacer los dibujos de ejecución. E: señor Mariscal los ha terminado, y próximamente comenzará á dirigir la construcción de los edificios
mencionados.
Damos en esta plann las
fotografias de los cuatro
proyertos á que antes nos
referimos.

~~

7j ~
.
.
r
11
. . . ,. . . ...~~..,,...~- ---_- --

MINI ATURAS

1

l-

"GUADALUPE."
El domingo pasado fué puesto en escena
por la compaí?-ía del Teat~o !-Ii~lalgo el dra?1a
escrito por el Joven autor Jalisciense Marcelmo
Dávalos con el nombrede «Guadalupe.»
La obra ha sido objeto de elogios y censu. ras, pues mientras unos ven en ella un trabaio defectuoso en la forma y en el fondo, otros·

R. :M. RUBIO.

Escuela de niñas.

En septiembre del año de 1901,la Secretaría
de Comunicaciones y Obras Públicas invit6
á ocho arquitectos mexicanos á entrará un
concurso para la composici6n de edificios destinados á escuelas primarias, sujetándose á
un conjunto de bases pedag6gicas y arquitectónicas estudiadas previamente por una comisi6n técnica nombrada por el Supremo Gobierno, á fin de tener edificios modelos de todas las condiciones apetecibles en la presente
época, para la enseñanza de la juventud, de
los que se carecía en absoluto, pues las escuelas se han establecido en casas de alquiler en
las que se hacinaban niños en las peores condiciones higiénicas.
A cada arquitecto se encomendó la composición de cuatro edificios, y se procuró que
los terrenos en los que se debía
proyectar, fuesen también es-

D E COLORES.
Ilu!&lt;ión color de cielo
Que &lt;le mi alma á la puerta
Has detenido tu vuelo,
Entra, para ti está abierta,
llusión color de cielo.
Esperanza blanca, blanca,
Que desde tan lejos vienes,

nistas contemporáneos estén en contradicci6n.
Di()'o esto porque quizá habrá quien juzgue
"' la narración
'
falsn.
que se l eera' en ~egu!'d a, 1a
cüal tradujo un sabio sacerdote, _m1 amigo, de
un pergamino hallado ~n Palestma, y en el
que el caso estaba escnto en caracteres de la
lengua de Caldea.

***
Salomé, la perla del palacio de Herodes,
después de un paso lascivo, en el festín famoso donde bailó una danza al modo romano,
con música de harpas y crótalos, llenó de entusiasmo, de regocijo, &lt;le locura, al gran rey
y á la soberbia concurrencia. Un mai:cebo
principal arrojó á los pies de la serpentma y
fascinadora mujer una guirnalda de rosas frescas. Cayo Meni po, magistrado obeso, borracho y glotón, alzó su copa dorada y cincelada,
llena &lt;le vino, y la apuró de un solo sorbo.
Era una explosión de asombro y de alegría.
Entonces fné cuando el monarca concedió á
Salomé en premio de su triunfo, y á su ruego, la c~beza de Juan el Bautista. Y Jehová
soltó un relámpago de su cólera divina.
,
Una tradición asegura que la muerte de Salomé acaeció en un lago helado, donde los
hielos le cortaron el cuello.
No fué así, fué de esta manera:

***

Sr. Lic. Marce lino Dávalos .

Escuela de n iño::.

::;¡

geno. Para hacer que tal pexsona ejecute tal
acto, es suficiente hacerle
concebir tal opinión.
-La recompensa de haber
hecho un bien,
es el deseo de
hacer más. - DEMOGE0T.

*
La civilización
no ha de consistir en conocer las leyes de
la naturaleza y
violar las de la
justicia. ESTEBAN LAMY.

Escuela de niñas.

t udiados por otros concurrentes, y así obtener vari'os proyectos de distintos autores pa•
ra cada localidad.
En enero se reuni6 el jurado calificador para examinar los proyectos pre'!entados, y fué
compuesto por los señores arquitectos Don
Antonio Rivas l\Iercado, Don Ramón Ibarrola
y Don Guillermo de Heredia, ·el señor Ingeniero Don Isidro Díaz Lombardo como representante de la Secreta!i'a de Hacienda, y el
seño'l: Dr. Don Luis E. Rufa como director
general, entonces,.. de ~a in~trucción primaria.
.
·
Después de un laborioso estudio, acord6 por
unanímida&lt;l se premiase en primer término
los cuatro proyectos del señor arquitecto Don
Nicolás Mariscal.
Los proyectos premiados pasaron á lá Se- -

Tu esplendorosa veste Cte jacinto
puso en el bosque su temblor de aurora,.
y fuistes, oh mi virgen soñadora!,
¡Sacerdotisa del misterio exti,,tol. ....
Fuimos por el boscoso laberinto
unidos por los labios, á la hora
del amor, y tu veste de jacinto
nos envol\'iÓ con su temblor de aurora.
¡Y llegas tes á mí. corno una aurora!
¡Sacerdotisa del misterio extinto! ....
i Del infinito amor era la hora!. ...
¡Y tu e¡;p]énd ida vefite d e jacinto
Nos envolvió con su temblor de auroral..

Para teñir de rojo los
bue.sos de uu animal vivo
no s.e necesita arrancárselos violentamente¡ hasta
alimentar al animal con
ciertas sustancias coloradas, como la rubia. Para
elevar un aerostato, no es
preciso echarlo hacia arriba por medio de
un cable¡ basta
llenarlo de hidró-

••
l 11

*
La vii tud, como el cuervo, anida gustosa
en las ruinas. -ANATOLIO FRANCE. ·

Domingo 11 de EMro de 19Q3.

BOBI):fJL

Pasa, la entrada está franca.
¿Por qué, por qué te detienes
Esperanza blanca, blanca?
Ensueño color de rosa
Que mil besos has dejado
Sobre mi frente ardorosa,
No te apartes de mi lado,
Ensueño color de rosa.
Amor-crepúsculo rojo
De mis tardes estivalesMi alma descorrió el cerrrojo;
Dale de tu luz raudales,
Amor-crepúsculo rojo.
Nube negra, nube negra
Que anuncias la tempestad
Si mi corazón se alegra,
'
No tiendas tu obscuridad
En mi cielo, nube negra.

la consideran como una producción digna de
a plauso y abundante en pasajes y galas que le
dan importancia y la embellecen.
.
El sefior Dávalos, que ya en otra ocasi6n
&lt;lió pruebas de talento ofreciendo al público,
como primicias, su drama« El Ultimo Cuadro,"
fué ovacion ado durante la representación y
recibió algunas felicitaciones.

PALIMPSESTOS.
LA

MUERTE DE SALOMÉ

La historia á veces no está. en lo cierto. La
leyenda, en ocasiones, es v.erdadera, y las hadas mismas confiesan, en sus intimidades con
algunos poetas, que mucho hay .falseado en
todo lo q!le se refiere á l\lah, á Titania, á Brocelianda, á las sobrenaturales y avasalladoras
beldades. En cuanto á las cosas y sucesos de
antiguos tiempos, acontece que dos ó más ero-

· Después que hubo pasado el festín, sintió
cansancio la princesa encantadora y cruel. Dirigióse á sn al coba donde estaba su lecho, un
gran lecho de marfil, que sostenían sobre sus
lomos cuatro leones de p lata. Dos negras de
Etiopía, jóvenes y risueñas, le desciñeron su
ropaje, y, toda desnuda, saltó Salomé al lugar
del reposo y quedó, blanca y mágicamente
esplendorosa, sobre una tela de púrpura, que
hacfa resaltar la cándida v rosada a rmonía de
sus formas.
·
Sonriente, y mientras sentía un blando soplo de fiabeles, contemplaba, no lejos de ella,
la cabeza pálida ele Juan, que en un plato áureo estaba colocada sobre un trípode. De pronto, sufriendo extraña sofocacifo,, ordenó que
se le quitaran las ajorcas y brazaletes de los
tobillo;; y de los brazos. Fué obed~cida. Llevaba al cuello, {t guisa &lt;le collar, una serpiente de oro, símbolo del tiempo, y cuyos ojos
eran dos rubíes sangrientos y brillantes, Era
su joya fayorita, regalo de un pr~tor, que la
había adquirido de un artífice romano.
Al querérsela arrancar, experimentó Salomé un súbito terror; la víbora se agitaba, co?1º si estuviera vfra, sobre la piel, y, á cada
rnstante apretaba más y más su fino anillo
construído de escamas de metal. Las esclavas
espantadas, inmóviles, semejaban estatuas d~
· piedra. Repentinamente lanzaron ur. grito: la
cabeza trágica de Salomé, la regia danzarina
rodó del lecho hasta los pies del t rípode, don:

Obstsión.
Y Benjamín, el escultor, me dijo:
«No, no tocaré más estos cinceles,
Porque una idea. un pensamiento fijo,
Persigui éndome va con dudas crueles.»
«He visto á mi adorada en el instante
De abandonar el baño presurosa,
Luciendo la blancura deslumbrante
Del frágil cuerpo en desnudez gloriosa;"
,,y desde entonces ¡ay! en honda cuita.
Se pregunta mi mente obsesio!iada,
Si la carne es un mármol que palpita,
O si el mármol es carne congelada!»

Plañidtro.
No sé qué bella melancolía
Tiene la tarde con sus nublados¡
Menuda lluvia p.or los tejados
Baja entonando triste alEgría.
El viento silba y entre los prados
Gotitas cuelga la 11 ·: via fría .... ,
No sé qué· bella melancolía
Tiene la tarde con sus nublados.
Besan mi rostro soplos helados,

Y contemplando morir el día,
Recuerdo dichas, goces pasados,

Y siente mi alma con los nublados
No sé qué bella melancolía.
LUIS CASTILW.

Cog ida de "Segurita" en la Plaza México.
Fot . lnst. de "El Imparcial."

ta música.
·Dulce como la voz de la Serpiente,
Se eleva. entre el follaje rumoroso
De la Gama, y el beso voluptuoso
Despierta y la acaricia delincuente.

Iris &lt;le vivos colores
Que presagias la bonanza,
Luce siempre en mis- amores,
En mi sueño y mi esperanza
Iris de vi vos colores.
'
l\IARÍA. C.

de estaba, triste y lívida, la del precursor de
Jesús· y al lado del cuerpo, desnudo, en el
lecho 'de marfil, sobre la púrpura, qued'o enroscada la serpiente de oro.
RUBÉN DARÍ0.

Los restirados nervios, suavemente
Excita con su ritmovagaroso,
Y gime femen!! como el lloroso
Oboe cristalino de la fuente.

DE KATTENGELL.

t

Arrnlla en las cadencias sugestivas
El reclamo sensual de las lascivas
Tórtolas de cabezas tomasoles,

Y escucha sus murmullos el oído
Vagos y misteriosos, como el ruido'
Del mar en los rosados caracoles.
EFREN REBOLLEDO.
Escuela d€ niiios.
E L A RT E C RI ST IAN O E N MEXl ,:;O.-Altar mayor del temp lo de T axco (Gue.)

�Domingo 11 de Enero d~ 1903.
AN vuelto ya, con la primavera, las hermosas fresas rojas¡ aparecían primero tímidamente en los pequeño¡; tiestos, recostadas sobre las verdes hojas; pero hoy llegan,
apretadas las unas contra
las otras¡ en las canastillas de los vendedores nos aguardan, á nosotros los rimadores,
más ricos de alejandrinos que de monedas de
oro, á aquellos que ¡,refieren las sonrisas de
las muj~ffes á todos los
billetes del Banco de
Francia.

11

Yo iba á cumplirlos
dieciocho años; mRs
corno había crecido de
manera tan rápida, fuí
enviado al campo, á la
casa de mi tía Micaela, que contaba pocos
años más que yo. Hermosa y mucho era mí
tía, y de ello me di
cuenta en el momento¡
mas como se encontrara casada con un
hermano de mi madre,
no osaba yo ni siquiera
mir11rla de frente. y me
hubiera dejado hacer aí11cos antes-que confesar la delicia que experimentaba al contemplar sus pequeños dientes blancos, su sonrisa,
que profundizaba los hoyuelos de sus mejillas;
sus ojos obfcuros y aterciopelados, y,sobre todo, sus labios, labios apetitosos, rojos, inci
tantes como las fresas ~ ue bordaban las extensas avenidas.
Cuando digo que los labios de mi tía Micae-

la eran rojos como las fresas de su jardín, no
hago más que servirme de una metáfora, pues
que apenas las fresas asomaban á flor de tierra, pálidas y friolentas aún, cuando nosotros
íbamos, sin faltar un solo día, á tomar nota
de su desarrollo, sin que hubiese habido todavía manera de cortar una sola. Sin embargo, Dios sabe cuánto deseaba yo ofrecer una á
mi tía l\Iicaela.

EL MUNDO ILUSTRADO

Huía el invierno; la primavera asomaba
_ya, exhalando su amoroso aliento, hac\endo
asomar los retoños en los árboles, cubiertos
aún de ese moho que prece&lt;le á la verdura, y
los caracoles, también ellos, toma han parte en
los preparati vos, dejando grandes surcos de
plata en las avenidas, húmedas todavía del
hielo y de las lloviznas.

***

Una mañana una radiosa mañana, había yo

aban&lt;lonado el lecho desde el alba; el sol era
ardiente como en el mes de junio; en ~l polvo
luminoso, los dorados insectos revoloteabart
zumbando inc~antemente; en los troncos estallaban los renuevos; el amhiente hallábase
impregnado del perfume de la tierra, próxima á dar á luz sus maravillosas concepciones;
el cielo, de un azul pálido, dejaba ver, á través de los árboles, ligeras brumas que seme•
jaban los pliegues de un velo de
desposada.
Mi corazón palpitaba fuertemente, cual si hubiera hallado
ocasión de contemplar un raro espectáculo, y permanecía yo inmóvil. absorto en una deliciosa contemplación.
De pronto, mis ojos se abrieron cuan grandes eran, y apenas
pude contener un grito de alegrín:
acabaha de descubrir en medio
de los sembrados una gran fresa
completamente madura, que resplandecía como un rubí entre el
follaje.
-Qué felicidad! -exclamé,)' cuán ale-gre se va á poner mi
tía Micaelal
En aquel momenio escuché,no
lejos de mí, una voz que cantaba
una vieja canción de amor; la
voz era límpida y brillante, y al
sitio &lt;le donde partía encaminérrie al pnnto.
En aquel sitio un riachuelo
deslizábase tranquilamente¡ el
sol fingía mil ondas de plata
¡:;obre sus cristale&gt;&lt;; Ít la orilla
un sauce humedecía sus ramas
adormecidas, y bajo él, mi tía
Micaela cantaba, sumergien&lt;lo los
pies desnudos en el arroyuelo.
Sus medias y sus pequeñas zapatillas &lt;lescansaban sobre la yerba húmeda; estaba vestida con
un peinador verde pálido, y cantaba distraída, siguiendo el movimiento del agua, que semejaba pugnar por llevarse consigo
aquellos maravillosos pie~ blanco¡:;.
-Tía!-exclamé lleno de gozo,-tía, una fresa madura!
-Muy bien; ven á dármela-contestó ella
riendo.
Y como yo permaneciera indeciso, añadió:
-Cógela con los dientes, bobo, y levántate el pantalón.
Seguí el consejo, atravesé el arroyuelo, llegvé cerca de ella, y adelantando mis labios,
la ofrecí el fruto recién cortado.
Ella reía aún, mirándome con sus hermo-

Domingo 11 de Enero de 1903.

EL .MUNDO I LUSTRADO

sos ojos color de avellana; yo veía aquellns
largas pestnñas, aquellos rizos obscuros esparci&lt;lus sobre su frente, sus mejillas te1 sa,,
y sobre todo, ~.us dos labios rojos, entre los
c~iales brillaban los dientes como húmedas
perlae.
Tomó delicadamente la fresa de rni boca,
con el delicioso gesto de una cabra que ramonea en el prado, y entonces nuestros labios seencontraron, permaneciendo unidos no sé
cu:into tiempo ........ .
Algunos gritos de
llamada resonaron no
lejos de nof:otros; era el
marido &lt;le Micaela, el
mismo hermano de mi
madre, que llamaba
á su esposa.
Como nos hallábamos ocultos por _una
revuelta del camrno,
me dijo ella t:11 voz baja, ríípidamente.
-Calla¡ es preciso
que no nos enc·uentre.
Me precipité en pos
de mi tía, que había.
corrido á . ponerse lns
medias rápidamente;
pero como lo hizo con
demasiado apresuramiento, una de las medias desgarróse; entonces, impaciente, calzada á medias y siempre
seguida por su sobrino, que había perdido la
cabeza, huyó hacia una barraca destinada á
encerrar los útiles de jardinería.
Empuj6 la puerta. y penetró. volviéndose
hacía mí y dejándome ver sus mejillas encendidas y sus ojos, en los que brillaba. un fulg01·
extraño. .Tan bella y provocativa.estaba, que
me detuve en el dintel, tendiendo á. ella mis
brazos. ·
-Cierra en seguida-díjome en voz baja;aquí nadie podrá encontrarnos.
Pero, de pronto, pasó por mi cabeza y pormi corazón una cosa extraña: oía yo á lo lejos una amable voz que pronunciaba mi nombre; un s,mtimiento de horror conmovió todo
mi ser, y, como un buen muchacho que era
yo, huí i,in vol ver el rostro y fuí á encerrarme tn mi cuarto, en donde me puse á llorar
copiosamente.
He aqui por qué, hoy que he envejecido,
la llegada de las fresas hace palpitar acelerndamente mi corazón; he aquí por qué las.
amo cuando aparecen en las plantaciones,
recostadas sobre el verde follaje, y, más tarde,
en las cmmstillas de los vende&lt;lores. Y las.
compro ce.ando llegan hasta mí, yo, un rimador más rico de ah•janclrinos que de monedas.
de oro, y que prefiere la sonrii,a de una mujer i. todos los billetes del Banco ele Francia.
JUANA 1'H1LDA.

mmonartos tbinos en mé~tco.
Hace algunos días se encuentran de pa!'-O•
en la Capital dos acaudalados capitalistas chinos que, como jefes de una Compañía domiciliada en Hongkong, se 1,roponen establecer·
un ~ervicio directo &lt;le vapores entre el puerto
referido y las costas mexicanas del Pacífico.
Eng Hok Tong, Presidente de la Empresa,)"
~ung, Kam 'Ming, Vicepresidente, han recogido a este respecto importantes dat~s relatiYos al comercio y la industria del paí~,
y pronto establecerán el servicio de navegación mencionado. Según parece, los capitalil-'tas tratan, también, de organizar una compañía para la inmigración.
Es muy probable que el puerto escogido como terminal del servicio de vapores sea el &lt;le
l\1anzanillo, pues aparte ele que las 'obras queactualmente se llevan ácabo 011 él favorecerán
grandemente el tráfico, no está re~oto el día
en que su comunicación con los mercados del
interior sea uh hecho, debido á la rapidez:
con que el Central mexicano prolonga sus Jí-.
neas. rumbo á la costa

-Crees que hago también el
amor á las rosas?
-Vaya! yá cuantas flores rn
usted; yo creo que toda~ nacen
blancas, pero usted es qmen pone
ú la mayor parte de ellas ...... de
mil colores.
-Celosilla!
-Celosa yo?
-Entonces no me amas.
-Que no le amo á usted? Ingrato! Para qué habré pedido á la,
Aurora que me trajera esta mañana las más hermosas perlas deOriente, sino para engalanarme y
aparecer más bella á los ojos de
usted? Para qué habré pedido á la
lluvia de anoche que llenara. ese
hoyito de líquido criRtal, sino para ver en tal espejillo si mi hermosura era digna del amor del
Sol?
-Y para qué pides al Céfiro
que apart6 constantemente tu
brillante corola de mis labios, sino para probarme que es falRo
tu cariño?
-Todas las cosas cread.as le
aman á usted, oh Sol!
-Pero una más que todas .....
- Cuá1?
-LaXieve.
-La Nieve enamorada del sol?
Ella, que es la misma frialdad!
·-Sí, la Nieve, que es la primera en «derretirse» por mí.

ESPADA HISTÓRICA.
Publicamos hoy · un grabado
que repr~enta la espada que como un ol'&gt;Requio del primer Ministro de Inglaterra en México,
Mr. Ríchard, recibió D. Guadalupe Victoria, Primer Presidente ele
la República.
La espada, que conserva en su
poder el Sr. Francisco ·de Garay
y J ustiniani, es una primorosa
obra de arte.

LAS ENAMORADAS DEL SOL.

g

N rayo de sol deslizóse como una culebra de luz
entre las verdes frondas del
parque y fué á acariciar la coro-·
la de una Azucena, en cuyos
blancos pétalos brillaba aún la pedrería del rocío.
-Buenos días, hermosa- dijo el rayo, intentando depositar
un áureo beso en el seno inmacula&lt;lo de la flor.
-No Eca usted loco- exclamó ésta-, haciéndose vivamente
á un lado y tratando de esquivar
el beso, con ayuda del Cefirillo
que está siempre alerta y dispues~
to á volar en defensa de las virtudes atropelladas.
-Loco porque te amo?
-Porque así no se dan los buenos días á las flores honradas, y
ya debe usted saber que á mí me han tomado
por símbolo de la pureza.
-Perdona, hija¡ no pude resistirá los impulsos del amor que me abrasa.
---Pues está
muy mal hecho ... oh! vaya!
muy mal hecho! Que besara usted así á
esas locas de
Campanillas azules, que se dejan cortejar por
cuan to bicho
viviente anda
por esos trigos
de Dios, santo
y bueno; pero
atreverse á una flor delicada y pura como
yo!. ..... Ah! por qué no habré nacido rosa?

Leung

Kam Ming.-Eng Hok Tong.

-Rosa?
-Sí; porque mis pétalos de nieve no pueden encenderse jamás á los besos del Sol, como las rosas; y m,a flor que recibe tales:cari0

CASIMIRO PRIETO.

El poeta oye los susurros de la semilla q;e
trabaja debajo ele la tierra; el filósofo oye los.
de la germinación de las ideas en el pueblo. A.

GREARD.

*

**
La gratitud
es:
como aquel licor
de Oriente que
sólo se conserva
en jarros de oro;.
perfuma las almas grandes y
se agria en las.
pequeñas. ....._ JuLIO SANDEAU.

*

Espada de D. Guadalu¡::e Victoria.

cias sin ruborizarse, da una idea muy mala de
su pudor é inocencia.

*
La *desgracia
puede debilitar
.
la confianza, pero no debe quebrantar la convicción. CARLos-·
DE REMUSAT.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADn

Domingo 11 de Enero de 1903.

Domingo 11 de Enero de 1903.

e

LA INSTITUTRIZ.
Novela por Ester de Suze.-llustración de Simont.
Traducció n de ··Et Mundo llu5 trado•·

(CoNTINÚA, )

V
Llegó la época de los exáme11es, y después mis comparíeras empezaron (\ marcharse una tras otra, á medida que llegaban sus noffibramientos. Sólo el mío tardaba, á pesar de los esfuerzos del Sr.
Cairol.
Entonces los días me parecían larguísimos. El dolor r.ausado por
la muerte de mis padres, había acabado por calm::i,rse un ,poco; y de
ya no llorar ni desear-porque nad3: deseaba!-m~ c~razon. se cansaba de vivir. Habría yo deseado morir, como por mstmto cierra uno
los ojos cuando está en medio de las tiniebla~. , .
.
.
Este deseo me asaltaba por las noches, sm lagnmas, sm sufrimientos. Mi cerebro pensaba, pensaba. como. a~tes del sue~o; des-pués en lugar de sueño me venia un entorpec1m1ento extra.no. ....... .
A él'me abandonaba, y habría deseado morir... .. .
.
Sin embargo, durante el día estaba Y? tranqmla_y reco~raba m1
actividad siguiendo d6cilmente los conseJOS de la senora Ca1rol, que
me iniciaba en los secretos de la vida doméstica y me enseñaba algo
de cocina, de costura, y me daba consejos útiles I?ara mil y mil ca~os.
Era yo bastante hábil, excepto en costura. Un día, la señora Cauol
me dijo:
-Bah! Usted es mujer ya, y el arte de la costura le vendrá por
sí solo.
· h b.
·d
Estas palabras me hicieron estremecer, como s1 u 1esen s1 o un
resplandor de vida que viniera á disipar mis enfermizas tristezas de
antes. Era yo mujer! Es decir, capaz de llegar-~ ser esposa, madre;
aguardar algo, por fh~ .. .... Ah!, un bogar, un h1Jo, un esposo.. .... toda una vida que surgiera de m1, rorleáh&lt;lome de amor, a mí que me
creía ligada s6lo á dos sepulcros ..... Ah! el momento en que eso sucediera en que un ser humilde, pero noble, viniese á tom:\rme de la
mano á decirme: &lt;&lt;Heme aquí. Yo soy el que te estaba destinado ti&gt; .••
.. .... ¿Aceptaría yo? ¿La huérfana de la víspera se atrevería. á despojarse del luto, para lanzarse entre gasas blancas y flores,. hacia el porvenir? ¿O tendría yo el valor~ de rehusar? ¿!&gt;-e:1so la vida no es tan
imperio~a como la muerte? No se puede res1st1r á la muerte cuando

y

llama; ¿se podría resistir á la corriente, cuando pasa el torbellino de
la vida?
Y esa corriente, ese deslizamiento en el río de la vida, debe de se1
inefablemente bueno, puesto que en la naturale~a nada hay detestable. Y sonreía, inundada de ensueños y de lágrimas dulces, al abrazar por úitima vez las tumbas de mis amados padres ......... al fin había llegado mi nombramiento. Iba yo á partir y estaba bien arm1i.da.
de valor; bendecía á mis muertos queri&lt;los, les pedía perd6n por mis
vacilaciones de la víspera......... Sí, por fin aceptaba la vida, y ahora estaba convencida de que la vida me sería buena.
En ese momento, el crepúsculo caía suavemente sobre las tumbas erizadas de cruces. Me pareció que papá y mamá me tomaban de
la mano y me impulsaban sua\·emente, y me levanté, como siguiendo sus sombras, que murmuraron ú mi oído:
-Ve, amada nuestra; no ha llegado la hora de que vengas á
quedar entre estas tumbas. Ye, juiciosa y confiada, y vive...... IIas
acertado: la vida es tan imperiosa como la muerte!. .. . ..
Y salí de allí. Y en los momentos de la partida., tuve más energía que mis buenos amigos, que parecían agobiados. Cuando me arrodillé para bendecirlos en el dintel de su hospitalaria casa, vinieron á
levantarme y me miraron al fondo de los ojos. Mi rostro debe de haber estado radiante.
-Tiene usted algo, :María Teresa. ¿Es una tristeza? ¿Es una esperanza? ¿Qué es, niña?
Era el deseo de vivir una vida juiciosa y sencilla, pero ((plena» ...
Era la. confianza de que esa plenitud, ~iendo una deuda para conmigo, me sería otorgada.

El cielo densamente nublado; copos de nieve caían sin prisa,
seguros de seguir cayendo durante muchos días aún, sobre esa región
inclemente. A la derecha., saliendo de la estaci6n, la ciudad, que se
adivinaba pequeña, y sin embargo, amplia, silenciosa como una catedral, en esa hora. de bruma y de nieve. A la izquierda, un camino
que se diría muy corto, limitado por la. masa de las abruptas monta-

fias que le cerraran el paso; y que, no obstante, corre y se prolonga co ·
mo un laberinto entre esas montañas: tal se me present6 Embrún, la
an tigua ciudad de los arzobispos.
Era una tarde de los comienzos de enero; apenas habían dado las
seis, y ya era de 11oche. Mi nombra.miento era para Chavoux, que
está Í\ media hora de la ciuda,l. Habría podido llegar hasta allí en
ferrocarril· pero por equivocaci6n me bajé del tren una estaci6n
antes. No'habfa que pensar en aguardar por cinco 6 seis horas la llegada de otro tren; tampoco había coche ú 6mnibus en que hacer el
camino.
-¿Ye usted este camino? me dijo el jefe de estaci6n. Pu~s no
hay más que seguirlo: va á Chavoux; pero está largo, sobre touo en
este tiempo ...... A menos que encuentre usted una carreta que la lleve ...... En fin, no sé qué consejo darla.
En efecto, el buen hombre parecía estar perplejo.
Los empleados que pasaban, alzaban su linterna para verme el
rostro, sin miramiento alguno.
-La nueva institutriz de Chavoux? Respondí afirm'\tivamente,
y todos me mostraron cierto respeto vulgar. Por fin, alguien me dijo:
-Trate usted de comenzar el camino. Quizá encuentre usted
u na carreta.
:Xo vacilé ya. ~Ii corazón e,-taba oprimido ante tamaña indiferencia. Salí de la estaci(m, para estar sola, para sentir la brisa ........ .
Oh! ese camino! no ~é cúmo devoré una parte de él. No me detuve
hasta llegar á un pequeño puente bajo el cual dormía un riachuelo
congelado. Y me puse de codos sobre el pasamano y me eché (i llorar...... .
Me sentía mal ; mis piernas se negaban á sostenerme. Con l o 11
últimos copos de nieve, e~casos ya, se había desatado un frío seco,
sin ruido, sin la palpitación de ninguna rMag¡i.; un frío hecho de silencio y &lt;le espacio vacío como mi alma. Lloré. Oh mis locas esperanzas ele una hora de lo,)ura! Qué sola, qué abandonada estaba! ¿A
dónde iba yo·? ¿.Qué habría al término del camino'? ¿Quién me recibiría. allí? ¿Qué país era é,;e, de hielo y de tinieblas, que no tenía ni
una sola dulzura para la pobre institutriz venida de tan lejos para
traer á las niñas su cerebro y su corazón?
¡Qué soledad! Jí~n la estación na&lt;lie había tenido para mí· una
sonrisa; nadie se había ofrecido ú buscarme una carreta que me llevase á mi destino! Se me había deja&lt;lo sin compasi6n marchar por
ese camino frío y negro, entre las espantosas escabrosidades de las
montañas .... .... .
Y, salida de esa preocupación, pensé de nuevo en seguir mi marcha y alcé el rostro para mirar esas montañas que me causaban miedo ...... Y quedé maravillada y hube de retroceder algunos pasos,
para abarcar todo el panorama que aparecía ante mis ojos..... Era el
paisaje feérico de los Alpes, cubiertos de nieve, en una noche estrellada. En el cielo, casi enteramente despejado, brillaban rnillareR,
millones de astros. 1Ie sentía encantada por la limpidez de la nieve
á la luz sideral; por la majestad de las montañas bajo el prodigio de
esa nieve, en la que las aristas bruscas, dei:;nudas por el escurrimiento de la nieYe, resaltaban de trecho en trecho. No eran montañas;
eran reyes de armiño, silencioso~, contemplando sus:dominios, 4ue se
extendían á sus pies.
A ?lis pies se extendía la. campiña, como la gigantesca página
de un hbro, hecha de blancuras apacibles y de negruras rebeldes. Se
erguían en ella las rnmas sin hojas, todo el ejército de un bosque en
lucha con las tempestades recientes· las ramas torcidas)' tan secas
, .d
,
'
tan ng1 as, que no habían conservado un solo copo de nieve.
, La.temp~stad había pasado y, entre la nieve, las ramas perman~cian ~nmov1les. Aquello era hermosísimo. )li a.liento, al salir de
mis labios, se convertía en un va.por visible y tenue, como el humillo de un pebetero. l\Ii corazón se tranquilizó. La luna acababa de sali~ y a~cendía lentamente al infinito, encima de un campanario prendido entre la nieve. Y mi alma se elevó también á las altmas.
, Continué mi camino, como sostenida por nuevos impulsos. No
habian dado las once, cuando llegué á la hostería de la aldea, que
reposaba:"
VII
Al día siguiente muy temprano, bajé de mi recámara hasta la
puerta de la hostería.
. Una c_alle larga, .limitada por casuchas bajas, como acurrucadas
baJo los teJados; mugidos de vacaR; puertas cha.parras, entrecubiertas, de donde salían emanaciones de estercolero· el piar de las aves
de corral, que caúlinaban á sal titos entre los sur~os de nieve· en los
pu~nt~R, uno que otro campesino, ron traje grueso, me mü'.aba con
cunos1da.d ...A~í se me present6 la. aldea, dulce como una imagen-como un merl.10 para alcanzar la dicha, y no como un fin-incapaz de
respo~der &lt;:~n un ~olo, latido á la simpatía que yo pudiese mostrarle.
.
Una. chicuela alma una barrera, llamaba á las gallinas y les arroJaba pufiados ,de grano.
Poco mús leJ·os ' saltaba un chorro de la bo,
ca d e un d ragon a una fuente tosca de piedra, en torno de la cual, un
grupo de muchachos murmuraban y me veían de reojo.
En el fondo, las montañas que la vfapera me habían maravillado, me cautivaban aún, blancas de nieve coronadas de nubes en actitud de guardias colosos, protectores del 'nido, que era la alde~.
Aquí era donde iba ro :í. viYir. ¿Por qué no había de ser dichosa? ¿Qué era lo que me faltaba, que mis ojos buscaban en los ojos de

los muchachos, en el hueco de las puertas que se entreabrí:u1, 6 entre
los pliegues de las montañas?.... .. Todo lo que me rodeaba e,ra hermoso y bueno y tranquilo y puro. Así pensaba yo; pero haurrn querido ~lgo más que pensarlo: ()e~irlo! A quit:n'? Esos muchachos, a~n
cuando llegasen á serm.e familiares, me compre1,~;rfan?. Los aman~
si ellos sabían consegmrlo; pero ¿acaso habría umon poinble entre mi
alma y la de ellos?
"Pas6 un hombre ebrio, y unas mujeres le dirigieron bromas de
un lado á otro de la calle. Yo le miré. Lleg6 junto á mí, se detuvo,
me miró con los ojos soñolientoi;:, se pui-o la mano en el coraz6n ~• me
contó, con voz pastosa, que era yo hermosa y que me amaba. Después siguió su camino, tropezando ú. cada paso. Yo también estu\"e á
punto de caer, desconcertada por la vergüenza. El ebrio se alejó ..... .
pero las mujeres rieron y pensé que reían de mí, y esto me ca.usó
pena. Impresionable, como se es siempn, en situaciones difíciles,
exageré la intención de aquella ri!:'a, como la víi:pera había exagerado la indiferencia de los empleados de la estación.
En ese momento i::entí odio para todo el mundo, y de!'eé estar
sola cuanto antei-; en la casita que debía. ocupar...... P_isó una mujer.
-Señora, sírvase usted decirme: ¿dónde vive el alcalde?
-El señor Ra.ibert?
Con el extremo de su bordón, la vieja me señal6 una calle estrecha que subía.
-Allú, en una casa nueva. Voy allá á dar ·un encargo ú Phracia,
la sirvienta; si usted quiere, la acompafiaré.
-Es usted muy amable, señora!
La mujer era morena, de rostro pequeño, con ojos feroces de Yieja que ha visto mucho. CrE:Í oportuno trabar conversaci6n con ella.
- Usted es de aquí, ¿verdad, señora? Yo soy la nueva institutriz
y voy :í. presentúrmele al alcalde. No tiene usted alguna hijilla que
vaya á ser mi discípula?
-No!--respondió secamente-Yo no tengo hija; pero tendrá usted muchos discípulos. Por cierto que las mamás no saben que hacer
desde hace cinco 6 ,;eis días que se cerr6 la escuela, á causa de la.
muerte de la otra. Ah! aquélla era una. buena mujer! Era casi tan
vieja como yo; pero ésas son !'iempre mejores que las j6venes........ .
-Y al decir esto, la mujer parecía gruñir. Casi me di6 miedo
mirarla con su aspecto de encina derribada y sus pasos bruscos. Siguió hablando:
- Yea usted: las institutric'3s debían servir de ejemplo á las demás mucha~has. Pero son demasiado jóvenes y están muy ¡¡olas; no
saben lo que hacen ...... Decirme que era usted institutriz ......... Qué
bien! .. . ...... Yo lo había adivinado cuando la vi tan joven y tan bonita .... ..... Toda&amp; son iguales, la de San Andrés, la de Greoux, la de
Frene!' ... ..... .
Y me mostraba entre los montes las aldeas que se destacaban
de entre l:! bruma.
-Yen usted! Hay otras como usted allá, y más allá y más lejos.... ..... Todas son dignas de lástima.
pijo esto con firmeza.;_luego se d1;tuvo de~afiándome como pare.
ver s1 la contradecía ...... :t-;o me habna atrevido á ello. Esa mujer
me parecía loca ó inocente; pero me atemorizaba. Murmuré:
-Yo, señora, no deseo más que hacer lo mejor que pueda. En
verdad, no seré digna de lástima.
La vieja se calm6; me mir6 lentamente de pies á cabeza. y comprendí que en eRe examen sus miradas habían encontrado mi mano
muy blanca, m1 busto exuberante, y mis ojos de un azul sombrío en
que parecían fundidas todas las languideces del ensuefio.
Sin ser de belleza n~tabl~, al menos era yo joven, es decir, llena
de encanto. Era la flo.r, mev1tabl1;mente abierta á mis veinte años, y
que a.guardaba al elegido que debia cortarla ..... .Si no se presentaba
ese elegid~, ¿bajo qué ráfaga de decep&lt;'iones se deshojaría la flor?
¿A qué abismo me arrastraría el soplo implacable de la. soledad?
Leí en la frente plegada de la vieja esos pensamientos· pero creí
que no habría l}ega,do á ~xpresar,10. Permanecí serena b¡jo sus miradas. Se calmo mas y mas. ¿Que fuentes de pureza encontr6 en el
torrente tumultuoso que temía hallar en mí, como había hallado en
las otras?
Sus mi¡·adas s~ llenaron de piedad que me pareci6 grandiosa. Se
°:e ade!anto y ~ué a buscar E:n sus cabañas á las niñas á quienes babia, casi maldecido momentos antes, cuando su mano levantada parecia querer descorrer el velo de bruma que cubría los puntos que
me nombraba.
Murmur6 al fin:
-:Es. seguro que usted t~atar{\ de hacer lo mejor que pueda, pobre senonta. Las otras también querían lo mismo. .. ... No toda e8
culpa vuestra, no toda......
(CONTINUARÁ.)

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Infartos de los Ganglios, etc.

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El único VI NO auténtico de S. RAP HAEL el solo que tiene el derecho
de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profesor BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLEMENT y Cía.,
de Valence (Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Unión de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el "CLETEAS."
Los demás son groseras y peligrosas falsificaciones.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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